lunes, 9 de octubre de 2017

Capítulo 34 - Guerras Civiles Romanas


Las Guerras Civiles Romanas

Guerra Social Romana o Guerra Mársica (91 – 88 a.C)
El origen de las causas de la guerra social hay que buscarlo en el período de los hermanos Graco, que habían nacido en el seno de una de las familias más importantes de Roma, nietos por parte de madre del mismísimo Escipión ”el Africano”, e hijos de Tiberio Sempronio Graco, que ostentó el consulado en dos ocasiones. El mayor Tiberio, se presentó al cargo de tribuno de la plebe en el año 134 a.C. Una vez elegido presento una propuesta de reforma agraria que pretendía asegurar el tamaño de tierra cultivable por cada persona a 500 yugadas (250 ha), más 250 yugadas por hijo con un límite máximo de 1.000. La tierra sobrante se dividiría en parcelas de 20 acres iguales para distribuirse entre los ciudadanos sin recursos ni propiedades por la cual pagarían un arrendamiento casi simbólico al estado.
Cuando parecía que la propuesta iba a salir adelante, apoyada por el pueblo, el otro tribuno de la plebe, Marco Octavio, presionado por el senado y por su propia codicia, vetó la iniciativa. Tiberio quedó profundamente consternado pues Octavio era amigo íntimo suyo. Decidido a evitar un nuevo veto, Tiberio decidió expulsar a Octavio del tribunado alegando que un tribuno de la plebe tenía el deber sagrado de proteger al pueblo y los actos de este iban en contra de dicho deber, Tiberio intentó dar comienzo a la asamblea, pero los ánimos estaban tan caldeados que se inició una pelea generalizada entre los partidarios de uno y otro bando. Entre el tumulto, las cuchilladas y garrotazos se sucedían sin control, Tiberio temiendo por su vida intento huir sin éxito y fue muerto de una paliza con palos y varas de diversa índole. Se le negó la sepultura y las exequias pertinentes, y su cuerpo fue arrojado al Tiber con el resto de sus seguidores.
Cayo siguió el camino de su hermano y su siguiente ley contemplaba llevar a juicio a los magistrados que hubieran ejecutado a algún ciudadano sin juicio previo y sin oportunidad de defenderse ante el pueblo, precisamente lo que le había ocurrido a su hermano Tiberio, y siguió adelante con la ley agraria que era muy similar a la de Tiberio, la tierra cultivable de dividía en 500 yugadas por persona, más 200 por hijo hasta un límite de 1.000, la tierra sobrante se dividiría a partes iguales y sería entregada a los pobres para que trabajaran y vivieran de ella. No terminaba un proyecto cuando se enfrascaba en otro: reparación y construcción de calzadas y graneros, fundación de colonias en las provincias, etc. La plebe y los aliados itálicos estaban encantados con él, tanto, que cuando se acercaba la fecha de las nuevas elecciones fue el propio pueblo quien llevó en volandas a Cayo para que saliera elegido de nuevo tribuno.
El senado aprovechó la situación para otorgar poderes especiales a los cónsules y derogar la práctica totalidad de las leyes que se habían aprobado bajo el tribunado de Cayo Graco. La plebe se enfadó y mató a un lictor del cónsul, haciendo responsable a Graco. Opimio al mando del Senado, envió varios cientos de esclavos y una unidad de arqueros cretenses mercenarios para atacar la colina Aventino donde estaba Graco, este huyo pero fue asesinado en un bosque.

Muerte de Cayo Sempronio Graco. Autor François Topino-Lebrun (1.798). Museo de Bellas Artes de Marsella.

Los optimates habían conseguido una victoria, pero la república ya no fue la misma nunca más. la división de la clase senatorial era cada vez más profunda. Los Graco fueron la bandera que portarían los populares enemigos de los optimates, que se enfrentaron continuamente, quizás con los Graco por un pensamiento ideológico diferente, pero después declinó en un juego de influencias para sacar un provecho personal.
En el año 100 a.C, fue elegido tribuno L. Apuleyo Saturnino, individuo con ganas de dar guerra. Su primera iniciativa, fue una nueva ley frumentaria con la que pretendía rebajar notablemente el precio del trigo, esta ley fracasó. Contraatacó después con una ley agraria para repartir lotes de tierra itálica entre los veteranos de Cayo Mario y fundar algunas colonias fuera de Italia, que sí fructificaría pese a las fuertes protestas de parte del senado.
Una ley posterior se inmiscuirá incluso en asuntos del gobierno de las provincias asiáticas, asunto hasta entonces competencia exclusiva del senado.
Al año siguiente, las crecientes tensiones entre parte de la oligarquía (optimates) y los partidarios de Saturnino terminaron conduciendo a violentos tumultos en la propia Roma. Mario no dudó a la hora de ganarse el favor de la oligarquía armando a algunas de sus tropas y persiguiendo y cercando a Saturnino y sus partidarios en el Capitolio. Saturnino decidió rendirse ante la promesa de que se le perdonaría la vida; promesa que no se cumplió pues una multitud anónima lo linchó hasta matarlo pocas horas después, sin que Mario hiciese nada por evitarlo.

La insurrección y la respuesta romana
A principios del siglo I a.C, Italia no estaba unificada bajo un mismo gobierno como en época del principado, sino que existía una confederación liderada por Roma. El senado concedía autonomía interna a sus componentes a cambio de impuestos, tributos y hombres para engrosar el ejército romano.
La sociedad romana estaba estructurada en ciudadanos y no ciudadanos (libertos y esclavos). Ser ciudadano (civis romanus) es un privilegio. Es ciudadano cualquier hombre libre, patricio o plebeyo, nacido de un padre ciudadano y tiene el derecho de ciudadanía (ius civitates). Los hay de dos clases:
·       El romano, que es un ciudadano completo (civis óptimo iure), luego disfruta del derecho completo de ciudadanía.
·       Los que reciben ese derecho de ciudadanía por etapas (civis minuto iure)

Muchas de estas ciudades itálicas llevaban siglos federadas y habían sufrido las mismas derrotas que Roma frente a Aníbal, sin embargo muchas de ellas se mantuvieron fieles, a pesar de ello, su subordinación política era total y todavía carecían de la ciudadanía romana. Leyes como la ley Licinia Mucia aprobada en el año 95 a.C, que eliminaba de las listas de ciudadanos a aquellos de los que se sospechara de haber conseguido la ciudadanía de manera fraudulenta, no ayudaba a rebajar la tensión.

Aliados de Roma y colonias latinas en el 100 a.C. Se puede observar las vías de comunicación de la época

Los populares, abogaban por concedérsela, ya que en la práctica tenían las mismas obligaciones pero no así en los beneficios. Paradójicamente el personaje que intercedería por ellos como tribuno de la plebe en el 92 a.C sería Livio Druso, hijo del antagonista de Cayo Graco. Druso intentó impulsar una reforma agraria aún más profunda que la de los Graco, por supuesto a los optimates o patricios de rancio abolengo que engrosaban las filas no les hacía ninguna gracia, como terratenientes que eran no estaban dispuestos a perder beneficios por gente que no era romana. Para conseguir el apoyo de los plebeyos, presentó una ley agraria más radical que la de los Gracos, pero la política romana estaba viciada por una contradicción profunda. Druso ofreció un acuerdo secreto a los aliados italianos, prometiendo la ciudadanía romana para todos, a cambio de que corrieran con los gastos de la nueva distribución de tierras. Sin embargo, se opusieron los terratenientes, que no querían perder sus tierras, y también la plebe, que no querían ver igualados sus derechos por los itálicos. La solución fue la estándar en estos casos, Druso fue asesinado en su propia casa por un desconocido en el 91 a.C.
Este delito, sin embargo, no consiguió detener un proceso ya comenzado. Fue simplemente una señal de la rigidez de Roma, que no quería hacer ninguna concesión, pero no acalló la protesta que desembocó en la llamada Guerra Social.
En 91 a.C los sublevados se prepararon a conciencia. Nada más conocerse la muerte de Druso realizaron un intercambio de rehenes entre las diversas ciudades para asegurarse de que todos se unirían a la revuelta una vez se iniciasen las hostilidades entre los rebeldes estaban los marsos, pelignos, picenos, marucinos, frentanios, vestinos, apulios, lucanos, campanios y samnitas crearon una república, basada en el ejemplo de la romana, y eligieron como capital Corfinio, rebautizada como Itálica. Etruscos y umbros permanecieron fieles a Roma, así como Venosa, Nola, Nocera, Nápoles, Reggio y casi todas las colonias latinas. A la semejanza romana nombraron dos cónsules, Pompedio Silón y Papio Mutilo, formaron un senado compuesto de 500 miembros y 12 generales al modo de pretores representando a cada una de las comunidades sublevadas y reunieron un ejército de casi 100.000 hombres.

Situación al comienzo de la Guerra Social.

Asesinaron en Ásculum (Ásculo) al pretor Servio, que había sido enviado como legado y, cerrando inmediatamente las puertas de la ciudad, condenaron a muerte y degollaron a todos los ciudadanos romanos. Los itálicos se dividieron en dos grupos:
·       Grupo marso o septemtrional: marsos, pelignos, vestinos, marrucinos, picentinos y frentanos.
·       Grupo samnita o meridional: hirpinos, pompeyanos, venusios, yapiges, lucanios y samnitas.

Lo inesperado de la insurrección cogió a Roma desprevenida, pero el senado romano respondió con un ejército formado por 14 legiones a toda prisa y lo puso a las órdenes de los dos cónsules electos, Publio Rutilio Lupo y Lucio Julio César (el padre de Cayo Julio Cesar). También se enviaron a los mejores hombres del momento como legados de los cónsules: a Rutilio se le asignó a Cneo Pompeyo, (padre de Pompeyo Magno), Quinto Cepión, Cayo Perpenna, Cayo Mario y Valerio Mésala. A Sexto César se le asignó Publio Léntulo, hermano del propio César, Tito Didio, Licinio Craso, Cornelio Sila y Marcelo. El cónsul Rutilio se encargaría del frente marso mientras que a su colega, Lucio Julio César, le correspondía el frente samnita. 

Frente Marso o Septentrional 90 a.C
El objetivo romano era aislar Asculum, centro de la sublevación, para evitar alentar a los rebeldes del resto de territorios. Dicho cometido quedó reservado al legado Pompeyo Estrabón, mientras que Cayo Mario, Servilio Cepión y el mismo cónsul Publio Rutilio Lupo, se movieron en abanico, de norte a sur, para impedir el avance marso hacia la región más septentrional, evitando así el contacto de los rebeldes con Etruria e impedir la posibilidad de crear otro frente.

Frente Marso o Septentrional 90 y 89 a.C. Marco de la Guerra Social Romana

Batalla del Monte Falerno
En algún momento los pretores itálicos Vidacilio, Tito Lafrenío y Publio Ventidio, que mandaban los contingentes de picenos, vestinos y marsos respectivamente, unieron sus fuerzas, derrotaron a Cneo Pompeyo cerca del monte Falerno y lo persiguieron hasta la ciudad de Firmo o Firmun. Mientras sus compañeros se encaminaron hacia otros lugares, Lafrenio puso cerco a Pompeyo que estaba encerrado en Firmo.

Batalla del río Toleno (Turano)
Mario, al darse cuenta de que los romanos estaban siendo superados por la veteranía de los rebeldes, apuntaba continuamente al cónsul Rutilio que sería útil la dilación de la guerra y la conveniencia de que los soldados bisoños fuesen poco a poco adiestrados en los cuarteles, pero Rutilio no le hizo caso.
Mario siguió insistiendo, pero Rutilio seguía negándose: “no le hizo caso porque pensaba que hacía esto con segundas intenciones“, ya que sospechaba que Mario albergaba la esperanza de ser nombrado cónsul por séptima vez.
Vetio Escatón, una vez derrotado el cónsul Lucio Julio César, se había apoderado de la ciudad de Esernia, abriendo de este modo las vías terrestres con el frente marso. El cónsul Publio Rutilio Lupo y Cayo Mario tendieron dos puentes sobre el río Toleno, a poca distancia uno de otro, para atravesarlo. Vetio Escatón acampó frente a ambos, más cerca del puente de Mario, y puso, durante la noche, sin ser visto, emboscó algunas tropas cerca del puente de Rutilio.
Al amanecer, después de permitir que Rutilio lo atravesara, sacó a las tropas emboscadas y mató a muchos soldados en tierra firme y a otros muchos los arrojó desde el puente al río. El mismo Rutilio, herido en la cabeza por un dardo en el transcurso de la lucha, murió poco después. Mario, que estaba sobre el otro puente, conjeturando lo ocurrido por los cuerpos que arrastraba la corriente, hizo retroceder a las fuerzas que tenía ante sí y atravesando la corriente se apoderó del campamento de Escatón, que estaba custodiado por escasas tropas; por consiguiente, Escatón tuvo que pasar la noche allí mismo donde había obtenido la victoria, y al amanecer se retiró falto de provisiones. Los cadáveres de Rutilio y de muchos otros nobles fueron enviados a Roma para su entierro. El cónsul y tantos otros compañeros muertos ofrecían un triste espectáculo, y por este motivo hubo un duelo que duró muchos días. Y, desde entonces, el senado decretó que los que murieran en la guerra fueran enterrados en el mismo lugar en el que habían muerto para que los restantes no se abstuviesen de la milicia impresionados por el espectáculo de los muertos. Y los enemigos, al enterarse, tomaron la misma decisión para sí mismos“. Apiano
Orosio habla de 8.000 muertos romanos, quizás sea una exageración debido a la rápida reacción de Mario.
El senado decretó que no hubiera un sucesor para Rutilio Lupo, asignando los restos del ejército de Rutilio a Cayo Mario y a Quinto Cepión.

Batalla sin nombre sobre los marsos
Hubo una batalla en la que pereció Quinto Cepión, no se dispone datos de la misma, “Quinto Cepión, legado de Rutilio, estando sitiado hizo una afortunada salida contra los enemigos, y como, debido a este éxito, se le dio un mando equivalente al de Cayo Mario, se volvió temerario, fue envuelto en una emboscada y cayó con la derrota de su ejército“. Periochae.
Apiano lo narra con más detalle: “Quinto Popedio, el general que se oponía a Cepión, se pasó a éste como si fuera un desertor y le dio como rehenes a dos niños esclavos que llevaba consigo, revestidos con una túnica de bordes teñidos de color púrpura, como si se trataran de sus propios hijos. En prueba de mayor garantía llevaba, además, unos panes de plomo recubiertos de oro y plata. Solicitó que Cepión le siguiera a toda prisa con el ejército a fin de apoderarse de su propio campamento, mientras estaba huérfano de un jefe. Y Cepión, plenamente convencido, le siguió. Cuando Popedio estuvo cerca de la emboscada que había preparado, corrió hacia una colina como para vigilar a los enemigos y les dio la señal a sus hombres. Estos salieron de su escondite y mataron a Cepión junto con muchos de los suyos. Y el senado asignó a Mario el resto del ejército de Cepión“.
Mario ahora como comandante de las fuerzas del frente Marso, parece ser que dejando a un lado sus diferencias unieron sus fuerzas en algún lugar contra los marsos, y los derrotaron según Apiano.
“Tras derrotar Cornelio Sila y Cayo Mario a los marsos, que les habían atacado, los persiguieron con tesón hasta el pie de los muros que protegían sus viñedos. Los marsos escalaron con dificultad los muros, y ni a Mario ni a Sila les pareció oportuno perseguirlos más allá. Sin embargo, Cornelio Sila, que estaba acampado hacia el otro lado de los viñedos, al darse cuenta de lo que ocurría, salió al encuentro de los marsos, que trataban de huir, y mató a gran número de ellos; hasta el punto de que en aquel día murieron más de 6.000 y fueron aprehendidas por los romanos un número de armas mayor aún.
Los marsos, furiosos como bestias salvajes por esta derrota, se armaron de nuevo y se prepararon para atacar a los romanos, que no se atrevían a tomar la iniciativa en el ataque ni a comenzar la batalla. Y es que se trataba de un pueblo muy belicoso, y dicen que sólo en virtud de este desastre se había obtenido un triunfo sobre ellos. Existía hasta aquel entonces un dicho de que no había triunfo sobre los marsos ni sin los marsos”.
Según Osorio situa a Sila en otro lugar: “Mario eliminó a 6.000 marsos y despojó de sus armas a 7.000. Sila, enviado con 24 cohortes a Esernia, donde los ciudadanos y soldados romanos estaban retenidos en angustioso asedio, salvó, en un gran combate y con grandes pérdidas por parte de los enemigos, a la ciudad y a los aliados“.
En las Periochae, la caída de Esernia y la victoria de Mario aparecen emparejadas: “Y, para que la suerte de la guerra fuese cambiante, la colonia de Esernia cayó, junto con Marco Marcelo, en poder de los samnitas, pero Caio Mario, por su parte, derrotó a los marsos en una batalla en la que resultó muerto Hierio Asinio, pretor de los marrucinos“.

Guerra Social Romana. Se enfrentaron las fuerzas de Roma contra las fuerzas de sus socios, ambos emplearon el mismo armamento, las mismas tácticas y tenían una instrucción similar. Las bajas fueron numerosas en ambos bandos.

Batalla de Firmo o Firmun
Pompeyo Estrabón, estaba siendo asediado en la ciudad de Firmo por el marso Tito Lafrenio, había conseguido armar a sus tropas, pero no se atrevió a entablar combate. Sexto Julio Cesar (el hermano del cónsul) fue hacia el norte con refuerzos a la ciudad de Firmo. Cuando Pompeyo tuvo constancia de la llegada de Sexto César, hizo dos salidas desde Firmo, una bajo el mando de Sulpicio para que diera un rodeo y se situase detrás de Lafrenio, y otra dirigida por él en persona atacaría de frente. Una vez trabado el combate, ambos ejércitos pasaron dificultades, pero Sulpicio prendió fuego al campamento de los enemigos, y estos últimos, al percatarse del hecho y a la muerte de Lafrenio durante la lucha, huyeron a Ásculo en desorden y sin su general. Pompeyo, entonces, se dirigió hacia Ásculo y la puso bajo asedio.
Apiano lo describe “Pompeyo armó de inmediato al resto de sus tropas, pero no se atrevió a entablar combate. Sin embargo, cuando se aproximaba otro ejército, envió a Sulpicio para que, dando un rodeo, tomara posiciones detrás de Lafrenio, y él en persona atacó por el frente. Una vez trabado el combate, ambos ejércitos pasaron dificultades, pero Sulpicio prendió fuego al campamento de los enemigos, y estos últimos, al percatarse del hecho, huyeron a Ásculo en desorden y sin su general, pues Lafrenio había caído en la lucha. Pompeyo, entonces, se dirigió hacia Ásculo y la cercó“.
Sin embargo, el general itálico Vidacilio logró entrar en Asculum, proveniente de Apulia, antes de que las líneas de asedio estuvieran cerradas. Los romanos, a continuación, decidieron dar el mando a Sexto Julio César, probablemente para que Pompeyo pudiese ir a Roma a conseguir el consulado para el año 89 a.C. Sin embargo, César murió de enfermedad y Gayo Bebio fue designado sucesor. Mientras tenía lugar aquel asedio al centro neurálgico rebelde, etruscos y umbrios parecían dispuestos a cambiar de bando.
“Mientras tenían lugar estos sucesos en la vertiente adriática de Italia, los pueblos que habitaban al otro lado de Roma, etruscos y umbros y otros pueblos vecinos suyos, al conocer estos hechos, se sintieron animados a hacer defección. Por consiguiente, el senado, temiendo que la guerra los rodeara por todas partes y fuera incontrolable, estableció guarniciones en la zona costera entre Cumas y la ciudad a cargo de hombres libertos, que entonces por primera vez habían sido enrolados en el servicio militar a causa de la escasez de soldados. El senado decretó, además, que aquellos aliados itálicos que aún permanecían en la alianza obtuvieran el derecho de ciudadanía, lo cual era precisamente la cosa que más deseaban casi todos. Así pues, envió este decreto a los etruscos, quienes aceptaron encantados la ciudadanía. Con esta gracia, el senado hizo a los fieles, más fieles, confirmó a los que estaban dudosos, y dulcificó a los enemigos con una cierta esperanza de medidas similares“. Apiano.
Tras derrotar Mario a los marsos, no estaba dispuesto a aventurar a sus tropas en acciones de dudoso resultado, prefiriendo mantenerse sobre el terreno, mientras sometía a sus soldados a un riguroso entrenamiento, al parecer tuvo encuentros con el grueso de las tropas rebeldes al mando de Popedio Silón: Es fama también que Popedio Silón, el hombre que gozaba de mayor prestigio y autoridad entre los enemigos, le espetó lo siguiente: ¡Mario, si eres un gran general, baja y pelea!; a lo que Mario contestó: ¡Si lo eres tú, oblígame a hacerlo contra mi voluntad!.
En otra ocasión en la que el enemigo dio a los romanos la oportunidad de atacar, como éstos se acobardaron, Mario reunió en asamblea a sus hombres y les gritó: ¡No acierto a decir quién es más cobarde, si el enemigo o vosotros, porque ni ellos han sido capaces de ver vuestra espalda, ni vosotros su nuca!.
Según Plutarco “Cayo Mario combatió contra los marsos con resultados dudosos” y concluye “Al final, abandonó el mando del ejército alegando que se encontraba con sus capacidades físicas menguadas debido a su mala salud“.

Frente samnita o meridional 90 a.C
El cónsul Lucio Julio César, con la ayuda de legados como Cornelio Sila, buscaba aislar a los samnitas del territorio vecino, sobre todo de las tierras ricas de la Campania, manteniendo de este modo las comunicaciones terrestres con Roma.

Frente Samnita o Meridional en el 90 a.C. Marco de la Guerra Social Romana

Batalla de Esernia o Aesernia
Vetio Escatón derrotó a Sexto Julio, dio muerte a 2.000 de sus hombres y marchó contra Esernia (Aesernia) ciudad romana en pleno territorio samnita, era la llave de la vía de comunicación apenina entre Corfinium y Benevento, la caída de la misma supondría que los dos grupos sublevados podrían establecer un contacto directo); sus comandantes Lucio Escipión y Lucio Acilio huyeron disfrazados de esclavos, y los enemigos, al cabo de algún tiempo, redujeron a la ciudad por hambre. Mario Egnacio, por su parte, tras haberse apoderado a traición de la ciudad de Venafro, dio muerte a dos cohortes romanas que estaban en ella.
Marco Lamponio destruyó a 800 soldados del ejército de Licinio Craso y persiguió a los demás hasta la ciudad de Grumento.
Cayo Papio se apoderó de Nola a traición y ofreció, mediante una proclama a los 2.000 soldados romanos que había en ella, servir a sus órdenes, si cambiaban de alianza. Éstos aceptaron y Papio los enroló en su ejército, pero los oficiales no obedecieron la proclama, y fueron hechos prisioneros y dejados morir de inanición por Papio. Este último se apoderó también de Estabia, Minervio y Salerno, que era una colonia romana; a los prisioneros y esclavos apresados en aquellos lugares los enroló en su ejército. Cuando se puso a devastar todo el territorio que rodeaba a Nuceria, las ciudades vecinas se sometieron por el terror y le suministraron, cuando lo solicitó, un ejército de 10.000 soldados de infantería y 1.000 jinetes, y con estas fuerzas Papio puso cerco a Acerra.

Batalla del monte Tiferno
Mientras Lucio César atravesaba con 30.000 soldados de infantería y 5.000 jinetes una garganta rocosa (monte Tifernus, actual Matese), fue atacado de repente por Mario Egnacio. Rechazado hasta el interior del desfiladero, escapó en una litera, a causa de una enfermedad, hasta un río (Volturnus) en el que había un solo puente, y, tras perder allí a la mayor parte de su ejército y el armamento del resto de las tropas, se refugió a duras penas en Teano o Teanum y armó, como pudo, a los que todavía conservaba. Cuando le llegó con prontitud otro gran contingente de tropas de refuerzo se trasladó a Acerra o Acerrae, que aún sufría el asedio de Papio. Ambos generales acamparon frente a frente, pero no se atrevían a atacarse el uno al otro por miedo.

Batalla de Acerra o Acerrae
César avanzó contra Acerra con 10.000 soldados de infantería galos y tropas de caballería e infantería númidas mauretanos, y Papio sacó de Venusia a Oxynta, el hijo de Yugurta rey de los númidas, que se hallaba en esta ciudad bajo custodia romana, y vistiéndole con la púrpura real lo exhibía con frecuencia ante los númidas que servían bajo César. Y muchos de ellos desertaron en masa hacia él como si lo hicieran hacia su propio rey; al resto de los númidas, César los envió de regreso a África por considerarlos poco dignos de confianza. Sin embargo, cuando Papio le atacó con desprecio y había echado abajo una parte de la empalizada de su campamento, envió por otras puertas a la caballería y mató a 6.000 soldados de Papio, después de lo cual César se retiró de la ciudad de Acerra. En la región de la Apulia, se pasaron a Vidacilio Canusio, Venusia y muchas otras ciudades. Algunas otras que no se sometieron, las sitió, y dio muerte a los romanos insignes que había en ellas, en tanto que al pueblo llano y a los esclavos los enroló en su ejército.

Batalla sin nombre
“Lucio Julio César, por su parte, después de haber huido tras su derrota a Esernia, reunió tropas de todas partes y eliminó a muchos miles de enemigos en un enfrentamiento con samnitas y lucanos. Y tras haber sido aclamado general por su ejército y haber enviado noticias de la victoria a Roma, los senadores, al sonreír esta nueva esperanza, se despojaron del sayo, es decir del vestido de luto que se habían puesto a comienzos de la guerra de los aliados, y se volvieron a poner la antigua honrosa toga“. Osorio.
Las Periochae lo confirman “El cónsul Lucio Julio César luchó contra los samnitas con resultado favorable. A causa de esta victoria, en Roma se quitaron los uniformes militares“.
En su conjunto, el balance del año 90 se presentaba desfavorable para Roma, que tuvo que recurrir al reclutamiento de libertos para completar sus tropas, pero también a armar ciertas ciudades aliadas, como Capua, hecho que señala la debilidad de las colonias latinas.
Los dos cónsules elegidos para el año 89 a.C fueron Pompeyo Estrabón y Lucio Porcio Catón compartieron el frente marso, mientras el legado Lucio Cornelio Sila se le asignaba el frente marso. Pompeyo volvió a enfrascarse en el asedio de Asculum. Asimismo, los marsos fueron forzados a rendirse y Corfinium-Itálica capturada, lo que obligó a trasladar la capital de los confederados a Bovianum. Los vestinos también fueron sometidos, igual que los marrucinos y los pelignos. 

Frente marso o septemtrional 89 a.C
Batalla sin nombre
Los sublevados se dieron cuenta con suficiente claridad del desmoronamiento de su coalición y quisieron reaccionar antes de que fuese demasiado tarde, es decir, cuando la concesión de los beneficios que concedía la ley Julia hubiese convencido definitivamente a los rebeldes de lo vano de la lucha. Los marsos, en un desesperado esfuerzo, a través de los pasos de los Apeninos, intentaron alcanzar las regiones de Umbría y Etruria.
“Los sublevados en torno al Adriático, cuando aún no conocían el cambio de actitud de los etruscos, enviaron a Etruria en su ayuda a 15.000 hombres por un camino intransitable y largo, y Cneo Pompeyo, que ya era cónsul, cayó sobre ellos y mató a 5.000. Los restantes se retiraron hacia sus lares a través de un territorio inhóspito, y en medio de un invierno muy riguroso, y la mitad de ellos tuvieron que alimentarse de bellotas, por lo que perecieron“. Apiano. 

