jueves, 30 de noviembre de 2017

Capítulo 17 - La descendencia de Alejandro


CAPÍTULO XVII

La descendencia de Alejandro
Alejandro habría tenido, no uno sino dos hijos de Roxana. Se dice del primero que habría muerto a corta edad. Sin embargo, algunas tradiciones orales pónticas hacen referencia a la escenificación de la muerte de este último, que habría tenido descendencia. El segundo, que nació poco después de la muerte de Alejandro, es Alejandro Aego, conocido bajo el nombre de Alejandro IV de Macedonia, fue asesinado por orden de Casandro en el 310 a. C.
Alejandro tuvo un hijo ilegítimo, Heracles, nacido de Barsine, una princesa persa. 
A la muerte de Alejandro, Nearco habría intentado en vano colocar a Heracles sobre el trono. Murió con su madre en 309 a. C. por orden de Poliperconte, que pretendía con esta ejecución congraciarse con Casandro.
Cuando Alejandro Magno murió el 13 de junio del 323 a. C. en Babilonia, ninguno de sus camaradas pensaba en dividirse el imperio entre ellos. En primer lugar, porque el rey fallecido, tenía herederos y la lealtad hacia la familia real de los Argéadas era fuerte, sino entre los generales, por lo menos sí entre los soldados.
La idea de un único imperio perduró durante una buena veintena de años, resistiendo a las fuerzas centrífugas, hasta la derrota final de Antígono I Monóftalmos. Además, aún después de la desintegración del imperio de Alejandro, su memoria siguió viva e inspiró las ambiciones de algunos soberanos, como Antíoco III el Grande.
Alejandro había tomado la precaución, al comienzo de su reinado, de hacer el vacío entre la numerosa parentela masculina, a menudo ilegítima, de su padre. De ésta, sólo quedaba un bastardo, mentalmente retrasado, Filipo Arrideo, al que Alejandro custodiaba a su lado. Con sus esposas legítimas, Alejandro no tuvo hijos, pero Roxana estaba a punto de dar a luz. Parece que en un primer momento, dos conceptos se enfrentaron en el seno del Consejo que siguió a la muerte del rey, entre los Amigos (philoi) y los Guardaespaldas (somatophylakes). Algunos, entre ellos Pérdicas, preferían la opción de fortalecer el gobierno central y su organización de forma drástica. Ptolomeo, y otros diádocos preferían por el contrario, la constitución de una asamblea de sátrapas, que se reuniera de vez en cuando, estructura bastante laxa, que permitiera una fuerte autonomía a las provincias y a sus dirigentes. En cualquier caso, se decidió esperar al nacimiento del hijo de Roxana: si se trataba de un varón sería rey. Pérdicas y Leonato, a los cuales prestó juramento el Consejo, fueron designados tutores temporales del futuro bebé de Roxana.
Esto se hizo sin contar con los soldados de infantería, que aceptaban mal la política de fusión de culturas propugnada por Alejandro Magno, y que se habían significado en el pasado en la sedición de Opis. La idea de que el futuro rey podría ser un medio-iraní, por parte de su madre, provocaba la oposición de la falange. Además, el general Meleagro, enviado por la Junta para negociar con los soldados, jugó su carta personal se puso del lado de los soldados. Parece que se estuvo cerca de la confrontación, (los diádocos y la caballería debieron abandonar Babilonia por un tiempo), pero se llegó a un compromiso, gracias al canciller de Alejandro Magno, Eumenes, que se benefició de su condición de no macedonio para lograr una conciliación. El medio hermano de Alejandro fue proclamado rey bajo el nombre de "Filipo III Arrideo", pero los derechos del niño por nacer se conservaron, y cuando éste nació, fue proclamado rey con el nombre de Alejandro IV de Macedonia.


El reparto de los puestos

 

No siendo ninguno de los reyes capaz de asumir las obligaciones del trono, se organiza un sistema organizado de distribución de los puestos en el seno del Consejo de Babilonia. Pérdicas es designado quiliarca del imperio, (equivalente a visir en la dinastía Aqueménida), y epimeleta (gobernador) del reino. Crátero, el oficial al que, sin duda, Alejandro tuvo mayor confianza después de Hefestión, se convierte en prostatés (tutor) de Filipo III, por su epilepsia y su retraso mental.
En este momento, Crátero no se encuentra en Babilonia, sino en Cilicia, con 50.000 veteranos, en camino de vuelta a Europa. Antípatro conserva la regencia de Macedonia y Grecia (aunque antes de la muerte de Alejandro, iba a ser para Crátero), mientras que su hijo Casandro, que llegó a Babilonia, poco antes de la muerte del rey, es colocado a la cabeza del batallón de hipaspistas. Seleuco recibió el título de hiparca que le otorga el derecho al mando de la caballería de los Compañeros (mando prestigioso siendo ejercido antes que él por Hefestión y Pérdicas). La elección de Pérdicas como quiliarca no es de extrañar, ya que llevaba ese cargo con Alejandro, pero sin el título, y al que el rey agonizante confió el anillo real, cuyo sello autentificaba los actos de soberanía. Pérdicas se convierte oficialmente en ese momento en quiliarca, pero la tutela de los reyes, que se le escapa, es confiada a Crátero. Para marcar su nueva autoridad, Pérdicas hace ejecutar rápidamente a Meleagro entre una treintena de insurgentes de la falange. 
El Consejo de Babilonia se traduce en una gran renovación de la cabeza de las satrapías, que puede resumirse así: 
Ptolomeo recibe Egipto (la satrapía más rica y más poblada), la que ambicionaba desde tiempo atrás.
Antígono I Monóftalmos es confirmado como jefe de Frigia, donde ya gobierna desde (333 a. C.) y obtiene Licia y Panfilia. 
Lisímaco recibe Tracia (tomada a Antipater), a donde acude rápidamente para hacer frente a las revueltas.
Leonato recibe Frigia helespóntica.
Peitón recibe Media.
Peucestas recibe Persis.
Filotas recibe Cilicia.
Arcón recibe Babilonia.
Asandro recibe Caria.
Atropates, uno de los pocos gobernantes asiáticos que permanecía en su puesto, conserva Atropatene.
Eumenes de Cardia recibe Capadocia y Paflagonia con la condición de que las conquistase, ya que ninguno de estos dos territorios fue tomado por Alejandro.

La revisión de una lista exhaustiva muestra la preponderancia neta de los macedonios. En efecto, se notan pocos griegos, (el caso de Eumenes, que debe apoderarse de los territorios que le han sido asignados es particularmente elocuente), y unos pocos soberanos asiáticos que Alejandro había mantenido en su cargo, tales como Poros y Taxiles en la India, Oxiartes en el país de los Paropanisades (como padrastro de Alejandro se hizo intocable). La partición de las satrapías hay que considerarla bajo un doble punto de vista. ¿Por qué en primer lugar, enviar tantos oficiales destacados a las cuatro esquinas del imperio? Por otra parte, ¿La elección de los beneficiarios tenía algún significado especial? A menudo se sugiere, habida cuenta de la suerte de Ptolomeo o Seleuco, que son los diádocos[1] quienes exigieron la distribución de las satrapías. 
Dicho esto, y sin descartar las ambiciones a largo plazo de algunos, se guardaron de proponerlo. Oficialmente, lo que prima es la salvaguarda del imperio, y se impone la prestigiosa designación de oficiales en las provincias de un imperio aún frágil. Pérdicas probablemente no es infeliz al ver alejarse a rivales en potencia, vueltos aún más desafiantes tras la ejecución de Meleagro. 
Descartarlos presenta riesgos a largo plazo, pera gana tiempo para poder consolidar su poder.

El levantamiento bactriano
La crisis entre los diádocos y la falange no fue la única que se produjo después de la muerte de Alejandro. En Bactriana estalla una revuelta entre los colonos griegos instalados por Alejandro en los asentamientos militares, más o menos disciplinados, a fin de proteger esta frontera particularmente vulnerable. Considerándose a sí mismos como exiliados, exigen su repatriación desde 325 a. C. Las colonias militares fundadas por Alejandro en Bactriana y en Sogdiana estaban, en efecto, pobladas mayormente por colonos griegos. Tras la muerte del soberano, este movimiento va cobrando impulso y se combina, aparentemente, con un levantamiento bactriano. Los rebeldes forman un ejército estimado en 20.000 hombres de infantería y 3.000 jinetes. Pérdicas pone entonces en pie un ejército integrado por macedonios designados al azar (porque eran reacios a regresar a las tierras de la Alta Asia) y por tropas orientales reclutadas en las distintas satrapías. Encarga a Peitón, sátrapa de Media, que termine con la insurrección. Éste utiliza la traición para vencer a los colonos griegos pero, contrariamente a las órdenes de Pérdicas, quien le había ordenado exterminar a los insurgentes, acepta su rendición. Pero los soldados no respetan el tratado porque consideran que no tiene otro objetivo que servir a las ambiciones de Peitón, por lo que masacran a todos los colonos, con la intención de hacerse con el botín prometido por Pérdicas. Bactriana fue confiada entonces al sátrapa de Aria y Drangiana, el chipriota Estasanor de Soli, quien se hizo así con un vasto territorio.
Mapa del antiguo Imperio persa, destacando en rojo el territorio de Bactriana.

Guerra de Lamia o Lamiaca (323-322 a.C)
La guerra de Lamia o Lamiaca (323-322 a.C), también llamada Guerra Griega, fue un conflicto militar ocurrido en Grecia trás la muerte de Alejandro Magno. 
Atenas, junto a sus polis aliadas de la Grecia Continental, se alzó contra el gobierno supremo macedonio de Antípatro, regente de Macedonia y Grecia. Esta fue la última guerra en que Atenas desempeñó un papel principal; después de ser derrotada, los atenienses perdieron su independencia.

Alzamiento de Atenas
Cuando Alejandro murió en Babilonia en junio de 323, comenzaron a llegar rumores de su muerte a Grecia, Demades, el estadista ateniense, bromeó: “Si fuese Alejandro verdaderamente estuviese muerto, el hedor llenaría el mundo!”
Sin embargo, en septiembre de ese año, se confirmó la muerte del conquistador.
En Atenas, esta fue la señal para la revuelta.
Se produjo la unión de todos los partidos anti-macedónicos, encabezados por los atenienses y los etolios decidieron aprovechar la situación para rebelarse contra la hegemonía macedonia en Grecia. Los líderes de la revuelta eran Leostenes e Hiperides, que persuadieron a la Asamblea (Ecclesia) que había llegado el momento de deshacerse de sus ataduras. Los atenienses votaron la guerra, con el fin de alcanzar la libertad “de toda la Hélade”.
Se contrataron 8.000 mercenarios del cabo Ténaro, y Atenas se puso en pie de guerra. Se movilizaron 200 trirremes y 40 quadremes, junto con todos los ciudadanos menores de 40 años El experimentado Leostenes fue elegido para comandar las fuerzas griegas.
Consiguieron la colaboración de muchas otras ciudades-estado o polis que proporcionaron a los atenienses un gran número de soldados formando un ejército capaz de oponerse a Antípatro de Macedonia, que poseía solamente 13.000 infantes y 600 jinetes debido a las campañas macedonias en el este.
Pidió ayuda a las satrapias de los alrededores, entre los que se encontraban Leonato en Frigia, en busca de ayuda; así como a otros más distantes como Cratero, que marchaba a Macedonia con 10.000 veteranos y que se retrasó todo el tiempo que pudo.
Antípatro reunió lo que tenía en la mano y se dirigió hacia el sur en Tesalia. Allí se le unieron 2,000 excelentes jinetes tesalianos; veteranos de las guerras de Alejandro que habían servido bajo el mando de Parmenio y que estaban mandados por Menon de Farsalia (el futuro abuelo materno del gran rey epirota y conquistador, Pirro).
Leóstenes no había estado inactivo. Poco después de la declaración de hostilidades, había cruzado el golfo de Corinto a Etolia, donde había enviado los 8.000 mercenarios de Ténaro. Allí, se le unieron 7.000 etolios (posiblemente infantería ligera). Con este ejército combinado, se trasladó a las Termópilas (es probable marchase a lo largo de la costa norte del golfo de Corinto a Amfisa, para llegar a las Termópilas desde el oeste. Allí se enteró de que una fuerza ateniense de 5.500 ciudadanos (presumiblemente hoplitas) y otros 2.000 mercenarios que marchaban para unirse a él, estaban detenidos en Beocia por un ejército promacedonio de Beocia y Eubea. Leóstenes se apresuró hacia el sur, derrotando a los beocios y uniéndose con la expedición ateniense. Regresó inmediatamente a las Termópilas a tiempo para enfrentarse con el ejército de Antípatro, que venía del norte.
No hay datos de la batalla es posible que Antípatro no pudo aprovechar su ventaja en caballería y al encontrarse el paso cerrado, o bien que ambas fuerzas se enfrentases al norte del río Esperqueo al sur de Lamia, donde si había espacio para desplegar los ejércitos, lo que sí se conoce es que Antípatro se retiró a Lamia esperando los refuerzos que venían en camino.

