martes, 10 de octubre de 2017

Capítulo 35 - Guerras del Imperio Alto Romano


Las guerras del Imperio Alto Romano

Guerras de Augusto en Hispania (26-22 a.C)
El imperio ganado por Octavio, se extendía desde el Adriático al Éufrates, y desde el mar del Norte al desierto del Sahara. Para consolidarlo se necesitaba de dos cosas: Primero la pacificación interna y segundo el establecimiento de fronteras seguras.

Territorios conquistados por Augusto

Augusto empezó por occidente partiendo para Hispania en el 26 a.C, con el fin de tomar el norte, y así librar legiones. En el 25 a.C emprendió la tarea de ratificar la Galia, ocupando los pasos del Pequeño y Gran San Bernardo, ocupando el ápice de tierra aún sin conquistar, abriendo los pasos hacia la Galia Central y al río Rin superior, a continuación prosiguió por el Tirol, Suiza y el sur de Babiera, llegando al Rin superior en el 15 a.C.

Guerra contra los cántabros (36-31 a.C)
Aunque hay noticias de combates en el norte de Hispania entre los años 36 al 31 a.C, no tenemos constancia de qué pueblos estuvieron implicados en ellos, aunque probablemente fuesen los cántabros y astures. El inicio oficial de las hostilidades el año 29 a-C, cuando el general Statilio Tauro, quien se enfrentó a cántabros, astures y vacceos, derrotándolos tras violentos choques. Fue un año agotador que terminó con los vacceos fuera de la guerra y con el resto de las tribus replegadas en sus santuarios de las montañas. Los romanos se apoderaron de Asturica (Astorga), capital de los astures, donde se establecieron una potente guarnición romana como vanguardia para futuras ofensivas. Statilio regresó a Roma para celebrar el triunfo, aunque ya se intuía que aquella guerra no había acabado.

Infantes cántabros

En los dos años siguientes, se reanudan las hostilidades consiguiendo los romanos triunfos, pero estas victorias debieron ser más oficiales que reales, ya que los pueblos del Norte continuaban independientes; al menos, los cántabros, que, según los textos más antiguos, eran los más rebeldes. Ello motivó que el propio Augusto se trasladara a Hispania y al frente de los ejércitos iniciara la importante campaña del año 26 a.C contra los cántabros.
Al año siguiente, los nativos bajaron de sus reductos y atacaron allá donde pudieron, hasta conseguir desestabilizar el frente. Por entonces el ejército romano estaba dirigido por el general Calvisio Sabino, quien se limitó a contener la ofensiva devolviendo los golpes siempre que pudo, sin que los romanos se atrevieran jamás a lanzar ataque alguno sobre las temidas montañas cántabras.
La situación era tan incómoda como sonrojante: un supuesto puñado de nativos tení­a en jaque al mejor ejército del mundo, y eso restaba crédito al flamante Imperio de Octavio.
Las victorias romanas debieron ser más oficiales que reales, ya que los pueblos del Norte continuaban independientes; al menos, los cántabros, que, según los textos más antiguos, eran los más rebeldes. Ello motivó que el propio Augusto se trasladara a Hispania y al frente de los ejércitos iniciara la importante campaña contra los cántabros.
Según el historiador romano Dión Casio la táctica de cántabros y astures consistía en una guerra de guerrillas, evitando la acometida directa sobre las fuerzas romanas conscientes de su inferioridad numérica, su inferior armamento y la invulnerabilidad táctica de las legiones romanas en campo abierto. Su mejor conocimiento de un territorio abrupto y montañoso les permitía ofensivas rápidas y sorpresivas mediante el uso de armas arrojadizas, con emboscadas y ataques de gran movilidad seguidos de un ágil repliegue, que causaban graves daños a las fuerzas romanas y a sus líneas de abastecimiento.
Iban provistos con espada pequeña, puñal, dardos o jabalinas, lanzas, escudos redondos u ovalados de madera, petos de cuero o lino, gorros de piel con tiras de nervios así como con la falcata ibérica y la bipennis, arma esta última que consistía en un hacha de doble filo claramente definitoria de los pueblos del norte de Hispania.

