Románico en la Montaña Alavesa
Maeztu, Kontrasta, Urarte, Arluzea
Meztu
Maestu, o Maeztu en euskera, es el núcleo
administrativo y de población del valle de Arraia, en la Montaña alavesa, valle
de paso de caminos desde antiguo procedentes de la Llanada, atravesando el
puerto de Azáceta y bajando hacia Campezo, donde el camino comunica con tierras
de La Rioja hacia el Sur, o hacia el Sureste con Navarra. Es, por tanto, un
punto estratégico como vía de comunicaciones, así como por su cercanía con la
frontera del antiguo reino de Navarra. Desde Vitoria, que se sitúa a 25 km, se
accede saliendo por el Este de la ciudad en dirección a San Sebastián,
transitando por la carretera N-104. Poco después de abandonar la capital, tras
pasar Elorriaga, se ha de tomar la A-132 en dirección a Estella. Tras atravesar
el puerto de Azáceta, y ya en el valle de Arraia, se dejan atrás las
localidades de Vírgala Mayor y Menor, para llegar a Maeztu.
En el documento de la Reja aparece citado con
el nombre de Bahaeztu dentro del Alfoz de Harrahia, pagando dos rejas de hierro
al monasterio de San Millán de la Cogolla, al igual que la mayoría de las
aldeas del valle, lo que da idea de su riqueza en época medieval, ya que este
dato indica que cada una de ellas contaba con alrededor de veinte casas. Como
territorio de paso y comunicaciones, era lógico que los grandes linajes
alaveses tuvieran interés en estos parajes. En 1369 la familia de los Gaonas se
asentaron en Maeztu gracias a una merced otorgada por Enrique II, quien entregó
a Juan Ruiz de Gaona el señorío de Arraya, conformado por las villas de
Azáceta, Vírgala Mayor, Vírgala Menor, Maeztu y Atauri. Como dato a tener en
cuenta, estas villas habían de pagar un cuarto de los diezmos de sus parroquias
al Cabildo de Calahorra, según se recoge entre los datos obtenidos tras la
visita del licenciado Gil en 1556.
Hasta finales del siglo xvi este señorío estuvo
bajo el mandato de los Gaonas, pero al morir don Pedro de Gaona sin sucesión el
territorio revirtió en la corona, aunque por poco tiempo, ya que en 1632 don
Diego Sánchez de Samaniego y Gamarra obtuvo el señorío de manos de Felipe IV
por trece mil ducados de plata. Un dato curioso es que uno de los señores del
valle fue el famoso escritor don Félix María de Samaniego.
Fue Maeztu conocido por sus molinos y
ferrerías, encontrando incluso una ermita arruinada que hacía referencia a
ellas, San Martín del Guesal o “de las ferrerías”. Actualmente Maeztu
cuenta con 290 habitantes y es cabeza y centro administrativo del ayuntamiento
de Arraia-Maeztu.
Ermita de Nuestra Señora del Campo
La ermita de Nuestra Señora del Campo se
levanta donde antes se situaba la ermita de Santa Eufemia, y adquiere esta
advocación debido a que se reconstruyó con elementos de la anterior ermita de
Nuestra Señora del Campo, demolida en 1778 por su estado de ruina, y cuyos
restos se emplazaron aquí, incluido el retablo y la imagen de la santa. La
última visita pastoral en la que figura su antigua advocación fue la de 1784.
De ahí en adelante pasó a llamarse de Nuestra Señora del Campo.
El edificio se encuentra ubicado en el camino
al cementerio. Para llegar hasta allí hay que tomar, a la entrada del pueblo,
la carretera que conduce a Apellániz y después el primer camino sin asfaltar a
la derecha, que llega directamente hasta la ermita. Esta construcción es el
mejor ejemplo románico íntegro conservado del valle, además de prototipo del
estilo en esta zona.
El edificio consta de una sola nave rectangular
de tres tramos y cabecera recta, más estrecha que la nave, con los muros
recorridos por una imposta lisa.
El conjunto está cubierto por una bóveda de
cañón apuntado, más alta la de la nave que la de la cabecera, con dos arcos
fajones la primera. El arco triunfal, también apuntado, apoya sobre pilastras
con media columna adosada en cada lado, de fuste liso y basas decoradas con
motivos vegetales. Los apeos del arco muestran, en el lado izquierdo, de cara a
la nave, un personaje con capucha enfajado en una túnica con pliegues
geométricos, al que dos grifos de remarcadas crestas con la cola vuelta, uno a
cada lado, hablan o picotean al oído. Hacia el lado del altar se aprecian hojas
carnosas vueltas hacia delante.
Capitel del arco triunfal
En el lado derecho, hacia la nave, el mismo
tipo de grifos aparecen afrontados y con los picos abiertos, con la cola vuelta
y el cuerpo también vuelto hacia la cola.
Hacia el altar se ve el mismo tipo de vegetal
que en el apeo del lado izquierdo.
Tres ventanas se abren al interior de la
ermita, destacando por su interés la del muro este. Se compone de un arco de
medio punto y una sola arquivolta lisa que apoya en columnas provistas de basas
con garras. Sus capiteles muestran, a la derecha, elementos vegetales
estilizados y una especie de roseta o capullo sin terminar en el ángulo, y, a
la izquierda, los mismos motivos vegetales verticales de incisiones, esta vez
con un mascarón humano con capucha en el vértice.
Como último elemento en el interior, destaca un
nicho credencia de arco apuntado abierto en el muro norte de la cabecera.
Ventana del interior
Al exterior y hacia el Sur, coincidiendo con el
tramo central de la nave, más estrecho que los otros dos, se abre la portada,
adelantada sobre el muro, que constituye uno de los ejemplos más elegantes de
la Montaña alavesa. Consta de cuatro arquivoltas y sobrearco apuntados, que
reflejan tanto el influjo del arte cisterciense como los elementos decorativos
propios del románico del valle. Las arquivoltas son baquetonadas, con el
intradós y el trasdós decorados con una sarta de besantes enmarcados en círculos,
salvo el intradós de la arquivolta interior, que es liso. El sobrearco se
decora con un curioso motivo de hojas en forma de U hendidas en la mitad, con
los bordes de esta partición festoneados hacia arriba. Cada una de estas hojas
está separada de la siguiente por dos líneas verticales decoradas con diminutas
cabezas de clavo.
El conjunto de los arcos apoya sobre una
imposta que repite la decoración del sobrearco, y que cae sobre las jambas,
compuestas por un baquetón central y dos laterales, cuyos capiteles presentan
incisiones en V y ábacos decorados con una incisión ondulante. La misma
disposición y motivos ornamentales de las jambas se repiten en las columnas de
los flancos exteriores de la portada, tanto arriba como abajo. Toda la portada
descansa en un friso corrido a modo de basas, lo que denota su cambio hacia
soluciones gotizantes.
Sobre esta sobria pero bella portada se
encuentra un conjunto de ocho canecillos en el tejaroz, decorados con una
cabeza de varón de facciones esquemáticas y cabello estilizado que se apoya en
un modillón como si fuera una almohada, rollos, otra cabeza masculina con
gorrito, un can liso, otra cabeza de varón con bonete, una moldura convexa
biselada, un tonel y una cabeza femenina con barbuquejo apretado al rostro. Los
dos canes exteriores podrían representar el tema de la Dama y el Caballero,
frecuente no tanto en esta zona de la Montaña alavesa, aunque sí ampliamente
extendido en la Llanada.
En el muro sur de la nave hay una línea de
canes lisos que marcan la altura de la primitiva cornisa. En este mismo muro,
pero en la zona correspondiente a la cabecera, aparece la ventana que se abría
al interior y que ha sido modificada.
Es apuntada y abocinada, y consta de una
arquivolta lisa apoyada en dos capiteles vegetales bastante deteriorados,
fustes de columna lisos y basas con pequeña moldura. Sobre esta ventana, y en
toda la longitud de la cabecera, hay una nueva hilera de canes decorados, en
concreto once, bajo una cornisa. De izquierda a derecha muestran un canecillo
liso; personaje con hojas saliendo de su boca; modillón de rollos; cuadrúpedo
con la cabeza vuelta mordiéndose la cola; modillón de rollos; personaje con
vestiduras talares con los pies asomando y rodete en la cabeza; cabeza
masculina; animal deteriorado –quizás un león– con las fauces abiertas; otros
dos animales con las fauces abiertas; y un monstruo de ojos prominentes, orejas
puntiagudas y grandes dientes.
Ventana muro sur
Ventana muro sur
Canecillos
del muro sur
Canecillos del muro sur
Canecillos del muro sur
En el muro norte hay dos hileras de canes
lisos, una en la zona de la nave y otra en la de la cabecera, paralela a la de
canes decorados del muro sur.
Para terminar, la ventana central de la
cabecera se abre al exterior con doble arquivolta y sobrearco ligeramente
apuntados. La arquivolta interior se decora con acantos estilizados con la hoja
vuelta, y la exterior con gruesas cabezas de clavo, mientras que el sobrearco
moldurado es liso. Descansan en una moldura curvada a modo de imposta sobre dos
pares de columnas de fuste liso y capiteles de temática vegetal estilizada,
tendentes al gótico.
Los motivos geométricos que decoran esta
ermita, como los dientes de sierra, cabezas de clavo o puntas de diamante, así
como los capiteles con incisiones, suponen el sello del románico de esta zona
de la Montaña. Elementos vegetales con hendiduras y líneas con cabezas de clavo
son visibles en las portadas de Cicujano o en San Martín del Guesal, procedente
también de Maeztu, pero conservada hoy en el jardín del Museo de Bellas Artes
de Álava, en Vitoria. La sobriedad del Císter queda patente en la escasa decoración
de portada y ventanales, aunque el toque rústico y local lo aportan las cabezas
de los canecillos del muro sur, con algún influjo de la Llanada en el tema de
la Dama y el Caballero. La ermita de la Virgen del Campo es un magnífico
ejemplo de convergencia de los influjos internacionales, como el Císter, y las
tradiciones rurales y autóctonas de cada zona.
Ventana de la cabecera
Kontrasta
Kontrasta se sitúa en el extremo oriental de la
provincia, en el límite con Navarra, dentro del Valle de Arana, que junto con
Alda, San Vicente de Arana y Ullibarri-Arana, forma el municipio del mismo
nombre, dentro de la Cuadrilla de la Montaña Alavesa. Se encuentra a unos 42 km
de distancia de Vitoria, y se puede llegar al pueblo por dos vías. La primera atraviesa
el valle de Arraia-Maeztu, por lo que se toma la carretera A-132 en dirección a
Estella, atravesando el puerto de Azáceta y bajando hasta Maeztu; allí, a la
entrada del pueblo, la carretera A-3114 guía el camino en dirección a
Iturrieta. Tras dejar atrás las localidades de Leorza, Cicujano y Arenaza, poco
antes de llegar a Ibisate, una salida a la derecha conduce hacia Sabando por la
carretera A-3118. Una vez descendido el puerto, la misma carretera desemboca en
San Vicente de Arana. Allí habrá que dirigirse hacia la izquierda hasta el
final de la carretera, donde, sobre un alto, aparece Kontrasta.
La ruta alternativa, algo más directa, propone
salir de Vitoria hacia San Sebastián, entrando en la autovía N-I hasta llegar a
Salvatierrra, en donde habrá que tomar la salida número 379 en dirección a
Opakua, puerto que habrá que atravesar por la carretera A-2128. Una vez bajado
el puerto, la carretera conduce directamente a Kontrasta.
