jueves, 7 de enero de 2021

Capítulo 6 - Arte Nazarí - Primera Parte

 

EL ARTE NAZARÍ
El mundo nazarí tiene una etapa previa de transición. En 1212 Alfonso VIII vence al último rey de los almohades, que abandonan España a mediados de siglo, y Al-Ándalus queda sin un poder regente. En 1227 ocurre una gran sequía, que trae hambruna y desestabilización en Al-Ándalus, por lo q se produce una fragmentación del reino y aparecen las Terceras Taifas, más pequeñas y menos importantes, pero q contribuyen a la grandeza de Muhammad I.
Ibn Jud Al Judhami se hace pasar por descendiente de los hudíes de Zaragoza y se apodera de toda Al-Ándalus salvo Valencia, pero es un reino q muestra debilidad, atacado por los reinos cristianos, por lo q tiene q aliarse a Muhammad I, y es asesinado en 1237.
Zayyan Ibn Mardanís se subleva a los almohades en la ciudad de Onda, donde apareció una casa postalmohade con una decoración de sebqa en yeso. Conquista Aragón y avanza hacia Baleares.
Muhammad Ibn Yusuf, o Muhammad I, aparece en Arjona (Jaén) en 1232 y es elegido emir; a partir de ahí, lleva a cabo una ascensión hasta convertirse en rey de Granada por excelencia, y conquista muchas zonas salvo Sevilla y Córdoba, por lo q tuvo q aliarse con Al Judhami.
Se produce una rivalidad entre ambos; Fernando III el Santo, q pretendía las tierras de Sevilla y Córdoba, se alía con Muhammad I y Al Judhami es derrotado, se da un cambio de alianzas. Establece Granada como capital, conquista Almería y tiene como límites las montañas de Ronda y Málaga.
Las ansias de Fernando III de nuevas conquistas en el sur (Sevilla) habían llevado a Muhammad I a ayudarle, convirtiéndose en vasallo del rey cristiano, consiguiendo una estabilidad en su reino de Granada.
Muhammad I ha sido un personaje muy ensalzado pero también, por ejemplo, un cronista del s. XIV lo describe como analfabeto, del mundo agrario, sin educación, rudo, abrazando al Corán de manera extremadamente rígida.
Su grandeza estaría en su astucia y oportunismo políticos, con alianzas fluctuantes; también se llegó a aliar con los reinos del norte de África: hafsíes (Túnez) y berimerines (Marruecos), q vendrán constantemente a la península. En otra ocasión se alía contra los mudéjares.
En el s. XIV se da un periodo de mayor estabilidad en época nazarí con Yusuf I (1333-1353), monarca más culto y prudente, q muere por un perturbado mental. Le sustituye su hijo Muhammad V (1353, 1362-1391).
Hay una época de desestabilización, momento en q se inicia el ataque definitivo de los Reyes Católicos, por lo q los musulmanes q huyen se refugian en Granada. 

Reino nazarí.
El Reino nazarí de Granada, también conocido como Emirato de Granada o Sultanato de Granada, ​ fue un Estado musulmán situado en el sur de la península ibérica, con capital en la ciudad de Granada, que existió durante la Edad Media.
El reino fue fundado en 1238 por el noble nazarí Mohamed-Ben-Nazar, aunque originalmente tenía su centro de poder situado en Jaén. Unos años después el monarca nazarí trasladó su corte a Granada, alrededor de la cual organizó su nuevo estado. El reino sobrevivió en esta precaria situación gracias a su favorable ubicación geográfica, tanto para la defensa del territorio como para el mantenimiento del comercio con los reinos cristianos peninsulares, con los musulmanes del Magreb y con los genoveses a través del Mediterráneo, lo que hizo que tuviera una economía diversificada.
Sin embargo, fue perdiendo territorios paulatinamente frente a la Corona de Castilla, hasta su definitiva desaparición tras la Guerra de Granada, mantenida entre 1482 y 1492. El reino nazarí de Granada sería el último Estado musulmán de la península ibérica, la antigua al-Ándalus. Su último rey fue Muhámmad XII (conocido como Boabdil el Chico), derrocado por los Reyes Católicos, que se vio obligado a rendir Granada el 2 de enero de 1492. Tras esto fue definitivamente incorporado a la Corona de Castilla como Reino de Granada.

Origen e inicios
Tras la derrota almohade en 1212 en la batalla de las Navas de Tolosa, comenzó a tomar importancia en el sureste de al-Ándalus la dinastía nazarí, linaje de origen árabe, cuyo fundador fue Alhamar "el Rojo", quien se proclamó sultán en 1232, siendo reconocido como tal por las oligarquías de Guadix, Baza, Jaén, a lo que se unió la anexión de la Taifa de Málaga en 1238, o la sumisión de Almería. En 1234 se declaró vasallo del poder de Córdoba, pero en 1236 Fernando III conquistó dicha ciudad y Alhamar se hizo vasallo del rey castellano, lo que le permitió conservar su independencia. En 1238 Alhamar amplió sus dominios conquistando Granada, pero en 1246 Fernando III le arrebató Jaén, para consolidar sus conquistas en el valle del Guadalquivir, lo que obligó a Alhamar a firmar el Pacto de Jaén, en el que reconocía al monarca castellano como señor de aquel territorio y quedaba obligado a pagarle parias para conseguir paces de veinte años.
Al compás en que finalizaban las conquistas de Fernando III en el Valle del Guadalquivir, tuvieron lugar algunas sublevaciones mudéjares, como fueron la Rebelión o Revuelta mudéjar de 1264, ​ en el Reino de Sevilla, así como los mudéjares del reino de Murcia, ambos de muy reciente incorporación a la Corona de Castilla. ​ A pesar del apoyo militar granadino, la mayor parte de la población mudéjar del Valle del Guadalquivir fue expulsada tras la represión y se desplazó al Reino nazarí. ​ Hubo una segunda gran revuelta mudéjar en la Corona de Aragón (principalmente, en el reino de Valencia) en 1276 (prolongada hasta 1304), ​ en la que la caballería granadina intervino en apoyo de los mudéjares sublevados. ​ Castilla, a la muerte de Fernando III en 1252, era el único Estado que aún tenía fronteras con los musulmanes, quienes se habían visto reducidos a los macizos penibéticos y la costa que va desde Barbate hasta Águilas y con un Estado de una superficie aproximada de unos 30.000 km².​ La frontera entre los dos reinos, la denominada Banda Morisca, superaba los 1000 km de longitud. 

Una época de prosperidad
El estatus de Granada como territorio tributario y su posición geográfica favorable, con las montañas de Sierra Nevada como barrera natural, ayudaron a prolongar el reino nazarí permitiendo prosperar al pequeño emirato como punto de intercambio comercial entre la Europa medieval y el Magreb. De hecho Granada fue una ciudad próspera durante la Crisis del siglo XIV que asoló a Europa. Granada también sirvió de refugio para los musulmanes que huían de la Reconquista. Iba a ser en la Granada de esta época donde se iba a producir uno de los más intensos florecimientos culturales del Islam. ​ Su reflejo más evidente, quizás sea el conjunto palaciego de la Alhambra, todo un universo encerrado en sí mismo de palacios, jardines, fuentes y estanques. ​
A pesar de su prosperidad económica, los conflictos políticos eran constantes, y esta debilidad fue aprovechada por los cristianos, que fueron conquistando pequeños territorios al reino granadino. No obstante, algunas tentativas castellanas acabaron en rotundos fracasos, como los desastres de Moclín (1280), ​ la Vega de Granada (1319) ​ o Guadix (1362). ​ A su vez, los ejércitos nazaríes lanzaban numerosas razias sobre los territorios cristianos, con resultados dispares: derrotas como Linuesa (1361) o victorias como Algeciras (1369). ​ Entre 1351 y 1369 los nazaríes se aprovecharon de la Guerra Civil que estaba teniendo lugar en Castilla entre los pretendientes Pedro I y Enrique II. Este conflicto, a la par que dejó agotada a la Corona de Castilla, concedió al reino nazarí unos años de paz en los que pudo mantener su estrategia exterior sin interferencia de los castellanos.
Debido a la apertura de nuevas rutas comerciales directas entre el Reino de Portugal y África a partir del siglo XV, Granada empezó a perder su posición estratégica y la convirtió en un lugar menos importante. Con la unión de las Coronas de Castilla y Aragón en 1469, su situación se complicó y no pudo hacer frente a la expansión cristiana.

Decadencia y caída final
Tras esta época de esplendor, el reino quedó bajo el gobierno de distintos soberanos que fueron incapaces de mantener el control del territorio. Con el fin de la Guerra Civil Castellana hacia 1480 y el definitivo asentamiento de Isabel I en el trono, se daban por primera vez en Castilla las condiciones necesarias para realizar la conquista total de Granada, que se veían favorecidas por la crisis política y económica en el Reino nazarí. ​ Las guerras civiles granadinas eran causadas por las luchas internas entre dos facciones del poder nazarí: los partidarios del emir Abú l-Hasan Alí y de su hermano El Zagal, y los partidarios del hijo del emir, Muhammad XII Boabdil. ​ Este último, capturado por los castellanos, firmó con Fernando una tregua que confirmaba su vasallaje, al que posteriormente se unirían otros pactos. A partir de 1484 los Reyes Católicos llevaron a cabo una larga y tenaz serie de asedios en lo que se denominó la Guerra de Granada, utilizando la novedosa artillería que condujo a la toma progresiva de las plazas granadinas una tras otra. ​
Sobre el solitario reino de la media luna se abalanzaron las tropas de las Coronas de Castilla y Aragón, en la culminación del viejo sueño de la Reconquista. ​ Tras la pérdida de Málaga en 1487 y la pérdida del territorio oriental (la Cora de Bayyāna) en 1489 dejan al Estado granadino en una grave situación. ​ En 1491 se dispuso el cerco de Granada y la construcción de Santa Fe, el campamento base desde el que los Reyes Católicos dirigen las operaciones de asedio. El tiempo y la actitud pactista de Boabdil influyeron a favor de Castilla, y la capitulación de Granada tuvo lugar el 2 de enero de 1492. ​ Así terminaban más de 250 años de existencia del Reino nazarí. 

Organización territorial
El Reino de Granada comprendía parte de las provincias actuales de Jaén, Murcia y Cádiz, y la totalidad de Almería, Málaga y Granada, pero fue reduciéndose hasta que en el siglo XV abarcaba aproximadamente las provincias actuales de Granada, Almería y Málaga. El reino estaba dividido en circunscripciones territoriales y administrativas, denominadas tahas. A la frontera entre el reino de Granada y los territorios de la Corona de Castilla se le denominaba la Banda Morisca, de ahí que muchos pueblos de Andalucía Occidental se llamen "de la Frontera [con Granada]". Así mismo, el Reino nazarí sufrió de un importante problema de superpoblación.
La capital nazarí, Granada, se convirtió en los siglos XIV y XV en una de las ciudades más prósperas de una Europa devastada por la crisis del siglo XIV. Era un centro comercial y cultural de primer orden que llegó a contar con unos 165.000 habitantes y del que se conservan importantísimos conjuntos urbanísticos como la Alhambra y el Generalife. ​ En el Albaicín vivían los artesanos y el resto de la población ocupó la parte llana hacia el sur, con grandes industrias, aduanas y la madrasa. Hoy en día quedan numerosos vestigios como la Alcaicería, el Corral del Carbón o el trazado de las calles hasta la antigua puerta de Bibarrambla.
Otras ciudades de importancia eran Almería –aunque su periodo de esplendor había sido en los siglos XI y XII con los reinos de Taifas–, Málaga, Loja, Guadix y Baza. La comarca de las Alpujarras, si bien no contaba con ninguna ciudad de importancia, era una zona muy poblada y de gran importancia económica para el Reino, situación que perduraría hasta la sublevación de 1568, tras la cual la mayor parte de la población islámica abandonaría la comarca. 

Política exterior
En sus inicios el reino de Granada fue un reino aliado de la Corona de Castilla, aunque posteriormente tuviera que hacerse tributario de ella para mantener su independencia. La monarquía se mantuvo gracias a las concesiones a los castellanos, a la necesidad de estos de consolidar sus conquistas y a los pactos con los benimerines del Magreb. ​ Esta difícil situación se mantuvo gracias a la diplomacia y la habilidad política de ciertos reyes nazaríes. Durante buena parte del siglo XIV las luchas entre cristianos y benimerines, con el apoyo nazarí, por el control del Estrecho de Gibraltar iban a ser una constante, con una larga historia de alianzas y traiciones, de pérdidas y conquistas. ​ En 1305 los nazaríes conquistaron Ceuta, aunque en 1309 los Benimerines la reconquistan gracias a la ayuda aragonesa. En 1325, tras el asesinato de su padre Ismaíl I, Mohámed IV accedió al trono de Granada, quien en 1333 arrebató Algeciras y Gibraltar a los castellanos, ​ aunque no pudo disfrutar de sus éxitos militares porque fue asesinado ese mismo año, a los 18 años de edad, sucediéndole su hermano menor Yúsuf I. En 1384 los nazaríes volvieron a conquistar Ceuta otra vez, pero tres años después la volvieron a perder a manos del Reino de Fez.
La Batalla del Salado en 1340 supuso un serio varapalo tanto para Nazaríes como Benimerines, pues estos nunca más volverían a intervenir en la península ibérica y, por tanto, los reyes nazaríes perdían así la ayuda militar del Norte de África. ​ No obstante, la derrota en el Salado no supuso ningún descalabro para Granada, que pronto volvería a la política de pagos y vasallaje con Castilla. Tras el esplendor de estos reyes, especialmente Muhámmed V, las luchas dinásticas marcaron la vida del reino, lo que hizo que la existencia del reino dependiera en gran medida de la voluntad de los reyes de Castilla y de las relaciones de equilibrio con los reyes de Aragón. 

