sábado, 4 de noviembre de 2017

Capítulo 18 - La monarquía israelita


La monarquía israelita
El periodo hebraico de los “jueces” – Los reinos de Israel y de Judá – Instituciones y cultura – El pensamiento religioso: monoteísmo – Siria y Palestina bajo los neobabilonios y persas.

Introducción 
La historia de Asiria y Babilonia durante la segunda mitad del segundo milenio a.C será tratada en relación con su historia posterior, ya que en ese tiempo estas naciones no desempeñaron un papel importante en el Asia occidental. 
Sin embargo, después de estudiar la historia de las naciones que rodeaban al pueblo de Israel cuando éste conquistó Canaán, y el período cuando fue gobernado por jueces u oprimido por naciones enemigas, nos toca ahora considerar la historia del pueblo de Dios: lo que más interesa a la Biblia.

Cronología del período 
El tiempo transcurrido entre la ocupación de Canaán y el establecimiento de la monarquía hebrea es conocido como el período de los jueces. 

Establecimiento en Palestina. Los jueces 
En el siglo XII a.C. los hebreos tuvieron algunos enfrentamientos con los cananeos. Al establecerse en Palestina tomaron las costumbres sedentarias y agrícolas. En cuanto a la organización política continuaron divididos en doce tribus, sin confirmar un solo estado. Su vínculo primordial era el religioso. Cuando eran atacados por enemigos (momentos difíciles) las tribus aceptaban eventualmente a un único jefe, llamado juez, que era, generalmente, un caudillo. Este unía a varias tribus bajo su autoridad. Entre ellos se destacaron Gedeon, Sansón y Samuel. 

Los primeros jueces 
El primero de estos jueces fue el hermano menor de Caleb, Otoniel, quien liberó a su nación de la opresión de ocho años ejercida por el rey Cusan-risataim de Mesopotamia. Este era probablemente uno de los príncipes mitanios cuyo nombre no se ha hallado aún fuera de la Biblia, lo cual no es extraño en absoluto, en vista de que las fuentes mitanias son fragmentarias. 
Este período coincidió probablemente con los últimos años de la XVIII dinastía de Egipto -los reinados de Smenjkare, Tutankamón, Eye y Haremhab- cuando un rey siguió a otro en rápida sucesión.


Aod, el segundo juez, liberó a las tribus meridionales de una opresión de 18 años -impuesta por los moabitas, amonitas y amalecitas - cuando mató al rey moabita Eglón. 
Fue probablemente alrededor de este tiempo cuando Seti I, el primer rey fuerte de Egipto en muchos años, invadió a Palestina y aplastó una rebelión cananea en la parte oriental del valle de Esdraelón. 
Los 80 años de reposo de que disfrutaron las tribus meridionales después de la acción heroica de Aod, coincidieron en parte con el largo reinado de Ramsés II de Egipto. Este faraón marchó a través de Palestina por el camino costero, que no estaba en manos israelitas, a fin de encontrarse con el rey hitita en Cades, sobre el Orontes, en la famosa batalla de Cades (Kadesh). Allí ambos, Ramsés y los hititas, se atribuyeron la victoria. 
No obstante, Ramsés no parece haberse preocupado seriamente acerca de sus posesiones asiáticas. Mantuvo guarniciones en las ciudades palestinas de Bet-seán y Meguido, que se hallaban en el valle de Esdraelón, y probablemente también en ciertas ciudades estratégicas de la costa. Mientras los israelitas no le disputasen la posesión de esas ciudades, no le preocupaba al faraón que estuviesen establecidos en las regiones montañosas de Palestina.
En varias inscripciones, Ramsés II menciona que esclavos hebreos ('apiru) estaban ocupados en sus diversos proyectos de construcción en Egipto; de esto deducimos que algunos hebreos caían ocasionalmente en manos de los comandantes del ejército de Ramsés en Palestina. También es posible que esos israelitas fueran hechos esclavos por el rey cananeo Jabín, de Hazor, quien por 20 años, durante el reinado de Ramsés II, oprimió a los hebreos. Los heroicos caudillos Débora y Barac pusieron fin a esa triste situación. 
Aod da muerte a Eglón", por Ford Madox Brown.

 

Gedeón como juez 
Los 80 años de reposo que habían seguido a la liberación de Israel de la opresión moabita en el sur, mediante Aod, fueron interrumpidos por los madianitas, que oprimieron a Israel durante siete años. 
Fue probablemente también durante este período cuando Mernepta, hijo de Ramsés II, hizo la incursión en Palestina de la cual se jacta en la famosa estela de Israel. En ella pretende haber destruido a Israel, de tal manera que ya no le había quedado "simiente". 
Es obvio que su registro refleja la tendencia general egipcia de exagerar, y, por lo tanto, su pretensión de haber destruido completamente a Israel no debe tomarse en serio. Sin embargo, parece cierto que tuvo un encuentro con los israelitas en algún lugar de Palestina en esa ocasión.

Samgar ("El que huye") se lo identifica como el tercer Juez de Israel.
Poco se sabe acerca de Samgar, ya que la Biblia no se explaya sobre su tribu ni su nacimiento, sólo indica que era hijo de Anat (no confundir con la diosa semítica Anat).
En el texto bíblico (Jueces 3:31​) se señala que cuando los filisteos iban a invadir (o ya habían invadido Israel) Samgar hijo de Anat los mató, y liberó a Israel, aniquilando a 600 filisteos con una aguijada de bueyes.

En la Biblia, Débora (en hebreo ‘abeja’) fue una profetisa y la cuarta persona que se desempeñó como juez en Israel premonárquico (Tanaj y Antiguo Testamento). Débora fue la única jueza que tuvo Israel en la Antigüedad. Su historia se cuenta dos veces en los capítulos IV y V del Libro de los Jueces. El primer relato es en prosa, narrando la victoria de las fuerzas israelitas dirigidas por el general Barak, a quien Débora mandó llamar pero profetizó que no lograría la victoria final sobre el general cananeo Sísara. Tal honor correspondió a Jael, la esposa de Héber, un quenita fabricante de tiendas. Jael mató a Sísara clavándole una estaca de la tienda en la cabeza cuando dormía.
Jueces 5:1 narra la misma historia en verso, que probablemente fue escrita durante la segunda mitad del siglo XII a. C., poco tiempo después que hayan sucedido los eventos que describe. De ser así, entonces este pasaje, llamado a menudo La canción de Débora, sería uno de los pasajes más antiguos de la Biblia, así como también el ejemplo más antiguo conservado de poesía hebrea. También es importante porque es uno de los pasajes más antiguos, donde las mujeres no son ni víctima ni villano. El poema puede haber sido incluido en el Libro de las batallas de Dios mencionado en Números. .
Se sabe poco de la vida personal de Débora. Aparentemente estuvo casada con un hombre llamado Lapidoth (‘antorchas’), pero este nombre no aparece fuera del Libro de los Jueces y podría significar simplemente que la propia Débora tenía un alma «ardiente». Fue una poetisa y daba sus sentencias bajo una palmera de Efraín. Algunos aluden a ella como la madre de Israel. Tras su victoria sobre Sísara y el ejército cananita hubo paz en la región durante cuarenta años.

Gedeón: Fue el quinto de los jueces del pueblo judío y es considerado como uno de los más sobresalientes por la magnitud de su "obra guerrera" contra uno de los pueblos enemigos de Israel: los madianitas. Fue hijo de Joás, de la tribu de Manasés. Los datos que conocemos de su historia se encuentran relatados en el Libro de los Jueces en los capítulos 6 a 8.
Hay dos narraciones de su vocación y no hay acuerdo en el número de sus campañas, pero la más convalidada es la de la Iglesia Católica. Al parecer, las diferencias se deben a la permanencia de dos estratos de redacción: el así llamado "elohísta" y el "yahvista" (véase las fuentes del Pentateuco que, según algunos escrituristas también pueden encontrarse en las narraciones de los libros llamados "históricos" de la Biblia). Otros afirman que hay tres fragmentos independientes que se han unido en un solo relato; otros reconocen dos narraciones didácticas y un texto verdaderamente histórico, etc. Las investigaciones bíblicas no han logrado llegar a un punto de vista unificado.
En sustancia, la vida de Gedeón se sitúa tras el asentamiento de los judíos en el llano de Ofrá donde habían asimilado los cultos idolátricos de las poblaciones aledañas. Tras esa infidelidad, Yahveh les habría castigado enviando tribus nómadas y grupos de amalecitas y madianitas a hacerles la guerra. En esos combates, dos hermanos de Gedeón habrían sido asesinados. Los israelitas se arrepintieron y pidieron perdón. Yahveh envió a su ángel a hablar con Gedeón para anunciarle que sería el libertador de su pueblo. Éste pidió una prueba tras un diálogo algo sarcástico con el ángel. Este último le dio la prueba que pedía abrasando un sacrificio con fuego milagroso. Al día siguiente Gedeón destruyó el altar de Baal y ante la indignación del pueblo, Joás, su padre, le defendió diciendo que si Baal era dios, se encargaría de castigar el sacrilegio. Desde ese día fue conocido como Gedeón Jerobaal. (heb. Yerubba {al, "Baal contienda contra él" o "combatiente contra Baal", se menciona en Jue. 6:32; 7:1; 8:29, 35; 9:1-57; 1 S. 12:11; 2S. 11:21). Los grupos nómadas se reunieron para hacer la guerra a Gedeón. Éste reunió un ejército que, con diversas condiciones y pruebas, Yahveh redujo a trescientos hombres (sin contar las tropas auxiliares). Los israelitas atacaron durante la noche y produjeron tal confusión que los madianitas se asesinaban entre ellos y tuvieron que huir despavoridos mientras eran perseguidos por las tropas de Gedeón. Los mismos jefes de Madián, Oreb y Zeeb murieron en la refriega y sus cabezas fueron dadas como trofeo a Gedeón.

Gedeón seleccionando su ejército de 300 hombres.

Luego de otros combates victoriosos con los madianitas y de castigar a los pueblos que no quisieron colaborar en la persecución, la gente del pueblo quiso que Gedeón fuera su rey. A lo que este no aceptó, alegando que sólo Dios podía reinar en Israel.
Con las joyas tomadas a los vencidos, Gedeón se hizo elaborar un efod. No hay tampoco acuerdo entre los expertos en relación con el efod, unos dicen que se trataba de todo un atuendo sacerdotal con sus joyas y adornos, otros que se trataba de una tabla o instrumentos para hacer consultas a Yahveh. Sin embargo, este efod llevó nuevamente a la idolatría a los israelitas.
Uno de los jueces más destacados, liberó a su pueblo de la opresión madianita hiriendo a un gran ejército extranjero con un pequeño conjunto de guerreros israelitas fieles, activos y osados. El relato de sus hazañas y del período cuando fue juez revela también que de tiempo en tiempo surgían luchas intertribales, y que el pueblo anhelaba tener una dirección unificada; esto fue expresado cuando se ofreció el reino a Gedeón, honor que él sabiamente rechazó.
Durante los 40 años del pacífico gobierno de Gedeón ocurrieron sucesos trascendentales. Mientras Israel vivía en la parte montañosa de Palestina, los pueblos del mar recorrieron las regiones de la costa durante el reinado de Ramsés III, en su fracasado intento de invadir a Egipto. Durante este período se libraron sangrientas batallas en tierra y mar. 

"Gedeón agradece a Dios por el milagro del rocío"; pintura del holandés Maarten van Heemskerck

Las victorias egipcias sobre estos invasores finalmente resultaron en el rechazo definitivo de esta gran migración de pueblos y salvaron a Egipto de uno de los peligros más graves que amenazaron su existencia nacional antes de la invasión asiria. 
Algunas de las tribus derrotadas se volvieron al norte, hacia el Asia Menor, de donde habían venido. Sin embargo, otras se establecieron en las fértiles regiones costeras de Palestina. Entre éstas estuvieron los teucros, en los alrededores de Dor, al sur del monte Carmelo en la hermosa llanura de Sarón; y los filisteos, que fortalecieron a las tribus emparentadas que habían ocupado algunas ciudades costeras del sur de Palestina durante mucho tiempo. 
Los israelitas, que pueden haber seguido con gran ansiedad los sucesos trascendentales que ocurrieron tan cerca de sus moradas, no comprendían aún que esos filisteos pronto llegarían a ser sus más encarnizados enemigos.
Cuando Gedeón murió después de haber juzgado a Israel durante 40 años, su hijo Abimelec, con la ayuda del pueblo de Siquem, usurpó el poder matando a todos sus hermanos y proclamándose rey. Sin embargo, su reinado sólo duró tres años y terminó como se había iniciado: con derramamiento de sangre. Es dudoso que hubiera extendido su así llamado reino más allá del vecindario de Siquem.

Los últimos jueces 
Después de Abimelec vinieron dos jueces: Tola de Isacar (23 años) y Jair de Galaad (22 años). No se registran sucesos importantes de este tiempo, lo que parece indicar que estos 45 años fueron tranquilos.
Después de la muerte de Jair comenzaron dos opresiones aproximadamente al mismo tiempo: una de los amonitas en el este, que duró 18 años y a la que puso fin Jefté, el general saqueador; y otra de los filisteos en el oeste, que duró 40 años. Esta opresión filistea tuvo efectos más desastrosos sobre los hebreos que cualquier otro período de aflicción anterior.

Jaír de Galaad, del tronco de la Tribu de Manasés, fue un Juez de Israel, el cual reinó por veintidós años. Fue sucesor de Tola.
Como uno de los jueces menores de los hebreos, el nombre de Jaír es citado escuetamente en Jueces, 10, agregándose obscuros datos acerca de su parentela y posesiones:
«Tenía treinta hijos, que montaban treinta burros, y treinta ciudades, que se llaman todavía hoy las aldeas de Jaír, en el país de Galaad.»
(Jue, 10: 4)
El texto bíblico señala asimismo que fue sepultado en Camón, siendo sucedido por Jefté.

Jefté es un personaje bíblico, juez de Israel por seis años, ​ miembro de la tribu de Gad, hijo de Galaad. En el Libro de los Jueces se le muestra guiando a los israelitas a la batalla contra los amonitas, y como resultado de un voto, termina sacrificando a su hija.
Los israelitas habían vuelto a adorar a Baal y Astaroth, lo que despertó la ira de Dios, el Dios de los judíos, que los hizo que comenzara una guerra entre ellos y los filisteos y los amonitas (Jue. 10 6-7).
El regreso de Jefté, de Giovanni Antonio Pellegrini

Hijo de Galaad, Jefté fue desheredado y expulsado por sus medios hermanos, por lo que se trasladó a la región de Tob (según la traducción actual de los manuscritos arameos, el lugar donde estaba Jefté se llamaba Tauta). Sin embargo Los ancianos de Galaad intentaron convencerlo que los liderara en la guerra contra los amonitas, iniciada poco tiempo antes, a lo que Jefté se negó, a menos que después de la guerra conservara la posición de liderazgo, cosa que los ancianos aceptaron (Jue, 11, 1-11).
Jefté, luego de haber amenazado a los amonitas juró que el primero que atraviese la puerta de mi casa para salir a saludarme después de mi victoria sobre los amonitas, será para Yahveh y lo sacrificaré por el fuego (Biblia Latinoamericana) o cualquiera que me saliere a recibir de las puertas de mi casa, cuando volviere de los Amonitas en paz, será de Jehová, y le ofreceré en holocausto (Reina Valera).
Luego ganó la batalla con facilidad (Yahveh los puso en sus manos). Al volver victorioso, lo sale a recibir su única hija (Jue. 11,34). Él se lamenta (rasga sus vestiduras), pues no puede echarse atrás en su promesa. Su hija le dice que debe honrar su promesa. Le pide a su padre llorar su virginidad por dos meses, y vuelve a cumplir el voto (Jue. 11,32-40). Interpretando literalmente lo que dice la biblia, a diferencia del sacrificio no realizado de Abraham (impedido por un ángel), el de Jefté sí fue consumado.
Según Voltaire, esta historia es un vestigio de los antiguos sacrificios judíos, ​ mientras que otros sostienen que Jefté sólo ofreció la vida de su hija al servicio de Yahveh, y que ella se mantuvo virgen toda la vida a pesar de que la biblia estipula la ejecución del acto del holocausto.
Hay fuentes, como por ejemplo la Enciclopedia Católica, que interpretan que tal comportamiento sería normal dado el salvajismo de la población y la falta de respeto a la ley mosaica por parte de la mayoría de los judíos en ese momento, además de apuntar la existencia de otros votos contemporáneos al Dios de los judíos de similar carácter bárbaro.
Como ya se ha hecho notar, Jefté hizo una importante declaración cronológica (Jueces 11: 26) al iniciar su guerra de liberación contra los amonitas. Declaró que para ese tiempo Israel había vivido 300 años en Hesbón, y que los amonitas no tenían ningún derecho de disputar a Israel la posesión de las ciudades cercanas que habían sido quitadas al rey amorreo Sehón, bajo la dirección de Moisés. Los seis años que Jefté juzgó a Israel deben haber comenzado aproximadamente 300 años después del fin de los 40 años de peregrinación en el desierto; por lo tanto, habrá sido alrededor de 1106 a.C.

Ibzán fue un Juez de Israel, sucesor de Jefté.
Ibzán llegó a ser padre de 30 hijos y 30 hijas, proporcionando además 30 esposas a sus vástagos varones. Falleció luego de ejercer como jefe de la nación por siete años, y fue sepultado en su ciudad natal: Belén (probablemente se trate de Belén de Zabulón). (Jue 12:7-10; Jos 19:10, 14, 15).

Elón Zabulonita ("Roble" o "Fuerte"), fue un Juez de Israel, sucesor de Ibsán o Ibzán de Belén. 
Legisló Israel durante diez años, 1073 - 1063 a.C; murió y fue sepultado en Ajalón, tierras de Zabulón (Jueces 12:11). Fue sucedido por Abdón, anteúltimo juez mencionado en el libro homónimo del Antiguo Testamento.

Abdón ("Siervo") fue uno de los Jueces de Israel en la época que media entre la conquista de Canaán por parte de los israelitas, y la implantación de la monarquía judaica.
Proveniente del tronco de Efraín, Abdón aparece en el Libro de los Jueces 12: 13-15, donde se cita que era hijo de Hillel el piratonita. Gobernó Israel durante ocho años, siendo el anteúltimo Juez mencionado en el libro. Fue sucedido por Sansón.
Mientras que las tribus del oriente eran afligidas por los amonitas, las del occidente soportaron los embates de los filisteos. Habiendo consolidado su posición en la región costera del sur de Palestina, donde no fueron molestados por los debilísimos sucesores de Ramsés III de Egipto, los filisteos dirigieron su atención al interior del país y subyugaron a las vecinas tribus israelitas, especialmente Dan, Judá y Simeón. Esta opresión comenzó en el tiempo cuando Elí era sumo sacerdote, en cuyo hogar se crió el niño Samuel. 
Poco después del comienzo de esta opresión nació Sansón, quien, al alcanzar la virilidad, comenzó a hostigar a los opresores de su nación, y lo hizo durante 20 años, hasta que lo aprisionaron. Dotado de fuerza sobrenatural, Sansón causó mucho daño a los filisteos. 
Puede haber sido durante esos años cuando los filisteos ganaron la batalla de Afec, tomaron el arca y mataron a los dos hijos del sumo sacerdote Elí. Esta batalla señaló el punto más bajo de la historia de Israel durante el período de los jueces, unos 300 años después que el tabernáculo fuera trasladado a Silo por Josué. Por lo tanto, la fecha de este acontecimiento es alrededor de 1100 a.C.