Motín de Catón
Mientras Pompeyo continuaba con el asedio de Asculum, Porcio Catón debía emprender acciones contra los marsos; no obstante, el primer problema con el que se topó fue un motín entre sus tropas: “Que como la mayor parte del ejército que tenía Catón era de origen urbano y, más bien, demasiado viejo, resultaba en general menos fuerte y una vez que se había atrevido a reprochárselo, porque no querían esforzarse ni cumplir las órdenes con entusiasmo, poco faltó para que quedara cubierto por las piedras arrojadas por ellos. Y habría muerto si hubieran tenido piedras en abundancia. Como el lugar en que les había tocado estar se podía cultivar y era, por fortuna, húmedo, no le pasó nada al recibir los terrones. Pero Cayo Ticio (Titio o Titinio), el promotor de la rebelión, hombre del foro, que se ganaba la vida en los juzgados y que hacía uso de una libertad de palabra excesiva unida a la desvergüenza, fue apresado y enviado a la ciudad ante los tribunos, pero no fue condenado“. Dión Casio.

Batalla del lago Fucino
El cónsul Lucio Porcio Catón murió en combate contra los marsos cerca del lago Fucino, las circunstancias de su muerte no están nada claras.
“El cónsul Porcio Catón, tras llevar a cabo valientemente unas cuantas acciones con las tropas de Mario, se jactó diciendo que Cayo Mario no hizo cosas mayores; y por ello, mientras guerreaba contra los marsos junto al lago Fucino, fue asesinado por el hijo de Cayo Mario en el tumulto de la lucha, dando la impresión por ello de que se trató de un asesino desconocido. Su lugarteniente Cayo Gabinio murió en el asalto al campamento enemigo”. Osorio, sin embargo Apiano no dice la causa “Ese mismo invierno, Porcio Catón, el colega de Pompeyo, murió mientras combatía contra los marsos”. Mientras que Periochae lo describe de otra manera “Después de realizar una brillante campaña y derrotar en varias ocasiones a los marsos, el cónsul Lucio Porcio cayó durante el asalto al campamento de éstos. Esa circunstancia dio a los enemigos la victoria en aquel combate“.

Asedio de Asculo o Asculum
En noviembre del 89 a.C, finalmente, Pompeyo Estrabón consiguió tomar Asculum, el único gran centro del frente norte que continuaba en manos de los itálicos. Vidacilio, al que habíamos visto buscar refugio en la ciudad, antes de suicidarse hizo ejecutar a todos los sospechosos de pactar la paz con los romanos. La muerte de Vidacilio tuvo lugar antes del ataque final, celebrando un banquete con sus amigos y tomando veneno, para después ordenar a sus amigos que le prendieran fuego. La caída de Asculum significó el desmoronamiento definitivo del frente septentrional. Pompeyo Estrabón había tomado cumplida venganza del ultraje inferido dos años atrás, y no dudó en celebrar el primer y único triunfo de la Guerra Social: el Asculaneis Picentibus.
“Durante el consulado de Cneo Pompeyo y Lucio Porcio Catón, Pompeyo sitió durante largo tiempo la ciudad de Ásculo; y, a pesar de ello, no la hubiera podido tomar al asalto, si no hubiesen salido sus habitantes a campo abierto, donde los derrotó con durísima violencia. Dieciocho mil marsos cayeron en este combate con su general Frauco, y fueron capturados tres mil. Por otro lado, cuatro mil itálicos que habían escapado a esta matanza, habían alcanzado casualmente, tras reunirse todos en un solo grupo, la cima de un monte, donde, acosados y agobiados, tuvieron una miserable muerte producida por el frío de las nieves. Efectivamente, se les veía con la cara atónita, tal como ésta había quedado con el terror a lo s enemigos reflejado en ella, unos recostados sobre los troncos de los árboles, o sobre las rocas, otros apoyados en sus armas, pero todos con los ojos abiertos y los dientes descubiertos como si estuviesen vivos; y, para los que los contemplaban de lejos, no había ningún indicio de muerte, salvo la larga inmovilidad, la cual evidentemente no puede aguantar largo tiempo la natural viveza de la vida humana. En ese mismo día combatieron y fueron derrotados los picentinos, cuyo jefe, Vidacilio, tras convocar a los más importantes de los suyos, se suicidó con veneno después de un magnífico banquete y largas copas, animando a todos a que siguieran su ejemplo; todos alabaron su acción, pero ninguno le imitó“. Orosio.
“Ásculo era la patria de Vidacilio y, temeroso por su seguridad, se apresuró en su socorro con ocho cohortes. Envió aviso previo a los asculanos con la orden de que, cuando vieran que él avanzaba desde lejos, hicieran una salida contra los sitiadores, de manera que sostuvieran el combate en dos frentes a la vez. Los asculanos, no obstante, dudaron, pero Vidacilio, a pesar de ello, forzó el paso hasta la ciudad a través de las filas enemigas con las tropas que llevaba consigo, y censuró a los habitantes por su cobardía y desobediencia. Y como no tenía ya esperanzas de salvar a la ciudad, mató a todos los enemigos que, durante largo tiempo, habían mantenido diferencias con él y que, en aquella ocasión, habían hecho desistir, por envidia, al pueblo de obedecer sus órdenes. Después, tras haber apilado una pira en el templo y colocado un lecho sobre ella, celebró un banquete con sus amigos; en medio de las libaciones tomó un veneno y, acostándose sobre la pira, ordenó a sus amigos que le prendieran fuego. Así murió Vidacilio, un hombre que juzgó un honor morir por su patria“. Apiano.
Con la caída de Asculum, dio por finalizada las operaciones en este frente, no obstante Pompeyo permaneció en suelo piceno para prevenir cualquier rebrote de las hostilidades.

Frente samnita o meridional 89 a.C

Frente Samnita o Meridional en el 89 a.C. Marco de la Guerra Sicial Romana

Batalla de Nola
En el frente samnita los romanos pasaron a la ofensiva al mando de Cornelio Sila. Su ejército fue completado con una legión de hirpinos leales a Roma. Sila asedió Pompeya, donde un motín había terminado con la vida del general romano Postumio Albino, sin castigar a nadie tras tomar la ciudad. Los esfuerzos de Sila en Pompeya fueron aprovechados por el itálico Lucio Cluentio para fijar su campamento cerca del suyo. Sila, sin esperar a reunir todas sus tropas, le atacó de inmediato, perdiendo en el combate. Por suerte para los romanos, un nuevo ataque pudo poner en fuga a Cluentio. Los derrotados huyeron a Nola, y Sila les persiguió. Los de Nola solo abrieron una de las puertas de la ciudad, hecho que aprovechó Sila para matar a muchos al pie de la muralla, incluido el mismo Cluentio. El asedio duró largo tiempo, mientras ciudades como Stabia o Herculano pasaron definitivamente a manos romanas.
“Lucio Cluentio fijó su campamento, con gran desprecio, a una distancia de tres estadios de Sila, que estaba acampado en los alrededores de los montes de Pompeyo. Sila no toleró su arrogancia y sin aguardar a aquellas de sus tropas que habían salido a forrajear atacó a Cluentio. Derrotado en esta ocasión huyó, pero, cuando obtuvo los refuerzos de los que habían regresado del forrajeo, puso en fuga a Cluentio. Este último trasladó su campamento a una distancia mayor, mas, al llegar hasta él algunas tropas galas, de nuevo se aproximó a Sila. Cuando ambos ejércitos iban al encuentro, un galo de enorme estatura se adelantó y retó a un duelo a cualquier romano; y una vez que un mauritano de pequeña envergadura le hubo dado muerte haciéndole frente, los galos huyeron al punto llenos de temor. Después que quedó rota la línea de batalla de Cluentio, el resto de las tropas no permaneció ya en su puesto, sino que huyó a Nola en desorden. Sila les siguió dando muerte a 3.000 de ellos en el curso de la persecución, y, como los habitantes de Nola les dieron acogida por una sola puerta para que los enemigos no entraran con ellos, mató a otros 20.000 en torno a las murallas, entre los cuales cayó Cluentio luchando con bravura”. Apiano.

 Batalla de Aeclanum
Tras controlar buena parte de la Campania, Sila se dirigió al territorio de los hirpinos y atacó Aeclanum. Sus habitantes le pidieron tiempo para decidirse a aceptar la rendición, puesto que estaban esperando ayuda de los lucanos, pero Sila, dándose cuenta de la maniobra, apiló leña seca en torno a las murallas, que eran de madera, y les prendió fuego. El uso de empalizadas de madera refleja hasta qué punto muchas ciudades no estaban preparadas militarmente. Los de Aeclanum entregaron la ciudad pero Sila la saqueó, como castigo por no haber capitulado sin lucha. A continuación, el resto de los hirpinos se rindieron ante Roma.
”Sus habitantes, que esperaban ese mismo día la llegada de los lucanios en su ayuda, pidieron a Sila que les diera un tiempo para decidirse. Y éste, dándose cuenta de la maniobra, les concedió una hora, y entretanto apiló haces de leña seca en torno a las murallas, que eran de madera, y al cabo de una hora les prendió fuego. Los de Eculano, llenos de temor, entregaron la ciudad, y Sila la saqueó por no haberse rendido voluntariamente sino por la fuerza; sin embargo, perdonó a otros que se rindieron ellos mismos, hasta que el pueblo de los hirpinos quedó sometido en su totalidad”. Apiano. 

Batalla de Bovianum
En verano todo estaba preparado para que Sila atacase el corazón del Samnio. Sila inició una marcha envolvente, dirigiéndose hacia el norte de la región, de modo contrario a las expectativas del general samnita C. Papio Mutilo, que fue derrotado y, herido, se refugió en Aesernia, donde se suicidaría. A continuación Sila se dirigió a Bovianum, la nueva capital rebelde. La ciudad tenía tres ciudadelas, pero una hábil maniobra de Sila consiguió tomarla.
La capital itálica volvió a cambiar de sede, trasladándose a Aesernia. Allí los rebeldes trataron de reorganizarse nombrando comandante supremo a Q. Popedio Silón, asistido de cuatro legados, representantes de las dos únicas comunidades que aún continuaban resistiendo: lucanos y samnitas. De hecho, solo quedaban dos focos centrados en Aesernia, en los Apeninos, y Nola, en la Campania inferior, todavía sitiada por los romanos. Las victorias de Sila en el verano del 89 a.C, le catapultaron hacia el consulado del año siguiente.
”Después, marchó contra los samnitas, no por donde Motilo su general vigilaba los caminos, sino por otra vía de acceso inesperada, tras dar un rodeo. Los atacó de repente y mató a muchos, los demás huyeron en forma dispersa y Motilo resultó herido y se refugió en Esernia con unos pocos. Sila destruyó su campamento y se dirigió a Boviano, donde se hallaba el Consejo común de los sublevados. La ciudad tenía tres ciudadelas, y como los bovianos atacaban a Sila desde una de ellas, éste envió a algunas tropas para que, dando un rodeo, se apoderaran de cualquiera de las otras dos que pudieran y le hicieran una señal con humo. Y cuando fue divisado el humo, les atacó de frente y, después de luchar con denuedo durante tres horas, se apoderó de la ciudad.
Éstos fueron los triunfos de Sila en este verano. Al aproximarse el invierno, regresó a Roma para presentarse como candidato al consulado“. Apiano.

Batalla del río Ofanto
De forma paralela, el pretor Cayo Cosconio, siguiendo la costa adriática desde el norte, atacó la ciudad apuliana de Salapia, y consiguió su rendición después de prenderle fuego. Tras la victoria, continuó su marcha hacia el sur con el asedio de Cannas y Canusium, en cuya ciudad sostuvo una severa batalla contra los samnitas que acudieron para socorrerla. Trebacio, el general samnita, invitó a Cosconio a que pasase el río Ofanto y así entablar batalla. Finalmente fue el samnita Trebacio quien lo cruzó, cayendo en el engaño de Cosconio y siendo vencido. Posteriormente, el pretor recorrió los territorios cercanos, derrotando a las gentes de Larinum, de Venusia y de los alrededor de Ausculum.
“… otro pretor romano, Cayo Cosconio, atacó a Salapia y le prendió fuego. También se apoderó de Cannas, y cuando sitiaba a Canusio sostuvo una severa batalla con los samnitas que acudieron en ayuda de la ciudad; finalmente, después de que ambos ejércitos sufrieran muchas bajas, Cosconio, derrotado, se retiró a Cannas. Puesto que los separaba un río, Trebacio, el general samnita, invitó a Cosconio a que pasara a su orilla para trabar combate o a que se retirara para atravesarlo él. Cosconio se retiró y atacó a Trebacio cuando lo estaba atravesando; fue superior a él y, mientras el general samnita huía en dirección al río, mató a cinco mil de sus hombres; el resto huyó con Trebacio hasta Canusio. Cosconio recorrió los territorios de los larineos, venusios y ausculanos, invadió el de los pedículos y en dos días capturó a su población“. Apiano.
Cosconio, tras perseguir a Trebacio hasta el río Aufidus, se internó hacia Larinum, Venusia y Ausculum (no confundir con Asculum). 

Batalla sin nombre
Cecilio Metelo, su sucesor en el mando de Sila, invadió la Apulia, en una campaña relámpago, y venció también a los yapigios. En el invierno de 89/88, los sublevados, después de tantas derrotas, trataron de reorganizarse nombrando comandante supremo al marso Quinto Popedio Silón, asistido por cuatro legados, representantes de samnitas y lucanos, las dos únicas comunidades que todavía continuaban resistiendo.
“Siendo, por tanto, más débiles y reducidos en número, ya que los marsos y otras naciones vecinas se habían pasado a los romanos, acordaron abandonar Corfinium y se trasladaron a Aesernia, una ciudad samnita, al mando de cinco comandantes, de los cuales hicieron a Quinto Popedio el jefe de todos. Con el consentimiento de los otros comandantes, Popedio movilizó un ejército que, con los antiguos combatientes, ascendía a 30.000 hombres. Y, además, se pudieron reunir otros 20.000 infantes y 1.000 jinetes por la manumisión de esclavos, a los que se tuvo que armar de forma apresurada”.
El antes extenso samnita quedaba ahora reducido a dos focos principales apoyados en la posesión de sendas plazas fuertes, Aesernia (en el Apenino) y Nola (en la Campania). 

Batalla sin nombre
El ejército que Quinto Popedio Silón había logrado reunir fue derrotado en una batalla sin nombre por el romano Mamerco.
“Viniendo (Popedio Silón) a la batalla con los romanos, cuyo comandante era Mamerco, mató a algunos de ellos, pero perdió más de 6.000 de sus propios hombres. Casi al mismo tiempo Metelo capturó la importante ciudad de Venosa en Apulia, en donde se guarnecía gran número de soldados, e hizo más de 3.000 prisioneros“.
Popedio Silón, el líder rebelde marso, perdió la vida en dicha acción, desesperados los itálicos pidieron ayuda a Mitridates VI rey del Ponto.
“Y ahora los romanos prevalecieron cada día más y más en contra de sus enemigos; por lo que los italianos enviaron emisarios a Mitrídates, rey del Ponto, que tenía entonces un ejército excelente y bien equipado, para rogarle que marchara a Italia con su ejército, para oponerse a los romanos; le dijeron que el poder romano podría ser fácilmente roto. Mitrídates contestó que marcharía a Italia tan pronto como hubiera sometido Asia, tarea en la que se encontraba en esos momentos. Por tanto, los rebeldes se sintieron frustrados en sus esperanzas de asistencia inmediata y de la entrega de dinero; estaban desanimados porque no quedaban más que unos pocos samnitas junto con los sabelios de Nola, y también Lamponio y Clepitio, que mandaban a los lucanos“. 

Operación de Metelo en Apulia
Una incursión de Metelo en la Apulia acabo prácticamente con la guerra:
Cecilio Metelo, su sucesor en el mando (de Cosconio), invadió la Apulia y venció también a los yapigios. Popedio, otro de los generales sublevados, perdió la vida en esta acción y los demás se pasaron, en grupos, a Cecilio. Estos fueron los acontecimientos en Italia relativos a la Guerra Social, que alcanzó sobre todo su máximo apogeo hasta que toda Italia accedió a la ciudadanía romana, con excepción en un principio de los lucanos y los samnitas; pues, me parece que éstos obtuvieron también después lo que deseaban“. Apiano. 

Final de la guerra
Los rebeldes lucanos se replegaron sobre el Bruttium, para continuar la resistencia en la intrincada orografía de la región con la esperanza de extender la guerra a la vecina Sicilia.
La progresiva disminución de la actividad bélica mantuvo en activo a unos 100.000 soldados del bando romanos, incluidas las tropas provinciales, frente a un número indeterminado, pero no muy alto (varias decenas de miles, tal vez), de lucanos, samnitas e itálicos en general que no se habían rendido.
De este modo, a comienzos del año 88 AC los focos de la sublevación estaban totalmente localizados, lo que dio a la guerra el carácter de simples operaciones de policía.

Concesiones a los aliados
El resultado de la Guerra Social Romana, fue sin duda una paradoja de lo más interesante, en la cual el vencedor ((Roma) se vio obligado a ceder a las reclamaciones de los vencidos, llegando a otorgar la ciudadanía de forma masiva a los sublevados a cambio de que estos rindiesen sus armas, ya que, en el transcurso de esos años se decretaron tres leyes que terminarían dando la ciudadanía romana a los itálicos:
·       Ley Julia, del año 90 a.C, Roma otorgaba la ciudadanía romana a las ciudades itálicas que habían permanecido fieles y lo solicitasen, autorizando a los generales a concederla a los soldados no romanos que lo mereciesen.
·       Ley Plautia Papiria, del año 89 a.C, Roma concedía la ciudadanía a cualquier itálico, incluso sublevado, que se hiciese inscribir en los registros del pretorio en un plazo de dos meses.
·       Ley Pompeya, del año 89 a.C, que otorgaba el derecho latino a las ciudades de la Galia Cisalpina que aún no lo poseían. Benefició sobre todo a las ciudades situadas al norte del río Padano (Po).

La extensión de la ciudadanía romana por Italia impulsó una importante y progresiva homogenización cultural y de costumbres, convirtiendo prácticamente toda Italia en una gran unidad social y política.

Primera Guerra Civil Romana (88 – 81 a.C). Mario contra Sila
Las disputas internas romanas entre optimates liderados por Lucio Cornelio Sila y populares liderados por Cayo Mario no hicieron sino recrudecerse tras la victoria en la Guerra Social.
Mario contaba con el decidido apoyo de Publio Sulpicio, tribuno de la plebe en el año 88 a.C, que se las había apañado para promulgar una ley Comicial, que repartía a los nuevos ciudadanos itálicos entre las 35 tribus romanas ya existentes. De esta forma, asegurándose de que no serían aglutinados en unas pocas nuevas tribus sin apenas importancia, Sulpicio otorgaba de hecho a los nuevos ciudadanos una gran fuerza política. Lo que le permitió conceder a Mario que contaba con 69 años la dirección de la guerra contra Mitrídates.
Los cónsules, Sila y Pompeyo Rufo, contraatacaron promulgando un iustitium, que paralizaba forzosamente toda actividad pública, lo cual impedía efectuar las votaciones para aprobar las leyes de Sulpicio. La situación, lejos de mejorar, se descontroló: violentos enfrentamientos sacudieron las calles de Roma, en los que fue asesinado un hijo de Pompeyo Rufo. Ambos cónsules se vieron obligados a escapar y esconderse, incluso Sila recibió ayuda del propio Mario para escabullirse (lo que vendría a indicar que todavía existía cierto respeto entre los dos, aunque probablemente si Mario hubiera sabido de las verdaderas intenciones de Sila no le habría dejado huir).

Mario y Sila. Izquierda Cayo Mario, derecha Lucio Cornelio Sila, protagonistas de la Primera Guerra Civil

Sulpicio consiguió que los asustados cónsules retiraran el iustitium, pudiendo así someter a votación sus dos leyes, que fueron aprobadas. Sila huyó precipitadamente de Roma, y se dirigió al sur para reunirse con el ejército encargado de sofocar los últimos focos de resistencia en Campania, consiguió poner a la mayoría de las tropas de su parte, haciéndoles creer que si Mario se hacía con el mando de la campaña contra Mitrídates les licenciaría forzosamente y reclutaría nuevas tropas, con lo que se quedarían sin opciones de obtener botín alguno en Asia.

Sila toma Roma (88 – 87)
La Asamblea al enterarse, envió delegados a las fuerzas que se encontraban acampadas en Nola (Sur de Italia y que se habían unido a Sila, éste pidió a las legiones que desafiasen a la Asamblea y le aceptasen como líder legítimo, y éstas le aceptaron y lapidaron a los representantes de la Asamblea. Sila dirigió seis legiones (35.000 hombres) para marchar contra Roma, algo completamente imprevisto y que cogió a Mario por sorpresa, dado que ningún ejército romano había marchado jamás contra Roma, algo prohibido por la ley y por las tradiciones más antiguas. Mario intentó organizar un ejército para resistir. Sin embargo, esta fuerza no era rival para las legiones de Sila, quién se hizo con el control absoluto de la ciudad y dictó oficialmente una lista de hostis publicus (enemigos públicos) para deshacerse de sus rivales políticos. Ser declarado enemigo público significaba que cualquiera podría matarles con total impunidad, Cayo Mario y Sulpicio Rufo huyeron de Roma, perseguidos por los hombres de Sila, siendo este último capturado a treinta kilómetros al sur de Roma y ejecutado. Mario en cambio logró abrirse paso hasta la costa embarcándose a África, terminando por refugiarse en una pequeña isla situada frente a la costa cartaginesa. Esta vez hubo pocas represalias solo se pronunció en contra de Mario, Sulpicio y otros diez hombres.
Sila hizo aprobar a toda prisa una serie de leyes de corte conservador que desmontaban parte de la legislación de Sulpicio y a su vez reforzaban a los sectores políticos optimates. Sin embargo, su posición recibió un duro revés al celebrarse las votaciones de los dos nuevos cónsules para el año 87, saliendo elegidos el plebeyo Lucio Cornelio Cinna y el aristócrata Cneo Octavio, ambos opuestos a Sila. Les hizo jurar que no revocarían su legislación y tras esto Sila se embarcó hacia Grecia.
Mientras Sila perdía un tiempo precioso imponiéndose por la fuerza en Roma, Mitrídates realizaba su siguiente movimiento. Envió una avanzadilla a Grecia al mando de Arquelao, uno de sus generales, al frente. Al tiempo que el grueso del ejército póntico se congregaba en Anatolia bajo órdenes de Taxilas (otro general de Mitrídates). Arquelao tomó Delos por asalto y entregó el tesoro de la isla a los atenienses, que no dudaron en darle la bienvenida.

Gobierno de Cinna (87 – 83)
Apenas hubo embarcado, la situación en Roma empeoró rápidamente. Lucio Cornelio Cinna resucitó en el 87 AC la propuesta de suffragium para los nuevos ciudadanos itálicos, resultantes de la Guerra Social en todas las tribus, la restauración de los poderes de la Asamblea de la Plebe y la concesión de la amnistía a sus amigos exiliados. Lo que fue una rotura de su juramento y el inicio de medidas radicales que llevaban a la reiniciación de la guerra civil.
Partidarios de Cinna y Octavio se enfrentaron a cuchilladas en el foro, produciéndose numerosos muertos y heridos, en un solo día fueron asesinados 10.000 populares. Derrotado, Cinna huyó de Roma y buscó refugio en diversas ciudades latinas próximas que veían sus intereses perjudicados por los últimos acontecimientos políticos. Como respuesta, el senado se apresuró a deponerlo del consulado junto con los seis tribunos de la plebe y colocar en su lugar a Lucio Mérula.
Cinna, mientras tanto, consiguió atraerse a su bando a la mayor parte de las tropas que Sila había dejado en Campania reprimiendo los últimos focos de sublevados samnitas. Mario regresó en su ayuda de su exilio en África y rápidamente consiguió reclutar a unos 6.000 soldados entre esclavos libertos y las propias poblaciones samnitas. Tras conseguir algunos apoyos más de última hora (como el de Quinto Sertorio) ambos marcharon contra Roma.
El mismo año 87 a.C, Mario desde el Norte y Cinna desde el Sur marcharon sobre Roma al frente de dos ejércitos. La defensa de ciudad, dirigida por el cónsul Octavio y Pompeyo Estrabón, se vio obstaculizada por la ambigua actitud política de Estrabón que decidió no intervenir y una epidemia que azotó la ciudad un par de meses. Todo ello facilitó la caída de la ciudad después de que Mario interceptara el suministro de trigo y saqueara Ostia, el puerto de Roma, matando a buena parte de sus habitantes, cortando a sus enemigos la posibilidad de proveerse por mar. Cinna y Mario entraron en Roma con cuatro ejércitos, dos de los cuales comandaban Quinto Sertorio y Papirio Carbón quienes se declararon cónsules a sí mismos.
La gran edad de Mario que por entonces tenía 70 años, no le impidió entregarse a una orgía de venganza sobre aquellos que lo habían desestimado, mató a todos los enemigos que pudo encontrar, la mayoría miembros del Senado que sufrió una terrible purga, de la que según algunos nunca volvió a recuperarse. En 86 a.C, Mario y Cinna forzaron su elección como cónsules ante un reducido e intimidado Senado, por lo que Mario fue cónsul por séptima vez. Pero dieciocho días más tarde murió.
Cinna se encontró solo al frente de la ciudad como dictador. Se inició así lo que las fuentes denominaron Cinnae dominatio o Cinnanum Tempus, un período de tres años (87-84 a.C) en el que Cina dirigió el Estado en calidad de cónsul, magistratura que no lo abandonó hasta su muerte en la primavera de 84 a.C. Compartió el consulado con Lucio Valerio Flaco, de quien se deshizo nombrándolo al frente de 12.000 efectivos para deponer a Sila y continuar la guerra en Grecia. Mandó otro ejército bajo el mando de Cayo Flavio Fimbria contra Mitridaes para liberar Lidia. Fimbria logró algunos éxitos, pero se condujo con gran crueldad y se ganó el odio de la población local. Cuando Sila salió a su encuentro, sus soldados lo abandonaron y se suicidó.
Una vez instalado a la cabeza del Estado, hizo intentos de reconciliar a las partes enfrentadas, lo primero que hizo fue parar la sangrienta represión contra los optimates, miles fueron asesinados y saqueados por los esclavos liberados, hasta que Cinna con un destacamento de galos, los rodeo y los mató a todos.
Cinna hizo gala de una política moderada tratando incluso de atraerse al Senado o al menos de no enemistarse con él. No rompió con el mos maiorum ni se condujo como un popular radical. No promulgó leyes agrarias, ni cambios en los mecanismos de las asambleas, ni nuevas leges frumentariae, ni prácticamente nada de lo que se suele considerar popular.
Intentó un acercamiento con Sila, pero ante la falta de un acuerdo, se dedicó a preparar la defensa de Italia ante su inminente retorno de Oriente. Compartió el consulado con Cneo Papirio Carbón, se prepararon para atacar a Sila en Grecia antes de que éste invadiera Italia, realizando un reclutamiento forzoso que precipitó el reparto igualitario de los ciudadanos entre las tribus; el ejército, concentrado en Ancona, recibió la orden de trasladarse a la costa liburnina, lo que desató un motín militar. Cinna, que se encontraba en Brindisi para embarcar sus tropas rumbo a Tesalia, se dirigió inmediatamente para intentar reprimirlo, siendo muerto por los soldados. Papirio Carbón quedo como único jefe para la defensa de Roma, volviendo a las políticas populares, salieron a la luz pública los errores, la corrupción y la incompetencia de los populares, que empezaron a perder apoyos en favor de Sila.