Defensa
Ejército
Cuando Muhammad ibn Nasr, el primer rey nazarí, consolidó los dominios del Reino de Granada, estableció el esquema básico del que sería el ejército del reino. En el Reino Nazarí de Granada el estamento noble estaba formado por dos grupos: el autóctono y el foráneo. ​ El autóctono estaba formado los antiguos terratenientes, que tenían grandes posesiones y extensos señoríos; vivían holgadamente, a veces hasta con lujo. El foráneo lo integraban las familias nobles que se habían visto obligadas a emigrar de los territorios ocupados por los cristianos; sus miembros se veían obligados a buscar empleo en la corte y malvivían cuando no lo alcanzaban. Ibn al-Ahmar enroló a los foráneos en el Ejército granadino; por eso este estaba formado inicialmente por dos cuerpos de milicias: uno permanente y asalariado, formado por los nobles y capitaneado por el rey, y otro, la Muttavia, de mercenarios temporales reclutados para una determinada empresa y en el que se alistaban los guerreros de toda condición social. ​
A partir de 1264, llegan desde Tremecén al reino nazarita los primeros voluntarios capitaneados por los hermanos Abu Tabit Amir ibn Idris y Abu al-Muarrif Muhammad, por lo que se organiza otra milicia regular formada por voluntarios bereberes y exiliados marroquíes. Además de estos cuerpos, los reyes nazaritas, recordando la costumbre de los omeyas cordobeses y de los reyes taifas del siglo XI, encomiendan su guardia personal a un cuerpo especial formado solo por cristianos, castellanos mayoritariamente, desterrados o huidos de su tierra, a veces cautivos, islamizados o elches. ​ 

Marina
La flota de guerra nazarita tenía su base principal en el puerto de Almería. Sin embargo, la flota era débil, poco imponente y se empleaba más en la piratería por la costa de la Corona de Aragón que en guerra abierta. Los habitantes del reino nazarí eran poco aficionados a la marina, como según cuenta Ibn Jaldún, de los que dice que eran «extranjeros en la mar».​ La armada nazarita se veía obligada a enrolar mercenarios, almogávares audaces y aventureros de la mar, cuyo ideal era la piratería. En el periodo más brillante de la marina de guerra granadina, el siglo XIV, destacaron dos almerienses: el qaid Abu-l-Hasan y su sobrino, Abu Abd Allah Ibn Salvator. ​ 

Economía nazarí
Para posibilitar su supervivencia, el Emirato hubo de hacer un importante esfuerzo para aumentar las fuentes de riqueza agraria y mercantil a través de aprovechamiento máximo de las técnicas de regadío mediante una minuciosa regulación del uso y reparto del agua en las vegas y hoyas granadinas. ​ Así, estas proporcionaban una gran abundancia de productos hortícolas y frutícolas destinados tanto para el mercado interior como el exterior, compensando el déficit en cereales del emirato que, en ocasiones, tenían que importar. ​ La economía se complementaba con la ganadería en las zonas montañosas, la pesca en las costeras, los recursos mineros de sureste, así como la cerámica y sobre todo la artesanía textil de la seda, base de la vida económica urbana y del comercio exterior. ​ 

Comercio
Uno de los elementos básicos de la economía granadina era el comercio, la artesanía y la agricultura ​ El control cristiano del Estrecho de Gibraltar desde la Batalla del Salado (1340) y la conquista de Algeciras (1344), cortó al Reino de Granada el auxilio militar desde el Norte de África, pero también estimuló un comercio entre la Europa atlántica y el Mediterráneo del que los Nazaríes se beneficiaron enormemente. ​
Sus puertos se convirtieron en escalas básicas para los comerciantes, al tiempo que sus productos se abrieron a otros mercados: Catalanes y, especialmente Genoveses, ​ establecieron consulados en Málaga, Almería, Adra o Almuñécar, los principales puertos del Reino. ​ El comercio con el Magreb y el Norte de África alcanzó una gran importancia, a la que luego seguirían las redes comerciales con la Corona de Aragón: Cataluña, Valencia y Mallorca. ​
El control castellano del Estrecho de Gibraltar revalorizó el valor de los productos granadinos, sobre todo la seda, azúcar, frutos secos y las anchovetas. ​ A partir de entonces el comercio con la Corona de Castilla, especialmente con Sevilla, adquirió una gran importancia. ​ La exportación de la seda, que tuvo sus principales centros en Granada, Málaga, Vélez-Málaga o Ronda, se convirtió en uno de los principales productos de manufactura, ​ y su importancia fue tal que los Reyes Católicos establecerían después de 1492 la llamada "Renta de la seda de Granada".
También se producían intercambios comerciales a lo largo de la frontera terrestre granadina, a menudo realizados de forma ilegal. ​ 

Sociedad
Conforme avanzaba la conquista castellana, muchos andalusíes decidían huir hacia el sur de la península. Así, cuando cayeron en manos castellanas los reinos de Córdoba, Jaén, Sevilla y Murcia, algunos habitantes decidieron marcharse al Reino Nazarí de Granada. Las minorías judía y mozárabe, que habían sido abundantes en periodos anteriores en la zona del Reino Nazarí, casi habían desaparecido durante la dominación almohade.
Sin embargo, tan pronto como se consolidó el Reino de Granada, volvieron los judíos, traídos por los mercaderes cristianos que establecieron sus consulados en las principales poblaciones granadinas. La presencia de mozárabes se redujo a grupos sueltos, refugiados políticos y mercaderes, que fueron autorizados a practicar su religión en privado. Se calcula en 500.000 los musulmanes que abandonaron el valle del Guadalquivir camino del Reino Nazarí o hacia el Norte de África. ​
Se podían distinguir dos grupos principales: la vieja población autóctona y la nueva población venida de las tierras conquistadas; y dos reducidos: los voluntarios africanos y los elches y cautivos. Las circunstancias en las que vivieron los habitantes nazaríes, hace que castellanos y aragoneses influyan sobre todo en la indumentaria, la comida y la bebida. 

Granada.
Es la ciudad por excelencia de todo el Occidente, la más grande e importante, muy poblada. Se da una fortificación de la ciudad, musulmana, de calles estrechas, con distintos edificios:
·       Mezquita aljama: en el espacio de la catedral actual, en la orilla izquierda del río Darro.
·       Juristas, en torno a la mezquita.
·       Madrasa, cercana a la mezquita. Se conserva el oratorio y unas cuantas salas. Habría también una habitación para los estudiantes.
·       Zoco y alcaicería, con puertas, callejas estrechas y cubiertas; es el único conservado a pesar del destrozo.
·       Calle de los prenderos.
·       Fuduq (alhóndigas) al otro lado del río, para comerciantes y extranjeros.
·       Cuatro arrabales, fuera de la muralla, de los cuales el Albaicín es el más importante. 

Arquitectura nazarí
La alhambra: la alcazaba
Es el mejor ejemplo de arte nazarí conservado, además va a ser muy importante porque es un compendio de todos los periodos del arte nazarí desde la época de Muhammad I. además la alhambra trasciende el ámbito meramente andalusí, siendo uno de los conjuntos palatinos mejor conservado de todo el islam. De ahí que se haya convertido en un referente.
Esta en conexión con el Generalife, aunque ambos aplació son independientes. El Generalife va a ser la almunia de los sultanes de granada (palacio de recreo). Este palacio de la alhambra podemos valorarlo como un epilogo brillantísimo (canto del cisne) del arte hispanomusulmán. En un momento en que la dinastía nazarí, en que el poder islámico de la península se  encontraba en absoluta regresión, el arte hispanomusulmán   va a ser capaz de crear una de las obras más bellas, además de hacerlo con unos materiales muy accesibles, tanto en lo constructivo como en lo decorativo. Se ha mantenido hasta nuestros días gracias a que siempre estuvo ocupada. Tras la toma de granado en 1492 se va a convertir en palacio cristiano, en un lugar donde la corte de los RRCC Vivian en temporadas. Ello también implica algunas modificaciones. A pesar de todo, el paso de tiempo han producido deterioros que se han subsanado mediante restauraciones. En muy buena medada es fruto de las mismas. Estas restauraciones estarán basadas en grabados, restos conservados, etc.
En realidad la alhambra de hoy día no es el resultado de un construcción unitaria, si no el resultado de una serie de construcciones que se van a hacer en distintas etapas constructivas y por diferentes monarcas. La alhambra es intrínsecamente compleja y no unitaria. Desde Muhammad I, cada uno de los sucesivos monarcas va a dejar su impronta mediante la construcción de un nuevo edificio o la renovación de otro anterior. Esto hace que el conocimiento de los edificios sea complejo.
Estas intervenciones que se hacen en la alhambra no se limitan exclusivamente a la época islámica, sino que se prolongan tras la reconquista. Tienen en su interior un edificio del s. XVI (el palacio de Carlos V. siempre se ha valorado este edificio como la impronta que el rey cristiano quiere dejar de poder sobre el mundo musulmán. También hay otra lectura, y es que el nuevo soberano cristiano de granada quiere incorporar una nueva construcción dentro de ese proceso.
Vamos a ver un ejemplo excepcional en cuanto a los modos y los conceptos que caracterizan a la arquitectura palatina tanto dentro del mundo hispanomusulmán, como dentro del islam en general.
Siempre hemos dicho que la arquitectura palatina dentro del islam es una arquitectura en la que predomina la complejidad espacial por imitación de los palacios bizantinos. Muchos edificios en los que el visitante va a ir descubriendo los espacios paulatinamente. Evidentemente se está buscando el efecto sorpresa, pensando en aquellos que visitaban el aplació. Por tanto tenemos espacios pensados para impactar a los visitantes, pero también otros pensados para el deleite de sus habitantes (la base de las construcciones palatinas en el desierto).
La alhambra es una arquitectura en la que nos vamos a encontrar interiores y exteriores yuxtapuestos, no van a existir límites entre las estancias, los jardines, los patios, etc. Vemos una arquitectura continua, de hecho, el jardín es constante (con agua y con vegetación, evocando el oasis vinculándose con esa tradición étnica y geográfica del islam). Estos jardines y patios son lugares de una extraordinaria sofisticación. Son lugares en los que tenemos agua que fluye y murmura, y que además sirve de reflejo a la arquitectura (patio de comares), poro que forma parte también de la estética duplicando la fachada. Aparte del agua también nos encontramos con la utilización de la vegetación que sirve para deleitar la mirada. También nos encontramos con que las flores producen aroma y frutos, que en muchos casos se comen (todo está pensado para el deleite de los sentidos).
El interior de las salas se va a tapizar completamente con decoración, que lo ocupa absolutamente todo. Tendencia evidente al horro vacui y a concentrar la decoración. Esa decoración esa organizada de forma muy clara: enmascara todos los materiales no costosos. En la parte inferior tenemos siempre zócalos cerámicos que permiten el roce y a la vez van a proporcionar gran viveza decorativa. Protegen toda la parte inferior, y normalmente se recurre siempre a la decoración geométrica -estrellas de varias puntas, polígonos, etc.). En la parte superior se cubre todo con yeserías talladas, en ellas se mezclan de una forma muy armónica decoraciones geométricas, vegetales y epigráficas creando un efecto denso y abigarrado. Profusión decorativa enorme. De todas las decoraciones la más interesante es la epigráfica, porque incorpora textos en letra nasji. Normalmente se repite constantemente el lema de la dinastía nazarí: solo dios es vencedor (relativo al poder andalusí). Además vamos a encontrar que en los muros de la alhambra van a estar dispersos multitud de poemas. Son poemas que se encuentran repartidos por los diferentes palacios y que muestran algunos de los ejemplos más brillantes de o que es la lírica andalusí contemporánea, porque en muchos casos los poemas se hicieron ex profeso para decorar la alhambra. Por tanto esta también se entiende como un libro para los poetas más importantes de la época (if zanra). Además tiene un carácter documental importante, ya que gracias  estos poemas se ha podido descifrar la época de la construcción o incluso la finalidad de una construcción completa.
Para hacernos una idea de la suntuosidad y del lujo que habría en estas estancias hay que tener en cuenta las artes suntuarias. Estarían cubiertas con telas, metalistería, etc.