Jinete cántabro

Los cántabros eran hábiles a la hora de montar a caballo como lo refleja el hecho de que algunas de sus tácticas de caballería pasasen a ser empleadas por el ejército romano tales como el circulus cantábricus, consistente en una formación de caballería en semicírculo, y el cantabricus impetus, ataque frontal y masivo contra las líneas enemigas con el fin de deshacerlas, descritas por Flavio Arriano. La caballería era muy importante para los cántabros, que se organizaban para luchar a pie y a caballo. Representaba el 20 o 25% de sus fuerzas, mientras que para los romanos era solo un 10 a 14% del total del ejército y poseía un papel secundario.
La población cántabra era de 160.000 a 200.000 personas, de  los cuales entre  40.000 a 50.000 eran guerreros.
A finales de 27 a.C, Augusto desembarcó en Tarraco, ciudad que convirtió en su cuartel general, hacia el frente marcharon no menos de 70.000 legionarios integrantes de la legión I Augusta, II Augusta, III Macedónica, V Alaudae, VI Victrix, IX Hispania y X Gemina.
Se presentó en persona en Segisama (Sisamón, Burgos) e instaló allí su campamento. Instaló otros tres campamentos junto al río Esla (León y Zamora), con el fin de controlar a los astures.
Luego dividió al ejército en tres partes e hizo rodear toda Cantabria, encerrando a este pueblo feroz en una especia de red, como se hace con las fieras (…) Los astures, por este tiempo descendieron de sus nevadas montañas con un gran ejército (…) y se prepararon a atacar simultáneamente los tres campamentos romanos.
Augusto tomó el mando del ejército que constaba de 4 legiones (V Alaudae, VI Vicgtrix, IX Hispana y X Gémina), y la XX que sería transportada por mar, y 4 alas de caballería (Augusta, Parthorum, Cohors equitata IV Thracum, Thracum II Victrix) conformando una fuerza total de unos 50.000 hombres, la operación se denominó “Bellum Cantabricum” y avanzó contra los cántabros en tres columnas:
·       La oriental tenía por objeto separar a los cántabros de los y autrigones. Avanzó por el río Odra, valle del río Ansón a Portus Samanum (Castro Urdiales).
·       La columna central ejercía el esfuerzo principal, fue mandada por el propio Augusto, avanzó por el río Pisuerga, para descender por los valles del Besaya y el Pas.
·       La occidental tenía como objeto aislar a los cántabros de los astures. Avanzó por el río Carrión, pasando  Guardo, Liébana y el valle del Deva.

Invasión romana del territorio de los cántabros en tres columnas y desembarcos en el Cantábrico

En la retaguardia se fueron estableciendo diferentes campamentos de aprovisionamiento, ya que los territorios cántabros no ofrecían la menor posibilidad de abastecer tan gran ejército. Se ordenó que se trajera trigo desde Aquitania. Paso a paso, aquella mole bélica fue avanzando dispuesta a resolver la guerra de una vez por todas.
La estancia de Augusto en Cantabria no debió ser afortunada. El cansancio, el desánimo de una guerra de guerrillas, la aspereza del terreno, la climatología, la enfermedad hicieron mella en el emperador. Los romanos avanzaban con lentitud dada la dificultad del enemigo que se refugiaba en sus castros, muy complicados de asaltar, teniendo que asaltar castro tras castro y valle tras valle.
Solo se tiene conocimiento de las operaciones de la columna central, en el 26 a.C, Augusto avanzó desde Segisama a Pisorica (Herrera de Pisuerga) y tomó el castro de Peña Amaya, al asalto. Hay una cruenta batalla en la llanura de Vellica cercana al monte Cildá (Mave, Palencia) un gran ejército unido de cántabros y astures intentó expulsar al gran enemigo que había conseguido que dos naciones que vivían una continua guerra fría se uniesen en hermandad. Posiblemente trataron de romper las líneas romanas mediante un ataque en cuña, pero las legiones I  Augusta y la III Macedónica apoyadas por la IX Hispana consiguen después de un duro combate consiguieron derrotar a la confederación celta. Los supervivientes, se refugiaron en  el castro de Monte Bernorio (cerca de Aguilar), y Octavio puso cerco al castro y entró en la ciudad que estos protegían y tras ver que no queda nadie con vida más que los niños y mujeres, que fueron esclavizados, ordenó quemarlo y convertirlo en cenizas.
Estas primeras victorias costaron numerosas bajas a los romanos, los cuales tuvieron que invernar en la zona sin obtener más victorias ni conquistas. A los rigores del invierno, se unió una plaga de ratas que sumada a las emboscadas cántabras acabaron con las reservas de grano de los romanos, teniendo que traer nuevas provisiones y refuerzos por mar desde Aquitania (Francia).
Se produjeron desembarcos en Portus Blendium (Ría de Suances), en Portus Victoriae Iuliobrigensis (Santander), y en Portus Samanum (Castro Urdiales), que cogieron a los cántabros por la retaguardia.
Octavio puso precio de 25.000 sestercios a quién entregara la cabeza del líder cántabro Corocota, que estaba atacando con mucho éxito las líneas de aprovisionamiento de los romanos. Éste se presentó ante Augusto y reclamó la recompensa, Augusto le pagó y le dejó marchar con el dinero, siendo asesinado meses después por sus propios compañeros, posiblemente para robarle el dinero.
En el verano siguiente, (año 25 a.C), los romanos se dedicaron a asediar el castro de Aracillum (actual Aradillos, en Poo, Cantabria), otro de los castros cántabros más importantes; el castro, que ofreció una resistencia heroica fue rodeado por tres campamentos y 20 km de empalizada, siendo tomado por Antistio, con 5 legiones. Los cántabros supervivientes se refugiaron en el Monte Vindio (que significa monte blanco, puede ser el Tres Mares, Picos de Europa,), era muy elevado, donde pensaban que “habían de subir las olas del mar antes que las armas de Roma“. Los romanos cercaron la sierra y casi todos los allí refugiados murieron en otoño por el hambre del asedio romano y el frío. Tras conseguir la victoria los romanos conquistaron el resto de la región.
La situación empezaba a crispar el ánimo de Augusto, los asuntos del Imperio reclamaban su presencia y la guerra definitiva que esperaba no terminaba de concluirse. El colmo fue un mal augurio que llegó a preocuparle. Al parecer, mientras el emperador era trasladado en parihuelas, un rayo fulminó a uno de los esclavos portadores. El susto del Emperador fue de tal magnitud que al poco abandonó el escenario de los combates para regresar con toda rapidez a Tarraco, donde se recuperaría a duras penas de la enfermedad y, sobre todo, de la impresión producida por aquel acontecimiento. Dejó la campaña en manos de su experto legado, Cayo Antistio Vetus.

