miércoles, 18 de octubre de 2017

Capítulo 3 - Cosmogonía GRECIA 2


EUMELO o GADIRO
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes. Gobernaba la región Gadirica o islas Gadeiras.

EUNOMIA
Era una de las tres Horas de segunda generación a quien Hesíodo hacía hija de Zeus y Temis y la consideraba como la personificación de la ley y encargada de velar por una legislación correcta. 

EUPORIA
Era una de las Horas a quien Higinio presentaba como hija de Zeus y Temis considerándola como la personificación de la abundancia. 

EURÍALE
En la mitología griega, Euríale “la caracterizada por buenas acciones”) es una de las tres gorgonas, junto con Medusa y Esteno. Representa la virtud de la universalidad.
Euríale es una criatura preolímpica y la mayor de las gorgonas, nació de la unión bien de Forcis y Ceto según unas versiones, bien de Tifón y Equidna según otras. Es inmortal igual que su siguiente hermana Esteno pero en cambio la más joven, Medusa, nació mortal y hermosa.

Tenía forma de una enorme mujer, en su cabeza en lugar de cabellos le crecían serpientes venenosas vivas, y, según otras versiones también de sus axilas. Poseía además garras de bronce, una boca enorme con colmillos de marfil, alas de oro, y cola de serpiente, si bien versiones más antiguas la muestran semejante a un centauro.
Al igual que sus hermanas, Euríale poseía sangre con virtudes curativas, pero sólo si era extraída del lado derecho, pues de lo contrario su sangre se convertía en un veneno letal e instantáneo.
Como diosa terrestre, Euríale protegía y controlaba varios santuarios y oráculos en las montañas, por ejemplo el Oráculo de Delfos, e incluso es quien inspira a las pitias o pitonisas encantadoras de serpientes.
Aunque es una bestia que vive en las entrañas de la tierra, es la única gorgona con sentimientos “maternos”. En varias obras se cuenta que, cuando Perseo decapita a Medusa, Euríale es quien la llora desconsoladamente. Euríale también es la madre de Destino, y la creadora del mundo del Caos. Según algunas versiones, Euríale mantiene relaciones amorosas con Poseidón, y de ellas resulta madre del caballo volador Pegaso, quien, en otros casos, se considera hijo de Poseidón y Medusa aunque ciertos autores argumentan que se trataba de otra Euríale: la hija del rey cretense Minos.

EURIBIA
Era una divinidad marina primordial hija de Gea y Ponto y hermana de Nereo, Taumante, Forcis y Ceto. Casó con el titán Crío y fue madre de Palas, Astreo y Perses. 

EURÍDICE
Era una ninfa casada con el poeta y músico Orfeo. Un día, cuando Eurídice paseaba con las náyades, fue sorprendida por Arsisteo, quien prendado de ella, la persiguió para poseerla. La ninfa escapó velozmente y, en su huida, fue mordida por una serpiente y murió. Orfeo, lleno de desesperación y sin encontrar consuelo con nada, decidió ir a buscarla al Hades.

Orfeo logró conmover a Caronte con su música y sus poesías y le permitió atravesar la laguna Estigia y entrar en el Hades. Allí merced a sus habilidades artísticas logró convencer a Perséfone y a Hades para que permitieran a Eurídice volver al mundo de los vivos. Pero los dioses del Inframundo le impusieron como condición que no intentara ver a su esposa hasta que ella estuviera totalmente iluminada por el Sol.
Según lo acordado, Eurídice seguía a Orfeo y cuando éste llegó a la superficie se volvió a mirar a su esposa, pero ésta tenía aún un pie en la sombra por lo que Eurídice fue devuelta por una fuerza irresistible al Hades. Orfeo, solo y desamparado, fue fiel a su esposa hasta la muerte. 

EURÍNOME
Era una oceánide hija de Océano y Tetis. Su nombre significaba “amplio gobierno” y de su unión con Zeus nacieron las tres Cárites. Cuando Hefesto fue arrojado del Olimpo por Hera, Eurínome y Tetis lo recogieron en el fondo del mar.

Algunos autores afirman que fue la esposa de Ofión y reinó con él sobre los titanes antes de que Cronos se alzara con el poder. Cuando Cronos se rebeló contra Urano, Eurínome fue vencida por Rea y arrojada al Tártaro. Algunos otros autores la consideran madre del río Asopo con Zeus. 




EURO
Era el dios que controlaba el viento del Este que solía ser acompañado de calor y lluvias torrenciales. Y su símbolo era una vasija invertida derramando agua.



EUROPA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.

EUTENEA
Era hija de Hefesto y Aglaya y se le adoraba como diosa de la prosperidad y la abundancia.

EVENO
Era el dios del río del mismo nombre que corre por la región de Etolia-Acarnania en Grecia. La leyenda dice que el rey que le dio el nombre se ahogó en sus aguas y también que el centauro Neso intentó violar a Deyanira, esposa de Hércules, al cruzar sus aguas por lo que el héroe hirió gravemente al centauro que pudo huir, pero poco después murió insepulto.


FAENONTE
Era hijo de Astreo y Eos y se identificaba con el planeta Saturno, aunque también se le podía llamar Faentonte, representando, en este caso, al hijo de Helios.

EUTERPE
Era la musa de la música y, al igual que el resto de las musas de la época olímpica, hija de Zeus y Mnomósine. Protegía especialmente el arte de tocar la flauta y, generalmente, aparecía representada con una corona de flores y llevando entre sus manos el aulós o doble flautín.
Mantuvo una relación amorosa con el dios río Estrimón con quien tuvo un hijo llamado Reso quien dirigió una tropa de tracianos en la Guerra de Troya donde, según Homero en la Ilíada, murió a manos de Diomedes.


FAETUSA
Era una ninfa hija de Helios y Neera. Su nombre significaba “la radiante” y, según la Odisea de Homero, habitaba en la isla de Trinacia (Sicilia) donde, junto a su hermana Lampecia, cuidaba los rebaños consagrados a su padre, el dios del Sol.
Sin embargo, en la Metamorfosis de Ovidio, Faetusa aparece como una de las hermanas de Faetón que, al contemplar el cuerpo sin vida de su hermano, lloró y sus lágrimas se transformaron en ámbar.

FASIS
Era el dios del río del mismo nombre que discurre por Anatolia. Hesíodo, Sócrates, Platón y otros autores lo mencionan como el límite oriental de los mares navegables. En su cauce se encontraron la primera vez los faisanes que deben su nombre al río. 

FEBE
Era una helíade hija de Helios y de la oceánide Clímene. Cuando su hermano Faetón, al intentar conducir el carro de su padre a través del cielo, no pudo dominar los caballos y se precipitó al vacío ahogándose en el río Erídamo, las helíades lloraron desconsoladas durante mucho tiempo y los dioses, apiadándose de ellas, las transformaron en álamos que poblaron las orillas del río donde pereció su hermano. Sus lágrimas, convertidas en ámbar, cayeron al cauce.

FEBE
Su nombre significaba brillo del intelecto en griego antiguo. Era hija de Urano y Gea y esposa de su hermano Ceo con quien concibió a Leto y Asteria. Era conocida como la de la corona de oro y se representaba con una media luna en la frente.


FERUSA
Era una de las Horas a quien Higinio presentaba como hija de Zeus y Temis considerándola como la encargada de cuidar el buen funcionamiento de las granjas. 

FILOFRÓSINE
Era hija de Hefesto y Aglaya y se le consideraba como la diosa de la de la amistad, la amabilidad y la bienvenida.

FOBOS
Era hijo de Ares y Afrodita y personificaba el pánico. En su calidad de auriga del dios de la guerra, siempre acompañaba a su padre en las batallas junto a su hermano Deimos, el terror.
La figura de Fobos en la mitología aparecía antes de cada batalla, refiriéndose al miedo y pánico de los combatientes para luchar, estos luchadores, aterrados, huían de la batalla o fingían su muerte para luego escapar. Deimos hacia su aparición después de su hermano, presentándose en los luchadores que por miedo quedaban paralizados ante el terror al dolor o la muerte.
Tras las múltiples interpretaciones de Fobos, se popularizó la imagen de un ser sobrehumano con una misión siempre de destrucción hacia la raza humana o las amenazas, ordenada por Ares y que intentará cumplir junto a Deimos. En la aparición final de Deimos y Fobos para cumplir el objetivo que Ares les ha impuesto, aparece una escena en la que Fobos se plantea las órdenes y decide no cumplirlas, manteniéndose al margen y salvando así a la raza humana.


FORCIS
Era un dios marino a quien Hesíodo consideraba hijo de Ponto y Gea y hermano, por tanto, de Taumante, Nereo, Euribia y Ceto. Contrajo nupcias con esta última con quien tuvo una progenie monstruosa:
Equidna, las Gorgonas (Esteno, Auríale, Medusa), las Grayas (Dino, Enio, Pefredo), las Hespérides (Aretusa, Egle, Eritia, Hesperia), Ladón, las Sirenas.
De su relación con Hécate nació Escila. También era padre de Toosa cuya madre se desconoce. 

GALATEA
Era una nereida hija de Nereo y Doris, cuya morada se encontraba en Sicilia. Era amada por el cíclope Polifemo, pero ella lo rechazó por estar enamorada de Acis, un pastor siciliano. Polifemo, al sentirse rechazado, mató a su rival arrojándole un pedrusco. Desesperada por el dolor, Galatea transformó la sangre de su amado en el río Acis. Algún autor decía que Galatea terminó siendo madre con Polifemo de Celto, Ilirio y Gala, epónimos de los celtas, los ilirios y los gálatas, respectivamente.
El triunfo de Galatea, obra de Jean-Baptiste van Loo.

GALAXAURA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.

GEA
Era la diosa primordial que personificaba la Tierra como uno de los tres elementos que configuraban el universo. Hesíodo cuenta cómo, tras el Caos, surgió espontáneamente Gea y, por sí misma, engendró a Urano, el cielo, para cubrirla a ella y a todo cuanto existiera. Del mismo modo dio a luz a Ponto, la divinidad preolímpica del mar. Primitivamente se le rendía culto como diosa fecundadora depositaria de la sabiduría, pero, posteriormente, sus funciones fueron desempeñadas por divinidades más recientes.
Urano se unió a ella engendrando la primera generación divina compuesta por:
Los Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Cronos.
Las Titánides: Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis.
Los tres Cíclopes, que eran gigantes con un solo ojo cuya actividad principal era la construcción de murallas.
Brontes, el que produce el trueno,
Estéropes, el que genera el rayo
Arges, el que brilla.
Los Hecatonquiros, Coto, Briareo y Giges, dotados cada uno de ellos de cincuenta cabezas y cien brazos.


La primera generación de musas: Meletea, la meditación, Mnemea, la memoria, y Aedea, el canto o la voz.
Cuando Cronos castró a Urano al acercarse a Gea para yacer con ella brotaron de la herida sangre y semen que cayeron sobre la diosa a causa de lo cual alumbró a las Erinias, los Gigantes y las Melias, ninfas de los fresnos.
Tras la castración de Urano, la diosa mantuvo otras relaciones:
De la unión con Ponto nacieron:
Nereo, el hijo mayor, dios leal y dulce del mar, padre de las Nereidas con la oeánide Doris.
Taumante que se unió a la Oceánide Electra y engendraron a Iris, diosa del arco iris, consejera y mensajera de los dioses.
Las Arpías, ladronas despiadadas y crueles que raptaban a las personas y las arrastraban a través de las tierras subterráneas hasta el Tártaro
Aelo, viento tempestuoso
Ocípete, viento veloz
Celeno, la oscura
Forcis y Ceto, que engendraron a las Gorgonas y las Grayas:
Las Gorgonas eran: Esteno, Euríale y Medusa, la Gorgona de excelencia, por ser la única mortal.
Las Grayas: Enio, Pefredo y Dino, quienes poseían solo un ojo y un diente para las tres que compartían por turnos
Euribia, esposa de Crió.
Con el Tártaro engendró a Campe y, según algunas versiones, a Equidna y Tifón.
Con Éter, a Ergía, la diosa de la pereza y la holganza.
Con Hefesto a Erictonio
Con Océano a Triptolemo
Con Poseidón a Anteo, Caribdis
Con Zeus a Manes
Con Padre desconocido a: Anax, Argos, Arión, Caerus, Cécrope, Creúsa, Curetes, Escorpión, Feme, Flío, Hilo, Leito, Orión y Pitón.
Zeus escondió bajo tierra a su amante Elara para protegerla de las iras de su esposa Hera, por lo que Ticio, el hijo de ambos, se considera, a veces, como hijo de Gea.
A Gea se le tenía una especial devoción en toda la hélade y los juramentos que se hacían en su nombre estaban considerados como los más sagrados.


GIGANTES
Según Homero, los gigantes eran una raza de hombres salvajes y de grandes dimensiones, gobernados por Eurimedonte, que moraba en el lejano oeste, en la isla de Trinacia. Los gigantes eran unos colosos dotados de una gran fuerza y valentía, cuyo torso acababa en cola de serpiente. Pero fueron exterminados por el propio Eurimedonte debido a su insolencia hacia los dioses. Homero consideraba pues a los Gigantes, como a los feacios, cíclopes y lestrigones, una de las razas autóctonas que (con la excepción de los feacios) fueron destruidas por los dioses debido a su autoritaria insolencia, pero ni él ni Hesíodo sabían nada sobre la lucha de los dioses con los Gigantes.
Sin embargo, Hesíodo los considera seres divinos, que surgieron de la sangre que Urano derramó sobre la Tierra, siendo pues Gea su madre. Para ser más precisos, nacieron con sus hermanos y hermanas, las Erinias y las Melíades, cuando Crono castró a Urano, su padre, y la sangre de éste cayó sobre Gea. Poetas y mitógrafos posteriores los confunden frecuentemente con los Titanes. 
Se decía que Gea, indignada por el destino de sus hijos anteriores, los Titanes, engendró sola a los Gigantes, seres monstruosos e inconquistables con temibles rostros y colas de dragón, e Higino los considera hijos de Gea y Tártaro.
Estos Gigantes intervienen poco en la mitología. Aparecen esencialmente en el episodio de la Gigantomaquia (o ‘Guerra con los gigantes’), en la que se enfrentaron a los dioses del monte Olimpo, intentando llegar a ellos apilando las dos cadenas montañosas de Tesalia, Pelión y Osa, una sobre la otra. Sin embargo, fueron derrotados por los dioses olímpicos con la ayuda de Heracles. Esta batalla parece ser sólo una imitación de la revuelta de los dioses griegos contra los Titanes, la Titanomaquia.
Estos Gigantes fueron:

Agrio. Las Moiras le golpearon con mazas de bronce hasta matarlo. 

Las Moiras matando a Agrio y Toante

Alcioneo  ‘burro poderoso’). Era inmortal mientras luchase en su tierra de origen. Fue muerto por Heracles, quien lo arrastró fuera de Palene, su lugar de nacimiento, tras dispararle una flecha.

Alpo Muerto por Dioniso. 
Clitio. Fue muerto por Hécate con antorchas. 
Ctonio. Hera le convenció para luchar contra Dioniso, prometiéndole a cambio a Afrodita. 
Damasén. Criado por Eris, mató una vez a un drakon que fue devuelto a la vida por otro drakon, su compañero, con la ayuda de una hierba curativa. 
Efialtes  ‘el que salta sobre’). Se rebeló contra los dioses. Apolo le disparó en el ojo izquierdo y Heracles en el derecho. 

Encélado  ‘exhortación’). Moraba bajo el monte Etna, cuyos estruendos eran provocados por sus revolcones. Atenea le arrojó encima la isla de Sicilia. Según otros fue muerto por Sileno. 
Éurito ‘que fluye completo’). Fue muerto por Dioniso con su tirso. 
Gratión. Fue muerto por Artemisa. 
Hipólito  ‘que libera los caballos’). Lo mató Hermes, que llevaba el casco de Hades. 
Mimas. Fue muerto por Hefesto con proyectiles de metal al rojo vivo. Según otros fue muerto por Ares. 
Palas, ‘blandiendo [armas]’). Lo mató Atenea, quien lo despellejó y usó su piel como escudo para su propio cuerpo. 
Peloro, ‘monstruoso’, ‘enorme’). Hera le convenció para luchar contra Dioniso. 
Polibotes, ‘mucho alimento’). Fue muerto por Poseidón, que rompió un trozo de la isla de Cos y lo arrojó sobre él. 

Porfirión (, ‘empujar’, ‘levantarse’, ‘brotar’). Se dice de él que rasgó la túnica de Hera con intención de violarla, y que ésta le había prometido a Hebe por esposa si luchaba contra Dioniso. Zeus le hirió con un rayo y Heracles le remató con una flecha. 
Tifón  ‘humo’). Hijo del primer Tifón, igual a él en todo, que luchó contra Dioniso.

Toante. Fue golpeado hasta la muerte por las Moiras con mazas de bronce. 
Mientras que los Gigantes de la primera generación constituyen un conjunto coherente sobre el que las diversas fuentes se ponen de acuerdo, los que aparecieron posteriormente forman una nebulosa dispar, siendo considerados Gigantes según el autor. Su apariencia no es ya necesariamente monstruosa, y sólo tienen en común con los más antiguos su enorme tamaño y fuerza.
Estos gigantes fueron:
Agrio  y Orio. Hijos de Polifonte y un oso, del que le hizo enamorarse Afrodita por desdeñarla en favor de Artemisa. Ambos eran gigantes poderosos que no honraban a los dioses y devoraban hombres. Fueron transformados en pájaros por Hermes. 
Los Alóadas, dos hermanos gemelos llamados Oto, ‘búho orejudo’) y Efialtes ‘el que salta’), hijos de Poseidón e Ifimedea, que quisieron derribar el cielo con sus propias manos y derrocar a Zeus. Crecían cada año un codo de anchura y una braza en altura. Cuando tuvieron nueve años de edad decidieron luchar contra los dioses, por lo que apilaron el monte Ossa sobre el Olimpo y el Pelión sobre el Ossa, amenazando así con subir hasta el cielo. También decían que llenando el mar con las montañas lo convertirían en tierra seca y haría mar la tierra. Como eran inmortales y el Oráculo había profetizado que no morirían en manos de hombres ni dioses, se mataron entre ellos por accidente.

Según los milesios Anax, hijo de Urano y Gea, gobernó el país, que entonces era llamado Anactoria en su honor. Su hijo Asterio, gigante como él, le sucedió en el trono, pero el cretense Mileto, hijo de Apolo, conquistó el país y le cambió el nombre por el suyo. Asterio medía diez codos de alto y fue enterrado en la pequeña isla de Lade. 
Antífates, hijo de Poseidón y Gea, era el rey de la tribu de los Lestrigones, unos gigantes antropófagos que encontró Odiseo en sus viajes. Anfífates destruyó la flota de Odiseo.
Anteo, hijo de Poseidón y Gea que vivía en Irasa, en los desiertos de Libia.
Desafiaba y asesinaba a todo el que se adentraba en sus dominios, pues había hecho voto de construirle un templo a su padre con cráneos humanos. Siempre vencía en sus peleas, ya que en cuanto caía a tierra o la tocaba, su madre le daba fuerzas de nuevo. Retó a Heracles, quien lo derribó tres veces, pero en vano. Heracles advirtió lo que pasaba y, levantándole en vilo para impedirle recibir el aliento de su madre, lo asfixió.
Argos Panoptes, ‘brillante’ ‘todos los ojos’) tenía cien ojos. Era un guardián muy efectivo, pues sólo algunos de sus ojos dormían en cada momento, habiendo siempre varios otros aún despiertos. Era un fiel sirviente de Hera. Su gran servicio al panteón olímpico fue matar al monstruo ctónico con cola de serpiente Equidna cuando ésta dormía en su cueva.