Asedio de Lamia
Allí fue asediado por Leóstenes, pero debido a la falta de tren de sitio, los atenienses sólo podían bloquear a los macedonios. Antípatro sería asediado durante todo el invierno, y en el cerco murió Leóstenes que fue sucedido por Antífilo. El nombre de Guerra Lamiaca debe nombre a esta ciudad.
El primero en responder fue Leonato (sátrapa de Frigia), su objetivo era doble: derrotar a los griegos y ganar un nombre para sí mismo; y casarse con la hermana viuda de Alejandro, la princesa Cleopatra. Durante todo el invierno, había estado en negociaciones con Cleopatra en Macedonia y con su madre intrigante, Olimpia, todavía en Epiro.
Con Leonato había llegado Eumenes de Cardia, que había sido nombrado sátrapa de Capadocia. Pero Eumenes no le proporcionó ningún ejército para llevar a cabo esta tarea, solamente llevó órdenes del quiliarca Pérdicas a Leonato y a Antígono “el Tuerto” para que le prestasen ayuda. Ambos dieron escusas pero ninguna ayuda.
Leonato ahora trató de asesinar a Eumenes, no se sabe los detalles, pero el caso es que Eumenes escapó.
Leonato después cruzó a Europa, y marchó por el sur de Tracia (reclutando tropas en el camino) y llegó a Macedonia, tenía un ejército de 20.000 efectivos, de los que sólo 1.500 eran jinetes. No quiso esperar a Crátero, que también estaba marchando a Macedonia, es muy posible que quisiera los laureles de la victoria para sí mismo, y no compartirlas con un colega. Tal vez el tiempo pudo haber sido un factor esencial debido a las condiciones de los sitiados.
Leonato marchó a Lamia a través del valle de Tempe, que era la puerta de entrada a Grecia. Antifilo, que mandaba la coalición griega que asediaba Lamia, se encontraba con un dilema, contaba con unos 22.000 soldados de infantería y 3.000 de caballería, la mayoría de estos últimos es las excelentes jinetes tesalios bajo Menon de Farsalia. Con una clara ventaja en hombres y en la caballería, tenían que enfrentarse con Leonato en una llanura abierta. Sin embargo, la zona al norte de Lamia era montañosa. Corría el riesgo de ser atacado en su retaguardia por las fuerzas de Antípatro, hicieron una salida de la ciudad. El viejo regente tenía una fuerza considerable dentro; sus 13.000 efectivos originales.
Esto dejaba a Antífilo dos opciones: bien retroceder hacia el sur, tal vez ofreciendo batalla en la llanura de Traquis; o bien marchar a toda prisa hacia el norte, a través de los pasos de las montañas Orthys y enfrentarse con Leonato en las llanuras del sur de Tesalia. En ambas opciones debía dejar una fuerza para fijar las fuerzas de Antípatro.
Antífilo eligió la última opción. Dejó una fuerza de seguridad para mantener el asedio de Lamia, y con el resto cruzó las montañas y desplegó en el borde de la llanura de Tesalia. Allí, se encontraron con Leonato y el ejército de socorro de Macedonia.
No hay detalles de la batalla, ni siquiera su nombre ha sobrevivido. Pero posiblemente, la caballería tesaliana bajo el mando de Menon de Farsalia derrotó el ala derecha de Leonato, envolviéndole, Leonato murió en los combates.
Sin embargo, la fuerza dejada para fijar a Antípatro en Lamia fue insuficiente para contener al viejo zorro. Antípatro salió de la ciudad, derrotó a los sitiadores y marchó hacia el norte, con la intención de intervenir en la batalla.
Llegó demasiado tarde para salvar a Leonato, pero con el tiempo suficiente para tomar el mando de los supervivientes y unirlos a sus fuerzas.
No dispuesto a continuar con lo que pudo haber sido una difícil batalla contra las fuerzas macedonias reunidas, Antífilo permitió a los macedonios retirarse hacia el norte, de vuelta a Macedonia.
Estos eventos probablemente ocurrieron al final de la primavera o principios del verano de 322 a.C. Para los griegos, este fue el punto culminante de su guerra de liberación. Para durante el resto de ese verano, un evento tras otro iría contra ellos.

Ciudadanos atenienses preparándose para la batalla

La Liga Helénica había sido capaz de reclutar 40.000 hombres, así como una flota considerable. Etolia y Atenas fueron los que más aportaron.
Mientras se dirigía a oponerse a Leonato en Tesalia, Atenas envió a su flota (200 trirremes y 40 de las más grandes cuatrirremes) bajo el almirante ateniense, Euetion; para cerrar el Helesponto y evitar que refuerzos macedonios cruzasen a Grecia desde Asia. Consiguieron hacerse con Abydos, y se situaron allí para evitar que se uniera Cratero a Antípatro en Macedonia. Sin embargo, Antípatro tenía 110 barcos propios, y éstas fueron reforzadas por una parte de la flota imperial, estos refuerzo incluían penteras (llamadas quinquerremes por los romanos), los barcos de guerra más grandes en esos momentos. La flota macedonia entró en el Helesponto, y Clito el Blanco se marchó contra los atenienses. No hay datos de la batalla; pero es probable que las penteras macedonias marcasen la diferencia.
Mapa de la guerra Lamia (323-2 AC) con las batallas y movimientos de fuerzas

Se abrió el camino para que Cratero cruzase a Europa. Lo hizo con 1.500 jinetes y 1.000 infantes arqueros asiáticos; y, lo más importante, una fuerza de 10.000 veteranos macedonios de las campañas de Alejandro. Cuando llegó a Pella, Cratero se puso bajo el mando de Antípatro.
Los atenienses respondieron reagrupándose, y reunieron una segunda flota de unos 170 buques que estuvo lista para mediados de finales de verano.
Euetion tomó posición en Samos; probablemente para estar en condiciones de interceptar los refuerzos macedonios por mar procedentes de Siria. Sin embargo, Clito el Blanco con 240 buques se enfrentó a los atenienses, en las inmediaciones de Amorgos; y consiguió una victoria decisiva.
En agosto de 322 a.C, la flota Clito dirigió al golfo Sarónico y bloqueó el Pireo, que era el puerto de Atenas. Al mismo tiempo, Antípatro y Crátero marcharon hacia el sur hacia Tesalia, para enfrentarse al ejército de la Liga.

Batalla de Cranón (322 a.C)
Antípatro y Crátero avanzaron con su combinado ejército al sur para obligar a los griegos a batallar. Los griegos, después de reunir a sus dispersas fuerzas decidieron enfrentarse con los macedonios cerca de Cranón, en Tesalia en agosto del 322 a.C.
Los macedonios reunieron 30.000 falangistas, 10.000 hoplitas de los cuales 3.000 eran hipaspistas, 3.000 arqueros y honderos 5.000 jinetes, mientras que los griegos mandados por Antífilo y Menón de Farsalia juntaron una fuerza de 25.000 infantes y 3.500 jinetes.
Basándose en la alta reputación de la caballería tesalia, el general ateniense Antífilo decidió utilizar la misma estrategia usada con Leonato, vencer la batalla por acción de la caballería.
La batalla, por lo tanto, se abrió con el choque entre la caballería griega y macedonia. Con la caballería de ambos flancos ocupada, Antípatro ordenó a su infantería cargar contra las líneas griegas. Los infantes griegos fueron superados por un enemigo más numeroso y se retiraron a las colinas, desde donde podrían fácilmente rechazar cualquier asalto macedonio. Viendo la retirada de la infantería, la caballería griega abandonó el campo de batalla, dejando el campo y la victoria en manos macedonias.
Lucha entre las falanges, autor Igor Dzis

Las bajas no fueron muchas, 130 macedonias y 500 griegas, pero convenció a los griegos a pedir la paz. Esto marcó el final de las ciudades-estado libres y el principio de la hegemonía macedonia sobre Grecia.
Durante los siguientes días, Antífilo y Menon pidieron a Antípatro los términos de rendición. Antípatro anunció que sólo sería tratar con las diversas ciudades de forma individual. Al principio, la Liga se resistió, hasta que los macedonios tomaron por asalto varias ciudades cercanas de Tesalia. La Liga se derrumbó ya que la mayoría de sus miembros buscó la paz por separado.
La guerra de Lamia había terminado, y Macedonia, una vez más había afirmado su dominio.
Todos los antiguos estados de la Liga Helénica se rindieron o fueron capturados. En septiembre de 322, una guarnición macedonia se instaló en Muniquia, con vistas al puerto de Pireo; y Atenas estaría ocupada durante los siguientes 15 años, como en el resto de los pueblos y ciudades capturadas, donde Antípatro instaló oligarcas leales. Sus enemigos fueron condenados, y muchos huyeron. Hipérides fue capturado en el templo de Poseidón en Egina, y condenado a muerte. Demóstenes, un viejo enemigo de Macedonia que había regresado a Atenas sólo en el comienzo de la guerra de Lamia, se suicidó antes de que los odiados macedonios pudieran apoderarse de él.

Noticias de las conquistas del este
En Oriente, la vitalidad militar del joven imperio no fue dañada por la muerte de Alejandro. Así, el año 322 a. C., en el que se puso un fin a la guerra Lamiaca, estuvo marcado por la rendición de Capadocia y la anexión de Cirenaica.
Capadocia, independiente bajo el dominio de Ariarates I, es concedida en el reparto de Babilonia a Eumenes de Cardia junto con Paflagonia y los países del Ponto Euxino hasta Trebisonda. Pero Leonato, quien debía dirigir la conquista, acabó muerto en la guerra Lamiaca, y Antígono rechazó encargarse de ella. Fue por tanto Pérdicas en persona quien dirigió la expedición. Acompañado por Filipo III marchó sobre Capadocia a la cabeza del ejército real. Ariarates puso en pie un ejército de 30.000 soldados de infantería y 5.000 de caballería. Estos efectivos imponentes no deben sorprender, pues Capadocia y Paflagonia, eran tierras tradicionales de reclutamiento, especialmente de caballeros. Parece además, que Ariarates no pagaba tributos, ni a Darío III, ni a Alejandro. Pérdicas venció a Ariarates en una o dos batallas, causando a las tropas capadocias 4.000 muertos y tomando 5.000 prisioneros. Ariarates fue capturado y crucificado, castigo que los aqueménidas aplicaban a los rebeldes. La ciudad de Laranda fue tomada, al igual que Isauria, pero la región del Ponto Euxino no fue alcanzada.
Pérdicas negoció un armisticio con los capadocios e impuso a Eumenes a la cabeza de su satrapía.
Ptolomeo llegó a Egipto a finales del año 323 a. C., donde se enfrentó a Cleómenes, encargado por Alejandro de la administración financiera del país, del que se había convertido en sátrapa. Cleómenes fue mantenido en su cargo por Pérdicas para secundar y, sin duda espiar, a Ptolomeo. Éste y los otros diádocos coincidieron en que el espionaje y los inevitables conflictos que iban a desarrollarse eran la mejor manera de debilitar la posición del ambicioso general.
Pero Ptolomeo eliminó rápidamente el problema escuchando con atención las acusaciones de los egipcios contra Cleómenes, acusaciones de abusos al parecer bien fundadas. Éste fue ejecutado rápidamente. Desembarazado de su rival, Ptolomeo se volvió hacia Cirenaica. Cirene estaba agitada por problemas políticos entre las diversas facciones y Tibrón, un mercenario espartano que había matado a Hárpalo en Creta, se hace con el poder. Tras ser expulsado de la ciudad por uno de sus generales, la asedia, y para complicar más las cosas, la ciudad conoce una revolución democrática. Algunos oligarcas se refugian junto a Ptolomeo, y consiguen convencerle de que aproveche la situación. El compañero de armas de Ptolomeo, Ofelo, es enviado con un ejército y aplasta a los cirenaicos, quienes se habían reconciliado con Tibrón. Tibrón es asesinado y Ofelo se convierte en gobernador de la Cirenaica bajo el control egipcio en 322 a. C.