Sansón es un nombre proveniente del hebreo tiberiano que significa '[el que] sirve [a Elohim]'. Dicho nombre también es a veces asociado con la idea de pertenecer a la luz, significando "del Sol", posiblemente para proclamar el que su portador era radiante y poderoso. Se conoce en árabe como Shama'un.
Según el relato de la Biblia hebrea (Tanaj) Sansón fue uno de los últimos jueces israelitas antiguos. Su historia se describe en el Libro de los Jueces, entre los capítulos 13 y 16.
En el relato Sansón se caracteriza por poseer una figura recia y una fuerza extraordinaria para combatir contra sus enemigos y llevar a cabo actos heroicos, inalcanzables para la gente común, como luchar sin más armas que sus propias manos contra un león, acabar con todo un ejército con sólo una mandíbula de burro y hasta derribar un templo filisteo con su propia fuerza. Al mencionar sus hazañas el texto bíblico emplea expresiones tales como "el espíritu de Yahveh le invadió" (Jueces 14, 19), o "el espíritu de Yahveh vino sobre él" (Jueces 15, 14), con lo que el escritor bíblico implica que la fuerza sobrehumana de Sansón provenía únicamente de realizar actos por voluntad de Dios.
Según la Biblia, el nombre Sansón proviene de la palabra hebrea shemesh. Ambas significan 'sol' y son frecuentes en los nombres propios de diversos pueblos de origen mesopotámico. ​ A tres kilómetros al sur de Zora, el pueblo natal de Sansón (Jueces 13.2), se encontraba la ciudad de Bet-Shemesh (Casa del Sol, siglo XII a. C.).
Los israelitas habían vuelto a adorar a Baal y Aserá y, por esto, Yahveh Elohim, Dios, los entregó en manos de los filisteos por 40 años. Un ángel de Yahveh se apareció a Manoa, de la tribu de Dan, en la ciudad de Zora, y a su mujer (Hatzlelponi), que era estéril. El ángel les predijo que su hijo liberaría a Israel de los filisteos. Según él, la futura madre no debía tomar ni vino ni sidra ni comer nada impuro, y el hijo que nacería no debía cortarse el cabello. Siendo joven, Sansón deja su pueblo para visitar las ciudades filisteas, donde se enamora de una mujer de la ciudad de Timnat, con quien decide contraer matrimonio, a pesar de la oposición de sus padres, que prefieren una joven israelita. Esta decisión se presenta como parte de un plan de Yahveh para atacar a los filisteos. De camino a la petición de mano, es atacado por un león, al que mata desgarrándolo en dos.

Sansón y el león (Francesco Hayez)

Yendo a la boda, observa entre los huesos del león un enjambre de abejas con miel, la cual prueba y luego ofrece a su padre. En la fiesta de boda organizada por Sansón, el héroe propone a treinta mozos filisteos un acertijo; si lo resuelven, les daría treinta piezas de lino fino y otros tantos vestidos. Si no, ellos le harían el mismo regalo a Sansón. Tenían los siete días que duraba la fiesta para resolverlo. El acertijo es el siguiente: «Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura». El enigma es una referencia al león que mató y la miel que de él salió. Como sólo Sansón estaba presente en esa lucha, los treinta mozos no pueden obtener respuesta durante tres días. Al cuarto, se dirigen a su mujer, amenazándola con prenderle fuego a ella y a la casa de su padre si no descubre la solución. Ante los lloros de su esposa, Sansón decide al séptimo día contarle la respuesta, y ella se la da a sus paisanos. Antes de la puesta de Sol de ese séptimo día, los filisteos le hablan: «¿Qué hay más dulce que la miel, qué hay más fuerte que el léon?». Sansón responde: «Si no hubieseis arado con mi novilla, no habríais adivinado mi acertijo»
Baja entonces a Ascalón, mata a treinta hombres, a los que roba sus vestidos, y se los da a los mozos. Contrariado, se aleja y llega a casa de su padre. Su esposa es dada a otro hombre. Cuando Sansón quiere verla, su suegro se niega, pero le ofrece la hermana menor de la mujer, más bella. En represalia, el israelita caza a trescientas zorras, atándolas por el rabo de dos en dos, y poniendo una tea entre ambos rabos, suelta a los animales por el campo, haciendo arder todas las cosechas enemigas. A su vez y para vengarse, los filisteos queman a su mujer y la casa del padre de ésta, a lo que Sansón responde dando a una paliza a muchos de ellos.
Tras esto, se refugia en la roca de Etán. Mientras tanto, los filisteos acuden a Juda pidiendo que entreguen a Sansón. Tres mil hombres de este pueblo lo encuentran, y prometiéndole no matarlo, lo atan y se disponen a entregarlo. Pero cuando esto iba a ocurrir, Sansón rompe las cuerdas, se libera, y usando la quijada de un asno, mata a mil filisteos. Después de esto, es juez de Israel durante veinte años.
Tras ese tiempo, Sansón huye a Gaza, quedándose en casa de una prostituta, la que para un forastero y encima israelita sería el único sitio donde alojarse. Sus enemigos lo esperan a la entrada de la ciudad para matarlo, pero aprovechando la noche, arranca las puertas de la ciudad y se la lleva al monte en frente de Hebrón, dejando a sus enemigos con el problema de una ciudad indefensa al perder sus puertas principales. Allí se enamora de Dalila (mujer filistea). Los filisteos, a cambio de monedas de plata, la sobornan (Jue 16:5,18) y la incitan a lograr que Sansón le revele el secreto de su fuerza. Sansón la engaña, respondiéndole que sería vencido si lo atasen con siete cuerdas húmedas. Dalila le hace caso y lo ata, pero él rompe las cuerdas fácilmente. La mujer vuelve a preguntarle, a lo que él responde que bastaría con atarlo con cuerdas nuevas para que se convirtiese en un hombre normal. Ella le hace caso y él vuelve a romperlas con facilidad. Dalila insiste en querer saber su secreto, y Sansón vuelve a mentirle, diciéndole que se debilitaría si lo atasen sus siete trenzas con hilos, sujetándolas con clavos. Ella lo intenta y vuelve a fracasar por tercera vez.
Tras mucha insistencia por parte de la mujer, Sansón le confiesa que perderá toda su fuerza si le cortan el cabello. Así lo hace un sirviente y lo deja sin su extraordinaria fuerza. Es de notar que su fuerza se debía al juramento nazareo (Jue 13:25; 15:18), el cual Sansón mismo había roto al dejar que Dalila tuviera la oportunidad de cortarle el cabello (Deut 7:3,4). Sansón no ignoraba que esa mujer era indigna (Jue 16:8,12,14). Los filisteos terminan capturándolo, le sacan los ojos y lo llevan a Gaza, donde, prisionero, trabaja moliendo grano para sus enemigos. No obstante, su pelo vuelve a crecer, restableciéndose el símbolo de su relación con Dios.
Un día, los jefes filisteos se reúnen en el templo para ofrecer un sacrificio a Dagón, por haber puesto en sus manos a su enemigo. Hacen llamar a Sansón para que los entretenga a ellos y a las tres mil personas que allí había. El israelita pide al joven que lo conducía que lo deje entre las columnas sobre las que descansa el edificio, para poder descansar. Sansón invoca Yahveh: Yahveh!, te lo suplico, acuérdate de mí. Dame fuerzas sólo una vez más, y de un sólo golpe me vengaré de todos los filisteos". Haciendo fuerza sobre las columnas, añadió: "Muera yo con los filisteos".
El edificio se vino abajo, de tal forma que mató a más personas al morir de las que había matado durante toda su vida. Sus familiares recuperan su cuerpo y lo entierran cerca de la tumba de su padre, Manoa.

Eli o Elí ("Yahveh es alto") fue un Sumo Sacerdote y Juez de Israel, de la familia de Itamar, de la Tribu de Leví. Fue sucesor de Sansón, y predecesor y mentor del profeta Samuel; su figura aparece reflejada en el primer libro de Samuel.
Vivió en Silo, desde donde lideró a la nación por espacio de 40 años (1107 a. C. a 1067 a. C.). Según I Samuel, 1, Ana, madre del profeta Samuel lo entregó siendo un niño pequeño al anciano Elí, cumpliendo así el voto empeñado a Yahveh de consagrarlo a la casa de Dios si éste le daba un hijo, siendo Ana mujer estéril.
Eli tenía dos hijos: Ofni y Finees, cuya conducta está descrita en el primer libro de Samuel, 2:12 al 17, donde se los nombra como «hijos de Belial» que «no conocían a Jehová»; el versículo 22 de este mismo capítulo señala también las transgresiones de los hijos de Eli, agravadas por su pertenencia al clan sacerdotal de los Levitas. Más adelante el texto describe como un "varón de Dios" 1 Samuel 2:27(a quien no se describe) se manifestó a Eli, anunciándole la ruina de su casa, y la muerte de sus dos hijos, a causa de las malas acciones de estos, y la actitud excesivamente indulgente del sacerdote para con ellos. Del mismo modo, el mensajero revela a Eli que Yahveh ya había elegido a su sucesor (sin nombrarlo), el cual sería Samuel, que a la sazón era ya un joven, y ministraba en el templo de Silo.
Lo dicho se cumplió cuando los filisteos guerrearon contra Israel, matando a muchos, entre ellos los hijos de Eli, y finalmente capturando el Arca del Pacto. Eli, que tenía 98 años y estaba casi ciego, se hallaba sentado en una silla en el templo, cuando un mensajero llegó y le anunció la terrible noticia, la cual impactó al anciano de tal manera que se cayó de su silla hacia atrás y se desnucó contra la puerta.
Después del desastre de Afec, Samuel comenzó su obra como dirigente espiritual de Israel. Sin embargo, no estuvo listo inmediatamente para guerrear con éxito contra los filisteos, que poseían fuerzas y técnica militar superiores. La opresión continuó otros 20 años, pero terminó con la victoria de los israelitas capitaneados por Samuel en la batalla de Eben-ezer.

Samuel (en hebreo "Aquel que escucha a Dios", "el nombre de Dios"​) fue, según el texto bíblico, un profeta hebreo, líder militar y último juez de Israel.
Según el Primer Libro de Samuel, el profeta pertenecía a la Tribu de Leví.
Su madre, Ana, era estéril y obtuvo milagrosamente un hijo al que llamó Samuel y consagró al Señor, dejándolo en el santuario de Silo al cuidado del sacerdote Eli (1Sam 1-2).

Fue él quien eligió al primer rey de los israelitas, Saúl, quien gobernó el Reino de Israel durante el período de la monarquía unida, siendo predecesor de David.
En la tradición judía tiene un gran peso, al punto que el Talmud llega a decir que este profeta valía tanto como Moisés y Aarón. Según dicha tradición, luego de la muerte de Moisés y Josué, sucedió una confusión en cuanto a ciertas leyes, en especial concerniendo a la prohibición del matrimonio entre amonitas, moabitas e israelitas. Este problema lo resolvió el profeta Samuel, ya que tenía la autoridad suficiente, con la siguiente oración: amonita varón mas no amonita mujer, moabita varón mas no moabita mujer. Es decir, que, dado que el versículo bíblico que prohíbe la mezcolanza entre moabitas, amonitas e israelitas sólo menciona a los varones, excluye a las mujeres amonitas y moabitas de la prohibición, permitiéndoles contraer matrimonio con los judíos.

Después de Eben-ezer, Samuel comenzó un gobierno pacífico y próspero sobre Israel. Esto debe haber continuado unos 30 años, hasta que el profeta accedió a la demanda popular que pedía un rey. Los hijos de Samuel, a quienes él había nombrado como sus sucesores, no resultaron aptos como dirigentes y fueron rechazados por el pueblo.
Con la coronación de Saúl como rey de toda la nación finalizó la época heroica y comenzó una nueva. Antes de este tiempo la forma de gobierno de Israel era una teocracia, pues se esperaba que los gobernantes fueran nombrados por Dios mismo y dirigidos por él en la realización de su tarea. La nueva forma de gobierno comenzó como una monarquía cuyo rey fue señalado por Dios, pero pronto se convirtió en monarquía hereditaria.

Condiciones durante el período de los jueces 
Las tristes condiciones que prevalecieron en Palestina durante la mayor parte del período de los jueces también se reflejan en dos documentos literarios de Egipto. Estos son tan interesantes e informativos que debe presentarse aquí una corta descripción de su contenido. 
El primero es una carta satírica en la cual se describe el viaje de un mahar (un enviado egipcio) por Siria y Palestina. Dicha carta proviene de la segunda mitad del siglo XIII AC, quizá del tiempo de la opresión madianita, a la cual puso fin Gedeón.
Este documento describe los caminos de Palestina cubiertos de cipreses, encinas y cedros que "llegaban hasta los cielos", lo cual hacía dificultoso el viaje. Se declara que abundaban los leones y leopardos, detalle que recuerda los incidentes de Sansón y David. 
Dos veces el enviado se encontró con ladrones. Una noche le robaron el caballo y la ropa; en otra ocasión, su arco, cuchillo y aljaba. También se encontró con beduinos, de los cuales dice que "sus corazones no eran apacibles". Le sobrevino un temblor y su cabello se le erizó, mientras que su alma "estaba en sus manos". Sin embargo, no siendo él mismo un modelo de moralidad, fue pillado en tina aventura con una niña oriunda de Jope, y sólo pudo comprar su libertad con la venta de su camisa de fino lino egipcio. 
Este relato, escrito en forma de carta, sea cierto o ficticio, muestra un conocimiento notable de la topografía y la geografía de Palestina. Entre muchos otros lugares bien conocidos menciona a Meguido, Bet-seán, Aco, Siquem, Acsaf y Sarepta. El relato ilustra vívidamente el estado de inseguridad en que se hallaba el país, donde abundaban los caminos malos, los asaltantes y los beduinos de aspecto feroz. 
El segundo relato, escrito en la primera mitad del siglo XI AC, durante el apogeo de la opresión filistea después que el arca fue tomada en la batalla de Afec, describe el viaje de Wenamon, un agente real egipcio, hasta la ciudad portuaria fenicia de Biblos, a fin de comprar madera de cedro para la barca de Amón. Wenamón (o Wen-Amón) fue enviado por el rey sacerdote Heri-Hor, de Tebas, y había recibido una estatua divina del dios Amón para protegerlo durante el viaje y darle éxito en su misión. Sin embargo, sólo se le dieron aproximadamente unos 600 g de oro y algo más de 3 1/2 kg. de plata como dinero para comprar la madera de cedro deseada.
Wenamón salió de Egipto por barco, pero cuando llegó a la ciudad portuaria de Dor que estaba en manos de los teucros, le robaron el oro y la plata. Presentó su queja al rey local, quien se negó a asumir responsabilidad alguna por el robo. Después que Wenamón hubo pasado nueve días en Dor sin hallar ni su dinero robado ni al ladrón, robó unos 3 1/2 kg de plata y zarpó hacia Biblos. Sin embargo, el rey de Biblos se negó durante 29 días a verlo, y le ordenó que saliera de su ciudad. El 29.º día después de su llegada, uno de los pajes del rey experimentó un arrebato místico en el nombre de Amón y aconsejo al rey que concediera una entrevista a Wenamón. Durante esta entrevista el rey fue sumamente descortés con Wenamón: le pidió credenciales oficiales, y le dijo que por un cargamento anterior de cedros se habían pagado 250 libras de plata (unos 120 kg). Le manifestó claramente que él era el amo del Líbano, que no tenía ninguna obligación para con Egipto, aunque admitió que su pueblo debía mucho a la cultura de la tierra del Nilo.
El rey de Biblos convino finalmente en enviar un cargamento de cedro a Egipto, y recibió en pago un cargamento de cueros, rollos de papiro, lino real, oro, plata, etc. Los cedros deseados entonces fueron cortados y cargados, al mismo tiempo que el rey fenicio recordaba a Wenamón que un emisario anterior había esperado 17 años en Biblos, y finalmente había muerto allí sin conseguir su madera de cedro. Con esto se proponía hacerle notar a Wenamón que en Asia el prestigio de Egipto se había reducido a la nada, y que sus embajadores ya no merecían el respeto que anteriormente habían estado acostumbrados a recibir.
Cuando Wenamón estuvo finalmente listo para salir del puerto de Biblos y navegar hacia Egipto, halló que los teucros lo esperaban con sus naves para atraparlo y quitarle su cargamento de madera de cedro. Sin embargo, logró huir con su barco a Chipre, donde apenas escapó de la muerte a manos de los desconsiderados isleños. Por desgracia, el papiro está roto en este punto de la narración y no se conoce el resto. Sin embargo, debe haber tenido un desenlace feliz; de lo contrario, los egipcios no lo habrían escrito y conservado.
El relato de la misión de Wenamón ilustra las caóticas condiciones políticas de Palestina durante el período de los jueces. Muestra que Egipto había perdido toda autoridad en Siria, y que un emisario egipcio, cuya llegada en épocas anteriores habría sido respetada, ahora podía ser tratado con desprecio y desdén. Vemos además que los viajes eran inseguros, que la gente robaba y era asaltada, y que nadie tenía segura la vida.

El reino unido de Israel (c.1050-931 a.C) 
Desde su invasión a Canaán, los hebreos habían crecido lentamente en poder y se habían arraigado por medio de luchas continuas con las naciones que vivían dentro y alrededor de Palestina. Habían vivido en el país durante unos tres siglos y medio cuando sintieron la necesidad de un gobierno unificado. Hasta ese entonces habían sido guiados por hombres dirigidos por el Espíritu, llamados jueces, sin la seguridad de que continuaría una dirección competente después de la muerte de cada juez. 
Desde el punto de vista político estrictamente humano el deseo popular de tener una monarquía hereditaria, expresado en tiempos de Samuel, no era sino natural. Si Israel había de alcanzar su propósito, debía poseer el país en forma permanente; y a fin de conseguirlo, necesitaba la unidad, la continuidad de la dirección y un gobierno estable. Esta eventualidad había sido prevista por Moisés, quien estableció los principios en armonía con los cuales deberían gobernar los reyes:
"Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel" (Deuteronomio 17: 14-20).
Con Saúl el reino permaneció débil debido a la inexperiencia y falta de madurez de carácter del joven rey. Su sucesor, David, guerrero infatigable y político capaz, levantó un imperio formidable. Aunque no podía compararse con los imperios situados sobre el Nilo y el Eufrates, era impresionante, y ejerció el control de la mayoría de las naciones de Palestina y Siria. Formado por el genio de David bajo la bendición de Dios, ayudado por la debilidad de las otras naciones grandes de su tiempo, el imperio de Israel permaneció intacto por más o menos medio siglo. Las debilidades se hicieron evidentes aún bajo el reinado relativamente pacífico de Salomón, y su reino se desmenuzó cuando la muerte eliminó la mano fuerte del rey.
Sin embargo, además del recuerdo de un pasado glorioso bajo dos grandes reyes, fue de valor permanente el establecimiento de Jerusalén como centro religioso y político para la nación. El significado de su nombre, "ciudad de paz", ha ejercido una influencia mágica en la mente del pueblo hebreo de todas las generaciones. Puesto que las promesas de la venida del Mesías estaban relacionadas por la Inspiración con la casa real de David, nunca se perdió de vista la idea de un reino establecido y guiado por Dios.

Saúl (c. 1050-1011 a.C) 
Saúl (1079-1007 a. C.) fue el primer rey de Israel (reino unificado de Judá e Israel). Era hijo de Qish de Gabaa, ​ de la tribu de Benjamín. Saúl fue esposo de Ahinoam, quien le dio tres hijos; contó también con una concubina llamada Rispah, con quien tuvo otros dos hijos más. Los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa; sus hijas se llamaban Merab y Mical.