Caco, ‘malo’ o ‘malvado’), hijo de Hefesto, era un gigante mitad hombre y mitad sátiro que vomitaba torbellinos de llamas y humo. Vivía en una cueva del monte Aventino en cuya puerta siempre colgaban las cabezas de los humanos que devoraba. Robó algunos de los bueyes de Gerión a Heracles mientras dormía, por lo que éste le mató.
Hércules y Caco

Crisaor, ‘espada dorada’), engendrado por Medusa cuando fue violada por Poseidón en un templo de Atenea, por lo que ésta la transformó en una Gorgona. Así, Crisaor no nació hasta que Perseo decapitó a su madre. Fue padre con Calírroe de Gerión.
Dámiso, el más rápido de los gigantes que murió en la guerra contra los dioses. Quirón exhumó su cuerpo y extrajo el astrágalo de su pie, implantándolo en el talón de Aquiles.
Eurimedonte, antiguo rey de los gigantes. Fue padre de Peribea. 
Gerión, monstruoso gigante alado hijo de Crisaor y Calírroe, formado por tres cuerpos humanos completos unidos por la cintura. Era invencible en la batalla y dueño de una gran sabiduría. Vivía en la isla Eritia y tenía una espléndida cabaña de ganado guardado por un perro de dos cabezas, Ortro, y por un pastor, Euritión. Uno de los doce trabajos de Heracles fue robar dicho ganado, tras lo cual mató a Gerión cuando éste le buscaba para vengarse.

Hilo, gigante de Lidia (Anatolia) e hijo de Gea, del que se creía que derivaba el nombre del río Hilo. Aparentemente los griegos le identificaban con Gerión. 
Hopladamo, reclutado por Rea cuando estaba embarazada de Zeus, para protegerla de Crono. 
Orión, un hermoso gigante que podía caminar sobre el agua. Le mató Gea enviándole un Escorpión por amenazar con acabar con todas las bestias de la tierra con su destreza en la caza o Apolo por atreverse a amar a Artemisa.
Talos, el gigante de bronce que patrullaba la isla de Creta para guardarla de los piratas. Le mató la bruja Medea cuando los argonautas intentaban desembarcar en la isla.
Ticio, un gigante lujurioso que intentó violar a Leto. Fue derrotado por Apolo y Artemisa y encadenado en el Tártaro, donde dos buitres comían eternamente su hígado.
Turios, un gigante que luchó con Heracles.

GLAUCO
Era una divinidad marina cuya paternidad se atribuye a Poseidón y la náyade Nais o bien a Nereo y Doris. Sin embargo, Glauco se presenta como un pescador de la isla de Eubea que, al masticar unas plantas mágicas, alcanzó la inmortalidad al tiempo que su barba y pelo adquirieron un tono verdoso que se asemejaba al de las algas marinas y sus piernas transformaban en la cola de un pez. La metamorfosis sufrida lo obligó a sumergirse en el mar donde Océano y Tetis lo purificaron haciéndole perder totalmente sus atributos humanos.
Conoció y se enamoró de Escila, quien rechazó su amor horrorizada ante el aspecto de Glauco. Éste, desesperado por el desdén, recurrió a la maga Circe para que le proporcionara un filtro para que su amada se enamorara de él. No obstante, Circe, que amaba al nuevo dios, intentó disuadirlo pidiéndole que despreciase a Escila correspondiendo así al desprecio que ella sentía hacia él. Glauco se negó y entonces la maga le entregó una pócima recomendándole que la vertiera en las aguas donde Escila se bañaba. Así lo hizo el antiguo pescador con el resultado de que la bella Escila se transformó en un monstruo.
Glauco y Escila

GORGONAS
Posiblemente el mito de las gorgonas proceda de una tradición oral recogida primero por Homero, Ilíada y Odisea, y más tarde por Hesíodo, Teogonía, y otros autores posteriores. La leyenda quizá proceda en parte de conceptos religiosos muy anteriores a la época clásica griega, ya que el nombre, que significa ‘terrible’, correspondía lo mismo a un despiadado monstruo ctónico femenino que a una deidad protectora. Su poder era tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado, por lo que su imagen se ubicaba en muchos lugares invocando su protección.
Homero, en la Ilíada, hablaba de una sola gorgona cuya cabeza estaba sujeta en la égida de Zeus y en la Odisea la presentaba como un monstruo del inframundo.
Eurípides también se refería a una gorgona presentándola como un monstruo, engendrado por Gea para ayudar a los Titanes en su enfrentamiento con los olímpicos.
Hesíodo, en cambio, establecía el número de gorgonas en tres: Esteno, poderosa, Euríale, que surge lejos, y Medusa, reina, haciéndolas figurar como hijas de Forcis y Ceto, y colocando su lugar de residencia en la lejana Libia.
Según Ovidio únicamente Medusa tenía serpientes en el pelo.
Las gorgonas eran a veces representadas con alas dorada, garras de bronce y colmillos de jabalí, pero sus atributos más comunes son los dientes y la piel de serpientes. 

Perseo y Medusa
Según la tradición ática, Medusa era la única mortal de las tres gorgonas y Perseo, observándola indirectamente por medio de un escudo espejado, pudo matarla. Medusa estaba embarazada por obra de Poseidón y de la sangre que brotó del cuello cuando Perseo la decapitó surgieron el gigante Crisaor y el caballo alado Pegaso, aunque algunas versiones afirman que cada gota de sangre se transformó en una serpiente. La cabeza de Medusa, que tenía el poder de petrificar a quienes la miraban, fue utilizada como arma por Perseo en varias ocasiones, tras lo cual fue entregada a Atenea, quien la colocó en su escudo. 

GRÁNICO

Era el dios del río del mismo nombre en la actual Turquía que dio nombre a la primera batalla de Alejandro Magno contra los persas. 

GRAYAS
Eran tres deidades preolímpicas hijas de Forcis y Ceto y nacieron ya ancianas con cabellos grises.
Sus nombres eran Dino, temor, Enio, horror, y Pefredo, alarma y tenían un solo ojo y un único diente para todas. Vivían en una cueva situada hacia el ocaso, en un lugar donde siempre era de noche. La hermana que utilizaba el ojo y el diente velaba durante su turno, mientras que las otras dos dormían.
Las Grayas aparecen únicamente en la leyenda de Perseo, ya que ellas eran las guardianas del camino que conducía hasta las gorgonas. Perseo se apoderó del ojo y las tres quedaron dormidas mientras el héroe continuaba su camino.
Otra versión del mito cuenta que las Grayas conocían la forma de matar a Medusa y que Perseo, informado de ello por Hermes y Atenea, les arrebató el ojo obligándolas a revelar el secreto antes de devolvérselo. 

GYMNASIA
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba la hora matutina de la gimnasia y el ejercicio. 

HADES
Originalmente el vocablo Hades hacía referencia únicamente al dios de la muerte griego, pero posteriormente fue aplicándose también a denominar la morada de los difuntos.

Hades, el Inframundo
En el Hades existían cinco ríos: Aqueronte, el río de la pena, Cocito, el de los lamentos, Flegetonte, el del fuego, Lete, el del olvido y Estigia, el del odio. Este último se consideraba la frontera entre los mundos superior e inferior. Virgilio estimaba que el río Erídano también pertenecía al Hades.
Como residencia de los muertos, el Hades se dividía en varias zonas. La primera era la de los Campos de Asfódelos, donde las almas vagaban sin pena ni gloria. 
Tras esta región se encontraba el Érebo, cuyo nombre aterrorizaba. En él existían dos lagos: el de Lete, donde las almas comunes acudían para borrar todos sus recuerdos, y el de Mnemósine, memoria, al que se acercaban las privilegiadas. Otras dos regiones eran el Tártaro, el Infierno, y los Campos Elíseos, una especie de Paraíso. También, frecuentemente, se menciona el Jardín de las Hespérides como un lugar habitable en la vida existente tras la muerte.
Las leyendas cuentan como los difuntos tenían que atravesar el río Aqueronte para llegar al inframundo. La travesía se efectuaba en la barca de Caronte, tras pagar un óbolo como pasaje. La pequeña moneda era colocada bajo la lengua del muerto por sus familiares o amigos y tanto los indigentes como los que carecían de alguien piadoso que les proporcionara el importe del pasaje, quedaban para siempre vagando por la orilla sin poder llegar a su destino.
La otra orilla del río estaba guardada por Cerbero, un perro con tres cabezas, y más allá las almas llegaban a la tierra de los muertos para ser juzgadas.
En el Érebo, ante el palacio donde residían el dios Hades y su esposa Perséfone, se encontraban los tres jueces del Inframundo: Minos, Radamantis y Éaco, y allí, en el altar consagrado a Hécate, se juzgaba a las almas devolviéndolas a los Campos de Asfódelos si no eran virtuosas ni malvadas, enviándolas al Tártaro si eran impías o malas, o a los Campos Elíseos aquellas que eran heroicas o virtuosas.

Hades, señor del inframundo
Hades, el invisible, era hijo de Cronos y Rea y tenía tres hermanas mayores, Hestia, Deméter y Hera, así como dos hermanos menores, Poseidón y Zeus.
Tras la victoria obtenida en la Titanomaquia, Hades y sus dos hermanos distribuyeron entre si el gobierno del universo, correspondiéndole a Zeus el cielo, a Poseidón los mares y a Hades el Inframundo, el reino invisible de los muertos.
El hecho de gobernar el Inframundo hacía que, con mucha frecuencia, se le asociara con la muerte, sin embargo, era Tánatos quien personificaba la Muerte.
A causa de esa asociación, Hades era un personaje temible para los vivos, quienes no manifestaban interés alguno en acudir a su encuentro y se mostraban reticentes a prestar juramentos en su nombre. Incluso rehuían pronunciarlo inventando el seudónimo “Plutón”, nombre que, en griego, significaba riqueza. El epíteto se le aplicaba porque los minerales preciosos procedían de las profundidades de la tierra, el Inframundo gobernado por Hades, y se consideraba que tenía el dominio sobre ellos, por lo que se referían al dios con el nombre que más tarde fue adoptado por los romanos.
Cuando los griegos deseaban apaciguar a Hades, golpeaban fuertemente el suelo con sus manos para asegurarse de que pudiera oírles. Se sacrificaban en su honor animales de piel negra y parece probable que en algún momento incluso se le llegaron a ofrecer sacrificios humanos. La sangre de los sacrificios se derramaba sobre un pozo para que pudiera llegar hasta él.
Hades con Cerbero

Hades gobernaba a los muertos con la ayuda de demonios sobre quienes ejercía una completa autoridad. Prohibió estrictamente a los súbditos abandonar sus dominios y se enfurecía cuando alguno de ellos pretendía escapar o si alguien intentaba rescatar alguna de sus presas.
Utilizaba como arma un cetro de dos puntas con el que destruía todo aquello que se interpusiera en su camino y no fuera de su agrado. Con el cetro conducía las almas de los muertos hacia el mundo inferior. Poseía, además, el casco que le proporcionaron los Cíclopes que hacía invisible a quien lo llevase puesto, un carro negro tirado por cuatro corceles de idéntico color y Cerbero, el can de las tres cabezas. Otros símbolos eran el narciso, el ciprés y la llave del Hades. El trono donde se sentaba era de ébano.

Hades Y Perséfone
Perséfone era la consorte de Hades, quien, enamorado de ella, la había raptado cuando estaba recogiendo flores con unas ninfas amigas. La amaba tan intensamente que no le permitía salir del inframundo. Deméter, madre de Perséfone, añoraba tanto la presencia de su hija que, profundamente entristecida, maldijo la tierra produciendo una gran hambruna. Zeus intervino para solucionar el conflicto enviando a Hermes para interceder ante Hades por la liberación de su esposa, pero éste engañó a su cónyuge haciendo que comiese seis semillas de granada, cuatro según otras versiones, lo que la impidió abandonar definitivamente el inframundo. Sin embargo, Perséfone, al conocer la tristeza de su madre, pidió a su esposo que le permitiese volver con los vivos comprometiéndose a que permanecería con él un mes por cada semilla que había comido, a lo cual accedió Hades.


La tierra moría en el invierno, coincidiendo con los meses que Perséfone estaba en el Inframundo porque Deméter retiraba la fertilidad de los campos. En la primavera, cuando Perséfone se volvía a reunir con ella, Deméter hacía que la tierra renaciera.
Según unas teorías, Hades no tuvo descendencia, pero en cambio otras le atribuyen, junto a Perséfone, la paternidad de las Erinias: Tisífone, Megera y Alecto.

Orfeo y Eurídice
Hades sólo mostró clemencia una vez debido a que la música de Orfeo era tan arrebatadoramente hermosa, que permitió a éste llevarse a su esposa, Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos imponiéndoles como condición que ella caminaría tras él y él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero, cediendo a la tentación de mirar atrás, fracasó y volvió a perder a Eurídice, con quien sólo se reuniría tras su muerte. 


Mente y Leuce
Hades, al igual que otras divinidades, tuvo muchos amores. Ovidio cuenta cómo amó intensamente a la ninfa Mente, relacionada con el río Cocito. En cierta ocasión, su esposa Perséfone los encontró juntos y, presa de un ataque de celos, lanzó furiosa a la ninfa al suelo y la pisoteó. Hades transformó sus restos en la planta de la menta para que Perséfone no pudiera tomar más represalias contra ella.
La ninfa Leuce, a quien también había amado, fue convertida en un álamo blanco al morir. 

HALIA
Era una helíade hija de Helios y de la oceánide Clímene. Cuando su hermano Faetón, al intentar conducir el carro de su padre a través del cielo, no pudo dominar los caballos y se precipitó al vacío ahogándose en el río Erídamo, las helíades lloraron desconsoladas durante mucho tiempo y los dioses, apiadándose de ellas, las transformaron en álamos que poblaron las orillas del río donde pereció su hermano. Sus lágrimas, convertidas en ámbar, cayeron al cauce.

HALIA
Era una ninfa marina, hija de Ponto y Talasa y hermana de los Telquines. Crió a Poseidón, con quien, más tarde, se unió teniendo una hija llamada Rodo y seis hijos. Éstos insultaron a Afrodita, quien, para vengarse, hizo que enloquecieran y violaran a su madre. Al ver a su amada ultrajada, Poseidón decretó una inundación sobre la isla que hundió a los culpables bajo tierra, donde se convirtieron en demonios. Halia, profundamente apenada, se suicidó arrojándose al mar, tras lo que fue deificada con el nombre de Leucótea.
  

HALIACMÓN:
Era el dios del río del mismo nombre que es el río más largo de Grecia. 

HAMADRÍADES
Eran las ninfas de los árboles, hijas de Óxilo y Hamadría y se conocían ocho de ellas:
Karya, del castaño
Balanos, de la encina
Kraneía, del cerezo
Morea, de la morera
Aigeiros, del chopo
Ptelea, del olmo
Ampelos, de la vid
Syke, de la higuera

Hamadríade y un leñador

HARMONÍA
Los progenitores de la diosa de la concordia y de la armonía son muy variados según versiones. Una la hace hija de Ares y Afrodita, otra de Hermes y Afrodita y una tercera de Zeus y Electra. Estaba casada con Cadmo con quien fue madre de Ino, Autónoe, Agave, Ilirio y Sémele.
Una leyenda contaba que Cadmo, en su viaje a Samotracia para ser iniciado en los misterios sagrados de Deméter, vio a la diosa y la raptó, ayudado por Atenea, llevándosela a Tebas y cuando fue proclamado rey contrajo matrimonio con ella. 
A la boda asistieron todos los dioses y la novia recibió como regalo de Hefesto un collar que proporcionaba belleza a quien le llevara, mientras que Atenea le entregó un vestido que confería la inmortalidad. Ambos regalos le fueron entregados con intenciones aviesas por ser el fruto de unas relaciones ilícitas y llevaron la desgracia a sus descendientes por estar dotados de propiedades malignas. Cuando Cadmo fue obligado a abandonar Tebas marchó acompañado por Harmonía. Al final de su vida, según algunas fuentes, fueron transformados en dragones y enviados al Elíseo, o bien, según otras, accedieron allí en un carro tirado por dragones.

HEBE
Era hija de Zeus y Hera y se la consideraba como la personificación de la juventud. Su cometido era ser la ayudante de los dioses a quienes servía el néctar que impedía el envejecimiento. Ayudaba a Hera a enganchar el tiro de su carro y cuidaba de Ares cuando era pequeño ocupándose de bañarlo y vestirlo. Homero, en la Odisea, habla de que fue la esposa de Heracles en los Campos Elíseos y que su puesto de copera de los dioses fue ocupado por Ganímedes. Posteriormente se pensaba que tenían dos hijos con Heracles llamados Alexiares y Aniceto y que era una divinidad que poseía el poder de rejuvenecer a los ancianos como hizo con Yolao cuando el sobrino de Heracles iba a luchar contra Euristeo.

HEBROS
Era el dios del río del mismo nombre que discurría por Tracia desembocando en el mar Egeo. Sus aguas tenían fama de sanadoras, por lo que muchas jóvenes acudían a bañarse en él.

HÉCATE
Fue originalmente una diosa de los carios en Anatolia que presidía las tierras salvajes y los partos. En Grecia se presentaba, en un principio, como una diosa ctónica preolímpica y Hesíodo la mostraba como hija de Perses y de Asteria afirmando que se manifestaba durante la noche, al igual que el astro lunar, tratando de justificar así su papel como diosa que controlaba la frontera entre el mundo real y el espiritual ya que lo mismo que protegía de los malos espíritus podía atraerlos en el caso de ser ofendida. Con este enfoque podría interpretarse que jugaba un papel de diosa protectora, siendo frecuente la existencia de sus imágenes en las puertas de entrada a las ciudades e, incluso, en las de las casas.
A Hécate se la considera madre de varios monstruos ctónicos que representaban aspectos pavorosos de la Naturaleza provocadores de terror. Generalmente se reproducía por partenogénesis, aunque en el caso de Escila se decía que había sido engendrada en unión de Forcis.




HECATÓNQUIROS
Hecatónquiros eran gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas, hijos de Gea y Urano que respondían a los nombres de Briareo, Giges y Coto. Su padre los arrojó al Tártaro avergonzado de su aspecto, pero fueron rescatados por Cronos, a quien ayudaron a derrocar a Urano. Tras ayudar a Cronos éste les encerró de nuevo en el Tártaro, donde permanecieron guardados por Campe hasta que Zeus los rescató. Durante la Guerra de los Titanes, arrojaban rocas de cien en cien a los Titanes.
Al terminar la guerra los Hecatónquiros se establecieron en palacios en el río Océano, convirtiéndose en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde Zeus había encerrado a los Titanes.
En la Ilíada hay una historia, que no se encuentra en ningún otro sitio, que cuenta que en algún momento los dioses estaban intentando derrocar a Zeus, y éste llegó a ser encadenado por Hera, Atenea y Poseidón, pero fracasaron cuando Tetis invocó a Briareo y a los demás Hecatónquiros, y éstos acudieron en ayuda de Zeus. 
A veces se considera a los Hecatónquiros como deidades del mar, y puede que provengan de los pentekonter, barcos con cincuenta remeros.
Los Hecatónquiros eran Briareo (‘fuerte’), Giges y Coto. Homero también se refirió a Briareo como Egeón (‘cabruno’), que era el padre, también dios del mar.



HEFESTO
Era el dios del fuego y de la metalurgia así como el protector de los herreros. Él era el encargado de suministrar a los dioses joyas, armas y armaduras. Se creía que su taller estaba situado en la isla volcánica de Lemnos, pero los colonizadores de la Magna Grecia la ubicaban bajo el monte Etna y pensaban que el volcán siciliano era una manifestación del fuego de su fragua. Todos los centros de forja de Grecia le rendían culto.