Guerreros hispanos: Cántabro con bipennis (hacha de doble filo), astur y balear.
Finalmente, en el 20 a.C, los cántabros que habían sido sometidos y vendidos como esclavos, se rebelaron y tras matar a sus dueños, regresaron a las montañas arrasando todo a su paso.

Augusto, decidió acabar para siempre con las continuas sublevaciones y problemas causados por los cántabros y envió a Marco Agripa, el mejor general del imperio para pacificar la región definitivamente y a cualquier coste, ya que el prestigio del Emperador estaba en juego. Agripa llevó a cabo una dura campaña en la que no había piedad por parte de ninguno de los dos bandos. Se podían ver guerreros crucificados elevando al cielo cánticos de victoria, así como a mujeres, ancianos y niños suicidándose antes de ser capturados. Los historiadores nos cuentan escenas horripilantes como madres matando a toda su prole para luego quitarse la vida, mujeres que se asesinaban unas a otras para no ser vendidas como esclavas, padres que pasaban a cuchillo a todo su clan y luego se lanzaban a un desesperado combate final contra los romanos.
Esta forma de combate, salvaje y brutal, causó numerosas bajas entre los romanos e incluso la legión I perdió el título de “Augusta” por huir del enemigo. Pero, finalmente los cántabros fueron derrotados, iniciándose a continuación una represión terrible y despiadada con la que los romanos querían evitar cualquier futuro conflicto: todos los varones cántabros en edad militar apresados fueron esclavizados en minas o crucificados, los castros fueron arrasados y el resto de la población será obligada a vivir en las llanuras.
En el 19 a.C, el pueblo cántabro había sido sometido definitivamente tras numerosas batallas, revueltas y baños de sangre, pero su nombre nunca será olvidado por los romanos. Para evitar nuevos levantamientos, dejaron tres legiones para vigilarlos, pese a lo cual durante el reinado de Nerón (54-68 DC) hubo un conato de revuelta.
Las posteriores intervenciones militares de los cántabros, serían como auxiliares del Imperio Romano, llegando hasta Numidia, el Danubio, Palestina o Britania.

Guerra contra los astures
Las tribus del norte del río Duero eran llamadas astures por los romanos, ya que el rio principal de la región era el Astura (Esla).
En la primavera del año 25 a.C había tres castra (campamentos de legionarios) instalados junto al río Astura (Esla) posiblemente en Pentovanium (entre los ríos Tera y Eria), las Labradas y Chana (en la zona de Vidriales, Zamora). Las fuerzas romanas eran de tres legiones (VI, IX y V) más un ala y auxiliares, unos 30.000 hombres a los que se sumarán varias cohortes transportadas por mar.  Según Schulten la población astur era de unas 240.000 personas, de las cuales 80.000 a 100.000 serían capaces de luchar.

