Románico en la comarca de Solsonès
Introducción
Ocupando el mismo centro geográfico de Cataluña,
la Comarca del Solsonès se sitúa al nordeste de la provincia de
Lleida, limitando con los territorios ya barceloneses del Bages y del Berguedà,
y no lejos de la gerundense Cerdanya, de la que queda separada al norte por la
espectacular sierra del Cadí.
Atraviesa
de norte a sur el Solsonès el río Cardener, afluente del Llobregat y principal
responsable de la fértil meseta en el que se enmarca buena parte del territorio
comarcal, cuyo relieve, montañoso en su tercio septentrional, va suavizándose a
medida que va descendiendo hacia el sur al encuentro de la Noguera, la Segarra
y L'Anoia.
Más
allá de la próspera Solsona, donde se concentra más de la mitad de los
aproximadamente 11.000 habitantes que pueblan la comarca, se caracteriza el
Solsonès por su eminente carácter rural, quedando salpicado el territorio por
pequeños núcleos de población y, por supuesto, por las personalísimas e
inconfundibles masías, muchas de ellas documentadas desde fecha medieval y que
desde entonces hasta prácticamente nuestros días, han sabido funcionar como
entidades agrícolas y ganaderas autosuficientes.
Contexto histórico
Poblado
desde la remota prehistoria como bien lo atestiguan los diversos restos en
forma de túmulos y dólmenes conservados en localidades como Ceuró y Llobera, el
Solsonès fue posteriormente solar de íberos y lacetanos que, al igual que en
comarcas vecinas, sufrirían su correspondiente proceso de romanización. En la
actualidad viene siendo identificada Solsona con la primero íbera y después
romana ciudad de Setelsis, habiendo aparecido en sus alrededores diversos
restos.
Tras
las invasiones bárbaras y sarracenas, los primeros testimonios de un intento de
organización y ordenación tanto del territorio como de la población se debe al
poder carolingio durante los siglos VIII y IX, proceso que quedaría culminado
con Wilfredo el Velloso, Conde de Urgell y Cerdanya, quien tras anexionar a sus
dominios buena parte del actual Solsonès, llevó a cabo una concienzuda empresa
repobladora.
A
principios de la décima centuria encontramos las primeras referencias a la
fundación de centros monásticos en la comarca, siendo de destacar los de Santa
María de Solsona, Sant Llorenç de Morunys y Sant Pere de Graudescales; cenobios
todos ellos que competirían en hegemonía territorial con las distintos linajes
señoriales que poco a poco fueron estableciéndose en el Solsonès, los cuales
implantarían en sus dominios pequeños regímenes de tipo feudal en torno a su
masía o, en el caso de aquellos más poderosos, su castillo o palacio.
Los
siglos XI y XII vinieron marcados en los territorios que nos ocupan por las
continuas tensiones entre las distintas casas nobiliarias más influyentes de la
zona, razón por la cual, incluso a día de hoy, es posible encontrar a lo largo
y ancho del Solsonès distintas edificaciones de carácter militar y defensivo
tales como castillos y torres.
Finalmente
y merced a una alianza matrimonial entre las casas de Urgell y Cardona sellada
a principios del siglo XIII, gran parte de la comarca quedaría bajo los
dominios de los Vizcondes de Cardona, linaje que, a medida que avanzó la Baja
Edad Media, fue ganando en influencia dentro del entramado político de los
Condados Catalanes.
A
finales del siglo XVI el Solsonès viviría un segundo proceso de esplendor
merced a la conversión de la canónica solsonesa en sede episcopal, razón por la
cual el monasterio fue exclaustrado y su iglesia, convertida ya en catedral,
profundamente reformada y ampliada.
Características generales del románico del Solsonès
Las
tierras de Solsona, al igual que las comarcas adyacentes tanto ilerdenses como
barcelonesas, son enormemente fecundas en cuanto a la densidad de edificaciones
románicas se refiere: solamente en el Solsonés e incluyendo tanto
construcciones militares como religiosas, rozan el centenar las llegadas a
nuestros días mejor o peor conservadas.
La
razón que justifica esta proliferación monumental hay que hallarla en los
numerosos núcleos poblaciones y masías que fueron desarrollándose en el
territorio en fecha medieval, los cuales, fueron dotadas desde un primer
momento tanto de equipamientos militares para su defensa como de pequeñas
iglesias y oratorios para sus servicios religiosos.
A
lo largo del Solsonès, además de una amplísima nómina de torreones defensivos y
casas fuertes, encontramos un románico de lo más variado que va desde aquellas
manifestaciones más arcaicas casi de transición desde el prerrománico, hasta
buenos ejemplos de románico internacional, que alcanzaría su máximo esplendor
dentro de la comarca en el primero monasterio y después catedral de Solsona.
No
fue ajeno tampoco el territorio que nos ocupa a la corriente lombarda que
caracteriza el primer románico del ámbito geográfico pirenaico y prepirenaico;
conservándose buenos ejemplos de ábsides animados a base de las prototípicas
arquerías ciegas y lesenas: un modelo decorativo que, lejos de estancarse y
extinguirse en el siglo XI, trascendió como recurso ornamental incluso en
edificaciones de bien entrado el siglo XII como es el caso de la seo solsonesa,
donde repertorios lombardos y fórmulas internacionales conviven en magnífica
armonía. Exceptuando la citada catedral, donde trabajarían maestros de buena
formación, la escultura monumental es un fenómeno bastante excepcional en todo
el Solsonès, reduciéndose a mínimas manifestaciones de carácter rural y siempre
de extrema inocencia en Sant Lleïr de Casavella y en La Mare de Déu de
Puig-Aguilar.
El
Museu Diocesà i Comarcal instalado en la propia ciudad de Solsona constituye
una visita obligada para conocer el románico de la comarca ya que en él se
exponen buenas representaciones de escultura, imaginería, pintura y artes
aplicadas medievales.
La Catedral de Santa María de Solsona
La catedral
de Santa Maria de Solsona es un complejo de edificios que datan desde
el final del siglo XII hasta el XVIII, de estilos románico, gótico y barroco,
situado en la capital de El Solsonès. Está declarada bien cultural de
interés nacional.
Descripción
El
edificio actual, gótico, de una nave cubierta con bóveda de
crucería y capillas laterales entre los contrafuertes, fue
construido en los siglos XIII-XIV, en el lugar de una iglesia románica del
siglo XII, de la que han pervivido los ábsides semicirculares
con decoración lombarda, dos figuras en la puerta de acceso, un ventanal,
el Pantocrátor (hoy en el Museo), el campanario, un portalón de
acceso al Claustro y una nave transversal con bóveda de cañón apuntada,
visible aún desde la estancia de manchas del órgano de la Catedral.
Fue construido en dos fases, en la primera se hizo la iglesia de tres naves, la
nave central más alta que las laterales, con ventanales que daban luz.
La
primera noticia que se tiene de la iglesia de Santa Maria de Solsona se encuentra
en el acta de consagración de la Seu d'Urgell, de fecha incierta.
Villanueva menciona una venta a favor de Sancta Maria de Stelisona,
del año 928 donde recibe el calificativo de domum lo que
podría indicar la existencia de una comunidad de clérigos. La primera
consagración conocida de la iglesia lleva fecha de 977.
En
el siglo XI se tiene constancia de una época de prosperidad. Al 1084 los
canónigos ya seguían la regla de San Agustín y todo hace pensar que
anteriormente había sido una canónica aquisgranense. En 1070 se consagró un
nuevo templo, en esta época dependían de ella una docena de iglesias, número
que se incrementó considerablemente más adelante. En 1097 Urbano II confirmó
los privilegios de los que la canónica era beneficiaria. En 1163 tuvo lugar la
tercera consagración de la iglesia, construida con la intervención de Ermengol
VII de Urgell, esta casa condal protegía la canónica, a la vez que recibía
también el favor de los papas, unas bulas de Alejandro III y Clemente III
confirman las posesiones de Solsona.
La
nave lateral izquierda correspondía a la portada de acceso. Tiene tres ábsides
redondos, decorados interiormente con arcuaciones. En la segunda fase se
construyó el campanario, sobre la nave lateral derecha y el atrio de acceso a
los claustros, a las que se tenía que subir por una escalera de nueve o diez
escalones para salvar el desnivel de más de 1,75 m. Tiene tres plantas,
acusadas en el exterior por una cornisa en las que alternan, por
planta y por cara, un ventanal de un solo arco con uno geminado, todos
con capiteles esculpidos. La escalera del campanario, de 25,92 m, es de
piedras y está practicada a un paso de sillares con bóveda de cañón ascendente.
Va subiendo desde encima de la nave lateral derecha por el lado de la caja, que
sólo se interrumpe por una cúpula, rebajada y sostenida sobre trompas, al nivel
de la segunda planta. En el siglo XVI el campanario se alargó hasta
la altura total de 35,12 m y se cegaron los ventanales.
Rosassa románica
Las
obras de la catedral gótica, superpuesta a la iglesia románica, ya se habían
comenzado en 1299 por la parte exterior del templo románico, a poniente. En
1330 se derribó el muro que cerraba el templo románico para proseguir la nave
gótica, continuándola, por un lado, hasta la portada y por el otro, hasta el
campanario. Devenido sede catedralicia en 1593, el edificio fue terminado en
los siglos XVII-XVIII. Es una nave alta y espaciosa, despojada de todo
ornamento. Los capiteles acusan las dos épocas, los primeros, pequeños y
típicamente góticos, son decorados con los escudos heráldicos de los
principales promotores de la obra. Los de la segunda época son muy grandes y
están decorados con elementos vegetales estilizados. El rosetón románico
fue trasladado al muro que cerraba la nave gótica. En 1623 el maestro de casas
barcelonés Claudi Casals se encargaba de hacer el ábside, aún en estilo gótico,
detrás del cual quedaron los tres ábsides románicos, con función de sacristía.
Casals prolongó también la nave por poniente, con un tramo más bajo cubierto
con bóveda de cañón, y una nueva fachada sobre la que se añadió en 1768 la
portada barroca.
A
ambos lados del presbiterio, a modo de crucero, fueron edificadas, a
la izquierda, la capilla de la Parroquia (1668-73), ampliada después (1746-72)
con la capilla de la Merced, presidida por un bello retablo barroco de la
Merced, y a la derecha, la capilla de la Virgen del Claustro (1727), ampliada posteriormente
con el camarón, obra del arquitecto August Font (1902-1910). La
Marededéu, patrona de la ciudad, es una imagen románica, del
siglo XII, de piedra ennegrecida por el tiempo, obrada por el escultor
tolosano Gilabert.