La primera guerra de los diádocos (322 a. C.-319 a. C.)
Alejandro tenía el poder asegurado por su nacimiento, pero también por su genio y por la energía que desarrollaba para alcanzar sus objetivos. A su muerte, nadie estaba en condiciones de imponerse a los nobles macedonios, de los cuales, algunos no se creían indignos de suceder al conquistador. Más de treinta años de guerra bajo Filipo II y Alejandro desarrollaron fuertes personalidades entre la nobleza.
Pero el desmembramiento del imperio no resultó del choque de ambiciones individuales. Este imperio era demasiado vasto y dispar. A partir del momento en que la autoridad central se dividió, las fuerzas centrífugas propiciaron la división. Además, las monarquías helenísticas subsiguientes descansaban menos sobre un territorio que sobre la persona de sus soberanos, con las notables excepciones de Egipto y de Macedonia. Pero incluso los Lágidas de Egipto y los Antigónidas de Macedonia no dudaron en anexionar territorios fuera de sus fronteras.
Pronto comenzaron las hostilidades entre los diadocos, cada uno de los cuales quería ampliar sus territorios.
Pérdicas de forma unilateral se autotituló prostates, cargo que legalmente correspondía a Crátero. Pérdicas, el regente, fue acusado por los demás generales de querer restablecer la monarquía cuando se casó con Cleopatra hermana de Alejandro, y para ello se divorció de la hija de Antípatro. Se formó una coalición contra él formada por Antípatro, Crátero, Antígono, Lisímaco y Ptolomeo, quedándole tan solo el apoyo de Peiton, Seleuco y Eumenes de Cardia, que era el único general no macedonio y que había sido secretario de Alejandro.
Transporte del catafalco de Alejandro, iba tirado por 64 mulas y escoltado por Arrideo. Autor Pablo Outeiral

Pérdicas y el ejército dejaron Babilonia, para irse de campaña hacia Asia Menor, dejó a cargo de la construcción del catafalco para llevar a Alejandro a su distante tumba a un oficial llamado Arrideo. El magnífico carruaje funerario tardó casi un año en estar listo.
Salió de Babilonia a primeros de septiembre del 321 a.C, hacia Siria. Pero Arrideo hizo un acuerdo con Ptolomeo, y condujo la procesión en dirección sur hacia Egipto cuando se aproximaba a Damasco, en vez de ir al norte hacia Macedonia, el catafalto era enorme y estaba tirado por 64 mulas e iba acompañado por una escolta mandada por Arrideo.
Pérdicas recibió esta noticia con una semana de retraso e inmediatamente mandó un contingente de caballería, bajo las órdenes de los comandantes Átalo y Polemón, para que persiguieran a Arrideo. Podrían haber capturado al lento catafalco, pero Ptolomeo había ido al norte con su ejército para escoltarlo, así que los hombres del regente fueron rechazados.
Una vez en Egipto, Tolomeo enterró temporalmente el cuerpo de su amigo viejo, en Menfis, la capital de su satrapía. Con el tiempo, lo trasladaría a una elaborada tumba que construiría en su nueva capital de Alejandría, en la desembocadura del Nilo; una ciudad entonces en construcción.
En Grecia, Antípatro y Crátero estaban en la marcha hacia el Helesponto; mientras Antigono se disponía a tomar una nave de Caria, para abrir otro frente en la guerra. Pérdicas espera a la primavera en Cilicia, para marchar sobre Ptolomeo. Y Ptolomeo estaba contratando mercenarios en previsión de desafiar el poder del regente.
Perdicas estaba ahora entre dos frentes, había decidido marchar primero contra Antípatro, pero la captura del catafalco le puso furioso y decidió atacar primero a Ptolomeo.
Lo primero que hizo fue enviar a la flota real bajo el mando de Clito el Blanco con instrucciones de patrullar el estrecho y evitar el cruce de las fuerzas de Antipatro.
También dio el mando de las fuerzas de Anatolia a Eumenes, y él con el resto de fuerzas se dirigió a Egipto.

El fracaso de Pérdicas en Egipto
Pérdicas, una vez efectuado el reparto de Babilonia, ve con buenos ojos la partida de las personalidades más fuertes hacia sus satrapías respectivas. Rápidamente, hace ejecutar a Meleagro, el comandante de la infantería macedonia, ya que su comportamiento después del reparto había sido sospechoso. Luego ayuda a Eumenes a entrar en posesión de Capadocia, tras la renuncia de Antígono. Eumenes se revela de una fidelidad tenaz a la causa de la unidad imperial.
Pérdicas recibe el apoyo de la reina madre, Olimpia, que le ofrece casarse con su hija, Cleopatra de Macedonia, hermana de Alejandro. Pero Pérdicas duda. Enredado en la guerra en Asia Menor, en apoyo de Eumenes, se enemista con Antígono. Irritada por la espera, Clopatra se niega ahora a casarse con Pérdicas. Antígono encuentra refugio en Antípatro y Crátero, que son aliados de Ptolomeo. Pérdicas decide entonces atacar a Ptolomeo, en 321 a. C. pero le subestima, ya que éste era uno de los mejores oficiales de Alejandro. Además, la frontera oriental del delta del Nilo es relativamente fácil de defender. Pérdicas fracasa ante Pelusio y no puede traspasar el Nilo, perdiendo 2.000 hombres. Los propios oficiales del regente Antígenes, Peitón y Seleuco asesinaron a Pérdicas con sus lanzas y ofrecieron la regencia a Ptolomeo, quien la rechazó cortésmente. Aun así aprovisionó de nuevo al ejército y lo envió de vuelta al norte con algunos de sus hombres en mando conjunto (uno de los cuales era Arrideo). Ptolomeo es lo suficientemente prudente para no tomar el título de quiliarca. Confía a Peitón y a Arrabeo la protección de los dos reyes, y espera la llegada de Antígono, Crátero y Antípatro.

El ejército de Pérdicas tratando de cruzar el río Nilo. Miles de hombres murieron al intentar cruzarlo, muchos fueron devorados por los cocodrilos.

La guerra en Asia Menor
En la primavera de 321 a. C., Antígono desembarca sus tropas en Éfeso, mientras que Antípatro y Crátero atraviesan el Helesponto. Eumenes debe abandonar Frigia, refugiándose en su satrapía de Capadocia, y alerta a Pérdicas del desembarco. El quiliarca, estacionado entonces en Cilicia con los reyes, decide marchar sobre Egipto, mientras que Eumenes se encarga de defender Asia Menor contra el regente de Europa y sus aliados.  El título de strategos autokrator da a Eumenes el mando de los ejércitos de Asia menor, que están en esta época bajo control de Alcetas, hermano de Pérdicas, y de Neoptólemo, sátrapa de Armenia. Esto pone en aprietos a Eumenes, pues Alceras rehúsa colaborar, y se repliega a Pisidia. El motivo es que sus soldados «tenían vergüenza de combatir contra Antípatro, y no tenían más que buenos sentimientos hacia Crátero». Por su parte, Neoptólemo, jefe de los hipaspistas de Alejandro, no mostró nunca consideración hacia Eumenes, el «escriba griego», y acepta las propuestas de alianza de Antípatro, retirando gran parte de la falange macedonia. Eumenes recibe a embajadores del regente de Macedonia, pero rehúsa toda negociación. Cuando intercepta a Neoptólemo en la Frigia helespóntica en abril de 331 a. C., consigue la victoria, y refuerza su infantería con un fuerte contingente de caballeros capadocios. Eumenes se apodera además de los bagajes de la falange, que termina por aliarse con él. 
Neoptólemo consigue escapar, con un pequeño contingente de caballeros, y se refugia con Crátero. Antípatro trata, sin éxito de concluir una alianza con Eumenes, por lo que se decide que Crátero y Neoptólemo marchen contra él, mientras que Antípatro debe llegar a Cilicia para combatir a Pérdicas.

La muerte de Crátero
La batalla decisiva entre adversarios y partidarios de Pérdicas tuvo lugar diez días después, oponiendo a Eumenes y Neoptólemo. Advertido de la llegada inminente de Crátero, Eumenes reagrupa su ejército y utiliza hábilmente el mito de Alejandro ante sus hombres: Dos Alejandros se le habrían aparecido en sueños, uno protegido por Atenea, y el otro por Deméter, y se enfrentan en combate, resultando vencido el protegido de Atenea. Eumenes utiliza entonces, como lema, «Déméter y Alejandro» y pide a sus soldados coronarse con espigas de trigo, símbolo de la diosa. . Parece, incluso, que Eumenes calla a sus tropas que van a combatir contra Crátero en persona. , aunque es más probable que se contentase con no colocar en el ala izquierda a ningún macedonio, ya que no se hubieran atrevido a combatir a Crátero.

Segunda partición 321 a.C. y muerte de Antípatro
La situación después de este encuentro es bastante confusa. Parece que estalló una nueva revuelta, fomentada sin duda por Eurídice, la esposa de Filipo III, que al contrario que su marido, era sana de espíritu y muy ambiciosa. El tutor real, después del reparto de Babilonia, era Crátero, aunque la tutela efectiva la ejerciese Pérdicas. La muerte de Crátero la deja el campo libre, al menos así lo cree ella. Al principio, trata de imponerse a Peitón y a Arrideo, a quien Ptolomeo ha encargado dirigir el ejército de Pérdicas. Su fracaso no la desanima, y es probablemente el origen de la revuelta que estalla en Triparadiso contra Antípatro. Euridice utiliza el descontento del ejército, que reclama las gratificaciones prometidas por Alejandro, y acusa a Antípatro en público. 
Antígono Monóftalmos y Seleuco son desautorizados cuando toman la defensa de Antípatro. Antígono acaba por traer sus tropas y retomar el control pero este episodio muestra la fragilidad de la situación para cada uno de los diádocos. El ejército, según la costumbre macedonia, es el depositario de la voluntad nacional, y puede por tanto intervenir en la elección del soberano.
La principal decisión tomada en Triparadiso es confiar la regencia a Antípatro. Es jefe del ejército, ya que a su llegada, Peitón y Arrideo le han transmitido provisionalmente el poder, pero también es jefe del gobierno y tutor de los reyes. Se decide un nuevo reparto de las satrapías, para tener en cuenta la nueva situación política. Por supuesto, Ptolomeo se mantiene en Egipto, con la posibilidad de intervenir en el oeste. Esto se traduce en que el gobierno central le cede sus pregorrativas en la frontera sur del imperio. Seleuco se convierte en sátrapa de Babilonia. Este cambio es importante, porque en 323 a. C. había preferido el prestigioso cargo de hiparca, pero ahora prefiere ostentar un gobierno provincial. Las fuerzas centrífugas entran en acción y ciertos diádocos las comprenden perfectamente. Otros son recompensados por haber participado en el complot contra Pérdicas, como Antígenes y Peitón.
Antígono ve crecer sus dominios como sátrapa de Frigia, Licia y Panfilia, añadiendo Licaonia. Sobre todo se encarga de poner fin a la guerra con Eumenes, cuyo dominio es colindante con el suyo. Antípatro le confía el mando efectivo del ejército con el título de «strategos de Asia», y le deja la custodia de los reyes. Es de hecho un virrey; ningún otro diádoco tiene tanto poder, salvo quizá, Ptolomeo. Sin embargo, Antípatro le manda como segundo al mando a su propio hijo, Casandro. El mal entendimiento entre Antígono y Casandro resulta fatal, pues ninguno quiere ocupar el segundo lugar. La situación estalla poco después. Casandro es desheredado por su padre, pero le convence de que no debe separarse de los reyes, que marchan con Antípatro a Macedonia. Esto supone un gesto de desconfianza hacia Antígono, pero no es el momento de enfrentarse a él, así que como compensación, entrega a su hija Fila, como esposa a Demetrio, el hijo de Antígono. Esta unión no sería feliz, pero refuerza provisionalmente la alianza entre los dos diádocos. 