Era hijo de un hombre llamado Qish. A este último se le perdieron sus asnos, así que envió a su hijo y un criado a buscarlos en la región montañosa de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, pero no las hallaron. Entonces pasaron por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, pero no las hallaron. Así que decidieron volver, pero de paso consultarían al Vidente sobre la ubicación de los asnos.
Ante el pedido del pueblo israelita al entonces anciano juez Samuel para que nombrara un rey que los librara de los invasores filisteos, aquel, aunque creía que Dios debía ser el único soberano de Israel, consultó a Yahveh y este reveló que señalaría su ungido. Samuel vio que Saúl era el escogido y lo dejó quedarse en su casa, al día siguiente derramó aceite sobre su cabeza diciendo ¿No te ha ungido Yavé como el soberano de su heredad?; luego dio instrucciones de buscar determinadas personas con instrumentos musicales "profetizando", Saúl se encontró con esas personas dónde el Espíritu de Dios descendió sobre él, "profetizó" en medio de ellos.
Hombre de gran valor y gran estatura, se mostró al principio un rey firme, que derrotó a los amonitas, moabitas y filisteos en numerosas ocasiones, y estableció su capital en la ciudad liberada de Jabes de Galaad.
Su reino consistió en una unión algo débil de tribus que lo seguían como rey en tiempos de emergencia, pero que fuera de eso decidían sus asuntos internos sin interferencia de un gobierno central. A principios de su reinado, su actuación difirió poco de la de un juez. Aún después de ser proclamado rey, entre otras cosas todavía cuidaba su propio ganado.
Sin embargo, la idea de una monarquía real se desarrolló gradualmente. Saúl tenía el plan de que su reino fuese hereditario. En su capital, construyó un castillo en el predio de una hectárea, "Gabaa de Saúl", ahora Tell el-Fûl, a unos 6 kilómetros y medio al norte de Jerusalén. 
Su ciudadela de dos pisos que medía aproximadamente 52 m por 35 m, cuyos muros exteriores tenían de 1,80 a 2,10 m de espesor, ha sido excavada por W. F. Albright. Con sus muros fortificados y torres en las esquinas, representa la construcción hebrea típica de la época. La sala más grande, que era probablemente la sala de audiencia donde David tocaba su lira ante el rey, medía unos 2,10 por 7,60 m.
Fue Saúl quien creó el primer ejército regular, aunque pequeño, mantenido por Israel. Constaba de 3.000 hombres ubicados como guarnición en tres ciudades con su tío -o tal vez primo- Abner, como comandante en jefe.
El nuevo rey, instalado en el trono durante el período difícil cuando los filisteos, apoyados en sus armas y experiencia militar superiores, trataron de subyugar a los hebreos, a menudo se halló luchando contra ellos como también contra otras naciones. Dio la primera prueba de sus condiciones de general cuando rescató de los amonitas la ciudad de Jabes de Galaad, en Transjordania. También sostuvo guerras victoriosas contra los amalecitas  y los idumeos en el sur, los moabitas en el este, y los arameos del Estado sirio de Soba.
Con todo, la amenaza permanente para la existencia de Israel provino de los filisteos que mantuvieron guarniciones en varias ciudades hebreas, aun en algunas cercanas a la capital de Saúl. Los filisteos tenían el monopolio de la manufactura y afiliación de armas y herramientas, de manera que en determinado momento en todo Israel solamente Saúl y Jonatán poseían armas de hierro.


Aterrorizaron de tal manera a los hebreos, que éstos se vieron obligados habitualmente a refugiarse en cuevas y lugares inaccesibles de las montañas.
La primera gran victoria israelita sobre los filisteos, la que causó su expulsión de la región montañosa oriental, fue más bien un episodio militar que una batalla real. 
Cuando los filisteos habían ocupado las colinas de Benjamín y habían tomado a Micmas, los israelitas retrocedieron en desorden.  

Mientras Saúl estaba acampado con 600 hombres en Gabaa, separado de los filisteos por el Wadi ets-Tsuwenît, Jonatán y su escudero descendieron por la roca Sene en la cual estaba construida Gabaa, cruzaron el wadi, y luego escalaron la escarpada roca Boses, sobre la cual estaban acampados los filisteos en Micmas. El ataque sorpresivo de Jonatán en el campamento filisteo creó gran confusión, la que aumentó cuando los hebreos acudieron en ayuda de Jonatán; entonces los filisteos huyeron aterrados.
El primer gran encuentro entre los hebreos y los filisteos durante el reinado de Saúl se realizó en la región montañosa occidental entre Soco y Azeca, a mitad de camino entre Jerusalén y Ascalón. 
La victoria de David sobre Goliat en esa ocasión fue el comienzo de una gran serie de victorias sobre los odiados filisteos. Los principales resultados fueron una mayor libertad para los hebreos y considerable riqueza obtenida del saqueo a los filisteos (1 Sam. 17).
Por desgracia para la nación y la casa real, Saúl, que tenía un carácter indisciplinado, se hizo despótico después de sus victorias. 
A causa de su violación de la ley levítica y de órdenes divinas, no sólo perdió el reino sino también el juicio. Sus últimos años -no se sabe cuántos- pasaron bajo la sombra de la locura, que a su vez lo llevó a continuas tentativas de matar a David, de quien él sabía estaba destinado a ser su sucesor. 
Habiendo perdido la amistad y la mano guiadora de su viejo consejero Samuel, cometió crímenes de los más necios y atroces, tales como la matanza de los sacerdotes inocentes de Nob, y hasta intentó matar a su propio hijo Jonatán. 
En una batalla reñida en las montañas de Gilboa, en el extremo oriental de la llanura de Esdraelón, Saúl y sus hijos perdieron la vida luchando contra los filisteos. Esa batalla fue tan desastrosa que todas las ganancias del largo reinado de Saúl se perdieron ante los filisteos, quienes una vez más ocuparon las ciudades de Israel y arrojaron a los aterrorizados habitantes a sus antiguos refugios de las montañas.

David 
David (hebreo «el amado» o «el elegido de Dios»; c. 1040-966 a. C.), sucesor de Saúl y segundo monarca legítimo del Reino de Israel (Isboset, hijo de Saúl, fue proclamado por el ejército y gobernó dos años en el norte hasta su asesinato- Ver 2 Samuel 2:8), que logró unificar su territorio e incluso expandirlo, ​ hasta comprender las ciudades de Jerusalén y Samaria, Petra, Zabah y Damasco. ​ La historia de David figura en la Biblia, en los Libros del profeta Samuel y en el Libro de los Salmos. David fue uno de los grandes gobernantes de Israel y padre de otro de ellos, Salomón. Es venerado como rey y profeta en el judaísmo, el cristianismo (católicos el 29 de diciembre) y el islam.
David es considerado como un rey justo, valiente, apasionado; guerrero, músico y poeta, pero un rey, también, no exento de pecados. Según la Biblia, él fue elegido por Dios en persona para gobernar Israel. Se le atribuye la autoría de gran parte del Libro de los Salmos. Aparentemente vivió entre los años 1040 y 966 a. C., reinó en Judá entre el 1010 y 1006 a. C. y sobre el reino unido de Israel entre el año 1006 y el 966 a. C.
Los Libros de Samuel son la crónica principal de su vida y su reinado, continuando con sus descendientes en el Libro de los Reyes. Se han preservado pocas referencias arqueológicas, pero la estela de Tel Dan y la estela de Mesha podrían determinar la existencia, a mediados del s. IX a. C., de una dinastía real hebrea llamada «Casa de David». Además de existir otras referencias en este grabado sobre la descendencia del rey David. Así también, la costumbre de dejar genealogías en las familias hebreas lo hace aparecer en varias de ellas en la misma Biblia.
La vida de David es importante para el judaísmo y el cristianismo. Su biografía se basa casi exclusivamente en los libros de Samuel, donde se lo describe además como «rubio, de hermosos ojos, prudente y muy bella presencia».
David perteneció a la familia de Isaí, de la tribu de Judá. Según 1 Samuel 16:11 y 17:12, era el menor de los ocho hijos de Isaí y, como era costumbre en esos tiempos, el menor era el más postergado y al que se le daban las tareas pastoriles. Tres de sus hermanos mayores fueron soldados del rey Saúl. Samuel, el profeta, viajó hasta Belén, por mandato de Dios, para buscar al nuevo «ungido». Los candidatos -dijo Dios- debían ser de la familia de Isaí.
El rey Saúl había pecado al desobedecer a Dios durante la batalla de Michmash, donde debía destruir a todos los enemigos amalecitas y no lo hizo. Por ello, Dios decidió retirarle su bendición y envió al profeta Samuel en busca de un nuevo «ungido», de un nuevo rey para Israel. Su destino era Belén, donde vivía Jesé, un pastor con sus hijos. Uno de ellos era el elegido y Samuel, como profeta, debía saber cuál. Para evitar un castigo del rey Saúl, el profeta se excusó alegando que viajaba para realizar un sacrificio. Una vez en casa de Jesé, el profeta conoció a siete de sus ocho hijos, pero ninguno fue el ungido. Cuando preguntó si faltaba alguno, Jesé llamó al más pequeño: David, y cuando el profeta lo vio, supo que era él. Allí, delante de su padre y hermanos mayores, le ungió como futuro rey de Israel. Era además David, un varón prudente y de buen parecer, rubio y de buen semblante.
David, con la gracia de Dios, fue nombrado músico a cargo del arpa y paje de armas. Estas tareas las compaginaba con su trabajo como pastor. Tan bueno era tocando el arpa, que escuchando la melodía, Saúl se relajaba. El rey Saúl le concedió su buena disposición.
Israel, bajo las órdenes del rey Saúl, estaba en guerra con los filisteos. Un gigante llamado Goliat de Gat, de seis codos y un palmo de estatura y miembro de las tropas de choque filisteas (1 Sam 17:4), desafió al ejército israelita durante cuarenta días, proponiendo que escogieran a su mejor hombre para hacerle frente. En palabras de Goliat, si él resultaba derrotado y muerto por el israelita, los filisteos serían esclavos de Israel, pero si él vencía y mataba al escogido de Israel, los israelitas serían esclavos de los filisteos (1 Sam 17:8-9). Los hebreos temían en gran manera a Goliat y se escabullían del reto.
David, cuyo padre le había pedido que viajara al campamento para saber cómo estaban sus hermanos mayores y llevarles algo de comida, escuchó el desafío del gigante (1 Sam 17:23). Según la Biblia, la condición de pastor llevó a David a estar preocupado por defender a sus rebaños de los ataques de fieras salvajes y, utilizando su talento, se servía del cayado y una honda. Con ello se presentó ante el rey Saúl y se propuso para luchar contra el gigante. Con la anuencia de Saúl, David se vistió con la armadura del rey, pero al no estar acostumbrado a utilizarla, se deshizo de ella y se dirigió al campo de batalla solo con su honda. Por el camino recogió cinco piedras lisas en un arroyo y se plantó delante del gigante Goliat. Éste se burló de él y tuvo en menos al más joven de los hijos de Jesé que se presentaba para tener un combate singular con él. Pero David proclamó:
Toda la Tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y toda esta asamblea sabrá que no por la espada ni por la lanza salva Yahveh, porque de Yahveh es el combate y os entrega en nuestras manos.
David (1 Sam 17:46-47)

Y con su honda de boleo, David le incrustó una piedra en la frente a Goliat y, cuando cayó, aprovechó para cortarle la cabeza con la espada del propio filisteo. La Biblia de Jerusalén señala que se ha comparado este combate singular con los combates individuales de la Ilíada. ​ En alusión a este combate, la expresión «honda de David» simboliza que no existe enemigo desdeñable por pequeño que sea, si el acierto le acompaña. David vencedor de Goliat constituye además un símbolo del valor que tienen el tesón y la voluntad férrea desarrolladas frente a un enemigo en apariencia muy superior.
Después de vencer al gigante, David consiguió la confianza de los criados y del pueblo, se ganó la amistad de Jonatán y el amor de Mical quien fue su primera esposa y ambos eran hijos de Saúl. Y, precisamente eso, produjo los celos del rey Saúl, que ordenó capturarle. David tuvo que huir al desierto con un escuadrón de 200 guerreros leales y se convirtió en el paladín de los oprimidos. Allí aceptó la protección del rey filisteo Aquis de Gat, enemigo de Israel, y situó a su familia y los suyos en la ciudad filistea de Siclag. Cuando Aquis se fue a la guerra contra el rey Saúl, David no pudo acompañarle porque los otros nobles no confiaban en él.
Esta batalla, que tuvo lugar en Gilboá, acabó con la vida del rey Saúl y de su hijo Jonatán, amigo de David. La Casa de Saúl estaba prácticamente anulada y David se dirigió a la ciudad de Hebrón para ser nombrado rey de Judá. Pero los norteños no estaban de acuerdo con tal decisión y buscaron a un descendiente lejano del difunto rey para nombrarle como sucesor. El escogido fue Isboset, al que nombraron rey. Éste intentó ganarse la confianza del reino, pero dos caudillos seguidores de David decidieron asesinarle en su propia casa. Cuando se presentaron ante el rey David esperaban una recompensa, pero se encontraron con la muerte. David no estuvo de acuerdo con la muerte de su enemigo y decidió ejecutarles por asesinato.
En Hebrón, el rey David no conseguía la confianza de los norteños y decidió que, para unir a las doce tribus israelitas, debía buscar una ciudad neutral donde gobernar. Sin embargo, con la muerte del hijo del difunto rey Saúl, los ancianos de Israel se acercaron a Hebrón manifestando lealtad a David, que por entonces tenía 30 años.
[En tiempos pasados había sido capitán en el ejército de Saúl, y por un tiempo fue yerno de Saúl, pero había vivido como proscrito en los bosques y las cavernas de las montañas del sur de Judá, y en una ciudad filistea durante los últimos años del reinado de Saúl.
David, ungido secretamente por el profeta Samuel poco después del rechazo de Saúl como rey, estaba excepcionalmente dotado como guerrero, poeta y músico. Era también profundamente religioso, y aunque cayó en un grave pecado, se arrepintió y recuperó el favor divino. Por lo tanto, se le confirmó el trono a perpetuidad a él y a su posteridad, lo que culminaría con el reino eterno del Mesías, que fue descendiente de David según la carne.
Los primeros siete años del reinado de David se limitaron a Judá, mientras que Is-boset, cuarto hijo de Saúl, reinó sobre el resto de las tribus desde su capital, Mahanaim, en Transjordania. 
Las relaciones entre los dos reyes rivales fueron amargas, e hicieron crisis en forma de luchas y derramamientos de sangre. 

Abner, comandante del ejército de Saúl, era el que realmente sostenía el trono de Is-boset, hombre débil que cayó víctima de unos asesinos inmediatamente después que Abner le retiró su apoyo. Su verdadero nombre parece haber sido Es-baal, "hombre de Baal" lo que sugiere que cuando nació, Saúl se había alejado tanto de Dios que adoraba a Baal.
David había hecho de Hebrón su capital, y allí, después de la muerte de Is-boset, fue coronado rey sobre todo Israel, lo cual señaló el fin de la breve dinastía de Saúl. 
Después que David hubo reinado durante siete años y medio, se propuso establecer una nueva capital. Demostró notable sabiduría política al elegir como capital una ciudad que hasta ese momento no había pertenecido a ninguna tribu, y que por lo tanto sería aceptable para todos. Al conquistar la fortaleza Jebusea de Jerusalén, en la frontera entre Judá y Benjamín, y al establecer el centro político y religioso del reino en una ubicación central, lejos de las principales carreteras internacionales que atravesaban el país, David demostró una previsión política digna de encomio. Desde entonces Jerusalén ha sido una ciudad importante y ha desempeñado un papel destacado en la historia del mundo.
El reinado de David se distingue por una cadena ininterrumpida de victorias militares. Derrotó repetidas veces a los filisteos y logró libertar completamente a Israel de la influencia de ellos. Los limitó a una región costera próxima a las ciudades de Gaza, Ascalón, Asdod, Gat y Ecrón. 

También subyugó a los moabitas, amonitas y edomitas y sometió a los arameos de Damasco y Soba. Otras naciones procuraron su amistad mediante el envío de presentes -como lo hizo el rey de o mediante la firma de tratados, como en el caso del rey fenicio de Tiro. De esta manera David pudo reinar sobre toda Palestina occidental y oriental, con excepción de la región costera, e indirectamente también sobre grandes secciones de Siria. Prácticamente todo el territorio entre el Eufrates y Egipto era administrado por los gobernadores de David, o le era favorable, o le pagaba tributo.
La política interna de David no siempre tuvo tanto éxito como su política exterior. Para fijar impuestos o para hacer un cálculo del potencial humano de su reino, hizo levantar un censo que ofendió a Joab, su general, y también a Dios. 
David, como otros estadistas fuertes antes y después de él, también cayó ocasionalmente víctima de sus concupiscencias -véase por ejemplo el episodio de Betsabé,  y como polígamo compartió los tristes resultados de esa costumbre. 
Durante el sitio de Rabbah, el rey David decidió no ir a la batalla y quedarse en Jerusalén. Después de una siesta y desde la terraza, el rey observó que, en una casa vecina, una hermosa mujer estaba bañándose. David quedó prendado de ella y quiso saber quién era: Betsabé, la mujer de un soldado hitita principal llamado Urías que estaba luchando en el sitio de Rabbah. Pero ni eso paró al rey.
La dejó embarazada mientras su marido luchaba en el sitio y el adulterio de la mujer, en Israel, era penalizado con la muerte. Con tal de evitar esto, David pidió a su marido que volviera del sitio y hacerle creer que él mismo había embarazado a su mujer. Pero, no lo consiguió. Urías se negó a quedarse en casa, con su mujer, mientras sus compañeros luchaban en la batalla.
El rey David, preocupado por perder a la mujer de la que estaba enamorado, decidió cambiar su estrategia. Pidió al comandante del sitio que situara al esposo en el lugar más difícil de la batalla, con la intención de que muriera en combate. Así, nadie sospecharía del adulterio y el rey podría seguir con Betsabé. Urías murió en combate y David se casó con ella y llegó a ser su esposa preferida y ella llegó a amarle con devoción.
El profeta le advirtió que Dios le quitaría la tranquilidad y que le enviaría zozobras continuas, que su reinado sería agitado, lleno de disturbios civiles violentos e intrigas. Y también le advirtió que él no moriría por haber dejado embarazada a una mujer casada y haber ordenado la muerte de su marido, pero que sí lo haría el hijo que iba a nacer. Su hijo vivió siete días, durante los cuales el rey ayunó. Pero cuando murió, el rey se vistió y volvió a comer. Sus sirvientes le preguntaron por qué se lamentó cuando su hijo todavía estaba vivo, pero no cuando ya había muerto.

David y Betsabé, por Lucas Cranach el Viejo, 1526

Uno de sus hijos cometió incesto; otro, Absalón, llegó a ser fratricida y más tarde se rebeló contra su propio padre, pero murió en la batalla que siguió. La rebelión del benjamita Seba también causó serias dificultades y derramamiento de sangre; y poco antes de la muerte de David, Adonías, uno de sus hijos, hizo un intento infructuoso para ocupar el trono mediante una revolución en el palacio. Sin embargo, la recia personalidad de David, junto con el resuelto apoyo de los que le fueron leales, le permitió vencer todas las fuerzas divisivas. El reino fue transferido a Salomón como una sólida unidad.
La lealtad básica de David para con Dios y su disposición a arrepentirse y aceptar el castigo por el pecado, le ganaron el respeto de los profetas Natán y Gad, y le atrajeron promesas y bendiciones divinas de una naturaleza singular. No pudo realizar uno de sus mayores deseos: construir un templo para el Dios que amaba. Sin embargo, se le prometió que construiría el templo su hijo, cuyas manos no estaban manchadas de sangre como las suyas. Por lo tanto, David compró el terreno, mandó hacer el plano y reunió los fondos para ayudar a Salomón en la realización del plan.

Jan de Bray, David tocando el arpa, 1670. Colección privada


Salomón (971-931 AC)
Salomón, tercer gobernante del reino unido de Israel, cuyo nombre era también Jedidías, "al cual amó Jehová", parece haber seguido la costumbre oriental de tomar un nombre para ocupar el trono: Salomón, "pacífico". Su reinado hizo que este título no fuese sólo apropiado, sino también popular.
Por razones no especificadas, Dios escogió a Salomón para que fuese el sucesor de David, y éste lo proclamó rey durante una revolución de palacio que tenía el propósito de colocar en el trono a su hermano mayor Adonías. Aunque Salomón pareció al principio demostrar clemencia para con Adonías, no se olvidó del incidente. Por lo general, el menor error que cometieron los opositores de Salomón les costó la vida. De ahí que tanto Joab, instigador del complot, como Adonías fueran finalmente ejecutados, mientras que Abiatar, el sumo sacerdote, fue depuesto.

