miércoles, 21 de febrero de 2018

Capítulo 1 - Historia de la India


INTRODUCCIÓN

El único país sumido en el Oriente que griegos y romanos conocieron, aunque rodeado de un halo que hacía de él una tierra misteriosa, fue la India. Después de la expedición de Alejandro, se comentaron en Grecia las maravillas que explicaban los hombres de ciencia que acompañaron al gran conquistador y a ello se debieron en Europa las primeras noticias positivas acerca de los pueblos hindúes, tres siglos antes de Jesucristo. Así que desde tiempos lejanos la India había ejercido un gran poder fascinador sobre los gobernantes occidentales. Por su parte, los relatos de los peregrinos chinos que después visitaron los santos lugares del budismo contribuyeron a divulgar por el Extremo Oriente los conocimientos acerca del país y del arte hindú, que ya a través de misioneros budistas había penetrado en China en el siglo II a.C.
Durante bastante tiempo se había creído ver en la India la cuna de todas las razas europeas y el lugar donde se inventaron las principales industrias humanas. En todo caso, fue la cuna de un arte que ha conocido una irradiación extensísima; porque además de haber abarcado originariamente un área que no se circunscribe a la India y a Ceilán, sino que comprende asimismo el territorio del actual Afganistán y gran parte del Beluchistán, en el transcurso de los siglos ha informado el arte de la dinastía Khmer, durante los siglos X al XII, en la Indochina, y ha trascendido a Birmania, Tailandia e Insulindia, aparte de influir en el arte tibetano y, como se verá, en el de China, Corea y Japón.
Es ante todo un arte sacro, cuya finalidad primordial no es conseguir resultados meramente estéticos, sino facilitar motivos de contemplación religiosa, ya por medio de símbolos, ya valiéndose sobre todo de formas sensibles, o aun sensuales, que forman parte, en muchos casos, de composiciones de un animado estilo narrativo, en el que a veces esconde la intención religiosa bajo la capa de una apariencia de dinamismo o aun de erotismo, todo ello de acuerdo con una teoría de la belleza que es muy diferente de la que se ha manifestado en la mentalidad occidental.
Para comprender un poco mejor que en la India surgiera un arte en el que cobra especial importancia, como valor estético, la sensualidad, hay que atender a las características naturales de esta vasta península. La India es un subcontinente en el que las fuerzas de la naturaleza se despliegan con toda su potencia y en el que el clima tropical hace crecer una vegetación extraordinaria. Tierra en la que los monzones riegan año tras año durante tantos meses los suelos, la vegetación de la India es variada y densa, como pocas en el mundo. De este modo, bosques de palmeras, lianas y bambúes despliegan su extraña belleza, y sobre la superficie de las aguas florecen lotos blancos, rosas y azules, toda una diversidad de formas y colores vegetales que sin duda tenían que influir en las manifestaciones artísticas creadas por los habitantes de este subcontinente. Por tanto, en este marco natural, no es extraño que el arte refleje a la vez un misticismo sublime y una sensualidad desbordante e intensa.
Pero esto no debe llevar a pensar que el arte de la India queda inaugurado con la llegada de los musulmanes o que no presenta elementos de interés en los mimos tiempos en que, por ejemplo, en Egipto aparecía el arte de los faraones o más tarde, en la Roma imperial, surgía el imponente arte romano. Tuvo la India un prolongado arte prehistórico que, en líneas generales, y sin entrar en mayores detalles, coincide con el del Próximo Oriente y sur de Europa, y que en el sur del Deccán no conoció la Edad del Bronce y se prolongó allí, hasta mediados del I milenio a.C, dejando vestigios de un arte megalítico autóctono.

