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jueves, 20 de marzo de 2025

Capítulo 54-4, Románico Llanada Alavesa, Comarca Cantábrica Alavesa, Comarca de las estribaciones del Gorbea.

Románico en la Llanada Alavesa
Alaitza, Gaceo

Alaitza
Alaitza se sitúa en la Llanada alavesa, a pocos kilómetros de Salvatierra, cuadrilla a la que pertenece, y forma parte del municipio de Iruraiz-Gauna. Desde Vitoria, situada a unos 27 km, se accede por la autovía en dirección a San Sebastián, tomando a la derecha la primera salida, número 375, en dirección a Gazeo.
Alaitza aparece registrado como apellido en los años 1071 y 1085, en los que uno de sus vecinos, Eximio Beílaz de Alaitza, firma como testigo en diversos documentos. No aparece en la relación de iglesias de la Reja, pero sí lo hace en la carta del obispo Aznar en 1257, que denomina Halayca a esta aldea. Aunque no se sitúa exactamente dentro de la ruta del Camino de Santiago por Álava, ha sido un lugar de tránsito por su cercanía con el puerto de Guereñu, paso desde zonas del Ebro a través del valle de Laminoria hacia el Norte, así como hacia Navarra, siendo, además, zona fronteriza con este reino, como toda esta área de la Llanada.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
La parroquia de Alaitza conserva prácticamente íntegra su estructura románica.
Consta de una nave rectangular cubierta por bóveda de cañón apuntada, compuesta de tres tramos, presbiterio y ábside semicircular con bóveda de horno. Todo el perímetro de la construcción está recorrido por una cornisa a la altura del apoyo de los arcos fajones. Tanto el arco de la bóveda de horno como el triunfal apoyan en pilastras que bajan hasta el suelo, en cuyas esquinas se ven dos baquetones. El resto de los arcos, en el muro norte, también se apean en pilastras, pero en el lado sur descansan sobre ménsulas lisas, ya que existen dos arcos apuntados que comunican con una segunda nave, adosada a este lado de la principal. Es un espacio de cuatro tramos, cubierto por bóveda de cañón y arcos fajones apoyados en ménsulas: el de los pies acoge la escalera que da acceso al coro; los dos siguientes hacen la función de recibidor y capilla lateral, y el último, cerrado y cuadrado, sirve de sacristía, a la que se accede por una puerta abierta en el lado derecho de la cabecera. Es posible que todo este espacio, también medieval, se construyera como pórtico destinado a enterramientos, una solución de la que también quedan restos en la no muy lejana población de Okariz, y que explicaría la existencia de la doble portada que se detallará más adelante.
En cuanto a las ventanas, se conservan tres, simples saeteras, dos en la cabecera –en el centro y en el lado derecho–, y otra en el muro occidental, bajo la cual se abrió un vano doble en el siglo XVI. En la nave contigua, en el segundo tramo, también se abre una ventana aspillera al exterior del lado sur.
En el exterior de la construcción, bajo un pórtico rectangular, aparece la portada principal, originariamente de cinco arquivoltas apuntadas y sobrearco, que en la actualidad se ve reducida a tres arquivoltas, completas las interiores, y los arranques de las demás, que se vieron destruidas al eliminar la construcción existente sobre el pórtico. Son arquivoltas apuntadas, y, en orden de dentro afuera, la primera, tercera y quinta son baquetonadas, mientras que la segunda y cuarta tienen moldura algo cóncava y se decoran con una fina hilera de cabezas de clavo. La imposta, lisa, también presenta esta decoración, y bajo ella se ven los capiteles vegetales, que quedan aquí reducidos a la mínima expresión artística, de una austeridad que puede atribuirse a la influencia del arte cisterciense. El arranque derecho del sobrearco muestra una decoración de ajedrezado que suponemos continuaría en toda su extensión.
El pórtico se abre a la derecha por un acceso que antes conducía a la desaparecida casa cural, y por el lado sur en la segunda portada, muy similar a la principal, siendo ésta de sólo dos arquivoltas apuntadas baquetonadas, con una línea de cabezas de clavo en la exterior y en la imposta, y los mismos capiteles que en la otra portada, decorados con una decoración en zigzag en sus escuetos collarinos. Las columnas se apoyan en basas con un festoneado continuo poco pronunciado.
El resto de la construcción presenta una hilera de canes lisos debajo del tejaroz, menos uno en el muro norte que presenta dos bolas con caperuza. En el hastial también hay restos de canecillos bajo el tejado a dos aguas, y bajo la espadaña, del siglo XVIII, se encuentran dos fragmentos, en uno de los cuales se podría representar un carnero.
En el año 1982 se descubrió en los muros y bóvedas de la cabecera un conjunto de pinturas murales, que en muchos aspectos suponen aún una incógnita sobre su interpretación. Son pinturas realizadas con una técnica mixta en colores rojos y negros, de factura rudimentaria, sin relieves ni perspectiva, recordando en ocasiones a las miniaturas altomedievales. Muestran, en un despiece en franjas, motivos florales esquemáticos, formas geométricas, escenas humanas de peregrinación, animales reales y fantásticos, y –la más destacable– la escena de un asedio y defensa de un castillo, además de lucha de caballeros, toque de campanas en iglesias, violaciones y entierros.





CaballerosEn la parte inferior, ocho caballeros (cuatro a cada lado) se disponen a practicar el asedio. En la izquierda, ricamente vestido (tanto él como su caballo), aparece un rey con corona y portando el estandarte principal. 

Asedio al castilloSe trata de un castillo construido sobre una loma con cadalsos y corredores de madera a su alrededor. Unos personajes lo defienden con lanzas, ballestas y arrojando líquidos o bloques de piedra. 

FuneralUna línea conecta el castillo con una iglesia, sobre la que unos personajes portan a hombros un difunto. En la iglesia, un campanero hace sonar con fuerza las campanas.

Procesión de mujeresSobre los caballeros de la derecha, una procesión de mujeres (cada una portando un elemento distinto) acude a un edificio en el que se encuentran dos mujeres en su interior. 

Facilito aquí la bibliografía conocida sobre las variadas interpretaciones existentes sin decantarnos por ellas, ya que el carácter inusual de la temática complica mucho la solución de las cuestiones formuladas. El conjunto pictórico se acompaña de una inscripción en letras góticas bajo la cuenca del ábside, de muy difícil interpretación para los expertos, que quizás arrojaría más luz sobre estas extrañas y fascinantes pinturas.
Por último, la pila bautismal, de corte medieval, con copa y pie lisos, también se decora con pinturas que podrían relacionarse con las del ábside. 


Gazeo
Gazeo se encuentra muy cerca de Salvatierra, y fue durante la Edad Media lugar de paso de los peregrinos a Santiago tras pasar las villas procedentes del Túnel de San Adrián. Desde Vitoria, a unos 23 km, se accede por la N-104, entrando después a la autovía hacia San Sebastián. En la salida 375, la carretera guía directamente hacia el centro del pueblo, formado por una calle principal, que termina en su iglesia, situada al Este de la población.
Es éste un lugar de paso tradicional desde Navarra hacia el Oeste, y también de comunicación con Francia, como lo atestiguan los restos de la calzada romana de Burdeos a Astorga. Gazeo no aparece en el documento de la Reja de San Millán, pero sí el apellido toponímico, al igual que en el caso de Ezkerekotxa, que señala a Didaco Telliz de Gatheiu como testigo en una donación al monasterio de San Juan de la Peña en 1071. Sí que aparece en la carta del obispo Aznar, aunque en ella se aprecian dos lugares: Gacechobarren, el actual Gazeo, y Gacechogoyen, término hoy desparecido que se encontraría entre la localidad actual, la cercana Langarika y el despoblado de Mostrejón, denominado en la lista del obispo calagurritano como Monstreion.
A lo largo de la historia hay varios personajes de Gazeo que quedaron registrados en la documentación por diversos motivos: en 1262 figura en la Cofradía de Arriaga Pedro González de Gaceo, y, en 1331, el que posiblemente fuera su hijo, Sancho Pérez de Gaceo, asiste a las Juntas de Arriaga. El Camino de Santiago dejó huella en la hermosa iglesia que se describe más abajo, en concreto en su advocación, San Martín de Tours, heredera en nombre de la vía de peregrinación por la que muchos peregrinos descendían desde Francia, la Vía Touronensis, así como en las magníficas pinturas góticas que se enclavan dentro de la corriente franco-gótica en el gótico lineal. En junio de 1813, tras la Batalla de Vitoria y la derrota de las tropas de Napoleón, el cura de la parroquia de Gazeo registra el paso por este lugar hacia Navarra y Francia de “miles de franceses y otros que no eran franceses”.
Actualmente Gazeo forma parte del municipio de Iruraiz-Gauna, dependiente de la Cuadrilla de Salvatierra.

Iglesia de San Martín de Tours
La iglesia de San Martín de Tours es un edificio de planta longitudinal de una sola nave cubierta por bóveda de cañón apuntada y dividida en cuatro tramos por sus correspondientes arcos fajones, que descansan sobre repisas con tres bolas cada una. La cabecera, semicircular y cubierta por bóveda de horno, se inscribe en el grupo de iglesias de la Llanada con ábside en semicírculo, como Alaitza, Argandoña, Ayala, San Juan de Arrarain o Trokoniz, escasas en Álava y que se fechan todas en torno a la primera mitad del siglo XIII. Se apoya en un arco sobre pilastras con semicolumnas en los ángulos. La construcción se completa con el tramo recto del presbiterio y un arco triunfal apuntado, que descansa en dos semicolumnas de fuste liso, cuyos capiteles muestran, a la izquierda, doble hilera de bolas, y a la derecha, hilera de bolas sobre cuerpo biselado, de influencia mudéjar.


