Románico en la Costa da Morte, A Coruña
La Costa da Morte (Costa de la Muerte)
ocupa el sector oeste de la provincia de A Coruña, siendo los territorios más
occidentales de la Península, por lo que se consideraba a estas tierras durante
siglos en "Fin de la Tierra" conocida. Es por eso que este
territorio tiene un embrujo especial, unido a una fatídica leyenda de
naufragios y catástrofes marineras que han provocado esta denominación.
La Costa da Morte ocupa el tramo litoral
coruñés comprendido entre Malpica de Bergantiños y el Cabo Finisterre, aunque
hay quien extiende dicha delimitación hasta la Ría de Muros. Fueron
consideradas durante siglos las tierras más próximas al fin del mundo conocido,
aún así, pese a su secular aislamiento y a la dureza de sus condiciones de
vida, existen en ella testimonios de habitación humana desde tiempo remotos.
En los siglos medievales, aún constituyendo por
su situación geográfica un punto especialmente sensible al desembarco de
piratas y pueblos invasores, la Costa da Morte no fue ajena a la prosperidad
socioeconómica y cultural que vivió Galicia a raíz sobre todo del
descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago, quedando integrada, desde
fecha muy temprana, en los circuitos jacobeos.
Así pues, por su proximidad con Compostela de
la que, además, fue siempre entrada y salida natural de peregrinos que llegaban
o abandonaban el Camino por vía marítima; el románico de la Costa da Morte se
caracterizará por la influencia de las distintas fórmulas y tendencias tanto
constructivas como decorativas que, gracias a la Ruta Jacobea, convergerían en
la urbe compostelana, desde donde, probablemente de la mano de talleres
establecidos en torno a las obras de su catedral, irían siendo ensayadas en construcciones
religiosas levantadas durante los siglos XII y XIII en el entorno.
En esta página sobre el románico de la comarca
de la Costa da Morte he elegido las principales iglesias que son las de
Moraime, Mens, Cereixo y Fisterra.
Moraime
La parroquia de Moraime, perteneciente al
municipio de Muxía, a 75 km de Santiago de Compostela, ocupa el lugar más
occidental del territorio gallego. Domina el paisaje la ensenada de la ría de
Camariñas junto a las comarcas de Soneira, valle de Vimianzo y Finisterre.
Iglesia de San Xulián
La iglesia fue abacial, destinada al servicio
de una comunidad benedictina, y actualmente cumple las funciones de templo
parroquial en el arciprestazgo de Nemancos, perteneciente a la archidiócesis de
Compostela.
Para reconstruir la historia medieval del
monasterio de Moraime poseemos una importante colección documental que fue
editada y publicada en el año 1975 por Lucas Álvarez. Los documentos más
antiguos corresponden al año 1095, pero sin duda su fundación es anterior.
El primero de los documentos, con fecha 17 de
marzo de 1095, nos da la advocación originaria, in honorem beatorum martirum
Iuliani et Baslisse et sancte dei Genetricis Marie, et beatorum apostolorum
Petri et Pauli atque Iacobi. Los santos Julián y Basilisa forman una pareja
de mártires muy venerada en época visigótica, lo que reafirma la hipótesis de
la instalación en Moraime de una comunidad cristiana desde muy antiguo. A
finales del siglo XI Hodorio, primer abad conocido, participa en la asamblea
convocada por el conde don Raimundo que había de cubrir la vacante en la sede
compostelana tras el fallecimiento del administrador Arias Díaz.
Hacia 1119 el monasterio fue destruido por los
almorávides. En esta misma fecha el rey Alfonso VII le concede importantes
donaciones y comienza la campaña de reconstrucción del edificio. La relación
del monarca con Moraime nace de antiguo ya que el joven dignatario fue
escondido con los monjes bajo tutela del abad Ordoño para preservarlo del clima
de violencia política que inundaba Galicia.
El cenobio desempeñó el papel de organizador
del territorio abriendo el camino de repoblación de los territorios objeto de
los ataques normandos. También debe tenerse en cuenta la posibilidad de que el
centro ocupase un lugar primordial en la continuación del Camino de Santiago a
la costa.
La historia de Moraime, desde Fernando II hasta
la llegada de la dinastía Trastámara, está caracterizada por una importante
protección real. En los siglos XIV y XV las intromisiones nobiliarias serán
comunes, a lo que los monjes responderán con el apoyo legal de la Corte. En una
fecha cercana a 1500 el monasterio quedará ligado a San Martín Pinario de
Santiago.
El conjunto monacal sufrió el abandono
propiciado por las desamortizaciones del XIX, por lo que entrado el siglo XX Moraime
se encontraba en condición de casi ruina. Todas las dependencias monacales, a
excepción de la iglesia, desaparecieron. La campaña de excavaciones de la
década de los setenta retiró los escombros que ocupaban la nave, recuperándose
la portada sur.
Las condiciones del terreno, cerca del mar y en
una pronunciada pendiente, han condicionado desde su inicio la construcción de
esta iglesia. El edificio se adapta a un escalón del terreno en el primer tramo
de las naves, lo que provoca una diferencia de nivel entre éstas y el pórtico
occidental.
La planta es basilical de tres naves y tres
ábsides, circulares los laterales y cuadrado, renovado en el siglo XVIII, el
central. Las naves se dividen en cinco tramos por medio de pilares cruciformes.
La cubrición de las tres naves se hace con una techumbre común a dos aguas. Los
ábsides laterales se cubren con bóveda de horno, y el central, remodelado, como
ya se dijo, con bóveda de cañón. Tanto el cuerpo de naves como la capilla mayor
han visto sus cubiertas modificadas. Con toda probabilidad las naves
presentasen en un principio bóvedas de cañón, como atestiguan los restos
conservados en el muro de la nave del evangelio. Así mismo, el espacio del
ábside principal se vio modificado, sustituyéndose la organización inicial, en
la que el tramo recto se cubriría con medio cañón y el circular con bóveda de
cuarto de esfera.
En el interior de las naves destacan los
gruesos pilares con cuatro columnas adosadas, proyectadas hasta las cubiertas,
que confieren un aspecto cruciforme al pilar.
Los dos pilares más cercanos al ábside difieren
levemente del resto. El pilar del lado de la epístola tiene el núcleo central
acodillado en sus ángulos.
En el lado del evangelio el núcleo central se
vuelve circular, pero en altura vuelve a la sección rectangular. Las naves
laterales tienen arcos apuntados, y de medio punto la nave central. Los arcos
formeros se doblan creando un juego de claroscuros en los sillares. Los
capiteles de los formeros se prolongan como impostas rodeando todo el pilar.
Las columnas son altas y esbeltas. Sus basas responden al modelo ático y en
algún caso presentan garras. Algunos de los plintos se decoran con motivos
geométricos o rosetas. Los capiteles del primer tramo son de clara ascendencia
compostelana, con hojas lisas en arista viva y volutas en las esquinas. Los
capiteles centrales siguen los mismos modelos, pero sometidos a un rigorismo
geométrico mayor. Los tramos más occidentales se alejan del modelo e introducen
nuevos tipos de capiteles con hojas pegadas al bloque en el cuerpo bajo y mayor
proyección y volumen en la zona superior, un tipo de decoración proveniente del
mundo del Císter. Un segundo modelo se realiza con decoración geométrica a base
de entrelazos.
Los muros de las naves laterales se articulan
por medio de columnas en las que apoyan los arcos fajones.
Una imposta divide los paramentos en dos
secciones. Las impostas de todo el muro occidental y el último tramo del norte
se decoran con grandes tacos en la sección inferior.
Las ventanas se sitúan sobre las líneas de
imposta. En el muro norte se alternan las ventanas de medio punto con
abocinamiento, en los tramos segundo y cuarto, con arcos ciegos geminados en el
tramo primero, tercero y quinto. Son arcos ciegos a modo de hornacinas que
albergan en su interior otros dos arcos ciegos que descansan en tres
columnillas, siendo la central común, con capiteles y basas. Los capiteles son
estilizados y todos ellos con decoración vegetal. El tipo de capitel varía, un
modelo con hojas anchas e incisiones a modo de nervios, otras alargadas y
picudas, y un tercer modelo con el follaje sumamente estilizado.
En el muro sur no encontramos esta articulación
en los paramentos, sino que los tramos de ventanas se alternan con secciones
murarias ciegas.
Vista general de la nave sur, los arcos
son apuntados, en contraste con los de nave central que los tiene de medio
punto.
En el muro sur el tímpano de la puerta de
acceso se encuentra labrado. Centra la composición la imagen del Cordero con
nimbo crucífero sosteniendo con una de sus patas una cruz trebolada. Está
dentro de un clípeo sujetado por ángeles con las alas desplegadas y
arrodillados sobre nubes. De la cruz nacen ramas de árbol con dos pequeñas aves
apoyadas en el clípeo que parecen picotear los frutos de aquél.
En Galicia se conservan dos ejemplos más de
esta iconografía basada en la imago clipeata romana: el tímpano de Santa
María de Cambre y la puerta del claustro de la catedral de Ourense. La imagen
se integra a la perfección en el programa iconográfico que se completa con las
portadas.
El discurso apocalíptico se inicia con el
Cordero Pascual, continúa con el sacrificio incruento de la Cena para rematar
con las imágenes de los ancianos en el pórtico occidental. La presencia de un
tímpano esculpido en el interior del templo no es común, por lo que se ha
planteado la hipótesis de que se trate de una pieza reutilizada, perteneciente
en origen a la portada septentrional destruida con la construcción de la
sacristía.
En el muro de cierre occidental se abre un arco
de medio punto doblado. A ambos lados del mismo se disponen dos ventanas que
iluminan las naves laterales. Las ventanas, de arco apuntado, descansan sobre
columnillas con capiteles vegetales con hojas lisas y bolas en los ángulos.
Los cimacios de la ventana norte se decoran con
florones encerrados en círculos.
El cimacio sur es liso. Las arquivoltas tienen
boceles y decoración con tacos y zig-zag. Sobre estas ventanas se abren en el
muro dos grandes óculos, el sur con su perímetro decorado con bolas y el norte
con la arista interior moldurada con un grueso bocel.
En la zona del ábside, a pesar de que la
capilla central románica ha desaparecido, conservamos las dos columnas que
soportan el arco de triunfo doblado y de sección prismática. Se siguen las
formas de las columnas de las naves, altas y estilizadas con capiteles
fitomórficos de un piso de hojas, con volutas muy desarrolladas en los
extremos. En el interior de las hojas se desarrollan otras que nacen de un
marcado nervio y sobre ellas se disponen anchos caulículos.
El acceso a las capillas laterales se realiza
por medio de arcos de medio punto doblados, apeados en columnas con capiteles
vegetales. En la capilla sur las dovelas del arco se conforman de un modo
peculiar, trabajándose el despiece como si se tratase de sillares.
En la capilla norte se conserva una saetera con
arco de medio punto apeado sobre columnillas con capiteles vegetales, en el sur
esta ventana ha sido substituida por una moderna adintelada. Los capiteles del
ábside norte y el izquierdo del sur tienen una decoración semejante a los del
arco triunfal. El capitel derecho del ábside sur tiene un canon algo más
reducido y se decora con hojas más gruesas y sencillas. Es el mismo tipo de
capitel utilizado en el primer tramo de las naves.
En el exterior de la iglesia destacan las
diferencias entre los muros norte y sur. En el primero, el aparejo utilizado es
de sillería regular, mientras que en el meridional domina la mampostería. El
muro norte se anima por la inclusión de grandes contrafuertes dobles unidos por
cinco grandes arcadas ciegas de medio punto y dobladas. Los canecillos del
alero son de proa.
En el muro sur también hay contrafuertes
prismáticos, pero, en este caso, desiguales y de diferente tamaño. El elemento
más destacable en este muro es la portada, que en el lado septentrional ha
quedado oculta por la inclusión de la sacristía.
La portada se abre entre dos gruesos
contrafuertes. De las tres arquivoltas que la conforman, las dos interiores
apean en columnas acodilladas y la exterior en capiteles directamente embutidos
en el muro. La decoración escultórica se concentra en fustes, capiteles,
mochetas, tímpano y arquivoltas; pero las inclemencias del paso del tiempo han
erosionado mucho las formas.
En el tímpano se esculpe la Última Cena, un
grupo de ocho personajes –Cristo y siete apóstoles– ante una mesa de la que
sólo se ve el frente y de la que cae un mantel orlado. Destaca la figura
central de Cristo, de mayores dimensiones, con nimbo crucífero y en ademán de
bendición.
