martes, 17 de octubre de 2017

Capítulo 1 - Cosmogonía Sumeria, Egipcia


COSMOGONÍA

INTRODUCCIÓN 
La observación del cielo ha sido un fenómeno universal, por lo que todas las grandes civilizaciones del pasado crearon complejas explicaciones sobre el Universo y los distintos eventos que en él ocurren. La mayoría del conocimiento así generado se ha perdido para el hombre occidental, pues al ser nuestra cultura heredera directa del saber griego, sólo estamos familiarizados con los logros de esa civilización, así como con el conocimiento astronómico surgido entre los sumerios, pues los griegos tomaron gran parte de esa información, la hicieron suya, y la trasmitieron al mundo occidental. 
En el presente capítulo se hace una síntesis de los principales logros que en el terreno astronómico consiguieron algunas de las grandes civilizaciones de la antigüedad, incluyendo a las dos más representativas (o quizás debamos decir más estudiadas) que hubo en lo que hoy es el territorio mexicano. Siguiendo la temática principal de este libro, se hace énfasis en las ideas y modelos[1] que esos pueblos tuvieron sobre la forma del Universo, así como el lugar que en él creían ocupar.  

LOS SUMERIOS 
Cualquier texto de historia antigua nos dará información amplia sobre los pueblos que hace unos 6 000 años vivieron en la enorme llanura asiática comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, así que no abundaremos en los detalles, únicamente señalaremos que los sumerios, nombre genérico con el que se designa a las diferentes tribus que a lo largo de varios milenios ocuparon esa zona de nuestro planeta, crearon una cultura muy avanzada, siendo los introductores de muchos conceptos que en la actualidad siguen teniendo vigencia. 
El estudio de esa rica cultura se ha facilitado porque los arqueólogos han encontrado en las ruinas de sus principales ciudades numerosas tablillas hechas de barro cocido en las que, con caracteres cuneiformes ya descifrados por los especialistas, quedaron registradas las actividades preponderantes de su vida. En la etapa temprana de su civilización el universo sumerio fue poblado por dioses y diosas engendrados por el caos, personificado en Tiamat, la diosa madre, y por Apsu, el dios padre identificado con el océano, y de cuya unión surgieron el hombre y los animales. En una lucha entre Marduk (Júpiter) y las deidades protectoras de Tiamat, éste las aniquiló, incluyéndola a ella. Después partió el cadáver divino en dos: levantando una parte formó el Cielo, mientras que la otra la puso a sus pies y surgió entonces la Tierra. Esta ingenua visión del cosmos se fue complicando al aumentar los conocimientos matemáticos y astronómicos de esos pueblos. 
Para los caldeos, herederos culturales de los pueblos sumerios, el Universo era una región completamente cerrada. En su concepción la Tierra se encontraba al centro, flotando completamente inmóvil sobre un gran mar. Siendo esencialmente plana, estaba formada por inmensas llanuras. En su parte central se elevaba una enorme montaña. Conteniendo al mar sobre el que flotaba la Tierra y rodeándolo totalmente había una muralla alta e impenetrable. Ese gran mar era un espacio vedado a los hombres, por lo que se le llamó aguas de la muerte. Se afirmaba que una persona se perdería para siempre si se aventuraba a navegarlo. Se requería un permiso especial para hacerlo, y éste sólo era otorgado por los dioses en muy pocas ocasiones, tal como lo relata la Epopeya de Gilgamesh. 
El cielo estaba formado por una gran bóveda semiesférica que descansaba sobre la ya mencionada muralla. Fue diseñado y construido por Marduk, quien la hizo de un metal duro y pulido que reflejaba la luz del Sol durante el día. Al llegar la noche, el cielo tomaba un color azul oscuro porque se convertía en un telón que servía de fondo a la representación que hacían los dioses, identificados con los planetas, la Luna y las estrellas. Es en esta cultura donde surge la idea de un cosmos con forma hemisférica, concepción que será retomada por muy diversos conglomerados humanos en diferentes épocas y lugares. 
Para explicar la sucesión del día y la noche supusieron que la mitad de aquella muralla era sólida, mientras que la otra era hueca y tenía dos aberturas opuestas. En la mañana la que se encontraba al este era abierta y Shamesh, el dios solar, salía a través de ella conduciendo una gran carroza tirada por dos magníficos onagros.[2] El disco solar visto por los hombres era una de las brillantes ruedas doradas de ese carruaje. Con vertiginosa velocidad Shamesh arriaba a los onagros cruzando el cielo a lo largo de una trayectoria circular bien definida. Cuando empezaba a atardecer, Shamesh disminuía su ímpetu y lentamente iniciaba el descenso, entrando por la puerta oeste de la gran muralla. Al crepúsculo esa puerta era cerrada, llegando así la oscuridad. Toda la noche la carroza se desplazaba dentro de una inmensa caverna para emerger de ella a la mañana siguiente, cuando era abierta nuevamente la puerta del Este, dando así lugar a otro día. 
Unos 4 000 años atrás los sacerdotes sumerios hicieron mapas celestes, y dividieron el cielo en constelaciones. También formaron los primeros catálogos estelares y registraron los movimientos planetarios. Construyeron calendarios y pudieron predecir los eclipses de Luna. Se han encontrado diversas tablillas de barro cocido en las que fueron trazados tres círculos concéntricos, divididos en 12 partes por igual número de rayos. En cada una de las 36 secciones así obtenidas se encuentra el nombre de un agrupamiento particular de estrellas o constelación, acompañado por una serie de números simples cuyo significado aún no ha sido descifrado. Hasta donde se ha podido establecer, éstos son los primeros mapas celestes hechos con fines prácticos y no como mera representación del cielo. 
Los caldeos miraron el firmamento pensando que los cuerpos celestes habían sido puestos ahí por los dioses para el beneficio humano, y que el propósito de su presencia era dar indicaciones sobre la fortuna de individuos y naciones. Las estrellas y los planetas[3] fueron vistos como portadores de misteriosas influencias que los hombres podrían leer adecuadamente estudiando su desplazamiento. Por esa razón los llamaron intérpretes de los dioses. Esta concepción convirtió a los caldeos en verdaderos observadores del movimiento de los cuerpos celestes, comportamiento que los diferenció de otras culturas antiguas, pues no sólo se dedicaron a ver e interpretar, sino que fueron capaces de medir. Esa actitud dio origen a la pseudociencia conocida como astrología; sin embargo, del estudio de los movimientos planetarios hechos por los caldeos surgió también la ciencia de la astronomía. 
Al estudiar la bóveda celeste los astrónomos caldeos construyeron tablas planetarias donde anotaron cuidadosamente las estaciones y retrogradaciones,[4] ya que esos datos eran elementos básicos para determinar el curso de los planetas por la bóveda celeste. Gracias a ese tipo de estudios fueron capaces de diferenciarlos de las llamadas estrellas fijas[5]. Como el estudio del movimiento requiere del manejo del espacio y del tiempo, tan notables observadores inventaron la medición de esos conceptos e introdujeron el año dividido en meses, días, horas, minutos y segundos. Asimismo, dividieron la semana en siete días, cada uno de ellos asociado a un cuerpo celeste: el Sol (domingo), la Luna (lunes), Marte (martes), Mercurio (miércoles), Júpiter (jueves), Venus (viernes) y Saturno (sábado). Además, como consecuencia de su determinación del año solar de 360 días (más cinco de ajuste), dividieron angularmente el círculo en 360 grados, introduciendo también la división del grado en 60 minutos de arco (‘) y éste a su vez en 60 segundos de arco (“). 
Ese tipo de mediciones permitieron que los caldeos pudieran determinar las estaciones y retrogradaciones de los planetas, así como calcular su salida y ocaso. También calcularon las fechas en que algunas constelaciones aparecían o desaparecían por puntos notables del horizonte. Igualmente pudieron conocer con antelación el acercamiento de cada planeta a las estrellas más brillantes localizadas dentro de una franja del cielo único y bien determinado, zona en la que advirtieron los movimientos del Sol y la Luna. Por estas peculiaridades, los griegos llamaron eclíptica al plano central de esa banda[6]. Fueron ellos también Región del cielo que tiene 18 grados de ancho, dentro de la cual quedan contenidas las trayectorias de los planetas observables a simple vista. Los caldeos dividieron esa región en 12 zonas diferentes, e identificaron a cada una de ellas con un grupo particular de estrellas. En esos agrupamientos o constelaciones delineados por los astros más brillantes de cada región creyeron ver figuras relacionadas con sus ideas mitológicas. Según tablillas con escritura cuneiforme localizadas en el valle del Éufrates, y cuya antigüedad se remonta hasta el año 600 a.C., los nombres de esos grupos estelares fueron el Carnero (o mensajero), el Toro del cielo (o toro que va adelante), los Grandes gemelos, el Trabajador del lecho del río, el León, la Anunciadora de la lluvia, el Creado a la vida en el cielo, el Escorpión del cielo, la Cabeza de fuego alada, el Pez-cabra, la Urna y el Sedal de pesca con el pez prendido. 
De esa división arbitraria del camino aparente que sigue el Sol en la bóveda celeste provienen los 12 signos del zodiaco que hemos heredado, y que en la actualidad son: Aries (el carnero), Taurus (el toro), Géminis (los gemelos), Cáncer (el cangrejo), Leo (el león), Virgo (la virgen), Libra (la balanza), Escorpio (el escorpión), Sagitario (el flechador), Capricornio (la cabra), Acuario (el aguador) y Piscis (los peces). Siguiendo una tradición milenaria, los astrónomos han continuado utilizando esos nombres para las constelaciones eclípticas, de igual manera que han conservado los nombres de los días de la semana y la división sexagesimal de grados, horas, minutos y segundos. 
Mucho se ha escrito sobre los conocimientos astronómicos logrados por los habitantes de Mesopotamia, pero para los propósitos de este libro pensamos que lo mencionado es suficiente, por lo que no abundaremos más sobre otros notables logros científicos de aquella importante civilización. 


COSMOGONÍAS DE OTROS PUEBLOS DE ASIA 
La visión egipcia 
Los egipcios, constructores de gigantescas pirámides, bellos templos y magníficas esculturas fueron un pueblo que durante su largo periodo de desarrollo cultural no mostró mayor interés en las especulaciones filosóficas, teniendo más bien una fuerte disposición hacia lo práctico. Contemporáneos de los diversos grupos que vivieron en Mesopotamia, tuvieron una actitud diferente hacia la astronomía, usándola sobre todo como base de su medida del tiempo, lo que les permitió desarrollar un calendario civil que, si no fue muy complejo astronómicamente, sí fue el más avanzado de los utilizados en la antigüedad. 
Tal actitud muy probablemente se debió a que los sacerdotes centraron su atención en el más allá, haciendo del culto a los muertos una verdadera religión. Aunque los egipcios no formularon teorías acerca del Sol y la Luna, ni tuvieron ideas específicas sobre el movimiento de los planetas, se sabe que tuvieron sus propias constelaciones formadas por grupos conspicuos de estrellas brillantes. Sin embargo los registros fueron muy vagos y se han perdido. En la actualidad solamente se sabe que, con las estrellas del hemisferio norte, la única constelación que formaron fue la del Arado, ahora llamada Osa Mayor. 
Egipto es un país que desde sus orígenes se formó y desarrolló a lo largo del río Nilo, que corre paralelo a la costa del Mar Rojo. Esa clara forma de rectángulo fue muy probablemente la causa de la teoría de que el mundo era alargado, como una caja rectangular. En sus representaciones más primitivas del cosmos ya aparece esa forma. Así, en el papiro funeral de la princesa Nesitanebtenhu, sacerdotisa de Amón-Ra que vivió unos 1 000 años a.C., así como en algunas paredes de tumbas y templos, han sido encontradas representaciones simbólicas de un universo alargado (figura 3). En el mencionado papiro, el cielo es el cuerpo de la diosa Nut, quien adoptando una incómoda posición en la que se apoya solamente con pies y manos[7] cubre con su alargado cuerpo a Shibu, la Tierra, representada abajo de Nut reposando sobre su costado izquierdo, mientras que el dios del aire Shu está entre ambos, ayudando a sostener a Nut en su difícil pose. Hay otras variantes de esta representación. En algunas se mira el cuerpo de Nut cubierto de estrellas, y sobre él se desplazan el Sol y la Luna en dos pequeños botes. 

Figura 1. Sección de un papiro egipcio que muestra una de las variadas representaciones de la diosa Nut como la bóveda celeste. 

Sin embargo, esta representación del Universo resultó tan elemental para una civilización tan avanzada, incluso desde el punto de vista de una cosmogonía religiosa, que posteriormente la modificaron. Fue así que consideraron que el mundo tenía forma de caja rectangular, con un eje mayor orientado de norte a sur, mientras que el menor quedaba en dirección este-oeste. Pensaron que la Tierra era el fondo plano de la caja, y que en ella alternaban las tierras y los mares. Egipto se encontraba al centro de ese plano, mientras que en la parte superior de la caja estaba el cielo, formado por una superficie metálica plana sostenida por cuatro grandes montañas localizadas en los extremos de la caja. Finalmente, y ante la evidencia observacional, no pudieron negar lo que indicaban sus sentidos sobre la forma del cielo, por lo que terminaron por aceptar que éste era en realidad una superficie convexa en donde había un gran número de agujeros de los que colgaban las estrellas suspendidas por cables. Para los egipcios de aquella época los astros eran fuegos alimentados por emanaciones que se formaban y subían desde la Tierra, y que no eran visibles durante el día porque solamente se encendían por la noche. Las cuatro montañas que sostenían el cielo se unían entre sí en su parte más baja, formando una pared rocosa que rodeaba al mundo. Al Sol, encarnación del dios Ra, se le representaba por un disco de fuego que se desplazaba por el firmamento flotando en una barca. 
De acuerdo con los más antiguos mitos egipcios, la Vía Láctea había sido hecha por Isis, quien la construyó regando una gran cantidad de trigo en el firmamento. Posteriormente fue considerada como el Nilo Celeste, el río sagrado que cruzaba el país de los muertos. La diferencia de altura que el Sol alcanza sobre el horizonte entre el verano y el invierno fue explicada por los egipcios haciendo una analogía con lo que le sucede al río Nilo en esas dos temporadas. Sostenían que cada verano el río celeste se desbordaba, de igual manera que su contraparte terrestre, ocasionando que la barca de Ra abandonara su lecho y quedara más próxima a Egipto. 
Todo ese esquema del mundo nada tenía que ver con teorías acerca del Sol y la Luna, ni contenía ninguna idea específica sobre el movimiento planetario. La falta de interés de los sacerdotes egipcios por la naturaleza física del Universo se explica puesto que en su concepción religiosa no eran fundamentales los pronósticos astrológicos. Por esto no especularon respecto a la posible naturaleza de los planetas y se concentraron en el mundo espiritual. Así se marcó la diferencia entre la astronomía y las concepciones cosmogónicas manejadas por sumerios y egipcios.  

El cosmos hindú 
Para los pensadores de la antigua India la astronomía fue más que una disciplina observacional o una filosofía sobre la creación y destrucción del cosmos. En las ruinas de las ciudades habitadas por los pueblos indostánicos no se han encontrado vestigios de observatorios astronómicos, ni hay indicación clara de que los hindúes hayan elaborado catálogos estelares como los de otras civilizaciones de la antigüedad. El estudio de los movimientos planetarios tampoco parece haber despertado mayormente su interés. Todo indica que la observación de las estrellas fue hecha por los astrónomos hindúes únicamente con el propósito de tener puntos a los cuales referir sus estudios de los movimientos del Sol y de la Luna, lo que les permitió determinar en forma práctica un calendario lunar de 12 meses de 29.5 días cada uno. La discrepancia entre éste y el año solar (365 días) lo solucionaron intercalando un mes extra cada 30 lunaciones[8].
En cuanto a su concepción del cosmos se conocen dos interpretaciones originadas probablemente en tiempos muy diferentes y por sectas religiosas distintas. La más conocida y quizá la más antigua, es aquella en que se consideró que Brahma, por un acto de pensamiento, dividió el huevo primigenio en dos y formó con una mitad el Cielo y con la otra la Tierra. En ese esquema el Universo era una entidad cerrada, contenida por los anillos de Sheshu, la cobra negra, animal sagrado para ese pueblo. En el fondo de todo había un mar de leche rodeado completamente por parte del cuerpo de esa serpiente. En el lácteo océano nadaba una enorme tortuga, sobre cuyo caparazón se apoyaban cuatro elefantes, cada uno localizado hacia un punto cardinal. A su vez, estos animales sostenían sobre sus lomos a la Tierra, formada por un disco simétrico donde, con una pendiente primero suave y después brusca, se formaba una gran montaña central. En la parte alta de ésta había un gigantesco fuego que al girar en torno a ella ocasionaba el día y la noche. La misma cobra que rodeaba y contenía al mar de leche, formaba con la parte superior de su cuerpo otro anillo que contenía a la bóveda celeste. 
Cuando en el siglo VI a.C. se originó el jainismo, religión fundada por Vardhamana Mahavira en contra del ritual introducido en los textos sagrados llamados Vedas, una de las ideas rechazadas fue la del dios creador. Como consecuencia, los seguidores de esta nueva religión introdujeron el concepto de dualidad cósmica para dar una explicación satisfactoria del Universo. Sostenían que la Tierra estaba formada por una serie de anillos concéntricos, alternándose tierras y mares. El círculo interior denominado Jambudvipa estaba dividido en cuatro partes iguales, teniendo a la montaña sagrada Meru en su centro. La India se localizaba en el sector más al sur. El Sol, la Luna y las estrellas describían trayectorias circulares alrededor de esa montaña, moviéndose en forma paralela a la Tierra. De acuerdo con este modelo, el Sol, al girar en torno a Meru debería iluminar en forma sucesiva cada cuadrante, pero ya que el día duraba 12 horas, el Sol podría iluminar solamente dos de éstos cada 24. Para resolver esta incongruencia introdujeron dos soles, dos lunas y dos conjuntos de estrellas. Éste fue su principio de dualidad cósmica. 
Evidentemente ese modelo no tenía ninguna relación con el mundo físico, y era resultado de una mera interpretación filosófica. Sin embargo para los pensadores hindúes cumplía los requerimientos impuestos por su visión religiosa, pues no era entonces necesario confrontarlo con lo observado, situación que se dio prácticamente en todas las culturas antiguas, e incluso durante gran parte de la Edad Media europea. 
La Vía Láctea fue considerada por los antiguos habitantes de la India como el camino que tuvo que seguir Arimán para llegar a sentarse en su trono celeste. 
Con las particularidades propias impuestas por el medio en que se desarrolló la cultura hindú, sus explicaciones sobre los objetos cósmicos no difieren mayormente de los que elaboraron egipcios y caldeos. Sin embargo, en el aspecto conceptual introdujeron una idea nueva: la regeneración y destrucción cíclica del Universo. Para resolver la contradicción filosófica surgida, por un lado, de admitir que aquél era eterno, y por el otro la de observar la temporabilidad de sus partes, recurrieron a la hipótesis de la periodicidad de todos los acontecimientos. “La evolución, enseñaron los hindúes, se cumple en periodos cuya ilimitada y cíclica repetición asegura al Universo su duración eterna.” Como se verá más adelante, la idea de un resurgimiento cíclico a nivel de todo el cosmos ha aparecido en diferentes modelos cosmológicos, tanto antiguos como contemporáneos, y en la actualidad es una de las hipótesis de mayor peso en las explicaciones que sobre el origen de nuestro universo manejan muchos científicos contemporáneos.  

El universo de los chinos 
Aunque la civilización china tiene gran antigüedad, sólo se tiene información segura sobre su desarrollo histórico a partir del inicio de la dinastía Shang, la cual consolidó su poder hacia el año 1500 a.C. 
Los diversos registros dejados por los astrónomos chinos muestran que fueron buenos observadores. Sus catálogos de cometas, eclipses y otros eventos astronómicos confirman que tuvieron un bien organizado grupo de observadores que de manera sistemática y meticulosa realizaron un trabajo muy valioso, tanto, que en la actualidad sigue dando frutos. Utilizando el mismo sistema de coordenadas que ahora manejan los astrónomos para localizar los objetos celestes, pero que fue desarrollado en Occidente sólo hasta el siglo XVII, los chinos determinaron más de 2 000 años atrás las posiciones aparentes de las estrellas de mayor brillo del firmamento. En efecto, alrededor del año 350 a.C. Shih Shen construyó un mapa estelar donde catalogó más de 800 estrellas. 
Seguramente en gran medida por su ubicación geográfica, estos observadores orientales no pusieron mayor atención en el estudio de las estrellas de la eclíptica, sino que desarrollaron su sistema de referencia celeste en torno a las constelaciones circumpolares.[9]  Alrededor del año 1400 a.C., los chinos ya habían determinado la duración del año solar, estimándola en 365.25 días, mientras que la lunación la fijaron en 29.5 días. La exactitud de estos valores es notable y viene a confirmar la excelencia de los astrónomos chinos. 
Las observaciones de los movimientos planetarios también se realizaron en China en forma muy cuidadosa desde fechas muy tempranas. Sin embargo, a pesar de que las realizaron durante periodos considerablemente largos, no formularon ninguna teoría planetaria. Como sucedió en otras civilizaciones, los chinos asociaron a los planetas con los componentes básicos que, según su filosofía, constituían a la naturaleza, así como con los puntos cardinales: Júpiter se asoció con la madera y el Este, Marte con el fuego y el Sur, Saturno con la tierra y el centro, Venus con el metal y el Oeste, mientras que Mercurio quedó ligado al agua y al Norte. Según sus ideas la madera, el fuego, la tierra, el metal y el agua eran los cinco elementos primarios con los que se formó el Universo. 
Para los chinos la Vía Láctea fue un objeto cósmico que no requería mayor explicación. Simplemente la llamaron Tian Ho, que significa el Celeste Ho, siendo la contraparte cósmica del río Ho o Amarillo. Por su aspecto blanquecino consideraron que estaba hecha de seda. En el aspecto práctico los chinos establecieron una conexión entre la Vía Láctea y el agua de lluvia, ya que cuando en China tiene mayor esplendor ese objeto celeste, es cuando la época de lluvias alcanza su máxima intensidad. 
Las concepciones filosófico-religiosas desarrolladas en China no consideraron a los objetos cósmicos como dioses que determinaran los destinos humanos, y aunque sí tuvieron astrología y un equivalente al zodiaco formado por 28 casas, en lugar de los 12 signos originados en Mesopotamia, fue diferente de la surgida en la región comprendida entre el Tigris y el Éufrates. 
Los cálculos astronómicos chinos fueron más bien de tipo algebraico, ya que no contaron con una geometría teórica desarrollada como la que hubo en Grecia. Esa falta de visión favoreció que no tuvieran una imagen intuitiva de la estructura geométrica del cosmos. 
La idea cosmogónica más antigua originada en China aseguraba que el Universo estaba formado por el Cielo de forma esférica, y por la Tierra, que era un cuenco con su abertura hacia abajo. Sus bordes o límites eran aristas lineales que en realidad le daban forma de un cuadrado convexo. Alrededor de ella había un gran océano en el que se hundía el firmamento. El Cielo y la Tierra se sostenían en su sitio por virtud del aire atrapado debajo de ellos. Consideraban que la bóveda celeste era de forma irregular, más elevada al sur que al norte, por lo que el Sol, que rotaba junto con ese hemisferio irregular, era visible cuando se encontraba al sur, e invisible cuando ocupaba el norte de ese cielo deformado. Aunque el Sol, la Luna y los planetas se movían junto con el firmamento, también tenían movimientos propios. Aseguraban que el Cielo se encontraba 80 000 li por encima de la Tierra, lo que con nuestras medidas equivaldría a unos 43 kilómetros. 
Posteriormente, alrededor de la segunda centuria antes de nuestra era modificaron algo este modelo, asegurando que el cosmos era un esferoide de unos 2 000 000 li de diámetro, aunque en realidad era 1 000 li más corto en dirección norte-sur que en la este-oeste. Según se sabe, el astrónomo Chang Heng del siglo I afirmaba que el Universo era como un huevo cuya yema sería la Tierra, que descansaba sobre agua, mientras que el Cielo, sostenido por vapores emanados del océano, equivalía al cascarón. 
En un tercer modelo se aseguraba que el Universo era infinito y que carecía de forma y sustancia, encontrándose en él únicamente la Tierra, el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, todos flotando libremente. En ese universo los cuerpos celestes no estaban sujetos a nada, y se movían en él por acción de fuertes vientos. Aunque sin ningún fundamento observacional, este último modelo cósmico de los chinos fue el resultado de una verdadera abstracción, lo que lo ubica en un plano diferente del de todos los otros que hasta aquí se han comentado.  

LOS GRIEGOS Y SU PRIMERA VISIÓN DEL COSMOS 
La principal fuente para conocer las ideas cosmogónicas de los primitivos griegos es la Teogonía, libro escrito por Hesíodo hacia el año 800 a.C. Este texto es una detallada genealogía de los dioses que poblaron el Olimpo, sin embargo, marginalmente informa sobre la visión que de la Tierra y de la creación cósmica tuvieron esos pueblos. 
En esa obra claramente influida por ideas orientales previas, Hesíodo dice que el Caos (el abismo) fue la condición primordial del Universo. Del Caos proviene todo lo creado. En él se encontraban amalgamados todos los elementos que configuraban una masa informe. Luego vinieron Gea (la tierra), Tártaro (el mundo subterráneo) y Eros (el amor). Este último fue el elemento activo o fuerza vital que atrae a los seres, siendo el principio universal de la vida. 
Del Caos se generó una pareja de hermanos tenebrosos: Érebo, el aire oscuro y la noche (de su unión surgió la luz en forma de Éter luminoso), y Hemera, el día. 
Gea procreó igual a sí misma primeramente a Urano, para que la cubriera toda y fuera el apoyo de los dioses. Creó también a las montañas y al mar, que surgieron de ella y ocuparon parte de su superficie. 
Es en este mito narrado al principio de la Teogonía donde se encuentra el primer modelo cosmogónico de los griegos. A partir de la masa informe y oscura que era el Caos se generó la Tierra, a la cual imaginaron como un disco plano, bajo el cual se encontraba el Tártaro o mundo subterráneo. Urano, que era el Cielo donde se encontraban las estrellas, la rodeaba por completo. Claramente esta visión tan simple del Universo no tuvo ningún soporte observacional, así que no difiere en lo esencial de otras cosmogonías surgidas durante la antigüedad. Como un mito, sirvió de apoyo a la interpretación que los primitivos griegos hicieron de su mundo, el cual se encontraba poblado de dioses y semidioses que convivían cotidianamente con los hombres. Esta interacción podía ocurrir en cualquier momento y nivel de su existencia, sin que tuviera un carácter extraordinario. Como ejemplo de esa interrelación se tiene el mito sobre el nacimiento de Hércules, donde incidentalmente se explica la existencia de la Vía Láctea. 
Zeus, el dios griego por excelencia, tuvo por esposa legítima a Hera, pero se unió frecuentemente con otras diosas y con diversas mortales, engendrando así a dioses y semidioses que poblaron el panteón helénico. Hera, extremadamente celosa, siempre trató de castigar las infidelidades de su divino esposo. En una ocasión Zeus engañó a la fiel Alcmena, pues tomó la forma de su marido Anfitrión, y engendró en ella a Hércules, el poderoso héroe. Hera, disgustada por ese desliz, trató de asesinar al recién nacido enviándole dos serpientes, pero Hércules se encargó de estrangularlas con una sola mano. Zeus, enojado por la acción de su esposa, tomó al pequeño Hércules y, mientras Hera dormía plácidamente en el Olimpo, lo acercó a sus pechos para que mamara la leche divina que lo haría inmortal. Hera despertó sobresaltada y al ver lo que ocurría quitó violentamente al infante de su seno, pero no pudo evitar que su pecho arrojara todavía algunos chorros de leche, los que al regarse por la bóveda celeste dieron origen a la Vía Láctea (figura 2). 
Otras bellas leyendas similares a ésta sirvieron a los primitivos griegos para explicar la existencia de estrellas tales como Cástor y Pólux, grupos estelares como el de las Pléyades o constelaciones como Orión y Hércules. Los planetas entonces conocidos fueron asociados con algunos de sus principales dioses. En esas tempranas etapas de su desarrollo no estudiaron los movimientos de los cuerpos celestes, mucho menos trataron de entender sus causas. Sus conocimientos astronómicos no fueron en realidad diferentes conceptualmente de los de otros pueblos de la antigüedad, pero sí tomaron de ellos un conjunto importante de ideas astronómicas, especialmente de sus vecinos, los caldeos y los egipcios. Esos conocimientos fueron utilizados por los griegos con fines prácticos relacionados fundamentalmente con la determinación de los ciclos agrícolas, y con el cálculo de una correcta orientación para los viajeros marítimos y terrestres. 

Figura 2. Grabado medieval que ilustra el mito griego sobre el origen de la Vía Láctea.

LOS PUEBLOS MESOAMERICANOS 
El estudio de las civilizaciones americanas ha mostrado que entre el año 1000 a.C. y el pasado siglo XVI surgieron en Mesoamérica diversas culturas, alcanzando algunas de ellas un notable grado de desarrollo. Entre los pueblos más notables de esta parte del mundo deben ser considerados los mayas y los aztecas. Los mayas fueron consumados observadores de los astros, lo que les permitió determinar con precisión diversos ciclos celestes, como el lunar o el del planeta Venus. Además fueron capaces de determinar la ocurrencia de eclipses. En el terreno práctico lograron establecer la duración verdadera del año con una exactitud no alcanzada por ninguna otra cultura previa a la actual. 

Los mayas, grandes astrónomos de América 
Hasta ahora sólo se conocen fragmentos de cuatro códices mayas previos a la Conquista. De ellos, el Dresde, que ha sido parcialmente descifrado, ha resultado ser un libro que contiene efemérides[10]  sobre los movimientos de Venus, así como información acerca de cierto número de eclipses. Otro de esos códices, el Madrid, muestra el importante papel que los astrónomos tuvieron entre los mayas. 
Desgraciadamente la destrucción de libros de esta cultura ordenada por fray Diego de Landa durante el siglo XVI privó a los estudiosos de gran cantidad de valiosos documentos, que seguramente habrían ayudado a entender la visión que del mundo tuvieron esos pueblos. Existe una teogonía maya, fundamentalmente conocida por medio del Popol Vuh, libro escrito después de la Conquista y en el que se relata el origen del hombre, así como la creación y destrucción cíclica del mundo, idea que también aparece en otras culturas de Mesoamérica. 
A pesar de los grandes avances astronómicos y matemáticos logrados por los mayas, hasta donde se ha podido establecer, dichos conocimientos no reflejan de forma directa su visión sobre la estructura del cosmos, por lo cual los especialistas han tenido que recurrir al estudio de los patrones culturales de los descendientes actuales de esa civilización, y muy especialmente al grupo de los lacandones, quienes han logrado mantener su identidad más o menos intacta en los últimos 500 años. De esa forma han podido obtener una idea de cómo concebían los mayas el Universo, el cual dividían en tres niveles superpuestos. El superior correspondía al Cielo, que se encontraba dividido en 13 capas. El Sol, la Luna y Venus tenían cada uno su propia capa. El segundo nivel era el de la Tierra, formada por una plancha plana que flotaba sobre agua y que era sostenida por un monstruo acuático. La Tierra a su vez se dividía en cuatro rumbos, en cada uno de los cuales se encontraba una ceiba (el árbol sagrado), un pájaro cósmico y un color. Finalmente el tercer nivel estaba formado por el Inframundo, constituido por nueve capas. La Vía Láctea desempeñaba un papel importante en la unión de los tres niveles, ya que la imaginaban como el cordón umbilical que unía al Cielo y al Inframundo con la Tierra. 
Esta visión de un universo formado por capas sobrepuestas difiere radicalmente de cualquier otro modelo cosmogónico concebido por las antiguas culturas asiáticas y europeas, y es original de los pueblos desarrollados de América. Debe señalarse que en el modelo de los mayas la Tierra no ocupaba un lugar privilegiado; además, debido a las capas que lo conformaban, no pensaban que la Tierra pudiera ser el centro del Universo, pues hasta donde se ha podido establecer, ese modelo realmente no lo tenía. 

