lunes, 9 de octubre de 2017

Capítulo 33 - Guerra de las Galias


La guerra de las Galias

Campaña contra los helvecios (58 a.C)
Cayo Julio César en el año 58 a.C, recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de Galia Transalpina (Galia Narbonense actualmente el sur de Francia) e Iliria (la costa de Dalmacia) durante cinco años, gracias al apoyo de los otros dos miembros del triunvirato, que cumplieron con la palabra dada. A estas dos provincias se añadió la Galia Cisalpina tras la muerte inesperada de su gobernador Quinto Cecilio Metelo que había sido cónsul en el año 60 a.C. El pueblo celta de los helvecios era una confederación de tribus, entre las más conocidas estaban los vervigenos y los tigurinos, que habitaba en aquella época en lo que aproximadamente hoy es Suiza y sus alrededores, es decir entre la orilla sur del río Rin, lo que los hacía vecinos de los germanos; el lago de Ginebra; los Alpes, que los separaba de los dominios romanos; y el monte Jura, que limitaba con el cantón de los galos secuanos.
Por razones que se desconocen, tal vez el cambio climático, la superpoblación o la presión de los germanos, hizo que 368.000 helvecios, de los cuales unos 100.000 serían guerreros, decidieran dirigirse al país de los galos sántonos al norte de Aquitania, a orillas del Atlántico, que ya conocían cuando acompañaron a los cimbrios y teutones durante la invasión anterior hacia 50 años; para ello o bien tenían que cruzar los montes Jura hacia el territorio de los secuanos, que presentaban un dificultad para el paso de los carromatos o bien seguir las orillas del Ródano y cruzar por el territorio de los alogroves, que era territorio bajo control romano, y que permitía mejores accesos. Eligieron esta última opción.

Antiguos helvecios discutiendo sobre su emigración

Resueltos a migrar con sus familias al completo, según César, “pusieron fuego a todas las ciudades, que eran doce, y a cuatrocientas aldeas, con los demás caseríos; quemaron todo el grano, excepto lo que podían llevar consigo, para que, perdida la esperanza de volver a su patria, estuviesen más dispuestos a las contingencias. Mandaron que todos se proveyesen de harina para tres meses. Indujeron a sus vecinos los rauracos, tulingos y latobrigos a que sigan su ejemplo, y quemaron las poblaciones para que se pusieran marcha con ellos”. Además, recibieron por compañeros a los boyos establecidos en el otro lado del Rin, que continuaban viviendo en la actual Bohemia, ya que en esos momentos invadían el país de los galos nóricos (al norte de los Alpes y el este de Recia) y sitiaban su capital.

Batalla de Ginebra
Cesar, que se encontraba aún en Roma, al conocer la noticia marchó inmediatamente a Ginebra, ciudad por donde tenía que pasar aquella oleada de gente y Cesar solo disponía de una única legión posiblemente la IX (4.800 hombres) y a marchas forzadas se dirigió a Ginebra. Al mismo tiempo dio la orden a toda la provincia de reclutar el mayor número posible de milicias, posiblemente logró reunir 15.000 infantes y 4.000 jinetes galos, ya que las otras tres legiones se encontraban en Véneto

Campaña contra los helvecios: Movimientos de fuerzas

La primera orden de César nada más llegar fue mandar a cortar el puente por la parte de Ginebra. Enterados los helvecios, mandaron inmediatamente, dos embajadores “de la gente más distinguida de su nación, dirigidos por Numeyo y Verodocio, para indicarle que su propósito era pasar por la provincia sin agravio de nadie, por no haber otro camino; que le rogaban no lo tomase a mal”.

César y los embajadores helvecios en el puente del río Ródano

Entonces para dar tiempo a que llegasen milicias solicitadas, dado que con sus 4.800 hombres no podía frenar a los 368.000 helvecios, respondió que se tomaría tiempo para pensarlo, y los citó nuevamente para el 13 de abril.
Evidentemente no podía plantear una batalla en la que la proporción sería de 20 a 1, así que puso a todos sus hombres a construir una línea defensiva que cubriera los 19.000 pasos (28 km) de distancia entre el lago Leman y el monte Jura. Con un foso tras la orilla del río, la tierra del foso apilada para formar un terraplén y sobre  éste un vallado de madera con torres y fuertes.

Legionarios romanos realizando tareas de fortificación a orillas del río Ródano. Autor Peter Connolly

Cumplido el plazo, y acabados los trabajos, César respondió a los embajadores helvecios que, “según costumbre y práctica del pueblo romano, él a nadie puede permitir el paso por la provincia, y que si ellos presumen abrírselo por sí, el tendrá de oponerse”.
Divicón jefe de los helvecios, tampoco había estado inactivo, así que había construido barcas y balsas para cruzar el río. Al recibir la negativa, lanzó a sus hombres sobre las defensas romanas en la margen del río. Lo hicieron por donde el río corría manso, y lo intentaron de día y de noche; pero siempre fueron repelidos gracias a la bien dispuesta defensa y fortificación romana. Tras varios intentos los helvecios desistieron y se retiraron buscando un paso menos complicado de cruzar.
Divicón mandó un enviado a los secuanos, una tribu gala que esperaba que tan formidable ejército le devolviera el favor destruyendo a sus enemigos los heduos aliados de Roma. El objetivo fue logrado, y previo intercambio de rehenes, iniciaron el paso.
César sabía lo sabía lo que haba ocurrido con la emigración de los címbrios y teutones que estuvo a punto de engullir a Roma y que solo fue frenada gracias al genio de su tío Mario.
Enterado César de lo resuelto entre helvecios y secuanos, dejó a su lugarteniente Tito Labieno al mando de las fortificaciones, marchó a la Galia Cisalpina, donde alistó dos nuevas legiones (XI y XII); sacó de los cuarteles de invierno otras tres (VII, VIII y X), que invernaban en los contornos de Aquileia (Véneto), reunió en Ocelum las cinco legiones (28.000 legionarios) más 4.000 jinetes galos aliados, y se dirigió en persecución de los helvecios.
Eligió volver a la Galia por el camino más corto. Esto es, cruzando los Alpes por el camino de Ocelum a los galos voconcios. Encontró cierta resistencia entre los galos montañeses de las tribus de los centrones, grayocelos y caturigos, y a los que derrotó. Tras siete días de marcha, entró en el país de los voconcios; desde allí conduce su ejército a los alóbroges, y de estos a los segusiavos, que eran el primer pueblo tras la frontera del Ródano.

Guerreros galos atacando. Autor Giuseppe Rava

Los helvecios mientras tanto habían pasado del país de los secuanos al de los ambarros. Según César, los helvecios habían llegado al país de los héduos aliados de Romo y que no podían hacer frente a los invasores y solicitaron la ayuda de César.

Batalla de Arar (Saona) 58 a.C
Al llegar al ro Arar (Saona), los helvecios se dispusieron a cruzarlo construyendo balsas, aunque eran tantos que el cruce duró veinte días. Lo cruzaron divididos en tribus, con lo que los guerreros quedaron divididos. Cuando quedaban por cruzar los tigurinos que disponían aproximadamente unos 10.000 guerreros, César, al frente de tres legiones llegaron al río a marchas forzadas, les cayó sobre ellos sin darles tiempo a reaccionar.
La velocidad del ataque, y lo sorpresivo de la aparición de las legiones, dejaron estupefactos a los tigurinos, que hicieron lo que pudieron y fueron aplastados, siendo el resto de sus camaradas tristes testigos de la masacre, no pudiendo hacer mucho en su ayuda. El azar quiso que fuesen los tigurinos, que años atrás se habían sido aliados con los címbrios.
El resto de los helvecios continuaron su marcha con la enorme lentitud. César mandó construir un puente y que, en un solo día, todo el ejército romano había cruzado el rio sin mojarse los pies. Pasaron 15 días los romanos siguiendo a esa gigantesca masa de gente a paso de tortuga, que para los legionarios no dejaba de ser más que un lento y apacible paseo. César cuenta que entre su vanguardia y la retaguardia helvecia haba una distancia entre 5.000 y 6.000 pasos (8 km). César quería que sus legionarios vieran con sus propios ojos a lo que iban a enfrentarse y que los helvéticos sintieran la presión. Se produjeron constantes escaramuzas entre las caballerías, en una de ellas, concluyó con los 4.000 galos de César perseguidos por los 500 helvecios. César se quedó de piedra al saberlo, pero inmediatamente comprendió que podía sacar partido de aquel revés y se dispuso a hacerlo, ya que ahora los helvecios estarían muy contentos con su “victoria“.

Batalla de Bibracte 58 a.C
Una noche César envió a Labieno a ocupar un cerro en muy buena situación, pero regresó inmediatamente para informar que los helvecios se le habían adelantado y le esperaban allí. Al día siguiente, puesto que la ciudad hédua de Bibracte estaba muy cerca, decidió encaminarse a ella para solucionar la escasez de trigo que tenía ya que sus aliados héduos no le aprovisionaban dándole toda clase de excusas, sabiendo que tardaría un día en dar de nuevo alcance a los helvecios. Pero éstos, envalentonados por su “victoria” contra la caballería gala, creyeron que César se retiraba huyendo y decidieron perseguirle. Al ver que los helvecios daban media vuelta, César decidió retirarse a un monte cercano donde posicionó a sus tropas a la espera del ataque helvecio. Los helvecios, muy seguros de repetir con los legionarios lo mismo que habían hecho con los jinetes galos, avanzaron en bloque compacto contra las líneas de César. Éste dispuso a sus tropas en el monte con las cuatro legiones veteranas en primera línea (VII, VIII, IX y X), tras ellas como reserva las dos legiones de novatos recién alistadas (XI y XII) y tras esta segunda línea el convoy de suministros romano con las alas protegidas por los auxiliares galos.

Batalla de Bibracte 58 a.C: Despliegue inicial

Los helvecios debían ser algo más de 70.000  y Cesar dice que formaron en una falange (posiblemente una formación compacta de gran profundidad).
Cuando los helvecios estaban a unos veinte metros de las líneas romanas, lanzaron las pila que atravesaron los escudos de madera y la primera línea tuvo que despojarse de los escudos César lo narra así: “Nuestros soldados, al lanzar sus pila desde un lugar más elevado, rompieron fácilmente la falange enemiga. Una vez descompuesta, desenvainando las espadas cargan sobre ellos. Una circunstancia obstaculizaba enormemente a los helvecios en el combate: y es que, atravesados y trabados los escudos de varios de ellos por un solo impacto, al haberse doblado el hierro del pilum ni lo podían arrancar ni podían luchar con comodidad, al tener la mano izquierda trabada y sujeta. Por lo que, muchos de ellos, tras largos forcejeos con el brazo, optaron por arrojar los escudos y pelear a cuerpo descubierto“.

Batalla de Bibracte 58 a.C: Primera fase

Rota la línea helvecia, los legionarios la terminaron de destrozar con sus formidables gladius hispanas provocando la retirada helvecia. En ese momento las dos legiones novatas entraron en combate espoleadas por la demostración de disciplina que los veteranos habían dado. Cuando los romanos empujaban a los helvecios hacia su campamento, una parte de ellos, César los estima en 15.000, flanquearon a la formación romana para atacarla por detrás. Pero las legiones romanas eran una máquina formidable. Ante esta nueva amenaza, la tercera línea de las legiones dio media vuelta e hizo frente al ataque helvecio que pronto fue desmantelado. Cesar lo narra así:
“Los romanos, haciendo girar su formación, formaron un doble frente: la primera y segunda líneas, por un lado, enfrentándose a los que ya habían sido vencidos y rechazados; la tercera, por el otro, sosteniendo el ataque de los que se incorporaban ahora al combate“.

Batalla de Bibracte  58 a.C: Segunda fase
Los helvecios, tras cuatro horas de terrible lucha e incapaces de sostener la formación, huyeron hacia su campamento, cuyo perímetro estaba protegido por los miles de carros que formaban su convoy. Los legionarios, pisándoles los talones, consiguieron asaltar el campamento por varios puntos en plena noche y los supervivientes, unos 130.000, escaparon. Entre la batalla del Arar y la que acababa de concluir los romanos habían matado a 238.000 helvecios.
Batalla de Bibracte 58 a.C Julio César al frente de la Legión X dirige el ataque contra los helvetios. Se distingue por la capa púrpura. Autor Mark Churms

César no quiso perseguir a los fugitivos porque prefirió dar un descanso de tres das a sus agotados hombres, enterrar a los muertos y cuidar de los heridos.
Los 130.000 helvecios siguieron sin detenerse, al cuarto día llegaron a la frontera de los galos lingones. César había enviado unos correos a los lingones, intimándolos a que “no los socorriesen con bastimentos ni cosa alguna, so pena de ser tratados como los helvecios”, y pasados tres días, marchó él mismo con todo su ejército en su persecución.
Los helvecios sufrían necesidades debido a la falta de todo tipo de provisiones, enviaron emisarios a César para pactar una rendición. César dictó sus condiciones: todas las armas deban ser entregadas, y también debían entregarse como rehenes los hijos de los jefes. 124.000 helvecios supervivientes fueron autorizados a volver a sus tierras.
Unos 6.000 hombres de la tribu de los vervigenos, no estaban de acuerdo con este pacto y se negaron a entregar las armas, abandonaron el campamento galo, y se retiraron en dirección al Rin, pensando que no sería notada su falta entre la multitud de prisioneros. No fue así. Enterado, César ordenó a todos aquellos por cuyas tierras estos huían, que fueran tras ellos y los hicieran volver. Y una vez traídos ante César, este comenta que ·se los trató como a enemigos”, es decir fueron hechos esclavos.
A continuación, a los helvecios, tulingos y latóbrigos les ordenó que volviesen a poblar sus tierras abandonadas, obligándoles a reconstruir sus ciudades. Y teniendo en cuenta que habían perdido todo, ordenó a los alóbroges que los proveyesen de granos.

Primera campaña contra los germanos (58 a.C)
Las constantes disputas de los diferentes pueblos galos por la supremacía habían llevado al enfrentamiento por un lado los heduos, amigos del pueblo romano, y por otro los arvernos y sus aliados los secuanos. Éstos decidieron pedir ayuda a Ariovisto rey de los suevos germanos. Los secuanos ganaron la contienda y aumentaron sus territorios y sus aliados, pero tuvieron que sufrir en sus carnes el férreo protectorado del germano. Los galos se unieron entonces con el único fin de destruir de destruir el poder de Ariovisto. En la batalla de Magetobriga (60 a.C) todos los galos fueron aplastados por el ejército germano que a partir de ese momento se hizo totalmente dueño de la situación.

Imperio del suevo Ariovisto 58 a.C antes de su enfrentamiento con Julio Cesar

Ariovisto, ya dueño de la situación, confisco un tercio del territorio secuano para mantener a sus gentes al tiempo que dio entrada a la Galia a más y más tribus con sus correspondientes cuotas de guerreros, una de estas tribus, la de los harudes (llamados posiblemente después de la batalla de Magetobriga), de 24.000 miembros, fue a instalarse en otro de los tercios del territorio que pertenecía a los secuanos, que no podían si no sufrir en silencio la humillación.

Guerreros germanos. Autor Giuseppe Rava

Los galos acudieron a Cesar para que los librase de los germanos, que se entrevistó con Ariovisto y le dijo que era deseo de Roma que devolviese a los héduos sus rehenes y diese la guerra por concluida y no diera acceso a la Galia a mas tribus germanas, si cumplía estas razonables peticiones habría paz, de lo contrario, la guerra sería inevitable.
El germano respondió, que tenía el mismo derecho que los romanos para posesionarse del territorio de los galos, y además, él también había sido llamado por otros galos, ofreciéndose a apoyar a Roma en todas las guerras a las que quisiese conducirle.

Campaña de Cesar contra los helvecios y germanos en el 58 a.C

Al mismo tiempo que negociaban, le llegan noticias de que un nuevo y masivo contingente de germanos cruzaba el Rhin por el territorio de los tréveros, César consideró que no puede perder más tiempo y decidió emprender la marcha rápidamente con la intención de evitar que ambos ejércitos pudiesen unir sus fuerzas.
Con la rapidez las legiones se pusieron en marcha hacia el Rin, a los tres días de haber salido de sus campamentos llegan las primeras noticias sobre la presencia de las huestes de Ariovisto. Se informó a César de que el germano se dirigía con su ejército a atacar la ciudad secuana de Vesontio (Besançon), una estratégica ciudad gala que el romano decide que no debe dejar caer en manos de Ariovisto, se hicieron marchas forzadas, y se adelantó a su enemigo, los secuanos no presentaron gran resistencia, la ciudad fue ocupada y en ella estableció César.
César permaneció durante varios días en Vesontio, para abastecerse y preparar la campaña, pronto llegaron a oídos de las tropas los rumores sobre las fuerzas enemigas, el tamaño de sus hombres, las cualidades como guerreros. Cesar tuvo que arengar a las tropas y se puso en marcha en dirección a la región en donde debía encontrarse con el enemigo.
El camino lo hizo dando un largo rodeo, no quería verse expuesto a una emboscada así que prefirió ir por la llanura aunque esto supusiese andar bastante más, al séptimo día de marcha, los exploradores localizaron el campamento enemigo que se encontraban los germanos a unos 40 km de distancia, los romanos acamparon al otro lado de la llanura en la que Ariovisto tenía su campamento, cerca de la actual Mulhouse.
Ariovisto levantó su campamento y avanzó, probablemente protegido por los bosques y colinas, hasta el propio campamento romano, lo rebasó y acampó a 3 km de su retaguardia, la intención de cortarle los suministros, César se limitó a desplegar su ejército ofreciendo batalla a su adversario, durante cinco días, los germanos no aceptaron el combate, Ariovisto tan solo despachaba la caballería con un número igual de infantes para escaramucear. No atacaba porque esperaban mejores augurios.
César se vio obligado a construir otro campamento para volver a tomar contacto con las líneas de aprovisionamiento, la tarea era ciertamente delicada, pues era posible que el rey germano aprovechase ese momento para desatar un ataque por sorpresa, Cesar alineó cuatro legiones para proteger las otras dos mientras trabajaban en la construcción del nuevo campamento. Ariovisto solo se limitó a un ataque diversivo con sus fuerzas ligeras (16.000 hombres) apoyadas por la caballería. Una vez finalizada dejó dos legiones y una parte de los auxiliares, suficientes para la tarea de proteger las líneas de abastecimiento, volviéndose al campamento principal con las otras cuatro.
Ariovisto levantó su campamento y avanzo, probablemente protegido por los bosques y colinas, hasta el propio campamento romano, lo rebasó y acampó a 3 km de su retaguardia, la intención de cortarle los suministros, César se limitó a desplegar su ejército ofreciendo batalla a su adversario, durante cinco días, los germanos no aceptaron el combate, Ariovisto tan solo despachaba la caballería con un número igual de infantes para escaramucear. No atacaba porque esperaban mejores augurios.
César se vio obligado a construir otro campamento para volver a tomar contacto con las líneas de aprovisionamiento, la tarea era ciertamente delicada, pues era posible que el rey germano aprovechase ese momento para desatar un ataque por sorpresa, Cesar alineó cuatro legiones para proteger las otras dos mientras trabajaban en la construcción del nuevo campamento. Ariovisto solo se limitó a un ataque diversivo con sus fuerzas ligeras (16.000 hombres) apoyadas por la caballería.  Una vez finalizada dejó dos legiones y una parte de los auxiliares, suficientes para la tarea de proteger las líneas de abastecimiento, volviéndose al campamento principal con las otras cuatro. 