Prehistoria
El Homo erectus, muy probablemente, se movilizó desde África hacia el sur de Asia a través de Asia occidental, hace unos 500000 años. El Homo sapiens, por su parte, llegó mucho más tarde al subcontinente utilizando dos caminos principales y en dos épocas distintas. Una de ellas fue la ruta tradicional a través de Asia occidental, hace unos 30000 años; la otra, la que permitió la llegada de otro grupo un tiempo antes, en torno a unos cincuenta mil años, desde las costas del sur de India mientras los homininos seguían su viaje hacia las islas Andaman, Indonesia y Australia. En tal sentido, y en el contexto indio y del sur de Asia, podría decirse que la edad de piedra y, por tanto, el Paleolítico, comenzaría aquí hace quinientos mil años, dilatándose hasta el III Milenio a.C. cuando ya existe constancia arqueológica de objetos de cobre pertenecientes a la cultura harappense.  No obstante, los restos más antiguos del género homo encontrados en el subcontinente, que corresponden al Hombre de Narmada, tienen una cronología en torno a 250000 años, en tanto que los más antiguos homo sapiens, hallados en Sri Lanka, se datan en 34000 años. 
Los dos útiles predominantes durante el desarrollo del Paleolítico Inferior fueron pequeñas herramientas y, sobre todo, las hachas de mano. Grandes depósitos de pequeños útiles y choppers fueron descubiertos en el valle del río Soan, en Pakistán. Las acumulaciones allí encontradas, así como otras en sitios cercanos, han originado la denominación de Cultura Soan. Las hachas de mano descubiertas en Chennai, ya en la segunda mitad del siglo XIX, se conocen como la Cultura Madrasiana. Desde el Paleolítico Medio existen evidencias de herramientas en forma de hojuelas, núcleos, raspadores y buriles; a pesar de las variaciones regionales, todas estas piezas constituyen una cultura conocida como Cultura Nevasan, cuyo nombre procede del sitio Nevasa en el valle del río Godavari en el Decán. 
Una muy remota evidencia que puede ayudar a la reconstrucción de la arcaica vida social durante el Paleolítico Superior en el subcontinente lo constituye la presencia de pinturas en cuevas, concretamente en Bhimbetka, en las bancadas del río Narmada en la India central. En ellas se representan escenas de caza vinculadas con símbolos de fertilidad.

La transición del Paleolítico al Mesolítico testifica la emergencia de un Nuevo tipo de útil de piedra, el microlito. El conjunto habitual de microlitos incluye triángulos, trapecios, crecientes y puntas de flecha, todas ellas herramientas o armas de gran efectividad. La producción de microlitos dependía de la disponibilidad de piedras que podían ser fácilmente trabajadas, como el cuarzo y diversos tipos de calcedonia. La más antigua evidencia de esos microlitos en el sur de Asia se encuentra en sitios de Sri Lanka, que se datan en torno a 26000 años. Los microlitos de los yacimientos en el territorio continental indio, Bagor, en Rajasthan, Langnaj en Gujarat, Sarai Nahar Rai, Mahadaha y Damdama en la llanura del Ganges, además de Adamgarh, Bhimbetka y Ghagharia en la India central central, se fechan en una época más reciente a esos veintiséis mil años. 
Los microlitos fueron unas herramientas funcionalmente más útiles que las de mayor tamaño, porque podían ser enmangadas para formar muchas otras herramientas, como cuchillos. Gracias a su presencia se puede detectar un cambio de hábitat, de los sitios cercanos a los ríos a las colinas y zonas boscosas. Una movilidad estacional se ha registrado en relación al movimiento de personas entre las llanuras del Ganges y las escarpaduras Vindhya en la India central. Los animales se mueven, en general, durante el invierno desde las llanuras a las colinas, en tanto que la población les sigue y se refugia en cavernas. El movimiento inverso se produce durante la estación cálida, cuando la gente aumenta su capacidad de subsistencia gracias a la recolección de plantas en las llanuras. 

Pinturas rupestres Bhimbetka - Madhya Pradesh

El hallazgo de numerosos molinos de mano y anillos de piedra en diferentes yacimientos atestigua una primitiva forma de cultivo. Es muy probable que los anillos pétreos fueran usados como pesos. Además, también se han encontrado huesos de ovejas, cabras y vacas en las áreas de habitación, un claro indicador de la domesticación de animales. Huesos de otros animales, como ciervos, jabalíes y avestruces también son frecuentes entre los restos adyacentes a los sitios habitados. Los lugares de enterramiento contienen restos esqueléticos y bienes funerarios como los propios microlitos, caparazones o pendientes de marfil. Todo ello sugiere la posible creencia en el Más Allá, en la otra vida o en alguna forma particular de conciencia.  Algunos sitios de enterramiento estuvieron en basureros, como los ejemplificados en Sri Lanka. Del mismo modo, notables ejemplos de arte parietal en el que se representan cuerpos de animales y figuras humanas, han sido descubiertos en diferentes lugares del paisaje indio, en cavernas en zonas tan apartadas entre sí como Kerala y Cachemira. 
En el contexto del sur de Asia e India, la evidencia arqueológica de neolitización data de 11000 a.C., si bien la evidencia de agricultura y domesticación de animales se fecha desde 7000 hasta 1000 a.C. dependiendo de los lugares. Hasta el día de hoy se cree que los primeros agricultores del sur de Asia se focalizaron en Beluchistán y que debieron haber procedido de Mesopotamia y de la región del, Creciente Fértil. 
Se pueden establecer cuatro concentraciones de yacimientos neolíticos en India, que permiten identificar las similitudes y disimilitudes regionales. La primera de tales concentraciones se halla en Beluchistán, en las cercanías del río Bolan, cerca del paso que une las tierras altas con las llanuras del río Indo. La presencia de restos de estructuras elaboradas con adobe, de semillas de cebada y trigo y de huesos de cabras, vacas y ovejas, proveen la evidencia más clara del desarrollo de la agricultura y de las comunidades pastoriles en esta región del subcontinente. El lugar principal aquí fue, sin duda, el sitio de Mehrgarh, cuyos estratos más antiguos han sido datados en 7000 a.C. Otros sitios asociados a esta región son el de Kili Gul Mohammad y el de Rana Ghundai.


