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jueves, 20 de marzo de 2025

Capítulo 54-3, Romanico en la Montaña Alavesa, Románico en la Llanada Alavesa

Románico en la Montaña Alavesa
Maeztu, Kontrasta, Urarte, Arluzea

Meztu
Maestu, o Maeztu en euskera, es el núcleo administrativo y de población del valle de Arraia, en la Montaña alavesa, valle de paso de caminos desde antiguo procedentes de la Llanada, atravesando el puerto de Azáceta y bajando hacia Campezo, donde el camino comunica con tierras de La Rioja hacia el Sur, o hacia el Sureste con Navarra. Es, por tanto, un punto estratégico como vía de comunicaciones, así como por su cercanía con la frontera del antiguo reino de Navarra. Desde Vitoria, que se sitúa a 25 km, se accede saliendo por el Este de la ciudad en dirección a San Sebastián, transitando por la carretera N-104. Poco después de abandonar la capital, tras pasar Elorriaga, se ha de tomar la A-132 en dirección a Estella. Tras atravesar el puerto de Azáceta, y ya en el valle de Arraia, se dejan atrás las localidades de Vírgala Mayor y Menor, para llegar a Maeztu.
En el documento de la Reja aparece citado con el nombre de Bahaeztu dentro del Alfoz de Harrahia, pagando dos rejas de hierro al monasterio de San Millán de la Cogolla, al igual que la mayoría de las aldeas del valle, lo que da idea de su riqueza en época medieval, ya que este dato indica que cada una de ellas contaba con alrededor de veinte casas. Como territorio de paso y comunicaciones, era lógico que los grandes linajes alaveses tuvieran interés en estos parajes. En 1369 la familia de los Gaonas se asentaron en Maeztu gracias a una merced otorgada por Enrique II, quien entregó a Juan Ruiz de Gaona el señorío de Arraya, conformado por las villas de Azáceta, Vírgala Mayor, Vírgala Menor, Maeztu y Atauri. Como dato a tener en cuenta, estas villas habían de pagar un cuarto de los diezmos de sus parroquias al Cabildo de Calahorra, según se recoge entre los datos obtenidos tras la visita del licenciado Gil en 1556.
Hasta finales del siglo xvi este señorío estuvo bajo el mandato de los Gaonas, pero al morir don Pedro de Gaona sin sucesión el territorio revirtió en la corona, aunque por poco tiempo, ya que en 1632 don Diego Sánchez de Samaniego y Gamarra obtuvo el señorío de manos de Felipe IV por trece mil ducados de plata. Un dato curioso es que uno de los señores del valle fue el famoso escritor don Félix María de Samaniego.
Fue Maeztu conocido por sus molinos y ferrerías, encontrando incluso una ermita arruinada que hacía referencia a ellas, San Martín del Guesal o “de las ferrerías”. Actualmente Maeztu cuenta con 290 habitantes y es cabeza y centro administrativo del ayuntamiento de Arraia-Maeztu.

Ermita de Nuestra Señora del Campo
La ermita de Nuestra Señora del Campo se levanta donde antes se situaba la ermita de Santa Eufemia, y adquiere esta advocación debido a que se reconstruyó con elementos de la anterior ermita de Nuestra Señora del Campo, demolida en 1778 por su estado de ruina, y cuyos restos se emplazaron aquí, incluido el retablo y la imagen de la santa. La última visita pastoral en la que figura su antigua advocación fue la de 1784. De ahí en adelante pasó a llamarse de Nuestra Señora del Campo.
El edificio se encuentra ubicado en el camino al cementerio. Para llegar hasta allí hay que tomar, a la entrada del pueblo, la carretera que conduce a Apellániz y después el primer camino sin asfaltar a la derecha, que llega directamente hasta la ermita. Esta construcción es el mejor ejemplo románico íntegro conservado del valle, además de prototipo del estilo en esta zona.
El edificio consta de una sola nave rectangular de tres tramos y cabecera recta, más estrecha que la nave, con los muros recorridos por una imposta lisa.



El conjunto está cubierto por una bóveda de cañón apuntado, más alta la de la nave que la de la cabecera, con dos arcos fajones la primera. El arco triunfal, también apuntado, apoya sobre pilastras con media columna adosada en cada lado, de fuste liso y basas decoradas con motivos vegetales. Los apeos del arco muestran, en el lado izquierdo, de cara a la nave, un personaje con capucha enfajado en una túnica con pliegues geométricos, al que dos grifos de remarcadas crestas con la cola vuelta, uno a cada lado, hablan o picotean al oído. Hacia el lado del altar se aprecian hojas carnosas vueltas hacia delante.



Capitel del arco triunfal

En el lado derecho, hacia la nave, el mismo tipo de grifos aparecen afrontados y con los picos abiertos, con la cola vuelta y el cuerpo también vuelto hacia la cola.
Hacia el altar se ve el mismo tipo de vegetal que en el apeo del lado izquierdo.
Tres ventanas se abren al interior de la ermita, destacando por su interés la del muro este. Se compone de un arco de medio punto y una sola arquivolta lisa que apoya en columnas provistas de basas con garras. Sus capiteles muestran, a la derecha, elementos vegetales estilizados y una especie de roseta o capullo sin terminar en el ángulo, y, a la izquierda, los mismos motivos vegetales verticales de incisiones, esta vez con un mascarón humano con capucha en el vértice.
Como último elemento en el interior, destaca un nicho credencia de arco apuntado abierto en el muro norte de la cabecera.

Ventana del interior 

Al exterior y hacia el Sur, coincidiendo con el tramo central de la nave, más estrecho que los otros dos, se abre la portada, adelantada sobre el muro, que constituye uno de los ejemplos más elegantes de la Montaña alavesa. Consta de cuatro arquivoltas y sobrearco apuntados, que reflejan tanto el influjo del arte cisterciense como los elementos decorativos propios del románico del valle. Las arquivoltas son baquetonadas, con el intradós y el trasdós decorados con una sarta de besantes enmarcados en círculos, salvo el intradós de la arquivolta interior, que es liso. El sobrearco se decora con un curioso motivo de hojas en forma de U hendidas en la mitad, con los bordes de esta partición festoneados hacia arriba. Cada una de estas hojas está separada de la siguiente por dos líneas verticales decoradas con diminutas cabezas de clavo.



El conjunto de los arcos apoya sobre una imposta que repite la decoración del sobrearco, y que cae sobre las jambas, compuestas por un baquetón central y dos laterales, cuyos capiteles presentan incisiones en V y ábacos decorados con una incisión ondulante. La misma disposición y motivos ornamentales de las jambas se repiten en las columnas de los flancos exteriores de la portada, tanto arriba como abajo. Toda la portada descansa en un friso corrido a modo de basas, lo que denota su cambio hacia soluciones gotizantes.
Sobre esta sobria pero bella portada se encuentra un conjunto de ocho canecillos en el tejaroz, decorados con una cabeza de varón de facciones esquemáticas y cabello estilizado que se apoya en un modillón como si fuera una almohada, rollos, otra cabeza masculina con gorrito, un can liso, otra cabeza de varón con bonete, una moldura convexa biselada, un tonel y una cabeza femenina con barbuquejo apretado al rostro. Los dos canes exteriores podrían representar el tema de la Dama y el Caballero, frecuente no tanto en esta zona de la Montaña alavesa, aunque sí ampliamente extendido en la Llanada.

En el muro sur de la nave hay una línea de canes lisos que marcan la altura de la primitiva cornisa. En este mismo muro, pero en la zona correspondiente a la cabecera, aparece la ventana que se abría al interior y que ha sido modificada.
Es apuntada y abocinada, y consta de una arquivolta lisa apoyada en dos capiteles vegetales bastante deteriorados, fustes de columna lisos y basas con pequeña moldura. Sobre esta ventana, y en toda la longitud de la cabecera, hay una nueva hilera de canes decorados, en concreto once, bajo una cornisa. De izquierda a derecha muestran un canecillo liso; personaje con hojas saliendo de su boca; modillón de rollos; cuadrúpedo con la cabeza vuelta mordiéndose la cola; modillón de rollos; personaje con vestiduras talares con los pies asomando y rodete en la cabeza; cabeza masculina; animal deteriorado –quizás un león– con las fauces abiertas; otros dos animales con las fauces abiertas; y un monstruo de ojos prominentes, orejas puntiagudas y grandes dientes.

Ventana muro sur 

Ventana muro sur 

Canecillos del muro sur 

Canecillos del muro sur 

Canecillos del muro sur 

En el muro norte hay dos hileras de canes lisos, una en la zona de la nave y otra en la de la cabecera, paralela a la de canes decorados del muro sur.
Para terminar, la ventana central de la cabecera se abre al exterior con doble arquivolta y sobrearco ligeramente apuntados. La arquivolta interior se decora con acantos estilizados con la hoja vuelta, y la exterior con gruesas cabezas de clavo, mientras que el sobrearco moldurado es liso. Descansan en una moldura curvada a modo de imposta sobre dos pares de columnas de fuste liso y capiteles de temática vegetal estilizada, tendentes al gótico.
Los motivos geométricos que decoran esta ermita, como los dientes de sierra, cabezas de clavo o puntas de diamante, así como los capiteles con incisiones, suponen el sello del románico de esta zona de la Montaña. Elementos vegetales con hendiduras y líneas con cabezas de clavo son visibles en las portadas de Cicujano o en San Martín del Guesal, procedente también de Maeztu, pero conservada hoy en el jardín del Museo de Bellas Artes de Álava, en Vitoria. La sobriedad del Císter queda patente en la escasa decoración de portada y ventanales, aunque el toque rústico y local lo aportan las cabezas de los canecillos del muro sur, con algún influjo de la Llanada en el tema de la Dama y el Caballero. La ermita de la Virgen del Campo es un magnífico ejemplo de convergencia de los influjos internacionales, como el Císter, y las tradiciones rurales y autóctonas de cada zona.

Ventana de la cabecera

 

Kontrasta
Kontrasta se sitúa en el extremo oriental de la provincia, en el límite con Navarra, dentro del Valle de Arana, que junto con Alda, San Vicente de Arana y Ullibarri-Arana, forma el municipio del mismo nombre, dentro de la Cuadrilla de la Montaña Alavesa. Se encuentra a unos 42 km de distancia de Vitoria, y se puede llegar al pueblo por dos vías. La primera atraviesa el valle de Arraia-Maeztu, por lo que se toma la carretera A-132 en dirección a Estella, atravesando el puerto de Azáceta y bajando hasta Maeztu; allí, a la entrada del pueblo, la carretera A-3114 guía el camino en dirección a Iturrieta. Tras dejar atrás las localidades de Leorza, Cicujano y Arenaza, poco antes de llegar a Ibisate, una salida a la derecha conduce hacia Sabando por la carretera A-3118. Una vez descendido el puerto, la misma carretera desemboca en San Vicente de Arana. Allí habrá que dirigirse hacia la izquierda hasta el final de la carretera, donde, sobre un alto, aparece Kontrasta.
La ruta alternativa, algo más directa, propone salir de Vitoria hacia San Sebastián, entrando en la autovía N-I hasta llegar a Salvatierrra, en donde habrá que tomar la salida número 379 en dirección a Opakua, puerto que habrá que atravesar por la carretera A-2128. Una vez bajado el puerto, la carretera conduce directamente a Kontrasta.
Kontrasta se sitúa en uno de los pasos más importantes de la Llanada a Estella, por los montes de Iturrieta, utilizado frecuentemente en época romana. Esto aparece evidenciado por los numerosos restos romanos hallados tanto en Kontrasta, algo que se detallará más adelante, como en la cercana población de Gastiain, ya en Navarra, así como en Ullibarri-Arana. Debido a este emplazamiento estratégico, en la frontera con el antiguo reino, en el año 1256 el rey castellano Alfonso X le otorgó el fuero de Vitoria, en la misma fecha que a villas como Salvatierra, Santa Cruz de Campezo o Corres, dada su táctica de afianzar los puntos de defensa limítrofes de Álava, generando así su casco urbano, el típico de una villa medieval amurallada. Kontrasta no aparece en el documento de La Reja, aunque sí lo hace en la lista del obispo Jerónimo Aznar en 1257.