Demostrando una piedad desusada para sus años, y comprendiendo al parecer la dificultad de sus problemas políticos, Salomón pidió a Dios sabiduría en la difícil tarea de gobernar el nuevo imperio. Su sabiduría, de la cual tenemos ejemplos en los Proverbios, Eclesiastés y Cantares, excedió a la de todos los demás sabios famosos de la antigüedad.  Esta fama atrajo a su corte a los intelectuales de varias naciones. De esas visitas, la de la reina árabe de Sabá parece haber sido la que hizo mayor impresión sobre sus contemporáneos.
El Sueño de Salomón (Luca Giordano)

El reino que Salomón heredó de su padre se extendía desde el golfo de Akaba, al sur, hasta casi el Eufrates, al norte. Nunca antes ni después tuvo tanta extensión el territorio israelita. Siendo que tanto Asiria como Egipto estaban muy débiles en esta época, Salomón no encontró verdadera oposición de parte de sus vecinos, y aprovechando esa situación, se aventuró en grandes empresas comerciales por tierra y por mar que le reportaron riquezas nunca antes vistas por su pueblo.
Puesto que los fenicios ya controlaban el comercio del Mediterráneo, Salomón se dirigió hacia el sur y realizó empresas comerciales con Arabia y el África oriental, llevando a cabo sus expediciones marítimas con la ayuda de marinos de Tiro. La ciudad de Ezión- geber en el golfo de Akaba no sólo sirvió de puerto principal para estas expediciones, sino también, aparentemente, como un centro comercial del cobre extraído en el Wadi Arabá (la zona entre el mar Muerto y Ezión-geber). Como además controlaba muchas rutas comerciales terrestres, Israel llegó a ser el gran mercado de compra y venta de carros y lino egipcios, caballos de Cilicia y diversos productos de Arabia. Prácticamente nada entraba en Egipto desde el oriente, o en Mesopotamia desde el suroeste, sin enriquecer los cofres de Salomón.
El rey emprendió también grandes construcciones. Sobre el monte Moriah, en el norte de la antigua Jerusalén, edificó una acrópolis que comprendía el magnífico templo, edificado en 7 años y su propio palacio, cuya construcción llevó 13 años.
También construyó el millo' o "relleno", que algunos creen que estuvo entre Sion y Moriah, y reparó el muro de Jerusalén. A lo largo del país se construyó una cadena de ciudades para sus carros a fin de garantizar la seguridad nacional, y esto requirió un gran ejército regular y muchos caballos y carros, costosos rubros del presupuesto nacional. Las excavaciones de Gezer y Meguido han comprobado plenamente estas afirmaciones bíblicas.
Para sus múltiples empresas, el rey dependía del trabajo forzado y de los fenicios, para conseguir obreros adiestrados y marineros. Los magníficos proyectos de construcción y las grandes exigencias del ejército fueron una carga tan pesada para la economía israelita, que aún los inmensos ingresos de Salomón resultaron insuficientes para financiar el programa, con el resultado de que en una ocasión tuvo que ceder 20 pueblos galileos a Fenicia en pago de la madera y del oro que necesitaba.
Siguiendo la costumbre de los monarcas orientales, Salomón tuvo un gran harén, y procuró fomentar la buena voluntad internacional casándose con princesas de la mayoría de las naciones circunvecinas, incluso Egipto, y permitió que se edificasen en Jerusalén santuarios dedicados a deidades extranjeras (1 Reyes 11: 1-8). La princesa egipcia, que trajo como dote la ciudad de Gezer que su padre había conquistado de los cananeos, parece haber sido su reina favorita por cuanto le construyó un palacio separado.
Pero la gloria exterior del reino, el suntuoso ceremonial de la corte, las nuevas y poderosas fortalezas en todo el país, el fuerte ejército y las grandes empresas comerciales no podían ocultar el hecho evidente de que el imperio de Salomón estaba por desintegrarse. Había inquietud entre los israelitas a causa de los altos impuestos y el trabajo forzado requerido, y las naciones subyugadas sólo esperaban una señal de debilidad para independizarse de Jerusalén. Aunque la Biblia sólo menciona por nombre a tres rebeldes que se manifestaron en abierta oposición a Salomón: Hadad edomita, Rezón hijo de Eliada, y el efrainita Jeroboam los sucesos que ocurrieron inmediatamente después de la muerte de Salomón implican que debe haber habido considerable desasosiego aun durante su vida.
Los escritores bíblicos, que se preocuparon más de la vida religiosa de sus héroes, dan cómo razón principal de la decadencia del poder de Salomón y la desintegración de su imperio, el hecho de que el rey se hubiera apartado del camino recto de sus deberes religiosos. Aunque había construido el templo de Jehová y en su dedicación ofreció una oración que reflejaba profunda experiencia espiritual cayó en una poligamia e idolatría sin precedentes que provocaron la prosecución de una política insensata que apresuró la caída de su reino.
No bien hubo cerrado los ojos Salomón, las tribus de Israel se separaron en dos bandos y varias de las naciones sometidas proclamaron su independencia.

El cisma. Los dos reinos:
La muerte de Salomón desencadeno una rivalidad entre las doce tribus que termino en la división del reino en dos estados diferentes:
a) Las diez tribus del norte formaron el Reino de Israel, más vasto y fuerte, con su capital en Samaria.
b) Las dos tribus del sur formaron el Reino de Judá con la capital en Jerusalén.


Reino de Israel
Reino de Judá
Saúl
Roboam
Isbaal (Isboset).
Abías (Abiyyam)
David
Asa
Salomón
Josafat
Jeroboam I
Joram
Nadab
Ocozías
Baasa
Atalía
Ela
Joás
Zambri (Zimri)
Amasías
Tibni. Personaje en la historia del reino de Israel que intento ocupar el trono después del suicidio de Zimri. El pueblo de Israel estuvo dividido en dos: La mitad del pueblo seguía a Tibni hijo de Ginat para hacerlo rey, mientras que la otra mitad seguía a Omri. La lucha duro unos cuatro años. Omri salió victorioso de la lucha y Tibni fue muerto.
Ozías (Azarías)
Omrí
Jotán
Ahab
Acaz
Ocozías
Ezequías
Joram
Manasés
Jehú
Amón
Joacaz
Josías de Judá
Joás
Joacaz
Jeroboam II
Joaquim (Yoyaquim)
Zacarías
Joaquín (Jeconías)
Sellum (Shallum)
Sedecías (su nombre original era Mattanías)
Menajem

Pecajías (Faceya)

Pecaj (Facee)

Oseas

Los reyes de Judá

Roboam (931-913 AC).
Con Roboam, el imprudente hijo de Salomón, el reino hebreo unido llegó a su fin para nunca resurgir. Cuando Roboam fue a Siquem para la coronación, se enteró del descontento profundo que existía entre sus súbditos a causa de las excesivas cargas de impuestos y el trabajo forzado que su padre había introducido.
Rechazando las advertencias de consejeros experimentados para que accediese a las demandas razonables del pueblo, lo amenazó con aumentar sus cargas; de esta manera provocó la franca revuelta de sus súbditos del norte y del este bajo la dirección de Jeroboam, quien al enterarse de la muerte de Salomón había regresado del destierro.
La insolencia de Roboam Hans Holbein el Joven

Aunque atendió el consejo del profeta Semaías de no luchar contra sus hermanos al separarse las diez tribus, es evidente que Roboam sostuvo posteriormente varias guerras sangrientas con Jeroboam.
También en su quinto año sufrió el ataque histórico de Sheshonk (Sisac) I de Egipto (1 Reyes 14: 25-28), respecto del cual todavía da testimonio el relieve de la victoria de Sheshonk que se halla en el muro del templo de Karnak. Este ataque puede explicar por qué el rey de Judá fortaleció las defensas de una cantidad de pueblos que protegían los caminos que llevaban a Jerusalén.
Siendo quizá hijo de una mujer amonita, Roboam imitó a su padre al tener un numeroso harén y al fomentar la adoración de dioses paganos, con todos sus ritos abominables.

Abiam y Asa (913-869 AC).
El siguiente rey, Abiam, reinó brevemente (913-911 a. C.), imitó a su padre en todos sus vicios.
Cuando Abías ascendió al trono volvieron las hostilidades con el Reino de Israel, regido por Jeroboam I, al que derrotó en el monte Semaráyim, acabando con su ejército e hiriéndolo y de esa manera ya no fue una amenaza, ya que «murieron 500 000 soldados». Anexionó a Judá varias poblaciones. Selló una alianza con Tab-Rimmón de Damasco, y su acercamiento a los sirios marcó el inicio de sucesivas intervenciones de estos en los asuntos internos de Israel y Judá.
Una biografía más completa que la del Libro de las crónicas fue escrita por el profeta Iddo, pero el texto se ha perdido. ​ Abías tuvo 14 esposas y 38 hijos.
A su muerte fue enterrado junto a sus antepasados en Jerusalén.

Con Asa, hijo de Abiam, llegó nuevamente al trono un buen rey (911-869 a. C). Eliminó la influencia de su abuela, que había levantado una imagen para Asera, y desterró a los sodomitas como también el culto de los ídolos.

Asa  fue el quinto rey de la casa de David y el tercero del Reino de Judá, gobernando entre 913 y 873 a. C. Era hijo de Abías y bisnieto de Salomón. Asa fue celoso cumplidor de la religión judía, y persiguió a los idólatras. Murió tras 41 años de reinado honrado por su pueblo, y le sucedió su hijo Josafat. ​
Rechazó dos intentos de invasión: uno de Egipto y otro de Basá, rey de Israel.
El profeta Azarías ben Oded exhortó a Asa a reforzar la estricta observancia del judaísmo nacional, lo que el rey cumplió, prohibiendo los antiguos cultos religiosos, y destruyendo todos sus santuarios. La reina madre, Maacah, también fue apartada por haber estado involucrada con los dioses, cultos y creencias de los pueblos vecinos. También ilegalizó la prostitución y persiguió a los infractores. En el año 15 de su reinado organizó una gran fiesta en Jerusalén para celebrar la total expulsión de los idólatras. En esa época muchos norteños, en particular de las tribus de Efraín y Manasés, emigraron al Reino de Judá a causa de la prosperidad de que disfrutaba y a los conflictos internos del Reino de Israel tras la caída de la dinastía de Jeroboam I.
Asa Rey de Judá

Asa renovó y reforzó el conjunto de fortalezas construido por su abuelo Roboam aprovechando el largo periodo de paz. Consiguió rechazar un intento de invasión realizado por el ejército egipcio bajo el mando de Zerah el etíope, del que la crónica no aclara si era un faraón o un general. La batalla tuvo lugar en el valle de Zefat, donde Asa, con 580.000 hombres, derrotó a Zerah y a sus millones de hombres y 300 carros. La paz resultante permitió a Judá mantenerse libre de la opresión de los faraones hasta la época de Josías, dos siglos más tarde.
En el año 36 de su reinado el rey de Israel Basá atacó Judá. Basá construyó la fortaleza de Ramah en la frontera, a unos 8 km. de Jerusalén. El resultado fue que la capital se encontraba bajo la presión militar y la situación era precaria. Asa tomó el oro y la plata del Templo y los envió a Ben-Hadad I, rey de Damasco, a cambio de que suprimiera la ayuda que prestaba a Basá. Como resultado, Ben-Hadad atacó Ijon, Dan, y otras ciudades importantes de la tribu de Neftalí, y Basá se vio obligado a retirarse de Ramah. Asa derribó la fortaleza inacabada y utilizó sus materiales para fortalecer Geba y Mizpah, en la frontera.
Asa tuvo algunos problemas con puristas religiosos, como el profeta Hanani, que le amonestó por confiar en el rey de Siria para derrotar a Basá en lugar de confiar en la Divina Providencia, y fue encarcelado. También se le reprochó confiar en los médicos y no en Dios para sanar de una enfermedad. ​
En el trigésimo noveno año de su reinado, Asa, gravemente enfermo, nombró corregente a su hijo Josafat. Murió dos años después y fue enterrado con sus antepasados en Jerusalén, en una tumba que había preparado.

Josafat (hebreo; "Yaveh es el que juzga") fue el sucesor de Asa, rey de Judá y de Azubá, hija de Silhí. Fue el sexto rey de la casa de David y el cuarto del Reino de Judá. Ascendió al trono con 35 años y reinó 25 (c 873-c 849 a. C.). ​ Su reinado fue contemporáneo de los de Ajab, Ocozías y Joram, reyes de Israel.
Hay razones para creer que estuvo asociado con su padre Asa (Mt. 1:8) en el trono durante los últimos años del reinado de éste, pues Asa sufría de los pies. A su vez, el hijo de Josafat, Joram, fue corregente en el trono hacia el fin del reinado de su padre. Se le describe como un buen rey, que no sirvió a dioses extranjeros, aunque muchos de sus súbditos todavía adoraban en los lugares altos, que no habían sido eliminados (1 R. 22:43; 2 Cr. 17:3). En su tercer año envió príncipes, levitas y sacerdotes por todo Judá para enseñar al pueblo los principios de la Ley de Dios (2 Cr. 17:7-9), y Dios lo bendijo por esta causa. Pudo hacer las paces con Israel y también ganar el respeto y el favor de las naciones vecinas, algunas de las cuales le enviaron regalos (1 R. 22:44; 2 Cr. 17:11). Fue lamentable que relacionara su casa con la de Omrí de Israel, al tomar a Atalía, la idólatra hija de Acab, como esposa para su hijo (2 R. 8:18).sin más datos históricos.
Mientras visitaba a Acab después de la batalla de Qarqar (853 a. C.), Josafat fue incitado por el rey israelita a ayudarlo en una campaña para reconquistar Ramot de Galaad de los sirios. La campaña fracasó y en la batalla Acab fue mortalmente herido, pero Josafat escapó (1 R. 22:1-38; 2 Cr. 18:1-34). La confraternización de Josafat con el malvado rey de Israel fue severamente reprendida por el profeta Jehú, hijo de Hanani (2 Cr. 19:1, 2). Al volver del norte, Josafat continuó las reformas religiosas y judiciales iniciadas por su padre (1 R. 22:46; 2 Cr. 17:6). También instituyó un cuerpo judicial en Jerusalén para actuar como suprema corte del país (2 Cr. 19:4-11).
Más tarde, durante su reinado, los amonitas, moabitas y edomitas se unieron para invadir Judá desde el sur. Josafat buscó a Dios pidiendo liberación y el Señor atendió su oración. Los enemigos empezaron a pelear entre sí y en una sangrienta lucha se destruyeron mutuamente, hasta el punto que "ninguno" escapó (2 Cr. 20:1-30). Fue probablemente este desastre lo que le dio a Josafat acceso al fuerte edomita de Ezión-geber, aparentemente no ocupado por Judá desde el tiempo de Salomón. Ocozías de Israel se unió a él en una empresa para construir navíos con fines comerciales. Pero los barcos naufragaron, presumiblemente por una tempestad. Ocozías parece haber sugerido un segundo intento, pero Josafat no aceptó la idea, porque había sido reprendido por el profeta Eliezer por haberse unido con el malvado rey de Israel (1 R. 22:48, 49; 2 Cr. 20:35-37). Más tarde, se alió con Joram, otro hijo de Acab, en una campaña contra Moab, que tuvo cierto éxito (2 R. 3:4-27). Josafat fue sepultado en las tumbas reales de Jerusalén (2 Cr. 21:1).
Triunfo de Josafat sobre Adad de Siria. Ilustración de Jean Fouquet (1420 - 1481) para la obra de Flavio Josefo: Antigüedades judías

Joram fue el quinto rey de Judá, que reinó en el período (850 a. C. - 843 a. C.) aproximadamente.
Fue hijo y sucesor de Josafat y esposo de Atalía, hija del rey Omrí de Israel. Ascendió al trono a los treinta y dos años de edad al ascender al trono y reinó durante ocho años. Según 2 Reyes 08:16, Joram se convirtió en rey de Judá, en el quinto año de Joram de Israel, cuando su padre Josafat era (todavía), rey de Judá, lo que indica una corregencia. Jehoram de Israel a su vez ascendió al poder cuando era el segundo año de la corregencia de Joram. Para asegurar su posición, mató a sus seis hermanos. ​ La Biblia dice que <<hizo el mal a los ojos de Yahvéh>> (2 Reyes, 8:18) y lo atribuye a la influencia de la familia de la reina.
Gracias a la influencia de su madre, mantuvo buenas relaciones con Israel, a pesar de lo cual, su posición era insegura, por las revueltas de Edom contra la autoridad de Judá. Cuando Joram marchó contra ellos, su ejército huyó frente a los edomitas, y se vio obligado a reconocer su independencia. Joram pasó a Saír con sus carros de guerra, para tratar de restablecer el dominio de Judá. Los idumeos lo cercaron, pero aunque Joram logró batirlos y romper el cerco, no pudo recuperar el territorio rebelde. También Libná se alzó contra el Reino de Judá.

Joram murió en 843 a. C., a los cuarenta años de edad. Le sucedió su hijo Ocozías. Algunos después, sus otros cuarenta y dos hijos fueron arrestados en Bet-Equed por Jehú, rey de Israel, y degollados en la cisterna de ese sitio.
De acuerdo con la Reina Valera Mateo 1:1-17, Joram es el padre de Uzías. Uzías es el padre de Jotam. Jotam padre de Acaz. Acaz padre de Ezequías. Ezequías padre de Manacés. Manacés padre de Amón. Amón padre de Josías. Josías padre de Jeconías. Jeconías padre de Salatiel. Salatiel padre de Zorobabel. Zorobabel padre de Abiud. Abiud padre de Eliaquim. Eliaquim padre de Azor. Azor padre de Sadoc. Sadoc padre de Aquim. Aquim padre de Eliud. Eliud padre de Eleazar. Eleazar padre de Mathám. Mathám padre de Jacob. Jacob padre de José. José padre de Jesús de Nazareth.

Ocozías fue un rey de Judá, hijo de Joram y de Atalía, hija del rey Ajab de Israel. Ocozías llegó al trono a los 42 años (2 Crónicas 22:2). William F. Albright ha datado su reinado en el año 842 a. C. mientras E. R. Thiele da la fecha del 841 a. C. Bajo la influencia de su madre, Atalía, introdujo nuevos métodos de trabajo, los cuales ofendieron a los hebreos.
Ayudó a su tío, Joram, rey de Israel, en una expedición infructuosa contra Hazael, rey de los arameos. Joram fue herido en la batalla y, cuando Ocozías fue a visitarlo en Jezreel, se encontró en medio de la revuelta de Jehú. ​ Ocozías tuvo que huir para salvar su vida, pero fue herido en el paso de Gur, por lo que le quedaron apenas las fuerzas para llegar a la colina de Megido, donde murió (II Reyes 9:22-28). Así, su reinado se prolongó solo durante un año.

El autor de la inscripción de Tel Dan (encontrada durante unas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo entre 1993 y 1994 en Lashish) afirmó haber matado a ambos reyes, tanto a Ocozías, hijo de Joram, como a Joram de Israel; probablemente, el autor del monumento encontrado fuera el propio Hazael, rey de los arameos. Si bien la inscripción es contemporánea al periodo del que habla, los reyes de este periodo son conocidos por reclamar acciones exageradas, con lo que no queda claro si los dos reyes fueron asesinados por Jehú (como aparece en la Biblia) o bien por Hazael (como aparece en la inscripción).

Atalía fue reina de Judá durante el período (842 a. C.-835 a. C.), aproximadamente. Fue el séptimo reinado de Judá.
Era hija de Ajab, rey de Israel, y de Jezabel, la princesa de Tiro que aparece en la Biblia. Sin embargo, algunos eruditos creen que era hermana de Ajab, en lugar de su hija. Al casarse con Joram, se convirtió en reina consorte de Judá. Cuando murió su esposo y también su hijo Ocozías, se alzó con el trono. Pero por escaso tiempo, hasta que la revuelta de Jehú acabó con todos los descendientes de Jezabel tanto en Israel (su hermano Joram) como en Judá.
Durante su reinado, toleró el culto al dios Baal, por lo que se ganó el odio de los sacerdotes de Yavé. Hizo todo lo posible por exterminar a los descendientes de la casa de David, ejecutando a cuantos príncipes pudo encontrar. ​ Sin embargo, Jehosheba hermana del rey Ocozías, protegió a uno de ellos, llamado Joás, que luego sería rey, entregándolo en secreto al cuidado del sumo sacerdote Joyada, quien lo presentó en público por sorpresa. Después de este golpe de efecto, Atalía fue capturada y ejecutada.

