martes, 7 de noviembre de 2017

Capítulo 21 - Los persas


Los persas
Ciro y el Imperio persa aqueménida – La conquista de Egipto y la expansión del Imperio persa – Instituciones y sociedad – La vida económica – La religión y arte – En enfrentamiento con Grecia – La conquista de Alejandro Magno.

Medos y persas:
Primer periodo: III Milenio. Los pueblos prearios.
A lo largo del III milenio y a principios del II vivían en la meseta de Irán diferentes culturas claramente diferenciadas unas de otras. La cultura de Gorgán abarcaba toda la zona este del mar Caspio. La cultura de Ghian entre el IV y III milenio y la cultura de Gudin, en el III milenio comprendía la zona este de Lorestán. La cultura Yanik comenzó en el este de Azerbaiyán pero se extendió hasta la zona central de la meseta. En el sur, este y sureste de Irán vivían otras tres culturas en Fars, Sistán y Kermán respectivamente.

La cultura de Gorgán
Al noreste de la meseta iraní y al este del mar Caspio se encontraba esta cultura que estaba compuesta por grupos humanos locales y otros grupos que con mucha probabilidad procedían del oeste. Los restos de este pueblo los podemos encontrar en los yacimientos de Shah Tappeh, Yurang Tappeh, Yarim Tappeh y Darreh Gaz, entre otros lugares. 
Esta cultura se extendió incluso hasta Tappeh Hesar, cerca de la actual Damghan, junto a la meseta central, y los estratos históricos hallados en estos lugares nos dice que estas culturas se asentaron allí entre el III y II milenio a. C. Al parecer, las culturas de Tappeh Hesar y Yarim Tappeh desaparecieron a la vez en el III milenio debido a la irrupción de tribus del este, pero el resto de las mencionadas siguieron su vida normal sin ser perturbadas por ningún evento de este tipo.
Las vasijas halladas pertenecientes a este período están adornadas con líneas en relieves que se entrecruzan; se han hallado cántaros, recipientes con pitorro y otros tipos de vasijas de diversas formas destinadas a contener líquidos. Algunos de los recipientes hallados, como por ejemplo, algunos fruteros con pie y botijos cilíndricos con pitorro, no eran de arcilla sino de mármol. Por la cantidad de objetos de cobre hallados en Gorgán se puede deducir que tenían fácil acceso a este metal, objetos como hojas de puñales, martillos, hachas, alfileres, encontrados todos ellos en el interior de tumbas. También utilizaban oro, plata y estaño para confeccionar pequeños objetos y hacían uso de piedras preciosas para el diseño de joyas, especialmente de anillos. El hallazgo de todo esto nos demuestra la inmensa riqueza que había en la zona de Gorgán a mediados del III milenio. 
 Por otra parte, el diseño de muchos de los objetos hallados en Gorgán nos demuestra que los habitantes tenían relaciones con el valle del Indo al este (y quizás aún más lejos, con China), y, por el oeste, con Anatolia y Mesopotamia. Una de las razones de estas relaciones era la ubicación de Gorgán en medio de la ruta comercial que lleva de Oriente a Occidente. 
La cultura de Gorgán probablemente desapareció en el 1900 o 1800 antes de nuestra era. Desde entonces, no sólo dicha cultura sino todas las demás fueron desapareciendo paulatinamente siendo la de Turan Teppeh la que más duró. La causa de la desaparición fue la irrupción de las tribus nómadas arias procedentes de Asia Central, irrupciones que traían consigo el arrasamiento de las ciudades pues a los nuevos inquilinos les gustaba más la vida bajo las tiendas y al aire libre, lo mismo que dos mil años después ocurriría con la invasión mongola. Estos nuevos intrusos continuaron su marcha más hacia el sur, hacia lo que hoy día es la India. Teniendo en cuenta de que las culturas Gorganíes de Tappeh Hesar y Yarim Tappeh eran las zonas habitadas situadas más al este y que fueron las primeras en desaparecer, se puede deducir mediante este hecho la ruta de entrada que escogieron los arios para introducirse en Irán, es decir, desde Asia Central y por la zona más oriental. En lo que a la ruta situada al oeste se refiere, se han hallado allí vestigios que nos demuestran la relación habida entre las culturas indoeuropeas de Irán con las de Anatolia, las islas del mar Egeo y Europa Central.

En el noroeste de Irán: la cultura de Yanik
A mediados del III milenio a. C. tribus procedentes del Cáucaso y del este de Anatolia hicieron entrada en Irán por el oeste de Azerbaiyán y se extendieron en diferentes puntos de la geografía iraní. Los vestigios más antiguos que se han hallado de estas tribus han sido los desenterrados en Yanik Tappeh, que son piezas de objetos de barro completamente diferentes a los de la cultura de Gorgán. Los de Yanik Tappeh son vasijas toscas, hechas manualmente y con boca cuadrada  mientras que las de la cultura de Gorgán son finas y mejor elaboradas. Las vasijas halladas en Yanik Tappeh pertenecientes al primer período de la Era del Bronce tienen adornos geométricos en relieve cuyas oquedades han sido rellenadas por una pasta blanca. En el segundo período de la Era del Bronce, la marca de fuego sustituye al dibujo en relieve. El pueblo de la cultura de Yanik ocupó toda la región que va desde el norte de Azerbaiyán hasta la mitad del lago Urumiyeh.
En Yanik Tappeh se han encontrado hasta hoy 9 estratos donde se han desenterrado edificios de forma circular. La entrada de estos edificios se encontraba en el tejado. La existencia de este tipo de viviendas con otras similares encontradas en otros dos emplazamientos, como en el Cáucaso (concretamente en Shengavit) y en Beth Yerah (Palestina) nos demuestra lo dispersa que estaba la población en la Edad del Bronce por la región de Asia Occidental.
 Más tarde, durante lo que podríamos calificar como el segundo período de la cultura de Yanik, las casas circulares fueron sustituidas por casas cuadradas con una puerta en una de las fachadas. En este tipo de viviendas se accedía al tejado por medio de una escalera. Durante la segundad mitad de la Edad del Bronce, la cultura de Yanik fue emigrando al sur a través de las montañas de Alvand hasta llegar a Hamadán, donde podemos ver sus restos en diferentes yacimientos. También se han hallado objetos de la cultura de Yanik Tappeh en zonas como Tappeh Ghian, en Nahavand y en Malayer.
 El año 2050 a. C. marca el final de esta cultura. Tras la desaparición de la cultura Yanik aparece ya la alfarería policromada, muy similar a la hallada en Anatolia. Este tipo de vasijas y alfarería ha sido hallada en Guy Tappeh y pertenecen al período que va desde la mitad del II milenio hasta la Edad del Hierro. Son botijos de cuello alto, recipientes abombados con los bordes moldeados hacia fuera y cántaros redondos de borde ancho, son grises y rojas y con dibujos marcados a fuego.
Otros yacimientos que pertenecen al mismo período que la cultura de Yanik Tappeh es el de Hatvan Tappeh, cerca de la ciudad de Salmas, con siete estratos, siendo el más antiguo uno perteneciente al 2300 antes de nuestra era, y el más reciente de principios de la época sasánida.

Período II. Elam durante el Imperio Acadio 
Los Elamitas, que se llamaban a sí mismos Hatamtis, eran protagonistas de una avanzada y brillante civilización en el sur de Persia, entre el cuarto y segundo milenio antes de Cristo. Era un pueblo de origen asiánico y étnicamente nada tenían que ver con los iranios que llegaron a la meseta iraní a mediados del II milenio a.C. Al parecer, los elamitas tomaron la escritura de sus vecinos, los sumerios, aproximadamente en el 2800 a.C. Según se puede desprender de algunas inscripciones, como la hallada en la ciudad de Reishahr, cerca de Bushehr (golfo Pérsico), esta civilización llegó a dominar muchas zonas de lo que es hoy el sur y sureste de Persia, llegando a poseer las regiones costeras de dicho golfo. La población elamita más civilizada vivía en la ciudad de Susa y alrededores.
La primera vez que los elamitas son mencionados en la historia fue cuando fueron atacados por el semita Sargón de Acad alrededor del siglo XXV o XXVI, que, a pesar de la resistencia que ofrecieron liderados por su rey Luhhi-Ishshan, fueron finalmente derrotados por el poderoso rey acadio. Después de éste, su hijo Hishep-Rashir se aviene con los  acadios y para mantener la paz le hace llegar un tributo.

Escritura protoelamita. 

A finales del reino de Sargón, los elamitas fueron reprimidos por su hijo Rimush. Éste es sucedido por Manishtusu que también ataca el norte de Elam y se trae su rey arrastrado hasta colocarlo a los pies del dios acadio Shamash.
Pero la derrota definitiva de los elamitas fue llevada a cabo por el rey Naram-Sin, sucesor de Manishtusu, que logró imponerse sobre los elamitas. En Susa construye templos con ladrillos sellados con su nombre y es durante este período cuando la influencia de la cultura y civilización acadias en Elam es evidente. Naram-Sin es sucedido por Shar-Kali-Sharri, quien también se declara rey de Acad. Tras su reinado, Acad se sume en la anarquía y es devastado por los lulubíes.
El último rey elamita de este período es Puzur-Shushinak, cuya imagen podemos ver en una estela guardada en el Museo de Louvre. Logró algunas victorias pudiendo finalmente arrebatarles el poder que ejercían a los acadios en la región, avanzando hasta Babilonia.
No tardaron en retroceder, pero a la vuelta de las expediciones Puzur-Shushinak es nombrado rey. La gloria del dios elamita Shushinak es ensalzada tras aquellas victorias, su templo es reedificado, los músicos tocan mañana y tarde y se instaura el sacrificio de dos carneros diarios en honor de su dios. La importancia de Puzur-Shushinak en la historia de Elam es también debida a que es el único rey del que se conservan inscripciones en caracteres protoelamitas, sistema que empleaba en sus inscripciones junto al acadio. El reino de Puzur-Shushinak no perduró debido a los ataques e incursiones de los lulubíes y gutíes, dos poblaciones que vivían en los montes Zagros central y septentrional y que hablaban lenguas emparentadas, tras lo cual la historia de Elam permanece bajo el dominio de estos pueblos hasta que aparece lo que los historiadores denominan III Dinastía de Ur (2200 a.C.?). 

Los Guti y la III Dinastía de Ur 
En Akkad, después de Sarkalisharri (2217- 2193 a .C.) Elam pasa a manos de los Guti (asiáticos del Zagros). Tuvieron al menos 20 reyes, y son expulsados por Utu-Hegal de Uruk (2123- 2113 a .C.). Años más tarde, la III Dinastía de Ur inició su expansión hacia el Zagros y Elam con Shulgi. 
Alrededor del XXI-XXII a.C. Shulgi sucedió a su padre Ur-Nammu en el trono. La política exterior de este nuevo rey es imperialista y decide expandirse a los montes Zagros y más allá del Elam. Su reinado duró 50 años. En lo que a Elam se refiere, durante su soberanía se convierte en una de las provincias de su imperio. 
Shulgi mandó edificar en Susa templos para sus dioses Nashushinak y Ninhursag. En estos templos se han hallado objetos valiosos y vajilla tanto de cobre como de barro y piedra. En las excavaciones llevadas a cabo en Susa se han hallado más de 300 tablillas datadas entre los años 2300 y 1700 a.C. Muchas de estas tablillas son contratos y en ellas se puede leer cómo se jura en el nombre de su rey o bien de su dios. 
El período del reinado de Shulgi es un período de paz para Susa. En fin, hasta la llegada de los Altos Comisarios (Sukkalmahhu) Susa es dominada alternativamente por los reyes de Ur o de Larsa.

Los reyes de Simash en la Baja Mesopotamia 
En las regiones del norte de Elam no se admitió el dominio de Ur III. Fuera de Susa y su distrito, Elam estaba en manos de los reyes de Simash, hasta que en tiempos del rey de Larsa Gungunum (1932- 1906 a .C.) casi todo Elam cae en su poder. Cuando se vuelve a independizar, el que gobierna en Elam ya no lleva el título de rey, sino el de "Alto Comisario" o Sukkalmahhu. 
El general Abarti o Ebarti libera a su pueblo y crea una nueva dinastía. Este general sería el padre del primer ‘sukkalmahhu’. La fecha en qué vivió es incierta aunque se le puede colocar en el siglo XIX. Alrededor del año 1850 Ebarti es reemplazado por Shilhaha, que llegó a tener gran poder e influencia. Reinó en todo Elam y Simash (probablemente la actual provincia de Chahar Mahal). Shilhaha será considerado para las siguientes generaciones elamitas como el antepasado epónimo de la dinastía. El hijo de Shilhaha, Kudur-Mabug, atacó Babilonia cuando aún vivía su padre y se hizo de Amurtabal, en Larsa. El hijo de Kudur-Mabug, Warad-Sin, fue nombrado rey de Larsa. 
Kudur-Mabug se nombra a sí mismo regente de su hijo menor. Pero la muerte prematura de su hijo le obligó a nombrar rey a Rim-Sin, otro de sus hijos, que debía de ser también bastante joven ya que su padre siguió ostentando la regencia. El reinado de Rim-Sin duró sesenta años y al final del cual su reino es conquistado por Babilonia y la ayuda de Elam fue inútil contra el poder de Hammurabi. Este rey babilónico reinó entre los años 1792 y 1750. 
Tras la muerte de Hammurabi hubo en Elam setenta años de desórdenes hasta la llegada del rey Kutir-Nahhunte, en 1850, que restablece el orden.
Durante cien años Elam fue regida por varios Altos Comisarios, siendo el último de ellos Kuk-Kirwash. Fue entonces cuando irrumpieron los cassitas, que depusieron al rey Kuk-Kirwash allá por el año 1600. 
Después de este acontecimiento, la historia de Elam se sumerge en un período de 4 siglos que pertenece más a la historia de los cassitas que a la de los elamitas, aunque después es anexionado Elam al Imperio babilónico.
Fue aproximadamente por esta fecha cuando aparecen las tribus arias en la meseta iraní y en el norte de Mesopotamia, a mediados del II milenio a.C.
A finales del siglo XIV Pahir-Ishshan restituye de nuevo el poder real de los elamitas al margen de Babilonia. Huban-Mana, el tercer rey de esta dinastía, expandió de nuevo el poderío elamita y, según dicen las inscripciones fue “sumamente bendecido y agraciado por los dioses.” Los textos de este rey están redactados en elamita y no en acadio.
Después de Huban-Mana reinó Huntash-Huban (o Untash-Gal), considerado el rey más importante de esta época. Durante su reinado se desarrolló mucho la metalurgia. Este rey también mandó construir el célebre zigurat de Susa de Chogha Zanbil, que hoy se conserva en muy buen estado. 
También construye templos dedicados a deidades semitas, aunque no tantos como los dedicados a sus propios dioses. El período de este rey está marcado por un abandono o repulsa de la cultura babilónica que se traducía en un sentimiento nacional y en una vuelta a lengua y cultura original.
El zigurat de Chogha Zanbil, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad

Después de Huban Untash es entronizado su tío Unpatar-Huban en 1245, y, en 1238, llega al trono el hermano de éste último, Kidin-Hutran, quien llegó a ser muy poderoso militarmente y cuyo poderío demostró en los distintos ataques e incursiones que realizó en Babilonia. Kidin-Hutran es sucedido por Hallutush-Inshushinak I del que sólo se sabe el nombre y que era el padre del poderoso Shutruk-Nahhunte.

Shutruk-Nahhunte siguió la misma dinámica de sus inmediatos antecesores de redactar los monumentos en lengua elamita. Entre sus numerosas obras cabe destacar el haber engalanado los templos con maderas nobles, haciendo incluso uso de los materiales hallados en otros templos. Shutruk-Nahhunte atacó Babilonia, destituyó al último rey cassita y lo sustituyó por su hijo, el entonces general, Kutir-Nahhunte. En el saqueo de Babilonia se llevó a Elam un inmenso botín, numerosas estelas, estatuas de reyes. Entre los valiosos objetos que se llevó se encontraba el Código de Hammurabi.
Después de Shutruk-Nahhunte fue nombrado rey su hijo Kutir-Nahhunte en 1170. Reinó cuatro años dedicados casi enteramente a aplastar las revueltas de los cassitas-babilonios que no habían asumido su derrota, terminando definitivamente con los cassitas, la dinastía extranjera que más tiempo había dominado Babilonia. La estatua del dios babilónico Marduk fue llevada como trofeo a Elam donde permanecería unos 50 años hasta que la recuperara Nabucodonosor.
El reinado de Kutir-Nahhunte fue interrumpido al poco por su muerte. Luego fue nombrado rey su hermano Shilhak-Inshushinak quien toma como esposa a la viuda del malogrado rey. Durante su reinado el reino elamita volvió a expandirse en la región y recuperó de nuevo su poder, su importancia política y su influencia en el comercio de la región. La riqueza adquirida le permitió a este rey construir suntuosos templos y palacios en Susa, embellecer los barrios de esta ciudad, terminar el templo que su hermano dejó a medio hacer etc.
Después de la muerte de este rey comienza la decadencia de los Elamitas, hasta que Nabucodonosor I (1146-1123) atacó Elam en venganza por las guerras pasadas y por haber ‘secuestrado’ a su dios Marduk. En fin, es nombrado rey de Elam Huteludush-Inshushinak,  hijo de Kutir-Nahhunte. En la primera batalla salieron vencedores los elamitas, pero en la segunda, el ejército de Elam fue derrotado en las cercanías de Susa y fue muerto el rey, traicionado por algunos de los suyos. 
Desde la victoria de Nabucodonosor (circa 1150) hasta el año 821 a.C., carecemos por completo de documentación elamita y la historia de esta región es protagonizada por asirios y babilonios. 
A partir de la primera mitad del siglo VIII aparece el reino que los historiadores llaman neoelamita. Elam vuelve a vislumbrarse en la historia y comienza el reinado de Huban-Nugash en Susa. Este rey, que según la crónica babilónica comenzó su reinado en el año 742, se alió con un general caldeo con el objetivo de poder enfrentarse a Asiria. Le presentó batalla a Sargón II porque éste había atacado Accad, estado vasallo elamita. Sargón es derrotado en aquella batalla (721).

Shutruk Nahunteh II fue entronizado tras la muerte de su tío Huban-Nugash. El nuevo rey reafirmó su alianza con Babilonia contra los asirios y le volvió a declarar la guerra a Sargón II, pero esta vez los elamitas fueron derrotados perdiendo en esta guerra varias de sus fortalezas. Debió de ser un rey bastante importante por las 30 estatuas suyas que mandó erigir en 30 ciudades. Cuando Senaquerib, hijo de Sargón, llegó al poder en el año 705 volvió a reprimir a los elamitas, represión que fue seguida de violentas revueltas por parte de la población y que desembocaron en la expulsión del trono de Shutruk Nahunteh en beneficio de Hallushu-Inshushinak, su propio tío por línea materna. Por otra parte, tras la expedición militar de Senaquerib, Babilonia vuelve a caer bajo el yugo asirio.

Hallushu-Inshushinak se proclamó rey de Anzán y Susa. Atacó Babilonia en el año 696 y apresó y asesinó a Ashurnadin III, hijo de Senaquerib. Para vengar la sangre de su hijo, el rey asirio contraatacó a los elamitas, a los que venció, pudiendo recuperar Babilonia y matar también al hijo del rey. Hallushu-Inshushinak es destronado por sus propios súbditos después de seis años de reinado (693). Fue sustituido por Kudur-Nahhunte quien prosigue las guerras contra Senaquerib contra el que no tiene mucho éxito, por lo que también es destronado y reemplazado por su hermano Huban-Immena II (692-688), quien le declara de nuevo la guerra a los Asirios pero en la que no pudo cosechar tampoco grandes éxitos. Durante el reinado de Huban-Immena II es mencionado el nombre de los persas ya que éstos por entonces vivían en la región de Parsumash, al este de Shushtar. La mención se hace en una estela del rey asirio Senaquerib como parte del ejército de los elamitas donde están los “parsuash”. Al parecer, Huban-Immena II y sus aliados babilonios y caldeos no fueron muy afortunados en las expediciones militares ya que según los Anales de Senaquerib aquellos “huyeron como jóvenes palomas perseguidas.” En fin, son derrotados por los asirios. Huban-Immena II cae gravemente enfermo, sus ejércitos se dispersan y Senaquerib entra en Babilonia, que bañó en sangre por la afrenta pasada y como venganza.
Tras el reinado de Huban-Immena II hubo una guerra entre los príncipes por la sucesión, hasta que Huban-Haltash I que disputaba por el trono contra Shilhak Anshushinak II renunció al trono en favor de su hermano Urtaku (675), aunque en estos detalles las fuentes no son muy precisas y las crónicas susianas difieren de las asirias. En fin, Urtaku reinó entre los años 675 y 663 en una parte de Elam. En un principio estaba aliado con los asirios, con los que mantenía unas excelentes relaciones. Llegaron a intercambiar anales y documentos astronómicos que eran traducidos a sus respectivas lenguas. Incluso Elam, asolado por una sequía, recibió generosa ayuda de parte del recién nombrado rey Asurbanipal. Pero Urtaku no se mostró muy agradecido por aquellos favores y después de una alianza matrimonial con el rey de Susa, Tepti-Huban-Inshushinak, atacó y conquistó Babilonia. Sin embargo, una epidemia de peste acabó con la vida de Urtaku y su aliado susiano quedó como rey de todo el Elam, y, viéndose poderoso, le declaró la guerra a los asirios, pero pereció en batalla en las cercanías de Susa.
Asurbanipal, tras vencer a los elamitas nombró como reyes de Elam a los mismos príncipes elamitas en el exilio que le habían ayudado en la guerra, siendo el primero de ellos Huban-Nugash en la ciudad de Madaktu, cuya investidura está representada en las paredes del palacio de Nínive. Por otro lado, se nombra rey de Hidalu, otra región de Elama Tammaritu, hijo de Urtaku. Más tarde hubo insurrecciones y Huban-Nugash atacó Babilonia, algo que le costó la vida. 
 Hubo un período de unos 15 años de guerras entre los elamitas y los asirios en las que los primeros, a pesar de no salir bien parados ante los temibles ejércitos de Asurbanipal, no dejaban de defenderse y de contraatacar. Durante este intervalo se sucedieron varios reyes en Elam y a las guerras que mantenía contra los asirios se añadía la tensa situación interna. Asurbanipal envía un ultimátum a Elam pero éste no llega a destino, lo cual no impide la propagación de rumores de una invasión asiria inminente, lo que provoca una rebelión que destrona al rey elamita Indabigash.

En Susa es nombrado rey Huban-Haltash III, que después de varios años decide atacar asiria, en el año 640, al hilo de unas hostilidades que nunca habían cesado, por lo cual Asurbanipal ya perdió la paciencia y decidió de acabar con Elam de una vez por todas. Llevó a su gran ejército hasta Elam y el rey huyó a las montañas despavorido poniendo a salvo su familia y abandonando a la población a su suerte.
El resto fue un paseo militar durante el cual Asurbanipal y su soldadesca arrasaron y saquearon todo Elam, incluyendo el palacio y los templos; pasaron a la mayor parte de la población masculina a cuchillo y deportaron a Asiria a las mujeres de la familia real y a los gobernantes no dejando más que gente llana sin influencia ninguna en la política, deportando a todo aquel elamita que tuviese sangre azul, fuese militar o alto funcionario. 
Todos ellos tuvieron como destino la esclavitud o bien el repoblar Samaria, que había sido arrasada por Sargón II en el 722. Todas las riquezas de sus palacios, sus santuarios e incluso su dios Inshushinak es transportado a Asiria. Este saqueo está minuciosamente relatado por un testigo asirio de los hechos en cuyo tono se ve cómo se regocija en enumerar detalladamente el saqueo de Susa. Los soldados entraron en lugares sagrados, como el interior del gran zigurat, que fue saqueado como el resto de los templos. Son profanadas las tumbas de los reyes y Asurbanipal establece allí gobernadores asirios.
Por extraño que parezca, Susa no murió del todo y Elam vislumbra en el horizonte de la historia con una última chispa, como un fuego fatuo. El rey fugitivo Huban-Haltash III regresa después de la quema y vuelve a instalarse sobre las cenizas de su imperio. Intenta avenirse con Asurbanipal, al cual envía un mensaje en el que se dirige a él como “hermano” e intenta formalizar los términos para extraditar a Asiria al virrey Nabu-Bel-Shumate, para así ganarse el perdón y la simpatía del rey asirio. Nabu-Bel-Shumate se enfrenta finalmente en lucha cuerpo a cuerpo con Huban Haltash, y éste mata al primero y ordena meter en sal su cuerpo para llevárselo a Asurbanipal. Éste, al recibir el cuerpo, ordena que la cabeza fuese colgada en la misma espada que usó para levantar al pueblo en rebelión. Huban-Haltash tiene nuevamente que salir huyendo cuando un tal Huban-Nugas lidera una revuelta en su contra. Se refugia en las montañas de norte de Elam donde es finalmente apresado por los asirios, llevado ante Asurbanipal y obligado a tirar de un carro —en el que estaba montado el rey asirio—, junto a otros tres reyes, en una ceremonia en la que Asurbanipal celebraba su victoria final (639).
Así acaba la historia y la gloria de Elam. No obstante, años más tarde también desaparecerá Asiria, y, la capital del reino elamita, Susa, renacerá pronto de la mano de los persas que llegarán incluso a hacer uso de la lengua elamita en sus inscripciones.


Reyes 
Después de Huban-Mana reinó Huban-Untash (o Untash-Gal), considerado el rey más importante de esta época. Durante su reinado se desarrolló mucho la metalurgia. Este rey también mandó construir el célebre zigurat de Susa de Chogha Zanbil, que hoy se conserva en muy buen estado. Erige estatuas tanto de piedra como de metal así como diversas estelas algunas de ellas guardadas hoy en el Museo de Louvre. En este museo también se expone una bella estatua de bronce de Napir-Asu, la esposa de Untash-Gal. 
También construye templos dedicados a deidades semitas, aunque no tantos como los dedicados a sus propios dioses. El período de este rey está marcado por un abandono o repulsa de la cultura babilónica que se traducía en un sentimiento nacional y en una vuelta a lengua y cultura original.
Después de Huban Untash es entronizado su tío Unpatar-Huban en 1245, y, en 1238, llega al trono el hermano de éste último, Kidin-Hutran, quien llegó a ser muy poderoso militarmente y cuyo poderío demostró en los distintos ataques e incursiones que realizó en Babilonia. Kidin-Hutran es sucedido por Hallutush-Inshushinak I del que sólo se sabe el nombre y que era el padre del poderoso Shutruk-Nahhunte.
Shutruk-Nahhunte siguió la misma dinámica de sus inmediatos antecesores de redactar los monumentos en lengua elamita. Entre sus numerosas obras cabe destacar el haber engalanado los templos con maderas nobles, haciendo incluso uso de los materiales hallados en otros templos. Shutruk-Nahhunte atacó Babilonia, destituyó al último rey cassita y lo sustituyó por su hijo, el entonces general, Kutir-Nahhunte. En el saqueo de Babilonia se llevó a Elam un inmenso botín, numerosas estelas, estatuas de reyes. Entre los valiosos objetos que se llevó se encontraba el Código de Hammurabi.
Después de Shutruk-Nahhunte fue nombrado rey su hijo Kutir-Nahhunte en 1170.
En Susa es nombrado rey Huban-Haltash III (648-644 a. C.), que después de varios años decide atacar asiria, en el año 640, al hilo de unas hostilidades que nunca habían cesado, por lo cual Asurbanipal ya perdió la paciencia y decidió de acabar con Elam de una vez por todas. Llevó a su gran ejército hasta Elam y el rey huyó a las montañas despavorido poniendo a salvo su familia y abandonando a la población a su suerte. 

IRÁN DURANTE EL PRIMER MILENIO a. C.
Las fuentes que tenemos para el estudio de la historia de los medos se encuentran en varias lenguas de la época como son el elamita, el babilonio, el urartio, el asirio, el persa antiguo o aqueménida, el avéstico, el armenio antiguo, hebreo bíblico, griego, latín y arameo. La cantidad de lenguas que hay que manejar, la dificultad en entender algunas de ellas de las que además hay pocos especialistas y la falta de una investigación metódica hacen que a las fuentes no se le saque el partido que se debiera. Por otra parte, está el hecho de que la mayor fuente sobre los medos de la antigüedad, es decir las inscripciones cuneiformes asirias, callan a partir del 730 a. C.
Otra de las fuentes importantes para el estudio de los medos es lo que de ellos nos cuenta el historiador griego Herodoto, que, a pesar de su poca rigurosidad, nos aporta datos vitales, especialmente sobre el período de formación del reino medo y su expansión como imperio, que es precisamente donde las fuentes asirias no nos dicen nada. 
En los primeros siglos del primer milenio y hasta la primera década del siglo VII a. C. nos encontramos, en lo que hoy es Irán y alrededores, además de los medos, con otros pueblos como los maneos, escitas, caspios, urartios, cassitas, elamitas, sumerios, persas etc., que tenían una presencia activa en su región y que mantenían luchas permanentes, ya sea entre ellos o contra los asirios. Por otro lado, estaban también los gutíes que, junto a otros pueblos como los lulubíes, los mitanios, elamitas, cassitas y caspios poblaban desde el III milenio a. C. la meseta del Irán. Para conocer mejor a los medos, que dejaron una profunda impronta en la historia posterior de Irán, especialmente en la época aqueménida, es fundamental conocer mejor la historia de estos pueblos que habitaron las diferentes regiones de Persia.
Sin duda, de entre estos pueblos los más poderosos fueron los elamitas, los cassitas, los mitanios y los urartios, pues pudieron formar a lo largo de los siglos un poderío político y económico. Así, por ejemplo, los urartios se mantuvieron en la brecha de la historia durante tres siglos desde el 900 a. C. y llegaron a tener tanto poderío militar que pudieron hacerle frente a un imperio como el asirio.
Tras esta breve introducción, sería ahora apropiado hacer un esbozo de la forma de vida y relaciones de algunos de los pueblos más importantes para el tema que nos ocupa. 

Lulubíes
Estaban asentados en la extensa región que va desde la parte alta del río Diyaleh hasta el lago Urumiyeh. Poblaban la zona desde el II milenio a. C. y de ellos es el más antiguo bajorrelieve hallado en Irán, la llamada estela del rey Annu Banini. Uno de las cosas que más llaman la atención en la estela es la presencia de seis figuras desnudas que se encuentran debajo de la del rey y cuyas efigies y gorros se parecen asombrosamente a las que podemos ver en las procesiones de medos y persas de Persépolis. Dicho en otras palabras, a lo largo de dos mil años hay una continuidad en la vestimenta en la meseta iraní.