La regencia de Antipatro (321 a. C.-319 a. C.)
La preeminencia de Antípatro dura alrededor de dos años. Está marcada por la reanudación del conflicto contra los etolios, que aprovechando la partida de Antípatro y Crátero para Asia, habían invadido Tesalia. Ésta es reconquistada por Poliperconte, ayudado por una invasión de los acarnanios, sin duda suscitada por Antípatro.
En Asia, Antígono casi acaba con Eumenes y los últimos partidarios de Pérdicas. Eumenes, mal secundado por Alcetas (el hermano de Pérdicas), que muere en Pisidia, con 500 caballeros y 200 infantes, se refugia en la fortaleza de Nora, en los confines de Capadocia y Licaonia. 
Antípatro muere poco después, en 319 a. C., a la edad de 78 años. Con él desaparece el último compañero de Filipo II. Aunque no participó en la expedición de Alejandro Magno, ha hecho posible mantener la tutela macedonia sobre Grecia. Su sucesión va a reactivar los conflictos entre los diádocos.

Antígono Monóftalmos, o la última tentación imperial
La muerte de Antípatro va a aumentar la ambición de Antígono en Asia. Dueño de la mayor parte de Asia menor, y vagamente emparentado con la dinastía argéada, se juzga a sí mismo como el único capaz de encarnar la idea imperial. 
También es la personalidad que domina la compleja historia del Oriente helenístico durante los quince años siguientes. No es que a las personalidades de los otros diádocos les faltara grandeza o energía, pero comparados con Antígono, sus ambiciones parecen limitarse a construirse un espacio personal en el imperio de Alejandro, mientras que Antígono tiene la voluntad de dominarles. Ciertamente no era uno de los oficiales más prestigiosos de Alejandro. Había sido sátrapa de Frigia, pero no había ocupado un puesto de mando de primer nivel. Sin embargo, a los 65 años revela su talento militar contra los partidarios de Pérdicas, siendo secundado por su hijo, Demetrio Poliorcetes, uno de los capitanes más brillantes del momento.

Segunda Guerra de los diádocos (319 a. C.-315 a. C.)
Pronto estalló de nuevo la guerra. Antípatro no tenía confianza en su hijo Casandro, así que había nombrado a Poliperconte como su sucesor en la regencia de Macedonia. Entonces estalló la guerra civil entre Casandro, apoyado por Antígono y Ptolomeo, y Poliperconte.
Mientras que Poliperconte se hace con el poder de la regencia, Casandro sólo obtiene el cargo de quiliarca de la caballería, título que ya había recibido en Triparadiso. La edad de Poliperconte, su falta de prestigio, y la ambición de Casandro, llevan al conflicto. Además, el nombramiento de Poliperconte no posee ninguna base política, ya que no emana de un compromiso entre los diádocos.
Casandro se va a aliar primero con Ptolomeo, que acaba de arrebatar la satrapía de Siria-Fenicia a Laomedonte, por lo que entra en conflicto con el poder central, representado por Poliperconte. Éste busca aliados, por lo que proclama la libertad de los griegos en un edicto y se acerca los demócratas, mientras que en Asia busca la alianza de Eumenes, al que nombra «strategos de Asia», título que había recibido Antígono en Triparadiso. Así se enfrentan dos fuerzas antagonistas en el interior del imperio.

Lucha por el control de Atenas
El edicto de Poliperconte pone en apuros a Foción, jefe de la facción oligárquica de Atenas, y a Nicanor, jefe de la guarnición macedonia. En un principio triunfa la facción democrática, pero la llegada de Casandro revierte la situación. Ejecuta al jefe del partido demócrata, y mantiene a Atenas dentro de su alianza.
Casandro parte para Macedonia, y se entiende con la reina Eurídice, por lo que puede proclamarse regente, mientras que Poliperconte, que no controla más que el Peloponeso, es despojado de su título. Casandro marcha entonces contra Poliperconte, y sitia Tegea, pero Poliperconte acude a Olimpia, la reina madre que reside en Epiro, y ésta le presta ayuda, invadiendo Macedonia. Eurídice es arrestada, mientras intentaba huir a Anfípolis.
En septiembre de 317 a. C., Olimpia hace asesinar a Filipo III por sus soldados tracios, y obliga a Eurídice a suicidarse. Hace, igualmente, ejecutar a 100 de los partidarios de ésta, entre ellos a Nicanor, el hermano de Casandro. Éste reacciona con rapidez, y mientras us oficiales rechazan a Poliperconte, él pone a sitio a Pidna, donde está Olimpia. La ciudad se rinde, y Casandro, que teme la influencia de la reina madre, la hace asesinar, y se apodera de Alejandro IV y de Roxana.
En adelante, se comporta como un rey sin título. Además, se une a la dinastía de Alejandro, al casarse con Tesalónica, una de las hijas de Filipo II.

Antígono se impone en Asia (319 a. C.-316 a. C.)
La lucha que se abre en Asia es sobre todo entre Antígono Monóftalmos y Eumenes. Éste consigue invertir la situación en verano de 319 a. C., tras recibir fondos de Poliperconte, y el título de strategos. Levanta tropas y sabe eclipsarse hábilmente ante el recuerdo de Alejandro Magno. Para ello, alza en la tienda de su estado mayor el trono real, el cetro y la diadema, y redacta las órdenes en nombre del rey difunto. De esta manera, liga sus acciones a la causa oficial de la defensa de la monarquía, mientras que extiende el culto de Alejandro. Eumenes, un griego, contrasta fuertemente su personalidad refinada con el orgullo de los diádocos. Al principio, desciende por Fenicia, prudentemente abandonada por Ptolomeo, que se repliega al sur de Siria. Entonces le llega la noticia de un nuevo triunfo de Antígono.
Poliperconte había encargado al almirante macedonio Clitos, vencedor de la flota ateniense en la guerra lamiaca, impedir la llegada de las fuerzas de Lisímaco, sátrapa de Tracia. El dominio del mar era vital para Poliperconte, para poder unir sus esfuerzos con Eumenes. Clitos resulta vencedor en el mar, pero Antígono, con la ayuda de Nicanor, uno de los oficiales de Casandro, consigue transferir sus tropas a la orilla europea del Helesponto, y destruye el campamento y la flota enemiga amarrada en 318 a. C.

Disturbios en la parte oriental del imperio
Eumenes abandona Fenicia en el verano de 318 a. C., hacia Babilonia, a fin de aprovechar los disturbios que acaban de estallar en la parte oriental del imperio. Peitón, el sátrapa de Media, había tratado de crear un principado en la meseta iraní, apoderándose de Partia, para darla a su hermano Eudamos. Derrotado por una coalición de sátrapas liderada por Peucestas, que gobierna Persia, se refugia con Seleuco en Babilonia. Eumenes, que pasa sus cuarteles de invierno en Babilonia, intima a Seleuco y a Peitón a unirse a él contra Antígono, pero ellos rehúsan. Eumenes pasa entonces el Tigris en condiciones difíciles, ya que Seleuco ha hecho abrir los diques. Finalmente, Seleuco le deja pasar a Susiana, al este de Babilonia, para reunirse con sus aliados, con su ejército de 40.000 hombres y 120 elefantes.
Antígono llega a Mesopotamia en el verano de 317 a. C., y recibe el apoyo de Peitón y Seleuco. Ambos marchan sobre Susa, donde Seleuco comienza el asedio, mientras Antígono se dirige contra Eumenes. La tentativa de atravesar el río Coprates es un desastre, donde Antígono pierde miles de hombres, así que decide remontar hacia Media. Eumenes se retira hacia Persia, al sudeste. La confrontación tiene lugar en otoño de 317 a. C. en la batalla de Paraitacene
La tentativa de atravesar el río Coprates fue un desastre, donde Antígono perdió miles de hombres, así que decide remontar hacia Media. Eumenes se retira hacia Persia, al sudeste.
Entonces, Antígono emprende el proyecto de sorprender a su adversario en sus cuarteles de invierno. Por caminos escarpados, estimados impracticables para un ejército, cae sobre los acantonamientos diseminados de Eumenes.

Ejército de los diádocos. Elefantes de guerra asiáticos. A la izquierda elefantes y caballería, autor José Daniel Cabrera Peña; a la derecha elefantes e infantería en donde se aprecia los argiraspidos y falangitas, autor Christos Giannopoulos. 

En el otoño de 317 AC, Eumenes movilizó su ejército contra el de Antígono. Ambos ejércitos reconocieron las fuerzas adversarias, en los que hubo varias escaramuzas de caballería y Eumenes decidió dirigirse a la ciudad de Gabiene que ofrecía recursos y suministros, Antigono le persiguió y le obligó a presentar batalla en las tierras de los paraitacenos, al noreste de Susa.
Antígono contaba con 28.000 infantes, 9.000 jinetes y 65 elefantes, Eumenes contaba con 35.000 infantes, 6.000 jinetes y 120 elefantes. 

Despliegue inicial
Eumenes en su flanco izquierdo 3.150 jinetes ligeros apoyada peltastas y cubierta por 45 elefantes bajo el mando de Anfímaco. En el centro 3.000 hipaspistas de Susa mandados por Teatomos, 3.000 argiraspidos o escudos de plata (eran los hipaspistas de Alejandro que se cambiaron de nombre tras la batalla de Hidaspes para distinguirse de otros hipaspistas y que contarían entre 50 y 60 años) mandados por Antígenes, a continuación 12.000 mercenarios hoplitas y 12.000 falangitas nativos o pantodapoi cubiertos por 75 elefantes e infantería ligera. En el ala derecha bajo su mando, dispuso 2.300 jinetes pesados de los cuales 800 eran compañeros mandados por Tepolemos.

Falange macedonia o pezetairoi o campañeros de a pié. Autor Johnny Shumate

Antígono dispuso su ejército en orden oblicuo, en su ala derecha colocó 5.000 jinetes, de los cuales 1.000 eran arqueros montados y 2.000 tarantinos armados con jabalinas y escudo pequeño bajo su mando y de su hijo Demetrio. En el centro colocó 8.000 falangitas macedonios bajo el mando de Policrates, a continuación 8.000 falangitas nativos o pantodapoi bajo el mando de Hipostratos, 3.000 licios y paflagonios y a continuación 6.000 hoplitas mercenarios, delante colocó los 65 elefantes protegidos por peltastas y arqueros. En su ala izquierda desplegó 3.500 jinetes entre los que estaban 1.000 compañeros al mando de Peitón.


Batalla de Paraiticene 317 a.C., despliegue inicial

Primera Fase
La batalla la comenzó Antígono  con una carga de la  caballería dirigida por Peitón, que atacó la caballería pesada de Tepolemos, quién la rechazó y dispersó.
En el centro mientras tanto, las falanges se enzarzaron en lucha, logrando ventaja Eumenes debido a la habilidad de los argiráspidos o antiguos hipaspistas, que eran muy veteranos. Con su caballería ligera en desbandada y su falange siendo rechazada, la situación parecía grave para Antígono.

Segunda Fase
Sin embargo, Antígono se dio cuenta de que el fuerte avance de los argiráspidos los había llevado a adelantarse a sus compañeros, dejando al descubierto un hueco en el flanco derecho entre el centro y su caballería. En una audaz maniobra penetra por el hueco y desbarata la caballería de Eumenes. Una derrotado el flanco izquierdo de Eumenes, Antígono mandó una parte de su caballería pesada cargar contra la retaguardia de los argiráspidos y la otra parte, atacar a la caballería del flanco derecho adversaria.

