jueves, 30 de noviembre de 2017

Capítulo 16 - La evolución política del mundo helenístico


CAPÍTULO XVI

La evolución política del mundo helenístico

Alejandro Magno
El principal problema que tenemos a la hora de estudiar la figura de Alejandro Magno es que nos encontramos ante un personaje que fue objeto de un proceso de mitificación tanto en vida como, sobre todo, después de muerto. 
A lo largo de toda la Antigüedad fue creándose toda una tradición legendaria en torno al conquistador, que ha sido llamada la “novela de Alejandro”. Este personaje se convirtió, además, en el gran modelo a imitar por los monarcas y emperadores futuros, lo que contribuyó a su idealización.
A esto se añade que las fuentes conservadas de carácter literario no son contemporáneas de su época, sino muy posteriores, de manera que es difícil distinguir en ellas la parte propiamente histórica de la que no lo es.

a) Fuentes literarias
Cuando nos referimos a las fuentes literarias sobre Alejandro Magno tenemos que distinguir dos tipos:
“Tradición primaria”: con esta denominación aludimos a las obras o escritos de autores contemporáneos de Alejandro Magno, todos los cuales le conocieron personalmente y le acompañaron en sus conquistas. Se trata de los siguientes:
·       Calístenes de Olinto: era sobrino de Aristóteles y fue el historiador oficial de Alejandro. Éste le encargó que escribiera una obra propagandística destinada a transmitir a los griegos la idea de que él pretendía vengarles de las ofensas de que habían sido objeto durante las Guerras Médicas (así Alejandro continuaba el programa de helenización desarrollado por su padre Filipo). Calístenes refleja en su inacabada Praxeis Alexandrou la imagen de un gran conquistador defensor de la causa griega y protegido por los dioses en todas sus empresas. La imagen que nos ofrece de Alejandro es mítica, pues compara sus hazañas con las de héroes griegos tales como Heracles, Perseo y Aquiles.
·       Ptolomeo: era un noble macedonio, compañero de Alejandro Magno y uno de sus más destacados lugartenientes. Heredó el gobierno de Egipto tras la muerte de Alejandro, inaugurando la dinastía de los Lágidas (fue el primer rey Ptolomeo). Este autor destaca las virtudes militares del conquistador. Su obra perdida debió de consistir en la descripción de las distintas batallas y asedios que tuvieron lugar a lo largo de la expedición militar por Oriente.
·       Aristóbulo de Casandrea: era una especie de técnico del estado mayor macedonio. Su obra debió de centrarse más bien en las penalidades sufridas por la tropa y en las cuestiones de intendencia. Aristóbulo refleja el lado más humano de Alejandro Magno: su comprensión y benevolencia para con los súbditos. Además, debemos a este autor la descripción de importantes edificios y ciudades del mundo persa.
·       Onesícrito: filósofo cínico que acompañó a Alejandro Magno actuando como piloto del navío real. En su obra debió de destacar sobre todo la formación filosófica del conquistador (que había sido educado por el filósofo Aristóteles), así como su espíritu civilizador y afán por descubrir nuevos mundos. En la Antigüedad, Onesícrito pasó por ser un gran fabulador, debido a sus descripciones de animales exóticos y el célebre encuentro de Alejandro con la reina de las Amazonas (fue criticado por el geógrafo Estrabón).
·       Nearco: almirante (nauarchos) cretense de la flota que Alejandro mandó construir para el regreso desde el Indo. Había sido su amigo personal desde la juventud. Escribió una especie de relato del viaje en un tono bastante literario. Junto a aventuras marinas fantásticas poco dignas de crédito, Nearco recogió información valiosa de tipo etnográfico sobre los distintos pueblos indígenas que se fue encontrando a lo largo del trayecto. 

Dentro de la “tradición primaria” tenemos que incluir también el Diario real (Ephemerides), redactado por el canciller del rey (Eúmenes de Cardia) y las Cartas del propio Alejandro Magno. Estas cartas fueron recopiladas con posterioridad a la muerte del conquistador, siendo algunas de ellas falsas. También se duda de la veracidad del supuesto Diario real.
“Tradición secundaria”: esta denominación alude a las obras de autores greco-romanos que se basaron en los escritores de la “tradición primaria”. 
·       Arriano de Nicomedia: senador romano de origen greco-oriental que escribió a mediados del siglo II d. C. una obra en griego titulada Anábasis de Alejandro, compuesta de ocho libros. Se trata de la narración más completa de que disponemos sobre la aventura de Alejandro Magno. Arriano se basó fundamentalmente en Ptolomeo y Aristóbulo. Su obra no pretendía ser histórica en sentido estricto, sino más bien dar cuenta de la grandeza de las hazañas del conquistador macedonio.
·       Plutarco de Queronea: biógrafo griego del siglo II d. C. (contemporáneo de los emperadores Trajano y Adriano). Escribió una obra en griego titulada Vidas paralelas, donde contrapone las biografías de varias parejas de personajes históricos, uno de ellos siempre es griego y el otro romano. Dedicó una de estas biografías a Alejandro Magno, que fue comparado con César. Las biografías de Plutarco se centran en la personalidad de los personajes con una finalidad moralizante y literaria. Su obra no es propiamente histórica, aunque puede ser utilizada por los historiadores. Utilizó varias fuentes para describir a Alejandro, pero sobre todo a Aristóbulo.
·       Quinto Curcio Rufo: autor de una obra retórica sobre las andanzas de Alejandro Magno. No sabemos muy bien en qué época escribió, pero probablemente en el siglo I d.C.

Además de los tres autores citados, que dedicaron obras completas a la figura de Alejandro, disponemos de la información que aportan sin tener ese carácter monográfico:
·       Diodoro de Sicilia: historiador griego del siglo I a.C. (contemporáneo de César y Augusto). Escribió una gran obra llamada Biblioteca histórica, que ha llegado hasta nosotros incompleta (40 libros). Todo el libro XVII de esta obra está dedicado a las conquistas de Alejandro Magno. Se trata del relato más próximo a la época del conquistador.
·       Pompeyo Trogo: historiador galorromano de la época de Augusto. Escribió una obra titulada Historias Filípicas que se ha perdido, aunque disponemos de un resumen de ella que realizó Justino en el siglo II ó III d.C.). A diferencia de los demás autores citados, Pompeyo Trogo transmite una imagen más bien negativa de Alejandro Magno.
·       Estrabón: geógrafo griego del cambio de era. Recoge datos de la época de Alejandro Magno en sus libros sobre Egipto y la India. 

Entre la tradición primaria y la secundaria se sitúa la obra de Clitarco. Este fue el historiador más difundido y popular de todos los que se ocuparon de la vida y hazañas de Alejandro Magno. No fue testigo directo de los hechos, pero construyó su obra a partir de informaciones de segunda mano, como por ejemplo el testimonio de los veteranos del ejército de Alejandro. La obra de Clitarco es especialmente fantástica y ya en la Antigüedad se la consideró exagerada y poco digna de crédito. No se sabe muy bien en qué época escribió.

Campañas en Tracia e Iliria
Tras el asesinato de su padre comienzan los problemas. El otrora aliado y vecino al de Macedonia, Tesalia, famosa por su caballería, se rebela y le bloquea el paso de sus fuerzas hacia el sur. Alejandro con una pequeña fuerza los rodea mientras acampan de noche y al amanecer los tesalianos se encontraron con Alejandro a sus espaldas. Inmediatamente se rinden y lo reconocen como hegemon de Grecia.  En el año 335 ocurren sublevaciones por parte de algunas tribus de Tracia en el norte de Macedonia. En una serie de batallas Alejandro vence brillantemente a los rebeldes tracios en el Monte Hemo. Decide incluso avanzar hasta el río Danubio, límite del mundo conocido para los griegos, del otro lado sólo había misterios y leyendas. Allí quiere demostrar su poderío a los Getas. Cruza el río y los enfrenta en una escaramuza. Luego de ello, ya descansando, unos delegados de tribus celtas se le acercan y Alejandro en conferencia les pregunta qué es lo que más teme un celta (esperando que dijeran “… a Alejandro…”) a lo que respondieron “¡Que el cielo se caiga sobre nuestras cabezas!”. Esa fanfarronería le causó gracia. Esta campaña en Tracia tenía por objetivo demostrar su fuerza para que ninguna tribu se animara a invadir sus dominios mientras él esté en Asia.
De Tracia se dirige a Iliria (oeste de Macedonia), donde el enemigo había organizado un formidable ejército de duros guerreros. En otra serie de brillantes movimientos de la caballería pesada (conocidos como los Compañeros, los hetairoi, miembros de la nobleza) y de la caballería liviana (los prodromoi),  coordinados con su infantería, Alejandro logra otra impresionante victoria en Pelión, ratificando sus dominios en esas tierras. El joven rey lideraba cada ataque, incluso desafiaba a sus propios escoltas a que lo superaran en valor. Si bien era arriesgado, esta actitud tenía un efecto inmediato y vigorizante en sus tropas, que ya empezaban a amarlo como hacían con su padre.
Las victorias en el norte y el oeste fueron muy importantes, ya que produjeron una fuerte influencia de la cultura griega, de la mano de macedonia, en esas tierras. Estas victorias permitieron asegurar una expansión en el comercio marítimo entre las ciudades griegas. Se aseguró la ruta del trigo, que atravesaba el estrecho del Bósforo a través del mar de Mármara, garantizando la provisión de trigo del que tanto dependían todos los griegos. Además, Alejandro tenía que dejar claro su poder para evitar que invadieran Macedonia en su ausencia. Pero no terminaría aquí la cosa, ahora tocaría apaciguar a los griegos.

Rebelión de Tebas
La ciudad de Tebas rompió el tratado de la Liga de Corinto, al haber recibido en la ciudad a unos exiliados anti-macedonios. Éstos convencieron a los ciudadanos en levantarse en armas contra la tiranía encubierta de Macedonia y pedían el apoyo de otras ciudades griegas, como Atenas, que inicialmente la apoyó, pero que al ver que Alejandro, irritado, se dirigía a Tebas con su ejército, cambian inmediatamente de opinión. Nuevamente Demóstenes instigaba a las demás ciudades a que se rebelaran contra la opresión de Macedonia. Recordemos que para los atenienses la forma ideal de gobierno era “su” democracia, y denostaban a las monarquías.
En Tebas ejecutan a la guarnición macedonia que estaba allí. A pesar de ello, Alejandro aún esperaba que la ciudad se arrepintiera de sus actos. Él deseaba una paz en las ciudades griegas,  así podría concentrar todo su esfuerzo en la campaña de Persia, momentáneamente cancelada. Recordemos que Filipo la había iniciado enviando una avanzada y necesitaban urgentemente la ayuda de Alejandro para consolidar las posiciones. Ante la persistencia de los fuertes tebanos (que habían recibido armas de Atenas) en no ceder, uno de los generales de Alejandro, Pérdicas, toma la iniciativa y ataca la ciudad sin autorización. A pesar que su general obró sin su autorización, Alejandro envía el resto de las tropas y logra atravesar las defensas de la ciudad astutamente, tentando a los defensores para que atacaran a unas tropas débiles de Alejandro puestas de cebo y así rompieran la formación defensiva. El éxito fue rotundo y la masacre fue terrible, ya que muchos soldados de Alejandro tenían un odio ancestral hacia Tebas.
A Tebas le correspondía un castigo, por supuesto, ya que había tildado a Macedonia de tirano y había violado el pacto de la Liga de Corinto. Alejandro se encontraba con un dilema: no deseaba que la opinión pública pensase que Tebas se rebelaba contra Macedonia, sino contra la Liga de Corinto. Astutamente deja que sea la asamblea de la misma quien decida, y no sólo Macedonia, ya que de lo contrario la esencia de la rebelión de Tebas tendría sustento ideológico, puesto que lo acusarían de tirano. 
La asamblea resuelve lo siguiente: Arrasarían la ciudad, venderían como esclavos a los cautivos y declararían fuera de la ley a todo tebano fugitivo. ¡Terrible castigo! En cambio, Atenas fue nuevamente perdonada.