El Pueblo del Sol 
Los aztecas fueron la última gran civilización mesoamericana previa a la Conquista, la cual truncó su desarrollo. A pesar de haber sido contemporáneos de los europeos que vinieron al Nuevo Mundo durante el siglo XVI, su cultura desapareció de forma tan rápida y completa que en la actualidad es bien poco lo que con seguridad se sabe sobre la forma de pensar de esos habitantes del altiplano mexicano. 
Herederos de los mitos y patrones religiosos de las civilizaciones que les antecedieron, los aztecas se convirtieron en el siglo XIV en los grandes conquistadores de Mesoámerica, ampliando considerablemente sus conceptos culturales originales. A principios del siglo XVI las concepciones filosóficas de los aztecas eran realmente complejas, pero al igual que sucedió con sus predecesores, el modelo cósmico que tenían sólo nos ha llegado mediante referencias indirectas y en forma incompleta. Sabemos por ejemplo que Netzahualcóyotl, el gran rey sabio que gobernó Texcoco a mediados del siglo XV, mandó construir un templo al “dios desconocido”, “el que no tiene nombre, el que no ha sido visto”. A ese respecto el historiador Fernando Alva Ixtlilxóchitl dice que le edificó un templo muy suntuoso, frontero al templo mayor de Huitzilopochtli, el cual además de tener cuatro descansos, el cu y el fundamento de una torre altísima, estaba edificado sobre él con nueve sobrados, que significaban nueve cielos; el décimo, que servía como remate de los otros nueve sobrados, era por la parte de afuera matizado de negro y estrellado. 
En esta descripción volvemos a encontrar el modelo de capas ya comentado, aunque en forma velada y evidentemente modificado. Relatos similares a éste han permitido saber que los sacerdotes aztecas y los de otros grupos de origen náhuatl concebían al Universo formado por capas, cada una de las cuales contenía un tipo particular de objeto celeste. Arriba de la capa correspondiente a la Tierra se encontraba situada la Luna. Sobre ella y ocupando otra capa se movían las nubes. Las estrellas, el Sol y Venus lo hacían también, cada uno en su propia capa. 
Referente a la Vía Láctea se sabe que los aztecas la llamaban Mixcóatl Ohtli, lo que significa “nube en forma de culebra”, y la consideraban como la madre de todas las estrellas. 
Los pueblos náhuatl que actualmente habitan la parte norte de la sierra de Puebla tienen la siguiente leyenda sobre la Vía Láctea y el origen de las estrellas: Hace mucho tiempo, tanto que no se sabe cuánto, lo único que había en el cielo por las noches era la Luna y Mixcóatl Ohtli, una serpiente preciosa de cristal. La Luna era muy caprichosa como ahora todavía lo es: unas veces alumbraba, otras no; unas veces lo hacía mal; por eso la serpiente de cristal se dedicó a alumbrar constantemente al mundo, en las noches en el Poniente y en las mañanas por el Oriente. A eso se debe que tenía que recorrer constantemente el camino que se ve en el Cielo, y lo hizo tanto que quedó marcado para siempre. Pero sucedió que la Luna, envidiosa de la belleza de la serpiente y del cariño que todos los hombres le tenían, le arrojó una piedra y la serpiente, que no pudo esquivar el golpe, se rompió en muchísimos pedazos. Estos fragmentos se esparcieron por todo el cielo y son los puntos de luz que se llaman estrellas, que hacen tan bellas las noches cuando no hay nubes. La cabeza de la serpiente cayó por el rumbo donde sale el Sol y es el lucero de la mañana; su corazón cayó en el poniente y es el lucero de la tarde. 
Para concluir el presente capítulo queremos destacar que aunque cosmovisiones como las de los pueblos chino, hindú o los mesoamericanos no contribuyeron directamente al desarrollo de la ciencia y la cultura del mundo occidental, las hemos mencionado porque además de señalarnos diferencias y coincidencias en la forma de enfocar un problema universal, muestran claramente el interés que siempre ha tenido el hombre por conocer su sitio en la escala cósmica. 
Podemos finalizar diciendo que aunque algunos de los modelos cosmogónicos aquí comentados presentaban datos o conceptos novedosos, como el caso de las dimensiones que separaban a la Tierra del firmamento o el tamaño de éste, o bien la creación cíclica del cosmos o la idea del espacio vacío, e incluso el origen mismo del Universo a partir de una mezcla primigenia de elementos, todos ellos fueron producto de la necesidad que tenían los pueblos de adecuar sus ideas religiosas al mundo que los rodeaba, sin que tuvieran prácticamente relación con la realidad observable. Por carecer de una base racional pueden ser considerados solamente como bellas creaciones del intelecto, tal y como sucede con otras tempranas manifestaciones de la cultura, pero de ninguna manera se puede pensar que tengan carácter científico.

Cosmogonía sumeria
A juzgar por los conocimientos arqueológicos que se tienen en la actualidad, el pueblo sumerio, de origen desconocido, pero asentado en el sur de Mesopotamia desde, posiblemente, comienzos del quinto milenio a.C., fue la primera civilización que trató de hallar una explicación para la existencia de la tierra, el cielo y de todo cuanto existía sobre la superficie terrestre, incluida la propia raza humana.
En su intento de justificar la existencia de la Tierra y de la vida sobre ella crearon un panteón divino tan amplio que cubría todo aquello que la mente humana no podía explicar. Los sumerios practicaron una religión politeísta, con dioses antropomórficos que dividían en tres clases: divinidades primordiales creadoras, dioses celestiales y deidades terrestres representando a las fuerzas de la Naturaleza o que actuaban como protectoras de ciudades o grupos.
Bastantes mitos de la religión sumeria aparecen en diversos credos semitas de Oriente Medio, como es el caso de los relatos bíblicos de la creación del hombre y del diluvio universal. Además de ello. Gran parte del panteón sumerio fue aceptado y adaptado a sus propias creencias por acadios, babilonios, asirios, arameos y caldeos, etc., todos ellos de raza semita.
La mitología mesopotámica, es el nombre colectivo dado a las mitologías sumeria, asiria y babilónica.
La deuda de los asirios para con sus predecesores en la tierra entre ríos, entre el Éufrates y el Tigris, se hace particularmente patente en la mitología y en el campo de lo simbólico y lo emblemático. 
Y, así, si los sumerios habían introducido el sistema numérico sexagesimal, creando el calendario de doce meses, los asirios sacralizaron los números y dividieron el espacio en doce partes: Aquí nacen las teorías astrológicas de las llamadas Casas del Cielo, es decir, el cielo aparece dividido en doce partes que corresponden a los doce signos del Zodiaco.
Por tanto, estos pueblos mesopotámicos tenían a los astros en gran estima, y estudiaban sus movimientos e interpretaban todo el camino que aquéllos recorrían. 
Las distintas criaturas sentían, de una u otra forma, la influencia de los astros; aunque se ponía especial cuidado en esclarecer que, no por ello, se estaba abocado obligatoriamente a un total condicionamiento.
Lo cierto es que, tanto las dos luminarias, es decir, el Sol y la Luna, como los cinco planetas conocidos, eran objeto de sacralización, es decir, personificaban deidades a las que era necesario adorar. 
Estos cinco planetas, más las dos luminarias, recibían el nombre de dioses intérpretes, ya que observando todos sus movimientos, y el sentido de sus giros, se llegaba a conocer con antelación determinados sucesos o acontecimientos, tanto en el aspecto personal como en el social. 
Por tanto, el protagonismo de los humanos, así como la consecución de sus objetivos o empresas, no dependían sólo de sus propias facultades, sino también de la voluntad de esos dioses intérpretes.
La Luna, entre los mesopotámicos, era la primera deidad del cosmos y recibía el nombre de Sin.
Una de sus principales funciones consista en alumbrar en la noche para que los innumerables ladrones y saqueadores no pudieran llevar a término sus trastadas.
La leyenda explica que Sin viajaba en una barca, que puede llevar a relacionar a esta deidad con el anciano Caronte que, según el mito clásico que forjarán más tarde los griegos, cruzaba innumerables veces la pestilente laguna Estigia con su barca cargada de mortales para ser juzgados. 
El caso es que a Sin la barca le servía para recorrer el espacio inmenso y llevar, así, su luz a todos los rincones del cosmos.
En ocasiones, Sin, se metamorfoseaba y transformaba de tal modo que su brillo no tenía siempre la misma intensidad ni plenitud. 
De ahí que hubiera Luna llena y cuarto creciente y todas las demás fases por las que atravesaba esta luminaria. 
La tradición popular hablaba de la diadema del dios Sin, cuando había Luna llena.
Por lo demás, esta deidad que iluminaba la oscuridad, guardaba cierta similitud con una diosa de la mitología romana que se llamará Lucina, que era considerada por los pueblos clásicos como una deidad de la luz que tenía como principal misión alumbrar en la oscuridad. 
Por ello, se la invocará en los partos y se la considerará la más idónea protectora de los nacimientos entre los humanos.
Nadie podía conocer el sentido último de estas transformaciones que Sin llevaba a cabo, antes bien eran una muestra más de su sabiduría y entendimiento. 
Por eso, en ocasiones, el dios Sin aparecía representado bajo la figura de un anciano venerable, con apacible semblante y barba larga de color azul plateado y muchos dioses acudían a la morada de Sin para pedirle consejo y ayuda.
Sin, el dios Luna, tenía como descendientes a Shamash, el dios del Sol, y a Isthar, la personificación del planeta Venus y diosa del amor. 
Shamash recorría la Tierra de Este a Oeste montado en su resplandeciente carro.
Cuenta la leyenda que, cuando había llegado al límite occidental, y ya el crepúsculo todo lo cubría, se abrían unas enormes puertas, hasta entonces disimuladas entre las cumbres de las grandes montañas, y por ellas penetraba el dios Sol, ocultándose en las entrañas mismas de la Tierra. 
De este modo comenzaba la noche en el mundo de los humanos. 
Pero Shamahs, continuaba incansable su camino por los largos pasadizos subterráneos hasta llegar al extremo oriental, en donde otras enormes puertas, disimuladas en las más altas e inaccesibles cumbres, se abrían de par en par para darle paso. Y, así, comenzaba el día en el mundo de los humanos.
Chorros de claridad y luz sembraba Shamash en su continuo caminar. 
Algo que era especialmente apreciado en el mundo de los mortales puesto que, merced a ello, los malhechores no se atrevían a cometer fechorías por temor a ser descubiertos. 
De este modo, Shamash era tenido como un dios justiciero que, con sus rayos de luz, sabía construir una tupida red para atrapar a los malhechores y así evitar la proliferación del mal entre los mortales. 
Se le erigió un templo en Babilonia, al que la población denominó casa del Sumo Juez, y se acudía a él con la intención de conocer escenas de la vida futura. 
Y es que la población mesopotámica consideraba, también, al dios Sol, como detentador de poderes adivinatorios para discernir el porvenir de los humanos. 
No obstante, para conseguir que les fueran revelados determinados aspectos de su vida futura, los humanos, tenían que realizar costosos rituales en honor del dios Shamahs, que en ocasiones eran cruentos.
La población asiria había forjado una leyenda sobre la aurora y el ocaso, o la mañana y la tarde.
Estaba, por supuesto, deificado, puesto que la diosa Isthar lo presidía, y los asirios la proclamaban diosa de la mañana y de la tarde. 
Se la asociaba, también, al planeta Venus y guardaba cierta semejanza con la futura Afrodita de los posteriores relatos griegos.
Isthar era descendiente de Sin, el dios Luna, y se la relacionaba, también, con lo bélico y con la caza. 
Su esposo era Ashur, el dios supremo, creador de todas las criaturas y que aparecía representado a lomos de un toro embravecido. 
Por seguir a su esposo a los campos de batalla, Isthar se había llenado de miedo y conocía los peores sufrimientos y terrores. 
Era muy frecuente que se la considerara como una diosa guerrera y, en ocasiones, aparecía representada portando arco y flechas y subida sobre un carro tirado por siete animales salvajes y veloces, en ademán persecutorio.
Sin embargo, en otras zonas de Mesopotamia, Isthar aparecía asociada a ciertos aspectos radicalmente diferentes de los expuestos. 
Por ejemplo, entre la población de Erech, estaba considerada como la diosa madre y la diosa del amor. 
Todo lo sensual provenía de Isthar y, según la creencia popular, descendía al mundo de los humanos cada cierto tiempo para traer con ella placer y dicha y, al mismo tiempo, alejar toda desgracia, miseria y sufrimiento de la superficie de la Tierra.
Había transcurrido ya un tiempo más que prudencial desde que Isthar bajara al mundo de los humanos mortales y todo indicaba que éstos no eran mucho más felices que antes de la venida de la diosa. 
Y es que la primitiva pasión amorosa, protegida por esta deidad, había derivado en sospecha y suspicacia entre los amantes y, por lo mismo, los celos habían hecho acto de presencia para dominar toda situación. 
La mutua desconfianza sustituirá al idílico entendimiento entre los amantes. 
Desde entonces no existirá amor sin su contrario, el odio, sobre la Tierra.
La propia diosa Isthar terminó por abandonar pronto el mundo de los humanos, y a todos sus amantes mortales, para dirigirse hacia los lugares frecuentados por los demás dioses.
Allí se encontró con Tamuz, joven y bello dios, que presidía las cosechas, y, al instante, quedó prendada de su hermosura. 
Hasta se dice que, cuando aquél murió, la diosa del amor bajó hasta los abismos insondables de la Tierra en su busca. 
De este modo, se cumple el relato popular de los asirio, según el cual también los lugares de perdición, conocida como la casa en la que se entra, pero de la que no se sale, conocieron el amor, puesto que ocasiones hubo en que fueron visitados por la diosa Isthar.
Entre los pueblos mesopotámicos, el dios Tamuz era especialmente adorado y reconocido, puesto que de él dependían las cosechas y la fertilidad de la Tierra.
Según la leyenda, Tamuz se manifestaba en toda su intensidad al comienzo de la estación primaveral, cuando la simiente había ya germinado. 
Esto se interpretaba simbólicamente como la muerte de esta deidad, y, por esto mismo, la diosa Isthar lo fue a buscar a la morada de los dioses del mal. 
Pretendía rescatar a su amado de los tormentos que soportaba en tan tétrico lugar. 
Para ello, la diosa Isthar, una vez que hubo llegado a las puertas de la mansión, imposible de abandonar, después de haber entrado, se dirigió hacia su interior sin temor alguno. 
En cada estancia que atravesaba iba dejando algún aderezo personal -collares, aretes, pulseras, anillos...- y desprendiéndose de sus vestiduras, hasta que, por fin, llegó desnuda ante la presencia de la soberana de los lugares de perdición, quien ordenó a sus servidores y lacayos que encerraran a la atrevida intrusa en la más recóndita y oscura de las habitaciones, y que la enviaran enfermedades y desgracias.
Isthar se había propuesto ayudar al joven Tamuz, y resucitarle con las aguas de la Fuente de la Vida. 
Por eso había descendido a los lugares de perdición y se había desprendido de todas sus ropas y atavíos.
Otras versiones del mito indican que, puesto que Isthar era considerada una diosa asociada al planeta Venus, había penetrado en la región de las tinieblas subterráneas, transformada en figura humana, con el propósito de introducir el culto a los astros.
Después de que los servidores de Ereshkigal, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de la soberana de las tinieblas, hubieran encerrado a la diosa del amor en el más oscuro de los habitáculos de aquel lugar de perdición y de dolor, el mundo de los seres humanos cayó sumido en la más abyecta de las miserias. 
E incluso los propios dioses fueron presa de cierta soledad no sentida antes nunca por ellos. 
Tierra y Cielo se cubrieron de espesa niebla y gigantescas sombras se esparcieron por el cosmos infinito. 
La desolación era total y un sepulcral silencio lo invadía todo. 
Sólo de vez en cuando se oían voces desgarradas que suplicaban el regreso de la diosa Isthar de la Tierra sin retorno.
Fue entonces cuando el más sabio y poderoso de los dioses, al que los mesopotámicos denominaban Ea -y que se caracterizaba por favorecer, y ayudar, a los seres humanos-, decidió enviar un mensajero suyo bien instruido en los misterios esotéricos y pertrechado de todas las fórmulas y poderes mágicos hasta entonces conocido. 
La leyenda asirio-babilónica explica que, en cuanto el emisario de Ea hubo llegado a presencia de Ereshkigal, y como ésta se percatara del afeminamiento de aquél, así como del poder de convicción de sus palabras, decidió, acaso por perder de vista a tan amanerado embajador del sabio, benévolo y poderoso dios Ea, poner en libertad a la diosa del amor. 
Esta fue acompañada hasta la salida de aquel lugar de tinieblas por uno de los criados de Ereshkigal y, durante el camino de vuelta, iba recuperando las prendas y aderezos que, con anterioridad, había abandonado en cada estancia que atravesaba.
Desde entonces, aumentó el culto a la diosa Isthar entre las poblaciones mesopotámicas, y se erigieron templos en su honor, y volvió el amor al mundo de los hombres, y los dioses acabaron con las tinieblas y las sombras gigantescas y, de nuevo, la claridad, la luz y el resplandor invadieron el espacio inmenso.
A partir de ahora, el pueblo asirio-babilónico honraba a la diosa del amor, no sólo por las consecuencias beneficiosas derivadas de su regreso, sino también porque era considerada un símbolo emblemático pleno de significación: ella había logrado regresar de la Tierra sin retorno; y su poder era ahora sublime y único.
No hay duda de que la mitología de los pueblos mesopotámicos debe bastante a las civilizaciones anteriores pero, en casi todos los casos, sobresalen por su originalidad, tanto como por su creatividad. 
Fueron los asirios quienes introdujeron leyendas cargadas de simbolismo mítico, entre las que cabe destacar, por ejemplo, la narración sobre la Creación del Mundo, el relato acerca del Diluvio Universal y la célebre Epopeya de Gilgamesh.
Assur es la capital que debe su nombre al grande y poderoso dios asirio, Assur, el que aparecía representado, con cierta frecuencia, bajo la figura de un humano que llevaba añadidas dos enormes alas de águila.  

El caso es que antes, mucho antes, de que Assur y Babilonia existieran, es decir, al principio de los tiempos, aconteció, según la atractiva leyenda mesopotámica, el relato de la Creación.
Por entonces no había ni arriba ni abajo, es decir, ni Cielo ni Tierra, pues aún no eran conocidos por ningún nombre. 
Las deidades que moraban entre las aguas embravecidas de océanos y mares lucharon entre sí para demostrar su hegemonía. 
De las profundidades abisales del mar surge Tiamat que, en unión de otros dioses, pretende erigirse en deidad suprema.
Sirviéndose de sus malas artes, provoca tempestades y hace correr vientos huracanados por doquier; consigue crear innumerables monstruos, tales como perros rabiosos y escorpiones gigantescos para formar, por así decirlo, una especie de ejército invencible.
Y, mientras, las demás deidades han elegido al poderoso Marduk para que se enfrente a Tiamat. Así, Marduk se iniciará aquí como destacado protagonista de la mitología y se le reconocerá como dios encargado de poner orden y hacer justicia.
Cuenta la Leyenda del Diluvio que, los humanos, aun teniendo un origen divino, no se comportaban en consecuencia con ello y molestaban a los dioses. 
Estos, decidieron inundar la Tierra para que, así, pereciera la raza humana. 
Pero Ea, la deidad que gobernaba sobre las aguas se apiadó de los humanos y eligió de entre ellos al más inteligente y listo para llevar a cabo su plan de salvación de todas las criaturas. 
Le ordenó que construyera una embarcación grande, y que se introdujera en ella con su familia y sus propiedades. 
También debía hacer sitio para los animales domésticos y salvajes, y para un ejemplar de las distintas especies de aves.
Cuando todo estaba concluido, y ya las puertas de aquella enorme arca, se habían cerrado, comenzó a llover torrencialmente y se desató un viento huracanado. 
El temporal duró seis días y seis noches y el agua anegó la Tierra entera: toda la especie humana quedó convertida en lodo.
Pero, al amanecer del séptimo día, la calma volvió, como por ensalmo, a reinar. 
La barca encalló en la cumbre misma del monte Nisir, que no había sido cubierto por las aguas: de ella salieron una paloma y una golondrina pero, al poco tiempo, volvieron porque no habían hallado lugar en el que reposar. 
Luego salió de la barca un cuervo que ya no regresó, puesto que había encontrado un sitio en donde posarse y carroña con que alimentarse. 
Entonces, abandonaron aquella inmensa arca todas las demás criaturas y, de nuevo, hubo vida sobre la Tierra fértil.
Hace ya más de cuatro mil años que fueron grabadas las andanzas y aventuras del legendario héroe babilónico Gilgamesh. 
Doce ese número cargado de connotaciones simbólicas y mágicas en la mitología de los pueblos mesopotámicos tablas de arcilla, halladas en esa famosa biblioteca que contenía hasta un total de veintidós mil tablas de arcilla que Asurbanipal había creado en la ciudad de Nínive, constituían el soporte de la célebre Epopeya de Gilgamesh.
Se trata, por tanto, de una obra única en el mundo; de incalculable valor, tanto literario como mítico. 
El poema narra la historia de una amistad entre personajes que habían sido creados para odiarse, y, también, describe el temor que invade a los mortales ante la fuerza de Gilgamesh, que había sido creado por la diosa Aruru. 
Además, se relatan los sueños de sus principales protagonistas y la importancia del mundo onírico y su interpretación.
Gilgamesh mostró en muchas ocasiones su arrojo y valentía luchando, y venciendo, a monstruos gigantescos como Khumbaba. 
Aunque siempre recibía la ayuda incondicional de su compañero, y amigo, Enkidu.  

Poema de Gilgamesh
La Epopeya de Gilgamesh o el Poema de Gilgamesh es una narración sumeria en verso sobre las peripecias del rey Gilgamesh, que constituye la obra épica más antigua conocida.
Al comienzo del poema, Gilgamesh es un rey tiránico, cuyos súbditos se quejan a los dioses, cansados de su lujuria desenfrenada, que le lleva a forzar a su gusto a las mujeres de su ciudad, Uruk. Los dioses atienden esta queja creando a Enkidu, un hombre salvaje destinado a enfrentarse a Gilgamesh. Pero cuando ambos traban combate, en vez de darse muerte se hacen amigos para siempre y emprenden juntos peligrosas aventuras. Juntos dan muerte al gigante Humbaba y al Toro del Cielo y Gilgamesh rechaza el amor de la diosa Inanna. Como castigo a estos actos de impiedad, los dioses hacen que Enkidu muera en plena juventud. Impresionado por la desaparición de su amigo, Gilgamesh emprende la búsqueda de la inmortalidad, la cual le lleva hasta los confines del mundo, donde viven el sabio Utnapishtim y su mujer, únicos supervivientes del Diluvio, a los que los dioses concedieron el don que Gilgamesh pretende ahora. Sin embargo, el héroe no alcanza lo que pretende. En el camino de vuelta, encuentra, siguiendo instrucciones de Utnapishtim, una planta que devuelve la juventud a quien la toma; pero una serpiente se la roba y Gilgamesh vuelve a Uruk con las manos vacías, convencido de que la inmortalidad es patrimonio exclusivo de los dioses.
El núcleo sentimental del poema se encuentra en el duelo de Gilgamesh tras la muerte de su amigo. Los críticos consideran que es la primera obra literaria que hace énfasis en la mortalidad humana frente a la inmortalidad de los dioses. El poema incluye una versión del mito mesopotámico del diluvio.
Originalmente, la obra se conocía con el título “Aquel que vio las profundidades” (Sha naqba īmuru) o “Por encima de todos los otros reyes” (Shūtur eli sharrī), versos tomados del arranque de la obra que aluden a la naturaleza excepcional de Gilgamesh.
El poema se escribió en tablillas de arcilla utilizando la escritura cuneiforme hacia los años 2.500-2.000 a.C. Además de esta versión en lengua sumeria, que presenta muchas lagunas debidas a su deficiente conservación, se conservan versiones posteriores, también fragmentarias, en lengua acadia e hitita. Las ediciones y traducciones modernas de la obra incorporan este material para complementar los huecos de la versión sumeria.
La versión más completa que se conserva aparece en un conjunto de doce tabletas de arcilla pertenecientes a la biblioteca del siglo VII a. C. del rey asirio Ashurbanipal. Las once primeras tabletas narran la Epopeya de Gilgamesh, y la duodécima contiene un poema independiente sobre la bajada de Gilgamesh a los Infiernos.

Figura de Gilgamesh del palacio de Sargon II (Museo del Louvre). 

El texto no separa los versos, pero por el ritmo se calcula que puede tener unos 3500 versos. 
Los estudiosos consideran que se originó en una serie de leyendas sobre el legendario héroe-rey Gilgamesh, que probablemente vivió y reinó a finales del Segundo Período Dinástico Inicial (aproximadamente siglo XXVII a. C.). Algunas de estas leyendas fueron narradas en verso, y los poemas resultantes se ensamblaron más tarde, dando lugar a un poema más extenso. 

La epopeya
El rey Asurbanipal de Nínive hizo transcribir la epopeya, dentro de su empeño por copias de todos los documentos escritos del mundo por él conocido. Hacia el año 612 a. C., Nínive fue destruida por invasores y no fue hasta 1845 que el explorador británico Austen Henry Layard localizó sus restos, cerca de Mosul, en Irak.
Del contenido de su biblioteca, actualmente se conserva una pequeña fracción, compuesta por 25.000 tablillas, depositadas en el Museo Británico. George Smith comenzó a traducirlas a partir de 1872. Más recientemente, en 1984 se tradujo el poema con la participación del escritor John Gardner.
El poema cuenta la historia de las aventuras del Rey Gilgamesh de Uruk, que debió de gobernar hacia el año 2500 a. C. La epopeya, muy posterior a su reinado, recoge y elabora las leyendas que circulaban sobre él en la tradición oral.
De las doce tablillas sobre Gilgamesh, once conforman el poema, probablemente escrito hacia la primera mitad del II milenio a. C. y la última contiene una narración de origen independiente, sobre el mismo rey, de elaboración más reciente (hacia el final del I milenio a. C.).
La versión “estándar” se encontró en la biblioteca de Asurbanipal, fue escrita en babilonio estándar, un dialecto del idioma acadio que sólo se usaba con fines literarios. Esta versión fue estandarizada por Sin-Liqe-Unninni entre el 1300 y el 1000 a. C. con base en una versión más antigua que la oficial. Esta complementación mediante cambio o añadidura de fragmentos era un proceso común en la época y el Poema de Gilgamesh no fue la excepción.
La versión estándar y la acadia previa se diferencian en la introducción, o íncipit. La versión más antigua comienza con las palabras “Sobrepasando a todos los demás reyes”, mientras que en la estándar dice “Él que veía lo profundo” (ša nagbu amāru). La palabra acadia nagbu, “profundo”, en este caso probablemente hace referencia a ciertos “misterios”. No obstante, Andrew George considera que se refiere a algún conocimiento específico que Gilgamesh trajo de su reunión con Utnapishtim; él ganó el conocimiento en el reino de Ea, cuyo reino cósmico es la fuente de la sabiduría. En general, se cree que Gilgamesh adquirió el conocimiento para vivir una buena vida: cómo adorar a los dioses, por qué es necesaria la muerte para los humanos, de lo que hace bueno a un rey y de la naturaleza. La tablilla XI contiene el mito del diluvio que fue copiado en su mayor parte de la épica de Atrahasis. 
La tablilla XII es un apéndice del poema épico, una secuela de la XI y probablemente añadida en fecha posterior, por lo cual ha sido omitida hasta años recientes. Tiene la inconsistencia narrativa de presentar a Enkidu vivo, y tiene poca relación con la bien argumentada tablilla XI. De hecho, el poema tiene una estructura circular en la cual las líneas iniciales se citan en la tablilla XI para dar, junto con el final, la idea de un ciclo. La tablilla XII es más bien una copia de un cuento anterior en el cual Gilgamesh envía a Enkidu a recuperar algunos de sus bienes al inframundo, Enkidu muere y regresa como espíritu para contarle al rey la naturaleza del inframundo. Este evento parece superfluo dado que en la tablilla VII Enkidu tuvo ya un sueño en el que se le reveló cómo es el inframundo.  

Contenido de las tablillas
La obra gira en torno a dos temáticas, las primeras seis tablillas describen la búsqueda de la gloria y las restantes la búsqueda de la inmortalidad. 

Búsqueda de la gloria
La historia comienza con la presentación de Gilgamesh de Uruk, el mayor rey de la Tierra, dos terceras partes dios y un humano, el más fuerte Rey-deidad que jamás haya existido. La introducción describe su gloria y triunfos, así como los muros de ladrillo de la ciudad. La gente en la época de Gilgamesh, sin  embargo, no era feliz. Se quejaban de que él era demasiado severo y abusaba de su poder durmiendo con las mujeres antes que sus esposos (derecho de pernada), entonces, la diosa de la creación, Ninhursag creó al hombre semi salvaje Enkidu, que comenzó a molestar a los pastores. Cuando uno de ellos se quejó ante Gilgamesh, el rey le envió a la mujer llamada Shamhat, una prostituta sagrada (nadītu en Sumeria o hierodule en Grecia). El contacto con ella civiliza a Enkidu al grado de que tras varias noches, él ya no es una bestia más entre los animales. Mientras tanto, Gilgamesh tiene extraños sueños que su madre Ninsun le explica diciendo que vendrá a él un gran amigo.
Enkidu y Shamhat salen del yermo para casarse en Uruk. Cuando Gilgamesh acude al festejo para dormir con Shamhat, encuentra sus intenciones frustradas por Enkidu. Ellos luchan y, tras una gran batalla, Gilgamesh presenta a Enkidu a su madre y le hace parte de su familia porque él no tiene una propia. Entonces Gilgamesh le propone viajar al bosque para adquirir gloria cortando algunos grandes árboles y matando al demonio Humbaba. Enkidu no está de acuerdo, pero Gilgamesh logra convencerlo.
Gilgamesh y Enkidu se preparan para la aventura en el bosque. Gilgamesh informa a su madre, que se queja, pero pide ayuda al dios-sol Shamash y le da a Enkidu un consejo.
El viaje de los amigos al bosque. En el camino, Gilgamesh tuvo cinco pesadillas, pero dadas las condiciones físicas de esta tablilla, su contenido es difícil de reconstruir. Enkidu, cada vez le explica los sueños como un buen presagio, pero cuando llegan al bosque está asustado otra vez y Gilgamesh tiene que animarlo.
Cuando los héroes finalmente llegan ante Humbaba, el guarda de los árboles, el monstruo comienza a ofenderlos. Esta vez, Gilgamesh es quien está asustado, pero después de algunas palabras valientes de Enkidu la batalla comienza. Su cólera separa las montañas Sirara del Líbano. Finalmente Shamash envía sus trece vientos para ayudar a los dos héroes, Humbaba es vencido y le ruega a Gilgamesh por su vida. Él se compadece, pero Enkidu se molesta y le pide que mate a la bestia. Humbaba se vuelve a Enkidu y le pide que convenza a su amigo de perdonarle la vida. Cuando Enkidu repite la petición a Gilgamesh, Humbaba los maldice. Los héroes cortan un enorme árbol, Enkidu hace con él una gran puerta para los dioses y la echa al río.
Gilgamesh rechaza las insinuaciones sexuales de la diosa Ishtar porque ella ha tenido antes otros amantes, como Dumuzi. Ishtar le pide a su padre, Anu, que le mande el “Toro del cielo” para vengar el rechazo. Cuando Anu rehúsa, Ishtar amenaza con levantar a los muertos. Anu teme y cede. El toro del cielo es una plaga para las tierras. Aparentemente la criatura tiene alguna relación con la sequía, porque de acuerdo con la historia el agua desaparece y la vegetación se seca. Como quiera que sea, Gilgamesh y Enkidu, esta vez sin ayuda divina, derrotan a la bestia y le ofrecen su corazón a Shamash. Cuando escuchan a Ishtar llorar, Enkidu separa el cuarto trasero del toro y se lo arroja al rostro para amedrentarla. La ciudad de Uruk celebra, pero Enkidu tiene un mal sueño, que se describe en la tablilla siguiente. 