En cuanto a la arquitectura:
En primer lugar la alhambra fue una fortaleza, por tanto va a funcionar en sí misma dos  conceptos distintos y complementarios: por un lado la arquitectura militar (caminos de ronda, austera, pasadizos, etc.) con la arquitectura palatina (suntuosa, salas de yeserías, etc.). No hay que olvidar que incluso en ese ámbito todo el recinto de la alhambra va a estar rodeado  por una muralla. La alhambra está situada sobre una colina, la Sabika, es un elemento elevado y con forma alargada. El nombre de alhambra viene del árabe qala’t alhambra que significa castillo rojo, por el color ocre rojizo que caracteriza a sus paredes y la tierra arcillosa de esta colina, que es la que se va a usar para el tapial con el que se construyen los muros. Se elige esta clina por ser un ámbito estratégico ya que permite una gran visibilidad del entorno (ves todo el territorio circundante), además de que resulta mucho más fácil de defender. Muhammad I toma la ciudad de granada 1237, convirtiéndola en su capital. Al año siguiente decide construir en la colina de la Sabika su residencia. Esta colina tenía ya construcciones: estaba situado el palacio del visir judío del rey ziri de Granada Yusuf ibn I. unos restos o un palacio en funcionamiento que debía de existir cuando llego Muhammad. A partir de 1238 vamos a ver como comienza la historia arquitectónica de la alhambra, que se va a prolongar hasta el s. XV con incorporaciones posteriores.
La primera intención de Muhammad I es construir su residencia, cubrir sus necesidades defensivas y residenciales. Para ello va a  construir la alcazaba y todo lo que es el recinto circundante a la misma. Es la construcción más antigua de la alhambra que empieza hacia 1238. Se sitúa en el extremo occidental de la colina. Vamos a ver que tiene una forma alargada, pero su función es adaptarse a la topografía de la propia colina. Se va a construir sobre edificaciones anteriores, aunque hoy en día no han perdurado restos de esas arquitecturas. Esta alcazaba va a combinar el carácter residencial y el defensivo. Va a constar de un recinto previo, ligeramente en bajo que actúa como una especie de barbacana, luego tenemos el recinto principal con las torres en el interior. De las torres que se conservan, la más famosa es la torre del homenaje, se trata de una torre pensada con una función puramente residencial. Interiormente está constituida por seis pisos abovedados en altura, siguiendo un modelo de clara afiliación bizantina. La función residencial sobre todo la tenía el último piso, donde aparece ser que vivió Muhammad I, y donde después vivieron los alcaides de la alhambra. El resto de torres conservadas, como la torre quebrada o la torre de la vela, van a tener una función exclusivamente defensiva. En lo que es el patio de armas aparecen una serie de muros que enmarcan la presencia de una pequeña ciudad, esas dependencias tienen un carácter castrense (vinculadas a la guarnición que vigilaba la alhambra).
Alcazaba

Torre quebrada a la izquierda y del homenaje a la derecha

Torre de la vela 


Puerta de las armas
Puerta y Torre de las Armas desde el camino de ronda de la Alcazaba de la Alhambra, donde se puede ver en el suelo un poyete para descender 
del caballo una vez que se cruzaba la puerta

En
época nazarí, la llamada Puerta de las Armas o Bab al-Silah (como era conocida desde finales del siglo XV) comunicaba la ciudad de Granada, a través del barrio de la Almanzora, con la ciudad palatina de la Alhambra, siendo a su vez la entrada principal a la Alcazaba, por ese motivo era conocida anteriormente como Bib al-Medina o Puerta de la Ciudad. Cerca de ella quedan todavía trozos de la muralla primitiva que unía esta torre con el Puente del Qadí o Puerta de los Tableros.
La Torre de las Armas formaliza una formidable estructura defensiva junto
con el complejo circuito de murallas haciendo aún más difícil el asalto,
formando ángulo con la muralla inferior de la Alcazaba
 

Fue una de las primeras construcciones que se levantaron en la Alhambra en el primer tercio del siglo XIV, bajo el reinado de Ismail I. Se le atribuye a él la construcción porque durante su reinado, Granada sufrió una expansión demográfica hacia el oeste, extendiéndose más allá de Puerta Real y de la Plaza de Bibarrambla, por lo que era necesario habilitar un nuevo acceso a la Alhambra por el lado noroeste de la Sabica. Esta nueva ruta cruzaba el río Darro desde la calle Elvira, ligeramente desplazada a la izquierda, a través del puente llamado Hammam Jash para ascender por la actual Plaza de los Cuchilleros. En ese momento se hizo necesario proveer a la medina real de la Alhambra con una puerta monumental como majestuosa entrada desde Granada, tras la victoria de la Batalla de la Vega acaecida en 1319, y quizás tras la muerte de su tío Nasr en 1322, además de servir para asentar la legitimidad y el poder de esta nueva rama de la dinastía.
A la izquierda, en primer plano, el acceso a la parte superior
de la Torre y Puerta de las Armas de la Alhambra

El exterior de la Puerta presenta una fachada sencilla con arco de ladrillo en forma de herradura e impostas de piedra, guarnecido de festón, estaba decorada con azulejos de vivos colores blancos, verdes y azules que brillarían con el reflejo de la luz del sol (de los que se conserva algunos restos), albanegas que tendrían azulejos y todo encerrado en un recuadro de ladrillo. Además, toda la torre estaba encalada con estuco pintado con líneas oscuras que simulaban sillares, provocando una imagen impresionante.
Puerta de las armas

Tras este arco se abre otro de la misma forma y entre ambos y un tercero se ven las ranuras del rastrillo que cerraba la puerta; si la Puerta era inesperadamente atacada y la guarnición resultaba insuficiente, se dejaba caer el rastrillo con el que estaba provista y cuyo mecanismo se controlaba desde el piso superior inmediato a la puerta, al que se ascendía por el adarve de la misma Alcazaba. Sin embargo, las puertas de estas grandes entradas solían mantenerse abiertas, mientras que otros accesos desde la Alhambra al campo se mantenían cerrados.
Vista exterior de la Puerta de las Armas desde el Albaicín

Desde su azotea, que se comunica con el resto de la Alcazaba de la Alhambra, puede verse el enlace con la ciudad baja a través de la orilla izquierda del río Darro al oeste, y al este la entrada a la ciudad palatina por la calle del antemuro. Además se divisa un amplio territorio en el horizonte la muralla septentrional de Granada, el Albaicín alto, el Sacromonte y el cerro de San Miguel.
Interior de la puerta; desgraciadamente el acceso a la parte
exterior de la Puerta de las Armas es muy complicado
 

En el interior encontramos una nave dividida en compartimentos por arcos de herradura apuntados y cubiertos por bóvedas de gallones, esquifadas y baídas y, en las paredes, nuevos arcos cobijan asientos para la guardia.
Plano en dos niveles de la Puerta las Armas; la parte alta de la torre la componen
unas salas cubiertas con bóvedas de aristas y esquifadas, apoyadas en
arcos de herradura apuntados y en época cristiana se le agregó un
piso que avanzaba hasta injertarse en el muro norte de la Alcazaba,
con la que establece comunicación
 

Se trata de una puerta en doble recodo, optimizando su función defensiva, únicamente comparable con la Puerta de la Justicia, otro de los pocos accesos con los que contaba la ciudad palatina desde el exterior, ayudando a un mayor control. Tras la entrada, el ancho pasillo se tuerce en un primer recodo hacia la derecha para encarar una estancia más amplia que serviría para albergar seguramente un cuerpo de guardia, con lo que pocos defensores podían detener a muchos atacantes por un pasaje tan acodado. Aquí el camino se bifurca:
Bifurcación interior de la Puerta de las Armas
 

A la izquierda en dirección a la ciudad palatina, saliendo de la torre -en la que dos arcos más, de herradura apuntados y de sencilla obra de ladrillo dan paso a la calle- no sin antes recorrer una distancia de noventa metros, a pie o a caballo, con el costado derecho desguarnecido, expuesto a los ballesteros situados en la muralla interior o en la cercana Torre del Homenaje, puesto que el escudo se llevaba en el lado izquierdo. Aumentando la seguridad, la torre que alberga la Puerta de las Armas y que recibe el mismo nombre, se encuentra adosada al recinto interior de la Alcazaba a modo de torre albarrana, permitiendo hostigar al enemigo si intentaba acercarse o rebasar la muralla. Continuando el camino hacia la ciudad palatina, había que pasar un nuevo control en lo que hoy es la Torre del Cubo (de época posterior al período nazarí), que alberga la Puerta de la Tahona, para acceder al mercadillo o zoco, cuyos restos aún pueden verse.
Acceso a la Alcazaba de la Puerta de las Armas
 

A la  derecha, se accedía al adarve inferior de la Alcazaba, pudiendo dejar su cabalgadura en las caballerizas (akhur) contiguas a la Puerta de las Armas y tras un camino estrecho, con tramos escalonados y acodados bajo la vigilancia de la Torre de la Vela o también llamada Torre del Sol, donde los vigilantes que la guarnecían podían con facilidad detener a todo un ejército con sólo arrojar piedras sobre el angosto pasillo. Todo un sistema perfeccionado de contraataque. 
Sección de la Puerta de las Armas vista desde el lado oeste, y plano de las caballerizas o akhur tras la construcción de la Torre de las Armas, que 
redujo su tamaño en planta al norte, así como el espacio destinado para alojar al personal militar

Plano de las caballerizas en el siglo XIII y sección de la Torre y Puerta de las Armas

El edificio de las caballerizas o akhur de planta trapezoidal se encuentra situado en el noroeste de la barbacana, sin embargo su planta fue simétrica en el siglo XIII, con una alargada nave central inclinada de este a oeste para permitir el drenaje y la limpieza de los desperdicios arrojando cubos de agua. Contiene diez compartimentos a cada lado, separados por pilares rectangulares unidos por arcos. El muro oeste de las caballerizas está unido a la Torre de los Hidalgos, construida por moriscos en el siglo XVI. Se ha sugerido que el tejado en terraza (asfaltado entre la década de 1960 y 1970 para impermeabilizarlo) podría estar fabricado en madera y serviría para almacenar heno, alfalfa y otros tipos de forraje para los caballos y animales de carga, aunque esta teoría es prácticamente imposible ya que cualquier atacante podría prenderle fuego fácilmente con flechas incendiarias, debilitando las defensas. Otra idea es que la terraza podría haber sido utilizada para reagrupar tropas cerca de la Puerta de las Armas antes o después de un combate o de una refriega, así como para su descanso o para entrenarse.
El acceso a la Alcazaba estaba pensado 
para que fuese difícil y proteger la ciudad palatina de la Alhambra
 

El interior de la puerta sólo se puede visitar en ocasiones especiales. Recuerda mucho a la Puerta de la Justicia (que a juzgar por sus caracteres, la Puerta de las Armas es más antigua), aunque con dos cúpulas gallonadas y otras esquifada y vaída, pintadas imitando al ladrillo, similar a las puertas almohades del Magreb. 
Interior de la Puerta de las Armas de la Alhambra; se puede ver 
la bóveda con ladrillos pintados, una tendencia que se repite en otros lugares del recinto monumental
 

En esta sección vista desde el lado este deja de manifiesto las bóvedas esquifada, vaida y gallonadas

Bóveda vaida con ladrillos pintados, similar a las marroquías

Interior de la Puerta de las Armas cuyo acceso es limitado 


Torre de la vela
"Concebida como una gigantesca atalaya de 27 metros, se adelanta vigilante entre los valles que la marginan, sobre el caserío hacia la vega y las lejanas sierras que la rodean. Desde su plataforma superior, almenada en su día, -cayeron en el terremoto de 1522 y alguna queda al pie de la torre- las miradas escrutaban todo acontecimiento cercano o distante y también las fogatas de otras atalayas que irradiaban a todos los lugares del reino. Los cristianos la dotaron de espadaña con campana de rebato (la original estaba en un extremo), que desde el toque de ánimas hasta el del alba, señalaba los cuartos de vigilancia de la guarnición de la Alhambra e informaba a la población de la hora nocturna, mientras el campanario de la catedral callaba. También era usada para hacer luminarias y fuegos artificiales en los eventos importantes: nacimiento de reyes, coronaciones, etc.

Jesus Bermúdez Pareja  

La Torre de la Vela, llamada de Giafar por los hispanomusulmanes y más tarde del Sol (porque el primer día de primavera se ilumina por completo a las doce) también fue llamada por Ibn al-Jatib como Borch al-Adhim y también Rafael Contreras aseguraba que fue llamada también de Abu Chafar, en recuerdo del famoso y momentáneo emir a quien derrotó y mató en la Vega el walí almorávide Abu-Bacr exponiendo su cabeza durante días en lo alto de la torre y a veces también conocida como Torre de la Campana por la que allí existe desde época cristiana.
Plano de cada una de las plantas de la Torre de la Vela

Es la torre de mayor envergadura, y la más occidental de la Alcazaba por lo que sirve además como atalaya del Albaicín, de la medina y de toda la Vega (al-Fahs). Este elemento de la Alhambra es uno de los símbolos emblemáticos de la Granada de todos los tiempos; robusta y mayestática, desde su terraza el panorama es inmejorable: un horizonte sin interrupción donde se suceden la ciudad con sus barrios, pueblecitos agrícolas, llanuras verdes y cumbres nevadas. Desde el primer tercio del siglo XIII ha venido marcando la vida cotidiana de los granadinos.
También es un buen lugar para observar el barrio castrense y el recinto de la Alcazaba, avalando su inexpugnabilidad, que unida al perfecto sistema defensivo, hace de la hipotética conquista de la Alcazaba una tarea imposible para cualquier ejército que se aproximara a ella desde el exterior, en su tiempo, sobre una colina sin árboles, rodeada de valles y fuertes depresiones que disuadían cualquier intento de asalto. Además se supone que la torre tenía un abastecimiento contínuo de agua, la cual llegaría mediante vaso comunicante, según la teoría de Jesús Bermúdez, algo que otros investigadores cuestionan por la falta tuberías y materiales lo suficientemente resistentes para aguantar la fuerte presión que daría la altura.
El interior de la torre poco tiene que ver con el diseño proyectado por Mohammed I, quien pretendía que estuviera constituido por arcos que produjeran luces y sombras pero el peso de la parte superior de la torre hacía correr el riesgo de que se hundiera, por lo que tuvieron que cubrir el interior de los arcos con paredes para alinear las fuerzas. Para comprender la multitud de reparaciones que ha sufrido es suficiente con pensar que los muros exteriores eran de tapial en origen, por lo que los parches de ladrillo que se ven en la actualidad son producto de reparaciones posteriores, mientras que el tapial se compone de grava, fina arena ferrosa de color rojo y lima.
El sótano o mazmorra conforma la base del edificio, a 6,85 metros del muro sur y 4,60 metros del muro norte. Se le añadió un pilar, alineado con la bóveda central para evitar que toda la estructura se viniera abajo. Tres bóvedas en total componen este espacio, siendo la central más amplia que las laterales, sin embargo este es la planta con el espacio más reducido e indudablemente serviría de mazmorra siendo los prisioneros descendidos por el acceso superior a través de una cuerda o una escalerilla, además de servir de almacén en caso de asedio.
Se accede a la torre por el segundo piso, por la esquina sureste, quedando por debajo el primer piso y la mazmorra. Esta esquina sureste es la más débil posiblemente por la debilidad que le confiere el hueco de la puerta así como por las escaleras. La monumentalidad exterior (originalmente rematado en estuco blanco del que aún quedan algunos restos) y la organización interior sitúan esta torre entre las creaciones más exitosas del medievo fundiendo en ella lo castrense y palaciego. Como es característico de las grandes torres nazaríes, los espacios interiores se van ampliando en las plantas superiores, con objeto de aligerar peso al edificio y asegurar su estabilidad. La escalera, al menos en el tramo medio, tenía con seguridad un trazado distinto al actual, siendo la nazarí mucho más estrecha. La amplitud estructural de la torre (vivienda y almacén) permitió una disposición interior compleja y funcional.
Por la base de la Torre de la Vela discurre una calle antemuro o barbacana que era la senda natural de entrada al interior de la Alcazaba, independiente del resto del recinto amurallado conectando con la Puerta de las Armas y el edificio de las caballerizas.
Probablemente en esta torre, por su posición saliente en la colina, se colocaran los estandartes y las banderas del poder nazarí, cuya bandera era roja. En la entrega de la Alhambra, producida en la madrugada del 2 de Enero de 1492, el conde de Tendilla colocó allí los estandartes para que se vieran desde todos lados: "… el conde de Tendilla y el de Cifuentes y los otros capitanes de las guardas llegaron al Alhanbra y subieron la cruz y los pendones a una torre muy alta do se vían bien asy de la çibdad como del campo…". Esto testimoniaba la toma de posesión de La Alhambra por el ejército cristiano, tremolando el estandarte del Apóstol Santiago, las banderas del Rey Don Fernando y levantando la Cruz del Cardenal Mendoza.
"Detente en la explanada de la Sabika y mira a tu alrededor: 
la ciudad es una dama cuyo marido es el monte.
Está ceñida por el cinturón del río, y las flores
sonríen como alhajas en su garganta...
Mira las arboledas rodeadas por lo arroyos:
son como invitados a quienes escancian las acequias...
La Sabika es una corona sobre la frente de Granada,
en la que querrían incrustarse los astros.
Y la Alhambra (¡Dios vele por ella!)
es un rubí en lo alto de esa colina" 

