sábado, 16 de mayo de 2026

Capítulo 154, Románico en Cuenca

 

Románico en Cuenca
La repoblación de los territorios conquenses no llegó hasta que Alfonso VIII conquistó Cuenca y su región, a finales del siglo XII. El poder musulmán almohade defiende de forma enérgica estos territorios con una actividad que duró décadas después de la conquista de la ciudad de Cuenca. Con la definitiva derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la repoblación de Cuenca se estabilizó. Por ello los edificios construidos en esta época, considerados como románicos, son de características rurales asociados a los municipios, de cronología muy tardía e influida estéticamente por las órdenes militares y el Císter.
El románico en Cuenca tiene una intensa relación con la arquitectura románica del sur de Guadalajara, en la Alcarria meridional, especialmente en las comarcas de Sacedón. El mismo taller trabajó en lo que hoy son diferentes provincias si comparamos la estructura de las portadas y la decoración de capiteles. La presencia de los centros monacales de Guadalajara ejerció su influencia sobre los territorios próximos, hoy en día considerados pertenecientes a Cuenca.
Geográficamente, el arte románico en Cuenca se encuentra diseminado principalmente por el norte de la provincia (Albalate de Nogueras, Valdeolivas, etc.), aunque hay restos en el centro y sur de la provincia, como en Arcas y Alarcón, constituyendo algunos de los restos románicos más meridionales de España.
Para el análisis de medidas y tipos que realizaremos a continuación he considerado, de forma artificial, conjuntos de edificios situados en zonas con cierta proximidad geográfica, para agrupar los edificios que analizamos y comparamos, si bien, haremos, finalmente, unas consideraciones de carácter general sobre todos ellos.
El románico de Cuenca agrupa obras de gran sencillez y austeridad que ocupan el territorio de la provincia en un eje que, partiendo de Cuenca capital, llega al monasterio de Monsalud con dos áreas diferenciadas, la que llega de Cuenca hasta La Frontera y la que se sitúa en la proximidad del Monasterio. El segundo eje es el que va desde Cuenca hasta Alarcón, con una dirección prácticamente norte-sur con Arcas, Mohorte, Villar del Saz de Arcas, Fuentes, Valeria, Valera de Abajo, Hontecillas, Buenache de Alarcón, El Cañavate y las iglesias de Alarcón, centro también significativo de ordenación del territorio. Desde Cuenca, y en dirección sureste, se organiza otro conjunto de iglesias en la zona comprendida entre las actuales carreteras de Cuenca a Tarancón y de Cuenca a la Almarcha. En esta zona están Abia de la Obispalia, Barbalimpia, Villanueva de los Escuderos, Villarejo Seco, Villarejo de Periesteban, Zafra de Záncara, Mota de Altarejos y Poveda de la Obispalia.[1]
En general se trata de obras de una gran austeridad realizadas con medios sencillos, y con pocas posibilidades de desarrollo arquitectónico y decorativo. Hay sin embargo, edificios de interés como Valdeolivas, Albalate de las Nogueras, Cervera del LLano, Ribatajada, Arcas, Valeria, Alcocer y Huete.
Son edificios con una cierta unidad constructiva. Se trata, en general, de iglesias de una sola nave, con cabecera cuadrada o semicircular, espadaña a los pies y portada de ingreso en su fachada sur. La cabecera suele ser un elemento independiente del resto de la iglesia, separándose de ella en su interior por un arco triunfal de medio punto. La nave de planta rectangular, con forma irregular en muchos casos, tiene cubierta a dos aguas con teja cerámica y estructura de madera que se conserva todavía en diferentes templos de la provincia.[2] El vuelo de los aleros, de dimensiones reducidas, se resuelve constructivamente con una o varias roscas realizadas con teja vuelta. La espadaña es un elemento singular de cada iglesia, aunque habitualmente se sitúa en el muro de poniente, y tiene remate triangular con dos huecos para la colocación de las campanas. La puerta principal de entrada al templo, como único acceso, dadas las dimensiones de los templos, se sitúa en la fachada sur con el uso de arcos de medio punto apuntados, variando la elaboración de los mismos, y su decoración como elemento distintivo y cualificador de cada una de las iglesias.
La construcción se realiza con mampostería y sillares, que en muchos casos son sencillos sillarejos; los sillares utilizados exclusivamente en los remates de las esquinas.[3] No obstante, la arquitectura desarrollada por artífices locales no suele incorporar ninguna de las innovaciones del arte cisterciense y se limita al uso de las formas clásicas y en sus planteamientos más básicos.
Es destacable en el románico de Cuenca su colección de pilas bautismales románicas y de tradición medieval. Algunas son sencillas y se decoran con los clásicos gajos y otras tienen una decoración más rica.
El románico de Cuenca está integrado por una serie de edificios que pueden considerarse de los más meridionales de España lo que demuestra que el románico tardío se siguió desarrollando en buena parte de la España rural durante los siglos XIII e incluso XIV.
Analizaremos a continuación las diferentes zonas en las que hemos dividido el territorio para tratar de estudiar las analogías, las referencias de medidas y de elementos tipológicos que se hacen presentes en cada una de ellas.
Las medidas en el mundo romano se rigen por el uso del pie capitolino,[4] que, si bien no es idéntico en todos los lugares, está siempre muy próximo a 29,57 cm. “Los diversos sistemas de medidas utilizados tradicionalmente en España tienen sus orígenes en el sistema petrológico romano, instaurado en la Península a partir del año 197 a. de C. en que quedó culminado el proceso de colonización de su territorio; Roma impuso en todo su imperio un sistema único de pesas, medidas y monedas que venía a reemplazar a los anteriores de carácter local, de la misma manera que impuso un sistema jurídico y un código artístico.”[5] Desaparecido el poder de Roma, se va a perder también la referencia de su medida, y poco a poco va cobrando protagonismo la vara como unidad. La vara tiene una dimensión cómoda para el uso de comerciantes y maestros, intermedia entre el pie y el estado, vale tres pies y es igual a medio estado.
El primer intento de homologación de medidas, del que tengamos noticias en nuestro país, se remonta a 1261, en tiempos del Rey Sabio cuando, con una serie de cartas dirigidas a los ayuntamientos de algunas ciudades importantes, se intentó paliar la disparidad existente en los territorios de Castilla”. Se remite a los ayuntamientos una vara, la llamada vara vieja de Toledo, de aproximadamente 0,906 m que coincide aproximadamente con la yarda anglosajona. Esta vara coincide aproximadamente con la empleada en la catedral de Ávila (0,900), la capitolina (0,8871) para el pie de 0,2957.[6]
La vara de Burgos, conocida como vara castellana, tiene un valor de 0,835905 m y se divide en tres pies y 0,2786 m. El pie se divide en doce pulgadas de 0,02321 metros. La pulgada consta de doce líneas de valor 1,934 milímetros y la línea de doce puntos de 0,161 m. En las Cortes celebradas en Jerez de la Frontera en 1268 se generalizó para todo el reino de Castilla el uso de las medidas establecidas en los diplomas de Toledo y León. En las cortes celebradas en el Alcázar de Segovia en 1347 se estableció la obligación de medir en varas castellanas, siendo probablemente la regla la vara de Toledo. Utilizaremos como referencia el pie castellano o de Burgos de 27,86 cm para analizar las relaciones entre los edificios de esta zona.[7]
Plano de Cuenca con la división zonal propuesta en este estudio
 

Territorio de gran extensión en el que se presentan un conjunto de edificios que conservan huellas del momento inicial de su construcción. “La historia no se desenvuelve solo en el tiempo, también en el espacio. Ya nuestra lengua no deja dudas de que espacio y tiempo se corresponden indisolublemente. Los sucesos ‘tienen lugar’ en algún sitio. La historia tiene ‘escenarios’. Hablamos del lugar de los hechos”.[8] Cuenca es un espacio físico, un espacio geográfico en el que el románico se hace presente. Un territorio y una arquitectura en la que podemos leer el momento inicial de su implantación, un espacio en el que leemos el tiempo.

El área del monasterio de Monsalud (Córcoles. Guadalajara)
En la provincia de Guadalajara se consolidó una estructura sencilla pero de gran interés, de carácter conventual, con la presencia de centros religiosos como los monasterios de Monsalud en Córcoles, el de Ovila (desaparecido y en parte trasladado a EEUU), el de Buenafuente del Sistal, el de Bonaval y el de San Salvador de Pinilla de Jadraque. En la región de la Alcarria, inserta en una de las zonas limítrofes más conflictivas del reino castellano por su proximidad con los taifas de Cuenca, Alfonso VIII decide la fundación de varios monasterios cistercienses, Monsalud, Bonaval y Ovila, que tienen un claro carácter político para afianzar sus dominios en la zona del Alto Tajo, concretamente entre el Tajo y el Guadiela, no sólo ante la proximidad musulmana sino también con el objeto de reafirmar la hegemonía frente a familias como los Castro. Se trata de fundaciones pequeñas, de escasa capacidad económica, volcadas específicamente en una acción estratégica y repobladora.
En el entorno del monasterio de Monsalud se construye una serie de iglesias que, en parte, pertenecen en la actualidad a la provincia de Cuenca: Valdeolivas, Salmeroncillo de Arriba, Salmeroncillo de Abajo, Albendea, Alcantud, y, algo más al Sur, La Frontera, Albalate de las Nogueras, Ribagorda, Pajares, Ribatajada y Ribatajadilla, si bien estas últimas las analizaremos en otro apartado por su proximidad a la capital. Este conjunto de iglesias se sitúa en un entorno de 10 a 30 km del monasterio de Monsalud, y tienen también al Norte, a unos 25 km, el monasterio de Ovila, y al Noroeste, algo más alejado (unos 40 km), el monasterio de Buenafuente del Sistal, quedando más apartados el monasterio de San Salvador de Pinilla de Jadraque y el de Bonaval, ambos mucho más al Norte. La proximidad a los tres conventos antes citados tiene, sin duda, incidencia en las edificaciones que van surgiendo en su entorno.
Valdeolivas y su entorno
 

La iglesia de la Asunción de Albendea tiene en la actualidad tres naves con ábside semicircular la central, con los laterales ocultos por la sacristía y una zona que da acceso a la espadaña. El ábside está realizado en mampostería, con ventana de aspillera de sillares lisos. La nave central se separa de las laterales por arcos apuntados que rasgan los muros intermedios. En la nave de la izquierda, bóvedas de aristas sobre pilastras; en la nave de la derecha, arcos apuntados, bóveda de aristas excepto la cabecera que es de terceletes.
En la portada del Este, arco de medio punto ligeramente abocinada con tres baquetones sobre columnitas. La del mediodía, arco de medio punto sobre impostas entre dos contrafuertes. Espadaña en la cabecera del Mediodía con tres troneras, rematados sus ángulos con pirámides de bola. La iglesia tiene unas dimensiones, en su nave central, de 100 pies de longitud y 30 de anchura, que coincide con las medidas de los tipos de la zona, si bien en este caso se ha producido una ampliación de dos cuerpos laterales con cuatro tramos, cada uno de ellos de treinta pies de ancho configurando finalmente una iglesia de 100 x 90 pies en sus dimensiones generales, consecuencia de añadidos de épocas posteriores.
La ermita Nuestra Señora de la Vega, en Albendea, es una construcción singular en sus trazas y estado actual. En el ADCCE, 1580, sólo se citan la ermita de San Marcos y la de San Juan. En el ADCCE Visitas, 1654, fol. 51, se citan San Marcos, San Sebastián y Nuestra Señora de la Vega con cabecera de bóveda de aristas y cuerpo de iglesia de madera.
El edificio, de pequeñas dimensiones, es de traza y composición peculiares. Un cuadrado en el centro de 15 x 15 pies tiene, en planta, formas semicirculares de diámetro de 15 pies que se cierran con muros gruesos de 3 pies de espesor en todo su perímetro y que adquieren formas irregulares en el punto de acceso. La forma total tiene unos 36 x 36 pies.
La bóveda que la cubre arranca a unos 8 pies de altura y tiene su clave a 16, de manera que se establece así un conjunto de proporciones equilibradas entre las medidas en planta y sección del conjunto. La cripta reduce su altura total a 12 pies, y su planta cuadrada –que se hace irregular– tiene unos 9 o 10 pies de lado. La escalera de bajada ocupa uno de sus lados, mientras que los otros tres tienen formas irregulares en el terreno excavado. Externamente, de los restos que quedan en pie, los cilindros alcanzan en forma recta casi 16 pies de altura, de manera que visualmente las formas interiores aparecen como de baja altura en una imagen plana del conjunto en la que sobresalen las formas cilíndricas cubiertas con alturas ajustadas, como adaptándose a los perfiles del terreno. La ventana en el centro del ábside que aparece como pequeña perforación en el cilindro central exterior, con una pequeña ventana cuadrada en la parte inferior, acaba de dar a esta construcción un carácter simbólico singular. Esta visión se repite en los laterales donde cada forma semicircular tiene su hueco superior.
La iglesia de Alcantud en el siglo XVI se encuentra deteriorada y por ello el visitador urge a terminar la portada y pide que los vecinos ayuden a hacer unos estribos (1588). En el hastial del Poniente se aprecia la huella de una portada, hoy revocada, y sobre ella se conserva un tragaluz muy alargado y estrecho con rasgado abocinado y arco por el interior. Tiene planta de salón con machones de pilastras, arcos formeros, el de los pies, y el más próximo a la embocadura del presbiterio, apuntados, apoyados en uno de los lados en ménsula. La cubierta es de bóveda de cañón con lunetos, y de arista en el tramo de la cabecera. En la izquierda de la cabecera se sitúa la sacristía. Sus proporciones están en los 100 pies de largo por 40 de ancho, aunque presenta cambios significativos con respecto a otros modelos de estas mismas proporciones.
En Salmeroncillo de Arriba la iglesia es de una sola nave dividida en cuatro tramos por arcos fajones sobre pilastras, con cornisa de moldura sencilla y bóveda de lunetos. Ábside semicircular al exterior e interior. La iglesia es de reducidas dimensiones de unos 90 x 26 pies, lo que indica el carácter menos importante del lugar y del templo allí construido. Las proporciones son similares a los tipos que sirven de referencia, y la conservación de la estructura rectangular con el ábside semicircular interior y exterior, indica que apenas tuvo modificaciones después de su construcción. En la imagen que recoge el Catálogo Monumental de la diócesis de Cuenca[9] se conserva todavía el ábside semicircular de la iglesia. En la actualidad, esta zona ha desaparecido y acaba en forma recta que cierra el tramo anterior dejando una iglesia de 60 pies de largo por 26 de ancho.
Cuando llegan a Salmeroncillo de Abajo, los visitadores dicen que tenía 40 vecinos y 100 personas de comunión. La iglesia tiene portada de medio punto coronada por frontón partido. Los muros acaban superiormente con cornisa de gola y la espadaña es de sillería con dos huecos de medio punto. En el muro norte se conservan canecillos que, junto con el ábside semicircular, son los restos de la traza románica del edificio. Tiene arcos formeros y fajones de medio punto sustentados por pilastras o contrafuertes interiores que dividen la nave en cuatro tramos y bóveda de lunetos. La cabecera y las capillas laterales están cubiertas con cúpula.
La escala de la iglesia se corresponde con el tipo de la zona, con cien pies de largo y treinta de ancho (100 x 30); ha experimentado transformaciones formales y estilísticas posteriores a su época de construcción pero conserva la estructura básica originaria. El cuerpo que sobresale en la cabecera da acceso a la espadaña que apenas sobresale en sus huecos de campanas sobre la cubierta, lo que indica el crecimiento de la misma que ha ido dejando este elemento singular absorbido por el resto de la iglesia.
La iglesia de la Asunción de Valdeolivas es uno de los más importantes monumentos románicos de Cuenca. Su importancia está relacionada con la cercanía del monasterio de Monsalud en Córcoles (provincia de Guadalajara).
El edificio ha sufrido diversas vicisitudes en su construcción y en su posterior conservación. Actualmente tiene dos naves y no se sabe si hubo una tercera que, por razones de simetría, parece que debería haber existido. Las dos naves “ambas de esa época, aunque estilísticamente no de la misma antigüedad, ni de idénticas características, piden, por simetría, que haya existido, desde que se completó la construcción primitiva, una tercera nave”.[10] Hay quienes enuncian la hipótesis de tener originariamente una sola nave y haber experimentado el crecimiento de las naves laterales en época posterior.
En 1964 se tuvo que demoler la nave situada al norte de la capilla mayor por problemas de estabilidad estructural debidos a su construcción deficiente y a los problemas de conservación. Esta zona de la iglesia ya sería del Renacimiento.
La demolición de esa parte hizo que se construyera de nuevo el cerramiento por el lado norte de la nave principal –dotándola de soportes idénticos a los que existen en el lado sur– y de la bóveda de cañón con arcos fajones de nueva construcción. “El emplazamiento de la portada llevó consigo la reconstrucción del testero de poniente, retranqueándolo algún tanto con relación a la rasante de la torre, variante que desgraciadamente no fue favorable para la consistencia de la misma torre”. La estabilidad de este elemento hizo que, por razones de seguridad, se desmontaran los cuerpos superiores de la misma y se almacenase el material. Las diferentes actuaciones han salvado las dos naves románicas de la iglesia.
La torre es de planta cuadrada y con unas proporciones de altura importante. Con 23,60 m de altura, es decir 90 pies (en la actualidad), tiene un primer cuerpo que enrasa con el alero de la iglesia y los restantes sobresalen por encima de ella. La composición de la torre se realiza con la apertura de los diferentes huecos y el adorno de los mismos. Tiene dos huecos con arcos de medio punto en cada uno de los lados. En los cuerpos intermedios están enmarcados por cinta de flor tetrafoliada y cruciforme, de manera que en cada lado de la torre había cuatro parejas de troneras. En un sillar de la torre aparece la marca 1211, aunque hay serias dudas de la autenticidad de la numeración. La torre ha sido restaurada y consolidada recientemente. En la última restauración ha quedado con cuatro pisos, el primero liso y los otros tres separados por impostas y con dobles ventanales apuntados; los de los dos pisos superiores tienen chambranas decoradas con puntas de diamante.
La parte antigua de la iglesia es la nave de mediodía, de estilo tosco, que correspondería a un románico inicial. Esta zona de la iglesia corresponde al tipo de medidas analizado en otros lugares de la provincia. Algo más de 100 pies de largo y 40 de ancho, con ábside semicircular, confirman a esta iglesia dentro del modelo que se repite en otros muchos lugares de la provincia. La solución constructiva es muy singular, con similitudes a las soluciones utilizadas en la catedral, con bóveda sexpartita, aunque con soportes de construcción rústica. Alrededor de los pilares gruesos se colocan columnas cilíndricas de fuste continuo. La parte superior se adorna con motivos vegetales, especialmente hojas lanceoladas en vertical. Bajo los ángulos de los cimacios comunes, prominencias ovaladas convertidas en rostros humanos. Hay algunos elementos singulares, como la ménsula, que representa un rostro humano entre dos manos extendidas. Estas referencias decorativas corresponden a la influencia cisterciense de los cercanos monasterios de la Orden. Esta nave tendría una cabecera que no es la actual y de la que se conservaría la portada de arco de medio punto escarzado.
La nave principal se realiza con el criterio de armonizar la búsqueda de la simetría respecto del lado opuesto. Ello confirma la posibilidad de que esta nave sea posterior a la nave del mediodía que conformaría la iglesia original. El ábside semicircular es de sillería, con un tambor que exteriormente consta de cuatro lienzos dividido por tres pilares de haz formados cada uno de ellos por tres columnas, la del centro algo más gruesa. El interior del ábside está dividido por una imposta que lo recorre a la altura del arco triunfal separando la zona baja, semicilíndrica, y la superior, de cuatro de esfera. Con bóveda de cascarón, conserva unas magníficas pinturas fechadas en el siglo XIV (entre 1290 y 1325) y de transición entre el románico y el gótico. Representa a un Pantocrátor, el Tetramorfos y el Apostolado en dos grupos.
El conjunto de iglesias existentes en la zona de Valdeolivas presenta cierta dispersión en cuanto a los modelos dimensionales y constructivos. El referente central de la zona es Valdeolivas, que ya en su concepción se piensa como un gran edificio, ligeramente superior a los demás (115 pies de largo), pero con la tipología de planta rectangular y ábside semicircular.
De arriba abajo, Valdeolivas, Salmeroncillo de Arriba y Salmeroncillo de Abajo
De arriba abajo, Albendea (ermita) y Alcantud 

Las transformaciones, añadidos y cambios de épocas posteriores nos indican que su presencia sigue siendo un elemento vivo en el territorio circundante. Será ya en siglos posteriores cuando la iglesia experimente un mayor deterioro y las restauraciones del siglo XX consolidan un templo que recoge las modificaciones y cambios de largos siglos de vida. Salmeroncillos de Abajo, Albendea y Alcantud remiten a los tipos de medidas y construcciones que se toman como modelos en prácticamente toda la provincia de Cuenca: planta de 100 x 40 pies, de dimensiones y características constructivas similares. Las dos excepciones están en Salmeroncillos de arriba (90 x 25 pies en su trazado original) con una iglesia de reducidas dimensiones, y en el caso singular de la ermita de Nuestra Señora de la Vega de Alcantud, con su planta cuadrada y tres ábsides semicirculares y cripta inferior, que constituye un tipo singular que analizaremos en otros lugares de la provincia.
Son iglesias concebidas con gran sencillez y que en el trascurso del tiempo se alteran, modifican y adecuan a los nuevos estilos. Las huellas de sus orígenes nos hablan de los tiempos de su construcción.

