Románico en la Llanada
Alavesa
Alaitza, Gaceo
Alaitza
Alaitza se sitúa en la Llanada alavesa, a pocos
kilómetros de Salvatierra, cuadrilla a la que pertenece, y forma parte del
municipio de Iruraiz-Gauna. Desde Vitoria, situada a unos 27 km, se accede por
la autovía en dirección a San Sebastián, tomando a la derecha la primera
salida, número 375, en dirección a Gazeo.
Alaitza aparece registrado como apellido en los
años 1071 y 1085, en los que uno de sus vecinos, Eximio Beílaz de Alaitza,
firma como testigo en diversos documentos. No aparece en la relación de
iglesias de la Reja, pero sí lo hace en la carta del obispo Aznar en 1257, que
denomina Halayca a esta aldea. Aunque no se sitúa exactamente dentro de la ruta
del Camino de Santiago por Álava, ha sido un lugar de tránsito por su cercanía
con el puerto de Guereñu, paso desde zonas del Ebro a través del valle de Laminoria
hacia el Norte, así como hacia Navarra, siendo, además, zona fronteriza con
este reino, como toda esta área de la Llanada.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
La parroquia de Alaitza conserva prácticamente
íntegra su estructura románica.
Consta de una nave rectangular cubierta por
bóveda de cañón apuntada, compuesta de tres tramos, presbiterio y ábside
semicircular con bóveda de horno. Todo el perímetro de la construcción está
recorrido por una cornisa a la altura del apoyo de los arcos fajones. Tanto el
arco de la bóveda de horno como el triunfal apoyan en pilastras que bajan hasta
el suelo, en cuyas esquinas se ven dos baquetones. El resto de los arcos, en el
muro norte, también se apean en pilastras, pero en el lado sur descansan sobre
ménsulas lisas, ya que existen dos arcos apuntados que comunican con una
segunda nave, adosada a este lado de la principal. Es un espacio de cuatro
tramos, cubierto por bóveda de cañón y arcos fajones apoyados en ménsulas: el
de los pies acoge la escalera que da acceso al coro; los dos siguientes hacen
la función de recibidor y capilla lateral, y el último, cerrado y cuadrado,
sirve de sacristía, a la que se accede por una puerta abierta en el lado
derecho de la cabecera. Es posible que todo este espacio, también medieval, se
construyera como pórtico destinado a enterramientos, una solución de la que
también quedan restos en la no muy lejana población de Okariz, y que explicaría
la existencia de la doble portada que se detallará más adelante.
En cuanto a las ventanas, se conservan tres,
simples saeteras, dos en la cabecera –en el centro y en el lado derecho–, y
otra en el muro occidental, bajo la cual se abrió un vano doble en el siglo XVI.
En la nave contigua, en el segundo tramo, también se abre una ventana aspillera
al exterior del lado sur.
En el exterior de la construcción, bajo un
pórtico rectangular, aparece la portada principal, originariamente de cinco
arquivoltas apuntadas y sobrearco, que en la actualidad se ve reducida a tres
arquivoltas, completas las interiores, y los arranques de las demás, que se
vieron destruidas al eliminar la construcción existente sobre el pórtico. Son
arquivoltas apuntadas, y, en orden de dentro afuera, la primera, tercera y
quinta son baquetonadas, mientras que la segunda y cuarta tienen moldura algo
cóncava y se decoran con una fina hilera de cabezas de clavo. La imposta, lisa,
también presenta esta decoración, y bajo ella se ven los capiteles vegetales,
que quedan aquí reducidos a la mínima expresión artística, de una austeridad
que puede atribuirse a la influencia del arte cisterciense. El arranque derecho
del sobrearco muestra una decoración de ajedrezado que suponemos continuaría en
toda su extensión.
El pórtico se abre a la derecha por un acceso
que antes conducía a la desaparecida casa cural, y por el lado sur en la
segunda portada, muy similar a la principal, siendo ésta de sólo dos
arquivoltas apuntadas baquetonadas, con una línea de cabezas de clavo en la
exterior y en la imposta, y los mismos capiteles que en la otra portada,
decorados con una decoración en zigzag en sus escuetos collarinos. Las columnas
se apoyan en basas con un festoneado continuo poco pronunciado.
El resto de la construcción presenta una hilera
de canes lisos debajo del tejaroz, menos uno en el muro norte que presenta dos
bolas con caperuza. En el hastial también hay restos de canecillos bajo el
tejado a dos aguas, y bajo la espadaña, del siglo XVIII, se encuentran dos
fragmentos, en uno de los cuales se podría representar un carnero.
En el año 1982 se descubrió en los muros y
bóvedas de la cabecera un conjunto de pinturas murales, que en muchos aspectos
suponen aún una incógnita sobre su interpretación. Son pinturas realizadas con
una técnica mixta en colores rojos y negros, de factura rudimentaria, sin
relieves ni perspectiva, recordando en ocasiones a las miniaturas
altomedievales. Muestran, en un despiece en franjas, motivos florales
esquemáticos, formas geométricas, escenas humanas de peregrinación, animales
reales y fantásticos, y –la más destacable– la escena de un asedio y defensa de
un castillo, además de lucha de caballeros, toque de campanas en iglesias,
violaciones y entierros.
Caballeros. En la parte inferior, ocho caballeros (cuatro a cada lado)
se disponen a practicar el asedio. En la izquierda, ricamente vestido (tanto él
como su caballo), aparece un rey con corona y portando el estandarte principal.
Asedio al castillo. Se trata de un castillo construido sobre una loma con
cadalsos y corredores de madera a su alrededor. Unos personajes lo defienden
con lanzas, ballestas y arrojando líquidos o bloques de piedra.
Funeral. Una línea conecta el castillo con una iglesia, sobre la que
unos personajes portan a hombros un difunto. En la iglesia, un campanero hace
sonar con fuerza las campanas.
Procesión de mujeres. Sobre los caballeros de la derecha, una procesión de
mujeres (cada una portando un elemento distinto) acude a un edificio en el que
se encuentran dos mujeres en su interior.
Facilito aquí la bibliografía conocida sobre
las variadas interpretaciones existentes sin decantarnos por ellas, ya que el
carácter inusual de la temática complica mucho la solución de las cuestiones
formuladas. El conjunto pictórico se acompaña de una inscripción en letras
góticas bajo la cuenca del ábside, de muy difícil interpretación para los
expertos, que quizás arrojaría más luz sobre estas extrañas y fascinantes
pinturas.
Por último, la pila bautismal, de corte
medieval, con copa y pie lisos, también se decora con pinturas que podrían
relacionarse con las del ábside.
Gazeo
Gazeo se encuentra muy cerca de Salvatierra, y
fue durante la Edad Media lugar de paso de los peregrinos a Santiago tras pasar
las villas procedentes del Túnel de San Adrián. Desde Vitoria, a unos 23 km, se
accede por la N-104, entrando después a la autovía hacia San Sebastián. En la
salida 375, la carretera guía directamente hacia el centro del pueblo, formado
por una calle principal, que termina en su iglesia, situada al Este de la
población.
Es éste un lugar de paso tradicional desde
Navarra hacia el Oeste, y también de comunicación con Francia, como lo
atestiguan los restos de la calzada romana de Burdeos a Astorga. Gazeo no
aparece en el documento de la Reja de San Millán, pero sí el apellido
toponímico, al igual que en el caso de Ezkerekotxa, que señala a Didaco Telliz
de Gatheiu como testigo en una donación al monasterio de San Juan de la Peña en
1071. Sí que aparece en la carta del obispo Aznar, aunque en ella se aprecian
dos lugares: Gacechobarren, el actual Gazeo, y Gacechogoyen, término hoy
desparecido que se encontraría entre la localidad actual, la cercana Langarika
y el despoblado de Mostrejón, denominado en la lista del obispo calagurritano
como Monstreion.
A lo largo de la historia hay varios personajes
de Gazeo que quedaron registrados en la documentación por diversos motivos: en
1262 figura en la Cofradía de Arriaga Pedro González de Gaceo, y, en 1331, el
que posiblemente fuera su hijo, Sancho Pérez de Gaceo, asiste a las Juntas de
Arriaga. El Camino de Santiago dejó huella en la hermosa iglesia que se
describe más abajo, en concreto en su advocación, San Martín de Tours, heredera
en nombre de la vía de peregrinación por la que muchos peregrinos descendían desde
Francia, la Vía Touronensis, así como en las magníficas pinturas góticas que se
enclavan dentro de la corriente franco-gótica en el gótico lineal. En junio de
1813, tras la Batalla de Vitoria y la derrota de las tropas de Napoleón, el
cura de la parroquia de Gazeo registra el paso por este lugar hacia Navarra y
Francia de “miles de franceses y otros que no eran franceses”.
Actualmente Gazeo forma parte del municipio de
Iruraiz-Gauna, dependiente de la Cuadrilla de Salvatierra.
Iglesia de San Martín de Tours
La iglesia de San Martín de Tours es un
edificio de planta longitudinal de una sola nave cubierta por bóveda de cañón
apuntada y dividida en cuatro tramos por sus correspondientes arcos fajones,
que descansan sobre repisas con tres bolas cada una. La cabecera, semicircular
y cubierta por bóveda de horno, se inscribe en el grupo de iglesias de la
Llanada con ábside en semicírculo, como Alaitza, Argandoña, Ayala, San Juan de
Arrarain o Trokoniz, escasas en Álava y que se fechan todas en torno a la
primera mitad del siglo XIII. Se apoya en un arco sobre pilastras con
semicolumnas en los ángulos. La construcción se completa con el tramo recto del
presbiterio y un arco triunfal apuntado, que descansa en dos semicolumnas de
fuste liso, cuyos capiteles muestran, a la izquierda, doble hilera de bolas, y
a la derecha, hilera de bolas sobre cuerpo biselado, de influencia mudéjar.