Era hijo de Zeus y de Hera o, según Hesíodo, sólo de Hera, quien lo habría alumbrado sin el concurso de Zeus, celosa porque éste había concebido a Atenea sin su intervención. Hefesto nació feo y lisiado hasta tal punto que caminaba con ayuda de un cayado y sus pies estaban colocados al revés.
Las representaciones artísticas lo muestran como una figura inclinada sobre un yunque trabajando en su fragua, con el torso desnudo, la barba desaliñada, sudoroso y contrahecho.
Hera, al contemplar el aspecto tan grotesco de su hijo, se sintió mortificada y lo arrojó desde el Olimpo al mar, donde la nereida Tetis y la oceánide Eurínome lo recogieron llevándolo a la isla de Lemnos en la que vivió y adquirió la formación de un maestro artesano. Otra versión afirma que fue Zeus quien lo arrojó como castigo por haber conspirado con Hera para derrocarlo. Según este mito quedó lisiado al caer sobre la isla.
Fabricó un trono de oro para Zeus y otro de diamantes para Hera. La leyenda dice que el trono que regaló a su madre era mágico y cuando la diosa se aposentó en él, quedó atrapada sin posibilidad de levantarse. Los demás dioses rogaron a Hefesto que la liberase, pero él se negó. Ante la negativa, intervino Dioniso, quien visitó a Hefesto y emborrachándolo consiguió montarlo en una mula y llevarlo al Olimpo. Ante esta situación, Hefesto aceptó liberar a su madre con la condición de contraer matrimonio con Afrodita, la diosa del amor y de la belleza. Los dioses del Olimpo accedieron y Hefesto, feliz con su unión, elaboró para su esposa joyas hermosísimas destacando un cinturón que la hacía aún más atractiva.

Sin embargo, Afrodita mantenía una relación secreta con Ares, el dios de la guerra, y cuando su marido se enteró por medio de Helios, el dios del Sol que todo lo ve, tejió una red invisible de plata con la que, en uno de sus encuentros, atrapó a los amantes en el lecho. Hefesto llamó a todos los demás dioses olímpicos para que se burlaran de ellos y sólo los liberó cuando prometieron no reincidir, promesa que, una vez libres, no respetaron.
Hefesto fabricó muchos de los utensilios y accesorios de los dioses, y se le atribuye la forja de los objetos metálicos dotados de poderes especiales que aparecen en la mitología griega. Como ejemplos se pueden citar: el casco y las sandalias aladas de Hermes, la égida de Zeus, el cinturón de Afrodita, la armadura de Aquiles, las castañuelas de bronce de Heracles, el carro de Helios, el arco y las flechas de Eros, el casco de invisibilidad de Hades, el cetro de Agamenón y los rayos de Zeus.
También creó diversas criaturas tales como:
Talos, el gigante de bronce que Zeus dio a Europa para que guardase Creta.
Las doncellas doradas que eran dos figuras de oro con la apariencia de jóvenes mujeres vivas a las que se les atribuía inteligencia, fuerza y la facultad del habla cuya misión era atender a Hefesto en su palacio del Olimpo.
Pandora, considerada como la primera mujer.


Consortes y descendencia
A pesar de estar casado con Afrodita, Hefesto no tuvo descendencia con ella.
Hesíodo afirmaba que estaba unido con Aglaya, la más joven de las Cárites, y, según los órficos, fueron padres de:
Euclea, diosa de la honorabilidad, buena reputación y la gloria formaba parte del séquito de Afrodita.
Eufema, diosa de las buenas palabras de augurio, aclamación, elogio, aplauso y gritos de triunfo.
Eutenea, diosa de la prosperidad y la abundancia.
Filofrósine, diosa de la de la amistad, la amabilidad y la bienvenida. 

Apolodoro, historiador griego del siglo II a.C., cuenta que Hefesto intentó violar a Atenea, aunque no pudo lograrlo y su semen cayó al suelo siendo recibido por Gea que, de estar forma, engendró a Erictonio, uno de los reyes de Atenas, a quien Atenea crió como madre adoptiva. Según otra versión, el semen cayó en la pierna de Atenea, y ésta lo limpió con un trozo de lana que tiró al suelo, surgiendo entonces Erictonio de la tierra y la lana. Se decía que Erictonio fue el constructor de los carros pretendiendo ocultar la deformidad de las piernas de Hefesto.
A veces se consideraba a que Hefesto y Etna eran los padres de los Palicos, divinidades de los géiseres y los manantiales de aguas termales de Sicilia.
También se le atribuye, junto con la ninfa Cabiro, la paternidad de los cabirios que habitaban en Samotracia así como la de Talía, la ninfa siciliana amada por Zeus.

Hefesto fue también padre de algunos mortales:
Ardalos, el inventor de la flauta.
Caco, un gigante muerto por Heracles.
Cerción, un bandido de Eleusis que daba muerte con los viajeros hasta que murió a manos de Teseo.
Filamón, músico y rey de la Offside.
Palemón, uno de los argonautas.
Pilio, habitante de la isla de Lemnos que curó al héroe de la guerra de Troya Filoctetes de una mordedura de serpiente.
Radamantis, uno de los jueces de los muertos. 

HELIA
Era una de las helíades, hija de Helios y Clímene. 

HELÍADES
Eran las hijas de Helios, el dios del sol. Unas fuentes hablan de tres llamadas Egiale, Egle y Eteria mientras que otras lo hacen de cinco: Halia, Mérope, Febe, Eteria y Dioxipe.

Al morir su hermano Faetón conduciendo el carro de Helios, lloraron amargamente y los dioses las transformaron en álamos colocándolas en las proximidades del río Erídano donde su hermano pereció ahogado. Sus lágrimas, convertidas en ámbar, cayeron al río. 

HELIOS
Era la personificación del Sol. Hesíodo lo identificaba como un hijo de los titanes Hiperión y Tea y hermano de las diosas Selene, la Luna, y Eos, la Aurora. Sin embargo, Homero lo denomina en bastantes ocasiones Titán o Hiperión.
Helios era imaginado como un dios coronado con la brillante aureola del Sol, que conducía un carro por el cielo cada día hasta el Océano que circundaba la tierra y por el que navegaba por la noche para aparecer al día siguiente por el Este. 
Homero describió el carro de Helios como tirado por toros solares, mientras que Píndaro lo hacía arrastrar por “corceles que arrojaban fuego”. Los caballos fueron llamados: Flegonte, ardiente, Aetón, resplandeciente, Pirois, ígneo y Éoo, amanecer. Con el tiempo Helios fue identificándose con Apolo, el dios de la luz.
Helios fue el padre de Persés, Eetes, Circe y Pasifae con la oceánide Perseis y con Neera tuvo a Faetusa, radiante, y Lampecia, brillante.


Consortes y descendencia
Clímene: Faetón
Rode: Helíades que representan los siete días de la semana:
Dioxipe, Egiale, Eteria, Febe, Helia, Mérope y Egle.
Cárites: Aglaya, Eufrósine, Talía, Mérope, Neera, Faetusa, Lampecia, Rodo y Electriona. 
Helíadas: Actis, Cándalo, Cércafo, Macareo, Óquimo, Ténages y Triopas.
La historia más conocida sobre Helios es la de su hijo Faetón, que intentó conducir el carro de su padre por el cielo pero perdió el control e incendió la Tierra.
A veces se aludía a Helios con el epíteto homérico Panoptes (‘el que ve todo’). 
En la Odisea, Odiseo y su tripulación superviviente desembarcan en una isla, Trinacia, consagrada al dios sol, al que Circe llama Hiperión en vez de Helios. 
Aunque Odiseo advirtió a sus hombres para que no lo hicieran, éstos mataron y comieron impíamente algunas cabezas del ganado. Las guardianas de la isla, hijas de Helios, se lo dijeron a su padre. Helios, sin embargo, apeló a Zeus, quien destruyó el barco y mató a todos los hombres salvo a Odiseo.

Helios como personificación del mediodía

En una vasija pintada griega, Helios aparece cruzando el mar en la copa del trípode délfico, lo que parece ser una referencia solar. En los Deipnosofistas, Ateneo contaba que, al ponerse el sol, Helios subía a una gran copa dorada en la que pasaba desde las Hespérides en el extremo occidental hasta la tierra de los etíopes, con quienes permanecía las horas de oscuridad. Cuando Heracles viajó a Eritia para cobrarse el ganado de Gerión, cruzó el desierto libio y quedó tan frustrado por el calor que disparó una flecha a Helios, el sol. Helios le rogó que parase y Heracles pidió a cambio la copa dorada que Helios usaba para cruzar el mar cada noche, de oeste a este. Heracles usó esta copa dorada para llegar a Eritia. 
Helios es identificado a veces con Apolo: «Nombres diferentes pueden aludir al mismo ser» observa Walter Burkert, «o bien pueden ser conscientemente igualados, como en el caso de Apolo y Helios.» En la obra de Homero, Apolo es identificado claramente como un dios diferente, relacionado con las plagas, con un arco plateado (no dorado) y sin características solares.
La primera referencia segura a Apolo identificado con Helios aparece en los fragmentos conservados de la obra de Eurípides Faetón, en un discurso cerca del final, cuando Clímene, la madre de Faetón, lamenta que Helios haya destruido a su hijo, el Helios al que los hombres llaman justamente Apolo (entendiéndose aquí que el nombre significa Apolón, ‘destructor’).
Para la época helenística Apolo había pasado a estar estrechamente relacionado con el sol en los cultos. Su epíteto Febo (‘brillante’), tomado prestado de Helios, sería más tarde aplicado también por los poetas latinos al dios Sol.
Dioniso y Asclepio son a veces identificados también con este Apolo Helios.
Los poetas latinos clásicos también usaron Febo como sobrenombre para el dios-sol, de donde proceden las referencias comunes en la poesía europea posterior a Febo y su carro como metáfora para el sol. Pero en las apariciones concretas en los mitos, Apolo y Helios están separados. El dios-sol, hijo de Hiperión, con su carro solar, aunque llamado a menudo Febo, nunca es llamado Apolo salvo en identificaciones expresas no tradicionales. Los poetas romanos se referían a veces al dios sol como Titán.

HEMERA
Su nombre significaba día en griego antiguo. Era hija de Érebo y Nix y estaba considerada como una diosa primordial. Como diosa del día, Hemera salía del Tártaro justo cuando Nix entraba en él, y ésta volvía a salir cuando Hemera regresaba. Nix arrastraba las oscuras nieblas de Érebo por los cielos llevando la noche al mundo ocultando el Éter, mientras Hemera las dispersaba trayendo el día. (En las antiguas teogonías se consideraba que la noche y el día eran independientes del Sol.)

Hemera

HEPTÁPORO
Era el dios del río del mismo nombre en la actual Turquía.

HERA
La diosa de los grandes ojos era hija de Cronos y Rea y, una vez finalizada la Titanomaquia, se unió en matrimonio con su hermano menor Zeus siendo proclamada reina de las divinidades olímpicas. Se le rendía culto como protectora de los matrimonios y nacimientos y, normalmente, estaba representada como una mujer sedente en su trono, adoptando un ademán solemne y majestuoso, y su cabeza coronada por la diadema cilíndrica que habitualmente adornaba a las diosas madre, mientras su mano sostenía una granada como símbolo de la sangre y de la muerte. Sus emblemas eran la vaca, el león y el pavo real, en cuyo plumaje se decía que mostraba los ojos de Argos, el guardián designado por Hera para vigilar a Ios muertos por Hermes de una pedrada por orden de Zeus.

Su culto estaba muy extendido como lo demuestra la gran cantidad de templos edificados en su honor a lo largo y ancho de la geografía helena, especialmente en la Argólida, a cuyas ciudades Esparta y Micenas concedía una especial protección. Hasta en la Magna Grecia se edificaron templos dóricos en su honor y, posiblemente, fuera la primera divinidad a quien se le dedicó un templo techado en Samos.
Era muy conocida por su carácter celoso y no dudaba en vengarse de cualquiera que la hubiese agraviado, principalmente de las amantes de Zeus, ya fueran divinas o humanas, y de su descendencia.
De su unión con Zeus nacieron Ares, dios de la guerra, Hebe, diosa de la juventud, Eris, diosa de la discordia, e Ilitía, diosa de los partos. Extra conyugalmente engendró a Hefestos como venganza sobre Zeus por haber concebido éste a Atenea solo, o con Metis, según versiones. 

LEYENDAS DE HERA
Hera y Hefesto
Una leyenda narra cómo Hera, disgustada por la fealdad de Hefesto, lo expulsó del Olimpo. Hefesto se vengó de su madre construyendo un trono mágico que la aprisionaba una vez aposentada en él impidiéndola levantarse. Los demás dioses rogaron a Hefesto que volviese al Olimpo para liberarla, pero éste se negó y fue necesario que Dioniso lo embriagara para llevarlo al Olimpo a lomos de una mula. Por fin, Hefesto liberó a Hera recibiendo a Afrodita por esposa como recompensa.

Hera y Heracles
Zeus, adoptando la figura de Anfitrión de Tebas, poseyó a Alcmena, la esposa de éste dejándola encinta. Esa misma noche, Anfitrión regresó a su hogar yaciendo también con su mujer quedando ésta embarazada de gemelos. La noche que iban a nacer los gemelos, Hera, enterada del adulterio de Zeus, logró convencer a éste para que jurara que el primer niño que naciera esa noche miembro de la estirpe de Perseo, sería un rey importante. Zeus juró y, tras ello, Hera fue a casa de Alcmena y ralentizó el nacimiento de Heracles sentando a la parturienta con las piernas cruzadas y las ropas atadas con nudos. Asimismo, provocó el nacimiento anticipado de Euristeo, primo hermano de Anfitrión y sobrino de Alcmena y, por tanto, descendiente de Perseo, quien sería rey en lugar de Heracles merced al juramento de Zeus.
Hera intentó evitar por completo el nacimiento de Heracles, pero Galantis, la sierva de Alcmena, lo impidió al informar a Hera que el niño ya había nacido. La diosa se enfureció y transformó a Galantis en una comadreja.
Cuando Heracles era niño, Hera envió dos serpientes para matarlo mientras dormía en su cuna, pero él las estranguló una con cada mano y su niñera lo halló jugando con sus cuerpos. 
Un relato cuenta que Zeus había engañado a Hera para que amamantase Heracles. La diosa, al descubrir quién era éste, lo retiró de su pecho, y un chorro de su leche formó la Vía Láctea.
El origen de la Vía Láctea. Tintoretto.

Heracles casó con Mégara, hija del rey tebano Creonte, con quien tuvo varios hijos. Hera le provocó un ataque de locura durante el cual mató a sus hijos. Una vez recuperado del episodio se sintió tremendamente apesadumbrado y abandonó el hogar. La sibila de Delfos le impuso en castigo por su terrible acto la obligación de efectuar los diez trabajos que Euristeo le ordenara. Los realizó, pero Hera convenció a Euristeo de que en dos de ellos había recibido ayuda lo que los invalidaba por lo que debería realizar otros dos. Hera siempre intentó añadir dificultades a los trabajos para que fueran más complicados de lo que ya eran de por sí.

Eco
Una ninfa llamada Eco trataba de distraer a Hera de las aventuras de Zeus hablándole incesantemente. En cierta ocasión, la ninfa, para cubrir una aventura de Zeus, informó a la diosa que su marido la estaba esperándola en el Olimpo. 
Cuando Hera descubrió el engaño, maldijo a Eco haciendo que sólo pudiera pronunciar las palabras de los demás. El nombre de la ninfa es el origen de la palabra eco.

Leto, Artemisa y Apolo
Hera, al descubrir que Leto estaba embarazada por obra de Zeus, prohibió, llena de celos, que el parto tuviera lugar en tierra firme por lo que Leto se vio obligada a dar a luz en la isla flotante de Delos. Más tarde, la isla fue sujetada por cuatro pilares y santificada a Apolo.
Otra versión narraba que Hera había enviado a Pitón en persecución de Leto para evitar el parto. No obstante, el viento Aquilón llevó a Leto hasta la isla Ortigia donde Poseidón la salvó al cubrir la isla con sus olas mientras nacían Apolo y Artemisa. Más tarde Ortigia pasó a llamarse Delos y Apolo mató a la serpiente Pitón vengando así sufrimientos de su madre.

Calisto y Arcas
Calisto era una devota seguidora de Artemisa que hizo voto de permanecer virgen. Pero Zeus se enamoró de ella y se disfrazó de Artemisa para poder atraerla hasta sus brazos. Hera, la esposa de Zeus, convirtió entonces a Calisto en una osa como venganza. 
Calisto murió debido a esta intriga, pero para salvar a su hijo Zeus la transformó en la constelación de la Osa Mayor, otorgándole así la inmortalidad. Arcas, el hijo de Calisto, fue dado por Zeus a la pléyade Maya para que lo criase.
Se cuenta que esta constelación orbita siempre alrededor del cielo sin bajar nunca del horizonte porque Tetis, esposa de Océano y niñera de Hera, prohibió que se sumergiese en el mar, pues odiaba la intrusión de Calisto en el lecho de su ahijada. Esto explicaría por qué es circumpolar.
Arcas, el hijo de Zeus y Calisto que algunos dicen que fue nieto de Licaón sirvió a aquél en un banquete, llegó a ser rey, y la región de Arcadia (anteriormente llamada Pelasgia) fue bautizada en su honor. Tras su muerte fue convertido en la constelación Boötes, el Guardián de la Osa, aunque otros afirman que dicha constelación es algún otro personaje.

  
Sémele y Dioniso
Cuando Hera supo que Sémele, hija del rey Cadmo de Tebas, estaba embarazada de Zeus, se disfrazó como su niñera y la persuadió para que le pidiese a Zeus que se mostrase en su auténtica forma. Cuando éste se vio obligado a hacerlo, sus rayos y truenos la mataron. Zeus tomó al niño y completó su gestación cosiéndolo a su propio muslo.

Ío
Hera estuvo a punto de sorprender a Zeus con su amante la princesa Ío, lo que éste evitó transformándola en una hermosa ternera blanca. Sin embargo Hera sospechó el engaño y pidió a Zeus que le regalase la ternera, petición a la que el dios no pudo negarse.
Cuando Hera recibió la ternera, la dejó a cargo de Argos para mantenerla apartada de Zeus. Éste ordenó a Hermes matar a Argos para lo que se disfrazó de pastor logrando que, al escuchar historias aburridas, Argos cerrase sus cien ojos quedándose dormido. Esto fue aprovechado por Hermes para matarlo con una piedra y rescatar a Ío.

Ovidio cuenta que, cuando Hera se enteró de la muerte de Argos, tomó sus ojos y los colocó en el plumaje del pavo real, explicándose así los dibujos de su cola. Al propio tiempo, Hera envió un tábano para que picase a Ío, obligándola a vagar sin rumbo por el mundo con forma de vaca. Finalmente Ío llegó a Egipto donde se consagró como sacerdotisa de la diosa Isis.

Lamia
Era una reina de Libia a quien Zeus amaba. Hera la transformó en un monstruo y mató a sus hijos. 

Gerana
Era una reina de los pigmeos que alardeaba de ser más bella que Hera. La diosa la transformó en grulla y decretó que los descendientes de este pájaro estarían eternamente en guerra contra el pueblo pigmeo.

Tiresias
Era un sacerdote de Zeus que, de joven, encontró dos serpientes apareándose y las golpeó con un palo. Entonces fue transformado en una mujer. Como mujer, Tiresias se convirtió en sacerdotisa de Hera, se casó y tuvo hijos. Tras siete años como mujer, Tiresias volvió a encontrar dos serpientes apareándose, las golpeó con su bastón y se convirtió en hombre de nuevo. Zeus y Hera le pidieron su opinión sobre con qué sexo, masculino o femenino, experimentaba más placer en sus relaciones sexuales. Zeus afirmaba que era como mujer, y Hera decía que como hombre. Cuando Tiresias estuvo de acuerdo en Zeus, afirmando que la mujer recibe nueve décimos del placer y el hombre sólo uno, Hera le cegó. Como Zeus no podía deshacer esta maldición, concedió a Tiresias el don de la profecía. 