Los apóstoles, al igual que Jesús, visten capa
abierta que permite entrever sus manos señalando a la figura central. La
identificación de los apóstoles no es clara, con la salvedad de Pedro, con las
llaves del cielo, y San Juan, con su rostro apoyado en el pecho del Salvador.
Sobre la mesa aparecen cuencos alusivos al sacramento de la Eucaristía.
Las dos mochetas sobre las que se apoya el
tímpano también están decoradas. En la cara exterior se representan dos ángeles
que invitan al tránsito al templo. En las caras interiores de las mochetas la
figuración es humana. En la mocheta derecha aparece una figura con mitra,
túnica litúrgica y con un libro abierto entre las manos. De difícil
interpretación, Sousa la ha identificado como San Benito.
Frente a él, una imagen de similares
características, con un báculo o bastón y gesto parlante con la boca abierta y
la mano en el pecho.
Se ha propuesto a San Blas o Santiago como
identificación.
La primera de las tres arquivoltas se ornamenta
por medio de flores o estrellas. La segunda está surcada en su cara frontal y
en el intradós por baquetones quebrados. En la arquivolta exterior –muy
deteriorada– se suceden los motivos floreados, estrellados y las aves pareadas.
En la dovela central se reproduce una personificación de la luna.
Los fustes de las columnas están decorados con
rosetas, baquetones zigzagueantes y flores inscritas en rombos.
El tipo de ornamentación se repite en los
ábacos de los capiteles. Las basas son sencillas en base a tres molduras. Para
Chamoso el modelo de esta tipología columnaria estaría en la portada de
Platerías de la catedral compostelana.
Los seis capiteles son historiados. Los más
cercanos al vano de acceso se encuentran en mejor estado, degradándose
paulatinamente, siendo muy difícil la identificación de temas y motivos en los
exteriores
El capitel interior derecho contiene en sus dos
caras dos centauros enfrentados. Los híbridos, con su parte inferior de caballo
y la superior humana, sujetan arco y flechas a punto de disparar a dos figuras
que, espalda con espalda, se defienden con escudos ovalados. El centauro
representa la tentación al pecado, que es soportada por la virtud simbolizada
en los caballeros. Para la composición de este capitel se utilizó la técnica de
la “plantilla invertida”, por lo que las dos escenas son idénticas.
El capitel central, en su cara interior, dibuja
una figura alada sosteniendo una balanza con dos platillos. La identificación
es clara, al responder perfectamente al tipo iconográfico del Arcángel San
Miguel pesando las almas. El resto de las figuras del capitel están muy
deterioradas. Una pequeña cabeza bajo los platillos parece que sea la imagen
tradicional de un diablillo falseando los pesos de la balanza. En el ángulo del
capitel un rostro que pudiera ser la imagen del pecador juzgado. La cara frontal
es más problemática, parece que una figura humana se encuentra a punto de
atacar una bestia. Quizá se trate del propio San Miguel luchando con el
diablo-dragón, o de David luchando contra el león.
El capitel embebido en el muro derecho muestra
la escena de Daniel en el foso de los leones. Es interesante la idea de
anfiteatro conseguida por medio de la inclusión de unas pequeñas arcadas. La
imagen de la cara interior es enigmática.
Una figura aparece entre nubes con un bastón y
un elemento redondo en su mano. Otro personaje parece sujetarlo por los
cabellos y el brazo. Si tenemos en cuenta la escena de la cara frontal, esta
secuencia corresponde al momento en el que el Señor conduce a Habacuc a través
de los cielos al anfiteatro del martirio de Daniel para hacerle entrega del
pan.
En el capitel interno del lado derecho, y a
pesar del gran desgaste, pueden distinguirse las figuras de dos leones con
finalidad apotropaica.
El eje de la composición regresa al ángulo en
el capitel interior. Una figura humana desnuda apoya sus manos en los lomos de
dos animales que se aferran con sus garras al astrágalo. Sobre los leones, dos
aves de presa vuelven sus cabezas. Como en el capitel del muro derecho, se
representa el tema de Daniel en el foso.
El ejemplar incrustado en el paramento del lado
izquierdo es el que presenta un estado más precario. En el ángulo se dispone un
árbol, una de sus ramas enmarca en la cara interior una figura desnuda y con el
cabello largo. Puede tratarse de Eva desnuda en el Paraíso, por lo que se
antoja lógico afirmar que en la cara restante estuviera representado Adán.
El ciclo escultórico del portal es complejo y
no siempre fácil de leer. Para Sousa la pauta viene dada por la representación
del Cenáculo. La decoración de las arquivoltas representa la esfera celeste por
medio de la profusión de estrellas, flores, etc., y especialmente la
personificación de la luna. Los leones enfrentados y el combate entre centauros
son imágenes que llevan a la idea de lucha, de superar la tentación. La
profusión de imágenes de Daniel funciona a modo de exempla como paradigma de la
superación. Superación que no alcanzaron Adán y Eva en el momento de comer la
fruta prohibida, que podemos ver en el capitel del muro oeste. La escena del
tímpano es una reivindicación del sacramento de la Eucaristía como superación
de la lucha contra el pecado. En este contexto la imagen de Daniel siendo
alimentado por el pan traído por Habacuc actúa como prefiguración del pan
entregado por Cristo a sus apóstoles.
En un plano más discreto, pero presentes, están
los relieves de los clérigos como figuras centrales en la consecución de este
dogma de fe. El último aspecto destacable de la portada sur es la presencia de
restos arquitectónicos en torno al portal. Parece factible que se trate del
arranque de un pórtico que cubriese la portada, siguiendo el modelo del pórtico
occidental.
El estilo de la portada meridional de Moraime
busca el volumen, pero sin el modelado de los planos y las superficies. Todo el
conjunto respira un aire naturalista del que carece el portal occidental.
Existe un gusto por la descripción de los detalles, como el mantel de la cena y
los enseres, o la delicadeza de la figura de Juan sobre el regazo de Cristo.
Sousa ha vinculado el estilo de Moraime con los trabajos en Cereixo. Las bandas
de círculos, las pequeñas flores, las rosetas, etc., son elementos ornamentales
compartidos entre ambos edificios. Bajo este supuesto, encontraríamos al
escultor de Cereixo trabajando antes en Moraime, donde tendría lugar su
aprendizaje.
Partiendo de esta afirmación y atendiendo a la
presencia de elementos iconográficos comunes con Santa María de Cambre e
inusuales en el románico gallego como la Última Cena, la psicostasia o el
Habacuc y el Ángel, proponemos una fecha cercana a 1200 para la ejecución de
este portal.
En el muro occidental sobresale el pórtico de
acceso, que se adelanta al muro románico articulado por la presencia de dos
contrafuertes y de dos óculos de importantes dimensiones en los extremos. Bajo
los óculos se abren ventanas de medio punto sobre columnas acodilladas con
basas áticas decoradas con bolas en el lugar de las garras.
Los capiteles son vegetales, esbeltos y
estilizados. Sobre los capiteles se elevan dos arcos ligeramente apuntados.
En el lado norte, uno está ornado con boceles y
el otro con festón de motivos geométricos. Los arcos de la ventana sur se
decoran con bocel, el interno, y con una chambrana de billetes, el externo.
De las dos torres que flanquean la fachada,
sólo la norte conserva el aspecto original románico. El cuerpo liso, de escasa
altura, se horada en su remate con cuatro arcadas de medio punto. El arranque
de la torre sur es medieval, pero su remate es obra de Melchor Ocampo y fue
realizado en 1896. Los piñones de la nave parece que han sido sobreelevados. La
presencia del escudo de San Martín Pinario en la fachada puede indicar que
estas reformas, como las realizadas en el ábside principal y en el pórtico, se
realizaron a inicios del xvi, cuando Moraime pasó a manos del monasterio
compostelano.
La portada occidental se compone de un tímpano
y tres arquivoltas que descansan sobre otras tantas columnas acodilladas por
jamba. Todos los elementos que componen la portada presentan figuración.
En el tímpano, una sucesión de arcadas enmarcan
siete personajes. La composición, totalmente horizontal, típica en sarcófagos o
retablos, confiere cierta monotonía al conjunto. La única nota de jerarquía
viene dada por la arcada ligeramente mayor que enmarca al personaje central.
Viste ropajes litúrgicos y sostiene un gran báculo con una mano, mientras con
la otra realiza un gesto de bendición. A cada lado se encuentran tres
personajes imberbes sujetando libros abiertos o cartelas. Los estudiosos del templo
han propuesto identificaciones dispares para este conjunto. García de Pruneda y
Chamoso Lamas consideran que se trata del Padre Eterno flanqueado por
Apóstoles. G. G. King habla de seis figuras y un obispo bendiciendo. Para Sousa
Jiménez, la figura central sería el patrón de la iglesia, San Julián, rodeado
por sus discípulos.
Sobre el tímpano se disponen tres arquivoltas.
La exterior es la de mayores dimensiones, con veintiséis figuras, una por cada
dovela. Todas las figuras tienen las manos sobre el pecho, a modo de orantes.
La mitad de las dovelas están surcadas por unas incisiones; King y Sousa han
querido ver en ellas la tosca representación de nubes para conferir un aspecto
celestial.
La única figura destacada es la que ocupa la
dovela central. Aparece de cuerpo entero y vestida con una túnica larga. Se
trata de una teofanía, una imagen celestial reforzada por las rosetas sobre la
arquivolta que hoy en día quedan semiocultas por el pórtico. Quizá se evoque la
Segunda Parusía.
La arquivolta central consta de quince
figuras-dovelas. Están de pie y vestidas con túnica lisa, imberbes y con
instrumentos musicales, fídulas y redomas. Es un tipo de representación donde
la parte representa el todo, es decir, los quince músicos vienen a figurar a
los veinticuatro ancianos del Apocalipsis.
En la arquivolta inferior encontramos catorce
personajes en actitudes idénticas. Las figuras de las dos últimas arquivoltas
apoyan sus manos en un baquetón. El significado de este tipo de disposición no
está claro, pero encontramos ejemplos en el Pórtico de la Gloria y en Olorón.
La primera de las estatuas-columnas, la más
septentrional, representa a un obispo con báculo rematado en voluta, casulla,
mitra y calzado. Con sus dos manos sujeta el báculo y con él aplasta una
serpiente a los pies que le sirve de peana. El báculo funciona en esta imagen
como un arma contra los enemigos de la fe. Pudiera tratarse de San Benito,
fundador de la orden, o de San Julián.
La estatua contigua representa a un hombre con
larga barba y con todo su cuerpo cubierto por una túnica ceñida. Con una mano
sujeta una larga cartela desenrollada, que señala con su otra mano. A sus pies,
la imagen-peana figura a dos leones rampantes vueltos y unidos por el lomo. El
relieve de los leones es el de mayor planitud del conjunto, lo que le confiere
un aspecto marcadamente heráldico. El personaje aquí representado ha sido
identificado como el profeta Daniel, siendo los leones de la peana los presentes
en el famoso episodio del foso. La presencia de Daniel se ha querido vincular
en la portada de Moraime con el santo patrón del edificio, ya que también San
Julián fue arrojado al foso.
La columna interior en el lado izquierdo está
ocupada por dos personajes imberbes. Visten capas largas y abiertas que dejan
visibles sus manos, con las que uno sujeta una tarjeta mientras el otro la
señala. Cada uno de ellos parece llevar un cinturón. La composición es
totalmente simétrica y recuerda a la imagen de los leones a los pies de Daniel.
Bajo ellos, un atlante con larga barba y de cuerpo entero parece soportar a los
dos personajes sobre él. También esta imagen-peana lleva una correa a la cintura.
A diferencia de las dos columnas vistas, la peana no parece figurar un
ideograma maligno. Este complejo tipo iconográfico se ha leído como la imagen
de dos apóstoles como sustento de la iglesia, soportados a su vez por la imagen
clásica del atlante. La clave de esta lectura, además de la propia composición
y de su función como columnas, es la presencia de los cinturones asociados a
imágenes de fortaleza y fuerza física (Sansón, David, etc.). La identificación
de los apóstoles no está clara, si bien se han apuntado los nombres de Santiago
y San Pedro.