Guerreros astur y guerreros celtíberos. Álbum de la Infantería Española

Los astures descendieron de los montes y se establecieron junto al Astura  para atacar a los campamentos de invierno romanos. Los habitantes de Brigaecio (la región de Benavente) contaron a Publio Carisio los planes de los astures. El legado acudió en ayuda de los campamentos descubriendo a los astures,  lanzando un ataque por su retaguardia. Los astures fueron derrotados con grandes pérdidas por ambos bandos. Los supervivientes se refugiaron en Lancia (actual Villasabariego) la ciudad más poderosa de los astures. Carisio puso sitio a la ciudad y esta se rindió por capitulación. Carisio quería conservar la ciudad, pero los legionarios la incendiaron y la arrasaron en represalia por las calamidades sufridas. Tras la victoria, Carisio sometió otras plazas fuertes de los astures.
Carisió decidió avanzar hacia el interior de Asturias posiblemente en dos columnas, una siguiendo el puerto de Pajares, por la ruta conocida como “vía Carisa” y la otra el puerto de la Mesa que comunica la región de Babia con Asturias, apoyadas por desembarcos en Gigio (Gijón) para tomarlos por retaguardia. No existen testimonios históricos de los avances, los romanos encontrarían pequeñas emboscadas y tendrían que asaltar algún castro, ya que  el grueso de las fuerzas habría sucumbido en Lancia.
Después de las operaciones, Carisio licenció parte de los veteranos de las legiones V y X, fundando la ciudad de Emerita Augusta (Mérida).
En el 24 a.C, los astures y cántabros conjuntamente ofrecen cereal a los romanos y tienden una emboscada a un ejército que iba a recogerlo, asesinando a todos los legionarios que deberían ser varias cohortes legionarias y auxiliares, pero Lucio Emilio y Carisio reaccionó con rapidez y contundencia, en poco tiempo arrasaron los campos indígenas,  destruyeron  poblados, ejecutaron o cortaron las manos a los guerreros destacados, esclavizó a los prisioneros, y obligó al resto de la población a abandonar los castros y vivir en el llano.
En el 23 a.C, no hay noticias, es posible que los guerreros huidos hostigaran a los romanos en los bosques y montes.
En el 22, los astures, hartos de la crueldad de Carisio, se sublevan con apoyo de los cántabros cortan la vía Carisa y asedian el campamento romano de Monte Curriel, ocupado mayormente por tropas auxiliares, cercanos a los 5.000 hombres, se dispusieron a aguantar la cometida de unos 15.000 astures y cántabros, que con gran violencia masacraron a la guarnición entera, fue una gran victoria para los autóctonos, Furnio acudió en su ayuda y encontró a los astures asediando otro campamento romano, donde les derrotó en una batalla campal. Los astures ya no volverían a ser capaces de movilizar ninguna fuerza, pues a todos sus hombres en edad de combatir se les cortaron las manos, fueron crucificados o esclavizados, con la cual se acabó definitivamente la Guerra Astur.
Roma mantuvo tres legiones vigilando el norte de Hispania, la VI Victirx en Braga, la X Gémina en Rosinos de Vidriales (Zamora) y la V Macedónica en Herrera de Pisuerga (Palencia). En el año 68 DC fueron reemplazadas por la VII Gemina acuartelada en León, con cohortes y vexilationes en Galicia, Asturias y Cantabria.

Revuelta Iliria (6-9)
La revuelta ilírica comenzó en el año 6, tras 15 años de ocupación romana y de aparente calma. La revuelta fue la consecuencia natural del grave descontento que se había incubado por la mala administración de los gobernantes, que habían oprimido a la población con tributos demasiado onerosos.
Las tribus de Iliria y de Panonia habitaban la mayor parte de lo que estaba hace poco conocido como Yugoslavia. En la cultura que parecen haber estado en su mayoría muy relacionado con los tracios, pero también había significativas e influencias celta y macedonia en su idioma, cultura y rasgos militares. Los panonios en particular, estaban en gran medida celtizados como lo estaban también sus vecinos a las tribus dacias.
Los ilirios eran predominantemente pastores, cazadores y guerreros de profesión. Su “pasatiempo nacional”, sin embargo, era la piratería marítima, especialmente a lo largo de las costas italianas. La República Romana luchó no menos de tres guerras para reducir la piratería de Iliria. Con la conclusión de la última de estas guerras en el año 168 AC, Iliria quedó efectivamente bajo la dominación romana, y se mantuvo tranquila durante casi dos siglos. Dió a Roma excelentes soldados, y tanto es así que, a comienzos de Nuestra Era, formaban el núcleo de las tropas auxiliares del Imperio. Eran hombres duros, acostumbrados a las penalidades de las montañas de lo que hoy es Bosnia.
No obstante, el descontento se había asentado hacía años en la región debido a la rapacidad de los publicani (agentes fiscales), y las siempre presentes voces de insurrección empezaban a encontrar partidarios.

Año 6 inicio de la rebelión
La revuelta se inició a principios del año 6. Los panonios e ilirios ya estaban inquietos y agitados por los excesos de los publicani o recaudadores de impuestos romanos. La gota que colmó el vaso fue cuando el emperador Augusto ordenó a varios regimientos de dálmatas (una tribu iliria famosa por su bravura) que se reunieran con su hijo adoptivo, Tiberio, a fin de iniciar una ambiciosa campaña en Germania.