Búsqueda de la inmortalidad
En el sueño de Enkidu, los dioses piensan que alguien debe ser castigado por la muerte del “Toro del cielo” y de “Humbaba” y deciden hacer pagar a Enkidu. Esto va contra el deseo de Shamash. Enkidu cuenta eso a Gilgamesh y maldice la puerta que hizo para los dioses. Gilgamesh está consternado y va al templo a rezarle a Shamash por la salud de su amigo. Enkidu comienza a lamentarse de Shamash porque ahora se arrepiente del día en que se convirtió en humano. Shamash les habla desde el cielo y les hace ver cuán injusto es Enkidu, les dice que Gilgamesh se convertirá en una sombra de su antiguo ser debido a su muerte. Enkidu se retracta de lo dicho y bendice a Shamhat. No obstante, enferma cada vez más y, moribundo, describe el inframundo.
Gilgamesh se lamenta por Enkidu y ofrece regalos a los dioses para que caminen al lado de Enkidu en el más allá.
Gilgamesh procura evitar el destino de Enkidu y emprende un peligroso viaje para visitar a Utnapishtim y a su esposa, los únicos seres humanos que sobrevivieron “la gran inundación” (el diluvio) y a quienes les fue concedida la inmortalidad por los dioses, con la esperanza de obtenerla también. A lo largo del camino, Gilgamesh pasa las dos montañas desde donde el Sol se levanta, custodiadas por dos seres-escorpión que le permiten seguir. Viaja a través de la oscuridad, por donde el Sol viaja cada noche y justo antes de que el Sol se lo encuentre, llega al final. La tierra al final del túnel es un lugar maravilloso, lleno de árboles cuyas hojas son joyas.
Gilgamesh se reúne con Siduri y le dice el propósito de su viaje. Siduri fracasa al intentar disuadirlo, pero le envían a Urshanabi para ayudarle a cruzar el mar a Utnapishtim. Urshanabi estaba en compañía de cierto tipo de gigantes de piedra que Gilgamesh consideró hostiles y mató. Cuando le narra su historia a Urshanabi y le pide ayuda, le dicen que justamente ha matado a las únicas criaturas capaces de cruzar las Aguas de la muerte. Esas aguas no deben ser tocadas, por lo que Utshanabi le dice que corte 120 remos para atravesar el agua. Finalmente llegan a la isla de Utnapishtim, quien nota algo raro en el barco y pregunta a Gilgamesh al respecto. Gilgamesh le cuenta lo ocurrido y le pide ayuda, pero Utnapishtim lo reprende porque combatir el destino de los humanos es inútil y arruina la alegría de la vida.
Gilgamesh sostiene que Utnapishtim no es diferente de él y le pregunta su historia, por qué tiene un destino diferente. Él le cuenta sobre “la gran inundación”, su historia es un compendio de la historia de Atrahasis, salvo las plagas enviadas por los dioses. Reticentemente, le ofrece a Gilgamesh una oportunidad para la inmortalidad, pero pregunta por qué los dioses deberían dar el mismo honor que a sí mismo, el héroe de la inundación, a Gilgamesh, y lo reta a permanecer despierto por seis días y siete noches. En el momento justo en que Utnapishtim termina de decirlo Gilgamesh se queda dormido. Utnapishtim se burla del sueño de Gilgamesh ante su esposa y le dice que hornee una barra de pan por cada día que duerma, para que Gilgamesh no pueda negar su falla. Cuando Gilgamesh, después de seis días y siete noches descubre su fracaso, Utnapishtim lo manda de regreso a Uruk con Urshanabi, exiliado. En el momento en que se marchan, la esposa de Utnapishtim le pide que tenga compasión de Gilgamesh por su largo viaje. Utnapishtim le menciona a Gilgamesh cierta planta del fondo del océano que lo hará joven de nuevo. Gilgamesh obtiene la planta atando rocas a sus pies, para poder caminar en el fondo del mar, pero no confía en su efecto y decide probarla en un hombre viejo en Uruk. Desafortunadamente, pone la planta en la orilla del lago mientras se baña y es robada por una serpiente que pierde su vieja piel y renace. Gilgamesh llora en presencia de Urshanabi, pero habiendo fallado en ambas oportunidades, regresa a su ciudad, donde la contemplación de sus grandes muros le hace alabar el trabajo duradero.
El contenido de la última tablilla no se conecta bien con lo anterior. Gilgamesh se duele ante Enkidu de que su juego ha caído en el inframundo y él le ofrece traerlo de vuelta. Encantado, Gilgamesh le dice a Enkidu lo que debe y lo que no debe hacer en el inframundo para poder volver. Enkidu olvida el consejo y hace todo lo que se le advirtió no hacer, por lo tanto, el inframundo lo retiene. 
Gilgamesh pide a los dioses que le devuelvan a su amigo. Enlil y Sin no se molestan en responderle, pero Enki y Shamash deciden ayudarle. Shamash hace un hoyo en la Tierra y Enkidu sale por ahí. La tablilla termina con Gilgamesh preguntándole a Enkidu sobre lo que ha visto en el inframundo. No queda claro si Enkidu reaparece en la historia como espíritu o si vuelve a la vida. 

Influencia en la literatura posterior
Según el investigador griego Ioannis Kordatos, hay un gran número de versos paralelos, así como episodios y temas que indican una influencia importante del Poema de Gilgamesh en la Odisea de Homero. 
También se ha argumentado que existe cierta influencia de este poema en algunos de los capítulos de la Biblia (buena parte de la cual, no ha de olvidarse, se redacta en época del cautiverio de los judíos en Babilonia, en torno al S. VI a. C.) Es todo lo que aprendieron y descubrieron en aquel tiempo (la Torre de Babel, la meretriz de Babilonia y tantas referencias relacionadas). 
Supuestamente son los elementos más claramente tomados por la tradición hebrea del poema babilónico de Gilgamesh. Uno es el mito del gran diluvio al que escapó un elegido por los dioses, este relato, para algunos es antecedente de la historia del Arca de Noé que aparece en la Biblia. El otro tema, es el hecho de que una planta que hubiera podido otorgar la juventud (se discute si la vida eterna o sólo la juventud) le es “robada” a la humanidad, mitad por la inconsciencia del hombre, mitad por la intervención de una serpiente, lo que guarda un paralelismo, con el episodio de Adán, Eva y la serpiente del Génesis.
Dado que el mito de Gilgamesh data de ca. 1300 a.C. (probablemente mayor, pues ésta es la fecha de la compilación acadia) puede pensarse que los relatos de la Biblia son inspirados en este mito y no lo contrario. Este punto fue debatido a comienzos del siglo XX como parte de la polémica. 

Eanna Inanna 
En la mitología sumeria Inanna era la diosa del amor, de la guerra y protectora de la ciudad de Uruk. Con la llegada de los acadios Inanna se sincretiza con la diosa Ishtar. Su representación era un haz de juncos verticales con la parte superior curvada.
Asociada con el planeta Venus, se le identifica con la diosa griega Afrodita y con la Astarté fenicia. Entre los acadios fue conocida como Ishtar. Según la mitología sumeria era hija de Nannar (Sin en acadio, dios de la Luna) y Ningal (la Gran Dama, la luna) y hermana gemela de Utu, conocido en acadio como Shamash. Su consorte fue Dumuzi (semidiós y héroe de Uruk). Ishtar o Inanna representa el arquetipo de la Diosa madre.
En la epopeya de Gilgamesh, tablilla I:
Acércate a Eanna, la morada de Istar (Inanna), que ni un rey futuro, ni un hombre, puede igualar.
Levántate y anda por los muros de Uruk, inspecciona la terraza de la base, examina sus ladrillos.
¿No es obra de ladrillo quemado? ¿No echaron sus cimientos los Siete [Sabios]?

El Símbolo de Inanna es una estrella de ocho puntas o una roseta. Ella se asoció con lobos - incluso entonces un símbolo de poder - y fue representada a menudo de pie sobre las espaldas de dos leonas. Su ideograma cuneiforme era un nudo trenzado en forma de gancho de cañas, en representación de la jamba de la puerta del almacén (y por lo tanto la fertilidad y la abundancia). 

Enki e Inanna
Según este mito sumerio, Enki una de las deidades más importantes ocultaba los Me (normas a seguir para gobernar la creación). Inanna quiso tenerlos en su ciudad. Para ello viajó por los cielos en su barca hacia el Apsu (hogar de Enki). Éste, advertido de las intenciones de Inanna, preparó una fiesta para recibirla. Pero Inanna aprovechó el convite y emborrachó al dios. Cuando se repuso, Enki mandó emisarios para recuperarlos, pero Inanna los venció y finalmente los llevó a Uruk donde se difundieron. 

Inanna como el planeta Venus 
Inanna estaba asociada con el planeta Venus, que en ese momento era considerado como dos estrellas, la “estrella de la mañana” y la “estrella de la tarde.” Hay himnos a Inanna como su manifestación astral. También se cree que en muchos mitos sobre Inanna, incluyendo el descenso de Inanna al inframundo y Inanna y Shukaletuda, sus movimientos se corresponden con los movimientos de Venus en el cielo. También, debido a su posicionamiento tan cerca de la Tierra, Venus no es visible a través de la cúpula del cielo, como la mayoría de los cuerpos celestes son; debido a su proximidad al sol la hace invisible durante el día. En cambio, Venus es visible sólo cuando sale por el este antes del amanecer, o cuando se pone en el oeste después del atardecer. 
Debido a los movimientos de Venus que son discontinuos (desaparece debido a su proximidad al sol, durante muchos días, y luego vuelve a aparecer en el otro horizonte), algunas culturas no reconocieron a Venus como una entidad única, sino más bien consideraron al planeta como dos estrellas separadas en cada horizonte como la estrella de la mañana y la tarde. Los mesopotámicos, sin embargo, entendieron que el planeta era una entidad. Un sello cilíndrico del periodo Jemdet Nasr expresa el conocimiento de que ambas estrellas de la mañana y de la tarde eran la misma entidad celeste. Los movimientos discontinuos de Venus se refieren tanto a la mitología, así como la naturaleza dual de Inanna. Inanna se relaciona como Venus al principio de la conexión, pero esto tiene una naturaleza dual y podría parecer impredecible. Sin embargo, ya que tanto la diosa del amor y la guerra, con las dos cualidades masculinas y femeninas, Inanna está a punto de responder, y en ocasiones a responder con arrebatos de mal genio. La Literatura mesopotámica lleva un paso más allá, explicando los movimientos físicos de Inanna en la mitología como correspondiente a los movimientos astronómicos de Venus en el cielo. 
Descenso de Inanna al inframundo explica cómo Inanna es capaz de, a diferencia de cualquier otra deidad, descender al infierno y regresar a los cielos. El planeta Venus parece hacer un descenso similares, poniendo en el oeste y luego subir de nuevo en el Este. 
En Inanna y Shukaletuda, en busca de su atacante, Inanna hace varios movimientos en todo el mito de que se corresponde con los movimientos de Venus en el cielo. Un himno introductorio explica Inanna dejando los cielos y se dirigía a Kur, lo que se podría presumir de ser, las montañas, la replicación de la salida y puesta de Inanna a Occidente. Shukaletuda también se describe como la exploración de los cielos en busca de Inanna, posiblemente, a los horizontes oriental y occidental. 
Inanna se asoció con el pescado oriental de la última de las constelaciones zodiacales, Piscis. Su consorte Dumuzi se asoció con la primera constelación contigua, Aries. 

Viaje de Inanna a los Infiernos
El mito del descenso de la diosa Inanna (en sumerio) o Ishtar (en acadio) a Irkalla o Erkalla (el infierno), constituye uno de los principales ciclos literarios mesopotámicos y se conoce bajo varios nombres, destacando los de Viaje de Inanna a los Infiernos y Viaje de Inanna al País sin Retorno. Existen diferentes poemas acerca de este mito, los primeros de los cuales aparecieron en época sumeria, y habiéndose encontrado también ejemplos paleobabilónicos. Los poemas, a excepción de uno acadio datado en el siglo XIV a. C., están escritos en sumerio.
Los fragmentos de poemas dan lugar a interpretaciones. La historia cuenta la llegada a Erkalla de Inanna con motivo de la muerte de su esposo Dumuzi. Sin embargo, la versión acadia sugiere que Inanna, odiándolo, le entregó a los demonios. El poema cuenta también el asalto al infierno, gobernado por Ereshkigal, de Nergal, ayudado por Ea, y termina con el matrimonio y reconciliación de ambos. 

Humbaba
Jumbaba, Huwawa en la mitología sumeria y acadia, fue un gigante, guardián y señor del bosque de cedros en la “Tierra de los Vivos”, donde moraban los dioses, gobernada por Utu, el Sol. Personificaba también el “río de la muerte”. Humbaba, monstruo con cara de león, dientes de dragón, rugía como el agua de la inundación y poseía una gruesa melena y grandes pies.
En el Poema de Gilgamesh, atacó a Gilgamesh, Enkidu y compañía cuando éstos talaron un cedro, pero Gilgamesh lo atrapa poniéndole un aro en su nariz y atando sus brazos. Piensa liberarlo pero Enkidu se opone, cuando Huwawa protesta lo decapitan. Enlil, que había sido el dios que puso a Huwawa a cargo del bosque de cedros, se pone furioso y redistribuye “las siete auras” que le había dado a Humbaba.
Podemos considerar que la caída del “Muro de Amurru”, así como la de la III dinastía de Ur, como un punto de inflexión en los acontecimientos políticos, y por aquellas fechas por tanto religiosos, de esa época postrimera al derrumbe del “renacimiento sumerio”. Hasta esa fecha el panteón general  mesopotámico estaba constituido por una abigarrada amalgama de dioses ectónicos y cósmicos - hasta un número aproximado de 3600 dioses – que se distribuían, en el transcurso del tiempo,  en un primer grupo de divinidades principales distribuidos en díadas - Anu y Ninhusarg/Ki, sumeria - , tríadas – caso de la también sumeria Anu, Enlil y Enki ó la semita Sin, Isthar y Shamash – ó tétradas - caso de Anu, Enlil, Isthar y Ea del periodo acadio – que estaban acompañados de un número indeterminado dioses de segundo rango:  Los Anunna ó Anunnaki -  ver su relación con la  díada primigenia sumeria ó en sus otras denominaciones como “Igigi” o “Igig(u)”  babilónicas  o “Inim” sumerios. 

Anunnaki
La definición del término Anunnaki es los “hijos de An o Anu y Ki”.
Anunnaki es, pues, el nombre colectivo para los dioses del Cielo y la Tierra  a los cuales la “tríada” de los dioses pertenecían Anu, Enlil y Enki. 

Igigi
En la mitología caldea, los Igigi eran dioses de menor importancia pero también en la literatura de la antigua Mesopotamia esta palabra se usaba para designar al consejo supremo de los dioses de las áreas celestiales y su lugar. Los Igigi, trabajaban para los Anunnaki, cavaban zanjas y drenaban canales. Un día, ya cansados, se rebelaron tal como cuentan las leyendas de los poemas épicos Enuma Elish y Atrahasis. Tras lo cual se convirtieron en una suerte de demonios o entidades malignas.
 

Sebitti
Los  Sebitti son los siete dioses guerreros liderados por Nergal (Erra), también llamados los dioses del inframundo. En el cielo son las Pléyades. Son los hijos de Anu y la madre Tierra.
Nota: Si bien esta cantidad y “calidad” divina secundaria  de los dioses mesopotámicos varía según las fuentes: Así  KAR, 307 (Keilschifttexte aus Assur. Religiosen inhalts.)  Nos relata la existencia en el Cielo Superior de 300 Igigi junto a Anu y a un número indeterminado de Igigi junto a En-lil en el Cielo Medio; Mientras que el “Poema de la Creación” nos enumera  exclusivamente en el Cielo Superior a 300  Igigi junto a Anu. 
« Los 300 Igigi del Cielo y los 600 Igigi del Apsu (supuestos dominios de Ea/En-ki), todos ellos, fueron (de Marduk) su corte» 

Los Dioses del Cielo y la Tierra 
Los hijos de An y Ki: 
Anu 
Los 7 Utukki  (los siete espíritus malvados) 
Los Grandes Dioses, dioses Creación Los hijos de An y Nammu: 
Enki 
Ereshkigal (hermana gemela de Enki). 
: Los hijos de Anu y Antu: 
Enlil
Baba
Nisaba
Gerra (Gibil) 
Ishkur (Adad, Ba-al)  
Los hijos de Enlil y Ninlil: 
Nanna (Sin) 
Nergal (Erra) 
Ninurta (Ningirsu) 
Nisaba 
Los hijos de Enki y Damkina: 
Marduk 
Dumuzi (Tammuz) 
Geshtinanna 
Nanche 
Nin-gishzida 
Los hijos de Nanna (Sin) y Ningal: 
Utu
Inanna (Ishtar) 
Los hijos de Marduk y Zarpanitum: 
Nabu 
Los hijos de Inanna y Dumuzi: 
Cara (mortal) 
Los hijos de Utu y Aia: 
Enmerkar (mortal)

La mayoría de los dioses a menudo se combina con los demás como veremos. Es de destacar que Marduk puede ser el mismo que Enki porque también había hijos de su hija y nieta, vea la historia de Enki y Ninhursag, Dumuzi era probablemente mortal y se convirtió en un semidiós después se casó con Inanna (Ishtar). 
De acuerdo a la teoría de Emanuel Velikovsky, en su libro “Edipo y Echnaton” Júpiter era el mismo Dios: 
AMON en Egipto 
Marduk en Babilonia 
ZEUS en Grecia 
MAZDA en Persia 
SIWA en la India  

Los sumerios practicaron una religión politeísta, con dioses antropomórficos que representaban fuerzas o presencias en el mundo, tal y como lo haría más adelante la civilización griega. En sus creencias establecen que los dioses originalmente crearon a los seres humanos para que estos les fungieran como sus sirvientes, pero los liberaron cuando estos fueron demasiados.
Muchas historias en la religión sumeria aparecen homólogas a las historias en otras religiones del Medio Oriente. Por ejemplo, el relato bíblico de la creación del hombre, así como la narrativa de la inundación universal y el arca de Noé se asemeja mucho a las historias asirias. Los dioses sumerios tienen representaciones distintamente similares en religiones acadias, cananitas y de otras culturas. Algunas de las historias y deidades también tienen sus paralelos griegos; por ejemplo, el descenso de Inanna en el inframundo se asemeja a la historia de Perséfone.  

PANTEÓN SUMERIO
Estaba compuesto por una tríada superior tras la que existían numerosos dioses que representaban los fenómenos de la Naturaleza o ejercían labores de protección sobre las ciudades y las actividades humanas. También algunos reyes disfrutaban del amparo especial de alguna divinidad.  

DIOSES MAYORES 
PRIMERA TRÍADA: AN, ENLIL, ENKI
SEGUNDA TRIADA: SIN, UTU, INANNA 

ADAB
Dios del trueno y de la tormenta
 

AN
Era una palabra sumeria cuya traducción podría ser cielo y se utilizaba por extensión para denominar al dios que lo representaba, uno de los elementos primordiales de la creación que formaba parte de la primera tríada de dioses cósmicos.
Un mito hablaba de que en un principio, cuando sólo existía el caos y el océano primordial llamado Nammu, se formó una montaña en el mar, que procedía de la unión del dios del cielo, llamado An y de la diosa de la tierra, llamada Ki (Para los sumerios la palabra anki definía el concepto de universo como la unión de ambos dioses).

Cilindro-sello mesopotámico dedicado al dios An sumerio, Anu acadio 

An era la suprema deidad y el origen de todos los dioses. Se le consideraba como dios del cielo, de la tierra y del firmamento. Su símbolo era una rueda solar con cuatro rayos ondulados y su número sagrado era el 60, que constituye la base del sistema numérico sumerio. (En el siglo XXI aún se utiliza el sistema de numeración sumerio en determinados casos: la medida del tiempo continúa siendo en base sesenta: Una hora = 60 minutos, 1 minuto = 60 segundos. También continúa utilizándose el sistema sexagesimal para medir ángulos).
De acuerdo con la tradición sumeria, An residía en el cielo y visitaba la tierra en épocas de ceremonias o cuando estallaba alguna crisis. Se le dedicó un templo en Uruk (la Erech bíblica) llamado Eanna, la casa de An. Alguna tradición lo señala como esposo de Nannu con quien procreó a Enki y también lo muestra unido a Ki engendrando a Enlil. Se le relaciona con el dios asirio Assur y con la deidad marina filistea Dagón.
 

AYA
Dios menor. Mensajero de Ningishzidda
 

DUMUZI o DUMUZZ
Consorte de Inanna y dios de la vegetación. 

Macho cabrio, quizás en representacion de Dumuzi
British Museum
 

ENDURSAGA
Era un dios heráldico sumerio
 

ENKI
Literalmente su nombre sumerio significa señor de la tierra (En = señor, ki = tierra), pero Ea (nombre compuesto por los signos E = casa y A = agua), el nombre con el que lo conocían acadios y babilonios, lo asocia principalmente con el mundo acuático, de hecho Enki/Ea, según esta mitología, reina en el Apsu, su morada en la profundidad de las aguas, mientras que es Enlil, señor del aire, el que ostenta la soberanía sobre la tierra. Enki es el dios de la sabiduría, de la construcción, el diseño y la creación. Forma parte de la triada principal junto a Enlil y An.
Es el creador de la humanidad y, posteriormente, también su salvador, ya que alertó a Ziusudra sobre el diluvio que promovía Enlil ante la asamblea divina a causa del comportamiento y del ruido que provocaban los humanos. Enlil consiguió convencer al resto de los dioses para que autorizasen el exterminio de la humanidad abriendo las compuertas de las aguas celestiales. Esta leyenda, probablemente, dio origen al relato bíblico de Noé y el diluvio universal.
Su templo principal estaba situado en Eridu, ciudad sobre la que ejercía el patronazgo. Enki controlaba el Me, que podía considerarse como el conjunto de normas que regulaban los poderes divinos e impedían que volviera a establecerse el caos en el universo. Se representa como una figura masculina vertiendo agua con los símbolos de la cabra y el pez por lo que se le asociaba a las constelaciones de Acuario y Capricornio, aunque, a veces, también se le relacionaba con Mercurio. 

ENLIL
Era hijo de An, el cielo, y de la diosa Ki, la tierra, y al nacer separó a sus padres colocando entre ambos la atmósfera sobre la cual gobierna. Se le consideraba como el dios de la fuerza y de la violencia pues ejercía el control sobre el viento y las tormentas. Era el dios más importante de los sumerios y figuraba como padre del resto de los dioses y de los hombres. En el ceremonial celeste se situaba detrás de su padre y, cuando los dioses se reunían en la tierra, lo hacían en su templo Ekur, situado en Nippur, la ciudad sagrada sobre la que ejercía su patronazgo y donde sólo habitaban sacerdotes. Enlil era la divinidad que guardaba las tablillas donde se encontraba escrito el destino de todo lo existente.
Aunque Enlil era considerado como la divinidad principal, fue desterrado por la asamblea de los dioses al mundo de los muertos por hacer mantenido relaciones sexuales, mediante engaños, con una diosa muy joven llamada Ninlil. Un mito narra como el dios se encontró a una jovencísima, casi una niña, Ninlil bañándose. Pese a la resistencia de ella, Enlil consigue fecundarla mediante engaños. Por este acto, muy censurable en la tradición mesopotámica, es expulsado de la ciudad de Nippur. Pero Ninlil, para que fuera testigo del nacimiento de su hijo, le sigue. Tras el nacimiento de Sin, el dios de la Luna, y al objeto de que éste pudiera entrar en el cielo, mantuvieron de nuevo relaciones por tres veces naciendo tres vástagos que fueron entregados a los dioses de ultratumba.

En la historia Enlil y Sud, el mito se contempla de otra forma. El dios al sentirse atraído por la diosa, consulta a sus padres y les hace una proposición formal. Finalmente se celebra, la boda según la tradición mesopotámica.
De su unión con la diosa Ninlil nació su hijo Sin. También fue padre de Ningirsu.
Su poderío como dios de la violencia queda reflejado en el poema épico Atrahasis (Ziusudra), en el que se narra cómo Enlil intenta destruir a la humanidad en tres ocasiones, molesto por sus hábitos ruidosos. En el último de estos intentos, arrasó la tierra con un diluvio y la humanidad sólo consiguió salvarse gracias a la intervención de su medio hermano, Enki, que ordenó a Atrahasis (Ziusudra), el Noé mesopotámico, la construcción de un enorme barco en el que debería embarcar toda clase de semillas y animales. Finalmente, Enlil inundó la tierra abriendo las compuertas del cielo y sólo se salvaron quienes habían subido al arca. Los demás dioses se enfurecieron con Enlil ya que necesitan los sacrificios que realizan los humanos para alimentarse. Cuando las aguas se retiraron, Ziusudra ofreció un sacrificio a los dioses, que lo recibieron complacidos ya que se encontraban hambrientos y, finalmente, Enki solicitó a la diosa madre la creación de nuevos seres humanos.
Fue adorado por sumerios, acadios, babilonios, cananeos, y asirios. El culto a Enlil se conoce desde finales del cuarto milenio a.C. y, al parecer, es originario de la zona montañosa del norte de Mesopotamia. Allí debía considerarse como el dios del clima con un carácter imprevisible, mostrándose cruel o bondadoso según su estado de humor. Al extenderse su culto hacia el sur de Mesopotamia, fue perdiendo sus características de fertilizador de las cosechas y alcanzó mayor preponderancia su posición dominante en el panteón sumerio, donde permaneció hasta que se popularizó el culto a Ninurta, su hijo primogénito según la tradición.  

ERESHKIGAL
Llamada la Señora de la Gran Tierra era la diosa sumeria del inframundo y de las tinieblas. Se la consideraba como hermana de Inanna, aunque, en ciertas tradiciones se les considera la misma diosa. Ella había engendrado a Namtar, su visir y mensajero, que a su vez era hijo de Enlil. Era la esposa de Nergal.
 

GESHTINNANA
Diosa menor hija de Enki.
 

GUGALANNA
Era una deidad de la mitología sumeria que se le considera como el primer marido de Ereshkigal, la reina del inframundo, y se representaba en el firmamento con la constelación de Tauro, aunque más bien se identificaba como Ennugi, el dios de los diques y canales.
Gugalanna fue enviado por los dioses para vengar la muerte de Humbaba, el guardián del bosque de cedros, a manos de Gilgamesh y Enkidu.
Cuando Gilgamesh despreció a Inanna, ésta envió a Gugalanna para aterrorizar Erech. Inanna, desde lo alto de la murallas de la ciudad, contempló cómo Enkidu asió al toro por las ancas sacudiéndolo en dirección a ella diciéndole “si te atrapara, te haría lo mismo”. A causa de este episodio Enkidu murió.
 

INANNA
Era la diosa del amor y de la guerra y se asociaba a la estrella del alba (Venus). En algunas tradiciones es hija de An y Ki y en otras de Sin y Ningal. Era la protectora de Uruk (Erech), cuyo templo Eanna le estaba consagrado junto con An. Se consideraba la diosa de la naturaleza y de la fecundidad como continuación de la línea tradicional de diosas-madres. Fue protagonista de distintos mitos como el del descenso a los infiernos. Se la identificaba con la diosa griega Afrodita y la Astarté fenicia.
 

ISIMUD, ISMUZ O ISMUD.
Fue el dios mensajero de Enki y se le representaba con dos caras mirando hacia lados opuestos. Según relata el mito de Enki y Ninhursag, cuando el primero le consultó si podía practicar el incesto con sus hijas, él le aconsejó poseer primero a Ninsar, luego a Ninkurra y por último a Uttu, y lo llevó a visitar a cada una de ellas en una embarcación.  

KI
En sumerio significaba tierra y era una de las más importantes diosas de la mitología mesopotámica. A menudo se la identificaba con Ninhursag (reina de las montañas), Ninmah (la señora exaltada) o Nintu. 
Eruditos como Samuel Noah Kramer coinciden en que esta diosa, es comúnmente conocida por su nombre más popular de la diosa madre Ninhursag y sería la misma figura, pero no está absolutamente claro. Algunas versiones aseguran que es hermana de An e hija de Anshar y Kishar, antiguas personificaciones del cielo y la tierra.
Otras, que es hija de An, dios del cielo y de la diosa Nammu (o de Nammu, y consorte de An). Esta leyenda, relata que en un principio, la Tierra y el Cielo estaban unidos y fueron una vez una montaña que emergió del Océano primordial. El pico de la montaña, que tenía su base en la Tierra, tocó el Cielo. An, era el Cielo y Ki, la Tierra. Nammu, madre de Ki, era el oceáno o mar primigenio que rodeaba a la Tierra, el caos original. Con su consorte An/Anu, Ki engendraron a los Anunnaki, siendo el más prominente de estas deidades Enlil (En=Señor - lil=del aire o de la atmósfera), que al nacer, separó el Cielo (para An) de la Tierra (para Ki y Enlil), y así se creó el día (el alba).
Fue protagonista de los relatos míticos de Enki y Ninmah, del Mito de Enki y Ninhursag, el relato sumerio de Ziusudra y de los poemas épicos acadios Atrahasis y Enuma Elish.
Algunos académicos cuestionan que Ki fuese en realidad una deidad, puesto que no se ha encontrado ninguna evidencia de su culto y su nombre sólo ha aparecido en algunos textos sumerios de la creación. En la mitología acadia y babilónica se convertiría en la diosa acadia y babilónica Antu, consorte del dios Anu (conversión del sumerio An). 

LAHAR
Era la diosa sumeria del ganado, que inicialmente vivió en Duku donde Enki y Enlil crearon campos y granjas para ella y la diosa de los granos Ashnan. Había en la zona suficiente espacio para criar ganado y cultivar, pero en cierta ocasión se emborracharon y se pelearon hasta que Enki y Enlil intervinieron para resolver el conflicto. Más tarde los Anunnaki decidieron enseñar a los humanos la crianza de ganados y cultivos. 

LAMASHTU O LABARTU
Era un demonio femenino acadio muy temido por su malignidad. En Sumeria se le conocía con el nombre de Dime. Aparecía representada con cuerpo peludo, cabeza de leona o de pájaro, con orejas y dientes de burro, largos dedos de uñas prolongadas y patas de pájaro con garras afiladas. A menudo se mostraba montando un burro y amamantando un perro con el pecho derecho y un cerdo con el izquierdo, sosteniendo serpientes en ambas manos. Su alimento consistía en niños lactantes, a los que raptaba mientras dormían sus madres para comerse su carne y beberse su sangre. También era responsable de los abortos que provocaba tocando siete veces el vientre de la madre gestante y de la muerte de los niños en la cuna. Otras potenciales víctimas eran las madres y, ocasionalmente, hombres adultos a los que devoraba durante el sueño.
Era hija An y tan poderosa que el único capaz de actuar contra ella era Pazuzu, su consorte. Por ello, para evitar su ataque, se colocaban amuletos con la imagen de Pazuzu en los niños recién nacidos y en sus madres.
 