En la construcción se abren tres ventanas: dos
son saeteras, una abocinada en el centro del ábside y otra simple en el
hastial; la tercera es un ventanal con dos arquivoltas de medio punto decoradas
con hojas carnosas y sobrearco con motivos de cuadrifolios. Tanto los capiteles
como los fustes de las columnas son añadidos en la restauración, aunque sí se
conservan las columnillas originales a ambos lados de las columnas exteriores,
con pequeños capiteles muy deteriorados que parecen decorarse con elementos vegetales.
Frente a este ventanal, en el lado izquierdo
del presbiterio se aprecia un nicho de piedra que hoy cierra una puerta de
hierro de arco apuntado. Este nicho se cubre con un dosel de piedra gótico, que
antes estaba situado en el exterior del templo, en la fachada occidental,
alojando una imagen de Nuestra Señora de Mostrejón, despoblado cercano a Gazeo.
El dosel, trilobulado, muestra unos castillos en sus laterales, y se apoya en
dos columnas con sus correspondientes columnillas a los lados, cuyos capiteles
muestran, a la izquierda, hojas de parra y uvas, muy naturalistas, aunque con
un elemento de tradición románica, una pequeña cabeza de toro asomando entre
las hojas. El capitel derecho se decora con palmetas vueltas. Los soportes de
estas columnas son, sin embargo, muy románicos: a la izquierda se ve un
personaje con cabello partido que eleva sus brazos agarrándolo, a la vez que
parece sostener con ellos la hornacina a la que sirve de apeo; destaca el
detalle de los puños de su vestidura. En el lado derecho aparecen dos cabezas
de varón, muy similares, con cabello partido y flequillo, ojos grandes y
almendrados y media sonrisa. Debajo de estos soportes hay una columnilla a cada
lado con capiteles con volutas, y en el derecho cabezas de animales entre las
hojas.
A ambos lados de la hornacina se han colocado
sendas parejas de cabezas que podrían haber servido de repisa sobre columnas.
En ambos casos son representaciones de un hombre coronado y otro joven con
cabello partido que forma un rulo abajo, flequillo y ojos almendrados. Entre
estos últimos, el del lado derecho presenta en su base una decoración de flor
de cinco pétalos.
Al exterior, un pórtico rural, edificado en el
siglo XVI, alberga la portada, muy reconstruida, con tres arquivoltas apuntadas
cortadas en arista viva apoyadas sobre imposta lisa –actual– y pilastras, las
cuatro exteriores con semicolumnas en los ángulos y capiteles muy sobrios de
volutas dobles, siendo los del lado izquierdo originales y los del derecho
rehechos en la restauración.
En el lado sur de la cabecera se ve la
trasposición al exterior de la ventana interior del presbiterio, en este caso
con tres arquivoltas y tres pares de columnas, con elementos nuevos casi por
completo, en la que se conservan fragmentos de hojas carnosas y un cuadrifolio.
Las columnas del flanco exterior izquierdo de esta ventana son originales, y
conservan un capitel con follaje de hojas vueltas.
No se puede aludir a Gazeo sin hablar de sus
espléndidas pinturas murales, descubiertas tras los retablos en 1967, que se
pueden contar entre las mejores del norte de España. Han sido situadas
cronológicamente a mediados del siglo XIV y se enclavarían dentro de la
corriente pictórica franco-gótica, aunque con un cierto gusto románico aún en
algunas formas, posiblemente por el retraso estilístico y de nuevas soluciones
que con respecto al resto de Europa vivía Álava en esos años.
Están realizadas con una técnica mixta de
fresco y temple, y recogen un programa iconográfico claramente destinado al
catecismo de los fieles. En el cascarón del ábside se observa la representación
del Cielo, con la Trinidad dentro de una mandorla cuadrilobulada, rodeada de
apóstoles, vírgenes y ángeles, los bienaventurados. En el tambor del ábside, a
la izquierda, aparece el Calvario, con los dos soldados y la Virgen, de rasgos
muy delicados, y San Juan. A la izquierda, el Pesaje de las Almas, con la representación
de San Miguel con la balanza, y Santa Marina, que encadena al demonio siempre
pendiente de hacer caer la balanza hacia su lado. Ya en el tramo del
presbiterio, la pared izquierda está ocupada por el baldaquino gótico antes
descrito, aunque se cree que en el muro donde se encuentra, hoy picado, pudo
haber pinturas que completarían el programa. Sin embargo, a la derecha, junto y
bajo la ventana, está la representación del Infierno, con la caldera y los
condenados que van a ser engullidos por un monstruo con las fauces abiertas. En
la bóveda apuntada de este tramo aparece una extensa representación de la Vida
de Cristo, comenzando por la Infancia, la Vida Pública (destacando la Última
Cena), la Pasión o la Resurrección (con la Anástasis o bajada a los infiernos
para liberar a Adán y Eva). Las pinturas se completan con inscripciones que
identifican personajes o relatan escenas (Ioseph. fugit. in egipto).
Estas pinturas, y la conservación prácticamente
íntegra de la iglesia, confirman a la iglesia de San Martín como un punto
importante dentro del peregrinaje a Santiago en el territorio de Álava.
Románico en la
Comarca Cantábrica Alavesa
La comarca
de Cantábrica Alavesa ocupa el sector del noroeste de la provincia
de Álava, limitando con las provincias de Vizcaya por el norte y Burgos y
Cantabria al Oeste.
En este territorio hay
una serie de iglesias y restos románicos que son de los más desconocidos de
todo el País Vasco, a pesar de que existen estudios realizados y no falta
documentación escrita sobre estos templos alaveses, algunos de los cuales
sorprenderán a más de uno que se acerque a visitarlos.
Características del
arte románico en la Comarca de Cantábrica Alavesa.
Las principales
características de las iglesias tardorrománicas de la comarca de Cantábrica
Alavesa son:
· Se trata, como es normal en el románico alavés, de construcciones muy
tardías.
· Son pequeñas iglesias parroquiales, es decir se trata de un románico rural.
· Los elementos nobles como puertas, ventanas, columnas, etc. son de una gran
delicadeza y barroquismo estético. Son magníficos ejemplos de lo que se ha
llamado preciosismo románico, que es propio del tardorrománico decadente del
comienzo del siglo XIII en alguna zonas de la Península.
· La citada decoración redunda en la geometrización de los motivos vegetales,
muy especialmente mediante zigzagueados, volutas o pomas, círculos
concéntricos, taqueados, etc.
· Las naves son de bastante altura, al igual que sus cabeceras. Ambas se
suelen cubrir con bóvedas de medio cañón apuntado.
· Estos esbeltos ábsides planos tienen la peculiaridad de llevar dos
ventanales superpuestos de hermosa estructura y decoración.
· Las portadas tienen arquivoltas apuntadas y predomina la decoración vegetal
y geométrica en los capiteles de las columnas, impostas, etc. aunque también
hay excepciones.
· Los ventanales suelen llevar varias arquivoltas de medio punto sobre sendas
parejas de columnillas, lo que les confiere una gran espectacularidad.
Existen bastantes
lugares reseñables, especialmente en el foco de Urcabustaiz, como
son Oyardo, Uzquiano, Beluntza, Unzá y Gujuli,
que tienen en común la citada estructura de verticalidad y testero con dos
ventanales situados uno por encima del otro.
También hay que citar
otros templos como los restos
de Amurrio, Lezama, Miñano Menor, Zuya, etc.
De estos y otros
templos románicos de la Cantábrica Alavesa hemos elegido los
de Beluntza, Lezama y Amurrio.
Beluntza
La localidad de Beluntza se encuentra situada a
26,5 km al nordeste de la capital alavesa. Teniendo como punto de partida
Vitoria-Gasteiz, se accede a dicha localidad a través de la autovía de Altube,
antigua carretera nacional N-622, hasta la salida 22 con dirección
Izarra-Orduña. Por la carretera local A-2521 hay que seguir unos 3 km para
llegar al destino.
Beluntza aparece como un hito importante en las
rutas medievales del Ebro hacia los puertos vizcaínos. Se halla situada en una
encrucijada de caminos por donde circulaban las principales rutas que entraban
en Urkabustaiz desde Castilla y el Valle del Ebro, bien por Vitoria y Zuia,
bien por la Ribera alavesa y Kuartango camino de Bilbao. Este emplazamiento ha
dejado también huella en su pasado histórico. En la carta del obispo don
Jerónimo Aznar, en 1257, aparece citada como Velunçaa, una localidad que, según
los documentos, estaba bien poblada en el siglo XVI, y contaba con tres ermitas
sin renta, como consta en la visita pastoral realizada por el licenciado Martín
Gil en 1556. Son datos recogidos en el Catálogo Monumental de la Diócesis de
Vitoria. En la actualidad pertenece al municipio de Urkabustaiz y se halla
integrada en la hermandad y cuadrilla de Zuia.
Iglesia de San Pedro
La iglesia se halla bajo la advocación de San
Pedro y está situada en lo alto de la ladera, entre el caserío que conforma la
feligresía. El edificio se halla revocado, protegiendo así el material de sus
paramentos de las inclemencias del tiempo y mostrando los sillares de las
esquinas solamente en el muro sur. Como en la mayoría de los templos románicos,
en sus muros quedan las huellas de las ampliaciones y las intervenciones
posteriores, generalmente realizadas en los siglos XVI y XVIII. Sin embargo, son
muchos los restos medievales que se conservan en el templo y que han llegado
hasta nosotros, dando testimonio de la grandeza y distinción que tuvo en otros
tiempos.