Revuelta Iliria año 6. Comienzo de la rebelión

Tiberio estaba a punto de lanzar la segunda campaña contra los marcómanos en Germania. Marco Valerio Mesala Mesalino, el gobernador de Iliria, iba con él con la mayor parte de su ejército en Iliria y los locales se encargarían de proporcionar contingentes auxiliares.
Una tribu que vivía en el centro de Bosnia, las desitiates, habían reunido todos sus jóvenes para formar una cohorte auxiliar. Pero cuando vieron cómo muchos jóvenes guerreros estaban fuertes y entrenados, comenzaron a perder el respeto a Roma y sus demandas. Un guerrero que procedía de una casa noble, Bato, se levantó y se inspiró a sus compatriotas con discursos sobre la libertad contra Roma. Las semillas de la rebelión, que ya habían sido plantadas, de repente brotaron.
Los desitiates eran una de las tribus más numerosas de Iliria, y también eran los más aguerrido de los ilirios; sus vecinos eran los escordiscos, una tribu celta particularmente beligerante que había invadido Panonia en el siglo 3 a.C, y se había quedado en la región desde entonces. Pasaban su tiempo atacando Dacia y los asentamientos de Panonia para conseguir ganado y esclavos, pero eran capaces de formar bandas de guerra que ponían en aprieto a los comandantes romanos. Aunque la historia no nos dice mucho acerca de ellos, debieron haber sido un pueblo muy fuerte y aguerrido. Los rebeldes, viendo la oportunidad que se les presentaba, decidieron acudir al punto de reunión, pero en vez de sumarse a la fuerza romana enviada para escoltarles, se rebelaron infligiéndole una derrota.
Los desitiates no estaban solos en su insurrección. A ellos se unieron inmediatamente los panonios breucios, bajo el mando de otro cacique también llamado Bato.
Bato el ilirio sitió Salona, ​​mientras que Bato el panonio atacaba Sirmio. Ninguno de los rebeldes alcanzó nada en estos ataques iniciales.
Miles de jóvenes guerreros acudieron a las banderas de estos líderes rebeldes; algunos trajeron armas celtas, otros equipos romanos guerra y otros los simples hondas y porras de pastores. Sus filas se nutrieron con veteranos que ya habían servido en las filas de las auxilia romanas. De acuerdo con Velleius Patérculo, la población de las tribus que se rebelaron era más de 800.000. de los cuales 200.000 eran soldados de infantería y 9.000 de caballería, (estas cifras desde luego son exageradas). Estos ejércitos rebeldes formaron una peligrosa y potente combinación de expertos en la guerra de guerrillas, y expertos en las tácticas y equipos romanos y hablaban latín.
Tan agresivos y arrogantes eran esos ejércitos rebeldes, que Augusto y Tiberio temían que uno o ambos de los Batos estuvieran planeando una invasión de Italia. Bato el ilirio devastó asentamientos romanos en la costa del Adriático hasta el sur de Apollonia.
Tiberio, que todavía estaba tratando los términos de paz con el marcomano Maroboduo, así es que inmediatamente envió a Marco Valerio Mesala Mesalino gobernador de Iliria, que dejó sus operaciones contra los germanos y marchó para cerrarles el paso en caso de que decidieron invadir Italia. Bato el ilirio, en algún momento a finales de año 6, se enfrentó con Mesala y lo derrotó con un ejército de 20.000 efectivos que casi casi le igualaba en número, armamento y organización, pero era muy superior en espíritu y moral. Masala tras la derrota se retiró a la fortaleza de Siscia, en espera de la llegada de Tiberio.
Dión Casio afirma que Mesala poco después vengó esta derrota haciendo descuartizar muchos ilirios que habían caído en una emboscada.
Tras esta derrota, Bato el ilirio llevó a cabo una reunión con Bato el panonio y acordaron una alianza. Los ejércitos rebeldes juntos establecieron su cuartel general en Mons Alma en Panonia, cerca de Sirmio.
A lo largo del frente oriental, Bato el panonio de la tribu de los breucios, atacó Sirmio y su guarnición romana, pero Cecina Severo el legado de Mesia, lo sorprendió en el río Drava y lo derrotó justo a tiempo para evitar la pérdida de un fuerte tan importante para los romanos desde el punto de vista estratégico, no sin grandes pérdidas romanas.
Los romanos tenían, ahora, en manos de las fortalezas de Siscia y Srijem, pero todo el territorio que se extendía entre estos lugares y al sur de ellos, hasta el mar Adriático, estaba en manos de los rebeldes, mientras que Tiberio estaba regresando al final del año.
Los rebeldes no fueron atacados por los romanos, sino por Roemetalces era el rey cliente romano de Tracia en este momento; mandó un fuerte ejército de caballería que había sido entrenado y armado por oficiales romanos. Los tracios tuvieron éxito en derrotar a los rebeldes de Iliria y de Panonia, pero el intento posterior de Cecina Severo para perseguirles tras la victoria no tuvo éxito ya que tuvo que retirarse cuando recibió la noticia de que bandas de guerra sármatas y dacias estaban atacando Moesia. Así que acudió a hacerles frente, mientras que Tiberio y Mesala, que había establecido su cuartel general en Siscia se ocupaban de la revuelta. Tiberio estaba aparentemente inactivo, posiblemente tratando de dejar que el hambre y las luchas internas hiciesen la mayor parte de su trabajo. Posteriormente se demostraría que ésta era la táctica apropiada.
Bato el ilirio sitió Salona, ​​mientras que Bato el panonio atacaba Sirmio. Ninguno de los rebeldes alcanzó nada en estos ataques iniciales.
Miles de jóvenes guerreros acudieron a las banderas de estos líderes rebeldes; algunos trajeron armas celtas, otros equipos romanos guerra y otros los simples hondas y porras de pastores. Sus filas se nutrieron con veteranos que ya habían servido en las filas de las auxilia romanas. De acuerdo con Velleius Patérculo, la población de las tribus que se rebelaron era más de 800.000. de los cuales 200.000 eran soldados de infantería y 9.000 de caballería, (estas cifras desde luego son exageradas). Estos ejércitos rebeldes formaron una peligrosa y potente combinación de expertos en la guerra de guerrillas, y expertos en las tácticas y equipos romanos y hablaban latín.
Tan agresivos y arrogantes eran esos ejércitos rebeldes, que Augusto y Tiberio temían que uno o ambos de los Batos estuvieran planeando una invasión de Italia. Bato el ilirio devastó asentamientos romanos en la costa del Adriático hasta el sur de Apollonia.
Tiberio, que todavía estaba tratando los términos de paz con el marcomano Maroboduo, así es que inmediatamente envió a Marco Valerio Mesala Mesalino gobernador de Iliria, que dejó sus operaciones contra los germanos y marchó para cerrarles el paso en caso de que decidieron invadir Italia. Bato el ilirio, en algún momento a finales de año 6, se enfrentó con Mesala y lo derrotó con un ejército de 20.000 efectivos que casi casi le igualaba en número, armamento y organización, pero era muy superior en espíritu y moral. Masala tras la derrota se retiró a la fortaleza de Siscia, en espera de la llegada de Tiberio.
Dión Casio afirma que Mesala poco después vengó esta derrota haciendo descuartizar muchos ilirios que habían caído en una emboscada.
Tras esta derrota, Bato el ilirio llevó a cabo una reunión con Bato el panonio y acordaron una alianza. Los ejércitos rebeldes juntos establecieron su cuartel general en Mons Alma en Panonia, cerca de Sirmio.
A lo largo del frente oriental, Bato el panonio de la tribu de los breucios, atacó Sirmio y su guarnición romana, pero Cecina Severo el legado de Mesia, lo sorprendió en el río Drava y lo derrotó justo a tiempo para evitar la pérdida de un fuerte tan importante para los romanos desde el punto de vista estratégico, no sin grandes pérdidas romanas.
Los romanos tenían, ahora, en manos de las fortalezas de Siscia y Srijem, pero todo el territorio que se extendía entre estos lugares y al sur de ellos, hasta el mar Adriático, estaba en manos de los rebeldes, mientras que Tiberio estaba regresando al final del año.
Los rebeldes no fueron atacados por los romanos, sino por Roemetalces era el rey cliente romano de Tracia en este momento; mandó un fuerte ejército de caballería que había sido entrenado y armado por oficiales romanos. Los tracios tuvieron éxito en derrotar a los rebeldes de Iliria y de Panonia, pero el intento posterior de Cecina Severo para perseguirles tras la victoria no tuvo éxito ya que tuvo que retirarse cuando recibió la noticia de que bandas de guerra sármatas y dacias estaban atacando Moesia. Así que acudió a hacerles frente, mientras que Tiberio y Mesala, que había establecido su cuartel general en Siscia se ocupaban de la revuelta. Tiberio estaba aparentemente inactivo, posiblemente tratando de dejar que el hambre y las luchas internas hiciesen la mayor parte de su trabajo. Posteriormente se demostraría que ésta era la táctica apropiada.