La figura de un obispo se repite en la estatua
columna exterior en el lado derecho, con los mismos atributos e indumentaria
litúrgica que el anterior. Realiza un gesto de bendición con la mano derecha y
con la siniestra sujeta un báculo con el que ataca a una figura humana que está
bajo sus pies. La figura es de pequeñas dimensiones y aparentemente desnuda,
los rasgos faciales se reducen a una incisión en la boca y dos oquedades como
ojos. Con sus dos manos hace el ademán de tirar de su barba bífida. Este tipo
de representación es muy común en la Edad Media. Se trata de una aplicación
figurada de “mesarse las barbas”. Es una expresión habitual en los
ciclos épicos y su origen está en la tragedia clásica. La imagen puede leerse
como la victoria de la fe sobre el paganismo. La imagen del hombre con barba
dúplice también representa el pecado de la ira. Como en la estatua-columna
correspondiente al otro lado, la imagen del religioso puede identificarse con
San Benito o San Julián. Pérez-Ugena ha identificado esta figura con San Pedro
como obispo de Roma, pero la ausencia de barba no es común en la iconografía
del santo.
La estatua-columna central en este lado de la
portada está ocupada por un personaje con amplia barba picuda, un libro en las
manos y vestido con una túnica ceñida hasta los pies descalzos. La imagen de la
peana es una de las más representativas del conjunto. Un hombre imberbe,
descalzo, con túnica y cinturón, que lleva sus manos a los oídos y abre su boca
dibujando un gesto grotesco en su rostro. Es una iconografía poco común, que se
ha vinculado con la omisión de la fe. El hombre aquí figurado vendría a representar
al individuo que no escucha la palabra de Dios. La imagen inferior nos da la
pauta para la identificación del hombre barbado. La idea de que la fe proviene
del oído es utilizada en varias cartas de San Pablo y el oído ocupa un lugar
importante en su proceso de conversión. La barba lisa, la marcada calvicie,
sumadas a la lectura del ideograma inferior, llevan a identificar esta figura
como el apóstol Pablo. Otros autores consideran que la peana es la imagen de la
Pereza y el anciano Moisés con las tablas de la ley.
La estatua interior difiere en su composición
del resto de las columnas de la portada. Se repite el esquema de dos figuras
superpuestas, pero aquí ambas ocupan el mismo espacio en la columna. El
personaje superior viste túnica larga, sujeta por un cinturón, y agarra con su
mano una cartela. Bajo él, un hombre, también barbado y vestido con túnica,
sujeta un bastón en forma de “tau”. Este tipo de bastón responde a una
convención visual que identifica a este personaje como más antiguo que el que
sustenta.
También refuerza la idea de sujeción ya
sugerida por la presencia del cinturón y que vimos en su pareja en el otro
lado. Así, estas dos imágenes figurarían a un apóstol soportado por un profeta
o venerable anciano del Antiguo Testamento. Se ha querido ver una plasmación
visual de la sentencia de Bernardo de Chartres, “enanos a lomos de gigantes”.
Tampoco en este caso está clara la identificación. Pudiera tratarse de Juan
haciendo pareja al otro lado con su hermano Santiago. Para la imagen inferior
se han propuesto la figura de Isaías y de Gedeón.
El estado de conservación de las piezas y la
confusa identificación de las figuras hacen que la lectura completa de este
portal sea complicada. A pesar de ello algunas consideraciones parecen fuera de
toda duda. Para Sousa puede establecerse una relación jamba a jamba, cada
estatua-columna establece una correlación con su pendant. Las imágenes de los
obispos, al margen de su identificación concreta, y de Daniel y Pablo son
imágenes del triunfo sobre el mal, representado en las peanas. Es una alabanza
de la justicia moral de la iglesia frente a toda forma de pecado. Las dos
columnas exteriores ahondan en un discurso relativo a las relaciones entre los
dos Testamentos. Desde un punto de vista simbólico y físico –las columnas son
el soporte de la figuración pero también los elementos sustentantes de la
portada–, los personajes veterotestamentarios son los cimientos del mensaje
cristológico expandido por el colegio apostólico.
La tipología de estatua-columna y el estilo han
sido vinculados con el Maestro Mateo y el Pórtico de la Gloria, en la catedral
de Santiago. Sin embargo, la plasticidad de las figuras y el naturalismo de la
obra mateana –tanto en columnas como arquivoltas– no está presente en Moraime,
donde la escultura se trabaja en base a la técnica de la talla en reserva. Este
modo de concebir la pieza se relaciona directamente con las columnas de mármol
de la portada de Platerías en la sede compostelana (Sousa Jiménez).
Este modelo local, sumado al seguro
conocimiento de las nuevas tendencias surgidas en el arte francés, son los
referentes estilísticos para este magnífico portal. Se ha hecho notar que en el
caso de los tímpanos y arquivoltas las soluciones empleadas son más toscas y
conservadoras, síntoma de un cambio de mano dentro del mismo taller. El tipo de
capitel y la utilización madura de la tipología de estatua columna nos llevan a
fechar la portada occidental en torno a 1200.
Todos los canecillos en torno al ábside tienen
perfil de proa sobre doble nacela. En los laterales se alternan los vegetales y
de bolas con los de perfil de proa.
En la actualidad no conservamos dependencias
monásticas al margen de la iglesia. Las excavaciones de los años setenta en el
lado sur no han sacado a la luz restos claustrales. Los resultados de las
excavaciones, sumado a que el lado norte se encuentra más protegido de las
inclemencias del mar, nos hacen suponer que el claustro se dispondría al Norte.
En la actualidad este lugar está ocupado por un cementerio que mantiene un
perímetro muy marcado que bien pudiera corresponder grosso modo con el espacio
ocupado por el claustro. En el lado sur pueden verse, dispersas por el campo,
una serie de tuberías y canalizaciones de piedra que podrían haber formado
parte del sistema de riego de un jardín monástico en esta zona del conjunto.
Al margen de la obra románica, cabe destacar
una serie de pinturas murales en el interior del edificio, datadas en los
primeros años del siglo XVI. A lo largo del muro norte, bajo los arcos
geminados, se dispone un clico pictórico alusivo a los pecados capitales. Es un
conjunto de gran valor artístico y despliega un ciclo iconográfico poco
habitual, como el de las representaciones individualizadas de cada uno de los
siete pecados capitales.
San Julián de Moraime es un ejemplo señero de
arquitectura monástica del románico gallego. A pesar de su estado de
conservación y de las penalidades sufridas por años de abandono, el conjunto
original se conserva prácticamente en su totalidad. Se trata de un templo
vinculado a un monasterio de gran importancia por su valor geoestratégico, por
lo que vemos unas formas arquitectónicas máclicas que conforman un espacio de
grandes dimensiones.
Especial mención debe hacerse a la labor
escultórica de los portales, ya que, a pesar de la enorme erosión sufrida, nos
muestran el conocimiento de las formas de moda en Europa y cómo existe un
profundo trabajo intelectual por parte del abad y sus monjes para la
realización de un complejo programa iconográfico.
Ciertos autores defienden que el comienzo de
las obras, tras la destrucción del recinto anterior por parte de los
almorávides, se produciría alrededor de 1119, año en el que se producen
importantes donaciones de Alfonso VII. Sin embargo, el análisis de las formas
nos lleva a ser prudentes y retrasar el inicio del templo a mediados del siglo XII.
El análisis estilístico indica la presencia de diferentes talleres trabajando
en Moraime. Podemos diferenciar tres fases constructivas: la inicial, en torno
a la cabecera y la construcción del muro norte y de los tres primeros sectores
del sur; en la segunda campaña se realizan los pilares de la nave, donde la
decoración de capiteles nos habla de la presencia de otro taller, y se termina
el muro sur; en la tercera fase se concluyen las naves y el cierre occidental.
La influencia de la catedral de Santiago en la
arquitectura de Moraime es notoria. La cubierta única para las tres naves, los
arcos geminados del muro norte que recuerdan la estructura del triforio de la
basílica compostelana, los contrafuertes exteriores unidos por arcos, la
decoración de los capiteles en la zona del ábside, los cimacios de los
capiteles de los arcos formeros que se prolongan en impostas, etc. son
elementos que miran directamente a las obras compostelanas e indican la
presencia de talleres compostelanos trabajando en la Costa da Morte.
La cronología propuesta para la campaña de
obras es la siguiente: la primera campaña, en torno a mediados del siglo XII,
donde se ve una mayor dependencia decorativa de la catedral de Santiago. Una
segunda fase de obras, hacia el último tercio del XII, dominada por una
geometrización de las formas iniciales. Y, por último, la campaña final, con
una fecha cercana al 1200, donde observamos influjos del arte cisterciense.
En el caso de las portadas también vemos
diferentes talleres trabajando en ellas. La puerta norte, hoy modificada tras
la construcción de la sacristía, sería la que primero se erigió. En el portal
occidental se aprecia la mano de dos maestros que también podrían haber
trabajado en los arcos geminados del muro norte, la fachada y en los últimos
pilares de las naves. Su datación en una fecha cercana al último decenio del
siglo XII presenta la problemática del influjo de las obras del Pórtico de la
Gloria. Aunque las soluciones son similares, Moraime carece del naturalismo
escultórico y de las novedades estructurales de la obra mateana, por lo que la
historiografía actual se decanta a pensar en una construcción en paralelo pero
no estrictamente deudora de las obras del Pórtico de la Gloria. La portada sur
es la más reciente. El taller que aquí trabaja es conocedor de la obra mateana
y destaca por la introducción de iconografías poco usuales en el románico
gallego (Habacuc y el ángel, la lucha del guerrero y el animal, etc.). Se trata
de una obra tardía, datable en los años iniciales del siglo XIII. Esta portada
guarda fuertes relaciones con la puerta sur de Santiago de Cereixo, por lo que
probablemente tengamos al mismo taller trabajando en ambas fábricas.
Mens
A 6,5 km de Malpica se encuentra la aldea de
Mens, en un fértil valle que une las localidades costeras del norte de
Bergantiños con el interior de la comarca. Zona de larga tradición por su
riqueza en recursos agrícolas, ganaderos, pesqueros y mineros, atesora restos
megalíticos, castreños, romanos, medievales y modernos. El monumento más
conocido de la zona son las Torres de Mens, una fortificación construida en el
siglo XV por Lope Sánchez de Moscoso sobre las ruinas de un castillo destruido
durante las revueltas irmandiñas acaecidas esa misma centuria y que se erige a
escasos metros de la iglesia de Santiago. Con la división eclesiástica de la
archidiócesis compostelana fijada por el arzobispo don Pedro Suárez de Deza a
mediados del siglo XII, Mens quedó incluida en el arciprestazgo de Seaia,
integrado desde 2009 en el de Bergantiños.
El origen de este templo es el monasterio
benedictino de Magna Salaia o Salagia, fundado en la segunda mitad del siglo X,
en tiempos del obispo compostelano Sisnando II. Esta datación se basa en la
inscripción hallada en un muro de cierre junto al recinto eclesiástico, que ha
sido interpretada por Barral Iglesias como E: MII (era de 1002; es decir, el
año 964). Se cree que la cristianización de esta zona, conocida como valle
Salagie, fue anterior a esta fecha, produciéndose entre época tardorromana
(siglos IV-V) o suevo-visigótica (siglos VI-VIII). En la vecina iglesia de San
Martiño de Cores se han encontrado restos romanos y altomedievales, y en el
ábside lateral derecho de la iglesia de Mens se conserva el tablero de un ara
de caliza, que se cree que perteneció a una basílica anterior. Para Barral
Iglesias, entre las iglesias “offerenciales” de la Salagia citadas en el
diploma de 866 del monarca Alfonso III estaría el cenobio de Mens. Pero la
primera noticia documental donde se cita dicho monasterio es la donación de
Pedro Froilaz, conde de Traba, al monasterio de Santo Tomé de Némens (Nemeño),
realizada en 1105 y firmada por el abad de Mens: auctor et operatur harum
litterarum Recamundus abbas monasterii magnessalagie, junto con los obispos
de Santiago y Mondoñedo, y los abades de Antealtares, Pinario y Moraime. En
1154 el papa Anastasio IV cita el Monasterium Meens al confirmar las posesiones
de la iglesia compostelana, volviendo a constar en la confirmación de Alejandro
III de 1178. En 1199 Urraca Fernández de Traba, nieta de Pedro Froilaz, dejó
una manda testamentaria al monasterio. Tras la reforma monástica de los siglos XV
y XVI el cenobio pasó a depender de San Martín Pinario, al que perteneció poco
tiempo, pues en 1535 el papa Paulo III concedió la permuta de los derechos que
este monasterio tenía sobre Mens por los de Santa María de Cambre, pasando a
ser propiedad de la Colegiata de A Coruña.
