martes, 5 de mayo de 2026

Capítulo 149, Románico en la Costa da Morte, A Coruña, Moraime, Mens, Cereixo, Fisterra, Ozón, Xaviña,

 

Románico en la Costa da Morte, A Coruña

La Costa da Morte (Costa de la Muerte) ocupa el sector oeste de la provincia de A Coruña, siendo los territorios más occidentales de la Península, por lo que se consideraba a estas tierras durante siglos en "Fin de la Tierra" conocida. Es por eso que este territorio tiene un embrujo especial, unido a una fatídica leyenda de naufragios y catástrofes marineras que han provocado esta denominación.
La Costa da Morte ocupa el tramo litoral coruñés comprendido entre Malpica de Bergantiños y el Cabo Finisterre, aunque hay quien extiende dicha delimitación hasta la Ría de Muros. Fueron consideradas durante siglos las tierras más próximas al fin del mundo conocido, aún así, pese a su secular aislamiento y a la dureza de sus condiciones de vida, existen en ella testimonios de habitación humana desde tiempo remotos.
En los siglos medievales, aún constituyendo por su situación geográfica un punto especialmente sensible al desembarco de piratas y pueblos invasores, la Costa da Morte no fue ajena a la prosperidad socioeconómica y cultural que vivió Galicia a raíz sobre todo del descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago, quedando integrada, desde fecha muy temprana, en los circuitos jacobeos.
Así pues, por su proximidad con Compostela de la que, además, fue siempre entrada y salida natural de peregrinos que llegaban o abandonaban el Camino por vía marítima; el románico de la Costa da Morte se caracterizará por la influencia de las distintas fórmulas y tendencias tanto constructivas como decorativas que, gracias a la Ruta Jacobea, convergerían en la urbe compostelana, desde donde, probablemente de la mano de talleres establecidos en torno a las obras de su catedral, irían siendo ensayadas en construcciones religiosas levantadas durante los siglos XII y XIII en el entorno.
En esta página sobre el románico de la comarca de la Costa da Morte he elegido las principales iglesias que son las de Moraime, Mens, Cereixo y Fisterra. 


Moraime
La parroquia de Moraime, perteneciente al municipio de Muxía, a 75 km de Santiago de Compostela, ocupa el lugar más occidental del territorio gallego. Domina el paisaje la ensenada de la ría de Camariñas junto a las comarcas de Soneira, valle de Vimianzo y Finisterre.

Iglesia de San Xulián
La iglesia fue abacial, destinada al servicio de una comunidad benedictina, y actualmente cumple las funciones de templo parroquial en el arciprestazgo de Nemancos, perteneciente a la archidiócesis de Compostela.
Para reconstruir la historia medieval del monasterio de Moraime poseemos una importante colección documental que fue editada y publicada en el año 1975 por Lucas Álvarez. Los documentos más antiguos corresponden al año 1095, pero sin duda su fundación es anterior.
El primero de los documentos, con fecha 17 de marzo de 1095, nos da la advocación originaria, in honorem beatorum martirum Iuliani et Baslisse et sancte dei Genetricis Marie, et beatorum apostolorum Petri et Pauli atque Iacobi. Los santos Julián y Basilisa forman una pareja de mártires muy venerada en época visigótica, lo que reafirma la hipótesis de la instalación en Moraime de una comunidad cristiana desde muy antiguo. A finales del siglo XI Hodorio, primer abad conocido, participa en la asamblea convocada por el conde don Raimundo que había de cubrir la vacante en la sede compostelana tras el fallecimiento del administrador Arias Díaz.
Hacia 1119 el monasterio fue destruido por los almorávides. En esta misma fecha el rey Alfonso VII le concede importantes donaciones y comienza la campaña de reconstrucción del edificio. La relación del monarca con Moraime nace de antiguo ya que el joven dignatario fue escondido con los monjes bajo tutela del abad Ordoño para preservarlo del clima de violencia política que inundaba Galicia.
El cenobio desempeñó el papel de organizador del territorio abriendo el camino de repoblación de los territorios objeto de los ataques normandos. También debe tenerse en cuenta la posibilidad de que el centro ocupase un lugar primordial en la continuación del Camino de Santiago a la costa.
La historia de Moraime, desde Fernando II hasta la llegada de la dinastía Trastámara, está caracterizada por una importante protección real. En los siglos XIV y XV las intromisiones nobiliarias serán comunes, a lo que los monjes responderán con el apoyo legal de la Corte. En una fecha cercana a 1500 el monasterio quedará ligado a San Martín Pinario de Santiago.
El conjunto monacal sufrió el abandono propiciado por las desamortizaciones del XIX, por lo que entrado el siglo XX Moraime se encontraba en condición de casi ruina. Todas las dependencias monacales, a excepción de la iglesia, desaparecieron. La campaña de excavaciones de la década de los setenta retiró los escombros que ocupaban la nave, recuperándose la portada sur.
Las condiciones del terreno, cerca del mar y en una pronunciada pendiente, han condicionado desde su inicio la construcción de esta iglesia. El edificio se adapta a un escalón del terreno en el primer tramo de las naves, lo que provoca una diferencia de nivel entre éstas y el pórtico occidental.

La planta es basilical de tres naves y tres ábsides, circulares los laterales y cuadrado, renovado en el siglo XVIII, el central. Las naves se dividen en cinco tramos por medio de pilares cruciformes. La cubrición de las tres naves se hace con una techumbre común a dos aguas. Los ábsides laterales se cubren con bóveda de horno, y el central, remodelado, como ya se dijo, con bóveda de cañón. Tanto el cuerpo de naves como la capilla mayor han visto sus cubiertas modificadas. Con toda probabilidad las naves presentasen en un principio bóvedas de cañón, como atestiguan los restos conservados en el muro de la nave del evangelio. Así mismo, el espacio del ábside principal se vio modificado, sustituyéndose la organización inicial, en la que el tramo recto se cubriría con medio cañón y el circular con bóveda de cuarto de esfera.

En el interior de las naves destacan los gruesos pilares con cuatro columnas adosadas, proyectadas hasta las cubiertas, que confieren un aspecto cruciforme al pilar.
Los dos pilares más cercanos al ábside difieren levemente del resto. El pilar del lado de la epístola tiene el núcleo central acodillado en sus ángulos.
En el lado del evangelio el núcleo central se vuelve circular, pero en altura vuelve a la sección rectangular. Las naves laterales tienen arcos apuntados, y de medio punto la nave central. Los arcos formeros se doblan creando un juego de claroscuros en los sillares. Los capiteles de los formeros se prolongan como impostas rodeando todo el pilar. Las columnas son altas y esbeltas. Sus basas responden al modelo ático y en algún caso presentan garras. Algunos de los plintos se decoran con motivos geométricos o rosetas. Los capiteles del primer tramo son de clara ascendencia compostelana, con hojas lisas en arista viva y volutas en las esquinas. Los capiteles centrales siguen los mismos modelos, pero sometidos a un rigorismo geométrico mayor. Los tramos más occidentales se alejan del modelo e introducen nuevos tipos de capiteles con hojas pegadas al bloque en el cuerpo bajo y mayor proyección y volumen en la zona superior, un tipo de decoración proveniente del mundo del Císter. Un segundo modelo se realiza con decoración geométrica a base de entrelazos.


Los muros de las naves laterales se articulan por medio de columnas en las que apoyan los arcos fajones.
Una imposta divide los paramentos en dos secciones. Las impostas de todo el muro occidental y el último tramo del norte se decoran con grandes tacos en la sección inferior.
Nave norte
 

Las ventanas se sitúan sobre las líneas de imposta. En el muro norte se alternan las ventanas de medio punto con abocinamiento, en los tramos segundo y cuarto, con arcos ciegos geminados en el tramo primero, tercero y quinto. Son arcos ciegos a modo de hornacinas que albergan en su interior otros dos arcos ciegos que descansan en tres columnillas, siendo la central común, con capiteles y basas. Los capiteles son estilizados y todos ellos con decoración vegetal. El tipo de capitel varía, un modelo con hojas anchas e incisiones a modo de nervios, otras alargadas y picudas, y un tercer modelo con el follaje sumamente estilizado.
Nave norte
 

En el muro sur no encontramos esta articulación en los paramentos, sino que los tramos de ventanas se alternan con secciones murarias ciegas.
Vista general de la nave sur, los arcos son apuntados, en contraste con los de nave central que los tiene de medio punto.
 

En el muro sur el tímpano de la puerta de acceso se encuentra labrado. Centra la composición la imagen del Cordero con nimbo crucífero sosteniendo con una de sus patas una cruz trebolada. Está dentro de un clípeo sujetado por ángeles con las alas desplegadas y arrodillados sobre nubes. De la cruz nacen ramas de árbol con dos pequeñas aves apoyadas en el clípeo que parecen picotear los frutos de aquél.
En Galicia se conservan dos ejemplos más de esta iconografía basada en la imago clipeata romana: el tímpano de Santa María de Cambre y la puerta del claustro de la catedral de Ourense. La imagen se integra a la perfección en el programa iconográfico que se completa con las portadas.
El discurso apocalíptico se inicia con el Cordero Pascual, continúa con el sacrificio incruento de la Cena para rematar con las imágenes de los ancianos en el pórtico occidental. La presencia de un tímpano esculpido en el interior del templo no es común, por lo que se ha planteado la hipótesis de que se trate de una pieza reutilizada, perteneciente en origen a la portada septentrional destruida con la construcción de la sacristía.

En el muro de cierre occidental se abre un arco de medio punto doblado. A ambos lados del mismo se disponen dos ventanas que iluminan las naves laterales. Las ventanas, de arco apuntado, descansan sobre columnillas con capiteles vegetales con hojas lisas y bolas en los ángulos.
Los cimacios de la ventana norte se decoran con florones encerrados en círculos.
El cimacio sur es liso. Las arquivoltas tienen boceles y decoración con tacos y zig-zag. Sobre estas ventanas se abren en el muro dos grandes óculos, el sur con su perímetro decorado con bolas y el norte con la arista interior moldurada con un grueso bocel.
En la zona del ábside, a pesar de que la capilla central románica ha desaparecido, conservamos las dos columnas que soportan el arco de triunfo doblado y de sección prismática. Se siguen las formas de las columnas de las naves, altas y estilizadas con capiteles fitomórficos de un piso de hojas, con volutas muy desarrolladas en los extremos. En el interior de las hojas se desarrollan otras que nacen de un marcado nervio y sobre ellas se disponen anchos caulículos.
El acceso a las capillas laterales se realiza por medio de arcos de medio punto doblados, apeados en columnas con capiteles vegetales. En la capilla sur las dovelas del arco se conforman de un modo peculiar, trabajándose el despiece como si se tratase de sillares.
En la capilla norte se conserva una saetera con arco de medio punto apeado sobre columnillas con capiteles vegetales, en el sur esta ventana ha sido substituida por una moderna adintelada. Los capiteles del ábside norte y el izquierdo del sur tienen una decoración semejante a los del arco triunfal. El capitel derecho del ábside sur tiene un canon algo más reducido y se decora con hojas más gruesas y sencillas. Es el mismo tipo de capitel utilizado en el primer tramo de las naves.
En el exterior de la iglesia destacan las diferencias entre los muros norte y sur. En el primero, el aparejo utilizado es de sillería regular, mientras que en el meridional domina la mampostería. El muro norte se anima por la inclusión de grandes contrafuertes dobles unidos por cinco grandes arcadas ciegas de medio punto y dobladas. Los canecillos del alero son de proa.
Muro norte
Muro norte 

En el muro sur también hay contrafuertes prismáticos, pero, en este caso, desiguales y de diferente tamaño. El elemento más destacable en este muro es la portada, que en el lado septentrional ha quedado oculta por la inclusión de la sacristía.
Fachada sur
 

La portada se abre entre dos gruesos contrafuertes. De las tres arquivoltas que la conforman, las dos interiores apean en columnas acodilladas y la exterior en capiteles directamente embutidos en el muro. La decoración escultórica se concentra en fustes, capiteles, mochetas, tímpano y arquivoltas; pero las inclemencias del paso del tiempo han erosionado mucho las formas.
Puerta sur

En el tímpano se esculpe la Última Cena, un grupo de ocho personajes –Cristo y siete apóstoles– ante una mesa de la que sólo se ve el frente y de la que cae un mantel orlado. Destaca la figura central de Cristo, de mayores dimensiones, con nimbo crucífero y en ademán de bendición.
Los apóstoles, al igual que Jesús, visten capa abierta que permite entrever sus manos señalando a la figura central. La identificación de los apóstoles no es clara, con la salvedad de Pedro, con las llaves del cielo, y San Juan, con su rostro apoyado en el pecho del Salvador. Sobre la mesa aparecen cuencos alusivos al sacramento de la Eucaristía.
Las dos mochetas sobre las que se apoya el tímpano también están decoradas. En la cara exterior se representan dos ángeles que invitan al tránsito al templo. En las caras interiores de las mochetas la figuración es humana. En la mocheta derecha aparece una figura con mitra, túnica litúrgica y con un libro abierto entre las manos. De difícil interpretación, Sousa la ha identificado como San Benito.

