miércoles, 8 de noviembre de 2017

Capítulo 2 - EL MUNDO EGEO DEL III AL II MILENIO a. C.


CAPÍTULO II

EL MUNDO EGEO DEL III AL II MILENIO A. C.

1.    La Grecia continental desde el siglo XXV hasta el siglo XVII a. C. 

Aquiles contra Héctor

Hasta la década del setenta del siglo XIX, la historia de la Grecia antigua comenzaba habitualmente con el llamado período homérico, es decir, el período que halló su reflejo en la Ilíada y la Odisea. Se consideraba entonces que en ambos poemas se reflejaba el cuadro de la sociedad griega del siglo XI al VIII a. C. Entretanto, entre los mismos griegos se conservaba el recuerdo de un período considerablemente más antiguo de la historia de su país, grabado en una serie de leyendas y mitos y transmitidos por los escritores antiguos de una época posterior. Algunos monumentos de la época antigua que se encuentran en la Grecia balcánica y en las islas, tales como ruinas de construcciones de piedra toscamente tallada, también recordaban el pasado. Acerca de estas ciclópeas construcciones, los mismos griegos antiguos no podían decir nada definido; la tradición las atribuía a los grandes cíclopes monóculos (un solo ojo).
Estos escasos datos de la tradición la ciencia burguesa los pasaba por alto, lo que en considerable medida se explica por el predominio de orientaciones hipercríticas entre los científicos especializados de aquel entonces. Los partidarios de esta orientación tuvieron como objetivos fijar límites claros, a menudo injustos, entre el material histórico y el no histórico, es decir, el legendario. No se orientaron hacia el análisis del material mitológico con el objeto de encontrar en él reflejada la realidad histórica. En fin, al concepto de los antiguos griegos sobre el pasado remoto de su país casi se lo ignoraba completamente. 

Puerta de los Leones, en Micenas

La crisis en este sentido se produjo entre los años setenta y noventa del siglo pasado, cuando, en directa vinculación con los grandes descubrimientos arqueológicos, se aclaró que el período homérico de la historia de Grecia en la cuenca del mar Egeo fue precedido en muchos siglos por la existencia de una cultura desarrollada cuyos centros principales fueron Creta, la Hélade y la ciudad de Troya.
Las investigaciones del siglo XX demostraron así que en el II milenio antes de nuestra era existieron allí civilizaciones casi tan desarrolladas como sus contemporáneas egipcia, babilónica e hitita. El estudio de la historia de las poblaciones que crearon esta cultura colocó frente a la ciencia contemporánea una serie de importantes problemas de principio: el problema de la clasificación en periodos, el problema de la pertenencia étnica de las tribus egeas, lo que en modo estrechísimo se vinculaba con el estudio de la lengua y de la escritura cretomicénica, el problema de las características económico sociales de la Creta antigua y de las antiguas ciudades del Peloponeso, el problema de la conquista de los reinos aqueos por los dorios, y otros. 
El paso esencial para resolver todos estos problemas se esbozó sólo en los últimos años, condicionado tanto por considerables acumulaciones de material de investigaciones arqueológicas como por el trabajo perseverante de una cantidad numerosa de científicos en el dominio de la interpretación de las inscripciones creto micénicas.
En 1953, cuando dos científicos ingleses, Ventris y Chadwick, publicaron sus investigaciones acerca de los nuevos métodos para descifrar las inscripciones micénicas, estos trabajos fructificaron. Aunque ello todavía ni de lejos puede considerarse como concluido y las dificultades en el camino de un estudio más profundo de las inscripciones micénicas son todavía muy grandes, los métodos propuestos por Ventris y Chadwick para descifrarlas conquistan el reconocimiento cada vez mayor de los científicos de todo el mundo. A la luz de una más rigurosa lectura de las inscripciones, se abre una perspectiva completamente nueva y extremadamente amplia en la investigación del período remoto de la historia griega, hasta los tiempos posteriores, conocidos casi exclusivamente por los monumentos de la cultura material. 

Los primeros pobladores
Las tribus que poblaban la península balcánica, las islas del archipiélago del mar Egeo y las costas del Asia Menor se encontraban desde los tiempos antiguos en estrecho contacto unas con otras, lo que era posibilitado por la vinculación por mar de todos estos países. 
Esos íntimos vínculos determinaron no solamente los rasgos generales en el desarrollo de la población que allí habitaba, sino que, comparativamente con los primitivos países de la cuenca del mar Egeo, crearon originales centros culturales que existieron contemporáneamente con otros antiguos focos de la civilización, como la antigua Babilonia, Egipto, India y China. 
Gran parte de la población de los países de la cuenca egea pertenecen, de acuerdo con los datos científicos de que se dispone, al comienzo de la época neolítica, es decir, aproximadamente del VII al VI milenio a. C. 
Muchos restos de población y tumbas de la época neolítica a lo largo de los países mediterráneos hasta los límites del IV al III milenio a. C. fueron encontrados en las excavaciones de la península balcánica, en el Asia Menor y en las islas del archipiélago del mar Egeo, Creta entre ellas. 
El estudio de los monumentos testimonia que en ese tiempo la comunidad primitiva se basaba fundamentalmente en la agricultura de azada y la ganadería. El estudio de estos monumentos arqueológicos de la península balcánica, hacia el sur de Duna, muestra que todos estos territorios estaban habitados por tribus que se encontraban casi a igual nivel de desarrollo. La cultura de las poblaciones neolíticas, los futuros tracios, macedonios, tesalios y griegos, no difería de la cultura de las poblaciones de las islas del mar Egeo. Gran cantidad de restos de la época neolítica en Creta autorizan a sostener algunas ideas acerca de la vida de la población de la isla.
Como muestran las excavaciones arqueológicas, los poblados comunales estaban constituidos en aquel entonces por chozas hechas con materiales calcáreos no elaborados, de forma cuadrangular. Para la cerámica cretense son característicos los vasos en forma de torre, decorados con arabescos tallados. El arte primitivo también estaba representado por figuras groseras de pájaros, animales y hombres. La gran mayoría de las estatuillas representan la figura femenina, lo que es el rasgo natural del arte de todos los pueblos en la época del matriarcado. 
Como muestran las excavaciones arqueológicas, los poblados comunales estaban constituidos en aquel entonces por chozas hechas con materiales calcáreos no elaborados, de forma cuadrangular. Para la cerámica cretense son característicos los vasos en forma de torre, decorados con arabescos tallados. El arte primitivo también estaba representado por figuras groseras de pájaros, animales y hombres. La gran mayoría de las estatuillas representan la figura femenina, lo que es el rasgo natural del arte de todos los pueblos en la época del matriarcado. 

La era de los Metales
Desde el III milenio a. C., en las tribus egeas se conocía el uso de los metales. Primero el cobre, luego el bronce. Para la población de la cuenca egea éste fue un gran paso adelante en el desarrollo de las fuerzas productivas. 
La ciencia burguesa vincula la aparición de los metales con las migraciones en la cuenca egea de nuevas tribus de Anatolia (Asia Menor). En el fondo de esta opinión de muchos científicos burgueses yace la teoría de los pueblos «elegidos y rectores» que, según ellos, serían la fuerza motriz de la historia. Sin negar la importancia de las migraciones de tribus, nosotros debemos señalar que el comienzo en la utilización de los metales no fue consecuencia obligada de las mismas. De las investigaciones de las últimas décadas se deduce que los metales se emplearon simultáneamente en diferentes lugares de la cuenca egea, así como Chipre, costas del Asia Menor y Macedonia, es decir, en todos aquellos países donde había yacimientos de cobre. Gracias al nivel alcanzado por las tribus egeas en la producción y a la existencia entre ellas de antiguos lazos, el arte de producir herramientas metálicas se difundió relativamente pronto entre las poblaciones de los territorios vecinos. Los más antiguos artículos de cobre datan aproximadamente de finales del IV milenio y comienzos y primera mitad del III a. C. 
La unidad cultural de las tribus que habitaban en la cuenca del mar Egeo, en la edad del bronce, autoriza su generalización bajo el nombre de cultura egea. 
La clasificación cronológica de la cultura egea fue realizada detalladamente por A. Evans, quien trazó la cronología de Creta y, de acuerdo con ese modelo, otros científicos elaboraron la cronología griega de la edad del bronce: la antigua cultura griega fue dividida en tres períodos helénicos: antiguo, del año 2600 al 2000; medio, del 2000 al 1600; tardío, del 1600 al 1100 a. C. Del mismo modo, la cultura en las islas Cícladas (período antiguo, 3000 a 2200; medio, 2200 a 1600, y posterior, del 1600 al 1200 a. C). Esta clasificación es fundamentalmente formal, puesto que no ha sido elaborada teniendo en cuenta las transformaciones de las relaciones de producción entre las tribus egeas. Se basa, en lo esencial, en el desarrollo de la cerámica. No obstante, esta clasificación puede cumplir un papel auxiliar. 

Desde la primera mitad del III milenio a. C., la población de la península balcánica comenzó a utilizar artículos de cobre. El territorio de Grecia es comparativamente pobre en minerales de cobre. Aunque ahora se conocen algunas minas, que se utilizaban ya hacia el III milenio a. C., al principio el cobre fue, por lo visto, importado por mar desde Chipre y las islas Cícladas (Siros). En la distribución de los artículos de cobre se encuentra una secuencia conocida. Al principio surge en la parte sur de Grecia, es decir, en el Peloponeso, y sólo paulatinamente penetra en las regiones septentrionales del país. Por lo visto, el conocimiento de estos metales llegó a la población de la Grecia continental de los habitantes de las islas de las costas del Asia Menor.
En la época antigua del bronce surgió gran número de poblaciones en las regiones antes despobladas del Peloponeso y la Grecia central. Precisamente en ese tiempo aparece la población de puntos que posteriormente fueron tan conocidos como Tirinto, Micenas, Orcómenos y Delfos. A la vez surge una serie de poblaciones más pequeñas, como Cinuria, Asina, etc. El rasgo característico de estas poblaciones muy antiguas era su distribución en colinas, que garantizaban su capacidad defensiva. La arquitectura de sus viviendas era diversa. Por ejemplo, en Orcómenos (Beocia) fueron descubiertas casas de forma circular, con cimientos de piedra y paredes de adobe. Pero también se conocen otros tipos de casas, de forma oval o rectangular con un lado redondeado. La casa tenía dos cuartos unidos por puertas; en el centro del más grande había un fogón, y en las paredes, muchas vasijas de arcilla en las cuales se guardaban diferentes provisiones domésticas.



Arquitectura y sociedad
A la segunda mitad del III milenio a. C. pertenece la aparición de edificios más grandes, que se diferenciaban netamente de las viviendas de las comunidades, más sencillas. Tales construcciones redondeadas, con un diámetro de alrededor de 28 metros, fueron descubiertas en la acrópolis de Tirinto. Sus paredes de adobe descansaban sobre cimientos de piedra y están cubiertos por un techo de tejas. Protegidos por dos fuertes murallas circulares, estos edificios constituían poderosas ciudadelas. Por supuesto, eran las viviendas de los antiguos amos de Tirinto. En otra población, Lerna (Argólida), fue erigido en ese período un edificio con aspecto y características de palacio, que ha sido descubierto en 1945. Una parte del mismo era de forma rectangular, de más de 25 metros de largo. Sus fuertes paredes de adobe (de aproximadamente 90 cm. de espesor) descansaban sobre cimientos de piedra y estaban cubiertas con dos capas de estucado de arcilla. Algunas escaleras comunicaban el primer piso con el segundo. En el piso bajo fueron descubiertos más de diez locales destinados a diferentes usos: grandes cuartos y pequeñas despensas. 
Los habitantes de la Hélade, en el III milenio a. C., se ocupaban de manera principal de la ganadería y la agricultura. Los habitantes de Cinuria, por ejemplo, tenían mucho ganado: vacunos, lanares, caprinos y porcinos. La alfarería no había salido todavía del estado de producción doméstica: las vasijas se hacían a mano. Sus formas eran muy barrocas. El difícil juzgar acerca del significado de las vajillas encontradas. Aunque se preparaban sin contar con la rueda del alfarero, la calidad del trabajo de éste era relativamente elevada. Es de destacar que ya en ese tiempo se hacían en Grecia las tejas que cubrían no sólo las casas de los nobles (en Tirinto y Lerna), sino también las viviendas de las casas medias de la población. Después del siglo XX a. C., el arte de la preparación de tejas se perdió, para renacer sólo en el siglo VII a, C. La metalurgia hasta finales del III milenio se desarrolló débilmente. El cobre se utilizaba sólo para producir algunos objetos, como puñales, alfileres, etc. 
Aparecieron ya en esa época sellos e inscripciones en las vajillas. Los dibujos de esos sellos recuerdan un poco las imágenes de los de la misma época en la isla de Creta. 

Relaciones comerciales 

Las tribus de la Hélade, en el III milenio a. C., se encontraban en constante relación con los habitantes de los países vecinos, es decir, Macedonia, Tracia y Asia Menor. Estas relaciones no se limitaban a los simples cambios de artículos y llevaron a influencias culturales mutuas, que se hicieron sentir particularmente en la producción de cerámica. Más estrechas eran las relaciones con las poblaciones de las islas del mar Egeo, ante todo con las Cícladas. De allí los habitantes de la Hélade importaban obsidiana, vajillas de cerámica, figuras de mármol. Las colonias del Peloponeso tenían fuertes vínculos con Creta, separada del continente sólo por 150 o 160 kilómetros. De allí procedían los sellos de piedra y las vajillas, amuletos de esteatita y cerámica. Sin duda, el contacto entre la Hélade y Egipto se hacía entonces por intermedio de los cretenses. 
El problema de la historia social en el período que analizamos es muy complicado. Su principio se remonta al período de predominio de las relaciones matriarcales en el interior de la comunidad tribal, que luego dejan lugar a las relaciones patriarcales. El régimen de la comunidad primitiva en la Hélade de finales del III milenio a. C. se caracterizaba por la aparición de desigualdades económicas en el seno de la comunidad. 
Se observa ya el crecimiento de la riqueza de algunos, por ejemplo, de la aristocracia en las tribus de Tirinto y Lerna, lo que atestigua el surgimiento de las condiciones para una futura división en clases de la sociedad. 
Alrededor del año 2000 a. C. tuvieron lugar grandes acontecimientos en la Hélade. Hasta Tucídides llega a recordar los grandes desplazamientos de poblaciones en la antigua Hélade. Estos datos de la historiografía antigua se ven confirmados por las recientes excavaciones. Por lo visto, en los límites del III y II milenios a. C., las tribus que habitaban en el norte se pusieron en movimiento hacia el sur, hacia Beocia y el Peloponeso. Según la tradición griega, estas nuevas tribus eran aqueas. 

Los Aqueos
Algunos científicos burgueses, por ejemplo, Glotz y Blieguer, consideran que con la llegada de los aqueos a la Hélade se rompió con el pasado, y que la razonable y fuerte asimilación de razas trajo el florecimiento de la cultura de la península. Blieger llama a los aqueos «nuevos elementos raciales». Ninguna de estas características determina el cuadro real de los cambios étnicos que tienen lugar en la Hélade al final del III milenio a. C.  



Los aqueos que emigraron a la Grecia septentrional y meridional probablemente eran parientes de las tribus que poblaban en aquel entonces la Hélade. Es conocido que en la cultura de las tribus de la península balcánica, en la segunda mitad del III milenio a. C., se siguen las huellas de los rasgos comunes, lo que explica no sólo la uniformidad del nivel de su desarrollo económico y social, sino también la cercanía étnica de estas tribus. 
El movimiento de las mismas entre el III y el II a. C. se puede explicar por las transformaciones que se produjeron en la sociedad primitiva, vinculadas al crecimiento demográfico y a la baja productividad general del trabajo, que dieron lugar al desplazamiento de unas tribus por otras como resultado de guerras tribales. La llegada de las tribus de Tesalia y Macedonia (cuya residencia primitiva todavía no se ha definido con exactitud) a la Hélade fue uno de los episodios de esta lucha intertribal. La invasión de dichas tribus despertó la resistencia enconada de las tribus locales. El país sufrió fuertemente las consecuencias de las largas luchas. Una serie de colonias y ciudades: Cinuria, Tirinto, Asina y otras fueron destruidas; algunas de ellas, como Cinuria, quedaron abandonadas por completo, mientras otras se reconstruyeron, aunque con dimensiones más reducidas. 
Los aqueos se asimilaron paulatinamente a las tribus locales. Sin embargo, la cultura de la Hélade en los siguientes siglos (del XX al XVII a. C.) no es uniforme. En las ramas de la arquitectura, por ejemplo, se mantiene y alcanza difusión la planeación absidal de las casas, pero muy a menudo se encuentra la forma rectangular del tipo megarense, con locales centrales y patios interiores. En este último tiempo surgen las fortalezas en los alrededores de algunos puntos poblados, como, por ejemplo, Tirinto, Malfi (Mesenia) y otros lugares. 
La producción se hace considerablemente más complicada. Al lado de la ganadería se desarrolla la agricultura: los habitantes de la Grecia continental cultivan ya trigo, cebada, guisantes y habas. Se desarrolla la producción artesanal. Un gran logro de la metalurgia es el arte de elaborar el bronce aleando el cobre con otros metales más duros y que se fundían más fácilmente que él. La técnica de la producción del bronce se difunde rápidamente; muchos de los artículos hallados datan de los siglos XVIII y XVII a. C. La alfarería, gracias a la introducción de la rueda de alfarero, se transforma en oficio independiente. 
Las relaciones sociales en esta época sufrieron cambios considerables. El desarrollo de la agricultura y de la ganadería llevó a la concentración de riquezas en manos de algunas familias, a la ulterior separación y fortalecimiento de la propiedad privada como contrapeso en la propiedad comunal. 
Es de suponer que la diferencia patrimonial dentro de la comunidad primitiva complicó aún mucho más la desigualdad entre las tribus y poblaciones locales y sus conquistadores aqueos, como mostró Marx: «El régimen tribal, por sí mismo, llevó a la división entre clanes de elevada y baja producción. Estas diferencias se desarrollan todavía más con la fusión de los vencedores con las tribus subyugadas». Entre las tribus aisladas se produjeron choques bélicos, lo que también posibilitó el crecimiento de las desigualdades entre las tribus y en el interior de las mismas, la separación de los jefes militares y sus guerreros en grupos aislados de la aristocracia tribal.  
En el primer tercio del II milenio, los lazos externos de las tribus que poblaban la Hélade continuaron ensanchándose. Lo prueban claramente las relaciones directas de la Grecia balcánica con Troya. Los contactos con Creta se desarrollaron de forma irregular. Inmediatamente después de la invasión de los aqueos, estas relaciones, por lo visto, disminuyeron mucho y se restablecieron sólo después de uno o dos siglos. Testimonio de esto son, por ejemplo, las vajillas de la producción de Tirinto, hechas según la manera de la cerámica cretense de los siglos XVIII a XVI a. C. Por ejemplo, los toros en relieve de Micenas son imitación de los relieves cretenses de ese tiempo, y lo mismo ocurre con otros objetos. Se reforzaron los contactos con las islas Cícladas, con la cultura de su población, y las Cícladas, a su vez, experimentaron al mismo tiempo la influencia continental y de la isla de Creta. 
El problema de las relaciones con las regiones septentrionales de la península balcánica está todavía insuficientemente investigado. Se ha encontrado en Macedonia la llamada cerámica minoica, la cual estaba distribuida por toda Grecia, y permite suponer un contacto continuo de la población de ambos lados. El desarrollo de la sociedad aquea alcanzó su apogeo en el período comprendido entre el siglo XVI y el XII a. C., y se caracteriza por el avance de Micenas, Pilos y otros centros del Peloponeso. 

2.- Las islas del mar Egeo en el III y comienzos del II milenio a. C.
El desarrollo histórico del grupo septentrional de las islas del mar Egeo: Lesbos, Lemnos, Imbros y Tasos, se diferencia un poco del desarrollo de las islas del sur, es decir, de las Cícladas. 
La cercanía de Lesbos, Lemnos y otras de las islas a las costas del Asia Menor, donde desde la mitad del III milenio se observa un potente ascenso de las culturas, condicionó su más temprano desarrollo. Sin embargo, en el estado actual de nuestros conocimientos no es posible todavía trazar un cuadro detallado del desarrollo de las islas del grupo septentrional. Están considerablemente mejor estudiadas las del sur: Andros, Tenos, Paros, Sifnos, Sérifos, Melos y otras, que constituían el grupo de las islas Cícladas, y la de Quíos. Predominaba en ese tiempo el régimen tribal, en el cual, por lo visto, se conservaban vestigios del matriarcado.  