Organizando la expedición a Asia
Seguimos en el año 335. Alejandro, con los asuntos políticos resueltos, procede a dejar todo en orden en su reino y en la reciente Liga de Corinto… ¡No sea cosa que alguna ciudad aproveche su ausencia y organice una rebelión nuevamente! Para esto deja a cargo del reino de Macedonia y su puesto como líder de la Liga de Corinto a un viejo general de la época de su padre. Su nombre era Antípatro. El puesto tiene también responsabilidades religiosas. Para los asuntos de la familia real deja a cargo a su madre, Olimpia.
Comienza ahora la verdadera aventura. En la imagen siguiente podemos observar los miles de kilómetros que recorrió Alejandro junto a su ejército durante poco más de 10 años.

Alejandro y Parmenión (otro viejo general de la época de Filipo II) juntaron las siguientes fuerzas macedónicas: 1.800 Compañeros de Caballería y 12.000 infantes falangistas. De las regiones de los Balcanes anexadas (Iliria, etc.), unos 7.500 infantes. Las ciudades de la Liga de Corinto aportaron 2.300 jinetes, 7.000 hoplitas y 5.000 mercenarios más. Esto sumaba aproximadamente 5.100 jinetes y 32.000 infantes. En cuanto a la flota que dará soporte al ejército, la Liga de Corinto aportó 160 trirremes con 32.000 tripulantes. Macedonia también aportó lo suyo con su pequeña flota. De todas formas, la flota persa era superior en número y un enfrentamiento naval estaba descartado, ya que de perder tendrían muchísimos problemas de aprovisionamiento. Este duro dilema lo resolvió de manera sencilla: en vez de atacar los navíos persas su estrategia será privarla de sus puertos inhibiéndola de recursos materiales y de remeros. ¡Por eso procede a tomar las costas persas del mediterráneo!

Asia y el primer gran enfrentamiento
Alejandro y su ejército griego cruzaron en el año 334 el estrecho que separa Europa de Asia, conocido como el Helesponto, hoy de los Dardanelos.
Inmediatamente se dirigen a Troya. Dada su fascinación por la Iliada, Alejandro debía haber estado muy emocionado. Incluso fue a visitar la tumba de Aquiles, su héroe, donde dejó ofrendas; su amigo Hefestión hizo lo mismo con la de Patroclo (el amigo de Aquiles). En el lugar dejó su armadura y se llevó consigo unos escudos que sobrevivieron a la famosa guerra en Troya. Ofreció sacrificios a los dioses para que bendigan la expedición y lo acepten como nuevo Rey de Asia. El objetivo de Alejandro vemos ya que empieza a ser extender su reino por toda Asia y no solamente castigar a los persas por haber oprimido a los griegos de Asia Menor, como también tomar revancha por la invasión persa dos siglos atrás.

El río Gránico hoy.
Hasta ese momento el ejército griego se había movido a sus anchas gracias a la avanzadilla que había enviado Filipo II en su momento y garantizaban un cruce seguro del estrecho. Pero ahora vendría el primer problema de Alejandro. Con urgencia necesita provisiones y para esto es necesario una victoria importante frente a los persas de la región para que las ciudades le reciban como conquistador y provean a su ejército. Los persas contaban con un tal Memnón, comandante de las fuerzas persas. Éste era un mercenario griego y se dice que era un gran comandante. Su propuesta para contrarrestar el avance de Alejandro era llevando la guerra a Europa, desembarcando allí, cortando los suministros y obligando a que vuelva o, en caso contrario, aplicar una estrategia de tierra calcinada, es decir, ir retirándose lentamente arrasando con el terreno para quitar provisiones posibles. Los sátrapas (administradores persas de un distrito, símil gobernador) de la región no querían ni una ni la otra. Ellos querían enfrentar allí mismo a Alejandro. El error fue gravísimo.
Memnón contaba con 20.000 jinetes (¡una fuerza formidable!) y 20.000 infantes mercenarios griegos. A los jinetes los plantó del otro margen del río Gránico y su infantería en una zona más elevada un poco más atrás. ¡Una disposición de tropas inmejorable…! Al menos teóricamente hablando. Alejandro separó a sus tropas de élite, 13.000 infantes y 5.100 jinetes, pues tenía fe en la superioridad técnica de sus falanges con su larga pica (lanza) contra la caballería. En reunión, el viejo general Parmenión pidió prudencia y acampar para decidir qué hacer el día siguiente. Alejandro no quiso saber nada de que un “arroyuelo” frenara a su ejército, y se puso en acción. Dividió esas tropas en dos, una comandada por él (ala derecha) y la otra por Parmenión (ala izquierda). Ambos grupos tenían la misma cantidad de jinetes pero la infantería de Alejandro era un poco más numerosa. Los dos grupos se formaron en una sola fila de 2,5 kilómetros,  igualando la longitud de la fila persa que estaba situada del otro margen del río.
El ataque inicial se libró en el ala izquierda,  que comenzaba a cruzar el río y ya entablaba batalla. A su vez, Alejandro extiende aún más la línea para que su flanco derecho sobrepase al flanco enemigo. Cuando observa que el ataque del ala izquierda pierde ímpetu pero mantiene ocupada parte del ala derecha persa da la orden de ataque general y se lanza él mismo con su caballería de Compañeros contra el centro enemigo. Allí entabla batalla cuerpo a cuerpo, luchando ferozmente y arriesgando su vida, incluso recibe un golpe en su llamativo yelmo dorado. Clito el Negro (oficial de su ejército con el que nos cruzaremos en varias oportunidades) le salva la vida al rey justo cuando luego de derribar a dos nobles persas otro estaba a punto de matarlo.



Su avance logró formar un hueco en el centro persa, por donde se colaron los infantes macedonios. Los flancos persas, al ver el centro derrotado,  huyen antes de que sea tarde. Alejandro no da respiro, reorganiza su ejército y enfrenta los 20.000 infantes mercenarios que, atónitos, no pueden comprender como pudo cruzar el río y derrotar a la caballería persa. Piden una tregua pero Alejandro no la concede por traicionar la causa griega vendiéndose al enemigo. Si bien no tenía superioridad numérica, Alejandro contaba con superioridad táctica. Dispuso que los falangistas ataquen el centro del frente enemigo y a su caballería con ayuda de la infantería liviana los flancos. El resultado fue letal: 18.000 mercenarios perecieron frente a esa picadora de carne. Solo se capturaron 2.000, que fueron enviados a Macedonia a realizar trabajos forzados. La caballería persa perdió 1.000 jinetes, el restante huyó. Gracias al genio de Alejandro triunfaron en condiciones inferiores y con mínimas bajas. Muchos sátrapas murieron en la batalla, lo que provocó que las satrapías de la región se rindieran al carecer de líderes. Alejandro era el rey de esta pequeña parte del enorme imperio Persa, la conquista acababa de comenzar. Liberador de Asia Menor.
Después de la primera gran victoria, el poder de los sátrapas en sus regiones se esfumó y las ciudades griegas y persas se rendían amablemente,  aceptando a Alejandro y su liga panhelénica como el salvador del yugo persa de Darío. 
Alejandro impuso solamente un tributo a las ciudades de pueblos nativos similar al que los persas les imponían como aporte a la campaña de liberación, mientras que a las ciudades griegas no les impuso tributo alguno. En muchas ciudades reclutó soldados para reponer algunas bajas. Él sabía que debía tratar con respeto a las ciudades que se rendían y no imponer una forma de gobierno. Sólo les pedía un aporte económico, hombres para continuar la campaña e instalar una guarnición que asegurase la fidelidad. En algunas satrapías ponía al mando a algún alto oficial macedonio con un séquito de administradores. En otras oportunidades dejaba en su puesto al anterior sátrapa persa (si se había entregado pacíficamente).
Hábilmente declara que las ciudades griegas (lógicamente me refiero a las recientemente liberadas en esta zona de Asia Menor) debían eliminar la oligarquía reinante e instaurar una democracia. Esto eliminaba cualquier posible sospecha de autoritarismo por su parte. Entre medias, da sitio con éxito a algunas ciudades como Mileto, donde los persas se habían atrincherado. En su avance se cruza con Halicarnaso, uno de los puertos más importantes de los persas y objetivo clave en el plan de privar a Darío de bases en el mediterráneo desde donde pudiera lanzar una ofensiva en Europa que podría alentar a algunas ciudades a rebelarse. Alejandro trajo sus máquinas de asedio y empezó la dura tarea de doblegar la resistencia de Memnón (a estas alturas, asignado por Darío de la defensa de lo que queda de todo Asia Menor). Después de durísimos ataques,  Memnón se repliega a la ciudadela de la ciudad como última y fortísimo bastión. Alejandro se da cuenta que le llevará mucho tiempo tomar la ciudadela, por lo que decide vaciarla y dejar un destacamento que controle a los defensores y continúa con sus planes.
Después de organizar el sitio Halicarnaso Alejandro hace una pausa deja como sátrapa de Caria a Ada, una mujer caria hermana del anterior sátrapa. Ella aceptó a Alejandro como su rey y le había dado la bienvenida a aquella provincia. Probablemente Ada tenía sus propios intereses dentro de su provincia. Además manda reclutar mercenarios nuevos, licencia por un tiempo a algunos soldados y divide su ejército en dos, enviando a Parmenión a controlar el interior de la región, ya que recordemos que Alejandro tomó bases en la línea costera y no puede permitirse dejar puntos fuertes del enemigo a sus espaldas tierra adentro que condicionen su línea de aprovisionamiento. Mientras tanto él sigue por la costa asegurando los puertos y ciudades. Gira hacia el norte y en el camino se tropieza con otra ciudad persa que no se somete,  por lo que procede a tomarla por asalto sin ningún tipo de problemas. Más adelante se reúne con las fuerzas de Parmenión que venían de conquistar el interior y se toma 10 días de merecido descanso.
Sigue en su marcha hasta llegar a Gordio donde se dice que había un carro famoso que pertenecía al viejo rey Midas. Este carro tenía un nudo que lo unía con el yugo (madera donde se atan los bueyes). Pues bien, según la leyenda, la persona que desatara el famoso “nudo gordiano” sería el próximo soberano de Asia. La famosa leyenda no era indiferente a los oídos de Alejandro y se dispuso a desatarlo. Pero era tal la complejidad del nudo que en un arrebato de furia lo cortó con la espada para no buscarse tantos problemas. Como Alejandro había armado un halo de misticismo alrededor de su persona (que los dioses lo favorecen, y que,  según un águila, sería el próximo rey de Asia, y demás augurios positivos) el hecho de que lo tuviera que cortar con la espada levantó algunas dudas entre los presentes. Pero bueno, sigue su marcha hasta las regiones que lindan con el Mar Negro, allí establece nuevos sátrapas,  pero manteniendo la política de respeto por las comunidades nativas. Estamos en el año 333.
Alejandro corta el nudo gordiano. (Wikipedia)