En la parte más occidental del muro sur
encontramos la torre campanario, en cuyo interior se conserva un canecillo
medieval de perfil cóncavo. Va seguida del pórtico, que ocupa la zona
perteneciente a la nave y oculta parte del ventanal románico que se encuentra
sobre él. Es un arco de medio punto con dos arquivoltas baquetonadas y un
sobrearco muy estropeado, todo ello sin decoración, que apean sobre una línea
de imposta lisa que va desde el intradós del vano hasta el sobrearco. Las
jambas, que estarían formadas por cuatro columnas, se encuentran mutiladas, y
hoy sólo podemos ver una columna a cada lado. Todas tienen los fustes lisos y
están rematadas por sencillos capiteles, donde la decoración –tres bolas con
caperuza– se concentra en la parte superior.
Dentro del pórtico se halla la portada que da
acceso al templo y constituye un buen ejemplar del románico tardío.
Está realizada sobre una pared de sillares que
resalta ligeramente del muro y se remata con dos finas columnillas a los lados
y una hilera de canecillos lisos en la parte superior, a modo de alfiz, que
sirve de marco a la portada, a la vez que le otorga notoriedad y riqueza. Es un
arco apuntado sobre el que voltean cinco arquivoltas baquetonadas y un
sobrearco. Las impares tienen un baquetón más grueso, de mayor tamaño que las
pares, que presentan tres baquetones más finos y ligeros. Dos medallones decoran
la clave de la primera y tercera arquivolta. La primera lleva un medallón con
el Agnus Dei, motivo que también se representa en la portada de la iglesia de
San Lorenzo, en Miñano Mayor. El sobrearco también está decorado con un fino
baquetón y decora su clave con un volumen prismático.
Este arco voltea sobre cinco columnas a cada
lado del vano de la portada, a las que hay que sumar tres más, dispuestas en el
frente, sobre la pared de sillares en resalte. Los fustes lisos y esbeltos se
encuentran unidos por una moldura que, sobre las basas circulares, entra y sale
entre ellos y va desde el intradós de la portada hasta el límite del muro
resaltado, creando una sensación de unidad. Unos pedestales prismáticos,
colocados sobre un basamento corrido, sirven de base a las columnas.
Los capiteles, situados bajo una fina línea de
imposta, se muestran independientes, a la vez que unidos por un collarino
continuo que recorre las jambas y el frente del muro en resalte. Están
decorados por ricos y variados motivos ornamentales. En el lado izquierdo
encontramos incisiones muy sencillas que forman tallos con hojas, flores y
palmetas muy planas y esquemáticas. El sexto es un rostro femenino, muy ancho,
de facciones grandes; tiene la nariz aplastada y marcado el entrecejo, cubre la
cabeza con un tocado de barbuquejo rizado. El siguiente es un rostro masculino
con los rasgos de las mismas características que el anterior, lleva barba y
parece estar coronado.
El noveno es un águila situada en posición muy
frontal, tiene las alas explayadas y sujeta un conejo con las garras, al que
picotea. Y por último, en el intradós del vano se encuentra un relieve en el
que se representa a un cuadrúpedo atacado por una fiera subida a su lomo.
Mientras tanto, en el lado derecho encontramos un motivo vegetal, pequeñas
hojas carnosas dispuestas simétricamente en tres niveles a ambos lados del
tallo que las sustenta.
Águila con su presa y cuadrúpedos
Éste es un tema que se repite en otros dos
capiteles, alternando con otros dos decorados con motivos de animales
fantásticos: en uno se representa a un grifo con doble cuerpo, atacando a un
pulpo que arracima las ventosas de sus tentáculos; en el otro vemos un dragón
con dos cuerpos, dos cabezas y un solo cuello. El resto de los capiteles
muestran hojas planas muy anchas que recuerdan las hojas de parra. Los motivos
ornamentales que decoran la portada no guardan ninguna relación, ni a nivel
estilístico, ni a nivel temático, con los que encontramos representados en los
ventanales románicos del edificio, más vinculados estos últimos al románico que
se desarrolla en Kuartango y Zigoitia, mientras que los motivos de la portada
los podemos relacionar directamente con los de la portada de Miñano Mayor.
En la zona del presbiterio se encuentra otro
ventanal románico, que ha sido mutilado al ampliar el vano para proporcionar
una mayor luminosidad al interior. Es un arco de medio punto con tres
arquivoltas y un sobrearco.
La primera arquivolta está compuesta por dos
finos baquetones con motivo de sogueado; en la segunda, los dos baquetones son
lisos, mientras que en la tercera se concentra una abundante ornamentación de
motivos geométricos, pues lleva una banda con motivos de encestado sobre el
remate a bisel, y dos bandas de ajedrezado en el intradós y trasdós. El
sobrearco se decora con hojas lanceoladas, con el nervio central marcado, y
dispuestas en posición vertical. Este motivo se repite en la línea de imposta
que va desde el intradós del vano hasta el muro, rebasando un poco el
sobrearco. El arco descansaba en seis columnas de las que hoy solamente se
conservan cuatro, dos a cada lado, además de las basas de las dos eliminadas.
Tienen los fustes monolíticos y lisos, y se apean sobre basas de garras que
embellecen los semicírculos con finos elementos radiales.
Ventana sur del presbiterio
Los capiteles, decorados con motivos vegetales,
presentan un repertorio muy repetido en el románico de Kuartango y Zigoitia.
Así, en el primer capitel del lado izquierdo, sobre finas y caligráficas hojas
en forma de espiga, vemos un nervio que recorre la arista del capitel y se
remata en una bola, con dos caras planas, decorada con motivos concéntricos y
espiral en ambas caras; otras dos bolas en los ángulos de la parte superior
completan la decoración. El segundo capitel de este mismo lado está decorado con
hojas planas, en la arista destaca el nervio central y los bordes de las hojas
que vuelven hacia fuera, y más que cobijar parece que abrazan una bola, por
arriba y por abajo, mientras que, a los lados, dos tallos se cierran en sí
mismos formando una espiral. En el lado derecho, el primer capitel muestra
hojas finas y esbeltas, con líneas verticales de bajo relieve y rematadas por
bolas de motivos concéntricos y espirales como en el primer capitel; el segundo
está decorado con hojas de tallos verticales que vuelven sus puntas hacia
fuera, cobijando bolas.
Sobre este ventanal, bajo el alero del tejado,
se conserva una cornisa con decoración de medias bolas que alternan con
espirales, círculos concéntricos y círculos radiados. La cornisa tiene como apoyo
una docena de canecillos medievales, cóncavos y convexos, unos lisos y otros
figurados, aunque sólo es posible identificar y describir dos por el deterioro
que presentan. Uno representa una preciosa cabeza de animal, con los ojos
almendrados y la boca abierta; el otro es más esquemático y representa un busto
con el rostro redondo y plano, los rasgos lineales y poco marcados, a excepción
de la prominente nariz, y parece que tenía las manos en la cabeza, por los
restos que de una de ellas queda en el lado izquierdo.
En el hastial de Levante se abren dos
ventanales románicos que marcan el eje de la cabecera, rematada con la cubierta
medieval a doble vertiente. El ventanal inferior, de buen tamaño, es rasgado y
esbelto, rematándose con un arco de medio punto sobre el que voltean tres
arquivoltas y un sobrearco, realizados con abundante decoración de motivos
geométricos trabajados con detalle y minuciosidad. La primera arquivolta, con
dos finos baquetones, lleva en el intradós y trasdós una decoración con una
banda con dos círculos concéntricos y minuciosas incisiones verticales, a modo
de rayos. Este detalle ornamental se repite en la segunda arquivolta, decorada
con hojas de acanto estilizadas con las puntas vueltas hacia fuera, el nervio
central perlado, a modo de eje, del que salen los foliolos divergentes y
simétricos a ambos lados, destacando en ellas el relieve perlado de los tallos
que también se aprecia en la vuelta de sus puntas. La tercera arquivolta es un
baquetón al que también enmarcan las bandas de círculos concéntricos del
intradós y trasdós.
El sobrearco se decora con una banda de finos
tallos que forman círculos concéntricos. Este esquema se repite en la línea de
imposta sobre la que descansa el arco, que se ornamenta con tres círculos
concéntricos con incisiones radiales, a modo de rayos, como los que se hallan
en el intradós y trasdós de las arquivoltas.
Los elementos sustentantes son seis columnas,
con sus intercolumnios, tres a cada lado, de fustes monolíticos lisos apoyados
en basas de garras remarcadas. La minuciosa y elaborada decoración se concentra
en los capiteles, en los que encontramos motivos geométricos y vegetales.
En el lado izquierdo, en primer lugar,
encontramos hojas planas superpuestas que decoran su nervio central y los
bordes con un fino sogueado, y vuelven la punta hacia fuera sobre una bola, que
se está abrazada por motivos de sogueado y dos pequeños círculos concéntricos.
El segundo capitel repite el motivo de hojas
planas, en las que se marcan los foliolos que, de forma divergente, salen del
nervio central sogueado, rematado en el extremo por un fruto granuloso,
trabajado con mucho detalle; los otros dos tallos, también sogueados, se
rematan con medias bolas que tienen dos círculos concéntricos, de los que salen
radios a modo de flor. El tercero de los capiteles se cubre con hojas planas
que vuelven ligeramente sus puntas sobre bolas de caras achatadas, con círculos
concéntricos, hojas que están cubiertas de foliolos divergentes que crean un
zigzag en el cestillo o equino del capitel. Todos estos motivos decorativos se
embellecen con finas incisiones, y se repiten simétricamente en los capiteles
del lado derecho.
La elegancia de estos motivos ornamentales nos
refleja el gusto, la minuciosidad y el buen hacer de las manos que los
ejecutaron.