Los habitantes de las Cícladas habían vivido en colonias tribales constituidas por chozas estrechamente unidas entre sí. La planificación de estas colonias demuestra que los medios básicos de producción eran propiedad de toda la comunidad tribal. La separación en familias aisladas dentro de la tribu corresponde a la aparición de la vivienda individual del tipo megarense. Tales poblaciones fueron descubiertas en muchas islas. La más antigua se encontraba en la de Melos y la hoy llamada Filacopi. Aquí han sido descubiertas algunas huellas de poblaciones que se fusionaron con otras.
El hallazgo de las capas que pertenecen al III milenio antes de nuestra era muestra que los habitantes de la isla de Filacopi conocían el plomo, pintaban sus vajillas con colores brillantes, las adornaban con dibujos espirales, etcétera. Sin duda, Filacopi fue en esta época un gran centro cultural que conservó su significación posteriormente. Hacia el fin del II milenio, los habitantes de las Cícladas comenzaron a erigir fortalezas alrededor de sus poblaciones, necesarias debido a las guerras intertribales. 

Ejemplo de arte cicládico

Las condiciones naturales de las montañosas islas Cícladas no permitieron el desarrollo de la agricultura y la ganadería como, por ejemplo, en Tesalia. Pero hacia el comienzo del III milenio en las Cícladas ya se conocía el cobre, con cuya utilización se alcanzó un extraordinario desarrollo en la elaboración de la piedra. En las islas fueron descubiertos muchos yacimientos de mármol, obsidiana y otras rocas duras. Los más antiguos habitantes de las Cícladas proveyeron de obsidiana a todos los países vecinos e hicieron figuras humanas de mármol y otras rocas, que penetraron en casi todos los rincones de la cuenca egea (se encontraron en Grecia, Macedonia, Creta y otros lugares). A pesar de la aún muy primitiva técnica de los maestros de las Cícladas, estas groseras estatuillas son bastante representativas. Por su calidad artística se diferencian absolutamente de las cabezas de mármol de la isla de Amorgos. El conjunto de los monumentos arqueológicos atestigua que la sociedad de las Cícladas, en los límites ente el III y el II milenios antes de nuestra era, alcanzó un desarrollo superior al de las poblaciones de la Grecia continental. 
En la vida de los isleños ocupaban un lugar importante la pesca y la navegación. El mar les suministraba pescado y los comunicaba con otros pueblos. Ya en la primera mitad del III milenio a. C., los habitantes de las islas Cícladas hacían con plomo modelos de embarcaciones y dibujaban embarcaciones y peces en sus recipientes. El comercio con los países vecinos posibilitó el desarrollo de la navegación, y también de la piratería, como lo sostiene Tucídides. 
Del siglo XVIII al XVII, las Cícladas fueron subyugadas por Creta y, como lo señala Tucídides, en ellas se fundaron colonias cretenses. Desde entonces, la historia de las Cícladas se vincula estrechamente con el destino de Creta. 

3.- Creta desde el siglo XXX hasta el XII a. C.
El florecimiento del antiguo Estado cretense, en el II milenio anterior a nuestra era, dejó profundas huellas en el recuerdo de las generaciones posteriores. Según las antiguas leyendas, fue el rey Minos el fundador de la potencia marítima cretense. Así quedó grabado en las obras de Herodoto y Tucídides. Los mitos se refieren a Creta como centro cultural, de donde pasaron a Grecia muchos inventos técnicos y ciertos cultos. Son habitualmente poco mencionadas fuentes egipcias que se refieren a Creta; no obstante, tienen gran importancia. Durante mucho tiempo, sin embargo, no se dio la debida significación a estas noticias.


La historia antigua de Creta fue conocida solamente después de las excavaciones de 1893 a 1931, realizadas por Arthur Evans (1851—1941), quien propuso también la división cronológica de la antigua historia de Creta hasta la aparición de los griegos. Evans la dividió en tres períodos, llamándolos minoicos, por el nombre del mítico rey Minos. Los límites cronológicos de estos períodos fueron establecidos por Evans, de acuerdo con los hallazgos hechos en Creta, fechándolos en estrecha correspondencia con los objetos de la Mesopotamia y Egipto. 
Con las rectificaciones posteriores, el esquema cronológico de Evans es el siguiente: 

Minoico antiguo: 
1. ° De 3000 a 2800 a. C. 
2. ° De 2800 a 2500 a. C. 
3. ° De 2500 a 2200 a. C. 

Minoico medio: 
1. ° De 2200 a 1750 a. C. (para toda la isla). En Cnosos y Festos termina alrededor del 2000 a. C. 
2. ° De 2000 a 1750 a. C. (solamente en Cnosos y Festos). 
3. ° De 1750 a 1600 a. C. 

Posminoico: 
1. ° De 1600 a 1400 a. C. (su iniciación coincide con el comienzo del nuevo reino de Egipto). 
2. ° De 1450 a 1400 a. C. (solamente en Cnosos). 
3. ° De 1400 a alrededor de 1250 a. C. 

Recientes cambios en la cronología del Antiguo Egipto invitan a la rectificación de la datación absoluta del comienzo del período minoico antiguo, que se fecha actualmente alrededor del 2600 a. C. 

Creta en el III milenio a. C.
La sociedad cretense, en el III milenio antes de nuestra era, tenía un nivel más elevado de desarrollo que la sociedad de la Grecia continental y la de las islas del mar Egeo. La explicación de esto hay que buscarla en las condiciones extraordinariamente favorables que existían en Creta para el desarrollo de las fuerzas productivas. Desde muy antiguo era famosa por su fecundidad y riqueza. Los bosques que cubrían el territorio de la Creta antigua retenían la humedad, lo que aumentaba la fecundidad del suelo. Rodeadas por montañas, las mesetas de Creta eran aptas para el desarrollo de la agricultura y la ganadería. En esa época, los habitantes utilizaban primordialmente todo lo que les daba el mar: se ocupaban de la pesca y comerciaban activamente con otros países. 
La sociedad cretense del III milenio se caracterizaba por tener rasgos de desarrollo del régimen comunal. Aunque predominaban las relaciones patriarcales, aún existían vestigios del régimen matriarcal. La propiedad privada en algunos miembros trajo consigo la división del patrimonio social. Alrededor del III milenio, en Creta existían ya familias ricas, que eran propietarias no solamente de los medios de producción, sino también de objetos de lujo, como, por ejemplo, adornos de oro. Las tribus más ricas eran las que vivían en la parte oriental de la isla. Probablemente, el desarrollo de la producción fue mayor en la parte oriental que en la occidental. 
La población de Creta era bastante numerosa. Particularmente densa por entonces era la de la fértil llanura alrededor de la actual Mesaria, en la costa sur, donde durante muchos siglos existieron colonias tribales. Alrededor de ellas se disponía gran número de tumbas gentilicias de forma circular y cubiertas con un techo cónico de madera y paja. En estas bóvedas redondas se enterraba, en el transcurso de mucho tiempo, a los miembros de un mismo clan. La cantidad de inhumaciones en tumbas de clanes aislados alcanzaba algunos centenares. 
La cultura material de la sociedad cretense de ese tiempo se manifiesta en el considerable desarrollo de sus fuerzas productivas. Los cretenses empleaban en sus menesteres, con amplitud, las herramientas de cobre, cuchillos, sierras, etc. La alfarería estaba muy desarrollada. Particularmente notable era la producción de recipientes de piedra que se observa a mediados del III milenio: para ello se utilizaban piedras locales, a veces muy duras; una serie de formas de estos recipientes fue imitada de las de los recipientes de cerámica. 
Hacia el final de este período abundaron los sellos de marfil o esteatita coloreada. Su distribución, inicialmente en el sur de la isla, permite suponer la imitación de los sellos egipcios; el mismo uso de los sellos muestra el desarrollo de la propiedad privada dentro de la sociedad cretense. 
En la segunda mitad del III milenio, los vínculos de Creta con el exterior eran amplios: en Creta fueron encontrados objetos de Egipto, de las islas Cícladas, y probablemente de Siria. La difusión del bronce en los países que carecían del mismo fue muy ventajosa para la población, ya que Creta era intermediaria en el comercio de cobre y bronce entre Chipre y las islas, y la Grecia continental. Es posible que ya en este tiempo la flor de los cretenses participara en la importación de estaño desde el Asia Menor y, como suponen algunos científicos, desde España. Hacia el final del III milenio, poblaciones procedentes de las islas Moclos, Psira y Palecastros emigraron a Creta, donde fundaron colonias distribuidas en la parte oriental y central de la isla, dando lugar al desarrollo de Malia, Festos, Hagia Triada y otras ciudades. 

Origen y desarrollo del Estado en Creta
Ya a principios del II milenio antes de nuestra era, el proceso de descomposición de la sociedad comunista primitiva mediante la formación de clases alcanzó en Creta un desarrollo considerable. Los palacios reales son testimonio del crecimiento de las diferenciaciones sociales que surgieron en Cnosos, Festos, Malia y otros puntos. La diferencia entre la vida lujosa de los amos de los palacios de Cnosos y Festos y las condiciones de vida de otras poblaciones de Creta muestra que hacia los siglos XXI a XX a. C. ya había terminado el proceso de formación del poder real hereditario. La desigualdad de fortunas en la población de la isla se muestra claramente en el ritual fúnebre. 
En el II milenio a. C. los cretenses enterraban a las familias por separado y el inventario de lo hallado en las tumbas testimonia acerca de la acumulación de riquezas en manos de los nobles y de la vida modesta de grandes masas de la población. Asimismo aparecen con claridad los contrastes cuando se comparan las viviendas de diferentes capas de la población de Creta. En las placas de loza del siglo XVIII a. C. se conservan las imágenes de las grandes casas de dos y tres pisos construidas con grandes bloques de piedra.

Sobre la parte central de los techos planos se elevaban pequeñas torres. Todos los detalles de estas casas muestran las riquezas de sus moradores. Las viviendas de los pobres eran simples, pequeñas y estrechamente unidas entre sí, en contraposición a las de los ricos, que estaban perfectamente delimitadas unas de otras. El plano de la pequeña población de Gurnia muestra la densidad que imperaba en los barrios de los pobres. 


En los siglos XX a XVIII a. C., Creta no era todavía un Estado unificado. En el territorio de la isla existían algunas regiones que se encontraban, por lo visto, bajo el poder de gobernantes independientes. La situación de esos señores, particularmente en los comienzos del período analizado, recordaba probablemente la situación de los basileus homéricos. Acerca de la riqueza de los gobernantes cretenses de esa época, ilustra la colección de lujosas armas de Malia adornadas con oro, marfil y cristales, espadas y puñales de bronce, que fueron probablemente propiedad del basileus, rey y jefe militar. 
Las guerras entre los gobiernos de las regiones señalaron la necesidad de construir fortalezas defensivas. Muchas de las poblaciones de Creta estaban rodeadas, en ese tiempo, por fuertes murallas. En los límites entre el III y el II milenios a. C., los poderosos gobiernos de Creta eran Cnosos y Festos. Menos significativos, en cambio, eran los gobiernos de Malia y otras ciudades. 


En el siglo XVIII tuvieron lugar en Creta ciertos acontecimientos, a consecuencia de los cuales los palacios reales y una cantidad de poblaciones resultaron destruidos. Según la opinión de algunos científicos (D. Pendelberg y A. Evans), la causa radicaría en los terremotos, a los cuales Creta estaba muy expuesta. De acuerdo con la opinión de otros (E. Meyer), el abandono de la población fue determinado por circunstancias políticas exteriores: la incursión de los hicsos asiáticos establecidos en el delta del Nilo. La ausencia de huellas de incendio en las ruinas de construcciones de ese tiempo habla contra esta última suposición, a la que se opone también la circunstancia de que el palacio de Festos, que se encontraba en la costa meridional, resultó mucho menos destruido que el de Cnosos. En caso de invasión de los hicsos que venían de Egipto, hubiera sido víctima precisamente la costa meridional.
Los grandes trabajos de reconstrucción, comenzados en Creta a mediados del siglo XVIII, a. C. fueron hechos de acuerdo con la planificación anterior. Esto demuestra que la población de la isla conservaba sus rasgos culturales y sociales después de producida la catástrofe, y desmiente la teoría de la conquista por los hicsos, con las guerras intestinas y el reforzamiento paulatino del reino de Cnosos a expensas de otras regiones. Por lo visto, hacia el principio del siglo XVI a. C., la dinastía de Cnosos unificó a toda Creta bajo su poder.  
La completa reconstrucción de todas las poblaciones de Creta tuvo lugar aproximadamente en el siglo XVI, cuando comienza el segundo período del florecimiento de Creta, que continuó durante dos siglos. Ésta fue la época de mayor poderío de Creta, tanto interior como exterior. Se puede suponer que tanto las leyendas griegas como los poemas homéricos reflejaron precisamente este período. 
La sociedad cretense, ya en los comienzos del II milenio a. C., alcanzó un nivel considerable de desarrollo económico y social. El desarrollo de las fuerzas productivas dio lugar a la existencia de oficios desligados de la actividad agraria, al desarrollo del cambio y a una gran ampliación del comercio marítimo. Los cambios en la producción se acompañaron de importantes mutaciones en la estructura social: separación de una aristocracia relativamente pequeña que explotaba amplias masas de la población agrícola y artesana libre. Se produjo la división de la sociedad en clases. 
Esta fue una antigua sociedad de clases, que conservaba todavía muchos rasgos del régimen de comunidad primitiva. Podemos suponer que el desarrollo de la desigualdad social fue más intensivo en la parte oriental de la isla, donde surgieron muchas ciudades y poblaciones de tipo urbano. 
El progresivo desarrollo de las diferencias sociales internas entre los libres corrió parejo a la aparición de la esclavitud. Sin duda, el trabajo de los esclavos, hacia mediados del II milenio a. C., alcanzó una difusión considerablemente mayor que antes, aunque la escala en que se empleó no permite afirmar su predominio en la producción de aquellos tiempos. 
Por desgracia, la extraordinaria pobreza de las fuentes impide aclarar las particularidades concretas de las relaciones esclavistas en Creta. Por lo visto, entre los cretenses la inmensa mayoría de los esclavos estaba constituida por gentes tomadas en cautiverio o asignadas en calidad de tributos vivientes. Algunas referencias se conservan en las leyendas de los griegos que se refieren a la época del poder cretense. Las fuentes escritas que hoy se conocen de los cretenses muestran el empleo del trabajo de los esclavos en los palacios de los señores grandes y pequeños. Solamente en un palacio, el Cnosos, para el servicio de las vastas posesiones del rey se utilizaba multitud de esclavos. En los trabajos pesados, como por ejemplo el cuidado y recuento de gran cantidad de productos y artículos de la artesanía en los depósitos reales, se exigía un constante empleo de un elevado número de trabajadores. Sin duda, en estos trabajos se empleaba esclavos. 
Es posible que el trabajo de los esclavos se utilizara en algunas actividades junto con el trabajo de los libres, como, por ejemplo, en la erección de palacios, en la construcción de caminos, etc. 
Sería incorrecto considerar que el trabajo de los esclavos desplazó en Creta al de los productores libres. La perfección de los artículos cretenses de esta época muestra el predominio, en los oficios, del trabajo de artesanos libres. Las particularidades específicas de la economía agrícola en Creta, entre ellas la ausencia del sistema de riego, que hubiera requerido gran cantidad de esclavos, y las relativamente pequeñas dimensiones de las parcelas de tierra labrantía, condicionaron sin duda el predominio del trabajo del pequeño campesino libre. Por lo visto, el trabajo esclavo en la economía campesina se empleaba en pequeña escala, y probablemente no en todas las regiones de Creta. En las zonas más atrasadas de la isla las relaciones comunales conservaban todavía una fuerza considerable y la esclavitud tenía un carácter patriarcal. 
De este modo, aunque en la isla de Creta la esclavitud se desarrollaba hacia mediados del II milenio antes de nuestra era, no perdió significación para la producción social el trabajo de los productores libres, artesanos y agricultores vinculados con la comunidad.
Los cambios de la estructura social cretense condujeron al fortalecimiento del Estado, y entre los siglos XVI y XV a. C., la isla constituía una monarquía unida. Esta unidad fue alcanzada por los habitantes de Cnosos. En su relato, Herodoto (I, 173) se refiere a la lucha por el poder real en Creta entre los dos hijos de Zeus y Europa es decir, entre Minos y Sarpedón, la que se encuentra reflejada indirectamente en la larga lucha por la primacía entre los gobernantes de Cnosos y de Festos. La formación del Estado unificado con poder real hereditario colocó a Creta en la misma situación de los Estados clasistas más antiguos: los egipcios, hititas y babilonios.


Se debe señalar que la definición de la sociedad cretense como sociedad clasista, que se acerca por su tipo a las sociedades esclavistas primitivas del Oriente, fue defendida por los historiadores soviéticos en lucha contra las teorías modernizadoras de los científicos burgueses, así como contra el erróneo punto de vista de V. L. Bogaievski. A. Evans traspasaba las normas de la sociedad capitalista a la sociedad cretense del segundo milenio antes de nuestra era y veía en el estado cretense una potente monarquía marítima que había sometido y colonizado toda la costa del mar Mediterráneo hasta España. V. L. Bogaisevski, que había luchado contra las teorías modernizadoras de la ciencia burguesa, no pudo, sin embargo, dar una explicación marxista correcta de la estructura social de la sociedad cretense. Atendiendo exclusivamente al régimen tribal gentilicio de Creta, Bogaievski definió a la sociedad cretense como una sociedad preclasista, primitiva. Este punto de vista fue rechazado decididamente por la mayoría de los historiadores soviéticos. Documentos cretenses de la mitad del siglo XV a. C., recientemente descifrados, confirman la justeza de la caracterización de Creta como Estado esclavista primitivo.

Entre los siglos XVII y XV a. C., el Gobierno de Creta se fortaleció y desarrolló. Los cortesanos del rey estaban formados por los funcionarios estatales y por los servidores personales del rey. Los escribas reales llevaban anotaciones detalladas; en el palacio de Cnosos y en otros lugares se encontraron muchas inscripciones en tablas de arcilla con listas de objetos y nombres de personas. Si para las necesidades de la dirección estatal eran necesarias las anotaciones, hay que hacer constar que existían, a la par de ellas, leyes y costumbres no escritas. El rey de Creta, el legendario Minos, es presentado en el papel de sabio legislador en las antiguas leyendas griegas. En ellas, el rey Minos aparece en el reino subterráneo, con cetro de oro, juzgando a los muertos. 
El Estado cretense se desarrolló a expensas de territorios de ultramar. Sus reyes subyugaron a las islas Cícladas y trasladaron a ellas parte de los habitantes de Creta. Hicieron lo posible por subyugar el Ática, pero, según las leyendas, el ensayo de los cretenses de afirmarse en la Megárida no tuvo éxito. La tradición ática recuerda las malogradas guerras de los cretenses en Sicilia. 
La expansión del Estado cretense dejó considerables huellas en la tradición griega posterior, y Herodoto y Tucídides describen al rey Minos como soberano del mar que subyugaba las islas del Egeo. Sin duda, los griegos se basaban en ello para llamar al Estado cretense dominador del mar. 
El proceso de formación del Estado cretense se extendió por lo visto durante algunas centurias. 
Es difícil determinar el carácter de las relaciones del reino de Creta con pueblos nativos. La tradición griega se refiere a que el rey de Creta conducía la lucha contra los piratas. Por ese medio, evidentemente, tendía a garantizar vínculos sin obstáculos con las regiones que dominaba y libertad de navegación para sus barcos mercantes, y a asegurar la percepción de tributos. 
A esta circunstancia la considera Tucídides como la causa principal de las luchas contra los piratas. Las rentas reales estaban probablemente constituidas también por tributos pagados en especie. Los enormes depósitos de Cnosos guardaban los tesoros que se recibían en tal concepto. 
El tributo también se pagaba en seres humanos: algunas tribus suministraban al rey tripulación para sus barcos, y el Ática, que era muy pobre, pagaba tributos en gente (de acuerdo con la leyenda, jóvenes y doncellas), la cual, evidentemente, se transformaba en esclava del rey de Creta. 
Las huellas de la permanencia de los cretenses en las islas del mar Egeo son muchísimas; se han encontrado no solamente artículos de la producción de Creta, sino monumentos de las escrituras cretenses (por ejemplo, en las islas de Melos y Tera). 
Es difícil juzgar acerca de la organización interna de la potencia cretense a mediados del segundo milenio antes de nuestra era. El testimonio de Tucídides acerca de que Minos nombró a sus hijos gobernantes de las diferentes islas permite suponer que los miembros de la familia real desempeñaron un papel predominante en la administración del Estado, particularmente en las naciones conquistadas. Es posible que Androgeo, legendario hijo de Minos, fuera uno de los gobernantes de Creta que ejerció poder sobre el Ática a mediados del segundo milenio antes de nuestra era.
  