Quelona
En la boda de Zeus y Hera, una ninfa llamada Quelona fue irrespetuosa. Zeus, a petición de Hera, la castigó transformándola en tortuga.

Rebelión en el Olimpo
Hera, junto a Poseidón, Apolo y Atenea intentaron destronar a Zeus y adueñarse del Olimpo encadenándolo a su lecho y alejando su poderoso rayo. Mientras discutían quién gobernaría el Olimpo, Briareo liberó a Zeus, y el dios castigó a los conspiradores. Como castigo ejemplar, colgó a Hera desde el cielo, con sus brazos encadenados a argollas de oro y un yunque atado a cada pie. Los gritos de dolor de Hera ablandaron el corazón de Zeus y la liberó.

Las metamorfosis
En Tracia, Hera y Zeus convirtieron al rey Hemo y la reina Ródope en montañas, los Balcanes y las montañas Ródope respectivamente, por compararse con los propios dioses.

HERACLES
Era hijo de Zeus y Alcmena, esposa de Anfitrión, y nieto de Perseo por línea materna. La leyenda cuenta que Alcmena había jurado no entregarse a su esposo hasta que sus hermanos fueran vengados, por lo que su marido organizó una expedición de castigo contra los tafios, pueblo que, dirigido por Pterelao, había sido el causante de la muerte de sus cuñados. La noche que Anfitrión volvía hacia su hogar una vez cumplida la venganza, Zeus, encaprichado de Alcmena, adoptó la forma de su esposo y yació con ella dejándola embarazada de Heracles. A continuación llegó su verdadero marido y también la poseyó quedando encinta de Ificles.
Hera, la celosa esposa de Zeus, al enterarse de que la infidelidad de su marido iba a dar fruto, ideó una estratagema para perjudicar a su hijastro persuadiendo a Zeus para que hiciera un juramento según el cual el primer niño que naciera esa noche perteneciente a la casa de Perseo sería el rey de Micenas. El rey del Olimpo accedió a la petición de su esposa y pronunció el juramento, tras el cual, Hera se dirigió hacia la residencia de Alcmena y trató de retrasar el parto haciéndola cruzar las piernas y atándoselas con nudos hechos de sus propias vestiduras. Al mismo tiempo aceleraba el parto de Nícipe haciendo que Euristeo naciera antes, por lo que él sería el rey Micenas de acuerdo con el juramento de Zeus.
Hera estaba dispuesta a evitar el nacimiento de Heracles, pero fue engañada por Galantis, doncella de Alcmena, diciéndole que ella había atendido ya el nacimiento de los niños. La diosa, al enterarse del engaño, castigó a Galantis convirtiéndola en comadreja y obligándola a dar a luz poniendo huevos por la boca.
El hijo de Zeus recibió al nacer el nombre de Alceo, en honor a su abuelo materno, pero más tarde Apolo se lo cambió llamándolo Heracles, “servidor de Hera”, quizá en un intento infructuoso de apaciguar a la diosa.
Siendo aún muy niño en su cuna, pero Heracles se despertó a tiempo y, tras estrangularlas, estuvo jugando con sus cuerpos hasta que su niñera lo descubrió.
Una versión sobre el origen de la Vía Láctea dice que Zeus engañó a Hera tratando de que amamantara al niño, pero ésta, Hera introdujo dos serpientes en sus aposentos intentado matarlo mientras dormía lo descubrió y lo apartó de su pecho del que surgió un chorro de leche que formó el camino blanco que cruza el cielo.
Heracles creció pletórico de salud y tuvo varios maestros de los que aprendió distintas disciplinas. Anfitrión lo enseñó a conducir un carro, Cástor lo instruyó en el manejo de las armas, Autólico en la lucha, Eurito en la utilización del arco, Quirón en las ciencias y Lino en la música. Como era un estudiante violento e indisciplinado, recibía constantes reprimendas de sus preceptores hasta que un día el joven estudiante se enfureció y golpeó a su maestro de música con una lira provocándole la muerte instantánea. El homicida compareció ante un tribunal para ser juzgado por asesinato, pero fue absuelto al invocar una sentencia de Radamantis según la cual se podía matar al adversario en caso de legítima defensa. No obstante, Anfitrión, temiendo que su hijo adoptivo sufriera nuevos arrebatos coléricos, lo envió a cuidar sus rebaños en el monte Citerón, donde un león acosaba y diezmaba los rebaños de la comarca. Heracles consiguió matar a la bestia y se vistió con su piel.

En cierta ocasión, mientras pastoreaba el ganado, se le aparecieron dos mujeres. Una de ellas, llamada Molicie, le ofreció llevar una vida de ocio y placer, mientras que la otra, de nombre Virtud, le propuso tener una larga vida llena de aventuras y fatigas que lo conduciría a la gloria. Heracles aceptó la segunda oferta.
Cuando a los dieciocho años regresaba a Tebas, una vez terminado el período de alejamiento impuesto por Anfitrión, se encontró con los emisarios del rey Ergino, de Orcómeno, que se dirigían a cobrar el oneroso tributo que años antes habían impuesto a los tebanos tras derrotarlos en una guerra. Heracles los atacó cortándoles la nariz y las orejas y enviándolos de regreso a su reino para que informaran al rey de que ese sería el tributo que, en adelante, recibirían si osaban reclamarlo de nuevo. Creonte, el rey tebano, le entregó a su hija Megara en matrimonio como agradecimiento por su gesta. De esta unión nacieron varios hijos.
Durante un episodio de locura que le había provocado Hera, Heracles mató a sus hijos y, cuando al recuperar la razón fue consciente del crimen perpetrado, sintió un dolor tan angustioso que le impidió continuar viviendo en su hogar y lo llevó en busca de consuelo al oráculo de Delfos, donde la sibila le impuso, a modo de penitencia por su crimen, la obligación de ejecutar los diez trabajos que le ordenara Euristeo, el usurpador de la corona de Micenas a la que Heracles tenía legítimo derecho. Heracles cumplió su cometido, pero Hera sugirió a Euristeo que el resultado de dos de ellos no era satisfactorio porque había recibido ayuda, lo que motivó que tuviera que realizar otros dos, llegando hasta los doce. 

El orden tradicional de los trabajos era:
El León de Nemea
Era un león monstruoso hijo de Tifón y Equidna, o bien de Ortos y Quimera, aunque alguna leyenda decía que había caído desde la luna y que era hijo de Zeus y Selene.
El león tenía aterrorizados a los habitantes de la comarca de Nemea y poseía una piel tan gruesa que resultaba invulnerable a las armas.
Heracles, en el cumplimiento de su primer trabajo, se enfrentó a él, pero al advertir que sus armas resultaban ineficaces para abatir a la fiera, urdió una estratagema para cazarlo. Azuzó al felino para que penetrara en su guarida que tenía dos puertas. Una vez dentro, el héroe taponó una de las entradas y entrando por la otra acorraló al león hasta atraparlo y rodeándolo con sus fuertes brazos, lo estranguló.
Heracles intentó, sin éxito, desollar al animal y no pudo lograrlo hasta que Atenea, disfrazada, informó al vencedor de que la única forma de despojar a su presa de la piel era utilizando sus propias garras. Así lo hizo y, desde entonces, utilizó la piel de león a modo de coraza. 


La Hidra de Lerna
La Hidra era un antiguo y despiadado monstruo ctónico acuático con forma de serpiente y un número de cabezas que oscilaban entre tres y cien, e incluso diez mil, según versiones, por cuyas bocas arrojaba aliento venenoso. Cuando se le cortaba una cabeza, le nacían dos. Su guarida se hallaba en el lago de Lerna, en el golfo de la Argólida. La Hidra era hija de Tifón y la Equidna y fue criada por Hera. Se la consideraba hermana del León de Nemea y cuando éste murió a manos de Heracles, el monstruo buscaba la venganza, hecho que inclinó a Euristeo a encargar el trabajo de su muerte a su primo.
Éste, al llegar a las proximidades de la guarida, cubrió su boca y nariz protegiéndose del aliento venenoso y disparó flechas incendiarias obligando a la Hidra a salir de su refugio. Por cada cabeza que el héroe cortaba nacían dos, lo que hizo ver a Heracles que así no podría vencerla. Ante esta situación, el héroe, según Apolodoro, solicitó la ayuda de su sobrino Iolao, quien, inspirado por Atenea, fue quemando el muñón dejado por cada cabeza cortada, impidiendo así la regeneración y consiguiendo matar al monstruo. Heracles enterró bajo una gran roca la única cabeza inmortal completando así su segundo trabajo, aunque Euristeo no lo dio por válido ya que no había trabajado solo.
Alguna versión añade a las dificultades de Heracles frente al monstruo el hecho de que Hera enviase un escorpión para estorbar a su hijastro facilitando que fuera vencido y muerto por Hidra, pero el héroe pisó al alacrán aplastándolo mientras mantenía la lucha contra su enemiga.
Aunque ni la Hidra ni el escorpión pudieron cumplir su misión de acabar con su odiado hijastro, Hera los premió colocándolos en el cielo de tal forma que el alacrán (constelación de Cáncer) siguiera al león (constelación de Leo) y poniendo bajo ellos a la Hidra (constelación del mismo nombre). 

La Cierva de Cerinia
Era un animal mitológico que tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro, siendo una de las cinco ciervas que la diosa cazadora había intentado capturar para engancharla a su carro y la única que logó escapar.
El animal era muy veloz y cuando Heracles recibió el encargo de apresarla viva y llevarla a Euristeo, le resultó muy dificultoso cumplir el mandato, pese a perseguirla sin descanso durante un año hasta llegar al país de los hiperbóreos. Allí, mientras la cierva abrevaba, el héroe preparó su arco y disparó una flecha que atravesó las dos patas traseras del animal entre los tendones y los huesos consiguiendo de esta forma no derramar ni una gota de sangre, cumpliendo así su misión de cazarla viva y llevarla a Micenas.

El Jabalí de Erimanto
En el monte Erimanto, situado entre la Arcadia y la Élide, existía un feroz jabalí que causaba estragos en todo el contorno y Heracles fue requerido por su primo Euristeo para su exterminio.
Cuando se dirigía a cumplir la nueva misión, Heracles se detuvo para visitar a su amigo el centauro Folo, quien compartió con él la comida y un vino especiado reservado para consumo de los centauros. Éstos, al oler el vino, se enfurecieron contra el intruso que lo consumía y lo atacaron. Heracles los rechazó matando a varios de ellos con sus flechas impregnadas del veneno de la Hidra de Lerma haciendo huir al resto.
Cuando el héroe enterraba a sus víctimas, Folo tomó entre sus manos una de las flechas envenenadas asombrado de que algo tan pequeño pudiera causar la muerte a seres tan fornidos como los centauros y mientras la estaba examinando se le cayó hiriéndose en un pie lo que le provocó la muerte. Heracles lo enterró al pie de la montaña donde vivía que, a partir de entonces, llevó su nombre.
Tras este episodio, Heracles localizó al jabalí y, persiguiéndole durante varias horas, lo acorraló en una zona nevada donde, saltando sobre su lomo, lo pudo encadenar y llevarlo vivo a Micenas cumpliendo así su cuarto trabajo. 


Los establos de Augías
Augías era un rey de la Élide hijo de Helios y de Naupidame. Otras versiones atribuyen su paternidad a Poseidón, e, incluso, se habla de otros progenitores menos conocidos. Contrajo nupcias con Epicaste con quien tuvo cinco hijos: Epicaste, Fileo, Agameda, Agastenes y Eurito.
Fue uno de los argonautas, siendo el encargado de intentar convencer a su hermanastro Eetes para que entregara el vellocino de oro voluntariamente, pero Eetes no lo reconoció como hermano y expulsó de su palacio a los visitantes amenazándolos con la muerte.
Los dioses habían determinado que el ganado de Augías no sufriría ningún tipo de enfermedades por lo que su cabaña se convirtió en la mayor de todo el país. El rebaño estaba defendido por doce toros regalados por su padre Helios impidiendo así que fuera atacado por las fieras.
Sus establos eran famosos porque nunca habían sido limpiados y como se suponía que el aseo era un trabajo ingente, Euristeo llamó a Heracles encargándole la limpieza en un solo día con ánimo de humillarlo, pues parecía imposible hacerlo dada la enorme acumulación de excrementos. No obstante, Heracles construyó un canal que atravesaba los establos y desvió el cauce de los ríos Alfeo y Peneo haciendo que el caudal de agua pasara por el canal y arrastrara toda la suciedad.

Augías, que había prometido a Heracles regalarle parte de su ganado si culminaba con éxito la misión en un sólo día, se negó a cumplir su promesa alegando que el trabajo lo habían realizado los ríos, y cuando el testimonio de su hijo Fileo convenció a los jueces de que Heracles tenía la razón, Augías lo desterró arrebatándole el derecho sucesorio. Euristeo, por su parte, tampoco consideró el trabajo como uno de los diez que había de cumplir alegando que Heracles había sido contratado por Augias.
El héroe abandonó Élide y trató de hallar aliados atacar a Augías, pero fue derrotado por los moliones, dos hijos de Poseidón, que mataron a su hermano Ificles.
Tres años más tarde, Heracles aprovechó que se estaba celebrando un festival en honor a Poseidón para tender una emboscada en la que mató a los moliones y a Éurito, hijo de Augías. Posteriormente volvió a reclutar otro ejército con el que saqueó la Élide, mató a Augías y puso en el trono al desterrado Fileo.
Una leyenda afirma que, para celebrar la victoria, Heracles instauró los famosos juegos olímpicos.

Los Pájaros del Estínfalo
Eran unas aves carnívoras pobladoras del territorio situado en torno al lago Estínfalo, que estaban dotadas de picos, alas y garras de bronce y cuyos excrementos venenosos arruinaban los cultivos.

Euristeo comisionó a Heracles para que acabara con la permanente amenaza de las aves, puesto que solían atacar al ganado e, incluso, a las personas.
A llegar al lago, Heracles pudo constatar que la misión era especialmente compleja debido a que contra ellas no le servía de nada su fortaleza física y que, dado el elevado número de aves, carecía de flechas suficientes para exterminar la copiosa colonia avícola. Cuando más preocupado estaba, se le apareció Atenea entregándole una campanilla de bronce e invitándolo a tocarla. Al escuchar el sonido, las aves levantaron el vuelo asustadas y Heracles derribó con sus flechas a gran número de ellas, mientras que las que consiguieron escapar se dirigieron hacia la isla de Ares en el Mar Negro donde, posteriormente, serían encontradas por los argonautas. No obstante, algunos de los pájaros se dirigieron hacia Micenas donde volaban alrededor del palacio de Euristeo a quien obligaron a retirarse a un refugio temeroso de ser atacado. Cuando Heracles volvió para dar cuenta del fin de su misión, hizo sonar la campanilla y los pájaros desaparecieron para siempre. 

El Toro de Creta
El rey Minos de Creta prometió sacrificar en honor a Poseidón el toro blanco que éste había hecho surgir del mar, pero al contemplar la hermosura del animal, se arrepintió de su promesa y, en vez de ofrecerlo en sacrificio al dios, lo incorporó a sus rebaños como semental. Poseidón, enfurecido por esa acción, hizo que la reina Parsifae sintiera una pasión irrefrenable hacia el animal llegando a concebir con él al Minotauro. Después, la divinidad marina hizo enloquecer al toro volviéndolo salvaje y haciendo que arrojara fuego por sus fauces, mientras causaba numerosos estragos en la isla.
Euristeo ordenó a Heracles que capturara al toro y lo llevara a su presencia. El héroe, en cumplimiento de su séptimo trabajo, recabó la autorización del rey Minos y, tras obtener el permiso, saltó sobre el lomo del animal conduciéndolo a través del mar Egeo hasta Micenas, donde Euristeo quiso ofrecérselo a Hera, pero ésta, al ver la ferocidad del toro, lo rechazó, por lo que el rey lo dejó libre. Una vez liberado, el astado continuó causando estragos hasta que Teseo lo mató en la llanura de Maratón, en las proximidades de Atenas.

Yeguas de Diomedes
Diomedes era un gigante rey de Tracia hijo de Ares y Cirene y dueño de unas yeguas antropófagas. El número de animales no estaba claro pues unos autores hablaban de cuatro, mientras que otros elevaban el número a veinte.
Diomedes tenía encadenados a los equinos y los alimentaba con la carne de sus huéspedes. Heracles, al recibir el encargo de apoderarse de las yeguas, reunió un grupo de voluntarios y se encaminó hacia Tracia. Diomedes atacó a los expedicionarios, pero Heracles lo venció arrojándolo, aún con vida, a las yeguas por las que fue devorado. Tras ello, los animales se volvieron mansos y pudieron ser atadas al carro de Diomedes y conducidas de esta forma a Micenas donde fueron regaladas a Hera.
Durante el enfrentamiento con las tropas de Diomedes, las yeguas devoraron a Abdero, amigo de Heracles, y éste fundó en su honor la ciudad de Abdera.
Algunas leyendas afirmaban que las yeguas murieron en el monte Olimpo devoradas por alimañas y que el caballo de Alejandro Magno, Bucéfalo, descendía de ellas.

El cinturón de las amazonas
El noveno trabajo de Heracles fue obtener el cinturón, a petición de Admete, la hija de Euristeo. En una versión de la historia, Hipólita se enamora de Heracles y le da el cinturón voluntariamente. En otra, Heracles secuestra a una de las hermanas de Hipólita, Melanipa, exige el cinturón como rescate y libera a la amazona cuando lo obtiene. El hacha de Hipólita es entregada a la reina Ónfale, quien la guarda en las regalías de los reyes lidios. Más tarde, se vería el arma empuñada por Zeus en una representación estatuaria.
Después de que Heracles obtuviera el cinturón, Teseo, uno de sus compañeros, secuestra a Antíope, otra hermana de Hipólita. Las amazonas atacan entonces (porque Hera, la enemiga de Heracles, ha difundido el malintencionado rumor de que Heracles está allí para atacarlas o secuestrar a Hipólita), pero Teseo y Heracles escapan con el cinturón y con Antíope. Según otra versión, Heracles mata a Hipólita en su huida. Para rescatar a Antíope, las amazonas atacan Atenas, pero fracasan; en algunas versiones, Antíope muere durante el ataque.
En muchas versiones, Teseo se casa con Antíope o con Hipólita, y tiene así un hijo llamado Hipólito. Teseo terminará casándose con Fedra, bien tras haber abandonado a su anterior esposa, o bien tras la muerte de ésta en el parto. En la versión en la que Teseo está casado con Hipólita y la abandona, ella intenta vengarse llevando a las amazonas a la boda de Teseo y Fedra con la intención de matar a todos, aunque fracasa al ser asesinada, según las versiones, por los hombres de Teseo o por la amazona Pentesilea. 