MUSHDAMA O MUSDAMA
Era el dios sumerio al que Enki encargó la custodia de las edificaciones y basamentos. Era hermano de Kapta, el dios de los ladrillos. 

NAMMU
Fue la primera deidad sumeria y el origen del universo y de la vida. Se identificaba con el Océano primigenio. Era la diosa del nacimiento y ostentaba la capacidad de generar agua. Su principal centro de culto se situaba en Ur. Unos textos la consideran como consorte de An y madre de Enki, pero en otros, figura como progenitora de la tierra, Ki, y del cielo An. También se dice que engendró a otros dioses, y que modeló con arcilla, junto a Ninmah y a Enki, la raza humana infundiéndole vida.
 

NANNA O NANNAR
Advocación del dios de la luna Sin. Junto con Shamash e Ishtar, miembro de la “Tríada semita” de dioses con relaciones celestes que se incorporó al panteón mesopotámico desde el Periodo Acadio. Tradicionalmente adorado en la antigua ciudad de Ur. También aparece bajo el nombre de Zuen o Nanna-Suen. Enlil era citado normalmente como su padre. Se le representaba mediante un creciente lunar y su número era el 30 (número aproximado de días en un mes lunar ideal). Nunca tuvo un centro de culto definido, aunque se solía citar el templo E-Kishnugal en Ur como uno de los principales. 

Impresión del sello cilíndrico de Ḫašḫamer, Ensi (sumo sacerdote) de Sin en Iškun-Sin, c. 2100 a. C. La figura sentada es, probablemente, el rey Ur-Nammu, otorgando el cargo de gobernador de Ḫašḫamer, quien es conducido ante él por una lamma (diosa protectora). El mismo Sin/Nanna está presente en forma de media luna. 

NANSE O NANSHE
Fue diosa de la justicia en la mitología mesopotámica. Era hija de Enki y se le asociaba a la interpretación de sueños, habilidad que enseñó a los sacerdotes babilonios tras hacerles superar una prueba simbólica de muerte y resurrección. Se le consideraba como protectora de los huérfanos, viudas y pobres. Tenía como asistente a Nidaba y era consorte de Haia. Era la diosa protectora de Lagash.  

NERGAL O MENSLAMTAEA.
Hijo de Enlil y Ninlil o bien de Enki y Ninki, según versiones. Era dios del inframundo.  

NIDAVAL O NISABA O NASABA.
Era la diosa de la escritura y protectora de los archivos reales. También ejercía su patronazgo sobre los cereales y la ciudad de Umma.  

NINAZU
En la mitología sumeria, fue un dios secundario del inframundo que se considera generalmente como hijo de Enlil y Ninlil, aunque en otras culturas era hijo de Ereshkigal y Gugalana. Se pensaba que poseía poderes de curación. Permaneció en el inframundo porque Ninlil no pudo rescatarlo.
 

NINGAL
“La gran reina”, en las mitologías acadia, sumeria y babilonia, era la diosa de las cañas hija de Enki y Ningikuga. Fue consorte de Nannar. Probablemente en los inicios fue adoraba por pastores que vivían en pantanos del sur de la Mesopotamia, cerca de la ciudad de Ur y, por tanto, protectora de dicha ciudad. También se la consideraba como diosa de la Luna.

NINGIKUGA
Conocida como “la señora de la caña pura” diosa de la antigua Mesopotamia de las cañas y los pantanos. Figura como consorte de Enki, madre de Ningal e hija de An y Nammu.
 

NINGIRSU
Su nombre significaba dios de Girsu y actuaba como protector de Lagash. Era una divinidad guerrera y luchaba contra los demonios. Recibía culto como dios del huracán.
 

NINGISHZIDA
Dios de la vegetación y protector de Gudea, príncipe de Lagash.
 

NIN-GIZZIDA
Dios del inframundo
 

NINHURSAG
Los sumerios la llamaban Ki y la consideraban como la diosa de la tierra. Había nacido de océano primordial llamado Nammu, que, en un momento determinado, se abrió generando espontáneamente al dios del cielo, An, a la diosa de la tierra, Ki y a Enki, dios del mundo acuático. An y Ki permanecían unidos sin separación alguna entre ellos y de su unión nació Enlil, dios del aire, o de la atmósfera, quien provocó la separación entre ambos dando origen al día.
Ninhursag significa “Señora de la montaña sagrada” y tenía infinidad de epítetos como Ki, Tierra, Nintu, Señora del Nacimiento, Ninmah, Gran Reina, Dingirmah, Aruru, hermana de Enlil, Uriash, Belit-ili (primitivo nombre acadio), Señora de los dioses, y como esposa de Enki era generalmente llamada Damgalnuna o Damkina. Fue principalmente una diosa de la fertilidad y la leyenda cuenta que ella creó las colinas y las montañas, y que su hijo Ninurta le cambió el nombre de Ninmah a Ninhursag para conmemorar ese hecho.
Con el nombre de Nintu aparece colocada en un lugar preferente en la mesa del banquete con el que Enki inauguró su nueva morada.
Con el de Ninmah, ayudó a Enki en la creación de la raza humana. Ella junto a Nammu, modelaron al hombre con arcilla.
Como Belit-ili, se muestra como un personaje destacado en el Atrahasis, poema épico de la creación y del diluvio universal.
Su prestigio disminuyo en la medida que aumento el de Ishtar, pero el hecho de ser la madre de Marduk, el dios supremo de Babilonia, le garantizó la permanencia en el panteón.
El mito de Enki y Ninhursag es relatado en las tablillas que datan de la época de Ur III y paleo-Babilonia, de la antigua Mesopotamia.
La historia narra cómo Enki bendijo la paradisíaca tierra de Dilmun, a petición de Ninsikil haciendo que brotara el agua y que navíos de Tukric, y otros lugares llevaran oro y piedras preciosas. El texto narra a continuación la incestuosa historia de Ninhursag, Enki y sus hijas, Ninsar, Ninkurra y Uttu: Enki tiene relaciones con sus hijas y Ninhursag se venga causándole ocho enfermedades; más tarde Enlil, con ayuda de un zorro, trae junto a Enki a Ninhursag que había jurado no verle con buenos ojos hasta el día de su muerte. Finalmente accede a deshacer el conjuro y crea ocho deidades para sanar cada una de las enfermedades. 

NINKASI
Diosa de la bebida. Era una de los ocho hijos de Ninhursag y Enki.
 

NINKI
Era la esposa de Enki
 

NINKURRA O NINKUR.
Era en Sumeria, Babilonia y Acadia, una diosa madre menor que normalmente figura como hija de Enki y de Ninsar, y madre de Uttu. Fue seducida por Enki quien al verla en el río sintió concupiscencia hacia ella. El dios la besó vertiendo semen por su nariz y engendrando con ello a Uttu.  

NINLIL O SUD
Era para los sumerios, la “diosa o señora del aire” y consorte de Enlil, hija de Haia y Nunbarsegunu o Ninshebargunnu. Su nombre era Sud, pero al unirse a Enlil pasó a ser Ninlil. A veces es mencionada como hija de An y Nammu. Vivía en Dilmun y según cuenta el texto de “Enlil y Ninlil”, ella fue violada por Enlil cuando se bañaba en el río desnuda. Hay quienes le han asociado al origen de Lilith o Lilitu. 

NINMAKH o NINMAH 
La señora de la montaña, de carácter agrícola. Equivale a Ninshursag  

NINURTA
Hijo de Enlil y Ninhursag. Era el dios de la vegetación y de la caza y señor del arado.
 

NUDIMMUD
Es un término que significa “hacedor” y se considera como una advocación de Enki.
 

SHARA
Protectora de Umma.
 

SIN
Era hijo de Enlil y Ninlil y se le adoraba como dios de la Luna. Nació en el mundo subterráneo donde fue obligado a permanecer durante su infancia. Era la divinidad protectora de Ur y se le consideraba como el dios de la noche y regidor de los movimientos del día y de la noche así como de las fases lunares. Unas veces aparecía representado como un toro, otras como el disco lunar y también con figura humana mitrada. Sin se casó con Ningal, diosa de la luna, y tuvieron dos hijos: Inana y Utu.
 

SUMUGAN O SHUMUGAN
Fue el dios de los llanos y ríos y “rey de la montaña” de la antigua Mesopotamia, Enki lo nombró responsable de las planicies aluviales de la Mesopotamia del sur y de la vida animal y vegetal en dicha zona.

UMUL
Era un humano creado por Enki, dios y patrón de las artes y habilidades, en la antigua Sumeria. Narra el mito que Ninmah y Enki competían entre ellos creando un ser humano con alguna deficiencia. El otro le entregaba un don que le permitiera sobrevivir. Umul fue creado por Enki con varias taras físicas y Ninmah argumentó que no estaba vivo ni muerto y por lo tanto no podía equilibrar su destino. Enki perdió la apuesta.
 

UTU
Era hijo de Sin y Ningal y ejercía como dios del Sol, de la justicia y de los oráculos por lo que se le estima
ba como una deidad justa y bondadosa. Diariamente surgía por el Oriente en su carro dorado recorriendo la bóveda celeste para ir a recogerse en su morada Ebabbarra, por Occidente, al final del día. Protegía a todos los seres creados de las potencias del mal que acechaban en la oscuridad.


PANTEÓN ACADIO-Babilónico
El panteón acadio es mucho mejor conocido que el sumerio debido a que lo sistematizaron y dotaron de una mayor simplicidad que la que poseía el de Sumer. Además los textos acadios son más abundantes y están redactados con una mayor claridad que los que recogen la tradición sumeria. Pese a ello, aún existen algunas situaciones confusas que dan lugar a relaciones ambiguas de parentesco entre divinidades y ciertos cambios de categoría a causa de los cuales no siempre el mismo dios estaba en la cúspide ostentando el poder supremo (ejemplo de esto es el caso de Marduk que sustituye a Enlil). Por otra parte cabe reseñar cómo los acadios se apropiaron también de algunos dioses sumerios manteniendo el mismo nombre, casos de Enlil, Ninurta y Sin, o bien modificándolo, casos de Shamash, Ea, Ishtar cuyos nombres sumerios eran Utu, Enki e Inanna.
Los acadios, al igual que los sumerios, tuvieron una triada divina preponderante formada por Sin, Ishtar y Shamash, es decir, la Luna, Venus y el Sol respectivamente. Además de ellos existían numerosas divinidades cuyos cometidos eran de lo más diverso.
Los dioses principales o, al menos, los más conocidos eran:

ADAD (ISHKUR):
Era el dios de la tempestad, el viento y el rayo. Se trataba de una deidad muy popular y era conocido como Hadad por los cananeos, como Buriash por los cassitas y Teshup por los hurritas. Normalmente se le consideraba hijo de An o de Enlil según tradiciones. Su esposa era la diosa madre Shala, quizás también de procedencia hurrita. Algunos de sus poderes fueron asimilados por los dioses supremos sumerios: An y Enlil. Se solía representar mediante una figura humana en pie sobre un toro, a veces sobre un león y otras sobre un animal mitológico mezcla de ambos, portando en ocasiones rayos, hachas o una horquilla ondulada, símbolo del rayo. En época cassita su símbolo era la horquilla y se le identificaba con la constelación de Tauro. 

AHHAZU (ACHCHAZU, AKHKHAZU).
Fue considerado como un demonio de naturaleza femenina, pese a que su nombre acadio era masculino. En la mitología sumeria se le llamaba Dimme-Kur. Junto a Lamashtu y Labartu forma una tríada de demonios femeninos responsables de las pestes y las fiebres.  

ALAUWAIMIS
Era un demonio de la mitología mesopotámica que, según se creía, al dedicarle un ritual que incluía el sacrificio de cabras, alejaba las enfermedades.
 

ALÛ
Los mitos mesopotámicos cuentan que Alû fue un demonio al que le gustaba la oscuridad y el silencio, probablemente fuera un Utukku. En general se le representaba en forma de perro, a veces sin ojos, oídos, o boca.
 

ANAT
En la mitología caldea se le adoraba principalmente como una diosa de la fertilidad, por lo que con frecuencia aparecía representada desnuda con los pechos y el área vaginal prominentes. Se le consideraba como hermana de Baal y también como una exaltada diosa de la guerra.
 

ANSAR O ANSHAR
Fue un dios primigenio hijo de Apsu y de Tiamat, consorte de su hermana Kishar y padre de Anu.
Según el Enuma Elish, cuando Ea se enteró de que Tiamat planeaba vengar la muerte de Apsu, Anshar intentó que la atacara antes, pero la idea fue rechazada. Más tarde envió a Anu en misión de paz ante Tiamat, pero fracasó. 

ANTUM O ANTU
Se creía que fue uno de los nombres con los que se conoció a la diosa sumeria Ki, la primera consorte de An, pero otras teorías aseveran que era el mismo personaje que Nammu. En este caso sería la madre de Enki. Fue la creadora, junto a An, de los Anunnaki que eran dioses o semidioses, de los Igigi, dioses inferiores y a los Utukki, demonios del inframundo.
Participó en la creación de los humanos, en unión de Enki, moldeando arcilla mezclada con sangre de uno de los dioses, según relatan los poemas acadios Enuma Elish y Atrahasis y el sumerio Ziusudra, que data de la época de Ur III. Posteriormente, en Acadia y Babilonia, fue perdiendo relevancia siendo reemplazada por Ishtar o Inanna, que aparentemente fue su hija. 

ANU
Era el dios del cielo y hasta mediados del tercer milenio se le consideró como dios principal. Después fue sustituido por Enil, aunque ello no supuso la pérdida del papel preponderante que como demiurgo, dios creador, tuvo en diversos panteones. Se le representaba como una estrella y más tarde, en la época cassita, aparecía con una tiara con cuernos, atributo considerado como el emblema del máximo poder. Utilizaba a las estrellas como ejército para destruir las fuerzas malignas que pudieran amenazarlo. No solía abandonar sus dominios celestes y sólo en muy raras ocasiones se ocupaba de los asuntos humanos. Su esposa era Antum o Antú, su ciudad de culto era Uruk y, en ocasiones, se le atribuye la paternidad de Ishtar.
La leyenda cuenta, que era hijo de Anshar y Kishar y fue él quien proporcionó el “poder de los cuatro vientos” o el “poder de Anu” a Marduk para enfrentarse a Tiamat tras fracasar en la misión de paz ante Tiamat que le había encomendado Anshar.  

ANUNNAKI
Era el nombre de un grupo de deidades sumerias y acadias relacionados con los Anunna, los cincuenta grandes dioses, y los Igigi, dioses menores.
Algunos ufólogos piensan que éste es el nombre que recibieron los extraterrestres que dieron origen a los mitos.
 

ANUNITU
Era la diosa de los nacimientos y la fertilidad cuyas características fueron asumidas más tarde por Ishtar. Originariamente se le rendía culto en Acad y estaba representada en el firmamento por la constelación Piscis.
 

APKALLU O ABGAL
Eran siete espíritus sabios, creados por Ea en el Apsu. Tenían forma de hombre-pez y se dice que Oannes, creador de las leyes de la civilización, era uno de ellos. 

APSU o APSÛ
Era la deidad del agua dulce de la que se hablaba en el Enûma Elish “Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado, no había sido llamada con un nombre abajo la tierra firme, nada más había que el Apsu primordial, su progenitor y Mummu-Tiamat, la que parió a todos ellos”.
Es el padre de los dioses-serpiente Lahmu y Lahamu habidos con su esposa Tiamat, diosa del agua salada y encarnación del caos y la oscuridad, y más tarde el creador de Anshar y Kishar, el mundo celestial y el terrenal respectivamente. Los dioses se reprodujeron hasta que enfadaron a Apsû y Tiamat por el ruido que producían. Los dioses primigenios decidieron deshacerse de los nuevos, pero Ea se enteró a tiempo y logró someter a Apsû con un conjuro matándolo y apoderándose de su morada a la que impuso el nombre del dios muerto. 

ASHNAN
En la mitología sumeria se le conocía como la diosa de los granos. Era hija de Enlil y hermana de Lahar, diosa de la ganadería, creadas ambas por los Anunnaki para proporcionar alimentos a la humanidad.
Inicialmente vivió en Duku (Dulkug), donde Enlil, por orden de Enki, roturó campos para su cultivo y granjas para criar ganado. Era una zona lo suficientemente amplia para realizar ambas funciones. Pero un día se emborracharon y se pelearon, siendo necesaria la intervención de Enki y Enlil para resolver el conflicto. 

DAMGALNUNA
Era la diosa madre de Mesopotamia. Los sumerios la consideraban como consorte de Enlil, y para los acadios, se transformaba en Damkina, consorte de Ea y madre de Marduk. Algunas veces los escritos se refieren a ella como Ninhursag.
 

DAMKINA (DAMGALNUNA)
Era la diosa madre que solía aparecer como esposa de Enki en algunas tradiciones. En Babilonia, Ea (Enki) y Damkina eran los padres de Marduk. Eran comunes las ofrendas de pescado en las ciudades sumerias donde se le rendía culto, principalmente en Lagash y Umma. Estaba representada en el firmamento por la Osa Menor.  

DILMUN
Los sumerios, según aparece en las tablillas del mito de Enki y Ninhursag, lo consideran como “Una tierra virginal y prístina, donde los leones no matan, los lobos no se llevan a los corderos, los cerdos no saben que los granos son para comer”. Estaba protegido por la diosa Ninsikil y se describía como “la tierra de la vida”.
Según las tradiciones sumerias en el Dilmun tuvo lugar la creación protagonizada por Enki, Ninhursag y Nammu y donde los dioses enviaran a Ziusudra tras el diluvio para que viviera eternamente.
 

DUMSAGA
Era un dios protector masculino.
 

DUMUZI
También conocido como TAMMUZ. Era el dios de la vegetación y ejercía especialmente como señor de los bosques y de la vid. Fue amante de Ishtar y, a causa de ello, perdió la vida y fue castigado al infierno donde bajó Ishtar para recuperarle.
 

EA
Llamado Enki por los sumerios, era hijo de Anu y el dios de la sabiduría y el origen de todo el conocimiento que existe. Dominaba sobre toda el agua dulce que existía bajo la tierra, el Apsu, por lo que se consideraba como la deidad del elemento líquido al tiempo que también era el señor de la tierra (Ki significa tierra) actuando como fertilizador de ésta ejerciendo su función como principio masculino. Se le consideraba como el protector de la humanidad ya que fue él quien instruyó al hombre en las artes y los oficios y el que avisó a Atrahasis (el Utanapishtim sumerio que dio origen al mito del Noé bíblico) para que construyera una embarcación al objeto de salvar a su familia y a todos animales de la Tierra del inminente diluvio decretado por Enlil. Se le asociaba con las constelaciones de Acuario y Capricornio y con la zona del cielo correspondiente al Trópico de Capricornio. En la iconografía tradicional era representado por una figura masculina portando o vertiendo agua, a veces con chorros de agua surgiendo de sus hombros con pececillos nadando en su interior. A partir de la época cassita será también representado mediante la tradicional corona de siete pares de cuernos sobre un altar, al igual que Enlil y Anu, otras veces con una cabeza de cabra sobre un altar, otras con una tortuga, otras con una cabra-pez o mediante una combinación de los símbolos anteriores. Muchas veces aparece junto a su sirviente, el dios de las dos caras Isimud (Usmu para los semitas). Su número era el 40. Su esposa era Damkina, Ninki o Damgalnunna, y su centro de culto se situaba en Eridu, en el templo de Eabzu.

Estampación de cilindro-sello acadio. Aparece Ea/Enki flanqueado por los remeros del “Ibice del Apzû”. A su derecha Usimud, su consejero, sosteniendo uno de los símbolos del dios, junto al ave y el pez. 

EDIMMU O EKIMMU
En Sumeria, Acadia y Babilonia se les consideraba como los fantasmas de los muertos que no habían sido enterrados según las costumbres. Se podían comportar poseyendo a los vivos y provocándoles desastres y comportamientos criminales. Podían ser apaciguados si se celebraba un banquete de entierro en su honor. Se creía que no tenían cuerpo, que su espíritu era el viento y que poseían la facultad de quitar la vida a los niños, y a las personas en general, mientras dormían.  

ENLIL
Era hijo de Anu y dios del viento y las tormentas. Se representaba de pie sobre un toro sujetando un haz de rayos en su mano como manifestación del dios de los relámpagos. Enlil reemplazó a su padre y se convirtió en rey de los dioses, ejerciendo la custodia sobre las tablillas Me de los destinos. La sustitución se debió a que era un dios más cercano a los seres humanos pues había sido su creador. Se le relacionaba con una zona del cielo coincidente con el Trópico de Cáncer y también con las Pléyades y Júpiter. Su esposa era Muliltu (Ninlil) con quien engendró muchos de los grandes dioses como Adad, Nergal, Ninurta, Pabilsag o Zababa. Recibía culto en la ciudad sagrada de Nippur, donde tenía su templo: Ekur (la casa de la montaña).
Enlil más tarde perdió el carácter de señor de los vientos para ser sustituido por Adad (Según los hititas Adad era hijo de Enlil). Cuando se decretó el diluvio Adad fue su ejecutor. Pero, al igual que la lluvia, no siempre tenía un carácter negativo y podía traer vientos favorables y abundancia, como Adad su símbolo era el rayo en zigzag y su animal el toro, que bramaba como el trueno.
Cuando la cultura cassita fue la dominante en el territorio, fue sustituido por Marduk como dios principal. 

EMESH
Fue el dios de la vegetación, bosques y campos creado por deseo de Enki, para que los protegiera. Era hermano del dios campesino Enten y se le asociaba al verano y a la abundancia.
 

ENBILULU
Fue el dios de los ríos y canales. Inicialmente aparece como hijo de Enlil y Ninlil, pero en la cultura babilónica figura como hijo de Ea, quien le encargó expresamente la custodia y el cuidado de los ríos Tigris y Éufrates.
 

ENMESARRAA
Fue el dios de las leyes en Acadia y Babilonia y, según algunos textos, controlaba el ME o compendio de las leyes divinas.
 

ENMESHARRA
Era un dios menor del Inframundo. Alguna tradición lo consideraba junto a su esposa, Ninmesharra, como antepasados de Enlil. Se le identificaba con la constelación Perseo.
 

ENTEN
Era un dios sumerio campesino por designio de Enlil. Riñó con su hermano Emesh siendo necesaria la intervención de Enlil para que se reconciliaran entre ellos.
 

ENURTA
Era el dios de la guerra
 

ERESHKIGAL
Era hija de Anu y hermana de la diosa Ishtar y se trataba inicialmente de una diosa celestial. Sin embargo, fue raptada por el dragón Kur y llevada al inframundo, donde pasó a ser su reina según la mitología sumeria-acadia. Gobernaba el infierno junto a su consorte Nergal.
 

ERRA
En Acadia y Babilonia, Erra fue un dios de la guerra y de los disturbios y principalmente conocido por “La epopeya de Erra” del año 1000 a.C. Muchas veces estaba identificado con el dios Nergal y su centro de culto estaba en la ciudad de Kutha (perdida). Los babilonios lo conocían como el dios de las plagas.
 

GALLU
Fueron demonios del inframundo y estaban generalmente ligados a las tempestades. Cuenta la leyenda que fueron los encargados de llevar a Dumuzi al inframundo.
 

GATUMDUG Y BAU
Eran las diosas que daban a los seres el soplo de la vida.  

GULA
Era diosa de la medicina y su nombre significaba “la grande”. Su símbolo era el perro y gozaba de gran popularidad contando con numerosos centros de culto, aunque el principal estaba en la ciudad sumeria de Isin. A veces se la consideraba esposa de Pabilsag o Ninurta. Fue la madre de los dioses Damu y Ninazu, relacionados ambos con la medicina. 

Bajorrelieve de un kudurru representando a Gula con su perro. 

HANBI O HANPA
Era, para los sumerios y acadios, un dios del mal, rey de todos los espíritus malignos, y padre de Pazuzu. En la creencia popular, Hanbi, fue otra forma de Satanás y hermano del Arcángel Miguel. 

HUWAWA (sumeria) o HUMBABA (Babilonia)
Era el guardián del bosque de cedros de los corazones, en la “Tierra de la Vida”, donde vivían los dioses. Se presentaba como un monstruo con cara de león, dientes de dragón, que poseía una tupida melena y grandes pies. Su rugido se asemejaba al ruido que provoca una inundación. La leyenda narraba cómo atacó a Gilgamesh y Enkidu cuando éstos talaron un cedro, pero Gilgamesh lo atrapó poniéndole un aro en su nariz y atando sus brazos. Pensaba liberarlo, pero Enkidu se opuso y cuando Huwawa comenzó a protestar lo decapitaron. Enlil, que había sido el dios que puso a Huwawa a cargo del bosque de cedros, se enfureció condenando a muerte a Enkidu.  

IGIGI
Según los caldeos, eran dioses inferiores que trabajaban para los Anunnaki cavando zanjas y drenando canales. Un día, cansados ya de realizar un trabajo tan arduo, se rebelaron contra los dioses principales tal como se narra en los poemas Enuma Elish y Atrahasis.
 

ISHARA
Era una diosa semita del amor y de la guerra según algunas tradiciones. Su culto alcanzó gran importancia entre los hurritas y a veces aparece como esposa de Dagán, el dios semita protector de la agricultura e inventor del arado. Fue asimilada más tarde por Ishtar. Sus primeros símbolos eran las serpientes, pero a partir del dominio cassita se la representó por un escorpión y de ahí que su presencia en la bóveda celeste sea por medio de la constelación Escorpio.
 

ISHTAR (INANNA en sumerio).
Era la divinidad femenina de mayor importancia de los panteones sumerio y semita. Hija de Sin o de Anu, según versiones, se le identificaba con el planeta Venus y en la Tierra aparecía en un carro tirado por siete leones y llevando un arco en la mano. Se le consideraba como la diosa del amor, el sexo, la belleza, la fertilidad y la guerra. Los primeros atributos se manifestaban cuando aparecía como hija de Anu y el último cuando figuraba como hija de Sin. Aparece como esposa de Ashur, al que acompañaba en las campañas militares. En Nínive se le adoraba como diosa de la guerra, mientras que en Uruk recibía culto como diosa del amor y de la voluptuosidad.
Junto con Shamash y Sin formaba la Tríada semita de dioses astrales que se incorporó al panteón mesopotámico desde el acadio. Diosa muy popular entre todos los pueblos semitas, también conocida en otros lugares como Anat, Astarté. Aparece en muchos relatos de la época, como el del pastor Dumuzi o la epopeya de Gilgamesh. 

Cilindro mesopotámico con la imagen, en el centro de la diosa Inanna-Istar 

ISKU O ISHKUR
Era el dios de las tormentas y las lluvias sumerio. Su culto se extendió entre aproximadamente el 3500 a.C. y el 1750 a.C. Se le adoraba en Karkara y se le consideraba hermano del dios del Sol, Utu. En algún texto se muestra como hijo de An y hermano de Enki. En el poema de la creación es encargado por Enki de los vientos y de las tormentas, lo que justifica que algunos autores lo describan como un león cuyos rugidos eran los truenos.  

KAKKA
Fue un dios menor en Acadia y se le conocía como mensajero de Anu.
 

KINGU
Fue un demonio acadio que se convirtió en el segundo consorte de Tiamat tras la muerte de su primer consorte Apsu. Tiamat deseosa de vengar la muerte de Apsu, entregó a Kingu las “tablillas del destino”, que hacían detentar el poder a quien las poseyera y convirtiéndolo así en el Príncipe de los dioses. Tras la muerte de Tiamat a manos de Marduk, Kingu, por ser el jefe del ejército derrotado, fue condenado a morir y con su sangre se creó la raza humana para servir a los dioses.
 

KISHAR O KISAR
Fue una divinidad primigenia en la mitología acadia y representaba la tierra. En el Enuma Elish se describe como madre de Anu y consorte de su hermano Anshar. Era hija de Apsu y Tiamat, aunque, en otras ocasiones, se la nombra como hija de Lahmu y Lahamu.  

KISKILL-LILLA
Era un demonio de la noche sumerio que, según la leyenda, había construido su morada en el árbol llamado Haluppu de Inanna. Los acadios la conocieron como Lilith o Lilita, la primera mujer bíblica.
 

KUR
Fue una serpiente-dragón sumerio de aspecto monstruoso. Probablemente fuera un anunnaki, hermano de Ereshkigal, Enki y Enlil. Dice la leyenda que vivía en el inframundo y que raptó a Ereshkigal llevándola al infierno donde ella se convirtió en reina.
 

LAHMU Y LAHAMU
Eran dos deidades hermanas de la mitología acadia hijos de Apsu y Tiamat. Solían ser representados como serpientes monstruosas y se los consideraba como la personificación del lodo por lo que se les atribuyó el apelativo de “los fangosos”. Posiblemente fueran los padres de Anshar y Kishar y su misión principal era guardar las puertas del Apsu, la morada de Ea. 

LATARAK
Solía ser un dios protector de las entradas, para lo cual se colocaban figurillas en templos y hogares. Aparecía representado mediante una figura humana vestida con una piel de león sosteniendo un látigo, o bien como un león. Estaba representado en el firmamento por la constelación Leo.
 

LUGALGIRRA Y MESLAMTEA
Eran considerados como los guardianes de la entrada del Inframundo. Parte de los atributos de Lugalgirra fueron asumidos por Nergal. Se solía colocar estatuillas de ambos dioses en las entradas de los templos y palacios. Estaban asociados a la constelación de Géminis. 

MAMI Y NINTUD
Velaban por el nacimiento de las criaturas.  

MAMITÚ
Fijaba el destino de los que venían al mundo.
 

MARDUK
Hijo de Ea y de Damkina y fue engendrado en el Apsu. A partir del dominio del pueblo cassita, con el que Babilonia alcanzó la hegemonía en Mesopotamia, asumió las características de Ea y Anu con lo que sus poderes y cualidades eran muy superiores a las de los demás dioses. Representaba la acción fecundante de las aguas sobre la tierra, fue el organizador del universo, el arquitecto de las residencias divinas, el maestro de la vida terrestre, el gran sanador y la deidad a la que atribuían los humanos todos los fenómenos cuyos motivos no podían explicarse y que pensaban que eran fruto de la magia divina. Aparte de su protagonismo en el mito de la creación, realizó gran número de hazañas y era el custodio de las tablillas del destino, en las que estaba escrito el camino que seguirían los seres humanos a lo largo de su vida. Su esposa era Sarpanit (Zarpanit) y se le rendía culto en Babilonia, en el templo de Esagila que tenía forma de zigurat y en el que se inspiró la leyenda bíblica de la Torre de Babel. Su atributo era la azada y se le asociaba con Júpiter. 

Marduk sobre su dragón-serpiente.

MUMMU
Era una deidad de la mitología acadia, generalmente asociada a la niebla, que actuaba como mensajero de Apsu y de Tiamat. En realidad, es un dios cuya figura ha generado diversas interpretaciones por los estudiosos del tema. El mito acadio habla de en un principio existían tres divinidades, Apsu, Tiamat y Mummu, pero no esclarece si Mummu era una deidad hijo de Tiamat o de Apsu y Tiamat o no existía parentesco alguno entre ellos. Otra interpretación es que Tiamat y Mummu fuera una única divinidad.
Tras un enfrentamiento entre los dioses, Mummu fue capturado, se le colocó un anillo en la nariz y se dedicó a trabajar al servicio de Enki. 

