sábado, 4 de noviembre de 2017

Capítulo 15 - Siria y Palestina


Siria y Palestina:
Los hebreos – Origen e instalación en Palestina – Más allá de la biblia – Los reinos arameos – Distribución y áreas – Instituciones y religión – La lengua aramea y su importancia.

Los territorios comprendidos entre Mesopotamia y el Mediterráneo se vieron profundamente afectados por las transformaciones étnicas, políticas y culturales que tuvieron lugar en el Próximo Oriente hacia mediados del II Milenio. 

Como efecto del movimiento de pueblos se produce un reajuste en las formaciones estatales, de manera que los pequeños reinos de Siria y Palestina cambian sus dinastas semitas, en gran medida amorreos, por hurritas o indoeuropeos, pero al mismo tiempo los grandes estados de la época orientan sus intereses económicos hacia esta zona de intenso tráfico comercial. Las interminables disputas entre ellos y con los príncipes locales se dirimen con el empleo de la fuerza militar, de modo que la intensidad de las operaciones bélicas parece desviar el objetivo real, que no es precisamente el de la conquista por prurito. 
Desde épocas anteriores las grandes potencias se han disputado este espacio económico. Egipto, desde la época de Tutmosis III adquiere la hegemonía sobre Siria y Palestina, posición que mantendrá con altibajos hasta el siglo XII. 
Mitanni logra controlar Siria septentrional desde mediados del siglo XVI hasta que, a mediados del XIV, le es arrebatada por Hatti
Los hititas heredan la confrontación con Egipto, pero pronto alcanzan una paz que persiste hasta la destrucción del Imperio Hitita hacia 1200. 
El aumento de las imposiciones tributarias obligó a muchos habitantes de ciudades a buscar una nueva forma de vida como seminómadas, al tiempo que numerosos prisioneros de guerra dejaban de ser elementos productivos en sus lugares de origen. Este decrecimiento demográfico no fue soportado por algunos centros urbanos que dejaron de existir, como Qatna o Ebla.  
La productividad de los campos no era demasiado elevada, por lo que sabemos de los archivos de Emar, de Alalakh o de Ugarit. 
El suelo cultivable se dividía entre propiedades reales, que rentan al palacio un cincuenta por ciento de la producción, y las tierras de las comunidades aldeanas, que entregan un diezmo como tributo al monarca. 
La producción artesanal participa de forma activa en la renta, de hecho entre los tributos entregados por los estados sirio-palestinos a las grandes potencias frecuentemente encontramos tejidos y armas de bronce. Pero no se trata más que de unos ejemplos de la diversificada artesanía de la región que requiere, para su producción, importar materias primas, lo cual contribuye, a su vez, al desarrollo de la actividad comercial, por vía terrestre -de ahí la importancia del control de ciudades como Karkemish, Alalakh, Alepo, Qadesh, etc. estratégicas para los estados imperialistas-, como por vía marítima, lo que justifica el desarrollo de las ciudades costeras como Ugarit, Biblos, Tiro, etc. 

Mitanni intenta obtener los beneficios de esta situación durante su período de hegemonía, a lo largo del siglo XVI. 
En la primera mitad del siglo XV será Egipto quien intervenga más activamente en la región para obtener un consenso mediante el cual Mitanni conserva Alepo, Alalakh y el territorio de Nukhashe, mientras que la XVIII dinastía se ampara de Ugarit, Amurru, Qadesh y, naturalmente, los estados palestinos.
La etapa final de este período está marcada por la profunda transformación que acarreará el movimiento de pueblos, arqueológicamente simbolizado en el paso de la Edad del Bronce a la del Hierro. 
En primer lugar habría que mencionar el proceso de instalación de los hebreos en Canaán, que conocemos con cierto detalle -magnificado por la fuente- gracias al relato bíblico. 
Seguramente en la época de Ramsés II ciertos trabajadores abandonaron Egipto y deambularon por el Sinaí y la zona septentrional de Canaán, hasta lograr un acceso por la milenaria ciudad de Jericó. Una vez allí establecidos llevarán a cabo un reparto del territorio, que han de compartir con los habitantes precedentes, de donde surgirá el germen del proceso de estatalización. 
Por obro lado, la mayor parte de los asentamientos costeros ve interrumpida definitiva o transitoriamente su vida como consecuencia de la denominada invasión de los Pueblos del Mar. En realidad se trata de un movimiento migratorio y pirático al mismo tiempo, conformado por una amalgama de desarraigados entre los que mayoritariamente habría micénicos. 
Entre los lugares que desaparecen, al margen del Imperio Hitita, se puede destacar Ugarit, el importante centro comercial que unía el Mediterráneo oriental con el Próximo Oriente y que había sido presa de las ambiciones de las grandes potencias por su caudal económico. Esta es la única ciudad de los cananeos marítimos, es decir, los fenicios del II Milenio, que no logra sobreponerse al golpe recibido, ya que fue abandonada por sus habitantes, indefensos al hallarse su ejército combatiendo con el de Tudhaliya IV. 
Algo más al sur, se asentarán los peleset, el contingente mejor conocido de los Pueblos del Mar, mencionado en la Biblia como filisteos, que mantienen relaciones hostiles con los hebreos. 
También en la costa palestina se asientan los tjeker y los denyen, que aparecen citados en el "Cuento de Uenamón", un relato egipcio fechado hacia mediados del siglo XI. 
Otros grupos participantes en estas oleadas darían nombre a Sicilia (shekelesh), a Cerdeña (sherden), e incluso otras propuestas más discutibles aún intentarían demostrar el gran alcance del movimiento de población. 
No obstante, para la historia próximo-oriente resulta más importante el pueblo arameo. 
Políticamente juegan un papel decisivo en el desfondamiento de los estados del Bronce Final y participan en la construcción del nuevo mapa del I Milenio.
Pero desde el punto de vista cultural resultan quizá aún más destacables por el profundo proceso de arameización, que hará de su lengua el vehículo de comunicación predominante en el Próximo Oriente hasta el cambio de era. Además, la popularización de la escritura alfabética irá vinculada a la representación del arameo, mientras que las lenguas del II Milenio aún en uso, conservarán el cuneiforme como instrumento de representación; de ahí que el arameo encuentre un apoyo añadido a su éxito como lengua franca a lo largo del I Milenio. En cualquier caso, los arameos constituyen un elemento étnico nuevo en el Próximo Oriente, aunque está emparentado con las poblaciones nómadas conocidas por las fuentes del II Milenio como suteos, en la zona de Siria, y akhalamu en Mesopotamia septentrional. 
Su asentamiento no se produce sistemáticamente de forma violenta, pues conservamos referencias de tributos pagados a los monarcas asirios e incluso de su contratación como mercenarios. A partir de ahí comienzan procesos de mestizaje que varían en intensidad y efectos según las áreas, aunque su personalidad prevalecerá en la mayor parte de los territorios en los que se asientan. Hacia el 1100 los hallamos ya establecidos en el curso medio del Éufrates y a lo largo de los siglos IX y VIII se han expandido hasta Babilonia meridional y Elam, además de haber instalado sólidas dinastías en importantes ciudades de Siria.

Canaán  es la denominación antigua de una región del Próximo Oriente, situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán y que abarcaba parte de la franja sirio-fenicia conocida también como el creciente fértil. En la actualidad se corresponde con el Estado de Israel, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con la zona occidental de Jordania y algunos puntos de Siria y Líbano.
Canaán es una zona con una larga historia, que remonta su ocupación hasta las fases neolíticas más tempranas, con importantes asentamientos a lo largo del tiempo, como Jericó, Ugarit, Jerusalén, Tiro, Sidón, Biblos, Damasco o Gaza. Fue habitado por pueblos muy diversos, como amorreos, jebuseos, hicsos, fenicios, arameos, hebreos (y sus descendientes los judíos).
A partir de la primera invasión semita en la región (sobre el 3000 a. C.) existe unidad de organización, urbanismo, arte militar, etc., entre todas las ciudades de Canaán y las de la zona montañosa Judea; su historia es común, con pequeñas vicisitudes peculiares de cada ciudad.[1] 
Estos ocupantes parece ser que entraron por el este. Las ciudades que de ellos conocemos, tanto en la zona montañosa como en las llanuras y costas, coinciden en la solidez de sus muros defensivos, como los de `Ay, Tirsah, Jericó, Dotayn, etc.; además son de bastante extensión, lo que indica una población urbana numerosa con toda la complejidad de servicios y el consiguiente desarrollo económico.
En el trazado de las ciudades hay un destacado interés urbanístico: alcantarillados, calles rectas y bien trazadas, armonía de edificios públicos con las viviendas particulares, etc. Esta disposición urbanística es nueva por completo en Canaán y exige una fuerte autoridad interna. Desgraciadamente faltan los documentos escritos que permitan reconstruir la historia durante los casi nueve siglos que duró esta civilización sin variantes.
Parece ser que la principal fuente de riqueza es la agricultura de los campos inmediatos a las ciudades: regadíos, como los de Jericó, o secano bien explotado, como en el caso de `Ay. Pero su posición era estratégica: era un enclave frente al Mediterráneo, y territorio de paso entre las diversas potencias: Egipto; Asiria-Babilonia; los Hititas.
Esto propició una nueva fuente de riqueza: el comercio. Las destrucciones totales de las ciudades hablan de las conquistas guerreras de las mismas. Aun así, las destrucciones no suelen ser totales, y los mismos pobladores rehacen las partes dañadas de las ciudades al desaparecer el peligro que las aquejaba.

En la época en la que los mercaderes fenicios ocupaban un lugar prominente, en especial entre los cananeos, esta palabra (kena’ani), e incluso Canaán (por ejemplo Isaías 23,8), obtuvo el significado de "comerciante", "mercader". Como nombre del país, aparece bajo las formas knnahni kinahni y kinahna, tan temprano como dos siglos antes de Moisés en las cartas cuneiformes de los príncipes sirios y palestinos a los faraones egipcios, halladas en las Tablas de Tell el-Amarna; y más temprano aún en algunas inscripciones egipcias, con la forma Ka-n-‘-na. En las monedas del siglo II a.C., el pueblo fenicio de Laodicea se llama a sí mismo "una madre en Kena’an”. También en la literatura griega queda evidencia de que los fenicios llamaban Chna a cierto antepasado, así como a su país, y incluso en tiempos de San Agustín los campesinos púnicos, vecinos a Hipona, se llamaban a sí mismos Chanani, o sea, cananeos. Si el vocablo es de origen semita, debe derivarse de la raíz Kana, que originalmente significa "bajo", o en sentido figurativo, "pequeño", "humilde", "despreciable", "subyugado". Siguiendo esta derivación en su sentido original, "la tierra de Canaán" ha sido explicada por varios estudiosos como "la tierra baja"---ya sea porque el nombre puede haber significado originalmente sólo la costa plana, o también el país montañoso de Palestina occidental, en oposición a las aún más altas montañas del Líbano y el Hermón. Pero la tradición bíblica parece más bien derivar el nombre del país a partir de un nombre de persona. Ella asume que "la tierra de Canaán" es la "frontera de los cananeos" (Génesis 10,19), o sea, de la raza de Canaán, hijo de Cam, y no parece aconsejable oponer a esto una conjetura tan incierta como la etimología descrita más arriba. A lo menos, puesto que el sentido figurativo del significado de la palabra como sinónimo de esclavo o siervo cuadra muy bien con lo poco que sabemos del nieto de Noé.
Con pocas excepciones, los escritores bíblicos parecen indicar con este nombre por lo menos, la totalidad de la Palestina occidental, o Cisjordania. Ese territorio se extiende desde el desierto de Sin en el sur hasta cerca de Rejob y la entrada de Jamat en el norte (Núm. 13,3.18; cf. 22). Una delimitación más cuidadosa de la tierra de Canaán se encuentra en Núm. 34,3-12 y Eze. 47,15-20. Pues aunque el nombre no aparece en Ezequiel, no se puede dudar de la identidad de las fronteras que se describen ahí. En ambos textos la frontera occidental está formada por el Mediterráneo, y la mayor parte de la oriental por el Mar Muerto y el cauce inferior del Jordán.
La frontera sur coincide con la del territorio de Judá (Josué 15,1-4), mientras que Cadés Barnea (Ain Kedis), en la latitud 30º 33' N, puede tomarse como el punto más meridional. Fue por ello que en tiempos de San Jerónimo (In Ezech, Migne, XXV, 476-478) se situó la frontera norte en el centro o norte de Siria. De ese pasaje de San Jerónimo hasta una fons Daphnis (Dafne, cerca de Antioquía) encontró su camino a la Vulgata (Num 34,11) en vez del pueblo de Ain. A pesar de que algunos de los pueblos fronterizos todavía no se conocen con certeza absoluta, podemos dar por sentado hoy día que la línea divisoria del norte se debe trazar al sur del Líbano y del Hermón, casi en la latitud 33º 18' N., y que coincide completamente con la frontera norte del país conquistado y habitado por los israelitas, el cual, según numerosas citas, se extendía “desde Dan hasta Berseba”, o “desde la entrada de Jamat hasta el arroyo de Egipto”. La parte norte de la frontera oriental, sin embargo, parece seguir no el curso superior del Jordán, sino el del Rukkad, desde Hasar-Enan (El-Hadr) hasta Ain (Ayun), de modo que aquí toda la parte occidental de Jaulan parece estar incluida en la tierra de Canaán---no así, sin embargo, la tierra de Galaad ni el territorio allende el Jordán, al sur del Jarmuk. Todos los lugares antes citados están en concordancia con esta concepción, y sólo dos veces aparece el nombre del país de Canaán con un sentido más limitado: primero por la costa fenicia (Isaías 23,11), y luego por las tierras bajas de los filisteos (Sofonías 2,5) ambos en un tiempo cuando únicamente estas regiones costeras estaban aún habitadas por los cananeos. Hemos visto ya cómo ese nombre fue honrado incluso luego en Fenicia misma. En Egipto parece que el nombre del país se utiliza especialmente para referirse a la costa; al mismo tiempo que el nombre de cananeos se aplica a los habitantes de la tierra montañosa que está detrás de aquella. En las Tablas de Tell el-Amarna el país de Kinahhi parece incluir tanto la costa fenicia como las montañas de la Alta Galilea, y probablemente, más hacia el norte, el país de Amurri (Líbano y Anti-Líbano) cf. H. Clauss Zeitschrift des Deutschell Palastinavereins (1907), XXX, 17, 29, 30, 35, 36, 64, 67.