En la construcción se abren tres ventanas: dos son saeteras, una abocinada en el centro del ábside y otra simple en el hastial; la tercera es un ventanal con dos arquivoltas de medio punto decoradas con hojas carnosas y sobrearco con motivos de cuadrifolios. Tanto los capiteles como los fustes de las columnas son añadidos en la restauración, aunque sí se conservan las columnillas originales a ambos lados de las columnas exteriores, con pequeños capiteles muy deteriorados que parecen decorarse con elementos vegetales.
Frente a este ventanal, en el lado izquierdo del presbiterio se aprecia un nicho de piedra que hoy cierra una puerta de hierro de arco apuntado. Este nicho se cubre con un dosel de piedra gótico, que antes estaba situado en el exterior del templo, en la fachada occidental, alojando una imagen de Nuestra Señora de Mostrejón, despoblado cercano a Gazeo. El dosel, trilobulado, muestra unos castillos en sus laterales, y se apoya en dos columnas con sus correspondientes columnillas a los lados, cuyos capiteles muestran, a la izquierda, hojas de parra y uvas, muy naturalistas, aunque con un elemento de tradición románica, una pequeña cabeza de toro asomando entre las hojas. El capitel derecho se decora con palmetas vueltas. Los soportes de estas columnas son, sin embargo, muy románicos: a la izquierda se ve un personaje con cabello partido que eleva sus brazos agarrándolo, a la vez que parece sostener con ellos la hornacina a la que sirve de apeo; destaca el detalle de los puños de su vestidura. En el lado derecho aparecen dos cabezas de varón, muy similares, con cabello partido y flequillo, ojos grandes y almendrados y media sonrisa. Debajo de estos soportes hay una columnilla a cada lado con capiteles con volutas, y en el derecho cabezas de animales entre las hojas.
A ambos lados de la hornacina se han colocado sendas parejas de cabezas que podrían haber servido de repisa sobre columnas. En ambos casos son representaciones de un hombre coronado y otro joven con cabello partido que forma un rulo abajo, flequillo y ojos almendrados. Entre estos últimos, el del lado derecho presenta en su base una decoración de flor de cinco pétalos.

Al exterior, un pórtico rural, edificado en el siglo XVI, alberga la portada, muy reconstruida, con tres arquivoltas apuntadas cortadas en arista viva apoyadas sobre imposta lisa –actual– y pilastras, las cuatro exteriores con semicolumnas en los ángulos y capiteles muy sobrios de volutas dobles, siendo los del lado izquierdo originales y los del derecho rehechos en la restauración.

En el lado sur de la cabecera se ve la trasposición al exterior de la ventana interior del presbiterio, en este caso con tres arquivoltas y tres pares de columnas, con elementos nuevos casi por completo, en la que se conservan fragmentos de hojas carnosas y un cuadrifolio. Las columnas del flanco exterior izquierdo de esta ventana son originales, y conservan un capitel con follaje de hojas vueltas.

No se puede aludir a Gazeo sin hablar de sus espléndidas pinturas murales, descubiertas tras los retablos en 1967, que se pueden contar entre las mejores del norte de España. Han sido situadas cronológicamente a mediados del siglo XIV y se enclavarían dentro de la corriente pictórica franco-gótica, aunque con un cierto gusto románico aún en algunas formas, posiblemente por el retraso estilístico y de nuevas soluciones que con respecto al resto de Europa vivía Álava en esos años.
Están realizadas con una técnica mixta de fresco y temple, y recogen un programa iconográfico claramente destinado al catecismo de los fieles. En el cascarón del ábside se observa la representación del Cielo, con la Trinidad dentro de una mandorla cuadrilobulada, rodeada de apóstoles, vírgenes y ángeles, los bienaventurados. En el tambor del ábside, a la izquierda, aparece el Calvario, con los dos soldados y la Virgen, de rasgos muy delicados, y San Juan. A la izquierda, el Pesaje de las Almas, con la representación de San Miguel con la balanza, y Santa Marina, que encadena al demonio siempre pendiente de hacer caer la balanza hacia su lado. Ya en el tramo del presbiterio, la pared izquierda está ocupada por el baldaquino gótico antes descrito, aunque se cree que en el muro donde se encuentra, hoy picado, pudo haber pinturas que completarían el programa. Sin embargo, a la derecha, junto y bajo la ventana, está la representación del Infierno, con la caldera y los condenados que van a ser engullidos por un monstruo con las fauces abiertas. En la bóveda apuntada de este tramo aparece una extensa representación de la Vida de Cristo, comenzando por la Infancia, la Vida Pública (destacando la Última Cena), la Pasión o la Resurrección (con la Anástasis o bajada a los infiernos para liberar a Adán y Eva). Las pinturas se completan con inscripciones que identifican personajes o relatan escenas (Ioseph. fugit. in egipto).








Estas pinturas, y la conservación prácticamente íntegra de la iglesia, confirman a la iglesia de San Martín como un punto importante dentro del peregrinaje a Santiago en el territorio de Álava.


Románico en la Comarca Cantábrica Alavesa
La comarca de Cantábrica Alavesa ocupa el sector del noroeste de la provincia de Álava, limitando con las provincias de Vizcaya por el norte y Burgos y Cantabria al Oeste.
En este territorio hay una serie de iglesias y restos románicos que son de los más desconocidos de todo el País Vasco, a pesar de que existen estudios realizados y no falta documentación escrita sobre estos templos alaveses, algunos de los cuales sorprenderán a más de uno que se acerque a visitarlos.
Características del arte románico en la Comarca de Cantábrica Alavesa.
Las principales características de las iglesias tardorrománicas de la comarca de Cantábrica Alavesa son:
·       Se trata, como es normal en el románico alavés, de construcciones muy tardías.
·       Son pequeñas iglesias parroquiales, es decir se trata de un románico rural.
·       Los elementos nobles como puertas, ventanas, columnas, etc. son de una gran delicadeza y barroquismo estético. Son magníficos ejemplos de lo que se ha llamado preciosismo románico, que es propio del tardorrománico decadente del comienzo del siglo XIII en alguna zonas de la Península.
·       La citada decoración redunda en la geometrización de los motivos vegetales, muy especialmente mediante zigzagueados, volutas o pomas, círculos concéntricos, taqueados, etc.
·       Las naves son de bastante altura, al igual que sus cabeceras. Ambas se suelen cubrir con bóvedas de medio cañón apuntado.
·       Estos esbeltos ábsides planos tienen la peculiaridad de llevar dos ventanales superpuestos de hermosa estructura y decoración.
·       Las portadas tienen arquivoltas apuntadas y predomina la decoración vegetal y geométrica en los capiteles de las columnas, impostas, etc. aunque también hay excepciones.
·       Los ventanales suelen llevar varias arquivoltas de medio punto sobre sendas parejas de columnillas, lo que les confiere una gran espectacularidad.
Existen bastantes lugares reseñables, especialmente en el foco de Urcabustaiz, como son Oyardo, Uzquiano, Beluntza, Unzá y Gujuli, que tienen en común la citada estructura de verticalidad y testero con dos ventanales situados uno por encima del otro.
También hay que citar otros templos como los restos de Amurrio, Lezama, Miñano Menor, Zuya, etc.
De estos y otros templos románicos de la Cantábrica Alavesa hemos elegido los de Beluntza, Lezama y Amurrio.

 

Beluntza
La localidad de Beluntza se encuentra situada a 26,5 km al nordeste de la capital alavesa. Teniendo como punto de partida Vitoria-Gasteiz, se accede a dicha localidad a través de la autovía de Altube, antigua carretera nacional N-622, hasta la salida 22 con dirección Izarra-Orduña. Por la carretera local A-2521 hay que seguir unos 3 km para llegar al destino.
Beluntza aparece como un hito importante en las rutas medievales del Ebro hacia los puertos vizcaínos. Se halla situada en una encrucijada de caminos por donde circulaban las principales rutas que entraban en Urkabustaiz desde Castilla y el Valle del Ebro, bien por Vitoria y Zuia, bien por la Ribera alavesa y Kuartango camino de Bilbao. Este emplazamiento ha dejado también huella en su pasado histórico. En la carta del obispo don Jerónimo Aznar, en 1257, aparece citada como Velunçaa, una localidad que, según los documentos, estaba bien poblada en el siglo XVI, y contaba con tres ermitas sin renta, como consta en la visita pastoral realizada por el licenciado Martín Gil en 1556. Son datos recogidos en el Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria. En la actualidad pertenece al municipio de Urkabustaiz y se halla integrada en la hermandad y cuadrilla de Zuia.

Iglesia de San Pedro
La iglesia se halla bajo la advocación de San Pedro y está situada en lo alto de la ladera, entre el caserío que conforma la feligresía. El edificio se halla revocado, protegiendo así el material de sus paramentos de las inclemencias del tiempo y mostrando los sillares de las esquinas solamente en el muro sur. Como en la mayoría de los templos románicos, en sus muros quedan las huellas de las ampliaciones y las intervenciones posteriores, generalmente realizadas en los siglos XVI y XVIII. Sin embargo, son muchos los restos medievales que se conservan en el templo y que han llegado hasta nosotros, dando testimonio de la grandeza y distinción que tuvo en otros tiempos.