MUSHUSSU
Era un dragón furioso. Poseía cuerpo de serpiente, patas delanteras de león y traseras de ave rapaz. Al principio se le asociaba con Ninazu y posteriormente con Marduk.
 

NABU
Era el dios babilonio de la sabiduría y la escritura, adorado como el hijo de Marduk y de su consorte, Zarpanitum, y como el nieto de Enki. La consorte de Nabu fue Tasmetu.
Originalmente, Nabu fue una deidad semítica occidental, introducida por los amorreos en Mesopotamia, probablemente al mismo tiempo que Marduk. Mientras que Marduk se convirtió en la divinidad principal de Babilonia, Nabu recibía culto en Borsippa. Fue considerado primero como el escriba y ministro de Marduk, pero más tarde fue adorado como el hijo de Marduk. Nabu era el patrón de los escribas tal como la diosa Nisaba de la mitología caldea. Sus símbolos eran una tablilla con los útiles de escritura. Llevaba un gorro con cuernos y permanecía de pie con las manos unidas como un sacerdote. Poseía un enorme poder sobre las personas ya que era quien escribía los registros sagrados en las tablillas del destino por lo que tenía la facultad de alargar o acortar la vida según su voluntad.
Se le asociaba al planeta Mercurio y como dios de la sabiduría y de la escritura, fue identificado por los griegos con Apolo y Hermes.  

NERGAL
Conocido como el señor de la Gran Morada. Era el dios del Inframundo y de las plagas. Posteriormente se le identificó con Erra quien, originariamente, era un dios sumerio distinto, pero Nergal asumió su personalidad. Era hijo de Enlil y en principio era un dios celeste, pero tras su matrimonio con Ereshkigal se transformó en dios del infierno.

Solía ser representado mediante una figura humana, a veces con las piernas envueltas en una especie de mortaja, portando una espada y un cetro con dos cabezas de león. Se le asociaba con Marte y se le rendía culto en Kutu, Babilonia.  

NAMTAR
Era un dios secundario del inframundo, que actuaba como mensajero de Ereshkigal y de Nergal. En Mesopotamia era visto como un dios horroroso al que se consideraba como el responsable de la peste, las enfermedades y los parásitos. Alguna leyenda le atribuye el envío de muchas enfermedades que, en forma de demonios, penetraban en el cuerpo humano minando salud y ocasionando la muerte. Se le hacían ofrendas para prevenir su intervención. 
Posteriormente, los caldeo-asirios lo convirtieron en un espíritu del destino.
Cuenta una leyenda como Ereshkigal fue raptada por el dragón Kur y llevada al inframundo donde se convirtió en reina. En cierta ocasión, todos dioses decidieron celebrar un banquete, pero para mantener el orden cósmico las deidades celestiales no debían bajar al inframundo ni las ctónicas debían subir al cielo. Namtar fue el elegido por Ereshkigal para participar en la celebración como representante del mundo subterráneo.
 

NIDABA, NISABA O NANIBGAL
Tuvo diversas funciones según donde fuera adorada. Fue una diosa de la fertilidad en Sumeria y de la escritura y la astrología en Asiria. Además aparece como ayudante de Nanshe. Suele mencionarse como hija de Enlil, aunque con posterioridad aparece como hija de Enki e incluso de An. En éste caso podría ser considerada como hermana de Nanshe y Ningirsu. En ciertos casos se le identifica con Numbarsegunu y entonces sería esposa de Haia y madre de la diosa Ninlil. Sus centros de culto estaban en Uruk y Umma. 

NINGIRSU
Era el dios protector de Lagash donde se le rendía culto. Se trataba de una divinidad guerrera y agricultora cuyas características fueron adoptadas más tarde por Ninurta. Los cassitas le atribuyeron el arado como símbolo.
 

NINHURSAG
Era conocida como Araru o Mammi y se la consideraba como la Gran Madre. A veces aparecía con otros nombres como Ninmah, Nintur, Bau o Guaba. Era una divinidad muy antigua y, según una creencia muy extendida en Eridu, se le atribuía la creación del hombre modelado con una mezcla de arcilla y la sangre de un dios Gesthu al que Ea había hecho morir. Cuando actuaba como creadora se le conocía con el nombre de Mammi. Era Ki, la diosa sumeria de la Tierra, y como diosa madre representaba la fertilidad y estaba representada por el símbolo omega que compartía con otras diosas de la fertilidad y el sexo como Ishtar.
 

NINISINNA
Diosa protectora de Isin
 

NIN-KARRAK Y GUBA
Eran las deidades que se ocupaban de la salud.

NINKASI
Se le llamaba “la Señora que llena la boca” y fue la diosa de la elaboración de cerveza o del alcohol. Es una de las ocho deidades creadas por Ninhursag para sanar a Enki (véase Mito de Enki y Ninhursag). Se dice que nació por el dolor de boca de Enki, y Ninhursag declaró que debía ser la diosa que “alegrara el corazón”.
 

NINSAR
Era conocida como “la Señora Verde”, es una diosa caldea de la plantas. Hija de Ninhursag y Enki y madre de Ninkurra.
 

NINSUBUR
Era una diosa mensajera y sirviente de Inanna en Sumeria. En Acadia la deidad se hace masculina siendo mensajero de Anu. Juega un importante papel en la leyenda de “La bajada de Inanna a los infiernos y la muerte de Dumuzi”.
 

NINSUN
En Caldea fue una diosa de las vacas y protectora de Gudea y Lagash. También se le asociaba a la interpretación de sueños.
En el Poema de Gilgamesh, Ninsun aparece como una reina humana que vive en Uruk con su hijo el rey de la ciudad.  

NINTU
Era una deidad madre conocida en Sumeria, Acadia y Babilonia como “la Señora del nacimiento”. Se atribuían otros varios nombres como el de Antu, consorte de An. Al parecer, el nombre Nintu se lo puso su hijo Enlil. La mayoría de los relatos que hay sobre ella, son acadios y, según cuentan las leyendas, ella fue quien colocó catorce partes de arcilla primigenia, siete a la derecha y siete a la izquierda de un ladrillo, que generaron los primeros seres humanos. Los eruditos destacan la coincidencia con Ninhursag, pero también fue conocida por otros nombres, Ki, Ninmah, Dingirmah, Aruru, Belit-ili, entre otros, y como la esposa de Enki era generalmente llamada Damgalnuna o Damkina. En el poema épico acadio Atrahasis comienza siendo nombrada como Belet-Ili, pero al final aparece como Nintu.
 

NINGISHZIDA
Era hijo de Ninazu y un dios del Inframundo que se presentaba con forma de dragón. Aparece en distintos mitos como el de Gilgamesh cuando el protagonista visita el infierno. Se le asocia a la constelación Hydra.
 

NINSIKIL O NINSIKILA
Era la diosa protectora del Dilmun, paraíso mítico que se supone estaba ubicado en una isla en las proximidades de lo que hoy se conoce como Bahrein.
Según el texto de arcilla encontrado en Ur III, de la época paleo-babilonia, Ninsikil es la deidad que se quejó a su padre, Enki, de no tener agua fresca y potable en la mítica ciudad y él le respondió haciendo brotar aguas subterráneas y enviándole navíos con cargas de oro y piedras preciosas.
 

NINLIL
Era la esposa de Enlil siguiendo la tradición mesopotámica que asignaba una pareja femenina a cada dios del panteón con características idénticas a su pareja. En Asiria aparece como esposa del dios Ashur bajo el nombre de Mullissu. En el cielo está representada por la Osa Mayor.
 

NINMAH
Diosa de la fertilidad posteriormente asimilada a Ninhursag. En la mitología sumeria protagoniza, junto a Enki, la creación de la humanidad. Estaba representada en el firmamento por la constelación austral Vela.
 

NINURTA

Era otra divinidad astral que se identificaba con la constelación de Orión y, en un principio, era el dios sumerio de las crecidas bienhechoras de los ríos, pero más tarde se transformó en dios guerrero y cazador. Era el hijo primogénito de Enlil y, en ocasiones, se le confundía con Ningirsu, el señor de la ciudad de Girsu, en Lagash, cuyas características asumió, según algunas versiones. En los escritos más antiguos aparece con el nombre de Ninib. Fue el protagonista de la epopeya del pájaro Anzu, quien tras robar las tablillas de los destinos a Enlil, es vencido por Ninurta. Su esposa sumeria era Bau, más tarde en Babilonia se la sustituyó por Nin-Karrak quien finalmente perdió su puesto al ser sustituida por Guaba, aunque también apareció, en ocasiones, emparejado con Gula.
Se le representa de distintas formas: unas veces portando un arco y flechas, otras con un arado. En la época neo asiria, siglos IX-VII a.C., tenía alas y su culto volvió a ser muy popular debido a su carácter guerrero hasta tal punto que algún rey adoptó su nombre. En el período cassita, aparecía representado por un cetro con cabeza de felino. En los primeros tiempos se le asociaba con Saturno, asociación que más tarde repitieron los romanos, mientras que los griegos lo identificaban con Cronos. Su centro de culto estaba en Nippur.
La epopeya del pájaro Anzu o Zu narra cómo Ninurta recuperó las tablillas del ME, cuando fueron robadas por aquél. “Anzu roba los ME, y huye montado en su Mu. Los dioses se reúnen en asamblea, temen a Zu pues lleva los ME, deciden que sea Ninurta el que se enfrente a Zu. Ninurta montado en su Mu lanzaba flechas contra Zu, pero éstas no le hacían nada (se cree que con los ME, activó un tipo de campo de fuerza, por eso las flechas no le hacían nada). Entonces Ninurta prueba de lanzarle el til-dum a las ruedas dentadas de las alas de Zu. Las alas de Zu se partieron y este se precipitó al suelo. El final de Zu fue el destierro y la destrucción de la ciudad de Ur, la ciudad donde recibía adoración.”

Ninurta matando al Pájaro Anzu en un grabado neoasirio del reinado de Assurnasirpal II (siglo IX a.C.) 

NUNBARSEGUNU
En Caldea estaba considerada como una diosa madre siendo mencionada en algunos textos como “la vieja mujer de Nippur”. En ocasiones aparece como Nidaba, Nisaba o Nanibgal, y como madre de Ninlil y consorte de Haia. En el Mito de Enlil y Ninlil, aparece aconsejando a su hija que no vaya sola a pasear por las orillas del río, ya que, posiblemente, el dios Enlil la vería y desearía seducirla.
 

NUSKU
Era el dios de la luz y el fuego en Acadia y en Babilonia fue conocido como Girru. Figura como hijo de Anu ejercía labores de consejero de Enlil. Su símbolo es una lámpara.
En Asiria era adorado como el hijo de Sin, dios de la Luna. También era considerado el patrón de las artes y dios de la civilización porque se le asociaba al descubrimiento del fuego hecho por la humanidad y su progreso a partir de éste.
 

OANNES O UANNA
Fue un ser mitológico existente en las culturas sumeria, acadia y babilónica. Probablemente se tratara de un Apkallu o un Annedoti (espíritus creados por Enki), es decir, de un semidiós mitad pez mitad humano. Hizo su aparición en el Golfo Pérsico, y solía hablar con los hombres y enseñarles buenos modales, letras, matemáticas, arquitectura, etc. Algunos babilonios lo identificaban con Ea y para otros se trataba de Adapa, el primer rey antediluviano. A lo largo del tercer milenio a.C. parece que existieron otras criaturas con este aspecto. 

PABILSAG
Era un dios guerrero sumerio a quien se le rendía culto en las ciudades de Isin y Nippur. Posteriormente sería asimilado por Ninurta/Ningirsu. Se le solía representar empuñando un arco y una flecha. A veces se le emparejaba con la diosa Gula y su símbolo celeste era la constelación Sagitario.
 

PASITTU
Era un demonio caldeo que, en el poema épico acadio Atrashasis, se menciona como un demonio que arrebata bebes, cuando Enki y Nintu, deciden controlar el crecimiento de la población humana, de una manera menos drástica y terminante que las antes propuestas por Enlil. Enki y la diosa de matriz Nintu deciden que de allí en adelante un tercio de las mujeres no dará a luz satisfactoriamente: un demonio Pasittu “arrebatará al bebé del regazo de su madre”.
 

PAZUZU
Es el rey de los demonios del viento en la mitología sumeria, asiria y acadia. Para los sumerios, también representaba el viento del suroeste que producía las tormentas y el portador de la peste, las plagas y la fiebre.
Hijo del dios Hanbi, se le solía representar con cuerpo de hombre, cabeza de león o perro, cuernos de cabra en la frente, garras de ave en vez de pies, dos pares de alas de águila, cola de escorpión y pene con forma de serpiente. También se suele mostrar con la palma de la mano derecha hacia arriba, y la izquierda hacia abajo. Esta posición de las manos simboliza la vida y la muerte, o la creación y la destrucción.

Pazuzu, pese a ser un ser maligno, no se mostraba totalmente hostil el hombre, pues su imagen se utilizaba en amuletos para rechazar a su consorte y enemiga Lamashtu, un demonio femenino que se alimentaba de recién nacidos y sus madres. Este amuleto se colocaba tanto en la madre, llevándolo al cuello, como en el niño, mientras que otros más grandes se colocaban sobre ellos en una pared. 

SEBITTI
Eran siete dioses guerreros liderados por Erra de la mitología sumeria. Representaban a las Pléyades y eran considerados como hijos de An y de Ki. An los hizo mortales y los puso bajo el mando de Erra.
 

SHAMASH
Es el dios del Sol. Su nombre sumerio era Utu. Era el dios de la justicia y como tal fue quien entregó a Hammurabi el primer código de leyes conocido en la humanidad. Su origen varió mucho con el tiempo: los sumerios lo consideraban hijo de Nanna y hermano de Inanna, para acadios y babilonios su padre era Anu o Enlil. A veces aparecía con su esposa Sherida (Aya para los semitas), y se le representaba con un disco solar de ocho puntas o mediante una figura masculina de la que emanaban llamas de los hombros. Su símbolo también fue en época posterior la balanza, con el cual aparece representado en la constelación de Libra.
Estela acadia del dios Shamash. S. XXI a. C. Museo del Louvre

Lo veía todo y sus rayos eran la red en la que quedaban presos aquellos que hacían el mal. Cada mañana los hombres-escorpión que habitaban en los montes del Este abrían una pesada puerta en el flanco de la montaña por la que salía Shamash para recorrer su camino diario. Por la tarde dirigía su carro hacia la montaña del oeste donde otra puerta se abría para que el dios pudiese descender a las profundidades de la tierra, continuando este camino durante la noche para poder salir a la mañana siguiente. También era dios de la adivinación, aspecto muy importante en la vida mesopotámica. Estaba desposado con Aya y tenía dos hijos Kettu, la Justicia y Mesharú, el Derecho. Se le rendía culto en Sippar y Larsa, y también tenía un templo en Babilonia cuyo nombre significaba “la casa del Juez del Mundo”. 

SIN
Era el dios de la Luna, hijo de Enlil y padre de Nusku, dios del fuego, así como de Shamash y de Ishtar, aunque ésta también aparecía como hija de Anu. Su nombre sumerio era Nannar o Nanna. Gobernaba el paso de los meses y, con los cambios de las fases lunares, se constituía como un dios misterioso al ser “aquél en cuyo corazón ningún otro dios podía penetrar”. Todos los demás dioses venían a consultarle y escuchar sus decisiones y consejos. Se le representaba como un anciano de larga barba blanca y cubierto con un turbante. Su símbolo era la Luna en cuarto creciente. Se le emparejaba con Ningal o Nigal, la gran señora, y se le rendía culto en Harran y especialmente en Ur, en el templo de Egishnugal. Junto con sus hijos Shamash e Ishtar forma una triada astral babilónica.
 

SHALA
Pertenecía a la categoría de diosas madre y era, posiblemente, de origen hurrita. Su culto estaba muy extendido en Anatolia y Siria, donde aparece como esposa del dios Dagan, agricultor e inventor del arado. En Mesopotamia se le conoce como esposa de Adad. En su calidad de diosa de la fertilidad y a la agricultura, poseía como símbolo la espiga de cebada. Se le representaba en el cielo con la estrella Espiga, la más brillante de la constelación de Virgo
 

TAMMUZ (DUMUZI)
Era el dios de la fertilidad y la regeneración. Dumuzi es el esposo de Inanna, y muere en su viaje al Inframundo. Su centro de culto principal fue en un principio la ciudad sumeria de Uruk. Tammuz es la forma semita de su nombre, con la cual es mencionado en la Biblia. Está representado en el firmamento por la constelación Aries.  

TASMETU O TASMETUM
Era la diosa consorte de Nabu. 

TIAMAT
Era una diosa primigenia de la mitología acadia. Representaba el caos del agua salada tempestuosa y encarnaba el principio femenino. En unión con Apsu (el principio masculino, el agua dulce) procrearon los primeros dioses del panteón acadio. Las deidades creadas se multiplicaron a su vez hasta tal punto que molestaban a Tiamat y Apsu. Éste decidió exterminarlos, pero Ea, el dios de la sabiduría, se enteró y mató a Apsu apoderándose de su morada. Tiamat, furiosa por la muerte de su esposo, creó un poderoso ejército de criaturas monstruosas y las puso bajo el mando de Kingu, su hijo y amante. Sin embargo, el resto de los dioses bajo el mando de Marduk, a quien se le habían conferido los máximos poderes, vencieron en la contienda y mataron a Tiamat haciendo con su cuerpo el cielo y la tierra y sus lágrimas se transformaron en las fuentes de los ríos Éufrates y Tigris.
 

TISHPAK
Fue un dios venerado en la antigua ciudad de Eshnunna que se cree se suele identificar con el dios hurrita Teshub. Su símbolo era un animal mezcla de serpiente y dragón, más tarde adoptado por Marduk.
 

URA Y NAMTARU
Eran los dioses de las enfermedades y actuaban, generalmente, siguiendo las órdenes de Ereshkigal o Erra. 

URAS O URASH.
Fue una diosa del inframundo y una de las consortes de Anu y madre de Nininsina. 

UTNAPISHTIM.
Con este nombre se conocía en Babilonia al protagonista del mito del diluvio universal. Para los acadios era Atrahasis y para los sumerios Ziusudra. Gilgamesh, el héroe mitológico del poema épico que lleva su nombre, recurrió a su consejo para poder encontrar la inmortalidad. En algún texto, Utnapishtim aparece como hijo de Ubartutu, pero en otros aparece como padre de Ziusudra por lo que sería nieto de Ubartutu.
 

UTTU
Fue la diosa sumeria de los tejidos y la ropa, pero antes, fue diosa de las plantas. Era hija de Enki y de Ninkurra. El mito de Enki y Ninhursag narra como el dios sedujo a su hija y Ninhursag se enfadó retirando el semen del cuerpo de Uttu y sembrándolo naciendo a continuación ocho plantas que Enki comió apareciéndole varias enfermedades.
 

UTUKKI (acadios) o UTUKKU (sumerios)
Para los sumerios eran un espíritu o demonio, que podía ser malévolo o benévolo. Para los acadios eran siete demonios que descendían de Anu y Antu. A los utukku malos los llamaron Edimmu o Ekimmu y a los buenos Shedu o Iammasu, uno de los más conocidos uttuku malos fue Alú. 

ZABADA
Era el dios local de la ciudad-estado sumeria de Kish. Era un dios de la guerra que aparecía como esposo de Inanna/Ishtar. Posteriormente sería asimilado por Ninurta/Ningirsu. Su templo principal está en Kish. Su símbolo era el águila o un cetro con la cabeza de este animal. La constelación Áquila lo representaba.
 

ZAKAR
Era el dios de los sueños que, en muchas ocasiones, resultaban premonitorios.
 

ZARPANITUM
Era la diosa del nacimiento en Babilonia y esposa de Marduk.
 

ZIUSUDRA (UTNAPISHTIM para babilonios o ATRAHASIS para acadios),
Era un héroe de la mitología sumeria, protagonista del mito sobre el diluvio universal, encontrado en su versión más antigua en una tablilla hallada en Nippur.
 

ZU, ANZU O IMDUGUD
El que conoce los Cielos, fue un dios representado como un hombre pájaro y personificaba el viento del sur y las nubes de tormenta. La leyenda que llevaba su nombre narraba que robó a Enlil las tablillas de los destinos y las escondió en una montaña. Su intención era proclamarse dios principal. Enlil reunió a los dioses superiores y la asamblea acordó que Ninurta se enfrentara a él para recuperar las tablillas. Ninurta venció, Zu fue desterrado y su ciudad, Ur, destruida. 

IDENTIFICACIONES ASTRONÓMICAS
Las correspondencias entre las figuras de los kudurrus y objetos astronómicos es todavía un debate abierto, pero podemos dar aquí una visión general.

Dios
Símbolo del Kudurru
Astro o constelación/es actuales
Shamash
Estrella de cuatro puntas
Sol
Sin
Creciente lunar
Luna
Ishtar
Estrella de ocho puntas
Venus
Anu
Altar con corona
Región ecuatorial del cielo (Camino de Anu)
Enlil
Altar con corona
Región norte del cielo (Camino de Enlil). Boyero. Pléyades.
Ea
Altar con corona. Cabeza de carnero. Cabra Pez. Tortuga. Persona con cántaros de agua.
Región sur del cielo (Camino de Ea), Capricornio, Acuario, Pez austral.
Ninhursag
Símbolo Omega (¿Úteros?) sobre altar
¿Parte de Argo?¿Nodo de la órbita lunar?
Marduk
Dragón con azada o pala
Júpiter
Nabu
Dragón con estilete de escritura o pared de ladrillos
Mercurio
Nergal
Cetro con doble cabeza de pantera
Marte
Zababa
Cabeza de águila (¿buitre?)
Constelación del Águila
Shuqamuna y Shumalia
Ave posada en un poste
¿Saturno?
Nergal o  Ninurta
Cetro con doble cabeza de león
¿Mercurio?
Adad
Rayo solo o encima de un toro. Figura humana sobre un toro. Toro
Tauro
Gula
Perro sentado
¿Lira?
Ishhara
Escorpión
Escorpio
Nusku
Lámpara de aceite
?
Ningishzida
Serpiente
Hydra
Ningirsu
Árado
Parte de Centauro
Papsukal
Pájaro andando
Orión

Marduk representa el planeta Júpiter y Nabu, Mercurio. Como vimos, Ishtar es Venus y Nergal es Marte. Ninurta suele identificarse con Saturno, aunque a veces también con Mercurio. Esto puede explicarse si tenemos en cuenta que el dios Marduk fue aupado a la cúspide del panteón en Babilonia por encima del dios Enlil. Puesto que Ninurta era hijo de Enlil y Nabu de Marduk, es lógico que Nabu asumiese los atributos de Ninurta, entre ellos, representar a Mercurio. Ea es la constelación de Capricornio y Acuario. Ishhara la de Escorpio. Enlil es el Boyero (y las Pléyades). Adad, Tauro. Zababa es la constelación del Águila, etc.

Cosmogonía asiria
Las creencias asirias son una adaptación de las babilónicas que, a su vez, proceden directamente de las acadias cuyo contenido, en su mayor parte, es una evolución de las sumerias.
De la babilónica a la acadia, el principal elemento diferenciador consiste en la proclamación de Marduk como dios supremo del panteón de Babilonia, asumiendo las competencias de los acadios Anu y Enlil.
Entre la asiria y la babilónica la diferencia consiste en que el papel de Marduk es ocupado por Ashur, dios que dio el nombre a su pueblo y que en la copia del Enuma Elish (Poema de la creación) realizada en la época de Senaquerib (finales del siglo VIII y principios del VII a.C.) ocupó la dignidad de dios principal de la narración. El resto de las divinidades asirias cumplen funciones iguales o perecidas a las babilónicas e, incluso, en muchos casos conservan sus nombres.
La religión asiria era politeísta y, según una tablilla encontrada en las excavaciones de Nínive, el número de dioses podría llegar a los 2500 entre principales, secundarios y seres semidivinos.
Las divinidades asirias tenían, al igual que las mesopotámicas, figura antropomórfica y, aunque conceptualmente eran inmortales, podía causárseles la muerte.
Al frente del panteón figuraba Ashur como deidad protectora de toda Asiria. Tras él aparecían los dioses principales y en la parte más baja de la pirámide celestial, estaban los seres semidivinos. En este orden cósmico, los seres humanos ocupaban el último escalón y eran absolutamente dependientes de los dioses.

Panteón asirio
La religión asiria es una adaptación de la babilónica que, a su vez, procede directamente de la acadia cuyo contenido, en su mayor parte, es una evolución de la sumeria.
De la babilónica a la acadia, el principal elemento diferenciador consiste en la proclamación de Marduk como dios supremo del panteón, asumiendo las competencias de los acadios Anu y Enlil.
Entre la asiria y la babilónica la diferencia consiste en que el papel de Marduk es ocupado por Ashur, dios que dio el nombre a su pueblo y que en la copia del Enuma Elish (Poema de la creación) realizada en la época de Senaquerib (finales del siglo VIII y principios del VII a.C.) ocupó la dignidad de dios principal de la narración. El resto de las divinidades asirias cumplen funciones iguales o perecidas a las babilónicas e, incluso, en muchos casos conservan sus nombres.
La religión asiria es politeísta y, según una tablilla encontrada en las excavaciones de Nínive, el número de dioses podría llegar a los 2500 entre principales, secundarios y seres semidivinos.
Las divinidades asirias eran, al igual que las mesopotámicas, de figura antropomórfica y, aunque conceptualmente eran inmortales, podía causárseles la muerte.
Al frente del panteón figuraba Ashur como deidad protectora de toda Asiria. Tras él aparecían los dioses principales y en la parte más baja de la pirámide celestial, estaban los seres semidivinos. En este orden cósmico, los seres humanos ocupaban el último escalón y eran absolutamente dependientes de los dioses.

DIOSES PRINCIPALES

ANU
Era el dios del cielo. Junto con Enki y Enlil forma la llamada “Tríada Sumeria” de dioses principales. Se supone que en un principio (antes de 2500 a.C.) era el dios principal, para luego ser sustituido por Enlil en este papel y más tarde por los distintos dioses regionales (Marduk, Ashur, etc.). Pese a esto, siempre tuvo un papel preponderante en todos los panteones como demiurgo, o dios original del Universo, aunque sus características concretas nunca estuvieron muy definidas. Astronómicamente, estaba asociado con el “Sendero de An”, región de la bóveda celeste coincidente con el Ecuador, aunque más tarde se ampliaría la zona hasta ocupar el espacio entre los dos trópicos. Se le representaba mediante una estrella o, más frecuentemente, a partir de la época cassita, mediante la corona de siete pares de cuernos propia de los grandes dioses. En la tradición babilónica estaba unido a la diosa Antu. El centro de su culto era la antigua ciudad de Uruk.

ASHUR
Cuando Babilonia fue dominada por los asirios, Marduk, el dios supremo babilónico, fue sustituido por Ashur ocupando el primer lugar entre los dioses y se transformó profundamente su papel en la cosmogonía, al ser considerado como rey de todos los dioses y, por tanto, asumiendo todas sus competencias, origen de sí mismo, padre de los demás inmortales, creador del cielo de Anu y de los infiernos, autor de la totalidad de los hombres y de toda cosa tangible o intangible. Sin embargo, en la iconografía popular, fuera de Asiria, nunca tuvo la relevancia de sus predecesores en otras mitologías anteriores. A pesar de que Ashur significa el benévolo era en realidad una deidad guerrera a la que se representaba con la forma de un disco alado o bien montado sobre un toro. También era el dios de la fertilidad y en ese caso se representaba rodeado de ramas y junto a una cabra. Era el esposo de Ishtar.

BEL
Significaba señor y representaba más un título que un nombre. Su pareja femenina era Belit, señora o dueña.
En un principio era una dignidad atribuida al dios sumerio Enlil y más tarde esta forma de cortesía se utilizó para designar a Marduk. Su equivalente femenino Belit sirvió para denominar a Sarpanit, la esposa de Marduk, así como a Ninhursag, Damkina o Ninmah y otras divinidades femeninas sumerias.
Algunos textos bíblicos de Isaías, Jeremías y Daniel, utilizan la expresión Bel refiriéndose a Marduk cuando anunciaron su derrota y humillación como divinidad opresora de Israel.

BELIT
Era la esposa de Bel y estaba considerada como la diosa del destino, siendo especialmente adorada en Nippur. Era madre de Sin, el dios de la Luna, y en documentos asirios aparece identificada con Ishtar y, en ocasiones, como esposa de Ashur o de Enlil. A veces se considera el nombre de Belit más como un título, La Señora, que como una divinidad.

DERCETO
Era una diosa asiria representada en forma de pez con cabeza, brazos y pecho de mujer. Estaba casada con el dios Hadad, con quien tuvo una hija llamada Semíramis.
A veces era confundida con Dagón, quien igualmente aparecía como medio pez, aunque su parte humana era masculina.

A Derceto le estaban consagrados los peces y se le rendía culto en templos con grandes estanques. Era la representación femenina de las fuerzas fecundantes de la naturaleza, así como a Dagón le correspondía la masculina.
Diodoro Sículo difundió una leyenda que explicaba los motivos por los que su cuerpo era de naturaleza mixta, pez y mujer. Se contaba que Derceto había ofendido a la diosa del amor y ésta, en venganza, le inspiró una ardorosa pasión hacia el pastor Caístro, uno de los servidores del templo, naciendo de esta relación Semíramis que gobernaría Asiria. Tras nacer la niña, el amor de la diosa hacia el padre y la hija se extinguió, por lo que Derceto hizo matar al hombre, abandonó a la hija y ella misma se arrojó al agua para suicidarse. Sin embargo, los dioses no lo permitieron y la obligaron a vivir con su morfología anfibia.

EA
Era el dios de la sabiduría, las artes y del “Abzu” o inframundo, de donde, según la tradición sumeria, procedían todas las cosas. En general, era el señor del agua y de la fertilidad y junto con Anu y Enlil formaba la triada de principales dioses sumerios. Era tradicionalmente considerado como protector de la humanidad y fue él quien aconsejó a Ziusudra (Sumer) o Atrahasis (Acad) la construcción del arca para salvarse junto a su familia y todas las especies de la tierra del exterminio decretado por Enlil mediante el diluvio. Astronómicamente estaba asociado con las constelaciones de Acuario y Capricornio, así como con el “Sendero de Ea”, región del cielo coincidente con el Trópico de Capricornio. Solía considerarse como hijo de Anu y esposo de la diosa Damgalnun. Era representado por una figura masculina portando o vertiendo agua. Al igual que otros dioses, a partir de la época cassita será también representado mediante la tradicional corona de siete pares de cuernos sobre un altar, al igual que Enlil y Anu. Astronómicamente estaba representado por la constelación de Acuario y muchas veces aparecía en unión de su sirviente, el dios de las dos caras Isimud. Su centro de culto estaba localizado en el templo E-abzu, en la ciudad de Eridu.

ENLIL
Era el dios supremo del panteón sumerio-acadio y el creador de la humanidad. Sus poderes y competencias específicos fueron variando ampliamente con la evolución histórica. Sustituyó a Anu, dios del cielo, como deidad suprema, al ser una deidad más identificable por el pueblo llano. Pese a ser su creador, es él quien ordenó un diluvio para acabar con la humanidad. Habitualmente era el depositario de las tablillas Me, consideradas como un compendio de leyes cósmicas por las que se regía el universo. Astronómicamente era asociado con el “Camino de Enlil”, región del cielo al norte del ecuador celeste, a veces coincidente con el Trópico de Cáncer. También se le relacionó con las pléyades y con el planeta Júpiter. En la tradición acadia era conocido como Ellil.
Posteriormente sería asimilado por el dios de Babilonia, Marduk. A partir de la época cassita era representado mediante la corona con siete pares de cuernos sobre un altar o por siete estrellas, las Pléyades. Se le consideraba unido a la diosa Ninlil y algunos de los dioses más conocidos eran hijos suyos: Adad, Nergal, Ninurta, Pabilsag o Zababa. Tradicionalmente, el centro de su culto era Nippur, donde estaba el E-kur o “la casa de la montaña” el principal templo que le estaba consagrado.