La iglesia de Santiago de Mens fue declarada
Monumento Histórico-Artístico por el Real Decreto 1675/1979 de 25 de mayo de
1979, que fue publicado en el B.O.E. de 9 de julio de dicho año.
Iglesia de Santiago
Las dependencias del monasterio de Mens han
desaparecido y del cenobio sólo ha quedado la iglesia: un edificio prerrománico
de planta basilical con tres naves –muy semejante a Ansemil–, que fue reformado
en el siglo XII. Esta intervención modificó la estructura prerrománica al
añadírsele una monumental cabecera románica de tres ábsides, compuesta de un
ábside central semidecagonal, con un primer tramo recto, y dos laterales de
menores dimensiones y planta semicircular.
Estos se cubren con bóveda de cascarón,
mientras que el central presenta, además, una bóveda de cañón cerrando el tramo
recto. Las dimensiones de las capillas están en correspondencia con las de las
naves, cuya articulación se realiza mediante pilares prerrománicos de sección
cuadrada, unidos por arcos formeros de medio punto sobre los que descansa un
muro que en origen presentaría varios vanos para la iluminación de la nave
central. La altura de la cabecera románica obligó a adaptar la del cuerpo de la
iglesia, aumentándose en el tercio superior de los lienzos laterales y en los
muros de la nave central a partir del trasdós de los arcos. Hoy en día el
edificio cuenta con una cubierta lígnea a dos aguas, sostenida por unos
pendolones de madera coronados por zapatas con decoración de círculos y
rosetas, y unas cartelas añadidas en el siglo XVI. Este tipo de soportes de
artesonado es excepcional y se encuentra en Mens, en el vecino templo de San
Martiño de Cores y en Santiago de Cereixo (Vimianzo).
Para Barral la reforma románica afectó también
a la planta y la longitud del templo: el edificio prerrománico constaría de
cuatro tramos, que en las naves laterales fueron reducidos a tres tras la
reforma del siglo XII. Nosotros, por el contrario, creemos que la planta
basilical de cuatro tramos se mantuvo hasta, aproximadamente, el siglo XVIII.
Si nos fijamos con atención en los muros laterales, se aprecia cómo las
cornisas románicas se interrumpen de forma abrupta y los esquinales se
refuerzan con contrafuertes modernos, que serían innecesarios si la fachada
occidental románica se iniciase en este punto. Los muros que cierran los
frentes occidentales de las naves laterales presentan dos ventanas con marcos
acodados, que por su simplicidad nos llevan hacia un barroco tardío. En este
momento fue cuando la longitud de dichas naves se redujo a tres tramos,
mientras que la central conservaba el largo original. En el exterior de su
lienzo norte todavía es posible ver embutido en los paramentos el arco de medio
punto prerrománico con parte de su pilar occidental.
Con esto podemos concluir que tras la
construcción de la cabecera se respetó en lo fundamental el plan del edificio,
pero se levantaron nuevos muros laterales y una fachada oeste acorde con el
arte del momento, de la que han quedado distintos restos materiales y
documentales.
En el interior del templo, el acceso a la
capilla mayor se realiza a través de un arco triunfal de medio punto doblado de
perfil recto. La dobladura descarga en el muro, apoyándose en una imposta en
nacela, mientras que el arco menor voltea sobre un par de esbeltas columnas
entregas. Estos soportes se sobreelevan mediante un zócalo o bancal que recorre
el interior de la capilla mayor, sirviendo de arranque a las columnas adosadas
que articulan el muro.
Las del triunfal presentan basas áticas con
plintos cajeados con decoración de bolas en los ángulos, un primer toro ancho y
aplastado, escocia y segundo toro fino.
Los capiteles se exornan con grandes hojas
dispuestas en dos registros a partir de los modelos desarrollados en el
transepto de la catedral de Santiago. El capitel de la epístola presenta hojas
planas con nervios profundamente excavados y las puntas vueltas cobijando pomas
que se separan del núcleo de la cesta. Sobre ellas se disponen caulículos con
los vértices enroscados, también con mucho vuelo. En el del evangelio, la
vegetación permanece pegada al núcleo de la cesta. Las hojas vuelven a
presentar nervios de labra muy profunda, pero su superficie deja de ser lisa
para decorarse con hojuelas y bordes carnosos. Las puntas de las hojas se
enroscan, al igual que los caulículos que se apoyan en ellas, combándolas lo
justo para dar volumen a la pieza en su tercio superior. Sobre los capiteles se
disponen dos cimacios con perfil en nacela y listel superior, que se impostan
en el testero de la nave y hacia el interior del presbiterio.
Como comentamos al analizar la planta del
templo, el primer tramo de la capilla mayor es recto y se cubre con una bóveda
de cañón reforzada con un arco fajón de idéntica sección y luz que el inferior
del arco triunfal. Se sustenta mediante columnas adosadas muy estilizadas
realzadas sobre el zócalo, compuestas de basas áticas de plinto circular,
fustes esbeltos de dos o tres piezas, y capiteles vegetales de inspiración
gelmiriana, al igual que los del arco triunfal. Ambos presentan dos grandes
hojas planas que ocupan el frente y los ángulos delanteros de la pieza, y
sendas hojas menores para sus caras laterales; todas ellas con nervios
excavados, la superficie decorada con hojillas lanzeoladas, grueso borde y
puntas enroscadas.
El capitel de la epístola es el más elaborado
de los dos, sus hojas son más voladas, con los vértices enroscados en volutas y
los ejes perlados. El del evangelio es más contenido y menos vistoso. Sobre
ellos se dispone el mismo modelo de cimacio con nacela y listel empleado en las
columnas del triunfal. Los muros del ábside semidecagonal se articulan mediante
cinco arcos de medio punto sobre columnas adosadas que arrancan del zócalo que
recorre el presbiterio. Los paños laterales, cuyas arquerías son más altas, son
ciegos –aunque bajo el meridional se abrió una ventana rectangular en algún
momento posterior–.
Los tres tramos centrales presentan amplias
saeteras con abocinamiento interno. Las columnas que soportan la arquería
siguen el modelo de las del fajón. Sus capiteles vegetales responden a dos
modelos que se disponen de manera alternativa: uno de grandes hojas planas
cuyos vértices se doblan sosteniendo una poma, y el otro de hojas planas con el
nervio aristado y perfil puntiagudo. Los lienzos del tramo recto y del ábside
de la capilla mayor están recorridos por una imposta de gran resalte bajo la
que se dispone una línea de billetes. Hoy en día el espacio está presidido por
una imagen de Santiago el Mayor que presenta una iconografía híbrida: porta el
bordón que lo caracteriza como peregrino, pero también presenta las
características de su imagen apostólica, con túnica larga, los pies descalzos y
el libro. Esta figura debió de realizarse en el siglo XIV.
Los ábsides laterales son semicirculares. En
ambos casos se accede a su interior mediante un arco de medio punto doblado,
con las dos roscas de perfil recto. La capilla septentrional conserva una
saetera románica, abriéndose a posteriori una ventana en su lado norte,
posiblemente al mismo tiempo que en el meridional se abría otro vano en su cara
sur. El exterior reposa en los testeros, apoyándose en una línea de imposta con
perfil en nacela y listel superior, y el inferior se alza sobre columnas
adosadas dispuestas sobre una bancada que, como en la capilla mayor, recorre el
perímetro de los ábsides. Las columnas presentan una tipología similar a las
que sostienen el fajón del presbiterio.
Sus capiteles toman de nuevo modelos
gelmirianos: con decoración vegetal de grandes hojas planas con puntas
lanceoladas que pueden ser lisas (como en el capitel sur del ábside del
evangelio), con decoración de hojillas (capitel norte del ábside de la epístola)
o sosteniendo pomas (capitel sur de este mismo ábside). La salvedad la
encontramos en el capitel norte del ábside del evangelio, que se exorna con dos
leones, dispuestos uno tras otro mirando hacia el interior de la capilla.
Ocupan las dos caras visibles del capitel y se representan con las fauces
abiertas. Las melenas se organizan en gruesos y largos mechones que corren
hacia el lomo.
En el cuerpo de la iglesia el único vestigio
románico reconocible son dos ventanas con abocinamiento interno y una modesta
puerta con arco de medio punto hacia el interior.
En el exterior del edificio lo más destacado es
la cabecera, conservada íntegramente y presidida por el ábside central
poligonal que se erige sobre un zócalo retallado. La intersección con los
ábsides laterales se refuerza mediante contrafuertes, mientras que las aristas
del semidecágono se refuerzan con semicolumnas erigidas sobre un podio
prismático. Presentan basas áticas con plintos cilíndricos, fustes entregos, y
están coronadas por capiteles vegetales –semejantes a los vistos en el interior
del templo–, y uno de ellos figurado, labrado con las imágenes de un lector, un
personaje que muestra impúdicamente sus nalgas y por un músico que tañe una
fídula. Sobre las columnas corre el alero, compuesto de una cornisa de cobija
recta y perfil en nacela sustentada por diez canecillos agrupados por pares en
cada tramo del semidecágono del ábside.
Comenzando por el frente meridional, la primera
pareja es de canes vegetales, el primero rematado en voluta y el segundo con
una bola; la segunda pareja es de dos figurados, con un lector y un acróbata
mostrando de manera ostentosa sus genitales; el central cuenta con el mismo
tipo de figuras dispuestas en orden inverso; el siguiente tramo hacia el norte
presenta un canecillo de modillones y otro con una hoja rematada en una poma,
al igual que el último. En las caras centrales del ábside se abren tres ventanas.
Las laterales presentan un arco de medio punto en arista viva, apoyado
directamente en las jambas del vano y exornado con una chambrana de billetes.
La decoración se enriquece en la ventana central, que presenta una arquivolta
de doble bocel sustentada por columnas acodilladas con capiteles vegetales y
cimacios en nacela que se impostan en el muro.
Los ábsides laterales se levantan sobre un
zócalo de menor altura que el de la capilla mayor. Su principal característica
es la sobriedad. Sus muros lisos y sin articular contrastan con el ábside
central. El meridional se horada con un vano rectangular de época moderna y el
septentrional presenta el hueco de una saetera románica y una segunda abertura
rectangular semejante a la del ábside sur. En ellos el componente ornamental se
concentra en los canecillos que sustentan la cornisa. En el ábside meridional estas
ménsulas se decoran con elementos vegetales –tres de hojas sosteniendo pomas y
uno de tallos entrelazados–, dos con rollos y uno de proa de nave. En el
septentrional, además de canes vegetales y de rollos según el modelo visto para
el anterior ábside lateral, se conservan dos piezas zoomórficas –una cabeza de
carnero y un felino de cuerpo entero con la cabeza vuelta hacia el espectador–,
otra con un acróbata haciendo ostentación del bajo cuerpo y una pieza recorrida
por dos boceles.
En lo que concierne al exterior de la nave, la
fachada norte ha perdido gran parte de la sillería románica, que fue sustituida
por mampostería. Las piezas del siglo XII se concentran en el esquinal
oriental, en las partes altas del muro y en el entorno de los vanos: dos
saeteras y una sencilla puerta con dintel pentagonal, hoy cegada. Barral
Iglesias consideró que el lienzo de mampostería formaba parte de la fábrica románica;
sin embargo, se observa que los mampuestos son iguales a los empleados en el
relleno del acceso norte, por lo que entendemos que es una intervención
posterior que pudo tener lugar al desmontarse las dependencias claustrales, que
estarían dispuestas en esta zona. Al este de la puerta se conservan dos
epígrafes labrados en relieve con un elevado grado de deterioro, que han sido
interpretados por Barral Iglesias. Según su lectura dejan constancia de la
fecha de la reforma románica y los nombres del abad y el autor.
El primero reza: ERA MCLXXII: ME FEQ(U)IT
GUNSA. Por lo que la remodelación habría concluido en el 1134 bajo la
dirección del maestro Gunsalvus.