Joás (hebreo Yehoash, griego: Iōás, latín: Ioas; Jerusalén, c. 844 a. C. – Bet-Milo, c. 796 a. C.) fue el octavo rey de Judá, que reinó durante el período entre los años 835 a. C. – 796 a. C., aproximadamente.
Él fue el único que, gracias a sus tíos Joiada y Josaba, sobrevivió a una masacre instigada por su abuela paterna Atalía en la que mató a todos los hijos de su difunto hijo, Ocozías de Judá. A través de su abuela paterna, Joás era un descendiente de la casa de Omri.
Era hijo de Ocozías y una mujer de Beerseba llamada Sibia, y el único descendiente que escapó con vida de la purga realizada por su abuela paterna, la reina Atalía. Fue ungido por el sumo sacerdote Joiada, que le había protegido en secreto.
Comenzó a reinar a la edad de siete años guiado por el sumo sacerdote Joiada.
Entre sus obras destacadas en la Biblia fue conseguir un gran auge económico en recolección de dinero, para la restauración del templo, dañado gravemente en el reinado de Atalía; con el dinero también se construyeron varios artefactos religiosos, sin embargo no pudo eliminar los templos de otros ídolos del reino, por lo que la gente siguió adorando a otros dioses.
Todo marchó tranquilo hasta la muerte de su guía Joiada. Joás y otros líderes del reino empezaron a ignorar la religión y a prestar atención a otros cultos, los profetas que advirtieron a Joás no fueron escuchados, y Zacarías, hijo de Joyada le advirtió igualmente, sin embargo Joás ordenó que lo maltrataran y lo ejecutó.
Tras estos hechos, Joás recibe una grave consecuencia, los arameos se dirigen a atacar Jerusalén y asesinan a todos los jefes, Joás debe entregarles un botín con todas las cosas preciosas que había conseguido, quedando sin las obras que había realizado para el templo, tras la invasión. Los arameos se fueron pero lo dejaron gravemente enfermo.
Tras la crisis, algunos de sus oficiales decidieron conspirar, lo asesinaron hiriéndolo mientras estaba en cama, en Bet-Milo, y en su lugar reinó su hijo Amasías.
Amasías: Hijo y sucesor de Joás, rey de Judá, su primera acción de gobierno fue la persecución de los asesinos de su padre, y conforme a la costumbre, permitió vivir a sus hijos. Fue el primer rey de Judá que empleó un numeroso ejército de mercenarios de Israel, con el que derrotó a Edom. Sin embargo, después de la victoria, adoró algunos de los dioses edomitas, lo que según el autor de Crónicas, fue la causa de su ruina posterior.
Declaró la guerra a Israel, siendo derrotado por Joás, rey de Israel en la batalla de Bet-Semes, hecho prisionero y más tarde, asesinado, mientras que Jerusalén fue saqueada.
Fue padre del rey Ozías, y abuelo de Uzías o Azarías.
Se calcula que gobernó entre el 797 y el 769 a. C. aproximadamente.

Ozías: Uzías o Azarías (Judá, 825-759 a. C.) fue un rey de Judá que, según la Enciclopedia Católica, reinó en el período 809-759 a. C., pero según E.Thiele, la fecha del reinado sería 767-740 a. C., ​si bien entre 751 y 740 a. C., ejercería la corregencia, Jotán de Judá, por haber ya contraído la lepra. Era hijo del rey Amasías y de Jecolías, y tuvo un próspero reinado, hasta que fue arruinado por problemas de salud.
Uzías inició su reinado en Judá a los dieciséis años​ para reemplazar al rey Amasías, su padre, que había sido asesinado. Mientras siguió la religión su reinado fue muy próspero. Reconstruyó la ciudad de Elat y la devolvió al territorio de Judá; en la guerra ganó a los filisteos y los obligó a arrasar parte de las murallas de Gat, de Jabné y Asdod; en el lugar donde se arrasaron las murallas construyó ciudades. Triunfó ante los filisteos, un sector de árabes en Gur-Baal y contra los amonitas, que le pagaron tributos. La fama y poderío de Ozías se extendió incluso hasta la frontera con Egipto.
Uzías estaba muy preocupado por la agricultura, mandó a construir varias cisternas, por el numeroso ganado, por los viñadores y por los labradores, además construyó torres en Jerusalén, en la Puerta del Ángulo, en el Ángulo y en la Puerta del Valle, las fortificó y mando a construir también en pleno desierto.
Según los historiadores hebreos, durante el reinado de Ozías, el ejército llegó a los 307 500 soldados todos bajo sus órdenes y que le ofrecían lealtad. Al ejército se le realizó censo, se le entregó mucho material y se mandó a construir máquinas, hechas por un ingeniero, que se colocaron en los ángulos y en las torres para arrojar saetas y piedras grandes.
Su fama y poderío llegó muy lejos, Ozías se hizo muy popular incluso en otros territorios, sin embargo empezó a ser muy orgulloso y a desobedecer sus promesas con [Jehová]]. Fue al templo a quemar incienso, los sacerdotes se enojaron con él y le dijeron que estaba renegado, Ozías se enfureció, le brotó lepra en la frente por desobedecer a Jehová y fue enfermando cada vez más, hasta que le fue imposible gobernar. Debió ser aislado del cargo y puesto en una casa alejada, por su imposibilidad se puso a la cabeza del reino su hijo Jotám de Judá, finalmente falleció con lepra y fue sepultado con otros reyes.
Su reinado terminó el año 759 a. C. Ozías es mencionado en el versículo 5 del capítulo 14 del Libro de Zacarías y el autor le relaciona con un terremoto que ocurrió en sus días.

Jotám de Judá fue un Rey de Judá, 748-732 Hijo del rey Uzías (Azarías) reino en Judá 16 años
Cuando Uzías fue herido con lepra por invadir ilegalmente el templo y ofrecer incienso ilegalmente, Jotán se encargó de los deberes reales en lugar de su padre, pero su período de Gobierno no se registra sino hasta de la muerte de aquél, cuando tenía 25 años.
Durante su reinado se emprendieron muchas obras de construcción. Erigió la puerta superior del templo, construyó gran parte del muro de Ofel y edificó ciudades en la región montañosa de Judá, así como lugares fortificados y torres en los bosques. (2Crónicas 27:3-7.)" ​
Pero Jotán no disfrutó de un reinado pacífico. Guerreó contra los amonitas y finalmente los venció. Como resultado, le pagaron durante tres años un tributo anual de 100 talentos de plata (660.600 dólares [E.U.A.]) y 10.000 medidas de coro (unos 2.200.000 l.) tanto de trigo como de cebada. (2Crónicas 27:5.) Durante su reinado, el país también empezó a sufrir presiones militares por parte del rey sirio Rezín y el rey israelita Pecajías. (2Reyes 15:37.)
Jotán fue enterrado a su muerte en la Ciudad de David, y su hijo Acaz, que tenía unos cuatro años de edad cuando Jotán llegó a ser rey, ascendió al trono de Judá. (2Crónicas 27:7–28:1.)

Ajaz o Acaz fue un rey de Judá que gobernó entre el 734 y el 715 a. C. aproximadamente.
Era hijo y sucesor de Jotán de Judá. Según el Libro de Isaías y el Libro segundo de los reyes, siguió una vida de perversión, al introducir muchas costumbres paganas e idólatras, ignorando los llamamientos de los profetas Isaías, Oseas y Miqueas. Llamó en su ayuda al rey asirio Tiglath-Pileser III, para rechazar los ataques de Israel, Aram y Edom, razón por la cual Judá quedó sometida durante largos años como región vasalla de Asiria. Tiglath-Pileser saqueó Damasco y anexionó Aram. ​Luego atacó a Israel y "tomó Ijon, Abel Beth Maacah, Janoah, Kedesh y Jasor. También tomó Galaad y Galilea, incluyendo todas las tierras de la tribu de Neftalí, y deportó al pueblo a Asiria." Tiglath-Pileser registró este hecho en una de sus inscripciones.

Ezequías (Jiziqyah o Jiziqyahu, Hebreo "Yahveh ha fortalecido") fue el decimotercer rey del reino independiente de Judá e hijo del Rey Acaz y de Abiyah (2 Crónicas 29:1), que era hija de un hombre llamado Zechariah (no el profeta). (Abiyah era también conocida como Abi (2 Reyes 18:1-2).) Reinó veintinueve años, aunque según sincronismos cronológicos su reinado fue de 43 años (2 Reyes 18:2). Es también uno de los reyes mencionados en la genealogía de Jesús en el evangelio de Mateo.
William F. Albright ha datado su reinado entre 729 a. C. y 686 a. C., mientras E. R. Thiele ofrece las fechas 716 a. C.-687 a. C. Bajo cualquiera de estas cronologías, Ezequías gobernó el reino sureño de Judá durante la conquista y reasentameinto forzado del reino norteño de Israel por los asirios de Senaquerib. Judá absorbió muchos refugiados del reino del norte durante el reinado de Ezequías.
La campaña de los asirios en contra de Judá se relata en el prisma de Senaquerib y en la Biblia. Ambos relatos coinciden en varios puntos:
·        Ezequías no se subyugó a Senaquerib.
·        Excepto Jerusalén, Senaquerib asoló todas las ciudades amuralladas de Judea (46 según el prisma de Senaquerib). En el asedio de Laquis se deslumbra como se capturó la segunda ciudad en importancia y las tácticas militares empleadas.
·        Ezequías terminó pagando tributo a Senaquerib.
·        Senaquerib envió un gran ejército contra Jerusalén, donde Ezequías junto con todos los habitantes de la ciudad amurallada fueron sitiados.
En lo que difieren los relatos es en el orden de los dos últimos eventos que definen quien obtuvo la victoria en Jerusalén:
·        Según el prisma de Senaquerib, éste encerró a Ezequías en Jerusalén "como a un pájaro" y después sin detallar que ocurrió en Jerusalén, dice que Ezequías le pagó tributo y se sometió a él.
·        Según la Biblia (ver 2 Reyes 18 y 19; 2 Crónicas 32; Isaías 36 a 37), cuando Ezequías vio la devastación de Judea intentó pactar paz en Laquis pagando el tributo antes del asedio a Jerusalén, pero aun así Senaquerib envió un numeroso ejército contra Jerusalén e intentó convencer a sus habitantes de someterse antes de devastar la ciudad. Ezequías, entonces, clamó a Dios, quien le respondió por intermedio del profeta Isaías diciéndole que Él mismo devolvería a Senaquerib por donde había llegado y que los habitantes de Jerusalén durante 2 años comerían de esa victoria, lo cual cumplió enviando un ángel que mató esa noche a 185.000 de los soldados que acampaban fuera de Jerusalén. Tras esto Senaquerib mandó regresar a su ejército; y por su parte Ezequías fue prosperado abundantemente y en su vida no vio más desolación en Judea. Por intermedio de Isaías supo que posteriormente vendría una gran devastación desde Babilonia, que ocurrió alrededor de cien años después con la destrucción del Templo de Salomón por los babilonios a manos del rey Nabucodonosor.

Manasés fue un rey de Judá que gobernó entre (697 y 642 a. C.), siendo corregente entre 697 y 687 a.C., y soberano entre 687 y 642 a. C.
Fue hijo y sucesor de Ezequías. Se declaró vasallo de Asurbanipal, emperador de Asiria, proporcionándole tropas contra Egipto. Manasés siguió una política religiosa opuesta a la ortodoxa de su padre, pues toleró los cultos asirios, incluso en el Templo de Jerusalén, así como elementos sincréticos en el culto a Jehová, incluyendo la invocación a los muertos y los sacrificios de niños, lo que suscitó las protestas de los profetas, que le anunciaron el castigo Divino.
Según los apócrifos Vida de los Profetas (1:1) y Ascensión de Isaías (5:11-14), bajo su reinado murió el profeta Isaías, aserrado durante la persecución provocada por este rey, a lo cual parece referirse Hebreos 11, 37. .
Manasés fue aprisionado y torturado por los asirios. Posteriormente lo confinaron por años en un calabozo, donde buscó la redención de Jehová, quien por sus ruegos y súplicas, lo perdonó, pudiendo así recuperar Manasés el trono de Judá, y volviendo al culto ortodoxo.
Para los cristianos modernos, Manasés es un ícono del perdón Divino, ya que tras ser uno de los reyes más sanguinarios y paganos de los judíos, se le perdonó e incluso fue enterrado en la ciudad de David, panteón solo reservado para los reyes fieles, con lo que se deduce que Dios lo perdonó completamente.

Amón, hijo de Manasés y Meshullemeth, sucedió a su padre como rey de Judá. Estaba casado con Jedidah, la hija de Adaiah de Bozkath. William F. Albright ha datado su reinado en 642-640 a. C.
Amón subió al trono con 22 años, y reinó durante dos. ​ Siguió la práctica de la idolatría, y Sofonías describe su reinado como marcado por la depravación moral.
Fue asesinado por sus siervos que conspiraron contra él, ​ y le sucedió su hijo Josías, quien tenía ocho años.
Al final de su reinado la situación internacional era inestable: en el este el imperio asirio comenzaba a desintegrarse y el babilónico aún no lo había sustituido, y al oeste Egipto todavía se estaba recuperando de la dominación asiria. En este vacío de poder Jerusalén fue capaz de gobernarse a sí misma sin la intervención extranjera.

Josías (en hebreo Yošiyyáhu, Jehová me apoya o Jehová me ha sanado) fue rey de Judá entre 639 y 608 a. C., e instituyó reformas importantes. En su reinado se inició la recopilación y edición del Deuteronomio bajo el liderazgo religioso del profeta Jeremías.
Era hijo de Amón y Jedidah, y tuvo cuatro hijos: Joaquim y Jeconías con Zebidah y Sedecías y Joacaz con Hamutal. Joacaz fue su sucesor.
Josías subió al trono a los ocho años de edad, debido al asesinato de su padre, y reinó durante treinta y uno. ​ En política interior fue importante el vuelco dado: fomentó el judaísmo y prohibió el resto de prácticas idólatras, destruyendo sus santuarios y objetos de culto, práctica que realizó también en las franjas fronterizas del reino de Israel.
Josías escuchar la lectura de la ley, por Julius Schnorr von Carolsfeld

Al subir al trono la situación internacional era inestable: en el este el imperio asirio comenzaba a desintegrarse y el babilónico aún no lo había sustituido, y al oeste Egipto todavía se estaba recuperando de la dominación asiria. Gracias a la debilidad de las grandes potencias, Judá pudo gobernarse a sí mismo.
En el año 612 la capital asiria, Nínive, fue conquistada por Nabopolasar, rey de Babilonia. Josías aprovechó la debilidad asiria y reconquistó algunas zonas del norte del reino de Israel. Tuvo una disputa con Egipto, que temía un fortalecimiento de Mesopotamia y quería precipitarse en ayuda de los asirios. En la primavera de 609 a. C., el faraón Necao II encabezó una importante fuerza para ayudar a los asirios. A la cabeza de un gran ejército, Necao tomó la ruta de la Vía Maris con el apoyo de su flota del Mediterráneo, pero al intentar cruzar por tierra encontró el paso del valle de Jezreel bloqueado por el ejército de Judá dirigido por Josías, aliado de Babilonia. En la batalla de Megido Josías murió.
A pesar de la ayuda egipcia el imperio asirio se derrumbó y Necao regresó a Egipto. Durante su regreso se encontró con que en Judá se había elegido como rey a Joacaz en detrimento de su hermano primogénito, así que el faraón lo destituyó y reemplazó por Joaquim, el heredero de Josías, y se llevó prisionero a Joacaz.

Joacaz, hijo de Josías, fue rey de Judá durante 3 meses (según 2 Reyes 23.31) del año 608 a. C., elegido por el pueblo y depuesto por cortesanos favorables a su hermano mayor, Joaquim.
Tras ser depuesto, fue llevado a Egipto como prisionero, de donde no regresó.

Joaquim (Jeconías) fue un rey de Judá que gobernó en el período (608 a. C.-598 a. C.).
Era hermano y sucesor de Joacaz, y su nombre original era Eliaquim. El faraón Necao II invadió Judá, depuso a su antecesor y le instaló a él en el trono, como vasallo. ​ Sin embargo, en 605 a. C., Necao II fue derrotado por Nabucodonosor II en Karkemish, por lo que Babilonia se convirtió en la potencia dominante de la zona, y Joaquim se declaró su vasallo.
Años después, Joaquim no pudo resistir la tentación de ceder a las propuestas de rebelión de sus vecinos fenicios y filisteos. Entonces, Nabucodonosor II incitó a bandas de arameos, amonitas y moabitas a realizar incursiones contra Judá, y él mismo empezó un asedio en Jerusalén con la intención de llevarse prisionero a Joaquim a Babilonia, pero esto no pudo realizarse porque el rey murió antes de que el asedio terminara, probablemente asesinado por los partidarios de la sumisión a Babilonia, y su cuerpo fue arrojado fuera de las murallas de la ciudad.

Joaquín también conocido como Jeconías, fue el penúltimo rey de Judá. Gobernó en el período (598 a. C.-597 a. C.), aproximadamente. ​
Era hijo y sucesor de Joaquim. A los pocos meses de su reinado sufrió la invasión del rey babilonio Nabucodonosor II, que saqueó Jerusalén y deportó a miles de notables a Babilonia, incluyendo al propio rey y al profeta Ezequiel. Las pérdidas materiales fueron enormes, y el pueblo judío quedó dividido entre los deportados y los que permanecieron en Judá.
Parece que Ezequiel y otros muchos siguieron reconociendo a Joaquín como rey, a pesar del cautiverio. En el año 562 a. C., Joaquín fue liberado por el sucesor de Nabucodonosor II, Evil-Merodak.

Sedecías o Sedequías (del hebreo "Yahveh [es] mi rectitud, latín: Sedecias)  es un personaje bíblico del que se dice que fue el último rey de Judá antes de la destrucción de este reino a manos de los babilonios. Sedecías habría sido nombrado rey por Nabucodonosor II, rey de Babilonia, tras el sitio de Jerusalén en 597 a. C., para suceder a su pariente Joaquín.
Según William F. Albright el reinado de Sedecías comenzó en 606 a. C., mientras que E. R. Thiele apoya como fecha el 597 a. C. ​ Según ambos, la caída de Jerusalén, que marca el final del reinado de este monarca, se produjo en 586 a. C. Sin embargo, pruebas más recientes fechan la caída de Jerusalén en 587 a. C.
Sedecías era hijo de Josías​ y Hamutal, y su nombre originario era Matanías. Cuando Nabucodonosor II lo nombró rey tenía 21 años de edad. Sólo obtuvo un reconocimiento parcial, pues algunos siguieron considerando rey a Joaquín, aunque estuviera en cautiverio, ya que durante el largo exilio en Babilonia, el pueblo judío, aunque separado, se mantuvo en contacto mediante la acción de los profetas, como Ezequiel, Jeremías y Daniel. Sedecías, tuvo que enfrentar los confusos y contradictorios profetas Hananias​ que predicaba el favor de Dios para enfrentar a Babilonia y Jeremías que aconsejaba no hacerlo. ​Sedecías optó por negarse a pagar tributo a Babilonia y buscó aliarse con Egipto.
Nabucodonosor entonces sitió Jerusalén hasta provocar su caída y destrucción en 587 a. C. y la esclavitud de los judíos. ​Sedecías y sus nobles huyeron de la ciudad, pero fueron apresados en los llanos de Jericó y llevados a Ribla en la tierra de Hamat, donde se encontraba Nabucodonosor. Por orden de este, Sedecías presenció el degüello de sus hijos, también se ejecutó a los nobles y luego Sedecías fue cegado y llevado cautivo a Babilonia. El Templo de Jerusalén y el palacio real fueron quemados, y se completó la segunda deportación a Babilonia. Judá quedó anexionada a la provincia babilónica de Samaria.
Pese a que la Biblia, que no menciona el nombre ni el número de los hijos de Sedecías, dice que fueron degollados, y que, salvo quienes fueron deportados a Babilonia, tampoco hubo sobrevivientes entre la nobleza, el Libro de Mormón sostiene que un hijo de Sedecías de nombre Mulek emigró a América (América ya estaba poblada por emigrantes asiáticos desde el mesolítico, aunque teóricamente se le atribuye el "descubrimiento" a Cristóbal Colón en 1492 d. C.) al inicio del sitio de Jerusalén, que él y sus seguidores vivieron allí unos 300 años, que posteriormente fueron encontrados por los nefitas, pueblo del rey Mosiah I entre el 279 y 130 a. C. y que finalmente se unieron a este pueblo aceptando a Mosíah I como monarca.

Los reyes de Israel

Jeroboam I (931-910 AC)
Al separarse de la dinastía de David, todas las tribus hebreas salvo Judá y Benjamín llamaron a Jeroboam, exiliado político que acababa de volver de Egipto, adonde había huido de Salomón. Jeroboam era un caudillo efrainita que había servido a Salomón como capataz de una cuadrilla de obreros ocupados en trabajos de construcción en Milo. Resentido por la política interna de Salomón, se había revelado. Animado por el profeta Ahías de Silo, es evidente que se volvió osado en su oposición y fue probablemente denunciado ante Salomón, por lo que huyó a Egipto para salvar la vida.