El Génesis (10,15-18) enumera una serie de tribus como descendientes de Canaán, muchas de las cuales, y originalmente casi todas, estaban situadas fuera de Palestina propiamente dicha y se extendían hasta el norte de Siria: "Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het, al jebuseo, al amorreo, al guirgasita, al jivita, al arqueo, al sineo, al arvadeo, al semareo y al jamateo. Más tarde se propagaron las estirpes cananeas". Estas últimas son las tribus que poblaban al Canaán bíblico o la Palestina occidental. "La frontera de los cananeos iba desde Sidón, en dirección de Guerar, hasta Gaza; y en dirección de Sodoma y Gomorra, Admá y Seboyim, hasta Lesa". Si podemos identificar a Lesa (V.A. Lasha) con Lesem (Josué 19,47) o Lais (Jueces 18,14), el Dan posterior, la costa desde Sidón a Gaza y Guerar se señala aquí como la frontera occidental de Canaán, y el valle del Jordán desde la Pentápolis a Lais-Dan como la frontera oriental. Pero el Códice Samaritano en su verso 19 trae otra declaración: "Y la frontera del cananeo se extendía desde el río de Egipto hasta el gran río, el Eufrates, y [desde el Eufrates] hasta el mar extremo [u occidental]". Aparentemente, aquí “el cananeo” significa todos los descendientes de Canaán, mencionados en los versos 15-18, de los que al menos los hititas vivían cerca del Éufrates. Es difícil decidir cuál variante es la original. Ambas presentan a los descendientes de Canaán establecidos en la tierra bíblica de Canaán, o sea, lo que más tarde sería la tierra de Israel. Por regla general es a los habitantes pre-israelitas de esta “tierra de Canaán”, considerados en su conjunto, quienes son designados con el nombre común de cananeos; así está en el Pentateuco, sobre todo en las partes atribuidas a la fuente yahvista, como por ejemplo Gn. 12,6; 24,37; 38,2; 50,11. En otros lugares, sin embargo, principalmente en las partes llamadas elohistas, se usa el nombre de amorreos con el mismo sentido general. Muy frecuentemente se distinguen hasta seis o siete, y hasta once, tribus o pueblos diferentes, uno de los cuales en particular lleva el nombre de cananeos. Así por ejemplo en Éxodo 3,8: "…al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos". Reiteradamente (por ej. [[Jos. 3,10) se añade a los guirgasitas, mencionados más arriba (Gén. 10,16); y en Gén. 15,19-21 encontramos a los "los quenitas, los quenizitas, cadmonitas. . . y también a los refaítas"; mientras que en Núm. 14,25,a los amalecitas; en la V.A. Deuteronomio 2,23 y Jo 13,3, a los avitas, y en Jos. 11,21 (y en otros lugares) se habla de los anaquitas, dejando fuera a otras tribus más antiguas, probablemente transjordánicas, como los zuzíes, los emíes, y los joritas (Gn 14,5- 6).

No se sabe nada sobre la mayoría de estas tribus; para los amorreos, consulte el artículo correspondiente. Los hititas fundaron un reino muy poderoso al norte de Siria, pero incierto si sus homónimos del sur de Palestina (Gén. 23,3, 26,34, etc.) tenían algo en común con ellos además del nombre. Sobre los cananeos, en un sentido más estrecho, sabemos que habitaban al oriente y occidente de las montañas, o sea, a lo largo de la costa mediterránea y en el valle del Jordán y de la Arabá, al sur del Mar Muerto (Num 13,30; 14,25; Deut. 1,7; 11,29 ss.; Jos. 5,1; 11,3; 13,3). Es por este nombre que se conoce a los fenicios en Abdías 20; y la mujer sirofenicia de Marcos 7,26 es una mujer cananea en Mateo 15,22. No parece probable que las todas las tribus pre-israelitas permanecieran marcadamente distintas unas de otras. "Existen poderosas razones para creer que en una época primitiva la población de Palestina ya presentaba una mezcla de razas, y que gracias al matrimonio interracial se debilitaron los rasgos divisorios, hasta que eventualmente toda diferencia quedó eliminada. El problema de distinguir entre los grupos que encontraron los hebreos al llegar a Palestina es imposible de solucionar hoy día." (Morris, Jastrow, Jr. Encyclop. Bibl., I, 642.) 

No obstante, no parece muy desproporcionado distinguir (con Hughes Vincent, "Canaán", p. 455) dos grupos principales de tribus: los amorreos en las montañas y los cananeos a lo largo de la costa y el valle del Jordán, y quizás hasta en el valle de Esdrelón (Jos, 17,12-18). Por otro lado, cuando los israelitas llegaron a Canaán, a las órdenes de Josué, encontraron una población mixta: cananeos y amorreos, no unidos políticamente bajo un gobierno común, sino que estaban desplegados en más de treinta pequeños reinos (Jos. 12,7-14), estado de cosas que debió haber hecho la conquista considerablemente más fácil para ellos. Este mismo sistema de dividir en partes pequeñas un país prevalecía ya dos o tres siglos antes, en el tiempo de las Tablas de Tell el-Amarna, escritas en su mayoría por, o a cierto número de estos reyes-ciudades---y aparentemente incluso mucho antes en los días de Abraham (Gén. 14,2.8.18; 20,2). En este aspecto las cartas constituyen una impactante corroboración del relato bíblico. Luego de las campañas de Tutmosis III en el siglo XVI a.C. todos esos pequeños reinos reconocían la supremacía de los faraones egipcios y les pagaban tributo. Posteriormente, sin embargo, pudo haberse vuelto gradualmente más y más nominal, y a pesar de las posteriores campañas de Seti I y Ramsés II contra los hititas, no dejó rastros luego de la conquista de Josué. 
Son muy escasos los detalles particulares que da la Biblia sobre los cananeos. A veces leemos acerca de sus ciudades que eran "grandes y con murallas que llegaban al cielo" (Deut. 1,28; Núm. 13,29); de sus “carros de hierro” (Josué 17,16), y repetidamente de sus dioses Baal y Moloc, y de sus diosas Astarté y Asera; de sus altares y columnas de piedra (masseboth), de sus pilares de madera (asherim); en relación con estos altares, de sus sacrificios de infantes y de múltiples formas de perversidad moral; de las abominaciones debido a las cuales (la tierra misma vomitó a sus habitantes” (V.A. Lev. 18,25), las cuales, a pesar de las estrictas prohibiciones de la Ley y las advertencias de los profetas, encontró demasiada imitación dentro del mismo Israel. La mayoría de estos detalles han sido recientemente corroborados y explicados en descubrimientos arqueológicos, especialmente los resultantes de las excavaciones sistemáticas hechas en Palestina por W.H. Flinders Petrie y F.J. Bliss en Tell el-Hesy; por Bliss y M.R.A. Stewart Macalister en Tell Zakariya, Tell es-Safy, y Tell Jedeide; por Macalister en Teil Jezer; por E. Sellin en Thenac; por G. Schumacher en Tell el-Mutesallim — a todos los cuales Sellin añadió en 1907 sus trabajos en la antigua Jericó
Aún antes de que las tribus que nos fueron presentadas como cananeas en la Biblia penetraran en Palestina (entre 3000 y 2500 a. C), ya debió haber existido una población más antigua, que parcialmente habitaba en cuevas, pero que también habitaban en pequeños “pueblos” rodeados de muros de barro. Este período se caracterizó especialmente por instrumentos de piedra y vasijas muy primitivas. Las tribus cananitas que gradualmente tomaron su lugar procedían del norte y por mucho tiempo estuvieron, si no bajo la supremacía, sin duda bajo la influencia de Babilonia, que Sellin añadió en 1907 con sus trabajos en Jericó. En el s. XV a.C. cuando el país ya estaba políticamente sometido a Egipto, los reyes de los cananeos usaron en su correspondencia, no sólo con los faraones, sino también entre ellos mismos, los caracteres cuneiformes babilonios, y---con la adición de un número de palabras cananeas---el lenguaje de Babilonia también. Macalister (Pal. Expl. fund Quart. Stat. 1905, 323 ss.) y, más recientemente, Sellin (Mitth.und Nach. des Deutschen Palastinavereins, 1907, 70) encontraron alguna escasa evidencia de que los antiguos caracteres fenicios y hebreos ya eran conocidos entonces. Mientras tanto la civilización había avanzado enormemente, como es evidente por el uso del bronce y otros metales, y enseguida el uso del hierro; por la construcción de viviendas, ciudades, puestos, torres y fortalezas; por el creciente número y valor de los objetos de uso doméstico y religioso; por los diseños y montaje de sus santuarios y de sus cuevas funerarias; y por la rica variedad de forma, adornos y pintura de los productos de cerámica---si bien el arte no parece haber llegado a poseer un desarrollo continuo y estable. 