Movimientos navales y camino a Issos
Para estas alturas Memnón estaba con la flota persa dando vueltas por el Mar Egeo,  intentando causar una rebelión entre los griegos. Alejandro envía a toda su flota para balancear las fuerzas navales y controlar los puertos y pasos claves para sus líneas de aprovisionamiento. Ese mismo año muere Memnón producto de una enfermedad, y es reemplazado por Farnabaces que sigue con su estrategia.
Alejandro da media vuelta y se dirige nuevamente hacia el sur, ya que le llega la noticia que Darío está yendo a interceptarlo con el ejército imperial. Éste sería su primer enfrentamiento con el ejército de Darío, ya que la batalla del Gránico fue contra un rejunte de tropas organizadas por los sátrapas de la región. En su camino pasa por las famosas Puertas Cilicias, un estrecho paso resguardado por persas que huyen al ver que es Alejandro mismo quien encabeza el ataque. De haber plantado resistencia, los persas seguramente le habrían causado un fuerte dolor de cabeza a Alejandro. Al llegar a la costa Alejandro cae enfermo, probablemente extenuado, aunque según otros contrajo una enfermedad al bañarse en aguas heladas. El asunto es que todos los médicos lo daban por irrecuperable menos uno (un tal Filipo). Cuando está por tomar un remedio preparado por éste le avisan por carta que el médico es un posible traidor trabajando para Darío. Alejandro confía en él, dándole la carta que lo acusaba mientras toma el brebaje, mostrando la confianza que tiene en sus seguidores y su entereza ante la muerte.
Farnabaces, a todo esto, logra reforzar Halicarnaso y tomar algunas ciudades que pueden traerle problemas en los Dardanelos. Como vemos, la marina persa sigue causando dolores de cabeza. Alejandro sabe que no la puede vencer en batalla naval, como tampoco puede adentrarse tierra adentro en Asia dejando la marina persa aún intacta estableciendo alianzas con los espartanos y tentando a los atenienses para que abandonen la causa griega en Asia.
Alejandro deja en la ciudad de Issos a sus hombres heridos y enfermos. Luego le informan de que Darío está, con su ejército, a dos días de marcha tierra adentro en dirección a Siria, por lo que sigue avanzando hacia el sur. A los dos días le dicen que Darío esta ahora ¡detrás de él! El Persa había girado al norte y se le posicionó por detrás entrando en Issos y aniquilando los hombres que Alejandro había dejado allí. Alejandro podría seguir avanzando, pues tenía el camino libre, pero no le convenía dejar al poderoso ejército que había juntado el rey persa a sus espaldas con posibilidades que se reúna con la flota de Farnabaces y pueda embarcarse.
Mientras tanto le llegan noticias de que finalmente la ciudadela de Halicarnaso fue tomada con éxito.

Batalla de Issos
Estamos ante las puertas del primer gran enfrentamiento entre Alejandro y Darío. Imaginemos la situación. La costa es una línea que corre Norte-Sur. Al Oeste esta el mar Mediterráneo y al Este el terreno se hace más escarpado. La franja de tierra intermedia es muy pequeña,  impidiendo que Darío con su ejército numéricamente superior se extienda en una línea mayor a la de Alejandro. Las cifras del ejército persa varían desde 100.000 hasta 200.000 hombres. Mientras tanto, las cifras del ejército de Alejandro eran menores, solamente 5.300 jinetes y 26.000 hombres. Parmenión comandaba el lado izquierdo con la caballería griega, algunas falanges macedonias y algunas tropas livianas de soporte. Alejandro comandaba el ala derecha con la caballería peonia, tesalía y los famosos Compañeros. A su vez tenía la guardia de infantería real, hipaspistas y algunas falanges. Detrás de la línea estaban los mercenarios griegos y balcánicos de Alejandro.
El enorme ejército de Darío estaba dispuesto con un gran contingente de caballería en el ala derecha cerca a la costa, mucha infantería en el centro y en el ala izquierda estaba su mejor infantería y algunos escuadrones de caballería. Él y su guardia Real se situaron detrás de la línea.

Darío ordena a la caballería del ala izquierda que flanqueen el ala derecha de Alejandro desde una posición elevada. Inmediatamente Alejandro envía un destacamento de su caballería a proteger ese flanco y ordena el avance de toda la línea. Cuando se encuentra a escasos metros del enemigo ordena a la infantería que ataque a la infantería persa. A su vez, el ala izquierda de Alejandro estaba siendo atacada por la caballería persa y se entablaba un durísimo combate. Su infantería logra una pequeña penetración en las filas persas, con lo que Alejandro ordena a su caballería real que explote esa brecha y se lance con todo en dirección al mismísimo Darío. El rey persa, ante la proximidad de Alejandro y sus tropas, decide dar media vuelta en su carro y huir. Sin mando, y ante la gran presión ejercida por el ejército de Alejandro la línea persa se derrumba del todo y se bate en retirada, sufriendo enormes bajas. Alejandro perdió apenas 150 jinetes y 300 infantes, mientras que los persas, según algunas versiones sufrieron 110.000 bajas. Quizás un dato exagerado, pero lo concluyente fue la desintegración del ejército imperial, que huyó a distintos lugares.
En su apuro por escapar, Darío se olvidó (o dejó) a su familia en el camino. Su madre la Reina Madre Sisigambis, mujer e hijos, más algunas damas de honor, creían que el gran rey de Persia había fallecido. Inmediatamente Alejandro manda a decirles lo contrario para calmar sus angustias. Cuando se encuentran, la madre de Darío confunde a Hefestión con Alejandro. Éste le perdona diciendo “Hefestión también es Alejandro”. Para su tranquilidad, Alejandro prometió respetar la familia de Darío tratándolos como miembros de su propia realeza.
Junto con la familia real de Darío se haya el tesoro que Darío llevaba consigo, y que quedó a cargo de Alejandro.
Después de la victoria, Alejandro tenía como opción perseguir a Darío con el fin de evitar que arme un nuevo ejército imperial o seguir tomando las ciudades costeras privando de bases de operaciones a la flota persa. Optó por esta última opción. En el camino al sur le llega una carta con una oferta por parte de Darío para formar una alianza, y preguntándole además si puede devolverle a su familia. Alejandro le responde que él podría seguir siendo rey de la vieja región de Persia y Media solamente si le reconoce como su soberano y ¡Señor de toda Asia!

Asedio de Tiro y la llegada a Egipto
Como dijimos, la estrategia de Alejandro ahora consiste en privar a la marina persa de sus puertos, es por esto que decide avanzar hacia el sur por la costa, las ciudades se someten a su voluntad a excepción de Tiro. La ciudad fortificada y fenicia de Tiro era una amenaza a sus líneas de comunicación y no podía dejarla pasar por alto. La ciudad estaba erigida sobre toda una isla, lo cual la convertía en un lugar  inexpugnable. Al principio Alejandro envió intermediarios para que negociaran la rendición de la ciudad. Sin embargo, y con poco sentido común, los tirios ejecutan a los emisarios, los cuelgan de las paredes y los tiran al mar ¡frente a los ojos mismos de los macedonios! Inmediatamente se procede a dar sitio a la ciudad, que comenzó en el año 332 y duro varios meses.
Al principio Alejandro mandó construir una calzada que uniera el continente con la isla. ¡Pequeña tarea de 800 metros! Mientras trabajaban los obreros, los tirios hostigaban a los constructores desde la ciudad y desde sus barcos. Para proteger a sus obreros Alejandro construye 2 torres de asedio de 45 metros de alto. Los tirios mandan una nave incendiaria que choca con las torres y éstas se prenden fuego. Pero Alejandro, irritado, no planea rendirse ante la feroz defensa de los tirios y manda construir más torres de asedio. Además juntó una flota con los barcos que tuviera a su alcance para protegerlos, y  probablemente contó con la ayuda local de los enemigos de Tiro. Alejandro cuenta ahora con una flota similar a la de Tiro, pero astutamente éstos se niegan a entrar en combate abierto y a su vez bloquean la bahía norte y sur evitando así que los barcos asistan a los constructores. Tiro se defendía con todo lo que tenía, incluso llegaron a tirar arena al rojo vivo hacia los invasores. Ésta se les colaba por entre las ropas y armaduras, causando un increíble dolor y desesperación en la víctima.
Cada idea de Alejandro de asalto o de debilitación de las defensas es repelida por los tirios hasta que después de un durísimo combate Alejandro logra que su infantería penetre en las defensas por la zona Sur, donde las murallas eran más débiles. La destrucción fue total. Los macedonios llenos de ira, ya que recordemos  que los tirios habían ejecutado a los prisioneros y los habían tirado al mar frente a sus propios ojos, fueron una fuerza devastadora. Murieron 8.000 ciudadanos, y todos los sobrevivientes (30.000 personas) de la ciudad fueron esclavizados. Alejandro, como en todas sus victorias, rindió honores a los dioses agradeciendo su fortuna.


Durante el sitio Darío envía a Alejandro otra embajada con otra propuesta. Le ofrece 10.000 talentos, los territorios de Asia Menor al oeste del Eufrates, la mano de su hija a cambio de su familia cautiva y una alianza. Parmenión le dice a Alejandro que en su situación aceptaría tan buena oferta. Alejandro le responde que si él fuera Parmenión probablemente aceptaría también, pero él es Alejandro, no Parmenión, así que no planea aceptar la propuesta.
Gaza es la segunda ciudad en ser asediada, y tras duros combates es finalmente tomada. Su ejército entra sin oposición en Egipto, donde es bien recibido por los sacerdotes. Allí le llegan las gratas noticias que su flota venció por fin al remanente de la flota persa.