HADAD
Era el dios del trueno y de la lluvia en Asiria y quien hacía crecer o tenía el poder de destruir las plantas. Era hijo de Anu y se le solía identificar con Adad, el dios acadio que tenía sus mismos cometidos. A veces era conocido sólo con el nombre de Baal, aunque este apelativo también se le otorga a otras divinidades. De igual forma se equiparaba al hurrita Teshub, dios de las tormentas.
En su representación solía aparecer un rayo y frecuentemente se le comparaba con un toro salvaje. Era invocado para producir lluvias que fertilizaran la tierra de labor, pero también para provocar diluvios en el las filas enemigas.

En los textos religiosos ugaríticos, Baal/Hadad, era el señor del cielo que gobernaba la lluvia y por lo tanto la germinación de las plantas con el poder emanado de su deseo de que fueran fértiles. Era, por tanto, el protector de la vida y proporcionaba el crecimiento de las cosechas para la población agrícola de la región. La ausencia del dios podía causar la sequía, el hambre, la muerte y el caos. En los textos ugaríticos generalmente aparece bajo la referencia de Él.

IMHULLU
Significaba “el viento malo” y fue el arma que utilizó Marduk para destruir a Tiamat, según relataba el Enuma Elish acadio. Fue una adopción de la mitología asiria.

ISHTAR
Era la diosa del amor, el sexo, la belleza, la fertilidad y la guerra que, junto con Shamash y Sin, miembros de la tríada semita de dioses celestes, se incorporó al panteón mesopotámico desde el acadio. Era una deidad muy popular entre los pueblos semitas, donde también era conocida como Anat o Astarté. Protagonizaba o, al menos, participaba, en muchos relatos como el del pastor Dumuzi o la epopeya de Gilgamesh. A veces aparecía como hija del dios de la Luna, Nannar, pero en otras ocasiones lo hace de Enlil o Enki. Se la identificaba con la estrella del alba o del atardecer y con tal identificación llegó al mundo heleno. Su figura aparecía representada mediante una estrella de 8 o 16 puntas, una flor, un león o una mujer, a veces desnuda. Recibía culto en el templo E-ana (“Casa del Cielo”) de Uruk.



KIRUBI
Eran unas criaturas mitológicas asirias con forma de leones, o toros, alados muy corpulentos, representados en las entradas de los templos y palacios a modo de advertencia para guardar respeto.

NINO
Era hijo de Baal y se le atribuía la fundación de Nínive, futura capital del imperio asirio, que durante el reinado de Senaquerib llegó a ser una de las ciudades más importantes del mundo. Con ayuda del rey árabe Ariaeo se apoderó de la totalidad de Asiria. Durante el asedio a la ciudad de Bactriana, conoció a la esposa de su oficial Menón, Semíramis, se enamoró de ella y contrajo matrimonio tras el suicidio de su marido.
A la muerte de Nino, hacia 2189 a.C., tras 52 años de reinado, Semíramis gobernó el imperio, que expandió desde Etiopía hasta la India. Erigió un monumento funerario dedicado a Nino cerca de Babilonia.

SHAMASH (Utu)
Era el dios del Sol que, junto con Sin e Ishtar, miembros de la “Tríada semita” de dioses celestes, se incorporó al panteón mesopotámico desde Acadia. Se trataba de la divinidad del orden y de la Ley a quien se atribuye la entrega a Hammurabi del primer código de leyes conocido de la humanidad. Su genealogía varió mucho con el tiempo: los sumerios lo consideraban hijo de Nanna y hermano de Inanna, pero los acadios y babilonios pensaban que su progenitor era Anu o, a veces, Enlil. Su esposa era Sherida o Aya y se le representaba con un disco solar de ocho puntas o mediante una figura masculina de la que surgían llamas de los hombros. En épocas posteriores se le atribuyó como símbolo una balanza con el cual aparece representado en la constelación de Libra.
SIN (Nanna o Nannar)
Era el dios de la Luna que, junto con Shamash e Ishtar, como miembros de la “Tríada semita” de dioses celestes, se incorporó al panteón mesopotámico desde Acadia. Era tradicionalmente adorado en Ur y generalmente era considerado como hijo de Enlil. Se le representaba mediante un creciente lunar y nunca tuvo un centro de culto definido, aunque se solía citar el templo E-Kishnugal, en Ur, como uno de los principales.

TASMETU
Era la esposa de Nabu, el dios de la sabiduría, agricultura y escritura. Su misión era escuchar las súplicas de sus devotos y, si los encontraba merecedores de ellas, las concedía. En algunos sitios también se le rendía culto como diosa del amor. Estaba asociaba a la constelación de Capricornio.

TREBETA
Era hijo de Nino, rey de Asiria, y de una esposa anterior a Semíramis. Tras la muerte de su padre se vio obligado a exiliarse a Europa donde fundó a orillas del río Mosela, la ciudad que llevaba su nombre, actual Tréveris. , unos 1300 años antes de la fundación de Roma.
 

Cosmogonía caldea
Los caldeos, herederos de la cultura sumerio-acadia, creían que el Universo apareció cuando un abismo primordial e informe llamado Nammu, se abrió espontáneamente y originó el nacimiento de An, dios del cielo, y de Ki, diosa de la Tierra.
Consideraban el Universo como un espacio completamente cerrado, en cuyo centro se encontraba la Tierra flotando inmóvil sobre el mar. La Tierra estaba formada por inmensas llanuras y en su centro se elevaba una alta montaña. El mar que rodeaba a la tierra estaba limitado por una alta e impenetrable muralla. El mar era un espacio prohibido para los hombres ya que si una persona se aventuraba en él, se perdería para siempre. Únicamente podrían navegarlo aquellas personas que hubiesen obtenido una autorización especial de los dioses, que lo otorgaban es muy contadas ocasiones tal como relataba la Epopeya de Gilgamesh.
El cielo estaba formado por una bóveda semiesférica sostenida por la muralla que rodeaba a la tierra. Su constructor fue Marduk, quien utilizó un metal duro y pulido que reflejaba la luz del Sol durante el día y que, al llegar la noche, adoptaba un color azul oscuro al transformarse en un telón que servía de fondo a la representación que hacían los dioses, identificados con los planetas, la Luna y las estrellas.

LA CREACIÓN SEGÚN BEROSO
Beroso, el caldeo, sacerdote babilonio en el siglo III a. C., en una obra titulada “De las cosas babilónicas” narraba cómo “En el primer año emergió del mar en los confines de Babilonia un extraño ser llamado Oannes, que tenía el cuerpo de pez, pero bajo la cabeza y la cola nacían una cabeza y unos pies humanos. Esta criatura pasaba todo el día con los hombres sin tomar alimento alguno y les transmitía el conocimiento de la escritura y de las diversas ciencias y artes, enseñándoles cómo construir ciudades y templos, los fundamentos de la agricultura, la geometría, la elaboración de leyes y cuanto conocimiento era necesario para la vida. Al ponerse el Sol se sumergía en el mar, donde pasaba las noches. Más tarde aparecieron otros seres semejantes a éste”.
Oannes también transmitió a los hombres el relato de la creación diciendo que “hubo un tiempo en el que reinaban las tinieblas y el agua. Estos elementos estaban poblados por seres monstruosos entre los que existían hombres de dos alas, algunos con cuatro alas y dos caras, con un cuerpo y dos cabezas, una de hombre y otra de mujer, y dotados de órganos masculinos y femeninos. Otros tenían piernas de cabras y cuernos, algunos pies como las patas de los caballos, otros tenían forma de centauros. También existían toros con cabeza humana y perros de cuatro cuerpos con cola de pez en los cuartos traseros y caballos con cabeza de perro o colas de peces. Además pululaban peces, reptiles, serpientes y otros muchos animales portentosos, que tenían entre sí trocados los rostros y cuyas imágenes se podían contemplar en el templo de Bel.
Una mujer llamada Omorka o Tiamat reinaba sobre todos los monstruos hasta que Belo partió la mujer por medio, y de la mitad de ella hizo la tierra y de la otra mitad el cielo y mató los animales que había en ella”.
No obstante, Beroso decía que todo esto era una alegoría. Que, en realidad, al principio sólo existían tinieblas, agua y los animales que podían vivir en ella y que Belo partió las tinieblas separando el cielo de la tierra y ordenó el mundo, pero los animales no pudiendo soportar la luz perecieron. Entonces, Belo contempló la tierra desierta y estéril y ordenó a uno de los dioses que le cortara la cabeza permitiendo que su sangre se mezclase con la tierra y creando así a los seres humanos y a los animales que pudieran soportar el aire. Al propio tiempo, Belo creó el Sol, y la Luna, las estrellas y los cinco planetas. La humanidad al estar originada por la sangre del dios supremo estaba dotada de inteligencia y participaba de la sabiduría divina.
En la cosmogonía caldea, a diferencia del Enuma Elis, no se mencionaban las luchas entre los dioses ni los intentos de terminar con la humanidad e, incluso, los seres monstruosos aparecían más como engendros del caos que como servidores de Omorka.

Panteón caldeo-cananeo
El primer lugar en el panteón caldeo lo ocupó Il o El, la luz increada, el eterno, el supremo dios.
A continuación de Il quedaba la primera triada, compuesta por Ana, Bel y Hoa.
Ana era él dios de los espíritus y de los demonios, el soberano de las tinieblas y de la muerte. Su esposa era Anat.
Bel era el rey de la tierra. Su esposa era Beltis, madre de los dioses, reina de la fecundidad, la gran señora.
Hoa era el rey del mar. Su esposa era Daukina.
La segunda trinidad caldea estaba formada por
Sin, dios de la Luna, cuya compañera era desconocida
San, dios del Sol, cuya esposa era Anunit, señora de la vida
Vul, dios de la atmósfera, cuya pareja era Shala, Tala o Salambo.

Tras estas dos triadas se adoraban a otras cinco divinidades, representantes de los cinco planetas:
Nin o Bar, deidad pez, dios del mar, representado por un hombre-toro con cuatro
alas y correspondiente al planeta Saturno Bel-Merodah, el planeta Júpiter, el más anciano de los dioses, supremo juez y custodio de los tesoros
Nergal, el planeta Marte, hombre-león alado, rey de las batallas, campeón de los dioses y guía de los guerreros caldeos Ishtar o Nana, el planeta Venus, símbolo de la feminidad, placer de los dioses, señora del cielo y de la tierra
Nebo o Mercurio, dios de la inteligencia, vidente y profeta.

AB
Significa literalmente: “El padre” y es la fuente de todo el conocimiento.

AB-SOO
Es la denominación mística del espacio y significa la morada de Ab, o el origen de la fuente del nacimiento.

ADAR-ASSUR
Es el equivalente al Satanás cristiano.

AIN-AINOR
Es la sustancia cósmica divinizada. Místicamente, El Único (Existente por sí mismo).

ALATU
Diosa funeraria que gobernaba la región de los muertos. Se la representaba sentada en un trono de nubes negras, encargándose de recibir a los difuntos que llegaban desnudos.
AMORFA
Personificación de la Luna y el mar.

ANA
Diosa del erotismo.

ANAT
Es la tercera diosa principal de los cananeos, era la más inmoral y sanguinaria de todas sus deidades. Su violación, a manos de su hermano Baal, era un tema corriente de la mitología cananea, tema que halló cabida aún en la literatura de los egipcios. Sin embargo, siempre se la llamaba “la virgen”, curiosa referencia sobre el degradado concepto cananeo de la virginidad. Su sed de sangre era insaciable, y sus hazañas guerreras se describían en una gran cantidad de inscripciones. Se afirmaba que había herido a los pueblos del oriente y del occidente, que había cortado cabezas como gavillas, y tantas manos que volaban a su alrededor como langostas. Más tarde se la describía atándose las cabezas a la espalda y las manos a la cintura, y regocijándose mientras se hundía hasta las rodillas en la sangre de los guerreros y hasta las caderas en la sangre de los héroes. Gozaba no sólo con matar a seres humanos sino también a dioses como era el caso del dios Mot a quien despedazó con una espada, quemó los trozos y los trituró haciendo esparcirse las cenizas por los campos.

ANNEDOTOS
Denominación genérica de cuatro divinidades, mitad hombre, mitad mujer, surgidas del fondo del mar Eritreo.

ANSHAR
Principio masculino que representaba al mundo celeste, hermano de Kishar, engendrado por Lahmu y Lahamu.

ASERA
Como patrona del mar, Asera era llamada comúnmente “Asera del mar”, pero también “creadora de los dioses” y “santidad”, tanto en Canaán como en Egipto. Generalmente se la representaba en figuras y relieves como una hermosa prostituta desnuda, de pie sobre un león y sosteniendo un lirio en una mano y una serpiente en la otra. Parecía haber sido adorada bajo el símbolo de un tronco de árbol. Fue aceptada entre los israelitas y adorada por ellos apostatando de su propio dios, quien enfurecido los castigó con el exilio.

ASTARTÉ ASHTORETH
Diosa del amor, reina del cielo, representaba a la luna y era llamada también “la gran diosa que concibe pero no da a luz”. Se la describía como una mujer desnuda sobre un caballo galopante, que llevaba en las manos un escudo y una lanza. Los fenicios le atribuían dos hijos llamados, según Filón de Biblos, Pothos, “deseo sexual”, y Eros, “amor sexual”.

AYA
Esposa de Shamash.

BAAL


Es un vocablo de origen semita que significa “El Señor”, aunque no era el dios principal, desempeñaba un papel sumamente importante en el panteón cananeo. 

Era considerado hijo de El, el dios principal, y hermano de Anat. Como se lo tenía por responsable del relámpago, el trueno y la lluvia, se creía que traía la fertilidad a la tierra de Canaán, cuya agricultura dependía enteramente de la lluvia. 

En la antigua región de Canaán no suele llover desde finales de abril hasta septiembre. Las lluvias comienzan en octubre y continúan durante todo el invierno hasta abril, gracias a lo cual crece una abundante vegetación. Se creía que los cambios de estación y los efectos subsiguientes eran ciclos producidos por los interminables conflictos entre los dioses. El que cesasen las lluvias y se marchitase la vegetación se atribuía al triunfo del dios Mot (dios de la muerte y la aridez) sobre Baal (dios de la lluvia y la fertilidad), lo que obligaba a este último a retirarse a las profundidades de la tierra. Por otro lado, se pensaba que el comienzo de la estación lluviosa indicaba que Baal había despertado a la vida, lo que era posible gracias al triunfo de Anat, su hermana, sobre Mot, permitiendo que su hermano Baal volviese al trono. La unión de Baal con su esposa, probablemente Astarté, se creía que garantizaba la fertilidad durante el año entrante.

Los agricultores y ganaderos cananeos posiblemente pensaban que el participar en rituales prescritos una especie de magia imitativa durante sus fiestas religiosas estimulaba a sus dioses a actuar según el modelo representado en esas fiestas, y esto era necesario para tener cosechas y rebaños productivos durante el nuevo año, así como para alejar sequías, plagas de langostas, etc. De modo que la vuelta a la vida de Baal para ser entronizado y unirse a su consorte se celebraría con ritos de fertilidad licenciosos, caracterizados por orgías sexuales desenfrenadas.
Toda ciudad cananea debió tener su santuario en honor al Baal de su localidad. Asimismo, se nombraban sacerdotes para dirigir la adoración en estos santuarios y en los muchos lugares sagrados que se hallaban en las cumbres de las colinas cercanas y que eran conocidos como «lugares altos». Es posible que en el interior de dichos lugares sagrados hubiese imágenes o representaciones de Baal, en tanto que en el exterior, cerca de los altares, se encontraban las columnas de piedra (probablemente símbolos fálicos de Baal), los postes sagrados que representaban a la diosa Aserá y estantes de incienso. 
Uno de los textos de Ras Shamra menciona una ofrenda a la «Reina Shapash [el Sol] y a las estrellas», y otro alude al «ejército del Sol y la hueste del día».
Cada localidad tenía su propio prefijo o sufijo en nombre de Baal, al que se solía calificar mediante un nombre geográfico, como tributo al nombre de dios. Por ejemplo, el Baal de Peor (Baal-peor), adorado por moabitas y madianitas, tomó su nombre del monte Peor. Más tarde, los nombres de esos baales locales llegaron a incorporarse, por metonimia, a los mismos nombres geográficos, como por ejemplo: Baal-hermón, Baal-hazor, Baal-zefón y Bamot-baal, para el cananeo en realidad solo existía un dios Baal.
Al principio de la estación seca, sus devotos suponían que Baal era asesinado por el dios maligno Mot, y la fiesta anual de su resurrección, cuando caía probablemente la primera lluvia, era una ocasión de gran regocijo y festejos. Baal era la figura principal de toda la poesía mitológica de Ugarit. En tiempos de Elías, cuando Israel adoró a Baal, su falta de poder quedó claramente demostrada cuando no llovió durante tres años. El Dios hebreo demostró a su pueblo que el culto de Baal no aumentaría la fertilidad de su tierra, sino que al contrario, traería hambre.
En el monte Carmelo, Elías demostró que Baal, como dios de la lluvia, no poseía poder alguno y que, de hecho, ni siquiera existía.



BELAORA
La divinidad masculina que personifica al fuego que todo lo purifica.

BEL o BELATEN
Era la denominación caldea del dios Baal.

BEL-DAGAN
Dios con cabeza humana y cuerpo de pez.

BELTIS
“La Gran Señora”, esposa de Bel, reina de la tierra, madre de los dioses, patrona de las batallas y de la fecundidad.

DAD o DAGON
Es una denominación de Oannes, el mítico hombre-pez que surgía de las aguas para enseñar.

EL
En la mitología cananea, El era el nombre de la deidad principal y significaba «padre de todos los dioses» (en los hallazgos arqueológicos siempre es encontrado al frente de las demás deidades). En todo el Levante mediterráneo era denominado El o IL, al dios supremo, padre de la raza humana y de todas las criaturas, incluso para el pueblo de Israel pero con interpretaciones distintas a los cananeos.
Los sumerios tenían un dios equivalente al de la mitología cananea, llamado Anu.
Este dios todopoderoso llamado El, se denomina en hebreo Elohim o “dioses”, porque está en plural y su singular es El, o dios. En el uso semítico, El era el nombre especial o título de un dios particular que era distinguido de otros dioses como «el dios», lo que en el sentido monoteísta sería Dios.
La raíz il corresponde a apelativos semíticos muy conocidos, como la palabra original semita para ‘Dios’, ilum.
El apelativo il [literalmente “dios”] era una de las posibles lecturas del mismo sumerograma empleado para el dios acadio Anu. Con el mismo apelativo il [literalmente ‘dios’] se designaba al dios de los cereales Dagan o al resto de dioses. En ugarítico, Dagan sería Dgn (que probablemente se vocalizaba como Dagnu) y en acadio como Dagana. El culto a Dagan era propio de los amorreos del siglo XXII a. C. y luego de la conquista elamita sobre la tercera dinastía de Ur, se difundió entre asirios y babilonios. En Asiria llegó a estar en equivalencia con Anu.
En las tablas de Ugarit, ese dios primigenio figura también como el esposo de la diosa Asera; Ishtar entre los babilonios [originalmente llamada Athirat (o Afdirad) que en la Biblia recibe el nombre de Astoret. La forma griega es Astarté (la cual es la madre de todos los dioses, la esposa celestial, la reina del cielo).
Representaciones del dios El se ha encontrado en las ruinas de la Biblioteca Real de la civilización Ebla en el yacimiento arqueológico de Tell Mardikh (Siria), que data del 2300 a. C. En algún momento de la historia pudo haber sido un dios del desierto, pues un mito dice que tuvo dos esposas y que con ellas y sus hijos construyó un santuario en el desierto.
El ha sido el padre de muchos dioses setenta en total los más importantes fueron Baal Raman (Hadad), He, Yam y Mot, los cuales tienen atributos similares a los dioses Zeus, Poseidón o Ofión, Hades o Tánatos respectivamente, los antiguos mitógrafos griegos identificaron a El con Crono, el rey de los titanes.
Por lo general, El se representa como un toro, con o sin alas. También lo llamaban Eloáh, Eláh, que en árabe se convirtió en Allah).
El dios El preside sobre el monte G’r kvsi, que a veces se traduce como Khurshan-Zur-Kas (Kjúrshan zur kas).
Para los pueblos cananeos El era la deidad principal, el rey, creador de todas las cosas, el juez que dictaba lo que debían hacer tanto los hombres como los dioses. Su esposa primaria fue Ashera o Asera, la madre de los dioses, representada en los santuarios cananitas con árboles ornamentados. Pero tuvo otra esposa: Anat hermana de Hadad (Baal Raman (el trueno, señor del trueno)), esta última, era llamada «la amante de los dioses» (ambas eran diosas de la fertilidad). Para los cananeos El es el padre de la «divina familia» y presidente de la asamblea de los dioses en el Monte de la Reunión. Es llamado «toro» por su fortaleza y potencia creativa, es el «Anciano de Días», la «Roca de las Edades», está representado en una roca en Ras Shara.
Imagen del dios El venciendo a dos leones, tallado en el mango del cuchillo ceremonial de Gebel el-Arak.

En los mitos Ugaríticos El es llamado Bny Bnwt, que significa ‘creador de todas las cosas creadas’, aunque algunos lo traducen como ‘dador de potencia’. En las dos inscripciones halladas en Ugarit, hoy Ras Shamra, El es retratado como un dios frío y distante, «en el flujo de los [dos] ríos», posiblemente el Edén, de donde un río fluía para formar a los ríos Tigris, Éufrates, Guijón y Pisón., tal como describen al Edén en la Biblia.
Aparte de ser llamado «el creador», El también era llamado «el bondadoso», «el compasivo» en los mitos Ugaríticos (títulos que aparecen en la Biblia para referirse a Yahvé). Esta deidad no es de quien se escribe en la Biblia, ya que la deidad llamada El tiene este nombre propio y en la Biblia «El, traducida como el Altísimo», se llama Yahvé. Sólo la adoración de Yahvé nunca fue estigmatizada en la Biblia ni por los patriarcas. De hecho Abraham dio los diezmos a un sacerdote del Altísimo (El) llamado Melquisedec, rey de Salem.
En Canaán el rey era nombrado «siervo de El» (de forma similar, en Israel, el rey era nombrado como siervo de Dios; David «El siervo de Dios»). Esto describía el estatus de los reyes antiguos como ejecutores de la voluntad divina. Este título era visto como un privilegio y no como una carga.
En los tiempos de Palestina, «los hijos de El» significaban ‘los dueños de los ganados, adoradores del dios-toro El’, y «las hijas de Adán» significaría ‘las mujeres de Adama [la tierra, el suelo]’; Adama era una diosa de la agricultura. Las hijas de Adama eran notorias por sus orgías (prostitución ritual). En aquellos tiempos era común que hubiesen sacerdotisas sexuales, que sirviesen en los templos, es posible que de aquí venga la historia de El seduciendo a dos mujeres mortales, y éstas dándole hijos semidivinos, llamados Shalem (‘perfecto’), y Shahar (‘amanecer’), que posee alas (según el salmo 139:9), y su hijo fue el ángel caído Helel (según Isaías 14:12). 
Esa mitología cananea se introdujo en las creencias del pueblo de Israel. La Biblia muestra ese sincretismo en muchos pasajes, por ejemplo la concepción del dios Yavé como presidente en la «corte de los dioses» o «la divina asamblea» (BeneEl), también es para referirse a la divina familia de El, en Deuteronomio 32 empieza con Israel en sus lapsus de fe y termina con el aserto de la destrucción de sus enemigos. En Deuteronomio 32:8 se representa la primera etapa de los israelitas en su adaptación del concepto del dios Yavé al mando de la «asamblea de dioses» de la mitología cananea; la concepción del dios Yavé como simplemente el principal entre todos los dioses. A lo largo de la historia de Israel primero nombró a su dios Yahvé como el «altísimo» entre la asamblea de «los hijos de El» (o «hijos de IsraEl» según la Septuaginta) aunque se disputa la fecha de este poema, más tarde (en el 900 a. C.) se hizo desparecer la corte completa de dioses y se condenó esa idea como apostasía.
El dios El de donde proviene la idea original del dios Yahvé llegó a tener una descendencia de más de 70 deidades.
La unión entre los dioses y las mortales se encuentra en casi todas las religiones del mundo, excepto en el islamismo (es inapropiado decir que Dios, como se revela en el islamismo, es soltero o casado; simplemente, para los creyentes de esa religión Dios está más allá de cualquier comparación creada que podamos hacer, por eso, además, afirmar en el islamismo que Dios es Padre no solo es erróneo sino una blasfemia) en el judaísmo y en el cristianismo. En el cristianismo Jesucristo es el Hijo Eterno del dios Yavé (anterior a la creación del mundo) que una vez más no está ni soltero ni casado; la palabra revelada de Dios y su espíritu son un solo y único dios, y tres personas divinas. La concepción virginal de Jesús no debe entenderse como fruto de la unión de Dios con una mujer (la Virgen María), sino que la mujer fue un medio para la encarnación de Jesús, mediante la acción del Espíritu Santo.
En el mundo antiguo se creía que los miembros de las clases dirigentes eran hijos de los dioses. Estas creencias se encuentran en el Mediterráneo y en todo el Oeste de Asia, sin contar las demás partes del mundo. Los emperadores romanos, a los que se rendía culto aún en vida, estaban convencidos de que tras la muerte iban a convertirse en dioses.
En algún momento el judaísmo hizo a un lado a todas las deidades, y dejó solo a Yahvé, que como queda dicho no está ni soltero ni casado, pues, al igual que en el islamismo, no entra en esas categorizaciones humanas, y por lo tanto nunca tuvo ningún hijo. Desde ese momento, llamarse «hijo de Dios» fue anatema.
En el siglo II d. C., el rabino Shimon ben Yohai maldijo a todo aquel que al leer la Torá (el Antiguo testamento de los cristianos) o cualquier libro entendiera el término bene elohim (‘los hijos de los dioses’) en el sentido ugarítico. Desde ese momento, Elohim no significó ‘dioses’ (en plural) sino ‘dios único’.

IGIGI
Deidades que se suponía moraban en las regiones celestes.

KETTU
Hijo de Shamash y Aya, divinidad representativa de la justicia, carente de atributos materiales.

KISHAR
Hija de Lahma y Lahamu y hermana de Anshar. Era la representación femenina por excelencia.

KUMMUT
Junto con Asmun, y con carácter de divinidad secundaria, regía las constelaciones.

LAHMU y LAHAMU
Serpientes fabulosas nacidas de Apsu y Tiamat.

MARSGARÚ
Junto con Kettu, hijo de los dioses Shamash y Aya

MILITAÚ
Esposa de Bel y madre de los dioses, reina de la fecundidad, la gran señora.

NEBO
Dios a quien se identificaba con Mercurio, denominado “El Proclamador”. La escuela sacerdotal de Nebo era célebre por sus conocimientos antes que Babilonia cobrara preeminencia.

NINIB
Dios identificado con el planeta Saturno.
OANNES
El “Hombre-pez”. Dios al que se atribuía la civilización del pueblo caldeo. Tenía dos cabezas: una de hombre debajo de otra de pez, y voz humana. Su cuerpo era también de pez, aunque su cola llevaba adheridos dos pies humanos. Había salido del huevo primigenio del mundo y apareció en un lugar cercano a Babilonia.

SHAMASH
Dios solar de la sabiduría, dueño de facultades hechiceras y adivinatorias. Regía todo el aspecto laboral del hombre, erigiéndose en patrono. Con la apariencia del sol, salía al alba de un portal montañés del Este y ascendía lentamente hacia el cenit. En las horas nocturnas su curso era subterráneo. Se distinguía por su valor y fortaleza librando un eterno combate con la noche. Era juez del cielo y de la tierra, esposo de Aya y padre de Kettu y Marsharú. Su cochero era Bunete. Los griegos lo asimilaron a Apolo.

SIN
Dios de la Luna, integrante de la tríada sideral con Shamash, el dios del sol, e Ishtar, el planeta Venus. En Ur, se le adoraba con el nombre de Nannar y estaba representado como un anciano de barba larga de color lapislázuli y turbante. Su esposa era Ningal, “La Gran Dama”.

VUL
Príncipe del aire, caracterizado por su bondad y previsión, señor de lo abundante y fecundo de la creación. Se le representaba como un rayo entre celajes. Formaba una tríada con Sin y Shamash.




Cosmogonías egipcias

Las distintas cosmogonías egipcias, al igual que las de Mesopotamia y tantas otras, partían de un principio acuoso común. Decían que al principio de los tiempos sólo existía el Nun, las aguas cósmicas primordiales, y todo era silencio, tinieblas y vacío. Era el caos y el desorden, era el ancestro de todo cuando iba a existir a partir de él. El Nun contenía un formidable poder donde se encontraba la esencia de la Creación. Esta esencia era el Demiurgo, el principio creador que sentía la vida dentro de sí. Cuando éste tuvo conciencia de la vida que llevaba en su seno comenzó a moldearse a sí mismo hasta alcanzar una forma tangible. Se había producido la separación entre el Demiurgo y el Nun.

El Nun quedó relegado a una posición marginal, pero no perdió las características que lo definían sino que continuaba siendo un lugar inhóspito cuyas fuerzas caóticas y turbulentas amenazaban permanentemente con destruir el mundo organizado por el Demiurgo.

Se decía que era en el Nun donde el Sol se sumergía cada noche para renacer al día siguiente, tras su victoria en un duro enfrentamiento con la serpiente Apofis, eterna aspirante a conseguir el naufragio de la barca solar.
El Nun era el destino final de las almas errantes que no habían podido acceder al reino de Osiris.

El equilibrio de la creación siempre estaba en precario porque el Nun permanecía continuamente al acecho intentando restaurar el caos en el mundo organizado.
La posibilidad de la extinción del mundo influyó poderosamente en el pensamiento religioso egipcio haciendo que sus creencias contuvieran complejos ritos y numerosos símbolos orientados a preservar el equilibrio establecido por el Demiurgo.

Todas las nociones religiosas que nacieron en Egipto partían de un concepto único y común, pero los sacerdotes de cada una de las regiones que alcanzaron importancia crearon una cosmogonía particular. 


LA VISIÓN EGIPCIA DEL MUNDO
Egipto se formó y evolucionó a lo largo del río Nilo y la forma rectangular del territorio posiblemente diera origen a la teoría de que el Cosmos tenía un formato de paralelepípedo según aparece en representaciones primitivas como el papiro funerario de la princesa Nesitanebtenhu, sacerdotisa de Amón-Ra unos mil años a.C., y en algunas tumbas y templos.
El mencionado papiro muestra el cuerpo arqueado de la diosa Nut apoyado sobre sus manos y pies formando el cielo que cubre a Shibu, la Tierra, representada mediante una figura recostada mientras que Shu, el dios del aire, aparece entre ambos ayudando a sostener a Nut en su incómoda postura.
Hay otras variantes de esta representación. En algunas se mira el cuerpo de Nut cubierto de estrellas, y sobre él se desplazan el Sol y la Luna en dos embarcaciones.
Los egipcios consideraban que el mundo tenía un eje mayor orientado de norte a sur y otro menor con una orientación este-oeste. La Tierra era el fondo plano de la caja rectangular en la que se alternaban tierras y mares y Egipto era el centro de la Tierra. La parte superior de la caja era el cielo formado por una superficie metálica plana sostenida por cuatro montañas ubicadas en los extremos de la caja que se unían entre sí formando una muralla rocosa que rodeaba al mundo. Finalmente, la observación empírica les hizo modificar la idea y pasaron a considerar el cielo como una superficie convexa en el que existían innumerables agujeros de los que pendían las estrellas. Éstas se veían como fuegos originados en la tierra que no eran perceptibles durante el día porque únicamente se encendían por la noche. Al Sol, encarnación del dios Ra, era representado por un disco de fuego que se desplazaba por el firmamento flotando en una barca.