Jeroboam I reinó sobre el reino septentrional como su primer rey durante 22 años (931-910 a.C.). Hizo de Siquem su primera capital, pero más tarde la trasladó a Tirsa.
Tirsa no ha sido identificada aun definitivamente, pero puede haber estado en el montículo actual de Tell el-Fâr'ah, a unos 11 km al noreste de Nablus. Se han llevado a cabo excavaciones en este montículo que es más grande que el de Meguido, pero no se han hallado aún indicios definidos para lograr su identificación.
Según 1 Reyes 11:26-39, Jeroboam era hijo de Nabat, de la tribu de Efraín y de la ciudad de Seredá. El nombre de su madre era Serúa (quien más tarde se quedó viuda). Era un funcionario de Salomón. Bajo la influencia de las palabras del profeta Ahías, quien profetizó que él gobernaría las 10 tribus del Norte de Israel, comenzando a formar la conspiración con el fin de convertirse en el rey de las 10 tribus del Norte; pero al ser descubierto, escapó a Egipto (1 Reyes 11:29-40), donde él estuvo durante un tiempo en la protección de Sisac.
Después de la muerte de Salomón, los conflictos de tipo económico generaron tensiones. La conducta altanera de Roboam con respecto a las 10 tribus del norte, contribuyó a generar una rebelión y Jeroboam regresó a Israel aclamado como rey (1 Reyes 12:1-20).


Sacrificio de Jeroboam en Betel


Por medio de su mensajero, el Señor había hablado claramente a Jeroboam acerca de la necesidad de dividir el reino. Esta división debía realizarse, había declarado, "por cuanto me han dejado, y han adorado a Astharoth diosa de los Sidonios, y a Chemos dios de Moab, y a Moloch dios de los hijos de Ammón; y no han andado en mis caminos, para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos, y mis derechos, como hizo David su padre." (1 Reyes 11: 33).
Se le había indicado, además, a Jeroboam que el reino no debía dividirse antes que terminase el reinado de Salomón. El Señor había añadido: "Empero no quitaré nada de su reino de sus manos. Sino que lo retendré por caudillo todos los días de su vida, por amor de David mi siervo, al cual yo elegí, y él guardó mis mandamientos y mis estatutos: más yo quitaré el reino de la mano de su hijo, y darélo a ti, las diez tribus." (1 Reyes 11: 34, 35).
Jeroboam I reconstruyó y fortificó Siquem como la capital de su reino. Casi inmediatamente adoptó el medio de perpetuar la división entre el Norte y el Sur, al erigir un becerro de oro tanto en Dan como en Betel, donde él los estableció como símbolos de Dios, imponiendo a la gente no ir más al Templo de Jerusalén, para así traer las ofrendas de los habitantes de su norteño reino solo los lugares santos que él mismo había erigido.

Solemne adoración del becerro de oro, según una tarjeta estadounidense publicada en 1901. Esta estampa probablemente tenga su fuente de inspiración en el culto a uno de los dos becerros de oro mencionados en 1 Reyes 12:26–30.

Es posible que los dos becerros de oro emplazados por Jeroboam I en el norteño Reino de Israel hayan sido inspirados por el toro que representaba al dios El (con el que, en su forma plural, se relaciona el dios de los hebreos). Como Todopoderoso, el dios semítico Él fue luego denominado en plural en idioma hebreo: Elohim ("dioses" o acaso una variante del genitivo hebreo El ha-Elim, es decir, "El Dios de los dioses" [El dios supremo]). Durante centurias, Él había sido el dios cananeo por excelencia, siendo además el principal dios de los nómadas. Poseía funciones éticas y sociales; era tolerante y benigno y recibía, entre otros, los títulos de «Padre de los Dioses», «Rey», «Padre de los Hombres», «Creador de las Criaturas», «Toro», «Amable» y «Misericordioso». Pero más allá de sus diversos títulos, Él era el nombre especial de un dios sumamente particular y que era persistentemente distinguido de otros dioses como "el dios" (es decir, lo que en un sentido monoteísta sería Dios).
De esa manera, no resultaba imposible cambiar la mentalidad de la gente haciendo que Yahvéh tomase la forma del anterior dios semítico, El, contra el cual, podía sostenerse de algún modo tangencial, habría luchado Jacob para ser renombrado entonces como IsraEl (porque que luchó con(tra) El (Génesis 32:23-28).
Así Jeroboam pasó a la historia bíblica como quien hizo pecar a Israel. Esta política idolátrica fue seguida de todos los reyes de Israel. Según 1 Reyes 13:1-9, mientras él estaba ofreciendo incienso en Betel, el profeta Iddo de Judá apareció antes de él con un mensaje de advertencia del Señor. Al intentar detener al profeta y sus palabras, su mano fue secada y el altar se hizo pedazos.
Jeroboam se llenó de un espíritu de desafío contra Dios, e intentó hacer violencia a aquel que había comunicado el mensaje.  "Extendiendo su mano desde el altar", clamó con ira: "Prendedle!" Su acto impetuoso fue castigado con presteza. En su ruego urgente a Dios su mano fue sanada (1 Reyes 13:1-9; compare a 2 Reyes 23:15); pero el milagro no tuvo ninguna impresión duradera sobre él. Vano había  sido el esfuerzo de Jeroboam por impartir solemnidad a la dedicación de un altar extraño, cuyo respeto habría hecho despreciar el culto de Yahvéh en el templo de Jerusalén. El mensaje del profeta debiera haber inducido al rey de Israel a arrepentirse y a renunciar a sus malos  propósitos, que desviaban al pueblo de la adoración que debía tributar al Dios verdadero.  Pero el rey endureció su corazón, y resolvió cumplir su propia voluntad. . .Su reinado era uno de constante guerra con el reino del Sur, Judá. Mientras el reino del sur no hizo ningún esfuerzo serio para militarmente recuperar el poder sobre el norte, había una lucha que perduró durante los reinados de varios reyes de ambos reinos.
Jeroboam murió poco después que Abiam (Abías), hijo y sucesor en el trono de Judá de Roboam (1 Reyes 14:1-18). En la evaluación de la carrera de Jeroboam, los historiadores tienen que ejercer la precaución debido al hecho que la fuente exclusiva de información disponible sobre él es abiertamente hostil al monarca, sugiriendo el texto bíblico que toda la obra de su vida fue pecaminosa. "El resto de la historia de Jeroboam, las batallas en que tomó parte y otros detalles de su reinado, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel" (1 Reyes 14:19).
Las "Crónicas de los Reyes de Israel", probablemente compiladas por los propios escribanos de estos reyes, son probablemente la fuente para los hechos básicos de la vida y reinado de Jeroboam - aunque el escritor del Libro de Reyes claramente posiblemente hizo un empleo selectivo de datos en estas crónicas, concentrándose en la naturaleza ética de cada rey y su obediencia o desobediencia a la Ley de Dios.
Ajías (Ahías), el profeta que había predicho el ascenso al poder de Jeroboam, también predijo su caída, junto a la de su dinastía y la del Reino del Norte: "De ahora en adelante, el Señor va a sacudir a Israel como la corriente del río sacude las cañas. Lo arrancará de esta buena tierra que dio a sus antepasados, y lo arrojará más allá del río Éufrates, por haber hecho representaciones de Astarté, causando con ello la irritación del Señor" (1 Reyes 14:15).
Jeroboam fue sucedido por su hijo Nadab, quien fue asesinado en el segundo año de su reinado por Baasa, de la tribu de Isacar, que exterminó además a toda la Casa de Jeroboam. La profecía de Ahías se cumpliría hacia el año 721 a. C. cuando los asirios deportaran a gran parte del pueblo hebreo hasta territorios más allá del río Éufrates.

Nadab fue el segundo rey de Israel. En hebreo  - transliterado "ndb" - Su historia está recogida en el Primer libro de los reyes 15:25-31.
Gobernó en Israel, a la muerte de su padre Jeroboam, entre los años 910 a 909 a. C. un periodo de casi dos años. ​ Se sabe que hizo la guerra a los filisteos en la ciudad de Gibetón. Durante el asedio de dicha ciudad, uno de sus generales, Baasa hijo de Ahías de la casa de Isacar, organizó una conjura contra él e hizo que lo mataran junto con toda la familia real, usurpando el trono de Israel.
Los motivos religiosos que se dan para la desgracia del rey Nadab son dos: 1. Que al igual que su padre pecó contra Dios al mantener y edificar estatuas y lugares de culto a otros dioses. 2. En cumplimiento de la profecía de Ahías de Siló contra su padre, Jeroboam, de que «toda su casa se extinguiría» (Primer libro de reyes, 14:10).
Extinguida su casa, le sucedió en el trono el rey Basá.

Basá o Baasa (Baal escucha, en hebreo trans. "bħsh'" -) fue el tercer rey de Israel. Su historia está recogida en el Primer Libro de los Reyes
Gobernó en Israel entre los años 909 a 886 a. C., un periodo de casi 24 años en la transición entre la Edad de Hierro I y II. ​Era hijo de Ahías, de la tribu de Isacar.[
Tras usurpar el trono de Israel matando a su antecesor, Nadab, y a toda la familia de Jeroboam, durante el sitio de Gibeón. Trasladó la capital del reino desde Siquem a Tirsá. Durante su reinado mantuvo numerosas guerras con el reino de Judá, con el apoyo en un principio de Siria, lo que le movió a fortificar su frontera sur en Ramá, una ciudad comercial. No obstante, su posición dominante se vio afectada cuando Asa, rey de Judá, compró el favor del rey Ben-Hadad I de Siria y consiguió que le atacase. Entonces Basá, por temor a la invasión siria, abandonó la fortificación de Ramá y se retiró a Tirsá, dejando la ciudad a merced del reino de Judá que aprovechó los pertrechos abandonados para fortificar su frontera en Gueba.
Aunque Basá permanecido en el poder de por vida, no fue sin oponentes; siguió cometiendo las mismas faltas que sus antecesores, edificando y manteniendo lugares de culto a otros dioses, por lo que el profeta Jehú impreca contra él la misma profecía que Ahías contra Jeroboam I, profetizando el exterminio de su dinastía.
Murió y fue enterrado en Tirsá, sucediéndole en el trono su hijo Ela.

Ela fue el cuarto rey de Israel. En hebreo - transliterado "'lh" - Su historia está recogida en el Primer libro de los Reyes 16:8-11.
Gobernó en Israel entre los años 886 a 885 a. C. un período de casi 2 años. Hijo de Baasa, sucedió a su padre en el trono en Tirsa. Tan sólo sabemos que Zimri, jefe de caballerizas, conspiró contra él y lo mató, ​ aprovechando que estaba borracho en casa del mayordomo de palacio. Al usurparle el trono Zimri mandó matar a toda la familia real y amigos de Ela.
La Biblia explica el corto reinado de Ela, su fin y el de toda su familia como el cumplimiento de la profecía de Jehú a Baasa, su padre, por los pecados que habían cometido, del mismo modo que se había castigado a la de Jeroboam I en su hijo Nadab.
Extinguida su casa, le sucedió en el trono el rey Zimri.

Zimri quinto rey de Israel. En hebreo - transliterado "zmri" - Su historia está recogida en el Primer libro de los Reyes 16:9-20
Gobernó en Israel siete días durante el año 885 a.C en Tirsa. ​ Tras haber usurpado el trono, matando a su antecesor y a su familia se hizo rey de Israel en Tirsa. No obstante las noticias llegaron al resto del ejército, que se encontraba luchando contra los filisteos en Gibetón. El pueblo indignado por el regicidio proclamó al general Omrí como rey de Israel y éste partió a sitiar Tirsa. Zimri desesperado decidió acabar con su vida, prendiendo fuego al palacio consigo mismo dentro.
Se explica religiosamente su muerte como consecuencia de su pecado de magnicidio.
Tras haberse suicidado, le sucedió en el trono el rey Omrí.

Omri en español: "El Señor es mi vida") fue rey de Israel y padre de Ajab. Existen tres cronologías para la época de los reyes que situarían su reinado en los siguientes períodos: La propuesta de Edwin R. Thiele (888 - 880 a. C. para su disputa dinástica con Tibni y 880 a. C. - 874 a. C. para su reinado propiamente dicho); la de William Foxwell Albright (876 a. C. - 869 a. C.); y la propuesta por Gershon Galil (884-873). Su historia está recogida en el Primer Libro de los Reyes 16, 15-28. Existen además fuentes arqueológicas que completan el testimonio bíblico.
Fue "comandante del ejército" de Ela, cuando este fue asesinado por Zimri quien usurpó el trono y se nombró rey; sin embargo, las tropas en Gibetón eligieron a Omrí como rey de Israel para destronar a Zimri. Asedió la capital Tirsá donde se encontraba Zimri y consiguió la victoria tras el suicidio de este en su propio palacio.
Si bien Zimri fue eliminado, "la mitad del pueblo" apoyaba a Tibni, otro aspirante al trono, hijo de Guinat. Le tomó a Omrí algunos años subyugar a Tibni y, finalmente, se proclamó a sí mismo rey indisputado de Israel en el 31º año de Asa, rey de Judea.
Omrí construyó su nueva capital Samaria en una colina comprada a Sémer por dos talentos de plata​ (cerca de 68 kilos de plata). Según lo descrito en la biblia, al igual que sus antecesores, anduvo en los mismos pecados​ edificando y manteniendo lugares de culto a falsos dioses ajenos, esto se puede explicar fácilmente, teniendo en cuenta que según nueva evidencia arqueológica, estos reyes eran cananitas, ya que en esa época, el pueblo judío aún no contaba con la identidad religiosa que sus gobernantes le proporcionarían posteriormente.
La arqueología arroja más datos sobre el periodo de Omrí. Arqueólogos como Israel Finkelstein y su estudiante Norma Franklin han encontrado paralelismos entre Samaria y la construcción de otras ciudades, Jezreel, Megiddo y Hazor; suficientes para intuir que se corresponden a una misma etapa o incluso a una misma política fundacional. Por otro lado, se halló una estela en Moab (Estela de Mesha) que comenta como el rey Omri habría sometido y anexionado el reino de Moab y como un líder local llamado Mesha habría expulsado a los israelitas de esta tierra venciendo al hijo de Omri (probablemente Ahab).
A partir de Omrí, se establece una nueva dinastía en Israel que perdurará hasta el final de este reino. Existen más testimonios arqueológicos de esta dinastía que también hacen alusión a la nueva capital, que poco a poco se hará haciendo con el nombre del reino. Asimismo, se ha encontrado epigrafía tardía que se refiere al reino de Israel como el de Samaria.
Omrí murió y fue enterrado en Samaria. Le sucedió en el trono su hijo Ajab.

Ajab (también conocido como Acab en la Biblia Reina-Valera) 874 y 853 a. C., de acuerdo con el libro bíblico de 1 Reyes (En hebreo se conoce como 'j'b). Su historia está recogida en el primer libro de los Reyes 16:29 a 22:40. Existen además fuentes arqueológicas que completan el testimonio bíblico. Gobernó Israel entre los años 874 y 853 a. C. un período de casi 22 años.
Sucedió en el trono a su padre Omrí prosiguiendo con su política fundacional y de defensa del reino. Sabemos que se casó con una princesa fenicia, Jezabel hija de Et-baal rey de Sidón (Tiria). Tuvo numerosas guerras con los sirios consiguiendo defender el territorio hasta el final de sus días. Por lo general se considera su período, junto con el de su padre, el más próspero de Israel.
Al principio de su reinado cesaron las hostilidades con Judá. Acab buscó la paz y la alianza con arameos, cananeos y sus vecinos de Judá ante un recrudecimiento de las relaciones con Siria (en este momento vasallo de Asiria).
La guerra con los sirios se encuentra relatada en la Biblia y documentada arqueológicamente, siguiendo la estructura del Libro de Reyes se narran tres batallas:
Primeramente los sirios asedian la capital, Samaria, forzando a Acab a negociar una paz que compromete en un primer lugar su corona. Aunque Acab acepta, el rey de Siria, Hadadezer, que lideraba una coalición de 12 reinos todos vasallos de Asiria), demanda además el saqueo de la ciudad, Acab no acepta estas nuevas condiciones y ataca en un despiste el campamento sirio, venciendo y dispersando a las tropas enemigas.
Un año después, los sirios le presentan batalla en una llanura cerca de Afec, nuevamente Israel vence y captura a Ben-Adad dejándolo marchar a cambio de una promesa de paz y de restitución de los territorios israelitas bajo dominio sirio; promesa que no se cumpliría.
Esta última batalla es a la que hace referencia la Estela de Kurkh, que informa de una coalición de varios reinos enviados por el rey de Asiria Salmanasar III, bajo Hadadezer, contra Acab rey de Israel. La estela da información del número de tropas participantes (entre las asirias e israelitas con sus aliados, unos 100.000 hombres). Sirve para su identificación que la Biblia apunta a que los israelitas habrían dado muerte a unos 100.000 hombres en esta batalla; aunque se exagere en las cifras y no se dé ningún nombre del lugar exacto donde se desarrolló el combate, sí se puede establecer un paralelismo más que plausible al tratarse de un número de combatientes excesivamente grande y poco común que difícilmente pueda suceder en otro combate en un período tan corto.
Una última batalla sucedería al final de su reinado, en torno al 853 a. C. El rey de Siria ocupa la ciudad de Ramot de Galaad. Judá e Israel se alían y atacan para recuperarla, aunque no consiguen tomarla. El rey Acab muere en combate, herido de flecha.
Nuevamente la Biblia es la fuente principal para la política interior de los reyes de Israel y en particular de Acab, con quien se extiende, y en la que introduce gran parte de la historia del profeta Elías.
Se dice que Acab siguió en los mismos pecados que su padre y que sus antecesores al introducir y edificar altares y templos a dioses ajenos (Astoret diosa cananea y Baal). Esta política contraria a la ley de Moisés se entiende en un contexto de mezcla cultural y en el intento de ganarse a los arameos y demás pueblos que habitan en su territorio. La Biblia la hace depender en gran medida de su matrimonio con Jezabel (que no era judía, sino probablemente fenicia). Jezabel instituye un culto ajeno y mantiene a sacerdotes y profetas paganos que entran en conflicto con los profetas de Yahveh. ​ Existe, por tanto, una tensión entre ambos cultos, la Biblia hace referencia a dos hechos importantes que se contraponen en este asunto, el primero es una persecución efectuada por Jezabel contra los profetas de Dios que tienen que ocultarse y otra, el enfrentamiento de Elías con los profetas de Astoret y Baal que saldrían derrotados y degollados a espada (1°Reyes 19:1) los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y cuatrocientos profetas de Asera (1°Reyes 18:19) por el profeta de Yahveh Elías (1°Reyes 18:40); a lo que sigue una nueva persecución al profeta por Jezabel en venganza. (1°Reyes 19:2-3).
Jezabel también muestra el perfil de mujer cruel, dispuesta a asesinar para conseguir sus objetivos. La Biblia introduce el relato de la viña de Nabot para ilustrarlo. En éste se cuenta cómo tras serle imposible al rey Acab comprar la viña de Nabot por la que se había encaprichado, su mujer decide difamar a Nabot para que le maten y de este modo su marido pueda adquirir la viña de Nabot.
La derrota final de Acab se justifica teológicamente por su pecado de idolatría y por haber dejado escapar a Ben-adad después de la segunda batalla contra los sirios. Profetizada por Elías y Miqueas.
Por lo demás al igual que su padre sigue una política fundacional intensa. De la prosperidad de su reino y del auge cultural propiciado por este rey nos dan cuenta unos marfiles encontrados en Samaría.
Fue enterrado en Samaria, le sucedió en el trono su hijo Ocozías.

Ocozías fue el octavo rey de Israel. En hebreo transliterado "'jzyh". Ocozías es el nombre tradicional de este rey en español, pero una transcripción más fiel sería Ajazíah). Su historia está recogida en el Primer libro de los Reyes 22:40, Segundo libro de los Reyes 1:1-18 y en el Segundo Libro de las Crónicas 20:35-37.
Gobernó en Israel entre los años 853 a 852 a.C un periodo de casi dos años.[1]​ Sucedió a su padre Ajab en trono y anduvo en los mismos pecados que sus padres edificando altares y adorando a dioses ajenos. La confrontación existente entre el clero de Yahveh y el de otros dioses que se llevaba manifestando de forma cruenta desde el reinado de su padre, vuelve a quedar patente. En este caso Ocozías tras haber caído desde una ventana se lesiona y queda encamado; resuelve, por tanto, enviar una embajada a los profetas de Baal-zebul en Ecrón (nombre que deriva en castellano en Belcebú) éstos antes de llegar a este lugar se encuentran con Elías que les profetiza la muerte inminente del rey diciendo: "¿No hay Dios en Israel que tu envías a consultar a Baal-zebul dios de Ecrón?". El rey envía entonces varios acometidos a apresar a Elías pero estos fracasan y el rey muere.
Se dice en el Segundo Libro de las Crónicas además que Ocozías estableció una alianza comercial con Judá, cooperando en la construcción de naves con destino a Tarsis, la Biblia dice que esta misión no llegó a completarse, como castigo a Ocozías y al rey de Judá por confiar en él.
Murió sin llegar a dejar descendencia directa, le sucedió en el trono su hermano Joram de Israel.