El
claustro, que era románico, de influencia tolosana, fue completamente alterado
en el siglo XVIII: se rebajó el nivel del suelo, en tapiano la puerta de acceso
(un bello ejemplar de la escuela de Lleida, con decoración geométrica, que fue
descubierto de nuevo en 1949-51), y sustituyó los arcos y pilares de la galería
baja por unos neoclásicos. Con todo, aún conserva la bóveda románica y la
galería alta, de estilo tardogótico. En el muro de mediodía de la iglesia está
el portal de San Agustín, protegido con un cancel barroco (1780). Se construyó
para sustituir la gran portada románica del templo. Presenta un magnífico
tímpano en relieve representando el éxtasis de San Agustín, titular de la
antigua Canónica de Solsona. Está hecho de piedra y sin policromar. A su lado
se construyó el baptisterio, derribado durante la guerra de 1936.
A
raíz de la ocupación napoleónica, en 1810, la catedral fue incendiada y se
perdió gran parte de su mobiliario, incluido el retablo del altar mayor. En
1854 el arquitecto Josep Oriol Mestres diseñó un nuevo retablo, de
estilo neogótico, dedicado a la Asunta, patrona de la Catedral. Este retablo
incorporaba pinturas de Claudio Lorenzale. El retablo fue destruido a raíz
de la revolución de 1936 pero las pinturas se salvaron y fueron recuperadas en
el año 2002. Actualmente se exponen en una capilla lateral.
En
el lado derecho de la nave central está el órgano, realizado por los oriundos
Bordones, de Solsona, en el año 1853 incorporando elementos barrocos de órganos
anteriores. Es considerado uno de los grandes órganos monumentales de
Cataluña.
Columna historiada: columna y capitel que integran la misma unidad. La columna
es decorada por dos estatuas, una masculina y una femenina. La figura femenina
viste túnica y manto que le cubre la cabeza y que se ciñe con la mano derecha
encima del pecho y con la izquierda bajo la cintura. La figura masculina viste
túnica y manto y con la mano derecha se sostiene la barba y con el codo se
apoya sobre la mano izquierda, en la que parece lleva algo, quizás unas llaves.
El
capitel tiene tres órdenes de hojas de acanto. El estilo de esta pieza es el de
Tolosa del siglo XII y la obra fue realizada por una artista del
taller de Gilabert. Las medidas de la columna son 117 cm y el capitel de 28 cm.
Sarcófago de Ponç
II de Vilaró: sarcófago formado por la caja y la tapa. En la tapa está la
figura yacente de Ponç II de Vilaró, vestido de obispo, con túnica hasta los
pies, la roquete encima y por encima de los hombros, sosteniendo con la mano
derecha el báculo. Lleva puesta la mitra y la cabeza reposa sobre una
almohada con decoraciones geométricas imitando puntas. A los pies tiene dos
pequeños animales en forma de serpiente. Rematando la tapa hay un voladizo, por
encima de la caja, decorado con dos castillos a cada lado, cada uno con dos
torres enmeretadas flanqueado la portada del castillo que flanquean parte de la
lauda escrita en el sarcófago. La caja, dividida en dos partes tiene en la
parte superior la continuación e la lauda y en la inferior cinco castillos,
iguales a los anteriores, enmarcado dentro de un rectángulo.
Noticias históricas
La
catedral de Solsona se levanta sobre la antigua iglesia del monasterio
canonical de Santa María, que fue consagrada en 1163 y que había sido precedida
por dos templos anteriores, uno mencionado en el siglo X y el otro
consagrado en 1070. La iglesia actual fue comenzada a construir hacia 1280 por
el paborde Ponç de Vilaró. Iniciada por poniente, en 1330 se derribó
el muro de cierre de la basílica románica para proseguir la construcción de la
nave, pero la obra quedó inacabada. En 1593 el papa Climent VIII creó
un nuevo obispado en Solsona, a instancias del rey Felipe II de
Castilla, con el fin de evitar la penetración ideológica de los hugonotes por
la frontera francesa. En 1623 se reanudaron las obras de la iglesia: el
capítulo contrató al maestro de casas barcelonés Claudi Casals que hizo el
ábside (en 1627 se consagraba el altar mayor) y la fachada de poniente. La
iglesia fue ampliada posteriormente. El claustro románico, que fue construido a
instancias del prepósito Bernat de Palma por el maestro tolosano Gilabert, fue
totalmente alterado en el siglo XVIII.
La
columna procede originariamente de los Claustros, probablemente del ventanal
geminado del que aún quedan restos encima de la puerta actual de acceso a los
claustros. Al destruir los claustros románicos hacia 1620, con el fin de
ponerlos al mismo nivel de la Catedral, toda la escultura fue considerada
deshaciente y las piedras sirvieron para llenar agujeros y vanos. El canónigo
Lluc se llevó piezas a su propiedad, en los campos donde hoy está el Seminario
diocesano y las aprovecharon para construir las paredes de contención de
tierras. Aquí es donde fue encontrada esta columna. Fue expuesta en la Exposición
Universal de Barcelona de 1929. Entre 1997 y 1998 fue ejecutada la primera fase
del Plan Director que incluía la restauración de las fachadas.
Imagen de la madre de Dios del Claustro
A
la derecha del templo está la capilla del Claustro, donde en su camarín se
venera la imagen de la Virgen del Claustro, patrona de la ciudad. Es una
talla de piedra de finales del siglo XII, considerada una de las
esculturas más importantes del románico catalán. Fue hecha por el maestro Gilabert
de Tolosa, uno de los más importantes de la época. La imagen mide 105 cm de
altura. Está sentada en un trono, con el Niño en la falda, y bajo los pies
están representados dos monstruos. La imagen es de piedra y los años la han
ennegrecido. En el siglo xiii, con la llegada de los albigeses,
temiendo por la integridad de la imagen, la escondieron dentro del pozo del
claustro que estaban terminando de construir. Hay una leyenda del niño caído al
pozo que fue salvado por la Virgen que parece tener fundamento histórico.
Capilla de la Virgen del Claustro
Durante
la guerra civil de 1936, las imágenes religiosas volvieron a
peligrar, y en esta ocasión fue escondida en la caja de escalera del campanario
por los campaneros Porredon y Augé, y más tarde la quisieron evacuar a Francia,
pero quedó escondida en el garaje del palacio episcopal de Vic. Acabada la
guerra la imagen tuvo que ser restaurada, La figura del Niño había sufrido
algunos destrozos; la restauración la hizo Enric Monjo i Garriga.
En
la decoración de la capilla y del camarín intervinieron los pintores Miquel
Farré i Alfés (1949-1952) y Josep Obiols.
Hoy
la fiesta en honor de la Patrona, "la fiesta del Claustro"
(Fiesta Mayor de la ciudad, 7,8,9 de septiembre) presenta uno de los esquemas
tradicionales más antiguos y, al mismo tiempo, valiosos del Principado,
destacando, por encima de todo, su extraordinario patrimonio folclórico; éste
está regido por un estricto protocolo firmado por las tres entidades gestoras
de la fiesta (la cofradía del Claustro, la agrupación de gigantes de la ciudad
de Solsona y el ayuntamiento de la ciudad) que pretende proteger y marcar las
pautas de la fiesta.
Finestral románico
El
ventanal, a caballo de los siglos XI y XII, está profusamente
decorado con elementos propios del románico, con una composición única de la
que no se conocen paralelos. Con la construcción del Palacio Episcopal este
tramo del campanario quedó escondido en el interior de un pasillo estrecho y
ahora se podrá volver a visitar por primera vez formando parte del recorrido
del Museo Diocesano.
Se
trata de un ventanal a caballo de los siglos XI y XII, formado
por dos ventanas de medio punto enmarcadas por otra gran arcada. Los arcos
reposan sobre impostas ajedrezadas que a su vez se levantan sobre capiteles
decorados con motivos florales habituales en el románico, composición habitual
en iglesias de esta época.
Su
originalidad se basa en una pilastra central que parte en dos partes la
composición, separa las dos ventanas y apoya una doble arcada con dovelas
ajedrezadas que se levanta como una palma. En el carcaño de esta
arcada se encuentran sillares con decoraciones de crucetas.
El
ventanal se quemó durante la Guerra del Francés y esto provocó
numerosas alteraciones que ponían en duda su conservación. Tanto por el efecto
de las altas temperaturas durante el incendio, como por la propia naturaleza
sedimentaria de la piedra, ésta se encontraba disgregada de manera generalizada
y estallada en muchos puntos, con presencia de multitud de descamaciones,
fisuras y grietas.
Por
otra parte, destacaba la presencia de una capa de suciedad ennegrecida,
posiblemente sudor y otros tipos de depósitos, y múltiples salpicaduras de cal
y detritus. A lo largo del tiempo se hicieron varias modificaciones, tal y como
se puede leer por la presencia agujeros de cabeza de viga y restos de yeso para
rebozar el conjunto cuando quedó embebido dentro del Palacio Episcopal. Fue
restaurado en el Centro de Restauración de Bienes Muebles de Cataluña durante
el 2015.
Muro fachada norte
Muy
interesante -y que puede pasar desapercibido al visitante- es el bien
conservado muro norte románico de la catedral. Su alero conserva sus canecillos
de buena calidad y con iconografía interesante como, por ejemplo, monos,
espinarios, la pirueta de un contorsionista esculpido de costado, una cabeza
demoníaca de cuya boca salen serpientes, etc.
A
la izquierda de este muro hay encastrado un espectacular relieve del arcángel
San Miguel alanceando al Dragón.
NAVÈS
El
municipio de Navès, el más extenso del Solsonès, está situado en el extremo
oriental de la comarca, Su población está muy diseminada por el territorio y
cuenta con nueve entidades o pueblos: Besora, Busa, les Cases de Posada, Linya,
Navès, Pegueroles, La Selva y la Valldora. Navès, la localidad principal, se
halla en el kilómetro 117 de la carretera C-26, de Solsona a Berga.
Geográficamente,
Navès pertenece, a excepción de su parte meridional, at valle de Lord. Está
cruzado de Norte a Sur por dos ríos, la Vall d'Ora, en su parte oriental, y el
Cardener, en la occidental. Las llanuras meridionales son parte de la Depresión
Central, mientras que en la parte norte, ya en el Prepirineo, se elevan la
montaña de Taravil y la sierra de Busa. Esta última es especialmente conocida
por haber sido campo de reclutamiento e instrucción del general Lacy, así como
prisión durante la Guerra de lndependencia.
Esta
zona estuvo habitada desde tiempos antiguos, como lo atestiguan los hallazgos
de algunos vestigios que se han interpretado como restos de los muros de una
antigua villa romana. También cabe destacar la presencia de necrópolis como la
adyacente a Santa Margarita de Navès o las de Cal Feliu y la del Camp dels Gira-sols,
que hoy no es visible. En el municipio se conservan vestigios de alguna iglesia
prerrománica, como Sant Martí Tentellatge, en la que, insertados en el actual
edificio barroco se encuentran los restos de un templo citado en la
documentación ya desde el siglo X. A mediados del siglo XI, la iglesia de Sant
Martí aparecía incluida en la relación de bienes del monasterio de Sant Llorenç
de Morunys. Gracias a las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en 1994
se sabe que se trataba de un edificio de nave única y ábside semicircular por
el exterior y con forma de herradura en el interior.