Sobre este ventanal se encuentra otro,
ligeramente más pequeño, con arco de medio punto, con dos arquivoltas decoradas
y un sobrearco liso. La primera está formada por dos finos baquetones
sogueados. La segunda, rematada a bisel, se decora con un bonito y abundante
motivo de encestado que cubre el bisel, el intradós y el trasdós. La línea de
imposta sobre la que descansa el arco, y que va desde el vano hasta pasado el
sobrearco, se decora con hojas lanceoladas incisas, dispuestas en sentido
vertical. Esta forma de tallar las hojas es poco habitual, ya que normalmente
se realizan en relieve resaltado, lo que produce un aspecto diferente en el
resultado final, pero no son las únicas, pues existen también en las basas del
ventanal románico situado en la cabecera de la iglesia de Santiago, en Goiuri.
Ventana superior
Las jambas están formadas por cuatro columnas,
dos a cada lado, de fustes monolíticos lisos apeados en basas de garras, y
rematados por capiteles más sencillos, siguiendo el mismo esquema que los del
ventanal inferior. El primero del lado izquierdo se decora con hojas planas,
con los nervios y bordes remarcados, que vuelven ligeramente la punta hacia
fuera sobre una bola. En el segundo las hojas marcan los foliolos divergentes
formando un zigzag que cubre el equino, y las bolas de los ángulos superiores
llevan círculos concéntricos en las caras planas. Al otro lado sólo se conserva
el capitel interior, decorado con pequeñas y finas hojas lanceoladas
superpuestas, rematando la parte superior con bolas de círculos concéntricos;
la talla de este capitel difiere del resto en calidad y detalle, lo que hace
pensar que fueron otras manos las que intervinieron.
El muro norte, más castigado por las
inclemencias del tiempo, conserva bajo el alero del tejado, en la zona del
presbiterio, una hilera con trece canecillos medievales lisos, de perfil
cóncavo y convexo. En el hastial de Poniente se ha perdido la cubierta medieval
a doble vertiente y el enlucido nos impide observar más detalles. Otro
ventanal, posiblemente posterior, se abre en este muro para iluminar el templo.
El interior del templo es un espacio único,
rectangular, lleno de luz, que penetra a través de los vanos exteriores, que
hemos descrito, y que tienen su réplica en el interior. Este espacio se halla
formado por un amplio presbiterio y una nave fraccionada en dos tramos,
cubierto todo ello por bóveda de cañón apuntada que marca las diferentes zonas
con los arcos fajones. El arco triunfal, que separa el presbiterio de la nave,
doblado y apuntado, se apea en pilastras en su primer arco, mientras que el
segundo lo hace sobre tres columnas adosadas que descansan sobre basas de
garras dobles apoyadas en un zócalo. Rodean las columnas, a modo de capitel,
dos impostas, una más pequeña con dos platabandas, y otra moldurada más
destacada; ambas recorren los muros del templo en todo su perímetro y, sin
duda, corresponden a intervenciones posteriores. El arco fajón que divide la
nave en dos es sencillo y apuntado, formando pilastras en su continuidad por
los muros.
En la cabecera recta encontramos la réplica de
los dos vanos exteriores que marcaban el eje. El inferior sirve de nicho a la
imagen del titular del templo, como un marco pétreo que embellece y forma el
retablo junto con la madera tallada, en blanco, que le rodea. El ventanal
presenta un arco de medio punto decorado abundantemente y con gran exquisitez,
formado por tres arquivoltas y un sobrearco. La primera arquivolta se forma con
dos finos baquetones; la segunda, rematada en bisel, se decora con dos bandas
de círculos concéntricos, motivos que se despliegan e invaden el intradós y
trasdós; la tercera es baquetonada, y el sobrearco repite la decoración de
círculos concéntricos, motivo que se hace extensible y continúa por la línea de
imposta. Sustentan el arco seis columnas con sus respectivos intercolumnios
–tres a cada lado– de fustes monolíticos lisos que se apean en basas de garras.
Los capiteles se decoran con motivos
geométricos sobre hojas planas, de las que sólo se ven las puntas, siguiendo
los modelos descritos en el exterior. El primero del lado izquierdo cubre el
equino con motivo de encestado, y en los ángulos superiores, bolas con círculos
concéntricos en las caras planas. El segundo capitel se cubre con motivos de
zigzag en el equino, y veneras en las esquinas superiores, sobre las que asoman
las puntas de las hojas planas.
El tercero lleva un entrelazado formando rombos
con un pequeño nervio y finas incisiones divergentes, un fruto granuloso en el
vértice superior de la arista y dos bolas, granulosas también, en las esquinas.
En el lado derecho los capiteles repiten la decoración en perfecta simetría.
El aspecto que presentan los elementos del
ventanal superior, más sencillo, nos hace pensar que no está acabado, a la vez
que nos informa y orienta sobre cómo se desarrollaba el proceso de ejecución.
En él se aprecia cómo la talla de los motivos ornamentales es un proceso que
comienza en el exterior, y se realiza de afuera hacia adentro.
Por eso encontramos un vano estrecho y
abocinado en su mayor parte. Podríamos decir que es un vano “en bruto, sin
pulir”, rematado por un arco de medio punto, del que solamente podemos
apreciar la arquivolta exterior, compuesta por dos finos baquetones sogueados y
un sobrearco semioculto bajo el enlucido. También se puede observar cómo la
decoración de la línea de imposta se halla sin terminar, con unas finas
incisiones que marcan el perfil de hojas lanceoladas, de las que sólo se han
acabado las del intradós del lado derecho –es el mismo motivo de la imposta del
vano exterior–. Las columnas, de fustes lisos, una a cada lado, presentan
diferente longitud. La derecha se apoya en basas de garras, mientras que la del
lado izquierdo es más corta y sin basa, sin terminar. También en los capiteles
las labores de talla han quedado inacabadas. El capitel izquierdo es aún un
bloque con los motivos ornamentales sin definir, y el derecho presenta
incisiones esquemáticas que, después de ver el trabajo realizado en los capiteles
de los restantes ventanales, induce a pensar que se halla inconcluso.
Otros ventanales románicos se conservan en el
interior del templo. En el muro sur, en la zona del presbiterio, se encuentra
la réplica del ventanal externo, con un arco de medio punto sobre el que
voltean tres arquivoltas y un sobrearco. La primera arquivolta está formada por
dos finos baquetones con motivos de sogueado; la segunda, por dos finos
baquetones lisos; la tercera, por un baquetón más grueso con motivo de
sogueado. El sobrearco, al igual que en el exterior, se decora con hojas
lanceoladas en relieve, con el nervio central rebajado y dispuestas en forma
vertical. Este motivo lo vemos repetido en la línea de imposta, pero en este
caso con el nervio central también en relieve, que va desde el intradós del
vano hasta debajo del sobrearco, en ambos lados. Como elementos sustentantes
hay seis columnas, tres a cada lado, de fustes monolíticos lisos apoyados en
basas prismáticas con incisiones circulares.
Los capiteles que los rematan presentan, como
en el resto de los ventanales, un variado repertorio de motivos ornamentales.
En el lado izquierdo, el primero repite las hojas planas con la punta vuelta
hacia fuera sobre una bola, destacando el nervio central y los bordes de las
hojas, mientras a los lados dos tallos forman espirales en los ángulos. El
segundo capitel está realizado con hojas planas, superpuestas, en forma de
elipse, que llevan un esquematismo globuloso en la arista. El tercero muestra
el equino o cestillo como en dos planos: el inferior presenta un tallo sobre la
arista e incisiones verticales en las caras, y sobre ellas salen unos
caulículos que formas volutas en los ángulos del registro superior. En el lado
derecho, el primer capitel repite el modelo anteriormente descrito. El segundo
repite el tema de las hojas planas que vuelven su punta sobre la bola, con el
nervio y los bordes remarcados. El tercero también tiene bolas en la parte
superior, en este caso con caras planas y decoración de espiral dentro de
ellas.
El otro ventanal románico del muro sur, que
tiene la réplica en el exterior, está situado en la zona de la nave. Es un vano
ancho, con el antepecho en derrame, sin decoración, que nada tiene que ver con
el resto de ventanales.
En el románico de Beluntza vemos elementos
decorativos que nos hablan, si no de dos épocas, sí de dos diferentes manos o
talleres, como lo demuestran los diferentes repertorios de temas que se
representan en los ventanales y en la portada. También podemos decir que aquí,
en el templo de San Pedro de Beluntza, confluyen las tendencias de motivos
ornamentales repetidos en el románico de Zigoitia, Urkabustaiz, Kuartango y de
la Llanada alavesa, haciendo que esta iglesia sea un hito del románico en las
estribaciones del Gorbea.
Amurrio
Amurrio se encuentra situado a unos 40 km de
Vitoria, desde donde se llega tomando la N-622 o Autovía de Altube en dirección
a Bilbao. Tras pasar Ametzaga, el desvío a la derecha conduce a la carretera
A-624, paralela a la autopista A-68, que desemboca directamente en Amurrio. La
localidad es cabeza del ayuntamiento del mismo nombre y una de las poblaciones,
junto con Laudio, más importantes del valle de Ayala.
Amurrio se sitúa en el cruce del camino que va
desde Orduña a Laudio, siguiendo el río Nervión, por un lado, y del que desde
el río Altube conduce a Artziniega, por el otro. Ambos conservan huellas del
paso de los romanos. Debido a este emplazamiento, Amurrio existe desde antiguo,
y en la crónica de consagración de la primitiva iglesia de Laudio en 1095 ya se
cita la de Amurrio como preexistente. También es importante el papel que jugó
como lugar elegido por diversas familias nobles medievales para establecer sus
torres, situadas en el propio Amurrio o en aldeas muy cercanas, como Mendíjur
–de la familia Ayala–, la de Saerín –solar de los Guineas– o la de Mariaca –de
la familia del mismo nombre–. Estas torres se utilizaban como vigilancia de los
pasos de diversos caminos que encontraban su cruce en Amurrio.