Año 7 Germánico se dirige a Iliria
Augusto perdió la confianza en Tiberio y en Mesala para concluir la guerra por sí mismos, así que ordenó a su sobrino Germánico manumitir a miles de esclavos a fin de encontrar los soldados necesarios, circunstancia que no se daba desde la derrota romana a manos de Aníbal en la batalla de Cannas, acaecida 200 años atrás. Gracias a las disposiciones realizadas por Augusto, Roma fue capaz de poner sobre el campo de batalla a 10 legiones (50.000), 10.000 voluntarios veteranos romanos que se unieron a la causa, 14 alas auxiliares (8.000), y 70 cohortes de auxiliares (35.000), muchas de las cuales estaban compuestas exclusivamente por ciudadanos romanos. Estos eran hombres que Augusto consideraba por su condición o antecedentes inapropiados para formar parte de las legiones: ciudadanos nacidos en las clases más bajas, vagabundos, delincuentes o esclavos liberados (cuando a un esclavo se le liberaba, inmediatamente adquiría la ciudadanía romana). A estas unidades especiales se les otorgó el título de Civium Romanorum (de ciudadanos romanos). Cuando finalizó la revuelta iliria, estas cohortes permanecieron al servicio del Imperio y a cambio conservaron su ciudadanía. A las tropas reclutadas por Augusto, Germánico y Tiberio se unió un poderoso contingente de tropas procedentes de Tracia, cuyo monarca, Rometalces I era un rey amicus del Imperio. Con todo, el total de tropas que desplegó el Imperio para enfrentarse a los ilirios alcanzaba los 100.000 hombres.

