Románico en Cuenca
La repoblación de los territorios conquenses no
llegó hasta que Alfonso VIII conquistó Cuenca y su región, a finales del siglo
XII. El poder musulmán almohade defiende de forma enérgica estos territorios
con una actividad que duró décadas después de la conquista de la ciudad de
Cuenca. Con la definitiva derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa
(1212), la repoblación de Cuenca se estabilizó. Por ello los edificios
construidos en esta época, considerados como románicos, son de características
rurales asociados a los municipios, de cronología muy tardía e influida
estéticamente por las órdenes militares y el Císter.
El románico en Cuenca tiene una intensa
relación con la arquitectura románica del sur de Guadalajara, en la Alcarria
meridional, especialmente en las comarcas de Sacedón. El mismo taller trabajó
en lo que hoy son diferentes provincias si comparamos la estructura de las
portadas y la decoración de capiteles. La presencia de los centros monacales de
Guadalajara ejerció su influencia sobre los territorios próximos, hoy en día
considerados pertenecientes a Cuenca.
Geográficamente, el arte románico en Cuenca se
encuentra diseminado principalmente por el norte de la provincia (Albalate de
Nogueras, Valdeolivas, etc.), aunque hay restos en el centro y sur de la
provincia, como en Arcas y Alarcón, constituyendo algunos de los restos
románicos más meridionales de España.
Para el análisis de medidas y tipos que
realizaremos a continuación he considerado, de forma artificial, conjuntos de
edificios situados en zonas con cierta proximidad geográfica, para agrupar los
edificios que analizamos y comparamos, si bien, haremos, finalmente, unas
consideraciones de carácter general sobre todos ellos.
El románico de Cuenca agrupa obras de gran
sencillez y austeridad que ocupan el territorio de la provincia en un eje que,
partiendo de Cuenca capital, llega al monasterio de Monsalud con dos áreas
diferenciadas, la que llega de Cuenca hasta La Frontera y la que se sitúa en la
proximidad del Monasterio. El segundo eje es el que va desde Cuenca hasta
Alarcón, con una dirección prácticamente norte-sur con Arcas, Mohorte, Villar
del Saz de Arcas, Fuentes, Valeria, Valera de Abajo, Hontecillas, Buenache de Alarcón,
El Cañavate y las iglesias de Alarcón, centro también significativo de
ordenación del territorio. Desde Cuenca, y en dirección sureste, se organiza
otro conjunto de iglesias en la zona comprendida entre las actuales carreteras
de Cuenca a Tarancón y de Cuenca a la Almarcha. En esta zona están Abia de la
Obispalia, Barbalimpia, Villanueva de los Escuderos, Villarejo Seco, Villarejo
de Periesteban, Zafra de Záncara, Mota de Altarejos y Poveda de la Obispalia. En general se trata de obras de una gran
austeridad realizadas con medios sencillos, y con pocas posibilidades de
desarrollo arquitectónico y decorativo. Hay sin embargo, edificios de interés
como Valdeolivas, Albalate de las Nogueras, Cervera del LLano, Ribatajada,
Arcas, Valeria, Alcocer y Huete.
Son edificios con una cierta unidad
constructiva. Se trata, en general, de iglesias de una sola nave, con cabecera
cuadrada o semicircular, espadaña a los pies y portada de ingreso en su fachada
sur. La cabecera suele ser un elemento independiente del resto de la iglesia,
separándose de ella en su interior por un arco triunfal de medio punto. La nave
de planta rectangular, con forma irregular en muchos casos, tiene cubierta a
dos aguas con teja cerámica y estructura de madera que se conserva todavía en diferentes
templos de la provincia. El vuelo de los aleros, de
dimensiones reducidas, se resuelve constructivamente con una o varias roscas
realizadas con teja vuelta. La espadaña es un elemento singular de cada
iglesia, aunque habitualmente se sitúa en el muro de poniente, y tiene remate
triangular con dos huecos para la colocación de las campanas. La puerta
principal de entrada al templo, como único acceso, dadas las dimensiones de los
templos, se sitúa en la fachada sur con el uso de arcos de medio punto
apuntados, variando la elaboración de los mismos, y su decoración como elemento
distintivo y cualificador de cada una de las iglesias. La construcción se realiza con mampostería y
sillares, que en muchos casos son sencillos sillarejos; los sillares utilizados
exclusivamente en los remates de las esquinas. No obstante, la
arquitectura desarrollada por artífices locales no suele incorporar ninguna de
las innovaciones del arte cisterciense y se limita al uso de las formas
clásicas y en sus planteamientos más básicos. Es destacable en el románico de Cuenca su
colección de pilas bautismales románicas y de tradición medieval. Algunas son
sencillas y se decoran con los clásicos gajos y otras tienen una decoración más
rica.
El románico de Cuenca está integrado por una
serie de edificios que pueden considerarse de los más meridionales de España lo
que demuestra que el románico tardío se siguió desarrollando en buena parte de
la España rural durante los siglos XIII e incluso XIV.
Analizaremos a continuación las diferentes
zonas en las que hemos dividido el territorio para tratar de estudiar las
analogías, las referencias de medidas y de elementos tipológicos que se hacen
presentes en cada una de ellas.
Las medidas en el mundo romano se rigen por el
uso del pie capitolino, que, si bien no es
idéntico en todos los lugares, está siempre muy próximo a 29,57 cm. “Los
diversos sistemas de medidas utilizados tradicionalmente en España tienen sus
orígenes en el sistema petrológico romano, instaurado en la Península a partir
del año 197 a. de C. en que quedó culminado el proceso de colonización de su
territorio; Roma impuso en todo su imperio un sistema único de pesas, medidas y
monedas que venía a reemplazar a los anteriores de carácter local, de la misma
manera que impuso un sistema jurídico y un código artístico.” Desaparecido el poder de
Roma, se va a perder también la referencia de su medida, y poco a poco va
cobrando protagonismo la vara como unidad. La vara tiene una dimensión cómoda
para el uso de comerciantes y maestros, intermedia entre el pie y el estado,
vale tres pies y es igual a medio estado. “El primer intento de homologación de
medidas, del que tengamos noticias en nuestro país, se remonta a 1261, en
tiempos del Rey Sabio cuando, con una serie de cartas dirigidas a los
ayuntamientos de algunas ciudades importantes, se intentó paliar la disparidad
existente en los territorios de Castilla”. Se remite a los ayuntamientos
una vara, la llamada vara vieja de Toledo, de aproximadamente 0,906 m que
coincide aproximadamente con la yarda anglosajona. Esta vara coincide
aproximadamente con la empleada en la catedral de Ávila (0,900), la capitolina
(0,8871) para el pie de 0,2957. La vara de Burgos, conocida como vara
castellana, tiene un valor de 0,835905 m y se divide en tres pies y 0,2786 m.
El pie se divide en doce pulgadas de 0,02321 metros. La pulgada consta de doce
líneas de valor 1,934 milímetros y la línea de doce puntos de 0,161 m. En las
Cortes celebradas en Jerez de la Frontera en 1268 se generalizó para todo el
reino de Castilla el uso de las medidas establecidas en los diplomas de Toledo
y León. En las cortes celebradas en el Alcázar de Segovia en 1347 se estableció
la obligación de medir en varas castellanas, siendo probablemente la regla la
vara de Toledo. Utilizaremos como referencia el pie castellano o de Burgos de
27,86 cm para analizar las relaciones entre los edificios de esta zona.
Plano de Cuenca con la división zonal
propuesta en este estudio
Territorio de gran extensión en el que se
presentan un conjunto de edificios que conservan huellas del momento inicial de
su construcción. “La historia no se desenvuelve solo en el tiempo, también
en el espacio. Ya nuestra lengua no deja dudas de que espacio y tiempo se
corresponden indisolublemente. Los sucesos ‘tienen lugar’ en algún sitio. La
historia tiene ‘escenarios’. Hablamos del lugar de los hechos”. Cuenca es un espacio
físico, un espacio geográfico en el que el románico se hace presente. Un
territorio y una arquitectura en la que podemos leer el momento inicial de su
implantación, un espacio en el que leemos el tiempo.
El área del monasterio de Monsalud
(Córcoles. Guadalajara)
En la provincia de Guadalajara se consolidó una
estructura sencilla pero de gran interés, de carácter conventual, con la
presencia de centros religiosos como los monasterios de Monsalud en Córcoles,
el de Ovila (desaparecido y en parte trasladado a EEUU), el de Buenafuente del
Sistal, el de Bonaval y el de San Salvador de Pinilla de Jadraque. En la región
de la Alcarria, inserta en una de las zonas limítrofes más conflictivas del
reino castellano por su proximidad con los taifas de Cuenca, Alfonso VIII decide
la fundación de varios monasterios cistercienses, Monsalud, Bonaval y Ovila,
que tienen un claro carácter político para afianzar sus dominios en la zona del
Alto Tajo, concretamente entre el Tajo y el Guadiela, no sólo ante la
proximidad musulmana sino también con el objeto de reafirmar la hegemonía
frente a familias como los Castro. Se trata de fundaciones pequeñas, de escasa
capacidad económica, volcadas específicamente en una acción estratégica y
repobladora.
En el entorno del monasterio de Monsalud se
construye una serie de iglesias que, en parte, pertenecen en la actualidad a la
provincia de Cuenca: Valdeolivas, Salmeroncillo de Arriba, Salmeroncillo de
Abajo, Albendea, Alcantud, y, algo más al Sur, La Frontera, Albalate de las
Nogueras, Ribagorda, Pajares, Ribatajada y Ribatajadilla, si bien estas últimas
las analizaremos en otro apartado por su proximidad a la capital. Este conjunto
de iglesias se sitúa en un entorno de 10 a 30 km del monasterio de Monsalud, y
tienen también al Norte, a unos 25 km, el monasterio de Ovila, y al Noroeste,
algo más alejado (unos 40 km), el monasterio de Buenafuente del Sistal,
quedando más apartados el monasterio de San Salvador de Pinilla de Jadraque y
el de Bonaval, ambos mucho más al Norte. La proximidad a los tres conventos
antes citados tiene, sin duda, incidencia en las edificaciones que van
surgiendo en su entorno.
La iglesia de la Asunción de Albendea tiene en
la actualidad tres naves con ábside semicircular la central, con los laterales
ocultos por la sacristía y una zona que da acceso a la espadaña. El ábside está
realizado en mampostería, con ventana de aspillera de sillares lisos. La nave
central se separa de las laterales por arcos apuntados que rasgan los muros
intermedios. En la nave de la izquierda, bóvedas de aristas sobre pilastras; en
la nave de la derecha, arcos apuntados, bóveda de aristas excepto la cabecera
que es de terceletes.
En la portada del Este, arco de medio punto
ligeramente abocinada con tres baquetones sobre columnitas. La del mediodía,
arco de medio punto sobre impostas entre dos contrafuertes. Espadaña en la
cabecera del Mediodía con tres troneras, rematados sus ángulos con pirámides de
bola. La iglesia tiene unas dimensiones, en su nave central, de 100 pies de
longitud y 30 de anchura, que coincide con las medidas de los tipos de la zona,
si bien en este caso se ha producido una ampliación de dos cuerpos laterales
con cuatro tramos, cada uno de ellos de treinta pies de ancho configurando
finalmente una iglesia de 100 x 90 pies en sus dimensiones generales,
consecuencia de añadidos de épocas posteriores.
La ermita Nuestra Señora de la Vega, en
Albendea, es una construcción singular en sus trazas y estado actual. En el
ADCCE, 1580, sólo se citan la ermita de San Marcos y la de San Juan. En el
ADCCE Visitas, 1654, fol. 51, se citan San Marcos, San Sebastián y Nuestra
Señora de la Vega con cabecera de bóveda de aristas y cuerpo de iglesia de
madera.
El edificio, de pequeñas dimensiones, es de
traza y composición peculiares. Un cuadrado en el centro de 15 x 15 pies tiene,
en planta, formas semicirculares de diámetro de 15 pies que se cierran con
muros gruesos de 3 pies de espesor en todo su perímetro y que adquieren formas
irregulares en el punto de acceso. La forma total tiene unos 36 x 36 pies.
La bóveda que la cubre arranca a unos 8 pies de
altura y tiene su clave a 16, de manera que se establece así un conjunto de
proporciones equilibradas entre las medidas en planta y sección del conjunto.
La cripta reduce su altura total a 12 pies, y su planta cuadrada –que se hace
irregular– tiene unos 9 o 10 pies de lado. La escalera de bajada ocupa uno de
sus lados, mientras que los otros tres tienen formas irregulares en el terreno
excavado. Externamente, de los restos que quedan en pie, los cilindros alcanzan
en forma recta casi 16 pies de altura, de manera que visualmente las formas
interiores aparecen como de baja altura en una imagen plana del conjunto en la
que sobresalen las formas cilíndricas cubiertas con alturas ajustadas, como
adaptándose a los perfiles del terreno. La ventana en el centro del ábside que
aparece como pequeña perforación en el cilindro central exterior, con una
pequeña ventana cuadrada en la parte inferior, acaba de dar a esta construcción
un carácter simbólico singular. Esta visión se repite en los laterales donde
cada forma semicircular tiene su hueco superior.
La iglesia de Alcantud en el siglo XVI se
encuentra deteriorada y por ello el visitador urge a terminar la portada y pide
que los vecinos ayuden a hacer unos estribos (1588). En el hastial del Poniente
se aprecia la huella de una portada, hoy revocada, y sobre ella se conserva un
tragaluz muy alargado y estrecho con rasgado abocinado y arco por el interior.
Tiene planta de salón con machones de pilastras, arcos formeros, el de los
pies, y el más próximo a la embocadura del presbiterio, apuntados, apoyados en
uno de los lados en ménsula. La cubierta es de bóveda de cañón con lunetos, y
de arista en el tramo de la cabecera. En la izquierda de la cabecera se sitúa
la sacristía. Sus proporciones están en los 100 pies de largo por 40 de ancho,
aunque presenta cambios significativos con respecto a otros modelos de estas
mismas proporciones.
En Salmeroncillo de Arriba la iglesia es de una
sola nave dividida en cuatro tramos por arcos fajones sobre pilastras, con
cornisa de moldura sencilla y bóveda de lunetos. Ábside semicircular al
exterior e interior. La iglesia es de reducidas dimensiones de unos 90 x 26
pies, lo que indica el carácter menos importante del lugar y del templo allí
construido. Las proporciones son similares a los tipos que sirven de
referencia, y la conservación de la estructura rectangular con el ábside
semicircular interior y exterior, indica que apenas tuvo modificaciones después
de su construcción. En la imagen que recoge el Catálogo Monumental de la
diócesis de Cuenca
se conserva todavía el ábside semicircular de la iglesia. En la actualidad,
esta zona ha desaparecido y acaba en forma recta que cierra el tramo anterior
dejando una iglesia de 60 pies de largo por 26 de ancho. Cuando llegan a Salmeroncillo de Abajo, los
visitadores dicen que tenía 40 vecinos y 100 personas de comunión. La iglesia
tiene portada de medio punto coronada por frontón partido. Los muros acaban
superiormente con cornisa de gola y la espadaña es de sillería con dos huecos
de medio punto. En el muro norte se conservan canecillos que, junto con el
ábside semicircular, son los restos de la traza románica del edificio. Tiene
arcos formeros y fajones de medio punto sustentados por pilastras o
contrafuertes interiores que dividen la nave en cuatro tramos y bóveda de
lunetos. La cabecera y las capillas laterales están cubiertas con cúpula.
La escala de la iglesia se corresponde con el
tipo de la zona, con cien pies de largo y treinta de ancho (100 x 30); ha
experimentado transformaciones formales y estilísticas posteriores a su época
de construcción pero conserva la estructura básica originaria. El cuerpo que
sobresale en la cabecera da acceso a la espadaña que apenas sobresale en sus
huecos de campanas sobre la cubierta, lo que indica el crecimiento de la misma
que ha ido dejando este elemento singular absorbido por el resto de la iglesia.
La iglesia de la Asunción de Valdeolivas es uno
de los más importantes monumentos románicos de Cuenca. Su importancia está
relacionada con la cercanía del monasterio de Monsalud en Córcoles (provincia
de Guadalajara).
El edificio ha sufrido diversas vicisitudes en
su construcción y en su posterior conservación. Actualmente tiene dos naves y
no se sabe si hubo una tercera que, por razones de simetría, parece que debería
haber existido. Las dos naves “ambas de esa época, aunque estilísticamente
no de la misma antigüedad, ni de idénticas características, piden, por
simetría, que haya existido, desde que se completó la construcción primitiva,
una tercera nave”. Hay quienes enuncian la
hipótesis de tener originariamente una sola nave y haber experimentado el
crecimiento de las naves laterales en época posterior. En 1964 se tuvo que demoler la nave situada al
norte de la capilla mayor por problemas de estabilidad estructural debidos a su
construcción deficiente y a los problemas de conservación. Esta zona de la
iglesia ya sería del Renacimiento.
La demolición de esa parte hizo que se
construyera de nuevo el cerramiento por el lado norte de la nave principal
–dotándola de soportes idénticos a los que existen en el lado sur– y de la
bóveda de cañón con arcos fajones de nueva construcción. “El emplazamiento
de la portada llevó consigo la reconstrucción del testero de poniente,
retranqueándolo algún tanto con relación a la rasante de la torre, variante que
desgraciadamente no fue favorable para la consistencia de la misma torre”.
La estabilidad de este elemento hizo que, por razones de seguridad, se
desmontaran los cuerpos superiores de la misma y se almacenase el material. Las
diferentes actuaciones han salvado las dos naves románicas de la iglesia.
La torre es de planta cuadrada y con unas
proporciones de altura importante. Con 23,60 m de altura, es decir 90 pies (en
la actualidad), tiene un primer cuerpo que enrasa con el alero de la iglesia y
los restantes sobresalen por encima de ella. La composición de la torre se
realiza con la apertura de los diferentes huecos y el adorno de los mismos.
Tiene dos huecos con arcos de medio punto en cada uno de los lados. En los
cuerpos intermedios están enmarcados por cinta de flor tetrafoliada y
cruciforme, de manera que en cada lado de la torre había cuatro parejas de
troneras. En un sillar de la torre aparece la marca 1211, aunque hay serias
dudas de la autenticidad de la numeración. La torre ha sido restaurada y
consolidada recientemente. En la última restauración ha quedado con cuatro
pisos, el primero liso y los otros tres separados por impostas y con dobles
ventanales apuntados; los de los dos pisos superiores tienen chambranas
decoradas con puntas de diamante.
La parte antigua de la iglesia es la nave de
mediodía, de estilo tosco, que correspondería a un románico inicial. Esta zona
de la iglesia corresponde al tipo de medidas analizado en otros lugares de la
provincia. Algo más de 100 pies de largo y 40 de ancho, con ábside
semicircular, confirman a esta iglesia dentro del modelo que se repite en otros
muchos lugares de la provincia. La solución constructiva es muy singular, con
similitudes a las soluciones utilizadas en la catedral, con bóveda sexpartita,
aunque con soportes de construcción rústica. Alrededor de los pilares gruesos
se colocan columnas cilíndricas de fuste continuo. La parte superior se adorna
con motivos vegetales, especialmente hojas lanceoladas en vertical. Bajo los
ángulos de los cimacios comunes, prominencias ovaladas convertidas en rostros
humanos. Hay algunos elementos singulares, como la ménsula, que representa un
rostro humano entre dos manos extendidas. Estas referencias decorativas
corresponden a la influencia cisterciense de los cercanos monasterios de la
Orden. Esta nave tendría una cabecera que no es la actual y de la que se
conservaría la portada de arco de medio punto escarzado.
La nave principal se realiza con el criterio de
armonizar la búsqueda de la simetría respecto del lado opuesto. Ello confirma
la posibilidad de que esta nave sea posterior a la nave del mediodía que
conformaría la iglesia original. El ábside semicircular es de sillería, con un
tambor que exteriormente consta de cuatro lienzos dividido por tres pilares de
haz formados cada uno de ellos por tres columnas, la del centro algo más
gruesa. El interior del ábside está dividido por una imposta que lo recorre a la
altura del arco triunfal separando la zona baja, semicilíndrica, y la superior,
de cuatro de esfera. Con bóveda de cascarón, conserva unas magníficas pinturas
fechadas en el siglo XIV (entre 1290 y 1325) y de transición entre el románico
y el gótico. Representa a un Pantocrátor, el Tetramorfos y el Apostolado en dos
grupos.
El conjunto de iglesias existentes en la zona
de Valdeolivas presenta cierta dispersión en cuanto a los modelos dimensionales
y constructivos. El referente central de la zona es Valdeolivas, que ya en su
concepción se piensa como un gran edificio, ligeramente superior a los demás
(115 pies de largo), pero con la tipología de planta rectangular y ábside
semicircular.
De arriba abajo, Valdeolivas,
Salmeroncillo de Arriba y Salmeroncillo de Abajo De arriba abajo, Albendea (ermita) y
Alcantud
Las transformaciones, añadidos y cambios de
épocas posteriores nos indican que su presencia sigue siendo un elemento vivo
en el territorio circundante. Será ya en siglos posteriores cuando la iglesia
experimente un mayor deterioro y las restauraciones del siglo XX consolidan un
templo que recoge las modificaciones y cambios de largos siglos de vida.
Salmeroncillos de Abajo, Albendea y Alcantud remiten a los tipos de medidas y
construcciones que se toman como modelos en prácticamente toda la provincia de
Cuenca: planta de 100 x 40 pies, de dimensiones y características constructivas
similares. Las dos excepciones están en Salmeroncillos de arriba (90 x 25 pies
en su trazado original) con una iglesia de reducidas dimensiones, y en el caso
singular de la ermita de Nuestra Señora de la Vega de Alcantud, con su planta
cuadrada y tres ábsides semicirculares y cripta inferior, que constituye un
tipo singular que analizaremos en otros lugares de la provincia.
Son iglesias concebidas con gran sencillez y
que en el trascurso del tiempo se alteran, modifican y adecuan a los nuevos
estilos. Las huellas de sus orígenes nos hablan de los tiempos de su
construcción.
De la frontera a Cuenca
En dirección norte-sur, y ya más cercanas a la
capital, un conjunto de iglesias que desde La Frontera llegan hasta Cuenca
conforman una realidad construida de gran interés.