Gutíes
Los gutíes vivían en el III y II milenio al oeste y nordeste de los lulubíes, en lo que es hoy día Azerbaiyán y Kurdistán. De ellos también se ha conservado la estela de Hurin Sheij Jan, muy parecida a la de Annu Banini, que se encuentra cerca del río Diyaleh. También de este pueblo se ha hallado una cabeza de bronce en Hamadán que representa a uno de los reyes gutíes que reinaron en las postrimerías del II milenio.

Mitanios o mitanni
Los mitanios poblaban en el II milenio la región del este de la meseta iraní. Sobre el 1500 a. C. crearon un poderoso imperio que dominaba la zona que iba desde el mediterráneo hasta el este de los montes de Azerbaiyán y los Zagros. Una vez se extendieron hasta allí, se anexionaron también el norte de Mesopotamia. La primera capital de los mitanios fue la ciudad de Vashuganni (en el actual Jabur) y luego la trasladaron a Arrafa (Kirkuk, en Irak). Se considera que los mitanios eran un pueblo ario, un grupo étnico indoeuropeo compuesto en su mayor parte por guerreros que cruzó el Cáucaso y llegó hasta Shatt al-‘Arab. Este grupo se mezcló con los hurritas (otro pueblo indoeuropeo que habitaba la zona) y formaron el reino mitanio o mitanni. 
Los pobladores extendieron sus dominios hasta el norte de Mesopotamia, presionando así a los asirios y ocupando también los asentamientos de los gutíes. Por otro lado, unificaron Egipto y los reyes mitanios casaron a sus hijas con los faraones más poderosos. Los Mitanios no sólo fueron importantes desde el punto de vista político y militar sino que también hay que mirarlos como buenos administradores y legisladores cuyas leyes podemos conocer mediante los hallazgos obtenidos en Yurgan Tappeh, al sudeste de Kirkuk. 
El reino de los Mitanios.

Cassitas
 Desde el III milenio en adelante, se asentaron, primero al sudoeste del mar Caspio para luego emigrar a los valles de los montes Zagros. Se considera que los actuales luros o loríes son descendientes de los cassitas. En las inscripciones asirias se les nombra como los kassi. Antes de los medos, los asirios llamaban a Ecbatana (la actual Hamadán) con el nombre de Kassi-Kar que quería decir “la Ciudad de los Cassitas”. También hay que decir que topónimos como Qazvin, Kashán y Caspio tienen su origen en el nombre de este pueblo. La extensión total del territorio que ocupaban los Cassitas iba desde la parte occidental de la meseta hasta Hamadán. Así pues, vemos que los Cassitas poblaron parte de lo que más tarde fuese dominio medo. Sobre el origen étnico de este pueblo y su parentesco con los arios, varias son las hipótesis. Hay quienes son de la opinión que son arios mientras que otros ven en ellos a un pueblo asiánico. Lo que sí se puede afirmar, es que, basándose en los nombres de algunos de sus dioses, es evidente que los Cassitas tenían una relación especial con los pueblos indoeuropeos.

Urartios
Urartu es también una de las civilizaciones más importantes antes de la llegada de los medos. De ellos tenemos restos arqueológicos que nos muestran su arquitectura, que es una de las más destacadas de su época. Los Urartios surgieron en el siglo IX a. C. por la confederación de una serie de tribus alrededor del lago Van, al este de la actual Turquía. Más tarde, se extendieron hasta la cuenca del Tigris y la parte alta de Éufrates fluctuando también por la zona de lo que hoy es parte del Azerbaiyán iraní.
 Los Urartios hablaban una lengua asiánica emparentada con el hurrita. Su dios más importante se llamaba Jaledi. Además de destacar en la arquitectura eran muy diestros en la metalurgia y en la elaboración de canales. Fue un pueblo que ejerció una fuerte influencia a la hora de configurar el posterior arte de los medos y aqueménidas. Urartu fue sometido al mandato medo en la última década del siglo VII a. C.
Mapa del reino urartio.

Maneos o Mannai
Los Maneos eran un pueblo que vivió en la Media Atropatena (Azerbaiyán actual) desde aproximadamente el año 1000 a. C. hasta que fue anexionado por los medos. En cuanto a su origen étnico, eran una mezcla de pueblos arios y caucásicos. Estos inmigrantes se establecieron en la región que va desde la ribera sudeste del lago Urumiyeh hasta la costa sudoeste del Caspio. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que los maneos lo componían una confederación de pueblos de la región con muchos elementos de los lulubíes y los gutíes, que se impusieron sobre las demás agrupaciones. 
Los asirios hostigaban continuamente a los maneos y aprovechaban la más mínima oportunidad para atacar su territorio y expoliarlo. Cada incursión traía consigo sus deportaciones donde los asirios se llevaban a artesanos y artistas maneos para su servicio pues eran considerados por este pueblo semítico como precioso botín y dejaron su impronta artística en las ciudades asirias, en especial en Nínive. Por otra parte, a pesar de los lazos étnicos y culturales que unían a los urartios y a los maneos, hubo entre ellos continuas guerras debidas a las ansias de expansión que tenían ambos reinos.
 Como hemos dicho, los maneos eran un pueblo de grandes dotes artísticas y con una gran capacidad de gestión económica. Es por ello que cuando fueron conquistados por los medos, la región manea era considerada como el centro cultura y civilización del imperio y poseía la mejor gestión administrativa además de los mejores campos de cultivo, algo que la distinguía del resto de los territorios del imperio medo. La base económica de este pueblo era la ganadería y el pastoreo. Además de la arquitectura y los objetos de arte, este pueblo era diestro elaborando joyas de oro. Hasta ahora, se han desenterrado restos de estas piezas de arte en tres yacimientos arqueológicos diferentes que son Zeyviyeh, Hasanlu y Qalachi. Estas piezas halladas son clave a la hora de conocer el estado del arte en la meseta de Irán en el I milenio a. C. Las excavaciones realizadas en los últimos años en Qalachi han sacado a la luz un edificio maneo que era con toda probabilidad un templo y que es una muestra de la rica arquitectura que utilizaban y su rica ornamentación de ladrillos pintados con diversos motivos. A decir verdad, este arte era había sido heredado de una civilización anterior, la elamita. 
 En la primera década del siglo VII a. C. los maneos pasan a engrosar la lista de pueblos que son anexionados por los medos. Los otros dos grupos étnicos de la época, los cimerios y los escitas, estaban emparentados étnica y lingüísticamente con los medos.

Media 705-550 a.C. Génesis y formación del imperio medo
El líder que unificó las tribus medas era un hombre llamado por los griegos Deyoces. Entre los años 767-745 logró, con el apoyo de su pueblo, unir en una confederación todas las zonas que estaban regidas por gobernadores locales y reyezuelos, y crear las bases de lo que sería la futura Media, el imperio más grande y portentoso de su tiempo.

Poco después de que Deyoces fuese derrotado por el rey asirio Sargón, su hijo, cuyo nombre ha sido registrado en las fuentes históricas de distintas maneras (Fraortes, Farvartish etc.), tomó las riendas del poder y mostró resistencia a los asirios (673-2).
Unas dos décadas más tarde y debido a las ansias de poder y de dominar la zona de los jefes escitas, se ocuparon durante más de 25 años (652-585) en ordenar y extender el imperio conquistando las poblaciones adyacentes. Según Herodoto, los medos sometieron a los jefes escitas presentándoles batalla allá por el 612 a. C. Fue en estas mismas fechas cuando también fueron anexionados los maneos y los urartios, y cuando la Pérside fue ocupada por el rey medo Ciájares y nombra gobernador de la provincia a Cambises, padre de Ciro el Grande.

Ciájares, aprovechando el poderío militar acumulado por la unión de tal cantidad de pueblos, aprovechó la ocasión para derrotar a los sanguinarios asirios que habían sido durante siglos el terror de Oriente Medio. Corría el año 612 a. C. Desde hacía un tiempo los asirios y los babilonios estaban enzarzados en continuas luchas, pero éstos últimos nada podían hacer contra un imperio tan poderoso como el asirio. Ciájares condujo su ejército hasta Arrafa a través de los montes Zagros, ciudad situada en la parte norte de Nínive, y, tras la conquista de la ciudad de Tarbis cruzó el Tigris y avanzó hasta Ashur y la conquistó. Los babilonios, que vieron la inminente derrota y caída de los asirios, acudieron en ayuda de los medos cumpliendo así los tratados que otrora hicieran, y juntos sitiaron Nínive. En agosto del 612 a. C. cae Nínive y los asirios desaparecen definitivamente del escenario de la historia.
La caída del imperio asirio marca un antes y un después en la historia de Oriente Medio.
Todos los pueblos de la región recibieron con alegría la noticia, ya que todos eran víctimas constantes, en mayor o menor medida, de las incursiones y ataques de la Asiria imperialista. 
Ciájares, para asegurarse de que su enemigo vencido no pudiese levantar más  cabeza, remató al remanente de su ejército que se había refugiado en Harrán, dando el golpe de gracia a Asiria: toda Mesopotamia, Siria incluida, pasaba a manos de los medos. 
Ciájares, tras ver la esplendorosa victoria sobre los asirios, no se conformó y siguió avanzando hacia el noroeste para enfrentarse a los lidios contra los que estuvo luchando 5 años, hasta que ocurrió el famoso eclipse de sol predicho por Tales de Mileto que aconteció en plena batalla, interpretándolos ambos bandos contendientes como una señal divina que les conminaba a acabar la contienda. También el rey babilonio Nabucodonosor medió en la contienda y los dos estados firmaron la paz. Se estableció como frontera el río Halis. Así pues, Media estaba limitaba al sudoeste con Babilonia, al oeste con Lidia y al norte con Armenia, que era a su vez su estado vasallo. Ciájares es sustituido por su hijo Astiages en el 584 a. C.

Características del estado y la civilización medas
Media no permaneció por mucho tiempo en el escenario de la historia y no tardó mucho en ceder su sitio a los persas aqueménidas, pueblo iranio como ellos. No obstante, habría que puntualizar que el período aqueménida, de alguna manera, se podría considerar como una continuación del imperio medo. La característica más sobresaliente de los medos es que supieron crear un estado estable con las piezas que componían el puzzle de los pueblos y tribus de la región, que a pesar de sus estrechos lazos culturales no habían sabido hasta entonces confederarse. 
La fundación de Media puede considerarse el acontecimiento de más relevancia en la historia de Irán, un acontecimiento que significó la creación del primer estado basado en la unión nacional de las distintas etnias repartidas por la meseta iraní. Bajo estas condiciones fue cómo Media pudo organizar una poderosa máquina estatal y unas firmes instituciones políticas, económicas y militares. Basándose en la estructura general de la sociedad, en sus creencias y en sus principios, elaboró una legislación que pudo salvaguardar los derechos de los ciudadanos.  
En definitiva, los cimientos que echaron los medos permanecieron en los siglos venideros ya que fueron aceptados por las sociedades que vinieron después. Según podemos leer en la inscripción de Bisotun, no solo la administración aqueménida, sino también la sociedad estaba fuertemente influida por los medos.
Reyes de Media (en rojo) y aqueménidas de Anshan (azul) y Persia (verde). Los reyes aqueménidas de Anshan eran sub-reyes, sometidos a la autoridad de los reyes de Media

AQUEMÉNIDAS 550-330 A. C.
Con la creación del Estado Aqueménida por Ciro el Grande, Persia aparece en el escenario de la historia con un papel activo y determinante. Además, es considerado este imperio como una de las civilizaciones más importantes que existieron en Asia y en el mundo antiguo.


Aquémenes, fue el antepasado epónimo de la dinastía aqueménida. Posiblemente vivió alrededor del 700 a. C., aunque se duda de su historicidad. Perteneciente a la tribu pasargada, se convirtió en jefe de clan de la federación de tribus persas.
El nombre es un compuesto bahuvrihi, que literalmente se traduce como <<tener la mente de un amigo>> o <<caracterizado por un espíritu de seguidor>>.
Como antepasado epónimo del clan, Aquémenes es muy a menudo considerado como legendario. Se le conoce, generalmente, como el líder de uno de los clanes conocidos por los antiguos griegos como Pasagardas, aunque esta identificación puede ser debida a una confusión con la capital aqueménida de Pasargada, empezada por Ciro el Grande alrededor de 546 a. C. Esta era una de las diez ó quince tribus persas. Algunas inscripciones reales persas, como la Inscripción de Behistún, le colocan cinco generaciones antes de Darío I. Por lo tanto, de acuerdo con las inscripciones, Aquémenes pudo haber vivido alrededor de 700 a. C. En ellas, se le etiqueta como "rey",​ lo que quiere decir que fue el primer rey oficial de los persas.
Aparte de las inscripciones reales persas, hay muy pocas fuentes históricas sobre Aquémenes, por lo que poco se sabe a ciencia cierta sobre él. Se ha propuesto que pudo, simplemente, haber sido un <<antepasado mítico de la casa real persa>>. El babilónico Cilindro de Ciro, atribuido a Ciro el Grande, no hace mención de Aquémenes en su detallada genealogía. Algunos historiadores sostienen que Aquémenes fue, quizá, una creación posterior de Darío el Grande, ​ hecha para legitimar su conexión con Ciro el Grande, después de que Darío alcanzara la posición de sah o rey de Persia en 522 a. C., tras matar al usurpador Gaumata. Según Darío, Gaumata era un impostor, que pretendía ser el mismo Esmerdis, hermano menor, ya fallecido de Cambises II. Darío tenía, ciertamente, mucho que ganar si compartía un antepasado común con Ciro, y pudo sentir la necesidad de una conexión más fuerte que la que proporcionaba el matrimonio con la hija de Ciro, Atosa. Una inscripción de Pasargada, también atribuida a Ciro, hace mención de que Ciro descendía de Aquemenes; ​ pero el historiador Bruce Lincoln ha sugerido que esa inscripción de Ciro fue grabada durante el reinado de Darío, en c. 510 a. C.
En cualquier caso, la dinastía real persa, desde Darío, reverencia a Aquémenes como el fundador de la dinastía. Sin embargo, muy poco se ha recordado de su vida o acciones. Suponiendo que existiese, lo más probable es que fuera un jefe guerrero del siglo VII a. C., o el primer rey que dirigió a los persas, o bien una de las tribus persas, como vasallo de Imperio Medo. Una inscripción asiria del tiempo de Senaquerib, en 691 a. C., menciona que el rey asirio casi repelió un ataque de los Parsuamash, y Anzan, con los medos a la ciudad de Halule. Los historiadores sostienen que, caso de existir, Aquémenes debió ser uno de los comandantes que dirigieron a los persas con tropas independientes de Anshan, durante la indecisa batalla de Halule de 691 a. C.
Los escritores griegos proporcionan alguna información legendaria sobre Aquémenes: llaman a su tribu, los Pasargadae, y dicen que fue <<"alzado por un águila">>. Platón, cuando escribe sobre los persas, identifica a Aquémenes con Perses (hijo de Perseo y Andrómeda, antepasado de los persas en la mitología griega. Escritores posteriores creen que Aquémenes y Perses eran personas distintas, y que Perses fue el antepasado del rey.
Las fuentes persas y griegas afirman que Aquémenes fue sucedido por su hijo Teispes, quien dirigió a los persas para conquistar la ciudad elamita de Anshan, al sur de Irán. El nieto de Teispes, Ciro, conquistó a los medos y estableció el Imperio persa. Teispes es citado como hijo de Aquémenes en viejos textos persas de Behistun.

Teispes  fue un líder persa que, de acuerdo con las inscripciones de sus sucesores, llevaba el título de Rey de Anshan. Era el bisabuelo de Ciro II el Grande. Nacido tal vez a fines del Siglo VIII a. C. o comienzos del siglo VII a. C., se lo menciona como hijo del legendario Aquemenes. Su reinado finaliza en 640 a. C., fecha supuesta de su muerte. No se conocen fuentes de su propio reinado, aunque es aludido en inscripciones de reyes posteriores y por el historiador griego Heródoto de Halicarnaso:
·       Heródoto menciona a Teispes en una lista genealógica de la Dinastía Aqueménida, pero lo hace de modo evidentemente erróneo: hay dos Teispes, uno hijo de Aquemenes y padre de Cambises, y otro hijo de Ciro y padre de Ariaramnes.
·       Un sello cilíndrico hallado en Persépolis contiene la inscripción «Ciro el anshanita, hijo de Teispes» en idioma elamita. Era propiedad de su hijo y sucesor, Ciro I.
·       En el llamado Cilindro de Ciro (un depósito de fundación babilonio), Ciro el Grande dice que: «Soy Ciro, rey del mundo, gran rey, rey poderoso, rey de Anshan, hijo de Cambises, gran rey, rey de Anshan, nieto de Ciro, gran rey, rey de Anshan, descendiente de Teispes, gran rey, rey de Anshan».
·       En la Inscripción de Behistún, Darío I lo hace hijo de Aquemenes y padre de su propio antepasado Ariaramnes.
·       Una inscripción firmada por Ariaramnes menciona asimismo a Teispes. Se trata probablemente de una falsificación obra de reyes persas posteriores, descendientes Darío I y de Ariaramnes.

Sumando la información -no contradictoria- de Behistún y de las inscripciones de Ciro el Grande y de Ciro I, es posible concluir que Teispes, hijo de Aquemenes, tuvo dos hijos, Ciro I y Ariaramnes, los cuales fundaron dos ramas paralelas de la Dinastía Aqueménida, de las que serían miembros, respectivamente, Ciro el Grande y Darío I. Sin embargo, algunos autores han notado que, mientras Darío I insiste constantemente en su filiación con Aquemenes, este no es mencionado ni por Ciro el Grande ni por Ciro I. Esto sería debido, argumentan, a que ni ellos ni Teispes eran de hecho descendientes de Aquemenes. Así, la mención de Teispes en la genealogía de Behistún sería un intento por parte de Darío I de legitimar su usurpación del trono mediante la inclusión de la Dinastía Téispida (y particularmente a Ciro el Grande) en su propia familia aqueménida.

Ciro I rey de Fenicia (hoy se llama Siria) (persa antiguo Kuruš), rey de Anshan desde el año 600 al 580 a. C., o según otros desde 652 al 600 a. C. 
Ciro fue uno de los primeros miembros de la dinastía aqueménida. Al parecer, era nieto de su fundador Aquemenes, e hijo de Teispes de Anshan. Los hijos de Teispes dividieron el reino entre ellos después de su muerte. Ciro gobernó como rey de Anshan, mientras que su hermano Ariaramnes fue posiblemente rey de Persia.
La cronología de este acontecimiento es incierta. Esto se debe a que se presume que Ciro fue identificado también (aún en debate) como el monarca conocido como "Kurash de Parsumas".​ Kuras es mencionado por primera vez en el año 652 a. C. En ese año, Shamash-shum-ukin, el rey de Babilonia (668-648 a. C.) se rebeló contra su señor y hermano mayor, Asurbanipal, rey de Asiria (668-627 a. C.). Se dice que Kurash tenía una alianza militar con este último. La guerra entre los dos hermanos terminó en el 648 a. C., con la derrota y el aparente suicidio de Shamash-shum-ukin.
Se menciona a Kurash otra vez en 639 a. C. En ese año, Assurbanipal se las arregló para derrotar al Imperio elamita y convertirse en el señor de sus aliados. Al parecer, Kuras estaba entre ellos. El más viejo de sus hijos, "Arukku", según se informa fue enviado hacia Asiria para pagar el tributo a su rey. Entonces Kuras desaparece de los expedientes históricos. Su identificación sugerida con Ciro ayudaría a conectar la dinastía Aqueménida con los acontecimientos principales del siglo VII a. C.
Assurbanipal murió en 627 a. C. Al parecer, Ciro continuó pagando tributo a sus hijos y sucesores, Assur-etil-ilani (627 - 623 a. C.) y Sin-shar-ishkun (623 a. C. - 612 a. C.). Estos tuvieron que hacer frente a una alianza entre Ciáxares de Media (633 - 584 a. C.) y Nabopolasur de Babilonia (626 - 605 a. C.). En el 612 a. C., estos lograron capturar la capital Asiria de Nínive. Esto fue de hecho el fin del Imperio asirio, aunque restos del ejército asirio bajo el mando de Ashur-uballit II (612 - 609 a. C.) continuaron resistiéndose al gobierno de Harrán.
Media y Babilonia compartieron las tierras controladas anteriormente por los asirios. Al parecer, Anshan cayó bajo control de estos. Se considera que Ciro terminó sus días bajo el señorío de Ciáxares, o de su hijo Astiages (584 a. C. - 550 a. C.). Ciro fue sucedido por su hijo Cambises I de Anshan. Su nieto sería conocido como Ciro el Grande, creador del Imperio persa.
Se ha observado que esta cronología de su vida y de su reinado colocaría sus primeras actividades a más de un siglo antes de su nieto. Esto supondría que engendraría a Cambises en una época tardía de su vida, y que su muerte aconteció durante una edad muy avanzada. Se ha discutido que Kuras y Ciro fueron figuras separadas y de relación incierta el uno con el otro. Este último entonces habría reinado a principios del siglo VI a. C. y su reinado parecería algo fuera de lugar. Debido a la carencia de suficientes registros sobre este período histórico sigue siendo incierto qué teoría es más exacta sobre los hechos.

Cambises I  fue un rey persa de Anshan (600 a. C.559 a. C.), padre de Ciro el Grande, el que sería posteriormente el fundador del Imperio persa.
Cambises lideraba los grupos persas que habitaban en torno a la ciudad elamita de Anshan, cerca de la actual Shiraz, el área conocida como Parsa (en persa) o Persis (en griego), en lo que había sido la región más oriental del reino de Elam. Tanto Cambises I como su padre Ciro I y su hijo Ciro II utilizaban el título de «rey de Anshan».
De acuerdo con la genealogía tradicional, basada en Heródoto y la Inscripción de Behistún, Cambises pertenecía a la Dinastía Aqueménida, la cual habría gobernado en la región desde el siglo VIII a. C. Es probable que, como lo indican los historiadores griegos Heródoto y Ctesias, en la época de Cambises los persas hayan sido vasallos de los medos, aunque de hecho no existen datos contemporáneos que lo confirmen.
No está claro en qué momento Cambises sucedió a su padre Ciro I. Fuentes asirias informan que cierto Kurash de Parsumash envió a su hijo mayor a Asiria con tributo en el año 639 a. C. Si es posible identificar a Kurash de Parsumash con Ciro I de Anshan, habría que situar la sucesión alrededor del 600 a. C. De todos modos, se ha señalado que dicha identificación es difícil desde el punto de vista cronológico, ya que hay una distancia temporal muy grande entre el 639 a. C. y el 559 a. C., fecha segura de la muerte de Cambises.
Según ciertas inscripciones supuestamente halladas en Hamadán, Arsames, miembro de una rama colateral de los aqueménidas y abuelo del futuro rey Darío I, habría sido «rey de Persia» mientras su primo Cambises reinaba en Anshan. No obstante, se ha puesto en duda la autenticidad de dichas inscripciones, las que podrían ser obra de reyes persas posteriores, o de falsificadores modernos.
Como padre de Ciro el Grande, Cambises es un personaje frecuente en los relatos de los historiadores clásicos. Heródoto conoce cuatro historias que circulaban en relación al origen de Ciro, pero solo cuenta la que considera más creíble. Según ella, el poderoso rey medo Astiages, temeroso de ser destronado por su nieto a raíz de unos sueños premonitorios, evitó dar a su hija Mandana en matrimonio de uno de los grandes nobles medos. Por el contrario, casó a Mandane con su vasallo el persa Cambises, el cual no podría haberle hecho sombra. A pesar de todo, Ciro, el hijo de la pareja, cuando creció se convirtió en rey de los persas y, cumpliéndose la premonición, derrotó y encarceló a su abuelo Astiages.
Si bien el relato de Heródoto posee muchos elementos legendarios, algunos datos, como la relación de vasallaje entre medos y persas o el matrimonio entre Mandane y Cambises, son considerados plausibles. Cabe destacar, de todos modos, que, según Heródoto, Mandane era hija de la princesa lidia Arienis, casada con Astiages. De esta forma, Ciro el Grande era el heredero legítimo tanto de Media como de Lidia, los reinos que conquistaría, por lo que se podría considerar a la historia como un invento de la propaganda oficial persa.
Tumba de Cambises en Pasargada

Ciro II el Grande fue un rey aqueménida de Persia (circa 559-530 a. C.) y el fundador del Imperio persa aqueménida (en persa antiguo: Haxāmanišiya), tras vencer a Astiages, último rey medo (550 a. C.) y extendió su dominio por la meseta central de Irán y gran parte de Mesopotamia. Sus conquistas se extendieron sobre Media, Lidia y Babilonia, desde el mar Mediterráneo hasta la cordillera del Hindu Kush, con lo que creó el mayor imperio conocido hasta ese momento. Este duró más de doscientos años, hasta su conquista final por Alejandro Magno (332 a. C.).
Ciro II era hijo de Cambises I de Anshan, de la dinastía aqueménida, y, según Heródoto, de Mandane, hija del rey medo Astiages y de Aryenis, princesa del reino de Lidia. Esto le proporciona cierta legitimidad sobre los tronos de Media y Lidia, por lo que se puede tomar como un invento de la propaganda oficial. No obstante, las alianzas dinásticas eran usuales.
Los antecesores de Ciro lideraban los grupos persas establecidos en la zona montañosa del este del antiguo reino de Elam (sudoeste del actual Irán) desde principios del siglo VII a. C., bajo Aquemenes, legendario fundador de la dinastía aqueménida. Ostentaban el título de «rey de Anshan», ciudad de fuerte tradición elamita, y desde el siglo VI a. C. eran vasallos del reino de Media. La residencia real de Ciro se situaba en Pasargada, cerca de Anshan. Pero es probable que ya se utilizase Susa, otro antiguo centro urbano de Elam, como capital alternativa.
Hacia el 559 a. C., Ciro II sucedió a su padre Cambises I. Según Heródoto, Ciro se rebeló contra el soberano medo Astiages, a quien logró deponer luego de recibir el apoyo de Harpago, comandante del ejército medo. Fuentes contemporáneas confirman que en 550 a. C. (Crónica de Nabonido, o Crónica de Babilonia Nº7), ​ o 553 a. C. (Cilindro de Sippar), Astiages atacó a Ciro, pero fue entregado al rey persa por sus propias tropas. Ciro tomó entonces Ecbatana, la capital de Media, y trasladó su tesoro a Persia.
Heródoto menciona varias veces a generales de origen medo en las campañas de Ciro, entre ellos Harpago. Ecbatana se transformaría en residencia de verano de los soberanos persas. No obstante, se pueden encontrar reseñas antipersas en las tradiciones, probablemente de origen medo, recogidas por el historiador griego Ctesias. También, en la inscripción de Behistún, que describe rebeliones en Media hacia 521 a. C., unos ocho años después de la muerte de Ciro.
Solo la frontera occidental del área de influencia meda era el río Halis (Anatolia, actual Turquía), que lo separaba del reino de Lidia. Creso, rey de Lidia, era cuñado del depuesto Astiages, por lo que existía una alianza matrimonial entre ambos reinos. Según Heródoto, consultó al oráculo de Delfos sobre la conveniencia de atacar a los persas. Este le respondió que si lo hacía, destruiría un gran imperio. Entonces, Creso cruzó el río Halys y se enfrentó con Ciro en Pteria. Pero ninguno de los dos bandos ganó.
Según Heródoto, Creso se retiró para pasar las estaciones frías y esperar refuerzos de su aliado Amasis II de Egipto y de la ciudad griega de Esparta. Pero fue perseguido por los persas hasta su capital, Sardes, y sitiado. Sardes cayó. A punto de ser quemado en la hoguera, Ciro le perdonó la vida. El gran imperio destruido terminaba siendo, entonces, el suyo propio.
La Crónica de Nabonido nos informa que en el verano del 547 a. C., Ciro «conquistó el país de Li[...]» y mató a su rey. Los símbolos cuneiformes que representan el reino conquistado parecen poder interpretarse como «Lidia». Esta contradice a Heródoto en la estación de la conquista de Sardes y en la muerte de Creso.
Los primeros años de la conquista persa de Lidia fueron tumultuosos. Pacties, lidio encargado del tesoro de Sardes, lideró una rebelión que asedió Sardes. Esta fue reprimida por el sátrapa Mazares, quien murió poco después. Su sucesor, Harpago, dirigió la conquista de las ciudades griegas de Asia Menor.
El rey de Babilonia era Nabonido, que había pasado una gran parte de su reinado en el oasis árabe de Tema, pero había regresado a Babilonia probablemente a raíz de la amenaza de Ciro. Las campañas contra Babilonia parecen haber comenzado a finales de la década de 540 a. C. El primer hecho preciso del que se tiene noticia es la victoria de Ciro sobre los babilonios en la batalla de Opis, en el otoño de 539 a. C. Sippar se rindió, y Gobrias, gobernador persa de Gutium, entró sin batalla en Babilonia el 12 de octubre del 539 a. C. Ciro llegó varios días más tarde.

Relieve de Ciro en Pasargada.

Para la conquista de Babilonia, Ciro tuvo el sustancial apoyo del sacerdocio babilonio, que estaba enfrentado con Nabonido a causa de sus reformas religiosas. A su vez, la llegada de Ciro es celebrada por la comunidad judía de Babilonia (Isaías 41-27).
Para la conquista de Babilonia, Ciro tuvo el sustancial apoyo del sacerdocio babilonio, que estaba enfrentado con Nabonido a causa de sus reformas religiosas. A su vez, la llegada de Ciro es celebrada por la comunidad judía de Babilonia (Isaías 41-27).
Existe un problema sobre cuándo fueron conquistadas las provincias orientales del Imperio, en Asia central, que corresponden a los actuales Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán. Eran habitadas por sogdianos, bactrianos y arios, pueblos de origen iranio indoeuropeo y emparentados estrechamente con medos y persas.
Son mencionadas como satrapías (provincias) persas en 521 a. C. (inscripción de Behistún), por lo que necesariamente formaban parte del Imperio de Ciro (su sucesor Cambises II no pudo haberlas conquistado ya que sus campañas se concentraron en Egipto). Ciro pudo haberlas heredado del reino medo, o conquistado tras la anexión de Lidia, según se puede suponer de los textos de Heródoto y Ctesias.

La región de Siria-Judea, que formaba parte del Imperio neobabilónico, fue subyugada pacíficamente. Ciro permitió el regreso a Jerusalén de las comunidades judías deportadas en Babilonia (Esdras). Según datos arqueológicos, también de grupos de deportados arameos a su tierra de origen en Siria. Las ciudades fenicias no ofrecieron resistencia, y se estableció una especie de protectorado.
Hacia 530 a. C., Ciro emprendió una campaña contra los nómadas escitas del nordeste del imperio, concretamente la tribu de los masagetas, dejando a su hijo Cambises como heredero con el título de rey de Babilonia.
Según informes posteriores, como Anábasis de Alejandro Magno de Flavio Arriano, fundó una ciudad cerca del Sir Daria. La llamó Cirópolis o *Kurushkatha. En todo caso, fue superado y muerto por los masagetas acaudillados por la reina Tomiris. Fue sucedido por su hijo Cambises II.
Según una de las versiones presentadas por Heródoto, la esposa principal de Ciro era Casandana, hija de Farnaspes, un miembro de la familia real Aqueménida. El dato es con toda probabilidad correcto, ya que se ve en parte corroborado por la Crónica de Nabonido, a pesar de que esta no menciona explícitamente a Casandana.
La segunda versión, que afirma que la madre de Cambises era una hija del rey egipcio Amasis, debe ser considerada como un intento de legitimación de la conquista de Egipto por parte de Cambises (527 a. C.). Del mismo modo, es descartada la versión de Ctesias, según la cual la reina de Ciro era Amitis, hija del rey medo Astiages.
Casandana dio a luz a al menos dos hijos, Cambises y Esmerdis, y una hija, Atosa. Otras dos hijas, Artistona y una anónima, aparecen también en el relato de Heródoto, aunque no se conoce la identidad de su madre. Tanto Atosa como Artistona fueron sucesivamente consortes de su hermano Cambises II, del usurpador Gaumata y de Darío I; de este último también lo fue Parmis, la única hija de Esmerdis. Roxana, una consorte de Cambises mencionada por Ctesias, podría así mismo tratarse de una hija de Ciro.

Conquistas de Ciro.

Ideología y propaganda imperial
El persa es un imperio universalista. Además de «rey de Anshan» (muy usual) y «rey de Persia», Ciro asume los títulos de «rey del Mundo» y de «rey de los cuatro extremos de la Tierra», ambos de origen babilonio, así como «rey de Babilonia» y el arcaizante «rey de Súmer y Acad».
Los enemigos de Ciro son vituperados en el marco de una campaña propagandística de legitimación. Astiages de Media es descrito en Heródoto como un rey cruel y despótico. Según la misma fuente, Creso fue quien cruzó el río Halys y atacó a Ciro, quien solo se habría defendido. En cuanto a Babilonia, en el Cilindro de Ciro y otras fuentes sacerdotales, se ridiculiza a Nabonido y a su política religiosa. Aun así, las tradiciones recogidas por Heródoto y Beroso hablan de que Ciro otorgó altos cargos políticos tanto a Creso como a Nabonido.
Ciro destaca por su política de concesiones hacia los pueblos sometidos, que en muchos casos lo hacen de buen grado, y a los que no se exige más que tributo, reclutamiento y aceptación de una guarnición permanente. Rechaza la deportación masiva practicada por sus antecesores asirios y babilonios, y ocasionalmente por sus sucesores persas. Con Ciro el movimiento es a la inversa. A las comunidades deportadas, como los judíos, se les permite regresar a su tierra.

Cambises II ―llamado en persa Kambujiya― (muerto en 523 a. C.) fue un rey de Persia entre el 530 y el 523 a. C. de la dinastía aqueménida, hijo y heredero del fundador del Imperio persa, Ciro II el Grande.
Cuando Ciro II conquistó Babilonia en 539 a. C., Cambises fue el encargado de dirigir las ceremonias religiosas (según cuenta la Crónica de Nabónido), y en el cilindro que contiene la proclamación de Ciro a los babilonios, el nombre de Cambises está ligado al de su padre en las oraciones a Marduk. En una tablilla fechada en el primer año del reinado de Ciro, se menciona a Cambises como rey de Babel.
Pero su autoridad debió ser efímera, pues hasta 530 a. C. no fue asociado al trono, cuando su padre partió hacia su última campaña contra los masagetas del Asia Central. Se han hallado numerosas tablillas en Babilonia de este momento de su ascensión y de su primer año de reinado, y donde Ciro es denominado «rey de naciones» (sinónimo de «rey del mundo»).
Tras la muerte de su padre en la primavera del 530 a. C., se convirtió en el soberano único del Imperio persa. Las tablillas encontradas en Babilonia acerca de su reinado abarcan hasta su octavo año de reinado, concretamente hasta marzo del 523 a. C. Heródoto (3, 66) establece su reinado desde la muerte de su padre, y le otorga una duración de siete años y cinco meses, desde el año 530 a. C. hasta el verano del 523 a. C.
Tras la conquista de los países asiáticos por Ciro, era esperable que Cambises emprendiera la conquista de Egipto, el único estado independiente que subsistía en Oriente. Según la inscripción de Behistún de Darío I, antes de partir con su expedición, mandó asesinar a su hermano Esmerdis, a quien Ciro había designado gobernador de las provincias orientales. Los autores griegos clásicos dicen por el contrario que su asesinato se produjo tras la conquista de Egipto.
La guerra comenzó en 525 a. C., cuando al faraón Ahmose II lo sucedió su hijo Psamético III. Cambises había preparado la marcha de su ejército a través del desierto del Sinaí con la ayuda de tribus árabes, que le prepararon depósitos de agua, esenciales para cruzar el desierto. La esperanza del anterior faraón egipcio, Ahmose II, para conjurar la amenaza persa se basaba en una alianza con los griegos.
Pero su esperanza fue vana cuando comprobó que las ciudades chipriotas y el tirano Polícrates de Samos (quien poseía una poderosa flota) decidieron pasarse al bando persa, como también hiciera Fanes de Halicarnaso, comandante de las tropas griegas mercenarias en Egipto, y el egipcio Udjahorresne de Sais, jefe de la flota egipcia.
Finalmente, en la decisiva batalla de Pelusio, los persas derrotaron a los egipcios. Poco después, Menfis caía en manos de Cambises. Psamético fue capturado y ejecutado tras intentar una rebelión. Las inscripciones egipcias de este periodo muestran que Cambises adoptó oficialmente los títulos y costumbres de los faraones, si bien es factible creer que no ocultó su desprecio por las costumbres y la religión egipcia.
Desde Egipto, Cambises planeó la conquista de los reinos nubios de Napata y Meroe, en el actual Sudán. Pero su ejército no pudo atravesar el desierto nubio al sufrir elevadas pérdidas, que le obligaron a retirarse. En una inscripción en Napata, actualmente en el Museo Egipcio de Berlín, el rey nubio Nastesen describe su victoria sobre las tropas de Kembasuden y la captura de sus barcos, personaje que se identifica con Cambises.
De la misma manera, otra expedición de Cambises al oasis de Siwa también fracasó. A su vez, tuvo que renunciar a la conquista de Cartago por la negativa de sus marineros fenicios a atacar a sus compatriotas. Estos eran indispensables para cruzar el Mediterráneo y salvar así el desierto libio.
Mientras Cambises llevaba a cabo estas tentativas de expansión por África, en Persia un mago llamado Gaumata se hizo pasar por el hermano de Cambises, Bardiya/Esmerdis, que el rey había ordenado matar previamente y en secreto, ante el temor de que se revelase contra él tras partir hacia Egipto. De esta manera Gaumata consiguió el apoyo del pueblo, tras dictar varias medidas favorables, por lo que Cambises decidió emprender el retorno a Persia y castigar al usurpador. Sin embargo, al comprobar finalmente que no podría vencer la revuelta, acabó suicidándose en marzo del 523 a. C., tal como narra Darío I en la inscripción de Behistún, mientras que Heródoto y Ctesias afirman, con menor credibilidad, que su muerte se debió a un accidente. Heródoto narra que Cambises murió en Ecbatana de Siria, la actual Hama (3, 64); Flavio Josefo señala que su muerte se produjo en Damasco (Siria) (Antigüedades, xi. 2. 2); mientras que Ctesias aboga por la ciudad de Babilonia, algo difícilmente posible. 
Hay varias fuentes principales que proporcionan la información acerca del reinado de Cambises, entre las que destacan las de los autores griegos Heródoto y Ctesias. El primero habla de Cambises en su relato de la historia de Egipto (3. 2-4; 10-37), donde Cambises aparece como el hijo legítimo de Ciro y de Nitetis, hija del faraón Apries. La muerte de Apries a manos del usurpador Amosis II fue lo que decidió a Cambises a vengarse del usurpador.
Esta versión de la historia es corregida por las tradiciones persas que también recoge Ctesias (Athen. Xiii. 560) y también Heródoto, y que explican que Cambises deseaba contraer matrimonio con una de las hijas de Amosis, pero el faraón egipcio, consciente de que sólo las mujeres persas eran declaradas reinas consortes, comprendió que su hija acabaría formando parte del harén real persa. De esta forma decidió enviar a Cambises a una hija de su predecesor Apries, quien, humillado al descubrir este engaño, decidió vengarse preparando la invasión de Egipto.
Amosis ya había muerto para cuando Cambises conquistó el país, por lo que su venganza recayó en su hijo Psamético III, al que hizo beber la sangre del dios-toro Apis, por lo cual fue castigado con la locura, según las fuentes clásicas. Así, Cambises en su locura acabó con la vida de su hermano y su hermana Roxana, perdiendo finalmente su imperio a manos de un usurpador y muriendo a causa de una herida (quizás autoinducida) en la cadera, el mismo lugar donde había mandado herir al animal sagrado. Otra historia relacionada con Cambises es la de Fanes de Halicarnaso, el jefe de los mercenarios griegos al servicio del faraón Amosis II, que decidió buscar la protección del rey persa, y que pagó su traición con la cruel muerte de sus dos hijos, que permanecieron en Egipto.
La tradición persa, por el contrario, cuenta que la causa de su locura fue el asesinato de su hermano Esmerdis, lo cual, unido a los abusos de la bebida, fueron señalados como causas de su prematura ruina.
Todas estas tradiciones se basan en diferentes pasajes tardíos de Heródoto, complementados con detalles familiares poco fiables de los fragmentos de Ctesias. Con la excepción de la escasa información que proporcionan las tablillas babilonias y algunas inscripciones egipcias, la única fuente de información coetánea que poseemos del reinado de Cambises es el relato de Darío I en la inscripción de Behistún. Es por ello que es difícil tener una imagen correcta acerca del carácter real de Cambises, si bien todo apunta ciertamente a que se trató de un soberano déspota y sanguinario. 

Psamético III ante Cambises II. Museo del Louvre.

Según Heródoto, Cambises envió un ejército de 50.000 hombres para someter al oráculo de Amón, ubicado en el oasis de Siwa. Cuando ya había atravesado la mitad del desierto que separa el oasis del valle del Nilo, una tormenta de arena sorprendió a sus hombres, sepultándolos para siempre. Muchos egiptólogos consideran esta historia como una leyenda, si bien mucha gente ha tratado de encontrar los restos de este ejército durante mucho tiempo.
En noviembre de 2009, los arqueólogos italianos Ángelo y Alfredo Castiglioni aseguraron haber encontrado restos de soldados sepultados bajos las arenas del desierto del Sáhara, al sur de Siwa. Hallaron artefactos aqueménidas que datan de la época de Cambises: armas de bronce, un brazalete de plata, pendientes y cientos de huesos humanos.


Esmerdis, también llamado Bardia o Bardija) fue un rey de Persia de la dinastía aqueménida (muerto en 523 a. C.), hijo menor de Ciro II y hermano de Cambises II, que también fueron monarcas.

Su nombre griego se ha impuesto al tradicional persa, debido en parte a las formas adaptadas al griego por los autores clásicos de esta cultura. Ctesias lo llama Tonyoxarces (Pers. 8); para Jenofonte, quien recoge su nombre de Ctesias, es Tanooxares (Cyrop. Vin. 7); Justino lo llama Mergis (i. 9); y Esquilo, Mardos (Pers. 774). El nombre Esmerdis o Smerdis aparece así escrito en los poemas de Anacreonte y Alceo.

Esmerdis era el hijo menor de Ciro II y hermano de Cambises II. De acuerdo con Ctesias, en su lecho de muerte Ciro lo designó como gobernador de las provincias orientales del imperio persa (cf. Jenofonte, Cyrop. Vin. 7). Según Heródoto y el propio Darío I, sucesor de Esmerdis (tal como Darío mandó grabar en la inscripción de Behistún), Cambises II, antes de partir en campaña contra Egipto, ordenó matar secretamente a su hermano Esmerdis, temiendo que pudiera intentar una rebelión durante su ausencia.

Su muerte no fue conocida por el pueblo, por lo que en la primavera del año 523 a. C. un usurpador llamado Gaumata, fingiendo ser Esmerdis, se autoproclamó rey de Persia en las montañas cercanas a la ciudad de Pishiyauvda. Debido al gobierno despótico de Cambises y a su larga estancia en Egipto, el pueblo entero (persas, medos y el resto de las naciones del imperio) reconoció al usurpador, especialmente cuando éste autorizó la bajada de los impuestos durante tres años (Heródoto, III. 68).
La inscripción de Behistún, en la que aparece citado Esmerdis.

 Una vez al corriente de estos hechos, Cambises emprendió la marcha desde Egipto contra el usurpador, pero al comprobar que no quedaban esperanzas para su causa, acabó suicidándose en la primavera de 523 a. C. Según Darío, el verdadero nombre del usurpador era Gaumata, un sacerdote mago de Media. Este nombre ha sido preservado por Justino (i. 9), pero adjudicado al hermano del usurpador, quien es señalado como el verdadero instigador de la intriga, y el cual recibe a su vez el nombre de Oropastes (Patizeithes según Heródoto; según Ctesias, Sphendadates o Esfendádates).
La historia del falso Esmerdis es narrada por Heródoto y Ctesias de acuerdo con la tradición oficial, recogida en la inscripción de Behistún. Antes de morir, Cambises confesó públicamente el asesinato de su hermano, por lo cual el fraude del usurpador que se hacía pasar por Esmerdis quedó al descubierto. Pero, como nos cuenta Darío, nadie se atrevió a oponerse al usurpador, quien gobernó todo el imperio durante siete meses.
Algunos contratos que datan de su reinado han sido hallados en Babilonia, en los que aparece el nombre Barziya. La inscripción de Darío explica que el falso Esmerdis destruyó algunos templos (que Darío mandó reconstruir más tarde, durante su reinado), y trasladó las casas y rebaños de muchas gentes (Inscripción de Behistún, i. 14), lo cual provocó un gran malestar entre los pueblos del imperio.
Desde entonces, el reinado de Gaumata fue considerado como de infausto recuerdo, y su muerte fue anualmente celebrada en Persia con una fiesta denominada El asesinato del mago, en la cual ningún mago tenía permiso para mostrarse como tal (Heródoto, ~ 79 Ctes. Pers. 15).
Al año siguiente de la caída del usurpador, otro pseudo-Esmerdis, llamado Vahyazdgta, se alzó contra Darío en Persia oriental. Al principio tuvo éxito. Sin embargo, fue derrotado, capturado y ejecutado (Inscripción de Behistún, 40). Quizás se trate del personaje identificado como el rey Marafis el Marafiano (nombre de una tribu persa), quien es nombrado en la lista de reyes persas ofrecida por Esquilo (Pers. 778).
De acuerdo con Heródoto, Esmerdis tenía una hija llamada Parmis, la que posteriormente sería tomada en matrimonio por Darío. 

Darío I el Grande (en persa antiguo: Dārayawuš, "aquel que apoya firmemente el Bien"; en griego clásico; Dareîos) (549-486 a. C.) fue el tercer rey de la dinastía aqueménida de Persia desde el año 521 al 486 a. C., heredó el Imperio persa en su cénit; incluyendo los territorios iranios, Elam, Mesopotamia, Siria, Egipto, el norte de la India y las colonias griegas de Asia Menor. Según algunos autores el declive del Imperio persa comenzaría con el reinado de su hijo, Jerjes I. ​
Según el relato tradicional, basado en el historiador griego Heródoto, Darío ascendió al trono tras asesinar al usurpador Gaumata, o falso Esmerdis, con la ayuda de otros seis aristócratas persas, siendo coronado a la mañana siguiente. La inscripción de Behistún, mandada a realizar por Darío, confirma su participación en la captura y muerte del usurpador, un miembro de la tribu de los magos, de origen medo según ambas fuentes, pero no coincide completamente con el relato griego. El nuevo soberano tuvo que enfrentar numerosas revueltas desde el comienzo su reinado, sofocándolas con la ayuda de la nobleza aqueménida. También, amplió las fronteras del imperio conquistando Tracia y Macedonia, e invadiendo las tierras de los saces, una tribu escita que había luchado con los medos y eran considerados responsables de la muerte de Ciro II el Grande. Dirigió asimismo una expedición punitiva contra Atenas por la ayuda brindada por esta a los griegos de Asia Menor durante la revuelta jónica.
Entre sus logros se destaca la reforma administrativa y financiera del Estado; dividió el territorio conquistado en satrapías, asignando su gestión a un poderoso gobernador, con amplios poderes, el sátrapa. Implantó un sistema monetario unificado, organizó los códigos legales tradicionales de Egipto, por lo que Diodoro Sículo le llamó "el último legislador de Egipto" e hizo del arameo el idioma administrativo de las regiones occidentales del imperio. También impulsó proyectos de construcción, en especial en Susa, Pasargada, Persépolis, Babilonia y Egipto. Entre los documentos primarios de su reinado se destaca la ya mencionada inscripción de Behistún, una autobiografía de gran valor para la historia y para el desciframiento de la escritura cuneiforme.
Darío dejó un relieve monumental trilingüe en el monte Behistún escrito en elamita, persa antiguo y acadio en algún momento entre su coronación y su muerte. La inscripción ofrece en primer lugar una breve autobiografía de Darío donde se menciona su ascendencia y su linaje. Para explicar su ascendencia, Darío ofrece una serie de sucesos que ocurrieron tras la muerte de Ciro II el Grande, justificando su legitimidad por la gracia de Ahura Mazda, el dios zoroástrico. También se han hallado otros textos y monumentos en Persépolis, Susa, Babilonia o Egipto; un fragmento de inscripción en persa antiguo procedente de Gherla (Rumania); y una carta de Darío a Gadates, preservada en un texto en griego de época romana.
Fue hijo de Histaspes, gobernador de Partia bajo los reyes persas Ciro II y Cambises II. Su padre provenía de la dinastía Aqueménida persa, la misma a la que pertenecían Ciro II y Cambises II, quienes sin embargo no se tenían por tales, pues en los orígenes persas se la consideraba una alianza de tribus.
Nació hacia el 549 a. C. y recibió una educación cortesana, como todos los hijos príncipes. Cambises II lo elevó a "portador de la lanza" personal, función en la que lo acompañó a su campaña contra los egipcios. Allí, hacia el año 522 a. C. Cambises II debió de recibir la noticia de la revuelta y alzamiento de su hermano, Esmerdis (en persa, Bardill) contra él en la capital Ecbatana, asentamiento originario persa.
Lo que había sucedido sigue siendo objeto de discusión. Se considera que Esmerdis había sido asesinado en secreto ya un año antes, con lo que Cambises sabía que un mago, Gaumata, habilitado como sustituto por él, estaba usurpando el poder. Pero según otras fuentes, fue Esmerdis quien realmente se levantó contra su hermano el rey.
En cualquier caso, Cambises partió inmediatamente de Egipto para sofocar la sublevación, pero murió en el camino, posiblemente en un accidente. Heródoto señala también la posibilidad de que se produjera un asesinato.
La reconstrucción de los hechos lleva mucho tiempo discutiéndose. La versión “oficial”, según Heródoto y el informe de los hechos de Darío es la siguiente. Darío decidió, según sus propias palabras, vengar a Cambises. Así que regresó a Persia y se ganó el apoyo de seis viejos amigos, colegas de educación cortesana, para preparar la caída del supuesto “falso Esmerdis”, que se llamaba Gaumata, hermano del gobernador de Oropastes.
En el fuerte de Sikayawautish, situado a las cercanías de Ecbatana lo encontró y lo asesinó. A continuación regresó con sus conspiradores a Persia, donde en Pasargada, la capital ceremonial del reino, se hizo coronar emperador como supuesto último descendiente de la línea aqueménida junto a su padre Histaspes y su abuelo Arsames, quienes abdicaron. Darío se consideró legítimo sucesor de Cambises. Sin embargo esta proclamación se encontró con la resistencia de una parte imperial, pues Gaumata había pertenecido a la clase noble superior y el pueblo apreciaba mucho por su generosa política fiscal.
Para continuar la legitimación de su poder se casó con la primogénita de Ciro, Atosa (en persa ‘‘Hutausa’’) y viuda de Cambises y de Gaumata. Quizá esperara que le alumbrara un varón, para regular las futuras pretensiones sucesorias. Ya tenía un hijo, pero de una mujer de ascendencia no aqueménida, la hija de Gobrias.
Hasta aquí la versión a grandes rasgos, presentada por Darío personalmente en la inscripción de Behistún. Mientras tanto, se han reforzado las dudas de los historiadores contemporáneos sobre el “Esmerdis falso”, cuestionado desde la antigüedad. ​ Así hoy día se parte de que esta historia se divulgó en el campamento de Darío para legitimar las circunstancias de su ascenso al trono. Probablemente de esa manera es también como la conoció y recontó Heródoto. Especialmente llamativo resulta que nadie parezca haberse enterado del fallecimiento del "auténtico Esmerdis". Esto resulta inverosímil, ya que Ciro le había asignado el gobierno de toda la parte oriental del Imperio.
Darío afirma en la inscripción de Behistun que Gaumata mantuvo engañado a su entorno durante meses, incluyendo a la propia esposa. Siendo escépticos con los poderes mágicos, resulta poco verosímil que alguien parecido a Esmerdis y que hablara como él fuera en realidad el tal Gaumata.
La mayoría de los investigadores creen unánimemente hoy que Darío solo era pariente lejano de Ciro II y Cambises II. Ciro se consideraba descendiente de Teispes y como tal se denominaba, no como aqueménida. Las posteriores modificaciones genealógicas con las que Darío lo convirtió en fundador dinástico aqueménida sirvieron evidentemente para consolidar sus propias pretensiones reales. Una supuesta inscripción de Ciro en Pasargada, en la que debía llamarse aqueménida, ha sido entretanto reconocida como falsificación del tiempo de Darío. En cualquier caso la alteración genealógica no tiene una repercusión decisiva, pues él también era un teispida (vid. infra Árbol genealógico).
Pero sin Aquemenes existía una mancha decisiva, que no podía trasmitirse a ningún mismo rey predecesor en línea directa, ya que Ciaxares, probablemente depuso de sus funciones a Ariaramnes y le entregó su región de dominio a la otra línea teispida, la de Ciro I. Sin embargo, estos acontecimientos siguen en la oscuridad debido al mal estado de las fuentes.
Tras la coronación en Pasargada se mudó a Ecbatana, donde sufrió una serie de sublevaciones comenzando por Elam y Babilonia, encendidas por los seguidores de Gaumata (que en caso de haber sido muerto el "Esmerdis auténtico", se trataría de resistencia contra el usurpador Darío).
·       El levantamiento elamita pudo sofocarlo de raíz, al detenerse y ajusticiarse a su cabecilla Aschina en Susa.
·       En Babilonia se había coronado rey Nidintu-Bel con el nombre de Nabucodonosor III, pues supuestamente descendía de Nabucodonosor y del hijo de este, Nabónido. Darío llegó con un ejército a la ciudad y a los tres meses lo depuso y mató.
·       Mientras seguía allí, un hombre llamado Frada inició una nueva rebelión en Bactriana. El auténtico sátrapa de Bactriana permanecía sin embargo fiel a Darío y pudo expulsarlo al desierto del actual Turkestán, donde sería después detenido y ejecutado.
·       Al mismo tiempo se levantó en Persia, la patria de los persas, un hombre, que también afirmaba ser Esmerdis.
·       Mientras tanto en Elam renacieron los disturbios y además también en Media, Partia, Asiria, Egipto, entre los satagidias y otra vez en Babilonia surgieron graves enfrentamientos y luchas.
Hacia finales del 522 a. C. casi todo el imperio persa se encontraba bajo algún tipo de insurrección. Darío pudo sin embargo confiar en un ejército local, dirigido por un círculo de confianza, así que en el trascurso de un año fueron las revueltas sofocadas con éxito.
·       En septiembre del 522 a. C. continuaron los levantamientos en Babilonia, que a excepción de una breve interrupción, perduraron hasta el 521 a.C.
·       En mayo de ese año se coronó otro nuevo rey babilónico Nabucodonosor IV, quien siete meses tras su predecesor, corrió la misma suerte. 
A esto se refiere la declaración sobre el tiempo entre sus siete primeras operaciones militares. Tras asesinar a Gaumata derrotó a en total ocho “falsos reyes” según sus propias palabras. A finales del 521 a. C. reinaba de nuevo la paz en el imperio, solo la frontera septentrional seguía gravemente amenazada. En el 517 a. C. fue liberada también esta área y sometidos a tributo a sus habitantes, los escitas, victorias que pormenorizó en la inscripción de Behistún.

Administración y Milicia
Durante sus primeros años de regencia realizó una completa reforma administrativa, cuyo principal componente fue la fundación de provincias unitarias, las satrapías. La extensión y localización de cada gobierno, así como sus funciones, es insegura, pues las fuentes, es decir, la lista proporcionada por Heródoto y las inscripciones reales persas, difieren mucho unas de otras. Estaban apoyadas por un gran aparato burocrático, conocido sobre todo por los registros egipcios. Tanto el que fuera el rey personalmente quien renovara las satrapías, como el que fueran vitalicias –salvo en pocas excepciones previstas–, permite deducir que el puesto se parecía al de un sub-rey o rey vasallo. Su poder provincial era enorme, y debía rendir pocas explicaciones al emperador, salvo las fiscales y militares. Según Heródoto, el sátrapa Aryandes llevaba carros de combate y también acuñaba su propia moneda. Como el emperador y los altos funcionarios cortesanos poseían los sátrapas su propio sello.
Este funcionamiento es diferente al de los feudos medievales europeos, ya que el señor feudal poseía el poder central e indiscutible. Así tenía el emperador por ejemplo la posibilidad, con una oferta real, de reclutar a su propio ejército, personalmente o delegándolo en terceros. Ya el nombre de este reclutamiento indica que aquí se alistaban contingentes de la misma área imperial –ordenados étnicamente–. Además Darío introdujo un ejército permanente que disolvió a las milicias de sus predecesores. Este ejército tenía entre otros la tarea de guardar la seguridad interior, similar a las modernas policiales, y en cada gran ciudad había guarniciones. Aparte, había asociaciones responsables de la seguridad fronteriza. Desde Egipto se hicieron famosas estas asociaciones de soldados, estacionadas en las ciudades fronterizas. La guardia personal del rey, conocida como los Inmortales, también combatió en la guerra.
La lengua cancilleresca fue hasta el reino de Artajerjes I el elamita, posteriormente reemplazada por el arameo. 

Economía y sociedad
A continuación se creó una red de carreteras que unificó entre sí todas las grandes áreas imperiales. El camino real más conocido era el que conducía de Éfeso a Susa o, en realidad, hasta Persépolis, porque Heródoto lo describe minuciosamente en su Historia. Facilitó mucho el comercio y el transporte, junto con los puentes sobre el Bósforo y la compleción de un canal desde el mar Rojo hasta el Nilo, ya comenzado por el faraón Necao II.
Bajo su gobierno, se reformó también el régimen monetario, además la acuñación del dárico significó la primera unificación monetaria de un imperio en la historia y benefició el comercio interior.
A todos los pueblos del imperio, se les concedió el ejercicio de sus propias costumbres y religiones. Pese a todo, algunos se sintieron discriminados, bien porque —como Egipto— estaban insatisfechos con la soberanía persa, bien porque la fragmentación en múltiples satrapías les destruyó la ilusión de que los viejos imperios como el Medo, Lidio y Babilonio perduraban. Los jonios, quienes bajo los lidios gozaron de numerosos privilegios hasta el punto de casi “helenizar” ese imperio, los griegos dejaron pues una huella, un influjo que no tenían sobre el gran rey. Debido a esta frustración quizá se expliquen las revueltas jónicas.
Con todo, no se rompió con todas las tradiciones. Continuó existiendo la unión personal del gran rey con el rey medo y babilónico. Darío designó, como ya había hecho Ciro y Cambises, a su hijo y copríncipe, Jerjes I, como rey de Babilonia. Además, todavía portaba personalmente el título de faraón egipcio.
Bajo Darío surgió una «paz pérsica», un estado de paz interior, caracterizada por un cuidadoso reajuste estructural imperial y en el que el reino poseyó una unidad segura y ordenada. Esto se expresó en que Darío cambió su título de “Rey de los persas” a “Rey de los países y pueblos” y representó equitativamente a las naciones representativas imperiales. Únicamente en la contribución fiscal poseían privilegios los persas, para quienes no había sátrapas ni tributos reales. 

Amenazas a la paz interior
La paz predominó durante casi todo el gobierno de Darío. Solo Egipto era una provincia insegura. Aquí Ariandes había ampliado considerablemente su poder y, según Heródoto, acuñaba su propia moneda a imitación del dárico. Si esto debe considerarse una sublevación contra Darío, permite ponerse en duda, pues los sátrapas, que poseían por lo general bastante poder que aumentaba con el tiempo, también acuñaban monedas en las provincias.
En el año 486 a. C. sin embargo surgió un levantamiento abierto, promovido por las fuerzas egipcias; Ariandes había fallecido en el 500 a. C. Estas rebeliones tuvo que aplacarlas Jerjes, el sucesor de Darío; según Heródoto, después renunció a una invasión planeada a Grecia.
Prescindiendo de la frontera imperial septentrional con los escitas, cuyas actividades durante el tiempo de Darío son desconocidas, el único foco de inquietud en vida de este fue la frontera occidental jónica, donde en 499 a. C. sucedió el levantamiento que originó la guerras médicas. Sin embargo, la situación en la zona fue tranquila. 

Política religiosa
Darío continuó la política de Ciro que autorizaba la libertad de culto siempre que se aceptase a Ahuramazda como máxima divinidad. Menciones positivas a esta práctica aparecen en el ‘’Libro de Esdras’’ del ‘’Antiguo Testamento’’, en el que se menciona el supuesto apoyo a la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Sin embargo, aparecen dudas a esta presentación, pues Jenofonte ya menciona esta política primeramente en la ‘’Ciropedia’’ en el 362 a. C. La obra no representa ningún documento histórico. Faltan inscripciones del propio Darío sobre el apoyo a la reconstrucción.
Darío promovió el Zoroastrismo, pero el cuándo permanece confuso, al igual que los cultos persas de este tiempo. ​ El dios supremo era Ahura Mazda, que no admitía ningún otro junto a él. Se supone que Darío heredó de su padre esta religión.
El apoyo al Zoroastrismo se implantó cuidadosamente. Los magos seguían siendo la clase sacerdotal superior, y por orden del gran rey se ofrecían sacrificios a los dioses iránico, elamítico y babilónico. Solo en las inscripciones reales se encuentra a Ahuramazda como único dios. Se presupone que la estatua que le hizo erigir a su mujer Artystone, era una efigie de la diosa madre persa Anahita.
Por esto surge la duda de que o era el giro zoroastrista de Darío una declaración vana, o nunca sucedió. El dios Ahuramazda se puede datar en el tiempo previo al zoroastrismo. La adoración de Ahuramazda como dios único tras los mandamientos de Zaratustra no se deja imponer. Del tiempo de Atajerjes II son actos oficiales en honor de Anahita y los Mithras, ambos también con seguidores en el tiempo sasánida.
Política exterior
El imperio persa hacia el 500 a. de C. 

Con los indios
Tras consolidar el dominio intrafronterizo, fue el momento de adelantarse a posibles amenazas desde la frontera oriental. Por lo que el área de los satagidas se anexionó definitivamente al imperio persa, cuyas tropas avanzaron hasta el valle del Indo, que pudo asimismo ser completamente avasallado. Especialmente valiosa para esta campaña de conquista demostró ser la región Gandhara, reconocidos como la tribu india más valiente y bajo dominio persa desde hacía mucho tiempo.
El valle del Indo no era solo políticamente interesante. En sus fértiles llanuras había muchas ciudades ricas y del río mismo se obtenía polvo áureo. Más lejos podía entonces establecerse comercio ilimitado con el interior subcontinental indio. Una impresión del interés comercial lo demostró el viaje de Escílax de Carianda, quien unos doscientos años antes había navegado la costa del golfo Pérsico desde Nearchos, para demostrar su utilidad para el comercio marítimo. Más tarde navegó también la península arábiga hasta Egipto. 

Con los libios y los egipcios
Al comienzo de su reinado, Egipto se había separado del imperio y costaría muchísimo reconquistarlo. En lo que desempeñó un papel significativo Ariandes, el sátrapa designado por Cambises. Darío visitó personalmente el territorio en el 518 a. C. Este acto significó la derrota definitiva de la disidencia y la consideración de la anexión egipcia en Persia. La meseta Cirenaica había sido sometida durante la campaña egipcia de Cambises, pero recuperaron la independencia durante los tumultos de los años 522 al 521. En una expedición extraordinariamente pérfida y brutal, Ariandes conquistó las ciudades de Cirene y Barka y ensanchó su satrapía hasta el golfo de Sidra. Tal como prueban las inscripciones persas, se encontraban también los habitantes no griegos de la Libia oriental bajo dominio persa. 

Con los tracios y los escitas
Es de suponer que pese al vasallaje, Darío seguía considerando a los escitas como una amenaza para la frontera septentrional imperial. Poblaban la región del mar de Aral hasta la actual Ucrania. Probablemente debían atacarlos y cercarlos desde su frontera occidental. Así, se envió una gran cantidad de reclutados ad hoc a preparar una campaña sobre el continente europeo. En Bizancio se destruyó un puente sobre el Bósforo, tal como documenta una inscripción encontrada en esa ciudad. El ejército se asentó sobre la orilla opuesta, la Tracia, y conquistó esta área para protegerse la retaguardia. Entonces avanzó por la costa del mar Negro y vadearon el Danubio en la región de los escitas, quienes emplearon la táctica de tierra quemada, obligándolos a retroceder. La frontera del Danubio se fortificó, protegiendo por lo tanto la Tracia. Mientras convertía sin embargo a los escitas en una amenaza continua para el resto de la historia imperial aqueménida.
Con la campaña militar de los años 513 y 512 a. C. entraron por primera vez en contacto con los griegos desde las expediciones de Asia menor de Ciro. Si bien es cierto que muchas áreas coloniales griegas mediterráneas orientales se encontraban bajo dominio persa, esta tierra les atraía poquísimo. Tras la dominación de Tracia, durante la que de paso se avasalló también Macedonia, los griegos independientes confiaban en que perdieran pronto el interés. Atenas intentó prevenirlos, al aliárseles en el 506 a. C., mediante un pacto que los persas entendieron como un sometimiento formal. Aunque los griegos jónicos habitantes de las costas asiáticas menores disfrutaban de numerosos privilegios –entre otros, incluso la concesión de su propia satrapía– se alzaron en el 500 a. C. Los atenienses rompieron la alianza y enviaron apoyo militar. En el 499 a. C. ocuparon y destruyeron Sardes, la capital de la satrapía Lidia.
El contraataque masivo persa alcanzó hasta Chipre.
El punto final de este levantamiento jónico se considera la toma y destrucción de Mileto en el 494 a. C., considerada la iniciadora de las revueltas. Y para prevenir futuros disturbios, se envió en el 492 a. C. una expedición de castigo, que sin embargo fracasó. Tracia y Macedonia, que se habían desprendido del imperio durante los levantamientos, fueron reconquistadas, pero la expedición contra Atenas fracasó al estrellarse la flota contra el monte Atos durante una tormenta. 

Batalla de Maratón
Dos años después se desarrolló una campaña militar contra Datis y Artafernes exitosa al principio. En el mar Egeo pudo intensificarse la hegemonía persa y Eretria quedó destruida. La marina persa atracó cerca de la llanura maratoniana, para disponer de un campo de batalla abierto contra los atenienses. La estrategia se cambió tras varios días y entonces planearon atacar Atenas directamente desde las naves. Y reembarcando en las trirremes los sorprendieron los atenienses bajo órdenes de Milciades y les destruyeron una parte de la armada. Entonces avanzaron a marchas forzadas hacia Atenas, para evitar una posible capitulación urbana. Filípides corrió sin parar hasta la ciudad para anunciar inmediatamente la victoria. Los persas, por su parte, se retiraron.
A esta batalla de Maratón se le ha concedido un significado histórico trascendental, representada como el éxito de la unión occidental libre frente al despotismo oriental. Mientras tanto, los historiadores argumentan sin embargo que los persas solo pretendían castigar la infidelidad ateniense a la alianza, y no avasallar el país.
El hijo de Darío, Jerjes I sería el primero en emprender una gran invasión a Grecia. Pese a los fracasos frente a Atenas, se consideraba la frontera oriental liberada, ya que la costa jónica se encontraba de nuevo bajo dominio persa.

Actividad edificatoria 
Desarrollo artístico y arquitectónico bajo su reinado
Bajo Darío aconteció una ruptura entre arte y arquitectura. Hay del tiempo de Ciro y especialmente de Cambises pocas fuentes arqueológicas, las pocas conservadas remiten a cultos de tradiciones locales. Un famoso relieve del tiempo de Ciro en Pasagarde indica influjo elemita. Solo la tumba de Ciro figura en su forma original, sin que se conozcan ejemplos directos de esa construcción. Bajo Darío se reunieron conscientemente diferentes elementos estilísticos, artísticos y arquitectónicos de todo el imperio. Los monumentales y estriados pilares de palacios y edificios públicos recuerdan, con excepción de los materiales constructivos y las dimensiones, al fuste griego, pero sin embargo son probablemente ejecutados a imitación de ejemplos mesopotámicos. Los capiteles muestran sobre todo influjo egipcio.
Tal como suponen numerosos científicos orientalistas y egiptólogos, la planta del palacio de Persépolis es originaria egipcia (Gerd Gropp). En contra destacan los historiadores antiguos según los modelos para palacios en la India y construcciones en Grecia.
Como en la historia general de Oriente antiguo, también fue entre los aqueménidas el relieve el arte de moda. Se encuentra en inscripciones, muros palaciegos y entrada de escaleras. Bajo el predecesor de Darío se caracterizaba el relieve sobre todo según ejemplos elamitas. Bajo Darío se muestran claros ejemplos mesopotámicos, especialmente sirios. Los relieves se pintaban y muchas veces se enjoyaban; así se hicieron por ejemplo muchas barbas en los relieves de Persépolis con lapislázuli. Influjos babilónicos se aprecian sobre todo en los relieves de Susa, que como mínimo parcialmente, son contemporáneos de Darío. Los de Susa están hechos de ladrillo pintado y vidriado, que hacen pensar en procesiones públicas y la puerta de Ischar en Babilonia.
Darío quiso trasladar el centro imperial desde la médica Ecbatana y la mesopotámica Babilonia a la tierra originaria persa. En cuya vecindad directa se encontraba Elam con su antigua capital real Susa, que Darío amplió como su residencia principal, función que mantuvo hasta el final del imperio. En otra ciudad también persa y que había sido centro administrativo, mandó construir una residencia. La ciudad fue nominada ‘’Parsa’’ por la costumbre de llamar a las capitales como los países. Los griegos la llamaron Persépolis.
Bajo Darío también floreció la escultura. Pequeñas y mayores estatuillas y figuras hechas de materiales preciosos como lapislázuli o marfil. Además hay una estatua de Darío en tamaño natural conservada en Egipto, que aunque lo muestra con un uniforme elemita e insignias reales persas, también tiene una inscripción jeroglífica egipcia. Obritas artísticas y artículos de uso artísticos están hechos de metal noble, sobre todo oro y plata. Un gran número de ellos se encontraron en el tesoro del Oxus, donde además aparecieron algunos retales y una alfombra mayor, que también indican una gran habilidad en esta área. 

Susa
Al norte de Susa se crearía un nuevo complejo palacial. Una terraza se colocaría en uno de los vestíbulos (en persa, ‘’Apadana’’) y se construiría un palacio que bajo Artajerjes I destruyó un incendio para ser después reconstruido. Solo han quedado relieves de ladrillo cristalizado, cuya mayoría hoy se encuentra en París. 

Persépolis
El proyecto de construcción en Persépolis se pareció al de Susa. Aquí también construyó una apadana en la terraza. Junto a la cual se edificó un palacete, posiblemente para asuntos privados. Estas obras fueron pese a todo algo menores a las de Susa. Además, en la terraza se levantaron los edificios administrativos que, sin embargo, hasta ahora han sido poco estudiados arqueológicamente.
Tanto en Persépolis como en Susa se construyeron los edificios con materiales de diferentes países y se levantaron con mano de obra de todo el imperio. Los diferentes pueblos fueron retratados en los relieves de las escaleras con uniformes y obsequios típicos de cada país.

Pasargada
Probablemente durante el gobierno de Ciro perdió Pasargada el papel de sede gubernamental y se mantuvo como capital ceremonial y probablemente también religiosa del imperio. Obras quizá comenzadas por Ciro fueron terminadas durante el reinado de Darío; además se construyó un nuevo palacio. El método constructivo recuerda al de Susa y Persépolis. Si bien es verdad que en un edificio se inscribió el nombre de Ciro, el hecho es que la escritura cuneiforme empleada habla por sí, pues se introdujo bajo el mandato de Darío. 

Antiguo Egipto
También en Egipto, numerosas construcciones, especialmente de carácter religioso, testimonian el reinado de Darío. Se construyeron o restauraron varios templos durante su época de gobierno, entre ellos el templo de Hibis y Qasr el-Ghueda en el oasis de Jariyá, el templo de Ptah y el templo de Busiris. Otras construcciones de Darío se pueden ver en Karnak, Fayum y Sais. Los materiales constructivos se obtenían en parte de las canteras de Uadi Hammamat, en cuyas rocas aparecen inscripciones de Darío. Una importante obra fue también la conclusión de un canal de ochenta y cuatro kilómetros de largo, comenzado bajo Necao II, que conducía desde el Nilo, por Uadi Tumilat, hasta el mar Rojo, facilitando la comunicación de Persia con Egipto. A lo largo del canal, se han encontrado estelas escritas en jeroglíficos egipcios, persa antiguo, elamita y acádico.

Muerte
Heródoto refiere que Darío se aprestó enseguida a preparar una nueva expedición contra Grecia, que dirigiría personalmente, pero fue interrumpida por una insurrección en Egipto en 486 a. C. ​ Mientras se preparaba para intervenir, le sobrevino una enfermedad y murió en noviembre del mismo año. Fue inhumado en una tumba rupestre, que hizo construir en vida, en Naqsh-e Rostam.
Le sucedió su hijo Jerjes I a la cabeza del Imperio. 

Jerjes I, también conocido como Jerjes el Grande (circa 519-466 a. C.), fue el quinto Gran Rey del Imperio aqueménida (486-466 a. C.), hijo de Darío I y de Atosa, hija de Ciro II el Grande. Su nombre Jerjes (también escrito Xerxes) es una transliteración al griego  de su nombre persa tras su ascensión al trono, Jshāyār shāh, que significa "gobernador de héroes". En la Biblia se le menciona como «Asuero», Axashverosh o Ahasuerus transliterado al griego). ​ Jerjes I reinó desde la India hasta Cus (Etiopía).
Jerjes fue designado sucesor de Darío I por delante de todos sus hermanastros, mayores que él, y que nacieron antes de que Darío ascendiera al trono. Tras ser coronado en octubre de 486 a. C., se enfrentó victoriosamente a una rebelión en el Egipto sometido, que comenzó en 486 a. C. Dejó a su hermano Aquemenes como sátrapa de esa región, sobre la cual ejerció un control represivo.
Sus predecesores, especialmente su padre, no fueron muy afortunados en sus intentos de conciliar las antiguas civilizaciones sometidas con el gobierno persa. Esta fue probablemente la razón por la cual Jerjes abolió definitivamente el reino de Babilonia en 484 a. C., cuando también se llevó la estatua dorada de Bel (Marduk o Merodac, cuyas manos debía tocar el legítimo rey de Babilonia el primer día de cada año) y mató a los sacerdotes que trataban de impedírselo.
Por lo tanto, no aparece con el título de Rey de Babilonia en los textos babilónicos que datan de su reinado, pero sí con el de Rey de Persia y Media, o simplemente Rey de naciones (equivalente a Rey del mundo). Este proceder desencadenó dos rebeliones, en 484 a. C. y en 479 a. C., que fueron sofocadas enérgicamente.
Una vez sofocadas todas las revueltas, y alentado por su primo Mardonio, trató de vengar la derrota sufrida por su padre, Darío I, en la batalla de Maratón, durante la Primera Guerra Médica (490 a. C.). Darío no había podido castigar a los atenienses por su intromisión en la Revuelta jónica en Asia Menor, por lo que Jerjes planificó la operación de castigo y conquista con sumo cuidado (483 a. C.).
Ya que una flota persa había naufragado en el año 492 a. C. al pie del monte Athos, mandó excavar el Canal de Jerjes a través del istmo que comunicaba la Península Calcídica, donde está el Monte Athos, con el continente europeo; se almacenaron provisiones en escalas a lo largo de la ruta que recorría Tracia y se erigieron dos puentes que atravesaban el Helesponto.
Jerjes concluyó una alianza con Cartago, lo cual privó a los griegos helénicos del apoyo de los griegos sicilianos de Agrigento y Siracusa, a la vez que consiguió ganar para la causa persa a varios Estados griegos, como Tesalia, Macedonia, Tebas y Argos. Los persas lograron reunir para la ocasión una gran flota (la mayoría de las naves procedían de sus vasallos fenicios y chipriotas) y un poderoso ejército. En relación al número de efectivos, podemos mencionar lo siguiente extraído del libro VII de Heródoto:
"No puedo en verdad decir detalladamente el número de gente que cada nación presentó, no hallando hombre alguno que de él me informe. El grueso de todo el ejército en la reseña ascendió a un millón y setecientos mil hombres; el modo de contarlos fue singular: juntaron en un sitio determinado diez mil hombres apiñados entre sí lo más que fue posible y tiraron después una línea alrededor de dicho sitio, sobre la cual levantaron una pared alrededor, alta hasta el ombligo de un hombre. Salidos los primeros diez mil, fueron después metiendo otros dentro del cerco, hasta que así acabaron de contarlos a todos, y contados ya, los fueron separando y ordenando por naciones".
Heródoto, Historia VII, 60,1

De esta forma, en la primavera del año 480 a. C., Jerjes abandonó Sardes al frente de su ejército, desencadenando así la Segunda Guerra Médica contra la alianza griega de Atenas y Esparta. En principio el ejército persa consiguió importantes victorias: la flota griega fue rechazada en el cabo Artemisio, y tras la victoria sobre Leónidas I de Esparta y sus 300 hombres en el desfiladero de las Termópilas, ​ los persas devastaron Beocia y el Ática, llegando hasta Atenas.
La ciudad había sido evacuada previamente por orden de Temístocles, refugiándose sus habitantes en las islas cercanas, de manera que el ejército persa solo tuvo que enfrentarse a la guarnición de la Acrópolis, saqueando a continuación la ciudad e incendiando y arrasando los templos de la Acrópolis, mientras las fuerzas espartanas y atenienses establecían su última línea de resistencia en el istmo de Corinto y el golfo Sarónico.
Sin embargo, Jerjes fue engañado por un astuto mensaje de Temístocles, llevado por un falso esclavo huido del campo griego, en el que animaba a los persas a atacar cuanto antes. De opinión en contra fue la advertencia de Artemisia de Halicarnaso), reina aliada de Jerjes, que estimaba perjudicial atacar a la flota griega bajo condiciones adversasen lugar de enviar parte de sus barcos al Peloponeso y esperar simplemente la disolución del ejército griego tras un prolongado asedio. La batalla naval librada en Salamina (480 a. C.), donde la flota griega se había refugiado en el golfo entre el Ática y la isla de Salamina, fue ganada por la flota ateniense, al mando de Euribíades, un revés decisivo para los persas, que dejó el control del mar Egeo en manos de la coalición griega. Interrumpidas las líneas de suministro marítimas con Asia Menor, Jerjes decidió retornar a Sardes; el ejército que dejó en Grecia al mando de Mardonio fue derrotado en 479 a. C. en Platea. La posterior derrota persa en Mícala, al norte de Mileto, supuso la libertad de las ciudades griegas de Asia Menor y la renuncia de Jerjes a las mismas, dejando de entrometerse en la política griega.
La batalla de Atenas, que Jerjes dirigió personalmente, es a menudo erróneamente interpretada como un enfrentamiento entre griegos y persas cuando en verdad la intención de Jerjes era castigar a los atenienses por el pillaje y la destrucción causados por sus fuerzas en las ciudades jonias de Asia Menor, ​ que estaban bajo el dominio persa. Es de destacar que para esta empresa contó con la ayuda de otras ciudades griegas, y aun del Reino de Macedonia. Jerjes tomó Atenas, y después de un breve periodo de ocupación, la abandonó, debido a que su interés no estaba en la conquista de la misma sino en castigar a aquellos que habían llevado la guerra contra otras ciudades griegas en el Asia Menor.
El hecho histórico a resaltar, por tanto, es que Jerjes no combatió contra todos los griegos, ni contra Grecia entendida como país (ya que el país de Grecia era inexistente; solo existían las polis), sino contra una alianza de ciudades griegas, contra la cual consiguió la ayuda de otras ciudades griegas de la propia Hélade, no interesadas en un frente común, bien por no sentirse amenazadas por los persas, o por haberse aliado con estos, abiertamente o en secreto, como fue el caso de los príncipes de Tesalia, de Argos, enemiga jurada de Esparta, o de los aqueos del norte del Peloponeso, no interesados en ninguna guerra.

Últimos años
De los últimos años del reinado de Jerjes poco se sabe. Se conoce que envió a sátrapas a intentar la circunnavegación de África, pero la victoria de los griegos en la Segunda Guerra Médica supuso la paulatina inmersión del Imperio aqueménida en un estado de apatía, de la cual no volvería a despertar. El mismo rey se vio involucrado en varias intrigas palaciegas, dependiendo en exceso de sus cortesanos y eunucos.
Después de los errores militares cometidos en Grecia, volvió a Persia. Allí supervisó la finalización de muchos proyectos iniciados por su padre en Susa y Persépolis, como la Puerta de las Naciones y la Sala de las cien columnas, en Persépolis, que son las estructuras más grandes e impactantes del palacio. También la conclusión de la Apadana del palacio de Darío, y el Tesoro, ambos empezados por Darío, y su propio palacio, que alcanzó el doble de tamaño del de su padre. Su gusto arquitectónico era similar al de Darío, aunque a una escala todavía más gigantesca. ​
Dejó varias inscripciones: en Van (Armenia), en el Monte Elvend (cerca de Ecbatana) y en Persépolis. En todos esos textos simplemente recogió las palabras de su padre.
En 465 a. C., Jerjes fue asesinado por Artabano, comandante de la guardia real y el más poderoso funcionario de la corte persa. Aunque Artabano llevaba el mismo nombre que el famoso tío de Jerjes, su ascenso se debió a su popularidad en los sectores religiosos de la corte y a intrigas del harén. Ideó un plan para destronar a los aqueménidas y colocó a sus siete hijos en posiciones clave del gobierno.
El 4 de agosto de este año, Artabano asesinó a Jerjes​ con la ayuda de un eunuco llamado Aspamitres. Los historiadores griegos dan versiones contradictorias sobre el suceso. Según Ctesias (en Persica 20), Artabano acusó del asesinato al príncipe heredero, Darío, primogénito de Jerjes, y persuadió a otro de los hijos de Jerjes, Artajerjes, a vengar el parricidio, matando a Darío.
Pero según Aristóteles (en Política 5-1311b), Artabano mató primero a Darío y luego a Jerjes. Cuando Artajerjes descubrió los asesinatos, mató a Artabano y a sus hijos. ​ En estas intrigas participó el general Megabizo, cuya decisión de cambiar de bando probablemente salvó a los aqueménidas de perder el trono persa.
En el libro bíblico de Ester, se menciona a Jerjes con el nombre Asuero -Aḥashverosh (Ahasuerus)-. Durante su reinado, y también en el de su antecesor (Darío I) y en el de su sucesor (Artajerjes I), muchos samaritanos pidieron ayuda al rey de Persia con acusaciones contra los judíos.
Igualmente se indica que Asuero repudió a su reina consorte Vasti, debido a que ella se negó a obedecer su orden de aparecer como reina del imperio en una fiesta que el rey había organizado para mostrar las riquezas y poderío de su reino. Según las usanzas persas, tal comportamiento por parte de la reina debía ser castigado con su inmediata destitución. Una vez hecho esto, el rey debía elegir para sí una reina, por lo que después de reunir a un considerable número de muchachas vírgenes de todo el imperio, Asuero escogió finalmente a Ester, cuyo origen judío había ocultado hasta al mismo rey.
Hamán, el agagueo, ministro del rey y proveniente de un pueblo que había sido destruido por Israel obedeciendo el mandato de Dios, aprovechó un disgusto personal con un judío de nombre Mardoqueo (primo​ y tutor de Ester), ya que este rehusaba inclinarse ante él, para convencer al rey Asuero de ordenar por decreto la destrucción del pueblo judío por no seguir sus mandatos. Tal decreto fue publicado. Sin embargo, la reina Ester, aconsejada por su primo​ Mardoqueo, halló gracia ante su esposo (el rey Asuero), y logró intervenir en favor de su pueblo al desvelarle a él su identidad judía y dejar al descubierto la trama de Hamán. Como los decretos del rey eran irrevocables, hubo de publicarse un nuevo decreto, dando al pueblo judío el derecho a defenderse de sus atacantes.
En su obra Antigüedades de los Judíos, Flavio Josefo sugiere que esta historia es real, y que tanto Ester como Vasti fueron personajes que existieron realmente. Pero Heródoto, por su parte, señaló que la reina consorte de Jerjes era Amestris, la hija de Ótanes. 

Artajerjes I (persa antiguo Artaxšacā, también Artajerjes I Macrocheir (macrojeir) y Artajerjes I Longímano) fue un rey aqueménida de Persia desde el 465 hasta el 424 a. C. ​ Sucede en el trono a su padre, Jerjes I.
El nombre de Artajerjes (persa Artaxshaca) es interpretado en Heródoto​ como "gran guerrero", aunque esto ha sido desechado por la crítica moderna, que prefiere traducirlo como "el que reina en el Arta", "el que reina en la verdad y rectitud". Artajerjes I recibe los apodos de Macrocheir en las fuentes griegas, y Longímano (Longimanus) en las latinas; ambos significan ‘el de la larga mano’.
Artajerjes era el segundo hijo de Jerjes y la reina Amestris. Su padre Jerjes murió asesinado por Artabano, un oficial de la corte, en agosto​ del año 464 a. C.; Artajerjes ascendió al trono recién en diciembre del mismo año, por aquel entonces tenía alrededor de veinte años. Las fuentes​ nos dicen que Artajerjes, engañado por Artabano, mató a Darío (primogénito de Jerjes) creyéndolo asesino de su padre, pero luego ejecutó a los verdaderos culpables. Aunque los detalles (por la naturaleza de las fuentes, tardías y basadas en rumores de corte) no se pueden tomar al pie de la letra, el contexto general refleja una sucesión conflictiva.
Un nuevo pretendiente, que se trataría de Histaspes, otro hijo de Jerjes, se alzó en la satrapía de Bactriana, pero fue derrotado al poco tiempo.
Los desórdenes internos por los que pasaba el Imperio persa fueron aprovechados por el líder libio Inaro para rebelarse en el Bajo Egipto. Con la ayuda de mercenarios atenienses, las primera expedición, comandada por el sátrapa Aquemenes, tío de Artajerjes, fue derrotada en Papremis hacia el 460 a. C. Aquemenes fue muerto por los rebeldes, y las tropas persas se refugiaron en el "Castillo Blanco" -la ciudadela- de Menfis.
En el 456 a. C., un ejército persa comandado por los sátrapas Megabizo y Artabazo reprimió la rebelión egipcia. Los mercenarios atenienses huyeron a Cirene, mientras que Inaro fue capturado y crucificado años más tarde. ​


Artajerjes y Grecia
La política de Artajerjes con respecto a Grecia se concentró en el debilitamiento del predominio naval de la Liga de Delos, afianzado tras la batalla del Eurimedonte (c. 468 a. C.). Cerca de 457 a. C. una embajada persa fue enviada a Esparta para que ésta le declare la guerra a Atenas, y así apartar la atención ateniense de Egipto. La embajada fue infructuosa, y luego de la victoria persa en Egipto hubo enfrentamientos con Atenas en Chipre (c. 450 a. C.).
El progresivo retroceso frente a la Liga de Delos y las derrotas en Chipre habrían llevado al establecimiento (hacia 449 a. C.) de la llamada Paz de Calias, la cual, según Diodoro Sículo, presentaba las siguientes cláusulas:
·       Se le concede la autonomía a las ciudades jónicas de Asia Menor
·       Ningún sátrapa persa tiene jurisdicción sobre la costa del mar Egeo.
·       Se prohíbe la navegación persa en el mar Egeo.
·       Atenas no puede intervenir en los territorios persas. 
Si bien se tienen dudas sobre la existencia y el contexto de este tratado, el fin de las hostilidades directas entre la Liga de Delos y Persia hacen pensar en, por lo menos, un acuerdo verbal entre ambas partes, aunque se cree que su contenido era diferente al que es expuesto por Diodoro Sículo.

Retrato Bíblico en el Libro de Esdras
Artajerjes encargó a Esdras un sacerdote-escriba judío, a través de una carta de decreto, que se encargara de los asuntos eclesiásticos y civiles de la nación judía. Una copia de este decreto aparece en el Libro de Esdras, 7:13-28.
Esdras entonces abandonó Babilonia en el primer mes del séptimo año (aproximadamente 457 a. C.) del reinado de Artajerjes, al frente de una compañía de judíos que incluía a sacerdotes y levitas. Llegaron a Jerusalén el primer día del quinto mes del séptimo año (Calendario hebreo).
La reconstrucción de la comunidad judía en Jerusalén había comenzado bajo Ciro el Grande quien había permitido a los judíos cautivos en Babilonia regresar a Jerusalén y reconstruir el Templo de Salomón. Una serie de judíos liderados por Zorobabel (descendiente del rey David) había en consecuencia regresado a Jerusalén en el año 537 a. C.
Artajerjes construyó en Persépolis un palacio, del que hoy quedan prácticamente sólo los cimientos, y completó la llamada "Sala de las Cien Columnas" (la sala del trono), iniciada por Jerjes. Se cree que, siguiendo el precedente de Jerjes y Darío, fue enterrado en Naqsh-e Rostam (seis kilómetros al norte de Persépolis), aunque la tumba que se le atribuye es anónima. 

Inscripciones
La mayor parte de sus inscripciones reales han sido halladas en Persépolis. Están escritas tanto en persa como en babilonio y elamita, y son menores en extensión y cantidad que las de sus predecesores.
Las fuentes griegas nos pintan un Artajerjes firme en cuanto a política exterior, pero débil frente a la corte y las mujeres de la familia real. Continuamente relacionan los hechos políticos con deseos de venganza o intrigas amorosas. Un problema abierto está en determinar cuánto hay en esto de rumores de la época, de inserciones literarias de los autores o de prejuicios de la sociedad griega, y cuánto refleja con cierto grado de veracidad la vida de la corte en tiempos de Artajerjes.
Entre las mujeres que se nos presentan con roles centrales dentro del reinado de Artajerjes están su madre Amestris y su hermana Amitis, esposa del sátrapa Megabizo. Damaspia, la reina, dio a luz un único hijo, el futuro Jerjes II. Según Ctesias, Artajerjes tuvo diecisiete hijos más, de los cuales Sogdiano y Oco (futuro rey Darío II) disputarían el trono con Jerjes II. Su hija Parisátide sería reina de su medio hermano Darío II, con quien engendraría al futuro rey Artajerjes II. 
Jerjes II fue un rey persa, hijo y sucesor de Artajerjes I. Tras un reinado de cuarenta y cinco días, fue asesinado en 424 a. C. por orden de su hermano Sogdiano, que fue asesinado a su vez por Darío II.
Es un personaje histórico poco conocido, esencialmente por los escritos de Ctesias. Era supuestamente el único hijo legítimo de Artajerjes I y de su esposa Damaspia. Se sabe que ejerció como príncipe heredero de Persia.
La última inscripción que menciona a Artajerjes I en vida puede ser fechada el 24 de diciembre de 424 a. C. Jerjes aparentemente tomó el trono, pero dos de sus hermanos ilegítimos lo reclamaron. El primero era Sogdiano, hijo de la concubina Alogine de Babilonia. El segundo era Oco, hijo de la concubina Cosmartidene de Babilonia. Él se casó con su hermanastra Parisátide, la hija de Artajerjes I y de la concubina Andia de Babilonia.
Supuestamente Jerjes sólo era reconocido en Persia y Sogdiano en Elam. La primera inscripción de Darío II puede ser fechada el 10 de enero de 423 a. C., era ya sátrapa de Hircania y pronto fue reconocido por los medos, babilonios y egipcios.
Fue supuestamente embriagado y asesinado por Farnacias y Menostanes a las órdenes de Sogdiano.
Aunque Sogdiano ganó aparentemente el apoyo de sus regiones, murió unos meses más tarde. Darío II llegó así a ser el único gobernante del Imperio aqueménida reinando hasta 404 a. C. 

Sogdiano fue brevemente rey de Persia durante el año 423 a. C. Era hijo bastardo del rey Artajerjes I y Alogine, una concubina babilona. Es conocido principalmente gracias al historiador griego Ctesias de Cnido.
Cuando Artajerjes murió fue sucedido por Jerjes II, su único hijo legítimo, pero éste fue asesinado a su vez por Sogdiano y el eunuco Farnacias, después de reinar 42 días. Sogdiano se hizo con el trono, pero después de 6 meses y 15 días fue derrotado y muerto por su medio hermano Darío II Oco.
El último documento babilonio fechado en el reinado de Artajerjes I data del 24 de diciembre de 424 a. C. El próximo rey mencionado en los documentos es Darío II (el 10 de enero de 423 a. C.) siendo omitidos tanto Jerjes II como Sogdiano. Es posible, entonces, que la guerra fratricida se haya desatado apenas muerto Artajerjes, y que la autoridad de Darío haya sido reconocida en Babilonia desde un primer momento. 

Darío II, en persa antiguo: Dārayavahusch, Dārayavausch, llamado originalmente Oco y a menudo con el apodo de Noto (posiblemente del latín nothus, «viento austral», o noto, "nódulo", «tumor», en el sentido de «advenedizo», «bastardo»), fue rey de Persia de 423 a 404 a. C.
Artajerjes I, murió poco después del 24 de diciembre de 424 a. C., sucediéndole su hijo Jerjes II. Después de un mes y medio Jerjes fue asesinado por su hermano Sogdiano. Su hermano ilegítimo, Oco, sátrapa de Hircania, se rebeló contra Sogdiano con el apoyo del eunuco Artoxares, Arbario, el comandante de la caballería, y Arsames, sátrapa de Egipto. Tras una breve lucha, Oco mató a Sogdiano, y más tarde zanjó la tentativa de traición de su propio hermano Arsites para imitar su ejemplo.
Oco adoptó el nombre de Darío. Sólo en textos más tardíos (del historiador Pausanias) recibe el epíteto de Noto («el viento del Sur» o «el advenedizo»; «el bastardo»). Ni Jerjes II ni Sogdiano están registrados en las numerosas tablillas babilonias de Nippur, en estas el reinado de Darío II sigue inmediatamente después al de Artajerjes I.
Del reinado de Darío sabemos muy poco, sólo que él era bastante dependiente en su esposa Parisátide. En los primeros años de su reinado, tuvo que hacer frente a la rebelión del sátrapa Pisutnes y a las conspiraciones del eunuco Artoxares. Una rebelión de los medos en 409 a. C. es mencionada por Jenofonte. En los textos de Ctesias se registran algunas intrigas del harén, en los que ganó parte de su mala reputación.
No se entrometió en asuntos griegos, ni cuando los atenienses apoyaron en 413 a. C. al rebelde Amorges en Caria le provocó, ni cuando el poder ateniense fue roto en el mismo año ante Siracusa.
Dio las órdenes a sus sátrapas de Asia Menor, Tisafernes y Farnabazo II, para retrasar el envío de tributos de los pueblos griegos, y así empezar una guerra con Atenas, para este propósito se aliaron con Esparta. En 408 a. C. mandó a su hijo Ciro el Joven al Asia Menor, para continuar la guerra con más ardor. En 404 a. C. Darío II muere, después de un reinado de diecinueve años, sucediéndole Artajerjes II. 

Artajerjes II Mnemón (c. 436 - 358 a. C.) fue rey de Persia desde 404 a. C. hasta su muerte. Su nombre original era Arsaces, pero adoptó el de Artajerjes como nombre de trono.
Defendió su pretensión al trono contra su hermano menor Ciro el Joven, el cual fue derrotado y muerto en la batalla de Cunaxa en el año 401 a. C., y contra un levantamiento de los sátrapas (gobernadores) de las provincias occidentales (366 - 358 a. C.).
También se enfrentó en una guerra contra los espartanos (otrora aliados del Imperio aqueménida), los cuales, bajo Agesilao II, invadieron Asia Menor. Para vencer a los espartanos, Artajerjes sobornó a Atenas, Tebas y Corinto, ciudades que se levantaron contra Esparta, iniciando la Guerra de Corinto. En 386 a. C. Artajerjes II, abandonando a sus aliados, pactó con Esparta la Paz de Antálcidas. Este tratado devolvió el control de las ciudades griegas de Jonia y Eolia en la costa de Anatolia a los persas, mientras dejaba a Esparta como poder dominante en la Grecia peninsular.
A pesar de su éxito en Grecia, Egipto, que se había rebelado con éxito a principios de su reinado, permanecía independiente. El intento de reconquistar Egipto en 373 a. C. fue un fracaso total, pero en sus últimos años los persas lograron aplastar a un ejército conjunto egipcio-espartano que pretendía conquistar Fenicia.
Gran parte de la riqueza de Artajerjes se empleó en actividades de construcción
·       En Susa: restauración del palacio de Darío I​ y de las fortificaciones, incluyendo un baluarte en la esquina sudoriental del recinto.
·       En Ecbatana: construcción de una apadana y nuevas estatuas. 
En cambio no hay evidencias de mucha actividad en Persépolis.

Artajerjes III Oco, en persa antiguo Artaxšaçrā, (425 a. C. - 338 a. C.) fue un rey aqueménida que gobernó el Imperio persa desde el año 358 a. C. y Egipto desde el 343.
Hijo y sucesor de Artajerjes II y su esposa Estatira, poco después de ascender al trono mató a muchos de sus parientes, para proteger a Persia de posibles guerras civiles. En 343 a. C. Artajerjes avanzó con su ejército hacia el oeste, arrasó Sidón, derrotó a Nectanebo II de Egipto, e hizo que el país volviera a ser una satrapía persa al convertirse en el primer faraón de la trigésima primer dinastía.
Según Diodoro Sículo, Artajerjes fue asesinado en 338 a. C. por su visir, Bagoas, aunque el dato se contradice con textos cuneiformes existentes. 
Darío, el mayor de los hijos de Artajerjes II, participó en una conspiración para asesinar a su padre, que escapó de ella. Darío fue ejecutado y se nombró heredero a Ariaspes, un príncipe tranquilo y popular. Pronto los conspiradores, entre los que se encontraba el tercer hijo del rey, Ocos, y el comandante de la guardia real Tiribazus, convencieron a Ariaspes de que el rey sospechaba de él, y se suicidó. El siguiente heredero fue Arsames, asesinado también. En el año 358 a. C. Artajerjes II murió y Ocos fue nombrado Sah adoptando el nombre de Artajerjes III. Su primera orden fue la ejecución del resto de sus hermanos, para asegurarse el trono. Durante todo su reinado practicó una política de terror.
El mismo año 358 organizó una campaña contra los rebeldes cadusis, sometiéndolos. Más tarde ordenó a las distintas satrapías de Asia Menor desmovilizar a todos los mercenarios griegos de los ejércitos. La orden afectó a guerreros eficaces y muchos griegos fueron devueltos a Atenas y a Esparta. Artabazo II se negó a obedecer, pidió ayuda a Atenas y se rebeló. Atenas y Orontes I, sátrapa de Armenia, enviaron ayuda a Sardes, y consiguieron derrotar al ejército persa en el 354 a. C., aunque fueron vencidos por Artajerjes el año siguiente. Orontes fue perdonado pero Artabazo tuvo que exiliarse, buscando refugio en la corte de Filipo II de Macedonia.
Cerca del 351 a. C. Artajerjes emprendió una campaña para recuperar Egipto, que se había rebelado durante el reinado de su padre. Al frente de un gran ejército se enfrentó a Nectanebo II, pero éste recibió la ayuda de los generales griegos Diofanto y Lamio e infligió una derrota a los persas. A la vez estalló una rebelión apoyada por Tebas en Asia Menor, y Artajerjes tuvo que retirarse.
Tras esta derrota los gobernantes de Fenicia, Asia Menor y Chipre declararon su independencia. En el 343 a. C. Artajerjes confió la campaña contra los rebeldes chipriotas al príncipe Idrieus de Caria, que al frente de 8.000 mercenarios griegos dirigidos por el ateniense Focio y por Evagoras, hijo del anterior monarca de Chipre, que aplastaron la revuelta.
Artajerjes inició una contraofensiva contra Sidón delegando en Belysis y Mazaeo, sátrapas de Siria y Cilicia, para invadir la ciudad y derrotar a los fenicios. Tabnit II, rey de Sidón, ayudado por 40.000 mercenarios griegos que le envió Nectanebo II bajo las órdenes de Mentor de Rodas, expulsó a los persas de Fenicia, así que Artajerjes procedió contra Sidón en persona al frente de 330.000 hombres. El avance de las tropas provocó la defección de Mentor que se pasó al ejército persa; atemorizado, Tabnit intentó comprar su perdón entregando cien de los ciudadanos principales de Sidon al rey persa. Artajerjes los alanceó, y cuando 500 más salieron a suplicar hizo lo mismo. Sidón fue arrasado, Tabnit asesinado, y los ciudadanos supervivientes fueron enviados como esclavos a Babilonia y Susa. 

Segunda campaña egipcia
Tras acabar con las rebeliones, Artajerjes reunió en el 343 a. C. un ejército compuesto sus 330.000 asiáticos, 14.000 griegos enviados por las ciudades griegas del Asia Menor, 4.000 mercenarios de Mentor (las tropas egipcias con las que había ayudado a Tabnit de Sidón), 3.000 guerreros enviados por Argos y 1.000 por Tebas. Los dividió en tres cuerpos y colocó al frente de cada uno a un persa y un griego: los comandantes griegos eran Lacrates de Tebas, Mentor de Rodas y Nicostrato de Argos, y los persas eran Rosaces, Aristazano y Bagoas, el jefe de los eunucos.
Nectanebo II resistió con un ejército de 100.000 hombres, 20.000 de los cuales eran mercenarios griegos, y ocupó el Nilo y varios de sus brazos con su marina de guerra. El carácter del país, cruzado por numerosos canales y lleno de ciudades muy fortificadas, estaba en su favor y podría haber presentado una gran resistencia, pero carecía tanto de buenos generales como de dotes de mando y sufrió una derrota en Pelusio huyendo a Memfis y abandonando las ciudades a la defensa de sus guarniciones. Estas eran una mezcla de griegos y egipcios entre los que los persas sembraron fácilmente la discordia conquistando rápidamente las ciudades del Bajo Egipto, y avanzaban sobre Menfis cuando Nectanebo abandonó el país y se refugió en Napata, Nubia. ​ Todo Egipto se sometió a Artajerjes, que demolió las murallas de las ciudades, saqueó los templos, y repartió un rico botín entre sus mercenarios y él mismo. Antes de su regreso, nombró sátrapa a Ferendares. Hay indicios de una segunda campaña en el 341 a. C. en la que Persia se anexionó el sur de Egipto.
Egipto formó parte del Imperio persa hasta su conquista por Alejandro Magno en el 332 a. C.
Después de la conquista de Egipto no hubo más rebeliones en el Imperio. Mmentor y Bagoas, los dos generales que más se habían distinguido en la campaña de Egipto fueron elevados a puestos de gobierno: Mentor, se convirtió en gobernador de la zona litoral asiática, y sometió con éxito a los distintos cabecillas que se habían independizado. Bagoas fue a la capital con Artajerjes y se convirtió en la figura principal de la administración interna, y mantuvo la tranquilidad en el resto del Imperio. Durante los seis años del reinado de Artajerjes el imperio persa tuvo un gobierno fuerte y acertado.
El éxito en Egipto trajo un nuevo sentido del renacimiento al imperio, haciendo notar su poder a los países vecinos. Las fuerzas persas en Jonia y Licia recuperaron el control del Egeo y Mediterráneo y asumieron el control de muchas de las islas que habían pertenecido a Atenas, por lo que Isócrates de Atenas comenzó a predicar una cruzada contra los bárbaros, llamamiento si éxito porque ninguna de las ciudades-estado eran lo suficientemente fuertes. En el 341 a. C. Artajerjes volvió a Babilonia, en donde construyó una gran Apadana (sala de audiencias) cuya descripción nos legó Diodoro. 

Construcciones
Además de la construcción de la Apadama de Babilonia hay evidencias de que siguió una política de renovación arquitectónica en Persépolis, política que quedó inacabada debido a su temprana muerte. Una de sus construcciones en Persepolis fue la Sala de las treinta y dos columnas, cuyo destino es desconocido. El Camino del ejército y la Puerta inacabada, que llevaban a la Puerta de todas las naciones y a la Sala de las cien columnas son restos de sus construcciones en Persépolis.
La Puerta inacabada.

La escalera y las figuras talladas que adornaban el ala izquierda del Palacio de Tachara también fueron agregadas durante su reinado. Su tumba fue excavada en la montaña detrás de la plataforma de Persepolis, junto a la de su padre.
Artajerjes II tuvo más de 115 hijos de muchas esposas, pero algunos de los hermanos de Oco más conocidos fueron los príncipes Arsames, Ocha, Darío y Ariaspes, y las princesas Apama, Rodogune y Sisygambis.
Contrajo matrimonio con Atossa, y tuvo dos hijos: Arsés que fue su heredero con el nombre de Artajerjes IV y la princesa Parysatis. 

Artajerjes IV Arsés, rey de Persia de la dinastía aqueménida (338-336 a. C.). Es conocido como Arsés en las fuentes griegas, y probablemente fuera ese su verdadero nombre antes de ascender al trono, cuando eligió entonces el nombre de Artajerjes como otros reyes persas anteriores, incluido su padre y su abuelo.
Era el hijo menor de Artajerjes III Oco, y no era esperada su sucesión al trono de Persia; ésta se produjo tras el asesinato de su padre y de gran parte de su familia por el eunuco Bagoas, el poderoso visir que había urdido su plan de venganza debido a su caída en desgracia ante Artajerjes. Bagoas planificó seguir en su cargo reemplazando a Artajerjes por su hijo Arsés, el cual Bagoas pensaba que sería más fácil de controlar. Arsés resultó ser poco más que un soberano títere durante su efímero reinado, mientras Bagoas era quien ocupaba el poder realmente tras el trono.
Descontento con esa situación de dependencia de Bagoas, y posiblemente bajo la influencia de los nobles de la corte, que despreciaban al eunuco, Arsés decidió finalmente la eliminación de Bagoas. Sin embargo, el visir actuó de nuevo en primer lugar ante la amenaza contra su persona, y consiguió envenenar a Arsés (336 a. C.). A continuación, el visir escogió a un primo segundo de Arsés para ocupar el trono persa, quien gobernaría como Darío III.
El aspecto principal del breve reinado de Arsés fue la creciente hostilidad en la frontera occidental del Imperio persa con el reino de Macedonia durante el reinado de Filipo II y Alejandro III, que finalmente desembocaría en guerra durante el reinado del sucesor de Arsés, Darío III. 

Darío III Codomano,  último rey persa de la Dinastía Aqueménida (338-330 a. C.).
En el año 338 a. C. el visir y eunuco Bagoas, jefe de la guardia real, envenenó al rey Artajerjes III, y promovió el ascenso de Arsés, hijo de Artajerjes. Sin embargo, ante el riesgo de que Arsés pudiera eliminarle, envenenó a Arsés a principios del año 336 a. C., e intentó instalar en el trono a un nuevo monarca que le resultara más fácil de controlar. Eligió para este fin a Darío, miembro relativamente lejano de la dinastía real, que se había distinguido en combate de campeones durante la guerra contra los cadusios (cadusii) del noroeste de Irán (Juniano Justino, 10.3; Diodoro, Biblioteca histórica 17.6. 1-2), y que servía en ese momento como mensajero real (Plutarco, Vida de Alejandro, 18.7-8).
Darío era hijo de Arsames, hijo a su vez de Ostanes (hermano de Artajerjes II), y de Sisigambis, hija de Artajerjes II Mnemón; el apelativo Codomano parece ser una forma adaptada al griego de su verdadero nombre, antes de adoptar el de Darío, para así evocar a Darío I y ganar legitimidad sobre el trono. El nuevo rey pronto demostró ser más independiente y capacitado de lo esperado por Bagoas, que intentó recurrir de nuevo al veneno para eliminar al rey persa. Sin embargo, esta vez no tuvo éxito, ya que Darío, prevenido de las intenciones de Bagoas, le ordenó beber de la copa envenenada que éste le ofrecía (Diodoro, op. cit. 17.5.6).
Representación de Darío III (zona central) luchando contra Alejandro Magno (a la izquierda) en la batalla de Issos. Mosaico hallado en la Casa del fauno, en Pompeya, Italia. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. 

El nuevo rey trató de afirmar su control sobre un imperio inestable, en el cual muchos de sus territorios eran gobernados por sátrapas celosos de sus prerrogativas y poco leales, y poblados por súbditos descontentos y siempre dispuestos a la rebelión. Trató de afirmar el poderío persa de cara al exterior mediante la conquista de Egipto (334 a. C.), tras una campaña militar que debía demostrar el resurgimiento del poder aqueménida, si bien resultó ser la última conquista del imperio persa como tal.
Respecto al panorama exterior, hubo de prepararse ante la amenaza que suponía el rey Filipo II de Macedonia. En el año 336 a. C. Filipo había sido nombrado Hegemon por la Liga de Corinto para comandar el ejército greco-macedonio en la guerra panhelénica de venganza contra el Imperio persa, por la destrucción y el incendio de los templos de la Acrópolis ateniense durante la Segunda Guerra Médica. Filipo destacó un ejército hacia Asia Menor, bajo el mando de sus generales Parmenión y Átalo, para liberar a las ciudades griegas que estaban bajo el control persa, ocupando tras diversos contratiempos la Tróade hasta el río Meandro. Sin embargo, el asesinato de Filipo detuvo la campaña militar, mientras su sucesor intentaba hacerse con el control de Macedonia y del resto de Grecia. 

La guerra contra Alejandro
En abril del año 334 a. C., Alejandro III de Macedonia, que había sido confirmado como Hegemon por la Liga de Corinto, invadió Asia Menor a la cabeza de un ejército conjunto greco-macedonio. Tras desembarcar en la Tróade, tomó varias ciudades y aldeas de la costa egea (Lámpsaco entre ellas). Un ejército aqueménida de unos 50.000 efectivos, al mando de Memnón de Rodas, plantó cara al rey macedonio, siendo derrotado en la batalla del Gránico. Tras esta victoria, las fuerzas greco-macedonias avanzaron por la costa mediterránea en dirección a las Puertas Cilicias. Ante este avance, en 333 a. C. el propio Darío asumió el mando de los ejércitos persas para luchar contra el rey macedonio, pero su numeroso ejército fue ampliamente superado y derrotado en la batalla de Issos (12 de noviembre de 333 a. C.). Darío huyó cuando comprobó que la batalla estaba perdida, dejando atrás su carro, el campamento persa y a su propia familia, todo lo cual fue capturado por Alejandro, quien trató con respeto a los prisioneros reales.
El ejército macedonio se dirigió entonces hacia el sur, para conquistar Canaán y Egipto, y asegurar así su retaguardia antes de marchar hacia el corazón del Imperio aqueménida. Darío envió varios mensajes sin éxito a Alejandro, en los cuales llegó a solicitar la devolución de su familia a cambio de un rescate, y a ofrecer al rey macedonio la posesión de los territorios situados al oeste del Éufrates para así finalizar la contienda. La negativa de Alejandro obligó a Darío a realizar una leva general en todas las satrapías del Imperio que aún controlaba. Reunió así un numeroso ejército, que incluía contingentes de numerosos pueblos sometidos (bactrianos, sogdianos, escitas, partos, árabes, armenios, medos, indios, etc.), y que algunos autores clásicos estimaron en un millón de infantes, cien mil jinetes, doscientos carros con hoces afiladas en las ruedas, y quince elefantes de guerra. Darío concentró su ejército en Babilonia, y al ver el resuelto avance de Alejandro desde Egipto, seleccionó cuidadosamente en Mesopotamia el campo de batalla, escogiendo para tal fin la llanura de Gaugamela, cien kilómetros al oeste de la ciudad de Arbela (la actual Arbil, en Irak), para no cometer el mismo error que en Issos, donde la estrechez del campo había sido un inconveniente crucial en su derrota.
La familia de Darío frente a Alejandro Magno, obra de Justus Sustermans conservada en la Biblioteca Museo Víctor Balaguer de Villanueva y Geltrú 

Alejandro llegó a las inmediaciones de la llanura a finales de septiembre de 331 a. C., con un ejército de 40.000 infantes y 7.000 jinetes, situando su campamento a 10 km del campamento persa. Poco antes de entablar combate, Estatira, esposa y hermana de Darío, falleció durante el parto del hijo que esperaba (Plutarco, Vida de Alejandro, 21.2-5). 

Derrota y muerte
Alejandro prosiguió la conquista del imperio aqueménida, ahora con Bessos como su rival (quien se había autoproclamado emperador de Persia con el nombre de Artajerjes V) y con la excusa de vengar la muerte de Darío. No obstante, su duelo por Darío fue sincero: ordenó el traslado de su cuerpo a Ecbatana fuertemente custodiado, donde fue embalsamado y entregado a su madre para que oficiase los funerales por su hijo en Persépolis. Igualmente, una vez que Alejandro hubo capturado a Bessos, mandó condenarlo y ejecutarlo según las leyes persas por el asesinato de su soberano.
Huida de Darío en la batalla de Gaugamela. Relieve en marfil del s. XVIII (M.A.N., Madrid).

Uno de los factores importantes a la hora de dar la victoria a los persas y posteriormente poder mantener la unidad del imperio, era el respeto de éstos hacia las religiones y creencias de los pueblos que conquistaban. 
En este sentido, los persas aqueménidas mostraban una tolerancia poco común en aquella época, tolerancia que iba más allá por cuanto no sólo permitían que los pueblos conquistados siguiesen adorando sus dioses sino que además ellos mismos se convertían en adoradores de esos dioses. Así, por poner un ejemplo, cuando Ciro el Grande conquistó Babilonia, no solo permitió el culto de uno de los dioses principales de los babilonios, Marduk, sino que el propio rey Ciro se proclamó adorador del mismo. Otro caso muy conocido de tolerancia persa, en este caso también de Ciro y también durante su conquista de Babilonia, es el haberle permitido a los judíos que lo desearan y que estaban allí cautivos, regresar a su tierra y reconstruir su templo. Este hecho, que ha quedado registrado en la Biblia, ha supuesto que Antiguo Testamento haya visto a Ciro no solo como un rey justo y ecuánime sino como el instrumento de Yahvé para hacer cumplir su voluntad. La declaración que se conserva de Ciro al conquistar Babilonia es considerada por los estudiosos como la primera declaración de los derechos humanos.
Declaración de Ciro al conquistar Babilonia. Este cilindro, escrito en babilonio, es considerada la primera Declaración de los Derechos Humanos. 

El Rey y su carácter divino 
Estaba en la cumbre del gobierno. Su poder era absoluto. Recibía el poder de la divinidad y era nombrado por ella (Ahura-Mazda), de la que era representante y vigilante. Ante su poder divino todos le hacían reverencia hasta el suelo. 
Las principales características del poder del monarca eran: 
·       Absolutismo despótico alentado por la aplicación del derecho y la justicia. 
·       Jefe Supremo del ejército y modelo a seguir. 
·       Su figura era inaccesible, rodeado de un gran protocolo real. 
·       Su título era "Gran Rey" o "Rey de reyes".   

Administración central y provincial 
El rey dirigía personalmente el gobierno, aunque rodeado de amigos y consejeros. El Hazarapatish era el Gran Visir y jefe de la Guardia Real, directo responsable de algunas funciones administrativas. Los príncipes reales desempeñaban funciones en la Corte o como gobernadores.
Las satrapías: Por su enorme extensión, el Imperio estaba dividido en provincias (satrapías), cuyo número varía según las fuentes (entre 20-24 y 28). Al frente de cada una estaba un sátrapa o gobernador con atribuciones muy amplias. Sacaba a sus tropas para las grandes batallas. A los sátrapas se les puede considerar la primera afrenta contra las libertades locales. Los parientes del rey formaban parte de su gobierno y eran compensados con grandes donaciones. 
Dependían del rey, y eran bastante autónomos. Se les puede considerar virreyes. Su función principal era recaudar impuestos, para lo cual el Imperio se dividía en distritos. Algunos pagaban en especies.  
Las principales satrapías fueron: 
·       Mesopotamia: Satrapía XI (Babilonia y Asiria). 
·       Asiria: Satrapía XI. 
·       Siria: Satrapía V. 
·       Fenicia: Satrapía V. 
·       Egipto: Satrapía VI (últimas dinastías egipcias).  
Los virreinatos o satrapías que componían el imperio eran las siguientes: Pérside, Elam o Susiana, Caldea, Asiria, Arabaya (que la componía Mesopotamia, Palestina, Fenicia y Siria), Egipto, los pueblos del mar (Chipre y Cilicia), Lidia y Misia, Media, Armenia, Capadocia, Partia e Hircania, Zarangia, Aria, Joresmia, Bactriana, Sogdiana, Gandaria, Sacastena, Aracosia y los Maka (en el estrecho de Hormuz). Hay que decir que el número de éstas no fue fijo ya que al final del reinado de Darío llegaron a ser 31.  
Es curioso observar cómo la unidad y solidez del imperio persa se mantuvo hasta finales del reinado de Artajerjes III (338) muy poco antes de la conquista de Alejandro. 
Otros dignatarios eran: 
·       Secretario o Canciller: vigilaba y denunciaba al sátrapa ante la Corte, haciendo un papel policíaco. 
·       General: controlaba las tropas. 
·       Gobernador: particular para cada fortaleza.  

Economía y sociedad 
El dárico (oro) y el siclo médico (plata) fueron las principales monedas. Gran práctica de la concesión de tierras por parte del rey como pago a soldados y funcionarios. El feudalismo era un sistema de lealtad a cambio de beneficios, normalmente tierras. En este sentido, Persia era feudal, reservando para el rey la propiedad. 
El dárico era la principal moneda, y el siclo era 1/20 de dárico. Otras monedas divisorias fueron acuñadas en diferentes ciudades. Se utilizaban para comerciar con Occidente, aunque el Tesoro sólo aceptaba el pago de impuestos en metal y la plata por su peso, utilizándose la moneda de plata como moneda de cuenta. Gracias a las pesadas tributaciones, los reyes atesoraban grandes cantidades de materiales preciosos. 
Destacar los Bancos privados, que aparecen en el siglo VII a.C. cuando los templos ya no se bastaban para regular la vida económica, declinando sus funciones en favor de hombres de negocios. Pero los templos, aunque empobrecidos, seguían siendo centros de actividad, y de ellos sacaba beneficios una aristocracia sacerdotal.  

Respecto a las clases sociales 
·       La Nobleza: ocupaban los grandes cargos en las provincias, la Corte y el ejército. 
·       Clases bajas: siervos del templo, feudatarios del rey, semilibres, artesanos, obreros, etc.  
Las relaciones sociales tenían gran complejidad debido a la diversidad de población, mezcla que tuvo una gran importancia cultural y religiosa. 

Política y Administración
El Imperio aqueménida fue un estado multinacional dominado por los persas, en el que los cargos de importancia correspondían a miembros de esta etnia Continuamente se subraya, en las inscripciones reales, la condición de persa (o, más concretamente, de ario) del rey, de su familia y de su dios, Ahura Mazda. 
Parece, sin embargo, que los diferentes pueblos del Imperio, y muy especialmente aquellos de mayor antigüedad, como asirios, babilonios, judíos o egipcios, disfrutaron de una gran autonomía, y pudieron conservar sus costumbres, sus instituciones, su lengua y su religión, en tanto que la administración quedaba bajo control persa. Este respeto a la individualidad de los diferentes pueblos sometidos se pone de manifiesto, por ejemplo, en los relieves de las escalinatas que llevan a la apadana de Persépolis que tenía una función ceremonial relacionada con la recepción de los tributos, en los que se muestran las diferentes ofrendas: por ejemplo, de Arabia se llevan tejidos, camellos e incienso; de Nubia vasijas, colmillos de elefante, okapis, jirafas, tributos de oro refinado, troncos de ébano; de Bactria, vasijas y camellos. Cada grupo se diferencia claramente de los demás por su atuendo.
El centro administrativo del Imperio se encontraba en el palacio real, con un complicado aparato burocrático. Desde la época de Darío, la sede real se situó en la ciudad de Susa, aunque el monarca pasaba temporadas en Babilonia y Ecbatana. Las ciudades más importantes de Fars, Pasargada y Persépolis, no fueron nunca sedes de gobierno.Entre los logros del reinado de Darío se incluyen una codificación de los datos, un sistema legal universal sobre el que se basaría gran parte de la ley irania posterior, y la construcción de una nueva capital en Persépolis, donde los estados vasallos ofrecerían su tributo anual en la fiesta del equinoccio de primavera.

Organización Social
La organización social del Imperio es poco conocida. La mayoría de los investigadores opina que persistía la división en tres estratos o castas característica, según Georges Dumézil, de los pueblos indoiranios e indoeuropeos en general, que aparece reflejada en el Avesta: guerreros, sacerdotes y campesinos.
Estrechamente imbricada con esta división en tres castas, existía una estructura tribal basada en la ascendencia patrilineal. Según Heródoto (i, 125), en época de Ciro el Grande la sociedad persa estaba formada por numerosas tribus, "eran los arteatas, los persas propiamente dichos, los pasagardas, los merafios y los maios". Cada tribu se dividía a su vez en clanes: los aqueménidas eran, de hecho, un clan perteneciente a la tribu de los pasagardas.
Los cargos de la administración imperial estaban reservados a los miembros de las principales familias de la aristocracia, aunque no era suficiente con la pertenencia a la nobleza: había que contar también con el favor del rey, que era quien disponía los nombramientos y distribuía los cargos en los territorios conquistados.
La práctica de la esclavitud en la Persia aqueménida estaba en general prohibida, aunque hay evidencia de que los ejércitos conquistados o rebeldes eran vendidos en cautiverio Según atestiguan los documentos de Persépolis, los trabajadores que dependían del Estado en la región de Parsa no eran esclavos sino asalariados.
De acuerdo con Pierre Briant, un aspecto fundamental del sistema político aqueménida era la circulación de prestaciones de servicio personal hacia el rey, y de dones y honores desde el rey. Tanto en las inscripciones reales como en los autores clásicos se puede observar la importancia que se le otorgaba a la noción de recompensar al servidor leal. Los dones reales incluían vestimenta y joyería de lujo, que marcaban el prestigio y la posición social de sus portadores, así como títulos y cargos de poder. 
Esta circulación de dones y honores constituía un sistema de intercambio desigual entre el rey y la nobleza. Mientras que el don del rey obligaba al súbdito a contraprestarlo con servicios, el rey se reservaba el modo y el tiempo de recompensar a sus benefactores, en caso de que lo juzgara necesario. No era concebible que un súbdito le reclamase al rey una recompensa por los servicios prestados. Adicionalmente, este sistema tiene como consecuencia la ligazón del éxito de la nobleza a su lealtad al rey, en detrimento de las lealtades clánicas. Esta circunstancia se expresa en las inscripciones reales con el concepto de bandaka, interpretable como "servidor fiel". 

Economía
El Imperio aqueménida recaudaba cuantiosos impuestos, parte de los cuales se amonedaban en oro y plata acuñándose monedas como el dárico o el siclo. Gran parte de los ingresos se iban en construcción de obra pública, como la red de caminos con los que se pretendía unir las diversas partes del Imperio, el más famoso de los cuales es el Camino Real de Susa a Sardes. Darío I construyó palacios y monumentos en las capitales: Susa y Persépolis. El tercer gran gasto del Imperio lo constituía el enorme ejército.
El comercio era amplio, y bajo los aqueménidas hubo una infraestructura eficiente que facilitaba el intercambio de artículos desde los más lejanos extremos del Imperio. Las tarifas sobre el comercio eran una de las principales fuentes de ingresos del Imperio, junto con la agricultura y los tributos. 

Moneda

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/b8/Achaemenid_coin_daric_420BC_front.jpg/220px-Achaemenid_coin_daric_420BC_front.jpgDarío I fue probablemente el primer monarca aqueménida en acuñar moneda, por entonces una innovación relativamente reciente, ya que Creso, el rey de Lidia derrotado por Ciro el Grande, había sido el primero en introducir un verdadero sistema monetario. Darío revolucionó la economía introduciendo un patrón monetario bimetálico (a semejanza del lidio, según Heródoto) en oro y plata. La moneda de oro era el dárico, de unos 8,34 gramos de peso. 3.000 dáricos equivalían a un talento, la unidad monetaria más elevada. La moneda de plata era el siclo, de aproximadamente 5,56 g. de peso y de gran pureza. 20 siclos de plata equivalían a un dárico de oro. 
El sistema monetario aqueménida se mantuvo en vigor hasta ser desplazado por las acuñaciones de Filipo II y, sobre todo, de Alejandro Magno, en la segunda mitad del siglo IV a. C. Durante todo el tiempo que se mantuvieron en circulación, las monedas aqueménidas apenas variaron su aspecto. De forma aproximadamente ovalada, tanto el dárico como el siclo tienen en el anverso una figura idealizada, posiblemente el propio monarca, que aparece con un arco en su mano izquierda y una lanza en la derecha (las monedas eran popularmente conocidas entre los griegos como taxotai, "arqueros"). En el reverso hay únicamente un cuadrado incuso.
Acuñar moneda de oro era una prerrogativa real. Los sátrapas y generales, así como las ciudades autónomas y príncipes locales, solo podían acuñar monedas de plata y de cobre.

Comunicaciones
Para facilitar las comunicaciones en su extenso imperio, Darío ordenó la construcción de varias carreteras que unían Susa y Babilonia con las capitales más importantes de las satrapías. Es conocida por la descripción que de ella hace Heródoto,  la "calzada real", que unía Susa con Sardes, atravesando Asiria, Armenia, Cilicia, Capadocia y Frigia, con una longitud total de 2.600 km (13.500 estadios, o 450 pasarangas), que por regla general se tardaba tres meses en recorrer. A lo largo de la calzada, había postas situadas a una jornada de distancia las unas de las otras, y los lugares más vulnerables, como los vados de los ríos o los puertos de montaña, estaban custodiados por soldados.
Relevos de correos a caballo podían alcanzar las regiones más remotas en quince días. Sin duda otras carreteras tuvieron igual o mayor importancia, aunque fueran menos conocidas por los autores griegos: su existencia y eficaz funcionamiento ha sido constatado por las tablillas de Persépolis. El sistema postal creado por Darío despertó la admiración de Heródoto por su gran eficacia.
Un gran desarrollo alcanzaron también en época aqueménida las comunicaciones marítimas. Darío I ordenó la apertura del canal en el istmo entre el brazo oriental del Nilo y el Mar Rojo, construido por el faraón Necao II, ensanchándolo significativamente, de forma que, según Heródoto, dos trirremes podían navegar en paralelo por sus aguas. 
Como consecuencia, el comercio entre el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo se incrementó considerablemente. Por encargo de Darío, el navegante Escílax de Carianda exploró la ruta marítima entre Mesopotamia y el valle del Indo. La ruta comercial entre Mesopotamia y Egipto circunnavegaba la Península Arábiga. 

Cultura
Lengua
En el Imperio se hablaba una amplia variedad de lenguas. Los persas, al menos en la primera etapa del Imperio, utilizaban el persa antiguo, un dialecto iranio de la rama suroccidental, emparentado con el medo, perteneciente a la noroccidental. En un principio, los persas no utilizaban la escritura, y el persa antiguo solo comenzó a escribirse cuando, por orden de Darío I, se inventó una escritura cuneiforme ad hoc para la inscripción de Behistún. Probablemente eran pocos los que podían leer esta escritura, y tal vez por eso las inscripciones reales eran generalmente trilingües en persa antiguo, babilonio y elamita (añadiéndose a veces el egipcio en escritura jeroglífica). Se han hallado incluso papiros con traducciones al arameo de algunas inscripciones reales. 
El uso escrito del persa antiguo parece haberse prácticamente restringido a las inscripciones reales; hasta el momento se ha identificado tan sólo un documento administrativo en este idioma, aunque aparece también en algunos sellos y objetos artísticos. El hecho de que aparezca principalmente en inscripciones aqueménidas de Irán Oeste sugiere entonces que el persa antiguo era el idioma común de esa región. Sin embargo, en el reinado de Artajerjes II, la gramática y la ortografía de las inscripciones estaban tan "lejos de la perfección" que se ha sugerido que los escribas que compusieron aquellos textos ya habían olvidado en gran medida el idioma, y tenían que basarse en inscripciones más antiguas, que ellos en gran medida reproducían textualmente. 
Durante los reinados de Ciro y Darío, y mientras la sede del gobierno estuvo aún en Susa, en Elam, el idioma de la cancillería aqueménida fue el elamita, tanto en la región de Fars como, cabe suponer, en Elam; así lo atestiguan los documentos hallados en Persépolis que revelan detalles del funcionamiento cotidiano del Imperio. En las grandes inscripciones rupestres de los reyes, los textos en elamita siempre están acompañados de inscripciones en acadio y antiguo persa, y parece que en estos casos, los textos elamitas son traducciones de los antiguos persas. Es por lo tanto posible que aunque el elamita se usaba por el gobierno de la capital en Susa, no era un idioma estandarizado del gobierno por todos los lugares del Imperio. El uso del elamita no está comprobado después del año 458 a. C.
Después de la conquista de Mesopotamia, la lengua más utilizada en la administración para el conjunto del Imperio fue el arameo, que servía también como lengua de comunicación interregional: el hecho de que para escribirlo se utilizase un alfabeto facilitaba además las comunicaciones. De hecho, se han encontrado documentos en arameo en lugares tan distantes entre sí como Elefantina, en el Alto Egipto, Sardes, en Asia Menor, y la región de Bactriana en el extremo nororiental.  

Costumbres
Heródoto menciona que los persas celebraban grandes fiestas de cumpleaños, "En sus comidas usan de pocos manjares de sustancia, pero sí de muchos postres, y no muy buenos. Por eso suelen decir los persas que los griegos se levantan de la mesa con hambre" Del mismo modo, observó que los persas bebían vino en gran cantidad y que "después de bien bebidos, suelen deliberar acerca de los negocios de mayor importancia. Lo que entonces resuelven, lo propone otra vez el amo de la casa en que deliberaron, un día después; y si lo acordado les parece bien en ayunas, lo ponen en ejecución, y si no, lo revocan. También suelen volver a examinar cuando han bebido bien aquello mismo sobre lo cual han deliberado en estado de sobriedad".
De sus métodos de saludo, afirma que los iguales se besaban en los labios, si alguno de ellos "fuese de condición algo inferior, se besan en la mejilla; pero si la diferencia de posición resultase excesiva, postrándose, reverencia al otro". Se sabe que hombres de alto rango practicaban la poligamia, y se decía que tenían un número de esposas y un número aún mayor de concubinas. En cuanto a las relaciones con el mismo sexo, los hombres de alto rango mantenían favoritos, como Bagoas que fue uno de los favoritos de Darío III y que más tarde se convirtió en eromenos de Alejandro. La pederastia persa y sus orígenes se debatieron incluso en tiempos antiguos, considerando Heródoto que lo habían aprendido de los griegos, sin embargo, Plutarco afirma que los persas usaban chicos eunucos con tal fin mucho antes de que existiera contacto entre las culturas.
El Imperio aqueménida fue construido sobre los principios más básicos - los de la verdad y la justicia, que formaban la base de la cultura aqueménida. 
Heródoto señaló que tienen por la primera de todas las infamias el mentir, y por la segunda, contraer deudas; diciendo, entre otras muchas razones, que necesariamente ha de ser mentiroso el que sea deudor. Heródoto también dice que a los jóvenes persas, "desde los cinco hasta los veinte años, solamente les enseñan tres cosas: montar a caballo, disparar el arco y decir la verdad".  Hasta los cinco años los niños pasan todo el tiempo junto a las mujeres y nunca conocen a su padre, "y esto se hace con la mira de que si el niño muriese en los primeros años de su crianza, ningún disgusto reciba por esto su padre".
En el Irán aqueménida, la mentira, drauga, se consideraba pecado capital y era punible con la muerte en algunos casos extremos. 
Tablillas descubiertas por los arqueólogos de los años 1930 en el yacimiento de Persépolis proporcionan evidencia adecuada sobre el amor y la veneración por la cultura de la verdad durante el período aqueménida. Estas tablillas contienen los nombres de iranios corrientes, principalmente comerciantes y almacenistas. Según el profesor Stanley Insler de la Universidad de Yale, hasta 72 nombres de oficiales y pequeños burócratas encontrados en estas tablillas contienen la palabra verdad. Por ejemplo, dice Insler, tenemos Artapana, protector de la verdad, Artakama, amante de la verdad, Artamanah, de pensamiento sincero, Artafarnah, poseedor del esplendor de la verdad, Artazusta, que se complace en la verdad, Artastuna, pilar de verdad, Artafrida, que prospera con la verdad y Artahunara, que tiene la nobleza de la verdad. Fue Darío el Grande, que estableció la ordenanza de las buenas regulaciones durante su reinado. El testimonio del rey Darío sobre su constante batalla contra la mentira se encuentra en inscripciones cuneiformes. Grabada en la montaña de Behistún en la carretera a Kermanshah, Darío testimonia:
Yo no era un mentiroso, no hacía el mal... Me conduje con rectitud. No hice el mal ni al débil ni al poderoso. El hombre que cooperó con mi casa, a ese le recompensé bien; el que me hizo daño, a ese castigué bien.  

Religión

Ahura Mazda tal como es representado en los bajorrelieves de la realeza aqueménida.
A lo largo del Imperio se practicaban diversas religiones, correspondientes a las tradiciones de los pueblos conquistados. Así, Ciro rindió culto a Marduk al conquistar Babilonia y Cambises II se proclamó faraón en Egipto practicando la religión propia del lugar. El promover cultos reales de los pueblos conquistados tenía la función de legitimar el poder imperial.
No obstante, la élite persa que dirigía el Imperio practicaba el zoroastrismo o mazdeísmo, con su culto al fuego, y desde el reinado de Darío I se registra en las inscripciones la adopción del culto a Ahura Mazda como deidad protectora de la monarquía. La Inscripción de Behistún dice: "Darío el Rey dice: por el favor de Ahuramazda yo soy Rey, Ahuramazda me concedió el reino". Bajo el mecenazgo de los reyes aqueménidas, y para el siglo V a. C. convertida en religión de Estado de facto, el zoroastrismo alcanzaría todos los rincones del Imperio.
El príncipe-profeta Zoroastro (o Zaratustra) había comenzado a predicar el mazdeísmo hacia el año 700 a. C. 
Fue durante el período aqueménida cuando el zoroastrismo alcanzó Irán Sur-Oeste, donde pasó a ser aceptado por los gobernantes y a través de ellos se convirtió en un elemento definidor de la cultura persa. 
La religión no sólo estuvo acompañada de la formalización de los conceptos y divinidades del panteón (Indo-Iranio) tradicional sino que también introdujo varias ideas nuevas, como el libre albedrío. Se trataba de una religión dualista, en la que el mundo estaba regido por dos principios: el bien (Ormuz o Ahura-Mazda, simbolizado por la luz, el Sol) y el mal que no era un dios aparte, si no el espíritu del mal representado en Arimán, Zoroastro distinguió los dos polos de una dinámica particular: la creación y la destrucción, contempladas como un todo en Ahura Mazda. Los seres humanos debían llevar una vida pura y emprender buenas acciones para conseguir que el bien triunfara sobre el mal. Esta religión carecía de templos, alzándose simplemente altares al aire libre donde ardía una llama permanentemente. Esta doctrina consta en el Zend Avesta.

Esfinge alada del Palacio de Darío en Susa (ca. 510 a. C.). 

Entre los otros dioses indoiranios reverenciados en el Imperio se incluyen Mitra (deidad solar asociada a la nobleza y los guerreros) y la diosa Anahita. 
A mediados del siglo V a. C., esto es, durante el reinado de Artajerjes I y Darío II, Heródoto escribió "[los persas] no tienen imágenes de los dioses, ni templos ni altares, y consideran una signo de locura usarlos. Esto viene, creo yo, de que ellos no creen que los dioses tengan la misma naturaleza que los hombres, como imaginan los griegos." Afirma que los persas ofrecen sacrificios a: "el sol y la luna, a la tierra, al fuego, al agua, y a los vientos. Estos son los únicos dioses cuya veneración les ha llegado desde los tiempos antiguos. En una época posterior comenzaron a venerar a Urania, que ellos tomaron prestada de los árabes y los asirios. Militta es el nombre por el que los asirios conocen a esta diosa, a quien los árabes llaman Alitta y los persas Anahita." El nombre original aquí es Mithra, lo que desde entonces se ha explicado como una confusión de Anahita con Mitra, comprensible puesto que ambos eran venerados conjuntamente en un solo templo.
Por el sacerdote estudioso babilonio Beroso, quien aunque escribía más de setenta años después del reinado de Artajerjes II Mnemon documenta que el emperador había sido el primero en hacer estatuas de culto de divinidades e hizo que las colocaran en templos en muchas de las principales ciudades del Imperio. Beroso también confirma a Heródoto cuando él dice que los persas no sabían nada de imágenes de los dioses hasta que Artajerjes II erigió aquellas imágenes. Como medio de sacrificio, Heródoto añade que "ellos no alzan ningún altar, no encienden ningún fuego, ni vierten libación alguna". Esta frase se ha interpretado para identificar una acreción crítica (pero tardía) al zoroastrianismo. 
Un altar con fuego de madera ardiendo y el servicio Yasna en el que se vierten libaciones son todos claramente identificables con el moderno zoroastrianismo, pero aparentemente, eran prácticas que no se habían desarrollado aún a mediados del siglo V a. C. Boyce también asigna ese desarrollo al reinado de Artajerjes II (siglo IV a. C.), como una respuesta ortodoxa a la innovación de los cultos de santuarios.
Heródoto también observa que "ningún rezo ni ofrenda puede hacerse sin que esté un mago presente" pero esto no debe confundirse con lo que hoy se entiende por mago, que es un magupat (persa moderno, mobed), un sacerdote zoroastriano. Ni la descripción del término por Heródoto como una de las tribus o castas de los medos implica necesariamente que estos magos fueran medos. Ellos simplemente eran un sacerdocio hereditario que se encontraba por todo Irán oeste y aunque, en origen, no se asociaban con ninguna religión en particular, tradicionalmente eran responsables de todos los rituales y servicios religiosos. Aunque la identificación inequívoca de los magos con el zoroastrismo vino después (época sasánida, siglo III), es del magus de Heródoto de mediados del siglo V a. C. que el zoroastrismo se vio sujeto a modificaciones doctrinales que son hoy consideradas como revocaciones de las enseñanzas originales del profeta. 

Dioses:
Aban: Dios persa del agua, nombre de un yazad que preside sobre el agua; nombre del décimo día del mes según el calendario de la religión de Zoroastro; y también el nombre del octavo mes. 

Ahrimán: En la antigua religión persa (o iraní) y en los libros de Zoroastro, Ahrimán es el dios de la oscuridad, el destructor eterno de los dioses, personificación y creador de la maldad, portador de la muerte y de la enfermedad.  También es conocido como Angra Mainyu, y su nombre significa “espíritu diabólico”.  Se le conoce como la personificación del mal.  Lidera las fuerzas del mal contra los huéspedes de Spenta Mainyu, el completamente espiritual, que ayuda a Ahura Mazda, el señor sabio, y vencedor final del conflicto cósmico.  
Ahrimán trae las heladas en invierno, el calor en verano, cualquier tipo de enfermedades u otros males, para frustrar a Ahura Mazda, y él también creó el dragón Azi Dahaka, que trajo la ruina a la Tierra.  Cuando Ahura Mazda creó los cielos, Azi Dahaka saltó al cielo como una serpiente, y en contraposición a las estrellas formó los planetas.  
Tanto Ahrimán como Ormuz eran descendientes de Zurvan Akarana, que había decidido que el primero que haya nacido tenía derecho a ser Rey.  Pero por la ambición y por la soberbia de Ahrimán, apareció la pasión de la envidia y Zurvan (el Ser Supremo) dijo que sólo gobernaría durante nueve mil años, después de los cuales su hermano reinaría en su lugar.  Había una compañera de Ahriman llamada Az, y se dice que cuando Ahriman vió la bondad del hombre él se desmayó, y estuvo así durante tres mil años, hasta que la “prostituta maldita”, Jeh, le despertó y manchó a los hombres con su espíritu, introduciendo el miedo, la envidia, la lujuria y la codicia.  Ahrimán vive en la oscuridad, en un lugar donde todos esos a quien hace mal van después de su enfermedad (el infierno) y su símbolo es la serpiente.  Él es lo que en la religión cristiana puede llamarse Satán.  También es llamado Ako Mainyu. 

Ahura Mazda: Personifica la sabiduría y la bondad.  Inicialmente fue  llamada Varuna, el cielo; luego Mazda, sabiduría o iluminación, y por fusión de ambos nombres se formó el de Ormuz, en la Edad Media.  De su propio pensar surgió por accidente Ahrimán, principio del mal, con el que Ormuz se encuentra en continua lucha.  Todo lo que es bueno se desprende de él y se apoya en las emanaciones  (Todo lo que existe procede de la emanación, salvo la propia eternidad, que ha existido y existirá siempre). 

Airyaman: Yazad de la amistad y de la curación. 

Amahraspand ("Beneficio de los Inmortales"): El mayor de los seres espirituales creados por Ahura Mazda.  A veces se refiere a arcángeles.  Sus nombres son: Vohuman, Ardwahisht, Shahrewar, Spandarmad, Hordad y Amurdad. 

Ameretat: Ameretat (“no muerte”, “el que vive”) es la personificación de la inmortalidad y la protectora de las plantas.  El quinto mes se le dedica a ella.  Su rival eterno es el archidemonio de la vejez, Zarich. 

Anagran (Luz Eterna): Nombre de un yazad; nombre del decimotercer día del mes según el calendario religioso de Zoroastro. 

Anahita: Diosa de la fecundidad.  Los guerreros pedían a la diosa que les ayudaran en la batalla.  Es venerada por héroes y antihéroes.  Posiblemente de origen mesopotámico, su culto fue importante con Artajerjes II, y las estatuas y los templos fueron construidos en su honor durante el Imperio Persa.  Cierto culto ha existido después en el Asia Menor.  En el Avesta es llamada Ardvi Sura Anahita (“Húmeda, Fuerte, Incontaminable”); esto parece ser una unificación de lo que originariamente fueron dos deidades originales.  En Grecia, Anahíta fué identificada con Atenea y Ártemis. 

Apausha: o Apaosa, es un demonio que lleva  la sequía y la aridez.  Monta en un caballo negro sin pelo.  Cada cierto tiempo era derrotado por el dios Tistrya.  Es similar al dios hindú Vritra.  También es llamado Apa-urta. 

Aramati: Aramati era la personificación de la Moderación y su elemento, la Tierra. Sarasvati es la divinidad hindú equivalente. 

Asha: Asha representaba el Orden Justo y equivale a Varuna en la India. Su elemento era el Fuego. 

Ashtad ("Rectitud, Justicia"): Nombre de un yazad que manda sobre la justicia.  Es el nombre del vigésimo sexto día del mes según el calendario de la religión de Zoroastro. 

Asman ("Cielo"): Nombre del yazad que gobierna sobre el cielo.  Es el nombre del vigésimo séptimo día del mes según el calendario de la religión de Zoroastro. 

Astwihad: Un demonio de la muerte. 

Atar: En la región este de Irán se veneró también el Fuego, llamado Atar, que era hijo de Ahura Mazda. 

Azi Dahaka: Un demonio rabioso de la mitología iraní.  Él roba los ganados y trae maldades a los humanos.  Es un monstruo con una forma parecida a la de una serpiente con tres cabezas y seis ojos que también es la personificación de la opresión babilónica de Irán.  El monstruo será capturado por el dios guerrero Thraetaona y colocado en lo alto de la montaña Dermawend.  En un resurgir final del monstruo, escapará de su prisión, pero al final de los tiempos (fraso-kereti) morirá en el Río de fuego Ayohsust.  También es llamado Azi Dahak. 

Chinvat: Puente que las almas cruzan para ir al cielo. 

Daena: La diosa que da a conocer a las almas a la muerte (en el cuarto día después de su muerte) y las guía al cielo o al infierno.  Tiene un perro que olfatea el alma y dice si el alma es buena o mala. 

Gayomart: Literalmente, “vida que muere”.  El hombre primordial que en la mitología persa fue creado por el dios supremo Ahura Mazda.  Gayomart vive como un espíritu durante 3.000 años, después asume la forma corporal de un bello joven.  Vivió con esta forma durante 30 años, pero fué envenenado por Ahrimán en la instigación de Jeh.  De él salieron (como una planta) Mashye y Mashyane, los padres de la raza humana. 

Haurvatat: Haurvatat personificaba la Salud y se corresponde con Nasatyas en la mitología hindú, al igual que Ameretat. Su elemento era el Agua. 

Hooma: Es el dios que proporciona la salud y la descendencia además de las buenas cosechas. 

Jeh (“La puta”): En la mitología persa, ella es la responsable de la muerte del primer humano Gayomart porque en su instigación, Ahriman lo envenenó. 

Mah: Un antiguo dios persa de la Luna, uno de los Yazatas.  Se le asocia con la vaca, que ejerce un papel importante en la antigua mitología iraní, y preside el tiempo y las mareas.  Se le menciona como ayudante de Vohu Manah.  Se dedica el séptimo día de cada mes a Mah. 

Mashyane: En los mitos persas, la madre de la raza humana, que junto a su marido Mashye abandonaron las enseñanzas de Ahura Mazda, dejándose llevar por Ahrimán, por cuyo crimen fueron desterrados para la eternidad al infierno.  También es llamada Mashyoi. 

Mashye: El padre de la raza humana.  Él y su esposa Mashyane nacieron, como si fueran plantas, de Gayomart.  Mashye y Mashyane previeron a Ahura Mazda de Ahrimán, y por esto fueron condenados en el infierno hasta los últimos días. 

Mitra: Divinidad persa de la luz y la cordura, entendida ésta como la verdad, que gobierna el mundo.  Los romanos lo adoptaron.  Es responsable de dar protección cuando hay un ataque.  Se asocia con el fuego y el sol.  Protege a los fieles y castiga a los infieles.  Mitra mató al toro sagrado y al caer su sangre en la tierra surgieron todas las plantas y animales.  Se le representa tocado con un gorro frigio y sacrificando a un toro con un cuchillo largo, y en este ritual muchos autores han querido ver el origen de muchos ritos mediterráneos antiguos en los que se sacrifican toros, y también el antecedente ancestral de corrida de toros.  Se le representa en un carro tirado por caballos blancos.  Mitra es el poseedor de la verdad.  Tiene una maza para luchar contra el mal (para más información ver Mithra en el apartado de principales divinidades de la mitología hindú). 

Rashnu: El ángel divino persa de la justicia y del último juicio y la personificación de lo correcto.  Junto a Mitra y Sarrosa juzga las almas de la muerte.  Rashnu protege el puente Chinvat que va al cielo.  Lleva las balanzas de oro con las cuales pesa las almas en el juicio.  Rashnu es uno de los Yazatas.  También es llamado Rashnaw y Rashnau. 

Spenta Mainyu: En la antigua religión persa, Spenta Mainyu (“totalmente espiritual”) es el dios de la vida y la personificación de la bondad y de la luz.  Es el hermano gemelo de Angra Mainyu (Ahriman), el dios de la oscuridad, con quien pelea en una eterna batalla.  En una versión temprana de esta religión, ambos son hijos de Ahura Mazda (Ormazd).  Pero más tarde no se verá distinción entre él y Ormazd.  Su nombre no volvería a usarse desde entonces.  Él es todavía el hermano gemelo de Ahriman, pero ahora su padre es el dios primordial Zurvan.  También es llamado Spenak Menoi. 

Thisya: Dios de las lluvias.  Sus adversarios son la sequía y la mala cosecha.  Es el dios de la fuente creadora de las cosas. 

Tiri: Una de las principales deidades astrales junto a Tishtrya.  Según la astronomía sasánida, estaba identificada con Mercurio.  En el decimotercer día del 4º mes del calendario de Zoroastro se celebraba un importante festival agrario, las Tiragan. 

Tistrya: Una de las principales divinidades astrales junto a Tiri.  Fué identificado con la estrella Sirius.  Aunque cuando Sirius alcanza su punto más alto en época de sequía, su principal mito es una batalla contra una estrella demoníaca llamada Apausha (“no-prosperidad”) con gran cantidad de lluvia.  En un combate en el que se reconstruye en un ritual anual, Tistrya y Apausha, asumiendo las formas de un caballo de cría y un caballo de horrible descripción, combaten a lo largo de las orillas del mar Varu-Karta.  Inicialmente Apausha es victorioso, pero cuando Tistrya es adorado le vence.  Entonces Tistrya provoca que del mar cósmico surja un hervor, y después otra estrella, Satavaisa (Fomalhaut), que sube con una niebla soplada por el viento en forma de lluvia y nubes y granizo a la morada y las poblaciones y a los siete continentes.  Tistrya también estaba íntimamente relacionado con la agricultura.  Luchó y venció a las estrellas malvadas, identificadas con brujas, especialmente una llamada “Mala Cosecha” (Duzhyarya).  En el zoroastrismo, Tistrya fué identificado, probablemente en época Aqueménida, con el dios del Oeste de Irán Tiri.  También fue llamado Tishtrya. 

Vayu: Dios del viento, representado como un dios guerrero para proteger las cosas creadas por Ahura Mazda; reina entre la luz y la oscuridad. 

Verethraghna: También llamado Bahran.  Es el espíritu de la victoria.  Es el dios herrero.  Puede ser un toro de cuernos dorados, un fuerte viento, un camello, un jabalí, un pájaro (¿cuervo?), un ciervo luchador, un hombre con espada de hoja dorada, etc.  Junto a Mitra, el dios de la verdad, Verethraghna comparte características judiciales que le relacionan con el dios guerrero hindú Indra.  En los textos persas, Verethraghna aparece como un representante de Mitra y Rashnu, el dios de la justicia, y como significado de venganza para Mitra en su capacidad de dios de la guerra.  Verethraghna fué una deidad especialmente popular entre los sasánidas iraníes, donde cinco reyes llevaron su nombre.  El 14º himno del Avesta está dedicado a él, y el día 20 de cada mes lleva su nombre. 

Vohu Manah: Vohu Manah representaba el Pensamiento Bueno y era el equivalente a Mitra en la India. Tenía asignado el Buey como animal consagrado. 

Xshathra: Xshathra era la personificación de la Realeza y su elemento era el Metal. Indra era la divinidad hindú a la que equivalía. 

Yazatas: Nombre antiguo que daban los iraníes a la palabra “dios”.  En el zoroastrismo los Yazatas son las deidades a quienes los himnos del Zend-Avesta están dedicados.  También son los guardianes de lo divino y de los mensajeros de Ahura Mazda.  El jefe es Mitra y otros dioses pertenecientes son Daena, Mah, Rashnu, Tistrya y Zam. 

Zam: En la antigua mitología iraní, Zam es la divinización de la tierra.  Es uno de los Yazatas. 

Zarich: Zarich es uno de los miembros femeninos de los Daevas y la personificación de la vejez.  Su eterno rival es Ameretat. 

Zurvan Akarana: El dios primordial en la religión persa, y el dios de lo infinito y del espacio.  Zurvan es el padre del dios del bien Ahura Mazda y del dios malvado Angra Mainyu.  Tuvo que hacer sacrificios durante 1000 años para hacer que nacieran ambos, porque él era hermafrodita.  Con hijos que representan las dos oposiciones, al propio Zurvan se le relaciona con la neutralidad; para él no hay distinción entre el bien y el mal.  Zurvan también es el dios del destino, de la luz y de la oscuridad.  En el “zurvanismo”, la religión oficial de los Sasánidas del siglo III al VII, Zurvan es el dios supremo y el señor de los cuatro elementos.  También se le llama Zervan.  Su nombre proviene de la palabra zrvan y significa “tiempo”. 

Arte y Arquitectura
El arte aqueménida, como la religión aqueménida, fue una mezcla de muchos elementos. Lo mismo que los aqueménidas eran tolerantes en materia de gobierno y costumbres locales, mientras los persas controlaran la política general y la administración del Imperio, también eran tolerantes en el arte mientras el efecto final fuese persa. En Pasargada, la capital de Ciro II y Cambises II, y en Persépolis, la ciudad vecina fundada por Darío el Grande y usada por todos sus sucesores, uno puede seguir el rastro hasta un origen extranjero de casi todos los diversos detalles en la construcción y embellecimiento de la arquitectura y de los relieves esculpidos; pero la concepción, el planeamiento y el acabado del producto son distintivamente persas.
Rhyton de oro excavado en Ecbatana; conservado en el Museo Nacional de Irán. 

Ciro construyó su capital, Pasargada, en el territorio original de los persas. En ella es posible apreciar la fusión de estilos de diferentes partes del Imperio, característica de los soberanos aqueménidas. Cuando decidió construir Pasargada, tenía detrás una larga tradición artística que probablemente era distintivamente irania ya que era en muchos sentidos igual a cualquier otra. La sala hipóstila en arquitectura puede hoy verse como perteneciente a una tradición arquitectónica de la meseta iraní que se remonta a través del período medo hasta al menos el principio del I milenio a. C. Las ricas obras de oro aqueménidas, que según las inscripciones parece que fueron especialidad de los medos, fue en la tradición de la delicada metalistería que se encuentra en la época de la Edad de Hierro II en Hasanlu y aún antes en Marlik.
Imagen del Amuleto-pendiente aqueménida con cabeza de leona, finales del siglo VI-IV a. C., de Susa - Departamento de Antigüedades orientales, Sully. 

Este estilo artístico aqueménida es particularmente evidente en Persépolis: con su cuidadosamente proporcionada y bien organizada planta, rica ornamentación arquitectónica y magníficos relieves decorativos, el palacio es uno de los grandes legados artísticos del mundo antiguo. En su arte y arquitectura, Persépolis celebra al rey y el oficio del monarca y refleja la percepción que Darío tenía de sí mismo como el líder de un conglomerado de pueblos a los que había dado una nueva y única identidad. Los aqueménidas tomaron las formas artísticas y las tradiciones religiosas y culturales de muchos de los antiguos pueblos de Oriente Medio y los combinaron en una forma única.
Al describir la construcción de su palacio en Susa, Darío dice que "Se trajo madera de cedro de allí (una montaña llamada Líbano), la madera de yaka se trajo de Gandhara y de Carmania. El oro se trajo de Sardes y de Bactria... la piedra preciosa lapislázuli y cornelina... se trajo de Sogdiana. La turquesa de Corasmia, la plata y el marfil de Egipto, la ornamentación de Jonia, el marfil de Etiopía y de Sind (Pakistán) y de Aracosia. Los canteros que trabajaron la piedra eran de Jonia y de Sardes. Los orfebres eran medos y egipcios. Los hombres que tallaron la madera, eran de Sardes y Egipto. Los que trabajaron el ladrillo cocido, esos eran babilonios. Los hombres que adornaron el muro, esos eran medos y egipcios."
Era un arte imperial a una escala que el mundo no había visto antes. Los materiales y los artistas eran tomados de todas las tierras gobernadas por los grandes reyes, y de ese modo gustos, estilos y motivos se mezclaron juntos en un arte ecléctico y una arquitectura que en sí misma reflejaba el Imperio y el entendimiento aqueménida de cómo ese imperio debía funcionar. 

Pasargada
Pasargada o Pasargadas el nombre de la primera capital del Imperio persa aqueménida, situada al sur del actual Irán, en la provincia de Fars, sobre una estribación oriental de los montes Zagros, y distante unos 100 km hacia el noreste de la actual ciudad de Shiraz, y unos 87 km al noreste de la que fue posterior capital aqueménida, Persépolis.
El sitio de Pasargada fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2004. Abarca una zona de protección de 160 ha y una zona de respeto de 7.127 ha.
Fue la primera capital de la dinastía aqueménida, llegando a ocupar unas 160 hectáreas en superficie. Fue perdiendo importancia como capital con la fundación de Persépolis, si bien su carácter de primera capital la hizo un lugar digno de respeto, unido al hecho de que en ella se ubicaba la sencilla tumba de Ciro II el Grande, el fundador del imperio aqueménida, que ha perdurado hasta ahora. 

Monumento funerario de Ciro el Grande", Pasargada, 530 a.C. Realizado en piedra. Tiene planta rectangular con cubierta a doble vertiente ó a dos aguas. Tiene una base escalonada con seis cuerpos de escalera. Está rodeado por una muralla y se dice que su inspiración se basa en los zigurats mesopotámicos.
La tumba de Ciro es uno de los dos modelos de tumbas que existieron en el arte persa del periodo aqueménida. Se trata de una construcción en forma de edículo, con frontón y cubierta a dos aguas, relacionado con el arte griego de Asia Menor. 

Colina del Trono
En la cima de una colina ubicada al norte de la ciudad, se advierten las ruinas de lo que se supones era una de las dependencias reales que tenía Ciro el Grande.
El nombre de este sitio nos dice que se trata de un edificio que albergaba el trono del rey. Fue construido sobre una superficie de unos 8.000 metros cuadrados. De esta edificación aún se conservan algunos muros, que fueron levantados con grandes bloques de piedra.
 

El gran palacio
Palacio de Pasargada”: Marca el modelo del resto de palacios: se sitúa en una zona elevada, rodeado por murallas y en su interior una puerta-pabellón de recibimiento formada por dintel sobre columnas da paso a la Apadana que tiene mayor altura que el resto. A 200 metros de la apadana se encuentra la zona residencial formada por varias salas en la que los patios son elementos fundamentales, así como los jardines.


Las ruinas de Pasargada unen a varias edificaciones principales. Un ejemplo de ellos es el Palacio de Audiencias de Ciro. Se destacaba por tener grandes salas que estaban rodeadas por columnas y muros en los que se combinaban piedras blancas y negras.
También es imponente ver sus pórticos y sus altos muros. En ellos se observa restos de grandes bajorrelieves. 

Registros
Los distintos hallazgos arqueológicos han permitido establecer que los monarcas aqueménidas dejaban registrado en piedras, a manera de estelas, el desarrollo político que iba teniendo el imperio. Por ejemplo, en una de ellas se podía leer “Yo soy Ciro, rey aqueménida”. Dario seguiría con la tradición al ordenar que se hicieran otras inscripciones más.
 

Persépolis:
Persépolis, literalmente «la ciudad persa»), fue la capital del Imperio persa durante la época aqueménida. Se encuentra a unos 70 km de la ciudad de Shiraz, provincia de Fars, Irán, cerca del lugar en que el río Pulwar desemboca en el Kur (Kyrus) Su construcción, comenzada por Darío I, continuó a lo largo de más de dos siglos, hasta la conquista del Imperio persa por Alejandro Magno.
La primera capital del Imperio persa aqueménida fue Pasargada, pero hacia 512 a. C. el rey Darío I el Grande emprendió la construcción de este masivo complejo palaciego, ampliado posteriormente por su hijo Jerjes I y su nieto Artajerjes I. Mientras las capitales administrativas de los reyes aqueménidas fueron Susa, Ecbatana y Babilonia, la ciudadela de Persépolis mantuvo la función de capital ceremonial, donde se celebraban las fiestas de Año Nuevo. Construida en una región remota y montañosa, Persépolis era una residencia real poco conveniente, y era visitada principalmente en primavera.
En 330 a. C., Alejandro Magno, en su campaña de Oriente, ocupó y saqueó Persépolis, incendiando el Palacio de Jerjes, para simbolizar quizá el fin de la guerra panhelénica de revancha contra los persas.
En 316 a. C., Persépolis era todavía la capital de Persis, una provincia del nuevo Imperio Macedónico. La ciudad decayó gradualmente durante el periodo seléucida y las épocas posteriores. En el siglo III, la cercana ciudad de Istakhr se convirtió en centro del Imperio sasánida.
Darío eligió como emplazamiento para su nueva construcción la parte baja de la formación rocosa del Kuh-e Rahmat, que se convirtió así en el símbolo de la dinastía aqueménida. Hizo erigir la terraza, los palacios (Apadana, Tachara), las salas del Tesoro, así como las murallas. Es difícil datar con precisión la construcción de cada monumento. La única indicación irrefutable es suministrada por las tablillas encontradas en el sitio que atestiguan la existencia de actividad constructiva al menos desde 509 a. C., cuando se produjo la construcción de las fortificaciones.
Las construcciones de Darío fueron luego acabadas y completadas por sus sucesores: su hijo Jerjes I añadió al complejo la Puerta de todas las Naciones, el Hadish, o incluso el Tripylon, y bajo Artajerjes I en 460 a. C., 1149 artesanos se encontraban presentes en las obras. El sitio permaneció en construcción hasta, por lo menos, 424 a. C., y quizás hasta la caída del Imperio persa: una puerta quedó inacabada, así como un palacio atribuido a Artajerjes III.  

Arquitectura
Los persas no poseían un arte arquitectónico propio: se trataba de un pueblo seminómada de pastores y jinetes. Ahora bien, desde su fundación por Ciro II, el imperio persa se dota de construcciones monumentales. Al principio, inspiradas en los pueblos conquistado. Es  una fusión de estilos que crean uno nuevo. Resultante del saber hacer de los arquitectos y obreros de todo el imperio, la arquitectura persa es utilitaria, ritual, y emblemática. Persépolis muestra así numerosos elementos que atestiguan estas fuentes múltiples.
De hecho, con la inclusión de Jonia en las satrapías del imperio, la arquitectura persa aqueménida está marcada por una fuerte influencia griega jónica, particularmente visible en las salas hipóstilas y los pórticos de los palacios de Persépolis. 
Arquitectos lidios y jonios son contratados en las obras de Persépolis, y Susa. Ellos realizan los principales elementos, y se encuentran así graffitis en griego en las canteras próximas a Persépolis, que mencionan los nombres de los jefes canteros.
La influencia de Mesopotamia está muy presente, en particular en la fórmula palatina asociada a dos palacios, uno para la audiencia pública y otro para la audiencia privada. Esta influencia es también visible en los motivos de palmetas o de rosetones florales que decoran relieves y palacio, o en los merlones dentados que recuerdan la forma de los zigurats, y que adornan las escaleras de los palacios.
Columna de la Apadana, por Eugène Flandin, 1840.
La mayoría de las columnas eran de madera, y reposaban eventualmente sobre una base de piedra; todas han desaparecido. Sólo cuando la altura era demasiado importante era utilizada la piedra: en la Apadana, en la Puerta de las Naciones. 
Como todos los palacios aqueménidas, los de Persépolis tenían sistemáticamente los muros de adobe, lo que puede parecer sorprendente en una región donde la piedra de construcción está disponible en cantidad. Es, de hecho, una característica común a todos los pueblos de Oriente, que han reservado los muros de piedra a los templos y a las murallas. Ningún muro de Persépolis ha sobrevivido pues, los elementos aún en pie son los marcos de las puertas y las columnas de piedra. 
Aunque su construcción se haya extendido durante dos siglos, Persépolis muestra una notable unidad de estilo que caracteriza al arte aqueménida: iniciado en Pasargada, acabado bajo Darío en Persépolis, no se notan evoluciones notables tanto en la arquitectura como en las decoraciones o en las técnicas. Sólo las últimas tumbas reales han perdido la distinción respecto a las de Naqsh-e Rostam, sin duda por falta de sitio, pero sus bajorrelieves son estrictamente idénticos al de Darío.  

Escultura
La forma más conocida y más extendida de la escultura aqueménida es el bajorrelieve, expresándose particularmente en Persépolis. Decoran sistemáticamente las escaleras, los lados de las plataformas de los palacios y el interior de los vanos. 
Además, el principio de isocefalia es aplicado estrictamente, incluso en diferentes peldaños de las escaleras. Los temas representados se componen de los desfiles de representantes de los pueblos del imperio, de nobles persas, de guardias, de escenas de audiencia, de representaciones reales y de figuras de combates que oponen un héroe real a animales reales o imaginarios. Estos bajorrelieves son notables por su calidad de ejecución, cada detalle es reflejado con una gran fineza. 
Estatua de un perro, proveniente de la torre sudeste de la Apadana, Museo nacional de Teherán. 

Se conoce muy poco de las esculturas aqueménidas de bulto redondo, la de Darío, encontrada en Susa, es la más conocida, pero no se trata sin embargo de un ejemplo único. Heródoto y Plutarco hacen referencia, respetivamente, a una estatua de oro de Artistona (esposa real de Darío I) y a una gran estatua de Jerjes I en Persépolis.
Sin embargo, numerosos elementos de la decoración pueden ser considerados como altorrelieves.  

Pintura
La utilización de colores ha sido desestimada, a menudo, debido a las numerosas alteraciones que sufren los pigmentos durante el tiempo. Intemperie, fragilidad de las capas.
Dichos colores eran utilizados no sólo en los elementos arquitectónicos (muros, relieves, columnas, puertas, suelos, escaleras, estatuas), sino también en los tejidos y otras decoraciones. Ladrillos barnizados, revestimiento de suelos de cal coloreada con ocre rojo o suelos yesosos verde grisáceos, columnas pintadas y otras colgaduras engalanaban así de múltiples colores los interiores y exteriores de los palacios. 

Complejo principal

Terraza

Plano de Persépolis.
El complejo palatino de Persépolis descansa sobre una terraza de 450 m por 300, y 14 m de alto, que presenta cuatro niveles de 2 m. La entrada desemboca en el nivel reservado a las delegaciones. Los barrios de los nobles están en un nivel superior. Los barrios reservados al servicio y a la administración están situados en el nivel más bajo. Los barrios reales están en nivel más alto, visibles por todos. La piedra más utilizada para la construcción es la caliza gris. La organización de las construcciones sigue un plano rigurosamente ortogonal o hipodámico.
El lado este de la terraza está formado por el Kuh-e Rahmat, en cuya pared rocosa están excavadas las sepulturas reales que dominan el sitio. Los otros tres lados están formados por un muro de contención cuya altura varía de 5 a 14 m. El muro está compuesto por enormes piedras talladas, ajustadas sin mortero y fijadas por medio de clavijas metálicas. La fachada oeste constituye la entrada del complejo y presenta el acceso principal a la terraza bajo la forma de una escalera monumental. 
En la fachada sur, han sido encontradas inscripciones cuneiformes trilingües. El texto, redactado en elamita, es comparado con una inscripción del palacio de Susa.

Escalera principal (o escalera de Persépolis)
El acceso a la terraza se hace por la fachada occidental, mediante de una escalera monumental, simétrica y de dos tramos divergentes que luego convergen. Este acceso, añadido por Jerjes, reemplaza el acceso original del sur de la terraza.  

Puerta de todas las naciones
La Puerta de todas las naciones, o Puerta de Jerjes, fue construida por Jerjes I, hijo de Darío. La supuesta fecha de su construcción es 475 a. C. 
La entrada occidental, guardada por dos toros colosales que componen los montantes, mide 5,5 m de alto y es de inspiración asiria. El tejado era soportado por cuatro columnas de 18,3 m de alto, simbolizando palmeras, y cuyas cúspides esculpidas representaban hojas de palma estilizadas. En la entrada occidental se suman dos salidas: una hacia el sur, que se abre sobre el patio de la Apadana, y otra hacia el este, que se abre sobre la vía de las procesiones. Esta última es guardada por un par de estatuas colosales que representan hombres-toro alados, o lammasus. 
Una inscripción cuneiforme está grabada encima de los toros de la fachada occidental, en las tres lenguas principales del imperio (antiguo idioma persa, babilonio, y elamita):
Ahuramazda es un gran dios que creó esta tierra, que creó el cielo, que creó al hombre, que creó la felicidad del hombre, que hizo a Jerjes rey, rey de muchos, señor de muchos.
«Yo soy Jerjes, el gran rey, rey de reyes, el rey de los pueblos con numerosos orígenes, el rey de esta gran tierra, el hijo del rey Darío, el aqueménida.»
El rey Jerjes declara: «Gracias a Ahuramazda, yo he hecho este Pórtico de todos los pueblos; hay muchas cosas buenas que han sido hechas en Persia, que yo he hecho y que mi padre ha hecho. Todo lo que ha sido hecho más allá, que parece bueno, todo eso lo hemos hecho gracias a Ahuramazda. »
El rey Jerjes declara: «Que Ahuramazda me protege, así como a mi reino, y lo que yo he hecho, y lo que mi padre ha hecho, que Ahuramazda lo proteja también.» 
Esta inscripción permite pensar que la Puerta de todas las naciones fue llamada así por Jerjes en referencia a los múltiples pueblos y reinos que formaban el imperio aqueménida. Esta inscripción se halla también encima de los lammasus. 

Vía de las procesiones y Puerta inacabada
Bordeando de oeste a este la parte norte de la terraza, la vía de las procesiones lleva de la puerta de todas las naciones a una construcción similar: la Puerta inacabada, también llamada el Palacio inacabado, llamada así porque no estaba acabada cuando la destrucción del sitio por Alejandro. Esta puerta se encuentra en al ángulo nordeste de la terraza, y tiene cuatro columnas. Desemboca en un patio que se abre sobre el Palacio de las 100 columnas. La rodeaba un doble muro por sus dos lados, protegiendo la Apadana y los palacios particulares de las miradas. Hoy sólo queda la parte baja de estos muros, pero algunos piensan que alcanzaban la altura de las estatuas de lammasus. Puede observarse, en una estancia en un lado de la vía, dos cabezas de grifos parcialmente restaurados que parecen no haber estado sobre las columnas, quizás destinados a una construcción ulterior.  

Apadana (o Sala de audiencias de Darío)
La Apadana fue construida por Darío el Grande. La fecha del comienzo de su erección sería 515 a. C., según dos tablillas de oro y de plata encontradas en los cofres de piedra insertados en los cimientos. Darío había hecho grabar su nombre y el detalle de su imperio. La construcción duró mucho tiempo y sería sido acabada por Jerjes I. La Apadana es, con el Palacio de las 100 columnas, la más grande y más compleja de las construcciones monumentales de Persépolis. Se encuentra en el centro de la parte occidental de la terraza. Situada en un nivel alto, es accesible a partir de la terraza, por dos escaleras monumentales de doble rampas simétricas y paralelas, que flanquean el basamento de los lados norte y este.  

Palacio
El palacio tiene un plano cuadrado de 60,5 m de lado. Consta de 36 columnas de las que 13 están aún en pie. Las columnas, de cerca de 20 m de alto, fueron erigidas probablemente por medio de rampas de tierra que permitían llevarlas luego de colocar las piedras a la altura querida. Las rampas debían ser elevadas a la vez que el avance de las columnas, después la tierra era evacuada. Testimonian la influencia jonia: las columnas de la Apadana presentan el mismo diámetro y una altura similar a las del templo de Hera en Samos, además, presentan acanaladuras similares. 
Capitel de columna con prótome de toro (Apadana

Los planos iniciales del palacio eran más simples: habiendo sido construidas después la escalera de Persépolis y la puerta de todas las naciones, llegó a ser necesario un acceso al palacio por el norte. Eso explica el añadido de una escalera en el lado norte del basamento. La parte central, una gran sala hipóstila de forma cuadrada, constaba de 36 columnas ordenadas en seis filas. Estaba rodeada al oeste, al norte y al este, por tres pórticos rectangulares con doce columnas cada uno, dispuestas en dos filas. La parte sur consistía en una serie de pequeñas salas, y se abría sobre el palacio de Darío, el Tachara. Las esquinas estaban ocupadas por cuatro torres.
El techo era sostenido por vigas que descansaban sobre prótomes de toros y de leones. Opuestos, los prótomes formaban un banco sobre el que había sido puesta una viga principal. Las dos cabezas formaban así una protrusión, lateralmente, de alrededor de un metro. Unas vigas transversales habían sido puestas directamente sobre las cabezas, estabilizadas por las orejas o los cuernos del animal esculpido. Estos elementos de animales fueron fijados con plomo. Las vigas transversales unían las columnas de las filas vecinas. Los restantes espacios estaban cubiertos por vigas secundarias. El conjunto fue calafateado y cubierto por una capa de mortero de barro seco. Las vigas eran de encina, de ébano, y de cedro del Líbano. La utilización de tejados ligeros de cedro junto a las técnicas de las columnatas jonias, permitían la liberación de un espacio importante: la separación de las filas de columnas de la Apadana es de 8,9 m, para una relación entre diámetro de las columnas y distancia entre los fustes de sólo 1 por 3,6. En comparación, la de la sala hipóstila del templo de Karnak es de 1 por 1,2.
El conjunto estaba pintado ricamente como lo atestiguan los múltiples rastros de pigmentos encontrados sobre las bases de algunas columnas, los muros y los bajorrelieves de las escaleras. El interior de la garganta de un león esculpido todavía posee distinto restos de color rojo. Cubiertos de una capa de estuco del que se han encontrado fragmentos, los muros eran adornados con colgaduras bordadas de oro, enlosados de cerámicas, y decorados con pinturas que representan a leones, toros, flores y plantas. Las puertas de madera y las vigas llevaban placas de oro, incrustaciones de marfil y de metales preciosos. Los adornos de los capiteles de las columnas difieren según su posición: toros para las columnas del vestíbulo central y del pórtico norte, y otras figuras de animales para los pórticos este y oeste. 

Según el arqueólogo David Stronach, la configuración de un palacio como la Apadana responde a dos funciones principales. Sus dimensiones podrían permitir la recepción de 10.000 personas, lo que facilitaba la audiencia del rey. Por otra parte, su altura permitía al rey observar las ceremonias y desfiles que tenían lugar en la llanura. Las excavaciones realizadas en Susa, en un palacio realizado también por Darío I, han sacado a la luz una losa de la Apadana, situada en el eje del palacio frente al muro sur. Ambos palacios tienen parecidas concepciones. Es probable la existencia de un trono fijado al suelo de la Apadana. Además, dos pasos cercanos permitían al rey retirarse a los apartamentos y barrios reales adyacentes.
Cuando Alejandro Magno incendió Persépolis, el tejado de la Apadana se derrumbó hacia el este, protegiendo los relieves de esta parte del desgaste cerca de 2100 años. Ha sido hallada una cabeza maciza de león en un hoyo, cerca del muro que separa la Apadana del Palacio de las 100 columnas. Su función parece haber sido sostener una viga principal del tejado. Su presencia en un hoyo situado bajo el nivel del suelo no está explicada. Se halla una réplica del pórtico de la Apadana en el museo del sitio y da una idea de la magnificencia del palacio. 

Escalera este
Cresta ornada de merlones almenados (Apadana, escalera 

Cubierta por los restos del tejado incendiado de la Apadana, la escalera este está muy bien preservada. Se divide en tres entrepaños (norte, central, y sur) y en triángulos bajo los escalones. El entrepaño norte muestra la recepción de persas y medos. El entrepaño sur muestra la recepción de personajes que proceden de las naciones sometidas. La escalera consta de múltiples símbolos de fertilidad: flores de granada, filas separadas por flores de doce pétalos, o árboles y semillas que decoran los triángulos. Los árboles, pinos y palmetas, simbolizan los jardines del palacio. Los entrepaños tienen inscripciones que indican que Darío construyó el palacio, que Jerjes lo completó y pidió a Ahuramazda que protegiera al país de la carestía, la felonía, y los terremotos. Los personajes de los relieves ostentan un porte altivo. Los caracteres étnicos son reflejados meticulosamente, y los detalles están trabajados con fineza: pieles, barbas, pelo están representados en pequeños ricitos, trajes y animales están trabajados con minucia.
El examen de escenas inacabadas defiende una organización del trabajo, recurriendo a una especialización del obrero (rostros, peinados, aderezos)). Los artistas y obreros que participaron en la construcción no disponían de ninguna libertad de creación: debían seguir de modo riguroso las orientaciones proporcionadas por los consejeros del rey. La realización de las obras seguía un programa que no dejaba lugar a la improvisación.
Los frisos, inicialmente policromos, respondían a los imperativos del soberano: valoración del orden y del rigor. La estaticidad de las representaciones recuerdan a los ortostatos de los palacios asirios. La distribución por registros en filas definidas, y la rigidez de los asuntos evoca la influencia del estilo jónico severo.


Triángulos y entrepaño central. Los triángulos están ocupados por relieves que simbolizan el año nuevo: un león que devora un toro. El equinoccio de primavera mostraba un cielo donde la constelación del León estaba en el cenit, mientras que la de Tauro desaparecía en el horizonte sur. Noruz marca el comienzo de la actividad agrícola después del invierno. El significado del entrepaño central es religioso. Muestra a Ahuramazda guardado por dos grifos con cabezas humanas, que domina a cuatro guardias persas y medos. Los persas tienen en la mano izquierda un típico escudo redondo, y las azagayas en la mano derecha. Como en los otros relieves del sitio, los guardias persas están ataviados con un largo vestido drapeado, y llevan tocados acanalados. Los medos llevan abrigos cortos y pantalones, y están tocados con gorros redondos o plisados, y a veces con coleta.







Entrepaño norte. El entrepaño norte está dividido en tres registros y muestra la recepción del año nuevo en forma de desfile. Del centro hacia la extremidad norte, el registro superior muestra a los Inmortales seguidos por una procesión real. Los Inmortales llevan un gorro, y están equipados de lanzas y de aljabas lastradas por pomos que descansan en sus pies. La procesión real se compone de un oficial medo que precede a los portadores de la silla real. La silla real es llevada por medio de correas enjaezadas al hombro, que sostienen dos bambús alojados a través de la silla. La silla estaba compuesta de un marco de madera esculpida, cuyos pies tenían forma de patas de animales. Un sirviente lleva el escabel utilizado por el rey, quien no debía tocar la tierra.
Sus piernas estropeadas tienen rastros de una reparación. La procesión sigue con el responsable medo de las cuadras reales, a la cabeza de los caballos del rey, cada uno dirigido por un paje. Los caballos están finamente trabajados dejando ver el detalle de los bocados. El cortejo es cerrado por dos carros conducidos por un elamita. Los caballos de tiro son más pequeños y más finos que los precedentes, de otra raza. Tiran de dos carros cuyas ruedas tienen doce secciones (simbolizando los doce meses del año) y cuyos ejes están esculpidos. El primer carro difiere del otro: unos leones esculpidos sobre la caja parecen indicar que se trata de un tiro de caza o de guerra. Los entrepaños inferior y medio muestran a los inmortales seguidos por nobles persas (tocados almenados o con plumas) y medos (tocado redondeado con una pequeña cola) alternados. Algunos llevan equipajes, otros gérmenes vegetales y flores de granados. Las sutiles diferencias en sus trajes y alhajas sugieren funciones o status diferentes. Los nobles están representados discutiendo, y sonrientes. Su actitud es distendida y nada ceremoniosa. Se cogen de la mano de vez en cuando, se vuelven uno hacia el otro, o ponen la mano sobre el hombro del precedente en actitudes que simbolizan su unidad. Los inmortales del entrepaño inferior son persas; armados de lanza, arcos y aljabas, cada uno está en un peldaño de la escalera, representando la ascensión. Los del entrepaño medio llevan gorro y están armados sólo con lanzas.

Nobles persas y medos (Apadana, escalera este)


Carro de la procesión real (Apadana, escalera este) Livius



Entrepaño sur. Es un entrepaño notable porque representa la llegada de las delegaciones que proceden de veintitrés naciones sometidas, conducidas alternativamente por guías persas y medos. Cada delegación está separada por pinos, El guía lleva al delegado a la cabeza, de la mano. La calidad del acabado difiere para cada obra: todos los relieves no han sido pulidos, y su detalle es variable. Este desfile presenta cerca de 250 personajes, cuarenta animales, y carros. De una altura de 90 cm, los registros tienen una longitud total de 145 m. Para Dutz, los símbolos de Persépolis están cargados de sentido, y su organización no es fruto del azar. La disposición de las representaciones podría corresponder a un orden protocolar, sin que pueda saberse si tal orden sigue una secuencia determinada por las filas horizontales o verticales (ver esquema). En todo caso, parecería claramente que los medos eran los primeros, y los etíopes los últimos. Además, ninguno sigue la lista secuencial de las satrapías dada por la inscripción del rey. La disposición de las delegaciones no parece seguir tampoco el orden de incorporación de las diferentes satrapías al imperio. En cambio, podría estar en función del tiempo de viaje que las separa de Persépolis. Este razonamiento se apoya en los textos de Heródoto: «de todas las naciones, los persas honran primero a las que tienen más cerca, en segundo lugar a las que están más distantes, y tienen menos estima a las más lejanos». Se sabe por las tablillas del Tesoro que las ofrendas llevadas por las delegaciones no corresponden a un impuesto. Corresponden a regalos destinados al rey o a un uso ceremonial. En ausencia de inscripción, la identificación de las delegaciones supone siempre un problema, pues se centra sobre todo en los trajes, y ofrendas. A pesar de la similitud con otras representaciones, subsisten numerosas incertidumbres. 
La presencia o la ausencia, el orden de citación o de presentación, incluso la denominación de cada pueblo del imperio varía mucho, tanto en las esculturas como en las inscripciones reales. Estas últimas no constituyen un inventario administrativo realizado para la posteridad, sino que corresponden más bien a la visión ideal del imperio cuyo rey desea quiere dejar huella.
Delegaciones de las naciones sometidas     
Delegación de los silicianos

Reconstrucción de las delegaciones según Dutz, Stierlin, y Briant:
1 Medos: conducidos por un persa, esta delegación es la más importante. Los sujetos llevan trajes, pulseras o brazaletes, una espada, copas y un vaso. Se trata probablemente de otras tribus medas que las que sirve al imperio desde su fundación, lo que explicaría el estatuto de sometidos. Al principio del imperio, tales tribus permanecieron fieles a Astiages, habiendo reunido Ciro a las otras.
2 Elamitas: Elam es persa desde la fundación del imperio por Ciro el Grande. La delegación conducida por un medo ofrece una leona y dos leoncitos, así como espadas y arcos.
3 Armenios: esta delegación lleva un vaso con dos asas, finamente trabajado, y un caballo.
4 Aracosios: Los pantalones son aún llevados en Baluchistán. Uno de los sujetos está vestido con una piel de felino. Las ofrendas consisten en un camello y jarras.
5 Babilonios: esta delegación ofrece un toro, tazones, y una colgadura idéntica a las de las representaciones del palacio de las 100 columnas, el Tesoro o el Tripylon.
6 Asirios y fenicios (o lidios): este relieve está muy detallado. Las ofrendas consisten en vasos y copas labradas (vasos de bronce o de plata), con asas dobles que representan toros alados, joyas (brazaletes con broche adornados con grifos alados), y un carro enganchado con caballos de pequeña talla. Los trajes y peinados de los sujetos están muy trabajados, se distinguen incluso papillotes llevados por judío s ortodoxos. La identidad de la ropa mantiene una controversia sobre los orígenes de estas delegaciones.
7 Arios (o Aracosios): los sujetos de esta satrapía corresponden a las regiones de Herat y de Mashhad. Son prácticamente indiferenciables de los aracosios. Las ofrendas consisten en un camello y vasos.
8 Cilicios o asirios: que proceden del sur de Asia Menor, esta delegación ofrece dos carneros, pieles, un traje, copas y vasos. Esta representación está trabajada minuciosamente, y aparece el detalle de los trajes (cordones, cinturones, cofias,).
Medos
Elamitas
Armenios

Partos

9 Capadocios: caracterizados por la atadura de su capa en la parte superior del hombro; pertenecen al mismo grupo que los armenios, medos, y sagartios. Ofrecen presentes de un caballo y trajes.
10 Egipcios: el altorrelieve que representa esta delegación ha sido perjudicado severamente por la destrucción de la Apadana. Las partes inferiores bastan para identificar el origen de los sujetos, gracias a las características de su vestido.
11 Escitas (también llamados sacas): esta satrapía se extendía desde Ucrania a las estepas del norte del Cáucaso, hasta el norte de Sogdiana. Los sujetos están tocados con un típico gorro escita. Llevan un caballo, trajes, y lo que podrían ser brazaletes con broches.
12 Lidios o jonios: estas satrapías griegas estaban fusionadas y eran administradas desde Sardes. Los sujetos están vestidos del mismo modo. Traen tejidos, pelotas de hilo y copas que contienen quizás tinturas.
13 Partos: bajo los aqueménidas, los partos estaban sometidos, y es sólo después del período griego séleucida cuando dominarán Persia. Partia corresponde al actual Turkmenistán. La delegación trae vasos y un camello. Los sujetos están tocados con un turbante alrededor del cuello.
14 Gandharienses: esta satrapía se encuentra río arriba del Indo, entre Kabul y Lahore, al oeste del actual Punjab. Los sujetos ofrecen lanzas y un búfalo asiático.
15 Bactrianos: la delegación lleva un camello y vasos. Naturales de Bactriana al norte de Afganistán, los sujetos están tocados con una cinta.
16 Sagartios: sus trajes y presentes (trajes y caballo), son semejantes a los de los medos, capadocios y armenios, lo que sugiere la pertenencia a un mismo grupo. Su tierra de origen es mal conocida: vecina de Tracia en Asia Menor, o cerca del mar Negro y del Cáucaso, incluso situada en las estepas de Asia Central cerca de Bactriana.
Babilonios
Lidios
Bactrianos

Gandharienses

17 Sogdianos: tenían por origen Sogdiana, actual Pakistán. Esta etnia pertenecía al grupo de los escitas, de los que llevaban el gorro. Llevan un caballo, hachas, objetos que pueden ser brazaletes, y una espada.
18 Indios: estos sujetos, que venían de Sind, el valle bajo del Indo, están vestidos con un taparrabo, y calzados de sandalias. Llevan un burro, hachas, y cestas con provisiones llevadas sobre la espalda por medio de una balanza.
19 Tracios (o escitas): Tracia estaba situada entre el mar Egeo y el mar Negro, en un territorio hoy compartido por Grecia, Turquía, y Bulgaria. Los sujetos llevan un caballo. Llevan un gorro puntiagudo de largas patas, semejante a los gorros escitas.
20 Árabes: estos sujetos vienen de Fenicia - Asiria. Están calzados con sandalias, y vestidos con túnicas con ribetes bordados. Llevan un dromedario.
21 Drangianianos: no hay acuerdo entre los autores referente al origen de esta delegación. Para unos, se trata de individuos que vienen de Merv en Bactriana, estados actuales de Afganistán, de Uzbekistán y de Tayikistán). Para otro, los sujetos vienen de la región de Kermán, al este de Irán. Además, su estilo de peinado sostendría un origen cerca de Kandahar, así como su escudo, lanza, y el tipo del buey que traen.
22 Somalíes (o lidios): el origen de esta delegación es controvertido. Acompañados por un carro, los sujetos traen un kudú o un íbice, están vestidos con pieles, pero no son negroides. El tipo morfológico de los individuos, lo mismo que la presencia de un carro, indicarían un origen libio, mientras que el antílope y los aderezos de pieles sostendría un origen situado más al sur, (Yemen o Somalia).
23 Nubios (o etíopes o abisinios): se trata de sujetos negroides, que llevan un okapi o una jirafa, defensas de elefante y un vaso.