Regreso de Sila a Roma 83 a.C
Sila al enterarse del envío de tropas por parte Cinna, firmó el Tratado de Dárdanos con Mitridates que constaba en lo siguiente: Mitridates se quedaría con su reino y devolvería a Roma la provincia tomada sin entrar en batalla a cambio de medio ejército.
Cuando las legiones de Flaco llegaron donde estaba Sila, éste las convenció para que se unieran al él, y lo hicieron. Luego desembarcó en Lidia para ir contra Fimbria, tras algunas escaramuzas logró cercarlo en Tiatira (actual Akhisar), las tropas se rindieron sin luchar, Cimbria consiguió huir pero se suicidó en Pergamo.
Finalizada la guerra en oriente, Sila contaba con sus legiones intactas más medio ejército de Mitridates y las legiones romanas enviadas contra él, y decidió ir a Italia.

Batalla de Monte Tifata 83 a.C
En la primavera del año 83 a.C, Sila desembarcó en Brundisium, con su pequeño pero curtido ejército de 40.000 hombres. Avanzó por Calabria y Apulia hasta llegar a Campania. Sus enemigos dividieron sus tropas poniéndolas bajo el mando de los cónsules Lucio Cornelio Escipión Asiático Asiageno y Cayo Norbano Balbo. Habiendo llegado éste último a Campania, trabó combate con Sila junto al Monte Tifata, siendo derrotado y sufriendo grandes pérdidas, con el resto se refugió en Capua. No hay datos de esta batalla.

Batalla de Sacriporto 82 a.C
La campaña del 82 a.C empezó con el avance de los ejércitos Sila: Metelo Pío cual se introduce, junto con Pompeyo, en el norte de Italia para hacer frente a las fuerzas democráticas de Papirio Carbon, mientras Sila marchó directamente a Roma avanzando a lo largo de la vía Latina.
El joven Cayo Mario, que había desplegado su ejército entre Segni y Preneste para bloquear la carretera de acceso a la capital.
En primavera del 82 a.C, las fuerzas se encontrarían en Sacriporto, en la vía Latina, donde Sila con 40.000 legionarios se enfrentó al joven cónsul Cayo Mario (hijo) con 45.000 legionarios.
Una noche de abril, Sila que estaba acampado en Sacriporto, mandó llamar a Gneo Cornelio Dolabela, que no se encontraba lejos. Sin embargo, la milicia de Dolabela estaban cansados y sobrevino una intensa lluvia, por lo que los tribunos militares le hicieron desistir de la idea de seguir y ordenó acampar allí mismo.
Enterado de ello Mario, decidió atacar el campamento de Sila, pensando que la sorpresa le granjearía la victoria, pero los optimates, dejando de hacer lo que estaban haciendo, cogieron las armas y se aprestaron a luchar.
La batalla estaba en tablas, cuando algunas cohortes populares desertaron y se pasaron a Sila, creando tal confusión entre los de Mario, que se dieron a la fuga. 15.000 de ellos perecieron. Los supervivientes se refugiaron en Preneste y Sila los sometió a un asedio, Sila dejó las tropas al mando de Quinto Lucrecio Ofella.
Sila con el grueso del ejército marchó a Roma que había sida evacuada a toda prisa por las fuerzas marianas de Lucio Junio ​​Bruto Damasipo que, antes de la retirada, habían causado estragos a los oponentes políticos con una cruel persecución.

Asedio de Preneste
Mientras en Joven Mario estaba asediado en Preneste, las operaciones militares continuaron con la alternancia de éxito en el norte y en Etruria: Pompeyo y Metelo Pío rechazaron Papirio Carbón sin embargo, dejó un cuerpo de tropas bajo el mando de Gayo Norbano en la Galia Cisalpina, que se las arregló para descender a Etruria y bloquear a Pompeyo y Metelo Pío que se dirigían a Roma para unirse a Sila.
Los líderes de la facción mariana concentraron sus esfuerzos en un intento de acudir en ayuda del joven Mario en Preneste; Papirio Carbón envió al sur refuerzos dirigidos por Cayo Marcio Censorino que sin embargo fueron prácticamente destruidos por Pompeyo y Craso en Spoleto. Después enviaron a Preneste dos legiones bajo el mando de Lucio Damasipo, Sin embargo la mayor ayuda para la Preneste vino del sur, donde los samnitas, dirigidos por Poncio Telesino y lucanos dirigidos por Marco Lamponio organizaron un gran ejército en Campania, avanzando sobre la ciudad sitiada; Estas fuerzas, que también se unieron los de Capua mandados por Tiberio Gutta, en total las fuerzas ascendían a más de 70.000 efectivos.
Silla, informado de la marcha del ejército samnita a Preneste en auxilio del joven Mario, decidió regresar inmediatamente al sur, llegando a tiempo para bloquear el camino al ejército samnita de Poncio Telesino, deteniendo su avance. También detuvieron las salidas de las fuerzas del joven Mario fueron bloqueadas por las tropas Ofella. La llegada de dos legiones bajo el mando de Lucio Damasipo, y las fuerzas de Papirio Carbón, no cambió la situación; el asedio de Preneste estaba firmemente mantenido por las fuerzas de Sila.
Los ejércitos samnita y lucano, estaban bloqueados en el camino a Preneste por legiones de Sila que habían rechazado todos los intentos para avanzar en rescate de la guarnición sitiada del joven Mario. Mientras tanto, el progreso de la guerra en otros escenarios de los combates eran cada vez más favorable a la facción de Sila; en la Galia, Gayo Norbano después de algunos éxitos se enfrentó a Metelo Pío en Faenza en la batalla su ejército fue destruido, Norbano huyó a Rodas, y la parte restante de las tropas marianas se pasaron al enemigo. En Etruria, Papirio Carbón, desalentado por las malas noticias y el temor de ser rodeado por los ejércitos Sila, decidió abandonar el campamento y huir a África; sus tropas fueron destruidos en parte encerradas por el ejército de Pompeyo; Gayo Albino Carrina fue recogiendo a los supervivientes y valientemente decidió ir hacia el sur para unirse al ejército de Poncio Telesino.

Ejercito romano al final de la República. Autor Andrey Karashchuk (Aндрей Kаращук)

La situación de los ejércitos samnita y lucano concentrados cerca de Preneste se estaba deteriorando a pesar de los refuerzos llevados por Damasipo y después por Carrina; no habían hecho ningún progreso y se esperaba que llegasen desde el norte el ejército de Pompeyo procedente de Etruria tras la derrota de Papirio Carbón. El ejército romano-samnita podría ser rodeado y capturado. En esta situación, los líderes tomaron la decisión estratégica de abandonar el asedio de Preneste y en su lugar dirigirse directamente contra Roma, y de esta manera obligar a Sila a seguirlos. Marcharon contra Roma con determinación y furia para destruir la “cueva de lobos romanos”.
El ejército romano-samnita dirigido por Ponzio Telesino junto con el lucano Lamponio y los líderes populares Carrina, Damasipo y Censorino, abandonaron el territorio de Preneste durante la noche y avanzaron rápidamente a lo largo de la vía Latina a Roma que estaba a sólo un día de marcha; las tropas no encontraron oposición y al amanecer el 1 de noviembre estaban a las afueras de Roma. Ponzio Telesino, eufórico por el éxito y con plena confianza, acampó cerca de la Porta Collina; en el antiguo campamento en la Via Nomentana donde se había asentado años antes Pompeyo Estrabón. La situación de Roma, casi sin defensa, era trágica; la capital corría el riesgo de una nueva devastación y saqueo como el Saco de Roma (390 a.C) por los galos.
La ciudad de Preneste no caería hasta el 4 de noviembre, al enterarse de la derrota de Porta Colina, Mario se suicidó y tras la toma se desató toda su crueldad contra los prisioneros samnitas que habían formado parte del ejército de Mario, conducta difícil de explicar y que no hizo sino dificultar las cosas, en tanto que provocó una nueva sublevación general de las poblaciones samnitas de Campania, apoyados además por los lucanos.

Batalla de la Porta Colina 82 a.C
El peligro que corría la ciudad de Roma era muy grave; en la madrugada del 1 de noviembre de grupos de jinetes reclutados entre los jóvenes de la ciudad salieron valientemente a las órdenes de Apio Claudio para enfrentarse al enemigo, pero las fuerzas de Telesino los dispersan fácilmente y el comandante fue muerto. Dentro de Roma se desató el pánico, hubo episodios de desesperación y confusión entre la población temerosa de un “baño de sangre“.
Sila en cuanto se enteró de la marcha de Telesino a Roma, avanzó a marchas forzadas por vía Latina, enviando por delante a 600 jinetes bajo el mando de Octavio Balbo, que llegaron por la mañana del 1 de noviembre y fortalecieron la moral de los ciudadanos de Roma. Sila llegó con las legiones al mediodía después de una agotadora marcha forzada de Preneste, haciéndoles desplegar cerca del templo de Venus Erice, cerca de la actual Porta Pia, y ordenó las primeras unidades que llegaron tomar un breve refrigerio, y formar para atacar al enemigo. A pesar de los consejos de sus lugartenientes Cneo Cornelio Dolabella y Lucio Manlio, que eran partidarios de dar tiempo a los legionarios para descansar después de la marcha antes de enfrentarse al enemigo, pero Sila decidió inicial el ataque a la décima hora, entre las 15,00 y las 16,00. Las fuerzas de Sila se estiman en ocho legiones.
Al principio de la batalla, el flanco izquierdo del ejército romano se encontró en grandes dificultades bajo el ataque de los samnitas y Silla personalmente acudió al lugar para controlar la situación y fortalecer la resistencia; incluso el general romano llegó a estar en la primera fila y fue casi muerto por las pilum que le lanzaron algunos enemigos que le habían reconocido. De hecho la situación ala izquierda romana no mejoró, las tropas se desbandaron, muchos cayeron en el campo, otros huyeron a los muros de la ciudad; en la confusión de la retirada también murieron muchos ciudadanos que habían acudido a observar la lucha. Se extienden los rumores sobre la derrota romana y la supuesta muerte de Sila; esta noticia también llegó a Preneste cuando Quinto Ofella anunció que la batalla estaba perdida.
Silla, para evitar la huida, mandó cerrar las puertas de las murallas y las tropas, al ver que no tenían salida, lograron reagruparse, reanudando los combates y evitando la derrota; poco a poco los legionarios de Silla tomaron la iniciativa y se lanzaron al ataque de una hora después de la puesta del sol recuperando terreno lentamente contra el ejército samnita, la feroz lucha continuó durante toda la noche.
En el ínterin, mientras estaban luchando una batalla desesperada en el flanco izquierdo, en el flanco derecho los veteranos de las legiones de Sila, bajo el mando de Marco Licinio Craso, habían alcanzado un éxito completo. Las tropas de Craso derrotaron completamente a las fuerzas marianas de Carrina y Damasipo que se dieron a la fuga, llegando a la ciudad Antemnae, al norte de Roma, en el lugar donde el río Aniene se une al Tíber; Craso detuvo en este punto sus legionarios y envió mensajeros a Silla para informarle de la victoria.
En la madrugada del 2 de noviembre, aunque el flanco izquierdo de Sila, finalmente, después de luchar toda la noche, tenía la ventaja sobre samnita y completó la victoria; Silla alcanzó personalmente Antemnae donde logró obtener la deserción de un cuerpo de tropas enemigas por unos 3.000 hombres que cambiaron de bando en plena batalla y atacaron a sus compañeros aumentando la confusión y acelerando la victoria. El jefe samnita Ponzio Telesino que había luchado hasta final y fue muerto. Hizo prisioneros a los principales líderes marianos Carrina, Censorino y Damasipo.
Sila entrando en Roma el el 82 a.C
Después de la victoria de Silla fue implacable contra los vencidos, y en particular contra los samnitas habían puesto en tan grave peligro a Roma; más de 3.000 prisioneros fueron brutalmente asesinados tres días después de la batalla en el campo de Marte con una demostración cruel de la implacable ferocidad que aterrorizó a los senadores romanos se reunieron cerca del lugar de ejecuciones. Otras fuentes informan que los soldados enemigos asesinados fueron más de 8.000, la gran mayoría samnitas, y sus cuerpos arrojados al Tíber, poniendo punto y final a sus acciones militares contra la capital republicana.
Unos 12.000 populares, que fueron recluidos en el Campo de Marte, los lideres fueron decapitados, entre ellos Telesino, Carrina, Damasipo y Censorino, cuyas cabezas fueron enviadas a Preneste donde fueron exhibidas delante de las murallas, y posteriormente lanzadas a su interior.

Final de la guerra
Después de la decisiva batalla de la Porta Collina y la caída de Praeneste, Sila había alcanzado la victoria y el dominio político completo en Roma a pesar de los últimos brotes de resistencia mariana que se prolongaron la guerra en Campania y Etruria hasta 80 a.C.
Los líderes supervivientes de la facción popular trataron de escapar de Italia para reorganizar las fuerzas que sobrevivieron.
Quinto Sertorio, regresó a Hispania y organizó un vasto estado autónomo que sobrevivió durante algunos años. Cneo Papirio Carbón y Cneo Domicio Ahenobarbo, el hijo de Cornelio Cinna, por otra parte, fueron atacados posteriormente por Pompeyo que con varias legiones desembarcó por primera vez en Sicilia, donde el Carbón fue derrotado y muerto; poco después de la joven Pompeyo se dirigió a África, donde derrotó rápidamente a Domicio Ahenobarbo y le dio muerte. Pompeyo luego regresó a Italia con una reputación de excelente Cárnifex adulescentulus, pero también implacable.
Sila en el poder inició una terrible represión sobre el bando de los populares, iniciando las ”proscripciones” o persecuciones a muerte e incautación de bienes de todos sus enemigos: 80 senadores, 1.600 equites y 4.700 ciudadanos murieron durante el régimen de Sila, a veces no hacía falta que fuesen populares, bastaba con que alguien desease la fortuna de otro para acusarle y aparecer en la lista, muchos ciudadanos normales fueron condenados solo para hacerse con sus fortunas incautadas, que permitieron enriquecerse a los partidarios de Sila, entre ellos el famoso Craso que llegó a ser el hombre más rico de Roma. Las matanzas cesaron oficialmente el 1 de junio de 81 a.C.
Sila hizo nombrar dictador, reformó la Constitución Republicana cediendo más poder al Senado, quitó el Intercesio a los tribunos y a las asambleas populares (Concilia Plebis). Finalmente Sila murió en el 78 a.C.

Segunda Guerra Civil Romana (49 – 44 a.C). Cesar contra Pompeyo

Conspiración de Catilina 63 -61 a.C
Lucio Sergio Catilina habí­a sido partidario de Sila y miembro del partido conservador. Pero cuando su situación financiera tocó fondo no vaciló en volverse violentamente contra los optimates para salir del paso, así que el único modo en que podrí­a liberarse de sus deudas era hacerse elegir cónsul. Para lograrlo cortejó al partido popular, favoreciendo su programa de división de la tierra entre los que carecían de ella y saquear las provincias en beneficio de Roma.
Cuando en al año 63 a.C, Lucio Sergio Catilina logró presentarse a las elecciones consulares acompañado de Cayo Antonio Híbrida, fueron vencidos por Cicerón y Cayo Antonio.
Tras el fracaso, comenzó a planear la realización de un plan mucho más desesperado: la de asesinar a los cónsules, saquear a la ciudad misma y hacerse con el poder. Es dudoso que Craso y César siguieran apoyando a Catilina en este siniestro plan.
Enarbolando la bandera de defensa de las clases populares, reunió entre sus adeptos a todos los opositores políticos de Pompeyo y del Senado Romano.
La parte más ambiciosa del plan consistía en el asesinato de Cicerón hecho que acontecería el 7 de noviembre de año 63 a.C. Sin embargo Cicerón fue alertado por Fulvia una mujer de la nobleza, amante de Quinto Curio, partícipe de la conspiración, quien tenía una vida escandalosa, y por ese motivo había sido echado del Senado por los censores. Había contado a Fulvia sobre los planes contra Cicerón. La mujer delató lo que iba a acontecer, y Cicerón logró salvarse.
Como cónsul, Cicerón emprendió rápidamente la acción. Reunió diligentemente nuevas pruebas. Además, se previno contra una posible insurrección militar. Hizo guarnecer de hombres las murallas de Roma, armó a los ciudadanos y luego convocó una reunión del Senado.
Catilina tuvo el descaro de aparecer en la reunión, pues a fin de cuentas era senador. Cicerón se levantó y pronunció el discurso más elocuente y eficaz de su vida, exponiendo frente a Catilina todos los planes, las acciones y las intenciones de éste. A medida que hablaba, los senadores que estaban sentados cerca de Catilina se alejaron de él, dejando al conspirador solo y rodeado de asientos vacíos.

Discurso de Cicerón contra Catilina en el Senado. Se le ve sentado solo, abandonado por sus partidarios

Las apasionadas palabras de Cicerón le dieron el triunfo, y Catilina, escapó por la noche para unirse al ejército que estaba siendo reclutando por Cayo Manlio en Etruria, dejando a Cornelio Lentulo la lucha en Roma, este sería descubierto y ejecutado.
La conspiración en Roma fue desbaratada, hallándose cartas que incriminaron a cinco rebeldes, que fueron ejecutados sin un juicio, a petición de Catón César pronunció en vano un discurso instando a que los conspiradores fuesen juzgados.
Catilina y Manlio fueron declarados por decreto hostis o enemigos de la República, el 15 de noviembre, quedando privados de sus derechos civiles y sometidos al derecho de guerra.
El Senado entonces puso a cargo de los dos cónsules encargados de hacer frente a la insurgencia: Cayo Antonio fue comisionado para marchar contra Catilina, mientras que Cicerón tenía siendo para proteger la capital.
Cayo Antonio reunió dos ejércitos: uno que consistía en tres legiones bajo el mando del pretor Quinto Cecilio Metelo Celer, para proteger los pasos de montaña que Catilina podía utilizar para ir a la Galia, para cortar su retirada e impedir refuerzos, y el otro bajo el mando del cónsul Antonio con otras tres legiones para perseguir a Catilina y obligarle a presentar batalla.
El ejército rebelde disponía de unos 10.000 efectivos, estaban mal equipados, pues solo la mitad tenían armamento completo, el resto llevaban armas de circunstancias y disponían de muy poca caballería. Iniciaron la marcha hacia la Galia, para luego volverse hacia Roma en multitud de ocasiones, en un vano intento de evitar el combate.
En enero del 62 a.C, el ejército romano de Antonio, mandadas por Marco Petreyo, ya que el cónsul Antonio estaba enfermo de gota, se enfrentaron con el de Catilina a 360 kilómetros al norte de Roma en Pistoria (actual Pistoia), Catilina había elegido un estrecho valle, que muchos historiadores han identificado como el campo de Tizzoro. Decidió enfrentarse a Antonio ya que el terreno no permitía el uso de caballería y tenían que combatir en un frente estrecho, que compensaba la inferioridad numérica, su idea era derrotar a Antonio por separado y desanimar a los otros ejércitos.
Catilina situó a vanguardia las 10 cohortes mejor armadas, mientras que los 12 restantes fueron colocados en la segunda línea como reserva. El flanco derecho estaba mandado por Manlio, el izquierdo por Fiesole, mientras que él, con libertos y colonos, ocupó el centro con el águila, que se decía que era la de Mario en guerra contra los cimbrios.
El ejército consular tenía 3 legiones (15.000 efectivos) y Petreyo situó las cohortes de veteranos a vanguardia y detrás las menos experimentadas. Tras la orden de ataque, la primera línea rebelde aguantó durante un cierto tiempo, el mismo Catilina luchó con bravura en la batalla, y una vez constatado que no existía esperanza de victoria, se lanzó contra el grueso del enemigo, encontrando la muerte. Todo el ejército rebelde cayó en el campo de batalla, y según Salustio con heridas frontales. A Catilina se le cortó la cabeza y ésta fue llevada a Roma, como prueba pública de que el conspirador había muerto.

Encuentro del cuerpo de Catilina. Autor pintor italiano A. Segoni

El primer triunvirato: Cesar, Pompeyo y Craso
En el año 60 a.C, los tres generales más poderosos de Roma, Cayo Julio César (el favorito de la plebe), Cneo Pompeyo Magno (quien triunfaba en la región de Hispania) y Marco Licinio Craso (el hombre más rico de Roma), firmaron un acuerdo tácito llamado Triunvirato (Gobierno de tres personas), para dividir el Gobierno de Roma.
Con la ayuda de Craso y Pompeyo, Julio César fue elegido cónsul. Cesar impulso una ley agraria de repartición de tierras entre los soldados veteranos de Pompeyo Apoyó a los partidarios de Craso en la expulsión de Cicerón, senador enemigo de Craso y contrario a las reformas sociales y políticas en Roma. También la administración adoptada por Pompeyo en sus logros en Oriente fue confirmada por la Asamblea Popular.
Julio Cesar deseaba conquistar el área de la Galia, consiguiendo ser nombrado gobernador de la Galia Cisalpina, originado la guerra de las Galias que lo tuvo entretenido desde el 58 al 51 a.C.
Mientras Craso quería también obtener una victoria militar, y pidió ser nombrado gobernador de Oriente para atacar a los partos. En el 53 a.C en la batalla de Carras fue muerto, quedando el el poder Cesar y Pompeyo.
Pompeyo se quedó en Roma, donde fue atraído al bando conservador senatorial, mientras que Cesar optó por el bando de los populares. Los optimates y los populares decidieron resolver sus diferencias a mamporrazos, las bandas de matones entre los que se encontraban gladiadores y esclavos, de ambas se facciones se enfrentaban en las calles, dejando diariamente muchos muertos. El senado eligió como dictador a Pompeyo, que restableció el orden en la ciudad, acabando con las bandas.
En el 49 a.C, Pompeyo propuso una ley que para optar al consulado había que estar en la ciudad, siendo aprobada por la asamblea. Esto excluía a Cesar que se encontraba en las Galias y no tenía tiempo para presentar la candidatura, y Cesar debía abandonar el mando y licenciar a las legiones en la primavera o declararse enemigo de la república.
César acampó amenazadoramente en Rávena con la XIII legión, su favorita. Pompeyo tomó el mando de dos legiones en Capua y empezó a reclutar levas ilegalmente.
El 7 de enero, el Senado proclamó el estado de emergencia y concedió a Pompeyo poderes excepcionales, trasladando inmediatamente sus tropas a Roma. El 10 de enero, César recibió la noticia de la concesión de los poderes excepcionales a Pompeyo, e inmediatamente ordenó que un pequeño contingente de tropas de paisano, cruzara la frontera hacia el sur y se infiltrara en la más cercana que era Ariminum (Rimini). Al anochecer, César avanzó hasta el río Rubicón, que era la frontera natural entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia. Cesar se dirigió a la legión diciendo que no tenía dinero para pagarles, y que si perdían serían considerados traidores, exhortando a los que quisieran marchar que podían hacerlo. Todos respondieron unánimemente excepto Tito Lavieno, su lugarteniente.
César acampó amenazadoramente en Rávena con la XIII legión, su favorita. Pompeyo tomó el mando de dos legiones en Capua y empezó a reclutar levas ilegalmente.
El 7 de enero, el Senado proclamó el estado de emergencia y concedió a Pompeyo poderes excepcionales, trasladando inmediatamente sus tropas a Roma. El 10 de enero, César recibió la noticia de la concesión de los poderes excepcionales a Pompeyo, e inmediatamente ordenó que un pequeño contingente de tropas cruzara la frontera hacia el sur y tomara la ciudad más cercana. Al anochecer, César avanzó hasta el río Rubicón, la frontera natural entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia. Cesar se dirigió a la legión diciendo que no tenía dinero para pagarles, y que si perdían serían considerados traidores, exhortando a los que quisieran marchar que podían hacerlo. Todos respondieron unánimemente excepto Tito Lavieno, su lugarteniente.

César en el río Rubicón. Cesar a orillas de Rubicón meditando su decisión. Tras tomarla pronunció la famosa frase “alea iacta est” (la suerte esta echada). Autor Peter Dennis

Legionarios de César cruzando el Rubicon. Autor Peter Connolly

Campaña de César en Italia 49 a.C
La situación estratégica era la siguiente:
·       Pompeyo y el Senado disponían de dominio absoluto en el mar, 2 legiones veteranas en Italia, 8 legiones en Hispania, una en Siria, Macedonia, África y Sicilia.
·       Cesar la legión XIII en el Rubicón, otra en Ravena y 8 legiones en las Galias entre el Saona y el Loira.


Distribución de las legiones al inicio de la Primera Guerra Civil en el 49 a.C

César inicio su marcha hacia Roma y tomo por sorpresa Aríminum, ciudad en la que se encontraba Marco Antonio. Sin perder tiempo, ordenó a Antonio que con 5 cohortes atravesara los Apeninos y tomara la ciudad de Arretium, mientras él con otras 5 cohortes ocupó en forma sucesiva Pisauro, Fano y Ancona.
Llegaron a Roma las noticias de las sucesivas ocupaciones de las ciudades de la costa adriática y de Arretium, llegando a Roma oleadas de refugiados que, a su vez, provocaban que otras oleadas de refugiados abandonasen Roma. Un ambiente de terror se apoderó de Roma y su mundillo político. Ante el rápido avance de César, carente de las suficientes fuerzas y temiendo su popularidad entre la plebe y los pueblos itálicos, Pompeyo dio Roma por perdida y ordenó evacuar el Senado, declarando traidores a la República todos los magistrados que se quedasen en Roma.
César aguardó unos días la llegada de otras cuatro legiones y caballería de las Galias, e inició la persecución del Senado. El 1 de febrero marchó sobre Auximun (Osimo) donde derrotó a Accio Varo que reclutaba soldados para Pompeyo.
En Corfinium se encontraba el nuevo gobernador de la Galia Transalpina, Lucio Domicio Enobarbo, quien odiaba por igual a Pompeyo y a César. Se le había ordenado que marchara hacia el sur con sus hombres, pero éste desobedeció las órdenes de Pompeyo. Llevó a cabo el único intento de contener a César en Italia: decidió encerrarse en la ciudad de Corfinium, situada en un estratégico cruce de caminos.
El 13 de febrero, César cruzó el río Pescara y sitió Corfinium, que estaba en un estratégico cruce de caminos que se rindió el 19.