Albalate de las Nogueras fue un asentamiento
bereber en la Alta Edad Media. Décadas después de la reconquista cristiana se
construyó la iglesia románica de la Asunción que pertenece al románico
tardío del siglo XIII y que perdió su cabecera. Los elementos románicos que
existen en la iglesia actual son la nave de sillería –rematada en bóveda de
medio cañón apuntado y soportada por arcos fajones–, dos buenas puertas de ingreso
–de arquivoltas ojivales– y la espadaña situada en el muro occidental que
define la imagen del conjunto. Bajo ella, un ventanal románico compone este
frente. Hay una buena colección de canecillos, algunos con figuras
antropomorfas. La nave central mide cien por treinta y cinco (100 x 35) pies,
con dos zonas laterales de setenta por quince (70 x 15) pies. El interior de la
nave tiene en su parte más alta 35 pies de altura. La espadaña apuntada,
realizada con mampostería, con dos huecos inferiores y otro central superior,
alcanza más de 20 m de altura, es decir, más de 70 pies, y define de forma
característica la imagen del conjunto. La iglesia de Embid es de una sola nave y de
reducidas dimensiones, realizada con sillares y mampostería en las esquinas.
Tiene un porche en el lado sur donde se sitúa el arco de medio punto que da
acceso al conjunto. La zona semicircular de la cabecera está ocupada por la
sacristía. Cincuenta y cinco por veinticinco pies (55 x 25) en planta y una
altura de treinta pies en el punto más elevado de la espadaña con dos huecos
para las campanas.
La iglesia de La Frontera, antiguamente
parroquia de San Andrés y hoy iglesia de San Pedro, es de una sola nave con
bóveda de lunetos con pilastras y cornisa. El presbiterio tiene cubierta de
cúpula sobre pechinas. En el muro norte hay una portada que no se utiliza, de
arco apuntado, “con derrame en la parte curva apoyado en imposta, formado
por baquetones, alternos con medias cañas y enfundado, el derrame, por cinta de
estrellas y cuadrifoliadas y cruciformes. Año 1200”. La portada principal es
gótica, abocinada con cuatro bandas. Tiene unos ciento quince pies de largo y
cerca de cuarenta pies de ancho con una sección de treinta y cinco pies de
altura interiores que alcanza los cuarenta y cinco en el exterior y cincuenta y
cinco en el cuerpo más elevado del conjunto. El edificio de Mariana es una modesta
construcción. Los muros fueron recrecidos para cambiar la estructura de madera
de la cubierta por la bóveda. En la pared del mediodía quedan restos de
canecillos que llegan hasta el arranque del ábside a la altura que debió de
tener la estructura de cubierta de madera. Las dos fachadas norte y sur tienen
portadas, la de la fachada sur con doble arco apuntado embebido uno en el otro,
y la de la fachada norte con arco de medio punto. El ábside se une con la zona
rectangular de la iglesia con dos cambios de sección. La planta del edificio
tiene noventa y cinco por treinta y cinco (95 x 35) pies, con la parte de la
nave de setenta pies y el resto en el doble cambio de sección del ábside.
La iglesia de Pajares es de planta rectangular
de una sola nave cubierta con artesa “formada por pares tirantes que cruzan
la nave y descansan sobre canes lobulados. Como coronamiento de vano que
constituye la entrada de la iglesia, arco apuntado, de dovelas planas,
encintadas por moldura de escocia con perfil de listel. Ábside semicircular,
sin vano alguno y desprovisto de toda clase de ornamentación. Espadaña que
ocupa todo el ancho de la nave. La fábrica de cal y canto con un enfoscado
burdo que le tapa la llaga”. Es una iglesia de pequeñas dimensiones, de
sesenta pies de largo por veinticinco de ancho, con veinte pies de altura en su
interior que se amplían ligeramente con la cubierta externa. La conservación de
la cubierta de madera con artesa nos habla de la originalidad de la misma y de
una construcción austera en su concepción y en la disponibilidad de medios para
su realización.
En Ribagorda, la ermita de Horcajada pudo ser
la iglesia de un poblado que hubiera en su entorno. Tiene portada sencilla de
medio punto y cabecera de tambor semicircular. Planta de setenta por treinta y
cinco (70 x 35) pies con ábside de unos veinticinco pies.
De arriba abajo, Albalate de las
Nogueras, Embid y La Frontera
La iglesia de San Juan Bautista de Ribatajada
es un típico templo del románico rural de la zona del borde de Guadalajara y
Cuenca. Se construye en el siglo XIII y reproduce la estructura habitual de una
nave (aunque muy reformada y ampliada) y cabecera de semitambor, con aspillera
rodeada de arco doblado y canecillos de diferente perfil. Está construida con
austeridad, salvo la puerta de ingreso del muro sur que tiene un tratamiento
más cuidado con formas equilibradas y detalles decorativos de gran interés.
En el Catálogo de la diócesis de Cuenca se
decía: “en cuerpo que sobresale de la rasante del paramento y rematado en
tejaroz con cornisa actualmente de teja boca-abajo, portada abocinada de arco
apuntado y dovelas planas, con tres archivoltas de baquetones lisos separados
por molduras de esgucio alternantes con baquetillas, teniendo como… Jambas
situadas en derrame, cuyos ángulos estuvieron cubiertos por tres columnas a
cada lado, todas las cuales han desaparecido. En cambio se conservan los tres
capiteles de ambos lados, con forma de cestillo…”. En las imágenes que
acompañan el Catálogo puede verse la portada sin las columnas laterales que han
sido repuestas en una posterior restauración.
Esta puerta mantiene el estilo de la zona,
similar a las iglesias de Arcas, Cervera del Llano, Alcocer (Guadalajara),
etc., es decir, con arquivoltas agudas de finos baquetones y escocias apoyadas
sobre tres parejas de columnas de fustes muy esbeltos rematados en capiteles
vegetales.
Es un edificio de mayores dimensiones que el
tipo de la zona, con casi ciento veinte pies de largo y cuarenta de ancho. En
su sección, la nave alcanza más de treinta y cinco pies de altura, y el remate
de su campanario llega a sesenta y cinco pies en un cuerpo esbelto con dos
huecos de campanas.
La iglesia de Ribatajadilla tiene portada de
doble arco apuntado de dovelas y jambas lisas. Ábside semicircular, rodeada de
machones que la circundan haciendo de contrafuertes necesarios para la
estabilidad y mantenimiento del conjunto y especialmente de la zona del ábside.
Es una iglesia de pequeñas dimensiones, sesenta y cinco pies de largo por
veinticinco de ancho, lo que indica su relativa importancia, con una sección
que en su interior tiene apenas veinte pies de altura con una coronación
exterior de treinta pies.
La iglesia de Sotos conserva elementos
románicos con una portada cegada en el muro norte, con arco de medio punto de
doble baquetón con escocia intermedia y, como pulsera, cinta de cabeza de
clavo. Las jambas están casi destruidas por fallo de los sillares. La portada
está enmarcada por un baquetón vertical que arranca del suelo a cada lado con
una imposta corrida horizontal que une los extremos superiores de ambos
baquetones. Tiene cien pies de longitud y unos cuarenta y cinco de anchura, en
una proporción algo diferente a la tipología tradicional que nos habla de
trasformaciones y ampliaciones de épocas posteriores, al igual que ocurre con
la sección de la nave, que alcanza los cuarenta pies en el centro de la bóveda
de cubierta y externamente su cubierta llega a cincuenta pies de altura. Ábside
de planta de arco peraltado y con señales en el paramento exterior de haberse
recrecido su alzado primitivo de forma muy notable. La torre está a los pies y
tiene dos cuerpos con un hueco por cara, rematados con arco de medio punto.
La iglesia de Torrecilla, de nave alargada,
espadaña y dos portadas de arcos apuntados: la sur se abre al cementerio y la
norte, que es la principal, tiene varias arquivoltas. La cabecera es más
estrecha que la nave y tiene una zona de presbiterio rectangular que se une al
ábside de planta semicircular. Se conservan bien bastantes canecillos. La iglesia mide cien por
treinta y cinco (100 x 35) pies, que en la zona del ábside se reducen a
treinta. Con treinta pies de altura en la coronación de la cubierta a dos
aguas, ofrece una imagen horizontal sobria y equilibrada. Villalba de la Sierra “en 1589 tenía 60
vecinos y era aldea de Cuenca”. Es una iglesia peculiar por el material con
que está ejecutada, piedra de toba. Los datos constructivos nos indican que la
iglesia primitiva tuvo la mitad de altura que la actual, como puede verse en
los canecillos, contrafuertes que llegan a la mitad de la altura actual,
huellas del faldón de cubierta que quedan en el testero de poniente y la
diferencia de aparejos en el ábside.
El ábside es un segmento de circunferencia
arrancando con retallos en los muros. En el muro norte queda una puerta,
actualmente tabicada, y en el testero de poniente hay una ventanilla con arco
de medio punto. Es de una sola nave, con ábside semicircular con una media
cúpula de aristas que enlaza con el arco formero que remata la cúpula central,
de media naranja sobre pechinas. Interiormente la nave está apilastrada con
cornisa corrida y bóveda de cañón con lunetos. La planta del cuerpo central
tiene ciento diez por treinta (110 x 30) pies, con una nave lateral de veinte
pies de ancho que da a la iglesia unas dimensiones finales de cien por
cincuenta (100 x 50) pies. En su interior, una altura de treinta pies con una
proporción equilibrada respecto de la nave principal.
De arriba abajo, Mariana, Pajares,
Ribagorda (ermita de Horcajada) y Ribatajada De arriba abajo, Ribatajadilla, Sotos y
Torrecilla
La iglesia de San Pedro apóstol de Villaseca
tiene planta rectangular de ochenta por treinta (80 x 30) pies. Tiene dos
portadas, la del mediodía resaltada del paramento del muro con arco apuntado.
De una sola nave y cubierta plana. El pueblo tenía cinco vecinos en 1589,
cuando llegaron los visitadores, era aldea de Cuenca y pertenecía al concejo de
Torrecilla.
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
está en Zarzuela, que “en 1580 tenía 90 vecinos y era aldea de Cuenca”.
Cuando el visitador llega a la iglesia en 1733 manda que “al estar indecente
el Sagrario y carecer de fondos, se saquen del Monte de Piedad 25 fanegas de
trigo”. El ábside de la iglesia, de trazado original semicircular, ha sido
modificado convirtiendo el círculo en hexágono. En la fachada de poniente, bajo
la espadaña, hay una puerta cegada de arcos en escalón rehundidos con respecto
al plano general. La planta llega así a tener los ciento veinte pies de largo
con treinta y cinco de ancho, si bien estas modificaciones de la cabecera han
alterado lógicamente sus medidas de longitud. El acceso se realiza por el Sur,
con portada de medio punto adovelada sobre imposta con molduras. La espadaña
está a los pies y tiene dos ojos de medio punto. El muro más antiguo es el
norte, donde se conservan restos de canecillos. Los arranques de la cubierta se
sitúan en torno a los treinta pies, si bien los recrecidos posteriores y la
actual coronación de cubierta llegan a alcanzar los cincuenta pies de altura.
Todo este es un territorio con iglesias que
repiten el tipo dimensional de cien por treinta y cinco pies (100 x 35), en su
planta base, como ocurre en Villalba de la Sierra. Algunos edificios de
dimensiones reducidas, como Pajares y Ribatajadilla, de apenas sesenta pies de
longitud o Villaseca con ochenta o Mariana con noventa pies.
Un conjunto de iglesias que muestran cambios de
épocas posteriores, añadidos ampliaciones o modificaciones que cambian también
sus dimensiones con variaciones, sobre todo, en su cabecera, que hacen que
lleguen a alcanzar unos ciento veinte pies de longitud, como ocurre en La
Frontera, Ribatajada y Zarzuela y elevan sus muros para conseguir un espacio
interior más esbelto.
Edificios que en su sencillez mantienen el
esquema de una nave con planta rectangular acabada en ábside semicircular, como
Pajares, Ribatajadilla y Mariana, con setenta por veinticinco (70 x 25) pies,
los dos primeros, y cien por treinta y cinco (100 x 35), el último.
Otros como Sotos o Villalba de la Sierra
conservan esta planta con lenguajes de épocas posteriores, con cien pies en
Sotos y Villalba, y ciento quince en Ribatajada. La Frontera y Zarzuela han
cambiado la parte final, con cabecera recta en el primero y poligonal en el
segundo, con ciento veinte pies de longitud en ambos casos y cuarenta o treinta
y cinco pies de ancho. Albalate de las Nogueras tiene también planta
rectangular de cien por treinta y cinco pies.
Medidas que permanecen como referencia en las
construcciones de los templos, modelos constructivos de gran sencillez que,
aunque realizados con escasos recursos, consolidan una arquitectura que nos
habla de tiempos difíciles y austeros.
Un territorio que se acerca a Cuenca capital
desde el núcleo de Valdeolivas más próximo a los conventos de Guadalajara, pero
que se ocupa con la presencia de edificios religiosos y núcleos de población
que van configurado este espacio geográfico.
De arriba abajo, Villalba de la Sierra,
Villaseca y Zarzuela
Tierras de Alarcón, sur y oeste de
Cuenca
En la zona sur y oeste de Cuenca están la
Tierra de Alarcón y las comarcas centrales de Cuenca. Hemos considerado en este
territorio las iglesias situadas al sur de Cuenca y en el margen derecho del
río Júcar, que en la actualidad quedan comprendidas entre la carretera que va
desde Cuenca a Motilla del Palancar y la que va desde Cuenca a La Almarcha. En
una posición alejada hacia el Este se encuentran dos enclaves singulares como
son Moya y Campillo Paravientos.
El conjunto de iglesias de este territorio, que
han ido evolucionando con el tiempo y que se trasforman en ocasiones con el
paso de los años, tienen entre sí grandes similitudes desde el punto de vista
dimensional. Ciento diez pies de largo es la medida exacta de Arcas y la
Trinidad de Alarcón, algo menor en Santo Domingo de Silos en Alarcón y
ligeramente superior San Juan Bautista de Alarcón y Cervera del Llano. La
anchura de cuarenta pies es una referencia que puede reducirse en ocasiones o
que se hace mayor cuando los nuevos estilos configuran capillas laterales y
requieren una mayor dimensión, a la vez que el avance en las técnicas
constructivas, pero sigue siendo una medida de referencia. Se define así una
proporción entre anchura y longitud de los edificios que marca un equilibrio
del espacio en sus dimensiones en planta.
Las secciones originales tienen también
cuarenta pies de alto en la clave del arco semicircular de sus bóvedas,
variando cuando éstas han sido modificadas con nuevas cubiertas o soluciones
formales de épocas posteriores. Los ábsides semicirculares son también, cuando
existen, muy similares en sus dimensiones, con veinticinco pies de diámetro,
que establecen así un ámbito recogido y de remate final del espacio que se
presenta como valor constante en todos los templos.
La persistencia de dimensiones, proporciones y
formas resulta una constante en la arquitectura de este momento, dando idea de
los tipos que sirven de modelo para las diferentes construcciones que se
exportan de uno a otro lugar y que tan sólo experimentan ligeras variaciones
por las condiciones de medida y los diferentes maestros que las realizan. Las
diferencias se producen en la ornamentación, especialmente en las portadas, en
las que se hace patente la voluntad de diferenciación y cualificación de algunos
de los espacios. Las arquivoltas apuntadas de los arcos se decoran con
elementos más elaborados y un mayor número de piezas, aunque siempre dentro de
la sencillez de la geometría como elemento de referencia.
En el entorno cercano a Cuenca están la propia
capital, Arcas, Villar del Saz de Arcas, Fuentes y Mohorte.
En Cuenca capital están las iglesias de San
Martín y San Miguel. San Martín es una iglesia de una sola nave con noventa
pies de largo y cuarenta de ancho y cabecera semicircular. San Martín era una
de las trece colaciones, futuras parroquias que servían de base para la
elección “de los cargos concejiles, para la participación política en el
común de los vecinos y para el encuadre religioso de la sociedad cristiana”. San Martín y San Miguel
son los dos edificios más próximos a la catedral, asomándose, el primero, a la
hoz del Huecar y el otro, a la del Júcar. La iglesia de San Miguel de Cuenca se localiza
en una posición privilegiada, en una plataforma en la ladera izquierda de la
hoz del Júcar, junto a la antigua muralla. “Debió de ser construida en el
siglo XIII, con una estructura muy simple, una nave de mampostería que se
cubría con armadura de madera, ábside semicircular y torre a los pies”. Probablemente en el siglo
XV se le añadió otra nave en el lado norte que se cubrió también con un
artesonado mudéjar. Las demandas de usuarios en las iglesias conquenses hacen
que se pase en ocasiones de una a dos naves y finalmente en algunos casos a las
tres. La iglesia conserva restos de la fábrica medieval en el presbiterio y
ábside hasta la altura de la primitiva cornisa, con canecillos que todavía son
visibles. Fue Esteban Janete el que recreció la iglesia en el XVI para poder
colocar en la cubierta una bóveda elíptica que se apoya sobre pechinas en el
lado del arco triunfal. La iglesia fue cedida al ayuntamiento de Cuenca en
1959, y Fernando Chueca rehabilitó el edificio y acondicionó el entorno del
mismo para usos culturales. La nave central mide ciento diez por treinta
(110 x 30) pies, y la lateral ochenta por treinta (80 x 30) pies, dejando libre
el ábside semicircular. En su interior tiene treinta y cinco pies de altura en
la parte superior de la bóveda.
Cerca de Cuenca está la Iglesia de Mohorte
dedicada a la Natividad de Nuestra Señora, con ábside semicircular que presenta
signos de haber sido reconstruido en épocas diversas. Tiene una sola nave, con
arco triunfal y bóveda de cañón. La pila bautismal tiene soga en la parte baja
y cenefa en zigzag en la parte superior. Ciento cinco por treinta y cinco (105
x 35) pies en planta, con ábside semicircular y espadaña que supera los 45 pies
de altura.
La iglesia de Fuentes, dedicada a la Asunción
de Nuestra Señora, estaba en una localidad de apenas 50 vecinos con escasos
recursos en 1588. La iglesia, aunque trasformada, conserva elementos románicos
significativos y de gran interés. El ábside semicircular ha sido elevado a
mayor altura que en el trazado original. En el frente del ábside hay una
ventana románica, de proporciones alargadas, y profunda con tragaluz en el
fondo y enmarcada por arco de medio punto. En el lateral del mediodía también
se conserva una ventana románica con una espléndida decoración “quizás la
más suntuosamente decorada de toda la diócesis”. La portada principal es
también de medio punto, con dobles columnas a cada lado. La iglesia tiene tres naves y cuatro tramos y
aparece cubierta con bóveda de arista. Mide cien pies de longitud en su nave y
veinte más en la zona del ábside. La nave central tiene treinta pies de ancho,
pero con las dos naves laterales el conjunto adquiere grandes dimensiones, con
un ancho total de setenta pies con dos lados no paralelos. El lado sur –aunque
la iglesia no tiene una orientación norte-sur y está ligeramente girada respecto
de esta posición– no es paralelo al norte. La altura de la nave tiene en el
centro de la bóveda unos veinticinco pies, con un interior de dimensiones más
recogidas.
Arcas tiene una iglesia de gran calidad
arquitectónica, singular por varias razones. Su planta es similar a la de
numerosas iglesias de la misma época de la provincia de Cuenca, cubierta de
madera totalmente nueva, capilla adosada por el Norte, fundada por García del
Corral en 1623, según la inscripción del entablamento de su portada. Aunque
Arcas no dejó de ser una pequeña aldea durante la Edad Media, se cree que
pudiese ser la antigua Ercávica, sede episcopal visigoda, lo que pudo favorecer
la construcción de una importante iglesia. La iglesia de Nuestra Señora de la
Natividad es un templo románico de transición de gran calidad Tiene una nave
rematada en cabecera con presbiterio recto y ábside semicircular. Planta rectangular
irregular, ya que sus dos lados longitudinales no son paralelos, con un ligero
giro entre el eje del ábside y el eje de la planta del espacio principal de la
iglesia. La nave tiene 19,80 m de longitud y transversalmente tiene dos lados
de 7,67 y 8,35 m, de manera que se hace más ancha en su proximidad al ábside.
Es decir, setenta y cuatro pies de largo por treinta pies, que nos da una
proporción 1-2,5 entre longitud y anchura. Los muros, de importante grosor,
tienen 3,5 pies. El ábside, de 6,5 x 4,2, es de planta cuadrada y
posteriormente la zona semicircular de 6 m de diámetro. La altura, de 6,36 m en
su centro, de la zona del ábside le confiere unas proporciones casi cuadradas a
este espacio Tiene dos pilas bautismales, una a los pies de la
iglesia, con vaso agallonado y franja superior de dientes de sierra con soga en
el borde, y la otra en el atrio, con vaso de gallones y franja superior dentada
con cruz encerrada en círculo flanqueada por dos rostros. La forma en la que la espadaña se sitúa en la
iglesia es peculiar e introduce una singularidad en la concepción de la misma,
que cobra una importante presencia urbana. La espadaña se desarrolla como
elemento autónomo, perpendicular al edificio, con acceso por una escalera que
sube paralela a la nave. Debajo de la espadaña, un arco da acceso a la ciudad
interior. La puerta meridional es muy interesante y similar a otras portadas de
Guadalajara y Cuenca, sobre todo a la de Alcocer. Tiene cinco arquivoltas apuntadas
y abocinadas con baquetones y escocias, apoyadas por otros cinco pares de
columnas con capiteles con decoración vegetal.
Por sus medidas y proporciones, por la
decoración cuidada y, sobre todo, por una presencia urbana peculiar, el
edificio no es un volumen aislado como otros situados en el entorno rural, sino
que se presenta como pieza integrada en el conjunto urbano con la figura
singular de su espadaña que funciona como acceso y encuadre del resto de la
ciudad.
Villar del Saz de Arcas es una iglesia de nave
rectangular con cielo raso, arco triunfal de piedra y portada de arco de medio
punto de doble arquivolta lisa. El ábside semicircular tiene imposta corrida de
sección triangular en el que se aprecian cambios de aparejo que nos hablan de
alteraciones de su altura originaria. Un edificio de reducidas dimensiones de
ochenta por treinta (80 x 30) pies, con una altura de veinte pies que apenas
llega a los treinta en la coronación de la espadaña.
Alarcón, ejemplo de plaza fuerte medieval, se
encuentra situado al sur del territorio que estamos estudiando, marcando el
borde del mismo. Aunque fue ya poblado por celtíberos y romanos, es en la época
de guerras entre musulmanes y cristianos cuando alcanza mayor relevancia. Fue
árabe dependiente de Toledo en 784 y allí murió el moro El Ciego y se hizo
fuerte Omar Ibn Hafsón. Alfonso VI la conquistó temporalmente en 1085 y
finalmente fue Alfonso VIII quien la conquistó cediendo el castillo a la orden
de Santiago y posteriormente a sus moradores como agradecimiento por su ayuda
en la batalla de las Navas de Tolosa.