De la frontera a Cuenca
En dirección norte-sur, y ya más cercanas a la capital, un conjunto de iglesias que desde La Frontera llegan hasta Cuenca conforman una realidad construida de gran interés.
Albalate de las Nogueras fue un asentamiento bereber en la Alta Edad Media. Décadas después de la reconquista cristiana se construyó la iglesia románica de la Asunción[11] que pertenece al románico tardío del siglo XIII y que perdió su cabecera. Los elementos románicos que existen en la iglesia actual son la nave de sillería –rematada en bóveda de medio cañón apuntado y soportada por arcos fajones–, dos buenas puertas de ingreso –de arquivoltas ojivales– y la espadaña situada en el muro occidental que define la imagen del conjunto. Bajo ella, un ventanal románico compone este frente. Hay una buena colección de canecillos, algunos con figuras antropomorfas. La nave central mide cien por treinta y cinco (100 x 35) pies, con dos zonas laterales de setenta por quince (70 x 15) pies. El interior de la nave tiene en su parte más alta 35 pies de altura. La espadaña apuntada, realizada con mampostería, con dos huecos inferiores y otro central superior, alcanza más de 20 m de altura, es decir, más de 70 pies, y define de forma característica la imagen del conjunto.
La iglesia de Embid es de una sola nave y de reducidas dimensiones, realizada con sillares y mampostería en las esquinas. Tiene un porche en el lado sur donde se sitúa el arco de medio punto que da acceso al conjunto. La zona semicircular de la cabecera está ocupada por la sacristía. Cincuenta y cinco por veinticinco pies (55 x 25) en planta y una altura de treinta pies en el punto más elevado de la espadaña con dos huecos para las campanas.
La iglesia de La Frontera, antiguamente parroquia de San Andrés y hoy iglesia de San Pedro, es de una sola nave con bóveda de lunetos con pilastras y cornisa. El presbiterio tiene cubierta de cúpula sobre pechinas. En el muro norte hay una portada que no se utiliza, de arco apuntado, “con derrame en la parte curva apoyado en imposta, formado por baquetones, alternos con medias cañas y enfundado, el derrame, por cinta de estrellas y cuadrifoliadas y cruciformes. Año 1200”.[12] La portada principal es gótica, abocinada con cuatro bandas. Tiene unos ciento quince pies de largo y cerca de cuarenta pies de ancho con una sección de treinta y cinco pies de altura interiores que alcanza los cuarenta y cinco en el exterior y cincuenta y cinco en el cuerpo más elevado del conjunto.
El edificio de Mariana es una modesta construcción. Los muros fueron recrecidos para cambiar la estructura de madera de la cubierta por la bóveda. En la pared del mediodía quedan restos de canecillos que llegan hasta el arranque del ábside a la altura que debió de tener la estructura de cubierta de madera. Las dos fachadas norte y sur tienen portadas, la de la fachada sur con doble arco apuntado embebido uno en el otro, y la de la fachada norte con arco de medio punto. El ábside se une con la zona rectangular de la iglesia con dos cambios de sección. La planta del edificio tiene noventa y cinco por treinta y cinco (95 x 35) pies, con la parte de la nave de setenta pies y el resto en el doble cambio de sección del ábside.
La iglesia de Pajares es de planta rectangular de una sola nave cubierta con artesa “formada por pares tirantes que cruzan la nave y descansan sobre canes lobulados. Como coronamiento de vano que constituye la entrada de la iglesia, arco apuntado, de dovelas planas, encintadas por moldura de escocia con perfil de listel. Ábside semicircular, sin vano alguno y desprovisto de toda clase de ornamentación. Espadaña que ocupa todo el ancho de la nave. La fábrica de cal y canto con un enfoscado burdo que le tapa la llaga”. Es una iglesia de pequeñas dimensiones, de sesenta pies de largo por veinticinco de ancho, con veinte pies de altura en su interior que se amplían ligeramente con la cubierta externa. La conservación de la cubierta de madera con artesa nos habla de la originalidad de la misma y de una construcción austera en su concepción y en la disponibilidad de medios para su realización.
En Ribagorda, la ermita de Horcajada pudo ser la iglesia de un poblado que hubiera en su entorno. Tiene portada sencilla de medio punto y cabecera de tambor semicircular. Planta de setenta por treinta y cinco (70 x 35) pies con ábside de unos veinticinco pies.
De arriba abajo, Albalate de las Nogueras, Embid y La Frontera
 

La iglesia de San Juan Bautista de Ribatajada es un típico templo del románico rural de la zona del borde de Guadalajara y Cuenca. Se construye en el siglo XIII y reproduce la estructura habitual de una nave (aunque muy reformada y ampliada) y cabecera de semitambor, con aspillera rodeada de arco doblado y canecillos de diferente perfil. Está construida con austeridad, salvo la puerta de ingreso del muro sur que tiene un tratamiento más cuidado con formas equilibradas y detalles decorativos de gran interés.
En el Catálogo de la diócesis de Cuenca se decía: “en cuerpo que sobresale de la rasante del paramento y rematado en tejaroz con cornisa actualmente de teja boca-abajo, portada abocinada de arco apuntado y dovelas planas, con tres archivoltas de baquetones lisos separados por molduras de esgucio alternantes con baquetillas, teniendo como… Jambas situadas en derrame, cuyos ángulos estuvieron cubiertos por tres columnas a cada lado, todas las cuales han desaparecido. En cambio se conservan los tres capiteles de ambos lados, con forma de cestillo…”. En las imágenes que acompañan el Catálogo puede verse la portada sin las columnas laterales que han sido repuestas en una posterior restauración.
Esta puerta mantiene el estilo de la zona, similar a las iglesias de Arcas, Cervera del Llano, Alcocer (Guadalajara), etc., es decir, con arquivoltas agudas de finos baquetones y escocias apoyadas sobre tres parejas de columnas de fustes muy esbeltos rematados en capiteles vegetales.
Es un edificio de mayores dimensiones que el tipo de la zona, con casi ciento veinte pies de largo y cuarenta de ancho. En su sección, la nave alcanza más de treinta y cinco pies de altura, y el remate de su campanario llega a sesenta y cinco pies en un cuerpo esbelto con dos huecos de campanas.
La iglesia de Ribatajadilla tiene portada de doble arco apuntado de dovelas y jambas lisas. Ábside semicircular, rodeada de machones que la circundan haciendo de contrafuertes necesarios para la estabilidad y mantenimiento del conjunto y especialmente de la zona del ábside. Es una iglesia de pequeñas dimensiones, sesenta y cinco pies de largo por veinticinco de ancho, lo que indica su relativa importancia, con una sección que en su interior tiene apenas veinte pies de altura con una coronación exterior de treinta pies.
La iglesia de Sotos conserva elementos románicos con una portada cegada en el muro norte, con arco de medio punto de doble baquetón con escocia intermedia y, como pulsera, cinta de cabeza de clavo. Las jambas están casi destruidas por fallo de los sillares. La portada está enmarcada por un baquetón vertical que arranca del suelo a cada lado con una imposta corrida horizontal que une los extremos superiores de ambos baquetones. Tiene cien pies de longitud y unos cuarenta y cinco de anchura, en una proporción algo diferente a la tipología tradicional que nos habla de trasformaciones y ampliaciones de épocas posteriores, al igual que ocurre con la sección de la nave, que alcanza los cuarenta pies en el centro de la bóveda de cubierta y externamente su cubierta llega a cincuenta pies de altura. Ábside de planta de arco peraltado y con señales en el paramento exterior de haberse recrecido su alzado primitivo de forma muy notable. La torre está a los pies y tiene dos cuerpos con un hueco por cara, rematados con arco de medio punto.
La iglesia de Torrecilla, de nave alargada, espadaña y dos portadas de arcos apuntados: la sur se abre al cementerio y la norte, que es la principal, tiene varias arquivoltas. La cabecera es más estrecha que la nave y tiene una zona de presbiterio rectangular que se une al ábside de planta semicircular. Se conservan bien bastantes canecillos.[13] La iglesia mide cien por treinta y cinco (100 x 35) pies, que en la zona del ábside se reducen a treinta. Con treinta pies de altura en la coronación de la cubierta a dos aguas, ofrece una imagen horizontal sobria y equilibrada.
Villalba de la Sierra “en 1589 tenía 60 vecinos y era aldea de Cuenca”. Es una iglesia peculiar por el material con que está ejecutada, piedra de toba. Los datos constructivos nos indican que la iglesia primitiva tuvo la mitad de altura que la actual, como puede verse en los canecillos, contrafuertes que llegan a la mitad de la altura actual, huellas del faldón de cubierta que quedan en el testero de poniente y la diferencia de aparejos en el ábside.
El ábside es un segmento de circunferencia arrancando con retallos en los muros. En el muro norte queda una puerta, actualmente tabicada, y en el testero de poniente hay una ventanilla con arco de medio punto. Es de una sola nave, con ábside semicircular con una media cúpula de aristas que enlaza con el arco formero que remata la cúpula central, de media naranja sobre pechinas. Interiormente la nave está apilastrada con cornisa corrida y bóveda de cañón con lunetos. La planta del cuerpo central tiene ciento diez por treinta (110 x 30) pies, con una nave lateral de veinte pies de ancho que da a la iglesia unas dimensiones finales de cien por cincuenta (100 x 50) pies. En su interior, una altura de treinta pies con una proporción equilibrada respecto de la nave principal.
De arriba abajo, Mariana, Pajares, Ribagorda (ermita de Horcajada) y Ribatajada
De arriba abajo, Ribatajadilla, Sotos y Torrecilla 

La iglesia de San Pedro apóstol de Villaseca tiene planta rectangular de ochenta por treinta (80 x 30) pies. Tiene dos portadas, la del mediodía resaltada del paramento del muro con arco apuntado. De una sola nave y cubierta plana. El pueblo tenía cinco vecinos en 1589, cuando llegaron los visitadores, era aldea de Cuenca y pertenecía al concejo de Torrecilla.
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción está en Zarzuela, que “en 1580 tenía 90 vecinos y era aldea de Cuenca”. Cuando el visitador llega a la iglesia en 1733 manda que “al estar indecente el Sagrario y carecer de fondos, se saquen del Monte de Piedad 25 fanegas de trigo”. El ábside de la iglesia, de trazado original semicircular, ha sido modificado convirtiendo el círculo en hexágono. En la fachada de poniente, bajo la espadaña, hay una puerta cegada de arcos en escalón rehundidos con respecto al plano general. La planta llega así a tener los ciento veinte pies de largo con treinta y cinco de ancho, si bien estas modificaciones de la cabecera han alterado lógicamente sus medidas de longitud. El acceso se realiza por el Sur, con portada de medio punto adovelada sobre imposta con molduras. La espadaña está a los pies y tiene dos ojos de medio punto. El muro más antiguo es el norte, donde se conservan restos de canecillos. Los arranques de la cubierta se sitúan en torno a los treinta pies, si bien los recrecidos posteriores y la actual coronación de cubierta llegan a alcanzar los cincuenta pies de altura.
Todo este es un territorio con iglesias que repiten el tipo dimensional de cien por treinta y cinco pies (100 x 35), en su planta base, como ocurre en Villalba de la Sierra. Algunos edificios de dimensiones reducidas, como Pajares y Ribatajadilla, de apenas sesenta pies de longitud o Villaseca con ochenta o Mariana con noventa pies.
Un conjunto de iglesias que muestran cambios de épocas posteriores, añadidos ampliaciones o modificaciones que cambian también sus dimensiones con variaciones, sobre todo, en su cabecera, que hacen que lleguen a alcanzar unos ciento veinte pies de longitud, como ocurre en La Frontera, Ribatajada y Zarzuela y elevan sus muros para conseguir un espacio interior más esbelto.
Edificios que en su sencillez mantienen el esquema de una nave con planta rectangular acabada en ábside semicircular, como Pajares, Ribatajadilla y Mariana, con setenta por veinticinco (70 x 25) pies, los dos primeros, y cien por treinta y cinco (100 x 35), el último.
Otros como Sotos o Villalba de la Sierra conservan esta planta con lenguajes de épocas posteriores, con cien pies en Sotos y Villalba, y ciento quince en Ribatajada. La Frontera y Zarzuela han cambiado la parte final, con cabecera recta en el primero y poligonal en el segundo, con ciento veinte pies de longitud en ambos casos y cuarenta o treinta y cinco pies de ancho. Albalate de las Nogueras tiene también planta rectangular de cien por treinta y cinco pies.
Medidas que permanecen como referencia en las construcciones de los templos, modelos constructivos de gran sencillez que, aunque realizados con escasos recursos, consolidan una arquitectura que nos habla de tiempos difíciles y austeros.
Un territorio que se acerca a Cuenca capital desde el núcleo de Valdeolivas más próximo a los conventos de Guadalajara, pero que se ocupa con la presencia de edificios religiosos y núcleos de población que van configurado este espacio geográfico.
De arriba abajo, Villalba de la Sierra, Villaseca y Zarzuela

Tierras de Alarcón, sur y oeste de Cuenca
En la zona sur y oeste de Cuenca están la Tierra de Alarcón y las comarcas centrales de Cuenca. Hemos considerado en este territorio las iglesias situadas al sur de Cuenca y en el margen derecho del río Júcar, que en la actualidad quedan comprendidas entre la carretera que va desde Cuenca a Motilla del Palancar y la que va desde Cuenca a La Almarcha. En una posición alejada hacia el Este se encuentran dos enclaves singulares como son Moya y Campillo Paravientos.
El conjunto de iglesias de este territorio, que han ido evolucionando con el tiempo y que se trasforman en ocasiones con el paso de los años, tienen entre sí grandes similitudes desde el punto de vista dimensional. Ciento diez pies de largo es la medida exacta de Arcas y la Trinidad de Alarcón, algo menor en Santo Domingo de Silos en Alarcón y ligeramente superior San Juan Bautista de Alarcón y Cervera del Llano. La anchura de cuarenta pies es una referencia que puede reducirse en ocasiones o que se hace mayor cuando los nuevos estilos configuran capillas laterales y requieren una mayor dimensión, a la vez que el avance en las técnicas constructivas, pero sigue siendo una medida de referencia. Se define así una proporción entre anchura y longitud de los edificios que marca un equilibrio del espacio en sus dimensiones en planta.
Las secciones originales tienen también cuarenta pies de alto en la clave del arco semicircular de sus bóvedas, variando cuando éstas han sido modificadas con nuevas cubiertas o soluciones formales de épocas posteriores. Los ábsides semicirculares son también, cuando existen, muy similares en sus dimensiones, con veinticinco pies de diámetro, que establecen así un ámbito recogido y de remate final del espacio que se presenta como valor constante en todos los templos.
La persistencia de dimensiones, proporciones y formas resulta una constante en la arquitectura de este momento, dando idea de los tipos que sirven de modelo para las diferentes construcciones que se exportan de uno a otro lugar y que tan sólo experimentan ligeras variaciones por las condiciones de medida y los diferentes maestros que las realizan. Las diferencias se producen en la ornamentación, especialmente en las portadas, en las que se hace patente la voluntad de diferenciación y cualificación de algunos de los espacios. Las arquivoltas apuntadas de los arcos se decoran con elementos más elaborados y un mayor número de piezas, aunque siempre dentro de la sencillez de la geometría como elemento de referencia.
En el entorno cercano a Cuenca están la propia capital, Arcas, Villar del Saz de Arcas, Fuentes y Mohorte.
En Cuenca capital están las iglesias de San Martín y San Miguel. San Martín es una iglesia de una sola nave con noventa pies de largo y cuarenta de ancho y cabecera semicircular. San Martín era una de las trece colaciones, futuras parroquias que servían de base para la elección “de los cargos concejiles, para la participación política en el común de los vecinos y para el encuadre religioso de la sociedad cristiana”.[14] San Martín y San Miguel son los dos edificios más próximos a la catedral, asomándose, el primero, a la hoz del Huecar y el otro, a la del Júcar.
La iglesia de San Miguel de Cuenca se localiza en una posición privilegiada, en una plataforma en la ladera izquierda de la hoz del Júcar, junto a la antigua muralla. “Debió de ser construida en el siglo XIII, con una estructura muy simple, una nave de mampostería que se cubría con armadura de madera, ábside semicircular y torre a los pies”.[15] Probablemente en el siglo XV se le añadió otra nave en el lado norte que se cubrió también con un artesonado mudéjar. Las demandas de usuarios en las iglesias conquenses hacen que se pase en ocasiones de una a dos naves y finalmente en algunos casos a las tres. La iglesia conserva restos de la fábrica medieval en el presbiterio y ábside hasta la altura de la primitiva cornisa, con canecillos que todavía son visibles. Fue Esteban Janete el que recreció la iglesia en el XVI para poder colocar en la cubierta una bóveda elíptica que se apoya sobre pechinas en el lado del arco triunfal. La iglesia fue cedida al ayuntamiento de Cuenca en 1959, y Fernando Chueca rehabilitó el edificio y acondicionó el entorno del mismo para usos culturales.
La nave central mide ciento diez por treinta (110 x 30) pies, y la lateral ochenta por treinta (80 x 30) pies, dejando libre el ábside semicircular. En su interior tiene treinta y cinco pies de altura en la parte superior de la bóveda.
Cerca de Cuenca está la Iglesia de Mohorte dedicada a la Natividad de Nuestra Señora, con ábside semicircular que presenta signos de haber sido reconstruido en épocas diversas. Tiene una sola nave, con arco triunfal y bóveda de cañón. La pila bautismal tiene soga en la parte baja y cenefa en zigzag en la parte superior. Ciento cinco por treinta y cinco (105 x 35) pies en planta, con ábside semicircular y espadaña que supera los 45 pies de altura.
La iglesia de Fuentes, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, estaba en una localidad de apenas 50 vecinos con escasos recursos en 1588. La iglesia, aunque trasformada, conserva elementos románicos significativos y de gran interés. El ábside semicircular ha sido elevado a mayor altura que en el trazado original. En el frente del ábside hay una ventana románica, de proporciones alargadas, y profunda con tragaluz en el fondo y enmarcada por arco de medio punto. En el lateral del mediodía también se conserva una ventana románica con una espléndida decoración “quizás la más suntuosamente decorada de toda la diócesis”.[16] La portada principal es también de medio punto, con dobles columnas a cada lado.
La iglesia tiene tres naves y cuatro tramos y aparece cubierta con bóveda de arista. Mide cien pies de longitud en su nave y veinte más en la zona del ábside. La nave central tiene treinta pies de ancho, pero con las dos naves laterales el conjunto adquiere grandes dimensiones, con un ancho total de setenta pies con dos lados no paralelos. El lado sur –aunque la iglesia no tiene una orientación norte-sur y está ligeramente girada respecto de esta posición– no es paralelo al norte. La altura de la nave tiene en el centro de la bóveda unos veinticinco pies, con un interior de dimensiones más recogidas.
Arcas tiene una iglesia de gran calidad arquitectónica, singular por varias razones. Su planta es similar a la de numerosas iglesias de la misma época de la provincia de Cuenca, cubierta de madera totalmente nueva, capilla adosada por el Norte, fundada por García del Corral en 1623, según la inscripción del entablamento de su portada. Aunque Arcas no dejó de ser una pequeña aldea durante la Edad Media, se cree que pudiese ser la antigua Ercávica, sede episcopal visigoda, lo que pudo favorecer la construcción de una importante iglesia. La iglesia de Nuestra Señora de la Natividad es un templo románico de transición de gran calidad Tiene una nave rematada en cabecera con presbiterio recto y ábside semicircular.[17] Planta rectangular irregular, ya que sus dos lados longitudinales no son paralelos, con un ligero giro entre el eje del ábside y el eje de la planta del espacio principal de la iglesia. La nave tiene 19,80 m de longitud y transversalmente tiene dos lados de 7,67 y 8,35 m, de manera que se hace más ancha en su proximidad al ábside. Es decir, setenta y cuatro pies de largo por treinta pies, que nos da una proporción 1-2,5 entre longitud y anchura. Los muros, de importante grosor, tienen 3,5 pies. El ábside, de 6,5 x 4,2, es de planta cuadrada y posteriormente la zona semicircular de 6 m de diámetro. La altura, de 6,36 m en su centro, de la zona del ábside le confiere unas proporciones casi cuadradas a este espacio Tiene dos pilas bautismales,[18] una a los pies de la iglesia, con vaso agallonado y franja superior de dientes de sierra con soga en el borde, y la otra en el atrio, con vaso de gallones y franja superior dentada con cruz encerrada en círculo flanqueada por dos rostros.[19]
La forma en la que la espadaña se sitúa en la iglesia es peculiar e introduce una singularidad en la concepción de la misma, que cobra una importante presencia urbana. La espadaña se desarrolla como elemento autónomo, perpendicular al edificio, con acceso por una escalera que sube paralela a la nave. Debajo de la espadaña, un arco da acceso a la ciudad interior. La puerta meridional es muy interesante y similar a otras portadas de Guadalajara y Cuenca, sobre todo a la de Alcocer. Tiene cinco arquivoltas apuntadas y abocinadas con baquetones y escocias, apoyadas por otros cinco pares de columnas con capiteles con decoración vegetal.
Por sus medidas y proporciones, por la decoración cuidada y, sobre todo, por una presencia urbana peculiar, el edificio no es un volumen aislado como otros situados en el entorno rural, sino que se presenta como pieza integrada en el conjunto urbano con la figura singular de su espadaña que funciona como acceso y encuadre del resto de la ciudad.
Villar del Saz de Arcas es una iglesia de nave rectangular con cielo raso, arco triunfal de piedra y portada de arco de medio punto de doble arquivolta lisa. El ábside semicircular tiene imposta corrida de sección triangular en el que se aprecian cambios de aparejo que nos hablan de alteraciones de su altura originaria. Un edificio de reducidas dimensiones de ochenta por treinta (80 x 30) pies, con una altura de veinte pies que apenas llega a los treinta en la coronación de la espadaña.
Alarcón, ejemplo de plaza fuerte medieval, se encuentra situado al sur del territorio que estamos estudiando, marcando el borde del mismo. Aunque fue ya poblado por celtíberos y romanos, es en la época de guerras entre musulmanes y cristianos cuando alcanza mayor relevancia. Fue árabe dependiente de Toledo en 784 y allí murió el moro El Ciego y se hizo fuerte Omar Ibn Hafsón. Alfonso VI la conquistó temporalmente en 1085 y finalmente fue Alfonso VIII quien la conquistó cediendo el castillo a la orden de Santiago y posteriormente a sus moradores como agradecimiento por su ayuda en la batalla de las Navas de Tolosa.
De arriba abajo, Cuenca (San Martín), Cuenca (San Miguel) y Arcas