Puerta de la justicia
De las cuatro puertas exteriores del recinto palatino amurallado (dos en el lado norte y otras dos en el sur), la Bab al-Sharia o Puerta de la Justicia o de la Explanada -por la amplia llanura que se extendía ante ella, hoy recubierta en parte por el espesor del bosque y en la que tenían lugar magnas celebraciones- es la más monumental, habiéndose convertido en uno de los símbolos de la Alhambra. También es la única entrada a la Alhambra que se conserva en uso desde época medieval, demostración de que los arquitectos nazaríes no sólo fueron virtuosos decoradores, sino grandes constructores.
Por sí misma, esta puerta está cargada de simbolismo desde que fuera mandada edificar en 1348 por el rey Yusuf I. Además de su función estructural, posee uno de los valores simbólicos islámicos más destacados de la Alhambra: la mano (que los musulmanes llaman al-Hamza, los cinco), que significa los cinco preceptos de la ley musulmana, representada en la clave del gran arco exterior y la llave con borla reproducida encima del arco interior de entrada, símbolo de la fe y se especula que emblema de la casa real nazarí. Se ha especulado mucho sobre la representación de ambos elementos en una misma puerta, considerándose una metáfora del poder nazarí.
Los sillares que refuerzan las esquinas del umbral de acceso trabando alternativamente las hiladas sucesivas de cada testero y su continuación con el alfiz superior realizado en ladrillo. Todo este simbolismo, elementos decorativos, la convierten en la estructura defensiva y arquitectónica más rica y compleja de la muralla de la Alhambra.

Alzado del patio, puerta principal y sección de la Torre de la Justicia
por Francisco Prieto Moreno
 

Grabada en dos losas de mármol con grandes y esbeltos caracteres cursivos dispuestos en dos lineas de escritura, la inscripción informa al visitante sobre le nombre de la puerta para proclamar posteriormente el nombre del rey responsable de la construcción y que recuerda a su padre, Ismail I, así como la fecha de la fecha de finalización de la obra -entre el 30 de mayo y el 28 de junio de 1348- presentando la puerta como un dispositivo protector y gran obra piadosa. Su terminación en la Natividad del Profeta (el Mawlid) es significativa, como sucediera con la construcción del Mexuar, que celebraban con recitaciones poéticas, banquetes y ejercicios espirituales. La transcripción de la misma dice así:
Ordenó construir esta puerta, llamada Bab al-Sharia -¡Dios haga venturosa con ella la  Ley del Islam y en motivo de gloria permanente a través de los tiempos la convierta!-, nuestro señor el Príncipe de los Musulmanes, el rey justo y combatiente Abu l-Hayyay Yusuf, hijo de nuestro señor el rey venerado y combatiente Abu al-Walid den Nasr -¡Dios recompense en el islam sus otras virtuosas y acepte sus esforzadas hazañas!-. Y esto pudo concluir en el mes del excelso Nacimiento del año 749. ¡Que Dios en dispositivo protector la transforme y entre las eternas obras pías la consigne!
Detalle de la inscripción fundacional en mármol policromado,
así como de la decoración de paños de sebka en azulejos
 

Entre el gran arco exterior y el portón de la entrada queda un espacio a cielo abierto o buhedera que servía originalmente para, desde arriba, hostigar al eventual asaltante. También a modo de defensa, y como es característico en las puertas nazaríes, el interior se desarrolla en doble recodo, salvando un pronunciado desnivel.
La solución de utilizar diferentes cubiertas también es típica de la arquitectura nazarí: bóvedas de arista, de cañón con lunetos y esquifada, así como el uso de cúpulas pintadas simulando aparejo de ladrillo rojo, también característico del arte almohade.
La fachada de la puerta que da al interior de la muralla conserva parte de la decoración original en las albanegas del arco de herradura, que muestra una red polícroma de rombos cerámicos, esmaltados en blanco y azul. Una vez franqueada la puerta interior se presenta "la corraleta", es decir, un amplio pasillo donde se alineaban los jinetes esperando ser lanzados al contraataque. Por esta razón están construidos en rampa todos los corredores de la puerta. A la derecha de la puerta misma hay un camino de ronda que se extendía a todo lo largo de la muralla de la Alhambra, unas veces cubierto y otras al raso, pero lo suficientemente alto como para poder hacer las rondas a caballo.
Aspecto de la fachada interior de la Puerta de la Justicia de La Alhambra que conserva parte de la decoración nazarí en las albanegas del arco de herradura

Parte superior de la Puerta de la Justicia; se trata de una torre de planta rectangular unida por uno de sus costados a la muralla de la ciudad aristocrática y es sin duda la puerta más importante del monumento alhambreño. 


En cuanto a lo materiales de la alcazaba y de los muros exteriores vamos a encontrar mampostería y tapial, que a veces aparece mezclado con ladrillo en algunos lugares, y es corriente que aparezca con restos de enlucido. Esta primera construcción está rodeada por todo un recinto fortificado que se va a ir ampliando en épocas exteriores. 

La casa real vieja
Este nombre se da a los palacios de la alhambra, al núcleo principal conservado de los palacios nazaríes. Se usa como contraposición de la casa real nueva (el palacio de Carlos V). Va a incluir el mexuar, el cuarto dorado, el palacio de comares, el palacio de los leones y el palacio del partal. Es donde se va a concentrar la mayor parte de la riqueza decorativa de la alhambra, así como las principales restauraciones.


El mexuar:
El espacio áulico denominado Mexuar (traducido por el Consejo de Ministros) fue el núcleo principal palatino de este sector, y a lo largo del siglo XIV estuvo destinado fundamentalmente a la burocracia y a la administración de justicia, organismo conocido como Cancillería nazarí o Díwán al-Insa. Por las estructuras arquitectónicas conservadas y las descripciones de la época que han llegado hasta nosotros sabemos que el Mexuar se distribuía en torno a patios situados a distintos niveles y salas que tenían múltiple usos. 
Decoración de la actual puerta de acceso al Mexuar
 

Los dos primeros patios fueron recuperados arqueológicamente, siendo identificados en su mayor parte por el arranque de los muros. Este espacio se distribuía en tres ámbitos sucesivos: el Mexuar nuevo o segundo Mexuar, el Mexuar privado o inicial y la sala del Trono.
El primero de los patios se conoce como Patio de la Mezquita (también llamado Madraza de los Principes a partir del siglo XX por su semejanza a la Madraza Yussufiya) y presenta varias salas alargadas abiertas entorno al mismo y que seguramente se utilizaron como oficinas de la administración de la corte nazarí. Probablemente, la sala situada al sur sea la que los textos llaman Qubbat al-'Ard, lugar donde los secretarios despachaban la correspondencia oficial, los recursos judiciales y en la que había un reservado para que el monarca pudiera recibir ocasionalmente al pueblo. Junto a ella, y sobre un pilar para abluciones, sobresale la denominada mezquita vieja o del sultán, un pequeño oratorio de unos nueve metros de lado -que no estaba correctamente orientado a la Meca- con un alminar adjunto, ambos construidos por Ismail I.
A través de una escalera se alcanza al segundo patio, conocido como Patio de Machuca, en cuyo centro se encuentra una alberca con bordes lobulados que los textos musulmanes describen como "zafariche de peregrina forma". Aunque no han llegado a nuestros días, en los lados menores del patio se situaban sendas fuentes circulares además de surtidores en forma de pequeños leones que vertían el agua al interior.
Esquema del palacio del Mexuar junto con los aledaños restos arqueológicos
 

 En el costado septentrional del patio, una galería porticada de nueve arcos (donde llegó a haber una caballeriza en el siglo XVI) da paso a una torre mirador de pequeñas dimensiones mandada construir por Yusuf I y que sobresale al exterior de la muralla. De ella decía Ibn al-Jatib "asoma a la ciudad, y quien está en su interior puede ver los puestos de guardia y las fronteras, y oir el ruido del agua que baja por las albercas de la fortaleza y hasta las toses de la gente en sus casa, y otras cosas". Esta torre  era conocida como Torre de la Victoria en época nazarí o Bahw al-Nasr, y más recientemente como Torre de los Puñales por haberse hallado una daga entre sus muros durante una restauración en 1854. Hasta el reinado de Mohammed V estuvo separada por el foso del camino de ronda, que rellenaron los obreros musulmanes para ensanchar el patio e incorporar esta torre-pabellón al nuevo Mexuar. Probablemente en ella fue donde se asesinó a Ismail II el 13 de julio de 1360, quien derrocó a Mohammed V cuando a su vez fue depuesto por su medio hermano Mohammed VI. Al otro lado del patio, frente a la galería porticada, una hilera de cipreses en forma de arcos recrea la desaparecida galería meridional -de la que quedan vestigios en el suelo- que servía de acceso a la llamada Sala del Trono. Aunque las modificaciones cristianas han desfigurado esta zona, podemos imaginar cómo pudo ser en época nazarí gracias a un relato escrito por Ibn al-Jatib, donde nos habla sobre la celebración del Mawlid el 30 de diciembre de 1362.
La Sala del Mexuar responde a tres etapas principalmente: la primera correspondiente a la época de Ismail I, constituyendo la estructura central del palacio -aquí escuchaba a sus consejeros y administraba justicia-; la segunda, a la de su nieto Mohammed V, quien adaptó el lugar a su programa palatino tras recuperar el poder el 16 de marzo de 1362; y por último a época cristiana y su transformación en capilla en el siglo XVI.
En el friso de madera de dicha entrada, bajo el alero, fueron grabados en 1362, con elegante y esbelta grafía nasjí y flanqueado por sendos escudos de la familia real nazarí, un poema de tres versos -atribuidos posiblemente al poeta y visir Ibn Zamrak- que reproducen algunos de los ideales áulicos fundamentales que también se hallan en otros poemas de la Alhambra:
¡Oh sublime podio de la realeza
que tan maravillosa forma posees!
Abierto fuiste a la clara victoria 
y a la buena acción.
Monumento es del imán Mohammed
la sombra de Dios sobre todos cernida 

A través de un angosto patio se llega a una delicada portada adintelada que da acceso a esta sala. Aunque ha perdido los alicatados del cuerpo inferior, la puerta conserva el amplio vuelo del alero de madera sobre ménsula apilastradas, tan representativo de la arquitectura hispanomusulmana. Este ámbito se correspondería con el que los textos nazaríes denominan el "Vestíbulo del Alcázar" y obedecería al cierre de su primitiva estructura estucada de época de Mohammed V (parte de cuyos restos pueden verse desde el interior integrados en el muro).
Ibn al-Jatib explica que cuando Mohammed V remodela esta zona establece aquí el Salón de Sesiones o Maylis al-qu'ud ubicando en él el "Trono del Gobierno" o Sarir al-Imara en el muro occidental, sobre un estrado de tres escalones de más de una braza de altura. El espacio central de planta cuadrada se delimita por cuatro esbeltas columnas de mármol, cuyos capiteles conservan su antigua decoración policromada. Fue erigido con opulencia arquitectónica dando una estructura similar a la Sala de las Camas del Baño Real. Originalmente estas columnas sostuvieron una "altísima cúpula (...) ceñida por un mar de cristal sin fisuras" como la describe Ibn al-Jatib y que fue desmontada hacia 1540 para colocar un alfarje morisco de disposición radial y añadir una planta superior con habitaciones. Para ello, el muro oeste fue macizado para soportar el peso de la nueva planta añadida y en él se abrieron las grandes ventanas enrejadas que ahora iluminan la sala.
La sala del Mexuar fue también la sala del Trono durante un tiempo.
Su disposición sería similar a la expuesta al dibujo, facilitado por Manuel García Luque. Posteriormente, en el cuadro que sostienen las cuatro columnas, el Consejo reunido decidía los asuntos judiciales de importancia. En la puerta había un azulejo que decía "Entra y pide. No temas pedir justicia, que hallarla has"

Detalle de las ménsulas que sostenían la primitiva linterna del Mexuar. Los capiteles fueron restaurados en 1995, restituyéndoles  la policromía perdida con el paso del tiempo 