Campaña de Cesar en Italia en el 49 a.C

Pompeyo, con el resto de senadores y su ejército, tras abandonar Roma se dirigieron a Brindisi con la intención de cruzar el Adriático y adentrarse en Grecia y oriente, donde Pompeyo contaba con innumerables recursos con los que hacer frente a César. César marchó rápidamente hacia Brindisi. El 20 de febrero Pompeyo trasladó la mitad de su ejército a Dirraquio al otro lado del Adriático, pero la otra mitad siguió bajo el mando de Pompeyo quedó atrapada en la ciudad  esperando al regreso de la flota.
Cesar tras llegar, ordenó inmediatamente a sus hombres bloquear la salida del puerto a mar abierto con la construcción de un rompeolas. Con el rompeolas todavía sin terminar, la flota pompeyana regresó adentrándose en el puerto. Consiguiendo evacuar sus fuerzas.

Asedio de Cesar a Brindisi o Brindisium en el 49 a.C


Cesar entró en Roma el 16 de marzo, convocó a los pocos senadores que todavía quedaban, exigiendo el derecho a quedarse con los fondos de emergencia de la ciudad.
Cesar mandó 2 legiones reclutadas en Italia al mando de Curión y tomó Sicilia y posteriormente Cerdeña, después intentó tomar la provincia Africana, que permanecía bajo el mando de Publio Accio Varo. Tras una victoria inicial de Curión, que fue una escaramuza cerca de Útica, su ejército sería posteriormente aniquilado el 24 de agosto en la batalla del río Bagradas por las fuerzas combinadas de Juba I y Varo. Curión murió en la batalla.
 Cesar en abril ordenó Cayo Estrabonio Curio que con las antiguas tropas de Domicio invadiese Sicilia y Cerdeña para proteger las rutas y suministros de trigo.
Curio desembarcó con éxito en Útica al mando de dos legiones para tomar la provincia de África, que permanecía bajo el mando de Publio Accio Varo. Tras una victoria inicial de Curio, que fue una escaramuza cerca de Útica, su ejército sería posteriormente aniquilado el 24 de agosto en la batalla del Río Bagradas por las fuerzas combinadas de Juba I y Varo. Curio murió en la batalla.
Tampoco Dolabela pudo lograr sus propósitos al ser dispersada su escuadra frente a las costas de Dalmacia en el Adriático, mientras que Cayo Antonio se vio forzado a capitular en Iliria. 

Campaña de Cesar en Hispania 49 a.C
La estrategia de Pompeyo que con sus tres ejércitos situados en Hispania, Sicilia y Grecia, aislar a Italia y hacerla capitular por hambre. Además estaba pactando con los Dacios de Burebista y tenía una alianza con Farnaces del Ponto y con Egipto.
No hacer nada habría sido el fin de César, así se dirigió a Hispania y pronunció la célebre frase: “Me enfrentare primero  a un ejército sin general y después a un general sin ejército“, el plan consistía en una guerra rápida, por lo tanto, César no podría preparar suficientemente las campañas y no podría acumular los efectivos.
Los ejércitos de Hispania constaban de 7 legiones y 80 cohortes auxiliares.  César disponía de 9 legiones, 10.000 auxiliares y 6.000 jinetes.

Campaña de Cesar en Hispania en el 49 a.C

César había enviado previamente 3 legiones para cerrar los pasos de los Pirineos, con el resto de las fuerzas Sitió Marsella que contaba con 20.000 efectivos. Una vez completado el cerco, dejó tres legiones al mando de sus legados Cayo Trebonio y Décimo Junio Bruto Albino para continuarlo, e inmediatamente, y sin perder tiempo, se dirigió con el resto de las tropas a la Hispania.
La estrategia de los pompeyanos Afronio y Petreyo que habían juntado sus 3 y 2 legiones respectivamente, era evitar el combate con el fin de no arriesgarse a una derrota, la de César hacer una campaña con lo más rápida y con las menores perdidas posibles.
Fabio expulsó a las guarniciones de Afranio de los pasos pirenaicos, y envió mensajeros para ganar el apoyo de las tribus de la región y realizó varias incursiones en busca de alimentos, enfrentándose a la caballería pompeyana, consiguiendo llegar a las inmediaciones de Ilerda (Lérida) acampando no lejos de la ciudad. Posteriormente construyó dos puentes de madera sobre el Sicoris (Segre), el pons propior y el pons ulterior. Los pompeyanos controlaban un puente de piedra próximo a la ciudad.
Afranio y Petreyo llegaron a Ilerda con su ejército el 20 de junio decidieron buscar batalla inmediatamente, procediendo a avanzar con el objetivo de ocupar un puente con 4 legiones. Lucio Munacio Planco, comandante de una legión, decidió ocupar una colina cercana al pons propior, enfrentándose exitosamente a un enemigo superior y consiguiendo detenerle. Cuando Fabio llegó con el resto del ejército los pompeyanos se retiraron, pero controlaban la zona y dificultaban el abastecimiento a sus enemigos.
El 23 de junio César llegó al campamento de Fabio escoltado por una guardia personal de 900 jinetes germanos. Mientras tanto, uno de los puentes fue destruido por una inundación repentina causada por una tormenta pero durante la noche siguiente se trabajó para reconstruirlo completamente. Después de reconocer personalmente el lugar, el procónsul ordenó a las seis cohortes guarnecer el campamento y el nuevo puente, y con todo el ejército marchó hacia Ilerda, llegando a un llano perfecto para una batalla campal, Desplegó al resto del ejército en tres líneas (triplex acies) muy cerca de Afranio.
Los pompeyanos respondieron desplegándose frente a su campamento, que estaba sobre una colina al sur de Ilerda. César percibió que Afranio no atacaría y decidió acampar allí mismo. Conociendo que podía ser atacado mientras se construía el campamento, ordenó a la tercera línea no levantar una empalizada o valum, fácilmente visible desde la distancia, sino que cavase una fosa o fossatum de quince pies (4,5 metros de profundidad). Al llegar la noche los cesarianos se retiraron tras el foso y permanecieron en armas toda la noche.
Al día siguiente César decidió continuar la construcción. Se asigno a tres legiones un sector por fortificar mientras otras tantas daban cobertura. Entre tanto, Afranio y Petreyo desplegaron sus legiones al pie de la colina de su campamento y ofrecieron batalla. César no interrumpió su trabajo y los pompeyanos no atacaron y volvieron a sus cuarteles. En la tercera jornada las empalizadas estaban listas y algunas cohortes empezaron a traer el equipaje desde el campamento de Fabio, que fue abandonado.
Entre Ilerda y el campamento pompeyano había una llanura de 450 metros atravesada por una pequeña elevación. El 27 de junio César quiso ocupar esa elevación y bloquear el acceso enemigo a la ciudad, así que ordenó a tres legiones ocupar el terreno. La maniobra fue detectada por los vigías de Afranio, que envió tropas a ocupar primero el área en disputa. Pronto ambos bandos enviaron refuerzos y se inicio una batalla.
La posición de los cesarianos comenzaba a ser insostenible, dado que los pompeyanos controlaban la altura y podían envolverlos. El procónsul decidió enviar a la IX para ayudar a sus tropas y esta hizo retirarse a sus enemigos detrás de los muros de Ilerda, pero los soldados quedaron vulnerables, pues estaban entre la colina y la ciudad, desde donde les lanzaban todo tipo de proyectiles. Tras cinco horas de combate sin tregua, Cesar ordenó la retirada protegida por su caballería. Los legionarios de Afranio aprovecharon la misma para atacar cuesta abajo.
Los cesarianos tuvieron 300 muertos entre los que había 4 centuriones y más de 600 heridos. Afranio mantuvo la pequeña loma, dejando una pequeña guarnición y mandó fortificarla.
Al día siguiente otra tormenta repentina produjo una violenta inundación que destruyó los puentes de madera cesarianos, dificultando las comunicaciones, quedando atrapados sin posibilidad de cruzar el Sicoris. En cambio, el puente de piedra pompeyano seguía en pié, permitiéndoles cruzar cuando querían.
A Cesar no le podían llegar convoyes con trigo de las tribus aliadas, Italia o Galia, mientras que Afranio había acaparado suministros, y la guerra había asustado a los locales, que apartaron a sus ganados de la zona del conflicto.

Campaña de Cesar en Ilerda (Lérida) 49 a.C. Fases 1 y 2

César no podía reconstruir los puentes, pues el fuerte caudal impedía los trabajos tanto como los ataques de proyectiles pompeyanos, que controlaban las riveras. Cuando el general pompeyano supo que una caravana con numerosos materiales de construcción esperaban encontrar un método para cruzar el río y llegar al campamento de César, decidió atacar. La caravana contaba con arqueros rutenos de Aquitania, jinetes, legionarios, esclavos y no combatientes. Alrededor de 6.000 personas. Afranio salió con toda su caballería y tres legiones para destruirlos. Les atacó por sorpresa, pero los jinetes cesarianos lograron organizar cierta resistencia, permitiendo a la mayoría escapar a las colinas. Murieron 200 arqueros, algunos jinetes y una pequeña cantidad de porteadores.
César contaba con una importante superioridad en caballería: 3.000 jinetes veteranos de sus campañas previas, casi 3.000 nuevos jinetes galos y 900 germanos. Los pompeyanos rondarían los 5.000 jinetes principalmente hispanos.
Cesar construyó un nuevo puente de barcazas, construyendo barcos de poco calado similares a los curragh galos, el 10 de julio consiguió restablecer los suministros, y pasar la caballería para protegerlo y cortar los suministros a los pompeyanos. César contaba con una importante superioridad en caballería: 3.000 jinetes veteranos de sus campañas previas, casi 3.000 nuevos jinetes galos y 900 germanos. Los pompeyanos rondarían los 5.000 jinetes principalmente hispanos.
Afranio, temiendo quedar atrapado en Ilerda decidió marchar hacia Octogesa (Mequinenza?) donde les esperaban barcazas para cruzar el río Iberus (Ebro) para reunirse con Varrón que disponía de 2 legiones. Dejó un destacamento menor para guarnecer el puente, su campamento e Ilerda y el 25 de julio se dirigió al sur con su ejército.
Cesar al darse cuenta dejó una legión para proteger el campamento y salió inmediatamente en su persecución, enviando a su caballería por delante para cortarles el paso.

Campaña de Cesar en Ilerda (Lérida) 49 a.C. Fase 3

La caballería cesariana consiguió detenerlos el 29 de Julio, que le cortó el paso, mientras las legiones se acercan por detrás. Cesar dio un rodeo por las montañas sin ser detectado y apareciendo en la retaguardia de Afranio, cortándoles el paso hacia el río Iberus (Ebro).
Afranio al ver su retirada cortada, intentó desesperadamente regresar a Ilerda pero, fue detenido de nuevo por la caballería cesariana, estando acorralado y sin provisiones, decidió rendirse sin apenas haber luchado el 2 de agosto. Los soldados pompeyanos fueron incorporados a las unidades cesarianas.
Más tarde se dirigió al sur contra Varrón que aún disponía de 2 legiones, le persiguió y éste se atrincheró en Gades (Cádiz). De aquí regresó a Marsalia y rindió la ciudad.
La aptitud tomada ante los vencidos fue clemente y se concedió el perdón a los indígenas, legionarios vencidos y romanos que decidieron abandonar la causa pompeyana.

Mapa de las cinco campañas de Cesar durante la Segunda Guerra Civil

Campaña de César en Grecia 48 a.C
Aunque en España César había dado un durísimo golpe al prestigio y poder de Pompeyo, éste aún era dueño de la parte oriental del Imperio. Contaba con más de 300 naves con las que dominaba el mar; su ejército crecía diariamente. Tenía 9 legiones con 36.000 hombres, 7.000 jinetes, 3.000 arqueros y 1.200 honderos y Metelo Escipión estaba en camino desde Siria con dos legiones más. Su base de operaciones era Dyrraquium o Dirraquio (Durazo) estaba a sólo un día de viaje de Italia.
César reunió 12 legiones en Brindisi no quiso esperar más y embarcó en los transportes disponibles el máximo de soldados, 7 legiones, sin cargamento de trigo, ni esclavos ni animales. Eran unos 20.000 hombres y 600 jinetes. El resto, lo dejó al mando de Marco Antonio esperando el regreso de los transportes para trasladarlos.
Zarpó el 4 de enero de 48 a.C y al día siguiente desembarcó en Palaeste (Palase), puerto ubicado 150 kilómetros al sur de Dyrraquium. Inmediatamente envió un embajador a Pompeyo con una propuesta de paz y avanzó hacia el norte. El almirante pompeyano Marco Bíbulo, alertado, destruyó 30 naves transporte que regresaban a Brindisi.
Pompeyo no se imaginó que César intentaría una maniobra así en pleno invierno, por lo que la noticia del desembarco lo encontró en camino a Macedonia donde pensaba reclutar tropas. Regresó hacia Dyrraquium a marchas forzadas, entrando en ella muy poco antes que llegara César. Después armó su campamento en la orilla norte del río Semani en la localidad de Kuci frente al de César que estaba en la ribera sur.
Marco Antonio finalmente se decidió a emprender el traslado de 4 legiones y 800 jinetes que estaban en Brindisi. A fines de febrero zarpó hacia la costa donde se encontraba César, pero sus naves recalaron al norte de Dyrraquium debido a un fuerte viento del suroeste que tuvieron durante la travesía. Antonio envió los transportes de regreso a Brindisi para completar el traslado. Pompeyo, en cuanto supo de este desembarco, levantó su campamento y marchó hacia el norte para sorprender a Marco Antonio. César también se desplazó hacia el noreste en dirección a Tirana y avisó a Antonio la maniobra de Pompeyo. Las fuerzas de César y Marco Antonio se reunieron en Scampi.
Tras el fracaso de impedir la unión de las fuerzas enemigas, Pompeyo retrocedió a Asparagium, localidad cercana a Rozina y César decidió ampliar su zona de operaciones para lo cual envió a Domicio Calvino con 2 legiones y 500 jinetes a Macedonia para enfrentar a Metelo Escipión que avanzaba desde Salónica a reunirse con Pompeyo. Luego envió una legión más 5 cohortes y 200 jinetes a Tesalia y Etolia para procurar el abastecimiento de cereales para su ejército. Pocos días después de la partida de estos destacamentos César tuvo conocimiento de un grave desastre.

Desembarco de Cesar en Grecia

El hijo mayor de Pompeyo, Cneo, mandaba una flota de naves egipcias y con ella había capturado sus naves en la base naval de Oricus y luego había navegado hasta la base donde M. Antonio había dejado los transportes y los incendió. De esta manera César vio destruida toda su flota en Grecia, quedando sin ningún buque para comunicarse con Italia.
César, ante esta situación, decidió dar la batalla ante su adversario. Descendió hasta Asparagium y dispuso su ejército en orden de batalla frente al campamento de Pompeyo, pero éste rehusó el combate. Entonces César se dirigió hacia Dyrraquium para aislar a Pompeyo de su base.

Batalla de Dyrraquium o Dirraquio (48 a.C)
César acampó su ejército, compuesto por 22.000 hombres, en unos cerros a pocos kilómetros al este de Dyrraquium, desde donde podía ver la vanguardia de Pompeyo. Al comprobar que estaba aislado de su base, Pompeyo tomó posición inmediatamente al sur del lugar en que se encontraba César, quedando separados por un torrente.
César hizo construir una trinchera de 22 kilómetros de largo alrededor de la posición en que se encontraba Pompeyo, quien a su vez, había construido defensas de 12 kilómetros de largo a un kilómetro y medio de la costa. Pompeyo tuvo dudas entre invadir Italia o atacar a César, decidiéndose por esta última opción, porque la primera significaba perder su base de Dyrraquium donde tenía almacenados sus aprovisionamientos y sus máquinas de guerra.
Pompeyo atacó el centro del muro de circunvalación de César, pero éste resistió obligándole a retirarse. Pompeyo, con la información de unos desertores del bando de César planificó efectuar un ataque combinado por tierra y por mar contra el ala izquierda de César. Esta iba a ser atacada simultáneamente por el frente, por el costado y por la retaguardia.


Batalla de Dirraquio. Despliegue de fuerzas

Batalla de Dyrraquium 48 a.C: Desarrollo de la batalla.

El 9 de julio por la noche se inició el ataque combinado contra el punto débil revelado por los desertores, que permitió a Pompeyo sorprender a las 2 cohortes de guardia en ese sector, cuyos soldados presas de pánico huyeron hacia el interior, impidiendo el avance de los refuerzos.
César logró llegar con 33 cohortes hasta su antiguo campamento, asaltó el muro y expulsó a las fuerzas de Pompeyo, pero éste desplegó su caballería y 60 cohortes, contraatacó e hizo huir a las tropas de César que entraron en pánico, Cesar intentó detener la desbandada de sus hombres acudiendo con sin yelmo para que lo reconocieran, al no poder contenerlos optó por ordenar la retirada.

Batalla de Dirraquio o Dyrraquium 48 a.C. En la mañana del 9 de julio, Pompeyo realizó un contraataque contra las fuerzas de Cesar, poniéndolas en fuga, César trata de frenar la huida, pero los soldados habían abandonado el escudo y armamento, y no pudo convencerles a pesar de no llevar el yelmo para que le reconocieran. Autor Adam Hook

Afortunadamente para éste, Pompeyo creyó que la retirada era una trampa que le tendía César y por eso no lo persiguió. Las pérdidas de Cesar fueron 32 centuriones, 950 hombres y 32 estandartes.
La mañana del día 11, César llegó a su antiguo campamento de Asparagio y  se puso de nuevo en camino y tras rechazar a los jinetes de Pompeyo, e 14 de julio llegó a Apolonia.

Batalla de Farsalia 48 a.C
Cesar se unió a Calvino en Aginium, y Pompeyo se unió a Escipión en Larisa. Ambos ejércitos una vez reunidos, marcharon hacia Farsalia. Pompeyo continuó con su estrategia de agotar a las fuerzas de César y evitar enfrentamientos directos. Después de acorralar a César, los senadores prominentes en el campo de Pompeyo comenzaron a discutir pidiendo una victoria decisiva. Aunque Pompeyo estaba fuertemente en contra, finalmente cedió y aceptó la batalla de César en un campo cerca del lugar donde tuvo lugar la batalla de Cinóscefalos.

Batalla de Farsalia 48 a.C: Movimientos preliminares a la batalla.

Cesar contaba con 2.000 jinetes galos germánicos e hispanos, 7.000 auxiliares y 8 legiones (30.000 legionarios). Dejó 2 cohortes en el campamento y desplegó 72 apoyándose en el río Eunipeo, en triplex acies en tres grupos mandados por Marco Antonio en el flanco izquierdo con tropas auxiliares junto al río y 2 legiones (IX y VIII), Domicio Calvino en el centro con 3 legiones (XI, XII y V?) y Publio Sila en el flanco derecho (VI?, VII? y X); en su ala derecha situó la caballería y detrás de ésta tropas. A retaguardia y en oblicuo desplegó una cuarta línea de 6 cohortes muy expertas escondidas de la vista.
Pompeyo contaba con 7.000 jinetes (númidas de Juba, hispanos, itálicos y sirios), 9.000 auxiliares y 11 legiones (45.000 hombres). Desplegó al norte de Cesar: en el ala derecha junto al río 600 jinetes del Ponto, a continuación 103 cohortes (había dejado 7 en el campamento) en tres grupos: las 4 legiones cilicias e hispanas al mando de Afranio Léntulo en el flanco derecho, las 3 legiones sirias al mando de Metelo Escipión en el centro y las 4 legiones italianas al mando de Domicio Enobardo en el flanco izquierdo; en el ala izquierda 6.500 jinetes al mando de Tito Labieno y detrás arqueros y honderos.

Batalla de Farsalia 9 de Agosto del 48 a.C: Despliegue Inicial

La estrategia de Pompeyo era de asegurar el ala derecha apoyada en el río, y derrotar con su caballería el ala derecha de Cesar para envolver sus legiones por retaguardia.
Ambos ejércitos estuvieron uno frente a otro, y como Pompeyo no se decidía atacar, a pesar de tener ventaja numérica, Cesar avanzó, y cuando estaba a unos 200 del adversario, detuvo su avance, con el fin de tomar aliento.

Batalla de Farsalia 9 de agosto del 48 a.C. Pompeyo y sus legionarios esperan el ataque de cesar a pesar de su superioridad numérica. Autor Peter Dennis

Batalla de Farsalia: primera y segunda fases

Pompeyo lanzo su ala izquierda (6.400 jinetes) contra el ala derecha Cesar cuya caballería (2.000 jinetes) con infantes ligeros intercalados, comenzaron a retroceder. Los pompeyanos intentaron presionar con más fuerza, pero poco a poco los infantes que atacaban desde abajo y la caballería cesariana consiguió detener el avance.

Batalla de Farsalia 9 de agosto del 48 a.C: Las cohortes de Cesar atacando y derrotando a la caballería pompeyana. Autor Adam Hook

Batalla de Farsalia 48 a.C. Los legionarios de las cohortes de reserva de Cesar atacan a la caballería de Pompeyo. Autor Ganbat Badamkhand

Batalla de Farsalia 48 a.C. Centurión cesariano. Autor Radu Oltean.

En ese momento, Cesar ordenó avanzar a las 6 cohortes, que atacaron de flanco a la caballería pompeyana, haciéndola huir con grandes pérdidas. Los arqueros y honderos que  les seguían, quedaron sin protección y viendo que los jinetes huían cuesta arriba, intentaron huir pero fueron masacrados por las cohortes y tropas ligeras, mientras la caballería  cesariana perseguía a la pompeyana fuera del campo de batalla.

Batalla de Farsalia 48 a.C: Choque de las legiones cuerpo a cuerpo. Autor Adam Hook

Mientras tanto las legiones habían chocado cuerpo a cuerpo y no había claro vencedor, entonces la legión I y III de Pompeyo fueron atacadas por la retaguardia, desmoronándose su flanco izquierdo, Pompeyo huyó a su campamento esperando el resultado de la batalla,  a continuación todas las legiones emprendieron la huida. Cesar animó a sus exhaustos hombres a seguir avanzando y asaltar el campamento. Pompeyo montó un caballo y huyó a Larissa.

Batalla de Farsalia 9 de Agosto del 48 a.C: Fase tercera y cuarta

A la mañana siguiente rodeó con 4 legiones al resto del ejército pompeyano (unas 4 legiones) que se había hecho fuerte en un monte, que posteriormente se rindieron.
Los muertos de Cesar fueron 30 centuriones y 1.200 soldados, mientras que los pompeyanos tuvieron unos 10.000 muertos y unos 25.000 prisioneros.

Campaña de Cesar en Egipto 48/7 a.C
Pompeyo huyó hacia la costa del Egeo; allí cogió un barco hasta Mitilene (en la isla de Lesbos, Turquía), donde estaba su mujer Cornelia. Tras reunirse con ella, partieron rumbo a Creta y de aquí a Egipto con una pequeña flota, con la intención de pedir ayuda a Ptolomeo XIII, el joven faraón de Egipto de tan solo 12 años.
Cesar con la legión VI y otra muy reducidas (unos 4.000 legionarios entre las dos) y 800 jinetes inició la persecución de Pompeyo. Marco Antonio regresó a Italia y Domicio Calvino marchó a Siria con 3 legiones.
Un mes después de Farsalia Pompeyo llegó a las costas de Egipto y envió emisarios al Faraón y, tras unos días esperando anclado frente a los bancos de arena, el 28 de septiembre del 48 AC, una pequeña barca se acercó hasta los navíos romanos invitando a subir a bordo a Pompeyo. En la otra orilla aguardaba Ptolomeo XIII, por lo que tras despedirse de su mujer Pompeyo fue conducido hasta la orilla. Mientras avanzaba trató de entablar conversación con la gente de la barca pero no obtuvo respuesta y tras tomar tierra un mercenario romano, un ex-centurión llamado Aquila, desenvainó su espada y atravesó a Pompeyo que acto seguido fue apuñalado repetidas veces. Cornelia y el resto de los tripulantes de la pequeña flota observaron, impotentes, los sucesos desde el mar. El cadáver de Pompeyo fue decapitado, y su cuerpo abandonado en la playa, siendo rescatado e incinerado por un veterano de las primeras campañas de Pompeyo.
Cesar llegó a Alejandría el 2 de octubre y fue recibido por Ptolomeo con el sello personal y la cabeza de Pompeyo. Egipto se encontraba en guerra civil, y los consejeros del Rey creyeron erróneamente que César estaría agradecido y apoyaría a Ptolomeo contra su hermana Cleopatra. Al saber de su suerte, César estalló en lágrimas, tanto por la muerte de un cónsul romano, su antiguo amigo y yerno, como por haber perdido la oportunidad de ofrecerle su perdón. Le hizo un funeral de acuerdo a su rango.

Cesar en Alejandría frente a la cabeza de Pompeyo el Grande

Egipto se encontraba en una guerra civil entre Ptolomeo y su hermana, Cesar mandó licenciar ambos ejércitos y llamó a ambos hermanos a Alejandría.
Ptolomeo no licenció  su ejército pero asistió a la reunión. Al descubrir que su hermana había seducido a Cesar, levantó a la población y se les unió un ejército de  20.000 hombres, comenzando una verdadera batalla por el control de Egipto. Aquilas, uno de los consejeros, sitió a César y a sus tropas en el Palacio Real de Alejandría en septiembre del año 48 a.C. César resistió los ataques durante cuatro meses esperando la llegada de las tropas de refuerzo que había pedido a su aliado, Mitrídates I, rey de Pérgamo. En uno de esos ataques, la famosísima Biblioteca de Alejandría, donde había más de 400.000 volúmenes pereció pasto de las llamas. Muerto Aquilas, el eunuco Ganímedes refuerza con mucha más virulencia los ataques contra César. En una escaramuza en la isla del faro, el mismo César junto con 800 legionarios cayó en una emboscada, de la cual solo pueden salvarse unos pocos lanzándose al mar y nadando hasta la seguridad de las naves romanas. El mismo César en su desesperada huida, ha de abandonar la capa escarlata de Imperator, que Ganímedes exhibe como un trofeo.

Batalla de Alejandría 48 a.C. César pierde la capa escarlata de imperator que sería exhibida como un trofeo

Pero en enero del año 47 a.C, llegaron los refuerzos romanos que acamparon a las afueras de Alejandría. Enterado César, en una salida nocturna y por sorpresa se une a esos refuerzos y presentó batalla a Ganímedes y sus hombres, venciéndole de manera aplastante (unos 12.000 prisioneros y más de 20.000 muertos). Entre los muertos está el propio Ganímedes y el propio Faraón Tolomeo.
Una vez restauradas las líneas de comunicación, sus agentes le informaron de las nuevas amenazas surgidas durante su estancia en Alejandría. Farnaces, hijo de Mitrídates VI había invadido el Ponto mientras que en África Metelo Escipión y Catón estaban reclutando un poderoso nuevo ejército y en Roma el gobierno de Marco Antonio estaba creando recelos entre la población.
Pero César se embarcó y realizó un crucero de dos meses por el Nilo para conocer las maravillas de Egipto junto a Cleopatra a la que le hizo un hijo, Ptolomeo Cesar conocido como Cesarión. Al volver, César dejó tres legiones en Egipto y volvió a la actividad.