La presencia de una fuerte flota permitió a Creta establecer su dominio en el mar. Hay que señalar que los cretenses fueron los primeros de todos los pueblos del Mediterráneo en crear una potente flota, constituida, como muestran los grabados en recipientes, sellos, etc., por barcos a vela y a remo. 
La principal fuerza militar en Creta era la infantería, armada con largas lanzas, arcos, puñales y espadas. Las armas de defensa eran yelmos y grandes escudos. Un importante papel en el ejército cretense lo desempeñaban los carros de guerra, en los cuales combatían los reyes y los guerreros nobles. En los depósitos del palacio de Cnosos se conservaron carros de guerra que, por lo visto, constituían una parte importante de los bienes del rey. Las fuerzas militares de Creta a veces incluían también inmigrantes de otros países: en uno de los frescos cretenses se representaba un destacamento de negros. 
La base de la economía cretense era la economía rural. Los labradores de la «Creta feraz», como se la llama en los poemas de Homero, desde muy antiguo, ya a comienzos del II milenio antes de nuestra era, empleaban el arado, lo cual elevó considerablemente la fertilidad del suelo. Cultivaban trigo, cebada, habas, garbanzos y lentejas; conocían además cultivos tales como lino, azafrán, etc., y estaban muy difundidos los cultivos de huerta: olivo, vid, higuera, palma datilera. Igualmente se dedicaban a la ganadería; los cretenses criaban vacunos, lanares, porcinos y variados tipos de aves, como patos, gansos, etc.  
Por lo visto, había propietarios individuales de grandes rebaños. En los dibujos de los vasos, a principios del II milenio a. C., se encuentran representados rebaños. Sin duda, la mayor importancia se otorgaba a la cría del vacuno, pues no sólo se obtenía de él carne y leche, sino que se le utilizaba para el trabajo, por ejemplo, para el laboreo de la tierra. 
Importante papel desempeñó en Creta la pesca, de lo cual dan testimonio las muchas imágenes de peces y otros animales marinos en el arte cretense. La pesca, íntimamente ligada con la navegación, ocupó desde los tiempos antiguos a una parte considerable de los habitantes del litoral de Creta. A mediados del II milenio a. C. surgieron nuevas poblaciones ribereñas, las cuales se ocuparon predominantemente de la pesca. 
En este período, en Creta, la artesanía había cobrado ya un alto desarrollo. La separación de los oficios de la economía rural se advertía a fines del III milenio. En el II milenio existían ya muchos oficios. Los artículos cretenses de esa época, especialmente los de piedra, bronce, marfil, arcilla, loza y madera, impresionan por su elegancia. La metalurgia alcanzó en Creta la perfección. 
En la época del desarrollo del bronce (desde el siglo XX hasta el XII a. C.), los maestros cretenses hacían armas de bronce: láminas de espada, puñales, escudos defensivos, puntas para lanzas y flechas, etcétera, objetos de uso doméstico y herramientas artesanales: hachas, azuelas, sierras, tenazas, martillos, etc. 
Especialmente delicada era la manufactura de vajilla de bronce (gran número de ollas grandes, diferentes tipos de copas, candelabros, etc.) en formas a menudo imitadas de las de cerámica. La elaboración de todos estos objetos exigía un gran dominio técnico de los procesos de fundición, forja y cincel. Los objetos de lujo para uso de los reyes y aristócratas, y también los que pertenecían al culto, se hacían de oro y plata. Así, entre las hachas dobles depositadas en el santuario de la caverna de Arcalocori, se encuentran estos instrumentos bellamente ornamentados de oro y plata (siglos XVI—XV antes de nuestra era). 
Al florecimiento de la metalurgia en Creta contribuyó la aparición de sus yacimientos de cobre, que se encuentran cerca de Gurnia. La alfarería ocupó un importante lugar en la producción de los cretenses. Se desarrolló especialmente después de la introducción de la rueda de alfarero, hacia fines del III milenio. La calidad de la arcilla amasada y del arte del alfarero alcanzaron su más alto desarrollo en la manufactura de las tacitas de paredes muy finas llamadas «cáscaras de huevo», difundidas en el primer cuarto del II milenio antes de nuestra era, y en los jarrones de estilo «camares». Las formas de los recipientes son muy variados. 
Al lado de grandes toneles de dos metros y medio de altura, utilizados para guardar líquidos y como medidas de capacidad para cuerpos áridos, se encuentra gran cantidad de copas, fruteras, recipientes con pico, tazas, etc. 
Considerable desarrollo alcanzó la elaboración de madera, que se empleaba, sobre todo en la construcción de barcos, reparación de materiales de construcción, producción de muebles y otros objetos de uso doméstico. Probablemente, los cretenses exportaron también madera a otros países, ya que en la isla abundaban cipreses y otros valiosos árboles. 
El tallado de la piedra en Creta alcanzó su florecimiento a mediados del II milenio a. C. Por entonces se utilizaban en gran cantidad los bloques de piedra y columnas. 

Entre las actividades artesanales de Creta cabe destacar la textil. Las telas eran teñidas con diferentes colores, lo que está testimoniado por las vestimentas femeninas que aparecen representadas en los frescos. La amplia difusión de la pintura mural, en el período del segundo florecimiento de Creta, requirió sobre todo colores claros y vivos. Los cretenses los extraían de plantas y algas marinas. Las joyas, muy elegantes, eran pendientes de oro, abalorios y amuletos que se hacían de amatistas, ágatas, cornalinas y otras piedras, vinchas doradas, revestimientos de piedra en los recipientes, sellos y anillos. En el oficio de joyero, además del arte del tallado de la piedra se utilizaba el tallado en los artículos hechos de marfil. Los talladores cretenses adornaban los sellos con dibujos artísticos que interesan no solamente como obras de arte, sino que constituyen un material ilustrativo para el estudio de los oficios cretenses, la economía rural, la navegación, la religión, etc. 
Los transportes marítimos y terrestres de los cretenses representaron un importante papel en el desarrollo de los oficios y del comercio. Ya a comienzos del II milenio, en Creta fue construido el camino hacia el norte, de Cnosos a Festos, y las carreteras que unían la costa septentrional con la meridional; asimismo, muchas carreteras fueron trazadas en la parte central y oriental de la isla. Los cretenses utilizaban carros de cuatro ruedas. Ya en el comienzo del siglo XVIII a. C. aparecieron carros ligeros de dos ruedas, tirados por caballos.

No cabe duda, sin embargo, de que el papel más importante en el Estado cretense lo desempeñó no la vía terrestre, sino el transporte marítimo; sobre esto se puede juzgar por las muchas representaciones de barcos a remo y vela. La proa, particularmente en los barcos de guerra, estaba hecha de tal manera que pudiera embestir. La dirección se hacía por intermedio del timón. Fue al principio un timón reforzado, más tarde se pasó al sistema de dos remos que hacen la vez de timón. 
En la cubierta se erigía a veces una vivienda, lo cual demuestra una larga permanencia de los barcos en la ruta. La construcción de barcos y de la flota marítima era una de las manifestaciones del espíritu creador de los cretenses en la rama de la cultura y de la técnica. Es posible que la técnica de la construcción se basara en la construcción naval de los fenicios y de los griegos. El desarrollo de la navegación cretense estaba íntimamente vinculado con el comercio y la piratería. 
Dicho comercio, como ya se ha señalado, data de tiempos remotos. Al principio no tenía un gran radio de acción y el volumen de intercambios era pequeño, no yendo más allá de las Cícladas. Gran trascendencia para el desarrollo del comercio cretense tuvo en esta época el establecimiento de la llamada «talasocracia de Cnosos». 
Creta estaba vinculada desde muy antiguo con la península balcánica, en cuyas regiones más septentrionales, en la Tesalia, han sido hallados artículos de los artesanos cretenses. Los jefes de las tribus utilizaron gran número de artículos suntuarios de los cretenses: armas artísticas, recipientes, joyas. 
Es posible que en el primer cuarto del II milenio a. C., la cultura de Creta ejerciera ya gran influencia en la cultura helénica. Esta influencia se observa en el hábitat de la aristocracia, y en medida considerablemente menor, en las poblaciones de los pequeños centros agrícolas, tales como Cinuria y otros. 
Evans y Pendelberg consideran que la fuerte influencia de la cultura cretense sobre la aquea en los siglos XVII a XV a. C. fue consecuencia del dominio político de Creta sobre el continente, e identifican a los gobernantes aqueos como vasallos del rey de Creta, es decir, como reyes cretenses que residían en castillos fortificados entre las tribus subyugadas de la Hélade. 
Sin embargo, la suposición del dominio de Creta sobre el Peloponeso es refutada por una serie de fuentes, en primer lugar por la reciente lectura de las inscripciones micénicas, ninguna de las cuales da base para suponer que el Peloponeso dependiera de Creta. En los estudios más cuidadosos de la cultura de los aqueos del Peloponeso, realizados en los últimos tiempos, se aclara su gran diferencia con la cultura cretense, a pesar de algunos rasgos de imitación (tinta de los frescos, corte de la vestimenta femenina, etc.). 
Los datos de la tradición antigua tampoco dan base para deducir el predominio de los cretenses sobre la península helénica, pues tanto Herodoto como Tucídides hablan sobre la sujeción a Creta sólo de las Cícladas y del Ática. 
En las dos últimas décadas, en la ciencia burguesa se difunde cada vez más otro punto de vista: Weiss y otros científicos niegan la dependencia política de la Grecia continental con respecto a Creta entre los siglos XVII y XIII a. C., señalan considerables diferencias entre las culturas micénica y cretense y observan mucha influencia de la misma península en la Creta de esta época. Entre sus argumentos destaca el hecho, ahora ya establecido, de que las mercancías cretenses fueran desplazadas por las micénicas en los países que antes comerciaran activamente con Creta. 
Todavía más audaces conclusiones sacaron los científicos burgueses del hecho de que pertenezcan a mediados del II milenio a. C. los monumentos de la escritura griega (se trata de documentos denominados «escritura lineal B», que veremos más adelante) que fueron hallados en Creta solamente en una de las capas de Cnosos y que datan aproximadamente de 1450 a 1400 a. C. Los documentos de la «escritura lineal B» no fueron descubiertos en las restantes ciudades y poblaciones de Creta; los científicos de que hablamos lo explican exclusivamente por el sometimiento de Cnosos a los gobernantes micénicos y transforman de este modo a Cnosos casi en colonia de los aqueos del Peloponeso. En nuestra opinión, tal punto de vista no se justifica.
El encuentro de los documentos de la «escritura lineal B» solamente en Cnosos se puede explicar por la concentración, durante muchas décadas, de todos los vínculos comerciales con el Peloponeso en manos del rey de Cnosos. Si se toma en cuenta cuán fuerte era la centralización de Creta bajo el poder de Cnosos, en los siglos XVI a XV antes de nuestra era, es posible comprender la situación monopolista del palacio de Cnosos en las relaciones con los aqueos a mediados del siglo XV a. C., es difícil suponerlo también, porque las fuentes arqueológicas no constituyen prueba alguna de la conquista del palacio en esa época. El período aqueo en la historia de Grecia comienza, como lo hemos señalado en forma reiterada, solamente a finales del siglo XV a. C., cuando fueron destruidos los palacios de Cnosos y Festos. No es posible considerar los vínculos comerciales intensivos entre los países en general, como prueba del dominio político y de la influencia de una cultura sobre la otra. 
Los vínculos de Creta con la Grecia continental no se limitan solamente a la exportación de artículos de lujo. Para los artesanos cretenses era importante recibir algunas variedades de materias primas desde Grecia; así, por ejemplo, importaban excelente basalto de Laconia, que era elaborado por los talladores de piedra de Cnosos. Los comerciantes de Creta comerciaban no solamente su mercancía, sino que actuaban como intermediarios. En sus barcos, posiblemente, llegaban a Grecia gran número de artículos de Egipto y Siria. Los cretenses desempeñaron un gran papel en el comercio de la península helénica con el sudeste del Mediterráneo, sólo hasta el siglo XV, cuando comenzaron a ser desplazados por los aqueos. El comercio de Creta con los países del oeste del Mediterráneo está testimoniado en tiempo relativamente más tardío, a mediados del II milenio a. C. Probablemente los comerciantes cretenses llegaron a España, rica en plata y estaño. 
Las excavaciones llevadas a cabo en el Asia Menor y Siria muestran los lejanos vínculos de las poblaciones de estos países con la cuenca egea, con Creta, y más tarde con el Peloponeso. Las relaciones intensivas de Creta y Chipre están probadas por los hallazgos, en Chipre, de gran cantidad de artículos cretenses y micénicos. El comercio se hacía también con el Asia Menor, con Troya, con el imperio hitita y con las otras regiones. Las relaciones más intensas tuvieron lugar en la primera mitad del II milenio a. C. 
Son muy interesantes los datos existentes sobre las relaciones de Creta con el reino de Ugarit, que existió al norte de Siria, desde finales del III milenio a. C. hasta mediados del II. En Ugarit fueron encontrados numerosos productos artesanales cretenses, y, por otra parte, la misma producción artesanal de Ugarit en el II milenio a. C. pone de manifiesto la influencia de los motivos artísticos cretenses en las pinturas decorativas, en las formas de los recipientes, etc. 
Hasta en la arquitectura de las construcciones funerarias de los siglos XVIII a XVII a. C. se puede encontrar las huellas de la influencia cretense. Tan profunda influencia de la cultura de Creta no es posible explicarla solamente por vínculos comerciales. Probablemente en Siria y, como se supone, también en Egipto existieron colonias de artesanos y maestros artesanos cretenses, surgidas en la época de mayor florecimiento del comercio con Creta.  
Los artículos cretenses penetraron en el interior de los países, alcanzando inclusive el curso medio del Eufrates, como muestran los motivos ornamentales en espiral en las pinturas del palacio en Mari. En la misma Creta fueron encontrados cilindros babilónicos de la época del rey Hamurabi (siglo XVIII a. C.). Estos datos son, sin duda, el resultado de las extensas relaciones de Creta con los países del Asia Menor. 
Sin embargo, en el período de decadencia de la potencia de Creta, durante el siglo XVII y primera mitad del XVI, el comercio con Siria se interrumpe. 
Un lugar importante en la política exterior de Creta, en el II milenio, debió ocuparlo su potente vecino meridional, Egipto. Los lazos económicos y culturales entre ambos están testimoniados por gran número de fuentes determinadas por el hallazgo de objetos egipcios en Creta y de artículos cretenses en Egipto. Particularmente durante la época de los faraones de la XII dinastía (alrededor del 2000 al 1740 a. C.). En los tiempos de estos faraones, los egipcios importaban gran cantidad de mercancías cretenses, tales como recipientes artísticos de estilo «camares», que fueron encontrados en capas de esa época en un oasis en el Egipto medio: en tiempos de Amenenhat III (1849—1801 a. C.), en el Egipto superior, no lejos de Luxor, fue inhumado un tesoro de objetos cretenses muy valiosos conteniendo recipientes: uno de oro, 150 de plata (tesoro de Todd). 
El fortalecimiento de Creta a mediados del II milenio a. C., se reflejó también en sus relaciones con los egipcios. En los tiempos del faraón Tutmosis o Tutmés III (1503 a 1491 a. C.) los egipcios estaban particularmente orgullosos de sus relaciones pacíficas con los príncipes de Creta. La llegada de los embajadores desde Creta se registraba en los frescos que adornaban la tumba de Regmir, gran funcionario de Tutmosis III, y del mismo Tutmosis III. El himno de victoria en homenaje a su dios Amón expresa: «Creta y Chipre os temen». Por lo visto, los reyes de Creta no siempre se referían amistosamente a Egipto, y el establecimiento de las más pacíficas relaciones era mirado por los egipcios como un considerable triunfo diplomático. Se debe señalar que Tutmosis III no se decide a afirmar nada acerca del subyugamiento de Creta: él señala solamente que ellos «os temen». 
Algunos científicos burgueses, basados en estos textos y frescos en tumbas, hablan del subyugamiento político de Creta a Egipto en los comienzos del siglo XV a. C. Pero estos datos son absolutamente insuficientes para tal afirmación. La comparación de la fuerza militar de Egipto con la del Estado marítimo cretense hace esta suposición todavía más inverosímil: Egipto no tenía una considerable flota marítima. 
Los prolongados vínculos económicos y políticos de Creta y Egipto condicionaron su mutua influencia cultural. En el arte cretense aparece toda una serie de métodos copiados del arte egipcio. En el valle del Nilo la influencia cretense se manifiesta particularmente clara en algunos monumentos artísticos descubiertos en el lugar de la antigua residencia del faraón Ignatón (1424 a 1388 a. C.) excavados en el lugar de la contemporánea Tel—Amarni. 
Sin duda, todas estas relaciones fueron las que condicionaron el interés económico de Creta y Egipto en un activo intercambio. Los cretenses enviaban artículos artesanales y en cambio recibían de Egipto productos rurales y diferentes materias primas: oro, marfil, plumas de avestruz, huevos, etcétera. Los mercaderes cretenses transportaban de Siria a Egipto cedro del Líbano y probablemente otras mercancías. A finales del siglo XV a. C. el comercio de Creta con Egipto decayó considerablemente. Los artículos cretenses fueron reemplazados por una gran cantidad de mercancías importadas de la Grecia Continental. En Creta, que no estaba ya incluida en esta área de relaciones comerciales, casi no se encuentra este tipo de mercancías. 
Tal es el cuadro general del desarrollo del comercio en Creta en la primera mitad del segundo milenio a. C. 
La amplia difusión de las relaciones exteriores de los cretenses y el importante volumen de su comercio condujeron a la creación de un sistema de pesas y medidas y a una ulterior unidad monetaria. La mayor unidad del sistema de pesas de Creta era, en medidas actuales, de 29 kilos, hecha con piedra y cobre, de forma plana y piramidal. Sobre la superficie de la pesa de piedra se esculpían a menudo figuras de pulpos, cuyos tentáculos la abarcaban totalmente. Cualquier variación y deterioro del patrón de pesas era en estas condiciones inmediatamente visible. La más pequeña unidad de peso era también de piedra, en forma de disco grueso, y sus bordes redondeados o en forma de tonel. Se han encontrado pesas de bronce en forma de cabeza de toro con plomo fundido en su interior. 
El peso de la medida muestra su parentesco con el sistema egipcio y mesopotámico. El talento liviano de los egipcios pesa también 29 kilos, y esto era aproximadamente el peso del talento babilónico. La pequeña unidad cretense pesa de 6 a 6,5 gramos y correspondía a la mitad de la unidad de oro egipcia, cuyo peso era de 13 gramos. Otras unidades de peso de 3,5 gramos correspondían plenamente a la unidad del sistema babilónico. La unidad del sistema de pesas de Creta, Egipto y Babilonia era consecuencia natural de los vínculos comerciales intensivos entre estos países. 
Las excavaciones en las ciudades cretenses proporcionan importantes informes para la investigación de la historia de la sociedad clasista de Creta. El estudio de las poblaciones de la época minoica casi se limita a las excavaciones de ciudades medias y grandes. En cuanto a las aldeas, todavía hoy se conoce poco. 
Es interesante señalar que todas las grandes ciudades de Creta estaban situadas no en la orilla del mar, sino algo distantes de él. Tal distribución fue condicionada por la amplia difusión de la piratería en aquella época. 
La ciudad más importante de Creta, en el II milenio a. C., fue Cnosos. Al principio, y hasta el siglo XXI a XX a. C., las casas particulares estaban unidas a las paredes del antiguo palacio. A mediados del siglo XVI, la capital de Minos fue construida de tal modo, que las viviendas de la población más pobre estaban desplazadas hacia los suburbios. 
En el centro de la ciudad, en las cercanías del palacio y también en parte de su anterior territorio fueron construidas las residencias de la aristocracia y de los funcionarios del palacio.
Actualmente, en Cnosos se descubrieron muchos restos de casas construidas en la primera mitad del II milenio. Su estudio muestra que la aristocracia de Cnosos construía sus casas de varios pisos, a veces con sótano. Algunos edificios tenían espacios libres entre sí. Las ventanas a menudo se distribuían en los pisos altos de la casa, y de vez en cuando en los inferiores. 
La casa se construía con grandes y pequeñas piedras con solución de arcilla. En el interior, las paredes estaban recubiertas de estuco coloreado. Fueron encontradas varias de color rojo. Las casas de los pobres eran pequeñas, de un solo piso y de trazado simple.  