Batalla de los Vosgos o de Ochsenfeld 58 a.C
Al día siguiente de nuevo César ofreció batalla a su adversario, encuentro al que el germano renuncio pero cuando había retirado a sus tropas a los campamentos, atacó campamento menor. El choque se alargó varias horas sin que los germanos pudiesen traspasar las trincheras romanas, ambos bandos sufrieron severas pérdidas.
Al día siguiente 10 de septiembre, decidió tentar definitivamente a los germanos al combate y al mismo tiempo obligarlos a combatir a desgana, avanzó en tres columnas con sus legiones en dirección al campamento enemigo, el cual, ante la ofensa de ver su campamento amenazado se vio así obligado a presentar combate. Salieron del campamento los guerreros germanos y se desplegaron para la batalla, César detuvo su avance y comenzó a desplegar a sus legiones para el inminente combate.

Despliegue Inicial
Fuerzas romanas y aliadas
Cesar disponía de 44.000 infantes: de los cuales 27.000 eran legionarios (6 legiones de la VII a la XII), 3.000 auxiliares arqueros y honderos, 5.000 infantes ligeros galos, 9.000 infantes galos, además disponía de 300 ballestas escorpión y 200 sabuesos de guerra. De caballería disponía de 6.000 jinetes (1.000 romanos y 5.000 galos)
Desplegó sus fuerzas de en un frente de unos 3,2 km de la siguiente manera:
·       Flanco izquierdo mandado por Cesar con las legiones X, XI y IX, de izquierda a derecha, así como auxliliares galos mandados por el héduo Dumnorix.
·       Flanco derecho mandado por Tito Lavieno con las legiones VII, XII y VIII, a la izquierda caballería gala mandada por el héduo Divitacus.
·       Reserva mandada por Publio Licinio Craso con los jinetes romanos e infantes ligeros.

Fuerzas germanas
En el campo de batalla los germanos presentaban un abrumador despliegue humano, una coalición de tribus suevas (de derecha a izquierda los harudes, marcomanos, tribocos, vangiones, nemetes, sedusios y suevos), desplegaban unos 60.000 guerreros (15.000 de élite fuertemente armados y 45.000 normales), “apoyados” los carromatos y sobre estos una masa de no combatientes de unas 120.000 personas, contaban con unos 9.000 jinetes que actuaban con infantes escogidos y que cogiéndose a las crines de los caballos, les seguían en la carrera. Si la situación era apurada los jinetes se replegaban sobre los infantes, y si un jinete caía, le rodeaban para protegerle; también había unos 800 jinetes montados sobre alces y 500 jinetes walkirias, mujeres guerreras jurados al sacerdocio de Woðanaz. Los caballos de los germanos eran pequeños y feos según la descripción de César.
Desplegaron de la siguiente manera:
·       Flanco izquierda: mandada por el rey Ariovisto con los suevos y sedusios, y caballería.
·       Centro mandado por el rey Mallomar de los marcomanos con los marcomanos, nemetes y vangiones.
·       Flanco derecho mandado por el rey Alarbo de los hérulos con los hérulos y tribocos así como la mayor parte de la caballería.

Batalla de los Vosgos o de Ochsendfeld 58 a.C, despliegue de fuerzas

Ariovisto conocía la técnica de combate de las legiones romanas, y a juzgar por su comportamiento posterior le preocupaba sobre todo la temible capacidad destructiva de los pilum romanas. Por ello, al comenzar el ataque, los germanos no recurrieron a la usual formación en cuña para golpear aquí y allá el dispositivo romano, esta vez ordenó a sus huestes que, al llegar a la distancia de lanzamiento de las armas arrojadizas, saliesen a la carrera contra las líneas romanas para, de esta forma, escapar, al menos las primeras líneas, de la letal nube de pilum.

La batalla
Una vez desplegados los ejércitos César dio la orden de avanzar, el flanco derecho romano comenzó a caminar en dirección al frente formado por las tribus germanas, que se alineaban por naciones, y que aparentemente aguardaban el asalto romano, César había observado que este flanco era el más débil, por ello ataco en primer lugar en dirección a este sector. Cuando Ariovisto consideró que los romanos se habían acercado lo suficiente dio la orden de ataque, toda la masa compacta compuesta por esas decenas de miles de guerreros se lanzaron en una frenética carrera contra las filas romanas que, como el germano había previsto, no pudieron hacer uso de sus pila, el choque fue sin duda terrible, y siguiendo con la táctica previamente dispuesta por el rey germano, formaron una especie de compacto testudo (tortuga) con sus escudos, miles de guerreros unieron así sus fuerzas para presentar al enemigo una invulnerable formación de choque que intentaba, gracias a esta insólita protección, romper las líneas adversarias al tiempo que se protegían de la inevitable lluvia de proyectiles que caerían sobre sus cabezas. La línea romana sostenía con dificultad pero con resolución aguantaron el primer empuje germano.

Romanos y germanos luchando cuerpo a cuerpo. Autor Giuseppe Rava

El ejército de César aguantó en el centro y en el flanco izquierdo que era el más fuerte y por donde habían atacado los suevos, pero en el flanco derecho romano de Tito Lavieno, llego a imponerse al izquierdo germano, llegó un momento en que estos no podían avanzar más o romper el frente de batalla romano, entonces, una serie de valientes legionarios decidieron saltar sobre el testudo (tortuga) que formaban los germanos con sus escudos y comenzar a arrancarlos con sus manos mientras sus compañeros empuñando el gladius hacían una verdadera escabechina, los germanos que portaban espadas largas eran inútiles en el cuerpo a cuerpo. A medida que la batalla se prolongó, Tito Labieno dio las órdenes a cada legado para que la segunda línea relevase a la primera, dando un respiro a los hombres exhaustos de la primera línea. Estos atacaron con nuevo ímpetu y los germanos no aguantaron mucho tiempo el empuje de sus rivales, por lo que pronto se propago el pánico en la formación germana, esta se deshizo y comenzó la huida.
En el ala derecha romana, la caballería gala era superada en número y los combates en terreno boscoso era favorable a los teutones. Pero consiguieron detenerlos y evitar el envolvimiento.
En el flanco izquierdo romano, Cesar había tomado la precaución de realizar fortificaciones de campaña el día anterior. Una zanja poco profunda y estacas de madera afiladas, permitió que los auxiliares y guerreros galos estacionados allí pudieran defenderse de los ataques germanos, mientras los proyectiles de los honderos baleares, las flechas de los arqueros y las jabalinas detenían a los germanos, pero un grupo consiguió romper la línea y amenazaba el flanco derecho de la legión X, Cesar envió dos cohortes para cerrar la brecha.
Era el momento en Ariovisto había estado esperando. Había sacrificado miles de sus guerreros, pero al final el flanco izquierdo romano estaba empezando a resquebrajarse. Fue en este momento que se dio la orden de emplear su arma secreta: los berserkers mandados por Sigurd o “el martillo del Demonio”, eran unos 200 hombres muy fuertes que tomaban un brebaje que los hacía muy agresivos y blandían enormes martillos; los jefes rivales solo podían tener una docena de ellos.

Batalla de los Vosgos o de Ochsendfeld 58 a.C, ataque de los berserkers mandados por Sigurd o “el martillo del Demonio”, eran hombres grandes pero no gigante como en la imagen. Autor Brian Snoddy

Sigurd acometió y a pesar de haber sido alcanzado por la flecha de un escorpión, dos pila, cuatro flechas, y haber sido apuñalado una docena de veces en combate cuerpo a cuerpo; sin embargo, estas lesiones no parecían molestar al hombre bestia en lo más mínimo, ya que todavía tuvo fuerzas suficientes para matar sin ayuda al menos 40 hombres (25 de los cuales eran galos). Entre las víctimas de Sigurd se encontraba el centurión Publio Pisón, Primus Pilus de la X Legión, finalmente un tal Titus consiguió cortarle el tendón de Aquiles y el gigante se desplomó, siendo rematado.
Viendo las brechas que habían producido los berserkers, el joven oficial Publio Craso, que a la sazón mandaba una unidad de caballería de la reserva, tomó la acertada decisión de mandar sus jinetes en apoyo del sector amenazado con tanto éxito, que no solo fueron detenidos los germanos, si no rechazados y puestos en fuga.
La línea de batalla germana se desmorona rápidamente, sus mejores guerreros habían caído, y el espíritu de su ejército se había roto. Ariovisto se dio cuenta de que la batalla estaba perdida, y llamó a sus pocos guerreros supervivientes, exhortándolos a seguirlo.
El resto de los guerreros se dirigió a refugiarse al campamento, sin embargo, su retirada estaba bloqueada por su propio tren de carros, animales de carga, y sus propias familias, que se defendían desde los carros. Sorprendentemente, en esta etapa de la batalla, fueron las mujeres germánicas que tomaron las riendas de sus maridos, valientemente luchando contra los romanos que avanzan, a veces sin más armas que sus uñas de las manos, y todo el tiempo gritando.
Fue el centurión Marco Pulcro, Primuspilus de la VII Legión, quien entró primero en el campamento teutónico, descubriendo que a pesar de su ferocidad, las mujeres germanas eran humanas, y tras él, el resto de su legión consiguió entrar.
Junto con Mecio y Procilo, Craso que también se encuentra un par de docenas de los rehenes heduos y secuanos en poder de Ariovisto, la más destacada entre estos prisioneros era Xenia, hija de Diviciaco. Entre los muertos en el campamento se encontraban las dos esposas de Ariovisto, y una de sus hijas, la otra sería capturada por los jinetes héduos.

Caballería gala en acción. Autor Giuseppe Rava

Durante más de 25 kilómetros, hasta el mismo Rin, los fugitivos suevos fueron perseguidos por la caballería galo-romana, Ariovisto pudo cruzar el rio y ponerse a salvo mediante una barca que le estaba esperando, pero se cuenta que murió poco después a causa de las heridas sufridas durante el combate.

Secuelas
Las bajas de los romanos y aliados fueron 6.000 (3.000 muertos y 3.000 heridos), las bajas de los germanos fueron unos 35.000 guerreros y otros tantos civiles. El resto se dispersó y huyó.
En conjunto, más de un centenar de hombres ganaron condecoraciones y honores de ese día, Tito Romulo Leonino fue condecorado con la Corona Aurea (corona de oro) por su notable valor y habilidad al matar al berserker Sigurd y mantener la línea, Publio Craso por su carga de caballería oportuna que le había salvado la Décima, así como Mecio y Procilo prisioneros romanos de Ariovisto, por haber sobrevivido a su terrible experiencia. Xenia fue galardonada por su valor y resistencia. El resto de los soldados en el ejército se les prometió acciones en cualquier botín que había que ser tenía (de los cuales no había suficiente para todos, como el tesoro del rey alemán incluido un buen cuatro años más o menos el valor de botín acumulado y el tributo tomado de la galos). Una vez que los hombres hubieron descansado, los heridos atendidos, y los muertos cremados con los ritos y honores adecuados, el victorioso ejército romano a continuación, se dirigió de nuevo a Vesontio, donde serían aclamados como héroes y libertadores por los pueblos agradecidos de los héduos, los secuanos, y el resto de la Galia.
El primer enfrentamiento se saldaba con una completa victoria romana, sin embargo, la marea germana distaba mucho de recular, el propio César intervendrá varias veces más para detener y rechazar a las sucesivas tribus que amenazan con pasar al interior de la Galia.
Se aproximaba el invierno, por lo que César dejó las tropas en el país de los secuanos y bajó a la Galia Cisalpina para saber qué ocurría en Roma por esos días y ponerse al día con tareas administrativas.
Durante el descanso invernal armó dos legiones nuevas: la XIII y la XIV. Promocionó nuevos oficiales y los mezcló con algunos veteranos de otras legiones e inmediatamente comenzó el entrenamiento físico y militar para mantener la disciplina y seguir órdenes durante una batalla.

Campaña contra los belgas (57 a.C)
Al saber de las victorias romanas en el año 58 a.C en Bibracte contra los helvecios y en Los Vosgos contra los suevos de Ariovisto las tribus belgas decidieron unirse con el fin de evitar el sometimiento a los romanos.
Se decidieron a formar un ejército poderoso para derrotar a los romanos cada tribu debía aportar fuerzas: los belovacos, la más numerosa y fuerte 60.000, los suesonios 50.000  y además su rey Galba ostentaría el mando supremo, los nervios 50.000, los atraves 15.000, los mórinos 25.000, los atúaticos 29.000, los ambianos 10.000, los cáletes 10.000, los menapios 10.000 y otras tribus 50.000, en total unos 300.000; cifra que proporciona Cesar que está muy inflada para la población de aquella época.

Campaña de Cesar contra los belgas en el 57 a.C

Los romanos tenían que reaccionar pronto si no querían ver reducidas sus opciones de victoria frente a un ejército tan numeroso. César recibió la noticia como un regalo de los dioses, pues eso le permitía tener una excusa para seguir sus campañas en la Galia y saciar su sed de gloria y guerra. En 15 días se presentó en la frontera belga con 10 legiones, unos 60.000 hombres. Allí recibió una embajada de la tribu belga de  los remos, que no querían participar de la conjura masiva de las tribus vecinas y que se pusieron a disposición de los romanos. César se aseguró su fidelidad tomando como rehenes a los hijos de las familias más poderosas de la tribu.

Batalla del río Axona o Aisne 57 a.C
Cesar cruzó el río Axona y estableció el campamento al otro lado, dejando 6 cohortes en un fuerte para asegurar el puente a las órdenes de Quinto Titurio Sabino. El ejército belga estaba asediando la ciudad rema de Bibrax o Bibracte, cuya población envió un mensajero a Cesar pidiendo socorro. Cesar envió parte de sus auxiliares, arqueros númidas y cretenses, honderos de baleares, que aprovecharon la noche para entrar en Bibrax. Después de esto, los belgas abandonaran su asedio de la ciudad y acamparon su ejército a 3 km del campamento de César. Aunque era reacio a presentar batalla al principio, algunas pequeñas escaramuzas de caballería entre los campamentos, en especial los tréveros que eran vecinos de los belgas y dieron a César la impresión de que sus hombres no eran inferiores a los belgas, de manera que decidió presentar batalla.
Como las fuerzas de César eran superadas en número y por lo tanto corrían el riesgo de ser rodeadas por los flancos, hizo que su ejército construyera dos trincheras, cada una de 400 pasos de largo, una a cada lado de la llanura por delante del campamento romano. Al final de estas trincheras, César hizo que se construyeran pequeños fuertes en los que colocó su artillería. Entonces, dejando a las legiones más bisoñas la XIII y XIV como reserva en el campamento, llevó a las otras seis (VII, VIII, IX, X, XI y XII) en orden de batalla, y el enemigo hizo lo mismo.

Batalla del río Axona o Aisne 57 a.C, despliegue de fuerzas belgas y romanas

Se entablaron algunas escaramuzas de caballería, pero los belgas no se movieron, dado que para atacar a los romanos, debían atravesar una pequeña zona cenagosa a ambas orillas del río Miette afluente del Axona y luego atacar cuesta arriba, lo que suponía darle una enorme ventaja al contrario. En lugar de ello, parte de las tropas belgas intentaron vadear el Axona para atacar el fortín defendido por Titurio y destruir el puente, a fin de cortar la retirada romana y privarles de suministros. Pero el procónsul reaccionó de inmediato y mandó unidades a cortar el paso, y Cesar envió a su caballería e infantería ligera (arqueros y honderos) pasaron por el puente, y atacaron por ambos flancos las fuerzas que estaban intentando vadear el ría Axona, que rápidamente se dieron a la fuga y muchos fueron muertos.
Desanimado por el atrevido ataque de los hombres de César, y por su consecuente incapacidad de tomar el campamento al asalto o bloquear a los romanos de impidiéndoles cruzar el río, las fuerzas belgas se retiraron a su campamento.
Entonces, convocando un consejo de guerra. Se acordó que cada cual volviera a su tierra y que desde todas partes se reunieran para defender a los primeros a cuyo territorio llevasen los romanos su ejército.