Este espacio cuadrado se inscribe en otro rectangular con zócalo alicatado en las cuatro paredes, y por encima una banda epigráfica que inicialmente tuvo un poema con letras "recubiertas por panes de oro purísimo (...) entre lapislázuli molido", donde hoy puede leerse "el Reino (...), la Grandeza (...) y la Gloria es de Dios", como elegidas intencionadamente por los moriscos conversos al cristianismo por el parecido a la letanía latina "Christus regnat, Christus vincit, Christus imperat", cuando fue convertida en capilla tras la conquista. Sin embargo, los techos de madera del perímetro conservan sus trazas originales. Sin embargo conocemos el poema original de letras doradas y fondo azul lapislázuli escrito por Ibn al-Jatib y que él mismo transcribe en dos divanes poéticos y que alude al "error" político que supuso el derrocamiento de Mohammed V y su recuperación del poder:
Observa con tus propios ojos la delicia que hay en mí
y admiraté de la forma y adorno que poseo.
Única soy en una época cuya Fe
la unión "cono dos hermanas" no ve.
A la verdadera religión me debo sin que la felicidad
su deuda con la religión en mí de saldar.
En noble fama y superior celebridad
al Iwan de Cosroes me asemejo, siendo tan diferentes.
Eran templos de fuego que con la luz de Dios
fueron apagados: ¡por Dios, "que distintos son ambos Yazíes"!
¡Cuanta dispersión reunió en mi elegancia
y cuantas parejas de colores la belleza armonizó!
Es como si, de todos los edificios regios,
el ojo yo fuera y su pupila en él mi señor.
Mohammed, el hijo de Abu l-Hayyay, me edificó,
por lo que digno es del más auténtico y verdadero loor.
Es aquel cuya diestra -bendita sea- reúne con constancia
dos contrarios: generosidad y valor.
Es aquel que la autoridad consiguió
luchando con espadas punzantes y de filos cortantes,
y quien el antiguo y abominable error,
que cubría de vergüenza y deshonra a la Fe, enmendó.
Con su victoria, viento de lluvia Dios envió
y al espíritu batiendo alas bajó.
En mí sigan todas la cualidades reunidas
y la victoria y el triunfo sean de mi morada amigas.
Que al más remoto anhelo de mi creador forma dé Dios,
que exento está de modalidad y de espacialidad.

El muro norte, que en tiempos separaba la sala de un pequeño patio, fue derruido y su decoración en yeso se recolocó en el muro posterior. En su decoración a base de estrellas o "sinos" se alternan de manera simbólica el lema nazarí y el escudo imperial español cristiano. La cúpula original, sobresaliendo por encima de los tejados circundantes, era como una linterna que iluminaría toda la estancia a través de cristales de colores, recordando a la que se conserva en el Mirador de la Lindaraja.
Paño de alicatado de la sala del Muxuar que Ibn al-Jatib describe como "ondeante mar" en alusión metafórica del dinamismo acuoso, que también comparten otros azulejos del recinto Alhambreño
 

Como he mencionado anteriormente, en la celebración del Mawlid o Natividad del Profeta del año 1362, la sala se adornó con hermosos tapices y cortinas, iluminándola con variados candelabros de cristal y velas. La fiesta comenzó con la entrada del monarca Mohammed V (quien había recuperado el trono ese año) y la recepción de los invitados, a lo que siguieron plegarias y homilías religiosas, así como copiosos banquetes y un recital poético a cargo de un experto rapsoda, que entonó casidas en honor al Profeta compuestas por diversos poetas llegados a la corte, así como panegíricos dedicados al rey. Al amanecer, se dio por finalizada la fiesta con una sesión de dikr (invocaciones a Dios con cánticos) a cargo de sufíes y ascetas, que ya Yusuf I solía invitar a la Alhambra. Finalmente, los invitados fueron despedidos, impactados por la religiosidad, pompa, destrezas artísticas, generosidad y dominio exhibidos por la corte nazarí.
Contiguo a la sala del Mexuar un pequeño oratorio orientado preceptivamente para la oración ritual, conserva en el muro de cabecera, la qibla, un mihrab de planta poligonal y arco de herradura. Esta fue una de las estancias que más daños sufrió en la explosión que se produjo en 1590 en la casa de un polvorista junto a la iglesia de San Pedro, de tal manera que tuvo que ser reparada en su momento, completándose su restauración en 1917. Todo el flanco norte está abierto hacia el barrio del Albaicín, con una perspectiva que invita al creyente a la meditación sobre la preocupación por el pueblo que gobernaban y la grandeza de la Creación a través del paisaje y de la naturaleza, reforzado por la inscripción del mihrab que solicita "ven a la oración y no seas de los negligentes".
Por una estrecha puerta se accede a un patio, lugar en el que el rey recibía a sus súbditos en audiencia en la segunda mitad del siglo XIV. Por eso la pequeña puerta con arco de herradura permite el paso de una sola persona, facilitando a la guardia el control de los asistentes, que eran conducidos a través de la inmediata galería porticada al interior de la sala de espera.
A la izquierda, acceso al oratorio desde la sala del Mexuar y
a la derecha arco que de herradura para llegar al Cuarto Dorado
 

Ésta sala recibió el nombre de Cuarto Dorado (al ser repintado su artesonado con motivos ornamentales dorados) tras las reformas cristianas que modificaron su fisionomía al clausurarse las ventanas laterales y transformando la ventana central en un mirador con asientos enfrentados y curiosos capiteles, fruto del mestizaje cultural del arte mudéjar. 
El pórtico, formado por tres esbeltos arcos, conserva en parte la decoración original en la que destacan los capiteles centrales de tipo almohade tallados en piedra. La planta superior fue adaptada como vivienda durante época cristiana, mientras que la pila central del patio es una réplica de la fuente de la Lindaraja, una de las piezas más bellas de la hidráulica nazarí y que se conserva en el Museo de la Alhambra ya que con las transformaciones cristianas quedó fuera de contexto. Probablemente en una primera etapa nazarí no era un patio cerrado, sino que se abría al paisaje de la ciudad en su cara norte, sobre la muralla; de hecho, bajo el Cuarto Dorado, corre un pasadizo de ronda para la guardia que originalmente debió estar a cielo abierto sobre el adarve o parte alta de la muralla, como sucede en el resto de las murallas de la Alhambra. Sin embargo, el crecimiento de las estructuras palatinas en el siglo XIV hizo de este patio un lugar intermedio entre el ámbito semipúblico del monarca y el privado, cargándolo de una gran simbología. Las paredes laterales del mismo conservan su estado original, con grandes superficies sin decorar, con estuco liso de cal para reflejar la luz y realzar la gran fachada frente al Cuarto Dorado.
                           Vista del Patio del Mexuar al que se accede desde el Cuarto Dorado
 
El cuarto dorado:
Es una estancia alargada que va a permitir el acceso a través de un pórtico a lo que se conoce como el patio del cuarto dorado, al que se va a abrir la fachada del patio de comares. Es un espacio en época e Muhammad V pero tras la reconquista también va a ser muy remodelado. De la fachada si se conservan bien las características originales: típica fachada nazarí dividida en tres vanos, los dos laterales más pequeños que el del medio. Arco angrelado apoyado sobre las típicas columnas de fuste cilíndrico anilladas en la parte superior. En la apte de arriba vemos yeserías de sebka. Este pórtico se abre a un espacio, el cuarto de dorado. Se trata de un patio no muy grande cubierto por lajas de mármol y en el medio un pequeños surtidor casi a ras del suelo. En frente la fachada del patio de comares. Se trata de la fachada interior más importante que conservamos de la alhambra. Gracias a las inscripciones sabemos que fue construida para conmemorar la victoria de Muhammad V en la batalla de Algeciras 1569. También sabemos que el sultán de Muhammad v se colocaba en el centro para administrar justicias en ocasiones especiales. Es una fachada grandiosa en un espacio muy pequeño (efecto de sorpresa). En la fachada hay dos puertas simétricas y adinteladas, la de la izquierda es la única que comunica con el palacio comares. La otra comunica con una serie de estancias destinadas a la familia del sultán y a los sirvientes. Se organiza en dos registros o niveles, en la parte inferior tendríamos los vanos adintelados y en parte superior vanos geminados apoyados sobre columnillas de mármol. Todo cubierto con decoración. Toda la fachada está pensada para focalizar toda la atención en un punto en concreto: donde se colocaría el trono de Muhammad V. Arcos de medio punto peraltados y angrelados en el interior. En la parte inferior hay yeserías y en las parte superior el reate es una techumbre de madera apoyado sobre modillones de rollos.
Patio del Cuarto dorado
 

Cuarto dorado 

Patio de los arrayanes o patio de comares
Conocido tanto como Patio de la Alberca como Patio de los Arrayanes o de la Al-Birka por el tipo de arbusto que recorre a un lado y a otro la alberca, junto con el destacado suelo de mármol. A él se accedía en recodo con asientos para la guardia en iwanes con arcos (como en la imagen que hay a continuación). En este espacio se combinan agua, vegetación y cielo abierto introduciendo la naturaleza al interior del palacio de una manera simbólica, contribuyendo a un sistema de microclima, humedad, ventilación, aromatización como si de un oasis fuera, anticipo terrenal del Paraíso.
En el Patio de Comares se conjuga la belleza arquitectónica con la armonía de la poesía y la música del agua. El agua de su alberca, límpida, refleja la gran torre en cuyo interior el monarca recibía a sus embajadores, creando una ilusión óptica inmejorable, una perspectiva muy bien estudiada. Los ojos pasan primero por el reflejo del agua, más tarde la fachada y por último el interior de esta que se abre a la vista con siete arcos semicirculares, siendo el arco central -el más grande- el qeu deja entrever el fondo de la torre y más allá el paisaje que rodea la Alhambra, consiguiendo una perspectiva infinita.
Se construyó a principios del segundo tercio del siglo XIV bajo el reinado de Yusuf I (1333-1354) y continúa su edificación hasta finales del mismo siglo con su hijo Mohammed V en el trono. Fue el concebido como centro de la actividad diplomática y política de La Alhambra en la época de máximo esplendor del poder nazarí. Seguramente fue el lugar donde se celebraban las grandes recepciones de embajadas y a la vez el lugar donde los personajes importantes esperaban para ser recibidos por el rey.
En el suelo del patio, ante el arco mayor de cada una de las arcadas de los lados menores, unas fuentes esquemáticas abastecen de agua a la alberca de fluye rápidamente hacia la piquera donde se frena antes de verterse sobre la gran alberca, evitando ondulaciones y ruido.
 

La planta del patio del palacio constituye un ejemplo de tipología tradicional palatino más común en el Reino nazarí de Granada, de patio con alberca en torno al cual se disponen las estancias. Este ejemplo, en menores dimensiones se encuentran en algunas casas nazaríes. 
El pórtico norte y sur presentan cada uno siete arcos semicirculares con una función más decorativa que estructural, realzados por la decoración de paños de sebka descansando sobre las tradicionales columnas nazaríes de fino fuste y capitel de mocárabes los centrales. Este par de arcadas no hacen más que realzar e indicar que en los lados norte y sur se ubican las estancias principales.
Estos pórticos son como pantallas decorativas marcando la transición entre el ámbito abierto del patio y el interior de las salas con un juego inteligente de la luz
 

La galería norte, la que da acceso a la Torre de Comares, fue destruida en un incendio en 1890 y reconstruido posteriormente, aprovechando algunos trozos quemados, aunque muchos de los elementos decorativos y epigráficos fueron copiados del pórtico sur. Sobre el zócalo del siglo XVI hay una poesía de Ibn Zamrak, en cuyos caracteres cursivos dice refiriéndose a Mohammed V: "Has conquistado Algeciras con la fuerza de la espada, abriendo una puerta que se hallaba desconocida para nuestra victoria"
La puerta, magníficamente restaurada en 1954 es un alarde de la
minuciosidad y mimo de los carpinteros nazaríes
 

El artesonado de la galería norte fue destruido por el incendio de 1890,aunque reconstruido aprovechando muchos de los trozos quemados 

Por encima del zócalo del siglo XVI corre una poesía de Ibn Zamrak, así como el Árbol de la Vida que corona la banda epigráfica del muro -representación que combina elementos vegetales que se despliegan desde un vértice superior eludiendo al árbol invertido que soporta los astros del universo, y hunde sus raíces en el paraíso-
 

Algunas hipótesis apuntan a que la planta baja sería para el verano mientras que la superior se utilizaría en invierno. Por comparación con otros palacios islámicos se plantea la posibilidad de que estas cuatro estancias estaban destinadas a las cuatro esposas legítimas del monarca nazarí, aunque desconocemos el espacio que efectivamente ocuparon las mujeres en la Alhambra. Hay una obvia diferencia entre estas cuatro salas, cuentan con tarimas de ladrillo, cubierta por un sencillo alfarje y sin apenas decoración comparado a otros espacios como el Salón de Comares, por lo que la función de estas estancias serían claramente domésticas.
Los dos muros laterales cuentan con cinco puertas que dan acceso a pequeñas dependencias contando con una iluminación a través de los balcones en ajimez en la parte superior. Otra hipótesis diferente a la zona destinada a las mujeres es que fuera una zona para los funcionarios ya que en esa época trabajaban sentados en el suelo sobre una tarima.
Vista del pabellón norte, construido por Mohammed V, fue conservado cuando el Palacio de Carlos V fue construido,  intentando guardad la armonía interior del patio
 