Frente a él, una imagen de similares características, con un báculo o bastón y gesto parlante con la boca abierta y la mano en el pecho.
Se ha propuesto a San Blas o Santiago como identificación.
La primera de las tres arquivoltas se ornamenta por medio de flores o estrellas. La segunda está surcada en su cara frontal y en el intradós por baquetones quebrados. En la arquivolta exterior –muy deteriorada– se suceden los motivos floreados, estrellados y las aves pareadas. En la dovela central se reproduce una personificación de la luna.
Los fustes de las columnas están decorados con rosetas, baquetones zigzagueantes y flores inscritas en rombos.
El tipo de ornamentación se repite en los ábacos de los capiteles. Las basas son sencillas en base a tres molduras. Para Chamoso el modelo de esta tipología columnaria estaría en la portada de Platerías de la catedral compostelana.
Los seis capiteles son historiados. Los más cercanos al vano de acceso se encuentran en mejor estado, degradándose paulatinamente, siendo muy difícil la identificación de temas y motivos en los exteriores
El capitel interior derecho contiene en sus dos caras dos centauros enfrentados. Los híbridos, con su parte inferior de caballo y la superior humana, sujetan arco y flechas a punto de disparar a dos figuras que, espalda con espalda, se defienden con escudos ovalados. El centauro representa la tentación al pecado, que es soportada por la virtud simbolizada en los caballeros. Para la composición de este capitel se utilizó la técnica de la “plantilla invertida”, por lo que las dos escenas son idénticas.
El capitel central, en su cara interior, dibuja una figura alada sosteniendo una balanza con dos platillos. La identificación es clara, al responder perfectamente al tipo iconográfico del Arcángel San Miguel pesando las almas. El resto de las figuras del capitel están muy deterioradas. Una pequeña cabeza bajo los platillos parece que sea la imagen tradicional de un diablillo falseando los pesos de la balanza. En el ángulo del capitel un rostro que pudiera ser la imagen del pecador juzgado. La cara frontal es más problemática, parece que una figura humana se encuentra a punto de atacar una bestia. Quizá se trate del propio San Miguel luchando con el diablo-dragón, o de David luchando contra el león.
El capitel embebido en el muro derecho muestra la escena de Daniel en el foso de los leones. Es interesante la idea de anfiteatro conseguida por medio de la inclusión de unas pequeñas arcadas. La imagen de la cara interior es enigmática.
Una figura aparece entre nubes con un bastón y un elemento redondo en su mano. Otro personaje parece sujetarlo por los cabellos y el brazo. Si tenemos en cuenta la escena de la cara frontal, esta secuencia corresponde al momento en el que el Señor conduce a Habacuc a través de los cielos al anfiteatro del martirio de Daniel para hacerle entrega del pan.
En el capitel interno del lado derecho, y a pesar del gran desgaste, pueden distinguirse las figuras de dos leones con finalidad apotropaica.
El eje de la composición regresa al ángulo en el capitel interior. Una figura humana desnuda apoya sus manos en los lomos de dos animales que se aferran con sus garras al astrágalo. Sobre los leones, dos aves de presa vuelven sus cabezas. Como en el capitel del muro derecho, se representa el tema de Daniel en el foso.
El ejemplar incrustado en el paramento del lado izquierdo es el que presenta un estado más precario. En el ángulo se dispone un árbol, una de sus ramas enmarca en la cara interior una figura desnuda y con el cabello largo. Puede tratarse de Eva desnuda en el Paraíso, por lo que se antoja lógico afirmar que en la cara restante estuviera representado Adán.
El ciclo escultórico del portal es complejo y no siempre fácil de leer. Para Sousa la pauta viene dada por la representación del Cenáculo. La decoración de las arquivoltas representa la esfera celeste por medio de la profusión de estrellas, flores, etc., y especialmente la personificación de la luna. Los leones enfrentados y el combate entre centauros son imágenes que llevan a la idea de lucha, de superar la tentación. La profusión de imágenes de Daniel funciona a modo de exempla como paradigma de la superación. Superación que no alcanzaron Adán y Eva en el momento de comer la fruta prohibida, que podemos ver en el capitel del muro oeste. La escena del tímpano es una reivindicación del sacramento de la Eucaristía como superación de la lucha contra el pecado. En este contexto la imagen de Daniel siendo alimentado por el pan traído por Habacuc actúa como prefiguración del pan entregado por Cristo a sus apóstoles.
En un plano más discreto, pero presentes, están los relieves de los clérigos como figuras centrales en la consecución de este dogma de fe. El último aspecto destacable de la portada sur es la presencia de restos arquitectónicos en torno al portal. Parece factible que se trate del arranque de un pórtico que cubriese la portada, siguiendo el modelo del pórtico occidental.
El estilo de la portada meridional de Moraime busca el volumen, pero sin el modelado de los planos y las superficies. Todo el conjunto respira un aire naturalista del que carece el portal occidental. Existe un gusto por la descripción de los detalles, como el mantel de la cena y los enseres, o la delicadeza de la figura de Juan sobre el regazo de Cristo. Sousa ha vinculado el estilo de Moraime con los trabajos en Cereixo. Las bandas de círculos, las pequeñas flores, las rosetas, etc., son elementos ornamentales compartidos entre ambos edificios. Bajo este supuesto, encontraríamos al escultor de Cereixo trabajando antes en Moraime, donde tendría lugar su aprendizaje.
Partiendo de esta afirmación y atendiendo a la presencia de elementos iconográficos comunes con Santa María de Cambre e inusuales en el románico gallego como la Última Cena, la psicostasia o el Habacuc y el Ángel, proponemos una fecha cercana a 1200 para la ejecución de este portal.
En el muro occidental sobresale el pórtico de acceso, que se adelanta al muro románico articulado por la presencia de dos contrafuertes y de dos óculos de importantes dimensiones en los extremos. Bajo los óculos se abren ventanas de medio punto sobre columnas acodilladas con basas áticas decoradas con bolas en el lugar de las garras.
Los capiteles son vegetales, esbeltos y estilizados. Sobre los capiteles se elevan dos arcos ligeramente apuntados.
En el lado norte, uno está ornado con boceles y el otro con festón de motivos geométricos. Los arcos de la ventana sur se decoran con bocel, el interno, y con una chambrana de billetes, el externo.


De las dos torres que flanquean la fachada, sólo la norte conserva el aspecto original románico. El cuerpo liso, de escasa altura, se horada en su remate con cuatro arcadas de medio punto. El arranque de la torre sur es medieval, pero su remate es obra de Melchor Ocampo y fue realizado en 1896. Los piñones de la nave parece que han sido sobreelevados. La presencia del escudo de San Martín Pinario en la fachada puede indicar que estas reformas, como las realizadas en el ábside principal y en el pórtico, se realizaron a inicios del xvi, cuando Moraime pasó a manos del monasterio compostelano.
La portada occidental se compone de un tímpano y tres arquivoltas que descansan sobre otras tantas columnas acodilladas por jamba. Todos los elementos que componen la portada presentan figuración.
En el tímpano, una sucesión de arcadas enmarcan siete personajes. La composición, totalmente horizontal, típica en sarcófagos o retablos, confiere cierta monotonía al conjunto. La única nota de jerarquía viene dada por la arcada ligeramente mayor que enmarca al personaje central. Viste ropajes litúrgicos y sostiene un gran báculo con una mano, mientras con la otra realiza un gesto de bendición. A cada lado se encuentran tres personajes imberbes sujetando libros abiertos o cartelas. Los estudiosos del templo han propuesto identificaciones dispares para este conjunto. García de Pruneda y Chamoso Lamas consideran que se trata del Padre Eterno flanqueado por Apóstoles. G. G. King habla de seis figuras y un obispo bendiciendo. Para Sousa Jiménez, la figura central sería el patrón de la iglesia, San Julián, rodeado por sus discípulos.

Sobre el tímpano se disponen tres arquivoltas. La exterior es la de mayores dimensiones, con veintiséis figuras, una por cada dovela. Todas las figuras tienen las manos sobre el pecho, a modo de orantes. La mitad de las dovelas están surcadas por unas incisiones; King y Sousa han querido ver en ellas la tosca representación de nubes para conferir un aspecto celestial.
La única figura destacada es la que ocupa la dovela central. Aparece de cuerpo entero y vestida con una túnica larga. Se trata de una teofanía, una imagen celestial reforzada por las rosetas sobre la arquivolta que hoy en día quedan semiocultas por el pórtico. Quizá se evoque la Segunda Parusía.
La arquivolta central consta de quince figuras-dovelas. Están de pie y vestidas con túnica lisa, imberbes y con instrumentos musicales, fídulas y redomas. Es un tipo de representación donde la parte representa el todo, es decir, los quince músicos vienen a figurar a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis.
En la arquivolta inferior encontramos catorce personajes en actitudes idénticas. Las figuras de las dos últimas arquivoltas apoyan sus manos en un baquetón. El significado de este tipo de disposición no está claro, pero encontramos ejemplos en el Pórtico de la Gloria y en Olorón.