Galos atacando a los romanos. Autor Ángel Todaro

La retirada se hizo en total descoordinación, casi una huida: al anochecer, cada cual se puso en marcha, sin orden ni concierto, alertando con la algarabía a los romanos que, además, tenían espías dentro del campamento enemigo que les comunicaron lo que ocurría. Aun así César, temiendo una emboscada y para evitar el combate nocturno, siempre confuso y complicado, esperó al amanecer para lanzarse en su persecución, una vez que sus exploradores confirmaron la retirada enemiga. La caballería y el legado Tito Labieno con tres legiones dieron alcance a la retaguardia belga, y se produjo gran mortandad al romper filas el enemigo y buscar su salvación cada cual. César había quebrado la coalición belga.
Sin dilación, el procónsul romano aprovechó la desbandada y, a marchas forzadas, se presentó aquel mismo día delante de la capital suesiona, Noviodunum, pues había oído que disponía de pocas fuerzas. Pero no pudo tomarla, gracias a su ancho foso y elevadas murallas, con lo cual se aprestó a fortificar su campamento y a preparar el asedio, construyendo manteletes, torres y una rampa.
Entretanto, los fugitivos del ejército suesión aprovechando la noche, entraron en la plaza, pero, desmoralizados ante el despliegue romano y aprovechando la intercesión de los remos, se rindieron y entregaron armas y rehenes.
Inmediatamente, se puso en marcha hacia la principal plaza belóvaca, Bratuspancio, pero, antes siquiera de alcanzarla, ésta envió su rendición. Esta vez fue el druida Diviciaco quien intercedió por los belóvacos, a los que unían lazos de clientela con los héduos. Otra vez se tomaron rehenes y armas, y el ejército romano continuó hacia el territorio ambiano, alcanzando su capital, Samarobriva, y aceptando también su rendición.

Batalla de Sambre o Sabis (57 a.C)
Pero no todos los belgas iban a doblegarse tan fácilmente. Al noreste del territorio ambiano habitaban los nervios, que reprochaban al resto de belgas su cobardía. Reacios a la influencia de Roma, no consentían recibir importaciones mediterráneas, sobre todo vino, por considerarlo debilitador.
El ejército romano se internó en territorio nervio con 8 legiones (40.000), 8.000 auxiliares y 4.000 jinetes celtas aliados. Al tercer día, César supo por prisioneros que los nervios le esperaban a unos 15 km de distancia, al otro lado del río Sabis (Sambre). Junto a los nervios que eran unos 60.000 habían acudido los atrebates unos 15.000 y los viromanduos unos 10.000, y estaban esperando también a los atuátucos que estaban en camino. Los nervios habían refugiado a sus no combatientes en un lugar inaccesible, entre pantanos.
César envió exploradores y a algunos centuriones delante del ejército, para buscar un emplazamiento adecuado para el campamento.
Localizaron una colina en la ribera del Sabis (Sambre), que descendía hasta el río suavemente, y frente a la cual, al otro lado del cauce, se levantaba otro ribazo, descubierto en sus primeros 300 metros pero después poblado por un tupido bosque. Salvo algunos destacamentos de caballería que patrullaban la orilla opuesta, no había rastro de los nervios.
César envío por delante a su caballería, detrás 6 legiones y detrás la impedimenta con otras dos legiones que eran más bisoñas.
La caballería, los honderos y arqueros auxiliares cruzaron el río, que tenía cerca de 1 metro de profundidad, para ahuyentar a la caballería belga y actuar de cobertura mientras las legiones construían el campamento.
Las seis legiones llegaron a la colina elegida y, empezaron la fortificación del campamento. A parte de la caballería y los infantes ligeros, César no dispuso una línea de legionarios cubriendo el trabajo de sus compañeros, como había hecho en anteriores ocasiones.
Los belgas salieron del bosque en tromba, rechazando fácilmente a la caballería e infantes ligeros romanos que pudieron dar la alarma, y cruzaron con ese mismo ímpetu el río Sabis.

Batalla del río Sambre o Sabis 57 a.C: los belgas cruzan el río Sabis (Sambre), derrotan a la caballería y tropas ligeras que daban cobertura y atacan a los legionarios que estaban construyendo el campamento. Autor Wayne Reynolds

En el flanco izquierdo iban los nervios mandados por su rey Boduognato, en el centro los viromanduos y a su derecha los atrebates. Se enfrentaron respectivamente a las legiones VII y XII del flanco derecho, la VIII y XI del centro, la X y IX del flanco izquierdo romano.

Batalla de río Sambre o Sabis 57 a.C primera fase: ataque de los belgas y defensa apresurada de los romanos

Los romanos se vieron sorprendidos por lo súbito del ataque e inmediatamente dieron las señales de alarma con las tubas, para llamar a las armas e intentar formar una línea de batalla. Ante la inminencia del ataque y la imposibilidad de recoger su equipo completo, algunos soldados romanos que se hallaban en la construcción del campamento se dispusieron a la defensa del mismo, y entablaron combate sin casco y utilizando la pala o la dolobra (zapapico) como arma.
En el flanco izquierdo, los legionarios de la X y IX, con una salva de pila a los atrebates, que tras cruzar el río debían subir colina arriba. Esto los desorganizó, y la feroz carga de los legionarios hizo que retrocedieran, intentando plantar cara al otro lado del cauce, aunque también de allí fueron desalojados.
En el centro, las legiones XI y VIII recibieron de igual forma a los viromanduos que combatían contra ellos en la orilla del Sambre (Sabis).

Batalla del Sambre o del Sabis 57 a.C. Contraataque de la Legión VIII. Un centurión de la Legión VIII dirigiendo un contraataque contra los viromanduos. Autor Mark Churm

Batalla del río Sambre o  Sabis 57 a.C. Contraataque romano. Las legiones del centro VIII XI y las de la izquierda IX y X contraatacan y hacen retroceder a los galos hasta su campamento. Autor Peter Connolly

Pero las cosas eran distintas en flanco derecho. El jefe de los nervios, Boduognato, lanzó a una parte de sus guerreros, en formación cerrada, contra las legiones XII y VII, mientras que otros intentaron rodearlas por la derecha. Éstos penetraron en el campamento romano a medio levantar y rechazaron a la dispersa caballería y tropas ligeras que había buscado refugio allí, además del personal no combatiente como criados y esclavos de los legionarios.
Los jinetes auxiliares tréveros, viendo cómo se desarrollaba la batalla, creyeron completa la derrota romana y volvieron grupas.

Batalla del río Sambre o Sabis 57 a.C, segunda fase contraataque romano en el centro e izquierda y ataque de los nervios en la derecha

César acudió a la zona de la Legión XII, que según cuenta el propio César, muertos los centuriones y el abanderado de la 4ª cohorte, perdido el estandarte, heridos o muertos casi todos los centuriones de las demás cohortes, el resto de los legionarios se mostraban remisos a la lucha, y que otros muchos se contentaban con evitar los dardos del enemigo.
César cogió el escudo a uno de los que huía y, por entre la masa humana que obstruye el paso, se adelanta hasta la primera fila. Una vez allí, arenga a sus tropas, dio la orden de abrir las filas para evitar el apelotonamiento y poder usar las gladius, y dio la orden a la Legión VII, que había quedado aislada, que se aproximase para formar un cuadro para protegerse mutuamente la retaguardia. Aprovechado que los nervios debieron retroceder para recuperar reagruparse antes de volver a la carga, la legión XII se aproximó a la VII y se juntaron por la retaguardia de ambas para evitar el ataque nervio por la espalda.

Batalla del río Sambre o Sabis 57 a.C. Julio Cesar al frente de la Legion XII. En el momento clave de la batalla, cuando los nervios están a punto de quebrar las líneas de la legión XII, El jefe nervio Boduognato encabezó a sus guerreros, protegido con una cota de malla y un casco de hierro de tipo Agen con reborde y  carrilleras, su escudo oval cuenta  un umbo y no lleva espina. La mayoría de los romanos están sin su yelmo, Julio Cesar lleva una coraza anatómica cogió un escudo caído y gladius en mano anima a los hombres de la Legión XII. Autor Ágel García Pinto

Tras hacer huir a los atrebates, Tito Labieno que había conducido a las legiones X y IX hasta el campamento belga, en la cima de la colina al otro lado del río Sabis y, viendo desde allí cómo se desarrollaba la batalla, ordenó a la Legión X descender a la carrera para socorrer a sus compañeros, y atacar a los nervios por retaguardia.
El sobrino de César, que con las legiones XIII y XIV se dirigían al campamento romano escoltando los convoyes de víveres, se topó con los jinetes en fuga, que le informaron de la situación. Rápidamente agrupó a sus hombres y se lanzó a paso ligero en auxilio de su tío. Atrapados por todas partes, estos vendieron cara su vida, sufriendo pérdidas tremendas (según César sólo sobrevivieron 500 de los 60.000 guerreros).

Batalla del río Sambre o Sabir 57 a.C, tercera fase: ataque de la Legión X y ataque de la Legión XIII

César ante lo desesperado de la situación mando formar a la XII y VII en cuadro aprovechado que los nervios debieron retroceder para recuperar reagruparse antes de volver a la carga, la legión XII se aproximó a la VII y se juntaron por la retaguardia de ambas para evitar el ataque nervio por la espalda.
Batalla del Sambre o de Sabis 57 a.C. Boduognato, líder de los nervios, rendido y humillado ante César tras la batalla. Autor Yannick de Smet

Expedición de Galba al país de los veragros
En el otoño del año 57 a.C, Servio Sulpicio Galba fue enviado con la legión XII Fulminata y parte de la caballería, que regresaban de la Galia Bélgica, para abrir un camino a través de las montañas con el fin de mantener una ruta comercial a través de los Alpes y los aborígenes de Mont-Joux (Gran San Bernardo).
Galba abandonó el territorio de los alóbroges en el extremo oriental del lago de Ginebra, y se adentró en el país de los nantuates. Después de algunos combates y capturar varias fortalezas, se firmó la paz con los nantuates. Dejó detrás dos cohortes de acantonamiento y continuó hasta territorio de los veragros. Alcanzado el río Vicus cerca de Octoduro (la actual Martigny). La ciudad estaba separada por el río en dos partes, ocupó ambas y comenzó a instalar su cuartel de invierno en la orilla derecha. Tras tomar la ciudad pasó a controlar la región y hacerse con el paso estratégico del Gran San Bernardo.

Guerreros galos veragros

A los pocos días después de la instalación del campamento, ante el asombro de los romanos (que habían tomado la precaución coger a muchos niños como rehenes), los exploradores de Galba anunciaron que los aborígenes de la izquierda del río Vicus se habían levantado.
Una multitud de guerreros veragros, con la ayuda de sus vecinos sedunos, habían salido de las colinas y hostigaban el campamento romano con sus flechas. Después de seis horas de batalla, los galos casi habían tomado el lugar. Las tropas romanas estaban agotadas y con las pilas agotadas, decidieron realizar una salida por sorpresa de la fortaleza, cogiendo a los galos totalmente desprevenidos y los obligaron a huir, dejando 10.000 bajas y posteriormente quemaron las casas del pueblo. Ante el temor de que sus enemigos se estuvieran reorganizando después de la batalla de Octodure, y esperando nuevos ataques en el invierno, los romanos retrocedieron a tierra de los alóbroges.

Batalla de Octodure 57 a.C. El campamento de la legión la XII Fulminata, bajo el mando de Sulpicio Galba, fue atacado por los galos veragros y sedunos, una salida de las fuerzas derrotó a los sitiadores.

Campaña contra Bretaña y Aquitania (56 a.C)
Publio Craso con la Legion VII, fue enviado a reconocer el oeste, estableció sus cuarteles de invierno en Cenabum en el país de los cornutes y otro en Turonum en el país de los turones, ambos en las orillas del río Liger (actual Loira), no lejos del Océano. Por carecer de granos aquel territorio, despachó a las ciudades de las comarcas cercanas a algunos prefectos y tribunos militares en busca de provisiones. De éstos Tito Terrasidio fue enviado a los esuvios, Marco Trebio Galo a los curiosolites, Quinto Velanio con Tito Silio a los vénetos.
Los vénetos fueron hostiles y arrestaron a Silio y Velanio, obligando al resto de las tribus a hacer lo mismo. Los confinantes arrestaron a Trebio y Terrasidio. Enviaron una embajada a Craso exigiendo la retirada romana a cambio de la liberación de los rehenes.
La tribu de los vénetos habitaba en la región de Armórica (la actual Bretaña), era el más poderoso de los que allí moraban. Se asentaron en el sur del territorio, a lo largo de la bahía de Morbihan o golfo Quiberón, donde habían construido fortalezas costeras a las que la marea transformaba en islas. Su ciudad más importante era Darioritum (actual Vannes). Controlaban el comercio en la región y con Britania, por lo que consiguieron una riqueza tal que poseían moneda propia.
Esta tribu había reunido una confederación de tribus para combatir a Roma, entre los que se encontraban los osismos, lexovios, námnetes, ambiliatos, mórinos, diablintes, menapios y britanos.

Campaña de Cesar en la Galia en el 56 a.C contra Bretaña y Aquitania

César se encontró con la rebelión total de la casi totalidad de las tribus costeras del noroeste de la Galia. En esos momentos se encontraba en Italia creyendo que la Galia se hallaba en paz, enterado ordenó la construcción de una flota en Andium (Nantes) a orillas del río Liger (Loira) que desemboca en el océano Atlántico y movilizar hasta allí a los marineros.
Conscientes del poderío romano que enfrentarían, los galos tenían a su favor sus barcos, adaptados a las duras condiciones navales del Atlántico, la falta de preparación de los romanos y su mejor conocimiento de la geografía local, que incluía un alto número de islas que servían de refugios y puertos protegidos de las fuerzas terrestres por las mareas altas y de las flotas navales por las mareas bajas, las ciénagas y marismas.
El Cesar llegó a la Galia en abril y envió a sus tropas a diversos puntos de la región para impedir la expansión de la rebelión:
·       Tito Labieno: fue enviado con la caballería al territorio de los tréveros para evitar una rebelión en la Galia Bélgica.
·       Publio Craso: con doce cohortes y parte de la caballería fue enviado a Aquitania para evitar que desde aquella región se enviaran guerreros y suministros a los rebeldes.
·       Quinto Titurio Sabino: con tres legiones a pacificar a los lexovios, coriosolites y unelos.
·       Décimo Junio Bruto Albino: quedó a cargo de la flota que enfrentaría a los vénetos.

Los pictones, sántonos y otros pueblos enviaron tropas a apoyar la campaña romana. César marchó con sus tropas al sur de la Armórica a unirse a Junio Bruto. Las ciudades de los vénetos estaban en promontorios fortificados, inaccesibles por tierra y muy difíciles por mar. Aunque César tomo varios fuertes lo vénetos se retiraban por mar en cuanto veían que no podían defenderlos, llegando a una nueva fortaleza, lo que llevó a César a entender que necesitaba el dominio del mar.

Batalla de Morbihan o del Golfo de Quiberón 56 a.C
Se inició una frustrante campaña terrestre en la que César capturó algunos poblados vénetos, pero fue incapaz de evitar que sus habitantes fueran evacuados por mar, mientras que la nueva flota romana se terminaba.
Ante la imposibilidad de tomar por tierra todas las fortalezas vénetas los romanos decidieron usar su flota, César entendió que para derrotar a los vénetos debía destruir primero la flota de estos.
Cuando las tormentas desaparecieron, y la flota romana, bajo el mando de Décimo Bruto, pudo zarpar hacia las costas de la Bretaña francesa. Conforme la flota se aproximaba a las fortalezas de los vénetos, estos decidieron reunir su propia flota y prepararse para una decisiva batalla naval.

Batalla de Morbihan o del Golfo Quiberón 56 a.C: Despliegue de las flotas

Cada barco romano llevaba su contingente de soldados, posiblemente de las legiones de César. Al igual que durante la Primera Guerra Púnica, los romanos sólo iban a poder superar a sus rivales si conseguían llegar al abordaje. Los barcos romanos llevaban afilados cuchillos curvos montados en largas pértigas y también ganchos con cuerdas. Conforme las dos flotas se acercaban a distancia de combate, estos cuchillos fueron usados para cortar los aparejos de las embarcaciones enemigas, dejándolos muy vulnerables a los abordajes, mientras se lanzaban los ganchos de abordaje para atraer a los barcos adversarios.

Batalla de Morbihan o del Golfo de Quiberón 56 a.C. Buques romanos atacando a los buques vénetos. Autor Giuseppe Rava

Una vez unos cuantos barcos vénetos fueron abordados y capturados de esta manera, el resto de la flota trató de escapar, pero en el momento decisivo les falló el viento, dejándolos dispersos y vulnerables a lo largo de la costa. Los romanos sacaron ventaja a la velocidad de sus barcos, impulsados por los remos, y persiguieron y derrotaron uno a uno a los barcos vénetos. La batalla duró aproximadamente desde media mañana hasta el anochecer, cuando los barcos vénetos supervivientes pudieron escapar.

Batalla de Morbihan o del Golfo de Quiberón 56 a.C. Un barco véneto es abordado por uno romano, se ve un romano tirando de un gancho de abordaje. Autor Angus McBride

Viendo su flota destruida, los vénetos no tuvieron otra opción más que rendirse. César no fue particularmente piadoso, y como el mismo nos cuenta, quería dar ejemplo con los vénetos para que se respetasen a los embajadores romanos enviados a otras tribus, aunque también debía estar frustrado por la campaña de verano. Los vénetos supervivientes fueron vendidos como esclavos, excepto sus líderes, quienes fueron ejecutados.