Las investigaciones suponen que el sur existían posiblemente dos salas superpuestas en alto -tal vez el nombre de Salas de las Elias o Helias como se denominaban en época cristiana derive de aliya que significa alta- para el príncipe heredero, aunque ya en época cristiana sufrieron un incendio en época cristiana y se modificó al construirse el Palacio de Carlos V. En las inscripciones de las yeserías y maderas de este pórtico Sur, predominan las alabanzas a Dios y, menos las dedicadas al monarca, en su mayoría son copias de las del lado norte.
Sobre el tejado de la galería, hay una habitación alargada que se abre al 
patio por medio de siete ventanas -la de en medio, un ajimez- todas con celosías modernas de madera; la habitación alargada que se esconde
tras ellas, se comunicaba con la parte alta del Patio de los Leones, era una concesión a las mujeres de la casa, un discreto observatorio desde donde ver lo que ocurría en el patio sin ser vistas
 

Salón y torre de Comares
El Cuarto de Comares avanza sobre el valle del Darro, hasta dominar sus escarpaduras, con la gran Torre del mismo nombre. Compone el palacio (residencia oficial palatina) el conjunto de dependencias agrupadas en torno al patio de los Arrayanes o de la Al-Birka, con galerías porticadas en sus extremos, abiertas la del norte a las Salas de la Barca y de Embajadores y la del sur a otras desaparecidas al construirse el palacio de Carlos V. 
Al nombre de esta torre van unidos numerosos recuerdos históricos, pues fue aquí donde se cuenta que se celebró el Consejo en el que acordó entregar Granada a los cristianos; de ella salió Boabdil para combatir a éstos; desde uno de sus balcones se dice que Aixa, madre de aquel rey, al saber que su hijo se hallaba en tratos con los sitiadores para entregarles la ciudad, le señaló diciéndole: "Mira lo que entregas y acuérdate que todos tus antepasados murieron reyes de Granada y que el reino acaba en tí". También sitúa la leyenda en esta torre el pacto de los Reyes Católicos con Colón para el descubrimiento de América y el legendario ofrecimiento de la reina Isabel I de Castilla para empeñar sus alhajas y ayudar en su expedición al insigne navegante.
Sin duda Mohammed I debió iniciar la construcción del palacio para su dinastía puesto que la torre de Comares y sus linderos fueron, en un principio, obra del primer rey nazarí, sin embargo las posteriores reformas y construcciones realizadas impiden comprobar este supuesto. Lo único sabido es que Mohammed I asentó su real en la Alcazaba y hasta el quinto rey (Ismail I quien construyó uno en un lugar cercano a la Mezquita Mayor de la Alhambra y su Rawda), no hay pruebas documentales de que se construyera palacio alguno entre el palacio de Carlos V y la Puerta del Vino y cualquier palacio anterior a Yusuf I fue destruido casi por completo para desarrollas sus planes constructivos, reformando el torreón y patio de Comares o de los Arrayanes y los Baños Reales, todo finalizado por su hijo Mohammed V, que unió esta obra con el Palacio del Meuar, dándole entrada por éste, hizo la ampliación de la galería de Machuca y construyó otro palacio, el de los Leones, en los jardines y huertas que rodeaban el anterior.
Planta principal de la Casa Real de la Alhambra
 

Yusuf I y Mohammed V son los grandes edificadores o, al menos, reconstructores y decoradores de los palacios reales de La Alhambra formados por tres conjuntos monumentales independientes: el Cuarto Dorado o Mexuar, el Palacio de los Leones (al-Riyad al Said) y el Palacio de Comares. El primero destinado a la administración pública, el segundo como estancias privadas del monarca y el último como residencia oficial.

Esta imagen muestra la magnificencia de la decoración en estuco de las paredes del Salón de Comares o de Embajadores 

La austeridad de las lineal del conjunto del Palacio de Comares y el equilibrio de sus proporciones impregnan al patio de tan serena majestuosidad que aún se respira en él la noble grandeza de los reyes que lo mandaron construir. Un enorme espejo de agua se encontraba el visitante al franquear la entrada por la puerta principal, en el que se reflejaba la mole blanca de la Torre de Comares. Como la inclinación de los suelos de mármol blanco permitía que el agua de la alberca llegara hasta el arranque de las basas, las columnas del lado norte parecían apoyadas sobre el agua; toda la construcción de ese lado se convertía en un palacio flotante.
Espléndidamente decorado por Yusuf I, no debió ver terminada su obra por morir asesinado antes de su culminación, pues la decoración del patio, así como la de la sala de la Barca, datan ya, según las inscripciones, del reinado de su hijo Mohammed V, quien enriqueció la entrada al palacio con una fachada que se eleva al lado sur del patio del Mexuar, frente al pórtico del Cuarto Dorado.
Sobre la galería norte del patio de los Arrayanes se alza la torre de Comares, levantando un parapeto almenado con dos torrecillas laterales (obra de moderna restauración, en 1890 cuando ardieron la techumbre de esta galería y la de la sala inmediata, pues antes sólo existió la de la derecha que era más ancha y sin almenas y que tenía su entrada por uno de los aposentos altos de la torre según atestiguan antiguos grabados).
Los extremos de la galería lo ocupan alacenas con arcos gallonados y cúpulas y vasares de mocárabes, apoyando en un zócalo de azulejos que se extiende por todo el frente del pórtico y que fue hecho, de 1587 a 1599, en la alfarería de Antonio Tenorio y del morisco Gaspar Hernández, a imitación de lo hispanomusulmán. Con frecuencia se renovaban las decoraciones de la Alhambra desde los tiempos de los Reyes Católicos, primero por artífices moriscos cuya labor se confunde fácilmente con las obras antiguas. 
Sobre el zócalo, una inscripción en yeso reproduce un fragmento de la casida que el visir y poeta granadino, discípulo de Ibn al-Jatib, Abu 'Abd Allah Mohammed ibn Zamrak compuso en honor de Mohammed V, conquistador de Algeciras e 1368, cuya inscripción dice así: 
"Bendito sea aquel que te ha encarado de sus servidores, el que ha ensalzado por ti a los musulmanes y les ha colmado abundantemente de bienes.
¡De cuántos países infieles vinieron contra nosotros sus habitantes por la mañana y por la tarde te habías vuelto el árbitro de sus vidas! Y les impusiste las cadenas de los esclavos y les obligaste a que se presentaran muy de madrugada ante tu puerta construyendo alcázares para servirte.
Has conquistado Algeciras con la fuerza de tu espada, abriendo una puerta que se hallaba desconocida a nuestra victoria.
Y además de esto, has conquistado veinte países y has hecho que lo que se hallaba en ellos sirviese de botín para tu ejército.
Si fuese dado elegir al pueblo musulmán aquello que deseara, no elegiría otra cosa que tu salud y el alargamiento de tu vida.
Los resplandores de la grandeza se reflejan en tu puerta, que exhala un perfume de júbilo y alegría.
Y las huellas que recibe de toda acción generosa se ostentan más claras y refulgentes que sartales de perlas
¡Oh, hijo de la nobleza, de la mansedumbre, del valor y de la generosidad, que has excedido a la elevación de las estrellas brillantes!
Te has elevado sobre el horizonte de tu trono con clemencia para disipar las tinieblas de la tiranía.
Has asegurado hasta las ramas del soplo el viento y has llenado de pavor a las estrellas en el interior de los cielos.
Y si la luz de las estrellas tiembla es por temor de ti y si las ramas del ban se inclinan es para darte las gracias."
En el centro, un arco apuntado de mocárabes, con enjutas decoradas de hojas y piñas, y tres celosías de yeso encima, con labor de entrelazados, sirve de 
ingreso a la Sala de la Barca, cuyas puertas originales se perdieron (la cara interior de las puertas tienen la misma decoración que las de la Sala de las Dos Hermanas)
 

Los juddam abrirían las puertas del salón a las comitivas recibidas por el monarca para que accedieran a la sala de la Baraka o de la bendición, también era conocida como de la Barca por su disposición rectangular y bóveda semicilíndrica que recuerda a una barca invertida. Era la antesala del Salón del Trono, que la separaba por un arco con tacas que adornan las jambas, donde se colocaban jarras con agua. Estas tacas son las dos únicas de mármol que conservan su policromía y datan del siglo XIV, habiendo sido restauradas recientemente.
Resultado de la reciente 
restauración de la taca izquierda

Las jambas del arco tienen nichos con arquitos de mármol para colocar jarras de agua o búcaros con flores

 

Sala de la Barca desde el Pórtico del Patio: "Yo soy esposa con las vestiduras nupciales, dotada de hermosura y perfección. Mira esta jarra de agua y comprenderás la abundancia de verdad que encierran mis palabras. Mira también mi corona, la encontrarás semejante a la luna nueva..." 

Similar a la policromía de las tacas, las grandes piezas de mármol que hay al pie de los arcos de entrada a la sala del Palacio de Comares estaban policromadas con azul y oro y, a veces, decoradas con gacelas estilizadas similares a los del jarrón de las Gacelas exhibido en el Museo de La Alhambra. De estas jambas de mármol se conserva una en muy buen estado en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
El nombre de la sala de la Barca, a la que antiguamente se llamó "Sala Dorada",
parece que deriva de la forma de la bóveda, pero también parece la corrupción de la voz árabe baraka que significa bendición y que aparece estampada en los adornos de las paredes

El techo de la Sala de la Barca es una "introducción al cielo" y su aspecto, de cascarón de un barco, así como la inscripción árabe de baraka o bendición desvelan el origen de su nombre 

La bóveda, de forma semicilíndrica, rematada en los extremos en cuartos de esfera y adornada de lazo y pintada con variedad de colores, feneció en el incendio del 15 de septiembre de 1890, habiéndose restituido este techo con una cuidada copia, que comenzada días después del incendio no finalizó su restauración hasta 1964.
         
Al construirse la bóveda del Sala de la Barca se debieron cubrir tres arcos que iluminaban las ventanas altas                                 que hay sobre la entrada principal 
del Salón de Comares o de Embajadores
 

A los lados del arco central hay dos alacenas, ensanchadas en 1633 para abrir ventanas al patio (como se ven en algunos grabados del siglo XIX) y, en torno a ellas, existió el siguiente poema, traducido por el Licenciado Castillo y del que hoy quedan escasos restos:
"¡Oh, hijo de reyes y de los descendientes de reyes y de aquellos con quienes las estrellas procuran competir en esplendor, si a su origen atiende. 
Has edificado un alcázar que no tiene igual y que ha reunido en sí la excelsitud, de tal suerte, que no hay grado de excelsitud que le aventaje. 
(Un palacio) donde tiene su asiento el Califato, de cuyas maravillas se referirán cosas extrañas, que guardarán las páginas de la historia. 
Edificaste para la religión, en la preciosa cumbre, una tienda de gloria que no necesita cuerdas para su sostén. 
¡Cuántos beneficios habías concedido anteriormente al Islam! 
Beneficios sin reprobación, bienes que no se han de devolver, misericordia sin esperanza, perdón sin interés. 
En verdad, ¡cuán grande es el imperio que Ibn Nasr alcanzó! Los signos présagos de la victoria se elevan sobre su alcanzar. 
Favorecido por Dios, millares de hombres temen su ímpetu. Si amenazara al firmamento no lucirían en él las estrellas. 
El temor impele a los reyes hacia sus puertas, al paso que los que buscan amparo son impulsados hacia ellas por el deseo. 
Por lo muy acostumbrado que se halla a la liberalidad y benevolencia, sólo posee sus riquezas el tiempo que tarde en repartirlas en dones. 
Jamas ceda en su poderío; séanle los reyes inferiores en él y por él le teman los árabes y las extrañas gentes. 

La sala está rodeada por un zócalo de sencillos alicatados diferentes en ambos frentes, y en sus extremos se abren alcobas con zócalos de azulejos que revisten también medias columnas decagonales, sosteniendo festoneados de mocárabes y pechinas en el lugar de las albanegas para apoyar la curva de la bóveda, rematada por columnillas como puede verse en la imagen inferior.
Los muros de la sala están cubiertos de ricas yeserías, timbradas con el escudo nazarí
y dentro de él, la palabra "Bendición" y el lema de la dinastía: "Sólo Dios es vencedor"
 

Los techos de ambas alcobas eran de encintados pero desaparecieron en el incendio de 1890. La alcoba de la derecha tiene en su fondo un hueco con vistas al patio de los Cipreses y paso a la galería alta de la Sala de las Camas del Baño Real, a través del corredor de la Reja, y la de la izquierda comunica con una pequeña habitación que fue retrete, inmediata al Cuarto Dorado.
Esta puerta daba acceso a un dormitorio de invierno en los pisos superiores y
a la terraza de la torre
 

Entre los muros de la Sala de la Barca y los de la inmediata hay un estrecho pasadizo a la izquierda del cual se encuentra una puertecilla, con arquito agudo de herradura y rizos en su intradós, que da paso a la escalera de subida a los departamentos altos del torreón, que componen pisos pequeños y abovedados que correspondían al dormitorio de invierno del rey y da salida a la terraza de la torre.
En el lado derecho se encuentra otro pasadizo que comunica con otra puertecilla (gemela a la anterior) que da acceso a un aposento de 2,37 metros de largo por 1,75 de ancho en cuyo muro del fono se abre un nicho con arco de herradura apuntado y dovelas de relieve y rebajadas alternando, decorado, así como las albanegas, de atauriques. Todos los caracteres de la estancia, su orientación, forma y disposición del arco y lugar que ocupa -inmediato a la gran sala de actos del palacio- indican que fue un pequeño oratorio para el uso particular del monarca, donde rezaría las plegarias rituales de cada día.
El interior del nicho tiene una cúpula en forma de concha y desde allí hasta el suelo hay una abertura de  0,36             metros de luz, con una saetera que da vista al patio de los Cipreses (posiblemente abierto en el siglo XVII)
 


En el centro de la pared, frente a la Sala de la Barca se abre este gran arco que da ingreso al inmediato Salón de Embajadores o de Comares, donde se aprecia como he comentado las cinco ventanas que fueron tapiadas (las que además eran las 
más luminosas) para macizar el muro que peligraba
 

Centro simbólico del poder nazarí, en el Palacio de Comares se concentra la magnificencia de la última corte musulmana en Europa. Aquí todo habla de refinamiento y esplendor, desde el pan de oro que, todavía se aprecia en el arco de entrada o los intrincados mosaicos hasta la portentosa cubierta que corona el conjunto. La torre cuenta con varias ventanas en sus cuatro frentes que revelan el equívoco que plantea, pues parece una torre militar pero cuyos nichos interiores debilitan su estructura defensiva, mostrando el verdadero carácter aúlico del Salón.
Sus 45 metros de altura la convierten en la torre más poderosa de la Alhambra
 

La torre contó con una gran bóveda esquifada que debido al excesivo empuje y ante el peligro de ruina, se recalzó el muro correspondiente a la Sala de la Barca entre 1672 y 1674, y macizar algunas ventanas del Salón finales del siglo XVII así como rehacer los pilares existentes entre los balcones. Se sustituyó la bóveda por una armadura que interceptaba el paso a la plataforma de la torre, el cual se restableció, eliminando esa armadura, en 1933.
Al Salón del Trono o de Embajadores se le conoce también como Salón de Comares, palabra de origen árabe qamariyya equivalente a vidriera. El nombre de "Comares" procede de las vidrieras de colores que cerraban los nueve balcones que se abren en la gran sala que ocupa el interior de esta torre, vidrieras que aún hoy reciben en Oriente el nombre de "comarías". El Salón de Comares aparece desprovisto en la actualidad de las vidrieras que destruyera la explosión de 1590. Estas comarías en las ventanas eran la continuación luminosa de los alicatados del zócalo, siguiendo la misma distribución geométrica; los trazos finos y rectos que se entrecruzaban en la cerámica eran en la vidriera los filetes de plomo que sostenían los cristales de colores.