De arriba abajo, Cuenca (San Martín),
Cuenca (San Miguel) y Arcas
La iglesia de Santo Domingo de Silos, con
ábside circular y portada meridional de arquivoltas apuntadas y tres parejas de
columnas, tiene una nave con ventana de aspillera. La planta se diversifica con
la presencia de elementos singulares: la capilla situada en el muro norte está
cubierta con bóveda de crucería de cinco elementos, triangular el del centro.
Existen huellas de pintura negra en el arranque de la bóveda en todo el
recorrido de la misma. En el lado derecho, la sacristía, de planta cuadrada, que
en su día estuvo cubierta por cúpula. En el arcosolio de la izquierda hay un
calvario a carboncillo de buena traza; en los laterales de la izquierda un
obispo de pontifical y San Cristóbal en el de la derecha. De la bóveda quedan
solamente los arcos fajones. Las fotografías de finales del siglo XIX del
Archivo Ruiz Vernachi muestran el estado del edificio en ese momento ya muy
deteriorado. Portada protogótica abocinada con cuatro arcos de bocel, jambas de
tres columnas, capiteles de tronco de cono invertido y la superficie de finas
estrías desarrolladas en ondas. En el frente, tablero de arquitos de herradura
con cinta de cabeza de clavo o roseta cuadrifoliada, formando una cruz sus
pétalos.
A los pies del templo, torre de base cuadrada
de tres cuerpos separados por impostas y rematado por cornisa de sección de dos
baquetones, sustentando gola y doble tronera por lado, con arco de medio punto
para las campanas. Está declarado Bien de Interés Cultural. Se acondicionó en
1994 como auditorio y sala de exposiciones, y su proyecto de restauración es
Premio Nacional de Arquitectura del año 1984, concedido por la Dirección
General de Arquitectura del MOPU. Conserva todavía la portada y el ábside románicos,
siendo la primera el pórtico más antiguo de la villa. Era la más humilde de las
cinco parroquias que llegaron a existir en la villa de Alarcón. Planta de cien
por treinta y cinco (100 x 35) pies, con un ábside semicircular y dos cuerpos
de planta cuadrada en la cabecera. La torre alcanza los setenta pies de altura.
También en el cementerio se mantiene en pie la
cabecera de la ermita de la Virgen de la Orden. La Ermita pertenecía en parte
al antiguo Hospital de la Orden de Santiago fundado en el siglo XII, tras la
conquista de Alfonso VIII a los musulmanes. En ella también intervienen
caballeros de la Orden de Santiago. Por desgracia, del Hospital no queda más
que algunos restos y parte de la ermita que había adosada a sus muros. El
edificio está integrado en el cementerio, y actualmente sólo conserva el ábside
de estilo románico. Tiene sesenta y cinco pies de largo y veinticinco de ancho.
La Iglesia de San Juan Bautista fue restaurada
en su exterior en 1968 por la Dirección General de Arquitectura. Actualmente es
un Centro de Arte Contemporáneo con pinturas murales de Jesús Mateo. Su planta,
de forma rectangular, tiene ciento veinte por sesenta (120 x 60) pies y otros
sesenta pies de altura en la coronación de la cubierta de la nave.
La parroquia de la Trinidad tiene también una
nave primitiva del siglo XIII, posiblemente cubierta con nave de ojiva, y
cabecera de tres lados por los restos de arranques que quedan en el muro,
aunque no quedan restos de esta parte, ni siquiera de los cimientos ya que la
iglesia está cimentada directamente sobre la roca, aunque los edificios de este
momento tienen ábside semicircular. La nave posterior del lado del evangelio se
amplió en el siglo XV rompiendo el muro, colocando nuevos pilares y realizando
bóveda de crucería en la cubierta. El edificio evoluciona en el siglo XVII con
la construcción de la capilla en el lado del evangelio, cubierta con cúpula. A
los pies de la nave originaria tiene una torre de tres cuerpos. A los dos lados
de la entrada, dos capillas de planta rectangular. El estudio de la diócesis de
Cuenca presenta un análisis de los períodos constructivos de este edificio y
analizando la parte original del edificio encontramos que la dimensión de
longitud del templo es de ciento diez pies, con una nave estrecha de treinta
pies de ancho. Las trasformaciones posteriores duplican estas dimensiones,
manteniendo la longitud pero llegando con la segunda nave y las capillas al
lado del acceso a sesenta pies de ancho en el edificio actual.
Más al Sur están Buenache de Alarcón,
Hontecillas y Valeria.
La iglesia de Buenache de Alarcón, dedicada a
San Pedro Apóstol, tiene una planta compleja, resultado de añadidos de
diferentes momentos. La nave central, de ciento veinte por treinta (120 x 30)
pies, tiene dos laterales de noventa por veinte (90 x 20). La nave principal
tiene ábside semicircular con saetera estrecha que puede ser referencia de su
época inicial. El cuerpo de la iglesia tiene techumbre de artesa, excepto en la
cabecera de los laterales, que tiene bóvedas de terceletes, la del Sur, y crucería,
la del Norte. A ambos lados de las naves laterales se construyen capillas en
planta de cruz que acaban conformando un conjunto singular, tanto en su visión
exterior como en los espacios internos del templo.
De arriba abajo, Villar del Saz de
Arcas, Fuentes y Mohorte De arriba abajo, Alarcón (Santo Domingo
de Silos, San Juan Bautista y ermita de la Virgen de la Orden)
De las tres naves que tuvo la iglesia de
Hontecillas se conserva solo la central, una de las iniciales ha desaparecido y
la otra se ha convertido en zona de sacristía. Tiene unos cien por treinta (100
x 30) pies en su zona central, con ábside de tres lados que sobresale
ligeramente de la línea de cierre del testero.
Valeria fue ciudad importante, según las excavaciones
arqueológicas que se desarrollan en su proximidad. En época visigoda fue cabeza
de obispado y así sus prelados solían estar presentes y suscribir las Actas de
los Concilios de Toledo. Estuvo rodeada de murallas en aquellos tiempos, hasta
la Edad Media. No distante de Valeria pasaba la calzada romana que iba de Utiel
a Zaragoza. En tiempo de los godos fue elevada a silla episcopal y quizá fue
derruida por Almanzor. La Iglesia de Nuestra Señora del Asey de
Valeria tiene tres naves con una central de ciento veinte por treinta (120 x
30) pies. La existencia de un edificio de cierta monumentalidad en una
población pequeña se explica por la dignidad de sede episcopal alcanzada en
épocas anteriores. En la observación detallada de los materiales de su
construcción se puede apreciar la reutilización de materiales procedentes de
las ruinas romanas. La iglesia tiene planta basilical de tres naves con una
cabecera triple de ábsides semicirculares, destacando el central con mayores
dimensiones. Si el central tiene ciento veinte por treinta (120 x 30) pies, los
laterales tienen ciento diez pies de largo y algo más de veinte de anchura. La
separación de los cuatro tramos de las naves está marcada por arcos apuntados
que arrancan directamente del muro. El acceso a los ábsides se realizaba a
través de unos arcos, actualmente desaparecidos, de los que se conservan las
pilastras. Conserva los canecillos de época románica.
En una zona alejada en el extremo de la
provincia están los núcleos de Carboneras de Guadazaón, Moya y Campillo
Paravientos.
Carboneras de Guadazaón tiene iglesia que
conserva el ábside semicircular de su traza primitiva. Hacia el poniente tiene
un muro almenado. Interiormente tiene tres naves con techo de artesa realizado
en fecha reciente. La arcada románica “y las pinturas románico-bizantinas
del interior del casquete son de época reciente, excepto una pintura en el muro
del fondo de uno de los arcos…”. La nave central, con ábside semicircular,
tiene noventa por treinta (90 x 30) pies y su espadaña, rematada con frontón
triangular, llega a los sesenta y cinco pies de altura.
La iglesia de Campillo Paravientos, de
reducidas dimensiones –noventa por veinte (90 x 20) pies–, tiene restos de una
antigua edificación en el arco de entrada, arco de triunfo. La espadaña alcanza
los cuarenta pies de altura, con veinte pies de ancho (casi el mismo ancho de
la iglesia) y con dos huecos.
La villa de Moya está en lo alto de un
promontorio rocoso que tiene en su parte superior una plataforma que se
extiende de Norte a Sur, con una longitud máxima de seiscientos metros y una
anchura media de ciento seis. En esa localización se formó un conjunto de
casas, adosadas a sus murallas y con calles estrechas y reducidas, exceptuando
las viviendas nobles, las iglesias y los conventos. A finales del siglo XIX
pudo llegar a 1.200 habitantes. Moya tuvo en su momento seis parroquias, un
convento de monjas franciscanas y otro de frailes franciscanos. De la iglesia de San Pedro, unida al convento
de franciscanos, sólo se conservan restos. San Bartolomé se destruyó en su
totalidad por un incendio, y San Miguel es ahora el cementerio del arrabal. De
San Juan se conserva sólo una de sus paredes. Santa María la Mayor es la más
antigua de todas, construida con sillarejo. En su estructura puede verse cómo
tuvo en su momento ábside semicircular y cubierta de madera. Tiene espadaña de
un hueco y una torre en los pies con tres huecos de medio punto. Su planta rectangular
tiene noventa por cuarenta (90 x 40) pies con dos naves laterales estrechas de
diez y quince pies.
Es éste un amplio territorio situado al sur de
la capital en el que podemos distinguir tres espacios diferenciados: uno de
ellos, el próximo a la ciudad de Cuenca, con las iglesias de San Martín y San
Miguel y las iglesias próximas de Arcas, Villar del Saz de Arcas y Mohorte. La
calidad arquitectónica de edificios como el de Arcas y su singularidad
arquitectónica nos hablan de la importancia de este conjunto construido.
Edificios que presentan, por otra parte, una unidad en cuanto a medidas y
proporciones, conformando un tipo de ciento diez por treinta y cinco pies en su
planta y ábside semicircular. Otro foco singular por su condición de ciudad
defensiva lo constituye Alarcón, con templos que evolucionan y se trasforman en
épocas posteriores. En una zona intermedia, Valeria, que con su antigua
tradición de época romana y visigoda consolida su importancia en el conjunto de
poblaciones, especialmente en la iglesia de Nuestra Señora del Asey. En la zona
próxima a Cuenca las plantas rectangulares con ábside semicircular y una nave
están presentes en San Martín de Cuenca, Arcas, Villar del Saz de Arcas y
Mohorte, con medidas entre cien y ciento diez pies de largo y treinta y cinco
de ancho. En San Miguel y Fuentes se produce la ampliación con naves laterales.
En Alarcón, Santo Domingo y la Trinidad tienen la nave de cien pies por treinta
y cinco. La planta de Buenache se hace especialmente compleja sobre la nave
central de ciento veinte pies de largo. Y en la zona central del territorio,
Valeria, con la ermita de cien por treinta pies que repite el tipo con la
máxima simplicidad frente a la gran iglesia de Nuestra Señora del Asey con sus
tres naves, la central de ciento veinte por treinta pies, que en sus
proporciones acentúa la perspectiva de la visión de su espacio interior.
Si las medidas y las plantas establecen la
unidad de formas y tipologías que se repiten, las decoraciones y elementos
singulares de los templos dejan lugar a los diferentes talleres que trabajan en
la zona, a subrayar la peculiaridad de cada lugar y las habilidades del maestro
que lo realiza. Las portadas de Arcas comparadas, por ejemplo, con las de
Alarcón o la de Cervera, establecen estas diferencias y peculiaridades de los
templos de este territorio que en su austeridad busca la calidad en aspectos esenciales
como el acceso al conjunto.
De arriba abajo, Hontecillas, Valeria
(Nuestra Señora del Asey y ermita de Santa Catalina) De arriba abajo, Moya (Santa María la
Mayor), Campillo Paravientos y Carboneras de Guadazaón (Santo Domingo)
La zona sureste de Cuenca
Limitada por la carretera de Cuenca a Tarancón
y la que va de Cuenca a la Almarcha, es una zona donde surgen pequeñas iglesias
que se trasforman con el paso del tiempo. En la zona cercana a la capital, los
pueblos de la Obispalía como Abia de la Obispalía, y Poveda de la Obispalía.
Por encima de la línea Este-Oeste, Jábaga, Caracena del Valle y Huete.
La iglesia antigua de Abia de la Obispalía
tiene planta rectangular con muros de mampostería y sillares en las esquinas.
Con ábside semicircular y portadas en las fachadas norte y sur de arcos de
medio punto con arquivoltas. Hoy se encuentra en el cementerio y carece de
techumbre. La planta mide noventa pies por treinta de ancho, y la torre, que se
sitúa en uno de los extremos, ocupa otros treinta pies de largo, con lo cual se
configura una planta alargada de ciento veinte por treinta (120 x 30) pies. Este
efecto de proporciones longitudinales se acentúa con la altura de la torre, de
setenta pies, situada en su extremo.
Barbalimpia tiene planta de ochenta pies por
treinta en la nave principal, que se amplía en uno de los laterales con otros
quince pies de ancho. La espadaña situada a los pies alcanza los cuarenta pies
de altura. La visita de 1580 indica “mampostería de dos naves, cubiertas de
madera”. En el libro de visitas de 1742 se dice: “Se ha hecho la
espadaña y se está haciendo el pórtico”. La iglesia tiene interiormente
bóveda de cañón sobre columnas de baja altura (apenas 10 pies). La zona
cubierta en un lateral ocupa lo que debió de ser en su momento la segunda nave.
La portada de medio punto está rodeada de estrellas cuadrifoliadas, enmarcada
por dos pies derechos laterales que superiormente tienen imposta.
Caracena del Valle tiene iglesia prácticamente
abandonada, de una sola nave con ábside semicircular y ventana aspillera en el
centro. La unión de la nave con el ábside se resuelve con un doble resalto.
Tiene ciento diez por treinta y cinco (110 x 35) pies de dimensiones totales,
con una zona de presbiterio y ábside grande, de unos cuarenta pies, dejando los
setenta restantes para la nave. El arco a la entrada del ábside, muy
ligeramente apuntado y de doble rosca, “es ejemplar de especial interés
dentro de las muestras que poseemos de este estilo”.
La iglesia de Cervera del Llano conserva una
portada en el muro meridional, de sillería con tonalidades rojizas y rosadas,
con tres amplias arquivoltas ligeramente apuntadas constituidas por alternancia
de baquetones y escocias (muy erosionadas por el tiempo). Las arquivoltas
apoyan sobre cuatro columnas cuyos capiteles llevan esculpidos una especie de
red de panal de abeja y helechos, que finalizan en volutas y pomas. De cada
columna parten dos arquivoltas de baquetón. En el plano interior, una banda plana
con el borde ligeramente ondulado. El arco es ligeramente apuntado y el
conjunto es de gran sencillez. La planta de la iglesia tiene las proporciones
de las restantes de la zona, con cien pies de largo y treinta de ancho, con
cinco tramos cubiertos con bóveda de lunetos y el ábside cubierto con cúpula de
media naranja. En 1569 se describe la iglesia de “paredes de mampostería,
techo de madera, retablo de talla pintada, cabecera de piedra, capilla
delantera atajada con reja de palo y torre de tipo viejo”. Las
transformaciones posteriores eliminan la cubierta de madera para construir las
bóvedas. Su planta rectangular nos habla de transformaciones importantes y de
actuaciones en épocas posteriores.
En Cañavate tiene iglesia de tres naves, con
una central de ciento veinte por treinta (120 x 30) pies y dos laterales de
unos veinte pies de ancho. A los pies tiene una torre elevada de cien pies de
altura, con el cuerpo cilíndrico adosado y visible en la volumetría exterior.
En el libro de visitas de 1581 se reseña “tres naves de mampostería, cubierta
de madera. Tiene buena torre de mampostería”. Ábside semicircular y, adosado al
arranque del mismo por el mediodía, cuerpo de edificio con bisel y canecillos
sencillos, restos probablemente de la nave primitiva de la época del ábside. A
ambos lados de la nave central, naves de veinte pies de anchura con un cuerpo
cuadrado final que enmarca a ambos lados el ábside semicircular.
La iglesia de Hortizuela es de una sola nave de
setenta por treinta (70 x 30) pies. “Tal vez sea esta la muestra más
completa de los edificios religiosos de la época de la Reconquista de Cuenca”.
Una pequeña espadaña, con dos huecos, apenas llega a los treinta pies de
altura. La sencillez de su planta y la forma del remate del ábside hacen que
sea todo un modelo de tipología de iglesias de la zona.
La ermita de la Virgen de la Cuesta de Huelves
tiene una planta con tres ábsides semicirculares en el cabecero y en dos
laterales. En la entrada, los arcos se apoyan sobre columnas pareadas con podio
común. Interiormente se cubre con bóveda de un cuarto de naranja. La planta
tiene ciertas semejanzas con la ermita de Albendea en su trazado. Ésta tiene
cuarenta y cinco por cuarenta y cinco (45 x 45) pies, sobre un cuadrado
interior de catorce por catorce (14 x 14) pies. Sobre esta base central se
configuran los tres elementos semicirculares en tres de sus lados, dejando el
acceso en el frente recto. El espacio central alcanza los treinta pies de
altura, y los laterales unos veinte.
La cabecera de Santa María de Atienza de Huete ha sido considerada como
protogótica. De cinco lados, con los entrepaños convertidos en ventanales
ajimeces de arco apuntado. La cabecera tiene cuarenta pies de ancho y cuarenta
y cinco de largo, lo que indica la existencia de una importante estructura construida
en el resto del edificio. La presencia de las ruinas en medio del entorno
natural le confiere un valor simbólico peculiar. La iglesia actual de Jábaga es una “construcción
de mampostería con sillares en las esquinas y zócalo saliente. Resto del
edificio románico con dos elegantes huecos para campanas con arcos de medio
punto, tapiados, sobre los que se levantó la espadaña con molduración idéntica
a la de la portada”. Tiene una sola nave dividida en cuatro tramos. Ciento
diez por cuarenta y cinco (110 x 45) pies en la nave y cincuenta pies de altura
en la espadaña actual.
De arriba abajo, Abia de la Obispalía,
Barbalimpia, Caracena del Valle y Cervera del Llano
En Monreal del Llano, la iglesia de la Asunción
de Nuestra Señora tiene tres naves, las laterales más bajas que la central, con
arcos fajones de medio punto. Sesenta por cien (60 x 100) pies en el exterior
del ábside semicircular. Torre cuadrada que cubre el ancho de la nave central
con cubo cilíndrico adosado por el exterior y rematado con casquete esférico
donde se sitúa la escalera de caracol de acceso al campanario. Alcanza los
ochenta pies de altura en la base de la cubierta superior.
De Mota de Altarejos, en el Libro de visitas de
1569 se decía: “el retablo de talla y pincel, las paredes son de piedra, el
techo de madera, no tiene torre…”. De una sola nave, con planta rectangular
de noventa por veinticinco (90 x 25) pies, arco de medio punto con moldura en
el intradós. La espadaña llega a cuarenta pies de altura. Planta rectangular
con uno de sus lados inclinados en la parte final de la construcción que se
cierra con veinte pies de anchura.
La iglesia de Santiago Apóstol de Naharros,
restaurada, es una de las mejor conservadas del románico rural de Cuenca.
Originalmente era un templo de una sola nave rematada en cabecera, formada por
presbiterio rectangular y ábside semicircular en planta. El material de la
fábrica es básicamente mampostería, aunque con sillares de refuerzo en las
esquinas. La única alteración importante que ha sufrido el primitivo templo
románico la constituye la torre, a modo de cimborrio, construida en época
posterior, sobre el presbiterio. La planta tiene noventa por treinta y cinco
(90 x 35) pies e interiormente tiene una altura reducida, con poco más de
veinte pies en la coronación de las bóvedas.
La puerta de acceso al templo de Naharros se
encuentra ubicada en el muro meridional. Tiene tres arcos en derrame
construidos con dovelas de sillería de arista viva, rematados por tejaroz, con
canecillos de perfil de nacela, que apoya en ocho modillones de cabeza. Dos
ventanales románicos de arco de medio punto, sobre columnillas con capiteles
con hojas ovaladas esquemáticas, se sitúan en los muros meridional del
presbiterio y del hastial occidental. La planta es de tres tramos y una
cabecera acabada en forma semicircular, con dimensiones reducidas, unos ochenta
pies de largo por treinta de ancho, pero en su sencillez y dimensiones
incorpora elementos singulares y cuidados, como su portada.
En Poveda de la Obispalía, la iglesia de
Nuestra Señora mide noventa por cuarenta (90 x 40) pies y está construida con
mampostería y sillares en las esquinas. Portada románica con arco doblado. La
espadaña, construida con sillería, alcanza los cincuenta pies de altura, con
dos huecos. En el interior se observa el ábside plano, bóveda de arista en la
nave y cúpula octogonal en el crucero. En 1579 se reseñaba como iglesia “de
mampostería, cubierta de madera vieja. Tiene 100 vecinos”. Su espadaña, con
dos huecos, alcanza los cincuenta pies de altura.
La iglesia de San Bernabé de Rozalén del Monte
tiene distintos estilos que muestran su evolución a lo largo del tiempo. Planta
rectangular de una sola nave con ábside semicircular con una estrecha aspillera
y, a la altura de la primitiva cubierta mucho más baja que la actual, restos de
canecillos. Los arcos fajones y formeros se apoyan en pilares sin cornisa ni
capitel. Los tres primeros tramos tienen bóveda de medio cañón. Planta de cien
por cuarenta y cinco (100 x 45) pies, con torre que alcanza los sesenta pies de
altura.
La iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de
Santa María de los Llanos tiene ábside semicircular con canecillos variados:
estrella, cabezas de animales, cabezas humanas. En la cabecera, saetera. Tiene
tres naves, la central de treinta pies de ancho, y las laterales, una de
veinte, y la otra, de diez. La torre, situada a los pies lateralmente, tiene
noventa pies de altura y tres cuerpos.
En Villanueva de los Escuderos, la iglesia de
Nuestra Señora de la Asunción se describe en el siglo XVI como iglesia de una
nave de mampostería y sillería con cubierta de madera. La planta rectangular
mide ciento diez por cuarenta (110 x 40) pies. El ábside semicircular tiene
mayor altura que el cuerpo de la iglesia. A los pies una torre que alcanza los
setenta pies de altura.