Ermita de Nuestra Señora de Elizmendi
Situada en el extremo oriental de la villa, la ermita de Elizmendi es un edificio de planta rectangular, modificada por añadiduras posteriores, y cabecera semicircular, que es el elemento románico mejor conservado. Esta ermita tiene la peculiaridad de que en la construcción de sus muros se han hallado hasta dieciocho lápidas romanas, con epigrafías, motivos decorativos de discos, estrellas, rosetas e incluso dos someras representaciones de los yacentes, sólo perfilados en bajorrelieve, cuya descripción, aunque no se detalla en el presente trabajo, sí aparece en la bibliografía adjunta al final del mismo.
La cabecera semicircular, no muy habitual en el románico alavés, pero sí presente en esta zona de la Montaña alavesa, está formada por regulares sillares de piedra. Lo más destacado de la construcción es el conjunto de canes que sobresalen bajo el alero del tejado en todo el perímetro del ábside, de una tipología que no se repite en toda la provincia
Son canes de carácter macizo, muy rústicos, con forma de modillón de doble rollo, el superior menos voluminoso que el inferior, que toma forma de disco redondo, y con gran carga decorativa en ambas caras, muy en la línea de la tendencia ornamental en el románico del valle. Desde el lado sur hasta el norte, el repertorio es el siguiente: dos canes sin decoración, con el modillón superior más acusado que en los demás; estrella de ocho puntas en un lado y cruz en el otro; personaje esquemático de brazos extendidos en cruz, grandes manos y cabeza sin definir, y al otro lado símbolo solar o roseta; flor de seis pétalos en un lado con borde de la pieza dentado, y disco radial con tendencia helicoidal, un motivo copiado de las estelas romanas intestadas en el muro del ábside; estrellas en ambos lados, aunque en este caso el modillón superior, muy deteriorado, recuerda la cabeza y manos de un personaje o animal agarrando el disco inferior; cruces a ambos lados, también copiadas de las estelas romanas; cabeza de animal, posiblemente un becerro, el único canecillo que modifica la tipología de Elizmendi; cruz a cada lado con un punto en el centro, muy similar a la que se puede ver en el muro de una dependencia al norte de la construcción; y estrella o roseta. 

En el muro sur de la nave, reformada en fechas posteriores a su construcción, se pueden ver restos de unas sepulturas medievales, que probablemente se extenderían en los alrededores de la ermita, en el terreno del promontorio donde se asienta. La conjunción de estas tumbas medievales con las estelas funerarias romanas indican que éste fue históricamente un lugar habitual de enterramiento.
Las lápidas romanas siguen apareciendo a lo largo del muro sur de la nave, hallando una sobre la puerta, a modo de dintel.

La estela más conocida de la ermita románica de Santa María de Elizmendi. La propuesta de transcripción del letrero es la siguiente: Minicius Florus annorum LXX hix situs est. [a]anica Flori ancilla annorum V hic sita est. // Aquí está Minicius Florus, de setenta años. Aquí está [], esclavo de Florus, de cinco años.

Ermita románica de Santa María de Elizmendi, detalle de una estela. 

El carácter rústico de los canecillos, así como el ábside semicircular, permiten adelantar la ejecución de la ermita al siglo XII, siendo así una de las construcciones más antiguas del valle y de Álava. Sin embargo, algún investigador ha llegado a proponer como fecha de construcción del edificio el siglo XI, debido, entre otros factores, a posibles filiaciones de la tipología y decoración de los canes con los de la iglesia de Santa María de Lebeña.
Este edificio prerrománico está enclavado en el valle cántabro de Liébana, lugar de peregrinación por el monasterio de Santo Toribio, santo, por otro lado, de notable veneración en la zona de la Montaña alavesa (Cicujano, Apellániz). Esta teoría podría explicarse por la situación de Kontrasta como paso del camino desde el Cantábrico, Ayala y La Llanada hacia Navarra, aunque sería necesaria una investigación en profundidad para afirmar estas ideas.

 

Urarte
La localidad de Urarte se encuentra 27 km al sur de la capital alavesa. En la carta del obispo don Jerónimo Aznar, de 1257, ya se cita como Urarte, diciendo que es pueblo viejo. También figura en la nómina emilianense con el nombre de Varte, donde consta que aportaba una reja, contribuyendo así con el monasterio de San Millán. En 1556 Urarte figuraba como señorío de los Gaunas y contaba con treinta vecinos, cifra que se mantenía a finales de siglo. En la visita pastoral que hace ese mismo año el licenciado Martín Gil, consta que la parroquia estaba servida por dos beneficiados y contaba con una primicia muy respetable. Son datos que recogemos del Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria. Urarte se halla en la ribera del río Ayuda, muy cercana al límite con las tierras burgalesas de Treviño. En la actualidad esta localidad pertenece al municipio de Bernedo y forma parte de la cuadrilla de Campezo-Montaña Alavesa / Kanpezuko-Arabako Mendialdea.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Se encuentra situada en el centro del pueblo, con un amplio espacio a su alrededor que permite, además de su contemplación, apreciar la magnífica calidad de los materiales con que fue realizada.
En el lado del mediodía, dentro del pórtico, se encuentra la portada románica, abierta sobre un muro en resalte, a modo de marco, con finas y esbeltas columnas en los extremos, que la delimitan. En la parte superior se remata con una sencilla cornisa apoyada en cinco canecillos. Dos de ellos decorados con motivos vegetales y tres con cabezas: una de animal, otra antropomorfa con tocado rizado y la tercera a modo de mascarón mostrando los dientes.
La portada presenta un vano rematado por un arco ligeramente apuntado, sobre el que voltean arquivoltas de finos baquetones, alternando con otras decoradas con motivos vegetales muy sencillos. Todo ello es de factura muy tardía. En una de las arquivoltas aparecen personajes ataviados con túnica, que portan un libro en sus manos, y otros cuyo cuerpo parece compuesto de pequeñas hojas o con alas. En cada una de las claves de estas arquivoltas vemos representadas pequeñas cabecitas antropomorfas, algunas muy desgastadas. Un sobrearco, decorado con flores de cuatro pétalos, remata el conjunto, y sobre su clave encontramos también una cabecita de mujer con tocado de rizo y barbuquejo.
Sobre ella, la testa de un animal de orejas puntiagudas, con una gran boca abierta y mostrando los dientes.
Como elementos sustentantes encontramos, a ambos lados del vano de la portada, unas jambas bastante desarrolladas y seis pares de columnas con sus capiteles. En éstos se representan, bajo unas arquerías trilobuladas, pequeñas figuras humanas y de animales, dispuestas en posición muy frontal, a modo de tenantes. En el lado izquierdo se aprecia un león rampante con alas, San Pedro con las llaves y un animal alado, que bien podría ser un toro que, junto con el león, estaría relacionado con el Tetramorfos. En la jamba izquierda se decoraron grandes hojas carnosas. Bajo la arquería trilobulada encontramos un personaje con la cabeza cubierta, un manto y un tondo con una pequeña cruz en aspa entre las manos.

En el lado derecho de la portada encontramos, en primer lugar, la jamba con hojas carnosas, y entre ellas un personaje desnudo que parece sujetar una serpiente con cada mano. Los tres primeros capiteles representan figuras aladas. La figura del primer capitel lleva el torso desnudo y podría ser la representación de una sirena que sujeta con los brazos dos grandes peces. Le sigue un hombre que viste túnica y sostiene un libro entre las manos. En el tercero se repite el tema de la sirena, con el torso desnudo y los peces sujetos con las manos, pero en este caso es un varón, ya que lleva barba. Los tres capiteles siguientes llevan motivos vegetales y figurados. En uno de ellos, una pequeña cabeza con melena y flequillo asoma entre la vegetación, mientras que en los otros dos encontramos a un hombre y una mujer con tocado rizado y barbuquejo, ambos con túnica y un libro entre las manos. Otros relieves muy deteriorados se prolongan sobre el muro en resalte, mientras que la línea de imposta, moldurada, recorre el muro sobre los capiteles de forma continua, aunque entrando y saliendo en su recorrido, intentando dar independencia a cada uno de ellos.
Rasgando el muro sur hay un ventanal en la zona del presbiterio y dos en la cabecera, muy esbeltos, de líneas que nos hablan del paso del tiempo y anuncian ya un nuevo estilo. Sin embargo, los elementos ornamentales siguen conservando la temática puramente románica. Tienen el arco apuntado, sobre el que voltean tres finos baquetones lisos, que descienden por ambos lados del vano, a modo de columnas, cuyos fustes se rematan con capiteles de motivos vegetales de grandes hojas carnosas, en el lado izquierdo, mientras que, en los tres del lado derecho, encontramos un águila sobre una presa y dos cabezas humanas, una de ellas con gran expresividad. En otro ventanal, en el lado derecho, encontramos dos capiteles figurados: uno representa a un saltimbanqui y el otro a una dama con tocado de barbuquejo. Se rematan todos ellos con un sobrearco decorado con grandes flores de hojas cuadrifoliadas de pronunciado relieve.

En el muro norte se conservan incrustados, en la zona del presbiterio, cuatro canecillos románicos, uno liso, con el perfil cóncavo en bisel, y tres figurados, con personajes.
El interior es un espacio único, de estilo claramente gótico, en el que solamente los capiteles del arco triunfal presentan motivos ornamentales que se resisten a avanzar en el tiempo, aferrándose al gusto y a la tradición románicos, con temática vegetal entre la que asoman pequeñas cabezas.