La primera de las estatuas-columnas, la más septentrional, representa a un obispo con báculo rematado en voluta, casulla, mitra y calzado. Con sus dos manos sujeta el báculo y con él aplasta una serpiente a los pies que le sirve de peana. El báculo funciona en esta imagen como un arma contra los enemigos de la fe. Pudiera tratarse de San Benito, fundador de la orden, o de San Julián.
La estatua contigua representa a un hombre con larga barba y con todo su cuerpo cubierto por una túnica ceñida. Con una mano sujeta una larga cartela desenrollada, que señala con su otra mano. A sus pies, la imagen-peana figura a dos leones rampantes vueltos y unidos por el lomo. El relieve de los leones es el de mayor planitud del conjunto, lo que le confiere un aspecto marcadamente heráldico. El personaje aquí representado ha sido identificado como el profeta Daniel, siendo los leones de la peana los presentes en el famoso episodio del foso. La presencia de Daniel se ha querido vincular en la portada de Moraime con el santo patrón del edificio, ya que también San Julián fue arrojado al foso.
La columna interior en el lado izquierdo está ocupada por dos personajes imberbes. Visten capas largas y abiertas que dejan visibles sus manos, con las que uno sujeta una tarjeta mientras el otro la señala. Cada uno de ellos parece llevar un cinturón. La composición es totalmente simétrica y recuerda a la imagen de los leones a los pies de Daniel. Bajo ellos, un atlante con larga barba y de cuerpo entero parece soportar a los dos personajes sobre él. También esta imagen-peana lleva una correa a la cintura. A diferencia de las dos columnas vistas, la peana no parece figurar un ideograma maligno. Este complejo tipo iconográfico se ha leído como la imagen de dos apóstoles como sustento de la iglesia, soportados a su vez por la imagen clásica del atlante. La clave de esta lectura, además de la propia composición y de su función como columnas, es la presencia de los cinturones asociados a imágenes de fortaleza y fuerza física (Sansón, David, etc.). La identificación de los apóstoles no está clara, si bien se han apuntado los nombres de Santiago y San Pedro.
La figura de un obispo se repite en la estatua columna exterior en el lado derecho, con los mismos atributos e indumentaria litúrgica que el anterior. Realiza un gesto de bendición con la mano derecha y con la siniestra sujeta un báculo con el que ataca a una figura humana que está bajo sus pies. La figura es de pequeñas dimensiones y aparentemente desnuda, los rasgos faciales se reducen a una incisión en la boca y dos oquedades como ojos. Con sus dos manos hace el ademán de tirar de su barba bífida. Este tipo de representación es muy común en la Edad Media. Se trata de una aplicación figurada de “mesarse las barbas”. Es una expresión habitual en los ciclos épicos y su origen está en la tragedia clásica. La imagen puede leerse como la victoria de la fe sobre el paganismo. La imagen del hombre con barba dúplice también representa el pecado de la ira. Como en la estatua-columna correspondiente al otro lado, la imagen del religioso puede identificarse con San Benito o San Julián. Pérez-Ugena ha identificado esta figura con San Pedro como obispo de Roma, pero la ausencia de barba no es común en la iconografía del santo.
La estatua-columna central en este lado de la portada está ocupada por un personaje con amplia barba picuda, un libro en las manos y vestido con una túnica ceñida hasta los pies descalzos. La imagen de la peana es una de las más representativas del conjunto. Un hombre imberbe, descalzo, con túnica y cinturón, que lleva sus manos a los oídos y abre su boca dibujando un gesto grotesco en su rostro. Es una iconografía poco común, que se ha vinculado con la omisión de la fe. El hombre aquí figurado vendría a representar al individuo que no escucha la palabra de Dios. La imagen inferior nos da la pauta para la identificación del hombre barbado. La idea de que la fe proviene del oído es utilizada en varias cartas de San Pablo y el oído ocupa un lugar importante en su proceso de conversión. La barba lisa, la marcada calvicie, sumadas a la lectura del ideograma inferior, llevan a identificar esta figura como el apóstol Pablo. Otros autores consideran que la peana es la imagen de la Pereza y el anciano Moisés con las tablas de la ley.
La estatua interior difiere en su composición del resto de las columnas de la portada. Se repite el esquema de dos figuras superpuestas, pero aquí ambas ocupan el mismo espacio en la columna. El personaje superior viste túnica larga, sujeta por un cinturón, y agarra con su mano una cartela. Bajo él, un hombre, también barbado y vestido con túnica, sujeta un bastón en forma de “tau”. Este tipo de bastón responde a una convención visual que identifica a este personaje como más antiguo que el que sustenta.
También refuerza la idea de sujeción ya sugerida por la presencia del cinturón y que vimos en su pareja en el otro lado. Así, estas dos imágenes figurarían a un apóstol soportado por un profeta o venerable anciano del Antiguo Testamento. Se ha querido ver una plasmación visual de la sentencia de Bernardo de Chartres, “enanos a lomos de gigantes”. Tampoco en este caso está clara la identificación. Pudiera tratarse de Juan haciendo pareja al otro lado con su hermano Santiago. Para la imagen inferior se han propuesto la figura de Isaías y de Gedeón.
El estado de conservación de las piezas y la confusa identificación de las figuras hacen que la lectura completa de este portal sea complicada. A pesar de ello algunas consideraciones parecen fuera de toda duda. Para Sousa puede establecerse una relación jamba a jamba, cada estatua-columna establece una correlación con su pendant. Las imágenes de los obispos, al margen de su identificación concreta, y de Daniel y Pablo son imágenes del triunfo sobre el mal, representado en las peanas. Es una alabanza de la justicia moral de la iglesia frente a toda forma de pecado. Las dos columnas exteriores ahondan en un discurso relativo a las relaciones entre los dos Testamentos. Desde un punto de vista simbólico y físico –las columnas son el soporte de la figuración pero también los elementos sustentantes de la portada–, los personajes veterotestamentarios son los cimientos del mensaje cristológico expandido por el colegio apostólico.
La tipología de estatua-columna y el estilo han sido vinculados con el Maestro Mateo y el Pórtico de la Gloria, en la catedral de Santiago. Sin embargo, la plasticidad de las figuras y el naturalismo de la obra mateana –tanto en columnas como arquivoltas– no está presente en Moraime, donde la escultura se trabaja en base a la técnica de la talla en reserva. Este modo de concebir la pieza se relaciona directamente con las columnas de mármol de la portada de Platerías en la sede compostelana (Sousa Jiménez).
Este modelo local, sumado al seguro conocimiento de las nuevas tendencias surgidas en el arte francés, son los referentes estilísticos para este magnífico portal. Se ha hecho notar que en el caso de los tímpanos y arquivoltas las soluciones empleadas son más toscas y conservadoras, síntoma de un cambio de mano dentro del mismo taller. El tipo de capitel y la utilización madura de la tipología de estatua columna nos llevan a fechar la portada occidental en torno a 1200.

Todos los canecillos en torno al ábside tienen perfil de proa sobre doble nacela. En los laterales se alternan los vegetales y de bolas con los de perfil de proa.
En la actualidad no conservamos dependencias monásticas al margen de la iglesia. Las excavaciones de los años setenta en el lado sur no han sacado a la luz restos claustrales. Los resultados de las excavaciones, sumado a que el lado norte se encuentra más protegido de las inclemencias del mar, nos hacen suponer que el claustro se dispondría al Norte. En la actualidad este lugar está ocupado por un cementerio que mantiene un perímetro muy marcado que bien pudiera corresponder grosso modo con el espacio ocupado por el claustro. En el lado sur pueden verse, dispersas por el campo, una serie de tuberías y canalizaciones de piedra que podrían haber formado parte del sistema de riego de un jardín monástico en esta zona del conjunto.
Al margen de la obra románica, cabe destacar una serie de pinturas murales en el interior del edificio, datadas en los primeros años del siglo XVI. A lo largo del muro norte, bajo los arcos geminados, se dispone un clico pictórico alusivo a los pecados capitales. Es un conjunto de gran valor artístico y despliega un ciclo iconográfico poco habitual, como el de las representaciones individualizadas de cada uno de los siete pecados capitales.









San Julián de Moraime es un ejemplo señero de arquitectura monástica del románico gallego. A pesar de su estado de conservación y de las penalidades sufridas por años de abandono, el conjunto original se conserva prácticamente en su totalidad. Se trata de un templo vinculado a un monasterio de gran importancia por su valor geoestratégico, por lo que vemos unas formas arquitectónicas máclicas que conforman un espacio de grandes dimensiones.
Especial mención debe hacerse a la labor escultórica de los portales, ya que, a pesar de la enorme erosión sufrida, nos muestran el conocimiento de las formas de moda en Europa y cómo existe un profundo trabajo intelectual por parte del abad y sus monjes para la realización de un complejo programa iconográfico.
Ciertos autores defienden que el comienzo de las obras, tras la destrucción del recinto anterior por parte de los almorávides, se produciría alrededor de 1119, año en el que se producen importantes donaciones de Alfonso VII. Sin embargo, el análisis de las formas nos lleva a ser prudentes y retrasar el inicio del templo a mediados del siglo XII. El análisis estilístico indica la presencia de diferentes talleres trabajando en Moraime. Podemos diferenciar tres fases constructivas: la inicial, en torno a la cabecera y la construcción del muro norte y de los tres primeros sectores del sur; en la segunda campaña se realizan los pilares de la nave, donde la decoración de capiteles nos habla de la presencia de otro taller, y se termina el muro sur; en la tercera fase se concluyen las naves y el cierre occidental.
La influencia de la catedral de Santiago en la arquitectura de Moraime es notoria. La cubierta única para las tres naves, los arcos geminados del muro norte que recuerdan la estructura del triforio de la basílica compostelana, los contrafuertes exteriores unidos por arcos, la decoración de los capiteles en la zona del ábside, los cimacios de los capiteles de los arcos formeros que se prolongan en impostas, etc. son elementos que miran directamente a las obras compostelanas e indican la presencia de talleres compostelanos trabajando en la Costa da Morte.
La cronología propuesta para la campaña de obras es la siguiente: la primera campaña, en torno a mediados del siglo XII, donde se ve una mayor dependencia decorativa de la catedral de Santiago. Una segunda fase de obras, hacia el último tercio del XII, dominada por una geometrización de las formas iniciales. Y, por último, la campaña final, con una fecha cercana al 1200, donde observamos influjos del arte cisterciense.
En el caso de las portadas también vemos diferentes talleres trabajando en ellas. La puerta norte, hoy modificada tras la construcción de la sacristía, sería la que primero se erigió. En el portal occidental se aprecia la mano de dos maestros que también podrían haber trabajado en los arcos geminados del muro norte, la fachada y en los últimos pilares de las naves. Su datación en una fecha cercana al último decenio del siglo XII presenta la problemática del influjo de las obras del Pórtico de la Gloria. Aunque las soluciones son similares, Moraime carece del naturalismo escultórico y de las novedades estructurales de la obra mateana, por lo que la historiografía actual se decanta a pensar en una construcción en paralelo pero no estrictamente deudora de las obras del Pórtico de la Gloria. La portada sur es la más reciente. El taller que aquí trabaja es conocedor de la obra mateana y destaca por la introducción de iconografías poco usuales en el románico gallego (Habacuc y el ángel, la lucha del guerrero y el animal, etc.). Se trata de una obra tardía, datable en los años iniciales del siglo XIII. Esta portada guarda fuertes relaciones con la puerta sur de Santiago de Cereixo, por lo que probablemente tengamos al mismo taller trabajando en ambas fábricas.

 

Mens
A 6,5 km de Malpica se encuentra la aldea de Mens, en un fértil valle que une las localidades costeras del norte de Bergantiños con el interior de la comarca. Zona de larga tradición por su riqueza en recursos agrícolas, ganaderos, pesqueros y mineros, atesora restos megalíticos, castreños, romanos, medievales y modernos. El monumento más conocido de la zona son las Torres de Mens, una fortificación construida en el siglo XV por Lope Sánchez de Moscoso sobre las ruinas de un castillo destruido durante las revueltas irmandiñas acaecidas esa misma centuria y que se erige a escasos metros de la iglesia de Santiago. Con la división eclesiástica de la archidiócesis compostelana fijada por el arzobispo don Pedro Suárez de Deza a mediados del siglo XII, Mens quedó incluida en el arciprestazgo de Seaia, integrado desde 2009 en el de Bergantiños.
El origen de este templo es el monasterio benedictino de Magna Salaia o Salagia, fundado en la segunda mitad del siglo X, en tiempos del obispo compostelano Sisnando II. Esta datación se basa en la inscripción hallada en un muro de cierre junto al recinto eclesiástico, que ha sido interpretada por Barral Iglesias como E: MII (era de 1002; es decir, el año 964). Se cree que la cristianización de esta zona, conocida como valle Salagie, fue anterior a esta fecha, produciéndose entre época tardorromana (siglos IV-V) o suevo-visigótica (siglos VI-VIII). En la vecina iglesia de San Martiño de Cores se han encontrado restos romanos y altomedievales, y en el ábside lateral derecho de la iglesia de Mens se conserva el tablero de un ara de caliza, que se cree que perteneció a una basílica anterior. Para Barral Iglesias, entre las iglesias “offerenciales” de la Salagia citadas en el diploma de 866 del monarca Alfonso III estaría el cenobio de Mens. Pero la primera noticia documental donde se cita dicho monasterio es la donación de Pedro Froilaz, conde de Traba, al monasterio de Santo Tomé de Némens (Nemeño), realizada en 1105 y firmada por el abad de Mens: auctor et operatur harum litterarum Recamundus abbas monasterii magnessalagie, junto con los obispos de Santiago y Mondoñedo, y los abades de Antealtares, Pinario y Moraime. En 1154 el papa Anastasio IV cita el Monasterium Meens al confirmar las posesiones de la iglesia compostelana, volviendo a constar en la confirmación de Alejandro III de 1178. En 1199 Urraca Fernández de Traba, nieta de Pedro Froilaz, dejó una manda testamentaria al monasterio. Tras la reforma monástica de los siglos XV y XVI el cenobio pasó a depender de San Martín Pinario, al que perteneció poco tiempo, pues en 1535 el papa Paulo III concedió la permuta de los derechos que este monasterio tenía sobre Mens por los de Santa María de Cambre, pasando a ser propiedad de la Colegiata de A Coruña.
La iglesia de Santiago de Mens fue declarada Monumento Histórico-Artístico por el Real Decreto 1675/1979 de 25 de mayo de 1979, que fue publicado en el B.O.E. de 9 de julio de dicho año.