Monasterio de Sant Pere de Graudescales
Se
halla en un paraje natural de una gran belleza, a la ribera del río Aigua d'Ora
y a los pies de la sierra de Busa. Se llega recorriendo 15 km por una pista
forestal que arranca hacia el Norte entre los kilómetros 119 y 120 de la
carretera C-26, cerca de Naves.
Las
primeras noticias documentadas sobre Sant Pere de Graudescales se remontan a
principios del siglo X, concretamente al año 913, cuando el presbítero Magnulf
pidió al obispo de La Seu d'Urgell, Nantigís, que la iglesia fuera consagrada y
dotada. Algunos decenios después, en 960, y a instancias del sacerdote
Francemir, la comunidad canonical de Sant Pere de Graudescales fue instituida
como monasterio, y Belló, presbítero de Sant Llorenç de Morunys, bendecido abad
por el obispo Guisard II. Aún en la misma centuria, el conde Borrell II dotó al
monasterio de viñas, tierras y casas en el valle de Lord, posesiones que hay
que sumar a las ya cedidas por el obispo Guisard y los citados Francemir y Belló.
La bula de 1001 del papa Silvestre II, en la que confirmaba al obispo Sal-la
los bienes del obispado, así como un testamento de 1027, permiten atestiguar la
continuidad de la vida monacal en Graudescales a inicios del siglo XI. Si los
citados documentos, además de otros vestigios, ofrecen indicios para pensar en
un cierto auge del cenobio a inicios del siglo Xl, un largo silencio documental
de más de un siglo y, especialmente, las noticias conocidas de la segunda mitad
del XII, hablan de una acusada crisis. En ese momento, los hombres de Sant Pere
de Graudescales formularon una queja al obispo y al capítulo de La Seu d'Urgell
por haber sido atacados algunos miembros de la comunidad y saqueadas y quemadas
algunas de sus posesiones. Se acusaba a Bernat des Vilar y a su hijo, Pere —que
probablemente capitanearan una invasión cátara— de este trágico suceso que tuvo
como consecuencia el final del monasterio. Se instituyó el decanato de Sant
Pere de Craudescales en el valle de Lord y nada parece indicar que la vida en
comunidad se retomara en el lugar.
Hay
que concluir, pues, que la vida monástica en Graudescales se desarrolló entre
los siglos X y XII, en los que gozó de un cierto auge durante la primera mitad
del XI. Del conjunto monástico restan únicamente algunos muros y, por supuesto,
la iglesia. Esta ha sido objeto de dos fases de restauración y reconstrucción
llevadas a cabo por la Diputación de Barcelona entre 1956-1962 y 1986-1987,
respectivamente.
Las
estructuras arquitectónicas del monasterio pudieron ser descubiertas gracias a
las intensas campañas arqueológicas de Alberto del Castillo e lñaki Padilla.
Aunque
los vestigios arqueológicos no permiten discernir con exactitud cómo fue la
primitiva construcción del siglo X, un potente muro de 15 m de longitud y
0'90-1 m de anchura, dispuesto de Norte a Sur, y otros restos hacia el Oeste,
con probabilidad también del X, aportan indicios suficientes para pensar que el
edificio tuvo una forma rectangular. Debió de constar de dos estancias,
siguiendo una estructura habitual en la Cataluña rural de la Alta Edad Media
(parecida a la del mas o mansus) No hay que descartar la posibilidad de
que esta construcción pudiera haber estado rodeada por otras, que darían cabida
al ganado.
Sin
embargo, nada se conoce de cómo era la iglesia monástica del siglo X. Nos hemos
referido anteriormente a las peticiones del presbítero Magnulf para que ésta
fuera consagrada, algo que aconteció el mismo 913, como lo corrobora el acta de
consagración, que se conserva en el Archivo Capitular de La Seu d'Urgell. El
documento ofrece también información sobre las donaciones que Sant Pere de
Craudescales recibió en ese momento: casas, huertos, molinos, viñas, etc.,
además de objetos del ajuar litúrgico (cáliz, patena, manípulo, alba, etc.) y
libros (un misal, un leccionario, un antifonario, un salterio y un disposito
—un conjunto de comentarios u homilías de los Evangelios—).
Más
adelante, Francemir dotó Graudescales de siete libros más, de contenido bíblico
y patrístico. Sumados constituirían un total de doce, sin duda, un número
simbólico. Es altamente probable que de Sant Pere de Craudescales procediera
también un Moratia in Job, aunque es difícil determinar el momento de su
llegada al monasterio. La sospecha nace de la localización en el Arxiu
Episcopal de Solsona de un pergamino (36'5 x 27 cm) de calidad, donde se
incluye el texto un fragmento del libro de San Gregorio— en dos columnas
escrito en letra visigótica pura, lo que en Cataluña supone una datación
anterior al siglo lX, puesto que la letra visigótica desapareció de los
condados catalanes, y fue sustituida por la carolina, en la segunda mitad del
lX. El pergamino en cuestión fue hallado desempeñando la función de cubiertas
de un volumen de testamentos del siglo XVII en la parroquia de la Selva, en el
mismo municipio de Navès, donde fueron trasladados el culto y las pertinencias
de Craudescales.
Cerrando
este paréntesis y retomando el análisis arquitectónico del monasterio, nos
centramos ahora en las construcciones de época románica, cuando el monasterio
debió de gozar de una mayor prosperidad. Es en este momento cuando se edificó
la iglesia monástica que hoy conocemos, actualmente tamizada por las distintas
fases de restauración y reconstrucción ya comentadas.
El
edificio, que se levanta al Este de los vestigios de las dependencias
monásticas, está compuesto por una sola nave con transepto. En éste se abren
tres ábsides semicirculares jerarquizados, el central de mayor tamaño que los
laterales, dispuestos en batería. De ellos, el norte está completamente
reconstruido. En ambos absidiolos laterales se abren ventanas axiales de doble
derrame, igual que las tres ventanas del ábside central, de la que la del lado
norte fue abierta en el transcurso de la restauración. También lo fue la
ubicada en la parte superior de la fachada occidental, en forma de cruz latina,
que difícilmente responde a lo debió de existir en la época románica. La
iglesia monástica cuenta con otras aberturas, como las abiertas en la nave y el
cimborrio, a las que hay que sumar las ventanas de sendos extremos del
transepto; a juzgar por las fotografías antiguas, todas ellas de nueva factura.
El edificio cuenta con tres puertas, al igual que otras iglesias benedictinas:
una, situada en la fachada occidental, daba al exterior; una segunda, en el
extremo meridional del transepto, comunicaba con el claustro, ubicado, según se
acostumbraba, al sur de la iglesia; y, una tercera, hoy tapiada, en el muro
oeste del lado norte del transepto, que daba a la zona del cementerio —aunque
fueron halladas sepulturas en otras partes del recinto—. La primera es fruto de
la reconstrucción, al igual que la mayor parte de la nave. Por lo que concierne
a las otras, son de arco de medio punto adovelado, como el resto de las ventanas
originales del edificio.
En
el interior, la nave y los brazos del transepto se cubren con sendas bóvedas de
cañón, mientras que los ábsides lo hacen con bóvedas de cuarto de esfera.
Estas
últimas fueron realizadas durante las intervenciones del siglo XX, pues
imágenes anteriores a la restauración permiten observar que no se conservaban.
En
el espacio del crucero, se eleva un cimborrio octogonal, que interiormente está
se corresponde con una cúpula sobre trompas. Lo que más sorprende al visitante
del interior de del templo es la diferencia del nivel del suelo del transepto y
los ábsides respecto a la nave, ya que ésta se halla mucho más elevada. No
puede olvidarse que la mayor parte de la nave es fruto de una reconstrucción y,
por lo tanto, no responde al edificio original. Esto, visible en fotografías
anteriores a la restauración, es fácilmente apreciable mediante la lectura
atenta del paramento, que revela hasta que punto subsisten los muros
primigenios y, en consecuencia, dónde empiezan los de nueva factura. La
pregunta pertinente es, pues, si ese desnivel que la restauración conservó se
debe a la concepción espacial del edificio románico o a sucesos posteriores.
Parte
de la historiografía ha justificado el desnivel, juntamente con la abertura de
las tres puertas, por una supuesta división litúrgica del espacio. Se ha
considerado que la nave, más elevada, funcionaría como coro, y estaría
destinada a los monjes, que accederían al interior por la puerta de poniente
que comunicaría con las dependencias monacales—, mientras que el transepto, en
un nivel inferior, sería ocupado por los legos. Por ende, la puerta ubicada en
el extremo sur del transepto, que daría al claustro, debería de ser el acceso
exterior principal a la iglesia, lo que es, por lo menos, sorprendente. Aunque
señalando la singularidad de esta disposición, se ha comparado con edificios
como Santa Maria de Serrabona, donde una magnífica tribuna se dispone en la
nave, o Santa Maria de Castellfollit de Riubregós, en donde se abrió también
una puerta al extremo del transepto. Si la última comparación puede no ser
demasiado determinante, parece difícil sostener cualquier parecido con la
espectacular y excepcional tribuna de Serrabona. Si nos fijamos en el uso
litúrgico de los espacios en el románico catalán, dicha hipótesis se revela
como especialmente desacertada.
Habitualmente,
el coro se ubicaba en la zona de la cabecera, que solía ser la primera parte
del edificio finalizada. En Cataluña se conocen un par de ejemplos, muy
interesantes, de desplazamientos del coro hacia la nave mayor de la iglesia, lo
que respondería a una necesidad de dar cabida a un intente número de canónicos
y beneficiados. El primero, la catedral de Vic, donde, en 1206, el coro se
ubicó en la nave y el espacio liberado fue ocupado por un nuevo altar, dedicado
a la Virgen. Un proceso similar pudo darse también en la catedral de Barcelona,
ya que se conoce que en 1229 el coro no respondía a una forma semicircular,
necesaria a su adaptación al ábside, por lo que puede pensarse que en este
momento debía de estar situado en otro ámbito de la catedral. Dicho esto, son
varios los motivos que invitan a descartar la posibilidad de que la elevación
del suelo de la nave de Graudescales respondiera a la utilización de ésta como
coro.
Uno,
que los desplazamientos conocidos del coro a la nave en territorio catalán
tienen lugar en fechas mucho más tardías a las que se proponen para la
construcción de la iglesia de Sant Pere de Graudescales. En segundo lugar, que
no son frecuentes, pudiéndose atestiguar, o por lo menos sospechar, en dos
importantes edificios catedralicios. Por último, pero no menos importante, que
nada parece indicar que el número de clérigos del monasterio fuera
suficientemente importante como para justificar la ampliación del espacio
coral.
Dejando
de lado la teoría expuesta, otras parecen mucho más acertadas. Como ha indicado
Lluïsa Amenós, es más atinado pensar que el desnivel se debe a que el espacio
de la nave quedó lleno de sillares y otros materiales de construcción al ceder la bóveda de cañón que la cubría,
hacia 1680.