Cuando los israelitas (Núm. 13,29; Deut 1,28) hablan con admiración de "grandes ciudades": la hipérbole es casi tan enorme como cuando dicen "amurallada hasta el cielo". Las ciudades encontradas hasta ahora cubren, cuando mucho, siete u ocho hectáreas (cerca de 19 acres), pero sus fortificaciones son excelentes. Las murallas de Jericó, hechas de ladrillos quemados, tenían una anchura de tres a doce metros, es decir, de aproximadamente 9 a 39 pies (Sellin, op. cit., p. 69). Si los antiguos pobladores ofrecían sus sacrificios en recipientes en forma de plato labrados en la superficie del suelo rocoso, los cananeos tenían sus templos al aire libre, o Bamoth (lugares altos), con altares, pozos sacrificiales, y pilares de roca de siete a nueve pies de alto. En Gazer se encontraron ocho pilares aún de pie, el más pequeño de los cuales (alrededor de 5 ½ pies de alto) m) parece ser el más antiguo y es quizás el emblema real de la deidad. De los Asera, o columnas de madera, únicamente quedan las bases. Hay dos grutas bajo el santuario que deben haber desempeñado algún papel en el culto. Pero el rastro más sobresaliente de la idolatría son los esqueletos de niños---en su mayoría recién nacidos---que fueron sacrificados a la deidad, los cuales se encontraron en Gazer enterrados en bajo el piso del santuario y en otros lugares, especialmente en Meguiddó, en su territorio adyacente. En varias ocasiones los restos de estas víctimas humanas, entre los cuales también había adultos, se hallaron debajo y en los cimientos de las casas y de otras edificaciones. Son una impresionante ilustración de Josué: "Maldito será delante de Yahveh el hombre que se levante y reconstruya esta ciudad (de Jericó). ¡Sobre su primogénito echará su cimiento y sobre su pequeño colocará las puertas!". El carácter naturalista de esa religión aparece especialmente evidente en las numerosas placas de Astarté, o estatuillas de diversos tipos, y por los omnipresentes emblemas fálicos; entre estos alguna clase de pilares de piedra betílicos, y se hallaron unas pocas cabezas de toro representando a Baal o Moloc. También se han descubierto algunas representaciones de deidades babilónicas, y, aun menos frecuente, imágenes de la mitología egipcia. Las placas de Astarté asimismo denotan inspiración egipcia. En resumen, la civilización cananea parece haber experimentado constantemente la influencia de esas dos naciones. Más aún, en la cerámica, el arte del período egeo-fenicio produjo trabajos característicos desde el inicio del siglo XIV a.C. Por otro lado, el establecimiento de los israelitas en Canaán, a juzgar por los resultados de las excavaciones realizadas, no abrió ningún período nuevo desde el punto de vista arqueológico, de modo que el período cananeo (o sea, los varios períodos semitas de Macalister, Palestine exploration Fund Quarterly Statements, 1907, p. 203) se extiende hasta el siglo VIII o IX a. C. 

Sin duda, la sumisión de Canaán no se efectuó tan rápido como algunos capítulos del Libro de Josué nos llevan a creer. En particular, los sitios que son más conocidos por nosotros a través de los descubrimientos recientes, Thenac, Meguiddó y Gazer, están entre los que fueron sometidos por Israel hasta después de un cierto lapso de tiempo (Jos. 17,11-13; Jueces 1,27-29). Gazer todavía estuvo habitado por los cananeos incluso en los días de Salomón (1 Reyes 9,16). Y en ese mismo contexto (20-21) aprendemos que Salomón, a través de un estatuto de trabajos forzados, subyugó “hasta este día” a toda la población cananea de su reino. De ese modo Canaán se había convertido de una vez y por todas en siervo de Sem. Posteriormente, Fenicia, con sus colonias fue conquistada por los romanos, hijos de Jafet, y pronto desapareció del todo de la lista de naciones. 

Los amorreos
Poco antes de finalizar el tercer milenio, una nueva incursión de gentes de vida nómada, al menos aparentemente, destruye casi por completo las ciudades de la zona montañosa, aunque las del llano, menos conocidas, puede que no sufrieran tanto, especialmente las bien conocidas de Fenicia, como Biblos. Ordinariamente se considera amorreos a los nuevos invasores. Los descendientes de los pobladores de las antiguas ciudades, muy mermados en su número, pronto volvieron a reconstruir las antiguas ciudades de la zona montañosa, en menor tamaño, con otras técnicas defensivas y sin tanta atención urbanística.[2] 
Según la Biblia (y sin que haya respaldo científico del dato) este pueblo descendía del cuarto hijo de Cam, el más joven hijo de Noé (Génesis 10:16). Grupos de ellos moraban en Hazezontamar, o En-gadí, al oeste del mar Muerto, y fueron atacados por Quedorlaomer en los días de Abraham (Génesis 14:7). En aquel entonces, la iniquidad de los amorreos no había llegado aún a su colmo (Génesis 15:16, 21). Siendo la tribu más dominante y la gente más corrompida, algunas veces los amorreos son tomados como representantes de los cananeos en general (Génesis 15:16; 1 Reyes 21:26).

Los documentos egipcios ya hablan de expediciones guerreras en Canaán, aún no conocida por este nombre; entre estas expediciones hay que destacar la de Sesostris III (ca. 1850 a. C.).

Los hicsos
Durante los siglos XVII y XVI a.C. los hicsos dominaron Egipto, y controlaban también a Canaán; hasta se han hallado en los estratos correspondientes a su ocupación más escarabeos y cerámica suya que en las propias ciudades egipcias. Con los hicsos se introducen, por razones militares, nuevas técnicas en las ciudades; los muros, que ya no eran tan sólidos como en la época anterior, se refuerzan con los característicos glacis hicsos, y las puertas son de tenaza. La opresión de los más poderosos sobre las mayorías se hace notar: es apreciable una mayor diferencia entre las viviendas de los nobles y la de los semi-siervos que las rodean. Con la decadencia de los hicsos coincide la llegada de una nueva oleada de pobladores, esta vez del norte y de origen indoeuropeo: los hurritas.

Los hurritas
Los hurritas llegarán a establecerse de tal forma en Canaán, que en los documentos egipcios de la época pasa a llamarse huru, país de los hurritas. El comercio florece y no sólo de productos manufacturados, sino especialmente de materia prima para la industria artesana: los colorantes para la cerámica, los minerales metálicos traídos desde muy lejos; pero el bronce es usado principalmente para fines bélicos: armas y armaduras.
La prosperidad económica y el incremento de la población a lo largo de este periodo (1750-1550 a. C.) es patente en las excavaciones de los estratos correspondientes. Y dado que el comercio es el motor de esa bonanza se hacen más numerosas las ciudades. Algunas surgen totalmente de nuevo, otras se repueblan. El dominio hurrita fue desmontado en Canaán por los grandes faraones egipcios del Imperio Nuevo. Tutmosis III, ya en el siglo XV a. C., invadió triunfalmente Canaán por el camino del mar, ocupando Yajó (Joppe), Lidda, Gezer, Megiddo y Ta'ának, convirtiendo en feudatarias a todas las ciudades.

Los hititas
Pero otro imperio surge al norte, en Anatolia: los hititas, que saldrán al encuentro de los egipcios y aprovecharán cualquier debilidad del poder faraónico para llevar su influencia hacia el sur, estableciendo cabezas de puente incluso en Canaán y la parte montañosa de Judea. Cuando decaen los imperios, las rencillas entre los nobles cananeos y unos grupos misteriosos de hombres armados, los hapiru, impiden la paz: decae la cultura y reina el miedo. Se compra lo que la falta de paz no permite fabricar, aumentando las importaciones, incluso de cerámica.

Los egipcios
La descripción de Canaán en las tablillas de Tell el-Amarna, archivo de estado de Ajenatón (Amenofis IV), no puede ser más desoladora: la anarquía se apodera de Canaán en el siglo XIV a.C. Los faraones de la dinastía XIX, a fines del siglo y principios del siguiente, intentan restablecer el dominio del vital paso de Canaán, pero el neo-imperio hitita les sale al paso hasta que Ramsés II consigue un tratado de paz perpetua, tras la batalla de Qadesh, con la delimitación de las mutuas esferas de influencia: el actual Nahar al-Kalb, río que desemboca entre Biblos y Beirut, separará las regiones dominadas por los hititas, al norte, de las feudatarias de Egipto, al sur; queda por tanto Canaán bajo la dominación faraónica una vez más. Pero este acuerdo había de durar poco por la decadencia respectiva de ambos imperios, que no tardó en llegar (ca. 1250).

Los Pueblos del Mar
Nuevos invasores se presentan en Canaán: los "Pueblos del Mar" desembarcan en las costas y con sus armas de hierro, una vez deshecho el monopolio hitita al derrumbarse el imperio de Jattusas (Bogazkóy), se adueñan de la costa de Canaán. Los estudiosos de la biblia del siglo XIX identificaron la tierra de los filisteos (Filistea o Plesheth, con el significado hebreo de "invasores")  con Palastu y Pilista de las inscripciones asirias, según el diccionario de la Biblia de Easton (1897). Otros grupos además de los filisteos eran los tjekker, dananeos y shardana; el contraataque de Ramsés III destruyó la mayoría de los sitios cananeos. El mismo faraón permitió más adelante a los filisteos y tjekker, y posiblemente también a los dananeos, reconstruir las ciudades del camino costero.
Los filisteos pronto adquirieron las costumbres de los habitantes locales. En su búsqueda de riquezas, no dudaban en disputarle el dominio de los territorios al norte de Judá a los hebreos. Se transformaron en una amenaza para Israel (1ª Sam 9:16). Las cinco ciudades filisteas principales eran Gaza, Ashdod, Ekron, Gath, y Ascalón. Los israelitas logran con el tiempo dominar todo el territorio, aunque precisamente el antiguo Canaán, la zona costera, será lo último en caer en sus manos. Con esta victoria finaliza la historia de antiguo Canaán.

Las tribus hebreas
Las tribus hebreas iniciaron la conquista de Canaán hacia 1400 a. C. Fue un proceso lento, que duró varios decenios, y en el que los cananeos fueron finalmente expulsados o bien se fundieron en muchos casos con las tribus israelitas, lo que dejó una impronta cananea en éstas. La Biblia hebrea identifica a Canaán con el Líbano (principalmente con la ciudad de Sidón) pero extiende la denominación «Tierra de Canaán» hacia el sur, a través de Gaza hasta el «Río de Egipto» y hacia el Este hasta el Valle del Jordán, todo lo cual coincide con la «Tierra Prometida» de los judíos. Según la Biblia, los cananeos eran los descendientes de Canaán, hijo de Cam.
«No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; tampoco haréis como hacen en la tierra de Canaán a la cual os llevo...» (Levítico 18:3)
El propio nombre de "IsraEl" significa "el que lucha con(tra) El", es decir contra el dios (ídolo) de los cananeos.
Jacob y sus descendientes (israelitas) se caracterizarían por luchar contra aquellos ídolos y por lo tanto adorar al único Dios Yahvé. Entre los hebreos, decir "Raza de Canaán" era equivalente a un insulto (Daniel 13:56). Durante siglos, el pueblo de Israel lucharía contra la idolatría (los dioses del materialismo como El, Baal, Asera...)
Aunque con altibajos, sus líderes y el pueblo todo pudieron conformar una sociedad que "vivía según los preceptos del Dios Yahvé". Esto finalmente lo consiguieron durante los reinados de David y Salomón. Precisamente Salomón (a los cananeos) los hizo tributarios (1 Reyes 9:20, 21; 2 Crónicas 8:7, 8). Entonces muchos cananeos se habrían refugiado en Tiro y más tarde habrían emigrado a las colonias fenicias situadas en el norte de África.
Pero algunos siglos después de esa etapa salomónica, los reyes de Israel (como Acab), se comportaban de manera abominable, yendo tras los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos (cananeos), a los cuales expulsó Jehová ante los hijos de Israel. (1 Reyes 21:25,26)
Ya en la época de dominio persa, el nombre de “cananeo” pasó a designar al “fenicio de Tiro” como sinónimo de “negociante” o “mercader”:
¿Quién decretó esto sobre Tiro... cuyos negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra? (Isaías 23:8)

Aspectos culturales
Canaán destaca por su cultura escrita y su literatura. En las excavaciones se han hallado documentos, prácticamente contemporáneos, escritos en egipcio, acadio, y dialectos semitas cananeos en distintos sistemas de escritura. Estos últimos procedimientos se caracterizan por simplificar los complejos métodos extranjeros, el jeroglífico egipcio y el silábico cuneiforme que tienen uno y dos millares de signos, respectivamente, y con frecuencia diversas lecturas para un signo. La primera simplificación es el silabario de Biblos, que totaliza un centenar aproximado de signos diferentes.