Arluzea
La localidad de Arluzea se encuentra situada a 33 km al sureste de la capital alavesa. Para acceder a ella desde Vitoria-Gasteiz, se toma la carretera local A-2124, que se convierte en la carretera local B-750 al entrar en el Condado de Treviño. Al llegar a las Ventas de Armentia, se continúa unos 8 km por la carretera local de Burgos B-741. Pasada la localidad de Albaina, se recorren los últimos 9,5 km que nos separan del destino, por la carretera B-7413 y por las alavesas A.3134 y A-4150, que acaban en Arluzea.
La situación de Arluzea, poderosa fortaleza entre Castilla y Navarra, la hizo plaza de armas considerable en el medievo. En 1194 el alcaide don Lope Sánchez, destacado personaje de la Corte de Sancho el Fuerte de Navarra, aparece suscribiendo diplomas; dos años después, otro alcaide de dicha fortaleza, don García de Baztán, es citado en el fuero que el mismo monarca concedió a Urroz y a Labraza. La plaza de Arluzea pasó a poder del rey Alfonso VIII de Castilla, lo mismo que Vitoria y otras fortalezas navarras. Son datos recogidos en el Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria.
La importancia de la localidad de Arluzea, en esos momentos, está respaldada por la arquitectura y dimensiones de su templo, románico de inercia, y por las cuatro ermitas que llegó a tener dentro de su término, según se recoge en la visita pastoral que en 1556 hizo el licenciado Martín Gil, donde aparece citada como Arluçea. En la actualidad pertenece al municipio de Bernedo y forma parte de la cuadrilla de Campezo-Montaña Alavesa / Kanpezuko-Arabako Mendialdea.

Iglesia de San Martín
La iglesia de San Martín, de Arluzea, está situada en una loma, protegida en su lado norte por la montaña, a la vez que ella misma protege al caserío que conforma la feligresía, congregado a sus pies. Precediendo a la entrada del templo, contemplamos una de las pocas galerías románicas porticadas que se conservan en la provincia y que nos habla de un gran primer momento de auge económico en la localidad. Encaramada en el muro sur de la iglesia, la galería del pórtico está realizada con buenos sillares, elevada y asentada sobre la roca viva, como toda la edificación. Rasgan el muro del mediodía ocho vanos, los dos más cercanos a la cabecera, tapiados, y el resto, a modo de ventanales, muestran diferente anchura en sus arcos, uno ligeramente apuntado y los demás de medio punto.

En la parte exterior, entre los vanos, hay unos contrafuertes que, en su parte superior, conservan algunos restos de canecillos medievales, cabezas de animales de ojos almendrados, con afilados dientes, y rostros humanos de rasgos sencillos, con cabellos y barbas de líneas caligráficas. Otra hilera de canecillos, poco homogénea, se puede observar sobre la galería porticada, en la zona que va desde el presbiterio hasta la cabecera. La mayoría son lisos y de perfil cóncavo –aunque quedan dos decorados con un rollo, otro que lleva como decoración dos bolas, y otros dos con forma cúbica–.

El acceso al pórtico lo hacemos en recodo, a través de la parte baja de la torre situada en la zona sudoeste del templo. Una vez en el interior, encontramos un espacio en el que se conserva una interesante serie de elementos románicos que iremos describiendo.
En el muro rasgado por los ventanales, al fondo, encontramos dos arcos de medio punto cegados, con restos medievales en las enjutas; el arranque y apoyo de unas nervaduras que conformarían la cubierta, hoy desaparecida, con una decoración de hojas carnosas y un rostro de rasgos muy esquemáticos en el ángulo. Entre los dos arcos, otro rostro humano de características similares a los que se hallan en el exterior, de rasgos sencillos y caligráficos cabellos. En el lado este, el ancho del muro se ve fragmentado por una puerta a dos niveles y con el arco apuntado.
Pero es en el muro sur del templo donde se encuentran los elementos más notables de su interior, entre ellos la portada actual, un arco de medio punto sobre el que voltean tres arquivoltas de potentes baquetones y las marcas de un desaparecido sobrearco. La línea de imposta, lisa, separa las arquivoltas de los elementos que las sustentan: tres columnas a cada lado, de fustes lisos, con un pequeño resalte en los extremos, sencillo detalle que también podemos encontrar en la portada de Goiain. Los fustes se apoyan sobre basas de garras con flores de lis esquematizadas en los ángulos.
Hacia la mitad del pórtico destaca un apeo sobresaliente en el muro, con dos finas columnas superpuestas a cada lado e incrustadas entre los sillares. Los fustes están rematados con sencillos capiteles vegetales y apoyados sobre basas de garras. Este muro se iguala en anchura con un contrafuerte que apreciamos en el centro. Pero lo más increíble es que en su interior se encuentra emparedada la portada principal románica, cuyo comienzo veremos en el interior. Rematando la parte superior, a ambos lados del contrafuerte, hay restos de la cornisa –decorada con medias bolas– y del sobrearco de la portada.
Al fondo del pórtico, en el tramo correspondiente al presbiterio, se conserva un bonito ventanal románico, al que las proporciones de sus elementos le otorgan un aspecto contundente y robusto, sin por ello perder la elegancia y delicadeza que le confieren los elementos ornamentales. Es un estrecho vano, cegado y rematado en arco de medio punto, sobre el que voltean tres arquivoltas con la arista en bisel. Las dos primeras son lisas y la tercera está decorada con puntas de diamante estriadas, motivo que se repite en los laterales externos de las columnas y en el alfeizar sobre el que se apoya el ventanal, creando una especie de marco al conjunto.
A ambos lados del vano, sustentando las arquivoltas, encontramos tres columnas a cada lado de cortos fustes monolíticos finamente decorados. Uno con motivos de encestado, tres con estrías entorchadas y otro con pequeñas cabezas de clavo. Los dos restantes se decoran con pronunciadas estrías verticales que llevan en la arista cabecitas de clavo. Las basas son cilíndricas y lisas, mientras que los capiteles se decoran con motivos vegetales de hojas y tallos entrecruzados con perlitas. Uno de ellos con incisiones en forma de medias lunas, y los dos capiteles exteriores, figurados, representando dos rostros de rasgos esquemáticos asomados entre finos tallos perlados. La decoración ocupa también el collarino y una fina línea sobre el capitel. Son bajorrelieves trabajados minuciosamente y con gran detallismo, sobre los que aún quedan restos de policromía posteriores. Estos motivos ornamentales ponen a esta ventana en relación directa con la Puerta Speciosa de Estíbaliz, y muestran que los artistas que intervinieron en Arluzea no fueron ajenos a ellos.

En la cabecera recta, más baja que el resto del edificio, se conserva la cubierta a doble vertiente y un ventanal románico marcando el eje, cegado, y con marcas que ponen de manifiesto que ha sufrido intervenciones. Hoy podemos ver un ancho vano rematado con arco de medio punto que cobija dos pequeños arcos gemelos apuntados. Sobre él dos arquivoltas en bisel: la primera, lisa, y la segunda, con puntas de diamante estriadas y un sobrearco liso, como la línea de imposta y el saliente del derrame del antepecho que lo remata en la parte inferior. Las columnas, dos a cada lado, siguen el mismo modelo que las del ventanal del muro sur. Tres de los fustes tienen decoración de estrías entorchadas y el cuarto un encestado con cabeza de clavo en el centro. Los capiteles presentan finas hojas y tallos entrecruzados, y sobre el fuste del encestado encontramos un rostro entre el ramaje. Las basas, con forma y decoración propias de capitel, hacen pensar en una reutilización. Posiblemente se trataba de un ventanal de proporciones similares al descrito en el muro sur que, con posterioridad, fue rasgado añadiendo otros fustes, por cuyo motivo no son monolíticos.
El muro norte conserva buenos sillares en el tramo de la cabecera y del presbiterio, donde también quedan bajo el alero restos de canecillos medievales, lisos y de perfil cóncavo. En el hastial de poniente vemos un estrecho vano bajo las marcas de la doble vertiente de la cubierta, que recuerdan la altura original del templo.
El interior del templo, de planta única, es un espacio rectangular con la cabecera poligonal y la nave de tres tramos cubiertos con bóvedas estrelladas de finales del siglo XVI o principios del XVII. Tras la actual cabecera se encuentra la sacristía, lugar que corresponde con el ábside románico del siglo XIII. Es un espacio cubierto con bóveda de cañón ligeramente apuntado en el que se encuentra el arco triunfal sencillo, con las aristas en bisel y apoyado en un modillón, sobre el que pasa una fina moldura que recorre el muro a ambos lados.
En el muro de la cabecera se refleja la ventana que hemos descrito en el exterior, pero en este caso su austeridad es total. Está formado por dos arquivoltas en arista viva que bajan por el muro a ambos lados del vano; una fina línea de imposta recoge el único motivo ornamental con el que se decora, líneas zigzagueantes que apenas pueden apreciarse por los encalados. El estado de conservación en el que se encuentra este ábside románico es malo, ya que las humedades han ido levantando diferentes capas del enlucido que cubre la pared, hasta dejar a la vista fragmentos de una greca con pinturas rojas de motivos ingenuos.

Ventana del muro sur 

Otro interesante resto medieval del interior del templo lo constituyen las primeras arquivoltas de la portada románica, que queda cegada y emparedada en el pórtico. Lo primero que vemos es un arco ligeramente apuntado, situado en el lado de la epístola, y que hoy sirve de entrada al reducido espacio donde se encuentra la pila bautismal.
La lectura de los elementos que la componen la encontramos en sentido inverso, ya que las jambas y arquivoltas se abren hacia el pórtico. El espacio sólo nos permite ver tres arquivoltas baquetonadas, lisas, que descansan sobre una línea de imposta muy estropeada. Bajo ella están los elementos sustentantes: tres columnas a cada lado, de fustes lisos apeados en basas de garras y rematados con capiteles poco desarrollados, decorados con hojas planas que vuelven las puntas hacia fuera en los ángulos, o llevan frutos colgando. El deterioro y los repintes impiden apreciar los detalles de la talla.

Baptisterio. Capiteles de la antigua portada 

Bajo el coro se halla una sencilla pila bautismal románica, compuesta por una copa semiesférica lisa, con un pie cilíndrico muy corto y apoyado sobre una basa cuadrada, decorada en las caras con sencillas hojas y en los ángulos con figuras deterioradas, en las que creemos adivinar un águila sujetando a una presa, una cabeza humana y a su lado un pequeño relieve que representa a un toro, otra cabeza humana y por último otra cabeza que podría corresponder a un león.
Todo ello nos indica que estamos ante otra posible representación del Tetramorfos, tema iconográfico que podemos ver repetido en otras pilas bautismales, como la que se encuentra en la iglesia de San Martín, en Baroja –aunque en este caso está medio perdido, ya que faltan dos ángulos–, o en la de la iglesia de Santa Eulalia en Markinez, que se representa en cada una de las cuatro caras que forman el pie de la pila bautismal.

Pila bautismal

 

Románico en la Llanada Alavesa
La Llanada Alavesa es una comarca alargada que ocupa una franja horizontal situada al noreste de la provincia de Álava.
Su orografía está formada por suaves y amables valles y llanuras que fueron surcados por antiguas vías de comunicación, como una antigua calzada romana que llegaba hasta Astorga y, ya en época medieval, por un ramal secundario del Camino de Santiago.
No es casualidad que algunas de las principales iglesias románicas de la Llanada Alavesa se encuentren precisamente en las localidades de esta vía jacobea alternativa que parece tuvo cierta pujanza en el siglo XIII.