Campaña de Cesar contra el Ponto 47 a.C
Farnaces II, aprovechando la guerra civil romana, decidió ampliar sus territorios invadiendo Colchis y parte de Armenia.
El rey armenio Deiotarus, reino vasallo de Roma, pidió ayuda al lugarteniente cesariano de la provincia de Asia, Domicio Calvino. Farnaces se enfrentó rápidamente con las fuerzas romanas provinciales, obteniendo la victoria. Confiado por su victoria invadió el antiguo reino de su padre, el Ponto y parte de Capadocia.  El rey póntico para celebrar la victoria, torturó y ejecutó a los prisioneros romanos, castrándoles.
César llegó al Ponto y reunió sus fuerzas,  la legión VI muy reducida (1.000), los supervivientes de Domitio (la legión XXII gálata de Deitorato que no había entrado en combate, y la XXXVI antiguos pompeyanos) y un pequeño contingente de caballería. (En total 10.000 hombres).

Batalla de Zela 47 a.C
Farnaces tenía por su parte 20.000 hombres, en su mayoría guerreros tribales e infantería ligera pero también hoplitas profesionales. Numerosos carros y una caballería algo superior a la cesariana.
Farnaces mandó varios mensajeros a César para intentar firmar una paz que le permitiera mantener sus conquistas y para recordarle que había rehusado enviar tropas de auxilio a Pompeyo. Le obsequiaron con una corona de oro como emblema de su victoria.
César no ofreció ninguna concesión, sino que le recordó a los embajadores las mutilaciones y la tortura infligidas a los romanos capturados. Exigió que Farnaces se retirara de inmediato del Ponto, devolviera el botín arrebatado a los romanos y liberara a los prisioneros.
El ejército romano continuaba avanzando y se encontró con las fuerzas enemigas cerca de la cima de la colina, donde se erguía el pueblo amurallado de Zela (provincia de Tokat, Turquía).  Estableció el campamento a 8 km del de Fernaces.

Batalla de Zela 47 a.C. Marcha de Cesar desde Egipto al Ponto y despliegue de fuerzas para la batalla de Zela

Durante la noche del 2 de agosto, adelantó su campamento y se situó en una colina enfrente del de Fernaces.  Los romanos estaban atrincherando su campamento en terreno elevado, y Fernaces decidió un ataque por sorpresa. Ese tipo de asalto era considerado irracional en la ciencia militar de la época, pero el primer impacto de la sorpresa provoco cierta confusión.
César y sus hombres fueron cogidos por sorpresa, sufriendo una derrota inicial,  pero se recuperaron con rapidez, organizaron una línea de batalla, y expulsaron a los pónticos del campamento e hicieron retroceder al enemigo hasta la falda de la colina opuesta. Los veteranos de la sexta abrieron brecha por el flanco derecho y pronto la totalidad del ejército enemigo se disolvió y se dio a la fuga.

Batalla de Zela del 47 a.C. Julio César dirigiendo la batalla. Autor Giuseppe Rava
Farnaces escapó, pero fue asesinado por un rival cuando retornó a su reino. Toda la campaña se decidió en cinco días, Plutarco menciona que Cesar pronunció otra de sus famosas frases “Veni, vidi, vici” (llegue, vi, venci).

La victoria de Zela fue decisiva: los pónticos no volvieron a amenazar el poder romano en Asia Menor.

Campaña de Cesar en el Norte de África 47/6  a.C
Cesar volvió a Roma, pero se encontró con un panorama poco agradable, el trigo no llegaba de Hispania donde el hijo de  Pompeyo estaba reclutando un ejército, ni tampoco del Norte de África, donde Catón y Lavieno junto con el rey Juba I de Numidia que era un importante aliado local eran dueños del terreno y habían reclutado un impresionante ejército. Las cosas en Italia no iban mucho mejor, Marco Antonio que había gobernado con manos militaris para mantener el orden, algunas legiones se habían sublevado por no haber recibido su soldada.
Cesar puso orden en Roma y se presentó ante las legiones sublevadas solo y desarmado, les dijo que consideraba legítimas sus reivindicaciones, y que serían satisfechas a su regreso de África, donde iba a combatir con otros soldados.  Los soldados le dijeron que ellos eran los únicos soldados de Cesar, y que querían seguir siéndolo.

Batalla de Ruspina  46 a.C
César transportó sus legiones a Sicilia y de allí desembarcó en Hadrumetum (actual Susa, en Túnez) el 28 de diciembre del año 47 a.C, empezó a transportar 6 legiones y 2.000 jinetes en varios viajes con 25.000 hombres.
En un principio cruzó a África con un mínimo contingente, mientras iba llegando el resto de su ejército. Habiendo sido dispersado por una tormenta y, ocultando César la base, tuvo dificultades para reunir sus tropas. Por fortuna para él, las fuerzas optimates no llegaron a combatirlo cuando sólo tenía unas fuerzas mínimas: 8.000 soldados. Tras una serie de peripecias, necesitando alimento para sus 13.500 hombres, salió en busca de trigo con una fuerza de 30 cohortes armadas «a la ligera», es decir, unos 10.000 hombres más o menos y 2.000 jinetes. La mayoría de tropas de hostigadores había sido dispersada, aun así tendría varios centenares.

Batalla de Ruspina 46: Despliegue inicial de las fuerzas de Julio Cesar y Tito Lavieno

Súbitamente, a unos cinco kilómetros del campamento, los exploradores de César (situados en puntos elegidos) le avisaron de que se aproximaba una gran fuerza de infantería hacia ellos: eran las tropas pompeyanas al mando de Labieno, 20.000 infantes y 12.000 jinetes. Consciente de su inferioridad, César ordenó a su exigua caballería y a los pocos arqueros que tenía que salieran del campamento y le siguieran a corta distancia, para apoyar a su infantería, un segundo contingente de caballería quedó en el campamento.
César formó a sus unidades, la infantería en simplex acies y la caballería en alas. Labieno desplegó sus fuerzas, de igual forma en el centro la infantería pero con caballería intercalada y en las alas la caballería.
Empezó el ataque por las alas, pero las pocas tropas de caballería cesarianas luchaban en vano para no ser superadas, el centro de la formación de César se vio golpeado por la masa de la infantería pompeyana y la caballería númida, que atacaban y se retiraban sucesivamente. La infantería cesariana respondió como pudo, pero empezó a disgregarse, haciendo conatos de perseguir al enemigo (por desesperación) o desorganizarse.

Batalla de Ruspina 46: Primera fase Lavieno rodea a Cesar y segunda fase Cesar abre el cerco formando en simplex acies

Al ver la situación, César trató de reorganizar sus fuerzas, ordenando que ningún soldado se alejara más de cuatro pasos de su unidad. Pero la superioridad numérica del enemigo, la escasez de la caballería cesariana, la inexperiencia de buena parte de sus soldados, más los heridos y los caballos perdidos, hicieron que la formación de César empezara a colapsarse. En ese momento, César ordenó a sus tropas que adoptaran una formación defensiva, denominada orbis, básicamente una formación en círculo que tenía como misión la de no ofrecer ningún flanco al enemigo.

Batalla de Ruspina  46 a.C: las fuerzas de César rodeadas por las de Lavieno adoptan la formación de orbis  o círculo. Autor Igor Dzis

Pero pronto se encontró rodeado por todos lados por las tropas, mucho más numerosas y móviles, de Labieno, y algunos de sus más recientes reclutas comenzaron a fallar; ante ello César ordenó extender la línea de batalla en orden cerrado tan lejos como fuera posible. Las tropas veteranas fueron las que realizaron la ruptura por los extremos, y una vez que se hallaron desplegadas en una sola línea, César dio otra orden: que cada cohorte par diera un paso atrás y se enfrentaran de cara a su enemigo, con lo que consiguió transformar el simplex acies en un dúplex acies.

Batalla de Ruspina 46 a.C: Tercera fase formación en duplex acies y cuarta fase salida de la caballería y ataque a los flacos

En ese momento, la caballería cesariana situada en reserva con infantes ligeros entre los caballos, rompió definitivamente el círculo, forzando a los pompeyanos a formar dos líneas de batalla separadas por las tropas cesarianas. Entonces, los sorprendidos pompeyanos se vieron sometidos a una lluvia de pila por parte ambos lados de la formación contraria, lo que provocó que vacilaran y se echaran atrás una distancia, no lo suficientemente grande como para disgregarse, pero sí lo suficiente como para que César emprendiera la vuelta al campamento en orden de batalla. Hubo contacto en diversos puntos. También hubo algunas cargas de Labieno sin éxito.
Mientras volvían a su base, los pompeyanos se vieron reforzados por la inesperada llegada de una fuerza de 1.600 jinetes y un gran número de infantes, al mando de Marco Petreyo y Gneo Pisón, que hizo que atacaran de nuevo con renovadas fuerzas, rodeando otra vez a los cesarianos por un semicírculo, pero ahora desde más lejos a fin de que César no volviera a repetir la maniobra, y lanzando sobre sus tropas una lluvia de armas arrojadizas, los que aún tenían jabalinas. Al ver la resistencia cesariana atacaron esporádicamente en algunos puntos: el mismo Labieno y su lugarteniente fueron heridos. Las tropas de César se pararon y, ante la avalancha, quizá formaron la “testudo” o tortuga, una formación en la que los legionarios se cubrían con los escudos.
A medida que las tropas pompeyanas se iban quedando sin jabalinas y que su energía combativa disminuía frente a la cerrada formación de César, éste se dio cuenta de que llegaba el momento de romperla y atacar súbitamente, por lo que cursó órdenes de que a una señal suya, se levantara el muro de escudos para dejar pasar a unas cohortes selectas, que adoptando la formación en cuña golpearon a las tropas pompeyanas. En el relato de la Guerra de África no queda claro si éste ataque se produjo en varios puntos determinados o fue un ataque masivo sobre un solo punto, pero lo cierto es que tuvo el efecto deseado y las tropas pompeyanas se abrieron y retiraron, dejando expedito el paso a los cesarianos, que se retiraron ellos también en formación hacia su campamento, donde se fortificaron. La caballería de Labieno se retiró rápidamente, en cuanto a la infantería pudo sufrir bajas importantes.
César, pese a perder más hombres y estar entre la espada y la pared, logró mediante una serie de acertadas decisiones tácticas y variadas formaciones de batalla, evitar lo que podría haber sido una masacre, llevando a cabo una retirada organizada en la que conservó el mayor número posible de efectivos. Todo el plan de César consistiría en reunir a todas sus tropas bajo su mando. Tras Ruspina conseguiría reunir a 25.000 soldados, pese a realizar una retirada estratégica, y poco a poco mejoraría su posición hasta reunir tropas importantes (unos 45.000)


Batalla de Tapso (46 a.C)
Los pompeyanos reunieron sus fuerzas a una velocidad impresionante. Su ejército incluía 8 legiones, unos 50.000 hombres, una poderosa caballería dirigida por Tito Labieno, y el rey Juba aportó una fuerza compuesta por una caballería regular de más de 2.000 jinetes, cuyos caballos estaban provistos de frenos y bocado, una caballería ligera, cuatro legiones equipadas a la romana, una infantería ligera, además de contingentes reclutados entre las distintas tribus y dirigidos por sus propios jefes y la presencia de unos 120 elefantes y camellos.

Batalla de Tapso 46 a.C: Elefantes del rey númida Juba. Autor Giuseppe Rava

En África las provisiones nuevamente escasean, lo que le obliga a no alejarse de la costa. Para colmo de males, Labieno, al mando de un gran contingente de jinetes númidas, galos y germanos, le hostigaba. Hubo un momento en que César  tuvo que intervenir personalmente para evitar males mayores, organizando la retirada al campamento. César sufre así una pequeña derrota, pero evitó con su acción una catástrofe mayor.
Los dos ejércitos se enzarzaron en pequeñas batallas para medir sus fuerzas, y durante ese tiempo dos legiones desertaron para unirse a César.
Las bajas, las deserciones y el que el rey Juba fuese atacado por el rey Boccho II de Mauritania, aliado de César, que consiguió tomar Cirta la capital númida, obligándole a dividir sus fuerzas, produciendo que el tamaño de las tropas pasasen de 100.000 a 60.000 hombres.
Mientras tanto, César seguía recibiendo refuerzos de Sicilia, aumentado a 35.000 legionarios, 4.000 jinetes y 2.000 auxiliares (arqueros y honderos).
A comienzos de febrero, César llegó a Tapso (la actual Rass Dimas) y puso cerco a la ciudad, bloqueando la entrada sur con tres filas de fortificaciones. Los pompeyanos, bajo el mando de Metelo Escipión, no podían permitirse perder esa posición, por lo que se vieron obligados a entablar batalla.
Metelo Escipión avanzó desde el norte rodeó Tapso que estaba siendo sitiada, y estableció 2 campamentos, el de Afranio y el de Juba, después de fortificarlos, dejó una guarnición y partió a un lugar donde empezó  a preparar su nuevo  fuerte: la idea era usar ese fuerte como base de operaciones en caso de batalla.

Batalla de Tapso 46 a.C. Antiguo gravado de la disposición de fuerzas 

César formó su ejército a la manera clásica: En cada ala 2.000 jinetes, 1.000 arqueros y honderos, y 5 cohortes de la legión V para aguantar la carga de los elefantes. En el centro las legiones: la X y IX en la derecha, en el centro las tres más inexpertas y la XIII y XIV a la izquierda (30.000 legionarios). Dejando una legión para asegurar el asedio.
Metelo Escipión desplegó de manera similar: en ambas alas la caballería (unos 1.500 jinetes),  30 elefantes, e infantería ligera para  proteger a los elefantes. En el centro 10 legiones (unos 40.000 legionarios).
Batalla de Tapso 46 a.C: Despliegue de fuerzas 

Se dice que un trompetista de César dio la orden de atacar. Presos del entusiasmo, sus compañeros se lanzan al ataque. Para el horror de César, las demás trompetas copian la orden y todo el ejército se lanza al ataque por completo. Inútilmente trató de frenarlos, los oficiales y centuriones hicieron lo imposible por frenar la masa humana. Ya resignado ante la inminencia del ataque, dió la orden él mismo y… ¡que sea lo que los dioses quieran!
Metelo dio la orden de que los elefantes embistieran, los arqueros y honderos de César atacaron a los elefantes y sus conductores sin piedad, provocando que algunos se volviesen  contra sus propias tropas. Los que consiguieron pasar fueron aguantados por la legión V con tal valentía que posteriormente se les concedió un elefante como emblema de la legión. Tras la pérdida de los elefantes, Metelo Escipión empezó a perder terreno.

Batalla de Tapso 46 a.C. Autor Igor Dzis 

La caballería de César era superior en número, derrotó  y forzó a la enemiga a huir. Las tropas aliadas del rey Juba abandonaron el lugar, y la batalla quedó decidida.
Murieron unos 20.000 muertos frente a unos 1.000 de Cesar. Aproximadamente unos 10.000 soldados enemigos, incluyendo a Metelo Escipión, quisieron rendirse a César, pero fueron masacrados. Esta acción era algo poco usual en el comportamiento de César, que era conocido por ser bastante respetuoso con los vencidos e incluso ofrecerles el perdón. Algunas fuentes afirman que César tuvo un ataque epiléptico durante esta batalla y que no era del todo consciente cuando ésta terminó.
Después de la victoria se dirigió al campamento de Afranio y, sin que él pudiera prepararse, lo tomó por asalto, y a continuación tomó el campamento de Juba. A continuación, César retomó el asedio de Tapso, que finalmente acabaría cayendo. César prosiguió su marcha a Útica, en Túnez, en donde Catón se encontraba guarnecido. Tras las noticias de la derrota, Catón se suicidó. De los políticos enemigos que se encontraban allí (pretores y cónsules) muchos se quitaron la vida. Labieno y algunos hijos de Pompeyo huyeron a Hispania.
Segunda campaña en Hispania y el final de la guerra 46/5 a.C
Estamos en el año 46 a.C. y al regresar de Tapsos, el Senado decreta cuarenta días de acción de gracias a los dioses. Además concede a César cargo de Dictador por diez años. La guerra civil está casi terminada pero aún tendrá que hacer frente a la última sublevación pompeyana, protagonizada por los hijos de Pompeyo.
En Hispania, Casio, el gobernador que César dejó hizo lo que todos pretores en aquella época,  esquilmar la provincia para el enriquecimiento personal, pero sus acciones, provocaron el levantamiento de la Hispania Ulterior. En esa coyuntura llegó Cneo Pompeyo hijo, y consigue que los nativos se le unan en rebelión contra Casio, a estos se unieron las fuerzas que habían abandonado África al mando de Tito Labieno. Cesar, no tiene más remedio que abandonar Roma y hacer frente a una nueva campaña militar contra los pompeyanos.
César partió para Hispania en el año 46 a.C, con 8 legiones y 8.000 jinetes, llegando a Corduba (Córdoba) en 27 días. Cneo Pompeyo hijo, le hostigó pero evitó el enfrentamiento directo. 

Batalla de Munda (46 a.C)
En marzo el ejército de Pompeyo ocupó la ciudad de Munda que estaba en una colina (no se conoce el lugar exacto de la batalla). César le siguió y situó su campamento en frente, separados por un arroyo.
Los pompeyanos, dirigidos por Labieno, formaron a sus trece legiones (55.000) con las espaldas protegidas por Munda y por su propio campamento. Los auxiliares (12.000 hispanos) y la caballería (6.000) en las alas.  En total unos 73.000 hombres.
 César dispuso a sus 8 legiones (35.000 hombres) en el centro. La infantería auxiliar (5.000) y la caballería (8.000) en las alas. En total 48.000 hombres.

Batalla de Munda: Despliegue inicial 

Cuando las tropas de César cruzaron el arroyo, ambas caballerías se enfrascaron en la batalla apoyados por auxiliares e infantería ligera. Mientras las legiones de Cesar, cruzaron el arroyo y  avanzaron cuesta arriba, chocando con las de Labieno. Las legiones V y III de César aguantaban a la desesperadamente.
En el momento decisivo de la batalla, la legión X y la caballería del ala derecha (gala y germánica) hacieronn retroceder el ala izquierda adversaria. El propio Cesar, para aprovecha para lanzarse con su gladius en la mano al combate gritando a sus legionarios  de la Legión X e infundiéndoles valor para seguir avanzando: “Este mocoso no me arrebatará la gloria. Antes moriré luchando”.  Esta legión consiguió hacer retroceder a su oponente y abrir una brecha en las legiones de Lavieno. Éste ordenó entonces a los auxiliares  de su ala derecha tapar la brecha, dejando sola a la caballería.

Batalla de Munda: Primera fase

Batalla de Munda 46 a.C: César alentando a la legión X. Autor Giuseppe Rava

Batalla de Munda 46 a.C, César alentando a la legión X. Autor Peter Dennis

Este hecho fue aprovechado por la caballería númida de César para avanzar y atacar a la pompeyana, poniéndola en desbandada, un grupo de númidas al mando del rey Bogud se dirigieron directamante al campamento pompeyano.  Con ambas alas rotas, la batalla estaba decidida, se produjo un movimiento envolvente, que unido al abandono de Labieno había reunido fuerzas para oponerse a Bogud y defender el campamento,  causó la sensación de huida por parte del general pompeyano. La línea de los pompeyanos se había roto y la batalla estaba ya decidida.

Batalla de Munda: Segunda fase 

Los legionarios de César masacraron al enemigo, atrapado entre sus espadas y las lanzas de la caballería. César hubo de lamentar cerca de 1.000 muertos y 500 heridos. Los pompeyanos casi 33.000 entre los que se encontraban los hijos de Pompeyo. La resistencia pompeyana había sido aniquilada definitivamente y la guerra civil, había terminado.
Las cabezas de Publio Accio Varo y Tito Atio Labieno, junto con todas las águilas de las legiones pompeyanas y las armas abandonadas fueron presentadas a Cesar.

Ave Cesar. César es aclamado imperator tras la batalla. Autor Giuseppe Rava
Nueve de las trece legiones, con todos los auxiliares sobrevivientes, huyeron hacia Córduba. 

César se presentó ante Corduba el 18 de marzo, lugar donde se había refugiado Sexto; los defensores, al ver la afluencia de recién llegados y temerosos que estos habitantes se unieran a César, prendieron fuego a la urbe. Se sabe que también hubo combates entre distintas facciones por el control de la misma. Cuando entró en la ciudad era un montón de ruinas y fue incapaz de contener a sus soldados, que furiosos por no encontrar nada masacraron a 22.000 ciudadanos de todas clases y las edades. Los vencedores exigieron que los sobrevivientes fueran subastados como esclavos, César no pudo contener a sus tropas en ningún momento, ni en la masacre ni la subasta. Otros lograron escapar, dispersándose por los alrededores. Las ciudades de Híspalis, Hasta, Carteya y Gades fueron sometidas por la fuerza, exigiendo duros rescates a todos aquellos que estuvieron involucrados en la sublevación, en esa última ciudad se le presentó la cabeza de Cneo Pompeyo.
Era el año 45 a.C, y César volvía nuevamente a Roma como vencedor de una guerra civil que había durado tres años. César celebró sus cuatro Triunfos a cual más espectacular. No quiso celebrar su victoria contra Pompeyo, al tratarse de una victoria conseguida sobre ciudadanos romanos.

Celebración de un triunfo en las calles de Roma, César celebró 4 triunfos a cual mas espectacular, pero no pudo celebrar el contra Pompeyo por tratarse de fuerzas romanas. Se observa un muñeco de triunfo y detrás el carro del vencedor que lleva la capa púrpura de imperator, delante los bueyes blancos para ser sacrificados en el templo de Jupiter. Autor Peter Connolly 

Por su parte, Sexto acababa de escapar de Córduba para refugiarse entre los lacetanos o lacetani, que dieron su protección por respeto a su difunto padre. Gracias a su apoyo, recluto un poderoso contingente de indígenas, aprovechando que César acababa de llevarse al grueso de su ejército con él. Los lusitanos serían otros de los muchos que se sumaron a los pompeyanos, y a inicios del 44 a.C, Sexto tenía siete legiones y derrotó al gobernador cesariano.
Lépido salió de Roma en abril o mayo del 44 a.C, llegaría a Hispania en junio para ofrecer una amnistía a Sexto para volver a Roma y reclamar la herencia de su padre. Finalmente, aceptó y de esa manera salió de Hispania, no por las armas sino por negociación, lo que prueba la fortaleza de su posición, en especial, en la Bética. El rebelde aceptó y en agosto o septiembre salió con rumbo de Massilia acompañado de una poderosa flota y un numeroso ejército, quizás de 6.000 hombres, que le servirían para comenzar la revuelta siciliana. Sexto sería finalmente capturado y ejecutado en el año 35 a.C en Mileto. 

Quinto Sertorio en Hispania
Quinto Sertorio nació en el 122 a.C, y era de origen sabino, de una familia no muy conocida. Estuvo a las órdenes de Cayo Mario contra los cimbrios y teutones participando en las batallas de Aquae Sextiae y Vercellae. En 99 a.C fue destinado a Hispania como tribuno militar de Tito Didio. Durante su estancia se enfrentó a los celtíberos y tuvo que hacer frente a un motín en la ciudad de Cástulo, acciones por las que recibió la corona gramínea.
En 90 a.C fue elegido cuestor de la Galia Cisalpina donde demostró sus dotes como administrador.
Sertorio fue un miembro activo del gobierno de Cinna, y fue elegido pretor en el año 83 a.C, cuando Roma se encontraba en plena guerra civil. Conquistó la ciudad de Sessa Aurunca, pero se vio obligado a refugiarse en Etruria cuando fue abandonado por sus soldados. Tras la finalización de su mandato fue enviado a la Hispania Citerior con el grado de pretor.
Sila entró en Roma en el 82 a.C y entre los enemigos ”proscritos” de Sila se encontraba Sertorio, Sila despojó a Sertorio de su cargo y nombró a Lucio Valerio Flaco como gobernador de Hispania Citerior, que ayudado por Cayo Annio Lusco intentarían desalojar a Sertorio de su gobierno con un ejército de 20.000 hombres. 

Sertorio en Mauritania
Sertorio, desde su llegada a Hispania, había intentado ganarse a la población local, obligando a los soldados romanos a vivir en sus propios barracones en vez de en casas de la población civil como estaban acostumbrados. Además, para defenderse había fortificado los estratégicos pasos de los Pirineos, los cuales puso a cargo de su lugarteniente Livio Salinator, que contaba con 6.000 efectivos.
El general Cayo Annio, tras vislumbrar las fortificaciones de Sertorio, decidió no atacarlas y prefirió usar la sutileza, sobornando a un soldado para que asesinara a Salinator. Muerto el lugarteniente de Sertorio, el resto de tropas se rindieron y abrieron los pasos para que el ejército de Annio Lusco entrase en la Península tranquilamente. Sertorio solo contaba con 3.000 hombres restantes y por tanto decidió no plantar batalla y escapar a Cartago Nova, para embarcarse de allí a Mauritania, donde existía una fuerte facción de los populares. Tras toda una odisea de viaje marítimo en el que le pasó de todo y en el que tuvo contacto con los piratas cilicios, con los que se alió para saquear las islas baleares según Plutarco,
Tras su llegada a Mauritania en el 81 a.C, Sertorio se enfrentó al rey Ascalis vasallo del rey Boco aliado de Roma, el cual estaba en lucha contra los rebeldes de su país. Sertorio consiguió derrotar a Ascalis con el apoyo de los rebeldes mauretanos. Sila, que mandó al general Paciano para reponer a Ascalis y de paso acabar con Sertorio.
Sertorio se enfrentó a Paciano con el apoyo de sus aliados mauritanos y lo derrotó, muriendo el propio Paciano en la batalla. Los soldados derrotados, viendo que su situación era precaria, al estar en tierra extranjera y sin un líder, decidieron unirse al bando de Sertorio. Con estas tropas de refuerzo, Sertorio tomó la ciudad de Tingis (Tanger), el saqueo de la cual le permitió contar con nuevos recursos con los que poder aumentar su ejército. 

Regreso a Hispania
Tras sus victorias en África y tras recibir un supuesto pedido de apoyo de los Lusitanos, pueblo hispano que estaba en rebeldía contra Roma, Sertorio regresó a Hispania en el 80 a.C, desembarcando exitosamente en Baelo Claudia (cerca de Tarifa), al frente de un ejército de 3.300 hombres formado por 2.000 soldados romanos que le habían permanecido leales, 700 jinetes mauritanos y 600 auxiliares locales.
Tras su llegada, Sertorio se ganó el apoyo total de los lusitanos, los cuales le eligieron caudillo, no solo por su carisma y cualidades militares sino porque Sertorio les asombró con su mascota, una cervatilla de color blanco que tenia perfectamente amaestrada y que según Sertorio le había sido envida por la diosa Diana.

Quinto Sertorio y la leyenda de la cierva blanca 

Sertorio convenció con a los supersticiosos Lusitanos de que la cierva le hablaba en sueños y le trasmitía mensajes de apoyo de la Diosa. Así pues, 4.000 infantes y 600 jinetes lusitanos se unieron a su ejército.
Nada mas llegar a Hispania, Sertorio había derrotado al pretor Cotta en una batalla naval cerca del puerto de Melaria. Tras eso, derrotó a las orillas del río Bétis al prefecto Lucio Aufidio y se internó en Lusitania a finales del 80 a.C.
Sertorio prefirió empezar a ganarse apoyos en la Hispania Ulterior, donde había un mayor sentimiento anti romano. Posteriormente y merced a sus triunfos trasladó su base de operaciones a la Citerior, eligiendo como capital la ciudad de Calagurris (Calahorra). 