El rebaño de Gerión
Gerión era un gigante monstruoso hijo de Crisaor y Calírroe que estaba formado por la unión de tres cuerpos con sus respectivas cabezas y extremidades. Vivía en la isla Eritia más allá de las columnas de Heracles donde comenzaba el Océano. Era dueño de un perro de dos cabezas llamado Ortro y de un magnífico rebaño de ganado custodiado por su perro y por un pastor de nombre Euritión.
Euristeo impuso a Heracles, como décimo trabajo, la tarea de robar el ganado de Gerión y llevar el rebaño a su presencia. En su camino hacia la morada del gigante, Heracles tuvo que atravesar el desierto de Libia y, sintiéndose encolerizado a causa del calor, disparó una flecha hacia Helios, quien le pidió que no volviera a hacerlo. Heracles, para atender la petición del dios, puso como condición que le entregara la copa dorada que utilizaba cada noche para cruzar el mar. Helios accedió y Heracles se sirvió de la copa para llegar a Eritia.
Una vez en su destino, robó el ganado para lo cual mató primero a los dos guardianes, Ortro y Euritión, y cuando el monstruoso dueño quiso recuperar su cabaña lo atravesó con una flecha emponzoñada y descuartizó su cuerpo.
Tras ello inició la marcha hacia Micenas durante la cual tuvo que enfrentarse a las dificultades que le iba poniendo Hera. Primero fue un tábano que picaba a los animales irritándolos y provocando la estampida. Heracles mató al tábano. Después, Hera originó una inundación haciendo que el nivel del cauce de un río se elevara tanto que el ganado no podía vadearlo. Heracles colocó piedras en el fondo del río para que fuera menos profundo y el rebaño pudiera cruzarlo. Más tarde tuvo que enfrentarse a un monstruo mitad mujer y mitad serpiente. Cuando por fin llegó a la corte de Euristeo, el ganado fue sacrificado en honor a Hera.

Las manzanas doradas del Jardín de las Hespérides
Euristeo impuso a Heracles como un nuevo trabajo el robar las manzanas del Jardín de las Hespérides. A llegar a su destino, Heracles persuadió a Atlas para que se apoderase de las manzanas a las que tenía fácil acceso, dado se parentesco con las Hespérides, mientras él sostenía el cielo sobre sus hombros. 
Atlas accedió, pero al regresar del Jardín rehusó volver a soportar el cielo ofreciéndose a llevar él mismo las manzanas a Euristeo. Heracles pareció aceptar la propuesta, pero pidió al titán que sujetara un momento el cielo mientras él se colocaba la capa para estar más cómodo. Cuando Atlas recibió el peso del cielo, Heracles tomó las manzanas y se marchó. Alguna versión considera que quien se apoderó de las manzanas fue el propio Heracles tras matar al dragón que las custodiaba. 



La Captura de Cerbero
Cerbero, también llamado Can Cerbero, era el perro del Hades y se trataba de un monstruo con tres cabezas y cola de serpiente. Era hijo de Tifón y Equidna y guardaba la puerta del Hades, el Inframundo, ocupándose de que los muertos no pudieran salir e impidiendo entrar a los vivos.
Para poder cumplir el último de los trabajos que le había encomendado Euristeo, Heracles tuvo que visitar Eleusis para ser iniciado en los misterios eleusinos que le permitirían aprender cómo entrar y salir vivo del Inframundo. Con ayuda de Atenea y Hermes pudo atravesar la entrada hallada en Tenaro y, gracias a la influencia del heraldo de los dioses, Caronte lo llevó al Hades en su barca atravesando el río Aqueronte.
Una vez en el interior, Heracles liberó a Teseo, que estaba prisionero de Hades, pero no pudo hacer lo mismo con Piritoo porque la tierra comenzó a temblar. En cuanto a la captura de Cerbero existen diversas versiones. En algunas Heracles pidió permiso a Hades para llevarse a Cerbero, a lo que éste accedió a condición de que Heracles no hiciera daño al perro. En otras Heracles luchó contra el perro y lo arrastró fuera del Hades., Según otras, Heracles trató con amabilidad al animal y éste le acompañó dócilmente.

Otras leyendas
Ónfale
Era una reina de Lidia a quien habían entregado a Heracles como esclavo en castigo por un asesinato cometido. La reina lo obligó a vestir ropas femeninas y a realizar trabajos propios de mujer. Sin embargo, Ónfale terminó enamorándose de su esclavo, lo liberó y se casó con él y, según algunas fuentes, tuvo un hijo.
Se contaba que fue durante el período de cautiverio, los Cercotes, traviesos espíritus de los bosques, robaron las armas de Heracles, quien los persiguió y castigó colgándolos por los pies de una vara que el héroe llevaba sobre sus hombros. En esa posición los duendes veían el trasero de Heracles y se echaron a reír. Su captor, divertido por la risa contagiosa, los liberó. 

Hilas
En cierta ocasión, Heracles fue atacado por los dríopes y, defendiéndose, mató a su rey, haciendo que los demás se rindieran y ofrecieran entregarle al príncipe Hilas como rehén. El héroe lo tomó como ayudante y, según versiones, como amante. Permanecieron juntos hasta que hallándose en Misia, Hilas fue secuestrado por una ninfa de quien se enamoró. Heracles lo buscó durante mucho tiempo, pero nunca lo halló. 

Yole
El rey Eurito de Escalia prometió a su hija, Yole, a quien derrotase a sus hijos en un concurso de tiro con arco. Heracles lo hizo, pero como Éurito no cumplió su promesa, lo mató junto a sus hijos y raptó a Yole.

Muerte a varios gigantes
Durante la gigantomaquia, Heracles mató a los gigantes Cicno, Porfirión y Mimas atravesándolos con sus flechas emponzoñadas del veneno de la Hidra de Lerna.

Laomedonte
Laomedonte, un rey troyano anterior a la Guerra, estaba dispuesto a sacrificar a su hija Hesione con la esperanza de apaciguar a un monstruo marino que había enviado Poseidón para atacar la ciudad. Cuando llegó Heracles a visitar al rey y se enteró del problema, se ofreció para matar el monstruo a cambio de que le entregara los caballos con los que Zeus lo había recompensado por el rapto de Ganímedes. El rey aceptó el trato, pero cuando Heracles mató al monstruo, se negó a cumplir su palabra. Ante esta negativa, Heracles organizó posteriormente una expedición que exterminó a Laomedonte y a sus hijos excepto Podarces, quien salvó la vida por entregar a Heracles un velo de oro tejido por Hesíone. Telamón, uno de los expedicionarios, se apoderó de Hesíone y se casó con ella teniendo un hijo llamado Teucro.

Historias sentimentales
La vida sentimental de Heracles se caracteriza por la promiscuidad al igual que la de los dioses y semidioses de la época. Se le conocen tres matrimonios. El primero fue con Mégara, princesa de Tebas, con quien tuvo varios hijos que murieron a manos de su padre durante un ataque de locura provocado por Hera. El segundo fue con Ónfale, una reina de Lidia a quien fue entregado como esclavo para purgar un crimen cometido.
Su tercer matrimonio fue con Deyanira con quien tuvo a Macaria e Hilo. Se vio obligado a competir por su amor con el dios río Aqueloo, del que, tras matarlo, tomó uno de sus cuernos entregándoselo a las ninfas que lo transformaron en cornucopia.
Además de los tres matrimonios, Heracles mantuvo numerosas relaciones amorosas con mujeres, de las que nacieron gran cantidad de hijos, a los que se conoce como los heráclidas. Se contaba que estando en el palacio del rey Tespio durante la cacería del león de Citerón, yació con las cincuenta hijas del rey dejándolas a todas embarazadas de varones. Sus hijos y los descendientes de éstos, conquistaron más tarde parte de Grecia, Asia menor e Italia. Muchos de los reyes de la Grecia Antigua pertenecían a su linaje, en especial los reyes de Esparta y Macedonia.

Muerte
En cierta ocasión, Heracles y Deyanira tuvieron que cruzar un río y un centauro llamado Neso se ofreció a cruzar a Deyanira para que no se mojara en la travesía, pero al llegar a la otra orilla intentó violarla. Ante el intento de violación, Heracles, enfurecido, disparó una flecha envenenada con la ponzoña de la Hidra de Lerna al centauro que cayó al suelo agonizando, mientras decía a Deyanira que recogiese su sangre si quería asegurarse el amor de Heracles. Más tarde, cuando Deyanira sospechó que Heracles prefería la compañía de Yole, impregnó unas ropas de su marino con la sangre envenenada de Neso y cuando Heracles se las puso el veneno penetró en su cuerpo, provocándole un dolor insoportable. Heracles intentó quitárselas, pero se habían pegado a su piel y no pudo hacerlo. Deyanira, arrepentida de su acción, se ahorcó. Heracles pidió ser depositado en una pira de fuego para acabar con su agonía. Según una versión, tras su muerte los dioses le hicieron inmortal, o, según otra, el fuego quemó la parte mortal del semidiós, permaneciendo sólo la parte divina, se reconcilió con Hera y se casó con Hebe, una hija de ésta.

El encargado de prenderla pira funeraria fue su amigo Filoctetes y por esta acción recibió su arco y sus flechas, que más tarde fueron muy útiles a los griegos para vencer en la Guerra de Troya.
Autores como Eusebio de Cesárea, Clemente de Alejandría, san Jerónimo, Apolodoro de Atenas, datan la existencia de Heracles en el mundo heleno a lo largo del siglo XIII a.C. Según san Jerónimo, en su Cronicón, los doce trabajos concluyeron en 1246 a.C. y su muerte y deificación pueden situarse hacia 1226 a.C. Los griegos celebraban una festividad en honor a Heracles el 12 de Octubre.

Amigos íntimos o amantes masculinos
La promiscuidad, la homosexualidad y el incesto eran habituales entre las divinidades helenas. A Heracles, como a tantos otros, se le atribuían muchas amistades masculinas que, en algún momento, pudieron alcanzar la categoría de amantes. Al menos, esa es la idea que expone Plutarco en su obra Eróticos.
Como más destacados cita a:
Abdero, muerto por las yeguas antropófagas de Diomedes.
Admeto, uno de los cazadores del jabalí de Calidón.
Filoctetes, el que incendió la pira funeraria del héroe y recibió su arco.
Néstor, a quien el héroe admiraba por su sabiduría.
Yolao, sobrino de Heracles, a quien ayudó en diversas ocasiones.

HERMAFRODITO
Era hijo de Afrodita y de Hermes, de quienes recibió su nombre, una mezcla de ambos. Afrodita, sintiéndose culpable de adulterio, abandonó a su hijo en el monte Ida, en Frigia, al cuidado de las ninfas del monte, quienes lo criaron hasta que el niño se convirtió en un apuesto joven.

En un momento determinado, Hermafrodito decidió recorrer las tierras griegas para conocerlas y cuando se dirigía hacia Caria, en Helicarnaso, en un día muy caluroso, se aproximó a un lago para refrescarse lanzándose a nadar desnudo. Salmacis, la náyade del lago, se sintió inmediatamente atraída por él y se acercó para seducirlo, pero el joven se resistió. No obstante, cuando Hermafrodito salió del lago y se acercó a una fuente cercana, la ninfa lo abrazó suplicando a los dioses que no separaran sus cuerpos nunca. Los dioses atendieron la súplica uniendo ambos cuerpos hasta formar un ser de doble sexo.
Hermafrodito rogó a sus padres que todo joven que se bañara en aquel lago corriera su misma suerte. Los dioses concedieron el deseo y el lago arrebataba la virilidad a todo aquel que se bañara en él.

HERMES
Fue hijo de Zeus y Maya, una de las pléyades hija de Atlas. Nació en una cueva del monte Cilene, en Arcadia, aunque alguna versión sitúa su nacimiento en el Olimpo.
Hermes fue quizá la deidad olímpica más polifacética porque, aunque su función principal era la de mensajero de los dioses, también era protector de las fronteras, los viajeros, los pastores, las manadas de vacuno, los oradores, los ingenieros, los literatos y poetas, el atletismo, los pesos y medidas, los inventores y del comercio en general, mostrándose muy tolerante con la astucia de los comerciantes y ladrones, tal vez porque él mismo, desde su mismo nacimiento, fue un abigeo.
No sólo prestaba a Zeus los servicios de heraldo y mensajero, sino que también le servía de auriga y copero y, a través de él, el padre de los dioses hacía llegar a los humanos los sueños y por eso se considera a Hermes como la divinidad que tenía el poder de enviar, o no, el sueño reparador.
Primitivamente, Hermes fue un dios fálico de las fronteras, de cuyo nombre se deriva la palabra herma que denominaba los mojones de piedras utilizados para señalar los caminos y delimitar los estados y propiedades. Existía la costumbre de que cada viajero que transitaba por el camino añadía una piedra al montón, dejando así testimonio de su presencia. A mediados del siglo VI a.C. Hiparco, hijo de Pisístrato, sustituyó los montones de piedra, que señalaban la mitad del camino entre cada núcleo de población del Ática y el ágora de Atenas, por pilares de piedra o bronce coronados por un busto de Hermes con barba y un falo erecto en la base.
Hermes solía ayudar a los viajeros a tener un viaje sin contratiempos, castigando duramente a quien rehusaba ayudar a un viajero perdido. Frecuentemente, los griegos le dedicaban sacrificios cuando iniciaban un viaje y también los generales imploraban su apoyo antes de la partida de una expedición. Por esos motivos, muchas estatuas del dios fueron erigidas a lo largo de los caminos. Del mismo modo actuaba como guía de los difuntos y les ayudaba a encontrar su camino hacia el Inframundo. Hermes era el único dios, además de Hades y Perséfone, que podía entrar y salir del mundo subterráneo sin dificultad.
Homero lo presentaba compartiendo su función de heraldo divino con Iris, mensajera de Hera, y como tal mensajero, ducho en la utilización de la palabra, era el protector de la elocuencia e inspiraba a los oradores.
Al ser un hábil comunicador, actuaba como embajador cuando se requería persuasión para lograr el objeto deseado. De ahí que se le ofrecieran, como tributo, las lenguas de los animales sacrificados. Como la profesión requería una personalidad prudente y circunspecta, Hermes era también el dios de la prudencia, de la astucia y de la habilidad negociadora en todas las relaciones de intercambio social. Estas cualidades encomiables se combinaban con otras que no lo eran tanto como una cierta tendencia hacia el fraude, el perjurio y la atracción por el robo. Los actos de este tipo eran cometidos por Hermes con una destreza no exenta de elegancia.
Como inventor creó la siringa y la lira, ideando también varios tipos de carreras y la lucha deportiva, justificando de esta manera su designación como patrón de los atletas.
Los continuos viajes de Hermes lo relacionaban directamente con la promoción de las relaciones sociales y del comercio entre los humanos por lo que era también el dios de las ganancias y las riquezas. Como proveedor de buena suerte, fue adoptado como patrono del juego de dados.

Hermes era considerado el inventor de los sacrificios, y por ello fue el protector de los animales sacrificables, creyéndose que su intervención podía incrementar la fertilidad de las ovejas. Por esta razón era adorado especialmente por los pastores.
Originalmente, era representado como un dios fálico, viejo y barbudo, pero en el siglo VI a. C. esta concepción tradicional fue modificada y se le contempló como una divinidad joven y atlética que solía ser representada calzando sandalias aladas, llevando un pétaso, el sombrero de ala ancha que usaban los viajeros para protegerse del sol y la lluvia, con una bolsa de viaje y apoyándose en un caduceo como vara de heraldo. Estatuas de esta nueva imagen del dios se erigieron en los estadios y gimnasios de toda Grecia. El diseño del báculo sufrió diversas modificaciones. Primero llevó unos lazos blancos que más tarde se transformaron en serpientes y aún, en épocas posteriores, se adornó con dos alas para simbolizar, junto con las de las sandalias, la rapidez con que se movía el mensajero de los dioses.

Sus símbolos eran el gallo y la tortuga y los sacrificios que se le dedicaban consistían en incienso, miel, pasteles, cerdos y, especialmente, corderos y cabritos.
Aunque tenía templos dedicados por toda Grecia, su centro principal de culto estaba en Feneo, Arcadia.
Del nombre del dios se deriva la palabra hermenéutica considerada como el arte de interpretar los significados ocultos de los textos, especialmente los sagrados.

Descendencia
Pan
El dios griego de la naturaleza, las ovejas y los rebaños, Pan, se decía a menudo que era hijo de Hermes y la ninfa Dríope. Homero, en el himno que dedicó a Pan, cuenta que su madre huyó del recién nacido dios asustada por su apariencia caprina.

Hermafrodito

Hermafrodito era hijo de Hermes con Afrodita. Fue transformado en hermafrodita cuando los dioses concedieron literalmente a la ninfa Salmacis su deseo de no separarse jamás de él.

Abdero
Se hizo cargo de la custodia de las yeguas de Diomedes y fue devorado por ellas, mientras su amigo Heracles luchaba contra el propietario de la manada y sus hombres.

Consortes y descendencia
Sin madre: Orión
Madre desconocida: Abdero, Angelia, Dafnis, Mírtilo
Afrodita: Eros, Hermafrodito, Peito, Príapo, Rodos, Tique
Aglauro: Cérix
Antianira: Equino
Apemósine
Dríope o Penélope: Pan
Eupolemía: Etálides
Herse: Céfalo
Perséfone
Polimela: Eudoro
Quíone: Autólico
Ctonofile: Pólibo

Leyendas
Hermes y Apolo
Maia, tras dar a luz a Hermes, lo acunó entre unas mantas y se quedó dormida. 
A continuación, el recién nacido escapó de su cuna dirigiéndose hacia Pieria, en Tesalia, donde Apolo cuidada los rebaños del rey Admeto. El niño robó algunas cabezas de ganado conduciéndolas hasta una cueva situada en un bosque próximo a Pilos y para no ser descubierto por las huellas de sus pasos calzó unas sandalias aladas. Llegado a su destino, mató dos bueyes encerrando el resto en la cueva. Las pieles de los animales sacrificados fueron clavadas en la roca y parte de su carne cocinada, mientras el resto fue quemado como ofrenda a los dioses del Olimpo. Por esta acción se le atribuía a Hermes la invención de los sacrificios a las divinidades.
Terminada la tarea, Hermes volvió a Cilene encontrando una tortuga en la entrada de su cueva natal. Mató al animal dejando el caparazón totalmente limpio y con él, y los intestinos de una vaca, construyó la primera lira.
Apolo, habiendo descubierto al autor del despojo gracias a sus habilidades proféticas, se encaminó hasta Cilene donde acusó a Hermes delante de su madre de haberle sustraído el ganado. El niño negó su responsabilidad y Maya no creyó a Apolo porque su hijo estaba en la cuna donde lo había dejado. Sin embargo, Apolo llevó al ladrón ante Zeus exigiendo la devolución del ganado. Hermes seguía negando el robo, pero como sus negaciones no eran creídas, condujo a Apolo hasta Pilos para devolver lo robado. Al llegar, el niño comenzó a tocar la lira y Apolo, al escuchar la música, quedó tan fascinado que le propuso cambiar el ganado por la lira. Hermes aceptó y ambos dioses entablaron una estrecha amistad.
Apolo obsequió a su hermanastro con su propia vara dorada de pastor, enseñándole el arte de adivinar por medio de los dados y Zeus lo nombró heraldo de los dioses. Apolo rehusó instruir a Hermes la forma de profetizar, pero lo nombró protector del ganado y de los pastos para alimentarlo. 

La Ilíada
Hermes participó en la Guerra de Troya en el bando griego, pero también ayudó al rey Príamo de Troya a internarse en el campamento aqueo para reclamar a Aquiles el cuerpo de su hijo Héctor. 

La Odisea
Odiseo, el protagonista de la epopeya, era desciende por línea materna de Hermes y tenía la protección de los dioses. Así, Hermes fue enviado por Zeus para liberarlo de la isla de Calipso y también proporcionó al héroe un antídoto contra el hechizo de la maga Circe.

Argos e Ío
La ninfa Ío era amante de Zeus, quien, cuando supo que Hera había descubierto su relación, la transformó en una ternera blanca para librarla de las iras de su esposa. No obstante, la diosa la descubrió y, tras exigir a su marido que se la entregara, la puso bajo la custodia de Argos, el gigante de los cien ojos. Zeus ordenó a Hermes que rescatase a la ternera, para lo cual durmió al gigante con el sonido de su flauta decapitándolo a continuación. Hera, en agradecimiento por los servicios prestados por Argos, colocó sus ojos en la cola del pavo real, animal favorito de la diosa. 