El ataque fue un éxito, y consiguió equilibrar la balanza evitando la que parecía inevitable victoria de Eumenes. La intensidad de la batalla disminuyó entonces, con ambos bandos tratando de reagrupar sus unidades hasta el ocaso, en que Eumenes mandó retirar a las tropas dejando el campo de batalla para Antigono, que se hizo cargo de muertos y heridos.
Antígono el Tuerto se proclamó el vencedor, si bien sus bajas fueron mayores, con 3.700 infantes muertos y cerca de 4.000 heridos. Las fuerzas de Eumenes tuvieron solo 540 infantes muertos y cerca de 1.000 heridos.
En las jornadas posteriores al choque, los dos contendientes se alejaron el uno del otro para establecer sus cuarteles de invierno, manteniendo una distancia prudencial para no perder sus posiciones. Al año siguiente se libraría la batalla definitiva en Gabiene.
Antígono resulta vencedor, pero sus pérdidas mayores que las de su adversario, y se retira a Media.
Entonces, Antígono emprende el proyecto de sorprender a su adversario en sus cuarteles de invierno. Por caminos escarpados, estimados impracticables para un ejército, cae sobre los acantonamientos diseminados de Eumenes. Éste consigue al menos reunir sus tropas para una última batalla, que tiene lugar a comienzos de 316 a. C., la batalla de Gabiene. Antígono, aprovechando la nube de polvo que se levanta en el campo de batalla, se apodera del campamento. 
Esta vez las fuerzas enfrentadas son: Antígono: 22.000 infantes (5.000 menos que el año anterior), 9.000 jinetes y 64 elefantes. Eumenes: 36.000 infantes (1.700 más), 6.000 jinetes y 114 elefantes. Antígono era superior en caballería y Eumenes lo era en infantería.
Antigono vuelve a repetir el despliegue de la batalla anterior, en su ala derecha 5.000 jinetes de caballería pesada mandada por él y su hijo Demetrio (Había 1.000 arqueros montados, 2.000 tarentinos que llevaban lanza y un pequeño escudo). En el centro colocó la falange macedonia (6.000) bajo el mando de Policrates, a continuación 6.000  pantodapoi (falangitas locales) bajo el mando de Hipostratos,  a continuación 1.600 licios y paflagonios 5.000 los mercenarios, delante colocó los 64 elefantes protegidos por peltastas y arqueros.   En su  ala izquierda desplegó 4.000 jinetes medios y tarantinos bajo el mando de Peitón.
Eumenes en su flanco izquierdo 3.000 jinetes de caballería pesada apoyada peltastas y cubierta por elefantes bajo el mando de Peulestas. En el centro 3.000 hipaspistas mandados por Teatomos, 3.000 argiráspidos o escudos de plata mandados por Antigenes, a continuación 10.000 mercenarios, y 1o.000 falangistas locales o pantodapoi. En el ala izquierda dispuso 3.000 jinetes ligeros  de Filipo.  Cubrió todo el frente con los 114 elefantes apoyados por peltastas y arqueros como una pantalla para proteger sus fuerzas al tiempo que proporciona el tiempo de la falange de romper la línea enemiga.

Choque de los elefantes en el centro, produciendo una nube de polvo 

La batalla comenzó con las dos líneas de elefantes chocaron de forma directa en el medio del campo de batalla, levantando grandes nubes de polvo en el suelo del desierto. Esto dio a Antígono una idea aprovechando la falta de visibilidad, ordenó a su caballería ligera de su ala izquierda envolver por el sureste el despliegue adversario e ir directamente al campamento de Eumenes que estaba ligeramente defendido. Todo equipaje Eumenes y las familias de sus soldados fueron llevados de vuelta al campamento de Antígono.
Aunque la batalla continuaría, en realidad fue el momento decisivo. Mientras tanto, la caballería pesada de Antígono del ala derecha mandada por Demetrio con sus 5.000 jinetes había maniobrado desbordando la pantalla de elefantes, y se dirigió directamente contra la caballería del ala izquierda de Eumenes mandada por Peulestas que disponía de 3.000 jinetes, cuando éstos vieron la nube de polvo que se acercaba y huyeron.
Los elefantes de Eumenes destrozaron a los de Antigono, y se dirigieron contra la infantería adversaria, seguida de la infantería de Eumenes. Los hipaspistas y los argiraspidos o escudos plateados destrozaron la falange macedonia que huyó hacia el norte.
La caballería de Antígono bloqueó a la caballería de Eumenes y Filipo para que no accediera al campo de batalla, mientras que la caballería ligera de Peitón atacó a los hipaspistas y argiráspidos por la retaguardia. Estos formaron un cuadrado para poder enfrentarse, lo que permitió  que la infantería de Antígono pudiera escapar. Así pues la batalla aparentemente terminó en empate, con la infantería Eumenes victoriosa en el centro, pero derrotado en las alas.
Sin embargo, a pesar de que la batalla fue un empate técnico, la toma del campamento de Eumenes significaba que iba a ser en cambio una victoria decisiva para Antígono.
Cuando los argiráspidos descubrieron que su equipaje y sus familias habían sido capturados por Antígono, decidieron que ya no querían luchar. Se amotinaron, y arrestaron a Eumenes. A continuación, se pusieron en contacto con Antígono y acordaron unirse a su ejército y entregar Eumenes a cambio de la devolución de sus bienes y sus familias. Antígono estuvo de acuerdo y Eumenes junto con Antígenes fueron ejecutados, poniendo fin a la guerra. Los argiraspidos o escudos de plata que ya eran muy mayores, fueron disueltos y enviados a guarniciones, pero no regresaron a Macedonia.

Situación de los reinos Diádocos en el 315 a.C tras la batalla de Gabiene

Apenas ha vencido a Eumenes, y mientras que su aliado Casandro se impone en Macedonia contra Olimpia, Antígono se lanza a un vasto movimiento de reorganización de Asia, comportándose como un soberano. Descarta sin contemplaciones a los sátrapas, para sustituirlos por hombres suyos. Así sucede con Peucestas, al que debe, sin embargo debe su victoria contra Eumenes, que es descartado en Persia, donde es muy popular. Peitón de Media es ejecutado, y Antígono llega a Babilonia, a pedir cuentas a Seleuco. Éste debe su salvación a la huida, y Antígono, imitando en esto a Alejandro, no duda nombrar a persas para los cargos importantes. En 316 a. C. es el más rico y poderoso de los diádocos.



Tercera Guerra de los diádocos (314 a. C.-311 a. C.)

Seleuco encuentra refugio con Ptolomeo en Egipto. Le es fácil convencer al Lágida del peligro que constituye el aumento del poder de Antígono. El precedente del ataque de Pérdicas a Egipto en 322 a. C. demuestra que, para todo candidato a la restauración del poder imperial, la independencia y la riqueza de Egipto constituyen una amenaza. Además, Ptolomeo desea Siria, que ya ocupó provisionalmente en 318 a. C., y que ahora controla Antígono.
Se envían embajadores a Casandro y Lisímaco, inquietos también por los proyectos de Antígono, y se forma una coalición de los tres diádocos. Se lanza un verdadero ultimátum a Antígono, que reclama un nuevo reparto de las satrapías, lo que supondría desmantelar su dominio. El viejo diádoco, (Antígono tiene 68 años) se declara presto para la guerra.
Antígono desea llevar la guerra a Europa, pues es, al menos nominalmente, la cabeza del imperio. Además, espera probablemente apoderarse del rey superviviente, Alejandro IV, el hijo de Alejandro. Pero es retenido en Asia por sus adversarios, y no interviene en Grecia y Macedonia más que por medio de intermediarios y aliados.
En Asia, hasta 313 a. C., los combates se limitan a un enfrentamiento entre Antígono y Ptolomeo. El sátrapa de Egipto es un general prudente, poco inclinado a jugárselo todo en una batalla, y no le gusta alejarse de sus bases. Así que abandona Siria, evitando enfrentarse con Antígono, y deja una fuerte guarnición en Tiro, que resiste casi un año (315-314 a. C.). Ptolomeo confía su flota a Seleuco, que lleva a Chipre y Asia Menor. Para Antígono, este período es favorable, aunque la toma de Tiro no le permite acceder a Egipto, muy fortificado. Decide entonces apoderarse de Asia menor, mientras que manda a sus sobrinos, Telesforo y Polemón desembarcar en Grecia.
Es entonces cuando Ptolomeo comprende que su cautela ya no resulta apropiada, y reacciona. Se apodera de Chipre, y se aprovecha del ardor imprudente de Demetrio, al que vence en la batalla de Gaza
El encuentro entre ambos ejércitos se produjo al sur de  la ciudad de Gaza. Ptolomeo formó su ejército que no tenía elefantes.
Demetrio y Pitón contaban con 11.000 infantes pesados que formaban sus falanges, 2.500 infantes ligeros, 4.400 jinetes y 43 elefantes, y los  desplegaron de la siguiente forma:
Ala izquierda bajo su mando: 2.900 (200 era su agema o guardia personal compuesta por amigos entre los que se encontraban Pitón y Boeoto y cuya misión era proteger a Demetrio, 800 compañeros, el resto eran jinetes de todo tipo) 1.500 infantes ligeros (1.000 arqueros y lanzadores de jabalinas y 500 honderos persas) y 30 elefantes de guerra.
Centro: 11.000 infantes (2.000 falangistas macedonios, 1.000 falangistas lirios y paflagonios, y 8.000 hoplitas mercenarios) y 13 elefantes de guerra con infantería ligera.
Ala derecha: 1.500 jinetes bajo el mando de Andrónico que formaba en ángulo para evitar la lucha.
Ptolomeo contaba con 18.000 infantes y 4.000 jinetes  y desplegó sus fuerzas:
Ala derecha: 3.000 jinetes pesados bajo su mando y de Seleuco.
Centro: bajo el mando de Eudamos con  18.000 infantes de los cuales unos 2.000 eran falangistas macedonios, 6.000 eran jóvenes reales que se encontraban en Egipto por orden de Alejandro de Macedonia y el resto unos 10.000 era infantería egipcia.
Ala izquierda: 1.000 jinetes bajo el mando de Tiepolemos.

Ptolomeo dispuso su mejor y más numerosa caballería en el ala derecha, bajo su mando. Contempló cómo Demetrio le oponía asimismo el grueso de la suya. Para paliar la desventaja de no disponer de elefantes ideó una estratagema: Elaboró los abrojos lo que podíamos llamar las primeras minas, es decir púas de hierro unidas por cadenas que la infantería ligera debería colocar con el fin herir las plantas de las patas de los elefantes cuando éstos las pisaran al avanzar. Dio órdenes  al resto de su ejército para que no entrase en combate o lo retrasara todo lo posible, pues pensaba que la batalla la decidiría su ala derecha de caballería.
Los planes sucedieron como Ptolomeo había pensado. Demetrio dio orden a sus elefantes de avanzar y cuando estos se lanzaron contra la caballería de Ptolomeo, con la caballería de detrás. Cuando los elefantes habían cubierto más de la mitad de la distancia, dio la señal de que los porteadores egipcios que llevaban las minas, las colocaran delante de la infantería ligera, estableciendo una especie de campo de minas protegido por la infantería ligera, y una vez establecido re retiraron.
Cuando los elefantes de Demetrio, pisaron los abrojos punzantes o minas, se detuvo el avance, algunos elefantes se volvieron  y arrollaron a su propia infantería ligera y los que intentaron cruzar, sus conductores fueron abatidos por la infantería ligera.
Aprovechando la confusión, Ptolomeo dio orden a su infantería ligera de avanzar, así como envolvió con su caballería a los elefantes, cargando contra la caballería adversaria de  flanco. 
En medio del desorden, agravado por la pérdida de los elefantes, la infantería ligera de Demetrio  rompió la formación y echó a correr. Los jinetes de también se dieron a la fuga dejando solos a los compañeros y  la agema o guardia real que fueron rodeados, Pitón y Boeto murieron y finalmente Demetrio pudo huir.
La infantería mercenaria, dejaron las armas y se rindieron, el resto se retiró a Gaza. En las puertas de Gaza se originó una gran confusión,  algunos de su caballería prefiere rescatar su equipaje y cuando llegaron las tropas de Ptolomeo nadie fue capaz de cerrar las puertas a tiempo” con el resultado de que los perseguidores consiguieron entrar  dentro de los muros, y la ciudad pasó a manos de Ptolomeo.