La conquista de Egipto
En el año 332, Alejandro entró en Egipto, donde el macedonio Amintas acababa de cometer su desatino, país en el que el clero estaba siempre en rebelión contra sus opresores.
Acompañado de las fuerzas navales a las órdenes de Hefestion, Alejandro llegó en siete días de Caza a Pelusio, siguiendo a continuación hacia Mentís que tomó, entregando enseguida el mando a Hefestion, mientras Alejandro entraba en tratos con el clero egipcio, que le recibió como un libertador de la opresión persa, devolviéndoles sus antiguos privilegios, inmolando víctimas al buey Apis y a otras divinidades y ordenando la reconstrucción de los templos, siendo reconocido a principios de diciembre del año 332 como faraón.
En enero del 331 a. C. Alejandro fundó la ciudad de Alejandría en una zona costera muy fértil al oeste del delta del Nilo. Los motivos de la fundación eran tanto económicos (la apertura de una ruta comercial en el mar Egeo) como culturales (la creación de una ciudad al estilo griego en Egipto, cuya planificación se dejó en manos del arquitecto Dinócrates). La escritora inglesa Mary Renault, en su biografía de Alejandro, comenta:
De Menfis bajó por el río hasta la costa, donde tenía que tratar unos asuntos referentes a sus conquistas en Asia Menor. Navegó por el Delta y varó en las proximidades del lago Mareotis. Le pareció un sitio ideal para establecer una ciudad: buen fondeadero, buenas tierras, buen aire, buen acceso al Nilo. Estaba tan decidido a emprender las obras que deambuló por el emplazamiento, arrastrando tras de sí a arquitectos e ingenieros y señalando las situaciones de la plaza del mercado, de los templos de los dioses griegos y egipcios, de la vía real. Un hombre listo se percató de que Alejandro no tenía tiza para marcar y le ofreció harina, que el macedonio aceptó. Los pájaros se alimentaron de ella, por lo cual los adivinos previeron que la ciudad prosperaría y daría de comer a muchos forasteros, predicción que Alejandría sigue cumpliendo.
Posteriormente, tras un dificultoso viaje por el desierto, llegó al oasis de Siwa, donde el profeta del dios Amón le anunció que le saludaba tanto de parte del dios como de su padre. Alejandro preguntó si había quedado sin castigo alguno de los asesinos de su padre Filipo, y si se le concedería dominar a todos los hombres. Habiéndole dado el dios favorable respuesta y asegurándole que Filipo estaba vengado, Alejandro le hizo magníficas ofrendas, y entregó ricos presentes a los hombres allí destinados. También se dice que Alejandro, en una carta enviada a su madre, le comunicó haberle sido hechos ciertos vaticinios arcanos, que sólo a ella revelaría. Algunos han escrito que queriendo el profeta saludarle en idioma griego con cierto cariño le dijo "hijo mío", equivocándose en una letra; y que a Alejandro le agradó este error, por dar motivo a que pareciera le había llamado hijo de Zeus.
La cultura del antiguo Egipto impresionó a Alejandro desde los primeros días de su estancia en este país. Los egipcios nos han dejado testimonio, grabado en piedra, de estos hechos y apetencias. En Karnak existe un bajorrelieve donde se representa a Alejandro haciendo ofrendas al dios Amón en calidad de converso. En él, viste la indumentaria de faraón:

Nemes (el paño que cubre la cabeza y va por detrás de las orejas, clásico del antiguo Egipto), o la Corona Doble, roja y blanca.
Cola litúrgica de chacal, que con el tiempo se transformó en «cola de toro».
Ofrenda en cuatro vasos, como símbolo que indica «cantidad», «repetición», «abundancia» y «multiplicación».

La satrapía de Egipto
Alejandro reorganizó en Menfis la administración de la antigua satrapía persa, dejando el control de las finanzas y la recogida de impuestos a Cleomenes, un griego de Naucratis abandonando Egipto para enfrentarse a los ejércitos de Darío, por el itinerario de Tiro, donde en mayo del año 331 celebró las fiestas de Herakles-Melkart y Dionisos y procediendo a la reorganización financiera de Asia Menor. También, envió cien navíos chipriotas y fenicios para operar junto con las tropas navales macedonias en las cuestiones del Peloponeso, liberando, también, a los griegos que habían sido hechos prisioneros en la batalla del Gránico, en un intento evidente de acercarse a Grecia, que no terminaba de decidirse a ayudar plenamente a Alejandro.

Batalla de Gaugamela
En la primavera de 331 a. C., Alejandro dejó Egipto regresando a Tiro donde estaba su flota. De allí se dirigió a Antioquía, cruzando el valle del río Orontes, y llegó al Río Éufrates a la altura de Tapsaco, donde fundó la ciudad de Niceforio para que fuera una plaza fuerte y depósito de los suministros del ejército. Aquí supo que Darío se encontraba en Arbelas, por lo que cruzó el Tigris y se dirigió hacia el norte bordeando la ribera oriental del río.
Darío había reclutado un nuevo ejército tras su derrota en Issos. Desde Babilonia avanzó hacia el norte, pasó a la orilla izquierda del Tigris y continuó hacia Arbelas, donde estableció su aprovisionamiento y su harén. Luego dirigió el ejército a Gaugamela, lugar que tenía una amplia llanura que favorecería el movimiento de sus numerosas tropas montadas. Incluso procedió a nivelar el terreno y eliminar los obstáculos, convirtiendo Gaugamela en un inmenso campo de maniobras apto para que se desplazaran sus carros provistos con guadañas en las ruedas.

Despliegue inicial
Ejército persa
En la llanura en un frente de 5 a 6 km, Darío desplegó 35.000 jinetes, 40.000 infantes pesados, 200 carros falcados, 1.500 arqueros, 30.000 takabaras o peltastas, y entre 100.000 a 150.000 eran levas.
 Ala izquierda caballería al mando de Bessos: delante 1.000 arqueros bactriano y  3.000 arqueros escitas y 100 carros falcados bajo el mando de Mausaces. Detrás segunda línea 6.000 bactrianos mandados por Bessos, 3.000 escitas dahan; 2.000 arcosianos y 1.000 persas bajo el mando de Bersantes,  y otros.
En el centro en primera línea 1.000 albanios, 1.000 secesianos, 50 carros falcados, 1.000 jinetes reales, 15 elefantes y 1.000 jinetes hindúes,  detrás, 5.000 kardakes, 5.000 hoplitas griegos mandados por Foceo, Ciro en su carro con su escuadrón Real (1.000 jinetes) o rodeado por 10.000 inmortales, hoplitas griegos mandados por Glauko el etolio, 5.000 kardakes.
Ala derecha la caballería al mando de Marzeo: 2.000 armenios,  1.000 capadocios y 100 carros falcados mandados por Orontes. Detrás 1.000 sirios y 1.000 mesopotamios mandados por Marzeo; 2.000 medos y 1.000 cadusios  mandados Atropates;   2.000 partos y 1.000 hircanianos bajo el mando de Pratafernes; 1.000 albanios  y 1.000 secesianos y 1.000 areianos bajo el mando de Satibarzanes cerca del centro
 Segunda línea: Detrás desplegó las levas asiáticas reclutadas en todas las satrapías. La parte izquierda manda por Abulites lo componían aracolios, caducos, susianos, sitanaceos, daseos, indios, etc. La parte derecha mandada por Bupares lo componían mesopotamios, medos, sacios, babilonios, etc.

Batalla de Gaugámela 331 AC: despliegue inicial

Ejército macedonio
Alejandro desplegó igual que en las batallas anteriores, en su ala izquierda al mando de Parmenio: la caballería ligera y traciana (800) la caballería tesaliana (2.100), infantería ligera y arqueros (1.000),  3 taxis (6.000)  y detrás 4.000 mercenarios griegos en segunda línea, Alejando mandaba el ala derecha con 3 taxis (6.000)  3.000 hipaspistas, la caballería de los Compañeros (2.100) infantería ligera de montaña tribalos, tracios y agrianos, (1.000) y la caballería ligera y peonia (1.000), delante de esta línea los escaramuzadores,  detrás 4.000 hoplitas griegos. Total 7.000 jinetes, 22.000 infantería pesada y  18.000 infantería ligera.
La táctica de Darío era la de envolver al ejército macedonio por ambas alas y romper la formación de su centro con los carros falcados o carros escitas.

Batalla de Gaugamela 331 AC. Dario III en su carro en medio del despliegue persa. Film Alexandros

Primera fase
Alejandro inició la marcha en orden oblicuo desplazándose a la derecha  para evitar el terreno allanado con el fin de que los persas no pudiesen usar los carros falcados.
Batalla de Gaugámela 331 AC: Primera fase

Cuando avanzaban, Alejandro vio como toda la caballería del ala izquierda persa mandada por Bessos se lanzaba hacia ellos, Alejandro reaccionó con prontitud mandando a la caballería ligera que cargase contra las primeras tropas que iban a rodearlo, el contraataque macedonio fue rechazado por los escitas y bactrianos, pero Alejandro volvió a demostrar una gran rapidez de reflejos y de visión del combate, ordenando a los peonios e infantería ligera un ataque con el objeto de extender su ala derecha, tal y como había previsto que sucedería.
Bessos mandó hacía ese lugar fuerzas de refresco compuestas por el resto de los jinetes bactrianos y escitas, los cuales rompieron las filas de los compañeros, causando graves pérdidas, puesto que los caballos escitas estaban mejor protegidos por una armadura defensiva. A pesar de ello, la disciplina y el orden demostrado por los macedonios en su repliegue posibilitó que éstos se volviesen a reagrupar en perfectos escuadrones que acabaron por romper las líneas enemiga. 
Darío al ver el desarrollo mandó a los carros falcados inicial la carga. Precedidos de jinetes persas que arrastraban ramas para levantar polvo, la falange macedonia apenas tenía tiempo para maniobrar. Alejandro había adiestrado a sus tropas para que se abrieran. Según la Anábasis, los caballos se metían por los corredores creados entre la falange inofensivamente. Lamentablemente, el polvo impidió que todo el frente reaccionara igual. La mayoría de los carros pasaron por los pasillos que abrieron los piqueros, pero muchos otros se estrellaron contra las líneas y segaron cientos de vidas con sus guadañas. No obstante, los aurigas fueron rápidamente neutralizados, a tiempo para que la falange absorbiera el grueso del ataque de la infantería persa.
Batalla de Gaugamela 331 AC. Carga de los carros falcados contra la falange macedonia. Film Alexandros

Al mismo tiempo, la caballería persa del ala derecha persa mandada por Marceo, se estrelló contra el frente de Parmenio, y como eran muchos más, superó el frente y un gran número de jinetes rebasaron a los macedonios y avanzaron hacia el campamento macedonio  que se encontraba a unos 10 km del frente para  rescatar a la familia real y saquear el campamento.

Segunda fase
La caballería escita y bactriana de Bessos pone en un serio aprieto a la caballería de Alejandro,  entonces da la orden a los hoplitas griegos de cargar contra la caballería de Bessos,  parándoles y empeñándoles en un combate  casi parados.
Se produce un hueco en la falange griega y por él se cuelan los jinetes reales, hindúes, albánios y secesianos que van a saquear los bagajes avanzados macedonios, Parmenio manda a los hoplitas griegos para evitar el saqueo y bloquearles.
Batalla de Gaugamela 331 AC: Segunda fase

Tercera fase
Darío ordena a los griegos de Glauko en su izquierda y a los kardakes reforzar la caballería de Bessos,  Alejandro vio el hueco y mandó girar a la izquierda su caballería  y se lanzó directamente contra Darío por detrás de los Inmortales, al mismo tiempo avanzó directamente con los hipaspitas y la falange contra el centro. Esto fue demasiado para el Gran Rey, que de nuevo dio media vuelta al carro y huyó, dejando su ejército atrás.
Aquello no fue el fin de la resistencia persa. Bessos se enteró y dio orden de retroceder para cubrir la retirada del Rey. Alejandro no pudo perseguirlo porque Parmenio necesitaba ayuda urgente, dio media vuelta y tuvo que abrirse paso a través de persas en retirada, algunos en formación que iban a reforzar el ala izquierda, cuando Alejandro llegó, Permenio había contraatacado y toda la caballería de Marceo se puso en desbandada.