Guerra contra Metelo
Sila, viendo que Sertorio podía arrebatarle una de las provincias más ricas envió en el 79 a.C, al nuevo procónsul de la Hispania Ulterior a Quinto Cecilio Metelo Pío, que contaba con dos legiones y numerosos auxliares (40.000 efectivos) para enfrentarse a Sertorio, que estableció su cuartel general en Corduba (Córdoba). Pese a que Metelo era un comandante prestigioso, ya tenía demasiada edad.
Sertorio debido a su inferioridad numérica de efectivos (apenas 8.000), así es que decidió emprender una guerra de guerrillas y evitar las batallas campales. Metelo tras su infructuosa persecución pidió ayuda al gobernador de la Hispania Citerior.
Envió a su lugarteniente Lucio Hirtuleyo a detener las tropas del gobernador de la Citerior, Marco Domicio Calvino, que acudía en ayuda de Metelo siguiendo la línea del Tajo. Hirtuleyo no sólo venció a Calvino cerca de Consabura, sino que, desplazándose más hacia el este, derrotó a las tropas de auxilio del procónsul de la Narbonense, Lucio Manlio, cerca de Ilerda en el 78 a.C, que había entrado en la Península para auxiliar al gobernador Calvino.
Todos estos éxitos se deben a que Sertorio se había convertido en un experto de la guerra irregular, a la que sacaba máximo provecho. Sertorio estaba siempre en movimiento, atacando las rutas de abastecimientos enemigos y hostigando sus campamentos, para después ocultar sus tropas en terrenos escarpados y de difícil acceso. Este modo de vida requería de grandes sacrificios, los hombres tenían que hacer largas marchas con escasos víveres y dormir a la intemperie, pero el carisma de Sertorio y su buen trato hacia que todos sus hombres aguantaran gustosos las penalidades.
Metelo, intentó provocar a Sertorio a combatir en campo abierto, pero viendo que no lo conseguía, cambió de táctica y decidió cortarle los apoyos y abastecimientos, sitiando para ello la ciudad de Lacóbriga. Metelo cortó el abastecimiento de agua, poniendo en graves aprietos a los defensores de la ciudad, pero Sertorio acudió en ayuda de la ciudad con 2.000 odres de agua. Tras eso, Sertorio cortó los abastecimientos de Metelo, obligándole a levantar el sitio y replegarse por falta de vivieres.
Estos triunfos hicieron que Sertorio se ganara el cariño de la población, lo cual aprovechó este para reclutar más hombres para su ejército. Sertorio enseñó a sus jóvenes reclutas hispanos a combatir al estilo romano, de forma ordenada y disciplinada. Además, les proveyó de un buen equipo militar, buenos cascos, escudos e incluso túnicas de alta calidad. Todo ello sin escatimar gastos.
Para gobernar sus territorios eficazmente, Sertorio creó un Senado con representantes de sus aliados y aparte fundó una academia en la ciudad de Hosca (Huesca), a la cual acudieron los hijos de los principales jefes de tribus aliadas. La academia instruía a los jóvenes hispanos como si fueran romanos, con maestros romanos y griegos, algo que enorgullecía sobremanera a sus padres. Pero Sertorio aparte de educar nuevos cuadros para sus recién creadas instituciones, se aseguraba la lealtad de sus aliados, ya que tenía a sus hijos en su poder.

Quinto Sertorio en Huesca 

Además de reforzar su alianza con los hispanos, sus triunfos atrajeron a Hispania a varios romanos opositores a Sila, entre ellos a Marco Perpena Ventón procedente de Cerdeña, que acudió con un ejército. Perpena intentó hacer la guerra por su cuenta, pero acabó uniendo su ejército al de Sertorio por la presión de sus propios hombres. Los refuerzos llegados, eran de unas 56 cohortes, unos 20.000 infantes y 1.500 jinetes, según Orosio, Sertorio dísponía entonces de 8.000 jinetes y 60.000 infantes, de los cuales dos tercios de ellos aliados hispanos y sólo 2.000 legionarios veteranos al mando de Perpenna.
Tito Livio indica que en el año 77 a.C, Sertorio ordenó a Hirtuleyo regresar a la Lusitania, cuya defensa le fue encomendada, en tanto que él siguió con sus tropas el curso del río Ebro, aguas arriba, pasando por Bursao (Borja, Zaragoza), Cascantum (Cascante, Navarra) y Graccurris (Alfaro, La Rioja) hasta Calagurris (Calahorra, La Rioja), y al día siguiente de este trayecto pasó a las tierras de los berones. Parece desprenderse de este texto que los vascones habían conseguido establecer una cuña o cabeza de puente al sur del Ebro, más allá de Calahorra, acaso siguiendo el curso del río Cidacos, y habían penetrado al sur hasta un punto indeterminado en que empezaba el territorio de los berones, estableciendo finalmente su cuartel de invierno de Castra Aelia, desde donde pudo cruzar el territorio vascón sin dificultades.

Territorio controlado por Sertorio en el 75 a.C antes de la llegada de Pompeyo 

Llegada de Pompeyo
Roma, decidió acabar de una vez por todas con Sertorio y creo un potente ejército, al mando del cual se puso a Cneo Pompeyo Magno, un joven y brillante general.
Pompeyo cruzo los pirineos en el 76 a.C con un ejército de 30.000 legionarios, 1.500 jinetes, y 20.000 auxiliares. Llegó a Emporiae (Ampurias) e instaló el campamento de invierno, aprovechando para endurecer a sus tropas para la campaña del año siguiente. Envió a su cuñado Cayo Memmio elegido cuestor para que le trajese una legión asignada de la Ulterior y unirse con él en Cartago Nova (Cartagena).
La táctica a emplear era que Metelo mantuviese la Ulterior y evitar que Sertorio invadiese el valle del Betis. Mientras él expulsaba a Sertorio de la zona costera de la Citerior. Y en una segunda fase expulsarle del interior, primero Lusitania y después del río Tajo.
Los generales sertorianos, confiados por las victorias de los dos últimos años querian salir a recibir a Pompeyo a campo abierto. Sertorio hizo que le trajeran dos caballos y hizo llamar a un hombre de gran fortaleza y a otro muy débil. Sertorio les ordenó que arrancasen las colas a los caballos. Mientras que el forzudo tiró de la cola del animal hasta caer exahusto sin éxito, el hombre débil quitó los pelos uno a uno hasta que deja desnuda la cola del caballo. Con esto Sertorio mostró a sus hombres que la mejor estrategia es la paciencia e ir asestando continuos pequeños golpes. En resumen seguir con guerra de guerrillas que tan bien se les daba a los hispanos y evitar el enfrentamiento campal, para esto creó varios frentes, envió a Perpenna para retener a Pompeyo, Herennio se queda en la retaguardia y el tercero Hirtuleyo intenta evitar que Metelo se uniese con Pompeyo, mientras Sertorio se quedó en el centro para acudir al lugar donde más se le necesite.
El invicto y orgulloso inició su avance en la primavera Pompeyo y pronto sufrió en acoso y desgaste de los guerrilleros a los que no estaba acostumbrado, cruzó el Ebro y Perpenna y Herennio retrocedieron dirigiéndose hacia Valencia y algunas ciudades se le unieron. Para evitar deserciones entre los indígenas, Sertorio ordenó la destrucción de la ciudad de Lauron o Edeta (actual Liria), que se había mostrada partidaria de Pompeyo, y que a causa de disensiones internas había cambiado de bando y se puso del lado de la República. 

Batalla de Laurón 76 a.C
Pompeyo acudió a liberar la ciudad y Sertorio le tendió una hábil emboscada entre dos colinas, quizá ocultándose tras la loma donde hoy está Benaguacil, engañándolo a través de informes falsos para que se adentrase confiado hacia Lauron. Cuando Pompeyo desplegó sus tropas pensando que tenía atrapado a Sertorio entre los muros de la ciudad y sus legiones, Sertorio apareció a su retaguardia con una legión (6.000 efectivos) y lo inmovilizó entre el cerco de Herenio y sus tropas. Tras un tensa espera, y acuciados por la falta de suministros, enviaron una partida para conseguir víveres, produciéndose una escaramuza cercana a la plaza sitiada, Lelio, uno de los legados de Pompeyo, acudió en su ayuda y en la batalla subsiguiente perdió unos 10.000 hombres. Pompeyo, humillado y derrotado, sin suministros y encerrado en su campamento, fue testigo del escarmiento sobre la ciudad sitiada. Sertorio fue indulgente con la población civil pero no con la ciudad que fue saqueada e incendiada. Pompeyo aprovechando la noche inició la retirada, Sertorio envió la caballería en su persecución y detrás el resto del ejército menos unas 20 cohortes que dejó para saquear el campamento pompeyano.
Mientras Pompeyo se retiraba durante la noche, fue emboscado por la caballería y 20 cohortes mandas por Tarquino Prisco y Octavio Grecimo, sufrieron la pérdida de otros 10.000 soldados. Otros 5.000 aliados suyos que intentaron defender su retaguardia fueron masacrados y dispersados.
Pompeyo derrotado y humillado tuvo que retirarse a invernar a la Galia Narbonense. 

Batalla del río Singilis 75 a.C
Pompeyo y Metelo pasaron el invierno en Narbona y Corduba respectivamente, pero mantuvieron una intensa correspondencia, en el que acordaron unir sus fuerzas. Mientras Sertorio estaba invernando en su campamento de Castra Aelia (en el curso medio del Ebro), Lucio Hirtuleyo en la Lusitania, Cayo Herenio en la Edetania junto a sus respectivas fuerzas provinciales y milicia indígena.
Para unir sus fuerzas, Metelo tenía que derrotar previamente a Hirtiyuelo, pero éste tenía prohibido el enfrentamiento en campo abierto. Metelo lo tendió una trampa y Hirtiyuelo fue derrotado por Metelo en las inmediaciones de Itálica. Meses después Metelo volvió a vencer a Hirtuleyo en Segrobiga en la batalla del río Silingis (el Genil) en la cual perdió la vida el propio Hirtuleyo con 20.000 de sus hombres. A continuación, Metelo salió a marchas forzadas a reunirse con Pompeyo. 

Batalla de Valentia 75 a.C
Mientras tanto, el joven Pompeyo había cruzado como un rayo la Citerior desde sus cuarteles de invierno en la Galia Narbonense y plantó su campamento junto a Saguntum (Sagunto), ciudad de lealtad cambiante que pronto cambió de bando ante aquel ejército imponente que había acampado a sus puertas.
Tras la toma de Sagunto, Pompeyo se dirigió a la ciudad de Valentia Edetanorum (Valencia), donde se encontraba Cayo Herennio con unos 20.000 efectivos, poniendo la ciudad bajo asedio. Cuando Sertorio se enteró del peligro se desplazó a marchas forzadas desde el Ebro dispuesto a socorrer a su legado Herenio.
Pompeyo atacó primero la atalaya de El Puig, incendiándola después continuó su avance arrollador hacia la ciudad. Tras un largo combate trabado a las puertas de la ciudad y el posterior cruento asalto, donde el mismo Cayo Herenio murió luchando al frente de cerca de 10.000 insurgentes ante la Porta Saguntina, las tropas gubernamentales entraron a sangre y fuego en la colonia rebelde. Al parecer solo se salvó el Santuario de Esculapio y el templo de la Triada Capitolina del Foro, por respeto a las divinidades comunes de vencedores y vencidos.

Con esta victoria Pompeyo, lavó la afrenta del Laurón, además su adversario había perdido a sus dos mejores lugartenientes en tan corto espacio de tiempo, Marco Perpena Vento, el tercero en jerarquía, escapó ileso de Valentia, pero aun así, nada estaba decidido. 

A finales del verano del 75 a.C, las tropas sertorianas cercaron a los pompeyanos en Saguntum, donde estos habían recabado para afianzar su control sobre la Edetania.
Durante días estuvieron encerrados en la ciudad edetana y la batalla se trabó cuando tuvieron que salir en busca de pertrechos ante la escasez de comida y agua. La manutención de más de 30.000 hombres y sus auxiliares, además de las bestias de carga, era el principal problema logístico del legado al mando. Forraje para los animales, los alimentos para los hombres y agua para todos eran determinantes en el éxito o fracaso de una campaña. 

Batalla de Sucrone 75 a.C
Tras la conquista de Valentia, Pompeyo se sentía imparable. En pocos días toda la actual llanura valenciana cayó en manos republicanas, los rebeldes se reunieron en las cercanías del único puente documentado sobre el Sucron (el río Júcar) en un lugar llamado Sucrone de ubicación desconocida, donde llegó Sertorio con sus fuerzas.
Pompeyo decidió no esperar la llegada de su colega Metelo y se lanzó contra Sertorio para devolverle en persona la afrenta de Laurón del año anterior.
Sertorio, por su parte, al ver aparecer las tropas republicanas frente a Sucrone, plantó batalla aunque ya era mediodía, pues confiaba que los suyos, oriundos aguantarían mejor el calor que los legionarios recién llegados a Hispania. Así pues, cerca de 30.000 efectivos por cada bando formaron en la llanura de Sucrone aquel caluroso día de verano del 75 a.C. Siguiendo las normas militares romanas, tanto Pompeyo como Sertorio mandaron el flanco derecho de sus respectivos ejércitos, los flancos izquierdos fueron mandados Lucio Afranio y Marco Perpena respectivamente, dejando sus campamentos a retaguardia.
La batalla fue cruenta y trabada. Durante toda la tarde la batalla ere indecisa. En un momento crítico de la contienda, el flanco de Marco Perpena comenzó a ceder. Sertorio, consciente de que la ruptura de líneas era el preludio de una matanza, dejó su flanco al mando de un subordinado y acudió en rescate de su legado, reconduciendo la situación y provocando que la línea de Pompeyo se quebrase.
Cuenta Plutarco en su “Vida de Pompeyo que la codicia de los mauritanos que acompañaban a Sertorio le salvó la vida al joven aristócrata, pues en ese exitoso contraataque que Sertorio lanzó contra su flanco, un íbero inmenso llegó ante el propio Pompeyo y, tras un combate singular cuerpo a cuerpo, descabalgado y rodando por la hierba, el íbero quedó malherido, perdiendo una mano, mientras que Pompeyo quedó a merced de los rebeldes. Aquellos, en vez de rematar al imperator y haber zanjado allí el conflicto, viendo los ricos enjaezados de oro del caballo de Pompeyo, dejaron a su suerte al maltrecho romano y se dedicaron a saquear la montura, tiempo necesario para que la primera línea gubernamental alcanzase a su comandante y lo cubriese con sus escudos”.
Mientras, en el flanco opuesto Lucio Afranio se impuso al subordinado de Sertorio, quebrando la línea rebelde, pero sucedió allí algo similar. Los legionarios gubernamentales, entre saquear el campamento de Sertorio o envolver a los rebeldes por retaguardia, optaron por la primera opción, la más lucrativa, aunque Afranio trató de evitarlo. Cuando Sertorio volvía con sus jinetes lusitanos y celtíberos a su posición inicial, ya oscurecido, se encontró al enemigo saqueando su propio campamento. Aquellos estaban tan distraídos robando que no se percataron de lo que se les venía encima y fueron masacrados. Su indisciplina fue su perdición.
La batalla tuvo un desenlace dudoso, 3.000 sertorianos y 6.000 pompeyanos murieron en ella.
En el transcurso de la batalla, en un flanco salió victorioso Lucio Afranio, uno de los oficiales de mayor prestigio de Pompeyo, mientras que en otro flanco fue el propio Sertorio quien frenó la derrota parcial de su lugarteniente Perpenna. En esta cruenta batalla salió herido el mismo Pompeyo tras la refriega con un íbero. Sertorio y Perpenna perdieron entre 5.000 y 20.000 de sus hombres, y los senatoriales una cifra similar.
Al día siguiente, Pompeyo dispuesto zanjar allí la campaña, volvió a formar ante el mar de cadáveres, pertrechos y tierra pisoteada que habían dejado la batalla anterior. Sertorio se vio ante Pompeyo formado en la calzada de Valentia y Metelo llegando por la de Saetabis, y para no quedar cogido entre dos ejércitos, Quinto Sertorio no tuvo más opción que disgregar sus tropas y retirarse hacia el norte. 

Batalla de Saguntum 75 a.C
A finales del verano del 75 a.C, las tropas rebeldes cercaron a los gubernamentales en Saguntum, donde estos habían recabado para afianzar su control sobre la Edetania.
Durante días los tuvo encerrados en la ciudad edetana y la batalla se trabó cuando tuvieron que salir en busca de pertrechos ante la escasez de comida y agua, dado que la manutención de más de 30.000 hombres y sus auxiliares, además de las bestias de carga, era el principal problema logístico del legado al mando.
Parece ser que la batalla de Saguntum fue tan trabada, violenta y poco resolutiva como la de Sucrone. Las tropas romanas estaban lideradas por Gayo Memmio, cuñado de Pompeyo, que fue abatido en lo más encarnecido del combate. Aquello envalentonó tanto a Sertorio que lanzó todas sus fuerzas contra el flanco mandado por Metelo, que a pesar de su avanzada edad y exceso de peso, luchó con valentía, destacándose de sus líneas hasta que fue herido por una lanza. Cuando sus hombres se dieron cuenta de que habían dejado a su legado solo ante el peligro, salieron a por él en tropel, cubriéndolo con sus escudos formando un testudo y librándole así de una muerte segura a manos de los hispanos de Sertorio. No hay datos sobre la batalla, pero las bajas debieron ser importantes en ambos bandos, Sertorio se dio cuenta de que lo mejor que podía hacer era retirarse Palancia en busca del cobijo de sus aliados celtíberos.
Tras este revés revés, Pompeyo buscó refugio para invernar entre sus aliados vascones, cuando entraba ya el año 75 a.C. Los vascones siempre habían sido un pueblo proromano. Mientras pasaba el invierno en tierras de los vascones, Pompeyo fundó la ciudad de Pompaelo, la actual Pamplona. Mientras, Metelo, que se habría refugiado en la Galia para pasar el invierno con su ejército, prometió dar una recompensa de 100 talentos de plata y veinte yugadas de tierra a quien matara a Sertorio. 

Alianza con Mitridates
Ese mismo año 75 a.C, Sertorio, viendo la desproporción numérica a la que se enfrentaba y sufriendo carencia de medios, sobre todo botines y dinero con que contentar a sus soldados, se decidió a sellar un pacto de mutuo apoyo con el rey Mitridates del Ponto, el mayor enemigo de Roma, el cual estaba preparando una nueva guerra en Asia Menor. Sertorio envió a Asia una pequeña parte de sus tropas al mando de Marco Mario, uno de los senadores que habían huido de la dictadura de Sila. A cambio de estas experimentadas tropas, Mitridates se comprometió a pagar a Sertorio la increíble cantidad de 3.000 talentos, dinero con el que Sertorio podría abastecer durante mucho tiempo a sus soldados.
Mitridates aprovechó que los ejércitos romanos estaban en Hispania para iniciar a fines del 75 a.C su nueva ofensiva contra Roma, invadiendo Armenia, reino aliado de los romanos, como primer paso. Pese a la ofensiva de Mitridates, Roma no distrajo fuerzas del frente de Hispania y Sertorio se tuvo que prepara para enfrentar una nueva ofensiva el año próximo.
En el año 74 a.C la guerra se endureció, pues tanto Sertorio, que usa la táctica de tierra quemada, como Pompeyo y Metelo consistía en atacar las ciudades para forzar a Sertorio a entablar batalla. Este mismo año Pompeyo, siguiendo su estrategia, asedió Palantia (Palencia), logró incendiar la muralla de la ciudad, que había socavado mediante troncos de árboles, pero Sertorio le obligó a abandonar el asedio. Otra estratagema de Pompeyo, indicativa de su forma de actuar en la guerra, fue la empleada en la toma de Cauca (Coca), introduciendo en ellas soldados disfrazados de enfermos que solicitaban atención médica. Los optimates fracasaron en su intento de tomar la capital sertoriana Calagurris (Calahorra, Rioja), la sometieron a un duro e infructuoso asedio, pero Sertorio acudió en su ayuda y levantó el asedio. Los gubernamentales perdieron 3.000 hombres en el intento, pero se hicieron con gran parte de las ciudades de la meseta, gracias a pactos mayormente. Era la nueva estrategia optimate, recurrir a la diplomacia y además, desde Roma conceder la amnistía a todos los populares que abandonen las armas, con lo que muchos generales de Sertorio lo abandonaron y este perdió gran parte de su legitimidad, pues basaba su lucha en ir contra la tiranía de los optimates que dominaban Roma, y ahora esta había desaparecido.
Tras un nuevo invierno, en el 73 a.C, Pompeyo, esta vez en solitario, inició de nuevo la campaña contra Sertorio. Pompeyo tomó las ciudades de la ”Celtiberia” (centro este de Hispania) que apoyaban a Sertorio, asimismo tomó las importantes ciudades sertorianas de Tarraco (Tarragona) y Dianium (Denia), en el Levante Español. Sertorio, viendo como Pompeyo le comía terreno y viendo como sus aliados empezaban a plantearse la conveniencia de la alianza que mantenían con él, decidió hacerse fuerte en el valle del río ”Iber” o Ebro, entorno las ciudades más fieles: Ilerda, Hosca y sobre todo en su capital, Calagurris. Pompeyo había conseguido por fin ganar la ventaja estratégica con esta última ofensiva, dejando a Sertorio en una precaria posición, ya que cada vez tenía menos aliados que abastecieran a su ejército.

Muerte de Sertorio
Pero el principal problema de Sertorio no era Pompeyo, sino su propio aliado Marco Perpena, el cual trataba a los hispanos injustamente, provocando el descontento de éstos y varias deserciones. Perpena buscaba obtener el mando supremo y no cesaba de levantar a sus soldados romanos en contra de Sertorio, al que acusaba de cobarde por sus métodos guerrilleros, y en contra de su política filantrópica con los hispanos, a los que Perpena consideraba como ”bárbaros inferiores”. Las continuas deserciones y motines, provocados por las maniobras de Perpena, fueron minando a lo largo del año el ejército de Sertorio.
Finalmente, Sertorio, viéndose acorralado y presa de furia por las deserciones de sus aliados hispanos, decidió castigarles de la peor forma; asesinando a gran parte de los jóvenes estudiantes de la academia de Hosca (Huesca), muchos de los cuales eran hijos de jefes hispanos. Los jóvenes supervivientes fueron vendidos como esclavos. Este horrible crimen es explicable por el sentimiento de frustración de Sertorio, el cual había dado todo por sus aliados, mejorando su calidad de vida y dándoles el bien más preciado, la libertad, pues Sertorio siempre fue democrático, aceptando las decisiones que el Senado Hispano que había creado tomaba. El abandono de sus aliados cuando la fortuna le daba la espalda fue el colmo para Sertorio, y de ahí que ordenara ese horrible crimen.
Por mi parte, no creo que una virtud decidida y razonada pueda degenerar por ningún accidente en el vicio opuesto, aunque no es imposible que los mejores propósitos y caracteres bajo el embate de calamidades injustamente padecidas cambien en sus costumbres; y esto es lo que me parece que sucedió en Sertorio; cuando vio que le dejaba la fortuna, irritado por los mismos acontecimientos, se hizo cruel contra los que le ofendían”. Plutarco.
La conjura de Perpena daba sus frutos y éste se decidió a acabar de una vez por todas con Sertorio. En el año 72 a.C y tras conjurarse con varios de los comandantes de Sertorio, Perpena aprovechó una cena del estado mayor para lanzarse junto a los otros comandantes sobre Sertorio. Entre todos le agarraron y le cosieron a puñaladas, sin que Sertorio pudiera siquiera defenderse.
Pero cuando Perpenna tomó una copa de vino y la dejó caer en el acto de estar bebiendo haciendo gran ruido, lo que era la señal convenida, Antonio, que estaba tendido al lado de Sertorio, le hirió con un puñal. Volvióse éste al golpe intentando levantarse, pero Antonio se lanzó sobre él y le cogió por ambas manos, de modo que, hiriéndole muchos a un tiempo, murió si poderse defender”. Plutarco. Sertorio.

Muerte de Sertorio. Autor Vicente Cutanda

Muerte de Sertorio 

Tras la muerte de Sertorio, los hispanos que aún quedaban abandonaron el campamento y pactaron su rendición con Pompeyo. Perpena, contento de que los bárbaros que tanto odiaba se fueran, quedó al mando de los soldados romanos del difunto Sertorio.
Tras consumar su ambición y convertirse en el jefe supremo, Marco Perpena, demostrando que era un completo incompetente, decidió abandonar la guerra de guerrillas y enfrentarse con Pompeyo en campo abierto. Obviamente Pompeyo lo machacó, derrotándolo completamente y capturándolo. Perpena, para salvar su vida, ofreció a Pompeyo revelar los nombres de los aliados secretos que Sertorio tenía en el Senado, pero Pompeyo, temiendo que Sila desencadenara nuevas “proscripciones”, decidió asesinar en el acto a Perpena. Tras la muerte de Perpena diversas ciudades se sometieron a Pompeyo, entre ellas Osca. También se sometieron los vascones leales a Sertorio. Sólo cuatro ciudades se resistieron: Tiermes, Uxama (Osma), Clunia y Calagurris, pero las cuatro fueron tomadas por los legionarios romanos. Cabe hacer especial mención a la obstinación final de Calagurris, en cuyo asedio según la propaganda de la época los sertorianos más radicales llegaron a la antropofagia antes de rendirse a las tropas pompeyanas. Este hecho trascendió tanto en la opinión pública que bien entrado el Imperio aún se hablaba de la “fames calagurritana”. La mayoría de los prófugos sertorianos huyeron a Mauritania o se unieron a los piratas cilicios.
Tras su victoria, Pompeyo regresó a Roma apresuradamente para ”ayudar” a Craso sofocar la revuelta de esclavos de Espartaco, pero en el año 70 a.C celebraría finalmente su ”triunfo” en Roma. 

Pompeyo celebrando su triunfo en las calles de Roma
Triunfo de Cneo Pompeyo. Pompeyo celebrando su triunfo en las calles de Roma

Tercera Guerra Civil Romana (44 – 31 a.C). Octavio y Antonio contra los asesinos de César

Muerte de Julio Cesar 44 a.C
César fue fue nombrado dictador por 10 años y era dueño absoluto de la república romana y del mundo mediterráneo. Como tal, volvió a ejercer su típica clemencia con sus enemigos; no olvidó su política agraria y de asentamiento de colonos; aumentó el número de fiestas populares, aunque cuidándose de no incurrir en gastos ruinosos para el Estado; dispuso normativas económicas y financieras que protegían a los más débiles, trató de frenar el lujo de los poderosos limitando los gastos en banquetes; diseñó profundas transformaciones políticas, dictó leyes que ampliaban la ciudadanía romana a capas más vastas de la población, y comenzó a pensar en un mundo distinto al hasta entonces conocido dentro de los límites de la ciudad romana.
César también estaba convencido de que, para mantener el dominio en Oriente y poder llevar a cabo con éxito la expedición final contra los partos, que eran en esos momentos la única amenaza que quedaba.
Unos sesenta miembros de familias importantes, casi todos senadores, se conjuraron para eliminar a César y restaurar la legitimidad y legalidad de la República, temerosos de que la abrumadora acumulación de cargos y privilegios que recaían en su persona terminase por darle la puntilla a la desvencijada República y César se proclamase a sí mismo rey.
César acudió al Senado el día 15 (los idus) de marzo a la sesión que discutiría la expedición contra los partos. Fue al Senado a pesar de los ruegos de Calpurnia, ya que durante la noche había tenido sueños premonitorios. Marco Antonio los acompañaba, pero alguien lo retuvo en la antesala del Senado. Cuando César se hubo sentado, lo rodearon y lo atacaron con sus puñales y dagas, entre los asesinos se encontraban Casio, Casca y Bruto, su hijo adoptivo. Los asesinos salieron del senado gritando que habían liberado a Roma de un tirano. Todo el mundo creía que Cicerón pasaría a tomar el mando e instauraría  la república de nuevo, pero se quitó de en medio.