Otras ciudades cretenses, como Tilisos, Gurnia, Festos, tenían rasgos comunes con Cnosos. También en ellas las casas privadas de los ricos estaban construidas en forma parecida: la entrada se hacía a través de los claros entre casa y casa, en los pisos bajos estaban las salas de recepción y el santuario familiar, en los pisos superiores las habitaciones privadas. Las calles de la ciudad estaban empedradas y sus diferentes niveles estaban a menudo salvados con peldaños. Como en Cnosos, en el centro de otras ciudades de Creta se elevaban edificios que eran probablemente residencia de las autoridades de la ciudad. Al costado se encontraba la plaza de espectáculos, de forma rectangular, con escaleras que llevaban hacia ella. Existían también poblaciones más pequeñas, especialmente en el siglo XV al XIV. A mediados del II milenio, el estado sanitario de las ciudades cretenses era bastante bueno. El sistema de cloacas aseguraba en ellas la limpieza. Por tubos de cerámica, el agua de los depósitos, pozos y fuentes llegaba a las viviendas. Un admirable monumento de la cultura cretense era el palacio de Cnosos, al cual los griegos llamaron «Laberinto». 
El plan general de los palacios cretenses recuerda fuertemente a los palacios hititas de Hattusa (actual Bogazköy), que corresponde a la primera mitad del II milenio a. C. Los palacios de los reyes hititas, a semejanza de los palacios cretenses, ocupaban también amplias superficies y desempeñaban el mismo papel: en ellos había locales para depósitos donde guardaban las provisiones y artículos de artesanía, los tesoros del rey y archivos de tabletas de arcilla. 
El palacio de Cnosos se desarrolló como resultado de muchos siglos de actividad arquitectónica de los cretenses. La construcción de los palacios corresponde a las cercanías del siglo xxi. En el transcurso de su larga historia, el de Cnosos más de una vez fue destruido y reconstruido. Después de la destrucción que tuvo lugar en los límites del siglo XV al XIV, ya no se volvió a reconstruir de verdad, y fueron habitados sólo algunos sectores.
En la actualidad permanece intacto únicamente un piso bajo. Es necesario señalar lo relativo de la fidelidad de las reproducciones en la reconstrucción de los monumentos originales, reproducciones que no pueden ser miradas como exactas, por los convencionalismos de todo género, tanto en lo tocante a la arquitectura como a las pinturas del palacio. 
El palacio de Cnosos está constituido por estancias de recepción, habitaciones privadas, depósitos de productos domésticos y talleres. 
Su planificación, como la de otros palacios descubiertos en Creta, se distingue por su extraordinaria sencillez y, al mismo tiempo, por la abundancia de locales. Por ejemplo, en la parte occidental del palacio de Cnosos existen 18 depósitos situados a lo largo de un corredor, lo cual permitía conservar en un mismo lugar las grandes reservas de artículos de artesanía y productos rurales. 
El enorme cuerpo del palacio ocupaba un terreno de alrededor de 16.000 metros cuadrados. Su centro era el patio principal, de forma rectangular, que ocupaba la mitad del cuerpo arquitectónico a lo largo y un tercio a lo ancho. Estaba vinculado al conjunto de grandes y pequeñas habitaciones del palacio y servía para iluminarlas. El mismo papel lo representaban otros patios. 
En el palacio de Cnosos predominaban las habitaciones rectangulares, lo cual era, en general, la característica de las construcciones cretenses. En las salas de los palacios de Creta se utilizaban ampliamente pilares en forma de columna que se estrechaban hacia abajo y sostenían los cielos rasos y los descansos de las escaleras. El palacio de Cnosos tenía tres y, según la opinión de algunos científicos, hasta cuatro pisos. En el piso bajo se encontraban los talleres reales y los enormes depósitos con productos destinados al consumo y posiblemente para la venta. Acerca de las medidas de las reservas palaciegas, se puede juzgar por los enormes recipientes de arcilla, que superaban la estatura humana y que se guardaban en gran cantidad en los subterráneos del palacio. Sólo en los depósitos occidentales se podían guardar cerca de 78.000 litros de aceite o de vino. Al lado de los depósitos con los productos había locales de depósitos de armas, carros de guerra y tesoros reales. Locales especiales estaban destinados a la servidumbre palaciega y los artesanos de los talleres reales, así como también dedicados al culto. 
Las salas de recepción del palacio estaban distribuidas, preponderantemente, en los pisos superiores, vinculados con los inferiores por todo un sistema de escaleras. De la pequeña sala del trono, que se encontraba en el primer piso, por una escalera ancha se podía ascender a grandes salas, de las cuales, en lo que respecta a la belleza de la ornamentación, hablan los fragmentos de pinturas y cerámicas hallados, revestidos de baldosas adornadas por relieves. La más grande de las salas conservadas es la denominada Sala de la doble hacha, que se encontraba en la mitad oriental del palacio. Era probablemente la gran sala del trono, destinada a las ceremonias oficiales y al culto. 
Al lado de la Sala de la doble hacha se encontraban las habitaciones privadas de la reina, la sala de recepciones, la tesorería, etc. Para las necesidades del palacio, como en general en las grandes casas cretenses, había bañeras y cuartos de baño. Para el descenso de las aguas de lluvia y de desagüe existía un sistema de canalización. El agua para los baños, servicios sanitarios y piletas venía por tubería de cerámica desde las fuentes, que se encontraban fuera del palacio. 
A su interior conducían algunas entradas en las cuales se encontraban locales para la guardia palaciega. En la época de la dominación de los mares, el palacio no estaba fortificado; el poder de los reyes cretenses era tan grande, que no había necesidad de fortalecer su residencia. 
El palacio de Cnosos estaba situado en un lugar hermoso, desde el cual se divisaba un pintoresco panorama sobre el río, los jardines circundantes, los campos y huertas; a lo lejos se veían los montes Ida e Iuctas. A pequeña distancia del palacio principal había otros dos edificios que pertenecían a su cuerpo, los cuales llevaban el nombre de pequeño palacio y villa real. 
Estaban unidos con el gran palacio por admirables caminos empedrados. La sala principal de la villa, dividida en tres partes, tenía el cielo raso sostenido por columnas. 
La técnica de construcción de los palacios era diferente a la empleada en las casas comunes. A principios del II milenio las paredes de los palacios estaban hechas de bloques de piedra muy bien tallados. Más tarde, en los siglos XVI y XV, las paredes se erigían de trozos de piedra unidos con arcilla y revestidos de baldosas o de estuco. Los pisos altos tenían paredes de adobe. 
Además del de Cnosos, en la isla se descubren otros palacios en Festos, Malia y Hagia—Tríada: los dos primeros, en principio, tenían el mismo plano que el palacio de Cnosos. 
En 1949, a 15 kilómetros de Cnosos, en Vatipietro, al excavar se encontró otro palacio, por lo visto construido alrededor del 1600 a. C. y que subsistió alrededor de un siglo. En la excavación aparecieron una serie de locales (entre ellos alas con restos de columnas, grandes depósitos con 16 recipientes, que se descubrieron en 1953 y que son el abastecimiento del santuario del palacio) y otros aún no terminados de excavar. 

Creta del siglo XIV al XIII a.C. 
El desarrollo del Estado cretense bajo el poder de los reyes de la dinastía mítica de Minos (se puede pensar que el nombre de Minos era en Creta tan tradicional como el nombre del faraón Ramsés en Egipto del siglo XIII al XI a. C.) se interrumpió bruscamente alrededor de 1400. 
La causa de esto fue buscada en un gran terremoto. Sin embargo, las excavaciones mostraron que en Cnosos, Festos, Hagia-Tríada, Malia, Zacro y Moclos los palacios y poblaciones fueron destruidos y quemados. Esto prueba una cierta agresión del exterior. El problema de quién destruyó la potencia cretense, hasta ahora no ha sido resuelto. Los partidarios de la teoría del auge de Micenas parten de la situación de Creta sometida al yugo de los micénicos, en el período 1450 a 1400 a. C., y suponen que la catástrofe se produjo como consecuencia del levantamiento de las poblaciones locales de Creta contra ese poder extranjero. En el actual estado de las fuentes, semejante explicación no es convincente. Más probable es otra reconstrucción de los acontecimientos, de acuerdo con la cual la potencia cretense a finales del siglo XV fue aniquilada por los aqueos que vinieron del Peloponeso. El golpe fue inferido, por lo visto, a los más importantes centros de Creta. El problema no se limita a la rapiña de los valores materiales de la isla, sino que parte de su población fue probablemente reducida a esclavitud. La vida se interrumpió en muchos puntos (Palecastro, Niru-Kani, Platis, Tilisos). Es posible que en el mito acerca de la permanencia de los argonautas en Creta en el tiempo en el cual Medea aniquiló al gigante que guardaba la isla, se conserve en recuerdo de la campaña de los aqueos contra Creta. 
De la destrucción de las ciudades cretenses se salvaron algunas poblaciones que trataron de reconstituir sus viviendas y los edificios dañados. En el siglo XIV a. C. fue en parte limpiado y poblado el palacio de Cnosos, y se produjeron algunos desplazamientos de poblaciones hacia la mitad occidental de la isla. Es probable que entonces tuviera lugar el desplazamiento de habitantes desde el continente, puesto que en algunos lugares se encuentran casas de tipo megarense, característico para la Grecia del II milenio a. C. En Hagia-Tríada fueron descubiertas típicas tumbas de tipo continental, con túmulos llamados tolos. 
Desde mediados del siglo XIII a. C., Creta pierde manifiestamente su independencia y cae en la esfera de influencia de la Grecia continental. La población de este tiempo no era numerosa, y puede creerse que los testimonios homéricos acerca de los 80 barcos cretenses que participaron en el sitio de Troya eran un recuerdo del antiguo poder cretense. El dominio aqueo sobre Creta fue evidentemente aniquilado por los dorios. En lo sucesivo, la población doria predominó en Creta. Sin embargo, y en tiempos históricos, de acuerdo con Herodoto, Creta era habitada por cretenses autóctonos, que no sabían hablar en griego. 

La escritura cretense


En muchas ciudades cretenses fueron halladas inscripciones. Su abundancia permite seguir el gradual desarrollo de la cultura en Creta. Ya alrededor del siglo XXII a. C., los cretenses conocían la escritura pictográfica, que transmite a través del dibujo conceptos aislados, es decir, vocablos, como hacían los egipcios por medio de los jeroglíficos. Los diferentes pictogramas (figuras de hombre, árbol, flecha, doble hacha, herramientas de trabajo, etc.) eran tallados por los cretenses en sellos o grabados en recipientes. Se leía de izquierda a derecha; a veces se utilizaban crucecitas para destacar los grupos de signos. 
En el siglo XVIII a. C., los cretenses elaboraron una escritura, el sistema llamado lineal, en la que cada signo representaba una sílaba. La cantidad de monumentos disponible de la antigua escritura lineal no es tan grande; son inscripciones en sellos, en objetos, en precintos, etc. La escritura lineal, difundida en toda Creta, estaba constituida por 137 signos. Un tercio de los signos estaba vinculado, en cuanto a su origen, con la antigua escritura pictográfica. Los restantes fueron introducidos por primera vez. Esta escritura, más antigua, silábica, convencionalmente se designa en la ciencia contemporánea con la letra «A». Hasta ahora el problema de en qué lengua está escrito el texto de la «escritura lineal A» no ha quedado resuelto. En el mismo comienzo del corriente siglo, en Cnosos, y luego en las excavaciones de 1939—1952 en Pilos, fueron descubiertos unos archivos de escritura cuneiforme en tabletas de arcilla recubiertas con la escritura lineal del tipo «B», los cuales, según la lectura propuesta por Vendris y Chadwick, resultan escrituras de la variedad arcaica de la lengua griega, muy cercanas al dialecto de Homero (como veremos más adelante). 
Además de los monumentos cretenses, una escritura lineal pictográfica fue encontrada en Festos, en ambos lados de un disco de arcilla cocida. Los signos sobre el disco son diferentes de los mencionados anteriormente del sistema de escritura cretense. El llamado disco de Festos queda aún sin descifrar. La única deducción a la cual llegaron los científicos es que el documento es de origen extranjero y fue enviado a Creta desde no se sabe qué región del Asia Menor. 
Al par de la escritura, los cretenses tenían nítidamente elaborado el sistema de numeración. Estaba basado en el sistema decimal. No solamente tenía cuatro operaciones aritméticas (suma, resta, multiplicación, división), sino también quebrados.  
Los cretenses representaban las cifras de la siguiente manera: unidad, I; decena, — ; centena, o y millar, x . Los quebrados se representaban con el signo I—. Es importante señalar que, al representar las cifras, los cretenses guardaban siempre un orden en la distribución de los signos. Por ejemplo, la cifra 7 la representaban así: y no ; 5 solamente; etc. También las decenas se representaban de acuerdo con un esquema definido; por ejemplo: 40, ; 70, ; etc.

El arte cretense 
La época del surgimiento y florecimiento del Estado en Creta fue acompañado por un extraordinario ascenso del arte cretense, representado por gran cantidad de obras arquitectónicas y decorativas. 
El arte cretense era peculiar y se diferencia del arte contemporáneo de otros pueblos del mundo antiguo. 
Los cretenses no construyeron, como los egipcios, grandiosos templos y pirámides. Sus principales creaciones de arquitectura eran palacios y viviendas, que testimonian el carácter más gentil de toda la cultura cretense. No crearon colosales estatuas de muchos dioses y jefes divinizados. Su arte representativo sirvió predominantemente para adornar las viviendas y diferentes, y habitualmente suntuosos, objetos de uso doméstico. Esto no podía dejar de reflejarse del más favorable modo en el desarrollo de la cultura artística. El arte cretense dependió en mucha menor medida de los cánones religiosos, que ponían freno al arte egipcio, y su fantasía creadora podía expresarse con mayor libertad. Fácil y directamente reflejaba la naturaleza que lo rodeaba. En la cultura cretense en general no se nota tan acentuada influencia de la casta sacerdotal como en Egipto. 

El descubrimiento del disco de Festos

Los artistas de la primera mitad del II milenio crearon no solamente admirables ornamentaciones, sino que representaron escenas de la vida corriente y ceremonias del culto que se distinguen por su forma viva, su aguda observación y el virtuosismo técnico, extraordinario para aquel tiempo. 
En los siglos XVI-XV, es decir, en la última época de la potencia cretense (el posminoico del esquema cronológico de Evans), se pueden notar algunos rasgos determinados, por lo visto, por la diferenciación de las capas de la sociedad cretense. Tenemos en cuenta la aparición del, sui generis, «arte de palacio». 
Su rasgo característico era la estilización, la transición en los motivos ornamentales hacia la consideración de la naturaleza viva. 
En el tiempo del florecimiento de su arte, los cretenses prestaron mucha atención a los adornos murales. En los siglos XIX y XVIII las paredes de los palacios y de las casas de los cretenses ricos se adornaron con tablillas de loza con relieves representativos y con relieves coloreados en estuco. Como ejemplo de estos últimos puede servir el conocido relieve del «rey—sacerdote», de Cnosos. Representan un joven esbelto, de talle fino y musculatura bien desarrollada, vestido con un delantal ricamente adornado, que rodea su cadera, y con una toca de vivos colores en su cabeza, que cuelga hacia atrás. 

En el siglo XVII la pintura frescos desplaza al relieve. Los temas de los frescos tienen carácter ritual y mundano, extraordinariamente diferente. La maestría de los artistas cretenses aparece particularmente en la representación de la naturaleza viva. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, la aguda observación del mundo circundante se debilita, aparecen representaciones artísticas estándar, más abstractas y de carácter decorativo. Esta salida de la realidad hacia lo convencional se siente con fuerza en Cnosos. 
Una muestra de fresco de la época del «arte de palacio» es el llamado «fresco de las sillas plegadizas», en las paredes del santuario de Cnosos. El fresco consiste en dos franjas de dibujos, en que se utilizan los tonos azules, amarillos y rojo ladrillo. Las figuras aquí representadas en iguales tipos estilísticos son parejas de jóvenes y doncellas sentadas en sillas y que se sirven mutuamente recipientes. Esto tenía probablemente significación ritual. Parte de esta composición es la muy conocida representación de la doncella («Parisina») con cabellos peinados magistralmente y vestido azul y granate, de cuello plegado. 
En los últimos siglos anteriores a la caída de Cnosos, en las paredes del palacio se hicieron muchas nuevas pinturas en las cuales muy a menudo se representaron juegos con toros. Los artistas cretenses grabaron diferentes momentos de este juego, que exigía gran destreza y audacia. 

El estilo palaciego del siglo xv aparece principalmente en Cnosos. En todas las ciudades de Creta se conservan viejas tradiciones en el arte representativo de la naturaleza viva. Es interesante observar que los dibujos de las paredes en los centros secundarios de Creta representan sólo animales; no se encuentra en ellos la figura humana. Pueden servir de ejemplo los conocidos frescos del palacio de Hagia-Tríada.


La escultura monumental, al parecer, no jugó un gran papel en el arte cretense. Mayor significación tenía la pequeña escultura. A la época del florecimiento del Estado cretense pertenecen las estatuillas de loza de diosas, con serpientes en las manos, vestidas con suntuosas prendas, que dejan los pechos al desnudo. De loza se hacían también imágenes con relieves de un solo lado, que representaban escenas vivas; por ejemplo, representaciones de vacas y terneros, cabras y cabritos.
Un lugar especial en el arte aplicado lo ocuparon los dibujos en cerámica. En el III milenio a. C., las pinturas de recipientes se limitaban a dibujos geométricos; en el II milenio los dibujos eran múltiples. Se representaban con líneas multicolores, espirales, pétalos y rosetas; habitualmente se hacían diferentes motivos vegetales y animales predominantemente marítimos (pulpos, moluscos, peces). Los dibujos en cerámica en el período de desarrollo del estilo palaciego presentan las huellas de una exquisita estilización.

Alrededor del 1600 al 1400 a. C., alcanzó significativo desarrollo en Creta la talla artística en piedra, acerca de la cual testimonian muchos grabados, y también recipientes de piedra con representaciones en relieve de diferentes escenas de la vida campesina, en las casas, en el palacio y otras. 
Aunque la vida diaria de los nobles se diferencia marcadamente de la existencia del pueblo simple, se puede pensar que en todos sus trabajos los maestros cretenses siguieron las tradiciones populares del arte cretense. Esto llevó a un avance de los oficios artísticos de Creta. Después de la destrucción del Estado cretense y el aniquilamiento de una parte importante de su población, las formas artísticas, creadas en el siglo anterior, en parte cambiaron bruscamente, en parte degeneraron gradualmente y perdieron su contenido inicial. 