Sometimiento de Aquitania
Publio Licinio Craso, le tocó someter a los aquitanos, que vivían en la actual Aquitania. Partió con una fuerza de 2 legiones (10.000), 3.000 auxiliares y 4.000 jinetes galos aliados, en total 18.000 hombres. En el camino los sociates les atacaron mientras marchaban. Los aquitanos lanzaron contra la columna romana a su poderosa caballería pero ésta fue rechazada. Luego la infantería gala, escondida en el bosque, se lanzó al ataque y tras una larga lucha huyeron a Sotio, capital de los sociates.

Romanos contra galos. Se ve a un centurión con yelmo tipo Port, lorica hamata y grabas, el resto de los romanos llevan el yelmo tipo Montefortino. De los galos sólo llevan armadura los jefes. Autor Johnny Shumate

Publio decidió tomar Sotio, la puso sitio y aceptó la rendición de los sitiados. Sin embargo, era una trampa, pues mientras se negociaba la rendición, fue atacado por el caudillo sociato, Adiatuano, aunque lo pudo rechazar. Tras esto el asedio continuó hasta que los sociates terminaron por capitular.
Tras la rendición de los sociates las demás tribus aquitanas empezaron a someterse.  Craso persiguió a las demás fuerzas aquitanio-cántabras que se refugiaron en un campamento en la zona actual de Mont-de-Marsan, los romanos los rodearon y de noche lanzaron un ataque sorpresa; de los 50.000 guerreros celtas solo un cuarto sobrevivió.

Segunda campaña contra los germanos
Entre el 56 y 55 a.C las tribus germanas de los usípetes y téncteros (que sumaban de 150.000 a 180.00 personas, aunque según César eran 400.000), presionados por los suevos, cruzaron el río Rin, A continuación cruzaron también el río Mosa. En el cruce vencieron a la tribu belga de los menapios y se asientan en sus villas. Desde allí, atacaron a los eburones aliados de Roma, que pidieron ayuda.
Así que, César se dirigió al norte con su ejército a poner orden. Se le acercaron embajadores germanos explicándole los motivos de su migración y sus buenas intenciones. César, sospechando que solo querían ganar tiempo para reorganizar su ejército y enfrentarle, les exigió, ya que necesitaban tierras donde asentarse, que se retirasen más al sur, junto a una tribu aliada de Roma, los ubios.

Guerreros tribales germánicos. Fuente Warlordgames

En plena tregua, y mientras se llevaban a cabo las conversaciones, las caballería gala aliada de los romanos fue sorprendida y derrotada por la germana, causándoles 6.000 bajas, curiosamente los germanos tenían caballos de menor porte y tamaño que los aliados galos.
Los germanos se disculparon diciendo que había sido un hecho aislado no organizado por los jefes germanos, sino por circunstancias ajenas a ellos y más propia producto de la presión que habrán sentido algunos germanos por el acoso del ejército romano.

Campaña de Cesar en la Galia el 55 a.C. Primera invasión de Germania y primera invasión de Britania

César, enfurecido, apresó a los jefes germanos y ordenó un ataque general general al campamento germano, aprovechando que la caballería de éstos había salido a pastar. Los germanos fueron sorprendidos y no pudieron organizarse, ya que sus jefes habían sido apresados por César y su caballería estaba fuera. Muchos germanos murieron, capturando a 100.000 de ellos, en su mayoría mujeres, niños o ancianos. En consecuencia, ambas tribus germanas volvieron a su país con los sobrevivientes.
A raíz de estos éxitos, César deseó cumplir otro hito: ser el primer general romano que cruzara el Rin con un ejército. Mandó a construir un puente y en tan solo diez días estaba listo. El puente fue una gran obra de ingeniería en la época, demostrando al mundo, y especialmente a los germanos, que no había límites físicos para donde Roma pueda ir.
Cruzó el río con unos 40.000 efectivos, pero los germanos se retiraron ante el avance romano y no presentaron batalla. El propio Julio César estimaba en 430.000 guerreros germanos la fuerza a combatir (hoy se considera una exageración). No obstante los suevos, contra quienes principalmente se había dirigido la expedición, jamás llegaron a ser combatidos.
Después de haber hecho la demostración de fuerza y no haber conseguido botín, decidió retirarse. Sólo estuvo 18 días del otro lado del Rin, a su regresó mandó desmontar el puente de nuevo para que no fueses utilizado por los bárbaros.

Campañas de Cesar en Britania (55 y 54 a.C

Campaña del 55 a.C
Preparativos de la campaña
Durante el transcurso de su campaña en la Galia, César alegó que los britanos habían estado apoyando a los belgas en su campaña contra él, ya que los soldados galos que huían del campo de batalla se dirigieron a los asentamientos galos en Britania, y los vénetos de Armórica, que controlaban el comercio con la isla, habían iniciado las negociaciones con sus aliados britanos para que estos acudieran al continente a combatir contra Roma.
A finales de verano del año 55 a.C, a pesar de que ya era tarde para iniciar una campaña, César decidió realizar una expedición a Britania. El general romano convocó a los comerciantes que negociaban con la isla, pero no pudo obtener ninguna información útil acerca de las tácticas militares de los britanos, o de los puertos en los que podría desembarcar, ya que éstos no querían perder su monopolio comercial. Carente de información, César envió a uno de sus tribunos militares, Cayo Voluseno, en una misión de exploración. Voluseno exploró la región de Kent, aunque no se atrevió a adentrarse en territorio desconocido por miedo a los bárbaros, y tras cinco días volvió a la Galia, donde César al fin obtuvo algo de la ansiada información.
Tras esta preocupante acción del general romano, muchos de los pueblos de Britania enviaron embajadas a los comerciantes galos para que impidieran la inminente invasión, comunicando a César una promesa de sumisión. César decidió enviarles de vuelta a Britania acompañados de su aliado Comio, el rey del pueblo de los atrebates, quien utilizó su influencia para atraer a un buen número de tribus a su causa.
Se reunió una flota compuesta de 80 barcos de transporte, suficientes para transportar a las dos legiones (Legión VII y Legión X), y un número desconocido de navíos de guerra. La flota se reunió en algún puerto del territorio de los mórinos, probablemente el Icio (portus Itius, hoy Boulogne). A ellos se unieron otras 18 embarcaciones de transporte, procedentes tal vez de Ambleteuse, para transportar a la caballería. Los barcos que César utilizó fueron los barcos de la guerra contra los vénetos y de otras tribus costeras. César dejó una pequeña guarnición bajo el mando de Sulpicio Rufo en el puerto y embarcó, sin perder tiempo, con la infantería, dejando atrás a la caballería, que recibió la orden de unirse tan pronto como fuera posible.

Desembarco
Inicialmente, César trató de desembarcar en Dubris (Dover), cuyo puerto natural había sido presumiblemente identificado por Voluseno como un punto apropiado para el desembarco. Sin embargo, cuando la armada romana avistó tierra, una fuerza masiva de britanos había ocupado por completo las colinas y acantilados de la playa. Esto disuadió a los romanos de desembarcar, ya que los enemigos que estaban copando los riscos de los acantilados podían masacrarles lanzando las jabalinas que portaban. Tras esperar anclados en una playa cercana “hasta la hora nona” (desde las 3 de la tarde y esperando presumiblemente a que el viento se tornara favorable), César convocó un consejo de guerra, en el que ordenó a sus subordinados actuar por iniciativa propia. Después, condujo la flota unas siete millas a lo largo de la costa hacia una playa abierta. Debido a la ausencia de restos arqueológicos, se desconoce la ubicación exacta del punto de desembarco, aunque el lugar más probable es la playa entre Deal y Walmer.
Con toda la playa copada por los carros y la caballería britana, el desembarco parecía imposible. Para empeorar las cosas, los barcos eran demasiado grandes para moverse con facilidad, y los legionarios se verían obligados a desembarcar en aguas muy profundas, mientras los britanos salían de todas partes.

Carros britanos exhibiéndose delante de los barcos de Cesar en el 55 a.C. Autor Peter Dennis

Finalmente se decidió el desembarco. Sin embargo, la dificultad de los barcos para moverse cerca de la costa hizo que los legionarios tuvieran que desembarcar en aguas profundas.
La playa y las colinas circundantes llenas de carros de guerra y de britanos armados de espadas y jabalinas, gritando como demonios, mientras los legionarios tenían que desembarcar con el agua por el pecho, cargados con toda la panoplia de armadura, casco, scutum, pila y gladius. Es comprensible que tuvieran miedo de desembarcar y tomar la playa.
Cesar mandó disparar las catapultas montadas en los barcos de guerra, para facilitar el desembarco de las tropas, ante la lluvia de proyectiles, los britanos se replegaron de la orilla, sin que nadie se atreviese a desembarcar.

Desembarco de la legión X de Cesar en Britania en el 55 a.C. El aqulifer al ver que los legionarios no se decidían a desembarcar, se lanzó al agua con águila al agua. Al fondo se observa las fuerzas britanas en la playa. Autor Peter Connoly

Allí estaban aquellos legionarios atemorizados y renegando de su suerte cuando, de repente, el aquilifer o portador del águila de la Legio X desembarcó y saltó al agua gritando: “Seguidme, compañeros soldados, a menos que queráis regalar el águila de vuestra legión al enemigo. Yo, por mi parte, voy a cumplir mi deber hacia mi general y hacia la república”.
Los legionarios avergonzados siguieron al aquilifer, logrando desembarcar atacar a los defensores y ponerlos en fuga.

Desembarco de Cesar en Britania 55 a.C. El aquilifer de la Legión X lanzándose al agua, al fondo se observa un carro de guerra britano dispuesto a atacarle. Autor Mark Churms
Los romanos establecieron un campamento en la cabeza de playa (del que no se han hallado restos arqueológicos, hecho por el cual se desconoce el punto exacto de desembarco). Una vez instalados en el recinto, el ejército recibió una embajada de su aliado Comio, que había sido detenido por apoyar a César.

Carros de guerra britanos acosando a las fuerzas de Cesar desembarcadas

Negociaciones 
Cesar decidió iniciar las negociaciones con los dirigentes britanos a los que, alegando que estaban en una posición de inferioridad, exigió el cese de ataques, la cesión de rehenes y la disolución de su ejército. Cuando los britanos se hallaban a punto de aceptar las condiciones de César, al cuarto día de su llegada a Britania, los 18 barcos que transportaban la caballería y las provisiones por el canal de la Mancha, estando ya tan cerca de las islas y divisando el campamento romano, se levantó de repente tal tormenta, y el viento contrario las empujó hacia la Galia, parte de la flota fue destruida y el resto tuvo que regresar.
Los britanos viendo la penuria en que se hallaban los romanos de caballos, naves y granos, al percibir la complicada posición de César, decidieron que lo mejor era rebelarse, privar a los romanos de los víveres, y retenerlos en Britania hasta que llegara el invierno.
En este entretanto, habiendo destacamento de la Legión VII, había salido en busca de trigo, descubrió una polvareda fuera de lo ordinario. Al enterarse Cesar mandó de inmediato que fuesen las cohortes que estaban de guardia, cuando llegaron vieron que el destacamento estaba dispersado y rodeado por enemigos, pronto las cohortes de auxilio fueron también rodeadas por la caballería y carros de guerra.

Emboscada de los britanos a la legión VII en el 55 a.C. Un destacamento romano fue enviado a buscar grano, es emboscado por los britanos, las cohortes que acuden en su ayuda acogen a los fugitivos, siendo también rodeados, finalmente los britanos fueron puestos en fuga por tropas de refuerzo.

“Su modo de pelear en tales vehículos es éste: corren primero por todas partes, arrojando dardos; con el espanto de los caballos y estruendo de las ruedas desordenan las filas, y si llegan a meterse entre escuadrones de caballería, desmontan y pelean a pie. Los conductores, en tanto, se retiran algunos pasos del campo de batalla y se apostan de suerte que los combatientes, si se ven apretados del enemigo, tienen a mano el asilo del carro. Así juntan en las batallas la ligereza de la caballería con la consistencia de la infantería; y por el uso continuo y ejercicio es tanta su destreza, que aun por cuestas y despeñaderos hacen parar los caballos en medio de la carrera, cejar y dar vuelta con sola una sofrenada; corren por la lanza, se tienen en pie sobre el yugo, y con un salto dan la vuelta al asiento’‘.

Carro de guerra britano y su tripulación 55 a.C. Se ve al conductor desplazándose por la lanza hasta llegar al yugo donde se mantienen de pie, al fondo un oppidum britano. Autor Angus McBride

César había reunido al resto de las cohortes y acudió a socorrerlos, llegando justo a tiempo, los britanos huyeron y los legionarios regresaron al campamento, los romanos se encerraron en el campamento para prepararse ante los subsiguientes ataques. Al cabo de varios días, durante los cuales los britanos reunieron una importante fuerza, atacaron el campamento romano. En este combate fueron completamente derrotados. Durante la retirada, fueron masacrados por los 30 jinetes que Comio había logrado reunir entre las tribus de Britania afines a César.
Tras la debacle, los britanos enviaron una nueva embajada a César, doblando el número de rehenes. Aunque César deseaba proseguir la lucha, no se atrevió a permanecer más tiempo en suelo britano y ante la cercanía del invierno, decidió retirarse para reorganizar sus fuerzas y planear una segunda expedición. De los britanos se aseguró una promesa de rehenes, aunque sólo dos tribus cumplieron con lo acordado.


Campaña del 54 a.C
César dio orden a los legados comandantes de las legiones de construir cuantas naves pudiesen, y de reparar las viejas, dándoles las medidas y forma de su construcción. Para cargarlas prontamente y hacerlas de menor calado que las usadas en el Mediterráneo. Una vez construidas las mandó reunir en el puerto de Icio.
Determinado a no cometer los mismos errores del año anterior, César reunió una fuerza superior a la de la primera expedición (cinco legiones, en contraste con las dos empleadas en la anterior invasión, y más caballería). Los barcos que se utilizaron para esta segunda invasión habían sido mejorados a partir de la tecnología de los barcos de guerra vénetos.

Cruce y desembarco
Con unos 800 barcos, buques de guerra mercantes, embarcó 5 legiones (35.000 hombres) y unos 2.000 jinetes. Dejó a Tito Labieno, en puerto Icio para asegurar los suministros al mando de tres legiones y 2.000 jinetes.
Al poner del sol se hizo a la vela. Navegó a favor de un ábrego fresco, pero a eso de medianoche, calmado el viento, perdió el rumbo, y llevado de las corrientes un gran trecho, advirtió a la mañana siguiente que había dejado Britania a la izquierda. Entonces virando de bordo, a merced del reflujo, y la fuerza de remos procuró ganar la playa más cómoda para el desembarco.
Arribó toda la armada a la isla casi al hilo del mediodía sin que se dejara ver enemigo alguno por la costa; y es que, según supo después César por los prisioneros, que habiendo visto la cantidad de naves, se habían retirado y metiéndose tierra adentro.
Cuando César desembarcó y tras elegir el lugar del campamento, dejó a Quinto Atrio al cargo de la defensa de la playa y de las naves al frente de una fuerza de 10 cohortes y 300 jinetes, mientras él realizaba una marcha nocturna.

Campaña de Cayos Julio Cesar en Britania 54 a.C 

Campaña de Kent
Cuando había recorrido unos 12 millas (20 km) hacia el interior, se encontró con las fuerzas britanas en el cruce de un río (probablemente el Stour), alcanzó a descubrir los enemigos, los cuales, avanzaban con su caballería y carros de guerra hasta el río, tratando de parar la marcha y trabar batalla. Los britanos atacaron, pero fueron rechazados por la caballería romana y trataron de reagruparse en un lugar fortificado en los bosques (posiblemente la fortaleza de Bigbury Wood, en Kent). Desde su posición fortificada, trataron de defenderse, pero los soldados de la Legión VII, levantaron terraplén contra la fortificación, y la asaltaron, los britanos huyeron. César no permitió seguir avanzando por desconocer el terreno y porque era tarde y quería que le quedase tiempo para fortificar su campamento. Derrotados de nuevo, terminaron dispersándose.
Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando se preparaba para seguir avanzando, César recibió noticias de Atrio de que, una vez más, el anclaje en los buques se había visto azotado por una tormenta y había sufrido daños considerables. Según él se perdieron aproximadamente cuarenta naves. Los romanos habían utilizado esos barcos para cruzar el Canal de la Mancha, y habían soportado mareas y tormentas. Cesar se volvió de inmediato a la costa y llamó a todas sus legiones, con órdenes de que se pusieran a trabajar en la reparación de los barcos. Los legionarios trabajaron día y noche durante diez días en la reparación de los barcos y en la construcción de un campamento fortificado alrededor de la zona de desembarco. Mientras, César envió un mensaje a Labieno con órdenes de enviar más barcos. 

Marcha sobre Wheathampstead
César regresó al cruce del río Stour, donde se encontró con una gran fuerza de britanos. Casivelono, un señor de la guerra del norte del Támesis que había estado anteriormente en guerra con todas las tribus británicas, había derrocado recientemente al rey de los trinovantes y había mandado a su hijo al exilio. A pesar de todo, los britanos le habían elegido para liderar la resistencia.
Cuando los romanos avanzaban, los jinetes y carros de guerra britanos trabaron en el camino un recio choque con la caballería romana, forzándolos finalmente a retirarse a los bosques y cerros.