Ilustración de una de estas ventanas con comarías que continuaban con la misma
distribución geométrica de los zócalos de la sala
 

El interior de la torre lo ocupa la ya mencionada sala conocida como Salón de Embajadores, Salón de Comares o Salón del Trono, por ser el destinado a las recepciones oficiales y en el que, según el testimonio del morisco Alonso del Castillo, se encontraba el solio real. 
Tres son los motivos decorativos que se repiten en la sala con diferentes formas y colores. En primer lugar los motivos epigráficos, es decir, textos escritos sobre la pared, en forma cursiva o cúfica, que por un lado tiene una función práctica como delimitador de zonas en paneles decorativos gracias a su disposición en carteles o largas bandas verticales u horizontales y por el otro trasmite ideas y genera imágenes en la mente del visitante, generalmente con suras del Corán o poemas.
La sala tiene su ingreso, desde la Sala de la Barca, por un doble arco. Sobre el primero, muy deteriorado, hay tres celosías ciegas como se ha comentado anteriormente, y el segundo es de festón, con bovedilla e impostas de mocárabes, que conservan restos de su policromía en oro y azul y, entre ambos, corre el pasadizo ya comentado.
Arco de ingreso al Salón del Trono o de Embajadores desde la Sala de la Barca
 

En las jambas del arco segundo se abren nichos con arcos rodeados de inscripciones. En las tacas casi siempre se ponía agua como símbolo de hospitalidad, según se desprende de la traducción de las poesías que hay entorno a los nichos.
Alabanza a Dios. Yo deslumbro a los seres dotados de hermosura con mis adornos y mi diadema, pues los luceros descendieron a mí desde sus elevadas mansiones. Aparece el vaso de agua que hay en mí, como un fiel que, en la quibla del templo, permanece absorto en Dios. A pesar del transcurso del tiempo, continuarán mis generosas acciones dando alivio al que tiene sed y albergue al indigente... Tallaron sutilmente los dedos de mi artífice mis labores, después de haber ordenado las piedras de mi corona. Me asemejo al solio de una esposa, pero soy superior a él pues contengo la felicidad de los desposados. A aquél que venga a mi sediento, lo conduciré a un lugar donde encuentre agua limpia, fresca, dulce y sin mezcla. Pues yo soy a manera del arco iris cuando aparece y el sol nuestro señor Abul Hachach.
Las tacas, nichos de mármol o estuco esculpidos primorosamente en las jambas de los arcos, servían para poner                                                                         en ellos jarros de agua, perfumes de flores
 

En el arranque del arco, y entre signos cúficos con el lema nazarí, hay esta otra inscripción:
"Alabanza a Dios por los beneficios del Islam. Gloria a nuestro señor Abu l-Hayyay, emir de los musulmanes." 
La sala es cuadrada, de 11,30 metros de lado y 18,20 de altura. En la pared de entrada, a ambos lados del arco central, dos alacenas cegadas en el siglo XIX y de nuevo abiertas en 1930, cuentan con modernas puertas de madera. 
El suelo parece ser que estuvo pavimentado en mármol, pero hoy lo está con losetas de barro, alternadas con olambrillas de fines del siglo XVI, ocupando el centro un tapete de azulejos de igual época con el escudo nazarí.
                                             
                                                 Este tapete de azulejos es de época nazarí
 

Regresando al poema, traducido por el Licenciado Castillo que hemos leído anteriormente indica "Edificaste para la religión, en la preciosa cumbre, una tienda de gloria que no necesita cuerdas para su sostén". En verdad la intención es recrear en el interior de la Sala de Comares o Embajadores una tienda como las utilizadas por los nómadas en el desierto. Las cinco ventanas en cada costado de la torre son una reminiscencia de la arquitectura del desierto, cometidos a un constante movimiento por los rayos del sol reflejados en la alberca.
        En el Salón de Embajadores comprobamos como la intensidad luminosa ha ido  disminuyendo                                 progresivamente desde el patio a pleno sol, a la penumbra a través del pórtico y sala de la Barca
 

También los camarines abiertos en el espesor del muro, de unos 2,50 metros de fondo, que quedaban envueltos en los colores de las vidrieras y coronados con techos formados por vistosos artesonados de madera (de lazo y los centrales en forma de artesa), eran los lugares designados para que se sentaran los dignatarios y personas importantes, que al igual que en las tiendas, siempre eran ocupados en los rincones. Sin embargo, el nicho central del lado norte era el trono en el que se recostaría el monarca para recibir a los visitantes y desde donde poder gozar de las vistas a Granada, del cielo y del agua (que como un espejo se presenta a la altura de sus ojos en el Patio de los Arrayanes) según refiere las inscripciones que corren por encima del alicatado en el mismo camarín: "(...) Yusuf (...) me eligió para ser solio del reino. Ayude a su grandeza el Señor del Trono y Solio divino". Interesante destacar la parte final del poema, como indica el arabista José Miguel Puertas Vílchez, porque ahí se dice con claridad que este sitio era donde estaba el trono de Yusuf I. (Esta inscripción la muestro completa más abajo.)              

Las ventanas aparecen hoy desprovistas de las vidrieras de colores que fueron destruidas por una                                                                                    explosión en 1590

Una de las nueve alcobas del Salón de Comares rompe con la proporción de
la decoración: la sala del rey, que cambiaba de función según la costumbre
nazarí; incluso los salones oficiales eran usados para fines personales
 

Los colores de los mosaicos de los zócalos son siempre vivos, que no chillones, perfectamente equilibrados aunque carezcan del rojo que lucían las vidrieras 

Con la idea de que el monarca fuera contemplado por todos los asistentes, el solio real se colocaba a media braza del suelo. Se trata de un amplio espacio, desconocido y oscuro para el visitante con la imposibilidad de reconocer la figura de la voz del monarca.
Los reyes nazaríes tuvieron su Salón del Trono o de Embajadores en el hueco de la Torre de Comares (como aparece representado en la imagen con la jamuga conservada en el Museo de Carlos V), señalando el espacio oficial y representativo de
la monarquía, al menos hasta los tiempos de Mohammed V en que se pudo trasladar a la Sala de Dos Hermanas

Desde este punto de la Sala, el monarca ejercía un cierto poder psicológico sobre los ciudadanos de la ciudad, los cuales, se sentirían bajo la mirada protectora del jefe religioso, político y militar del reino; por otra parte los embajadores, desde que se situaban en la puerta de acceso de la Sala de la Barca, se sentirían intimidados por la supuesta mirada de la silueta del rey de Granada, sentado a contraluz ante una vidriera de colores y rutilantes dorados 

La cámara central, la del trono, frente a la puerta de entrada esta ornamentada con mayor riqueza y en el alfiz de su arco corre una inscripción coránica, en parte destruida y restaurada que el Padre Echevarría tradujo así:
Ayúdeme Dios apedreador del demonio. En el nombre de Dios que es misericordioso y tiene misericordia. Ser, DIos, con nuestro Señor Mahoma y su generación, compañía y salvación. Y di: Mi ayuda de la ira de Dios y de todo el demonio que permite rompimiento del infierno; y me libre de las adversidades que me vienen con desventura; y me libre del mal del envidioso cuando se dispone a envidiar. Y no es viva otra divinidad que la de Dios a quien alabar eternamente. La loa al Dios de los siglos."
Observando la alcoba del Trono, se percibe una decoración más compleja
que en las otras dos, con un diseño de formas de gran densidad
 

El interior de la cámara lo cubre un artesonado de lazo, y sus paredes, con zócalo de bellos alicatados, lo adornan yeserías finamente labradas y la siguiente leyenda:
"Desde mí recibes la salutación que por la mañana y por la tarde te dirigen bocas de bendición, de felicidad, dicha y de amistad íntima. Esta es la cúpula excelsa y nosotros somos sus hijas. Mas para mí es la distinción y la gloria de mi familia.
Soy lo que el corazón es para los miembros, pues estoy en medio de ellos y en el corazón reside la fuerza del aliento y el alma.
Y si existen los signos zodiacales en su cielo, en mí no en las demás se encuentra el sol de la nobleza. Me visitó mi señor, el favorecido de Dios, Yusuf, con una vestidura de esplendor y gloria cual ninguna vestidura
Y me eligió para ser solio del reino. Ayude a su excelsitud el Señor del trono y solio divino."
El monarca nazarí quería parecer enigmático y misterioso en  un ambiente de semipenumbra donde la figura                            divinizando la imagen del sultán con una carga misteriosa e intimidatoria
 

Las paredes de los otros también camarines ostentan rica decoración y la siguiente inscripción: "La protección, el socorro divino y una victoria espléndida sea para nuestro señor, Abu l-Hayyay, emir de los muslimes. Ayude Dios su poder y haga gloriosas sus victorias." Y rematando la decoración unos zócalos de alicatados.
En los estucos, al igual que en los zócalos alicatados se aprecia la repetición e importancia de los motivos geométricos
 

En el alicatado no puede aislarse un elemento del resto ya que es creado mediante procedimientos sucesivos de escala, rotación y saltos de nivel. Los alicatados de las alcobas laterales están elaboradas por repetición excepto la de la alcoba del Trono, que están compuestos por complejas lacerías.
Los alicatados de las cuatro paredes están elaborados con el sistema de lacería
 

Rodea la sala un zócalo de piedras vidriadas con variadas combinaciones geométricas que reviste hasta las columnas de los arcos centrales y sobre ese zócalo se alza, cubriendo las paredes, una riquísima decoración de atauriques, en la que los elementos geométricos y vegetales se combinan en un perfecto sentido de la oposición de sus formas y con el ritmo más sobrio y elegante. En el Salón de Embajadores la decoración destaca por su intensidad, que originariamente tanto en las paredes como en la cúpula era policromada, siguiendo de abajo a arriba la siguiente secuencia ornamental: alicatados, estucos, madera.
El estuco es la decoración que recubre la mayor parte de las paredes del Salón de Embajadores, desde el zócalo hasta el friso decorativo de madera en la parte alta del muro
 

Los motivos geométricos como se observa en los zócalos donde se aprecia la importancia de las formas geométricas como motivo decorativo en la Alhambra, con elementos que se repiten o entrecruzan generalmente siempre en orden simétrico, que tomando como punto de partida el círculo, dividido mediante polígonos regulares y como unidad su radio, se crean figuras muy variadas.
La madera se utiliza para las grandes puertas, para las celosías que cerraban algunas ventanas, los aleros y sobre todo para la fabricación de la armadura que cubre el techo, siendo los motivos ornamentales los mismos que se ejecutan sobre otro tipo de material, con un acabado, al igual que los estucos y alicatados, es una rica policromía.
La decoración en estuco cubre todas las paredes, desde el zócalo hasta el friso decorativo de madera en la parte alta del muro. El estuco es una mezcla de polvo de mármol, cal y yeso que se moldea fácilmente a mano y con moldes.
La primera zona decorada ostenta cartelas con letreros cúficos que dicen: "¡Oh Dios, para ti la alabanza sin interrupción! ¡Oh Dios, para ti la acción de gracias perpetuamente" y, entre arco y arco, paños decorativos. Remata este primer cuerpo una faja de letra cursiva, y encima otro paño de decoración con caracteres cúficos combinando pequeñas arquerías cruzadas, sobre el cual corren cartelas cúficas con círculos encerrando el lema nazarí y, más arriba, otra zona de entrelazados poligonales. 
Otra faja de inscripción, que dice: "Gloria a nuestro Señor el Sultán monarca guerrero Abu l-Hayyay; gloria por sus victorias", sirve de apoyo a las veinte ventanas que, a través de sus celosías de yeso iluminan la sala, mientras los ángulos los ocupan nuevos paños decorativos con labor de rombos. 
Remata el conjunto otra inscripción cursiva y una cornisa de mocárabes pintados y, encima, reproducida la sura 67 del Corán. Esta inscripción da la clave de la idea que tuvo el arquitecto al construir esta magnífica sala del trono, la más majestuosa del palacio.
"Alá omnipotente creador de los cielos y de la tierra es el único poseedor del Poder."
En la imagen se puede ver un ejemplo de motivos epigráficos del Salón de Embajadores o Comares
 