Batalla de Gaugámela 331 AC: Tercera Fase

Libre Parmenio, se reanudó la persecución que se prolongó hasta la noche, iniciando una marcha forzada sobre Arbelas, pero Darío logró escapar, unos 2.000 mercenarios griegos que también lograron escapar se reunieron con Darío y Bessos quien posteriormente le asesinaría. 
Los muertos se estiman en 40.000 muertos persas y 5.000 macedonios.

Conquista de Babilonia
Alejandro viajó hacia el sur, hacia Babilonia, donde fue bien recibido por una población heterogénea que detestaba a los persas. Aquí, Alejandro restauró los cultos caldeos y los sacerdotes y con el apoyo de la casta sacerdotal, impuso más fácilmente el dominio macedonio.
Viajó después Alejandro hacia Susa con todo su ejército, tomando en esta ciudad, que se sometió sin lucha, grandes tesoros en metales preciosos y artísticos, organizando además grandes juegos y diversiones, además de confirmar al sátrapa Abulites en sus funciones.
A finales de enero del año 330 reanudó la marcha, pasando por Elam hasta Persépolis. Estimulado por las quejas de los griegos allí prisioneros, ordenó el saqueo de la ciudad, que entregó al ejército, quemándose el palacio de Jerjes después de una fiesta vengando así a los griegos y demostrando Alejandro que no quería convertir la ciudad en su capital.

Persecución y Muerte del Rey Persa, Darío
Mientras tanto, Darío estaba en Ecbátana, capital de la Media, la moderna Hamadan, de la que huyó antes de llegar Alejandro, que dejó en la ciudadela de esta ciudad parte del tesoro traído de Persépolis y desmovilizó a los contingentes griegos, incluidos los tesalios, después de haberles entregado una buena recompensa, lanzándose a perseguir a Darío con la élite de sus tropas, pasó las Puertas Caspias, a ochenta y dos kilómetros de la actual Teherán y unos días después el primero de julio del año 330, descubrieron el cuerpo sin vida de Darío al oeste del Damghan, en Partia, asesinado por orden de los jefes de los turanios, Bessos, sátrapa de Bactriana, Satibarzanes y Barsaentes.
Bessos se proclamó jefe de la resistencia antimacedonia, apoyándose en la caballería bactriana, proclamándose a finales de agosto del año 330, sucesor legítimo de Darío, con el nombre de Artajerjes, y finalmente fue capturado por el destacamento de Ptolomeo, siendo enviado a Ecbátana para ser juzgado allí por un tribunal persa y ejecutado mientras que Alejandro fue nombrado rey.
Se erigió en sucesor de los Aqueménidas, adoptando la titulatura real persa, sus costumbres y la vestimenta oriental, lo que provocó la oposición de los macedonios, como ya había sucedido con ocasión de la conjura por la que hizo ejecutar a Filotas, hijo del general que mandaba las tropas de Media, Parmenio, al que también mandó asesinar después.
Prosiguió la campaña conquistando las satrapías orientales del Imperio persa: Drangiana, Aracosia y Sogdiana y en el año 327 se casó con Roxana, princesa sogdiana, impulsando los matrimonios mixtos y adaptando diversos ceremoniales persas que le acarrearon, como anteriormente, problemas y protestas de los macedonios, como la llamada Conjura de los pajes, en la que, entre otros, fue condenado a muerte Calistenes, filósofo griego de Olinto, sobrino y discípulo de Aristóteles, cronista oficial de Alejandro Magno, que cometió el error de burlarse del fasto oriental y las para él exageradas pretensiones
de Alejandro, al que resultaron odiosas su severidad y libre franqueza.
Esta muerte, más que ninguna otra, excitó contra Alejandro la malquerencia de los macedonios.
Tras muchas peripecias y conquistas, Alejandro había invadido la Sogdiana y la Bactriana, se había casado con la princesa Roxana, y llevaría a su ejército a atravesar el Hindu Kush y a dominar el valle del Indo, con la única resistencia del rey indio Poros en el río Hidaspes.
A sus 32 años, su Imperio se extendía hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste, donde fundó la ciudad de Alejandría (hoy Al-Iskandría).
Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro. De las 70 ciudades que fundó, 50 de ellas llevaban su nombre.
Con sus acciones militares extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del período helenístico y la posterior expansión romana. Además, también fue un gran amante de las artes. Alejandro era consciente del poder de propaganda que puede tener el arte y supo muy bien controlar la reproducción de su efigie, cuya realización sólo autorizó a tres artistas: un escultor, Lisipo, un orfebre y un pintor, Apeles. Los biógrafos de Alejandro cuentan que éste tenía en gran aprecio al pintor y que visitaba con frecuencia su taller y que incluso se sometía a sus exigencias.

Invasión de India
Tras la muerte de Espitámenes y su boda con Roxana (Roshanak en bactriano) para consolidar sus relaciones con las nuevas satrapías de Asia Central, en el 326 a. C. Alejandro puso toda su atención en el subcontinente indio e invitó a todos los jefes tribales de la anterior satrapía de Gandhara, al norte de lo que ahora es Pakistán para que vinieran a él y se sometieran a su autoridad. Āmbhi, rey de Taxila, cuyo reino se extendía desde el Indo hasta el Hidaspes, aceptó someterse pero los rajás de algunos clanes de las montañas, incluyendo los aspasioi y los assakenoi de la tribu de los kambojas, conocidos en los textos indios como ashvayanas y ashvakayanas (nombres que se refieren a la naturaleza ecuestre de su sociedad, de la raíz sánscrita ashva, que significa ‘caballo’), se negaron a ello.

Alejandro tomó personalmente el mando de los portadores de escudo, los compañeros de a pie, los arqueros, los agrianos y los lanzadores de jabalina a caballo y los condujo a luchar contra la tribu de los kamboja de la que un historiador moderno escribe que «eran gentes valientes y le fue difícil a Alejandro aguantar sus acometidas, especialmente en Masaga y Aornos».
Alejandro se enzarzó en una feroz contienda contra los aspasioi en la que le hirieron en el hombro con un dardo, pero en la que los aspasioi perdieron la batalla y 40 000 de sus hombres cayeron prisioneros. Los assakenoi fueron al encuentro de Alejandro con un ejército de 30 000 soldados de caballería, 38 000 de infantería y 30 elefantes, lucharon valientemente y opusieron una tenaz resistencia al invasor en las batallas de las ciudades de Ora, Bazira y Masaga, ciudad esta última cuyo fuerte fue reducido sólo tras varios días de una sangrienta lucha en la que hirieron a Alejandro de gravedad en el tobillo.
Cuando el rajá de Masaga murió durante la batalla, el comandante supremo del ejército acudió a la vieja madre de éste, Cleofis, la cual también parecía dispuesta a defender su tierra hasta el final y asumió el control total del ejército, lo que empujó también a otras mujeres del lugar a luchar por lo que Alejandro sólo pudo controlar Masaga recurriendo a estratagemas políticas y actos de traición. Según Quinto Curcio Rufo, «Alejandro no sólo mató a toda la población de Masaga, sino que redujo sus edificios a escombros». Una matanza similar ocurrió en Ora, otro bastión de los assakenoi.
Mientras todas estas matanzas ocurrían en Masaga y Ora, varios assakenoi huyeron a una alta fortaleza llamada Aornos donde Alejandro los siguió de cerca y capturó la roca tras cuatro días de sangrienta lucha. La historia de Masaga se repitió en Aornos, y la tribu de los assakenoi fue masacrada.
Campañas de Alejandro Magno en Asia y en la India

En sus escritos acerca de la campaña de Alejandro contra los assakenoi, Victor Hanson comenta: «Después de prometer a los assakenoi, quienes estaban rodeados, que salvarían sus vidas si capitulaban, ejecutó a todos los soldados que aceptaron rendirse. Las contiendas de Ora y Aornos se saldaron de forma similar. Probablemente todas sus guarniciones fueron aniquiladas.»

Batalla del Hidaspes del 326 a. C.
Al llegar al valle del Indo se reunió con el grueso de su ejército que había seguido un camino más directo. Formó una alianza con Taxiles, el rey de la región, y construyó unos pontones para cruzar el río Indo con 75.000 hombres. Taxiles le pidió ayuda contra su rival el rey Poros, y le proporcionó 5.000 hombres. Alejandro avanzó contra Poros hacia su próximo obstáculo, el río Hidaspes (hoy Jhelum en la región del Punjab), con unos efectivos entre 31.000 y 34.000 infantes y unos 7.300 jinetes, de los cuales 1.000 eran arqueros escitas.
Poros contaba de 20.000 a 50.000 infantes, 4.000 jinetes, 300 carros y entre 80 y 100 elefantes. Los infantes hindúes o kshartya, eran soldados profesionales, al igual que los macedonios. Se dividían en dos tipos: los arqueros, con largos arcos de bambú de 1,8 m. que disparaban flechas de punta de hierro y que podían atravesar corazas, aunque debido a la lluvia perdieron su eficacia y los lanceros, provistos de lanzas o jabalinas y con escudos de piel sobre un tejido de mimbre. Todos, salvo los más pudientes, iban sin armadura, con la vestimenta acostumbrada era una larga falda, y armados con espadas de hoja de hierro.
Los elefantes que eran grandes machos, castrados, de 3,5 m de hombros y un peso de hasta 5 toneladas. Cada uno llevaba una coraza de piel de buey o búfalo, y del arnés colgaban campanas para amplificar el ruido del elefante al moverse. Lo montaban un cornaca y hasta cuatro guerreros, provistos de arcos o jabalinas, a horcajadas sobre el lomo del animal. Pero el arma principal del elefante era pisotear al enemigo, derribarlos con la trompa y ensartarlo con los colmillos, que podían ir cubiertos con afiladas vainas de hierro.
Los jinetes hindúes utilizaban un rudimentario estribo que proporcionaba sujeción al dedo gordo del pie del jinete, lo que les daba mayor estabilidad.
Batalla de Hidaspes 326 AC: Movimientos previos a la batalla

Poros se enteró y envió a su propio hijo a atacar con 2.000 jinetes y 120 carros, pero Alejandro envió varias cargas de caballería haciendo retroceder a los hindúes, matando al hijo y capturando varios carros.
Poros entonces decidió emplear toda su fuerza, eligió un terreno no demasiado fangoso, formando una línea de unos 3 km de longitud, colocando en cada ala 2.000 jinetes y 150 carros; en el centro los 30.000 infantes en su mayoría ligeros y delante de éstos 200 elefantes, un elefante cada 100 metros. Alejandro contaba con una fuerza de 6.000 infantes y 5.000 jinetes, escondió unos 1.000 jinetes al mando de Coenios detrás de la falange, en su  ala derecha situó 4.000 jinetes y los hipaspistas y a continuación 4 taxis. Había dejado en el campamento al mando  Cratero 2 taxis, la caballería tesaliana y los aliados hindúes.