El alfabeto
Pero el gran hallazgo es el alfabeto, al que se llega por dos caminos: el cuneiforme de Ugarit, con sus consonantes y el alef con los tres sonidos vocálicos, y él alfabeto del sur o cananeo propiamente dicho, que se inicia en las inscripciones encontradas en Serabit el-Jadim y dará origen, desde sus signos originariamente egipcios, al cananeo, o triangular o linear, del calendario de Gezer o de la inscripción de 'Áhiram de Biblos. De éste se derivarán el alfabeto griego y el abecedario latino. La lengua cananea es un dialecto arameo, muy próximo al hebreo. En los textos ugaríticos, muy abundantes se ve que conserva algún elemento enriquecedor, perdido por el hebreo, como son los casos del nombre, y que coinciden en líneas generales con las grandes lenguas semitas, árabe y acadio.

Arte
Las excavaciones arqueológicas han permitido conocer el arte de los cananeos. En general es muy pobre; no hay arquitectura monumental ni preocupación por embellecer los edificios con motivos ornamentales. Llama la atención la pobreza de los templos o palacios, sin capiteles en sus columnas, sin entallados en las puertas, etcétera. La escultura queda relegada, ordinariamente, a relieves y pequeñas figuras, casi siempre de dioses, y a trabajos de marfil y modelados de cerámica y terracotas. La mayor pieza hallada en Canaán entre las esculturas de piedra es el ídolo del templo de Hasor de la época del Bronce Reciente (ca. 1500 a. C.) que no llega al tamaño natural. Los idolillos y exvotos hallados en los santuarios, especialmente baales de Ugarit, y tablillas de la diosa de la fecundidad halladas en todas partes, nos hablan de un arte de origen remoto mesopotámico, pero de ejecución egipcia. Tanto los idolillos como las plaquitas son de algunos cm de altura. Una excepción puede ser la estela de la diosa serpiente de Tell Bayt Mirsim. Los marfiles tallados recuerdan los egipcios, aunque ya se ven influjos mesopotámicos e incluso elementos de los nómadas del próximo desierto.


Religión cananea

Es el nombre que se da al grupo de las antiguas religiones semíticas practicadas por los cananeos que vivían en el antiguo Levante mediterráneo desde, al menos, la Edad de Bronce temprana hasta los primeros siglos de la Era común.

La religión cananea era politeísta, y en algunos casos monolatrista.

Apenas se tenían referencias de la religión de los cananeos nada más que por la Biblia y por escasos restos arqueológicos, además de otras transcripciones indirectas del mundo grecorromano. Posteriormente, a mediados del siglo XIX, se descubrieron los "Textos de execración egipcios" de Luxor y Saqqara y sobre todo, todo empezó a tener sentido a partir de 1928, cuando fue descubierta la ciudad-estado de Ugarit (actual Ras Shamra, al norte de la Siria actual) y se desvelaron una serie de tablillas de arcilla que contienen textos religiosos que datan de alrededor de 1400 a. C. a 1350 a. C., pero cuyos mitos y leyendas son de una creación bastante anterior, mediante cantos populares u oficiales. Escritos en forma de poemas, algunos textos fueron utilizados en la liturgia de los templos.
Aunque la religión cananea posee muchos elementos en común con la mesopotámica, posee otros particulares que la diferencian. Lo mismo podríamos decir con su sucesora, la religión fenicia, con la que no hay que confundirla.
El panteón cananeo estaba presidido por el dios El (también denominado Ël o Il y Elohim, en hebreo), dios decano de los nómadas y, por ende, con funciones eminentemente éticas y sociales. Es descrito como tolerante y benigno: recibe los títulos de «padre de los dioses», «rey», «padre de los hombres», «creador de las criaturas», «amable», «misericordioso» y «toro».
El culto al dios Él era propio de los pueblos cananeos en el siglo XXII a. C. Luego se difundiría entre asirios y babilonios. Era la deidad principal, el rey, creador de todas las cosas, el juez que dictaba lo que debían hacer tanto los hombres como los dioses.
Dadas esas características, para algunos, Él era el apelativo con que se designaba por antonomasia a Dagan (dios de los cereales).
La palabra dagan se traduce como ‘grano’, ‘trigo’ o ‘semilla’; si se derivase del hebreo antiguo dag, podría significar ‘pez’. Esto último motivó la errónea interpretación de Dagan (cereal) como el dios pez (Dagón entre los fenicios). Se podría admitir que en el transcurso del tiempo, a lo largo de la orilla mediterránea, se desarrolló una concepción y representación doble de Dagón como resultado de la supuesta doble derivación del nombre.
A su vez era considerado como padre de Baal. La representación de Baal era también un toro joven (becerro). En Ugarit el templo de Dagan y el de Baal estaban juntos.
Baal (b’l, dueño o señor) era una designación general que pasó a constituir la denominación de Hadad, el dios de las lluvias, convertido en el «dueño» o «señor» por antonomasia en una sociedad agrícola que vive pendiente de las lluvias para lograr las cosechas. En las tablas de Ugarit figura también como el esposo (o hijo) de la diosa Asera (la madre de todos los dioses, la esposa celestial). En Canaán el rey era nombrado «siervo de El». Esto describía el estatus de los reyes antiguos como ejecutores de la voluntad divina. Este título era visto como un privilegio y como una carga.
Las cartas de Amarna (ca. 1480-1450 a. C.) han aportado los nombres cananeos de Yamir Dagan y Dagan Takala (gobernantes de Ascalón), lo cual da testimonio de la antigüedad del culto a Dagan entre los habitantes de Canaán, e introducida en Egipto en época de los hicsos.
Los antiguos hebreos habían vivido en Egipto bajo la influencia del culto a El (difundido por los hicsos). Esos dioses impregnaban la vida del pueblo (según Ezequiel 20:8).

Una vez en su Tierra Prometida, los hebreos quedaron rodeados de pueblos que adoraban al mismo dios El-Il-Dagan y a su hijo Baal-Hadad-Hammon.
Los líderes hebreos justificaban sus guerras de aniquilamiento contra los pueblos vecinos como el único medio para desechar el culto pagano a «los Baales» para servir al Dios único, vivo y verdadero, Yahvé (YHWH), que les permitiría vivir en un ámbito de justicia, verdad, rectitud y compasión, conceptos que los hebreos aplicaban a sí mismos, mientras afirmaban que los pueblos cananeos eran mercaderes acostumbrados al engaño para conseguir riquezas. Por eso afirmaban que IsraEl (el que lucha con[tra] El) debía aniquilar a los demás pueblos vecinos. Sus profetas decían:
Giman, habitantes del Mortero, porque todos los mercaderes [‘cananeo’] han sido aniquilados y han sido extirpados todos los que pesan la plata.
Sofonías 1:11.

Y, refiriéndose al Juicio Final:
Y en aquel día, ya no habrá más traficantes [kenajaní: ‘cananeos’] en la casa del Señor de los ejércitos.
Según las creencias cananeas, cuando el cuerpo físico muere, la npš (generalmente traducido como "alma") se traslada del cuerpo a la tierra de Mot. Los cuerpos de los muertos eran enterrados con ajuar funerario y se les hacían ofrendas de comida y bebida para que no molestaran a los vivos. Los parientes muertos eran venerados y a veces se les pedía ayuda.
Su culto principal consistía en el sacrificio de animales como las ovejas y los toros, con un acto posterior de "comunión" que consistía el que los fieles comieran partes de los animales muertos.

Dioses cananeos
Baal: Su dios padre es El. En la mitología cananea se denominaba así (El) a la deidad principal. Se lo conocía como «padre de todos los dioses», el dios supremo, «el creador», «el bondadoso». Por lo general, El se representa como un toro, con o sin alas. También se lo llamaba Eloáh o Elah y su esposa principal era Asera (Astarté, Athirat o Ishtar), diosa madre de Baal.
Su hijo Baal era representado como un joven guerrero, pero también como un toro joven (un becerro). En el templo de El-Il-Dagan (en Ugarit), Baal y el dios El estaban juntos.
La consorte de Baal en Ugarit era la diosa Astarté (o Anat). Esta diosa recibía el nombre de Tanit en la ciudad antigua de Cartago.
Uno de los hermanos de Baal y dios rival, es el dios semítico del caos y las tempestades, llamado Yam, cuyo culto rivalizó con el culto a su hermano de Baal, ambos hijos del dios principal El. También, ambos formaban parte de su corte de dioses menores, llamada Elohim.
En la antigua región de Canaán no suele llover desde finales de abril hasta septiembre. Las lluvias comienzan en octubre y continúan durante todo el invierno hasta abril, gracias a lo cual crece una abundante vegetación. Se creía que los cambios de estación y los efectos subsiguientes eran ciclos producidos por los interminables conflictos entre los dioses. El que cesasen las lluvias y se marchitase la vegetación se atribuía al triunfo del dios Mot (dios de la muerte y la aridez) sobre Baal (dios de la lluvia y la fertilidad), lo que obligaba a este último a retirarse a las profundidades de la tierra. Por otro lado, se pensaba que el comienzo de la estación lluviosa indicaba que Baal había despertado a la vida, lo que era posible gracias al triunfo de Anat, su hermana, sobre Mot, permitiendo que su hermano Baal volviese al trono. La unión de Baal con su esposa, probablemente Astarté, se creía que garantizaba la fertilidad durante el año entrante.
Los agricultores y ganaderos cananeos posiblemente pensaban que el participar en rituales prescritos —una especie de magia imitativa— durante sus fiestas religiosas estimulaba a sus dioses a actuar según el modelo representado en esas fiestas, y esto era necesario para tener cosechas y rebaños productivos durante el nuevo año, así como para alejar sequías, plagas de langostas, etc. De modo que la vuelta a la vida de Baal para ser entronizado y unirse a su consorte se celebraría con ritos de fertilidad licenciosos, caracterizados por orgías sexuales desenfrenadas..
Toda ciudad cananea debió tener su santuario en honor al Baal de su localidad. Asimismo, se nombraban sacerdotes para dirigir la adoración en estos santuarios y en los muchos lugares sagrados que se hallaban en las cumbres de las colinas cercanas y que eran conocidos como «lugares altos». Es posible que en el interior de dichos lugares sagrados hubiese imágenes o representaciones de Baal, en tanto que en el exterior, cerca de los altares, se encontraban las columnas de piedra (probablemente símbolos fálicos de Baal), los postes sagrados que representaban a la diosa Aserá y estantes de incienso.
Uno de los textos de Ras Shamra menciona una ofrenda a la «Reina Shapash [el Sol] y a las estrellas», y otro alude al «ejército del Sol y la hueste del día».
Cada localidad tenía su propio prefijo o sufijo en nombre de Baal, al que se solía calificar mediante un nombre geográfico, como tributo al nombre de dios. Por ejemplo, el Baal de Peor (Baal-peor), adorado por moabitas y madianitas, tomó su nombre del monte Peor. Más tarde, los nombres de esos baales locales llegaron a incorporarse, por metonimia, a los mismos nombres geográficos, como por ejemplo: Baal-hermón, Baal-hazor, Baal-zefón y Bamot-baal, para el cananeo en realidad solo existía un dios Baal.
En la Biblia, el dios Baal es llamado uno de los «falsos dioses», al cual los hebreos rindieron culto en algunas ocasiones cuando se alejaron de su adoración a Yahvé (ver Idolatría). Fue adorado por los fenicios junto al dios Dagón (el más importante de su panteón).
Baal aparece unas noventa veces en el Antiguo Testamento en referencia a varias deidades. Los sacerdotes del Baal cananeo son mencionados un gran número de veces, especialmente en el libro de Primera de Reyes. Muchos estudiosos consideran que este hecho refleja el ambiente de la época en la que Jezabel intentó introducir la adoración del Baal tirio (Melkart) a la capital israelita Samaria en el siglo noveno antes de Cristo. Las escrituras hebreas mencionan un duelo entre el profeta Elías y los sacerdotes de Jezabel. Ambos bandos ofrecieron sacrificios, pero Baal no logró encender el sacrificio de sus seguidores en tanto que Yahvé envió fuego del cielo que quemó el altar de Elías hasta convertirlo en cenizas, aún a pesar de que éste había sido mojado con abundante agua. Acto seguido, la audiencia siguió las instrucciones de Elías y mató a los sacerdotes de Baal, lo cual llevó a que Yahvé decidiera volver a enviar lluvia al país después de una fuerte sequía.
En diversas ocasiones el texto hebreo se refiere a "los baales" (en plural) para referirse en conjunto a las estatuillas e imágenes de los diversos dioses de las religiones cananeas, posiblemente no sólo a las de Baal.
Este nombre aparece dos veces en la leyenda de Keret descubierta en Ugarit.