En la parte más occidental del muro sur encontramos la torre campanario, en cuyo interior se conserva un canecillo medieval de perfil cóncavo. Va seguida del pórtico, que ocupa la zona perteneciente a la nave y oculta parte del ventanal románico que se encuentra sobre él. Es un arco de medio punto con dos arquivoltas baquetonadas y un sobrearco muy estropeado, todo ello sin decoración, que apean sobre una línea de imposta lisa que va desde el intradós del vano hasta el sobrearco. Las jambas, que estarían formadas por cuatro columnas, se encuentran mutiladas, y hoy sólo podemos ver una columna a cada lado. Todas tienen los fustes lisos y están rematadas por sencillos capiteles, donde la decoración –tres bolas con caperuza– se concentra en la parte superior.
Dentro del pórtico se halla la portada que da acceso al templo y constituye un buen ejemplar del románico tardío.
Está realizada sobre una pared de sillares que resalta ligeramente del muro y se remata con dos finas columnillas a los lados y una hilera de canecillos lisos en la parte superior, a modo de alfiz, que sirve de marco a la portada, a la vez que le otorga notoriedad y riqueza. Es un arco apuntado sobre el que voltean cinco arquivoltas baquetonadas y un sobrearco. Las impares tienen un baquetón más grueso, de mayor tamaño que las pares, que presentan tres baquetones más finos y ligeros. Dos medallones decoran la clave de la primera y tercera arquivolta. La primera lleva un medallón con el Agnus Dei, motivo que también se representa en la portada de la iglesia de San Lorenzo, en Miñano Mayor. El sobrearco también está decorado con un fino baquetón y decora su clave con un volumen prismático.
Este arco voltea sobre cinco columnas a cada lado del vano de la portada, a las que hay que sumar tres más, dispuestas en el frente, sobre la pared de sillares en resalte. Los fustes lisos y esbeltos se encuentran unidos por una moldura que, sobre las basas circulares, entra y sale entre ellos y va desde el intradós de la portada hasta el límite del muro resaltado, creando una sensación de unidad. Unos pedestales prismáticos, colocados sobre un basamento corrido, sirven de base a las columnas.
Los capiteles, situados bajo una fina línea de imposta, se muestran independientes, a la vez que unidos por un collarino continuo que recorre las jambas y el frente del muro en resalte. Están decorados por ricos y variados motivos ornamentales. En el lado izquierdo encontramos incisiones muy sencillas que forman tallos con hojas, flores y palmetas muy planas y esquemáticas. El sexto es un rostro femenino, muy ancho, de facciones grandes; tiene la nariz aplastada y marcado el entrecejo, cubre la cabeza con un tocado de barbuquejo rizado. El siguiente es un rostro masculino con los rasgos de las mismas características que el anterior, lleva barba y parece estar coronado.
El noveno es un águila situada en posición muy frontal, tiene las alas explayadas y sujeta un conejo con las garras, al que picotea. Y por último, en el intradós del vano se encuentra un relieve en el que se representa a un cuadrúpedo atacado por una fiera subida a su lomo. Mientras tanto, en el lado derecho encontramos un motivo vegetal, pequeñas hojas carnosas dispuestas simétricamente en tres niveles a ambos lados del tallo que las sustenta.

Águila con su presa y cuadrúpedos 

Éste es un tema que se repite en otros dos capiteles, alternando con otros dos decorados con motivos de animales fantásticos: en uno se representa a un grifo con doble cuerpo, atacando a un pulpo que arracima las ventosas de sus tentáculos; en el otro vemos un dragón con dos cuerpos, dos cabezas y un solo cuello. El resto de los capiteles muestran hojas planas muy anchas que recuerdan las hojas de parra. Los motivos ornamentales que decoran la portada no guardan ninguna relación, ni a nivel estilístico, ni a nivel temático, con los que encontramos representados en los ventanales románicos del edificio, más vinculados estos últimos al románico que se desarrolla en Kuartango y Zigoitia, mientras que los motivos de la portada los podemos relacionar directamente con los de la portada de Miñano Mayor.

En la zona del presbiterio se encuentra otro ventanal románico, que ha sido mutilado al ampliar el vano para proporcionar una mayor luminosidad al interior. Es un arco de medio punto con tres arquivoltas y un sobrearco.
La primera arquivolta está compuesta por dos finos baquetones con motivo de sogueado; en la segunda, los dos baquetones son lisos, mientras que en la tercera se concentra una abundante ornamentación de motivos geométricos, pues lleva una banda con motivos de encestado sobre el remate a bisel, y dos bandas de ajedrezado en el intradós y trasdós. El sobrearco se decora con hojas lanceoladas, con el nervio central marcado, y dispuestas en posición vertical. Este motivo se repite en la línea de imposta que va desde el intradós del vano hasta el muro, rebasando un poco el sobrearco. El arco descansaba en seis columnas de las que hoy solamente se conservan cuatro, dos a cada lado, además de las basas de las dos eliminadas. Tienen los fustes monolíticos y lisos, y se apean sobre basas de garras que embellecen los semicírculos con finos elementos radiales.

Ventana sur del presbiterio 

Los capiteles, decorados con motivos vegetales, presentan un repertorio muy repetido en el románico de Kuartango y Zigoitia. Así, en el primer capitel del lado izquierdo, sobre finas y caligráficas hojas en forma de espiga, vemos un nervio que recorre la arista del capitel y se remata en una bola, con dos caras planas, decorada con motivos concéntricos y espiral en ambas caras; otras dos bolas en los ángulos de la parte superior completan la decoración. El segundo capitel de este mismo lado está decorado con hojas planas, en la arista destaca el nervio central y los bordes de las hojas que vuelven hacia fuera, y más que cobijar parece que abrazan una bola, por arriba y por abajo, mientras que, a los lados, dos tallos se cierran en sí mismos formando una espiral. En el lado derecho, el primer capitel muestra hojas finas y esbeltas, con líneas verticales de bajo relieve y rematadas por bolas de motivos concéntricos y espirales como en el primer capitel; el segundo está decorado con hojas de tallos verticales que vuelven sus puntas hacia fuera, cobijando bolas.
Sobre este ventanal, bajo el alero del tejado, se conserva una cornisa con decoración de medias bolas que alternan con espirales, círculos concéntricos y círculos radiados. La cornisa tiene como apoyo una docena de canecillos medievales, cóncavos y convexos, unos lisos y otros figurados, aunque sólo es posible identificar y describir dos por el deterioro que presentan. Uno representa una preciosa cabeza de animal, con los ojos almendrados y la boca abierta; el otro es más esquemático y representa un busto con el rostro redondo y plano, los rasgos lineales y poco marcados, a excepción de la prominente nariz, y parece que tenía las manos en la cabeza, por los restos que de una de ellas queda en el lado izquierdo.

En el hastial de Levante se abren dos ventanales románicos que marcan el eje de la cabecera, rematada con la cubierta medieval a doble vertiente. El ventanal inferior, de buen tamaño, es rasgado y esbelto, rematándose con un arco de medio punto sobre el que voltean tres arquivoltas y un sobrearco, realizados con abundante decoración de motivos geométricos trabajados con detalle y minuciosidad. La primera arquivolta, con dos finos baquetones, lleva en el intradós y trasdós una decoración con una banda con dos círculos concéntricos y minuciosas incisiones verticales, a modo de rayos. Este detalle ornamental se repite en la segunda arquivolta, decorada con hojas de acanto estilizadas con las puntas vueltas hacia fuera, el nervio central perlado, a modo de eje, del que salen los foliolos divergentes y simétricos a ambos lados, destacando en ellas el relieve perlado de los tallos que también se aprecia en la vuelta de sus puntas. La tercera arquivolta es un baquetón al que también enmarcan las bandas de círculos concéntricos del intradós y trasdós.
El sobrearco se decora con una banda de finos tallos que forman círculos concéntricos. Este esquema se repite en la línea de imposta sobre la que descansa el arco, que se ornamenta con tres círculos concéntricos con incisiones radiales, a modo de rayos, como los que se hallan en el intradós y trasdós de las arquivoltas. 
Los elementos sustentantes son seis columnas, con sus intercolumnios, tres a cada lado, de fustes monolíticos lisos apoyados en basas de garras remarcadas. La minuciosa y elaborada decoración se concentra en los capiteles, en los que encontramos motivos geométricos y vegetales.
En el lado izquierdo, en primer lugar, encontramos hojas planas superpuestas que decoran su nervio central y los bordes con un fino sogueado, y vuelven la punta hacia fuera sobre una bola, que se está abrazada por motivos de sogueado y dos pequeños círculos concéntricos.
El segundo capitel repite el motivo de hojas planas, en las que se marcan los foliolos que, de forma divergente, salen del nervio central sogueado, rematado en el extremo por un fruto granuloso, trabajado con mucho detalle; los otros dos tallos, también sogueados, se rematan con medias bolas que tienen dos círculos concéntricos, de los que salen radios a modo de flor. El tercero de los capiteles se cubre con hojas planas que vuelven ligeramente sus puntas sobre bolas de caras achatadas, con círculos concéntricos, hojas que están cubiertas de foliolos divergentes que crean un zigzag en el cestillo o equino del capitel. Todos estos motivos decorativos se embellecen con finas incisiones, y se repiten simétricamente en los capiteles del lado derecho.