Kontrasta se sitúa en uno de los pasos más
importantes de la Llanada a Estella, por los montes de Iturrieta, utilizado
frecuentemente en época romana. Esto aparece evidenciado por los numerosos
restos romanos hallados tanto en Kontrasta, algo que se detallará más adelante,
como en la cercana población de Gastiain, ya en Navarra, así como en
Ullibarri-Arana. Debido a este emplazamiento estratégico, en la frontera con el
antiguo reino, en el año 1256 el rey castellano Alfonso X le otorgó el fuero de
Vitoria, en la misma fecha que a villas como Salvatierra, Santa Cruz de Campezo
o Corres, dada su táctica de afianzar los puntos de defensa limítrofes de
Álava, generando así su casco urbano, el típico de una villa medieval
amurallada. Kontrasta no aparece en el documento de La Reja, aunque sí lo hace
en la lista del obispo Jerónimo Aznar en 1257.
Ermita de Nuestra Señora de Elizmendi
Situada en el extremo oriental de la villa, la
ermita de Elizmendi es un edificio de planta rectangular, modificada por
añadiduras posteriores, y cabecera semicircular, que es el elemento románico
mejor conservado. Esta ermita tiene la peculiaridad de que en la construcción
de sus muros se han hallado hasta dieciocho lápidas romanas, con epigrafías,
motivos decorativos de discos, estrellas, rosetas e incluso dos someras
representaciones de los yacentes, sólo perfilados en bajorrelieve, cuya
descripción, aunque no se detalla en el presente trabajo, sí aparece en la
bibliografía adjunta al final del mismo.
La cabecera semicircular, no muy habitual en el
románico alavés, pero sí presente en esta zona de la Montaña alavesa, está
formada por regulares sillares de piedra. Lo más destacado de la construcción
es el conjunto de canes que sobresalen bajo el alero del tejado en todo el
perímetro del ábside, de una tipología que no se repite en toda la provincia
Son canes de carácter macizo, muy rústicos, con
forma de modillón de doble rollo, el superior menos voluminoso que el inferior,
que toma forma de disco redondo, y con gran carga decorativa en ambas caras,
muy en la línea de la tendencia ornamental en el románico del valle. Desde el
lado sur hasta el norte, el repertorio es el siguiente: dos canes sin
decoración, con el modillón superior más acusado que en los demás; estrella de
ocho puntas en un lado y cruz en el otro; personaje esquemático de brazos extendidos
en cruz, grandes manos y cabeza sin definir, y al otro lado símbolo solar o
roseta; flor de seis pétalos en un lado con borde de la pieza dentado, y disco
radial con tendencia helicoidal, un motivo copiado de las estelas romanas
intestadas en el muro del ábside; estrellas en ambos lados, aunque en este caso
el modillón superior, muy deteriorado, recuerda la cabeza y manos de un
personaje o animal agarrando el disco inferior; cruces a ambos lados, también
copiadas de las estelas romanas; cabeza de animal, posiblemente un becerro, el
único canecillo que modifica la tipología de Elizmendi; cruz a cada lado con un
punto en el centro, muy similar a la que se puede ver en el muro de una
dependencia al norte de la construcción; y estrella o roseta.
En el muro sur de la nave, reformada en fechas
posteriores a su construcción, se pueden ver restos de unas sepulturas
medievales, que probablemente se extenderían en los alrededores de la ermita,
en el terreno del promontorio donde se asienta. La conjunción de estas tumbas
medievales con las estelas funerarias romanas indican que éste fue
históricamente un lugar habitual de enterramiento.
Las lápidas romanas siguen apareciendo a lo
largo del muro sur de la nave, hallando una sobre la puerta, a modo de dintel.
La estela más conocida de la ermita románica de Santa María de Elizmendi. La propuesta de transcripción del letrero es la siguiente: Minicius Florus annorum LXX hix situs est. [a]anica Flori ancilla annorum V hic sita est. // Aquí está Minicius Florus, de setenta años. Aquí está [], esclavo de Florus, de cinco años.
Ermita románica de
Santa María
de Elizmendi, detalle de
una estela.
El carácter rústico de los canecillos, así como
el ábside semicircular, permiten adelantar la ejecución de la ermita al siglo XII,
siendo así una de las construcciones más antiguas del valle y de Álava. Sin
embargo, algún investigador ha llegado a proponer como fecha de construcción
del edificio el siglo XI, debido, entre otros factores, a posibles filiaciones
de la tipología y decoración de los canes con los de la iglesia de Santa María
de Lebeña.
Este edificio prerrománico está enclavado en el
valle cántabro de Liébana, lugar de peregrinación por el monasterio de Santo
Toribio, santo, por otro lado, de notable veneración en la zona de la Montaña
alavesa (Cicujano, Apellániz). Esta teoría podría explicarse por la situación
de Kontrasta como paso del camino desde el Cantábrico, Ayala y La Llanada hacia
Navarra, aunque sería necesaria una investigación en profundidad para afirmar
estas ideas.
Urarte
La localidad de Urarte se encuentra 27 km al
sur de la capital alavesa. En la carta del obispo don Jerónimo Aznar, de 1257,
ya se cita como Urarte, diciendo que es pueblo viejo. También figura en la
nómina emilianense con el nombre de Varte, donde consta que aportaba una reja,
contribuyendo así con el monasterio de San Millán. En 1556 Urarte figuraba como
señorío de los Gaunas y contaba con treinta vecinos, cifra que se mantenía a
finales de siglo. En la visita pastoral que hace ese mismo año el licenciado
Martín Gil, consta que la parroquia estaba servida por dos beneficiados y
contaba con una primicia muy respetable. Son datos que recogemos del Catálogo
Monumental de la Diócesis de Vitoria. Urarte se halla en la ribera del río
Ayuda, muy cercana al límite con las tierras burgalesas de Treviño. En la
actualidad esta localidad pertenece al municipio de Bernedo y forma parte de la
cuadrilla de Campezo-Montaña Alavesa / Kanpezuko-Arabako Mendialdea.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Se encuentra situada en el centro del pueblo,
con un amplio espacio a su alrededor que permite, además de su contemplación,
apreciar la magnífica calidad de los materiales con que fue realizada.
En el lado del mediodía, dentro del pórtico, se
encuentra la portada románica, abierta sobre un muro en resalte, a modo de
marco, con finas y esbeltas columnas en los extremos, que la delimitan. En la
parte superior se remata con una sencilla cornisa apoyada en cinco canecillos.
Dos de ellos decorados con motivos vegetales y tres con cabezas: una de animal,
otra antropomorfa con tocado rizado y la tercera a modo de mascarón mostrando
los dientes.
La portada presenta un vano rematado por un
arco ligeramente apuntado, sobre el que voltean arquivoltas de finos
baquetones, alternando con otras decoradas con motivos vegetales muy sencillos.
Todo ello es de factura muy tardía. En una de las arquivoltas aparecen
personajes ataviados con túnica, que portan un libro en sus manos, y otros cuyo
cuerpo parece compuesto de pequeñas hojas o con alas. En cada una de las claves
de estas arquivoltas vemos representadas pequeñas cabecitas antropomorfas,
algunas muy desgastadas. Un sobrearco, decorado con flores de cuatro pétalos,
remata el conjunto, y sobre su clave encontramos también una cabecita de mujer
con tocado de rizo y barbuquejo.
Sobre ella, la testa de un animal de orejas
puntiagudas, con una gran boca abierta y mostrando los dientes.
Como elementos sustentantes encontramos, a
ambos lados del vano de la portada, unas jambas bastante desarrolladas y seis
pares de columnas con sus capiteles. En éstos se representan, bajo unas
arquerías trilobuladas, pequeñas figuras humanas y de animales, dispuestas en
posición muy frontal, a modo de tenantes. En el lado izquierdo se aprecia un
león rampante con alas, San Pedro con las llaves y un animal alado, que bien
podría ser un toro que, junto con el león, estaría relacionado con el
Tetramorfos. En la jamba izquierda se decoraron grandes hojas carnosas. Bajo la
arquería trilobulada encontramos un personaje con la cabeza cubierta, un manto
y un tondo con una pequeña cruz en aspa entre las manos.
En el lado derecho de la portada encontramos,
en primer lugar, la jamba con hojas carnosas, y entre ellas un personaje
desnudo que parece sujetar una serpiente con cada mano. Los tres primeros
capiteles representan figuras aladas. La figura del primer capitel lleva el
torso desnudo y podría ser la representación de una sirena que sujeta con los
brazos dos grandes peces. Le sigue un hombre que viste túnica y sostiene un
libro entre las manos. En el tercero se repite el tema de la sirena, con el
torso desnudo y los peces sujetos con las manos, pero en este caso es un varón,
ya que lleva barba. Los tres capiteles siguientes llevan motivos vegetales y
figurados. En uno de ellos, una pequeña cabeza con melena y flequillo asoma
entre la vegetación, mientras que en los otros dos encontramos a un hombre y
una mujer con tocado rizado y barbuquejo, ambos con túnica y un libro entre las
manos. Otros relieves muy deteriorados se prolongan sobre el muro en resalte,
mientras que la línea de imposta, moldurada, recorre el muro sobre los
capiteles de forma continua, aunque entrando y saliendo en su recorrido,
intentando dar independencia a cada uno de ellos.
Rasgando el muro sur hay un ventanal en la zona
del presbiterio y dos en la cabecera, muy esbeltos, de líneas que nos hablan
del paso del tiempo y anuncian ya un nuevo estilo. Sin embargo, los elementos ornamentales
siguen conservando la temática puramente románica. Tienen el arco apuntado,
sobre el que voltean tres finos baquetones lisos, que descienden por ambos
lados del vano, a modo de columnas, cuyos fustes se rematan con capiteles de
motivos vegetales de grandes hojas carnosas, en el lado izquierdo, mientras
que, en los tres del lado derecho, encontramos un águila sobre una presa y dos
cabezas humanas, una de ellas con gran expresividad. En otro ventanal, en el
lado derecho, encontramos dos capiteles figurados: uno representa a un
saltimbanqui y el otro a una dama con tocado de barbuquejo. Se rematan todos
ellos con un sobrearco decorado con grandes flores de hojas cuadrifoliadas de
pronunciado relieve.
En el muro norte se conservan incrustados, en
la zona del presbiterio, cuatro canecillos románicos, uno liso, con el perfil
cóncavo en bisel, y tres figurados, con personajes.
El interior es un espacio único, de estilo
claramente gótico, en el que solamente los capiteles del arco triunfal
presentan motivos ornamentales que se resisten a avanzar en el tiempo,
aferrándose al gusto y a la tradición románicos, con temática vegetal entre la
que asoman pequeñas cabezas.
Arluzea
La localidad de Arluzea se encuentra situada a
33 km al sureste de la capital alavesa. Para acceder a ella desde
Vitoria-Gasteiz, se toma la carretera local A-2124, que se convierte en la
carretera local B-750 al entrar en el Condado de Treviño. Al llegar a las
Ventas de Armentia, se continúa unos 8 km por la carretera local de Burgos
B-741. Pasada la localidad de Albaina, se recorren los últimos 9,5 km que nos
separan del destino, por la carretera B-7413 y por las alavesas A.3134 y
A-4150, que acaban en Arluzea.
La situación de Arluzea, poderosa fortaleza
entre Castilla y Navarra, la hizo plaza de armas considerable en el medievo. En
1194 el alcaide don Lope Sánchez, destacado personaje de la Corte de Sancho el
Fuerte de Navarra, aparece suscribiendo diplomas; dos años después, otro
alcaide de dicha fortaleza, don García de Baztán, es citado en el fuero que el
mismo monarca concedió a Urroz y a Labraza. La plaza de Arluzea pasó a poder
del rey Alfonso VIII de Castilla, lo mismo que Vitoria y otras fortalezas navarras.