El: En la mitología cananea, Él era el nombre de la deidad principal y significaba «padre de todos los dioses» (en los hallazgos arqueológicos siempre es encontrado al frente de las demás deidades). En todo el Levante mediterráneo era denominado El o IL, al dios supremo, padre de la raza humana y de todas las criaturas, incluso para el pueblo de Israel pero con interpretaciones distintas a los cananeos.
Para los pueblos cananeos Él era la deidad principal, el rey, creador de todas las cosas, el juez que dictaba lo que debían hacer tanto los hombres como los dioses. Su esposa primaria fue Ashera o Asera, la madre de los dioses, representada en los santuarios cananitas con árboles ornamentados. Pero tuvo otra esposa: Anat hermana de Hadad (Baal Raman (el trueno, señor del trueno)), esta última, era llamada «la amante de los dioses» (ambas eran diosas de la fertilidad). Para los cananeos Él es el padre de la «divina familia» y presidente de la asamblea de los dioses en el Monte de la Reunión. Es llamado «toro» por su fortaleza y potencia creativa, es el «Anciano de Días», la «Roca de las Edades», está representado en una roca en Ras Shara.
En los mitos Ugaríticos Él es llamado Bny Bnwt, que significa ‘creador de todas las cosas creadas’, aunque algunos lo traducen como ‘dador de potencia’. En las dos inscripciones halladas en Ugarit, hoy Ras Shamra, Él es retratado como un dios frío y distante, «en el flujo de los [dos] ríos», posiblemente el Edén, de donde un río fluía para formar a los ríos Tigris, Éufrates, Guijón y Pisón., ​ tal como describen al Eden en la Biblia.
Aparte de ser llamado «el creador», El también era llamado «el bondadoso», «el compasivo» en los mitos Ugaríticos (títulos que aparecen en la Biblia para referirse a Yahvé). Esta deidad no es de quien se escribe en la Biblia, ya que la deidad llamada Él tiene este nombre propio y en la Biblia «El, traducida como el Altísimo», se llama Yahvé. Sólo la adoración de Yahvé nunca fue estigmatizada en la Biblia ni por los patriarcas. De hecho Abraham dio los diezmos a un sacerdote del Altísimo (El) llamado Melquisedec, rey de Salem.
En Canaán el rey era nombrado «siervo de El» (de forma similar, en Israel, el rey era nombrado como siervo de Dios; David «El siervo de Dios»). Esto describía el estatus de los reyes antiguos como ejecutores de la voluntad divina. Este título era visto como un privilegio y no como una carga. ​
En los tiempos de Palestina, «los hijos de El» significaban ‘los dueños de los ganados, adoradores del dios-toro El’, y «las hijas de Adán» significaría ‘las mujeres de Adama [la tierra, el suelo]’; Adama era una diosa de la agricultura. Las hijas de Adama eran notorias por sus orgías (prostitución ritual). En aquellos tiempos era común que hubiesen sacerdotisas sexuales, que sirviesen en los templos, es posible que de aquí venga la historia de El seduciendo a dos mujeres mortales, y éstas dándole hijos semidivinos, llamados Shalem (‘perfecto’), y Shahar (‘amanecer’), que posee alas (según el salmo 139:9), y su hijo fue el ángel caído Helel (según Isaías 14:12).
Esa mitología cananea se introdujo en las creencias del pueblo de Israel. La Biblia muestra ese sincretismo en muchos pasajes, por ejemplo la concepción de Yahveh como presidente en la «corte de los dioses» o «la divina asamblea» (BeneEl), también es para referirse a la divina familia de El, en Deuteronomio 32, empieza con Israel en sus lapsus de fe y termina con el aserto de la destrucción de sus enemigos. En Deuteronomio 32:8 se representa la primera etapa de los israelitas en su adaptación del concepto del Yahveh al mando de la «asamblea de dioses» de la mitología cananea; la concepción de Yahveh como simplemente el principal entre todos los dioses. A lo largo de la historia de Israel primero nombró a Yahveh como el «altísimo» entre la asamblea de «los hijos de El» (o «hijos de IsraEl» según la Septuaginta) aunque se disputa la fecha de este poema, más tarde (en el 900 a. C.) ​se hizo desaparecer la corte completa de dioses y se condenó esa idea como apostasía.
El dios El ―de donde proviene la idea original de Yahveh ― llegó a tener una descendencia de más de 70 deidades.
La unión entre los dioses y las mortales se encuentra en casi todas las religiones del mundo, excepto en el islamismo (es inapropiado decir que Dios, como se revela en el islamismo, es soltero o casado; simplemente, para los creyentes de esa religión Dios está más allá de cualquier comparación creada que podamos hacer, por eso, además, afirmar en el islamismo que Dios es Padre no solo es erróneo sino una blasfemia) en el judaísmo y en el cristianismo. En el cristianismo Jesucristo es el Hijo Eterno de Yahveh (anterior a la creación del mundo) que una vez más no está ni soltero ni casado; la palabra revelada de Dios y su espíritu son un solo y único dios, y tres personas divinas. La concepción virginal de Jesús no debe entenderse como fruto de la unión de Dios con una mujer (la Virgen María), sino que la mujer fue un medio para la encarnación de Jesús, mediante la acción del Espíritu Santo.
En el mundo antiguo se creía que los miembros de las clases dirigentes eran hijos de los dioses. Estas creencias se encuentran en el Mediterráneo y en todo el Oeste de Asia, sin contar las demás partes del mundo. Los emperadores romanos, a los que se rendía culto aún en vida, estaban convencidos de que tras la muerte iban a convertirse en dioses.
En algún momento el judaísmo hizo a un lado a todas las deidades, y dejó solo a Yahvé, que como queda dicho no está ni soltero ni casado, pues, al igual que en el islamismo, no entra en esas categorizaciones humanas, y por lo tanto nunca tuvo ningún hijo. Desde ese momento, llamarse «hijo de Dios» fue anatema.

En el siglo II d. C., el rabino Shimon ben Yohai maldijo a todo aquel que ―al leer la Torá (el Antiguo testamento de los cristianos) o cualquier libro― entendiera el término bene elohim (‘los hijos de los dioses’) en el sentido ugarítico. Desde ese momento, Elohim no significó ‘dioses’ (en plural) sino ‘dios único’.

En ciertas ocasiones, los israelitas utilizaban el término El para referirse a Yahveh, dado que esa era el término con que se denominaba a Dios. A veces usaban la variante Elohim. La palabra El significa ‘dios, poderoso, fuerte’, pero también ‘ídolo’. ​ Por lo tanto es una palabra genérica (dios) que puede ser usada para cualquier dios, incluyendo a Baal, Moloc o Yahvé. A su vez, Elohim es una palabra de uso normal que puede significar ‘dioses’ aunque también ‘ángel de dios’.
Algunos judíos y cristianos consideran que este término debe de haber sido mayestático (es decir, símbolo de majestad de la divinidad), de manera que cuando Elohim se aplica a Yahveh significaría ‘el fuerte’ (según Skizzen, 3, 169), o ‘ser poderoso’ (según Dillmann).
Facciones del catolicismo también sostienen que pueda tratarse de una revelación inconsciente de la Santísima Trinidad.
He Elohim y Adán

Elohim es una palabra hebrea utilizada en la literatura judía que significa "Dioses", siendo el plural de El o Eloha, que se traducen como "Dios". Dado que es utilizada en el Tanaj como una forma de referirse a Yahvé, los eruditos indican que dicha expresión es utilizada en los textos como un plural mayestático, o el superlativo de Dios. ​ A veces, la misma expresión es utilizada para referirse al conjunto de entidades consideradas divinas, pero distintas de Yahvé:
El término Elohim ha sido explicado como el plural derivado de El, o una forma plural de Eloah. A pesar del desacuerdo respecto al método de derivación, se supone que en hebreo arcaico el singular de la palabra que significaba «Dios» era El, y su forma plural, Elohim. Solamente en épocas posteriores se acuñó la forma singular Eloah, dando lugar a un gramaticalmente correcto Elohim. Lagrange sostiene que Elohim y Eloah son derivados de El.
Los antiguos semitas creían que el mundo estaba rodeado, penetrado y gobernado por Elohim, incontables seres activos, análogos a los espíritus de los nativos. Referente a la hipótesis de la palabra Elohim como el plural "dioses", según los partidarios de la hipótesis del plural mayestático, sería difícil de mantener en un texto como el del Pentateuco, que representaría una apología contra el politeísmo. La palabra Elohim es un título, no un nombre personal. En los textos hebreos, cuando se refiere al Dios de Israel es acompañado por el artículo definido "ha" "el, la, los, las " "Ha Elohim" se traduce literalmente como "los Dioses". No obstante es interpretado como "el Dios" y cuando se asigna un atributo a Elohim éste está en número singular, por ejemplo en el Salmo 7: 10 (7: 9 en otras traducciones) "Elohim tsaddiq" (Literalmente: "Dioses justo". Se traduce apropiadamente: "Dios justo"). En las treinta y cinco veces que aparece en el relato de la creación el verbo que describe lo que dijo o hizo está cada vez en singular.
El hebreo bíblico tiene la característica de expresar en plural no únicamente la multiplicidad, sino también la magnitud, la extensión o hasta la dignidad. Se trataría simplemente de lo que se conoce en gramática como «pluralis excellentiae» o «pluralis maiestatis», una forma de plural abstracto, que resume las características variadas inherentes al concepto, más el sentido secundario de intensificación del significado original. ​ También el título "rey" recibe un uso similar al aplicarse en plural a un único rey humano.

Yam es el dios semítico del caos y las tempestades, cuyo culto rivalizó con el culto a su hermano de Baal, ambos hijos del dios principal El. También, ambos forman parte de su corte de dioses menores, llamada Elohim.

Los hebreos
Era un antiguo pueblo semita del Levante mediterráneo (Cercano Oriente); también son ancestros de los israelitas y del pueblo judío.
La tradicional fuente de referencia para los hebreos es la Biblia, cuyo contenido también se encuentra en las escrituras hebreas de la Torá. Según estas fuentes los hebreos constituyen el grupo monoteísta inicial, que es descendiente de los patriarcas posdiluvianos Abraham, Isaac, y Jacob.
Según la Biblia y las tradiciones hebraicas (orales y escritas), los hebreos fueron originarios de Mesopotamia. Eran nómadas, vivían en tiendas, poseían rebaños de cabras y ovejas, utilizando asnos, mulas y camellos como portadores. Siguiendo a Abraham, los hebreos emigraron hacia Canaán, la tierra prometida por Dios a los descendientes del primer patriarca. Varias tablillas descubiertas en Mari certifican frecuentes migraciones a través del Creciente Fértil.
Abraham es considerado el primer hebreo por dejar su Caldea natal, y haber atravesado "del otro lado del río" Éufrates. El patriarca y los suyos se asientan en Canaán: en Siquem (actual Nablus), Beerseba o Hebrón. Poco a poco, se mezclan con los pobladores locales y se convierten en agricultores sedentarios. El pueblo de Israel era vecino de otros, como los edomitas, moabitas, amonitas e ismaelitas. El rasgo distintivo de los hebreos fue su convicción en la existencia de un único Dios (Yavé). Según los textos del Tanaj, el pueblo de Israel es elegido por Dios para la revelación de principios fundamentales (tales como los Diez Mandamientos contenidos en la Torá) y es con el primer patriarca del pueblo hebreo que Dios establece su Alianza o Pacto, también conocido como Convenio Abrahámico:
« Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra ». —Génesis 12:1-3.

En la Biblia, Israel es el nombre nacional de los hebreos. Inicialmente y en su condición tribal, los hebreos no poseían un nombre que los distinguiese históricamente como grupo. El cambio del nombre del tercer patriarca, quien de "Jacob" pasa a llamarse "Israel" (Génesis 32:24 y 32:28) es reflejo el hecho histórico conocido como unión de las tribus hebreas iniciales y de su triunfo sobre los cananeos. ​ O, dicho de otro modo, "hebreos" eran antes de la conquista de la tierra de Canaán e "israelitas" se los llamará a partir de dicho acontecimiento (siglo VI a.E.C.).