Iglesia de Santa María
Situada en el centro del pueblo, la iglesia
parroquial de Amurrio es un ejemplar construido en la segunda mitad del siglo
XVI y reconstruido tras su ruina en el siglo XVIII. El edificio consta de
planta rectangular con nave de tres tramos, presbiterio y cabecera ochavada.
El pórtico se construyó, junto con la torre,
tras la ruina del templo en 1771, y se amplió a comienzos del siglo XX en la
zona cortada a chaflán. Este pórtico acoge el único resto románico del templo,
la portada del lado sur, que se conserva pese a que la portada principal se
abre a los pies del templo.
Es una portada que se adelanta sobre el muro
sur y aparece ligeramente cortada, en su lado derecho, por un contrafuerte de
la iglesia. Consta de cuatro arquivoltas apuntadas y sobrearco, las primeras
baquetonadas y el último en arista viva.
El conjunto se apoya sobre una imposta lisa. La
arquivolta interior descansa sobre la pilastra de la jamba, levemente moldurada
con una semicolumna en el ángulo que cae hasta el suelo, mientras que bajo las
otras arquivoltas se ven tres pares de columnas de fuste liso y basas de
garras.
Los capiteles de las columnas son muy
característicos en el románico del siglo XIII en la zona de Kuartango, Zuia y
Urkabustaiz. Todos tienen el ábaco moldurado y tres escalones descendentes, y
el cuerpo del capitel cubierto por zigzag. Muestran, de izquierda a derecha,
tres bolas en la parte superior –la del centro sujeta por un elemento vertical
con sogueado–, mientras que los otros son lisos, y con garra superior que
recuerda al engarce del hierro; dos bolas con voluta a los lados y pequeño
barril en el ángulo; bolas con voluta y bola en el ángulo engarzada con cuatro
garras; y en el lado derecho, pequeños personajes que portan barriles sobre sus
espaldas, sujetos con los brazos el del ángulo destruido; y en el capitel
exterior, bolas con garras en los otros dos, con elementos verticales
sujetándolas.
Sobre la portada se conserva también un tejaroz
con ocho canecillos que, de izquierda a derecha, presentan mujer con toca de
barbuquejo y cinta sobre la boca; canecillo liso; cabeza de animal con la
lengua hacia afuera; otro can sin decorar; felino levantado sobre las patas de
atrás, colocado de perfil, con el rabo entre las piernas y enroscado hacia su
espalda, las patas delanteras sujetando una presa sin identificar y con la
cabeza girada hacia el espectador mostrando los dientes; águila en presa sobre
un conejo; personaje masculino barbudo y sonriente; y varón exhibicionista y
grotesco.
Exhibicionista
Ábside
Tal y como ya se ha citado, el tipo de capitel
que aquí se encuentra corresponde a una corriente exclusivamente ornamental del
románico alavés del siglo XIII, con la característica forma troncocónica, bolas
en lo alto y cordones o sogueado en la superficie del equino, típico de las
zonas de Kuartango, Zuia y Urkabustaiz, y que se extiende por Ayala en la zona
del Nervión, según se puede ver en la cercana población de Lezama. Como
elemento curioso cabe destacar la presencia de pequeñas obras de miniaturista en
los personajes que sujetan los barriles del capitel interior derecho. Si bien
puede deberse a un capricho del escultor, suponen un trabajo dificultoso por el
tipo de piedra dura y de difícil talla que se utilizó en esta portada de
Amurrio.
Románico en la
Comarca de Estribaciones del Gorbea
La comarca
de Estribaciones del Gorbea se corresponde con la Cuadrilla de Zuia.
Nosotros hemos reunido en esta página una serie de poblaciones situadas entre
la ciudad de Vitoria y las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa y más
concretamente en los alrededores del enorme Embalse de Urrúnaga.
Como veremos más
adelante, desde el punto de vista artístico, el románico de esta zona
de la provincia de Álava está bastante relacionado y forma un cuerpo unitario
con el románico de la Cantábrica Alavesa. La división en dos páginas y rutas tiene
más que ver con la comodidad del viajero y su proximidad geográfica que por
razones de estilo.
La diferencia entre
ambas viene determinado en que el románico de las Estribaciones del Gorbea nos
ha llegado más fragmentario, pero muestra las mismas características, que se
pueden resumir en:
· Origen prerrománico de algunas iglesias
· Las construcciones o reformas románicas tienen carácter tardío y rural
(Siglo XIII).
· Cabeceras planas con ventanales
· Portadas de arquivoltas apuntadas
· Decoración abundante y muy geometrizada en los ventanales.
En este capítulo del románico de la comarca de
Estribaciones del Gorbea he elegido las siguientes iglesias: Zestafe, Ondategi,
Miñano Menor y Goiain.
Zestafe
La localidad de Zestafe se encuentra situada
18,5 km al norte de la capital alavesa. Es un pueblo situado bajo el macizo del
Gorbea, y, si en un principio nos sentimos atraídos por sus restos medievales,
pronto nos daremos cuenta de que posee un entorno privilegiado, excepcional,
pues ofrece un paisaje donde la naturaleza se percibe como una explosión de
belleza.
Desde muy temprano encontramos documentos que
nos hablan de la aldea de Zestafe. Ya en el año 871 aparece en una carta de
donación al monasterio de San Vicente de Acosta. La cita se repetirá dos siglos
después, en 1087, haciendo referencia a otra donación de propiedades al
monasterio de San Millán de la Cogolla. En el año de 1257 también aparece en la
relación de pueblos del obispo don Jerónimo Aznar.
Hay constancia de los importantes altibajos
demográficos que Zestafe ha sufrido a lo largo de su historia, que se ven
reflejados sobre todo a partir del año 1556, tras la visita del licenciado
Martín Gil, en la que se señala que no tenía ninguna ermita aneja.
Iglesia de San Nicolás
La iglesia de Zestafe se encuentra en la parte
alta del pueblo, al sur del núcleo poblacional. Está integrada en un conjunto
de volúmenes añadidos pertenecientes a diferentes épocas que ocultan la
sencillez de sus muros y la belleza de los motivos ornamentales, tan
característicos del románico rural del siglo XIII.
El muro sur está oculto y protegido, a
excepción de la zona del presbiterio, por la casa cural, que se extiende a
ambos lados del pórtico. Éste cobija una portada románica, formada por un arco
de ingreso apuntado, tres arquivoltas decoradas con boceles y un guardapolvo o
sobrearco con un fino baquetón, todo ello apoyado sobre una línea de imposta
biselada.
En cada lado de la portada hay tres columnas
dispuestas entre las jambas, coronadas por sus correspondientes capiteles. Los
del lado izquierdo muestran, de fuera hacia dentro, un dragón alado, con dos
cuerpos y una sola cabeza, atacando a otra bestia; una cabeza de rasgos
negroides, con pelo rizado, nariz ancha y labios abultados, y un águila de alas
explayadas apresando a un conejo.
El capitel más exterior del lado derecho se
adorna con una escena cinegética protagonizada por un perro que ataca a un
jabalí, acompañado de un cazador que porta un cuerno y una lanza. Le sigue, en
el capitel central, una cabeza femenina con tocado de barbuquejo, flanqueada
por dos figurillas erguidas: una con corona sobre su cabeza y la otra con una
bola en sus manos. El último capitel se decora con un ser híbrido, con cuerpo
de reptil alado y cabeza antropomorfa con corona.
En el muro sur del presbiterio se conserva un
ventanal románico formado por dos arquivoltas de medio punto, decoradas con
rosetas hexapétalas y un bocel.
Se remata con un sobrearco cargado de medias
esferas. Descansa todo ello sobre una línea de imposta biselada y cuatro
columnillas con sus capiteles. Éstos se decoran con sencillos motivos vegetales
a base de hojas lanceoladas de nervio central, volutas y tallos de los que
penden bolas o frutos.
En este mismo muro, bajo la cornisa que marca
la primitiva altura del tejado, se conservan seis canecillos figurados que
representan cabezas de animales, rostros antropomorfos y un personaje erguido
apoyado sobre una especie de báculo o bastón en forma de T. Desde el desván de
la casa cural se pueden ver otros trece canecillos más que siguen la misma
línea de cornisa. Se decoran con motivos similares a los anteriores, es decir,
cabezas antropomorfas (masculinas y femeninas), zoomorfas y animales con presas.
Predominan en todos ellos los rasgos esquemáticos y la talla tosca, salvo en el
del águila y su presa, donde se ha puesto cierto esmero en el tratamiento del
plumaje.
En la cabecera podemos apreciar la anchura del
primitivo templo medieval y la vertiente a dos aguas donde se asentaba el
primitivo tejado. En este muro se conservan dos vanos románicos: un pequeño
óculo en la parte superior y un ventanal a mitad de altura. Este último consta
de una estrecha saetera, enmarcada por dos arquivoltas baquetonadas y un
sobrearco con medias esferas Todo se apoya sobre una línea de imposta de perfil
biselado. A cada lado se distribuyen tres pequeños fustes rematados con formas semicirculares
en sus extremos. En el muro norte se halla un añadido del siglo XVI, que
corresponde con el espacio de la sacristía, y, tras él, el cementerio. En el
hastial de poniente se aprecia una estrecha aspillera y, rematando el muro, una
pequeña espadaña con dos vanos de campanas.