Perseo
Hermes ayudó a Perseo a matar a Medusa entregándole sus sandalias aladas y el casco de invisibilidad de Hades, aconsejándole que lo usara para que las hermanas de Medusa no lo vieran huir. 

Herse, Aglauro y Pándroso
Hermes amaba a Herse, una de las tres hermanas que servían a Atenea como sacerdotisas, pero la hermana mayor, Aglauro, dificultaba la relación por lo que Hermes la transformó en piedra.

Otras historias
Diógenes, contaba en broma que Pan, hijo de Hermes, estaba enamorado de Eco, pero era incapaz de poseerla y su padre le enseñó a masturbarse para aliviar su sufrimiento. Más tarde, Pan enseñó el procedimiento a los pastores jóvenes.

HERMO
Era el dios del río del mismo nombre, actual Gediz, localizado en Lidia, Asia Menor. 

HESÍONE
Era una oceánide hija de Océano y Tetis. 

HESPÉRIDES
La genealogía de las hespérides resulta bastante confusa. Según versiones, podían ser las hijas vespertinas de Nix, la noche, a veces de ella sola y otras junto con Érebo, la oscuridad. Otras fuentes las hacían hijas de Atlas y Hesperis o de Zeus y Temis e, incluso, podían haber sido engendradas por Forcis y Ceto.
Normalmente eran tres, al igual que las Moiras o las Cárites, pero debían recibir distintos nombres porque, al menos, se conocen: Egle, Aretusa, Eritia, Hesperia, Lipara, Astérope y Crisótemis.
Estaban encargadas por Hera de cuidar un jardín especial que unas fuentes situaban en las proximidades de la cordillera del Atlas, en el norte de África, muy próximo al Océano que circundaba a la tierra, y otras en Tartessos, al suroeste de la península Ibérica. Se decía que además de cuidar el jardín eran muy hábiles en el canto.
El nombre de una de ellas, Eritía, era también utilizado para denominar una isla muy próxima a la costa de Iberia donde se situaba el hogar del monstruoso Gerión.

El Jardín de las Hespérides era un huerto cuyos árboles habían nacido de las ramas con fruto que Gea había entregado a Hera como regalo de boda. Todos los árboles producían unas manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad a quienes las comían. Hera encargó el cuidado del jardín a las hespérides, pero, desconfiando de ellas, también dejó como guardián a Ladón, un dragón de cien cabezas.

HESPERIS
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba el atardecer.

HESTIA
Era la primogénita de Cronos y Rea y se le rendía culto como diosa del hogar. 
Al finalizar la Titanomaquia, Hestia fue cortejada por Poseidón y Apolo, pero ella los rechazó jurando por Zeus que permanecería siempre virgen. Con ello evitó una disputa entre los dioses y Zeus la premió por tu actitud ordenando que fuera colocada en los lugares preferentes de todos los hogares y que recibiera la primera víctima de todos los sacrificios públicos que se hicieran. Del mismo modo dispuso que fuera la primera en recibir las ofrendas en los banquetes. En alusión a su virginidad, se le solían sacrificar terneras que no habían cumplido un año.
Hestia abandonaba el Olimpo en muy escasas ocasiones y dado su carácter afable nunca intervenía en las disputas entre los dioses o de éstos con los humanos por lo que, pese a ser una de las principales deidades de la mitología griega, rara vez aparecía en los relatos mitológicos.

Cuenta Ovidio que tras un banquete celebrado en el Olimpo por los dioses, éstos habían quedado dormidos y Príapo, embriagado, quiso aprovechar la ocasión para violar a Hestia. Cuando se disponía a perpetrar la violación, el burro del sátiro Sileno rebuzno despertando a la diosa, quien comenzó a gritar consiguiendo que su agresor huyera con el miembro erecto lo que provocó la hilaridad de los dioses. Por ello, el asno era su animal favorito y en las festividades en su honor se engalanaban con guirnaldas.

Hestia cedió a Dioniso su puesto en el consejo de los doce dioses cuando el dios accedió al Olimpo fortaleciendo así su categoría de divinidad olímpica y quedando ella totalmente dedicada al mantenimiento del fuego sagrado del Olimpo. Se decía que su mansión estaba ubicada en lo más alto del monte.
Hestia mantuvo siempre una relación cordial con todos los dioses, pero siempre estuvo especialmente unida a su sobrino Hermes, tal como se desprende de los himnos homéricos que reflejan como entre ambas divinidades existía una asociación representativa de sus funciones complementarias ya que Hestia permanecía quieta en torno al calor hogareño, mientras que Hermes exhibía un espíritu viajero y propicio a las aventuras.
Hestia inspiró el arte de la construcción y protegía los sentimientos más íntimos y tradicionales. De ella dependía la felicidad conyugal y la armonía familiar extendiendo su protección sobre las ciudades estado al considerarlas el hogar de cada pueblo. Con el paso del tiempo se asumió que el fuego sagrado que ella custodiaba proporcionaba la vida de toda la naturaleza.
Sus templos, situados en el centro de las ciudades, eran el lugar de recepción de los embajadores extranjeros por parte de las autoridades de la ciudad, por lo que se consideraban lugares especiales de culto hasta el punto que se les tenía como templos de todos los dioses bajo la presidencia de Hestia. Cuando se organizaban expediciones colonizadoras siempre portaban una antorcha encendida en el fuego de Hestia. Con dicha antorcha prendían el altar de la colonia simbolizando con ello la unión con la metrópoli. 

HIBRIS
Era un concepto griego que podía interpretarse como un orgullo o confianza en sí mismo excesivos, lo que acarreaba, a menudo, un merecido castigo. 
Agamenón. Edipo, Jasón, Orestes, Belerofonte, Sísifo, Paris, Minos, Prometeo, Tiresias, Héctor, Heracles, Odiseo, Ícaro, etc.se cuentan entre los personajes mitológicos que en algún momento fueron castigados por transgredir las normas del hibris. 
La religión griega ignoraba el concepto de pecado tal como lo concibe el cristianismo, lo que no es óbice para que en esta civilización la hibris pareciera la principal falta. Se relaciona con el concepto de moira, que en griego significa ‘destino’, ‘parte’, ‘lote’ y ‘porción’ simultáneamente. El destino es el lote, la parte de felicidad o desgracia, de fortuna o infortunio, de vida o muerte, que corresponde a cada uno en función de su posición social y de su relación con los dioses y los hombres. Ahora bien, la persona que comete hibris es culpable de querer más que la parte que le fue asignada en la división del destino. La desmesura designa el hecho de desear más que la justa medida que el destino asigna. El castigo a la hibris es la némesis, el castigo de los dioses que tiene como efecto devolver al individuo dentro de los límites que cruzó.
La concepción de la hibris como falta determina la moral griega como una moral de la mesura, la moderación y la sobriedad, obedeciendo al proverbio pan metron, que significa literalmente ‘la medida en todas las cosas’, o mejor aún ‘nunca demasiado’ o ‘siempre bastante’. El hombre debe seguir siendo consciente de su lugar en el universo, es decir, a la vez de su posición social en una sociedad jerarquizada y de su mortalidad ante los inmortales dioses.
La hibris es un tema común en la mitología, las tragedias griegas y el pensamiento presocrático, cuyas historias incluían a menudo a protagonistas que sufrían de hibris y terminaban por ello siendo castigados por los dioses. En la Teogonía de Hesíodo, las distintas razas de hombres (de bronce, de hierro, etcétera) que se suceden unas tras otras se condenaron por su hibris. En cierto modo, la falta de Agamenón en el primer libro de la Ilíada se relaciona con la hibris al desposeer a Aquiles de la parte del botín que debería corresponderle en justicia. Por su parte, Heráclito muestra la hibris como el señalamiento de una falta hacia el Nous o dios legal: «El Sol no traspasará sus medidas, pues si no las Erinias, asistentes de la Dice, lo descubrirán». No obstante, Heráclito piensa que mientras haya discordia, se podrá fundir las partes en el Uno. Por lo tanto aquí la hibris es un fluir de opuestos, haciendo posible la vida.
En el Derecho griego, la hibris se refiere con mayor frecuencia a la violencia ebria de los poderosos hacia los débiles. En la poesía y la mitología, el término fue aplicado a aquellos individuos que se consideran iguales o superiores a los dioses. El hibris era a menudo el hamartia (‘trágico error’) de los personajes de los dramas griegos.

HIDASPES
Era el dios del río del mismo nombre que discurría por Punjab (Pakistán) y en cuyas orillas construyó Alejandro Magno con la que venció en la batalla de Hidaspes al rey hindú Poros. 

HIDRA DE LERNA
Era un antiguo y despiadado monstruo ctónico acuático con forma de serpiente y un número de cabezas que oscilaban entre tres y cien, e incluso diez mil, según versiones, por cuyas bocas arrojaba aliento venenoso. Cuando se le cortaba una cabeza, le nacían dos. Su guarida se hallaba en el lago de Lerna, en el golfo de la Argólida. La Hidra era hija de Tifón y de Equidna y fue criada por Hera. Se la consideraba hermana del León de Nemea y cuando éste murió a manos de Heracles, el monstruo buscaba la venganza, hecho que inclinó a Euristeo a encargar el trabajo de su muerte a su primo.
Éste, al llegar a las proximidades de la guarida, cubrió su boca y nariz protegiéndose del aliento venenoso y disparó flechas incendiarias obligando a la Hidra a salir de su refugio. Por cada cabeza que el héroe cortaba nacían dos, lo que hizo ver a Heracles que así no podría vencerla. Ante esta situación, Heracles, según Apolodoro, solicitó la ayuda de su sobrino Iolao, quien, inspirado por Atenea, fue quemando el muñón dejado por cada cabeza cortada, impidiendo así la regeneración y consiguiendo matar al monstruo. Heracles enterró bajo una gran roca la única cabeza inmortal completando así su segundo trabajo, aunque Euristeo no lo dio por válido ya que no había trabajado solo.
Alguna versión añade a las dificultades de Heracles frente al monstruo el hecho de que Hera enviase un escorpión para estorbar a su hijastro facilitando que fuera vencido y muerto por Hidra, pero el héroe pisó al alacrán aplastándolo mientras mantenía la lucha contra su enemiga.
Aunque ni la Hidra ni el escorpión pudieron cumplir su misión de acabar con su odiado hijastro, Hera los premió colocándolos en el cielo de tal forma que el alacrán (constelación de Cáncer) siguiera al león (constelación de Leo) y poniendo bajo ellos a la Hidra (constelación del mismo nombre). 

HIGÍA

Era hija de Asclepio y hermana de Yaso y Panacea. Recibía culto como diosa de la curación, la limpieza y la sanidad.
Adquirió significado propio alrededor del siglo V a. C., pues hasta entonces era un epíteto más de Atenea.
Aunque Higía había sido objeto de un culto local desde al menos el siglo VII a. C., no empezó a ser conocida fuera de éste hasta que el Oráculo de Delfos la reconoció tras las plagas que devastaron Atenas en los años 429 y 427 a. C. y Roma en el 293 a. C. Sus templos principales estaban en Epidauro, Corinto, Cos y Pérgamo.
Pausanias señaló que en el asclepión de Titane en Sición (fundado por Alexanor, nieto de Asclepio) las estatuas de Higía se cubrían con cabellos de mujeres y prendas de vestir babilónicas. Según algunas inscripciones, estas mismas ofrendas eran realizadas en Paros.
Se la solía representar como una mujer joven alimentando una gran serpiente enroscada en torno a su cuerpo. A veces la serpiente bebía de una jarra que portaba Higía. 

HIMENEO
Era hijo de Dioniso y Afrodita o, según otras fuentes, de Apolo y una de las Musas, Calíope. También se le conocía con el nombre de Himen y recibía culto como dios de las ceremonias de matrimonio.
Para que el matrimonio tuviera éxito era necesaria la presencia de Himeneo ya que, en caso contrario, la unión fracasaría.
Una leyenda cuenta que Himeneo era en realidad un apuesto joven ateniense de baja alcurnia que se enamoró de la hija de uno de los hombres más ricos de la ciudad. Como no podía cortejarla, ni siquiera hablar con ella, debido a su posición social, se conformaba con seguirla adonde fuese. Con motivo de un rito religioso celebrado en Eleusís al que sólo podían asistir mujeres, Himeneo se disfrazó de mujer para poder unirse a la procesión. La comitiva fue capturada por piratas e Himeneo urdió un plan para, con ayuda de las mujeres, matar a los captores y escapar pidiendo a cambio que se le permitiera contraer matrimonio con una de ellas. Su plan fue aceptado y tuvo éxito. Tras conseguir la liberación, se casó con su amada y el matrimonio fue feliz por lo que los atenienses celebraron fiestas en su honor y con el tiempo se le llegó a asociar con el matrimonio. 
Himeneo travestido durante un sacrificio a Príapo

HÍMERO
Era hijo de Afrodita y personificaba la lujuria y el deseo sexual Una leyenda contaba que la diosa del amor ya estaba embarazada de él y de Eros al nacer de la espuma que provocaron al caer al mar los genitales de Urano cuando fue castrado por su hijo Cronos.. Se le representaba como un joven alado acompañado frecuentemente por Eros y Poto, dioses del amor y del anhelo.
Eurínome, Hímero, Hipodamía, Eros, Yaso y Asteria.

HIPERIÓN
Su nombre en griego antiguo significa “el que vive arriba” o “el que mira desde arriba” y era hijo de Urano y Gea.
Junto a su hermana Tea engendró a Hélios, el Sol, Selene, la Luna y Eos, la Aurora. Es considerado el dios del fuego de los astros y la observación, y su hermana Tea la diosa de la vista.
Sus tres hijos destacaban por su belleza lo que motivó que los demás titanes sintieran envidia de él y acordaran matar a Hiperión y ahogar a sus hijos.
Fue el primero en entender los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas y deducir que las estaciones proceden de estos movimientos. 


HIPNOS
Era hijo de Nix, la Noche, que lo concibió por partenogénesis o bien con Érebo. Se le consideraba como hermano de Tánatos, la muerte no violenta, y moraba en una cueva oscura donde el sol nunca brillaba. A su entrada crecían plantas hipnóticas y a través de ella fluía el Lete, río del olvido. En una ocasión Hera prometió a Hipnos la mano de una de las gracias, Pasítea, si le ayudaba a dormir a Zeus. Hipnos obedeció, pero Zeus se despertó iracundo y hubiera arrojado a Hipnos del monte Olimpo si no hubiera intervenido Nix demostrando el poder que ejercía tanto sobre los dioses como sobre los hombres.
Con Pasítea tuvo mil hijos, los Oniros. Los tres más importantes aparecían en los sueños de los reyes: Morfeo, Iquelo y Fantaso, aunque otras versiones decían que Morfeo se ocupaba de la animación de los sueños de los seres humanos, mientras que los otros dos Oniros eran responsables de la aparición de los animales y los objetos inanimados en los sueños.
También Hera recurrió a Hipnos para que adoptara la forma de Ceis y, en sueños, se le presentara a su mujer explicándole su muerte, pues Alcíone esperaba ansiosa el regreso de su marido ignorando que éste había muerto hacía tiempo.
Endimión recibió de Hipnos el poder de dormir con los ojos abiertos, para poder así vigilar constantemente a su amada Selene.

Hipnos y su madre Nix

Hipnos era representado como un hombre joven desnudo y con alas en los hombros. También aparecía a veces con barba y otras como un hombre dormido en una cama con cortinas negras a su alrededor. Entre sus atributos se encontraban un cuerno de opio inductor de sueño, un tallo de amapola, una rama de la que gotea el rocío del río Lete y una antorcha invertida. Morfeo era su principal ayudante y evitaba que los ruidos le despertaran.

HIPO
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.

HORAS
Según Homero, eran originariamente las diosas del clima que vigilaban la entrada del Olimpo y se ocupaban de fomentar la fertilidad de la tierra y de regular el paso de las estaciones como fases regulares de la Naturaleza. En realidad, actuaban por delegación de Zeus que era el único que tenía poder sobre las nubes.
Tenían especial relevancia Talo, la Hora de la primavera, y Carpo, la del otoño, pues representaban el florecimiento y la madurez de la Naturaleza. Talo acompañaba a Perséfone cada año en su ascenso desde el inframundo simbolizando en comienzo de la estación primaveral. Eran representadas como jóvenes bellas y saludables rodeadas de flores de colores vivos y abundante vegetación.

Las Horas rodeando a Apolo

Con la Teogonía de Hesíodo comienza la evolución del concepto que se tenía de las Horas, transformándose gradualmente desde una idea esencialmente física a otra con connotaciones más éticas, según la cual eran las guardianas de la ley y el orden que mantenían la estabilidad social. Hesíodo las presentaba otorgando a los humanos leyes que preservaban la justicia y la paz. Para este autor son hijas de Zeus y de Temis.
Desde entonces se consideró a las Horas una tríada, al igual que las Moiras y las Cárites:
Eunomia (buen orden) era la diosa de la ley y la legislación.
Dice (justicia) era la diosa de la justicia moral. Aplicaba la justicia humana, al igual que su madre lo hacía con la divina. Dice había nacido mortal y Zeus la situó en la tierra para mantener la justicia entre la humanidad. Pero pronto aprendió que esto era imposible, y la situó junto a él en el Olimpo.
Eirene (paz), era la personificación de la paz y la riqueza y se representaba como una joven y bella mujer llevando una cornucopia, un cetro y una antorcha.


Las Horas según Higinio eran
Auxo la ninfa de las plantas
Eunomia la del buen orden
Ferusa diosa de las granjas
Carpo hora otoñal
Dice (Díkê), diosa de la justicia
Euporia diosa de la abundancia
Eirene diosa de la paz
Ortosia diosa de la prosperidad
Talo hora de la primavera

Posteriormente existieron doce Horas como divinidades menores controladoras del tiempo del día que abarcaban el período comprendido desde antes del amanecer hasta después de anochecer. 
Auge la primera luz
Anatole, amanecer
Música, la hora matutina de la música y el estudio
Gymnasia, la hora matutina de la gimnasia y el ejercicio
Nymphe, la hora matutina de las abluciones
Mesembria mediodía
Sponde, las libaciones vertidas tras el almuerzo
Elete, oración, la primera de las horas de trabajo de la tarde
Acte, comida y placer, la segunda de las horas de trabajo de la tarde
Hesperis, atardecer
Dysis, ocaso
Arktos, la última luz 

IDÍA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis que casó con Eetes, rey de la Cólquida, junto a quien fue madre de Medea y Calcíope. Su nombre significa “ver” o “saber”.

ILITÍA
Según Hesíodo, fue hija de Zeus y Hera y se la consideraba como la diosa protectora de los partos y de las parteras. Su culto estaba muy extendido en la Grecia clásica como demuestran los numerosos iconos de la diosa hallados en distintos lugares como Atenas, Olimpia, Argos, Egio, etc.
Homero narraba que Hera, al saber que Leto estaba embarazada de Zeus, retuvo a Ilitía para evitar el nacimiento de Artemisa y Apolo. No obstante, el resto de los dioses enviaron a Iris para que la llevara a Delos y se contaba que tan pronto llegó a la isla, nacieron los gemelos.
Pausanias afirmaba que en Olimpia existía un altar consagrado a Ilitía y a la serpiente alada salvadora de la ciudad de Elis conmemorando la aparición de una anciana con un niño pequeño entre sus brazos cuando los habitantes de Elis iban a enfrentarse a los arcadios para defender su territorio. La anciana depositó al bebé entre ambos contendientes y una vez en el suelo se transformó en una serpiente voladora que puso en fuga a los arcadios. Después la serpiente fue cuidada por una sacerdotisa de Ilitía que la alimentaba con pasteles de cebada y miel. 