El Románico rural de la Llanada Alavesa
El abundante y muy poco conocido (además de frecuentemente menospreciado) románico alavés tiene en la Llanada Alavesa una de las comarcas de mayor densidad.
Aunque hay numerosas variaciones en las características de estos pequeños templos, podemos afirmar algunos aspectos comunes:
·       Carácter tardío, pudiendo fecharlas en los últimos años del siglo XII y primeras décadas del XIII.
·       Sus puertas y ventanales suelen tener arquivoltas apuntadas, con frondosas decoraciones de tipo vegetal.
·       Son iglesias frecuentemente influidas por algunas pautas decorativas procedentes del Monasterio de Estíbaliz.
·       Aunque no se puede considerar una pauta general para el románico de la comarca, hay que decir que dos de sus iglesias (Alaiza y Gaceo) conservan pinturas murales, eso sí, de muy diferente carácter estético e iconográfico.
No obstante, hay, como ya dijimos, muchas variaciones pues encontramos iglesias con ábsides semicirculares y otros planos; portadas con arquivoltas de medio punto y otras apuntadas. Los canecillos de algunos templos son lisos pero hay otros muy decorados y con rica iconografía.
En efecto, si algo nos ha llamado la atención de buena parte de las iglesias románicas de la Llanada Alavesa es su riqueza escultórica, que a pesar de su carácter tardío, incide en temas de gran riqueza iconográfica y simbólica propias de románico más clásico: combates contra animales demoniacos, cabezas vomitando (o devorando) personas, aldeanos mostrando sus sexos, mujeres con serpientes y sapos, etc.
También se aprecia en la mayoría de los templos una gran simplicidad arquitectónica pero una gran elegancia (ya casi gótica) en sus arquerías murales y vanos (óculos, ventanales y portadas).
Según los autores López de Ocáriz y Martínez de Salinas hay restos románicos en más de ochenta lugares de la Llanada Alavesa. De todo este extensísimo panorama, hemos elegido una ruta que enlaza, de oeste a este, las iglesias de Hueto Arriba, Hueto Abajo, Oreitia, Elburgo, Gáceta, Añua, Alegría, Alaiza y Gaceo.

 

Hueto Abajo-Oto Barren
Hueto Abajo es un pueblo y concejo que pertenece al municipio de Vitoria-Gasteiz y está integrado en la llamada Zona Rural Noroeste. El pueblo está situado 13 km al noroeste del centro de la citada capital, en un valle al pie de la Sierra de Arrato. Desde Vitoria el acceso más cómodo se inicia en la Avenida de Huetos, continuando por la carretera A-3302 para, ya por la A-4310, llegar al pueblo.
En la Reja de San Millán se le cita, dentro del alfoz de Divina, del siguiente modo: Oto et Oto, tres regas. En el documento del obispo Jerónimo Aznar aparece como Oto de Yuso. También consta que a la reunión del Arcedianato de Álava, en 1295, asistieron cuatro beneficiados del entonces llamado Hueto de Yuso. Más tarde también se encuentra escrito como Gueto y Hueto de Vaxo. El licenciado Gil dice que tenía tres ermitas y una cofradía. Ha desaparecido la ermita de San Andrés y se conservan la de Nuestra Señora de Ubarriarán y la de San Vicente.
Hueto Abajo, junto con Hueto Arriba, fue señorío de los Hurtado de Mendoza. En 1332 los cofrades de Álava consiguieron de Alfonso XI la promesa de que el territorio, cedido entonces al realengo, nunca sería enajenado del mismo. Durante más de treinta años esta situación se mantuvo invariable, con muy pocas excepciones, entre ellas la de Hueto Arriba y Hueto Abajo, que Alfonso XI entregó a Juan Hurtado de Mendoza.

Iglesia de San Vicente
Ubicado en el extremo oriental de la localidad, el templo de Hueto Abajo es uno de los ejemplares más característicos del arte del siglo XIII avanzado en la Llanada Alavesa. La iglesia tiene un acentuado sentido de la verticalidad, propio de la segunda mitad del siglo XIII, y se adscribe al denominado románico de inercia.
Como resulta frecuente, la imagen exterior del edificio se encontraba sometida a construcciones adosadas a la traza principal, que velaban aspectos notables de la arquitectura medieval de origen. Así ocurría, hasta una reciente intervención, con la casa cural adosada al muro sur, que impedía la correcta visión del exterior de la iglesia y de su notable portada, oculta en el interior de un recinto menguado que cercenaba, con su poca altura, buena parte de la pieza. Además, tras la lectura estratigráfica efectuada con motivo de la mencionada intervención, se han podido documentar seis grandes fases histórico-constructivas, entre las que sobresale la perteneciente a una iglesia anterior, prerrománica, que a pesar de conservar varios metros de alzado al Oeste del actual templo, había pasado totalmente desapercibida hasta ese momento.
Lo más bello del exterior de la iglesia es su magnífico ábside poligonal, articulado en cinco ochavos, entre los que destacan los tres fronteros. Basta una simple mirada para percibir esa fusión entre el nuevo impulso renovador de la arquitectura –que evoca con sus esbeltos estribos los nuevos aires del gótico– y la tradición ornamental románica, arraigada en los canes, ventanales y columnas adosadas. El aparejo de la cabecera se dispone de tal manera que contribuye a destacar el cuerpo central. Así, de los tres cuerpos superpuestos, el inferior se apareja con un mal sillarejo, simplemente desbastado más que tallado; el central con buena sillería, y el superior, hasta el tejado, con simples mampuestos, lo mismo que los dos paramentos laterales que completan la cabecera. El impulso vertical de los estribos, que en su parte central adoptan medias columnas con capiteles vegetales muy pronunciados, se contrarresta con las impostas que separan horizontalmente los tres cuerpos.
Toda la decoración, a excepción de los canes, se concentra a la altura del cuerpo medio, en los tres ochavos centrales, donde se abren otros tantos ventanales de similares medidas, arcos ligeramente apuntados y arquivoltas y trasdoses de medio punto.
El ventanal central luce la decoración más refinada y dispone baquetones en sus arquivoltas primera y tercera, mientras que la segunda exhibe acantos estilizados. Voltea el arco sobre tres pares de columnas adosadas, con elegantes capiteles de acanto, estilizados y perlados, bien labrados y dispuestos en doble altura. Los vanos laterales tienen baquetonadas sus arquivoltas, y se apean en seis finas columnas de baquetón, rematadas por incisiones triangulares paralelas, en lugar de por verdaderos capiteles. Esta simplificación, según indica J. Javier López de Ocáriz, recuerda las portadas y ventanales característicos de la zona cercana a Maestu, con paralelos también en la Llanada Oriental. El trasdós de los tres ventanales es ajedrezado y, paralelo a su borde interior, lleva una sarta de besantes, pero sólo en el ventanal central.


Ventana central

El vuelo del tejado descansa en la cornisa, sostenida por interesantes y caprichosos canes de cuidada talla. En algunos casos han quedado muestras del color que resaltaba sus rasgos. Los canes del costado norte y de los últimos tramos del sur son lisos, mientras que los de la cabecera están decorados con gran variedad de motivos. De este rico repertorio –uno de los más representativos de la Llanada alavesa– destacan, de Norte a Sur: cabeza de hombre con prominente nariz; cabeza de felino con grandes dientes; testas de animales; busto humano encapillado; dama con tocado de barbuquejo y manos elevadas a la altura de los hombros; hombre con hocico de simio; figura humana con la cabeza hacia abajo, muy deteriorada; rostro caricaturesco de mujer, que muestra sus dientes; cabeza semihumana con puntiagudas orejas y alargando manos y uñas a ambos lados de la boca; carátula doble; rostro de hombre imberbe, con arrugas en la frente, cejas muy arqueadas y nariz aplastada; busto de hombre de corta melena y rollo en la mano derecha, con aspecto de escribano, del que Micaela Portilla sugiere que pudiera tratarse de Juan Mateo Ferradar, natural de los Huetos y cobrador real de contribuciones a finales del siglo XIII; diversas cabezas humanas y de animales; figura de hombre de corta melena vestido con túnica; lucha de villanos; rostro de hombre con cabello ondulado, bigote y barba bífida; busto de mujer con un sapo y una serpiente en cada uno de sus pechos (la lujuria); águila en posición frontal, cebada sobre un gazapo; un ser monstruoso que muestra extraños apéndices y se apoya en patas con zarpas; por último, un bellísimo canecillo en el que se representa la cabeza de un animal monstruoso con la boca muy grande y abierta en la que aparecen, como si fueran la última parte que le queda por engullir, dos pies humanos en graciosa posición, probablemente sea una representación de Leviatán o el Engullidor.


Detalle 



Detalle 

La espadaña se sitúa adosada al extremo sudoeste del templo. Construida en sillarejo, se desarrolla en dos cuerpos. Abre en el inferior dos arcos de medio punto y otro en el superior, con remate a dos aguas y cruz de forja.

Se accede a la portada a través de un pórtico de dos arcos de medio punto de piedra de sillería, uno de ellos con función de puerta. Consta ésta de arco apuntado, con cinco arquivoltas de baquetones múltiples, muy pronunciados y sin decorar, y una carátula en la clave central.
Esta portada presenta una estructura ya gótica, pero su temática esculpida sigue siendo románica. El sobrearco, del que únicamente queda una pequeña parte en el lado derecho, se decora con puntas en zigzag y se apea en ménsulas con el tema de la Dama y el Caballero, muy repetido en la Llanada Alavesa. Así, en el costado derecho, se representa un rostro humano masculino barbado, de facciones serenas, enmarcado por corta melena con flequillo y con bonete, mientras que, en el costado izquierdo, se contrapone el rostro de una dama con cilíndrico y alto tocado de cendal. J. Javier López de Ocáriz y Felicitas Martínez de Salinas ponen de relieve el contraste entre la abundancia de este tema en el románico alavés y su carencia en otros lugares e indican su posible relación con los fundadores o patronos de la iglesia.
Voltean las arquivoltas en cinco columnas por lado, con capiteles corridos. Una franja decorativa, formada por tres hileras de cuadrifoliadas hojas carnosas, se extiende por todo el costado derecho de la portada, en lugar de los capiteles, abrazando molduras e intercolumnios. Este naturalismo en la fronda acusa el paso del simbolismo románico al realismo del gótico, denotando el nuevo espíritu que ya proclama. En los capiteles de la izquierda, entre un fondo de hojas análogas, destacan distintas figuras. De dentro a fuera son un águila, cuya cabeza se ha perdido, en posición frontal y con las alas extendidas, cebada en conejo –la representación de este tema es muy frecuente, sobre todo en la Llanada Alavesa–; un hombre muy grueso, mofletudo y corto de piernas, que parece sostener la imposta que corre por encima de los capiteles; animales enfrentados; y dama con toca de barbuquejo y manos en alto, simulando soportar la imposta.