La iglesia de Santo Domingo de Silos, con ábside circular y portada meridional de arquivoltas apuntadas y tres parejas de columnas, tiene una nave con ventana de aspillera. La planta se diversifica con la presencia de elementos singulares: la capilla situada en el muro norte está cubierta con bóveda de crucería de cinco elementos, triangular el del centro. Existen huellas de pintura negra en el arranque de la bóveda en todo el recorrido de la misma. En el lado derecho, la sacristía, de planta cuadrada, que en su día estuvo cubierta por cúpula. En el arcosolio de la izquierda hay un calvario a carboncillo de buena traza; en los laterales de la izquierda un obispo de pontifical y San Cristóbal en el de la derecha. De la bóveda quedan solamente los arcos fajones. Las fotografías de finales del siglo XIX del Archivo Ruiz Vernachi muestran el estado del edificio en ese momento ya muy deteriorado. Portada protogótica abocinada con cuatro arcos de bocel, jambas de tres columnas, capiteles de tronco de cono invertido y la superficie de finas estrías desarrolladas en ondas. En el frente, tablero de arquitos de herradura con cinta de cabeza de clavo o roseta cuadrifoliada, formando una cruz sus pétalos.
A los pies del templo, torre de base cuadrada de tres cuerpos separados por impostas y rematado por cornisa de sección de dos baquetones, sustentando gola y doble tronera por lado, con arco de medio punto para las campanas. Está declarado Bien de Interés Cultural. Se acondicionó en 1994 como auditorio y sala de exposiciones, y su proyecto de restauración es Premio Nacional de Arquitectura del año 1984, concedido por la Dirección General de Arquitectura del MOPU. Conserva todavía la portada y el ábside románicos, siendo la primera el pórtico más antiguo de la villa. Era la más humilde de las cinco parroquias que llegaron a existir en la villa de Alarcón. Planta de cien por treinta y cinco (100 x 35) pies, con un ábside semicircular y dos cuerpos de planta cuadrada en la cabecera. La torre alcanza los setenta pies de altura.
También en el cementerio se mantiene en pie la cabecera de la ermita de la Virgen de la Orden. La Ermita pertenecía en parte al antiguo Hospital de la Orden de Santiago fundado en el siglo XII, tras la conquista de Alfonso VIII a los musulmanes. En ella también intervienen caballeros de la Orden de Santiago. Por desgracia, del Hospital no queda más que algunos restos y parte de la ermita que había adosada a sus muros. El edificio está integrado en el cementerio, y actualmente sólo conserva el ábside de estilo románico. Tiene sesenta y cinco pies de largo y veinticinco de ancho.
La Iglesia de San Juan Bautista fue restaurada en su exterior en 1968 por la Dirección General de Arquitectura. Actualmente es un Centro de Arte Contemporáneo con pinturas murales de Jesús Mateo. Su planta, de forma rectangular, tiene ciento veinte por sesenta (120 x 60) pies y otros sesenta pies de altura en la coronación de la cubierta de la nave.
La parroquia de la Trinidad tiene también una nave primitiva del siglo XIII, posiblemente cubierta con nave de ojiva, y cabecera de tres lados por los restos de arranques que quedan en el muro, aunque no quedan restos de esta parte, ni siquiera de los cimientos ya que la iglesia está cimentada directamente sobre la roca, aunque los edificios de este momento tienen ábside semicircular. La nave posterior del lado del evangelio se amplió en el siglo XV rompiendo el muro, colocando nuevos pilares y realizando bóveda de crucería en la cubierta. El edificio evoluciona en el siglo XVII con la construcción de la capilla en el lado del evangelio, cubierta con cúpula. A los pies de la nave originaria tiene una torre de tres cuerpos. A los dos lados de la entrada, dos capillas de planta rectangular. El estudio de la diócesis de Cuenca presenta un análisis de los períodos constructivos de este edificio y analizando la parte original del edificio encontramos que la dimensión de longitud del templo es de ciento diez pies, con una nave estrecha de treinta pies de ancho. Las trasformaciones posteriores duplican estas dimensiones, manteniendo la longitud pero llegando con la segunda nave y las capillas al lado del acceso a sesenta pies de ancho en el edificio actual.

Más al Sur están Buenache de Alarcón, Hontecillas y Valeria.
La iglesia de Buenache de Alarcón, dedicada a San Pedro Apóstol, tiene una planta compleja, resultado de añadidos de diferentes momentos. La nave central, de ciento veinte por treinta (120 x 30) pies, tiene dos laterales de noventa por veinte (90 x 20). La nave principal tiene ábside semicircular con saetera estrecha que puede ser referencia de su época inicial. El cuerpo de la iglesia tiene techumbre de artesa, excepto en la cabecera de los laterales, que tiene bóvedas de terceletes, la del Sur, y crucería, la del Norte. A ambos lados de las naves laterales se construyen capillas en planta de cruz que acaban conformando un conjunto singular, tanto en su visión exterior como en los espacios internos del templo.
De arriba abajo, Villar del Saz de Arcas, Fuentes y Mohorte
De arriba abajo, Alarcón (Santo Domingo de Silos, San Juan Bautista y ermita de la Virgen de la Orden) 

De las tres naves que tuvo la iglesia de Hontecillas se conserva solo la central, una de las iniciales ha desaparecido y la otra se ha convertido en zona de sacristía. Tiene unos cien por treinta (100 x 30) pies en su zona central, con ábside de tres lados que sobresale ligeramente de la línea de cierre del testero.
Valeria fue ciudad importante,[20] según las excavaciones arqueológicas que se desarrollan en su proximidad. En época visigoda fue cabeza de obispado y así sus prelados solían estar presentes y suscribir las Actas de los Concilios de Toledo. Estuvo rodeada de murallas en aquellos tiempos, hasta la Edad Media. No distante de Valeria pasaba la calzada romana que iba de Utiel a Zaragoza. En tiempo de los godos fue elevada a silla episcopal y quizá fue derruida por Almanzor.
La Iglesia de Nuestra Señora del Asey de Valeria tiene tres naves con una central de ciento veinte por treinta (120 x 30) pies. La existencia de un edificio de cierta monumentalidad en una población pequeña se explica por la dignidad de sede episcopal alcanzada en épocas anteriores. En la observación detallada de los materiales de su construcción se puede apreciar la reutilización de materiales procedentes de las ruinas romanas. La iglesia tiene planta basilical de tres naves con una cabecera triple de ábsides semicirculares, destacando el central con mayores dimensiones. Si el central tiene ciento veinte por treinta (120 x 30) pies, los laterales tienen ciento diez pies de largo y algo más de veinte de anchura. La separación de los cuatro tramos de las naves está marcada por arcos apuntados que arrancan directamente del muro. El acceso a los ábsides se realizaba a través de unos arcos, actualmente desaparecidos, de los que se conservan las pilastras. Conserva los canecillos de época románica.
En una zona alejada en el extremo de la provincia están los núcleos de Carboneras de Guadazaón, Moya y Campillo Paravientos.
Carboneras de Guadazaón tiene iglesia que conserva el ábside semicircular de su traza primitiva. Hacia el poniente tiene un muro almenado. Interiormente tiene tres naves con techo de artesa realizado en fecha reciente. La arcada románica “y las pinturas románico-bizantinas del interior del casquete son de época reciente, excepto una pintura en el muro del fondo de uno de los arcos…”. La nave central, con ábside semicircular, tiene noventa por treinta (90 x 30) pies y su espadaña, rematada con frontón triangular, llega a los sesenta y cinco pies de altura.
La iglesia de Campillo Paravientos, de reducidas dimensiones –noventa por veinte (90 x 20) pies–, tiene restos de una antigua edificación en el arco de entrada, arco de triunfo. La espadaña alcanza los cuarenta pies de altura, con veinte pies de ancho (casi el mismo ancho de la iglesia) y con dos huecos.
La villa de Moya[21] está en lo alto de un promontorio rocoso que tiene en su parte superior una plataforma que se extiende de Norte a Sur, con una longitud máxima de seiscientos metros y una anchura media de ciento seis. En esa localización se formó un conjunto de casas, adosadas a sus murallas y con calles estrechas y reducidas, exceptuando las viviendas nobles, las iglesias y los conventos. A finales del siglo XIX pudo llegar a 1.200 habitantes. Moya tuvo en su momento seis parroquias, un convento de monjas franciscanas y otro de frailes franciscanos.
De la iglesia de San Pedro, unida al convento de franciscanos, sólo se conservan restos. San Bartolomé se destruyó en su totalidad por un incendio, y San Miguel es ahora el cementerio del arrabal. De San Juan se conserva sólo una de sus paredes. Santa María la Mayor es la más antigua de todas, construida con sillarejo. En su estructura puede verse cómo tuvo en su momento ábside semicircular y cubierta de madera. Tiene espadaña de un hueco y una torre en los pies con tres huecos de medio punto. Su planta rectangular tiene noventa por cuarenta (90 x 40) pies con dos naves laterales estrechas de diez y quince pies.
Es éste un amplio territorio situado al sur de la capital en el que podemos distinguir tres espacios diferenciados: uno de ellos, el próximo a la ciudad de Cuenca, con las iglesias de San Martín y San Miguel y las iglesias próximas de Arcas, Villar del Saz de Arcas y Mohorte. La calidad arquitectónica de edificios como el de Arcas y su singularidad arquitectónica nos hablan de la importancia de este conjunto construido. Edificios que presentan, por otra parte, una unidad en cuanto a medidas y proporciones, conformando un tipo de ciento diez por treinta y cinco pies en su planta y ábside semicircular. Otro foco singular por su condición de ciudad defensiva lo constituye Alarcón, con templos que evolucionan y se trasforman en épocas posteriores. En una zona intermedia, Valeria, que con su antigua tradición de época romana y visigoda consolida su importancia en el conjunto de poblaciones, especialmente en la iglesia de Nuestra Señora del Asey. En la zona próxima a Cuenca las plantas rectangulares con ábside semicircular y una nave están presentes en San Martín de Cuenca, Arcas, Villar del Saz de Arcas y Mohorte, con medidas entre cien y ciento diez pies de largo y treinta y cinco de ancho. En San Miguel y Fuentes se produce la ampliación con naves laterales. En Alarcón, Santo Domingo y la Trinidad tienen la nave de cien pies por treinta y cinco. La planta de Buenache se hace especialmente compleja sobre la nave central de ciento veinte pies de largo. Y en la zona central del territorio, Valeria, con la ermita de cien por treinta pies que repite el tipo con la máxima simplicidad frente a la gran iglesia de Nuestra Señora del Asey con sus tres naves, la central de ciento veinte por treinta pies, que en sus proporciones acentúa la perspectiva de la visión de su espacio interior.
Si las medidas y las plantas establecen la unidad de formas y tipologías que se repiten, las decoraciones y elementos singulares de los templos dejan lugar a los diferentes talleres que trabajan en la zona, a subrayar la peculiaridad de cada lugar y las habilidades del maestro que lo realiza. Las portadas de Arcas comparadas, por ejemplo, con las de Alarcón o la de Cervera, establecen estas diferencias y peculiaridades de los templos de este territorio que en su austeridad busca la calidad en aspectos esenciales como el acceso al conjunto.
De arriba abajo, Hontecillas, Valeria (Nuestra Señora del Asey y ermita de Santa Catalina)
De arriba abajo, Moya (Santa María la Mayor), Campillo Paravientos y Carboneras de Guadazaón (Santo Domingo) 

La zona sureste de Cuenca
Limitada por la carretera de Cuenca a Tarancón y la que va de Cuenca a la Almarcha, es una zona donde surgen pequeñas iglesias que se trasforman con el paso del tiempo. En la zona cercana a la capital, los pueblos de la Obispalía como Abia de la Obispalía, y Poveda de la Obispalía. Por encima de la línea Este-Oeste, Jábaga, Caracena del Valle y Huete.
La iglesia antigua de Abia de la Obispalía tiene planta rectangular con muros de mampostería y sillares en las esquinas. Con ábside semicircular y portadas en las fachadas norte y sur de arcos de medio punto con arquivoltas. Hoy se encuentra en el cementerio y carece de techumbre. La planta mide noventa pies por treinta de ancho, y la torre, que se sitúa en uno de los extremos, ocupa otros treinta pies de largo, con lo cual se configura una planta alargada de ciento veinte por treinta (120 x 30) pies. Este efecto de proporciones longitudinales se acentúa con la altura de la torre, de setenta pies, situada en su extremo.
Barbalimpia tiene planta de ochenta pies por treinta en la nave principal, que se amplía en uno de los laterales con otros quince pies de ancho. La espadaña situada a los pies alcanza los cuarenta pies de altura. La visita de 1580 indica “mampostería de dos naves, cubiertas de madera”. En el libro de visitas de 1742 se dice: “Se ha hecho la espadaña y se está haciendo el pórtico”. La iglesia tiene interiormente bóveda de cañón sobre columnas de baja altura (apenas 10 pies). La zona cubierta en un lateral ocupa lo que debió de ser en su momento la segunda nave. La portada de medio punto está rodeada de estrellas cuadrifoliadas, enmarcada por dos pies derechos laterales que superiormente tienen imposta.
Caracena del Valle tiene iglesia prácticamente abandonada, de una sola nave con ábside semicircular y ventana aspillera en el centro. La unión de la nave con el ábside se resuelve con un doble resalto. Tiene ciento diez por treinta y cinco (110 x 35) pies de dimensiones totales, con una zona de presbiterio y ábside grande, de unos cuarenta pies, dejando los setenta restantes para la nave. El arco a la entrada del ábside, muy ligeramente apuntado y de doble rosca, “es ejemplar de especial interés dentro de las muestras que poseemos de este estilo”.
La iglesia de Cervera del Llano conserva una portada en el muro meridional, de sillería con tonalidades rojizas y rosadas, con tres amplias arquivoltas ligeramente apuntadas constituidas por alternancia de baquetones y escocias (muy erosionadas por el tiempo). Las arquivoltas apoyan sobre cuatro columnas cuyos capiteles llevan esculpidos una especie de red de panal de abeja y helechos, que finalizan en volutas y pomas. De cada columna parten dos arquivoltas de baquetón. En el plano interior, una banda plana con el borde ligeramente ondulado. El arco es ligeramente apuntado y el conjunto es de gran sencillez. La planta de la iglesia tiene las proporciones de las restantes de la zona, con cien pies de largo y treinta de ancho, con cinco tramos cubiertos con bóveda de lunetos y el ábside cubierto con cúpula de media naranja. En 1569 se describe la iglesia de “paredes de mampostería, techo de madera, retablo de talla pintada, cabecera de piedra, capilla delantera atajada con reja de palo y torre de tipo viejo”. Las transformaciones posteriores eliminan la cubierta de madera para construir las bóvedas. Su planta rectangular nos habla de transformaciones importantes y de actuaciones en épocas posteriores.
En Cañavate tiene iglesia de tres naves, con una central de ciento veinte por treinta (120 x 30) pies y dos laterales de unos veinte pies de ancho. A los pies tiene una torre elevada de cien pies de altura, con el cuerpo cilíndrico adosado y visible en la volumetría exterior. En el libro de visitas de 1581 se reseña “tres naves de mampostería, cubierta de madera. Tiene buena torre de mampostería”. Ábside semicircular y, adosado al arranque del mismo por el mediodía, cuerpo de edificio con bisel y canecillos sencillos, restos probablemente de la nave primitiva de la época del ábside. A ambos lados de la nave central, naves de veinte pies de anchura con un cuerpo cuadrado final que enmarca a ambos lados el ábside semicircular.
La iglesia de Hortizuela es de una sola nave de setenta por treinta (70 x 30) pies. “Tal vez sea esta la muestra más completa de los edificios religiosos de la época de la Reconquista de Cuenca”. Una pequeña espadaña, con dos huecos, apenas llega a los treinta pies de altura. La sencillez de su planta y la forma del remate del ábside hacen que sea todo un modelo de tipología de iglesias de la zona.
La ermita de la Virgen de la Cuesta de Huelves tiene una planta con tres ábsides semicirculares en el cabecero y en dos laterales. En la entrada, los arcos se apoyan sobre columnas pareadas con podio común. Interiormente se cubre con bóveda de un cuarto de naranja. La planta tiene ciertas semejanzas con la ermita de Albendea en su trazado. Ésta tiene cuarenta y cinco por cuarenta y cinco (45 x 45) pies, sobre un cuadrado interior de catorce por catorce (14 x 14) pies. Sobre esta base central se configuran los tres elementos semicirculares en tres de sus lados, dejando el acceso en el frente recto. El espacio central alcanza los treinta pies de altura, y los laterales unos veinte.
La cabecera de Santa María de Atienza de Huete[22] ha sido considerada como protogótica. De cinco lados, con los entrepaños convertidos en ventanales ajimeces de arco apuntado. La cabecera tiene cuarenta pies de ancho y cuarenta y cinco de largo, lo que indica la existencia de una importante estructura construida en el resto del edificio. La presencia de las ruinas en medio del entorno natural le confiere un valor simbólico peculiar.
La iglesia actual de Jábaga es una “construcción de mampostería con sillares en las esquinas y zócalo saliente. Resto del edificio románico con dos elegantes huecos para campanas con arcos de medio punto, tapiados, sobre los que se levantó la espadaña con molduración idéntica a la de la portada”. Tiene una sola nave dividida en cuatro tramos. Ciento diez por cuarenta y cinco (110 x 45) pies en la nave y cincuenta pies de altura en la espadaña actual.
De arriba abajo, Abia de la Obispalía, Barbalimpia, Caracena del Valle y Cervera del Llano
 

En Monreal del Llano, la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora tiene tres naves, las laterales más bajas que la central, con arcos fajones de medio punto. Sesenta por cien (60 x 100) pies en el exterior del ábside semicircular. Torre cuadrada que cubre el ancho de la nave central con cubo cilíndrico adosado por el exterior y rematado con casquete esférico donde se sitúa la escalera de caracol de acceso al campanario. Alcanza los ochenta pies de altura en la base de la cubierta superior.
De Mota de Altarejos, en el Libro de visitas de 1569 se decía: “el retablo de talla y pincel, las paredes son de piedra, el techo de madera, no tiene torre…”. De una sola nave, con planta rectangular de noventa por veinticinco (90 x 25) pies, arco de medio punto con moldura en el intradós. La espadaña llega a cuarenta pies de altura. Planta rectangular con uno de sus lados inclinados en la parte final de la construcción que se cierra con veinte pies de anchura.
La iglesia de Santiago Apóstol de Naharros, restaurada, es una de las mejor conservadas del románico rural de Cuenca. Originalmente era un templo de una sola nave rematada en cabecera, formada por presbiterio rectangular y ábside semicircular en planta. El material de la fábrica es básicamente mampostería, aunque con sillares de refuerzo en las esquinas. La única alteración importante que ha sufrido el primitivo templo románico la constituye la torre, a modo de cimborrio, construida en época posterior, sobre el presbiterio. La planta tiene noventa por treinta y cinco (90 x 35) pies e interiormente tiene una altura reducida, con poco más de veinte pies en la coronación de las bóvedas.
La puerta de acceso al templo de Naharros se encuentra ubicada en el muro meridional. Tiene tres arcos en derrame construidos con dovelas de sillería de arista viva, rematados por tejaroz, con canecillos de perfil de nacela, que apoya en ocho modillones de cabeza. Dos ventanales románicos de arco de medio punto, sobre columnillas con capiteles con hojas ovaladas esquemáticas, se sitúan en los muros meridional del presbiterio y del hastial occidental. La planta es de tres tramos y una cabecera acabada en forma semicircular, con dimensiones reducidas, unos ochenta pies de largo por treinta de ancho, pero en su sencillez y dimensiones incorpora elementos singulares y cuidados, como su portada.
En Poveda de la Obispalía, la iglesia de Nuestra Señora mide noventa por cuarenta (90 x 40) pies y está construida con mampostería y sillares en las esquinas. Portada románica con arco doblado. La espadaña, construida con sillería, alcanza los cincuenta pies de altura, con dos huecos. En el interior se observa el ábside plano, bóveda de arista en la nave y cúpula octogonal en el crucero. En 1579 se reseñaba como iglesia “de mampostería, cubierta de madera vieja. Tiene 100 vecinos”. Su espadaña, con dos huecos, alcanza los cincuenta pies de altura.
La iglesia de San Bernabé de Rozalén del Monte tiene distintos estilos que muestran su evolución a lo largo del tiempo. Planta rectangular de una sola nave con ábside semicircular con una estrecha aspillera y, a la altura de la primitiva cubierta mucho más baja que la actual, restos de canecillos. Los arcos fajones y formeros se apoyan en pilares sin cornisa ni capitel. Los tres primeros tramos tienen bóveda de medio cañón. Planta de cien por cuarenta y cinco (100 x 45) pies, con torre que alcanza los sesenta pies de altura.
La iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de Santa María de los Llanos tiene ábside semicircular con canecillos variados: estrella, cabezas de animales, cabezas humanas. En la cabecera, saetera. Tiene tres naves, la central de treinta pies de ancho, y las laterales, una de veinte, y la otra, de diez. La torre, situada a los pies lateralmente, tiene noventa pies de altura y tres cuerpos.
En Villanueva de los Escuderos, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se describe en el siglo XVI como iglesia de una nave de mampostería y sillería con cubierta de madera. La planta rectangular mide ciento diez por cuarenta (110 x 40) pies. El ábside semicircular tiene mayor altura que el cuerpo de la iglesia. A los pies una torre que alcanza los setenta pies de altura.
En Villarejo Periesteban, cuando los visitadores llegan a la Iglesia de San Clemente en 1569 la describen como edificio de mampostería con techo de madera. Tiene portada con arco apuntado montado sobre imposta de dovelas y jambas de sillares. El ábside, de planta algo menor que la semicircunferencia, tiene mayor altura que el resto de la iglesia, con una línea de canecillos que queda mucho más debajo de la coronación de la cubierta. La nave principal tiene noventa por treinta (90 x 30) pies, con una proporción 1:3, y una torre que alcanza los cincuenta pies de altura.
De arriba abajo, Hortizuela, Huelves (ermita Virgen de la Cuesta), Huete (ruinas Santa María de Atienza) y Jábaga
 

En Villarejo Seco la iglesia de San Julián y Santa Basilisa es de una nave con paredes de piedra y techo de madera. Una sola nave con ábside semicircular precedida de un tramo recto entre dos retallos. Saetera alargada. Ochenta por treinta pies de planta y unos veinte pies de altura interior.
La iglesia de Zafra de Záncara está construida en la ladera del cerro. Por la entrada sur hay que bajar desde la calle al nivel de la iglesia, mientras que el del norte el muro tiene altura hasta el nivel del pavimento. La iglesia tiene dos naves, la de la izquierda con sillería y arcos con capillas que tienen óculos al fondo. La nave de la derecha es de mayores dimensiones pero de materiales menos nobles. En la portada de poniente, arco de medio punto sobre impostas resaltadas. Cien pies de largo y treinta y cinco de ancho, con una sección de veinte pies de altura. Así describía el Catálogo de la diócesis de Cuenca la iglesia que hoy está arruinada, con la cubierta hundida, aunque mantiene en sus muros la planta del edificio y las formas de su perímetro.
La iglesia de Zafra de Záncara está construida en la ladera del cerro. Por la entrada sur hay que bajar desde la calle al nivel de la iglesia, mientras que el del norte el muro tiene altura hasta el nivel del pavimento. La iglesia tiene dos naves, la de la izquierda con sillería y arcos con capillas que tienen óculos al fondo. La nave de la derecha es de mayores dimensiones pero de materiales menos nobles. En la portada de poniente, arco de medio punto sobre impostas resaltadas. Cien pies de largo y treinta y cinco de ancho, con una sección de veinte pies de altura. Así describía el Catálogo de la diócesis de Cuenca la iglesia que hoy está arruinada, con la cubierta hundida, aunque mantiene en sus muros la planta del edificio y las formas de su perímetro.
En diversos lugares de la geografía conquense se repite un modelo de iglesia con medidas y formas constantes. La iglesia de Arcas, como modelo de ellas, tiene una nave rectangular de 80 x 30 pies, con dos zonas claramente diferenciadas, en cuyo centro se sitúa el acceso al templo. Rematando la planta, una cabecera, algo más estrecha que el resto de la iglesia, con unos treinta pies de ancho y treinta de largo, que acaba en el ábside semicircular. De esta forma el espacio interior se focaliza en el punto donde se sitúa el altar, que se muestra recogido, protegido de la visión general de la nave. Las alturas reducidas de sus interiores crean ambientes aislados, propios para la oración y la celebración litúrgica.
Muros de tres pies y medio de espesor garantizan la estabilidad de una estructura de gran sencillez que repite fórmulas constructivas en diferentes lugares, fórmulas experimentadas que remiten a una imagen que debe mantenerse y conservarse como valor de la liturgia y de la conquista del territorio. En los casos más sencillos, estructuras de madera que cubren estos espacios con la ligereza de un material que dialoga y contrasta con la piedra del conjunto. Por seguridad frente a los incendios, la piedra crea bóvedas de cubierta que garantiza su estabilidad y resistencia al paso del tiempo.
Las portadas ofrecen la oportunidad al maestro cantero de desarrollar sus habilidades y enriquecer la imagen del templo, desde sencillos arcos con molduras geométricas elementales a piezas más desarrolladas, como ocurre en el caso de Arcas, con el conjunto de columnillas y arcos que van marcando la profundidad del acceso, y enfatizando el punto de entrada al espacio de la celebración.
Todo ello resuelto dentro de las medidas y proporciones elementales de la forma al cuadrado. En la portada es legible la forma cuadrada, de igual anchura que altura, en la que se inscribe en su centro. La decoración de las molduras superior y la banda horizontal a la altura del arranque de los arcos marcan las referencias horizontales de esta composición, con su eje señalado por el centro de la puerta de acceso. Esta misma composición es visible en la forma en la que las columnas van creando niveles interiores en un plano situado a 45º con respecto de la horizontal.
De arriba abajo, Monreal del Llano, Villanueva de los Escuderos y Rozalén del Monte
 

Y si esta lectura es comprensible en el plano de la composición tanto de las plantas como de los alzados del edificio, en el caso de Arcas la composición se hace elaborada en la forma en que la espadaña se adosa al edificio en posición vertical. Su altura nos permite inscribir un círculo en su centro, que viene a ser tangente con la línea central de la iglesia en la que se inscribe, interiormente, un nuevo círculo de menores dimensiones, pero que repite la proporción cuadrada en el interior del templo.
Medidas, proporciones, relaciones entre elementos que construyen, con la geometría sencilla, volúmenes de gran fuerza simbólica que se insertan en el paisaje, ya sea en el interior de las poblaciones o en los espacios de borde de la ciudad, cualificando un espacio y un tiempo de la provincia de Cuenca.
Proporciones de Arcas
 

El territorio ocupado. las Torres.
La ciudad que surge en estos momentos pierde sus rasgos generales sistemáticos y se individualiza en una adhesión a las circunstancias del lugar, la ciudad es geográfica y paisajística.[23] El territorio conquistado establece sus hitos de referencia visual en los edificios religiosos, que con sus torres van marcando señales en la geografía. En el siglo XIV se constituye la densa organización policéntrica que caracteriza aún a Europa: 130.000 campanarios ocupan el territorio en un proceso de colonización.
En Cuenca las iglesias del románico se hacen presentes con sus torres y espadañas. Elementos simbólicos que sirven para hacer notable su presencia. En unos casos, con su visión elevada que caracteriza el territorio. La sencillez de las construcciones del románico conquense hace que lo más habitual sea la presencia de las espadañas como elemento que sirve de adorno formal del edificio y que aloja las campanas que, con su reclamo sonoro, comunican e informan a la población, repartida por el territorio rural, de las celebraciones religiosas y de los acontecimientos familiares y sociales.
En la zona del entorno de Valdeolivas la única iglesia con torre es la de Valdeolivas, elemento transformado por problemas de estabilidad y reconstruido en diferentes momentos. Pero elemento que destaca en todo el entorno con sus noventa pies de altura y sus tres cuerpos con dos ventanas en cada uno de ellos
que sobresalen por encima de la cubierta de la iglesia. En el resto de edificios, espadaña con dos huecos para campanas resuelto con un plano de mampostería con huecos rematados con arco semicircular para alojar las campanas. Albendea, Alcantud y Salmeroncillo de Abajo llegan en su punto máximo de coronación a los cincuenta pies que en Albendea sube hasta los sesenta. Salmeroncillo de Arriba, de acuerdo con la sencillez de lo construido, apenas llega a los treinta y cinco pies de altura en un muro que se estrecha en la parte superior y que sirve de cierre de la iglesia.
En el territorio que va desde La Frontera hasta Cuenca, sólo Sotos tiene una torre de sesenta pies de altura, con un hueco en su tramo superior. El resto de iglesias tiene espadaña, siempre con dos piezas para sendas campanas. El caso más singular por su forma es el de la iglesia de Albalate de las Nogueras, en el que la espadaña alcanza los setenta pies de altura. Sobre el muro de cierre de la iglesia se levanta una pieza de cuarenta pies de altura, que tiene sus dos laterales con gran inclinación, lo que permite situar un hueco central en la parte superior, conformando así una composición esbelta que singulariza con su presencia el templo. El cuerpo donde se ubica la espadaña sobresale en altura del resto de las cubiertas, que quedan así en un segundo plano posterior. Apenas llegan a una altura de cuarenta pies las espadañas de Embid, Mariana, Pajares, Ribatajada (con apenas treinta pies de altura), Torrecilla, Villalba de la Sierra, Villaseca y Zarzuela de la Sierra. La Frontera y Ribatajada alcanzan los sesenta y cincosetenta pies de altura, destacando claramente sobre el resto de edificios de la zona.
En la zona que hemos denominado Cuenca y Sur hay que distinguir, como hemos hecho con el análisis de plantas de sus edificios, los puntos de sus bordes (Cuenca y Alarcón) y los elementos intermedios. En Cuenca capital, la iglesia de San Miguel destaca por el volumen construido, que tiene también intensa relación con su ubicación en el borde de la ciudad, asomándose a la hoz del Júcar. La torre de la iglesia, con dos huecos en cada lado, llega a alcanzar los cien pies de altura, que se acentúan cuando se observa desde el otro lado de la hoz, dada la topografía de la zona.
En la proximidad de Cuenca, Fuentes, Mohorte y Villar del Saz de Arcas, con espadañas que se sitúan entre cuarenta y cincuenta pies. La más singular de ellas, peculiar en toda la provincia, es la de Arcas, que se separa del edificio y se sitúa en posición perpendicular conformando una estructura urbana que acota y se relaciona con el resto de la ciudad. La escalera de acceso, paralela a uno de los muros del edificio, acentúa esta singularidad de un elemento que llega apenas a los sesenta pies de altura, con dos huecos en su parte inferior y un hueco más reducido en el centro superior. Un elemento construido con mampostería que tiene en su parte inferior un paso con forma de arco que permite el paso a su través.
En el otro extremo de este territorio se sitúa Alarcón, que tiene diferentes edificios con estructuras románicas pero que han sido ampliadas o transformadas en épocas posteriores. La iglesia de San Juan Bautista tiene torre que alcanza los ciento diez pies de altura y la de Santo Domingo de Silos los setenta pies, con dos huecos en cada lado. En el territorio intermedio, entre Cuenca y Alarcón, la importancia de Valeria hace que la iglesia de Nuestra Señora del Asey tenga torre con sesenta pies de altura, de gran sencillez con un hueco en cada lado. Hontecillas tiene espadaña con sesenta y cinco pies de altura y una composición con dos huecos inferiores y uno central superior.
En el Este de esta zona, Campillo Paravientos tiene una sencilla espadaña de cuarenta pies de altura, mientras que Carboneras de Guadazaón y Moya tienen iglesias, la primera, con torre de sesenta pies de altura y dos huecos, y la segunda, con espadaña que llega a los sesenta y cinco pies, con dos huecos y uno central superior.
En la zona suroeste de Cuenca hay un número importante de iglesias con torres de cierta altura. Abia de la Obispalía tiene setenta pies, con un hueco central de proporciones verticales en su segundo cuerpo superior. Cervera del Llano tiene torre de sesenta pies, con un hueco central. Elementos singulares son las torres de El Cañavate y Mota de Altarejos, en los que se acusa al exterior un segundo cuerpo que da acceso a la torre con forma cilíndrica que confiere a estos edificios un carácter peculiar en su perfil exterior. Con cien pies y ochenta y cinco pies de altura, respectivamente, son elementos que destacan en el territorio circundante con sus dos huecos en la parte superior del conjunto. Rozalén del Monte tiene sesenta pies de altura, con un hueco vertical en el centro de cada lado. Santa María de los Llanos, con sus trasformaciones de época posterior, tiene, en la actualidad, torre de noventa pies de altura de proporciones estilizadas y un gran hueco superior. Villanueva de los Escuderos alcanza los setenta pies de altura, con dos huecos, y Villarejo Periesteban tiene una pequeña torre de cincuenta pies de altura.
Elementos singulares de las iglesias que hacen visible desde el entorno, con su presencia visual y sonora, la construcción religiosa símbolo de la presencia en tierras conquistadas de la institución eclesial. Símbolos también de una nueva ocupación de las tierras que comienzan a consolidar la presencia de una población que se asienta y se consolida en estos nuevos enclaves. Los maestros canteros han levantado edificios repitiendo modelos y tipos, conservando medidas y proporciones, transmitiendo sus conocimientos prácticos y sus habilidades, pero dejando también su sello personal y su aportación artesanal en cada una de las iglesias.[24] En estos lugares, la presencia de sus templos, las medidas, proporciones, las formas y modos de construcción nos permiten leer el tiempo pasado, porque en el espacio leemos el tiempo.[25]

Cuenca
Situada en el sector central de la provincia, la ciudad de Cuenca se encuentra en la puerta de la comarca montañosa de La Serranía, perteneciente a la rama castellana del Sistema Ibérico. Constituye este conjunto urbano uno de los ejemplos más notables de vinculación de una ciudad a su entorno natural. Su original emplazamiento, sobre un espolón cretácico rodeado de las hoces de los ríos Júcar y Huécar, la convierten en una de las ciudades-paisaje más hermosas del mundo. En lo alto de ambas hoces despunta todo un caserío adaptado a la orografía del terreno que se derrama desde la zona más alta de este “escarpado crestón” hasta la parte donde confluyen los ríos Júcar y Huécar. Una “urbe envuelta en roca, agua, vegetación, luz y aire”.
Muchos han sido los que han dedicado notables referencias a la que Troitiño Vinuesa califica de “vieja ciudad castellana”. Así, nos encontramos con testimonios como el de Odón de Buen, quien destaca que “Cuenca vista desde abajo tiene algo de pirámide y de acrópolis” o, por ejemplo, Gustavo Torner, que habla de Cuenca como “topografía vestida de ciudad”.
Pocos son los testimonios arqueológicos y documentales que nos ayudan a conocer el origen del poblamiento en Cuenca: es el caso de los restos arqueológicos pertenecientes a la Edad del Hierro que aparecieron en las proximidades de la Catedral. De lo que ya nadie duda es del origen musulmán de la ciudad. Cuenca debe su fundación a los bereberes de la tribu Hawwara, dominadores de la Kora de Santaver en la Marca Media. Las condiciones geográficas del terreno y su buena situación en las rutas estratégicas entre La Mancha y los valles del Ebro y del Tajo, fueron las claves que hicieron que los musulmanes aprovecharan uno de los mejores emplazamientos defensivos de la serranía conquense para ubicar una ciudad-fortaleza que permitiese controlar todo el territorio. Aunque todo parece indicar que durante las dos primeras etapas de dominio musulmán en la Península Ibérica, el protagonismo de esta plaza fue inferior al de otras villas fortificadas de la Kora de Santaver, como Huete, Uclés o Huélamo. Pero en los últimos años del Califato comenzaría a despuntar Kunka sobre las restantes poblaciones del terreno, seguramente por su posición defensiva superior a cualquier otra, y por la posible revalorización de sus recursos, madera y lana principalmente.
Las tropas cristianas al mando del rey Alfonso VIII, tras un prolongado asedio, consiguieron conquistar Cuenca un 21 de septiembre del año 1177, iniciándose así una nueva etapa en la historia de la ciudad.
Una nueva etapa en la que el rey cristiano, como muestra de su cariño por Cuenca, instala en ella su Corte durante diez años, transforma la Mezquita Mayor en Iglesia Catedral, establece en Cuenca la Sede Episcopal y concede a sus habitantes numerosos privilegios. Además, manda elaborar un código jurídico que regiría la ciudad a partir de ese momento, el Forum Conche, convertido en el más famoso de los Fueros Municipales de la Castilla Medieval. Toda una serie de circunstancias que convierten a Cuenca en el centro organizador del territorio que englobaba la Serranía, Alcarria y Mancha. Además, si bien es cierto que durante la reconquista de la ciudad la industria pañera sufre un parón, poco a poco irá recuperándose, llegando a distinguirse Cuenca como una de las mejores ciudades pañeras castellanas.
La conquista de Cuenca por parte por Alfonso VIII supone, además, una gran transformación para la ciudad. El propio monarca puso todo su empeño en reorganizar la vieja ciudad musulmana y consolidar la conquista cristiana. Todo ello hace que esta ciudad-fortaleza conozca grandes transformaciones no sólo en el ámbito demográfico, jurídico, económico y religioso, sino también en el plano urbanístico. Cuenca ve cómo se va expandiendo su territorio y la población va ocupando todo el terreno situado en la parte más baja del recinto amurallado, hasta entonces despoblado, surgiendo así nuevos barrios en la parte baja de la ciudad, como el de San Esteban, San Vicente, San Salvador, Santo Domingo o San Juan.
La ciudad se reorganiza a finales del siglo XII sobre el terreno que había ocupado hasta entonces la Mezquita Mayor, el que será el centro religioso más importante de Cuenca: la Catedral. Estaba situada en la plaza medieval de Santa María o Picota, el lugar más importante donde confluían las principales actividades de la población. Al otro lado, en la parte más oriental del templo, aquella que daba a la Hoz del Huécar, se situaba lo que se conocía como el “corral de la iglesia”, todo el conjunto de edificaciones dedicadas a diferentes usos por parte de la Iglesia: desde lugares de administración y reunión, hasta hornos o talleres para los obreros de la catedral.
El tejido urbano de Cuenca se organizaba alrededor de un eje formado por las calles de San Juan, Correría, la Plaza de Santa María y la calle o cal Mayor, que conectaba dos de los accesos más importantes de la ciudad, la puerta de Huete y la del Castillo. Aparte de este eje fundamental, la ciudad contaba con otras vías importantes que daban acceso desde el centro hasta la parte baja de la misma. Éstas eran las de Solera y Caballeros, por una parte, y Pellejería y Zapatería Nueva, por la parte del Alcázar. La calle era un elemento esencial en el paisaje urbano de la ciudad. Predominaban las estrechas, tortuosas, angostas, con fuertes desniveles y grandes cuestas que dificultaban el paso en época de lluvias y, sobre todo, de nieves, con pasadizos y voladizos, sin ningún tipo de pavimentación. Las calles medievales se caracterizaban por ser lugares con gran animación, con mucha vida. Era un continuo ir y venir de gente. Por ellas transitaban vendedores ambulantes, en ellas trabajaban los artesanos. También era el lugar donde actuaban los juglares y titiriteros, donde se celebraban fiestas y procesiones. Pero también donde existía una gran suciedad y contaminación provocada por elementos orgánicos y minerales que se encontraban a lo largo de todo su recorrido.
Otra característica destacable de la ciudad: la población sale fuera de la muralla y comienzan a aparecer diferentes arrabales. Fuera del cerco de la muralla destaca ya en esta época el arrabal de Barrionuevo, que, según algunas fuentes, aparecería ya en el siglo XIII y se encontraba en el espacio situado en los alrededores del Puente del Canto (actual puente de San Antón) y del río Júcar. Tenía una población estable dedicada a actividades manufactureras y también agrarias. También estaba fuera del recinto murado el Hospital de Santiago, fundado por la Orden de Santiago en los terrenos donados a la misma como agradecimiento por su contribución en la conquista de la ciudad. Concretamente se trataba de las casas que el rey Alfonso VIII donó a Tello Pérez y Pedro Gutiérrez como agradecimiento por su participación en la conquista de Cuenca. Ambos personajes decidieron entregarlas, a su vez, a la Orden de Santiago en el año 1182. Sobre estas pequeñas construcciones se erigió un hospital, que en un principio dio acogida a los cristianos redimidos del cautiverio, pero que a partir del año 1250 sólo acogía a enfermos y peregrinos.
Ya en el interior del espacio defendido por murallas se comienzan a construir diferentes parroquias alrededor de las cuales crecen y se desarrollan diferentes barrios o collaciones. Estas últimas eran divisiones más bien administrativas que servían de base para la participación política de los vecinos de la ciudad. En concreto, en la ciudad de Cuenca encontramos trece collaciones. Dentro de éstas, a su vez, y como en cualquier ciudad medieval castellana, la vida se ordenaba en torno a tres puntos vitales: la parroquia, la plaza y la fuente. Los tres se encontraban generalmente situados en el centro de la barriada y muy próximos entre sí. Pero si encontramos alguna característica común en las primeras parroquias levantadas después de la conquista cristiana es su proximidad con el lienzo de la muralla, llegando a confundirse, en algunas ocasiones, con el propio sistema defensivo de la ciudad. Dentro de la Cuenca medieval había además otros destacables edificios, como el destinado a ser sede del Obispado de Cuenca que ocupaba únicamente las alas sur y oeste en torno al patio que posteriormente diseñó Pedro de Alviz.
En el siglo XVI Cuenca era una de las ciudades más destacadas de Castilla, gracias en parte a que había sido una de las mayores productoras en textil y ganadería de todo el reino. Desde muy pronto, como se recoge en el fuero de Cuenca (siglo XII), se autorizó a realizar una feria anual, de dos semanas de duración –que quedaría derogada en el siglo XIV–, que se uniría al mercado semanal y al que se formalizaba diariamente. Hoy parece imposible que una pequeña urbe como Cuenca tuviera capacidad suficiente para dar salida a todos los productos que se comercializaban en las distintas ferias y mercados, pero también debemos pensar que, gracias a su privilegiada situación geográfica (por un lado su ubicación entre comarcas de economía complementaria y por otro, su carácter de encrucijada de caminos que le facilitaba el acceso a provincias como Aragón, Valencia y la Alta Andalucía), la diferente oferta y demanda no sería aprovechada simplemente por la capital y su Alfoz, sino también por diversas ciudades cercanas.
Tras la gran epidemia de peste de 1598, el alza de precios, la expulsión de los moriscos en 1608, la emigración a América, la elección de Madrid como capital del reino y, sobre todo, el hundimiento de la pañería conquense como consecuencia de la subida del precio de la lana, Cuenca dejó de ser un centro creador; sin embargo, podemos considerar a la ciudad castellanomanchega casi ajena a esta crisis en el aspecto constructivo.
Es ya en el siglo XVIII cuando Cuenca se vuelve a poner a la altura de las expectativas creadas en centurias anteriores. Si a los destrozos ocasionados por el conflicto de la guerra de Sucesión (hay que recordar que Cuenca se vio ocupada en el año 1706 por las tropas del archiduque Carlos) con la necesidad de restaurar o reedificar la mayoría de los edificios, sumamos una bonanza económica (aunque Felipe V decidió clausurar la Real Casa de la Moneda) y, sobre todo, los autores, que se adaptaron perfectamente, obtenemos altas cotas de creatividad. De esta época, por destacar algunas obras de las más sobresalientes, es el monumental seminario; el ayuntamiento, con un notorio concepto teatral o la iglesia-convento de San Lorenzo Justiniano, obra del académico Alejandro González Velázquez.
A principios del siglo XIX Cuenca vuelve a sufrir los desastres de una nueva guerra, siendo en esta ocasión las tropas napoleónicas (1810) las que saquearon y prendieron fuego a varios puntos estratégicos de la ciudad, dando comienzo otro triste episodio de decadencia material de la capital. Durante este siglo, Cuenca, poco a poco, va recuperando su nivel de población, llegando a final de la citada centuria a los 10.000 habitantes.
La relativa tranquilidad con la que comenzó el siglo XX se verá alterada, como en toda España, por el estallido de uno de los peores episodios recientes de nuestra historia, la guerra civil. Cuenca permanecerá en el bando republicano hasta el último año de la contienda, en que pasará a formar parte de la zona nacional. Tras el conflicto, la ciudad sufrirá una fuerte corriente de emigración en búsqueda de oportunidades en otras zonas más industrializadas de la península.
Actualmente, la ciudad se apoya básicamente en el turismo, gracias en parte a su renovado gusto artístico y a los innumerables esfuerzos realizados por diversos autores para otorgar a la capital un nuevo espacio donde depositar, difundir y disfrutar del floreciente arte abstracto y, sobre todo, la inclusión en el año 1996 por la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, bajo esta justificación: “El comité decide inscribir esta propiedad bajo los criterios culturales II y V, se destaca su valor universal así como el excepcional ejemplo de fortaleza medieval que conserva notablemente intacto y su paisaje urbano original junto con muchos ejemplos de arquitectura civil y religiosa de los siglos XII a XVIII. Además es excepcional porque la ciudad amurallada combina y realza el paisaje rural dentro del natural en el cual está situado”.

Iglesia de San Miguel
Emplazada en la antigua muralla con vistas a la hoz del Júcar, encontramos la iglesia de San Miguel. Su ubicación, privilegiada, le permite ser un referente en las construcciones románicas de la ciudad, pues se sitúa a escasos metros al oeste de la catedral y de la Plaza Mayor, desde las que se accede por la bajada que lleva el nombre de nuestro templo.
Fechada a mediados del siglo XIII, San Miguel es considerada una de las iglesias más antiguas de la capital y ya aparece referenciada en una de los primeros listados sobre templos religiosos, efectuados tras la conquista de Alfonso VIII en el año 1177. Así, por ejemplo, Mártir Rizo la incluye dentro de las catorce parroquias (trece más la catedral) en las que se divide la ciudad, tras recibir “la Fe Católica”, y que se circunscribirían dentro de las murallas de la ciudad.
Pocos son los documentos que han llegado hasta nosotros de época medieval que nos sirvan para fecha citado templo. El 29 de abril de 1265 el obispo de Cuenca, Pedro Lorenzo, incluyó en una capellanía que había instaurado en la catedral la primera ración servidera que vacase en la parroquia de San Miguel, dando al cabildo facultad para su provisión. Según este documento, la iglesia ya estaría construida con anterioridad.
Aún así, el templo ha sufrido varias alteraciones. En el siglo XVI, con la participación del maestro de cantería Pedro de Yrizar, se amplió el edificio mediante la construcción de una nueva nave lateral, se elevó toda la iglesia y se levantó la actual torre-campanario. También en este tiempo se realizó la cúpula que cubriría la cabecera y cuya autoría ha sido atribuida a Esteban Jamete. Ya en el siglo XVIII, dañada la iglesia por la devastación producida por los ejércitos ingleses durante la guerra de Sucesión, sufrió una nueva remodelación por parte de Martín de Aldehuela, el cual le otorgaría una diferente disposición interior, centrándose principalmente en la bóveda y en su decoración.
Tras el saqueo y la destrucción sufridos en la guerra civil de 1936, recibió una nueva restauración a mediados de los años sesenta del pasado siglo veinte por parte de Fernando Chueca Goitia. En 1997 fue declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, por la Dirección General de Cultura.
Finalmente, el último cambio que recibirá la iglesia de San Miguel no será en su aspecto sino en su función, ya que desde el año 1959, debido, en parte, a su formidable acústica, se ha acomodado como sala de conciertos (principalmente en el marco incomparable que supone la Semana de Música Religiosa), lugar de reuniones, zona elegida para la realización del pregón de la Semana Santa, etc., una vez cedida por el Obispado al Ayuntamiento de la ciudad.
A tenor de lo anterior, la iglesia original la podemos ubicar dentro de la construcción propia del llamado románico que en estos años se llevaba a cabo en la provincia limítrofe de Guadalajara, e incluso no sería de extrañar que algunos canteros y maestros, que anteriormente habrían trabajado en el citado término, se desplazaran a Cuenca para efectuar los diversos trabajos que encontramos en la capital, así como en pueblos cercanos.


La iglesia de San Miguel respondería en origen al prototipo arquitectónico de la época, con una sola nave, precedida de tramo recto y ábside semicircular, y, posiblemente, con una espadaña a los pies. Hoy en día, simplemente se conserva parte del muro sur de la nave y el ábside, construido con aparejo de mampostería.
El ábside muestra una elevación de tamaño considerable, descrita, principalmente, por los cambios en los materiales de construcción y por la línea marcada por los canecillos de la primitiva cornisa (algunos restaurados).
Dichos canecillos son lisos sin ningún tipo de decoración y, por supuesto, uno de los principales elementos arquitectónicos para poder fechar la iglesia de San Miguel, ya que en gran parte coinciden con los utilizados en otras iglesias de temprana edificación, como pudo ser San Martín o la propia catedral. Situada en el tambor del ábside encontramos una ventana abocinada, con arco de medio punto, sin ninguna función en la actualidad, pero original de su construcción románica.



Valdeolivas
Valdeolivas se encuentra en la comarca de la Alcarria, y más concretamente en la región de la Hoya del Infantado. A 67 km de Cuenca y 82 de Guadalajara se extiende esta población, en las laderas que descienden hasta el río San Juan, afluente del Guadiela. Comunicada con la capital conquense por la N-320, una vez pasado el embalse de Buendía se debe tomar desvío hacia Villar del Infantado, pequeño y hospitalario pueblo por el que debemos pasar para llegar a Valdeolivas.
Esta villa de origen medieval comparte economía, costumbres y paisajes con otros pueblos de la provincia de Guadalajara y Cuenca, e historia y arte con otras aldeas y villas de estas tierras meridionales. Tierras que acogen uno de los monasterios medievales más espectaculares de la Alcarria, el Monasterio cisterciense de Monsalud que, situado a 25 km de Valdeolivas, ejerció notable influencia en los pueblos y villas de alrededor, como Alcocer, Millana, Salmerón y, por supuesto, Valdeolivas.
Actualmente, en Valdeolivas habitan apenas trescientos veinte habitantes. Una cifra insignificante si la comparamos con los miles de vecinos que llegó a acoger esta bella población. Con una arquitectura popular muy bien conservada, destacan en este pueblo sus calles estrechas e irregulares, tan características de la época medieval, donde predominan casas con volados corredores de madera, casonas con magnífica rejería y escudos de armas, y plazas cargadas de siglos de historia que todavía hoy son núcleo de reunión y cobijo del mercado de la semana. A todo ello hay que sumar su rico patrimonio histórico-artístico en el que despunta, sin lugar a dudas, su bella iglesia parroquial, interesantísima obra arquitectónica del Medioevo, y el conjunto de los molinos, construcciones del siglo XVIII de planta circular y fina sillería. Todo un conjunto que convierte a Valdeolivas en un punto de referencia para el viajero y turista que recorre y visita la Alcarria.
Aunque existen numerosos indicios que demuestran la existencia de presencia humana en esta zona desde muy antiguo, la historia de esta comarca, y de esta villa en concreto, comienza en los últimos años del siglo XII. Concretamente es después de la conquista de Toledo, cuando estas tierras entran a formar parte de la historia de la Reconquista. El encargado, en principio, de la ocupación de toda esta zona fue el capitán Alvar Fañez de Minaya, lugarteniente del Cid Campeador. Es él quien consigue que todo este territorio quede bajo el control de los llamados Comunes de Villa y Tierra, primero de Zorita y posteriormente de Huete, manteniéndose, a efectos de jurisdicción y aprovechamientos comunales de pastos, durante bastantes años. Pero la entrada de los almorávides en la Península convierte a toda esta zona en un gran campo de batalla hasta 1138, año en el que comienza ya la descomposición del imperio de los almorávides, y las tropas castellanas emprenden la conquista de todas las plazas próximas al Tajo. Ahora Alfonso VIII ocupa la Alcarria, que, posteriormente, en 1154, dona en señorío a los Obispos de Sigüenza. Sin embargo, después de la conquista de Cuenca en 1177, toda esta zona del Valle del Guadiela queda incluida en la Diócesis de Cuenca, creada en 1182, y sus pueblos vuelven a quedar bajo señorío real.
Ya en 1252, el Infante don Manuel, hermano del Alfonso X “el Sabio”, hizo donación de la villa de Valdeolivas, entre otros lugares, a doña Mayor Guillén de Guzmán, quien, a su vez, dejó a su hija, Beatriz de Portugal, todas sus propiedades. De este modo se crea un gran señorío que comprende San Pedro Palmiches, Salmerón, Alcocer, Millana y Valdeolivas junto con varias aldeas, conformando desde entonces la conocida como Hoya del Infantado. Cuando muere Beatriz de Portugal, el señorío lo hereda su hija Blanca, abadesa del Monasterio de Las Huelgas, quien en 1312 decide venderlo al Infante don Juan Manuel.
A partir del siglo XVI, la villa de Valdeolivas pertenecerá, como Cifuentes, Salmerón y Alcocer, al Marqués de Villena, hasta que Enrique III “El Doliente” revoca todos los títulos a éste y las villas son vendidas a don Micer Gómez de Albornoz. Le seguirá a este último en el señorío, su hijo don Juan de Albornoz, y, a su muerte, su hija doña María de Albornoz. Pero al morir ésta sin descendencia, su hermana, casada con don Diego Hurtado de Mendoza, Señor de Cañete, hereda toda su fortuna. Es a partir de este momento cuando existen algunas lagunas históricas que no aclaran la transmisión de estas tierras. Lo que sí queda demostrado es que pertenecieron al condestable don Álvaro de Luna, como prueba la herencia que de éste recibe su hijo don Juan en el año 1453, confirmada por Enrique IV en el año 1455. Pero no cumpliéndose las capitulaciones, las villas de Valdeolivas, Salmerón y Alcocer pasan en 1471 a pertenecer a don Diego Hurtado de Mendoza, segundo Marqués de Santillana, como agradecimiento y compensación del rey Enrique IV. En 1475 los Reyes Católicos refuerzan aún más esta disposición y nombran a don Diego Hurtado de Mendoza, hermano del Cardenal Mendoza, Duque de las villas de Alcocer, Salmerón y Valdeolivas, que se llaman del Infantado.
Es a partir de este momento, cuando el ducado del Infantado entra a formar parte de la llamada “Grandeza de España de Primera Clase” siendo su título completo el de “Duque de las Cinco Villas del Estado de Infantado”. El signo de la protección que durante todos estos siglos dispensaron a estos lugares estos señores feudales se refleja hoy en la riqueza patrimonial que se encuentra en este pueblo. Así lo reflejan los restos de su muralla medieval, su emblemática arquitectura popular, muy bien conservada, y, por supuesto, su iglesia parroquial.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Considerada como una de las más interesantes e importantes iglesias medievales de la provincia, la iglesia de la Asunción se comienza a construir en el siglo XIII, con criterios del románico y con una más que notable influencia de los monjes cistercienses que, en el año 1141, se habían establecido en la vecina localidad de Córcoles para fundar el monasterio de Monsalud.
Presidiendo todo el conjunto urbano se levanta este templo, con una sola nave, presbiterio recto y ábside semicircular, torre campanario a los pies de la nave y portada de ingreso en el muro sur, está construido a base de sillar.
Pasados algunos años, ya en época gótica, se añade a la nave central dos naves de este estilo, una a cada lado, de las cuales tan sólo se conserva en la actualidad la del lado sur. Continúan las reformas, y ya en pleno siglo XVI la iglesia sufre nuevas modificaciones e intervenciones. Es en este momento cuando se construye una nueva portada en la nave norte y se abren los arcos que comunican las naves central y meridional y las dos capillas de esta última nave, que todavía hoy se pueden apreciar. Pero la iglesia de la Asunción no deja de sufrir nuevas remodelaciones, y en pleno siglo XX, concretamente entre 1964 y 1968, es objeto de una de las más importantes. Es concretamente en 1964 cuando el arquitecto diocesano toma la decisión de demoler la nave norte del templo “por inconsistencia y poca firmeza de cimientos y empujes descompuestos de armadura de cubierta”.
Esta decisión implica además el traslado de la portada al muro de poniente, y la construcción de un nuevo muro que cierre la iglesia en su parte más septentrional. Además durante estos años se reedifica prácticamente al completo la nave original; en concreto se reconstruye la bóveda que la cubre y se retranquea la longitud del último tramo, dejando la entrada de la torre completamente al exterior, con riesgo evidente de peligro de derrumbamiento.
Esto trajo como consecuencia el desmonte de la torre campanario y el almacenamiento de todos los materiales para su reconstrucción en años posteriores. Ya en el año 1973 se procede a una nueva restauración en el interior del templo que tiene como objetivo principal la recuperación de la pintura mural del ábside.
Iglesia de la Asunción de Valdeolivas
 

Con todo ello, después de todas estas series de remodelaciones, el aspecto general que presenta esta iglesia es el siguiente: con dos naves, la central en su mayor parte reconstruida y cubierta por una bóveda réplica de la original, con un marcado acento medieval y románico: de cañón, ligeramente apuntada, dividida en tres tramos, y reforzada por tres arcos fajones que se apoyan en columnas adosadas al muro. Conservado, casi en su totalidad, todo el muro sur, no sucede lo mismo con el muro occidental, construido nuevamente restando tres metros de longitud a la nave y dejando aparte la torre, que queda aislada y en peligro. En él destacan a lo largo de todo su trazado una serie de ventanales, y, junto al altar mayor, en el lado del evangelio, se abre un arco ligeramente apuntado que da acceso a una capilla lateral de planta cuadrada y cubierta con bóveda nervada, con nervios que arrancan de ménsulas con decoración vegetal y escudos.
Queda rematada esta nave principal en presbiterio recto y ábside semicircular. En el interior destaca, además, el arco triunfal y el arco fajón que dan paso al ábside, los cuales, apuntados y doblados, apoyan en haces de tres columnas.
A su vez, el ábside, único elemento original de la iglesia, se encuentra dividido en tres cuerpos mediante cornisas.
En la inferior destacan dos ventanas aspilleras abocinadas, decoradas con punta de diamante; la superior da paso a la bóveda de cuarto de esfera decorada con unas magníficas pinturas fechadas en el siglo XIV y de estilo transitivo entre el románico y el gótico. Es destacable, en esta parte de la iglesia, el armario o alacena semejante al de las iglesias de Arcas y Fuentes, situado a poca altura del suelo, en el zócalo del lado derecho.
Nave central
Nave central
La bóveda de la nave principal, la cual está totalmente reconstruida, es de cañón apuntada y continúa en el presbiterio. Se divide en tres tramos mediante arcos fajones apuntados, apoyados en columnas adosadas al muro.
Capilla en la nave lateral de la iglesia, donde se encuentra la pila bautismal. Destaca en primer plano un arco románico de medio punto, restaurado, separando ambas naves, central y lateral.
Capilla en el extremo este del transepto, donde, al parecer, se encuentra el Sagrario. Franqueada por reja de gruesos barrotes pintados en verde y flanqueada por sendos reclinatorios, a ambos lados, en madera policromada en dorado.
Capilla en el extremo oeste de la nave lateral, con féretro de cristal y dos imágenes de La Pasión de Cristo.
La nave lateral sur es la única que se conserva de las dos laterales de las que en un principio tenía la iglesia. La del lado norte se derribó a mediados del S. XX por amenaza de derrumbamiento, debido al gran deterioro que sufría, debido a ciertos avatares, sobre todo durante la Guerra Civil Española, según palabras del sacristán al informarnos de su historia.
Capiteles del interior 

La portada del templo se abre a los pies de la nave principal, en el muro de poniente de la nave. Sobre un cuerpo ligeramente saliente, se estructura en tres partes, separadas por cornisas. En el cuerpo inferior, flanqueado por dos torres, se abre la puerta de acceso al templo que se resuelve con un arco de medio punto con gruesas escocias y cordones a modos de arquivoltas. La escocia central presenta una roseta en cada dovela. Los cordones, por su parte, se prolongan hasta las jambas a modo de columnas, para verse rematados, a su vez, por capiteles decorados con bolas.
Separa este primer tramo del segundo una cornisa con pequeñas puntas de diamante. En este segundo estrato se abre una hornacina en forma de cruz que alberga en su interior una cruz de piedra. A su vez, este segundo cuerpo se separa del tercero por otra cornisa con gruesas puntas de diamante. En él destaca un gran óculo, y en la parte más alta abre una pequeña ventana.
Volviendo al interior, encontramos otra nave más antigua, de época gótica, la nave lateral del mediodía. Única en la diócesis de Cuenca, ofrece una más que marcada relación con la catedral de Cuenca por el empleo de la bóveda sexpartita. Ahora bien, nada tienen que ver los soportes utilizados en ambos templos. Dividida en tres tramos, en la iglesia de la Asunción se construyen fuertes pilares en torno a los cuales se desarrollan columnas cilíndricas adosadas.
Sus capiteles están decorados con motivos vegetales donde predominan hojas lanceoladas, bien de forma aislada o en conjuntos de tres con peciolo en común.
En algunos casos se sustituyen por pequeños círculos de diferentes tamaños, con cruces en el interior. En lugar de volutas, se observan prominencias ovaladas con forma de rostro humano, signo de la influencia cisterciense del vecino Monasterio de Monsalud. En el muro más septentrional de esta nave se abren dos arcos de medio punto que dan acceso a la nave central. En el muro meridional, en cambio, se abren dos capillas laterales del siglo XVI de planta cuadrada y cubiertas con bóvedas sobre pechinas: la que corresponde al primer tramo guarda en su interior un enterramiento con escudo nobiliario, y la del segundo tramo acoge en su interior la pila bautismal del templo.
Por último, se contempla un pequeño arco de medio punto, dovelado y moldurado en las aristas, que apoya en cornisa y ésta directamente en el muro con aristas molduradas como el arco, que da acceso a un pequeño atrio. En el muro que comparte con la nave central se abren dos arcos de medio punto en el primer y segundo tramos, y ya en el tercero se conservan los restos de la antigua portada románica, compuesta por cuatro arquivoltas apuntadas y de arista viva que apoyan en columnas.
Digna de mención es la torre levantada a los pies del templo, en el extremo sur-occidental, única en estilo y época en esta zona. Fechada en 1211 por la inscripción encontrada en uno de los sillares del interior de la torre (aunque algún investigador, como el caso de Monedero Bermejo, cree leer 1258), ha sufrido intervenciones y remodelaciones en numerosas ocasiones, que han llevado, incluso, y por riesgo de ruina, a desmontar por completo la torre para su posterior restauración. Con planta cuadrada, destacan en ella su altura y su semejanza con otras torres románicas del norte de la Península. Estructuralmente quedaba dividida en cinco cuerpos separados por cornisa. El primero de ellos, liso, queda a la misma altura que la nave de la iglesia, y en el resto se abren dos huecos de arcos ligeramente apuntados en cada cara o lado, donde colocar las campanas. Los arcos apuntados de los dos pisos intermedios tienen chambranas decoradas con puntas de diamante, y en su intradós destacan columnas rematadas con capiteles, sobre los que apoya el yugo de las campanas. Actualmente el aspecto de la torre presenta tan sólo cuatro cuerpos, ya que quedó desmochada en la última restauración.
Es de planta cuadrada y está divido en cuatro cuerpos, siendo el primero de altura igual a la del templo y los tres superiores divididos por cornisas, conformando el campanario. Tiene ocho ventanas de arco apuntado por planta, dos en cada cara, destinadas en un principio a albergar sendas campanas. Actualmente tiene solamente dos en las ventanas superiores de la fachada oeste.
En el exterior destaca la elegancia del ábside semicircular. Único en la provincia y en la Diócesis de Cuenca por su monumentalidad, ha sufrido a lo largo de toda su historia alguna que otra modificación: no hace muchos años tenía adosada en su parte más septentrional una pequeña dependencia utilizada como camarín. Construido en sillería regular, está dividido en cuatro paños por tres haces de columnas adosadas que arrancan de una base poligonal y acaban fundiéndose con la cornisa por medio de un pequeño capitel sin decoración. En estos paños se abren dos ventanas aspilleradas abocinadas, enmarcadas por un arco sobre columnas con capiteles muy pequeños con decoración vegetal.





La iglesia de la Asunción de Valdeolivas conserva en su interior las únicas pinturas murales medievales de la provincia de Cuenca. Datadas genéricamente en el siglo XIV, se fechan concretamente entre los años 1290 y 1325. Se trata, por lo tanto, de una decoración tardía pero que responde a una tipología compositiva vinculada al románico. Esta zona conservada formaría parte de todo un conjunto pictórico que decoraría la iglesia original, y del cual nada queda en la actualidad. Estas pinturas estuvieron durante largos años detrás de un retablo barroco del siglo XVIII, hasta la destrucción de éste en 1936. Desde entonces quedaron a la vista de fieles y visitantes.
Integradas con la arquitectura, las pinturas se encuentran en la cuenca absidial de la iglesia, el espacio idóneo para la representación de la Maiestas Domini. Aquí es donde mayor atención se concentra, ya que su forma cóncava se asemeja a la bóveda celeste, y, por lo tanto, al espacio divino; además, es el pun

o donde convergen todas las miradas de los fieles.
Pantocrator pintado sobre el ábside, enmarcado en mandorla también pintada. Su pintura ha sido fechada en el primer cuarto del siglo XIV, conservándose detrás de un retablo barroco destruido en el año 1936, lo que dio lugar a su hallazgo.
Pantocrátor

Por eso encontramos en el centro del ábside la figura del Pantocrátor, en posición sedente, dentro de una elaborada mandorla almendrada, con clara influencia bizantina, aunque se diferencia de lo estrictamente bizantino porque, en este caso, se representa el cuerpo entero. En actitud de bendecir con la mano derecha y sosteniendo con la izquierda un libro abierto –el libro de la Ley–, se representa a Cristo majestuosamente entronizado, barbado, sentado sobre un arco y con una bola a sus pies. Ocupa el lugar de honor porque es el Cristo que juzga a los hombres, que da fe de la grandeza divina y del fin de los tiempos. Siguiendo los cánones de la época, se individualiza su imagen a través de su tamaño, su jerarquía y su vestimenta. Se utilizan colores muy intensos y contrastados entre sí, y se representa a Cristo con dimensiones muy acusadas que muestran a la figura con una fuerte carga simbólica de lo absoluto, de lo divino. Los ojos, y sobre todo las piernas, brazos y manos adquieren unas dimensiones desproporcionadas, que incluso se remarcan, como es el caso de la mano derecha.
En el marco almendrado u oval se distinguen dos tipos de decoración claramente diferenciadas: en la primera, destaca un tallo cilíndrico que rodea la figura del Pantocrátor, decorado con escamas que simbolizan el ámbito de lo celeste, y que, unidas a los meandros entrecruzados, simbolizan la eternidad y son un atributo de poder; por otra parte, en el borde más exterior se representa la bóveda celeste, sobre la que se observan dos querubines, uno a cada lado.
Acompaña a este Pantocrátor, el Tetramorfos: los cuatro seres “que sin descanso dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono”. En esta ocasión los cuatro evangelistas aparecen representados según la visión de Ezequiel, avanzando en las cuatro direcciones, pero volviendo sus rostros hacia la figura de Cristo. Se hallan situados dos a dos: en la parte superior, en el borde exterior de la mandorla, en línea con la cabeza del Pantocrátor, encontramos, a la izquierda, a San Mateo y a la derecha, aparece el águila que representa a San Juan; ya a los pies, y por fuera de la mandorla, aparece el león que representa a San Marcos, a la izquierda, y el buey que representa a San Lucas, a la derecha.
Flanquean la mandorla las figuras de los apóstoles. El Colegio Apostólico aparece representado en esta ocasión en dos grupos, a ambos lados del Pantocrátor. Siguiendo el modo de pintura tardorrománica se representan con varios niveles de profundidad, concretamente en tres niveles y en sentido piramidal. Aparecen en actitud orante y mirando al Pantocrátor.
Remata todo este conjunto, un fondo con decoración geométrica, y, ya en lo alto de la bóveda, aparece representado el Espíritu Santo, en forma de paloma y dentro de un círculo del que parten siete haces de rayos.
Situada en una capilla de la nave lateral, encontramos la pila bautismal de esta iglesia. Labrada en piedra caliza, presenta una tipología bastante sencilla que responde al esquema básico desarrollado en la provincia de Cuenca y de su vecina Guadalajara durante el siglo XIII. Con forma de copa, está compuesta por vaso y pedestal. El vaso, de grandes dimensiones, con un diámetro de 135 cm y una altura de 96, presenta una decoración que responde a un modelo muy extendido en la zona de la Alcarria: está decorado con gruesos gajos que se recogen en la base, y en la parte superior se cortan horizontalmente por una cenefa lisa. El pedestal es de planta circular, resuelto a modo de basa con bocel, escocia y amplio y grueso toro. Ha sido vinculada por Nieto Taberné al grupo de Arcas y La Melgosa.
La pila bautismal se encuentra en una capilla lateral de la nave sur, flanqueada por varias imágenes religiosas, iluminado el espacio por la luz que se filtra a través una vidriera que se encuentra bajo el arco del fondo.
 

Además, la iglesia de la Asunción conserva en su interior un notable ejemplo de pila de agua bendita. De tradición románica y labrada en jaspe rojo, presenta una decoración a base de gallones y unos labios moldurados.


Románico en la Alcarria Conquense y Serranía de Cuenca
El norte conquense, correspondiente geográficamente a la Alcarria conquense y la Serranía de Cuenca, tiene un importante patrimonio románico rural derivado de la conquista de la ciudad Cuenca y que es la continuidad natural del románico alcarreño de Guadalajara en dirección al sur.
Esta zona del "Infantado" tanto de Guadalajara como Cuenca conserva importantes restos románicos derivados de la importancia del Monasterio Cisterciense de Monsalud de Córcoles.
Vamos a encontrar en esta comarca bellas portadas de arquivoltas apuntadas, decoradas con puntas de diamante y profusión de columnas con elegantes capiteles vegetales.

Ribatajada
A 37 km de Cuenca, a los pies de un cerro, en un evocador escenario, se localiza Ribatajada. Con una altitud de 943 m, se levanta justo en el borde de El Campichuelo, territorio de “transición” entre la Alcarria y la Sierra, que limita con las Sierras de Bascuñana, al Oeste, y la de Majadas, al Este. Por la situación geográfica a la que pertenece, destacan en sus alrededores montes y elevaciones de considerable altitud, repletos de pinares, así como también tierras de cultivo, con predominio de los colores pardos y rojizos, bañados por el río Trabaque, donde también abundan chopos y olmos en las riberas, y vides, encinas, quejigos y matorrales.
A esta población conquense se accede a través de la CM-2105. Pasado “El Chantre”, hay que tomar un desvío a la izquierda para acceder a la carretera que enlaza todos los pueblos de El Campichuelo conquense. El último de todos ellos es Ribatajada, limitando ya con la Serranía. Con una población que en invierno ronda los sesenta habitantes, destaca entre su caserío su iglesia parroquial y en lo alto del cerro la ermita de Nuestra Señora de la Estrella, desde donde se contempla un amplio panorama. En las inmediaciones del camino hacia Arcos de la Sierra, en el lugar que un día ocupó el cementerio, se encuentra la ermita de la Virgen del Rosal, rodeada por hermosos jardines y árboles frutales. Y ya de camino a la vecina Ribatajadilla, a mitad del recorrido, se conserva lo que un día fue convento de los Franciscanos y ermita de San Pantaleón.

Iglesia de San Juan Bautista
Situada en el extremo occidental del pueblo, al final de la calle Real, se levanta la iglesia parroquial de Ribatajada.
Ningún documento nos precisa la fecha exacta de su construcción (salvo un sillar que explicaremos más adelante y que puede conservar e indicar la fecha en la que se levantó), pero al igual que el resto de templos de esta zona, responde al esquema básico de iglesia de repoblación, de estilo románico tardío, construida durante el siglo XIII, después de pacificada toda esta zona por parte del rey cristiano Alfonso VIII.
Su aspecto actual es fruto, además, de toda una serie de modificaciones y nuevas intervenciones llevadas a cabo, sobre todo, durante los siglos XVI y XVII. Intervenciones que, por otro lado, no impiden la conservación de parte de sus elementos románicos, entre ellos su portada, una de las más bellas del románico conquense.
Esta iglesia rural, de pequeño tamaño, se compone de nave única y ábside en semicírculo precedido por presbiterio rectangular, con un pequeño cuerpo de planta cuadrada, adosado en el lado sur, que hace de sacristía.
Tiene dos portadas, una, de pequeñas dimensiones, abierta en el lado oeste del edificio, resuelta por arco apuntado. Actualmente está cegada, aunque en origen se abrió para comunicar el interior del templo con el cementerio situado en el entorno de la iglesia.
La otra portada, abierta en el lado sur, es la entrada principal. Realizada con sillares de tonos rojizos, se resuelve con un arco adovelado apoyado en jambas. Presenta, además, tres arquivoltas con recercado moldurado y otros elementos decorativos austeros y de menor entidad.
Las arquivoltas descansan en una doble cornisa que recorre todo el cuerpo y, que a su vez, da paso a seis columnas, tres a cada lado de la portada. Estas columnas, restauradas hace poco, quedan rematadas por unos capiteles con una decoración vegetal de escaso relieve. A su vez, los fustes se apoyan sobre un basamento compuesto por basas poco pronunciadas sobre plinto recientemente construido.
En el cuerpo de portada, en el lado izquierdo, llaman la atención dos sillares con inscripciones. Entre la puerta de entrada al templo y la primera columna interior, en el segundo sillar encontramos la siguiente inscripción: […] ACE VCD IN ERA […] […] CCLXIII.
La transcripción literal sería la siguiente: […] Ace vcd en la Era de [1]263. Posiblemente, tiene que ver con alguna de las etapas de construcción del edificio, pero el mal estado de conservación en el que se encuentra, dificulta su estudio y transcripción.
Además, en el último sillar de esta misma zona, previo a la doble cornisa que separa los capiteles de las arquivoltas, aparece inscrita la fecha de 1763, cuando se llevó a cabo una de las muchas remodelaciones que sufrió esta iglesia. La portada se completa con un tejaroz y dos roscas de teja vuelta.



Capiteles con decoración vegetal diversa.
En el exterior llama también la atención el ábside. Conserva su altura original y presenta en el alero la cornisa pétrea con moldura cóncava en el borde, de época románica. Ésta queda apoyada en una serie de canecillos decorados a base de rollos y otros motivos, principalmente vegetales. En el eje del tambor, se abre una pequeña ventana de arco de medio punto recercado de sillar.





Completa todo este bello conjunto la espadaña del muro de poniente. Construida a base de sillar, está estructurada en tres cuerpos separados por una simple moldura. En el superior se abren dos huecos de medio punto para las campanas, y la parte más alta está rematada por una estructura triangular. Este elemento de la iglesia ha sufrido una serie de modificaciones a lo largo de su historia que han provocado que quedara embutida entre el añadido de los muros laterales de la nave. También han sufrido las influencias de posteriores intervenciones la portada de arco apuntado, hoy cegada, y un ventanal adintelado, abierto en el cuerpo superior. Además, a comienzos de la década de los ochenta del pasado siglo XX, se construyó a los pies de esta espadaña un pequeño recinto que hace las veces de almacén.
La obra románica se levanta en mampostería con remates de sillar en las esquinas, de arenisca de grano fino y tonos rojizos y ocres. Actualmente se aprecia el enfoscado por toda la parte exterior del edificio, así como un pequeño zócalo que recorre todo el ábside.
Presenta este templo una cubierta a dos aguas en todo el edificio salvo en el cuerpo de la sacristía. Los canecillos y la cornisa original sólo se conservan en parte del presbiterio y en el ábside. En el resto, el vuelo de los aleros se resuelve mediante tejas de rosca vueltas.

Ya en el interior, el ábside aparece cubierto por una bóveda de cuarto de esfera. El presbiterio, en cambio, hace uso de bóveda de cañón de yeso, quedando separadas ambas partes del edificio por un arco de medio punto de ladrillo. Por otro lado, el paso del presbiterio a la nave se resuelve mediante arco triunfal de medio punto moldurado que presenta un escudo en el centro y que apoya sobre pilares moldurados de planta poligonal, rematados en la parte superior por capiteles decorados con bolas, y en la parte inferior apoyados en basamentos que a su vez apoyan en pilares poligonales.
La nave queda dividida en tres tramos y está cubierta por bóveda de yeso sobre falsos arcos fajones doblados y formeros formando lunetos, que apoyan en pilastras adosadas al muro a través de cornisa de yeso moldurada y volada. A los pies de la nave se encuentra un coro alto que corta por la mitad una pequeña ventana románica abierta en el muro de poniente.
En mal estado de conservación y a modo de jardinera, se encuentra actualmente la antigua pila bautismal de Ribatajada, a los pies de la puerta principal de la iglesia.
Labrada en piedra caliza roja, presenta un vaso de 93 cm de diámetro exterior y 75 cm de diámetro interior. Se caracteriza por la ausencia de decoración: presenta un vaso muy tosco y algo irregular, totalmente liso. Se apoyaba, en origen, sobre un pedestal troncocónico invertido de 35 cm de altura, que actualmente se conserva separado de la copa. Responde, en líneas generales, a la tipología que Nieto Taberné clasifica como pilas lisas, un modelo ampliamente extendido por la provincia de Cuenca. Recuerda a las pilas conservadas en Tribaldos, Lagunaseca, o Belinchón. Todas ellas caracterizadas por la ausencia de decoración en sus vasos y por presentar un aspecto muy tosco y primitivo.

 

Albalate de las Nogueras
Se trata de uno de los pueblos más antiguos de la provincia de Cuenca. Situado a escasos 44 km de la capital, siguiendo la carretera CM-210 en dirección norte a Guadalajara, Albalate de las Nogueras se asienta sobre un promontorio, dominando la vega en la que confluyen los ríos Albalate y Trabaque (afluentes del Guadiela). Su región natural es la Alcarria y, más concretamente, la denominada Alcarria oriental o conquense, rodeada por la Sierra de Cuenca al Este y la de Altomira al Oeste y perdiéndose al Sur en llanura manchega. Es también Albalate punto de origen de la conocida ruta del mimbre, que, partiendo de la región de la Alcarria, tiene su punto final en la Serranía conquense, en Beteta.
Se puede afirmar que Albalate ha estado habitado desde tiempos inmemorables y así nos los confirman los hallazgos encontrados en diversos parajes de la zona, de los cuales destacan el Cerro de los Castillejos, Bombarra o Peña del Castella, Peña Lutero y Valdevilla; pero, por encima de ellos, el que mejor se ha estudiado y, por tanto, más información arroja a la hora de intentar establecer un origen del pueblo, es la zona denominada Fuente de los Baños. Habitado por hombres prehistóricos, por poblaciones celtas (450-250 a.C.) y romanas (130 a.C.), la Fuente de los Baños fue lugar de acogida para sus diversos habitantes hasta la llegada, en el siglo VIII, de los árabes, verdaderos colonizadores de la localidad. Fue un famoso médico, Abden Yuseb, quien le otorgó su nombre, aprovechando lo beneficioso de sus aguas para bañar y curar enfermos en sus pilas o piscinas. Aquí permanecerían los nuevos pobladores hasta el siglo XI, donde interviene uno de los personajes más famosos de nuestra historia y cultura popular: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Éste, en el camino de su destierro desde tierras castellanas hasta las de Aragón, tuvo que enfrentarse a los pobladores provenientes del norte de África en una zona cercana, Villaconejos de Trabaque, donde, finalmente, las tropas árabes sufrieron una importante derrota.
Diezmados en sus fuerzas, los supervivientes, buscando un asentamiento más seguro, siguieron el cauce del río Trabaque y escogieron una pequeña montaña, rodeada de agua procedente del citado torrente, que denominaron Albalate de Bombarra. Etimológicamente, Albalate de Bombarra vendría a significar “el camino a Bombarra”, habiendo sido este destino un pequeño asentamiento habitado también por los pueblos árabes de la zona. Esta nomenclatura permanecerá, sobre todo en los libros parroquiales, desde el siglo XI hasta el XVI, cuando vemos que el encabezamiento del pueblo sufre la que, a la postre, sería su última modificación, pasando a denominarse Albalate de las Nogueras. Este nuevo término le fue dado por la cantidad y calidad de los diversos noguerales de la zona, los cuales cambiaron un trozo de historia por un suculento negocio, vía principal de su economía.
Tras la conquista de Alfonso VIII, Albalate fue agregado como aldea a la jurisdicción de la ciudad de Cuenca, de la que dependió hasta la mitad del siglo XVIII, cuando fue comprada, como villa, bajo la jurisdicción y señorío del marqués de Olías y Mortara. En 1814, tras la nueva división surgida de la Constitución de Cádiz, Albalate entró a formar parte del recién creado Partido Judicial de Priego y, ya durante ese siglo, aparece de manera común el nombre del pueblo en relación con los diversos enfrentamientos que se dieron en la Península: en el conflicto entre liberales y absolutistas (1820) y en la primera guerra carlista. A finales del siglo XIX perdió su condición de villa independiente, puesto que el señor de la misma vendió sus tierras, pasando, finalmente, a estar sujeta al Gobierno de la nación.
Actualmente, sus poco más de trescientos vecinos se dedican en su mayoría al cultivo de la zona y al pastoreo, trabajos heredados de generación en generación. Éstos han permitido mantener intacto un pedazo de historia, conservada también en parte de sus edificaciones, entre las que destacan las más antiguas viviendas, de clara influencia árabe, con predominio material del yeso sobre el adobe, cubiertas de teja sobre soportes y vigas de madera y mucho material de relleno. Estas viviendas eran con frecuencia polivalentes, es decir, en el mismo edificio, además de las dependencias domésticas, se disponía de cuadras y corral, en la planta baja, y de pajares, almacén o cámara, en la superior.
Pero el elemento más singular y característico de la vivienda tradicional albalateña es, sin lugar a dudas, “La Cueva”. Las Cuevas o Bodegas forman parte de las viviendas o construcciones independientes, siendo túneles excavados en la tierra (preferiblemente en las laderas de cerros y montículos) que tienen la peculiaridad de mantener constantes las condiciones de temperatura y humedad durante todo el año. De esta forma, tradicionalmente han sido los lugares ideales para permitir la correcta conservación de alimentos y vinos.
Por todo, sus gentes han conseguido que hoy en día Albalate siga desprendiendo un olor a historia, a costumbre y tradición que, unido a su entorno físico, hacen de éste, un pueblo singular y en perfecta comunión con la cultura que durante siglos ha sabido mantener. De hecho, aún se siguen representando prácticas antiquísimas, como las Quintas, las Meriendas o las Calaveras.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Situada en la plaza mayor, punto más alto de Albalate de las Nogueras, encontramos esta magnífica obra de arte propia del románico inercial, típico de la provincia de Cuenca. Recorriendo las calles que llevan a la iglesia de la Asunción, podemos observar la combinación de elementos arquitectónicos de muy diferente factura, donde destaca el estilo barroco y renacentista, siempre desde un enfoque popular. Pero, sin lugar a dudas, el punto culminante de dicha arquitectura lo constituye la iglesia del pueblo, que, construida delante del Ayuntamiento, otorga a la citada Plaza Mayor un cuadrado casi perfecto, en el que sus lados nos ofrecen los símbolos del otrora poder local, el eclesiástico y el legislativo.
La iglesia se erigió justo donde en siglos anteriores se encontraba la mezquita principal de Albalate de Bombarra, según la tradición, por mandato del párroco del pueblo, don Gil de Albornoz, durante su época de Cardenal (1350-1376), en recuerdo de los años en que fue cura de dicha parroquia. Sin embargo, tanto el estilo como las fuentes sobre la edificación, fechan el inicio de la construcción en una época anterior, 1185, es decir, casi dos siglos antes de que don Gil de Albornoz pudiera haber intervenido.
Nos encontramos ante uno de los más importantes edificios de fábrica románica de la provincia que, a diferencia de otras construcciones, todavía conserva gran parte de su estructura original.
La iglesia presenta planta de cruz latina, cabecera rectangular, crucero al exterior con un cuerpo más elevado a modo de cimborrio, dos pequeñas capillas de planta cuadrada adosadas a los brazos del crucero, una única nave rectangular (de proporciones más reducidas que la cabecera), elegante espadaña al Oeste y dos portadas de acceso enfrentadas en cada uno de los muros laterales de la nave.


Según Ricardo Blanco Niño “el hecho histórico que debió influir en su construcción y estilo, fue la llegada de los cistercienses, grandes impulsores y propagadores del románico, al pueblecito de Córcoles, en donde hacia el año 1141, fundaron el Monasterio de Monsalud, desde donde irradiaron su fe, su cultura y su arte por toda esta región”. Partiendo de esta base, la iglesia original constaría de una única nave con ábside semicircular donde se situaría el presbiterio con altar exento, los cuales se perderían en la ampliación del siglo XVII. Pero, para poder estudiarla más en profundidad se dividirá su descripción en dos partes bien diferenciadas, por un lado el exterior y por otro el interior.
El exterior, construido mediante sillar, al menos en la parte románica del edificio, presenta un cubrimiento diverso según las partes de la misma (aunque todos resueltos gracias a teja cerámica).
La nave es a dos aguas, en el cuerpo central a cuatro y en las distintas capillas laterales a una.
Entre los principales elementos destacables de esta impresionante obra constan los distintos canecillos sobre los que se recoge el vuelo de los aleros en la parte de la nave. Hay veinticuatro en el muro norte, que van desde los de decoración vegetal hasta los de decoración antropomorfa y zoomorfa. Son de una factura no repetida en la provincia, pero con gran similitud con la decoración de las ménsulas y ventanas de la nave mayor de la catedral de Cuenca.
Siguiendo la dirección entre la cabecera y la espadaña, los distintos modillones se presentan así: el primero es irreconocible, al igual que los que ocupan los lugares cuarto y octavo, mientras que el segundo y el tercero se adornan con una cara y una cabeza (bastante deteriorada), respectivamente. Tras los mencionados, encontramos los siguientes detalles: una piña, otra cabeza, una hoja, una cara de nuevo, una máscara, otra cabeza humana y una cabeza de animal girada, un canecillo liso, un pentágono, seis bolas, una tercera cabeza humana, un felino con grandes orejas afiladas, otro canecillo liso, otro pentágono, una moldura y, para terminar, unas puntas de diamante.


En el muro norte se halla la entrada principal al templo. Bajo un tejaroz de losas sobre cornisa y decorados con motivos de cestería, al lado de uno de los contrafuertes correspondientes a los arcos fajones del interior, se sitúa esta bella portada de arquivoltas apuntadas.
Dichas arquivoltas se resuelven de diversas formas, así la exterior aparece decorada por cuadrifolias y recercado de puntas de diamantes (muy deterioradas); las centrales con decoración realizada en molduras con cordones, escocias y biseles; y, finalmente, la interior adovelada y decorada con dobles dientes de sierra. Todo ello está montado sobre una fina imposta corrida moldurada y jambas y pedestal lisos.
La primitiva portada debió de tener pedestal o base con su moldura corrida. A su vez, entre la basa y el arranque de las arquivoltas habría tres columnitas que, con el paso del tiempo y por diversas circunstancias, desaparecieron y no fueron sustituidas por otras, sino por los sillares que ahora llenan los huecos (siglos XVIII-XIX). Según varios autores, entre los que destaca Miguel Ángel Monedero, esta portada guarda una importante relación o incluso estaría inspirara por la de la iglesia de La Puerta, de la vecina Guadalajara, en la que aparecen elementos decorativos similares a los que aquí encontramos. A la derecha de la portada, y junto al mencionado contrafuerte, se halla una ventana aspillera con saetera enmarcada en arco de medio punto, descansando sobre columnillas con capiteles adornados por decoración vegetal.
Fachada norte
Portada norte
Ventana fachada norte 

En el muro que corresponde a los pies de la iglesia destaca la esbelta y elegante espadaña. La cual, pese a la ampliación que sufrió el templo, permaneció estable y, al contrario que en otras iglesias, se acometió en la cabecera, sin lugar a dudas, con gran acierto por parte de los encargados, ya que permitió conservar esta fastuosa espadaña.
Es de frontón muy apuntado, estructurada en un solo cuerpo y rematado en forma triangular. Sobre el cuerpo se abren tres troneras o huecos de medio punto para las campanas, situando dos en la base del triángulo y una más en la parte superior, de menor tamaño, para el campanil. Toda esta parte sufrió una pequeña remodelación en 1987, debido al impacto de un rayo. Bajo el cuerpo de las campanas y en línea perpendicular con la tronera más alta se abre otra ventana abocinada, la cual consta de dos arcos de medio punto con dovelas y moldura, que descansan sobre columnillas con un capitel sumamente esquemático, dotando a la nave principal de una débil iluminación.
En cuanto al último muro existente de la fábrica original, el muro sur, presenta varias similitudes con el norte. Dicho muro sigue el esquema que presenta su homólogo, sirviendo de puerta de acceso entre el templo y el antiguo cementerio.
De este modo, tiene una cornisa de piedra con una veintena de canecillos anacelados bajo un pequeño tejaroz. En esta ocasión el número de canecillos disminuye en dos y, siguiendo una dirección de Oeste a Este, aparecen las siguientes representaciones: dos canecillos con moldura, dos cabezas casi irreconocibles, uno liso, dos con decoración de hojas palmeadas, dos lisos, una esfera, una hoja, otra cabeza, una hexafolia incrustada en un círculo, una tercera cabeza, un rostro humano, un animal, una hoja, uno liso, una cabeza humana, un modillón irreconocible, otra hoja y, finalmente, uno sin ningún tipo de decoración.

La portada sur está acotada por dos contrafuertes: el izquierdo, totalmente intacto y que corresponde con uno de los arcos fajones del interior, y el derecho, reutilizado y aprovechado en el muro de la capilla edificada con posterioridad. Esta portada consta de un arco apuntado de triple baquetón sobre imposta, con arquivolta decorada por cordones y escocias que apoyan directamente sobre columnas de capitel vegetal, que descansan sobre sencillos pedestales. A la izquierda de la portada, en paralelo con la del muro contrario, se encuentra otra pequeña ventana aspillera, con sus mismas características, es decir, arco de medio punto adovelado que apoya sobre columnillas de capitel muy esquematizado.
Portada sur
 

Por último, la cabecera, ampliada en el siglo XVII, sustituye a la original y fue realizada, según recoge el informe (noviembre de 1621) presentado por el veedor Francisco del Campo a causa de que: tiene tanta necesidad de ensancharse que ningún día solemne puede juntarse todo el lugar a oír Misa ni a ninguna procesión, que por ser tan pequeña la dicha iglesia y aver ido en aumento el lugar y la gente y al presente ba aumentándose y para el remedio desto e bisto y considerado el ensanche que puede tener… Este problema de espacio se solucionó con la creación de dos capillas a ambos lados de cabecera, lo que le proporciona la actual planta de cruz latina.
Acerca del interior de la nave, se ha de destacar que presenta también rasgos totalmente distintivos y que contribuyen a hacer de la iglesia de Albalate de las Nogueras un ejemplar casi único de la provincia de Cuenca.
La nave original se cubre con bóveda de cañón apuntada, a la manera cisterciense, y se divide en tres tramos por arcos fajones apuntados, los cuales se corresponden con los contrafuertes que encontramos al exterior, y con moldura de triple rosca. Estos arcos apoyan directamente sobre pilastras compuestas.




Todos se coronan con capiteles de variada decoración, en los que algunos autores observan reminiscencias árabes o más propias de la estética gótica, donde predomina la decoración vegetal, mayoritariamente de hidra o roble. La iluminación de la nave se consigue gracias a varias ventanas abocinadas, dos de fábrica románica en el tramo final de la misma y otras dos, sitas en el primer tramo, de construcción similar, pero cegadas y cortadas en su parte inferior por los arcos de entrada a las dos capillas edificadas posteriormente. Dichas capillas, de planta cuadrada al igual que el tramo central del crucero, se cubren mediante cúpula sobre pechinas, y la más cercana a la portada sur está dedicada al baptisterio. Por último, el tramo entre la nave y la cabecera, resuelto mediante arco triunfal, es el postrero arco fajón, pero, a diferencia de los ya explicados, descansa sobre pilastras con moldura de gran dimensión y se remata en capitel vegetal.
Al igual que la fábrica primitiva de la iglesia, la pila bautismal de Albalate de las Nogueras es un ejemplar muy interesante y bien conservado. Según Ricardo Blanco Niño, la pila estuvo ubicada a los pies de la iglesia, en el centro de la nave. Sin embargo, en la visita general realizada el 25 de noviembre de 1603, el licenciado Francisco Cortés ordenó al mayordomo de la iglesia que se hiciera una capilla nueva con su reja para albergarla. Señala el mismo autor que esta capilla se construyó en el ángulo de la pared de la espadaña y la pared por donde están las escaleras de subir al coro actualmente. Posteriormente, al colocar el coro en 1689 y las escaleras de acceso, esta capilla bautismal quedó casi oculta, motivo por el que se decidió en 1966 sacar la pila de allí y trasladarla a la capilla de la Vera Cruz, donde hoy se encuentra.
Esta pila bautismal (110 x 85 cm) se podría catalogar dentro del grupo de las decoradas con gajos o gallones que tanto abundan en la provincia, sin embargo, presenta sus propias variaciones, que la hacen distinta de las otras. Realizada en piedra, el vaso se divide en dos partes claramente diferenciadas: en primer lugar, la cenefa, enmarcada entre molduras con motivos de cestería y con tres torzales cada cinta, presenta una decoración similar a la de uno de los capiteles interiores sobre los que descansan los arcos fajones de la nave original. En segundo lugar, el vaso se divide en gallones separados por cordones de soga sin torcer y molduras similares a la descrita en la cenefa. Tanto cordones como molduras hacen que los gajos se presenten sin relieve ni abultamiento, llegando hasta su recogimiento en la base de la copa. Completa el conjunto una base cuadrada de fábrica posterior, donde se asienta la pila original.
Existen otras dos pilas con características semejantes en la propia provincia de Cuenca. En primer lugar, la del pueblo de Villar del Saz de Navalón, que cuenta con la misma decoración en la cenefa con motivos de cestería trenzados, aunque mucho más toscos y abultados; y, en segundo lugar, la de Villalba de la Sierra, con un cuerpo de vaso totalmente diferente, al haber sido sustituidos los gallones de la pila de Albalate por una arquería que recorre todo el vaso. En definitiva, según Tomás Nieto Taberné, nos encontramos ante de una obra que podríamos calificar dentro del grupo invariante del románico, por lo que su talla debió de realizarse, al tiempo que el templo original que la cobija, en la primera mitad del siglo XIII.

 

Románico en Tierras de Alarcón y sur y oeste de Cuenca
Nos centramos, por tanto, en la Tierra de Alarcón y de las comarcas centrales de Cuenca, pertenecientes a la Comunidad de Villa y Tierra de Cuenca y las Obispalías.
He elegido para esta página las importantes iglesias de Valeria y Arcas, las iglesias de Santo Domingo de Silos y la ermita de la Virgen de la Orden (hoy cementerio) de Alarcón y Santiago Apóstol de Naharros, aunque hay bastantes más. 


Valeria
Valeria, 5000 años de historia”, con este lema se anuncia la ciudad de Valeria, antigua Valera de Arriba y actual ocupante de la zona conocida como “Las Valeras” (integrante también de Valera de Abajo). De acuerdo con ese mensaje, podemos establecer que nos encontramos ante uno de los asentamientos más antiguos de la provincia, que hunde sus raíces en la riquísima historia de la zona.
Sin embargo, antes de centrarnos en su historia, intentaremos establecer una ruta para acceder a la localidad. Desde la capital conquense, se ha de coger la carretera N-320; aproximadamente en el kilómetro diez, se toma el desvío hacia el pueblo de Arcas. Una vez atravesado el pueblo, ahora por la vía CM-2100, unos 25 km nos separan de Valeria.
Los orígenes de Valeria habría que situarlos en época prehistórica, sin embargo es a partir de la dominación romana cuando alcanza su plenitud jurídica. A partir del 179 a. C, Valeria (que toma su nombre del que fuera su pretor, Valerio Flaco) entró a formar parte de la provincia romana de la Tarraconense, aunque años después pasará al término de la Carthaginense. Prueba de todo esto es el impresionante yacimiento que se conserva a escasos 100 m de la actual población. Entre sus restos más destacados cabe señalar el foro, con su basílica, diversas tiendas o tabernae, así como el ninfeo o fuente monumental.
Su importancia queda corroborada gracias a su inclusión, en época visigoda, como una de las tres sedes episcopales de la provincia de Cuenca, junto con Ercávica y Segóbriga. Entre los tres se repartían el territorio, tanto administrativo como jurisdiccional. Sobre su existencia durante todo el período visigodo han llegado hasta nosotros diversas actas de los Concilios Toledanos (583-693) donde aparecen las figuras de los obispos de Valeria. Ya en época musulmana, según Monedero Bermejo, es probable que fuera destruida, en buena parte, sin que su población desapareciera por ello, como lo muestran algunos restos musulmanes que han aparecido.
Tras la reconquista de Cuenca, Alfonso VIII, en su afán de recobrar la tradición religiosa de la provincia, pide y obtiene, del Papa Lucio III, la refundación de las viejas sedes episcopales, entre ellas Valeria. Aunque la nueva población se ubicaría en un nuevo emplazamiento, dejando el anterior como muralla y cantera del nuevo poblado. La muralla que se conserva en la actualidad fue construida en esta época, y presenta varias similitudes con la hallada en la propia capital.
A partir de aquí pocas son las noticias que se conservan del pueblo, el cual, sin duda, poco a poco fue perdiendo su hegemonía a favor de la capital. En 1561, Diego Fernando de Alarcón se convertiría en el primer señor de Valeria al comprar la villa a la Corona. Años después cambiaría su nombre por el de Valera de Arriba (1580), nombre que ha llevado hasta hace algunos años, cuando volvió a cambiar su toponimia.
En 1787, la villa aparece bajo el patronazgo de los Duques de Granada y así permanecería por lo menos hasta el siglo siguiente.

Iglesia de Nuestra Señora del Asey
Bajo esta advocación tan curiosa se halla la mayor iglesia románica de toda la provincia de Cuenca, ya que es la única conservada con tres naves y sus respectivos ábsides. Su nombre deriva de una deformación popular con varios siglos de antigüedad, partiendo de “la sey” (es decir, “la sede”) se llega o evoluciona al actual del Asey. Todo es recuerdo de la vieja cátedra episcopal existente en Valeria y que, incluso, siguió representada en el Cabildo de la Catedral de Cuenca por medio de uno de sus notables, que llevaba el título de Abad de la Sey. Dicho título se instauró por primera vez en 1410 como recordatorio de la antigua sede episcopal de la propia Valeria.
Como indica Nieto Taberné, no existen datos concretos del origen de la iglesia, pero se podría situar en el segundo asentamiento cristiano en Valeria (1212) tras la batalla de las Navas de Tolosa. Sin embargo, algunos otros autores, como Julián Torrecillas, indican la posibilidad de que bajo este templo existiera uno anterior de origen visigodo (basílica), a tenor de los vestigios que adornan las paredes del templo.
Sea como fuere, el templo actual cuenta con tres naves y sus respectivos ábsides (siendo el central mucho mayor que los laterales), torre adosada a los pies, con un estrecho paso en su parte inferior, portada en el muro sur y presbiterio resaltado. Desgraciadamente, de época románica sólo se conserva la cabecera con los tres ábsides, la planta, el muro sur (excepto la portada) y los pilares y arcos de separación entre naves. Esto es así, porque en el siglo XVI el conjunto sufrió una importante restauración y todo él fue sobreelevado, se añadió la torre y se construyó la actual portada de la nave sur de estilo barroco (al igual que los cinco contrafuertes que contienen el acusado desplome del muro).
Lo que es innegable es que las cercanas ruinas sirvieron como cantera, tanto en su construcción original como en la reforma de los siglos posteriores.
Como es habitual, la edificación se realiza en mampostería con sillares de refuerzo en las esquinas (también aparecen en los ábsides, la torre y los contrafuertes), y todo el conjunto se cubre a dos aguas mediante el uso de teja cerámica curva, recogiéndose el vuelo de los aleros en cornisa moldurada (de época de la reforma, que vendría a sustituir a la original románica).
En el muro sur se abre la actual portada de ingreso. De gusto renacentista, se encuentra enmarcada por dos contrafuertes y se resuelve mediante arco de medio punto moldurado, coronada por frontón triangular con remate de pináculo y bola. También en este muro se levantan los citados contrafuertes.
En cuanto a los ábsides, aunque retocados, son muestras fehacientes de su construcción original. Realizados a base de hiladas de sillar, cuentan con un pequeño zócalo en su parte inferior. En cuanto a su cornisa, simplemente el ábside central conserva parte de la original, mientras que el resto es obra de la ampliación, aunque ambos se resuelven mediante cornisa con canecillos y rosca de teja vuelta. Bajo la central se abre una pequeña ventana abocinada, obra de la segunda reconstrucción.

En el muro de los pies se halla, adosada, la torre campanario. Dividida en dos cuerpos, corona con huecos en arco de medio punto para campana. Sin lugar a dudas a su belleza colabora el pequeño hueco, utilizado como pasadizo, en su parte inferior. En dicha abertura encontramos un arco cegado formado por dovelas de sillar, bajo otro arco de medio punto de descarga. Sobre la función de este arco se ha debatido mucho, y, así, autores como Monedero Bermejo apuntan que es el único resto de puerta medieval conservado en esta iglesia; otros, como Nieto Taberné, lo dejan más en interrogante, pudiendo corresponder a materiales reutilizados y, menos probable, al antiguo pórtico.
Nave central
Muros  de separación de las naves sobre los que se apoyan arcos apuntados. 

Si en el exterior se puede ver un compendio de diferentes estilos arquitectónicos, el interior se muestra ante el espectador de manera similar.
El templo presenta tres naves rematadas en sus respectivos ábsides. Las naves son cubiertas mediante un artesonado de buena calidad, aunque mucho más trabajado aparece el techo del ábside central, que se resuelve con un artesonado de par y nudillo con tirantes. También cabe destacar la inexistencia de arcos triunfales entre naves y cabeceras, aunque existen pilastras adosadas (muros norte y sur) destinadas a acoger aquellos arcos, que definitivamente nunca fueron proyectados.
Hay que mencionar también la reutilización de materiales procedentes de la antigua Valeria, ya que si durante siglos quedaron ocultos tras la mampostería y los enlucidos, gracias a una restauración acontecida a finales del siglo pasado han salido a la luz: columnas acanaladas, lisas, de tipo salomónico, piedra decorada con cenefa con motivos de cestería e incluso, actualmente, se utiliza como pila bautismal un precioso capitel con decoración vegetal.
Material perteneciente a las ruinas de la antigua Valeria romana en los muros de separación de las naves.
 

En definitiva, y haciendo nuestras las palabras de Nieto Taberné, “Puede considerarse esta iglesia como una obra de transición entre los dos grandes estilos medievales, participando con independencia de ambos, sin mezclarlos.”

 

Alarcón
Sin lugar a dudas nos encontramos ante uno de los mejores conjuntos históricos y artísticos de la provincia de Cuenca. En Alarcón el paisaje se entremezcla con el sabor añejo de la tradición, la muralla natural formada por el río Júcar a lo largo de los siglos “rivaliza” con la construida por la mano del hombre y lo mismo se puede decir de la atalaya donde se ancla el pueblo, ya que parece mantener una antigua lucha por alcanzar más altura que el castillo que sobre ella se asienta.
Ubicado a medio camino de la carretera que une Madrid con Valencia (N-III), para acceder a él desde la capital conquense se ha de recorrer poco más de 85 km. En un principio tomaremos la carretera N-320 en dirección sur (la cual comunica con la vecina Albacete). Durante todo este trayecto se atraviesa la conocida como Manchuela Conquense, tierra que alterna los amplios campos de cultivo con los frondosos bosques, generalmente de pinos. En este camino, atravesamos el pueblo de Almodóvar del Pinar, en dirección Motilla del Palancar. En este último pueblo cogeremos la N-III, hacia Madrid. Desde aquí nos separan 14 km de nuestro destino.
Habitado desde tiempos íberos y romanos, Alarcón, empieza a tomar importancia a partir de la dominación árabe del territorio, dependiente de la taifa de Toledo. Ya en el año 780, Muhamed el Fehri, hijo del reyezuelo de Toledo, fingiéndose ciego se refugió en la zona. Algo similar ocurrió con Abderramán y posteriormente con Omar Ibn Hafsun (887), verdadero azote de los emires cordobeses, que desde este baluarte realizó varias incursiones en el citado reino.
Aunque Alfonso VI logró conquistarla en 1085, poco después, tras la batalla de Zalaca (1086), Alarcón regresó a manos árabes. Finalmente, tras la conquista de Cuenca (1177), Alfonso VIII emprendió la ocupación de Alarcón. No hay que olvidar que Alarcón era un importante baluarte y punto de apoyo para la comunicación con Valencia. Tras nueve meses de asedio, en 1184, el caballero extremeño Hernán Martínez de Cevallos consiguió apoderarse de la fortaleza. Dicho caballero recibió como premio, de manos del monarca español, la alcaldía de la fortaleza y el cambio de su segundo apellido por el de Alarcón. Así lo atestigua el texto del arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada: “Tomó Alarcón, enclavado entre rocas, reforzó las defensas de la plaza, lo dotó de muchas aldeas para que prosperasen allí los creyentes, erigió fortalezas en su defensa (…) repobló, entre los lugares desiertos, los que le parecieron mejores, y protegió a los habitantes en su camino”. Dicha repoblación se llevó a cabo por gentes venidas de Extremadura.
En octubre de 1194 la mitad de los derechos de portazgo de Alarcón recayó en los caballeros de la Orden de Santiago por donación de Alfonso VIII. Entre las novedades de esta época cabe destacar la construcción por medio de los caballeros de un hospital de peregrinos para la recuperación de cautivos.
En 1211, Alfonso VIII trasladó la corte a Alarcón, y desde aquí se diseñó la decisiva batalla contra los almohades, que tuvo lugar en las Navas de Tolosa. Tras la batalla, y gracias al arrojo de los habitantes de esta villa, el rey la entregó a sus propios pobladores. Así, don Álvaro Núñez de Lara fue su primer señor. Posteriormente, Alfonso X le concedió el fuero de Cuenca (1256). Ya en 1305 aparece una de las principales figuras que ha tenido el pueblo, don Juan Manuel. Tío de Fernando IV, don Juan Manuel adquirió la villa como compensación de la pérdida de Elche y aquí escribió algunas de sus mejores páginas.
En palabras de Miguel Salas Parrilla, “durante toda la Edad Media, los concejos y linajes de Alarcón tuvieron una importante actividad, como lo demuestran sus cinco templos y sus 12.000 vecinos. Ello, unido a su privilegiada situación estratégica, dio lugar a que su posesión fuera apetecida por los más distinguidos nobles de las cortes castellana y aragonesa: don Juan Manuel, el infante don Alfonso de Aragón o don Juan Pacheco”. En 1445, Juan Pacheco (marqués de Villena) accedió al control de la villa como donación de Enrique IV.
Ya durante la guerra civil entre los Reyes Católicos y los partidarios de la Beltraneja (1475-1480), Alarcón permaneció fiel a esta última, lo que sin lugar a dudas sería el comienzo de su decadencia, aunque finalmente, rendido el marqués de Villena, Alarcón quedó en poder de los reyes.
Así, en los siguientes siglos Alarcón desaparece de las crónicas más importantes de la época, hasta llegar la primera guerra carlista (1833-1840), donde se cita que el castillo y las murallas fueron restaurados y se habilitó como hospital la Iglesia de Santo Domingo de Silos.
Finalmente, se puede decir que Alarcón ha sabido envejecer perfectamente y adaptarse a los nuevos tiempos; así, su antiguo castillo se convirtió en el actual parador de turismo, y aquella tierra que en sus tiempos de apogeo contó con cinco iglesias, hoy en día conserva cuatro de ellas y la quinta ha sido transformada en sede de congresos y exposiciones. Por todo ello Alarcón está declarado Conjunto Histórico-Artístico, bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Aunque Alarcón esconde en su interior una importante colección de monumentos, lo que primero llama la atención al visitante es su impresionante castillo y las murallas que lo acompañan. De hecho, es imposible llegar al pueblo si no es atravesando las tres puertas fortificadas de dicha estructura defensiva.
La primera de ella es la “puerta del Campo”, que cuenta con una elevada torre poligonal como cumbre del cerrillo donde se encuentra. Siguiendo por la carretera, hallamos la “puerta de Enmedio”, con una nueva torre acompañada de un pequeño arco. Por último, ya en las inmediaciones del pueblo y justo a los pies del fuerte, se localiza la “puerta del Bodegón”. Finalmente, a mano derecha de la carretera nos espera el castillo, pieza fundamental de la defensa de la zona. La fortificación actual tiene más del siglo XV que de sus diferentes épocas constructivas anteriores. Éste tiene planta irregular que tiende hacia triangular.
Desde las puertas señaladas da la impresión de ser la proa de un navío petrificado, mientras que hacia el pueblo se levanta la gran torre del homenaje.
Una vez dentro del pueblo, cuatro son las principales calles que recorren el trazado urbano (todas en dirección Este-Oeste) y en casi todas ellas se puede hallar una impresionante iglesia, que, durante siglos, han sabido aguantar tanto los asedios en las guerras como el paso del tiempo. Todas son de gran valor artístico, pero aquí nos centraremos en las que mantienen restos románicos.

Iglesia de Santo Domingo de Silos
Para acceder a ella, hay que atravesar todo el pueblo en dirección norte, o bien continuar la muralla más meridional en recorrido Este-Oeste, ya que la iglesia forma parte de dicha barrera. De hecho, tras pasar por la calle Capitán Julio Poveda, se encuentra la plaza que lleva su nombre (plaza de Santo Domingo) y por ende la iglesia. Al final de dicha calle queda el ayuntamiento, la iglesia de San Juan Bautista y la Casa-Palacio de los Castañeda, en un cuadrilátero perfecto que toma por nombre la Plaza de Don Juan Manuel.
Portada principal y campanario
 

Aunque actualmente está convertida en auditorio y sala de exposiciones, la iglesia de Santo Domingo todavía conserva los rasgos distintivos de su original románico, aunque también cuenta con añadidos posteriores.
La construcción inercial se componía de una única nave con ábside semicircular, con resalte de esquina entre ambos. La portada se inscribe en el muro sur, ya que, además de ser la orientación habitual, era imposible situarla en la otra fachada (ya que aquí se encuentra parte del barranco en el que termina la muralla).
También cuenta con torre a los pies, que seguramente sustituiría a la espadaña original, pero es uno más de los cuerpos añadidos con posterioridad, al igual que los destinados a capillas en el muro sur y en el norte. Dicha torre está formada por tres cuerpos, encontrando en las caras del superior dos huecos con arcos de medio punto para las campanas. Como es habitual, el edificio se construye en mampostería con refuerzos de sillar en las esquinas, aunque aquí también los encontramos en la portada y en la torre.
De lo poco original que se ha podido conservar encontramos el muro sur, que alberga la única portada del templo. La puerta se halla flanqueada por la torre y por el habitáculo de capilla añadido en los siglos XIV-XV. Aunque románica, debido a su insinuado abocinamiento nos traslada a una época en la que el protogótico va haciendo su aparición en la provincia con la mejor tradición cisterciense.
En dicho muro todavía se puede apreciar la existencia de tres huecos de ventana resueltos mediante arco de medio punto, pero que hoy en día permanecen cegados, al igual que una pequeña ventana abocinada (de construcción posterior) al final del muro de la derecha del espectador.
Como anteriormente se comentó, la puerta se halla incrustada sobre un cuerpo de sillar, que es el mismo que le produce su abocinamiento. Ésta se resuelve mediante tres arquivoltas apuntadas formadas por escocias y cordones, con un recercado exterior decorado mediante el uso de puntas de diamantes. Dichas arquivoltas descansan en columnas de capitel vegetal de decoración incisa, de las que desgraciadamente se han perdido, casi por completo, sus basas. Según Nieto Taberné, “presenta una decoración muy semejante a la de Arcas o las estudiadas en el Campichuelo, mientras que un recercado idéntico lo encontramos en la ventana absidial de la iglesia de Fuentes”.
Portada
Detalle de la portada
Capiteles de la portada 

En cuanto a su interior, desgraciadamente ha perdido la cubierta y bóvedas originales, que han sido sustituidas por una estructura de cerchas de madera y unos impresionantes ventanales que dotan al conjunto de una luminosidad excepcional. Aún así, se puede adivinar su nave original, que estaría dividida mediante arcos de medio punto en cuatro tramos.
En la zona del presbiterio podemos encontrar, enfrentadas entre sí, dos capillas, la del muro sur, cerrada actualmente, y la del muro norte, resuelta mediante una cubierta de bóveda nervada de sillar. Por otro lado el ábside todavía conserva, en el centro del tambor, una pequeña ventana abocinada, totalmente cegada. Por último, a los pies de la iglesia, encontramos una capilla que se abre a la nave mediante arco de medio punto y está cubierta mediante cúpula sobre pechin.

Ermita de Nuestra Señora de la Orden
Siguiendo la carretera que conduce hasta el pueblo, a la postre única vía de acceso a la villa, por la calle Santa Trinidad, se llega hasta un pequeño parking habilitado para autocares y turismos. Desde aquí y en dirección sur, unos escasos cien metros nos separan de nuestra nueva iglesia de origen románico.
La ermita, actualmente iglesia-panteón del camposanto, perdió su culto hace siglos; sin embargo, todavía conserva algunos de sus elementos originales.
Vista del muro sur de la nave, con su nueva puerta y la del panteón.

Como se citó en la introducción, en 1193 la villa pasó a manos de la Orden de Santiago, y bajo esta disyuntiva nacería la ermita, ya que en un principio pasó a formar parte de un antiguo hospital de peregrinos. Las noticias nos hablan de que estaría terminada a finales del siglo XII (1195) y tanto el hospital como la iglesia realizaron su función a partir del año 1205. Según Nieto Taberné fueron la decadencia estratégica y el paulatino despoblamiento de Alarcón lo que produjo el abandono del culto en esta iglesia, su deterioro y la posterior utilización, desde el año 1834, como capilla del cementerio.
Partiendo de esta base, el actual camposanto acoge los restos de la primitiva iglesia románica, de la cual todavía se conserva el ábside semicircular, el presbiterio y parte de los muros de la nave. Así mismo, el edificio contaría con dos portadas de acceso enfrentadas, mientras que es difícil determinar si originalmente pudo tener espadaña.
Aún así, el edificio se realiza en mampostería con refuerzos de sillar en las esquinas, y su cubrición se resuelve mediante el uso de teja cerámica curva.
Bajo éstas se hallan restos de canecillos cóncavos y frente rectangular. Cabe destacar dos, existentes en el presbiterio, que cuentan con decoración antropomorfa (muy similares a los hallados en la iglesia de Albalate de las Nogueras) y conservan perfectamente la figura completa.
Bajo la citada línea de canecillos encontramos sendas ventanas abocinadas, una en el cuerpo del ábside y otra más en el paramento norte del presbiterio; esta última se encuentra oculta debido al cuerpo adosado posteriormente y actualmente usado como panteón.
Puerta cegada de poniente
 
Canes con decoración antropomorfa 

Como vemos, la reutilización de los elementos originales es costumbre en todo el edificio, así, apoyando teorías de otros autores (como Nieto Taberné o Monedero Bermejo), creemos que la portada original es la existente hoy en día como puerta de acceso al panteón privado, adosado al presbiterio de la iglesia.
La puerta se resuelve mediante arco apuntado con un par de arquivoltas que apoyan sobre pilares, y cuya decoración cuenta con cintas onduladas entrelazadas separadas entre sí por decoración de puntas de diamantes.
En cuanto al interior, los pocos restos existentes nos indican que el presbiterio fue cubierto con un artesonado de madera de par e hilera, y el pequeño ábside mediante un techo falso de yeso. El acceso actual se realiza por este último elemento, por una puerta situada bajo la citada ventada abocinada.
Por último, y como ratificación de la reutilización de algunos elementos constructivos, en la propia tapia del cementerio, aparte de trozos de cornisa y sillares, encontramos, en el esquinazo sur del camposanto, un sillar labrado en altorrelieve con una cabeza, que, en palabras de Monedero Bermejo, “es semejante a las que adornan las ventanas del claristorio de la nave mayor de la catedral de Cuenca, ejecutada, acaso, por el mismo maestro, o al menos inspirada de ellos. La finura de la labra y el tratamiento del cabello y las facciones es prácticamente igual. Es pieza que puede datarse a mediados del siglo XIII”.

 

Arcas
A poco más de 10 km de la capital conquense, siguiendo la carretera N-320 en dirección sur, se encuentra la población de Arcas. En esta ocasión nuestro camino no estará impregnado de una vegetación ni de un paisaje que hagan las delicias del espectador, ya que, al estar situado tan cerca de Cuenca, es una zona de próspero crecimiento, como demuestra la construcción de un nuevo polígono industrial entre ambas entidades. Aún así, los últimos dos kilómetros, tras tomar el desvío a mano derecha, nos adentran en la zona de la Manchuela, donde pinares y arbustos nos acompañan hasta la llegada a la villa.
Sobre su fundación, una antigua leyenda nos habla de Arcas, dios principal de los olcades (primeros pobladores de la zona), que habría sido secuestrado para convertirse en la Osa Menor. Para evitarlo, y mostrar a su vez su admiración por dicho dios, se edificó en la zona cercana conocida como Desuellabueyes un templo en su favor. Sin embargo, se producen equivocaciones en época posterior al situar a la pequeña Arcas como una de las sedes episcopales en las que se dividió Cuenca, atribuyéndole el nombre de Ercávica. De esta información errónea se hacen eco diversos autores (entre ellos Ceán-Bermúdez, Porreño o Larrañaga). Hoy en día podemos asegurar que la citada Ercávica no estaría en esta zona, ya que ha podido ser identificada cerca del término de Cañaveruelas, bastante más alejada de la capital que el pequeño pueblo de Arcas.
No obstante, dicha equivocación acabaría beneficiando a nuestro pueblo, ya que tras la conquista de la capital por Alfonso VIII (1177), el monarca comenzó la repoblación de la zona e incluso, tras el Forum Conche (1189), Arcas pasó a formar parte de la Tierra de Cuenca como uno de sus sexmos. También se decidió unir las antiguas sedes episcopales de Ercávica y Valeria, en la capital. Igual que en Valeria, y para no querer olvidar su antigua sede, se proyectó un gran templo que ofreciera la dignidad merecida. De aquí que si la iglesia de Valeria es la más grande de toda la provincia, la de Arcas es sin lugar a dudas una de las más perfectas y generosas de la zona.
Sin embargo, a partir del siglo XIV las noticias sobre el asentamiento (que nunca pasó de la categoría de lugar) empiezan a escasear, como su población, que desciende en número alarmante a lo largo de la Edad Moderna. Lo mismo sucede en el siglo XIX, ya que Madoz habla de unos escasos 97 vecinos. Sin embargo, hoy en día ha conseguido recobrar una población envidiable (más de mil habitantes censados).

Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora
Sin lugar a dudas nos encontramos ante uno de los edificios más representativos del románico de la provincia de Cuenca. Su estructura apoya dicha tesis y le ofrece, si cabe, mayor belleza. Para acceder al templo se ha de tomar la segunda calle que sale desde la carretera principal y seguir unos cien metros hasta llegar al ayuntamiento; una vez aquí, tomando la segunda salida en la rotonda existente, accedemos hasta la calle principal, que termina en la plaza que da cobijo a la iglesia.
Conocida desde el siglo pasado como Nuestra Señora de la Natividad (anteriormente citada en las crónicas como Nuestra Señora de la Estrella), la iglesia actual es fruto de una acertada restauración llevada a cabo en los años sesenta del pasado siglo (de la cual hablaremos más adelante), pero su origen tiene lugar en los primeros años del siglo XIII. Por tanto, su construcción comenzó tras la conquista de la capital por parte de las tropas de Alfonso VIII (1177), seguramente a partir de recibir el Forum Conche (1189), y querer revitalizar la antigua sede episcopal de Ercávica o Arcávica. Sin embargo, sorprende que su portada principal aparezca con marcados elementos ojivales de transición al gótico, en una fecha tan temprana, algo de lo que nos ocuparemos a continuación.

Porque, sin lugar a dudas, lo que llama la atención es su estructura exterior, única en la provincia, aunque con reminiscencias de otras zonas de la geografía norte española. Como es costumbre, la iglesia de Arcas consta de una sola nave, con ábside semicircular y presbiterio recto, con portadas de acceso en los muros norte y sur (aunque la primera de ellas esté totalmente cegada en la actualidad) y espadaña. Este último elemento le otorga gran parte de su singularidad, ya que no aparece incrustada en el edificio, sino aislada a la manera de las torres. La espadaña se sitúa perpendicularmente al eje de la iglesia, contando en su parte inferior con una puerta que, a su vez, ejerce de entrada al recinto anterior a la iglesia.
El edificio está construido en mampostería y sillarejo, con remates de sillar en las esquinas, cuerpo inferior del ábside, espadaña y cuerpo de la portada sur. El conjunto se cubre a dos aguas en toda la nave, a excepción del ábside, que lo realiza a tres, mediante el uso de teja cerámica curva.
El ábside, primer elemento que nos encontramos, visto desde la citada plaza, está construido en sillarejo sobre sillar. Como todo el edificio, su cornisa de piedra apoya sobre una línea original de canecillos lisos, ligeramente moldurados en su parte más superior. En la parte central del tambor se encuentra una ventana abocinada, realizada mediante un arco de medio punto que apoya sobre columnilla de capitel sin decoración.
Ventana del ábside
Espadaña 

Tras el ábside, a mano izquierda del espectador (perpendicular a la fachada sur), el siguiente elemento de descripción es la ya mencionada espadaña. Aunque de origen románico, sufrió ciertas remodelaciones en el siglo XVI. Se divide en dos cuerpos bien diferenciados: el inferior cuenta con arco doble apuntado que realiza las funciones de pasadizo, y el superior presenta tres escalonamientos. Cuenta este último cuerpo con dos huecos para campanas, solventados mediante arcos apuntados, y sobre ellos uno más, de medio arco, para el campanil.
En la cara oeste, entre el primer y segundo cuerpos, la espadaña presenta una tribuna con barandilla desde donde se llama a la oración. Para acceder a este punto existe una escalera de piedra en la parte lateral del muro sur, cuya única puerta de acceso se encuentra en el interior de la iglesia.
Tanto este muro norte como su opuesto en el sur, y al igual que en su ábside, cuentan con una cornisa soportada por canecillos de caveto.
 

Tras atravesar la espadaña, se accede al recinto anterior del edificio, y por tanto a su muro sur, donde se encuentra la portada de acceso, inscrita en un cuerpo saliente de sillar, lo que propicia su pronunciado abocinamiento. Cuenta con cinco arquivoltas apuntadas formadas por dos cordones con escocias como separación y recercado de diamantes. Las cinco apoyan sobre columnas que presentan capitel con decoración de vegetación. Dentro de dicha decoración podemos hacer dos divisiones, ya que las de la parte superior tienen forma de tronco de pirámide, mientras que las inferiores, con forma de hoja, llegan a cubrir casi la totalidad del cuerpo de los capiteles. En cuanto a las columnas, presentan fuste liso y basas de toro que descansan sobre plinto. Por último, entre las dos primeras columnas, a ambos lados del arco, aparece una decoración a base de bolas.
En cuanto a la decoración de las columnas y los capiteles, varios son los autores que se hacen eco sobre sus inmediatas antecesoras; así, por ejemplo, Monedero Bermejo opina que el maestro que realizó esta portada trabajó también en la iglesia de Alcocer (Guadalajara), que hasta no hace muchos años perteneció a la diócesis de Cuenca. Por otro lado, Nieto Taberné señalaba que su estructura pudo servir de inspiración para la realización de varias portadas de esta provincia, como Torrecilla, Villaseca, Ribatajada, Villarejo de Periesteban o Cervera del Llano, entre otras. Por último cabe indicar que quizá éste sería el mismo maestro que realizó algunas obras en la catedral de Cuenca, ya que se puede apreciar el uso del mismo pilar octogonal o el predominio de la decoración vegetal en ambas obras. En definitiva, una mezcla entre los dos estilos más pujantes en la provincia en esos momentos, el “nacional” o románico, frente al “extranjero” o gótico.



En el muro norte encontramos otra portada de acceso, cegada en la actualidad, que se resuelve mediante arco de medio punto, con recercado de puntas de diamante y que apoya directamente sobre el muro mediante una cornisa decorada como la que encontramos en la portada principal. Entrecortando dicha entrada se construyó una pequeña capilla (fundada por García de Coral) en el siglo XVII.
En la actualidad su única nave se cubre mediante un artesonado de madera realizado en el siglo XVI, mientras que en origen debió de haber sido realizado con armadura de madera de par y nudillo con tirante. También de su época inercial de construcción son una línea de sillares cortados que indicarían el comienzo de la bóveda que tapaba la zona del ábside y el presbiterio.
Hoy en día la cabecera cuenta con tres pequeñas ventanas abocinadas, como ya se indicó anteriormente (una en el centro del tambor del ábside y dos más enfrentadas en cada uno de los muros del presbiterio), y siguiendo los vestigios existentes (pequeñas muestras de pinturas murales) se cree que la parte superior del ábside estaría decorada. Aquí se sitúa el altar, y tras él una pequeña escalera que conduce a la cripta, utilizada actualmente como sacristía.

Entre el presbiterio y la nave se halla un arco de medio punto, de sillar, que apoya en el muro gracias a una cornisa volada. En el lado de la epístola, antes de llegar a la puerta principal, se encuentra la pequeña puerta que comunica directamente con las escaleras que llegan a la espadaña. Sobre esta apertura se sitúa una ventana, de fábrica moderna
A los pies de la nave se localiza el coro alto de madera que apoya directamente sobre ménsulas. Bajo él se halla una de las dos pilas bautismales que analizaremos más adelante. Por último, en el muro norte, enfrentada a la portada principal, se halla la citada capilla de García del Coral, rompiendo también al interior con la portada de origen románico de este muro. Aún así, tras la segunda pila bautismal, que fue colocada en este lugar hace un par de años, se puede apreciar parte del arco de medio punto y los sillares sobre los que se incrustaba.
Como citábamos más arriba, la iglesia de Arcas tiene el privilegio de contar con dos pilas bautismales en su interior. Durante décadas una de ellas permaneció en el exterior del templo, como adorno del patio anterior de la entrada principal. Afortunadamente, hace unos años fue trasladada al interior de la nave y recobró su función original.
Según varios autores, entre ellos Nieto Taberné, estaríamos ante la pila primitiva de la iglesia. Ésta presenta 95 cm de altura frente a 143 de diámetro, apoya sobre pedestal cuadrado y se podría incluir dentro del grupo de pilas de gallones decoradas con cenefa. Así, en su parte superior presenta una cenefa decorada mediante un doble zigzag, hasta llegar a sus actuales laterales (aproximadamente los lados opuestos del ecuador de la circunferencia) donde se ve interrumpido y presenta decoración de dos caras, entre las que se inscribe una cruz dentro de un círculo. A su vez, la parte inferior o vaso se decora mediante bastos gajos que son delimitados en el segmento superior por la cenefa y que tienden a recogerse en la base. Por último, en el pedestal, aunque hoy en día muy deteriorado, se puede apreciar una pequeña decoración vegetal en las caras de su cuadrado.
La otra pila bautismal se sitúa bajo el coro y cuenta con unos 103 cm de altura y 128 de diámetro. Se da la coincidencia de que ambas pilas presentan las mismas características, aunque ésta sería de época posterior. Presenta una decoración con gajos acompañada de cenefa. En el borde superior, anterior a la cenefa, tiene diversas muescas verticales (a modo de cordón sogueado). Bajo éstas aparece la cenefa, delimitada entre bandas horizontales y con decoración de triple zigzag. El cuerpo del vaso se ornamenta mediante gallones abultados que se agrupan en la base. Sostiene la pila un pie de base cuadrangular añadido con posterioridad.
Dicha estructura también se presenta en otras pilas de la provincia, como Alcohujate, aunque lo normal es que no se den los dos elementos al mismo tiempo, es decir, cenefa en zigzag y gajos, y sí por separado. Así, por ejemplo, pilas lisas pero con cenefa en zigzag las encontramos en Caserío de Embid o en Villanueva de Guadamejud, mientras que presentando la misma cenefa pero acompañadas de arquería se dan en Canalejas del Arroyo o Valdecolmenas de Arriba.
De aquí procede una imagen de la Virgen con el Niño: sentada sobre un pequeño trono, sujeta con su mano derecha una pequeña bola, mientras que la izquierda hace de apoyo para el Niño. Éste, totalmente erguido, apoya sus pies sobre la pierna izquierda de su madre, y con su mano derecha realiza el gesto del orador. Realizada en madera policromada, ahora se conserva en el Museo Diocesano de Cuenca.

 

 

 

 

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[2] VV.AA., 1997, Catálogo monumental de la diócesis de Cuenca, 2 tomos, t. I textos y plantas, t. II documentación gráfica, Cuenca, Diputación Provincial

[3] NIETO TABERNÉ, Tomás, 1994, Arquitectura románica de la provincia de Cuenca, Cuenca, p. 409

[4] WAR-PERKINS, John B., 1976, Arquitectura romana, Madrid, Aguilar, p. 151; BANISTER FLETCHER, 1929, A History of architecture, New York

[5] MERINO DE CÁCERES, José, 1999, “Planimetría y metrología en las catedrales españolas”, Tratado de rehabilitación, 2. Metodología de la restauración y la rehabilitación, Madrid, Munilla-lería, p. 36.

[6] La catedral de Toledo está modulada con el pie capitolino de 0,2957 aunque su claustro construido en época más tardía está modulado con el pie de Burgos o castellano de 27,86 cm.

[7] 7 MERINO DE CÁCERES, José Miguel, 2006, “Rasguños, trazas y monteas en la arquitectura medieval”, El lenguaje de la arquitectura románica, Madrid, Mairea libros, pp. 51- 70. El pie segoviano tiene un valor de 27,93 cm, similar al de Toledo y al de Albacete y ligeramente mayor que el pie castellano o de Burgos.

[8] SCHÖGEL, Kart, 2007, En el espacio leemos el tiempo. Sobre la historia de la civilización y geopolítica, Madrid, Siruela.

[9] VV.AA., 1976, Catálogo monumental de la diócesis de Cuenca, t. II, p. 200.

[10] Catálogo Monumental de la diócesis de Cuenca, 1987, t. I, p. 327.

[11] 3 FUENTES DOMÍNGUEZ, Ángel, 1989, La necrópolis tardorromana de Albalate de las Nogueras, Cuenca, Diputación Provincial.

[12] Catálogo monumental de la diócesis de Cuenca, 1987, t. I, p. 122

[13] Guía del románico en Cuenca y sur de Castilla-La Mancha, 2005, Arteguías.

[14] TROITIÑO VINUESA, Miguel Ángel, 1995, “El paisaje urbano del casco antiguo de Cuenca”, en Arquitecturas de Cuenca, t. I, p. 21.

[15] ROKISKI LÁZARO, María Luz, 1995, Arquitecturas de Cuenca, t. II, p. 185.

[16] Catálogo Monumental de la diócesis de Cuenca, 1987, t. I, p. 127.

[17] VV.AA., 1987, Catálogo monumental de la diócesis de Cuenca, Cuenca, Excma. Diputación Provincial, p. 34.

[18] CERVERA VERA, Luis, 1984, La Iglesia de Arcas. Cuenca, Cuenca, Diputación Provincial.

[19] 6 Desaparecido. Comisión de incautación y protección del M.T.A., 1936.

[20] FUENTES DOMÍNGUEZ, Ángel, coord, 2006, Castilla la Mancha en época romana y antigüedad tardía, Ciudad Real, Almud; FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Jorge Juan et alli, 1981, Excavaciones medievales en Valeria, Cuenca, Diputación Provincial; OSUNA RUIZ, Manuel et alli, 1978, Valeria romana I, Memoria de los trabajos arqueológicos efectuados de 1974 a 1976, colaborador principal Ángel Fuentes, Cuenca, Caja de Ahorros de Cuenca.

[21] 1 Moya, 1995, Revista de la Asociación de amigos de Moya (Cuenca), Santo Domingo de Moya; PITARQUE FERRE, Juan et alli, 2007, Moya, tierras de frontera, 1269-1375, historia y documentos (a la luz del A.C.A.).

[22] BLÁZQUEZ MIGUEL, Juan, 1987, Huete, un enclave inquisitorial, conquense; DÍAZ IBÁÑEZ, Jorge, 1996, El clero y la vida religiosa en Huete durante la Edad Media: estudio y colección documental, Cuenca, Diputación, área de Cultura; QUINTANILLA RASO, María Concepción, 1991, La ciudad de Huete y su fortaleza a fines de la edad media: a propósito de una reconstrucción en el reinado de los Reyes Católicos, Cuenca, Diputación Provincial.

[23] 0 BENEVOLO, Leonardo, 1993, La ciudad europea, Barcelona, Crítica.

[24] SENNETT, Richard, 2009, El artesano, Barcelona, Anagrama.

[25] 3 La expresión es de Friedrich Ratzel y ha sido retomada por Katl Schlögel como título del libro que ha publicado recientemente

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