ÍNACO
Era el dios del río del mismo nombre que discurría por la Argólida. Fue esposo de Melia y padre de Ío, Fegeo, Foroneo, Micene y Egialeo.
Hera y Poseidón se disputaban la posesión de las tierras y del río de Ínaco, quien los había perdido por no enfrentarse a los dioses. Hera exigió que su hija Ío fuera sacerdotisa suya y Zeus la raptó para convertirla en su amante. La pasividad y el respeto a los dioses había hecho que Ínaco perdiera todas sus propiedades, pero la diosa de la discordia, Eris, transformó la pasividad de Ínaco en odio y este sentimiento fue invadiendo a todo el mundo. Ante esta situación, Zeus intervino por medio de la erinia Tesiforne restableciendo el orden y convirtió a Ínaco en el dios del río de la Argólida. 

ÍO
Era hija del dios río Ínaco y de la oceánide Melia y fue sacerdotisa de Hera en Argos. Zeus se enamoró de ella y se le presentaba en sueños incitándola a que le entregara su cuerpo en el lago de Lerna. La joven contó a su padre los sueños y éste consultó a oráculo, quien le aconsejó que la expulsara de casa porque si no lo hacía, Zeus fulminaría con un rayo a toda su estirpe. Ínaco siguió el consejo y arrojó a su hija de la morada. Después se arrepintió y envió emisarios a buscarla, pero éstos, al no encontrarla, no regresaron. Mientras tanto, Ío se había entregado a Zeus, pero fueron sorprendidos por Hera, quien, muy celosa, vigilaba a su marido. El dios, para salvar a la joven, la convirtió en una ternera blanca, pero Hera exigió a su esposo que se la entregase y ordenó a Argos, gigante de cien ojos, que la vigilara.
Zeus encargó a Hermes que rescatase a su amada y éste, transformado en pájaro, llegó hasta el árbol donde Argos la tenía atada durmiendo al guardián con el sonido de su flauta y matándolo con una piedra afilada. Hera, en recompensa por los servicios que le había prestado el gigante, puso los ojos de su servidor en la cola del pavo real, su ave favorita, y se vengó atando a los cuernos de la ternera un tábano que la martirizaba sin cesar obligándola a correr por la Tierra sin rumbo determinado. Así atravesó el mar Jónico que recibió su nombre, cruzó el estrecho que separa Asia de Europa que se llamó Bósforo, que significa “paso de vaca”, en cuya orilla nació su hija Ceróesa, en el punto exacto donde más tarde se levantó la ciudad de Bizancio. Recorrió Iliria, Tracia y el Cáucaso, donde encontró a Prometeo encadenado. Después pasó a África cruzándose con las Grayas y finalmente recaló en Egipto, donde recuperó su condición de mujer por las caricias de Zeus.

A orillas del Nilo nació su hijo Épafo, pero Hera, que aún no había saciado su sed de venganza, ordenó a los curetes que raptaran al niño. Cumplieron la orden y ello les valió que Zeus los fulminara con sus rayos aniquilándolos. De nuevo Ío se vio obligada a correr por el mundo en busca de su hijo a quien, finalmente, encontró en Siria donde lo amamantaba la esposa del rey de Biblos. Tras recuperar al bebé, regresó a Egipto donde se casó con Telégono, que gobernaba el territorio. Épafo heredó la corona egipcia y se le consideraba como el fundador de la ciudad de Menfis y el ancestro común de los libios, etíopes, y gran parte de los reinos griegos.
Io construyó una estatua de la diosa Deméter, llamada Isis en Egipto y, con el tiempo, ella misma recibió ese nombre, terminando deificada por su amante Zeus. Se le atribuía un gran conocimiento de las hierbas medicinales, incluida la de la inmortalidad.

IRIS
Era hija de Taumante y de la oceánide Electra y hermana de las Arpías. Homero, en la Ilíada, la describe como mensajera de los dioses compartiendo el cometido con Hermes. Sin embargo, casi siempre se la presenta como la mensajera de la diosa Hera, aunque, en ocasiones, fuera la portadora del caduceo de Hermes.
Iris y Júpiter

Iris era la personificación del arco iris que anunciaba el pacto de los humanos y los dioses y el fin de la tormenta. Estaba unida a Céfiro, el viento del oeste, y se la representaba como una joven con alas doradas que le permitían llevar velozmente los mensajes de Hera desde un extremo a otro del mundo así como a las profundidades marinas y al inframundo. Zeus la obligó a llevar un jarro con agua de la laguna Estigia, con la que adormecía a los perjuros. También era la encargada de suministrar el agua que necesitaban las nubes para producir la lluvia. 

ISTRO
Era el dios del río del mismo nombre.

JANTE
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.

JANTO
Era el dios del río del mismo nombre que pasaba por la ciudad de Licia, en la actual Turquía. 

JÁPETO
Era hijo de Urano y Gea. Se le atribuyen diferentes esposas como sus hermanas Temis o Tetis y la oceánide Clímene, pero sí existe una cierta unidad al considerar que fue padre de Atlas, Prometeo, Epimeteo y Menecio.
Existen algunas teorías que identifican a Jápeto y Jafet, hijo de Noé, dada la similitud entre los nombres y sus mitos. Así los Oráculos sibilinos consideran que Jápeto era uno de los tres hijos de Urano y Gea y que había recibido un tercio de la Tierra, al igual que la Biblia hebrea distribuye la Tierra entre Sem, Cam y Jafet, los hijos de Noé.


LADÓN (Ismeno)

Era el dios del río o de la fuente del mismo nombre en Boecia.
Primero se le conoció con el nombre de Ladón y como “el pie de Cadmo” pues cuenta la leyenda que Cadmo, tras matar al dragón que custodiaba una fuente, temió que todos los manantiales de la región estuvieran envenenados y buscando agua hundió su pie en el lodo de la cueva Coreirea y de su huella brotó el manantial. Más tarde recibió el nombre de Ismeno en honor de Ismene, hija de Anfión y Níobe que se había suicidado arrojándose en sus aguas al no soportar el dolor que le producía la herida de la flecha que le había lanzado Apolo. Otra versión afirma que el nombre de la fuente se debe a Ismeno, hijo de Pelasgo. 

LADÓN, el dragón de las Hespérides
Era hijo de Forcis y Ceto, o de Tifón y Equidna, según versiones. Poseía cien cabezas, con cada una de las cuales hablaba una lengua diferente.
Fue enviado por Hera para proteger las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, por lo que también se le conocía como el Dragón de las Hespérides. Murió a manos de Heracles y Hera, en agradecimiento por sus servicios, colocó sus restos en el cielo formando la constelación del Dragón. 

LÁQUESIS
Era la segunda de las Moiras, hijas de Zeus y Temis. Se la conocía como “la que echa suertes” y su misión consistía en de decidir la longitud del hilo de la vida de cada mortal.

LETO
Su nombre significaba ‘la oculta’ era hija de Ceo y Febe y recibió culto como diosa de la noche, principalmente en Licia, en el sur de Anatolia, hoy Turquía. Junto a Zeus engendró a los gemelos Apolo y Artemisa, lo que le granjeó la enemistad de Hera quien la persiguió hasta que pudo refugiarse en la isla flotante Ortigia. La diosa olímpica trató de impedir el alumbramiento prohibiendo a su hija Ilitría, diosa de los partos, que la asistiera. Leto permaneció nueve días sufriendo los dolores del parto hasta que los dioses se conmovieron e hicieron que naciera Artemisa, quien, a continuación, ayudó a su madre en el nacimiento de Apolo. No obstante, la ira de Hera no se había calmado y convenció a su madre, Gea, para que creara la monstruosa serpiente Pitón con objeto de que devorara a los niños. Sin embargo, Apolo, que había alcanzado la juventud en sólo cuatro días consiguió matarla.

Hera continuó la persecución y cuando Leto y sus hijos llegaron a un estanque para calmar su sed no pudieron hacerlo porque unos campesinos, instigados por Hera, enturbiaron el agua convirtiéndola en barro. Zeus se enfureció con los campesinos y los transformó en ranas.
Leto convierte en ranas a los campesinos licios

Más tarde, cuando el gigante lujurioso Ticio intentó violarla, sus hijos la defendieron matando al gigante. También castigaron a Níobe, la esposa de Anfión con había tenidos numerosa prole, cuando se burló de su madre por sólo haber concebido a dos hijos.
Todos los hijos de Níobe murieron bajo las flechas de los dos hermanos excepto Cloris. 

LIBIS
Era el dios que controlaba el viento del Suroeste cuya función no estaba muy definida, aunque, de alguna forma, se le relacionara con la navegación ya que se representaba como un jovencito alado, sin barba, vestido con túnica y descalzo sosteniendo entre sus manos el timón de una nave. 

MARSIAS
Era el dios del río del mismo nombre que discurre por la región de Frigia. La leyenda dice que Marsias era un sátiro que desafió a Apolo en un concurso musical. El sátiro había nacido en Celea (Frigia) en las fuentes del río Meandro y era un experto tocando la flauta doble. Había adquirido tal habilidad tras encontrar el instrumento que había abandonado Atenea al recibir las burlas de los otros dioses por la forma que tenía de hinchar las mejillas al tocarlo.

Las reglas del concurso permitían al vencedor tratar al derrotado como quisiera y fueron nombradas jueces del certamen las Musas. Ganó Apolo y Marsias fue desollado vivo en una cueva cerca de Celea. Apolo clavó la piel de Marsias en un árbol y de su sangre se formó el río Marsias, afluente del Meandro. 

MAYA
Era la mayor de las siete hijas de Atlas y Pléyone conocidas como las pléyades. 
Al igual que sus hermanas, nació en el monte Cilene de Arcadia y los habitantes de la comarca las consideraban como las diosas de la montaña.
Homero cuenta que en una de las cuevas del monte, Maya engendró con Zeus a Hermes, quien en su primera noche de vida, tras crecer apresuradamente, se escapó de la cuna donde lo había depositado su madre tras el parto y llegó hasta Tesalia, donde robó parte del ganado que guardaba Apolo, llevándoselo a una cueva. Allí, con las tripas de uno de los animales, confeccionó las cuerdas de un instrumento musical al que llamó lira.
Hermes y su madre Maya, detalle de una ánfora ática

Cuando Apolo acusó a Hermes de cuatrero ante su madre, ésta no creyó la acusación, pero Zeus, que había presenciado el robo, apoyó a Apolo y finalmente el conflicto se resolvió intercambiando el ganado por la lira.
Se decía que Maya había protegido a Arcas de las iras de la celosa Hera, que había convertido a su madre, Calisto, en una osa. 

MEANDRO
Era el dios del río de su propio nombre en Frigia. Cuenta la leyenda que el rey de Pesinonte prometió a Hera que si salía victorioso de una batalla sacrificaría en su honor a la primera persona que encontrara a su regreso. La primera persona que encontró fue su propio hijo y, tras cumplir su promesa, se arrojó al río Anabenone que, desde entonces, lleva su nombre.

MEDEA
Era la hija de Eetes, rey de la Cólquida, y de la oceánide Idía. Fue sacerdotisa de Hécate y junto a ella y la maga Circe aprendió las artes de la hechicería.
Cuando Jasón y los argonautas llegaron a la Cólquida en busca del vellocino de oro, el rey Eetes prometió su entrega si los expedicionarios eran capaces de uncir dos bueyes que exhalaban llamaradas por el hocico y arar un campo sembrando en los surcos los dientes de un dragón que les proporcionó el rey. 
Jasón, pese a saber que sería imposible superar la prueba, aceptó. Medea, enamorada del semidiós, y con el apoyo de su hermana, cuyos hijos habían sido salvados en la isla de los pájaros por el argonauta, visitó esa misma noche el alojamiento de Jasón y le proporcionó ungüentos mágicos para evitar y curar las quemaduras e instrucciones que le permitirían cumplir la tarea. Así, el héroe pudo someter a los bueyes, roturar el campo y esparcir los dientes de dragón en los surcos. Concluido el trabajo, observaron cómo cada diente se transformaba en un esqueleto guerrero fuertemente armado. Cuando emergieron todos los esqueletos, arrojó una enorme piedra entre ellos y éstos, confundidos, lucharon entre sí hasta la muerte. Los que no perecieron en la contienda fueron exterminados por Jasón y los suyos.
Eetes, tras el éxito de la prueba, se negó a cumplir lo prometido, pero los argonautas, guiados por Medea, llegaron al bosque donde se hallaba el vellocino de oro custodiado por una monstruosa serpiente que jamás dormía. Medea, tras advertir a sus acompañantes que serían hipnotizados si miraban los ojos de la serpiente, preparó una pócima con la que logró dormir al guardián permitiendo a Jasón y sus compañeros apoderarse del trofeo y regresar con él a su patria.
Medea, sabiendo que su traición no sería perdonada, acompañó a los expedicionarios haciendo prometer al héroe que la haría su esposa y siempre le permanecería fiel. Eetes, al descubrir el expolio, ordenó la persecución poniendo a su hijo Apsirto al frente de una gran flota que pronto les dio alcance. Ante la superior fuerza enemiga, Jasón acordó con Apsirto entregar a Medea a cambio de continuar su viaje con el vellocino. Pero Medea urdió una estratagema para que su hermanastro se presentase solo a la negociación, lo que aprovechó Jasón para asesinarle y arrojar su cuerpo descuartizado al mar. Eetes detuvo la persecución para recoger los restos de su hijo, lo que proporcionó a los argonautas la ventaja suficiente para escapar.
Medea y Jasón

Cuando llegaron a Tesalia, Medea profetizó que el timonel del Argo, Eufemo, reinaría sobre Libia, profecía que se cumplió cuando Bato, descendiente de Eufemo, accedió al trono.
Circe purificó a Medea por el asesinato de Apsirto y, tras superar el paso controlado por Escila y Caribdis y librarse del acoso de las sirenas, los argonautas llegaron a Creta donde no pudieron desembarcar porque lo impedía Talos, el gigante de bronce que tenía una única vena a lo largo del cuerpo rematada por un clavo que evitaba que se desangrase. Medea hizo beber al guardián un somnífero con la promesa de que el bebedizo lo haría inmortal. Cuando el Talos quedó dormido, Medea extrajo el clavo provocando la pérdida de la sangre lo que permitió desembarcar a la expedición.
Hera odiaba al rey de Yolcos, Pelias, y no cejaba en su empeño de provocarle la muerte. Cuando Jasón y Meda llegaron al reino, Hera utilizó artimañas tratando de conseguir que Pelias se enamorara de la hechicera pensando en que ella terminaría matándolo antes o después.
Melias, que había prometido entregar su reino a Jasón si le llevaba el vellocino de oro, se negó a cumplir su promesa y, ante esa actitud, Medea, disfrazada de anciana sacerdotisa hiperbórea de Artemisa convenció a las hijas de Pelias de que se podía rejuvenecer a un anciano troceándolo e hirviendo los trozos en un caldero haciendo la prueba con el padre de Jasón, Esón, quien salió del caldero rejuvenecido. Sin embargo, cuando las hijas de Pelias, lo hicieron con su padre éste no sobrevivió.
Los habitantes de Yolco aborrecían el magnicidio y Jasón y Medea se vieron obligados a abandonar el reino dirigiéndose a Corinto sobre la que Medea pretendía tener derechos al trono. Al llegar a la ciudad, Jasón acordó con el rey Creonte abandonar a Medea, a quien el rey quería expulsar de Corinto, para unirse a su hija la princesa Glauca. Medea se sintió celosa y, para vengarse, envió a Glauca como regalo de bodas un manto de irresistible belleza. Glauca se lo puso llena de impaciencia liberando la magia contenida en él que la convirtió en una tea llameante. Creonte pretendió apagar las llamas abalanzándose sobre su hija, pero ambos perecieron. A continuación Medea, tratando de inferir el máximo daño a Jasón, mató a los dos hijos de ambos.
Los habitantes de Corinto, bien en venganza por la muerte de Creonte o bien decepcionados por el comportamiento de Medea, la apedrearon en el templo de Hera y la obligaron a abandonar la ciudad en el carro de serpientes aladas que le había regalado su abuelo Helios.
Otra versión del mito narra que fueron los habitantes de Corinto quienes mataron a los hijos de Medea en castigo por el hechizo que ésta había realizado a Glauca. Pero a causa de esas muertes, una epidemia fue diezmando los niños de la ciudad no terminando la maldición hasta que, por consejo del oráculo de Delfos, se ofrecieron sacrificios a los hijos de Medea.
Tras la huida de Corinto y haber comprobado que Heracles, enloquecido por Hera, no la podía ayudar según le había prometido, Medea llegó a la ciudad de Atenas, cuyo rey, Egeo, le ofreció hospitalidad y se casó con ella con la esperanza de que sus hechicerías le permitieran concebir un hijo pese a lo avanzado de su edad. La esperanza del rey se cumplió y tuvieron un hijo al que llamaron Medo.
Cuando Teseo, el hijo secreto de Egeo, llegó a Atenas para que su padre le reconociera como heredero, Medea pensó que el héroe era una amenaza para el futuro de su hijo y trató de envenenarlo, pero al ser descubierta tuvo que abandonar la ciudad, junto a su hijo, acusada de practicar la hechicería.
Tras huir de Atenas, Medea continuó su deambular pasando por Italia donde enseñó a sus habitantes a encantar serpientes. Más tarde llegó a Tesalia, llamada así por su hijo Tésalo, después recaló en Fenicia y, finalmente, halló refugio en Asia Menor donde se casó con uno de los reyes.
Cuando se enteró que su padre Eetes había sido destronado por su hermano Perses, Medea y su hijo acudieron en su ayuda. Medo mató a Perses y a la muerte de su abuelo fue proclamado rey expandiendo grandemente el territorio. El país recibiría en su honor el nombre de Media por lo que se consideraba a Medo como el fundador del imperio que llevaba su nombre.
Medea no murió, sino que se hizo inmortal y moró en los Campos Elíseos, donde alguna leyenda dice que se casó con Aquiles.  

MEDUSA
Era una de las tres hermanas gorgonas hijas de Forcis y Ceto, aunque en algunos casos eran tratadas como hijas de Tifón y Equidna. Las primitivas tradiciones la consideraban como un monstruo ctónico femenino, pero a partir del siglo V a.C. comenzó a representarse como una bella figura, aunque terrorífica. Posteriormente Ovidio habla de ella como una hermosa doncella sacerdotisa del templo de Atenea donde fue seducida por Poseidón quedando embarazada del gigante Crisaor y del caballo alado Pegaso. Atenea, furiosa por la profanación de su templo, metamorfoseó su cabello en serpientes transformando su rostro en algo tan terrible que si alguien la miraba directamente quedaba convertido en piedra. Para Ovidio, Medusa era la representación de la lujuria y la única mortal de las tres hermanas por lo que fue dotada de la mirada petrificante para su defensa.
El mito cuenta que Polidectes, rey de Sérifos, envió a Perseo a buscar la cabeza de Medusa y que cuando éste, con la ayuda de los dioses, la decapitó surgieron de su cuello los dos hijos concebidos con el rey del mar.
Medusa 

MELETEA
Es la primera de las tres musas según Pausanias, junto con sus hermanas Aedea y Mnemea.
Meletea es la musa del pensamiento, la de las ideas y la imaginación, encargada de ir formando en su mente los primeros esbozos de la idea creativa, la cual, más tarde, desembocará en la obra artística como tal, con la ayuda de sus dos hermanas restantes.
Los poetas consideran que las cosas o las obras artísticas nacen con Meletea, pues toda obra artística sea cual sea su naturaleza en un principio es sólo una idea incorpórea en la mente del artista. Meletea piensa en abstracto, y deja el trabajo de la creación propia de la obra a Mnemea, y el de la ejecución a Aedea.
Se la representaba como una joven pensativa con la mirada perdida en el infinito y reclamando silencio con un dedo puesto sobre sus labios. 

MELÓBOSIS
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.
 