Los motivos vegetales o atauriques de formas estilizadas que consiguen desnaturalizar las formas originales y que están formados por un tallo vegetal que se divide regularmente originando otros tallos secundarios que pueden a su vez multiplicarse o reintegrarse en el vástago central.
Según Fernández-Puertas, el techo fue concebido como la representación simbólica geométrica de los siete cielos del paraíso islámico, con el trono de Dios situado en el octavo cielo -el cubo de mocárabes del centro- y los cuatro árboles de la vida situados en las diagonales. 
El techo del Salón de Embajadores o Comares es una de las obras maestras de la carpintería nazarí, producido con piezas de reducidas dimensiones que se ensamblan
como forma básica de unir las distintas piezas
 

Sobre esta cornisa apoya la cúpula colocada bajo la primitiva bóveda esquifada de ladrillo que protegía la sala. La componen tres series de paños de madera de cedro cubiertos de lacería y un cuarto cerrándolo, con gran cubo de mocárabes en el centro, todo sembrado de figuras estrelladas y tan ricamente pintado que produce la impresión de nácar, plata y marfil. El artesonado está compuesto de ocho mil piezas coloreadas y superpuestas de madera de cedro, formando hasta siete niveles ascendentes, representando los siete niveles de los astros y los siete cielos de la cosmología islámica que coronan el trono de Alá. Los colores blanco, naranja, amarillo, gris irisado, rojo, índigo y azul del artesonado representan la Luna, el Sol, Venus, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno. El techo lo cierra un cubo central de mocárabes que simboliza el sitial de Alá.
Esta cubierta de madera carece de función sustentante; por encima hubo una bóveda esquifada de obra, pero su excesivo peso aconsejó desmontarla a finales del siglo XVII. Posteriormente se colocó un tejado a la Torre que fue eliminado a principios del siglo XX. Actualmente se remata con terraza roja aislante.
A través de un estrecho pasadizo, modificado en su disposición original en los tiempos cristianos, se pasa del patio de los Arrayanes a la Sala de Mocárabes del Palacio de los Leones.
Poco después de la caída del Reino nazarí de Granada, los Reyes Católicos firmaron en este Salón de Comares el Decreto de Expulsión de los judíos el 31 de marzo de 1492. Precisamente, tanto el Palacio de Comares como el Palacio de Los Leones pasaron a ser conocidos como la Casa Real "Vieja", ya que desde Isabel y Fernando se consideraba la esencia de la Casa Real, por lo que eran intocables, esperando a la venida del rey, aunque los monarcas españoles poco la frecuentaron y sin embargo fue mimada en el recuerdo y nunca olvidada. 

Baños Reales o Sala de las camas
Este baño pertenecía al Palacio de Comares, aunque también es llamado Baño Real o Dar al-mulk por haber estado reservado su uso para los Reyes Católicos. A parte de servir para la higiene, tenía una función relacionada con la política y la diplomacia para los reyes nazaríes, siendo un lugar confortable donde se trataban los asuntos oficiales de una manera más amistosa. Por eso su puesta en funcionamiento no era diaria, sólo cuando era necesario ganarse la amistad y el favor de los diplomáticos y políticos de otros reinos.
El baño de Comares, también llamado Baño Real por haber formado parte de
la zona habitada como Casa Real de los reyes cristianos, es el más suntuoso y
mejor conservado de cuantos existieron en La Alhambra de Granada
 

La higiene del cuerpo era y es un principio insoslayable de carácter socio religioso  en la vida social de los musulmanes y por tanto influía en el urbanismo medieval, como el equivalente a la plaza en occidente o al ágora clásica. Para un musulmán era costumbre lavarse antes y después de las comidas, tras una secreción corporal o antes de tocar el Corán.
Alzado del baño de Comares por Jesús Bermúdez Pareja,
indicando el paralelismo con las termas romanas
 

Los musulmanes tomaron la forma del baño de las termas romanas, heredando su característica división en frigidarium o sala fría (bayt al-barid), tepidarium o sala templada (bayt al-wastani) y caldarium o sala caliente (bayt al-sajun), pero adaptándola a su idiosincrasia y estilos decorativos.
Reconstrucción de la planta original del baño de Comares, según la investigación de Jesús Bermúdez Pareja y publicada en los "Cuadernos de la Alhambra" (nº 10-11), 1974-75

Sección en 3D de la Sala de las Camas, el primer espacio del baño y que estaba destinado al reposo de los visitantes 

El bayt al-maslaj era la sala de reuniones que en el baño de Comares es conocido como sala de las Camas, debido a los dos amplios aposentos a modo de camas de 50 cm de altura aproximadamente situados en sus galerías oriental y occidental  como se ven en esta sección de la sala 

Estos baños reales se ubican entre los palacios de Comares y de los Leones, cerca de las habitaciones del palacio, con una puerta por la que se accede directamente al Patio de los Arrayanes, junto a la crujía en la que residían y gobernaban los monarcas nazaríes. 
En el muro este por donde se accede a la parte superior de la Sala de las Camas se encuentra esta puerta de salida al Patio de los Leones
 

A ese mismo nivel del patio, una entrada conduce a un primer espacio a través de un acceso en recodo, un vestíbulo o apoditerio donde desvestirse con una alcoba para ello y, tras la alcoba, una letrina apartada y aireada. A la entrada desde el palacio debió de haber grabado un poema de Ibn al-Yayyab, hoy desaparecido, que incluyó Ibn al-Jatib en el Diwan que recopiló de su maestro y predecesor al frente de la Oficina de Redacción, diciendo que "se caligrafió sobre la puerta del baño":
Entra en nombre de Dios en la mejor casa,
lugar de pureza, estancia a respetar:
es el baño de la Casa Real,
en el que grandes mentes se afanaron.
El fuego un agradable calor tiene allí
y el agua pura se derrama.
En él, los más diversos deseos se armonizan,
bástete con los dos contrarios: el agua y el fuego.
Los vestidos se quitan con alegría,
y el primero de ellos, el de la seriedad.
Dios lo ennobleció con un señor
cuyas buenas acciones brillan cual sol de mediodía.
¡Quién como Abu l-Hayyay, nuestro sultán!
Perdúrele la soberanía alta cual alminar. 

Por una escalera pronunciada se desciende a la llamada popularmente Sala de las Camas por las dos "camas" existentes en los lados oriental y occidental frente a la fuente, a medio metro del suelo y enmarcadas con doble arco, columna central y dos laterales adosadas al muro. Nos encontramos ahora en el mismo plano inferior de los sótanos de los palacios nazaríes.
Sala de las Camas o del Reposo en el piso inferior
 

Había que descender unas escaleras que conducían a la Sala de las Camas o del Reposo, llamada bayt al-maslaj, en el piso inferior, era adonde regresaban una vez que habían tomado el baño, a descansar y a resolver amistosamente los problemas políticos o diplomáticos que posiblemente habían sido tratados anteriormente de manera oficial y protocolaria en el Salón de Embajadores, próximo a este lugar.
La Sala de las Camas está centrada por una fuente en torno a la cual hay cuatro columnas que sostienen respectivos dinteles y dejan a su alrededor un pasillo perimetral, con una organización que recuerda a la Sala del Mexuar y a la Torre del Peinador de la Reina.
El hammam siempre ha atraído de una manera especial la mirada de sus visitantes. En el siglo XIX los viajeros románticos que recorrieron España manifestaron esta atracción mediante la presencia de los baños en un extenso repertorio de dibujos, relatos literarios, etc. En esta vista del baño del palacio de Comares tomada por J.F. Lewis hacia 1833 se aprecia el estado de la Sala de las Camas antes de las intervenciones de la segunda mitad del siglo XIX. En 1878, Rafael Contreras hablaba del derribo parcial que había sufrido en épocas anteriores: "sufrió importantes modificaciones desde muy antiguo, hasta la última del año 1827, que le hizo perder un cuerpo más alto que tenía, guarnecido de ventanas caladas. Nosotros la hallamos así en el año 1848. Importaba mucho a nuestro juicio que este misterioso cuarto, quizás el de más carácter oriental, no se acabe de perder; y en él puede decirse que hicimos los primeros ensayos de restauración". Hoy todos estos testimonios son una valiosa fuente de información que nos permite conocer cómo ha sido su evolución a lo largo del tiempo.
En la planta superior del baño se encuentra lo que se conoce como la Galería de los Músicos, a la que actualmente se accede desde el pasillo que lleva a los aposentos de Carlos V desde la Sala de las Dos Hermanas. Se conoce como la Galería de los Músicos porque la imaginación popular situaba aquí músicos ciegos que amenizarían el baño sin mancillar con miradas lujuriosas las eróticas escenas que se desarrollarían abajo, pero para empezar, no se permitía la convivencia de ambos sexos durante el baño, además del sentido religioso de purificación que para los musulmanes tenía el baño.
El guardián del baño debía ser una persona de confianza y fiel ya que observaba a través de una celosía en la planta alta los movimientos de los acompañantes del rey, pudiendo pedir auxilio en caso de necesidad al vecino puesto de guardia.
Regresando al piso inferior, tras la Sala de las Camas, se accedía a la sala fría o bayt al-barid, formando una especie de vestíbulo que debió servir para dar masajes y para aclimatarse al entrar y salir del baño; cuenta con una pileta a la derecha para las abluciones. Es curioso que la cerámica de la pared de la pileta representa en abstracto un reflejo del agua.
Junto a la sala fría se haya la sala templada o de vapor, llamada bayt al-wastani, donde por una pequeña depresión central correría el agua, mientras el calor circulaba por canales subterráneos que partían desde el horno para terminar en las chimeneas que se encuentran en el interior de las paredes. El agua, al contactar con el mármol calentado por el subsuelo, producía una gran cantidad de vapor que ayudaba a ablandar la piel, abrir los poros y permitiendo limpiar las toxinas y dejando los cuerpos dispuestos para el lavado con el agua de las pilas que por costumbre tenían plantas aromáticas que favorecían la higiene corporal y el buen olor. Para caminar por estas salas era necesario calzar unas sandalias con suelas gruesas, llamados chapines.
En la parte inferior derecha de este cuadro del artista francés decimonónico Jean-Léon Gérôme se puede observar un ejemplo de chapines de suela gruesa para proteger los pies del calor del suelo

Sala fría del Baño Real de La Alhambra 

Tras las columnas, sentados o acostados en unos estrados de madera, los bañistas eran frotados por los empleados del baño que sólo eran superados en importancia social y técnica por el copero, es decir, el encargado de servir las bebidas.
Las bóvedas de la sala fría y la de los depósitos están adornadas con multitud de tragaluces, ligeramente cónicos, con formas lobulares y estrelladas y que estaban dotadas de cristales de color rojo que podían abrirse y cerrarse desde fuera accediendo por una escalera sobre las cúpulas para regular el ambiente de vapor y permitir que entrase oxígeno (el vapor de agua consume mucho oxígeno). La luz tamizada de rojo, junto al enlucido de almagra de las paredes interiores contribuían psicológicamente a producir la sensación de calor.
La sala caliente o bayt al-sajun era la siguiente, a cuyos extremos bajo amplios iwanes, pabellones cerrados por tres lados y abiertos por uno a la sala, dos grandes pilas vertían agua fría o caliente al gusto del usuario a través, según dicen de dos grifos de oro con sendas cabezas de leones talladas. En la taca existente en esta sala se conserva el siguiente poema, posiblemente perteneciente a Ibn al-Yayyab para Yusuf I, pero sin constancia documental de su autoría. Tallado en mármol en una apretada y bella caligrafía cursiva. Como en los poemas de Ibn al-Yayyab de la Torre de la Cautiva y otros, presenta la conjunción del poder regio y lo edénico, aludiendo a la existencia en él de los dos surtidores mencionados, así como las dos virtudes regias por antonomasia: el valor y la magnanimidad, imagen que también aparece en la Fuente de los Leones:
Lo más maravilloso, ahora o en el pasado,
es una guarida de leones en una morada del paraíso.
Un león y, enfrente, otro semejante,
sirven erguidos a [nuestro] señor.
Ambos se reparten las dos cualidades de su grandeza:
valor ardiente y universal generosidad.
Y es que uno derrama agua fría,
mientras que su contrario agua caliente vierte.
¡Cuán suprema maravilla
honrada por la suerte de tener tan notable dignidad!
¡Quién como Abu l-Hayyay, nuestro sultán!
¡Que en triunfo y grandiosa victoria permanezca! 

El subsuelo de esta sala está formado por muchos canalitos entrecruzados que recibían el calor del horno o al-furn de manera casi directa, por lo que la temperatura en este lugar debía ser alta. Para calentar el baño había tres calderas de cobre y de 400 arrobas de peso que fueron vendidas en 1779, conservándose el hueco donde estaban situadas. Un horno de ladrillo, alimentado con leña, se comunicaba por canales con la sala caliente y templada. 


 Próximo Capítulo: Capítulo 7 - Arte Nazaría - Segunda Parte

 

 

Bibliografía
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Grabar, Oleg; La formación del arte islámico, Madrid, Cátedra, (1979). ISBN 84-376-0169-X
Grabar, Oleg; La Alhambra: iconografía, formas y valores (2003) Alianza Editorial, ISBN 84-206-7009-X
Grabar, Oleg; La Alhambra. Alianza Editorial, 2006 (2 ed.). ISBN 978-84-206-5319-8
Lleó Morugán, Joaquín; Esencias arquitectónicas y simbolismo de "La Roja". Otra manera de mirar la Alhambra (2010). Ed. Bubok. ISBN 978-84-9916-844-9
Malpica Cuello, Antonio; La Alhambra, ciudad palatina nazarí (2007). Editorial Sarriá (Málaga) ISBN 978-84-96799-12-7
Santos, Juan Domingo; Moreno Álvarez, Carmen. "Identidades del territorio Alhambra. Instrumentos de registro y procesos de reconocimiento de un paisaje cultural". rita Revista Indexada de Textos Académicos, 10, pp. 136-145. DOI: 10.24192/2386-7027(2017) (v8)(09)

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