La derrota de Demetrio fue flagrante, tuvo 1.500 muertos la mayoría de caballería, 8.000 prisioneros y 40 elefantes capturados. No hay datos de las bajas de Ptolomeo.
Ptolomeo se fue con su ejército contra las ciudades de Fenicia, conquistando Tiro y Sidón. Demetrio, necesitando soldados, se retiró a Tripoli (ciudad de Grecia) junto con lo que quedaba de sus fuerzas de guarnición en Cilicia.
En la primavera de 311 a.C, Ptolomeo dio a Seleuco una pequeña fuerza de 800 infantería y 200 caballería para que pudiera regresar a Babilonia que había sido su satrapía y donde todavía tenía partidarios. Seleuco fue capaz de reclutar otros 3.000 hombres de los pueblos y las colonias griegas a lo largo de la ruta y recapturar Babilonia rápidamente. Pero el gobernador dejado por Antígono, Nicanor, armó contra él otro ejército con 10.000 infantes y 7.000 jinetes con fuerzas de Media y Aria y se lanzó en búsqueda del supuesto usurpador.
Seleuco no podía hacer frente a su enemigo en campo abierto, así que huyó. Nicanor le persiguió a Seleuco, astutamente, esperó a que el ejército de su enemigo hubiera acampado y lanzó un ataque sorpresa durante la noche, e hizo una masacre en el campamento rival matando a Evangoro, el sátrapa de Aria, y en la confusión, un gran número de sus hombres se rindieron y aceptaron luchar con Seleuco, que ahora tenía cerca de 20.000 hombres. Tras haber salido de Babilonia huyendo, retornó triunfante, con un ejército casi cuadruplicado y con gran prestigio, pero todavía no era lo suficientemente potente para hacer frente a Antígono en batalla abierta, así que acto seguido, ante la inexistencia de fuerzas importantes en las satrapías orientales, Seleuco las invadió y las hizo suyas.
Mientras tanto, ya en el año 311 a.C, Antígono volvió a Siria, donde su hijo no había estado a la altura. No obstante, sabía que su hijo era un buen estratego y que Ptolomeo era un mal enemigo. Aprovechando su prestigio marchó sobre Fenicia y las ciudades que habían abierto sus puestas a Ptolomeo, las volvieron a abrir, ahora a Antígono. Las ciudades lo único que querían era vivir en paz y tanto les daba que fuera su monarca un diádoco u otro. Ptolomeo, sabiendo que Antígono era más duro de pelar que su hijo, retrocedió a sus posiciones en Egipto.
Con el fin de poner fin a las tensiones se entablaron conversaciones de paz. Los generales se reunieron en el 311 AC para volver a realizar un nuevo reparto de los antiguos territorios de Alejandro. Casandro fue nombrado regente, con la sede de su poder en Macedonia, Ptolomeo y Lisímaco conservaron sus territorios, mientras que Asia pasó a manos de Antígono, incluyendo Gaza que permaneció bajo su poder, pero Babilonia quedó en manos de Seleuco.
En Grecia seguía la lucha entre Casandro, hijo del difunto Antípatro, regente de Macedonia nombrado por Alejandro, y Polemón, el sobrino de Antígono. Éste se había hecho con el control del Peloponeso y la parte de Grecia situada debajo de la Tesalia.
Con Antígono dueño absoluto de Asia Menor, y con su sobrino Polemón amenazando a Macedonia desde el Sur, Casandro temió que, en cuanto Antígono terminara su operación contra Ptolomeo, podría invadir Grecia atravesando el Helesponto y recibir el apoyo de su sobrino desde el Sur. Y poco podría hacer Lisímaco en la Tracia contra el poderoso Antígono. 

La paz de 311 a. C.
En 311 a. C., ninguno de los diádocos había conseguido una ventaja decisiva, por lo que se hacía sentir la necesidad de una tregua. Por ello, los plenipotenciarios de Lisímaco y Casandro toman contacto con Antígono, a los que pronto se les unen los de Ptolomeo. La paz firmada es conocida por una breve alusión de Diodoro, y por un texto epigráfico incompleto descubierto en la ciudad de Skepsis en Troade.
Las dos principales disposiciones del tratado son que cada uno conserva sus posesiones, y se proclama oficialmente la libertad de los griegos. Antígono permanece como «strategos de Asia», lo que hace que de facto, Seleuco se convierta en sátrapa rebelde. Antígono aparece como el vencedor provisional del conflicto. Su imperio, centrado en Asia menor está intacto, a excepción de Babilonia, en poder de Seleuco. Además, se queda con los tesoros que sus adversarios deseaban arrebatarle. También estima como favorable la proclamación de la libertad de las ciudades griegas, ya que todos los diádocos las tienen en sus estados, aunque es un arma de doble filo, que también puede volverse contra él.
Sin embargo, Antígono no ha logrado ninguno de sus objetivos. Ninguno de sus adversarios ha sucumbido, y debe reconocer a Casandro como «strategos de Europa», y tutor de Alejandro IV. Como la mayoría de edad del rey se acerca, hay una amenaza para todos los diádocos, ya que puede disponer de sus funciones. Por eso, la paz contiene en sí la extinción de la dinastía argéada, ya que conviene a todos ellos. En definitiva, este arreglo mantiene el statu quo, lo que vistas las circunstancias, no es de extrañar.
Por esas fechas, Casandro asesina al joven rey Alejandro IV, y a su madre, Roxana, poniendo fin a la Dinastía argéada, que había gobernado Macedonia durante varios siglos. Por el momento, los generales siguieron reconociendo a Alejandro como rey, ya que Casandro no anunció su muerte, pero parecía claro que antes o después, algunos o todos reclamarían el trono. 

Guerra de Babilonia (311 a. C.-309 a. C.)
La paz de 311 a. C. no es más que una simple tregua, que se revela de corta duración. En efecto, Seleuco rechaza a los generales enviados contra él por Antígono, y extiende su gobierno a todas las satrapías interiores, hasta la India. Tanto Antígono, como su hijo Demetrio, son derrotados por Seleuco, con lo que se acaba con cualquier posibilidad de restauración del imperio de Alejandro el Grande, un resultado confirmado en la batalla de Ipsos de 311 a. C. 

El fin de la dinastía real
Mientras Ptolomeo y Antígono se enfrentan, y Seleuco está ocupado en Asia, Macedonia conoce trágicos acontecimientos, con la desaparición de la casi totalidad de la familia real. El tratado de paz permite a a Casandro conservar su título de «strategos de Europa» hasta la mayoría de edad del rey Alejandro IV. Es prácticamente la condena de muerte de Alejandro y de su madre, Roxana, que son asesinados en 310 a. C. Poliperconte, nuevamente en desacuerdo con Casandro, toma bajo su protección a Heracles, hijo ilegítimo de Alejandro y Barsine, y levanta un ejército de 20.000 hombres. Casandro se siente incapaz de hacerle frente, pero le ofrece compartir el poder en Grecia, a cambio de deshacerse de Heracles. Heracles es asesinado, y así desaparece el último miembro masculino de la dinastía Argéada, y el último obstáculo para que los diádocos se proclamen reyes. 

Cuarta Guerra de los diádocos (308 a. C.-301 a. C.)
Tras la paz alcanzada en la Tercera Guerra de los Diádocos, la guerra estalló de nuevo. Ptolomeo había extendido su poder al mar Egeo y a Chipre, mientras que Seleuco estaba consolidando su poder en los vastos territorios del este del imperio de Alejandro. A partir de 318 a. C., Seleuco, emprende un largo conflicto con el príncipe indio Chandragupta Maurya, que acaba con un tratado de paz en 303 a. C. Seleuco abandona las satrapías indias del imperio de Gandhara, así como la parte oriental de Aracosia y Gedrosia, pero se apodera de Bactriana y coloca el centro de su poder en Babilonia, creando la capital de Seleucia del Tigris.
Pero es Ptolomeo el que retoma la iniciativa en el mar Egeo, donde domina la confederación de las Cícladas, bajo control de Antígono. Aprovechando un conflicto familiar entre Antígono y su sobrino Polemón, se construye un principado en Eubea alrededor de Calcis. En ese momento, Demetrio está ocupada en Asia con Seleuco, y Antígono no tiene flota. El sátrapa de Egipto sabe que ya no puede contar con sus antiguos aliados. Casandro está ocupado en oscuros conflictos internos de la península balcánica, y Lisímaco tiene que defender sus fronteras de nuevos ataques. Así que tiene que actuar solo, y en 310 a. C. envía a su general Leónidas a apoderarse de Cilicia. La reacción de Antígono es rápida: recupera Frigia y vence a Leónidas. Pero en 309 a. C., Ptolomeo se apodera de las ciudades costeras de Caria y de Lidia.
Por estas fechas, Ptolomeo parece alcanzar un acuerdo con Antígono para repartirse el mar Egeo. Las islas serían recuperadas por Antígono, y la Grecia continental para Ptolomeo. Esta alianza está claramente dirigida contra Casandro y Poliperconte. A partir de 308 a. C., Ptolomeo atraviesa el Egeo y se apodera de Andros, y luego desembarca en el Peloponeso. Sus embajadores llaman a la libertad de los griegos. Pero los acontecimientos en Cirenaica le preocupan, así que hace un tratado con Casandro y vuelve a Egipto.
La retirada de Ptolomeo de Grecia continental deja el campo libre a Antígono. 
En efecto, acaba de firmar un tratado con Seleuco, reconociendo su control sobre las satrapías orientales, y aprovechando que éste está ocupado en su frontera oriental, vuelve su activismo hacia lo que siempre fue su objetivo: Grecia y Macedonia. Hace construir una nueva flota (la anterior había pasado a poder de Ptolomeo), y en 308 a. C.-307 a. C., Demetrio parte de Éfeso con 250 naves. 
Entra en Atenas, expulsa a Demetrio de Falero, el gobernador de Casandro que gobernaba desde hacía 10 años, y proclama de nuevo la libertad de las ciudades griegas. Los acontecimientos son muy desfavorables para Casandro, que se ve rechazado más allá de las Termópilas, y pierde también el Épiro.
Esta situación es inaceptable para Ptolomeo, para quien el nuevo poder de Antígono supone una amenaza. Así que también arma una flota para atacar Siria. 
Demetrio es llamado por su padre, sin haber podido tomar Corinto ni Sición, en manos de Leónidas, el general de Ptolomeo. Parte para Chipre y vence al strategos Menelas en la batalla de Salamina de Chipre en 306 a. C.

Lo diádocos se proclaman reyes
Este éxito anima a Antígono, que tiende siempre a la restauración del imperio de Alejandro, a tomar, junto con su hijo, el título de basileus «rey» bajo el nombre de Antígono I, y Demetrio I. Plutarco cuenta que fue por iniciativa de Aristodemo de Mileto por lo que se tomó la decisión. De cualquier modo, es una manera de afirmarse como el sucesor de Alejandro, sobre todo, después de la desaparición de los últimos herederos de la dinastía argéada. El hecho de que, según Apiano, Demetrio sea asociado al trono, ilustra bien esta voluntad de fundar una nueva dinastía.
Evidentemente, los demás diádocos deben reaccionar, y adoptan sucesivamente una actitud idéntica, tomando el título real. Así se convierten en reyes, Ptolomeo I (305 a. C.), Casandro de Macedonia, Lisímaco de Tracia, y Seleuco I. Era una manera de oponerse a las pretensiones imperiales de Antígono, y de asegurar la legitimidad de sus poderes. La consecuencia más directa es el desmembramiento definitivo del imperio, y el nacimiento jurídico de las monarquías helenísticas.