El interior del templo muestra una estructura
característica del románico más difundido en Álava, con una cabecera recta y
una nave fragmentada en tres tramos por arcos fajones apuntados, que soportan
una bóveda de cañón apuntado. El arco triunfal, doblado, lleva columnas
adosadas en sus frentes, que hoy se muestran recortadas por debajo de los
capiteles. Éstos muestran una decoración a base de motivos vegetales de relieve
muy plano, con grandes hojas lisas rematadas en bolas. En el muro sur, al lado
del arco triunfal, encontramos un ventanal con arco de medio punto que se
encuentra cegado. Este ventanal es visible desde la casa cural, aunque
modificado. En el muro de la cabecera, tras el retablo, hay un pequeño hueco en
el que se puede apreciar cómo en el interior se manifiesta y refleja el
ventanal románico que hemos descrito en el exterior.
Por último, hay que señalar que, a los pies de
la nave, en el sotocoro y alojada dentro de un pequeño habitáculo, se conserva
una pila bautismal de factura medieval. Tiene copa semiesférica lisa, pie
cilíndrico y basa con lengüetas.
Iglesia de San Pedro de Gorostiza
Para acceder al barrio de San Pedro de
Gorostiza desde el pueblo de Zestafe, lo mejor es volver por la carretera local
A-4409 hasta Gopegi, y tomar la carretera A-3608, que, después de pasar Murua y
Etxagüen, llega a nuestro destino, con una distancia de unos 6,7 km.
Gorostiza aparece citada en la documentación
emilianense en el año 1067, y, posteriormente, en 1257 en la relación de
pueblos del obispo Aznar. Más tarde, en 1556, durante la visita pastoral que
realiza el licenciado Gil, consta que la iglesia de San Pedro de Gorostiza
gozaba de dos beneficiados y dos ermitas anejas, aunque sin renta.
Los descensos demográficos también se dejaron
sentir en Gorostiza, que llegó a ser casi un despoblado, lo cual influyó para
que la pobreza de su iglesia fuese en aumento, convirtiéndose en ermita de
Zestafe en 1793. Hoy este núcleo poblacional, con un reducido número de
habitantes, forma el “Barrio de San Pedro” incluido en la localidad de
Zestafe, perteneciente al municipio de Zigoitia y dentro de la cuadrilla de
Zuia.
La iglesia de San Pedro está situada en una
pradera, cercana a los caseríos que conforman la feligresía. Es un edificio
cuyas dimensiones y características nos demuestran, mejor que ningún otro, cómo
eran las parroquias medievales de las aldeas alavesas. La despoblación que
paulatinamente sufre esta parroquia a partir de 1556, dato que recogemos del
Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, es motivo para que, en ella, no
se produzcan ni ampliaciones ni cambios posteriores. Esta circunstancia ayuda a
conservar el aspecto primitivo medieval de su estructura. El lugar no llegó a
despoblarse en su totalidad, circunstancia que ha ayudado a mantener el
edificio, que de otra manera hubiera desaparecido.
Es un edificio que posee restos altomedievales
de gran interés, incrustados en los muros de mampostería. Se trata de grandes
piedras pertenecientes a sepulcros monolíticos de un cementerio altomedieval
próximo, así como algunos sillares, posiblemente prerrománicos, pertenecientes
a una construcción anterior. Estos elementos, su volumen y la situación que
ocupa con respecto al entorno, son características que imprimen al edificio un
carácter especial, haciendo que la iglesia de San Pedro de Gorostiza mantenga
ese sabor que caracteriza a las ermitas.
En el costado del mediodía se conserva la
portada con el arco apuntado, formado por tres arquivoltas lisas, y sobre ellas
un sobrearco rematado a bisel. Descansa todo sobre una línea de imposta lisa
que apoya directamente sobre las jambas.
En el muro, sobre dicha portada, se encuentran
dos ventanales pequeños y abocinados, realizados con las tapas de dos
sarcófagos altomedievales del primitivo cementerio, a las que se ha quitado el
nervio central más elevado, aprovechando la doble vertiente que refuerza el
abocinado. Como remate de los vanos, en la parte superior, se ha utilizado la
parte más ancha de la tapa, que corresponde a la cabecera, en la que han
tallado unas molduras muy toscas que simulan arcos apuntados. En el trasdós del
arco de una de ellas, se puede ver una roseta tallada dentro de un círculo, en
un intento de dotarle de motivos ornamentales.
Se conserva otro vano en este mismo muro, de
factura más bien gótica. Consta de una estrecha saetera rematada con el relieve
de una hexapétala inscrita en un círculo. Las arquivoltas muestran finos
baquetones que descansan sobre columnillas rematadas en capiteles vegetales.
Cobija todo el conjunto un sobrearco moldurado que se apoya sobre cabezas de
animales monstruosos y se remata en la clave con una cabeza femenina con tocado
de barbuquejo.
En el testero de la capilla mayor hay otra
ventana, en este caso formada por dos arquivoltas molduradas que se apoyan
sobre finas columnas provistas de capiteles troncocónicos, tres de ellos lisos
y otro con lo que parecen hojas estilizadas. Rodeando a las arquivoltas se
dispone un sobrearco de doble moldura liso, que se extiende ligeramente a ambos
lados del muro.
En el lado izquierdo de este ventanal, sobre el
muro, se halla incrustada una piedra a la que los elementos aglutinantes han
ocultado la forma. Pudiera tratarse de un capitel tallado en relieve muy bajo,
con un personaje que tiene los brazos levantados con las manos abiertas en
actitud orante.
La fachada norte nos ofrece las marcas
pertenecientes a las dimensiones de la primitiva iglesia, más corta que la
actual. En ella se pueden ver también las tapas de sarcófagos altomedievales reutilizados,
así como algunos canecillos lisos y soportes como los del costado sur. Se
conserva un ara cuadrada, intestada en el muro, en el hastial de poniente, con
el hueco rehundido para el ara o las reliquias.
El interior, que fue restaurado en 1982, se
cubre con techumbre de madera. La nave está separada del presbiterio por dos
pilares, a modo de contrafuertes, que nos señalan hasta dónde llegaba,
posiblemente, la primitiva iglesia antes de la ampliación de la cabecera, en
cuyo muro se manifiesta el ventanal románico que hemos descrito en el exterior.
Se trata de un arco de medio punto, con el marco en derrame, y una arquivolta
baquetonada que se apoya en dos pequeñas columnillas con capiteles de hojas
estilizadas. En la parte superior del arco se ha incrustado una pieza tallada
que representa la cabeza de un varón.
Los tres vanos que se conservan en el muro sur
son simples saeteras sin decorar, con el vano estrecho y abocinado. La que se
encuentra en el presbiterio es de mayor tamaño y se remata con un arco de medio
punto, mientras que las otras dos, rematadas a dintel, son más pequeñas y se
hallan situadas en el tramo final de la nave.
A ambos lados del presbiterio se abren dos
credencias: la del lado izquierdo está formada por dos arcos trilobulados que
apean en columnillas de capiteles vegetales, mientras que la de la derecha es
un simple arco de medio punto.
La mesa de altar se compone de una losa con
perfiles biselados, que apoya sobre dos pies formados por los restos de dos
tapas de sarcófagos medievales, en las que se pueden apreciar las dos
vertientes.
La pila bautismal que se conserva es de origen
medieval. Está situada a los pies del templo, sobre unas gradas circulares que
otorgan dignidad a una pieza que pertenece al grupo de pilas más representado
en Zigoitia. Compuesta por una copa lisa que tiene como pie una columna
cilíndrica, se apoya sobre una base cuadrada con molduras circulares y
ensanchamientos planos en los ángulos, a modo de garras.
Ondategi
La localidad de Ondategi se halla situada 15 km
al norte de la capital alavesa. Para acceder a ella desde la ciudad de
Vitoria-Gasteiz, se toma la autovía de Altube, antigua carretera nacional
N-622, con dirección a Bilbao, hasta la salida de Gopegi. Se sigue por la
carretera local A-3608, a lo largo de unos 3 km, y se llega al destino.
En la actualidad pertenece al municipio de
Zigoitia, donde se halla la sede de su Ayuntamiento. La organización foral lo
sitúa dentro de la hermandad de Arrázua Ubarrundia, formando parte de la
cuadrilla de Zuia. Este pueblo fue, desde antiguo, un lugar destacado en la
vida civil y en el gobierno de Zigoitia. Desde la Edad Media contaba con un
escribano real, pero la circunstancia que hizo de Ondategi un punto importante
en la administración y gobierno de Zigoitia fue que, desde el medievo, se
celebraban las juntas de hermandad en la ermita de Santa Lucía de Teparúa,
próxima a este núcleo poblacional.
Aparece citada en 1257, en la carta del obispo
Jerónimo Aznar. También contribuye con 280 maravedíes para el cerco de Tarifa
de 1292, como consta en la nómina de pueblos pagadores, fechada en 1294. Es una
aportación similar a la que hacían otras localidades cercanas, como Gopegi,
Larrinoa, Murua o Berrikano.
Iglesia de San Lorenzo
La iglesia está situada en la parte alta del
pueblo, rodeada de casas. El terreno que rodea el templo presenta un gran
desnivel, que se puede apreciar en la diferente altura que tienen sus muros con
respecto a la cabecera. En el exterior apenas si podemos apreciar la estructura
medieval primitiva, ya que se halla oculta, en el muro sur, por la torre
campanario, el pórtico y la sacristía, junto con las dependencias de la casa
cural en su parte superior, que igualan la altura de la nave.
Canecillos del muro sur
La casa cural nos oculta el remate original del
muro sur donde se apoyaba el primitivo tejado medieval, bajo el cual apreciamos
una hilera con ocho canecillos románicos figurados. Los dos primeros canecillos
representan dos rostros humanos, con las facciones muy suaves y poco marcadas;
el tercero parece un felino con una presa pequeña; el cuarto canecillo es un
músico de cuerpo entero, con las piernas cruzadas, y que tañe un instrumento de
cuerda.