En Villarejo Periesteban, cuando los
visitadores llegan a la Iglesia de San Clemente en 1569 la describen como
edificio de mampostería con techo de madera. Tiene portada con arco apuntado
montado sobre imposta de dovelas y jambas de sillares. El ábside, de planta
algo menor que la semicircunferencia, tiene mayor altura que el resto de la
iglesia, con una línea de canecillos que queda mucho más debajo de la
coronación de la cubierta. La nave principal tiene noventa por treinta (90 x
30) pies, con una proporción 1:3, y una torre que alcanza los cincuenta pies de
altura.
De arriba abajo, Hortizuela, Huelves
(ermita Virgen de la Cuesta), Huete (ruinas Santa María de Atienza) y Jábaga
En Villarejo Seco la iglesia de San Julián y
Santa Basilisa es de una nave con paredes de piedra y techo de madera. Una sola
nave con ábside semicircular precedida de un tramo recto entre dos retallos.
Saetera alargada. Ochenta por treinta pies de planta y unos veinte pies de
altura interior.
La iglesia de Zafra de Záncara está construida
en la ladera del cerro. Por la entrada sur hay que bajar desde la calle al
nivel de la iglesia, mientras que el del norte el muro tiene altura hasta el
nivel del pavimento. La iglesia tiene dos naves, la de la izquierda con
sillería y arcos con capillas que tienen óculos al fondo. La nave de la derecha
es de mayores dimensiones pero de materiales menos nobles. En la portada de
poniente, arco de medio punto sobre impostas resaltadas. Cien pies de largo y
treinta y cinco de ancho, con una sección de veinte pies de altura. Así
describía el Catálogo de la diócesis de Cuenca la iglesia que hoy está
arruinada, con la cubierta hundida, aunque mantiene en sus muros la planta del
edificio y las formas de su perímetro.
La iglesia de Zafra de Záncara está construida
en la ladera del cerro. Por la entrada sur hay que bajar desde la calle al
nivel de la iglesia, mientras que el del norte el muro tiene altura hasta el
nivel del pavimento. La iglesia tiene dos naves, la de la izquierda con
sillería y arcos con capillas que tienen óculos al fondo. La nave de la derecha
es de mayores dimensiones pero de materiales menos nobles. En la portada de
poniente, arco de medio punto sobre impostas resaltadas. Cien pies de largo y
treinta y cinco de ancho, con una sección de veinte pies de altura. Así
describía el Catálogo de la diócesis de Cuenca la iglesia que hoy está
arruinada, con la cubierta hundida, aunque mantiene en sus muros la planta del
edificio y las formas de su perímetro.
En diversos lugares de la geografía conquense
se repite un modelo de iglesia con medidas y formas constantes. La iglesia de
Arcas, como modelo de ellas, tiene una nave rectangular de 80 x 30 pies, con
dos zonas claramente diferenciadas, en cuyo centro se sitúa el acceso al
templo. Rematando la planta, una cabecera, algo más estrecha que el resto de la
iglesia, con unos treinta pies de ancho y treinta de largo, que acaba en el
ábside semicircular. De esta forma el espacio interior se focaliza en el punto
donde se sitúa el altar, que se muestra recogido, protegido de la visión
general de la nave. Las alturas reducidas de sus interiores crean ambientes
aislados, propios para la oración y la celebración litúrgica.
Muros de tres pies y medio de espesor
garantizan la estabilidad de una estructura de gran sencillez que repite
fórmulas constructivas en diferentes lugares, fórmulas experimentadas que
remiten a una imagen que debe mantenerse y conservarse como valor de la
liturgia y de la conquista del territorio. En los casos más sencillos,
estructuras de madera que cubren estos espacios con la ligereza de un material
que dialoga y contrasta con la piedra del conjunto. Por seguridad frente a los
incendios, la piedra crea bóvedas de cubierta que garantiza su estabilidad y
resistencia al paso del tiempo.
Las portadas ofrecen la oportunidad al maestro
cantero de desarrollar sus habilidades y enriquecer la imagen del templo, desde
sencillos arcos con molduras geométricas elementales a piezas más
desarrolladas, como ocurre en el caso de Arcas, con el conjunto de columnillas
y arcos que van marcando la profundidad del acceso, y enfatizando el punto de
entrada al espacio de la celebración.
Todo ello resuelto dentro de las medidas y
proporciones elementales de la forma al cuadrado. En la portada es legible la
forma cuadrada, de igual anchura que altura, en la que se inscribe en su
centro. La decoración de las molduras superior y la banda horizontal a la
altura del arranque de los arcos marcan las referencias horizontales de esta
composición, con su eje señalado por el centro de la puerta de acceso. Esta
misma composición es visible en la forma en la que las columnas van creando
niveles interiores en un plano situado a 45º con respecto de la horizontal.
De arriba abajo, Monreal del Llano,
Villanueva de los Escuderos y Rozalén del Monte
Y si esta lectura es comprensible en el plano
de la composición tanto de las plantas como de los alzados del edificio, en el
caso de Arcas la composición se hace elaborada en la forma en que la espadaña
se adosa al edificio en posición vertical. Su altura nos permite inscribir un
círculo en su centro, que viene a ser tangente con la línea central de la
iglesia en la que se inscribe, interiormente, un nuevo círculo de menores
dimensiones, pero que repite la proporción cuadrada en el interior del templo.
Medidas, proporciones, relaciones entre
elementos que construyen, con la geometría sencilla, volúmenes de gran fuerza
simbólica que se insertan en el paisaje, ya sea en el interior de las
poblaciones o en los espacios de borde de la ciudad, cualificando un espacio y
un tiempo de la provincia de Cuenca.
El territorio ocupado. las Torres.
La ciudad que surge en estos momentos pierde
sus rasgos generales sistemáticos y se individualiza en una adhesión a las
circunstancias del lugar, la ciudad es geográfica y paisajística. El territorio conquistado
establece sus hitos de referencia visual en los edificios religiosos, que con
sus torres van marcando señales en la geografía. En el siglo XIV se constituye
la densa organización policéntrica que caracteriza aún a Europa: 130.000
campanarios ocupan el territorio en un proceso de colonización. En Cuenca las iglesias del románico se hacen
presentes con sus torres y espadañas. Elementos simbólicos que sirven para
hacer notable su presencia. En unos casos, con su visión elevada que
caracteriza el territorio. La sencillez de las construcciones del románico
conquense hace que lo más habitual sea la presencia de las espadañas como
elemento que sirve de adorno formal del edificio y que aloja las campanas que,
con su reclamo sonoro, comunican e informan a la población, repartida por el
territorio rural, de las celebraciones religiosas y de los acontecimientos
familiares y sociales.
En la zona del entorno de Valdeolivas la única
iglesia con torre es la de Valdeolivas, elemento transformado por problemas de
estabilidad y reconstruido en diferentes momentos. Pero elemento que destaca en
todo el entorno con sus noventa pies de altura y sus tres cuerpos con dos
ventanas en cada uno de ellos
que sobresalen por encima de la cubierta de la
iglesia. En el resto de edificios, espadaña con dos huecos para campanas
resuelto con un plano de mampostería con huecos rematados con arco semicircular
para alojar las campanas. Albendea, Alcantud y Salmeroncillo de Abajo llegan en
su punto máximo de coronación a los cincuenta pies que en Albendea sube hasta
los sesenta. Salmeroncillo de Arriba, de acuerdo con la sencillez de lo
construido, apenas llega a los treinta y cinco pies de altura en un muro que se
estrecha en la parte superior y que sirve de cierre de la iglesia.
En el territorio que va desde La Frontera hasta
Cuenca, sólo Sotos tiene una torre de sesenta pies de altura, con un hueco en
su tramo superior. El resto de iglesias tiene espadaña, siempre con dos piezas
para sendas campanas. El caso más singular por su forma es el de la iglesia de
Albalate de las Nogueras, en el que la espadaña alcanza los setenta pies de
altura. Sobre el muro de cierre de la iglesia se levanta una pieza de cuarenta
pies de altura, que tiene sus dos laterales con gran inclinación, lo que permite
situar un hueco central en la parte superior, conformando así una composición
esbelta que singulariza con su presencia el templo. El cuerpo donde se ubica la
espadaña sobresale en altura del resto de las cubiertas, que quedan así en un
segundo plano posterior. Apenas llegan a una altura de cuarenta pies las
espadañas de Embid, Mariana, Pajares, Ribatajada (con apenas treinta pies de
altura), Torrecilla, Villalba de la Sierra, Villaseca y Zarzuela de la Sierra.
La Frontera y Ribatajada alcanzan los sesenta y cincosetenta pies de altura,
destacando claramente sobre el resto de edificios de la zona.
En la zona que hemos denominado Cuenca y Sur
hay que distinguir, como hemos hecho con el análisis de plantas de sus
edificios, los puntos de sus bordes (Cuenca y Alarcón) y los elementos
intermedios. En Cuenca capital, la iglesia de San Miguel destaca por el volumen
construido, que tiene también intensa relación con su ubicación en el borde de
la ciudad, asomándose a la hoz del Júcar. La torre de la iglesia, con dos
huecos en cada lado, llega a alcanzar los cien pies de altura, que se acentúan
cuando se observa desde el otro lado de la hoz, dada la topografía de la zona.
En la proximidad de Cuenca, Fuentes, Mohorte y
Villar del Saz de Arcas, con espadañas que se sitúan entre cuarenta y cincuenta
pies. La más singular de ellas, peculiar en toda la provincia, es la de Arcas,
que se separa del edificio y se sitúa en posición perpendicular conformando una
estructura urbana que acota y se relaciona con el resto de la ciudad. La
escalera de acceso, paralela a uno de los muros del edificio, acentúa esta
singularidad de un elemento que llega apenas a los sesenta pies de altura, con
dos huecos en su parte inferior y un hueco más reducido en el centro superior.
Un elemento construido con mampostería que tiene en su parte inferior un paso
con forma de arco que permite el paso a su través.
En el otro extremo de este territorio se sitúa
Alarcón, que tiene diferentes edificios con estructuras románicas pero que han
sido ampliadas o transformadas en épocas posteriores. La iglesia de San Juan
Bautista tiene torre que alcanza los ciento diez pies de altura y la de Santo
Domingo de Silos los setenta pies, con dos huecos en cada lado. En el
territorio intermedio, entre Cuenca y Alarcón, la importancia de Valeria hace
que la iglesia de Nuestra Señora del Asey tenga torre con sesenta pies de altura,
de gran sencillez con un hueco en cada lado. Hontecillas tiene espadaña con
sesenta y cinco pies de altura y una composición con dos huecos inferiores y
uno central superior.
En el Este de esta zona, Campillo Paravientos
tiene una sencilla espadaña de cuarenta pies de altura, mientras que Carboneras
de Guadazaón y Moya tienen iglesias, la primera, con torre de sesenta pies de
altura y dos huecos, y la segunda, con espadaña que llega a los sesenta y cinco
pies, con dos huecos y uno central superior.
En la zona suroeste de Cuenca hay un número
importante de iglesias con torres de cierta altura. Abia de la Obispalía tiene
setenta pies, con un hueco central de proporciones verticales en su segundo
cuerpo superior. Cervera del Llano tiene torre de sesenta pies, con un hueco
central. Elementos singulares son las torres de El Cañavate y Mota de
Altarejos, en los que se acusa al exterior un segundo cuerpo que da acceso a la
torre con forma cilíndrica que confiere a estos edificios un carácter peculiar
en su perfil exterior. Con cien pies y ochenta y cinco pies de altura,
respectivamente, son elementos que destacan en el territorio circundante con
sus dos huecos en la parte superior del conjunto. Rozalén del Monte tiene
sesenta pies de altura, con un hueco vertical en el centro de cada lado. Santa
María de los Llanos, con sus trasformaciones de época posterior, tiene, en la
actualidad, torre de noventa pies de altura de proporciones estilizadas y un
gran hueco superior. Villanueva de los Escuderos alcanza los setenta pies de
altura, con dos huecos, y Villarejo Periesteban tiene una pequeña torre de
cincuenta pies de altura.
Elementos singulares de las iglesias que hacen
visible desde el entorno, con su presencia visual y sonora, la construcción
religiosa símbolo de la presencia en tierras conquistadas de la institución
eclesial. Símbolos también de una nueva ocupación de las tierras que comienzan
a consolidar la presencia de una población que se asienta y se consolida en
estos nuevos enclaves. Los maestros canteros han levantado edificios repitiendo
modelos y tipos, conservando medidas y proporciones, transmitiendo sus conocimientos
prácticos y sus habilidades, pero dejando también su sello personal y su
aportación artesanal en cada una de las iglesias. En estos lugares, la
presencia de sus templos, las medidas, proporciones, las formas y modos de
construcción nos permiten leer el tiempo pasado, porque en el espacio leemos el
tiempo.
Cuenca
Situada en el sector central de la provincia,
la ciudad de Cuenca se encuentra en la puerta de la comarca montañosa de La
Serranía, perteneciente a la rama castellana del Sistema Ibérico. Constituye
este conjunto urbano uno de los ejemplos más notables de vinculación de una
ciudad a su entorno natural. Su original emplazamiento, sobre un espolón
cretácico rodeado de las hoces de los ríos Júcar y Huécar, la convierten en una
de las ciudades-paisaje más hermosas del mundo. En lo alto de ambas hoces
despunta todo un caserío adaptado a la orografía del terreno que se derrama
desde la zona más alta de este “escarpado crestón” hasta la parte donde
confluyen los ríos Júcar y Huécar. Una “urbe envuelta en roca, agua,
vegetación, luz y aire”.
Muchos han sido los que han dedicado notables
referencias a la que Troitiño Vinuesa califica de “vieja ciudad castellana”.
Así, nos encontramos con testimonios como el de Odón de Buen, quien destaca que
“Cuenca vista desde abajo tiene algo de pirámide y de acrópolis” o, por
ejemplo, Gustavo Torner, que habla de Cuenca como “topografía vestida de
ciudad”.
Pocos son los testimonios arqueológicos y
documentales que nos ayudan a conocer el origen del poblamiento en Cuenca: es
el caso de los restos arqueológicos pertenecientes a la Edad del Hierro que
aparecieron en las proximidades de la Catedral. De lo que ya nadie duda es del
origen musulmán de la ciudad. Cuenca debe su fundación a los bereberes de la
tribu Hawwara, dominadores de la Kora de Santaver en la Marca Media. Las
condiciones geográficas del terreno y su buena situación en las rutas
estratégicas entre La Mancha y los valles del Ebro y del Tajo, fueron las
claves que hicieron que los musulmanes aprovecharan uno de los mejores
emplazamientos defensivos de la serranía conquense para ubicar una
ciudad-fortaleza que permitiese controlar todo el territorio. Aunque todo
parece indicar que durante las dos primeras etapas de dominio musulmán en la
Península Ibérica, el protagonismo de esta plaza fue inferior al de otras
villas fortificadas de la Kora de Santaver, como Huete, Uclés o Huélamo. Pero
en los últimos años del Califato comenzaría a despuntar Kunka sobre las
restantes poblaciones del terreno, seguramente por su posición defensiva
superior a cualquier otra, y por la posible revalorización de sus recursos,
madera y lana principalmente.
Las tropas cristianas al mando del rey Alfonso
VIII, tras un prolongado asedio, consiguieron conquistar Cuenca un 21 de
septiembre del año 1177, iniciándose así una nueva etapa en la historia de la
ciudad.
Una nueva etapa en la que el rey cristiano,
como muestra de su cariño por Cuenca, instala en ella su Corte durante diez
años, transforma la Mezquita Mayor en Iglesia Catedral, establece en Cuenca la
Sede Episcopal y concede a sus habitantes numerosos privilegios. Además, manda
elaborar un código jurídico que regiría la ciudad a partir de ese momento, el
Forum Conche, convertido en el más famoso de los Fueros Municipales de la
Castilla Medieval. Toda una serie de circunstancias que convierten a Cuenca en
el centro organizador del territorio que englobaba la Serranía, Alcarria y
Mancha. Además, si bien es cierto que durante la reconquista de la ciudad la
industria pañera sufre un parón, poco a poco irá recuperándose, llegando a
distinguirse Cuenca como una de las mejores ciudades pañeras castellanas.
La conquista de Cuenca por parte por Alfonso
VIII supone, además, una gran transformación para la ciudad. El propio monarca
puso todo su empeño en reorganizar la vieja ciudad musulmana y consolidar la
conquista cristiana. Todo ello hace que esta ciudad-fortaleza conozca grandes
transformaciones no sólo en el ámbito demográfico, jurídico, económico y
religioso, sino también en el plano urbanístico. Cuenca ve cómo se va
expandiendo su territorio y la población va ocupando todo el terreno situado en
la parte más baja del recinto amurallado, hasta entonces despoblado, surgiendo
así nuevos barrios en la parte baja de la ciudad, como el de San Esteban, San
Vicente, San Salvador, Santo Domingo o San Juan.
La ciudad se reorganiza a finales del siglo XII
sobre el terreno que había ocupado hasta entonces la Mezquita Mayor, el que
será el centro religioso más importante de Cuenca: la Catedral. Estaba situada
en la plaza medieval de Santa María o Picota, el lugar más importante donde
confluían las principales actividades de la población. Al otro lado, en la
parte más oriental del templo, aquella que daba a la Hoz del Huécar, se situaba
lo que se conocía como el “corral de la iglesia”, todo el conjunto de
edificaciones dedicadas a diferentes usos por parte de la Iglesia: desde
lugares de administración y reunión, hasta hornos o talleres para los obreros
de la catedral.
El tejido urbano de Cuenca se organizaba
alrededor de un eje formado por las calles de San Juan, Correría, la Plaza de
Santa María y la calle o cal Mayor, que conectaba dos de los accesos más
importantes de la ciudad, la puerta de Huete y la del Castillo. Aparte de este
eje fundamental, la ciudad contaba con otras vías importantes que daban acceso
desde el centro hasta la parte baja de la misma. Éstas eran las de Solera y
Caballeros, por una parte, y Pellejería y Zapatería Nueva, por la parte del
Alcázar. La calle era un elemento esencial en el paisaje urbano de la ciudad.
Predominaban las estrechas, tortuosas, angostas, con fuertes desniveles y
grandes cuestas que dificultaban el paso en época de lluvias y, sobre todo, de
nieves, con pasadizos y voladizos, sin ningún tipo de pavimentación. Las calles
medievales se caracterizaban por ser lugares con gran animación, con mucha
vida. Era un continuo ir y venir de gente. Por ellas transitaban vendedores
ambulantes, en ellas trabajaban los artesanos. También era el lugar donde
actuaban los juglares y titiriteros, donde se celebraban fiestas y procesiones.
Pero también donde existía una gran suciedad y contaminación provocada por
elementos orgánicos y minerales que se encontraban a lo largo de todo su
recorrido.
Otra característica destacable de la ciudad: la
población sale fuera de la muralla y comienzan a aparecer diferentes arrabales.
Fuera del cerco de la muralla destaca ya en esta época el arrabal de
Barrionuevo, que, según algunas fuentes, aparecería ya en el siglo XIII y se
encontraba en el espacio situado en los alrededores del Puente del Canto
(actual puente de San Antón) y del río Júcar. Tenía una población estable
dedicada a actividades manufactureras y también agrarias. También estaba fuera
del recinto murado el Hospital de Santiago, fundado por la Orden de Santiago en
los terrenos donados a la misma como agradecimiento por su contribución en la
conquista de la ciudad. Concretamente se trataba de las casas que el rey
Alfonso VIII donó a Tello Pérez y Pedro Gutiérrez como agradecimiento por su
participación en la conquista de Cuenca. Ambos personajes decidieron
entregarlas, a su vez, a la Orden de Santiago en el año 1182. Sobre estas
pequeñas construcciones se erigió un hospital, que en un principio dio acogida
a los cristianos redimidos del cautiverio, pero que a partir del año 1250 sólo
acogía a enfermos y peregrinos.
Ya en el interior del espacio defendido por
murallas se comienzan a construir diferentes parroquias alrededor de las cuales
crecen y se desarrollan diferentes barrios o collaciones. Estas últimas eran
divisiones más bien administrativas que servían de base para la participación
política de los vecinos de la ciudad. En concreto, en la ciudad de Cuenca
encontramos trece collaciones. Dentro de éstas, a su vez, y como en cualquier
ciudad medieval castellana, la vida se ordenaba en torno a tres puntos vitales:
la parroquia, la plaza y la fuente. Los tres se encontraban generalmente
situados en el centro de la barriada y muy próximos entre sí. Pero si
encontramos alguna característica común en las primeras parroquias levantadas
después de la conquista cristiana es su proximidad con el lienzo de la muralla,
llegando a confundirse, en algunas ocasiones, con el propio sistema defensivo
de la ciudad. Dentro de la Cuenca medieval había además otros destacables
edificios, como el destinado a ser sede del Obispado de Cuenca que ocupaba
únicamente las alas sur y oeste en torno al patio que posteriormente diseñó
Pedro de Alviz.
En el siglo XVI Cuenca era una de las ciudades
más destacadas de Castilla, gracias en parte a que había sido una de las
mayores productoras en textil y ganadería de todo el reino. Desde muy pronto,
como se recoge en el fuero de Cuenca (siglo XII), se autorizó a realizar una
feria anual, de dos semanas de duración –que quedaría derogada en el siglo
XIV–, que se uniría al mercado semanal y al que se formalizaba diariamente. Hoy
parece imposible que una pequeña urbe como Cuenca tuviera capacidad suficiente
para dar salida a todos los productos que se comercializaban en las distintas
ferias y mercados, pero también debemos pensar que, gracias a su privilegiada
situación geográfica (por un lado su ubicación entre comarcas de economía
complementaria y por otro, su carácter de encrucijada de caminos que le
facilitaba el acceso a provincias como Aragón, Valencia y la Alta Andalucía),
la diferente oferta y demanda no sería aprovechada simplemente por la capital y
su Alfoz, sino también por diversas ciudades cercanas.
Tras la gran epidemia de peste de 1598, el alza
de precios, la expulsión de los moriscos en 1608, la emigración a América, la
elección de Madrid como capital del reino y, sobre todo, el hundimiento de la
pañería conquense como consecuencia de la subida del precio de la lana, Cuenca
dejó de ser un centro creador; sin embargo, podemos considerar a la ciudad
castellanomanchega casi ajena a esta crisis en el aspecto constructivo.