Primera fase
Alejandro mandó a los 1.000 arqueros montados escitas al mando de Taurón contra el ala izquierda de Poros para eliminar los carros hindúes y desorganizar la caballería adversaria. Poros manda a su caballería del ala derecha trasladarse a su ala izquierda.
Batalla de Hidaspes 326 AC: despliegue inicial y primera fase

Segunda fase
Alejandro al frente de la caballería de los Compañeros  intentó envolver a la caballería de Poros con el fin de alejarla de su infantería, Poros avanzó para cortarle el paso, pero sus carros se atascaron en el barro. La infantería macedonia avanzó en orden oblicuo contra la infantería hindú. Coenios con sus 1.000 jinetes envuelve al despliegue hindú, atacando la caballería de Poros por retaguardia.
Batalla de Hidaspes 326: lucha entre los elefantes y carros de guerra hindues contra los  macedonios. Autor Angus McBride

Tercera fase
Cuando los elefantes de Poros atacaron fueron frenados por el bloque compacto que ofrecía la falange: una auténtica muralla de bronce erizada de hierro que detuvo en seco a los elefantes. Los elefantes cargaron enloquecidos contra los falangistas.
Batalla de Hidaspes 326 AC contra los elefantes hindúes. Alejandro haciendo frente a la carga de los elefantes. Autor Sergio Budicin.
Muchos macedonios murieron aplastados bajo los paquidermos, pero también acertaron a abrir pasillos para que los elefantes pasaran, y luego la caballería ligera y los hostigadores los rodearon, asaeteando a los conductores, otros perdieron el control, y salieron en estampida, causando daño tanto a macedonios como indios. Por fin, Alejandro y la caballería macedonia derrotaron a la caballería hindú, y cargaron contra los flancos y retaguardia del centro hindú, decidiendo la batalla.
Con casi ocho horas de duración, fue una batalla muy larga para los estándares de la antigüedad, y sin duda resultó tremendamente sangrienta.
Las bajas de Alejandro fueron de 4.000 infantes y 280 jinetes muertos, 8.000 heridos. Las bajas de Poros: 12.000 infantes, 400 jinetes, 9.000 hombres capturados y 80 elefantes capturados.

Dos tercios del ejército de Poros fueron eliminados o capturados. Poros le pidió a Alejandro que lo trate como a un Rey. Con admiración, Alejandro permitió que Poros mantuviese su reino y logró que hiciese las paces con Taxiles.
Cuadro de Charles Le Brun que muestra a Alejandro y Poros durante la batalla del Hidaspes.

Tras la batalla, Alejandro quedó tan impresionado por la valentía de Poros que hizo una alianza con él y le nombró sátrapa de su propio reino al que añadió incluso algunas tierras que éste no poseía antes. Alejandro llamó Bucéfala a una de las dos ciudades que había fundado, en honor al caballo que le había traído a la India, y que habría muerto durante la contienda del Hidaspes. Alejandro siguió conquistando todos los afluentes del río Indo.
Al este del reino de Poros, cerca del río Ganges, estaba el poderoso Imperio de Magadha gobernado por la dinastía Nanda. Temiendo la perspectiva de tener que enfrentarse con otro gran ejército indio y cansado por una larga campaña, el ejército macedonio se amotinó en el río Hífasis (actual río Beas), negándose a seguir hacia el Este:
El combate de Poro desmoralizó mucho a los Macedonios, apartándolos de querer internarse más en la India: Pues no bien habían rechazado a éste, que les había hecho frente con 20 000 infantes y 2000 caballos, cuando ya se hacía de nuevo resistencia a Alejandro, que se disponía a forzar el paso del río Ganges, cuya anchura sabían era de 32 estadios, y su profundidad de 100 brazas, y, que la orilla opuesta estaba cubierta con gran número de hombres armados, de caballos y elefantes; porque se decía que le estaban esperando los reyes de los gandaritas y los preslos, con 80 000 caballos, 200 000 infantes, 8000 carros y 6000 elefantes de guerra.[
Siguiendo con su costumbre, mientras descansaba su ejército fundó nuevas ciudades. Una de ellas se llamaría Alejandría Bucéfala, en honor a su caballo, que murió por causas naturales y no en la batalla, y otra llamada Alejandría de Nicea.
Alejandro mandó construir una flota para navegar por el río Hidaspes, luego confluirá con el Indo y de allí hacia el océano. Mientras construían la flota continuó su avance en dirección Este por la región del Punjab, hacia el fin de la India. Sin embargo, no se encontró con esto. Más bien siguió conquistando tribu tras tribu y experimentando la dureza del clima de la región. Las lluvias del Monzón y la hostilidad de la fauna, especialmente las serpientes venenosas, causaron grandes malestares. En su avance cruzó con gran dificultad el gran río Acesines (hoy Chenab) y el Hidraotes (hoy Ravi). Sin embargo, en el avance se topó con una dura resistencia de los cateanos, que logró vencer luego de un gran asedio a la ciudad de Sangala (hoy Sialkot), que fue tomada por asalto, liquidó 17.000 soldados enemigos y logró capturar otros 70.000. Llegó al río Hífasis (hoy Beas) creyendo que ya estaba cerca del fin de Asia. Pero los guías locales le informaron de que luego vendría el valle del Ganges, y que después la tierra continuaba.
Su ejército estaba exhausto y empezaba a desesperarse. Estaban en época de Monzones y durante 60 días seguidos llovió continuamente. Sus soldados le pidieron regresar. Fundó la ciudad de Alejandría del Hífasis y decidió regresar.
Alejandro, tras reunirse con su oficial Coeno, se convenció de que era mejor regresar. Alejandro no tuvo más remedio que dirigirse al sur. Por el camino su ejército se topó con los malios. Los malios eran las tribus más aguerridas del sur de Asia por aquellos tiempos. El ejército de Alejandro desafió a los malios, y la batalla los condujo hasta la ciudadela malia. Durante el asalto, el propio Alejandro fue herido gravemente por una flecha malia en el pulmón. Sus soldados, creyendo que el rey estaba muerto, tomaron la ciudadela y descargaron su furia contra los malios que se habían refugiado en ella, llevando a cabo una masacre, y no perdonaron la vida a ningún hombre, mujer o niño. A pesar de ello y gracias al esfuerzo de su cirujano, Critodemo de Cos, Alejandro sobrevivió a esa herida. Después de esto, los malios supervivientes se rindieron ante las fuerzas macedónicas, y éstas pudieron continuar su marcha. Alejandro envió a la mayor parte de sus efectivos a Carmania (al sur del actual Irán) bajo el mando del general Crátero, y ordenó montar una flota para explorar el golfo Pérsico bajo el mando de su almirante Nearco, mientras que él conduciría al resto del ejército de vuelta a Persia por la ruta del sur a través del desierto de Gedrosia (ahora parte del sur de Irán y de Makrán, en Pakistán).
Alejandro dejó refuerzos en la India. Nombró a su oficial Peitón sátrapa del territorio del Indo, cargo que éste ocuparía durante los siguientes 10 años hasta el 316 AC, y en Panjab dejó a cargo del ejército a Eudemos, junto con Poros y Ambhi. Eudemos se convirtió en gobernador de una parte de Panjab después de que éstos murieran. Él y Peitón regresaron a Occidente en el 316 AC con sus ejércitos para tomar parte en las guerras de los Diadocos. En el 321 AC, Chandragupta Mauria fundó el Imperio Mauria en la India y expulsó a los sátrapas griegos.

El regreso
En noviembre del año 326 parte, para enfrentar la amenaza de las tribus del sur del Punjab el grupo se dividió en tres grupos. Alejandro navegaría con un grupo por el río Hidaspes, Hefestión con otro sobre la ribera izquierda y Crátero sobre la ribera derecha, más adelantado. Se habían establecido puntos de encuentro a intervalos regulares.
Las primeras tribus con la que se encontraron se rindieron fácilmente, pero le llegan a sus oídos noticias de que otras planeaban juntarse y enfrentarlo, especialmente los malios y oxidracas. Los malios eran las tribus más aguerridas del sur de Asia por aquellos tiempos.
Alejandro decidió atacar las tribus y vencerlas por separado antes de que se juntaran. Su victoria fue aplastante, aunque las tribus de los malios luchaban hasta la muerte. Sin embargo un ejército de 50.000 malios logró escabullirse y se atrincheraron en la ciudad de Multa. El propio Alejandro, al ver que las tropas no podían subir las murallas, encabezó el ataque subiendo él mismo el primero los muros fortificados por las escaleras, exponiéndose al límite. Iba acompañado por unos guardias, y fue herido por una flecha en el pulmón. Sus soldados, creyendo que el rey estaba muerto, tomaron la ciudadela y descargaron su furia contra los malios que se habían refugiado en ella, llevando a cabo una masacre, y no perdonaron la vida a ningún hombre, mujer o niño. A pesar de ello y gracias al esfuerzo de su cirujano, Critodemo de Cos, Alejandro sobrevivió a esa herida.
Después de esto, los malios supervivientes se rindieron ante las fuerzas macedónicas, y éstas pudieron continuar su marcha.
Alejandro llegó a la confluencia del río Indo, donde fundó Alejandría del Indo y envió a la mayor parte de sus efectivos a Carmania (al sur del actual Irán) bajo el mando del general Crátero a través de Alejandria Aracosia (Kandahar).
En el 325 el ejército llega a la ciudad de Patala en el delta del Indo, donde construyó un puerto y mandó montar una flota para explorar el golfo Pérsico bajo el mando de su almirante Nearco, mientras que él conduciría al resto del ejército de vuelta a Persia por la ruta del sur a través del desierto de Gedrosia (ahora parte del sur de Irán y de Makrán, en Pakistán), fue un terrible error que le costó miles de soldados debido al calor y la sed. La travesía por el desierto duró sesenta días, llegando finalmente a Alejandro llegó finalmente a Persépolis 7 años después de haberla dejado.
Tras enterarse de que muchos de sus sátrapas y delegados militares habían abusado de sus poderes en su ausencia, Alejandro ejecutó a varios de ellos como ejemplo mientras se dirigía a Susa. Como gesto de agradecimiento, Alejandro pagó las deudas de sus soldados, y anunció que enviaría a los veteranos mayores a Macedonia bajo el mando de Crátero, pero sus tropas malinterpretaron sus intenciones y se amotinaron en la ciudad de Opis, negándose a partir y criticando con amargura su adopción de las costumbres y forma de vestir de los persas, así como la introducción de oficiales y soldados persas en las unidades macedonias. Alejandro ejecutó a los cabecillas del motín, pero perdonó a las tropas. En un intento de crear una atmósfera de armonía entre sus súbditos persas y macedonios, casó en una ceremonia masiva a sus oficiales más importantes con persas y otras nobles de Susa, pero pocas de esas parejas duraron más de un año. Mientras tanto, en su regreso, Alejandro descubrió que algunos hombres habían saqueado la tumba de Ciro II el Grande, y los ejecutó sin dilación, ya que se trataba de los hombres que debían vigilar la tumba que Alejandro honraba.

Alejandro Magno cruzando el desierto de Gedrosia. Se le ve rechazando un casco lleno de agua en medio del desierto, para que sus tropas viesen que él sufría las mismas privaciones. Autor Tom Lovell.