La religión cretense 
La visión religiosa cretense en el período analizado sufrió un cambio extraordinario. En el III milenio la representación religiosa de los habitantes de Creta era muy primitiva. El totemismo (respecto a animales y plantas) y los cultos de la divinidad femenina y de los antepasados, del período anterior a la época del matriarcado, constituían la base de su religión. 
Y en el II milenio el culto de la divinidad femenina era todavía el principal entre los cretenses. La gran diosa (cuyo nombre en la lectura de las inscripciones es aún desconocido) recibía culto de diferentes modos. Ante todo, era diosa de la naturaleza y así se la consagraba en muchos santuarios de cavernas montañosas (en los montes Iuctas, Ida y otros). En algunas cavernas (por ejemplo, en la de Pesixto) servía para el culto local de manera interrumpida en el III, II y I milenios. Los árboles sagrados o las ramas eran atributos de la diosa. Al parecer, en muchos templos campesinos había altares y grupos de árboles sagrados. Los monumentos del arte cretense conservan dibujos que representan plantaciones y riego de estos árboles. Con el culto de los dioses de la naturaleza estaban vinculados los pájaros, sobre todo las palomas. Se inclinaban a representarlas en danzas rituales que tenían carácter orgiástico. 
En los santuarios palaciegos y hogareños, a menudo se encuentran representaciones de la divinidad femenina, cuyo principal atributo era la serpiente. Cabe suponer que el culto de la diosa de la serpiente alcanzó particular difusión entre los nobles cretenses en el último siglo de la existencia de su Estado. Admirables figuras de esta divinidad, en loza y en marfil con adornos de oro, encontradas en los palacios, se diferencian agudamente de las toscas y acampanadas figuras de arcilla halladas en los santuarios de las casas de los pobres. 
A la gran diosa se la consideraba como la reina de las fieras. Habitualmente se la representaba con esbelta figura, bellas vestimentas y el pecho desnudo; a los pies, dos leones que miran a su soberana. En las gemas de Cnosos ella aparece como cazadora que derrota a los jabalíes, y equivale al arquetipo griego de Artemisa. Era la diosa de la naturaleza y de la tierra; y al parecer la diosa del mundo subterráneo. 
Junto a ella, en el panteón cretense, se encuentra un dios masculino, que también era considerado la personificación de la fuerza de la naturaleza. La representación de la doble hacha era el símbolo de este dios del cielo y del trueno, extraordinariamente frecuente en Creta. Ambos dioses eran dibujados en los vasos y grabados en las columnas de los palacios. Gran número de representaciones de metal y piedra fueron encontradas en casas y palacios de Creta. También se los colocaba en las tumbas. 
Según parece, hacia mediados del II milenio a. C. adquirió significación en Creta la honra del dios en forma de hombre toro. Posteriormente, los griegos le llamaron Minotauro. Probablemente en el tiempo de la aparición de la agricultura de arado, el antiguo culto totémico recibió nueva significación y se vinculó con el dios masculino. En el culto del dios toro se introdujeron juegos con toros, cuya representación fue también muy frecuente en el arte de Creta. 
Los cretenses reverenciaban a dioses secundarios, menos significativos, como protectores de diferentes ramas de la producción artesanal. B. L. Bogaievski mostró cómo los puntos de vista religiosos de los alfareros cretenses estaban relacionados con las profesiones de los mismos; existían cultos a dioses particulares protectores del oficio del alfarero. 
Los dioses de los cretenses aparecen siempre como antropomórficos. En Creta casi no existían semidioses, semianimales, como en Egipto o en el Asia Menor. Zoomórficos eran sólo los demonios, de esencia inferior comparados con los dioses, y jugaban un papel menor en la religión cretense del II milenio a. C. 
El mundo de ultratumba estaba relacionado para los cretenses con la idea de una existencia ultraterrena. A los difuntos se les proveía de armas y utensilios y se les levantaban construcciones fúnebres. En honor de los dioses se sacrificaban animales, toros y cabras; junto con el difunto se ponían figuras de toros. El ritual fúnebre se representaba muy cuidadosamente en los sarcófagos de arcilla de Hagia-Tríada, que pertenecen al siglo XIV o al siglo XIII a. C. Se exponían en ellos escenas de marchas fúnebres, sacrificios y libaciones dedicados a los dioses, conducción del muerto a la tumba. Esta pintura, así como la arquitectura de algunas cámaras fúnebres cretenses (tumba del rey sacerdote en Camo, tumba del rey en Isopate), muestra algún parecido con el culto de los muertos de los egipcios. 

Las ceremonias religiosas de los cretenses, a juzgar por las representaciones que se conservan, se distinguían por su gran diversidad. Se puede suponer que consistían en danzas, canciones, procesiones solemnes semejantes a la marcha de los que recogen el olivo en la escena que aparece en un jarrón de esteatita de Hagia—Tríada, holocaustos en los santuarios públicos y privados. A juzgar por las inscripciones de Cnosos, en algunas fiestas se sacrificaban decenas de animales. 
En las ceremonias religiosas de los cretenses, el papel dominante característico lo desempeñaba la mujer, que se ocupaba de las actividades del culto. La representación de los hombres raramente aparece en las escenas del culto, por lo demás sólo en los más tardíos. 
Como se señaló antes, se nota en Creta la ausencia de templos monumentales. Solamente en Gurnia se descubrieron pequeños templos. A menudo los santuarios cretenses se encuentran en pequeños cuartos dedicados a un solo culto o dos. En Cnosos, al lado de depósitos, talleres y habitaciones, una serie de cuartos estaban destinados a los cultos rituales. En las casas de las capas medias de la población había, a juzgar por lo hallado en las excavaciones, santuarios domésticos que contenían imágenes divinas y mesas de sacrificio, vajilla sagrada, cuernos sagrados, dobles hachas, etc. 
La religión minoica muestra algunos rasgos parecidos con la religión de los hititas de la Mesopotamia y Egipto, lo que se explica por el desarrollo parecido de estos pueblos, así como por los vínculos culturales, desde hacía mucho existentes entre ellos. 
La cultura cretense y las representaciones religiosas ejercieron indudable influencia en la cultura de los que posteriormente habitaron Grecia. El recuerdo de la época del florecimiento de Creta encontró su reflejo en muchos mitos griegos, en la época homérica y en las tradiciones históricas. En la cultura de los griegos del I milenio a. C. se encuentra una serie de rasgos heredados de la rica civilización minoica. En la misma Creta, a lo largo del período romano, se veneraron las cavernas que habían servido para el culto local de los dioses minoicos. En la religión de los helenos se utilizaron objetos sagrados, que tenían significación en los cultos cretenses del período anterior, por ejemplo, el hacha y el cuerno sagrado. También se observa el parecido con los cultos campesinos minoicos, reflejados en una serie de leyendas y mitos según los cuales Creta fue el lugar del nacimiento (caverna de Disteica) y la muerte (caverna de Iuctas) de Zeus; en esta isla transcurrió la niñez de Apolo, Dionisos y Heracles. El que haya cierta sucesión no da base, sin embargo, para deducir la mitología griega exclusivamente de las fuentes cretenses. No es posible supervalorar la visión religiosa de los cretenses, como lo hizo A. Evans, que consideraba el santuario de Nir-Jano el centro religioso del cual habían surgido los cultos de los dioses minoicos, para penetrar en las más alejadas regiones del Mediterráneo, hasta España. Muchos de los rasgos similares pueden ser explicados no solamente por las tradiciones conservadas, sino por las representaciones parecidas de las fuerzas de la naturaleza y su influencia en la vida del hombre en las sociedades cretense y griega temprana. 

4. Troya 
 Troya fue un gran foco de cultura del III al II milenio antes de nuestra era. La ciudad de Troya se encontraba en la costa noroeste del Asia Menor, a una distancia de 25 a 30 kilómetros de la desembocadura del Bósforo (Bósforo tracio). La colina (llamada también Ilión) se levanta sobre la planicie del río Escamandro, y está limitada al sur y al este por montañas.

La historia de Troya está íntimamente vinculada a la de los pueblos vecinos del Asia Menor. Aproximadamente en el siglo XII a. C., la floreciente población de los troyanos fue destruida; la tradición griega considera esta destrucción obra de los aqueos: los basileis de Micenas y de los otros centros de Grecia en aquel tiempo figuran en las antiguas tradiciones de las campañas troyanas como jefes de los ejércitos que sitiaron Troya. La información acerca de estos acontecimientos está conservada en los poemas homéricos la Ilíada y la Odisea. 
A mediados del siglo XIX, los representantes de la llamada orientación crítica en los estudios de los poemas homéricos expresaban sus dudas sobre la existencia de Troya. Solamente las excavaciones del arqueólogo aficionado Schliemann probaron su existencia. Utilizando datos contenidos en los poemas homéricos, Schliemann comenzó a excavar la colina de Hissarlik, descubriendo el lugar donde había estado Troya. Es verdad que Schliemann se equivocó en la definición de las capas pertenecientes a la Troya homérica, ya que dirigía las excavaciones sin tener en cuenta las exigencias básicas de los métodos arqueológicos. Se rigió por las fechas que se consignan en los poemas de Homero; los objetos que pertenecían a una época fueron confundidos con material de épocas más antiguas, de diferentes poblaciones, y fueron destruidas durante las excavaciones las murallas de la Troya homérica. Las excavaciones siguientes establecieron la presencia de muchas capas urbanas, en número no menor de nueve, pertenecientes a un período que va del III milenio a. C. hasta los primeros siglos de nuestra era. 

Antiguas poblaciones en el lugar de Troya 
La más antigua colonia de Troya en la colina de Hissarlik corresponde al comienzo del III milenio a. C. Los habitantes de esta población se encontraban todavía en el régimen de la comunidad gentilicia primitiva. Se ocupaban de la agricultura y la ganadería, a lo que contribuyó la fertilidad del territorio circundante. Los instrumentos estaban hechos con piedra pulida. Sólo se puede hablar presuntivamente del uso del cobre. Alrededor del 2000 a. C. aparecen aquí recipientes importados de las islas Cícladas.
En la segunda mitad del III milenio, sobre las ruinas de la primera población, desaparecida según parece a raíz de un incendio, surgió más rica, rodeada de gruesos muros, la población de la segunda Troya. Los habitantes de esta ciudad utilizaron el bronce y los metales preciosos, tales como el oro y la plata. Esta era la época de la descomposición de la comunidad gentilicia primitiva. La riqueza de la aristocracia alcanzó grandes proporciones. De ejemplo pueden servir los considerables depósitos encontrados en Troya, tal como el hallado por Schliemann y llamado «el tesoro de Príamo». Estaba constituido por lingotes de plata, recipientes de cobre, plata y oro, armas de bronce y piedra, ornamentos de oro finamente trabajado (diademas, brazaletes, pendientes, etcétera), vajilla y otros. La cantidad de pequeños objetos de oro sobrepasa el número de 8.000. Particularmente llaman la atención grandes hachas pulidas de jaspe y jade, muy bellas por su forma, adornadas con dibujos de extraordinaria elegancia. 
En otros tesoros de esta época fue encontrada gran cantidad de objetos de alto valor artístico, de oro, plata y bronce. La abundancia de tesoros muestra que los oficios vinculados con la elaboración de los metales se separaban como ramas autónomas dentro de la producción. Al rápido desarrollo de la metalurgia contribuían las posibilidades de la riqueza mineral del Asia Menor (ahí se extraían en la antigüedad cobre, estaño, plata, oro). El desarrollo de la producción creaba las condiciones para un activo intercambio. El comercio, a juzgar por los datos que se poseen, se realizaba no sólo con los vecinos más cercanos, sino con las poblaciones de la parte oriental de la cuenca egea. El hallazgo de aislados objetos troyanos en Creta y Egipto admite suponer la existencia, en ese tiempo, de relaciones entre Troya y otros países. Las excavaciones de las últimas décadas en Tracia, Macedonia y la Grecia continental (en la Argólida) muestran que las relaciones no eran sólo comerciales, sino culturales. Rasgos de similitud han sido descubiertos en la cerámica y en algunos ritos (por ejemplo, en el fúnebre). 
Los materiales que atañen a los vínculos exteriores de Troya, en la segunda mitad del III milenio a. C., rechazan de manera decisiva la teoría de Meyer, según la cual a finales del III milenio Troya fue centro de la llamada cultura de bronce, única que se extendió por toda el Asia Menor. Se puede hablar solamente de las culturas afines de las tribus que allí se encontraban en parecidos grados de desarrollo social. 
Muchos de los tesoros hallados atestiguan también acerca de los peligros que acechaban a Troya en la segunda mitad del III milenio. La estratificación patrimonial o de bienes y la acumulación de riquezas fueron la causa principal de la intensificación de las luchas intertribales. Para los pueblos que se encuentran en el período de descomposición del régimen gentilicio primitivo, la adquisición de la riqueza, como dice Engels, se presenta ya como uno de los principales objetivos de su vida. El pillaje de las riquezas ajenas les parece más fácil y más agradable que el trabajo tenaz. 
En esa época, Troya fue rodeada con gruesos muros, que alcanzaban la altura de tres metros, con algunas torres y puertas. Toda la fortaleza ocupaba relativamente poco espacio (de 175 a 190 metros de diámetro) y era, según parece, residencia del basileus y de la aristocracia local. Como atestiguan las excavaciones, los objetos más valiosos se conservaban precisamente en los puntos más defendidos y fortificados de la Tróade. 
La población que estamos describiendo pereció al finales del III milenio entre las llamas. Es interesante señalar que el momento de la destrucción de este rico centro coincidió con el fortalecimiento de los aqueos que habitaban en el interior del Asia Menor. 
En el período del siglo XXI al XVIII a. C., sobre las ruinas de la fortaleza destruida, consecutivamente surgieron y fueron destruidas por el enemigo tres poblaciones que se reemplazaron una a otra. La más antigua (la tercera Troya) tenía fuertes muros, que alcanzaban 12 metros de ancho. La cuarta desapareció incendiada. La cultura de los habitantes de estas poblaciones era menos brillante que la de los habitantes de la segunda Troya. Sin embargo, los vínculos económicos con los vecinos, en particular con los habitantes de las islas del mar Egeo, continuaron desarrollándose paulatinamente. 

Parte del tesoro de Príamo

La Troya homérica
Desde el siglo XVII se observa un nuevo ascenso de Troya. 
En este tiempo surgió en la colina una población de área considerablemente mayor que todas las precedentes: la sexta Troya, que existió hasta mediados del siglo XVI, cuando fue destruida por un terremoto. La reconstrucción de la ciudad de Troya, la séptima, fue algo más pobre. La cultura de ambas poblaciones era casi la misma. Los habitantes de la Troya séptima utilizaron las fortalezas defensivas y otras construcciones de la época precedente. Se puede suponer que ambas poblaciones estaban en la misma antigua Troya, que ocupaba tan importante lugar en las tradiciones griegas. 
El desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento de los recursos económicos permitió a los troyanos elevar alrededor de sus ciudades nuevas y fuertes fortalezas, construidas probablemente en el siglo XVII a. C. La necesidad de tales construcciones y de tan altos muros y torres fue debida, según parece, a ininterrumpidas guerras. Al construirse los muros, el área de la ciudad fue ampliada por medio de terrazas artificiales, distribuidas alrededor de la colina. 
Los admirables modos de colocación de los bloques en los muros de las fortalezas y las casas de piedras talladas y los muchos artículos de artesanía, de metal, de arcilla, etc., hablan del alto desarrollo de la economía de la sociedad troyana al mediar el II milenio a. C. Los monumentos de la cultura material testimonian acerca de la considerable estratificación patrimonial de la población de la Troya de esta época. Responden plenamente al cuadro de la sociedad troyana reflejada en la Ilíada: el pueblo que vivía aún en comunidad gobernado por los basileis poseía numerosos rebaños. La esclavitud tenía un carácter patriarcal y era la fuente complementaria de la riqueza del basileus, constituida también por diferentes y ricos utensilios, armas, piedras preciosas, etcétera. 
La población de Troya del siglo XVII al XII a. C. mantenía activas relaciones con los pueblos del mundo egeo. En la capa llamada por los arqueólogos sexta Troya fueron encontrados objetos del Peloponeso y de las islas del mar Egeo. La vajilla utilizada por los troyanos, denominada minoica, fue a menudo hallada en las regiones de difusión de la cultura micénica. El vínculo de Troya con el norte de la península balcánica se extendió hasta muy lejos. Se ha encontrado en Moldavia el Tesoro de Borodín, conteniendo artículos troyanos de la época de la sexta ciudad. Cerca del mismo, en el sur de la URSS, fueron hallados otros artículos que provenían de la sexta Troya. 
Un terremoto, hacia mediados del siglo XIV a. C., destruyó esta ciudad. La población de la séptima ciudad, la denominada arqueológicamente Troya VII, tuvo que vérselas con la gran potencia de los hititas.
Es posible que jefes militares troyanos reconocieran el poder del rey hitita (los troyanos participaron en la campaña de los hititas contra Egipto, que terminó con la derrota de los egipcios en Kadesch, en Siria, en 1288 a. C.). En el límite del siglo XIII al XII a. C., Troya ardió. El incendio y la destrucción de la ciudad se produjeron, por lo visto, a consecuencia de una invasión enemiga, de las cuales es tan rica su historia. Como ya hemos dicho, la tradición antigua considera culpables de esta destrucción a los aqueos. Dadas las fuentes con que contamos, es difícil afirmar si fueron o no los aqueos.



Es posible suponer que las tradiciones griegas acerca de la guerra de los troyanos con los aqueos se basan en acontecimientos reales. La campaña de Peleo contra Laomedonte, rey de Troya, y la siguiente guerra de los hijos de ambos, Aquiles y Príamo, podían ser el recuerdo de las reiteradas expediciones de los aqueos contra el reino de Troya. En nuestro tiempo han aparecido nuevos datos que testimonian acerca de la penetración de los aqueos, en el siglo XV a. C., en las costas del Asia Menor. La población local de Anatolia, en el territorio de lo que luego sería Mileto, presenta vestigios de la cultura micénica. Los aqueos tendieron, probablemente, a poblar también otros lugares de la costa del Asia Menor. Los documentos hititas hablan acerca del ataque de los aqueos en Caria, de las devastaciones que los mismos llevaron a cabo en Chipre, en la segunda mitad del siglo XIII a. C. Es posible que Troya fuera destruida por los aqueos en los tiempos de dichas campañas, en el noroeste de la costa del Asia Menor. 
En el período del siglo XI al X a. C. llegó a la Tróade una nueva ola migratoria desde Tracia, testimoniada por los objetos de origen tracio hallados en el área de la Troya de aquel entonces. Acerca de las migraciones de los micenios de la península balcánica al Asia Menor hablan elocuentemente los nombres geográficos (Misia en el Asia Menor, y Mesia en los Balcanes). Estas migraciones de las tribus tracias las menciona también Herodoto (VII, 20), aunque, de acuerdo con su versión, los micenios y los teucros del Asia Menor se trasladaron a través del Bósforo y sometieron a Tracia. 

5. Micenas
Uno de los más grandes centros de elevada cultura que se extendió en el territorio de la Grecia continental del siglo XVII al XIII antes de nuestra era fue Micenas. Las tradiciones griegas hablan acerca de su riqueza y poder. Homero la llamaba «abundante en oro».

Micenas se encontraba en el Peloponeso, en la Argólida. Esta región no casualmente es llamada en la Ilíada «Argos la muy sedienta». Está rodeada por cadenas montañosas que se cruzan en algunos lugares con llanuras onduladas, las cuales se consideran las más secas y estériles de todo el Peloponeso. El río más importante de la región es el Inaco, que nace en las montañas y atraviesa la Argólida de oeste a sudeste; se nutre principalmente por la caída de las lluvias en las montañas, y en el verano se seca por completo. Otras corrientes fluviales son todavía más pobres en agua. En tales condiciones, en la Argólida, salvo puntos aislados que tienen tierras fértiles, sólo en una región es posible ocuparse con cierto éxito de la agricultura. Se trata de la planicie situada en la parte sudeste, que penetra hacia las orillas del golfo de Argólida. 
Aquí se encontraban las más antiguas ciudades de la Argólida: Argos, Tirinto y Micenas, distante esta última 18 kilómetros de la costa. Las ruinas de la ciudad de Micenas están situadas en una colina de 278 metros de altura sobre el nivel del mar, entre dos mesetas. La colina está rodeada por profundas barrancas rocosas. Estratégicamente, la ubicación de Micenas era extraordinariamente ventajosa, ya que la colina domina toda la comarca circundante. Al mismo tiempo estaba bien defendida de las invasiones de los enemigos por la misma naturaleza. La situación de Micenas era ventajosa en el sentido de que a través de estos lugares pasaban los antiguos caminos que unían la costa del sur de la Argólida con su parte septentrional y con el istmo. 
Antes de las excavaciones eran conocidas las ruinas de la ciudad que se conservaban en la superficie. Las ruinas de las murallas que rodeaban antiguamente la acrópolis micénica sorprendían ya en la antigüedad por su estructura ciclópea. Se encuentra en ese lugar la llamada «puerta de los leones»; dos pilastras colosales que tienen por dintel un grueso bloque sobre el cual hay esculpida una columna que se ensancha en la parte superior y a cuyos lados hay dos leones en postura heráldica. Aún antes de las excavaciones se conoció una construcción en forma de cúpula, denominada Tesoro (depósito de cosas preciosas) del rey Atreo. 
El primero en comenzar las excavaciones en Micenas, en 1874, fue Schliemann. Como resultado de estas excavaciones y de las investigaciones arqueológicas realizadas en años posteriores en la Grecia continental, se descubrió una serie de monumentos del mismo tipo que los micénicos, y a toda esta cultura, sólidamente establecida, se la denomina micénica.

Las construcciones funerarias en Micenas
La población de la colina de Micenas surgió, al parecer, a comienzos del II milenio a. C. La cerámica del período más antiguo no fue hallada. Es difícil decir qué es lo que representaba en su principio esta población y si poseía muros de defensa en los primeros siglos de su existencia. La fortaleza, el llamado palacio y otros monumentos más antiguos de la construcción de Micenas se remontan a finales del siglo XV y al siglo XIV a. C. 
En la pendiente occidental de la colina, en los límites de las posteriores fortalezas micénicas, pero evidentemente en los extramuros, si es que, en general, existieron, fueron descubiertas por Schliemann seis tumbas que datan de finales del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVI: las llamadas catacumbas. Ellas representan criptas funerarias talladas en la roca, fosas que tenían forma rectangular.