Es ya en el siglo XVIII cuando Cuenca se vuelve
a poner a la altura de las expectativas creadas en centurias anteriores. Si a
los destrozos ocasionados por el conflicto de la guerra de Sucesión (hay que
recordar que Cuenca se vio ocupada en el año 1706 por las tropas del archiduque
Carlos) con la necesidad de restaurar o reedificar la mayoría de los edificios,
sumamos una bonanza económica (aunque Felipe V decidió clausurar la Real Casa
de la Moneda) y, sobre todo, los autores, que se adaptaron perfectamente,
obtenemos altas cotas de creatividad. De esta época, por destacar algunas obras
de las más sobresalientes, es el monumental seminario; el ayuntamiento, con un
notorio concepto teatral o la iglesia-convento de San Lorenzo Justiniano, obra
del académico Alejandro González Velázquez.
A principios del siglo XIX Cuenca vuelve a
sufrir los desastres de una nueva guerra, siendo en esta ocasión las tropas
napoleónicas (1810) las que saquearon y prendieron fuego a varios puntos
estratégicos de la ciudad, dando comienzo otro triste episodio de decadencia
material de la capital. Durante este siglo, Cuenca, poco a poco, va recuperando
su nivel de población, llegando a final de la citada centuria a los 10.000
habitantes.
La relativa tranquilidad con la que comenzó el
siglo XX se verá alterada, como en toda España, por el estallido de uno de los
peores episodios recientes de nuestra historia, la guerra civil. Cuenca
permanecerá en el bando republicano hasta el último año de la contienda, en que
pasará a formar parte de la zona nacional. Tras el conflicto, la ciudad sufrirá
una fuerte corriente de emigración en búsqueda de oportunidades en otras zonas
más industrializadas de la península.
Actualmente, la ciudad se apoya básicamente en
el turismo, gracias en parte a su renovado gusto artístico y a los innumerables
esfuerzos realizados por diversos autores para otorgar a la capital un nuevo
espacio donde depositar, difundir y disfrutar del floreciente arte abstracto y,
sobre todo, la inclusión en el año 1996 por la UNESCO como Ciudad Patrimonio de
la Humanidad, bajo esta justificación: “El comité decide inscribir esta
propiedad bajo los criterios culturales II y V, se destaca su valor universal
así como el excepcional ejemplo de fortaleza medieval que conserva notablemente
intacto y su paisaje urbano original junto con muchos ejemplos de arquitectura
civil y religiosa de los siglos XII a XVIII. Además es excepcional porque la
ciudad amurallada combina y realza el paisaje rural dentro del natural en el
cual está situado”.
Iglesia de San Miguel
Emplazada en la antigua muralla con vistas a la
hoz del Júcar, encontramos la iglesia de San Miguel. Su ubicación,
privilegiada, le permite ser un referente en las construcciones románicas de la
ciudad, pues se sitúa a escasos metros al oeste de la catedral y de la Plaza
Mayor, desde las que se accede por la bajada que lleva el nombre de nuestro
templo.
Fechada a mediados del siglo XIII, San Miguel
es considerada una de las iglesias más antiguas de la capital y ya aparece
referenciada en una de los primeros listados sobre templos religiosos,
efectuados tras la conquista de Alfonso VIII en el año 1177. Así, por ejemplo,
Mártir Rizo la incluye dentro de las catorce parroquias (trece más la catedral)
en las que se divide la ciudad, tras recibir “la Fe Católica”, y que se
circunscribirían dentro de las murallas de la ciudad.
Pocos son los documentos que han llegado hasta
nosotros de época medieval que nos sirvan para fecha citado templo. El 29 de
abril de 1265 el obispo de Cuenca, Pedro Lorenzo, incluyó en una capellanía que
había instaurado en la catedral la primera ración servidera que vacase en la
parroquia de San Miguel, dando al cabildo facultad para su provisión. Según
este documento, la iglesia ya estaría construida con anterioridad.
Aún así, el templo ha sufrido varias
alteraciones. En el siglo XVI, con la participación del maestro de cantería
Pedro de Yrizar, se amplió el edificio mediante la construcción de una nueva
nave lateral, se elevó toda la iglesia y se levantó la actual torre-campanario.
También en este tiempo se realizó la cúpula que cubriría la cabecera y cuya
autoría ha sido atribuida a Esteban Jamete. Ya en el siglo XVIII, dañada la
iglesia por la devastación producida por los ejércitos ingleses durante la
guerra de Sucesión, sufrió una nueva remodelación por parte de Martín de
Aldehuela, el cual le otorgaría una diferente disposición interior, centrándose
principalmente en la bóveda y en su decoración.
Tras el saqueo y la destrucción sufridos en la
guerra civil de 1936, recibió una nueva restauración a mediados de los años
sesenta del pasado siglo veinte por parte de Fernando Chueca Goitia. En 1997
fue declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, por la
Dirección General de Cultura.
Finalmente, el último cambio que recibirá la
iglesia de San Miguel no será en su aspecto sino en su función, ya que desde el
año 1959, debido, en parte, a su formidable acústica, se ha acomodado como sala
de conciertos (principalmente en el marco incomparable que supone la Semana de
Música Religiosa), lugar de reuniones, zona elegida para la realización del
pregón de la Semana Santa, etc., una vez cedida por el Obispado al Ayuntamiento
de la ciudad.
A tenor de lo anterior, la iglesia original la
podemos ubicar dentro de la construcción propia del llamado románico que en
estos años se llevaba a cabo en la provincia limítrofe de Guadalajara, e
incluso no sería de extrañar que algunos canteros y maestros, que anteriormente
habrían trabajado en el citado término, se desplazaran a Cuenca para efectuar
los diversos trabajos que encontramos en la capital, así como en pueblos
cercanos.
La iglesia de San Miguel respondería en origen
al prototipo arquitectónico de la época, con una sola nave, precedida de tramo
recto y ábside semicircular, y, posiblemente, con una espadaña a los pies. Hoy
en día, simplemente se conserva parte del muro sur de la nave y el ábside,
construido con aparejo de mampostería.
El ábside muestra una elevación de tamaño
considerable, descrita, principalmente, por los cambios en los materiales de
construcción y por la línea marcada por los canecillos de la primitiva cornisa
(algunos restaurados).
Dichos canecillos son lisos sin ningún tipo de
decoración y, por supuesto, uno de los principales elementos arquitectónicos
para poder fechar la iglesia de San Miguel, ya que en gran parte coinciden con
los utilizados en otras iglesias de temprana edificación, como pudo ser San
Martín o la propia catedral. Situada en el tambor del ábside encontramos una
ventana abocinada, con arco de medio punto, sin ninguna función en la
actualidad, pero original de su construcción románica.
Valdeolivas
Valdeolivas se encuentra en la comarca de la
Alcarria, y más concretamente en la región de la Hoya del Infantado. A 67 km de
Cuenca y 82 de Guadalajara se extiende esta población, en las laderas que
descienden hasta el río San Juan, afluente del Guadiela. Comunicada con la
capital conquense por la N-320, una vez pasado el embalse de Buendía se debe
tomar desvío hacia Villar del Infantado, pequeño y hospitalario pueblo por el
que debemos pasar para llegar a Valdeolivas.
Esta villa de origen medieval comparte
economía, costumbres y paisajes con otros pueblos de la provincia de
Guadalajara y Cuenca, e historia y arte con otras aldeas y villas de estas
tierras meridionales. Tierras que acogen uno de los monasterios medievales más
espectaculares de la Alcarria, el Monasterio cisterciense de Monsalud que,
situado a 25 km de Valdeolivas, ejerció notable influencia en los pueblos y
villas de alrededor, como Alcocer, Millana, Salmerón y, por supuesto,
Valdeolivas.
Actualmente, en Valdeolivas habitan apenas
trescientos veinte habitantes. Una cifra insignificante si la comparamos con
los miles de vecinos que llegó a acoger esta bella población. Con una
arquitectura popular muy bien conservada, destacan en este pueblo sus calles
estrechas e irregulares, tan características de la época medieval, donde
predominan casas con volados corredores de madera, casonas con magnífica
rejería y escudos de armas, y plazas cargadas de siglos de historia que todavía
hoy son núcleo de reunión y cobijo del mercado de la semana. A todo ello hay
que sumar su rico patrimonio histórico-artístico en el que despunta, sin lugar
a dudas, su bella iglesia parroquial, interesantísima obra arquitectónica del
Medioevo, y el conjunto de los molinos, construcciones del siglo XVIII de
planta circular y fina sillería. Todo un conjunto que convierte a Valdeolivas
en un punto de referencia para el viajero y turista que recorre y visita la
Alcarria.
Aunque existen numerosos indicios que
demuestran la existencia de presencia humana en esta zona desde muy antiguo, la
historia de esta comarca, y de esta villa en concreto, comienza en los últimos
años del siglo XII. Concretamente es después de la conquista de Toledo, cuando
estas tierras entran a formar parte de la historia de la Reconquista. El
encargado, en principio, de la ocupación de toda esta zona fue el capitán Alvar
Fañez de Minaya, lugarteniente del Cid Campeador. Es él quien consigue que todo
este territorio quede bajo el control de los llamados Comunes de Villa y
Tierra, primero de Zorita y posteriormente de Huete, manteniéndose, a efectos
de jurisdicción y aprovechamientos comunales de pastos, durante bastantes años.
Pero la entrada de los almorávides en la Península convierte a toda esta zona
en un gran campo de batalla hasta 1138, año en el que comienza ya la
descomposición del imperio de los almorávides, y las tropas castellanas
emprenden la conquista de todas las plazas próximas al Tajo. Ahora Alfonso VIII
ocupa la Alcarria, que, posteriormente, en 1154, dona en señorío a los Obispos
de Sigüenza. Sin embargo, después de la conquista de Cuenca en 1177, toda esta
zona del Valle del Guadiela queda incluida en la Diócesis de Cuenca, creada en
1182, y sus pueblos vuelven a quedar bajo señorío real.
Ya en 1252, el Infante don Manuel, hermano del
Alfonso X “el Sabio”, hizo donación de la villa de Valdeolivas, entre
otros lugares, a doña Mayor Guillén de Guzmán, quien, a su vez, dejó a su hija,
Beatriz de Portugal, todas sus propiedades. De este modo se crea un gran
señorío que comprende San Pedro Palmiches, Salmerón, Alcocer, Millana y
Valdeolivas junto con varias aldeas, conformando desde entonces la conocida
como Hoya del Infantado. Cuando muere Beatriz de Portugal, el señorío lo hereda
su hija Blanca, abadesa del Monasterio de Las Huelgas, quien en 1312 decide venderlo
al Infante don Juan Manuel.
A partir del siglo XVI, la villa de Valdeolivas
pertenecerá, como Cifuentes, Salmerón y Alcocer, al Marqués de Villena, hasta
que Enrique III “El Doliente” revoca todos los títulos a éste y las
villas son vendidas a don Micer Gómez de Albornoz. Le seguirá a este último en
el señorío, su hijo don Juan de Albornoz, y, a su muerte, su hija doña María de
Albornoz. Pero al morir ésta sin descendencia, su hermana, casada con don Diego
Hurtado de Mendoza, Señor de Cañete, hereda toda su fortuna. Es a partir de este
momento cuando existen algunas lagunas históricas que no aclaran la transmisión
de estas tierras. Lo que sí queda demostrado es que pertenecieron al
condestable don Álvaro de Luna, como prueba la herencia que de éste recibe su
hijo don Juan en el año 1453, confirmada por Enrique IV en el año 1455. Pero no
cumpliéndose las capitulaciones, las villas de Valdeolivas, Salmerón y Alcocer
pasan en 1471 a pertenecer a don Diego Hurtado de Mendoza, segundo Marqués de
Santillana, como agradecimiento y compensación del rey Enrique IV. En 1475 los
Reyes Católicos refuerzan aún más esta disposición y nombran a don Diego
Hurtado de Mendoza, hermano del Cardenal Mendoza, Duque de las villas de
Alcocer, Salmerón y Valdeolivas, que se llaman del Infantado.
Es a partir de este momento, cuando el ducado
del Infantado entra a formar parte de la llamada “Grandeza de España de
Primera Clase” siendo su título completo el de “Duque de las Cinco
Villas del Estado de Infantado”. El signo de la protección que durante
todos estos siglos dispensaron a estos lugares estos señores feudales se
refleja hoy en la riqueza patrimonial que se encuentra en este pueblo. Así lo
reflejan los restos de su muralla medieval, su emblemática arquitectura
popular, muy bien conservada, y, por supuesto, su iglesia parroquial.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Considerada como una de las más interesantes e
importantes iglesias medievales de la provincia, la iglesia de la Asunción se
comienza a construir en el siglo XIII, con criterios del románico y con una más
que notable influencia de los monjes cistercienses que, en el año 1141, se
habían establecido en la vecina localidad de Córcoles para fundar el monasterio
de Monsalud.
Presidiendo todo el conjunto urbano se levanta
este templo, con una sola nave, presbiterio recto y ábside semicircular, torre
campanario a los pies de la nave y portada de ingreso en el muro sur, está
construido a base de sillar.
Pasados algunos años, ya en época gótica, se
añade a la nave central dos naves de este estilo, una a cada lado, de las
cuales tan sólo se conserva en la actualidad la del lado sur. Continúan las
reformas, y ya en pleno siglo XVI la iglesia sufre nuevas modificaciones e
intervenciones. Es en este momento cuando se construye una nueva portada en la
nave norte y se abren los arcos que comunican las naves central y meridional y
las dos capillas de esta última nave, que todavía hoy se pueden apreciar. Pero
la iglesia de la Asunción no deja de sufrir nuevas remodelaciones, y en pleno
siglo XX, concretamente entre 1964 y 1968, es objeto de una de las más
importantes. Es concretamente en 1964 cuando el arquitecto diocesano toma la
decisión de demoler la nave norte del templo “por inconsistencia y poca
firmeza de cimientos y empujes descompuestos de armadura de cubierta”.
Esta decisión implica además el traslado de la
portada al muro de poniente, y la construcción de un nuevo muro que cierre la
iglesia en su parte más septentrional. Además durante estos años se reedifica
prácticamente al completo la nave original; en concreto se reconstruye la
bóveda que la cubre y se retranquea la longitud del último tramo, dejando la
entrada de la torre completamente al exterior, con riesgo evidente de peligro
de derrumbamiento.
Esto trajo como consecuencia el desmonte de la
torre campanario y el almacenamiento de todos los materiales para su
reconstrucción en años posteriores. Ya en el año 1973 se procede a una nueva
restauración en el interior del templo que tiene como objetivo principal la
recuperación de la pintura mural del ábside.
Iglesia de la Asunción de Valdeolivas
Con todo ello, después de todas estas series de
remodelaciones, el aspecto general que presenta esta iglesia es el siguiente:
con dos naves, la central en su mayor parte reconstruida y cubierta por una
bóveda réplica de la original, con un marcado acento medieval y románico: de
cañón, ligeramente apuntada, dividida en tres tramos, y reforzada por tres
arcos fajones que se apoyan en columnas adosadas al muro. Conservado, casi en
su totalidad, todo el muro sur, no sucede lo mismo con el muro occidental,
construido nuevamente restando tres metros de longitud a la nave y dejando
aparte la torre, que queda aislada y en peligro. En él destacan a lo largo de
todo su trazado una serie de ventanales, y, junto al altar mayor, en el lado
del evangelio, se abre un arco ligeramente apuntado que da acceso a una capilla
lateral de planta cuadrada y cubierta con bóveda nervada, con nervios que
arrancan de ménsulas con decoración vegetal y escudos.
Queda rematada esta nave principal en
presbiterio recto y ábside semicircular. En el interior destaca, además, el
arco triunfal y el arco fajón que dan paso al ábside, los cuales, apuntados y
doblados, apoyan en haces de tres columnas.
A su vez, el ábside, único elemento original de
la iglesia, se encuentra dividido en tres cuerpos mediante cornisas.
En la inferior destacan dos ventanas aspilleras
abocinadas, decoradas con punta de diamante; la superior da paso a la bóveda de
cuarto de esfera decorada con unas magníficas pinturas fechadas en el siglo XIV
y de estilo transitivo entre el románico y el gótico. Es destacable, en esta
parte de la iglesia, el armario o alacena semejante al de las iglesias de Arcas
y Fuentes, situado a poca altura del suelo, en el zócalo del lado derecho.
La bóveda de la nave principal, la cual
está totalmente reconstruida, es de cañón apuntada y continúa en el
presbiterio. Se divide en tres tramos mediante arcos fajones apuntados,
apoyados en columnas adosadas al muro.
Capilla en la nave lateral de la
iglesia, donde se encuentra la pila bautismal. Destaca en primer plano un arco
románico de medio punto, restaurado, separando ambas naves, central y lateral.
Capilla en el extremo este del
transepto, donde, al parecer, se encuentra el Sagrario. Franqueada por reja de
gruesos barrotes pintados en verde y flanqueada por sendos reclinatorios, a
ambos lados, en madera policromada en dorado.
Capilla en el extremo oeste de la nave
lateral, con féretro de cristal y dos imágenes de La Pasión de Cristo.
La nave lateral sur es la única que se
conserva de las dos laterales de las que en un principio tenía la iglesia. La
del lado norte se derribó a mediados del S. XX por amenaza de derrumbamiento,
debido al gran deterioro que sufría, debido a ciertos avatares, sobre todo
durante la Guerra Civil Española, según palabras del sacristán al informarnos
de su historia.
La portada del templo se abre a los pies de la
nave principal, en el muro de poniente de la nave. Sobre un cuerpo ligeramente
saliente, se estructura en tres partes, separadas por cornisas. En el cuerpo
inferior, flanqueado por dos torres, se abre la puerta de acceso al templo que
se resuelve con un arco de medio punto con gruesas escocias y cordones a modos
de arquivoltas. La escocia central presenta una roseta en cada dovela. Los
cordones, por su parte, se prolongan hasta las jambas a modo de columnas, para
verse rematados, a su vez, por capiteles decorados con bolas.
Separa este primer tramo del segundo una
cornisa con pequeñas puntas de diamante. En este segundo estrato se abre una
hornacina en forma de cruz que alberga en su interior una cruz de piedra. A su
vez, este segundo cuerpo se separa del tercero por otra cornisa con gruesas
puntas de diamante. En él destaca un gran óculo, y en la parte más alta abre
una pequeña ventana.
Volviendo al interior, encontramos otra nave
más antigua, de época gótica, la nave lateral del mediodía. Única en la
diócesis de Cuenca, ofrece una más que marcada relación con la catedral de
Cuenca por el empleo de la bóveda sexpartita. Ahora bien, nada tienen que ver
los soportes utilizados en ambos templos. Dividida en tres tramos, en la
iglesia de la Asunción se construyen fuertes pilares en torno a los cuales se
desarrollan columnas cilíndricas adosadas.
Sus capiteles están decorados con motivos
vegetales donde predominan hojas lanceoladas, bien de forma aislada o en
conjuntos de tres con peciolo en común.
En algunos casos se sustituyen por pequeños
círculos de diferentes tamaños, con cruces en el interior. En lugar de volutas,
se observan prominencias ovaladas con forma de rostro humano, signo de la
influencia cisterciense del vecino Monasterio de Monsalud. En el muro más
septentrional de esta nave se abren dos arcos de medio punto que dan acceso a
la nave central. En el muro meridional, en cambio, se abren dos capillas
laterales del siglo XVI de planta cuadrada y cubiertas con bóvedas sobre
pechinas: la que corresponde al primer tramo guarda en su interior un
enterramiento con escudo nobiliario, y la del segundo tramo acoge en su
interior la pila bautismal del templo.
Por último, se contempla un pequeño arco de
medio punto, dovelado y moldurado en las aristas, que apoya en cornisa y ésta
directamente en el muro con aristas molduradas como el arco, que da acceso a un
pequeño atrio. En el muro que comparte con la nave central se abren dos arcos
de medio punto en el primer y segundo tramos, y ya en el tercero se conservan
los restos de la antigua portada románica, compuesta por cuatro arquivoltas
apuntadas y de arista viva que apoyan en columnas.
Digna de mención es la torre levantada a los
pies del templo, en el extremo sur-occidental, única en estilo y época en esta
zona. Fechada en 1211 por la inscripción encontrada en uno de los sillares del
interior de la torre (aunque algún investigador, como el caso de Monedero
Bermejo, cree leer 1258), ha sufrido intervenciones y remodelaciones en
numerosas ocasiones, que han llevado, incluso, y por riesgo de ruina, a
desmontar por completo la torre para su posterior restauración. Con planta
cuadrada, destacan en ella su altura y su semejanza con otras torres románicas
del norte de la Península. Estructuralmente quedaba dividida en cinco cuerpos
separados por cornisa. El primero de ellos, liso, queda a la misma altura que
la nave de la iglesia, y en el resto se abren dos huecos de arcos ligeramente
apuntados en cada cara o lado, donde colocar las campanas. Los arcos apuntados
de los dos pisos intermedios tienen chambranas decoradas con puntas de
diamante, y en su intradós destacan columnas rematadas con capiteles, sobre los
que apoya el yugo de las campanas. Actualmente el aspecto de la torre presenta
tan sólo cuatro cuerpos, ya que quedó desmochada en la última restauración.
Es de planta cuadrada y está divido en
cuatro cuerpos, siendo el primero de altura igual a la del templo y los tres
superiores divididos por cornisas, conformando el campanario. Tiene ocho
ventanas de arco apuntado por planta, dos en cada cara, destinadas en un
principio a albergar sendas campanas. Actualmente tiene solamente dos en las
ventanas superiores de la fachada oeste. En el exterior destaca la elegancia del ábside
semicircular. Único en la provincia y en la Diócesis de Cuenca por su
monumentalidad, ha sufrido a lo largo de toda su historia alguna que otra
modificación: no hace muchos años tenía adosada en su parte más septentrional
una pequeña dependencia utilizada como camarín. Construido en sillería regular,
está dividido en cuatro paños por tres haces de columnas adosadas que arrancan
de una base poligonal y acaban fundiéndose con la cornisa por medio de un
pequeño capitel sin decoración. En estos paños se abren dos ventanas
aspilleradas abocinadas, enmarcadas por un arco sobre columnas con capiteles
muy pequeños con decoración vegetal.