Son datos recogidos en el Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria.
La importancia de la localidad de Arluzea, en
esos momentos, está respaldada por la arquitectura y dimensiones de su templo,
románico de inercia, y por las cuatro ermitas que llegó a tener dentro de su
término, según se recoge en la visita pastoral que en 1556 hizo el licenciado
Martín Gil, donde aparece citada como Arluçea. En la actualidad pertenece al
municipio de Bernedo y forma parte de la cuadrilla de Campezo-Montaña Alavesa /
Kanpezuko-Arabako Mendialdea.
Iglesia de San Martín
La iglesia de San Martín, de Arluzea, está
situada en una loma, protegida en su lado norte por la montaña, a la vez que
ella misma protege al caserío que conforma la feligresía, congregado a sus
pies. Precediendo a la entrada del templo, contemplamos una de las pocas
galerías románicas porticadas que se conservan en la provincia y que nos habla
de un gran primer momento de auge económico en la localidad. Encaramada en el
muro sur de la iglesia, la galería del pórtico está realizada con buenos
sillares, elevada y asentada sobre la roca viva, como toda la edificación.
Rasgan el muro del mediodía ocho vanos, los dos más cercanos a la cabecera,
tapiados, y el resto, a modo de ventanales, muestran diferente anchura en sus
arcos, uno ligeramente apuntado y los demás de medio punto.
En la parte exterior, entre los vanos, hay unos
contrafuertes que, en su parte superior, conservan algunos restos de canecillos
medievales, cabezas de animales de ojos almendrados, con afilados dientes, y
rostros humanos de rasgos sencillos, con cabellos y barbas de líneas
caligráficas. Otra hilera de canecillos, poco homogénea, se puede observar
sobre la galería porticada, en la zona que va desde el presbiterio hasta la
cabecera. La mayoría son lisos y de perfil cóncavo –aunque quedan dos decorados
con un rollo, otro que lleva como decoración dos bolas, y otros dos con forma
cúbica–.
El acceso al pórtico lo hacemos en recodo, a
través de la parte baja de la torre situada en la zona sudoeste del templo. Una
vez en el interior, encontramos un espacio en el que se conserva una
interesante serie de elementos románicos que iremos describiendo.
En el muro rasgado por los ventanales, al
fondo, encontramos dos arcos de medio punto cegados, con restos medievales en
las enjutas; el arranque y apoyo de unas nervaduras que conformarían la
cubierta, hoy desaparecida, con una decoración de hojas carnosas y un rostro de
rasgos muy esquemáticos en el ángulo. Entre los dos arcos, otro rostro humano
de características similares a los que se hallan en el exterior, de rasgos
sencillos y caligráficos cabellos. En el lado este, el ancho del muro se ve
fragmentado por una puerta a dos niveles y con el arco apuntado.
Pero es en el muro sur del templo donde se
encuentran los elementos más notables de su interior, entre ellos la portada
actual, un arco de medio punto sobre el que voltean tres arquivoltas de
potentes baquetones y las marcas de un desaparecido sobrearco. La línea de
imposta, lisa, separa las arquivoltas de los elementos que las sustentan: tres
columnas a cada lado, de fustes lisos, con un pequeño resalte en los extremos,
sencillo detalle que también podemos encontrar en la portada de Goiain. Los
fustes se apoyan sobre basas de garras con flores de lis esquematizadas en los
ángulos.
Hacia la mitad del pórtico destaca un apeo
sobresaliente en el muro, con dos finas columnas superpuestas a cada lado e
incrustadas entre los sillares. Los fustes están rematados con sencillos
capiteles vegetales y apoyados sobre basas de garras. Este muro se iguala en
anchura con un contrafuerte que apreciamos en el centro. Pero lo más increíble
es que en su interior se encuentra emparedada la portada principal románica,
cuyo comienzo veremos en el interior. Rematando la parte superior, a ambos
lados del contrafuerte, hay restos de la cornisa –decorada con medias bolas– y
del sobrearco de la portada.
Al fondo del pórtico, en el tramo
correspondiente al presbiterio, se conserva un bonito ventanal románico, al que
las proporciones de sus elementos le otorgan un aspecto contundente y robusto,
sin por ello perder la elegancia y delicadeza que le confieren los elementos
ornamentales. Es un estrecho vano, cegado y rematado en arco de medio punto,
sobre el que voltean tres arquivoltas con la arista en bisel. Las dos primeras
son lisas y la tercera está decorada con puntas de diamante estriadas, motivo
que se repite en los laterales externos de las columnas y en el alfeizar sobre
el que se apoya el ventanal, creando una especie de marco al conjunto.
A ambos lados del vano, sustentando las
arquivoltas, encontramos tres columnas a cada lado de cortos fustes monolíticos
finamente decorados. Uno con motivos de encestado, tres con estrías entorchadas
y otro con pequeñas cabezas de clavo. Los dos restantes se decoran con
pronunciadas estrías verticales que llevan en la arista cabecitas de clavo. Las
basas son cilíndricas y lisas, mientras que los capiteles se decoran con
motivos vegetales de hojas y tallos entrecruzados con perlitas. Uno de ellos
con incisiones en forma de medias lunas, y los dos capiteles exteriores,
figurados, representando dos rostros de rasgos esquemáticos asomados entre
finos tallos perlados. La decoración ocupa también el collarino y una fina
línea sobre el capitel. Son bajorrelieves trabajados minuciosamente y con gran
detallismo, sobre los que aún quedan restos de policromía posteriores. Estos
motivos ornamentales ponen a esta ventana en relación directa con la Puerta
Speciosa de Estíbaliz, y muestran que los artistas que intervinieron en Arluzea
no fueron ajenos a ellos.
En la cabecera recta, más baja que el resto del
edificio, se conserva la cubierta a doble vertiente y un ventanal románico
marcando el eje, cegado, y con marcas que ponen de manifiesto que ha sufrido
intervenciones. Hoy podemos ver un ancho vano rematado con arco de medio punto
que cobija dos pequeños arcos gemelos apuntados. Sobre él dos arquivoltas en
bisel: la primera, lisa, y la segunda, con puntas de diamante estriadas y un
sobrearco liso, como la línea de imposta y el saliente del derrame del antepecho
que lo remata en la parte inferior. Las columnas, dos a cada lado, siguen el
mismo modelo que las del ventanal del muro sur. Tres de los fustes tienen
decoración de estrías entorchadas y el cuarto un encestado con cabeza de clavo
en el centro. Los capiteles presentan finas hojas y tallos entrecruzados, y
sobre el fuste del encestado encontramos un rostro entre el ramaje. Las basas,
con forma y decoración propias de capitel, hacen pensar en una reutilización.
Posiblemente se trataba de un ventanal de proporciones similares al descrito en
el muro sur que, con posterioridad, fue rasgado añadiendo otros fustes, por
cuyo motivo no son monolíticos.
El muro norte conserva buenos sillares en el
tramo de la cabecera y del presbiterio, donde también quedan bajo el alero
restos de canecillos medievales, lisos y de perfil cóncavo. En el hastial de
poniente vemos un estrecho vano bajo las marcas de la doble vertiente de la
cubierta, que recuerdan la altura original del templo.
El interior del templo, de planta única, es un
espacio rectangular con la cabecera poligonal y la nave de tres tramos
cubiertos con bóvedas estrelladas de finales del siglo XVI o principios del
XVII. Tras la actual cabecera se encuentra la sacristía, lugar que corresponde
con el ábside románico del siglo XIII. Es un espacio cubierto con bóveda de
cañón ligeramente apuntado en el que se encuentra el arco triunfal sencillo,
con las aristas en bisel y apoyado en un modillón, sobre el que pasa una fina
moldura que recorre el muro a ambos lados.
En el muro de la cabecera se refleja la ventana
que hemos descrito en el exterior, pero en este caso su austeridad es total.
Está formado por dos arquivoltas en arista viva que bajan por el muro a ambos
lados del vano; una fina línea de imposta recoge el único motivo ornamental con
el que se decora, líneas zigzagueantes que apenas pueden apreciarse por los
encalados. El estado de conservación en el que se encuentra este ábside
románico es malo, ya que las humedades han ido levantando diferentes capas del
enlucido que cubre la pared, hasta dejar a la vista fragmentos de una greca con
pinturas rojas de motivos ingenuos.
Ventana del muro sur
Otro interesante resto medieval del interior
del templo lo constituyen las primeras arquivoltas de la portada románica, que
queda cegada y emparedada en el pórtico. Lo primero que vemos es un arco
ligeramente apuntado, situado en el lado de la epístola, y que hoy sirve de
entrada al reducido espacio donde se encuentra la pila bautismal.
La lectura de los elementos que la componen la
encontramos en sentido inverso, ya que las jambas y arquivoltas se abren hacia
el pórtico. El espacio sólo nos permite ver tres arquivoltas baquetonadas,
lisas, que descansan sobre una línea de imposta muy estropeada. Bajo ella están
los elementos sustentantes: tres columnas a cada lado, de fustes lisos apeados
en basas de garras y rematados con capiteles poco desarrollados, decorados con
hojas planas que vuelven las puntas hacia fuera en los ángulos, o llevan frutos
colgando. El deterioro y los repintes impiden apreciar los detalles de la
talla.
Baptisterio. Capiteles de la antigua
portada
Bajo el coro se halla una sencilla pila
bautismal románica, compuesta por una copa semiesférica lisa, con un pie
cilíndrico muy corto y apoyado sobre una basa cuadrada, decorada en las caras
con sencillas hojas y en los ángulos con figuras deterioradas, en las que
creemos adivinar un águila sujetando a una presa, una cabeza humana y a su lado
un pequeño relieve que representa a un toro, otra cabeza humana y por último
otra cabeza que podría corresponder a un león.
Todo ello nos indica que estamos ante otra
posible representación del Tetramorfos, tema iconográfico que podemos ver
repetido en otras pilas bautismales, como la que se encuentra en la iglesia de
San Martín, en Baroja –aunque en este caso está medio perdido, ya que faltan
dos ángulos–, o en la de la iglesia de Santa Eulalia en Markinez, que se
representa en cada una de las cuatro caras que forman el pie de la pila
bautismal.
Pila bautismal
Románico en la Llanada Alavesa
La Llanada
Alavesa es una comarca alargada que ocupa una franja horizontal situada al
noreste de la provincia de Álava.
Su orografía está
formada por suaves y amables valles y llanuras que fueron surcados por antiguas
vías de comunicación, como una antigua calzada romana que llegaba hasta Astorga
y, ya en época medieval, por un ramal secundario del Camino de Santiago.
No es casualidad que
algunas de las principales iglesias románicas de la Llanada Alavesa se
encuentren precisamente en las localidades de esta vía jacobea alternativa que
parece tuvo cierta pujanza en el siglo XIII.
El Románico rural de la
Llanada Alavesa
El abundante y muy poco
conocido (además de frecuentemente menospreciado) románico alavés tiene en la
Llanada Alavesa una de las comarcas de mayor densidad.
Aunque hay
numerosas variaciones en las características de estos pequeños templos, podemos
afirmar algunos aspectos comunes:
· Carácter tardío, pudiendo fecharlas en los últimos años del siglo XII y
primeras décadas del XIII.
· Sus puertas y ventanales suelen tener arquivoltas apuntadas, con frondosas
decoraciones de tipo vegetal.