Carro de guerra y jinete belgas que se habían refugiado en Britania acosando a un legionario romano durante la segunda expedición de Cesar a Britania en el 54 a.C. Autor Angus McBride

Más tarde cuando los romanos estaban descuidados y ocupados en fortificar su campo, salieron al improviso del bosque, y arremetiendo a los que hacían guardia delante de los reales pelearon bravamente. Entonces César envió las dos primeras cohortes de dos legiones en su ayuda, perdiendo la vida en esta jornada el tribuno Quinto Laberio Duro.
Al día siguiente se apostaron los enemigos lejos del campamento en los cerros, y comenzaron a presentarse no tantos, y a escaramuzar con la caballería más flojamente que el día antes. Pero al mediodía, César destacó tres legiones y toda la caballería con el legado Cayo Trebonio a forrajear, de repente los britanos cayeron por todas partes sobre los que andaban muy separados de las banderas y legiones. Tribonio logró formar las legiones y cargar contra los britanos.  El resultado de esta batalla fue una aplastante victoria romana, a la que siguió la posterior debacle del ejército britano, cuando sus fuerzas fueron perseguidas y exterminadas por retaguardia por la caballería.

Carros de guerra de Casivelono atacando a las legiones de Cesar en Britania. Autor Angus McBride

Casivelono se dio cuenta de que no podía derrotar a César en batalla campal y decidió disolver la mayor parte de su ejército, confiando en la rapidez y movilidad de sus 4.000 carros de guerra y en su conocimiento del terreno. Tras ello, Casivelono empezó a utilizar tácticas de guerrilla para desgastar al ejército de César, sin arriesgarse a un enfrentamiento directo. Sin embargo, César continuó penetrando en territorio enemigo y alcanzó el río Támesis, donde se encontró con una gran fortaleza localizada en la actual Westminster. A pesar de la resistencia que los britanos se opusieron al avance de César, éste consiguió consiguió cruzar el río y continuar su marcha en territorio enemigo.
El escritor griego Polieno relata una anécdota en su Stratagemata (Estratagemas) según la cual César superó la defensa del río mediante un elefante con armadura. Este comentario puede ser verdad o quizás se deba a una confusión con la conquista romana de 43 DC, cuando el emperador Claudio sí que llevó elefantes a Britania.

Romanos vadeando el río Támesis 54 a.C durante la expedición de Julio Cesar a Britania, se ve que incluso llevó un elefante indio que causó terror entre los britanos. Autor David Pentland

Viendo el avance de Cesar, los trinovantes, tribu que era la más poderosa de la región decidieron enviar una embajada a César prometiéndole soldados y provisiones. Mandubracio, que había acompañado a César, fue restaurado en el trono de los trinovantes y la tribu suministró al general alimentos y rehenes. Cinco tribus más, los icenos, los segoncíacos, los ancalites, los bíbrocos y los casos, se rindieron a César y le revelaron la ubicación del campamento base de Casivelono, probablemente localizado en la colina fortificada de Wheathampstead, al que César puso inmediatamente bajo sitio.
Casivelono envió peticiones de ayuda a sus aliados de Kent: Cingétorix, Carvilio, Taximágulo y Ségovax descritos por Cesar como los cuatro reyes de los cantiacos. El plan de Casivelono era que estos dirigieran un ataque combinado contra los atrincheramientos navales mientras las fuerzas de Cesar le asediaban, con el objetivo de expulsarles de la región.
Realizaron el ataque pero los romanos hicieron una salida, matando a muchos de ellos, y capturando entre otros, al noble caudillo Lugotórige, se restituyeron a las trincheras sin pérdida alguna. Tras la derrota se retiraron y Casivelono se vio obligado a negociar su rendición. César estaba ansioso por volver a la Galia debido a los crecientes disturbios que allí se estaban levantando y estuvo de acuerdo en negociar una paz con Comio como mediador. Casivelono, por su parte, cedió rehenes y se comprometió a no volver a atacar a Mandubracio o a los trinovantes.
Cuando César emprendió el regreso a la Galia, no dejó ni un solo soldado como guarnición en la isla. No obstante, la entronización de Mandubracio supuso el establecimiento de un rey-cliente en la isla. De esta manera, Britania quedó dentro de la zona de influencia de Roma y, durante más de un siglo, se mantuvieron relaciones diplomáticas y comerciales. El territorio britano quedó abierto para una posible conquista, que finalmente fue llevada a cabo por Claudio en el año 43.

Expedición contra los eburones (54-53 a.C)
En el año 54 AC, César estacionó una legión y cinco cohortes (una legión y media) durante el invierno en el país de los eburones, que habitan entre el Mosa y el Rin, bajo el mando de los legados Quinto Titurio Sabino y Lucio Aurunculeyo Cota. Los eburones, encabezados por su rey Ambiorix y atacaron y mataron a unos legionarios romanos que buscaban alimento fuera del campamento. Algunos soldados huyeron y se refugiaron en el campamento, los romanos tomaron inmediatamente las armas, desplegaron en línea y destacaron un grupo de jinetes hispanos, en el choque los galos fueron derrotados y desistieron del asalto. Al ver Ambiorix lo arriesgado que suponía seguir el combate, decidió negociar con los jefes romanos y les ofreció información de cómo otras tribus planeaban atacar los campamentos romanos con ayuda de tribus germánicas que cruzarían el río Rin.

Ambiorix rey de los eburones. A la izquierda dibujo del rey, a la derecha monumento erigido en Tongeres o Tongren

Batalla de Atuatuca 54 a.C
Asustados con las noticias, aunque venía de boca del enemigo, no podían despreciarlas. Tenían dos opciones o quedarse y pedir refuerzos o bien levantar el campamento e ir a otro campamento.

Campañas de Cesar en el 54 a.C: segunda invasión de Britania, campaña contra los eburones, cornutes y senones.

Para evitar el riesgo los romanos decidieron trasladarse, iniciaron el viaje al amanecer y cuando cruzaban un valle de Atuatuca Tungrorum (la actual Tongeren en Bélgica), Ambiorix les había tendido una trampa, la vanguardia fue bloqueada y la columna fue atacada por ambos flancos desde las laderas del valle. Los romanos reaccionaron formando círculos para defenderse de los ataques. Los galos lanzaban proyectiles a los círculos, y cuando los romanos salían de la formación para atacar a los galos, estos huían monte arriba, su mayor peso del equipo les impedía hacer una persecución eficaz. Con el tiempo las bajas fueron aumentando y la tropa romana fue exterminada, salvo unos pocos que escaparon por el bosque y llegaron hasta el campamento de Tito Labieno. Cayeron la legión y las cinco cohortes.

La batalla entre el ejército de los eburones dirigidos por Ambiorix y legiones de César en el 54 a.C. Autor Nick Roysman. 

Asedio de Cicerón
Envalentonado Ambiórix con esta victoria, marchó sin dilación con su caballería a los aduáticos, confinantes con su reino, sin parar día y noche, y mandó que siguiese detrás la infantería. Los aduáticos se unieron a la rebelión, y al día siguiente se dirigieron a los nervios. Despachando al punto mensajeros a los centrones, grudios, levacos, pleumosios y gordunos, reunieron un gran ejército y se dirigieron a otro campamento romano a cargo de Quinto Tulio Cicerón, hermano del famoso orador y que se encontraba en Namur.
Los romanos que estaban en busca de leña y fajina, fueron sorprendidos con la repentina llegada de los galos, que empezaron a atacar el campamento. Cicerón envió mensajeros a Cesar prometiéndoles una gran recompensa, todos fueron capturados.
Los galos cercaron el campamento con foso y terraplén, al día séptimo del cerco, soplando un viento recio, empezaron a tirar proyectiles incendiarios, prendiendo fuego a los barracones cuyo techo eran de paja, y con la violencia del viento se extendió por todo el campamento. Los seguros ya de la victoria, acercaron la torre de asedio y con escalera comenzaron a escalar el vallado. Los romanos consiguieron derribar y quemar la torre.
Cicerón envió a un esclavo galo llamado Verticón, prometiéndole la libertad y grandes galardones, para que llevase un mensaje a Cesar, consiguiendo pasar las líneas. Cesar recibió el mensaje a los once días de asedio, mandó inmediatamente aviso al cuestor Marco Craso que tenía sus cuarteles en los belovacos, a distancia de unos 40 km mandándole que acudiese inmediatamente con su legión. Envió otro al legado Cayo Fabio, para que condujese su legión a la frontera de Artois, por donde pensaba él hacer su marcha. Mandó otro a Labieno, para se acerque con su legión a los nervios. Partiendo con 400 jinetes inmediatamente.
Los galos, al enterarse de los movimientos por sus espías, levantaron el cerco, y con todas sus tropas, que se componían de 60.000 efectivos, se dirigen contra César. Cicerón, pidió de nuevo a Verticón, que llevase otra carta a César. Recibida esa carta César, al enterarse de que Cicerón estaba libre de asedio, y por tanto no era menester apresurarse, eligió un terreno favorable, hizo alto, y se atrincheró lo mejor que pudo con sus 7.000 efectivos.
Los galos aguardaban mayores refuerzos, que aún no se habían reunido. A la mañana siguiente, la caballería gala se acercó al campamento, la caballería romana salió y se trabó combate. Cesar ordenó replegarse al campamento.
Envalentonados los galos, avanzaron con su ejército desordenadamente contra la empalizada, y arrojando toda clase de proyectiles, y otros comenzaron llenar los fosos. Entonces César ordenó abrir todas las puertas y hacer una salida, poniendo en fuga a los enemigos que se encontraban desperdigados, de suerte que no ofrecieron mucha resistencia, salió después la caballería que los persiguió con que mató a muchos de ellos. 

Asedio de Lavieno
Mientras Labieno, había entrado en el país de los nervios y se había atrincherado para evitar que estos se uniesen a la rebelión. El rey nervio Induciomaro casi diariamente andaba merodeando alrededor del campamento con toda su caballería, bien para observar el asedio, bien para trabar conversación, o bien para acosar lanzando proyectiles. Labieno tenía a los suyos encerrados en las trincheras, y procuraba por todos los medios dar la impresión que tenían miedo.
Todos los días Induciomaro realizaba su demostración de fuerza sin que hubiese reacción por parte de los defensores. Esto les hacía cada vez más atrevidos. Un día mientras los jinetes galos estaban lanzando proyectiles a la empalizada romana, Labieno ordenó salir toda su caballería por dos puertas, con la orden expresa de matar solo a Induciomaro, prometiendo un gran premio al que le matase, y detrás destacó a parte de la legión para apoyar a la caballería. Al ir todos tras Induciomaro, este intentó vadear un río para huir, siendo muerto, y su cabeza llevada en triunfo al campamento. La caballería de vuelta persiguió y mató a cuantos pudo. Con la noticia de la muerte, las tropas de los eburones y nervios se dispersaron.
Tras la victoria, Cesar quiso dar un escarmiento a los eburones, su país era difícil para los romanos, al ser boscoso y abundante en parte de ciénagas. César invitó a los pueblos vecinos a saquearlo, para preservar sus propios hombres, y también, con la ayuda de ellos, para exterminar a este pueblo. César incendió cada villa y edificio que pudo encontrar en el territorio de los eburones, se llevó todo el ganado, y sus hombres y bestias consumieron todo el grano que el tiempo de la estación otoñal no había destruido. Dejó a aquellos que se habían ocultado, si quedó alguno, con la esperanza de que morirían de hambre en el invierno. Y así parece que ocurrió, pues no se volvió a oír nada sobre los eburones. Su país pronto fue ocupado por otra tribu germana, los tungros.
Este mismo año se produjeron varias rebeliones esporádicas, como la de los carnutes o los senones, pero fueron fácilmente reprimidas.
Tropas de Cesar atacando un poblado galo posiblemente eburón. Autor Christian Jégou

Tercera campaña contra los germanos (53 a.C)
Muerto Induciomaro, los tréveros no pierden ocasión de solicitar a los germanos y ofrecer dineros. César cuando se enteró de que los nervios, aduáticos y menapios juntamente con todos los germanos de esta parte del Rin, se estaban armando; decidió no esperar el fin del invierno, y se puso al frente de cuatro legiones las más inmediatas, entró en territorio de los nervios, y antes que pudiesen escapar, tomó gran cantidad de ganados y personas, y los repartió entre los soldados, obligándoles a entregarse y darle rehenes. Concluida la operación, envió de nuevo las legiones a sus cuarteles de invierno.
Sosegada esta parte de la Galia, todas sus miras y atenciones se dirigieron a la expedición contra los tréveros y los eburones de Ambiórix.

Campaña de Cesar en la Galia en el 53 a.C. Campaña contra los tréveros, eburones y tercera campaña contra los germanos.

Campaña contra los menapios
Los menapios, vecinos a los eburones, cercados de lagunas y bosques eran los únicos que nunca habían tratado paz con César. Ambiórix tenía con ellos el derecho de hospedaje, y habían también contraído amistad con los germanos por medio le los tréveros. Con el fin de acabar con ellos envió a Labieno con los bagajes de todo el ejército con la escolta de dos legiones, y él con cinco legiones a la ligera marchó contra los menapios. Éstos, confiados en la fortaleza del sitio, se refugiaban entre los sotos y lagos con todas sus pertenencias.
César, repartiendo sus tropas con el legado Cayo Fabio y el cuestor Marco Craso, construyeron unos pontones, atacaron por tres direcciones, quemando caserías y aldeas, y capturando gran porción de ganado y gente, forzando a los menapios a enviar embajadores pidiendo paz. Una vez recibidos los rehenes y obtenido la promesa de no acoger en su país a Ambiórix ni a sus seguidores, partió contra los tréveros. 

Lavieno derrota a los tréveros
Mientras, los tréveros, con un gran ejército de infantes y jinetes se disponían a atacar por sorpresa a Labieno, que con una legión sola invernaba en su comarca. Se encontraban a dos jornadas de distancia, cuando recibieron noticias de las dos legiones enviadas por César. Acamparon a unos 25 km de distancia y decidieron esperar los refuerzos de Germania. Labieno, enterado de las intenciones de sus enemigos, dejó 5 cohortes a cargo de los bagajes, él con 25 y la caballería marchó contra el enemigo, y a una milla de distancia fortificó su campo. Mediaba entre Labieno y el enemigo un río de difícil paso y de riberas escarpadas. Ni él pensaba en atravesarlo, ni creía que los enemigos lo pasasen.
Con el fin de obligar a los tréveros a cruzar antes de la llegada de los germanos, ideó una estratagema, celebró un consejo de guerra en el que se acordó que al día siguiente levantarían el campamento y se irían, sabiendo que las noticias llegarían a los galos, mandó mover las tropas con mayor estruendo posible, para que pareciese una huida.
Los galos se decidieron atravesar el río sin esperar a los germanos, Labieno, tal y como había previsto, avanzó lentamente hasta que todos hubiesen cruzado el río.
De repente, mandó volverse y desplegar contra el enemigo, destacando algunos jinetes para proteger el bagaje, el resto los situó en las alas y los infantes en el centro.
Los romanos se dirigieron contra sus desorganizados perseguidores, lanzando primero las pila y a continuación cargaron, el ataque sorpresa los cogió desprevenidos, y tras el primer choque retrocedieron chocando con los que los seguían, los legionarios aprovecharon la confusión y produjeron una gran mortandad, muchos huyeron a los bosques cercanos; pero fueron perseguidos y alcanzándolos por la caballería, muchos murieron y otros tantos fueron hechos prisioneros.

Romanos contra galos primera fase lanzamiento de pilum. Cuando el enemigo se encuentra a unos 30 metros lanzan primero la pilum ligera y a continuación la pilum pesada. Fuente Warlord Games 


Romanos contra galos segunda fase cuerpo a cuerpo. Una vez lanzadas los pilum, los legionarios desenvainan la gladius y chocan con el enemigo, donde tienen ventaja sobre las espadas galas que necesitan mucho espacio para ser manejadas debido a su longitud. Fuente Warord Games 

En pocos días recobró todo el país. Los germanos que venían de socorro, al enterarse de la desgracia, se volvieron a sus casas, los parientes de Induciomaro huyeron con ellos, y el gobierno recayó en Cingetórix que siempre se había mantenido leal a los romanos. 

Tercera campaña contra los germanos
César, llegó al país de los tréveros después de la expedición de los menapios, determinó pasar el Rin, por dos razones: la primera, porque los germanos habían enviado socorros a los tréveros; la segunda, porque Ambiórix no hallase acogida en sus tierras. Con esta resolución da orden de lanzar un puente poco más arriba del sitio por donde la otra vez transportó el ejército. Instruidos ya de la traza y modo los soldados, a pocos días, por su gran esmero dieron concluida la obra. César, puesta buena guarnición en el puente por el lado de los tréveros para precaver toda sorpresa, pasa las demás tropas y caballería. Los ubios,  que antes le habían dado rehenes y no habían enviado socorro a los tréveros, suplicaron que no los maltratase, ya que fueron los suevos los que prestaron los socorros; y les informa de los caminos a seguir para ir al país de los suevos.
A los pocos días de haber cruzado, los ubios informaron de que los suevos estaban reuniendo todas sus tropas en un lugar, obligando a las naciones dependientes a que acudiesen con infantes y jinetes. Conforme a estas noticias, hizo provisión de granos, y asentó sus reales en un lugar ventajoso. Mandó a los ubios a recoger los ganados y todos los víveres de los campos, esperando que los suevos, forzados a la penuria de alimentos, se resolverían a pelear inmediatamente. Después de algunos días, llegó la noticia de que los suevos, desde que supieron de cierto la venida de los romanos, con todas sus tropas y las auxiliares se habían retirado tierra adentro a lo último de sus confines. Allí se extiende una selva interminable llamada Bacene.
Al enterarse de la retirada de los suevos, decidió replegarse, pero para contener a los bárbaros con el miedo de su vuelta, y permitir el tránsito de sus tropas auxiliares, una vez pasado el ejército, desmonto doscientos pies del extremo del puente en el lado germano, y en la otra levantó una torre de cuatro altos, y puso en ella para guarnición y defensa del puente doce cohortes, quedando bien pertrechado este puesto, y por el joven Cayo Volcacio Tulo.