Iglesia de Santiago
Las dependencias del monasterio de Mens han desaparecido y del cenobio sólo ha quedado la iglesia: un edificio prerrománico de planta basilical con tres naves –muy semejante a Ansemil–, que fue reformado en el siglo XII. Esta intervención modificó la estructura prerrománica al añadírsele una monumental cabecera románica de tres ábsides, compuesta de un ábside central semidecagonal, con un primer tramo recto, y dos laterales de menores dimensiones y planta semicircular.
Estos se cubren con bóveda de cascarón, mientras que el central presenta, además, una bóveda de cañón cerrando el tramo recto. Las dimensiones de las capillas están en correspondencia con las de las naves, cuya articulación se realiza mediante pilares prerrománicos de sección cuadrada, unidos por arcos formeros de medio punto sobre los que descansa un muro que en origen presentaría varios vanos para la iluminación de la nave central. La altura de la cabecera románica obligó a adaptar la del cuerpo de la iglesia, aumentándose en el tercio superior de los lienzos laterales y en los muros de la nave central a partir del trasdós de los arcos. Hoy en día el edificio cuenta con una cubierta lígnea a dos aguas, sostenida por unos pendolones de madera coronados por zapatas con decoración de círculos y rosetas, y unas cartelas añadidas en el siglo XVI. Este tipo de soportes de artesonado es excepcional y se encuentra en Mens, en el vecino templo de San Martiño de Cores y en Santiago de Cereixo (Vimianzo).
Para Barral la reforma románica afectó también a la planta y la longitud del templo: el edificio prerrománico constaría de cuatro tramos, que en las naves laterales fueron reducidos a tres tras la reforma del siglo XII. Nosotros, por el contrario, creemos que la planta basilical de cuatro tramos se mantuvo hasta, aproximadamente, el siglo XVIII. Si nos fijamos con atención en los muros laterales, se aprecia cómo las cornisas románicas se interrumpen de forma abrupta y los esquinales se refuerzan con contrafuertes modernos, que serían innecesarios si la fachada occidental románica se iniciase en este punto. Los muros que cierran los frentes occidentales de las naves laterales presentan dos ventanas con marcos acodados, que por su simplicidad nos llevan hacia un barroco tardío. En este momento fue cuando la longitud de dichas naves se redujo a tres tramos, mientras que la central conservaba el largo original. En el exterior de su lienzo norte todavía es posible ver embutido en los paramentos el arco de medio punto prerrománico con parte de su pilar occidental.
Con esto podemos concluir que tras la construcción de la cabecera se respetó en lo fundamental el plan del edificio, pero se levantaron nuevos muros laterales y una fachada oeste acorde con el arte del momento, de la que han quedado distintos restos materiales y documentales.

En el interior del templo, el acceso a la capilla mayor se realiza a través de un arco triunfal de medio punto doblado de perfil recto. La dobladura descarga en el muro, apoyándose en una imposta en nacela, mientras que el arco menor voltea sobre un par de esbeltas columnas entregas. Estos soportes se sobreelevan mediante un zócalo o bancal que recorre el interior de la capilla mayor, sirviendo de arranque a las columnas adosadas que articulan el muro.
Las del triunfal presentan basas áticas con plintos cajeados con decoración de bolas en los ángulos, un primer toro ancho y aplastado, escocia y segundo toro fino.
Los capiteles se exornan con grandes hojas dispuestas en dos registros a partir de los modelos desarrollados en el transepto de la catedral de Santiago. El capitel de la epístola presenta hojas planas con nervios profundamente excavados y las puntas vueltas cobijando pomas que se separan del núcleo de la cesta. Sobre ellas se disponen caulículos con los vértices enroscados, también con mucho vuelo. En el del evangelio, la vegetación permanece pegada al núcleo de la cesta. Las hojas vuelven a presentar nervios de labra muy profunda, pero su superficie deja de ser lisa para decorarse con hojuelas y bordes carnosos. Las puntas de las hojas se enroscan, al igual que los caulículos que se apoyan en ellas, combándolas lo justo para dar volumen a la pieza en su tercio superior. Sobre los capiteles se disponen dos cimacios con perfil en nacela y listel superior, que se impostan en el testero de la nave y hacia el interior del presbiterio.
Como comentamos al analizar la planta del templo, el primer tramo de la capilla mayor es recto y se cubre con una bóveda de cañón reforzada con un arco fajón de idéntica sección y luz que el inferior del arco triunfal. Se sustenta mediante columnas adosadas muy estilizadas realzadas sobre el zócalo, compuestas de basas áticas de plinto circular, fustes esbeltos de dos o tres piezas, y capiteles vegetales de inspiración gelmiriana, al igual que los del arco triunfal. Ambos presentan dos grandes hojas planas que ocupan el frente y los ángulos delanteros de la pieza, y sendas hojas menores para sus caras laterales; todas ellas con nervios excavados, la superficie decorada con hojillas lanzeoladas, grueso borde y puntas enroscadas.
El capitel de la epístola es el más elaborado de los dos, sus hojas son más voladas, con los vértices enroscados en volutas y los ejes perlados. El del evangelio es más contenido y menos vistoso. Sobre ellos se dispone el mismo modelo de cimacio con nacela y listel empleado en las columnas del triunfal. Los muros del ábside semidecagonal se articulan mediante cinco arcos de medio punto sobre columnas adosadas que arrancan del zócalo que recorre el presbiterio. Los paños laterales, cuyas arquerías son más altas, son ciegos –aunque bajo el meridional se abrió una ventana rectangular en algún momento posterior–.
Los tres tramos centrales presentan amplias saeteras con abocinamiento interno. Las columnas que soportan la arquería siguen el modelo de las del fajón. Sus capiteles vegetales responden a dos modelos que se disponen de manera alternativa: uno de grandes hojas planas cuyos vértices se doblan sosteniendo una poma, y el otro de hojas planas con el nervio aristado y perfil puntiagudo. Los lienzos del tramo recto y del ábside de la capilla mayor están recorridos por una imposta de gran resalte bajo la que se dispone una línea de billetes. Hoy en día el espacio está presidido por una imagen de Santiago el Mayor que presenta una iconografía híbrida: porta el bordón que lo caracteriza como peregrino, pero también presenta las características de su imagen apostólica, con túnica larga, los pies descalzos y el libro. Esta figura debió de realizarse en el siglo XIV.
Los ábsides laterales son semicirculares. En ambos casos se accede a su interior mediante un arco de medio punto doblado, con las dos roscas de perfil recto. La capilla septentrional conserva una saetera románica, abriéndose a posteriori una ventana en su lado norte, posiblemente al mismo tiempo que en el meridional se abría otro vano en su cara sur. El exterior reposa en los testeros, apoyándose en una línea de imposta con perfil en nacela y listel superior, y el inferior se alza sobre columnas adosadas dispuestas sobre una bancada que, como en la capilla mayor, recorre el perímetro de los ábsides. Las columnas presentan una tipología similar a las que sostienen el fajón del presbiterio.
Sus capiteles toman de nuevo modelos gelmirianos: con decoración vegetal de grandes hojas planas con puntas lanceoladas que pueden ser lisas (como en el capitel sur del ábside del evangelio), con decoración de hojillas (capitel norte del ábside de la epístola) o sosteniendo pomas (capitel sur de este mismo ábside). La salvedad la encontramos en el capitel norte del ábside del evangelio, que se exorna con dos leones, dispuestos uno tras otro mirando hacia el interior de la capilla. Ocupan las dos caras visibles del capitel y se representan con las fauces abiertas. Las melenas se organizan en gruesos y largos mechones que corren hacia el lomo.
En el cuerpo de la iglesia el único vestigio románico reconocible son dos ventanas con abocinamiento interno y una modesta puerta con arco de medio punto hacia el interior.
En el exterior del edificio lo más destacado es la cabecera, conservada íntegramente y presidida por el ábside central poligonal que se erige sobre un zócalo retallado. La intersección con los ábsides laterales se refuerza mediante contrafuertes, mientras que las aristas del semidecágono se refuerzan con semicolumnas erigidas sobre un podio prismático. Presentan basas áticas con plintos cilíndricos, fustes entregos, y están coronadas por capiteles vegetales –semejantes a los vistos en el interior del templo–, y uno de ellos figurado, labrado con las imágenes de un lector, un personaje que muestra impúdicamente sus nalgas y por un músico que tañe una fídula. Sobre las columnas corre el alero, compuesto de una cornisa de cobija recta y perfil en nacela sustentada por diez canecillos agrupados por pares en cada tramo del semidecágono del ábside.
Comenzando por el frente meridional, la primera pareja es de canes vegetales, el primero rematado en voluta y el segundo con una bola; la segunda pareja es de dos figurados, con un lector y un acróbata mostrando de manera ostentosa sus genitales; el central cuenta con el mismo tipo de figuras dispuestas en orden inverso; el siguiente tramo hacia el norte presenta un canecillo de modillones y otro con una hoja rematada en una poma, al igual que el último. En las caras centrales del ábside se abren tres ventanas. Las laterales presentan un arco de medio punto en arista viva, apoyado directamente en las jambas del vano y exornado con una chambrana de billetes. La decoración se enriquece en la ventana central, que presenta una arquivolta de doble bocel sustentada por columnas acodilladas con capiteles vegetales y cimacios en nacela que se impostan en el muro.



Los ábsides laterales se levantan sobre un zócalo de menor altura que el de la capilla mayor. Su principal característica es la sobriedad. Sus muros lisos y sin articular contrastan con el ábside central. El meridional se horada con un vano rectangular de época moderna y el septentrional presenta el hueco de una saetera románica y una segunda abertura rectangular semejante a la del ábside sur. En ellos el componente ornamental se concentra en los canecillos que sustentan la cornisa. En el ábside meridional estas ménsulas se decoran con elementos vegetales –tres de hojas sosteniendo pomas y uno de tallos entrelazados–, dos con rollos y uno de proa de nave. En el septentrional, además de canes vegetales y de rollos según el modelo visto para el anterior ábside lateral, se conservan dos piezas zoomórficas –una cabeza de carnero y un felino de cuerpo entero con la cabeza vuelta hacia el espectador–, otra con un acróbata haciendo ostentación del bajo cuerpo y una pieza recorrida por dos boceles.

En lo que concierne al exterior de la nave, la fachada norte ha perdido gran parte de la sillería románica, que fue sustituida por mampostería. Las piezas del siglo XII se concentran en el esquinal oriental, en las partes altas del muro y en el entorno de los vanos: dos saeteras y una sencilla puerta con dintel pentagonal, hoy cegada. Barral Iglesias consideró que el lienzo de mampostería formaba parte de la fábrica románica; sin embargo, se observa que los mampuestos son iguales a los empleados en el relleno del acceso norte, por lo que entendemos que es una intervención posterior que pudo tener lugar al desmontarse las dependencias claustrales, que estarían dispuestas en esta zona. Al este de la puerta se conservan dos epígrafes labrados en relieve con un elevado grado de deterioro, que han sido interpretados por Barral Iglesias. Según su lectura dejan constancia de la fecha de la reforma románica y los nombres del abad y el autor.