· Son iglesias frecuentemente influidas por algunas pautas decorativas
procedentes del Monasterio de Estíbaliz.
· Aunque no se puede considerar una pauta general para el románico de la
comarca, hay que decir que dos de sus iglesias (Alaiza y Gaceo) conservan
pinturas murales, eso sí, de muy diferente carácter estético e iconográfico.
No obstante, hay, como
ya dijimos, muchas variaciones pues encontramos iglesias con ábsides
semicirculares y otros planos; portadas con arquivoltas de medio punto y otras
apuntadas. Los canecillos de algunos templos son lisos pero hay otros muy
decorados y con rica iconografía.
En efecto, si algo nos
ha llamado la atención de buena parte de las iglesias románicas de la Llanada
Alavesa es su riqueza escultórica, que a pesar de su carácter tardío, incide en
temas de gran riqueza iconográfica y simbólica propias de románico más clásico:
combates contra animales demoniacos, cabezas vomitando (o devorando) personas,
aldeanos mostrando sus sexos, mujeres con serpientes y sapos, etc.
También se aprecia en
la mayoría de los templos una gran simplicidad arquitectónica pero una gran
elegancia (ya casi gótica) en sus arquerías murales y vanos (óculos, ventanales
y portadas).
Según los autores López
de Ocáriz y Martínez de Salinas hay restos románicos en más de ochenta lugares
de la Llanada Alavesa. De todo este extensísimo panorama, hemos elegido una
ruta que enlaza, de oeste a este, las iglesias de Hueto Arriba, Hueto Abajo,
Oreitia, Elburgo, Gáceta, Añua, Alegría, Alaiza y Gaceo.
Hueto Abajo-Oto Barren
Hueto Abajo es un pueblo y concejo que
pertenece al municipio de Vitoria-Gasteiz y está integrado en la llamada Zona
Rural Noroeste. El pueblo está situado 13 km al noroeste del centro de la
citada capital, en un valle al pie de la Sierra de Arrato. Desde Vitoria el
acceso más cómodo se inicia en la Avenida de Huetos, continuando por la
carretera A-3302 para, ya por la A-4310, llegar al pueblo.
En la Reja de San Millán se le cita, dentro del
alfoz de Divina, del siguiente modo: Oto et Oto, tres regas. En el documento
del obispo Jerónimo Aznar aparece como Oto de Yuso. También consta que a la
reunión del Arcedianato de Álava, en 1295, asistieron cuatro beneficiados del
entonces llamado Hueto de Yuso. Más tarde también se encuentra escrito como
Gueto y Hueto de Vaxo. El licenciado Gil dice que tenía tres ermitas y una
cofradía. Ha desaparecido la ermita de San Andrés y se conservan la de Nuestra
Señora de Ubarriarán y la de San Vicente.
Hueto Abajo, junto con Hueto Arriba, fue
señorío de los Hurtado de Mendoza. En 1332 los cofrades de Álava consiguieron
de Alfonso XI la promesa de que el territorio, cedido entonces al realengo,
nunca sería enajenado del mismo. Durante más de treinta años esta situación se
mantuvo invariable, con muy pocas excepciones, entre ellas la de Hueto Arriba y
Hueto Abajo, que Alfonso XI entregó a Juan Hurtado de Mendoza.
Iglesia de San Vicente
Ubicado en el extremo oriental de la localidad,
el templo de Hueto Abajo es uno de los ejemplares más característicos del arte
del siglo XIII avanzado en la Llanada Alavesa. La iglesia tiene un acentuado
sentido de la verticalidad, propio de la segunda mitad del siglo XIII, y se
adscribe al denominado románico de inercia.
Como resulta frecuente, la imagen exterior del
edificio se encontraba sometida a construcciones adosadas a la traza principal,
que velaban aspectos notables de la arquitectura medieval de origen. Así
ocurría, hasta una reciente intervención, con la casa cural adosada al muro
sur, que impedía la correcta visión del exterior de la iglesia y de su notable
portada, oculta en el interior de un recinto menguado que cercenaba, con su
poca altura, buena parte de la pieza. Además, tras la lectura estratigráfica efectuada
con motivo de la mencionada intervención, se han podido documentar seis grandes
fases histórico-constructivas, entre las que sobresale la perteneciente a una
iglesia anterior, prerrománica, que a pesar de conservar varios metros de
alzado al Oeste del actual templo, había pasado totalmente desapercibida hasta
ese momento.
Lo más bello del exterior de la iglesia es su
magnífico ábside poligonal, articulado en cinco ochavos, entre los que destacan
los tres fronteros. Basta una simple mirada para percibir esa fusión entre el
nuevo impulso renovador de la arquitectura –que evoca con sus esbeltos estribos
los nuevos aires del gótico– y la tradición ornamental románica, arraigada en
los canes, ventanales y columnas adosadas. El aparejo de la cabecera se dispone
de tal manera que contribuye a destacar el cuerpo central. Así, de los tres
cuerpos superpuestos, el inferior se apareja con un mal sillarejo, simplemente
desbastado más que tallado; el central con buena sillería, y el superior, hasta
el tejado, con simples mampuestos, lo mismo que los dos paramentos laterales
que completan la cabecera. El impulso vertical de los estribos, que en su parte
central adoptan medias columnas con capiteles vegetales muy pronunciados, se
contrarresta con las impostas que separan horizontalmente los tres cuerpos.
Toda la decoración, a excepción de los canes,
se concentra a la altura del cuerpo medio, en los tres ochavos centrales, donde
se abren otros tantos ventanales de similares medidas, arcos ligeramente
apuntados y arquivoltas y trasdoses de medio punto.
El ventanal central luce la decoración más
refinada y dispone baquetones en sus arquivoltas primera y tercera, mientras
que la segunda exhibe acantos estilizados. Voltea el arco sobre tres pares de
columnas adosadas, con elegantes capiteles de acanto, estilizados y perlados,
bien labrados y dispuestos en doble altura. Los vanos laterales tienen
baquetonadas sus arquivoltas, y se apean en seis finas columnas de baquetón,
rematadas por incisiones triangulares paralelas, en lugar de por verdaderos
capiteles. Esta simplificación, según indica J. Javier López de Ocáriz,
recuerda las portadas y ventanales característicos de la zona cercana a Maestu,
con paralelos también en la Llanada Oriental. El trasdós de los tres ventanales
es ajedrezado y, paralelo a su borde interior, lleva una sarta de besantes,
pero sólo en el ventanal central.
Ventana central
El vuelo del tejado descansa en la cornisa,
sostenida por interesantes y caprichosos canes de cuidada talla. En algunos
casos han quedado muestras del color que resaltaba sus rasgos. Los canes del
costado norte y de los últimos tramos del sur son lisos, mientras que los de la
cabecera están decorados con gran variedad de motivos. De este rico repertorio
–uno de los más representativos de la Llanada alavesa– destacan, de Norte a
Sur: cabeza de hombre con prominente nariz; cabeza de felino con grandes dientes;
testas de animales; busto humano encapillado; dama con tocado de barbuquejo y
manos elevadas a la altura de los hombros; hombre con hocico de simio; figura
humana con la cabeza hacia abajo, muy deteriorada; rostro caricaturesco de
mujer, que muestra sus dientes; cabeza semihumana con puntiagudas orejas y
alargando manos y uñas a ambos lados de la boca; carátula doble; rostro de
hombre imberbe, con arrugas en la frente, cejas muy arqueadas y nariz
aplastada; busto de hombre de corta melena y rollo en la mano derecha, con
aspecto de escribano, del que Micaela Portilla sugiere que pudiera tratarse de
Juan Mateo Ferradar, natural de los Huetos y cobrador real de contribuciones a
finales del siglo XIII; diversas cabezas humanas y de animales; figura de
hombre de corta melena vestido con túnica; lucha de villanos; rostro de hombre
con cabello ondulado, bigote y barba bífida; busto de mujer con un sapo y una
serpiente en cada uno de sus pechos (la lujuria); águila en posición frontal,
cebada sobre un gazapo; un ser monstruoso que muestra extraños apéndices y se
apoya en patas con zarpas; por último, un bellísimo canecillo en el que se
representa la cabeza de un animal monstruoso con la boca muy grande y abierta
en la que aparecen, como si fueran la última parte que le queda por engullir,
dos pies humanos en graciosa posición, probablemente sea una representación de
Leviatán o el Engullidor.
Detalle
Detalle
La espadaña se sitúa adosada al extremo
sudoeste del templo. Construida en sillarejo, se desarrolla en dos cuerpos.
Abre en el inferior dos arcos de medio punto y otro en el superior, con remate
a dos aguas y cruz de forja.
Se accede a la portada a través de un pórtico
de dos arcos de medio punto de piedra de sillería, uno de ellos con función de
puerta. Consta ésta de arco apuntado, con cinco arquivoltas de baquetones
múltiples, muy pronunciados y sin decorar, y una carátula en la clave central.
Esta portada presenta una estructura ya gótica,
pero su temática esculpida sigue siendo románica. El sobrearco, del que
únicamente queda una pequeña parte en el lado derecho, se decora con puntas en
zigzag y se apea en ménsulas con el tema de la Dama y el Caballero, muy
repetido en la Llanada Alavesa. Así, en el costado derecho, se representa un
rostro humano masculino barbado, de facciones serenas, enmarcado por corta
melena con flequillo y con bonete, mientras que, en el costado izquierdo, se
contrapone el rostro de una dama con cilíndrico y alto tocado de cendal. J.
Javier López de Ocáriz y Felicitas Martínez de Salinas ponen de relieve el
contraste entre la abundancia de este tema en el románico alavés y su carencia
en otros lugares e indican su posible relación con los fundadores o patronos de
la iglesia.
Voltean las arquivoltas en cinco columnas por
lado, con capiteles corridos. Una franja decorativa, formada por tres hileras
de cuadrifoliadas hojas carnosas, se extiende por todo el costado derecho de la
portada, en lugar de los capiteles, abrazando molduras e intercolumnios. Este
naturalismo en la fronda acusa el paso del simbolismo románico al realismo del
gótico, denotando el nuevo espíritu que ya proclama. En los capiteles de la
izquierda, entre un fondo de hojas análogas, destacan distintas figuras. De
dentro a fuera son un águila, cuya cabeza se ha perdido, en posición frontal y
con las alas extendidas, cebada en conejo –la representación de este tema es
muy frecuente, sobre todo en la Llanada Alavesa–; un hombre muy grueso,
mofletudo y corto de piernas, que parece sostener la imposta que corre por
encima de los capiteles; animales enfrentados; y dama con toca de barbuquejo y
manos en alto, simulando soportar la imposta.
El interior del templo dispone ábside poligonal
de cinco lados y nave compuesta por tres tramos, que se cubren con bóvedas de
nervios cruzados en diagonal.
La cabecera se articula en cinco ochavos
armados con arcos de descarga que se apoyan en carátulas sobre las que cabalgan
los plementos de la bóveda, sustentados por cinco nervios, que se apean en
columnillas con capiteles florales y confluyen en la clave central, de
ornamentación vegetal. El arco apuntado, con molduras y muescas, se apea en
medias columnas con capiteles de fronda.