El
aparejo utilizado en el edificio es bastante regular, y está compuesto de
sillares de pequeñas dimensiones, de mayor tamaño en los ángulos. A la luz de
las fotografías de mediados del siglo XX, esta pulcritud del paramento, sin
duda exagerada por la restauración, no parece ajena a la construcción románica.
La iglesia cuenta con decoración mural en la zona de la cabecera, donde se
disponen arquillos ciegos en los tres ábsides y, en los arranques de estos
últimos, lesenas. Cierto es que esta ornamentación es propia del denominado
primer románico aunque es bien sabido que en ámbito catalán pervive durante
décadas y, por inercia, se mantiene en la arquitectura mucho más allá del
período inicial del románico.
Así
pues, esta decoración mural no ciñe necesariamente la cronología de la
construcción a principios del siglo XI. Aunque los datos arqueológicos parecen
revelar que en este momento el monasterio gozaba de cierto auge, ni la
planimetría, ni el aspecto general del conjunto parecen responder a las
primeras décadas de dicha centuria. No es baladí fijarse en el panorama
arquitectónico del románico catalán para darse cuenta que esa planta —una nave
con transepto donde se abren los ábsides—, que ofrece la ventaja de multiplicar
los altares, es una fórmula que gozó de cierto éxito en décadas posteriores.
Sería el caso, por ejemplo, de Sant Jaume de Frontanyà, Santa Eugènia de Berga,
Santa Cecília de Voltregà, etc. Así pues, sin desatender las aportaciones
resultantes de los estudios arqueológicos, desde la perspectiva de la historia
del arte parece más probable que su datación deba situarse no antes la segunda
mitad de siglo, siendo posible fecharla, incluso, ya en el siglo XII.
No
podemos dejar todavía la iglesia monástica sin referirnos a unos escasos y
prácticamente imperceptibles restos de pintura mural que se encuentran en su
interior, y que fueron descubiertos por Jaume Bernades en 1995, situados bajo
el arranque del arco sur del crucero, en el tramo de muro que separa el ábside
central del meridional. Es muy poco lo que hoy puede verse, por lo que se hace
necesario recurrir a alguna descripción existente. Se han distinguido, y
todavía pueden intuirse, dos personajes, ambos nimbados, acompañados de una
inscripción ilegible. Es probable que, tratándose de figuras nimbadas, se trate
de una representación de santos, aunque, dados los escasos vestigios, es
imposible aventurarse a hacer más precisiones al respecto. Los indicios que
proporcionan tampoco parecen suficientes para determinar la datación, discutida
por la historiografía. Manuel Riu se inclina por calificarlas de góticas,
mientras que Lluïsa Amenós las considera posiblemente románicas.
Además
de la construcción de una nueva iglesia monástica, se remodelaron las
dependencias monacales. Se reedificó y amplió la estancia rectangular del siglo
X, del modo que se detalla a continuación. En lo que concierne a la
construcción, que hay que fechar en su mayor parte en el siglo Xl, ésta debió
de mantener una forma de paralelogramo, de 20 m por 7'5/5 m), que constaría de
tres estancias.
La
primera debió de estar destinada bien a albergar ganado, bien a guardar
utensilios. La segunda de las habitaciones, más pequeña, 7 m por 7 m, disponía
de un hogar y de un banco pétreo adosado al muro —que pudo tener la función de
alacena—, por lo que este segundo espacio debió de acoger los monjes de Sant
Pere. Queda, todavía, una tercera estancia, de 6 m por 5 m, en la que fueron
hallados distintos materiales de cobre y hierro, que hacen suponer que su
función era la de taller. Además, conectaba con un horno, situado a poniente,
donde probablemente se cocía el pan para la comunidad. Esta última sala parece
ser la de construcción más tardía, pudiéndose fechar ya en el siglo XII, poco
antes del final de la vida monástica en Graudescales. Sin embargo, las
excavaciones arqueológicas evidenciaron que la estancia fue reconstruida a
finales del siglo XII o a inicios del XIII, por lo que se pudo utilizar como
alojamiento excepcional del decano. Aun así, no subsistió mucho más allá de la
mitad del siglo XIV. El claustro se ubicaba al Este de estas dependencias y, en
consecuencia, al sur de la iglesia monástica, tal y como es habitual.
Tras
el abandono de la vida monástica, Graudescales se convirtió en parroquia, que
fue regida por clérigos seculares, y en la que subsistió el culto durante
siglos. En época moderna, el mal estado del edificio y, especialmente, el
derrumbe de buena parte de la nave en 1 680, obligó a utilizar únicamente la
zona oriental del templo. Aun así, a finales del siglo XVII, se costeó un
retablo bajo la advocación del primer pontífice, que fue trasladado a Sant Cristòfor
de Busa. El precario estado de conservación de Sant Pere de Graudescales hizo
necesaria la restauración, ya mencionada.
Renclusa en el rio Aigua d’Ora
A
unos 100 m al Norte del monasterio se ubicaba una antigua presa y camino.
La
necesaria explotación de los recursos naturales que ofrecen los alrededores por
parte de la comunidad de Sant Pere de Graudescales se tradujo no únicamente en
la posesión de tierras de cultivo y de ganado, sino que también en el
aprovechamiento de las posibilidades que el río Aigua d'Ora ofrecía.
Gracias
a unas pequeñas oquedades excavadas en las rocas colindantes con el río, cerca
del punto donde éste se estrecha, se ha podido deducir que allí fue instalado
un dique. La presa, y su consiguiente elevación del nivel del agua, permitían
utilizar de un modo más fácil el agua del río para el regadío, por medio de
canales y acequias, además de funcionar como vivero de peces para el consumo de
la comunidad. La documentación permite atestiguar también el uso de la fuerza
hidráulica para los molinos que poseía el monasterio a lo largo del río.
Es
posible que, por la complicada orografía del terreno al Norte del monasterio,
el valle del río fuese utilizado como paso. Así pues, la construcción de la
presa obligó a elevar el camino. Se montó una pasarela de madera que permitía
cruzar de una ribera a la otra y salvar el desnivel hasta una plataforma,
también lignaria, que se sustentaba a la roca mediante encajes. Lo único que
hoy resta visible de este camino colgado, que llegó a tener cerca de 50 m, son
huecos de los encajes en la roca.
Monasterio de San Lorenç de Morunys
Sant Llorenç de Morunys se encuentra 20 km al Norte de
Solsona y 30 km al Oeste de Berga, desde donde se llega por las carreteras
C-462 y C-463 respectivamente.
En
885, una comunidad de clérigos se estableció en las ruinas de una antigua villa
romana denominada Noves y situada en el camino entre La Seu d'Urgell y Cardona,
dominó el valle de Lord. Los primeros abades conocidos de esta comunidad,
destinada probablemente a la cristianización del valle de Lord, fueron los
sacerdotes Bo (e 910) y Ciendiscle (920-948). En 992 el lugar era ya conocido
como Morunys. Pronto gozó del apoyo explícito de la casa condal de Urgell,
manifestado, por ejemplo, con generosas donaciones, como las realizadas en 971,
989, 992 y 997. Durante el último tercio del siglo X el monasterio de Sant
Llorenç; fue haciéndose con un importante patrimonio compuesto por un buen
número de dominios y propiedades dispersas por el condado de Urgell, derechos
sobre bosques, molinos, villas y amplias extensiones de tierra de cultivo, así
como con el control sobre varias iglesias y parroquias.
El
estudio realizado sobre el diplomatario del monasterio, que ha llegado a
nuestros días, ha permitido a los especialistas reconstruir su patrimonio a lo
largo de los siglos, y dibujar el perfil de una institución centrada en la
explotación de bienes ubicados sobre los numerosos cursos fluviales que pueblan
el territorio circundante. En 1019, tras
la muerte del abad Llobató, y a instancias del obispo Ermengol y de la familia
condal, el cenobio fue reformado. Para ello se nombró abad a Ponç, que
detentaba el mismo cargo en Sant Semi de Tavernoles, con lo que Sant Llorenç
pasó a convertirse en un priorato benedictino dependiente de dicha abadía.
No
se ha conservado, en cambio, el acta de consagración del templo, que se suele
situar en el segundo cuarto del siglo XI. Durante dicha centuria el priorato
continuó incrementando su patrimonio.
Contó con el favor de Arnau Mir de Tost y de su esposa Arsenda, quienes
en 1068 y 1072 donaron al monasterio, en el que estaba enterrada su hija Sança,
siete onzas de oro y un alodio. A comienzos de último cuarto del siglo, la
comunidad fue nuevamente objeto de una reforma, esta vez propugnada por el
legado pontificio Amato, que había sido enviado por el papa Gregario VII a la
diócesis de Urgell. Como consecuencia de la misma, en 1078 Sant Llorenç fue
unido al monasterio de Sant Andreu de Tresponts por el Ermengol IV y el obispo
Bernat Guillem. Al año siguiente, el conde intentó poner ambos monasterios bajo
el control de Santa Maria de Ripoll, a lo que se opuso el de Tavernoles,
alegando derechos prioritarios, con lo que,
finalmente, Sant Llorenç continuó
dependiendo de este último
monasterio.
La
iglesia del antiguo priorato de Sant Llorenç de Morunys es un edificio de
dimensiones monumentales A juzgar por los resultados de las diferentes
excavaciones realizadas en el siglo pasado, en algún momento del siglo XI, el
templo podría haber sufrido las consecuencias de un importante incendio que, al
parecer, obligó a reconstruir por completo al menos su cabecera. Esta
circunstancia debió de ser aprovechada para modificar también los ábsides
laterales originales, que eran de planta de herradura, por unos semicirculares.
Actualmente,
su planta basilical está compuesta por tres naves, separadas por pilares
cruciformes, y por dos ábsides semicirculares, pues el tercero, el meridional,
fue sustituido en el siglo XVIII por una sacristía y la capilla de la Mare de
Déu dels Colls. Las dimensiones del templo son considerables, de unos 25 m de
largo por más de 11 m de ancho, de los que 7,5 m corresponden a la nave
central. Originalmente, el templo era algo más corto, pues, hasta el siglo
XVII, la fachada occidental coincidía con el actual arco de entrada al coro, y
sobre ella existía un campanario de espadaña de doble vano, que, junto a la
fachada, fue destruido en dichas reformas. Sobre el presbiterio de la nave
central se alza una cúpula de base elíptica que se sustenta sobre trompas. Los
restos del cimborrio románico, de base octogonal, son aún visibles desde el
exterior y destacan por su aparejo formado por sillares regulares dispuestos en
hiladas uniformes.
A
lo largo de los siglos, el aspecto exterior del templo se ha visto
sustancialmente transformado por las diferentes actuaciones realizadas, pese a
lo cual, aún es visible algo de su parte oriental, donde destaca el ábside
central. En su paramento exterior, seis lesenas, apoyadas sobre un zócalo de
unos 30 cm de altura, determinan siete entre paños coronados por sendas parejas
de arquillos ciegos.