La iglesia de la Asunción de Valdeolivas
conserva en su interior las únicas pinturas murales medievales de la provincia
de Cuenca. Datadas genéricamente en el siglo XIV, se fechan concretamente entre
los años 1290 y 1325. Se trata, por lo tanto, de una decoración tardía pero que
responde a una tipología compositiva vinculada al románico. Esta zona
conservada formaría parte de todo un conjunto pictórico que decoraría la
iglesia original, y del cual nada queda en la actualidad. Estas pinturas
estuvieron durante largos años detrás de un retablo barroco del siglo XVIII,
hasta la destrucción de éste en 1936. Desde entonces quedaron a la vista de
fieles y visitantes.
Integradas con la arquitectura, las pinturas se
encuentran en la cuenca absidial de la iglesia, el espacio idóneo para la
representación de la Maiestas Domini. Aquí es donde mayor atención se
concentra, ya que su forma cóncava se asemeja a la bóveda celeste, y, por lo
tanto, al espacio divino; además, es el pun
o donde convergen todas las miradas
de los fieles.
Pantocrator pintado sobre el ábside,
enmarcado en mandorla también pintada. Su pintura ha sido fechada en el primer
cuarto del siglo XIV, conservándose detrás de un retablo barroco destruido en
el año 1936, lo que dio lugar a su hallazgo.
Pantocrátor
Por eso encontramos en el centro del ábside la
figura del Pantocrátor, en posición sedente, dentro de una elaborada mandorla
almendrada, con clara influencia bizantina, aunque se diferencia de lo
estrictamente bizantino porque, en este caso, se representa el cuerpo entero.
En actitud de bendecir con la mano derecha y sosteniendo con la izquierda un
libro abierto –el libro de la Ley–, se representa a Cristo majestuosamente
entronizado, barbado, sentado sobre un arco y con una bola a sus pies. Ocupa el
lugar de honor porque es el Cristo que juzga a los hombres, que da fe de la
grandeza divina y del fin de los tiempos. Siguiendo los cánones de la época, se
individualiza su imagen a través de su tamaño, su jerarquía y su vestimenta. Se
utilizan colores muy intensos y contrastados entre sí, y se representa a Cristo
con dimensiones muy acusadas que muestran a la figura con una fuerte carga
simbólica de lo absoluto, de lo divino. Los ojos, y sobre todo las piernas,
brazos y manos adquieren unas dimensiones desproporcionadas, que incluso se
remarcan, como es el caso de la mano derecha.
En el marco almendrado u oval se distinguen dos
tipos de decoración claramente diferenciadas: en la primera, destaca un tallo
cilíndrico que rodea la figura del Pantocrátor, decorado con escamas que
simbolizan el ámbito de lo celeste, y que, unidas a los meandros entrecruzados,
simbolizan la eternidad y son un atributo de poder; por otra parte, en el borde
más exterior se representa la bóveda celeste, sobre la que se observan dos
querubines, uno a cada lado.
Acompaña a este Pantocrátor, el Tetramorfos:
los cuatro seres “que sin descanso dan gloria, honor y acción de gracias al
que está sentado en el trono”. En esta ocasión los cuatro evangelistas
aparecen representados según la visión de Ezequiel, avanzando en las cuatro
direcciones, pero volviendo sus rostros hacia la figura de Cristo. Se hallan
situados dos a dos: en la parte superior, en el borde exterior de la mandorla,
en línea con la cabeza del Pantocrátor, encontramos, a la izquierda, a San
Mateo y a la derecha, aparece el águila que representa a San Juan; ya a los
pies, y por fuera de la mandorla, aparece el león que representa a San Marcos,
a la izquierda, y el buey que representa a San Lucas, a la derecha.
Flanquean la mandorla las figuras de los
apóstoles. El Colegio Apostólico aparece representado en esta ocasión en dos
grupos, a ambos lados del Pantocrátor. Siguiendo el modo de pintura
tardorrománica se representan con varios niveles de profundidad, concretamente
en tres niveles y en sentido piramidal. Aparecen en actitud orante y mirando al
Pantocrátor.
Remata todo este conjunto, un fondo con
decoración geométrica, y, ya en lo alto de la bóveda, aparece representado el
Espíritu Santo, en forma de paloma y dentro de un círculo del que parten siete
haces de rayos.
Situada en una capilla de la nave lateral,
encontramos la pila bautismal de esta iglesia. Labrada en piedra caliza,
presenta una tipología bastante sencilla que responde al esquema básico
desarrollado en la provincia de Cuenca y de su vecina Guadalajara durante el
siglo XIII. Con forma de copa, está compuesta por vaso y pedestal. El vaso, de
grandes dimensiones, con un diámetro de 135 cm y una altura de 96, presenta una
decoración que responde a un modelo muy extendido en la zona de la Alcarria:
está decorado con gruesos gajos que se recogen en la base, y en la parte
superior se cortan horizontalmente por una cenefa lisa. El pedestal es de
planta circular, resuelto a modo de basa con bocel, escocia y amplio y grueso
toro. Ha sido vinculada por Nieto Taberné al grupo de Arcas y La Melgosa.
La pila bautismal se encuentra en una
capilla lateral de la nave sur, flanqueada por varias imágenes religiosas,
iluminado el espacio por la luz que se filtra a través una vidriera que se
encuentra bajo el arco del fondo.
Además, la iglesia de la Asunción conserva en
su interior un notable ejemplo de pila de agua bendita. De tradición románica y
labrada en jaspe rojo, presenta una decoración a base de gallones y unos labios
moldurados.
Románico en la Alcarria Conquense y
Serranía de Cuenca
El norte conquense, correspondiente
geográficamente a la Alcarria conquense y la Serranía de Cuenca,
tiene un importante patrimonio románico rural derivado de la conquista de la
ciudad Cuenca y que es la continuidad natural del románico alcarreño de
Guadalajara en dirección al sur.
Esta zona del "Infantado"
tanto de Guadalajara como Cuenca conserva importantes restos románicos
derivados de la importancia del Monasterio Cisterciense de Monsalud de
Córcoles.
Vamos a encontrar en esta comarca bellas
portadas de arquivoltas apuntadas, decoradas con puntas de diamante y profusión
de columnas con elegantes capiteles vegetales.
Ribatajada
A 37 km de Cuenca, a los pies de un cerro, en
un evocador escenario, se localiza Ribatajada. Con una altitud de 943 m, se
levanta justo en el borde de El Campichuelo, territorio de “transición”
entre la Alcarria y la Sierra, que limita con las Sierras de Bascuñana, al
Oeste, y la de Majadas, al Este. Por la situación geográfica a la que
pertenece, destacan en sus alrededores montes y elevaciones de considerable
altitud, repletos de pinares, así como también tierras de cultivo, con
predominio de los colores pardos y rojizos, bañados por el río Trabaque, donde
también abundan chopos y olmos en las riberas, y vides, encinas, quejigos y
matorrales.
A esta población conquense se accede a través
de la CM-2105. Pasado “El Chantre”, hay que tomar un desvío a la
izquierda para acceder a la carretera que enlaza todos los pueblos de El
Campichuelo conquense. El último de todos ellos es Ribatajada, limitando ya con
la Serranía. Con una población que en invierno ronda los sesenta habitantes,
destaca entre su caserío su iglesia parroquial y en lo alto del cerro la ermita
de Nuestra Señora de la Estrella, desde donde se contempla un amplio panorama.
En las inmediaciones del camino hacia Arcos de la Sierra, en el lugar que un
día ocupó el cementerio, se encuentra la ermita de la Virgen del Rosal, rodeada
por hermosos jardines y árboles frutales. Y ya de camino a la vecina
Ribatajadilla, a mitad del recorrido, se conserva lo que un día fue convento de
los Franciscanos y ermita de San Pantaleón.
Iglesia de San Juan Bautista
Situada en el extremo occidental del pueblo, al
final de la calle Real, se levanta la iglesia parroquial de Ribatajada.
Ningún documento nos precisa la fecha exacta de
su construcción (salvo un sillar que explicaremos más adelante y que puede
conservar e indicar la fecha en la que se levantó), pero al igual que el resto
de templos de esta zona, responde al esquema básico de iglesia de repoblación,
de estilo románico tardío, construida durante el siglo XIII, después de
pacificada toda esta zona por parte del rey cristiano Alfonso VIII.
Su aspecto actual es fruto, además, de toda una
serie de modificaciones y nuevas intervenciones llevadas a cabo, sobre todo,
durante los siglos XVI y XVII. Intervenciones que, por otro lado, no impiden la
conservación de parte de sus elementos románicos, entre ellos su portada, una
de las más bellas del románico conquense.
Esta iglesia rural, de pequeño tamaño, se
compone de nave única y ábside en semicírculo precedido por presbiterio
rectangular, con un pequeño cuerpo de planta cuadrada, adosado en el lado sur,
que hace de sacristía.
Tiene dos portadas, una, de pequeñas
dimensiones, abierta en el lado oeste del edificio, resuelta por arco apuntado.
Actualmente está cegada, aunque en origen se abrió para comunicar el interior
del templo con el cementerio situado en el entorno de la iglesia.
La otra portada, abierta en el lado sur, es la
entrada principal. Realizada con sillares de tonos rojizos, se resuelve con un
arco adovelado apoyado en jambas. Presenta, además, tres arquivoltas con
recercado moldurado y otros elementos decorativos austeros y de menor entidad.
Las arquivoltas descansan en una doble cornisa
que recorre todo el cuerpo y, que a su vez, da paso a seis columnas, tres a
cada lado de la portada. Estas columnas, restauradas hace poco, quedan
rematadas por unos capiteles con una decoración vegetal de escaso relieve. A su
vez, los fustes se apoyan sobre un basamento compuesto por basas poco
pronunciadas sobre plinto recientemente construido.
En el cuerpo de portada, en el lado izquierdo,
llaman la atención dos sillares con inscripciones. Entre la puerta de entrada
al templo y la primera columna interior, en el segundo sillar encontramos la
siguiente inscripción: […] ACE VCD IN ERA […] […] CCLXIII.
La transcripción literal sería la siguiente: […]
Ace vcd en la Era de [1]263. Posiblemente, tiene que ver con alguna de las
etapas de construcción del edificio, pero el mal estado de conservación en el
que se encuentra, dificulta su estudio y transcripción.
Además, en el último sillar de esta misma zona,
previo a la doble cornisa que separa los capiteles de las arquivoltas, aparece
inscrita la fecha de 1763, cuando se llevó a cabo una de las muchas
remodelaciones que sufrió esta iglesia. La portada se completa con un tejaroz y
dos roscas de teja vuelta.
Capiteles con decoración vegetal
diversa.En el exterior llama también la atención el
ábside. Conserva su altura original y presenta en el alero la cornisa pétrea
con moldura cóncava en el borde, de época románica. Ésta queda apoyada en una
serie de canecillos decorados a base de rollos y otros motivos, principalmente
vegetales. En el eje del tambor, se abre una pequeña ventana de arco de medio
punto recercado de sillar.
Completa todo este bello conjunto la espadaña
del muro de poniente. Construida a base de sillar, está estructurada en tres
cuerpos separados por una simple moldura. En el superior se abren dos huecos de
medio punto para las campanas, y la parte más alta está rematada por una
estructura triangular. Este elemento de la iglesia ha sufrido una serie de
modificaciones a lo largo de su historia que han provocado que quedara embutida
entre el añadido de los muros laterales de la nave. También han sufrido las influencias
de posteriores intervenciones la portada de arco apuntado, hoy cegada, y un
ventanal adintelado, abierto en el cuerpo superior. Además, a comienzos de la
década de los ochenta del pasado siglo XX, se construyó a los pies de esta
espadaña un pequeño recinto que hace las veces de almacén.
La obra románica se levanta en mampostería con
remates de sillar en las esquinas, de arenisca de grano fino y tonos rojizos y
ocres. Actualmente se aprecia el enfoscado por toda la parte exterior del
edificio, así como un pequeño zócalo que recorre todo el ábside.
Presenta este templo una cubierta a dos aguas
en todo el edificio salvo en el cuerpo de la sacristía. Los canecillos y la
cornisa original sólo se conservan en parte del presbiterio y en el ábside. En
el resto, el vuelo de los aleros se resuelve mediante tejas de rosca vueltas.
Ya en el interior, el ábside aparece cubierto
por una bóveda de cuarto de esfera. El presbiterio, en cambio, hace uso de
bóveda de cañón de yeso, quedando separadas ambas partes del edificio por un
arco de medio punto de ladrillo. Por otro lado, el paso del presbiterio a la
nave se resuelve mediante arco triunfal de medio punto moldurado que presenta
un escudo en el centro y que apoya sobre pilares moldurados de planta
poligonal, rematados en la parte superior por capiteles decorados con bolas, y
en la parte inferior apoyados en basamentos que a su vez apoyan en pilares
poligonales.
La nave queda dividida en tres tramos y está
cubierta por bóveda de yeso sobre falsos arcos fajones doblados y formeros
formando lunetos, que apoyan en pilastras adosadas al muro a través de cornisa
de yeso moldurada y volada. A los pies de la nave se encuentra un coro alto que
corta por la mitad una pequeña ventana románica abierta en el muro de poniente.
En mal estado de conservación y a modo de
jardinera, se encuentra actualmente la antigua pila bautismal de Ribatajada, a
los pies de la puerta principal de la iglesia.
Labrada en piedra caliza roja, presenta un vaso
de 93 cm de diámetro exterior y 75 cm de diámetro interior. Se caracteriza por
la ausencia de decoración: presenta un vaso muy tosco y algo irregular,
totalmente liso. Se apoyaba, en origen, sobre un pedestal troncocónico
invertido de 35 cm de altura, que actualmente se conserva separado de la copa.
Responde, en líneas generales, a la tipología que Nieto Taberné clasifica como
pilas lisas, un modelo ampliamente extendido por la provincia de Cuenca.
Recuerda a las pilas conservadas en Tribaldos, Lagunaseca, o Belinchón. Todas
ellas caracterizadas por la ausencia de decoración en sus vasos y por presentar
un aspecto muy tosco y primitivo.
Albalate de las Nogueras
Se trata de uno de los pueblos más antiguos de
la provincia de Cuenca. Situado a escasos 44 km de la capital, siguiendo la
carretera CM-210 en dirección norte a Guadalajara, Albalate de las Nogueras se
asienta sobre un promontorio, dominando la vega en la que confluyen los ríos
Albalate y Trabaque (afluentes del Guadiela). Su región natural es la Alcarria
y, más concretamente, la denominada Alcarria oriental o conquense, rodeada por
la Sierra de Cuenca al Este y la de Altomira al Oeste y perdiéndose al Sur en
llanura manchega. Es también Albalate punto de origen de la conocida ruta del
mimbre, que, partiendo de la región de la Alcarria, tiene su punto final en la
Serranía conquense, en Beteta.
Se puede afirmar que Albalate ha estado
habitado desde tiempos inmemorables y así nos los confirman los hallazgos
encontrados en diversos parajes de la zona, de los cuales destacan el Cerro de
los Castillejos, Bombarra o Peña del Castella, Peña Lutero y Valdevilla; pero,
por encima de ellos, el que mejor se ha estudiado y, por tanto, más información
arroja a la hora de intentar establecer un origen del pueblo, es la zona
denominada Fuente de los Baños. Habitado por hombres prehistóricos, por
poblaciones celtas (450-250 a.C.) y romanas (130 a.C.), la Fuente de los Baños
fue lugar de acogida para sus diversos habitantes hasta la llegada, en el siglo
VIII, de los árabes, verdaderos colonizadores de la localidad. Fue un famoso
médico, Abden Yuseb, quien le otorgó su nombre, aprovechando lo beneficioso de
sus aguas para bañar y curar enfermos en sus pilas o piscinas. Aquí
permanecerían los nuevos pobladores hasta el siglo XI, donde interviene uno de
los personajes más famosos de nuestra historia y cultura popular: Rodrigo Díaz
de Vivar, el Cid. Éste, en el camino de su destierro desde tierras castellanas
hasta las de Aragón, tuvo que enfrentarse a los pobladores provenientes del
norte de África en una zona cercana, Villaconejos de Trabaque, donde,
finalmente, las tropas árabes sufrieron una importante derrota.
Diezmados en sus fuerzas, los supervivientes,
buscando un asentamiento más seguro, siguieron el cauce del río Trabaque y
escogieron una pequeña montaña, rodeada de agua procedente del citado torrente,
que denominaron Albalate de Bombarra. Etimológicamente, Albalate de Bombarra
vendría a significar “el camino a Bombarra”, habiendo sido este destino
un pequeño asentamiento habitado también por los pueblos árabes de la zona.
Esta nomenclatura permanecerá, sobre todo en los libros parroquiales, desde el
siglo XI hasta el XVI, cuando vemos que el encabezamiento del pueblo sufre la
que, a la postre, sería su última modificación, pasando a denominarse Albalate
de las Nogueras. Este nuevo término le fue dado por la cantidad y calidad de
los diversos noguerales de la zona, los cuales cambiaron un trozo de historia
por un suculento negocio, vía principal de su economía.
Tras la conquista de Alfonso VIII, Albalate fue
agregado como aldea a la jurisdicción de la ciudad de Cuenca, de la que
dependió hasta la mitad del siglo XVIII, cuando fue comprada, como villa, bajo
la jurisdicción y señorío del marqués de Olías y Mortara. En 1814, tras la
nueva división surgida de la Constitución de Cádiz, Albalate entró a formar
parte del recién creado Partido Judicial de Priego y, ya durante ese siglo,
aparece de manera común el nombre del pueblo en relación con los diversos
enfrentamientos que se dieron en la Península: en el conflicto entre liberales
y absolutistas (1820) y en la primera guerra carlista. A finales del siglo XIX
perdió su condición de villa independiente, puesto que el señor de la misma
vendió sus tierras, pasando, finalmente, a estar sujeta al Gobierno de la
nación.
Actualmente, sus poco más de trescientos
vecinos se dedican en su mayoría al cultivo de la zona y al pastoreo, trabajos
heredados de generación en generación. Éstos han permitido mantener intacto un
pedazo de historia, conservada también en parte de sus edificaciones, entre las
que destacan las más antiguas viviendas, de clara influencia árabe, con
predominio material del yeso sobre el adobe, cubiertas de teja sobre soportes y
vigas de madera y mucho material de relleno. Estas viviendas eran con frecuencia
polivalentes, es decir, en el mismo edificio, además de las dependencias
domésticas, se disponía de cuadras y corral, en la planta baja, y de pajares,
almacén o cámara, en la superior.
Pero el elemento más singular y característico
de la vivienda tradicional albalateña es, sin lugar a dudas, “La Cueva”.
Las Cuevas o Bodegas forman parte de las viviendas o construcciones
independientes, siendo túneles excavados en la tierra (preferiblemente en las
laderas de cerros y montículos) que tienen la peculiaridad de mantener
constantes las condiciones de temperatura y humedad durante todo el año. De
esta forma, tradicionalmente han sido los lugares ideales para permitir la
correcta conservación de alimentos y vinos.
Por todo, sus gentes han conseguido que hoy en
día Albalate siga desprendiendo un olor a historia, a costumbre y tradición
que, unido a su entorno físico, hacen de éste, un pueblo singular y en perfecta
comunión con la cultura que durante siglos ha sabido mantener. De hecho, aún se
siguen representando prácticas antiquísimas, como las Quintas, las Meriendas o
las Calaveras.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Situada en la plaza mayor, punto más alto de
Albalate de las Nogueras, encontramos esta magnífica obra de arte propia del
románico inercial, típico de la provincia de Cuenca. Recorriendo las calles que
llevan a la iglesia de la Asunción, podemos observar la combinación de
elementos arquitectónicos de muy diferente factura, donde destaca el estilo
barroco y renacentista, siempre desde un enfoque popular. Pero, sin lugar a
dudas, el punto culminante de dicha arquitectura lo constituye la iglesia del
pueblo, que, construida delante del Ayuntamiento, otorga a la citada Plaza
Mayor un cuadrado casi perfecto, en el que sus lados nos ofrecen los símbolos
del otrora poder local, el eclesiástico y el legislativo.
La iglesia se erigió justo donde en siglos
anteriores se encontraba la mezquita principal de Albalate de Bombarra, según
la tradición, por mandato del párroco del pueblo, don Gil de Albornoz, durante
su época de Cardenal (1350-1376), en recuerdo de los años en que fue cura de
dicha parroquia. Sin embargo, tanto el estilo como las fuentes sobre la
edificación, fechan el inicio de la construcción en una época anterior, 1185,
es decir, casi dos siglos antes de que don Gil de Albornoz pudiera haber
intervenido.
Nos encontramos ante uno de los más importantes
edificios de fábrica románica de la provincia que, a diferencia de otras
construcciones, todavía conserva gran parte de su estructura original.
La iglesia presenta planta de cruz latina,
cabecera rectangular, crucero al exterior con un cuerpo más elevado a modo de
cimborrio, dos pequeñas capillas de planta cuadrada adosadas a los brazos del
crucero, una única nave rectangular (de proporciones más reducidas que la
cabecera), elegante espadaña al Oeste y dos portadas de acceso enfrentadas en
cada uno de los muros laterales de la nave.
Según Ricardo Blanco Niño “el hecho
histórico que debió influir en su construcción y estilo, fue la llegada de los
cistercienses, grandes impulsores y propagadores del románico, al pueblecito de
Córcoles, en donde hacia el año 1141, fundaron el Monasterio de Monsalud, desde
donde irradiaron su fe, su cultura y su arte por toda esta región”.
Partiendo de esta base, la iglesia original constaría de una única nave con
ábside semicircular donde se situaría el presbiterio con altar exento, los
cuales se perderían en la ampliación del siglo XVII. Pero, para poder
estudiarla más en profundidad se dividirá su descripción en dos partes bien
diferenciadas, por un lado el exterior y por otro el interior.
El exterior, construido mediante sillar, al
menos en la parte románica del edificio, presenta un cubrimiento diverso según
las partes de la misma (aunque todos resueltos gracias a teja cerámica).
La nave es a dos aguas, en el cuerpo central a
cuatro y en las distintas capillas laterales a una.
Entre los principales elementos destacables de
esta impresionante obra constan los distintos canecillos sobre los que se
recoge el vuelo de los aleros en la parte de la nave. Hay veinticuatro en el
muro norte, que van desde los de decoración vegetal hasta los de decoración
antropomorfa y zoomorfa. Son de una factura no repetida en la provincia, pero
con gran similitud con la decoración de las ménsulas y ventanas de la nave
mayor de la catedral de Cuenca.