El primer tramo de la nave forma el
presbiterio, separado del resto por el apuntado arco triunfal, que descansa en
un pilar compuesto por un frente de dos medias columnas gruesas y pareadas
–correspondientes, según Lambert, a la escuela hispano-languedociana–, y dos
columnillas a los lados recibiendo el empuje de los nervios. Los capiteles de
las columnas se decoran con acantos estilizados, y sus basas son de garras. Las
columnillas de los flancos disponen en sus capiteles figuras de ángeles tañendo
cuernos y señalando a lo alto con su mano derecha, símbolos, según indica
Micaela Portilla, de la proclamación del Evangelio. También se representa la
cabeza de una dama con toca y barbuquejo.
La clave del presbiterio es una máscara
vegetal, la del primer tramo un Agnus Dei, y la del segundo una flor. En el
tercer tramo de la nave es más acusada la influencia gótica, y dispone un arco
más apuntado que se apea en pilares fasciculados de tres elementos cilíndricos.
Como capiteles, y abrazando el triple fuste, unas bandas decoradas con carátula
central y hojas carnosas muy naturalistas, de tradición ya gótica. Las bases de
estos pilares presentan en sus ángulos anfibios o bolas cubiertas por punta de
follaje.
En el interior los ventanales del ábside quedan
ocultos por el retablo neoclásico, erigido en el año 1789. Sin embargo, queda
visible uno en el presbiterio, que en el momento de la edificación de la
iglesia se abría al exterior por el muro sur y que hoy da a la capilla de San
Blas, añadida con posterioridad.
Se trata de un hermoso y esbelto ventanal, con
arco de medio punto, cuatro columnas a cada lado, dos de ellas exentas, y
acantos en la arquivolta primera y en el trasdós, siendo baquetonada la segunda
arquivolta. Los capiteles, delicadamente trabajados, son muy bellos. En el
exterior de la izquierda se representa la figura de Cristo vestido con túnica
talar que cae formando pliegues, y que se recoge en el hombro izquierdo dejando
ver su torso desnudo. Sostiene, con su mano izquierda, una gran cruz, mientras
que bajo su brazo derecho, extendido, aparece la figura inclinada de Santo
Tomás, que alarga su mano para tocar el costado de Cristo resucitado. El
capitel interior muestra, bajo una arquería, tres santos, de los cuales se
reconoce a San Pedro por las llaves. Los del lado derecho exhiben decoración
vegetal: el interior acantos estilizados, y el de fuera, hojas muy poco
marcadas. Este ventanal se abre hacia la capilla de San Blas en arco de medio
punto, con dos arquivoltas que voltean en cuatro columnas con capiteles
vegetales. El interior derecho ostenta dos arpías aladas sobre las hojas.
Hueto Arriba
Hueto Arriba es un pueblo y concejo
perteneciente al municipio de Vitoria-Gasteiz, muy próximo a su homónimo, Hueto
Abajo, junto con el que entregaba tres rejas a San Millán de la Cogolla, dentro
del alfoz de Divina. El pueblo está situado 14 km al noroeste del centro de la
citada capital, a media ladera de la vertiente sur de la sierra de Badai. Esta
sierra dibuja un complejo sistema montañoso que se distingue por su
configuración geológica, favorable a la formación de cavidades subterráneas.
Hay catalogadas un gran número en su subsuelo, destacando entre ellas la cueva
de Los Goros. En esta cueva, y junto con restos humanos, se encontró un
importante ajuar de carácter visigótico. Entre los objetos encontrados
sobresale una hebilla de cinturón de hierro, con rica ornamentación
damasquinada en plata y cobre. Datadas en el siglo VII, estas piezas se
encuentran actualmente en el Museo de Arqueología de Álava.
En el pasado recibió los nombres de Oto, Oto de
Suso, Hueto de Suso, Cueto, Ueto, Güeto Arriba, hasta llegar a su denominación
actual. El licenciado Gil dice que dicho lugar es de la misma vecindad de Hueto
de Yuso y del mesmo señorío añadiendo que tenía cinco beneficiados, uno de los
cuales hizo de notario en la visita que él ejecutaba. Cita, además, a la ermita
de Santiago, que hoy subsiste.
Fue tierra de los señores de Martioda, de la
Casa de los Hurtado de Mendoza, y formó, con la vecina localidad de Hueto Abajo
/ Oto Barren la hermandad de Los Huetos, que en el siglo XIX quedaría
constituida en municipio. En 1975 el municipio de Los Huetos quedó anexionado
al de Vitoria.
Iglesia de la Natividad
La iglesia parroquial es un ejemplo típico de
templo románico en el País Vasco. Del siglo XIII y de buena traza, se sitúa en
el extremo oriental del pueblo, sobre una ligera elevación del terreno. La
iglesia estaba afectada por la presencia de una serie de construcciones
adosadas en estado ruinoso (sacristía, casa rural y albergue) que dificultaban
mucho la correcta lectura del edificio. Distintas actuaciones llevadas a cabo
entre los años 1994 y 2000 hacen que hoy se pueda contemplar libre de añadidos.
Tiene una primera traza característica del románico, que reúne el ábside
semicircular y el primer tramo de la nave. El carácter transitorio del estilo
hace que la continuación del templo hacia los pies participe ya de los albores
del gótico.
La traza del templo y, particularmente de su
ábside, constituye un hermoso ejemplo de sobriedad por la ausencia total de
decoración en las ventanas, las impostas y los modillones. Esta austeridad, sin
embargo, no impide apreciar la belleza y armonía de sus proporciones.
Desde el exterior se contempla el bello ábside
semicircular, de sillarejo, con tres ventanales de medio punto. Tienen tres arquivoltas
y trasdós en arista biselada, lo mismo que las jambas. Dos impostas corridas y
lisas circundan el ábside horizontalmente y lo articulan en tres cuerpos.
Con la separación marcada por un contrafuerte
plano, la cabecera se prolonga en un tramo de su misma altura, también de
sillarejo. En él, y en el muro sur, se abre un ventanal similar a los descritos
en el ábside. Este vano se encontraba oculto hasta la aludida eliminación de la
sacristía, que se emplazaba, adosada, en este espacio del muro sur.
El resto del edificio es de mampostería y mayor
altura. Un tejaroz con canes lisos destaca en la construcción. Situada sobre el
hastial de poniente, la espadaña se compone de dos cuerpos. El inferior es
románico, con dos arcos apuntados. El superior, de menor proporción, con arco
de medio punto y remate triangular, pertenece ya al siglo XVII.
La portada, del siglo XIII, se ubica bajo un
pórtico realizado en la mencionada intervención. Está formada por un arco de
medio punto en arista y dos arquivoltas dobles. La interior está compuesta de
media caña y hojas de acanto estilizadas con la punta vuelta hacia el frente,
mientras que la exterior consta de baquetón y bolas sobre hojas alargadas que
vuelven su punta sobre ellas mismas. Sigue el modelo de Estíbaliz en los
graciosos fustes decorados de sus cuatro columnas, con encestados de bandas
planas, las exteriores, y reticulado por cuadrifolios con botón entre los
huecos, las interiores. Los capiteles se decoran con trenzado de tallos
estilizados, grandes hojas dentadas, una carátula estilizada y flores. Sus
basas son de garras, con decoración arqueada.
Ya en el interior, el edificio se articula en
nave única cubierta por bóveda de medio cañón apuntado y tres tramos separados
por arcos fajones, también apuntados, apoyados sobre pilastras. El ábside –con
bóveda de horno– y el primer tramo componen el presbiterio, siendo éste de
menor altura que el resto del templo. El arco triunfal, doblado y apeado en
pilastras con semicolumnas y capiteles vegetales, actúa de coherente enlace en
esa transición de estilos, ya comentada, del románico a los albores del gótico.
El retablo mayor, barroco, oculta el ventanal
central, pero permite apreciar los laterales, compuestos por arcos de medio
punto doblados.
Capitel del arco triunfal
Atesora el templo de Hueto Arriba una magnífica
pila bautismal, completamente cubierta de decoración, que Micaela Portilla data
en el siglo XIII, en la que aparecen conjugados, armoniosamente, motivos
románicos y góticos. Este ejemplar ha sido calificado de excepcional, tanto por
la calidad como por la cantidad de la ornamentación que la envuelve. Así, López
de Ocáriz indica que posee la iconografía más rica y más compleja que podemos
hallar en las pilas bautismales vascas.
Consta de un simple basamento moldurado sobre
el que se sitúa el pie, troncocónico irregular, decorado con hojas y frutos de
vid. En la taza, semioval con prolongación superior cilíndrica, la decoración
aparece dividida en tres niveles o franjas, y la mayoría de las figuras se
hallan inscritas en sus respectivos cubículos. Mientras que en el nivel
superior aparece una iconografía específicamente religiosa, en los dos
inferiores predominan signos y tipologías de carácter variado.
La franja superior consta de arquería creada
por arcos trilobulados, inscritos en otros de medio punto, bajo los cuales se
cobijan veinticuatro figuras que representan apóstoles, profetas, clérigos
tonsurados, un sacerdote oficiante, frailes franciscanos y la Anunciación. En
la franja intermedia se disponen diversos motivos florales y figurativos, como
el Agnus Dei, dos leones rampantes flanqueando una fortaleza de tres torres,
dos águilas afrontadas que sujetan con sus respectivas garras sendos conejos, y
un monstruo alado con grandes dientes. La tercera franja va distribuida en
nueve casilleros, por bandas verticales que separan los motivos. Se repiten
varias representaciones de la segunda: panela, flor de lis, castillo entre
leones rampantes, óculo trilobulado, panela, flor de lis, castillo entre
leones, ave y flor de lis.
Oreitia
Oreitia se sitúa en el antiguo Camino de
Santiago que procede de Francia. Hoy en día pertenece al municipio de
Vitoria-Gasteiz, y desde la ciudad, de la que dista algo menos de 11 km, se
accede por la carretera N-104 hacia San Sebastián, tomando el desvío de la
A-3110 a la derecha tras Ilárraza y siguiendo por ella. La primera salida a la
izquierda lleva directamente a la plaza de la iglesia.
Con el mismo nombre actual, junto con Matauco,
pagaba tres rejas al monasterio de San Millán de la Cogolla dentro del Alfoz de
Harhazua, mientras que el obispo Jerónimo Aznar la denomina Oreytia.
Iglesia de San Julián y Santa Basilisa
E l edificio actual se divide en dos etapas
constructivas: la cabecera poligonal con siete lados y el primer tramo de la
nave pertenecen a la construcción medieval, mientras que el segundo cuerpo, más
ancho que los precedentes, es ya del siglo XVI. El pórtico pertenece al siglo
XVII, y la sacristía se sitúa entre los siglos XVI y XVII.
El ábside se cubre con bóveda de ocho nervios
que parten de una clave con motivo floral y descansan en columnas con capiteles
de hojas carnosas. El arco triunfal apuntado reposa en capiteles de hojas muy
naturalistas, y entre los del lado izquierdo asoman dos cabezas humanas con
cabello partido. Bajo ellos se disponen dos pilares compuestos, con medias
columnas en el centro y baquetones a los lados.
El tramo siguiente de la nave está cubierto por
bóveda de arista con clave de cruz. Los apeos son similares a los del arco
triunfal, aunque en la zona que converge con la construcción del XVI las
repisas son ya de este siglo. Tanto el ábside como el primer tramo muestran una
evolución que apunta claramente hacia el gótico. El último tramo se cubre con
bóveda con complicados nervios en forma de cruz reticulada.