Puente de Cesar sobre el río Rin en el 53 a.C. Al fondo se ve el campamento de Cayo Volcacio con 12 cohortes para defender el puente. Autor Peter Connolly 

César decidió marchar contra Ambiórix, envió por delante a Lucio Minucio Basilo con toda la caballería por la selva Ardena, la mayor de la Galia, que va desde las orillas del Rin y fronteras de los treveros corre por más de 500 millas (750 km), alargándose hasta los nervios; no permitiéndole hacer fuegos en el campo a fin de que no se aparezca de lejos señal de su venida, y añade que presto le seguirá.
La súbita llegada les sorprendió en medio de sus labores, Ambiórix fue sorprendido pero pudo escapar, dado que compañeros y sirvientes detuvieron un rato la caballería romana dentro del recinto de su palacio, pero tuvo que abandonar todas sus posesiones. Después despachó secretamente correos por todo el país, avisando que se salvasen como pudiesen. Con eso unos se refugiaron en la selva Ardena, otros entre las lagunas inmediatas, los vecinos al Océano en los islotes. Cativulco, rey de la mitad del país de los eburones, cómplice de Ambiórige, agobiado de la vejez, no pudiendo aguantar las fatigas de la guerra ni de la fuga, se suicidó bebiendo jugo de tejo, de los que hay gran abundancia en la Galia y en la Germania.
Los segnos y condrusos, descendientes de los germanos, situados entre los eburones y tréveros enviaron legados a César, suplicándole ”que no fuesen tratados como enemigos”, les ordenó que si se acogiesen eburones fugitivos se los entregase inmediatamente y les dio palabra de no molestarlos.
Después distribuyó el ejército en tres partes, e hizo llevar los bagajes de todas las legiones a una castiella llamada Atuatica, que estaba situada casi en medio de los eburones, donde Titurio y Arunculeyo habían estado de invernada. Prefirió César este lugar por estar céntrico y por estar aún en pie las fortificaciones del año anterior, con que ahorraba el trabajo a los soldados. Para su protección dejó la Legion XIV, que era una de las tres alistadas últimamente y traídas de Italia, junto con 200 jinetes bajo el mando de Quinto Tulio Cicerón.
De las tres partes en que dividió su ejército, una parte con tres legiones bajo el mando de Tito Lavieno fue enviada a las costas del Océano contra los menapios. Un segundo grupo con otras tres legiones bajo el mando de Cayo Trebonio contra los aduáticos. Él, con las otras tres restantes, marcho en busca de Ambiórix, que según le decían, se había retirado con algunos jinetes hacia el río Sabis (Sambre), donde se junta con el Mosa al final de la selva Ardena. Prometió volver en siete días, y pidió a Labieno y Trebonio volviesen el mismo día con ánimo de comenzar otra vez con nuevos bríos la guerra, conferenciar entre sí primero, y averiguar las intenciones del enemigo.
Estos parajes eran conocidos sólo de los lugareños y había que proceder con gran cautela, la variedad de los senderos desconocidos les impedía el marchar juntos. Era preciso destacar varias partidas de seguridad y los galos aprovechaban la dispersión para tenderles emboscadas.

Guerrero germánico contra legionario romano siglo I a.C 

César despachó correos a las ciudades comarcanas convidándolas con el cebo del botín al saqueo de los eburones, queriendo más exponer la vida de los galos en aquellos lares que la de sus soldados. Mucha fue la gente que luego acudió de todas partes a este ojeo.
Voló la noticia del saqueo de los eburones a los germanos del otro lado del Rin, y como todos, estaban invitados. Los sicambros vecinos al Rin, que habían acogido a los tencteros y usipetes fugitivos, reunieron 2.000 jinetes, y pasaron el río en barcas y balsas unas treinta millas (45 km) más abajo del lugar donde estaba el puente cortado y la guarnición dejada por César, entraron en territorio de los eburones: cogiendo a muchos que huían descarriados, y juntamente grandes hatos de ganados de que ellos son muy codiciosos. Cebados en la presa, prosiguieron adelante, sin detenerse por lagunas ni por selvas. Preguntaron a los cautivos dónde para César. Respondiéndoles que estaba muy lejos, y con él todo su ejército, uno de los cautivos dijo: “¿Para qué os cansáis en correr tras esta ruin y mezquina ganancia, pudiendo haceros riquísimos a poca costa? En tres horas podéis estar en Atuática, donde han almacenado los romanos todas sus riquezas. La guarnición es tan corta, que ni aun a cubrir el muro alcanza; ni hay uno que ose salir del cercado”.
Los germanos en cuanto se enteraron, pusieron a buen recaudo su botín y se dirigieron a la castiella de Ataútica.
Cicerón, todos los días precedentes, según las órdenes de César, había contenido con el mayor cuidado a los soldados dentro de la castiella, sin permitir que saliese de la fortaleza, pero el sétimo día, desconfiando que César hubiese cumplido su palabra, por haber oído que se había alejado mucho y no tener la menor noticia de su regreso, envió cinco cohortes a forrajear en las zonas de alrededor, con su gran recua de acémilas.
Antes de que regresaran, aparecieron los jinetes germanos a galope tendido, muchos no tuvieron tiempo de meterse dentro. Los enemigos se abalanzan a todas partes por si podían encontrar una entrada abierta por donde irrumpir. Muchos de los heridos convalecientes se unieron a la defensa, entre ellos Publio Sestio Báculo, ayudante de César, que tuvo un comportamiento heroico.
La partida de vuelta del forrajeo, viendo el jaleo, se adelantaron los jinetes para reconocer lo que pasaba, no hay para ellos lugar seguro.
Los bárbaros, descubriendo a lo lejos estandartes, desistieron del ataque, creyendo a primera vista que las legiones habían retornado, pero después, viendo el corto número, arremetieron por todas partes.
La partida de forrajeo huye a una altura, siendo rodeados. Unos opinaban que estando tan cerca, formar en cuña y romper el cerco, otros son partidarios de quedarse en la colina.
Los partidarios de romper el cerco, capitaneados por Cayo Trebonio, formaron la cuña y consiguieron pasar por medio de los enemigos sin una sola baja, entrando en la castiella, los acemileros y jinetes, corriendo tras ellos por el camino abierto, amparados del valor de los soldados, se salvaron igualmente.
Al contrario los que se quedaron en el cerro, ni perseveraron en el propósito de hacerse fuertes en aquel lugar ventajoso, ni supieron imitar a los primeros, sino que se metieron en un barranco para infiltrarse. Fueron rodeados y muertos, unos cuantos milagrosamente se salvaron.
Los germanos, perdida la esperanza de la castiella, se retiraron tras el Rin con el botín que habían guardado en el bosque.
César emprendió de nuevo las operaciones para acabar con los eburones, reunió en los territorios vecinos un gran contingente de caballería y lo envió en todas las direcciones. Incendiaron todos los pueblos y casa que se encontraron a su paso, entrando a saco todos los lugares. Capturaron el ganado, las personas y las mieses no sólo fueron destruidas de tanta muchedumbre de hombres y bestias, sino también por causa de la estación y de las lluvias que echaron a perder lo que pudo quedar.
Después de haber asolado el país, César reunió su ejército con la pérdida de dos cohortes en la ciudad de Durocortoro (Reims), en el país de los remos, donde convocó consejo de toda la Galia, para tratar la conjura de los senones y carnutos; y pronunciada sentencia de muerte contra el príncipe Acón, que había sido su cabeza, la ejecutó según costumbre de los romanos. Algunos temiendo el juicio huyeron.
Para invernar alojó dos legiones en la tierra de tréveros, dos en la de los lingones y otras seis en la de los senones, en Agencico, dejándolas todas provistas de trigo, partió para Italia a tener las acostumbradas reuniones. 

Sublevación de Vercingetorix (52-51 a.C)
Alzamiento de Vercingetorix
En el invierno de 53 a.C, César se desplazó hasta una de sus provincias, la Galia Cisalpina. Vercingétorix (joven muy poderoso, cuyo padre fue Celtilo el mayor príncipe de toda la Galia, y al fin muerto por sus nacionales por querer hacerse rey de todos), convocó sus leales arvernos, los amotinó fácilmente. Conocido su intento por Goba su tío y los demás señores que desaprobaban este atentado, le expulsaron de Gergovia. Reunió toda clase de gente que se uniese la causa contra los romanos, y les exhortó a liberar la Galia del yugo romano, exhortándoles a tomar las armas aprovechando la situación de la aniquilación de las legiones romanas en la batalla de Carras por los partos.
En el año 52 a.C, los comerciantes romanos de Cénabo (Orleans), fueron masacrados por los carnutes dirigidos por Cotuato y Conetoduno, entre ellos los muertos se encontraba el noble caballero Cayo Fusio Cota, a quien César le había encargado las provisiones. Las noticias volaron, y a esto le siguió la matanza de todos los ciudadanos romanos, comerciantes y colonos en las ciudades galas más importantes. El grueso del ejército de César se hallaba en el territorio de los senones (6 legiones), pero por una campaña de guerrillas y tierra quemada de parte de los galos, las legiones no estaban en condiciones de actuar de hecho.
Vercingetórix fue nombrado rey de los arvernos y expulsó a los que antes le expulsaron a él. Envió embajadores a todos los pueblos y les rogó que permanecieran fieles. Rápidamente se unieron los senones, parisios, pictones, cadurdos, turones, aulercos, lemovices, andes y todos los que tocan el Océano. Por unanimidad se le concede el mando supremo de todos los pueblos galos, a excepción de los héduos que siguieron aliados de Roma. Valiéndose de esta potestad absoluta, exigió rehenes a todas estas naciones, y mandó que aportasen cierto número de soldados. Para cada una de las provincias se le determinó la cantidad de armas y el tiempo preciso de fabricarlas. Sobre todo empezó a proveerse de caballos. Para mantener la disciplina y obligar a los indecisos estableció una serie de castigos. Por delitos graves eran condenados a muerte por el fuego y a todo género de tormentos. Por faltas leves, cortarles las orejas o sacarles un ojo, y después enviados a sus casas para servir de escarmiento y ejemplo a los demás con la magnitud del castigo.
Vercingetórix y sus galos decidieron no hacer enfrentamientos directos, sino utilizar la táctica de tierra quemada, para evitar que las legiones estacionadas no obtuviesen suministros, por otro lado estableció relaciones con todas las tribus galas, y asesinando a todos los habitantes romanos que se encontrasen en el territorio.
Los galos comandados por un tal Lucterio de la tribu de los rutenos, se unieron a los arvernos, pasando a los nicióbreges y gábalos, obteniendo rehenes de ambas naciones y aumentando sus efectivos, decidieron entonces dirigirse a Narbona, la capital de la Galia Cisalpina.
Julio César, que se encontraba en la Cisalpina, al enterarse cruzó inmediatamente los Alpes con 2 legiones y se dirigió a Narbona.
Detenido el avance de Lucterio, que se retiró en cuanto supo que Cesar se dirigía allí, César aprovechó esto tomando las ciudades de las tribus rebeldes del sur de Galia, principalmente de los carnutes y alobogres. Después se dirigió su marcha al país de los helvios para dirigirse al territorio de los arvernos.
La montaña Cebena, que separa los arvernos de los helvios, cubierta de nieve por ser entonces lo más riguroso del invierno, sin embargo, abriéndose camino por seis pies de nieve con gran fatiga de los soldados, penetró en los confines de los arvernos. Cogidos éstos de sorpresa, porque se creían protegidos por un monte que suponían que era impenetrable, no pudieron ofrecer resistencia, Cesar dio orden a la caballería de correr todos aquellos territorios, dándoles rienda suelta, llenando de terror a los galos. Las noticias llegaron hasta Vercingetórix, y todos los arvernos lo rodearon espantados y pidieron que pusiera remedio. Rendido en fin a sus peticiones, levantó el campo de Berri y se dirigió al país de los arvernos.
Con motivo de reclutar nuevas tropas y caballos, entregó el mando al joven Bruto, y le recomienda emplear la caballería en correrías por todo el país; que él haría lo posible para volver dentro de tres días. Acompañado solo por su escolta se dirigió a Viena, allí se encontró con la nueva caballería que se había dirigido mucho antes a esta ciudad, sin parar día y noche pasó por el territorio de los héduos, marchando al país de los lingones donde invernaban las legiones. Desde allí despachó órdenes a las demás legiones, para reunirlas todas en un lugar antes que los arvernos pudiesen tener noticia de su llegada.
Luego que la entendió Vercingetórix, vuelve de contramarcha con su ejército al país de los biturgos; de donde pasó a sitiar a Gorgovina, población de los boyos, que César había entregado a los héduos, cuando los venció en la guerra helvética.
Cesar después de dejar 2 legiones con todos los bagajes del ejército en Agedinco, se dirigió al país de los boyos. Primero se dirigió a tomar la ciudad de Valeadonuno de los senones, ya que no quería dejar enemigos a su retaguardia. En solo dos días habían circunvalado la ciudad; al tercero, enviaron emisarios para tratar la entrega, les mandó rendir las armas, sacar fuera las cabalgaduras y dar 600 rehenes. Encomendó la ejecución de esto a Cayo Trebonio su legado; él, por no perder un punto de tiempo, mueve contra Genabo, ciudad de los carnutos. Sus habitantes habían oído del cerco de Velaunoduno, y creyendo que iría más despacio, estaban reuniendo refuerzos para defender la ciudad.
César se presentó ante la misma, levantó el campamento y por ser ya tarde, difirió el ataque para el día siguiente, para que no huyesen los sitiados, ordenó que 2 legiones velasen armas. Los genabeses, hacia la medianoche, salieron de la ciudad en silencio, y empezaron a cruzar el río; avisado César, introdujo en la ciudad las legiones que estaban en alerta, y se apoderó de la fortaleza. La ciudad fue saqueada y la quemada entregando el botín a los soldados. Después cruzó el Loira entró en el país de los biturgos.
Cuando Vercingetorix se enteró de la llegada de Cesar,  levantó el cerco y salió a su encuentro.
César había pensado asaltar a Novioduno, fortaleza de los biturgos, situada en el camino, pero los habitantes enviaron mensajeros para rendir la ciudad a cambio del perdón y sus vidas. Les mandó entregar las armas, los caballos, y dar rehenes. Mientras hacían la entrega dentro de la ciudad, divisaron la caballería de Vercingetorix que se acercaba, los sitiados tomaron las armas, cerraron las puertas, y cubrieron las murallas. Los centuriones que estaban dentro, conociendo por la bulla de los galos que algo estaba pasando, tomaron las puertas, y se pusieron en salvo con todos los suyos.
César envió su caballería para que se enfrente a la gala, al entablar combate, los suyos estaban en dificultades, enviando 400 jinetes germanos, los galos fueron puestos en fuga con muchas pérdidas. Ahuyentados éstos, atemorizados de nuevo los sitiados, entregaron a César a los que creían haber alborotado la plebe, y se rindieron. 

Asedio de Avarico
Vercingetórix decidió practicar la táctica de tierra quemada, todos los suministros debían ser quemados, todas las ciudades galas al alcance de las unidades de Cesar que fueran difíciles de defender, debían ser quemadas para privar así de suministros a César. En un solo día se incendiaron más de 20 ciudades de los biturigos.

Asedio de Avarico o Avaricum 52 a.C. Despliegue de fuerzas 

El jefe galo ordenó a la tribu de los biturigos que abandonaran y quemaran su capital, Avárico. Sin embargo, éstos confiaban en sus murallas y se negaron, alegando que sus murallas eran inexpugnables y además estaba cercada casi por todos lados por el río y una laguna, con sólo una entrada muy angosta. Consiguieron convencer a Vercingetórix a hacer una excepción, éste acampó a las afueras de la población, la ciudad contaba con unos 40.000 habitantes, de los cuales 10.000 eran guerreros.
Sin embargo, con la aparición de César ante la ciudad con seis legiones y auxiliares (de 35.000 a 40.000 efectivos), Vercingétorix trasladó sus ejércitos a una distancia de 25 kilómetros de la ciudad, a una distancia perfecta para hostigar a las fuerzas del cerco e impedir el acceso desde las regiones vecinas para recibir refuerzos y suministros y poder forrajear. Para aumentar las preocupaciones de César, sus aliados los boyos y héduos, no podía darle suministros, ya que los primeros habían desertado en secreto pasándose al lado de Vercingetorix y los segundos simplemente no tenían comida para compartir. La escasez de cereales era tan agudo que los hombres comían sólo la carne. César visitó personalmente a sus hombres y les dijo que si la escasez era demasiado, debería levantar el sitio y retirarse. Sus soldados protestaron ya que no querían perder la oportunidad de venganza por los romanos asesinados por los galos.
Contentado con la respuesta de sus tropas, César diseñó y comenzó a construir un impresionante aparato de asedio. Comenzando desde un terreno alto, construyó una especie de terraza de asedio. Se hicieron dos muros que la flanqueaban, junto con dos torres que irían avanzando hasta las murallas del oppidum. Se construyó otro muro entre los muros laterales para conectarlos y abrir el frente de batalla.
Desde la distancia, Vercingetorix hostigaba al ejército de César, pero su ejército empezaba también a quedarse sin provisiones.
Conforme continuaba la construcción de la plataforma de asedio de César, Vercingétorix trató de provocar a César a emprender una batalla, pero éste la rechazó sabiendo que el líder galo había elegido una posición elevada que sería difícil para sus legiones. Ante el rechazo de César de pelear, Vercingétorix envió 10.000 hombres que montaron un campamento cerca de la ciudad para poder aumentar el hostigamiento a los constructores de la rampa. Habiendo descubierto esto, César avanzó en el silencio de la noche y amenazó al campamento principal de Vercingétorix. Esto hizo que Vercingétorix se retirara a su campo principal, dándose prisa en ir en su ayuda. Logrado su objetivo, César se retiró.