En
el entrepaño central se abre una ventana de derrame simple hacia el exterior y
arco de medio punto. De los dos vanos laterales, ubicados en los entrepaños
centrales de cada lado, tan sólo se ha conservado el meridional, pues el otro
fue anulado en el siglo XVIII al construir un pasadizo para comunicar con el
edificio del otro lado del callejón. En la parte inferior del entrepaño
central, justo por encima del zócalo, se descubrió una cuarta ventana en el
curso de la restauración acometida en 1960, la cual podría corresponderse con
una desaparecida cripta. Aunque en tierras catalanas existen algunos ejemplos
de cabecera con dos niveles que se corresponde exteriormente con un paramento
continuo, como Sant Pere de Ager, Sant Climent de Taüll, Santa Maria de Cardet
o Sant Pere de Madrona, este tipo de solución arquitectónica es más frecuente
en tierras aragonesas, donde se encuentra en el ábside central de la catedral
de Roda de lsábena, en el castillo de Loarre, en el monasterio de Santa María
de Alaón o en las iglesias de San Esteban de Sos del Rey Católico, Santa María
de Ainsa, San Juan y San Pablo de Tella, Murillo de Gállego o Luesia, estas dos
últimas dedicadas a san Salvador. Un precedente para todas ellas es el
monasterio de San Salvador de Leyre. En la citada restauración de 1960 se
eliminó el recubrimiento de mortero y se resaltaron, de forma bastante tosca,
las juntas de los pequeños sillarejos que componen su aparejo.
De
las entradas que originariamente podría haber tenido el templo, subsisten
solamente dos en el muro sur, que comunicaban la iglesia con las dependencias
monásticas y de las que una de ellas facilita actualmente la entrada al
claustro, y una en el muro norte, que fue cegada. Las tres están formadas por
sendos arcos de medio punto. Un cuarto acceso, que se encontraba en la fachada
oeste, fue destruido a finales del siglo XIII o comienzos del XIV, cuando se
reconstruyó la muralla de la villa.
Portal de entrada
El
muro sur del templo, el que coincide con la panda norte del claustro, está
reforzado por dos contrafuertes de los que se conserva la parte inferior, y
entre los cuales se halla la segunda de las puertas citadas que se abren en
este paramento. Está enmarcada por su parte superior con un arco a modo de
chambrana que está flanqueado por sendas parejas de arquillos ciegos apoyados
en mensulillas de perfil triangular. Esta peculiar combinación de arcuaciones
ciegas con arcos de mayor anchura que enmarcan un vano se da también en el
ábside de la cercana iglesia de Santa Creu de Ollers, el cual, probablemente,
se inspiró en la ornamentación de este muro sur de Sant Llorenç.
Sobre
esta puerta se encuentra una abertura formada por un arco de medio punto que no
parece haber sido una ventana. En este lienzo meridional hay unos mechinales
distribuidos en tres hileras. Ocupando los sectores norte y este, y anexo a la
iglesia, se encontraba un cementerio, del que se han encontrado restos que se
han datado en los siglos XI y XII, y que fue utilizado hasta finales de la baja
Edad Media.
En
el interior, la nave central se cubre con una gran bóveda de cañón que se eleva
hasta los 15 m de altura, y que se ve reforzada por la presencia de cuatro
arcos fajones apoyados en pilastras, las cuales, en su parte inferior, forman
parte de los mencionados pilares cruciformes. Las naves laterales, más bajas,
están cubiertas por bóvedas de arista. En los muros de la nave central, por
encima de los arcos formeros que la separan las laterales, se abren sendas
series de ventanas de doble derrame y arco de medio punto, cuyo perfil se
adapta a la curvatura del arranque de la bóveda. Algunas de ellas han sido
cegadas. Los dos ábsides conservados se cubren con bóvedas de cuarto de esfera.
Durante las excavaciones realizadas en el subsuelo de la sacristía en 1970 se
pusieron al descubierto los restos del ábside sur, que tenía planta de de
herradura. Adosado a uno de los restos de sus muros se rescató un fragmento de
revoque original de reducidas dimensiones (apenas l5 por 15 cm) en el que
figura una inscripción incisa de finos trazos, en la que puede leerse SALUS
XR/IS/Th con una letra Que ha permitido datarla hacia el siglo X. Ya avanzado
el siglo XIII, el ábside de la nave central fue profusamente decorado con
pinturas murales al fresco, de las que se conservan algunos fragmentos.
Encastrada
en el segundo pilar cruciforme del lado de la epístola de la iglesia, a algo
más de 1,5 m del suelo, en la pilastra que da a la nave central, es visible una
piedra de reducidas dimensiones (18,1 por 20 cm) que cuenta con una interesante
inscripción. Este documento epigráfico quedó al descubierto durante el proceso
de restauración y limpieza que tuvo lugar en 1975, momento en el que fueron
retirados los restos de revoque que cubrían los paramentos. La piedra parece
haber sido preparada con anterioridad a las incisiones, pues presenta un
aspecto pulido y limpio que contrasta con los otros dos sillares que la acompañan
a ambos lados. El texto, que consta de seis líneas de desigual factura y
longitud, puede ser trascrito de la siguiente forma: P(ro)PI(t)IET TI(bi)
D(omi)NO/ ÍA(m) SIC LIBE(ra)M / SOMNUI (et) S(ecul)I / ERUE A TE API[IMA] / DE
ORE/ NE P(er)ERDAS D(ei). En él se implora a Dios para que sea propicio con
el que fallece —expresada la idea de la muerte con la liberación del sueño y de
este mundo— y recomienda que se rece para que el alma no pierda a Dios. Por
ello ha sido puesto en relación con el salmo 21.
En
1936 el ara de mármol blanco fue despedazada y sus fragmentos colocados dentro
de la mesa de altar. No fue hasta 1966 que, cuando al desmontar dicha mesa,
volvieron a salir a la luz. Actualmente se conservan en el Museu del Patronat
de la Vall de Lord, en Sant Llorenç de Morunys. Salvador Alavedra al
estudiarlos y compararlos con una fotografía conservada en el Arxiu Mas, llegó
a la conclusión que el ara medía 80 por 90 cm y que la decoración de su orla
era un trabajo excepcional procedente del sur de Francia. En relación a la
inscripción, este autor y Manuel Riu i Riu han leído los siguientes: Basilanus
presbiter, Galanon, Giscafredus presbiter cum omnibus parentibus, Eliseus, Bulgara
presbiter Suniario Sacer, Oriolus, Ospedus, Balascu, Ioannes, Ammet, Bernardus
presbiter, Recredus, Cilene, loanis Foranis, Nicholaus, Moricio, Elionor,
Esclavino presbiter, Befredus presbiter, Barbara sacer, Fridericus sacer, Genelon,
Salamonis y Elbira, además de la inscripción en mayor formato I(hesus)
(x)H(ristus) D(ominus) Han datado esta inscripción a inicios del siglo XI.
Al
Sureste de la iglesia, se ubica un claustro de planta trapezoidal y discretas
dimensiones (17 por 21 m) de estilo renacentista, que sustituyó a otro anterior
del cual se conservan dos arcadas de medio punto en la esquina suroeste. La
construcción de la iglesia y de los restos del claustro se han datado en el
siglo XI, lo que es coherente con las noticias documentadas sobra la misma y
con las inscripciones de los fragmentos del ara de altar.
Al fondo los restos del claustro románico
Restos del claustro románico
Sant Esteve d'Olius
Sant
Esteve d'Olius es la iglesia parroquial de Olius,
en El Solsonès, declarada Bien cultural de interés nacional.
La
iglesia dedicada a san Esteban existía ya en el siglo X, en el castillo
donde el conde de Urgell tenía uno de sus palacios. "Domum
sancti Stephani": 985. En 1041 la condesa Constanza, viuda
de Ermengol II de Urgell, donó un alou que le era propio a la
iglesia de Sant Esteve d'Olius. En 1102, el conde Deopt V de
Urgell legó en la iglesia de Santa María de Solsona el castillo
de Olius, con la iglesia de Sant Esteve y las sufragáneas.
En
1143, el conde de Urgell reitera su dominación. En 1150, el
papa Eugenio III concluyó en el prepósito de Solsona la
señoría de la iglesia de Olius. En 1182 el conde de Urgell, de Valencia,
hizo solemne entrega a la predita canónica del castillo e iglesia de Olius. En
tiempos posteriores el último marqués de Olius hizo donación de su título a
la virgen del Claustro y en representación de la mitra de Solsona:
con este motivo los obispos habían obtenido el título de marqueses.
En
Sant Esteve d'Olius se congregaron en una ocasión del año 1318 algunos
canónigos sevillanos disconformes con un cierto proceder impositivo de los
nobles Guillem y Ramon de Cardona. El asunto arribó a la corte papal
de Aviñón.
La
parroquia de Sant Esteve d'Olius, mencionada desde el 985, se encuentra aislada
a la derecha de El Cardener, en el centro de un término rural. El edificio
actual, construido en la segunda mitad del siglo XI y consagrado en
1079, es de una nave con ábside semicircular, cubierta
con bóveda de cañón, que apoya sobre arcos torales, reforzados en el
exterior por contrafuertes adosados. El ábside es decorado
exteriormente con arcuaciones y lesiras de tipo lombardo.
Bajo
el presbiterio elevado hay una cripta, que constituye el
elemento más interesante del conjunto. Parecida a las de Cardona y Vic,
está formada por tres naves bastante altas (3,20 m), separadas por seis columnas de
fuste y capiteles desiguales, y cubiertas con bóveda de arista.
Nave
Está
iluminada por tres ventanas abiertas en la parte baja del ábside. El acceso
actual a la cripta, mediante un arco rebajado y una escalinata con barandilla
de hierro forjado, responde a una modificación posterior, probablemente del
siglo XVI. En el muro norte está la puerta del campanario, es una
torre cuadrada próxima al ábside y con ventanas saeteras, en la parte
superior hay una ventana de arco de medio punto por lado.
La
actual puerta de acceso está en el muro sur, con grandes dovelas trabajadas.
La puerta primitiva, hoy tapiada, está en el frontis, de arco de medio
punto. Son también actuaciones posteriores la puerta adovedada de mediodía, que
sustituye a la de poniente, y la torre del campanario. Modernamente el interior
de la iglesia ha sido despojado de la ornamentación de tipo clasicizante,
añadida probablemente a la segunda mitad del siglo XVII. Entre el ábside y
el portal hay una masía adosada, del siglo XVII, que corresponde a
la rectoría. Del primitivo castillo de Olius queda una masía a
cien pasos de la iglesia, y en la que todavía se puede ver parte de una torre.
lglesia de Sant Julià de Ceuró
La
antigua parroquia de Ceuró se halla al Oeste del término de Castellar de la
Ribera, en lo alto de una cresta situada al Sur de la Ribera Salada. Se accede
tras recorrer 1,6 km por una pista señalizada y asfaltada que hay que tomar a
mano derecha —si se llega desde Lleida—, justo después del punto kilométrico 89
de la carretera C-26, cruzando la mencionada Ribera Salada y pasando por el
lado de una gravera.