MELPÓMENE
Era la musa del teatro y, al igual que el resto de las musas de la época olímpica, hija de Zeus y Mnomósine. Se la asociaba con Dioniso e inspiraba la tragedia. Aparecía como una figura femenina con expresión grave y mirada severa, ricamente ataviada y llevando en la mano una máscara trágica, un cetro o un puñal ensangrentado. Estaba coronada con una diadema y calzaba unos coturnos. También solía apoyarse en una maza simbolizando la dificultad del arte trágico que exigía, para su buen desarrollo, una mente privilegiada y una fecunda imaginación.
Un mito cuenta que Melpómene poseía todas cuantas riquezas podía desear una mujer como la belleza, la riqueza, el amor, admiración de los hombres, etc., pero, pese a ello, no podía ser feliz, quedando así reflejado el gran drama de la vida según el cual el poseer todo no es suficiente para alcanzar la felicidad.

MENESTO
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.
 

MÉROPE
Era una de las pléyades, hijas de Atlas y de Pléyone. En cierta ocasión Pléyone y sus hijas viajaban por Beocia y fueron acosadas por el cazador Orión, quien las persiguió durante siete años, sin llegar nunca a alcanzarlas. Ante el acoso, Zeus, compadeciéndose de ellas, les permitió ascender al cielo formando la constelación que lleva su nombre, pero hasta allí fueron seguidas por el cazador representado en la constelación de Orión. Su deambular por la esfera celeste marcaba el principio y el final del verano.
Aunque eran siete hermanas, sólo se pueden observar a seis de ellas, circunstancia que las leyendas atribuían al hecho de que todas las hermanas estaban casadas con inmortales excepto Mérope que lo estaba con el mortal Sísifo, por lo que su brillo era menor. Mérope y Sísifo fueron los padres de Almoi, Tersandro, Sinón, Ornitión y Glauco, a su vez padre de Belerofontes, correspondiéndoles, por tanto, el honor de la fundación de las casas reales de Corinto y Licia.
Otra leyenda dice que la pléyade que no se veía era Electra quien, cuando Troya fue saqueada, se sintió tan triste que cubrió su rostro con sus manos apagando su brillo.

MÉROPE
Era una oceánide hija de Océano y Tetis que estuvo relacionada como consorte o amante con Helios, el dios del Sol, y de quien no se le conoce descendencia.
 

MÉROPE
Era una helíade hija de Helios y de la oceánide Clímene. Cuando su hermano Faetón, al intentar conducir el carro de su padre a través del cielo, no pudo dominar los caballos y se precipitó al vacío ahogándose en el río Erídamo, las helíades lloraron desconsoladas durante mucho tiempo y los dioses, apiadándose de ellas, las transformaron en álamos que poblaron las orillas del río donde pereció su hermano. Sus lágrimas, convertidas en ámbar, cayeron al cauce.
 

MESEMBRIA
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba el mediodía.
 

MÉSTOR
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes.
 

METIS
Era una titánide que personificaba la prudencia, aunque más bien se la considera hija de Océano y Tetis. En un principio trató de evitar ser seducida por Zeus adoptando diversas formas, pero fue inútil y terminó cayendo en los brazos del dios de quien quedó embarazada. Ella fue quien, persuadida por Zeus, dio a beber a Cronos el emético que le hizo vomitar a sus hijos y también la autora de la profecía según la cual tendría con Zeus una hija y después un hijo que estaba destinado a gobernar el mundo. Hesíodo, en cambio, afirmaba que esa revelación la hicieron Urano y Gea. Zeus, al conocer la predicción, la devoró cuando estaba embarazada de Atenea, quien terminó de desarrollarse y nació brotando de la cabeza de su padre por una brecha abierta en el cráneo por Hefesto. 
Nacimiento de Atenea (Metis aparece alegóricamente bajo el asiento de Zeus)

MINCIO:
Era el dios del río del mismo nombre en las proximidades de Venecia.
 

MNEMEA
Era la segunda de las musas originales que se encargada de dar forma al pensamiento abstracto de su hermana Meletea plasmándolo por escrito.
Estaba representada como una muchacha dispuesta a escribir tratando de poner orden a las ideas de su hermana antes de redactarlas sobre un rollo de papiro.
 

MNEMÓSINE
Era hija de Urano y Gea y se le rendía culto como diosa de la memoria y como controladora del paso del tiempo. Compartió lecho con Zeus durante nueve noches consecutivas engendrando a las nueves Musas.
Hesíodo nos cuenta que los reyes y poetas podían hablar con autoridad gracias a Mnemósine y su especial relación con las Musas. 

MNESEO
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes.
 

MOIRAS
Eran personificaciones del destino controlando el hilo de la vida de cada mortal desde su nacimiento hasta la muerte. Se representaban vestidas con túnica blancas. También los dioses estaban sometidos a ellas y solo Zeus podía retrasar, pero no impedir, sus dictados. 
Las tres Moiras eran:
Cloto, la hilandera, que hilaba la hebra de vida desde su rueca hasta su huso.
Láquesis, la que echa a suertes, que medía el hilo de la vida de cada persona con su vara.
Átropos, la inexorable, que era la encargada de cortar el hilo de la vida cuando el tiempo asignado a cada persona se terminaba eligiendo la forma de la muerte.
Se suponía que aparecían tres noches después del nacimiento de un niño para determinar el curso de su vida. Su progenie no estaba claramente definida pues mientras unos las consideraban hijas de Zeus y Temis otros atribuían su paternidad a seres primordiales como Nix, Caos o Ananké, la Necesidad.
Se las representaba como tres mujeres vestidas con túnicas blancas y de aspecto severo: Cloto, con una rueca, Láquesis, con una pluma, y Átropos, con una balanza, aunque más comúnmente aparecían como ancianas hilanderas o jóvenes con aspecto melancólico.
 
MOMO
Era hijo de Nix, la noche, y representaba el sarcasmo, la ironía y la burla. Protegía a los escritores y poetas induciéndoles un espíritu malintencionado que se traducía en críticas injustas. Se burló de Hefesto por haber fabricado a los hombres sin puertas en el pecho para ver, a través de ellas, si sus pensamientos y sentimientos eran verdaderos. También hizo escarnio de Afrodita afirmando que era parlanchina y calzaba sandalias chirriantes. Por sus constantes críticas, fue exiliado del Olimpo.

Se le representaba con una máscara que levantaba para que se le viera el rostro y con un cetro en la mano acabado en una cabeza grotesca como símbolo de la locura. 

MORFEO
Era el dios de los sueños y se le consideraba el más importante de los oniros, los hijos engendrados por Hipnos, el sueño, y Nix, la noche. Era representado con alas que batía rápida y silenciosamente, permitiéndole desplazarse velozmente a cualquier rincón de la Tierra. 
Morfeo se encargaba de inducir los sueños de quienes dormían y de adoptar una apariencia humana para aparecer en ellos, especialmente la de los seres queridos, permitiendo a los mortales evadirse por un momento de las maquinaciones de los dioses.
Morfeo desempeña un papel importante en la historia de Ceice y Alcíone. En concreto, aparece en las obras de Homero y Ovidio. Este último cuenta en Las metamorfosis que Morfeo duerme en una cama de ébano en una cueva sutilmente iluminada, rodeado de flores de adormidera (que contienen alcaloides de efectos sedantes y narcóticos). También cuenta que mientras sus hermanos Fobetor y Fantaso eran responsables de los animales, los objetos inanimados, y apariciones de los sueños, Morfeo se centraba en los elementos humanos.
Fue castigado por Zeus por haber revelado secretos a los mortales a través de sus sueños. De su nombre procede la expresión «estar en los brazos de Morfeo», que significa ‘soñar’ y por extensión ‘dormir’ o viceversa. 
Morfeo e Iris
MUSAS
Eran unos personajes femeninos que poseían virtudes proféticas e inspiran todas las actividades artísticas.

Las tres primitivas, cuya paternidad se atribuye Pausanias a Urano y Gea, eran:
Aedea, el canto y la voz
Meletea, la meditación
Mnemea, memoria 

Las nueve definitivas, que según un mito fueron concebidas en nueve noches consecutivas por Zeus y Mnemósine, eran:
Calíope, elocuencia y poesía épica
Clío, Historia
Erato, arte lírico
Euterpe, música
Melpómene, tragedia
Polimnia, retórica
Talía, comedia
Tersícore, danza
Urania, astronomía y astrología 
Clío Euterpe y Talía

MÚSICA
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba la hora matutina de la música y el estudio.
 

NARCISO
Según Ovidio, Narciso era hijo de la ninfa Liríope de Tespia y se trataba de un mancebo muy apuesto del que las jóvenes se enamoraban en cuanto lo conocían, pero él siempre las rechazaba. Su madre, muy preocupada, decidió consultar al vidente Tiresías sobre el futuro de su hijo. Tiresías le informó de que Narciso tendría una larga vida si nunca llegaba a conocerse a sí mismo.
Un día, mientras el joven estaba cazando, la ninfa Eco, a quien la diosa Hera había castigado a no poder pronunciar más que las últimas palabras que los demás hablaban, lo descubrió y lo siguió sigilosamente a través del bosque deseando hablar con él, pero le era imposible ser la primera en hablar debido a su maldición. Cuando finalmente Narciso escuchó pasos detrás de él preguntó: “¿Quién está ahí?” y Eco respondió: “¿Quién está ahí?”, y así continuaron hablando hasta que Eco apareció a la vista de su amado e intentó abrazarlo. 
Narciso la rechazó y se marchó dejando a Eco tan desconsolada que vivió el resto de su vida en soledad consumiéndose por el amor no correspondido hasta que sólo quedó su voz.
Narciso sintió sed y se acercó a beber a un arroyo quedando fascinado por la belleza de la figura que se reflejaba en el agua no atreviéndose a beber para no estropear la imagen y sintiéndose incapaz de dejar de mirarla. Allí murió contemplando su reflejo y en el lugar de su muerte nació una flor que lleva su nombre. Alguna versión atribuye a la diosa de la venganza, Némesis, haber maldecido a Narciso para que se enamorara de su propia figura.

En otra versión del mito, Narciso es castigado por los dioses por haber rechazado a sus pretendientes masculinos. En ella se hablaba de que el joven Ameinias se enamoró perdidamente de Narciso, pero éste lo rechazó burlándose de él al entregarle una espada para satisfacer su anhelo. Ameinias utilizó el arma para suicidarse mientras pedía a la diosa Némesis que Narciso llegara a conocer el dolor del amor no correspondido. La maldición de la diosa se cumplió cuando Narciso se enamoró de su propia imagen reflejada en un estanque e intentó seducirla sin reparar en que era él mismo. Al intentar besar el reflejo descubrió la realidad y, entristecido de dolor, Narciso se suicidó con su espada transformándose su cuerpo en la flor que lleva su nombre.  

NÁYADES
Eran las ninfas de agua dulce, fuentes, pozos, manantiales y arroyos, identificadas como las divinidades del curso de agua que habitaban. Aunque las náyades estaban asociadas con el agua dulce, las oceánides con el agua salada en general y las nereidas, de forma particular, con el mar Mediterráneo, existía cierto solapamiento entre todas ellas debido a que los griegos creían que las aguas del mundo constituían en un sistema único que se filtraba desde el mar a profundas cavernas en el seno de la tierra, desde donde afloraba, ya dulce, a la superficie. Así se contaba que Aretusa, la ninfa de un manantial en el Peloponeso, podía abrirse paso a través de las corrientes subterráneas para salir a la superficie en la isla de Sicilia.

Las náyades eran deidades femeninas menores dotados de gran longevidad, pero mortales. La vida de una náyade dependía del agua con la que se identificaba, de tal forma que si ésta se secaba, ella moría.
Su genealogía era variada. Unos, como Homero, las mostraban como hijas de Zeus. Otros afirmaban que eran hijas de Océano y la opinión más común es la que las consideraba como hijas del dios río en cuya cuenca hidrográfica estaban ubicadas.
Todos los brotes de agua tenían su náyade o su grupo de náyades, generalmente consideradas como hermanas, y su leyenda propia. Se les solía rendir culto como seres esenciales para la fertilidad y la vida humana y los jóvenes al alcanzar la mayoría de edad dedicaban sus mechones infantiles a la náyade del manantial local. Se les atribuían virtudes curativas si se bebía el agua o se bañaban en ella. También podían ser peligrosas si se las veía y los infractores recibían como castigo la locura o la ceguera.
En ocasiones aparecían en el origen de genealogías, como cuando se creía que un rey mítico había desposado una náyade y fundado una ciudad.  

NEERA
Era una ninfa amante de Helios con quien fue madre de Faetusa y Lampecia.
 

NÉFELE
Era la diosa de las nubes y primera esposa de Atamante con quien tuvo un hijo llamado Frixo y una hija llamada Hele. Atamante se separó de ella para unirse a Ino. Ésta odiaba a los hijos del anterior matrimonio de su esposo y quiso librarse de ellos para lo que tostó todas las semillas, impidiendo así que las cosechas crecieran. Hizo creer a los campesinos, a través de un oráculo al que sobornó, que para que desapareciera la maldición debería ser sacrificado Frixo.
 
Sin embargo, antes de consumarse el sacrificio, ambos hermanos fueron rescatados por un carnero dorado volador enviado por Néfele. Hele se cayó del carnero en el Helesponto y se ahogó por lo que el mar fue bautizado así en su honor (Mar de Hele), pero Frixo pudo llegar hasta la Cólquida, donde el rey Eetes lo acogió hospitalariamente y dándole a su hija, Calcíope, en matrimonio. Como agradecimiento, Frixo entregó al rey el vellocino de oro del carnero, que Eetes colgó de un árbol. 

NÉFELE
Fue la nube que Zeus creó con la imagen de Hera para engañar a Ixión, cuando éste intentaba violar a la diosa. Ixión y Néfele engendraron a los centauros, que serían ayudados por su propia madre durante su batalla contra Heracles.


NÉMESIS
Según Hesíodo, era una deidad primordial hija de Érebo y Nix, aunque también existe alguna teoría que la hace hija de Océano e, incluso, de Zeus. Es la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna. Castigaba a los que no obedecían a aquellas personas con derecho a mandarlas y, sobre todo, a los hijos que no obedecían a sus padres. Recibía los votos y juramentos secretos de su amor y vengaba a los amantes infelices o desgraciados por el perjurio o la infidelidad de su amante.

Se decía que Zeus se encaprichó de ella y la perseguía constantemente para hacerla suya, persecución de la que ella trataba de evadirse adoptando diversas formas monstruosas. Finalmente se transformó en una oca y Zeus, en forma de cisne, consiguió poseerla y, fruto de esta unión, la diosa puso un huevo que fue recogido por unos pastores y entregado a Leda. Del huevo nacerían Helena y Pólux.
Como divinidad primordial no estaba sometida a la autoridad de los dioses olímpicos y con sus castigos trataba de hacer comprender a los humanos que no podían ser demasiado afortunados ni alterar con sus actos el equilibrio universal. Se creía que la ruina de Creso, tras su expedición contra Ciro, fue motivada por la intervención de la diosa.
Se la representaba con una corona y a veces con un velo que le cubría la cabeza y solía llevar una rama de manzano en una mano y una rueda en la otra.  

NEREIDAS
Eran las ninfas del mar Mediterráneo a quienes algunas tradiciones muy antiguas las describían como a las sirenas, es decir, eran jóvenes hermosas de cintura hacia arriba, pero con cuerpo de pez de cintura hacia abajo. Según Hesíodo eran las cincuenta hijas del dios Nereo y de la oceánide Doris y representaban la diversidad de los aspectos marinos. Su morada estaba situada en lo más profundo del mar y consistía en una inmensa cueva tan oculta que nadie podía encontrarla. En ocasiones emergían a la superficie para ayudar a marineros que surcaban los mares, como es el caso de los argonautas a quienes socorrieron durante su viaje en búsqueda del vellocino de oro. Se aparecían a los navegantes montadas en delfines u otros animales marinos y recibían culto en altares situados en los acantilados o en tierras muy próximas al mar, donde recibían como ofrendas leche, aceite y miel.

Hesíodo elaboró una relación de nereidas que difiere de las proporcionadas por otros autores como Higinio, Apolodoro y Homero.

El catálogo de Hesíodo era:
Acteea,
Ágave,
Anfítrite, la que calma las olas del mar y las ráfagas de vientos.
Aurónoe,
Ciumatolege
Cimo,
Cimódoce la que calma el oleaje y las ráfagas de vientos huracanados
Cimatoege
Cimótoe,
Dinámene,
Doris,
Doto,
Erato,
Espeo,
Eucrante,
Eudora,
Eulímene,
Eunice, la de rosados brazos,
Eupompa,
Evágora,
Evarne. la de encantadora figura y belleza sin tacha,
Éyone,
Ferusa,
Galatea, la hermosa
Galene,
Glauce,
Glaucómene, la risueña
Halia, la amable
Halimede, la de la bella corona,
Hipónoe, la de rosados brazos,
Hipótoe, la encantadora
Laomedea,
Leágora,
Lisianasa,
Mélite, la graciosa
Menipe, la divina
Nemertes, la inteligente.
Nesea,
Neso,
Pánope,
Pasítea,
Ploto,
Polínoe,
Pontoporea,
Prónoe
Proto,
Protomedea,
Psámate, la de gracioso porte,
Sao,
Temisto,
Tetis,
Toa
 

NEREO
Era el mayor de los hijos de Ponto y Gea, a quien Hesíodo identificaba como el dios del mar apacible frente a su padre, Ponto, que era considerado como el dios del mar tenebroso. Estaba dotado del don de la profecía, advirtiendo a Paris de las nefastas consecuencias que tendría para Troya el secuestro de Helena. Se le conocía por su veracidad y le llamaban, según Hesíodo, “el Viejo Caballero” porque era digno de confianza debido a la rectitud de sus pensamientos.
Se representaba como un anciano llevando un bastón, aunque, a veces se le exhibía con una cola de pez en lugar de piernas. Vivía en el mar Egeo acompañado por las cincuenta hijas que tuvo con la oceánide Doris conocidas como las nereidas.

NESO
Era el dios del río del mismo nombre.
 

NIKÉ
Era la diosa de la victoria. Se le representaba a menudo como una pequeña escultura alada en la mano de otro dios más importante, como Zeus o Atenea.
Originalmente se la consideraba una diosa independiente, no obstante tras la batalla de Salamina (480 a. C.) a menudo se la asociaba y se la creía idéntica a Atenea, siendo Niké un apodo suyo que significa «victoriosa». Hesíodo la hacía hija del titán Palas y de Estigia, siendo hermana entonces de Bía (la Violencia), Zelo (el Fervor) y Cratos (la Fuerza).

Destaca su templo en la Acrópolis de Atenas. Suele aparecer representada con alas y portando una palma o una guirnalda de laurel.
Personaje mitológico también llamado Astrea, personifica la Justicia como diosa, hija de Júpiter y de Temis, diosa de las leyes eternas y protectora de todos los derechos, aunque algunos estudiosos de la cultura griega sostienen que fue hija de Astreo y Aurora. La vida de Niké o Astrea se desarrolló en un principio entre los mortales; sin embargo, al aparecer el crimen y la maldad humana, volvió al Olimpo, donde permanece en el Zodiaco bajo el signo de libra. Este personaje se le representa con una corona rutilante, en una mano trae la balanza y una palma, y en la otra un manojo de espigas. A diferencia de Temis, que tiene los ojos cubiertos con una venda, ella los tiene descubiertos, significando que su mente está despejada para tener la facultad de indagar los motivos o causas que impulsaban a los seres humanos, a través de una visión profunda, que conlleva a una justicia de equidad. Es por ello que, ocasionalmente, se le ve a la Justicia representada de esta forma en los palacios de justicia, editoriales legales o en obras artísticas, como estatuas o pinturas.




NILO
Era el dios del río del mismo nombre.

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