El viaje de Abraham a Canaán. Óleo por Pieter Lastman, 1614

En la actualidad, "hebreo" se emplea para designar a todo aquél que sea miembro o descendiente del pueblo de Abraham, Isaac, y Jacob. ​ Hebreo es hoy además sinónimo de israelita y judío. ​
Según la historia y las tradiciones judía y cristiana, la formación del pueblo hebreo tiene lugar durante el segundo milenio antes de la Era Común, posiblemente alrededor de 1800 a.C. Si bien existen ciertas dificultades para determinar la ubicación precisa de los primeros hebreos en la historia, ello se debe en gran parte a que la tradición de ese grupo humano fue ante todo oral y no escrita. Y no solo fue la tradición oral en sus inicios sino que además lo fue durante muchos siglos. ​ El que las tradiciones y cultura de los hebreos, así como también sus conocimientos y percepción del mundo, hayan sido inicialmente transmitidas de modo verbal y de generación en generación ha dado lugar a lo que hoy pueden parecernos ser inconsistencias en la subsecuente tradición escrita. ​ Los parámetros del mundo antiguo no eran precisamente los mismos que los del mundo de hoy. Así, por ejemplo, la concepción del mundo, la noción del tiempo e incluso el ritmo de vida eran sin dudas diferentes a los nuestros.
Al considerar al grupo étnico de los hebreos es necesario recordar que la Biblia no fue concebida para ser un mero texto de historia con presunciones científicas sino un testimonio colectivo trascendental en el cual los creyentes, tanto judíos como cristianos, atesoran desde hace ya más de dos milenios lo que consideran ser revelación y palabra de Dios. ​
En lo que a "hebreos" concierne, las principales fuentes de conocimiento son tanto la tradición oral como la escrita, siendo el texto bíblico fuente de información y también fuente de inspiración, desde hace —como mínimo— veinticuatro siglos.

Monoteísmo
Los hebreos creen en un Dios exclusivamente. En la Antigüedad, el mundo que rodeaba a los hebreos era politeísta, fetichista e idólatra. La tradición —en este caso hebrea e islámica—, ha preservado una significativa leyenda acerca del rechazo de Abraham respecto a los ídolos (aniconismo), cosa que lo condujo a una eventual destrucción de los mismos.
Los hebreos creen en Yahvé. Por respeto, evitan deliberadamente mencionar o por lo general escribir su nombre propio. Suelen referirse a Dios como Ha-Shem ("El Nombre" [de Dios]) o Barúj Ha-Shem (Bendito [es/sea] el Nombre [de Dios]). Los hebreos emplean además expresiones tales como Elohím (literalmente "Dioses", pero significando "Dios de Dioses"), El-Elión ("Dios Supremo" o "El Altísimo"), El-Shadái (Dios Todopoderoso) y El Ha-Rajamím (Dios Misericordioso). Le asignan también muchos otros nombres y, entre ellos, frecuente es el uso de Adón ("Señor"), Adonái ("Mi Señor") así mismo como Eli ("Mi Dios") y Eloheinu ("Nuestro Dios").
En la escritura, el nombre propio de Dios (Yahvé) es expresado a través de cuatro letras hebreas («YHVH») a las que los hebreos, por respeto al "Creador del Mundo" (Boré Ha-Olám) y "Rey del Universo" (Mélej Ha-Olám), se abstienen de pronunciar. Por estar en hebreo compuesta de cuatro letras, la palabra en cuestión es denominada "Tetragrámaton".
Yahvé no posee forma humana ni tampoco es la Naturaleza, sino su creador. Es espíritu y posee además atributos que le son propios (es eterno, todopoderoso, etc.). Pero los hebreos siguen el camino del aniconismo y evitan por lo tanto representarlo en términos visuales.

Pacto y Alianza
Yahvé realiza su Pacto con Abraham, quien actúa en representación del pueblo hebreo. Dios se compromete a brindarle protección y ayuda constantes, una descendencia muy numerosa y la tierra prometida (Canaán). El pueblo hebreo se compromete por su parte a ser incondicionalmente fiel a Yahvé y a la aceptación de su voluntad divina.
La prueba o demostración del acuerdo entre Dios y Abraham se da a través del rito de la circuncisión, por medio de la cual se selló el pacto. Ella constituirá además una señal de la sumisión y fidelidad de los hebreos para con Dios. Los hebreos son a partir de ese entonces los "Hijos del Pacto" (Bnei Brit). Una vez practicada, la circuncisión por otra parte constituye de por sí una característica que les otorga a los descendientes de Abraham identidad, pertenencia para con el grupo inicial e identificación para con lo pactado por el primer patriarca hebreo. ​ Todo varón de la casa de Abraham o descendiente del mismo era circuncidado a los ocho días de nacer y recibía entonces su nombre. ​ La alianza entre Dios y el pueblo hebreo es posteriormente ratificada en el Monte Sinaí, al recibir Moisés las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos.

Mesianismo
Los hebreos creen en la llegada futura de un Mesías y en el papel protagónico del pueblo hebreo en ello, ya que según las Escrituras es precisamente de ese pueblo que surgirá el Mesías.

Ética
Una característica importante de la religión hebrea es la moral. Según la alianza o pacto, Yahvé tiene derechos sobre el hombre porque lo creó, por lo tanto le determina prohibiciones y limitaciones, pero también le marca el camino para que alcance su plenitud y felicidad. Yahvé establece los Diez Mandamientos, que se resumen del siguiente modo: se prohíbe el politeísmo y la idolatría; la vana invocación del nombre de Dios así como el juramento en falso; se prohíbe matar; robar; mentir; codiciar bienes ajenos; se ordena el honrar a los padres y la observancia del día de descanso.
Las escrituras de los hebreos reflejan sus costumbres y pensamientos morales. La gran diferencia del pueblo hebreo respecto a los demás pueblos antiguos es que los hebreos son monoteístas. Creen en un Dios bueno y justo, pero también sumamente celoso y exigente en lo que respecta la fidelidad que el pueblo le debe en virtud del convenio sellado con Abraham y sus descendientes.

Egipto y el Éxodo
En el Siglo XIV a. C. parte de los hebreos establecidos en Canaán emigraron a Egipto debido a la hambruna que asoló la región. Allí fueron recibidos y trabajaron para los egipcios. Inicialmente realizaron diversos trabajos, luego posiblemente de formar parte del sistema de corvea, mediante el cual quienes no podían pagar los tributos con la cosecha debían hacerlo con su trabajo, por lo cual debían trabajar para el Faraón. La deuda de corvea era heredada por los descendientes, con lo cual siempre había algún miembro de la familia dentro del sistema de corvea. Según la tradición oral y escrita terminaron siendo esclavos. Hacia el Siglo XIII a. C. se rebelaron y regresaron a Canaán, bajo la guía de Moisés. Su salida de Egipto y posterior travesía por el desierto se conocen como el Éxodo del pueblo hebreo. En el monte Sinaí, Moisés recibió de Dios el Decálogo y lo transmitió al pueblo hebreo.
Los hebreos, establecidos en Canaán, se dedicaron a la agricultura y la ganadería. El cultivo característico era el olivo y la vid, también obtuvieron legumbres y lentejas. El pastoreo de ovejas, bueyes, cabras, caballos y camellos acompañaba la actividad agrícola. También trabajaron cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de lana y lino, lo más importante de su actividad económica fue el comercio. Esto se debía a que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente, es decir, un lugar de tránsito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto: exportaban aceite y vino e importaban metales, marfil y especias.

El patriarcado
El núcleo de la sociedad hebrea era la familia patriarcal, en la cual el padre era la autoridad máxima. Al principio, los hebreos vivían en grupos familiares o clanes dirigidos por el más anciano, el patriarca, que administraba justicia, dirigía la guerra y los ritos religiosos.
El nuevo rey enfrentó a los enemigos, conquistó Jerusalén y la convirtió en capital del Estado.

Las "doce tribus" parecen el resultado de un proceso de asimilación,  intercambio y organización federativa entre los grupos salidos de Egipto y otros ya residentes en Palestina, con alguna comunidad cultural (semítica) que les ayudó a oponerse a otros rivales y, singularmente, a los filisteos, que operaban desde la costa, puesto que Edom (al S.), Moab (al E. del Mar Muerto) y Amón (en el borde del Desierto Sirio), aunque politeístas, eran, más bien, considerados por el conglomerado "Israel" no israelitas pero sí "hebreos". El número de tribus fue creciendo más tarde por incorporación de grupos parecidos al hebreo pero ya residentes en Palestina (bajo David) y de asentamientos de cananeos (bajo Salomón: los gibeonitas, entre ellos)


Los arameos:
Los arameos (también llamados siriacos) es un pueblo semítico nómada, que habitó en Aram-Naharaim, o "Aram de los dos ríos", también conocido como Mesopotamia, una región que incluye Siria, Iraq, Jordania, Líbano y parte de Irán que es mencionada seis veces en la Biblia


Los "dos ríos" específicos son identificados de diversas formas por diferentes expertos, aunque uno de ellos es generalmente el Eufrates. 
Los compiladores de la Enciclopedia Judía, en 1901/8 no encontraron el nombre en inscripciones asirias o babilonias, pero lo identificaron con Nahrima en tres tablillas de las cartas de Amarna.
Los arameos formaron un bloque inédito y elemental en la historia del Próximo Oriente desde el siglo XII a.C. a partir de los desplazamientos migratorios que tenían lugar desde el desierto a las zonas fértiles. Sucedieron a otros grupos semitas, como los suteos, akhlamu y los cananeos. La presencia de los arameos, aún sin haber sido expuesta satisfactoriamente, fue relevada por los caldeos.
Según el epígrafe de la estatua del rey Idrimi de Alalakh, Canaán podría considerarse como país en el siglo XV a.C., siendo que es nombrado reiteradamente en la Biblia como tierra prometida. Cananeos y arameos han sido relacionados en función de su presencia en la misma situación geográfica y a un semblante filológico parecido.
Los akhlamu, de origen asirio, son otro de los pueblos relacionados con el arameo. Esta etnia, cuyas ocupaciones abarcaban desde la agricultura hasta el saqueo entre los siglos XIV y el XII a.C., ha sido asociada con los arameos al observárseles transitando juntos en Mesopotamia. 
Poco se conoce de esta gente, salvo por las reseñas que se describen en una carta recibida por el rey de Babilonia Kadashman-Enlil II, que envió el rey hitita Khattusilis III, donde se menciona a los pendencieros akhlamu como bandoleros salteadores de caminos. En varios escritos de Assurnasirpal II (883-859 a. C.) se cita a los akhlamu-arameos siendo desterrados desde el alto Tigris, en Bit-Zamani, al país de Assur.

En la antigüedad la cuna de los arameos se llamaba Aramnahrim o Aram-Nahrin en arameo. En hebreo se llama Aram-Naharaim 
La zona norte de Aram-Naharaim se llamaba Padan-aram, lo que significa la tierra de Aram, donde personajes bíblicos como Abraham y Jacob vivieron. 
Los primeros arameos que aparecen en la historia con unos límites bien definidos son los de las fuentes asirias, localizados al Oeste  de Asiria, entre las fronteras de los montes Kasiari al Norte, Jábñr al Sur  y el Éufrates al Oeste; eran sedentarios, gobernados por un rey, pero no se excluye que algunos fueran nómadas; este hecho acaece en el s. XI a. C.


El desmoronamiento del Imperio Hitita había dejado un vacío de poder que sólo parcialmente será recuperado en su parte meridional por grupos de población emparentados con los antiguos hititas, aunque en gran medida hablan lengua luvita, según se desprende de los jeroglíficos procedentes de sus residencias palaciegas. 