El primero reza: ERA MCLXXII: ME FEQ(U)IT GUNSA. Por lo que la remodelación habría concluido en el 1134 bajo la dirección del maestro Gunsalvus.
En la segunda inscripción leyó lo siguiente:
IN N(O)MINE D(OMI)NE X(RISTI) IH(E)S(U) HONOREM S(ANCTE) MARIE VIRGI(NI)S ET S(ANC)TOR(UM) OM(N)IUM. REMAVIRA AB(A)S
El frente septentrional conserva buena parte del alero románico, con el modelo de cornisa visto en la cabecera –de cobija recta y perfil en nacela–, sostenida por doce canes labrados con elementos semejantes a los de los ábsides: vegetales con bolas, de rollos y con figuración zoomórfica –de cabeza de carnero y con los cuartos delanteros de una bestia– y antropomórfica –un contorsionista y un hombre con hidrocefalia–. Si comparamos estas piezas con las ménsulas de las capillas, observamos que su calidad técnica es inferior y el resultado final más tosco, especialmente aquellas que representan figuras humanas. Esta misma tosquedad se aprecia en el contorsionista del ábside norte, así como en los canes de rollos, por lo que podríamos hallarnos ante dos talleres o maestros distintos: uno encargado de la escultura de la fachada meridional, del ábside sur y la capilla mayor, y otro que habría realizado las esculturas del ábside norte y del frente septentrional.
Fachada sur
 

En la fachada sur, a la que se adosó la sacristía moderna, se conservan la puerta románica, un fragmento del alero y un grupo de sillares en el arranque y mitad occidental de los muros. La portada se compone de una arquivolta con la primera rosca en arista y la segunda decorada con triple hilera de tacos. El arco, de sección recta, se sustenta mediante columnas acodilladas, de proporciones esbeltas pero sin basa, y decoradas por capiteles con motivos vegetales muy semejantes a los que encontramos tanto en el interior del templo como en la decoración del ábside central. Sobre estas piezas se dispone un cimacio en nacela que se prolonga hacia el interior del muro a modo de imposta. Bajo el arco se dispone un tímpano liso. La cornisa sigue el modelo visto en los frentes comentados y se apoya en canes vegetales con bola, todos siguiendo la misma tipología.
Puerta sur
 

La fachada principal románica desapareció a finales del siglo XIX. Sin embargo, Ángel del Castillo publicó un dibujo anterior a esta intervención donde se representa el esquema del frente occidental de Mens, correspondiente a la nave central, ya que en el siglo XVIII se habría producido el acortamiento de las laterales, según explicamos al analizar la planta del templo. En diseño se ve una puerta formada por doble arquivolta sostenida por dos pares de columnas acodilladas, con basas áticas y capiteles decorados sobre los se apoyan cimacios en nacela prolongados en impostas, como los que encontramos en otras puertas y arcadas del templo. La primera rosca parece de doble bocel, mientras que la exterior contaría con una decoración geométrica de tacos o billetes. Bajo la arquivolta se disponía un tímpano liso apoyado en un par de mochetas con decoración escultórica.
Dividía la fachada un tejaroz sostenido por ménsulas entre las que había tabicas decoradas con rosetas, y sobre él un vano guarnecido por una arquivolta de medio punto muy ornamentada, sustentada por estilizadas columnillas. El arco se componía de un bocel seguido de una media caña, y estaba cobijado por una segunda rosca formada por un arco tetralobulado, todo ello exornado con una chambrana con billetes o ajedrezado
Como apuntó Barral Iglesias, la disposición de este tipo de ventanas en la fachada principal no es muy frecuente en los templos románicos, siendo propias de las cabeceras. Un esquema compositivo de fachada similar lo encontramos en la portada norte de la colegiata de Sar, en Santiago de Compostela, donde sobre la puerta abocinada se dispone un tejaroz sostenido por canes y con decoración de rosetas en tableros y cobijas, y encima de él una ventana bajo arco de medio punto muy sencillo, decorado con chambrana. También el frente occidental de Santo Tomé de Salto (Oza dos Ríos) se corona con una vistosa ventana con arquivoltas de profusa decoración; pero el único templo donde se imita la fachada desaparecida de Mens es San Pedro de Leis (Muxía), que presenta estrechas similitudes con el dibujo de Ángel del Castillo. Por su parte, la tipología y el ornato del tejaroz recuerdan a la Portada de Platerías y a otras iglesias de filiación gelmiriana, como la dedicada a Santa María Salomé, en Compostela, o la citada de Sar, ambas realizadas en las décadas centrales del XII.

A pesar de haberse construido en dos etapas considerablemente separadas en el tiempo, y con dos estilos artísticos distintos, la planta se ajusta en lo fundamental a la tipología basilical propia de las iglesias monásticas gallegas. En la provincia de A Coruña la encontramos en las iglesias de San Martiño de Xuvia, San Salvador de Bergondo, Santa María de Mezonzo, San Xulián de Moraime o Santa María de Sar, todas ellas de tres naves y con importante cabecera triabsidal. Menos frecuentes en la provincia coruñesa son los templos cuya capilla mayor está formada por un ábside de planta semidecagonal por dentro y por fuera. Este tipo de espacio se introduce en la cabecera de la catedral de Santiago, en las capillas limítrofes con el transepto, y se reproduce en los presbiterios de San Jorge de Codeseda (A Estrada), Santa Eulalia de Losón (Lalín), San Tomé de Piñeiro (Marín) y Santa María de Casteláns (O Covelo), todas en la provincia de Pontevedra.
El empleo de columnas adosadas para el apeo de los arcos triunfales de los ábsides laterales no es exclusivo de Mens, y lo encontramos también en Santa María de Sar, uno de los principales templos coruñeses levantados a mediados del XII. El influjo de los talleres compostelanos que trabajaron en la construcción del transepto de la catedral de Santiago aflora en toda la fábrica románica, y especialmente en los detalles escultóricos de capiteles y canecillos, donde el conocimiento de las técnicas y motivos de época gelmiriana resulta evidente. Las ménsulas se inspiran en algunas de las imágenes que decoran el alero de la Portada de Platerías, según Castiñeiras realizado entre 1117 y 1122. Tanto el capitel figurado del ábside central como los canes antropomorfos presentan una temática propia de los márgenes, donde son frecuentes escenas populares de tipo lúdico o contenido erótico, con las que censuran los pecados capitales más presentes en el arte románico: la gula y la lujuria.
Por otro lado, creemos que la influencia de Mens fue bastante superior a la que se le ha atribuido hasta el momento. La difusión de la ventana con el arco cuadrilobulado por iglesias de la “Costa da Morte” (San Pedro de Leis y Xaviña) es significativa por tratarse de un modelo propio de esta área y Mens es el ejemplo más antiguo de cuantos hemos localizado. Del repertorio ornamental de sus canecillos también encontramos réplicas en Cores, Tallos, A Graña, San Fins de Anllóns, Santa María de Xaviña o San Martiño de Ozón; sin embargo, al tratarse de una decoración deudora de los talleres de Platerías, sus temas fueron imitados por numerosos talleres escultóricos, por lo que Mens no fue la única fuente.
La fecha de 1134, propuesta por Barral Iglesias a partir de su interpretación de las inscripciones del lienzo norte, aporta una datación temprana que afectaría, en todo caso, a la construcción de la cabecera. Acertada o no, parece que la renovación de Mens se produjo en el segundo tercio del siglo XII, coincidiendo con otras fábricas relevantes que actuaron como centros receptores de las formas de los talleres que habían estado trabajando en la construcción y decoración del transepto de la catedral de Santiago, como fueron Xuvia o Sar. El último elemento realizado fue la fachada occidental, que conocemos mediante el dibujo de Ángel del Castillo y que pudo realizarse hacia finales del período sugerido, de manera que en el último tercio del siglo su composición se imitó en Leis y su ventana se reprodujo en los testeros de Tallo y Xaviña.


Cereixo
El Porto de Cereixo, donde se sitúa el templo de Santiago, se encuentra en la desembocadura del río Grande, en su ribera sur, a 1,5 km de Ponte do Porto. Esta localidad parece que es una de las más antiguas de la Costa da Morte. Según fuentes modernas, la vecina Muxía fue fundada por habitantes de Cereixo después de que padecieran las incursiones normandas que asolaron la costa gallega hacia los siglos IX y X, aunque no hay noticias que lo corroboren, durante el auge de la peregrinación a Santiago pudo ser punto de parada de los peregrinos que llegaban por mar al puerto de Cereixo, hoy desaparecido, y que continuaban su peregrinación hacia Compostela, a pie. Según diversos documentos de los siglos XII y XIII, Alfonso IX moró en varias ocasiones en este lugar. Por lo que cuenta López Ferreiro, la primera vez fue el 24 de junio de 1198, regresando en 1228 en un viaje que lo llevó por diversos puntos de Terra de Soneira y Bergantiños. En esta ocasión firmó seis documentos que fueron dados a conocer por Parga Pondal. Cereixo pertenece al municipio de Vimianzo.

Iglesia de Santiago
La parroquial de Cereixo es de las pocas que conservan casi íntegra su estructura y aparejo medievales. Su planta es la característica de los templos rurales gallegos, con una nave rectangular y ábside cuadrado, la primera cubierta por techumbre de madera a dos aguas y el segundo por una bóveda de cañón reforzada por un arco fajón que se sostiene mediante columnas adosadas.
Al edificio se le añadió, al norte de la nave, una sacristía rectangular de pequeñas proporciones, y su fachada occidental se reconstruyó en época moderna aumentando su ancho, abriendo un vano sobre la puerta y construyendo en el mismo eje una espadaña de doble vano. No obstante, dichos añadidos han modificado poco el edificio medieval, que parece haber conservado sus elementos principales, sobre todo en lo que atañe al componente escultórico del conjunto.
En el interior del edificio, la capilla mayor apenas ha sufrido ligeras intervenciones modernas, como la apertura de una hornacina en el muro norte y de una ventana en el sur. El acceso se realiza a través de un arco triunfal de medio punto, doblado y con ligero peralte. La arquivolta interior es de sección cuadrangular y se sustenta en un par de columnas entregas que se elevan sobre un zócalo. El intradós de las dovelas presenta un despiece propio de los templos del occidente coruñés: Moraime –en el arco del ábside septentrional–, Xaviña, Leis, Frixe, Ozón, Redonda y Nemiña. Sus soportes presentan basas áticas, bastante deterioradas en los plintos, con toros anchos y aplastados ante los que se disponen un par de garras o bolas, escocia importante, que se decora con botones en el soporte de la epístola, y bocel. Los capiteles son de tipo vegetal, inspirados en el orden corintio, empleándose en la decoración los modelos propios de esta zona. El del evangelio cuenta con un primer registro de hojas anchas y planas con el nervio central profundamente excavado, la superficie ornada con hojillas y las puntas vueltas abrazando una poma, a excepción de la central donde se presentan enroscadas. El capitel de la epístola presenta un orden de hojas grandes, planas y erguidas, con los bordes destacados y el nervio central profundamente marcado. Cuenta con la particularidad de que la hoja del ángulo occidental es la única que se decora con hojuelas, como las del capitel norte. Los capiteles sustentan cimacios cortados a bisel: el septentrional es liso, mientras que el meridional se decora con una sucesión de arquillos de medio punto. Por su parte, la arcada exterior del triunfal, que se compone de un baquetón sucedido por dos medias cañas, se apoya de forma anómala en sendos codillos del muro de cierre de la nave. 
Esta solución es el resultado de la supresión de las columnas acodilladas sobre las cuales debía reposar la arquivolta. Apoyado en el zócalo septentrional se conserva un resto de los desaparecidos soportes: una basa ática acodillada, con escocia muy desarrollada. El modelo de apeo original era el mismo que encontramos en la iglesia de Santa María de Xaviña, situada a escasos kilómetros de Cereixo. Como remate, el triunfal se exorna con una chambrana formada por una hilera de gruesos billetes.