El siguiente es el rostro de una dama con
tocado y barbuquejo que, en este caso, en lugar de pasar bajo la barbilla le
tapa la boca; en el sexto se representa a otro músico con un instrumento de
cuerda, motivo que parece repetirse en el séptimo canecillo, muy estropeado. En
el último vemos la cabeza de un felino con las orejas puntiagudas. La hilera de
canecillos, sin duda, continúa en el espacio situado encima de la sacristía, un
espacio que ha quedado estanco y que posiblemente nos oculte alguna sorpresa más,
como ha ocurrido con la ventana de la iglesia de San Esteban, en Durana.
En el interior del pórtico se encuentra un
interesante ejemplar de portada románica, con arco apuntado, formado por cinco
arquivoltas que juegan con el número de baquetones y su disposición. Se hallan
carentes de decoración, a excepción de la tercera, que lleva una banda con
ajedrezado. El sobrearco que voltea el conjunto, visible sólo en parte por la
intervención realizada en el pórtico en el siglo XIX, se ornamenta con una
hilera de hojas lanceoladas, con el nervio central marcado y dispuestas en
sentido vertical, decoración que vemos repetida en la línea de imposta. A ambos
lados del vano encontramos dos baquetones lisos que tienen, a modo de capitel,
dos rostros humanos realizados en relieve muy plano y con facciones muy
sencillas. El hecho de que se les vean las orejas nos hace pensar que se trata
de dos rostros masculinos, y no del juego de “Dama y Caballero”, que
tanto se repite en el románico alavés.
Como elementos sustentantes tiene ocho
columnas, cuatro a cada lado, que apoyarían supuestamente en basas de garras,
aunque este extremo no podemos certificarlo por encontrarse ocultas bajo el
enlosado del pórtico. Los capiteles, figurados, muestran temas interesantes
dentro de la iconografía románica, característica en la zona. El primero, por
el lado izquierdo, representa a San Miguel en una postura muy frontal: está
situado en la arista del capitel, con las alas abiertas, y con un libro en la
mano izquierda, mientras que con la derecha alancea al dragón, que se acopla al
poco espacio que le queda, levantando su larga cola. En el siguiente capitel
aparece un personaje llevando una cruz en la mano derecha y un libro en la
izquierda, como la figura que decora una de los capiteles de la ventana
interior de Olano. El tercero es un personaje alado, con las alas abiertas y un
libro en las manos. En el último vemos un animal fantástico, que pasa la cola
por entre las patas traseras y la sube por encima del lomo; tiene alas y las
patas delanteras un poco rampantes y gira y vuelve la cabeza hacia atrás. Está
un poco estropeado y hay detalles que no se pueden confirmar, pero todo hace
pensar que guardaría simetría con capitel que se halla al otro lado de la
portada y que representa también a un animal fantástico, híbrido, como el que
acabamos de describir, con la cabeza girada y vuelta hacia atrás, cuyos dientes
apretados refuerzan los rasgos de fiereza. En el segundo capitel encontramos un
águila ocupando su arista, con las garras sujetas sobre el collarino y situada
en posición frontal, con las alas abiertas. El siguiente es un personaje con
una llave de gran tamaño en la mano derecha y un libro en la izquierda: sin
duda se trata de una representación de San Pedro. Y por último, otro personaje
que, con la mano izquierda parece sujetar la funda de la espada, que sostiene
en la mano derecha; en este caso, estaríamos ante una representación de San
Pablo. Todos los elementos decorativos que vemos tallados en los capiteles están
situados de forma muy frontal, y realizados en bajorrelieve que, en ocasiones,
se convierte en finas incisiones, como ocurre en el tratamiento de las
vestiduras de algunos personajes.
En el muro de la cabecera, bajo el alero del
tejado, se conservan incrustados dos capiteles medievales figurados,
posiblemente pertenecientes a un ventanal medieval desaparecido. Sobre ellos,
formando una cruz, se ven los dos trozos de fuste que faltan en la portada.
Capiteles reutilizados en la cabecera
Canecillo del muro norte
Los restos que vemos en el hastial de poniente
también nos hablan de la época medieval del templo, pues en su muro podemos ver
los sillares que formaban las esquinas y que nos señalan cuál fue su anchura,
apreciándose perfectamente, también, la doble vertiente del primitivo edificio.
Entre estos sillares se conservan dos muy especiales que nos indican el
comienzo de las hileras de canecillos situadas a ambos lados de la nave, de la
que formaban parte. Son dos sillares con relieves que han quedado incrustados
parcialmente en los muros. Por la posición de los cuerpos, piernas y brazos que
se pueden ver, pensamos que representan una lucha de villanos.
En el interior del templo encontramos dos
partes bien diferenciadas: la nave medieval y el crucero, con la cabecera, tal
y como fueron ampliados a principios del siglo XVII. Esta obra de ampliación
obligó a demoler el presbiterio medieval, creando un espacio muy original de
transición entre la cabecera actual y la nave medieval. Corresponde al primer
tramo de la nave, y se cubre con media cúpula a la romana, apoyada sobre dos
pechinas. La nave está dividida en cuatro tramos por tres arcos fajones
apuntados y resaltados con pintura, que llegan hasta una línea pintada a modo
de imposta. La pinceladura invade los muros y la bóveda de cañón apuntada, que
cubre el resto de la nave, simulando despieces, de sillares más grandes en los
muros y más pequeños, casi ladrillos, en la cubierta, creando una uniformidad
inusual en todo el conjunto. Estos detalles nos hacen sospechar que en el
maestreo se eliminaron los apeos medievales, como se recoge en el Catálogo
Monumental de la Diócesis de Vitoria. Aunque también cabe la posibilidad de que
se igualaran y rasearan los muros y la cubierta, quedando los arcos y sus apeos
ocultos entre los muros actuales.
Desde el interior de la iglesia se accede a una
dependencia añadida en el muro norte, donde encontramos una hilera con
dieciocho canecillos románicos decorados con diferentes motivos figurados que a
veces se repiten, tales como mascarones antropomorfos, cabezas zoomorfas,
animales con presas en sus fauces y un músico tocando un instrumento de cuerda.
La pila que se conserva en San Lorenzo está
situada a los pies del templo. Tiene una gran copa semiesférica, lisa, que se
apoya en un núcleo central con cuatro columnillas adosadas. La base, cuadrada,
se decora con unos ensanchamientos a modo de garras en los ángulos, y dos
círculos concéntricos en torno al núcleo, y las columnillas.
Sin salir del pueblo cabe reseñar que en la
ermita de Santa Lucía de Teparúa, de época barroca, se ha conservado un gran
capitel románico reaprovechado, que hace la función de pie de altar. Quizá en
origen fue soporte de uno de los lados del arco triunfal, ya que está decorado
por tres lados. Tiene una decoración a base de motivos vegetales, dos grandes
hojas muy planas que vuelven la punta hacia fuera, cobijando una bola, y
muestran el nervio central y los límites de la hoja, muy marcados por un fino baquetón,
a modo de tallo. En el centro de la cara del capitel, flanqueado por las hojas,
se halla un relieve en forma de cruz latina.
Miñano Menor
El pueblo de Miñano Menor está situado a unos
12 km al norte de Vitoria-Gasteiz. Partiendo de la capital alavesa hacia
Gamarra, se toma la carretera nacional N-240, que se dirige a Legutiano hasta
la salida 8, donde hay que hacer un cambio de sentido, y siguiendo la
indicación de “Parque tecnológico” por la carretera local A-3604, se
llega al pueblo. En el siglo XI Mengano Goien pagaba a San Millán de la Cogolla
una reja por las diez casas que lo habitaban, la misma cantidad que Miñano
Mayor y las aldeas ya despobladas de Guernica y Ullíbarri Araca, en el alfoz de
Ubarrundia. Con posterioridad pasó a los arciprestazgos de Zigoitia y
Villarreal, para en el año 1332 formar parte del municipio de Vitoria como su
vecino Miñano Mayor.
A finales del siglo XIII se aprecian ya claras
diferencias entre ambos lugares en cuanto a su población y a su poder
adquisitivo, pues en las aportaciones de los pueblos de Álava a la campaña de
Tarifa, Miñano Menor entregaba 389 maravedíes, mientras que Miñano Mayor
contribuía con 868. Igualmente, en 1295 la parroquia de San Vicente tenía dos
beneficiados, frente a los cinco que había en San Lorenzo, de Miñano Mayor. La
situación de la iglesia de Miñano Menor llegó a ser tan precaria en las
primeras décadas del siglo XVIII, que la visita pastoral de 1727 reconoce que
los diezmos de la parroquia son “tan tenues”, que no eran
“suficientes para la manutención de un sacerdote…”.
Iglesia de San Vicente Mártir
El templo está situado en la parte noroeste del
núcleo poblacional y se encuentra bajo la advocación de San Vicente mártir,
curiosamente un santo diácono, como en Miñano Mayor. Es un edificio que
conserva su estructura medieval, realizada en mampostería con sillares en las
esquinas. El exterior está muy distorsionado por los añadidos de épocas
posteriores que ocultan los volúmenes de la primitiva iglesia románica. En el
muro sur encontramos el recrecido que corresponde a la casa cural, construida
sobre el pórtico, que ha quedado integrado y cerrado, pasando totalmente
desapercibido. Accedemos al templo a través de un zaguán donde encontramos un
arco conopial moldurado, con grandes dovelas, que ha sido retocado con
intención de embellecerlo. Micaela Portilla cita esta portada como una obra
gótica, perteneciente a las últimas décadas del siglo XV y primera del XVI.