En su intento de mezclar la cultura persa y la griega entrenó a un regimiento de muchachos persas para combatir a la manera macedonia. La mayoría de los historiadores creen que Alejandro adoptó el título real persa de Shahanshah (Rey de Reyes).
Tras viajar a Ecbatana para recuperar lo que quedaba del tesoro persa, su amigo más íntimo, Hefestión, murió a causa de una enfermedad o envenenado, lo que afectó mucho a Alejandro.
El 13 de junio del 323 a. C. (10, según algunos autores), Alejandro murió en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años de edad. Existen varias teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último, copero de Alejandro) u otros sospechosos; enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C. Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno.
La teoría del envenenamiento deriva de la historia que sostenían en la antigüedad Justino y Curcio. Según ellos, Casandro, hijo de Antípatro, regente de Grecia, transportó el veneno a Babilonia con una mula, y el copero real de Alejandro, Yolas, hermano de Casandro y amante de Medio de Larisa, se lo administró. Muchos tenían razones de peso para deshacerse de Alejandro. Las sustancias mortales que podrían haber matado a Alejandro en una o más dosis incluyen el heléboro y la estricnina. Según el historiador Robin Lane Fox, el argumento más fuerte contra la teoría del envenenamiento es el hecho de que pasaron 12 días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte y en el mundo antiguo no había, con casi toda probabilidad, venenos que tuvieran efectos de tan larga duración.

Sucesión de Alejandro Magno[
Alejandro no tenía ningún heredero legítimo. Su medio hermano Filipo Arrideo era deficiente, su hijo Alejandro nacería tras su muerte, y su otro hijo Heracles, cuya paternidad está cuestionada, era de una concubina. Debido a ello la cuestión sucesoria era de vital importancia.
En su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a quién legaría su reino. Se debate mucho lo que Alejandro respondió: algunos creen que dijo Krat'eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater'oi (‘a Crátero’). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada. La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente habría elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército, la infantería, porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero Crátero no estaba presente, y los otros pudieron haber elegido oír Krat'eroi, ‘el más fuerte’. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo. Entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).
Alejandro habría tenido, no uno sino dos hijos de Roxana. Se dice del primero que habría muerto a corta edad. Sin embargo, algunas tradiciones orales pónticas hacen referencia a la escenificación de la muerte de este último, que habría tenido descendencia. El segundo, que nació poco después de la muerte de Alejandro, es Alejandro Aego, conocido bajo el nombre de Alejandro IV de Macedonia, fue asesinado por orden de Casandro en el 310 a. C.
Alejandro tuvo un hijo ilegítimo, Heracles, nacido de Barsine, una princesa persa. A la muerte de Alejandro, Nearco habría intentado en vano colocar a Heracles sobre el trono. Murió con su madre en 309 a. C. por orden de Poliperconte, que pretendía con esta ejecución congraciarse con Casandro.
La muerte de Alejandro, aún sin descendencia, sumió al ejército macedonio en graves disturbios. El Consejo de Somatophylakes (‘guardaespaldas’) y Philoi (‘amigos [del rey]’) decide en efecto reservar los derechos del niño por nacer de Roxana, el futuro Alejandro IV, y tomar juramento a los profesores provisionales, Pérdicas y Leonato. Los soldados de infantería de la falange se habrían puesto entonces de parte del hermanastro de Alejandro, Arrideo, hijo de Filipo II y de la tesalia Filina, después de que el Consejo eligiese, sin consultarlos, al niño nonato de Roxana.
Se produjo pues una rápida escisión entre los falangistas y los Hetairoi, fieles a las decisiones del Consejo. Pérdicas y Leonato envían entonces ante los soldados de infantería a una delegación encabezada por Meleagro, jefe de un batallón (taxis) de la falange, pero éste se pone de parte de la infantería y la empuja a entrar en conflicto con Pérdicas. Los Hetairoi y los Philoi dejan entonces Babilonia e inician el bloqueo. Eumenes de Cardia, que permanece dentro de la ciudad, logra una reconciliación alegando la neutralidad inherente a su estatus de no macedonio. El acuerdo, por otra parte mal conocido, le reconoce como rey de Macedonia y Asia, tomando desde entonces el nombre de Filipo III.
Se preservan los derechos del hijo póstumo de Alejandro, que a su nacimiento se declara rey bajo el nombre de Alejandro IV.
Ningún de los dos reyes son capaces de asumir las obligaciones del trono, por lo que el Consejo de Babilonia organiza una distribución de los puestos. Pérdicas pasa a ser quiliarca y épimélète (‘gobernador’ o ‘protector’) del reino. Crátero es designado prostatès (‘tutor’) de Filipo III, epiléptico y considerado retrasado mental. En cuanto a Antípatro, es confirmado en sus funciones de regente de Macedonia con el título de «estratega de Europa», incluso aunque Alejandro previó sustituirlo por Crátero. Se coloca al hijo Casandro, llegado a Babilonia poco antes de la muerte del rey, a la cabeza del batallón de élite de los hipaspistas. Por su parte Seleuco recibe el título de hiparco, comandante de caballería de los Hetairoi (cargo prestigioso que ejercieron antes que él Hefestión y Pérdicas).
La elección de Pérdicas como quiliarca es apenas sorprendente, pues ya ejercía este cargo para Alejandro, aunque sin el título, y es a él a quien el rey en su agonía había confiado el anillo real, cuyo sello autentificaba los actos de soberanía. Pérdicas se convierte esta vez oficialmente en quiliarca pero la tutela de los reyes, que se confía a Crátero, se le escapa. Con el fin de exhibir su nueva autoridad, Pérdicas hace ejecutar rápidamente a Meleagro junto a una treintena de insurrectos de la falange.

Organización del Imperio de Alejandro Magno
La organización del Imperio de Alejandro Magno fue delegada a distintas personas ya que era muy extenso y de manera indirecta gobernada cada territorio conquistado.
El inmenso Imperio de Alejandro estaba basado en el plano ideológico en la idea del héroe.
La monarquía de Alejandro tenía un carácter múltiple, pues éste era, a la vez, Rey de Macedonia, Hegemón de la Liga de Corinto. Conquistador de Asia: Rey de Reyes del Imperio Persa además de libertador de Egipto del yugo persa y Faraón.
Alejandro mantuvo en su provecho los principios de las monarquías orientales, aceptando con total naturalidad las características divinas como propias, criterio que difería del de los griegos y, desde luego, de los campesinos macedonios que le acompañaban, Y murió sin haber podido imponerles aquella concepción divina de la monarquía.

Administración del Imperio
La unión entre Macedonia, Grecia y Asia, tres mundos diferentes que formaban el Imperio de Alejandro, se mantenía solamente por el poder del rey. Pero los contrastes que separaban aquellas tres partes del mundo, tan diferentes y lejanas entre sí, se encuentran también en la persona del soberano que las gobernaba, que debía conciliarlas y encontrar un principio que uniese la tradición macedonia, la hegemonía que ejercía sobre Grecia y el derecho divino que le constituía en señor y dueño de Oriente.
Este principio pudo ser la propia personalidad del rey Alejandro, su prestigio personal, que no sólo fue humano sino también divino, por lo que se convirtió en un rey-dios a la manera oriental, adoptando las diversas teorías del derecho divino de los reyes egipcios, babilonios y persas, aunque esto pareció inconcebible a griegos y macedonios y sólo en su último año de vida, Alejandro manifestó su deseo de que los griegos le rindiesen honores divinos.
Convertido, en un rey a la manera oriental, trató de introducir en su Corte el ceremonial utilizado en la Corte del Gran Rey persa, aunque según sus biógrafos, nunca lo llevó hasta sus últimas consecuencias
La proskynesis o genuflexiónli; no pudo imponérsela ni a los griegos ni a los macedonios.

La corte
Alejandro tomó de los persas algunas dignidades y títulos. Tuvo, como el Gran Rey, parientes cercanos a su persona, cargos que veremos se conservan en las monarquías helenísticas. Después del motín de Opis, designó con este título a todos los macedonios. Se atribuyó el título de benefactor a las personas que habían hecho grandes servicios al Estado. Y algunos oficios que aparecen distribuidos entre sus generales (copera, panadero, chambelán) parecen ser de origen persa. La institución de los Pajes del Rey era plenamente macedónica.
El gobierno central
Este complejo Imperio se regía por unos principios centralizados en la persona del propio Alejandro, ayudado por sus colaboradores más directos de la siguiente forma:
Todos los asuntos importantes eran decididos por Alejandro y su Consejo de los Diez Guardias de Corps, que no eran solamente una especie de Estado Mayor sino una especie de Consejo de Ministros. Más tarde, se separaron las funciones civiles y las militares, y se constituyeron, junto a los somatophilakos (jefes de servicios inspectores y enviados extraordinarios), verdaderos departamentos ministeriales, aunque alrededor de Alejandro todo conservaba un carácter plenamente militar. Aparte existían también funcionarios puramente civiles.
El protosecretario del rey o archigrammateus. Eumenes de Cardia cuyo padre había servido también a las órdenes de Filipo II. A él debemos el diario oficial publicado con el título de Efemérides Reales. Entre sus funciones están, además de llevar el diario de la Corte, el llevar toda la correspondencia del monarca, por lo que estaba al frente de la Cancillería Real, dirigiendo también el Servicio de información y la diplomacia. Era también Jefe Supremo de Justicia.
El Guardián del Tesoro, cargo confiado por Alejandro a su amigo Harpalo, príncipe de Helimiotis, inútil para el servicio de las armas por sus enfermedades. Fue un verdadero Ministro de Hacienda desde el año 336, hasta que en el año 325 huyó de Babilonia a Grecia. Traicionando la confianza de su jefe. El Tesoro Real tuvo tres sedes. En primer lugar estuvo en Susa, luego pasó a Ecbatana y más tarde terminó en Babilonia.
El Jefe de los Quiliarcas, cargo tomado de Persia en los últimos años del reinado de Alejandro. En este país era el oficial que mandaba la guardia personal del rey persa, compuesta de mil soldados escogidos, los Inmortales.

El ejército
A principios del año 334. Alejandro partió de la ciudad macedonia de Anfípolis, en la desembocadura del río Estrimón con un ejército de 30.000 hombres de infantería y unos 4.500 jinetes, quedando en Europa, a las órdenes de Antípatro, a quien nombró gobernador de Grecia, un total de 12.000 infantes y 1.500 jinetes. Embarcaron unas tres semanas después en el puerto de Sestos y pasaron los Dardanelos en 160 trirremes y casi 400 barcos de carga.
Cuando se unieron con la retaguardia, enviada casi dos años antes por Filipo II, se reunieron unos 43.000 soldados de infantería y 6.100 caballeros más unos 800 exploradores a caballo. En total, unos 50.000 combatientes, de los que la mayor parte eran macedonios. Los pezetairoi o falangistas formaban la infantería de línea. Cubiertos, igual que los hoplitas, de una fuerte armadura defensiva compuesta de casco, grebas, escudo pequeño y posiblemente también, coraza guarnecida de metal, tenían por arma ofensiva una espada, pero sobre todo la sarissa, larga y sólida pica con la cual formaban los conjuntos unidos una erizada línea de batalla. En época de Alejandro, dichas picas variaban su longitud dependiendo de la fila que ocupaba el soldado que las llevaba, pues se quería que todas o casi todas las puntas sobrepasaran la línea del frente. La más larga, que se sostenía con dos manos, debió tener una longitud de unos cinco metros y medio hasta siete.
El ejército de Alejandro era especialmente eficaz gracias a la equilibrada combinación de sus distintas armas. Una gran parte de la responsabilidad quedaba en manos de los arqueros cretenses, los macedonios provistos de armamento ligero y los tracios y agríanos equipados con jabalinas. Pero la fuerza de choque era la caballería y en el caso de que la carga de ésta dejara indecisa la batalla, de la falange de infantería o pezetairoi, los 3.000 hypaspistai provistos de grandes escudos y de los batallones reales. Este ejército marchaba también acompañado de un gran número de topógrafos, ingenieros, arquitectos, científicos que le proporcionaban numerosas y potentes máquinas de guerra, más funcionarios de la corte e historiadores y cronistas oficiales, además de quienes les procuraban acomodo, comida, servicio y diversión.
El primer acto del joven rey, antes de desembarcar en Koum Kale, en Asia Menor, cerca del cabo Sigeion, no lejos de Troya, fue lanzar su lanza, clavarla en el suelo y saltando a tierra declaró a Asia conquistada por la lanza.