En el interior del ábside los muros laterales están recorridos en su parte baja por sendos bancos de piedra y en la superior por impostas decoradas con una fila de billetes que marcan el arranque de la bóveda de cañón. Destaca el arco fajón que refuerza la cubierta abovedada y presenta la misma luz y perfil del arco inferior del triunfal. Se erige sobre columnas adosadas que arrancan de los bancos. Tienen basas áticas con garras y escocias con decoración en zig-zag, fustes monolíticos esbeltos y capiteles vegetales que siguen los modelos y decoración de los delanteros. El del evangelio cuenta con un collarino decorado en soga, hojas planas con remates apuntados y un segundo orden de caulículos. En la pieza de la epístola el collarino se decora con una línea en zig-zag, la superficie de las hojas se anima con hojuelas y sus puntas se enroscan en espirales, a excepción de la central, que se pliega para sostener una poma. El presbiterio carece de la característica ventana que se abría en el testero para iluminar la capilla mayor. Hoy en día la luz natural entra por una venta adintelada de factura moderna abierta en el lienzo sur, mientras que en el norte se excavó un armario que sirve de hornacina.
El cuerpo del templo conserva en gran medida los paramentos originales. No obstante, en sus muros se aprecian pequeñas intervenciones. En el lienzo norte de la nave se conservan dos saeteras de amplio derrame interno (la oriental retocada), y en él se abrió la puerta adintelada que da acceso a la sacristía, que se adosó al templo románico. En el meridional se dispuso una tercera saetera y se abrió una puerta formada por un arco de medio punto muy peraltado. En la pared occidental –la más reconstruida– se incrustó una inscripción moderna festoneada con arquillos ciegos de medio punto, un motivo ornamental muy empleado en la segunda mitad del siglo XII. Ferrín González cree que puede tratarse del dintel de una desaparecida puerta norte que, al no quedar rastro de su presencia en los paramentos, pudo disponerse en el mismo lugar que hoy ocupa la puerta de la sacristía, que es una pieza reutilizada y removida. La cubierta lígnea a dos aguas original ha sido sustituida por otra moderna con vigas de hormigón. Atadas a este nuevo armazón se disponen dos ménsulas de madera en forma de “T” similares a las conservadas en Santiago de Mens y San Martiño de Cores (ambas en Malpica, A Coruña), de época medieval.
En exterior, el ábside se erige sobre un zócalo doble en el testero y simple en los laterales. En el lienzo oriental hemos de destacar la desaparición de la ventana románica que iluminaría la capilla mayor, posiblemente suprimida en época moderna. En la lectura de paramentos se aprecia la presencia de sillares de distintos períodos. Los ángulos del testero se refuerzan mediante dos pares de contrafuertes. En el hastial se conserva una antefija de lazo. Sus muros laterales se articulan en dos tramos mediante sendos contrafuertes dispuestos en correspondencia con el arco fajón del interior. En el lienzo septentrional se conserva el alero románico con la cornisa de cobija recta cortada a bisel y sostenida por cuatro canecillos que representan, de Este a Oeste, una hoja con eje perlado y la punta enroscada en una voluta, un acróbata, una hoja rematada en bola y una cabeza zoomórfica. El meridional es semejante al anterior, pero ahora los canes son todos figurados. En la sección oriental se representan dos figuras masculinas, una de ellas mostrando sus genitales, y en la occidental un ave y un lector.

El muro de cierre de la nave se caracteriza por superar tanto la altura de la cubierta como el ancho del conjunto. En el hastial se dispone un animal acostado que por las características de su cabeza Ferrín González identificó con un lobo, pero se trata de una pieza bastante desgastada. Sobre su lomo se apoya una cruz potenzada. Tanto la presencia de este animal en el piñón de la nave como el uso de este tipo de cruz son poco frecuentes en los templos románicos de Galicia. Otro ejemplo se encuentra en Santa María de Sacos (Cotobade, Pontevedra). En el frente septentrional se pueden ver dos estrechas saeteras y buena parte de las ménsulas que sustentaban el alero, donde se combina decoración de tipo geométrico con motivos vegetales y figurados. Entre las primeras una se decora con zig-zag y otra con roleos dispuestos como un modillón. Las vegetales presentan hojas con incisiones imitando nervios y en algunos casos se rematan en volutas, y las figuradas representan a un acróbata y a un personaje con cabeza de grandes proporciones que sostiene en su regazo un objeto cuadrangular.
En el muro sur se ve la tercera saetera y bajo su alero se disponen doce canes, de nuevo con decoración diversa pero muy semejante a la vista en las otras fachadas: hojas incisas o con ejes perlados y rematadas en volutas, cabezas de bóvidos, aves y tres piezas con motivos antropomorfos: una pareja de rostro grotesco abrazada, un personaje sedente con un libro y un contorsionista mostrando su sexo.
Muro sur
Canecillos muro sur
 

El frente meridional acoge el elemento más interesante del templo: una portada con uno de los tímpanos figurados más interesantes del románico gallego. La puerta se decora con un arco de medio punto sobre columnas acodilladas de fuste monolítico. Los soportes presentan basas áticas sobre plintos cilíndricos decorados, el occidental, con arcos de medio punto entrelazados y calados, y el oriental, con círculos entrelazados, de nuevo con labra muy profunda. Los capiteles presentan decoración vegetal dispuesta en dos registros. El primero es igual para ambas piezas, con hojas con nervaduras excavadas y puntas agarrando bolas; el segundo presenta caulículos, en el occidental, y hojas similares a las del primer orden, en el oriental, y en ambos casos presentan en su vértice principal sendos rostros humanos que asoman entre la hojarasca. Sobre los capiteles se disponen cimacios cortados a bisel y con decoración vegetal prolongados en impostas.
Capitel de la portada meridional.
Capitel de la portada meridional.
 

El oriental cuenta con hojas de seis pétalos inscritas en círculos y el occidental con palmetas anilladas. Los cimacios sustentan el arco con la arista modelada en bocel seguido de dos medias cañas, la primera decorada con rosetas menudas.
En su clave se dispone una figura con báculo y mitra en actitud de bendecir. Domingo Pérez-Ugena identificó a este personaje con el Apóstol Santiago, mientras que Ferrín González consideró que podría tratarse de una representación de Teodomiro, obispo de Iria en el momento en que se produjo el hallazgo del sepulcro en Galicia. Esta arquivolta está abrazada por otra de sección recta, que se apoya en las impostas, y cuya superficie se decora con círculos entrelazados calados. La cenefa de círculos queda interrumpida en la clave, donde se dispone un ángel turiferario. El conjunto lo cierra una chambrana ornada con triple hilera de billetes.
Lo principal de la puerta es la decoración escultórica del tímpano, que se sustenta directamente en las jambas de la puerta. En su interior se representa una barca de tingladillo que navega sobre un mar ondulado.
Representación de la Traslatio del Apóstol Santiago
 

En la barca viajan un cuerpo tumbado y amortajado, rodeado por siete personajes, entre los que destaca el central, cuya cabeza, de mayores dimensiones, rompe con la isocefalia de los seis restantes. La escena se organiza en dos registros: el inferior, donde se labraron el mar y la barca, y el superior, donde se ubican las figuras humanas. El primero destaca por la disposición semicircular de sus elementos, creando una contracurva con respecto a la vuelta del tímpano. El tratamiento de las olas, dispuestas en tres hileras, con su movimiento ondulado acompañando el perfil de la barca, destaca por una plasticidad que contrasta con la superficie de la nave, donde se resaltan los listones rectilíneos propios de las tablazones a tingladillo. En el segundo registro, el centro de la barca se ocupa con el cuerpo del santo, acostado, representado con un volumen inferior al que se dio a sus acompañantes, cuyas cabezas resaltan sobre el fondo.
El tema representado es un pasaje de la Translatio o traslación del cuerpo del Apóstol Santiago a Compostela. Tras padecer el martirio en Jerusalén, los restos de Santiago el Mayor fueron llevados por sus discípulos hasta Jaffa, donde embarcaron en dirección al noroeste de la Península Ibérica para cumplir con la tradición de enterrar al apóstol en el lugar de su predicación. La barca arribó al puerto de Iria, y la comitiva continuó hasta llegar a Compostela, donde se erigió un mausoleo. El relato más antiguo de este pasaje lo hallamos en la Epistola de translatione S. Jacobi, redactada entre finales del siglo IX y comienzos del X y atribuida a un León Papa. En los siglos XI y XII la narración se enriqueció y circuló por Europa en distintas versiones, coincidiendo con el auge de la peregrinación a Compostela. La translatio, fundamental en la justificación del carácter apostólico de la ciudad de Santiago, también se recoge en el Liber Sancti Iacobi o Códice Calixtino. Como explicó Melero Moneo, en la Edad Media se representaron dos episodios de la translatio: el viaje en barca hasta Galicia y las vicisitudes que rodearon el traslado del cuerpo desde Padrón a Santiago. Las representaciones más antiguas se dan entre finales del siglo XII y los primeros años del XIII, y en ellas se plasma el primero de los pasajes citados; no obstante, se trata de una iconografía muy poco extendida. El ejemplo más temprano conocido es una moneda de la ceca compostelana acuñada durante el reinado de Fernando II (1157-1188) aparecida en las excavaciones de la necrópolis de Adro Vello (O Grove, Pontevedra), dirigidas por Carro Otero, y que hoy se puede contemplar en el Museo das Peregrinacións e de Santiago (Santiago de Compostela). En su reverso se representa la barca con dos discípulos y la cabeza recostada del Apóstol. Las otras dos representaciones las encontramos fuera de Galicia, formando parte de sendos ciclos dedicados a Santiago el Mayor: en un capitel del claustro de la Colegial de Tudela (Navarra), labrado entre 1177 y 1188, y en otro de la capilla contigua al ábside central en el transepto norte de la Seu Vella de Lleida, cuya primera piedra se puso en 1203.
Para Ferrín González la escultura del tímpano debe ponerse en relación con los relieves de las dovelas de las arquivoltas de la puerta, de manera que formasen parte de un mismo ciclo en el cual se representan dos pasajes fundamentales de la tradición jacobea compostelana: la translatio y la inventio, es decir, el traslado del cuerpo de Santiago hasta Galicia y el posterior hallazgo de su sepulcro por el anacoreta Pelayo, que fue certificado tras una noche de oración por el obispo Teodomiro. Su hipótesis se sustenta en el parecido que hay entre las imágenes de las dovelas y la representación más importante de la inventio, una miniatura que decora el Tumbo A de la catedral compostelana. En ella el prelado iriense, ataviado con mitra y báculo, se dispone a los pies del sepulcro de Santiago en actitud de bendecir, mientras en el otro extremo un ángel con las alas extendidas extiende un incensario. La unión de ambas escenas y su iconografía nos llevan a apuntar que nos hallamos ante una obra de tradición galaica realizada por un maestro o taller familiarizado con el ambiente artístico y cultural de Santiago de Compostela.

La fachada occidental ha sido reconstruida, pero todavía conserva la portada románica. El vano adintelado se enmarca con dos arquivoltas. La inferior está formada por un arco de medio punto con el perfil labrado formando un grueso bocel, al que sucede una media caña decorada con botones distribuidos en grupos de dos o tres, según el tamaño de la dovela. Esta primera vuelta se apoya en columnas acodilladas realzadas sobre el zócalo corrido de la fachada. Se componen de basas áticas sobre altos plintos prismáticos con bolas en los ángulos exteriores. El fuste de la columna septentrional es monolítico, mientras que el de la meridional se compone de dos piezas. Los capiteles presentan idénticos modelos que los de la puerta sur: con collarino liso y dos registros de hojas pegadas a la cesta, con las nervaduras caladas y las puntas vueltas cobijando una poma. Pero se han eliminado los rostros que destacaban en los ángulos del segundo cuerpo de hojas. Los cimacios también repiten el tipo y la ornamentación vista en el acceso meridional, el norte con palmetas enlazadas y el sur con flores de seis pétalos inscritas en círculos. Como en la puerta sur, se impostan en el muro de la fachada. Dichas impostas sustentan la arquivolta externa, que vuelve a presentar perfil curvo, con un baquetón seguido por escocia decorada por bolas o botones. El tímpano, que apoya directamente en las jambas de la puerta, se compone de dos piezas, la inferior con una inscripción en tres registros que, por su desgaste, no es posible descifrar.