En el muro sur de este tramo se conserva tanto
la portada románica tardía como un ventanal contemporáneo a la portada. La
portada avanza sobre el muro principal en un añadido con sillería, que se
remata con una imposta de hojas lanceoladas con puntos, la misma que
encontramos en Argandoña. Consta de cuatro arquivoltas apuntadas, la interior
decorada con una moldura polilobulada de arcos cruzados, de gusto
orientalizante o mudéjar, y relacionada con el taller de Durana, Otazu,
Argandoña y Gordoa; el resto de arquivoltas son de baquetón liso. Descansan
sobre una imposta que se decora, en el lado izquierdo, con tallos vueltos y
hojas con forma de corazón, y en el derecho, con tallos ondulantes con hojas
muy naturalistas.
Las jambas se decoran con cuadrifolios
salientes en su arista. Consta de cuatro columnas a cada lado, tres bajo las
arquivoltas y una en cada flanco exterior, de fuste liso y basas de garras. Los
capiteles son historiados y vegetales: de izquierda a derecha se ven cuatro
palomas, dos de ellas picando tallos afrontadas hacia el vértice; lucha de un
ángel con un dragón, el tema de San Miguel y el Demonio; dos dragones
afrontados con cola de serpiente; y flores y hojas estilizadas de relieve
plano. Los dos intercolumnios muestran un glouton o engullidor y un capitel
geométrico con zigzag. En el lado derecho los capiteles son todos vegetales, el
central con tallos cruzados y volutas planas, y los otros dos con tallos
cruzados y hojas carnosas vueltas hacia afuera. Los intercolumnios son
vegetales de carácter naturalista.
A la derecha de la portada se encuentra la
ventana, de arco de medio punto abocinada, con la arquivolta exterior de arista
viva y la interior moldurada. La imposta está bastante deteriorada pero quedan
restos de una moldura de tres bandas horizontales. Los capiteles presentan
decoración vegetal, de hojas anchas y festoneadas, el exterior izquierdo, y de
roleos hacia afuera, los restantes. Los fustes son lisos y las basas de garras.
En el interior la ventana presenta sólo un par de columnas con capiteles de
roleos y basas con pequeños cuadrados.
Ventana muro sur
Capitel de la ventana
Capitel de la ventana
En el exterior los restos románicos se
concentran en el ábside poligonal. En el primer paño, en el lado sur, se
aprecia un sobrearco apuntado sobre una ventana, apoyado en ménsulas muy
deterioradas. Hay restos de las columnas románicas de fuste liso y sus
capiteles vegetales con volutas y roleos poco marcados, así como trozos de
imposta. Sobre él, un magnífico canecillo en el que un monstruo –con grandes
dientes, ojos rasgados, pelo, y orejas puntiagudas– engulle a una figura
femenina que cuelga de su boca por las piernas.
En el siguiente paño se ve uno de los pocos
óculos románicos que se conservan en Álava, con círculos concéntricos, el
interior decorado con rosetas de cinco pétalos y botón en el centro. Sobre el
óculo hay otro canecillo: una máscara calva con la boca desmesuradamente
abierta y larga lengua. Entre este can y el óculo se encuentra una de las
pequeñas joyas del románico de la Llanada, la representación de un caballero
exquisitamente detallado, como no hay otro en el territorio. La figura
redondeada del caballo se engalana con un aparejo de bolas al cuello, y se
detallan perfectamente las cinchas, el estribo, los arneses, las crines y la
cola, e incluso las herraduras de sus patas.
Quizás la cabeza del equino sea algo pequeña
dentro del conjunto. El caballero, de altivo porte y mirando hacia el Oriente,
lleva lanza con banderola y escudo almendrado, casco, espada al cinto, y calza
espuelas, y, aunque lo más deteriorado del conjunto sea su cabeza, se aprecia
perfectamente la perilla. En Álava hay otras representaciones del caballero,
como las conocidas de Armentia, la pila de Margarita, el San Martín a caballo
de Tuesta o los abundantes sagitarios –incluso se habla de la filiación con la
imagen de Constantino a caballo por su porte imperial–. Sin embargo, este
caballero se puede relacionar con el caballero peregrino a Compostela, algo
perfectamente lógico dado que Oreitia se enclava en pleno Camino de Santiago,
apoyando tal relación con el hecho de que cabalga hacia el poniente, rumbo a
Galicia.
En el siguiente lienzo se observa otro
canecillo con una representación muy realista de un macho cabrío. En el ochavo
central se abre una ventana plenamente gótica, y sobre ella aparece un can con
mascarón de boca entreabierta. El siguiente paño cobija otro canecillo
monstruoso en actitud exhibicionista, con las fauces abiertas devorando a un
personaje del que se ve el trasero. En el siguiente hay una especie de tonel o
rollo muy saliente, con dos orificios, bastante extraño, y en el último lienzo
otro mascarón de ojos rasgados, nariz alargada y expresión cruel.
Existen documentadas tras el retablo mayor unas
pinturas góticas, de finales del siglo XV. Todo el conjunto de la iglesia de
Oreitia muestra un románico de inercia en ocasiones mezclado ya con el gótico.
Elburgo
Es un municipio con ayuntamiento propio que
pertenece a la Cuadrilla de Salvatierra. Desde Vitoria, situada a casi 12 km,
el acceso se realiza por la N-104 atravesando Elorriaga, Arkaute e Ilárraza.
Tras esta población, tomando a la derecha el desvío por la A-3110 en dirección
a Alegría-Dulantzi, se llega al pueblo.
Se le supone un origen muy antiguo. En el
documento de la Reja se le llama Burguellu, y junto a Garonna, el actual
despoblado de Garaona, pagaba dos rejas a San Millán, ambos integrados en el
Alfoz de Hiraszaeza. En 1337 el rey Alfonso XI le otorga el título de Villa
anexionándole los lugares de Gazeta, Argomaniz, Arrarain, Quilchano, Garaona,
Añua, Arbulo e Hijona, lo que provocará que algunas de estas aldeas queden
despobladas al acudir sus vecinos a vivir a la nueva villa.
Ermita de San Juan de Arrarain
Se trata de la antigua parroquia del despoblado
de Arrarain, o Arrayn, situado a las afueras de Elburgo. Para acceder hasta
allí se toma la A-3110 y, sin entrar en el pueblo, a la izquierda, hay una
salida que conduce al antiguo molino, con un camino vecinal que pasa sobre el
río y llega directamente a la ermita. Hoy es la capilla de un cementerio. En el
documento de la Reja aparece mencionado este lugar como Hararihini, y pagaba
una reja al monasterio riojano. Se despobló al anexionarse a Elburgo.
Del edificio románico se conserva el ábside
semicircular y el presbiterio, ambos realizados en sillería bien cortada. El
resto de la construcción –la nave, la portada y la cubierta de madera– datan
del siglo XVIII. Es un edificio de dimensiones muy reducidas pero de gran
riqueza decorativa, enclavado en un bello paraje. El ábside se cubre con bóveda
de horno, mientras que el presbiterio lo hace con bóveda de cañón. El arco
triunfal es de medio punto y se apoya en dos pilastras con sendas medias
columnas adosadas con imposta con decoración geométrica.El capit
el de la izquierda muestra una figura
con alas desplegadas que cobija a otros dos bustos humanos, mientras que un
personaje a cada lado ayuda a abrir sus alas. En el de la derecha se ven
motivos triangulares con incisiones, dispuestos alternativamente hacia arriba y
hacia abajo, y un ábaco con talla rehundida formando una rejilla.
En el centro del ábside se abre una ventana
abocinada de medio punto con una arquivolta en arista viva, e imposta sobre una
columna a cada lado de fuste liso, basas con decoración geométrica y capiteles
historiados.
En la cesta de la izquierda aparece un
eclesiástico con vestiduras talares y los brazos extendidos, y junto a él un
personaje atacado por una serpiente. En el capitel de la derecha se repite el
tema del personaje alado cobijando a otros. En los muros norte y sur del
presbiterio se abren sendos nichos, y sobre el meridional se dispone una
pequeña saetera.
En el exterior la cabecera se asienta sobre
restos de sepulcros de piedra. El ventanal del ábside presenta de nuevo una
única arquivolta moldurada, imposta y un par de columnas con basas sogueadas y
capiteles decorados. El izquierdo, muestra una lucha de villanos, mientras que
una tercera figura, en el lado exterior, mira la escena, y en la cara interior
hay un cuadrúpedo; en el capitel derecho y en la cara interior se representan
tres figuras con largas vestiduras y en actitud de caminar. Junto a ellas una
cruz procesional medieval, y dos aves –ya en el exterior– posadas ante ella.
En Arrarain se encuentra un curioso grupo de
canecillos bajo el alero del tejado. Desde el lado sur y rodeando el ábside se
ven: un tonel; una cabeza de fiera con las fauces abiertas y larga lengua; un
personaje con barba tañendo un instrumento de cuerda y arco, posiblemente una
vihuela de arco; otro músico con un instrumento que parece punteado, como una
zanfoña; después hay tres canes lisos, y tras éstos un elemento vertical cuya
parte superior se ha perdido; una cruz; decoración de ajedrezado; estrías verticales;
otro can liso; y ya en la zona del cementerio, al norte, un guerrero con espada
en alto y escudo; y can liso con una pequeña decoración de hojas en su esquina
superior derecha.
Todos estos elementos, de ejecución arcaizante
–que incluso se han relacionado con influencias de edificios prerrománicos o
visigóticos, como Quintanilla de las Viñas por el capitel de la cruz
procesional– hacen que esta ermita de Arrarain se feche a finales del siglo
XII, por lo que se puede hablar de uno de los edificios románicos más antiguos
de la Llanada.
Añua
La localidad de Añua pertenece al ayuntamiento
de Elburgo y está dentro de la administración de la Cuadrilla de Salvatierra.
Desde Vitoria, situada a 13,5 km, se accede de dos maneras: la primera saliendo
hacia San Sebastián por la carretera N-104, tomando la A-132 tras Elorriaga, y
después de pasar Ascartza, Argandoña, Andollu y Trokoniz, un desvío por la
A-4121 conduce directamente al pueblo. La otra posibilidad es tomar la N-104,
continuar hasta Ilárraza y tomar la salida en dirección a Alegría-Dulantzi,
circulando por la A-3110 y dejando atrás Elburgo. A la derecha está la salida
hacia Gazeta y Añua por la A-4121.En e
l documento de la Reja el pueblo es
denominado Aniu, y paga una reja dentro del Alfoz de Hiraszaeza. En 1294 queda
registrado que Añua aporta 900 maravedíes para la campaña de Tarifa contra los
musulmanes, lo que verifica que era una localidad próspera. Sin embargo, con la
crisis del siglo XIV, Alfonso XI anexiona Añua a la recién creada villa de
Elburgo en 1337.Iglesia
de la Natividad de Nuestra
Señora
A pesar de su presencia histórica en la zona
donde se enclava, la parroquia de la Natividad de Añua apenas aparece
mencionada en la bibliografía tradicional. El edificio consta de cabecera,
formada por ábside y presbiterio, correspondientes al siglo XIII tardío,
mientras que el cuerpo de la iglesia y la torre corresponden al XVI, y la
sacristía y el retablo al siglo XVII.
Centrando la atención en la parte románica de
la construcción, el ábside de Añua es un ejemplo en la transición del románico
al gótico que no se vuelve a repetir en toda la provincia. Al exterior, la
cabecera ochavada está compuesta por cinco paños separados por baquetones; el
quinto, en la zona norte del templo, está oculto por el anexo de la sacristía.