En el muro sur, a la derecha de la casa cural,
encontramos un magnífico ventanal románico formado por tres arquivoltas de
medio punto y sobrearco. La primera arquivolta va decorada con dos hileras de
hojas lanceoladas dispuestas en vertical. La segunda, muestra seis hojas muy
anchas, de relieve marcado y forma convexa, que están compuestas por un tallo
central ancho del que salen foliolos dispuestos simétricamente. La tercera
arquivolta lleva una decoración también vegetal, a base de hojas puntiagudas y
nervios perlados. La decoración de las tres arquivoltas se complementa con
finas cenefas de dientes de sierra y círculos trepanados. Coronando el conjunto
se encuentra un sobrearco o chambrana decorada con tacos, motivo que se
extiende también a los cimacios que coronan los capiteles.
Flanqueando el vano encontramos tres columnas a
cada lado y otras tantas columnillas en los intercolumnios. Son columnas
monolíticas, con los fustes lisos, que se apoyan en basas de garras, siendo en
los capiteles donde se manifiestan los motivos ornamentales más interesantes.
Así, en el primer capitel de cada lado encontramos dos cabezas femeninas con
las facciones algo esquemáticas y tocado de cendal rizado con barbuquejo. Los
otros capiteles se decoran con hojas muy planas, rematadas en volutas y hojas
lanceoladas con nervio central muy marcado.
Sobre el ventanal, y bajo el alero del tejado,
se conserva una hilera de ocho canecillos. Comenzando por la cabecera,
encontramos un canecillo que representa la lucha o combate de dos personajes
que se agarran de los brazos y cabeza, motivo que se repite en la portada de
Ullibarri-Arrazua. El siguiente muestra una ornamentación de encestado inciso
de poco relieve. El tercero tiene cuatro bolas en los ángulos, decoradas con
círculos concéntricos. El cuarto es la cabeza de un animal fiero, con orejas
puntiagudas, ojos saltones y dientes afilados. Le siguen otros canecillos
decorados con rollos, bolas en los ángulos, una cabeza zoomorfa devorando una
presa y un motivo de encestado.
Son canecillos bien trabajados que aún podemos
ver, pero esta hilera se extendía, de forma continua, a lo largo de toda la
fachada meridional, la principal del templo. Una hilera que hoy está oculta, en
parte, por la casa cural. Micaela Portilla recoge en el Catálogo Monumental de
la Diócesis de Vitoria, cómo los canecillos, que estaban en el piso alto de
dicha casa, quedaban a la vista antes de las obras de 1997, intervención que ha
imposibilitado el acceso a los mismos, y que representaban los siguientes motivos
decorativos: “Uno, con modillones de rollos; otro, con una cabeza
monstruosa; un tercero, muy destrozado, sin ornamentación reconocible”.
En el muro occidental encontramos un cobertizo
adosado y, dentro de él, se puede ver un contrafuerte y restos de piedras
medievales incrustadas en el muro. También se puede apreciar la altura original
del templo y adivinar su anchura, así como la cubierta a dos aguas del tejado
primitivo, que tiene mayor prolongación en el lado que corresponde a la
construcción de la casa cural.
En el lado norte, en la parte más oriental, y
coincidiendo con el presbiterio, se encuentra el cementerio. Bajo el alero del
tejado se conservan los restos de una batería de canecillos medievales. En la
cabecera se construyó la torre, desfigurando los volúmenes primitivos y
ocultando, sin duda, el ventanal cegado que se manifiesta en el interior del
templo.
El interior presenta una sola nave y una
cabecera recta, cubierta con bóveda de cañón apuntado, separadas ambas por un
arco triunfal apuntado, soportado por pilastras. El primer tramo de la nave es
el más destacado y tiene como cubierta una bóveda de gruesos arcos cruzados que
se apoyan en repisas. Estos nervios se unen en una clave central decorada con
motivos florales, flanqueada por dos cabezas, una masculina y la otra zoomorfa.
Entre los arcos cruzados que cubren este tramo
encontramos unos arcos formeros, más estrechos y cortos, que descansan sobre
figuras humanas, representadas casi de medio cuerpo y con los brazos
levantados, a modo de tenantes. Se trata de un hombre y una mujer, recordando
la alternancia de “dama y caballero”, tema muy interesante que vemos
repetido y que se pone en relación con otros templos cercanos. Las mujeres
llevan melena corta y un tocado muy alto, formado por pequeñas cabecitas de
clavo, que se superponen horizontalmente y que recuerdan a los tocados
medievales realizados en cendal. Una, muestra una hilera de botones en la
pechera, y la otra, el cuello a la caja, con una lágrima en el centro. Los
caballeros llevan melena, que cae por detrás de las orejas, y flequillo, sobre
la frente. Bajo estos arcos formeros se abren dos nichos ciegos con los arcos
apuntados, que descansan directamente en los contrafuertes de la nave.
Un arco fajón apuntado, que descansa sobre
fuertes pilastras, sirve de separación entre este tramo, que podríamos
considerar el crucero, y el resto de la nave. Toda la piedra que hasta aquí
hemos visto en arcos y pilastras presenta un aspecto contundente: es una caliza
de color azulado. En el hastial, hacia los pies, hay otro arco fajón que separa
en dos espacios el resto de la nave. Se cubre con una bóveda de cañón apuntado,
siendo ligeramente más bajo el último tramo. Es un arco más estrecho y menos
apuntado, realizado en piedra más blanca, que lleva en la clave un medallón
decorado, en su parte exterior, con una corona vegetal, y, en su interior, con
un jarrón en relieve con dos círculos pequeños a los lados.
En el interior del templo se conservan, además,
otros elementos medievales: tres ventanales, las credencias del presbiterio y
restos de pinturas en la bóveda. La cabecera muestra dos vanos que permanecen
ocultos desde el exterior por la torre-campanario. El superior es un vano con
arco de medio punto, abocinado, estrecho y rasgado, con un profundo derrame a
modo de aspillera, en el que se aprecian restos de una arquivolta. El inferior
es un vano de luz esbelto y estrecho, que se halla cegado en el muro de la
torre, dónde vemos un trozo de imposta y el relleno de piedra que nos indican
dónde duerme. En el interior, el marco que lo rodea es liso y se completa con
dos arquivoltas. La primera de ellas tiene dos registros de hojas lanceoladas y
los nervios centrales muy marcados, mientras que la segunda es baquetonada y se
ornamenta con motivos de sogueado. La decoración se extiende por el intradós y
el trasdós de las arquivoltas, con dientes de sierra que siguen el mismo modelo
que hemos visto en el ventanal exterior del muro sur. Voltea sobre el conjunto
una chambrana o guardapolvo decorado a base de flores de ocho pétalos inscritas
en un círculo inciso, detalle que se extiende por la línea de imposta que corre
sobre los capiteles.
Ventana de la cabecera
Ventana
del muro sur
Flanqueando el vano encontramos dos columnas
con los fustes lisos, que se apean sobre basas de garras, siendo en los
capiteles donde se concentra la decoración. Es una talla muy plana, realizada
en bajorrelieve, y los motivos ornamentales que se desarrollan se repiten
simétricamente a ambos lados del vano. El capitel exterior muestra un águila
que posa erguida con las alas explayadas, y el interior está decorado con finos
tallos que se disponen de forma divergente, formando una “V” en cuyo
vértice superior asoma la punta de una hoja.
En el lado del evangelio, coincidiendo con el
ventanal que hemos visto en el muro sur, encontramos otro ventanal medieval con
arco de medio punto más sencillo que en la parte exterior, pero con un rico y
variado repertorio ornamental. En los dos capiteles exteriores, sobre un
collarino sogueado, vemos representados unos foliolos rectos y divergentes que
culminan con una suave curva, en cuyo centro asoma una pequeña punta de hoja
lanceolada. Sobre el eje encontramos un sogueado que, en la parte superior, se despliega
hacia los lados, como si de un árbol se tratara, y de cuyos extremos cuelgan
unas medias bolas. En el vértice del capitel se unen dos mitades formando una
bola casi completa, abrazada y recorrida por el sogueado que baja hasta la base
del capitel y que marca la separación entre ambas caras.
Los dos capiteles
interiores están compuestos por finas y esbeltas hojas, que se vuelven formando
en los ángulos bolas decoradas con círculos concéntricos.
La línea de imposta sobre los capiteles está
decorada con hojas lanceoladas dispuestas en sentido vertical y con el nervio
central muy marcado. Sobre ella se encuentran dos arquivoltas y un sobrearco,
lugar donde se concentran los elementos decorativos. La primera arquivolta está
realizada con dos baquetones sogueados; la segunda se decora con una hilera de
círculos concéntricos superpuestos, que se rematan con un círculo liso, y se
encuentra situada entre dos bandas de contundente ajedrezado. El trasdós es una
fila de círculos suavemente incisos, dentro de los cuales destacan flores de
ocho pétalos. En el Museo Diocesano de Arte Sacro se conserva y expone otro
ventanal medieval de características similares, perteneciente a la iglesia de
San Vicente mártir.
A ambos lados del presbiterio hay dos nichos o
credencias, formados por arcos geminados, que eran utilizadas para guardar los
libros y los objetos litúrgicos. La credencia del lado izquierdo remata el
doble arco con un baquetón recogido por una imposta lisa, a los lados dos
columnillas y como apeo central una gruesa columna. La credencia del lado
derecho, aunque repite el mismo esquema, es diferente en el material y en el
tratamiento de las formas, situando su realización en época posterior.
Otros restos interesantes son las pinturas
medievales realizadas con estrellas rojizas y dibujos geométricos, con líneas
de trazos fuertes y rotundos, motivos que nos permiten ver los desconchones, y
que se conservan en la bóveda, bajo las capas de pintura. Es una policromía que
también se puede adivinar en otras partes del templo, como en la clave de los
arcos cruzados o en las figuras que los sostienen.
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