La
primera mención documental del lugar de Ceuró, citado como Ozro, figura
en la copia del siglo XI de los censos de 839 de Santa Maria de La Seu dÚrgell.
En 1061 ya se aludía a la iglesia de Sant Juliá en una venta de terrenos. En
1094 Ermessén legó a la iglesia una viña y parte de un huerto. La familia Miró
debió de ostentar el señorío del lugar, al menos entre finales del siglo Xl y
principios del XII, puesto que Ermessèn, miembro de la mencionada familia,
cedió en 1100 la iglesia de Sant Juliá, con todos los clérigos que vivían en la
comunidad, a Santa Maria de Solsona. En 1102, el conde de Urgell efectuó la
donación al monasterio de Solsona de la iglesia de Sant Julià de Ouró, con todas sus posesiones y las
sufragáneas de su término y las que pudieran serlo en adelante. En una bula de
1150 emitida por el papa Eugenio III se menciona la iglesia de Ceuró, al igual
que en la segunda consagración de la iglesia de Santa Maria de Solsona, en la
bula del papa Alejandro III a Bernat de Pampe en 1180 y, finalmente, en la bula
de 1188 de Clemente III.
Aunque
ha sido objeto de notables modificaciones estructurales, la iglesia de Sant
Julià conserva elementos de la primitiva construcción románica, especialmente
ostensibles en el ábside y los muros externos.
El
templo está constituido por una sola nave y un ábside semicircular, cuerpos que
internamente se separan con un arco triunfal de medio punto. El ábside se
asienta sobre un podio que acaba en una arista muy marcada al Oeste, adoptando
una morfología similar a la proa de un barco. Encima de este podio la cabecera
de la iglesia descansa sobre un zócalo de unos 50 cm de altura, compuesto por
tres hiladas de sillares uno de los aspectos más interesantes de este edificio
es su decoración mural, realizada a base de arquillos ciegos dispuestos por
parejas en los entrepaños delimitados por las lesenas.
La
regularidad que caracteriza al paramento absidal, contrasta con lo que se
observa en los lienzos laterales, en los que algunos entrepaños, que tienen
anchuras diversas, cuentan con uno o tres arquillos. Se conservan dos de las
ventanas originales de este edificio, ambas de arco de medio punto adovelado y
de doble derrame. La primera de ellas se localiza en el centro del ábside y, la
segunda, en el muro meridional de la nave.
Por
su lado, la puerta se sitúa en la fachada occidental, si bien esta parte del
templo corresponde a una etapa constructiva posterior, aunque es plausible
pensar que podría estar en donde se ubicaba la entrada primigenia.
Efectivamente,
la fachada fue rehecha tras los desperfectos causados por un rayo en 1905.
También fue modificada la cubierta de la nave, que en la actualidad presenta
bóvedas cuatripartitas. Por la parte externa, es manifiesto, así mismo, el
añadido con el que se sobrealzó el edificio, y que eleva notablemente su altura
primitiva, que parece que fue la que marca el lado este de la nave.
Finalmente,
como transformación relevante, hay que mencionar la presencia de un cuerpo
adosado al muro sur, que lo cubre en gran parte, y que se abrió a la nave
mediante un gran arco. Esta parte del edificio fue recuperada en la
restauración antes mencionada, por lo que ahora se puede contemplar parte del
muro románico que había permanecido oculto durante largo tiempo a consecuencia
de la acumulación de escombros.
En
una restauración efectuada en la década de los 2000 se descubrieron los restos
de unas pinturas murales románicas en el ábside, en las que parece dibujarse un
Cristo en majestad, que por el momento están pendientes de un estudio en
profundidad. Los elementos arquitectónicos y decorativos de este templo, así
como las noticias documentales que hacen referencia al mismo, podrían indicar
que la construcción fue realizada en el siglo Xl.
Iglesia de Santa Eulalia de Timonea
Timoneda
es una población diseminada situado al Norte del municipio, entre la rambla de
Canalda y el río Rialb, en el paisaje ligeramente abrupto de la Sierra de la
Mora. De lo que debió de ser el antiguo núcleo poblacional, situado en la falda
del Serrat de Sant Serni hoy sólo resta en pie el templo de Santa Eulalia, la
rectoría y el cementerio. Para llegar, desde Solsona se debe tomar la carretera
LV-4241 en dirección a Lladurs y a unos 12 km girar a la izquierda. Recorridos
unos metros hay que desviarse nuevamente a la izquierda por una carretera que
conduce a Timoneda.
La
parroquia de Timoneda aparece ya en el acta apócrifa de consagración de Santa
Maria de La Seu d'Urgell, formando parte de las posesiones de dicha canónica.
No obstante, según Jordi Bolòs la parroquia tuvo un origen anterior, previo
incluso al dominio carolingio sobre tierras catalanas. En este sentido, Antoni
Llorens recuerda que el lugar de Timoneda, del cual existen numerosas
referencias documentales anteriores al siglo XI, debía de constituir en época
medieval una villa con varias casas, un castillo y la iglesia. Sin embargo, no
es hasta finales del siglo XI, concretamente en 1091, cuando se encuentra una
alusión explícita a la parroechia de Mante Eulalie, como límite
territorial de una propiedad donada por Guillem Arnau a Santa Maria de Solsona
en el término de Timoneda.
Posteriormente,
en un documento de 1117, es la propia iglesia la que se convierte en objeto de
una donación efectuada por Guadall Aimeric. Será precisamente este personaje
quien protagonizará unos años más tarde un litigio con el obispo de Urgell,
Pere Berenguer, a causa de la posesión del templo. Según un documento fechado
en marzo de 1131, Aimeric dejó en manos del obispo el establecimiento de
rentas, oblaciones y otros derechos que hasta entonces debía ejercer él mismo
sobre la iglesia de Timoneda.
En
diciembre del mismo año, se firmaba otro documento mediante el cual el obispo
de Urgell donaba a Santa Maria de Solsona esta iglesia y todas las de su
término, con sus posesiones, derechos, oblaciones y provisión de clérigos que
las han de servir. En dicha donación se hacía constar que los referidos templos
habían sido rescatados de las manos de Guadall Aimeric por el obispo.
A
pesar de ello, el referido Aimeric, no debió de desligarse del todo de estas
iglesias, pues en 1135 aparece firmando junto a su esposa e hijos un convenio
con Santa Maria de Solsona para la recogida del diezmo de las de Santa Eulalia
y Santa Maria, esta última conocida actualmente como Santa Magdalena del Vilar.
De
todos modos, la canónica debió de ser la propietaria titular de las ecclesios
de Timonedo, tal y como confirman la tercera acta de consagración de Santa
Maria de Solsona (1163) y las bulas papales de Eugenio III (1150), Alejandro
Ill 1180) y Clemente Ill (1188). Finalmente, la parroquia de Timoneda, junto
con su iglesia, pasó a formar parte del obispado de Solsona.
Desde
el punto de vista arquitectónico, el templo de Santa Eulalia ha sufrido
numerosas intervenciones y añadidos posteriores, que han modificado en gran
medida la estructura original de la obra románica En lo referente a la planta,
el edificio presenta nave única cubierta y un ábside plano, así como una torre
campanario de planta cuadrangular adosada al norte de la nave. A este esquema se
añadieron con posterioridad diversos elementos. Por un lado, fueron edificadas
dos capillas laterales de planta cuadrada y un cuerpo adosado en el lado norte
del ábside, de planta rectangular, que desempeñaba las funciones de sacristía.
Además, sobre el tejado original a doble vertiente se edificó otra pequeña
dependencia que apoyaba en la torre campanario y que modificó la fisonomía de
la cubierta, transformándola en un tejado a una sola vertiente. Sin embargo,
dicho elemento fue eliminado en la última restauración del conjunto, realizada
en 1993, ya que amenazaba la integridad de la torre, de modo que fue restituido
el esquema de cubierta a doble vertiente.
En
cuanto a la articulación de los muros, se distingue un aparejo de morfología
diversa que cabe atribuir a las diversas etapas constructivas. En los sectores
atribuidos a la campaña románica se utilizaron sillares de tamaño irregular,
desbastados y dispuestos en hiladas. A esto hay que añadir un paño de opus spicatum,
que también se considera original, en el muro que comunica la iglesia con la
rectoría. En cambio, en el resto del edificio se alternan sectores de aparejo
muy irregular, con algunas hiladas de sillares de gran tamaño y bien tallados,
sobre todo en la parte superior del muro meridional. También se observan
grandes sillares en las esquinas y un aparejo mucho más pulido y regular en el
último piso de la torre, erigido en época moderna. Por lo que se refiere a los
vanos del edificio, nada se ha conservado de la obra románica original,
exceptuando los del campanario, que comentaremos más adelante.
"opus spicatum"
En
el muro sur se abre una puerta bajo arco de medio punto dovelado datada en 1623,
por encima de la cual hay dos ventanas de arco de medio punto monolítico, quizá
también de esta misma época. En la capilla de este mismo lado se conserva otra
pequeña ventana de perfil rectangular, y otra de mayor tamaño en el muro
situado entre esta capilla y el ábside. Una tercera ventana, rectangular y de
doble derrame se abre en la pared oriental de la sacristía. Finalmente, el
acceso actual a la iglesia se realiza por una gran puerta adintelada que se
abrió recientemente en una de las capillas laterales.
Como
ya se ha apuntado, adosada al muro norte de la nave se erige una torre
campanario con tres niveles de aberturas. En el primero, se observa, en cada
frente, una ventana muy alargada que al exterior se remata con un arco de medio
punto monolítico, mientras que en el interior adopta perfil adintelado. El
segundo nivel está construido con piedra toba y presenta en cada frente una
ventana geminada. Las ventanas de los lados meridional y oriental se consideran
originales y presentan doble arco monolítico que asienta en una columna. Ésta
descansa sobre una base realizada en un bloque prismático invertido con las
esquinas cortadas, en las cuales se han practicado dos incisiones en sentido
vertical. Sobre ella se observa un sencillo collarino moldurado. El fuste de la
columna es liso y se remata con un capitel troncocónico que al exterior
presenta una decoración muy simple.
En
el caso del lado sur aparece una especie de nicho de poca profundidad, mientras
que en el frente oriental vemos una serie de molduras horizontales. En los dos
frentes restantes, el septentrional y occidental, el vano repite el esquema de
ventana geminada, aunque su factura es moderna. Con toda probabilidad esta
parte fue intervenida durante la restauración de 1993, cuando se decidió
reproducir el modelo de las ventanas sur y este. En la parte interior de este
segundo piso se observan los restos más o menos modificados de una especie de
pechinas. Actualmente éstas quedan justo por encima del suelo del tercer piso,
pues toda la torre ha sido recientemente acondicionada para facilitar su
acceso. En el tercer nivel del campanario, claramente posterior, se hallan
cuatro aberturas adoveladas y de medio punto.