Sección de un papiro egipcio que muestra una de las variadas representaciones de la diosa Nut como la bóveda celeste.
De acuerdo con los más antiguos mitos, la Vía Láctea había sido hecha por Isis, quien la construyó esparciendo una gran cantidad de trigo en el firmamento. Posteriormente fue considerada como el Nilo Celeste, el río sagrado que cruzaba el país de los muertos. La diferencia de altura que el Sol alcanza sobre el horizonte entre el verano y el invierno era una analogía de lo que le sucedía al río Nilo en esas estaciones. Sostenían que cada verano el río celeste se desbordaba, al igual que el terrestre, haciendo que la barca de Ra quedara más próxima a Egipto. 
El esquema del mundo no se fundamentaba en la astronomía porque los sacerdotes egipcios no especularon sobre la naturaleza y el movimiento de los astros ya que, en su concepción religiosa espiritual, la influencia astrológica carecía de sentido. Esta espiritualidad marcaba la diferencia con el ideario cosmogónico manejado por los sumerios. La astronomía únicamente fue utilizada en Egipto para fijar la medida del tiempo con lo que desarrollaron el calendario más avanzado de la antigüedad. 

HELIÓPOLIS
Según “Los textos de las pirámides” y el “Papiro Bremner-Rhind”, conservados en el Museo Británico, la Heliópolis griega, Iunu egipcia, On bíblica y Tell Hisn moderna, era la capital de nomo XIII del Bajo Egipto y se la conocía como la ciudad del Sol.

El papiro Bremner-Rhind
Imagen extraida de The Legends of the Egyptian
Gods, Hieroglyphic Texts and Translations, Sir Wallis E. A. Budge

Sus sacerdotes fueron los creadores de la cosmogonía más conocida y llamaron Atum al ser emergido del Nun. Lo consideraban como un dios solar creador y maestro universal. Los teólogos creían que iba adquiriendo varias formas a lo largo de su carrera celestial: era Kepri, el Sol del amanecer, Ra, el del mediodía, y Atum el del atardecer.
Los tres representaban al Sol, pero cada uno lo hacía de un aspecto: Atum era el potencial creativo, Ra, encarnaba la materialización del potencial y Khepri simbolizaba el renacimiento de la vida con la luz. 
Progresivamente, los teólogos fueron unificando las figuras de Atum y Ra, dando origen a una sola divinidad llamada Ra-Atum, dios creador que presidía la Gran Eneada constituida por nueve dioses: Ra, Shu, Tefnu, Geb, Nut, Osiris, Isis, Seth y Neftis. Atum apareció en Heliópolis, sobre una piedra piramidal, el “ben-ben”, que evocaba un rayo de sol petrificado. El dios, una vez materializado, pudo comenzar el proceso creativo.
La creación del mundo fue producto de la voluntad del Demiurgo que ejecutó un acto físico, masturbación y felación, generando los principios masculino y femenino que dieron vida al resto de los dioses.
“Me he unido a mí mismo, de manera que salieran de mi mismo después de que haya producido la excitación con mi mano, y que mi deseo se haya realizado por mi mano y que la semilla haya caído de mi boca”
Así, Ra-Atum había engendrado a la primera pareja divina: Shu que simbolizaba la atmósfera y la luz y Tefnu que encarnaba la humedad y el calor.
Shu y Tefnu eran indisolublemente complementarios. La primera divinidad representaba el espacio en el cual se propagaban los rayos del sol y la segunda generaba el calor y el orden cósmico. La presencia de ambas aseguraba la evolución del astro divino. Cada mañana Shu y Tefnu ayudaban al Sol a manifestarse, cosa que no podía hacer solo, ya que a Ra no le era posible existir sin la intervención de sus descendientes.
Shu y Tefnu, mediante una reproducción natural, engendraron a la segunda pareja divina: Geb, la tierra y Nut, el cielo.
Una versión hablaba de que Ra-Atum había abierto los ojos y que el Sol y la Luna habían tomado forma. Después se puso a llorar y los hombres habían nacido de sus lágrimas.
Los textos hablaban del Demiurgo diciendo que de uno (Ra-Atum) se ha convertido en tres (Ra-Atum, Shu y Tefnu). 


LA COSMOGONÍA DE MENFIS

La piedra de Shabako

La Teología Menfita aparecía únicamente en la piedra Shabako conservada en el Museo Británico. Esta piedra fue grabada por encargo del faraón Shabako (712 – 698 a.C.) de la XXV dinastía, y pertenecía al templo de Ptah, en Menfis.
El mito de la creación comenzaba con el Nun. El Nun notaba una vida moverse dentro de sí y esta vida se materializó en forma de un montículo que, emergiendo de las aguas primordiales, fue el origen del mundo organizado. Para los menfitas, este montículo era el Demiurgo y lo llamaron Tatenen.
Desde la fundación de Menfis por el rey Menes, el clero adoraba al dios Ptah quien, antes de convertirse en una divinidad creadora, fue adquiriendo muchas cualidades a lo largo de los siglos. Se representaba de pie, vestido con una faja momiforme, con la cabeza afeitada y sujetando en sus manos un cetro en el que aparecían los signos de la vida, la duración y la estabilidad.
Ptah era orfebre, escultor, inventor de las artes y de las técnicas y por ello representaba a la corporación de los artesanos. Poco a poco fue asumiendo las funciones de Sokaris, el protector de la necrópolis menfita, y se transformó en Ptah-Sokaris. Más tarde tomó para sí el cometido de Osiris y se convirtió entonces en Ptah-Sokaris-Osiris. Finalmente, con el nombre de Ptah-Tatenen, fue el fundador de Menfis.
Para los egipcios, el corazón era el centro del intelecto. Éste sentía un deseo y el verbo lo materializaba. De este modo, Ptah había dado la vida a los primeros dioses y hombres así como a los árboles, los animales, y todo lo que vivía en la tierra. También concibió las ciudades y éstas se edificaron. Ptah era tan poderoso que con sólo nombrar las cosas las hacía existir. De allí viene la gran importancia del nombre en la vida de los egipcios, es decir, para ellos las cosas sólo existían cuando tenían un nombre propio. La imposición del nombre era como un segundo nacimiento que le permitía tener un sitio en la sociedad. Cualquier ser vivo que no tuviera nombre, no era nadie para los demás y el peor castigo que podía recibir una persona que no había respetado la regla de Maat, era el de suprimir su nombre o de modificarlo.
Uno de los mayores logros del pensamiento egipcio, factor esencial que contribuyó a que esta civilización perdurara, fue su capacidad de innovación sin abandonar los conceptos tradicionales. Así, las nuevas ideas quedaban integradas con las antiguas enriqueciéndolas en muchos aspectos. Por ello, el clero menfita procuró encontrar analogías que permitieran expresar sus propios conceptos sobre la idea original de la creación, que estaba muy por encima de las imágenes que la representaban. De esta manera se llegaba a la conclusión de que los labios y dientes de Ptah habían jugado el mismo papel que la mano de Atum. Finalmente, los dos cleros se unían ya que estaban de acuerdo con decir que el dios creador había creado todo él mismo:
“su eneada está delante de él como sus dientes y sus labios, es decir semilla y mano de Atum. La eneada de Atum había nacido antes por su semilla y su mano y la eneada es los dientes y los labios en la misma boca que ha nombrado todas las cosas por su nombre, de donde han salido Shu y Tefnu y que ha creado la eneada.”
Con el fin de darle más credibilidad, los sacerdotes de Menfis otorgaron a Ptah una familia: Sekmet fue su consorte y Nefertum su hijo, el dios niño del loto.
Esta familia se formó muy tarde y cada uno de sus componentes había tenido anteriormente un culto independiente.

HERMÓPOLIS
La Hermópolis griega, la Khmun egipcia, la el-Ashmunein (significa ocho) moderna era la capital del nomo XV del Alto Egipto y el mito de la creación elaborado por su clero aparece reflejado en “Los textos de las pirámides” y “el papiro Harris”.
Según el mito, el caos era una materia acuosa en la que se hallaba el germen de la vida. De este líquido emergió la colina primordial a partir de la cual se separaron los elementos que componen la Ogdoada, que estaba formada por cuatro parejas de divinidades, cada una de las cuales representaba un elemento: Nun y Naunet, las aguas primordiales, Kuk y Kauket, las tinieblas, Heh y Hehet, el espacio infinito, y otra pareja que, según algunas versiones, eran Nia y Niat, la vida, o Tenemu y Tenemet, el misterio. La cuarta pareja fue sustituida posteriormente por Amón y Amonet. Los dioses eran representados con cabeza de rana y las diosas de serpiente. Las parejas hicieron aparecer un loto del que surgió el Sol, Ra, que sería más tarde la gran fuerza creadora y ordenadora del mundo. 
Un texto de Edfu contaba la historia del nacimiento:
“En el seno del océano primigenio, apareció la tierra sumergida. En esta, los ocho nacieron. Hicieron aparecer un loto del cual salió Re como Shu. Después apareció un capullo de loto del cual salió una enana, auxiliar femenino necesario, que Re vio y deseó. De esta unión nació Thot que creo el mundo con el verbo”
Los templos egipcios poseían un lago sagrado, cuyas aguas brotaban del interior de la tierra, donde todo seguía anegado por un inmenso abismo acuoso, el Num.
La cosmogonía hermopolitana estableció a Thot como dios primordial y lo declararon protector del conocimiento y de la iluminación. Los griegos lo identificaron con Hermes.
El origen de Thot es incierto. Una versión cuenta que provenía de la cabeza de Seth quien, erróneamente, había absorbido la semilla de Horus. En otra se indicaba que era hijo de Ra.
En un principio, Thot no aparece como demiurgo, pero en su nomo fue elevado por los sacerdotes a la categoría de dios creador. Era el dios de la Luna, cuya luz podía atravesar las tinieblas más oscuras, y también se le consideraba como el dios de la escritura, las ciencias, las matemáticas, el mensajero de los dioses, el patrono de los escribas, maestro de las estrellas y del tiempo. Le llamaban “Corazón de Ra”, es decir, la inteligencia divina y más tarde se le conocería como “Lengua de Ptah” y “Garganta de Amón”.
Como dios creador, Thot dio vida a todos los seres y cosas a través de los ocho dioses de la Ogdoada. 

TEBAS
Lo originalidad del pensamiento tebano consistía en que combinó elementos de las cosmogonías que la habían precedido. Se decía que, al principio del mundo, la serpiente Kematef emergió del Nun en la misma Tebas. Alumbró a Irta, el que hace la tierra, quien se encargó de crear el universo dando origen a la tierra y a los ocho dioses principales. Éstos fueron a Heliópolis o a Hermópolis, según otras versiones, para dar vida al Sol, Atum y Ptah. Agotados, volvieron a Tebas donde se durmieron para siempre a lado de Kematef e Irta. Ampliando su pensamiento, los sacerdotes tebanos declararon que Amón, como dios creador, se materializaba con la apariencia de Kematef.
Amón fue el último dios dinástico del Egipto antiguo y su origen era el más oscuro de todos. Para algunos fue uno de los dioses de la Ogdoada en la que su consorte sería Amonet. Para otros, sería el dios del aire y del viento del Egipto Medio y, finalmente, otra opinión lo hacía originario de Tebas, explicándose así la difusión de su culto a partir de esta ciudad.
En el Imperio antiguo, era el dios de un pueblo sin importancia y la primera mención de él aparecía en el “Libro de las pirámides”. La XII Dinastía, los “Amenemes” lo elevaron a la dignidad de dios dinástico. Sin embargo hasta el Imperio Nuevo su reino no fue absoluto. Una vez elevado a la dignidad de “dios supremo”, los teólogos de Amón asimilaron rápidamente las teologías de los demás centros religiosos combinándolas con la de Amón y formando una sola. El punto geográfico que promulgó esta nueva teología fue la ciudad de Tebas y sus grandes templos Karnak y Luxor.
La personalidad de Amón fue evolucionando y su culto iba enriqueciéndose con ritos procedentes de otros panteones. Desde la XII dinastía, bajo influencia heliopolitana, se transformó en Amón-Ra. Además, los sacerdotes tebanos le dieron los rasgos de Min de Koptos, insistiendo así en el papel creador de Amón que pasa a ser Min-Amón-Ra-Kematef.
En la XIX dinastía, Amón-Ra se había convertido en el gran dios del imperio y reinaba sobre todas las otras divinidades. Se representaba con los rasgos de un carnero y su vellón evocaba la luz. También podía convertirse en otro carnero sagrado: Knum, dios de Elefantina, transformándose así en Knum-Ra.
El nombre de Amón, que significaba “el oculto”, era una expresión de su personalidad ya que su naturaleza era tan misteriosa que nadie podía entender la esencia del dios.

Conservaba una personalidad única, pero sus manifestaciones eran múltiples: Era el dios solar como Amón-Ra, el dios fecundo como Amón-Min, el dios creador como Knum-Ra. Con esta versatilidad, Amón alcanzó la preeminencia en todo Egipto.
En la XVIII dinastía, el clero tebano, como lo había hecho el clero menfita para Ptah, le crearon una familia: la tríada compuesta por Mut, su consorte y su hijo Jonsu.

Panteón egipcio

AMAMET
Era el dios que, tras la celebración del juicio en el más allá, devoraba al culpable. Aparecía como una deidad monstruosa dotada de rasgos de león, hipopótamo y cocodrilo.


AMÓN-RA
Amón era un nombre helenizado procedente del egipcio Amen o Imen y equivalía al griego Zeus. Originalmente fue la deidad tebana del aire, o de la fecundidad, y se le representaba como una figura antropomorfa de piel negra azulada o en forma de animal con cabeza de carnero. En ambos casos mostraba un tocado compuesto por dos plumas y un disco solar. En otras ocasiones, cuando se presentaba como dios creador, aparecía con aspecto de momia. También podía encontrarse en forma de serpiente, león u oca.


Su nombre significa “dios oculto”, como manifestación de los aspectos desconocidos y misteriosos de la divinidad ya que podía sentirse, pero no verse y era el que atendía generosamente las súplicas de sus devotos.
Era un dios sin historia propia y por ello asimilaba las de otras divinidades.
La primera mención conocida sobre él aparece en los “Textos de las Pirámides” donde figuraba como dios del aire, pero cuando Amenemhat I fundó la XII dinastía del Imperio Medio (c. 2000 – 1800 a. C.), y Tebas se convirtió en la capital de Egipto, fue elevado a la categoría de dios primordial, el Rey de los Dioses, postergando al dios guerrero Montu, y se le erigió el templo de Karnak.
Se creía que el faraón únicamente había podido reunir a todo Egipto bajo su autoridad con el apoyo del dios creador y organizador del mundo.
Su culto se popularizó cuando Tebas alcanzó su máxima influencia en Egipto, tras la expulsión de los hicsos por los príncipes tebanos fundadores de la Dinastía XVII.
Los sacerdotes de Amón se convirtieron en el sector más influyente de la sociedad egipcia durante el Imperio Nuevo, llegando incluso a enfrentarse Amenhotep IV (Ajenatón), llamado el faraón herético. En esta época comenzó su identificación con Ra, bajo la denominación Amón-Ra.
En el período tardío adquirió un carácter más universal, siendo conocido por el nombre griego de Amón-Ra-sonter “Amón-Ra, rey de los dioses”.
Fue denominado “El oculto”, “Padre de todos los vientos”, “Alma del viento”, “Aquel que habita en todas las cosas”, “Señor de las dos tierras”, “El eterno”.
Una característica del panteón egipcio era la costumbre de agrupar a sus dioses en tríadas formadas normalmente por una pareja con un hijo. En Tebas, la triada la constituían Amón, su esposa Mut y su hijo Jonsu.

ANUBIS, el embalsamador.
Su procedencia es incierta ya que en los primeros textos religiosos no se mencionaban sus progenitores. En los “Textos de las Pirámides” figura Qebehut, diosa purificadora de los difuntos, como su hija. En los “Textos de los Sarcófagos”, se menciona a Bastet o Hesat como su madre y en otros textos era hijo de Ihet.

Según Plutarco, Anubis era hijo de Osiris y Neftis. Ésta quedó embarazada al mantener relaciones con Osiris cuando el dios se encontraba embriagado, según unas versiones, o porque Neftis se disfrazó de Isis, según otros textos.

Seth, al enterarse del nacimiento de su hijo ilegítimo, decidió asesinarlo, pero Neftis salvó al recién nacido entregándoselo a Isis, la hermana y esposa de Osiris, quien lo protegió y crió. Cuando Seth mató a Osiris descuartizándolo, Anubis ayudó a Isis a recuperar las diversas partes del cuerpo, a reconstruirlo y embalsamarlo. Por este motivo, Anubis era el encargado de embalsamar a los faraones y conducirlos a la necrópolis.
Fue un dios funerario protector de las necrópolis y patrón de la ultratumba, en donde tenía como tareas la custodia del palacio de Osiris y vigilar, junto a Thot, el pesaje del corazón del difunto.
Se le representaba como un chacal en posición de esfinge, o bien como una figura humana con cabeza de chacal.
Anubis era el antiguo dios de la Duat (mundo de los muertos) y estaba relacionado no sólo con la muerte, sino también con la resurrección y se le mostraba en color negro, color que representaba la fertilidad.
Cuando Osiris alcanzó la primacía en la Duat, Anubis quedó relegado a un papel secundario limitándose a embalsamar los cuerpos de los faraones, guiarlos a la necrópolis y cuidar de ésta. Los sacerdotes de Anubis usaban unas mascaras rituales con su figura en la ceremonia de embalsamamiento del faraón. 

APIS
Era el Toro sagrado de Menfis. Su piel era de color negro con manchas blancas en la frente y en el lomo y se le representaba con un disco solar entre los cuernos. Se cree que Ptah, con la apariencia de un rayo de luz, cubrió a una vaca virgen y con ella concibió un toro negro que se convertiría en la manifestación del dios. El ser concebido mediante un rayo de luz fue la causa de que se considerara sucesivamente como hijo del Sol, como manifestación de Ptah y como reencarnación de Osiris. Tenía asignado un corral dentro del templo y allí recibía las ofrendas. Cada año se festejaba su nacimiento durante siete días y cuando moría era embalsamado y el luto duraba setenta días, transcurridos los cuales, los sacerdotes salían en busca de un sucesor.

APOFIS
Era la representación de las tinieblas y de las fuerzas maléficas que habitaban el Duat.
Se trataba de una serpiente gigantesca dotada de un gran poder e indestructible, cuya función consistía en tratar de interrumpir el recorrido nocturno de la barca solar de Ra para evitar que alcanzara el nuevo día y así romper el orden cósmico establecido por el demiurgo. Los egipcios consideraban que la existencia de la monstruosa Apofis, como representación del mal, resultaba imprescindible para que el bien pudiera manifestarse. Se le atribuían los eclipses y se pensaba que si el cielo se teñía de rojo era a causa de la sangre que brotaba de las heridas del monstruo.

ATON
Nombre del disco solar originario de Heliópolis. Amenofis IV (Ajenaton), hizo desaparecer todas las demás divinidades, y solo creía en ésta. 


ATUN
Encarnaba al Sol poniente con la apariencia de un anciano, pero portador de promesas de vida futura. 


BASTET
Era la personificación de los rayos del Sol ejerciendo sus poderes benéficos. Se representaba como una mujer con cabeza de gato o como un gato. Como ojo de Atum, estaba asociada a la Luna y protegía los nacimientos, al igual que a las embarazadas, de las enfermedades y de los malos espíritus.


BES
Protector de las parturientas y ahuyentador de los malos espíritus. Se representaba como un enano de rostro chato y leonino.
Era un dios alegre y en algunas representaciones se mostraba tocando un instrumento musical de viento. Gobernaba el sueño y las iniciaciones mistéricas. Su figura, a pesar de ser horrorosa, adornaba muchos lechos, objetos de uso femenino y amuletos. 

GEB
Personificaba la tierra y aparecía como un hombre tendido en el suelo intentando unirse a su esposa celeste. Estaba asociado al ganso, cuyo signo se utilizaba para escribir su nombre.

Era hijo de Shu y de Tefnut y fue el tercer faraón egipcio tras Shu y Ra. Se unió con su hermana Nut, diosa del cielo, pese a la prohibición de Ra, y engendró a Isis, Osiris, Seth, y Nephtis, con los que formaba parte de la Gran Eneada. Se le representaba con apariencia humana y con la cabeza ceñida por la corona roja del Bajo Egipto, o bien con el símbolo de la oca, ideograma de su nombre. Reinó con sabiduría durante muchísimos años antes de subir al cielo, en donde, según el “Libro de los Muertos”, se hizo juez y heraldo de los dioses y cedió el cetro faraónico a su hijo Osiris.

HAPI
Era la personificación del Nilo. Los antiguos egipcios creían que las aguas de Hapi nacían en una caverna situada en la isla de Bigeh, próxima a la primera catarata.
Se representaba como hombre barbudo, con barriga prominente y la piel de color verde o azul imitando el color del agua. Llevaba un tocado con las plantas heráldicas del Alto y Bajo Egipto y, a veces, en vez de cabeza humana aparecía con dos cabezas de oca. Poseía algunas características femeninas, como los pechos abundantes y caídos por lo que le se reputaba como hermafrodita. Era la idealización de la fecundidad y de la fertilidad.


HATHOR
Era la diosa del Cielo egipcia, que los griegos identificaron con Afrodita. Se la consideraba como hija de Ra y Nut, aunque en otras versiones aparece como esposa de Ra y madre de Horus. Su nombre significaba “la morada de Horus”, lo que se explicaba con la creencia de que el Sol se introducía en su seno durante la noche para renacer al día siguiente.
En los textos egipcios se decía que era la gran vaca primordial que había creado el mundo y todo cuanto contiene, incluso el Sol. Por ello se la representaba en forma de vaca, bien con cuerpo de diosa y cabeza de vaca, o simplemente con cabeza humana y grandes trenzas que encuadraban su rostro. Además tenía orejas de vaca y cuernos sosteniendo un disco solar.
Era la protectora de las mujeres gozando de gran popularidad como diosa del amor y de la alegría. Se la proclamaba “dueña de la alegría, soberana de la danza, ama de la música, señora del canto, reina de los saltos y patrona del enlazamiento de las guirnaldas”. Y su templo era “mansión de la embriaguez y lugar de la vida agradable”. Se mostraba benévola con los vivos y aún más con los muertos. Con el título de “reina de Occidente”, era la protectora de las necrópolis.
También era llamada la “Dama del sicomoro”, porque escondida entre las hojas de este árbol, en los límites del desierto, salía para ofrecer a los muertos el agua y el pan de bienvenida. Se decía también que ella era la que sostenía la larga escalera por la cual los justos ascendían al Cielo.


HORUS
En un principio, Horus era considerado como el hijo de Ra, esposo de Hathor, hermano de Seth y fundador de las dinastías faraónicas. Se representaba con cabeza de halcón y sus ojos era el Sol y la Luna. Reinaba en los espacios aéreos y cuidaba la aplicación de las leyes. Era el guardián de los pueblos y aparecía en el “Libro de Los Porches” como un pastor apoyado en un largo báculo.



En el transcurso del tiempo, se transformó en el hijo de Isis y Osiris. Seth, celoso de la creatividad benéfica de su hermano Osiris, lo asesinó, desmembró su cuerpo y esparció los trozos por el orbe. Isis, esposa y hermana de Osiris, pudo reunir las partes y, rehaciendo el cuerpo con la ayuda de Anubis, consiguió quedar fecundada de su esposo. De esta unión póstuma nació Horus, quien se propuso vengar la muerte de su padre enfrentándose a su tío. En un duro combate, perdió un ojo, la Luna, pero consiguió castrar a su enemigo. Tras el combate, recuperó el Bajo Egipto, permaneciendo Seth dueño del Alto Egipto. No obstante, pronto pasó a ser el dueño de toda la tierra, quedando Seth como rey de los bárbaros. Horus representaba la luz y Seth las tinieblas.

IHET
Era una divinidad adorada en Esna, capital de tercer nomo del Alto Egipto situada al sur de Luxor, de la que se decía que flotaba sobre las aguas al comienzo del mundo y que era “más antigua que todos los dioses”. Ihet, como diosa única y creadora, fue identificada con el océano primordial por lo que Nun sería su hijo. 
Dio a luz al Sol, al que colocó entre sus cuernos para protegerlo de los ataques de Apofis. También se la consideraba como una diosa guerrera, “Señora del desierto” y “Señora de los países extranjeros”.
Era protectora de los difuntos, a quienes daba calor y su imagen se ponía en los discos de papiro colocados bajo las cabezas de las momias en la Época Tardía. En Heliópolis era la madre de Ra y un mito la muestra como madre de Anubis. Se representaba en forma de vaca, o mujer con cabeza de vaca.


ISIS
Es el nombre griego de la diosa Ast. Se la representaba de diversas formas: como mujer con un ajustado vestido y el jeroglífico del “trono” sobre su cabeza. Sedente con un tocado en el que aparecía el disco solar como le correspondía por ser hija de Ra. Con alas de milano y brazos abiertos bendiciendo a sus devotos simbolizando la maternidad. Con forma de árbol amamantando a Horus.
A comienzos de la dinastía XVIII, y en el período tardío, estaba representada con cuernos y un disco solar entre ellos, atributos de la diosa Hathor.
Era mitológicamente la esposa y hermana de Osiris y la madre de Horus y fue venerada como la esposa y la madre arquetípica. Plutarco narró su historia:
Osiris, hermano y esposo de Isis, reinaba en el antiguo Egipto con paz, armonía y sabiduría. El Nilo fertilizaba la tierra y las cosechas eran abundantes por lo que sus súbditos estaban felices. Un día, Osiris salió de viaje para conocer otras civilizaciones y dejó el reino bajo el mando de su esposa Isis. Seth, su envidioso hermano, se sintió humillado pues creía que él debería gobernar y no Isis.
Cuando el dios Osiris volvió, Seth quiso hacer una gran fiesta de bienvenida y lanzó un desafío a los invitados: el que entrase en el cofre que Seth había traído, lo recibiría como regalo en prueba de fidelidad y respeto. Muchos intentaron pero el cofre resultaba pequeño o grande. Osiris, curioso, quiso probar y le encajó perfectamente. Seth sabía el tamaño del hermano e construyó el cofre a su medida. Inmediatamente el hermano, y sus setenta y dos cómplices, cerraron la caja de metal herméticamente y la arrojaron al Nilo.
Isis se propuso recuperar el cuerpo de su esposo y, tras padecer muchas penalidades en su búsqueda por todo el territorio egipcio, encontró el cofre con los restos de Osiris. Sin embargo, el pérfido Seth robó el cadáver y lo descuartizó haciendo catorce trozos que esparció por todo el reino. Isis no se dio por vencida y, en compañía de su hermana Neftis, consiguió recuperar el cuerpo a excepción del pene. No obstante, Isis reconstruyó a Osiris ayudada por Anubis y Neftis, e inseminada de su marido por artes mágicas concibió a Horus quien, posteriormente, vengaría a su padre luchando contra Seth.
Recibió muchos epítetos: “Gran maga”, “Gran diosa madre”, “Reina de los dioses”, “Fuerza fecundadora de la naturaleza”, “Diosa de la maternidad y del nacimiento”, “La Gran Señora”, “Diosa madre”, “Señora del Cielo, de la Tierra y del Inframundo”, “Isis en todas sus manifestaciones”, “Señora de Raanefer”, “La reina de Mesen”, “Señora de Hebet”, “Señora de Abaton”, “Señora de los países del sur”, “Señora de las pirámides” en Giza, “la divina, la única, la más grande de entre los dioses y diosas, la reina de todos los dioses”, “el Ojo de Ra, la corona de Ra-Heru, Sept”, “Señora del Año Nuevo”, etc.

KHEPRI
El nombre significaba “el escarabeo” o “aquél que surge”. En los “Textos de las Pirámides” aparecía como el Sol naciente y se representaba en forma humana con un escarabajo en la cabeza. También aparecía como un coleóptero que impulsaba con sus patas delanteras al disco solar en su recorrido por el cielo. El símbolo del escarabajo estaba sobre los amuletos y en los sellos del rey.


KHNUM o CNUM
Se le adoraba como guardián de las fuentes del Nilo en Elefantina y otros lugares próximos a la primera catarata. Era el dios de las aguas que circulaban por el mundo inferior y cuando el Sol navegaba en la oscuridad de la noche se unía a Cnum. Junto a las divinidades locales, Anukis y Satis, formó una tríada cuyo culto se prolongó hasta la época tardía. Se le asoció a Ra con el nombre de Khnum-Ra y, según una leyenda, creó al primer hombre de arcilla moldeándolo con una rueda de alfarero, por lo que también se le considera como patrón de los especialistas de la alfarería. Se creía que este dios había modelado el huevo primordial de donde salió la luz solar al inicio de los tiempos. Está representado mediante una figura antropomórfica con cabeza de carnero.

KHNUM y Menhit, representados en un bajorrelieve del templo de Esna, Egipto

KHONSU O JONSU
Era el dios lunar que, junto a sus padres adoptivos, Amón y Mut, formó la tríada tebana. En los Textos de las Pirámides se le citaba como un dios sanguinario que ayudaba al faraón en la captura y muerte de otras divinidades para que el soberano se alimentara de ellas y obtener su poder. En Menfis aparecía como hijo de Sokar y Hathor y en otros sitios se decía que era hijo de Sobek y Hathor. Protegía a los enfermos y cuando hacía salir la luna llena, las mujeres y el ganado eran más fértiles. Como dios lunar estaba relacionado con el tiempo y en sus manos llevaba una rama de palmera que servía para medirlo. Sus imágenes representativas variaban según los lugares donde recibía culto. Unas veces lo mostraban momificado, como Ptah, con sus manos saliendo de las vendas sosteniendo un cetro y el mayal (cayado) como símbolos propios del faraón. En otras iconografías tenía el rostro de muchacho y la cabeza coronada por el creciente lunar bajo el disco de la Luna.

MAAT
Esta diosa estaba representada como una mujer, de pie o sentada, con una gran pluma de avestruz en la cabeza, sujeta con una diadema. Considerada hija de Ra, Maat aparecía detrás de su padre, en la barca que le llevaba cada noche al mundo subterráneo. Representaba el equilibrio y la armonía del universo tal y como fue creado. En la sociedad, el respecto por el equilibrio implicaba la práctica de la lealtad, verdad y justicia. Vigilaba los tribunales e intervenía en el juicio funerario colocándose en el platillo derecho de la balanza, mientras que en el izquierdo se depositaba el corazón del difunto. Si la balanza permanecía equilibrada, el difunto se había comportado honestamente y su corazón pertenecía a Maat, en caso contrario, era engullida por un monstruo llamado “la Devoradora de Poniente”. 