La elegancia de estos motivos ornamentales nos refleja el gusto, la minuciosidad y el buen hacer de las manos que los ejecutaron.
Sobre este ventanal se encuentra otro, ligeramente más pequeño, con arco de medio punto, con dos arquivoltas decoradas y un sobrearco liso. La primera está formada por dos finos baquetones sogueados. La segunda, rematada a bisel, se decora con un bonito y abundante motivo de encestado que cubre el bisel, el intradós y el trasdós. La línea de imposta sobre la que descansa el arco, y que va desde el vano hasta pasado el sobrearco, se decora con hojas lanceoladas incisas, dispuestas en sentido vertical. Esta forma de tallar las hojas es poco habitual, ya que normalmente se realizan en relieve resaltado, lo que produce un aspecto diferente en el resultado final, pero no son las únicas, pues existen también en las basas del ventanal románico situado en la cabecera de la iglesia de Santiago, en Goiuri.
Ventana superior 

Las jambas están formadas por cuatro columnas, dos a cada lado, de fustes monolíticos lisos apeados en basas de garras, y rematados por capiteles más sencillos, siguiendo el mismo esquema que los del ventanal inferior. El primero del lado izquierdo se decora con hojas planas, con los nervios y bordes remarcados, que vuelven ligeramente la punta hacia fuera sobre una bola. En el segundo las hojas marcan los foliolos divergentes formando un zigzag que cubre el equino, y las bolas de los ángulos superiores llevan círculos concéntricos en las caras planas. Al otro lado sólo se conserva el capitel interior, decorado con pequeñas y finas hojas lanceoladas superpuestas, rematando la parte superior con bolas de círculos concéntricos; la talla de este capitel difiere del resto en calidad y detalle, lo que hace pensar que fueron otras manos las que intervinieron.

El muro norte, más castigado por las inclemencias del tiempo, conserva bajo el alero del tejado, en la zona del presbiterio, una hilera con trece canecillos medievales lisos, de perfil cóncavo y convexo. En el hastial de Poniente se ha perdido la cubierta medieval a doble vertiente y el enlucido nos impide observar más detalles. Otro ventanal, posiblemente posterior, se abre en este muro para iluminar el templo.

El interior del templo es un espacio único, rectangular, lleno de luz, que penetra a través de los vanos exteriores, que hemos descrito, y que tienen su réplica en el interior. Este espacio se halla formado por un amplio presbiterio y una nave fraccionada en dos tramos, cubierto todo ello por bóveda de cañón apuntada que marca las diferentes zonas con los arcos fajones. El arco triunfal, que separa el presbiterio de la nave, doblado y apuntado, se apea en pilastras en su primer arco, mientras que el segundo lo hace sobre tres columnas adosadas que descansan sobre basas de garras dobles apoyadas en un zócalo. Rodean las columnas, a modo de capitel, dos impostas, una más pequeña con dos platabandas, y otra moldurada más destacada; ambas recorren los muros del templo en todo su perímetro y, sin duda, corresponden a intervenciones posteriores. El arco fajón que divide la nave en dos es sencillo y apuntado, formando pilastras en su continuidad por los muros.
En la cabecera recta encontramos la réplica de los dos vanos exteriores que marcaban el eje. El inferior sirve de nicho a la imagen del titular del templo, como un marco pétreo que embellece y forma el retablo junto con la madera tallada, en blanco, que le rodea. El ventanal presenta un arco de medio punto decorado abundantemente y con gran exquisitez, formado por tres arquivoltas y un sobrearco. La primera arquivolta se forma con dos finos baquetones; la segunda, rematada en bisel, se decora con dos bandas de círculos concéntricos, motivos que se despliegan e invaden el intradós y trasdós; la tercera es baquetonada, y el sobrearco repite la decoración de círculos concéntricos, motivo que se hace extensible y continúa por la línea de imposta. Sustentan el arco seis columnas con sus respectivos intercolumnios –tres a cada lado– de fustes monolíticos lisos que se apean en basas de garras.
Los capiteles se decoran con motivos geométricos sobre hojas planas, de las que sólo se ven las puntas, siguiendo los modelos descritos en el exterior. El primero del lado izquierdo cubre el equino con motivo de encestado, y en los ángulos superiores, bolas con círculos concéntricos en las caras planas. El segundo capitel se cubre con motivos de zigzag en el equino, y veneras en las esquinas superiores, sobre las que asoman las puntas de las hojas planas.
El tercero lleva un entrelazado formando rombos con un pequeño nervio y finas incisiones divergentes, un fruto granuloso en el vértice superior de la arista y dos bolas, granulosas también, en las esquinas. En el lado derecho los capiteles repiten la decoración en perfecta simetría.
El aspecto que presentan los elementos del ventanal superior, más sencillo, nos hace pensar que no está acabado, a la vez que nos informa y orienta sobre cómo se desarrollaba el proceso de ejecución. En él se aprecia cómo la talla de los motivos ornamentales es un proceso que comienza en el exterior, y se realiza de afuera hacia adentro.
Por eso encontramos un vano estrecho y abocinado en su mayor parte. Podríamos decir que es un vano “en bruto, sin pulir”, rematado por un arco de medio punto, del que solamente podemos apreciar la arquivolta exterior, compuesta por dos finos baquetones sogueados y un sobrearco semioculto bajo el enlucido. También se puede observar cómo la decoración de la línea de imposta se halla sin terminar, con unas finas incisiones que marcan el perfil de hojas lanceoladas, de las que sólo se han acabado las del intradós del lado derecho –es el mismo motivo de la imposta del vano exterior–. Las columnas, de fustes lisos, una a cada lado, presentan diferente longitud. La derecha se apoya en basas de garras, mientras que la del lado izquierdo es más corta y sin basa, sin terminar. También en los capiteles las labores de talla han quedado inacabadas. El capitel izquierdo es aún un bloque con los motivos ornamentales sin definir, y el derecho presenta incisiones esquemáticas que, después de ver el trabajo realizado en los capiteles de los restantes ventanales, induce a pensar que se halla inconcluso.
Otros ventanales románicos se conservan en el interior del templo. En el muro sur, en la zona del presbiterio, se encuentra la réplica del ventanal externo, con un arco de medio punto sobre el que voltean tres arquivoltas y un sobrearco. La primera arquivolta está formada por dos finos baquetones con motivos de sogueado; la segunda, por dos finos baquetones lisos; la tercera, por un baquetón más grueso con motivo de sogueado. El sobrearco, al igual que en el exterior, se decora con hojas lanceoladas en relieve, con el nervio central rebajado y dispuestas en forma vertical. Este motivo lo vemos repetido en la línea de imposta, pero en este caso con el nervio central también en relieve, que va desde el intradós del vano hasta debajo del sobrearco, en ambos lados. Como elementos sustentantes hay seis columnas, tres a cada lado, de fustes monolíticos lisos apoyados en basas prismáticas con incisiones circulares.
Los capiteles que los rematan presentan, como en el resto de los ventanales, un variado repertorio de motivos ornamentales. En el lado izquierdo, el primero repite las hojas planas con la punta vuelta hacia fuera sobre una bola, destacando el nervio central y los bordes de las hojas, mientras a los lados dos tallos forman espirales en los ángulos. El segundo capitel está realizado con hojas planas, superpuestas, en forma de elipse, que llevan un esquematismo globuloso en la arista. El tercero muestra el equino o cestillo como en dos planos: el inferior presenta un tallo sobre la arista e incisiones verticales en las caras, y sobre ellas salen unos caulículos que formas volutas en los ángulos del registro superior. En el lado derecho, el primer capitel repite el modelo anteriormente descrito. El segundo repite el tema de las hojas planas que vuelven su punta sobre la bola, con el nervio y los bordes remarcados. El tercero también tiene bolas en la parte superior, en este caso con caras planas y decoración de espiral dentro de ellas.
El otro ventanal románico del muro sur, que tiene la réplica en el exterior, está situado en la zona de la nave. Es un vano ancho, con el antepecho en derrame, sin decoración, que nada tiene que ver con el resto de ventanales.
En el románico de Beluntza vemos elementos decorativos que nos hablan, si no de dos épocas, sí de dos diferentes manos o talleres, como lo demuestran los diferentes repertorios de temas que se representan en los ventanales y en la portada. También podemos decir que aquí, en el templo de San Pedro de Beluntza, confluyen las tendencias de motivos ornamentales repetidos en el románico de Zigoitia, Urkabustaiz, Kuartango y de la Llanada alavesa, haciendo que esta iglesia sea un hito del románico en las estribaciones del Gorbea.

 

Amurrio
Amurrio se encuentra situado a unos 40 km de Vitoria, desde donde se llega tomando la N-622 o Autovía de Altube en dirección a Bilbao. Tras pasar Ametzaga, el desvío a la derecha conduce a la carretera A-624, paralela a la autopista A-68, que desemboca directamente en Amurrio. La localidad es cabeza del ayuntamiento del mismo nombre y una de las poblaciones, junto con Laudio, más importantes del valle de Ayala.
Amurrio se sitúa en el cruce del camino que va desde Orduña a Laudio, siguiendo el río Nervión, por un lado, y del que desde el río Altube conduce a Artziniega, por el otro. Ambos conservan huellas del paso de los romanos. Debido a este emplazamiento, Amurrio existe desde antiguo, y en la crónica de consagración de la primitiva iglesia de Laudio en 1095 ya se cita la de Amurrio como preexistente. También es importante el papel que jugó como lugar elegido por diversas familias nobles medievales para establecer sus torres, situadas en el propio Amurrio o en aldeas muy cercanas, como Mendíjur –de la familia Ayala–, la de Saerín –solar de los Guineas– o la de Mariaca –de la familia del mismo nombre–. Estas torres se utilizaban como vigilancia de los pasos de diversos caminos que encontraban su cruce en Amurrio.