En la segunda inscripción leyó lo siguiente:
IN N(O)MINE D(OMI)NE X(RISTI) IH(E)S(U)
HONOREM S(ANCTE) MARIE VIRGI(NI)S ET S(ANC)TOR(UM) OM(N)IUM. REMAVIRA AB(A)S
El frente septentrional conserva buena parte
del alero románico, con el modelo de cornisa visto en la cabecera –de cobija
recta y perfil en nacela–, sostenida por doce canes labrados con elementos
semejantes a los de los ábsides: vegetales con bolas, de rollos y con
figuración zoomórfica –de cabeza de carnero y con los cuartos delanteros de una
bestia– y antropomórfica –un contorsionista y un hombre con hidrocefalia–. Si
comparamos estas piezas con las ménsulas de las capillas, observamos que su
calidad técnica es inferior y el resultado final más tosco, especialmente
aquellas que representan figuras humanas. Esta misma tosquedad se aprecia en el
contorsionista del ábside norte, así como en los canes de rollos, por lo que
podríamos hallarnos ante dos talleres o maestros distintos: uno encargado de la
escultura de la fachada meridional, del ábside sur y la capilla mayor, y otro
que habría realizado las esculturas del ábside norte y del frente
septentrional.
En la fachada sur, a la que se adosó la
sacristía moderna, se conservan la puerta románica, un fragmento del alero y un
grupo de sillares en el arranque y mitad occidental de los muros. La portada se
compone de una arquivolta con la primera rosca en arista y la segunda decorada
con triple hilera de tacos. El arco, de sección recta, se sustenta mediante
columnas acodilladas, de proporciones esbeltas pero sin basa, y decoradas por
capiteles con motivos vegetales muy semejantes a los que encontramos tanto en el
interior del templo como en la decoración del ábside central. Sobre estas
piezas se dispone un cimacio en nacela que se prolonga hacia el interior del
muro a modo de imposta. Bajo el arco se dispone un tímpano liso. La cornisa
sigue el modelo visto en los frentes comentados y se apoya en canes vegetales
con bola, todos siguiendo la misma tipología.
La fachada principal románica desapareció a
finales del siglo XIX. Sin embargo, Ángel del Castillo publicó un dibujo
anterior a esta intervención donde se representa el esquema del frente
occidental de Mens, correspondiente a la nave central, ya que en el siglo XVIII
se habría producido el acortamiento de las laterales, según explicamos al
analizar la planta del templo. En diseño se ve una puerta formada por doble
arquivolta sostenida por dos pares de columnas acodilladas, con basas áticas y
capiteles decorados sobre los se apoyan cimacios en nacela prolongados en
impostas, como los que encontramos en otras puertas y arcadas del templo. La
primera rosca parece de doble bocel, mientras que la exterior contaría con una
decoración geométrica de tacos o billetes. Bajo la arquivolta se disponía un
tímpano liso apoyado en un par de mochetas con decoración escultórica.
Dividía la fachada un tejaroz sostenido por
ménsulas entre las que había tabicas decoradas con rosetas, y sobre él un vano
guarnecido por una arquivolta de medio punto muy ornamentada, sustentada por
estilizadas columnillas. El arco se componía de un bocel seguido de una media
caña, y estaba cobijado por una segunda rosca formada por un arco
tetralobulado, todo ello exornado con una chambrana con billetes o ajedrezado
Como apuntó Barral Iglesias, la disposición de
este tipo de ventanas en la fachada principal no es muy frecuente en los
templos románicos, siendo propias de las cabeceras. Un esquema compositivo de
fachada similar lo encontramos en la portada norte de la colegiata de Sar, en
Santiago de Compostela, donde sobre la puerta abocinada se dispone un tejaroz
sostenido por canes y con decoración de rosetas en tableros y cobijas, y encima
de él una ventana bajo arco de medio punto muy sencillo, decorado con chambrana.
También el frente occidental de Santo Tomé de Salto (Oza dos Ríos) se corona
con una vistosa ventana con arquivoltas de profusa decoración; pero el único
templo donde se imita la fachada desaparecida de Mens es San Pedro de Leis
(Muxía), que presenta estrechas similitudes con el dibujo de Ángel del
Castillo. Por su parte, la tipología y el ornato del tejaroz recuerdan a la
Portada de Platerías y a otras iglesias de filiación gelmiriana, como la
dedicada a Santa María Salomé, en Compostela, o la citada de Sar, ambas
realizadas en las décadas centrales del XII.
A pesar de haberse construido en dos etapas
considerablemente separadas en el tiempo, y con dos estilos artísticos
distintos, la planta se ajusta en lo fundamental a la tipología basilical
propia de las iglesias monásticas gallegas. En la provincia de A Coruña la
encontramos en las iglesias de San Martiño de Xuvia, San Salvador de Bergondo,
Santa María de Mezonzo, San Xulián de Moraime o Santa María de Sar, todas ellas
de tres naves y con importante cabecera triabsidal. Menos frecuentes en la
provincia coruñesa son los templos cuya capilla mayor está formada por un
ábside de planta semidecagonal por dentro y por fuera. Este tipo de espacio se
introduce en la cabecera de la catedral de Santiago, en las capillas limítrofes
con el transepto, y se reproduce en los presbiterios de San Jorge de Codeseda
(A Estrada), Santa Eulalia de Losón (Lalín), San Tomé de Piñeiro (Marín) y
Santa María de Casteláns (O Covelo), todas en la provincia de Pontevedra.
El empleo de columnas adosadas para el apeo de
los arcos triunfales de los ábsides laterales no es exclusivo de Mens, y lo
encontramos también en Santa María de Sar, uno de los principales templos
coruñeses levantados a mediados del XII. El influjo de los talleres
compostelanos que trabajaron en la construcción del transepto de la catedral de
Santiago aflora en toda la fábrica románica, y especialmente en los detalles
escultóricos de capiteles y canecillos, donde el conocimiento de las técnicas y
motivos de época gelmiriana resulta evidente. Las ménsulas se inspiran en
algunas de las imágenes que decoran el alero de la Portada de Platerías, según
Castiñeiras realizado entre 1117 y 1122. Tanto el capitel figurado del ábside
central como los canes antropomorfos presentan una temática propia de los
márgenes, donde son frecuentes escenas populares de tipo lúdico o contenido
erótico, con las que censuran los pecados capitales más presentes en el arte
románico: la gula y la lujuria.
Por otro lado, creemos que la influencia de
Mens fue bastante superior a la que se le ha atribuido hasta el momento. La
difusión de la ventana con el arco cuadrilobulado por iglesias de la “Costa
da Morte” (San Pedro de Leis y Xaviña) es significativa por tratarse de un
modelo propio de esta área y Mens es el ejemplo más antiguo de cuantos hemos
localizado. Del repertorio ornamental de sus canecillos también encontramos
réplicas en Cores, Tallos, A Graña, San Fins de Anllóns, Santa María de Xaviña
o San Martiño de Ozón; sin embargo, al tratarse de una decoración deudora de
los talleres de Platerías, sus temas fueron imitados por numerosos talleres
escultóricos, por lo que Mens no fue la única fuente.
La fecha de 1134, propuesta por Barral Iglesias
a partir de su interpretación de las inscripciones del lienzo norte, aporta una
datación temprana que afectaría, en todo caso, a la construcción de la
cabecera. Acertada o no, parece que la renovación de Mens se produjo en el
segundo tercio del siglo XII, coincidiendo con otras fábricas relevantes que
actuaron como centros receptores de las formas de los talleres que habían
estado trabajando en la construcción y decoración del transepto de la catedral
de Santiago, como fueron Xuvia o Sar. El último elemento realizado fue la
fachada occidental, que conocemos mediante el dibujo de Ángel del Castillo y
que pudo realizarse hacia finales del período sugerido, de manera que en el
último tercio del siglo su composición se imitó en Leis y su ventana se
reprodujo en los testeros de Tallo y Xaviña.
Cereixo
El Porto de Cereixo, donde se sitúa el templo
de Santiago, se encuentra en la desembocadura del río Grande, en su ribera sur,
a 1,5 km de Ponte do Porto. Esta localidad parece que es una de las más
antiguas de la Costa da Morte. Según fuentes modernas, la vecina Muxía fue
fundada por habitantes de Cereixo después de que padecieran las incursiones
normandas que asolaron la costa gallega hacia los siglos IX y X, aunque no hay
noticias que lo corroboren, durante el auge de la peregrinación a Santiago pudo
ser punto de parada de los peregrinos que llegaban por mar al puerto de
Cereixo, hoy desaparecido, y que continuaban su peregrinación hacia Compostela,
a pie. Según diversos documentos de los siglos XII y XIII, Alfonso IX moró en
varias ocasiones en este lugar. Por lo que cuenta López Ferreiro, la primera
vez fue el 24 de junio de 1198, regresando en 1228 en un viaje que lo llevó por
diversos puntos de Terra de Soneira y Bergantiños. En esta ocasión firmó seis
documentos que fueron dados a conocer por Parga Pondal. Cereixo pertenece al
municipio de Vimianzo.
Iglesia de Santiago
La parroquial de Cereixo es de las pocas que
conservan casi íntegra su estructura y aparejo medievales. Su planta es la
característica de los templos rurales gallegos, con una nave rectangular y
ábside cuadrado, la primera cubierta por techumbre de madera a dos aguas y el
segundo por una bóveda de cañón reforzada por un arco fajón que se sostiene
mediante columnas adosadas.
Al edificio se le añadió, al norte de la nave,
una sacristía rectangular de pequeñas proporciones, y su fachada occidental se
reconstruyó en época moderna aumentando su ancho, abriendo un vano sobre la
puerta y construyendo en el mismo eje una espadaña de doble vano. No obstante,
dichos añadidos han modificado poco el edificio medieval, que parece haber
conservado sus elementos principales, sobre todo en lo que atañe al componente
escultórico del conjunto.
En el interior del edificio, la capilla mayor
apenas ha sufrido ligeras intervenciones modernas, como la apertura de una
hornacina en el muro norte y de una ventana en el sur. El acceso se realiza a
través de un arco triunfal de medio punto, doblado y con ligero peralte. La
arquivolta interior es de sección cuadrangular y se sustenta en un par de
columnas entregas que se elevan sobre un zócalo. El intradós de las dovelas
presenta un despiece propio de los templos del occidente coruñés: Moraime –en
el arco del ábside septentrional–, Xaviña, Leis, Frixe, Ozón, Redonda y Nemiña.
Sus soportes presentan basas áticas, bastante deterioradas en los plintos, con
toros anchos y aplastados ante los que se disponen un par de garras o bolas,
escocia importante, que se decora con botones en el soporte de la epístola, y
bocel. Los capiteles son de tipo vegetal, inspirados en el orden corintio,
empleándose en la decoración los modelos propios de esta zona. El del evangelio
cuenta con un primer registro de hojas anchas y planas con el nervio central
profundamente excavado, la superficie ornada con hojillas y las puntas vueltas
abrazando una poma, a excepción de la central donde se presentan enroscadas. El
capitel de la epístola presenta un orden de hojas grandes, planas y erguidas,
con los bordes destacados y el nervio central profundamente marcado. Cuenta con
la particularidad de que la hoja del ángulo occidental es la única que se
decora con hojuelas, como las del capitel norte. Los capiteles sustentan
cimacios cortados a bisel: el septentrional es liso, mientras que el meridional
se decora con una sucesión de arquillos de medio punto. Por su parte, la arcada
exterior del triunfal, que se compone de un baquetón sucedido por dos medias
cañas, se apoya de forma anómala en sendos codillos del muro de cierre de la
nave.
Esta solución es el resultado de la supresión
de las columnas acodilladas sobre las cuales debía reposar la arquivolta.
Apoyado en el zócalo septentrional se conserva un resto de los desaparecidos
soportes: una basa ática acodillada, con escocia muy desarrollada. El modelo de
apeo original era el mismo que encontramos en la iglesia de Santa María de
Xaviña, situada a escasos kilómetros de Cereixo. Como remate, el triunfal se
exorna con una chambrana formada por una hilera de gruesos billetes.
En el interior del ábside los muros laterales
están recorridos en su parte baja por sendos bancos de piedra y en la superior
por impostas decoradas con una fila de billetes que marcan el arranque de la
bóveda de cañón. Destaca el arco fajón que refuerza la cubierta abovedada y
presenta la misma luz y perfil del arco inferior del triunfal. Se erige sobre
columnas adosadas que arrancan de los bancos. Tienen basas áticas con garras y
escocias con decoración en zig-zag, fustes monolíticos esbeltos y capiteles vegetales
que siguen los modelos y decoración de los delanteros. El del evangelio cuenta
con un collarino decorado en soga, hojas planas con remates apuntados y un
segundo orden de caulículos. En la pieza de la epístola el collarino se decora
con una línea en zig-zag, la superficie de las hojas se anima con hojuelas y
sus puntas se enroscan en espirales, a excepción de la central, que se pliega
para sostener una poma. El presbiterio carece de la característica ventana que
se abría en el testero para iluminar la capilla mayor. Hoy en día la luz
natural entra por una venta adintelada de factura moderna abierta en el lienzo
sur, mientras que en el norte se excavó un armario que sirve de hornacina.