En
el interior, que también ha sufrido modificaciones a lo largo de los años, que
han alterado ligeramente la estructura original, la nave se cubre con bóveda de
cañón. Como resultado de la restauración efectuada en el año 1993 fue eliminado
el rebozado de los muros, y se dejó la piedra a cara vista. Se aprecia un
aparejo un tanto irregular, realizado a base de sillarejo desbastado sin pulir,
de diversos tamaños y colocado en hiladas uniformes. Cabe desvincular de la
fase constructiva románica el coro añadido en el sector oeste, la puerta y las
ventanas del muro sur, las capillas laterales, la puerta de acceso a la
sacristía y la ventana de doble derrame situada junto al ábside.
En
cuanto a la cronología, las importantes modificaciones posteriores de las que
ha sido objeto el edificio impiden precisar con exactitud las fechas en las que
fue construida la parte románica.
Por
último, es obligado hacer mención a los elementos de escultura monumental
conservados en el conjunto. Por un lado, en el exterior del muro norte se
observan dos sillares que han sido decorados con incisiones muy simples. En uno
de ellos se representa una figura humana sumamente esquemática, con los brazos
abiertos, que viste una especie de hábito. En el otro parece representarse una
figura similar, aunque su avanzado estado de deterioro dificulta su lectura.
Se
desconoce la cronología de estos elementos y si ésta fue su ubicación original.
Por otro lado, en las descripciones de los años ochenta del siglo pasado, se
menciona un sillar procedente de este mismo sector en cuyo frente se habían
esculpido una cruz y una flor, y que se relacionó con la campaña románica. Sin
embargo, actualmente dicho elemento se encuentra desaparecido.
lglesia de Santa Maria de Solanes
La
iglesia de santa Maria se encuentra a pocos metros del caserío de Solanes, en
una zona elevada en el extremo occidental del municipio de Lladurs, entre el
Serrat de Pampa y el Puit de Monpol. Para llegar desde Solsona hay que tomar la
carretera C-26 hacia Bassella y desviarse a la derecha en dirección a Montpol.
Antes
de llegar a esta población, se gira a la izquierda por una pista forestal que
conduce a Solanes.
El
templo, hoy en día integrado en una propiedad privada, debió de estar en origen
vinculado al caserío de Solanes, uno de los más antiguos de la zona.
Antoni
Novell documentó el caserío en el año 982 como Mansus Solanes, aunque
las referencias encontradas referentes al lugar lo sitúan ya en el siglo XII,
momento en el que han sido datados los dos documentos que comentamos a
continuación.
El
primero recoge la donación de Berenguer Bernat por vía testamentaria de la
tercera parte de Ciutadilla y Solanes, con sus términos, a Santa Maria de
Solsona en 1118. En el segundo, Guillelmi de Solanes firmó un documento fechado
entre 1151 y 1168. No en vano, la primera referencia explícita al templo se
halla en el documento de donación de bienes por parte de Ot de Solanes al
monasterio de Sant Sadurní de Tavérnoles, datado en 1184. En dicho documento,
el referido donó al monasterio las propiedades, casas y la capellam ecclesie
Sante Marie, junto a las tierras que le correspondían.
El
edificio presenta una sencilla planta de nave única y un ábside semicircular.
En
origen el templo debió de estar cubierto con bóveda de cañón, de la que tan
sólo quedan los arranques. Sin duda, el elemento más reseñable del conjunto es
el ábside, en el que dos lesenas determinan tres entrepaños decorados con
sendos frisos de tres arquillos ciegos, los cuales se apoyan en ménsulas
formadas por un cilindro en posición horizontal.
Las
lesenas apoyan en un zócalo formado por cuatro hiladas de sillares, que, a su
vez, se apoya en una base semicircular de mayos diámetro, cuya altura se adapta
al nivel del terreno. En el entrepaño central se abre una ventana de doble
derrame y arco de medio punto dovelado. Sobre los arquillos, una hilada de
sillares colocados de forma inclinada, soporta la cornisa. En el tramo oriental
de los dos muros laterales se abren, de forma simétrica, sendas ventanas de
similares características que la anterior.
Ventana lateral
Ábside
Lesenas del ábside
La
del lado septentrional es visible solamente en el interior, ya que en este
sector se adosó con posterioridad un edificio. Sobre la fachada occidental se
yergue un campanario de espadaña de dos ojos con arcos de medio punto. El
aparejo de los paramentos exteriores está compuesto por sillarejo desbastado de
diferentes tamaños, colocado en hiladas uniformes. A esto, debe añadirse la
utilización de bloques de piedra toba en algunos elementos, como las lesenas,
los arquillos ciegos y las ventanas. Asimismo, cabe señalar la existencia de un
doble muro en la fachada sur, revelado gracias al desprendimiento de parte del
paramento exterior en la zona occidental, donde se ubica la puerta. Esta
circunstancia ha dejado al descubierto un sector constituido por sillarejo
desbastado dispuesto en hiladas, así como un arco de medio punto dovelado
rebajado correspondiente a la puerta. En la parte superior de los muros de la
nave, coincidiendo con el tramo sobreelevado en una reforma posterior, el
aparejo utilizado pasa a ser mampostería.
Ventana del ábside
El
interior, que desempeñó la función de almacén durante algún tiempo, presenta
una estructura sencilla, con un aparejo algo tosco, similar al que se observa
en el exterior pero con sectores de mampuesto. De la bóveda de cañón, desde
hace años prácticamente arruinada en su totalidad, sólo se conservan los
arranques.
Este
hecho permite observar con toda claridad la parte interna del segmento de muro
exterior que sirvió para sobrealzar la nave. Por su parte, el ábside, que se
mantiene íntegro, está cubierto por una bóveda de cuarto de esfera, y está
precedido por un arco presbiterial apoyado en pilastras, el cual, con su mayor
anchura, facilita la transición entre el espacio absidal y el de la nave.
Finalmente,
junto a la puerta de acceso se conserva una pequeña y sencilla pila bautismal,
de datación desconocida.
Por
las características descritas, el templo se adscribe a las formas de la
arquitectura romànica catalana del siglo XI.
Por
último, conviene recordar que, en el exterior de la iglesia, frente a la
fachada meridional, fueron halladas recientemente dos estelas discoidales que
conservan el pedúnculo. Ambas muestran
la misma decoración en sus dos caras, con una cruz latina cuyos contornos se
hallan incisos. Asimismo, en este mismo sector, aunque en este caso adosado a
la fachada, se conserva un bloque de piedra de factura popular que presenta en
su frente dos cruces incisas. La ausencia de mayores evidencias impide precisar
la cronología, función y ubicación original.
Santa Creu d'Ollers (Guixers)
En
el límite entre los municipios de Bellvei y de Sant Llorenç de Buixalleu,
saliendo de la villa de Sant Llorenç por la carretera de La Coma i Safaja, a
1,5 km — aproximadamente del cercado de la villa y a mano derecha de la
carretera mencionada, al pie de ésta, se encuentra la ermita de Santa Creu, que
se integra dentro del término parroquial de Buixalleu.
De
su historia se sabe poca cosa. El conde de Urgell y su esposa Adelaida cedieron
la iglesia de Santa Creu, situada entonces en el condado de Urgell, en el
término del castillo de La Pedra, en el lugar llamado "vila d'Ollers",
y la transfirieron al monasterio de Benets de Sant Llorenç de Buixalleu, el 14
de octubre del año 1084, con la tercera parte de los delmas y con la totalidad
de las primicias, las oblaciones y los derechos de sepultura de las seis masías
que había en su entorno y que debían constituir su parroquia. Parece que las
familias residentes en las casas de la parroquia de Santa Creu d'Ollers se
dedicaban a la fabricación de las olletas grises que dieron nombre al lugar de
Ollers, topónimo hoy transformado en los Ullessos, nombre actual de la partida.
Desde
entonces, la iglesia de Santa Cruz dependió del monasterio de San Lorenzo y
constituyó una de las parroquias. Más tarde, al formarse, en el año 1297, la
villa de San Lorenzo, fue perdiendo importancia, pero hasta época reciente ha
restado parroquia de las masías que la rodean, servida por comunitarios de San
Lorenzo.
Cuando
en 1593 fue suprimido el monasterio, el servicio parroquial de Santa Cruz fue
encargado a uno de los sacerdotes de la colegiata.
Hoy
sólo se celebra misa la festividad de la Santa Cruz de Mayo, en la que, sin
embargo, no se reparten ya los panecillos bendecidos que recordaban los
eulogios de la gran festividad medieval de la fiesta de la parroquia.
Hasta
hace muy pocos años los parroquianos de Santa Cruz eran enterrados en el
cementerio que rodeaba la ermita, el cual en el año 1950 fue reducido al lado
meridional, cerrado con un muro de piedra y separado de la pared de la ermita
con el fin de evitar las humedades. En este cementerio ha sido típica, hasta el
comienzo del siglo XX, la ofrenda de un pan que hacían los parientes del
difunto a cada uno de los que asistían al funeral. Con este pan y una candela
encendida, todo el mundo hacía tres vueltas a la fosa abierta al suelo, en la
que ya habían colocado el baúl con el muerto, besando cada vez la estola del
capellán oficiando, el cual había salido del templo, después de la segunda
misa, con cruz alzada procesionalmente y con el salpás, para dispensar
las absueltas generales al fallecido. De esta escena, vivida en pleno siglo XX,
tenemos dos representaciones gráficas en el valle de Lord, una en la pared
frontal de un sarcófago del siglo XII, empotrado en el muro de la fachada de la
iglesia parroquial de Llinars, que mide 64 × 37 cm, y otra esculpida en las
jambas de la derecha de la puerta de acceso a la ermita románica de Sant Lleïr
de Casavella, también del siglo XII. En este último caso, la figura del
sacerdote, o quizá del santo titular, está rodeada por dos escolanets
que llevan los utensilios para la absuelta. Para abrir la fosa y enterrar al
difunto también se seguía un procedimiento rutinario: mientras en la capilla se
decía la primera misa, los fosos abrían la fosa. Durante la segunda,
desayunaban y, tras la absuelta y en la tercera, cubrían de tierra el sepulcro.
(MRR)-.
La
iglesia de Santa Creu d'Ollers consta de una sola nave, de 12,80 × 4,30 m,
cubierta con bóveda ligeramente apuntada, subdividida en tres tramos por arcos
torales sostenidos por pilares adosados a los muros laterales. La altura máxima
de la bóveda es de 5,33 m. Forma la cabecera un ábside de planta semicircular,
situado a levante, con ventanilla centrada de doble espalda. Queda ornamentado
exteriormente por unas arcuaciones ciegas lombardas entre lesenes que bajan
hasta el basamento formado por una triple escalonada semicircular que lo rodea
y que no fue visible hasta que en 1950 se rebajó el nivel de tierras unos 2 m,
retiró el cementerio, y arregló una plazoleta ante el ábside.
El
espacio absidal queda subdividido así en cinco partes equivalentes. Una cornisa
sencilla de piedra corona el ábside, cuya cubierta de cuarto de esfera fue
protegida por losas de piedra caliza, cabalgatas, antes de serlo por la
cubierta de tejas actual.