Revuelta Iliria año 7. Germánico se dirige a Iliria

Mientras tanto, los rebeldes se volvieron cada vez más arrogante. Durante el invierno de 6-7, invadieron Macedonia, saqueando y quemando todo su camino. De nuevo fueron derrotados por los tracios, esta vez por un ejército bajo el mando conjunto de Remetalces y su hermano Raskiporis. La derrota fue un revés, y limitó la influencia de los rebeldes a sus provincias de origen, pero no hizo nada para paralizar el movimiento, o la resolución de los guerreros de Iliria.
Germánico llegó a Iliria a primeros del 7. Para sofocar la insurrección de un par de jefes bárbaros, Roma tuvo que emplear entre una tercera y una cuarta parte de su fuerza total. En términos de números y la logística, la revuelta de Iliria fue una de las guerras más épicas de la historia romana.
A las tres legiones de Cecina Severo gobernador de Mesia se unió Marco Plaucio Silvano, gobernador de Galacia y Panfilia con dos legiones (la IIII Escítica y la V Macedonica y V) este ejército estaba comandado por ambos y se concentró en Siscia, en el frente occidental.
El enemigo bajo el mando de los dos Bato, esperando al ejército romano le habían bloqueado el camino y esperaban vencerlos antes de que se uniesen a Tiberio. Y así, cuando la vanguardia del ejército romano avanzaba y la retaguardia aún no había abandonado el campamento, el enemigo cayó sobre ellos, siguiendo una táctica similar a la utilizada por Aníbal en la batalla Trasimeno. El ejército romano vaciló, pero finalmente se impuso una disciplina férrea y la tenacidad de las legiones romanas, y una posible derrota se transformó en una victoria. Esta fue la batalla de los pantanos Volcee al parecer en Moesia o muy cerca. Finalmente Cecina y Silvano pudieron conducir sus tropas a Siscia y unirse a Tiberio.
Tiberio estaba ahora en sus manos del valle del Sava, y sólo tenía que reforzarlo con fortalezas, para evitar que los rebeldes pudiesen unirse de nuevo, y luego vencería por separado.

Cohors VI Voluntariorum en Dalmacia durante la revuelta de Iliria del 6-9

En la segunda parte de Tiberio ese año, ordenó que varias columnas militares, atacasen simultáneamente en varios puntos al enemigo. Entre estos también participó Germánico, que derrotó y sometió a la tribu mazei de Dalmacia.
Al final de estas operaciones, en vista del inminente invierno, Tiberio ordenó que:
·       Cecina volviese a Mesia (quizás Nish) con dos legiones: la IIII Scythica y la V Macedonica una vez más para defender la provincia de las incursiones de los dacios.
·       Plaucio Silvano volvió a Sirmio con las legiones VII, VIII y XI Augusta.
·       Las cinco legiones restantes permanecieron con él para Siscia.

Los ilirios huyeron de toda batalla campal, en particular cuando sus filas eran disminuidas por la enfermedad, el hambre, y la deserción según la guerra se prolongaba. Eran maestros de la guerra de guerrillas, establecieron escondites en los bosques o en los pantanos, o en colinas fortificadas similares a los “castros” desde donde llevaban a cabo redadas. Varios miles de soldados romanos fueron abatidos por oponentes sin protección, armados tan sólo con hondas y jabalinas. Muchos de ellos ni siquiera pudieron ver al hombre que los mataba.

Año 8 final de la rebelión en Panonia
En el año 8 a los dálmatas y los panonios querían pedir la paz debido al hambre y las enfermedades, pero los rebeldes se lo impidieron, no tenían esperanza que los romanos respetaran sus vidas y continuaron resistiendo.
Después de otra batalla en el verano del 8, el ejército alrededor de Siscia, se movió rápidamente hacia el este, el 3 de agosto derrotó al ejército de Bato el panonio en lugar desconocido, posiblemente a lo largo del río Bathinus (actual Bosna), otras lo cual Bato el panonio y sus breucios se sometieron a Tiberio. En recompensa por su traición, Tiberio declaró a Bato como “Rey de los breucios” y amigo del pueblo romano.

Revuelta Iliria año 8. Final de la rebelión en Panonia

La deserción de Bato el panonio no iba a durar mucho. Su ejército fue derrotado y él mismo fue capturado por el Bato el ilirio. Llevado ante una asamblea de guerreros, y Bato el panonio fue tachado de traidor a la causa y condenado a muerte en el acto. Esto debió ocurrir en algún momento del verano u otoño del año 8.
La eliminación de este rey de Panonia no aportó nada a la causa de Roma. Todas las tribus de Panonia se levantaron con ferocidad sanguinaria, al parecer dirigida contra los romanos y contra los ilirios por igual. Un ex-cónsul y comandante militar, Marco Plaucio Silvano, fue enviado desde Roma para sofocar a los panonios mientras Tiberio y Germánico siguieron centrándose en Bato el ilirio y sus seguidores.
Silvano aplastó completamente a los breucios en una batalla campal, y aceptó la sumisión del resto de Panonia, suficientemente intimidados por la ferocidad con había tratado a sus compatriotas.
Tiberio penetró en Iliria-Dalmacia la guerra en esta difícil región fue llamada Bellum Dalmaticum, y fue meticulosamente preparada por Tiberio durante el invierno, dejando Lépido en Siscia, Silvano en Sirmio, Germánico al sur de los Alpes Dinaricos y Cecina e Mesia, regresando a Roma para pasar el invierno. Tiberio estaba ya seguro de que el año siguiente sería el año del éxito definitivo y la capitulación de los insurgentes.
Mientras tanto, la revuelta en Iliria-Dalmacia se fue marchitando. Los seguidores de Bato habían sido diezmados por brotes de peste, así como por la escasez de alimentos. Los soldados romanos estaban ahora recorriendo la mayor parte del país, matando y saqueando indiscriminadamente. Muchos ilirios desertaron de Bato, más preocupados por rescatar a sus seres queridos que en mantener la lucha.