El interior del templo dispone ábside poligonal de cinco lados y nave compuesta por tres tramos, que se cubren con bóvedas de nervios cruzados en diagonal.
La cabecera se articula en cinco ochavos armados con arcos de descarga que se apoyan en carátulas sobre las que cabalgan los plementos de la bóveda, sustentados por cinco nervios, que se apean en columnillas con capiteles florales y confluyen en la clave central, de ornamentación vegetal. El arco apuntado, con molduras y muescas, se apea en medias columnas con capiteles de fronda.
El primer tramo de la nave forma el presbiterio, separado del resto por el apuntado arco triunfal, que descansa en un pilar compuesto por un frente de dos medias columnas gruesas y pareadas –correspondientes, según Lambert, a la escuela hispano-languedociana–, y dos columnillas a los lados recibiendo el empuje de los nervios. Los capiteles de las columnas se decoran con acantos estilizados, y sus basas son de garras. Las columnillas de los flancos disponen en sus capiteles figuras de ángeles tañendo cuernos y señalando a lo alto con su mano derecha, símbolos, según indica Micaela Portilla, de la proclamación del Evangelio. También se representa la cabeza de una dama con toca y barbuquejo.
La clave del presbiterio es una máscara vegetal, la del primer tramo un Agnus Dei, y la del segundo una flor. En el tercer tramo de la nave es más acusada la influencia gótica, y dispone un arco más apuntado que se apea en pilares fasciculados de tres elementos cilíndricos. Como capiteles, y abrazando el triple fuste, unas bandas decoradas con carátula central y hojas carnosas muy naturalistas, de tradición ya gótica. Las bases de estos pilares presentan en sus ángulos anfibios o bolas cubiertas por punta de follaje.
En el interior los ventanales del ábside quedan ocultos por el retablo neoclásico, erigido en el año 1789. Sin embargo, queda visible uno en el presbiterio, que en el momento de la edificación de la iglesia se abría al exterior por el muro sur y que hoy da a la capilla de San Blas, añadida con posterioridad.
Se trata de un hermoso y esbelto ventanal, con arco de medio punto, cuatro columnas a cada lado, dos de ellas exentas, y acantos en la arquivolta primera y en el trasdós, siendo baquetonada la segunda arquivolta. Los capiteles, delicadamente trabajados, son muy bellos. En el exterior de la izquierda se representa la figura de Cristo vestido con túnica talar que cae formando pliegues, y que se recoge en el hombro izquierdo dejando ver su torso desnudo. Sostiene, con su mano izquierda, una gran cruz, mientras que bajo su brazo derecho, extendido, aparece la figura inclinada de Santo Tomás, que alarga su mano para tocar el costado de Cristo resucitado. El capitel interior muestra, bajo una arquería, tres santos, de los cuales se reconoce a San Pedro por las llaves. Los del lado derecho exhiben decoración vegetal: el interior acantos estilizados, y el de fuera, hojas muy poco marcadas. Este ventanal se abre hacia la capilla de San Blas en arco de medio punto, con dos arquivoltas que voltean en cuatro columnas con capiteles vegetales. El interior derecho ostenta dos arpías aladas sobre las hojas.


Hueto Arriba
Hueto Arriba es un pueblo y concejo perteneciente al municipio de Vitoria-Gasteiz, muy próximo a su homónimo, Hueto Abajo, junto con el que entregaba tres rejas a San Millán de la Cogolla, dentro del alfoz de Divina. El pueblo está situado 14 km al noroeste del centro de la citada capital, a media ladera de la vertiente sur de la sierra de Badai. Esta sierra dibuja un complejo sistema montañoso que se distingue por su configuración geológica, favorable a la formación de cavidades subterráneas. Hay catalogadas un gran número en su subsuelo, destacando entre ellas la cueva de Los Goros. En esta cueva, y junto con restos humanos, se encontró un importante ajuar de carácter visigótico. Entre los objetos encontrados sobresale una hebilla de cinturón de hierro, con rica ornamentación damasquinada en plata y cobre. Datadas en el siglo VII, estas piezas se encuentran actualmente en el Museo de Arqueología de Álava.
En el pasado recibió los nombres de Oto, Oto de Suso, Hueto de Suso, Cueto, Ueto, Güeto Arriba, hasta llegar a su denominación actual. El licenciado Gil dice que dicho lugar es de la misma vecindad de Hueto de Yuso y del mesmo señorío añadiendo que tenía cinco beneficiados, uno de los cuales hizo de notario en la visita que él ejecutaba. Cita, además, a la ermita de Santiago, que hoy subsiste.
Fue tierra de los señores de Martioda, de la Casa de los Hurtado de Mendoza, y formó, con la vecina localidad de Hueto Abajo / Oto Barren la hermandad de Los Huetos, que en el siglo XIX quedaría constituida en municipio. En 1975 el municipio de Los Huetos quedó anexionado al de Vitoria.

Iglesia de la Natividad
La iglesia parroquial es un ejemplo típico de templo románico en el País Vasco. Del siglo XIII y de buena traza, se sitúa en el extremo oriental del pueblo, sobre una ligera elevación del terreno. La iglesia estaba afectada por la presencia de una serie de construcciones adosadas en estado ruinoso (sacristía, casa rural y albergue) que dificultaban mucho la correcta lectura del edificio. Distintas actuaciones llevadas a cabo entre los años 1994 y 2000 hacen que hoy se pueda contemplar libre de añadidos. Tiene una primera traza característica del románico, que reúne el ábside semicircular y el primer tramo de la nave. El carácter transitorio del estilo hace que la continuación del templo hacia los pies participe ya de los albores del gótico.
La traza del templo y, particularmente de su ábside, constituye un hermoso ejemplo de sobriedad por la ausencia total de decoración en las ventanas, las impostas y los modillones. Esta austeridad, sin embargo, no impide apreciar la belleza y armonía de sus proporciones.
Desde el exterior se contempla el bello ábside semicircular, de sillarejo, con tres ventanales de medio punto. Tienen tres arquivoltas y trasdós en arista biselada, lo mismo que las jambas. Dos impostas corridas y lisas circundan el ábside horizontalmente y lo articulan en tres cuerpos.
Con la separación marcada por un contrafuerte plano, la cabecera se prolonga en un tramo de su misma altura, también de sillarejo. En él, y en el muro sur, se abre un ventanal similar a los descritos en el ábside. Este vano se encontraba oculto hasta la aludida eliminación de la sacristía, que se emplazaba, adosada, en este espacio del muro sur.


El resto del edificio es de mampostería y mayor altura. Un tejaroz con canes lisos destaca en la construcción. Situada sobre el hastial de poniente, la espadaña se compone de dos cuerpos. El inferior es románico, con dos arcos apuntados. El superior, de menor proporción, con arco de medio punto y remate triangular, pertenece ya al siglo XVII.

La portada, del siglo XIII, se ubica bajo un pórtico realizado en la mencionada intervención. Está formada por un arco de medio punto en arista y dos arquivoltas dobles. La interior está compuesta de media caña y hojas de acanto estilizadas con la punta vuelta hacia el frente, mientras que la exterior consta de baquetón y bolas sobre hojas alargadas que vuelven su punta sobre ellas mismas. Sigue el modelo de Estíbaliz en los graciosos fustes decorados de sus cuatro columnas, con encestados de bandas planas, las exteriores, y reticulado por cuadrifolios con botón entre los huecos, las interiores. Los capiteles se decoran con trenzado de tallos estilizados, grandes hojas dentadas, una carátula estilizada y flores. Sus basas son de garras, con decoración arqueada.


Ya en el interior, el edificio se articula en nave única cubierta por bóveda de medio cañón apuntado y tres tramos separados por arcos fajones, también apuntados, apoyados sobre pilastras. El ábside –con bóveda de horno– y el primer tramo componen el presbiterio, siendo éste de menor altura que el resto del templo. El arco triunfal, doblado y apeado en pilastras con semicolumnas y capiteles vegetales, actúa de coherente enlace en esa transición de estilos, ya comentada, del románico a los albores del gótico.
El retablo mayor, barroco, oculta el ventanal central, pero permite apreciar los laterales, compuestos por arcos de medio punto doblados.


Capitel del arco triunfal 

Atesora el templo de Hueto Arriba una magnífica pila bautismal, completamente cubierta de decoración, que Micaela Portilla data en el siglo XIII, en la que aparecen conjugados, armoniosamente, motivos románicos y góticos. Este ejemplar ha sido calificado de excepcional, tanto por la calidad como por la cantidad de la ornamentación que la envuelve. Así, López de Ocáriz indica que posee la iconografía más rica y más compleja que podemos hallar en las pilas bautismales vascas.
Consta de un simple basamento moldurado sobre el que se sitúa el pie, troncocónico irregular, decorado con hojas y frutos de vid. En la taza, semioval con prolongación superior cilíndrica, la decoración aparece dividida en tres niveles o franjas, y la mayoría de las figuras se hallan inscritas en sus respectivos cubículos. Mientras que en el nivel superior aparece una iconografía específicamente religiosa, en los dos inferiores predominan signos y tipologías de carácter variado.


La franja superior consta de arquería creada por arcos trilobulados, inscritos en otros de medio punto, bajo los cuales se cobijan veinticuatro figuras que representan apóstoles, profetas, clérigos tonsurados, un sacerdote oficiante, frailes franciscanos y la Anunciación. En la franja intermedia se disponen diversos motivos florales y figurativos, como el Agnus Dei, dos leones rampantes flanqueando una fortaleza de tres torres, dos águilas afrontadas que sujetan con sus respectivas garras sendos conejos, y un monstruo alado con grandes dientes. La tercera franja va distribuida en nueve casilleros, por bandas verticales que separan los motivos. Se repiten varias representaciones de la segunda: panela, flor de lis, castillo entre leones rampantes, óculo trilobulado, panela, flor de lis, castillo entre leones, ave y flor de lis.

 

Oreitia
Oreitia se sitúa en el antiguo Camino de Santiago que procede de Francia. Hoy en día pertenece al municipio de Vitoria-Gasteiz, y desde la ciudad, de la que dista algo menos de 11 km, se accede por la carretera N-104 hacia San Sebastián, tomando el desvío de la A-3110 a la derecha tras Ilárraza y siguiendo por ella. La primera salida a la izquierda lleva directamente a la plaza de la iglesia.
Con el mismo nombre actual, junto con Matauco, pagaba tres rejas al monasterio de San Millán de la Cogolla dentro del Alfoz de Harhazua, mientras que el obispo Jerónimo Aznar la denomina Oreytia.

Iglesia de San Julián y Santa Basilisa
E l edificio actual se divide en dos etapas constructivas: la cabecera poligonal con siete lados y el primer tramo de la nave pertenecen a la construcción medieval, mientras que el segundo cuerpo, más ancho que los precedentes, es ya del siglo XVI. El pórtico pertenece al siglo XVII, y la sacristía se sitúa entre los siglos XVI y XVII.

El ábside se cubre con bóveda de ocho nervios que parten de una clave con motivo floral y descansan en columnas con capiteles de hojas carnosas. El arco triunfal apuntado reposa en capiteles de hojas muy naturalistas, y entre los del lado izquierdo asoman dos cabezas humanas con cabello partido. Bajo ellos se disponen dos pilares compuestos, con medias columnas en el centro y baquetones a los lados.
El tramo siguiente de la nave está cubierto por bóveda de arista con clave de cruz. Los apeos son similares a los del arco triunfal, aunque en la zona que converge con la construcción del XVI las repisas son ya de este siglo. Tanto el ábside como el primer tramo muestran una evolución que apunta claramente hacia el gótico. El último tramo se cubre con bóveda con complicados nervios en forma de cruz reticulada.

En el muro sur de este tramo se conserva tanto la portada románica tardía como un ventanal contemporáneo a la portada. La portada avanza sobre el muro principal en un añadido con sillería, que se remata con una imposta de hojas lanceoladas con puntos, la misma que encontramos en Argandoña. Consta de cuatro arquivoltas apuntadas, la interior decorada con una moldura polilobulada de arcos cruzados, de gusto orientalizante o mudéjar, y relacionada con el taller de Durana, Otazu, Argandoña y Gordoa; el resto de arquivoltas son de baquetón liso. Descansan sobre una imposta que se decora, en el lado izquierdo, con tallos vueltos y hojas con forma de corazón, y en el derecho, con tallos ondulantes con hojas muy naturalistas.