El sitio de Rodas
En el mismo año, Antígono intentó invadir Egipto, pero las tormentas impidieron el abastecimiento de la flota de Demetrio, y fue obligado a volver a casa. Ahora, con Casandro y Ptolomeo muy debilitados, y Seleuco ocupado en el este, Antígono y Demetrio se ocuparon de Rodas, a la que sometieron a sitio en 305-304 a. C., sin conseguir tomar la ciudad.
Si Rodas adopta una estricta neutralidad en los conflictos de los diádocos, sus intereses económicos se orientan preferentemente a una alianza con Egipto. Además, el desarrollo de la piratería concede a la isla un papel de gendarme de los mares que le vale un gran prestigio. Antígono desea apoderarse de la ciudad por su importancia estratégica. Como ya tiene Chipre, si consigue Rodas, puede controlar el conjunto de comunicaciones del Mediterráneo oriental y el Egeo.
Demetrio con un ejército de 40.000 infantes desembarcó en Rodas con más de 200 naves de guerra. En las naves se transportaban asimismo potentes máquinas de asedio, catapultas, torres de asalto, arietes, ballistas con las que se ganó su apodo de Poliorcetes (conquistador de ciudades), a pesar de no haber podido apoderarse de la ciudad. Utilizó numerosas máquinas y tácticas, a las cuales, los rodios que disponían 7.000 efectivos se opusieron con una gran valentía. Ptolomeo, Casandro y Lisímaco abastecieron a la ciudad, por lo que Ptolomeo se ganó el apodo de Soter (salvador), la ciudad estuvo a punto de ceder en 305 a.C. Por fin, gracias a la intervención de la Liga Etolia, en el 304 a.C, la ciudad de Atenas, que corría peligro de ser tomada por Casandro, quien la estaba sitiando. Demetrio levantó el cerco de Rodas y Demetrio fue reclamado por su padre para rescatar Atenas. Se firmó un acuerdo. Rodas se convirtió en aliada de Antígono, excepto contra Egipto. Para conmemorar la victoria, se levantó la estatua de 35 metros del Coloso de Rodas.

Ballista en el asedio de Rodas (305-304 a.C). Ballista diseñada por Demetrio Poliorcetes (asediador de ciudades), podía arrojar piedras de grandes dimensiones

Torre Helepolis empleada en el asedio de Rodas en el 305 AC. Medía de 40 a 43 metros de altura, 22 metros  de base en cada lado y pesaba unas 150 toneladas.

La guerra de cuatro años en Grecia (307 a. C.-304 a. C.)
Si Demetrio pone fin al asedio es porque en Grecia, Casandro a vuelto a la ofensiva, amenazando Atenas. En 306 a. C. Casandro se enfrenta a los etolios, consiguiendo batirles. En vista de la situación. Casandro pide la paz, pero Antígono la rechaza, y en 304 a. C. Demetrio vuelve del asedio de Rodas y reaparece en Grecia, rechazando a Casandro al norte de las Termópilas, y poniendo fin a la guerra de los cuatro años. Casandro llama en su ayuda a sus aliados, que invaden Anatolia.
En vista de la situación, Casandro pide la paz, pero Antígono la rechaza, y Demetrio invade Tesalia, donde se enfrenta a Casandro, sin resultados concluyentes. Entonces, Casandro llama en su ayuda a sus aliados, y Anatolia es invadida por Lisímaco, forzando a Demetrio a abandonar Tesalia, y enviar a sus tropas a Asia Menor, para ayudar a su padre.

La última coalición contra Antígono (302 a. C.)
Los demás diádocos no pueden ver a Casandro despojado de su reino, sin reaccionar. Si Antígono y Demetrio se apoderan de Grecia y Macedonia, tendrán una legitimidad aún mayor. En 304 a. C. comienzan unas negociaciones que acaban en una nueva coalición contra el viejo soberano. Las fuerzas son equivalentes, pues la inmensidad de la riqueza del reino de Antígono le permite movilizar efectivos considerables. Por tanto, es necesario para sus adversarios conseguir la unión de sus fuerzas, si quieren ganarle. El plan consiste en ganar tiempo, con una defensa obstinada en Europa contra Demetrio, que permita sorprender a Antígono con un ataque de Lisímaco en Asia, y temporizar hasta reunir a todas las fuerzas aliadas.
Lisímaco es el primero en ponerse en marcha en la primavera de 302 a. C. Con ayuda de tropas enviadas por Casandro, invade Frigia helespóntica, recibiendo la sumisión de numerosas ciudades de la costa de Licia y Caria. Antígono marcha a su encuentro y llama a Demetrio.
Éste está invadiendo Tesalia en la primavera de 302 a. C., contorneando las Termópilas con su flota. Arregla rápidamente un armisticio con Casandro, y pasa a Asia, desembarcando en Éfeso, que pone bajo su control. Casandro, desde la partida de Demetrio, se ocupa de restablecer su autoridad de Tesalia y Fócida, amenazando a Argos, en el Peloponeso. Derroca a Pirro de Epiro, y le reemplaza por Neóptolemo.

Mapa  de los reinos Diádocos en el 302 a.C, antes de la batalla de Ipsos

La llegada de Demetrio a Asia pone a Lisímaco en dificultades. Los refuerzos que recibe de Casandro son barridos por Demetrio, así que se retira Heraclea para pasar el invierno, y esperar la llegada de Seleuco, que inverna en Capadocia. En cuanto a Ptolomeo, comete un error importante, pues habiendo invadido Celesiria, y preparándose para recibir a Seleuco, se bate en retirada, por la falsa noticia de una victoria de Antígono. La llegada de Seleuco con 500 elefantes de guerra, obtenidos de Chandragupta Maurya, trastorna la relación de fuerzas. Antígono se retira a Frigia, pero es vencido y muerto en la batalla de Ipsos, en 391 a. C.

Batalla de Ipsos (301 a.C)
Antígono contaba, con 70.000 infantes, 10.000 jinetes y 73 elefantes de guerra, mientras que la coalición había reunido 60.000 infantes, 15.000 jinetes, 400 elefantes y 120 carros de guerra falcados. 
El plan de batalla en ambos ejércitos era el habitual, las falanges en el centro, flanqueadas por la caballería.
Antígono dispuso a su mejor caballería unos 5.000, al mando de Demetrio, en el ala derecha. Él se colocó en el centro con las falanges bajo su mando (8.000 falangitas macedonios, 25.000 falangitas katoikoi de Asia Menor y 15.000 hoplitas mercenarios. En su ala izquierda desplegó unos 5.000 jinetes ligeros. Consciente del menor valor de la caballería de este flanco, desplegó sus pocos elefantes en esta zona.
Seleuco, a la vista de los elefantes de la parte contraria, colocó 100 de sus elefantes enfrentados a ellos. El resto 300 los guardó como reserva a la vista de cómo fuera el desarrollo de la batalla bajo su mando directo. En su flanco izquierdo puso unos 5.000 jinetes ligeros persas. En el centro la infantería al mando de Lisímaco, que contaba con 12.000 falangitas macedonios cedidos por Casandro, y 30.000 infantes persas. El ala derecha contaba con unos 10.000 jinetes, de los cuales unos 3.000 eran griegos y el resto eran persas.

Elefantes de guerra hindúes acorazados, fueron utilizados tanto por Antígono (73) como por Seléuco (100) en la batalla de Ipsos, siendo desplegados en vanguardia

Batalla de Ipsos 301 a.C., despliegue inicial

Comenzó la batalla cuando Demetrio, a la cabeza de su mejor caballería, atacó a Antíoco, hijo de Seleuco, que fue derrotado y abandonó el campo de batalla siendo perseguido por Antioco que se alejó del campo de batalla.
Al mismo tiempo, elefantes de Antígono y Lisímaco apoyados por su infantería ligera, “avanzaron lucharon como si la naturaleza les había acompañado por igual en valor y fuerza”, lo que sugiere que también fueron iguales en número.
Seleúco, viendo que Demetrio se había alejado del campo de batalla, ordenó a los 300 elefantes de reserva que avanzasen y cortaran el camino de regreso de Demetrio. Se vio incapaz de superar la formidable barrera que suponían más de 300 elefantes con arqueros en sus lomos disparando flechas contra sus jinetes. Parte de su caballería se pasó al enemigo, desalentada ante la capacidad del enemigo y el resto fue masacrado por los elefantes.
Batalla de Ipsos 301 a.C., primera fase

La lucha en el centro estaba muy igualada y el resultado era incierto. Privado del apoyo de la caballería, en la que confiaba, las falanges de Antígono resistieron largo tiempo. Pero mando volver la caballería de Antíoco que se dividió en dos partes, una atacó directamente el flanco derecho de infantería de Antigono y la otra reforzó el flanco derecho, poniendo en fuga a la caballería de Antígono, y atacando a la falange por restaguardia. Seleuco envió caballería ligera a hostigar los flancos. Sus falanges perdieron terreno ante el empuje combinado de infantería y caballería contraria. El propio Antígono cayó de su caballo y fue rematado en tierra.
A la vista del desastre en que todo podía terminar, Demetrio pudo evitar que la mitad de su ejército siguiera igual camino, ordenó formar las falanges en doble orden de batalla y se retiró del campo de batalla. Logró salvar así la mitad de los efectivos de las falanges y la mitad de la caballería, consiguiendo llegar a Éfeso con 4.000 jinetes y 5.000 falangitas.
Batalla de Ipsos 301 a.C., segunda fase

Las bajas del ejército de Antígono ascendieron a 25.000 hombres y el ejército aliado debió de sufrir bajas mínimas, de 1.000 a 3.000 hombres. Tras la derrota, Demetrios, se dirigió a Macedonia.

Reinos de los Diádocos en el 301 a.C. trás la batalla de Ipsos

Demetrio huye a Grecia, para tratar de preservar los restos de su gobierno. Lisímaco y Seleuco se reparten los territorios de Antígono, quedándose el primero con el oeste de Asia Menor, y el segundo con el resto, excepto Cilicia y Licia, que son para Plistarco, el hermano de Casandro.

Últimos conflictos entre los diádocos
La partición del reino de Antígono

Los reinos de los diádocos en 301 a. C.

La batalla de Ipsos consagra definitivamente el desmembramiento del imperio de Alejandro. La idea de unidad del mundo helenístico es abandonada. El reino de Antígono se divide en cuatro:
·       Reino de Macedonia y Grecia para Casandro. Disputado por Demetrio.
·       Asia menor para Lisímaco. A excepción de algunas plazas en Licia, Panfilia y Pisidia, en manos de Ptolomeo.
·       Resto de Asia, para Seleuco.
·       Cilicia, un pequeño reino de existencia efímera, para Pleistarco, hermano de Casandro.

Demetrio
El personaje central del período que separa la batalla de Ipsos de la batalla de Corupedio (281 a. C.), que marca el final de las guerras de los diádocos, es la de Demetrio, el hijo de Antígono. Sus acciones determinan en gran medida las reacciones de los demás diádocos. Pero Demetrio no domina el período, pues su ambición resulta oscurecida por una falta de medida y de prudencia, así como por su inconstancia. Gran general, logra importantes victorias, pero también su fogosidad es causa de desastres decisivos. Pronto a aprovechar la menor ocasión, carece de un plan a largo plazo y de objetivos claramente definidos. Seductor y generoso, adopta a menudo una conducta orgullosa, que le aleja de unos apoyos fieles. Su vida novelesca, llena de acciones brillantes y bruscos cambios de fortuna termina sin gloria, en cautividad (285 a. C.)