Siguiendo la dirección entre la cabecera y la
espadaña, los distintos modillones se presentan así: el primero es
irreconocible, al igual que los que ocupan los lugares cuarto y octavo,
mientras que el segundo y el tercero se adornan con una cara y una cabeza
(bastante deteriorada), respectivamente. Tras los mencionados, encontramos los
siguientes detalles: una piña, otra cabeza, una hoja, una cara de nuevo, una
máscara, otra cabeza humana y una cabeza de animal girada, un canecillo liso,
un pentágono, seis bolas, una tercera cabeza humana, un felino con grandes
orejas afiladas, otro canecillo liso, otro pentágono, una moldura y, para
terminar, unas puntas de diamante.
En el muro norte se halla la entrada principal
al templo. Bajo un tejaroz de losas sobre cornisa y decorados con motivos de
cestería, al lado de uno de los contrafuertes correspondientes a los arcos
fajones del interior, se sitúa esta bella portada de arquivoltas apuntadas.
Dichas arquivoltas se resuelven de diversas
formas, así la exterior aparece decorada por cuadrifolias y recercado de puntas
de diamantes (muy deterioradas); las centrales con decoración realizada en
molduras con cordones, escocias y biseles; y, finalmente, la interior adovelada
y decorada con dobles dientes de sierra. Todo ello está montado sobre una fina
imposta corrida moldurada y jambas y pedestal lisos.
La primitiva portada debió de tener pedestal o
base con su moldura corrida. A su vez, entre la basa y el arranque de las
arquivoltas habría tres columnitas que, con el paso del tiempo y por diversas
circunstancias, desaparecieron y no fueron sustituidas por otras, sino por los
sillares que ahora llenan los huecos (siglos XVIII-XIX). Según varios autores,
entre los que destaca Miguel Ángel Monedero, esta portada guarda una importante
relación o incluso estaría inspirara por la de la iglesia de La Puerta, de la
vecina Guadalajara, en la que aparecen elementos decorativos similares a los
que aquí encontramos. A la derecha de la portada, y junto al mencionado
contrafuerte, se halla una ventana aspillera con saetera enmarcada en arco de
medio punto, descansando sobre columnillas con capiteles adornados por
decoración vegetal.
En el muro que corresponde a los pies de la
iglesia destaca la esbelta y elegante espadaña. La cual, pese a la ampliación
que sufrió el templo, permaneció estable y, al contrario que en otras iglesias,
se acometió en la cabecera, sin lugar a dudas, con gran acierto por parte de
los encargados, ya que permitió conservar esta fastuosa espadaña.
Es de frontón muy apuntado, estructurada en un
solo cuerpo y rematado en forma triangular. Sobre el cuerpo se abren tres
troneras o huecos de medio punto para las campanas, situando dos en la base del
triángulo y una más en la parte superior, de menor tamaño, para el campanil.
Toda esta parte sufrió una pequeña remodelación en 1987, debido al impacto de
un rayo. Bajo el cuerpo de las campanas y en línea perpendicular con la tronera
más alta se abre otra ventana abocinada, la cual consta de dos arcos de medio
punto con dovelas y moldura, que descansan sobre columnillas con un capitel
sumamente esquemático, dotando a la nave principal de una débil iluminación.
En cuanto al último muro existente de la
fábrica original, el muro sur, presenta varias similitudes con el norte. Dicho
muro sigue el esquema que presenta su homólogo, sirviendo de puerta de acceso
entre el templo y el antiguo cementerio.
De este modo, tiene una cornisa de piedra con
una veintena de canecillos anacelados bajo un pequeño tejaroz. En esta ocasión
el número de canecillos disminuye en dos y, siguiendo una dirección de Oeste a
Este, aparecen las siguientes representaciones: dos canecillos con moldura, dos
cabezas casi irreconocibles, uno liso, dos con decoración de hojas palmeadas,
dos lisos, una esfera, una hoja, otra cabeza, una hexafolia incrustada en un
círculo, una tercera cabeza, un rostro humano, un animal, una hoja, uno liso,
una cabeza humana, un modillón irreconocible, otra hoja y, finalmente, uno sin
ningún tipo de decoración.
La portada sur está acotada por dos
contrafuertes: el izquierdo, totalmente intacto y que corresponde con uno de
los arcos fajones del interior, y el derecho, reutilizado y aprovechado en el
muro de la capilla edificada con posterioridad. Esta portada consta de un arco
apuntado de triple baquetón sobre imposta, con arquivolta decorada por cordones
y escocias que apoyan directamente sobre columnas de capitel vegetal, que
descansan sobre sencillos pedestales. A la izquierda de la portada, en paralelo
con la del muro contrario, se encuentra otra pequeña ventana aspillera, con sus
mismas características, es decir, arco de medio punto adovelado que apoya sobre
columnillas de capitel muy esquematizado.
Por último, la cabecera, ampliada en el siglo
XVII, sustituye a la original y fue realizada, según recoge el informe
(noviembre de 1621) presentado por el veedor Francisco del Campo a causa de
que: tiene tanta necesidad de ensancharse que ningún día solemne puede
juntarse todo el lugar a oír Misa ni a ninguna procesión, que por ser tan
pequeña la dicha iglesia y aver ido en aumento el lugar y la gente y al
presente ba aumentándose y para el remedio desto e bisto y considerado el
ensanche que puede tener… Este problema de espacio se solucionó con la
creación de dos capillas a ambos lados de cabecera, lo que le proporciona la
actual planta de cruz latina.
Acerca del interior de la nave, se ha de
destacar que presenta también rasgos totalmente distintivos y que contribuyen a
hacer de la iglesia de Albalate de las Nogueras un ejemplar casi único de la
provincia de Cuenca.
La nave original se cubre con bóveda de cañón
apuntada, a la manera cisterciense, y se divide en tres tramos por arcos
fajones apuntados, los cuales se corresponden con los contrafuertes que
encontramos al exterior, y con moldura de triple rosca. Estos arcos apoyan
directamente sobre pilastras compuestas.
Todos se coronan con capiteles de variada
decoración, en los que algunos autores observan reminiscencias árabes o más
propias de la estética gótica, donde predomina la decoración vegetal,
mayoritariamente de hidra o roble. La iluminación de la nave se consigue
gracias a varias ventanas abocinadas, dos de fábrica románica en el tramo final
de la misma y otras dos, sitas en el primer tramo, de construcción similar,
pero cegadas y cortadas en su parte inferior por los arcos de entrada a las dos
capillas edificadas posteriormente. Dichas capillas, de planta cuadrada al
igual que el tramo central del crucero, se cubren mediante cúpula sobre
pechinas, y la más cercana a la portada sur está dedicada al baptisterio. Por
último, el tramo entre la nave y la cabecera, resuelto mediante arco triunfal,
es el postrero arco fajón, pero, a diferencia de los ya explicados, descansa
sobre pilastras con moldura de gran dimensión y se remata en capitel vegetal.
Al igual que la fábrica primitiva de la
iglesia, la pila bautismal de Albalate de las Nogueras es un ejemplar muy
interesante y bien conservado. Según Ricardo Blanco Niño, la pila estuvo
ubicada a los pies de la iglesia, en el centro de la nave. Sin embargo, en la
visita general realizada el 25 de noviembre de 1603, el licenciado Francisco
Cortés ordenó al mayordomo de la iglesia que se hiciera una capilla nueva con
su reja para albergarla. Señala el mismo autor que esta capilla se construyó en
el ángulo de la pared de la espadaña y la pared por donde están las escaleras
de subir al coro actualmente. Posteriormente, al colocar el coro en 1689 y las
escaleras de acceso, esta capilla bautismal quedó casi oculta, motivo por el
que se decidió en 1966 sacar la pila de allí y trasladarla a la capilla de la
Vera Cruz, donde hoy se encuentra.
Esta pila bautismal (110 x 85 cm) se podría
catalogar dentro del grupo de las decoradas con gajos o gallones que tanto
abundan en la provincia, sin embargo, presenta sus propias variaciones, que la
hacen distinta de las otras. Realizada en piedra, el vaso se divide en dos
partes claramente diferenciadas: en primer lugar, la cenefa, enmarcada entre
molduras con motivos de cestería y con tres torzales cada cinta, presenta una
decoración similar a la de uno de los capiteles interiores sobre los que
descansan los arcos fajones de la nave original. En segundo lugar, el vaso se
divide en gallones separados por cordones de soga sin torcer y molduras
similares a la descrita en la cenefa. Tanto cordones como molduras hacen que
los gajos se presenten sin relieve ni abultamiento, llegando hasta su
recogimiento en la base de la copa. Completa el conjunto una base cuadrada de
fábrica posterior, donde se asienta la pila original.
Existen otras dos pilas con características
semejantes en la propia provincia de Cuenca. En primer lugar, la del pueblo de
Villar del Saz de Navalón, que cuenta con la misma decoración en la cenefa con
motivos de cestería trenzados, aunque mucho más toscos y abultados; y, en
segundo lugar, la de Villalba de la Sierra, con un cuerpo de vaso totalmente
diferente, al haber sido sustituidos los gallones de la pila de Albalate por
una arquería que recorre todo el vaso. En definitiva, según Tomás Nieto Taberné,
nos encontramos ante de una obra que podríamos calificar dentro del grupo
invariante del románico, por lo que su talla debió de realizarse, al tiempo que
el templo original que la cobija, en la primera mitad del siglo XIII.
Románico en Tierras de Alarcón y sur y
oeste de Cuenca
Nos centramos, por tanto, en la Tierra
de Alarcón y de las comarcas centrales de Cuenca, pertenecientes a
la Comunidad de Villa y Tierra de Cuenca y las Obispalías.
He elegido para esta página las
importantes iglesias de Valeria y Arcas, las iglesias de Santo
Domingo de Silos y la ermita de la Virgen de la Orden (hoy cementerio)
de Alarcón y Santiago Apóstol de Naharros, aunque hay bastantes
más.
Valeria
“Valeria, 5000 años de historia”, con
este lema se anuncia la ciudad de Valeria, antigua Valera de Arriba y actual
ocupante de la zona conocida como “Las Valeras” (integrante también de
Valera de Abajo). De acuerdo con ese mensaje, podemos establecer que nos
encontramos ante uno de los asentamientos más antiguos de la provincia, que
hunde sus raíces en la riquísima historia de la zona.
Sin embargo, antes de centrarnos en su
historia, intentaremos establecer una ruta para acceder a la localidad. Desde
la capital conquense, se ha de coger la carretera N-320; aproximadamente en el
kilómetro diez, se toma el desvío hacia el pueblo de Arcas. Una vez atravesado
el pueblo, ahora por la vía CM-2100, unos 25 km nos separan de Valeria.
Los orígenes de Valeria habría que situarlos en
época prehistórica, sin embargo es a partir de la dominación romana cuando
alcanza su plenitud jurídica. A partir del 179 a. C, Valeria (que toma su
nombre del que fuera su pretor, Valerio Flaco) entró a formar parte de la
provincia romana de la Tarraconense, aunque años después pasará al término de
la Carthaginense. Prueba de todo esto es el impresionante yacimiento que se
conserva a escasos 100 m de la actual población. Entre sus restos más
destacados cabe señalar el foro, con su basílica, diversas tiendas o tabernae,
así como el ninfeo o fuente monumental.
Su importancia queda corroborada gracias a su
inclusión, en época visigoda, como una de las tres sedes episcopales de la
provincia de Cuenca, junto con Ercávica y Segóbriga. Entre los tres se
repartían el territorio, tanto administrativo como jurisdiccional. Sobre su
existencia durante todo el período visigodo han llegado hasta nosotros diversas
actas de los Concilios Toledanos (583-693) donde aparecen las figuras de los
obispos de Valeria. Ya en época musulmana, según Monedero Bermejo, es probable
que fuera destruida, en buena parte, sin que su población desapareciera por
ello, como lo muestran algunos restos musulmanes que han aparecido.
Tras la reconquista de Cuenca, Alfonso VIII, en
su afán de recobrar la tradición religiosa de la provincia, pide y obtiene, del
Papa Lucio III, la refundación de las viejas sedes episcopales, entre ellas
Valeria. Aunque la nueva población se ubicaría en un nuevo emplazamiento,
dejando el anterior como muralla y cantera del nuevo poblado. La muralla que se
conserva en la actualidad fue construida en esta época, y presenta varias
similitudes con la hallada en la propia capital.
A partir de aquí pocas son las noticias que se
conservan del pueblo, el cual, sin duda, poco a poco fue perdiendo su hegemonía
a favor de la capital. En 1561, Diego Fernando de Alarcón se convertiría en el
primer señor de Valeria al comprar la villa a la Corona. Años después cambiaría
su nombre por el de Valera de Arriba (1580), nombre que ha llevado hasta hace
algunos años, cuando volvió a cambiar su toponimia.
En 1787, la villa aparece bajo el patronazgo de
los Duques de Granada y así permanecería por lo menos hasta el siglo siguiente.
Iglesia de Nuestra Señora del Asey
Bajo esta advocación tan curiosa se halla la
mayor iglesia románica de toda la provincia de Cuenca, ya que es la única
conservada con tres naves y sus respectivos ábsides. Su nombre deriva de una
deformación popular con varios siglos de antigüedad, partiendo de “la sey”
(es decir, “la sede”) se llega o evoluciona al actual del Asey. Todo es
recuerdo de la vieja cátedra episcopal existente en Valeria y que, incluso,
siguió representada en el Cabildo de la Catedral de Cuenca por medio de uno de
sus notables, que llevaba el título de Abad de la Sey. Dicho título se instauró
por primera vez en 1410 como recordatorio de la antigua sede episcopal de la
propia Valeria.
Como indica Nieto Taberné, no existen datos
concretos del origen de la iglesia, pero se podría situar en el segundo
asentamiento cristiano en Valeria (1212) tras la batalla de las Navas de
Tolosa. Sin embargo, algunos otros autores, como Julián Torrecillas, indican la
posibilidad de que bajo este templo existiera uno anterior de origen visigodo
(basílica), a tenor de los vestigios que adornan las paredes del templo.
Sea como fuere, el templo actual cuenta con
tres naves y sus respectivos ábsides (siendo el central mucho mayor que los
laterales), torre adosada a los pies, con un estrecho paso en su parte
inferior, portada en el muro sur y presbiterio resaltado. Desgraciadamente, de
época románica sólo se conserva la cabecera con los tres ábsides, la planta, el
muro sur (excepto la portada) y los pilares y arcos de separación entre naves.
Esto es así, porque en el siglo XVI el conjunto sufrió una importante restauración
y todo él fue sobreelevado, se añadió la torre y se construyó la actual portada
de la nave sur de estilo barroco (al igual que los cinco contrafuertes que
contienen el acusado desplome del muro).
Lo que es innegable es que las cercanas ruinas
sirvieron como cantera, tanto en su construcción original como en la reforma de
los siglos posteriores.
Como es habitual, la edificación se realiza en
mampostería con sillares de refuerzo en las esquinas (también aparecen en los
ábsides, la torre y los contrafuertes), y todo el conjunto se cubre a dos aguas
mediante el uso de teja cerámica curva, recogiéndose el vuelo de los aleros en
cornisa moldurada (de época de la reforma, que vendría a sustituir a la
original románica).
En el muro sur se abre la actual portada de
ingreso. De gusto renacentista, se encuentra enmarcada por dos contrafuertes y
se resuelve mediante arco de medio punto moldurado, coronada por frontón
triangular con remate de pináculo y bola. También en este muro se levantan los
citados contrafuertes.
En cuanto a los ábsides, aunque retocados, son
muestras fehacientes de su construcción original. Realizados a base de hiladas
de sillar, cuentan con un pequeño zócalo en su parte inferior. En cuanto a su
cornisa, simplemente el ábside central conserva parte de la original, mientras
que el resto es obra de la ampliación, aunque ambos se resuelven mediante
cornisa con canecillos y rosca de teja vuelta. Bajo la central se abre una
pequeña ventana abocinada, obra de la segunda reconstrucción.
En el muro de los pies se halla, adosada, la
torre campanario. Dividida en dos cuerpos, corona con huecos en arco de medio
punto para campana. Sin lugar a dudas a su belleza colabora el pequeño hueco,
utilizado como pasadizo, en su parte inferior. En dicha abertura encontramos un
arco cegado formado por dovelas de sillar, bajo otro arco de medio punto de
descarga. Sobre la función de este arco se ha debatido mucho, y, así, autores
como Monedero Bermejo apuntan que es el único resto de puerta medieval conservado
en esta iglesia; otros, como Nieto Taberné, lo dejan más en interrogante,
pudiendo corresponder a materiales reutilizados y, menos probable, al antiguo
pórtico.
Muros de separación de las naves
sobre los que se apoyan arcos apuntados.
Si en el exterior se puede ver un compendio de
diferentes estilos arquitectónicos, el interior se muestra ante el espectador
de manera similar.
El templo presenta tres naves rematadas en sus
respectivos ábsides. Las naves son cubiertas mediante un artesonado de buena
calidad, aunque mucho más trabajado aparece el techo del ábside central, que se
resuelve con un artesonado de par y nudillo con tirantes. También cabe destacar
la inexistencia de arcos triunfales entre naves y cabeceras, aunque existen
pilastras adosadas (muros norte y sur) destinadas a acoger aquellos arcos, que
definitivamente nunca fueron proyectados.
Hay que mencionar también la reutilización de
materiales procedentes de la antigua Valeria, ya que si durante siglos quedaron
ocultos tras la mampostería y los enlucidos, gracias a una restauración
acontecida a finales del siglo pasado han salido a la luz: columnas acanaladas,
lisas, de tipo salomónico, piedra decorada con cenefa con motivos de cestería e
incluso, actualmente, se utiliza como pila bautismal un precioso capitel con
decoración vegetal.
Material perteneciente a las ruinas de
la antigua Valeria romana en los muros de separación de las naves.
En definitiva, y haciendo nuestras las palabras
de Nieto Taberné, “Puede considerarse esta iglesia como una obra de
transición entre los dos grandes estilos medievales, participando con
independencia de ambos, sin mezclarlos.”
Alarcón
Sin lugar a dudas nos encontramos ante uno de
los mejores conjuntos históricos y artísticos de la provincia de Cuenca. En
Alarcón el paisaje se entremezcla con el sabor añejo de la tradición, la
muralla natural formada por el río Júcar a lo largo de los siglos “rivaliza”
con la construida por la mano del hombre y lo mismo se puede decir de la
atalaya donde se ancla el pueblo, ya que parece mantener una antigua lucha por
alcanzar más altura que el castillo que sobre ella se asienta.
Ubicado a medio camino de la carretera que une
Madrid con Valencia (N-III), para acceder a él desde la capital conquense se ha
de recorrer poco más de 85 km. En un principio tomaremos la carretera N-320 en
dirección sur (la cual comunica con la vecina Albacete). Durante todo este
trayecto se atraviesa la conocida como Manchuela Conquense, tierra que alterna
los amplios campos de cultivo con los frondosos bosques, generalmente de pinos.
En este camino, atravesamos el pueblo de Almodóvar del Pinar, en dirección
Motilla del Palancar. En este último pueblo cogeremos la N-III, hacia Madrid.
Desde aquí nos separan 14 km de nuestro destino.
Habitado desde tiempos íberos y romanos,
Alarcón, empieza a tomar importancia a partir de la dominación árabe del
territorio, dependiente de la taifa de Toledo. Ya en el año 780, Muhamed el
Fehri, hijo del reyezuelo de Toledo, fingiéndose ciego se refugió en la zona.
Algo similar ocurrió con Abderramán y posteriormente con Omar Ibn Hafsun (887),
verdadero azote de los emires cordobeses, que desde este baluarte realizó
varias incursiones en el citado reino.
Aunque Alfonso VI logró conquistarla en 1085,
poco después, tras la batalla de Zalaca (1086), Alarcón regresó a manos árabes.
Finalmente, tras la conquista de Cuenca (1177), Alfonso VIII emprendió la
ocupación de Alarcón. No hay que olvidar que Alarcón era un importante baluarte
y punto de apoyo para la comunicación con Valencia. Tras nueve meses de asedio,
en 1184, el caballero extremeño Hernán Martínez de Cevallos consiguió
apoderarse de la fortaleza. Dicho caballero recibió como premio, de manos del monarca
español, la alcaldía de la fortaleza y el cambio de su segundo apellido por el
de Alarcón. Así lo atestigua el texto del arzobispo don Rodrigo Jiménez de
Rada: “Tomó Alarcón, enclavado entre rocas, reforzó las defensas de la
plaza, lo dotó de muchas aldeas para que prosperasen allí los creyentes, erigió
fortalezas en su defensa (…) repobló, entre los lugares desiertos, los que le
parecieron mejores, y protegió a los habitantes en su camino”. Dicha
repoblación se llevó a cabo por gentes venidas de Extremadura.
En octubre de 1194 la mitad de los derechos de
portazgo de Alarcón recayó en los caballeros de la Orden de Santiago por
donación de Alfonso VIII. Entre las novedades de esta época cabe destacar la
construcción por medio de los caballeros de un hospital de peregrinos para la
recuperación de cautivos.
En 1211, Alfonso VIII trasladó la corte a
Alarcón, y desde aquí se diseñó la decisiva batalla contra los almohades, que
tuvo lugar en las Navas de Tolosa. Tras la batalla, y gracias al arrojo de los
habitantes de esta villa, el rey la entregó a sus propios pobladores. Así, don
Álvaro Núñez de Lara fue su primer señor. Posteriormente, Alfonso X le concedió
el fuero de Cuenca (1256). Ya en 1305 aparece una de las principales figuras
que ha tenido el pueblo, don Juan Manuel. Tío de Fernando IV, don Juan Manuel
adquirió la villa como compensación de la pérdida de Elche y aquí escribió
algunas de sus mejores páginas.
En palabras de Miguel Salas Parrilla, “durante
toda la Edad Media, los concejos y linajes de Alarcón tuvieron una importante
actividad, como lo demuestran sus cinco templos y sus 12.000 vecinos. Ello,
unido a su privilegiada situación estratégica, dio lugar a que su posesión
fuera apetecida por los más distinguidos nobles de las cortes castellana y
aragonesa: don Juan Manuel, el infante don Alfonso de Aragón o don Juan
Pacheco”. En 1445, Juan Pacheco (marqués de Villena) accedió al control de la
villa como donación de Enrique IV.
Ya durante la guerra civil entre los Reyes
Católicos y los partidarios de la Beltraneja (1475-1480), Alarcón permaneció
fiel a esta última, lo que sin lugar a dudas sería el comienzo de su
decadencia, aunque finalmente, rendido el marqués de Villena, Alarcón quedó en
poder de los reyes.