Muerte de Julio César en las idus (15) de Marzo del 44 a.C a los pies de la estatua de Pompeyo el Grande, recibió 23 puñaladas 

Asesinato de Julio César. Autor Mariusz Kozik. 

Esa misma noche, Marco Antonio se hizo con el testamento de Cesar (se supone que lo robo del templo de Vesta, donde estaban las vírgenes vestales). Lo que vio no le gustó nada. Cesar había nombrado heredero a Cesar Octavio, pero Marco Antonio seguía siendo fiel a Cesar, y no hizo nada, de momento. En las honras fúnebres de Cesar se leyó el testamento, donde donaba una muy generosa cantidad de dinero a la plebe.
Muy pocos conocían a Octavio que sufría de colitis crónica, éste cuando llegó a Roma preguntó si habían repartido el dinero donado por Cesar. Marco Antonio respondió que había cosas más importantes que hacer. Pidió dinero prestado a amigos ricos del difunto, y lo repartió, ganándose la amistad de los legionarios.
Marco Antonio intentó hacerse con el poder por la fuerza, para ganarse el favor del ejército, decidió que lo mejor era terminar con los asesinos de Cesar. Consiguió una orden del Senado autorizándolo y se fue en busca del que tenía más cerca, Décimo Bruto, que estaba en la Galia Cisalpina. Aprovechó la ocasión para saquear el tesoro.
Los aristócratas se dieron cuenta que éste quería ser el sustituto de Cesar, se pusieron del lado de Marco Antonio, Cicerón prestó su oratoria y soltó sus famosas Filípicas, dando la vuelta a la tortilla y consiguiendo que Marco Antonio fuera declarado proscrito por el senado.
Había comenzado la Tercera Guerra Civil. Los dos cónsules de aquel año, Vibio Pansa y Aulo Hirtio, salieron en persecución de Marco Antonio al mando del ejercito senatorial, apoyados por el ejército de Octavio, que había sido nombrado propretor por el Senado. 

Batalla de  Forum Gallorum y de Mutina
Marco Antonio y Décimo Bruto estaban situados en los alrededores de Mutina (la actual Módena); al sur del río Padus (Pó), próximos a la Vía Emilia, y comenzaron el asedio de la ciudad.
A principios de marzo Hirtio y Octaviano avanzaron sobre Mutina (Módena) apara aliviar el asedio. En ruta, tomaron posesión de Bononia, que había sido abandonada por su guarnición, y se encaminó con la caballería, dejando Pollentia (Pollenzo) y Regium Lepidi en manos de Antonio. Pero Antonio había aprendido lo suficientemente bajo el mando de César en Alesia sobre cómo llevar a cabo una operación de asedio. Además de la línea interna de circunvalación que rodeaba Mutina, estableció otra de contracircnvalación para bloquear cualquier intento de socorro a la ciudad.

Batallas de Mutina y Forum Gallorum 44 – 43 a.C. Movimiento de fuerzas 

Los líderes senatoriales trataron de hacer señales de su presencia desde los árboles más altos. Décimo que mandaba las fuerzas de la ciudad, respondió de manera similar, estableciendo de el enlace con señales.
Con los suministros a punto de agotarse, el hambre empezaba sentirse en la guarnición atrapada en Módena, pero Hirtio y Octaviano decidieron esperar la llegada de Pansa con refuerzos antes de enfrentarse a Marco Antonio.
Había frecuentes enfrentamientos de caballería, la caballería de Antonio era más numerosa, pero el terreno pantanoso lo privaba de la oportunidad de sacar el máximo provecho.
El 19 de marzo el cónsul Pansa se dispuso a enlazar con Hirtio y Octaviano, con cuatro legiones de reclutas, habiendo dejado una, la legión Urbana, para defender Roma.
El 14 de abril, Antonio marchó con su cohorte pretoriana, las legiones II y XXXV, unidades ligeras y un considerable cuerpo de caballería para cortar el paso a Pansa antes de que se uniera a los otros ejércitos senatoriales. Antonio dedujo que Pansa sólo contaba sólo con cuatro legiones de jóvenes reclutas, pero la noche anterior Pansa había recibido de Hirtio la legión Martia y una cohorte pretoriana de Octavio para que le ayuden en la realización de la última etapa de la vía Emilia, ya que pasa a través de un estrecho desfiladero.
Las legiones de Marco Antonio colisionaron con las de Pansa cerca de un pueblo de nombre Forum Gallorum (Castelfranco Emilia), sobre la vía Emilia.

Batalla de Forum Gallorum 43 a.C. Entre las fuerzas de Marco Antonio y el cónsul Bibio Pansa. 

Antonio preparó una trampa a la vanguardia de Pansa mandada por Galba, que se componía de la caballería, tropas ligeras y la legión Marciana y las cohortes pretorianas de Octavio.
Las fuerzas de Antonio que se componían de las legiones II y XXV, caballería, infantería ligera y su guardia pretoriana consiguen envolver la vanguardia, Pansa acude con las legiones novatas, pero son rechazadas y él mismo fue mortalmente herido y evacuado.
Galba a duras penas rompió el cerco y enlazó con las legiones senatoriales, que se estaban protegiendo el tren de bagajes.
Antonio intentó seguir su éxito táctico asaltando el tren de bagajes, pero esta acción fue un fracaso costoso, siendo forzado a retirarse. Durante su retirada se encontró con las legiones IV y VII bajo el mando de Hirtio, que al enterarse de la emboscada acudió inmediatamente. Las legiones chocaron contra las exhaustas tropas de Antonio y las derrotaron.
En Mutina (Módena), estaba claro que Antonio había perdido la iniciativa, y había pasado de sitiador a ser sitiado. Trató de mantener a raya a los senatoriales que le asediaban, mediante el acoso a diario con su caballería hasta que Décimo finalmente se rindiera por hambre.
Hirtio y Octaviano ofrecieron batalla, el 21 de abril, donde el asedio de Mutina era más estrecho. Ante la sospecha de que se trataba de un farol, Antonio sacó su caballería y dos legiones de su campo, ofreciendo a sus enemigos la batalla que estaban buscando.
Antonio fue derrotado de nuevo, pero Hirtio, al igual que su colega consular Pansa, también fue muerto. La muerte de Hirtio, durante el ataque al campamento de Antonio, dejó al ejército y a la República romana sin líderes. Octavio recuperó su cuerpo y según Suetonio: “En medio de la lucha, cuando el portador del águila de su legión fue profundamente herido, él llevó el águila durante un tiempo.”  Debido a la muerte de ambos cónsules, Octavio obtuvo el mando de las legiones del Senado, debido a su rango de propretor.
Ambas partes pasaron la noche con las armas en la mano. En contra del consejo de sus oficiales, quienes le instaban a continuar con el asedio, Antonio al día siguiente decidió retirar a su ejército (la legión V seguía intacta y los restos de II y XXXV, con más de 5.000 de caballería), en un intento para enlazar con Ventidio y sus tres legiones desde el Piceno (VII, VIII y IX), y buscar el apoyo de Lépido y Planco.
Cuando la noticia de la victoria llegó a Roma una multitud de ciudadanos espontáneamente llevaron a Cicerón a través de las calles desde su casa al Senado.
Antonio estaba en el pináculo de su carrera; pero el Senado finalmente lo declarado hostis o un enemigo del estado. Las fuerzas senatoriales parecían triunfante, pero la realidad en el campo era bastante diferente.
Antonio había sido capaz de conseguir una ventaja inicial de dos días sobre la coalición del Senado, pero era la primera vez que ambos cónsules habían muerto en acción desde 208 a.C. Décimo instó a Octavio para marchar al sur y cortar Ventidius antes de que pudiera unirse con Antonio. El Senado desairó a Octavio decretando que las legiones los dos cónsules muertos debían ser transferidas a Décimo, también legitimó las adquisiciones de Bruto y Casio en el este y lconcedió el mando supremo naval a Sexto Pompeyo, que había avanzado a Massilia (Marsella).
Marco Antonio, por su parte, se dirigió al oeste de Parma (que fue saqueada) y a Placentia y luego por la vía Milvia a Dertona, reclutando fuerzas de ciudadanos y esclavos a lo largo del camino, antes de girar hacia el sur y cruzar los Alpes de Liguria llegando a Vada Sabatia, 50 kilómetros al sur-oeste de Génova. Aquí El 3 de mayo se encontró con Ventidio, que, con las rutas establecidas por el Senado, se había visto obligado a emprender una peligrosa marcha forzada en los Apeninos. Décimo luchaba por mantener el ritmo pero quedó retrasado.
Antonio hizo una finta hacia el norte con su caballería bajo el mando de Trebelio, hacia Pollentia. Décimo cayó en la trampa, y envió de forma inmediata cinco cohortes por delante y él siguió detrás con todo su ejército. Antonio consiguió burlarle y hacerse con las 4 legiones de Décimo, y con el camino abierto a la Galia y a Hispania, teniendo a su disposición 20 legiones y unos 10.000 jinetes.
Octavio volvió a Roma, consiguiendo el nombramiento de cónsul, gracias a la influencia de Cicerón, que manejaba los hilos del senado a su antojo, y que junto con los optimates utilizaban a Octavio, para ayudarles a eliminar a Marco Antonio, disponía de 8 legiones y se dirigió a Roma donde se hizo con 3 más (2 de África y una urbana) a las que se unieron 6 más 3 de Panda y 3 de Décimo, en total disponía de 17 legiones. Octavio no buscó el enfrentamiento directo. 

Segundo triunvirato
Una vez nombrado cónsul, Octavio consiguió del senado otra orden para capturar a los asesinos de César. Terminó con Décimo Bruto en la Cisalpina fácilmente, mientras Bruto y Casio, los más importantes asesinos de César, se encontraban en Grecia, reuniendo un potente ejército.
Octavio llamó a Marco Emilio Lépido, otro lugarteniente de Cesar, para llevar un mensaje a Marco Antonio, para formar juntos el Segundo Triunvirato. Se reunieron en Bolonia en noviembre del 43 a.C, y se repartieron las provincias: Marco Antonio se quedó con la Galia que disponía de 11 legiones, de las cuales 5 eran veteranas, Lepido con Hispania con 7 legiones, 4 de las cuales eran veteranas; y a Octavio le dejaron África, Sicilia, Córcega y Cerdeña, contaba con 17 legiones de las cuales 4 eran veteranas. Dejaron de lado sus diferencias y se comprometieron en el objetivo común de acabar con los asesinos de César.

Segundo Triunvirato: Repartición de provincias entre Marco Antonio, Octaviano y Lépido 

Lo primero que hicieron los triunviros fue despejar el panorama en Roma. Cada uno de ellos hizo una lista de gente que quería eliminar, y se pusieron a ello con entusiasmo. Se publica una lista de 300 senadores y 2.000 equites condenados a muerte, cortando con ello además, la financiación de los asesinos de César. El primero de la lista negra de Marco Antonio era Cicerón. Se inició una época de terror, los triunviros eliminaron a todos los oponentes que tenían en Roma, y se quedaron con sus bienes, que les hacían falta para sufragar el gasto de la próxima guerra contra Bruto y Casio. 

Campaña de Bruto y Casio en Asia Menor
Mientras tanto en Siria, Casio, el cual ya tenía relaciones con la administración provincial después de ser uno de los pocos supervivientes de la desastrosa campaña de Craso contra el Imperio Parto, había liberado al ejército de Quinto Cecilio Baso, que se encontraba sitiado desde hacía casi tres años en la ciudad de Apamea. Su intervención no pudo ser más afortunada; levantó el asedio y reclutó para su bando las dos legiones de Baso, a las seis legiones que lo sitiaban y además consiguió cuatro legiones más en Judea. Éstas eran cuatro legiones que el legado Alieno había llevado desde Egipto al cónsul Dolabela (tres de ellas dejadas por Julio César después de su campaña en Egipto), quien las esperaba en Laodicea para que se rindieran y pasaran a su mando. De esta forma Casio, con un impresionante ejército de doce legiones, se dirigió a Loadicea donde se hallaba Dolabela el cual, viendo la situación, acabó suicidándose.
El conflicto internacional, por tanto, también había llegado a Egipto: Casio exigió a Cleopatra hombres y víveres, a lo que ella se negó, bajo la excusa de que la pobreza y las enfermedades asolaban Egipto. A pesar de todo, Cleopatra ya había decidido unirse a los triunviros con su armada, pero un fuerte vendaval la dispersó y tuvo que regresar a Egipto.
Mientras tanto, en Macedonia el propretor Gayo Antonio, quien como legítimo gobernador se enfrentaba a Bruto con dos legiones, tuvo que rendirse ante fuerzas superiores; esto después de que Bruto, tras muchas dificultades, consiguiera la rendición de las guarniciones de Dirraquio y Apolonia de Iliria y obligara a Publio Vatidio a retirarse hacia Iliria. Tras estos acontecimientos, Bruto reclutó a dos legiones más entre los macedonios, y con esto disponía de un respetable ejército formado por 8 legiones.
Bruto pasó a Asia Menor y siguiendo la costa llegó a Licia al suroeste de la actual Turquía, donde exigió hombres y materiales para su causa, el líder popular llamado Naucrates se negó. Bruto obtuvo un éxito inicial cuando envió una partida de caballo, que sorprendió a una fuerza de Licia mientras estaban comiendo, matando a 600 de ellos. A continuación, derrotó al ejército combinado de los licios en una batalla campal y cuando huyeron, saquearon su campamento. Posteriormente dejó libres sin rescate a los prisioneros, con la esperanza de ganarse a toda la nación. La mayoría de las ciudades licias se rindieron, pero la ciudad de Xanthus continuó el desafío; cuando Bruto había establecido las líneas de asedio algunos de los habitantes trataron escapar buceando por en el río que fluía por la ciudad, pero había colocado redes que tenían campanas en la parte superior para que dieran la alarma cuando alguien estaba atrapado en ellas. 

Asedio de Xantus 
Bruto tomó personalmente el mando del asedio de Xanthus, los habitantes destruyeron los suburbios de la ciudad y se retiraron tras las murallas. Bruto dividió su ejército e para hacer rotaciones de día y de noche y realizar un asalto continúo. Desplegaron arietes contra las murallas y lanzando ataques contra las puertas. Los habitantes detectaron un período de calma y decidieron realizar una salida nocturna para caer en una trampa. Los sobrevivientes regresaron de nuevo a la puerta por donde habían salido y la encontraron cerrada, siendo masacrados junto a las murallas. Una segunda salida por los defensores logró incendiar las máquinas de asedio. Cuando los habitantes se retiraban, unas 2.000 tropas romanas fueron en su persecución, los romanos entraron en la ciudad, pero cuando el rastrillo cayó, los legionarios habían entrado quedaron atrapados, se abrieron camino en el foro y se hicieron fuertes en el templo de Sarpedón. Sus compañeros desde fuera trataron de rescatarlos mediante escaleras improvisadas con troncos de los árboles, con cuerdas unidas a ganchos. Algunos consiguieron escalar la muralla y abrir una pequeña puerta, permitiendo la entrada, al caer la noche, el ejército romano entraba en la ciudad, que los defensores incendiaron antes que rendirse. Sólo 50 hombres salieron con vida.

Asedio de Xanthus por Bruto. Autor Steve Noon 

Tras la conquista de la ciudad, Bruto se hizo con Liria que le ofrecieron dinero y pusieron la flota a su disposición, siendo enviada a Abydos para ayudar a cruzar el Holesponto, Bruto se reunió con Casio en Sardes a mediados de julio del 42 a.C.  

Sexto Pompeyo en Sicilia
En el 43 a.C, cuando Marco Antonio se dirigió a la Galia Cisalpina para oponerse a Décimo Junio Bruto Albino, el Senado romano buscó apoyos contra el futuro triunviro, y apeló a Lépido y a Sexto Pompeyo, que entonces había llegado a Massalia con una flota y un ejército dispuesto a intervenir según más conviniera. El Senado, a propuesta de Cicerón, aprobó un decreto laudatorio en su honor, y le ofreció nominarlo para el puesto que había tenido su padre en el colegio de los augures. También lo nombró para el mando de la flota republicana con el título praefectus classis et orae maritimae; sin embargo, Sexto no realizó ninguna acción para aliviar el asedio de Mutina, permaneciendo inactivo a la expectativa.
El dominio de la flota garantizaba a Sexto cierta seguridad; pero como los gobernadores de Hispania y el de la Galia apoyaron el triunvirato, no disponía de ninguna base en tierra firme. Sexto se limitó a atacar las zonas costeras, y sus fuerzas aumentaron con todos aquellos que los triunviros habían proscrito, y con multitudes de esclavos que acudían a él. Finalmente se vio con fuerzas suficientes para desembarcar en Sicilia, donde estableció su cuartel general. Las ciudades de Milas, Tindaris, Mesina y Siracusa cayeron en su poder, al igual que toda la isla finalmente. El propretor de Sicilia, Aulo Pompeyo Bitínico, le rindió Mesina a condición de repartirse el gobierno de la isla. También recibió el apoyo de Quinto Cornificio, gobernador de la provincia de África. El dominio de estas provincias por los pompeyanos afectó seriamente al suministro de grano de Roma.
En 42 a.C Octaviano envió a la isla a su legado Quinto Salvidieno Rufo, que consiguió evitar los ataques de Sexto a las costas italianas, pero fue derrotado en el estrecho de Sicilia, en las cercanías de Escileo, cuando intentaba enfrentarse a la flota pompeyana. Octavio, tras esta batalla, partió inmediatamente después a Grecia, con objeto de ayudar a Marco Antonio en la guerra contra Bruto y Casio. Sexto estaba en la cumbre de su poder y se hizo llamar “hijo de Neptuno“; entonces hizo matar al co-gobernador Aulo Pompeyo Bitínico, acusado de una supuesta conspiración, quedando así como único gobernador de la isla. Mientras Octavio luchaba en Grecia contra los republicanos, Pompeyo se mantuvo inactivo, y esto sería su error fatal. 

Batalla de Filipos (42 a.C)
Los triunviros decidieron dejar a Lépido en Roma mientras Octavio y Marco Antonio partieron hacia el este a enfrentarse a las fuerzas de Bruto y Casio. Octavio y Antonio llegaron al norte de Grecia con hasta 28 legiones. Octavio y Antonio enviaron 8 legiones al mando de Cayo Norbano Flaco y Decidio Saxa hacia Macedonia como avanzadilla, ocuparon las cercanías de Filipos donde se hicieron fuertes, pero debido a una ofensiva de Bruto y Casio, se tuvieron que retirar hacia Anfípolis hasta que llegaron las tropas triunviras dirigidas por Marco Antonio (Octavio se tuvo que quedar en Dirraquio debido a su mala salud).

Batalla de Filipos 42 a.C: Movimientos previos

Los triunviros llevaron 19 legiones completas hasta el campo de batalla, que incluían las legiones veteranas VI, VII, VIII, X y  XII; otras nuevas como la III, XXVI, XXVIII, XXIX, y XXX. Octavio aportó 13.000 jinetes y Antonio 20.000 eran hispanos, galos y germanos, en total tenían unos 100.000 hombres
Los republicanos tenían bajo su mando 17 legiones (8 bajo el mando de Bruto, 9 bajo el mando de Casio), las mejores procedían de Cesar como la XXVII, XXXVI, XXXVII, XXXI y XXXIII; estaban  reforzadas con tropas de sus aliados locales, y unos 20.000 (4.000 galos, 2.000 tracios, ilirios y tesalianos, 2.000 hispanos, 5.000 gálatas, 4.000 árabes y 5.000 arqueros montados), en total unos 90.000 hombres.

Águilas sobrevolando las legiones de Bruto y Casio, cuando se dirigen a Filipos, septiembre-octubre 42 a.C. Autora Sandra Delgado 

Cuando ambas fuerzas llegaron a Filipos, colocaron los campamentos de Marco Antonio enfrente de Casio y el de Octavio enfrente de Bruto.
Casio se colocó a la izquierda, protegiendo su flanco izquierdo con  la zona pantanosa, el flanco derecho de Bruto estaba protegido por terreno montañoso. Rodearon sus campamentos con foso, muro y empalizadas, prolongándolos hasta los obstáculos.
Marco Antonio atacó en varias ocasiones, pero los republicanos  no cayeron en la trampa y siguieron a la defensiva.  Decidió hacer un camino por las marismas, lo construyó en secreto, ocultado por los juncos. Este trabajo le llevó 10 días. 

Primera batalla día 3 de octubre
Marco Antonio intentó un ataque por sorpresa a través de las marismas, pero sufrió un contraataque por parte de Casio. Al ver esto, los soldados de Bruto no hicieron caso a las órdenes y se lanzaron en tromba contra los soldados de Octavio, que huyeron abandonando su campamento, las tropas de  Bruto se dedicaron a saquearlo, en vez de perseguir  a las tropas de Marco Antonio.
A Marco Antonio le fue un poco mejor, pues estaba asaltando las fortificaciones de Casio desde el sur y luego de resistir el ataque de éste último, logra capturar su campamento y puso en retirada a los republicanos. En ese momento, la situación estaba en tablas. Pero el polvo provocado por la batalla impedía la visibilidad. Casio subió a una colina y pensó que estaba sufriendo una derrota aplastante, y se suicidó. Bruto lloro sobre el cuerpo de Casio, llamándole “el último de los romanos”.

Batalla de Filipos 42 a.C: Primer día 3 de Octubre 

Las pérdidas fueron de 9.000 soldados para Casio y 18.000 para Octavio respectivamente. Se puede decir que acabó en tablas dado que Casio era mejor general que Bruto.

Batalla de Filipos 42 a.C primera batalla: Antonio asalta el campamento de Casio. Autor Steve Noon 

Segunda batalla día 16 de Noviembre
Los dos bandos pasaron las siguientes tres semanas tratando de curar a sus heridos y reagruparse. El ejército triunviro no recibió ningún refuerzo, y apenas pudo recibir suministros, mientras el ejército republicano no tenía ningún problema de abastecimiento, dado que Bruto los  recibía por mar.
Marco Antonio y Octavio tuvieron la precaución de prometer grandes sumas de dinero a sus soldados, con lo que se aseguraron su lealtad. Mucho más dinero del que Bruto prometió a sus hombres. Así que, pronto, los mercenarios y los aliados orientales de Bruto comenzaron a desertar, pasándose al otro bando.
Antes de quedarse sin un solo soldado, Bruto se vio obligado a abandonar su sólida posición defensiva y pasar al ataque.
El 23 de octubre, los triunviros  ocuparon durante la noche una colina cercana al sur del campamento de Casio, destacando 4 legiones, a la mañana siguiente establecieron 16 legiones, dejando 4 legiones y la caballería para guarnecer los campamentos.
Bruto tuvo una excelente oportunidad de fijar estas legiones y atacar los campamentos, pero en vez de ello se mantuvo a la defensiva, fortificando su posición.

Batalla de Filipos: segunda y definitiva batalla 

El 16 de noviembre, bruto presentó batalla, formó sus hombres fuera de las fortificaciones y esperó a los triunviros.
A la hora nona (3 de la tarde) se inició la batalla fue tremenda, un choque entre legionarios de ambos bandos, nada de flechas o jabalinas, sino espadas y escudos. Bruto empezó a retroceder poco a poco y al final se desintegró la formación. Los hombres de Marco Antonio habían tomado las puertas, y tuvieron que huir al mar o a las montañas. Octavio asaltó el campamento de Bruto, lo tomó y con su caballería persiguió a los enemigos. Bruto se refugió en las montañas con 4 legiones, pero fue rodeado por la caballería. Se dio cuenta que su captura era inminente, y se suicidó.
Según Apiano las bajas entre las dos batallas fueron similares en cada bando, unos 20.000 muertos, siendo una de las más sangrientas.
Los restos del ejército de los republicanos fueron reunidos y casi 14.000 hombres fueron enrolados en el ejército de los triunviros. Algunos soldados veteranos permanecieron en la ciudad de Filipos, que se convirtió en una colonia romana. A su vez, otros veteranos fueron recompensados tras la batalla de Filipos con tierras en Italia, que fueron expropiadas al efecto.
En Filipos no sólo murieron Bruto, Casio y muchos de sus seguidores, sino que cayeron con ellos los viejos ideales republicanos. Muchos prisioneros fueron ajusticiados sin piedad. Cuenta Suetonio que Octavio no ahorró ultrajes con los prisioneros de la nobilitas. De esta derrota sólo unos pocos pudieron escapar para unirse a las tropas de Sexto Pompeyo, el hijo menor de Pompeyo el Grande, que había iniciado el reclutamiento de un ejército y comenzaba a adueñarse de parte de las provincias occidentales. Los partidos senatorial y republicano fueron aniquilados: nadie más debía desafiar el poder del Triunvirato. 

Batalla naval del Adriático 3 octubre del 42 a.C
En el mismo día que la primera batalla de Filipos, otra gran calamidad se llevó a cabo en el Adriático. En un intento de reforzar las fuerzas de los triunviros, Domicio Calvino había embarcado desde Brindisi con dos legiones (incluyendo la Marciana), una cohorte pretoriana de unos 2.000 hombres, 4 escuadrones a caballo, y un considerable cuerpo de tropas auxiliares. Intento romper el bloqueo republicano impuesto por Marco Ahenobarbo que disponía de 130 buques de guerra. Durante el trayecto de Brindisi a Dirraquio, los principales transportes del convoy que iban propulsados a vela, se encontraron con la desagradable sorpresa de que el viento repentinamente se paró, quedando atrapados en una calma chicha. Los buques de guerra republicanos se precipitaron contra los transportes. En su desesperación, los capitanes de los transportes unieron sus barcos con cuerdas y les reforzada con los mástiles para impedir que el enemigo rompiese a través de su línea. En respuesta Murco los sometió a una andanada de proyectiles incendiarios. Cuando los transportes se separaron con el fin de evitar la propagación de las llamas, algunos de los legionarios condenados al fuego, especialmente los marcianos, se quitaron la vida para evitar morir abrasados; otros saltaron a bordo de las galeras republicanos, para vender caro sus vidas. Fue un duro revés para los triunviros.