En la iglesia de Santiago de Cereixo han participado distintos talleres que en el último cuarto del siglo XII trabajaron en el entorno de Camariñas y Muxía. En el interior, el tipo de arco triunfal doblado, sostenido por dos pares de columnas, es una solución poco frecuente que en esta zona sólo aparece en los templos de Santa María de Xaviña y San Pedro de Leis. Este modelo de apeo lo encontramos también en San Martiño de Ramil, en Pontevedra. Los capiteles vegetales presentan idéntico tipo y motivos que los de las citadas iglesias y de otros templos de la zona, como San Martiño de Ozón; lo mismo sucede con los canecillos del exterior. En estos casos la referencia última son siempre los talleres gelmirianos que trabajaron en la construcción del transepto y primeros tramos de la nave de la catedral de Santiago y en la portada de Platerías. Para Ferrín González nos hallaríamos ante maestros formados en Compostela que a mediados de siglo, acabados estos trabajos, se dispersaron por distintas zonas de Galicia. El autor o autores de las portadas de la iglesia debieron de llegar a Cereixo después de trabajar en el monasterio benedictino de San Xulián de Moraime, donde realizaron la puerta sur del templo. El esquema compositivo es el mismo para los tres casos y también se repiten algunos de los motivos ornamentales, como son las cenefas de círculos entrelazados –que en Moraime decoran la arquivolta exterior y aquí las basas de las columnas–, las cenefas con palmetas o con flores inscritas en círculos, o el tratamiento de la primera arquivolta del arco que presenta siempre el mismo tipo de molduración y decoración de flores. Otro templo de la zona donde encontramos el mismo esquema de puerta y similares motivos ornamentales es Santa Leocadia de Frixe (Muxía). La escultura del tímpano sur de Cereixo también remite al taller de la puerta sur de Moraime por el tratamiento plástico de las figuras, la composición de la escena o el empleo de temas poco frecuentes en la escultura románica gallega, como son la translatio y la Última Cena. Estos artistas estaban familiarizados con los talleres de la portada occidental de Santa María de Cambre, edificio donde también encontramos ornamentos presentes en estas iglesias de la “Costa da Morte”, como las cadenetas de círculos, que aquí se emplean para decorar los cimacios de algunos capiteles del segundo tramo de la nave central. Los canecillos tienen temas y motivos presentes en iglesias románicas del occidente coruñés, de gran tradición en el románico gallego, como son los canes con acróbatas, lectores e imágenes de contenido sexual, como el de los personajes entrelazados que aparece en templos como San Antoíño de Baíñas (Vimianzo) o San Martiño de Xuvia (Neda, A Coruña).
La iglesia románica de Santiago de Cereixo fue construida por talleres itinerantes que trabajaron en el entorno de la ría de Camariñas y Muxía en el último cuarto del siglo XII. Como señaló Ferrín González, la participación del maestro de la puerta sur de Moraime lleva la datación de sus portadas hacia el 1200, concluyéndose en los primeros años del siglo XIII.

 

Fisterra
El municipio de Fisterra ocupa el extremo occidental de la provincia, a 85 km de Santiago de Compostela tomando la AC-441. Su nombre proviene del latín finis terrae, alusivo a su condición de fin del mundo en los imaginarios antiguo y medieval. Este carácter hace que la zona tenga una profunda carga religiosa y simbólica. Tras el establecimiento de las rutas jacobeas, Fisterra se convirtió en meta de muchos de los caminantes que, tras abandonar Santiago, continuaban hasta el fin de la tierra.

Iglesia de Santa María das Áreas
La iglesia de Santa María se encuentra en un alto junto al mar, en la salida de Fisterra en dirección al faro. El nombre de Areas hace referencia a su cercanía a dos playas arenosas. La iglesia se vincula con el fenómeno jacobeo al ser final de uno de los itinerarios de peregrinación. Así mismo, en el interior se venera la imagen del Santo Cristo, cuya visita se considera complementaria al peregrinaje a Compostela.
El único documento medieval conservado que hace referencia al templo es el testamento de Urraca Fernández, hija del conde Fernando Pérez de Traba, otorgado en 1199, en el que dona ad opus ecclesie sancte marie de finibus terre XXX solidos, lo que atestigua la existencia del edificio en esta fecha. De la fábrica original sólo se conserva la portada occidental, parte del ábside, las columnas de la nave, algunas ventanas y una serie de canecillos en el exterior.
La planta es de una nave rectangular dividida en cuatro tramos, con una amplia capilla mayor con el muro de cierre recto. A lo largo de los siglos se han ido añadiendo diversas capillas. En el muro del lado del evangelio se abren las del Santo Cristo y del Rosario. Frente a éstas se halla una tercera capilla y en el muro sur del ábside se construyó una sacristía. En el extremo occidental se eleva una tribuna y la entrada principal está precedida por un nártex. La adición de estos elementos ha modificado el espacio original del edificio. La capilla mayor se cubre con bóveda de crucería y la nave con techumbre de madera a dos aguas.
Los tramos de la nave se dividen por medio de tres arcos fajones apuntados que apean en semicolumnas entregas con basas áticas y capiteles vegetales. Los del lado norte tienen dos órdenes de hojas anchas rematadas por volutas de clara filiación compostelana. Los capiteles del muro sur son más esquemáticos, con hojas pegadas a la cesta y volutas. Para Ferrín González este tipo de capitel está inspirado en las formas del Císter del siglo XIII.
Interior de la iglesia desde los pies
Interior de la iglesia desde el presbiterio.

En la nave sólo se conservan tres paños murales originales debido a la edificación de las diferentes capillas. En estos muros se abren ventanas abocinadas, dos en el Sur y una en el Norte, rematadas por un arco sencillo. Una cuarta ventana de las mismas características se abre sobre la tribuna en el muro de cierre occidental.
El arco de acceso al ábside es apuntado. Su rosca menor apoya sobre un par de semicolumnas adosadas y la mayor sobre dos esbeltas columnas acodilladas. Todos los soportes son lisos, con basas áticas y capiteles vegetales de origen santiagués, como los vistos en el muro sur de la nave. Los cimacios también están decorados con motivos vegetales que se rizan en el extremo, recordando el tipo de hoja de col de las obras mateanas. En el muro de cierre de la capilla se abre una ventana rematada por un arco apoyado en columnillas estilizadas y capiteles vegetales.

En el exterior, la fachada está atada en sus extremos por dos contrafuertes y se encuentra precedida por una arquería de cuatro vanos de medio punto, cuya techumbre hemos perdido. La puerta de acceso está formada por doble arquivolta de boceles y medias cañas, seguida de un arco decorado con billetes.
Las columnas sobre las que descansa muestran capiteles vegetales rematados en bolas. El tímpano apoya sobre mochetas curvas con el frente acanalado. Sobre la puerta se abre una saetera sencilla junto a la cual apreciamos el escudo de la familia Altamira, patronos de la iglesia.
Muro sur
 

Los muros exteriores de la nave están muy modificados por las campañas de construcción de las diversas capillas. En el muro sur aún se conserva una amplia sección de la iglesia original. Dos contrafuertes se corresponden con los arcos fajones interiores y en la cornisa del tejaroz se conservan diez canecillos de proa de barco y de bolas.
Fachada sur
Fachada norte
Puerta fachada norte
 

En el exterior del ábside, en el muro sur, encontramos canecillos geométricos y un bóvido. El muro de cierre oriental se enmarca por dos contrafuertes en los ángulos y conserva una ventana de medio punto, apoyada sobre dos columnillas acodilladas con fustes estilizados, capiteles vegetales con bolas, basas áticas y cimacios lisos. El arco interno del vano se decora con un bocel que desarrolla hojas rizadas, rodeadas por una chambrana con billetes.

Ventana ábside
 

En la visión exterior del templo observamos cruces de consagración en los muros occidental y oriental, así como inscripciones de difícil lectura en un sillar del muro del testero.
Fachada occidental
Precioso pórtico románico
Portada occidental
Tímpano portada occidental
 

Todo el aparejo del templo es de buena sillería granítica, destacando los sillares de granito rosáceo, que encontramos también en otros edificios de Costa da Morte, como San Pedro de Leis.
Superando el marco cronológico de los tiempos del románico, cabe destacar la talla gótica del Santo Cristo de Fisterra. Fechada en el siglo XIV, es una pieza que destaca por la crudeza de la representación física de la muerte del Salvador.
El Santo Cristo es una imagen muy venerada en la comarca y envuelta en leyendas, por lo que son muchos los peregrinos que desde Santiago caminan hasta Santa María para visitarla. Estilísticamente presenta similitudes con los Santos Cristo de Burgos y Ourense.
Santa María das Areas es un edificio complejo debido a los numerosos añadidos a la fábrica románica. El conjunto que hoy observamos responde en gran medida, en su espacialidad y formas constructivas, a la reforma gótica de finales del siglo XIV o principios del XV. A pesar de ello, ciertos elementos son indudablemente anteriores. Aspectos decorativos remiten al Císter, como los capiteles del arco triunfal, o a las formas de los talleres compostelanos que se desplazaron a la Costa da Morte en la segunda mitad del siglo XII, como los capiteles de la nave, siendo éstos comunes a los de las iglesias de Moraime, Ozón, Xaviña y Leis. Esta fusión de tradiciones, sumada a la presencia de elementos mateanos, como la decoración de hojas rizadas, permiten datar la campaña románica de Santa María das Areas entre los últimos años del siglo XII y los primeros del siglo XIII, en consonancia con la donación de 1199 de Urraca Fernández.

 

Ozón
San Martiño de Ozón se encuentra en el ayuntamiento de Muxía a 67 km de la capital gallega. La iglesia se sitúa pasada la aldea de Quintáns a mano derecha, junto al antiguo camino real que se dirigía desde Berdoias a Muxía, del cual aún se conserva alguna parte empedrada.

Iglesia de San Martiño
La iglesia formaba parte de un antiguo monasterio benedictino. Su origen es desconocido, aunque algunos autores afirman que fue fundado por monjes de Santa Mariña de Tosto. La primera vez que encontramos citado al monasterio en la documentación es en bulas otorgadas a la sede compostelana por los Papas Anastasio IV (1154) e Inocencio III (1178). En 1487 pasa a formar parte, como priorato, del monasterio santiagués de San Martiño Pinario. Según un documento transcrito por el cardenal Jerónimo del Hoyo, a principios del siglo xvii había “dos monjes y es parrochia y el uno hace oficio de cura”.
La planta actual es de una sola nave con cubierta a dos aguas, a la que se adosan dos capillas laterales con cubrición de madera. En la cabecera se conservan dos ábsides semicirculares con tramo recto, con cubierta de medio cañón en éste y bóveda de horno en los hemiciclos. Junto al ábside central, en el lugar que ocuparía el ábside norte, se dispone una sacristía.
La planta original románica debía de tener, sin duda, una organización diferente. Para Ferrín González la nave pudo exhibir una estructura basilical similar a la de la cercana iglesia monacal de San Julián de Moraime, con tres naves y una cabecera tripartita, con tres ábsides semicirculares.

Del interior de la antigua iglesia sólo conservamos las capillas central y sur. En ambas destaca la calidad de sus sillares. En el ábside principal, a pesar de la presencia de un retablo, es visible el arranque de la bóveda, marcado por una imposta en chaflán. El arco triunfal es de medio punto, peraltado y doblado, y descansa sobre columnas de fuste monolítico con basas de tipo ático que, en lugar de garras, presentan piñas y están sobreelevadas por dobles plintos, con decoración de hojas el inferior. Los toros desarrollan una decoración en zigzag similar a la que se puede observar en edificios de la comarca, como San Pedro de Leis, Santa Mariña de Tosto, Santiago de Cereixo y Santa María de Xaviña.
Los capiteles son vegetales. En el capitel sur las hojas son anchas y desiguales, con bolas en los extremos y volutas en la zona superior. El capitel norte presenta un orden de hojas anchas regulares, con incisiones como nervios. En la parte superior se introducen pomas y volutas. Es un tipo de capitel muy utilizado en tramos del transepto y de las naves de la catedral de Santiago. Los cimacios desarrollan una decoración de palmetas entrelazadas y se prolongan por el muro de la nave. El tipo de cimacio es el empleado en los vanos de la girola de la catedral compostelana y la decoración es común en Moraime y Cereixo.
La capilla sur es de menor altura que la central. En el muro de cierre se abre una saetera de medio punto y abocinada. El perímetro de los muros se surca con una imposta. El arco de acceso apoya en dos semicolumnas con basas áticas y plinto. Al igual que las basas de la capilla central, la del sur tiene piñas en lugar de garras, con la diferencia de que el toro se decora con sogueado y no con zigzag. La basa norte tiene pequeñas cabezas en lugar de garras y la decoración de su toro es en zigzag.
Los fustes de las columnas, formados por tres tambores, son de canon corto y lisos. El capitel derecho es vegetal, con hojas rematadas en bolas; el segundo cuerpo, en lugar de hojas, desarrolla tacos. El capitel izquierdo tiene labrado en su cara mayor un cuadrúpedo, probablemente un león. Las caras mayores ofrecen hojas con características similares a las de la capilla principal, aunque más geometrizadas.
En el interior del edificio no se conserva nada de entidad de la primitiva construcción románica del cuerpo de las naves. Sólo cabe señalar que, en el muro de cierre de la capilla, que se abre por el lado sur a la única nave que tiene el templo, persisten, como ha señalado Ferrín, hiladas de sillares con una disposición similar a las presentes en los ábsides.