Iglesia de Santa María
Situada en el centro del pueblo, la iglesia parroquial de Amurrio es un ejemplar construido en la segunda mitad del siglo XVI y reconstruido tras su ruina en el siglo XVIII. El edificio consta de planta rectangular con nave de tres tramos, presbiterio y cabecera ochavada.
El pórtico se construyó, junto con la torre, tras la ruina del templo en 1771, y se amplió a comienzos del siglo XX en la zona cortada a chaflán. Este pórtico acoge el único resto románico del templo, la portada del lado sur, que se conserva pese a que la portada principal se abre a los pies del templo.
Es una portada que se adelanta sobre el muro sur y aparece ligeramente cortada, en su lado derecho, por un contrafuerte de la iglesia. Consta de cuatro arquivoltas apuntadas y sobrearco, las primeras baquetonadas y el último en arista viva.
El conjunto se apoya sobre una imposta lisa. La arquivolta interior descansa sobre la pilastra de la jamba, levemente moldurada con una semicolumna en el ángulo que cae hasta el suelo, mientras que bajo las otras arquivoltas se ven tres pares de columnas de fuste liso y basas de garras.



Los capiteles de las columnas son muy característicos en el románico del siglo XIII en la zona de Kuartango, Zuia y Urkabustaiz. Todos tienen el ábaco moldurado y tres escalones descendentes, y el cuerpo del capitel cubierto por zigzag. Muestran, de izquierda a derecha, tres bolas en la parte superior –la del centro sujeta por un elemento vertical con sogueado–, mientras que los otros son lisos, y con garra superior que recuerda al engarce del hierro; dos bolas con voluta a los lados y pequeño barril en el ángulo; bolas con voluta y bola en el ángulo engarzada con cuatro garras; y en el lado derecho, pequeños personajes que portan barriles sobre sus espaldas, sujetos con los brazos el del ángulo destruido; y en el capitel exterior, bolas con garras en los otros dos, con elementos verticales sujetándolas.
Sobre la portada se conserva también un tejaroz con ocho canecillos que, de izquierda a derecha, presentan mujer con toca de barbuquejo y cinta sobre la boca; canecillo liso; cabeza de animal con la lengua hacia afuera; otro can sin decorar; felino levantado sobre las patas de atrás, colocado de perfil, con el rabo entre las piernas y enroscado hacia su espalda, las patas delanteras sujetando una presa sin identificar y con la cabeza girada hacia el espectador mostrando los dientes; águila en presa sobre un conejo; personaje masculino barbudo y sonriente; y varón exhibicionista y grotesco.

Exhibicionista

Ábside 

Tal y como ya se ha citado, el tipo de capitel que aquí se encuentra corresponde a una corriente exclusivamente ornamental del románico alavés del siglo XIII, con la característica forma troncocónica, bolas en lo alto y cordones o sogueado en la superficie del equino, típico de las zonas de Kuartango, Zuia y Urkabustaiz, y que se extiende por Ayala en la zona del Nervión, según se puede ver en la cercana población de Lezama. Como elemento curioso cabe destacar la presencia de pequeñas obras de miniaturista en los personajes que sujetan los barriles del capitel interior derecho. Si bien puede deberse a un capricho del escultor, suponen un trabajo dificultoso por el tipo de piedra dura y de difícil talla que se utilizó en esta portada de Amurrio.

 

Románico en la Comarca de Estribaciones del Gorbea
La comarca de Estribaciones del Gorbea se corresponde con la Cuadrilla de Zuia. Nosotros hemos reunido en esta página una serie de poblaciones situadas entre la ciudad de Vitoria y las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa y más concretamente en los alrededores del enorme Embalse de Urrúnaga.
Como veremos más adelante, desde el punto de vista artístico, el románico de esta zona de la provincia de Álava está bastante relacionado y forma un cuerpo unitario con el románico de la Cantábrica Alavesa. La división en dos páginas y rutas tiene más que ver con la comodidad del viajero y su proximidad geográfica que por razones de estilo.
La diferencia entre ambas viene determinado en que el románico de las Estribaciones del Gorbea nos ha llegado más fragmentario, pero muestra las mismas características, que se pueden resumir en:
·       Origen prerrománico de algunas iglesias
·       Las construcciones o reformas románicas tienen carácter tardío y rural (Siglo XIII).
·       Cabeceras planas con ventanales
·       Portadas de arquivoltas apuntadas
·       Decoración abundante y muy geometrizada en los ventanales.
En este capítulo del románico de la comarca de Estribaciones del Gorbea he elegido las siguientes iglesias: Zestafe, Ondategi, Miñano Menor y Goiain.

 

Zestafe
La localidad de Zestafe se encuentra situada 18,5 km al norte de la capital alavesa. Es un pueblo situado bajo el macizo del Gorbea, y, si en un principio nos sentimos atraídos por sus restos medievales, pronto nos daremos cuenta de que posee un entorno privilegiado, excepcional, pues ofrece un paisaje donde la naturaleza se percibe como una explosión de belleza.
Desde muy temprano encontramos documentos que nos hablan de la aldea de Zestafe. Ya en el año 871 aparece en una carta de donación al monasterio de San Vicente de Acosta. La cita se repetirá dos siglos después, en 1087, haciendo referencia a otra donación de propiedades al monasterio de San Millán de la Cogolla. En el año de 1257 también aparece en la relación de pueblos del obispo don Jerónimo Aznar.
Hay constancia de los importantes altibajos demográficos que Zestafe ha sufrido a lo largo de su historia, que se ven reflejados sobre todo a partir del año 1556, tras la visita del licenciado Martín Gil, en la que se señala que no tenía ninguna ermita aneja.

Iglesia de San Nicolás
La iglesia de Zestafe se encuentra en la parte alta del pueblo, al sur del núcleo poblacional. Está integrada en un conjunto de volúmenes añadidos pertenecientes a diferentes épocas que ocultan la sencillez de sus muros y la belleza de los motivos ornamentales, tan característicos del románico rural del siglo XIII.

El muro sur está oculto y protegido, a excepción de la zona del presbiterio, por la casa cural, que se extiende a ambos lados del pórtico. Éste cobija una portada románica, formada por un arco de ingreso apuntado, tres arquivoltas decoradas con boceles y un guardapolvo o sobrearco con un fino baquetón, todo ello apoyado sobre una línea de imposta biselada.


En cada lado de la portada hay tres columnas dispuestas entre las jambas, coronadas por sus correspondientes capiteles. Los del lado izquierdo muestran, de fuera hacia dentro, un dragón alado, con dos cuerpos y una sola cabeza, atacando a otra bestia; una cabeza de rasgos negroides, con pelo rizado, nariz ancha y labios abultados, y un águila de alas explayadas apresando a un conejo.
El capitel más exterior del lado derecho se adorna con una escena cinegética protagonizada por un perro que ataca a un jabalí, acompañado de un cazador que porta un cuerno y una lanza. Le sigue, en el capitel central, una cabeza femenina con tocado de barbuquejo, flanqueada por dos figurillas erguidas: una con corona sobre su cabeza y la otra con una bola en sus manos. El último capitel se decora con un ser híbrido, con cuerpo de reptil alado y cabeza antropomorfa con corona.
En el muro sur del presbiterio se conserva un ventanal románico formado por dos arquivoltas de medio punto, decoradas con rosetas hexapétalas y un bocel.
Se remata con un sobrearco cargado de medias esferas. Descansa todo ello sobre una línea de imposta biselada y cuatro columnillas con sus capiteles. Éstos se decoran con sencillos motivos vegetales a base de hojas lanceoladas de nervio central, volutas y tallos de los que penden bolas o frutos.
En este mismo muro, bajo la cornisa que marca la primitiva altura del tejado, se conservan seis canecillos figurados que representan cabezas de animales, rostros antropomorfos y un personaje erguido apoyado sobre una especie de báculo o bastón en forma de T. Desde el desván de la casa cural se pueden ver otros trece canecillos más que siguen la misma línea de cornisa. Se decoran con motivos similares a los anteriores, es decir, cabezas antropomorfas (masculinas y femeninas), zoomorfas y animales con presas. Predominan en todos ellos los rasgos esquemáticos y la talla tosca, salvo en el del águila y su presa, donde se ha puesto cierto esmero en el tratamiento del plumaje.
En la cabecera podemos apreciar la anchura del primitivo templo medieval y la vertiente a dos aguas donde se asentaba el primitivo tejado. En este muro se conservan dos vanos románicos: un pequeño óculo en la parte superior y un ventanal a mitad de altura. Este último consta de una estrecha saetera, enmarcada por dos arquivoltas baquetonadas y un sobrearco con medias esferas Todo se apoya sobre una línea de imposta de perfil biselado. A cada lado se distribuyen tres pequeños fustes rematados con formas semicirculares en sus extremos. En el muro norte se halla un añadido del siglo XVI, que corresponde con el espacio de la sacristía, y, tras él, el cementerio. En el hastial de poniente se aprecia una estrecha aspillera y, rematando el muro, una pequeña espadaña con dos vanos de campanas. 