Primeros conflictos entre los vencedores
La «Gran alianza» entre los adversarios de Antígono Monóftalmos no dura mucho. Pronto sobreviene un conflicto entre Ptolomeo y Seleuco por la Celesiria. Prometida a Ptolomeo, en caso de victoria sobre Antígono, es ocupada por el Lágida. Pero después de su retirada poco gloriosa antes de la derrota final de Antígono, esta provincia es atribuida a Seleuco, que la reclama. Ante la negativa de Ptolomeo a retirarse, Seleuco no insiste, pero tampoco renuncia a sus derechos. Así nace la espinosa cuestión de la Siria meridional, que va a envenenar las relaciones entre Lágidas y Seléucidas. Ptolomeo decide anticiparse a la amenaza y se aproxima a Lisímaco, a quien ofrece a su hija Arsínoe en matrimonio en 299 a. C. El diádoco de Tracia, a su vez, casa a su hija, también llamada Arsínoe, con el futuro Ptolomeo II.
Esta alianza amenaza a Seleuco, que corre el riesgo de ser atacado por la espalda, en caso de conflicto. Por tanto, busca la aproximación a Demetrio Poliorcetes, con cuya hija Estratónice se casa, aunque más tarde se la cede a su hijo, Antíoco, profundamente enamorado de ella. Demetrio aprovecha esta oportunidad, y desembarca en Cilicia en 299 a. C., y derroca a Pleistarco, el soberano de este reino efímero. Tras contactos diplomáticos, se llega a un acuerdo: Casandro admite la pérdida de Cilicia, y Demetrio no intenta nada contra él en Grecia

La muerte de Casandro y nuevos conflictos entre Grecia y Macedonia
Casandro muere en una fecha indeterminada, entre 298 a. C. y 297 a. C. Esta muerte perturba el frágil equilibrio entre los diádocos, y permite a Demetrio relanzar sus ambiciones. El hijo de Casandro, Filipo IV de Macedonia, muere al cabo de unos meses, y sus dos hermanos, Antípatro II y Alejandro V, se disputan la herencia. Por consejo de su madre, Tesalónica, se reparten el reino.
Demetrio ha elegido la muerte de Casandro para intervenir de nuevo, y asedia Atenas. Esta amenaza alarma a sus adversarios, y Ptolomeo reacciona. Envía a Épiro a Pirro, con tropas, que consiguen eliminar definitivamente a su rival, Neoptólemo, en 297 a. C., y expide una flota, poco numerosa, en auxilio de Atenas. En cuanto a Seleuco, invade Cilicia, su verdadero objetivo, consagrando así la ruptura con su suegro.
Demetrio se apodera de Atenas en 294 a. C., pero ejerce un dominio bastante suave, dejando a los atenienses su constitución y sus leyes. Se contenta con instalar una importante guarnición, y se lanza a la conquista del Peloponeso. Se apodera de una parte, cuando es llamado por los acontecimientos de Macedonia.
En efecto, los dos hijos de Casandro están luchando entre sí. Antípatro II, estimándose perjudicado por la parcialidad de su madre, la hace asesinar. Alejandro V llama en su ayuda a Ptolomeo, Pirro, y lo que es más sorprendente, a Demetrio. Pirro, más rápido que Demetrio, exige como pago varias pequeñas provincias limítrofes de sus estados. Alejandro se inquieta por la llegada de Demetrio, y le recibe con fasto, haciéndole comprender que su intervención ya no es necesaria. Plutarco afirma que piensa en asesinarle para desembarazarse del problema. Pero Demetrio se adelanta y le hace matar por sus guardias en Larissa. Luego marcha contra Antípatro, que es derrotado, y huye con Lisímaco. Así, en otoño de 294 a. C., Demetrio realiza el viejo sueño de su padre, y se convierte en rey de Macedonia.

La caída de Demetrio (288 a. C.-285 a. C.)
En 289 a. C., Pirro lanza una expedición contra Macedonia, aprovechando la noticia de que Demetrio está enfermo, Pero éste reacciona rápidamente, y obliga al rey de Épiro a volver a su frontera. Esta operación revela, sin embargo, la debilidad del rey de Macedonia, y el descontento de la población, agotada por 75 años de guerras incesantes. Ptolomeo, consciente de esta debilidad, parece ser el origen de una vasta coalición, que engloba a Seleuco, Pirro y Lisímaco. Pirro y Lisímaco invaden Macedonia en 288 a. C., con el apoyo de la flota de Ptolomeo. Demetrio vence a Lisímaco en Anfípolis, pero Pirro es acogido como un liberador por los mismos macedonios, y Demetrio es obligado a huir. Su esposa, Fila se da muerte. Macedonia es repartida entre Pirro y Lisímaco. Este reparto sólo puede ser provisional, pues la cohesión de sus habitantes y de sus intereses es muy fuerte.
Sin embargo, el hijo de Antígono no está totalmente derrotado, pues posee numerosas posesiones griegas. En 287 a. C. pone sitio a Atenas, que bajo la dirección de Olimpiodoro, se ha rebelado. La ciudad es salvada por los demás diádocos, pero Pirro reconoce a Demetrio sus posesiones en Tesalia y resto de Grecia. Parece que Ptolomeo, del que Pirro es aliado, quiere obstaculizar el poder creciente de Lisímaco, con una alianza entre Pirro y Demetrio. La política de Ptolomeo es inmutable, siempre dirigida contra todo el que suponga una amenaza para Egipto. Especialmente teme un poder fuerte en Grecia y Macedonia, porque quiere asegurarse el dominio del mar Egeo.
Lisímaco es impopular en sus propios estados, por su autoritarismo y la fiscalidad excesiva. Pero es dueño de una parte importante de Asia menor, de Tracia y de media Macedonia. El asesinato de la reina Amastris, que gobierna Heraclea Póntica, le da ocasión de intervenir y apoderarse de la ciudad. Demetrio no duda en desembarcar en Mileto, dejando sus posesiones griegas en manos de su hijo, Antígono II Gónatas, para acabar con Lisímaco. Pero aparece un hijo de Lisímaco, Agatocles, con un ejército numeroso que hace retroceder a Demetrio a Frigia, y luego, abandonado por sus soldados, a Cilicia, territorio de Seleuco, donde se ve obligado a rendirse (285 a. C.). Lisímaco exige su muerte, pero Seleuco se contenta con mantenerle prisionero hasta su muerte, en 283 a. C.

El final de Lisímaco
La ruina de Demetrio representa el apogeo del reino de Lisímaco. Una vez eliminado, se apodera en 285 a. C. de la parte sur de Macedonia, correspondiente a Pirro. Esto le resulta fácil, porque el rey de Épiro es abandonado por la mayor parte de sus tropas macedonias, cuya fidelidad prefiere a Lisímaco, que es macedonio. Lisímaco resulta así uno de los tres soberanos preponderantes, junto con Ptolomeo y Seleuco.
Sin embargo, un suceso doméstico va a arruinar su posición. Cuando Ptolomeo abdica en 285 a. C. en Ptolomeo II, deshereda a su hijo mayor Ptolomeo Ceraunos, que se refugia en la corte de Lisímaco. Lisímaco, temeroso de que su hijo Agatocles conspire contra él, le manda asesinar. Como Ptolomeo Ceraunos es cuñado de Agatocles, teme por su vida, así que huye a la corte de Seleuco y le anima a la guerra contra Lisímaco. El encuentro decisivo tiene lugar en la batalla de Corupedio en 281 a. C., y Lisímaco es derrotado y muerto.

La batalla de Corupedio (también llamada Curupedión) fue la última batalla de los Diádocos. Tuvo lugar en el año 281 a.C, entre los ejércitos de Lisímaco y Seleuco I.
Demetrio se había refugiado en Macedonia con Casandro, cuando murió este de hidropesía en el año 297 a.C., para llegar al poder arrojó del trono a los hijos del Casandro, que eran Alejandro V, Filipo IV y Antípater I, mandando matar en el 295 a.C al llamado Filipo IV. Demetrio fue rey en activo de Macedonia desde el 294 al 285 a.C, año en que se vio obligado a capitular ante Seleuco I Nikátor de Siria.
Lisímaco había reinado en Tracia durante décadas y también en algunos lugares del oeste de Turquía desde la batalla de Ipsos. En el 288 a.C invadió Macedonia y aliándose con Pirro de Epiro tomó prisionero a Demetrio a quien expulsó después. Demetrio se refugió entonces con Seleuco I Nikátor, que ya era rey de Babilonia y Siria. Después se entregó a la bebida y murió a los dos años, en el 283 a.C.
En el año 285 a.C, cuando tenía 82 años, Ptolomeo I abdicó a favor de su hijo, el más joven Ptolomeo Filadelfo o Ptolomeo II, Ptolomeo quería que su sucesor fuera prudente y capaz de mantener a distancia a Seleuco y a sus sucesores. 
Murió dos años después, siendo el único de los diádocos que falleció de muerte natural, todos los demás murieron de forma violenta.
Lisímaco, se había aliado con Ptolomeo I Soter antes de abdicar, y se casó por segunda vez con una hija de éste, llamada Arsínoe. Lisímaco tenía ya otro hijo llamado Agatocles. Arsínoe encizañó contra él asegurando que tramaba asesinar a su padre para acceder al trono. Fue tan persuasiva que finalmente Lisímaco hizo matar a su hijo Agatocles. Este acto provocó una gran sublevación que no le favoreció nada. Después de estos sucesos, Lisandra, la viuda de Agatocles huyó a la corte de Seleuco I a quien persuadió para que se enfrentara con Lisímaco.
Seleuco reinaba sobre el este de Turquía, Siria, Líbano, Israel, Irak e Irán decidió atacar a Lisimáco, ambas fuerzas se encontraron en Corupedio, sin que se conozca la fecha exacta.
Se estima que Seleúco desplegó 31.500 infantes, 9.500 jinetes, 60 elefantes y 15 carros de guerra falcados. Lisímaco desplegó 51.000 infantes, 8.300 jinetes y 25 elefantes de guerra.

Ejército seleúcida: disponía de caballería con jinetes pesados y arquero a caballo, infantería con falangitas pantodapoi o locales y katoikoi o colonos griegos; Carros de guerra y elefantes de guerra hindúes.

Posiblemente desplegaron a la manera tradicional con la caballería en las alas y la infantería en el centro. No se sabe casi nada de la batalla misma, excepto que ambos reyes, que ya tenían una edad avanzada (rondarían los 70 años), combatieron cuerpo a cuerpo y que Seleuco ganó la batalla. Lisímaco murió durante el transcurso de la misma.
Tampoco se conoce con seguridad el extraño papel interpretado por Ptolomeo Cerauno (rayo), el hijo mayor de Ptolomeo que había recibido asilo con Lisímaco. 
Ceruano cambió de bando después de la batalla y se convirtió en un aliado de Seleuco.
Otra de las estrellas en Corupedio es Philetaros, el general de Pérgamo cuyos éxitos militares allanaron el camino para un reino independiente en Asia Occidental.
Tras la muerte de Lisímaco, parte de Tracia pasó a engrosar el reino de Macedonia y la otra parte el reino de Asia Menor, de la dinastía de los Seleucos.
Aunque la victoria le dio a Seleuco el control nominal de casi todo el imperio alejandrino excepto Egipto, esta batalla no cambió prácticamente nada. Seleuco fue asesinado poco después de la contienda en el 281 a.C por Ptolomeo Cerauno y que había hecho una alianza con Pirro de Epiro; Seleúco fue sucedido en el trono por su hijo Antíoco I Sóter.
Ceruano venció a Antígono Gónatas y se nombró rey Macedonia. A continuación pidió a su hermana Arsínoe que se case con él, y después de la ceremonia mató a los dos hijos de Arsínoe. Ésta huyó a Egipto y se casa con su otro hermano Ptolomeo II Filadelfos.
Ceruano murió en una batalla contra los gálatas en el 279 a.C, siendo sucedido por su hermano Maleagro, que solo duró dos meses siendo depuesto por el ejército, tras varios sucesores que reinaron algunos meses, llegó al poder Antígono II Gónatas, hijo de Demetrio I Poliorcetes, instalando la dinastía Antigónida en Macedonia.

La muerte de Seleuco
La batalla de Corupedio se considera generalmente como el final del período de conflictos entre los diádocos. Ya sólo queda Seleuco, pues Ptolomeo había muerto en 283 a. C., y aparece como el gran vencedor. El trono de Macedonia está vacante, y Seleuco ve la ocasión única de restaurar la unidad del imperio (con excepción de Egipto).
Pero Seleuco olvida rápidamente las promesas hechas a Ptolomeo Ceraunos, y éste, que esperaba ser rey de Macedonia, prepara un complot y hace asesinar a Seleuco en la proximidad de la capital de Lisímaco. (280 a. C.)
La muerte del último diádoco ve desaparecer a la generación de oficiales de Alejandro. Marca también la existencia de las tres grandes potencias que dominan la época helenística: El reino de Macedonia, el reino Seléucida, y el Egipto Lágida.


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[1] Los antiguos generales de Alejandro Magno y sus hijos (también llamados epígonos) que a su inesperada muerte en el 323 a. C. se repartieron su imperio, disputándose el poder y la hegemonía sobre sus colegas con diversos pactos y seis guerras que duraron veinte años. A continuación se estableció un sistema político que hasta el inicio del Imperio romano en el Mediterráneo oriental a principios del siglo II a. C. proporcionó el marco del desarrollo cultural helenístico.
En los tiempos modernos, desde 1832 hasta 1974, el término «diádocos» también ha designado el heredero al trono de Grecia, que también ostentaba el título de Duque de Esparta.
Los términos «diádoco» y «epígono» fueron acuñados por el historiador Johann Gustav Droysen, quien llamó a los generales que se disputaron el poder justo tras la muerte de Alejandro «diádocos», siendo los «epígonos» las siguientes generaciones de reyes helenísticos.



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