Estructura de la caballería macedonia
Entre los numerosos efectivos del ejército de Alejandro destacó la caballería.
La caballería macedonia se componía de diversos elementos:
a) De 8 escuadrones de Compañeros del rey, hetairoi, antigua guardia noble del jefe de guerra. Cada escuadrón tenía 225 caballos. Durante el reinado de Filipo, la caballería era la fuerza de elite de Macedonia, cuyos caballos macedónicos y tesalios eran seleccionados y adiestrados con gran cuidado.
Bucéfalo el caballo de Alejandro Magno, era tesalio.
El primero de los ocho escuadrones, el más noble, mandado por Klito el Negro, servía de guardia personal al Soberano y era el que atacaba en primer lugar, llevando el nombre de agema, jefe de filas.
b) La caballería ligera estaba compuesta por 5 escuadrones de lanceros, de los cuales 4 eran macedonios y tracios y el quinto de la tribu de los Peonios.
c) Entre los años 330-328 se crearon cuerpos de arqueros montados y de lanceros con jabalinas a caballo, imitación de los orientales. La función de esta caballería era atacar los flancos del adversario y dispersarlo.

La falange macedonia
Esta unidad se distinguía, sobre todo, por su espíritu de cuerpo. Estaba formada por 6 escuadrones y constituía una milicia nacional con un gran espíritu de devoción por la persona del rey.
Sin coraza ni gran escudo, su única arma era la sarissa, larga lanza de cerca de 7 metros según Polibio. Se formaba la falange de 150 hombres en 8 filas de profundidad, siendo la lanza de los que iban en primera fila un poco más corta. Les dirigían el lokhagos y los jefes de filas. Ésta es, más o menos, la formación de la falange clásica, que a lo largo de las campañas de Alejandro, como después de la campaña de la India, sufrió algunas modificaciones.
Falange Macedonia

Cuerpos auxiliares y mercenarios
Los aliados y mercenarios del ejército de Alejandro eran, al principio, unos 12.000, constituidos por hoplitas de pesados escudos, y los peltastas con escudos pequeños. Había también tres batallones, cada uno de 1.000 hombres, llamados Guardias de corps o hypaspistes, reclutados personalmente por el rey entre los hombres libres de Macedonia.
Tras la batalla de Issos, por su magnífico comportamiento, Alejandro hizo cubrir de oro sus escudos, por lo que se les llamó los Argyraspides Eran la guardia de a pie del rey, como la Agema lo era a caballo. Se menciona también en las fuentes a los arqueros cretenses, que luchaban a pie, pero desde que el rey tuvo contacto con los arqueros montados de Sogdiana y Partia, se creó también un cuerpo de arqueros a caballo en el ejército macedonio, donde los honderos estaban también presentes. Los mejores venían de Rodas.
Entre los cuerpos auxiliares de este ejército bien organizado no hay que olvidar la existencia de contingentes especiales dedicados a las máquinas de guerra, a su transporte y conservación, así como un verdadero equipo de inventores, ingenieros y mecánicos, una de las grandes innovaciones del ejército macedónico.
A todos éstos hay que añadir, los cuerpos auxiliares de artesanos, cerrajeros, carpinteros, herreros y la intendencia, el transporte y el correo, etc. Sus familias, artistas e intelectuales, como Calistenes de Olinto, Anaxarco de Abdera, Onesícrito de Astifalea, y una serie de zoólogos, botánicos, geólogos y médicos como Filipo de Acarnania, que estudiaban las diferentes especies de minerales y vegetales que se iban descubriendo, que enviaban a la escuela de Aristóteles.

Los grandes generales de Alejandro
Tras la muerte de Alejandro, pasan a ocupar un primer plano en la Historia, señalaremos sobre todo a tres: Parmenión. Crátero y Hefastión.
Parmenión
Hijo de Filotas, pertenecía a la antigua nobleza macedonia y fue elevándose paulatinamente en los diferentes grados de la jerarquía militar del ejército macedonio.
Era algo mayor que Filipo, del que fue compañero. Amigo y consejero en Iliria, Tracia y la península Calcídica, ayudando al rey a organizar su infantería.
Hacia el año 340, una de las hijas de Parmenión se casó con Atalo, tío de Cleopatra, segunda esposa de Filipo desde el año 337, con lo que creció el odio de la reina repudiada. Olimpia, contra Parmenión y sus tres hijos: Filotas, Nicanor y Héctor.
Escapando de la venganza de Olimpia, tras el asesinato de Filipo, Parmenión organizó en pocos meses la concentración de fuerzas navales y terrestres de Macedonia y la Liga de Corinto en Anfípolis y mandó el ala izquierda de la caballería tesalía en la batalla del río Gránico.
Participó en los asedios de Mileto y Halicarnaso y en la batalla de Issos, mandando toda el ala izquierda de la armada aliada y fue el encargado de apoderarse del campamento del rey persa, del botín y de su familia. La buena fortuna le trajo la admiración y el respeto pero también la envidia, y toda su familia fue implicada en un complot en octubre del año 330, siendo él mismo ejecutado, a traición, en Ecbátana, a los setenta.

Crátero
Hijo de un noble macedonio de la tribu de Orestis, nació hacia el año 360. Sus primeras actuaciones en el ejército macedonio fueron a las órdenes de Parmenión, en la batalla de Issos (año 333). Crátero fue una especie de vicealmirante de la flota, que participó activamente en la toma de la ciudad fenicia de Tiro (año 332) y en la batalla de Gaugamela (año 331), mandó la caballería del Peloponeso y los escuadrones locrios, aqueos y malios.
Con ocasión de las bodas multitudinarias de Susa, celebradas en la primavera del año 324.
Cratero se casó con una sobrina de Darío III llamada Amastrina y fue el encargado de conducir a diez mil veteranos macedonios a su patria y reemplazar al regente Antípatro.
A la muerte de Alejandro, sólo obtuvo el título de protector de Filipo III. Contrajo matrimonio con Phila, hija de Antípatro. Crátero murió el año 321 en una batalla contra el rey Eumenes de Cardia.

Hefastion o Hefestion
Era hijo de Amintas de Pella. Había crecido con Alejandro, del que fue amigo y confidente desde su infancia, además de posible amante.
Formó parte del escuadrón de caballeros armados o hetairoi y fue comandante de uno de los ocho escuadrones de la caballería real. En la batalla de Issos era uno de los siete oficiales superiores del ejército y el encargado de acoger a la familia de Darío III.
Dirigió gran cantidad de expediciones en Sogdiana, Bactriana e India, contribuyendo a fundar numerosas ciudades. En las bodas de Susa se casó con Drypetis, una de las hijas del rey persa. Acumuló gran cantidad de cargos y honores: Hiparco (jefe de la caballería de los Compañeros de Alejandro), Quiliarca (Jefe de los Mil de la corte persa o Gran Visir), siendo el primero después del rey.
Murió en Ecbátana después de una serie de excesos (al parecer bebió más de diez litros de vino seguidos), el 10 de noviembre del año 324 y fue incinerado en Babilonia, recibiendo honores casi divinos. Menos de tres meses después moría el rey Alejandro.
Estaban, además, entre los generales de Alejandro. Ptolomeo, Pérdicas, Antígono el Cíclope y Seleuco, a los que veremos disputarse el dominio de los territorios conseguidos por Alejandro.

La administración de los territorios
El imperio de Alejandro no tuvo una verdadera capital, y Babilonia sólo fue una capital teórica. En un principio, todos los territorios conquistados dependieron directamente del rey pero más tarde, debido a las circunstancias y a la magnitud de las conquistas, se produjeron una gran variedad de situaciones, derivadas, en parte, de la fuerte disparidad de las diferentes regiones que formaban el Imperio Aqueménida. Se pueden distinguir varias formas de gobierno: Las regiones administradas por los sátrapas reales, los gobernaba de una forma indirecta, las ciudades autónomas. Egipto, que conservó al principio una mayor autonomía, el caso particular de las ciudades griegas, territorios de iure fuera de la esfera de influencia de los sátrapas, como Chipre y Cirene, que sólo tuvieron con Alejandro tratados de alianza y que, naturalmente, no fueron incluidos en los repartos que siguieron a su muerte.
Alejandro conservó las satrapías o distribuciones administrativas del Imperio Persa, aunque las treinta divisiones administrativas de Alejandro, con las cuales se esforzó en proveer de sátrapas, sólo cubren en parte el espacio imperial de Darío III.
En Asia Menor se suceden varios casos. En algunos territorios se limitó a sustituir al sátrapa persa por el sátrapa macedonio, elegido, por lo general, entre los hetairoi aunque vigilados por fieles macedonios.
Cuando el que gobernaba un territorio no era persa, sino que se trataba de un noble local, sometido a Persia. Alejandro se presentaba como liberador del yugo persa y lo mantenía en el poder, ejerciendo Alejandro un dominio indirecto. Tal fue el caso de la reina Ada de Caria, por la que se hizo adoptar en el año 334, y continuó reinando, nombrada sátrapa de todos sus dominios, hasta su muerte, aunque, al parecer, vigilada estrechamente por Asandros, sátrapa de Lidia. También pueden considerarse gobernadas indirectamente Capadocia, Armenia, Paflagonia y Bitinia.
Utilizó Alejandro asimismo a algunos asiáticos, como a Sabictas, que fue Gobernador delegado en Capadocia.

En Siria, separada de Fenicia en el año 329, nombró sátrapas macedonios.

Las ciudades fenicias sometidas voluntariamente, conservaron su autonomía. Tiro y Gaza, que se habían opuesto a Alejandro, quedaron sojuzgadas, convirtiéndose en plazas fuertes macedonias.

En Babilonia y las regiones más orientales, como Susiana, Media, Persia, Hircania, Partía, Aria, Drangiana, Sogdiana, Bactriana y Carmania, conservó su sátrapa persa, aunque tras la rebelión de Satibarzanes en Aria puso a macedonios de su confianza al frente, sobre todo en las regiones fronterizas.

En el gobierno de la India se distinguen varias diferencias entre la parte oriental y la occidental y sur.

En Aracosia y Gedrosía hubo gobernadores macedonios en un principio, y después fueron unidas en una sola satrapía, bajo la autoridad de Siburtios.

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