El ábside se moldura con arquerías ciegas de
arcos apuntados en pareja, que se apoyan en columnillas finas que estilizan el
conjunto. Esta solución sitúa la construcción de la cabecera en un siglo XIII avanzado,
adelantando fórmulas del gótico. En el tramo recto del presbiterio, en el lado
sur –ya que el lado norte queda oculto por la capilla–, continúa la molduración
con las arquerías ciegas, esta vez dos parejas de dos arcos apoyados en
columnillas. Estos arquillos apuntados descansan en capiteles vegetales
naturalistas (hojas de parra, roble), pero también en ménsulas –las centrales
de cada par de arcos, con decoración de animales, como pájaros picoteando–. Las
impostas se decoran también con tallos ondulantes, diversos tipos de hojas,
flores, cabezas humanas y animales reales y fantásticos.
En la cabecera se abren tres ventanas, una en
el muro del presbiterio y las otras dos en los paños primero y tercero. Las
tres presentan arcos apuntados, dos arquivoltas y sobrearco, con dos pares de
columnas a cada lado. La decoración de las arquivoltas es muy estilizada, ya
muy próxima al gótico, con elementos vegetales y naturalistas, pero hay motivos
que aún mantienen la tradición románica. Los fustes son lisos, y algunos de
ellos se han perdido.
En los capiteles de la ventana del presbiterio
se ven, de izquierda a derecha, tres personajes femeninos con toca y pomos en
las manos; cogollos de hojas salientes; a la derecha interior, una cabeza en el
ángulo con una arpía a cada lado; y dama con barbuquejo. La ventana del primer
lienzo recoge en sus capiteles, de izquierda a derecha, hojas acorazonadas
planas; hojas curvadas vueltas hacia adelante; dos flores de seis pétalos
inscritas en círculos, con una hoja en el vértice, y encima tallos vueltos con cabezas
de animales asomando en los huecos; y águila en presa sobre un conejo.
La ventana central sólo presenta la arquivolta
exterior decorada por dovelas: hojas y racimos de uva, fragmentos de palma, un
rostro femenino con el cabello partido y un ejemplar de zapalota o panela,
planta acuática de la familia del nenúfar frecuente en los ríos de Álava y muy
relacionada con la heráldica alavesa. El sobrearco y la imposta se decoran con
motivos de hilera de foliolos, el primero, y tallos ondulantes con hojas, la
segunda. De izquierda a derecha los capiteles muestran hojas de poco relieve en
dos fajas horizontales en el exterior, y dispuestas verticalmente en el
interior. En el lado derecho el interior muestra tres personajes: los de las
esquinas extienden un paño por delante del personaje central, y aparecen
alados, por lo que podrían representar a un difunto conducido por ángeles. El
último capitel muestra hojas naturalistas, abajo, y otras estilizadas y vueltas
hacia afuera, encima.
En el muro del presbiterio, sobre las arquerías
ciegas, aparecen tres óculos floreados de seis hojas, y otros dos óculos debajo
de sólo tres hojas. Otro óculo de estas características está en el segundo paño
del ábside, y todos ellos indican la tendencia gotizante del conjunto. Bajo el
tejado, y recorriendo todo el ábside, se halla una de las colecciones de
canecillos más interesantes de la Llanada.
Los más especiales se encuentran en el lado
sur, y presentan un arcaísmo propio del románico, mientras que los demás
recogen temas vegetales. Comenzando desde el sur del presbiterio, de izquierda
a derecha, hay seis: un mascarón deteriorado; una cabeza de facciones muy
marcadas, parece que sacando la lengua, y elemento cilíndrico bajo la barbilla;
una cabeza estilizada con cubierta de piel de cabeza de león como casco; un
león con garra levantada y una bola en ella; una cabeza de toro de ojos
marcados; y una cara sonriente con capucha puntiaguda, como de juglar.
En el primer paño hay cinco canes: un mascarón caprichoso,
de ojos exagerados y boca con extraña lengua colgante; una dama con tocado de
barbuquejo, mirando hacia arriba, y brazos unidos delante, en actitud
exhibicionista; una figura masculina, también exhibicionista; un hombre sentado
blandiendo martillo de pico y corte como una escoda, por lo que claramente
representa a un cantero; y una gran cabeza monstruosa de grandes ojos
almendrados, nariz ancha y dientes afilados.
El segundo paño presenta cuatro canes: una
pareja de encapuchados dándose la espalda; dos personajes que se acercan
dándose la mano a ambos lados de una columna; una cabeza monstruosa con las
fauces abiertas; y una cabeza sonriente. El tercer lienzo muestra otros cuatro
canes: una cabeza con grandes dientes, deteriorada; una cabeza de toro, bella y
estilizada; y dos más con volutas vegetales. El cuarto paño muestra un can con
bola de caperuza; bolas con volutas encima; palmetas estilizadas; y ménsula con
forma de capitel, aprovechada con decoración vegetal y relieve floral. El
quinto lienzo está, como ya se ha mencionado anteriormente, oculto por la
sacristía.
Al interior, la iglesia de Añua presenta nave
única con bóveda de terceletes con una buena decoración de grisallas,
contemporáneas a la construcción renacentista. El ábside se cubre con bóveda de
seis nervios, con una clave central donde se representa el Cordero, y, sobre
él, hacia la nave, una pequeña figura que parece tocar un instrumento de
viento. Hasta la restauración de la iglesia, toda la cabecera estaba oculta por
el retablo mayor, que hoy se sitúa en la capilla a la izquierda de la nave. Los
nervios se apoyan en cuatro semicolumnas que bajan hasta el suelo y que
presentan capiteles decorados: de izquierda a derecha, una cabeza deteriorada
con ojos grandes y fauces; hojas carnosas naturalistas; volutas deterioradas; y
dos aves de las que sólo quedan las alas, con imposta de tallos ondulantes y
hojas encima. El arco toral de la cabecera apea en pilastras con ángulos
baquetonados y capiteles florales, el de la izquierda con palmetas aveneradas,
y el de la derecha con hojas acorazonadas con las puntas hacia arriba.
Al interior aparecen las dos ventanas
exteriores, más una tercera que se abre en el quinto paño, exteriormente oculta
por la sacristía. La ventana derecha está muy deteriorada, aunque se intuye que
los capiteles serían vegetales. Las arquivoltas presentan también decoración
vegetal. La ventana central, ya gótica, con la arquivolta exterior decorada y
restos de policromía en todo el conjunto, presenta temas vegetales en sus
capiteles, hojas estilizadas vueltas hacia afuera o verticales hacia arriba, e
imposta con flores y tréboles. La ventana del lado norte tiene arco de medio
punto, dos arquivoltas baquetonadas, imposta de hojas redondeadas rodeadas por
tallos, y capiteles pequeños sobre conjuntos de tres columnillas, de izquierda
a derecha: una cabeza en ángulo y vegetales a los lados; hojas verticales
estilizadas; tres ramas con racimos y cabezas de animales en los huecos; y
hojas carnosas vueltas hacia afuera. Conserva restos polícromos en tonos rojos,
ocres y azules.
Ventanas de la cabecera vistas desde el
interior
Ventana de la cabecera desde el interior
El presbiterio se cubre con bóveda de crucería
y clave floral. Su arco toral descansa sobre pilastras con columnas adosadas en
sus frentes, y sus capiteles, muy bellos, recogen temas animalísticos. A la
izquierda, aún sobre el pilar, se ven dos galgos con las cabezas bajas, atados
uno a otro por el cuello; sobre la columna hay un águila con grandes alas en
presa sobre un conejo de largas orejas; dos cuadrúpedos con cola de reptil
apresados por tentáculos con ventosas; y sobre la pilastra, hojas acorazonadas
verticales muy planas. En el lado derecho, sobre la pilastra hacia la nave, hay
ramas con tres hojas verticales planas; dos ocas o gansos, con las plumas muy
bien labradas, con los cuellos cruzados mordiendo uno el lomo del otro, y un
personaje sonriente tras el cuerpo de una de ellas; y máscara monstruosa de
enormes dientes sobre la pilastra hacia el presbiterio.
Capitel derecho del arco triunfal
Capitel izquierdo del arco triunfal
La ventana sur exterior presenta al interior
las dos arquivoltas decoradas con hojas naturalistas. Los capiteles de la
izquierda muestran, de fuera adentro, tallos y hojas estilizadas hacia afuera y
cabezas de toro en los huecos; y tallos con hojas aveneradas hacia afuera. En
el otro lado se ven hojas estilizadas y con mucho trépano en el interior, y en
el de fuera, una flor de seis pétalos inscrita en un círculo en la cara
interior, y una estrella de ocho puntas entrelazada en la cara exterior. Sobre
ellas, volutas vueltas con cabezas de animal en los huecos. Este capitel
recuerda mucho al descubierto recientemente en la ventana interior del ábside
de Argandoña. La imposta recoge hojas, flores y tallos ondulantes, y los
capiteles de las columnillas temas vegetales. También conserva restos de
policromía. Dentro de la iglesia, apoyado contra la pared, hay un canecillo,
parcialmente roto, con la imagen de un toro estilizado, muy similar a uno del
exterior.
Durante la restauración de la iglesia fueron
descubiertas, tanto en el ábside como en el presbiterio, una serie de pinturas
murales en tonos rojizos, con despiece de sillar, triángulos, franjas de
tréboles y círculos con flor, así como una escena incompleta con un castillo y
varios personajes. El evidente parecido que presentan con respecto a las
cercanas pinturas de la iglesia de la Asunción de Alaitza, permite datarlas
hacia la segunda mitad del siglo XIV. También apareció una representación de
Jerusalén en el pórtico, al exterior, que hoy se conserva arrancada y
trasladada a otro soporte dentro de la iglesia.
Alegría
La villa de Alegría-Dulantzi se encuentra
situada a 13 km de la capital alavesa, dentro de la Cuadrilla de Salvatierra,
como sede del ayuntamiento que lleva su nombre. Desde Vitoria el acceso se
realiza por la N-104 hacia San Sebastián, tomando la salida tras pasar
Ilarratza por la A-3110, que después de unos pocos kilómetros conduce al pueblo
por tres desvíos: el primero entra en Alegría por la zona industrial; el
segundo acaba en la calle Gasteizbide, en la base de la ladera y del casco
histórico; y el último entra por la zona este de la villa. Desde la N-I en
dirección Vitoria también se puede acceder tomando la salida 371 hacia Dallo, y
desde ahí, por la A-3140 hacia Alegría, atravesando el pequeño monte, bajo el
cual pasa el túnel del ferrocarril, y que penetra en la villa desde el Este.
Alegría de Álava se asienta sobre la primitiva
aldea de Dulantzi, de ahí el doble nombre, que ya aparece en el documento de la
Reja con la denominación de Dullanzi, pagando dos rejas en el Alfoz de
Hiraszaeza. En la carta del obispo Jerónimo Aznar se cita como Dulanzi. Fue un
núcleo que atrajo a los habitantes de las aldeas cercanas, como Ayala, Henayo o
Eguileta, entre otras, en un poblamiento que propició la obtención del fuero de
villazgo en 1337 de mano de Alfonso XI, siéndole otorgado también el derecho de
mercado salvo y seguro el lunes de cada semana. La villa se configuró en la
ladera de una colina, cuya base quedaba rodeada por el río Alegría, y
estratégicamente situada, al dominar el paso que conducía desde San Adrián
hacia Vitoria, incluyendo el Camino de Santiago; el que iba por Gamboa hacia
Bizkaia y Gipuzkoa; y el que conducía hacia el Sur, a La Rioja, por la Montaña
Alavesa. En lo alto de esta colina se situaron la plaza, la iglesia y la torre
de los Lazcanos, adosada al templo, y hoy desaparecida, pero que fue una de las
fortalezas más importantes de la Llanada. Paralelas al río se trazaron dos
calles: la de la Fortaleza, en la parte superior, y la Calle Mayor, algo más
abajo, que aún hoy vertebran el casco histórico bajomedieval.