El interior del templo muestra una estructura característica del románico más difundido en Álava, con una cabecera recta y una nave fragmentada en tres tramos por arcos fajones apuntados, que soportan una bóveda de cañón apuntado. El arco triunfal, doblado, lleva columnas adosadas en sus frentes, que hoy se muestran recortadas por debajo de los capiteles. Éstos muestran una decoración a base de motivos vegetales de relieve muy plano, con grandes hojas lisas rematadas en bolas. En el muro sur, al lado del arco triunfal, encontramos un ventanal con arco de medio punto que se encuentra cegado. Este ventanal es visible desde la casa cural, aunque modificado. En el muro de la cabecera, tras el retablo, hay un pequeño hueco en el que se puede apreciar cómo en el interior se manifiesta y refleja el ventanal románico que hemos descrito en el exterior.
Por último, hay que señalar que, a los pies de la nave, en el sotocoro y alojada dentro de un pequeño habitáculo, se conserva una pila bautismal de factura medieval. Tiene copa semiesférica lisa, pie cilíndrico y basa con lengüetas.

Iglesia de San Pedro de Gorostiza
Para acceder al barrio de San Pedro de Gorostiza desde el pueblo de Zestafe, lo mejor es volver por la carretera local A-4409 hasta Gopegi, y tomar la carretera A-3608, que, después de pasar Murua y Etxagüen, llega a nuestro destino, con una distancia de unos 6,7 km.
Gorostiza aparece citada en la documentación emilianense en el año 1067, y, posteriormente, en 1257 en la relación de pueblos del obispo Aznar. Más tarde, en 1556, durante la visita pastoral que realiza el licenciado Gil, consta que la iglesia de San Pedro de Gorostiza gozaba de dos beneficiados y dos ermitas anejas, aunque sin renta.
Los descensos demográficos también se dejaron sentir en Gorostiza, que llegó a ser casi un despoblado, lo cual influyó para que la pobreza de su iglesia fuese en aumento, convirtiéndose en ermita de Zestafe en 1793. Hoy este núcleo poblacional, con un reducido número de habitantes, forma el “Barrio de San Pedro” incluido en la localidad de Zestafe, perteneciente al municipio de Zigoitia y dentro de la cuadrilla de Zuia.
La iglesia de San Pedro está situada en una pradera, cercana a los caseríos que conforman la feligresía. Es un edificio cuyas dimensiones y características nos demuestran, mejor que ningún otro, cómo eran las parroquias medievales de las aldeas alavesas. La despoblación que paulatinamente sufre esta parroquia a partir de 1556, dato que recogemos del Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, es motivo para que, en ella, no se produzcan ni ampliaciones ni cambios posteriores. Esta circunstancia ayuda a conservar el aspecto primitivo medieval de su estructura. El lugar no llegó a despoblarse en su totalidad, circunstancia que ha ayudado a mantener el edificio, que de otra manera hubiera desaparecido.
Es un edificio que posee restos altomedievales de gran interés, incrustados en los muros de mampostería. Se trata de grandes piedras pertenecientes a sepulcros monolíticos de un cementerio altomedieval próximo, así como algunos sillares, posiblemente prerrománicos, pertenecientes a una construcción anterior. Estos elementos, su volumen y la situación que ocupa con respecto al entorno, son características que imprimen al edificio un carácter especial, haciendo que la iglesia de San Pedro de Gorostiza mantenga ese sabor que caracteriza a las ermitas.
En el costado del mediodía se conserva la portada con el arco apuntado, formado por tres arquivoltas lisas, y sobre ellas un sobrearco rematado a bisel. Descansa todo sobre una línea de imposta lisa que apoya directamente sobre las jambas.
En el muro, sobre dicha portada, se encuentran dos ventanales pequeños y abocinados, realizados con las tapas de dos sarcófagos altomedievales del primitivo cementerio, a las que se ha quitado el nervio central más elevado, aprovechando la doble vertiente que refuerza el abocinado. Como remate de los vanos, en la parte superior, se ha utilizado la parte más ancha de la tapa, que corresponde a la cabecera, en la que han tallado unas molduras muy toscas que simulan arcos apuntados. En el trasdós del arco de una de ellas, se puede ver una roseta tallada dentro de un círculo, en un intento de dotarle de motivos ornamentales.
Se conserva otro vano en este mismo muro, de factura más bien gótica. Consta de una estrecha saetera rematada con el relieve de una hexapétala inscrita en un círculo. Las arquivoltas muestran finos baquetones que descansan sobre columnillas rematadas en capiteles vegetales. Cobija todo el conjunto un sobrearco moldurado que se apoya sobre cabezas de animales monstruosos y se remata en la clave con una cabeza femenina con tocado de barbuquejo.

En el testero de la capilla mayor hay otra ventana, en este caso formada por dos arquivoltas molduradas que se apoyan sobre finas columnas provistas de capiteles troncocónicos, tres de ellos lisos y otro con lo que parecen hojas estilizadas. Rodeando a las arquivoltas se dispone un sobrearco de doble moldura liso, que se extiende ligeramente a ambos lados del muro.
En el lado izquierdo de este ventanal, sobre el muro, se halla incrustada una piedra a la que los elementos aglutinantes han ocultado la forma. Pudiera tratarse de un capitel tallado en relieve muy bajo, con un personaje que tiene los brazos levantados con las manos abiertas en actitud orante.
La fachada norte nos ofrece las marcas pertenecientes a las dimensiones de la primitiva iglesia, más corta que la actual. En ella se pueden ver también las tapas de sarcófagos altomedievales reutilizados, así como algunos canecillos lisos y soportes como los del costado sur. Se conserva un ara cuadrada, intestada en el muro, en el hastial de poniente, con el hueco rehundido para el ara o las reliquias.

El interior, que fue restaurado en 1982, se cubre con techumbre de madera. La nave está separada del presbiterio por dos pilares, a modo de contrafuertes, que nos señalan hasta dónde llegaba, posiblemente, la primitiva iglesia antes de la ampliación de la cabecera, en cuyo muro se manifiesta el ventanal románico que hemos descrito en el exterior. Se trata de un arco de medio punto, con el marco en derrame, y una arquivolta baquetonada que se apoya en dos pequeñas columnillas con capiteles de hojas estilizadas. En la parte superior del arco se ha incrustado una pieza tallada que representa la cabeza de un varón.
Los tres vanos que se conservan en el muro sur son simples saeteras sin decorar, con el vano estrecho y abocinado. La que se encuentra en el presbiterio es de mayor tamaño y se remata con un arco de medio punto, mientras que las otras dos, rematadas a dintel, son más pequeñas y se hallan situadas en el tramo final de la nave.
A ambos lados del presbiterio se abren dos credencias: la del lado izquierdo está formada por dos arcos trilobulados que apean en columnillas de capiteles vegetales, mientras que la de la derecha es un simple arco de medio punto.
La mesa de altar se compone de una losa con perfiles biselados, que apoya sobre dos pies formados por los restos de dos tapas de sarcófagos medievales, en las que se pueden apreciar las dos vertientes.


La pila bautismal que se conserva es de origen medieval. Está situada a los pies del templo, sobre unas gradas circulares que otorgan dignidad a una pieza que pertenece al grupo de pilas más representado en Zigoitia. Compuesta por una copa lisa que tiene como pie una columna cilíndrica, se apoya sobre una base cuadrada con molduras circulares y ensanchamientos planos en los ángulos, a modo de garras.


Ondategi
La localidad de Ondategi se halla situada 15 km al norte de la capital alavesa. Para acceder a ella desde la ciudad de Vitoria-Gasteiz, se toma la autovía de Altube, antigua carretera nacional N-622, con dirección a Bilbao, hasta la salida de Gopegi. Se sigue por la carretera local A-3608, a lo largo de unos 3 km, y se llega al destino.
En la actualidad pertenece al municipio de Zigoitia, donde se halla la sede de su Ayuntamiento. La organización foral lo sitúa dentro de la hermandad de Arrázua Ubarrundia, formando parte de la cuadrilla de Zuia. Este pueblo fue, desde antiguo, un lugar destacado en la vida civil y en el gobierno de Zigoitia. Desde la Edad Media contaba con un escribano real, pero la circunstancia que hizo de Ondategi un punto importante en la administración y gobierno de Zigoitia fue que, desde el medievo, se celebraban las juntas de hermandad en la ermita de Santa Lucía de Teparúa, próxima a este núcleo poblacional.
Aparece citada en 1257, en la carta del obispo Jerónimo Aznar. También contribuye con 280 maravedíes para el cerco de Tarifa de 1292, como consta en la nómina de pueblos pagadores, fechada en 1294. Es una aportación similar a la que hacían otras localidades cercanas, como Gopegi, Larrinoa, Murua o Berrikano.

Iglesia de San Lorenzo
La iglesia está situada en la parte alta del pueblo, rodeada de casas. El terreno que rodea el templo presenta un gran desnivel, que se puede apreciar en la diferente altura que tienen sus muros con respecto a la cabecera. En el exterior apenas si podemos apreciar la estructura medieval primitiva, ya que se halla oculta, en el muro sur, por la torre campanario, el pórtico y la sacristía, junto con las dependencias de la casa cural en su parte superior, que igualan la altura de la nave.