Al exterior, los ábsides dibujan un perfil semicircular y se sobreelevan por medio de unos cimientos de sillarejo, debido al desnivel del terreno. En el muro del ábside central se abren dos pequeñas saeteras y una ventana decorada con columnillas con capiteles vegetales con pomas, basas áticas y cornisa taqueada. En el ábside sur se abre una saetera sencilla.




Canecillos en el alero de uno de los ábsides.
Canecillos en el alero de uno de los ábsides.
Canecillos ábside central
 

Las cornisas del ábside central conservan una serie de once canecillos. Algunos de ellos son geométricos, predominando los de bolas; un segundo grupo es de carácter antropomorfo, con rostros y monjes sedentes con libros; mientras que el resto son zoomorfos, con un bóvido y un carnero. Mención especial merece un canecillo del ábside central, similar a un ejemplar conservado en Mens, donde Domingo ha querido ver la imagen de un calamar, por su cercanía con el mar.
Ferrín considera que este canecillo utiliza decoración geométrica de entrelazos, influencia del taller de Platerías. En el alero del ábside sur encontramos seis canecillos, con motivos repetidos en el central. Destacan un can similar a un ejemplar de Cereixo y una figura humana sentada tocándose los genitales.
De las antiguas dependencias monacales sólo conservamos un arco apuntado que nace del muro sur de la nave. En este mismo muro se aprecia una puerta con arco apuntado, actualmente tapiada, que es la única muestra del muro original y cuya función era comunicar la iglesia con las dependencias anexas.
El estilo de canecillos y capiteles, tanto exteriores como interiores, revelan la influencia del taller de Platerías. Ferrín considera que un segundo maestro más capaz dejó su huella en algunas piezas, como el capitel del león y algunos canecillos. Este mismo maestro trabajó en la iglesia de Mens. Como ha sido apuntado, Ozón presenta similitudes con otros edificios de la zona, lo que permite pensar en la presencia de un taller itinerante, formado en la catedral compostelana, trabajando en construcciones de la Costa da Morte. Este hecho, sumado a los modelos decorativos, lleva a fechar la construcción entre 1180 y 1190.

 

Xaviña
Es una localidad situada a medio camino entre Ponte do Porto y Camariñas, al abrigo creado por los montes Xesteira y da Insua. La parroquia es conocida por sus playas y paisajes y la actividad económica de la zona sigue siendo de tipo agrícola y pesquera. El templo se erige en la ladera sur del valle, a poca distancia del núcleo de población principal, apartada de la carretera principal a Camariñas pero fácilmente accesible y visible desde ella.
Como suele suceder en los templos parroquiales gallegos, son pocas las noticias conocidas sobre su historia, especialmente para los siglos del medievo. La noticia más antigua sobre Xaviña está en el testamento de Juan Froila, que en 1220 legó a San Martiño de Ozón sus heredades en aquella parroquia. En 25 de julio de 1228 Alfonso IX se detuvo en Xaviña, donde expidió dos donaciones a favor del monasterio de Melón. El monarca había viajado por mar desde Pontevedra a Camariñas y gracias a estos documentos sabemos que ésta fue una de las etapas que hizo en su camino hacia A Coruña. Jerónimo del Hoyo nos informa de que en el siglo xvii se trataba de una parroquia poco poblada y que el monasterio de San Martín Pinario tenía derecho de presentación.

Iglesia de Santa María
El templo presenta estructura de una nave y ábside rectangulares, este último cubierto con bóveda de cañón semicircular reforzada por un arco fajón. Se accede al presbiterio a través de un arco triunfal de medio punto, doblado y ligeramente peraltado, sostenido por dos pares de semicolumnas. El arco interior presenta perfil recto, en arista viva, y el despiece de las dovelas en su intradós es semejante al que encontramos en el del ábside norte de Moraime y en los templos de Leis, Cereixo, Frixe, Redonda y Nemiño. La segunda arquivolta cuenta con doble bocel, separado por una media caña y una chambrana de triple hilera de billetes. La rosca mayor se apoya en un par de columnas acodilladas compuestas de basas áticas decoradas con bolas, fustes monolíticos y capiteles con gruesos collarinos y decoración vegetal de un único orden de hojas planas, con nervadura central excavada, y rematadas en pomas. Sobre estas piezas descansan sendos cimacios cortados a bisel y decorados con rosetas que se impostan en los muros de cierre de la nave. El arco menor se alza sobre columnas entregas menos esbeltas que las del arco exterior, sobreelevadas por un zócalo que recorre el interior de la capilla mayor. Cuentan con basas áticas, fustes divididos en tambores y grandes capiteles vegetales de gruesos collarinos inspirados en el orden corintio. En el capitel de la epístola la primera hilera de hojas presenta el nervio central profundamente excavado, la superficie decorada con hojuelas lobuladas y las puntas enroscadas.
El capitel del evangelio presenta idénticas características, pero ahora las hojas sólo doblan sus puntas, de las cuales penden las habituales bolas. Ambos presentan el mismo tipo de cimacio, semejante a su vez al de la arcada exterior: cortado a bisel y con rosetas de ocho pétalos.
En el interior del presbiterio el elemento reseñable son las columnas adosadas que sustentan el arco fajón, de idéntica sección y luz que la arcada inferior del triunfal. Reposan sobre el zócalo y se componen de basas áticas con plintos rectangulares, el del evangelio decorado con un bajorrelieve de arcos de medio punto entrecruzados. Presentan, además, garras bien conservadas, y en ellas llama la atención el tipo de toro, muy plano, ancho y decorado con hojillas puntiagudas. El fuste de las columnas es monolítico y esbelto, destacando sobre ellas los capiteles con idéntica decoración que los de la arquivolta inferior del arco triunfal, al igual que los cimacios. El arranque de la bóveda se señala con una imposta decorada por gruesos billetes y en el testero se conserva la saetera de derrame interno. La ventana del muro norte es fruto de una intervención moderna.
La nave conserva piezas de su sillería original, aunque los muros se modificaron tras intervenciones modernas que afectaron especialmente a las zonas altas de los muros, muy retocados hacia occidente después de que se rehiciera la fachada occidental. En los muros laterales se abren sendas puertas con vanos de medio punto rebajados y tímpanos lisos visibles desde el interior. En los lienzos norte y sur se conservan dos ventanas similares a las que también presentan el muro de cierre de la nave y el testero, esta última una saetera de derrame interno semejante a las que encontramos en los cierres de San Pedro de Leis y Santa Leocadia de Frixe. Según informa García de Pruneda, a comienzos del siglo XX la nave se cubría con bóveda de cañón y cuatro fajones rectangulares, pero, como señaló Ferrín González, cuesta imaginar una cubierta abovedada dada la ausencia de contrafuertes exteriores y el insuficiente grosor de los muros. Hoy en día, la cubierta descrita por García de Pruneda ha sido sustituida por una cubierta plana a dos aguas.
Muro sur
Muro norte
 

En el exterior el ábside se levanta sobre zócalo y el testero sobresale hacia los laterales. Aquí el elemento más importante es la ventana, que se enmarca con un arco de medio punto abocelado, abrazado por dos arquivoltas de mediascañas, todos sostenidos por columnillas acodilladas con capiteles vegetales. Sobre éstos se disponen sendos cimacios, cortados a bisel y decorados con arquillos invertidos, que se impostan en los muros para servir de apoyo a un arco tetralobulado y a una chambrana con tres filas de billetes que completa la composición. El zócalo continúa en el muro sur del ábside, al que se incrusta uno de los contrafuertes de contrarresto del fajón, dividiendo su frente en dos tramos. Su alero conserva la cornisa románica con cobija recta con el perfil cortado a bisel y sostenida mediante cuatro canecillos –dos por cada tramo– que representan un cuadrúpedo, una hoja apuntada que envuelve una bola, un contorsionista y un rollo vegetal con el eje perlado. La cara norte del ábside desapareció al adosársele la sacristía que, a su vez, presenta la particularidad de incluir en su frente oriental lo que debió de ser una espadaña exenta, con un primer cuerpo macizo que supera la altura de la sacristía, y el segundo cuerpo formado por un único arco de medio punto peraltado.

Cabecera
Cabecera 

El frente norte conserva el acceso adintelado, con tímpano pentagonal sostenido por mochetas lisas y decorado con una cruz patada. A eje con la puerta se rasga una ventana sencilla y sin ornamentación. El alero está sostenido por canes en proa de nave cuya autenticidad pone en duda Ferrín González, dada la evidente reconstrucción que han sufrido la parte alta del muro y su tramo occidental a consecuencia de la erección de la fachada moderna.
No obstante, parece que podría darse una combinación de piezas románicas y otras de factura posterior. El lienzo sur presenta características similares a éste: con puerta adintelada –ahora sin mochetas–, con tímpano de cinco lados decorado con una cruz patada junto a la que se lee la fecha de 1603. Sobre la entrada se dispone otra saetera y en la parte alta el alero presenta diecisiete canecillos de proa.
La tipología de Santa María de Xaviña es la habitual en los templos del rural gallego. El elemento que llama la atención en este conjunto es el arco triunfal doblado, apoyado en dos pares de columnas, una solución poco frecuente en Galicia que en esta zona sólo se emplea en el vecino templo de Santiago de Cereixo. Otras iglesias donde encontramos este sistema de dobles pares de columnas para el triunfal son San Martín de Ramil, en la provincia de Pontevedra, y San Salvador de Balboa, en el municipio de Monterroso (Lugo). Se trata de una solución de origen prerrománico que se puede observar en Santa Comba de Bande (Ourense) y que fue recuperada en una de las etapas constructivas de la cripta del Pórtico de la Gloria.

Capiteles del arco triunfal y del arco fajón
 

La parroquial de Xaviña también presenta similitudes con San Pedro de Leis (en el municipio de Muxía), pues tiene el mismo modelo de ventana empleado tanto en el ábside como en la fachada principal. Xaviña, Cereixo y Leis tienen similitudes en los motivos decorativos y en los temas tratados en sus canecillos, lo que llevó a Ferrín González –principal estudioso de los templos románicos del occidente de la provincia coruñesa– a considerar que habrían sido realizados por los mismos talleres. Además estima que sus maestros se formaron en la basílica compostelana, o junto a un artista que trabajase en ella, dada la filiación que presentan los motivos ornamentales de estos templos con los talleres gelmirianos del transepto y Platerías. Es posible que se tratara de maestros que ya llevaban un tiempo trabajando en la “Costa da Morte” gallega y que conocían además otras referencias, como el monasterio benedictino de Santiago de Mens, con el cual presentan similitudes.
Aquí encontramos la decoración vegetal inspirada en el transepto de la Catedral de Santiago y los canes con motivos inspirados en la fachada sur compostelana, pero también el modelo de ventana con arquivolta, arco tretralobulado y chambrana de billetes. Si tenemos en cuenta el dibujo de la desaparecida fachada occidental románica de Mens que en 1907 publicó Ángel del Castillo, vemos que la peculiar ventana procede de este templo monástico donde coronaba el frente occidental. Los talleres del monasterio benedictino debieron de desplazarse hacia el oeste de la provincia en la segunda mitad del siglo, una vez terminada la iglesia, dejando muestras de su hacer en los aleros de San Fins de Anllóns y A Graña (ambas en Ponteceso), y empleando el vistoso modelo de ventana del frente occidental en las cabeceras de Tallo (Ponteceso), Xaviña y Leis, donde también se imitó la composición de la fachada. Por otro lado, la opción de hacer descansar los arcos doblados sobre dos pares de columnas había sido empleada en la cripta del Pórtico de la Gloria, lo que indica la presencia de soluciones manejadas por los talleres mateanos.
Ferrín González fijó la cronología de Santa María de Xaviña en los últimos decenios del siglo xii, una propuesta con la cual coincidimos tras tener en cuenta las filiaciones estimadas, la aparición de elementos propios del románico tardío, como son las ménsulas en proa de nave, y la cronología de aquellos templos con los que presenta mayores similitudes.

 

 

 

 

 

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