Año 9 final de la rebelión en Dalmacia
Se reanudaron las hostilidades con el inicio del año, y Germánico, una vez más se distinguió por su valor y el sentido de mando, llevando a cabo algunas acciones militares de valor, tales como la conquista de las fortalezas de dálmata de Splono (posiblemente la actual Plevlje) y Raetinum. Los otros generales, como Marco Plaucio Silvano y Lépido se habían distinguido en la batalla, someter a la ciudad fortificada importante de Seretium y muchos otros lugares.
Augusto decidió volver a presentarse en Dalmacia, para dar un nuevo impulso a la guerra y llevarla a su fin. Tiberio, por su parte dividió el ejército en tres columnas:
·       La primera, encabezada por Marco Plaucio Silvano, se dirigiría al interior de Dalmacia, partiendo de Sirmio a lo largo del río Bosna.
·       La segunda, a cargo de Lépido partiría de Siscia y recorrería el río Glina.
·       La tercera, bajo su mando directo, junto con Germánico, seguiría el curso del río Urbas, en dirección a la fortaleza de Andretium (cercano Salona), donde Bato el ilirio se ocultaba.
·       Un cuarto ejército, bajo el mando del gobernador de Dalmacia, algunos Cayo Vibio Póstumo, limpiaría la costa Adriática de rebeldes.

Revuelta Iliria año 9. Final de la rebelión en Iliria

Germánico persiguió a Bato hasta la fortaleza de Adetrium, sitiándola. Tiberio se acercó Andretium y también se unió Lépido, asediando completamente la fortaleza.
Los defensores de Adetrium lucharon con valor desesperado, haciendo rodar carros y carretas llenas de piedras colina abajo contra las filas de los atacantes romanos. Los legionarios también se encontraron bajo constantes andanadas de piedras de honda, flechas y jabalinas, muchos de los cuales eran incendiarias.
Tiberio se aseguró la victoria atacando la colina desde varios puntos a la vez. No había suficientes efectivos en la fortaleza para repeler todos estos ataques al mismo tiempo. Adetrium cayó, y Bato y sus últimos irreductibles cayeron en manos de sus odiados enemigos romanos. Sería finales de agosto o principios de septiembre.

Asedio de Adetrium año 9 durante la revuelta de Iliria. Augusto contempla el asalto que se llevó a cabo por varios puntos a la vez. Autor Adam Hook

Secuelas
La victoria fue agridulce. La mayor parte de la población de Roma estaba de luto por alguien, padre o hijo, marido o amante. La conclusión nominal de la Guerra de Iliria, sin embargo, llegó con la noticia de la destrucción de la columna de Varo en el bosque de Teutoburgo, con la pérdida de la mayor parte de 20.000 vidas. Tras conocerse la noticia, la población de Roma se volvió frenética contra los inmigrantes alemanes y les masacró por los cientos; Augusto ordenó a los supervivientes, entre ellos su propia Guardia Germánica, abandonar la ciudad para su propia protección.
La provincia de Iliria se dividió en dos: Panonia en el norte, y Dalmacia en el sur. La mayor parte de las tribus habían perdido prácticamente la totalidad de sus hombres. Muchas de las viudas y los huérfanos no lloraron en las ruinas carbonizadas de sus casas y castros, sino en las jaulas y los mercados de esclavos. Las tribus de Iliria una vez que se había enriquecido fuera del comercio de esclavos en el Mediterráneo. Ahora que perdieron miles de sus hijos e hijas a la misma.
Los ejércitos romanos en Iliria actuaron con brutalidad casi sin precedentes hacia las poblaciones nativas. Pannonia sufrió especialmente bajo Plaucio Silvano, un comandante despiadado que parecía disfrutar con la destrucción y derramamiento de sangre para su propio provecho. Los soldados romanos sufrieron de falta de raciones y las condiciones miserables de vida en Iliria, y muchos de ellos no eran voluntarios, e hicieron pagar su con las mujeres y familias del enemigo.
Los pueblos ilirios sobrevivieron a este genocidio no oficial. Irónicamente, en el siglo III Panonia y Dalmacia fueron las principales zonas de reclutamiento del ejército romano, no sólo en la auxilia sino también en las legiones. Entre los años 268 y 379 casi todos los emperadores procedieron de esta región.
Bato tras su captura fue entrevistado por Tiberio, que le preguntó cuál era su motivación para la revuelta. Bato, el líder de una raza de pastores-guerreros, dio una respuesta acorde con sus orígenes y la cultura: “Ustedes los romanos son los culpables de esto, usted nos envía lobos para defender los rebaños, en vez de perros y pastores.”
Bato se salvó y fue enviado a un cómodo exilio, viviendo el resto de sus días en una villa en Rávena.


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