Canecillos del muro sur 

La casa cural nos oculta el remate original del muro sur donde se apoyaba el primitivo tejado medieval, bajo el cual apreciamos una hilera con ocho canecillos románicos figurados. Los dos primeros canecillos representan dos rostros humanos, con las facciones muy suaves y poco marcadas; el tercero parece un felino con una presa pequeña; el cuarto canecillo es un músico de cuerpo entero, con las piernas cruzadas, y que tañe un instrumento de cuerda.
El siguiente es el rostro de una dama con tocado y barbuquejo que, en este caso, en lugar de pasar bajo la barbilla le tapa la boca; en el sexto se representa a otro músico con un instrumento de cuerda, motivo que parece repetirse en el séptimo canecillo, muy estropeado. En el último vemos la cabeza de un felino con las orejas puntiagudas. La hilera de canecillos, sin duda, continúa en el espacio situado encima de la sacristía, un espacio que ha quedado estanco y que posiblemente nos oculte alguna sorpresa más, como ha ocurrido con la ventana de la iglesia de San Esteban, en Durana.

En el interior del pórtico se encuentra un interesante ejemplar de portada románica, con arco apuntado, formado por cinco arquivoltas que juegan con el número de baquetones y su disposición. Se hallan carentes de decoración, a excepción de la tercera, que lleva una banda con ajedrezado. El sobrearco que voltea el conjunto, visible sólo en parte por la intervención realizada en el pórtico en el siglo XIX, se ornamenta con una hilera de hojas lanceoladas, con el nervio central marcado y dispuestas en sentido vertical, decoración que vemos repetida en la línea de imposta. A ambos lados del vano encontramos dos baquetones lisos que tienen, a modo de capitel, dos rostros humanos realizados en relieve muy plano y con facciones muy sencillas. El hecho de que se les vean las orejas nos hace pensar que se trata de dos rostros masculinos, y no del juego de “Dama y Caballero”, que tanto se repite en el románico alavés.


Como elementos sustentantes tiene ocho columnas, cuatro a cada lado, que apoyarían supuestamente en basas de garras, aunque este extremo no podemos certificarlo por encontrarse ocultas bajo el enlosado del pórtico. Los capiteles, figurados, muestran temas interesantes dentro de la iconografía románica, característica en la zona. El primero, por el lado izquierdo, representa a San Miguel en una postura muy frontal: está situado en la arista del capitel, con las alas abiertas, y con un libro en la mano izquierda, mientras que con la derecha alancea al dragón, que se acopla al poco espacio que le queda, levantando su larga cola. En el siguiente capitel aparece un personaje llevando una cruz en la mano derecha y un libro en la izquierda, como la figura que decora una de los capiteles de la ventana interior de Olano. El tercero es un personaje alado, con las alas abiertas y un libro en las manos. En el último vemos un animal fantástico, que pasa la cola por entre las patas traseras y la sube por encima del lomo; tiene alas y las patas delanteras un poco rampantes y gira y vuelve la cabeza hacia atrás. Está un poco estropeado y hay detalles que no se pueden confirmar, pero todo hace pensar que guardaría simetría con capitel que se halla al otro lado de la portada y que representa también a un animal fantástico, híbrido, como el que acabamos de describir, con la cabeza girada y vuelta hacia atrás, cuyos dientes apretados refuerzan los rasgos de fiereza. En el segundo capitel encontramos un águila ocupando su arista, con las garras sujetas sobre el collarino y situada en posición frontal, con las alas abiertas. El siguiente es un personaje con una llave de gran tamaño en la mano derecha y un libro en la izquierda: sin duda se trata de una representación de San Pedro. Y por último, otro personaje que, con la mano izquierda parece sujetar la funda de la espada, que sostiene en la mano derecha; en este caso, estaríamos ante una representación de San Pablo. Todos los elementos decorativos que vemos tallados en los capiteles están situados de forma muy frontal, y realizados en bajorrelieve que, en ocasiones, se convierte en finas incisiones, como ocurre en el tratamiento de las vestiduras de algunos personajes.

En el muro de la cabecera, bajo el alero del tejado, se conservan incrustados dos capiteles medievales figurados, posiblemente pertenecientes a un ventanal medieval desaparecido. Sobre ellos, formando una cruz, se ven los dos trozos de fuste que faltan en la portada.

Capiteles reutilizados en la cabecera

Canecillo del muro norte 

Los restos que vemos en el hastial de poniente también nos hablan de la época medieval del templo, pues en su muro podemos ver los sillares que formaban las esquinas y que nos señalan cuál fue su anchura, apreciándose perfectamente, también, la doble vertiente del primitivo edificio. Entre estos sillares se conservan dos muy especiales que nos indican el comienzo de las hileras de canecillos situadas a ambos lados de la nave, de la que formaban parte. Son dos sillares con relieves que han quedado incrustados parcialmente en los muros. Por la posición de los cuerpos, piernas y brazos que se pueden ver, pensamos que representan una lucha de villanos.

En el interior del templo encontramos dos partes bien diferenciadas: la nave medieval y el crucero, con la cabecera, tal y como fueron ampliados a principios del siglo XVII. Esta obra de ampliación obligó a demoler el presbiterio medieval, creando un espacio muy original de transición entre la cabecera actual y la nave medieval. Corresponde al primer tramo de la nave, y se cubre con media cúpula a la romana, apoyada sobre dos pechinas. La nave está dividida en cuatro tramos por tres arcos fajones apuntados y resaltados con pintura, que llegan hasta una línea pintada a modo de imposta. La pinceladura invade los muros y la bóveda de cañón apuntada, que cubre el resto de la nave, simulando despieces, de sillares más grandes en los muros y más pequeños, casi ladrillos, en la cubierta, creando una uniformidad inusual en todo el conjunto. Estos detalles nos hacen sospechar que en el maestreo se eliminaron los apeos medievales, como se recoge en el Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria. Aunque también cabe la posibilidad de que se igualaran y rasearan los muros y la cubierta, quedando los arcos y sus apeos ocultos entre los muros actuales.
Desde el interior de la iglesia se accede a una dependencia añadida en el muro norte, donde encontramos una hilera con dieciocho canecillos románicos decorados con diferentes motivos figurados que a veces se repiten, tales como mascarones antropomorfos, cabezas zoomorfas, animales con presas en sus fauces y un músico tocando un instrumento de cuerda.
La pila que se conserva en San Lorenzo está situada a los pies del templo. Tiene una gran copa semiesférica, lisa, que se apoya en un núcleo central con cuatro columnillas adosadas. La base, cuadrada, se decora con unos ensanchamientos a modo de garras en los ángulos, y dos círculos concéntricos en torno al núcleo, y las columnillas.
Sin salir del pueblo cabe reseñar que en la ermita de Santa Lucía de Teparúa, de época barroca, se ha conservado un gran capitel románico reaprovechado, que hace la función de pie de altar. Quizá en origen fue soporte de uno de los lados del arco triunfal, ya que está decorado por tres lados. Tiene una decoración a base de motivos vegetales, dos grandes hojas muy planas que vuelven la punta hacia fuera, cobijando una bola, y muestran el nervio central y los límites de la hoja, muy marcados por un fino baquetón, a modo de tallo. En el centro de la cara del capitel, flanqueado por las hojas, se halla un relieve en forma de cruz latina.

 

Miñano Menor
El pueblo de Miñano Menor está situado a unos 12 km al norte de Vitoria-Gasteiz. Partiendo de la capital alavesa hacia Gamarra, se toma la carretera nacional N-240, que se dirige a Legutiano hasta la salida 8, donde hay que hacer un cambio de sentido, y siguiendo la indicación de “Parque tecnológico” por la carretera local A-3604, se llega al pueblo. En el siglo XI Mengano Goien pagaba a San Millán de la Cogolla una reja por las diez casas que lo habitaban, la misma cantidad que Miñano Mayor y las aldeas ya despobladas de Guernica y Ullíbarri Araca, en el alfoz de Ubarrundia. Con posterioridad pasó a los arciprestazgos de Zigoitia y Villarreal, para en el año 1332 formar parte del municipio de Vitoria como su vecino Miñano Mayor.
A finales del siglo XIII se aprecian ya claras diferencias entre ambos lugares en cuanto a su población y a su poder adquisitivo, pues en las aportaciones de los pueblos de Álava a la campaña de Tarifa, Miñano Menor entregaba 389 maravedíes, mientras que Miñano Mayor contribuía con 868. Igualmente, en 1295 la parroquia de San Vicente tenía dos beneficiados, frente a los cinco que había en San Lorenzo, de Miñano Mayor. La situación de la iglesia de Miñano Menor llegó a ser tan precaria en las primeras décadas del siglo XVIII, que la visita pastoral de 1727 reconoce que los diezmos de la parroquia son “tan tenues”, que no eran “suficientes para la manutención de un sacerdote…”.

Iglesia de San Vicente Mártir
El templo está situado en la parte noroeste del núcleo poblacional y se encuentra bajo la advocación de San Vicente mártir, curiosamente un santo diácono, como en Miñano Mayor. Es un edificio que conserva su estructura medieval, realizada en mampostería con sillares en las esquinas. El exterior está muy distorsionado por los añadidos de épocas posteriores que ocultan los volúmenes de la primitiva iglesia románica. En el muro sur encontramos el recrecido que corresponde a la casa cural, construida sobre el pórtico, que ha quedado integrado y cerrado, pasando totalmente desapercibido. Accedemos al templo a través de un zaguán donde encontramos un arco conopial moldurado, con grandes dovelas, que ha sido retocado con intención de embellecerlo. Micaela Portilla cita esta portada como una obra gótica, perteneciente a las últimas décadas del siglo XV y primera del XVI.