Durante largo tiempo las tumbas fueron consideradas antiguas construcciones de la época micénica. Sin embargo, en 1951—53, en Micenas, en la meseta rodeada por muros ciclópeos (diámetro de los sillares, 28 metros), fueron cubiertas y excavadas otras 24 tumbas que datan igualmente del siglo XVII al XVI. Por su tipo, estas tumbas están muy cerca de las catacumbas descubiertas por Schliemann. Cada una de ellas representa un profundo hueco rectangular en la roca básica del terreno. En la parte superior de los sepulcros fueron descubiertos bloques de piedras, fijados sobre vigas y cubiertos de tierra. En cada nueva inhumación la tumba se abría desde arriba, se hacía descender el cadáver y los restos del anterior se ponían a un lado para dar lugar al nuevo, después de lo cual el sepulcro se cubría nuevamente.

En el terraplén, sobre las tumbas, fueron descubiertas lápidas lisas y cubiertas de ornamentos en espiral y con relieves, cuyo número y situación coinciden con el número y situación de los inhumados. Algunas tumbas contienen un solo esqueleto, otras hasta cuatro. Hay lápidas sobre las tumbas masculinas, en medio de un espacio rodeado de ornamentos espirales en el que se contenía la representación de los mismos muertos con sus armas y sus carros. 
Por desgracia, la mayor parte de estas lápidas está muy deteriorada y se conservaron de ellas sólo fragmentos. En una lápida, conservada íntegramente, de las excavaciones de 1952, está la representación de la caza de toros salvajes; en otra, el desarrollo en diversos cuadros, enmarcados por espirales, de un combate de dos leones parados sobre sus patas traseras; es decir, motivos parecidos al relieve de la puerta de los Leones. 
En la mayoría de las catacumbas, el inventario fúnebre se distingue por su relativa sencillez. En cambio, otras, por la cantidad de valores que en ellas se descubrió, no pueden ser comparadas con ninguna de las tumbas descubiertas en el territorio de la antigua Grecia. En calidad de ejemplo se puede señalar, aunque se trate de una de las tumbas descubiertas por Schliemann, una donde se encontraron hasta 870 pequeños objetos hechos en gran parte con oro, entre ellos diademas y cadenitas, copas de plata y oro cubiertas con relieves, gruesas placas de baúles ornamentados, espadas y puñales admirablemente trabajados, sortijas, artículos de marfil, de vidrio, de loza, de cristal de roca, vasos de alabastro, muchos pendientes y placas de oro en forma de hojas de árboles, flores, mariposas, esfinges y animales marinos, piedras preciosas, etc. Entre los hallazgos hay gran cantidad de diferentes cerámicas, a menudo recipientes que contenían alimentos para los muertos, lo que testimonia el desarrollo del culto de los muertos.

La gran mayoría de las cosas de metal encontradas son en estilo y técnica muy cercanas a las cretenses. La influencia de Creta en la cultura micénica no puede ofrecer en este caso ninguna duda. Acerca de los muchos recipientes metálicos y gemas, no es posible saber con exactitud si están hechos en la Argólida o importados desde Creta, hasta tal punto son parecidos los de uno y otro lugar. Tales son, por ejemplo, las admirables copas en forma de cabeza de toro con astas doradas, hechas en el mejor estilo de los maestros cretenses en la época del florecimiento del arte de la isla. Parte de estos objetos son, sin duda, importados, en primer lugar los de materiales que no existían en la Argólida, como pueden ser piedras preciosas traídas del norte, un huevo de avestruz, etc., todos ellos con los nombres grabados de faraones egipcios del Nuevo Imperio. 
Entre los muchos objetos que según todos los indicios fueron hechos en las poblaciones micénicas, la mayor parte de la labor local puede reconocerse por el tema representado. A diferencia de Creta, predominan aquí los motivos guerreros y cinegéticos, utilizados incluso en los adornos femeninos. Tales, por ejemplo, los anillos de oro hallados en la cuarta tumba descubierta por Schliemann. En una de las representaciones, un guerrero se bate con dos enemigos que lo atacan; en otra hay una escena de caza: el cazador, en un carro de guerra, tiende el arco para cazar un ciervo. El modo de tratar las vestimentas y el ornamento en estas representaciones es absolutamente no cretense, aunque en el sentido técnico del grabado fueron utilizadas las mejores técnicas cretenses. Todavía más característica es en este sentido la escena del asalto a una fortaleza, representada en un recipiente de plata de la misma época. Creta no conocía en absoluto fortalezas del tipo que allí se muestra. Este tema corresponde a la campaña del rey de Micenas en las costas del Asia Menor, aunque la técnica del trabajo en vasos sea cretense. En otros casos la imitación de la técnica y del estilo es menos lograda; representa el alejamiento consciente de los modelos cretenses. De esto dan testimonio los pequeños adornos de oro con forma de figuras de animales, hechos a la manera cretense, y también los encuentros entre bestias grabados en placas de baúles. De este modo, la originalidad de los micenios no se agota bajo la fuerte presión de la cultura cretense. 
Esta originalidad se manifiesta no sólo en la predilección por los temas guerreros y cinegéticos, sino también en la total ausencia de las escenas del culto y de la vida palaciega, tan predilectas de las representaciones cretenses. Son muy originales las armas representadas en gran cantidad en algunos trabajos con ricos ornamentos. La técnica es en este caso también cercana a la cretense, pero las formas de las espadas y los puñales micénicos son otras y las medidas mayores. 
Caballos de baja estatura enganchados en carros de guerra, en las representaciones micénicas, tampoco son parecidos a los caballos de los monumentos del tiempo posterior cretense. Con particular claridad resaltan los rasgos originales de la cultura micénica en el grupo de objetos de estilos y técnica locales, ante todo las seis máscaras encontradas en las tumbas masculinas, con rasgos retratistas: los rostros de los muertos hechos de oro y ámbar. Parecida máscara, pero de trabajo menos delicado, también de ámbar, fue encontrada en 1952 al abrirse en Micenas la llamada «catacumba G». Estos hallazgos deben ser tomados como únicos, por cuanto en Creta, y en general en el mundo egeo, no se ha descubierto hasta ahora nada parecido. La técnica de la preparación de estas máscaras es completamente propia. Diferentes rasgos se destacan en gran cantidad de representaciones en relieves de guerreros armados. La comparación con Creta no es en esto posible, por cuanto no se ha descubierto ni una obra plástica, monumental, ejecutada en piedra. Entre las cerámicas locales encontradas hay un solo recipiente de arcilla realizado en estilo cretense. Todos los demás aparecen como pobre imitación de los modelos cretenses, y en la vajilla de estilo local se advierte que la vieja tradición de la Hélade media se mantuvo aquí firme contra la influencia extranjera y continuó su desarrollo.

De todo esto se deduce que aunque la influencia de la cultura cretense en Micenas durante la primera mitad del siglo XVI fue considerable, no aniquiló las peculiaridades locales. El material arqueológico está representado en toda su plenitud por el inventario de las catacumbas, que en conjunto conservan sin duda su originalidad. No es posible por ello estar de acuerdo con las suposiciones de Evans acerca de la conquista de la Argólida por los reyes de Creta y del aplastamiento total de la población local. Mucho más convincente es la opinión de los contrarios a este punto de vista, los que suponen que la destrucción de los palacios cretenses del siglo XVI, acerca de los cuales habla Evans, así como los tesoros de las catacumbas, fueron el resultado de las conquistas exitosas de los guerreros micenios, en la costa norte, mal defendida, de Creta. Sin embargo, es difícil imaginar cómo tal cantidad de valores pudo concentrarse en manos de los reyes micenios, sepultados en las catacumbas; la hipótesis más atendible sostiene que entre los cautivos tomados en estas incursiones se podía encontrar gente familiarizada con el arte cretense, los cuales fundaron en Micenas su escuela. En apoyo de este punto de vista habla la postura de los guerreros, inherente a todo el inventario fúnebre de las catacumbas. La mayoría de esas pesadas espadas, puñales, lanzas y otras muchas armas, sin duda, no estaban en reposo en vida de sus dueños. 


Tampoco era casual, según parece, su inclinación hacia los temas bélicos en las representaciones artísticas. En sus Incursiones, las huestes micenias alcanzaron, por lo visto, la costa del Asia Menor, A tal suposición, en particular, conducen las representaciones del sitio de la fortaleza que no son cretenses, en el vaso de plata de la cuarta tumba, al que ya nos hemos referido. El ulterior estudio de la escritura micénica y cretense está llamado a aclarar este problema; sin embargo, por el estudio de las incursiones sólo se podrá aclarar la cantidad de valores reunidos en un mismo lugar, pero no la calidad del movimiento y desarrollo de la cultura local, tal como aparece con claridad en los objetos materiales de las catacumbas. La original fusión de muchas y exactas imitaciones del estilo cretense con la técnica y la temática locales en el arte representativo, así como la conservación de la originalidad micénica en otras ramas de la cultura material, son prueba de la reelaboración activa de la influencia extranjera. Realmente, si la nueva técnica y estilo no se hubieran impuesto a las exigencias y gusto de cierta parte de la sociedad micénica, el arte de los maestros cretenses no hubiera podido encontrar tan amplia resonancia en los oficios locales. 
Todo esto muestra que la sociedad local había alcanzado ya un considerable nivel de desarrollo y había percibido libremente la más elevada cultura de Creta. En tales condiciones, los objetos con los nombres de los faraones egipcios, como las piedras preciosas, es dudoso que se encontraran en las catacumbas solamente en calidad de botín de guerra. Lo mismo puede decirse acerca de los objetos de marfil, los cuales sólo podían conseguirse en Egipto y Siria, donde en aquel entonces aún había elefantes. Como demostración indirecta de que existieron condiciones para las relaciones comerciales pueden servir las excavaciones realizadas de 1950 a 1952, de dos viviendas particulares: las llamadas «casa de comercio de aceite» y «casa de comercio de vino». Ante todo cabe decir que ambas casas, lo que es muy demostrativo, fueron descubiertas en los extramuros micénicos. En el primer lugar fueron encontrados treinta grandes recipientes con tapas de arcilla, ubicados a lo largo de la muralla y, entre otros hallazgos, 39 tabletas de arcilla con signos de la «escritura línea B» (éste es el primer caso de tabletas halladas no en el palacio, sino en una casa particular). 
En la casa de comercio de vino también fue descubierto un gran recipiente del tamaño de una persona y cerca de 50 recipientes, algunos deteriorados y otros sanos, en los cuales, al parecer, se guardaba vino. Es difícil imaginar que tales reservas de vino y aceite se destinaran sólo al consumo de los moradores de estas casas y no al comercio. Ambas casas, sin embargo, datan de un tiempo considerablemente posterior a los siglos XIV y XIII a. C. De esta manera, las catacumbas micénicas, en tanto continuaron siendo monumentos únicos 1650—1550 a. C., reflejan claramente el comienzo del período de relaciones mutuas del continente con Creta y otros países. Sobre esto se basa concretamente nuestra concepción acerca de la antigua cultura micénica, puesto que nada sabemos acerca de otras tumbas contemporáneas de las catacumbas, de monumentos, de fortalezas y de construcciones simples. 

El siguiente grupo de monumentos micénicos pertenece a la segunda mitad del siglo XVI y al siglo XV a.C. Comprende también, ante todo, tumbas, pero ya de otras características. En ellas, la cámara fúnebre tiene forma rectangular, oval o redondeada, y habitualmente se encuentra en roca blanda, pero unida con la superficie de la tierra por un camino especial, largo y estrecho, que se denomina dromos. La presencia del dromos facilitó extraordinariamente la utilización frecuente de la cámara fúnebre. 
Para colocar un nuevo cadáver era suficiente volcar la lápida que cubría la apertura de entrada al dromos, mientras que para entrar en los sepulcros de las catacumbas en el caso de otra inhumación había que volver a excavar y desarmar el cielo-raso del sepulcro para poder, desde arriba, hacer descender el cadáver. El nuevo tipo de tumba conservó en el transcurso de todos los siguientes siglos de existencia de la cultura micénica un aspecto más o menos invariable. La única diferencia entre las más antiguas cámaras fúnebres y las que vinieron después se limitaba al largo del dromos. En las tumbas de los siglos XVI y XV, el largo habitualmente no sobrepasa los 3 ó 4 metros, alcanzando más tarde de 14 a 16 metros. Las más antiguas de las tumbas de este tipo conocidas hasta ahora fueron encontradas cerca de Micenas y de Argos. Ambas pertenecen a mediados del siglo XVI y en el tiempo fueron cercanas a los sepulcros de las catacumbas. La gran mayoría de las otras cámaras fúnebres conocidas, dispersas por toda la Grecia continental y las islas, son considerablemente más recientes que los sepulcros de las catacumbas. 
En los casos en los que el suelo en el cual se excavaba la cámara fúnebre resultaba demasiado blando, sus paredes se revestían con piedras. Esto sirvió al principio para el desarrollo de un tipo de tumba en cúpula (tolos) que existió casi paralelamente con las cámaras fúnebres. La particularidad esencial de este tipo de tumba aparecía cuando el revestimiento de las paredes se continuaba en el cielorraso tomando forma de cúpula y se apoyaba sobre bloques de piedra algo combados. Se obtenía así una cúpula revestida de piedra, colmeniforme, con dromos. La puerta del dromos en la cámara fúnebre estaba ausente, pues en cada inhumación se hacía un orificio en la pared, para introducir el cuerpo, que luego se tapiaba con piedra. Las más antiguas tumbas de este tipo, a juzgar por hallazgos aislados, como por ejemplo dos tumbas pequeñas cerca de Micenas y varias tumbas análogas en otros puntos del sur, centro y norte de Grecia, se remontan a una época cercana a la existencia de los sepulcros de las catacumbas. 
En lo sucesivo, la construcción y el acabado de las tumbas en cúpula se fueron perfeccionando continuamente. Las paredes de las cámaras fúnebres se revistieron ya no con pequeñas calizas sin trabajar, sino con piedras de formas regulares, y en casos aislados con mármol de Paros. Aparecen también las puertas con dinteles especiales, con grandes vigas transversales que unen un dromos revestido de piedra con la cámara fúnebre. Las paredes y el techo en forma de cúpula se cubrían con adornos en relieve. Se aumentaron la superficie y el volumen de todo el local, que, en conjunto y en algunos sepulcros aislados, ya relativamente posteriores, llegaron a 14,5 metros de diámetro y a 13,4 de altura. Por fin, la cámara lateral del sepulcro llevaba a la superficie de la tierra; sus paredes exteriores se revestían con gruesos bloques de piedra, con el techo y los zócalos adornados con relieves. Así, paulatinamente, fue creciendo y desarrollándose una nueva forma arquitectónica, que iba a expandirse por todo el territorio de la Grecia continental y las islas. 
Las tumbas en cúpula fueron descubiertas no sólo en Micenas, donde se encuentran nueve, sino también cerca de Argos, en Tirinto, en Bafia, en Pilos, en el Ática, cerca de Atenas, en Tesalia y en otros lugares. El contenido de estas tumbas fue saqueado hace ya largo tiempo. Afortunada excepción la constituyen una tumba en cúpula en Bafia, en el territorio de Laconia, cerca de la antigua Amiclea, y otra en Midia, en la parte central de la Argólida. La de Bafia data de principios del siglo XV y representa la tumba de un guerrero de la aristocracia micénica. 
Allí se conserva un rico acervo fúnebre: considerable cantidad de diferentes clases de adornos, artículos de tocador, armas y recipientes ricamente ornamentados, destinados estos últimos sobre todo al vino. De todas estas cosas merece particular atención un anillo de hierro: se trata del primer hallazgo de hierro de la época creto-micénica. La presencia del anillo hallado en el dedo de un esqueleto, junto con otros dos anillos de oro y bronce, muestran que el hierro comenzaba a usarse, y por su valor se igualaba con los objetos de oro. Entre otros hallazgos se encuentran copas de oro con representaciones de toros, gargantilla de doble cadena adornada con 80 amatistas, brazaletes construidos con gemas. Casi todas estas cosas, particularmente los objetos de tocador y de adorno, son de puro estilo y técnica cretense. El peso específico de las armas en el conjunto de los otros objetos es relativamente pequeño, especialmente si se lo compara con el contenido de los sepulcros de las catacumbas. 
La tumba de Midia llegó a nosotros en condiciones considerablemente peores, ya que en la antigüedad fue saqueada. Con todo, en el piso se encontraron pequeños objetos, aunque escasos. La inspección de la sala fúnebre condujo a descubrir las huellas de dos fosos, en los cuales fueron descubiertas intactas tumbas de dos mujeres y de dos hombres. El contenido de estas tumbas resultó estar también construido por adornos y recipientes valiosos. En una copa de oro se representa el mar. En otra, de plata, la caza del ciervo y toros que corren. Las cabezas estilizadas de cinco toros adornan una copa de plata con revestimientos de oro, encontrada junto a un esqueleto femenino. Entre los adornos hay grandes gemas, cuatro anillos de hierro, cobre, plomo y plata, cadenas de oro con 36 rosetas, con gran cantidad de pequeños adornos de marfil, bronce, loza, vidrio, y también cáscaras de huevo de avestruz. Fueron descubiertas armas: cuatro espadas, cuchillos y puntas de lanza, las espadas de tamaño considerablemente menor y más livianas que en las catacumbas. Este nuevo tipo de arma se acerca más al modelo cretense que las armas del siglo XVI. Todos los objetos enumerados datan de la segunda mitad de finales del siglo XV. También se revela la gran influencia de la técnica y del estilo cretense. 

La influencia cultural de Creta encontró su reflejo en el arte representativo de aquel tiempo. Los temas guerreros y cinegéticos, tan característicos para la primera mitad del siglo XVI, fueron sustituidos por escenas del culto, juegos de toros, rondas y otras representaciones muy conocidas en los monumentos de Creta. A diferencia del período más antiguo, estas particularidades del arte pueden observarse ahora en toda la Grecia continental y en las islas, por cuanto así lo permite el material arqueológico de que se dispone. Se crea la impresión de una definida unidad estilista cultural, procedente de centros comunes para todo este territorio. La aparición de muchas imitaciones de los recipientes cretenses del estilo «palaciego» demuestra que la cerámica micénica no evitó la influencia de la cultura cretense, aunque ésta se percibe en mucho menor grado. En las formas de los recipientes locales y en el carácter de su fabricación y ornamentación se continúa conservando el tono local. Más aun; la aparición de vasos micénicos en Creta habla de la influencia del estilo micénico sobre la cerámica cretense. Este proceso se puede seguir no solamente en las cerámicas. Los frescos de Cnosos, que datan de la segunda mitad del siglo XV, tienen mayor semejanza con los frescos de Micenas y de Tirinto que Festos y Hagia—Tríada. Lo mismo se puede decir del palacio de Cnosos, que por las alas del trono, por su planificación y medida, adquiere cierta semejanza con los palacios de la Grecia continental. De lo referente a la escritura hablaremos más adelante. 
El local principal, que ocupó el lugar central del edificio micénico, y las cámaras fúnebres con el dromos y las tumbas en cúpula, no tenían analogía con Creta. Si tumbas de tal tipo aparecen del siglo XVI al XIII a. C., al compararlas con las tumbas de la Hélade, se descubre con claridad la imitación. De este modo, la segunda mitad del siglo XVI al XV a. C. indica el punto culminante de la influencia cultural de Creta. La influencia mutua entre ésta y la Grecia occidental conserva en cierta medida el carácter bilateral. 


Posteriormente, y en directa vinculación con la catástrofe que provocó hacia finales del siglo XV la definitiva destrucción de los palacios y la decadencia de la cultura cretense, el proceso se debilitó. Pero toda la cultura cretense continuó influenciando en el continente. Es interesante destacar que cuando el arte de Creta entra en el período de su decadencia, en el continente se conservan todavía largo tiempo sus formas jóvenes y sanas, hasta que, al final, el llamado estilo palaciego la última creación de la cultura cretense (siglos XIV, XIII y XII) no alcanza un completo predominio. Por otra parte, esto concierne tan sólo a los artículos de metal, marfil y loza, a las piedras talladas y parcialmente a la cerámica. El arte de la construcción continúa desarrollándose en la península balcánica por camino propio. Correspondiente al siglo XIV a. C., la llamada tumba o Tesoro de Atreo es de grandiosa construcción, de técnica extraordinariamente perfecta. Las paredes internas y del dromos están revestidas de loza de forma regular. Los dinteles de las puertas internas están recubiertos por relieves y adornos de bronce. Si se compara estas construcciones colmeniformes con sus semejantes del siglo XVI a. C., resulta claro qué considerables cambios sufrió en su desarrollo esta específica forma arquitectónica micénica.