El cuerpo del templo conserva en gran medida
los paramentos originales. No obstante, en sus muros se aprecian pequeñas
intervenciones. En el lienzo norte de la nave se conservan dos saeteras de
amplio derrame interno (la oriental retocada), y en él se abrió la puerta
adintelada que da acceso a la sacristía, que se adosó al templo románico. En el
meridional se dispuso una tercera saetera y se abrió una puerta formada por un
arco de medio punto muy peraltado. En la pared occidental –la más reconstruida–
se incrustó una inscripción moderna festoneada con arquillos ciegos de medio
punto, un motivo ornamental muy empleado en la segunda mitad del siglo XII.
Ferrín González cree que puede tratarse del dintel de una desaparecida puerta
norte que, al no quedar rastro de su presencia en los paramentos, pudo
disponerse en el mismo lugar que hoy ocupa la puerta de la sacristía, que es
una pieza reutilizada y removida. La cubierta lígnea a dos aguas original ha
sido sustituida por otra moderna con vigas de hormigón. Atadas a este nuevo
armazón se disponen dos ménsulas de madera en forma de “T” similares a
las conservadas en Santiago de Mens y San Martiño de Cores (ambas en Malpica, A
Coruña), de época medieval.
En exterior, el ábside se erige sobre un zócalo
doble en el testero y simple en los laterales. En el lienzo oriental hemos de
destacar la desaparición de la ventana románica que iluminaría la capilla
mayor, posiblemente suprimida en época moderna. En la lectura de paramentos se
aprecia la presencia de sillares de distintos períodos. Los ángulos del testero
se refuerzan mediante dos pares de contrafuertes. En el hastial se conserva una
antefija de lazo. Sus muros laterales se articulan en dos tramos mediante
sendos contrafuertes dispuestos en correspondencia con el arco fajón del
interior. En el lienzo septentrional se conserva el alero románico con la
cornisa de cobija recta cortada a bisel y sostenida por cuatro canecillos que
representan, de Este a Oeste, una hoja con eje perlado y la punta enroscada en
una voluta, un acróbata, una hoja rematada en bola y una cabeza zoomórfica. El
meridional es semejante al anterior, pero ahora los canes son todos figurados.
En la sección oriental se representan dos figuras masculinas, una de ellas
mostrando sus genitales, y en la occidental un ave y un lector.
El muro de cierre de la nave se caracteriza por
superar tanto la altura de la cubierta como el ancho del conjunto. En el
hastial se dispone un animal acostado que por las características de su cabeza
Ferrín González identificó con un lobo, pero se trata de una pieza bastante
desgastada. Sobre su lomo se apoya una cruz potenzada. Tanto la presencia de
este animal en el piñón de la nave como el uso de este tipo de cruz son poco
frecuentes en los templos románicos de Galicia. Otro ejemplo se encuentra en Santa
María de Sacos (Cotobade, Pontevedra). En el frente septentrional se pueden ver
dos estrechas saeteras y buena parte de las ménsulas que sustentaban el alero,
donde se combina decoración de tipo geométrico con motivos vegetales y
figurados. Entre las primeras una se decora con zig-zag y otra con roleos
dispuestos como un modillón. Las vegetales presentan hojas con incisiones
imitando nervios y en algunos casos se rematan en volutas, y las figuradas
representan a un acróbata y a un personaje con cabeza de grandes proporciones
que sostiene en su regazo un objeto cuadrangular.
En el muro sur se ve la tercera saetera y bajo
su alero se disponen doce canes, de nuevo con decoración diversa pero muy
semejante a la vista en las otras fachadas: hojas incisas o con ejes perlados y
rematadas en volutas, cabezas de bóvidos, aves y tres piezas con motivos
antropomorfos: una pareja de rostro grotesco abrazada, un personaje sedente con
un libro y un contorsionista mostrando su sexo.
El frente meridional acoge el elemento más
interesante del templo: una portada con uno de los tímpanos figurados más
interesantes del románico gallego. La puerta se decora con un arco de medio
punto sobre columnas acodilladas de fuste monolítico. Los soportes presentan
basas áticas sobre plintos cilíndricos decorados, el occidental, con arcos de
medio punto entrelazados y calados, y el oriental, con círculos entrelazados,
de nuevo con labra muy profunda. Los capiteles presentan decoración vegetal
dispuesta en dos registros. El primero es igual para ambas piezas, con hojas
con nervaduras excavadas y puntas agarrando bolas; el segundo presenta
caulículos, en el occidental, y hojas similares a las del primer orden, en el
oriental, y en ambos casos presentan en su vértice principal sendos rostros
humanos que asoman entre la hojarasca. Sobre los capiteles se disponen cimacios
cortados a bisel y con decoración vegetal prolongados en impostas.
El oriental cuenta con hojas de seis pétalos
inscritas en círculos y el occidental con palmetas anilladas. Los cimacios
sustentan el arco con la arista modelada en bocel seguido de dos medias cañas,
la primera decorada con rosetas menudas.
En su clave se dispone una figura con báculo y
mitra en actitud de bendecir. Domingo Pérez-Ugena identificó a este personaje
con el Apóstol Santiago, mientras que Ferrín González consideró que podría
tratarse de una representación de Teodomiro, obispo de Iria en el momento en
que se produjo el hallazgo del sepulcro en Galicia. Esta arquivolta está
abrazada por otra de sección recta, que se apoya en las impostas, y cuya
superficie se decora con círculos entrelazados calados. La cenefa de círculos
queda interrumpida en la clave, donde se dispone un ángel turiferario. El
conjunto lo cierra una chambrana ornada con triple hilera de billetes.
Lo principal de la puerta es la decoración
escultórica del tímpano, que se sustenta directamente en las jambas de la
puerta. En su interior se representa una barca de tingladillo que navega sobre
un mar ondulado.
En la barca viajan un cuerpo tumbado y
amortajado, rodeado por siete personajes, entre los que destaca el central,
cuya cabeza, de mayores dimensiones, rompe con la isocefalia de los seis
restantes. La escena se organiza en dos registros: el inferior, donde se
labraron el mar y la barca, y el superior, donde se ubican las figuras humanas.
El primero destaca por la disposición semicircular de sus elementos, creando
una contracurva con respecto a la vuelta del tímpano. El tratamiento de las
olas, dispuestas en tres hileras, con su movimiento ondulado acompañando el
perfil de la barca, destaca por una plasticidad que contrasta con la superficie
de la nave, donde se resaltan los listones rectilíneos propios de las
tablazones a tingladillo. En el segundo registro, el centro de la barca se
ocupa con el cuerpo del santo, acostado, representado con un volumen inferior
al que se dio a sus acompañantes, cuyas cabezas resaltan sobre el fondo.
El tema representado es un pasaje de la Translatio
o traslación del cuerpo del Apóstol Santiago a Compostela. Tras padecer el
martirio en Jerusalén, los restos de Santiago el Mayor fueron llevados por sus
discípulos hasta Jaffa, donde embarcaron en dirección al noroeste de la
Península Ibérica para cumplir con la tradición de enterrar al apóstol en el
lugar de su predicación. La barca arribó al puerto de Iria, y la comitiva
continuó hasta llegar a Compostela, donde se erigió un mausoleo. El relato más
antiguo de este pasaje lo hallamos en la Epistola de translatione S. Jacobi,
redactada entre finales del siglo IX y comienzos del X y atribuida a un León
Papa. En los siglos XI y XII la narración se enriqueció y circuló por Europa en
distintas versiones, coincidiendo con el auge de la peregrinación a Compostela.
La translatio, fundamental en la justificación del carácter apostólico de la
ciudad de Santiago, también se recoge en el Liber Sancti Iacobi o Códice
Calixtino. Como explicó Melero Moneo, en la Edad Media se representaron dos
episodios de la translatio: el viaje en barca hasta Galicia y las vicisitudes
que rodearon el traslado del cuerpo desde Padrón a Santiago. Las
representaciones más antiguas se dan entre finales del siglo XII y los primeros
años del XIII, y en ellas se plasma el primero de los pasajes citados; no
obstante, se trata de una iconografía muy poco extendida. El ejemplo más
temprano conocido es una moneda de la ceca compostelana acuñada durante el
reinado de Fernando II (1157-1188) aparecida en las excavaciones de la
necrópolis de Adro Vello (O Grove, Pontevedra), dirigidas por Carro Otero, y
que hoy se puede contemplar en el Museo das Peregrinacións e de Santiago
(Santiago de Compostela). En su reverso se representa la barca con dos
discípulos y la cabeza recostada del Apóstol. Las otras dos representaciones las
encontramos fuera de Galicia, formando parte de sendos ciclos dedicados a
Santiago el Mayor: en un capitel del claustro de la Colegial de Tudela
(Navarra), labrado entre 1177 y 1188, y en otro de la capilla contigua al
ábside central en el transepto norte de la Seu Vella de Lleida, cuya primera
piedra se puso en 1203.
Para Ferrín González la escultura del tímpano
debe ponerse en relación con los relieves de las dovelas de las arquivoltas de
la puerta, de manera que formasen parte de un mismo ciclo en el cual se
representan dos pasajes fundamentales de la tradición jacobea compostelana: la translatio
y la inventio, es decir, el traslado del cuerpo de Santiago hasta
Galicia y el posterior hallazgo de su sepulcro por el anacoreta Pelayo, que fue
certificado tras una noche de oración por el obispo Teodomiro. Su hipótesis se sustenta
en el parecido que hay entre las imágenes de las dovelas y la representación
más importante de la inventio, una miniatura que decora el Tumbo A
de la catedral compostelana. En ella el prelado iriense, ataviado con mitra y
báculo, se dispone a los pies del sepulcro de Santiago en actitud de bendecir,
mientras en el otro extremo un ángel con las alas extendidas extiende un
incensario. La unión de ambas escenas y su iconografía nos llevan a apuntar que
nos hallamos ante una obra de tradición galaica realizada por un maestro o
taller familiarizado con el ambiente artístico y cultural de Santiago de
Compostela.
La fachada occidental ha sido reconstruida,
pero todavía conserva la portada románica. El vano adintelado se enmarca con
dos arquivoltas. La inferior está formada por un arco de medio punto con el
perfil labrado formando un grueso bocel, al que sucede una media caña decorada
con botones distribuidos en grupos de dos o tres, según el tamaño de la dovela.
Esta primera vuelta se apoya en columnas acodilladas realzadas sobre el zócalo
corrido de la fachada. Se componen de basas áticas sobre altos plintos prismáticos
con bolas en los ángulos exteriores. El fuste de la columna septentrional es
monolítico, mientras que el de la meridional se compone de dos piezas. Los
capiteles presentan idénticos modelos que los de la puerta sur: con collarino
liso y dos registros de hojas pegadas a la cesta, con las nervaduras caladas y
las puntas vueltas cobijando una poma. Pero se han eliminado los rostros que
destacaban en los ángulos del segundo cuerpo de hojas. Los cimacios también
repiten el tipo y la ornamentación vista en el acceso meridional, el norte con
palmetas enlazadas y el sur con flores de seis pétalos inscritas en círculos.
Como en la puerta sur, se impostan en el muro de la fachada. Dichas impostas
sustentan la arquivolta externa, que vuelve a presentar perfil curvo, con un
baquetón seguido por escocia decorada por bolas o botones. El tímpano, que
apoya directamente en las jambas de la puerta, se compone de dos piezas, la
inferior con una inscripción en tres registros que, por su desgaste, no es
posible descifrar.