Las jambas se decoran con cuadrifolios salientes en su arista. Consta de cuatro columnas a cada lado, tres bajo las arquivoltas y una en cada flanco exterior, de fuste liso y basas de garras. Los capiteles son historiados y vegetales: de izquierda a derecha se ven cuatro palomas, dos de ellas picando tallos afrontadas hacia el vértice; lucha de un ángel con un dragón, el tema de San Miguel y el Demonio; dos dragones afrontados con cola de serpiente; y flores y hojas estilizadas de relieve plano. Los dos intercolumnios muestran un glouton o engullidor y un capitel geométrico con zigzag. En el lado derecho los capiteles son todos vegetales, el central con tallos cruzados y volutas planas, y los otros dos con tallos cruzados y hojas carnosas vueltas hacia afuera. Los intercolumnios son vegetales de carácter naturalista. 


A la derecha de la portada se encuentra la ventana, de arco de medio punto abocinada, con la arquivolta exterior de arista viva y la interior moldurada. La imposta está bastante deteriorada pero quedan restos de una moldura de tres bandas horizontales. Los capiteles presentan decoración vegetal, de hojas anchas y festoneadas, el exterior izquierdo, y de roleos hacia afuera, los restantes. Los fustes son lisos y las basas de garras. En el interior la ventana presenta sólo un par de columnas con capiteles de roleos y basas con pequeños cuadrados.

Ventana muro sur 

Capitel de la ventana 

Capitel de la ventana 

En el exterior los restos románicos se concentran en el ábside poligonal. En el primer paño, en el lado sur, se aprecia un sobrearco apuntado sobre una ventana, apoyado en ménsulas muy deterioradas. Hay restos de las columnas románicas de fuste liso y sus capiteles vegetales con volutas y roleos poco marcados, así como trozos de imposta. Sobre él, un magnífico canecillo en el que un monstruo –con grandes dientes, ojos rasgados, pelo, y orejas puntiagudas– engulle a una figura femenina que cuelga de su boca por las piernas.

En el siguiente paño se ve uno de los pocos óculos románicos que se conservan en Álava, con círculos concéntricos, el interior decorado con rosetas de cinco pétalos y botón en el centro. Sobre el óculo hay otro canecillo: una máscara calva con la boca desmesuradamente abierta y larga lengua. Entre este can y el óculo se encuentra una de las pequeñas joyas del románico de la Llanada, la representación de un caballero exquisitamente detallado, como no hay otro en el territorio. La figura redondeada del caballo se engalana con un aparejo de bolas al cuello, y se detallan perfectamente las cinchas, el estribo, los arneses, las crines y la cola, e incluso las herraduras de sus patas.
Quizás la cabeza del equino sea algo pequeña dentro del conjunto. El caballero, de altivo porte y mirando hacia el Oriente, lleva lanza con banderola y escudo almendrado, casco, espada al cinto, y calza espuelas, y, aunque lo más deteriorado del conjunto sea su cabeza, se aprecia perfectamente la perilla. En Álava hay otras representaciones del caballero, como las conocidas de Armentia, la pila de Margarita, el San Martín a caballo de Tuesta o los abundantes sagitarios –incluso se habla de la filiación con la imagen de Constantino a caballo por su porte imperial–. Sin embargo, este caballero se puede relacionar con el caballero peregrino a Compostela, algo perfectamente lógico dado que Oreitia se enclava en pleno Camino de Santiago, apoyando tal relación con el hecho de que cabalga hacia el poniente, rumbo a Galicia.
En el siguiente lienzo se observa otro canecillo con una representación muy realista de un macho cabrío. En el ochavo central se abre una ventana plenamente gótica, y sobre ella aparece un can con mascarón de boca entreabierta. El siguiente paño cobija otro canecillo monstruoso en actitud exhibicionista, con las fauces abiertas devorando a un personaje del que se ve el trasero. En el siguiente hay una especie de tonel o rollo muy saliente, con dos orificios, bastante extraño, y en el último lienzo otro mascarón de ojos rasgados, nariz alargada y expresión cruel.



Existen documentadas tras el retablo mayor unas pinturas góticas, de finales del siglo XV. Todo el conjunto de la iglesia de Oreitia muestra un románico de inercia en ocasiones mezclado ya con el gótico.

 

Elburgo
Es un municipio con ayuntamiento propio que pertenece a la Cuadrilla de Salvatierra. Desde Vitoria, situada a casi 12 km, el acceso se realiza por la N-104 atravesando Elorriaga, Arkaute e Ilárraza. Tras esta población, tomando a la derecha el desvío por la A-3110 en dirección a Alegría-Dulantzi, se llega al pueblo.
Se le supone un origen muy antiguo. En el documento de la Reja se le llama Burguellu, y junto a Garonna, el actual despoblado de Garaona, pagaba dos rejas a San Millán, ambos integrados en el Alfoz de Hiraszaeza. En 1337 el rey Alfonso XI le otorga el título de Villa anexionándole los lugares de Gazeta, Argomaniz, Arrarain, Quilchano, Garaona, Añua, Arbulo e Hijona, lo que provocará que algunas de estas aldeas queden despobladas al acudir sus vecinos a vivir a la nueva villa.

Ermita de San Juan de Arrarain
Se trata de la antigua parroquia del despoblado de Arrarain, o Arrayn, situado a las afueras de Elburgo. Para acceder hasta allí se toma la A-3110 y, sin entrar en el pueblo, a la izquierda, hay una salida que conduce al antiguo molino, con un camino vecinal que pasa sobre el río y llega directamente a la ermita. Hoy es la capilla de un cementerio. En el documento de la Reja aparece mencionado este lugar como Hararihini, y pagaba una reja al monasterio riojano. Se despobló al anexionarse a Elburgo.
Del edificio románico se conserva el ábside semicircular y el presbiterio, ambos realizados en sillería bien cortada. El resto de la construcción –la nave, la portada y la cubierta de madera– datan del siglo XVIII. Es un edificio de dimensiones muy reducidas pero de gran riqueza decorativa, enclavado en un bello paraje. El ábside se cubre con bóveda de horno, mientras que el presbiterio lo hace con bóveda de cañón. El arco triunfal es de medio punto y se apoya en dos pilastras con sendas medias columnas adosadas con imposta con decoración geométrica.El capit
el de la izquierda muestra una figura con alas desplegadas que cobija a otros dos bustos humanos, mientras que un personaje a cada lado ayuda a abrir sus alas. En el de la derecha se ven motivos triangulares con incisiones, dispuestos alternativamente hacia arriba y hacia abajo, y un ábaco con talla rehundida formando una rejilla.


En el centro del ábside se abre una ventana abocinada de medio punto con una arquivolta en arista viva, e imposta sobre una columna a cada lado de fuste liso, basas con decoración geométrica y capiteles historiados.


En la cesta de la izquierda aparece un eclesiástico con vestiduras talares y los brazos extendidos, y junto a él un personaje atacado por una serpiente. En el capitel de la derecha se repite el tema del personaje alado cobijando a otros. En los muros norte y sur del presbiterio se abren sendos nichos, y sobre el meridional se dispone una pequeña saetera.

En el exterior la cabecera se asienta sobre restos de sepulcros de piedra. El ventanal del ábside presenta de nuevo una única arquivolta moldurada, imposta y un par de columnas con basas sogueadas y capiteles decorados. El izquierdo, muestra una lucha de villanos, mientras que una tercera figura, en el lado exterior, mira la escena, y en la cara interior hay un cuadrúpedo; en el capitel derecho y en la cara interior se representan tres figuras con largas vestiduras y en actitud de caminar. Junto a ellas una cruz procesional medieval, y dos aves –ya en el exterior– posadas ante ella.


En Arrarain se encuentra un curioso grupo de canecillos bajo el alero del tejado. Desde el lado sur y rodeando el ábside se ven: un tonel; una cabeza de fiera con las fauces abiertas y larga lengua; un personaje con barba tañendo un instrumento de cuerda y arco, posiblemente una vihuela de arco; otro músico con un instrumento que parece punteado, como una zanfoña; después hay tres canes lisos, y tras éstos un elemento vertical cuya parte superior se ha perdido; una cruz; decoración de ajedrezado; estrías verticales; otro can liso; y ya en la zona del cementerio, al norte, un guerrero con espada en alto y escudo; y can liso con una pequeña decoración de hojas en su esquina superior derecha. 


Todos estos elementos, de ejecución arcaizante –que incluso se han relacionado con influencias de edificios prerrománicos o visigóticos, como Quintanilla de las Viñas por el capitel de la cruz procesional– hacen que esta ermita de Arrarain se feche a finales del siglo XII, por lo que se puede hablar de uno de los edificios románicos más antiguos de la Llanada.

 

Añua
La localidad de Añua pertenece al ayuntamiento de Elburgo y está dentro de la administración de la Cuadrilla de Salvatierra. Desde Vitoria, situada a 13,5 km, se accede de dos maneras: la primera saliendo hacia San Sebastián por la carretera N-104, tomando la A-132 tras Elorriaga, y después de pasar Ascartza, Argandoña, Andollu y Trokoniz, un desvío por la A-4121 conduce directamente al pueblo. La otra posibilidad es tomar la N-104, continuar hasta Ilárraza y tomar la salida en dirección a Alegría-Dulantzi, circulando por la A-3110 y dejando atrás Elburgo. A la derecha está la salida hacia Gazeta y Añua por la A-4121.En e
l documento de la Reja el pueblo es denominado Aniu, y paga una reja dentro del Alfoz de Hiraszaeza. En 1294 queda registrado que Añua aporta 900 maravedíes para la campaña de Tarifa contra los musulmanes, lo que verifica que era una localidad próspera. Sin embargo, con la crisis del siglo XIV, Alfonso XI anexiona Añua a la recién creada villa de Elburgo en 1337.Iglesia 

de la Natividad de Nuestra Señora
A pesar de su presencia histórica en la zona donde se enclava, la parroquia de la Natividad de Añua apenas aparece mencionada en la bibliografía tradicional. El edificio consta de cabecera, formada por ábside y presbiterio, correspondientes al siglo XIII tardío, mientras que el cuerpo de la iglesia y la torre corresponden al XVI, y la sacristía y el retablo al siglo XVII.

Centrando la atención en la parte románica de la construcción, el ábside de Añua es un ejemplo en la transición del románico al gótico que no se vuelve a repetir en toda la provincia. Al exterior, la cabecera ochavada está compuesta por cinco paños separados por baquetones; el quinto, en la zona norte del templo, está oculto por el anexo de la sacristía.
El ábside se moldura con arquerías ciegas de arcos apuntados en pareja, que se apoyan en columnillas finas que estilizan el conjunto. Esta solución sitúa la construcción de la cabecera en un siglo XIII avanzado, adelantando fórmulas del gótico. En el tramo recto del presbiterio, en el lado sur –ya que el lado norte queda oculto por la capilla–, continúa la molduración con las arquerías ciegas, esta vez dos parejas de dos arcos apoyados en columnillas. Estos arquillos apuntados descansan en capiteles vegetales naturalistas (hojas de parra, roble), pero también en ménsulas –las centrales de cada par de arcos, con decoración de animales, como pájaros picoteando–. Las impostas se decoran también con tallos ondulantes, diversos tipos de hojas, flores, cabezas humanas y animales reales y fantásticos.