Así, en los siguientes siglos Alarcón
desaparece de las crónicas más importantes de la época, hasta llegar la primera
guerra carlista (1833-1840), donde se cita que el castillo y las murallas
fueron restaurados y se habilitó como hospital la Iglesia de Santo Domingo de
Silos.
Finalmente, se puede decir que Alarcón ha
sabido envejecer perfectamente y adaptarse a los nuevos tiempos; así, su
antiguo castillo se convirtió en el actual parador de turismo, y aquella tierra
que en sus tiempos de apogeo contó con cinco iglesias, hoy en día conserva
cuatro de ellas y la quinta ha sido transformada en sede de congresos y
exposiciones. Por todo ello Alarcón está declarado Conjunto
Histórico-Artístico, bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto
de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Aunque Alarcón esconde en su interior una
importante colección de monumentos, lo que primero llama la atención al
visitante es su impresionante castillo y las murallas que lo acompañan. De
hecho, es imposible llegar al pueblo si no es atravesando las tres puertas
fortificadas de dicha estructura defensiva.
La primera de ella es la “puerta del Campo”,
que cuenta con una elevada torre poligonal como cumbre del cerrillo donde se
encuentra. Siguiendo por la carretera, hallamos la “puerta de Enmedio”,
con una nueva torre acompañada de un pequeño arco. Por último, ya en las
inmediaciones del pueblo y justo a los pies del fuerte, se localiza la “puerta
del Bodegón”. Finalmente, a mano derecha de la carretera nos espera el
castillo, pieza fundamental de la defensa de la zona. La fortificación actual
tiene más del siglo XV que de sus diferentes épocas constructivas anteriores.
Éste tiene planta irregular que tiende hacia triangular.
Desde las puertas señaladas da la impresión de
ser la proa de un navío petrificado, mientras que hacia el pueblo se levanta la
gran torre del homenaje.
Una vez dentro del pueblo, cuatro son las
principales calles que recorren el trazado urbano (todas en dirección
Este-Oeste) y en casi todas ellas se puede hallar una impresionante iglesia,
que, durante siglos, han sabido aguantar tanto los asedios en las guerras como
el paso del tiempo. Todas son de gran valor artístico, pero aquí nos
centraremos en las que mantienen restos románicos.
Iglesia de Santo Domingo de Silos
Para acceder a ella, hay que atravesar todo el
pueblo en dirección norte, o bien continuar la muralla más meridional en
recorrido Este-Oeste, ya que la iglesia forma parte de dicha barrera. De hecho,
tras pasar por la calle Capitán Julio Poveda, se encuentra la plaza que lleva
su nombre (plaza de Santo Domingo) y por ende la iglesia. Al final de dicha
calle queda el ayuntamiento, la iglesia de San Juan Bautista y la Casa-Palacio
de los Castañeda, en un cuadrilátero perfecto que toma por nombre la Plaza de Don
Juan Manuel.
Portada principal y campanario
Aunque actualmente está convertida en auditorio
y sala de exposiciones, la iglesia de Santo Domingo todavía conserva los rasgos
distintivos de su original románico, aunque también cuenta con añadidos
posteriores.
La construcción inercial se componía de una
única nave con ábside semicircular, con resalte de esquina entre ambos. La
portada se inscribe en el muro sur, ya que, además de ser la orientación
habitual, era imposible situarla en la otra fachada (ya que aquí se encuentra
parte del barranco en el que termina la muralla).
También cuenta con torre a los pies, que
seguramente sustituiría a la espadaña original, pero es uno más de los cuerpos
añadidos con posterioridad, al igual que los destinados a capillas en el muro
sur y en el norte. Dicha torre está formada por tres cuerpos, encontrando en
las caras del superior dos huecos con arcos de medio punto para las campanas.
Como es habitual, el edificio se construye en mampostería con refuerzos de
sillar en las esquinas, aunque aquí también los encontramos en la portada y en
la torre.
De lo poco original que se ha podido conservar
encontramos el muro sur, que alberga la única portada del templo. La puerta se
halla flanqueada por la torre y por el habitáculo de capilla añadido en los
siglos XIV-XV. Aunque románica, debido a su insinuado abocinamiento nos
traslada a una época en la que el protogótico va haciendo su aparición en la
provincia con la mejor tradición cisterciense.
En dicho muro todavía se puede apreciar la
existencia de tres huecos de ventana resueltos mediante arco de medio punto,
pero que hoy en día permanecen cegados, al igual que una pequeña ventana
abocinada (de construcción posterior) al final del muro de la derecha del
espectador.
Como anteriormente se comentó, la puerta se
halla incrustada sobre un cuerpo de sillar, que es el mismo que le produce su
abocinamiento. Ésta se resuelve mediante tres arquivoltas apuntadas formadas
por escocias y cordones, con un recercado exterior decorado mediante el uso de
puntas de diamantes. Dichas arquivoltas descansan en columnas de capitel
vegetal de decoración incisa, de las que desgraciadamente se han perdido, casi
por completo, sus basas. Según Nieto Taberné, “presenta una decoración muy
semejante a la de Arcas o las estudiadas en el Campichuelo, mientras que un
recercado idéntico lo encontramos en la ventana absidial de la iglesia de
Fuentes”.
En cuanto a su interior, desgraciadamente ha
perdido la cubierta y bóvedas originales, que han sido sustituidas por una
estructura de cerchas de madera y unos impresionantes ventanales que dotan al
conjunto de una luminosidad excepcional. Aún así, se puede adivinar su nave
original, que estaría dividida mediante arcos de medio punto en cuatro tramos.
En la zona del presbiterio podemos encontrar,
enfrentadas entre sí, dos capillas, la del muro sur, cerrada actualmente, y la
del muro norte, resuelta mediante una cubierta de bóveda nervada de sillar. Por
otro lado el ábside todavía conserva, en el centro del tambor, una pequeña
ventana abocinada, totalmente cegada. Por último, a los pies de la iglesia,
encontramos una capilla que se abre a la nave mediante arco de medio punto y
está cubierta mediante cúpula sobre pechin.
Ermita de Nuestra Señora de la Orden
Siguiendo la carretera que conduce hasta el
pueblo, a la postre única vía de acceso a la villa, por la calle Santa
Trinidad, se llega hasta un pequeño parking habilitado para autocares y
turismos. Desde aquí y en dirección sur, unos escasos cien metros nos separan
de nuestra nueva iglesia de origen románico.
La ermita, actualmente iglesia-panteón del
camposanto, perdió su culto hace siglos; sin embargo, todavía conserva algunos
de sus elementos originales.
Vista del muro sur de la
nave, con su nueva puerta y la del panteón.
Como se citó en la introducción, en 1193 la
villa pasó a manos de la Orden de Santiago, y bajo esta disyuntiva nacería la
ermita, ya que en un principio pasó a formar parte de un antiguo hospital de
peregrinos. Las noticias nos hablan de que estaría terminada a finales del
siglo XII (1195) y tanto el hospital como la iglesia realizaron su función a
partir del año 1205. Según Nieto Taberné fueron la decadencia estratégica y el
paulatino despoblamiento de Alarcón lo que produjo el abandono del culto en esta
iglesia, su deterioro y la posterior utilización, desde el año 1834, como
capilla del cementerio.
Partiendo de esta base, el actual camposanto
acoge los restos de la primitiva iglesia románica, de la cual todavía se
conserva el ábside semicircular, el presbiterio y parte de los muros de la
nave. Así mismo, el edificio contaría con dos portadas de acceso enfrentadas,
mientras que es difícil determinar si originalmente pudo tener espadaña.
Aún así, el edificio se realiza en mampostería
con refuerzos de sillar en las esquinas, y su cubrición se resuelve mediante el
uso de teja cerámica curva.
Bajo éstas se hallan restos de canecillos
cóncavos y frente rectangular. Cabe destacar dos, existentes en el presbiterio,
que cuentan con decoración antropomorfa (muy similares a los hallados en la
iglesia de Albalate de las Nogueras) y conservan perfectamente la figura
completa.
Bajo la citada línea de canecillos encontramos
sendas ventanas abocinadas, una en el cuerpo del ábside y otra más en el
paramento norte del presbiterio; esta última se encuentra oculta debido al
cuerpo adosado posteriormente y actualmente usado como panteón.
Puerta cegada de poniente Canes con decoración
antropomorfa
Como vemos, la reutilización de los elementos
originales es costumbre en todo el edificio, así, apoyando teorías de otros
autores (como Nieto Taberné o Monedero Bermejo), creemos que la portada
original es la existente hoy en día como puerta de acceso al panteón privado,
adosado al presbiterio de la iglesia.
La puerta se resuelve mediante arco apuntado
con un par de arquivoltas que apoyan sobre pilares, y cuya decoración cuenta
con cintas onduladas entrelazadas separadas entre sí por decoración de puntas
de diamantes.
En cuanto al interior, los pocos restos
existentes nos indican que el presbiterio fue cubierto con un artesonado de
madera de par e hilera, y el pequeño ábside mediante un techo falso de yeso. El
acceso actual se realiza por este último elemento, por una puerta situada bajo
la citada ventada abocinada.
Por último, y como ratificación de la
reutilización de algunos elementos constructivos, en la propia tapia del
cementerio, aparte de trozos de cornisa y sillares, encontramos, en el
esquinazo sur del camposanto, un sillar labrado en altorrelieve con una cabeza,
que, en palabras de Monedero Bermejo, “es semejante a las que adornan las
ventanas del claristorio de la nave mayor de la catedral de Cuenca, ejecutada,
acaso, por el mismo maestro, o al menos inspirada de ellos. La finura de la
labra y el tratamiento del cabello y las facciones es prácticamente igual. Es
pieza que puede datarse a mediados del siglo XIII”.
Arcas
A poco más de 10 km de la capital conquense,
siguiendo la carretera N-320 en dirección sur, se encuentra la población de
Arcas. En esta ocasión nuestro camino no estará impregnado de una vegetación ni
de un paisaje que hagan las delicias del espectador, ya que, al estar situado
tan cerca de Cuenca, es una zona de próspero crecimiento, como demuestra la
construcción de un nuevo polígono industrial entre ambas entidades. Aún así,
los últimos dos kilómetros, tras tomar el desvío a mano derecha, nos adentran
en la zona de la Manchuela, donde pinares y arbustos nos acompañan hasta la
llegada a la villa.
Sobre su fundación, una antigua leyenda nos
habla de Arcas, dios principal de los olcades (primeros pobladores de la zona),
que habría sido secuestrado para convertirse en la Osa Menor. Para evitarlo, y
mostrar a su vez su admiración por dicho dios, se edificó en la zona cercana
conocida como Desuellabueyes un templo en su favor. Sin embargo, se producen
equivocaciones en época posterior al situar a la pequeña Arcas como una de las
sedes episcopales en las que se dividió Cuenca, atribuyéndole el nombre de Ercávica.
De esta información errónea se hacen eco diversos autores (entre ellos
Ceán-Bermúdez, Porreño o Larrañaga). Hoy en día podemos asegurar que la citada
Ercávica no estaría en esta zona, ya que ha podido ser identificada cerca del
término de Cañaveruelas, bastante más alejada de la capital que el pequeño
pueblo de Arcas.
No obstante, dicha equivocación acabaría
beneficiando a nuestro pueblo, ya que tras la conquista de la capital por
Alfonso VIII (1177), el monarca comenzó la repoblación de la zona e incluso,
tras el Forum Conche (1189), Arcas pasó a formar parte de la Tierra de Cuenca
como uno de sus sexmos. También se decidió unir las antiguas sedes episcopales
de Ercávica y Valeria, en la capital. Igual que en Valeria, y para no querer
olvidar su antigua sede, se proyectó un gran templo que ofreciera la dignidad
merecida. De aquí que si la iglesia de Valeria es la más grande de toda la
provincia, la de Arcas es sin lugar a dudas una de las más perfectas y
generosas de la zona.
Sin embargo, a partir del siglo XIV las
noticias sobre el asentamiento (que nunca pasó de la categoría de lugar)
empiezan a escasear, como su población, que desciende en número alarmante a lo
largo de la Edad Moderna. Lo mismo sucede en el siglo XIX, ya que Madoz habla
de unos escasos 97 vecinos. Sin embargo, hoy en día ha conseguido recobrar una
población envidiable (más de mil habitantes censados).
Iglesia de la Natividad de Nuestra
Señora
Sin lugar a dudas nos encontramos ante uno de
los edificios más representativos del románico de la provincia de Cuenca. Su
estructura apoya dicha tesis y le ofrece, si cabe, mayor belleza. Para acceder
al templo se ha de tomar la segunda calle que sale desde la carretera principal
y seguir unos cien metros hasta llegar al ayuntamiento; una vez aquí, tomando
la segunda salida en la rotonda existente, accedemos hasta la calle principal,
que termina en la plaza que da cobijo a la iglesia.
Conocida desde el siglo pasado como Nuestra
Señora de la Natividad (anteriormente citada en las crónicas como Nuestra
Señora de la Estrella), la iglesia actual es fruto de una acertada restauración
llevada a cabo en los años sesenta del pasado siglo (de la cual hablaremos más
adelante), pero su origen tiene lugar en los primeros años del siglo XIII. Por
tanto, su construcción comenzó tras la conquista de la capital por parte de las
tropas de Alfonso VIII (1177), seguramente a partir de recibir el Forum Conche
(1189), y querer revitalizar la antigua sede episcopal de Ercávica o Arcávica.
Sin embargo, sorprende que su portada principal aparezca con marcados elementos
ojivales de transición al gótico, en una fecha tan temprana, algo de lo que nos
ocuparemos a continuación.
Porque, sin lugar a dudas, lo que llama la
atención es su estructura exterior, única en la provincia, aunque con
reminiscencias de otras zonas de la geografía norte española. Como es
costumbre, la iglesia de Arcas consta de una sola nave, con ábside semicircular
y presbiterio recto, con portadas de acceso en los muros norte y sur (aunque la
primera de ellas esté totalmente cegada en la actualidad) y espadaña. Este
último elemento le otorga gran parte de su singularidad, ya que no aparece
incrustada en el edificio, sino aislada a la manera de las torres. La espadaña
se sitúa perpendicularmente al eje de la iglesia, contando en su parte inferior
con una puerta que, a su vez, ejerce de entrada al recinto anterior a la
iglesia.
El edificio está construido en mampostería y
sillarejo, con remates de sillar en las esquinas, cuerpo inferior del ábside,
espadaña y cuerpo de la portada sur. El conjunto se cubre a dos aguas en toda
la nave, a excepción del ábside, que lo realiza a tres, mediante el uso de teja
cerámica curva.
El ábside, primer elemento que nos encontramos,
visto desde la citada plaza, está construido en sillarejo sobre sillar. Como
todo el edificio, su cornisa de piedra apoya sobre una línea original de
canecillos lisos, ligeramente moldurados en su parte más superior. En la parte
central del tambor se encuentra una ventana abocinada, realizada mediante un
arco de medio punto que apoya sobre columnilla de capitel sin decoración.
Tras el ábside, a mano izquierda del espectador
(perpendicular a la fachada sur), el siguiente elemento de descripción es la ya
mencionada espadaña. Aunque de origen románico, sufrió ciertas remodelaciones
en el siglo XVI. Se divide en dos cuerpos bien diferenciados: el inferior
cuenta con arco doble apuntado que realiza las funciones de pasadizo, y el
superior presenta tres escalonamientos. Cuenta este último cuerpo con dos
huecos para campanas, solventados mediante arcos apuntados, y sobre ellos uno más,
de medio arco, para el campanil.
En la cara oeste, entre el primer y segundo
cuerpos, la espadaña presenta una tribuna con barandilla desde donde se llama a
la oración. Para acceder a este punto existe una escalera de piedra en la parte
lateral del muro sur, cuya única puerta de acceso se encuentra en el interior
de la iglesia.
Tanto este muro norte como
su opuesto en el sur, y al igual que en su ábside, cuentan con una cornisa
soportada por canecillos de caveto.
Tras atravesar la espadaña, se accede al
recinto anterior del edificio, y por tanto a su muro sur, donde se encuentra la
portada de acceso, inscrita en un cuerpo saliente de sillar, lo que propicia su
pronunciado abocinamiento. Cuenta con cinco arquivoltas apuntadas formadas por
dos cordones con escocias como separación y recercado de diamantes. Las cinco
apoyan sobre columnas que presentan capitel con decoración de vegetación.
Dentro de dicha decoración podemos hacer dos divisiones, ya que las de la parte
superior tienen forma de tronco de pirámide, mientras que las inferiores, con
forma de hoja, llegan a cubrir casi la totalidad del cuerpo de los capiteles.
En cuanto a las columnas, presentan fuste liso y basas de toro que descansan
sobre plinto. Por último, entre las dos primeras columnas, a ambos lados del
arco, aparece una decoración a base de bolas.
En cuanto a la decoración de las columnas y los
capiteles, varios son los autores que se hacen eco sobre sus inmediatas
antecesoras; así, por ejemplo, Monedero Bermejo opina que el maestro que
realizó esta portada trabajó también en la iglesia de Alcocer (Guadalajara),
que hasta no hace muchos años perteneció a la diócesis de Cuenca. Por otro
lado, Nieto Taberné señalaba que su estructura pudo servir de inspiración para
la realización de varias portadas de esta provincia, como Torrecilla,
Villaseca, Ribatajada, Villarejo de Periesteban o Cervera del Llano, entre
otras. Por último cabe indicar que quizá éste sería el mismo maestro que
realizó algunas obras en la catedral de Cuenca, ya que se puede apreciar el uso
del mismo pilar octogonal o el predominio de la decoración vegetal en ambas
obras. En definitiva, una mezcla entre los dos estilos más pujantes en la
provincia en esos momentos, el “nacional” o románico, frente al “extranjero”
o gótico.
En el muro norte encontramos otra portada de
acceso, cegada en la actualidad, que se resuelve mediante arco de medio punto,
con recercado de puntas de diamante y que apoya directamente sobre el muro
mediante una cornisa decorada como la que encontramos en la portada principal.
Entrecortando dicha entrada se construyó una pequeña capilla (fundada por
García de Coral) en el siglo XVII.
En la actualidad su única nave se cubre
mediante un artesonado de madera realizado en el siglo XVI, mientras que en
origen debió de haber sido realizado con armadura de madera de par y nudillo
con tirante. También de su época inercial de construcción son una línea de
sillares cortados que indicarían el comienzo de la bóveda que tapaba la zona
del ábside y el presbiterio.
Hoy en día la cabecera cuenta con tres pequeñas
ventanas abocinadas, como ya se indicó anteriormente (una en el centro del
tambor del ábside y dos más enfrentadas en cada uno de los muros del
presbiterio), y siguiendo los vestigios existentes (pequeñas muestras de
pinturas murales) se cree que la parte superior del ábside estaría decorada.
Aquí se sitúa el altar, y tras él una pequeña escalera que conduce a la cripta,
utilizada actualmente como sacristía.
Entre el presbiterio y la nave se halla un arco
de medio punto, de sillar, que apoya en el muro gracias a una cornisa volada.
En el lado de la epístola, antes de llegar a la puerta principal, se encuentra
la pequeña puerta que comunica directamente con las escaleras que llegan a la
espadaña. Sobre esta apertura se sitúa una ventana, de fábrica moderna
A los pies de la nave se localiza el coro alto
de madera que apoya directamente sobre ménsulas. Bajo él se halla una de las
dos pilas bautismales que analizaremos más adelante. Por último, en el muro
norte, enfrentada a la portada principal, se halla la citada capilla de García
del Coral, rompiendo también al interior con la portada de origen románico de
este muro. Aún así, tras la segunda pila bautismal, que fue colocada en este
lugar hace un par de años, se puede apreciar parte del arco de medio punto y los
sillares sobre los que se incrustaba.
Como citábamos más arriba, la iglesia de Arcas
tiene el privilegio de contar con dos pilas bautismales en su interior. Durante
décadas una de ellas permaneció en el exterior del templo, como adorno del
patio anterior de la entrada principal. Afortunadamente, hace unos años fue
trasladada al interior de la nave y recobró su función original.
Según varios autores, entre ellos Nieto
Taberné, estaríamos ante la pila primitiva de la iglesia. Ésta presenta 95 cm
de altura frente a 143 de diámetro, apoya sobre pedestal cuadrado y se podría
incluir dentro del grupo de pilas de gallones decoradas con cenefa. Así, en su
parte superior presenta una cenefa decorada mediante un doble zigzag, hasta
llegar a sus actuales laterales (aproximadamente los lados opuestos del ecuador
de la circunferencia) donde se ve interrumpido y presenta decoración de dos caras,
entre las que se inscribe una cruz dentro de un círculo. A su vez, la parte
inferior o vaso se decora mediante bastos gajos que son delimitados en el
segmento superior por la cenefa y que tienden a recogerse en la base. Por
último, en el pedestal, aunque hoy en día muy deteriorado, se puede apreciar
una pequeña decoración vegetal en las caras de su cuadrado.
La otra pila bautismal se sitúa bajo el coro y
cuenta con unos 103 cm de altura y 128 de diámetro. Se da la coincidencia de
que ambas pilas presentan las mismas características, aunque ésta sería de
época posterior. Presenta una decoración con gajos acompañada de cenefa. En el
borde superior, anterior a la cenefa, tiene diversas muescas verticales (a modo
de cordón sogueado). Bajo éstas aparece la cenefa, delimitada entre bandas
horizontales y con decoración de triple zigzag. El cuerpo del vaso se ornamenta
mediante gallones abultados que se agrupan en la base. Sostiene la pila un pie
de base cuadrangular añadido con posterioridad.
Dicha estructura también se presenta en otras
pilas de la provincia, como Alcohujate, aunque lo normal es que no se den los
dos elementos al mismo tiempo, es decir, cenefa en zigzag y gajos, y sí por
separado. Así, por ejemplo, pilas lisas pero con cenefa en zigzag las
encontramos en Caserío de Embid o en Villanueva de Guadamejud, mientras que
presentando la misma cenefa pero acompañadas de arquería se dan en Canalejas
del Arroyo o Valdecolmenas de Arriba.
De aquí procede una imagen de la Virgen con el
Niño: sentada sobre un pequeño trono, sujeta con su mano derecha una pequeña
bola, mientras que la izquierda hace de apoyo para el Niño. Éste, totalmente
erguido, apoya sus pies sobre la pierna izquierda de su madre, y con su mano
derecha realiza el gesto del orador. Realizada en madera policromada, ahora se
conserva en el Museo Diocesano de Cuenca.
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