La
fachada principal, en la que se abre la puerta, es la de poniente, que culmina
en un campanario de cadireta o espadaña, de dos ojos.
El
acceso se efectúa por la puerta situada en la fachada occidental, la cual
presenta un arco de medio punto enmarcado por una sencilla chambrana formada
por estrechas losas. Sobre la puerta se dispone otra ventana con arco de medio punto
monolítico, y que cuenta con una jamba compuesta por un sillar dispuesto de forma vertical.
Se corona el frontis con un imponente campanario de espadaña.
En
el interior, la nave se cubre con una bóveda de cañón apuntada, reforzada con
dos arcos Sajones que se apoyan en pilastras y que determinan tres tramos. Un
arco presbiterial en gradación facilita la transición a la menor anchura del ábside,
que, a su vez, se cubre con bóveda de cuarto de esfera. En el lado sur de este
espacio presbiterial se abre una credencia cuadrada. En el muro meridional, en
los tramos occidental y central de la nave, se hallan cinco orificios cuadrados
alineados, cuya función, posiblemente, estaba destinada a la recepción de
ofrendas.
El
antiguo altar de madera y un interesante crucifijo post-románico fueron
quemados en julio de 1936, junto con todos los ornamentos. En 1948 la alcaldía
de Sanaüja restauró el templo, y eliminó los restos de enyesados y los añadidos
posteriores, y en 1950 fue colocada una mesa de altar de piedra con seis
muñecos y una pequeña cruz, y una campana en la espadaña. (MRR).
El
edificio está totalmente desnudo de ornamentación, excepto el ábside, que ha
sido decorado con un friso de arcuaciones, en series de dos entre lesenes,
salvo la central, que enmarca la ventana y sólo tiene un arco.
El
aparato ha sido hecho con pequeños siervos bien cortados, dispuestos
ordenadamente en hiladas irregulares.
Por
sus características esta iglesia constituye un notable ejemplar de las formas
de la arquitectura lombarda, ya evolucionada, como patente la bóveda, un chiste
apuntado, y un cierto refinamiento en el aparato de elementos como las lesenas,
por lo que podemos situar su construcción hacia el final del siglo XI, o
principios del XII.
Sin
embargo, la solución de arcuación central del ábside, que parece original, es
poco común en la arquitectura catalana, bien que excepcional, y aparece también
en otros edificios de la plenitud de la arquitectura lombarda como Sant Ponç de
Corbera o Santa Maria de Palau de Rialb, donde las lesenas enmarcan una única
arcuación. (JAA).
La Cova i La Pedra
Situado
en el Norte de la comarca, entre las sierras del Port del Comte y del Verd, el
municipio de la Coma i la Pedra forma parte del valle de Lord y tiene como
capital a la localidad de la Coma. En su territorio, en el que predominan bosques
y prados, nacen los ríos Cardener y Mosoll.
La
primera mención documental de la Coma se halla en el acta de consagración de Sant
Serni de Tavèrnoles de 1040, donde figura su iglesia como una de las posesiones
del monasterio. Por su parte, el topónimo de “Petra” se menciona en la controvertida
acta de consagración de la catedral de La Seu de Urgell, que no puede ser
fechada en 839, como comúnmente había considerado la historiografía. Este hecho
invalida el acta como instrumento para la datación del lugar de la Pedra. Las
noticias documentadas más antiguas del castillo de la Pedra hacen alusión a su
iglesia. En 962 el obispo Guisad de Urgell consagró de nuevo Sant Serni in locum
Castro Petra fulgenti después de que en su interior hubiese tenido lugar un
homicidio, lo que denota una mayor antigüedad del templo, que posiblemente se
remonta a la época del obispo Guisad l (857-872). En los siglos XI y XII existe
un goteo de noticias sobre la Pedra. En el testamento de 1041 del obispo
Eriball —hermano y sucesor de Bermon, vizconde de Osona y señor de Cardona— se
citaba un alodium de Pera, que parte de la historiografía ha situado en
el término del castillo. Si dicha mención puede suscitar alguna duda, queda
claro que, con el paso del tiempo, la influencia de los señores de Cardona
sobre el castillo de la Pedra se hizo evidente: en 1162 recibía sal procedente
de las minas y, en 1167, aparecía entre las posesiones que Ramon Folc III legó a
su primogénito. En 1213, el castillo es mencionado en el testamento del vizconde
de Cardona, Guillem l. En lo que concierne a la iglesia, fue cedida por
Ermengol de Urgell a la catedral de La Seu d'Urgell y, en 1057, fue consagrada de
nuevo. En 1196, el abad de Tavèrnoles cedió en enfiteusis algunas tierras de la
parroquia de Sant Serni que poseía el priorato de Sant Llorenç de Morunys. Los
escasos vestigios del castillo de la Pedra se encuentran en lo alto de un
promontorio de difícil acceso, y consisten, tan sólo, en un fragmento de muro,
de escasa altura, edificado con sillares de distintas dimensiones dispuestos en
hiladas horizontales.
Iglesia de Sant Lleïr de Casabella
La
iglesia de sant Lleïr de Casabella se encuentra en la vertiente norte de promontorio
conocido como Sant Lleïr, y muy cerca de la masía de Casabella.
Entre
los kilómetros 34 y 35 de la carretera LV-4241, de Sant Llorenç de Morunys a Berga,
al poco de atravesar un puente, arranca a mano izquierda una pista por la que, tras
recorrer 2 km en sentido norte se llega a este templo.
Sant
Lleïr, que se ubicaba en el antiguo término del castillo de la Pedra, figura
entre las pertenencias de Sant Serni de Tavèrnoles citadas en el acta de
consagración de 1040 de su iglesia monástica. El templo debió de ser anexionado
al patrimonio del monasterio urgelitano junto a todas las propiedades de Sant
Llorenç de Morunys, del que dependería. En 1064, consta como linde de la
iglesia de Sant Serni de Vilamantells.
La
construcción actual ofrece una apariencia muy alejada de lo que debió de ser en
origen. La primitiva iglesia debía de constar de la nave rectangular —y un
tanto irregular— orientada al Este. En este muro se abren dos ventanas, tan
sólo visibles desde el exterior. Una presenta un arco de medio punto
monolítico, mientras que la otra, situada más arriba y hacia el lado
meridional, probablemente fue abierta a posteriori, quizás cuando se sobre
elevaron los muros de la nave, que se cubre con bóveda de cañón. hay todavía
otra ventana, de forma rectangular, en el muro meridional. En este mismo muro se
ubicaba el acceso, como se puede apreciar desde el interior, hasta que se trasladó
al lado septentrional, cerca de poniente Allí se halla una puerta de arco de medio
punto, con grandes dovelas, que cuenta con decoración escultórica.
En
el testero de la iglesia se edificaron capillas en los lados norte y sur, lo
que, observando la planimetría, puede sugiere un falso transepto. En el muro de
levante de la capilla meridional se abre un óculo formado por dos sillares monolíticos
en los que se ha abierto un semicírculo, ligeramente irregular. La totalidad de
la parte norte de la construcción se halla cobijada bajo un pórtico, con tres
arcos levemente apuntados La lectura de paramentos sugiere, sin embargo, que
dicho pórtico no fue una obra unitaria, pues en él se observa una notoria diferencia
entre el arco este y los dos restantes. En el muro que cierra el espacio a
poniente se ubica otra ventana, de arco de medio punto monolítico, mientras que
el acceso se realiza mediante una puerta situada a levante. El conjunto es
coronado por un campanario de espadaña.
La
estructura del edificio original, con una única nave rectangular, ha sido repetida
incansablemente en multitud de iglesias humildes que, precisamente por su modestia,
resultaban alejadas de las novedades arquitectónicas. No obstante, es cierto que
la carencia de un ábside semicircular es una característica frecuente en la
arquitectura prerrománica, período en el que algunos autores como Xavier Sitjes
y Xavier Barral han incluido Sant Lleïr. Otros, como M. Vidal y M. Vilaseca o Joan-Albert
Adell, sitúan la construcción en el siglo XI, aunque reconocen en ella
soluciones arquitectónicas ancladas en la tradición.
La
sobreelevación de los muros, amén del cambio de ubicación de la puerta, se
situaría en el siglo XIII. Las otras reformas habría que situarlas, posiblemente,
en época moderna.
Sin
duda, el elemento que ha recibido una mayor atención son los relieves situados
bajo las impostas biselados de la puerta norte. En el situado en el lado
occidental hay tres figuras, de las que la central, que viste túnica larga y
casulla y lleva la cabeza cubierta, parece bendecir con su mano derecha y sitúa
la otra sobre el pecho. Está flanqueada por otros dos personajes similares, pero
vestidos con túnica corta. Mientras que uno parece llevar un pequeño recipiente
para el agua bendita y un utensilio alargado, quizás un hisopo, el otro coloca
ambas manos sobre el cuerpo. Esta escena ha sido identificada como una
consagración, lo cual no es un caso aislado. Entre los ejemplos más evidentes con
la representación de esta escena es obligado citar la esculpida en un capitel de
la portada de Roda de lsábena, donde figuran el obispo Odesindo y dos clérigos
consagrando la catedral.
En
el otro grupo, el de la izquierda, dos personajes con túnica corta, uno de ellos
armado, flanquean un Agnus Dei, mientras que en la parte inferior se
ubica la serpiente. Según Jordi Camps, la escena podría hacer alusión al
cumplimiento de una penitencia consistente en la construcción de una iglesia,
que atestigua la escena de consagración de la derecha.
En
el intradós de la puerta se hallan un par de relieves decorativos.
El
primero está formado por una flor de seis pétalos inscrita en un círculo,
motivo ornamental muy recurrente en la plástica románica. El otro presenta tres
cardos, emblema heráldico de los señores de Cardona.
La
historiografía ha fechado dicha escultura en el siglo XIII, no antes del segundo
cuarto, poco después, por lo tanto, de la unión matrimonial, en 1217, entre
Ramon Folch IV y Agnès de Torroja, única heredera de los señores de Solsona.
Aun
así, podría tratarse de un conjunto más tardío. En este sentido, se ha de tener
en cuenta que, como señala Francesc Rodríguez Bernal, el escudo de los Cardona no
aparece representado hasta 1214- 1216. Según Armand de Fluviá, el sello más
antiguo con dicha heráldica data de 1258. Entre las primeras figuraciones
escultóricas del emblema heráldico destaca la que aparece junto a un caballero
en uno de los capiteles de la galería meridional del claustro de Santa Maria de
l'Estany (Bages), fechada a finales del siglo XIII o, incluso, a principios de la
centuria siguiente. Así, parece cuanto menos dudoso que en una fecha temprana
como es la de 1225- 1250, el escudo ya se representase en Sant Lleïr.
Resulta
atinado, pues, retrasar la cronología hasta fechas bastante más avanzadas. Con
ello, se hace evidente también la necesidad de revisar la cronología de la
construcción, especialmente de la reforma lechada en el siglo XIII.
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