En la iglesia de Santiago de Cereixo han
participado distintos talleres que en el último cuarto del siglo XII trabajaron
en el entorno de Camariñas y Muxía. En el interior, el tipo de arco triunfal
doblado, sostenido por dos pares de columnas, es una solución poco frecuente
que en esta zona sólo aparece en los templos de Santa María de Xaviña y San
Pedro de Leis. Este modelo de apeo lo encontramos también en San Martiño de
Ramil, en Pontevedra. Los capiteles vegetales presentan idéntico tipo y motivos
que los de las citadas iglesias y de otros templos de la zona, como San Martiño
de Ozón; lo mismo sucede con los canecillos del exterior. En estos casos la
referencia última son siempre los talleres gelmirianos que trabajaron en la
construcción del transepto y primeros tramos de la nave de la catedral de
Santiago y en la portada de Platerías. Para Ferrín González nos hallaríamos
ante maestros formados en Compostela que a mediados de siglo, acabados estos
trabajos, se dispersaron por distintas zonas de Galicia. El autor o autores de
las portadas de la iglesia debieron de llegar a Cereixo después de trabajar en
el monasterio benedictino de San Xulián de Moraime, donde realizaron la puerta
sur del templo. El esquema compositivo es el mismo para los tres casos y también
se repiten algunos de los motivos ornamentales, como son las cenefas de
círculos entrelazados –que en Moraime decoran la arquivolta exterior y aquí las
basas de las columnas–, las cenefas con palmetas o con flores inscritas en
círculos, o el tratamiento de la primera arquivolta del arco que presenta
siempre el mismo tipo de molduración y decoración de flores. Otro templo de la
zona donde encontramos el mismo esquema de puerta y similares motivos
ornamentales es Santa Leocadia de Frixe (Muxía). La escultura del tímpano sur
de Cereixo también remite al taller de la puerta sur de Moraime por el
tratamiento plástico de las figuras, la composición de la escena o el empleo de
temas poco frecuentes en la escultura románica gallega, como son la translatio
y la Última Cena. Estos artistas estaban familiarizados con los talleres de la
portada occidental de Santa María de Cambre, edificio donde también encontramos
ornamentos presentes en estas iglesias de la “Costa da Morte”, como las
cadenetas de círculos, que aquí se emplean para decorar los cimacios de algunos
capiteles del segundo tramo de la nave central. Los canecillos tienen temas y
motivos presentes en iglesias románicas del occidente coruñés, de gran
tradición en el románico gallego, como son los canes con acróbatas, lectores e
imágenes de contenido sexual, como el de los personajes entrelazados que
aparece en templos como San Antoíño de Baíñas (Vimianzo) o San Martiño de Xuvia
(Neda, A Coruña).
La iglesia románica de Santiago de Cereixo fue
construida por talleres itinerantes que trabajaron en el entorno de la ría de
Camariñas y Muxía en el último cuarto del siglo XII. Como señaló Ferrín
González, la participación del maestro de la puerta sur de Moraime lleva la
datación de sus portadas hacia el 1200, concluyéndose en los primeros años del
siglo XIII.
Fisterra
El municipio de Fisterra ocupa el extremo
occidental de la provincia, a 85 km de Santiago de Compostela tomando la
AC-441. Su nombre proviene del latín finis terrae, alusivo a su condición de
fin del mundo en los imaginarios antiguo y medieval. Este carácter hace que la
zona tenga una profunda carga religiosa y simbólica. Tras el establecimiento de
las rutas jacobeas, Fisterra se convirtió en meta de muchos de los caminantes
que, tras abandonar Santiago, continuaban hasta el fin de la tierra.
Iglesia de Santa María das Áreas
La iglesia de Santa María se encuentra en un
alto junto al mar, en la salida de Fisterra en dirección al faro. El nombre de
Areas hace referencia a su cercanía a dos playas arenosas. La iglesia se
vincula con el fenómeno jacobeo al ser final de uno de los itinerarios de
peregrinación. Así mismo, en el interior se venera la imagen del Santo Cristo,
cuya visita se considera complementaria al peregrinaje a Compostela.
El único documento medieval conservado que hace
referencia al templo es el testamento de Urraca Fernández, hija del conde
Fernando Pérez de Traba, otorgado en 1199, en el que dona ad opus ecclesie
sancte marie de finibus terre XXX solidos, lo que atestigua la existencia
del edificio en esta fecha. De la fábrica original sólo se conserva la portada
occidental, parte del ábside, las columnas de la nave, algunas ventanas y una
serie de canecillos en el exterior.
La planta es de una nave rectangular dividida
en cuatro tramos, con una amplia capilla mayor con el muro de cierre recto. A
lo largo de los siglos se han ido añadiendo diversas capillas. En el muro del
lado del evangelio se abren las del Santo Cristo y del Rosario. Frente a éstas
se halla una tercera capilla y en el muro sur del ábside se construyó una
sacristía. En el extremo occidental se eleva una tribuna y la entrada principal
está precedida por un nártex. La adición de estos elementos ha modificado el espacio
original del edificio. La capilla mayor se cubre con bóveda de crucería y la
nave con techumbre de madera a dos aguas.
Los tramos de la nave se dividen por medio de
tres arcos fajones apuntados que apean en semicolumnas entregas con basas
áticas y capiteles vegetales. Los del lado norte tienen dos órdenes de hojas
anchas rematadas por volutas de clara filiación compostelana. Los capiteles del
muro sur son más esquemáticos, con hojas pegadas a la cesta y volutas. Para
Ferrín González este tipo de capitel está inspirado en las formas del Císter
del siglo XIII.
En la nave sólo se conservan tres paños murales
originales debido a la edificación de las diferentes capillas. En estos muros
se abren ventanas abocinadas, dos en el Sur y una en el Norte, rematadas por un
arco sencillo. Una cuarta ventana de las mismas características se abre sobre
la tribuna en el muro de cierre occidental.
El arco de acceso al ábside es apuntado. Su
rosca menor apoya sobre un par de semicolumnas adosadas y la mayor sobre dos
esbeltas columnas acodilladas. Todos los soportes son lisos, con basas áticas y
capiteles vegetales de origen santiagués, como los vistos en el muro sur de la
nave. Los cimacios también están decorados con motivos vegetales que se rizan
en el extremo, recordando el tipo de hoja de col de las obras mateanas. En el
muro de cierre de la capilla se abre una ventana rematada por un arco apoyado
en columnillas estilizadas y capiteles vegetales.
En el exterior, la fachada está atada en sus
extremos por dos contrafuertes y se encuentra precedida por una arquería de
cuatro vanos de medio punto, cuya techumbre hemos perdido. La puerta de acceso
está formada por doble arquivolta de boceles y medias cañas, seguida de un arco
decorado con billetes.
Las columnas sobre las que descansa muestran
capiteles vegetales rematados en bolas. El tímpano apoya sobre mochetas curvas
con el frente acanalado. Sobre la puerta se abre una saetera sencilla junto a
la cual apreciamos el escudo de la familia Altamira, patronos de la iglesia.
Los muros exteriores de la nave están muy
modificados por las campañas de construcción de las diversas capillas. En el
muro sur aún se conserva una amplia sección de la iglesia original. Dos
contrafuertes se corresponden con los arcos fajones interiores y en la cornisa
del tejaroz se conservan diez canecillos de proa de barco y de bolas.
En el exterior del ábside, en el muro sur,
encontramos canecillos geométricos y un bóvido. El muro de cierre oriental se
enmarca por dos contrafuertes en los ángulos y conserva una ventana de medio
punto, apoyada sobre dos columnillas acodilladas con fustes estilizados,
capiteles vegetales con bolas, basas áticas y cimacios lisos. El arco interno
del vano se decora con un bocel que desarrolla hojas rizadas, rodeadas por una
chambrana con billetes.
En la visión exterior del templo observamos
cruces de consagración en los muros occidental y oriental, así como
inscripciones de difícil lectura en un sillar del muro del testero.
Todo el aparejo del templo es de buena sillería
granítica, destacando los sillares de granito rosáceo, que encontramos también
en otros edificios de Costa da Morte, como San Pedro de Leis.
Superando el marco cronológico de los tiempos
del románico, cabe destacar la talla gótica del Santo Cristo de Fisterra.
Fechada en el siglo XIV, es una pieza que destaca por la crudeza de la
representación física de la muerte del Salvador.
El Santo Cristo es una imagen muy venerada en
la comarca y envuelta en leyendas, por lo que son muchos los peregrinos que
desde Santiago caminan hasta Santa María para visitarla. Estilísticamente
presenta similitudes con los Santos Cristo de Burgos y Ourense.
Santa María das Areas es un edificio complejo
debido a los numerosos añadidos a la fábrica románica. El conjunto que hoy
observamos responde en gran medida, en su espacialidad y formas constructivas,
a la reforma gótica de finales del siglo XIV o principios del XV. A pesar de
ello, ciertos elementos son indudablemente anteriores. Aspectos decorativos
remiten al Císter, como los capiteles del arco triunfal, o a las formas de los
talleres compostelanos que se desplazaron a la Costa da Morte en la segunda
mitad del siglo XII, como los capiteles de la nave, siendo éstos comunes a los
de las iglesias de Moraime, Ozón, Xaviña y Leis. Esta fusión de tradiciones,
sumada a la presencia de elementos mateanos, como la decoración de hojas
rizadas, permiten datar la campaña románica de Santa María das Areas entre los
últimos años del siglo XII y los primeros del siglo XIII, en consonancia con la
donación de 1199 de Urraca Fernández.
Ozón
San Martiño de Ozón se encuentra en el
ayuntamiento de Muxía a 67 km de la capital gallega. La iglesia se sitúa pasada
la aldea de Quintáns a mano derecha, junto al antiguo camino real que se
dirigía desde Berdoias a Muxía, del cual aún se conserva alguna parte
empedrada.
Iglesia de San Martiño
La iglesia formaba parte de un antiguo
monasterio benedictino. Su origen es desconocido, aunque algunos autores
afirman que fue fundado por monjes de Santa Mariña de Tosto. La primera vez que
encontramos citado al monasterio en la documentación es en bulas otorgadas a la
sede compostelana por los Papas Anastasio IV (1154) e Inocencio III (1178). En
1487 pasa a formar parte, como priorato, del monasterio santiagués de San
Martiño Pinario. Según un documento transcrito por el cardenal Jerónimo del
Hoyo, a principios del siglo xvii había “dos monjes y es parrochia y el uno
hace oficio de cura”.
La planta actual es de una sola nave con
cubierta a dos aguas, a la que se adosan dos capillas laterales con cubrición
de madera. En la cabecera se conservan dos ábsides semicirculares con tramo
recto, con cubierta de medio cañón en éste y bóveda de horno en los hemiciclos.
Junto al ábside central, en el lugar que ocuparía el ábside norte, se dispone
una sacristía.
La planta original románica debía de tener, sin
duda, una organización diferente. Para Ferrín González la nave pudo exhibir una
estructura basilical similar a la de la cercana iglesia monacal de San Julián
de Moraime, con tres naves y una cabecera tripartita, con tres ábsides semicirculares.
Del interior de la antigua iglesia sólo
conservamos las capillas central y sur. En ambas destaca la calidad de sus
sillares. En el ábside principal, a pesar de la presencia de un retablo, es
visible el arranque de la bóveda, marcado por una imposta en chaflán. El arco
triunfal es de medio punto, peraltado y doblado, y descansa sobre columnas de
fuste monolítico con basas de tipo ático que, en lugar de garras, presentan
piñas y están sobreelevadas por dobles plintos, con decoración de hojas el
inferior. Los toros desarrollan una decoración en zigzag similar a la que se
puede observar en edificios de la comarca, como San Pedro de Leis, Santa Mariña
de Tosto, Santiago de Cereixo y Santa María de Xaviña.
Los capiteles son vegetales. En el capitel sur
las hojas son anchas y desiguales, con bolas en los extremos y volutas en la
zona superior. El capitel norte presenta un orden de hojas anchas regulares,
con incisiones como nervios. En la parte superior se introducen pomas y
volutas. Es un tipo de capitel muy utilizado en tramos del transepto y de las
naves de la catedral de Santiago. Los cimacios desarrollan una decoración de
palmetas entrelazadas y se prolongan por el muro de la nave. El tipo de cimacio
es el empleado en los vanos de la girola de la catedral compostelana y la
decoración es común en Moraime y Cereixo.
La capilla sur es de menor altura que la
central. En el muro de cierre se abre una saetera de medio punto y abocinada.
El perímetro de los muros se surca con una imposta. El arco de acceso apoya en
dos semicolumnas con basas áticas y plinto. Al igual que las basas de la
capilla central, la del sur tiene piñas en lugar de garras, con la diferencia
de que el toro se decora con sogueado y no con zigzag. La basa norte tiene
pequeñas cabezas en lugar de garras y la decoración de su toro es en zigzag.
Los fustes de las columnas, formados por tres
tambores, son de canon corto y lisos. El capitel derecho es vegetal, con hojas
rematadas en bolas; el segundo cuerpo, en lugar de hojas, desarrolla tacos. El
capitel izquierdo tiene labrado en su cara mayor un cuadrúpedo, probablemente
un león. Las caras mayores ofrecen hojas con características similares a las de
la capilla principal, aunque más geometrizadas.