Por lo general fueron reacios a aceptar las novedades culturales que se estaban produciendo desde el cambio de milenio, por lo que resultan especialmente llamativas sus manifestaciones artísticas. 
La posición estratégica de Karkemish le permitió convertirse en uno de los reinos neohititas más importantes, pero los imperialismos urarteo y neoasirio por un lado y la incontenible expansión de los arameos por otro, fueron reduciendo los límites geográficos del mundo neohitita que, a finales del siglo VIII, prácticamente ha desaparecido. 

Til Barsip, por ejemplo, ya en el siglo X pasa a manos arameas, para convertirse en el influyente reino de Bit Adini. Otro tanto ocurrió con Samal (la afamada fortaleza de Zincirli), Arpad y la antigua localidad de Hamath. 
De este modo, la mayor parte de Anatolia meridional y Siria septentrional pasó a ser territorio arameo. Mientras se producía este proceso de aramización, se iban perdiendo elementos culturales propios del mundo hitita, pues algunos reyes del siglo IX aún llevan la nomenclatura de los antiguos reyes de Hatti. El predominio arameo acabó también con los restos hurritas que aún quedaban a pesar de la lejanía del colapso de Mitanni, y es que los elementos demográficos no están sometidos exclusivamente a las veleidades políticas. 
Los importantes palacios neohititas de Tell Halaf (Guzana) o Karatepe, ponen de manifiesto la continuidad arquitectónica desde la Edad del Bronce, a pesar de las novedades introducidas por los arameos, sobre todo el bit hilani, designación del edificio palacial con dos salas alargadas a las que se accede por una antesala con columnas. 
Los artesanos locales se esfuerzan por reproducir los principios artísticos del Imperio hitita, pero su maestría no es excesiva. Tal vez conscientes de ello, los príncipes contratan especialistas, como los fenicios que trabajan en Til Barsip o Karatepe, lo que pone de manifiesto la capacidad de estos principados y sus amplias relaciones internacionales, consecuencia de los beneficios de su intenso comercio.
Estos arameos son un elemento nuevo en el panorama étnico de la zona. Son contingentes nómadas que desde tiempo atrás mantienen contactos con los sedentarios, descendientes de los suteos y de los akhlamu, mencionados por las fuentes del II Milenio. Su potencial militar y la debilidad estructural de los estados de la región son causas determinantes para que los arameos logren imponer líneas dinásticas en antiguos centros urbanos, en los que integran su elemental sistema de organización gentilicia, cuyos jefes mantienen unas especiales relaciones con el monarca, que se presenta como protector providencial, restaurador de los lazos verticales de relación interestamental, óptimos para una buena cohesión social. 
Por otra parte, desde el punto de vista cultural, se produce un mestizaje; así, mientras adoptan los dioses locales, logran imponer su lengua. 
En efecto, en menos de cinco siglos el arameo es la lengua más usual de todo el espacio próximo oriental y en el hecho lingüístico interviene el comportamiento político de las deportaciones de población durante los reinados neoasirios y las repatriaciones de los aqueménidas
Los principales centros políticos arameos fueron Bit Agusi (casa de Agusi), en la zona de Alepo, con capital en Arpad; Bit Adini con capital en Til Barsip, cabalgando en el Eufrates; Guzana era la capital de Bit Bahiani, en la llanura del Khabur; y no menos importantes fueron Hamath y sobre todo, Damasco, que mantuvo una rivalidad considerable durante dos siglos con Israel.

Bit Agusi (Akhan o Yakhan) fue un reino establecido por arameos en el siglo X o IX a.C en las ciudades de Arpad y Napiqu. 
El hecho de que el rey Agusi o Gusi sea mencionado hacia el 854 a. C. ha hecho pensar que hacía poco que los arameos dominaban la zona y de hecho no se sabe, que los sirios habían aparecido al menos al siglo XI a. C., pero bueno se puede determinar si no dominaron la zona o lo hizo otra dinastía. 
En la mitad del siglo VIII a. C. estaba en la órbita de Urartu , el rey de Asiria Teglatfalassar III sitió Bit Agusi (Arpad) durante tres años (743 a 740 a.C.), y finalmente la ocupó y destruyó, masacrando a sus habitantes. La ciudad y el reino desaparecieron.

Lista de reyes 
Gusi (Gusu) o Agusi de Yakhand, hacia 855 a. C. 
Arame (Aramu) hacia 855-830 a. C. 
Atarsumki hacia 800 a.C 
Período sin noticias hacia 800 a 750 a.C 
Mati-Ilu hacia 750-740 a. C. 

Bit Adini (también conocido como Beth Eden) fue un estado arameo situado en el valle del río Éufrates en la zona de la actual ciudad de Alepo en Siria y unos 20 km al sur de Karkemish. La mayoría de las fuentes de información sobre dicho estado son de origen asirio, con quienes Bit Adini mantuvo varios conflictos, hasta ser finalmente absorbido por el Estado asirio en la época de Salmanasar III.
Bit Adani, situado en el valle del río Éufrates y con su capital Til Barsip está estratégicamente situada sobre un vado del río.
Con el resurgir de Asiria, consolidado durante el reinado de Asurnasirpal II, Bit Adini ve peligrar su influencia y relaciones comerciales en la zona con lo que, junto a Babilonia, promueve sublevaciones de pequeños estados fronterizos con Asiria. Tras aplastar estas sublevaciones, Asurnasirpal II no se atreve a enfrentarse a Babilonia y se vuelve contra Bit Adini al que arrebata el territorio situado al este del Éufrates.

Hacia el año 858 a. C., Bit Adini encabeza una coalición de estados arameos y neohititas del norte de Siria y sur de Anatolia en contra del nuevo soberano asirio Salmanasar III. 
La coalición es derrotada y el reino de Bit Adini es anexionado a Asiria y convertido en provincia. Su capital será rebautizada como Kar-shulman-ashare-du (“fortaleza de Salmanasar”) y será la sede del gobierno de la provincia.
La conquista por parte de Asiria no supuso un gran cambio cultural en la región, la lengua aramea se mantuvo y prosperó, y parte de la oligarquía local entró al servicio del Imperio asirio.

Bit Bahiano fue un reino arameo, con sede en Guzan (Tell Halaf) establecido hacia después del 1200 a.C. y que existió hasta el 808 a. C. que fue anexionado a Asiria lo que antes ya se había convertido vasallo al inicio del siglo IX bajo Adadnirari II . 

Hubo cinco reyes conocidos antes del 808 a.C. y al menos cuatro gobernadores después del 808 a.C. 
El rey más conocido es Kapara que construyó un hilan o palacio. 
Hacia el 808 a. C. o poco antes se alió con Izalla y se rebeló y fue derrotado y el país anexionado.

Lista de reyes 
adini (Chadini) después de 1200 a. C. 
Kapara (hijo de adini) hacia 1150 a. C. 
Desconocidos hacia 1150-900 a. C. 
-Salamús (Absalón) hacia 900 a. C. 
Adad-inmediata hacia 877 a. C. 
Iti 'hacia 867 a. C. 

Gobernadores asirios 
Mannu-Kima-Matu-Assur hacia 793 a. C. 
Puro-sagale hacia 763 a. C. 
Bel-Harran-Bel-usur hacia 727 a. C.
Mutakkil-Assur (Bachiannu) hacia 706 a.C.

Hama (Hamat bíblica, "fortaleza") es una ciudad a orillas del río Orontes, en el centro de Siria, al norte de Damasco.
El antiguo asentamiento de Hamat fue ocupado desde principios del Neolítico a la Edad del Hierro . Los restos de época  Calcolítica han sido descubiertos por los arqueólogos daneses en el monte en el que la ciudadela antigua una vez estuvo. La excavación se llevó a cabo entre 1931 y 1938 bajo la dirección de Harald Ingholt.
Los amorreos colonizaron la ciudad de Hama, y muchas partes de lo que hoy es Siria y el Iraq
Aunque la ciudad parece que no se ha mencionado en las fuentes antes del primer milenio antes de Cristo,  el sitio parece haber gozado de gran prosperidad alrededor de 1500 a.C., durante el cual se supone una dependencia de los amorreos de Mittanni , un imperio a lo largo del Eufrates en el noreste de Siria. 
Con el cambio de milenio, el antiguo Imperio hitita centralizado había caído y Hama es mencionada como capital de un próspero reino arameo neo-hitita conocido en la  Biblia como Hamat, que comercializan ampliamente, en particular en lo que hoy es Israel. 
Los hititas y arameos pueblos que vivían relativamente en paz, coexistiendo con otros Estados de la región, como Carquemis . l más significativo de todos los estados arameos fue Damasco , que se convirtió en el líder de una federación de estados arameo, de los cuales Hamat era miembro. 
Cuando el rey asirio Salmanasar III (desde 858 hasta 824 d.C) conquistó el norte de Siria llegó a en 835 a.C, lo que marca el inicio de las inscripciones asirias en relación con el reino. Irhuleni de Hamat y de Im-IDRI de Siria (bíblica Bar-Hadad ) lideró una coalición de ciudades de Siria en contra de la invasión asiria ejércitos.. Según fuentes asirias, fueron confrontados por 4.000 carros, jinetes 2000, 62.000 soldados de infantería y 1.000 jinetes de camellos árabes en la batalla de Carcar. La victoria asiria parece haber sido más de un empate, aunque Salmanasar III siguió a la costa e incluso tomó un barco a mar abierto. En los años siguientes, Salmanasar III no pudo conquistar Hamat o Siria.
Después de la muerte de Salmanasar III, el ex aliados de Hamat y Aram cayó, y Aram parece haber tomado alguna del territorio de Hamat. 
Una inscripción en arameo de Zakir, rey de Hamat y de doble La'ash, habla de un ataque de una coalición que incluye a Sam'al en Ben-Hadad III, hijo de Hasael, rey de Siria. 
Zakir fue sitiado en su fortaleza de Hazrak, pero salvado por la intervención del Dios. 
En el año 743 a.C, Tiglat-pileser III tomó una serie de ciudades en el territorio de Jamat, distribuido en los territorios entre sus generales, y desplazados por la fuerza 1.223 habitantes seleccionado al Tigris valle del Alto , que se exija tributo del rey Hamat, Eni-ilu (Eniel. Más de 30.000 indígenas fueron deportados a Ullaba y se reemplaza con cautivos de los Zagros. Después de la caída del reino del norte de Israel , el rey de Hamat Ilu-Bi'di (Jau-Bi'di) encabezó una fallida revuelta de la recién organizada provincias asirias de Arpad, Simirra, Damasco, y Samara. Fue esta revuelta que condujo a la deportación de los Diez Tribus Perdidas de Israel. 

Damasco
Este reino se caracterizó por sus constantes enfrentamientos con el reino de Israel.
La Biblia menciona la victoria del rey David sobre una coalición de reinos arameos encabezada por el rey de Sobá, Hadad-ézer.
También informa de la creación del reino de Aram-Damasco por Rezón, un príncipe vasallo de Hadad-ézer que, tras revelarse contra él, le arrebató Damasco nombrándose rey (1 Reyes 11:23-24). 
A la muerte de Salomón y después de la incursión del faraón Sheshonq (Sisac) en Palestina, los reinos de Israel y Judá, debilitados y enfrentados en continuas disputas, dieron la oportunidad al rey Ben Hadad-I de Damasco, para que invadiera el norte de Israel, aprovechando la ayuda que le solicito el rey Asá de Judá.
Tenemos referencias arqueológicas del rey Ben Hadad-I en la “Estela de Melqart”, hallada en Bredsh, un pueblo al norte de Alepo, en Siria. 
La estela votiva dirigida al dios Melqart, tiene una inscripción en arameo cuya traducción por W.F.Albright es: “El monumento que Bar-Hadad, hijo de Tab-Rimón, hijo de Hadyan, rey de Siria, creado para su señor, Melqart. Prometió (éste) a él, y escuchaba su voz”. 
Cabe señalar que la estela también corrobora otros dos reyes sirios indicados en la Biblia, Tabrimón y Hezión.
Un registro excepcional de la interrelación de los reinos de Israel y Damasco se encuentra en el llamado monolito de Kurkh, que fue descubierto por J.E. Taylor, cerca de Diyarbekir, junto al río Tigris. Se trata de una estela del rey asirio Salmanasar III, que describe la campaña militar realizada hacia occidente en el sexto año de su reinado (853 a.C). A la expedición asiria le presentaron resistencia en Qarqar, capital del reino de Hamat, una coalición de 12 reyes liderado por Adad-idri de Damasco, (Hadad-ézer en hebreo, con seguridad Ben Hadad-II de 1 Reyes 20 y 22) con la participación del rey Acab de Israel. 
Aunque Salmanasar se atribuye la victoria, parece que termino en tablas, pues durante varios años se detuvo el avance asirio hacia el Mediterráneo.