La villa contó con varias ermitas en los
alrededores, algunas antiguas parroquias de los mortuorios cercanos, como Santa
María de Ayala o San Miguel de Henayo. Es importante también el convento de las
Clarisas, fundado en 1581 como beaterio, pero que funciona como convento desde
1615. La construcción de su iglesia actual es del siglo XVII, pero se conserva
del primer edificio una galería renacentista con columnas acanaladas.
Ermita de Nuestra Señora de Ayala
También denominada Santuario de Ayala, es una
ermita situada a un kilómetro del centro de Alegría, al otro lado de la vía del
tren. Se puede acceder andando desde la estación del ferrocarril, en la zona
norte de Alegría, por un paso elevado que conduce a una carretera hasta la
misma puerta de la ermita. En coche hay que salir de Alegría por el Este hasta
una bifurcación, tomando siempre la carretera que indica dirección Vitoria por
la autovía N-I, siguiendo la A-3140; tras pasar sobre la vía del tren, hay una
salida sin señalizar que lleva a Ayala por una carretera agrícola. La ermita de
Ayala es en realidad la única construcción que perdura de la aldea despoblada
de Ayala, que aparece en el documento de “La Reja” con el nombre de
Aialha pagando dos rejas de hierro al Monasterio de San Millán. También en 1066
aparece Ayala como apellido en un testigo de una donación a Leire, el noble
Gundisalvo Didaz de Aialla, que no aparece en los linajes homónimos del valle de
Ayala, por lo que se refiere al Ayala de la Llanada. Por Ayala pasaba el Camino
de Santiago procedente de Ezkerekotxa, que a su vez descendía desde Guipúzcoa
por el paso de San Adrián, y continuaba tras esta ermita hacia Vitoria,
visitando también lugares como la cercana ermita de San Juan de Arrarain.
Se conserva la construcción románica íntegra,
realizada en sillarejo, compuesta por una nave longitudinal, con tramo recto
del presbiterio y ábside semicircular.
El ábside se incluye en el grupo de iglesias de
cabecera similar, como Alaitza, Gazeo, Argandoña, Trokoniz o Arrarain, que
sitúan la construcción ya avanzado el siglo XIII. Se cubre con bóveda de horno,
mientras que el resto del templo lo hace con bóveda de cañón apuntado. El arco
del ábside apea sobre dos semicolumnas con capiteles muy simples, vegetales con
piñas en los ángulos y bola con caperuza en el espacio central. Algo similar
sucede con el arco triunfal, cuyos capiteles, colocados bajo una imposta con
dientes de sierra que se une a la que recorre toda la cabecera, sustituyen las
bolas por caras humanas, y las piñas por volutas. La basa derecha, desde la
nave, está adornada con veneras, y la izquierda con piñas y una fina línea de
dientes de sierra en la base del fuste.
El resto de los arcos de la nave, que es algo
más alta que la cabecera, se apoyan en pilastras adosadas al muro, sin
decoración.
En el ábside, en el centro y a la derecha, se
abren dos ventanas abocinadas de medio punto, enmarcadas por un sobrearco con
decoración de dientes de sierra.
En el lado sur del presbiterio se abre otro
vano, con dos arquivoltas apuntadas y cortadas en arista viva, apoyadas en
capiteles vegetales y en basas poligonales sin decoración, ya de factura
gótica. En los dos muros del presbiterio se abren sendos nichos, a modo de
credencias, de arco apuntado, y enmarcados, como las ventanas, por un sobrearco
con dientes de sierra. En el hastial se ven otros dos vanos, el superior
cuadrado, y el inferior como una saetera abocinada de medio punto. En el muro
sur, sobre el pórtico, también se abren tres aspilleras. Como curiosidad cabe
decir que los tres tramos de la nave presentan tres filas de modillones de
piedra muy salientes. Se ha especulado con que pudieran ser los apoyos en los
que se sustentaría una tarima de madera o de tribunas que en época de
peregrinación habrían servido para acomodar a los peregrinos. A lo largo de
toda la construcción, a media altura del muro, se aprecia una serie de discos
pintados en color rojizo, con grandes cruces, que dejan constancia de la
consagración de la ermita.
En el exterior, adosado al muro sur, se
encuentra el pórtico, uno de los pocos ejemplos románicos conservados en Álava,
junto con el de Erentxun, Monasterioguren o los de Alaitza y Okariz. Se trata
de un espacio rectangular en el que se abren tres arcos hacia el Sur; el
izquierdo y el central apuntado, con el central más estrecho, y de medio punto
el derecho.
Flanqueando el arco central, y también a la
izquierda del arco izquierdo, se aprecia tres semicolumnas, cortadas a la
altura del arco, que sirven de refuerzo del muro. Los arcos de este pórtico se
apoyan en conjuntos de columna principal y columnillas más estrechas a los
lados, con capiteles decorados. Los del arco de medio punto, a la derecha,
presentan, el principal, un monstruo de cuya boca emergen tallos que confluyen
en hojas con forma de palmetas, y los secundarios volutas con hojas pendientes;
y a la izquierda, hojas planas extendidas en el capitel central, y espirales
poco marcadas en los laterales. En los dos arcos apuntados la decoración es
similar: en el más cercano a los pies del templo se ven hojas carnosas vueltas,
con cabezas de animales sacando la lengua en los espacios intermedios.
Esta
decoración tan naturalista indica que el pórtico se construyó en el siglo XIII,
como la ermita, pero en una fase posterior a ésta, por lo que ya acusa formas
góticas. En el lado de los pies del pórtico también hay un arco apuntado
abierto al exterior. Este espacio se cubre con un tejado inclinado, de
estructura de madera.
El pórtico acoge la elegante portada, que se
adelanta sobre el muro sur mediante un aparejo de sillar y está elevada sobre
un plinto ante tres peldaños. Se encuadra dentro de la corriente cisterciense
que recorrió esta parte de la Llanada, siguiendo la Ruta Jacobea. Es una
portada sobria compuesta por cinco arquivoltas apuntadas, de dentro afuera, la
primera, tercera y quinta baquetonadas, y la segunda y la cuarta de moldura
convexa flanqueada por franjas de ajedrezado, motivo decorativo que se repite en
el sobrearco y en la imposta. Los capiteles son vegetales y someramente
incisos, los fustes lisos y las basas sin decoración, reposando todo ello sobre
el plinto con una línea decorativa de dientes de sierra.
En el amplio espacio del pórtico se hallan
expuestos diversos restos románicos, como son capiteles vegetales con caras en
los espacios, fustes de columna, o trozos de arco con ajedrezado.
En la cabecera, las dos ventanas abocinadas,
descritas anteriormente en el espacio interior, se decoran hacia el exterior
con un sobrearco que acoge bolas con caperuza.
La ventana gótica del presbiterio se abre hacia
afuera con tres arquivoltas apuntadas y sobrearco, alternando baquetón con
moldura, que descansan sobre una fina imposta y tres pares de columnas a cada
lado, cuyos capiteles aparecen decorados con motivos de tradición románica. En
los de la derecha y, de dentro afuera, se ven tres rostros en un mismo capitel
–el central y el izquierdo de mujer con toca y barbuquejo, y el derecho de
varón con flequillo–; el capitel intermedio muestra hojas verticales naturalistas;
y el exterior, cabeza de dama con barbuquejo. En el lado izquierdo, en el
capitel interior se aprecia la cabeza de otra dama con toca y barbuquejo, entre
formas ondulantes que la flanquean; en el central, de nuevo cabeza de varón con
media melena, flequillo y hojas naturalistas a los lados; y en el capitel
exterior, hojas redondeadas verticales. Las basas son poligonales y góticas,
como en el interior de la iglesia.
La ermita de Ayala conserva uno de los conjuntos
de canecillos más bellos de esta zona de la Llanada. Se sitúan bajo el alero
del tejado, pero sólo aparecen decorados los correspondientes al ábside y lado
sur del presbiterio, es decir, la fachada principal, ya que era por ahí por
donde pasaba el Camino de Santiago procedente de Ezkerekotxa.
Los demás son lisos. Comenzando desde el centro
del ábside y avanzando hacia el frente de la construcción se aprecian los
siguientes: disco con cruz griega de brazos anchos y curvados, con dos bolas en
los espacios superiores; fiera de grandes dientes, con disco o piedra entre sus
fauces; personaje de ojos grandes, labios gruesos y nariz recta, con dos
pequeños cuernos; cabeza de clavo, de espacios convexos; bola con caperuza;
canecillo con aristas y bola en su base; canecillo poligonal; otra cabeza de clavo
similar a la anterior; bola lisa; forma cónica curvada e invertida; cabeza de
mofletes carnosos, pequeñas orejas y gorro plano; forma en arista; bola con
caperuza –estos tres últimos bajo pieza con decoración de ajedrezados–; y forma
redondeada. En el tramo recto del presbiterio hay seis más, cuatro bien
visibles y otros dos algo ocultos por el tejado: venera, claramente relacionada
con el Camino de Santiago; forma vegetal; piña; águila naturalista; personaje
exhibicionista masculino; y exhibicionista femenino de cuerpo orondo. Sobre el
tejado del pórtico, el segundo canecillo también está decorado con una forma
animal de grandes orejas. En el muro norte, justo en la confluencia con el muro
occidental, hay un can con una máscara humana, de nariz ancha y boca de
hendidura; y en el ángulo sobre el pórtico con el hastial, se ve una cabeza de
felino con expresión de fiereza, de grandes dientes y lengua, y boca muy
abierta y vaciada. Sobre él, el sillar de la cornisa muestra dos discos, uno
con decoración de dientes de sierra y círculos concéntricos, y el otro con una
incisión de cuatro pétalos.
La ventana abocinada del muro de poniente se
abre al exterior con una arquivolta decorada con bolas y sobrearco ajedrezado,
al igual que la imposta. Bajo ésta, un par de columnas con capiteles vegetales
incisos completan la articulación del vano. En el sillar sobre el hueco de la
ventana, bajo la arquivolta, se ve otra incisión similar a la existente sobre
el canecillo del felino, en este caso un disco con una flor de seis pétalos.
Dentro de la ermita, en la zona de los pies, se
encuentra la pila bautismal, de copa lisa, con una fina incisión semicircular
en la parte inferior de la cara frontal.
El pie es bajo y simple, con moldura lisa.
Junto a la puerta hay un fuste de columna, posiblemente reaprovechado, que
sujeta una aguabenditera acanalada posterior, con un capitel que se decora en
sus ángulos exteriores con una bola con caperuza y una cara de varón. Los otros
ángulos están colocados contra el muro y no se aprecia su decoración.
También en el interior, sobre un baldaquino de
madera, se conserva una reproducción de la imagen original de la patrona de la
construcción, Nuestra Señora. La original se custodia en la parroquia de San
Blas de Alegría, y sólo baja a Ayala para la fiesta patronal. Es una imagen del
siglo XIV, gótica, aunque con ciertos rasgos románicos, que forma parte del
grupo de las “Andra Mari” alavesas: vírgenes sedentes con el Niño bendiciendo
en el regazo.
La ermita de Nuestra Señora de Ayala es uno de
los ejemplos más bellos y mejor conservados de la Llanada y de Álava, de gran
proporción y equilibrio entre la tradición románica más rural, la elegancia de
los elementos cistercienses y los nuevos aires góticos y naturalistas, tres
corrientes que coexistieron en estas tierras durante el siglo XIII.
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