lunes, 9 de octubre de 2017

Capítulo 29 - Primeras guerras de los romanos


La historia de la Antigua Roma originalmente una ciudad-estado de Italia y después un imperio que cubría gran parte de Eurasia y el norte de África, desde el siglo IX a. C. hasta el siglo V d. C., está muy ligada a su historia militar. El núcleo de la historia de las campañas militares romanas es el relato de las batallas terrestres del ejército romano, desde su defensa inicial y posterior conquista de las ciudades de las colinas vecinas de la península itálica, hasta la lucha final del Imperio romano de Occidente por su propia existencia contra los invasores hunos, vándalos y germánicos tras la división del Imperio en los Imperios de Oriente y Occidente. A pesar de que el Bajo Imperio se extendía por las tierras de la periferia del Mediterráneo, en la historia militar de Roma las batallas navales fueron, por lo general, menos significativas que las batallas terrestres, debido a su dominio casi incuestionable del mar tras las feroces luchas navales de la primera guerra púnica.

En primer lugar, el ejército romano luchó contra sus vecinos tribales y los pueblos etruscos de Italia; posteriormente llegó a dominar gran parte del Mediterráneo y más allá, incluyendo la provincia de Britania y Asia Menor en el apogeo del Imperio. Al igual que sucedió con la mayoría de las civilizaciones antiguas, el ejército de Roma sirvió para el triple propósito de asegurar sus fronteras, explotar las zonas periféricas mediante medidas tales como imponer tributos sobre los pueblos conquistados, y mantener el orden interno. Desde el principio, el ejército romano tipificó esta pauta y la mayoría de las campañas de Roma estuvieron caracterizadas por uno de estos tipos: el primero es la campaña territorial expansionista, que normalmente empezaba en forma de contraofensiva, en la que cada victoria conllevaba la subyugación de grandes extensiones de territorio y que permitió a Roma pasar de ser un pequeño pueblo al tercer imperio más grande del mundo antiguo, abarcando casi la cuarta parte de la población mundial; el segundo son las guerras civiles, que azotaron a Roma con frecuencia desde su misma fundación hasta su desaparición final.
Los ejércitos romanos no eran invencibles, a pesar de su formidable reputación y el gran número de sus victorias. Durante siglos, los romanos «produjeron su propia ración de incompetentes» que condujeron a sus ejércitos a derrotas catastróficas. No obstante, el destino de los mayores enemigos de Roma, como Pirro y Aníbal, solía ser el de ganar las batallas pero perder la guerra. La historia de las campañas romanas es, ante todo, la historia de una persistencia obstinada que supera terribles derrotas.

Monarquía y primeros años de la República (756 a. C.-459 a. C.)
Roma es casi única en el mundo antiguo en el sentido de que su historia, militar o no, está documentada en gran detalle casi desde la misma fundación de la ciudad hasta su final. Aunque, tristemente, algunas historias se han perdido, como el relato de Trajano de las guerras dacias, y otras, como las primeras historias de Roma, son como mínimo medio apócrifas, los relatos existentes de la historia militar de Roma son sin embargo extensos.

La primera de las historias, de la época en la que Roma se fundó como una pequeña villa tribal, hasta la caída de los reyes de Roma, es la que peor preservada está. Esto es, porque, aunque los primeros romanos solo sabían escribir hasta cierto punto, o bien carecían de la voluntad necesaria para registrar su historia, o bien las historias que registraron se perdieron. 

El rapto de las sabinas, de Nicolas Poussin, Roma, 1637–1638 (Museo del Louvre).

Aunque el historiador romano Tito Livio enumera una serie de siete reyes de la Roma primordial en su trabajo Ab Urbe Condita, desde su establecimiento y a través de sus primeros años, los cuatro primeros «reyes» (Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio  y Anco Marcio) son casi con total seguridad completamente ficticios. El historiador Michael Grant y otros afirman que antes de que se estableciera el reinado etrusco de Roma bajo el quinto rey tradicional, Lucio Tarquinio Prisco, Roma habría estado dirigida por un líder religioso. Se sabe muy poco de la historia militar de Roma durante esta época y lo que nos ha dejado la historia es de naturaleza legendaria más que factual. Según la tradición, Rómulo fortificó una de las siete colinas de Roma, el monte Palatino, tras fundar la ciudad y Livio afirma que poco después de su fundación Roma era «igual a cualquiera de las ciudades cercanas en destreza guerrera».
La primera campaña, si se puede llamar así, en la que lucharon los romanos según este relato legendario es el rapto de las mujeres de varias villas cercanas, habitadas por el pueblo sabino, con el propósito de «engendrar a sus hijos», un suceso conocido como el rapto de las sabinas. De acuerdo con Livio, la villa sabina de Caenina respondió primero invadiendo territorio romano, pero fue repelida y la ciudad capturada. Luego, los sabinos de Antemnae fueron derrotados de manera similar y también los sabinos de Crustumerium. El grupo principal restante de los sabinos atacó Roma y capturó brevemente su ciudadela, pero fueron repelidos.

Hubo más guerras contra Fidenas, Veyes, Alba Longa, Medulia, Apiola, y Colacia.

Bajo los reyes etruscos Lucio Tarquinio Prisco, Servio Tulio  y Tarquinio el Soberbio, Roma se expandió hacia el noroeste, entrando en conflicto de nuevo con Veyes tras la expiración del tratado que había terminado con su guerra anterior. Hubo otra campaña más contra Gabii y más tarde contra los rútulos. Los reyes etruscos fueron derrocados  como parte de una reducción más amplia del poder etrusco en la región durante este periodo; Roma se reformó como república, una forma de gobierno basada en la representación popular, en contraste con el anterior reinado autocrático.

Batalla del Lago Curcio
La batalla del Lago Curcio tuvo lugar en los primeros años del reinado del primer rey de Roma, Rómulo, entre el ejército romano dirigido por el mismo monarca y los sabinos de Tito Tacio. Según la leyenda, al final de la batalla los dos pueblos unidos en la misma comunidad.
Una vez que los romanos fundaron la ciudad en el Monte Palatino, comenzó a crecer, con el fin de aparecer de acuerdo a Tito Livio "lo suficientemente potente como para competir militarmente con las ciudades de los alrededores." Dado que las mujeres eran escasas, esta potencia estaba destinada a no durar más que una generación, si los romanos no encontraban suficientes esposas con las que procrear niños nuevos a la ciudad. 
...Rómulo envió embajadores a las ciudades vecinas para celebrar tratados de alianza con estos pueblos y promover la unión de los nuevos matrimonios. [...] Las embajadas no fueron bien recibidas en ninguna parte, ya que sentían desprecio y temor a la vez por su presencia, que constituía una amenaza para ellos y sus sucesores, cada vez más precisa.
Tito Livio, Ab Urbe condita libri, I, 9.

La juventud romana acogió con resentimiento las noticias de las embajadas, por lo que muchos fueron partidarios de usar la fuerza. Rómulo decidió, sin embargo, ocultar su resentimiento y organizar unos juegos solemnes en honor de Neptuno, a los que llamó Consualia. Luego, pidió a sus hombres que llevaran invitaciones a las ciudades vecinas de Caenina, Antemnae, Crustumenium y a los sabinos, que vivían cerca de la colina del Quirinal.
El espectáculo comenzó, y cuando acaparaba toda la atención, se lanzó el ataque, según el plan convenido. A una señal, los jóvenes romanos comenzaron a correr para secuestrar a las muchachas. La mayor parte de los secuestros se hicieron al azar de los encuentros. Las más bellas se destinaron a los senadores más importantes...
Tito Livio, Ab Urbe condita libri, I, 9.

Después del espectáculo los padres de las chicas huyeron, acusando a los romanos de haber roto el pacto de hospitalidad. Rómulo fue capaz de apaciguar los ánimos de las muchachas y, con el paso del tiempo, parece que la ira de ellas fue desapareciendo, gracias al cuidado y la pasión con la que los romanos las trataron en los días siguientes.
De los pueblos que habían sufrido la indignidad, los primeros vencidos fueron los de Caenina, que fueron conquistados por los romanos. Luego fue el turno de los antemnati y los crustumini. Ahora sólo faltaban los sabinos.

La batalla
El último ataque llevado a cabo sobre Roma fue el de los sabinos. En el curso del ataque, se cuenta que la virgen vestal, Tarpeya, hija del comandante de la fortaleza Spurius Tarpeius, fue corrompida por el oro de Tito Tacio, y facilitó la entrada a la ciudadela fortificada del Capitolio a un escuadrón armado, bajo cualquier pretexto. La ocupación de la fortaleza por los sabinos llevó a los dos ejércitos a reunirse al pie de las dos colinas, Capitolio y Palatino, justo donde más tarde se colocó el Foro Romano), mientras que los comandantes de ambas partes exhortaban a sus soldados a luchar: Mezio Curzio por los sabinos y Hostus Hostilius por los romanos. El campo de batalla estaba rodeado por numerosas colinas, y no ofrecía vías de escape. Hay que añadir que en aquellos días, las fuertes lluvias habían desbordado el río, sacándolo de su cauce y dejando un barro espeso, estancada, no fácilmente visible ni evitable, sino peligroso e insidioso. 
Plutarco cuenta algunos sucesos curiosos en el curso de la batalla:
El comandante sabino, Mezio Curzio, un hombre de coraje altivo, que se encontraba a caballo, lejos de su ejército, logró escapar, de milagro luego que su caballo fuera tragado por un limo oscuro de ese lugar, que en virtud de este suceso fue llamado Lago Curcio;

Hostus Hostilius cayó durante la batalla que estalló poco después, lo que obligó a las tropas romanas a replegarse cerca de la puerta del Palatino; 
Rómulo, herido por una piedra en el curso de la batalla, se desvaneció cuando los sabinos tomaron ventaja y comenzaron a llegar a la falda del Palatino; a continuación, recuperado de las heridas, invocó a Júpiter y le prometió, en caso de victoria, la construcción de un templo, dedicado a él (Templo de Júpiter Stator, cerca del foro romano); Después, se arrojó en medio de la batalla, y organizó un contraataque sobre los lugares donde, unos años más tarde, se alzarían la denominada Regia, y el Templo de Vesta, pero los romanos llevaban las de perder frente a los sabinos.
Fue en este momento cuando las sabinas, que habían sido secuestradas con anterioridad por los romanos, se lanzaron bajo una lluvia de proyectiles entre las facciones opuestas, para separar a los contendientes y aplacar sus iras. 
Ellas suplicaron por un lado a sus maridos (los romanos), y por otro a sus padres (los sabinos), que no cometieran un crimen horrible, con la sangre de un yerno o de un suegro para no manchar con la muerte de sus ancestros a los niños que ellas habían dado al mundo, los hijos y nietos de ellos.
Tito Livio, Ab Urbe condita libri, I, 13.

Consecuencias
Con este gesto, ambos bandos eligieron firmar un tratado de paz, declarar la unión entre los dos pueblos, asociar sus reinos, y transferir el poder de decisión a Roma. La ciudad vio así duplicada su población. Tito Livio cuenta que, para cumplir con los sabinos, los romanos tomaron el nombre de Quiritas, de la ciudad de Cures, mientras que el lago cercano, en la vecindad de el foro romano, fue nombrado en memoria de la batalla y el comandante sabino Mezio Curzio, como Lago Curcio.

Roma en el 753 a.C.

Batalla de Fidene
La Batalla de Fidene tuvo lugar en los años del reinado del primer rey de Roma, Rómulo, entre el ejército romano dirigido por el mismo monarca y los fidenenses.
Después de la fundación de su ciudad, en el Monte Palatino, los romanos comenzaron a expandirse, y aparecen según Tito Livio "tan poderosos que podían competir militarmente con cualquiera de los pueblos de su alrededor". Una tras otra cayeron muchas de las ciudades cercanas; la primera fue Caenina, luego, Antemnae, y Crustumerium. Los sabinos fueron el siguiente objetivo, y también fueron vencidos. Los habitantes de Fidenas, que ahora veían a Roma como una ciudad vecina de poderío creciente, decidieron atacar sin demora, antes de que se volviera demasiado fuerte para ser vencida.


El territorio de la ciudad de Fidene en el Siglo VI a. C. (en amarillo)


La batalla
Según Plutarco, hay dos versiones diferentes de la batalla:
Roma fue capaz de capturar Fidenas, haciendo un repentino ataque con un grupo de caballeros, que habían recibido órdenes de cortar las bisagras de las puertas de la ciudad, permitiendo a Rómulo aparecer inesperadamente con todo el ejército. 
Los fidenenses se apresuraron a hacer la guerra contra los romanos, enviando a los escuadrones de caballeros armados a asolar el campo entre Roma y Fidene, para aterrorizar a los habitantes de la zona. La reacción romana no se hizo esperar. El propio Rómulo a la cabeza del ejército romano, se dirigió al norte, a lo largo del Tíber hasta llegar a una milla de Fidenas. 
Dejando una pequeña guarnición para vigilar la ciudad, decidió trasladarse con el grueso del ejército, listo para emboscar al oponente en un lugar cercano, tranquilo y arbolado. Rómulo estaba decidido a atraer a los fidenenses fuera de sus muros, adoptando una táctica temeraria, según la cual los caballeros romanos irían derechos hasta las puertas de la ciudad, donde simularían un ataque, replegándose en el momento oportuno, para atraer al enemigo, y hacerle caer en la trampa tendida por el rey romano. 
La emboscada fue exitosa. Una vez que las puertas de la ciudad fueron abiertas, el ímpetu de los fidenenses les permitió lanzarse contra el enemigo y consiguieron tomar las primeras líneas romanas, empujándolas hasta el lugar señalado para la emboscada, donde el grueso de la ejército romano estaba escondido. Los fidenenses fueron rechazados por los ejércitos romanos y fueron hostigados hasta el interior de su ciudad. La guerra estaba ganada. 

Consecuencias
Según Plutarco, Rómulo no destruyó la aldea, ni abatió sus cimientos, por el contrario, Fidenas se convirtió en colonia romana, donde se establecieron 2.500 colonos. La guerra desatada por los fideneses fue como una "fiebre contagiosa" que azotó a los habitantes de Veyes que estaban al oeste del Tíber. La consecuencia inmediata es que Rómulo se vio obligado a luchar, y se las arregló para vencerles, ocupando el territorio de Septem pagi (al oeste de la isla Tiberina), y obligando a los ciudadanos de Veyes a volver a sus fronteras.

Batalla de Cameria
La batalla de Cameria tuvo lugar dieciséis años después de la fundación de Roma por el primer rey de Roma, Rómulo, entre el ejército romano dirigido por el mismo monarca y el pueblo de Cameria. Según la leyenda los romanos llevaron la mejor parte, ocuparon la ciudad y establecieron una nueva colonia.
Los romanos, una vez fundada la ciudad en el Monte Palatino, comenzaron a crecer, hasta aparecer, de acuerdo con Tito Livio, "tan poderosos que podían competir militarmente con cualquiera de los pueblos de alrededor". Una tras otra cayeron muchas de las ciudades cercanas que pertenecían al pueblo de los Ceninensi (su ciudad capital Caenina), los Antemnati, los Crustumini, los Sabinos y los habitantes de Fidenas.

Casus belli
Antes de cesar la peste que había estallado en Roma la década anterior, los Camerii invadieron los territorios romanos, y saquearon la región, convencidos de que los romanos no podían defenderse de la terrible enfermedad que había afectado a una gran parte de la población. 

La batalla
Plutarco dice que Rómulo reaccionó rápidamente, emprendiendo una expedición contra los Camerii, y una vez derrotados en la batalla en la que mató a 6.000 hombres, ocupó su ciudad.

Tarquinio el Soberbio (534 – 509 a.C)
Livio presenta el gobierno de Tarquinio como una auténtica tiranía. El rey, escribe, “hizo matar a los senadores más importantes que sospechaba habían sido partidarios de Servio” y gobernó sin aceptar más consejo que el de sus propios familiares.
Impulsó en Roma el desarrollo de infraestructuras urbanas y de numerosos edificios civiles y religiosos como la finalización del templo de Júpiter Capitolino, las tribunas de Circo Máximo y la Cloaca Máxima.
La política de este rey estaba orientada a conquistar una posición hegemónica de Roma en el Lacio para ello recurrió a pactos con comunidades vecinas. La implantación de emporio comercial en ciudades como Ardea, Terracina, etc.
Siguió la política expansionista, primero conquistó Pomezia, que lindaba con territorio volsco; con su botín se inició la construcción del templo de Júpiter. Después emprendió la conquista de Gabii, ciudad que defendía de los sabinos el lado oriental del Lacio. Para cerrar el anillo de protección del Lacio, Tarquinio se aseguró asimismo el control de Tusculum mediante el matrimonio de una de sus hijas con el tusculano más destacado.

Guerreros romano-etruscos siglo V. Se puede observar guerreros de la clase I (típico hoplita) y guerreros de la clase III (típico italiano con pectoral y scutum)

Según una de las leyendas más famosas de la historia de Roma, Tarquinio compró tres libros proféticos a la sibila de Cumas y los depositó en el templo de Júpiter. La historia narra que la sibila se presentó ante Tarquinio como una mujer muy anciana y le ofreció nueve libros proféticos a un precio extremadamente alto. Tarquinio se negó pensando en conseguirlos más baratos y entonces la sibila destruyó tres de los libros. A continuación le ofreció los seis restantes al mismo precio que al principio; Tarquinio se negó de nuevo y ella destruyó otros tres. Ante el temor de que desaparecieran todos, el rey aceptó comprar los tres últimos pero pagó por ellos el precio que la sibila había pedido por los nueve. Estos tres libros fueron guardados en el Templo de Júpiter Capitolino y eran consultados en situaciones muy especiales.
Según la tradición, Tarquinio el Soberbio fue destronado en el año 509 a.C mediante un golpe palaciego que se desencadenó cuando su hijo Sexto Tarquinio, violó a Lucrecia, una joven patricia que a raíz de ello se suicidó.
Derrocado el rey, Bruto y Tarquinio Colatino fueron los primeros en ser nombrados cónsules y se decidió castigar con la muerte a cualquiera que quisiera reinstaurar la monarquía.

Batalla de la Selva Arsia (509 a.C)
Tarquinio, que se encontraba combatiendo en Ardea, regresó rápidamente a Roma, pero en su ausencia perdió el apoyo del ejército y tuvo que exiliarse a Etruria. Allí convenció a las ciudades de Caere, Veyes y Tarquinia de que atacaran Roma, se enfrentaron a los cónsules romanos Lucio Junio Bruto y Publio Valerio Publicola en la batalla de la Selva Arsia, ambos ejércitos desplegaron a la manera tradicional la infantería en el centro tipo falange y la caballería en las alas. El combate empezó con la carga de la caballería, el cónsul Bruto cargó contra su primo Arruno hijo de Tarquino, muriendo en el combate, después chocaron las infanterías cuyos flacos derechos ganaron, produciéndose el giro en las formaciones. El cónsul Publícola se impuso a las tropas de Veyes. El día acabó con fuertes bajas en ambos ejércitos y la batalla sin decidir, retirándose ambos a sus campamentos. Contaron las bajas en ambos bandos que rondaban las 11.300 los romanos reclamaron que tenían un muerto menos.
Publícola optó por arriesgarse al asalto nocturno, a pesar del cansancio de la batalla, consiguiendo apoderarse de éste y poniendo en fuga a los etruscos. Apoderándose del campamento.


Batalla de la Selva Arsia 509 a.C. Entre los cónsules romanos y el ejército de Lucio Tarquinio el Soberbio.

Batalla del puente Sublicio (508 a.C)
Tarquinio recurrió después al rey de Clusio, Lars Porsena, Además de su ejército contaba con el apoyo de la ciudad de Gabii, de la ciudad latina de Túsculo, cuyo dictador Octavio Mamilio era yerno de Tarquinio, y de algunos mercenarios.
El primer obstáculo de Porsena es la recién fundada colonia de Sigluria en cuyo apoyo acuden los cónsules Publícola (reelegido) y Tricipitino. Los romanos fueron derrotados, y la pequeña colonia probablemente arrasada.
En esa época Roma se encuentra en la orilla oriental del Tíber, teniendo en la otra orilla únicamente un puesto defensivo avanzado en el monte Janículo. Porsena tomó el Janículo al asalto, a continuación ambos ejércitos formaron para la batalla, Porsena desplegó en el centro, a la izquierda Tarquinio con los exiliados romanos habitantes de Gabii, a la derecha Octavio Manilio con un cuerpo de Latinos. Los romanos desplegaron delante del puente de Sublicio, también en tres legiones Valerio Publícola en el centro,  Larcio Flavio a la derecha y Lucrecio Triciptino a la izquierda. A continuación se inició  la lucha fue de nuevo dura, pero finalmente el ala izquierda romana cedió tras ser heridos sus comandantes, el hermano del cónsul Publícola y el cónsul Tricipitino, lo que provocó el pánico en el resto del ejército haciendo que huyeran de vuelta a Roma a través del puente Sublicio.

Porsena en las cercanías de Roma. Al fondo se observa el puente de madera sobre el Tiber y la colina del Palatino. Autor Peter Connlly

Batalla del puente Sublicio (508 a.C). Despliegue de fuerzas

Los etruscos persiguieron a los romanos hasta el mismo puente donde fueron detenidos por la acción de los tribunos Larcio, Herminio y en especial del soldado Horacio (Horatius Cocles) que bloquearon el puente luchando fieramente hasta que los dos tribunos, con sus armaduras destrozadas, se retiraron, dejando sólo Horacio que aguantó hasta que se consiguió cortar el puente, procediendo a lanzarse al río y consiguiendo volver nadando a Roma gravemente herido. De aquí viene la expresión italiana “quedarse como Horacio en el puente”.

Horacio en el puente 508 a.C, hace frente a los atacantes mientras sus compañeros destruyen el puente sobre el río Tiber

Porsena puso cerco a Roma y, cuando la escasez de alimentos ya hacía mella en la población, el romano Mucio (Caius Mucius) intentó asesinar a Porsena en su campamento.
No se sabe si Porsena consiguió conquistar Roma, de hecho algunos historiadores romanos como Tácito llegan a reconocerlo. No obstante, Tarquinio no fue repuesto en el trono.
Finalmente Porsena abandonó Roma que perdió varias o todas sus recientes conquistas en Etruria.

Consecuencias
Rómulo no destruyó la ciudad, ni abatió sus cimientos, por el contrario hizo de Cameria una colonia romana, como había hecho con Fidenas, en la que se establecieron un gran número de colonos, más del doble de los que habitaban en Cameria y que sobrevivieron al Calendario romano. En el botín confiscado a los Camerii, estaba, entre otras cosas, una cuadriga de bronce, que consagró al templo de Hefesto en Roma (identificado con el Volcanal), haciéndose erigir una estatua en la que comparecía coronado por la Victoria. Pero ésta no fue la última guerra en la que luchó Rómulo. Si, de hecho, las poblaciones vecinas más débiles ofrecieron espontáneamente su sumisión a los romanos, no fue así con las más poderosas, que aunque temerosas y envidiosas, no pensaron en esperar los acontecimientos, y decidieron resistir al expansionismo romano. Es el caso de los habitantes de Veyes, que estaban al oeste del Tíber, y serian los últimos en ser derrotados, después de haber exigido a Rómulo, sin éxito, la devolución de Fidenas.

Primera Guerra Latina (505 – 493 a.C)
La siguiente gran amenaza a Roma vendría por parte de los sabinos. La caída de la monarquía romana dejó los sabinos en una posición ambigua con respecto a la política de Roma. Sus tratados se habían hecho con los reyes, pero ahora se han ido los reyes. En el 505 a.C, Porsena convenció a los sabinos que deberían ayudar a restaurar los reyes. Los intentos sabinos fueron derrotados en tres ocasiones, y se otorgó un triunfo a los cónsules Marco Valerio Voluso y Publio Postumio Tuberto. Los triunfos se registran en los Fastos Triumphales, aunque con los detalles de estas batallas están perdidos.

Batalla de Fidenae 504 a.C
En el 504 a.C, los cónsules electos fueron Publio Valerio Poplicola (por cuarta vez) y Tito Lucrecio Tricipitino (por segunda). Según Livio, querían dar una lección a los sabinos, lo que llevó a la elección de estos cónsules experimentados.
Los cónsules marcharon hacia la ciudad de Fidenae donde los sabinos y sus aliados habían montado su campamento. Al llegar cada cónsul estableció su propio campamento, Poblícola cerca de los sabinos a la intemperie, mientras que Tricipitino acampó en una colina cerca Fidenae.

Primera Guerra Latina con indicación de las batallas. La línea verde es la frontera romana en el 700 a.C, la línea roja es la frontera romana en el 500 a.C, la línea roja de puntos son los límites entre ciudades-estado latinas

El plan sabino era atacar el campamento de Publícola por la noche dejando una fuerza emboscada que impidiera que Tricipitino acudiera en apoyo de su colega pero unos desertores revelaron el plan. El ataque se produjo después de la medianoche. Los sabinos se llenaron la zanja y pusieron rampas sobre el muro sin ser molestados, a pesar del ruido, creyendo que los romanos estaban dormidos. Entraron en el campamento donde esperaban sorprender a los romanos, pero éstos estaban formados esperándoles en la obscuridad. Las tropas gritaron y se lanzaron contra los sorprendidos intrusos. Los sabinos sufrieron una grave derrota en la que supuestamente sufrieron 13.500 muertos y 4.200 prisioneros. A continuación Fidenae sería asediada y tomada al asalto.

Batalla de Eretum 503 a.C
En el 503 AC, los sabinos se aprovecharon que el ejército romano estaba atascado en el infructuoso asedio de la rebelde colonia latina de Pometia, llegando a presentarse ante las mismas murallas de Roma. Sin embargo, finalmente se retiraron tras derrotar a una improvisada fuerza romana y saquear los alrededores. Los romanos marcharon de nuevo contra los sabinos, derrotándolos en la batalla de Eretum. La ciudad de Eretum ahora desaparecida estaba situada en el valle del Tiber, en la frontera con los sabinos.

Batalla de Cures 502 a.C
La victoria definitiva tendría lugar en el año 502 a.C, en la batalla de Cures, ciudad situada a 45 km al norte de Roma en el valle del Tiber, en la que el cónsul Casio Vecelino habría causado 10.300 bajas a los sabinos y tomado 4.000 prisioneros. Los sabinos pidieron la paz, accediendo a entregar cereal y algo de tierra cultivable a Roma.
La tranquilidad no duró mucho porque la Liga Latina se alzó contra Roma a instancias de Tarquinio el Soberbio. Esta ruptura envalentonó a los exiliados fidenates, que en el año 500 AC, consiguieron reconquistar Fidenae y volverla contra Roma. Un año después hubo un intento romano de recobrar Fidenae pero el asedio fracasó.

Batalla del Lago Régilo 495 a.C
En 495 a.C, ante la inminente amenaza de una invasión sabina, los romanos nombraron a Aulo Postumio Albo como dictador (temporal). Un ejército sabino entró en territorio romano, avanzando hasta el río Anio, y saqueó de las zonas rurales. Postumio Albo reunió un ejército de 23.700 infantes y 3.000 jinetes. Mando a su magister equitum (segundo en el mando) Publio Servilio Prisco con la caballería al encuentro del enemigo, mientras él partió detrás con la infantería. La caballería romana atacó a los rezagados sabinos, y alcanzó al grueso sabino que tenía 40.000 infantes y 3.000 jinetes, entre sus filas había romanos exiliados incluidos Tarquinio y sus hijos. Los sabinos presentaron batalla en las cercanías del desaparecido lago Régilo muy cerca de la ciudad de Gabii.
Tanto Postumio Albo como su segundo fueron heridos, al igual que Mamilio. La batalla del lago Régilo estaba en tablas cuando intervino Lucio Tarquinio con los exiliados romanos y a punto estuvo de ganar la batalla. Sin embargo, una intervención de la guardia de caballería de Postumio Albo, consiguió restablecer la situación. El apoyo de la caballería dio nuevos ánimos a la infantería romana y se sobrepusieron a sus enemigos, causándoles 25.000 bajas y matando a Mamilio y haciendo 5.000 prisioneros, al parecer solo sobrevivieron 10.000.

Guerreros itálicos siglo V AC. Jinetes tirrenos uno con el yelmo crestado y coraza de poncho, el otro jinete lleva yelmo semiesférico con penacho. Los infantes son umbríos. Autor Peter Connolly.

Al año siguiente 494 a.C, los volscos, sabinos y los ecuos tomaron las armas al mismo tiempo. Para hacer frente a la amenaza, se nombró un nuevo dictador romano, Manio Valerio Máximo. Se reclutaron diez legiones, el mayor ejército que se había reclutado hasta el momento. El dictador marchó con su ejército para enfrentarse a los sabinos, aunque la localización de la batalla no está clara. El ejército sabino desplegó en una formación muy amplia con el centro era demasiado débil. El dictador explotó esta debilidad, lanzando una carga de caballería a través del centro sabino, seguido por un ataque de la infantería. Los sabinos fueron derrotados, y huyeron. Los romanos capturaron el campamento sabino, y se adjudicó la victoria en la guerra. La victoria fue tan importante como la batalla del lago Regilo. El dictador Valerio volvió a Roma y celebró un triunfo.
De esta forma, la guerra concluyó con el llamado foedus cassianum (por el nombre del cónsul Espurio Casio) mediante el cual Roma se erigía como la principal potencia del Lacio. No obstante, reconocía la autonomía de las ciudades latinas, que habrían de prestar ayuda militar en caso de amenaza externa, reservándose Roma el mando militar de la alianza en ese supuesto. También se autorizaron matrimonios mixtos y la instauración de relaciones comerciales estables.
En el 493, el cónsul Póstumo Cominio asedió la ciudad volsca de Corioli. Mientras las fuerzas romanas se centraban en sitiar la ciudad, una fuerza volsca proveniente de Anzio atacó a los romanos, simultáneamente las fuerzas de la ciudad de Corioli realizaron una salida. Cayo Marcio se percató de la salida de las fuerzas volscas, y reunió a un puñado de soldados romanos para romper las filas enemigas y entrar a la ciudad. Tomando la iniciativa Coriolano y sus fuerzas cargaron contra las puertas de la ciudad y comenzaron a incendiar algunas casas cercanas a sus muros el golpe de efecto fue tal que las fuerzas volscas se rindieron en el acto, y fue entonces cuando Cayo Marcio ganó el sobrenombre de “Coriolano”.

Guerreros romanos siglo V AC, se supone que es Cayo Marcio “Coriolano” entrando en la ciudad de Corioli. Autor Ángel García Pinto.

Tras vencer a los volscos, Coriolano gozó en Roma de una gran popularidad, pero por su ideología conservadora y por su ostentoso modo de vida se lo culpó de malversación de fondos públicos y de sedición y fue encarcelado y desterrado de la ciudad de Roma.
Coriolano exiliado ofreció sus servicios a los volscos, sus antiguos enemigos, contra Roma. Así Coriolano dirigió la ofensiva contra Roma junto a la liga Latina y prosiguió saqueando las tierras de los plebeyos, dejando intactas las tierras de los patricios, con el fin de generar malestar social. Al haber saqueado las localidades al sur de Roma, el ejército de Coriolano acamparon en los muros de Roma, dispuesto ya a plantear un asedio. Se presentaron en su campamento las matronas de la ciudad encabezadas por su madre y su esposa, quienes lo increparon por su injusticia y le imploraron de rodillas. Finalmente Coriolano cede compungido a las súplicas de su madre y esposa y aplazando el asedio y retirándose a Anzio.

Coroliano recibiendo a las madronas romanas. Éstas encabezadas por su esposa y por su madre le suplican que levante el asedio de Roma. Óleo de Raphael Lamar. Los trajes y los uniformes no se corresponden con la época.

Foedus Cassianum
El foedus Cassianum o tratado de Casio fue un tratado que formó una alianza entre la República romana y la Liga latina en 493 a. C. tras la batalla del Lago Regilo. Este tratado terminó la guerra entre la confederación latina y Roma, colocando a Roma en una posición de poder igual al de todos los miembros de la Liga combinados.
En su primer tratado con Cartago, los romanos enumeraron a la campiña circundante a la ciudad como parte de su territorio, declaración que la Liga Latina impugnó denunciando que dicho territorio en realidad les pertenecía a ellos. Se desencadenó una guerra que tuvo como resultado una victoria para los romanos en la batalla del Lago Regilo y la derrota condicional de la confederación poco después. El tratado, el primer foedus nunca antes firmado por Roma, selló la capitulación. Fue concluido en 493 a. C. entre Roma y treinta ciudades latinas como dos poderes independientes. Los foedi tomaron su nombre de Espurio Casio quien fuera cónsul de la República romana al momento de la firma del tratado y quien se presume negoció los términos del acuerdo.

Términos del tratado
El tratado disponía de varios términos: no solo estipulaba que habría paz entre las dos partes, sino que el tratado mandaba que los ejércitos romano y latino se unirían para proveer defensa mutua a las tribus itálicas. Otro término fue que la Liga Latina y Roma se repartirían todos los botines tomados durante la guerra. Asimismo, las dos partes acordaron establecer colonias conjuntas en territorio capturado para que ambas prosperaran. Finalmente, establecía una comunidad de derechos privados entre las ciudades de Roma y los de cualquier ciudad latina. El tratado, del cual sobrevivió una copia de bronce en el Foro Romano hasta la época de Marco Tulio Cicerón, fue un hito en la historia temprana de Roma. No ha sobrevivido el original, pero una versión es dada por Dionisio de Halicarnaso.

Efectos
El tratado fortaleció fuertemente a Roma, ya que esencialmente añadió poder militar de los latinos al ejército de la aún endeble República Romana. Esta coyuntura permitió a Roma expandirse más allá, conquistando la mayor parte de la península itálica. El tratado fue renovado en 358 a. C.; sin embargo, Roma incumplió el tratado poco después y empezó otra guerra latina. Finalmente, Roma derrotó a los miembros no-romanos de la Liga y el foedus Cassianum siguió invalidado.

Batalla de Hímera (480 a. C.)
La Primera Batalla de Hímera (480 a. C.), que supuestamente tuvo lugar el mismo día que la más famosa Batalla de Salamina, o el mismo día que la Batalla de las Termópilas, enfrentó a las fuerzas griegas de Gelón y Terón, el tirano de Siracusa y el tirano de Agrigento, respectivamente, contra un ejército cartaginés al mando de Amílcar Magón. La derrota de Cartago supuso el fin de su amenaza sobre las colonias griegas de Sicilia.
Amílcar comandaba un gran ejército de Cartago, Libia, Iberia, Liguria, Elisicia, Cerdeña y Córcega contra los sicilianos. En la primavera de 480  a. C. zarpó de Cartago con un ejército de tierra de no menos de 300 000 hombres, con una flota de doscientas naves de guerra, así como más de 300 barcos de transporte. Durante la travesía del mar Líbico perdió los transportes de caballos y carros a causa de una tempestad. Después de desembarcar en Panormo y reponerse del desastre sufrido, a los tres días se dirigió con sus fuerzas de tierra a Hímera. Estableció dos campamentos, uno para el ejército de tierra y otro para las tripulaciones de las naves. Sacó las naves a tierra para que se secasen, las encerró en una empalizada y ocupó toda la zona occidental de la ciudad de Hímera. Después con sus tropas de élite emprendió la marcha contra la ciudad. Mientras parte de sus naves habían sido enviadas a Libia y Cerdeña a por provisiones, mató a muchos himereos que le salieron al encuentro. 
Los cartagineses habían desembarcado previamente, en verano de 480 a. C., en su base siciliana de Panormo, a unos 45 km al oeste de Hímera, y asediaron la ciudad, donde se encontraba Terón. Ante esta situación, el tirano acragantino envió una embajada a Siracusa para pedir ayuda a Gelón. Este partió con no menos de 50 000 soldados de infantería y más de 5000 de caballería. Gelón se vio obligado a dividir sus fuerzas (por eso no pudo socorrer a los griegos contra Jerjes I) enviando sus efectivos terrestres en ayuda de Terón, mientras que su flota permanecería inmovilizada por la de Anaxilao en el estrecho de Mesina.
Gelón estableció su campamento en los alrededores de Hímera, la fortificó, la rodeó de un profundo foso y una empalizada. Después su caballería luchó contra los enemigos que vagaban por la región en busca de botín, la cual hizo más de 10 000 prisioneros. 
Mientras Amílcar realizaba sacrificios en su campamento naval, un destacamento de caballería que regresaba de una incursión, condujo a Gelón un mensajero portador de una carta de los selinuntios, en la que se decía que para el día indicado por Amílcar, le enviarían un contingente de caballería. El día fijado era precisamente el que Amílcar iba a ofrecer el sacrificio. Entonces Gelón envió a su caballería al alba con la misión de dirigirse al campamento naval presentándose como si fueran los refuerzos enviados por Selinunte y, una vez dentro de la empalizada, matar a Amílcar e incendiar las naves. Esta estratagema la narra también Polieno. Apostó vigías en las alturas circundantes para que dieran una señal cuando la caballería hubiese completado su misión. Dada la señal, Gelón con todas us fuerzas en orden de batalla avanzó contra el campamento cartaginés. Los comandantes púnicos hicieron salir primero a todas sus fuerzas al encuentro de los siciliotas y trabaron combate. Las trompetas de uno y otro ejército dieron la señal de batalla. La carnicería fue grande, y estuvo indecisa, pero súbitamente, cuando las llamas se elevaron y dieron la noticia de la muerte de Amílcar, los cartagineses se dieron a la fuga. Gelón había dado orden de no hacer prisioneros y se produjo una matanza, que Diodoro estima en unos 50 000 hombres. Los supervivientes se refugiaron en una fortificación y al principio pudieron rechazar los asaltos, pero acuciados por la sed se entregaron. 
Tras ganar la batalla, Gelón no pudo encontrar a Amílcar pese a lo exhaustivo de su búsqueda. Heródoto afirma que Amílcar, al no obtener un augurio favorable durante los diversos sacrificios que realizó ese día y luego de oír que su ejército estaba al borde de la derrota, saltó en medio de las llamas. Se supone que su cuerpo fue totalmente incinerado. Durante los años siguientes, los cartagineses le ofrecieron sacrificios y levantaron monumentos en su honor en varias colonias e incluso un espléndido monumento en Cartago. Pero como el culto a los héroes parece ser que no existió entre los fenicios, Heródoto debió confundir el nombre de Amílcar (Abd Melkart) y el del dios Melkart, forma fenicia del dios Baal.
Es probable que el ejército cartaginés fuese numeroso, pero seguramente no sobrepasara los 50 000 hombres. No existe evidencia alguna que respalde la cifra de 300 000 hombres, que hubiese sido vista como un ejército de proporciones míticas. No pudo haberse reunido un ejército semejante y ser derrotado, menos aún por los ejércitos pertenecientes a las pequeñas ciudades estado de la Sicilia griega. Esta cifra desorbitada, que menciona también Diodoro Sículo, puede ser una exageración patriótica de los griegos de Sicilia a fin de igualar los efectivos de Amílcar con los de Mardonio en la campaña de 479 a. C.
Si Amílcar se suicidó antes del clímax de la batalla, tal como se sugiere, los griegos no sólo obtuvieron la victoria, sino que aniquilaron a una fuerza inmensamente mayor.

Guerra de Roma contra Veyes (480 -396 a.C)
En principio, la causa de la guerra fue la pugna por el dominio de las rutas comerciales, que tenían como eje el río Tíber, pero luego se fue complicando con nuevos elementos, como la presión sabina sobre Roma, las necesidades de expansión de esta ciudad, o sus nuevas necesidades de abastecimiento.
El Tíber señalaba los confines de los dos Estados; Roma ocupaba la orilla izquierda y Veyes la derecha; y cada una de las ciudades tenía sobre la opuesta ribera el control del comercio, siendo una amenaza constante para la otra. Roma tenía el Janículo, Veyes tenía a Fidenae; más o menos tarde, la guerra entre ellas era inevitable, porque esta guerra había de decidir cual de las dos rivales se quedaba con el dominio exclusivo del Tíber inferior y su embocadura.

Primera guerra de Veyes (480 -474 a.C)
Comienza con incidentes fronterizos provocados por Roma, que aspiraba a los bosques de la desembocadura del Tíber, y al control de la Vía Salaria.
Después de una coexistencia pacífica entre Roma y Veyes, estas ciudades se hallaron abiertamente en guerra hasta el punto en que una batalla ocurrida en 480 a.C, en la cual el ejército romano estuvo cercano a la derrota, pero fue salvada por el cónsul Céson Fabio Vibulano, pero Quinto Fabio Vibulano, murió en la batalla contra Veyes. Después de esta batalla, los veyenses invadieron permanentemente el territorio romano, siempre retirándose ante la llegada de las legiones romanas para evitar el conflicto directo.
En medio de un conflicto con los ecuos y los volscos, los romanos estaban luchando en dos frentes. Así, en 479 a.C, la gens Fabia ofreció ocuparse de Veyes por su cuenta mientras que las legiones de la República luchaban contra sus otros enemigos. Livio dice que los 306 fabios patricios (es decir, hombres de más de quince años de edad) fueron a la guerra junto con sus clientes.
Los Fabios construyeron una fortaleza en el río Crémera, cerca de Veyes, desde el cual consiguieron limitar las incursiones veyenses y comenzaron a realizar incursiones contra el territorio de Veyes. Ésta debilitada por el saqueo de las expediciones lanzadas desde el fuerte Cremera por los romanos pidió a otras ciudades etruscas que enviasen refuerzos. Los etruscos una vez reforzados, lanzaron un ataque contra el fuerte de Cremera. Cuando lo veyanos se disponían a atacar a los fabios, intervino el cónsul Lucio Emilio Mamercino interviene con sus legiones y la repentina carga de caballería sorprendió al enemigo, que se dio a la fuga. Los veyanos y sus aliados se retiraron a su campamento, que posteriormente sería tomado por los romanos. Unos días más tarde, los etruscos propusieron la paz, Lucio Emilio se la concedió después de recibir la aprobación del Senado, pero sin imponer condiciones restrictivas.

Pronto, Veyes rompió la tregua y reanudó la ofensiva, los veyanos reanudaron sus ataques, pero fueron derrotados una y otra vez por los Fabios, quienes, envalentonados por sus éxitos, se volvieron más atrevidos y atacaron y saquearon el territorio de Veyes. Estas victorias repetidas humillan Veyes y animan a los fabios, a aventurarse cada vez más lejos, y arriesgándose más.
Finalmente los veyanos decidieron tenderles una trampa. En una de las incursiones les presentaron un gran rebaño, al que los fabios no se resistieron a atacar para capturarle, ante la presencia romana se retiró hacia un valle y los romanos le persiguieron, una vez dentro fueron rodeados por los veyanos, los romanos adoptaron una formación en cuña, y consiguieron romper el cerco y llegar a una colina donde consiguieron repeler los ataques etruscos hasta la llegada de una formación veyense que los atacó por su retaguardia. Los fabios fueron masacrados a excepción de Quinto Fabio Vibulano, que era demasiado joven para haber ido a la guerra. La batalla se dice que ocurrió el 18 de julio de 477 a.C. Posteriormente los veyanos tomaron el fuerte de Cremera.

Guerreros romano-etruscos siglo V: izquierda clase I, clase V y clase III, derecha clase III con hacha, clase I y hoplita siracusano. Autor Oscar Luna

Los cónsules de ese año eran Cayo Horacio Pulvillus y Tito Menenio Agrippae, éste es enviado contra veyanos y sus aliados, siendo también derrotado. Las fuerzas etruscas sitiaron Roma. El cónsul Cayo Horacio Pulvillus que estaba en una campaña contra los volscos, regresó y después de dos batallas en las puertas de Roma, consiguió repeler al enemigo, que se hizo fuerte en la parte superior del Janículo desde donde devastó el territorio romano.
Al año siguiente, los cónsules Verginio Tricostus Rutilus y Servilio Prisco Structus, éste último fue sorprendido en una emboscada al igual que los fabios, sufriendo grandes pérdidas. El cónsul Servilio intentó enjuiciar a su colega por no haber acudido a su rescate. La guerra terminó con una tregua que otorgaba ventaja a los veyanos. Tras la firma los ejércitos etruscos se retiraron.

Batalla del Crémera
La batalla del Crémera fue un conflicto militar sucedido entre la República Romana y la ciudad etrusca de Veyes, en 477 a. C.
Los registros históricos muestran la derrota de la fortificación romana en el río Crémera y las incursiones resultantes por parte de Veyes sobre el territorio romano.
El relato de la batalla, escrito por Tito Livio, es una explicación de los hechos reales y una exaltación del sacrificio de la gens Fabia. Probablemente su objetivo fuese brindar el motivo de la ausencia de los fabios en los listados consulares durante los años posteriores a la batalla. Además, este relato está claramente influenciado por la actuación espartana en la batalla de las Termópilas.
Luego de una coexistencia pacífica entre Roma y Veyes, estas ciudades se hallaron abiertamente en guerra hasta el punto en que una batalla ocurrida en 480 a. C., en la cual el ejército romano estuvo cercano a la derrota, fue salvada por el cónsul Céson Fabio Vibulano. Después de esta batalla, los veyenses invadieron permanentemente el territorio romano, siempre retirándose ante la llegada de las legiones romanas para evitar el conflicto directo.
En medio de un conflicto con los ecuos y los volscos, los romanos estaban luchando en dos frentes. Así, en 479 a. C., la gens Fabia ofreció ocuparse de Veyes por su cuenta mientras que las legiones de la República luchaban contra sus otros enemigos. Livio dice que los 306 fabios adultos (es decir, hombres de más de quince años de edad) fueron a la guerra junto con sus clientes.
Los Fabios construyeron una fortaleza en el río Crémera, cerca de Veyes, desde el cual consiguieron limitar las incursiones veyenses. Los veyenses se trabaron en batalla cerca de la fortaleza romana, pero fueron vencidos por los Fabios y por un ejército liderado por el cónsul Lucio Emilio Mamercino, y obligados a pedir una tregua.
Tras la ruptura de la tregua, los veyenses reanudaron sus ataques, pero fueron derrotados una y otra vez por los Fabios, quienes, envalentonados por sus éxitos, se volvieron atrevidos y atacaron y pillaron el territorio de Veyes.

Batalla de Cumas
La batalla de Cumas fue una batalla naval en el 474 a. C. entre los navíos de Siracusa y Cumas y los etruscos (a los que los griegos denominaban "tirsenos" o "tirrenos").
Hierón I de Siracusa se alió con Aristodemo, el tirano de Cumas, para defenderse contra la expansión etrusca en el sur de Italia. En 474 a. C. se reunieron y derrotaron la flota de los etruscos en Cumas en el golfo de Nápoles. Después de su derrota, los etruscos perdieron gran parte de su influencia política en Italia. Se perdió el control del mar y sus territorios fueron asumidos por los romanos, samnitas y galos. Los siracusanos dedicaron un casco etrusco capturado al gran santuario panhelénico en Olimpia, donde unas excavaciones alemanas descubrieron un trozo de armadura. Los etruscos más tarde se unieron a la fallida expedición ateniense contra Siracusa en el 415 a. C., lo que contribuyó aún más a su desprestigio.

Batalla del Monte Álgido
La batalla del Monte Álgido fue un conflicto militar sucedido en 458 a. C. (o 457 a. C.) entre la República Romana y los ecuos ubicados cerca del Monte Álgido, Latium. El dictador romano Lucio Quincio Cincinato convirtió una derrota romana en una importante victoria.

Contexto
El gobierno de Roma ya era compartido entre los pueblos romanos originarios, los latinos y los sabinos. Por ejemplo, la gens Quincia, quienes tuvieron una importante influencia sobre la vida pública de Roma durante esta época, eran de origen latino. Los hérnicos estaban aliados con los romanos; los etruscos no chocaban con los romanos pese a que la ciudad etrusca de Veyes estaba situada muy cerca de Roma.
Los mayores enemigos de Roma en estos tiempos eran los volscos y los ecuos. Los volscos estaban ubicados en el territorio al oeste de Roma, mientras que los ecuos se hallaban al este. Ya sea junto a algún aliado o no, los ecuos atacaban permanentemente Roma y sus alrededores. Además, los ecuos se trasladaron desde los Montes Apeninos hacia Tusculum (Frascati). Sus ataques interferían con el comercio y las comunicaciones a lo largo de la Vía Latina y del territorio romano en general.
Dentro de Roma, en esta época, existían disturbios. Había conflicto entre los patricios y los plebeyos romanos. También hubo una revuelta por parte de los esclavos de Roma en la cual estos tomaron el Campidoglio durante un tiempo considerable, junto con los templos más importantes de la ciudad. En medio de esta revuelta, el cónsul Valerio Publícola falleció. Los disturbios finalizaron con la llegada de un ejército desde Tusculum liderado por el dictator Lucio Mamilio. Mientras tanto, Lucio Quincio Cincinato fue designado cónsul en reemplazo de Publícola.
En 459 a. C., los ecuos ocuparon Tusculum. Como respuesta ante la amenaza inminente, los romanos decidieron enviar un ejército bajo el mando del cónsul Lucio Cornelio Maluginense para ayudar a su ciudad aliada. El cónsul Fabio Vibulano, quien en ese momento se hallaba sitiando Antium, también movilizó sus tropas para atacar Tusculum. Finalmente, la gente de Tusculum consiguió recapturar su ciudad con la ayuda de Vibulano, quien pudo matar a muchos ecuos cerca del Monte Álgido. A continuación, se estableció una tregua con los ecuos.
No mucho después, en 458 a. C., los ecuos rompieron la tregua y volvieron a atacar Tusculum, acampando cerca del Monte Álgido. Al mismo tiempo, un ejército sabino se puso en marcha contra Roma. Rápidamente se formaron dos ejércitos romanos: El cónsul Cayo Naucio Rútilo planeaba adentrarse en los territorios ecuos, mientras que el cónsul Lucio Minucio Esquilino atacaría el campamento del Monte Álgido. 
Minucio no llegó a atacar a los ecuos, quienes, llegada la noche, habían comenzado a construir fortificaciones alrededor del campamento romano. Puesto que Nautio no supo cómo manejar la situación, Cincinato, cuyo breve período como cónsul había concluido, fue elegido dictador. 
Dice la tradición que cuando los emisarios del Senado llegaron a casa de Cincinato para comunicarle su nombramiento, él se encontraba arando sus campos. Tratándose de la seguridad de su patria, no lo dudó: dejó a su esposa al fente de la granja y a la mañana siguiente se presentó en el Foro, vestido con la toga de dictador orlada de púrpura, e hizo un llamamiento a todos los romanos para acudir en defensa de su ciudad. Rápidamente organizó un ejército a cuyo frente se puso y acudió en ayuda de las tropas de Esquilino. 

Quintus Cincinnatus (Pierre Lacour, c.1800)

La batalla
Cincinato eligió a su magister equitum y realizó una leva en el Campo de Marte, pidiendo a cada romano disponible que trajera comida para cinco días y doce valli. Los valli eran empleados para construir una muralla protectora alrededor del campamento; la solicitud de doce valli en lugar de uno fue algo inusual.
El ejército romano llegó al Monte Álgido por la noche. Cincinato envió el aviso a los romanos sitiados de que había llegado y luego ordenó a sus hombres construir una muralla alrededor de los ecuos. Estos atacaron a Cincinato, pero pronto fueron obligados a darle la espalda para enfrentarse a las tropas de Minucio, quien había abandonado su campamento para reunirse con sus compatriotas. La muralla alrededor de los ecuos estuvo completa para el amanecer; Cincinato ordenó a sus hombres, quienes habían marchado y trabajado durante todo un día sin descanso alguno, que atacaran a los ecuos dentro de la muralla. Estos, incapaces de contener un ataque en dos frentes, se rindieron. Cincinato dejó ir a todos los ecuos salvo a sus líderes.

Consecuencias
Los líderes ecuos fueron mantenidos prisioneros en Roma. El botín del saqueo al campamento ecuo fue distribuido entre los hombres de Cincinato, mientras que los romanos bajo el mando de Minucio eran criticados y el mismo Minucio, depuesto.
Cincinato recibió un triunfo romano, mientras que el cónsul Lucio Mamilio de Tuscullum recibió la ciudadanía romana. Pese a haber sido electo como dictador por un período de seis meses, Cincinato renunció tras sólo dieciséis días.

Batalla de Corbione
La batalla de Corbione fue un conflicto militar ocurrido en 446 a. C. entre la República romana y pueblos itálicos ecuos y volscos. El cónsul Tito Quincio Capitolino Barbato, secundado por Agripa Furio Fuso y Espurio Postumio Albino, lideró a sus tropas a la victoria contra las tribus de los ecuos y de los volscos, pertenecientes al noreste y sur del Lacio, respectivamente. Los romanos ya habían derrotado a los ecuos en la batalla del Monte Álgido, de modo que la batalla de Corbione marcó definitivamente el dominio de Roma sobre esta tribu.
Después de los reveses militares sufridos por los decenviros, provocados por una mala coordinación de las operaciones y a problemas de autoridad y disciplina en el seno del ejército, Roma conoció una serie de campañas victoriosas, desde el restablecimiento del consulado. La elección de nuevos cónsules y tribunos permitió la aplicación de políticas diferentes, distintas del simple apego al poder a cualquier precio. Paradójicamente, ecuos y volscos no aprovecharon el período de desórdenes civiles que desestabilizó a Roma, sino que reemprenden la ofensiva en el momento en que los romanos se han dotado de generales competentes.

Ofensiva de ecuos y volscos
Según Tito Livio, los jefes de las tribus ecuas y volscas deciden romper la paz con Roma, a fin de hacerse con botín procedente de las tierras circundantes de la ciudad. En efecto, al estar los romanos divididos, el momento parece propicio para atacar a un estado que crece peligrosamente y amenaza la independencia de los pueblos vecinos.
Las tribus reúnen sus tropas y forman una coalición contra los romanos. Su ejército avanza en territorio latino, que es saqueado. Paralizado por conflictos internos, los romanos no intervienen, y los coaligados llegan cerca de Roma, hasta la Porta Esquilina sin encontrar resistencia, e instalan su campamento en Corbione, cerca de Tusculum.

Intervención de Tito Quincio
En 446 a. C., Tito Quincio Capitolino Barbato, cónsul por cuarta vez, decide tomar las armas. Según la tradición, consigue convencer al pueblo en la necesidad de una intervención militar, gracias a un largo discurso, donde critica las divisiones internas y la segunda secesión de la plebe, resaltando los perjuicios económicos que traería dejar obrar libremente al enemigo. Todas las clases del pueblo romano responden a la llamada del cónsul, y la leva del ejército se hace sin dificultad.
El segundo cónsul, Agripa Furio Fuso, reconociendo la competencia militar de su colega, le deja el mando de las operaciones. El ejército se instala en Corbione pocos días después, cerca del campo enemigo, y la batalla comienza al día siguiente. Atacados en dos frentes, los ecuos y volscos son puestos en fuga, y los romanos se apoderan de su campamento, recuperando el botín reunido en los últimos meses.

Los cónsules victoriosos vuelven a Roma, pero no se celebra ningún triunfo, sin que se sepa si porque no lo solicitaron, o porque el Senado no se lo concedió. 

Segunda guerra de Veyes (437 – 426 a.C)
La incitación a la segunda guerra contra Veyes era la misma de siempre: demasiada población en un área demasiado pequeña. La ciudad de Veyes estaba situada a sólo 18 km de Roma, en el otro lado del río Tíber. Más cerca estaba Fidenae a una distancia de tan sólo 8 km y al igual que Roma, en la orilla izquierda del río y que controlaba el tráfico hacia Roma.
De hecho Fidenae era una colonia romana. A sus habitantes no les gustaba eso y en 437 a.C, decidieron cambiar de bando y acudieron a Lars Tulumnio, rey de Veyes. Cuando Roma envió el enviado para averiguar por qué los fidenos habían cambiado de bando, los enviados fueron asesinados por órdenes de Tulumnio.
Después de la primera batalla sangrienta del Senado Romano nombró un dictador: Mam. Emilio Mamercino. Bajo su mando los romanos ganaron la siguiente batalla, pero la guerra estaba lejos de terminar. Esta guerra que duraría 11 años. Aún así, las campañas se libraron durante el verano; el único momento en que era interesante para saquear los campos del enemigo.
En el año 434 a.C Quinto Servilio fue nombrado dictador. Cuando Roma se vio debilitada por una epidemia, y fue atacada de nuevo por Veyes y Fidenae. El dictador llevó a cabo un ataque en Fidenae y darse cuenta de que no podía invadir la ciudad ni tampoco era muy posible sitiar la ciudad, decidió cavar un túnel y tomó la ciudad por sorpresa.
En el año 431 a.C, los ecuos y volcos se reunieron en el monte Álgido, que se encuentra a unos 20 km al sur de Roma, y construyeron fortificaciones. Por supuesto, esto causó pánico en Roma, pero los dos cónsules no consiguieron ponerse de acuerdo sobre cómo hacer frente a este problema. El Senado les ordenó a nombrar un dictador, pero ninguno de ellos estaba dispuesto a hacerlo. Sólo cuando los tribunos les amenazaron con meterlos en la cárcel, si seguían negándose a obedecer al Senado, nombraron a Postumius Tuberto como dictador, que logró derrotar a los enemigos en el monte Álgido.
Veyes buscó el apoyo de otras ciudades etruscas. Cuando aparentemente las 12 ciudades etruscas se disponían a marchar sobre Roma, El Senado designó Mam. Emilio Mamercino dictador una vez más. Pero la liga etrusca era sólo unión entre las ciudades y no había ninguna obligación de ayudarse mutuamente. Los veyanos al verse solos, desistieron atacar. Los romanos se sintieron aliviados.

Emilio acortó la duración de su cargo de 5 años a 18 meses y después dimitió.

En 426 AC se eligieron 4 procónsules que decidieron atacar Veyes nuevo. Tres de ellos marcharon hacia Veyes, pero debido a la falta completa de coordinación, fueron derrotados. En Roma cundió de nuevo el miedo; el Senado designó como dictador a Emilio de nuevo. Evidentemente, los romanos no habían destruido Fidenae ni llevado al pueblo a la esclavitud, porque Fidenae tomó parte en la batalla que siguió. Una vez más Fidenae fue conquistada. Esta vez la ciudad fue destruida y un montón de prisioneros vendidos como esclavos. A Veyes se le concedió una tregua de 20 años. 

Batalla de Hímera (409 a. C.)
La Segunda Batalla de Hímera se libró cerca de la ciudad de Hímera en Sicilia en 409 a. C. entre las fuerzas cartaginesas bajo Aníbal Magón (político cartaginés de la familia Magónida) y los griegos jonios de Hímera ayudados por un ejército y una flota de Siracusa. Aníbal, actuando bajo las instrucciones del senado cartaginés, ya había saqueado y destruido la ciudad de Selinunte después de la Batalla de Selinunte en 409 a. C. Aníbal atacó a la ciudad de Hímera, sitio de la gran derrota cartaginesa en 480 a. C. y destruyó por completo el lugar. Hímera nunca fue reconstruida, una nueva ciudad llamada Termes fue construida al oeste de la ciudad en ruinas, que contenía una población mixta de griegos y fenicios.

Batalla de Selinunte (409 a. C.)
La Batalla de Selinunte, que tuvo lugar en la primavera de 409 a. C., fue la primera batalla de la llamada Segunda guerra siciliana. El sitio se prolongo diez días y la batalla se libró en Sicilia entre las fuerzas cartaginesas bajo Aníbal Magón (Un político de Cartago de la familia Magónida, no el famoso Aníbal de la familia Bárcida) y los griegos dorios de Selinunte. La ciudad de Selinunte había derrotado a la ciudad élimo de Segesta en 415 a. C., un evento que llevó a la invasión ateniense de Sicilia en 415 a. C. y que terminó con la derrota de las fuerzas atenienses en 413 a. C. Cuando Selinunte nuevamente atacó a Segesta en 411 a. C., Cartago, respondió al llamado de Segesta, Selinunte fue sitiada y saqueada después de que los cartagineses rechazarán los ofrecimientos de negociaciones hechas por los griegos. Este fue el primer paso de la campaña de Aníbal para vengar la derrota cartaginesa en la primera batalla de Hímera en el año 480 a. C. La ciudad de Selinunte fue reconstruida posteriormente, pero no volvió a recuperar su poderío anterior.


Sitio de Agrigento (406 a. C.)
El sitio de Agrigento tuvo lugar en 406 a. C. en Sicilia. El sitio cartaginés duró un total de ocho meses. El ejército cartaginés bajo Aníbal Magón sitió la ciudad griega doria de Acragante en represalia contra los ataques griegos de las colonias púnicas en Sicilia. La ciudad había logrado repeler los ataques cartagineses hasta que un ejército de ayuda de Siracusa derrotó a una parte del ejército sitiador cartaginés y levantó el asedio de la ciudad.

Durante el asedio, Aníbal y un gran número de soldados cartagineses habían muerto de peste, y los supervivientes se encontraban en una situación desesperada después de que los griegos lograron cortar sus líneas de suministro. Sin embargo, los cartagineses, ahora dirigidos por Himilcón, un pariente Magónida de Aníbal, lograron la captura de un convoy de suministros griegos de los barcos, utilizando la flota cartaginesa, lo que obligó a los griegos a hacerle frente a la amenaza de morir de hambre a su vez. Esto causó la primera división de los griegos sicilianos, entonces la mayoría de la población de Acragante abandonó la ciudad, lo que permitió a Himilcón capturar y saquear la ciudad.


Tercera guerra de Veyes (406 – 396 a.C)
Un ejército romano hasta la fecha, soldados eran llamados en la primavera, y licenciados en otoño, que servían a sus expensas y armado cada uno según su posibilidad económica, estaba sujeto naturalmente a muchos inconvenientes. No podía marchar lejos de casa, no podría hacer campañas largas, no podía estar de guarnición en ciudades capturadas. Esta debilidad se hizo tan patente en la guerra anterior contra Veyes, el Senado finalmente optó por pagar, alimentar y equipar a los soldados.
La paga era en un principio de 100 asses (dinero suficiente para comprar un buey) al mes por infante, el doble tanto para los oficiales de menor importancia y la caballería, y el triple para un jinete que proporcionaba su propio caballo, pero las armas, equipos y alimentación eran deducidos de la paga. Con esta medida, los soldados podían permanecer más tiempo en las legiones y permitir prolongar las guerras en tiempo que fuese necesario.
Al finalizar la tregua, no faltaron pretextos para renovar las hostilidades. Antiguas ofensas no satisfechas fueron de nuevo evocadas ante el Senado, para demostrar que Roma hacía la guerra en defensa de su derecho. Después de algunas discusiones internas en Roma, la guerra fue declarada en el año 405 a.C, y comenzó el largo asedio a Veyes que se prolongaría durante 10 años. Veyes sólo obtuvo el apoyo de las ciudades etruscas de Capua, Falerii y Tarquinia, mientras que la también etrusca Caere, apoyaba a los romanos.



Ciudad etrusca de Veyes 400 a.C. En el primer plano se aprecia la ciudadela con el templo de Juno, detrás la ciudad propiamente dicha, la zona principal está cercana a la ciudadela. Autor Peter Connolly

No se sabe nada sobre los dos primeros años; y solo al llegar al 403 a.C, se habla de una salida de los sitiados, los romanos habían construido una gran rampa que había llegado a las murallas de la ciudad, y sus manteletes estaban a punto de ser puesto en contacto con las murallas, con objeto de demolerlas. Una noche, los defensores de Veyes salieron de la ciudad, y quemaron las máquinas de asedio y la rampa. Los romanos tras esta derrota, renovaron el asedio.
En 402 a.C,  M. Sergio Fidenas y L. Verginio Tricostus Esquilinus, dos de los seis tribunos consulares para el año, se detestaban entre sí. Los capenatos y los faliscos, dos pueblos de habla latina que vivían al norte de Veyes y eran parte del mundo etrusco, temían que si Veyes caía, a continuación irían a por ellos, así que decidieron acudir en ayuda de sus vecinos. Su ejército combinado atacó por parte de las trincheras romanas mandadas por Sergio. Al mismo tiempo, los defensores de la ciudad atacaron las trincheras desde el lado opuesto. La campamento principal romano estaba mandado por Verginio, que se negó a ayudar a menos que Sergio le pidiese ayuda. Sergio era demasiado orgulloso para hacer eso, y se vio obligado a retirarse de nuevo a Roma.
Los tribunos consulares fueron procesados y condenados respectivamente a una multa de 10.000 ases, porque el primero había dejado a los veyenses asaltar su campo, y el segundo, a pesar de su proximidad, no había ido a socorrerle. En el 401 AC los tribunos consulares. Manio Sergio y L Virginio Camilo siguieron con el asedio, mientras que el tribuno consular Marco Furio Camilo castigó a los capenatos y a los faliscios, por la ayuda que habían prestado a Veyes, devastando su territorio.
En el año 399 a.C los capenatos y faliscos hicieron un segundo intento de asalto. Esta vez los romanos cooperaron, y mientras los aliados atacaban las trincheras romanas por retaguardia, siendo rechazados y obligados a huir. Los defensores de la Veyes hicieron una salida, quedando atrapados fuera de los muros de la ciudad cuando las puertas fueron cerradas para evitar que los romanos irrumpieran en la ciudad. Los capenatos y faliscos sufrieron una segunda derrota en su huida cuando se encontraron con un grupo romano que regresaba al campamento.
Los años 398 y 397 a.C fueron tranquilos alrededor de Veyes, pero en el 396 a.C, se nombró dictador a Marco Furio Camilo, después de que dos de los tribunos consulares Titinio y Genucio se habían dejado conducir a una emboscada de los capenatos y faliscios, y el segundo había muerto durante la misma.
Camilo reclutó un nuevo ejército, que por primera vez incluía elementos latinos y hérnicos. Se dirigió contra los aliados y les derrotó en la batalla de Nepete (Nepi), y prosiguiendo a continuación con el asedio. Lo primero que ordenó fue la construcción líneas de circunvalación y contra-circunvalación que los griegos ya habían utilizado en el sitio de Platea una generación antes, con el fin de evitar la salida de los sitiados y los ataques del exterior. A continuación ordenó la excavación de un pasaje subterráneo desde las líneas romanas a la ciudadela, en la que se encontraba el templo de Juno.
A través de este túnel un grupo seleccionado se abrió camino y entró en la ciudad, abriendo las puertas, mientras tanto los habitantes se mantuvieron ocupados con un ataque simultáneo en muchos puntos. Finalmente la ciudad fue asaltada. La ciudad fue incorporada a la esfera romana.
El momento era importante para ambas ciudades, pues marcaba el principio de la decadencia final de Etruria, amenazada por el norte por los celtas, y al sur por Roma, así como el inicio de la expansión romana, que la llevará a la conquista de toda Italia.
Camilo fue llamado el año 391 a.C por el tribuno L. Apuleyo para dar cuenta de la distribución del botín de Veyes, huyó al destierro antes del día señalado para el juicio; siendo condenado en ausencia, por las tribus a una fuerte multa. ¡Pocos meses después, Roma no era más que un montón de ruinas!
La caída de Veyes aumentó en gran medida la fuerza potencial de Roma. Casi se duplicó la tierra controlada directamente por la ciudad. Aunque los habitantes sobrevivientes de Veyes fueron vendidos como esclavos, se respetó a la población rural, aumentando la mano de obra de la República. Este gran aumento en el poder pronto iba a ser eclipsado temporalmente por un gran desastre, de sólo seis años más tarde la ciudad fue capturada y saqueada por los galos bajo Breno.

Batalla de Gela (405 a. C.)
La batalla de Gela tuvo lugar en el verano de 405 a. C. en Sicilia. El ejército cartaginés bajo Himilcón (un miembro de la familia Magónida y pariente de Aníbal Magón), que había pasado el invierno y la primavera en la ciudad capturada de Akragas, marcharon para hacer frente a los griegos en Gela. El gobierno de Siracusa había depuesto a Dafneo, el general sin éxito del ejército griego en Akragas, con Dionisio, otro oficial que había sido un seguidor de Hermócrates. Dionisio planeó y consiguió plenos poderes dictatoriales. Cuando los cartagineses avanzaron sobre Gela y pusieron la ciudad bajo asedio, Dionisio marchó de Siracusa para hacer frente a la amenaza. Planeaba usar un complejo ataque de tres pasos contra los cartagineses, que fracasó debido a la falta de una adecuada coordinación. Dionisio decidió evacuar a Gela, ya que la derrota provocó el descontento en Siracusa y no querían perder su poder. Himilcón saqueó la ciudad abandonada después de que los griegos habían huido a Camarina.

Saqueo de Camarina
El saqueo de Camarina tuvo lugar en la primavera de 405 a. C. en Sicilia. Hermócrates había saqueado las posesiones cartaginesas de Selinunte en Sicilia después de 408 a. C., y en respuesta Cartago envió un ejército a Sicilia bajo Aníbal Magón y Himilcón II de la familia Magónida que confrontaron a la coalición de griegos sicilianos, bajo la dirección de Siracusa. Los griegos se vieron obligados a abandonar Acragante en el invierno de 406 a. C., después de un asedio de ocho meses. Aníbal Magón había perecido en Acragante por la peste durante el asedio, los cartagineses saquearon Acragante y pasaron el invierno allí, atacaron Gela, en la primavera de 405 a. C. Dionisio I se había convertido en comandante supremo de Siracusa para ese tiempo, pero su ejército fue derrotado en Gela. A pesar de que las bajas griegas eran ligeras, Dionisio evacuo la ciudad, que los cartagineses saquearon al día siguiente. El ejército griego volvió a fallar de nuevo a Camarina después de una larga marcha forzada con los refugiados gelanos el día después del saqueo de Gela. Dionisio ordenó a los ciudadanos de Camarina que abandonaran su ciudad en vez de organizar una defensa. Mientras se retiraba a Siracusa, parte del ejército griego se rebeló y ocupó Siracusa, Dionisio, más adelante logró recuperarla. Los cartagineses saquearon Camarina y acamparon delante de Siracusa en el verano, y después de un tiempo un tratado de paz fue firmado que señalaría el control cartaginés sobre Selinunte, Acragante, Gela y Camarina, a los griegos se les permitió instalarse en estas ciudades, mientras que Dionisio fue señalado como el gobernante de Siracusa. Cartago había alcanzado la cúspide de su control en Sicilia, ya que ella no volvería a obtenerla hasta la muerte de Agatocles en 289 a. C.

Invasión de los galos
En el 390 a.C, los galos senones mandados por Breno invadieron la provincia etrusca de Siena y atacaron Clusium en número de 30.000. Los clusianos, desbordados por el tamaño del ejército enemigo y por su ferocidad, pidieron ayuda a Roma, aunque no eran amigos ni aliados. Roma, por su parte, debilitada por guerras recientes, envió una delegación para investigar la situación. Las negociaciones con los galos se rompieron, y Quinto Fabio, miembro de la poderosa familia patricia de los Fabios, mató a uno de los líderes galos. Los galos exigieron que la familia Fabia les fuese entregada para ajusticiarlos, pero los romanos no sólo se negaron, sino que, fueron nombrados tribunos militares con poderes consulares (el rango más alto que se podía alcanzar).
Los enfurecidos galos declararon la guerra a los romanos para vengarse del insulto que habían recibido.
Tras abandonar Clusium en dirección sur, los galos se dirigieron hacia Roma. Los tribunos consulares enviaron apresuradamente un ejército improvisado para intentar detener el rápido avance eligiendo una hondonada formada en el lugar en donde se une el río Alia con el Tíber, en la Vía Salaria (apenas a unas 15 km de Roma).
Sin elegir un lugar apropiado ni fortificar un campamento o empalizada los romanos formaron en orden de combate teniendo a su derecha las elevaciones de los montes Crustuminos.
Dado el elevado número de enemigos se decide alargar el frente para impedir ser envueltos; el alargamiento del frente produce una debilitación en el centro de la línea. A la derecha había una pequeña elevación, que decidieron ocupar con las tropas de reserva (esta medida fue la única salvación de los fugitivos) la batalla tendría lugar el 18 de julio del 390 AC, otro autores la sitúan en el 387 a.C.

Batalla de Alia o Allia (390 a.C)
Los romanos disponían 6 legiones (unos 25.000 infantes y 1.800 jinetes) bajo el mando de Quinto Sulpicio y se dirigió al río Alia o Allia para detener allí a los senones.

Batalla del río Alia o Allia 390 a.C. Despliegue de fuerzas

El ejército romano se asentó junto al rio Alia para detener al enemigo, situó la caballería en las alas (1.800) y las 6 legiones en la triplex acies, clase I, II y III, con un total de 18.000 infantes pesados y delante 7.200 infantería ligera clase IV y V acenti y leves.
Por Breno, el jefe galo disponía de unos similares con una caballería muy superior, temiendo una estratagema ante el escaso número de los enemigos, y pensando que la elevación del terreno estaba ocupada con el fin de que las reservas romanas envolviesen por el flanco para atacar la retaguardia de los galos, mientras que su frente estaba fijado las legiones, decidió atacar por las alas poniendo en fuga a la caballería romana y destruir primero la reserva que estaba en una elevación, después las legiones fueron rodeadas y atacadas por todos los lados, acabando siendo masacradas.

Batalla de Alia o de Allia 390 a.C. Autor Seán Ó´Brógáin

Era la primera vez que los romanos se enfrentaban contra tácticas distintas de las heleno-itálicas; la experiencia fue aciaga debido a las masas de jinetes que les superaban en número y les atemorizaban por su corpulencia y el tamaño de sus armas.
Los supervivientes de las legiones huyeron de vuelta a Roma en estado de pánico. Tito Livio comenta que “todos corrieron a Roma y se refugiaron en el Capitolio sin antes cerrar las puertas.” Otro grupo de supervivientes se dirigió a Veyes.

Conquista de Roma
Tras la batalla de Alia, los galos, desconcertados por tan aplastante victoria, comenzaron a despojar a los muertos apilando todas las armas capturadas como era costumbre en ellos.
Temiendo algún tipo de sorpresa no reaccionan en un primer momento. Los romanos, aprovechando este desconcierto inicial, empezaron a hacer acopio de armas y víveres y se retiraron al Capitolio, que era la fortaleza de la ciudad.
Entre las medidas tomadas cabe destacar que los ancianos y aquellos incapaces de portar armas quedaron en la ciudad a merced de su suerte.
En Roma los senadores esperaron inmóviles en el edificio del Senado la llegada de los galos; éstos, al verlos, creyeron que eran estatuas hasta que uno de ellos acarició la barba de un senador. Éste golpeó al galo con su bastón. El galo, aturdido en un primer momento, mató al senador romano desencadenando una terrible matanza senadores. Y del resto de la población, saqueando la ciudad.

Galos observando a un senador inmóvil creyendo que era una estatua (izquierda), uno de ellos le toca la barba y éste le golpea con el bastón (derecha).

Tras saquear la ciudad, los galos atacaron sin éxito durante varios días la ciudadela del Capitolio. Viendo que los víveres comenzaban a escasear se dividieron en dos grupos: uno mantendría el asedio mientras que el otro saldría a forrajear en los campos vecinos.
Los encargados de buscar grano se acercaron a la ciudad de Ardea que, precisamente donde permanecía exiliado Marco Furio Camilo. Éste al enterarse de la proximidad de los galos reunió a los hombres útiles con las armas que pudieron encontrar, salieron de la ciudad, y atacaron por sorpresa a los galos y, más que una batalla, se produce una verdadera matanza.
Por otra parte, los etruscos viendo la situación desesperada en la que se encontraba Roma, intentan recuperar la ciudad de Veyes pero fue en vano ya que dentro de las murallas se escondía una parte del ejército romano que huyó tras la batalla de Alia. Las tropas al mando del centurión Quinto Cedicio hicieron una salida nocturna y derrotaron a los etruscos; no contento con la victoria obligó a unos prisioneros a que le condujesen a su campamento. Una vez allí obtuvo una segunda victoria y regresó a Veyes.
En la ciudad de Veyes comenzaron a llegar algunos aliados de la Liga Latina; el centurión Quinto Cedicio reunió a las tropas y decidieron llamar a Camilo para que encabezase a las mismas pero antes se debería consultar con el Senado; a tal punto todo estaba regulado por el respeto a la ley.
Poncio Cominio se ofreció voluntario para llevar el mensaje al Senado. Desde la parte alta del Tíber se dejó llevar por la corriente hasta la orilla más cercana al Capitolio, escaló una zona bastante escarpada y se abrió paso hasta el Capitolio. Fue llevado ante los magistrados y entregó el comunicado de las tropas de Veyes. El soldado regresa con la decisión del senado de llamar a Camilo del exilio y otorgarle de nuevo el cargo de dictador.

Mientras, los galos habían descubierto una vía de fácil acceso por la escarpadura. Escogieron una noche con poca luz y enviaron un hombre desarmado en avanzada para comprobar el camino; tras él avanzaron hombres armados que se ayudaban entre sí llegando finalmente a la cumbre. Tan silenciosamente se habían desplazado que no sólo pasaron desapercibidos a los centinelas, sino también a los propios perros, animales particularmente sensibles a los ruidos nocturnos.
Pero no escaparon a la atención de los gansos sagrados de Juno, que armaron tanto ruido que despertaron a Marco Manlio, el distinguido soldado que había sido cónsul tres años antes. Cogió sus armas y corrió a dar la alarma al resto; dejándolos atrás, golpeó con su escudo a un galo que había conseguido coronar la cumbre y lo derribó, éste cayó sobre los que estaban detrás y les estorbó, y Manlio mató a otros que habían dejado a un lado sus armas y se aferraban a las rocas con sus manos. En ese momento ya se le habían unido otros y comenzaron a desalojar al enemigo con una lluvia de piedras y lanzas hasta que todo el grupo cayó sin poder hacer nada hasta el fondo.

Vae Victis
Los romanos empezaron a organizar las primeras formas de resistencia. Marco Furio Camilo, de regreso de su exilio en Ardea, infligió algunas derrotas a los galos alrededor de la ciudad. Breno pronto se dio cuenta de que a pesar de controlar Roma, había un riesgo real de llegar a un punto muerto potencialmente peligroso para su ejército, escaso de víveres. Probablemente por esta razón el líder bárbaro propuso a los magistrados romanos rescatar la ciudad a cambio del pago de 500 kg de oro.
Los romanos, aceptaron el pago, pero protestaron argumentando que las pesas utilizadas para calcular el peso del oro habían sido alteradas; Breno arrojó su espada a la balanza, pronunciando la frase Vae Victis, (¡Ay de los vencidos!).
Mientras continuaba la discusión sobre las pesas falsas se presentó Marco Furio Camilo y ordenó que se quitara el oro de las balanzas y que se retirasen los galos; estos se quejaron argumentando que se había establecido un acuerdo definitivo pero Camilo les informó de que él era dictador y ningún tratado hecho por magistrados inferiores era válido sin su sanción. Ordenó a sus hombres que preparasen las armas y les dijo “Non auro, sed ferro, recuperanda est patria” (hay que recuperar la patria con el hierro, no con el oro).
Al primer choque los galos sufren una derrota aplastante, huyeron de Roma, siendo alcanzados en el hito (octava piedra miliar) de la carretera de Gabii, a unos 11 kilómetros, donde se habían reagrupado tras la huida. Aquí se produce un segundo combate más prolongado que el anterior y la matanza fue completa; se tomó su campamento y no se dejó a un sólo hombre que llevase noticia de la catástrofe.
Camilo regresó triunfante siendo alabado y recibiendo los apelativos de “Padre de la Patria” y “Segundo Fundador de la Ciudad”.
Comienzan las tareas de reconstrucción y se llevan a cabo muchos ritos religiosos tales como la purificación de todos los templos ya que se consideraban impuros al haber sido profanados por el enemigo.

Vae victis, el galo Breno pronunciando esa frase y poniendo la espada en la balanza, junto a él se encuentra Marco Furio Camilo

Poco más se sabe sobre Breno, salvo que murió años más tarde de un coma etílico producido por beber demasiado vino.

Primera Guerra Samnita (343 – 341 a.C)
Una vez las ciudades latinas fueron incorporadas a la República Romana, los romanos dieron muestra de un talento político aún superior al talento militar. Al contrario que los espartanos, los romanos no sometieron como esclavos a los latinos vencidos, sino que les hacían firmar un tratado o foedus, por el cual pagaban impuestos a Roma, y tenían que enviar fuerzas cuando eran requeridas. Los foedus imponían condiciones diferentes en cada caso. Unas ciudades adquirieron todos los derechos civiles romanos, y otros pocos o ninguno. A unas ciudades se les concedía autonomía municipal completa, a otras autonomía parcial, o ninguna autonomía.
De esta manera, los romanos creaban entre las nuevas ciudades sometidas una especie de envidia mutua, muy ventajosa para sus fines. Aplicaban la política de “Divide et impera” (Divide y vencerás).
Una vez cumplidas las condiciones impuestas por Roma, los pueblos conquistados podían dedicarse a cultivar sus campos sin temor a ser robados o que sus mujeres e hijos pudieran ser vendidos como esclavos.
Al cabo de poco tiempo los latinos querían convertirse en romanos. Querían pertenecer a un pueblo en constante crecimiento, que los defendía, les construía calzadas, protegía su comercio, etc.

Mapa de Italia 354 a.C.

Tras el sometimiento de los auruncos por Roma, ésta fijó como siguiente objetivo la Campania, cuya tierra negra y volcánica, era tan fértil que el agricultor podía obtener tres cosechas anuales. Los romanos habían llegado al río Liris, que ponía en contacto a la República con el Samnio.
Los samnitas se desplazaron hacia la costa, hacia el 500 a.C, debido al colapso etrusco en el sur ocupando la totalidad de Italia Meridional desde Campania hasta la punta de la bota.
En el 423 a.C, ocuparon la colonia etrusca de Capua y en el 421 tomaron la ciudad etrusca de Cumas, que tanta importancia había tenido en la derrota de Lars Porsena. Conquistaron igualmente Apulia en el este, en todos los casos se mezclaron con las poblaciones locales dando lugar a tribus independientes.
Mientras que los etruscos del norte recibieron influencias celtas a través de los galos en cuanto a armamento, los samnitas recibieron influencia griegas de las poblaciones costeras de la Magna Grecia, su armamento lo constituía el típico yelmo ático de los griegos con cresta, dos plumas laterales y carrillera. La coraza estaba compuesta de peto y espaldar de tres discos unidos por tirantes metálicos superiores y laterales. Un cinturón metálico ajustable típico de los samnitas, que era símbolo de virilidad. Los más pudientes llevaban grebas tipo griego, los jinetes llevan tobillera. Por escudos llevaban uno metálico parecido al hoplón griego y también se encuentran algunos con un escudo ovalado tipo scutum. En cuanto al armamento llevaban lanzas y jabalinas (teretes y aclydes que eran más cortas y se impulsaban con una correa), y casi nunca llevaban espadas.
El ejército debió parecerse al de los celtas tempranos o germanos, consistían en bandas de guerra cada una con su propio líder, que solicitaba y obtenía un compromiso de fidelidad de los guerreros individuales. Según Tito Livio tenían cohortes de unos 400 hombres que se dividían en manípulos. En cuanto a las tácticas es muy posible que no empleasen la formación hoplita, sino más bien las emboscadas, y cuando se enfrentaban a una falange, no se empeñaban, atacaban y se replegaban hasta hacer perder cohesión a su adversario.
Para el mando de un ejército nombraban una especie de cónsul al que denominaban meddix tuticus (magistrado supremo), meddix minor que estaban subordinados al tuticus y también existía el meddix decentarios que era el equivalente al cuestor romano. Es muy probable que estos cargos fueran electos.
Los samnitas eran tribus de montañeses originarios del valle del Samnio, que se habían desplazado hacia la Campania. Se dividían en cuatro tribus principales: pentros, carecenos, caudinos e hirpinos. Carecían de una capital permanente, por que no formaban una unidad política.
Los samnitas habían comenzado a introducirse hacia Campania, donde ellos se habían vuelto, hacia una vida más civilizada, y, se habían vuelto también menos bélicos, y menos equipados (militarmente), para hacer frente a sus parientes de las colinas.
La primera oportunidad se le presentó a Roma por una especie de guerra civil entre las tribus samnitas del mismo Samnio y los samnitas de la Campania. Estos últimos solicitaron ayuda a los romanos, que muy gustosamente se la proporcionaron. 

Batalla del monte Gaurus 343 a.C
En el 343 a.C, los samnitas comenzaron a presionar a los sidicinos de la ciudad de Calès, quienes buscaron la ayuda de Capua. Ésta era la ciudad más importante de Campania y respondió a la llamada, pero su ejército fue derrotado en territorio sidicino. Los samnitas avanzaron entonces hacia el sur a Campania, vencieron a los campanos por segunda vez a las afueras de Capua, y después sitiaron la ciudad. Capua apeló entonces a Roma mediante la fórmula de la deditio: una fórmula legal que suponía la entrega de la ciudad en lugar de un simple pacto, y por tanto un lazo legal más fuerte que el reciente foedus entre romanos y samnitas, los romanos firmaron una alianza con la ciudad de Capua.
Los dos cónsules de ese año se dirigieron contra los samnitas. Marco Valerio Corvo fue enviado a Campania, mientras que Cornelio Arvina invadió el Samnio.
Valerio fue el primero en atacar los samnitas. Avanzó hacia el sur en Campania, llegando finalmente a monte Gaurus, al oeste de Nápoles y de alguna manera al sur de Capua. Se produjo la batalla del monte Gaurus que duró hasta caer la noche. Los samnitas se retiraron del campo de batalla, y se dirigieron a Capua levantando el campamento definitivamente, los romanos les persiguieron ganando una segunda victoria en Arienzo.
Cornelio Arvina condujo a su ejército al otro lado de la frontera en el Samnio. A medida que avanzaba desde Saticula se dirigía a una trampa samnita en un estrecho valle. Se salvó de un desastre por P. Decio Mus, un tribuno militar, que dirigió parte del ejército a un pico alto con vistas al valle. Esto causó confusión suficiente para que el ejército principal pudiera escapar de la trampa, y al día siguiente los samnitas sufrieron una derrota.
En el 342 a.C, los cónsules de ese año fueron el plebeyo C. Marcio Rutilo y el patricio Q. Servilio Ahala. Marcio dirigió al valle del Volturno y el monte Trebulani; y Servilio en el Lacio. Algunas guarniciones romanas en Campania se rebelaron en el año 342 a.C, impidiendo a la República tomar cualquier acción ofensiva. Los motines que fueron reprimidos por Valerio Corvo con comprensión hacia sus soldados.

Batalla de Sátricum 341 a.C
En el 341 AC, los cónsules fueron el patricio Lucio Aemilio Mamerco y plebeyo C. Plautio Venno. Plautio evitó un ejército volsco acampado en Sátricum a su oeste y se dirigió al sur, por el monte Lepini. Después de aliviar las colonias amenazadas, llegó a las inmediaciones de Privernum, una ciudad volsca bien situada sobre una colina en un pequeño valle situado en las montañas. Los habitantes salieron y presentaron batalla estaba siendo derrotados. La ciudad fue conquistada y dos tercios de las tierras fueron confiscadas, es probable que se adjuntase a la colonia de Setia sólo 10 km al noroeste. Además de este castigo, la ciudad fue guarnecida para prevenir nuevos brotes. Después Plautio se dirigió contra el ejército volsco situado en Sátricum. Se libró gran batalla con grandes pérdidas en ambos lados. Livio afirma la batalla terminó con una tormenta, (recurso que se empleó a menudo en la edad antigua para expresar que acabó en tablas). Al día siguiente, los romanos descubrieron que los volscos habían huido a la cercana Antium (Anzio, otorgándose la victoria.
El cónsul Lucio Emilio Mamerco dirigió un ejército al Samnio, tras varias operaciones de saqueo, al ver su territorio devastado, y con el espartano Arquídamo operando cerca de sus fronteras meridionales, los samnitas pidieron la paz. Pidieron poner fin a la guerra y el derecho de continuar su ataque a los sidicianos. Los romanos estuvieron de acuerdo con estos términos, a cambio de una indemnización equivalente a un año de salario por el ejército.



Samnita contra romano. Autor Óscar Bermejo.

Segunda Guerra Latina (340 – 338 a.C)
La Segunda Guerra de Latina fue un paso importante en el camino de roma para el control de la península italiana, y que produjo un cambio importante en la relación entre la república Romana y sus antiguos aliados latinos.
La Primera Guerra (498-493 a.C), había sido terminada con un tratado en el que Roma y la Liga Latina fueron tratados como iguales. No sirvió para la paz perpetua entre ambas partes, tampoco sirvió para ayudar o dejar el paso libre contra los enemigos de la otra, y in para dividir el botín de cualquier campaña conjunta. Con el tiempo la Liga Latina se convirtió cada vez más insatisfecha con la forma en que los romanos estaban interpretando este tratado, y llegó a sentir que estaban siendo tratados como sujetos en lugar de aliados. Aun así, la mayor parte del siglo y medio entre las dos guerras Latina la Liga Latina suministró la mitad de la fuerza de la mayoría de los ejércitos romanos, y ejércitos romanos y latinos se hicieron cada vez más similares.
La guerra de Latina se superpuso con la primera guerra samnita. En 343 a.C, los romanos habían ganado una serie de victorias, pero en el año 342 a.C se distrajeron por un motín del propio ejército. Esto pudo haber estimulado a la Liga Latina para operar de forma independiente, ya que ase mismo año atacaron a los peliginianos. También alentó a los volscos, que controlaban un área grande al este del Lazio. En 341 una fuerza volsca, atacó a las colonias romanas de Setia y Norba, mientras que otro ejército, dirigido por los volscos de Antium, se reunió a Sátrico.
Los romanos se vieron obligados a dividir sus ejércitos. El cónsul C. Plaucio fue enviado contra los volscos, venciendo a ambos de sus ejércitos, aunque no fue capaz de conquistar Anztium. Su colega Emilio Mamerco dirigió el ejército en el Samnio, donde fue recibido por los enviados de paz. Los romanos estuvieron de acuerdo para poner fin a la guerra de ida y vuelta si pagaban una indemnización equivalente a un año de paga de sus ejércitos, mientras que los samnitas se les dio una mano libre contra los sidicianos



Guerrero oscano siglo IV. Procede de las tierras altas de Italia Central. Hablaban el oscano y se dividían en tres estados distintos: los sidicianos con capital en Teanum, los auruncios y los ausones con capital en Cales. Llevan un casco tipo ilirio con cresta, pectoral de disco, ceñidor, espada larga colgada del pectoral y dos jabalinas.

Los samnitas enviaron un ejército contra el sidicianos, que ahora pidieron ayuda a Roma. Los romanos les rechazaron, por lo que los sidicianos se dirigieron a la Liga Latina. Los latinos estuvieron de acuerdo en ayudarles, y un ejército combinado de latinos y campanos sidicianos invadieron el Samnio. Los samnitas se dirigieron a Roma en busca de ayuda, pero solo obtuvieron una respuesta vaga. El Senado estaba dispuesto a ordenar los a los campanos que cesaran la lucha, pero no había nada en su tratado con la Liga Latina para evitar que ésta pudiese hacer la guerra con el que quisieran.
A estas alturas estaba claro en Roma que la Liga Latina se prepara para la guerra, por lo que el Senado decidió pedir a diez jefes de la Liga para fuesen a Roma para presentar sus demandas. La Liga propuso la creación de una república en paridad entre Roma y el Lacio, en lugar de estar este último subordinado a Roma, y que se aceptara en el Senado a representantes latinos incluidos uno de los cónsules. Roma rehusó la propuesta, por lo que los latinos se alzaron en armas y se declaró la guerra.

Batalla del Monte Vesubio 340 a.C
Roma se alió con los samnitas para sofocar la rebelión de la renovada Liga Latina, que contaba con el apoyo de los volscos de Anzio (Antium), los ecuos, los campanos y los sidicinos traicionados por Roma. Sólo los laurentes del Lacio y los equites de Campania permanecieron fieles a Roma, así como los pelignos.
En el 340 AC, las fuerzas romanas estaban mandadas por los cónsules Publio Decio Mus y Tito Manlio Torcuato, cada uno con dos legiones, pero por supuesto sin sus aliados latinos habituales. El ejército romano avanzaba por uno de dos posibles rutas en Campania. Uno tomó un largo recorrido a través de las tierras de los marsos y pelignos en Samnio antes de emerger en Campania. Llegando finalmente a Capua; el otro por el país de los volscos para someterlo y repartirse el territorio con los samnitas, cuyas tropas se unieron a las romanas en Campania acampando a unos 7 km de la ciudad, donde los latinos y los campanos estaban asentados.
Ambos ejércitos uno frente al otro cerca al Monte Vesubio, en el camino hacia el río Veseris, 35 km al sur de Capua. Livio registra la batalla resultante como la batalla de Veseris como un choque entre ejércitos romanos y latinos que estaban equipados, se organizaron para luchar de la misma manera. Se ignora en gran medida y el papel jugado por los samnitas o campanos.
La noche antes de la batalla, ambos cónsules tuvieron un sueño, anunciando que el ejército cuyo general muriera en combate junto a sus hombres, alcanzaría la victoria. Se acordó entonces que el que Mus mandara el ala izquierda y Manlio la derecha, y que aquel que comenzara a flaquear en combate debía consagrarse a sí mismo y al ejército rival a los dioses Manes y a la Madre Tierra, para alcanzar la victoria.
Ambas fuerzas desplegaron y cuando las tropas de Decio, que mandaba el ala izquierda, empezaron a ceder, decidió cumplir su promesa, llamó al pontífice máximo, Marco Valerio, y repitió después de él las palabras por las que se dedicaba él y el enemigo a los dioses de la muerte, con su toga envuelta alrededor de su cabeza, saltó sobre su caballo, y llevando el vestido de sacrificio, se precipitó en la parte más gruesa del enemigo, donde fue muerto. Tal es la historia más común sobre su muerte, pero otros relatos la cuentan de un modo diferente. Zonaras, dice que fue muerto como una víctima de sacrificio por un soldado romano.
Finalmente el ala derecha romana, mandada por Manlio, contuvo a la reserva latina, y el ala izquierda, ya recuperada, junto con los samnitas foederati destrozaron a las huestes enemigas, de manera que tan sólo una cuarta parte de los latinos pudo escapar.
El cónsul Manlio Torcuato se dice que había restaurado la disciplina del ejército ejecutando a su propio hijo tras un acto de desobediencia involuntaria.
Los latinos se retiraron hacía el norte, y Manlio posteriormente les volvió a derrotar de forma decisiva en la batalla de Trifano o Trifanum, cerca de la desembocadura del río Liris. Esto puso fin a los combates en Campania. Los latinos y los campanos perdieron grandes extensiones de su territorio, que se convirtió en parte del ager Romanus y fue distribuido entre la plebe. De los estados latinos solamente Lavinium no fue castigado, ya que había elegido no unirse a la revuelta.
Más cerca Roma se enfrentó a la amenaza de Antium (Anzio), y los anciates incluso allanaron Ostia, el puerto de Roma. Tito Manlio ahora estaba en mal estado de salud, y así que el senado nombró a Lucio Papirio Craso como dictador, pero él no pudo hacer ningún impacto real, a pesar de pasar varios meses acampado en territorio anciate.

Batalla de la Llanura de Fenectane (339 a.C)
En el 339 a.C, los estados latinos decidieron luchar en lugar de aceptar la pérdida de sus tierras. El centro de la revuelta fue la pequeña ciudad de Pedum, poco más de 25 km al este de Roma. Las ciudades latinas de Tibur, Palestrina, Lanuvium y Velitrae, así como la ciudad volsca de Antium proporcionaron tropas, y el cónsul romano Tiberio Emilio Mamercino fue incapaz de capturar la ciudad. Su colega Quinto Publilio Filo obtuvo una victoria en la desconocida llanura de Fenectane, derrotando a un conjunto indeterminado de ciudades latinas, y de acuerdo con Livio, Mamercino abandonó el sitio de Pedum cuando su colega fue galardonado con un triunfo. 

Batalla de Astura (338 a.C)
Después de los fracasos del 339 a.C, romanos consiguieron capturar Pedum su objetivo principal. Los latinos, conscientes de que eran demasiado débiles para una batalla abierta con los romanos, decidieron no arriesgarse y centrarse en la defensa de sus ciudades, por lo que cuando los romanos amenazaron Pedum los ejércitos de Tibur y Praeneste marcharon para defender la ciudad. Un segundo ejército latino, con contingentes de Aricia, Lanuvio y Velitrae, se trasladó al sur para unirse a los volscos de Antium (Anzio).
También los romanos dividieron sus fuerzas. El cónsul Cayo Menio Nepo se trasladó al sur, y derrotó al ejército aliado en la batalla de Astura. Antium cayó poco después. Su colega Lucio Furio Camilo movió contra Pedum, donde derrotó a los ejércitos de Tibur y Praeneste. Durante la batalla los defensores de Pedum hicieron una salida que resultó desastros, y Camilo fue capaz de asaltar la ciudad.
El cónsul naval Cayo Manlio entabló una batalla naval contra los volscos frente a Antium. Lograron la victoria y Manlio, decidió llevarse a Roma como trofeo los espolones de las naves vencidas. Otra versión de la historia omite la batalla naval, y asigna la captura de los espolones a la capitulación de Actium, último bastión latino, tras una batalla terrestre previa (la de Trifano) y la consiguiente captura de la flota. Sea como fure, Manlio volvió a Roma cargado con las “rostras”. Una vez allí, se colocaron al frente de la tribuna de oradores sita en el foro. Con el tiempo, “Rostra” adquirió un nuevo significado, pasando a nombrar la mentada tribuna (y con más tiempo, a toda tribuna de oradores).
A raíz de estas dos victorias los cónsules se movieron a través de Lazio, capturando cada ciudad latina. Luego regresaron a Roma para celebrar sus triunfos y para ayudar a organizar un nuevo asentamiento para Lazio. La vieja Liga Latina desapareció, y la mayoría de las ciudades latinas perdieron los derechos de los matrimonios mixtos, el libre comercio y el consejo común. Algunas ciudades fueron seleccionadas para un tratamiento especial. Pedum, Lanuvio, Nomentum y Aricia se les dio la ciudadanía romana. Tusculum retuvo su estado anterior. Otras fueron elevadas al rango de colonias, como Ostia, Antium y Terracina. 

Segunda Guerra o Gran Guerra Samnita (326 – 304 a.C)
Avance romano (326-322 a.C)
Tras la Guerra Latina, los romanos continuaron su expansión. Tomaron la ciudad volsca de Privernum en el 329 AC, y los volscos, antiguamente enemigos acérrimos de Roma, desaparecieron como nación. El incremento del poder romano empezaba a inquietar a los samnitas.
Las dos ciudades griegas de Palaeopolis y Neapolis (Nápoles) estaban divididas en dos facciones, una prerromana y otra prosamnita. Los samnitas actuaron primero y establecieron guarniciones en ambas ciudades. Roma les declaró la guerra a ambas.
En el 327 a.C mandaron al cónsul patricio L. Cornelio Lentulo a Samnio al valle del río Liris, y al cónsul plebeyo Q. Publilio Filo a Campania. Lentulo acampó a medio camino de Palaeopolis y Neapolis. A principios del año siguiente, Palaeopolis fue tomada tras dos años de asedio y Neapolis sólo se salvó firmando una alianza con Roma, expulsando entonces a la guarnición samnita. Los samnitas declararon la guerra a Roma. La estrategia de ambas partes, al tener una inestabilidad fronteriza, iba a ser conseguir aliados en la retaguardia contraria. En el caso de Roma sería Apulia y Lucania; en el caso samnita, Etruria y las tribus Sabelias del Apenino Central.

En el 326 a.C, fueron nombrado cónsules el patricio L. Papirio Cursor el plebeyo C. Petelio Libolas, realizando operaciones a lo largo del río Volturno y conquistando las ciudades de Alife, Callifae, y Rufrium pasaron a manos de los romanos, y después devastaron el resto del territorio a lo largo y a lo ancho.
En el 325 a.C fueron nombrados cónsules el patricio L. Furio Camilo y el plebeyo D. Junio Bruto. Bruto atacó a los vestinos, aliados de los samnitas, conquistado las ciudades de Cutina y Cingilia.
En el 324 a.C, se nombró dictador L. Papirio Cursor y a Q. Fabio Ruliano como magister equitum, realizaron operaciones en el lago Fucino y se dirigieron a la ciudad de Fragelae que estaba amenazada por un gran ejército samnita.
En el 323 a.C, se nombró cónsul patricio C. Sulpicio Longo que fue enviado a las inmediaciones de Fragelae y al plebeyo Q. Aulio Cerretano que fue enviado a Apulia, alcanzando por primera vez el mar Adrático, ocupando Arpi donde acamparon para pasar el invierno.
En el 322 a.C, los samnitas piden la paz, las condiciones romanas son muy duras, pero consiguen un año de tregua. 

Contraataque samnita (321-315 a.C)
No había acabado aún la tregua cuando los samnitas retomaron las armas, y durante los siguientes 7 años (321-315 AC) la balanza del conflicto se inclinó de su lado. Parece ser que esto fue principalmente por la habilidad militar del meddix tuticus Cayo Pontio del Telesino, que mereció ser ascendido entre los jefes más antiguos. En su primer año como comandante infligió a los romanos una de las más severas derrotas de toda su historia. 

Batalla de las Horcas Caudinas (321 a.C)
En el año 321 a.C, los dos cónsules, el patricio Espurio Postumio Albino y el plebayo Tito Veturio Calvino, marcharon, tras reunirse en Calatia, hacia el Samnio por el camino de Capua a Beneventum para ir en ayuda de Luceria, que gracias a un engaño samnita, creían que estaba cercada. Cerca del territorio de los caudinos entraron en el célebre paso de Furculae Caudinae (Horcas Caudinas). Consistía en dos estrechos desfiladeros, entre los que había una considerable llanura, pero cerrado por ambas entradas por las montañas. Los romanos, pensando que los samnitas estaban distantes y siendo este el camino más corto para llegar al socorro de Luceria, marcharon por el primer paso y la llanura, pero cuando iban por el segundo vieron que estaba bloqueado por troncos de árbol, de tal manera que era infranqueable y además estaba fuertemente defendido Los romanos pensaban que los samnitas se encontraban lejos, y siendo este el camino más corto para llegar a Lucania, se internaron en el primer desfiladero, pasaron por la llanura y entraron el segundo desfiladero. Al llegar al final, se encontraron la salida bloqueada por árboles derribados, y a los samnitas ocupando las laderas de las colinas. Presa del pánico, los cónsules ordenaron la retirada, pero cuando los romanos llegaron a la entrada, se la encontraron también bloqueada. Los romanos estaban totalmente atrapados, y sin esperanza alguna de poder escapar.
El líder samnita Cayo Pontio Telesino, preparándose con sus oficiales para dar batalla a los romanos en el 321 a.C, todos llevan la coraza samnita de tres discos, en los jefes el disco inferior es una cara del dios de la guerra.

Los dos cónsules y cuatro legiones romanas estaban en manos samnitas. Los samnitas podrían haber exterminado al ejército romano hasta el último hombre, pero tal victoria les hubiese costado bajas, así que decidieron esperar y dejar que los romanos se muriesen de hambre.
Batalla de los Horcas Caudinas 321 a.C, los samnitas atacando a los romanos las laderas del valle. Autor Mitec Jacubiec 

El ejército romano consumió todos sus alimentos, y se vio obligado a pedir condiciones para su rendición.
Cayo Pontio hizo un uso piadoso de su victoria, aceptando dejarlos marchar a salvo a cambio de la promesa de restablecer la antigua alianza en igualdad de condiciones para ambas naciones, a entregar todos los territorios conquistados durante la guerra, que se retiraran los colonos de Fregellae y que el ejército romano pasase por el yugo. Los cónsules y los otros oficiales superiores juraron el acuerdo en nombre de la República, y 600 romanos fueron entregados como rehenes. Todo el ejército romano fue libre para partir, y cada soldado salió pasando bajo el yugo, una humillación que nunca olvidarían. Cuando las noticias del desastre se conocieron en Roma, el Senado rehusó ratificar la paz y envió a los dos cónsules al enemigo.
Batalla de los Horcas Caudinas 321 a.C, los romanos pasando por las horcas. Autor Ángel García Pinto 

Los samnitas se enfurecieron, y comprendieron que habían perdido una oportunidad única de derrotar gravemente a los romanos al aceptar su palabra.
El desastre de Caudium hizo sacudirse la influencia romana en muchos de sus aliados, y la suerte de la guerra estuvo a favor de los samnitas durante algunos años. Los volscos se revelaron, y tomaron Sátricum. Los ejércitos romanos durante ese año estuvieron empleados suprimiendo rebeliones internas.
En el 319 AC, son nombrados cónsules el patricio Papirio Cursor y el plebeyo Q. Aulio Cerretano. Papirio se dirigió a Satricum sofocando la rebelión. Cerretano se dirigió a Apulia contra los fretanos a los que sometió. Los romanos hicieron pasar a los samnitas bajo tres lanzas en recuerdo de las Horcas Caudinas. Este mismo año cae Luceria y los samnitas vuelven a ser pasados bajo el yugo.
En el 318 AC, son nombrados cónsules Lucio Plaucio Venno y M. Folio Flaccinator. Folio se dirigió a Samnia, donde varios pueblos samnitas pretenden establecer una nueva tratado con Roma. Envían legados ante el senado y obtienen una tregua de 2 años.
En Apulia, las ciudades de Teano y Canusium se rindieron al cónsul Lucio Plaucio. Los romanos, aprovecharon la tregua, tomaron posiciones en la retaguardia del Samnio. Este año se nombraron por primera vez prefectos para Capua. 

Avance romano (317-305 a.C)
En el 317 AC, se nombraron cónsules a C. Junio Bubulco y Quinto Emilio Barbula. Ambos ejércitos se dirigen a Apulia conquistando la ciudad de Forentum; y en una incursión en Lucania, el cónsul Barbula tomó la ciudad de Nérulo.
El orden introducido en Capua mediante la adopción de las instituciones romanas había adquirido notoriedad general entre los estados en alianza con Roma, y los antiates solicitaron el mismo privilegio, pues carecían de código fijo de leyes y de magistrados ordinarios propios. El Senado comisionó a los patronos de la colonia para establecer un sistema de derecho. No sólo las armas de Roma, sino también sus leyes, se estaban extendiendo por todas partes.
En 316 a.C, finalizó la tregua firmada en 318, Roma reabrió las hostilidades, aduciendo que los cónsules no tenían la capacidad para firmar tratados. Se pusieron en marcha tres ejércitos, uno operaría en Campania, otro en el valle del Liris y el tercero marcharía hacia el Adriático para encaminarse luego al Sur y unirse a los apulios contra los samnitas del lugar.
Los samnitas reaccionaron con rapidez. Mientras fijaban a los ejércitos de Abulia y del valle del Liris, destrozaron al ejército de Campania. Los romanos nombraron dictador a Lucio Papirio Cursor, que había sido cinco veces cónsul y dos veces dictador, reunió todas las fuerzas disponibles y marchó al Sur. Mandó a la mitad del ejército al mando de su magíster equitum Marco Fulvio a cubrir el camino de la costa (luego Vía Apia), mientras el avanzaba por la vía Latina, entre las colinas.
El ejército samnita, que había seguido la Vía Latina, cambió entonces de dirección y, atravesando las colinas, atacó por sorpresa al Marco Fulvio jefe de caballería cerca de Terracita. El ejército romano cayó al completo. El terror hizo que los aliados meridionales de Roma se rebelaran. Los samnitas entraron en el Lacio, destruyendo las cosechas y saqueando la región hacia el Norte hasta Ardea, a tan sólo 30 km de Roma.
El Senado se vio obligado a llamar a parte del ejército que operaba en el valle del Liris. Los samnitas aprovecharon esto para cruzar el río y atacar a la pequeña fuerza allí dejada, poniéndola en fuga. Ahora, también los aliados romanos del Norte estaban vacilantes, estando el ejército de Abulia en peligro de quedarse aislado. 

Batalla de Lautulae (315 a.C)
Este año se nombre dictador a Quinto Fabio (Quintus Fabius Maximus Rullianus ) y como magister equitum a Quinto Aulio Cerretano.
Los combates en el Samnio se sucedían sin que la balanza se inclinara por ninguna de las dos partes. Los romanos habían recuperado Satícula, cedida a los samnitas tras las Horcas Caudinas, mientras que estos habían conquistado Plistica, previamente tomada por los romanos.
Quinto Fabio retira a las legiones de Samnio y Apulia y se dirige hacia Sora. Este lugar se había revelado, pasándose a los samnitas, después de dar muerte a los colonos romanos. El ejército romano marchó allí a toda velocidad para vengar la muerte de sus compatriotas y para restablecer la colonia.
Durante la marcha a Fabio le llegan noticias de que los samnitas le siguen de cerca; giró su ejército y se preparó para entablar batalla en las cercanías de Lautulae. 

En el primer encuentro
La batalla terminó, no con la derrota o fuga de una parte, sino con la noche que sorprendió a los combatientes mientras aún estaba por decidir el resultado de la batalla, y ambos se retiraron para pasar la noche. A pesar de quedar en tablas, la batalla fue desfavorable a los romanos ya que Quinto Aulio, el jefe de la caballería (magister equitum), cayó allí. Roma tuvo que enviar refuerzos al mando del nuevo magister equitum Cayo Fabio lo atestiguan.
Cayo Fabio al acercarse envió mensajeros para consultar al dictador sobre dónde debía asentar su posición y sobre el momento y manera de atacar al enemigo. Después de ponerse al tanto de los planes del dictador, detuvo su ejército en un lugar donde quedó bien oculto.
Quinto Fabio ordenó que los refuerzos no entrasen en la zona y que permanecieran ocultos, no quería arriesgarse a un enfrentamiento precipitado.

Segundo encuentro
El dictador mantuvo a sus hombres durante varios días confinados en su campamento. Por fin, de repente, dio orden de formar para la batalla. Había ocultado a sus soldados la llegada del jefe de la caballería y el ejército de refresco.
Una vez desplegados mandó hacer señales de fuego a su jefe de caballería. Y atacó al enemigo. Cuando todas las fuerzas estaban empeñadas en el combate, atacó por la retaguardia el jefe de caballería. Así acorralados, los samnitas huyeron en todas direcciones, cada uno lo mejor que pudo. Un gran número, que en su miedo se había agrupado y estaban tan cerca unos de otros que no podían utilizar sus armas, fueron muertos entre los dos ejércitos. El campamento del enemigo fue capturado y saqueado, y los soldados, cargados con el botín, se marcharon de vuelta a su propio campamento en Sora para seguir con el asedio.
Guerreros samnitas finales siglo IV: 1 jinete campano, 2 infante samnita, 3 infante lucano. Autor Richard Hook

En el 314 a.C, los cónsules Marco Petelio y Cayo Sulpicio reciben el ejército de manos del dictador Quinto Fabio, después que gran parte de los veteranos fuesen enviados a casa y que llegaran nuevas tropas para completar los efectivos. Cae Sora y, tras castigar a los responsables de la muerte de los colonos, se dejó una guarnición romana en la ciudad.
Los cónsules trasladan el teatro de la guerra a las tierras de los ausones. Después de la batalla de Lautulae se habían alzado algunas poblaciones lindantes con la Campania, hasta la misma Capua fue sospechosa de intento de rebelión. Los ausones acabaron por capitular y entregaron a los romanos sus ciudades: Ausona, Minturnae y Vescia. “El pueblo de los ausones fue aniquilado como si hubiese combatido en una guerra sin cuartel por un delito de rebelión del que no había demasiada certeza”.
En el frente de Apulia, Luceria entregó la guarnición romana a los samnitas pero fue recuperada: “Lucerinos y samnitas fueron exterminados por completo y la cólera llegó a tal extremo que también en Roma, cuando se sometió a debate en el senado el envío de colonos a Luceria, muchos fueron del parecer de que la ciudad debía ser destruida”. Se enviaron 2.500 colonos.
Cayo Menio es nombrado dictador junto a Marco Folio como magister equitum. Su misión era investigar los rumores de posibles intentos de rebelión en Capua y otros lugares, incluso en la misma Roma. Aquí hay un trasfondo político que muestra que en Roma existían rivalidades entre facciones; Livio las denominaba “coaliciones ilícitas formadas para conseguir los cargos públicos”. Los patricios, por medio de una fórmula legal, usaron un arma de los plebeyos: el derecho de apelación y el veto de los tribunos para no tener que defenderse en juicio. Cayo Menio terminó por dimitir.
Estas disensiones internas fueron aprovechadas por el ejército samnita que se desplazó hacia Caudium para, desde allí, intentar tomar Capua. Los cónsules se dirigieron rápidamente a la zona y se entablan combates esporádicos. Los samnitas veían que sus fuerzas se erosionaban y debían arriesgarse a una confrontación en toda regla.

Batalla de Terracina (314 a.C)
Finalmente se celebró la batalla, los samnitas situaron la caballería en las alas y la infantería en el centro. En cuanto a los cónsules romanos, Sulpicio se sitúa en el ala derecha, Petelio en la izquierda.
Sulpicio, al ver el frente samnita extendido, alargó sus líneas para evitar ser envuelto; Petelio, con una formación más cerrada, envió a primera línea a las cohortes de reserva, las cuales tenían el cometido de intervenir sólo si la lucha se prolongaba.
Se inicia la batalla con el ataque de Petelio hizo retroceder el flanco derecho de la infantería samnita atrayendo a la caballería enemiga, la cual tiene que mezclarse entre la infantería en fuga; fue entonces cuando Petelio ordenó a la caballería romana que cargase contra infantes y jinetes samnitas poniendo en fuga a toda el ala derecha. El cónsul Sulpicio, al ver que en su zona no se entablaba batalla se había dirigido hacia allí con 1.200 hombres.
El ala derecha romana logró mantener sus filas ante el ataque samnita mientras Sulpicio regresó una vez hundido el flanco derecho samnita.
“Poco después los romanos vencían ya en toda la línea y, ya sin combatir, los samnitas eran muertos o hechos prisioneros, a excepción de los que huyeron a Maleventum” (la actual Benevento). Según las fuentes murieron o fueron apresados unos 30.000 samnitas.
Tras la batalla, los cónsules se dirigieron rápidamente hacia Bovianum, capital del grupo samnita de los pentri; una vez montado el asedio pasan allí el invierno.
En el 313 a.C, nombran dictador a Caio Petelio junto al jefe de caballería Marco Folio, haciéndose cargo del ejército. Al parecer se abandona el asedio de Bovianum para recuperar Fregelae, se reconquistó Nola, se tomaron las ciudades de Atina y Calatia y se fundaron las colonias de Suessa y Pontias.
En el 312 AC, el senado elaboró un decreto para llevar colonos a Interamna Sucasina, los cónsules enviaron a 4.000 colonos. Para este año de relativa paz el censor de Apio Claudio comenzó la construcción de la Vía Appia y el Aqua Appia (un acueducto) que llevan su nombre.
Los rumores de que la diplomacia samnita estaba consiguiendo sus frutos en Etruria empezaron a extenderse.
En el 311 a.C, a guerra con los samnitas estaba casi finalizada, pero la intervención de los etruscos en vino a terminar los anteriores, cuarenta años de paz. Fueron nombrados cónsules Cayo Junio Bubulco y Quinto Emilio Bárbula. Por primera vez se dio acceso al pueblo a la elección de uno de los cónsules y a los tribunos militares, que hasta entonces habían sido nombrados por los dictadores y cónsules, nombrando 16 para 4 legiones. También se creó el cargo de duunviro naval; el pueblo debía nombrarlos para supervisar el equipamiento y mantenimiento de la flota. El cargo de los duoviri navales, era para supervisar la incipiente flota que Roma empezaba a formar tras asegurar su posición a lo largo de la costa.
Tras arreglar unos asuntos concernientes a la elección de nuevos miembros para el senado los cónsules se echaron a suertes sus destinos: los samnitas correspondieron a Junio y el nuevo teatro de operaciones en Etruria a Emilio.
Las hostilidades las iniciaron los samnitas atacando y masacrando a la guarnición romana de Cluviae, crucial para el control del corredor central hacia el Adriático. El cónsul Junio la recuperó en un solo día y emprendió una operación punitiva para saquear la comarca de Bovianum, capital de los pentri. Livio nos habla de una emboscada y un combate en el cual murieron 20.000 samnitas.
En Etruria dio comienzo con una conjura de todos los etruscos (menos la ciudad de Arretium) que pusieron asedio a Sutri (Sutrium), al igual que en el anterior conflicto, ya que era la llamada “Puerta de Etruria”, ésta ciudad era aliada de Roma, y ​​servía a modo de cierre de la Etruria, El cónsul Emilio marchó allí para levantar el sitio, y escogió un lugar delante de la ciudad para establecer su campamento fortificado. Los etruscos discutieron que hacer y acordaron atacar el día siguiente. Al día siguiente ambos ejércitos desplegaron y estuvieron uno frente a otro hasta mediodía. Los etruscos impacientes decidieron atacar a los romanos, dado que sus fuerzas eran muy superiores en número. La batalla estuvo igualada durante un buen rato hasta que los romanos ordenadamente relevaron las fuerzas de primera línea, mientras que los etruscos no. El cansancio hizo que sufrieran muchas bajas. Al atardecer se dio la señal de retirada y ambos ejércitos regresaron para pasar la noche a sus respectivos campamentos. Con muchas bajas.
En el 310 a.C, fueron elegidos cónsules Quinto Fabio Máximo Ruliano y Cayo Marcio Rútulo Censorino. Fabio se encargó de la guerra en Sutri y partió hacia allí con refuerzos; también se alistó un ejército en Etruria. 

Fabio comienza tanteando la línea de fortificaciones de los asediantes hasta que los etruscos reúnen sus tropas y le salen al encuentro, pero esta vez, al contrario de lo que hizo el año anterior Quinto Emilio Bárbula, Fabio va a rehuir combatir en llano al verse superado en número por lo que se desvía hasta unas elevaciones para paliar la inferioridad numérica con una posición ventajosa.
Los etruscos, sin pensar en nada más que en su número, en el que únicamente se basaban, cargaron con tan ávida impetuosidad que arrojaron sus jabalinas, para poder llegar más rápidamente al combate cuerpo a cuerpo, y se precipitaron sobre sus enemigos con las espadas desenvainadas. Los vélites romanos, por su parte, lanzaron primeramente sobre ellos sus dardos y después las piedras que abundantemente les proporcionaba el terreno. Escudos y cascos fueron alcanzados por igual, y los que no resultaron heridos quedaron confundidos y desconcertados, cuando se retiraron los vélites fueron recibidos por una lluvia de pilum de los astados y príncipes. Los astados seguidos de los príncipes romanos lanzaron nuevamente su grito de guerras y cargaron cuesta abajo sobre ellos con las espadas desenvainadas.
Los etruscos no esperaran la carga y emprenden la huida. La caballería romana salió tras los fugitivos, cortándoles el camino hacia su campamento. Los etruscos no vieron otra opción que la de dirigirse a las montañas. Desde allí, en columna, maltrechos y casi desarmados se internaron en la vegetación del monte Cimino.
Los romanos, tras dar muerte a varios miles de enemigos y tomar 38 enseñas militares, se apoderan del campamento etrusco.
La derrota en el monte Cimino no puso fin a la guerra, solo la extendió. Todo el territorio que se extendía bajo el monte Címino sintió los efectos de sus estragos, y éstos levantaron la indignación de los distritos etruscos y territorios vecinos de la Umbría, que jugaron un importante papel a partir de entonces.
En el 309 a.C, las ciudades etruscas de Perusia, Cortona y Arretium enviaron embajadores a Roma para pedir la paz y se les concedió una tregua de 30 años.
Por su parte el otro cónsul, Cayo Marcio Rútulo Censorino, capturó la ciudad de Allifae a los samnitas. A partir de ahora se van a ver implicados los pueblos de la parte central de la península italiana: umbros, marsos, sabinos.
En el 308 a.C, Quinto Fabio Máximo Ruliano, vencedor sobre los etruscos, somete las comunidades sabinas del Apenino central: marsos, ecuos y pelignos. Estos nuevos aliados de los samnitas hacían peligrar el corredor central hacia el Adriático que había sido usado por los romanos para llegar hasta Apulia, en la retaguardia del Samnio.
En el 307, y al igual que se hizo con la Via Appia, el censor M. Valerio Maximo inició la construcción de una vía militar que atravesaba los territorios de ecuos, pelignos y marrucinos hasta el Adriático: la Via Valeria. Ésta vía permitió someter a los hérnicos en poco tiempo, en cincuenta días son derrotados los ecuos siendo destruidas todas sus ciudades y sus poblaciones pasadas a cuchillo. 

Batalla de Bovianum (305 a.C)
En el 305 a.C, fueron cónsules Lucio Postumio Megelo y Tiberio Minucio Augurino. Mientras los samnitas hacían una incursión en la llanura de Estela (en la Campania, entre Cales y Casilino) los dos cónsules se dirigieron al Samnio; Postumio en dirección a Tiferno y Minucio a Bovianum.
Los samnitas se enfrentaron a Postumio en Tiferno, la batalla tuvo un resultado indeciso y Postumio, con el fin de dar la impresión de que tenía miedo del enemigo, se retiró por la noche hacia las montañas. Buscó un lugar seguro donde levantar un campamento, y lo fortificó. Después dejó un fuerte destacamento para guarnecerlo, hacia la tercera guardia condujo sus legiones sin bagajes, por la ruta más corta posible, hasta donde estaba su colega, quien también estaba acampado en Bovianum frente a otro ejército samnita.
Postimio sabiendo que se acercaba Municio, presentó batalla a los samnitas, el combate se prolongó sin decantarse hasta muy avanzado el día, y entonces Postumio con sus legiones apareció de repente y cargó de improviso contra el ejército enemigo, ya agotado.
El resultado fue que la mayoría del ejército samnita fue exterminado, capturándose veintiuna enseñas. A continuación los dos cónsules reunieron sus fuerzas y se dirigieron contra el otro ejército samnita que estaba en las inmediaciones, que estaban desmoralizados por las noticias de la batalla anterior. Los samnitas pronto se dieron a la fuga, se capturaron 26 estandartes, y el mismo jefe samnita (meddix), Estacio Gelio fue hecho prisionero junto a muchos de sus hombres y ambos campamentos. Al día siguiente atacaron Bovianum, que pronto fue tomada y los cónsules celebraron un triunfo conjunto tras sus brillantes éxitos.
Batalla de Bovianum 305 a.C. Durante la segunda Guerra Samnita. Autor Igor Dzis 
Durante ese año, Sora, Arpino y Cesennia fueron recuperadas de los samnitas. También se erigió la gran estatua de Hércules, que se dedicó en el Capitolio.
En el 304 a.C, los samnitas enviaron una embajada a Roma para pedir la paz. Una vez firmada solo quedaba a los romanos consolidar el poder en el centro de la península itálica: En un lapso de dos semanas asediaron y capturaron 31 ciudades fortificadas. La mayoría fue saqueada y quemada, y la nación de los ecuos fue casi exterminada. Se celebró un triunfo sobre ellos y, advertidos por su ejemplo, los marrucinos, los marsios, los pelignos y los ferentinos enviaron mensajeros a Roma para pedir la paz y su amistad. Estas tribus consiguieron un tratado con Roma. 

Secuelas de la Segunda Guerra Samnita
Roma impuso a los samnitas renunciar a cualquier expansión territorial y a no poder hacer ninguna alianza sin su consentimiento, además debían cederles el control del valle del Liris. Los marsi, peligni, marrucini y sabelin fueron obligados a aliarse con Roma. El territorio de los ecuos fue incorporado al de la República, fundándose otras seis tribus rústicas en territorio conquistado.
Tras el conflicto, Roma emprendió una gran campaña de colonización en Campania y el valle del río Liris fundando 13 colonias. Además, afianzó su soberanía en Etruria y Umbria.
Roma quedaba como la mayor potencia de Italia, sin ningún enemigo capaz de disputarle su supremacía. 

Tercera Guerra Samnita (298 – 290 a.C)
Los romanos veían claro que los samnitas aún no habían sido conquistados. Y durante los años de paz aprovecharon para fortalecerse en todas direcciones. Se anexiono el territorio situado al este del Lazio y al norte del Samnio, llegando al mar Adriático por primera vez. De esta manera, tenía una franja de territorio romano entre los samnitas en el sudoeste y los galos del noroeste. Fundaron colonias en los Apeninos para que sirvieran como centros de fuerza en la ofensiva y de resistencia en la defensiva.
Enviados de Lucania llegaron a Roma en el 298 a.C, quejándose de que los samnitas habían comenzado de nuevo a hostigarlos. Este pretexto era todo lo que Roma necesitaba. Rápidamente invadieron el Samnio y dio comienzo la Tercera Guerra Samnita, que fue el último desesperado intento de los samnitas, para mantenerse independientes. Persuadieron a los etruscos, umbríos, y galos, para unirse a ellos, con el fin de aplastar a la naciente potencia que era una amenaza para todos.
La guerra comenzó de nuevo en 298 a.C, en las llanuras cercanas a Neapolis. Cuando los romanos vieron a los etruscos y los galos en el norte de Italia, uniéndose a los samnitas, se alarmaron, hasta entonces se habían beneficiado, de la falta de coordinación entre sus enemigos, pero ahora Roma encaraba a todos ellos a la vez. 

Batalla de Camerinum 298 a.C
Mientras los romanos el Samnio, los sammitas invadieron Campania, Umbria y Gelio Egnato llegó hasta el territorio de los senones, donde reunió un ejército de sammitas, etruscos, galos y umbríos para acabar de una vez por todas con Roma. Los Lucio Escipión Barbato y fue mandado a interceptarlos e impedir que esta fuerza cruzase los Apeninos.
Se dirigió con sus fuerzas a ocupar un territorio elevado para cerrar el paso, pero se encontró con la sorpresa de que la posición estaba ocupada por los enemigos, Gelio Egnato les atacó, y los romanos resultaron totalmente derrotados. 

Batalla de Tiferno 297 a.C
En el 297 a.C, Roma, aprovechándose de la paz con los etruscos, envió dos ejércitos consulares al Samnio liderados por Quinto Fabio Máximo Ruliano y Publio Decio Mus, cada uno compuesto por aproximadamente 20.000 hombres. Ambos ejércitos deberían arrasar la zona central de la península itálica avanzando separados pero paralelamente. Así un ejército podía asistir al otro en caso de problemas. El ejército samnita, con 25.000 guerreros bajo el mando de Estacio, basaba toda su estrategia en emboscar a uno de los ejércitos romanos en el estrecho valle de Tiferno, para luego enfrentarse con el otro. Por ello dispuso una pequeña fuerza visible que actuara de cebo dentro del valle, y ocultó toda su fuerza principal en las colinas circundantes. Pero Ruliano, comandante precavido, envió por adelantado a sus exploradores y éstos descubrieron la trampa, por lo que no entraron al valle.
Estacio, temeroso de que el segundo ejército romano, de Decio Mus, se uniera a Ruliano, optó por presentar batalla a campo abierto, aunque conservando la considerable ventaja de estar colina arriba. Cuando ambos ejércitos estuvieron enfrentados, y comenzaban las escaramuzas, un pequeño destacamento de astados (hastati) liderados por Lucio Cornelio Escipión Barbado apareció en la retaguardia de los samnitas.
Ruliano era consciente de su inferioridad numérica frente a los samnitas, además de estar en peor posición estratégica, pues sus legionarios deberían de luchar cuesta arriba. En esa situación no conseguiría una batalla de enfrentamiento de líneas, que tanto dominaban los romanos. Así que decidió enviar a su legado Lucio Cornelio Escipión Barbado con los asteros (hastati) de la primera legión, que deberían rodear al enemigo y caer sigilosamente retaguardia enemiga justo en el momento en que la caballería romana cargara contra la primera línea samnita. Si el plan tenía éxito, conseguirían romper el frente de batalla enemigo de un solo golpe y conseguirían una victoria aplastante. Sin embargo la carga de caballería partió demasiado pronto y se estrelló estrepitosamente contra el muro de escudos samnita. Éstos, envalentonados por el fracaso romano, contraatacaron las líneas romanas, hasta que Barbado y sus asteros aparecieron a sus espaldas. Estacio creyó aquellos hombres eran la avanzadilla del ejército de Decio Mus, con lo que la moral de los romanos subió enormemente; al contrario que la de los samnitas, que temían verse rodeados y se  dio la orden de retirarse.
A pesar de la derrota, los samnitas tuvieron relativamente pocas bajas, unos 3.000 muertos y 800 prisioneros, lo que les permitió continuar la guerra en otros escenarios. Los romanos sufrieron 2.000 bajas.
Los ejércitos consulares estuvieron cinco meses, devastando y asolando el país. Decio lo hizo en 45 lugares distintos y Fabio el otro cónsul lo hizo en 86, capturando la ciudad de Cimetra, donde los samnitas perecieron 900 y 2.900 fueron hechos prisioneros durante el asalto.
Tercera Guerra Samnita. El general romano Quinto Fabio Máximo Ruliano (derecha) habla con un representante samnita (izquierda).

Batalla de Sentino o Sentium 295 a.C
En el 296 a.C, las ciudades de la periferia del Samnio siguieron cayendo mientras una amenaza más grave contra Roma se estaba organizando en Etruria, en la que iban a tomar parte muchas naciones. El principal organizador fue Gelio Egnacio, un samnita. Casi todos los pueblos etruscos se habían decidido por la guerra, llevando el contagio a los pueblos vecinos de la Umbría y habiendo solicitado ayuda de los galos.
Cuando las noticias de este repentino levantamiento llegaron a Roma, el cónsul Lucio Volumnio ya había marchado hacia el Samnio con las legiones segunda y tercera y quince mil tropas aliadas; se decidió, por consiguiente, que Apio Claudio debía dirigirse a la mayor brevedad posible en Etruria. Dos legiones romanas le seguirían, la primera y la cuarta, y 12.000 aliados.
En el 295 AC, entraron en funciones los cónsules Quinto Fabio Máximo Ruliano y Publio Decio Mus. Nada más comenzar surgió un desacuerdo entre ambos. Asi que en echaron a suertes, a Fabio le tocó Etruria y las tropas de Apio Claudio, más las tropas de refuerzo que el cónsul considerase iba a necesitar. A Decio le tocó el Samnio.
Apio Claudio envió despachos alarmantes sobre el estado de cosas en Etruria, a su juicio, un general con un solo ejército era muy insuficiente para hacer frente a cuatro naciones, aconsejaba dos ejércitos consulares.
Al final el Senado decidió fuera el otro cónsul, Publio Decio Mus, el que acompañara a Quinto Fabio Máximo Ruliano.
La coalición contra Roma estaría, más o menos, al oeste de Sentinum, en Umbría, ya que era un lugar intermedio para la unión de los ejércitos etrusco, galo, umbro y samnita.
Apio Claudio Ceco permanecía frente al enemigo en Etruria con dos legiones y doce mil aliados, y estaba siguiendo los movimientos del ejército enemigo y enviando despachos a Roma.
Los cónsules Quinto Fabio y Publio Decio parten al encuentro de las fuerzas enemigas y llegan a territorio de Sentinum (actual Sassoferrato), en Umbría y sitúan allí el campamento a 6 km del enemigo.
Los cuatro ejércitos aliados celebran un consejo y decidieron establecer campamentos separados y no formar todos a la vez en el campo de batalla. Los galos se unieron a los samnitas, los umbros a los etruscos. Una vez fijado día para la batalla se acuerda que samnitas y galos se enfrentarían al grueso del ejército romano mientras que umbros y etruscos atacarían el campamento y a las tropas de reserva en el transcurso del combate. Pero estos planes llegaron a conocimiento de los romanos, ya que tres desertores de la ciudad de Clusium, durante la noche establecieron contacto con Quinto Fabio, desvelando los planes del enemigo, siendo generosamente recompensados, con el fin de que comunicasen cualquier cambio de planes que pudiera haber volvieron a su lugar.
Los romanos celebran un consejo y deciden mandar órdenes a los propretores Cneo Fulvio y Lucio Postumio Megelo para que trasladen rápidamente sus ejércitos desde los campos del Vaticano y territorio falisco en dirección a Clusium, y procediesen a devastar todo lo que encontrasen a su paso.
Los etruscos al enterarse de que sus tierras estaban siendo atacadas, junto a los umbros, se retiraron para defender sus fronteras. Los cónsules intentaron por todos los medios entrar en combate mientras los etruscos y umbríos estaban ausentes, durante dos días enviaron tropas ligeras para provocarles, pero no consiguieron que se entablase una batalla.
Al tercer día formaron los dos ejércitos en el campo de batalla con todas las tropas. 

Despliegue inicial
El ejército romano estaba compuesto por 2 ejércitos consulares, cada uno con 2 legiones romanas y 2 aliadas y numerosa caballería reforzada con 1.000 jinetes campanos. Desplegaron a la manera tradicional la caballería en las alas, las legiones romanas en el centro y las legiones aliadas en los flancos. Decio mandaba la izquierda y Fabio la derecha. En total serían unos 40.000 efectivos.
Los samnitas se situaron a la izquierda frente a Fabio y los galos a la derecha frente a Decio, Situaron también la caballería en las alas, pero los galos situaron a su retaguardia carros de guerra. En total serían unos 50.000 efectivos.
Batalla de Sentium 295 a.C. Despliegue inicial. Autor Marco Astracedi 

Primera fase
Ambos ejércitos desplegados no se movieron de sus posiciones en un primer momento, contemplándose mutuamente.
Fabio prefirió mantener una postura defensiva, atacando a los samnitas con sus vélites en pequeños ataques no concluyentes. Por el contrario, Decio Mus, quien según Livio era más vehemente debido a una edad más temprana, atacó con todos sus medios. Como el combate de infantería le parecía poco decisivo mandó cargar a la caballería. 

Segunda fase
Por dos veces Decio rechazó a la caballería gala que le había salido al encuentro pero al envolver las filas de la infantería enemiga, se vieron atacados por los carros de guerra galos, cuyos tripulantes iban armados de pie sobre los carros, se presentaron con enorme estrépito, espantando a los caballos romanos. La caballería romana emprendió la retirada sembrando el temor en las filas de su infantería, siendo arrollados algunos soldados de las primeras filas.

En ese momento la infantería gala, envalentonada por el colapso romano, se avalanzó contra las legiones de Decio que comenzaron a ceder.
Decio consiguió reagrupar a algunos jinetes y lanzarse contra el enemigo, pero a costa de su propia vida. Sin embargo, su arrojo sirvió para inspirar a sus hombres y éstos consiguieron aguantar con muchas bajas.
Mientras, el cónsul Fabio, al observar lo que ocurría en el ala izquierda, ordenó a Lucio Cornelio Escipión y a Caio Marcio que tomasen sus tropas que mantenía en reserva y se dirigiesen allí para restablecer el combate. Se enteró entonces de la muerte de su colega se mantuvo a la defensiva. 

Tercera fase
El cónsul dejó que transcurra el día y cuando se percató de que las fuerzas del enemigo iban mermando, ordenó a los prefectos de la caballería que, en un movimiento envolvente, atacasen el flanco samnita mientras la infantería abandonó su actitud defensiva y comenzó a avanzar. Cuando vio que no había resistencia lanzó a todas las tropas auxiliares y al resto de las tropas que le quedaban de reserva. Los samnitas, incapaces de aguantar la acometida, emprendieron la huida.
Los galos se mantuvieron firmes en formación cerrada. Fabio ordenó entonces que 500 jinetes campanos rodeasen y atacasen por retaguardia la formación gala y que a continuación la segunda línea de la legión III les persiguiese. Él se dirigió mientras tanto hacia el campamento samnita que, tras un breve combate, es capturado.
Finalmente los galos, al ser rodeados, no ofrecieron resistencia.
Las pérdidas romanas fueron de alrededor de 8.200, mientras que los galos y samnitas perdieron 25.000 muertos incluyendo al propio Estacio, y 8.000 prisioneros

Batalla de Aquilonia 293 a.C
En el 294 AC, fueron elegidos cónsules Lucio Postumio Megelo y Marco Atilio Régulo siéndoles encomendado a los dos el Samnio. Tras una larga serie de combates contra los samnitas. Postumio, sin encontrar nada que pudieran hacer sus tropas entre los samnitas, las llevó a Etruria y empezó a arrasar el territorio volsonio. Tras rechazar a un ejército de volsinio infligiéndole dos mil ochocientas bajas, Lucio Postumio se interna más al noroeste, en territorio de la ciudad de Rusellae. Allí, no solo asoló los campos sino que capturó la misma ciudad con un balance de unos 2.000 enemigos muertos y otros tantos prisioneros.
Al año siguiente, fueron nombrados cónsules Lucio Papirio Cursor y Espurio Carvilio Máximo.
Los samnitas estaban desesperadamente faltos de hombres, por lo que llamaron a un reclutamiento general en Aquilonia, en la cual todos los hombres del Samnio estaban obligados a acudir. Allí, tomaron estricto juramento religioso de servir a su país, y fueron forzados a unirse al ejército ante un altar dedicado a los dioses. Al principio hubo algunos que se negaron a prestar este juramento; se les dio muerte junto al altar y sus cuerpos yacientes entre los restos de las víctimas resultaron una clara indicación para que el resto.
Una vez acabado, el general nombró especialmente a diez y les dijo a cada uno que escogiese un compañero de armas, y a estos, de nuevo, que eligiesen a otros hasta alcanzar el número de 16.000. A estos se les llamó Legio Linteata (legión del Lino), por el tejido con que se había cubierto el lugar donde juraron. Se les proporcionó una resplandeciente armadura y cascos emplumados para distinguirlos de los demás. El resto del ejército se componía de algo menos de 20.000, pero eran algo inferiores.
Guerreros samnitas 293 a.C durante la batalla de Aquilonia: 1 Legio Linteata o legión del Lino con armamento plateado lleva casco tipo calcídico,  coraza de triple disco, greba y scutum; 2 lancero con yelmo montefortino y coraza de triple disco; 3, lancero yelmo tipo ático y pectoral cuadrado; 4 jabalinero con yelmo tipo ático y coraza musculada. Autor Richar Hook 

Espurio Carvilio Máximo se hizo cargo de las legiones de Marco Atilio, el cónsul del año anterior, y se dirigió hacia el Samnio. Tomó la ciudad de Amiterno, matando a 2.800 y haciendo 4.200 prisioneros.
Lucio Papirio Cursor, con un ejército recién alistado, atacó con éxito la ciudad de Duronia. Hizo menos prisioneros que su colega, pero mató a un número algo mayor.
A continuación, los cónsules atravesaron el Samnio en diferentes direcciones; Carvilio, después de devastar el territorio atinate, llegó hasta Cominio; Papirio llegó hasta Aquilonia, donde estaba situado el grueso del ejército samnita. Durante algún tiempo, sus tropas, aunque no completamente inactivas, se abstuvieron de cualquier enfrentamiento serio. El tiempo transcurrió acosando al enemigo cuando estaba tranquilo y retirándose cuando mostraba resistencia, amenazándole más que presentando batalla.
El otro campamento romano estaba a unos 30 km, Lucio Papirio, estaba preparado para entrar en combate al día siguiente, le comunica a Espurio Carvilio que ataque Cominio con todo su ejército para evitar que desde allí se mandasen refuerzos a Aquilonia. Carvilio estaba de acuerdo con el plan. Sabía perfectamente que el grueso del ejército samnita estaba en Aquilonia.
Lucio Papirio dio la señal para la batalla. Justo mientras formaban en sus posiciones, llegó un desertor con la noticia de que 20 cohortes samnitas, de 400 hombres cada una, habían llegado a Cominio. Inmediatamente el cónsul envió un mensajero para advertir a su colega de este movimiento.
Tras asignar puestos a las legiones auxiliares, puso el mando del flanco derecho a Lucio Volumnio, el izquierdo a Lucio Escipión. El mando de la caballería recayó sobre los legados Caio Cedicio y Tito Trebonio; a Espurio Naucio le ordenó que cogiese tres cohortes de auxiliares y reuniese todas las mulas de carga con el fin de alcanzar una elevación cercana para que, desde allí, aparecer en pleno combate levantando la mayor polvareda posible.
Se dio la señal de ataque y las legiones presionaron por los flancos y el centro cuando de repente aparece una polvareda parecida a la provocada por la llegada de un ejército; eran Espurio Naucio y las tres cohortes de auxiliares con las mulas. Esto engañó de igual modo a samnitas y a romanos que no habían sido advertidos. Acto seguido ordenó que se abriesen pasillos por los que Trebonio y Cedicio lanzaran a toda la caballería contra el enemigo. La caballería rompió las filas samnitas al primer embiste mientras Volumnio y Escipión, aprovechando el desconcierto, atacaron desde las dos alas con la infantería. El ejército samnita huyó al completo, unos en dirección a su campamento, otros a refugiarse tras los muros de Aquilonia; la nobleza y la caballería tomaron el camino hacia Bovianum.
Volumnio tomó el campamento samnita rápidamente mientras que Escipión, consciente de que si duda, el enemigo puede atrincherarse tras las murallas, se dirigió hacia las puertas seguido por sus hombres en formación de tortuga. Tras entrar en la ciudad despejó las murallas pero al contar con muy pocos hombres no se aventuró en el interior.
Lucio Papirio cuando se dió cuenta que sus hombres habían tomado las murallas, dio orden a las tropas que tenía libres de que entrasen en la ciudad. Entraron por el punto más cercano y se detuvieron porque la noche ya había llegado. Al día siguiente tomaron la ciudad.
Aquel día murieron 20.340 samnitas y fueron apresados 3.870 junto con 97 enseñas militares. 

Conquista de Cominio
Ese mismo día tal y como habían acordado, en el momento que Lucio Papirio atacaba al grueso de las fuerzas samnitas, su colega Espurio Carvilio dieron la señal de presionar con todas sus tropas la ciudad de Cominio para evitar que desde allí se mandaran refuerzos a Aquilonia.
Sitúa a todos sus hombres al pie de las murallas creando un cordón que rodeaba la ciudad y estableciendo delante de las puertas fuertes retenes en previsión de una salida inesperada. En este momento llega el mensajero enviado por Papirio para advertirle de que hacía él. Carvilio se ve obligado a retrasar el ataque y a ordenar al legado Decimo Bruto Esceva que tomara una legión, diez cohortes auxiliares y la caballería para partir al encuentro de los refuerzos samnitas que se aproximaban. Éstas ni siquiera entraron en combate ya que se detuvieron a 12 km de Cominio y no entraron en ninguna de las batallas.
Carvilio inició el asalto a Cominio llevando escalas por todo el contorno de los muros y efectuando un ataque contra las puertas de la ciudad.
De forma coordinada se echaban abajo las puertas y se asaltaban las murallas desde todas partes. Los samnitas, tras una primera defensa, observaron que los romanos estaban combatiendo y tomando varias partes de la muralla; abandonaron sus posiciones y se agrupan todos en la plaza para una última defensa desesperada. Aunque tras una breve resistencia acabaron arrojando las armas y rindiéndose. Murieron 4.880 samnitas y 11.400 fueron hechos prisioneros.
Los cónsules entregaron las dos ciudades al saqueo y al fuego. El mismo día ardieron Aquilonia y Cominio.
Tras los combates los cónsules se dedicaron al asalto a las ciudades, Papirio asaltó Sepino y Carvilio tomó Velia, Palumbino y Herculáneo (las tres de ubicación desconocida). En estas tres ciudades fueron muertos o apresados unos 10.000 hombres, resultando ligeramente superior el número de prisioneros.
Desde que se empezó la campaña de ese año se produjeron varios levantamientos en Etruria, y Carvilio recibió la orden de partir hacia Roma.
En el 290 AC, Los samnitas firmaron la paz con Roma, toda la Campania quedó bajo el poder de Roma y Samnio quedó rodeada por colonias romanas.

Italia en el 290 a.C

Guerra contra galos, etruscos y ligures (285 – 172 a.C)
Batalla de Arrentium 285 a.C
Roma intentó dar su merecido a los senones por el apoyo brindado a Samnio, pero fueron ayudados por los bóyos, insubros, lingones, y gesatas, reuniendo un ejército compuesto por una infantería de 50.000 hombres y una caballería de 20.000 jinetes, y pusieron sitio a Arrentium. En cónsul Lucio Cecilio Metelo Denter fue enviado con un ejército consular (20.000 efectivos) para aliviar la ciudad, los galos salieron a hacerle frente con unos 30.000 para hacerle frente y le derrotaron, siendo masacrado, murió el propio Cecilio así como 7 tribunos militares, y unos 13.5000, las bajas galas se estiman en 5.500 hay muy pocos datos de la batalla, pero es muy probable que los galos les tendiesen una trampa.

Batalla del el lago Vadimon 283 a.C
Como su sucesor los romanos nombraron a Manio Curio Dentato, que envió una embajada a los galos para negociar el regreso de los prisioneros romanos. Cuando los enviados fueron asesinados, Dentato se enfureció tanto que inmediatamente con un nuevo ejército partió hacia el territorio de los galos sanones. Éstas presentaron batalla y fueron derrotados y expulsados de su tierra, en la que los romanos establecieron la colonia de Sena Gallica, la primera que se fundó en territorio galo. Ésta victoria alarmó tanto a los boyos, que temían compartir el mismo destino de los senones e invitaron a los etruscos a unirse a ellos.
Sus fuerzas combinadas marcharon en masa contra los romanos, y fueron derrotados aplastantemente en la batalla del el lago Vadimon (hoy Bassano) a unos 55 km al norte de Roma por el nuevo cónsul Publio Cornelio Dolabella. Los boyos y etruscos, sin embargo, conseguirían levantar otra fuerza en el año siguiente, presionando a los jóvenes para que se movilizasen. Pero cuando fueron derrotados nuevamente por los romanos, los galos pidieron un acuerdo de paz, que les fue concedido. 

Batalla de Populonia 282 a.C
La batalla de Populonia se celebró en el año 282 a.C, entre Roma y los etruscos y tuvo lugar cerca del mar Adrático. Los romanos resultaron dirigidos por el cónsul Neo Domicio Calvino Maximo resultaron victoriosos, y la amenaza etrusca sobre Roma disminuyó de manera brusca después de esta batalla. Los etruscos firmaron la paz, pero siguieron siendo una amenaza. Dos años después se produciría la invasión de Pirro. 

Batalla de Fiesole o Faesulae 225 a.C
Roma había estado en paz con las tribus de la Galia Cisalpina durante muchos años. En 236 a.C, los boyos amenazaron la colonia romana de Ariminum, invitando a los aliados de la Galia Transalpina para ayudar, amenazando una paz que había durado 45 años. La amenaza se disipó cuando los aliados galos cayeron y se enfrentaron entre sí. Los terribles castigos impuestos por los romanos 45 años anteriores estaban ahora olvidados entre las generaciones más recientes de galos.
En el 232 a.C, Cayo Flaminio, un tribuno plebeyo, se salto la ley aprobada por el Senado y dividió el Ager Gallicus en pequeños lotes para los ciudadanos romanos, con gran disgusto de los aliados, porque la tierra pública realmente pertenecía a la Federación y los magnates senatoriales romanos la utilizaron para el arrendamiento de grandes porciones de la misma. Los galos sobre todo los boyos e insubros, también, se dieron cuenta de la pérdida permanente de tierras, y temía aún más la invasión, pero se tomaron su tiempo, trabajando en alianzas y una vez más la negociación con los hermanos transalpinos. Sin embargo, el hecho de que los romanos dividieran el territorio anteriormente galo de Picenum en 234 a.C, generó un fuerte resentimiento entre sus vecinos, los boyos y los ínsubros.
Cuando una fuerza de galos transalpinos cruzó los Alpes en 230 a.C, los romanos movilizaron un ejército, pero no tuvieron que intervenir porque los boyos de la Galia Cisalpina se ocuparon de repeler a los invasores.
Se formó una liga de la mayoría de las tribus cisalpinas: la insubros, el boyos, el lingones, y los taurinos (llamado tauriscos por Polibio). Se enviaron emisarios a través de los Alpes para obtener aliados trasalpinos, pagaron grandes sumas de dinero a los gesatos “gaesatae” (literalmente, “lanceros“) dirigidos por Aneroëstes y Concolitanus, para que se unieran a ellos en la lucha contra Roma. Los romanos, alarmados por esta movilización celta, pactaron un tratado con el cartaginés Asdrúbal dándole el control sin restricciones de Hispania para así poder concentrarse en la amenaza más cercana.
Mientras tanto, los romanos no habían estado inactivos, eran conscientes de la alianza gala, que había tardado varios años para preparar y organizar. Estaban alarmados, recolectaron maíz, cereales y otros suministros, reunieron las legiones, llamaron a los aliados e incluso marcharon a las fronteras ante los rumores de la inminente invasión. Reclutaron dos ejércitos consulares dobles (8 legiones), más ejércitos aliados no soccii para conjurar la amenaza.
Los romanos nada más tener noticias de que los gesatos habían superado los Alpes despacharon al cónsul Lucio Emilio Papo con un ejército consular doble (cuatro legiones romanas con 20.000 infantes y 1.500 jinetes, además de 30.000 infantes y 2.000 jinetes de los aliados o socii), estacionado mayoritariamente en Ariminum para vigilas la ruta costera del mar Adrático. Situaron además a 45.000 infantes y 4.000 jinetes sabinos y etruscos en la frontera etrusca bajo el mando de un pretor, y enviaron a los aliados etrusco-sabino con 20.000 efectivos junto con los galos aliados vénetos y cenómanos con otros 20.000 efectivos para atacar el territorio de origen de los boyos y distraerlos de la batalla. El otro cónsul, Cayo Atilio Régulo, tenía un ejército del mismo tamaño que el de Lucio Papo, pero estaba estacionado en Cerdeña y la flota a su disposición para cortar la retaguardia gala. En Roma había una reserva de 21.500 ciudadanos y 3.000 aliados, y dos legiones de reserva en Sicilia y Tarento.
Fiesole o Faesulae 225 a.C, movimientos previos a la batalla

En 225 a.C, los galos evitando enfrentarse con el ejército de Papo en Ariminum, giraron hacia el sur y cruzaron los Apeninos, burlando las fuerzas etruscas que estaban custodiando la frontera. En algún lugar cerca de Florencia, cruzaron el río Arno y se encontraron en Etruria, sin ningún enemigo a la vista.
Poco a poco se dirigieron hacia el sur, dispersándose en el campo saqueándolo todo a su paso, llevándose a personas y animales como botín y junto con las carretas de bueyes con el producto del saqueo. Mientras tanto, el pretor reunió a su ejército etrusco-sabino que estaba cerrando los pasos y partió en su persecución. Unos cuatro días más tarde, alcanzó a los galos cerca Clusium, a sólo 136 kilómetros al norte de Roma. Al enterarse de esto, los galos reunieron a sus dispersas fuerzas y volvieron de nuevo hacia el norte, para hacerles frente. Los dos ejércitos se encontraron al atardecer, no había mucha distancia de separación. Como era tarde ambos ejércitos acamparon y encendieron sus fuegos.
Los galos idearon una estratagema. Abandonaron el campamento en silencio durante la noche, dejando sus fuegos encendidos y su caballería que tenía la orden de esperar hasta el amanecer, y después, cuando fueran visibles para el enemigo, atraerles hacia el sur. Mientras tanto, el resto del ejército tomaba posiciones en los bosques y colinas cubiertas de matorrales cerca de una ciudad llamada Fiesole o Faesulae.
Al amanecer, los romanos viendo que los galos se habían marchado y que había una retaguardia de caballería, dedujeron que el grueso no estaba lejos y se apresuraron a levantar el campamento y perseguirles siguiendo el rastro dejado por miles de caballos. Cuando entraron en la trampa, la caballería gala dio media-vuelta y contraatacó, al mismo tiempo las fuerzas galas ocultas atacaron a los romanos desde los flancos. El ejército etrusco-sabino se rompió y huyó y se refugiaron en una colina en el valle, donde permanecieron a la espera. Unos 6.000 habían muerto, incluyendo los heridos incapacitados para escapar. Los galos rodearon la colina, pero estaban demasiados cansados para asaltarla, decidieron dejar a grupos de caballería para vigilarla a la espera de reanudar el ataque al día siguiente.
Lucio Emilio Papo llegó en el momento oportuno para socorrer a las tropas del pretor. Acampó cerca de los galos de manera que los refugiados en la colina, al ver los fuegos, recobraron el ánimo. Al caer la noche algunos hombres desarmados se infiltraron entre las tropas galas y consiguen llegar al campamento del cónsul para informarle de la situación. Enterado de todo, Lucio Emilio ordenó a los tribunos que se preparen para sacar a la infantería cuando comenzase a amanecer mientras él mismo se haría cargo de la caballería para intentar unir los dos ejércitos.
Aneroëstes persuadió a los galos para que se retirasen a lo largo de la costa etrusca con su botín para retomar la guerra más adelante, cuando el botín hubiera sido puesto en lugar seguro.
Antes del amanecer los galos levantaron el campamento y enfilaron el camino que recorre la costa de Etruria (la Vía Aurelia).
A su vez, Lucio Emilio Papo recogió las tropas del pretor pero desestimó librar de momento una batalla campal. Decidió seguir al ejército galo para aprovechar alguna zona favorable, les persiguió y acosó por retaguardia pero sin arriesgarse a entablar batalla.
Cayo Atilio desembarcó sus tropas en Pisa y tomó la dirección sur para cortar el paso a la que pretendían seguir los galos. 

Batalla de Telamón 225 a.C
Cayo Atilio se dirigió al sur a marchas forzadas, cubriendo una distancia de 150 km en tres días.
Cuando los galos se encontraban en las cercanías de Telamón sus forrajeadores se topan con los batidores de Cayo Atilio y fueron capturados.
Llevados ante el cónsul y a preguntas de éste explican lo sucedido y comunican la presencia cercana de los dos campamentos, el de ellos y el de Lucio Emilio. Es entonces cuando Atilio cae en la cuenta que acaba de cortar la retirada de los galos a la vez que los tiene cercados pues no había tenido contactos anteriores con Emilio. Ordenó a los tribunos que formasen las legiones y marchasen en la medida en que la zona permitiera el avance con el frente desplegado. Él mismo se dirigió con la caballería hacia una colina situada sobre el camino por el que tenían que pasar los galos para cubrir el despliegue.
Los galos, desconocedores de la presencia de Atilio, supusieron en un principio que algunas tropas de Lucio Emilio, tras superarlos de noche con la caballería, habían ocupado la colina. Por lo tanto, rápidamente despacharon destacamentos de caballería y tropas ligeras para despejar la elevación. Tras algunas escaramuzas se enteraron por un prisionero que las tropas eran de Atilio.
Papo, aunque enterado del desembarco de las legiones en Pisa, ignoraba que estuvieran tan cerca. El combate que se había entablado en la colina le dió la certeza de que se hallaban muy próximas. Ante lo cual envió de inmediato a su caballería para apoyar a la de Cayo Atilio, mientras él, tras ordenar formar a la infantería avanzó contra el grueso del ejército galo.
Batalla de Telamón 225 a.C. 1 lucha en la colina entre la caballería gala y romana; 2 ejército del cónsul Atilio (8 legiones) unos 50.000 efectivos; 3 Ejército de taurinos y boyos unos 25.000 efectivos; 4 botín y bagajes de los galos en una colina; 5 ejército de insubres y gesatos unos 30.000 efectivos; 6 ejército del cónsul Papo (10 legiones) unos 60.000 efectivos. 

Los galos, viéndose rodeados desplegaron frente a Papo a los gesatos e imsubres, mientras que frente a Atilio quedan los taurinos y los boyos. Los carros de guerra se colocaron en los flancos. El botín se trasladó a una elevación cercana bajo fuerte protección de tropas. El frente de batalla tenía 2,5 km de frente.
Formando de esta manera un doble frente, entre las primeras filas galas los gesatos se despojan de sus ropas pues pensaban que así tendrían mayor maniobrabilidad en ciertas zonas en las que las zarzas se prendían a los vestidos y dificultaban el manejo de las armas.
En un principio, el único combate que se desarrolla es el de la colina. El cónsul Atilio cayó abatido siendo su cabeza llevada ante los reyes galos. La caballería romana, tras duros combates, se adueñó al fin de la elevación.
Lo que tuvo lugar a continuación, cuando ya las tropas de a pie se acercaron la una a la otra, es descrito por Polivio: “Era incalculable el número de cornetas y bocineros, cuyos sones, confundidos con los gritos de guerra lanzados a la par por las tropas, redundaban en un estruendo de tal altura e intensidad que el griterío parecía emanar no sólo de las trompetas y las huestes, sino de los parajes del entorno que les hacían eco” Pol. II, 29.
De repente, la infantería ligera romana inicia el lanzamiento de proyectiles desconcertando totalmente a los galos. Los gesatos fueron los peor parados al ir desnudos sin ningún tipo de vestimenta que amortiguara los impactos. Algunos, dejándose llevar por un ardor irracional, se abalanzaron sin concierto sobre las primeras filas romanas entregándose a la muerte. Otros, en cambio, retrocedieron atemorizados sembrando el desorden de los que estaban detrás. “Fue así como los proyectiles romanos liquidaron el arrojo de los gesatos“.
Respecto a las huestes de insubres, taurinos y boyos, tan pronto los romanos retiraron a la infantería ligera, avanzaron contra ellos lanzando primero sus pilum y recibiendo la carga romana bien formados. Se entabla una feroz lucha cuerpo a cuerpo en la que los galos logran resistir en un principio. Sólo el aparejo de sus armas hace que empiecen a ser superados tanto en conjunto como individualmente.
“Porque a la considerable ventaja del escudo para la defensa, y de la espada para el ataque, en cambio la de la espada gala se limita al tajo” II, 30.
Batalla de Telamón 225 a.C. Autor José Daniel Cabrera Peña. 

Es entonces cuando la caballería romana carga desde la colina sobre las alas. Los galos de a pie son masacrados sin tan siquiera abandonar sus posiciones, mientras la caballería se dio a la fuga.
Concolitano y 10.000 galos fueron rodeados y capturados. Polibio asume que los restantes 40.000 fueron masacrados, pero en realidad muchos miles probable se escabulleron por las laderas boscosas a uno y otro lado.
Aneroestes se escapó con sus guerreros para el hogar, pero a partir de la vergüenza de la derrota, cometió suicidio. El botín rescatado fue devuelto a los etruscos, el botín recogido a los galos fue enviado a Roma, y ​​Papo marchó hacia el norte y adentró sus legiones en territorio de los boyos, saqueando durante varios días antes de regresar a Roma, donde Emilio celebró un triunfo. La invasión gala más grave jamás había sido completamente desbaratada y la propia Roma salvada. 

Batalla de Clastidio o Clastidium 222 a.C
La aplastante victoria en la batalla de Telamón, hizo que los romanos decidieron a expulsar a las tribus galas del valle del Po. El siguiente año, los dos cónsules combinarían sus ejércitos de tamaño normal e invadieron el territorio de los boyos, obligándoles a someterse a Roma a pesar de los reveses debidos a las severas lluvias y las consiguientes epidemias.
Entran en funciones los cónsules Marco Claudio Marcelo y Cneo Cornelio Escipión Calvo. Los insubres despacharon una embajada con propuestas de paz y la promesa de acatar lo que se les impusiera. Los cónsules insisten ante el senado para que bajo ningún concepto se les concediese la paz.
Los galos, resueltos a poner en juego sus últimas esperanzas, recurren a sus vecinos del Po entre los que logran reclutar unos 30.000 mercenarios principalmente gesatos. Reforzadas de esta manera sus filas esperaron el ataque romano.
Al inicio de la primavera los cónsules condujeron sus tropas al país de los insubres. Una vez allí acamparon junto a la ciudad de Acerrae a la que pusieron cerco.
Los insubres, incapaces de socorrer a la población asediada por encontrarse previamente ocupados por los romanos los puntos estratégicos, hacen que parte de sus tropas atraviesen el Po en dirección al territorio de los anares, aliados de Roma, en donde ponen cerco a Clastidium con la intención de desviar la atención sobre Acerrae.
Al tener noticia los cónsules del cerco de Clastidium, Marco Claudio Marcelo marchó a toda prisa con 3.200 equites (2/3 de la caballería combinada de ambos ejércitos) y 600 velites, decidido a llevar socorro a los sitiados. Informados de la presencia de los romanos, los insubres levantaron el cerco y avanzaron a su encuentro en formación de combate para enfrentarse a los romanos con cerca de 10.000 galos de infantería y caballería.
Cuando ambos ejércitos se desplegaron y antes de empezar la batalla tuvo lugar un homérico duelo entre el rey gesato Britomarus y el propio Marcelo, del que el cónsul salió vencedor tras atravesar con su lanza la armadura del galo, ganando así la legendaria spolia opimavi, máxima distinción romana en combate.
Plutarco, Vidas Paralelas, Marcelo VII describe el combate: ”En esto lo vio el rey (Virdumaro), y conjeturando por las insignias que aquel era el general, picó a su caballo y se adelantó mucho a los demás, provocándole a grandes voces y, blandiendo su lanza; era superior a los demás galos y sobresalía entre ellos por su talla y por toda su armadura, en que brillaban el oro, la plata y la variedad de los colores, con lo que venía a ser como rayo de luz entre nubes. Llevaba Marcelo su vista por toda la hueste enemiga, y como al descubrir aquellas armas le pareciesen las más hermosas de todas y se le ofreciese que con ellas había de cumplir su voto, arremetiendo contra su dueño le atravesó con la lanza la coraza y con el encuentro del caballo le hizo perder la silla y caer al suelo todavía con vida; pero repitiéndole segundo y tercer golpe acabó luego con él. Apeóse en seguida, y luego que tomó en la mano las armas del caído, alzando los ojos al cielo, exclamó: “¡Oh Júpiter Feretrio, tú que registras los designios y las grandes hazañas de los generales en las guerras y en las batallas, tú eres testigo de que con mi propia mano he traspasado y dado muerte a este enemigo, siendo general, a otro general, y siendo cónsul, a un rey; conságrote, pues, estos primeros y excelentísimos despojos; tú concédeme para lo que resta una ventura igual a estos principios!”
Jinetes galos siglos III-II a.C: 1 lleva escudo alargado, yelmo con carrileras y un jabalí como insignia; 2 lleva un yelmo etrusco-corintio, escudo redondo, varias jabalinas y lanza; 3 va sin armamento y esta tocando un carnix; todos llevan silla de cuernos que posteriormente sería copiada por los romanos. Autor Angus Mcbride 

A continuación la caballería romana cargó contra la desmoralizada línea gala cuyo centro al parecer aguantó la embestida pero no así sus flancos que cedieron. Pronto tanto la caballería como la infantería galas huían de los equites romanos que infligieron una grave derrota a los galos. Según Plutarco, la de Marcelo fue una victoria reseñable y extraña: Pues nunca antes o después, según se nos ha contado, tan pocos jinetes habían vencido a tantos juntos de a caballo y a pie. Muchos cayeron al río y murieron arrastrados por la corriente, pero la mayoría fue masacrada por la caballería romana.
Cneo Cornelio Escipión consiguió hacerse con Acerrae, la cual rebosaba de trigo, al tiempo que los insubres que quedaban en la zona huyeron hacia Mediolanum (actual Milán), el enclave más importante de su país. El cónsul los persiguió y se plantó ante Mediolanum. En un principio los insubres no reaccionan pero cuando Cneo Cornelio se dió la vuelta para regresar a Acerrae lanzaron un ataque contra su retaguardia causándole numerosas bajas e incluso forzaron la huida de algunas unidades. De repente Cornelio insta a la vanguardia a detenerse y ordenó girarse contra los galos. Se entabla un combate con los perseguidores. Los insubres, animados por su momentáneo triunfo sobre la retaguardia romana, aguantaron cierto tiempo pero al final se desbandaron hacia los montes cercanos. Cneo Cornelio los persiguió arrasando y saqueando en su camino todos los campos por donde pasaba.
Mediolanum acabó capitulando una vez perdida toda esperanza de salvación. Con la caída de su enclave principal los insubres se rindieron a los romanos.
Hacia el año 220 a.C, los romanos eran dueños del valle del Po y comenzaron la fundación de las colonias de Placentia y Cremona, frente a territorio insubre. Dos años más tarde, Aníbal llegaría y levantaría a los galos contra Roma una vez más. Los taurinos se negaron a unirse. Tan sólo con 8.000 soldados de infantería y 4.000 de caballería, en su mayoría insubros, se unieron a Aníbal antes de la batalla del Trebia. Después de la liberación del valle del Po, los galos de Aníbal aumentaron a 20.000 soldados de infantería y 4.000 de caballería, pero esto no era más que una fracción de la potencia gala antes de la batalla de Telamón y sus secuelas, que había roto su poder militar galo para siempre. 

Batalla de Cremona 200 a.C
El año 200 AC, un general cartaginés de nombre Amílcar que al parecer había sido lugarteniente de Asdrúbal Magón y que se había quedado en la zona trás la derrota de éste, soliviantando a las tribus locales contra Roma, consiguió levantar a los galos ínsubros, cenomanos y boyos, así como a los ligures celinos, ilvates, y otras tribus asaltaron y saquearon la colonia romana Plasentia. Los romanos en esos momentos estaban ocupados con la Segunda Guerra Macédonica, obligaron a Roma a dirigir su atención al norte de Italia una vez más.

Situación en el norte de Italia en el 200 a.C. Las principales vías romanas eran la via Flaminia de Roma a Rimini, vía Emilia de Rimini a Placencia, Via Cassia de rama a Arretium y Pisa; vía Aurelia de Roma a Pisa, y la vía Emilia Scaura de Pisa a Génova.
Tras el éxito de esta acción los galos cruzaron el río Po, y avanzaron con la intención de saquear Cremona, la otra colonia romana en la Galia Padana. Al enterarse de la suerte que había corrido Plasentia, los habitantes de Cremona tuvieron tiempo de preparar las defensas para soportar un asedio y enviar un mensaje al pretor romano antes de que llegasen los galos. Éstos no obtuvieron la sorpresa, por lo que la ciudad no pudo ser tomada al asalto, así es que decidieron someterla a un asedio.
El gobernador de la provincia era el pretor Lucio Furio Purpúreo que se encontraba acampando con su reducido ejército en las inmediaciones de Rímini. Frente a los 40.000 efectivos galos, el pretor solo contaba con 5.000 efectivos romanos y aliados o socii.
El ejército consular de Etruria estaba esperando a su nuevo comandante, el cónsul electo Cayo Aurelio Cota, por lo que el Senado ordenó al ejército se dirigiera directamente a Rímini y que el relevo del mando se realizara allí. Al mismo tiempo el senado envió una embajada a Cartago para reclamar que le entregasen a Amílcar.
El gobierno cartaginés respondió que lo único que podían hacer era condenarlo al destierro y confiscar sus bienes, ya que no le obedecían y estaba actuando por cuenta propia, y que estaban cumpliendo escrupulosamente todos los puntos del tratado (entrega de refugiados y desertores) además de abastecer a Roma y al ejército romano de Macedonia con trigo.
El ejército consular llegó a Rimini y el pretor Lucio Furio, decidió no esperar al cónsul Cayo Aurelio y partió con las tropas a marchas forzadas hacia Cremona. Al llegar a los alrededores de la ciudad, decidió dar descanso sus tropas en lugar de atacar inmediatamente a los sitiadores galos, que estaban desprevenidos y desperdigados con su campamento desprotegido. Al advertir la presencia romana, reunieron todas las tropas galas y ligures en su campamento. Al día siguiente, ofrecieron batalla a los romanos.
Lucio Furio decidió aceptar la batalla, contra la costumbre de situar las legiones romanas en el centro y las aliadas en los flancos, decidió que las legiones aliadas desplegasen a la derecha bajo el mando del legado Marco Furio, mientras que las legiones romanas desplegarían a la izquierda bajo el mando del legado Marco Cecilio. Salieron del campamento primero Marco Furio con las legiones aliadas y cuando estaban terminando de desplegar, toda la masa de guerreros galos y ligures se dejó caer sobre estas tropas chocando furiosamente, a la vez que, en razón de su mayor numero, comenzaron a desbordarlas las por ambos flancos.
Rápidamente, Lucio Furio ordenó a Marco Cecilio, marchaba detrás con las dos legiones romanas que desplegasen a ambos flancos de las legiones aliadas, para evitar que fuesen desbordadas.

Las legiones aliadas al ver la aproximación de las romanas, aguantaron y Lucio Furio consiguió restablecer la línea de batalla, produciéndose la lucha cuerpo a cuerpo que era favorable a los romanos.
Amilcar con su superioridad numérica, ordenó el desbordamiento por ambos flancos, este nuevo intento de desbordamiento fue desbaratado por Lucio Furio al enviar la caballería romana, al mando del legado Lucio Valerio Flaco que les atacó de flanco.
Como estaban siendo destrozados en todos los sectores del campo de batalla, los galos se dieron la vuelta y en medio de una salvaje huida buscaron refugio en su campamento. La caballería les persiguió, llegando a continuación la infantería que atacó el campamento.
Solo unos 6.000 galos consiguieron escapar, más de 35.000 fueron muertos o hechos prisioneros; según Livio se capturaron 70 estandartes, junto a 200 carros galos cargados de botín. 2.000 hombres que los galos habían capturado en Plasencia, fueron puestos en libertad y devueltos a sus hogares. El general cartaginés Amílcar cayó en esa batalla, así como tres nobles generales galos.
Tras la victoria, llegó el cónsul Cayo Aurelio Cota y se hace cargo del ejército, encontrándose con que la guerra había terminado, furioso envió al pretor a Etruria, para luego llevar sus legiones a territorio enemigo para saquearlo.
Al año siguiente, un ejército bajo el mando del pretor Cneo Bebio Tánfilo, que había asumido el mando de estas tropas de las manos de Cayo Aurelio, en esa provincia. Sufrió una derrota a manos de los galos, sufriendo 6.000 bajas y a punto estuvo de perder todo el ejército. 

Batalla del río Mincio 197 a.C
En el 196 AC, se produce un levantamiento en la Galaia Padana, al mismo tiempo estaban empeñados en la Segunda Guerra Macedónica. Los cónsules electos para el año siguiente fueron Cayo Cornelio Cetego y Quinto Minucio Rufo, se comprometieran a aceptar la decisión del Senado, el cual emitió un decreto para que Italia fuera administrada por ambos cónsules y que Tito Quincio Flaminio (vencedor en Cinocéfalos este mismo año) viera confirmado su mando en Macedonia hasta el momento en que el Senado designara a su sucesor con el cargo de procónsul. A cada uno de los cónsules se les asignarían dos legiones; con ellas deberían dirigir la guerra contra los galos cisalpinos, que se habían rebelado contra Roma.
El plan consensuado por ambos cónsules era avanzar independientemente con ambos ejércitos, convergiendo sobre el centro de la Galia Padana.
El cónsul Quinto Minucio avanzaría por Liguria, embarco sus fuerzas en Pisa y desembarcó en Genoa (Génova) y se internó en Liguria, rindiendo las fortificaciones de Clastidio (Casteggio) y Litubio, sometiendo a los celeyates y a los cerdiciates. En territorio de los ilvates, se rindieron 15 ciudades fortificadas y 20.000 hombres. Desde aquí, llevó sus legiones al país de los boyos, cuyo ejército, había cruzado el Po para reunirse con ínsubros y cenomanos.
El cónsul Cornelio Cetego partió de Rimini y se dirigió al país de los boyos para unirse a Minucio. Al recibir noticias de la invasión de su territorio, los boyos exigieron que todos debieran apoyar a quienes sufrían la mayor presión, mientras que los ínsubros declararon que no dejarían indefenso su propio país. Así pues, dividieron sus fuerzas; los boyos marcharon a proteger su país y los ínsubros y cenomanos tomaron posiciones a orillas del río Mincio. En el mismo río, 3 km más abajo, fijó Cornelio su campamento. Desde allí, se enviaron emisarios a diferentes aldeas de los cenomanos y a Brixia, su capital, que dieron garantías de que no tomarían parte en los combates. Ignorantes de este pacto, los ínsubros ofrecieron batalla a los romanos. Sin embargo, algo debieron sospechar ya que fueron situados en retaguardia, como reserva.
Ambos ejércitos desplegaron y los romanos cargaron. Livio informa que los ínsubros “no resistieron el primer choque” y fueron derrotados, algunos autores dicen que los cenomanos los atacaron por retaguardia cuando la batalla estaba en marcha. Lo que está claro es que los romanos fueron los vencedores.
Quinto Minucio, el otro cónsul, solo pudo contentarse con saquear la tierra de los boyos puesto que estos, al enterarse de la derrota de los ínsubros, desistieron de todo intento de lucha. Los guerreros abandonaron a sus líderes en su campamento y retornaron a sus hogares para defender sus propiedades y familias de la codicia romana. A su regreso a Roma, ambos cónsules celebraron un triunfo cada uno. 

La batalla de Mutina o de Placencia 193 a.C
Los boyos volvieron a levantarse en el 194 a.C, se enfrentaron cerca de la ciudad de Mutina (actual Módena).
El cónsul Lucio Cornelio Merula condujo las legiones al territorio de los boyos, el ejército romano se dedicó al saqueo y provocar estragos para provocarles a una batalla campal, los boyos no querían enfrentarse en campo abierto, esperando una oportunidad para tenderles una emboscada.
Mientras que el cónsul condujo a sus tropas hacia Mutina (Módena), los boyos le siguieron, y por la noche, más allá del campo romano, ocuparon un barranco que era un paso necesario para los romanos, pero no actuaron de forma diligente y en silencio, los romanos se dieron cuenta de tal movimiento, y el cónsul, decidió levantar el campamento en plena luz del día, a pesar de que no era la costumbre. Como precaución adicional, envió por delante exploradores, quienes le informaron sobre el número de enemigos que tendrían que hacer frente. Antes de la batalla reunió los bagages y encargo su defensa a los triarios. A continuación, se dirigió con el resto del ejército hacia los galos. Los galos desplegaron al descubrir que la emboscada había sido descubierta y que tendrían que luchar en campo abierto. El frente era estrecho y los romanos desplegaron en dos líneas delante las legiones aliadas y detrás las romanas.
l choque comenzó temprano. La batalla fue larga y de desgaste, a medio día el sol era muy fuerte, y los aliados pidieron el relevo, renovándose la lucha con nuevo ímpetu. Mérula se dio cuenta que los boyos empezaban a flaquear y ordenó a Cayo Livio Salnore, comandante de la caballería auxiliar, que cargase contra la formación enemiga lanzando jinetes al galope, manteniendo en reserva la caballería de las legiones. Al parecer consiguió romper la formación enemiga y empezaron a darse a la fuga. Enviando a los jinetes romanos en su persecución.
Según Tito Livio perecieron 14.000 guerreros, se capturaron 721 equites y 3 duces, con 212 insignias y 73 carromatos, los romanos sufrieron 5.000 soldados, 23 centuriones, 4 comandantes auxiliares y los tribunos de la segunda legión Marco Genucio y Quinto Marcio y Marcus. Esta batalla marcó el fin de la campaña gala en Italia. La mayoría de la aristocracia boya murió y los sobrevivientes se dividieron entre aquellos que querían resistir a toda costa y los partidarios de rendirse. Finalmente, en 192 a.C. los romanos lanzaron una gran ofensiva contra ellos. Un año más tarde el cónsul Publio Cornelio Escipión Nasica les venció definitivamente.

Campaña contra los ligures
Los ligures eran un pueblo de origen íbero que habitaba al norte del mar de Liguria actual golfo de Génova, vivían entre el Ródano y el Arno, estaban muy influenciados por los pueblos pueblos que les rodeaban, un grupo al que podemos denominar etrusco-ligur que estaban en contacto con los etruscos de los cuales copiaron el armamento y las formas de combatir entre estos se encuentran los apuanos, tígulos y vagienos que realizaban incursiones en Etruria atacando las ciudades de Pisa y Bolonia. Otro grupo lo formaban los galo-ligures que tenían influencia de los galos como los libicios, taurinos, briviates, salesios, orumbos e ilvates. Había otro grupo que habitaba en la costa y se dedicaban a la piratería entre los que destacamos los montanios, inguanos, intimilios, deciates, oxibienos y salubios.
Al final de la Segunda Guerra Púnica, los romanos estaban casi seguro de que conservarían la franja costera hasta Portus Lunae, que se unió a Roma con una carretera llamada Aurelia Nova, construyendo a continuación la ciudad de Pisa, alrededor del 200 a.C.
En el 194 a.C, Escipión el Africano después de un levantamiento ligur, saqueó toda Liguria excepto las aldeas remotas y de difícil acceso, que ocultas en los bosques y en los pantanos, hacía difícil y peligroso el acceso para los romanos.
Al año siguiente, los ligures se reunieron en asamblea y atacaron en masa a la ciudad costera de Pisa y el estuario del río Arno. Según Livio, unos 40.000 guerreros atacaron la ciudad, a los que se sumaban diariamente más atraídos por el botín. El cónsul Quinto Municio Termo llegó al sudeste de Pisa desde Arretium, formó sus tropas y se dirigió a Pisa. Su llegada salvó a la ciudad, cruzó el río Arno y acampó a un kilómetro del enemigo. En un principio se limitó solamente a escaramuzas, bloqueando al ejército principal ligur, pero no se atreve a enfrentarse a los ligures en campo abierto, no pudo impedir que los ligures recorriesen la zona y volviesen con el botín y ganado de los pueblos saqueados. Incluso el propio Municio cayó en una emboscada y fue salvado por la caballería númida. Finalmente satisfechos con el botín conseguido, los ligures levantaron el asedio y se retiraron a sus hogares reinando la paz hasta final del año siguiente.
En el 193 a.C, un ejército romano que marchaba por un desfiladero, se encontró con que la salida había sido bloqueada por los ligures. El cónsul al mando ordenó hacer alto y dar media vuelta con el fin de evitar una batalla en una zona tan estrecha. Al volver se encontraron con que la otra salida también había sido bloqueada. Los romanos estaban atrapados igual que ocurrió en las Horcas Caudinas. En ese momento, el comandante de la caballería númida prometió que con sus 800 jinetes abrirían el paso. Primero incendiarían los poblados fortificados que estaban en el valle y después rompería el bloqueo. El cónsul estuvo de acuerdo y le prometió una recompensa si lo conseguía.


Tribus ligures
Los númidas se acercaron al poblado como si estuviesen borrachos haciendo tonterías, los defensores divertidos con el espectáculo, bajaron la guardia, de repente los númidas espolearon a sus caballos y cogiendo a sus enemigos desprevenidos e incendiando el poblado, Los hombres, mujeres y niños huyeron despavoridos hacia el bloqueo para salvar sus vidas. Los númidas aprovecharon la confusión y rompieron el bloqueo, y el ejército romano se salvó de la destrucción.
La guerra continuó y en el 191 a.C, un ejército ligur realizó un ataque nocturno contra el campamento del proconsul Quinto Minucio. Desde la empalizada los legionarios romanos mantuvieron a raya a los atacantes. Cuando se hizo de día, salieron por dos puertas a la vez desde el interior del campamento, y cargaron contra los desperdigados atacantes que debido al cansancio y falta de sueño abandonaron el campo, dejando 4.000 muertos frente a las 300 bajas romanas. Con refuerzos Minucio podía haber finalizado la guerra, pero otro ejército bajo el mando del cónsul Publio Cornelio Escipión Nasica estaba empeñado combatiendo a los boyos.
Después de tres años de guerra en 190 a.C, Minucio Termo volvió a Roma, pero no consiguió el triunfo ya que sus campañas no han logrado poner fin a la agresión de los ligures. .Pisa estaba segura, pero se interrumpieron las comunicaciones por tierra con el Portus Lunae porque los apuanos que ocupaban la franja costera y amenazan el norte de Etruria, apoyado por sus aliados friniates que habían descendido de los Apeninos. 

Campaña contra los inguanos y apuanos (189- 180 a.C)
En el 189 a.C, Quinto Bebio fue emboscado en su camino hacía Hispania cerca de Marsella. Para frenar estas incursiones, en 188 a.C el Senado envió contra los ligures al cónsul Marco Valerio Mesala que, organizó el año siguiente, una operación a gran escala, utilizando ambos ejércitos consulares: a Cayo Flaminio persiguió, a lo largo de los valles de los Apeninos que descendían hacia el Arno, y derrotó a los friniates primero y después a los apuanos, que habían causado estragos en el campo, cerca de Pisa y Bolonia. El otro ejército bajo el mando de Marco Emilio, avanzó por el valle del Serchio saqueando de la tierra de los apuanos y obligándolos a retirarse a las altas montañas, para después continuar la campaña contra otros grupos friniates, llegando a Bolonia, desde donde se inicia la construcción de la vía Emilia.
Aunque derrotados, los apuanos no permanecieron con los brazos cruzado, obligando a los romanos a organizar otra expedición militar, esta vez confiada al cónsul Quinto Marcio Filippo, quien al mando de sólo 3.000 infantes y 150 jinetes romanos y 5.000 infantes y 200 jinetes aliados o socii, avanzaron hacia el Val di Magra, sus legionarios se internaron imprudentemente a través de bosques impenetrables, siendo rodeados en una garganta, y masacrados, sufriendo la peor derrota de todas las guerras con los ligures. En el campo quedaron 4.000 hombres y 3 insignias de las legiones y 11 insignias de los aliados, mientras que el resto del ejército se retiró. El lugar de la batalla, pasó a la historia como Saltus Marcio (Salto de Marcio), que no ha sido identificado con certeza.
Para poner fin a las continuas incursiones en las costas y mantener las comunicaciones seguras, los romanos organizaron dos expediciones en 185 a.C: Una mandada por Apio Claudio Pulcro, dirigida contra los ingaunos; la otra, bajo el cónsul Marco Sempronio Tuditano, en contra de la apuanos, este arrasó territorio de la apuano y llegó al río Magra y al puerto de Luni, obligando a los ligures a huir a las montañas. Sin embargo, los éxitos son efímeros, de manera que ninguno de los dos cónsules obtuvieron el triunfo.
En 182 a.C Lucio Emilio Paolo se dirigió contra los pueblos de Liguria que vivían entre Génova y Alberga. Al llegar a la frontera con los ingaunos, su campamento atrincherado fue asediado y puesto en serios problemas, viéndose obligarlo a pedir ayuda a la flota anclada en Pisa. Antes de que llegaran los refuerzos, sin embargo, realizó una salida exitosa que logró derrotar ingauni que se dejaron 15.000 muertos y 2.500 prisioneros en el terreno. Tres días después la capital de los inguanos rindió. Al mismo tiempo la flota romana estacionada en Pisa al mando de duunviro Cayo Matieno infligió una dura derrota a la flota ingauna, capturando 32 grandes barcos piratas.
Los ingaunos solamente se ven obligados a destruir las murallas de la ciudad y renunciar a la flota de buques de gran tamaño; pero, al año siguiente, concluido un nuevo foedus con los romanos, por el contrario será capaz de ampliar considerablemente su territorio a expensas de montanos, sus enemigos ancestrales, derrotados por el cónsul Postumio.
En el este de Liguria, los romanos estaban listos para una acción decisiva contra la apuanos y reclutaron cuatro nuevas legiones, que con los socii alcanzando así 35.800 efectivos. Tres ejércitos consulares estaban sobre el suelo de Liguria desde la costa de los ingaunos a los Alpes Apuanos.
En la primavera del 180 a.C dos de estos ejércitos comandados por Publio Cornelio Cetego y el procónsul Marco Bebio Panfilo marchó contra los apuanos con el fin de resolver definitivamente el “problema apuano”. Los ligures están completamente sorprendido por la acción de los romanos, que entraron en el país antes habitual, es decir, antes de que tomaran el mando de los nuevos cónsules Aulo Postumio Albino y Quinto Fulvio Flacco y se vieron obligados a rendirse, entregándose 12.000 guerreros. Consultado el Senado, tomó la decisión de deportar a 40.000 cabezas de familia con esposas e hijos a Sannio, a un ager publicus que pertenecía a los taurasinos cerca de Benevento.
Los cónsules del año, mientras tanto, había llegado a Pisa con las legiones que se les habían asignado, y continuaron las operaciones militares: Quinto Fulvio Flacco rastrilló el territorio de la apuanos y capturó de otros 7.000 cabezas de familia que también son deportados al Sannio. Aulo Postumio atacó a su vez friniates cerca del monte Ballista y Suismontium, obligándolos a rendirse. A continuación, batió el Montani al oeste, solamente sobrevivieron en valles aislados unos pocos millares de apuanos que, después de muchos años de paz, en 155 AC se revelaron de nuevo, pero fueron finalmente derrotados por los legionarios romanos mandados por el cónsul Marco Claudio Marcelo.

Campaña contra los friniates (179-175 a.C)
Toda la costa de Liguria desde Pisa a Mónaco estaba ya bajo el control de Roma, solo quedaban libres al sur de Piamonte y al oeste de Tortona los bagienos y los estatielos) y muchos otros al norte de los Apeninos que se unieron en una confederación llamada “Confederación de los Friniates”.
Frente a éstos en el 179 a.C, Quinto Fulvio Flacco consola; después de cruzar “Montañas sin caminos y los yugos de la ballesta (quizás Monte Valestra)” se las arregló para enfrentarse al enemigo a campo abierto, donde una vez más los legionarios eran muy superiores, se capturaron 3.200 ligures que fueron transferidos inmediatamente a la llanura.
Sin embargo, sólo dos años después (177 a.C) la revuelta tuvo lugar justo cuando la guerra llega a su fin con los histrios. El cónsul Cayo Claudio Pulcro marchó contra los Friniates que acampaban en una explanada junto al río Scultenna., se enfrentaron en una batalla campal en la que, perder los ligures 15.000 hombres entre muertos y heridos, 700 prisioneros y 51 insignias, mientras que los supervivientes se refugian en las montañas. Pulcro obtuvo el triunfo para la doble victoria contra el histrios y los friniates. La paz, sin embargo, no fue muy duradero. Justo cuando Claudio estaba celebrando su triunfo, llegaron las noticias de una revuelta aún más extensa, ya que los friniates, los garulos, y los hergates se habían aliado estaban realizando incursiones en Luna y Pisa., mientras que en el otro lado de los Apeninos mientras los lapicidos y los apuanos habían conquistado y saqueado Módena.
Fueron elegidos cónsules Cneo Cornelio y Quinto Ispalo Petilio Spurino: al primero se le asignó el territorio de Liguria. Se alistaron dos legiones y 10.000 de infantería y 600 de caballería de la socii. A Cayo Claudio, ahora procónsul, se le asignó la Galia Cisalpina. Al comienzo de las operaciones murió Cneo Cornelio y se dedicaron a las prácticas religiosas. Mientras tanto, sin embargo, Cayo Claudio condujo a su ejército en Módena, que se recuperó después de los tres días de asedio: masacraron a 8.000 ligures. Finalmente el 13 de julio fue elegido el nuevo cónsul Cayo Valerio Levino en sustitución Gneus Cornelio. El Senado ordenó unir los ejércitos con la flota para atacar la costa de Pisa y el mar de Liguria.
Los ligures se habían refugiado en la montaña y se alza entre el monte Leto (de los cuales se ignora la posición actual) y el monte Ballista (Valestra) a la izquierda de la Secchia les rodea con una pared. El cónsul Petilio se unió a Cayo Claudio en los campos Magri (al sureste de Módena, a la izquierda de Secchia). En el mismo lugar también llegaron las tropas del cónsul Cayo Valerio. Petilio levantó su campamento frente al macizo Ballista y Leto y desde allí comenzó la marcha hacia las fortificaciones de Liguria, dividió el ejército en dos columnas: mientras la primera avanzó sin encontrar dificultades, la segunda se vio obligada primero a detenerse y luego a retroceder. Petilio, dándose cuenta de la dificultad de sus hombres, se apresuró a caballo, pero, tras lograr detener la retirada, fue mortalmente herido por una flecha. Su muerte se mantuvo en secreto a los legionarios, se reanudó el avance, y probablemente ayudado por las otras legiones del cónsul Valerio, vencieron a los ligures que se dejaron 5.000 muertos en el campo frente a sólo 52 romanos. En el otro frente Publio Mucio Escévola se enfrentó y derrotó al los apuanos, que habían saqueado toda la llanura de Luna y Pisa, obligándoles a la sumisión y la entrega de las armas en el 175 a.C. 

Campaña contra los estatielos (173-2 a.C)
Los estatielos vivían al norte de Génova, entre los ríos Tanaro y Odubria, en la zona actual de Acqui. Este pueblo siempre se había mantenido neutral en las guerras romano-ligures, tal vez porque estaban ligados por vínculos comerciales con la pro-romana Génova. Pero el cónsul Marco Popilius Lenate, un miembro de la corriente nacionalista romana, innecesariamente hizo que los ligures que se vieran obligados a tomar finalmente armas.
Las fuerzas romanas se presentaron frente a su capital, la ciudadela Caristo (de situación desconocida), En cuyo interior se habían reunido un gran ejército de ligures. Los estatielos decidieron hacer frente al enemigo en campo abierto. Comenzó la lucha que tuvo un resultado incierto durante más de tres horas, hasta que el cónsul ordenó a la caballería atacar simultáneamente por ambas alas. La maniobra provoca la derrota y la huida precipitada de los ligures, dejando en el campo de batalla 10.000 hombres y 700 prisioneros, las pérdidas romanas fueron altas., unos 3.000 hombres. Posteriormente la ciudad se rindió incondicionalmente junto con los 10.000 sobrevivientes. La ciudadela fue arrasada y los ligures vendidos como esclavos. No obstante, el comportamiento el cónsul fue considerado como una vergüenza por el Senado, que ordenó devolverles la libertad.
Al año siguiente se asignan los dos cónsules (Gayo Popilius y Publio Elio Lenate Ligure) el territorio de Liguria. El resultado es un conflicto con el Senado y los tribunos del pueblo, ya que ambos cónsules quieren ser asignados a Macedonia, La situación empeoró cuando llegó la noticia de que el procónsul Marco Popilius había atacado por segunda vez por los estatielos, exterminando a 6.000. El juez de Cayo Licinio fue elegido para llevar a cabo una investigación sobre los hechos: los ligures fueron liberados y se transferidos al valle del Po, donde se les asignarán otros territorios.

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