Joram fue el noveno rey de Israel. En hebreo - transliterado "ywrm". Su historia está recogida en el Segundo libro de los Reyes 3:1 a 27; a continuación se introduce la historia del profeta Eliseo, sucesor de Elías, en la que también se arrojan indirectamente datos del reinado de Joram hasta que se reanuda la historia en el capítulo 9:1-26.
Gobernó en Israel entre los años 852-841 a.C un periodo de casi doce años.​ Hijo de Acab, sucedió a su hermano Ocozías. Aunque retiró los altares al dios Baal siguió conservando los de otros dioses, por lo que se dice que anduvo en los mismos pecados que sus antecesores. Sabemos que durante su reino se desencadenó una guerra contra Moab en la que contó con la alianza de los reinos de Judá y Edom. Por tanto la alianza que había establecido su padre con los arameos y hebreos de Judá vuelve a funcionar en esta batalla en la que consiguen derrotar a Moab y ocupar su territorio.
También vuelve a ver guerra entre Israel y Siria (vasallos en este momento de los asirios). Nuevamente Ben-Adad sitia la ciudad de Samaria durante un largo período. No obstante se acaba retirando por miedo a que Israel se hubiese aliado con los heteos y egipcios, librándose la ciudad de una derrota segura.
La Biblia ilustra parte de los hechos acaecidos a Israel durante este reino a través de la figura de Eliseo. Da dos datos fundamentales, en primer lugar parece que Eliseo espió para Israel los movimientos del rey de Siria y llegó a tener relevancia dentro de la corte, de este modo salvó en una ocasión a Joram de caer en una emboscada. Por otro lado después del abandono del sitio de Samaria, el rey sirio Ben-Adad cae enfermo y Eliseo profetiza que su hijo Hazael heredará el trono y será quien acabe con el reino de Israel.
Eliseo hace ungir a Jehú como nuevo rey de Israel, rechazándose de este modo al rey Joram y a toda su casa como había sido profetizado. En el 841 Joram se encontraba junto con Ocozías rey de Judá defendiendo la ciudad de Ramot de Galaad de los sirios, pero siendo heridos tuvieron que retirarse ambos reyes a Jezrael. Jehú fue allí junto con una tropa y retó a ambos reyes. Estos salieron al encuentro de Jehú a la heredad de Nabot y Jehú mató a Joram y más tarde hizo matar a Ocozías rey de Judá en Meguido. Luego fue a Jezrael y dio muerte a la madre de Joram, Jezabel, a quien mandó que tirasen desde una ventana a un patio donde luego su cadáver fue devorado por los perros. Tanto la muerte de Joram en el huerto de Nabot como la muerte de Jezabel devorada por los perros cumplían de este modo las profecías, ninguno de los dos recibió sepultura en Samaria. También dio muerte a todos los hijos de Acab degollándolos en Jezreel y Samaria. Con la muerte de Joram, la Casa de Omri se extinguió., ​ y Jehú reclamó el trono.

Jehú (hebreo, Yehú) es un monarca mencionado en la Biblia, rey del Reino de Israel. ​ Su nombre es una contracción del nombre del Dios hebreo Yahvé con el pronombre personal masculino singular hebreo "hu", y significa "Yah es él", o "él es Yah".
Representante del Reino de Israel, posiblemente un enviado de Jehú rinde tributo ante el rey asirio Salmanasar. Detalle del segundo registro del Obelisco Negro, 841 a. C.. La inscripción cuneiforme asiria expresa: "El tributo de Iaúa hu-Umri (Jehú, hijo de Omrí)", ​

Según la Biblia, Jehú fue el décimo soberano del Reino de Israel, con un reinado de 28 años, y fundando la dinastía más duradera del Reino del Norte. Inició su carrera militar en el ejército del rey Ajab (Acab), para luego convertirse en general del rey Joram. Mientras sitiaba la ciudad de Ramot de Galaad que estaba en posesión de los arameos de Damasco, fue ungido como rey de Israel y se le encargó la misión de eliminar la descendencia de Acab y de Ocozías de Judá, y de tomar el trono de Israel, según la profecía de Elías, quien había profetizado como reyes de Siria e Israel a Hazael y Jehú, respectivamente, y como su sucesor al profeta Eliseo.
Durante su reinado tuvo que soportar la presión aramea y asiria en el Este. La Biblia atribuye sus fracasos militares a su falta de fe al conservar el culto a los becerros de oro instaurados por Jeroboam I.
Cuando el rey Joram de Israel abandonó el frente en Ramot de Galaad debido a las heridas que sufrió, dejó a Jehú al mando del ejército israelita, el cual conseguiría finalmente recuperar dicha ciudad. Esto lo volvió popular entre sus tropas, ganándose su afecto y apoyo, por lo cual no le costó mucho convencer a los demás generales que lo apoyaran en su rebelión contra la casa real de Omri. Fue rápidamente aclamado rey de Israel.

Golpe de estado y ascenso al poder
Inmediatamente viajó a Jezreel con sus tropas, al encuentro de Joram, y su sobrino, el rey Ocozías de Judá, quien se hallaba en la ciudad en muestra de apoyo a Joram. Tras varios intentos fallidos de Joram de comunicarse con Jehú mientras éste se acercaba (debido a que los atalayas desertaban al bando de Jehú), el mismo Joram avanzó sin sospechas a recibir a Jehú. Al encontrarlo e intentar saludarlo al lema de "¿Hay paz Jehú?", fue bruscamente rechazado por éste diciendo: "¿Qué tienes que ver tú con la paz después de las prostituciones de tu madre?"
En ese momento Joram se dio cuenta del complot en su contra, e intentó escapar, siendo asesinado a manos del mismo Jehú antes de lograr ponerse a salvo, aunque al menos pudo avisar del golpe a Ocozías de Judá, quien pudo escapar hasta Meguido, donde fue muerto por las tropas de Jehú que lo habían perseguido.
Según el relato bíblico Jehú se dispuso prontamente a acabar con toda la casa de Ajab para así consolidarse en el trono, empezando por la reina madre Jezabel, quien al verlo le insultó comparándole con el usurpador Zimri, por lo que Jehú enojado, desafió a los eunucos que se encontraban con ella para que la echaran abajo desde la ventana. Luego Jehú entró victorioso al palacio real y después de comer ordenó enterrar el cadáver de Jezabel, pero ya no quedaba nada de éste, ya que los perros y las aves del campo se habían comido su carne, conforme a la palabra de Elías. Luego mató al resto de hijos de Ajab y a todos los parientes de Ocozías de Judá que pudo encontrar.
Mediante engaño fingió ser un devoto adorador de Baal invitando a todos los adoradores y profetas de Baal a su templo para asesinarlos. Se reunieron de todo el país atiborrando el templo. Una vez ahí les distribuyeron ropas blancas para identificarlos y se aseguraron de que no hubiera ningún adorador de Yahveh, y cerrando las puertas ordenó a los verdugos asesinarlos a todos.
Pero, a pesar de dejar establecida su posición Jehú tuvo que enfrentar el rey sirio Hazael, quien aprovechó el cambio de gobierno para iniciar la invasión de Israel y Judá. Jehú apeló a la ayuda del rey asirio Salmanasar III, aceptando convertirse en vasallo de éste y pagarle tributo. No obstante, luego de la muerte de Salmanasar, le siguieron varios reyes débiles, lo cual le permitió a Hazael volver a invadir Israel, conquistando todos los territorios al este del Jordán a un débil Israel.
Jehú fue sucedido por su hijo Joacaz de Israel.

Inscripción asiria
En el Obelisco Negro del Museo Británico fue representado, entre otros, un emisario israelita llamado Ia-ú-a hu-Um-ri (Jehú, hijo de Omrí), quien ofrece tributo postrado ante el rey asirio Salmanasar III; se trataría de un enviado del antiguo Reino de Israel o posiblemente Jehú mismo, cosa que confirma la noción de que el Reino del Norte había dejado de ser un estado soberano.
En 1850, Henry Rawlinson identificó al "Ia-ú-a" postrado ante del rey asirio con el rey bíblico conocido como Jehú. ​ Sin embargo, un año más tarde tal identificación fue cuestionada por el clérigo y asiriólogo Edward Hincks, quien relacionó a dicha figura con Oseas, el último monarca del Reino de Israel, en un esfuerzo por hacer coincidir la narración bíblica con las inscripciones asirias, pues de lo contrario la conquista de Asiria sobre Israel se adelantaría en 160 años a lo señalado en la Biblia. Actualmente, sin embargo, prevalece la opinión de que la inscripción innegablemente menciona a "Jehú hijo de Omrí". Por lo que emerge una considerable disparidad entre lo que narran las inscripciones cuneiformes del Obelisco Negro y lo que expresa el relato bíblico, pues ni Jehú ni Oseas fueron hijos de Omrí y la dominación asiria habría ocurrido mucho antes de lo descrito en la versión bíblica.

Joacaz, su pronunciación y transliteración original seria Yeho'ajaz. Fue un rey de Israel, hijo de Jehú, fundador de la dinastía más larga y poderosa que hubo en el reino norteño de Israel.
Comenzó a reinar en el año 814 a. C., que fue el año 23 del rey Joás de Judá, fue el undécimo rey de Israel, y reinó por 17 años. Heredó un debilitado reino de su padre ya que Jehú perdió todos los territorios de Transjordania y fueron anexados a los dominios de Hazael, el cual afligió a Joacaz en sus primeros años de reinado. Pero sería Ben-Hadad III su mayor verdugo, ya que producto de su propia apostasía, en las guerras quedó su ejército reducido sólo a 50 soldados a caballo, 10 carros, y 10000 soldados de infantería. En su desesperación Joacaz se volvió a Dios, por lo que Dios le proveyó de un salvador, que probablemente fue el rey asirio Adadnarari III, que invadió Siria en el año 806 a. C., saqueó Damasco, y los obligó a pagar tributo, por lo que eliminó al peor enemigo de Israel, ​ y no le molestaron por un buen tiempo. Joacaz fue enterrado en Samaria, y le sucedió su hijo Joás.

Joás, fue un rey de Israel, hijo y sucesor de Joacaz, ​ de la dinastía de su abuelo Jehú. A diferencia de su padre, Joás fue un guerrero de éxito. Reinó por 16 años, siendo el decimosegundo rey de Israel, y el tercer rey de la dinastía de Jehú. Comenzó a reinar en el 798 a. C., que era el año 37 de Joás, rey de Judá. Su nombre en hebreo es escrito יהואש, transliterado Yeho'ash.
Aunque no quitó los becerros de oro de Jeroboam I, seguía aún la religión nacional de Israel. Cuando el profeta Eliseo estaba agonizando, Joás fue a verlo. Ahí el profeta Eliseo lo hizo disparar una flecha en dirección a Siria, y golpear el suelo, a lo que Joás accedió, pero sólo lo hizo 3 veces. Por ello el profeta le dijo que sólo derrotaría a Siria 3 veces. Lo que se cumplió cuando Joás derrotó 3 veces a Ben-Hadad III y saqueó varias veces Damasco, y como consecuencia Joás recupero todos los territorios que su padre había perdido.
En un principio, sus relaciones con Judá habían sido buenas, a tal punto que Joás accedió a que 100.000 de sus soldados acompañaran a Amasías, el rey de Judá, a una campaña contra los edomitas, pero por palabra de Dios fueron devueltos a su país. Indignados por esto los soldados israelitas hicieron desmanes en Judá, aparte de matar a 3000 personas. Volviendo Amasías de su campaña en Edom, le declaró la guerra a Joás, a lo que él respondió con una metáfora, comparando el cedro (el mejor árbol), para simbolizarse a él, y el cardo (el peor árbol) simbolizando a Amasías. Con la clara intención de comparar su victoria contra Siria, un reino fuerte y la victoria de Amasías sobre Edom, un reino más débil, además le advertía que perdería la batalla. Pero Amasías no escucho la advertencia por lo que siguió en su plan de guerra, enaltecido por su victoria ante los edomitas.
El Levante mediterráneo en la época de Jeroboam. El territorio comprendido por su reino figura en color rojo[

Joás obtuvo una gran victoria ese día en Beit-Shemesh, incluso tomando prisionero a Amasías y llegando a Jerusalén, para lo que derribó gran parte de la muralla, retirándose después con un gran botín.
En la estela de Hadad-Nirari, rey de Asiria, se menciona a Joás el Samaritano, entre los reyes que le pagaron tributo. Esta paz con los asirios le sirvió para expandirse y ganar varias batallas.
Probablemente su hijo Jeroboam estuvo como su corregente por varios años. El mismo Jeroboam lo sucedió en el trono. Fue enterrado en Samaria, en las tumbas reales.

Jeroboam II, (en hebreo, que el pueblo se multiplique, cuyo pueblo es numeroso o YAH contiende por el pueblo) era hijo de Joás y el decimotercer rey del Reino de Israel. Su reinado coincidió con los de Amasías y Uzías de Judá.
Su reinado tuvo lugar en un período que abarcó 787-747 a.E.C. ​ El mismo incluyó una corregencia de once con su padre. Ya sea antes del reinado de Jeroboam o durante los primeros años de su gobierno, el profeta Jonás predijo que el nuevo rey recuperaría los territorios del norte y del este que en tiempos anteriores habían pertenecido a Israel (II Reyes 14, 25), y Jeroboam cumplió esta profecía.
Llegó a ser el rey más fuerte de la dinastía de Jehú, sino de todos los reyes que ocuparon el trono del reino del norte. El registro bíblico acerca de este reinado es sumamente breve, y consiste sólo en 7 versículos (II Reyes 14, 23-29). Sin embargo el corto informe de sus éxitos militares muestra claramente que fue el gobernante del reino del norte con más éxitos en su haber: conquistó Damasco y Hamat junto al Orontes, y recuperó la mayoría de los territorios de Siria y Transjordania hasta el Mar Muerto, de modo que su reino incluyó todo lo que David y Salomón habían dominado, con excepción de Judá; tuvo la fortuna de que Asiria estuviera experimentando un período de debilidad durante su reinado, y así no pudiera impedir sus actividades expansionistas.
Murió y fue sepultado en Samaria, y seis meses después de su muerte la dinastía finalizó con el asesinato de su hijo Zacarías (II Reyes 15, 8-11).

Sociedad
El reino gozaba de prestigio político y prosperidad económica. La evidencia arqueológica lo muestra como la época más rica de Israel, debido sobre todo al comercio de aceite de oliva, vino y caballos, tanto con Egipto como con Asiria. A finales del siglo octavo era el estado más densamente poblado del Levante mediterráneo, con alrededor de 350.000 habitantes.
Los profetas Amós y Oseas denunciaban el materialismo y el bajo nivel moral y religioso (Amós 5, 21-22; 2,6-8 y Oseas 6, 6-10) pero también existía cierta medida de tolerancia religiosa: cuando Amós, un ciudadano del reino del sur, pronunció sus profecías contra la casa de Jeroboam en la ciudad del santuario de Bet-el, su sacerdote informó al rey, pero nada se hizo contra Amós excepto pedirle que saliera del territorio de Israel (Amós 7, 10-17).
Rey de Israel, hijo de Jeroboam II. Ascendió al trono en 743 A. C., al morir su padre. Tuvo su corte en Samaria. Hay controversia sobre las fechas de su reinado, ya que William F. Albright da 746 a. C.-745 a. C., y E. R. Thiele ofrece 753 a. C.-752 a. C.
La Biblia relata sucintamente su reinado (2 Reyes, 15:8-12) e indica que "Hizo el mal a los ojos de Yahvé como hicieron sus padres". A los 6 meses de su reinado, un hombre llamado Sellum (Shallum) conspiró contra él y lo asesinó en Yibleam, para apoderarse del trono. Con la muerte de Zacarías concluyó la quinta dinastía del Reino de Israel, fundada por Jehú en 841 a. C.

Sellum o Shallum fue un rey de Israel que ocupó el trono en los años 745 a. C. ó 752 a. C.​
Era hijo de un hombre llamado Yabesh. En el sexto mes del reinado de Zacarías, Sellum conspiró contra él, lo asesinó en Yibleam y se proclamó rey. La Biblia resume muy sucintamente su reinado (2 Reyes, 15:13-15). Al mes de estar en el trono, un sujeto llamado Menajem se rebeló contra él en Tirsá, entró en Samaria, lo asesinó y ciñó la corona israelita.

Menajem o Menahem (743 a. C. -738 a. C.), fue el 16º rey de Israel. De acuerdo con la cronología de Kautsch, gobernó en 743-736 a. C.; según Schrader, de 745 hasta 736 a. C. William F. Albright ha fechado su reinado en 745-738 a. C., mientras que E. R. Thiele ofrece las fechas 752-742 a. C.
Era hijo de Gadi y ostentó el cargo de jefe del ejército en Tirsah. A la muerte del rey Zacarías, asesinado por Shallum, consiguió eliminar al asesino y quedarse con el trono.
Consiguió el apoyo del monarca asirio Tiglatpileser III, para lo cual tuvo que pagar un fuerte tributo. Ejerció un poder tiránico, provocando diversos levantamientos, que reprimió violentamente.
Le sucedió su hijo Pecajías (Peqahyah)

Pecajías rey de Israel, hijo y heredero del rey Menajem. Según William F. Albright, ascendió al trono al morir su padre (738 a. C.). Se alió con Resin de Damasco contra Judá. La Biblia resume sucintamente su reinado (2 Reyes, 15:23-26) e indica que "hizo el mal a los ojos de Yahvéh". Fue asesinado en Samaria en 737 A. C., en la torre del rey, por su escudero Pecaj, que se adueñó del trono israelita. ​
Edwin. R. Thiele ofrece como fechas de su reinado, 742-740 a. C.

Pecaj o Peka (? - 732 a. C.), hijo de Remaliah, era un oficial del ejército que se convirtió en rey de Israel entre los años 737 y 732 a. C.
Subió al trono tras asesinar a Pecajías, ya que estaba en contra de la política de amistad con Asiria que aquel practicaba, y prefería una alianza con Damasco. ​ Junto con Rasin de Damasco, declaró la guerra al rey de Judá, Ajaz. Este pidió ayuda a Tiglatpileser III, que conquistó Damasco, toda la costa del Mediterráneo y parte del reino de Israel, deportando a sus habitantes. ​ Pecaj fue asesinado debido a una conspiración dirigida por Oseas.

Oseas fue el último monarca del Reino de Israel, reinó aproximadamente durante el período 730 a. C.-722 a. C.
Impuesto por Tiglatpileser III, con soberanía reducida a Samaria, a la muerte de aquel, se sublevó y buscó la alianza de Egipto, pero fue derrotado por Salmanasar V, cegado y conducido como cautivo a Asiria. Las consecuencias fueron la conversión de Israel en provincia asiria, y la deportación masiva de la población, en especial las clases altas, que fueron sustituidas por colonos arameos y caldeos, en el futuro, conocidos como samaritanos. Los israelitas deportados se diluyeron entre la población asiria, llamándoseles en adelante las diez tribus perdidas.
En el Obelisco Negro del Museo Británico fue representado, entre otros, un emisario israelita que ofrece tributo ante el rey asirio Salmanasar; se trata de un enviado del antiguo Reino de Israel, que confirma el hecho de que el mismo había dejado de ser un estado soberano. En 1851, Edward Hincks relacionó al personaje en cuestión no con Jehú, ​ sino con Oseas, quien, según expresa la Biblia, fue hecho siervo de Salmanasar, a quien año a año le pagaba tributo, hasta que dejó de hacerlo y fue eventualmente capturado por conspirar contra el monarca asirio. Según el texto cuneiforme del Obelisco Negro, la figura representada pertenece a la Casa de Omri. De la información disponible tiende a emerger una considerable disparidad entre lo que narran las inscripciones cuneiformes del Obelisco Negro y lo que expresa el relato bíblico. Datado en 841 a.C., el Obelisco Negro pertenece al siglo IX a.C., mientras que Oseas reinaría un siglo más tarde. Esta discrepancia da lugar a diferentes hipótesis y teorías. A pesar de ello, y más allá de quien sea el personaje que aparece postrado ante un rey asirio en el Obelisco Negro, lo cierto es que se trata de la más antigua imagen visual de un israelita que se conoce en la historia.