Arquitectura de fortalezas y palacios 
A los siglos XVI y XVIII a. C. corresponden todos los monumentos arquitectónicos que conocemos de palacios y fortalezas. La más interesante de estas construcciones está representada por una fortaleza y un palacio micénicos. La fortaleza es contemporánea y vecina de la tumba en cúpula de Atreo. Puede ser que el mismo basileus micénico que construyó para sí aquel lujoso sepulcro fuese también el que construyó las grandiosas murallas y torres micénicas. El ancho de sus paredes alcanzaba a seis metros y estaban hechas con piedras de tamaño enorme. La altura inicial de estas murallas no se logró establecer, puesto que solamente se conservó la parte inferior, que cabe pensar que guardaba proporción con la parte que ha quedado. La puerta norte de la fortaleza es conocida como la Puerta de los Leones. Este es uno de los más admirables monumentos heráldicos de todos los tiempos, puramente minoico por su técnica, y completamente nada minoico por lo monumental. Las cabezas de ambos leones están rotas. Por lo visto, miraban amenazadoramente hacia abajo a los que entraban a la fortaleza. Debajo de los leones y del bloque transversal se encontraba la gran puerta de dos hojas. Las huellas que se han conservado fuerzan a suponer la existencia de por lo menos dos sistemas sucesivos de cerrojos.

A través de la Puerta de los Leones, un camino conduce a una plataforma rodeada por ruinas de construcciones aisladas. Ahí está el palacio micénico con todos sus locales, viviendas y depósitos, y hacia el centro de este conjunto de construcciones una escalera mal conservada que daba a una terraza tallada en la roca. El ámbito principal es una sala con cuatro columnas y hogar en el medio. Con él lindan cuartos contiguos y el patio, bajo el cual se conserva el dispositivo sanitario. Se logró descubrir también un acueducto subterráneo que conducía desde la fuente de la fortaleza, situada en lo alto, hasta la cisterna secreta, que se encontraba al costado de los muros de la fortaleza. Desde la cisterna, un pasillo, también secreto, conducía hacia el interior de la fortaleza. Desde luego, semejantes medidas de precaución se habían tomado para el caso de sitio. En las partes internas de las paredes que se conservaban existen considerables fragmentos de frescos, cuya técnica se aproxima a la cretense, o bien, como ya se señaló, los frescos cretenses de este período recuerdan a los micénicos. 
En los temas de los frescos, lo mismo que en los de ciento cincuenta años antes, predominan los motivos locales. En los frescos se representa predominantemente escenas bélicas: el arma guerrera, la vida de campamento, el enganche de los caballos a los carros de guerra, el encuentro de dos veloces carros uno contra otro, el asalto a la ciudad, con figuras de atacantes y de guerreros que caen de los muros e imágenes de mujeres que observan desde un costado el desarrollo de la batalla, el palacio de varios pisos con mujeres que observan desde las ventanas. 
Hacia el norte de estas construcciones hay un grupo de locales con fuertes muros. Se los define como cuarteles, almacenes de abastecimientos y locales destinados a otros menesteres económicos. Cerca de los mismos pasa la muralla septentrional, con una segunda puerta. Su construcción recuerda a la primera, pero el tamaño es más reducido y sin ningún escudo o representación.

A quince kilómetros de distancia de la fortaleza micénica y a muy poca distancia de la orilla del mar, en Tirinto, se encuentra el segundo monumento de este tipo de arquitectura. Esta población está cercada también por fuertes muros hechos con gruesos bloques de piedra sin labrar. 
En el centro se encuentra el palacio, cuya parte principal constituye la gran sala (megarón), cuyas paredes estaban estucadas y pintadas al fresco; el centro lo ocupa un fogón redondo alrededor del cual se elevan cuatro columnas, que se ensanchan hacia lo alto como las columnas cretenses. A los lados del fogón, en los pisos superiores e inferiores, se encuentran diferentes locales destinados a los guerreros del rey y a sus parientes, así como para las provisiones. En caso de peligro, semejante palacio era refugio seguro, donde podían protegerse sus habitantes y la población de los alrededores. Todo este conjunto de construcciones, dividido por patios, estaba orgánicamente vinculado con las murallas de defensa. El área ocupada por la fortaleza de Tirinto era algo menor que la de Micenas. En los muros internos de la sala central, de la misma manera que en Micenas, se encontraron fragmentos de los frescos. Están representados guerreros en excursiones con carros, escenas de caza de ciervos y jabalíes con jaurías de perros, mujeres con lujosas vestimentas en los carros. 
La gran mayoría de las construcciones de Tirinto y los objetos que se encontraron datan del siglo XIII. A este tiempo corresponde situar el extramuro, que consistía en casas aisladas, mal conservadas y hasta ahora poco investigadas.

El tamaño de las monumentales construcciones de Micenas y de Tirinto obliga a suponer que para erigirlas fue necesario mucho tiempo y trabajo. Es poco probable que construcciones en tal escala, en las condiciones de aquella época, pudieran ser realizadas sin una amplia utilización del trabajo de los esclavos y de la población dependiente. En nuestros días, esta suposición encontró firme apoyo en la investigación de los documentos de la contabilidad y de la economía de Pilos. En una serie de estas inscripciones se mencionan mujeres, niños y hombres. El autor publicó recientemente un trabajo sobre este problema de investigación. Lenznan presentó una serie de convincentes argumentos en favor de la tesis que refiere estos hombres, mujeres y niños a la categoría de población no libre y dependiente. Según las cuentas de Lenznan, en sólo tres subgrupos de las instrucciones ya leídas y revisadas, se mencionan más de 500 de tales mujeres, que estaban junto con sus hijos en el registro de la servidumbre del palacio de Pilos. En las inscripciones de Pilos es frecuente encontrarse con el término doero, que, en opinión de Ventris, corresponde al término doulos, el cual en lengua griega del último período habitualmente designaba al esclavo. Si esto era así en Pilos, no hay ninguna base para pensar que el trabajo de los esclavos y pobladores dependientes era utilizado en menor escala en Micenas y en Tirinto. La existencia de dos fortalezas (en Micenas y Tirinto), la una al lado de la otra, naturalmente plantea la cuestión de sus relaciones mutuas. La idea de una existencia aislada entre una y otra no puede tener validez, pues es imposible imaginarse a Micenas sin acceso al mar. Queda por suponer que Tirinto dependía de Micenas, que en la Argólida antigua existió una unidad territorial con Micenas al frente.
Esta suposición es reforzada por la existencia de una serie de caminos que atraviesan la Argólida en diferentes direcciones y convergen en la colina micénica. Los caminos estaban construidos a la manera ciclópea más que a la manera de fortaleza. Sus pendientes están fortificadas por enormes bloques de piedra y las cloacas estaban hechas con piedras grandes. En algunos lugares, al lado del camino se conservan las ruinas de atalayas ciclópeas. 
De este modo, se crea la impresión de que todo este territorio estaba unificado bajo el poder de los gobernantes micenios y colocado bajo el control militar de dos poderosas fortalezas. El carácter militar de toda la cultura micénica de los siglos XIV a XIII a. C. se confirma también por la aparición (después de una interrupción de ciento cincuenta años) de temas bélicos en los monumentos del arte representativo. Todas estas circunstancias, y especialmente la existencia de las fortalezas, aportan otro argumento en pro de que allí existía una unidad de carácter estatal, acaudillada por los reyes micenios. ¿Cómo se puede explicar de otro modo la concentración en manos de estos reyes de tan considerables valores materiales? ¿Cómo comprender la existencia en las poblaciones de poderosas fortalezas construidas por manos esclavas y población dependiente y lujosas salas palaciegas, rodeadas por locales y depósitos? 

Pilos
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Sobre la base de las últimas excavaciones y de las tradiciones antiguas es posible ratificar hoy que Micenas no fue en el período analizado el único centro político y cultural del sur del Peloponeso. En los antiguos mitos se cuenta que el hijo del dios Poseidón, Neleo, desterrado del antiguo puerto de Iolcos, en Tesalia, desde la cual salieron en largo viaje los argonautas, fundó en la costa oeste del Peloponeso la ciudad de Pilos. Vasto fue el reino de Neleo: en el este limitaba con el reino micénico de los Atridas; en el norte abarcaba parte del territorio situado sobre la orilla opuesta del río Alfeo. Sin embargo, hasta los últimos tiempos la ciencia contemporánea no había logrado aún establecer la ubicación de la antigua Pilos. Este problema se considera uno de los más complicados y enredados en la topografía histórica de la antigua Grecia. En Grecia había varias ciudades con esa denominación. Una se encontraba en Trifilia; otra, de acuerdo con la tradición, en Mesenia. Acerca de esta última nada dice la tradición homérica. Según la descripción de la visita al palacio de Néstor, hecho por Telémaco, hijo de Ulises, posiblemente la tenida en cuenta por Homero sea la Pilos de Trifilia, aunque la misma tradición conservada en la Odisea, como se ha venido a aclarar ahora, se remonta hasta la ciudad mesenia del mismo nombre. Generalmente exacto en sus comunicaciones, Estrabón señala terminantemente a Trifilia como la región donde se encontraba la ciudad capital de Néstor, hijo de Neleo. 
Al parecer, la invasión doria dio lugar a la devastación de muchas ciudades en la época micénica, y no sólo borró de la faz de la tierra a la ciudad de Pilos, mesenia, sino que hasta desterró su recuerdo. Cuando la expedición arqueológica alemana, en 1907, encontró cerca de la Pilos de Trifilia restos de las fortificaciones del tiempo micénico y tres tolos derruidos, desaparecieron las últimas dudas que se tenían a propósito de la ubicación en ese lugar de la ciudad mencionada en la epopeya homérica. De esta manera, la misma tradición homérica recibía una seria confirmación. Al lado de la homérica existía, sin embargo, otra tradición más. Incluso en la época del Imperio Romano, en Mesenia, cerca de la bahía de Navarino, en una pequeña ciudad, Pilos, fundada después de la expulsión de los espartanos de Mesenia, producida en el siglo IV a. C., se muestran los restos de una casa y del «sepulcro de Néstor». Pausanias, en su conocida Periegesis o Descripción de la Hélade, llega aún a recordar a la Pilos de Mesenia como la patria de Néstor. Esta última tradición parecía menos verosímil y hasta 1939 la mayoría de los especialistas consideraba que la «arenosa» Pilos de Homero se encontraba en Trifilia. 
En 1919 y 1925 fueron descubiertas en Mesenia dos tolos con cerámica y huellas de otros tolos. Estos hallazgos hicieron tambalear la opinión establecida respecto de la ubicación de la antigua Pilos en Trifilia. Poco después este criterio fue completamente rechazado. 
Durante las excavaciones de 1939, en la región de la bahía de Navarino, sobre la colina Epano Englianos, fueron encontrados los muros de una construcción de tipo palaciego, perteneciente a la época micénica, que había sido destruida por un incendio. Por plano y las medidas, por el estilo arquitectónico, el palacio excavado se asemejaba a los palacios de Micenas y Tirinto. Aquí fueron descubiertas las huellas de las murallas, igualmente macizas, de bloques de piedra, pisos empedrados, paredes de habitaciones interiores y pasillos cubiertas de estuco con huellas de pinturas al fresco. En todas partes, huellas del fuego que destruyera el palacio. La cerámica, característica para el final del período micénico, permitió definir que el incendio destruyó el edificio hacia finales del siglo XIII. Los habitantes del palacio huyeron y luego el lugar fue abandonado. De esta manera, los restos del palacio, después del incendio, se conservaron intactos, lo cual permitió a los arqueólogos esperar valiosos hallazgos, esperanzas que se vieron justificadas en ese mismo año. 
En la parte suroccidental de la construcción, en un local pequeño, fueron descubiertas 618 tabletas de arcilla, la gran mayoría con la «escritura lineal B». Estas tabletas y el lugar en el cual fueron encontradas recordaron vivamente el archivo de Cnosos. Por lo visto, las tabletas formaban parte del archivo del palacio de Pilos y se conservaban en cajones de madera. Los goznes de bronce de las cajas yacían allí mismo al costado. Por su aspecto, las tabletas databan de un hierro no posterior al siglo XIII a. C. 
Durante las excavaciones de 1952 y 1953 fue descubierto el megarón de tipo continental clásico, constituido por una gran sala con vestíbulo y pórtico de dos columnas. Al lado fue descubierta otra sala algo menor, estrecho patio lateral y locales pequeños, al parecer despensas, ya que en ellos fueron encontrados fragmentos de alrededor de 6.000 recipientes de diferentes tipos. De estos recipientes se conservan en su integridad no más de 100. Sobre los depósitos, como se puede juzgar por los restos de los muros, se encontraba todavía un piso más, el cual se derrumbó durante un incendio. Tanto el megarón como el vestíbulo estaban pintados al fresco. 
En algunos de estos frescos quedaron intactas las representaciones humanas, como, por ejemplo, combates de guerreros, procesiones, otros motivos vegetales semiestilizados y diferentes animales, tanto terrestres como marinos. El piso del megarón estaba revestido de estuco, ornamentado en forma de tablero de ajedrez. En las partes suroeste y noroeste del palacio fueron descubiertos corredores, una escalera de veintiún peldaños que conducía al piso superior, y todavía una serie de locales destinados a la economía doméstica y a la vivienda; en los primeros había recipientes. Más allá de los límites del palacio propiamente dicho, en la ladera suroriental de la colina, fue descubierta la entrada principal, el propileo (es decir, la entrada de columnas) de madera, con canaletas, de las cuales se conservan intactas sólo las bases. Fragmentos de objetos de oro y plata diseminados en el megarón y otros locales restan de las que fueron riquezas de los habitantes del palacio. No lejos del archivo se ha descubierto un cuarto en cuyo piso, en grupos separados, se hallaron aproximadamente 300 tabletas cubiertas con «escritura lineal B». A éstas se debe todavía agregar cerca de 50 tabletas enteras y fragmentadas, que se encontraron en las excavaciones de 1954. 
En la misma región del palacio las excavaciones arqueológicas localizaron algunas poblaciones contemporáneas y una serie de tumbas en cúpula, de las cuales se habían excavado completamente por entonces sólo tres. A semejanza del palacio, no tenían nada que envidiar a las micénicas. Lamentablemente, una de ellas, en la cual, al parecer, habían sido inhumanos cerca de doce hombres, resultó muy destruida por haber servido de base a la casa de un campesino, y las otras resultaron saqueadas todavía en la antigüedad. Sin embargo, lo poco que quedó intacto permite formarse un concepto bastante claro acerca de los incalculables tesoros con los cuales a menudo se sepultaba a los reyes y a sus familiares. En las tumbas fueron encontrados fragmentos de adornos de oro, cuentas de ámbar, amatista, oro, pasta de vidrio, toda clase de pendientes, anillos, sellos, etc. Pilos, según todos los indicios, era tan rica en oro como Micenas, y su soberano, al parecer, no cedía en riqueza y poder a los míticos reyes de la Argólida. Toda la comarca colindante de la antigua Pilos era fértil y bien irrigada, y a juzgar por los datos proporcionados por las exploraciones arqueológicas, a mediados del segundo milenio a. C. estaba densamente poblada. 
Así, por ejemplo, en la Mesenia anterior, en los alrededores del sitio en que hoy se encuentra la aldea de Basílicos, en alta y empinada colina, se descubrió una gran población que se remonta a principios del segundo milenio a. C. En la época micénica existió allí un palacio rodeado por moradas de artesanos y posiblemente también de agricultores; estos puntos poblados recuerdan por su planificación a las poblaciones de Creta en el período minoico medio. 
La tradición griega conserva el recuerdo de las riquezas y el poder de los gobernantes de Pilos, la mítica dinastía de los Neleidas. Hasta el presente, a esta tradición, ahora robustecida por los materiales de las investigaciones arqueológicas, no se le había prestado la debida atención. La mención en la época homérica de la ciudad y casa de Néstor siempre se acompañaba de epítetos tales como «opulenta», «ricamente adornada», etc. Recordemos también que en la Ilíada se contienen menciones sobre las exitosas guerras de Néstor con las tribus vecinas de la Arcadia y la Elida: «... Logramos en aquel campo ricos trofeos que arrebatamos a los eleos. Capturamos cincuenta rebaños de bueyes e igual cantidad de majadas de ovejas, lo mismo de piaras de cerdos e innúmeros rebaños de cabras que apacentaban sobre una gran área, y ciento cincuenta yeguas bayas, muchas con sus potrillos. Y esa misma noche arreamos el botín hasta Pilos, la ciudad de Neleo». 
Según parece, en la Ilíada no es por casualidad que se subraya que de todos los participantes en la campaña de Troya, enumerados en el denominado catálogo de los barcos, los más poderosos eran el rey de la «abundante en oro» Micenas, el cual trajo consigo cien barcos, y el más anciano y experimentado de todos los reyes que se prepararon para la guerra, el rey de la Pilos «arenosa», Néstor, con el cual «noventa» barcos de empinadas bordas llegaron a Troya. Merece atención también el trecho del Himno homérico a Apolo referente a los lazos comerciales de Pilos con Creta: «... vio él (Apolo) en la lejanía del oscuro ponto una velera nave tripulada por muchos varones excelentes, cretenses de Cnosos, la ciudad de Minos... con riquezas y mercancías, ellos, en su velera nave iban hacia la arenosa Pilos, hacia la gente nacida en Pilos». 
Al parecer, en el ángulo suroeste del Peloponeso, en el segundo milenio a. C., existió uno de los más importantes centros culturales y políticos. He aquí por qué a los términos científicos habituales, «cultura micénica», «época micénica», hay que considerarlos como convencionales. Son exactos, pero en el sentido de que las excavaciones de la antigua Micenas abren por vez primera a la ciencia aquel período de la historia antigua que fue designada con su nombre. 

Escritura en la época micénica 
En el curso de casi medio siglo, después del descubrimiento de los monumentos de la cultura micénica, predominó en la ciencia la opinión de que la sociedad de aquella época había carecido de escritura. En muchos trabajos, inclusive especializados, este problema era por lo general pasado en silencio. Casi nadie tuvo noción de la manifiesta falta de correspondencia entre la ausencia aparente de escritura y el comparativamente alto nivel de desarrollo cultural de la sociedad esclavista primitiva de Micenas, que formó un Estado y que por lo mismo necesitaba una contabilidad, por elemental que ella fuera. En la medida en que en las excavaciones arqueológicas aparecieron poblaciones de la época micénica de la Grecia continental, pudieron descubrirse recipientes de arcilla y fragmentos breves con inscripciones dedicatorias con pinturas hechas con instrumentos agudos. Datan del siglo XV al XII a. C. y prueban que en aquella época el arte de la escritura era ya conocida.
En 1939 y 1952 fueron descubiertos un archivo con más de 900 tabletas de arcilla en Pilos y 39 tabletas de arcilla en Micenas, con la «escritura lineal B», que representa un desarrollo posterior de la escritura lineal A» y que, sin duda, surgió de la misma, de lo cual da testimonio la coincidencia de muchos signos. Nuevos hallazgos, ya mencionados, de monumentos y escrituras en casas particulares de Micenas, en 1953, testimonian en forma bastante convincente la amplia difusión de la alfabetización. 
Los primeros modelos de esta escritura fueron conocidos por los hallazgos efectuados en Creta, todavía a comienzos del presente siglo, y predominantemente en Cnosos, donde se encontraron cerca de 3.000 tabletas. Esta circunstancia creó la convicción falsa de que la «escritura lineal B», a semejanza de la «A», era cretense. 
En el transcurso de un tiempo considerable, cerca de cuarenta años después del descubrimiento del archivo de Cnosos, no se logró descubrir en la península balcánica ninguna tableta con escritura lineal. Inmediatamente después de descubiertas las primeras tabletas de Pilos por el filólogo alemán Krechmer, se expuso la suposición, más tarde transmitida por el científico soviético S. I. Lurie, de que estaban escritas en griego, a lo cual, sin embargo, la mayoría de los científicos no prestó la debida atención. 
Esto contribuye a explicar por qué Georgiev, que consagró sus trabajos a descifrar la «escritura lineal B» y a proponer un método correcto de lectura de los textos que la emplearon, no pudo con todo lograr un éxito definitivo. Expuso que la «escritura lineal B» tenía letras que no pertenecían a la lengua griega, sino a alguna otra lengua afín o cercana a la misma. 
En 1953, como ya se señaló, los sabios ingleses Ventris y Chadwick, siguiendo el método de Georgiev, propusieron otro para descifrar los signos de la «escritura lineal B», que usaba la población de Pilos y Micenas, definiéndola precisamente como escritura que transmite palabras y sonidos de la lengua griega arcaica. Esta lengua la utilizaron los aqueos que estaban en Creta. De esta forma se aclara la presencia en el palacio de Cnosos del archivo de tabletas lineales cubiertas con la «escritura lineal B». Por supuesto, los trabajos de Ventris y Chadwick necesitaban una seria y esmerada verificación. Para esto es necesario, en primer término, investigar todos los textos, particularmente el sistema de escritura señalado, de modo que tenemos por delante todavía un gran trabajo, lo cual no impide que desde ya y ahora se reconozca y aprecie la importancia de los resultados alcanzados por Ventris y Chadwick en la tarea del desciframiento de la escritura micénica, resultados que ya recibieron el amplio reconocimiento de la ciencia. 
Aunque todavía es imposible determinar cuándo y dónde apareció la «escritura linea B», se cree que más bien surgió en la Grecia continental, donde la cretense «escritura lineal A» se adoptaba para la lengua griega en el período del florecimiento de la cultura minoica, es decir, cerca del siglo XVI a. C. Más tarde, con el fortalecimiento de Micenas y algunas otras ciudades del Peloponeso, la «escritura lineal B» fue llevada a Creta. Como ya se ha mencionado, precisamente en Creta, en Cnosos, fueron encontradas las muestras más antiguas de la «escritura lineal B», que pertenece al período del predominio de los aqueos, es decir, hacia mediados y finales del siglo XIII a. C. 
Lo que se logró establecer del contenido de las tabletas es bastante limitado. En lo fundamental son notas, listas, cuentas, etc., en una palabra, documentos de la contabilidad. En considerablemente menor cantidad hay textos rituales, sobre todo consagratorios, con enumeración de los sacrificios y presentes ofrendados a los dioses. 
Debido al descubrimiento de nuevas tabletas con «escritura lineal B» y al trabajo de desciframiento, adquirió más probabilidades de certeza la suposición enunciada por algunos científicos soviéticos de que Creta se hallaba bajo el poder de los aqueos y que desde finales del siglo XV al XIV a. C. la dinastía de los Minos era griega y no local. 