Texto de la inscripción: ANET 278-9 J.B. Pritchard “...incendié QarQar, su ciudad real. 1.200 carros, 1.200 soldados de caballería, 20.000 soldados de Adad-idri (Hadad-ezer) del país de Imerishu (Aram), 700 carros, 700 soldados de caballería, 10.000 soldados de Irhuleni de Hamat, 2.000 carros, 10.000 soldados de Acab del país de Israel...” 


Resulta interesante resaltar, que aunque este acontecimiento no está narrado en la Biblia, si está de acuerdo con el marco histórico de los personajes que describe, como son los reyes de Israel y Damasco, que, enfrentados en numerosas ocasiones como muestra el libro de 1 Reyes 20 y 22, se unen ante el peligro común del revitalizado imperio neoasirio, aunque en posteriores disputas, el propio rey de Israel Acab, llega a morir en el campo de batalla combatiendo contra Ben Hadad-II, al intentar recuperar la localidad de Ramot de Galaad situada en la zona transjordana en poder del rey sirio.
Otro de los reyes importantes del reino arameo de Damasco es Hazael. Mencionado en el texto bíblico en numerosas ocasiones, por sus continuas acciones bélicas contra Israel y también contra Judá. 
Fue un usurpador del trono sirio, asesinando al rey Ben Hadad-II, como atestigua el libro de 2 Reyes 8:15 y posiblemente por ello, los textos asirios lo nombran como “hijo de nadie”

Se han localizados diversas inscripciones con el nombre de Hazael en textos asirios y arameos. Entre ellas están las decoraciones de marfil halladas en Arslan Tash al norte de Siria, así como en los enclaves griegos del santuario Hereo de Samos y el templo de Apolo en Eretria, en la isla de Eubea, y más recientemente la descubierta en 2003, en Tell Afis al suroeste de Alepo, en las ruinas del templo de la Acrópolis.
Una evidencia de la destrucción de Gat seguramente por Hazael es la hallada en Tell es Safi. En el nivel de excavación correspondiente al datado a finales del siglo IX a.C por el profesor M. Aren Maeir de la Universidad de Bar-Ilán, se encontró cientos de vasijas de cerámica, junto con diferentes objetos y restos de una ciudad arrasada por el fuego.
También, mediante fotografía aérea se detectó un sistema de asalto usado para impedir escapar de la ciudad sitiada, similar a la descrita en la estela aramea de Zakur. Consiste en un foso de dos kilómetros de largo, ocho metros de ancho y más de cinco de profundidad, rodeando la ciudad por tres lados. Es significativo destacar según las pruebas encontradas en el yacimiento de esta ciudad filistea destruida, que los datos aportados por la Biblia, además de ser ciertos, utiliza una fuente histórica muy antigua, ya que los textos asirios de siglos posteriores no citan la ciudad, ni tampoco lo hace después la propia Biblia.
La inscripción aramea más importante con relación al texto bíblico es la descubierta en 1993, al norte de Galilea. Se trata de parte de una estela hallada en las excavaciones de Tell Dan, que era dirigida por el arqueólogo Avraham Biran del Hebrew Union College en Jerusalén. En ella el paleógrafo Joseph Naveh recuperaba el texto de 13 líneas y, aunque su autor no se menciona en los trozos de estela, sí hace referencia a la invasión de Israel por un rey arameo.

La inscripción parece estar relacionada con la narración bíblica donde, con un mínimo de error, se puede identificar a Hazael rey de Damasco sobre el 850 AC, ufanándose de vencer y dar muerte a los reyes Joram de Israel y Ocozías de Judá. Si bien sabemos por la narración bíblica, que fue Jehú quien dio muerte a ambos reyes, si podemos pensar que para Hazael, la sublevación de Jehú es interpretada como parte de su estrategia e instrumento suyo. En este periodo el rey arameo conquistó las ciudades del norte de Israel, entre ellas Dan donde erigió esta estela conmemorativa de su victoria.
La estela presenta además un testimonio epigráfico del rey David, cuya octava línea dice “rey de Israel” y en la novena “casa de David”. La traducción por Mario Liverani de la línea 3 a la 10 dice: “(cuando) mi padre enfermó y se fue con los suyos [sus antepasados], el rey de Israel vino ante la tierra de mi padre. Pero Hadad me hizo rey y Hadad vino ante mí y yo partí de los siete... de mi reino, y yo maté a set[enta re]yes que habían uncido mi[les de ca]rros y miles de caballos.[Y yo maté a Jeho]ram, hijo de [Acab], rey de Israel, y yo maté a [Ahaz]yahu(*), hijo [de Jehoram, r]ey de la casa de David. Y yo dejé [sus ciudades en la ruina y] su tierra inmersa en la [desolación...]”

Religión
Durante los siglos XI y X a.C. La religión aramea sea desarrolla en el pueblo semita y hablaban una lengua diferente a la de Canaán y Fenicia. 
Se trataba de una compleja religión politeísta con gran número de variantes locales. 

Baal-samain
Deidades cananeas tales como Astar,
El principal Dios era Hadad, dios de las tormentas. 
Su consorte fue Atargatis, diosa de la fertilidad. 
Otras deidades eran el fenicio Melqart y los mesopotámicos Shamash, Nergal y Marduk. Era muy popular también la diosa Sin.

Lengua Aramea
La lengua aramea está atestiguada por un período de casi 3.000 años y en el cual ha experimentado un sinfín de cambios gramaticales, variantes y uso. A grandes rasgos se podría hacer un cuadro generalizado de sus etapas de la siguiente manera: 

Arameo antiguo (850-612 a. C.) 
Este período se caracteriza por el ascenso de los arameos como una potencia en la historia antigua del Medio Oriente, en la adopción de su lengua como lengua internacional de la diplomacia en las últimas fases del Imperio neo-asirio y la dispersión de los pueblos de habla aramea desde Egipto hasta la Baja Mesopotamia como resultado de las deportaciones asirias. Los textos actuales pueden ser agrupados en varios dialectos: 

Siríaco normativo (o arameo antiguo occidental) (siglos IX-VIII a. C.), con inscripciones procedentes de Aleppo y sus alrededores, conteniendo estelas conmemorativas y tratados internacionales.

Samalian: En la actual Zincirli, las dinastías del reino neo-hitita de Sam'al escribieron sus inscripciones dedicatorias primero en fenicio, luego en un dialecto arameo local y finalmente en el sirio antiguo arameo.

Fajariyah: En el Alto Habur se encontró una estatua con una inscripción bilingüe neo-asiria y aramea, cuya ortografía e inscripción son de la mayor importancia para la historia del alfabeto.

Mesopotamio: Este dialecto consiste de textos breves económicos y legales grabados sobre tablillas de arcilla; al igual que el de Fajariyah recibe una considerable influencia acadia.

Deir Alla: Este importante aunque fragmentario texto pintado en las paredes de un lugar de culto en el valle del Jordán, trasmite una visión de Balaam, hijo de Beor, el profeta del que se habla en la Biblia en Números 22-24. Algunos expertos clasifican la lengua de este texto como cananea, lo cual indica que a estas alturas no es fácil discernir la división entre cananeo y arameo. 

Arameo Imperial (600-200 a. C.) 
Durante este período el arameo se expande más allá de las fronteras de su tierra nativa hasta los territorios de los Imperios neo-babilonio y persa, desde el Alto Egipto hasta Asia Menor y hacia el este llega al subcontinente indio. Desafortunadamente sólo una pequeña parte del vasto corpus de documentos administrativos, anales y cartas de esos imperios han sido preservados, debido a que fueron escritos con tinta en materiales perecederos, en contraste con la escritura cuneiforme grabada en tablillas de arcilla. Los mayores hallazgos provienen de Egipto, donde el clima seco ayudó a la preservación de los papiros y el cuero. Estos hallazgos se pueden clasificar así: 
Archivos de papiros de la guarnición militar judía en Elefantina (incluyendo escrituras de venta, actas matrimoniales, cartas a las autoridades en Jerusalén y fragmentos literarios.
La correspondencia del sátrapa persa de Egipto, Arsames
Un paquete de cartas enviado a la familia residente en Syene y Luxor.
En Saqqarah una carta en papiro de finales del siglo VII a. C. enviada por un rey filisteo (tal vez Ecrón) pidiendo ayuda a Faraón contra el rey de Babilonia y registros sobre papiro de naturaleza legal y económica de los siglos V y IV a. C.

Las cartas oficiales recogidas en el libro Esdras hay que clasificarlas en esta categoría de arameo Imperial, pues tanto su lenguaje como su estilo son propios de este período.

Desde una perspectiva lingüística, lo que caracteriza este período por encima de todo es que se produce el desarrollo de una lengua y su ortografía, en la que el arameo babilónico hablado y escrito por los persas educados será el modelo normativo, modelo que durará unos mil años.

Ideogramas Iranios Medios. Tras un breve flirteo con el sistema cuneiforme para sus inscripciones monumentales -antiguo persa- los persas adoptaron la escritura aramea para poner por escrito su lengua y en parto y phalevi, los ideogramas arameos se usaron para indicar lexemas persas. También es de este período, aunque en su etapa temprana, el material arameo preservado en escritura demótica en el papiro Amherst 63, que consiste de un ritual de año nuevo y el relato del conflicto entre los dos hermanos asirios, Asurbanipal y Shamashshumukin.

Las contribuciones a las civilizaciones del mundo 
La nación aramea de Oriente Medio hizo una gran contribución a las civilizaciones del mundo. 
Esto es bien resumido por el profesor Sebastian Brock, que dice: "Casi todas las sociedades dependen del uso de la escritura, pero son pocos los pueblos muy conscientes de que la gran mayoría del mundo de los guiones se remonta a un antepasado común, un alfabeto inventado en el Medio Oriente hace miles de cuatro años, que fue perfeccionado posteriormente por los fenicios y los arameos, que se extendió por todo el mundo conocido). Por tanto, es sin duda uno de los regalos más grandes de los pueblos arameos a la cultura mundial (. " perla escondida volumen I: Página 27) 
Sin embargo, es innegable que el alfabeto arameo simple de 22 cartas ha tenido el impacto más extraordinaria en el desarrollo de sistemas de escritura alfabética de todo el mundo. De hecho, es muy difícil imaginar cómo la cultura humana y el aprendizaje científico podría haber progresado sin (el idioma arameo)). 

Bibliografía
K. M. Kenyon, The Archaeology of the Holy Land, Londres, Nueva York, 1960.
Macalister, Palestine exploration Fund Quarterly Statements, 1907)
Morris, Jastrow, Jr. Encyclop. Bibl., I, 642.
Pérez Largacha, Antonio (2003). «El Mediterráneo Oriental ante la llegada de los Pueblos del Mar». Gerión. Revista de Historia Antigua (Universidad Autónoma de Madrid) 21 (1): 27. ISSN 1698-2444. Consultado el 7 de agosto de 2017.
Robert Appleton Company, 1908. http://www.newadvent.org/cathen/03569b.htm
Van Kasteren, John Peter. "Cana, Canaanites." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York:






[1] Las fuentes fundamentales para su estudio son los datos de hallazgos arqueológicos y los escasos documentos escritos hallados, fundamentalmente fuera de Canaán. Entre estos, se destacan por su antigüedad los textos execratorios egipcios, y los que hablan en concreto de alguna ciudad fenicia, como Biblos, y, para los tiempos florecientes de la civilización cananea, los abundantes textos de Ugarit.
[2]    Como la cultura es uniforme, resulta prácticamente imposible saber si alguna de estas ciudades fue poblada por los recién venidos, ya sedentarizados después de varias generaciones, o si convivían en las ciudades los dos elementos étnicos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario