lunes, 9 de octubre de 2017

Capítulo 31 - Guerras Púnicas


Primera Guerra Púnica (264 – 241 a.C)
Fue el primero de tres grandes conflictos bélicos entre las dos principales potencias del Mediterráneo Occidental, la República Romana y la República Cartaginesa. Durante 23 años, Roma y Cartago lucharon por la supremacía en la zona y la conquista de Sicilia.

Orígenes
Trás la marcha de Pirro de Sicilia, los mamertinos regresaron a Mesana (Mesina) aunque eran menos fuertes y se dedicaron a su antiguo negocio, Hierón II de Siracusa derrotó a los mamertinos en la llanura de Milea, al norte de Mesina.
Tras esa derrota, en el año 264 AC, los mamertinos acudieron tanto a Roma como a Cartago en busca de ayuda. Los cartagineses hablaron con Hierón, y lograron acordar que éste no llevara a cabo nuevas medidas militares a cambio de que los mamertinos aceptasen una guarnición cartaginesa en Mesina. Ya fuese porque no les gustaba la idea de la guarnición cartaginesa, o bien convencidos de que la reciente alianza entre Roma y Cartago contra el rey Pirro reflejaba unas relaciones cordiales entre ambas potencias, el hecho es que los mamertinos solicitaron a Roma una alianza, buscando con ello mayor protección.
En ese momento la isla está dividida en dos esferas de influencia: la parte oeste y central, dominada por Cartago, y la parte oriental, de ascendencia e influencia griega. Los griegos están capitaneados por la polis de Siracusa, dirigida por el tirano Hierón II, que hasta ese momento habían sido seculares enemigos.
Tras un gran debate en el Senado, Roma finalmente decidió enviar dos legiones a Mesana (Mesina) para apoyar a los mamertinos, bajo las órdenes de Apio Claudio Caudex, que desembarcaron en Mesana, en donde los mamertinos habían expulsado previamente a la guarnición cartaginesa comandada por un tal Hannón y que se había refugiado en la ciudadela.

Guerra en Sicilia (264 – 257 a.C)
La guerra terrestre en Sicilia comenzó con el desembarco romano en Mesana en 264 AC. A pesar de la superioridad naval de Cartago, el desembarco romano no encontró prácticamente ninguna oposición. Dos legiones comandadas por Apio Claudio Caudex desembarcaron en Mesana.
El comandante cartaginés Hanón, suponemos comprendió que si su actuación provocaba la guerra abierta con Roma podía considerarse hombre muerto en Cartago o en la propia Mesina: decidió evacuar la ciudadela con la esperanza de que su decisión fuese comprendida en Cartago, pero en le sirvió de nada ya que murió crucificado.
La estrategia inicial de Roma era eliminar a Siracusa como enemigo y por ello, desde Mesana, los romanos marcharon al sur, mientras que diversas ciudades por el camino abandonaban el bando cartaginés para aliarse con Roma.
En el 263 AC, ante la entrada de los romanos, Cartago y Siracusa (enemigos seculares en Sicilia), se aliaron para expulsar a Roma de la isla.
Roma decide deshacer la alianza púnico-siracusana atacando al elemento más endeble 40.000 hombres parten hacia Siracusa. A su paso, las ciudades aliadas de Siracusa se pasan a la causa romana. Se deshace para siempre la confederación helénica en la Isla.
Tras un breve asedio sin haber recibido ayuda cartaginesa, Hierón, decide hacer la paz con Roma. Se constituye así un pequeño reino independiente, aliado de Roma, que le será muy útil durante toda la guerra. Junto con Siracusa, varias otras ciudades cartaginesas más pequeñas decidieron también pasarse al bando romano. Una vez resuelto el problema de Siracusa se dirigen a Agrigento.

Mapa de las batallas durante la Primera Guerra Púnica (264- 241 a.C)

Batalla de Akragas o Agrigento (261 a.C.) 
En 262 a.C., los romanos enviaron un nuevo ejército de gran escala a Sicilia, compuesto de unos 40.000 hombres organizados en cuatro legiones y los alae de caballería asociados. El ejército estaba dirigido por los dos cónsules, Lucio Póstumo Megelo y Quinto Manilio Vítulo. Los refuerzos fueron enviados en respuesta a la gran operación de reclutamiento y entrenamiento que se estaba produciendo en el bando cartaginés.
Apoyado por los suministros procedentes de Siracusa, el ejército consular marchó a Agrigento, en la costa sudoeste de la isla, en junio de ese año. Esta ciudad debía funcionar como campamento base del nuevo ejército cartaginés, aunque por entonces estaba sólo ocupada por una guarnición local de 1.500 hombres, al mando de los cuales estaba Aníbal Giscón.
Giscón respondió a la amenaza refugiando a la población de Agrigento tras las murallas de la ciudad, a la vez que acaparaba todas las provisiones que pudo conseguir de los alrededores. La ciudad se preparó para un largo asedio, y todo lo que tenía que hacer era esperar a que llegaran los refuerzos cartagineses que estaban en ese momento en preparación. En aquella época, la ingeniería de asedio y la construcción de maquinaria para asaltar murallas era un arte que los romanos todavía no dominaban y la única forma en la que podían conquistar una ciudad fortificada como Agrigento era a través de un largo bloqueo, y la rendición por hambre. Con ese fin, el ejército acampó tras los muros de la ciudad, y se preparó para esperar el tiempo necesario para que la ciudad terminarse rindiéndose. Gracias al apoyo logístico desde Siracusa, sus provisiones no serían un problema.
Algunos meses después, Giscón comenzó a sufrir los efectos del bloqueo y apeló a Cartago para el envío de ayuda urgente. Los refuerzos desembarcaron en Heraclea a comienzos del invierno de 262-1 a.C, y estaban compuestos por 50.000 soldados de infantería, 6.000 de caballería y 60 elefantes de guerra bajo el mando de Hannón. Los cartagineses marcharon hacia el sur para rescatar a sus aliados destruyendo la base de suministros romana ubicada en Erbeso. Estando cortada la línea de suministros, los romanos se encontraron asediados por el ejército de liberación, por lo que se vieron obligados a construir y mantener dos líneas defensivas: Una interna, contra los posibles ataques desde Agrigento, y otra externa, contra el ejército de liberación. Tras una serie de escaramuzas entre las caballerías ganaron los cartagineses, establecieron su campamento muy cerca de los romanos. Hannón desplegó inmediatamente sus tropas en formación de batalla, pero los romanos se negaron a luchar en campo abierto. Por el contrario, fortificaron su línea de defensa exterior y, mientras mantenían el asedio sobre Agrigento, quedaron a su vez cercados por el ejército cartaginés de liberación.
Con Hannón acampado a las afueras de su propia base, la línea marítima de suministros que abastecía a los romanos desde Siracusa dejó de estar disponible. Ante el riesgo de comenzar a sufrir el hambre, los cónsules eligieron ofrecer batalla. En este caso fue Hannón el que se negó al enfrentamiento, posiblemente con la intención de derrotar a los romanos por inanición. Mientras tanto, la situación dentro de Agrigento era ya desesperada tras más de seis meses de bloqueo. Aníbal Giscón, comunicándose con el ejército exterior mediante señales de humo, envió una solicitud urgente de ayuda tras la cual Hannón se vio obligado a ofrecer la batalla campal a los romanos.
Hannón desplegó la infantería cartaginesa en dos líneas, con los elefantes y los refuerzos en la segunda línea y la caballería probablemente en las alas. Los romanos probablemente se organizasen en la típica formación triplex acies.
Las fuentes coinciden en afirmar que la batalla fue larga, y que los romanos fueron capaces de romper el frente cartaginés. Esto provocó el pánico en la retaguardia y las reservas cartaginesas huyeron del campo de batalla. También es posible que a los elefantes les entrara el pánico y que en su lucha desorganizasen la formación cartaginesa. En cualquier caso, los romanos resultaron victoriosos en la batalla. Su caballería logró atacar el campo cartaginés y capturar varios elefantes.
Tras esta batalla, la primera de cuatro batallas campales en tierra durante la Primera Guerra Púnica, los romanos ocuparon Agrigento y vendieron a la totalidad de su población como esclavos. Los dos cónsules resultaron victoriosos, pero no fueron recibidos con un triunfo en Roma, posiblemente por culpa de la huida del general enemigo.
Después de 261 a.C, Roma controlaba la mayor parte de Sicilia, y se aseguró la cosecha de trigo de la isla para su propio uso. Además, supuso la primera campaña a gran escala fuera de la península itálica, lo cual dio a los romanos la confianza necesaria para perseguir mayores objetivos ultramarinos.
En cualquier caso, la batalla no fue un éxito completo. Gran parte del ejército cartaginés huyó, y Aníbal Giscón, junto con la guarnición de Agrigento, fue también capaz de romper las líneas enemigas y escapar.

Primera Guerra Púnica: Guerra en Sicilia

Ataque púnico a Camarina
Desde ahí, los romanos continuaron avanzando hacia el oeste de la isla, logrando liberar en 260 a.C a las ciudades de Segesta y Makela, que se habían aliado con Roma y que habían sido atacadas y asediadas por los cartagineses por haber cambiado de bando. En el norte los romanos avanzaban hacia Termae tras haber asegurado su flanco marítimo gracias a la victoria naval en la batalla de Milas. Pero fueron derrotados, sin embargo, ese mismo año por un ejército cartaginés dirigido por un comandante llamado Amílcar (no era Amílcar Barca). Los cartagineses aprovecharon esta victoria para contraatacar en 259 a.C, asediando la ciudad de Ena. Amílcar realizó desde allí una incursión al sur hacia Camarina, en territorio de Siracusa, posiblemente en un intento de convencer a los siracusanos para que se volviesen al bando cartaginés.
El año siguiente, 258 a.C, los romanos fueron capaces de recuperar la iniciativa reconquistando Enna y Camarina. En la Sicilia central capturaron también la ciudad de Mitístrato, a la que ya habían atacado en dos ocasiones anteriores. Los romanos también se trasladaron al norte, marchando a través de la costa norte de la isla hacia Panormos (Palermo), pero no fueron capaces de tomar la ciudad.
Las posiciones se estancan en la isla. Los púnicos se mantienen firmes al oeste de la isla, donde sus ciudades costeras, bien fortificadas, no pueden ser asediadas: Cartago las avitualla por mar, en el 257 a.C solo queda una punta en poder de los cartagineses.

Guerra naval (261-257 a.C)
Cartago cambió de estrategia y se decidió a emplear su mejor arma, donde tenía clara superioridad respecto a Roma: la armada. Los púnicos atacaron y saquearon ciudades costeras italianas para obligar a Roma a desviar efectivos desde Sicilia.
Roma, que apenas tiene experiencia marinera y cuenta sólo con una pequeña flota, se resiente. Consciente de su inferioridad marinera, Roma dota a sus barcos de guerra de un artefacto llamado corvus, que es pasarela que se engancha en la galera enemiga y permite el paso de la infantería y el combate cuerpo a cuerpo, donde los romanos son superiores.

Batalla naval de Milae o Milas (260 a.C)
Roma gana su primera victoria naval de la historia en Milae o Milas 260 a.C, en la que 103 naves romanas derrotaron a 130 púnicas, perdiendo estos últimos 50 barcos por acción de los corvus.

Batalla naval de Milae o Milas 260 a.C. Los romanos emplearon por primera vez el corvus y consiguen derrotar a los cartagineses

Batalla de naval Milae o Milas 260 a.C. Los marines romanos cruzando con el orvus para abordar un barco cartaginés, éstos se defienden arrojando todo lo que tienen incluido culebras. Autor Giuseppe Rava 

Batalla naval del cabo Ecnomo (256 a.C) 
Con este éxito Roma ganó confianza en el mar y ordenó la construcción masiva de más barcos para conformar una armada capaz de retar a Cartago en su propio territorio. La misma estuvo lista para el año 256 a.C. La integraban 250 navíos de cinco bancos de remos, 30.000 marineros, 80 barcos de transporte con 500 unidades de caballería, además de comida y suministros para el ejército completo para invadir África.
La flota estaba mandada por los dos cónsules de ese año, Marco Atilio Régulo y Lucio Manlio Vulso Longo. Sin embargo, los cartagineses no estaban dispuestos a permitir que esta amenaza se tornase en realidad, y enviaron una flota de envergadura similar para interceptar a los romanos. Al mando de su flota iban los generales Hannón el Grande y Amílcar (distinto del Barca) con unos 300 navíos.
La flota púnica fue desplegada al completo para interceptar a la flota de desembarco romana que transportaba a las tropas de los dos cónsules. Ambas flotas se encontraron en la costa sur de Sicilia, a la altura del cabo Ecnomo. La formación de batalla cartaginesa inicial era la tradicional formación en línea, con Amílcar en el centro y los dos flancos ligeramente adelantados.
El frente romano avanzó contra el centro de la línea cartaginesa. El almirante Amílcar, en ese momento, fingió una retirada para permitir la aparición de un hueco entre la vanguardia romana y las naves de transporte, que eran el verdadero objetivo del enfrentamiento militar. Tras esta maniobra, los dos flancos cartagineses avanzaron contra la columna dejada atrás y atacaron desde los flancos para evitar que los romanos pudieran utilizar el corvus para abordar sus naves. Los transportes se vieron empujados hacia la costa siciliana, y los refuerzos tuvieron que entrar en batalla para enfrentarse al ataque de Hannón.
El centro de la línea cartaginesa fue finalmente derrotado tras una larga lucha, y acabó huyendo del campo de batalla. Entonces, los dos escuadrones romanos del frente dieron la vuelta para ayudar a la situación que se había creado en la retaguardia. Los cartagineses perdieron 30 naves hundidas y 65 capturadas, los romanos perdieron 24 navíos hundidos.

Batalla naval del cabo Ecnomo 256 a.C. Despliegue inicial, la flota romana en cuña y los cartagineses en línea. Autor Charles Rollin

Batalla naval del cabo Ecnomo 256 a.C. Secuelas de la batalla. Autor Radu Oltean

Guerra en África (256-255 a.C)
Los romanos tras la victoria en la batalla naval del cabo Ecnomo, los romanos volvieron a tierra para reparar los navíos y acumular provisiones. Una vez hecho esto se encaminaron hacia África una parte de la escuadra se dirigió al promontorio Hermeo, esperando a las restantes naves.
Congregada toda la armada, fueron costeando hasta llegar a la ciudad de Aspis, desembarcando allí, sacaron las naves a tierra y las rodearon de un foso con empalizada; comenzaron el asedio de la ciudad. Una vez tomada ésta se enviaron mensajeros a Roma para informar de lo sucedido hasta el momento y pedir instrucciones. Mientras, dejaron una guarnición en la ciudad y salieron a saquear la zona.
Los cartagineses, informados del desembarco, desisten de controlar las rutas marítimas y concentran sus tropas en el territorio de Cartago en previsión de un ataque por tierra.
Los romanos no encontraron ninguna resistencia por lo que saquean numerosas mansiones y reunieron todo el ganado que pudieron, embarcando en sus naves más de 20.000 esclavos.
Regresaron los legados enviados a Roma con la resolución del Senado que había decidido que Marco Atilio Régulo se quedase en África con 40 navíos, 15.000 hombres y 500 jinetes, y que el otro cónsul Lucio Manlio regresara a Roma con la flota y los cautivos.

Batalla de Adis o Adys (256 a.C)
En el año 256 a.C, el ejército romano en África bajo Marco Atilio Régulo contaba con un ejército consular (dos legiones romanas y dos aliadas) se dirigieron a la ciudad de Adis (Adys) a 60 km al sureste de Cartago y la sitiaron.
Cartago llamó a Amílcar que estaba el Heraclea (Sicilia) para romper el cerco, que acudió con unos 5.000 infantes y 500 jinetes desde Sicilia para unirse a los generales Bostar y Asdrúbal Hannón. La combinación de fuerzas cartaginesas acampó en una colina cerca de Adis (no se sabe el número exacto de sus fuerzas, pero se supone unos 12.000 infantes, 2.000 jinetes y 50 elefantes).
Sin que los cartagineses lo advirtieran, los romanos rápidamente retiraron las fuerzas del asedio de Adis y desplegaron sus fuerzas alrededor de la colina, al amparo de la oscuridad, y atacaron desde dos direcciones al amanecer. Los legionarios de la legión I se enfrentaron a los mercenarios, siendo rechazados por estos tras un breve combate, pero en la otra dirección la legión aliada desalojó a los elefantes y caballería, que poco pudieron hacer en dicho terreno. Tras perseguirlos brevemente, volvieron sobre sus pasos y atacaron la retaguardia mercenaria, uniéndose a su vez los de la primera legión que dejaron de huir y volvieron a la carga. Pero finalmente, los cartagineses fueron aplastados y huyeron del lugar. Las bajas fueron 18.000 muertos según Orosio, 5.000 prisioneros y 38 elefantes capturados según Eutropio (cifras probablemente muy exageradas). El ejército romano no encontrando resistencia y continuó avanzando hacia Cartago, deteniéndose en Túnez.
Las consecuencias de esta derrota fueron desastrosas, no solo por ser uno de los pocos ejércitos disponibles por Cartago, sino porque sus aliados y súbditos se sublevaron. Parte del pueblo númida, ante la debilidad púnica, se sublevó e invadió tierras cartaginesas, lo que nos hace pensar que también los enclaves libios podrían haber hecho lo mismo y haberse aliado con el que parecía a todas luces el vencedor de esta guerra, Régulo.
Cartago estaba cercada. Su situación era crítica, pues la presencia romana alentaba, al mismo tiempo, la rebelión de los reinos númidas. Se iniciaron conversaciones de paz con Roma, pero Régulo impuso condiciones demasiado duras y Cartago no las aceptó.

Batalla de  los llanos de Bagradas o de Túnez (255 a.C)
Cartago como última esperanza, buscó mercenarios en Grecia, en 255 AC contrató los servicios de un general lacedemonio llamada Jántipo (Xanthippos), este general trajo mercenarios griegos y reorganizó el ejército cartaginés similar al empleado por los sucesores de Alejandro Magno, formando una falange con sarissas o picas y la caballería en las alas. Tras un breve tiempo en el cual sometió a la infantería cartaginesa a una dura instrucción, los cartagineses volvieron a recobrar la moral perdida en las últimas batallas.

Jántipo adiestrando al ejército cartaginés al modo macedonio. Autor Steve Noon

Cuando Jántipo estuvo seguro, salió de Cartago con 12.000 infantes, 4.000 jinetes, y 100 elefantes, proponiéndose a buscar los romanos en las llanuras, donde la caballería y los elefantes darían mayor juego.
Jántipo fue el primero en sacar el ejército fuera del campamento y formarlo para la batalla. Situó en primera línea, los 100 elefantes, seguidos de unos 2.000 infantes ligeros o peltastas con la misión de proteger a los elefantes, detrás colocó a la falange en 16 filas de profundidad, situando a sus mercenarios (1.500 a 2.000) a la derecha.  En el ala derecha situó la caballería númida (2.000?) y en el ala izquierda la caballería pesada cartaginesa mandada por Amílcar Barca (2.000?)

Batalla de los Llanos de Bagradas o de Túnez 255 a.C: despliegue inicial

Régulo tenía un ejército consular de dos legiones romanas y dos legiones aliadas, unos 16.000 infantes y 1.000 jinetes, la mitad númidas. Sus vélites se situaron en una línea delante de las legiones con la misión de matar a los mahouts o conductores de los elefantes, y su escasa caballería la situó en su lugar habitual en los flancos. Las legiones desplegaron en las tres líneas habituales: hastati, príncipes, y triarii, pero, en lugar de formar los manípulos de forma regular, los duplico  con el fin de duplicar los intervalos, por los que se formarían unos pasillos por los que se facilitarían el paso de los elefantes hacia retaguardia, evitando la carga de los mismos. (Los romanos ya habían tenido experiencias combatiendo elefantes en las guerras Pírricas)
Contrariamente a la costumbre romana y buen juicio, Régulo permitió a Jántipo atacar primero. Lo hizo mandando cargar al mismo tiempo su caballería en las alas y a los elefantes.
En las alas (1), la caballería cartaginesa derrotó con suma facilidad a la romana y libia, pues se encontraba esta en clara inferioridad numérica. Pero para evitar que tras la huida se reagruparan y volvieran al ataque, los persiguieron durante cierto tiempo, dejando una parte de los númidas para vigilarles y el resto volvieron para atacar a las legiones romanas.

Batalla de los llanos de Bagradas o de Túnez (Tunis) 255 a.C. Carga de los elefantes

La línea de elefantes avanzó seguida de los peltastas (2), los vélites romanos matar a los mahouts y espantar a los elefantes, consiguiéndolo en el lado derecho (3), cuyos elefantes se volvieron y desbarataron la falange mercenaria.  Los vélites se retiraron rápidamente, retrocediendo a través de los intervalos de la legión, que por su parte avanzó a contrarrestar el golpe inminente.
Aprovechando el desorden causado por los elefantes, la legión de la izquierda romana cargó directamente contra los mercenarios (4). La enorme profundidad de la formación romana superaba completamente a la mercenaria, lo cual no solo beneficiaba a estos porque podían aportar más tropas frescas y asumir más bajas, sino porque el empuje era mayor y la línea enemiga tarde o temprano retrocedería resquebrajándose.

Batalla de los llanos de Bagradas o de Túnez (Tunis) 255 a.C. Carga de los elefantes

Mientras los legionarios luchaban con superioridad en el lado izquierdo, en el centro y lado derecho, los hastati recibieron con estupor a los elefantes, que ya habían hecho huir a los velites entre los huecos de los manípulos. No les fue mejor a los del primer acies (fila) con los elefantes seguidos de peltastas, pero cuando parecía que se habían librado ya de ellos, pasando los elefantes al segundo acies, al de los princeps, apareció la falange cartaginesa en perfecto orden. Los hastati estaban cerrando los huecos, su formación no tenía todo el orden necesario para combatir. Los romanos aguantaron la embestida, teniendo que emplear la acies de los príncipes para parar la infantería cartaginesa.
Los legionarios romanos del ala izquierda persiguieron a los mercenarios, por lo que no supusieron peligro alguno para Jántipo. Mientras tanto, la infantería cartaginesa hacía retroceder a los príncipes que en condiciones normales se hubiesen replegado tras los triarii.
Cuando se disponían a hacerlo, recibieron la carga de los 2.000 jinetes pesados de Cartago y parte de los númidas que habían regresado (5).

Batalla de los Llanos de Bagradas o de Túnez 255 a.C: Desarrollo

Con la infantería pesada cartaginesa en frente, los númidas en los flancos hostigándoles continuamente, los elefantes y peltastas  todavía entre los manípulos romanos haciendo de las suyas y la caballería pesada en la retaguardia destrozando cualquier resistencia a base de cargas, los romanos se encontraron totalmente rodeados, siendo reducidos a un espacio cada vez más pequeño a costa de ceder terreno al enemigo que avanzaba inexorablemente, no pudiendo hacer uso de sus armas apenas. Fue una auténtica sangría, siendo masacrados casi todos los legionarios y aliados libios, sobreviviendo tan solo 500 soldados que permanecieron en torno a Régulo que fue hecho prisionero. De las fuerzas de Régulo solo sobrevivieron los 2.000 del ala izquierda que consiguieron llegar al cuartel general de Adis.

Batalla de los Llanos de Bagradas. Autor Igor Dzis

De las fuerzas de Jántipo solo perecieron 800 mercenarios del ala derecha, del resto del ejército se desconocen, pero serían despreciables.
Los 2.000 legionarios supervivientes y aguantaron un asedio cartaginés infructuoso. 

Desastre de Camarina (254 a.C)
Roma en el 255 a.C, reunió una flota con intención de asestar el golpe definitivo, desconociendo la derrota de los llanos de Bagradas, en primavera envió un ejército y una flota de 364 naves bajo el mando de los cónsules Servio Fulvio Petino Nobilior y Marco Emilio Paulo, para al menos para rescatar a los 2.000 supervivientes que se habían refugiado en Aspis y hacer a la vez una demostración de fuerza ya que el plan original se había visto frustrado. Cuando la flota dobló el promontorio Hermeo se topó con la escuadra cartaginesa a la cual derrotó al primer choque apresando 140 navíos (el número varía en las traducciones) con sus respectivas tripulaciones. Después fondeó frente a Aspis, recogió a los 2.000 supervivientes y puso rumbo a Sicilia. De regreso, el convoy sufrió un temporal frente a Camarina en el que se perdieron 100.000 hombres, según Polibio “Pues de las trescientas sesenta y cuatro naves vinieron a quedar sólo ochenta embarcaciones”, fue la mayor catástrofe naval conocida hasta ese momento.
El año siguiente, sufrió otro desastre por una tormenta frente al cabo Palinuro, al intentar desembarcar de nuevo en África, este desastre hizo que los romanos abandonasen todas las aventuras ultramarinas y se concentrasen en la conquista de Sicilia.

Guerra en Sicilia (254 – 247 a.C)
Conocedores los cartagineses del naufragio de la armada romana, creyeron que la derrota por tierra, y las catástrofes por mar, había debilitado a los romanos, y emprendieron con más ardor los preparativos marítimos y terrestres. Enviaron a Asdrúbal a Sicilia con las tropas que habían sido trasladadas anteriormente desde Heraclea junto con 140 elefantes.
Durante la ausencia de éste, Cartalo había aprovechado la ocasión para atacar Akragas (Agrigento) y la tomó. Sin embargo, al no verse capaces de mantener la ciudad, la quemaron y la abandonaron.
Asdrúbal llegó a Lilibeo en donde inició el entrenamiento de las tropas y elefantes con la intención de iniciar una ofensiva en toda regla. En Cartago se equiparon 200 navíos para enviarlos inmediatamente a la isla para que se sumasen a la expedición.
Por desgracia para los intereses púnicos, el general Jantipo se vio obligado a huir de Cartago para evitar su asesinato por parte de los líderes cartagineses, que no deseaban pagar sus servicios, lo cual privó a Cartago del que hasta el momento había demostrado ser su mejor general en tierra.

Conquista romana de Panormos (Palermo) (251 a.C)
Afortunadamente Roma se sobrepuso pronto al desastre. En el 254 a.C, en tres meses, fue capaz de construir otros 220 barcos. Entraron en funciones los cónsules Cneo Cornelio Escipión Asina (el mismo que había sido capturado en Lipari) y Aulo Atilio Calatino.
Los cónsules toman el mando de la flota recién construida, atravesaron el estrecho para reunirse con los navíos que se habían salvado del naufragio y partieron hacia Panormos (Palermo) en donde fondearon con las 300 naves.
Panormos fue puesta bajo asedio cayendo en un tiempo breve. En los primeros ataques se derribó un torreón cercano al mar a través de cuyas ruinas los romanos lograron entrar en la zona vieja de la ciudad. El resto acabó entregándose sin resistencia alguna.
En Panormos los romanos darán un buen trato a la población lo que repercutirá en poblaciones cercanas como Petra, Solunto, Tyndaris y otras que se desembarazarán de las guarniciones púnicas para pasarse al bando romano.
En el 253 a.C, entraron en funciones los cónsules Cneo Servilio Cepión y Cayo Sempronio Bleso. A pesar de la caída de Palermo, los cartagineses contaban con otras plazas fuertes muy bien defendidas; los romanos eran conscientes que asediarlas significaba prolongar la guerra muchos años. Para este año se decidió volver a intentar un ataque a África si bien con distintos planes. Cartago no sería el objetivo sino las plazas costeras más alejadas de la capital.
Los cónsules se hicieron cargo de la flota, partieron para Sicilia y desde allí marcharon a África. Bordearon la región efectuando muchos desembarcos. Fondearon la armada en la isla Meninx y allí comenzaron de nuevo los problemas relacionados con la falta de experiencia en el mar, al igual que sucedió en los acontecimientos que llevaron al desastre naval frente a la ciudad de Camarina.
La marea baja dejó a la armada varada, provocando grandes apuros, el regreso de la marea cuando menos la esperaban hizo que lanzaron al mar toda la carga. Regresaron a Sicilia bordeando Lilibeo y arribando a Palermo. En lugar de seguir costeando salían a mar abierto en dirección a Roma, siendo sorprendidos por un temporal (frente al cabo Palinuro, en las costas de Lucania) que les supuso la pérdida de más de 150 navíos.
Los ataques comenzaron con asaltos navales sobre la ciudad de Lilibeo, el centro de poder cartaginés en Sicilia, y con saqueos en África. Ambos esfuerzos, sin embargo, terminaron en fracaso. Los romanos se retiraron de Lilibeo y la fuerza africana se vio envuelta en otra tormenta que la destruyó.
En el 252 a.C, entraron en funciones los cónsules Caio Aurelio Cota y Publio Servilio Gémino. Se toma la ciudad de Himera.
Aurelio Cota pidió unas cuantas naves a Hierón de Siracusa para zarpar hacia Lipari. Aquí deja a cargo del asedio al tribuno Quinto Casio con órdenes expresas de evitar la batalla. Quinto, haciendo caso omiso, ataca la ciudad con el resultado de graves pérdidas romanas.
Posteriormente Aurelio Cota asume el mando, depone a Casio y toma Lipari matando a todos sus habitantes.
En 251 a.C lograron tomar la ciudad de Quefalodón, y desde ahí se lanzaron contra Panormos.

Ataque cartaginés a Panormos (251-0 a.C)
En Sicilia estaban en ese momento los cónsules Lucio Cecilio Metelo y Cayo Furio Pacilo. Asdrúbal, comandante de las tropas cartaginesas en la isla, recibe la noticia de que Furio se había marchado a Roma con la mitad del ejército, en tanto que Cecilio Metelo quedaba con el resto en Panormos con el fin de proteger a los aliados hasta que le llegara el relevo de los cónsules entrantes.
Asdrúbal partió de Lilibeo con su ejército que serían unos 60.000 efectivos y acampó cerca de Panormos. Cecilio que disponía de unos 21.000 efectivos, advertido de la proximidad del cartaginés, retuvo a sus tropas dentro de los muros a la espera de ver los movimientos del oponente. Asdrúbal, convencido de que Cecilio no saldría a campo abierto para hacerle frente, avanzó con todo el ejército y descendió por unos desfiladeros aproximándose para arrasar la comarca cercana a la ciudad con la intención de provocar la reacción del romano y obligarle a una batalla campal, cosa que no consigue.
Cecilio aguardó hasta que los cartagineses cruzasen el río Orethus que fluía delante de las murallas de la ciudad y ordenó a las tropas ligeras que comenzaran a hostigarlos para obligar a desplegar a todo el ejército. Mientras, otra parte de la infantería ligera se situó frente al foso con instrucciones de que, cuando tuviesen los elefantes a tiro, descargasen sobre ellos una lluvia de proyectiles; en el caso de verse presionados debían refugiarse tras el foso y lanzar otra salva. Los obreros de la ciudad iban sacando toda clase de proyectiles arrojadizos y los colocaban junto a la muralla para abastecerlos.
Los manípulos salieron con Cecilio por otra puerta que quedaba opuesta al ala izquierda de los cartagineses.
Tan pronto los elefantes cargaron, los que les estaban hostigando retrocedieron hacia el foso. Allí desde allí lanzaron una lluvia de proyectiles a la que se sumó otra desde lo alto de la muralla. Los elefantes, acribillados y heridos, se desmandaron y se giraron contra sus propias filas arrollando y matando a los hombres, a la par que deshicieron la formación cartaginesa. Es entonces fue cuando Cecilio atacó con todas sus fuerzas, en un movimiento oblicuo, contra el flanco izquierdo cartaginés. Estos, sumidos en un desconcierto total, huyeron atropelladamente.

Batalla de Panormos (Palermo) 251 a.C. Se enfrentaron Lucio Cecelio Metelo con unos 21.000 efectivos contra Asdrúbal con unos 60.000 efectivos, siendo los cartagineses derrotados, sufriendo 11.000 bajas frente 2.500 romanas. Autor Ángel García Pinto

Cecilio persiguió al enemigo provocando numerosas bajas (unas 11.000 frente a 2.500 romanas) y logrando capturar 10 elefantes con sus respectivos guías en plena huida. El resto que andaban errando sin orden fueron capturados una vez terminada la batalla.
A su regreso a Roma “organizó un triunfo espectacular en el cual se pudo ver a trece jefes enemigos y ciento veinte elefantes”.
Asediaron la ciudad bajo el mando de los nuevos cónsules Cneo Cornelio Escipión, y Aulo Atilio Cayatino. La ciudad cayó tras una operación que combinó fuerzas de tierra junto con técnicas de asedio. Varias ciudades de la zona se unieron a la causa romana como Ieta, Solous, Petra y Tindaris.
Al año siguiente, se hicieron nuevas incursiones navales en la costa africana, especialmente en Túnez, que tuvieron un resultado dispar debido, en gran parte, al mal tiempo y las mareas, sobretodo en el viaje de regreso a Panormos, donde a causa de un temporal, se perdieron 150 barcos.

Asedio de Lilibeo (Marsala)
En el 250 a.C entraron en funciones los cónsules Caio Atilio Régulo y Lucio Manlio Vulso, ambos ejercen esta magistratura por segunda vez.
A pesar de los desastres navales sufridos, los romanos eran conscientes de que las plazas fuertes púnicas no podían ser asaltadas únicamente por tierra por lo que construyeron 50 barcos nuevos y organizaron una nueva flota de 200 naves, aunque esta vez sin la precipitación con la que lo hicieron en anteriores ocasiones, y la enviaron contra la fortaleza cartaginesa de Lilibeo, mandada por Himilcon que contaba con 10.000 mercenarios, y que era clave para Cartago si quería permanecer en Sicilia, pues desde ella se podían controlar las rutas marítimas a la vez que podía servir a los romanos como punto desde el que amenazar el litoral africano.
Los cartagineses, al haber perdido Panormos, habían trasladado su cuartel general a Lilibeo. Los cónsules partieron hacia allí con la flota de 200 navíos, en el camino, asediaron y quemaron las ciudades cartaginesas de Selino y Heraclea Minoa. Finalmente llegaron a Lilibeo, echando anclas frente a la ciudad y, junto a las tropas terrestres que se hallaban en la isla, comenzaron el asedio.
Los romanos comenzaron las tareas de asedio atacando un torreón situado a la orilla del mar (al igual que hicieron en Palermo); posteriormente son abatidos otros seis contiguos a éste. Los restantes se empiezan a batir con arietes. A medida que el tiempo pasaba el cerco se iba estrechando.
Himilcón contrarrestaba el asedio con reparaciones y contraminas, a la vez que no paraba de hostigar a los romanos. Durante el día y la noche se producían pequeños combates en torno a las máquinas de asedio, “tan obstinados que a veces en estos encuentros quedaba más gente sobre el campo que la que acostumbraba morir en las batallas”.
Algunos jefes mercenarios conspiraron entre sí para entregar la ciudad. Aprovechando la noche pasaron las líneas para conferenciar con los romanos. Alexón, natural de Acaya, descubrió la trama y se lo comunicó a Himilcón. Éste reunió a los mercenarios y les prometió recompensas con tal de que no se sumaran a la conspiración.
En Cartago, se preparó una flota de 50 navíos con 10.000 hombres al mando de un tal Aníbal, hijo de Amílcar (no confundir con los Barca).
Aníbal fondeó en las islas Egadas aguardando el momento oportuno. Cuando se levantase un viento que permitiese desplegar las velas y entrar en Lilibeo para romper el bloqueo naval.
La entrada al Lilibeo por mar era complicada debida a los numerosos bajíos que existían en la zona Aníbal consiguió burlar el cerco y llevar los refuerzos a la ciudad.
Aprovechando la salida de Himilcón, Aníbal logró romper de noche el bloqueo naval y llevó las naves a Drépano, en donde se había establecido el nuevo jefe cartaginés, Adherbal (a Asdrúbal lo habían crucificado en Cartago por su derrota ante Cecilio Metelo).
El tiempo pasaba y el asedio romano no producía efecto. Cartago estaba informada de todo gracias otro Aníbal, llamado el ”Rodio”, que pudo burlar el bloqueo y penetrar con su barco en el puerto de la ciudad debido a su gran conocimiento del viento y los bancos de arena. Los romanos enviaron 10 barcos para bloquearle su salida, pero pudo escapar de nuevo, repitiendo la hazaña en varias ocasiones, lo que animó a otros barcos cartagineses a romper el bloqueo, y poder así aprovisionar a la ciudad. Finalmente los romanos encontraron la manera de cerrar el paso reuniendo cantos rodados y arrojándolos al agua, consiguiendo encallar a un cuatrirreme que después usaron para capturar a Aníbal el ”Rodio” y utilizar también su barco para el bloqueo, que definitivamente fue efectivo y se dispusieron a asediar Lilibeo.
Cierto día se levantó un vendaval que proporcionó una gran oportunidad a los cartagineses para destruir las obras de asedio. Unos mercenarios griegos le exponen su plan a Imilcón el cual da su visto bueno. Realizaron una salida por tres puntos y provocan varios incendios que el viento no tardó en propagar al resto de las máquinas.
Los romanos, viendo el desastre sufrido, sumado al deterioro de sus naves, se conformaron con rodear y cercar la ciudad con foso y trinchera, y rodear con un muro su propio campo y dejar pasar el tiempo para que se rindiesen por hambre.

Batalla de Drépano (Trapani) (249 a.C)
Pero el asedio no dio el resultado esperado. Las numerosas bajas debidas casi exclusivamente a la propagación de enfermedades hicieron que el Senado mandase a otros 10.000 remeros que ayudasen en el asedio. Por su parte, Cartago, estaba preparando una fuerza naval considerable en las cercanías de Drépano (actual Trapani), 25 millas al norte de Lilibeo, cuyo mando estaba destinado a un general llamado Adhérbal. Publio Claudio Pulcher, uno delos cónsules del 249 a.C, determinó, justo cuando llegaron los 10.000 nuevos remeros, atacar la nueva base cartaginesa por sorpresa antes de que los cartagineses terminaran de construir su nueva flota. El plan parecía apropiado, ya que una victoria fácil y rápida habría facilitado después la toma de Lilibeo. Pero desde el primer momento los preparativos no salieron bien, ni los presagios fueron favorables. El cónsul, viendo que los pollos sagrados rechazaban los alimentos, lo que significaba que los dioses no daban el visto bueno a la expedición, los arrojó al mar para que en vez de comer, bebieran.

Batalla naval de Drépano 249 a.C. Se enfrentaron la flota púnica mandada por Adherbal y la romana mandada por Claudio.

No obstante, siguió adelante y se hizo a la mar de noche con 123 barcos, para no ser avistado por las naves enemigas, pero en la más absoluta oscuridad, la formación romana no pudo mantenerse y se desvió de la ruta costera, formando cada vez más una línea más larga y dispersa Adhérbal, enterado de la situación, prefirió salir al encuentro de los romanos antes que quedarse en el puerto. Esto le dio ventaja, ya que por poco, y gracias a la velocidad de sus navíos, pudo salir del puerto antes de que llegaran las naves romanas para bloquearles la salida y extendieron su línea en mar abierto. Los romanos, desorganizados y con una tripulación inexperta trabaron combate en desventaja, máxime cuando tuvieron que virar hacia mar abierto e incluso algunas naves chocaron entre sí. Finalmente, y con mucha complicación, consiguieron formar una línea de batalla cercana a la costa y con los espolones apuntando hacia mar abierto. Dicha desventaja era patente porque los romanos estaban entre las naves enemigas y la línea de costa, limitando su espacio para maniobrar.
Además, los romanos en esta ocasión no llevaban los corvus, ya que debido a su peso, los barcos eran menos veloces y menos maniobrables, además de que en condiciones de tormentas, se hacía muy complicado mantener el rumbo, por ello, para ganar velocidad y ligereza, se deshicieron de ellos, pese a que tan buenos resultados les había dado, con lo que la posibilidad del abordaje quedaba descartada.
Por ello, el combate tuvo al espolón como arma principal, pero la precaria situación de los navíos romanos, hicieron que muchos, al verse rodeados, acabaran encallando o quedaran embarrancadas en la playa.
También la inexperiencia de los remeros romanos contribuyó a su derrota ya que no consiguieron abrir una brecha en el despliegue enemigo y coger a las naves cartaginesas por retaguardia. La victoria cartaginesa fue fácil gracias a su superioridad tanto en la habilidad de su tripulación como en el uso del espolón desde popa. Solo 30 barcos romanos, entre ellos el del cónsul, consiguieron abrir una brecha y huir por la izquierda a través de la costa, consiguiendo escapar. Fueron capturadas 93 naves romanas y Claudio Pulcher poco después compareció en juicio en Roma por su conducta temeraria y por encolerizar a los dioses por el tema de los pollos sagrados. Fue el único caso de un juicio romano a lo largo de la guerra y el cónsul fue condenado a pagar una multa considerable.

Desastre de Camarina
Pero las cosas no le fueron mucho mejor al otro cónsul, Lucio Junio Pulo, que al mando de otra flota romana de 120 navíos más 800 barcos de provisiones se dirigía a Lilibeo para aprovisionar a los romanos que sitiaban la ciudad. Pero antes de llegar a Sicilia, la flota se dividió en dos y el cónsul, con unos 60 barcos, la mitad de la flota, esperó a los rezagados en Siracusa. Los rezagados iban al mando de los cuestores navales.
Por su parte Cartago, tenía 30 naves al mando de Adhérbal más 70 naves que habían arribado en Sicilia mandadas por Cartalo para atacar la flota de Junio Pulo y navegó por las inmediaciones de la costa de Heraclea Minoa. La flota comandada por los cuestores advirtieron la presencia del cartaginés, por la aparición de unos pequeños barcos, llamados lemboi, que servían de avanzadilla de la flota pero que eran incapaces de entablar una batalla duradera y no tenían la velocidad suficiente para escapar. Los romanos consiguieron refugiarse en un fondeadero cerca de Fintias (actual Lucata) y erigieron catapultas para mantener a raya, desde la orilla, a los barcos púnicos que se acercaban. Esto dio resultado parcialmente, ya que solo fueron apresadas algunas naves romanas y dio tiempo a que el resto de la flota romana pudiera reunirse y de nuevo proseguir el viaje hasta Lilibeo. El viaje no estuvo exento de problemas ya que la flota romana al completo de nuevo divisó a la flota de Cartalo y el cónsul, no estaba dispuesto a entablar batalla, dio rodeo sobre la parte abrupta de la costa siciliana llegando hasta Camarina.
Cartalo se mantuvo a la espera y decidió no seguirlos. Finalmente, el comandante cartaginés avisado de que se acercaba un temporal, y aconsejado por los capitanes, hizo que la flota rodeara el cabo Pachinus, para resguardarse del viento y encontrarse con los romanos que estaban expuestos a la fuerte galerna frente a la costa sin posibilidad de huir. La flota fue destruida y el cónsul pudo escapar a duras penas. Este desastre, junto al de Drepana, hizo reconsiderar a Roma si era viable seguir con la guerra marítima. Sin la utilización de corvus junto con las tempestades y tormentas, más las pérdidas humanas y por último, que no había fondos para la construcción de una nueva flota, era casi imposible mantener un frente marítimo. Además, los socii navales estaban en la misma situación y no podían seguir aportando hombres para la causa. Tomaron una estrategia más conservadora y llevaron su guerra solo en tierra, concretamente de nuevo en Sicilia en donde las legiones tenían superioridad frente al ejército cartaginés. Cartago, que podría haber aprovechado la ventaja que ahora poseía en el mar, no lo hizo, en parte debido a que en el norte de África, Hannón estaba extendiendo el imperio hasta Libia y no podía mantener a la vez la flota y ejército.

Amílcar Barca en Sicilia (247-1 a.C)
Amílcar Barca fue destinado a Sicilia como general del ejército púnico en el año 247 AC para sustituir al general Cartalón, que no había logrado inclinar la balanza a favor de los púnicos, ya que prácticamente se limitó a la defensa de las ciudades de Lilibeo y Drépano, las únicas plazas de importancia que les quedaban en la isla. Con este cambio el Senado Cartaginés pretendía dar un golpe de efecto para cambiar que curso de la guerra, pues ésta duraba 17 años y no pintaba muy bien para los púnicos, incluso una parte del Senado de Cartago apoyaba la resolución de una negociación con los romanos y una retirada de la isla.

Amílcar en Hercte (247-4 a.C)
Amílcar eligió asentarse en el monte Hercte (actual Castellacio) que era un punto desde el cual podía incursionar hacia Italia. Además estaba situado a medio camino entre Mesana y las dos ciudades púnicas asediadas Lilibeo y Drépano, siendo ideal para entorpecer las líneas de comunicación romanas tanto por mar como por tierra. Se fortificó en el monte y decidió volver a la estrategia del mar, ahora que Roma no contaba con una flota.
Reemprendió las razzias contra la costa italiana, para distraer a la flota romana y forzar a Roma a reclamar la paz, obligada por sus castigados aliados.
Los romanos respondieron inmediatamente enviando fuerzas que estaban asediando Drépano a Hercte, con el fin de bloquear sus acciones, hubo escaramuzas diarias, sin que ninguno obtuviese ventaja.
Los romanos no tuvieron otra opción que mandar parte del ejército consular que estaba sitiando Drépano, así que, con su acción en Hercte, Amílcar no solo había conseguido poner en apuros a Panormos, sino que también alivió la situación de Drépano. El general cartaginés se enquistó en la elevación que poseía y no hubo legión que pudiera echarlo, causando muchas bajas a los romanos, mientras seguía con las incursiones en las costas de Italia.

Amílcar Barca en Sicilia durante la Primera Guerra Púnica. El general púnico contempla el campamento romano y la ciudad de Panormo (Palermo) que conquistaría en el 246 a.C. Autor Dariusz Bufnal.

Ante el golpeo incesante, los romanos se vieron obligados a proteger mejor sus costas, con lo que se fundaron nuevas colonias en Alsium (Ladispoli) y Fregenae (Fregene) y Brindisium (Brindisi). Los ciudadanos romanos por su parte aportaron naves para formar una pequeña escuadra con la que azotar las costas de África, a cambio de recibir el botín que se consiguiera durante las incursiones.
Amilcar sabía que no podría aguantar allí eternamente, pues ya llevaba tres años en Sicilia, y también sabía que, aunque no había perdido una batalla desde que aguantaba la posición de Hercte, tampoco había liberado la ciudad y probablemente los romanos sí recibirían refuerzos, por lo tanto decidió que tenía que hacer algo.
En el 244 a.C después de finalizar sus operaciones en el norte de África, Hannón el Grande propuso la desmovilización de gran parte de la armada cartaginesa para ahorrar dinero, en vez usarse para reforzar las fuerzas de Amílcar en Sicilia. El Senado de Cartago lo acató ya que la flota era muy cara de mantener.

Situación de los campamentos de Amilcar Barca en Hercte y Erice

Amílcar en Erice (244-2 a.C)
Amílcar pensaba que con una acción rápida y por sorpresa podría conseguir una gran victoria que hiciera que el Senado Cartaginés invirtiera más recursos en la guerra, solo faltaba seleccionar un objetivo y lanzarse sobre él. Finalmente se decantó por Drépano (Trapani) que había pedido ayuda urgente y estaba a punto de caer, ya que el cónsul Cayo Buteos había tomado la isla de Pelias próxima a la península donde se ubicaba Drépano y donde las defensas eran más débiles.
Anticipándose al envío de refuerzos de sus enemigos ideó un plan para evacuar a sus tropas por la noche y llevarlas a Erice cerca de Drépano, así podría desembarcar directamente en la retaguardia del ejército sitiador y asestarle un golpe devastador.
Una noche de 244 a.C, Amílcar decidió embarcar a sus hombres y trasladarse a Erice, un monte situado en las proximidades de Drépano, desembarcaron en la actual Cala Bonagia a unos 5 Km de Erice, atacando a la guarnición romana que se hallaba en el pueblo, matándolos a todos, sin embargo un destacamento romano que se encontraba en el templo de Afrodita en la cima del monte Giuliano, logró repeler los ataques púnicos, y gracias a él los romanos pudieron ir reforzando gradualmente la posición para finalmente lanzar ataques desde el propio monte con la ventaja que ello conllevaba, haciendo incómoda la posición de Amílcar, atrapado entre aquella guarnición y el ejército consular situado en el valle.
La situación estaba en tablas, los romanos eran incapaces de tomar las dos últimas ciudades púnicas en Sicilia por culpa del hostigamiento de Amílcar y éste no podía romper los asedios por falta de recursos.
En el 242 a.C, el cónsul Fundanio rechazó con arrogancia la solicitud de Amílcar de una tregua para recobrar a los muertos, diciendo que sería mejor que pidiera una tregua para salvar a los vivos. Sin embargo, las tornas se cambiarían poco después, cuando el mismo cónsul sufrió muchas bajas en otro ataque y fue él quien solicitó la tregua. Amílcar, con ingenio, respondió que estaba en guerra con los vivos, pero había llegado a un acuerdo con los muertos, accediendo a la petición.
Ese año ocurrió otro incidente en el que unos 1.000 mercenarios galos trataron de traicionar a Amílcar y entregar Erice a los romanos, pero su plan fue descubierto y desertaron al enemigo.

Batalla de las islas Egadas (241 a.C)
Finalmente fue Roma la que se decidió a romper este estancamiento, aunque estaba casi al borde del colapso económico, el Senado adoptó una medida extrema: emitió un empréstito público (tributo) a cargo de los ricos para construir una nueva flota con el dinero recolectado, el cual sería pagado cuando el Estado tuviese nuevamente ingresos suficientes. La nueva flota, compuesta por 200 quinquirremes de los más modernos en esa época, fue encomendada al cónsul Cayo Lutacio Cátulo, quien se dirigió al oeste de Sicilia para bloquear totalmente los accesos marítimos de Lilibeo y Drépano, sitiándolas por completo en el invierno del 242 a.C, y dejando a dichas ciudades al borde de la inanición.
Durante todo ese tiempo, el cónsul Lutacio, previendo que tarde o temprano Cartago enviaría una flota, impuso un riguroso entrenamiento a sus hombres, que salían a bogar y realizar maniobras cada día.

Batalla naval de las islas Egadas 241 a.C. Victoria romana que marcó el final de la guerra. Autor Giuseppe Rava

En la primavera del 241 a.C, llegaron informes de que la flota púnica había anclado en la más occidental de las islas del archipiélago de las Egadas (Égates), conocida como “Isla Sagrada” (actual Marettimo). La flota púnica al haber estado inactiva durante dos años en los puertos, sus tripulaciones estaban muy mal adiestradas. Catulo decidió atacar inmediatamente a dicha flota para evitar que Amílcar Barca fuese abastecido, el 10 de marzo ambas flotas se enfrentaron y decidieron el final de la guerra. La flota de Catulo que disponía de 200 quinquerremes que no llevaban el corvus, era muy superior en todos los aspectos, venció a la flota cartaginesa que era de 250 naves de varios tipos, infligiéndole 120 bajas, 50 naves hundidas y otras 70 capturadas, así como 10.000 prisioneros, las naves restantes emprendieron una desordenada fuga. Los romanos tuvieron 30 naves hundidas y otras 50 averiadas.

Abordaje romano de un barco cartaginés. Autor Seán Ó’Brógáin

Sin flota, las posiciones púnicas en Sicilia eran indefendibles. Amílcar fue obligado a capitular y firmar la paz. Las condiciones de paz que negociaron Lutacio Catulo y Amílcar Barca estipulaban que Cartago debía abandonar Sicilia y pagar 2.200 talentos de plata fraccionados en 10 pagos, además de un pago extra de 1.000 talentos que se tendrían que abonar inmediatamente.
El ejército de Amílcar se retiró desfilando y armado pues se había ganado el respeto de sus enemigos, dirigiéndose a Lilibeo, desde donde posteriormente fueron enviados a Cartago por barco.

Secuelas de la guerra
Es difícil determinar el número exacto de bajas en los bandos implicados en la Primera Guerra Púnica debido al sesgo que ofrecen las fuentes históricas, que normalmente tienden a exagerar las cifras para incrementar el valor de Roma.
Según las fuentes Roma perdió 700 naves (debido al mal tiempo y a las batallas) y al menos buena parte de sus tripulaciones. Cartago perdió 500 naves durante la guerra, así como parte de sus tripulaciones.
Aunque no se puedan calcular con exactitud, las bajas fueron importantes en ambos bandos. Polibio comenta que la guerra fue, por aquella época, la más destructiva en términos de bajas humanas de la historia de la guerra, incluyendo la batalla de Alejandro Magno.
Cartago no tenía suficiente dinero para pagar a los mercenarios, y les propuso una reducción de su paga, éstos se sublevaron dando lugar a la “Rebelión de los Mercenarios”.
Tal vez la consecuencia política más inmediata de la Primera Guerra Púnica fue la caída del poder naval de Cartago. Las condiciones firmadas en el tratado de paz tenían la intención de comprometer la situación económica de Cartago y de impedir la recuperación de la ciudad. La indemnización exigida por los romanos causó tensión en las finanzas de la ciudad y obligaron a Cartago a buscar otras áreas de influencia para conseguir el dinero para pagar a Roma.
En cuanto a Roma, al final de la guerra marcó el inicio de la expansión más allá de la península italiana. Sicilia se convirtió en la primera provincia romana, gobernada por un ex pretor, en lugar de un aliado. Sicilia sería muy importante para Roma, de una fuente de grano.

Campaña de Amílcar (237-229 a.C)
Al finalizar la Rebelión de los Mercenarios, Cartago empobrecida y acorralada puso todas sus esperanzas en una gran empresa: la conquista de Iberia encargando esta misión a Amílcar Barca.
A mediados del año 237 a.C, Amílcar marchó con su ejército a través de África para pasar a Iberia cruzando el Estrecho de Gibraltar con escasos transportes debido a que no contaba con dinero suficiente. Una vez desembarcados se dirigieron a Gadir (Cádiz), única plaza que les quedaba a los cartagineses en Iberia después de la guerra. Le acompañaba su hijo de 9 años Aníbal Barca (Hani Ba’al que significa “Gracia de Baal” y Barqa que significa “el Rayo”). Su objetivo inmediato consistía en asegurar el acceso a las minas de oro y plata de Sierra Morena, ya sea por el control directo e indirecto, no se sabe la composición de su ejército, pero se estima en unos 15.000 efectivos veteranos de la guerra contra los mercenarios, en los que había infantería libio-fenicia, jinetes númidas y elefantes. Tenía pensado reforzarlo con mercenarios locales.

Campañas de Amílcar y Aníbal en Iberia

Después marchó hacia el norte para la conquista de la Turdetania, que estaba bajo el dominio de una serie de régulos o caudillos celtíberos, que utilizaban sus comitivas militares para imponer su autoridad sobre villas más avanzadas culturalmente, pero débiles militarmente. Estos fueron derrotados y su caudillo Istolacio fue crucificado. Al regresar de su campaña al retornar al sur encontró 50.000 combatientes (número evidentemente exagerado) que le esperaban mandados por su hermano Indortes, a quien también derrotó en Sierra Morena espantando sus tropas con los elefantes. Tras la derrota, Indortes con los restos del ejército, se retiró a una colina, donde quedó asediado. Por la noche trató de huir, pero fue interceptado y sus hombres masacrados. Indortes fue capturado, y también torturado, cegado y crucificado. Amílcar, cruel con los jefes pero benigno con los guerreros capturados, puso en libertad a 10.000 prisioneros a los que ofreció alistarse en sus filas, miles de ellos lo hicieron.
En el 236 a.C envió a Asdrúbal el Bello con un ejército a África para sofocar una rebelión de Numidia. Asdrúbal derrotó a los rebeldes, matando a 8.000 y tomando 2.000 prisioneros antes de regresar a Iberia. Deja hispanos en Libia y se trae númidas a Hispania.
Amílcar estableció su cuartel general en Corduba y siguió progresando hacia el interior a lo largo del eje Urso (Osuna) ¿Munda (Montilla) ¿Orongis (Jaén). El objetivo de ese avance está bastante claro: el control de las ricas minas argentíferas del alto Guadalquivir. Allí estaban asentados los oretanos posiblemente la entidad política más poderosa de la Península.
Continuó el avance hacia el levante, fueron cayendo una a una las ciudades ibéricas y colonias griegas que Amílcar encontraba en su camino. Inmediatamente, numerosas quejas llegaron a Roma. Amílcar había violado el pacto firmado el año 348 a.C, en el que se fijaba el límite entre zonas de influencia romano-cartaginesas en el Cabo de Palos, límite que ya habían pasado. A pesar de esto, la única reacción romana fue enviar una embajada de protesta ante la cual Amílcar alegó la necesidad de las conquistas para saldar las deudas debidas a Roma por la guerra.
Triunfante Amílcar siguió hacia el norte donde mandó construir una fortaleza que llamó Acra-Leuke (”Ciudadela Blanca” en griego) (posiblemente Alicante). Allí tenía sus arsenales y almacenes, sus elefantes y armamento. Pronto iba a encontrar Amílcar resistencia más vigorosa que la que había hallado hasta entonces.
Trató de consolidar sus conquistas, el cartaginés sitiaba la ciudad de Helike (Elche de la Sierra, Albacete). Los habitantes pidieron socorro a otros celtíberos. Uno de sus caudillos o régulos, llamado Orissón, fingió amigo y auxiliar de Amílcar, y pasó a su campo con un cuerpo de tropas, con la intención de volverse contra él en ocasión y momento oportunos. Los hispánicos que estaban acorralados, se valieron de la treta de poner delante de sus filas un gran número de carros tirados por novillos, a cuyas astas ataron haces embreados de paja o leña, y que encendieron al comenzar la refriega. Acuciados por el fuego, los novillos embistieron furiosos las filas enemigas, causando horrible espanto a los elefantes y caballos y desordenándolo todo. Cargaron los confederados sobre los cartagineses, y aprovechando Orissón la oportunidad del momento, se unió a los celtíberos e hizo una horrible matanza y estragos en las filas púnicas. El mismo Amílcar pereció, y los restos de su ejército se refugiaron en Acra-Leuke.
El ardid de que se valió Orissón para derrotar a los cartaginenses debía constituir una diversión pública entre los celtíberos, y de ella se cree son reminiscencia los toros de fuego, que forman parte de muchas fiestas españolas. Esta treta fue utilizada posteriormente por Aníbal en Italia contra los romanos.

Campaña de Asdrúbal (228-221 a.C)
Conocida la noticia, los oficiales del ejército nombraron a Asdrúbal el Bello, yerno de Amílcar, general en jefe. El Senado cartaginés se vio obligado a ratificar la decisión.
Asdrúbal estaba casado con Sinfonisa, la segunda hija de Amílcar. La primera decisión que tomó vengar la muerte de su suegro. En primavera de 228 a.C, marchó con todo el ejército, 50.000 infantes, 6.000 jinetes y 200 elefantes, contra el rey oretano, derrotándolo y conquistando sus ciudades.
Tras acabar con la resistencia oretana, dio un giro a la política púnica casándose con una princesa íbera y estableciendo una serie de tratados con las tribus, exigió la entrega de rehenes por parte de los pueblos íberos bajo su control, como forma de asegurarse la obediencia de sus lugares de origen; más fructíferos que las costosas campañas de conquista. Asdrúbal fundó Qart-Hadashat (Ciudad Nueva), la Cartago Nova romana o la Cartagena actual, que se convertirá en pocos años en el centro de operaciones púnico en España. La ciudad fácilmente defendible, con un territorio riquísimo en cultivos y metales y, por encima de todo, un puerto impresionante, uno de los mejores de todo el Mediterráneo.
Desde su nueva capital, Asdrúbal administró inteligentemente los recursos disponibles, los excelentes yacimientos minerales, los cultivos y el comercio con los ibéricos. La riqueza comenzó a cubrir las arcas cartaginesas y se acuñaron monedas de plata con la efigie del propio Asdrúbal.
El creciente poder púnico asustó de nuevo a las factorías griegas establecidas en el noreste de la península Ibérica. Este temor provocó que volvieran a solicitar la mediación romana. Pero los latinos no estaban para muchos dispendios, dado que los celtas cisalpinos amenazaban con una ofensiva en toda regla desde el norte de Italia. No obstante, Roma envió embajadores para que se entrevistasen con Asdrúbal. Éste, consciente de la situación, firmó el Tratado del Ebro en 226 AC, porque el caudaloso río Iberus (Ebro) se fijaba como frontera entre púnicos y griegos con algunas cláusulas. Por ejemplo, la Arse (Sagunto), ciudad levantina aliada de Roma, que debía ser respetada a ultranza.
En el año 221 AC, Asdrúbal murió asesinado (unos dicen que fue un esclavo, otros una mujer y otros soldado). A su muerte, los cartagineses ya eran dueños de todo el sur de la Península y del Levante, hasta el golfo de Valencia.

Campaña de Aníbal (221-218 a.C)
Aquel mismo año el ejército eligió a su nuevo general: Aníbal Barca, que entonces solo contaba 25 años y que había sido el jefe de la caballería púnica desde los 19 años. La elección de Aníbal como jefe significó una vuelta a los métodos violentos de Amílcar.
En el 221 a.C recorre la el territorio de los oretanos que eran aliados y se casó con una princesa de Cástulo llamada Imilce, posiblemente para establecer lazos. Posiblemente, estos les hablasen de las riquezas cereales de los vacceos y vettones.

Campaña contra los Olcades (221 a.C)
Aníbal se lanzó en 221 AC contra los olcades, a los que tomó su capital, Althea. Polibio (3, 13, 5-14): “Aníbal se hizo cargo del mando y al instante hizo una salida para someter a la tribu de los olcades: llegó a Althea, su ciudad más fuerte, y acampó junto a ella. Luego la atacó de manera enérgica y formidable y la tomó en poco tiempo; ello hizo que las demás ciudades, espantadas, se entregaran a los cartagineses. En ellas Aníbal recaudó dinero; tras hacerse con una fuerte suma se retiró a Quart Hadast (Cartagena), para pasar allí el invierno. Trató con libertad a los súbditos, anticipó parte de su soldada a sus compañeros de armas y les prometió aumentarlas, con lo que infundió grandes esperanzas en sus tropas, y al propio tiempo se hizo muy popular.”
Durante el invierno se dedicó a hacer los preparativos para lo que sería su mayor ambición, someter a Roma. Para llevar a cabo esta gran empresa necesitaba el abastecimiento de grano que poseían los vacceos y vettones, conocidos por su gran habilidad como agricultores. El trigo además de otras posibles mercancías, serían transportadas desde cuenca media del Duero hasta la desembocadura del Ebro donde Aníbal dispondría de la carga, de tal forma que en pocos años se acumularía la cantidad suficiente para acometer la campaña en Italia.

Batalla del río Tagus o Tajo (220 a.C)
En la primavera siguiente del 220 a.C, Aníbal, con un ejército de 20.000 soldados a pie, 6.000 jinetes y 40 elefantes, salió de Cartagena a principios de la primavera hacia Cástulo. Le acompañaban su lugarteniente Maharbal, su sobrino Hannón hijo de Bomílcar, así como sus hermanos menores: Asdrúbal y Magón Barca.
Una vez en Cástulo, continuo hacia el oeste en curso con el Guadalquivir, no se conoce el itinerario para llegar a Arbucala (Toro, Zamora) y Helmántica (Salamanca), es muy probable que siguieran la Ruta de la Plata o bien Despeñaperros y Toledo.
De la conquista de Salamanca, es descrita por Polieno VII, 48: “Aníbal en Iberia puso cerco a una ciudad grande: Salmantida; hicieron un tratado para, recibiendo trescientos talentos de plata y trescientos rehenes, levantar el cerco. Pero no cumpliendo los salmantinos lo convenido, volviendo Aníbal lanzó los soldados a saquear la ciudad. Suplican los bárbaros que se les deje salir con un vestido junto con sus mujeres, después de abandonar las armas, las riquezas y los esclavos. Las mujeres, habiendo ocultado las espadas bajo sus vestidos, se las entregaron a los hombres. Y los soldados de Aníbal se pusieron a saquear la ciudad. Y las mujeres, animando a gritos a los hombres, les entregaron las espadas; y algunas, siguiendo a los hombres, atacaron a los que saqueaban la ciudad, de suerte que a unos hirieron y a otros mataron y se batieron juntos. Aníbal, admirado de la valentía de las mujeres, por ellas devolvió a sus hombres la patria y las riquezas”.
Polibio (3, 13, 5-14): ”Al verano siguiente salió de nuevo, está vez contra los vacceos, lanzó un ataque súbito contra Helmántica (Salamanca) y la conquistó; tras pasar muchas fatigas en el asedio de Arbucala (Toro, Zamora), debido a sus dimensiones, al número de habitantes y también a su bravura, la tomó por la fuerza. Ya se retiraba, cuando se vio expuesto súbitamente a los más graves peligros: le salieron al encuentro los carpetanos, que quizás sea el pueblo más poderoso de los de aquellos lugares.

Batalla del Tajo

Aníbal obvió el combate y después de acampar en  la orilla del río, una vez que reinó la calma y el silencio en el lado enemigo, vadeó el río, levantó una empalizada de forma que los enemigos tuviesen sitio por donde cruzar y decidió atacarlos cuando estuvieran cruzando. Dio orden a la caballería de que atacasen a la columna entorpecida cuando la viesen metida en el agua; los elefantes, pues había cuarenta, los colocó en la orilla. Entre carpetanos y tropas auxiliares de olcades y vacceos sumaban cien mil, ejército invencible si la lucha se desarrollara en campo abierto. Por ello, intrépidos por naturaleza y confiando además en el número, creyendo que el enemigo había retrocedido por miedo, lanzando el grito de guerra se precipitaron al río de cualquier manera, sin mando alguno, por donde a cada uno le pillaba más cerca. También desde la otra orilla se lanzó al río un enorme contingente de jinetes, y en pleno cauce se produjo un choque absolutamente desigual, puesto que mientras el soldado de a pie, falto de estabilidad y poco confiado en el vado podía ser abatido incluso por un jinete desarmado que lanzase su caballo al azar, el soldado de caballo, con libertad de movimientos para sí y para sus armas, operaba de cerca y de lejos con un caballo estable incluso en medio de los remolinos. Una buena parte de los hispanos perecieron en el río; algunos, arrastrados en dirección al enemigo por la corriente, fueron aplastados por los elefantes. Los últimos, que encontraron más segura la vuelta a la orilla, después de andar de acá para allá se reagruparon, y Aníbal, antes de que se recobrasen sus ánimos de tan tremendo susto, metiéndose en el río con su guardia en formación en cuadro los obligó a huir de la orilla, y después de arrasar el territorio en pocos días recibió oficialmente la sumisión de los carpetanos.”

Batalla del río Tagus o Tajo 220 a.C. Los carpetanos y olcades hacen frente al ejército de Aníbal a su regreso después de atacar a los vettones. Los hispanos con sus armas típicas: rodelas, gladios, jabalinas y los cartagineses con su panoplia tipo helenístico. Los elefantes son parecidos a los de la famosa moneda cartaginesa.

De esta forma, el dominio cartaginés se amplió con las tierras del litoral atlántico, hasta la desembocadura del Tajo y también por las del sudeste de la meseta. El tesoro del ejército había aumentado considerablemente y se había abierto un nuevo filón de mercenarios.
Aníbal habría abandonado la falange macedónica de picas empleada por su padre Amílcar, pasando a usar estas unidades menores similares al manípulo romano, mucho más ágiles flexibles para enfrentarse a los hispánicos. La unidad base era la speira, compuesta de varios cientos de hombres. Tratando de explotar al máximo las cualidades y posibilidades de los pueblos que la formaban. También se dio cuenta que los caballos celtíberos eran de mayor alzada que los africanos, así es que Maharbal los instruyó como caballería pesada. 

Conquista de Arse o Sagunto (219 a.C)
Para consolidar su retaguardia antes de realizar su último objetivo, la conquista de Roma, solo le quedaba una última acción: la conquista Arse (Sagunto) situada al norte de Valencia.
Sagunto, estaba enfrascada en un pleito sobre los límites territoriales con Túrbula (Teruel), y atacó los territorios pertenecientes a Cartago. Aníbal, que no quería dejar enemigos en su retaguardia aprovechó la escusa y con la autorización del Senado cartaginés, respondió a las agresiones sitiando la ciudad de Sagunto.
En mayo del 219 a.C, Aníbal con un ejército de 100.000 infantes y 12.000 jinetes, puso cerco a la ciudad y decidió atacar por tres frentes distintos al mismo tiempo, pretendiendo pretendiendo con ello dividir el potencial defensivo de los saguntinos, aunque centró sus acciones en el punto más vulnerable el ángulo de la muralla que tenía fácil acceso para las máquinas de guerra. Para ello usó máquinas de guerra, para que derribasen la muralla con sus arietes. Pero los saguntinos respondieron ferozmente desde las torres defensivas, haciendo retroceder el avance cartaginés y destruyendo algunos arietes.
Aníbal pensaba obtener una victoria fácil y contundente, decidió retirarse y atacar al día siguiente. Pero esa misma noche los saguntinos realizaron una salida para atacar el campamento cartaginés produciendo numerosas bajas.
Los púnicos se repusieron y se centraron entonces en derribar primero las torres defensivas. Los cartagineses atacaron con sus máquinas de guerra varios puntos de la ciudad a la vez, logrando derribar tres torres y abriendo una brecha en la muralla que las unía, los saguntinos taponaron rápidamente la brecha creando un muro con sus escudos. No solo consiguieron impedir la entrada a la ciudad sino que les hicieron retroceder hasta su propio campamento.
Aníbal decidió rodear la ciudad con una circunvalación con una empalizada con foso y estableció a intervalos numerosos, torres de vigilancia. Los cuales inspeccionaba personalmente con frecuencia. Los saguntinos aprovecharon el tiempo para reconstruir la muralla destruida.
Aníbal decidió dar un descanso a sus hombres, prometiendo a sus soldados el botín de la ciudad cuando cayese, con el fin de enardecer los ánimos de su ejército.
Los romanos enviaron una delegación a Cartagena dirigida por Publio Valerio Flaco y Quinto Bebio Tamfilo, donde fue recibida por Aníbal. Forzando la situación aún más, Aníbal exigió la devolución de Cerdeña y los impuestos que se habían impuesto a los cartagineses injustamente.
Roma decidió enviar una embajada directamente a Cartago, dirigida por Quinto Fabio Máximo, exigiendo la entrega de Aníbal, al serle denegado, declaró la guerra contra Cartago.
Una vez repuestos, los cartagineses arremeten nuevamente contra las murallas, utilizando para ello torres móviles de grandes dimensiones, y que protegían a los soldados de las armas arrojadizas saguntinas, sobre todo las temidas faláricas, una de las cuales alcanzó al propio Aníbal, las torres estaban equipadas con catapultas y ballestas.

Conquista de Arse o Sagunto 219 a.C por Aníbal Barca

Tras barrer la muralla de defensores gracias a la posición privilegiada de tiro que tenía el emplazamiento de artillería de las torres móviles, éstas se aproximaron a las muralla, consiguiendo las murallas saguntinas, pero estos habían preparado una pequeña sorpresa a los cartagineses, y es que se les había ocurrido construir pequeñas murallas adosadas a las casas, creando pequeños recintos fortificados en cada una de las calles, los cuales no precisaban de muchos hombres para ser defendidos. Aníbal envió a un cuerpo formado por unos 500 africanos con picos con el fin de hacer brechas en la muralla, por donde penetraron grupos de hombres armados que ocuparon y fortificaron una zona elevada en la que se emplazaron catapultas, con el fin de dominar las zonas más bajas de la ciudad.
Con esta zona dominada se emprendieron trabajos, a cargo de Maharbal, segundo de Aníbal, de la demolición de las murallas con tres arietes para impedir la posibilidad de que los asediados recuperasen posiciones y se pudiesen fortificar nuevamente aprovechando la primera muralla. Una vez inutilizada la muralla y con Aníbal al frente se emprende el asalto final a la ciudadela.
Prefiriendo morir en combate antes que por hambre, los saguntinos se lanzaron a un ataque suicida nocturno contra los puestos de guardia de los púnicos que aún dormían y no sospechaban tal ataque. Mataron a muchos cuando se levantaban del lecho y se estaban armando a en medio de la confusión y algunos, incluso, cuando ya estaban luchando. El combate duró mucho tiempo y muchos de los cartagineses murieron, pero a cambió del sacrificio de todos los asaltantes. Las mujeres, al ver desde las murallas el fin de sus hombres, se arrojaron unas desde los tejados, otras se ahorcaron y otras, incluso, degollaron a sus propios hijos.
Tras unas negociaciones, las obras de zapadores consiguieron el derrumbe de una torre de la ciudadela, por la que penetró una unidad cartaginesa que tomó por fin la ciudad. Aníbal movido por la ira, dio muerte a aquellos saguntinos que quedaban y eran adultos después de torturarlos. Así terminó el asedio ininterrumpido de ocho meses sobre la ciudad de Sagunto.
Después de la toma de Sagunto, Aníbal le confió la defensa de Iberia a su hermano Asdrúbal que disponía de 12.500 infantes, 2.500 jinetes y 21 elefantes y partió en la primavera del 218 a.C con 100.000 infantes, 12.000 jinetes y 37 elefantes a la conquista de Roma, como no tenía capacidad marítima decidió llevarlos por tierra.

Marcha de Aníbal a Italia (218 a.C)
Aníbal salió de su base en Cartagena, España, en mayo de 218 a.C, cruzó el Ebro en Junio y dividió su ejército en dos columnas, una siguiendo la costa y otro siguiendo el rio Sicoris (Segre), reuniéndose en Perpiñán,  dejo a su hermano Hannón con un ejército de 10.000 infantes y 1.000 jinetes para hacerse cargo desde el Ebro hasta los Pirineos y despidió a 12.000 turdetanos. Continuó a partir de los Pirineos con 50.000 infantes, 10.000 jinetes y 37 elefantes.
Los romanos, al contrario que en la primera Guerra Púnica, eran ahora más fuertes por mar, y planearon un doble desembarco: en África y en Iberia. Fiel a su estilo directo y agresivo, Roma buscaba decidir la guerra de modo fulminante, asestando un golpe decisivo en los dos puntos neurálgicos del enemigo.
·       Un ejército consular  al mando de Publio Cornelio Escipión con su hermano Cneo, desembarcó en Massilia (Marsella) con  70 naves y un ejército consular con tres legiones (II, V y VI) y 3 aliadas  (unos 40.000 hombres), para enfrentarse a Aníbal en Iberia.

·       El otro ejército al mando de Tiberio Sempronio Longo, viajó a Sicilia con 170 naves y otro ejército consular con 2 legiones romanas (III y VI) y 2 aliadas para preparar el desembarco en África.

·       La  Legión I, al mando del pretor Manlio, se desplazó al valle del Po, para supervisar la lealtad de las belicosas tribus galas. Esta legión es derrotada por los galos, y Publio Escipión que estaba en Pisa, tiene que enviar la legión 2 para establecer la situación.


Marcha de Aníbal a Italia en el 218 a.C, así como los movimientos de los romanos

Aníbal dejó la costa y avanzó hacia el Ródano, río que cruzó con 38.000 infantes, 8.000 jinetes y 34 elefantes.
Una patrulla de Escipión avistó al ejército, éste no podía dar crédito, Aníbal había cruzado el Ródano y se internaba en la Galia, aquello sólo podía significar una cosa: el ejército cartaginés no se dirigía a Marsella, sino a Italia.


Elefantes de Aníbal cruzando el río Ródano. Autor Peter Connoly

Inmediatamente Escipión se dirigió hacia el campamento de Aníbal que encontró desierto. Tras regresar a la costa a marchas forzadas, Escipión dejó el ejército al mando de su hermano y regresó a Roma en barco para llevar la increíble noticia al Senado.
El senado decide que Publio vuelva a Italia con dos legiones y Cneo se quede en Marsella con 2 legiones romanas y 2 aliadas para cortar la línea de aprovisionamiento de Aníbal y evitar que le lleguen refuerzos.
En agosto, Cneo desembarcó en Emporión (Ampurias),  contaba con las legiones V y VI y otras 2 aliadas, unos 20.000 infantes y 2.200 jinetes. Decidió avanzar hacia el sur y enfrentarse a Hannón que contaba con 10.000 infantes y 1.000 jinetes y unos 5.000 aliados ilergetes. Asdrúbal Barca, después de ser advertido de la expedición romana, marchó al norte con un ejército de 8.000 infantes y 1.000 jinetes para unirse a Hannón.
Avanzado el otoño (Noviembre?), en la ciudad de Cissa (cerca de Tarragona) se encuentran ambos ejércitos, Hanón no esperó a Asdrúbal y decidió enfrentarse solo al romano.
No hubo brillantes maniobras o emboscadas, los ejércitos formaron y se enfrentaron. Al ser en número dos a uno, Hannón fue derrotado con relativa facilidad, perdiendo 6.000 hombres en la batalla. Por otra parte, los romanos consiguieron capturar el campamento cartaginés, junto con 2.000 prisioneros y Hannón mismo. En el campamento figuraban todos los equipajes dejados por Aníbal. Entre los presos también se incluye Indíbil, un influyente caudillo ilergete que causaría más tarde graves problemas a los romanos.
Cneo se convirtió en dueño del norte del Ebro. Asdrúbal, que llegó demasiado tarde a ayudar a Hannón y aunque no era lo suficientemente fuerte como para atacar a los romanos, todavía cruzó el río y envió una columna que hostigó a la caballería y la infantería en una escaramuza. Esta fuerza capturó a marineros romanos, e infligió tales bajas que la eficacia de la flota romana en España se redujo de 60 a 35 buques.
Avanzado el otoño, y al final de una marcha de 2.400 km y cinco meses de duración, cuyos días más duros fueron los 15 días que tardaron en cruzar los Alpes, en que tuvieron que abrirse paso a lo largo de 212 km de terreno agreste y cumbres nevadas, acosados por tribus hostiles y la proximidad del invierno. Llegaron al valle del río Pó con 12.000 infantes libio-fenicios, 8.000 infantes hispanos, 6.000 jinetes númidas e hispanos, y 32 elefantes. Tras un breve encuentro con los habitantes de la ciudad de Turín, toma la ciudad.

Aníbal cruzando los Alpes. Autor Giuseppe Rava

Aníbal cruzando los Alpes

Batalla de Tesino o Ticino (Noviembre 218 a.C)
Aníbal intentaba afanosamente reclutar tropas entre las tribus galas locales cuando se enteró de la vuelta de Publio que se hizo cargo de las fuerzas que estaban en la zona (las legiones I y II y  aliados celtas, total unos 25.000). Decidió hacerle frente con demostración de su fuerza, esperando con esto mejorar su posición entre las tribus locales, y  obligar el repliegue de los romanos más allá del río Po. Escipión también estaba impaciente por una batalla, y decidió marchar hacia el norte del Po para enfrentarse al cartaginés. Llegaron cerca del río Tesino o Ticino, y ambos ejércitos levantaron el campamento.
Ambos ejércitos enviaron partidas de exploración curiosamente dirigidas por ambos jefes con el fin de obtener información de primera mano. Escipión tendió un puente flotante sobre el rio y pasó con toda su caballería (1.200 romanos, 1.900 itálicos y galos) y 7.200 vélites.  Aníbal avanzó con la mayoría de su caballería (4.000 númidas y 2.000 hispanos) hacia el rio Tesino con el fin de observar el campamento romano.
Ambas fuerzas se avistan y Escipión colocó  los vélites en el centro, la caballería gala e itálica a los flancos y la caballería romana a retaguardia.
Aníbal atacó por el centro y los flancos a la vez, los vélites lanzan sus jabalinas y huyen por entre la caballería romana, lo que permite que la caballería hispana choque directo con la romana, está aguanta el choque y el resultado es incierto. Los númidas ponen en fuga a los itálicos y galos, y atacan a la caballería romana por retaguardia. Los romanos al verse rodeados, se replegaron al campamento, desmontando el puente. Escipión fue herido durante la batalla, siendo rescatado por su hijo Publio Cornelio Escipión que tenía 18 años.

Batalla del rio Tesino o Ticino 218 a.C, entre las vanguardias de Publio Cornelio Escipión y Aníbal

La batalla que no fue más que una escaramuza, los romanos tuvieron 500 muertos y numerosos caballos fueron capturados, pero hizo que los galos se animasen a unirse al bando cartaginés. Pronto todo el norte de Italia se alió con Aníbal, los refuerzos galos y ligures aumentaron el ejército de Aníbal hasta unos 40.000 hombres.
Esta derrota supuso un duro contratiempo para Roma, el cónsul Sempronio, con sus tropas desplegadas en Sicilia y listas para invadir África no tuvo otro remedio que embarcar las legiones III y IV, y partir hacia el norte, en ayuda de su colega Escipión.

Batalla de Trébia (Diciembre 218 a.C)
Un mes después de la batalla de Tesino, Sempronio llegó al campamento romano situado a orillas del río Trébia con otras dos legiones (III y IV), formando un ejército consular de 5 legiones  más aliados celtas. En vista de que su colega en el consulado estaba herido y no podía hacerse cargo de las tropas. Tomó él el mando de todo el ejército. Contra los deseos de Escipión, Sempronio deseaba entrar inmediatamente en batalla con Aníbal, ya que su mandato como cónsul estaba acabándose, y quería llevarse él la gloria de derrotar a Aníbal.
Aníbal, que mediante el uso de guías galos había encontrado un lugar adecuado para tender una emboscada, envió a 1.000 jinetes de caballería pesada y a 1.000 infantes bajo el mando de su hermano menor Magón, para que se ocultaran durante la noche. A la mañana siguiente, Aníbal envió a su caballería númida al otro lado del Trébia con la orden de hostigar al campamento romano y después retirarse, para de esta manera atraer a los romanos hacia un lugar donde el destacamento de Magón pudiera aparecer y atacar en el momento oportuno.
Los jinetes númidas lograron captar la atención del campamento romano para que Sempronio enviase a su caballería para perseguirlos, y poco después ordenó a su ejército entero.
Sempronio formó las 5 legiones (III, IV, restos de la I y II, así como 2 aliadas) en el centro serían unos 20.000efectivos, a ambos lados  la infantería aliada gala y ligur (8.000 en cada lado) delante situó a los vélites (6.000) en el ala derecha situó 1.000 jinetes romanos y en  la izquierda 3.000 jinetes aliados.
Los cartagineses situaron la infantería hispana y celta (20.000) en el centro, a ambos lados 6.000 falangistas libio-fenicios delante situó los peltastas que incluían honderos baleares. En el ala izquierda la caballería hispana y gala mandada por Maharbal (5.000) con 16 elefantes y en ala derecha la caballería númida manda por Naravas (4.000) con 16 elefantes.

Batalla de Trebia o del río Trebia diciembre del 218 a.C. Despliegue de fuerzas

Aún era muy temprano en el momento en que las legiones cruzaron el Trebia, los romanos aún se hallaban somnolientos y sin desayunar. Los cartagineses, por otra parte, se habían alimentado bien y se habían untado con aceite para protegerse del frío antes del combate.
El ataque lo inicia la caballería cartaginesa en ambas alas se enfrentó a sus equivalentes romanos, a los que excedían en un elevado número.
La infantería ligera romana, que realizaba la cobertura del grueso de las legiones, fue la primera en entrar en combate, pero dispersados por los peltastas de Aníbal, principalmente por el acierto de los honderos de baleares. Después de que los vélites se retiraran entre los espacios de la línea romana, los hastati y los príncipes tomaron su lugar y se enfrascaron en el combate contra los cartagineses. Mientras en el centro los legionarios seguían luchando cuerpo a cuerpo. Gradualmente, los jinetes romanos fueron obligados a huir dejando a la infantería romana cada vez más expuesta. Mientras tanto, los elefantes atacaron, los aliados romanos que no conocían estos animales huyeron despavoridos, mientras que algunos romanos llevaban una especie de guadaña, cortaron los tendones a 9 de ellos.

Batalla de Trebia 218 a.C. Ataque de los elefantes. El elefante lleva demasiada tripulación para ser africano. Autor Angus Mcbride

Con la caballería romana derrotada y en plena fuga, los escuadrones de caballería cartaginesa volvieron y atacaron sucesivamente los flancos y retaguardia romanos. Al mismo tiempo, la fuerza oculta de Magón Barca emergió de su escondite y cayó sobre la retaguardia romana. La moral romana se encontraba muy baja debido al frío, la presencia de los elefantes cartagineses y la derrota de su caballería; al ser atacados por todos los lados, ésta se perdió totalmente. La mitad de los manípulos (10.000) mandados por Sempronio fueron capaces de romper la formación cartaginesa creyendo éste que había vencido, pero cuando se dio cuenta de la realidad reorganizó sus fuerzas y se replegó a Plasencia.
Miles de soldados romanos fueron abatidos sobre el terreno y pisoteados por los elefantes, otros tantos se ahogaron intentando cruzar el río para salvarse, pero perecieron ahogados o abatidos.
Aníbal perdió unos 4.000 hombres, mientras que los romanos tuvieron de 15.000 a 20.000 muertos y 10.000 prisioneros, Aníbal soltó a los prisioneros itálicos, diciéndoles que solo había venido  a combatir a los romanos.

Monumento a la batalla de Trebia en sitio donde tuvo lugar la batalla


Segunda guerra Púnica
Campaña de Aníbal en Italia (217 – 216 a.C)
Al año siguiente, 217 AC fueron nombrados nuevos cónsules cada uno con un ejército consular de 4 legiones cada uno, Cayo Flaminio Nepote (las legiones III y IV recuperadas, y la X y XI recién creadas) y Cneo Servilio Gémino (las legiones XII, XIII, XIV y XV, la XIV que eran los restos de la I y II), cada ejército tenía unos 26.000 infantes y 4.000 jinetes cada uno.
La legión IX se creó y se mandó a Sardinia (Córcega), y se crearon las legiones urbanas XVI y XVII que se quedaron en Roma para defender la ciudad.
Se crearon también las legiones VII y VIII que se enviaron a Sicilia.

Con el fin de cortar el paso a Aníbal, Flainio se situó en Lucca, para defender las vías de Etruria mientras Gémino, lo hizo en Ariminum, para proteger la vía Flaminia. Aníbal tenía que pasar por uno u otro sitio y entonces el primer cónsul que lo detectase, esperaría a que llegase su colega para unir sus ejércitos y atacar juntos.
En la primavera, Aníbal dejó el valle del Pó, tenía dos vías posibles, y eligió la más corta, de Bolonia a Pistoia, entre otras razones porque se encontraría con Flaminio, que había exterminado anteriormente a los ínsubros.
El cruce de los Apeninos fue muy duro debido a las lluvias y al deshielo, entra en Etruria por Faesulae (junto a la actual Florencia) teniendo que cruzar el río Arno que estaba desbordado y cruzar terrenos pantanosos al noroeste de Florencia, Aníbal perdió el ojo derecho durante la travesía.
En Faesulae envió exploradores. Al enterarse de que el ejército de Flaminio se encuentra en Arretium, intentó provocarle para que le siguiese, se encaminó a marchas forzadas hacia Roma, sobrepasando la posición de Flaminio, Aníbal consiguió su objetivo, llegó al campamento de Flaminio, que no se lo esperaba, le provocó pero éste no salió, entonces Aníbal se dedicó a quemarlo todo a su alrededor, incendiando cosechas y pueblos hasta que a Flaminio se le acabó la paciencia y dejó su campamento para enfrentarse al púnico.

La batalla del Lago Trasimeno (Junio 217 a.C)
Hay una máxima militar que dice que el terreno y el momento para combatir lo elige el que retrocede, así que Aníbal se retiró haciendo que Flaminio le siguiese buscando un lugar adecuado para tenderle una trampa. Encontró el lugar ideal en las orillas del lago Trasimeno. Aníbal retrasó su marcha para que la llegada al lago coincidiera con el atardecer y montó su campamento. Flaminio hizo lo mismo a la entrada del lago cuando ya había anochecido y ambos enemigos se dispusieron a pasar la noche. El lugar elegido era una especie de anfiteatro entre las montañas y el lago cuyas pendientes estaban cubiertas de árboles.
Al amanecer del 21 de junio de 217 a.C, los jinetes romanos informaron a Flaminio de la marcha de Aníbal antes de las primeras luces. Encolerizado, Flaminio ordenó perseguirle y todo el ejército romano se lanzó a una marcha por la orilla del lago del que surgía una fuerte neblina que subía hacia las colinas que bordeaban el lago y que ocultaban a todo el ejército cartaginés que veía pasar a los romanos ante ellos. Aníbal había escondido su ejército en las faldas del monte. Situó a la entrada la infantería hispánica, a continuación la caballería hispánica y celta, más alejados los númidas, a continuación la infantería celta, luego la infantería libio-fenicia y cerrando la salida la infantería ligera.
Batalla del Lago Trasimeno 21 de junio del 217 a.C. Despliegue de fuerzas

El ejército romano había entrado completamente, constaba un ejército consular con las legiones X y XI, así como los restos de la III y IV, así como 2 legiones aliadas y aliados, en total unos 30.000 efectivos. En un momento dado, Aníbal dio la orden de ataque y 50.000 galos, españoles y africanos cayeron gritando sobre los desprevenidos legionarios que no tuvieron tiempo de formar sus líneas y que murieron luchando allí donde estaban. Fue una carnicería. Los que intentaron salvarse a nado se hundieron en el lago bajo el peso de su armadura, Flaminio fue rodeado por los supervivientes de las tribus ínsubras a las que había exterminado cinco años antes y tras luchar épicamente hasta el final cayó muerto. Solamente la vanguardia del ejército romano unos 6.000 hombres consiguieron romper el cerco y ponerse en defensiva en una aldea cercana, pero perseguida y rodeada, se rindió días más tarde. Las pérdidas romanas ascendieron a 15.000 muertos y 10.000 prisioneros. Todo el ejército romano había sido muerto o capturado. Las pérdidas cartaginesas fueron de 2.500 muertos.
Batalla del Lago Trasimeno 21 de junio de 217 a.C. Se aprecia un infante númida, un jinete galo y un jinete cartaginés, al fondo jinetes númidas. Autor Giuseppe Rava 

Pero no acabó ahí la cosa. La caballería de Gémino, que avanzaba para unirse a Flaminio y que ignoraba la batalla se metió directamente en otra trampa en Umbría y resultó exterminada, perecieron 4.000 hombres más.
Aníbal invitó a los etruscos a unirse a él, pero este pueblo italiano le ofreció ayuda pero no le facilitaron soldado alguno. La estrategia de Aníbal nunca buscó atacar Roma directamente, sino cortar la fuente de donde extraía su inagotable fuerza: su gigantesca red de alianzas por toda Italia.
Fracasado su intento en la zona central, decide probar en el Sur de la península, de colonización más reciente. Pero primero se dirige al Adriático para dar descanso a sus tropas, debilitadas y enfermas por las largas marchas y los combates. 

Estrategia de Fabio Máximo (217 -216 a.C)
Escarmentado por las tres derrotas romanas contra Aníbal, Roma decidió nombrar un dictador, al que se le concedía plenos poderes por un máximo tiempo de seis meses. La persona elegida fue Quinto Fabio Máximo, que era un militar de la vieja escuela, curtido y sabio que conocía el punto débil de Aníbal: su logística, y así se dedicó a cortarle a Aníbal los suministros y a atacar a las unidades rezagadas evitando una batalla en campo abierto. Fabio concibió una estrategia de máxima prudencia: mantener a Aníbal siempre vigilado, acampar junto a él en zonas elevadas, donde el púnico no se atrevería a atacarle, en espera de un descuido, dificultaba sus movimientos, atacaba a los destacamentos que salían en busca de abastecimiento.
Era una estrategia paciente, de medio plazo, poco coherente con el espíritu tradicional de Roma, que le valió el sobrenombre de “Cunctator”, que significa el vacilante.
Campaña de Aníbal en el 217 y 216 

Fabio acompañó la marcha de Aníbal hasta Apulia, y luego a través de las montañas del Samnio hacia la fértil llanura de Campania, en los alrededores de Capua.
Aníbal tenía que mover continuamente a su ejército para poder alimentarlo: necesitaba saquear las ciudades por donde pasaba para conseguir grano, ganado y botín para mantener la moral de las tropas. Buscando una base segura para pasar el invierno, decidió volver al Adriático, pero las vías para salir de Campania son montañosas.
En el otoño dela 217 a.C, Fabio encontró su oportunidad e hizo una jugada maestra: envió a Minucio con 4.000 hombres para cerrar el paso de montaña que debía atravesar Aníbal, mientras él, con el resto del ejército, acampó a media ladera y le cerró la salida por detrás. Aníbal quedó encerrado en un pequeño valle.
Pero el púnico consiguió escapar de la ratonera mediante una brillante maniobra de engaño. Por la noche, envió 2.000 bueyes colina arriba, con antorchas atadas a los cuernos. Minucio pensaba que el ejército púnico se ponía en movimiento para escapar de la trampa cruzando la montaña, y salió a encontrarse con él. Así, dejó el paso libre por donde Aníbal pasó tranquilamente con su ejército y todo el botín. Esta estratagema fue la misma que empleo el rey Orissón en Hispania contra Amílcar. 

Batalla de Cannas o Cannae (216 a.C)
Aníbal llegó Samnio y Campania, las regiones más ricas de la península, y donde muchos senadores romanos poseían importantes latifundios, y redujo los territorios a cenizas. De esta manera, provocó que los senadores más ricos clamaran por la deposición de Fabio Máximo, que tras cumplir los seis meses, tuvo que abandonar su cargo. Inmediatamente, el senado romano organizó los 2 ejércitos consulares más grandes formados hasta la fecha: 8 legiones (la I, II, XII, XIII, XIV, XV, XVI y XVII) 40.000 legionarios y otros 40.000 aliados y confederados, 2.000 jinetes romanos y 4.800 itálicos. Hierón de Siracusa envió 1.000 honderos y peltastas, con el único fin de aplastar a Aníbal de una vez por todas. El senado eligió los dos cónsules para que mandaran el ejército, cada uno un día alterno. Puede parecer raro, pero la política del senado era evitar que una sola persona acumulara demasiado poder. Estos cónsules fueron Gaio Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo.
En la primavera de 216 a.C, Aníbal tomó la iniciativa y asedió y tomó un gran depósito de suministros ubicado en la ciudad de Cannas o Cannae, en las llanuras de Apulia. Con ello se situó estratégicamente entre los romanos y una de sus principales fuentes de suministro. Los cónsules marcharon para encontrarse con Aníbal en Apulia (a 400 km. de Roma), donde otro ejército vigilaba todos sus movimientos. Así se aseguró que no saldrían suministros de esta ciudad hacia el ejército consular, por lo que les forzaba a atacarles.
Cuando el ejército romano se acercó a la posición de Aníbal, vio que éste los esperaba en la margen izquierda del río Efido. Aquel día comandaba Lucio Emilio Paulo, quien, observando a Aníbal, decidió que la posición no les favorecía, y no ordenó atacar. Aníbal había establecido su campamento en la margen izquierda del río Aufido, ocupando también la ciudad de Cannas que estaba en la otra orilla. Los romanos acamparon Emilio Paulo frente Aníbal y Tarencio Varrón frente a Cannas.
Sin embargo, al día siguiente 2 de agosto, comandaba Terencio Varrón, cuyo carácter era bastante más arrojado e insensato, en un principio rechazó la invitación. En ese momento Aníbal, conocedor de la importancia del agua del río Aufidus para el ejército romano, envió su caballería al campamento de menor tamaño (Varrón) para acosar a los soldados que salían a abastecerse de agua fuera de las fortificaciones. Según Polibio, su caballería dio vueltas sin oposición al campamento romano, creando el caos y cortando el suministro de agua y finalmente Varrón aceptó la batalla que planteaba Aníbal.
Batalla de Cannas o Cannae 2 de agosto de 216 a.C. Campo de batalla y despliegue de fuerzas 

Despliegue inicial
Los romanos eligieron un terreno llano en el que Aníbal no pudiese esconder fuerzas, ni pudiese emplear eficazmente la caballería. Situó en su ala derecha, apoyada en el rio Audifus,  la caballería romana (2.000 jinetes) mandada por Emilio Paulo. En el centro mandado por Gneo Servilio, situó las 8 legiones (32.000) e infantería aliada (40.000) en dos líneas (Según Polibio ”los manípulos estaban más cercanos los unos a los otros, los intervalos eran más cortos”) delante de estas los vélites y hostigadores (7.000)  en su ala derecha los 4.800 jinetes itálicos, al mando Varrón. Había dejado 8.000 triarios para proteger el campamento. Esperaba como en las batallas anteriores romper el frente púnico por el centro.
Aníbal colocó en su ala derecha (frente a los jinetes romanos)  a los 6.000 jinetes (2.000 hispanos y 4.000 celtas) al mando de Asdrúbal. El centro lo mandaba Aníbal personalmente y situó 5.000 falangistas libio-fenicios, a continuación en un arco hacia el enemigo con 24.000 infantes (16.000 galos y 8.000 hispánicas intercaladas) las unidades del centro tenían más fondo, a continuación  y otros 5.000 falangistas libio-fenicios, delante del centro situó 6.000 hostigadores. En su ala derecha situó 3.500 jinetes númidas al mando de Maharbal. Había dejado 8.000 galos protegiendo el campamento. Posiblemente la infantería hispana y gala habrían sido equipadas con material romano capturado.
Batalla de Cannas o Cannae 2 de agosto de 216 a.C: Despliegue inicial 
El fondo de la formación se aumentó mucho, de manera que los soldados acabaron conformando un cuadro enorme, con un frente relativamente reducido, similar al presentado por Aníbal. Varrón intentaría presionar el centro cartaginés, pues sabía que durante la batalla de Trebia, las legiones ya habían conseguido romper la línea cartaginesa. 

Primera fase
Al fin dio comienzo la batalla. La caballería de Asdrúbal atacó a la romana de Emilio Paulo, al mismo tiempo Maharbal con su caballería númida ataca a la caballería de Varrón.
La caballería de Asdrúbal atacando a la caballería de Emilio Paulo. Autor Ángel Todaro 

Los hostigadores púnicos  y los vélites se enzarzaron en una lluvia de proyectiles, hasta que los vélites fueron repelidos. A continuación, los legionarios romanos avanzaron. Los frentes colisionaron. Los legionarios lanzaron sus pilum. Las tropas del centro chocaron con  escudos de los legionarios, empezando a retroceder lentamente.
La caballería de Asdrúbal derrotó completamente a la romana y la pone en fuga. Entonces ataca por la retaguardia a la caballería aliada de Varrón, que fue derrotada y puesta en fuga. Dejando ambos flancos romanos desprotegidos.

Batalla de Cannas o Cannae 2 de agosto del 216 a.C: Primera fase, la caballería de Asdrúbal pone en fuga a la caballería de Emilio Paulo y posteriormente ataca por retaguardia a la caballería de Tarencio Varrón que estaba luchando con los númidas de Maharbal 

Segunda fase
El centro púnico siguió retrocediendo, los romanos que creían que estaban ganando se precipitaron por el centro, reduciendo su espacio y ya casi no tenían espacio para moverse y se estorbaban unos a otros. Aníbal dio su golpe maestro: los falangistas libio-fenicios que eran su infantería pesada de élite, que estaban en los flancos de la infantería cartaginesa, comenzaron a avanzar superando el curvado frente romano, llegando así a contactar con los dos flancos enemigos. 
Batalla de Cannas o Cannae 2 de agosto de 216 a.C: Segunda fase. La infantería libio-fenicia que se encontraba en los flancos, avanzó para cerrar los flancos enemigos, el centro púnico dejó de retroceder y comenzó a presionar. La caballería púnica regresa y cierra la bolsa por retaguardia 

Bloqueando ambos flancos, mientras el centro púnico seguía estirándose formando una bolsa, los legionarios comenzaron a sentir verdadera presión, porque Aníbal ordenó no retroceder más, y que los libio-fenicios presionasen por los flancos. Las unidades romanas que iban en segunda línea se sumaron a la presión, y pronto el ejército romano quedó atrapado en una bolsa en que los legionarios no podían moverse. Al mismo tiempo la caballería púnica, les ataco por la retaguardia cerrando el cerco. Los romanos atrapados, intentaban retroceder, pero se entorpecían mutuamente.
El espacio entre los soldados se fue cerrando y cerrando, mientras el sol los calentaba, el polvo los asfixiaba y cegaba y la sangre de sus compañeros les hacía resbalar. El cerco estaba cerrado por todos sus lados, y de allí ya no saldría ningún romano vivo.
Tardaron horas en matar a espada a los legionarios uno a uno, los legionarios romanos completamente inmovilizados, solo les quedaba que esperar su turno para la muerte.
Batalla de Cannas o Cannae 216 a.C. Aníbal celebrando la Victoria. Autor Aleksandr Yezhov 

Aquel día, entre 50.000 y 70.000 romanos perdieron la vida, y entre 4.000 y 5.000 fueron hechos prisioneros en una de las batallas más sangrientas de la Antigüedad. No sólo murieron ciudadanos. Ochenta senadores, el cónsul Emilio Paulo, dos cuestores y veintinueve tribunos, además de los cientos de experimentados centuriones. Otros 8.000 hombres de los dos campamentos romanos y de los poblados vecinos se rindieron al día siguiente. Las bajas púnicas fueron de 6.000 muertos y 10.000 heridos, principalmente galos e hispanos.
Secuelas de la batalla. Autor Jenny Dolfen 

Consecuencias
Después de la batalla, todos pensaban que Aníbal marcharía sobre Roma para conquistarla, pues solo disponía de 2 legiones urbanas. Aníbal envió un emisario a Roma para negociar el rescate de los prisioneros romanos (muchos de ellos hijos de familias influyentes) y quizás la paz. Pero el Senado le negó la entrada en la ciudad y prohibió el pago de ningún rescate. Roma lucharía hasta la muerte. Aníbal quedó sorprendido.
Consiguió por fin la deserción de un gran número de ciudades. Desde Campania hacia el Sur, casi toda la Italia meridional se pasa al bando de Aníbal. El mayor golpe fue la traición de Capua, la ciudad más importante de Italia después de Roma. Permanecieron  fieles a Roma el Lacio, Umbría y Etruria, todo el centro de la Península, que impide que contacten las dos zonas rebeldes. Roma cuenta además con varias colonias bien fortificadas que había ido estableciendo estratégicamente por todo el territorio. Ahora son como islotes en territorio hostil. Y también habían resistido las ciudades griegas del Sur (la antigua Magna Grecia), fortificadas y con salida al mar.
En la ciudad, la conmoción por el desastre es enorme, pero mayor aún la voluntad inquebrantable de seguir luchando. A base de reclutar adolescentes, esclavos, delincuentes, etc.  Se pusieron en pie de guerra 19 legiones. 

Campaña de los Escipiones en Hispania (217 – 211 a.C)
Batalla naval del Ebro (217 a.C)
Tras la derrota de Hannón en la batalla de Cissa en el invierno del 218 a.C, Cneo Escipión había dedicado todo su tiempo a consolidar su control de las regiones del norte del Ebro, así como a realizar incursiones por el territorio cartaginés al sur del río, partiendo desde su base en Tarraco (actual Tarragona). Cneo Escipión no había recibido refuerzos de importancia desde Roma, mientras que Asdrúbal Barca, el comandante cartaginés en Hispania, había incrementado el número de levas ibéricas para reforzar sustancialmente su ejército.
La flota púnica en Hispania estaba compuesta por 32 quinquerremes y 5 trirremes en 218 a.C, cuando Aníbal partió de España. Durante el invierno de 218 a.C, Asdrúbal había añadido otras 10 quinquerremes a estas cifras, y había entrenado nuevas tripulaciones para las nuevas naves.
En la primavera de 217 a.C, Asdrúbal preparó una expedición combinada por tierra y mar hacia el territorio romano al norte del Ebro. El mismo Asdrúbal dirigió al ejército de tierra, desconociéndose sus, mientras que su segundo al mando, Himilcón dirigía la flota. La expedición seguía la línea de la costa, y todas las noches la flota se resguardaba acercándose a tierra, junto con el ejército.
Cneo Escipión, temiendo que el ejército cartaginés le superara en número, decidió enfrentarse en una batalla naval. Aunque sólo podía contar con 35 quinquerremes (25 de sus naves habían sido enviadas de vuelta a Italia después de que un ataque cartaginés provocara serias bajas entre sus tripulaciones, y puede que algunos de sus marineros hubiesen sido destinados a guarniciones en tierra), la ciudad griega y aliada de Masilia (Marsella) aportó otras 20 naves más para la flota.
Cneo Escipión al frente de la flota romana. Autor Albert Álvarez Marsal 

Tras alcanzar el río Iberus (Ebro), la flota cartaginesa quedó amarrada cerca del delta. Los marineros y la tripulación dejaron las naves para buscar alimento en tierra, puesto que no contaban con naves de transporte para transportar provisiones. Aunque Asdrúbal había destacado exploradores por tierra para detectar las actividades de los romanos, Himilcón no había reservado naves para advertir de los movimientos de las naves enemigas. Por otro lado, un par de naves procedentes de Masilia habían logrado localizar a la flota púnica y habían logrado regresar sin ser detectadas para avisar a Cneo Escipión de la presencia cartaginesa. La flota romana había navegado desde Tarraco y estaba posicionada a tan sólo 15 km al norte de la posición cartaginesa cuando esas noticias llegaron a su general. Las naves romanas estaban tripuladas con legionarios escogidos, y se lanzaron a atacar a la flota púnica.
Los exploradores del ejército de Asdrúbal detectaron la aproximación de la flota romana antes incluso que la propia armada púnica, y avisaron a los tripulantes de la flota del peligro que se avecinaba mediante señales de fuego. Muchos de los tripulantes habían bajado a buscar alimento, por lo que se vieron obligados a volver con prisas a ocupar las naves y a zarpar de forma desordenada. Hubo muy poca coordinación y algunas naves se vieron incluso con tripulaciones demasiado escasas para afrontar la inminente batalla por culpa de la sorpresa conseguida por los romanos. Cuando Himilcón zarpó, Asdrúbal acercó a su ejército a la costa para dar apoyo moral a su flota.
Sin embargo, no sólo tenían los romanos la ventaja de la sorpresa total y de la superioridad numérica (55 naves por tan sólo 40), sino que la efectividad de combate de las naves cartaginesas era menor debido a que una de cada cuatro naves púnicas estaba recién construida y su tripulación sin experiencia en combate. Los romanos formaron en dos líneas con 35 naves romanas al frente y 20 naves masilianas en la retaguardia.
Los romanos fueron atacando a las naves cartaginesas a medida que salían del río, atacando y hundiendo 4 naves y abordando y capturando 2 más. Ante esa situación, las tripulaciones cartaginesas perdieron la esperanza, abandonaron las naves y buscaron la protección del ejército en tierra. Los romanos aprovecharon ese movimiento para hacerse con otras 23 naves cartaginesas abandonadas.
Con el contingente naval hispano destruido, Asdrúbal se vio obligado a marchar de vuelta a Cartagena ante la amenaza de ataques por mar sobre los territorios cartagineses, dejado a un comandante subordinado llamado Boaster con una fuerza militar para vigilar el Ebro ante la posibilidad de que los romanos intentaran cruzarlo.
Boaster se retiró una vez que los romanos lograron cruzar el río, e incluso fue engañado por un jefe hispano llamado Abylix para que entregase a los romanos los rehenes de tribus hispanas que mantenía en Sagunto. Esto provocó revueltas en la Hispania, especialmente en la tribu de los turdetanos en el 216 a.C.
Asdrúbal recibió refuerzos consistentes en 4.000 infantes y 500 jinetes, junto con instrucciones de marchar a Italia una vez que hubiese asegurado el territorio hispano. Pasó gran parte del año volviendo a someter a las tribus hispanas rebeldes, con poco tiempo para enfrentarse a los romanos. 

Batalla de Dertosa o Tortosa (215 a.C)
Cneo Escipión, tras la batalla del río Ebro, había recibido 8.000 hombres de refuerzo bajo el mando de su hermano Publio. Los dos hermanos tenían rango proconsular y ejercían el mando conjunto del ejército. Adoptaron una estrategia naval agresiva ante la destrucción de la flota cartaginesa el año anterior, dedicándose a saquear las posesiones de los Barca en Hispania y en las Islas Baleares. Los hermanos Escipión también reclutaron tropas auxiliares de las tribus hispanas, colocaron guarniciones en las ciudades para expandir su esfera de operaciones y consolidaron su control del norte del Ebro haciendo frente a los descontentos que pudiera haber entre las tribus. También fomentaron que las tribus hispanas aliadas realizasen incursiones de saqueo contra las tribus aliadas de Cartago al sur del Ebro.
A comienzos del año 215 a.C, los romanos habían cruzado el río Ebro y habían comenzado el asedio de una pequeña ciudad aliada de Cartago llamada Ibera. Asdrúbal, dejando a Himilcón al mando en Cartagena, marchó al norte con su ejército de tierra y llegó al rio Ebro. Sin embargo, no cruzó el río para saquear las posesiones romanas al otro lado ni tampoco acudió en ayuda de la ciudad de Ibera, sino que optó por asediar una ciudad aliada de los romanos llamada Dertosa (Tortosa).
En la primavera los Escipiones se dirigieron a enfrentarse con los cartagineses de Asdrúbal. Los ejércitos acamparon en una planicie ubicada entre Ibera y Dertosa (actual Tortosa), y tras 5 días de hostigamiento entre ambos ejércitos, los generales desplegaron sus tropas para la batalla.
La infantería romana estaba compuesta por las legiones 5 y 6 romanas (10.000 soldados), más otros 18.000 combatientes itálicos aliados. La caballería estaba compuesta de 600 jinetes romanos y 1.800 itálicos. Los romanos, además, contaban con un contingente de tropas hispanas compuesto por 2.000 hombres de infantería y 400 de caballería pesada.
Asdrúbal tenía 15.000 infantes libios-fenicios, 1.000 mercenarios (en su mayoría ligures procedentes de Italia) y 8.000 soldados hispanos de infantería. En cuanto a la caballería, estaba compuesta de 450 soldados libios-fenicios, 1.200 soldados de caballería pesada hispanos y 2.300 jinetes númidas. Su ejército también contaba con 20 elefantes de guerra y 1.000 honderos baleares.
Batalla de Dertosa o Tortosa en la primavera del 215 a.C

Los romanos situaron la caballería romana y la hispana (1.000) en el ala derecha. En el centro situaron 9.000 infantes itálicos, las dos legiones romanas (8.000), y otros 9.000 infantes itálicos, delante de estos 2.200 vélites. En su ala izquierda situó la caballería itálica (1.800).   Unos 3.000 fueron reservados para protección del campamento.
Asdrúbal situó en su ala izquierda 10 elefantes y detrás 1.650 jinetes hispanos y púnicos. En el centro situó 8.000 infantes libio-fenicios y mercenarios, a continuación 8.000 infantes hispanos y otros 8.000 infantes libio-fenicios, delante 1.000 honderos de baleares. En su ala derecha situó 10 elefantes y detrás la caballería númida (2.300).  En reserva quedaron entre 2.000 y 3.000 hombres para proteger el campamento.
Los elefantes cartagineses ubicados en las alas cargaron contra la caballería romana e itálica. Sin embargo, su carga no tuvo éxito. La caballería romana logró mantener la formación y los elefantes no tuvieron mayor papel durante la batalla. En el centro, tras un breve enfrentamiento entre los vélites y honderos, las legiones romanas ubicadas en el centro de la formación cargaron contra la infantería hispana que tenían en frente. Los romanos lograron hacer retroceder a los hispanos de forma casi instantánea. Por su parte, la formación de los itálicos tomó contacto con los libios que se encontraban en el frente opuesto, buscando con ello apoyar al centro romano.
Los libios y los mercenarios ubicados en los flancos cargaron contra los infantes itálicos,  y éstos comenzaron a retroceder.
En las alas las caballerías, por su parte, seguían enfrentándose las unas a las otras sin que hubiese un vencedor claro. A pesar de tener ventaja numérica, la caballería cartaginesa no lograba dejar fuera de combate a los romanos y expulsarles del campo de batalla.
En el centro, las levas hispanas no soportaron la presión y rompieron filas, huyendo del campo de batalla.
La caballería cartaginesa, al ver cómo la formación de la infantería se venía abajo, dejó de luchar contra los romanos y abandonó el campo de batalla. La infantería romana, por su parte, una vez libre de sus oponentes hispanos acudió en ayuda de los itálicos.
Tras una sangrienta lucha en la que la infantería libia mantuvo una dura resistencia contra su enemigo, infligiendo y recibiendo duras bajas, el resto del ejército de Asdrúbal se batió en retirada.
Asdrúbal sobrevivió a la batalla junto con la mayoría de sus elefantes y de su caballería, pero con muy poca infantería, la mayor parte de la cual estaba compuesta por el contingente hispano. La persecución romana no fue lo suficientemente rápida como para repetir el éxito de la batalla de Cissa.
Los romanos consiguieron apoderarse del campamento cartaginés poco después de que Asdrúbal consiguiese evacuar a toda velocidad a sus soldados. Las provisiones y el botín del campamento cayeron en manos de los romanos, mientras que los cartagineses se retiraron a Cartagena, dejando a los romanos firmemente asentados en el sur del Ebro.
Batallas entre los Escipiones y cartagineses Hispania 

Batalla de Cástulo e Ilorci (211 a.C)
Los romanos habían asegurado sus asentamientos al norte del río Ebro y procedieron a conseguir la lealtad hacia su causa de una serie de tribus íberas. Desde ahí lanzaron varias misiones de saqueo del territorio cartaginés al sur del Ebro, y Publio Escipión llegó incluso a adentrarse hasta Sagunto en 214 a.C. Por otro lado, tanto los romanos como los cartagineses se enfrentaron y sofocaron una serie de revueltas íberas en sus territorios.

Los hermanos Escipión no recibieron refuerzos desde Italia debido a la presión que los propios romanos estaban sufriendo en su territorio, en el que Aníbal Barca seguía instalado. Asdrúbal, por su parte, había recibido dos nuevos ejércitos, comandados por su hermano más joven Magón Barca y por Asdrúbal Giscón. Estos nuevos ejércitos se enfrentaron en algunas escaramuzas sin resultados decisivos contra los hermanos Escipión durante los años 215 al 211 a.C.
Los hermanos Escipión habían logrado persuadir al rey de Numidia, Sifax, para que iniciase las hostilidades contra Cartago en 213 AC con un ejército entrenado militarmente por los romanos. Sin embargo, la situación en la península Ibérica era lo suficientemente estable como para que Asdrúbal Barca se desplazase hasta África para sofocar la rebelión y volvió a Hispania a finales de 212 AC, trayendo con sigo a otros 3.000 númidas bajo el mando de Masinisa, el que sería el futuro rey de Numidia.
Los hermanos Escipión contrataron a 20.000 soldados mercenarios celtíberos para reforzar su ejército de 30.000 infantes y 3.000 jinetes. Al observar que los ejércitos cartagineses estaban asentados en lugares diferentes, con Asdrúbal Barca y 15.000 hombres cerca de Amtorgis, y Magón Barca y Asdrúbal Giscón con 10.000 hombres más hacia el oeste, los hermanos Escipión planearon dividir sus fuerzas.
Publio tomó a 20.000 soldados romanos y aliados para atacar a Magón Barca, mientras que Cneo tomó dos legiones (10.000 hombres) y a los mercenarios para atacar a Asdrúbal Barca.
La táctica llevaría a dos enfrentamientos menores, la batalla de Cástulo y la batalla de Ilorci que tendrían lugar con pocos días de diferencia entre una y otra.

Batalla de Cástulo 
Cneo llegaría antes a su objetivo, pero Asdrúbal Barca ya había ordenado a los ejércitos de Giscón, Masinisa y Amtorgis, un jefe local aliado, que se uniesen a Magón. Asdrúbal mantuvo su posición frente a Cneo Escipión, manteniéndose dentro del campamento fortificado, y luego consiguió sobornar a los mercenarios celtíberos para que desertasen del bando romano. Esto provocó que el ejército de Asdrúbal superara en número al de Cneo Escipión.
A medida que Publio se acercaba a Ilorci, era hostigado día y noche por la caballería ligera númida comandada por Masinisa. Cuando fue informado de que Indíbil (jefe de los Ilergetes) se estaba desplazando con 7.500 íberos para cortarle la retirada. Publio decidió no enfrentarse a Magón y atacar primero al líder íbero, temiendo ser rodeado por las fuerzas cartaginesas. Dejó a 2.000 soldados en el campamento, bajo el mando del legado Tiberio Fonteo, y salió al ataque en plena noche. Escipión marchó con su ejército toda la noche y cogió a los íberos por sorpresa al amanecer. Gracias también a su ventaja numérica de 18.000 hombres contra 7.500, ganó la iniciativa. Sin embargo, los íberos lograron aguantar a los romanos lo suficiente, gracias a la confusión de la batalla y a que todavía había poca luz, hasta la llegada de Masinisa, a quien Escipión esperaba haber eludido pero que finalmente detectó el movimiento de tropas.
Con la caballería númida atacó desde el flanco, y el ataque romano comenzó a flaquear. Cuando Magón y Asdrúbal Giscón llegaron con sus ejércitos los romanos terminaron por romper filas y huir, dejando a Publio Escipión que al parecer fue alcanzado por una jabalina lanzada por un jinete, y a buena parte de sus camaradas muertos en el campo de batalla. Magón dio tiempo a los númidas para saquear los despojos antes de marchar con el ejército hacia la posición de Asdrúbal Barca.

Batalla de Ilorci
Cneo Escipión había perdido la superioridad numérica tras la deserción de sus mercenarios. Aunque todavía desconocía el trágico destino de su hermano Publio, Cneo decidió retirarse hacia el norte de Hispania cuando llegaron Magón y Asdrúbal Giscón con sus ejércitos.
Los romanos dejaron su campamento en plena noche, dejando encendidas las hogueras, y se dirigieron hacia la seguridad que ofrecía el río Guadalquivir. Sin embargo, los númidas les localizaron al día siguiente, y los romanos se vieron obligados a defenderse en lo alto de una colina cercana a Ilorci de los ataques cartagineses, la ubicación no es tan segura como la primera, aunque se da por sentado que ocurrió en las cercanías de la actual Lorca, en Murcia, deteniéndose allí para pasar la noche. El ejército principal llegó durante la noche, reuniendo en un solo bloque las fuerzas de Asdrúbal Barca, Asdrúbal Giscón y Magón Barca.
Una defensa desesperada, los romanos intentaron crear una muralla defensiva utilizando sus equipamientos de campaña, puesto que el terreno era demasiado pedregoso para cavar defensas en él. Los cartagineses superaron estas defensas improvisadas sin problemas y acabaron con gran parte del ejército en la batalla que se produjo. Cneo se refugió con sus tropas de más confianza dentro de una torre, pero fueron todos quemados vivos dentro de ella (razón por la que Plinio se refería al lugar como “la pira de Escipión”). 

Secuelas
Los romanos fugitivos huyeron al norte del Ebro, en donde finalmente reunieron un ejército compuesto por unos 8.000 soldados. Los comandantes cartagineses, por su parte, no llevaron a cabo ninguna acción coordinada para eliminar la amenaza de los supervivientes y enviar ayuda a Aníbal Barca.
Roma envió unos 10.000 soldados más bajo el mando de Claudio Nerón a finales del año 211 a.C para reforzar el ejército en Hispania. Nerón, por su parte, no consiguió ninguna victoria espectacular, si bien los cartagineses tampoco lanzaron ningún ataque coordinado sobre los romanos en la península. 

Campaña de Aníbal después de Cannas (216-209 a.C)
Tras la batalla de Cannas, en Roma cundió el pánico, pero en medio de tanta desgracia, el Senado dio un ejemplo de serenidad, nombró de nuevo un dictador por 6 meses en este caso fue Marco Junio Pera auxiliado por el maestre de caballería Tiberio Sempronio Graco, quien liberó a 6.000 criminales para enrolarlos en las nuevas legiones que se estaban formando apresuradamente, también se liberaron esclavos que se apuntaran a las legiones.
Disponían de un ejército de 20.000 hombres en la Galia Ciasalpina, que estaba comprometido con el levantamiento de los boyos, 2 legiones urbanas en Roma, y se crearon 2 legiones con los restos de Cannas en Canisium, 2 legiones con Marcelo en Ostia, 2 legiones con los esclavos y 2 legiones de ciudadanos reclutadas inmediatamente, en total 8 legiones que fueron enviadas inmediatamente a Etruria para asegurar la lealtad de la región, a Campania para evitar que el enemigo accediese al Lacio y a Apulia, reclutando una fuerza mayor que la de Aníbal.
Mantuvo cierta actividad en el sur de la península, para obligar a Aníbal a dividir su ejército, pero sabiendo que su objetivo prioritario era recuperar Campania. Las tácticas de Fabio Máximo se convirtieron en doctrina oficial: nada de aventuras contra Aníbal, sólo ataques sin riesgos y hostigamientos y evitar a toda costa batallas en campo abierto. La caballería ligera alcanzó su máximo valor en ambos bandos para vigilar a las fuerzas adversarias y los caminos. El choque entre estas fuerzas fue muy común, produciéndose grandes pérdidas por ambos bandos. 

216-215 Aníbal busca una salida al mar
Tras la batalla de Cannas, se le abrieron a Aníbal las puertas del sur de Italia, tras realizar una rápida marcha hacia el Brucio, en donde recibió la alianza de muchas ciudades y sometió otras, se dirigió hacia el Samnio, donde los hirpinos le ofrecieron la alianza y le entregaron la ciudad de Compsa. Dejó a Magón a cargo de someter la región, y Aníbal se dirigió a la costa, con el firme propósito de apoderarse de un puerto, desde donde poder establecer solidas líneas de comunicación con Cartago.
Los cartagineses llegaron hasta las murallas de Neapolis (Nápoles) saqueando la zona, sorprendiendo a un escuadrón de caballería enemiga, haciéndole caer en una emboscada, preparada por el general cartaginés. Con el ejército plantado ante Neapolis y renunciando al asalto de una ciudad tan amurallada, Aníbal se retiró hacia Capua en donde se le presentaba la oportunidad un tratado de alianza con la gran ciudad, pues era la segunda ciudad más importante, así como con otras ciudades menores que dependían de ella.
Magón Barca fue enviado a Cartago con las noticias de los recientes éxitos y con la petición de refuerzos.
Entrada triunfal de Aníbal en Capua. Autor Peter Connolly

Primera Batalla de Nola 216
Aníbal, después de tomar posesión de Capua, sondeo desde allí las posibilidades de que por traición se le pudiera entregar Neapolis, fracasando en esta ocasión, dirigió sus miras hacia la ciudad de Nola, en la que el senado de Nola apoyado por los aristócratas era favorable a mantener la alianza con Roma, pero el pueblo era favorable al comandante cartaginés.
Partió el cartaginés hacia Nola pero no lo suficientemente deprisa para hacerse con la situación, pues el pretor Marco Claudio Marcelo, que estaba en Casílino, había sido informado por el senado de Nola de la difícil situación y partió enseguida atravesando montañas, evitando acercarse a Capua o las llanuras. Cuando Aníbal llegó y vio que la ciudad estaba guarnecida, volvió a dirigir sus pasos hacia Neapolis de nuevo con la vana esperanza de conquistar un puerto. Cuando se enteró de que la ciudad había sido ocupada por el prefecto romano Marco Junio Silano, se dirigió hacia a Nuceria, donde tras un prolongado asedio tomo la ciudad por hambre, después la saqueo y la destruyó. Después volvió a Nola.
Desplegó en orden de batalla frente a la ciudad ofreciendo a los romanos la oportunidad de medirse en batalla campal, Macelo mantuvo a sus tropas preparadas en formación dentro de las murallas, dividió su ejército en tres partes, cada una frente a una de las puertas de la ciudad, con su mejor legión y su caballería frente a la puerta central.
Aníbal viendo que no salían, consideró el asalto de la ciudad y mientras rompía su formación mandando a unos al campamento a preparar el tren de asedio y otros que se acerquen a las murallas para preparar la acometida, fueron sorprendidos por la repentina salida de las legiones que por las puertas de la ciudad que atacaron a la carrera a las desordenadas filas cartaginesas, el ataque, ayudado por la confusión reinante, desbarato y provoco la retirada y el pánico entre el ejército enemigo.
Este combate menor, en el que perecieron 2.500 cartagineses y aliados y 500 romanos, aunque no tenía ninguna importancia táctica o estratégica, si la tuvo moralmente, ya que era la primera victoria romana en Italia.
Tras la derrota y fuga del enemigo, Marcelo se dispuso a cortar de raíz el movimiento popular y tras un juicio sumarísimo se hizo decapitar a 70 ciudadanos responsables. Una vez pacificada la ciudad, Marcelo partió de Nola estableciendo su campamento en las colinas de Suessula.
Aníbal, mientras tanto, dado que seguía disponiendo de la iniciativa, asedió, tomó y destruyo Acerra y cuando recibió la noticia que el ejército del dictador romano se dirigía a Casílino, tomo la resolución de acudir allí y capturar la ciudad, pues no podía permitir que los romanos se estableciesen tan cerca de Capua, donde quizás podrían producirse conatos de rebelión.
Terminó el año 216 con Aníbal acuartelado en Capua y con parte de su ejército asediando la pequeña ciudad de Casílino.
Campaña de Aníbal en el 216 a.C, después de la batalla de Cannas

Batalla de Casilino (215-216 a.C)
En 215 a.C, Aníbal había conseguido reclutar 14.000 campanos y 15.000 brucios, con lo que sus fuerzas alcanzarían los 60.000 efectivos. Dividió sus fuerzas en un ejército bajo mando de Himilcón que operaba en el Brucio contra las ciudades griegas de la Magna Grecia, probablemente en conjunto con efectivos brucios, y el ejército principal de Aníbal que se encuentra en Campania tras haber invernado en Capua. Existía un tercer contingente bajo mando de Hannón operando en Lucania.
Los romanos por su parte, disponían de 2 ejércitos consulares de 4 legiones cada uno con unos 20.000 efectivos, uno estaba mandado por Tiberio Sempronio Graco que se encuentra acampado junto al Volturno aguas arriba de Casilino; el otro mandado Lucio Postumio Albino en Lucería (Apulia); había otros 3 ejércitos de 2 legiones con 10.000, uno mandado por Levino que se estacionó en Tarento y Brindisi, otro mandado por Varrón en Piceno, y las dos legiones urbanas en Roma. Albino ha sido emboscado por los Boyos en la Galia, al parecer marchaba a través de un bosque, donde los galos habían establecido una emboscada, habían aserrado un gran número de árboles, de manera que caerían sobre los romanos, 25.000 hombres fueron atrapados en esa trampa, y fueron aniquilados, bien aplastados o bien muertos por los galos. Debido a la falta de efectivos, se decidió que ese año no habrá ningún ejército romano en la Galia que lo sustituya, aunque se mantienen las ciudades de Cremona y Placentia.
El asedio de Casílino que se prolongaba indefinidamente por la tenaz y suicida resolución de los defensores, Aníbal finalmente ofreció a los casilinos un pacto por el cual y a cambio de un rescate por persona, podrían salir de la ciudad y regresar, éstos se encontraban ya sin alimentos y al borde de la inanición y aceptaron por fin las benignas condiciones del cartaginés y con las debidas garantías se entregaron a los enemigos. La ciudad fue ahora guarnecida con 700 soldados de los del ejército púnico y devuelta así a los campanos. Aníbal se retiró ahora a su campamento en los montes Tifata, sobre Capua.
Campaña de Aníbal el 215 AC en Campania 

Batalla de Hamae y Cumas (215 a.C)
Los capuanos aliados de Aníbal trataron de sumar a la rebelión a los habitantes de Cumas, pero al no lograrlo, deciden tenderles una trampa. Citaron al senado cumano en la ciudad de Hamae donde va a tener lugar una celebración religiosa. Previendo la jugada, los notables cumanos avisaron a Graco sobre los acontecimientos. Éste, partió desde Sinuesa, cruzó el Volturno y acampó en Literno, ordenando acopiar víveres en Cumas.
Los campanos por su parte estaban acampados junto a Hamae con un ejército de 14.000 hombres al mando de su jefe Mario Alfio (Medix Tuticus o primer magistrado de Capua). Esa misma noche el cónsul romano Graco ordenó el asalto al campamento enemigo consiguiendo tomarlo dando muerte a 2.000 hombres incluido su jefe, tras lo cual se dirigió a Cumas previendo la reacción de Aníbal que está en la muy cercana Capua.
Desde su campamento en el monte Tifate, el general cartaginés parte hacia Hamae pensando en sorprender a los romanos, pero enterado de que se habían marchado a Cumas y debido a su falta de tren de asedio, retornó a su campamento del monte Tifate a recogerlo. Cumas era un puerto marítimo y por tanto objetivo prioritario para Aníbal que de ese modo podría tener una vía de entrada de refuerzos. Mientras el ejército de Fabio se encuentra en Cales, en el Ager Falernus, sin cruzar el Volturno, con el cónsul aún en Roma realizando ritos religiosos.
Aníbal preparó una torre de asedio mientras Graco ordenó elevar las murallas de la ciudad.
Acercada y adosada la torre púnica al muro, resultó incendiada por los defensores, y cuando sus ocupantes tuvieron que abandonarla, Graco ordenó una salida en tromba de sus hombres por dos puertas de la ciudad que puso en fuga a los atacantes, causándoles bajas significativas de unos 1.400 hombres, empujándoles hasta su campamento, y ordenando un rápido repliegue para evitar un contraataque.
Aníbal sacó al día siguiente a su ejército ofreciendo batalla, pensando que envalentonado por su éxito el cónsul la aceptaría, pero Graco prudentemente permanece dentro de las murallas de Cumas, lo que hace que finalmente Aníbal retornase al monte Tifate.
Una vez levantado, el cónsul romano se dirigió desde Cumas a Grumentum en Lucania, donde se enfrentó a las tropas cartaginesas mandadas por Hannón que se encontraban en la zona, posiblemente para unirse a Aníbal. Le causó 2.000 muertos frente a 280 propios, obligándole a retornar al Brucio. Graco volvió a Cumas después de la batalla, de regreso conquisto a los hirpini las plazas de Vercelio, Vescelio y Sicilino (todas ellas de desconocida ubicación) haciendo 5.000 prisioneros locales. 

Conquista de los puertos de Locri y Crotona (215 a.C)
En el 216 a.C Aníbal se dirigió la región de Brutio en el sur de Italia, donde muchas ciudades se sometieron y otras estuvieron a la expectativa, la ciudad de Petelia, fiel aliada de Roma se resistió. Aníbal procedió pues al asedio de la ciudad, al principio se asaltaron sus murallas pero fue en vano, la maquinaria que se acercaba, torres y demás artefactos, eran incendiados por los defensores. Durante un tiempo se combatió de esta manera pero al final y en vista de que era muy costoso, se cambió de estrategia y se intentó rendirla por hambre, tras rodear la ciudad con una empalizada, Aníbal puso al mando del asedio a su sobrino Hannón junto con los auxiliares brutios y alguna fuerza cartaginesa y el se retiró hacia el norte, rumbo a el Samnio.
El cerco de Petelia se alargó por un periodo de ocho meses, durante los cuales, los petelios consumieron todos los alimentos corrientes, después expulsaron de la ciudad a los no combatientes a fin de economizar alimentos, muriendo todos estos a manos de los enemigos. Finalmente combatieron hasta la muerte, hasta que finalmente se derrumbaron y abrieron las puertas al ejército enemigo, no obstante, 800 hombres lograron escapar.
Tras la caída de Petelia en manos de Himilcón, los cartagineses prosiguieron la conquista de las ciudades del área, más cuando se veía que los romanos no podían hacer nada por ellas. No tardó en caer Cosentia, y tras ella Crotona, aunque esta sin la intervención púnica, tan solo a manos de los brutios, principalmente porque se trataba de una ciudad prácticamente despoblada, con tan solo unos 2.000 vecinos, que no pudieron ni defender todo el perímetro de tan amplia como desierta ciudad, solo la ciudadela prestó refugio a los que pudieron introducirse en ella, y resistieron durante algún tiempo.
Locri, una poderosa ciudad y puerto del sur de la región, también cayó gracias a las discordias internas. De toda el área, tan solo la ciudad de Regio (en el estrecho de Mesina) permaneció en la alianza con Roma, principalmente porque existía en ella una poderosa guarnición romana y por qué era una ciudad estratégicamente muy importante y los romanos no podían permitirse su perdida.
En el verano del 215, consiguieron llegar a Locri importantes refuerzos procedentes de Cartago, pudiendo desembarcar 6.000 infantes, 4.000 númidas y 20 elefantes al mando de Bomílcar, fuerzas a todas luces insuficientes, está será la única vez que recibiría refuerzos de Cartago. Hannón debía ponerse en marcha para ir junto a Aníbal, que le reclamaba a él con sus fuerzas, pues necesitaba todos sus efectivos para la campaña de ese año en Campania. A la llegada del otoño/invierno fue devuelto Hannón y su ejército al Brutio, en donde invernaron y esperaron el inicio del nuevo año. 

Segunda batalla de Nola 215 a.C
En Campania, Marcelo tras ser relevado en Suésula por Fabio, llegó a Nola desde donde ese verano comenzó a hacer salidas de saqueo sobre el samnio caudino y los hirpinos, lo que forzó a Aníbal, azuzado por sus aliados, a acercarse para tratar de tomar la ciudad y privarle de la base de operaciones para dichos saqueos.
Marcelo se aprestó entonces a defenderla del ataque de Aníbal. El general cartaginés llamó a Hannón para que acudiese desde el Brucio con los refuerzos recién llegados mientras Bomílcar permanece allí sustituyéndole.
Aníbal primeramente propuso al senado de la ciudad abrir las puertas a cambio de no tomar la ciudad por la fuerza. Al ser rechazada su propuesta rodeó la ciudad preparándose para un ataque general.
Aníbal rodeó completamente la ciudad, Claudio Marcelo realizó una serie de salidas provocando escaramuzas. Al tercer día, viendo Marcelo que una parte de los cartagineses ha salido a forrajear, sacó a sus tropas presentando batalla y marchando hacia el campamento cartaginés. Aníbal mandó a llamar a los que están forrajeando mientras el resto de su ejército salió a dar batalla.
Segunda Batalla de Nola 215 a.C, entre Aníbal y el cónsul romano Claudio Marcelo, con victoria romana. 
Voluntarios nolanos permanecían en la ciudad a la espera de una señal de Marcelo. Tras un feroz combate, los cartagineses son empujados hacia su campamento y optaron por replegarse. Claudio Marcelo desistió de perseguirlos y regresó a la seguridad de las murallas. Livio habla de 5.000 bajas púnicas frente a 1.000 romanas, además de la captura de otros 600 hombres y 2 elefantes. Otros 4 paquidermos murieron en la batalla.
Al día siguiente recogieron y quemaron los cadáveres del campo de batalla. Al tercero se produjo la deserción de 1.272 jinetes númidas e hispanos. Entonces Aníbal ordenó a Hannón retornar al Brucio con sus hombres mientras él partió hacia Arpi en Apulia para invernar.  

Recuperación de Campania (214-211)
En el 214 resultan elegidos cónsules Fabio Máximo nuevamente y Marco Claudio Marcelo, quedando las fuerzas romanas distribuidas de la siguiente forma:
·       Roma 2 legiones urbanas bajo el mando de Fulvio Falco.
·       Campania 4 legiones del ejército consular bajo el mando de Fabio Máximo.
·       Campania 4 legiones del ejército consular bajo el mando de Marco Claudio Marcelo.
·       Apulia 2 legiones nuevas bajo el mando del hijo de Fabio, Quinto Fabio.
·       Galia Cisalpina 2 legiones nuevas bajo el mando de Marco Pomponio.
·       Sammnio 2 legiones de esclavos bajo el mando de Sempronio Graco.
·       Piceno 1 legión bajo el mando de Varrón.
·       Brindisi 1 legión bajo el mando de Valerio.
(A parte había 4 legiones en Sicilia, 1 en Córcega y 2 en Hispania)
Campañas de Aníbal el 214 AC en Campania 

Tercera Batalla de Nola 214 a.C
Aníbal recibió aviso de los habitantes de Capua de que los romanos estaban realizando un reclutamiento masivo. Aníbal se movió desde Arpi en Apulia hacia Campania.
Fabio Máximo que había invernado en Suésula comenzó a seguirlo en cuanto llegó a territorio campano y ordenó a Sempronio Graco que desde Luceria se trasladase con sus tropas a Beneventum, en el Samnio, para apoyarle. El hueco dejado en Luceria por Graco fue ocupado por el hijo de Fabio, Quinto Fabio, quien se dirigió hacia esa localidad del norte de Apulia.
Aníbal volvió a establecer su campamento en el monte Tifata, cerca de Capua. Luego, tras dejar allí a sus mejores tropas (la caballería númida e hispana) para que guarneciesen el mismo y protegiesen además a la ciudad aliada. Después comenzó el saqueo de la campiña entre Cumas y el promontorio de Misenum, realizando un cambio de curso inesperado hacia el puerto de Puzzuoli con el fin de apoderarse de él por sorpresa. La fuerte guarnición romana de 6.000 efectivos lo rechazó y al tercer día el cartaginés se marchó hacia Neápolis para seguir sus saqueos.
Estando allí recibió una nueva comisión de la ciudad de Nola, que le ofrecían la entrega de la ciudad por tercera vez. Avisado Marcelo de esto, se dirigió con un contingente de 6.000 hombres y 300 jinetes desde Cales a Suésula y de allí a Nola. Aníbal que había visto sus dos intentonas anteriores fracasadas, acudió sin mucha fe a la ciudad campana a realizar el tercer intento. Fabio aprovechó esta circunstancia para iniciar el asedio de Casilino.
Mientras en Nola, Marcelo recibió refuerzos traídos por su lugarteniente Marco Pomponio desde Suésula.
Antes de salir a presentar batalla, preparó una estratagema consistente en que su caballería bajo mando de Cayo Claudio Nerón saliese furtivamente de noche de la ciudad a seguir al ejército cartaginés de modo que al día siguiente y una vez que comenzase la batalla, se presentase por retaguardia y sorprendiera a los púnicos.
Tal y como tenía previsto Marcelo formó sus tropas que eran 4 legiones (20 infantes y 2.400 jinetes) y Aníbal cuyos efectivos se desconocen, aceptó el envite.
La infantería romana consiguió presionar y hacer que los cartagineses retrocediesen hacia su campamento. Marcelo al parecer contaba con la aparición de Nerón con su caballería, pero éste se había perdido y cuando llegó cuando la batalla había concluido.
El combate finalizó con el ejército de Aníbal replegando a su campamento y Marcelo retornando a la ciudad. Livio da la cifra 2.000 muertos púnicos y 400 romanos. Al día siguiente Marcelo volvió a presentar batalla, pero Aníbal no la aceptó y a la noche del tercer día optó por levantar el campamento, dado que se estaban reuniendo 7 legiones y se había enterado de la derrota de Hannón. Se dirigió hacia Tarento, pues, algunos tarentinos le han hecho saber que si se acerca a la ciudad, ésta podría caer en sus manos mediante la traición.
De camino a Tarento arrasó con cuanta campiña encontró a su paso excepto la del propio Tarento, a quien quería ganarse. Pero tres días antes de su llegada el jefe de la guarnición de la ciudad, Marco Livio, preparó las defensas poniendo guardias en muros y puertas, lo que evitó cualquier sorpresa. Viendo la imposibilidad de tomarla, el general púnico marchó hacia Salapia en la costa norte de Apulia, no sin recoger grano en la costa de Lucania (Heraclea y Metaponto, ambas aún bajo control romano) y caballos salvajes entre el Salentino y Apulia. 

Primera Batalla de Beneventum 214 a.C
Aníbal desea contar con el apoyo de su segundo ejército en la zona y ordenó a Hannón que desde el Brucio se dirigiese a Beneventum en el Samnio, ciudad hacia donde también marchaba Tiberio Sempronio Graco y su ejército de esclavos.
Hannón llegó a Beneventum y acampo en la margen izquierda del río Calor a 1,5 km de la ciudad. Graco al llegar, acampó a 1 km del campamento de Hannón, cerrándole el paso a la ciudad. Al día siguiente el general romano sacó a sus hombres para ofrecer batalla, disponía de un ejército de 18.000 efectivos la mayoría esclavos voluntarios y presos. Hannón aceptó el envite y desplegó su ejército formado por 17.000 infantes brucios y lucanos y 1.200 jinetes númidas y mauris.
Las tropas romanas tremendamente motivadas por la promesa de su general de manumitirlos si ganaban, consiguieron tras cuatro horas de resultado incierto, hacer que los cartagineses flaquearan y huyesen a su campamento. Los romanos prisioneros romanos que se encontraban en el campamento se hicieron con armas y atacaron la retaguardia del ejército de Hannón, el triunfo romano fue completo e hicieron una masacre, impidiéndoles la fuga. Sólo unos 2.000 hombres, en su mayor parte caballería consiguieron huir, sufriendo 16.000 bajas frente a 4.000 romanas.
Graco fue recibido en la ciudad con los brazos abiertos, y después se dirigió a Lucania para impedir que Hannón levantase otro ejército. 

Conquista romana de Casilino 214 a.C
Las fuerzas romanas se concentraron en la toma de Casilino, en donde una guarnición de 2.000 campanos y 700 soldados de Aníbal mantenían a raya a los romanos.
Marcelo al mando de su ejército llego a Casílino en donde se unió a las fuerzas de Fabio Máximo que previamente había unido sus fuerzas con el ejército de Graco, reclamado por Fabio. La desproporcionada acumulación de fuerzas no proporcionó al romano ninguna ventaja adicional en el ataque a Casílino, fracasando en los sucesivos asaltos a sus murallas y sufriendo por ello numerosas bajas hasta el punto de que Fabio estuvo a punto de abandonar el asedio. Finalmente los campanos, solicitaron de Fabio un acuerdo por el que se les permitiese retirarse a Capua sanos y salvos, cuando llegaron al acuerdo y salían ya por una de las puertas de la ciudad, Marcelo lanzó sus hombres contra los que salían consiguiendo tomar de esta manera la puerta abierta desde la que poco después se hicieron con el resto de la ciudad. La matanza fue generalizada y tan solo se pudieron salvarse los primeros campanos que salieron de la ciudad y pudieron llegar junto a Fabio, unos 50, que según lo acordado fueron escoltados hasta Capua. Finalmente el resto de los supervivientes capturados en Casílino fueron enviados a Roma y la población dispersada.
Ahora, Fabio Máximo y Marcelo se repartieron los papeles, Mientras Marcelo vigilaba Capua desde Nola (aunque, no obstante, no pudo desarrollar ninguna operación de envergadura al caer enfermo), Fabio Máximo se dedicaba a reconquistar las tierras de los samnitas que hacen frontera con Campania y en donde Aníbal encontraba un eficaz apoyo. 

Conquista de Tarento 2013 a.C
Conquista romana de Arpi 213 a.C
En el 213 a.C, los nuevos cónsules son el hijo de Fabio Máximo, Quinto Fabio como cónsul patricio y Tiberio Sempronio Graco como cónsul plebeyo.
La campaña se inicia con el asalto del cónsul Quinto Fabio hijo, a la ciudad de Arpi, en el norte de Apulia. Arpi, importante ciudad de la región, contaba con unos 8.000 hombres de guarnición, 5.000 de ellos del ejército de Aníbal. Fabio Máximo acampó frente a la ciudad y se acercó una noche lluviosa a sus murallas con una unidad comandada por los mejores centuriones del ejército y unos 600 soldados también de reconocida valía. Gracias a la noche y a la lluvia (los guardias a causa de ella habían abandonado sus puestos y se habían puesto a cubierto), pudo subir con escalas por la muralla sin oposición, luego, como lo más difícil ya estaba hecho, el ejército romano en pleno irrumpió en la ciudad.
Comenzó un terrible combate por las calles, los cartagineses, que no se fiaban de las milicias locales, las mandaron por delante de sus fuerzas por lo que chocaron con los romanos los primeros. Después de combatir durante un tiempo entablaron los milicianos conversaciones con los romanos, poco después cambiaban estos de bando con la anuencia de las autoridades de Arpi y juntos cargaron contra los cartagineses. Esa una noche fue de pactos, pues ahora eran los cartagineses quienes entablaron negociaciones con los romanos. 1.000 hispanos de la guarnición decidieron pasarse a los romanos si estos permitían al resto de la guarnición retirarse sin daño.
La propuesta fue aceptada por Fabio y de esta manera se hizo finalmente con esa importante ciudad de la región de Apulia. Todo ocurrió tan precipitadamente que Aníbal, que se encontraba en Salapia, no pudo reaccionar, acogiendo a las tropas que se retiraron de Arpi.

Victoria de Hannón contra Veyentano 213 a.C
En Lucania la situación aparenta estar en calma lo que lleva a Graco a que ordene a uno de los prefectos aliados de su ejército, Tito Pomponio Veyentano, a comenzar campañas de saqueo en el vecino Brucio. Estas probablemente influyen notablemente en que dos localidades de la zona, Cosentia y Thurii, retornen a la disciplina romana, pese a estar bajo dominio cartaginés desde el 215 a.C.
Pero poco le van a durar las alegrías a los romanos en este frente, pues en el trascurso de las desmandadas salidas de saqueo de Veyentano en territorio brucio, fue sorprendido en una por el ejército de Hannón, el cual masacró a la mayoría de sus hombres haciéndole prisionero. 

Conquista de Tarento 213 a.C
Un grupo de notables tarentinos ofreció la entrega de la ciudad a Aníbal, espoleados por una cruel venganza de los romanos que habían masacrado a los rehenes tarentinos que trataban de marcharse de Roma.
El ejército cartaginés se acercó a la ciudad, quedando acampado a unos tres días de marcha de la misma. Designó que un cuerpo de unos 10.000 hombres, entre los que se contaban unos 2.000 jinetes, para llevar a cabo la acción, en combinación con un traidor local, que facilitaría la toma de las puertas de acceso a la ciudad. La noche elegida por Aníbal para el ataque, fue una en que había un banquete. En medio de la noche, el traidor abrió la puerta Tamenis (de Nápoles) y los soldados púnicos entraron sigilosamente y degollaron a los romanos, otro pequeño partido hizo lo mismo en otra puerta. Dejó 2.000 jinetes afuera, se dirigieron hacia la plaza del mercado, y dividió 2.000 galos de su fuerza en tres partes, cada una de ellas dirigidas por un tarantino amigo se dirigió a una parte diferente de la ciudad, con la orden de matar todos los soldados romanos, pero tratar a los ciudadanos con honor. Despertados por el ruido, la guarnición romana se reunió, y al comprobar que la ciudad había sido capturada, se retiraron a toda prisa a la ciudadela, Marco Livio logró sobrevivir, pero el repliegue le costó muchas bajas.
Asedio púnico de Tarento 213 a.C 
Desde la ciudadela se enfrentó a los cartagineses, fueron reforzados esa noche desde Metaponto por la guarnición romana de esa ciudad. Desde allí se permitieron acosar a los nuevos dueños de la ciudad, lo que provocó que Aníbal levantase una empalizada y un foso para defenderse de estas incursiones. Logró resistir con éxito debido a que recibía alimentos y apoyo por su puerto. Aníbal mandó sacar todos los barcos tarentinos a tierra y transportarles con ruedas para depositarles en el puerto exterior y bloquear el puerto. Aníbal dejó al frente del bloqueo a Hannón, mientras él marchó a invernar a un lugar distante unos tres días de marcha de la zona, que probablemente se encuentra al sur-sureste de Canusio, en Apulia. La ciudadela se rindió posteriormente en el 211 a.C. Todas las polis (ciudades griegas) del sur de Italia, con la excepción de Regio pasaron bajo el control de Aníbal. 

Conquista romana de Padua 212-211 a.C
Segunda Batalla de Beneventum 212 a.C
Los romanos, decididos por fin a cargar todo el peso de las operaciones más que contra Aníbal, contra los campanos; mantuvieron a sus legiones operando, desde Bovianum, en el Samnio, y desde esta posición lanzaban ataques menores contra los territorios campanos, en donde por esta causa no se había podido hacer la siembra de las cosechas en los campos, razón por la cual el hambre hacía ya mella en los cuerpos de los ciudadanos de Capua y de las otras ciudades enemigas de los romanos.
Despacharon entonces los campanos unos embajadores al campamento de Aníbal, cerca de Tarento cuando estaba a punto de tomar la ciudad, para pedirle que les auxiliase en este difícil trance enviando deprisa suministros antes de que las operaciones romanas se extendiesen y los caminos quedasen definitivamente cortados por sus destacamentos.
Aníbal, siempre presto a atender a sus aliados, ordeno a Hannón, que controlaba el Brucio, que: recogiendo suministros propios y de los aliados lucanos y samnitas se dirigiese a entregarlos a los capuanos. Hannón, que no deseaba un enfrentamiento con los romanos, condujo a su ejército entre el territorio aliado y enemigo hasta las cercanías de Beneventum, consiguiendo evitar ser interceptado por los ejércitos adversarios.
Una vez allí mando llamar a los capuanos para que se llegasen a su campamento fortificado en donde les haría entrega del trigo. Los capuanos, acudieron, pero con tal desidia y falta de medios (no más de cuarenta carruajes) que el general cartaginés se enojó y tras reprenderles les convocó para que otro día fijado se acercasen de nuevo y en serio, al campamento a recoger los suministros. Este cambio de planes fue letal para los intereses púnicos, pues los espías romanos consiguieron comunicar estas nuevas a los cónsules romanos que se encontraban en las cercanías de Bovianum, decidieron estos que uno de ellos, Fulvio, se haría cargo de las tropas y las conduciría rápidamente hasta Beneventum para atacarles.
El ejército romano llego ya de noche a las murallas de Beneventum en donde recibió las nuevas de la actual situación. Los campanos habían por fin acudido en masa al campamento de Hannón, esta vez contaban unos 2.000 carromatos y muchos miles de ciudadanos que se encontraban ahora en el campamento púnico, además, el general cartaginés se encontraba fuera, consiguiendo de los aliados más suministros para remitir a los campanos.
El ejército romano, tras dejar en la ciudad sus pertrechos, y tan solo con las enseñas y las armas partieron de inmediato contra el desprevenido enemigo que acampaba no lejos de allí. Poco antes del amanecer llegaron al lugar, en donde su repentina llegada provocó tal pánico que de haber estado el campamento cartaginés situado en la misma llanura hubiese sido tomado sin duda a la primera embestida. Hannón había elegido el lugar apoyado por unas solidas defensas naturales, una escarpada colina que terminaba ante la empalizada del campamento púnico El primer ataque fue rechazado con facilidad por los defensores, los romanos insistieron, a costa de muchas bajas, llegando en varios puntos a tomar contacto con la empalizada, en donde siendo castigados estuvieron a punto de retirarse y abandonar el ataque. En esos momentos, una cohorte peligna, fue enardecida por su prefecto, Vibio Acao que lanzó la enseña de la unidad tras la empalizada enemiga, seguido por sus hombres consiguieron irrumpir a través de las defensas enemigas. Por otro lado, el tribuno de la tercera legión, Valerio Flaco, tras echar en cara a sus hombres que permitiesen que fuesen unos aliados quienes tomasen el campamento enemigo, se lanzó entonces uno de sus centuriones sobre la empalizada enemiga. Seguido después por su manipulo y después por el resto de la legión, siendo por fin desarticuladas las defensas cartaginesas, y entrando a cuchillo en el campamento enemigo. Se contaron entonces 6.000 bajas enemigas, 7.000 fueron hechos prisioneros amen de muchos miles de civiles campanos que se encontraban allí. Se consiguió gran botín, no solo los suministros preparados para los campanos sino todo lo que en sus correrías había saqueado Hannón a los aliados del pueblo romano.
Hannón se enteró del desastre en Cominiun, y se dirigió a Brucio con las fuerzas que le quedaban.
Aníbal que se encontraba con su caballería recorriendo el Samnio, al enterarse del desastre regreso de inmediato al Brucio. En cuanto a las autoridades de Capua, informadas también del serio descalabro, mandaron nuevos embajadores a la presencia de Aníbal anunciándole que los enemigos se encontraban ya instalados en Beneventum y a no mucho tardar atacarían su ciudad, pedían ahora al general cartaginés que acudiese sin tardanza a Campania a librarles de esta amenaza. Aníbal, enfrascado entonces en la toma de Tarentum, prometió que acudiría y entre tanto les envió a dos de sus mejores oficiales con un contingente de 2.000 jinetes escogidos, para que mientras tanto, y con estas tropas, protegiesen sus campos de los incursores y saqueadores enemigos. 
Campañas de Aníbal el 212 a.C en Campania 

Los romanos empiezan el cerco de Capua 212 a.C
Instalados en Beneventum, los dos cónsules romanos establecieron un nuevo plan de operaciones con el objetivo de concentrar todas sus fuerzas contra Capua. Decidieron mover sus campamentos más cerca de los campanos pero dejando atrás, en Beneventum una buena guarnición. A tal efecto, le fue encomendado a Tiberio Graco a que acudiese desde Lucania con su caballería y las tropas ligeras para guarnecer la ciudad, el destino quiso que Graco nunca llegase a su destino, cayó víctima de una emboscada de la caballería enemiga y fue muerto por esta.
Los cónsules movieron sus campamentos en territorio enemigo, a la vista de las propias murallas de Capua, comenzando las incursiones por la zona, pero fueron sorprendidos por una repentina salida de la caballería ligera cartaginesa de Magón (no Barca), quienes aterrorizando a los romanos que se encontraban entonces desperdigados por la llanura produciéndoles más de 1.500 bajas rechazándolos hasta las propias lineas de sus ejércitos y ganando de esta forma para si la libertad de movimientos para su caballería y la aliada campana. Desde ese momento, los cónsules marchaban ya solo en solidas formaciones por territorio enemigo intentando no dar pie al contraataque de la caballería enemiga que campaba a sus anchas por el territorio.
Por fin llego Aníbal. Recibidas noticias en el campamento romano de la próxima llegada del general cartaginés, los dos ejércitos consulares se dirigieron para detenerle a territorio de Beneventum. Allí se encontraron los dos ejércitos Aníbal no rechazo el envite, lanzó a su caballería en masa para agobiar con el lanzamiento de proyectiles a las filas romanas en las que produjeron numerosas bajas hasta que se retiraron tras la intervención de la caballería romana, así se encontraba el combate cuanto por uno de los flancos aparecieron jinetes que venían de Lucania al mando del cuestor Gn. Cornelio (subalterno del fallecido Graco), que había adelantado con su caballería y detrás venían restos de las dos legiones, se dirigían a Capua con el objetivo de unirse a los ejércitos consulares. Comoquiera que ambos contendientes pensaron que esas tropas pertenecían al otro, tanto el ejército romano como el cartaginés se retiraron a sus campamentos fortificados. Era tal el estado de la moral del ejército romano que decidieron los cónsules, antes que combatir (tenían seguramente entonces 6 legiones más los aliados), retirarse y dividirse intentando alejar de allí al cartaginés Esa misma noche el cónsul Fulvio partió hacia el territorio de Cumae y Claudio en dirección a Lucania. Al mañana siguiente, informado Aníbal de la retirada romana, el cartaginés siguió los pasos del ejército de Apio Claudio, quien sin embargo, dando un rodeo, consiguió no solo despistar a sus perseguidores si no que volvió sobre sus pasos a territorio campano, ante Capua. Aníbal, así despistado, entro en Lucania en donde frustrado, acampó. 

Desastres romanos de Centennio y Herdonia 212 a.C
Poco tiempo antes de estos sucesos, uno de esos hechos de los que están jalonadas las guerras volvió a repetirse en este momento para satisfacción del propio Aníbal. Un tal M. Centennio, un buen soldado ya retirado, se convenció y convenció a los senadores de Roma que con un cierto número de tropas podría, gracias a su conocimiento de la milicia y del territorio, enfrentarse con éxito a Aníbal en Lucania. En principio solicitaba solo 5.000 soldados pero los convencidos senadores le entregaron 8.000, mitad romanos y mitad aliados, a estos se les sumaron numerosos voluntarios por el camino, llegando a casi duplicar la cifra. Finalmente llegaron al enfrentamiento con Aníbal, pese a que sus tropas se defendieron bien quizás más por desesperación que por otra causa, M. Centennio al ver la irreversible situación en que se había metido para no sobrevivir a la vergüenza se suicidó, sus hombres que mientras tanto seguían manteniendo las líneas, al enterarse de su muerte se dispersaron en una inútil huida ya que fueron prácticamente exterminados por la numerosa caballería enemiga hasta tal punto que parece que no sobrevivieron más de 1.000 de todo aquel ejército.
Los romanos sufrieron otro descalabro, la deserción de las dos legiones de esclavos voluntarios que tan bien y fielmente habían servido a los romanos. Estos hombres, poco tiempo después de la muerte de Graco perdieron las ganas de combatir y ahora desertaban en masa de las filas.
Aníbal instalado en Lucania seguía con atención lo que acontecía en Campania, sin embargo, aunque desea entrar en acción contra los dos cónsules recibió noticias de que en Apulia el pretor Gn. Fulvio, tras un comienzo aceptable, llevaba ahora las operaciones con una mezcla de desidia e incompetencia e incluso se hablaba que la disciplina militar se encontraba bajo mínimos. Aníbal, que no quiso dejar correr esta oportunidad abandonó entonces a los campanos y rápidamente llego hasta la región de Apulia, cerca de Herdonea, a su llegada el campamento romano se alborotó, el general cartaginés se enteró esa noche por unos espías, que los soldados romanos andaban arrogantes exigiendo del general que se entablase batalla contra el enemigo, así pues, esa misma noche despacho un contingente de 3.000 soldados de infantería ligera para emboscarse en unas haciendas de los alrededores y a Magón, que tras su paso por Campania se había unido de nuevo a él, con 2.000 jinetes que cubriera todas las posibles rutas de escape del campo de batalla. Hasta ese punto confiaba ya en la derrota romana el cartaginés que enviaba a parte de sus mejores tropas fuera de su despliegue de batalla a emboscarse hasta después de la misma.
Batalla de Herdonea 212 a.C entre las fuerzas de Fulvio y Hannón, con victoria total púnica 

Al día siguiente los dos ejércitos desplegaron para la batalla. Las tropas romanas se desplegaron en una larga línea con muy poca profundidad precisamente en el centro, sin embargo dio igual, a la primera embestida cartaginesa, los romanos cedieron y emprendieron la huida, el propio pretor, al ver lo que sucedía, picó espuelas seguido de 200 jinetes escapando seguidamente del campo de batalla abandonando a sus tropas que fueron rápidamente rebasadas por los flancos y rodeadas. De los aproximadamente 18.000 hombres con que contaba el ejército romano se dice que solo escaparían unos 2.000, el campamento romano fue ocupado y saqueado.
El desánimo hizo de nuevo presa en Roma tras los dos desastres consecutivos en los que se habían perdido más de 30.000 hombres a manos del general cartaginés. 

Los romanos estrechan el cerco de Capua 212 a.C
Los cónsules, que operaban en Campania, y que gracias a que precisamente Aníbal se había mantenido alejado de la región habían conseguido crear por fin un cerco coherente de las posiciones de Capua, enviaron a Roma a dos legados para informar al senado de que las operaciones se desarrollaban con incipiente éxito en la región, que así mismo tratarían de recoger a todos los supervivientes de los desastres precedentes y que se redactaría un edicto por el cual se obligaría a los esclavos/soldados que volvieran a filas, y, en definitiva, hacer ver al senado que las operaciones seguían su curso y que debían mantener la calma pese a todos los descalabros acaecidos en tan corto espacio de tiempo.
En Puzzuoli se estableció una fuerte guarnición para vigilar la costa y en la desembocadura del Volturnus se construyó un fortín al que se doto también de una numerosa guarnición con el mismo objetivo que el anterior, ambas posiciones recibieron seguidamente fuertes reservas de trigo para utilizar, estas posiciones, durante la campaña como centros de distribución para el ejército. Aislada así del mar, por tierra se dispusieron los dos cónsules a concentrar sus fuerzas en el cerco de Capua, Se hizo venir también a C. Nerón desde Suessula de tal forma y manera que fueron tres los ejércitos, tres los puestos de mando, que se instalaron alrededor de la ciudad enemiga. Se decidió ahora emprender la construcción de una empalizada alrededor de Capua para aislarla de esta forma del exterior. Así fue, pese a la resistencia de los campanos, que realizaban frecuentes salidas para interrumpir los trabajos de los romanos, la empalizada apoyada por fortines y seguramente torres y un profundo foso, fue terminado, aislando a la ciudad del exterior. No obstante, todavía tuvieron tiempo los capuanos para enviar correos en demanda de socorro a Aníbal. 

Batalla de Capua 211 a.C
En el 211 AC, son elegidos nuevos cónsules Cneo Fulvio Centúmalo y Publio Sulpicio Galba. Contando el desglose de Tito Livio (XXVI,1) y una cita de Polibio, ese año el despliegue romano habría llegado a 27 legiones. Estas serían:
·       Dos urbanas (reclutadas del año anterior 212 con muchas dificultades, al servicio del pretor urbano Cayo Calpurnio Pisón).
·       Cuatro en Sicilia (dos al servicio del pretor Cayo Sulpicio -las desterradas de Cannas y Herdonea- y dos del ejército del procónsul Marcelo).
·       Dos legiones “marinas” embarcadas en la flota de Sicilia (bajo mando de Tito Otacilio).
·       Dos en Etruria (bajo mando de Marco Junio Silano que para formarlas tomó en 212 las dos urbanas de 213 las cuales fueron sustituidas en Roma en 212 con muchos problemas).
·       Dos en la Galia Cisalpina (bajo mando del propretor Publio Sempronio Tuditano y reclutadas para ese destino en 214).
·       Dos en Hispania (bajo control de los procónsules Cneo y Publio Cornelio Escipión hasta que son casi aniquiladas a principio de la campaña).
·       Dos en Cerdeña (al servicio del pretor Lucio Cornelio Léntulo).
·       Una en Grecia con la flota allí operativa (bajo mando del propretor Marco Valerio Levino).
·       Cuatro en Capua (al servicio de los procónsules Apio Claudio Pulcro y Quinto Fulvio Flaco, la mayor parte de las cuales son licenciadas una vez se rindió Capua).
·       Dos en Suésula (bajo mando de Cayo Claudio Nerón y unidas al cerco de Capua, parte de las cuales partirán a Hispania una vez rendida la capital campana a cubrir las pérdidas ocurridas con la muerte de los Escipiones).
·       Dos en formación y presentes en Roma (para servir con el nuevo cónsul Galba).
·       Dos por alistar (para servir con el segundo cónsul Cneo Fulvio Centúmalo)
Alrededor de Capua había 12 legiones con unos 60.000 efectivos. Las fuerzas de Capua se estiman en 2.000 jinetes cartagineses y unos 12.000 combatientes, Aníbal disponía de 30.000 a 35.000 efectivos y 33 elefantes.
Aníbal inició la campaña dejando en el Brucio parte de su tren de suministro y partiendo con su caballería, elefantes y tropas ligeras a socorrer a sus aliados campanos. Llegó con su ejército hasta el Tifata y ocultó sus fuerzas en una escondida hondonada tras ese monte. Tras averiguar la disposición de las fuerzas enemigas prosiguió su camino enfilando su ejército hacia Calatia, en donde un fuerte romano fue totalmente destruido, de allí viraron hacia Capua y avanzaron contra las posiciones romanas al tiempo que mandaba un aviso a la ciudad para ordenar a campanos y cartagineses (Bostar y Hannón se encontraban al frente de la guarnición de apoyo cartaginesa) para que a la vez que él atacaba, se hiciesen salidas contra el enemigo.
Los procónsules desplegaron sus ejércitos, Apio Claudio con 3 legiones y algunas aliadas desplegó para repeler la salida de los defensores, Quinto Fulvio Flaco con otras 3 romanas y aliadas desplegó para oponerse al ejército de Aníbal en la parte exterior, con la caballería desplegada a los flancos.
Batalla de Padua 211 a.C, las fuerzas de Aníbal tratan de romper el asedio, pero son rechazadas 

El comienzo de las operaciones fue seguido desde las murallas por una inmensa multitud de ciudadanos de Capua, quienes hacían sonar cacharrería de bronce provocando un espectacular ruido para animar a sus tropas.
El choque de las tropas de Aníbal contra los romanos desplegados, sin duda a la defensiva, fue seguramente atroz, el empuje de los cartagineses fue tal que pronto la legión VI que estaba en el centro, comenzó a ceder terreno a la infantería cartaginesa que empujaba irresistiblemente apoyada por los numerosos elefantes de que disponían. Al fin, una unidad de cerca de 500 hispanos más 3 elefantes rompió las líneas romanas y llegó hasta la empalizada, Fulvio a los centuriones primipilus que estarían en el campamento, entre ellos un tal Quinto Navio, a que hiciesen todo lo posible por detener la embestida de aquel contingente cartaginés y se lanzaron contra los flancos de ese destacamento formación enemiga con las tropas que pudieron reunir, se produjo un terrible combate en la empalizada, los tres elefantes fueron muertos allí mismo, los atacantes pudieron asaltar directamente la empalizada y rebasar las defensas romanas, de esta forma se entablo un sangriento combate en el mismo campamento.
Mientras tanto, se realizó la salida desde Capua hacia las posiciones romanas en la zona de la vía Appia, allí el propio Apio Claudio dirigió la defensa en primera linea junto a las legiones, como no tardaron rechazar a los enemigos, persiguiéndoles hasta la misma Capua, produciéndose una matanza en las mismas puertas de la ciudad, cuando los huidos intentaban refugiarse en la ciudad, los romanos estuvieron a punto de tomar las puertas, siendo rechazados desde las torres y almenas, el procónsul Apio Claudio resultó gravemente herido durante el combate.
El volumen de bajas varía según las fuentes, Livio da la cifra de 8.000 cartagineses y 3.000 campanos muertos, lo cierto es que Aníbal con tropas ligeras no se enfangaría en combates frontales contra una infantería pesada romana. 

Aníbal y Portas 211 a.C
Ante la imposibilidad de romper el estrecho cerco que los romanos tenían sobre Capua y por falta de medios no se atrevía a ofrecerle batalla, además estaba la posibilidad de que llegara un nuevo ejército romano por por retaguardia que pudiera impedirle la salida, Aníbal decidió abandonar el área y marchar sobre Roma para obligar a los ejércitos que sitiaban Capua a levantar el asedio y acudir en defensa de su capital, y atacarles en una batalla campal.
Aníbal envió jinetes númidas que se hicieron pasar por desertores para explicar el plan a los sitiados y que no se alarmasen.
Mandó realizar balsas para cruzar el río Volturno que separa Campania del Lacio, y cuando tuvo las suficientes, dejó encendidos fuegos en el campamento y en una sola noche realizó el cruce. Antes del amanecer ya se encontraba al otro lado y sin fuerzas romanas apreciables entre el y Roma.
Itinerario de Aníbal desde Capua a Roma por la Vía Latina, mientras que Fulvio Flaco emplea la Vía Appia 
Los romanos cuando se enteraron al día siguiente, decidieron que Q. Fulvio Flaco con unos 15.000 infantes y 1.000 jinetes fuese a través de la vía Appia, y con el resto continuar el asedio.
El ejército de cartaginés, siguió la vía Latina, no avanzó deprisa y saqueó toda la zona a su paso, quizás quería cerciorarse de que el ejército de Padua se seguía, a Roma comenzaron a llegar los refugiados que huían.
Roma no estaba desguarnecida, se estaban formando 2 nuevas legiones y estaban las 2 urbanas.
Aníbal llegó por el norte y cruzó el río Anio, estableciendo su campamento a unos 5 km de la ciudad. Al frente de unos 2.000 jinetes se acercó a la ciudad para observar las murallas hasta la zona de la puerta Colina, lo más cerca que pudo de las murallas.
Mientras, Fulvio Flaco entró por la puerta llamada Capena y atravesando la abarrotada ciudad (llena de refugiados) y salió de la ciudad por la puerta Esquilina desplegando sus legiones en el espacio que va de esta puerta a la de Colina, y envió su caballería contra los jinetes púnicos que se retiraron.
Al día siguiente el ejército cartaginés se acercó en orden de batalla a la ciudad, Flaco acepto el embate. Según nos cuenta Livio, en ese momento cayó sobre el campo de batalla un fuerte aguacero que frustró el enfrentamiento, al día siguiente ocurrió lo mismo, por lo que Aníbal decidió que la suerte no estaba de su parte y decidió retirarse.
El ejército romano bajo mando del cónsul Publio Sulpicio Galba inició la persecución de los púnicos, destruyendo los puentes sobre el río Anio, de modo que obligan a Aníbal a vadear el mismo para poder cruzarlo. Ocasión que fue aprovechada por el ejército romano para atacar la retaguardia del convoy púnico que transporta una parte importante del botín, consiguiendo recuperarlo, atrapando a quienes lo custodiaban, no teniendo los hechos más graves consecuencias gracias a la intervención de la caballería cartaginesa.
Tras cinco días de persecución y cerciorado Aníbal de la inutilidad de su movimiento al no haber conseguido distraer la atención de ninguno de los ejércitos sitiadores de Capua, decidió urdir una emboscada nocturna contra el ejército perseguidor de Galba. Esa noche atacó y asaltó el campamento romano, los romanos consiguieron replegarse a una colina cercana, trás sufrir importantes pérdidas. Liberado de su perseguidor puso camino a Brucio donde llegaría a Tisia. Esta localidad habría sido tomada por los romanos mediante traición. La llegada relámpago de Aníbal puso en fuga a la recién instalada guarnición romana, recuperando Aníbal el control de la plaza. Inmediatamente marchó contra la cercana Regio a la que estuvo a punto de sorprender, pero finalmente consiguieron reponerse a la sorpresa.

Caída de Capua 211 a.C
La situación en Capua se hacía irreversible, la ciudad quedó abatida, y nadie dirigía la ciudad. Un suceso removió las conciencias de la población, cuando los romanos descubrieron que entre las filas de los numerosos desertores númidas se hallaban muchos espías decidieron reunirlos a todos, los desertores, unos 70 númidas junto con otros muchos de distinto origen pero que también habían cambiado de bando. Todos ellos fueron azotados y después se les amputo las manos, mandándolos de esta guisa de vuelta a Capua.
Finalmente la ciudad se rindió, entraron en Capua una legión seguida de dos escuadrones de caballería al mando del legado C. Fulvio. Una vez en el interior, hizo reunir todas las armas de la guarnición y arrestó a los soldados púnicos de la guarnición. Los senadores de la ciudad fueron azotados y decapitados, la población en general fueron convertidos en esclavos, menos los artesanos y los más pobres que fueron respetados.
Tras la caída de Capua, cayeron las dos últimas ciudades campanas en manos de los cartagineses, Atella y Calatia que recibieron un trato similar.  

Lucha en el sur de Italia
Segunda Batalla de Herdonea 210 a.C
En el 210 AC son nombrados cónsules Marco Claudio Marcelo que fue enviado queda en Italia y Valerio Levino por su buen comportamiento en Grecia, es enviado a Sicilia. El plan era recuperar el máximo número de ciudades posible y abandonar a su suerte a la ciudadela de Tarento. Sa había reducido la fuerza a solo 21 legiones.
Marcelo reunió en Sammnio su ejército consular de 4 legiones, el proconsul Cneo Fulvio Flaco tenía 2 legiones en Apulia, Quinto Fulvio Centúmalo 2 legiones en Hedonea y 1 legión en Capua.
Marcelo en Samnio tomó al asalto la ciudad de Maronea. Tras eso prosiguió en la misma zona conquistando de la misma forma la ciudad de Meles donde apresó una guarnición cartaginesa de 3.000 hombres y abundante botín.
El ejército del procónsul Fulvio Centúmalo desarrolló una campaña de saqueo en torno a Herdonea, la cual esperaba que termine rindiéndose o cambiando de bando. Enterado Aníbal del desdén y negligencia de la ciudad, decidió salir del Brucio a marchas forzadas con tropas ligeras, dejó su equipaje en un lugar seguro en Brucio, donde habían estado acampado, y tomando una fuerza de unos 30.000 hombres, de los cuales 6.000 eran jinetes, avanzó en una marcha rápida a Herdonia, dirigiéndose al campamento de Fulvio, formando las fuerzas en línea de batalla.
Aníbal nada más llegar y aprovechando que era una mañana de niebla, formó su infantería en dos líneas y delante infantería ligera, y en las alas la caballería también en tres líneas, las dos posteriores con un jinete ligero detrás.
Centúmalo aceptó la batalla, y formó sus fuerzas unos 20.000 infantes y 2.000 jinetes en dos líneas para cubrir el frente de Aníbal, la legión V y otra aliada a vanguardia y la VI y otra aliada a retaguardia, con los jinetes en las alas y los vélites en vanguardia.
Segunda Batalla de Herdonea 210 AC. Se enfrentaron los ejércitos de Aníbal y el de Fulvio Centúmalo que resultó aniquilado

La batalla comenzó con el avance de la infantería en ambos lados, los jinetes permanecieron in situ. Viendo que el general romano estaba exclusivamente dedicado a su línea de infantería, Aníbal ordenó las primeras líneas de caballería cargar contra la caballería romana, mientras la segunda y la tercera líneas de caballería númida del ala derecha, envolvían y atacaban la retaguardia romana, el ala izquierda hacía lo mismo pero atacaba el campamento romano.
Al percibir esto, Aníbal redobló sus esfuerzos, y el ejército romano fue completamente derrotado. El procónsul y once legados murieron en la acción junto con unos 10.000 hombres más (se dice de 8.000 a 13.000 y otros autores lo elevan a 17.000). De los que consiguieron escapar, 3.000 fueron capturados por la caballería y solo se reintegraron a las filas romanas 4.344 hombres.
Tras esto Aníbal destruyó la ciudad de Herdonia, ejecutó a los partidarios romanos y evacuó a la población a Metaponto (Lucania) y Thurium (Brucio), temeroso de que en cuanto se marchase se plasmase traición. 

Batalla de Numistro 210 a.C
Enterado Marcelo de lo sucedido se encaminó con su ejército consular en busca de Aníbal, lográndole interceptar cuando se encontraba acampado en Lucania en la localidad de Numistro (en las proximidades de la actual Muro Lucano), acampando frente al campamento de Aníbal, éste tenía su campamento en una elevación mientras los romanos lo situaron en un llano situado junto a la población.
Al día siguiente Marcelo formó sus tropas, desplegó sus legiones en 2 líneas, cada una con una legión romana y una aliada (la I delante y la III detrás), en sus alas situó la caballería y a vanguardia los vélites.
Batalla de Numistro 210 a.C. Entre Aníbal y Claudio Marcelo, fue una batalla de desgaste que acabó en tablas

Aníbal aceptó el reto y desplegó su ejército, la infantería en dos líneas con los elefantes entre ambas, en la primera línea situó los hispanos e italianos, y en la segunda galos y africanos, en las alas la caballería, mucho más numerosa el ala derecha, a vanguardia situó los honderos y escaramuceadores.
La batalla comenzó entre los vélites y los honderos, los elefantes pasaron a vanguardia e iniciaron la carga, seguidos de la primera línea al parecer sin mucho éxito.
Las primeras líneas estuvieron combatiendo hasta el atardecer, en que fueron relevadas, se hizo de noche sin que ninguno de los contendientes obtuviese ninguna ventaja, y el combate se interrumpió debido a la falta de luz.
La batalla desde luego fue una batalla de desgaste con muchas bajas, no se habla de la actuación de la caballería, lo que implica un frente estrecho, en la que los romanos tuvieron muchos heridos, posiblemente con el choque de los elefantes.
Al día siguiente los romanos volvieron a salir al campo de batalla, estuvieron desplegados desde el amanecer hasta avanzado el día, pero los cartagineses rehusaron el encuentro.
Esa misma noche Aníbal emprendió la huida. Marcelo dejó una guarnición en la localidad y a sus heridos y salió en persecución del púnico que se dirigió hacia Apulia. En las cercanías de Venusia se produjeron escaramuzas entre ambos ejércitos, trás lo cual prosiguieron las operaciones en Apulia sin que se conozcan más combates. 

Batalla de Asculum 209 a.C
En el 209 salen elegidos cónsules el propio Fulvio Flaco y Fabio Máximo. El inicio de operaciones parece ser en el Brucio cuando el contingente de 8.000 hombres de Regio, tras la conquista total de Sicilia por Levino, reclutó a unos 4.000 mercenarios que mandó a Regio. Comenzaron a asolar la campiña alrededor de Caulonia. Culminada esta operación iniciaron el asedio de la ciudad.
Aníbal posiblemente había invernado en Apulia, donde se encaminó a Canusio tratando de rebelar su población. Marcelo que había debido acampar en la misma provincia, sacó sus tropas de los cuarteles de invierno y se dirigió en persecución de Aníbal. Éste trato de evitar el enfrentamiento levantando su campamento y alejándose del lugar, pero finalmente es alcanzado por Marcelo que comenzó una refriega cuando el púnico estaba fortificando su campamento. Tras esta primera escaramuza que finalizó al acabarse la luz, ambos ejércitos acamparon.
Al día siguiente Marcelo ofreció batalla y Aníbal la aceptó. Desplegaron a ambos lados del camino de Asculum a Herdonea. Marcelo formó su ejército en dos líneas, con la caballería a los flancos. Aníbal formó también en dos líneas con los elefantes entre ambas y la caballería en las alas.
Batalla de Asculum 209 a.C entre Aníbal y Claudio Marcelo con victoria romana

Tras dos horas de duros combates, los púnicos comienzan a ganar terreno y el la legión del flanco derecho romana cedió. Marcelo trató de relevarlos pero la maniobra fue un fracaso y se produjo una desbandada que se saldó con 2.700 legionarios, y centuriones y 2 tribunos muertos.
Al día siguiente, tras exhortar a sus hombres, Marcelo volvió a ofrecer batalla que fue aceptada por Aníbal. El despliegue fue similar al día anterior, la caballería de las alas eran mandadas por sus legados Cayo Claudio Nerón y Lucio Cornelio Léntulo mientras en el centro fue el propio Marcelo quien coordinaría los movimientos.
La batalla permaneció igualada hasta que Aníbal ordenó la carga de elefantes que tuvo un éxito inicial, el tribuno romano Décimo Flavio levantó la enseña y consiguió restaurar la situación, consiguiendo repeler a los elefantes que empezaron a causar daños en las filas púnicas.
Romanos atacando a elefantes púnicos. Autor Ángel García Pinto 

Aprovechando la confusión, ordenó contraatacar y lo hicieron con tanta furia que hicieron retroceder a los púnicos, provocando la desbandada hacia su campamento. Marcelo ordenó a su caballería cargar tras ellos. En la puerta del campamento cartaginés murieron dos elefantes ralentizando la entrada, lo que facilita la labor de los romanos. La batalla se saldó con 3.000 muertos en las filas romanas y 8.000 y 5 elefantes en las púnicas de acuerdo a Livio y Plutarco. Esa misma noche Aníbal marchó hacia Brucio, para levantar el asedio de Caulón, mientras Marcelo permaneció en la zona debido al gran desgaste que han sufrido sus tropas. A comienzos de verano Marcelo desplaza a su ejército desde Canusio a Venusia, permaneciendo allí el resto del año.
Mientras Fabio había lanzado un ataque sobre Manduria, la cual logró tomar capturando una guarnición de 4.000 hombres. Tras seis días de sitio y ayudado por un traidor, consiguió entrar en la ciudad, capturando 30.000 prisioneros y abundante botín. A continuación se dirigió a Tarento.
Enterado Aníbal del asedio de Tarento por fuerzas desde el Brucio acudió a socorrerlos con el mayor ejército que pudo reunir, llegando tarde por muy poco. Trás permanecer en la zona varios días desistió y marchó a Metaponto donde trató de emboscar a Fabio urdiendo una estratagema en la que finalmente el veterano cónsul no cayó. Finalmente regresó a Brucio. 

Publio Cornelio Escipión en Hispania (210 – 206 a.C)
Llegada de Publio Cornelio Escipión
Publio Cornelio Escipión llegó a Hispania en 210 AC al mando de 10.000 infantes y 1.000 jinetes, y pasó el invierno organizando su ejército en Tarraco (Tarragona), estimándose sus fuerzas totales en 28.000 infantes, 3.000 jinetes y 35 barcos, al tiempo que organizaba el ataque sobre Cartagena. Sus enemigos eran tres generales cartagineses, Asdrúbal Barca que estaba en el centro de la península, Magón Barca que estaba cerca de Gibraltar y Asdrúbal Giscón en la desembocadura del río Tagus (hoy Tajo), las tropas púnicas rondarían los 60.000 hombres. Los tres se encontraban a más de 10 días de distancia de Cartagena.

Toma de Cartagena (209 a.C)
En la primavera del 209 a.C, Escipión partió de Tarraco a Sagunto, en dirección a Cartago Nova (Cartagena), puso la flota bajo mando de su amigo Cayo Lelio, a quién confió sus planes y él mismo se puso al frente de las fuerzas de tierra y avanzó hacia el sur a marchas forzadas. Avanzó con 25.000 infantes y 2.500 jinetes (de estas fuerzas 5.000 era aliados hispanos). Dejó para guarnecer el norte del Ebro a Silano con 3.000 infantes y 300 jinetes.
Avanzó rápidamente por tierra el ejército, y por mar la flota que posiblemente llevaba los pertrechos para que las legiones fuesen más ligeras. Ambos progresaban al mismo ritmo pues debían converger por sorpresa sobre el objetivo. En siete días los romanos partieron de Sagunto y se plantaron ante Cartago Nova (280 km), lo que da una media de 40 km al día, el ejército acampó junto a la colina de Ares, utilizándola como defensa natural del lado de la ciudad y hacia el exterior construyó una trinchera defendida con un terraplén y seguramente algún tipo de empalizada.
Cartago Nova (Cartagena) en el 210 AC, a la derecha ataque romano a la ciudad en el 209 a.C. 

Cartago Nova la principal base púnica de operaciones en Hispania. La ciudad se hallaba repleta de caudales (unos 600 talentos se encontraban en esos momentos en sus arcas) y de suministros bélicos, también mantenían allí a 300 rehenes de todas las tribus hispanas de dudosa fidelidad. En el momento de su conquista la ciudad albergaba en su rada una flota de 73 navíos de carga y 16 de guerra. La población sería de unos 13.000 ciudadanos libres (en su gran mayoría no púnicos), entre ellos 2.000 artesanos especialistas en las más diversas tareas como carpinteros, herreros, armeros etc, etc., también y temporalmente se encontraban allí 15 senadores de Cartago y 2 del consejo de los ancianos, la población se completaba con un número indeterminado de miles de esclavos y la guarnición propiamente serían 1.000 hombres, en total habría unas 20.000 personas.
Conquista romana de Cartagena (Cartago Nova) 209 a.C, a la izquierda llegada de Escipión a la ciudad, a la derecha Magón el comandante cartaginés de la plaza observando a los romanos. Autor Ángel García Pinto 

Escipión desplegó su campamento en el istmo, aislando de esta manera la ciudad. Para evitar posibles ataques cartagineses del exterior, se levantó una empalizada y excavó un foso doble, se trataba de una labor de fortificación entre ambas playas (una laguna interior que ya no existe y el mar). La flota romana, bajo el mando de Cayo Lelio, bloqueó la salida al mar y así Cartagena se encontró sin vías de ayuda del exterior.
Al día siguiente Escipión hizo situar las naves frente a la muralla sur y eligió 2.000 hombres para que un asalto con escaleras y escalas por la puerta de la ciudad, mientras que la flota había equipada con artillería de todo tipo, debía realizar un bombardeo sobre la ciudad.
En el interior de la ciudad, a los 1.000 mercenarios con los que contaba Magón (comandante púnico) se sumaron 2.000 ciudadanos armados que fueron concentrados en la puerta oriental de la ciudad, frente al istmo, lugar por donde se esperaba el ataque romano. De los 1.000 mercenarios, 500 fueron situados en el monte Molinete (la zona del Almarjal, conocida como Arx Hasdrubalis) y los 500 restantes en el monte Concepción (la colina de Esculapio), en la zona que daba al mar. Los restantes ciudadanos actuarían allí donde fuera necesario.
Contra todo pronóstico, Magón ordeno una salida contra los que atacaban por el istmo, este ataque, realizado por tropas realmente combativas puso en aprietos a los romanos, Escipión decidió replegar sus fuerzas hacia atrás para poder contar con los refuerzos y alejar a los cartagineses de las murallas. Tras un tiempo en que el combate estuvo igualado, los romanos cada vez eran más fuertes y los defensores, viendo que no podían hacer nada, decidieron retirarse, siendo perseguidos por los romanos. Al llegar a la estrecha puerta de acceso a la plaza, viéndose de tal manera acosados, se amontonaron sufriendo un gran número de bajas.
Conquista romana de Cartagena (Cartago Nova) 209 a.C (1), a la izquierda Cayo Leio dirigiendo la flota romana, a la derecha soldados cartagineses de la plaza. Autor Ángel García Pinto 

Sin embargo, este primer ataque no logró el objetivo y Escipión ordenó un segundo ataque más tarde ese mismo día, con la novedad de destacar un contingente de 500 soldados al norte de la laguna, que con la bajamar era vadeable según le habían contado unos pescadores.
Escipión ordenó un ataque general por toda la muralla terrestre, la infantería utilizó la formación en testudo (cubierta por los escudos a modo de tortuga) para acercarse a las murallas, llegando a la puerta sobre la que descargaban ahora golpes de hacha y azada. Viendo en peligro la muralla terrestre, Magón mandó acudir a todas las fuerzas, desguarneciendo el resto de las murallas.
Asalto romano a Cartagena (Cartago Nova) 209 a.C. Las fuerzas de Escipión atacando la puerta de la ciudad. Autor Adam Hook 

Al mismo tiempo que los emboscados de la laguna, comenzaron a cruzarla, llegando al pié de las murallas que eran más bajas y que estaban desguarnecidas en esos momentos, sin oposición escalaron las murallas y a continuación un grupo se dedicó a sembrar confusión, mientras que otro se dirigió a la puerta principal para tomarla. Una vez tomada la abrieron y entraron los soldados estaban en el exterior.
Asalto romano a Cartagena (Cartago Nova) 209 a.C. Izquierda las tropas de Escipión asaltando la muralla desde la laguna, a la derecha saqueo de la ciudad por las tropas romanas. Autor Ángel García Pinto

Al mismo tiempo, las fuerzas navales consiguieron penetrar en la ciudad por el sur y en poco tiempo la ciudad cayó menos la ciudadela, donde se había refugiado Magón con algunos. Negoció entregarse él y su guarnición a cambio de garantías sobre su persona.
La conquista de la ciudad proporcionó al ejército de Escipion innumerables materiales como catapultas grandes (120?), pequeñas (280?), escorpiones grandes y pequeños, armas arrojadizas y proyectiles, 18.300 libras de plata además de gran cantidad de vajilla de plata, unas 250 de oro, la captura de la flota cartaginesa de 16 navíos de guerra y 73 de carga, barcos estos que transportaban diferentes mercancías de trigo, armas, bronce, esparto, lienzo y demás material para la construcción naval que se exportaba a Cartago, el total de trigo se elevaba a 400.000 modios, el de cebada a 270.000. En definitiva, un botín que vino a suplir las muchas carencias que el ejército romano en Hispania sufría desde hacía ya muchos años.
De los casi 10.000 prisioneros, los ciudadanos fueron puestos en libertad, los artesanos unos 2.000 fueron convertidos en esclavos públicos, pero se les prometió la libertad al final de la guerra. De los prisioneros restantes, esclavos en su mayoría, fueron escogidos los más aptos para servir como remeros en la flota romana. Los 300 rehenes en manos cartaginesas, recibieron un trato amable, dándoles la oportunidad de volver libres a sus casas, todos los rehenes eran personas socialmente cualificadas (la mujer y los hijos del rey edetano Edecón, una bellísima hispana que era esposa de Mandonio, el hermano de Indíbil, rey de los ilergetes, etc.). Gestos como éste aseguraron a Escipión que los hispanos se pasaran a su bando abandonando el cartaginés.
Gracias al control de Cartago Nova se dominaban las minas de plata y la producción de sal de la zona, privando con ello a los púnicos de recursos para pagar a sus mercenarios. También se hicieron con el control absoluto del mar. 

Batalla de Baecula (208 a.C)
Escipión regresó a Tarraco sin ser molestado, donde permaneció durante el resto del año, ya que sus fuerzas no eran lo suficientemente numerosas para enfrentarse al enemigo en el campo de batalla, y estaba ansioso por fortalecer alianzas con los jefes hispanos.
Su siguiente objetivo era apoderarse de la cuenca minera de Sierra Morena, controlada desde la ciudad de Cástulo, y que unida a las minas de plata que le había proporcionado la toma de Cartago Nova, constituían una importante fuente de recursos que los púnicos necesitaban para pagar a sus tropas mercenarias. El ejército de Asdrúbal acampaba en las proximidades de Cástulo. Escipión tenía conocimiento, a través de sus espías, de que la intención del cartaginés era acudir a Italia en ayuda de su hermano Aníbal, por lo que era imprescindible una rápida intervención que lo impidiera.
En los primeros días de la primavera del 208 a.C se encaminó hacia el sur, sabiendo que sus espaldas estaban protegidas y que en caso de peligro (que se unieran los ejércitos púnicos) podría refugiarse en Cartago Nova. Sin dar tiempo a que pudieran unírsele Magón, desde el sur, o Asdrúbal Giscón, desde el oeste, avanzó con rapidez sobre las posiciones del bárquida, quien, enterado de la llegada de Escipión, decidió cambiar de sitio su campamento buscando un emplazamiento más seguro y fácil de defender. La nueva ubicación para las tropas la encontró en las proximidades de Baécula, ubicada en la parte alta del río Betis (Guadalquivir) muy cerca de Cástulo.
Batalla de Baécula 208 a.C. Comandantes de la batalla. A la izquierda Asdrúbal Giscón, a la derecha Publio Cornelio Escipión. Autor Pablo Outeiral 

Tras conocer el acercamiento de los romanos, Asdrúbal trasladó su campamento a una posición muy sólida para su defensa, en lo alto de una meseta escarpada en el sur de Baecula, protegida por valles en los flancos y el río en el frente y la retaguardia. Además, la meseta estaba formada por dos escalones, y Asdrúbal colocó sus tropas ligeras y honderos en el escalón más bajo y su campamento principal en la parte más alta.
Tras su llegada, Escipión primero dudó sobre cómo atacar una posición tan fuerte, pero a sabiendas de que los otros dos ejércitos cartagineses podían aprovecharse de su inacción para unir sus fuerzas con Asdrúbal, decidió actuar el tercer día.
Antes de lanzar su ataque principal, Escipión envió dos cohortes bloquear las entradas al valle, separando los dos ejércitos que se encontraban en camino hacia Baecula, consiguiendo proporcionar seguridad a su fuerza principal a la vez que cortaba cualquier opción de retirada del ejército cartaginés.
Una vez que finalizó este despliegue preliminar, mandó los vélites y parte de su infantería contra las tropas ligeras cartaginesas, el resto de las tropas estaban preparadas dentro del campamento para intervenir cuando fuese necesario. A pesar del desnivel y de la lluvia de proyectiles, los romanos tuvieron dificultades para conseguir hacer retroceder a las tropas ligeras cartaginesas, pero una vez que lograron entablar un combate cuerpo a cuerpo no tuvieron dificultades en ponerlas en fuga.
Batalla de Baecula 208 a.C. A la izquierda auxiliares samnitas en el ejército romano, a la derecha hispanos del ejército cartaginés. Autor Pablo Outeiral 

Tras reforzar a su fuerza principal, Escipión hizo desplegar un ataque en forma de tenaza contra los flancos del campamento principal cartaginés. Para ello, ordenó a Cayo Lelio que dirigiese a la mitad de la infantería pesada hacia la derecha de la posición enemiga, mientras que él mismo dirigía el ataque sobre la izquierda.
Batalla de Baecula 208 a.C, despliegue de fuerzas. 

Asdrúbal, mientras tanto, tenía la impresión de que el ataque romano no era más que una pequeña escaramuza, debido a que Escipión había ocultado a su ejército principal en el campamento hasta el momento del ataque final. Por ese motivo fracasó en desplegar adecuadamente a su ejército principal, y se vio envuelto en el ataque envolvente romano.
Batalla de Baecula 208 a.C. Primeras escaramuzas. Autor Albert Álvarez Marsal 
A pesar de haber caído en la trampa, Asdrúbal fue capaz de retirarse del campo de batalla con sus elefantes, su caravana de suministros y gran parte de sus tropas. Parece que sus principales pérdidas en la batalla se centraron en gran parte de sus tropas ligeras y de aliados hispanos. Esto se debió en gran parte al hecho de que los legionarios romanos prefirieron detenerse a saquear el campamento cartaginés en lugar de perseguir a Asdrúbal.
Las bajas fueron de 8.000 incluidos muertos y prisioneros del ejército cartaginés. Y que por lo tanto, Asdrúbal debió conservar un tercio o incluso tres cuartas partes del ejército.
Asdrúbal escapó presumiblemente hacia el Norte, siendo la salida natural el paso de Despeñaperros, e informó de sus planes a los otros dos generales púnicos. Atravesaría la Celtiberia y los Pirineos Occidentales, lejos del territorio bajo control romano, intentando pasar desapercibido.
En la campaña de 207 la participación de Escipión fue menor, limitándose simplemente a acosar a Asdrúbal Giscón, dejando en manos de sus lugartenientes, Marco Julio Silano y su hermano Lucio Escipión, las acciones militares. Silano al mando de dos legiones sofocó la revuelta de los pueblos celtíberos soliviantados por Magón. Lucio con dos legiones y mil jinetes asedió y consiguió la rendición de Oringis (posiblemente la actual Jaén).
Batalla de Ilipa (206 a.C)
Tras la derrota cartaginesa en la batalla de Baecula, Escipión controlaba toda la anterior zona de influencia cartaginesa en la Península Ibérica, excepción hecha del Valle del Guadalquivir, donde los púnicos habían acumulado una gran cantidad de tropas traídas de África y de mercenarios ibéricos con el fin de detener el avance romano. Todas estas fuerzas acamparon junto a la antigua ciudad turdetana de Ilipa, en espera de que los romanos les presentaran batalla en condiciones favorables.
A su vez, Escipión el Africano había salido de Tarraco, recabando apoyos y clientelas entre las tribus hispanas, de forma que llegó al valle del Guadalquivir con 45.000 infantes y 3.000 jinetes, una fuerza inferior a la cartaginesa, aunque con una gran moral de victoria. Escipión instaló su campamento, a poco más de dos kilómetros al oeste de la actual localidad de Villaverde del Río. La decisiva batalla se produjo en el lugar conocido como “Vado de las Estacas”, cerca de la ciudad de Ilipa.
Batalla de Ilipa 206 AC. Movimientos previos a la batalla 

El comandante de las tropas púnicas en esa batalla fue Asdrúbal Giscón, que comandaba un ejército superior en número al de los romanos: 50.000 infantes, 4.000 jinetes y 32 elefantes. Asdrúbal colocó a los infantes africanos en el centro y a sus lados a los aliados hispanos. Como era costumbre, dispuso la caballería en ambas alas, detrás de los elefantes.
Durante varios días ambos ejércitos desplegaron frente a frente y, tras observarse toda la jornada, se retiraban a sus campamentos. Romanos y púnicos colocaban sus mejores tropas en el centro con los hispanos en los flancos.
Finalmente Escipión se decidió a dar batalla, utilizó la estratagema de salir del campamento muy temprano, sus tropas habían desayunado previamente. Sacó a los jinetes romanos y a los velites y los dirigió al campamento cartaginés; detrás de ellos iba el resto del ejército en columnas que formaron una línea de combate, pero esta vez puso los romanos e itálicos en los flancos y los hispanos en el centro.
Los cartagineses sorprendidos por el madrugón romano, desplegaron a toda prisa y de la forma habitual, en ayunas sin haber desayunado. Asdrúbal frenó la avanzadilla con sus jinetes y tropas ligeras; más tarde todo el ejército se colocó en posición de batalla. Durante horas, ambos ejércitos estuvieron realizando escaramuzas.
Batalla de Ilipa 206 a.C. Despliegue de fuerzas 

Asdrúbal en el ala derecha la caballería hispana (2.000) y delante 16 elefantes. En el centro puso los aliados hispanos (10.000), a continuación la  tropas cartaginesas (20.000) y a continuación    aliados hispanos y mercenarios africanos (10.000). En el ala izquierda la caballería númida (2.000) y delante 16 elefantes.
Escipión colocó la caballería romana (1.500) en su ala izquierda, delante unos 2.000 vélites. En el centro puso 2 legiones (8.000), a continuación los aliados e hispanos (20.000) y las otras dos legiones (8.000). En su ala derecha situó la caballería aliada (1.500) y delante 2.000 vélites.
 La batalla se inició con el taque simultáneo de las alas púnicas, que avanzaron contra los velites, estos  iniciaron la batalla arrojando lanzas contra los elefantes, que huyeron asustados y heridos por los proyectiles, a continuación se produjo el choque de las caballerías.  Los romanos a pesar de ser inferiores en número aguantaron.
Batalla de Ilipa 206 a.C: Carga de los elefantes púnicos

Batalla de Ilipa 206. Los elefantes púnicos cargan contra las legiones. Autor José Ferré Clauzel.


En el centro, los legionarios que estaban en los flancos atacaron con fuerza a los hispanos que se defendieron ferozmente. Los africanos del centro del ejército cartaginés estuvieron largo rato sin entrar en batalla, observando como las legiones atacaban con gran determinación empezando a hacer retroceder a los hispanos. El cansancio y la falta de alimento hicieron mella en la capacidad combativa de los hispanos, a pesar de su gran número, las legiones siguieron presionando y el retroceso de los hispanos en los flancos, originó que el centro donde estaban los africanos, tuviera que replegarse para rehacer la línea. Escipión dio la orden a sus hispanos de atacar a la falange africana que había perdido cohesión durante el repliegue. 
Batalla de Ilipa 206 a.C. A la izquierda las formaciones hispanas que se encontraban en los flancos del despliegue púnico, reciben el ataque de las legiones romanas, a la derecha legionarios romanos que ocupaban los flancos del despliegue romano. Autor Pablo Outeiral 

La línea cartaginesa se desmoronó, y comenzaron a retirarse, en un primer momento en buen orden, pero a continuación se produjo una desbandada hacia el campamento que se encontraba en una colina. Se podría haber producido una matanza que podría haber rivalizado con la de Cannas, pero se evitó por una tromba de agua que cayó súbitamente, lo que provocó la suspensión de todas las operaciones, permitiendo a los restantes cartagineses buscar refugio en su campamento.
Aunque temporalmente estaban a salvo en su campamento, los cartagineses no podían descansar. Frente al ataque romano inevitable se produciría a la mañana siguiente, se vieron obligados a reforzar sus defensas. Pero, a medida que más y más mercenarios ibéricos abandonaban el campamento, cuando la noche estaba avanzada, Asdrúbal intentó escapar con sus hombres que le quedan aprovechando la oscuridad.
A la mañana siguiente, Escipión ordenó de inmediato ir tras ellos. Dirigidos por la caballería, todo el ejército romano fue tras las fuerzas de Asdrúbal. Cuando los romanos finalmente alcanzaron a las fuerzas cartaginesas, Asdrúbal solo contaba con sólo 6.000 hombres, huyeron en una cima de la montaña sin ningún tipo de suministro de agua, donde se atrincheraron.
Asdrúbal Giscón optó por fugarse, escapando una noche hasta la costa en donde la flota le recogió y llevo a Gades. Escipión, una vez informado de la huida del cartaginés dejo a Silano con un contingente de 11.000 hombres para proseguir el cerco de la posición enemiga (en la que todavía se encontraba Magón) y él se retiró a Tarraco con el resto del ejército en donde deseaba atender algunos asuntos referentes a los aliados. Asdrúbal, una vez en Gades, envío de nuevo a la flota a recoger a Magón Barca quién de esta forma también abandonó a las cercadas. Abandonados a su suerte, los cartagineses se rindieron.
Las bajas cartaginesas fueron 8.000 muertos y 10.000 prisioneros.
Tras la gran derrota, los aliados hispanos comienzan a abandonar el ejército cartaginés y Asdrúbal Giscón se retiró a África, y Magón se retiró a las Baleares, donde empieza a reclutar un nuevo ejército.
Escipión embarcó en una quinquerreme escoltada a su vez por otra, se dirigió hacia el puerto númida más cercano para entrevistarse con el rey númida Sifax, dándose la casualidad, que en ese mismo lugar se encontraba atracado Asdrúbal Giscón con siete navíos de guerra, quienes al apercibirse de la llegada de estos dos barcos romanos no tuvieron tiempo de armar y embarcar a las tripulaciones, por lo que los romanos atracaron en el mismo puerto protegidos ambos por las autoridades locales, ya que siendo un puerto de tan importante rey, ni Asdrúbal ni Escipión se podían atrever a crear un tumulto en el sin temor a ofender a tan importante personaje, mas, cuando el objetivo de la presencia de ambos líderes era la de entrevistarse con él.
Finalmente, pese a la alianza que mantenía Sifax con los cartagineses, se selló un principio de acuerdo entre Escipión y el númida, tras lo que el general romano regreso a sus barcos y de allí, tras cuatro días de navegación, a Carthago Nova.
De vuelta en Hispania, Escipión se aplicó a la tarea de someter a alguna de las ciudades de las que todavía se desconfiaba, tanto por su poder como por sus anteriores hechos. Entre estas destacaban Cástulo e Iliturgis, Cástulo.

Intento de conquista de Gades (Cádiz) 206 a.C
Escipión ideó un plan para atacar Gades (Cádiz) con la complicidad de algunos de los dirigentes de esta ciudad, a tal efecto despachó L. Marcio con un ejército reducido y sin bagajes para aumentar así su rapidez de movimientos, que dirigiéndose a lo largo del valle del Guadalquivir llegó hasta su desembocadura, donde casualmente encontró a al general cartaginés Hannón que se encontraba en el lugar reclutando mercenarios por orden de Magón Barca, disponía entonces de 700 jinetes y 6.000 infantes ( de los que unos 4.000 serían hispanos, el resto africanos), Marcio les ataco y les hizo refugiarse en una colina, Los mercenarios estaban deseosos de llegar a un acuerdo. Marcio les pidió que entregasen a su general Hannón. Lo aceptaron y cumplieron su petición. Después el romano pidió los prisioneros que tenían retenidos, también se los dieron, por último les pidió dinero y que bajasen de la colina al llano, en donde se formalizaría el acuerdo final. Una vez que los mercenarios bajaron de la colina, L. Marcio les expuso la última de sus condiciones, la entrega de sus armas y podrían entonces podían retirarse a sus ciudades de origen. La indignación se apodero de los celtíberos que gritaron que no entregarían sus armas, por lo que se llegó al combate en el que tras haber opuesto una feroz resistencia, cayeron la mitad de los mercenarios, los otros pudieron retirarse junto a Magón Barca que llegó oportunamente a la costa al frente de una flota de 60 navíos con los que recogió a los mercenarios huidos.
Ataque contra Gades (Cádiz) y pacificación de la Turdetania 206 a.C
Entre tanto, Lelio al mando de una pequeña flotilla de un quinquerreme y siete trirremes llegó hasta el puerto de Carteia, en el estrecho, en donde volvió a recibir a los ciudadanos púnicos que estaban confabulados para, con el consentimiento de los principales de Gades, dieran acceso a la ciudad a los romanos. No se sabe cómo, pero la conjura fue descubierta por Magón Barca y sus responsables detenidos, encadenados y deportados a Cartago, del gobernador de la guarnición de Gades, Aderbal, les envió en una quinquerreme primero y más tarde alcanzando el barco con una escolta de 8 trirremes se dispuso a cruzar el estrecho.
En cuanto esta flotilla púnica fue divisada desde Carteia, la flota de Lelio salió rápidamente al combate, eso sí, dejando pasar primero a la quinquerreme que marchaba en cabeza ya que debido a las fuertes corrientes era virtualmente imposible que esta diese media vuelta para enfrentarse a los atacantes. Así, Lelio sorprendió a Aderbal quien se vio empujado a la lucha debido a que las corrientes hacían imposible cualquier maniobra de huida e incluso de batalla. El choque fue caótico pues las trirremes de ambos contendientes maniobraban con muchas dificultades, sin embargo las embestidas fueron numerosas y el combate se generalizo luchando bravamente ambos bandos. Sin embargo, algo vino a descompensar el encuentro, la quinquerreme romana de Lelio, al ser un barco pesado y con más remeros, pudo moverse tácticamente con más comodidad y embestir a las trirremes enemigas hundiendo dos de ellas e inmovilizando una tercera y hubiese arrollado a las demás si Aderbal, dándose por vencido, no hubiese puesto proa a la costa africana desentendiéndose del combate. Lelio volvió a Carteia en donde fue informado de que la conjura en Gades había sido descubierta y que sus responsables habían sido enviados a Carthago, así las cosas recibió de Escipión la orden de retirarse.

Rebelión de Sucro y de los ilergetes
Escipión cayó enfermó, hasta tal punto parecía grave su enfermedad que se rumoreó que había muerto, entretanto L. Marcio asumió el mando del ejército.
Cuando todo parecía que estaba controlado en Hispania, la guarnición romana que se mantenía acuartelada en Sucro (en la desembocadura del río Sucro actual Júcar) y que vigilaba el norte peninsular, se le debían pagas atrasadas y se rebeló contra sus mandos. Estos hechos convencieron a los ilergetes Indíbil y Mandonio de que Escipión habría muerto, contactaron con los amotinados, se aliaron a ellos y no tardaron en reunir a los lacetanos, además de un buen número de los siempre belicosos celtíberos, atacando seguidamente el territorio de los suesetanos y los sedetanos, ambos aliados a los romanos y en esta tesitura abandonados por ellos.
Legionarios en Hispania durante la Segunda Guerra Púnica. A la izquierda un hastatus, en el centro un triario, a la derecha un vélite. Autor Angus McBride 

Escipión, una vez informado del núcleo de las reivindicaciones, hizo ver que se disponía a satisfacer a los soldados enviando aquí y allá a recaudadores para conseguir de los aliados la cantidad de dinero necesaria para cumplir con lo exigido por la tropa, mientras tanto se solicitó que los amotinados se dirigiesen a Cartago Nova de la manera que pudiesen, por grupos o en bloque, en donde se daría una salida a sus reivindicaciones. Preparó por entonces un ejército en la misma ciudad con el declarado objetivo de atacar a los régulos ilergetes sublevados, se acordó así mismo que los siete tribunos que habían estado en Sucro con los rebeldes volviesen junto a ellos y que cada uno de ellos de una manera diplomática se hiciese con las personas de cinco de los considerados cabecillas, para así, mediante algún subterfugio alejarlos de la tropa con cualquier excusa, como invitarlos a un banquete, a hacer noche como invitados en sus casas etc.
Esto último se llevó a cabo a la perfección, siendo aparte retenidos y encadenados. La tropa, que había decidido acudir junta a Cartago Nova como medida de autoprotección, se sintió aliviada al saber que el ejército que se armaba en la ciudad marcharía al día siguiente a combatir a los Lacetanos, así, pensaban, la ciudad y el propio general se encontrarían inermes ante su presencia. Tras llegar a su destino, a la caída de la tarde, se cruzaron dentro de la ciudad con el ejército que se preparaba para marchar a la guerra, fue en este momento cuando los cabecillas fueron separados de la tropa por los tribunos y encadenados, dejando así inerme a la multitud que poco después fue convocada por Escipión en asamblea, al mismo tiempo el ejército que salía de campaña se alejó en dirección a las puertas de la ciudad y en realidad lo que hizo fue detenerse en ellas, cerrarlas para que nadie saliese y desplegar guardias a lo largo de las diferentes entradas de la muralla.
Al llegar a la asamblea, los amotinados se mostraban arrogantes y poco comedidos, mostrando bien a las claras su atrevimiento y esperando así amedrentar al joven general. Cuando este apareció sobre la tribuna al mismo tiempo el ejército que se encontraba detenido a las puertas de la ciudad acudió armado y se desplegó alrededor de los amotinados, estos, por aquel entonces unos 10.000, inmediatamente se sumieron en la consternación y se asustaron, más, cuando el semblante del general se mostraba tenso y mostraba a las claras una indisimulada ira.
Permaneció un rato Escipión sin mediar palabra, sentado en la tribuna, ante la soldadesca, hasta que anuncio que traería al lugar a los promotores de la rebelión y que entonces comenzaría la asamblea. Así ocurrió, tras dirigirse largamente a la tropa, echando en cara no solo su rebelión si no el hecho de haber hecho causa común con los enemigos de Roma, Indíbil y Mandonio. Finalmente anuncio que la ofensa quedaría lavada con el castigo inmediato de los culpables, inmediatamente los soldados que rodeaban la asamblea de los amotinados cerraron filas y comenzaron a golpear sus escudos con las espadas, los soldados, aterrados, vieron como ahora se pronunciaban los nombres de los condenados y arrastrados desnudos al suplicio eran azotados con varas y seguidamente decapitados uno a uno, los pocos rebeldes que respondieron a los gritos de socorro de los convictos fueron muertos rápidamente por los soldados leales y así, tras la muerte de los 35 soldados considerados cabecillas de la revuelta, Escipión dio por zanjado el asunto de la rebelión.
Tras solucionar el problema en su ejército, Escipión se dispuso a castigar a los ilergetes que habían traicionado la alianza y que habían osado atacar a los otros pueblos aliados a Roma en la zona.
Indíbil y Mandonio, tras las noticias del fin del motín, habían regresado a sus territorios y se mantenían inactivos a la espera de que el general romano perdonase sus faltas, esperanza que tenían, pues había perdonado a sus propios soldados. Una vez confirmada la noticia de la atroz muerte de los responsables de la revuelta, armaron de nuevo a sus gentes pues no esperaban ya de Escipión ninguna medida de clemencia, el ejército ilergete y aliado marchó así al territorio sedetano (o puede que edetano) en donde mantenían un campamento atrincherado levantado en la última de sus incursiones meses atrás. Las fuerzas hispanas sumarían unos 20.000 infantes y 2.500 jinetes.
Escipión cruzó el Ebro y se dirigió contra los ilergetes. Ambos ejércitos se encontraron en un valle angosto, que no permitía desplegarse correctamente y que favorecía a los romanos que luchaban mejor cuerpo a cuerpo, y la caballería tampoco podía maniobrar.
Escipión dispuso la formación, y ordenó a Lelio, que con un grupo de jinetes diese un rodeo por las montañas que conformaban el valle, para atacar a los enemigos por retaguardia. Los hispanos fijados al frente por la infantería romana y con la súbita aparición de la caballería romana atacados también por retaguardia, fueron completamente derrotados. Los ilergetes que pudieron, escaparon por las montañas y con ellos Indíbil y Mandonio. Del ejército ilergete puede que solo se salvase un tercio de sus efectivos.
Escipión perdonó más tarde a los régulos hispanos que se avinieron de nuevo a la alianza y al pago de una compensación económica que el romano les exigió para hacer frente a los gastos de su ejército. El ejército romano se desplazó de nuevo hasta Turdetania, con la esperanza de concluir de una vez con la presencia de los cartagineses en la península, que estaban arrinconados en Gades. 

Campaña en Cerdeña (215 a.C)
En el 215 a.C Cerdeña se desencadenó una rebelión encabezada por un notable local llamado Hampsicora que pidió socorro a los cartagineses. Le mandaron una flota con un ejército de 12.000 infantes, 1.500 jinetes y 20 elefantes bajo mando de Asdrúbal Calvo, pero una tormenta les desvió a las Baleares. Tito Manlio fue reforzado por una legión romana (posiblemente urbana), armando también a sus marineros, y consiguiendo reunir un ejército de 22.000 infantes y 1.200 jinetes.
Sin perder tiempo se dirigió al campamento enemigo, Hampsicora estaba en ese momento reclutando rebeldes en otras partes de la isla. Su hijo Hosto, que había quedado al mando del campamento rebelde, debido a su imprudencia y falta de experiencia, fue incitado a presentar batalla y aceptó a pesar de que el enemigo claramente era superior. En la batalla murieron 3.000 sardos y otros 800 son capturados. El resto huyó a Cornus para unirse a Hampsicora.
Rebelión de Cerdeña 215 a.C.- El centurión Ennius (izquierda) lucha con Hosto, hijo de Hampsicora. Autor Giuseppe Rava

La flota púnica arribó finalmente a la isla desembarcó las tropas al oeste de la misma, retornando a Cartago. Manlio acude a interceptarlos, y cerca de Cornus acamparon ambos ejércitos, romano y sardo-cartaginés.
Los sardo-púnicos desplegaron los púnicos (12.000) a la derecha con su caballería (1.200) en el ala derecha y los sardos (10.000) a la izquierda con su caballería en el ala izquierda. Los romanos desplegaron con una legión en cada lado con aliados y su caballería (1.200) en las alas.
Se produjo la batalla campal, durante la cual el flanco sardo cedió ante el empuje romano, lo que permite a estos envolver contra las tropas púnicas que son atacadas por retaguardia y aniquiladas, muriendo 12.000 hombres incluido Calvo y siendo otros 3.700 hechos prisioneros entre ellos algunos jefes. Hampsicora huyó a Cornus, pero finalmente los romanos logran rendirla. Pacificado el territorio Manlio retornó a Roma con la legión de refuerzo.
Batalla de Cornus en Cerdeña 215 a.C. Las tropas sardo-púnicas bajo el mando del sardo Hammpsicora y cartaginés Asdrúbal el Calvo se enfrentan a los romanos mandados por Tito Manlio, con victoria romana. Autor Giuseppe Rava 

Guerra en Sicilia (215-210)
Levantamiento de Sicilia
En el 215 a.C, dos legiones que se encontraban en Sicilia fueron enviadas a Italia y son sustituidas por las los legiones V y VI formadas con los restos de Cannas, conocidas como las Legiones Malditas. En el reino de Siracusa se produjo la muerte del rey Hierón y el ascenso al poder de su hijo Gelo, que era pro cartaginés, pero su súbita muerte abortó el cambio de bando.
Subió al trono entonces el nieto Jerónimo (Hierónimo). Influenciado por sus tíos cambió de bando. Dos cartagineses Hipócrates y Epícides comenzaron a tentar pueblos con guarnición romana mientras el rey reunió un ejército de 15.000 hombres y marchó hacia Leontium. Allí fue asesinado, tomando el mando su tío Andranodoro que se declaraba pro cartaginés, comenzando la guerra en Sicilia de lo cual informó Apio Claudio Pulcro, dando cuenta de haber concentrado sus tropas junto a la frontera del reino siracusano.
En el 214 a.C, Publio Cornelio Léntulo se hace cargo de la parte occidental de Sicilia, heredando la parte occidental, mientras en la oriental sigue Apio Claudio Pulcro.
El senado ordenó a Claudio Marcelo que se trasladase con su ejército de 4 legiones incompletas a la parte occidental de la isla. Los romanos poseen igualmente una flota de 100 barcos lista para comenzar las operaciones junto a Siracusa. Una flota púnica se dirigió al cabo Pachynum. Los primeros acontecimientos conocidos sucedieron cuando una columna de 4.000 hombres mandados por Hipócrates atacó a las tropas mandadas por el pretor de la parte oriental de la isla, Apio Claudio Pulcro, causándole bajas importantes.
Marcelo trató de alcanzar una solución política con los notables siracusanos que gobernaban la ciudad para que Hipócrates y Epícides abandonasen la isla. Epícides acudió a la ciudad de Leontino y sublevó a la población. Los notables siracusanos, enviaron tropas para controlar la ciudad junto a efectivos romanos, pero estos últimos llegaron antes. Marcelo con su ejército y Apio Claudio con los suyos asaltaron la ciudad, huyendo Hipócrates y Epícides a la cercana Erbeso.
Marcelo ordenó ejecutar a 2.000 desertores romanos que estaban enrolados en las tropas ahora rendidas. El contingente siracusano enviado para controlar la rebelión de Leontino fue interceptado por un mensajero con el mensaje de que detuvieran su avance y se dirigieran a Megara Hybalea. Los jefes tras apartar a los sediciosos de la tropa trataron de tomar Erbeso a traición, adelantándose con la caballería pero fracasaron y retornaron a Megara Hybalea. Con el grueso de las tropas marcharon asaltar la ciudad nuevamente pero fueron interceptados por Hipócrates y Epícides que los convencieron para no cumplir las órdenes, por lo que sus jefes los llevaron de vuelta a Megara Hybalea.
Llegados a Siracusa consiguieron hacerse con el favor popular y el control de la ciudad, asesinando a los notables que la gobernaban y siendo ellos elegidos nuevos pretores, apresando un cuatrirreme romano en el puerto y la delegación que iba en él. 

Primer asalto a Siracusa 213 a.C
Marcelo levantó su campamento en Leontino y se dirigió a Siracusa. El ejército romano, divido entre la flota y el ejército de tierra se acercó a Siracusa, por tierra hasta el Olympieion, en donde establecieron el campamento fortificado, y por mar se fondeo frente a la ciudad, evitando de esta manera que la flota cartaginesa desde el exterior o bien la propia siracusana intentasen alguna maniobra.
Situada en una envidiable posición, durante la etapa del tirano Dionisio fue totalmente fortificada la meseta de Epipolae así como otras obras defensivas menores, ya que durante la etapa de Hierón II, se dedicaron grandes recursos a reforzar el perímetro defensivo de la urbe (con un total de 22 km de muralla), y en una última etapa en esta tarea, confiando el diseño de las nuevas construcciones al singular Arquímedes, que construyó originales aspilleras de casi medio metro, desde donde los defensores acribillaban a los asaltantes con toda clase de proyectiles. En los tramos en que la muralla discurría en terreno llano, las dotó con catapultas y escorpiones para que la muralla no pudiese ser expugnada a la fuerza.
Tras inspeccionar el perímetro defensivo, Marcelo escogió un tramo de la muralla bien alejado del corazón de la ciudad y que al mismo tiempo permitía el ataque por tierra de una forma más adecuada que otros lugares. El ataque terrestre se realizó sobre el pórtico Escitico, cerca del puerto de Trogilos y en donde la muralla tocaba con el mar. Al mismo tiempo la flota, mandada por el propio cónsul, atacaría la Achradina desde el mar, disponiendo de 60 quinquirremes abordo de las cuales se encontraban gran número de arqueros y vélites, que con sus proyectiles mantenían a los siracusanos fuera de las almenas, se acercaban al punto junto a las murallas ocho quinquirremes más unidas de dos en dos, a tal efecto se les habían quitado los remos por los lados en que las unían. Sobre estas se levantaban un total de cuatro sambucas (escalera móvil cubierta).
Primer asalto romano a Siracusa 213 a.C 

Durante el primer asalto, Arquímedes defendió la muralla instalando catapultas de diferente alcance, cuando los romanos se encontraban lejos los bombardeaba con proyectiles y cuando estaban cerca armas de tiro directo tiro como ballistas. Marcelo desistió de acercarse a la muralla al menos de día, planifico él mismo el ataque pero por la noche, en la que se acercó a la muralla sin ser visto, sin embargo, Arquímedes. ya se encontraba preparado contra el supuesto de que el enemigo llegase junto a la muralla, ahora entraron en funcionamiento los escorpiones instalados en las troneras de las murallas, que apoyados así mismo por arqueros hicieron gran matanza entre los romanos hasta el punto de inutilizar cualquier intento de asaltar la muralla.
Asedio romano a las murallas de Siracusa 213/2. Autor Seán Ó’Brógáin 

Las sambucas, acercadas a su vez junto a las murallas fueron desechas por unos extraños artefactos diseñados por el sabio siracusano que, cuando se acercaban al muro, sobresalían a lo alto de la muralla transportando grandes peñascos e incluso bolas de plomo que se dejaban caer sobre la escalera enemiga destrozándola e incluso poniendo en grave aprieto a las naves mismas. Los barcos asaltantes eran sorprendidos aquí y allá con el lanzamiento de grandes pedruscos mediante unas órbitas hasta entonces inimaginables, de tal manera que en ángulos que parecían imposibles de ser alcanzados los romanos recibían el impacto de los proyectiles siracusanos.
También había desarrollado Arquímedes una máquina que constaba de una mano de hierro (garfio) suspendida de una cadena que atenazaba al barco por la proa, luego, mediante un sistema de poleas el barco era elevado del agua y cuando se encontraba suspendido ya en el aire se le soltaba, yendo a pique la mayor parte de las ocasiones. Marcelo ya no sabía que hacer contra los inventos de Arquímedes, siendo además los romanos presas de la mofa y burla de los defensores siracusanos que asistían asombrados a tan desigual combate entre los hombres y las máquinas.
Arquímedes dirigiendo las defensas de Siracusa.  Autor Thomas Ralph Spence 

El asalto por tierra que llevo a cabo Appio Claudio no fue menos desastroso que el naval, debiendo desistir también del ataque. Reunidos los oficiales romanos, se decidió no intentar más asaltos a viva fuerza, procediendo al asedio por hambre de la ciudad, aunque en los meses siguientes no dejara de intentarse todo lo humanamente posible para asaltar las murallas de Siracusa.
Dejó a Apio Claudio al mando y con un tercio de sus tropas inició una campaña contra otras zonas rebeldes de la isla. En primer lugar marcha hacia el sur a Heloro, que se rindió cuando vio aparecer su ejército. A continuación se dirigió a Erbeso que igualmente se rindió. En Megara Hybalea la resistencia fue mayor y tuvo que ser tomada al asalto, siendo asolada a continuación como escarmiento.
La flota cartaginesa del cabo Pachynum retornó a Cartago e informó de los sucesos. El senado cartaginés mandó preparar un poderoso ejército de 25.000 infantes, 3.000 jinetes y 12 elefantes bajo el mando de Himilcón.
Himilcón desembarcó en Heraclea Minoa al sur de la isla con su ejército. Desde allí se dirigieron hacia Agrigento tomándola. Enterado Hipócrates de la llegada de Himilcón, partió a su encuentro con 10.000 infantes y 500 jinetes desde Siracusa, burlando el cerco. En las cercanías de Acrilae, se encontraron con fuerzas de Marcelo, se produjo un enfrentamiento en el que los siracusanos fueron aniquilados, Hipócrates consiguió huir a la ciudad de Acrilae con la caballería superviviente.
La llegada de Himilcón hizo que Marcelo tuviera que retroceder hasta Siracusa. Los cartagineses se acercaron hasta 12 km de la ciudad. Una flota púnica al mando de Bomílcar logró entrar en Siracusa con suministros mientras los romanos desembarcaron una legión de refuerzo en Panormo (Palermo), al norte de la isla. Himilcón trató de interceptarla para evitar que se uniese al resto del contingente romanos, finalmente la legión logró llegar a las cercanías de Siracusa donde Apio Claudio se hizo cargo de ella.
Bomílcar se hizo a la mar retornando a Cartago burlando a la superior flota romana, mientras Himilcón viendo la fortaleza del dispositivo romano en Siracusa optó por dirigirse al interior de la isla para rebelar nuevas poblaciones. Tomó Murgantia, importante centro de suministro romano, capturando gran cantidad de grano. La guarnición romana de Enna provocó una matanza en la población, para dar un escarmiento a los que pensaran pasarse a los púnicos. Se acercaba el final del año 213 y Apio Claudio viajó a Roma para presentarse a las elecciones consulares, dejando en su lugar a Tito Quinctio Crispino. Éste mejoró notablemente las condiciones del mismo construyendo nuevos alojamientos a 5 millas de Siracusa en un lugar llamado Leoncia.

Conquista de Siracusa 212 a.C
Al comenzar la primavera se desato con toda virulencia la ofensiva cartaginesa sobre la isla, al operar con toda libertad el ejército cartaginés de Himilcón, Marcelo se vio obligado a aliviar un tanto el cerco sobre la ciudad y a dirigir parte de sus fuerzas sobre los cartagineses, desesperanzado además de tomar al asalto las murallas ni de rendirla por hambre, pues entraban con facilidad suministros por mar dada la amplitud del perímetro.
Marcelo lo intentó mediante la traición, intentando repetidas veces crear una quinta columna dentro de la ciudad, en una de esas ocasiones, habiendo ya convenido con los de dentro un plan, se vino todo abajo por culpa de un chivato, la represión alcanzó a unos 80 conjurados que fueron rápidamente ejecutados.
Lo que sí consiguió Marcelo, gracias a un intercambio de prisioneros, fue poder acercarse a las murallas en la zona del puerto de Trogilos, junto a la torre llamada Galeagra, punto equidistante entre el campamento romano y las posiciones siracusanas. Los romanos pudieron así observar que la altura de algunos tramos de muralla no era tan grande como en principio habían creído.
Escogió el cónsul romano un día especial para realizar el asalto, informado por un desertor de que se celebraban durante tres días las fiestas dedicada a la diosa Artemisa y que entre la guarnición corría con generosidad el vino, eligió atacar de madrugada, cuando el alcohol hubiese hecho efecto en los enemigos. Se envió entonces un contingente de 1.000 hombres en fila y guardando un silencio total hasta el pie de las murallas en el punto que habían elegido. Primero treparon unos pocos y finalmente todos los hombre pudieron subir a las murallas y hacerse con ellas. Se dio entonces la señal y avanzo todo el ejército que comenzó a colocar más escalas en las murallas asaltadas, mientras, las tropas romanas, ya dentro de la meseta, avanzaban sin resistencia hasta el Hexápilo en donde por fin fueron descubiertos. Los romanos se hicieron con una puerta de la muralla a la que comenzaron a abrir. Los centinelas siracusanos, llevados por el pánico, abandonaron sus posiciones, dándolas ya por ocupadas y se retiraron en masa a la Achradina.
Epícides, establecido en la isla, reacciono rápidamente y al mando de sus tropas se dirigió hasta la meseta de Epipolae intentando entablar combate con los romanos, pero reflexionó y se volvió a la ciudad. De esta forma, Marcelo pudo por fin atravesar las murallas y establecerse firmemente en la meseta Epipolae.
Conquista romana de Siracusa 212 a.C 

Marcelo se dirigió con sus tropas hacia la colina de Eurialo, en donde se levantaba la fortaleza del mismo nombre, intentó hacerse con ella diplomáticamente pero no consiguió tampoco nada, en vista de que la posición era inexpugnable optó por retroceder y establecer su campamento entre los barrios de Ticha y Neapolis, lejos de las zonas habitadas para evitar que las tropas se desbandasen, luego, y con un cierto orden, permitió el saqueo de las propiedades siracusanas en esas zonas de la ciudad. Por aquellos días Filodemo, oficial al mando de la fortaleza de Eurialo, entregó la misma a los romanos al cerciorarse de que no sería ayudado por los suyos. Pactó la rendición y se retiró con sus tropas a la Acrhadina.
Bomílcar, que permanecía entonces en el puerto de Siracusa con una flota de 90 navíos, al percatarse de que el bloqueo de la flota romana a la ciudad se había levantado por causa de un temporal, largo velas hacia Carthago con 35 naves dejando a Epícides en Siracusa con las otras 55. Llegado a África, convenció al senado de la necesidad de ayudar a Siracusa por lo que se le entregaron 45 barcos más y retorno así con 100 navíos a la sitiada ciudad.
Ahora los acontecimientos se precipitaban, el ejército terrestre cartaginés, al mando de Himilcón, con los restos de las fuerzas siracusanas de Hipócrates se acercaron por el este al tiempo que la flota cartaginesa de Bomílcar fondea en el puerto grande y amenaza las comunicaciones entre el segundo campamento romano y el campamento antiguo en donde se encuentra Quintio Crispino. Epícides, una vez confirmado que Himilcón e Hipócrates atacaban las posiciones romanas de Crispino, avanzó a su vez contra las de Marcelo en la meseta de Epipolae.
Todos los ataques fueron rechazados, los romanos permanecieron en sus posiciones y por si esto fuera poco, la peste hizo acto de presencia en ambos bandos, pero con más virulencia en los cartagineses recién llegados no habituados a las aguas pantanosas, el propio Himilcón cayó víctima de la enfermedad. Finalmente el ejército cartaginés se retiró.
Los siracusanos de Hipócrates, que también murió de la enfermedad, se retiraron lejos de la ciudad repartiéndose entre las fortificaciones menores de la zona (a no más de 15 km. de Siracusa) en donde comenzaron a reorganizarse recibiendo refuerzos de las ciudades propias y aliadas.
En la ciudad el desaliento se apoderó de la población, pero poco tiempo después se recibieron noticias, los cartagineses volvían y esta vez con una flota de 100 naves y al mismo tiempo las tropas siracusanas del exterior se estaban reorganizando rápidamente, llevando la esperanza a la población.
Llegaron ahora noticias de que la flota púnica se encontraba parada junto al promontorio de Pachino, días después la situación seguía igual por lo que Epícides resolvió embarcarse en un navío rápido y dirigirse hacia sus aliados, éste tras cerciorarse de que los cartagineses rehuían el combate y se alejaban definitivamente de Siracusa decidió abandonar también el a la ciudad y se retiró a Agrigentum, junto a las tropas cartaginesas.
En la ciudad las noticias de la retirada cartaginesa y la de Epícides, el líder de la defensa decidió entregar la ciudad, se enviaron embajadores al campamento de Marcelo para tratar la rendición, llegados a un acuerdo, regresaron los legados a la ciudad en donde, junto a los otros notables decidieron acabar con la vida de los oficiales que Epícides había dejado al frente de la guarnición, gente leal a su causa y que no estaban por la tarea de entregar la ciudad a los romanos. Después reunieron la asamblea ciudadana en donde de común acuerdo se nombró un nuevo gobierno y se decidió entregar la ciudad a los romanos.
Entonces un numeroso grupo de desertores romanos (se estima en unos 4.000), aterrados con la idea de que serían entregados a sus compatriotas, convencieron a los mercenarios de que ambos serían represaliados por los romanos. Tras ponerse de acuerdo, tomaron las armas y arremetieron contra la población, asesinaron a los miembros del gobierno recién formado y se repartieron la defensa de la ciudad. Nombraron a seis oficiales como jefes de manera que tres mandasen en la Achradina y otros tres en Nasos. Cuando la situación ya se había calmado, los mercenarios poco a poco se fueron dando cuenta de que su situación no era igual que la de los desertores romanos, evidentemente éstos serían castigados pero que ellos no tenían por qué serlo.
Marcelo, disponía entre sus filas de cierto número de personajes hispanos recién llegados de la península, enviados por los Escipiones a fin de que en los diversos frentes de la lucha convenciesen a sus compatriotas para abandonar la causa cartaginesa y pasarse a la romana. Uno de ellos les contó que en Hispania, los romanos estaban ganando la guerra y que casi todos las tribus y naciones se pasaban a sus filas. Les ofrecía la posibilidad de servir en el bando romano o bien ser repatriados con honores a la península, la alternativa era seguir luchando y morir, Merico un oficial hispano aceptó traicionar a sus compañeros.
Días después, a Merico le tocaba defender el tramo de muralla que se extiende entre la Acrhadina y la isla de Nasos, se lo hizo saber a Marcelo, el cónsul hizo entonces remolcar un barco de carga repleto de soldados que desembarcó de madrugada en la zona de la muralla que daba al puerto grande y que estaba bajo custodia de Merico, luego entraron estos en la ciudad y aguardaron. Al amanecer Marcelo desencadenó un ataque masivo desde la meseta de Epipolae contra las murallas de la Acrhadina, allí se concentraron los defensores, incluso desde la isla de Nasos salieron a la carrera las tropas allí establecidas para sumarse a la defensa, después, unas naves ligeras romanas desembarcaron tropas en la isla que, posiblemente con ayuda de los romanos y los mercenarios de Merico, se hicieron con las posiciones siracusanas sin apenas oposición.
Solo resistieron los desertores romanos, el resto huyó dando la causa por perdida. Una vez que en la ciudad se supo de la irrupción de los romanos, las defensas siracusanas se derrumbaron, los desertores romanos huyeron o se dispersaron y así, las autoridades pudieron por fin abrir las puertas de la ciudad a Marcelo y sus legiones.
Siracusa fue saqueada y Arquímedes fue asesinado cuando estaba pintando unos círculos en el suelo, un soldado no le reconoció y le mató allí mismo.
Muerte de Arquímedes en el 211 a.C. Un soldado romano lo asesinó mientras estaba abstraído pintando círculos en el suelo. Autor Ángel Todaro 

Final púnico en Sicilia
En el 211 a.C, Marcelo derrotó junto al río Himera del grueso del contingente cartaginés superviviente, conservando estos únicamente la ciudad de Agrigento, retornando en verano a Roma, siendo obligado a ceder el mando de su ejército en la isla al pretor de extranjeros Marco Cornelio Cethego. En medio de la pugna política contra él, se le concede una ovación y no un triunfo, argumentando que no ha logrado la pacificación total del territorio. También se le deniega el retorno de las legiones desterradas, desplegadas al oeste de la isla. El pretor Marco Cornelio además inicia la búsqueda de agraviados por Marcelo con intención de formar una comisión que se presente al Senado a exponer sus quejas.
Ya sin Marcelo en la isla, se produce el desembarco de un contingente púnico de 8.000 soldados y 300 jinetes, el cual reaviva la sublevación de algunas localidades como Murgantia, Hybla y Macella. Al mismo tiempo los soldados desterrados descontentos por no poder retornar comienzan a tener un comportamiento negligente. Vencidos estos obstáculos, el pretor Marco Cornelio consiguió hacerse con la situación y aplacar la rebelión.
En el 210 AC, tras la casi pacificación de Sicilia, sólo queda un reducto cartaginés en el sur de la isla en torno a Agrigento. Salen nombrados Marco Claudio Marcelo y Valerio Levino. La polémica rodea al primero que ve cómo llega una comisión de siracusanos al Senado a expresar sus quejas. Igualmente otra comisión de campanos llega para quejarse de Quinto Fulvio Flaco, el otro triunfador del año anterior. Estos hechos motivan que aunque inicialmente Sicilia es el destino de Marcelo, se opte por cambiarlo con Levino, pasando este a la isla mientras el primero tendrá a Italia por su área de operaciones.
En Sicilia se produce la caída de Agrigento y la conquista total de la isla por los romanos. La isla se unía a Roma como una provincia romana, siendo un paso importante hacia el norte de África y Grecia en los siguientes conflictos.
Antes de retornar a Roma, el cónsul Levino reclutó a 4.000 mercenarios en la región de Agathyrna y los mandó a Regio como refuerzo para realizar saqueos en el Brucio.
Retornado a Roma Levino para organizar las elecciones consulares, dejó al mando en la isla al pretor Lucio Cincio Alimento y ordenó al jefe de la flota Marco Valerio Mesala que con la mitad de los barcos llevase a cabo una campaña de saqueo en territorio africano. Ésta se llevó a cabo en Útica de manera exitosa tomando botín y prisioneros, donde le informaron del envío a Hispania de Masinisa con un ejército de 5.000 númidas para reforzar a Asdrúbal Barca con la intención de que este pasase a Italia desde allí.

 Primera Guerra Macedonica 214-205 a.C
Alianza Macedonia-Púnica
En primavera del 216 a.C, se recibió aviso de Scerdileas, tirano de Iliria, sobre el alistamiento de una flota de 100 birremes por parte de Filipo V de Macedonia con el fin de invadirlos, Macedonia buscaba una salida al mar Adriático a través de iliria. Roma destacó 10 quinquerremes de su flota siciliana al puerto de Regio con el fin de que prosiguiesen viaje hacia Iliria. Enterado Filipo por sus espías de la presencia de la flota en Regio, decidió desistir de su intento y retornar a Macedonia cuando ya se encontraba en la isla Cefalenia.
Filipo V de Macedonia, ante lo sucedido en Cannas, decidió unirse a la guerra con el bando cartaginés, mandando una delegación de embajadores a Italia a pactar los términos del acuerdo con el púnico. Filipo debería tratar de desembarcar en Italia por el Adriático con un ejército que se uniera al de Aníbal. La delegación desembarca en territorio italiano y es interceptada en Apulia, siendo llevada a Luceria para hablar con el pretor Levino, a quién informaron que se dirigían a Roma. Tras proseguir su marcha, llegaron a Campania donde pactaron con Aníbal los términos del acuerdo, enviando el general cartaginés a tres embajadores junto con la delegación de regreso a Macedonia.
La embajada macedonia mientras, tras embarcar de vuelta a su país, fue interceptada en Cumas por Publio Valerio Flaco, comandante de la flota romana que patrullaba el sur de la costa de Apulia. Una carta de Aníbal a Filipo y los términos del tratado entre ambos fueron descubiertos por los romanos. Se informó a Graco de lo ocurrido, no obstante uno de los barcos de la embajada logró escapar dando aviso de lo sucedido, esto hizo que se enviase una nueva delegación macedonia y el consiguiente retraso hasta el verano de los planes de alianza púnico-macedonia.
El tratado concluyó en el verano del 215 a.C, en el que se prometía apoyo militar mutuo contra los enemigos (excepto cuando fueran aliados de la otra parte). El trato no hacía mención alguna de la invasión de Italia por parte de Filipo.
La noticia de la alianza entre Filipo y Cartago suponía un duro golpe para Roma. Se enviaron inmediatamente 25 barcos para que se unieran a Publio Valerio Flaco y su flota que patrullaba la costa de Apulia y se enviaron el mismo número de barcos para que guardaran la costa Adriática cerca de Tarento, en un intento por frenar los impulsos expansionistas de Filipo reduciendo su campo de operaciones a la propia Macedonia y encerrándolo progresivamente en su propio territorio. 

Campaña en Iliria
A finales de verano del 214 a.C, Filipo intentó de nuevo tomar el control de Iliria por mar, con una flota de 120 lembi (birremes) desembarcó en la zona capturando Orico que estaba débilmente defendido, y navegó a través del río Aous (el moderno Vjosë) y asedió Apolonia.
Una embajada iliria llegó a Brindisi informando a Levino de lo sucedido y pidiendo ayuda. Este embarcó junto a su legión, dejando el resto de sus fuerzas en Tarento bajo mando de Lucio Apustio.

Romanos contra macedonios. Autor Vladimir Vaksheyev 

Levino llegó a la zona en dos días. Se presentó en Orico expulsando a la guarnición macedonia, y envió a 2.000 hombres bajo el mando de Quinto Nevio Crista para que auxiliara a la sitiada Apolonia, éste entró secretamente de noche en la ciudad burlando el asedio macedonio. A la noche siguiente, Crista realizó un asalto nocturno al campamento macedonio, éstos perdieron 3.000 hombres entre muertos y prisioneros. Filipo escapó con en barco y regresó a Macedonia dejando atrás una buena parte de sus hombres y de su flota. Los macedonios trataron de huir en su flota por el río, pero al serle cortado el paso por los romanos, desembarcaron, quemaron sus naves e iniciaron el retorno a Macedonia por tierra. Levino invernó en Orico.
Tras la frustrada invasión de Iliria por vía marítima, y ahora bloqueado por la flota de Lavino que estaba fondeada en el Adriático, Filipo pasó los dos años siguientes (213 y 212 a.C) realizando incursiones en Iliria por vía terrestre. Guardando la costa, Filipo tomó las poblaciones de Atintania y Dimale y subyugó a las tribus ilíricas de los dassaretas, los partinos y finalmente, a los ardiaei del sur.
Filipo fue finalmente capaz de obtener acceso al Adriático capturando Lissus, una ciudadela considerada inexpugnable. La captura de esta población hizo que los territorios adyacentes de la zona se rindieran sin dilación. Pero los cartagineses no pudieron aprovecharse de la captura.

Alianza romana con la Liga Etolia
Para detener la que parecía inminente invasión de Filipo a Italia o a Iliria, los romanos buscaron aliados entre los pueblos griegos a fin de desestabilizar las fronteras de Macedonia y obligar al monarca a defenderse en su propio territorio.
Lavino exploró la posibilidad de llegar a un tratado de amistad con la Liga Etolia en el 212 a.C. Los etolianos habían firmado una paz con los macedonios en Naupacto en el 217 a.C, pero tras estos cinco años se habían recuperados de los estragos causados en la guerra contra sus vecinos y estaban preparados de nuevo para levantarse en armas contra sus enemigos tradicionales.
En 212 a.C, una asamblea etoliana se reunió para entablar las negociaciones con Roma. Lavino firmó un tratado de alianza entre Roma y la Liga Etolia para combatir conjuntamente a los macedonios. Los etolianos dirigirían las operaciones por tierra mientras los romanos lo harían por mar, cualquier ciudad capturada se concedería a la Liga. Los bienes muebles (incluyendo la población) serían para los romanos si actuaban solos o se dividirían entre los aliados si hubieran cooperado.
Tras conocer la alianza entre Roma y la Liga Etolia, Filipo se apresuró a asegurar su frontera norte. Realizó unas cuantas incursiones en Iliria, Orico y Apolonia y tomó la ciudad fronteriza de Sintia en Dardania. Filipo marchó rápidamente hacia el sur a través de Pelagonia, Lincestis, Botiea y Tempe, regresó hacia el norte atacando Tracia y a la ciudad principal de Iamphorynna. Tras lo cual, se retiró a Macedonia.
El primer objetivo de los nuevos aliados era Acarnania, aliada de Macedonia que se encuentra en la costa oeste del corazón Etolia. En el otoño de 212 Mientras Filipo estaba haciendo campaña en las fronteras del norte. Alentados por su ausencia los etolios invadieron Acarnania. Los acarnanios juraron morir o vencer, enviaron a sus mujeres y niños a un lugar seguro en el Epiro, y contendrían a los etolios hasta que Filipo viniese en su ayuda desde el norte.
Nada más regresar, Filipo recibió una petición desesperada de sus aliados los acarnanios. El strategos (general) etolio Escopas había movilizado al ejército etolio y preparaba la invasión de Acarnania. Tras tener noticias de la determinación de los acarnanios, los etolios vacilaron y tras conocer la llegada de Filipo abandonaron definitivamente la invasión. Tras esto Filipo se retiró a Pela para pasar el invierno.
Los romanos tuvieron más éxito. Levino utilizó su flota para capturar Oeniadae y Lamna de los acarnanios y toda la ciudad de Zacynthus menos ciudadela. Las tres ciudades fueron luego entregadas a los etolios.
Primera Guerra Macédonica 214-205 a.C entre la república Romana y Filipo V de Macedonia 

En la primavera del 211 a.C, Lavino navegó de nuevo desde Corfú con su flota y, junto con los etolios dirigidos por el stratego Sccopas, conquistaron la ciudad Anticira en la Fócida. Roma esclavizó a la población y la Liga Etolia se apropió del territorio conquistado. De acuerdo con su alianza los romanos esclavizaron a la población, mientras que la ciudad fue entregada a los etolios, que pronto se perdería a manos de Filipo. A finales del verano de 211 a.C, Levino fue reemplazado por el procónsul Publio Sulpicio Galba, que comandaría la flota romana durante la mayor parte del resto de la guerra.
En el 210 a.C, Filipo tomó la iniciativa, tratando de expulsar a los etolios de Phthiotic Acaya (Tesalia), para conseguir acceso al centro de Grecia. El evento principal fue el asedio de la ciudad costera de Echino. El strategos etolio Dorimaco y Sulpicio Galva con la flota romana trataron de levantar el asedio sin éxito, finalmente la ciudad cayó. Filipo tomó también Falara y la ciudad portuaria de Lamia.
El único éxito romana de esta primera expedición en el Egeo fue la captura de la isla de Egina. A continuación, la isla fue entregada a los etolios, pero como no disponían de flota, se la vendieron a Atalo I rey de Pérgamo por 30 talentos. Esto condujo a Atalo a la guerra, y que se usó las isla como base principal de operaciones contra Macedonia en el Mar Egeo.
En respuesta Filipo hizo una alianza con Prusias rey de Bitinia, que prometió a llevar su propia flota en el mar Egeo.
Este mismo año Esparta se unió a la guerra, esta vez en el lado de Roma y los etolios. En ese momento Esparta estaba gobernada por Macánidas, como regente de Pélope, hijo de Licurgo. La entrada de Esparta en la guerra complicó enormemente las tareas de Filipo, ya que sus aliados en Acaya estaban ahora bajo el ataque de tres lados. En 209 y 208 a.C se vería obligado a acudir en su ayuda.
En la primavera del 209 a.C, Filipo recibió peticiones de ayuda de sus aliados de la Liga Aquea del Peloponeso, que estaban siendo atacados por Esparta y sus aliados de la Liga Etolia. También recibió noticias del nombramiento de Átalo I de Pérgamo como uno de los líderes de la Liga Etolia y de que intentaba cruzar el Mar Egeo hacia Asia Menor. Filipo marchó hacia el sur de Grecia. En Lamia se enfrentó al otro líder de la Liga Etolia, el strategos Firrias, que estaba apoyado por tropas auxiliares romanas y de Pérgamo. Filipo venció en dos batallas a su enemigo en Lamia (Primera y Segunda Batalla de Lamia), y le obligó a retirarse al interior de las murallas (lugar del que estaban poco dispuesto a salir para plantar batalla campal) tras haber infligido graves pérdidas a las tropas de Firrias.
Desde Lamia, Filipo se dirigió a Falara. Allí se encontró con los representantes de los estados neutrales del conflicto: Egipto, Atenas y Quíos. Estos países estaban intentado acabar con la guerra ya que ésta estaba afectando seriamente al estado del comercio, actividad económica más importante de estos países. Consiguieron una tregua de 30 días, pero al final no consiguieron la paz y continuó la guerra. 

La guerra continúa
Átalo de Pergamo había conseguido desembarcar en Egina y la flota romana estaba en Naupacto. Desde Naupacto Sulpicio navegó hacia el este de Corinto y Sición y dirigió rápidas incursiones por esa zona. Filipo, con su caballería sorprendió a los romanos y los hizo huir hacia sus propias embarcaciones. Los romanos, con Sulpicio a la cabeza, se retiraron a Naupacto.
Tras ello, Filipo se unió en las inmediaciones de Dyme al general de Acaya, Cicladas para dirigir un ataque conjunto a la ciudad de Elis, la base de la Liga Etolia contra Acaya. Sin embargo, Sulpicio había navegado hacia Cyllene y pudo reforzar la ciudad con 4.000 legionarios romanos antes del asedio. Filipo dirigió la carga de caballería contra el enemigo pero fue abatido de su caballo y tras una encarnizada batalla en la que los macedonios fueron derrotados. Filipo logró escapar. Tras esta derrota, Filipo capturó la ciudadela de Fírico, tomando 4.000 prisioneros y 20.000 animales.
Cuando le llegaron noticias de nuevas incursiones en Iliria, Filipo abandonó Etolia y volvió a Demetrias en Tesalia. Mientras, Sulpicio había navegado por el Egeo y se había unido a su aliado Átalo I de Pérgamo en Egina para pasar el invierno.
En el 208 a.C, Átalo y Sulpicio combinaron su flota compuesta por 25 barcos de Roma y 35 de Pérgamo e intentaron sin éxito tomar Lemnos, pero lograron ocupar la isla cercana de Parapetos (Skolas), que estaba bajo posesión macedonia.
Tras su éxito, Átalo y Sulpicio se reunieron en Heraclea de Traquinia con el consejo de líderes de la Liga Etolia que incluían los estados neutrales de Egipto y Rodas, que continuaban intentado lograr que finalizara el conflicto. Cuando Filipo tuvo noticias de la conferencia, marchó rápidamente hacia el sur donde intentó capturar a los líderes enemigos, pero llegó demasiado tarde.
Rodeado por sus enemigos, Filipo fue obligado a adoptar una nueva política defensiva. Distribuyó a sus comandantes y líderes militares por todo el territorio macedónico y estableció un sistema de hogueras por todas las ciudades importantes para que informaran de los movimientos de los enemigos.
Tras abandonar Heraclea de Traquinia, Átalo y Sulspicio saquearon Óreo, en el norte de Eubea y Opunte, la ciudad principal del este de la Lócrida Opuntia. Las riquezas de Oreos se reservaron para Sulpicio mientras que las de Opunte fueron para Átalo. Sin embargo, con las fuerzas divididas ya que Sulpicio se había ido para iniciar la confiscación de los bienes de su ciudad, Filipo, avisado por el sistema de señales de fuego, atacó y tomó Opunte. Átalo fue cogido por sorpresa y logró escapar por muy poco. 

Final de la guerra
La etapa final de la guerra vio los romanos se retiraban del Egeo. Sulpicio se despidió de Dyme, la más occidental de las ciudades aqueas, para después concentrarse en patrullar la costa de Iliria. Desde el punto de vista romano, se había alcanzado su objetivo, manteniendo Filipo lejos de la costa de Iliria, mientras que el peligro de Aníbal estaba en su punto más extremo. Además en el 207 a.C se produjo la invasión de Italia de Asdrúbal, y es posible que la legión de Sulpicio Galba fuese retirada para ayudar a lidiar con esta amenaza. También quedó claro después de diez años que Cartago no iba ayuda Filipo.
Esto dejó a los etolios en una posición vulnerable, agravada por una reactivación inesperada de la fuerza aquea, que fue provocado por el nombramiento de Filopomen hijo de Craugis de Megalópolis como comandante de la caballería aquea. Era un capitán mercenario experimentado, que volvió a Acaya después de pasar diez años en Creta.
Después de capturar la ciudad de Tegea, Macánidas de Esparta comenzó a avanzar hacia Mantinea. Los aqueos ocuparon una posición en la estrecha llanura a las afueras de la ciudad, donde se habían librado anteriormente tantas batallas. Filopemen se dice que había colocado sus tropas detrás de una estrecha zanja. Ambos ejércitos tenían probablemente aproximadamente los mismos efectivos, los espartanos 15.000 hombres y los aqueos de 15-20.000.
La batalla comenzó con un raro ejemplo de utilización de las máquinas de asedio como artillería de campaña. Macánidas condujo a sus mercenarios a un ataque contra el ala izquierda aquea. Esto se hizo de algunos de los mercenarios de Filopemen y tropas ligeras cedieran y fueran perseguidos y de nuevo hacia Mantinea.
A pesar de este revés inicial Filipomen logró reformar su línea y atacar a la falange espartana. La falange era una fuerza poderosa, pero muy vulnerable si rompe. Esto parece ser lo que pasó, cuando la falange aquea atacó a los espartanos al cruzar la zanja y atacarlos.
En algún momento durante esta fase de la batalla Macánidas, regresó al campo de batalla con sus tropas mercenarias. En la lucha que siguió Macánidas murió, posiblemente por el propio Filipomen.
Los espartanos se dice que perdieron 4.000 hombres durante la batalla. Filopemen fue capaz de recuperar Tegea, y luego invadir Laconia.
Sin distracción en el sur Filipo fue capaz de concentrarse en derrotar a los etolios. Les expulsó de Thessaley y recapturó Zacinto (Islas Jónicas). Después invadió Etolia desde el norte, saqueando el santuario etolio en Thermum.
A pesar de considerar la huida de Átalo como una pequeña derrota, Filipo notó que la guerra estaba otra vez cambiando de lado. Átalo fue obligado a volver a Pérgamo donde se enteró que el rey de Bitinia, Prusias I, que estaba emparentado con Filipo, se estaba movilizando contra Pérgamo. Sulpicio mientras tanto volvió a Egina. Libre de la presión de las flotas combinadas de Roma y Pérgamo, Filipo fue capaz de reanudar la ofensiva contra los etolios. Capturó la ciudad de Tronio, a la que siguieron las plazas fuertes de Titronium y Drymea, al norte del Cefiso. Filipo también retomó el control de Oreo.
En el 206 a.C, los estados comerciantes con grado de neutralidad en el conflicto siguieron intentando impulsar un tratado de paz. En Elateia, Filipo se entrevistó con los embajadores de Rodas, Egipto, Bizancio, Quíos, Mitilene y quizás Atenas, además de algunos líderes etolios. La guerra se estaba inclinando cada vez más del lado de Filipo, sin embargo los etolios no estaban dispuestos a firmar un acuerdo de paz con las abusivas imposiciones del rey macedonio. Tras tres meses más de conflicto los etolios se vieron obligados a firmar una paz desfavorable sin el consentimiento de Roma con el fin de poder conservar su territorio.
A la primavera siguiente los romanos enviaron a Publio Sempronio Tuditano con 35 barcos y 10.000 infantes y 1.000 jinetes a Dirraquio, en Iliria, donde incitó a la revuelta contra Filipo a los partinos y se asedió Dimale. Sin embargo cuando llegó Filipo, Sempronio levantó el asedio y se refugió bajo las murallas de Apolonia. Sempronio intentó sin éxito que los etolios volvieran a entrar en la guerra contra Filipo, pero éstos, cansados de guerra, se negaron.
Sin más aliados en Grecia pero habiendo cumplido el objetivo de evitar que Filipo apoyara a Aníbal en la guerra contra Roma, el Senado estaba preparado para firmar la paz. Un tratado firmado en Fénice en el 205 a.C, conocido como la “Paz de Fénice”, finalizó oficialmente la Primera Guerra Macedónica, un conflicto armado que había durado nueve años. Ambos quedaron satisfechos, Roma había impedido que Filipo se uniese a Aníbal, y Macedonia había ampliado considerablemente sus territorios.

Campaña de Escipión en África (205 – 202 a.C)
Desembarco de Escipión en África
Después de conquistar Hispania en el 205 a.C, Escipión se dirigió a Roma y se entrevistó con el Senado y presentó los resultados de su exitosa campaña, de cómo había destruido los ejércitos púnicos de España, cuantas ciudades había tomado y cuantos pueblos ahora se rendía a los pies de Roma. Además, aprovechó para plantear su estrategia que suponía la invasión de África para derrotar a Cartago en su tierra. Fue elegido cónsul y viajó a Sicilia con 7.000 voluntarios y 30 barcos a preparar la expedición, allí había dos legiones completas, las famosas Legiones Malditas V y VI.
La flota de guerra de 40 naves y 400 naves de transporte, se concentró en Lilibeo y el mando de la misma le fue entregado al mejor colaborador y amigo de Escipión, Cayo Lelio.
Tras concluir el embarque de tropas y abastecimientos Escipión reunió en tierra a todos los pilotos, capitanes y a dos oficiales de cada barco a los que dio instrucciones precisas de cómo se llevaría a cabo la travesía. Dispuso tanto él como su hermano (Lucio Escipión) se harían cargo del ala derecha de la formación naval con 20 barcos de guerra, en el centro los barcos de transporte (400), el ala izquierda otros 20 barcos de guerra, sería mandada por el jefe de la flota Cayo Lelio y Catón (que por aquel entonces era cuestor). Los barcos de guerra llevarían una luz, los de carga dos y el barco insignia tres, la flota se dirigiría hacia el sur, el punto o la zona de desembarco elegida fue la de Emporio, la rica zona situada, eso sí, muy al sur del corazón de las posesiones cartaginesas, pero al mismo tiempo cerca de la zona en la que se movía su amigo y aliado Massinisa, Escipión esperaba poder conquistar la región antes que desde Cartago pudiesen llegar refuerzos.
Al amanecer del día siguiente, dio la orden de partida, poco a poco la flota se fue perdiendo en el horizonte.
Ruta marítima seguida por Escipión el africano 

La flota romana, ya en alta mar, se encontró enseguida con una densa niebla que desoriento a los pilotos, y atracaron en el cabo Farina cerca de Útica, desembarcando unos 25.000 hombres. La flota romana, ya en alta mar, se encontró enseguida con una densa niebla que desoriento a los pilotos, las luces de los barcos impidieron que se embistiesen entre sí. La niebla duro hasta la noche y al día siguiente de nuevo al atardecer envolvió de nuevo a la escuadra. Al amanecer del tercer día de navegación la niebla se disipo y un fuerte viento empujo a los barcos hacia la costa de África, divisaban ya entonces la misma, era el cabo Falero (Bon).
La población púnica, tras divisar la inmensa flota y posteriormente la multitud de los desembarcados, emprendieron la huida hacia la capital y las restantes ciudades de la zona, los hombres, mujeres y niños atestaban los caminos.
La capital, conmocionada por la noticia, se dispusieron confusamente para la defensa, se envió inmediatamente un contingente de 500 jinetes para hostigar y espiar a las fuerzas enemigas. Por aquel entonces no se disponía en África de ningún ejército realmente competente, además, el único general de prestigio a mano, era Asdrúbal Giscón, que ya había sido derrotado anteriormente por Escipión en Hispania, no obstante se recurrió a él y se le pidió que asumiera el mando de las operaciones. 

Primeros enfrentamientos
Mientras tanto, los romanos, una vez desembarcados, avanzaron hacia Utica, primer objetivo de la campaña dado que necesitaban asegurarse un a base de operaciones. Primero se enfrentó a la caballería cartaginesa que les vigilaba, dispersó al contingente enemigo, y luego hizo una operación de castigo contra el territorio enemigo capturando 8.000 hombres entre ciudadanos y esclavos (habitantes de la región que no habían tenido tiempo, o no habían querido, retirarse), se tomó una rica ciudad por el camino y todo ello, riquezas y prisioneros, se embarcó en parte de la flota que se envió de vuelta a Sicilia. El suceso más importante del momento es la aparición de Masinisa, quién se unió a las fuerzas de Escipión con unos 2.000 jinetes númidas.
Las fuerzas romanas avanzaron ahora hasta los alrededores de la ciudad de Utica seguidos de cerca por la flota romana, que por la costa, seguía los pasos del ejército de tierra.
El ejército de Escipión llegó ante Útica. Los cartagineses habían reunido una fuerza de 4.000 jinetes (posiblemente númidas) al mando de un tal Hannón, para hostigar al ejército desembarcado. El oficial púnico les había acuartelado en la ciudad de Salaeca, de esta forma, en vez de permanecer en campo abierto se encerró entre murallas. Escipión, que se dio cuenta del error cometido por su adversario, creyó conveniente aplastar este contingente antes de atacar Útica. Envió por delante a Masinisa y sus fuerzas hasta las mismas puertas de la ciudad de Salaeca, el númida llamaría la atención del cartaginés y le atraería hacia una emboscada. Así ocurrió, los cartagineses respondieron a la provocación y poco a poco fueron desplegando desordenadamente toda su caballería contra lo que suponían una presa fácil, Masinisa que era el cebo les atrajo a una zona donde Escipión, que se encontraba detrás de unas lomas con su caballería, esperando el momento oportuno, les atacó. Hannón y unos 1.000 jinetes fueron rodeados y muertos, los demás se dispersaron y huyeron, pero fueron perseguidos por los romanos y sus aliados, siendo capturados unos 2.000 más.
Libre ahora de la oposición enemiga, dejó una guarnición en la ciudad y durante una semana se dedicó a devastar los campos del enemigo, consiguiendo así reunir un ingente botín. De vuelta al campamento embarcó todos los prisioneros y bienes saqueados en la flota y los remitió a Lilibeo (puerto de apoyo en Sicilia).
Escipión en África 204 a.C. Primeros enfrentamientos. Autor Satrapa1 

Asedio de Útica
Escipión volcó todos sus recursos en sitiar la ciudad de Útica, sometiéndola a un férreo cerco y asedio de la misma, las fuerzas navales, mediante el uso de una torre de asalto construida sobre dos quinquirremes y provista de catapultas, lanzaban todo tipo de proyectiles sobre las murallas enemigas, atacando un sector de la muralla y las fuerzas de tierra el otro con catapultas y todo tipo de material de asedio que fueron emplazados en una loma que dominaba la ciudad, bombardeaban la ciudad, los asaltos fueron repetidamente rechazados, los cartagineses fueron capaces de destruir la torre construida sobre los quinquirremes.
Escipión intentó derribar las murallas golpeando con arietes, arrancando mediante largos ganchos las protecciones de cuero que hacían más alta la muralla y protegían a sus defensores, fracasó ante la decidida defensa presentada por los uticenses, que no cejaban y golpeaban repetidamente a las fuerzas de asalto romanas desde las mismas murallas o en numerosas salidas en las que destruían las armas de asedio enemigas. Este precioso tiempo que el general romano perdió ante la ciudad cartaginesa fue empleado por sus enemigos para organizar sus fuerzas.
Asdrúbal Giscón, que era el general en jefe, procedió rápidamente a realizar una leva por la que reclutó una fuerza de 30.000 infantes y 2.000 jinetes, acampando fuera de las murallas de Cartago, sin embargo, esperó todavía el apoyo del ejército de Sifax. Cuando éste llegó, Asdrúbal levantó el campamento y avanzaron juntos hacia el enemigo. Sifax contaba con unos 50.000 infantes y 10.000 jinetes, entre ambos habían reunido una fuerza en teoría irresistible, acamparon entre Utica y Cartago, posiblemente al otro lado del río Bagradas, cada ejército en su propio campamento.
La llegada de las fuerzas enemigas obligaron a Escipión a abandonar el asedio que duraba ya 40 días. Como se aproximaba el invierno, procedió a dejar las operaciones y se volcó en las obras de fortificación del campamento en donde se disponía a invernar que era una lengua de tierra que se abría hacia el mar no lejos de Utica, a la que denominó Castra Cornelia.
Legionarios romanos fortificando su campamento. Si había árboles utilizaban los troncos, sino les servía cualquier material como tierra o piedras. 
La llegada del invierno del 204 a.C, hizo que los dos ejércitos contendientes se estableciesen en campamentos suspendiendo las hostilidades a gran escala. Ahora los romanos se reabastecían de Sicilia e Italia. Los cartagineses, entre tanto, preparaban la flota y enviaron legados a Hispania y Liguria para reclutar allí mercenarios, consiguiendo cerca de 4.000 infantes, que fueron enviados a través de las ciudades situadas al norte de África.

Batalla de los campamentos (203 a.C)
Escipión estaba acorralado por dos ejércitos enemigos acampados confiadamente a pocos kilómetros de sus fortificaciones. El rey númida Sifax, ofreció la paz a Escipión, iniciándose las negociaciones. Con astucia, Escipión fue alargando las negociaciones. Estas se celebraban en el campamento púnico, los legados romanos obtuvieron una interesante información acerca de las condiciones del campamento enemigo, parecía toscamente construido, principalmente a base de cabañas anárquicamente distribuidas y con materiales altamente inflamables. Durante varios días se sucedieron los contactos entre romanos y númidas, hasta que, llegado un día determinado, los romanos exhortaron a Sifax a hablar con Asdrúbal Giscón, con lo cual las negociaciones se llevaron a cabo en el otro campamento. Cuando Escipión creyó que ya tenía información suficiente de ambos campamentos, dio por acabada la tregua.
Decidió un ataque nocturno, para ello dividió sus tropas en tres columnas: la primera, la caballería al mando de Masinisa, fue enviada más allá del campamento de Sifax para cortar la posible la retirada, el segundo grupo al mando de Lelio, atacaría directamente el campamento del númida, el tercer grupo al mando del propio Escipión, acecharía fuera del campamento púnico hasta que encontrase la oportunidad de actuar.
Batalla de los campamentos (203 a.C). Escipión atacó de noche los campamentos de Asdrúbal y Sifax 

El avance nocturno hasta las posiciones del enemigo se hizo sin contratiempos y de esta forma, cuando cada uno llego a sus posiciones pudo comenzar el ataque. De repente, cientos de soldados portando teas encendidas se acercaron a las empalizadas del enemigo y las lanzaron al otro lado de la misma, el campamento númida, construido todo sin cuidado y en pleno desorden, y compuesto principalmente de tiendas o parasoles hechos a base del ramaje que se había recogido de los alrededores. El fuego no tardo en prender con fuerza y en poco tiempo el caos se apodero del campamento, parece ser nadie sospechaba todavía lo ocurrido, todos lo atribuían algún accidente y por ello se limitaban tan solo a alejarse de las llamas descuidadamente, muchos salieron así en tromba del campamento a campo abierto, otros murieron sin remisión entre el gran fuego que se formó en el interior de la empalizada o aplastados por sus compañeros al confluir en su huida por las puertas gran cantidad de soldados al mismo tiempo.
Los más, sin embargo, fueron los que cayeron en manos de los romanos que esperaban fuera del campamento. Los cartagineses, entre tanto, que vieron a lo lejos el resplandor del gran incendio que se había desatado en el campamento númida, en principio también pensaron que se debía a algún hecho fortuito, por ello los unos, que acudieron en ayuda de sus aliados, y los otros, que salieron del campamento a contemplar el trágico espectáculo, cayeron en manos de las tropas del propio Escipión que acechaban en la oscuridad de la noche, al momento entre los cartagineses cundió el pánico que soldados romanos aprovecharon para irrumpir en el campamento enemigo y prender también fuego en el mismo, fue un completo desastre para los cartagineses, Asdrúbal dio al instante todo por perdido, escapó del campamento con parte de la caballería sin detenerse por un camino.
La peor suerte fue para las tropas de Sifax, la caballería de Masinissa dio fácil cuenta de la mayor parte de los númidas que huían de su campamento y fueron pocos los que consiguieron quedar sanos y salvos lejos del alcance de sus enemigos. Asdrúbal se refugió en una localidad cercana, en donde trató de reorganizar y recoger a los supervivientes, sin embargo, las tropas romanas avanzaban con decisión y, atemorizado, levanto de nuevo el campamento para retirarse ya sin descanso hasta la propia capital.
Las bajas fueron de 40.000 hombres muertos, 5.000 prisioneros, 2.700 caballos y 7 elefantes capturados. 

Batalla de los Grandes Campos o de Bagradas 203 a.C
Escipión reanudó el cerco de Útica que siguió resistiendo. Entretanto, Asdrúbal, a los que se habían unido 4.000 mercenarios hispanos, estaba reorganizando un nuevo ejército. Sifax se encontraba en su reino, había emprendido a su vez una leva de jóvenes e inexpertos reclutas a los que proporcionó armas y caballos.
Escipión comprendió el peligro si Aníbal regresaba a África y decidió que era preciso aplastar al contingente de Asdrúbal antes de que regresara. Emprendió la marcha con una legión y la totalidad de la caballería y se dirigió a las llanuras de Bagradas, donde se encontraban Sifax y Asdrúbal.
Los cartagineses situaron en el ala derecha la caballería púnica frente a la caballería de Masinisa. En el centro los hispanos flanqueados por púnicos y aliados africanos. En el ala derecha la caballería de Sifax frente a la romana.
Las fuerzas romanas, desplegaron como era ya habitual, la legión en triplex accies con la caballería a los flancos. Los romanos empezaron el ataque por las alas, Masinisa con su caballería atacó a los púnicos, y la caballería italiana atacó a los númidas de Sifax. El ataque fue devastador e hizo huir a toda prisa a la caballería cartaginesa, más inexperta en la batalla, atacando posteriormente por flanco y retaguardia el centro púnico.
En el centro, los cartagineses y sus aliados africanos no aguantaron apenas el choque con legión romana, ya que de inmediato cundió el pánico entre sus líneas y huyeron, solo aguantaron los hispanos, que fueron rodeados por los flancos y exterminados.
Cartagineses luchando contra romanos. Autor Giuseppe Rava

Batalla de Sirta 203 a.C
Trás la batalla, Escipión ordenó a Lelio y Masinisa que persiguieran a Sifax que iba de regreso a su reino, dándole alcance cerca de Cirta. Allí el rey reclutó nuevas tropas para enfrentarse a ambos generales en campo abierto. Sifax intentó organizar sus tropas al estilo romano, pero aunque disponía de fuerzas suficientes, eran en su gran mayoría soldados inexpertos y poca instruidos.
El choque comenzó como una escaramuza de caballería, que poco a poco comenzó a crecer en dimensiones. La caballería númida de Sifax llevaba la iniciativa, hasta que llegó el grueso de la legión romana. La infantería legionaria, emplazada entre líneas, ofreció un frente sólido a la caballería de Sifax, que tuvo que batirse en retirada.
Las tropas de infantería de Sifax, en su mayoría reclutas pobremente armados, se hundieron en el pánico ante la visión de la perfectamente formada legión romana. Sifax, desesperado, corrió entre sus tropas, intentando infundirles moral para que dieran la vuelta y se enfrentaran al enemigo. En un movimiento desesperado, cargó en solitario contra los romanos, pero su caballo herido le arrojó al suelo. 

Últimas acciones  en el 203 a.C
Escipión marchó sobre Cartago ante la cual presento las tropas en orden de batalla, los cartagineses, que no disponían ya de fuerzas para enfrentarse al romano en campo abierto, renunciaron al desafió y se limitaron a preparar un contraataque pero esta vez naval. Un ataque púnico con 100 navíos, consiguió apoderarse entre 60 y 100 barcos mercantes.
Escipión volvió a poner cerco a Útica, pero volvió a fracasar, sin duda harto ya de la guerra de asedio, decidió prender fuego a todas sus máquinas de guerra dedicándose a partir de entonces a saquear los territorios del interior en busca de botín y suministros.
Los cartagineses acordaron con Escipión la suspensión temporal de las hostilidades, los cartagineses pagarían ahora el mantenimiento del ejército romano mientras durase la tregua.
También se comprometiesen a no reclutar en lo sucesivo más mercenarios para sus ejércitos, que evacuarían Italia Magón y Aníbal, que reducirían su flota de guerra a 30 navíos, que entregarían a todos los desertores, que pagarían 1.500 talentos de plata de indemnización, que reconocerían el reino de Masinisa y sus conquistas en Numidia y que no combatirían fuera de sus fronteras.
Los partidarios de la guerra en Cartago, llevaron a cabo un ataque contra los embajadores romanos, estos pudieron salvar la vida, tras esta acción Escipión, evidentemente, rompió las conversaciones y reanudo las hostilidades de inmediato. 

Asdrúbal Barca en Italia (208 – 207 a.C)
Marcha de Asdrúbal desde Hispania a Italia
Tras la batalla de batalla de Baecula en el 208 a.C, Asdrúbal Barca se dirigió a Italia con su ejército, posiblemente cruzó Despeñaperros y se dirigió a San Sebastián (Donostia) y desde aquí inició el camino para cruzar los Alpes, sorprendiendo a propios y ajenos. Solo dos meses le llevo al Bárcida atravesar la cadena montañosa, contra los cinco que le había llevado a su hermano Aníbal.
Las manifestaciones de terror en Roma iban en aumento desde que se supo que Asdrúbal había partido desde España. Llegaron a un punto máximo de nerviosismo cuando el pretor Porcio informo que el general cartaginés y su ejército ya pisaban suelo italiano, y mercenarios de Liguria y la Galia aumentaban considerablemente el número de sus efectivos.
En el 207 a.C, Cayo Claudio Nerón fue elegido cónsul por parte de los patricios, de entre los plebeyos, el elegido fue Marco Livio Salinator, que había conseguido un triunfo luchando contra los ilirios en el 219 a.C. Ambos generales se odiaban, lo que era una clara invitación al desastre. Los dos cónsules echaron a suertes sus destinos. A Salinator le tocó dirigirse hacia el norte con sus tropas, a tratar de bloquear el paso del ejército de Asdrúbal por los Alpes, mientras que Claudio Nerón se dirigiría hacia el sur, contra Aníbal.
Pero Asdrúbal burló completamente a Salinator, como antes había burlado a Publio Cornelio Escipion “el Africano”. Escipión había bloqueado con sus tropas los pasos de los pirineos, por el este, para impedir el paso de las tropas de Asdrúbal. Pero Asdrúbal había cruzado los Pirineos por el oeste (San Sebastián), y pasó el invierno en la Galia, reclutando nuevos mercenarios.
Roma sabía que cuando llegase la primavera, Asdrúbal y su ejército cruzarían los Alpes como anteriormente Aníbal, y entraría en Italia, para tratar de unirse a su hermano. Salinator pensaba que Asdrúbal tardaría en cruzar los Alpes el mismo tiempo que había tardado Aníbal, dándole tiempo a bloquear los accesos a Italia. Pero se equivocó. Asdrúbal salió de sus campamentos en la Galia cuando el invierno aún no había acabado y se movió mucho más deprisa que Aníbal, y llegando a los pasos de los Alpes antes de que lo hiciesen las tropas de Salinator.
Debido al intenso frío, muchos de los elefantes de Asdrúbal murieron en el cruce de los Alpes, sobreviviendo 15 de los que salieron de Hispania. Así que el ejército de Asdrúbal llegó a la llanura del río Po antes de lo que el mismo Aníbal esperaba.
Asdrúbal Barca cruzando los Alpes en el 207 a.C, tardó tan solo dos meses en vez de cinco como su hermano Aníbal

Movimientos en Italia 207 a.C
Por el camino, Asdrúbal había sumado a su ejército 8.000 ligures, infantes curtidos y bien pertrechados, y unos 10.000 galos. Todas sus fuerzas reunidas, alcanzarían probablemente unos 35.000 infantes, 8.000 jinetes y 10 elefantes. Asdrúbal asedió Placencia, pero no pudo tomar la ciudad y se dirigió a Fanum Fortunae (Fano), un pequeño puerto en la costa adriática, donde la vía Flaminia roza la costa. Allí estableció contacto con las fuerzas avanzadas del pretor Lucio Porcio Licinioy del cónsul Salinator que estaban acampados en Sena Gallica (Seniglia) unos kilómetros al sur.
Asdrúbal organizó una serie de correos con el fin de coordinar el encuentro con su hermano. Cuatro jinetes galos y dos númidas fueron despachados con cartas para Aníbal, cometiendo el error de no cifrarlas, aunque había dado la orden de destruirlos en caso de caer prisioneros.
Los correos se dirigieron a Tarento, pero esta ciudad ya había sido tomada por los romanos, y los correos cayeron prisioneros, y de esta manera El cónsul Nerón se enteró que se proponía cruzar los Apeninos y encontrarse con su hermano Aníbal en Umbria.
Al conocer el contenido Nerón tomó una rápida decisión. De su ejército consular, que contaba con unos 45.000 soldados, eligió a 6.000 infantes y 1.000 jinetes escogidos y salió con ellos a toda prisa hacia el norte, para reforzar a las tropas de Salinator, que se encontraba en la región de Urbino, cerca de Pesaro. Recorrió de 350 a 400 kilómetros en un tiempo récord de siete días. En el camino, recibió refuerzos que aumentaron aún más su número.
Aníbal se encontraba aún en sus cuarteles de invierno vigilado por 40.000 infantes y 2.500 jinetes romanos al mando de los cónsules Claudio Nerón y Quinto Fulvio Flaco, y no se dirigiría hacia el norte hasta que estuviese seguro de que su hermano se encontraba allí. Era un riesgo tremendo, si Aníbal se enteraba que Nerón y parte de sus mejores tropas se habían separado de su cuerpo de ejército principal, nada le impediría atacar a los que se habían quedado, que se encontraban sin su comandante. Además lo que estaba haciendo era ilegal, según las leyes romanas. No se permitía a ningún cónsul abandonar su frente asignado sin permiso del senado.
A sugerencia de Salinator, el ejército de Nerón llegó al campamento al anochecer y las tropas recién llegadas no montaron sus tiendas sino que se ocultaron en las tiendas de las tropas acampadas. Para que Asdrúbal no detectase el aumento de fuerzas, se emitió una orden secreta en la que disponía que no se ampliase el campamento ni se realizasen actividades que pudiesen delatar este aumento de fuerzas.
Esa misma noche se celebró un consejo de guerra, y se decidió, a pesar del agotamiento de los refuerzos, no esperar un instante y presentar batalla al día siguiente. El plan era formar los dos ejércitos romanos como si fuera uno solo, y en el último momento, poner a a vista las dos enseñas consulares, que indicaría que los dos cónsules estaban en el campo de batalla.
A pesar de las medidas de seguridad, los romanos cometieron un error, el clarín de órdenes sonó una vez en el campamento del pretor y dos veces en el de cónsul; esto perturbó al veterano comandante, conocedor como era de los hábitos de los romanos. Llegó a la conclusión de que ambos cónsules estaban allí.
Batalla de Metauro 207 a.C Asdrúbal buscando un vado. Durante la noche saca a su ejército del campamento sin que los romanos se den cuenta y su busca un vado para cruzar el río. Autor Jenny Dolfen 

Asdrúbal ordenó abandonar el campamento al amparo de la noche, para ocultar su huida. Se tomaron medidas para engañar a los romanos, y así retrasar todo lo posible la persecución.
Su idea era alcanzar y cruzar el río Metauro, con su ejército ocupando la orilla opuesta, les resultaría sencillo rechazar a los romanos según cruzaban el río.
Pero en la prisa y confusión de la marcha nocturna, los guías, que no habían sido mantenidos bajo estrecha vigilancia, escaparon. La columna marchó sin rumbo por el campo y no supieron encontrar un vado para cruzar el Metauro para llegar a la Vía Flaminia. En esta ocasión, la suerte se alió con los romanos. Porque el río corría caudaloso, posiblemente por las lluvias de primavera y el derretimiento de las nieves de invierno.

Batalla de Metauro (207 a.C)
Los romanos, detectaron la salida de Asdrúbal, pero prefirieron no aventurarse a una persecución nocturna, y esperaron a que amaneciera. Nerón, con la totalidad de la caballería fue el primero en salir. Detrás de él iba Porcio con la infantería ligera y ambos comenzaron a hostigar a los cartagineses. Asdrúbal no tuvo más opción que detener la marcha y comenzar a fortificarse sobre una colina que dominaba el río, pero en ese momento Livio Salinator llegó con las legiones.
Batalla de Metauro 207 a.C. Movimientos previos

La idea o planteamiento táctico para la batalla era presentar a los romanos un frente lo más extenso posible para obligar a estos mismos, a responder con una longitud similar, pudiendo ejercer el esfuerzo principal con los hispanos.

Despliegue inicial
Los romanos tenían 7 legiones y unos 8.000 jinetes, desplegaron toda su caballería en el ala izquierda, a continuación las 4 legiones del cónsul Salinator, las 2 legiones del pretor Porcio y finalmente una legión de Nerón junto al Río.
En su ala derecha situó toda su caballería (8.000), a continuación situó a sus veteranos hispanos (15.000) con una profundidad mayor de lo habitual con el fin de incrementar su potencia para romper la línea enemiga en ese sector (la izquierda romana). En el centro ubicó los ligures (8.000) y delante los 15 elefantes, cubriendo a los hispanos y ligures, situó la infantería ligera y honderos (5.000). En la izquierda situó a los galos (10.000) en una colina frente un barranco (posiblemente en barranco de San Ángelo).
Batalla de Matauro: Despliegue inicial

Primera fase
Batalla de Metauro 207 a.C: Primera fase

La batalla lo más probable es que la iniciasen los romanos, dado que Asdrúbal había elegido el terreno y tenía una mejor posición. Como siempre la batalla comenzó con las cargas de la caballería, que al intentar envolverse mutuamente, se alejaron del campo de batalla, sin que produjesen resultados definitivos. A continuación avanzaron las legiones con los vélites por delante. Éstos se enfrentaron a la infantería ligera y honderos púnicos, pero fueron rechazados.

Segunda fase
En el flanco derecho y el centro, Asdrúbal mando avanzar a los elefantes, y detrás a los hispanos y ligures.  Estos arremetieron con furia contra las legiones de Salinator y las hicieron vacilar. El combate aquí fue encarnizado y muy violento. La primera carga de los elefantes sembró el desconcierto en las primeras líneas romanas, obligándoles a retroceder. Conforme creció la confusión, se perdió el dominio de los animales, que iban de un lado a otro entre las dos líneas sembrando el caos, muchos tuvieron que ser sacrificados por sus propios conductores. Los romanos finalmente logran equilibrar el combate, pero aún estaba indeciso para ambas partes. En el flanco izquierdo, la configuración del terreno impedía la toma de contacto.
Batalla de Metauro: Segunda fase

Batalla de Metauro 207 a.C. Entre el ejército romano mandado por Libio Salinator y el ejército púnico mandado por Asdrúbal Barca. Se ven las tropas hispanas atacando a los legionarios. Autor Radu Oltean 

Tercera fase
Entonces ocurrió lo inesperado, Nerón que estaba inactivo y viendo la pasividad de los galos protegidos por el barranco, decidió dejar una fuerza de cobertura (posiblemente los vélites y hastati) y marchar con parte de sus fuerzas (posiblemente los príncipes y triarios) por detrás de las líneas romanas, e irrumpir en el otro flanco donde estaban los hispanos, atacándoles por el flanco y por la retaguardia, empujándoles hacia los ligures. Se estaba en el momento álgido de la batalla, consiguiendo inclinarla a favor de los romanos.
Asdrúbal mantuvo la formación todo el tiempo que pudo, replegándose lentamente hacia las alturas, alentando a sus hombres y reagrupando a sus unidades para devolverlas al combate.  Hasta que, finalmente, murió en el combate. La formación se desarticuló y se produjo la consecuente matanza. Los galos que estaban en la colina apenas ofrecieron resistencia y se rindieron, pero fueron masacrados.
Batalla de Metauro: Tercera Fase

Consecuencias
Las bajas se estiman en 10.000 hombres y  6  elefantes muertos por el bando púnico y 2.000 por el bando romano. Fueron capturados 5.500 hombres y 4 elefantes.
Muchos huyeron e intentaron retornar a sus países, Livio Salinator decidió dejarlos ir diciendo: “Dejad que algunos sobrevivan para que lleven la noticia de su derrota y de nuestra victoria”.
Nerón después de la batalla regresó  a su campamento de Apulia, donde se encontraba Aníbal, forzó la marcha al igual que la ida, en seis días. Cuando llegó al campamento, mandó  arrojar la cabeza de Asdrúbal por encima de la empalizada del campamento. Dos oficiales cartagineses capturados fueron liberados y enviados al campamento púnico, para que le relaten al púnico todo lo ocurrido.
Al conocer la derrota y muerte de su hermano, Aníbal se retiró a Brutium, y los romanos no se atrevieron a enfrentarse con él.
Cabeza de Asdrúbal siendo presentada a Aníbal

Campaña de Magón en Liguria (205 -203 a.C)
Expulsión de Gades (Cádiz)
Tras la batalla de Ilipa en el 206 a.C, Magón Barca recibió órdenes claras y contundentes de abandonar Hispania, sin embargo, decidió intentar una última y arriesgada acción para cambiar el rumbo de la guerra. Tomó la flota y su ejército e intentó volver a capturar Cartago Nova, desembarcó una fuerza en los alrededores de Cartago Nova y saqueó la campiña. Los habitantes de huyeron a la ciudad e informaron de la aproximación del enemigo. Cuando intentó el asalto por el mismo lugar que lo hizo Escipión, la guarnición estaba alertada y los rechazaron. Reembarcando de nuevo a costa de la pérdida de 800 hombres y armamento y equipos de toda clase.
Fracasado el intento puso proa hacia Gades (Cádiz) para, de esta forma, poder recuperar a sus tropas y, ahora sí, poner en marcha las órdenes recibidas de Cartago.
A su regreso a Gades, Magón encontró las puertas de la ciudad cerradas, por algunos actos de pillaje que habían cometido sus soldados durante el anterior embarque, así como el decomiso de sus bienes llevado a cabo por Magón para la expedición
Magón invitó a los dirigentes de la ciudad para una entrevista, pero fueron capturados y crucificados a la vista de la ciudad.
Magón se dirigió a las Baleares, donde fue bienvenido, decidió pasar el invierno y aprovechar para reclutar honderos, recorrió las islas consiguiendo convencer a unos 2.000 que fueron remitidos a Cartago.

Desembarco en Italia
En la primavera del 205 AC, con 12.000 infantes, 2.000 jinetes y 30 buques de guerra y de transporte, puso rumbo a Liguria con la esperanza de levantar a los galos y ligures en contra de los romanos.
La llegada de Magón fue sin contratiempos, tomó como base Savo y dejó 10 buques de seguridad, el resto los envió a Cartago pues ya se rumoreaba una acción de Escipión desde Sicilia. Una vez aseguró su posición, hizo trato con los ingauni (quienes a su vez estaban en guerra con los montañeses epanterii). Pero la acción más destacable fue sin dudas la toma y destrucción de Génova, casi sin oposición.
La noticia llegó Roma que solo disponía de 4 legiones en los territorios al norte de la península (las 2 legiones en Rimini y las 2 en Etruria), por lo que el Senado ordena a Salinator (Etruria) dirigirse con sus tropas hacia Rímini para unirse a Lucrecio, mientras las 2 legiones urbanas de Cepión, eran enviadas a Etruria.
Mapa de situación de las fuerzas púnicas y romanas en el Norte de Italia en el 203  a.C 

Por entonces, en Cartago se recibieron noticias del desembarco en costas africanas de las fuerzas comandadas por Lelio, pero los cartagineses, pasado el pánico inicial, en un gran esfuerzo reunieron un ejército de refuerzo que es enviado a Magón con una flota de 25 buques, 6.000 infantes, 800 jinetes y 7 elefantes, incluyendo una importante cantidad de dinero destinado a la contratación de mercenarios.
Recibidos estos refuerzos, Magón intenta rápidamente ir al encuentro con su hermano, sin embargo sus aliados ligures y galos, no pensaban igual, dijeron que necesitaban más tiempo para movilizar más fuerzas.  Magón decide esperar y pospone su marcha. Mientras tanto los romanos maniobraban en Etruria y la Galia para impedirle el paso.
Por entonces, en Cartago se recibieron noticias del desembarco en costas africanas de las fuerzas comandadas por Lelio, pero los cartagineses, pasado el pánico inicial, en un gran esfuerzo reúnen un ejército de refuerzo que es enviado a Magón con una flota de 25 buques, 6.000 infantes, 800 jinetes y 7 elefantes, incluyendo una importante cantidad de dinero destinado a la contratación de mercenarios.
Recibidos estos refuerzos, Magón intentó rápidamente ir al encuentro con su hermano, sin embargo sus aliados ligures y galos, no pensaban igual, dijeron que necesitaban más tiempo para movilizar más fuerzas.  Magón decidió esperar y posponer su marcha. Mientras tanto los romanos maniobraban en Etruria y la Galia Padana para impedirle el paso.
Las naciones galas no se unían a la guerra abiertamente, pero no impedían el reclutamiento de guerreros a modo de mercenarios, guardando oficialmente cierto marco de “neutralidad”, mientras que los ligures estaban obligados moralmente a Magón dado que éste los había ayudado en sus guerras internas, aparte de la lejanía de las tropas romanas de su territorio.
En el 204 AC prácticamente toda la Etruria estaba de parte de Magón, esperando con su ayuda, poder rebelarse. El cónsul tuvo que tomar drásticas medidas que, en definitiva, le impidieron participar en la intercepción de Magón.

Batalla de Liguria (203)
El año 203 a.C se inició en Roma, como de costumbre el relevo de mandos. Los cónsules electos son Cneo Servilio Cepión que manda un ejército consular frente a Aníbal en Brucio y Cayo Servilio Gémino que manda el ejército consular en Etruria,  el procónsul Marco Cornelio Cetego al mando de 2 legiones en la Galia Padana, al que se uniría Marco Livio Salinator que manda las 2 legiones, y Publio Quintilio Varo mandaba las 2 legiones de Rimini.
Magón, ahora sí movilizó sus tropas hacia el interior de la Galia en el verano del 203 a.C. Ante esta noticia, las fuerzas romanas que estaban acantonadas en Rimini marcharon a Placencia, uniéndose a Cetego y Salinator, avanzaron juntas al encuentro de Magón, y en algún lugar de la Galia Padana, en el país de los insubros se encontraron con las fuerzas púnicas, desconociéndose el lugar exacto.

Despliegue Inicial
Las fuerzas de Magón eran de unos 18.000 infantes, 2.000 jinetes y 7 elefantes, más unos 10.000 ligures y 5.000 galos. Dispuso sus fuerzas de la siguiente forma: En el ala derecha la caballería númida (1.000). En el centro la falange libio-fenicia (5.000), a continuación los hispanos (8.000), los ligures (10.000) y la otra parte de la falange libio-fenicia (5.000), delante del centro situó los honderos de baleares e infantería ligera (2.000). En el ala izquierda la caballería púnica e hispánica (1.000). Como reserva a retaguardia situó los galos (5.000) y los 7 elefantes.
Los romanos disponían de 30.000 infantes y 2.000 jinetes. Dispusieron de la siguiente forma: En el ala derecha la caballería romana (1.000) frente a la púnica. En el centro 4 legiones (12 y 13 en los extremos y  las aliadas en el centro), delante de estas los vélites (5.000). En el ala  izquierda la caballería aliada (1.000) frente a la númida. Como reserva a retaguardia las 2 legiones (la 13 y una aliada) del pretor Quintilio Varo, esta fue una de las raras ocasiones en que los romanos emplearon una reserva.
Batalla de Liguria verano del 203 a.C: Despliegue inicial 

Primera fase
Se inició el combate con el ataque de la caballería númida contra los aliados, al mismo tiempo las legiones romanas avanzaron, chocando los vélites con los honderos de baleares y fuerzas de cobertura, una vez retirados, las legiones chocaron con la infantería púnica de forma violenta.
Los jinetes númidas retrocedieron  cediendo su ala. Tal situación, era de gran riesgo para los cartagineses. Magón decidió emplear los 7 elefantes contra la caballería aliada, que vió como sus caballos se descontrolan solo ante la presencia y el olor de tales bestias, ahora el ala izquierda romana pasó a la defensiva, los númidas se recuperaron y daban cuenta fácilmente de los jinetes romanos en sus asustados y descontrolados animales.
La legión 12, lo estaba pasando muy mal, había sufrido gran cantidad de bajas por acción de la infantería rival, era ahora atacada de flanco por los elefantes, su situación se volvió crítica.
Batalla de Liguria verano del 203 a.C: Primera fase

Segunda fase
Los romanos decidieron estabilizar la situación y emplear las reservas,  la legión 13 avanzó contra el flanco derecho púnico, los vélites de esta legión atacaron a los elefantes, matando a 4 de ellos,  el resto de la legión se dispuso a atacar el flanco derecho de la falange libio-fenicia.
Infantería romana contra elefantes. Autor Ángel Todaro 
La caballería aliada romana retomó la iniciativa y se volvió a imponer a la númida.
Batalla de Liguria verano del 203 a.C: Segunda fase 

Tercera fase
Magón decidió emplear a los galos para parar a la legión 13, los tres elefantes que quedaban, entorpecieron su despliegue, y cuando chocaron con la legión 13, empezaron a ser derrotados, y por si fuera poco,  la legión 11, se imponía claramente en el otro flanco.
Ante tan favorable situación, los romanos avanzaron ahora y obligaron a su rival a ceder terreno al verse flanqueado y muy presionado de frente. Magón logró sin embargo, mantener a su ejército ordenado e inició un repliegue general que se estaba ejecutando de forma muy ordenada, hasta que el líder púnico cayó gravemente herido y fue retirado del campo de batalla inconsciente. Sus hombres lo creyeron muerto y entraron en pánico, en consecuencia,  la línea púnica se desarticuló, y a partir de entonces, el ordenado repliegue se tornó en una huida desesperada.

Los romanos les dieron caza el resto de la jornada, dando cuenta de más de 5.000 muertos. Las bajas romanas, también fueron importantes, 2.300 muertos, la mayoría de la legión 12.
Magón huyó oculto por la noche, todo lo rápido que su herida le permitía. Encontró refugio en la tierra de los Ingauni de Liguria, donde se entrevistó con una embajada de Cartago que le informó que debía zarpar para África lo antes posible.
Magón embarcó con sus hombres que todavía le seguían siendo fieles y zarpó rumbo a Cartago, pero murió durante el viaje. Algunos buques fueron interceptados por una flota romana que operaba en la zona, pero el resto logró llegar a salvo casi al mismo tiempo que lo hiciera Aníbal.

Últimos años de Aníbal en Italia
Muerte de dos cónsules 208 a.C
En el 208 a.C, los romanos disponían de 21 legiones distribuidas de la siguiente forma:
·       Apulia 2 legiones del ejército de consular Marcelo.
·       Lucania 2 legiones bajo el mando de Crispino en Lucania.
·       Tarento 2 legiones bajo el mando de Quinto Claudio Flaminino.
·       Capua 1 legión bajo el mando de Quinto Fulvio Flaco.
·       Etruria 2 legiones bajo el mando de Cayo Hostilio Túbulo.
·       Galia Cisalpina 2 legiones bajo el mando de Lucio Veturio Filón.
·       Cerdeña 2 legiones bajo el mando de Cayo Arunculeyo.
·       Sicilia 2 legiones bajo el mando de Sexto César.
·       Hispania 4 legiones bajo el mando de Silano y Publio Escipión.
·       Roma 2 legiones urbanas.
Desde Lucania Crispino inicia las operaciones dirigiéndose al Brucio para asediar Locri. Le trajeron maquinaria de asalto desde Sicilia y comenzó el cerco. Aníbal reaccionó desplazándose con su ejército al cabo Lacinum al sur de Crotona. Crispino decidió abandonar el cerco y dirigirse hacia Apulia a reunirse con Marcelo, mientras el pretor en Sicilia Lucio Cincio Alimento tomó el relevo del asedio de Locri con efectivos traídos desde la isla, al tiempo que la mitad del ejército con base en Tarento se desplazó desde allí a unirse a la operación.
Aníbal salió en persecución de Crispino, pero a la altura de Petelia tendió una emboscada con 3.000 jinetes y 2.000 infantes a los efectivos que venían desde Tarento, avisado por los habitantes de Thurium. 2.000 romanos murieron y otros 1.200 fueron apresados. El resto retornó a Tarento.
En una posición entre Venusia y Bantia acamparon ambos cónsules romanos en dos campamentos diferentes. Aníbal llega a la zona persiguiendo a Crispino y acampó frente a ellos. Los cónsules sacaron sus ejércitos presentando batalla pero el púnico rehusó aceptarla ante la magnitud de los efectivos oponentes. Comenzó un impáss en el trascurso del cual los cónsules decidieron hacer una salida de reconocimiento a una colina emplazada entre los campamentos romanos y el cartaginés. Durante la misma fueron emboscados por la caballería cartaginesa que mató a Marcelo y hirió muy gravemente a Crispino. Algunos prefectos aliados cayeron también en la celada.
Aprovechando la parálisis que eso provocó en las filas romanas, Aníbal se decidió explotar el éxito y tomar la relativamente cercana Salapia mediante engaño aprovechando que poseían el anillo consular de Marcelo. Sin embargo los romanos habían sido más rápidos que él y habían mandado mensajeros informando de la novedad a todas las localidades circundantes. Alertadas por esto, cuando llegaron los mensajeros de Aníbal haciéndose pasar por romanos con una carta del cónsul y avisando de la llegada esa misma noche del mismo a la ciudad, decidieron a su vez tender una trampa a los púnicos. El general cartaginés adelantó una tropa de 600 aliados itálicos cuyos eran romanos, fueron dejados pasar a la ciudad, momento en el que las puertas se cerraron de golpe y fueron masacrados por los defensores. Descubiertos sus planes, Aníbal decide retornar al Brucio para socorrer Locri, lo hizo a marchas forzadas adelantando efectivos ligeros para avisar a la guarnición de la localidad de su inminente llegada, que se coordinaría con una salida de los defensores.
Mientras el ejército consular de Marcelo se dirigía a Venusia mandado por el hijo del cónsul fallecido, al mismo tiempo Crispino se dirigió con el suyo a Tarento donde invernará. El hijo de Fabio Máximo fue enviado a Venusia a hacerse cargo del ejército de Marcelo.
Fuerzas de Aníbal en Italia: jabalinero libio de la tribu adyrmachidae de Marmarica con caetra, un sammita italiano, un íbero, un celta atrás. Fuente Revista Focus Storia 

Magón, jefe de la guarnición que defiende Locri, coordinó con Aníbal el ataque sobre los romanos, siendo estos totalmente sorprendidos por la llegada de Aníbal, huyendo hacia los barcos de modo precipitado, abandonando la maquinaria de asalto. De este modo el sitio queda levantado. Siendo apresado Lucio Cincio Alimento, pretor en Sicilia, pues es conocido que fue prisionero de Aníbal, cosa que aprovechó para escribir sobre la guerra aportando información del bando cartaginés.
Antes de acabar el año y como consecuencia de sus heridas Crispino falleció y en su lugar fue enviado desde Etruria el pretor Cayo Hostilio Túbulo para hacerse cargo provisionalmente del mando de su ejército. 

Batalla de Grumentum 207 a.C
En el 207 AC, ante la amenaza de la llegada de Asdrúbal a Italia, el senado romano nombra dictador Tito Manlio Torcuato, manteniendo dos ejércitos consulares uno mandado por Marco Livio Salinator que fue enviado al norte para bloquear el paso del ejército de Asdrúbal por los Alpes, mientras que Claudio Nerón se dirigiría hacia el sur, contra Aníbal.
Incluso antes de recibir el mensaje de su hermano Asdrúbal, Aníbal sabía que tenía que viajar al norte para encontrarse con él. Era consciente de las ventajas la unión de ambos ejércitos cartagineses, y la desestabilización que esto crearía en el centro de Italia. Pero Aníbal tenía que actuar con astucia, porque al dejar Brucio indefensa durante varios meses, podría ser conquistada por cualquiera de los múltiples ejércitos romanos que lo había estado acosando, perdiendo así a sus mejores aliados en Italia, además la posible pérdida de Locri y Crotona, los dos únicos puertos que controlaba, le privaría de la posibilidad de recibir refuerzos de Cartago o Macedonia o volver a embarcarse de nuevo a África con su ejército si todo estaba perdido.
Por lo tanto, Aníbal no se daba prisa a salir de sus cuarteles de invierno, tomándose su tiempo recogiendo todas las guarniciones y destacamentos que pudo en Brucio. Aníbal logró reunir unos 26.000 infantes, 6.500 jinetes y 20 elefantes. Con este ejército dejó Brucio y se movió en dirección a Lucania, donde decidió acampar cerca Grumentum, que todavía le era leal.
Legionarios romanos: 1 vélite, 2 hastato, 3 príncipe, 4 triario. Autor J. Redondo 

Cuando Fulvio Flaco procónsul de Brucio, se dió cuente de los movimientos de Aníbal, le persiguió, y envío un mensajes a cónsul Nerón, que estaba en Vonusia, informándole de la situación. Nerón movió su ejército hacia Grumentum con el fin de interceptar Aníbal.
Fulvio Flaco, también se dirigió a Grumentum, reuniendo su ejército con el de Nerón. Los romanos tenían unos 34.000 soldados de infantería y 2.500 de caballería. Los campamentos de ambos ejércitos estaban separados por unos 1.500 metros por unas colinas, el campamento de Aníbal estaba cerca de la ciudad para tener cubierta su retaguardia. Las fuerzas romanas bloqueaban todas las rutas hacia el norte, por lo que Aníbal decidió ofrecer batalla con el fin de romper el bloqueo y enlazar con Asdrúbal.
Aníbal desplegó sus fuerzas en línea de batalla durante varios días, pero los romanos no aceptaban la batalla. Hubo algunas escaramuzas menores, la intención de los romanos era simplemente mantener a Aníbal en el sur.
Finalmente el carácter impetuoso del cónsul romano y las continuas provocaciones del ejército de Aníbal, llevaron Nerón a aceptar el desafío de Aníbal, preparando una trampa, enviando por la noche cinco cohortes y cinco manípulos bajo el mando de Tiberio Claudio Asellus, y P. Claudio, a unas colinas situadas a la izquierda y a retaguardia del campamento de Aníbal.
Al día siguiente Nerón formó temprano sus tropas para la batalla, Aníbal al enterarse de que estaba formado, mandó salir a sus hombres y desplegar rápidamente, Nerón aprovechó la confusión inicial y para hacer un fuerte e inesperado ataque contra las tropas ligeras de Aníbal con su caballería.
Batalla de Grumentum 207 a.C. Entre las fuerzas de Aníbal y el cónsul Nerón finalizando en tablas

La presencia de Aníbal, sin embargo, comenzó a restaurar el orden; el ala derecha romana atacó antes de que los cartagineses hubiesen completado el despliegue. Los romanos eran mejores en disciplina y tenían la ventaja de la iniciativa.
Los cartagineses no mostraron la desmoralización, y resistieron los enérgicos los ataques romanos con gran determinación. Aníbal a pesar del terror y la confusión consiguió completar la formación de sus tropas para la batalla.
Los púnicos aguantaron bien los ataques romanos, pero de repente por su flanco izquierdo aparecieron las tropas emboscadas, el flanco izquierdo púnico, retrocedió para apoyarse en el campamento, mientras en ala derecha la caballería púnica muy superior puso en fuga a la romana y amenazaba con cortar la retaguardia romana. Nerón ordenó la retirada al campamento.
Según Livio los romanos mataron 8.000 púnicos, y capturaron 700 hombre y 7 elefantes, y los romanos sufrieron 5.000 muertos, dando la victoria a los romanos.
Lo cierto es que la batalla realmente quedó en tablas con ventaja para Aníbal, ya que consiguió romper el bloqueo romano y dirigirse a Venosa. Nerón ofreció batalla al día siguiente, pero Aníbal lo rechazó. Al tercer día abandonó el campamento dejando los fuegos encendidos a cargo de los númidas, e inició la marcha hacia el norte. Nerón cuando descubrió la huida le persiguió, tras unas acciones menores, se dirigió a Metaponto, para recoger la guarnición de la ciudad, mandada por su sobrino Hanón.
Después de la incorporación de las fuerzas de Metaponto a su ejército, envió a Hanón a Brucio, mientras él se dirigió a Canusio en Apulia, donde acampó a la espera de noticias de su hermano. El cónsul Nerón lo siguió y estableció su campamento cerca. 

Batalla de Locri 205 a.C
En el Brucio, el ejército de Aníbal comenzaba a padecer problemas de abastecimiento. Durante el verano permaneció junto al cabo Lacinio, al sur de Crotona. La guerra se encontraba en una fase en la que predominan los saqueos de los territorios vecinos. La guarnición romana de Regio asolaba los campos circundantes a Locri, capturando unos artesanos, que una vez prisioneros acuerdan facilitar una traición a cambio de su libertad. Escipión se interesó en la cuestión y envía un grupo de 3.000 soldados que desde Regio se dirigirán a tomar Locri. Equipados con escalas consiguieron subir los muros y juntamente con traidores redujeron a los centinelas. Iniciado el combate y con la confusión, la guarnición cartaginesa cuyo jefe se llama Amílcar, creyó que la ciudadela estaba ya tomada y huyó a una segunda fortaleza situada en las inmediaciones. La ciudad se asienta entre ambas fortificaciones. Pequeñas escaramuzas tienen lugar entre ambos bandos, aumentando los cartagineses su tropa con refuerzos venidos de las vecindades. Finalmente Aníbal se acercó a la zona, pero los romanos con el apoyo de la población permanecieron sin retirarse en la ciudadela que controlan. Enterado Escipión de la llegada de Aníbal, y del problema en que se va a ver envuelta su guarnición, dejó a su hermano Lucio al mando en Sicilia y se dirigió a ayudarlos desde Mesina. Aníbal envió un mensajero a Amílcar indicándole que al amanecer de la mañana siguiente forzase un combate con el enemigo para entonces irrumpir él por detrás y tomar la otra ciudadela mientras estaban luchando.
Debido a la falta de material de asalto y a lo constreñido del lugar, Aníbal que había llegado una vez iniciado el combate, no pudo cumplir sus intenciones e instaló su campamento en las cercanías. Mientras, la flota romana llegó a Locri y desembarcó entrando en la ciudad antes de la puesta del sol. Al día siguiente Aníbal inició el asalto de los muros, siendo sorprendido por una repentina salida de la ciudad de los defensores que mataron a 200 hombres y le obligaron a replegarse. Intuyendo la presencia del cónsul romano ordenó levantar el campamento e irse ante la posibilidad de verse cercado por éste y los otros dos ejércitos que ya operan en el Brucio (el de Metelo y el del cónsul Licinio Craso). Su guarnición quemó las casas como medio de distracción, y huyeron alcanzando a los suyos. Escipión ocupó todo el pueblo tras lo cual, reembarcó sus tropas y retornó a Mesina en Sicilia dejando al propretor Quinto Pleminio a cargo junto a los tribunos que él había dejado. Estos tendrán una pugna debido a la rapacidad que demostraron con la recién tomada población. Los excesos cometidos serán aprovechados por los rivales políticos de Escipión para intentar apartarlo del mando.
Al final de la campaña se declara una peste que afecta al ya mermado ejército de Aníbal y a los dos ejércitos romanos en la zona. En especial al de Metelo. Debido a los estragos de la enfermedad, los romanos licencian al ejército de Metelo al completo. Aníbal por su parte reparte su ejército en guarniciones. Esto condicionará la ausencia de operaciones militares por parte de ambos en la última fase del año.

Batalla de Crotona 204 a.C
El año 204 a.C comenzó con la elección de los nuevos cónsules, Marco Cornelio Cetego que se le asigna Etruria y Publio Sempronio Tuditano que se le asigna Brucio, se le ordenó alistar un nuevo ejército, dado que el anterior tuvo que ser licenciado por la peste.
Aníbal también acabó el año anterior con su ejército padeciendo un brote de peste y dificultades en el abastecimiento, optando por repartir las fuerzas entre las guarniciones de Brucio.
Sempronio Tuditano inició una marcha con su nuevo ejército por las proximidades de Crotona durante la cual fue sorprendido por el ejército púnico. Tras sufrir 1.200 bajas mortales consiguió refugiarse en su campamento. Esa misma noche avisó al procónsul Publio Licinio Craso, para que se uniese con sus hombres a él. Al día siguiente los romanos ofrecieron batalla permaneciendo el ejército de Craso en retaguardia escondido. Tentado por la posibilidad de volver a endosarle una derrota Aníbal acepta el envite, viéndose sorprendido por la aparición del segundo ejército. Los cartagineses fueron derrotados sufriendo 4.000 muertos y 300 prisioneros, teniendo que refugiarse en Crotona.
Aníbal abandona Italia 203 a.C
En el 203 a.C, fueron elegidos cónsules Cayo Servilio Gémino en Etruria dada amenaza de Magón en Liguria y Cneo Servilio Cepión en Brucio. Cetego tiene 2 legiones en la Galia Cisalpina y Quintilio Varo 2 legiones en Arimoni con lo cual disponen de 8 legiones para controlar a Magón.
Tuditano tiene 4 legiones en Brucio que unidas al ejército consular disponen de 8 legiones para controlar a Aníbal, que solo ocupa el Brucio. Muchas ciudades se siguen pasando al bando romano, aunque no hay campañas militares dado que el esfuerzo principal estaba en el norte contra Magón. No obstante Livio se hace eco de un combate del cónsul contra Aníbal en el que este último habría perdido 5.000 hombres, una cifra exagerada para la poca difusión que habría tenido este evento. De cualquier modo fue el último combate conocido de Aníbal en Italia. Al igual que su hermano Magón, recibió una embajada de Cartago que le indicaba que debía retornar a África para hacer frente a Escipión.
Soldados de Aníbal en Italia: tras 16 años de guerra la mayoría de las fuerzas de Aníbal eran italianas: a la izquierda oscos, sammitas, brucios y galos. A la derecha lucanos y etruscos. 

Livio cuenta que Aníbal masacró a los itálicos que rehusaron acompañarle a África y dejó guarniciones en diversas localidades pero con tropas de muy baja calidad. Lo que si es cierto es que se vio obligado a sacrificar muchos caballos al no poderlos transportar. Esto indicaría cierta disposición a retornar en caso de que hubiese derrotado a Escipión. Los generales romanos no intentaron en ningún caso detener a los dos ejércitos de los hermanos Barca cuando se reembarcaron, de manera que todo quedaría en manos de Escipión.
Coincidiendo con estos hechos se produjo la llegada a Roma desde Grecia de una embajada de los estados aliados en la cual se informaba que Filipo V de Macedonia había violado los tratados de paz y asolaba sus tierras al tiempo que había enviado a África un cuerpo de 4.000 hombres bajo mando de Sópater junto con dinero, para apoyar a los cartagineses.

Batalla de Zama (202 a.C)
Desembarco de Aníbal en África
En el 203 AC,  Aníbal se hallaba en Crotón (Crotona) cuando recibió la orden de retirarse a África. Primero mató a todos sus caballos, y el 23 de junio, bajo la protección del armisticio embarcó a sus hombres (de 15.000 a 20.000 hombres) y les desembarcó en Leptis Minor, desde donde se dirigió a Susa para hacerse con toda la caballería que pudiera.
Una vez desembarcadas sus fuerzas, Aníbal estableció su base de operaciones en la ciudad costera de Hidrumetum (la actual Soussa), comenzó entonces una frenética actividad, por un lado envió a parte de sus fuerzas en busca de suministros, caballos y refuerzos, por otro lado entablo una alianza con la tribu númida de los areácidas y entre los muchos que ahora acudían a su lado separó a unos 4.000 jinetes que, perteneciendo antes a Sifax, se habían pasado a Masinisa y ahora se presentaban ante Aníbal para pasarse de nuevo a los cartagineses. Sospecho Aníbal de la fidelidad de estas tropas y resolvió eliminarlas de un golpe asesinando a la totalidad de estos auxiliares y repartiendo los caballos entre sus propias tropas. Acudió en este momento a su lado Tiqueo con 2.000 jinetes y otro jefe tribal númida, Mesótilo con 1.000 jinetes, y también Vermina, hijo y heredero del reino de padre Sifax, reducido ahora tras la guerra con Masinisa, pero todavía extenso y poderoso, la alianza se debió sellar en ese momento pero lo cierto es que la ayuda del númida llegaría, desgraciadamente para Aníbal y su causa, demasiado tarde.
Batalla de Zama: Movimientos previos
Aníbal procuró atraerse hacia su lado a ciertas ciudades o fortalezas que, anexionadas al reino de Masinisa, interesaban al cartaginés por su situación estratégica. De esta forma algunas poblaciones se pasaron voluntariamente a los cartagineses y otras, como Narce (situación desconocida), fueron conquistadas a la fuerza o mediante estratagemas.
En vista de que la guerra se encendía, Aníbal, en su afán de reforzar sus heterogéneas fuerzas, hizo que el senado sobreseyese la condena de Asdrúbal Giscón para de esta forma convencer a este de que le entregase las fuerzas de que disponía, que eran unos 2.000 jinetes y 500 infantes, también se unieron 4.000 macedonios mandados por Sópatro enviados por Filipo V.
Partió y se dirigió a atacar la númida de Masinisa para evitar que estas fuerzas se unieran a Escipión, toma la ciudad de Narce, donde recibió la noticia de que Masinisa se había unido a Escipión con 6.000 infantes y 6.000 jinetes númidas.
Ante la cercanía del ejército púnico, Escipión decide poner en práctica una trampa, simulando su retirada hacia Cartago. Aníbal manda su caballería en persecución de los romanos, produciéndose un enfrentamiento entre jinetes cerca de Zama en el que los romanos salen victoriosos, mermando de esta manera la caballería del ejército cartaginés.
Escipión se entera de los problemas de abastecimiento del ejército de Aníbal y tiende una emboscada al convoy de suministro púnico al frente de la cual pone a su legado Quinto Minucio Termo. Este ocupa una colina que domina un paso estrecho y ataca de noche el tren de suministro matando a 4.000 hombres y capturando otros tantos además de la totalidad del avituallamiento.
Escipión toma la ciudad de Partha y se aproxima a Naragara donde cuenta con facilidades para el abastecimiento, en especial de agua.
El acceso al agua de Aníbal es pésimo,  así que concertó una entrevista personal con Escipión. Se entrevistaron solos sin escoltas, y no llegaron a ninguna conclusión.
Entrevista de Aníbal con Escipión aes de Zama. No creo que necesitase intérpretes como muestra la ilustración, ya que Aníbal hablaba latín perfectamente. 

Escipión presenta batalla y la situación empuja a Aníbal a aceptar el enfrentamiento el 19 de octubre de 202 a.C. 

Despliegue inicial
Aníbal situó en su ala izquierda 3.000 jinetes númidas mandados por Tiqueo. En el centro situó los 37.000 infantes en 3 líneas. En el centro  situó 80 elefantes que nunca habían entrado en combate,  protegidos por 2.000 infantes ligeros y honderos de baleares, detrás tres líneas de infantería de unos 12.000 hombres cada una, la primera estaba ocupada por ligures y galos,  la segunda línea estaba formada por 4.000 macedonios y unos 8,000 cartagineses, y la tercera  por 12.000  veteranos de Aníbal, principalmente brúcios. En su ala derecha mandada por Cartalón situó 3.000 jinetes púnicos, algunos recién reclutados y otros veteranos con caballos númidas a los que no estaban acostumbrados.
Batalla de Zama 19 de octubre de 202 a.C: Despliegue inicial

Escipión situó en su ala derecha la caballería númida (6.000) mandada por Masinisa. En el centro situó 4 legiones (dos romanas y 2 aliadas)  alrededor de 16.000 legionarios, a ambos lados situó 7.000 auxiliares, delante colocó 6.000 vélites e infantería ligera, así como los músicos con cuernos y trompetas para ahuyentar los elefantes. En su ala derecha situó  2.700 jinetes itálicos bajo el mando de Cayo Lelio.
Los manípulos romanos no se colocaron a tresbolillo, sino unos detrás de otros para dejar pasillos por los que pasaran  los elefantes cuando rompieran la formación. El acies de triarios se situó más a retaguardia de lo normal para evitar los elefantes.
Con ambos ejércitos frente a frente, los romanos soplaron los cuernos de batalla. Cundió el nerviosismo entre algunos de los elefantes – pues habían sido capturados recientemente -, que retrocedieron en estampida contra la propia caballería númida de Tiqueo, creando un gran desorden.
La batalla se puede dividir en tres fases: fase 1: la carga de los elefantes y la carga de las caballerías, fase 2: Lucha en el centro fase 3: ataque de la caballería a la retaguardia de Aníbal. 

Primera fase: carga de los elefantes
Los elefantes apoyados por la infantería ligera,  cargaron contra los vélites y músicos, que con el fragor de las trompas y cuernos, aterrorizaron a los elefantes, algunos guías o mahouts fueron matados por los vélites infantería romana, quedando sin control,  sobre todo en el flanco izquierdo, que al huir del campo de batalla, Los jinetes de Masinisa que estaban acostumbrados a los elefantes, les lanzaron armas arrojadizas desde sus monturas. Otros elefantes retrocedieron y fueron matados por sus guías, los elefantes que no retrocedieron, empujaron a los vélites que se replegaron por los pasillos, atacándolos desde los flancos con lanzas, muchos murieron y otros pasaron por los pasillos sin causar bajas.
Batalla de Zama 19 de octubre de 202 a.C: Primera fase. Carga de los elefantes 

Los jinetes de Masinisa persiguieron a los elefantes, algunos de los cuales fueron contra la caballería númida de Tiqueo, aprovechando este momento de confusión para cargar. En el otro flanco, la  caballería de Lelio con fuerzas similares, atacó a la caballería de Cartalón.
Batalla de Zama 202 a.C. Carga de los elefantes de Aníbal que son atacados por los vélites romanos, unos pasan entre las filas romanas sin causar daño, otros son muertos y otros retroceden contra las lineas púnicas. Autor Peter Dennis

Batalla de Zama 202 a.C (5). Carga de los elefantes de Aníbal que son atacados por los vélites romanos, unos pasan entre las filas romanas sin causar daño, otros son muertos y otros retroceden contra las lineas púnicas. Autor Peter Dennis

Batalla de Zama 202 a.C (1): Los elefantes cartagineses se vuelven contra la propia caballería cartaginesa. Autor Giuseppe Rava

Batalla de Zama 202 a.C (2). Romanos atacando a los elefantes. Autor Angus McBride

Batalla de Zama 202 a.C (4). Autor Brian Palmer

Segunda fase. Lucha en el centro
La primera línea púnica, se lanzó contra la los hastati, primero se arrojaron las jabalinas mutuamente y luego el forcejeo cuerpo a cuerpo, al principio pareció llevar la ventaja Aníbal, que hizo retroceder a los hastati y aliados,   estos apoyados por los príncipes iniciaron el contraataque antes de que llegara el apoyo de la segunda línea púnica,  La primera línea retrocede y se tiene que replegar por los flancos, en algunos lugares del centro llegan a producirse combates fratricidas entre los que retroceden y los componentes de dicha segunda línea. Esto provocó un alargamiento de la  segunda línea, aunque parte de los que se replegaban huyeron y otros se reagruparon en una colina cercana.
Escipión mandó retroceder las líneas para reorganizarse,  mandó que los príncipes avanzaran y los hastati pasasen a los flancos una vez rebasados,  lanzando una nueva ofensiva. Tal fue la embestida que el campo se hallaba cubierto de cadáveres y heridos, Escipión mando que éstos fuesen transportados a retaguardia, cargando de nuevo con los príncipes y aliados y hastati, de modo que la segunda línea púnica comenzó a retroceder. 

Batalla de Zama 202 a.C (6). Choque entre príncipes y la segunda línea de Aníbal, compuesta por ciudadanos cartagineses y libios, que resultaron fácilmente derrotados por los legionarios. Autor Peter Dennis.

Aníbal ordenó que la tercera línea de veteranos de Italia, avanzase, y los restos de la segunda fila fuese a los flancos,  comenzando de nuevo  a ganar terreno. Escipión respondió de igual manera, hace avanzar a los triari, y los príncipes se repliegan a los flancos, para compensar el alargamiento de la línea, reanudándose de nuevo el ataque.
Batalla de Zama 19 de octubre de 202 a.C: Segunda fase. Lucha en el centro 

Tercera fase: regreso de la caballería
La caballería romana de Lelio y los jinetes númidas de Masinisa, ya reorganizados tras la persecución de los jinetes de Tiqueo y de Cartaón, regresaron en aquel momento al campo de batalla. Atacaron la formación compacta de los cartagineses desde la retaguardia, de manera que se produjo el colapso del ejército de Aníbal, quien hubo de huir, las tropas de Escipión trataron de perseguirle, pero en una colina cercana efectivos hispanos y celtas (restos de su 1ª línea y de infantería ligera) comandados por Aníbal se lanzan contra los perseguidores romanos, produciéndoles grandes pérdidas, los romanos deciden no perseguirle por miedo a otra posible emboscada. Dedicándose a saquear el campamento púnico y regresan a Útica con el botín.
Batalla de Zama 16 de octubre de 202 a.C: Tercera fase el regreso de la caballería

Las bajas cartaginesas se elevaban a alrededor de 20.000 muertos, 10.000 prisioneros y 11 elefantes capturados. Los romanos tuvieron 2.500 legionarios y aliados muertos, 2.500 númidas muertos,  4.000 heridos.
Batalla de Zama 202 a.C (5). Secuelas de la batalla. Un oficial cartaginés posiblemente del Batallón Sagrado junto a un centurión piceno y un centurión etrusco después de una batalla. Autor Giuseppe Rava

Vermina, hijo de Sífax, llegó en socorro de los cartagineses con una fuerza de caballería y algo de infantería. Escipión se dirigió a interceptarlo con la totalidad de su caballería y una parte de su infantería. Lo atacó sobre la marcha matando a 15.000 hombres y capturando a 1.200 infantes y 150 jinetes. Vermina logró huir.
Escipión no marchó contra Cartago, sino que hizo una generosa oferta de paz por la cual Cartago entregaría todos los buques de guerra y elefantes, se comprometería a no entrar en ninguna otra guerra sin permiso de Roma, Masinisa sería instalado en su antiguo reino, y pagarían una indemnización de 10.000 talentos de plata en 50 años.
Aníbal sabiendo que iba a ser entregado a los romanos, huyó y vivió 19 años más.

Tercera Guerra Púnica (151 – 146 a.C)
Antecedentes
Cartago tras ser derrotada en la Segunda Guerra Púnica, cumplió el tratado y procuró rehacer su economía apoyándose en el comercio por mar y en una importante expansión de la agricultura, lo que despertó recelos en Roma.
Por eso, cuando Marco Porcio Catón el Viejo visitó Cartago en el año 152 a.C, creyó que iba a encontrar una diminuta y mísera ciudad situada en una península africana: nada más lejos que la realidad. Los cartagineses, no pudiendo emplear su dinero en guerras, y con una enorme capacidad comercial, habían hecho de su urbe una ciudad esplendorosa, sobre todo comparándolo con el inmenso barrio de chozas que era Roma en esa época de su historia. Ante esta situación, Catón volvió a Roma bramando contra Cartago, diciendo que si dejaban que ésta se recuperase, volvería a entablar una guerra contra Roma, y que por tanto, y por razones de seguridad, Cartago debía ser destruida.
El grupo aristocrático conservador le apoyó le nombro su portavoz, cuyas arengas anti-cartaginesas fueron famosas, soliendo terminar todos sus discursos con la célebre frase: “Cartago delenda est” (Cartago debe ser destruida).
La competencia comercial que representaba Cartago para Roma, sobre todo para la aristocracia latifundista de Campania en cuanto al comercio de vinos e higos, lo cual motivó a que ésta apoyara a Catón. Otro factor fue sin duda la explosión demográfica sufrida en ese momento por la población romana, lo cual ejerció una fuerte presión para conseguir nuevas fuentes de alimentación, como las fértiles tierras del actual Túnez.
Ya solo faltaba una excusa para iniciar las operaciones. 

Inicio de la Guerra 151 a.C
La ocasión la proporcionaron los ataques del rey númida Masinisa, que hostigaba a los cartagineses que no podían defenderse, ya que necesitaban el permiso de Roma para hacerlo, y los latinos hacían siempre la vista gorda.
Numidia atacó el territorio cartaginés, sitiando una ciudad de ubicación desconocida llamada Horóscopa en el 150 a.C, lo que llevó a la caída del gobierno prorromano y la instalación de otro más militarista.
Los púnicos enviaron una expedición militar al mando de Asdrúbal el Beotarca que al mando de cerca de 25.000 infantes y 400 jinetes ciudadanos, marchó contra Masinisa. Asasis y Suba, lugartenientes de Masinisa, se pasaron a su bando con 6.000 jinetes cuando estaban cerca, a causa de algunas diferencias con los hijos del rey. Asdrúbal, animado con estas tropas de refuerzo aproximó su campamento al enemigo obteniendo una ligera ventaja en diversas escaramuzas.
Masinisa, con la intención de tenderle una emboscada, se retira poco a poco para dar la impresión de que estaba huyendo. Este repliegue lo efectúa hasta llegar a una gran llanura desierta, rodeada por todos lados de colinas y precipicios. Luego retrocede y fija su campamento en campo abierto; Asdrúbal, por su parte, ocupa las colinas al considerarlas una posición más sólida. Ambos contendientes se dispusieron a entablar combate al día siguiente.
La batalla se prolongó durante todo el día sufriendo numerosas bajas en ambos bandos. Al caer la noche cesaron los combates con cierta ventaja de Masinisa. Al regresar del campo de batalla se encontró con Escipión al que recibió con cordialidad debido a la gran amistad que había tenido con su abuelo. Al enterarse los cartagineses de la presencia de Escipión en el campamento númida le pidieron que gestionara una reconciliación con Masinisa. Se concertó una tregua en la que se reunieron ambas partes. La propuesta cartaginesa era la cesión de la ciudad de Emporión y el pago inmediato de 200 talentos de plata y 800 en un plazo posterior. Pero cuando el rey solicitó la devolución de los desertores (las tropas de Asasis y Suba) los cartagineses se levantaron de la mesa de negociaciones sin mediar palabra.
Masinisa rodeó con un foso la colina en la que estaba el campamento cartaginés con el objetivo de cortar la entrada de suministros; las zonas en las que se hubieran podido conseguir estaban muy alejadas de la región a la que el númida los había atraído, tanto que el rey a duras penas había logrado acarrear hasta allí un poco de alimento desde gran distancia.
Asdrúbal, estudiando la situación, pensaba que podía abrir una brecha en el cerco con su ejército, relativamente intacto por el momento. Sin embargo, después de hacer un recuento de las provisiones se dio cuenta que tiene más que Masinisa y que podía aguantar más tiempo; decidiendo mantenerse a la espera de un ataque precipitado por parte del rey. Por otro lado, había recibido noticias de que una delegación romana se encontraba en camino con el objeto de establecer una paz negociada. Lo que Asdrúbal ignoraba era que los embajadores romanos llevaban órdenes de que si Masinisa resultaba vencido, entonces debían arbitrar para resolver las diferencias pero si tenía ventaja en los combates debían espolearlo más.
La mayor parte del ejército púnico pereció de hambre y los demás, al no ver esperanza alguna de salvación acordaron entregar los desertores a Masinisa, pagarle 5.000 talentos de plata en un plazo de 50 años y acoger de nuevo a sus desterrados en contra de sus juramentos.
Hechos los acuerdos, los cartagineses comenzaron a salir por una única puerta de uno en uno portando únicamente una túnica. Es entonces cuando Gulussa, irritado por la persecución que había sufrido no mucho antes, ya sea con el consentimiento de su padre o por propia iniciativa, envía contra ellos un cuerpo de jinetes númidas, los cuales empezaron a perseguirlos por todos lados.
De los 58.000 hombres que formaban el ejército (a los 25.400 iniciales que salieron de la ciudad hay que añadirle los que luego se fueron sumando a las filas cartaginesas) muy pocos consiguieron regresar a Cartago, entre ellos Asdrúbal y unos cuantos nobles.
Después de sufrir el desastre militar a manos de Masinisa y por temor a que Roma tuviera un pretexto para la guerra, los cartagineses condenaron a muerte a Asdrúbal (aunque no lograron ejecutarlo) y a Cartalón, así como a todos los comandantes que estuvieron implicados en el ataque a Masinisa, y a los principales miembros del partido militar.
Creyendo que de esta manera apaciguarían a los romanos, se envió una embajada para acusar a estos hombres y al propio Masinisa de haber llegado a un conflicto armado. Sin embargo, cuando uno de los senadores preguntó a los embajadores por qué no habían condenado a los culpables al comenzar el ataque a las tropas númidas en lugar de hacerlo tras la derrota, y por qué no les habían enviado embajadores antes, en vez de hacerlo ahora, no supieron dar respuesta.
Se envió otra embajada en la que el gobierno cartaginés, en un intento de salvar la ciudad de su destrucción, decidía rendirse incondicionalmente. Se entregaron 300 niños, hijos de los principales dirigentes de la ciudad, como rehenes a cambio de garantizar a Cartago su independencia y el mantenimiento de sus territorios; también como condición se debían cumplir las decisiones de los cónsules una vez se hubiesen asentado éstos en suelo africano.
El ejército romano con más de 80.000 infantes y 4.000 jinetes desembarcó en Útica. Los cónsules exigieron la entrega de toda la flota y armas de asedio de la ciudad, lo que cumplió inmediatamente. Los púnicos entregaron 200.000 equipos individuales para soldados y 2.000 catapultas y ballestas. Pero cuando se dio como nueva exigencia el traslado de la ciudad fenicia a 15,4 km (80 estadios) tierra adentro y la destrucción de su antigua localización. Los cartagineses se negaron, ya que significaba perder su dominio marítimo y comercial junto con su identidad cultural, lo que dio comienzo al asedio.
Inmediatamente se comenzó el rearme, y la rapidez como se llevó a cabo demuestra que Cartago no entregó, ni mucho menos, todas sus armas a los romanos. Los cartagineses inmediatamente se atrincheraron en su ciudad y asesinaron en todos aquellos considerados como colaboracionistas. Aunque parcialmente desarmada, Cartago estaba rodeada por excelentes fortificaciones que permitirían su defensa a los mismos ciudadanos, aún con inferioridad numérica y de equipo con relación a los romanos. Con el fin de ganar tiempo para fabricar armas, los cartagineses enviaron una embajada a los cónsules romanos con el pretexto de un armisticio a fin de negociar con el senado romano. El armisticio fue rechazado, pero inexplicablemente los romanos no procedieron a asaltar de inmediato la ciudad.
Gracias a esto, los cartagineses pudieron prepararse para resistir el asedio; fabricaron armas y armaduras día y noche utilizando de cualquier metal disponible, incluso de los collares de las mujeres; construyendo máquinas de guerra (cuyas cuerdas se prepararon con cabellos donados por las mujeres); se liberaron esclavos para aumentar el número de defensores; se reforzaron las murallas de la ciudad y se almacenaron un gran cantidad de provisiones. Mientras que la ciudad se armaba con todo lo que tenían a mano, Asdrúbal, que después de su condena a muerte consiguió escapar y formar un ejército propio que ocupaba casi todo el territorio cartaginés, fue amnistiado y se le imploró que ayudara a la ciudad, lo que aceptó de inmediato. Increíblemente los romanos continuaron sin actuar y cuando finalmente intentaron asaltar la ciudad se dieron cuenta que esta estaba totalmente lista para defenderse, lo que quedó comprobado cuando intentaron asaltar la urbe y fueron rechazados.
Los cartagineses habían formado un ejército de 40.000 soldados y 25.000 milicianos y 1.000 jinetes.

El asedio
Se situaron dos campamentos romanos, el de Censorino al sur del perímetro exterior de la muralla cartaginesa en la lengua de tierra entre la laguna y el mar, y el de Manilio al oeste. La primera victoria se la llevaron los cartagineses, un grupo de jinetes comandados por Himilcón Fameas, lograron matar a 500 legionarios desprevenidos que estaban talando árboles para construir máquinas de asedio.
Los dos cónsules deciden efectuar un asalto a los muros de la ciudad. Las tropas de Manilio consiguen derribar a duras penas una zona fortificada situada delante de la muralla, siendo repelido desde lo alto de la misma por el lanzamiento de gran cantidad de proyectiles, por lo que se replantea volver a intentar el asalto den el mismo sitio.
Censorino rellenó una zona de la laguna con la intención de hacerla más ancha y poder pasar dos grandes arietes arrastrados por los soldados y por las tropas de la flota. Esta vez si que se consigue abatir parte de la muralla, pero al intentar pasar, sus tropas fueron rechazadas. Durante la noche, los cartagineses se pusieron a la tarea de reconstruir las partes demolidas. Sin embargo, como al llegar el día las obras no iban a estar terminadas y temiendo que los romanos derribaran más muralla a lo largo de la jornada, hicieron una salida con la intención de prender fuego a las máquinas romanas. Lograron destruir algunas e inutilizar otras muchas, tras lo cual se retiraron al interior de la ciudad.
Asedio de Cartago por los romanos. Censorino consigue romper parte de la muralla, pero los púnicos consiguen reconstruirlas. Se puede apreciar la bocana del puerto y al fondo la colina de Birsa. Juego Total War Rome II

Manilio tomó la decisión volver a atacar por la parte de la muralla que había sido derribada y no reconstruida aún por completo. En el interior podían observar un espacio abierto apto para el combate en cuyo frente los cartagineses habían colocado hombres armados y, detrás, estaban dispuestos los que no tenían armas y portaban palos y piedras; consiguió avanzar hacia el interior de Megara (área rural que rodeaba la ciudad de Cartago) pero una vez superadas las murallas los legionarios fueron rechazados por los defensores.
Sin embargo, Escipión Emiliano, que por este tiempo era tribuno militar, se quedó atrás y dividió en varios grupos a sus tropas a intervalos a lo largo de la muralla sin dejarlas entrar en la ciudad. Cuando los que habían entrado fueron rechazados, Escipión ordenó a sus tropas proteger y cubrir la retirada logrando salvar a los que salían huyendo.
Censorino se vio obligado a abandonar el campamento por la insalubridad de su ubicación y en su traslado con la flota fue atacado de repente por varios brulotes cartagineses (barcos cargados de material explosivo o inflamable) que tuvieron un efecto demoledor en la desordenada flota romana que no esperaba un ataque en el mar.
Sumado a esto, en el sector oeste de las murallas que rodeaban Megara, los cartagineses salieron y atacaron el campamento de Manilio, usando planchas de madera para evitar el foso del campamento, y pillaron desprevenidos a los defensores. En el campamento cundió el pánico pero la intervención del joven tribuno Escipión Emiliano que salió con su caballería por la puerta opuesta y ataco por retaguardia a los atacantes, obligándoles a retirarse, evitando la aniquilación del ejército romano. Gracias a esta acción, Escipión se ganó una corona gramínea, la máxima condecoración militar del ejército romano.
Al no poder tomar la ciudad, los romanos emprendieron una serie de ataques a las ciudades cercanas que brindaban apoyo a Cartago. Las expediciones estaban mandadas por los tribunos militares en turnos rotatorios.
Asdrúbal había acampado en las cercanías de Nepheris, lugar en donde el terreno le brindaba una mejor protección. Manilio cuando se enteró, decidió atacarle y estableció un plan de acción contra Asdrúbal. Escipión era de la opinión que la ruta a seguir era propicia para emboscadas pues estaba llena de zonas rocosas, precipicios y bosques, a lo que había que sumarle que las alturas habían sido tomadas previamente por el enemigo.
Manilio emprendió la marcha; al llegar a tres estadios del campamento de Asdrúbal, había que descender al cauce de un río y subir luego para atacarle. Escipión le aconsejó que diera la vuelta, los otros tribunos se opusieron y tacharon de cobarde el retirarse a la vista de los cartagineses; más aún, podía ser atacada su retaguardia. Escipión aconsejó entonces al cónsul fortificar un punto delante del cauce del río a fin de tener un lugar donde retirarse en el caso de ser derrotados. Los otros tribunos se volvieron a negar.
Cuando las tropas de Manio Manilio vadearon el río, Asdrúbal cayó sobre sobre los romanos. Se desencadenó un combate en el que ambos bandos sufrieron un número elevado de bajas. Los cartagineses se retiraron y alcanzaron su posición fortificada a la espera de que los romanos se pusieran en movimiento y poder volver a atacarlos. Manio Manilio, arrepentido de su imprudencia al no construir un campamento, ordenó que el ejército se retirase en formación hasta el río, pero dada la dificultad de cruzarlo de nuevo tuvieron que romper la formación debido a que había pocos vados y eran estrechos. Al ver esto, Asdrúbal lanzó un rápido ataque logrando dar muerte a multitud de romanos, los cuales huían sin defenderse. En el campo quedaron tres de los tribunos militares que habían apoyado el combate.
Escipión, en compañía de 300 jinetes y de todos cuantos pudo reunir, tras dividirlos en dos cuerpos, se dispuso a cubrir la huida. Escipión cargó contra los cartagineses que estaban atacando a los que cruzaban el río, y estos abandonaron la persecución para hacerle frente.
Cuando cruzó todo el ejército, se dieron cuenta de que cuatro cohortes que habían buscado refugio en una colina, estaban siendo sitiadas por Asdrúbal. Decidieron abandonarlos a su suerte, pero Escipión con su caballería, volvió a cruzar el río, dividió las fuerzas en dos grupos y les atacó por dos frentes, los sitiadores abandonaron el cerco y huyeron. Por esta acción fue condecorado con la corona obsidionalis.
Finalmente entró un nuevo personaje en escena, Gulusa, el segundo hijo legítimo de Masinisa, que se unió a los romanos con más de 2.000 jinetes númidas. Además, Himilcón Fameas y su caballería se pasaron también al bando romano.
Manilio aprovechó esta situación para regresar a su campamento, donde permanecería atrincherado hasta el final de su mandato. No habiendo conseguido prácticamente ninguna victoria, los dos cónsules fueron sustituidos a comienzos de la primavera de 148 a.C por Lucio Calpurnio Pisón y su legado Lucio Hostilio Mancino, el primero pasaría a mandar el ejército terrestre y el último la flota. En ese mismo año moría el rey númida, Masinisa, a los 90 años.
Nuevamente se intentaron tomar las ciudades costeras aliadas de Cartago, aunque esto no dio resultado. Además, unos 800 jinetes de Gulusa se pasaron al bando cartaginés y se enviaron emisarios incluso a Andrisco, un rebelde macedonio que se había hecho pasar por el hijo de Perseo de Macedonia y se había levantado en armas contra los romanos.
En estos dos años de guerra, a los romanos les resultó imposible tomar Cartago, pues contaba con enormes recursos, sólidas fortificaciones y un gran ejército que impedía su aislamiento total, continuando esta su actividad comercial por vía marítima. Como el asedio se prolongaba, los comandantes romanos decidieron permitir la entrada en su campamento de “elementos de distracción”: prostitutas, comerciantes, etc, lo que provocó un relajamiento de la disciplina militar.
Finalmente entre los dirigentes romanos, molestos por la duración y poco éxito del asedio decidieron nombrar al nieto adoptivo de Escipión el africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano, cónsul y comandante supremo del ejército romano en África, en el año 147 a.C, a pesar de no tener la edad requerida para ostentar el cargo de cónsul. Su capacidad quedó demostrada cuando resolvió el problema en la sucesión de Masinisa, dividiendo el poder entre sus tres herederos.
Cuando Escipión Emiliano tomó el mando lo primero que hizo fe expulsar a los civiles del campamento romano, como las prostitutas y comerciantes, imponiendo de nuevo una dura disciplina.
La primera intervención del nuevo cónsul sería para salvar el pellejo de Mancino, el legado del anterior cónsul que quedó atrapado en la costa. Escipión embarcó con unos pocos centenares de soldados e improvisó una flota. Dio órdenes de subir a cubierta a todos los hombres y de esta forma los cartagineses creyeron que se trataba de un gran contingente de refresco y se retiraron, de esta forma se pudo retirar Mancino y Escipión volvió a su tarea de asediar la ciudad.
Asedio de Cartago. Escipión desembarca con un grupo de legionarios, salvando a Mancino que estaba atrapado en la costa por los púnicos. Autor Mariusz Kozik.  Juego Total War Rome II 

Asalto a Megara
Una vez que el ejército estuvo dispuesto a seguir la disciplina y cumplir las órdenes, Escipión planeó un ataque nocturno contra el suburbio de Megara por dos lugares diferentes. Envió a una parte de sus tropas dando un rodeo hacia un extremo de la muralla mientras que él avanzó unos 20 estadios (cerca de 3,5 Km.) directamente contra el otro lado con hachas, escalas y palancas en total silencio. Cuando se hallaba bastante cerca del punto elegido para el asalto, fue descubierto produciéndose un griterío en la muralla.
Ataque a Cartago por Escipión Emiliano. Se observa el ataque a Megara, el rodeo de la ciudad con empalizada y foso y el asalto final  a la ciudad a través del puerto 

En este asalto contra la muralla, Escipión, a pesar de intentar tomarla, no lo consiguió pero envió a varios soldados a una torre abandonada que estaba fuera de la muralla y era de igual altura que ésta. Desde la torre, los romanos lograron hacer retroceder con sus jabalinas a los defensores y colocaron planchas de madera desde su posición hasta el muro; pasaron a través de ellas, bajaron a Megara y rompieron una puerta por la que penetró Escipión con 4.000 hombres. El cónsul y una legión de refresco se atrincheraron en las pequeñas edificaciones de Megara, a la espera de un contraataque cartaginés. Pero dicho contraataque no llegó porque cundió el pánico y todos los defensores de Megara y de las murallas exteriores corrieron hacia las murallas de Cartago.
Al amanecer, Asdrúbal, enfadado por el ataque contra Megara, hizo que llevaran a lo alto de la muralla a todos los prisioneros romanos que había en la ciudad. Desde aquella zona en la que las tropas de Escipión podían ver perfectamente a sus compañeros maniatados, Asdrúbal dio la orden:
A unos les arrancó los ojos, la lengua, los tendones y órganos genitales con garfios de hierro; a otros les laceró la planta de los pies, les cortó los dedos y les arrancó la piel del cuerpo a tiras, y a todos ellos, todavía vivos, los despeñó. Con ello, pretendió hacer imposible una reconciliación entre romanos y cartagineses. Y los enardecía de esta manera, a fin de que tuvieran sus esperanzas de salvación sólo en la lucha
La toma Megara privó a la ciudad de su principal fuente de alimentación ya que esta era en su mayoría huertas y granjas que abastecían la ciudad. Escipión decidió aislar Cartago por tierra y mar.
Escipión mandó construir fortificaciones que rodearan la ciudad de Cartago para aislarla y evitar tanto cualquier ayuda exterior como cualquier salida de los defensores, en 20 días la rodeó con empalizada y foso con torres a intervalos regulares. Además mandó edificar otra torre de madera de cuatro pisos sobre la torre de mayor altura de la muralla, para tener una visión privilegiada de la misma.
Aislamiento de Cartago mediante empalizada y foso. Escipión mandó construir una empalizada y foso que rodearan completamente la ciudad. Escena del juego Total War Rome II 

La flota romana incursionó masivamente en el golfo de Túnez, impidiendo la salida y entrada de las naves cartaginesas, pero los cartagineses consiguieron burlar el bloqueo en varias ocasiones, haciendo llegar recursos por mar.

Escipión, al darse cuenta de ello, planeó cerrarles la entrada del puerto. Para ello ordenó la construcción de un dique hacia el interior del mar. Las obras se iniciaron desde la franja de tierra que estaba entre la laguna y el mar, avanzando hasta la embocadura del puerto. Para la empresa se empleó gran cantidad de enormes bloques de piedra a fin de resistir la fuerza de las olas. Una vez finalizado, el dique tenía una anchura de 24 pies (poco más de 7 metros) y cuatro veces más de profundidad.
Por primera vez en el curso de la guerra, durante el invierno del año 147 a.C, Cartago estaba completamente aislada del mundo exterior, lo que provocó la rápida disminución de sus reservas alimenticias, contribuyendo esto al brote y propagación de enfermedades que hicieron estragos entre la población de la ciudad.
Se produjeron acciones desesperadas e ingeniosas. En respuesta al bloqueo del puerto derribaron parte de la muralla del puerto que daba al mar y salieron con 50 navíos construidos de forma improvisada con muebles, árboles de jardines y cualquier tipo de material capaz de flotar.
Esta acción pilló por sorpresa a los romanos que se encontraban construyendo el dique, pero incomprensiblemente los cartagineses no atacaron. Al día siguiente volvieron a salir pero se encontraron con la flota romana perfectamente formada. La batalla duró varias horas y la balanza se inclinó del lado romano, la improvisada flota cartaginesa fue completamente destrozada.
Se intentó derribar las murallas del sector del malecón, pero los defensores púnicos salieron de noche e incendiaron las armas de asedio romanas. Tras otro intento infructuoso, Escipión decidió atacar las murallas del interior. Se tomó la decisión de no atacar frontalmente las murallas interiores sino dejar pasar el tiempo, un tiempo que cada vez juega más en contra de los hambrientos defensores. 

Asalto final
Al llegar la primavera del año 146 a.C, la población cartaginesa estaba tan debilitada por el hambre y las enfermedades que los romanos decidieron que había llegado el momento de asaltar la ciudad.
Los romanos penetraron por el puerto civil derribando parte de las murallas mediante una grieta hecha por uno de sus arietes, Asdrúbal mando incendiar el puerto civil, replegándose al puerto militar. Cayo Lelio Sapiens, el segundo de Escipión, atacó las murallas del puerto militar y consiguió penetrar con escalas y construyendo una torre de asalto en la muralla, una vez tomado el puerto consiguieron entrar en la ciudad pese a la fuerte resistencia de los ciudadanos. Después de tomar las murallas los legionarios ocuparon el ágora de la ciudad donde pasaron la primera noche, los cartagineses estaban demasiado debilitados como para contraatacar.

Asalto y destrucción de Cartago, se realizó calle por calle, casa por casa y habitación por habitación.

Tras entrar en la ciudad, los romanos fueron recibidos por una verdadera lluvia de lanzas, piedras, flechas, espadas e incluso tejas que lanzaban desde los tejados de sus casas, hay que tener en cuenta que las viviendas tenían seis plantas. En una batalla alucinante que recuerda Stalingrado, los cartagineses defendieron cada casa, cada planta, cada habitación hasta el final. Los supervivientes escalaban a las azoteas para arrojarles las tejas a los romanos que avanzaban por las calles. Los romanos subieron a las azoteas y desalojaron a los defensores cruzando de vivienda en vivienda con tablones como puentes.
Asalto de Cartago, Los romanos utilizan tablones como puentes para pasar de un tejado a otro. Autor Steve Noon

Las calles se cubrieron con montañas de cadáveres y fue necesario que se formaran brigadas de legionarios para arrastrarlos con ganchos y sacarlos de allí. Las fosas comunes encontradas demuestran la fiereza de los combates en estas tres calles, Apiano cuenta que los romanos lanzaban a las fosas a muertos y vivos por igual. Estas fosas, descubiertas por el padre Delattre, son un testimonio del infierno en el que se convirtió Cartago.
Escenas salvajes se sucedieron sin intermedio, la mayoría de los habitantes lucharon hasta la muerte. Durante seis días con sus noches los romanos y los cartagineses entablaron una gran batalla urbana, cuyo resultado iba favoreciendo a los primeros. El objetivo de las legiones era tomar completamente la ciudad, finalizando con la captura de la ciudadela fortificada de Birsa, ubicada sobre la cima de una colina escarpada, en el corazón de la ciudad, punto a donde se dirigían los defensores en su continuo retroceder. Los romanos avanzaban demoliendo muros, abriéndose camino a través de montañas de ruinas o pasando por los techos de las casas y los edificios. Las tropas de Escipión arrancaron las placas de oro de los templos sumando todo esto a una gran destrucción.
Los últimos supervivientes de la batalla, unos 50.000, se refugiaron en la ciudadela de Birsa, donde se encontraba el templo de Eshmún (Esculapio para los romanos), junto a su necrópolis sagrada. Asdrúbal, que había logrado escapar tras la defensa de la ciudad, también se refugió allí y dirigía las defensas. Al séptimo día, unos embajadores salieron de la ciudadela para suplicar a Escipión que dejara vivir a los que aún quedaban allí: se rendían y aceptaban la esclavitud a cambio de huir del horror.
Escipión prometió respetarles la vida, 50.000 supervivientes salieron de la ciudadela completamente aterrorizados ante lo que habían contemplado.
Pero quedaban alrededor de un millar que ninguna clemencia podían esperar. Eran los últimos de Asdrúbal, así como desertores romanos (cerca de un millar), que sabiendo que serían ejecutados, se refugiaron en el templo de Eshmún, desde donde ofrecieron la última resistencia. Los romanos limpiaron meticulosamente toda la zona, enterraron los miles de cadáveres y se prepararon para el asalto final incendiando el templo. Asdrúbal los traicionó saliendo a suplicar a Escipión que le perdonara la vida. Postrado a los pies de Escipión, Asdrúbal lloraba cuando un grito hizo que todos se volvieran.
Era la mujer de Asdrúbal, que vestida con una túnica de gala, insultó a su marido y a los romanos diciendo “vosotros, que nos habéis destruido a fuego, a fuego también seréis destruidos” y se lanzó a las llamas del fuego (hay versiones que dicen que acuchilló a sus hijos y los lanzó consigo al fuego). Los desertores también se sacrificaron en la misma pira.

Asalto final de Cartago. La mujer de Asdrúbal y sus hijos antes de arrojarse al fuego desde el templo de Eshmún (Esculapio para los romanos) 

Una vez esto ocurrió, el flemático Escipión Emiliano comenzó a llorar, y gritó en griego una frase de la Ilíada (libro IV): “Llegará un día en que Ilión, la ciudad santa, perecerá, en que perecerán Príamo y su pueblo, hábil en el manejo de la lanza”. Cuando el historiador griego Polibio le pregunto por qué había recitado aquellos versos el general romano le contesto: “Temo que algún día alguien habrá de citarlos viendo arder Roma”. 

Destrucción de la ciudad
Los supervivientes fueron todos reducidos a la esclavitud y la ciudad fue totalmente saqueada tras su toma; sin embargo, la mayor parte se conservaba aún en pie. Después de la caída de Cartago se presentó en el sitio una comisión del Senado romano para decidir qué se haría con ella. Según los indicios, el mismo Escipión Emiliano y algunos senadores eran partidarios de que la ciudad se conservase, pero la mayor parte de la comisión se puso de parte de la opinión de que fuese destruida, seguramente aún bajo la influencia de los deseos del ya fallecido Catón. Por tanto, la historia oficial afirma que Escipión ordenó a las legiones destruir totalmente la ciudad hasta los cimientos, primero la prendieron fuego y ardió durante diez días y las llamas dejaron paso a la destrucción sistemática de los romanos, hizo que un arado marcara surcos sobre el terreno durante 17 días, y que después ese terreno fuera sembrado con sal (esto puede que no sea real).
Las demás ciudades del norte de África que apoyaron a Cartago en todo momento corrieron la misma suerte. Las que se rindieron desde el comienzo de la guerra, como Útica, fueron declaradas libres y conservaron sus territorios. Las antiguas posesiones de Cartago constituyeron la nueva provincia romana de África, descontando algunos territorios entregados a los hijos de Masinisa como premio por su ayuda a Roma durante la guerra.

En total, los romanos destruyeron cinco ciudades africanas de cultura púnica aliadas de Cartago. Las antiguas posesiones de Cartago constituyeron la nueva provincia romana de África, con capital en Útica, entregando algunos territorios a Masinisa por su ayuda a Roma durante la guerra.

Resurrección de Cartago
Cartago permaneció en ruinas, pero fue reconstruida por el emperador romano Octavio Augusto, siguiendo una idea de su padre adoptivo Julio César, que le vino de un sueño. En el siglo II hubo incluso un emperador, Septimio Severo, que procedía de las cercanías de Cartago (específicamente de Leptis Magna), y hablaba el latín con un fuerte acento púnico. Cartago, que durante el Imperio fue una de las ciudades más esplendorosas del mundo romano, sobrevivió hasta el siglo VII, cuando fue destruida de nuevo por la invasión árabe del norte de África. Actualmente, Cartago es un suburbio residencial de la ciudad de Túnez, capital de la república norteafricana del mismo nombre.


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