En el interior del edificio no se conserva nada
de entidad de la primitiva construcción románica del cuerpo de las naves. Sólo
cabe señalar que, en el muro de cierre de la capilla, que se abre por el lado
sur a la única nave que tiene el templo, persisten, como ha señalado Ferrín,
hiladas de sillares con una disposición similar a las presentes en los ábsides.
Al exterior, los ábsides dibujan un perfil
semicircular y se sobreelevan por medio de unos cimientos de sillarejo, debido
al desnivel del terreno. En el muro del ábside central se abren dos pequeñas
saeteras y una ventana decorada con columnillas con capiteles vegetales con
pomas, basas áticas y cornisa taqueada. En el ábside sur se abre una saetera
sencilla.
Las cornisas del ábside central conservan una
serie de once canecillos. Algunos de ellos son geométricos, predominando los de
bolas; un segundo grupo es de carácter antropomorfo, con rostros y monjes
sedentes con libros; mientras que el resto son zoomorfos, con un bóvido y un
carnero. Mención especial merece un canecillo del ábside central, similar a un
ejemplar conservado en Mens, donde Domingo ha querido ver la imagen de un
calamar, por su cercanía con el mar.
Ferrín considera que este canecillo utiliza
decoración geométrica de entrelazos, influencia del taller de Platerías. En el
alero del ábside sur encontramos seis canecillos, con motivos repetidos en el
central. Destacan un can similar a un ejemplar de Cereixo y una figura humana
sentada tocándose los genitales.
De las antiguas dependencias monacales sólo
conservamos un arco apuntado que nace del muro sur de la nave. En este mismo
muro se aprecia una puerta con arco apuntado, actualmente tapiada, que es la
única muestra del muro original y cuya función era comunicar la iglesia con las
dependencias anexas.
El estilo de canecillos y capiteles, tanto
exteriores como interiores, revelan la influencia del taller de Platerías.
Ferrín considera que un segundo maestro más capaz dejó su huella en algunas
piezas, como el capitel del león y algunos canecillos. Este mismo maestro
trabajó en la iglesia de Mens. Como ha sido apuntado, Ozón presenta similitudes
con otros edificios de la zona, lo que permite pensar en la presencia de un
taller itinerante, formado en la catedral compostelana, trabajando en
construcciones de la Costa da Morte. Este hecho, sumado a los modelos
decorativos, lleva a fechar la construcción entre 1180 y 1190.
Xaviña
Es una localidad situada a medio camino entre
Ponte do Porto y Camariñas, al abrigo creado por los montes Xesteira y da
Insua. La parroquia es conocida por sus playas y paisajes y la actividad
económica de la zona sigue siendo de tipo agrícola y pesquera. El templo se
erige en la ladera sur del valle, a poca distancia del núcleo de población
principal, apartada de la carretera principal a Camariñas pero fácilmente
accesible y visible desde ella.
Como suele suceder en los templos parroquiales
gallegos, son pocas las noticias conocidas sobre su historia, especialmente
para los siglos del medievo. La noticia más antigua sobre Xaviña está en el
testamento de Juan Froila, que en 1220 legó a San Martiño de Ozón sus heredades
en aquella parroquia. En 25 de julio de 1228 Alfonso IX se detuvo en Xaviña,
donde expidió dos donaciones a favor del monasterio de Melón. El monarca había
viajado por mar desde Pontevedra a Camariñas y gracias a estos documentos sabemos
que ésta fue una de las etapas que hizo en su camino hacia A Coruña. Jerónimo
del Hoyo nos informa de que en el siglo xvii se trataba de una parroquia poco
poblada y que el monasterio de San Martín Pinario tenía derecho de
presentación.
Iglesia de Santa María
El templo presenta estructura de una nave y
ábside rectangulares, este último cubierto con bóveda de cañón semicircular
reforzada por un arco fajón. Se accede al presbiterio a través de un arco
triunfal de medio punto, doblado y ligeramente peraltado, sostenido por dos
pares de semicolumnas. El arco interior presenta perfil recto, en arista viva,
y el despiece de las dovelas en su intradós es semejante al que encontramos en
el del ábside norte de Moraime y en los templos de Leis, Cereixo, Frixe,
Redonda y Nemiño. La segunda arquivolta cuenta con doble bocel, separado por
una media caña y una chambrana de triple hilera de billetes. La rosca mayor se
apoya en un par de columnas acodilladas compuestas de basas áticas decoradas
con bolas, fustes monolíticos y capiteles con gruesos collarinos y decoración
vegetal de un único orden de hojas planas, con nervadura central excavada, y
rematadas en pomas. Sobre estas piezas descansan sendos cimacios cortados a
bisel y decorados con rosetas que se impostan en los muros de cierre de la
nave. El arco menor se alza sobre columnas entregas menos esbeltas que las del
arco exterior, sobreelevadas por un zócalo que recorre el interior de la
capilla mayor. Cuentan con basas áticas, fustes divididos en tambores y grandes
capiteles vegetales de gruesos collarinos inspirados en el orden corintio. En
el capitel de la epístola la primera hilera de hojas presenta el nervio central
profundamente excavado, la superficie decorada con hojuelas lobuladas y las
puntas enroscadas.
El capitel del evangelio presenta idénticas
características, pero ahora las hojas sólo doblan sus puntas, de las cuales
penden las habituales bolas. Ambos presentan el mismo tipo de cimacio,
semejante a su vez al de la arcada exterior: cortado a bisel y con rosetas de
ocho pétalos.
En el interior del presbiterio el elemento
reseñable son las columnas adosadas que sustentan el arco fajón, de idéntica
sección y luz que la arcada inferior del triunfal. Reposan sobre el zócalo y se
componen de basas áticas con plintos rectangulares, el del evangelio decorado
con un bajorrelieve de arcos de medio punto entrecruzados. Presentan, además,
garras bien conservadas, y en ellas llama la atención el tipo de toro, muy
plano, ancho y decorado con hojillas puntiagudas. El fuste de las columnas es
monolítico y esbelto, destacando sobre ellas los capiteles con idéntica
decoración que los de la arquivolta inferior del arco triunfal, al igual que
los cimacios. El arranque de la bóveda se señala con una imposta decorada por
gruesos billetes y en el testero se conserva la saetera de derrame interno. La
ventana del muro norte es fruto de una intervención moderna.
La nave conserva piezas de su sillería
original, aunque los muros se modificaron tras intervenciones modernas que
afectaron especialmente a las zonas altas de los muros, muy retocados hacia
occidente después de que se rehiciera la fachada occidental. En los muros
laterales se abren sendas puertas con vanos de medio punto rebajados y tímpanos
lisos visibles desde el interior. En los lienzos norte y sur se conservan dos
ventanas similares a las que también presentan el muro de cierre de la nave y
el testero, esta última una saetera de derrame interno semejante a las que
encontramos en los cierres de San Pedro de Leis y Santa Leocadia de Frixe.
Según informa García de Pruneda, a comienzos del siglo XX la nave se cubría con
bóveda de cañón y cuatro fajones rectangulares, pero, como señaló Ferrín
González, cuesta imaginar una cubierta abovedada dada la ausencia de
contrafuertes exteriores y el insuficiente grosor de los muros. Hoy en día, la
cubierta descrita por García de Pruneda ha sido sustituida por una cubierta
plana a dos aguas.
En el exterior el ábside se levanta sobre
zócalo y el testero sobresale hacia los laterales. Aquí el elemento más
importante es la ventana, que se enmarca con un arco de medio punto abocelado,
abrazado por dos arquivoltas de mediascañas, todos sostenidos por columnillas
acodilladas con capiteles vegetales. Sobre éstos se disponen sendos cimacios,
cortados a bisel y decorados con arquillos invertidos, que se impostan en los
muros para servir de apoyo a un arco tetralobulado y a una chambrana con tres
filas de billetes que completa la composición. El zócalo continúa en el muro
sur del ábside, al que se incrusta uno de los contrafuertes de contrarresto del
fajón, dividiendo su frente en dos tramos. Su alero conserva la cornisa
románica con cobija recta con el perfil cortado a bisel y sostenida mediante
cuatro canecillos –dos por cada tramo– que representan un cuadrúpedo, una hoja
apuntada que envuelve una bola, un contorsionista y un rollo vegetal con el eje
perlado. La cara norte del ábside desapareció al adosársele la sacristía que, a
su vez, presenta la particularidad de incluir en su frente oriental lo que
debió de ser una espadaña exenta, con un primer cuerpo macizo que supera la
altura de la sacristía, y el segundo cuerpo formado por un único arco de medio
punto peraltado.
El frente norte conserva el acceso adintelado,
con tímpano pentagonal sostenido por mochetas lisas y decorado con una cruz
patada. A eje con la puerta se rasga una ventana sencilla y sin ornamentación.
El alero está sostenido por canes en proa de nave cuya autenticidad pone en
duda Ferrín González, dada la evidente reconstrucción que han sufrido la parte
alta del muro y su tramo occidental a consecuencia de la erección de la fachada
moderna.
No obstante, parece que podría darse una
combinación de piezas románicas y otras de factura posterior. El lienzo sur
presenta características similares a éste: con puerta adintelada –ahora sin
mochetas–, con tímpano de cinco lados decorado con una cruz patada junto a la
que se lee la fecha de 1603. Sobre la entrada se dispone otra saetera y en la
parte alta el alero presenta diecisiete canecillos de proa.
La tipología de Santa María de Xaviña es la
habitual en los templos del rural gallego. El elemento que llama la atención en
este conjunto es el arco triunfal doblado, apoyado en dos pares de columnas,
una solución poco frecuente en Galicia que en esta zona sólo se emplea en el
vecino templo de Santiago de Cereixo. Otras iglesias donde encontramos este
sistema de dobles pares de columnas para el triunfal son San Martín de Ramil,
en la provincia de Pontevedra, y San Salvador de Balboa, en el municipio de Monterroso
(Lugo). Se trata de una solución de origen prerrománico que se puede observar
en Santa Comba de Bande (Ourense) y que fue recuperada en una de las etapas
constructivas de la cripta del Pórtico de la Gloria.
La parroquial de Xaviña también presenta
similitudes con San Pedro de Leis (en el municipio de Muxía), pues tiene el
mismo modelo de ventana empleado tanto en el ábside como en la fachada
principal. Xaviña, Cereixo y Leis tienen similitudes en los motivos decorativos
y en los temas tratados en sus canecillos, lo que llevó a Ferrín González
–principal estudioso de los templos románicos del occidente de la provincia
coruñesa– a considerar que habrían sido realizados por los mismos talleres.
Además estima que sus maestros se formaron en la basílica compostelana, o junto
a un artista que trabajase en ella, dada la filiación que presentan los motivos
ornamentales de estos templos con los talleres gelmirianos del transepto y
Platerías. Es posible que se tratara de maestros que ya llevaban un tiempo
trabajando en la “Costa da Morte” gallega y que conocían además otras
referencias, como el monasterio benedictino de Santiago de Mens, con el cual
presentan similitudes.
Aquí encontramos la decoración vegetal
inspirada en el transepto de la Catedral de Santiago y los canes con motivos
inspirados en la fachada sur compostelana, pero también el modelo de ventana
con arquivolta, arco tretralobulado y chambrana de billetes. Si tenemos en
cuenta el dibujo de la desaparecida fachada occidental románica de Mens que en
1907 publicó Ángel del Castillo, vemos que la peculiar ventana procede de este
templo monástico donde coronaba el frente occidental. Los talleres del
monasterio benedictino debieron de desplazarse hacia el oeste de la provincia
en la segunda mitad del siglo, una vez terminada la iglesia, dejando muestras
de su hacer en los aleros de San Fins de Anllóns y A Graña (ambas en
Ponteceso), y empleando el vistoso modelo de ventana del frente occidental en
las cabeceras de Tallo (Ponteceso), Xaviña y Leis, donde también se imitó la
composición de la fachada. Por otro lado, la opción de hacer descansar los
arcos doblados sobre dos pares de columnas había sido empleada en la cripta del
Pórtico de la Gloria, lo que indica la presencia de soluciones manejadas por
los talleres mateanos.
Ferrín González fijó la cronología de Santa
María de Xaviña en los últimos decenios del siglo xii, una propuesta con la
cual coincidimos tras tener en cuenta las filiaciones estimadas, la aparición
de elementos propios del románico tardío, como son las ménsulas en proa de
nave, y la cronología de aquellos templos con los que presenta mayores
similitudes.
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