Escalera norte
Guardias
Detalle de los guardias medos

La escalera norte fue añadida por Jerjes I, para facilitar el acceso a la Apadana desde la puerta de todas las Naciones. Los relieves de esta escalera presentan los mismos temas que los de la escalera este, pero están más degradados
El entrepaño central mostraba inicialmente a Jerjes I, Darío el Grande y a un funcionario. Este último podría ser un ganzabara (gobernador del Tesoro), o un quiliarca (oficial comandante de la guardia). Este relieve ha sido trasladado al Tesoro y ha sido sustituido por otro que muestra a ocho guardias. Una inscripción cuneiforme trilingüe en la escalera ha recogido en gran parte el texto de la de la puerta de todas las Naciones, sin precisar el nombre del edificio.

Tachara

Tachara
Así nombrado por una inscripción situada en un montante de su puerta sur, el Tachara, o palacio de Darío, está situado al sur de la Apadana. Es el único de los palacios en tener un acceso al sur por medio de un pórtico. La entrada del palacio se hacía inicialmente por este lado, por una doble escalera. Construido por Darío I, el palacio es completado luego por Jerjes I quien lo amplió, luego por Artajerjes III, quien añadió una segunda escalera al oeste. Esta nueva entrada crea una asimetría inédita. Los trajes de los personajes medos, silicios y sogdianos representados son diferentes de los de las otras escaleras anteriores, lo que sugiere un cambio de moda, y refuerzan la idea de una construcción ulterior.
Las mochetas de la escalera sur presentan símbolos de Noruz: león que devora un toro. Las partes ascendentes representan a medos y aracosios que traen animales, jarras y otras cosas. Se trata probablemente de sacerdotes que vienen de lugares santos zoroástricos tales como el lago Urmía en Media y el lago Helmand en Aracosia, y que llevan lo necesario para las ceremonias. El entrepaño central muestra dos grupos de guardias nuevos y tres paneles que llevan una inscripción trilingüe de Jerjes II, que indica que este palacio ha sido construido por su padre; está coronada por el disco alado, símbolo o bien de Ahuramazda o de la gloria real, encuadrado por dos esfinges.
Reconstrucción del Tachara, por Charles Chipiez (1884)


La entrada del palacio se hace por una sala, mediante una puerta, donde un relieve representa a los guardias. Esta sala es seguida por otra puerta que se abre al vestíbulo principal, sobre la que se encuentra un relieve que representa al rey que combate al mal con forma de un animal. Este tema está en otras puertas del palacio, en el Palacio de las 100 columnas, y en el harén. La figura maléfica es simbolizada por un león, un toro, o un animal quimérico. El tipo de figura podría tener una relación con la función de la obra, o con temas astrológicos.
En el cuarto de baño real se abre una puerta. Está adornada con un relieve que muestra a un rey preparado para una ceremonia y seguido de dos servidores que tienen una sombrilla y un espantamoscas. El rey está coronado, vestido con un rico aderezo adornado con piedras preciosas. Lleva pulseras, y las joyas penden de su barba trenzada.
Otro relieve muestra probablemente a un eunuco, única representación imberbe del sitio. Lleva una botella de ungüento y una servilleta. La circulación de agua estaba asegurada por un canal cubierto en el suelo que pasaba por medio de la estancia. Pueden observarse restos del cemento rojo que alfombraba el suelo de la sala.

Hadish
El Hadish, o palacio de Jerjes, se encuentra al sur del Tripylon; está construido sobre un plano semejante al Tachara, pero dos veces más grandes. Su vestíbulo central constaba de treinta y seis columnas de piedra y de madera. Se trataba de troncos de árboles de grandes proporciones y grandes diámetros de los que no queda nada. Está rodeado por el este y el oeste por pequeñas habitaciones y pasillos, cuyas puertas presentan relieves esculpidos. Se encuentran allí procesiones reales que representan a Jerjes I acompañado de servidores que le ponen a cubierto bajo una sombrilla. La parte sur del palacio está compuesta de apartamentos cuya función es controvertida: en un tiempo descritos como de la reina, son considerados como almacenes o anexos del Tesoro. El acceso a la terraza del Hadish se hacía por una escalera monumental al este, de doble tramo,  primero divergentes y luego convergentes, y una escalera más pequeña de tramos convergentes al oeste; as dos presentan la misma decoración que la escalera sur del Tachara: toros y leones, guardias persas, disco alado y esfinge.
Hadish es una palabra en antiguo persa que figura en una inscripción trilingüe en cuatro ejemplares, sobre el pórtico y la escalera: significa «palacio». Son los arqueólogos quienes llaman a este palacio hadish, no siendo conocido el nombre original. La atribución a Jerjes es segura, pues éste, además de estas cuatro inscripciones, hizo grabar su nombre y sus títulos al menos catorce veces.
Procesión real (Hadish).
Palacio de las 100 columnas
También llamado sala del Trono, tiene forma de cuadrado de 70 m de lado: es el más grande de los palacios de Persépolis. Cuando se excavó parcialmente, estaba cubierto por una capa de tierra y de cenizas de cedro de más de tres metros de espesor. Muy perjudicado por el incendio, solo han quedado las bases de las columnas y los montantes de las puertas. 
Dos toros colosales constituyen las bases de las columnas principales, de 18 m, que sostenían el tejado del pórtico de la entrada, al norte del palacio. La entrada era por una puerta ricamente decorada con relieves. Entre las representaciones, una describe el orden de las cosas, mostrando de arriba abajo: a Ahuramazda, el rey sobre su trono, luego muchas filas de soldados sosteniéndolo. El rey ejerce pues su poder de Ahuramazda, que lo protege, y manda al ejército que lleva su poder.
El palacio de las 100 columnas reconstruido por Charles Chipiez (1884)

Guardia de los Inmortales (palacio de las 100 columnas)

El palacio está decorado con numerosos relieves en notable estado de conservación, que representan toros, leones, flores y bellotas.

La puerta sur del palacio presenta un relieve completamente diferente. Simboliza el sostén aportado al rey por las diferentes naciones que componen el imperio. Los soldados que componen las cinco filas inferiores pertenecen a muchas naciones, reconocibles por su tovado y armamentos. Vuelto hacia el Tesoro, este mensaje se dirige más bien a los servidores y les recuerda que las riquezas que transitan por esta puerta se deben a la cohesión del imperio. Unas tablillas cuneiformes detallan los archivos de los tributos, dando así una estimación de las riquezas que transitaban por estas puertas.
Si los relieves de las entradas norte y sur del palacio conciernen esencialmente a la afirmación de la monarquía, los de las partes este y oeste presentan, como en otros palacios, escenas heroicas de rey combatiendo al mal.

Tesoro
Construido por Darío I, se trata de una serie de salas situadas en el ángulo sureste de la terraza, que se extienden sobre una superficie de 10.000 m². El tesoro consta de dos salas importantes, cuyo tejado era soportado respectivamente por 100 y 99 columnas de madera. Se han encontrado tablillas de madera y de arcilla, que detallan el montante de los salarios y beneficios pagados a los obreros que lo habían construido. Según Plutarco, 10.000 mulas y 5.000 camellos habría necesitado Alejandro Magno para trasportar el tesoro de Persépolis. Según algunas tablillas, 1.348 personas trabajaban en el Tesoro en 467 a. C.
El Tesoro (vista noreste)

Guarnición y sala de las 32 columnas
Entre el palacio de las cien Columnas y la montaña se encuentran múltiples salas que componían los barrios de los servidores y de los soldados, la cancillería, y los despachos. Se han encontrado más de 30.000 tablillas y fragmentos de tablillas en elamita.
Según Quinto Curcio Rufo y Diodoro, Alejandro habría dejado en el lugar 3.000 soldados, lo que da una idea de la capacidad de guarnición de Persépolis. Al norte de estos campamentos de chozas, se encuentran los restos de una sala que constaba de treinta y dos columnas, cuya función no está clara.

Harén y museo

Inscripción del Harén, de Jerjes I. Se trata de una inscripción bilingüe en persa antiguo (izquierda) y babilonio (derecha). (Museo nacional de Irán, Teherán)

Se accede al harén por la puerta sur del palacio de las 100 Columnas. El edificio tiene forma de " L", cuya ala principal tiene una orientación norte-sur. El centro consiste en una sala con columnatas, abierta al norte a un patio por un pórtico. Esta sala tenía cuatro entradas, cuyas puertas estaban decoradas con relieves. Los relieves laterales muestran todavía escenas de combate heroico que recuerdan las del Tachara o del palacio de las 100 Columnas. El rey es mostrado en lucha con un animal quimérico (toro-león cornudo y alado), con cuello de cuervo, cola de alacrán, que puede ser una representación de Ahriman, divinidad maléfica. El héroe hunde su espada en el vientre de la bestia que le hace frente. El relieve sur muestra a Jerjes I seguido de servidores, según una escena idéntica a las del Hadish. La parte sur del ala y la otra ala que la prolonga hacia el oeste consiste en una serie de 25 apartamentos, hipóstilos de 16 columnas cada uno. El edificio presenta además dos escaleras que lo enlazan al Hadish, y dos patios pequeños que podrían corresponder a jardines cerrados.
No es cierto, que el harén haya podido ser un lugar de residencia de mujeres. Según unos, la sección central habría podido estar destinada a la reina y a su séquito. Otros piensan que las mujeres residían en el exterior de los muros. La función del edificio es pues controvertida. La presencia de relieves elaborados, así como su situación, en un nivel alto es el de un edificio que tiene una función importante. Por el contrario, su tamaño y su posición sugieren más bien una función administrativa. Es probable que la denominación de "harén" sea errónea: los buscadores occidentales han proyectado su visión de los harenes otomanos sobre la Persia aqueménida que carecía de ellos.
El harén ha sido excavado y ha sido restaurado parcialmente por E. Hertzfeld por un procedimiento de anastilosis. Reconstruyó varias salas, que sirvieron de talleres de restauración y de presentación de las obras encontradas en el complejo. Una parte del harén se transformó en museo.
El museo del sitio presenta una gran variedad de objetos encontrados:
·       cerámicas, platos y vasos de terracota, azulejos de cerámica;
·       piezas de monedas;
·       herramientas de todo género: de mampostería, de talla, de cocina, o utensilios de boca, morteros;
·       artesanías de hierro forjado, puntas de lanza y de flechas, fragmentos de trompetas o de adornos metálicos, clavijas metálicas;
·       restos de tejidos o restos de madera que componen la infraestructura;
·       bocados metálicos y trozos de saeta;
·       tablillas grabadas.

Hay obras encontradas en los alrededores, que datan de ocupaciones posteriores, sasánidas e islámicas, incluso anteriores (prehistóricas).
La gran diversidad de las obras que recogen usos diarios, permiten tener una idea de la vida de la época. Además, la comparación de las obras con algunas obras pictóricas (bocado, lanzas) dan una idea de la minucia del trabajo de los obreros en la talla de los relieves.

Jardines
Exploraciones geológicas recientes han puesto en evidencia las ruinas de jardines aqueménidas y sus canales de irrigación en el exterior del complejo. Una parte de ellos fueron perjudicados en 1971, durante las ceremonias de celebración de los 2.500 años de la monarquía de Irán. Otros daños han resultado de la construcción de una carretera asfaltada después de la revolución. Dichos jardines llamados Pairidaeza (palabra persa antigua de la que proviene la palabra "paraíso"), eran realizados a menudo al lado de los palacios aqueménidas.

Red hidráulica
El sistema de canalización de la terraza encierra todavía preciosos secretos, lo que motiva excavaciones profundas. Se trata de extraer y analizar los sedimentos. Más de 2 km de red han sido descubiertos, que recorren la terraza y sus alrededores, y que pasan bajo los palacios. Las variables dimensiones de los canales (60 a 160 cm de ancho, 80 cm a varios metros de profundidad) explican la importancia del volumen sedimentario y el valor del potencial arqueológico. Los restos que contienen pueden así revelarse preciosos: ha sido hallado una parte del supuesto trono de Darío, igual que unos 600 fragmentos de cerámica que han conservado sus colores. Los trabajos tropiezan, sin embargo, con un problema complejo: la retirada de los sedimentos permite la infiltración de agua, lo que perjudicaría la estructura del complejo.
La red de colectores y de canales de agua atraviesa los cimientos y el suelo de la terraza. Es, pues, probable que los planos de la totalidad del complejo hayan sido realizados en detalle antes de su construcción. Cortados directamente en la piedra de la base de los muros, antes de su erección, los colectores permitían evacuar las infiltraciones pluviales.

Sepulturas reales
Situadas a algunas decenas de metros de la terraza, dos tumbas cavadas en la roca de Kuh-e Ramat dominan el sitio. Estas tumbas son atribuidas a Artajerjes II y a Artajerjes III. Cada sepulcro está rodeado por esculturas en columnatas que representan las fachadas de palacio, resaltadas con grabados. Estas representaciones, como las de las tumbas de Naqsh-e Rostam, han permitido comprender mejor la arquitectura de las construcciones palatinas persas. En la parte superior del sepulcro de Artajerjes III, el rey está representado sobre un pedestal a tres niveles, haciendo frente a Ahuramazda y a un fuego sagrado igualmente realzado. Un muro presenta una inscripción trilingüe que recuerda que Darío el Grande ha dado una descendencia, que ha construido Persépolis, y hace una lista de sus bienes. Cada versión difiere ligeramente de las otras dos. Una tercera tumba inacabada se encuentra más al sur. Parece haber estado destinada a Darío III, último rey aqueménida.

La tumba de Artajerjes II.
La tumba de Artajerjes III.

Al pie de la montaña han sido encontradas restos de sepulturas post-aqueménidas, a un kilómetro al norte de la terraza.

Susa
Fundada hacia el año 4000 a.C., Susa fue en su momento una de las ciudades más importantes del mundo. Entre el 3300 y el 3000 fue capital del reino de Elam, elegida por su privilegiada situación en una llanura bien regada por la cuenca del río Karun.
Entre 2800 y 2375 a.C. fue controlada por los sumerios, lo que permitió a los elamitas adoptar la escritura cuneiforme.
Hacia 2250 fue sometida por los reyes de Akkad y, hacia 2050, por los gobernantes de la III Dinastía de Ur. El rey elamita Shuruk Najjunte (1208-1171 a.C.) atacó y saqueó Babilonia, donde robó el Código de Hammurabi, entre otros trofeos de guerra.
Hacia el I milenio a.C. fue objeto de los ataques asirios, siendo conquistada y asolada por Asurbanipal hacia el 647 a.C. Los aqueménidas la convirtieron en su capital entre los años 550 y 330 a.C., etapa durante la cual Ciro II, Darío I el Grande y Artajerjes I edificaron palacios y residencias. Fue Darío I quien eligió a Susa como su capital administrativa. La fundación de Persépolis, sin embargo, significó el comienzo del declive para Susa. Conquistada por Alejandro Magno en el año 331 a.C., continuó siendo importante tras la caída del Imperio persa, si bien más tarde cayó en el anonimato hasta que, con la invasión mongola, fue destruida y abandonada.
Susa recuperó su sitio en la Historia a partir de 1851, cuando el británico Loftus la exploró e identificó con la bíblica Susan, palacio citado en los libros de Daniel y Ester. A partir de entonces, ha sido objeto de varias campañas de excavación francesas, que han hecho que muchos de los hallazgos se expongan en el Louvre y, más tarde, el de Teherán.
Lancero, detalle del "friso de los arqueros" del palacio de Dario. Bajorrelieve de cerámica vidriada, hacia 510 a. C.

La Susa aqueménida ocupaba tres montículos principales: el Apadama, la Acrópolis y la Ciudad Real. Actualmente es una superficie desolada, en la que tan solo quedan los restos de antiguos palacios, bases de columnas y un solitario capitel, con dos cabezas de animal. Destaca cerca del solar un mausoleo, del que se piensa que contiene los restos del profeta Daniel.
El Palacio de Susa en Irán fue creado en la época aqueménida. La ciudad de Susa fue tomada por Ciro el Grande en 538 a. C. Bajo el hijo de Ciro, Cambises II, la capital del imperio de trasladó de Pasargadas a Susa.

Palacio de Darío
El gran palacio de Darío I se construyó sobre las ruinas elamitas. Es una de las tres principales construcciones de la Susa antigua; las otras dos son la acrópolis con un fuerte aqueménida y la Villa Real. Constituye el monumento principal del período aqueménida en Susa. El rey hizo que se construyera durante los primeros años de su reino.
El palacio se construyó sobre una terraza artificial de 12 hectáreas, dividida en tres partes. La primera de estas partes es la gran puerta. Se trata del único punto de acceso al palacio. Está unido con la Villa Real, hacia el Este, por una rampa de ladrillo cocido. La puerta en sí misma es un amplio edificio de 40 metros de ancho por 28 de largo, que descansa sobre los cimientos donde la realización es un auténtico logro técnico. Se realizó un gran terraplén, con el añadido de grandes paredes de fundación para soportar el edificio. La puerta está dispuesta en torno a una sala cuadrada a cuatro columnas, modelo corriente en el arte aqueménida, del que se trata sin duda la manifestación más antigua. Se encontró una gran estatua de Darío I, venida de Egipto, que fue originariamente una de las dos estatuas colosales que guardaban la entrada del lado de la extensa explanada cuadrada que se abre sobre el palacio.


Capitel de una columna de la Apadana del palacio de Darío, Museo del Louvre.

León en un panel decorativo del palacio de Darío I.

La explanada permitía acceder a la residencia real. Se trata de un extenso cuadrilátero de 246 x 155 metros que cubre 38.000 m ². Se entra por el Este, por una doble sala de espera. Hacia el Oeste, se accede a una serie de tres patios interiores, y de salas más pequeñas. La primera corte, la más vasta (64 x 55 metros), con un "friso de los Leones" retirado por el Sr. Dieulafoy.
La corte central medía 36 x 33 metros, y daba acceso por su lado a una serie de partes que podrían haber sido almacenes u oficinas administrativos. La tercera corte (36 x 31 metros) organiza el sector residencial del rey. Está ricamente decorado, y tiene un suelo pavimentado con grandes cuadrados de ladrillo cocido. Por su lado meridional, un paso de 9 metros de amplio da acceso a una gran sala de 35 x 9 metros, que a su vez se abre sobre otra sala de las mismas dimensiones, por donde se accede a la habitación del rey.
Es en esta sala donde consta el texto de fundación del palacio, redactado en dos versiones, en acadio y en elamita. Se enumeran allí los materiales y la gente que llegó de todo el Imperio para contribuir a la realización del edificio. En torno a la habitación del rey se encontraban los apartamentos de las esposas y concubinas reales, salas de recepción así como almacenes.
El palacio se inspira en los del período neobabilonio por lo que se refiere a la organización de las salas en la Casa de Rey, con su sucesión de cortes interiores alineadas, y el plan de las salas. Pero presenta también originalidades, como las salas cuadradas sostenidas por cuatro columnas que se retomarán a continuación en Persépolis. Desde el punto de vista de los materiales, se ve la mezcla de la técnica mesopotámica, por lo tanto susiana (ladrillos crudos, cocinados, esmaltados), y de la de los montañeses persas (madera y piedra).
El Apadana, sala de audiencias real, se construyó al norte del palacio. Se trata de un gran edificio (12.000 m ²), de base cuadrada (109 metros de lado); se organiza en torno a una sala central cuadrada (58 metros de lado), de los cuales el límite máximo es soportado por seis hileras de seis columnas, que tienen una base cuadrada, y debían ascender a 19 metros. Estas columnas se coronaban con un capitel de toro, donde se encajaban las vigas del techo. Los lados Oeste, Norte y Este de la Apadana permitían acceder por puertas de doble hoja a tres pórticos (cada uno con dos hileras de seis columnas). Se habían construido cuatro todos a los ángulos del edificio.

Palacio de Artajerejes
Frente al Palacio de Darío hay otro palacio, situado al Oeste de Susa, sobre la orilla occidental del Chaour. Es obra de Artajerjes II (principios del siglo IV a. C.). Este edificio de 220 metros de largo por 150 de ancho se organizaba en torno a un pequeño jardín. Incluía una gran sala hipóstila en el mismo estilo que en los otros palacios aqueménidas, con dimensiones más modestas. Se habían construido cuatro pórticos sobre sus lados, y cuatro vueltas a sus ángulos. Al norte del jardín, se accedía a un edificio organizado en torno a una pequeña sala hipóstila a cuatro columnas, se construye sobre una terraza de dos metros de altura. En el conjunto, las técnicas de construcción evolucionaron poco durante el siglo que separaba la construcción del palacio del Tell y de éste. La función de este edificio es desconocida, quizá fuera un espacio más privado que el gran palacio, o un lugar de residencia provisional durante una restauración del otro palacio.

SELEUCIDAS
La conquista de Alejandro Magno supuso la caída del Imperio Aqueménida y la anexión de Persia por los griegos. Sin embargo, el sueño de Alejandro se vio truncado por la temprana muerte de éste en el año 323. Después de su muerte, sus generales se disputaban los despojos del Imperio Aqueménida.
Hubo entre ellos largas guerras cuyo resultado final fue la fragmentación de Persia, quedando la parte de Babilonia en manos de Seleucos Nicator, un viejo general que estuvo al servicio de Filipo, el padre de Alejandro (312).
Seleucos extendió poco después sus dominios hacia Elam (el actual Juzestán y parte de Lorestán) y Media. De esta manera, creó el estado independiente de los Seleucidas y el comienzo de su reinado marca otro nuevo hito en la historia de Persia.
Varios años después, en el 301, se anexiona también Siria y gran parte de Asia Menor y Central que comprendía todas las provincias conquistadas por su antecesor Alejandro desde el mar Egeo hasta la cuenca del Oxus.
Esta extraordinaria extensión, similar a la que tuviera con los Aqueménidas, unida al hecho que los Seleucidas eran mirados como extranjeros por las diferentes tribus y pueblos de la región, fueron factores importantes que no permitieron que la dinastía griega perdurase en la historia. Es por ello que tanto Seleucos como su hijo Antioco se decantaron por seguir la política de Alejandro, la de crear asentamientos griegos en todos los rincones del imperio y allí establecían colonos procedentes de Grecia y Macedonia. Con esta política comienza una helenización que perduró y se desarrolló a lo largo de la historia de Persia hasta la caída de los Partos en el 224 de nuestra era.

Seleucos y su hijo fundaron unas 60 ciudades griegas que se sumaron a las 25 que había fundado Alejandro, ciudades en cuya toponimia podemos ver las huellas de sus fundadores pues muchas de ellas fueron denominadas con derivaciones de sus propios nombres (Antioquia, Seleucia) y los de sus madres (Laodicea, Apamena). A los colonos que se establecían en aquellas ciudades se les daba una parcela de tierra para que la trabajaran y vivieran de ella, y, a cambio, se les exigía el cumplimiento del servicio militar en los diversos cuarteles que se habían erigido estratégicamente para el control de las revueltas locales. Aunque estas ciudades griegas eran regidas en teoría según las costumbres y la democracia griegas, en la práctica el soberano seleúcida se comportaba de una forma absolutista y era su decisión y su voluntad la que finalmente imperaba, teniendo, pues, la asamblea, un papel más bien pasivo y sometido a la autoridad real.
En lo que a la Administración respecta, en su momento de máximo apogeo el imperio seleúcida estaba compuesto de 72 virreinatos o satrapías regidas cada una de ellas por un sátrapa, pero sometidas todos ellos a la voluntad del soberano.
Vemos, pues, que imitaban el modelo aqueménida que había funcionado bien durante más de dos siglos. El soberano ejercía un completo control sobre la aristocracia y los virreyes. Para llevar a cabo este control desplazaba su corte a lo largo de las diferentes satrapías. A pesar de este férreo control, después de Seleucos I hubo unos cuantos sátrapas que se rebelaron en Siria y Asia Menor, lo que supuso un duro revés para los Seleucidas.
Por otra parte, los brotes antiseleucidas que surgían en Media, ya desde Seleucos I, en la que incluso en una de ellas estuvo implicado un príncipe seleúcida, significó otro revés y pérdida de autoridad para los Seleucidas en la Persia propiamente dicha. Por si fuera poco, los griegos de Bactriana (actual Afganistán) se rebelaron contra el gobierno central y empezaron a exigir su independencia (250).
Todos estos factores no hicieron sino ayudar a la familia arsácida que regían los destinos de las tribus nómadas partas en Hircania (actual Gorgán y Gonbad Kavus), los partos llamaban a las puertas, corría el año 247 a. C. Los Seleucidas, que estaban muy ocupados en ahogar las revueltas y rebeliones tanto exteriores como internas que se producían en la parte siria, no estuvieron dispuestos a molestarse mucho por la recuperación de esta zona oriental de sus dominios, por lo que terminaron perdiendo, en primer lugar, Bactriana (261), y, al no ofrecer resistencia a los partos, estas tribus nómadas iranias, pero no persas, procedentes de Asia Central terminaron dispersándose por toda la geografía iraní (147 a. C.) y los Seleucidas se vieron circunscritos finalmente a la provincia de Siria donde también se tuvieron que enfrentar al imperialismo de Roma ante el que sucumbieron en el año 64 a. C.

Seleucos I, también conocido como Nicator (conquistador, en griego), eligió Babilonia como su primera sede del trono. Después de conquistar Siria, trasladó allí permanente su capital. Seleucos murió en el 281 a. C. después de 32 años de reinado durante una expedición a Macedonia. Su hijo, Antioco I, que había compartido el trono con su padre durante los últimos años de vida de éste, renunció a las pretensiones que tenían su padre sobre Macedonia y Asia Menor (261). Tuvo un importante papel en la fundación de los asentamientos y ciudades griegas a los que nos referimos antes, pues no en vano fue él quien fundó la mayor parte de éstas. Su hijo y sucesor, Antiocos II, aunque pudo devolver a los dominios seléucidas algunos de los territorios perdidos por su padre, no le pudo devolver al imperio su antiguo poderío.

Antiocos II, 261-246
Su hijo y sucesor Seleucos II (246-225) hizo que el imperio se tropezara con serios problemas. Fue incapaz de apagar las revueltas de Bactriana y de repeler las tribus partas que paulatinamente estaban ocupando la meseta iraní. Su ineptitud hizo que la autoridad seleúcida se viese incluso menoscabada ante los egipcios. Su hijo Seleucos III, más conocido como el Grande, reinó solo por dos años (225-223) durante los cuales proclamó su autoridad sobre partos y bactrianos durante una expedición militar contra ellos. Pero en el ataque que hizo contra Grecia, chocó contra Roma y sufrió una derrota humillante (188 a. C.). Su hijo y sucesor Seleucos IV Filopater llegó al poder en el año 187 a. C. respetó la política de su padre de tener buenas relaciones con sus vecinos de Roma y evitó enfrentamientos con Egipto y Macedonia. Murió en el 175 a manos de Heliodoro, su propio ministro y las causas de su asesinato son hasta hoy desconocidas. Su hermano y sucesor Antiocos IV Epifanes se decantó por seguir una política agresiva en Israel que acabó con la sublevación del pueblo judío, y sus intentos de hostigar las fronteras egipcias fueron frustrados por la intervención de Roma.


Bibliografía
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