Asedio de Avarico o Avaricum 52 a.C. Se puede apreciar la plataforma de asedio y las dos rampas con las torres de asedio. Autor Peter Connly

Asedio de Avarico o Avaricum 52 a.C. Se puede apreciar las dos torres de asedio construidas por los romanos y en frente las torres construidas por los galos para contrarrestarlas. Autor Adam Hook

Asedio de Avarico o Avaricum 52 a.C. Se aprecia la plataforma de asedio flanqueada por dos rampas para las torres de asedio. Se aprecia los túneles protegidos para los trabajos de asedio. Maqueta de la Academia de West Point.

Después de 25 días de intenso trabajo de construcción, rechazando los ataques de los galos y los intentos de incendiar la plataforma de asedio, se terminó el dispositivo de asalto. César ordenó que avanzaran las torres, y debido en gran medida a su buena suerte, estalló una fuerte tormenta, haciendo que los centinelas galos tuvieran que refugiarse en las torres de vigilancia y no en las murallas, frente a las torres de asedio. Aprovechándose de esta falta de disciplina, César furtivamente movió sus soldados hacia las torres y el muro, y lanzó un ataque brutal. Las murallas cayeron rápidamente, y los galos supervivientes se retiraron hacia el centro de la ciudad, creando una formación en cuña, determinados a luchar hasta el final. Sin embargo, ningún legionario romano bajó de las murallas, simplemente se quedaron allí cómodamente, mirando a los galos. Cundió el pánico entre los defensores galos, y todos ellos huyeron por todos los lugares por los que creían que podían escapar pero allí estaban los soldados de César que mataban a todos los habitantes que intentaban huir.
Esta victoria romana constituyó un fracaso en la táctica de tierra arrasada utilizada por Vercingétorix. Las legiones de César no tenían intención de ser benévolos con los 40.000 habitantes de Avárico, especialmente después de 25 días de raciones cortas y gran frustración. Según cuenta el propio César, sobrevivieron sólo 800, que consiguieron escapar a la masacre que siguió.
Después de alimentar a sus hombres con los abastecimientos almacenados en la ciudad, decidió dejar descansar a su ejército en Avárico, hasta comienzos de junio. Mientras tanto tuvo que mediar en un conflicto de sucesión entre los héduos Convictolitavix y Coto, obligando a Coto a renunciar al poder.
Resuelto el conflicto, pidió a los héduos toda su caballería y 10.000 infantes. Dividió su ejército: 4 legiones con Labieno para que se dirigiese al país de los senones y parisios, y él con las 6 legiones marcharía al país de los arvernos dirigiéndose a su capital Gergovia. De la caballería dio una parte a Labieno, otra se quedó consigo. 

Asedio de Gergovia
Tras la batalla de Avárico, Vercingetórix, se había retirado a la capital de los arvernos, Gergovia, una ciudad situada en una colina de difícil acceso, y protegida por un muro, y unos 200.000 galos. César con sus 6 legiones marchó hacia Gergovia, pero se encontró con que Vercingetórix había quemado todos los puentes que había sobre el río Elaver (Liger), y en el caso de construir un puente, sería destruido por las tropas galas que estaban al otro lado del río. Finalmente ambos ejércitos acamparon a la vista uno de otro separados por el río.
César, envió 4 legiones de su ejército hacia el sur con todos los bagajes, para que el enemigo pensara que se estaba retirando. Al ver esto, los galos marcharon hacia el sur para impedir que se construyera un puente allí. Entre tanto, César con 2 legiones que estaban escondidas en los bosques, construyeron un puente aprovecharon los pilotes que permanecían intactos y cruzaron el río y eligieron un buen lugar para fortificarse, llamando al resto del ejército. Al saber que estos también habían cruzado, los galos huyeron a Gergovia.
Vercingetorix situó su ejército en las laderas alrededor de la ciudad. Cuándo Julio César llegó a Gergovia, instaló un campamento, dado que un asalto frontal era imposible y además disponía de pocas provisiones. Después de pequeñas escaramuzas, tomó una colina cerca de la ciudad y la fortificó con dos legiones, y unió esta posición con doble foso para asegurar el enlace.
Un tal Eporedorix avisó a Cesar que Levitaco que mandaba los 10.000 infantes héduos, se había pasado al enemigo porque había llegado rumores de que Cesar había matado a los rehenes. Tras un combate favorable de la caballería, dejó a Cayo Fabio a cargo del cerco con dos legiones y se fue al el país de los héduos con 4 legiones y la caballería hédua sin bagajes para evitar que un tren de provisiones héduo no se pasara al enemigo. Lo consiguió sin lucha enviando a Eporédorix y Viridómaro, caudillos de los héduos, que estos daban por muertos, ya que eran rehenes. El pretexto para sublevar a los héduos fue precisamente la muerte de esta pareja de caudillos. En el camino de regreso a Gergovia, César se enteró por mensajeros que sus campamentos corrían sumo peligro y que estaban siendo asaltados por enormes fuerzas.
Aprovechando el momento en que las fuerzas romanas habían disminuido, Vercingetórix atacó el campamento romano, a duras penas aguantó Fabio, al día siguiente sufrió otro ataque.
Cuando Cesar regresó restableció la situación, pero se dio cuente que tomar la ciudad al asalto era imposible ya que no contaba con fuerzas suficientes y que retirarse inmediatamente le haría parecer débil a sus enemigos, así que que planeó una pequeña victoria para mantener las apariencias.
César observó una posición en una colina que había sido abandonada por los galos y recordó que en días anteriores apenas podía verse por la multitud de hombres que había allí, y la otra bien defendida, así que ordenó de noche un ataque con la caballería así como con las mulas de los bagajes para dar la impresión de una fuerza mayor, y que hicieran el mayor ruido posible para atraer la atención, mientras otras legiones atacaban a una posición mal defendida.

Asedio de Gergovia 52 a.C. Se aprecia los dos campamentos romanos unidos por un foso, el ataque de diversión de la caballería de Cesar y la dirección de ataque de las legiones. 

La caballería ocupó la colina de los Risolles, próxima a Gergovia, y cuando los galos acudieron a ese sector para defenderlo, Cesar atacó posiblemente con cuatro legiones entre las que se encontraban la VII, la VIII y la X. Asaltaron los muros que rodeaban los campamentos galos y lo hicieron con tanta rapidez que Teutomato, rey de los niciobreges fue sorprendido en su tienda descansando. Tomaron tres de los campamentos galos, matando a muchos de los que allí se encontraban.
Cesar alcanzado su objetivo, Cesar dio la orden de retirada, la caballería y la X legión le obedecieron y se retiraron, mientras que el resto, o bien no escucharon la señal o bien ansiando una victoria rápida, cargaron hasta las mismas puertas de la ciudad. Licio Flavio, centurión de la Legión VIII, consiguió escalar las murallas de la ciudad, siendo seguido por varios compañeros. Las fuerzas del ejército galo que estaban defendiendo el otro sector regresaron y se sumaron a los defensores, poco a poco los romanos fueron cayendo y siendo expulsados. Viendo esto, Julio César, ordenó a Tito Sixtilio que mandaba el campamento pequeño con la Legión XIII, que sacara las cohortes y las dispusiera al pie de la colina a la derecha del avance galo, para proteger a las legiones que habían desobedecido, y facilitarles la retirada.

Batalla de Gergovia. Autor Mariusz Kozik

Asedio de Gergovia 52 a.C. Ataque y retirada romana.

El ejército romano estaba desordenado y se asustaron al ver llegar a lo héduos, a los que confundieron con otros galos, sin percatarse de que llevaban el hombro derecho desnudo, distintivo de los aliados de César. César ordenó a la Legión X y la reserva del campamento principal proteger la retirada, resistieron sin demasiados problemas a los galos que perseguían a los legionarios. Estos, llegados a la llanura, formaron en orden de combate. Vercingétorix, al ver que la sorpresa de los romanos había pasado y que encima habían sido rechazados, recondujo a los suyos al interior de las fortificaciones desde el pie de la colina. Ese día los romanos perdieron alrededor de 700 soldados y 46 centuriones.

Legión X Equestris (montada) de Julio Cesar enfrentándose a los galos. Autor Mariusz Kozik 

El mito de la invencibilidad de César quedaba en entredicho y los héduos abandonaron su bando. Los almacenes romanos de Noviodunum fueron asaltados, los rehenes liberados y César se vio obligado a un repliegue hasta reunirse con el cuerpo de ejército de Labieno, que había conseguido reducir a los parisios.
La campaña de Gergovia había fortalecido la posición de Vercingétorix. Una asamblea general de representantes de la Galia, celebrada en Bribacte, volvió a reelegirle como caudillo federal, a pesar de la oposición de los héduos, aspirantes también a la dirección de la guerra. Con él, triunfó su vieja estrategia de reducir al hambre a los invasores, impidiéndoles la posibilidad de abastecimiento sin dejarse atraer a un enfrentamiento decisivo, estilo de lucha que se ha denominado por los expertos militares como “patear al enemigo en el estómago”.
César se dirigió hacia el norte para reunirse con Labieno, que acababa de obtener una victoria en Lutecia (París). Sus hombres debieron vadear el Loira, con agua hasta el cuello y transportando su equipo en los escudos, sobre su cabeza. Reunido el ejército romano con sus 10 legiones y escasos apoyos de las tribus aliadas galas, y al no poder recibir refuerzos desde Italia, César pidió apoyo a los germanos.
Los galos eran poderosos debido a su inmensa caballería, por lo que César pidió a sus aliados germanos ubios que colaboraran con jinetes y su infantería ligera de apoyo, también pidió ayuda a sus aliados los remos, logrando obtener también una poderosa caballería. 

Asedio de Alesia
Los galos posicionaron su caballería en una colina cercana a Bibracte, habían dividido la caballería en tres partes, dos a las dos alas, y el tercero de mayor entidad al frente para cortarles el paso. Enterado César dio también orden que su caballería formara en tres partes, y ocultó una legión con auxiliares arqueros y honderos, esperando el ataque enemigo. Cuando los jinetes enemigos atacaron, los legionarios se dejaron ver, y con sus arqueros y honderos mataron a muchos de los galos, en el ala derecha la caballería germana se impuso en la derecha a la gala, y temiendo ser envueltos huyeron en desbandada al campamento de la infantería de Vercingetórix. Este, viendo la derrota de sus jinetes, decidió refugiarse en Alesia, esperando que pasara lo mismo que en Gergovia.

Asedio de Alexia 52 a.C: los dos muros de circunvalación y contra circunvalación rodeaban la ciudad, se establecieron 7 campamentos (3 infantería y 4 de caballería), así como 23 fuertes o castellum. 

La ciudad de Alexia se encontraba en una meseta de 47 hectáreas denominada monte Auxois que estaba a una altura de 407 m, cuyas paredes caían casi verticalmente hasta los 150 m, estaba bordeada por tres ríos (Oze, Ozerain y Brenne) y cuatro colinas o montes (Flavigni 420 m, Rea 385 m, Bussy 430 y Penevelle 405 m), sus murallas eran fuertes , las tropas galas acamparon junto a las murallas y habían escavado un foso y construido un muro de seis pies de altura delante del campamento.

Asedio de Alesia 52 a.C. Despliegue de fuerzas. Autor Peter Connoly 

César llegó a Alexia y vio las defensas de la ciudad, y decidió no podía asaltar el oppidum debido a la fortaleza de sus defensas y al elevado número de sus defensores, que eran 80.000 infantes y unos 15.000 jinetes más la población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos.
Comenzó inmediatamente la construcción de siete campamentos fortificados (4 de caballería y 3 de infantería), apoyados por 23 fuertes en los puntos clave, los construyó un muro de tres pasos (4 m) de altura con una longitud de 17 Km alrededor de Alexia para impedir la huida de los sitiados, a continuación los rodeó de dos fosos de 4,5 metros de ancho por 1 m de profundidad, el más cercano a la fortificación se llenó de agua procedente de los ríos cercanos, y todo esto lo hizo en tres semanas.

Asedio de Alexia 52 a.C: los legionarios realizando trabajos de fortificación

Asedio de Alesia 52 a.C. Trabajos de fortificación. Autor Adam Hook

Asedio de Alesia 52 a.C. Muro de circunvalación con sus obstáculos. Autor Peter Connoly 

César contaba con 10 legiones (50.000 legionarios), 15.000 tropas auxiliares y 8.000 jinetes germánicos.
Vercingétorix para dificultar los trabajos, envió su toda poderosa caballería, Cesar mandó a las legiones para bloquear toda súbita irrupción de la infantería contraria, y con el resto atacó a la caballería gala, que comenzó a huir, los jinetes germanos los persiguen hasta las fortificaciones. Los galos se apretujaron delante de las puertas para entrar, César mandó avanzar las legiones, y Vercingetórix mandó cerrar las puertas, muchos quedaron fuera y fueron muertos y cogieron un buen número de caballos.
Tras dos semanas de trabajo, Vercingetórix, teniendo problemas para alimentar a los caballos y aprovechar antes de que se completase el cerco, ordenó despachar una noche parte de sus jinetes, ordenándoles al partir para que cada cual fuera a su patria y forzase a la guerra a todos los que tuvieren edad y acudiesen en su ayuda, dado que solo le quedaban víveres para 30 días. Todas las tropas acampadas delante de la fortaleza las metieron dentro y se dispuso a aguardar los refuerzos.

Asedio de Alesia 52 a.C. Jinetes galos abandonando la fortaleza de noche antes de que se completase el cerco para pedir ayuda. 

César enterado por prisioneros y desertores de las intenciones del enemigo, previendo la llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda línea defensiva exterior protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era de 21 km, contaba con un muro situado encima de un terraplén y tres fosos con trampas entre ellos, con una torre de madera cada cierta distancia. Dentro del recinto estableció 3 campamentos de infantería y 4 de caballería que serían sus fuerzas de reacción. En total tuvieron que escavar cuatro millones de metros cúbicos de tierra en las trincheras.
Para entonces, las condiciones de vida en Alesia iban empeorando cada vez más. Con los 80.000 guerreros que aún quedaban, más la población local, había demasiada gente dentro de la fortaleza para tan escasa comida. A Vercingetórix le dieron los jefes galos atrincherados dos opciones para evitar la capitulación por hambre. Sacrificar los 10.000 caballos que aún tenían dentro o enviar a los civiles con los romanos. El caudillo galo optó por expulsar de la ciudad a los no combatientes, ya que esperaba usar a los animales en la batalla y así podría ahorrar las provisiones para los combatientes y forzar a los romanos a agotar las suyas en alimentarlos. Sin embargo, César ordenó que no se hiciese nada por esos civiles, y los ancianos, mujeres y niños se quedaron esperando a morir de hambre en la tierra de nadie entre las paredes de la ciudad y la circunvalación, ya que Vercingetórix se negó también a recibirlos de nuevo.
Se conoce el caso de un centurión que se había dejado llevar por sentimientos compasivos e intentó apoderarse de una hermosa joven poniéndola bajo su protección, con lo que enterado el procónsul, ya que contaba con una eficaz red de espías por todas partes, ordenó que lo azotaran y lo degradaran a la categoría de legionario raso que cuida las mulas de los pertechos, y a la joven bellísima gala, la hizo azotar igualmente, obligándola a que volviera con el resto de su gente para que continuara muriéndose de hambre.
Solo se abrieron las puertas de la fortaleza de Alesia, para que entraran los hambrientos niños, mujeres y ancianos adentro cuando vieron los refuerzos galos en el exterior.
Según Julio César, la asamblea de jefes reunidos antes de Alesia pidió 240.000 efectivos y los contingentes asignados a cada tribu fueron:
·       Héduos, segusiavos, ambivaretos, aulercos branovices y blanovios: 35.000 guerreros.
·       Arvernos: 35.000.
·       Eleutetos, cadurcos, gábalos, velavios, sécuanos, senones, bituriges, sántonos, rutenos y carnutes: 12.000.
·       Belóvacos: ofrecieron 10.000 (aunque al final sólo aportaron 2.000).
·       Lemovices: 10.000.
·       Pictones, incluyendo túronos, parisios y suesiones eleuterios: 32.000.
·       Ambianos, mediomátricos, petrocorios, nervios, mórinos y nitióbroges: 35.000.
·       Aulercos cenómanos: 5.000.
·       Atrebates: 4.000.
·       Veliocases, lexovios y aulercos eburovices: 9.000.
·       Ráuracos y boyos: 30.000.
·       Arémoricos (coriosolites, redones, ambibarios, cáletes, osismos, vénetos y unelos): 6.000.

Tras varias semanas, hacia finales de septiembre, llegaron 8.000 jinetes y 240.000 infantes de refuerzo mandados por Comio rey de los atrebates, un aliado de Vercingetórix, también de origen arverno, ocuparon una colina denominada Mussy-la Fosse a unos 2 km de las fortificaciones y separada por la llanura de las Laumes. Vercingetorix al verlos ordenó que empezasen a rellenar los fosos interiores para atacar desde dentro.