Los portadores de la cultura micénica 
El problema relativo a la ubicación étnica de los portadores de la cultura micénica, como problema de la antigüedad de la población de Creta, fue considerado durante largo tiempo uno de los más complicados, y por muchos uno de los no resueltos de la historia antigua, y provocaba entre los científicos divergencias esenciales. 
En nuestro tiempo, y en directa relación con el desciframiento de la «escritura lineal B», se ha afirmado la opinión de que los portadores de la cultura micénica fueron aqueos. La lectura de las inscripciones de Pilos fundamenta sólidamente esta opinión. Un lugar destacado en el estudio de este problema lo ocupó también la cuestión de las migraciones, alrededor del siglo xiv, de un considerable grupo de aqueos, de Creta y de las costas del Asia Menor. En tiempos relativamente no lejanos, en las excavaciones de Bogazköy, fueron encontradas tabletas de arcilla que datan del siglo XIV al XIII a. C., en las cuales aparece mencionado el reino de «Ahhiyawa». 
Algunos científicos confrontaron de inmediato este nombre con Acaya, el nombre del reino aqueo, y se estableció la suposición de que una considerable cantidad de aqueos había emigrado al Asia Menor y fundado allí su Estado. Esta formación estatal, que resultó de muy corta duración, se situó en la costa sur del Asia Menor, en la región que más tarde recibió el nombre de Panfilia. 
Si esta suposición es correcta, el reino aqueo, «reino de los Ahhiyawas», en el siglo xvi mantenía vínculos con el poderoso reino hitita. Desde ese punto de vista, es muy interesante la observación de los lingüistas que por vía del análisis de algunos nombres que se encuentran en los mitos griegos descubrieron en ellos raíces hititas. Después de la caída de los hititas, alrededor del 1200, los recuerdos sobre su potencia se borraron y los últimos autores griegos, por ejemplo, Herodoto, no la mencionan en absoluto, pero en los tiempos en que fueron compuestos los poemas épicos de los griegos, éstos, por lo visto, aún no habían olvidado a su potente vecino oriental. En la Odisea, por ejemplo, en la descripción de la hazaña de Neoptólemo, encontramos lo siguiente: «Así a Aurípilo, hijo de Télefo, con el cobre mortífero abatió y alrededor del joven jefe todos los heteos cayeron...».

Homero recuerda de esta manera, en calidad de participantes de las actividades guerreras bajo los muros de Troya, a los heteos o hititas. A esto puede agregarse que el nombre del padre del glorificado jefe hitita mencionado por Homero, Télefo, según la convincente explicación del académico G. Kapansian, es equivalente al nombre del dios hitita Telefina. Este mismo nombre fue también adoptado por uno de los reyes hititas. Es cierto que la tradición épica atribuía a Télefo procedencia griega, pero en esto se puede ver el resultado de la reelaboración mítica posterior. Es posible, de esta manera, considerar que en la antigua tradición épica se encontraban reflejados los recuerdos que habían subsistido en algún tiempo de las relaciones entre aqueos e hititas.
La identificación del «reino de los Ahhiyawas» con el reino aqueo no es del todo reconocida todavía, y todo lo antes mencionado sobre los vínculos de los aqueos y los hititas se mantiene en un terreno hipotético. En cambio, es poco probable que se pueda dudar acerca de que alrededor del 1400 a. C. los aqueos del Peloponeso conquistaron a Creta. Por ese entonces tuvo lugar la destrucción de los palacios cretenses. La catástrofe que se abatió sobre Creta trajo aparejado el traslado de algunas tribus cretenses a otros lugares. Así, por ejemplo, los licios, que al principio habitaron en Creta, atravesaron el mar hacia el Asia Menor y se radicaron en la región que recibió el nombre de Licia. 
Cabe pensar, acerca de Panfilia, que los aqueos penetraron y se radicaron también en la costa norte de la isla de Chipre, la cual, en relación con esto, fue llamada «el litoral aqueo». En este sentido, es muy demostrativo que los dialectos panfilios y chipriotas fueran afines al lenguaje de las poblaciones de la Arcadia, en el Peloponeso, es decir, la lengua aquea. 
Se entiende que mientras existió el reino hitita, a los aqueos les fue difícil establecerse sólidamente en la costa occidental del Asia Menor. Pero cuando dicho reino dejó de existir, grupos aislados de aqueos comenzaron a radicarse en ella. Un indicio, por lo menos, es el hecho de que en las excavaciones efectuadas en Mileto fueron encontradas cerámicas del período micénico tardío, del siglo XII. Esto proporciona algunas bases para suponer que en este lugar existía una población aquea. Todavía antes de la consolidación de los aqueos en la costa del Asia Menor, fueron ocupadas por ellos algunas grandes islas, como la de Lesbos. Los aqueos que habitaron en esta isla descendían, al parecer, de los aqueos del norte, de Tesalia. Afirmándose en la costa del Asia Menor, los aqueos emigrantes solamente en raros casos penetraron en el interior del país, que continuó siendo habitado por la población autóctona. La disgregación del Estado hitita abrió de esta manera camino hacia la costa occidental del Asia Menor, simultáneamente, a los aqueos del norte y del sur del Peloponeso. Tanto unos como otros tendían desde hacía mucho tiempo a cruzar el Helesponto y afirmarse en la Tróade. 
Existen motivos suficientes para pensar que los acontecimientos vinculados con las incursiones conquistadoras de las huestes aqueas en la Tróade fueron la base histórica para el tema de la Ilíada. En la epopeya griega se reflejan de este modo, en su forma específica, los acontecimientos reales que tuvieron lugar en el Asia Menor del siglo XIII al XII a. C. 
Esos acontecimientos que dejaron su huella en los poemas épicos, y a los cuales a menudo denominamos la guerra de Troya, fueron por lo visto los últimos grandes acontecimientos en la historia de los micenios. El reflujo de la población aquea, que se intensificó hacia el Oriente y el Asia Menor, y al mismo tiempo el aflujo desde el norte de la península balcánica de nuevas tribus guerreras, fue según parece una de las importantes causas de la rápida decadencia de la cultura micénica. 
Como ya se señaló, la destrucción del palacio de Pilos, el cual no volvió a revivir, puede situarse con bastante exactitud en las últimas décadas del siglo XIII a. C. Es dudoso que pueda considerarse casual la coincidencia de este acontecimiento con la incursión de los dorios en el Peloponeso, ubicada, según la tradición antigua, aproximadamente a finales del siglo XIII y principios del XII. A la luz de las investigaciones arqueológicas ulteriores y no lejanas es difícil menospreciar la fuerza destructora de esta invasión. Tras ella desaparecieron los palacios ciclópeos y las tumbas de la época micénica. Por mucho tiempo, y casi por completo, se interrumpieron los vínculos entre la península balcánica y otros países, descendiendo en general el nivel de la cultura material. Esto es particularmente notable en las ramas de la producción de cerámica, donde se observa en este tiempo el paso del estilo micénico a los más primitivos protogeométrico y geométrico. 
Todo esto muestra que la sociedad micénica, que ya conocía los procesos de diferenciación social y de fortuna y la influencia de los mismos, así como las contradicciones del régimen esclavista, no pudo detener la presión de los conquistadores dorios. Se puede estar de acuerdo con la opinión de John Thompson, un sabio progresista inglés que se atiene a posiciones marxistas, quien considera que la victoria de los dorios se explica por la unicidad de la organización tribal y de las gens. El hecho es que la cultura micénica, a juzgar por los datos arqueológicos, estaba difundida entre capas relativamente muy poco numerosas de la población de la Grecia continental, pues la mayor parte continuaba viviendo en condiciones incomparablemente más atrasadas del régimen de la comunidad primitiva. De lo mismo hablan los nuevos datos lingüísticos, en particular algunas observaciones del científico soviético Lurie, el cual señaló que, en las inscripciones micénicas descifradas, al final de las sílabas desaparecen las consonantes v, c, p, con las cuales volvemos a encontrarnos en la lengua griega del período posterior. 
En relación con esto, Lurie adopta una posición convincente, según la cual la lengua de las inscripciones micénicas era la lengua de un grupo dominante relativamente pequeño. Entre las capas amplias de la población se conservaba la lengua que sobrevivió a la invasión de los dorios y a partir de la cual se desarrollaron los dialectos griegos posteriores. La desaparición de la escritura micénica casi sin dejar huellas es un hecho que indudablemente concuerda con estas suposiciones y las confirma. De esta manera, la falta de interés de las masas populares en la defensa del Estado, que los aplastaba con lo que sabemos, un papel decisivo en el éxito de la conquista doria. 
Lamentablemente, acerca de todo esto sólo se puede hacer conjeturas, pues no se conservan noticias de fuentes históricas que permitan estudiar el ambiente concreto que acompañó a la caída de Micenas y Pilos. Sea como fuere, del siglo XIII al XII a. C. dejaron de existir los centros principales de la cultura micénica en el Peloponeso, y la antigua Grecia entró en un nuevo período de su desarrollo histórico. 

El régimen social de la sociedad micénica. El Estado. 
Del conjunto de datos que se poseen se desprende como indudable que la sociedad micénica conocía ya la división en clases y llegó, en su desarrollo, hasta la organización del Estado. Conocemos poco todavía acerca de las particularidades concretas del Estado micénico y no podemos establecer si existieron en la época micénica, en el territorio sur del Peloponeso, formaciones estatales separadas, creyéndose más bien que se trataba de dos formaciones separadas. 
De acuerdo con todos los indicios, Micenas estaba dirigida por reyes. De las características del poder de esos reyes sólo podemos formarnos una idea aproximada. En diversos trechos de la epopeya homérica, que, como se sabe, dejó estampada una serie de diferentes estadios del desarrollo de la sociedad antigua con sus particularidades características en lo que se refiere al régimen político, el poder de los reyes, los basileus, es descrito de distintas maneras. Si en algunos casos los basileus aparecen en calidad de jefes de tribus que comparten su poder con el Consejo de Ancianos y el Consejo Popular, en otros, por el contrario, se subraya su poder absoluto. 
Los rasgos reales de la estructura estatal de Micenas, indudablemente, se deben buscar en la segunda de esas formas. Es posible que por analogía con la antigua Pilos, acerca de la cual tenemos mayor cantidad de datos, se pueda juzgar sobre el carácter del poder real en Micenas. S. I. Lurie, en una publicación reciente, parte de las interpretaciones de las escrituras de Pilos efectuadas según el método de Ventris y Chadwick, y traza el complicado cuadro que muestra el desarrollo de la vida económico—social de la sociedad de Pilos. 
Sobre esta base se llega a la suposición de que en el territorio perteneciente a Pilos existieron grandes latifundios. El rey (Wanax) y el jefe militar (lawagetas) encabezaban el Estado de Pilos, tenían el llamado temenos, es decir, la posesión de fincas, cuya magnitud, de acuerdo con el sistema de Pilos, se definía entre 1.800 y 600 medidas del grano que se obtenía de ellas. Algunos de los funcionarios de Pilos, teretas, también tenían parcelas equivalentes a 600 medidas de grano, es decir, iguales a la parcela del jefe del ejército. Es curioso que en las inscripciones estas tierras aparezcan mencionadas como recibidas «del pueblo». Grandes latifundios eran propiedad de los templos. Considerables cantidades de tierra, tanto «del pueblo» como de los templos, se daban en arriendo a grandes y pequeños arrendatarios. Entre los grandes se encontraban los sacerdotes. En las inscripciones se menciona a ciertas personas en cuyas manos se ponía el ganado para que lo mantuvieran y cuidaran. La tierra era trabajada por los esclavos y la población dependiente (dependencia cuyo carácter no ha sido aclarado) y por pequeños arrendatarios que tenían parcelas equivalentes a nueve y diez medidas de grano. 
En las mismas inscripciones se mencionan artesanos: carpinteros, albañiles, alfareros, panaderos, sastres, joyeros y muchos otros. Teniendo en cuenta los monumentos que conocemos de la producción artesanal de aquel tiempo, se puede considerar que en la artesanía micénica la división del trabajo alcanzó un grado de desarrollo considerablemente más elevado que en la época homérica. Un relativamente alto desarrollo del intercambio y los continuos encuentros bélicos contribuyeron al crecimiento dentro de la sociedad micénica de diferencias sociales y de fortuna. Acerca de esto en particular dan testimonio las tumbas, que reflejan los diferentes grados del bienestar económico de que gozaban los allí sepultados: desde las tumbas de los guerreros de fila y los agricultores con escaso inventario, hasta los lujosos tolos de los reyes. 
El Estado de Pilos, según todos los datos que se tienen, era una monarquía centralizada con un sistema administrativo desarrollado. La misma ciudad de Pilos y todo el territorio que pertenecía al Estado en el cual, de acuerdo con la suposición de Lurie, puede ser incluida una parte de la Arcadia fueron divididos en regiones administrativas, dirigidas por funcionarios especiales. Las inscripciones mencionan una serie de tales funcionarios en el centro y en las administraciones locales, y testimonian que, con la ayuda de estos funcionarios, el Estado cobraba los impuestos a la población sometida, los que eran pagados en especie: trigo, mijo, aceite de oliva, uva y también ganado: determinadas cantidades se mencionan en las inscripciones, aunque no en forma suficientemente clara. 
En su conjunto, el régimen políticosocial de Micenas y de otros Estados aqueos debería ser caracterizado, al parecer, como esclavista primitivo, cercano en su estructura al cretense. Tenía muchos rasgos comunes con los Estados esclavistas primitivos del Antiguo Oriente. Es también posible que la sociedad micénica, por su carácter, según lo expresan algunos científicos, se asemejara en mucho a la sociedad de los hititas, con los cuales guerrearon los aqueos.

La cultura micénica 
Las ruinas ciclópeas de murallas y torres, y las tumbas y cementerios de la misma época, fueron descubiertas como resultado de las excavaciones e investigaciones arqueológicas, efectuadas no solamente en la Argólida, Mesenia, Elida y Laconia, sino también en el Ática (en la región de Atenas), Beocia y una serie de otras regiones de la Grecia europea y la Macedonia. 
Los siglos XIV y XII a. C. fueron el período de más intensa y amplia difusión por todo el Mediterráneo oriental, no ya de la cultura cretense, sino de la micénica. Recipientes y otros objetos de estilo micénico de esa época se encontraron y se encuentran en las diferentes islas del mar Egeo, en la costa tracia, en la parte occidental del Asia Menor, en Chipre, en Siria, en Egipto, en el sur de Italia y en Sicilia. Con certeza puede considerarse a todos esos países e islas como unidos en el tiempo micénico tardío por firmes vínculos económicos y culturales. 
En los últimos tiempos, gracias a una más exacta demarcación de los monumentos de las culturas micénica y cretense, especialmente en cuanto a las representaciones existentes que se refieren al comercio micénico y a los vínculos con los otros países, todo esto devino considerablemente más definido. Una serie de objetos que se consideraban antes como enviados a Egipto desde Creta han sido definidos ya como artículos de los artesanos micénicos. Los vínculos comerciales de Micenas con Egipto datan de los comienzos mismos del siglo XVI. Algunos investigadores se inclinan ahora a aceptar el pueblo mencionado en los textos egipcios, el pueblo de Canebú, no como cretense, como se pensaba antes, sino como micénico. 
Es digna de consideración la hipótesis no probada de acuerdo con la cual los gobernantes micenios ayudaron al faraón Iajmos (1584—1559 a. C.) en su lucha contra los hicsos. En el tiempo de Ecnatón (1424—1388), en su capital Aquetatón estaba ampliamente difundida la cerámica micénica. En los artículos de los maestros micénicos que se hallaron en Grecia se observa cierta influencia de la cultura egipcia. 
En esa época el florecimiento y la amplia difusión de la cultura micénica en la Grecia continental sobrepasó a la influencia cretense. Antes, a finales del siglo XVI y XV a. C., cuando la influencia de Creta en la Grecia continental era más fuerte, las influencias culturales micénicas no representaban la traslación mecánica de una cultura exótica y, por ejemplo, como lo hemos observado ya, en las pinturas al fresco de las paredes de los palacios de Micenas y Tirinto la técnica artística cretense se combinaba con temas locales. En la época a que nos referimos ahora se observa precisamente lo contrario. 
Desde finales del siglo XV se descubren en los frescos de Cnosos huellas de la influencia del arte de la Grecia continental. Lo mismo puede decirse sobre la cerámica de Creta, que también experimentó la influencia de las formas y métodos estilísticos micénicos. En lo que se refiere a la arquitectura y construcción de caminos, la Grecia continental sobrepasó a Creta. 
A la luz de nuevas investigaciones arqueológicas y del desciframiento de la escritura micénica, es imposible dejar de plantear el problema de la revisión crítica del punto de vista que en su tiempo destacó Evans, quien consideraba a la cultura micénica como una ramificación de la cretense, carente de toda originalidad. Los rasgos de la profunda originalidad inherente a la cultura micénica demuestran que en la Grecia continental existían firmes tradiciones propias, que tenían sus raíces en la remota antigüedad, es decir, su propio camino de desarrollo. La invasión doria retardó este desarrollo durante cierto tiempo, e hizo retroceder a la Grecia continental, pero no lo interrumpió. El período que siguió a la época micénica heredó mucho de ésta. Por ejemplo, instrumentos de trabajo, como el arado, la rueda de alfarero, veleros, algunos tipos de armas, etc. Pero lo principal es que el período que siguió al micénico, llamado período homérico, era ya de la Edad del Hierro.

La religión micénica 
Hasta no hace mucho nuestros conceptos sobre la religión micénica se basaban casi enteramente en los materiales de las investigaciones arqueológicas y las excavaciones. Puesto que muchos de los monumentos arqueológicos en mayor o menor medida reflejan las concepciones religiosas micénicas del tiempo correspondiente al período de la mayor influencia de Creta sobre la Grecia continental, muchos científicos llegaron a la conclusión de que había afinidad entre la religión micénica y la cretense. Es dudoso que esta opinión pueda ser hoy admitida sin una revisión crítica, particularmente cuando en las tabletas halladas en Pilos se leen los nombres de los dioses, bien conocidos por nosotros, de la religión posterior de los griegos: Zeus, Hera, Poseidón, Ares, Dionisos. 
Si estos nombres han sido leídos correctamente, cabe llegar a la conclusión de que el panteón de los dioses del Olimpo comenzó a crearse ya en la época micénica entre la población aquea que sobrevivió a la invasión doria, y fue luego heredado por la sociedad homérica. Todo indica que al lado de estos exponentes religiosos del tiempo micénico subsistían muchas supervivencias del antiguo fetichismo. No cabe duda de que en la sociedad micénica alcanzaron amplia difusión la creencia en la vida de ultratumba y el culto de los muertos, de los cuales son testimonio las tumbas micénicas. A juzgar por algunos hallazgos casuales de restos de cadáveres en estas tumbas, es probable que los antiguos micenios conocieran algunos métodos de embalsamamiento según el sistema egipcio.


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