Batalla naval en el Adriático 3 de octubre del 42 a.C. Un transporte naval es sorprendido por la flota de Marco Ahenobarbo, los legionarios de los transportes tratan de abordar los buques de guerra, vendiendo cara sus vidas. Autor Steve Noon 

Guerra de Perusia 41/0 a.C
Con el panorama militar y político aclarado, los triunviros dividieron el mundo romano entre ellos. Lépido tomó el control de las provincias occidentales, mientras Octaviano permaneció en Italia con la responsabilidad de asentar a los veteranos de guerra y proporcionarles tierras, una tarea fundamental ya que la lealtad de las legiones pasaba por cumplir este compromiso. Marco Antonio se dirigió a las provincias orientales, para pacificar otra revuelta acaecida en Judea, y con la idea de atacar al imperio parto, un plan ideado previamente por César. Durante su viaje a Oriente, se encontró con la reina Cleopatra VII de Egipto en Tarsos en el 41 a.C, tras lo cual ambos se convirtieron en amantes. Antonio pasó el invierno de ese año en su compañía, en Alejandría.
Mientras tanto, en Italia la situación no estaba resuelta del todo. La administración de Octaviano no era satisfactoria, con el riesgo que existía de producirse una revuelta. Por otro lado, Octaviano se divorció de Clodia, la hijastra de Marco Antonio, dándole la curiosa excusa de que le resultaba molesta. La líder de la revuelta en ciernes fue Fulvia, la esposa de Marco Antonio, una mujer de armas tomar. Temiendo por la posición política de su marido y disgustada por el tratamiento recibido por su hija, fue ayudada por su cuñado Lucio Antonio para reclutar ocho legiones con su propio patrimonio. Su ejército invadió Roma, llegando a ser un verdadero problema para Octaviano, el ejército se estableció en Roma durante un breve tiempo, aunque luego tuvo que replegarse a la ciudad de Perusia. Sin embargo, en el invierno de 41-40 AC, Fulvia fue sitiada en Perusia, siendo obligada a rendirse por hambre. Fue entonces exiliada a Sición, en Grecia, donde enfermó y murió aguardando la vuelta de Antonio en año 40 a.C.
La muerte de Fulvia fue providencial, ya que la nueva reconciliación entre los triunviros fue en gran parte cimentada en el matrimonio de Antonio con Octavia, la hermana de Octaviano, en octubre de 40 AC, Antonio se vio obligado a arreglar sus conflictos con Octaviano casándose con ella. Octavia era una hermosa e inteligente mujer que había enviudado recientemente y tenía tres niños de su primera unión. El mundo romano fue nuevamente dividido, asignando esta vez África a Lépido, las provincias occidentales a Octaviano, y el Oriente a Antonio. Este pacto, conocido como el Tratado de Brundisium, reforzó el triunvirato, y permitió a Antonio empezar a preparar su tan ansiada campaña contra los partos. 

Guerra contra Sexto Pompeyo
Octavio pensó que lo más prudente era ceder, y en consecuencia, se estableció una paz negociada entre los triunviros y sexto Pompeyo, a través de la mediación de Lucio Escribonio Libón, el suegro de este último, llegándose a firmar las paces entre ambos personajes a través del denominado Pacto de Miseno de 39 a.C, por el cual se entregaba a Sexto el control de Sicilia, Córcega, Cerdeña y Acaya, con el compromiso de poner fin a sus prácticas piráticas y abastecer de grano a Roma. Además Octavio le prometió un consulado para el año 38 a.C, el augurado y una indemnización de 17,5 millones de monedas de plata de su fortuna privada. Pompeyo, por su parte, prometió retirarse de la costa de Italia, proteger el comercio en el Mediterráneo y casar a su hija con Marco Marcelo, el hijo de Octavia, la hermana del triunviro. La causa de este tratado de paz fue el interés de Marco Antonio, el virtual líder de los triunviros, por iniciar una invasión del Imperio Parto, para lo cual necesitaba disponer de las legiones que la resistencia de Sexto tenía ocupadas en Sicilia.
Sin embargo, la paz no duró mucho tiempo, ya que las frecuentes disensiones entre Octaviano y Marco Antonio motivaron el uso político de la guerra contra Sexto, para así poder atribuirse el éxito de conjurar la amenaza que suponía para el triunvirato. De esta forma, Antonio se negó a renunciar a los tributos adeudados por Acaya, y Pompeyo, por lo tanto, reanudó sus incursiones de piratería.
La situación por entonces de Sexto Pompeyo era bastante favorable para él desde hacía tiempo. Dueño de Sicilia y Cerdeña, había formado un original estado en el que algunos nobles romanos, junto con esclavos fugitivos y piratas, conseguían traen en jaque a toda Italia. A todo ello, se le sumó Murco con 2 legiones, 80 naves, 500 arqueros y una cantidad ingente de dinero. Si Sexto en ese momento hubiera atacado Italia, quizás se hubiera apoderado de ella, ya que estaba exhausta por el hambre y las guerras civiles, pero no lo hizo ya fuera por temor o inexperiencia. 

Derrotas de Octavio 38 a.C
En 38 AC, Pompeyo sufrió una severa pérdida con la deserción de uno de sus legados principales, Menas o Menodoro, que se pasó a Octavio, entregando Cerdeña y Córcega, junto con una gran fuerza naval y militar. Gracias a esta afortunada situación, Octavio decidió iniciar la guerra de inmediato, nombrando a Cayo Calvisio Sabino como almirante de su flota, con Menas como su legado. No obstante, la campaña resultó desfavorable a Octavio: su flota fue derrotada dos veces por los almirantes de Pompeyo:
·       La primera después de que la flota de Calvisio pasara la noche en la bahía de Cumas y a la mañana siguiente fueran sorprendidos por Menécrates, que partió desde Enaria a su encuentro. La batalla, se decidiría a favor de éste último al acorralar los barcos de Calvisio frente a las rocas. El mismo Menécrates murió en la batalla. No obstante, esta victoria fue considerada pírrica para los intereses de Sexto, ya que Calvisio pudo escapar a pesar de perder sus mejores barcos.
·       La segunda batalla ocurrió en Mesina, donde la flota de Octavio, que había ido en ayuda de Calvisio, casi fue destruida precisamente por esperarlo en un momento en que pudo haber atacado a Sexto, cuando éste solo disponía de 40 naves. En cambio, dio tiempo a Sexto para que llegara la flota ahora dirigida por Demócares y Apolófanes y entre las tormentas y sus embestidas, derrotaron a Octavio, pese al valor que demostró Quinto Cornificio en el bando de Octavio. Pompeyo, sin embargo, no aprovechó este éxito, sino que se mantuvo inactivo, y perdió de nuevo el momento favorable para la acción. 

Ofensiva de Octavio 36 a.C
Apoyado en el tratado de Tarento del año 38 a.C, por el cual los triunviros debían apoyarse en caso de necesidad, Octaviano logró contar con el apoyo de la flota 300 barcos de Oriente enviada por Marco Antonio para tratar de invadir Sicilia, a cambio de 20.000 soldados para la invasión de Partia. Octavio pasó todo el año siguiente (37 a.C) equipando una nueva flota y dando el mando supremo de ella a Marco Vipsanio Agripa.

Campaña de Octavio contra Sexto Pompeyo en Sicilia año 36 a.C 

En el verano de 36 a.C todo estaba a punto para el enfrentamiento. Octavio tenía tres grandes flotas a su disposición: una propia, estacionada en el puerto de Portus Iulius (Puerto Julio, puerto que se realizó uniendo el lago Lucrino con el mar), que había construido cerca de Bayas; la de Antonio, bajo el mando de Estatilio Tauro, en el puerto de Tarento; y la de Lépido, frente a la costa de África. Su plan era que las tres flotas partieran el mismo día, e hicieran un desembarco en tres partes diferentes de Sicilia.
Octavio continuó concentrando equipos y materiales de construcción en los puertos de Brindisi y Puteoli (Pozzuoli), y había ordenado a su infantería para marchar a Regio (Reggio), donde se encontraría con la flota para preparar el paso a Sicilia.
La flota de Octavio partió de Bivo y fue sorprendida por una tormenta que destruyó su flota cerca del promontorio de Palinuro, concretamente en Elea o Velia, lo que le obligó a volver y recomponer de nuevo su maltrecha flota.
La flota de Estatilio Tauro, que estaba en Tarento, también fue sorprendida por una tormenta y tuvo que regresar con 102 naves, el resto se perdió.
Tan sólo la flota de Lépido pudo llegar a Sicilia y desembarcar en Lilibea. Desde Trepano, Sexto envió refuerzos. Lépido esperaba 4 legiones más desde África, pero sólo llegaron 2 que fueron ya que Papias, un capitán de Sexto, salió al encuentro de la flota y acabó con dos, mientras que las otras dos a duras penas consiguieron llegar a reunirse con Lépido.
Este hecho fue un respiro para Sexto Pompeyo, que ofreció sacrificios a Neptuno. Envió a Menodoro a una incursión con las siete naves que trajo consigo para reconocer las bases de Octavio y ver de cuantas fuerzas disponía., pero éste volvió a traicionar a Sexto y se pasó al campo de Octavio.
Mientras tanto, Octavio, salió desde Hiponio hasta la isla de Estróngila, la actual Strómboli, la más septentrional de las islas Lipari. Exploró sus costas y vio una gran cantidad de fuerzas asentadas allí, y mandó a Agripa que la ocupase, cosa que hizo, acupando posteriormente la isla de Hiera.

Batalla de Milae o Milas 
Agripa después se dirigió a Mylae o Milas, para atacar a Demócares, lugarteniente de Sexto, que poseía 40 barcos, que resultaban insuficientes para detenerlo. Por ello, Sexto le envió otros 45 barcos al mando del liberto Apolófanes más otros 70 barcos capitaneados por él mismo. La batalla de Mylae o Milas, el choque de fuerzas fue equilibrado, a pesar de que las embarcaciones de Sexto tenían una pequeña ventaja por ser más cortas y ligeras. Sin embargo, la tripulación de Agripa era más experimentada. El resultado de la batalla favoreció a Agripa, sobre todo por la mayor fuerza de sus barcos en los choques frontales, donde el espolón perforaba más fácilmente los cascos de los navíos enemigos y por un mayor aprovechamiento del corvus o pasarela que permitía enganchar a los buques enemigos y poder abordarlos. No obstante, la victoria no fue total, ya que Sexto, observando que perdía barcos y hombres, ordenó la retirada. Agripa, quiso perseguir a los barcos y acorralarlos en aguas poco profundas y al final desistió, mientras que la versión de Dión Casio afirma que desistió para no despertar la envidia a Octavio con un triunfo demasiado aplastante.Sexto perdió 30 naves. 

Batalla de Tauromenio 
Octavio partió rumbo a Mesina, dejando una parte de su flota para hacer creer a Sexto que aun seguía ahí. Agripa por su parte navegó a Tyndaris, con la esperanza de que se adhiriese a su causa, pero fue rechazado, aunque otras ciudades sí se unieron.
Octavio, tras saber la victoria de Agripa, creyó que todo estaba ganado, viajó desde Escilacio hasta Leucopetra, promontorio en el extremo suroccidental de Italia con muchas de sus tropas, dejando a Mesala al mando del resto hasta que las naves volvieran a por él, y de allí a Tauromenio. Cuando llegó, mandó emisarios exigiendo la rendición, pero la guarnición de Tauromenio no les permitió atracar, con lo que siguieron el viaje rumbo al río Onobalas y estableciendo su campamento cerca del templo de Arquegeta, que contenía una estatua de Apolo. No había terminado de acampar cuando, por sorpresa, apareció la flota de Sexto que pilló por sorpresa a Octavio, quién acorralado, no podía solicitar refuerzos a Mesala.
El ataque de Sexto, se componía de su misma flota y de la caballería e infantería que transportaba. No obstante, a pesar del efecto sorpresa, no supo sacarle el rendimiento adecuado, ya fuera por inexperiencia o descoordinación, y sólo atacó con la caballería y después a la caída de la noche y en vez de acampar cerca del enemigo, lo hicieron a cierta distancia. Si el ataque sorpresa se hubiera producido con las naves, tropas de infantería y la caballería a la vez, puede que Octavio no hubiera sobrevivido.
En cambio, las tropas de Octavio pudieron levantar el campamento, pero acabaron exhaustos. Al amanecer, puso a la infantería a las órdenes de Quinto Cornificio mientras él se hacía a la mar al encuentro de Sexto. El encuentro resultó desfavorable para Octavio, que vio como sus barcos eran capturados o quemados, mientras otros huían hacia Italia. Las bajas fueron numerosas, y muchos que intentaron alcanzar la orilla a nado o fueron apresados por la caballería de Sexto o fueron muertos, mientras que otros pocos tuvieron la fortuna de llegar al campamento de Cornificio. Octavio, que no sabía si ir en busca de Mesala o volver al campamento, tuvo la suerte de poder atracar en el puerto de Abala y posteriormente viajó al encuentro de Mesala.
Enseguida partió para Estilis acompañado de Mesala en busca de Gayo Carrinas, quien tenía tres legiones dispuestas a luchar. Mandó un mensaje a Agripa instando a que enviara a Quinto Laronio a socorrer a Cornificio, que a duras penas podía soportar el asedio de Sexto, que esperaba que el campamento se rindiera por hambre. Cornificio pudo escapar pese a estar expuesto a los ataques de la caballería de Sexto. El problema de la huida, que duró varios días, cuando estaban extenuados y a punto de morir, llegó la ayuda de Quinto Laronio. 

Batalla de Nauloco 3 de septiembre
El 3 de septiembre del año 36 a.C, se produjo el deseado desenlace. 300 naves convenientemente equipadas con todo tipo de proyectiles, arsenales y máquinas compusieron cada uno de los bandos y Agripa ideó una brillante idea que a la postre sería decisiva. Apiano lo llamó “arpón”, pero en realidad se llamaría harpax o harpago, se componía de un gancho de hierro de varios brazos, que se lanzaba con una ballista lo que permitía ser lanzado más distancia, atado a una cuerda cuyo otro extremo estaba unido a un cabestrante, lo que permitía atrapar a un barco enemigo a más distancia para iniciar el abordaje. Otra innovación consistía en que el gancho estaba unido a un eje de hierro para que no pudiese ser cortado y ser lanzado mejor por la ballista, ya que la longitud del eje impedía alcanzar las cuerdas.

Sistema harpax o harpage de Agripa usado en la batalla de Nauloco en el año 36 a.C 

Los preliminares de la batalla consistieron en el lanzamiento de todo tipo de proyectiles por parte de ambas escuadras, para luego iniciar las hostilidades propiamente dichas consistentes en el encontronazo de las naves, fuera por la proa, de costado o incluso en las rostras o espolones, lugar especialmente delicado porque podría dejar al navío inservible. Poco a poco, los harpax hacían su efecto, y empezaba a ocasionar estragos en las naves de Sexto, que no podían, deshacerse de él. Los abordajes se sucedían, y en ocasiones era complicado discernir quién era amigo o enemigo, ya que todos hablaban la misma lengua, usaban las mismas armas o vestían de manera parecida. Provocó lo que se llama actualmente bajas por fuego amigo. Poco a poco, a pesar de la confusión reinante, la táctica de Agripa dio los resultados esperados y observó que habían sido destruidos gran parte de los barcos de Sexto, con lo que viendo que la victoria estaba cerca, realizó un último ataque consiguiendo interceptar varias naves que se disponían a huir mientras que otras viendo que su derrota era segura, dejaron de luchar. 

Final de Sexto Pompeyo
Sexto huyo a Mesina con tan solo 17 naves que se salvaron. La infantería de Sexto al ver huir a su máximo mando, se rindió. También se rindió la caballería.
Sexto Pompeyo hizo llamar a Lucio Plinio desde Lilibeo con las 8 legiones que tenía, pero antes de que llegase, Sexto se embarcó junto con su hija hacia Oriente, llevándose sus 17 barcos, y pudo llegar con seguridad a Mitilene.
Plinio llegó a Mesina y la ocupó, mientras que Agripa, en compañía de Lépido, puso cerco a la ciudad. Tras su toma, Agripa era partidario de esperar a que llegara Octavio para empezar a tratar las condiciones de paz, pero Lépido se apresuró a empezarlas con Plinio y permitir que ambos ejércitos saqueasen la ciudad. Esto propició que las tropas de Plinio más las de Lépido, formaran un solo conjunto bajo mando de este último que disponía ahora de 20 legiones y quiso afianzar su poder en Sicilia.
Mientras, Octavio se enfrentaba a Lépido, que había ocupado Sicilia, y no pudo perseguir al fugitivo. Sexto comenzó a idear la forma de arrebatar las provincias orientales a Marco Antonio, quien acababa de regresar de su desastrosa campaña contra los partos, y de la cual apenas si había podido escapar con vida. Para ello, entró en conversaciones con los príncipes de Tracia y de la costa noreste del mar Negro, e incluso entró en contacto con los partos, pensando que podían suministrarle tropas como lo habían hecho con Quinto Labieno unos años antes.
En 35 a.C, Sexto cruzó de Lesbos a Asia Menor y se apoderó de Lámpsaco. Cayo Furnio, legado de Marco Antonio, le hizo frente; además, Antonio envió a Marco Titio con una flota de 120 barcos. Sexto, que con sus pocos barcos nada podía hacer frente a esta enorme flota, quemó sus naves mientras sus tripulaciones pasaron a formar parte de su ejército; sus amigos le recomendaron pactar con Antonio, pero Sexto no los escuchó y muchos lo abandonaron, entre ellos su suegro Escribonio Libón.
Sexto intentó huir hacia Armenia, pero fue abandonado por sus soldados y capturado por las fuerzas de Antonio. Llevado como prisionero a Mileto, poco después fue ejecutado sin juicio por orden de Titio, un acto ilegal puesto que Sexto era ciudadano romano.
Su violenta muerte sería una de las armas propagandísticas usadas por Octaviano contra Marco Antonio algunos años más tarde, cuando la situación entre ambos se hizo insostenible.

Final del Triunvirato
Octavio que disponía de 45 legiones y la mayoría de la flota, también reclamó Sicilia, la guerra parecía inevitable, pero los soldados no confiaban en Lépido y Octavio no tardó en convencer a una parte de sus legiones de pasarse a su bando. Un día se presentó en el campamento de Lépido e instó a las tropas a salvar a su país de una guerra civil. Este intento audaz fracasó, y Octavio se vio obligado a retirarse con una herida en el pecho, sin embargo, tuvo finalmente el efecto deseado. En los días siguientes los destacamentos de Lépido fueron desertando hasta que el mismo Lépido se tuvo que rendir. Octavio procedió a acusarlo de traición y quitarle el título de triunviro. Abandonado por todos, Lépido cedió Sicilia y África a Octavio, y éste le perdonó la vida. Octavio le ordenó vivir en Circeii bajo estricta vigilancia; su fortuna privada no fue tocada y conservó la dignidad de Pontífice Máximo.

Cuarta Guerra Civil Romana (39 – 31 a.C). Octavio contra Marco Antonio
Mientras tanto, en Roma, el triunvirato estaba a punto de llegar a su fin. Lépido fue obligado a renunciar al cargo tras una maniobra política desafortunada, y Octaviano, solo ahora en el poder en Roma, se ocupó de poner a la tradicional aristocracia romana de su parte, contrayendo matrimonio con Livia.
Octavio logró derrotar uno por uno a todos sus enemigos políticos, la victoria sobre Sexto Pompeyo que dificultaba la entrega de cereales a Roma, hizo que la opinión pública favorable hacia él.
En el 37 a.C, Antonio sufrió un duro revés en Partia, y pidió ayuda a Octavio recurriendo al tratado de Tarento para que le suministrara 20.000 veteranos de las legiones establecidas en la Galia, y que éste había prometido cuando le envió la flota de Oriente con 130 barcos. Octavio vio por fin la oportunidad de dejar a su rival político en una difícil situación: accedió a devolverle la mitad de la flota que había precisado para vencer a Sexto Pompeyo (una flota inútil para la campaña parta), y le envió tan sólo 2.000 veteranos, junto con su mujer Octavia. Al ver el escaso contingente enviado por Octaviano, Antonio comprendió que sus intenciones pasaban por iniciar un nuevo conflicto civil, por lo que aceptó las escasas tropas recibidas y repudió a su esposa, enviándola de vuelta a Roma.
De esta forma, Octavio obtuvo la excusa que buscaba y que había provocado, y empezó a acusar a Antonio para así alejarlo cada vez más del poder político, argumentando que Antonio era un hombre de moral baja, y que había abandonado a su fiel esposa y a sus hijos para estar con la promiscua reina de Egipto. Entre todas estas acusaciones, quizás la más grave a los ojos del pueblo fuera la de que Antonio se alejaba de las costumbres romanas y se inclinaba hacia los gustos orientales, un grave crimen para el orgulloso pueblo romano.

Invasión de Armenia 35 a.C
En 35 a.C, Marco Antonio, con dinero egipcio reunió un ejército de 100.000 hombres y marchó contra Artavasdes II, el rey armenio que lo había traicionado en la campaña anterior. El rey armenio fue vencido y arrestado, llevado a la ciudad de Alejandría donde el general romano realizó una parodia de triunfo por las calles alejandrinas, siendo considerada como una burla de la más importante celebración militar romana. Al final de este evento, la población entera de la ciudad fue convocada para escuchar una importante declaración política: rodeado por Cleopatra y sus hijos, Antonio proclamó que declaraba disuelta su alianza con Octaviano, a la vez que distribuía varios territorios entre sus hijos. Alejandro Helios fue nombrado rey de Armenia y de Partia (aún por conquistar), su melliza Cleopatra Selene obtuvo Cirenaica y Libia, y al joven Ptolomeo Filadelfo se le adjudicó Siria y Cilicia. En cuanto a Cleopatra, fue nombrada Reina de Reyes y Reina de Egipto y Chipre, gobernando junto a Cesarión (Ptolomeo César, hijo de Cleopatra y de César) como corregente y subordinado a su madre, y que él fue también nombrado Rey de Reyes y Rey de Egipto. Estas proclamaciones fueron conocidas como las Donaciones de Alejandría, y fueron la causa de la ruptura definitiva en las relaciones de Antonio con Roma.
Para Octaviano, el hecho de que Antonio distribuyera territorios entre sus propios descendientes (aunque fueran insignificantes o no conquistados aún) no era una maniobra que pudiera considerar precisamente como pacífica, pero lo que más le inquietaba era el hecho de que Cesarión hubiera sido anunciado como el hijo legítimo de César y su heredero. El poder de Octaviano descansaba fundamentalmente en el hecho de ser considerado como el heredero de César por adopción, lo cual le garantizaba el necesario apoyo del pueblo romano y la lealtad de las legiones. El hecho de que su ventajosa posición al frente de Roma fuera puesta en peligro por un simple niño engendrado por la mujer más rica del mundo era algo que Octaviano no podía permitir. De esta forma, cuando el triunvirato expiró el último día del año 33 a.C, no fue renovado. Otra guerra civil estaba a punto de producirse.

Repartición de provincias entre Marco Antonio y Octavio 

Batalla de Accio o Actium (31 a.C)
La unión de Marco Antonio y Cleopatra, así como el repudio a Octavia. Octavio que era un maestro de la propaganda política, volcó la opinión de Roma en contra de Cleopatra.
En el 31 a.C, el Senado romano, controlado por Octavio, declaró que Marco Antonio se había convertido en enemigo público y declaró la guerra a Cleopatra.
Marco Antonio estableció su cuartel general en Patrás, en el golfo de Corinto, reuniendo 19 legiones (63.000 hombres), 10.000 auxiliares y 12.000 jinetes, con ocho escuadras de 70 naves cada una. Su flota se hallaba parte atracada en Actium (Accio), en la entrada de la desembocadura del golfo de Ambracia (una gran bahía cerrada por un canal muy estrecho, de menos de 1.500 metros de anchura), y otra parte desperdigada en las islas próximas.
Octavio contaba con 80.000 hombres y 400 navíos, consiguió derrotar a la flota que estaba en las islas y acorralar a Marco Antonio en el golfo de Ambracia.
Marco Antonio y Cleopatra se encontraban en el golfo de Ambracia  y su primordial intención era abandonar el lugar, hacia tierras más seguras (Egipto). Octavio formó a la salida del golfo una doble línea  de embarcaciones, un auténtico muro naval, dividido en tres grupos. El norte mandado por Marco Vipsanio  Agripa, el centro mandado por Lucio Arruncio y el sur mandado por Marco Lurio.
Marcó Antonio,  frente a este muro tomó una decisión, distribuyó sus fuerzas en cuatro grupos, mandó embarcar 30.000 legionarios y 2.000 arqueros. El norte mandado por Lucio Gelio Publicola, el centro bajo su mando por Marco Octavio y Marco Instelo  (170 naves) y el sur mandado por Cayo Sossio. Detrás la reserva mandada por Cleopatra (60 navíos).

Batalla de Accio: Despliegue de fuerzas en el Golfo de Ambracia 

Marco Antonio trató de Ampliar el campo de la batalla, desplazando sus alas, obligando al enemigo a hacer lo mismo, con el fin de  crear huecos por el centro.

Batalla naval de Accio o Actium 42 a.C 

Batalla naval de Accio o Actium 31 a.C. Los trirremes romanos más rapidos que los barcos pesados egipcios, les asaltan con facilidad. 

En el norte, los barcos de Agripa derrotaron a Publicola y pusieron rumbo hacia Marco Antonio, que quedó atrapado entre el centro y el sur.
El propio buque insignia de Antonio quedó atrapado con otros barcos en la lucha que se desató en el flanco derecho, de manera que tuvo que pasar a otro barco más pequeño y dirigirse al grupo de Cleopatra. Octavio, agrupando a sus barcos más veloces, fue en su persecución, pero cuando logró dar alcance,  Marco Antonio ya había llegado junto a Cleopatra y Octaviano no tuvo más remedio que dar media vuelta.

Batalla de Accio o Actium 31 a.C. Un centurión informa a Marco Antonio de la huida de Cleopatra con sus barcos, abandonando la acción

Marco Antonio  consiguió salvar sus barcos mercantes con el oro y algunos barcos más de su flota, en total fueron 70 barcos. Le persiguieron algunas de las embarcaciones más ligeras y rápidas de Octavio. Cuando le dieron alcance, Antonio ya había pasado al buque insignia de Cleopatra y los perseguidores tuvieron que alejarse. Consiguió salvar 70 barcos de guerra.

Batalla de Accio o Actium. Las fuerzas de Octavio erigen un triunfo después de la batalla. 

Octavio, ahora ya próximo a obtener el poder absoluto, no tenía intención de dejarle un momento de paz, y a finales de julio del año 30 a.C, asistido por Agripa, invadió Egipto. Sin otro lugar donde poder refugiarse, Antonio trató inútilmente de hacer frente a la invasión con sus 11 legiones, que desertaron el día 1 de agosto tras un día de resistencia tan sólo.
Obligado por las circunstancias, y en la creencia de que Cleopatra se había suicidado previamente, Antonio optó por el suicidio, arrojándose sobre su propia espada, aunque sería llevado aún con vida ante su amante, muriendo en sus brazos. Pocos días más tarde, ante la deshonra que suponía desfilar encadenada en el triunfo de Octaviano, Cleopatra se suicidó mediante la muerte ritual por mordedura de áspid.
En venganza por no poder llevar prisionero para su triunfo en Roma, Octavio se llevó a los tres hijos de Marco Antonio y Cleopatra a Roma como trofeos de guerra. Allí se los entregó la viuda legal de Marco Antonio, Octavia, que además era su hermana, para que fuera ella la que los tutelara. Aunque de los varones no se ha sabido nada más, sí se conoce que Cleopatra Selene se casó con el rey africano Juba II de Numidia y estableció su residencia en Mauritania hasta su muerte.
Octavio pasó a llamarse Augusto y se convirtió en el primer emperador romano.

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