Asedio de Alesia 52 a.C. Las fuerzas de auxilio haciendo señales a los sitiados con las carnix o trompetas verticales 

Al día siguiente Comio, salió del campamento y desplegó sus fuerzas en la llanura de Laumes, la caballería delante y la infantería detrás ocupando un frente de unos 5 km, posiblemente su intención era hacer una demostración de fuerza.
Vercingétorix condujo a sus hombres hacia abajo desde Alesia y comenzó a rellenar tramo del para atacar la circunvalación. Cesar ordenó ocupar las trincheras y salir la caballería acompañados de infantería ligera. Ambas caballerías chocaron, y los galos fueron derrotados y perseguidos hasta su campamento.

Asedio de Alesia 52 a.C. Los galos asaltando un fuerte o castellum que albergaba una cohorte. Autor Adam Hook 

Los galos estuvieron un día sin atacar, decidieron utilizar su inmensa infantería para atacar a César. A media noche, avanzaron los 240.000 infantes de Comio hasta la muralla que guarnecían los 50.000 legionarios de César. Al llegar, hicieron ruido, para que los sitiados salieran de Alesia y atacaran en ese mismo punto. Esta vez iban equipados con fajinas para rellenar los fosos, escaleras de asalto, postes, planchas para pasar las zanjas, algunos llevaban lo César llamó “musculi”, una especie de escudo pesado o pavés para protegerse de los proyectiles romanos. Sin embargo, César hábilmente hizo uso máximo de sus líneas internas, sus fortificaciones y la mayor formación y disciplina de sus hombres para compensar la superioridad numérica gala. En la oscuridad brutal, se produjo una gran confusión sobre todo en los asaltantes y muchos cayeron por los proyectiles de sus compañeros (lo que actualmente se llama fuego amigo). Los romanos causaron estragos en las filas enemigas con sus escorpiones y las pila. Los galos consiguieron cegar los fosos y llegar hasta las empalizadas, comenzando su asalto, los legados Marco Antonio y Cayo Trebonio, que defendían sectores que no habían sido atacados, enviaron refuerzos a los sectores más comprometidos. La situación del ejército romano también era difícil, habían agotado sus proyectiles y defendían cuerpo a cuerpo el asalto galo. Al amanecer los galos decidieron retirarse después de haber cegado algunos fosos y asaltado la empalizada en algunas partes pero sin éxito.

Asedio de Alesia 52 a.C. Ataque nocturno galo. Se puede apreciar los galos protegiéndose con los musculi o escudos, llevan fajinas para cegar los fosos. Los romanos disparan sus escorpiones desde las torres 

Asedio de Alesia 52 a.C. Asalto nocturno galo. Se puede observar que los galos llevan tablones para cruzar los fosos, fajinas para cegar los fosos, escaleras de asedio para escalar los muros, los romanos disparan arcos y escorpiones desde las torres de observación, y lanzan las pila desde las empalizadas, algunos galos alcanzan el muro y luchan cuerpo a cuerpo. Autor Adam Hook

Los galos tras el fracaso del asalto nocturno sin haber roto las líneas defensivas romanas, al amanecer se retiran. Autor José Daniel Cabrera Peña 

Al día siguiente 2 de octubre, Comio dividió a su ejército en dos, para que uno atacara a la muralla romana por donde habían cegado la noche anterior, y el otro con 60.000 efectivos bajo el mando de Vercasivelauno marchó hacia una parte de la circunvalación que, por la naturaleza del terreno, los romanos no la habían podido fortificar conocida como el monte Rea, partió de noche y terminada su marcha cerca del amanecer, se ocultó tras del monte, y ordenó a los soldados que descansen, mientras que Vercingetórix saldría de la ciudad, obligando a Julio César a combatir, no solo quintuplicado en número, sino a hacerlo por ambos flancos.

Asedio de Alesia 52 a.C. Ataque final galo 

El monte Rea estaba guarnecido por dos legiones mandadas por los legados Cayo Antistio Regino y Cayo Caninio Rehilo, Vercasivelauno ordenó el asalto y consiguió incendiar la empalizada, comenzando el asalto de la misma. Los galos consiguieron entrar entre las dos líneas defensivas, Cesar ordenó a Lavieno que reforzara el sector por su lado y en caso necesario que hiciese un contraataque, Lavieno envió inmediatamente 4 cohortes el sector, y César por su parte envió primero al joven Bruto con 6 cohortes, y tras él al legado Fabio con otras 7 consiguiendo restablecer la situación, la lucha en el interior favorecía a los romanos al emplear mejor el cuerpo a cuerpo.
Los galos debido a su superioridad numérica, consiguieron romper las líneas de contra circunvalación y entrar entre las dos líneas, el propio Cesar finalmente acudió a la zona con 4 cohortes y animó a los suyos a seguir combatiendo.

Batalla de Alesia 52 a.C: lucha cuerpo a cuerpo entre las empalizadas. Autor Angus McBride

Asedio de Alesia 52 AC. Lucha entre las empalizadas. Los galos rompen las defensas romanas combaten cuerpo a cuerpo entre las empalizadas, se ve la caballería gala tratando de romper la defensa romana. Autor Peter Connolly 

Finalmente Lavieno con 11 cohortes de la zona no atacada contraatacó y ordenó al mismo tiempo al legado Marco Antonio que con la caballería (unos 6.000 jinetes) saliese del campamento por la parte que no estaba siendo atacada, y que atacase por la retaguardia a los galos de Vercasivelauno por retaguardia, quienes, al ver a Antonio y sus jinetes atacándoles por retaguardia, huyeron en desbandada, Vercasivelauno fue hecho prisionero, y se capturaron 74 estandartes. Los sitiados al ver la huida perdieron toda esperanza.

Asedio de Alesia 52 a.C. Contraataque de Lavieno con 11 cohortes y Marco Antonio con la caballería

Batalla de Alesia 52 a.C: la caballería romana sale del muro por la parte no atacada

Batalla de Alesia 52 a.C. Ataque final, los galos asaltando las empalizadas romanas se ve a Cesar animando a sus hombres y al fondo se ve a los jinetes germanos dirigidos por Marco Antonio atacando a los galos por retaguardia. Autor Peter Dennis 

Las bajas de la batalla fueron 12.500 romanos entre muertos y heridos, los sitiadores sufrieron unos 60.000 muertos y 40.000 prisioneros.
El rey galo se dio cuenta de la inutilidad de la lucha, y de lo hambriento que estaba todo su pueblo encerrado en Alesia, ya presto a morir de hambre, y estuvo meditando sobre rendirse. Convocó a sus nobles, que les expuso que como rey de los galos tenían la opción de matarle allí mismo, o entregarse a César. Los nobles no quisieron matarle, por lo que el rey de los galos optó entregarse a César con la condición de que perdonara a su pueblo, pues el suicidio no era tradición de los galos, como lo había sido el de los hispanos sitiados en Numancia, por ejemplo, antes de rendirse y exponerse a ser rebajados como esclavos. El rey de los galos consideró que su pueblo debía de sobrevivir para poder alcanzar la independencia y liberación algún día. Vercingetorix procedió enviarle mensajeros a César para negociar su rendición.
La respuesta de César fue que se levantaría una gran trinchera en un lugar señalado del anillo interior romano, donde debían cruzar en primer lo que quedaba de los 80.000 infantes y 10.000 jinetes de Vercingetorix, llevarían allí todas sus armas y armaduras, para arrojarlas ahí en aquel gigantesco hoyo, y se pondrían a un lado para recibir un poco de alimento y de paso organizarlos para enviarlos al mercado de esclavos de Marsella.
A continuación el resto de los civiles de Alesia, reservándose las mujeres galas más hermosas para regalárselas como esclavas a sus mejores legionarios, y con cuyo botín obtenido del mercado de esclavos, repartir importantes primas en recompensa a todos sus legionarios, ya que preveía que iba a necesitar en el futuro para otras guerras y batallas; y en último lugar lo que quedaba de los nobles y el propio príncipe Vercingetórix. Y eso debería de hacerse nada más empezara el alba. Se hizo construir un estrado de poco más de medio metro de alto, donde recibiría la rendición de Vercingetorix, y como Roma aceptaba la rendición, oficialmente le recibiría con la toga consular, símbolo de su imperium, en vez de con su armadura de oro guerrera. El rey de los galos fue el último en salir de Alesia, y ataviado con sus mejores galas guerreras, se acercó a la silla curul de César, bajó de su caballo, empezó a quitarse su corona, sus armaduras y sus armas, y las arrojó al suelo, diciendo con ademán orgulloso:”Me has vencido, César, pido clemencia para mi pueblo”. ”La tendrás, príncipe Vercingetorix”, le respondió César. Acto seguido un funcionario romano se acercó al rey de los galos, para que firmara el documento de la rendición, y hecho esto, los generales que estaban a ambos lados del estrado, y los legionarios de atrás y desde el resto de la muralla del anillo romano, lanzaron vítores y vivas a César, por lo que consideraban el fin de la guerra de las Galias. El rey de los galos empezó a arrodillarse al suelo ante el vencedor, en señal de sumisión, y César se levantó de su silla curul para acercarse y ofreciendo su brazo al humillado rey galo para ayudarle a levantarse. ”Has luchado como has podido, y eso te honra, espero que esta vez hayas aprendido que no es nada bueno desafiar a Roma” le dijo César.

Rendición de Vercingétorix. El caudillo galo arrojando sus armas a los pies de Julio César por Lionel Noel Royer (1.899). Museo Crozatier, en Le Puy-en-Velay. 

Se le comunicó que inmediatamente se le llevaría prisionero a Roma, con buen trato y en buenas condiciones alojado como rehén, para estar disponible en el día del desfile triunfal. Después del desfile se le daría una muerte limpia y rápida en la cárcel de Tullianum.
Poco después los héduos y arvernos enviaron embajadas para someterse. Les ordenó entregar un gran número de rehenes y les restituyó cerca de 20.000 prisioneros.
Envió las legiones a cuarteles de invierno. A Tito Labieno mandó ir con dos legiones y caballería al país de los secuanos; a Cayo Fabio y a Lucio Minucio Basilo al país de los remos, para defenderlos de los belovacos; a Cayo Antistio Regino al país de los ambivaretos con una legión; a Tito Sestio al país de los bitúrigos con una legión; a Cayo Caninio Rebilo al país los rodenses con una legión. A Quinto Tulio Cicerón y a Publio Sulpicio los acuarteló el país de los héduos, para el acopio y distribución del trigo. Cesar determinó pasar el invierno en Bilbracte.
El Senado Romano, manipulado por Catón y Pompeyo, declaró 20 días de acción de gracias (supplicatio) por esta victoria, pero denegó el honor a César de celebrar un triunfo, incrementando la tensión política. 

Pacificación de la Galia y consecuencias
Campaña de Cesar en la Galia en el 52 a.C. Pacificación de la Galia

 Operaciones finales
Desde su cuartel general en Bribacte, César comenzó la pacificación de la Galia Central en pleno invierno en enero se dirigió contra los bitúrigos, que no se esperaban su llegada y se huyeron a las ciudades vecinas, después se dirigió contra los carnutos, y finalmente contra los belovacos, al mismo tiempo que envió a Lavieno al país de los tréveros y vagiones. A mediados del año 51 AC, le tocó el turno al ámbito septentrional de los belgas, mientras diferentes cuerpos de ejército se desplegaban por los pueblos de las orillas del Loira, Bretaña, Normandía, devolviéndolos a la obediencia romana.
Fabio derrotó a Dumnaco y sometió a los carnutos y armòricos. 

Asedio de Uxeloduno
Lucterio, el jefe de los cadurcos, y Drapes, el líder de los senones unieron sus fuerzas y decidieron seguir la resistencia, Cayo Caninio Rébilo que era el gobernador de la zona, los persiguió y estos se refugiaron en el oppidum de Uxeloduno, pretendiendo esperar hasta el fin del gobierno de César, después de lo cual podrían de nuevo rebelarse. Uxeloduno estaba fuertemente fortificado por su posición natural, estaba construida en una colina con empinadas laderas, una de ellas apoyada en un río, no podía tomarse como Alesia lo había sido en año anterior. Caninio, era consciente de que sus dos legiones no podían esperar repetir el éxito de César en Alesia, y se contentó con dividir sus legiones en tres campamentos situados en un terreno suficientemente alto para impedir la salida de la fortaleza y permitirle cerrarla gradualmente.
Lucterio, que había estado en Alesia, urgió a los sitiados que acapararan provisiones. Huyendo al amparo de la noche, Lucterio y Drapes dejaron 2.000 guerreros dentro de Uxeloduno, y se llevaron al resto en busca de grano. Mientras algunos de los cadurcos les dieron provisiones libremente, otros se vieron obligados a entregarlas a la fuerza. Después de reunir una gran cantidad, intentaron introducir subrepticiamente las provisiones en la fortaleza. Sin embargo, los centinelas de Caninio los detectaron, y Caninio dirigió sus tropas a un fiero ataque contra los convoyes. Lucterio, a cargo del convoy, huyó sin advertirlo a Drapes. El resto de los hombres que acompañaban al convoy fueron masacrados hasta el último hombre, cerca de 12.000 galos fueron masacrados.
Caninio entonces dejó a una legión defendiendo los campamentos, y tomó la otra legión y toda la caballería para perseguir a Drapes, le alcanza y en el combate consiguió matar o capturar a todos los galos, incluyendo al propio Drapes.
Regresando al campamento dedicó sus hombres a completar el cerco de Uxeloduno. Cayo Fabio, otro de los legados de César a quienes se le había asignado la tarea de someter a los senones, llegó poco después, y puso sus propias dos legiones a trabajar junto a las de Caninio.
Cesar determinado a someter la Galia mientras aún era su gobernador, dejó detrás a sus legiones, y cabalgó junto con la caballería hacia Uxeloduno, moviéndose tan rápido como podían sus caballos. Sorprendiendo a sus legados, quienes no esperaban su llegada, rápidamente percibió que Uxeloduno no podía ser tomado por asalto. Habiendo sido informado de que la ciudad tenía mucha comida, a pesar del fracaso de Lucterio y Drapes para incrementar las reservas, César eligió privar a sus habitantes de agua y rápidamente ideó un método para hacerlo. La naturaleza del terreno le impedía desviar el río, pues corría muy próximo al pie de la montaña de manera que no podían excavarse canales de derivación en ninguna dirección. Pero esa misma inclinación también hacía difícil la vida para los defensores, pues la bajada al río era extremadamente difícil. Dándose cuenta de ello, César ubicó arqueros y balistas para atacar a cualquier defensor que intentara coger agua del río.
La única fuente adicional de agua, era un manantial que surgía de la escarpada montaña justo por debajo de los muros de Uxeloduno, parecía imposible de bloquear ya que el terreno era demasiado escabroso, y no podía ser tomado a la fuerza. Sin embargo, César conocía se informó de las fuentes del manantial. Ordenó a sus hombres que construyeran una rampa de tierra y piedras, en la cual poder apoyar una torre de asalto de diez pisos de alto para bombardear el manantial. Sin embargo, mientras se llevaba a cabo esta tarea, tuvo a hombres cavando minas en la tierra, con túneles que inexorablemente se acercaban a las fuentes del manantial.
Los galos estaban entretenidos con la torre de asalto de César, y la atacaron con todos sus medios, consiguiendo incendiarla, César ordenó a sus hombres que rodeasen la fortaleza y lanzaran grandes gritos, como si se dispusieron a asaltar las murallas para seguir teniéndoles entretenidos. Mientras los minadores de César habían logrado desviar las fuentes del manantial. Cuando éste se secó, los galos dentro de Uxeloduno cayeron en la desesperación, convencidos de que los dioses los habían abandonado, y capitularon.
Cesar les castigó bárbaramente con la amputación de las manos. El resto de la campaña fue ya simplemente una concesión a la vanidad del procónsul, que recorrió la Aquitania para recibir personalmente las muestras de sometimiento de sus habitantes.

Julio César en la Galia con la  Legión X Equestris paseándose triunfalmente. Esta legión fue reclutada por Cesar cuando era gobernador de la Hispania Ulterior, era su preferida y tenía como distintivo el toro.

 Consecuencias
Según Plutarco, los resultados de la guerra fueron 800 ciudades conquistadas, 300 tribus sometidas, un tributo de más de 40 millones de sestercios para César, un millón de prisioneros vendidos como esclavos y otros tres millones muertos en batalla (se estima que la población gala era de unos 8 a 15 millones de habitantes antes de la guerra). Cada soldado romano recibió un esclavo galo.
El triunfo romano en la Guerra de las Galias se debió a una combinación de astucia política, campañas efectivas y una mayor capacidad militar que sus oponentes galos. César llevó a cabo una política de “divide y conquista” para acabar con sus enemigos, poniéndose del lado de tribus individuales durante sus disputas con oponentes locales. Reunió de forma sistemática información sobre las tribus galas para identificar sus características, debilidades y divisiones, lo que a su vez le permitía poder librarse de ellas. Cesar no menciona en sus el número de las fuerzas galas que le apoyaban, que comprendían casi la totalidad de su caballería y fuerzas ligeras.
Los galos podían disponer de inmensos ejércitos pero sufrían falta de flexibilidad, disciplina y constancia sobre todo cuando se enfrentaban a posiciones organizadas, los legionarios de cesar decían que se habían ganado más batallas con el zapapico que con la espada.
El emperador Augusto, sucesor del asesinado Julio César, dividió la Galia en el año 27 en cuatro administraciones o provincias:
·       Gallia Narbonensis, desde los Alpes hasta los montes Cévennes.
·       Gallia Lugdunensis, entre los ríos Loira, Saona y Sena.
·       Gallia Aquitania, que limitaba al norte con el río Loira.
·       Galia Bellgica, que se extendía entre los ríos Sena y Rin y cuyo límite por el norte era el mar del Norte.
Esta administración se mantuvo así hasta principios del siglo IV en que hubo cambios con el emperador Diocleciano.

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