En la cabecera se abren tres ventanas, una en el muro del presbiterio y las otras dos en los paños primero y tercero. Las tres presentan arcos apuntados, dos arquivoltas y sobrearco, con dos pares de columnas a cada lado. La decoración de las arquivoltas es muy estilizada, ya muy próxima al gótico, con elementos vegetales y naturalistas, pero hay motivos que aún mantienen la tradición románica. Los fustes son lisos, y algunos de ellos se han perdido.
En los capiteles de la ventana del presbiterio se ven, de izquierda a derecha, tres personajes femeninos con toca y pomos en las manos; cogollos de hojas salientes; a la derecha interior, una cabeza en el ángulo con una arpía a cada lado; y dama con barbuquejo. La ventana del primer lienzo recoge en sus capiteles, de izquierda a derecha, hojas acorazonadas planas; hojas curvadas vueltas hacia adelante; dos flores de seis pétalos inscritas en círculos, con una hoja en el vértice, y encima tallos vueltos con cabezas de animales asomando en los huecos; y águila en presa sobre un conejo.



La ventana central sólo presenta la arquivolta exterior decorada por dovelas: hojas y racimos de uva, fragmentos de palma, un rostro femenino con el cabello partido y un ejemplar de zapalota o panela, planta acuática de la familia del nenúfar frecuente en los ríos de Álava y muy relacionada con la heráldica alavesa. El sobrearco y la imposta se decoran con motivos de hilera de foliolos, el primero, y tallos ondulantes con hojas, la segunda. De izquierda a derecha los capiteles muestran hojas de poco relieve en dos fajas horizontales en el exterior, y dispuestas verticalmente en el interior. En el lado derecho el interior muestra tres personajes: los de las esquinas extienden un paño por delante del personaje central, y aparecen alados, por lo que podrían representar a un difunto conducido por ángeles. El último capitel muestra hojas naturalistas, abajo, y otras estilizadas y vueltas hacia afuera, encima.
En el muro del presbiterio, sobre las arquerías ciegas, aparecen tres óculos floreados de seis hojas, y otros dos óculos debajo de sólo tres hojas. Otro óculo de estas características está en el segundo paño del ábside, y todos ellos indican la tendencia gotizante del conjunto. Bajo el tejado, y recorriendo todo el ábside, se halla una de las colecciones de canecillos más interesantes de la Llanada.
Los más especiales se encuentran en el lado sur, y presentan un arcaísmo propio del románico, mientras que los demás recogen temas vegetales. Comenzando desde el sur del presbiterio, de izquierda a derecha, hay seis: un mascarón deteriorado; una cabeza de facciones muy marcadas, parece que sacando la lengua, y elemento cilíndrico bajo la barbilla; una cabeza estilizada con cubierta de piel de cabeza de león como casco; un león con garra levantada y una bola en ella; una cabeza de toro de ojos marcados; y una cara sonriente con capucha puntiaguda, como de juglar.



En el primer paño hay cinco canes: un mascarón caprichoso, de ojos exagerados y boca con extraña lengua colgante; una dama con tocado de barbuquejo, mirando hacia arriba, y brazos unidos delante, en actitud exhibicionista; una figura masculina, también exhibicionista; un hombre sentado blandiendo martillo de pico y corte como una escoda, por lo que claramente representa a un cantero; y una gran cabeza monstruosa de grandes ojos almendrados, nariz ancha y dientes afilados.
El segundo paño presenta cuatro canes: una pareja de encapuchados dándose la espalda; dos personajes que se acercan dándose la mano a ambos lados de una columna; una cabeza monstruosa con las fauces abiertas; y una cabeza sonriente. El tercer lienzo muestra otros cuatro canes: una cabeza con grandes dientes, deteriorada; una cabeza de toro, bella y estilizada; y dos más con volutas vegetales. El cuarto paño muestra un can con bola de caperuza; bolas con volutas encima; palmetas estilizadas; y ménsula con forma de capitel, aprovechada con decoración vegetal y relieve floral. El quinto lienzo está, como ya se ha mencionado anteriormente, oculto por la sacristía.
Al interior, la iglesia de Añua presenta nave única con bóveda de terceletes con una buena decoración de grisallas, contemporáneas a la construcción renacentista. El ábside se cubre con bóveda de seis nervios, con una clave central donde se representa el Cordero, y, sobre él, hacia la nave, una pequeña figura que parece tocar un instrumento de viento. Hasta la restauración de la iglesia, toda la cabecera estaba oculta por el retablo mayor, que hoy se sitúa en la capilla a la izquierda de la nave. Los nervios se apoyan en cuatro semicolumnas que bajan hasta el suelo y que presentan capiteles decorados: de izquierda a derecha, una cabeza deteriorada con ojos grandes y fauces; hojas carnosas naturalistas; volutas deterioradas; y dos aves de las que sólo quedan las alas, con imposta de tallos ondulantes y hojas encima. El arco toral de la cabecera apea en pilastras con ángulos baquetonados y capiteles florales, el de la izquierda con palmetas aveneradas, y el de la derecha con hojas acorazonadas con las puntas hacia arriba.
Al interior aparecen las dos ventanas exteriores, más una tercera que se abre en el quinto paño, exteriormente oculta por la sacristía. La ventana derecha está muy deteriorada, aunque se intuye que los capiteles serían vegetales. Las arquivoltas presentan también decoración vegetal. La ventana central, ya gótica, con la arquivolta exterior decorada y restos de policromía en todo el conjunto, presenta temas vegetales en sus capiteles, hojas estilizadas vueltas hacia afuera o verticales hacia arriba, e imposta con flores y tréboles. La ventana del lado norte tiene arco de medio punto, dos arquivoltas baquetonadas, imposta de hojas redondeadas rodeadas por tallos, y capiteles pequeños sobre conjuntos de tres columnillas, de izquierda a derecha: una cabeza en ángulo y vegetales a los lados; hojas verticales estilizadas; tres ramas con racimos y cabezas de animales en los huecos; y hojas carnosas vueltas hacia afuera. Conserva restos polícromos en tonos rojos, ocres y azules.


Ventanas de la cabecera vistas desde el interior 

Ventana de la cabecera desde el interior 

El presbiterio se cubre con bóveda de crucería y clave floral. Su arco toral descansa sobre pilastras con columnas adosadas en sus frentes, y sus capiteles, muy bellos, recogen temas animalísticos. A la izquierda, aún sobre el pilar, se ven dos galgos con las cabezas bajas, atados uno a otro por el cuello; sobre la columna hay un águila con grandes alas en presa sobre un conejo de largas orejas; dos cuadrúpedos con cola de reptil apresados por tentáculos con ventosas; y sobre la pilastra, hojas acorazonadas verticales muy planas. En el lado derecho, sobre la pilastra hacia la nave, hay ramas con tres hojas verticales planas; dos ocas o gansos, con las plumas muy bien labradas, con los cuellos cruzados mordiendo uno el lomo del otro, y un personaje sonriente tras el cuerpo de una de ellas; y máscara monstruosa de enormes dientes sobre la pilastra hacia el presbiterio.

Capitel derecho del arco triunfal

Capitel izquierdo del arco triunfal 

La ventana sur exterior presenta al interior las dos arquivoltas decoradas con hojas naturalistas. Los capiteles de la izquierda muestran, de fuera adentro, tallos y hojas estilizadas hacia afuera y cabezas de toro en los huecos; y tallos con hojas aveneradas hacia afuera. En el otro lado se ven hojas estilizadas y con mucho trépano en el interior, y en el de fuera, una flor de seis pétalos inscrita en un círculo en la cara interior, y una estrella de ocho puntas entrelazada en la cara exterior. Sobre ellas, volutas vueltas con cabezas de animal en los huecos. Este capitel recuerda mucho al descubierto recientemente en la ventana interior del ábside de Argandoña. La imposta recoge hojas, flores y tallos ondulantes, y los capiteles de las columnillas temas vegetales. También conserva restos de policromía. Dentro de la iglesia, apoyado contra la pared, hay un canecillo, parcialmente roto, con la imagen de un toro estilizado, muy similar a uno del exterior.

Durante la restauración de la iglesia fueron descubiertas, tanto en el ábside como en el presbiterio, una serie de pinturas murales en tonos rojizos, con despiece de sillar, triángulos, franjas de tréboles y círculos con flor, así como una escena incompleta con un castillo y varios personajes. El evidente parecido que presentan con respecto a las cercanas pinturas de la iglesia de la Asunción de Alaitza, permite datarlas hacia la segunda mitad del siglo XIV. También apareció una representación de Jerusalén en el pórtico, al exterior, que hoy se conserva arrancada y trasladada a otro soporte dentro de la iglesia.

 

Alegría
La villa de Alegría-Dulantzi se encuentra situada a 13 km de la capital alavesa, dentro de la Cuadrilla de Salvatierra, como sede del ayuntamiento que lleva su nombre. Desde Vitoria el acceso se realiza por la N-104 hacia San Sebastián, tomando la salida tras pasar Ilarratza por la A-3110, que después de unos pocos kilómetros conduce al pueblo por tres desvíos: el primero entra en Alegría por la zona industrial; el segundo acaba en la calle Gasteizbide, en la base de la ladera y del casco histórico; y el último entra por la zona este de la villa. Desde la N-I en dirección Vitoria también se puede acceder tomando la salida 371 hacia Dallo, y desde ahí, por la A-3140 hacia Alegría, atravesando el pequeño monte, bajo el cual pasa el túnel del ferrocarril, y que penetra en la villa desde el Este.
Alegría de Álava se asienta sobre la primitiva aldea de Dulantzi, de ahí el doble nombre, que ya aparece en el documento de la Reja con la denominación de Dullanzi, pagando dos rejas en el Alfoz de Hiraszaeza. En la carta del obispo Jerónimo Aznar se cita como Dulanzi. Fue un núcleo que atrajo a los habitantes de las aldeas cercanas, como Ayala, Henayo o Eguileta, entre otras, en un poblamiento que propició la obtención del fuero de villazgo en 1337 de mano de Alfonso XI, siéndole otorgado también el derecho de mercado salvo y seguro el lunes de cada semana. La villa se configuró en la ladera de una colina, cuya base quedaba rodeada por el río Alegría, y estratégicamente situada, al dominar el paso que conducía desde San Adrián hacia Vitoria, incluyendo el Camino de Santiago; el que iba por Gamboa hacia Bizkaia y Gipuzkoa; y el que conducía hacia el Sur, a La Rioja, por la Montaña Alavesa. En lo alto de esta colina se situaron la plaza, la iglesia y la torre de los Lazcanos, adosada al templo, y hoy desaparecida, pero que fue una de las fortalezas más importantes de la Llanada. Paralelas al río se trazaron dos calles: la de la Fortaleza, en la parte superior, y la Calle Mayor, algo más abajo, que aún hoy vertebran el casco histórico bajomedieval.
La villa contó con varias ermitas en los alrededores, algunas antiguas parroquias de los mortuorios cercanos, como Santa María de Ayala o San Miguel de Henayo. Es importante también el convento de las Clarisas, fundado en 1581 como beaterio, pero que funciona como convento desde 1615. La construcción de su iglesia actual es del siglo XVII, pero se conserva del primer edificio una galería renacentista con columnas acanaladas.