En el muro sur, a la derecha de la casa cural, encontramos un magnífico ventanal románico formado por tres arquivoltas de medio punto y sobrearco. La primera arquivolta va decorada con dos hileras de hojas lanceoladas dispuestas en vertical. La segunda, muestra seis hojas muy anchas, de relieve marcado y forma convexa, que están compuestas por un tallo central ancho del que salen foliolos dispuestos simétricamente. La tercera arquivolta lleva una decoración también vegetal, a base de hojas puntiagudas y nervios perlados. La decoración de las tres arquivoltas se complementa con finas cenefas de dientes de sierra y círculos trepanados. Coronando el conjunto se encuentra un sobrearco o chambrana decorada con tacos, motivo que se extiende también a los cimacios que coronan los capiteles.

Flanqueando el vano encontramos tres columnas a cada lado y otras tantas columnillas en los intercolumnios. Son columnas monolíticas, con los fustes lisos, que se apoyan en basas de garras, siendo en los capiteles donde se manifiestan los motivos ornamentales más interesantes. Así, en el primer capitel de cada lado encontramos dos cabezas femeninas con las facciones algo esquemáticas y tocado de cendal rizado con barbuquejo. Los otros capiteles se decoran con hojas muy planas, rematadas en volutas y hojas lanceoladas con nervio central muy marcado.

Sobre el ventanal, y bajo el alero del tejado, se conserva una hilera de ocho canecillos. Comenzando por la cabecera, encontramos un canecillo que representa la lucha o combate de dos personajes que se agarran de los brazos y cabeza, motivo que se repite en la portada de Ullibarri-Arrazua. El siguiente muestra una ornamentación de encestado inciso de poco relieve. El tercero tiene cuatro bolas en los ángulos, decoradas con círculos concéntricos. El cuarto es la cabeza de un animal fiero, con orejas puntiagudas, ojos saltones y dientes afilados. Le siguen otros canecillos decorados con rollos, bolas en los ángulos, una cabeza zoomorfa devorando una presa y un motivo de encestado.
Son canecillos bien trabajados que aún podemos ver, pero esta hilera se extendía, de forma continua, a lo largo de toda la fachada meridional, la principal del templo. Una hilera que hoy está oculta, en parte, por la casa cural. Micaela Portilla recoge en el Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, cómo los canecillos, que estaban en el piso alto de dicha casa, quedaban a la vista antes de las obras de 1997, intervención que ha imposibilitado el acceso a los mismos, y que representaban los siguientes motivos decorativos: “Uno, con modillones de rollos; otro, con una cabeza monstruosa; un tercero, muy destrozado, sin ornamentación reconocible”.

En el muro occidental encontramos un cobertizo adosado y, dentro de él, se puede ver un contrafuerte y restos de piedras medievales incrustadas en el muro. También se puede apreciar la altura original del templo y adivinar su anchura, así como la cubierta a dos aguas del tejado primitivo, que tiene mayor prolongación en el lado que corresponde a la construcción de la casa cural.
En el lado norte, en la parte más oriental, y coincidiendo con el presbiterio, se encuentra el cementerio. Bajo el alero del tejado se conservan los restos de una batería de canecillos medievales. En la cabecera se construyó la torre, desfigurando los volúmenes primitivos y ocultando, sin duda, el ventanal cegado que se manifiesta en el interior del templo.

El interior presenta una sola nave y una cabecera recta, cubierta con bóveda de cañón apuntado, separadas ambas por un arco triunfal apuntado, soportado por pilastras. El primer tramo de la nave es el más destacado y tiene como cubierta una bóveda de gruesos arcos cruzados que se apoyan en repisas. Estos nervios se unen en una clave central decorada con motivos florales, flanqueada por dos cabezas, una masculina y la otra zoomorfa.
Entre los arcos cruzados que cubren este tramo encontramos unos arcos formeros, más estrechos y cortos, que descansan sobre figuras humanas, representadas casi de medio cuerpo y con los brazos levantados, a modo de tenantes. Se trata de un hombre y una mujer, recordando la alternancia de “dama y caballero”, tema muy interesante que vemos repetido y que se pone en relación con otros templos cercanos. Las mujeres llevan melena corta y un tocado muy alto, formado por pequeñas cabecitas de clavo, que se superponen horizontalmente y que recuerdan a los tocados medievales realizados en cendal. Una, muestra una hilera de botones en la pechera, y la otra, el cuello a la caja, con una lágrima en el centro. Los caballeros llevan melena, que cae por detrás de las orejas, y flequillo, sobre la frente. Bajo estos arcos formeros se abren dos nichos ciegos con los arcos apuntados, que descansan directamente en los contrafuertes de la nave. 
Un arco fajón apuntado, que descansa sobre fuertes pilastras, sirve de separación entre este tramo, que podríamos considerar el crucero, y el resto de la nave. Toda la piedra que hasta aquí hemos visto en arcos y pilastras presenta un aspecto contundente: es una caliza de color azulado. En el hastial, hacia los pies, hay otro arco fajón que separa en dos espacios el resto de la nave. Se cubre con una bóveda de cañón apuntado, siendo ligeramente más bajo el último tramo. Es un arco más estrecho y menos apuntado, realizado en piedra más blanca, que lleva en la clave un medallón decorado, en su parte exterior, con una corona vegetal, y, en su interior, con un jarrón en relieve con dos círculos pequeños a los lados.

En el interior del templo se conservan, además, otros elementos medievales: tres ventanales, las credencias del presbiterio y restos de pinturas en la bóveda. La cabecera muestra dos vanos que permanecen ocultos desde el exterior por la torre-campanario. El superior es un vano con arco de medio punto, abocinado, estrecho y rasgado, con un profundo derrame a modo de aspillera, en el que se aprecian restos de una arquivolta. El inferior es un vano de luz esbelto y estrecho, que se halla cegado en el muro de la torre, dónde vemos un trozo de imposta y el relleno de piedra que nos indican dónde duerme. En el interior, el marco que lo rodea es liso y se completa con dos arquivoltas. La primera de ellas tiene dos registros de hojas lanceoladas y los nervios centrales muy marcados, mientras que la segunda es baquetonada y se ornamenta con motivos de sogueado. La decoración se extiende por el intradós y el trasdós de las arquivoltas, con dientes de sierra que siguen el mismo modelo que hemos visto en el ventanal exterior del muro sur. Voltea sobre el conjunto una chambrana o guardapolvo decorado a base de flores de ocho pétalos inscritas en un círculo inciso, detalle que se extiende por la línea de imposta que corre sobre los capiteles.

Ventana de la cabecera

 Ventana del muro sur 

Flanqueando el vano encontramos dos columnas con los fustes lisos, que se apean sobre basas de garras, siendo en los capiteles donde se concentra la decoración. Es una talla muy plana, realizada en bajorrelieve, y los motivos ornamentales que se desarrollan se repiten simétricamente a ambos lados del vano. El capitel exterior muestra un águila que posa erguida con las alas explayadas, y el interior está decorado con finos tallos que se disponen de forma divergente, formando una “V” en cuyo vértice superior asoma la punta de una hoja.
En el lado del evangelio, coincidiendo con el ventanal que hemos visto en el muro sur, encontramos otro ventanal medieval con arco de medio punto más sencillo que en la parte exterior, pero con un rico y variado repertorio ornamental. En los dos capiteles exteriores, sobre un collarino sogueado, vemos representados unos foliolos rectos y divergentes que culminan con una suave curva, en cuyo centro asoma una pequeña punta de hoja lanceolada. Sobre el eje encontramos un sogueado que, en la parte superior, se despliega hacia los lados, como si de un árbol se tratara, y de cuyos extremos cuelgan unas medias bolas. En el vértice del capitel se unen dos mitades formando una bola casi completa, abrazada y recorrida por el sogueado que baja hasta la base del capitel y que marca la separación entre ambas caras.
Los dos capiteles interiores están compuestos por finas y esbeltas hojas, que se vuelven formando en los ángulos bolas decoradas con círculos concéntricos.
La línea de imposta sobre los capiteles está decorada con hojas lanceoladas dispuestas en sentido vertical y con el nervio central muy marcado. Sobre ella se encuentran dos arquivoltas y un sobrearco, lugar donde se concentran los elementos decorativos. La primera arquivolta está realizada con dos baquetones sogueados; la segunda se decora con una hilera de círculos concéntricos superpuestos, que se rematan con un círculo liso, y se encuentra situada entre dos bandas de contundente ajedrezado. El trasdós es una fila de círculos suavemente incisos, dentro de los cuales destacan flores de ocho pétalos. En el Museo Diocesano de Arte Sacro se conserva y expone otro ventanal medieval de características similares, perteneciente a la iglesia de San Vicente mártir.

A ambos lados del presbiterio hay dos nichos o credencias, formados por arcos geminados, que eran utilizadas para guardar los libros y los objetos litúrgicos. La credencia del lado izquierdo remata el doble arco con un baquetón recogido por una imposta lisa, a los lados dos columnillas y como apeo central una gruesa columna. La credencia del lado derecho, aunque repite el mismo esquema, es diferente en el material y en el tratamiento de las formas, situando su realización en época posterior.
Otros restos interesantes son las pinturas medievales realizadas con estrellas rojizas y dibujos geométricos, con líneas de trazos fuertes y rotundos, motivos que nos permiten ver los desconchones, y que se conservan en la bóveda, bajo las capas de pintura. Es una policromía que también se puede adivinar en otras partes del templo, como en la clave de los arcos cruzados o en las figuras que los sostienen.

Próximo Capítulo: Románico de Bizcaia y Gipuzkoa


 

 

 

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