Sociedad:
La sociedad israelita estaba íntimamente relacionada con su religión. El núcleo de la sociedad hebrea es la familia. Esta es patriarcal. El padre es la máxima autoridad. Existían también los esclavos; que se obtenían por compra o por ser prisioneros de guerra; no se los trataba con crueldad. En los tiempos de nómades, los hebreos vivían en tiendas con pocos muebles. Esta forma de vida les facilitaba su traslado en búsqueda de pasturas para sus rebaños. Luego de asentarse en Palestina, habitaron en casas de piedra, rodeados de hurtos, conformando poblados.

Las principales ciudades del reino de Israel fueron:
1) Siquem, su primera capital.
2) Samaria, la segunda capital.
3) Meguido, famosa por su ciudad-fortaleza en la montaña.
4) Jericó, la ciudad más antigua aún habitada (desde hace 10.000 años)
5) Nazaret, donde se crió Jesucristo.

Siquem: Fue una ciudad israelita de la tribu de Efraím y la primera capital del Reino de Israel.
Está situada dos kilómetros al este de la actual ciudad cisjordana de Nablus. Se estima que la antigua ciudad de Siquem existía ya hace unos cuatro mil años. Estudios arqueológicos evidencian que la ciudad fue demolida y reconstruida hasta 22 veces antes de su fundación definitiva en el año 200 a. C. Debido a su ubicación, Siquem fue un centro comercial en la región, comercializando uvas, aceitunas y trigo.
El faraón Sesostris III, durante el siglo XIX a. C., combatió contra el pueblo de Siquem.
Se cree que Siquem fue el primer lugar donde se detuvo Abraham, Sara y Lot en su viaje hacia Canaán.
De acuerdo al Libro de Josué (21, 20), Siquem era una ciudad de refugio para los homicidas.
En el pozo de Siquem fue donde Jesús se encontró con la samaritana y le pidió que le diera agua para beber

Samaria: Ciudad capital del reino de Israel. Se encontraba a unos 9,5 km al noroeste de Siquem, y ocupaba una posición destacada en la cima de una colina aislada y redondeada, a unos 445 m s.n. del Mar Mediterráneo, que es visible desde ese lugar, y entre 90 y 120 m por encima de la llanura circundante, rica en olivares y trigales.
Desde los comienzos de su historia, Samaria fue un centro de culto pagano y de idolatría, Jezabel, la esposa de Acab, introdujo el culto de Baal en la ciudad, y luego se levantaron un templo y un altar en honor del dios.
En el 722 a.C., después de su caída ante Salmanasar V o Sargón II, Samaria se convirtió en la cabecera de una provincia asiria. Cuando Alejandro Magno invadió Siria (333 a.C.), ocupó Samaria y la hizo la sede de una gobernación.

Meguido: Tel (montículo) Meguido, conocido como Tel-el-Mutesellim (el Monte del Gobernante) ha sido identificado como una de las ciudades más importantes de los tiempos bíblicos. Situado en un monte que mira hacia el fértil valle de Jezreel, Meguido tuvo gran importancia estratégica ya que domina el acceso oriental de Nájal Irón (nájal, un lecho de río seco), parte de la carretera internacional que conducía desde Egipto, a lo largo de la planicie costera hasta el Valle de Jezreel y de ahí a Damasco y Mesopotamia.
Los hallazgos corroboraron la evidencia escrita respecto a la importancia de Meguido, primero como ciudad real cananea, luego como posición y centro administrativo egipcio, posteriormente como la "ciudad de los carros" de los reyes de Israel y finalmente como la ciudad de control de las provincias asirias y persas.

A fines del sexto milenio a.C. se estableció una aldea sobre el monte de Meguido, pero el primer asentamiento urbano fortificado, restos del cual fueron descubiertos en la roca en la parte oriental del tel, data de comienzos del tercer milenio a.C. Dentro de sus murallas había un templo rectangular alargado con un altar frente a su entrada; tenía un techo bajo, sostenido por columnas de madera colocadas sobre bases de piedra. Las nuevas excavaciones pusieron al descubierto varias paredes de piedra paralelas, cada una de 4 m. de grosor, y los huecos entre ellas estaban llenos con huesos de animales sacrificados.
Durante los siguientes 2.000 años, se construyó una serie de templos cananeos, uno encima del otro, en el lugar de este antiguo templo.
A fines del tercer milenio a.C. se construyó una bamá (altar) circular de piedra de 8,5 m. de diámetro y 1,5 m. de altura. Siete escalones conducen a su parte superior, donde se ofrecían sacrificios. Este es un excelente ejemplo de bamot (altares) de culto, frecuentemente mencionados en la Biblia (p. ej. I Samuel 9:12-15). Posteriormente, a comienzos del segundo milenio a.C., se añadió un complejo de tres templos idénticos en el fondo de la bamá, formando un impresionante centro de culto cananeo. Cada uno de estos templos estaba compuesto por una sala rectangular con una bamá en el fondo y un patio abierto en el frente, donde un par de bases de piedra redondas indican pilares. Hacia finales del segundo milenio A. C. se construyó un nuevo templo cananeo sobre las ruinas de los anteriores; tenía muros especialmente gruesos e incluía una pequeña cámara de culto con dos torres que protegían su fachada.
Desde comienzos del segundo milenio a.C., Meguido fue un importante centro militar. La ciudad fue rodeada por firmes fortificaciones de piedra y glacis. El área dentro de los muros estaba cuidadosamente planeada y dividida en varias zonas claramente definidas: el barrio real que contenía los palacios, el barrio administrativo y los barrios residenciales. Este plan no se modificó significativamente hasta el siglo XII, a.C.
Hacia mediados del segundo milenio fue construida en el muro norte de la ciudad una nueva puerta de dimensiones enormes, hecha de grandes piedras sobre bases de basalto labrado. Esta puerta incluía dos pares de cámaras con un ancho pasaje entre ambas, que brindaba un acceso cómodo a los carros. Cerca de la puerta en el muro oriental se encontraba el palacio de los reyes cananeos de Meguido. Este era un palacio muy grande y lujoso, cuyas habitaciones estaban construidas en torno a un patio. Joyas de oro y marfil encontradas en el palacio demuestran la riqueza de los reyes de Meguido y sus relaciones políticas y comerciales con los países y las culturas vecinas.
Meguido es mencionada muchas veces en inscripciones egipcias de los siglos XV a XIII a.C. Estas inscripciones son testimonio de la importancia de la ciudad como centro de la administración egipcia en Canaán y como base logística en la ruta hacia el norte. Inscripciones en el templo del dios Amón en Karnak (en el Alto Egipto) describen la primera campaña militar de Tutmosis III en Canaán, a comienzos del siglo XV a.C. De acuerdo con dicha descripción, el ejército egipcio cruzó los Montes de Manasés y avanzó a través de Nájal Irón hasta el valle de Jezreel. El ejército unido de los reyes cananeos, sorprendido por este avance militar, fue derrotado; Meguido fue conquistada después de un asedio de siete meses.
Meguido alcanzó su cúspide bajo el rey Salomón en el siglo X a.C. El la reconstruyó como una ciudad real que administraba la parte norte del reino. La construcción de Jerusalem, la capital, y de Hazor, Meguido y Gezer como parte de una planificación urbana centralizada, es así relatada en la Biblia.

Jericó: En el año 1200 a.C., casi en la misma época en que los griegos destruían Troya, el pueblo de Israel conquistó milagrosamente la ciudad de Jericó. Los hallazgos arqueológicos han sacado a la luz pruebas incontrovertibles que demuestran que el hecho, realmente aconteció.
Pese a que la Biblia menciona a Enoc como la primera ciudad del mundo,  los vestigios más antiguos se encuentran en Jericó, cuyos cimientos, muy anteriores, incluso a los de las grandes urbes mesopotámicas, datan del año 7000 a. C.
Antes de la aparición de la escritura, Jericó, la ciudad de las palmeras, era epicentro de una intensa actividad comercial. De allí partían y llegaban caravanas desde y hacia los más apartados confines del mundo, transportando las más variadas mercancías.
Jericó se hallaba ubicada en la ribera occidental del río Jordán, sobre una llanura rica y extensa, próxima al Mar Muerto (bajo cuyas aguas yacen los restos de Sodoma y Gomorra), por entonces un oasis rico en palmeras, dátiles y pozos de agua.
Con el paso de los años, la ciudad llegó a ejercer notable influencia sobre el sector occidental del Medio Oriente y a atraer a individuos de otras latitudes, que veían en ella un lugar de prosperidad y poder.
Vivían allí los cananeos, quienes efectuaban ofrendas al dios Moloch arrojando niños a las llamas y practicando terribles abominaciones que ofendían a Dios.

Josué en Jericó
“Sucedió que después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, habló el Señor a Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés, y le dijo: ‘Mi siervo Moisés ha muerto; anda y pasa el Jordán tú y todo el pueblo contigo, para entrar en la tierra que daré a los hijos de Israel”

Con esas palabras el Señor le ordenó a Josué la conquista de Canaán. Y una vez frente a Jericó, volvió a hablarle para decir: “Mira, Yo he puesto en tus manos a Jericó y a su rey y a todos sus valientes. Dad la vuelta a la ciudad una vez al día todos los hombres de armas. Y haréis esto por espacio de seis días. Y al séptimo tomen los sacerdotes siete trompetas de las que sirven para el jubileo, y vayan delante del Arca del Testamento, y en esta forma daréis siete vueltas a la ciudad, tocando los sacerdotes sus trompetas; y cuando se oiga su sonido más continuado y después más cortado, e hiriere vuestros oídos, todo el pueblo gritará a una con grandiosísima algazara, y caerán hasta los cimientos los muros de la ciudad por todas partes, y cada uno entrará por la que tuviere adelante” .
Cumplida la orden. Las gruesas murallas cayeron, la ciudad fue arrasada, sus templos destruidos y sus sacerdotes aniquilados. Y solo Rahab fue respetada, y los que moraban con ella, por haber ayudado a los exploradores que Josué había enviado días antes de su destrucción.
Las ciudades más importantes del reino de Judá, fueron:
1) Jerusalén, la histórica capital.
2) Hebrón, que atesora la tumba de Abraham.
3) Belén, donde nació Jesucristo.
4) Emaús, donde apareció Cristo resucitado.
5) Betania, en las laderas del Monte de los Olivos.

Jerusalén fue inicialmente llamada de "Orshalem" (Ciudad de la Paz) por los cananeos hace 5000 años. Posteriormente este nombre fue cambiado a "Yuroshalime" por los judíos, luego a "Orshamam" por los faraones, después a "Herosulima" por los griegos y romanos y finalmente a "Jerusalem" por los francos.
La ciudad de Jerusalén se encuentra localizada a 52 Km. del Mar Mediterráneo, a 22 Km. del Mar Muerto, 250 Km. del Mar Rojo, 150 Km. de Akka.


Economía y actividades:
Los hebreos, establecidos en Palestina, se dedicaron a la agricultura y la ganadería. El cultivo característico era el olivo y la vid, también obtuvieron legumbres y lentejas. El pastoreo de ovejas, bueyes, cobras, caballos y camellos acompañaba la actividad agrícola.
También trabajaron cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de lana y lino. Lo más importante de su actividad económica fue el comercio. Esto se debía a que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente, es decir, un lugar de tránsito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto: exportaban aceite y vino e importaban metales (cobre de Chipre, hierro de Australia, oro de Arabia), marfil y espacias.
Letras y artes La religión dominó todos los aspectos de la cultura hebrea. La prohibición de representar a la divinidad desalentó la creatividad en escultura y pintura. Como contrapartida, la religión estimuló el desarrollo de la literatura: el esfuerzo de generaciones para la redacción y la transmisión de los textos, las creencias y tradiciones religiosas.
El resultado fue la Biblia. La palabra “Biblia” deriva del griego (Biblia libros, e indica el libro por excelencia Fenicia”. También se denominó Sagradas Escrituras: “Sagradas” porque se creen inspiradas en Dios y contienen la revelación de éste a los hombres, y “Escrituras” porque su origen es variado, de distintas épocas y diferentes autores.
Estos escritos redactados por los hebreos constituyen el Antiguo Testamento o Biblia hebrea. En ellos se habla de la historia, las costumbres, las creencias, los pensamientos éticos y morales del pueblo israelita. Posteriormente, los cristianos le anexaron el Nuevo Testamento, donde aparece la llegada de Cristo, su vida y los orígenes del cristianismo.
El núcleo original de la Biblia fue el Pentateuco, conjunto de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. El Génesis relata la creación del mundo, los orígenes del pueblo hebreo con Abraham hasta el establecimiento en Egipto. El resto de los libros se refieren, entre otros temas, a Moisés, comentan la huida de Egipto, el peregrinar por el desierto y la llegada a la tierra prometida.
Los llamados Escritos Históricos de Josué, Jueces, Samuel, Reyes y Crónicas narran los hechos históricos desde el asentamiento en Palestina, relatan la actuación de los jueces, la formación del Estado, los momentos salientes de cada monarquía.
Los Escritos Proféticos comentan la división del reino en Israel y Judá, y su caída en manos de opresores extranjeros. Contienen los presagios de los profetas que anuncian el castigo y la resurrección de las ruinas.

Los Escritos Poéticos contienen salmos o himnos para ser cantados y plegarias.
Los Escritos Sapienciales reúnen consejos de sabiduría y preceptos de carácter moral.

La música también fue cultivada por los hebreos. Samuel fundó una escuela de músicos.
Durante los gobiernos de David y Salomón, este arte llegó a su esplendor considerándose una profesión de gran prestigio.

Religión:
La religión domino todos los aspectos de la cultura hebrea. La prohibición de representar la divinidad estimulo la literatura y el resultado fue la BIBLIA. También denominada Sagradas Escrituras. El ANTIGUO TESTAMENTO está escrito por los hebreos.

Habla de las costumbres y pensamientos morales de los israelitas. Luego los cristianos agregaron el NUEVO TESTAMENTO con la llegada de Cristo y los orígenes del cristianismo. La primera gran diferencia de la religión del pueblo hebreo con los demás del Cercano Oriente es que cree en un solo Dios.

Este es justo y bueno y exige a su pueblo el cumplimiento de una moralidad. No tiene forma humana, esto significa que no puede ser representado. El hombre es inferior a Él, pues Dios lo hizo a su imagen, inmortal, pero como ha pecado debe ser castigado.
Otra diferencia es que Dios actúa con los hombres y no fuera del mundo de los hombres. Esto no significa que no volvieran a caer periódicamente en el politeísmo. Esta caída se producía varias veces hasta que alguien (como los predicadores) les daba esperanza nuevamente.
El temprano monoteísmo, rasgo distintivo de la comunidad hebrea de Israel, tiene su símbolo físico en el Templo de Salomón, en Jerusalén, donde se guarda el Arca de la Alianza o pacto entre Yahveh y su pueblo. A diferencia de los restantes pueblos conocidos, ningún otro templo (no ya a otro dios, sino tampoco a Yahvéh) fue consentido por la ortodoxia israelita. Sólo puede rendirse pleno culto a Yahveh en el Templo de Jerusalén. De ahí el papel cohesivo y simbólico que, milenariamente, han tenido en todo tiempo la ciudad y su templo para los seguidores de la Ley de Moisés.

Templo de Salomón

Arte:
La mayoría de las obras literarias fueron compiladas y organizadas durante el período de apogeo de la monarquía y por obra del rey- poeta David. Merecen especial mención los salmos, los proverbios, los cantos nupciales del cantor de los cantares, las Crónicas, el Génesis, el Éxodo, los Jueces, los Reyes y otros libros denominados Sapiensiales, como el Eclesiastés.
Valoraron la música y la emplearon en las ceremonias religiosas. El sofar fue un instrumento típico hebreo, cuerno de macho cabrío utilizado para convocar a las ceremonias rituales. También utilizaron cítaras, sistros panderos (adufes) y flautas, por mencionar los más popularizados. No había pinturas ni esculturas por temor a que cayeran en la idolatría. Fue destacada la arquitectura, dentro de ella los palacios y las viviendas de los nobles. Legado cultural hebreo:

Aportes a la historia de las religiones:
a) Primera gran fe monoteísta.
b) Origen de las tres grandes religiones actuales: judaísmo, cristianismo e islamismo.
c) Antiguo Testamento.

La diáspora:
Los romanos destruyeron Jerusalén y expulsaron a los israelitas. Estos se disgregaron por el Mediterráneo y comenzó así la diáspora; la dispersión de judíos por el mundo. La historia de los hebreos en Palestina había terminado. Pero la comunidad hebrea sobrevivirá manteniendo intactas sus creencias y costumbres, gracias a su fe y a la alianza con su dios Yavhe.

Pruebas arqueológicas en las Tierras Altas al oeste del río Jordán
Siempre basándome en los trabajos de Finkelstein y Silberman, en las Tierras Altas al oeste del Jordán nos encontramos en los yacimientos unos emplazamientos ovales o circulares (en piedra y fechados en la Edad de Hierro I, en torno al 1200 a.C.), con una serie de estancias comunicadas entre sí formando un anillo que rodeaba un patio central que seguramente protegería el ganado de cabras y ovejas, con algunos restos que muestran un tímido cultivo de cereales. Dichos asentamientos son análogos en disposición a los de los beduinos que todavía hoy podemos encontrar en las zonas circundantes y su construcción en piedra parece reflejar el paso del nomadismo al sedentarismo, construyendo de forma parecida a la que acostumbraban hasta entonces o al menos conservando la planta tradicional. Según los mencionados autores “Todo indica que una gran parte de los primeros israelitas habían sido en otros tiempos pastores nómadas”.
Parece ser que cada una de las oleadas comenzaron por la zona este, extendiéndose hacia el oeste y en épocas de ocupación intensa encontramos abundantes restos de ganado vacuno, sin embargo cuando la ocupación desciende, también lo hacen los restos vacunos a favor de los de las cabras y ovejas. Es decir, el pastoreo de ganado mayor, pesado y lento, junto con el cultivo de cereales, en épocas de baja demografía daba paso al pastoreo característico de poblaciones nómadas que comerciaban con las ciudades de las llanuras y al devenir épocas de crisis en las mismas, posiblemente se producía una migración a las zonas altas despobladas y un aumento de las costumbres sedentarias, esto es, la agricultura y el ganado mayor.

Siria y Palestina bajo los neo-babilonios y persas.
Desde los tiempos de David, Jerusalén había englobado las esperanzas nacionales de Israel. El templo representaba el punto focal de la devoción religiosa, mientras que el trono de David sobre monte Sión proporcionaba, al menos para el reino de Judá, el optimismo político para la supervivencia na­cional. Aunque Jerusalén había sido reducida desde su prominente posición de respeto y prestigio internacional en la era de la gloria salomónica, al es­tado de vasallaje en los días fatídicos del triunfo asirio, todavía se ergía como la capital de Judá cuando Nínive fue destruido en el 612 a. C. Por cuatro siglos, había continuado como la sede del gobierno del trono de David, mientras que Damasco, Samaría, y Nínive con sus respectivos gobiernos se habían levantado y hundido.
Jerusalén fue destruida en el 586 a. C. El templo fue reducido a cenizas y los judíos hechos cautivos. El territorio conocido como reino de Judá, fue absorbido por los edomitas en el sur y la provincia babilónica de Samaría en el norte. Demolida y desolada, Jerusalén se convirtió en el objeto de burla de las naciones.
El nuevo hogar de los judíos fue Babilonia. El reinado neo-babilónico reemplazó al control asirio en el oeste, fue el responsable de la caída Jerusalén. Los judíos permanecieron en el exilio tanto tiempo como los gobernantes babilonios mantuvieron una supremacía internacional.
Cuando Babilonia fue conquistada por los medo-persas en el 539 a. C., a los judíos se les garantizó el privilegio de reestablecerse en Palestina.
Aunque algunos de ellos comenzaron a reconstruir el templo y rehabilitar la ciudad de Jerusalén, el estado judío nunca volvió a ganar su completa independencia, sino que permaneció como una provincia del Imperio Persa. Muchos judíos se mantuvieron en el destierro, sin retornar jamás a su patria natal.

Bibliografía

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