Ermita de Nuestra Señora de Ayala
También denominada Santuario de Ayala, es una ermita situada a un kilómetro del centro de Alegría, al otro lado de la vía del tren. Se puede acceder andando desde la estación del ferrocarril, en la zona norte de Alegría, por un paso elevado que conduce a una carretera hasta la misma puerta de la ermita. En coche hay que salir de Alegría por el Este hasta una bifurcación, tomando siempre la carretera que indica dirección Vitoria por la autovía N-I, siguiendo la A-3140; tras pasar sobre la vía del tren, hay una salida sin señalizar que lleva a Ayala por una carretera agrícola. La ermita de Ayala es en realidad la única construcción que perdura de la aldea despoblada de Ayala, que aparece en el documento de “La Reja” con el nombre de Aialha pagando dos rejas de hierro al Monasterio de San Millán. También en 1066 aparece Ayala como apellido en un testigo de una donación a Leire, el noble Gundisalvo Didaz de Aialla, que no aparece en los linajes homónimos del valle de Ayala, por lo que se refiere al Ayala de la Llanada. Por Ayala pasaba el Camino de Santiago procedente de Ezkerekotxa, que a su vez descendía desde Guipúzcoa por el paso de San Adrián, y continuaba tras esta ermita hacia Vitoria, visitando también lugares como la cercana ermita de San Juan de Arrarain.
Se conserva la construcción románica íntegra, realizada en sillarejo, compuesta por una nave longitudinal, con tramo recto del presbiterio y ábside semicircular.

El ábside se incluye en el grupo de iglesias de cabecera similar, como Alaitza, Gazeo, Argandoña, Trokoniz o Arrarain, que sitúan la construcción ya avanzado el siglo XIII. Se cubre con bóveda de horno, mientras que el resto del templo lo hace con bóveda de cañón apuntado. El arco del ábside apea sobre dos semicolumnas con capiteles muy simples, vegetales con piñas en los ángulos y bola con caperuza en el espacio central. Algo similar sucede con el arco triunfal, cuyos capiteles, colocados bajo una imposta con dientes de sierra que se une a la que recorre toda la cabecera, sustituyen las bolas por caras humanas, y las piñas por volutas. La basa derecha, desde la nave, está adornada con veneras, y la izquierda con piñas y una fina línea de dientes de sierra en la base del fuste.
El resto de los arcos de la nave, que es algo más alta que la cabecera, se apoyan en pilastras adosadas al muro, sin decoración.
En el ábside, en el centro y a la derecha, se abren dos ventanas abocinadas de medio punto, enmarcadas por un sobrearco con decoración de dientes de sierra.
En el lado sur del presbiterio se abre otro vano, con dos arquivoltas apuntadas y cortadas en arista viva, apoyadas en capiteles vegetales y en basas poligonales sin decoración, ya de factura gótica. En los dos muros del presbiterio se abren sendos nichos, a modo de credencias, de arco apuntado, y enmarcados, como las ventanas, por un sobrearco con dientes de sierra. En el hastial se ven otros dos vanos, el superior cuadrado, y el inferior como una saetera abocinada de medio punto. En el muro sur, sobre el pórtico, también se abren tres aspilleras. Como curiosidad cabe decir que los tres tramos de la nave presentan tres filas de modillones de piedra muy salientes. Se ha especulado con que pudieran ser los apoyos en los que se sustentaría una tarima de madera o de tribunas que en época de peregrinación habrían servido para acomodar a los peregrinos. A lo largo de toda la construcción, a media altura del muro, se aprecia una serie de discos pintados en color rojizo, con grandes cruces, que dejan constancia de la consagración de la ermita.
En el exterior, adosado al muro sur, se encuentra el pórtico, uno de los pocos ejemplos románicos conservados en Álava, junto con el de Erentxun, Monasterioguren o los de Alaitza y Okariz. Se trata de un espacio rectangular en el que se abren tres arcos hacia el Sur; el izquierdo y el central apuntado, con el central más estrecho, y de medio punto el derecho.
Flanqueando el arco central, y también a la izquierda del arco izquierdo, se aprecia tres semicolumnas, cortadas a la altura del arco, que sirven de refuerzo del muro. Los arcos de este pórtico se apoyan en conjuntos de columna principal y columnillas más estrechas a los lados, con capiteles decorados. Los del arco de medio punto, a la derecha, presentan, el principal, un monstruo de cuya boca emergen tallos que confluyen en hojas con forma de palmetas, y los secundarios volutas con hojas pendientes; y a la izquierda, hojas planas extendidas en el capitel central, y espirales poco marcadas en los laterales. En los dos arcos apuntados la decoración es similar: en el más cercano a los pies del templo se ven hojas carnosas vueltas, con cabezas de animales sacando la lengua en los espacios intermedios.
Esta decoración tan naturalista indica que el pórtico se construyó en el siglo XIII, como la ermita, pero en una fase posterior a ésta, por lo que ya acusa formas góticas. En el lado de los pies del pórtico también hay un arco apuntado abierto al exterior. Este espacio se cubre con un tejado inclinado, de estructura de madera.
El pórtico acoge la elegante portada, que se adelanta sobre el muro sur mediante un aparejo de sillar y está elevada sobre un plinto ante tres peldaños. Se encuadra dentro de la corriente cisterciense que recorrió esta parte de la Llanada, siguiendo la Ruta Jacobea. Es una portada sobria compuesta por cinco arquivoltas apuntadas, de dentro afuera, la primera, tercera y quinta baquetonadas, y la segunda y la cuarta de moldura convexa flanqueada por franjas de ajedrezado, motivo decorativo que se repite en el sobrearco y en la imposta. Los capiteles son vegetales y someramente incisos, los fustes lisos y las basas sin decoración, reposando todo ello sobre el plinto con una línea decorativa de dientes de sierra.
En el amplio espacio del pórtico se hallan expuestos diversos restos románicos, como son capiteles vegetales con caras en los espacios, fustes de columna, o trozos de arco con ajedrezado.

En la cabecera, las dos ventanas abocinadas, descritas anteriormente en el espacio interior, se decoran hacia el exterior con un sobrearco que acoge bolas con caperuza.

La ventana gótica del presbiterio se abre hacia afuera con tres arquivoltas apuntadas y sobrearco, alternando baquetón con moldura, que descansan sobre una fina imposta y tres pares de columnas a cada lado, cuyos capiteles aparecen decorados con motivos de tradición románica. En los de la derecha y, de dentro afuera, se ven tres rostros en un mismo capitel –el central y el izquierdo de mujer con toca y barbuquejo, y el derecho de varón con flequillo–; el capitel intermedio muestra hojas verticales naturalistas; y el exterior, cabeza de dama con barbuquejo. En el lado izquierdo, en el capitel interior se aprecia la cabeza de otra dama con toca y barbuquejo, entre formas ondulantes que la flanquean; en el central, de nuevo cabeza de varón con media melena, flequillo y hojas naturalistas a los lados; y en el capitel exterior, hojas redondeadas verticales. Las basas son poligonales y góticas, como en el interior de la iglesia.


La ermita de Ayala conserva uno de los conjuntos de canecillos más bellos de esta zona de la Llanada. Se sitúan bajo el alero del tejado, pero sólo aparecen decorados los correspondientes al ábside y lado sur del presbiterio, es decir, la fachada principal, ya que era por ahí por donde pasaba el Camino de Santiago procedente de Ezkerekotxa.
Los demás son lisos. Comenzando desde el centro del ábside y avanzando hacia el frente de la construcción se aprecian los siguientes: disco con cruz griega de brazos anchos y curvados, con dos bolas en los espacios superiores; fiera de grandes dientes, con disco o piedra entre sus fauces; personaje de ojos grandes, labios gruesos y nariz recta, con dos pequeños cuernos; cabeza de clavo, de espacios convexos; bola con caperuza; canecillo con aristas y bola en su base; canecillo poligonal; otra cabeza de clavo similar a la anterior; bola lisa; forma cónica curvada e invertida; cabeza de mofletes carnosos, pequeñas orejas y gorro plano; forma en arista; bola con caperuza –estos tres últimos bajo pieza con decoración de ajedrezados–; y forma redondeada. En el tramo recto del presbiterio hay seis más, cuatro bien visibles y otros dos algo ocultos por el tejado: venera, claramente relacionada con el Camino de Santiago; forma vegetal; piña; águila naturalista; personaje exhibicionista masculino; y exhibicionista femenino de cuerpo orondo. Sobre el tejado del pórtico, el segundo canecillo también está decorado con una forma animal de grandes orejas. En el muro norte, justo en la confluencia con el muro occidental, hay un can con una máscara humana, de nariz ancha y boca de hendidura; y en el ángulo sobre el pórtico con el hastial, se ve una cabeza de felino con expresión de fiereza, de grandes dientes y lengua, y boca muy abierta y vaciada. Sobre él, el sillar de la cornisa muestra dos discos, uno con decoración de dientes de sierra y círculos concéntricos, y el otro con una incisión de cuatro pétalos.






La ventana abocinada del muro de poniente se abre al exterior con una arquivolta decorada con bolas y sobrearco ajedrezado, al igual que la imposta. Bajo ésta, un par de columnas con capiteles vegetales incisos completan la articulación del vano. En el sillar sobre el hueco de la ventana, bajo la arquivolta, se ve otra incisión similar a la existente sobre el canecillo del felino, en este caso un disco con una flor de seis pétalos.

Dentro de la ermita, en la zona de los pies, se encuentra la pila bautismal, de copa lisa, con una fina incisión semicircular en la parte inferior de la cara frontal.
El pie es bajo y simple, con moldura lisa. Junto a la puerta hay un fuste de columna, posiblemente reaprovechado, que sujeta una aguabenditera acanalada posterior, con un capitel que se decora en sus ángulos exteriores con una bola con caperuza y una cara de varón. Los otros ángulos están colocados contra el muro y no se aprecia su decoración.
También en el interior, sobre un baldaquino de madera, se conserva una reproducción de la imagen original de la patrona de la construcción, Nuestra Señora. La original se custodia en la parroquia de San Blas de Alegría, y sólo baja a Ayala para la fiesta patronal. Es una imagen del siglo XIV, gótica, aunque con ciertos rasgos románicos, que forma parte del grupo de las “Andra Mari” alavesas: vírgenes sedentes con el Niño bendiciendo en el regazo.
La ermita de Nuestra Señora de Ayala es uno de los ejemplos más bellos y mejor conservados de la Llanada y de Álava, de gran proporción y equilibrio entre la tradición románica más rural, la elegancia de los elementos cistercienses y los nuevos aires góticos y naturalistas, tres corrientes que coexistieron en estas tierras durante el siglo XIII.


Próximo Capítulo: Románico Llanada Alavesa, Comarca Cantábrica Alavesa, Comarca de las estribaciones del Gorbea

 

 

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