NEFERTEM
Fue representado como un hombre coronado con una flor de loto azul y dos altas plumas; o también con cabeza de león, como hijo de Sejmet, y tocado compuesto de una flor de loto, dos plumas y dos collares menat como símbolo de placer y fertilidad; o montado sobre un león. A veces lleva un sable curvo, como guardián de las fronteras orientales de Egipto. En ocasiones es representado como un niño sobre una flor de loto.
Se le asocia a la teología de Menfis, donde era, desde el Imperio Nuevo, el hijo de Ptah y Sejmet, con quienes formaba tríada, aunque, con frecuencia, su lugar era ocupado por Imhotep. En Buto es el hijo de Uadyet y Ra.
Dios primordial, aunque inicialmente no puede ser considerado un demiurgo, era el responsable de vigilar y guardar las fronteras del Este. También era el protector de la segunda hora del día.
Dios cuyo nombre significa “Atum el bello”; representa al loto, ya que estaba asociado originariamente a Atum niño. Según los mitos heracleopolitanos y hermopolitanos, este niño que salió del loto emergido de las aguas del Nun, y simboliza el nacimiento del Sol; en Hermópolis Magna, en otra versión de su cosmogonía, era el Sol que nacía de un loto y representaba la energía que da vida a todo lo que crece y se desarrolla, pero también era el fuego que destruía.
Su nombre significaba simplemente “El Loto”, aunque para otros sería “Perfección Absoluta”. También era considerado “Señor de los Perfumes” y como tal aparece en los Textos de las Pirámides (sec. 266), y en el Libro de los Muertos como “la flor de loto que está en la nariz de Ra”. Fue llamado a menudo “el joven Atum”.
En la teología hermopolitana fue relacionado con Atum o Ra el Joven, y en ambos casos al nuevo Sol que nace del loto, emergiendo del Mar Primigenio. Horhekenu Hor Hekenu, una forma de Horus, fue identificado con Nefertum, en Menfis y Bubastis.

NEFTIS
Era hija de Gueb y Nut y esposa de Seth. Ayudó a Isis a localizar el cadáver de Osiris y a recomponerlo. Fue ocasionalmente amante de Osiris y de esa relación nació Anubis. Neftis era llamada la “Dama de la Casa” y sobre la cabeza llevaba el signo de la casa-tumba que simbolizaba su nombre. Se le atribuían poderes mágicos y se creía que habitaba en el desierto donde actuaba como guía de los viajeros. Estaba asociada al culto funerario y las vendas que envolvían los cuerpos de los difuntos representaban sus cabellos. Era la protectora del Sol naciente frente a la serpiente Apofis.


NEIT
Diosa guerrera y de la caza. Sus atributos eran el arco, las flechas y el escudo. Se le atribuía el cometido de proteger a Osiris, Ra y el faraón. Se decía que con sus flechas adormecía a los malos espíritus.
Mujer con la corona Roja del Bajo Egipto, con arco y dos flechas, o una lechuza y una lanza o una lanzadera de tejedora. También fue representada como escarabajo, abeja, vaca, pez, con cabeza de leona, y a veces dando de mamar a un cocodrilo.

La diosa Neit “Señora de Sais”, en el templo de Luxor, de Ramsés II.

Neit, también llamada Tehenut “La Libia”, es una antiquísima diosa egipcia cuyo culto proviene del periodo predinástico, en el cual tenía forma de escarabajo, después fue diosa de la guerra y la caza, y diosa inventora.
Esposa de Seth y madre de Sobek en el Imperio Antiguo, considerada protectora del faraón, e identificada con la abeja. Protege asimismo a Osiris y a Ra con sus flechas que adormecen a los malos espíritus.
En el Imperio Nuevo se convierte en la “diosa madre”, ser andrógino creador de dioses y hombres, la que engendró el universo a través de siete flechas (o siete palabras, pues también se decía que creaba a través de la palabra) con las que hizo surgir la colina primordial.
En el periodo saíta es una diosa nacional y se la proclamará “Madre de todos los dioses”.
En su aspecto funerario es la diosa protectora de los muertos, la que inventó el tejido (por lo que se convierte en patrona de los tejedores) y ofrece tanto las vendas como el sudario para los difuntos. También era la encargada de restaurar las almas, a las que ofrecía pan y agua tras su largo viaje desde el mundo de los vivos.
Fue denominada Tehenut, “”la libia”, “Diosa-Madre” durante el Imperio Nuevo, “la que dio luz a Ra” como diosa primordial, “la iniciadora del nacer después que no hubiera el nacer”; también “Amamantadora de cocodrilos” en Sais, “La Terrorífica” en Esna; “Dama de Occidente” como divinidad funeraria.

NEJBET
Era una diosa solar que protegía al faraón. En el Texto de las Pirámides se le citaba con el apelativo de “Corona blanca” y se identificaba con el buitre que se convertía en el animal simbólico del Alto Egipto. 
Tiene apariencia de buitre blanco, con las alas en reposo, con el hedyet, la Corona Blanca del Alto Egipto. Algunas veces como mujer, con una flor de loto, una cobra, el anj, y la Corona Blanca. Como diosa guerrera, sujetando unas flechas. A veces como una maternal vaca.
Diosa protectora del Alto Egipto, y del nacimiento de los dioses. También da protección al faraón durante el nacimiento, la coronación, las fiestas de jubileo y en las batallas.
Diosa poderosa y temible que se sitúa, junto a Uadyet, sobre la cabeza de Ra, o del faraón, para defenderlos, escupiendo fuego y aniquilando a todo el que estime dañino.
Fue también una diosa demiurgo que, en los Textos de las Pirámides, establece la creación con siete palabras (de un modo similar al de Neit).
Se la denominó “La de Nejeb”, “La Blanca de Nejeb”, “Corona Blanca”, “Señora de Per Ur”, “Madre del Sol”, “Hija de Ra”, “Señora de los uadis desérticos”.

NUT
Conocida como la diosa del cielo, era hija de Shu, el aire, y Tefnu, la humedad y esposa-hermana de Geb, la tierra. Nut también aparecía en el panteón egipcio como la diosa creadora del universo físico y como la reguladora de los movimientos de los astros por lo que se le conocía con el título de “la grande que da el nacimiento a los dioses”. Se la representaba como una bóveda celeste en forma de una mujer inclinada sobre la Tierra y apoyándose en ella con los pies y las manos. Se creía que por la noche engullía al Sol y lo hacía renacer a la mañana siguiente. 
Se la solía representar como una mujer desnuda, con el cuerpo arqueado a modo de bóveda celeste, revestida de estrellas. Algunas veces como una vaca (Mehet-Urt) o sobre su marido Geb (la Tierra) y su padre Shu (el aire) intentando separarlos (representación gráfica del mito). También se representaba como una mujer que lleva en la cabeza un jarro de agua. Sus extremidades simbolizaban los cuatro pilares sobre los que se apoya el cielo.
Nut, diariamente paría al Sol que viajando sobre su cuerpo llegaba hasta su boca, desapareciendo en el interior (o en la Duat), renaciendo al día siguiente.
Protectora de los muertos, que acudían a ella para obtener alimento y protección, daba a los difuntos la facultad de renacer. En los sarcófagos se la representaba protegiendo al difunto con las alas extendidas, o en el interior, como mujer con los brazos alzados, ayudándolo a renacer en el Más Allá, o como representación del cielo.
Su morada era un sicomoro (higuera) en Heliópolis y sus ramas eran refugio de las almas cansadas. Según la tradición era el sicomoro bajo el que la Virgen María se sentó para descansar en su viaje a Egipto.

OSIRIS
Era hijo de Nut y Geb y hermano de Isis, Neftis y Seth. Reinaba en el mundo subterráneo que contenía las semillas de la vida. Se le consideraba como protector de los difuntos y dios de la vegetación, así como el Sol en su recorrido nocturno, lo mismo que Ra lo era en su recorrido diurno.
Le correspondió el derecho a gobernar la Tierra por herencia de su padre. Sin embargo, su destino estaba marcado por la traición y la muerte, pero también por el amor excepcional de una mujer. Osiris extendió por todo el mundo la civilización y fue enseñando a los humanos todas las cosas buenas que existen provocando la envidia de su hermano Seth que lo asesinó y despedazó. Isis, su esposa, recuperó las partes del cuerpo, a excepción del pene, y las unió consiguiendo ser fecundada de forma mágica para dar a luz a Horus.
La muerte y resurrección simbolizaban la sucesión de las estaciones y permitían a los hombres esperar una nueva vida. Como dios de la vegetación, Osiris daba los frutos de la tierra. Como dios dominante, enseñaba el respeto a los dioses y el uso de los ritos. Como dios soberano, aportaba las leyes y las costumbres. Se representaba habitualmente con el Atef, corona que lleva dos grandes plumas. Era una momia verde, siendo el verde el signo de fertilidad. Sus brazos estaban cruzados sobre el pecho y portaba los signos de soberanía: el cetro del rey, el látigo del juez y el bastón de la larga vida. Isis y Neftis estaban a cada lado agitando sus alas para devolverle el soplo de vida.

PTAH
Era un dios creador anterior al Sol que dio origen a la Tierra, y todo cuanto existía, combinando el deseo de su corazón (espíritu y voluntad) con el poder de su verbo. El corazón concebía la idea y su palabra ejecutaba los actos necesarios para que se materializara. Era el padre de la humanidad y fue proclamado dios principal de Menfis y con su esposa, Sekmet, y su hijo, Nefertum, formaba la triada que gobernaba la ciudad.
Era considerado como el protector de los artesanos, metalúrgicos, constructores y escultores y se le representaba con figura humana enfundado en una vestidura ceñida y tocado con un gorro y un cetro.
Más tarde apareció como un dios curador adoptando la forma de un enano con el cráneo aplastado como la de un genio protector.
Era la deidad de la ciudad de Menfis, donde se encontraba uno de los principales templos de Ptah, por tal razón, la preeminencia de la dicha ciudad sobre el resto de las ciudades egipcias implicaba la elevación del dios sobre el resto del panteón egipcio. Mientras la ciudad de Menfis se mantuvo como capital política del reino, el culto y el clero de Ptah conservaron una posición de preeminencia.
Durante la época del Imperio Antiguo era el dios más poderoso, asociado al poder menfita, pero con el tiempo perdió notoriedad frente a Ra y Amón. Las ciudades del Antiguo Egipto rivalizaban por considerar a Ptah como creador del mundo (Menfis) o como una divinidad surgida de las otras (Tebas). Durante el periodo Ramesida (XIX-XX Dinastías) Ptah formó con Amón y Ra la gran triada del Reino.

RA
Era la máxima divinidad egipcia que emergió del Océano Primordial y asumió el nombre de Ra convirtiéndose en dios único creador del resto de los dioses. Utilizando su cuerpo engendró a Shu y Tefnut, de los cuales nacieron Geb y Nut, que a su vez dieron la vida a Isis, Osiris, Seth y Neftis.
Asumiendo la doctrina astral de la era predinástica, fundamentada sobre las estrellas, Ra se convirtió en dios solar recibiendo el culto de la religión aristocrática del período más antiguo.
El dios reinó durante muchos años sobre Egipto, pero desilusionado de su reino terrenal mítico y disgustado por la traición de aquellos a los que había beneficiado con su sabiduría, decidió abandonar la tierra y subir al cielo para castigar al género humano. Desde allí envió a su Ojo divino que, asumiendo la apariencia de la diosa Hathor, exterminó gran parte de la humanidad ganándose el epíteto de Sachme, la Poderosa.
Su nombre era una de las tres denominaciones del Sol. Al anochecer, cuando se hundía hacia el Oeste, era Atum, el anciano encorvado esperado en el más allá por los muertos que se calientan con sus rayos. Al amanecer volvía a la vida por el Este en forma de escarabajo y recibía el nombre de Khepri. Durante el día iluminaba la Tierra adquiriendo forma de halcón y se le conocía como Ra. Tuvo un culto especial en Heliópolis, donde se representaba con figura antropomórfica y cabeza de halcón, o carnero, coronada por el disco solar.
En época tardía, Ra se asoció a las divinidades Amón, Atón, Khnum, Sobek. Con la forma de Amón-Ra el dios se convirtió en la divinidad suprema de toda la religión egipcia. Se le atribuyeron algunas esposas, entre las que figura Rait, contrapartida femenina de su nombre, y Uert-Hekeu.

RENENUTET
En su versión más primitiva era una deidad celeste, y más tarde se haría diosa de los graneros, de las cosechas y de los alimentos, siendo la madre del dios del grano Nepri, que sería venerado sobre todo en El Fayum. Por su relación con las cosechas y su representación como serpiente, es posible que fuese una de las diosas más antiguas del panteón egipcio y viniese desde tiempos predinásticos. La importancia de la cosecha en el Antiguo Egipto hizo que la gente la hiciese muchas ofrendas durante el tiempo de la misma. Inicialmente, su culto se centró en Terenutis.

A veces, como diosa de la alimentación, se la podía ver con su marido, Sobek, a quien se representaba como el río Nilo, que con sus inundaciones anuales depositaba el fértil limo que permitía abundantes cosechas.
Más generalmente, a Renenutet se la consideraba la madre de Nehebkau, que a veces se le representaba también como serpiente. Cuando la veía como la madre de Nehebkau, Renenutet tenía por marido a Geb, que representaba la Tierra.
Su nombre sugiere la idea de nodriza o cría de niños. Se enfatiza así su papel como encarnación de la divina maternidad, representada como una mujer (o una mujer con cabeza de cobra) que amamanta a su hijo. En la Era de las Pirámides es primordial la protección y tutela de Renenutet a los gobernantes. 
Junto a la diosa Mesjenet impulsa al nonato a su nacimiento y le fomenta el deseo de vivir, cuidando de que la madre tenga leche suficiente para amamantarlo. También sería la encargada de dar alimento a los difuntos para que puedan sobrevivir en el Más Allá. Otro de sus aspectos es su identificación con Maat y en la Letanía de Ra se la denomina “Señora de la Justificación”.
También representa el poder mágico de las vestiduras de lino usadas por el rey y los vendajes de las momias por lo que se la llama la “señora de las vestimentas” y más tarde se la asociaría al destino de los humanos.
Como diosa serpiente adorada por todo el Bajo Egipto, Renenutet fue asociada cada vez más con la diosa Uadyet, poderosa protectora de la zona y otra diosa serpiente representada como una cobra. Finalmente, Renenutet fue identificada como una forma alternativa de Uadyet, cuya mirada se decía que masacraba a los enemigos. Uadyet es la cobra de la corona de los faraones.
A Renenutet se la representa, como una cobra o como una mujer con la cabeza de una cobra, a veces, amamantando al infante real y puede llevar una corona con dos plumas, un ureo o el disco solar entre dos cuernos.
Son numerosas las representaciones de la diosa impulsadas por reyes como Amenemhat III en Al Fayum y existen templos con capillas dedicadas a ella en lugares como Medinet Maadi.


SACMIS
Era hija de Ra su esposo era Ptah y su hijo, Nefertum. Y se la consideraba una manifestación del ojo del dios. Llevaba el disco solar y el ureo sobre la cabeza y simbolizaba la energía destructora del Sol por lo que se le rendía culto como diosa de la guerra. Causaba espanto en el mundo y en el más allá, donde Seth y la serpiente Apofis sucumbían ante ella.


Fue representada como un ser, o con cuerpo de mujer y cabeza de leona, aunque con melena, generalmente coronada con el disco solar, el Uraeus (serpiente protectora), y portando el Anj y una flor de papiro o loto, y con flechas. También como mujer con cabeza de cocodrilo, o como el ojo udyat. 
Su nombre egipcio era Sejmet, que significa “la poderosa”. Esta diosa atacó despiadadamente a los humanos, pero Ra quiso impedir su aniquilación para lo que hizo que la diosa fuera engañada ofreciéndole siete mil vasijas de cerveza mezclada con tinte rojo. Sacmis, creyendo que era sangre, bebió y se embriagó, y la raza humana logró sobrevivir. Se representaba como una leona, o como una mujer con cabeza de leona.
Fue venerada como “Señora del Asheru”, en el templo de Mut, en Karnak. También en Luxor, Menfis, Letópolis y la región del Delta. En algunos templos se le ofrecía sangre de animales sacrificados con el fin de evitar su cólera. Para conmemorar la salvación de la humanidad se celebraban, en su honor, fiestas de la embriaguez.

SELKIS
Nombre egipcio: Serket-Heru o Selket. Nombre griego: Selkis.
Era la diosa protectora de las picaduras de escorpión y se representaba como mujer con un escorpión en la cabeza o con un cuerpo de escorpión.
Era la protectora, junto con Isis y Neftis, de uno de los vasos canopos (recipiente donde se depositaban las vísceras de los difuntos una vez lavadas y embalsamadas), y del sarcófago del faraón.


Era hija de Ra, y a veces fue representada en Edfu como la esposa de Horus, o la madre de Horajti. Su hijo es Nehebkau en los Textos de las Pirámides.
Serket era una diosa benéfica que protegía el sarcófago del faraón. En los textos funerarios figura como la madre del difunto, al que amamanta. Protegía el vaso canopo de Kebehsenuf.
También prevenía de las picaduras de los escorpiones y las serpientes.
Se la llamó “la que facilita la respiración en la garganta”, ya que la picadura del escorpión produce ahogo; también era mencionada como “la que posibilita la respiración del recién nacido” y “la que posibilita la respiración del difunto”, en su renacimiento. Junto a Isis, Neftis y Neit, eran llamadas las “cuatro plañideras divinas”.
Era venerada en el delta del Nilo, en Edfu y Per-Serket. Los sacerdotes de Serket eran médicos y magos que curaban las picaduras de los animales venenosos.

SESHAT
Seshat es la “Señora de los libros”, diosa de la escritura, y la historia, protectora de las bibliotecas en la mitología egipcia. También era llamada diosa del destino porque estaba sentada a los pies del árbol cósmico, en la parte más profunda, al sur del cielo, donde se unían el cielo superior y el inferior. Allí escribía sobre hojas del árbol los acontecimientos del futuro y archivaba los acontecimientos pasaos. También medía el tiempo, es Señora del Calendario y la Astronomía. Vinculada a los constructores y arquitectos, era la “Señora de los constructores”. También conocida con los nombres de Sesat, Seshet, Sesheta, Seshata, Safkhet o Safekhet.

Mujer con una estrella en la cabeza, rematada en un arco y dos plumas, o dos cuernos hacia abajo. Lleva una paleta de escriba y una caña de escritura (cálamo), un pequeño renacuajo y una hoja de palmera. Va cubierta con una piel de leopardo.
Diosa arcaica conocida desde el periodo Tinita que pudo tener connotaciones celestes. Era la encargada de calcular, orientar y medir los terrenos sagrados para que se pudiera llevar a cabo su correcta construcción, revisaba los planos y vigilaba las estrellas para emitir sus cálculos. Era partícipe del rito de la “ceremonia de fundación” y la de “estirar la cuerda”. Es la consejera del faraón en la fundación de los templos.
Compañera de Thot, o Atum, poseía poderes mágicos; Garantizaba la inmortalidad del rey y escribía en el árbol sagrado de Heliópolis, la Persea, el Árbol de la Vida, los años de reinado del faraón.

SETH
Seth, o Set, dios ctónico, hijo de Geb y Nut, deidad de la fuerza bruta, de lo tumultuoso, lo incontenible. Señor de lo que no es bueno y las tinieblas, dios de la sequía y del desierto en la mitología egipcia. Seth fue la divinidad patrona de las tormentas, la guerra y la violencia, también fue patrón de la producción de los oasis.
Ser animalesco cuadrúpedo que resiste toda clasificación zoológica, indicio de haberse tornado extraño para los egipcios desde los primeros tiempos.[1] Posee hocico curvado, orejas rectangulares y cola levantada, o forma humana con cabeza animalesca. La primera representación conocida se encuentra en la cabeza de maza del rey Horus Escorpión, un monarca de la dinastía 0.
Se ha interpretado la bestia que representó a Seth de muchas formas. Aunque no se ha podido determinar con exactitud, lo más probable es que sea un cerdo hormiguero. A veces, portaba cetro uas y anj. Se supone también que era hermano de Neftis (quien también era su esposa), de Isis y Osiris. Seth mató a su hermano Osiris para quedarse con el trono y luego tuvo una fuerte batalla con Horus, a quien le quitó el ojo, Horus ganó y Seth se volvió el dios del desierto.
Dios, originario de Nubt (Ombos), que posteriormente fue considerado deidad del desierto, uno de los dos ambientes que constituyen Egipto, que recibió como herencia de Geb. Venerado, temido y odiado por su cualidad de protector-destructor, Seth desempeñó el papel de hermano envidioso, representante del mal, al integrarse en el mito osiriaco, e incrementarse la devoción y popularidad al dios Osiris.
Durante el Imperio Nuevo se le consideró benévolo, siendo patrón de las armas, la guerra y de la producción de los oasis, haciéndose popular porque podía sembrar la confusión y la discordia entre los enemigos de Egipto.
Seth fue asociado con las tormentas de arena, como dios del desierto, y protector de las caravanas que surcaban el país de los faraones. Debido a la extrema hostilidad del clima desértico, Seth era visto como extremadamente poderoso, por lo tanto como una deidad principal.
Pese a ser considerado la antítesis de Osiris, muchas de sus acciones se deben más a su anormal fuerza y carácter que a su maldad. El asesinato de su hermano fue motivado por envidia, dado que en el reparto Seth recibe de Geb el terreno desértico, mientras que a Osiris le hace señor del Egipto fértil. Fue exiliado al desierto por su sobrino Horus, hijo de Osiris, en venganza por el asesinato de su padre.
Mientras que desde un principio se le acusa de ser el causante del robo del Sol y de traer la oscuridad se le considera un ser protector del faraón al final de la dinastía II, y durante la dinastía XV; a partir del Imperio Nuevo, también dios de la guerra y del ejército (dinastía XIX), aunque por breve tiempo.
También es el encargado de proteger la barca solar de Ra (el dios egipcio que simboliza al Sol), que desde la proa, combate diariamente a la temible serpiente Apofis.

SHU
Era hijo de Atum-Ra, esposo de su hermana gemela Tefnut y padre de Geb y Nut (Heliópolis). Formaba parte de la enéada heliopolitana, siendo el elemento masculino de la primera pareja creada por Atum. Es el responsable del retraso en el nacimiento de Osiris, Isis, Neftis, Seth y Horus.
Aparecía representado, a veces, con la forma de un león, pero en general se mostraba como un hombre tocado con una pluma de avestruz o con cuatro plumas derechas y sosteniendo el cielo. En algunos amuletos sostenía el sol.
Según la tradición, Shu sucedió a su padre en el gobierno de Egipto. Más tarde, enfermo y cansado, dejó el poder a su hijo Geb.
Shu es el responsable de los fenómenos atmosféricos no violentos; personifica los rayos que llegan de Ra, el calor ardiente del verano y del sol del mediodía y la sequedad del aire. También, como ba de Jnum, del frío viento del Norte, y del principio vital de los seres vivos.
Simbolizaba la fuerza vital que anima el universo como aspecto de la deidad suprema, Atum-Ra, y en los Textos de los Sarcófagos figura como un dios creador.
Su eterna ocupación será mantener separados el cielo, Nut, y la tierra, Geb, para evitar el caos del universo, quedando patente en el Libro de los Muertos, siendo Hermópolis el lugar donde el dios Shu había “levantado el cielo”.
Como dios funerario tomaba parte, actuando de fiscal, en el Tribunal del Juicio de Osiris.


El dios Shu (el aire) separando a la diosa Nut (el Cielo) y al dios Geb (la Tierra).

SOBEK
Era considerado como el dios-cocodrilo y en el Texto de las Pirámides se mencionaba como hijo de Neit. Se le creía emergido de las aguas primordiales del caos en la creación del mundo. Era temible por su voracidad ya que engullía los enemigos que habitaban en el mundo acuático.
En algunas localidades de Egipto se asociaban los cocodrilos a los demonios y a las fuerzas devastadoras del dios Seth quien, tras haber asesinado a su hermano Osiris, se había transformado en cocodrilo para escapar al castigo divino. Sin embargo, en los Textos de las Pirámides y en el Libro de los Muertos aparecía como espíritu benefactor. 
Sobek es representado como un cocodrilo o un hombre con cabeza de cocodrilo, con la corona atef. En la Baja Época puede también aparecer con cabeza de halcón, toro, carnero o león.
Su culto se remonta a las primeras dinastías egipcias. Su principal culto estaba en Shedet, Cocodrilópolis (El-Fayum), en el lago Moeris, luego en Nubt (Ombos) y Tebas. Adorado en Shedet junto a Neit y Senuy, y en Kom Ombo, donde es esposo de Hathor o de Heket y padre de Jonsu. Su fiesta se celebraba el cuarto día del mes de Joiak.

THOT Nombre egipcio: Dehuty. Nombre griego: Tot
Era el dios de la escritura, de las bibliotecas, de la lengua y el señor de las palabras divinas. Representaba las matemáticas, la astronomía y las ciencias en general, por lo que simbolizaba la sabiduría y se le consideraba como el señor de los discursos convincentes, de la astucia y de la magia. Podía aparecer representado como babuino e ibis o bien con cuerpo humano y cabeza de ibis o de babuino. En cualquier caso siempre estaba acompañado por material de escritura. Thot era abogado y dios de las leyes estando muy relacionado con la diosa Maat como representante de la verdad y la justicia. Thot se servía de la astucia y de la magia en los casos difíciles. Ocupaba una posición importante en el tribunal divino.
Como escriba actuaba de secretario de los dioses. Se le identificaba con la Luna porque su recorrido por la bóveda celeste dependía de una compleja ciencia numérica que sólo él dominaba. Thot dividió el tiempo estableciendo el calendario y controlaba la escritura de la historia. Legalizaba el nombre del faraón escribiéndolo en el Árbol de la Historia en el templo de Heliópolis y estudiaba los lugares destinados a edificar los templos asegurando su construcción según los planos.
Como juez, Thot dictaba las leyes, controlaba las cuentas y el Libro de la Vida. 
Él era quien comprobaba el equilibrio de la balanza en el día del juicio de los muertos. 

Era un dios creador en Hermópolis Magna, donde regía la “Casa de la Vida”. También se le adoró en Hermópolis Parva. Se le rindió culto en Serabit el-Jadim. En Tuna el-Yebel, se encuentra la necrópolis de babuinos e ibis. Sus fiestas se celebraron los días 1 y 19 del mes de Tot, primer mes de la estación de Ajet. 
Los griegos lo identificaron con Hermes, con el apelativo de Trimegisto “Tres veces grande” y se creía que había codificado las ceremonias que transformaban a los muertos en espíritus, que de él hayan emanado las leyes herméticas y que sólo sus sacerdotes podían tener acceso a este conocimiento “hermético”.

TUERIS
Tueris “La Grande”, también conocida como Tauret, diosa de la fertilidad, protectora de las embarazadas. También fue diosa celeste, la “Misteriosa del horizonte” en la mitología egipcia.
Era una diosa muy vinculada al nacimiento. Se representaba como un hipopótamo hembra, con cola de cocodrilo, patas de león y pechos muy grandes. Era diosa protectora de las embarazadas y su figura aparecía en las camas y en los vasos para poner leche. Su nombre significaba “la grande”.
Era hija de Ra y la madre de Isis y Osiris. Tueris ayuó a Horus en su lucha contra Seth. Era la concubina de Seth, según Plutarco.


UADYET
Nombre griego: Uto o Buto.
Era una diosa que encarnaba el calor del Sol y recibía el sobrenombre de “dama del cielo”. Cuando aparecía representada como cobra, era el símbolo la corona roja del Norte, y el ojo izquierdo del dios del Sol. 
Mujer con la corona Roja del Bajo Egipto y el uraeus. También como cobra, sobre un cesto, con la corona roja. Otras veces como una leona con el disco solar y el uraeus.
Hija de Anubis y esposa de Hapi-Meht. Amamantó a Horus niño, hijo de Isis, y lo protegió de Seth.
Diosa protectora del faraón y del Bajo Egipto. Era parte del título real: “Las Dos Señoras” (Nombre de Nebty) que simbolizaba el reinado sobre las “Dos Tierras”, el Bajo y Alto Egipto.
Su nombre significaba “papiro de color verde”; también se le llamaba “la verde”, pues representaba la fertilidad del suelo.
Originaria y patrona de Buto, en el Bajo Egipto, donde tenía un famoso oráculo. También fue venerada en Tanis. Su fiesta se celebraba el séptimo día del mes de Paini.

UPUAT
Upuaut o Upuat «el que abre los caminos», deidad de la Duat (Más Allá), dios funerario y de la guerra en la mitología egipcia.
Upuaut fue representado en forma de perro o chacal negro con la cabeza blanca, sobre una enseña, con uno o dos ureos que surgen de los lados de las patas. Sus atributos de guerrero fueron una maza y un arco. Los griegos lo interpretaron como un lobo, de donde procede el nombre de Licópolis, su ciudad. Se le considera una de los mejores egipcios.
Upuaut es originario de Abidos, en el Alto Egipto, pero simbolizó la unidad de las Dos Tierras. Originalmente, Osiris era el dios funerario, de las necrópolis y de la Duat (inframundo), pero al principio de la dinastía XII limitaron sus funciones al inframundo, asumiendo Upuat el control de sus deberes como dios funerario.
Acompañó a Osiris, como guerrero, en su viaje a las tierras remotas. Era invocado por los soldados para que les protegiese y “abriera” los caminos, como lo hacía en la barca solar de Ra, y con los muertos en la Duat.
Upuat simbolizaba el solsticio de invierno.
En Abidos es hijo de Isis y Osiris, en claro sincretismo con Horus. Como “Señor de Abidos”, sustituye a Anubis en esta ciudad. Fue asimilado como una forma de Osiris, y bajo este aspecto se le llama Sejem-Tauy “El Padre de las Dos Tierras”.
Fue denominado “el que abre los caminos”, como conductor de los espíritus de los difuntos por el desierto occidental hacia la Duat, y “Señor de la tierra sagrada”, en referencia a las necrópolis.
Su culto, originado en Asiut (Licópolis), fue practicado en Abidos como Jenti-Amentiu “Señor de Occidente”; también fue venerado en Sais, Heliópolis, Menfis, y en varias necrópolis. Iba al frente de todas las manifestaciones militares, religiosas y civiles; Así, precedía las más importantes celebraciones, como el Heb Sed y los “Misterios de Osiris”, en Abidos.




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[1] En ciencia, un modelo es la representación simplificada que se hace de hechos o fenómenos de la naturaleza con el objeto de poder entenderlos mejor.
[2] Asnos silvestres que poblaron las llanuras asiáticas.
[3] Durante toda la antigüedad e incluso hasta el siglo XVII se consideró a la Luna y al Sol entre el grupo de los planetas, por ello muchas veces no había una diferenciación clara en la literatura cuando se referían a esos tres diferentes tipos de objetos celestes.
[4] Puntos de las trayectorias de los planetas en que éstos parecen detenerse, e incluso retroceder en su viaje de traslación por el firmamento.
[5] Desde la antigüedad se llamó así a las estrellas debido a que aparentan no cambiar sus posiciones relativas. Por el contrario, se ve que los planetas se desplazan en la bóveda celeste respecto de ellas. La palabra planeta proviene del griego y significa errante o vagabundo.
[6] La eclíptica es el plano que contiene a la órbita terrestre. Está determinado por los centros del Sol y de la Tierra. Representa la trayectoria anual del Sol sobre la bóveda celeste, tal y como se ve desde nuestro planeta.
[7] Las cuatro columnas del firmamento.
[8] Se llama lunación al periodo comprendido entre dos lunas nuevas consecutivas.
[9] Son aquellas cuya cercanía relativa al polo hace que su giro en torno a éste siempre las mantenga sobre el horizonte del observador, lo que no ocurre con las otras, que solamente son visibles durante una determinada época del año.
[10] Efemérides o tablas astronómicas. Se llama así a un conjunto de cálculos que sirven para determinar las posiciones de los astros en la bóveda celeste. Son publicadas en forma de listas de valores para permitir un fácil manejo.

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