La segunda agrupación de yacimientos se encuentra en Cachemira y los valles del Swat, en Pakistán actual. Hay evidencia, en sitios como Gufkral y Burzahom de asentamientos neolíticos de agricultores. En ellos han aparecido objetos de distinto tipo, cerámica y restos de fauna doméstica. Además, también se han encontrado peculiares fosos en forma de campana. Se ha sugerido que estos pozos habrían servido como lugares subterráneos de morada para seres humanos o como sitios de acumulación de inhumaciones. En tal sentido, se ha pensado que las gentes que los usaron habrían estado vinculadas con las comunidades neolíticas de Asia central, que utilizaba pozos semejantes.  No obstante, también es probable que hayan sido una suerte se silos para el grano o grandes refugios. 
Una tercera zona de concentración de yacimientos se localiza en una gran área que cubre la cuenca del Ganges y casi todo el oriente de India. En esta amplia zona algunos de los restos son yacimientos pre agrícolas, lo cual indica una continuidad con el Mesolítico. En otros lugares, sin embargo, caso de  Chopani Mando, Chirand, Mahagara y Koldihawa, existe evidencia de cultivo y de domesticación de animales ya desde el IV milenio a.C. Así mismo, aquí se han encontrado restos de granos de arroz. No está claro si esos granos se deben a cultivos indígenas o si el arroz entró en el subcontinente desde Asia oriental y del sudeste en algún momento durante el II milenio a.C. 
La cuarta concentración regional de yacimientos neolíticos ocurre en el sur de India. En esta región se encontraron, en sitios como Utnur, grandes montículos de ceniza, muy probablemente restos de empalizadas dentro de las cuales se encontraba el ganado vacuno en cierta estación del año y era domesticado. Estos depósitos de cenizas pudieron ser el resultado de la cremación de diferentes empalizadas. En varios asentamientos al aire libre del sur de India la presencia de útiles como hachas de piedra pulimentada y hojas de piedra entre restos de legumbres, tubérculos y mijo provee una evidencia de una distinta cultura agro pastoral regional. 
Tuvieron que pasar algunos milenios después del 7000 a.C. antes de que los cazadores-recolectores llegasen a ser figuras marginales en el territorio indio. Durante largo tiempo los agricultores y los cazadores-recolectores mantuvieron estrechos contactos, a causa de que aquellos necesitaban también los bosques y aprovisionarse de miel. Cuando la agricultura comenzó a incluir el cultivo de la tierra y la alimentación de animales domésticos, los cultivadores colaboraron estacionalmente con los pastores semi nómadas. Después de las cosechas, los pastores traían sus vacas, ovejas y cabras para alimentarse de los rastrojos, en tanto que los excrementos de los animales ayudaban a fertilizar la tierra. Además, ambos grupos, materialmente se beneficiaban del intercambio de cereales, leche, carne y pieles de animales. Con el tiempo, se intercambiaron también artefactos y productos fabricados no por campesinos ni pastores, sino por artesanos. Sería un intercambio facilitado ya por comerciantes.
Sin duda los agricultores disfrutaron de un mayor nivel de prosperidad. Los restos de vasijas, caparazones y piezas de orfebrería descubiertos en Beluchistán y en la cuenca del Indo, las primeras áreas agrícolas del sur de Asia, testifican una diversidad presente, al menos, desde el VI milenio a.C. Los conceptos de identidad, etnicidad y de pertenencia a los antepasados llegan a ser significativos en el contexto de las comunidades agrícolas. Asimismo, el desarrollo del liderazgo hereditario también empieza a acontecer en este estado de evolución cultural y técnico.  La complejidad social se hace marcada cuando comienza la búsqueda de estatus entre familias particulares dentro de la comunidad. Los restos de bienes funerarios son un indicador de esta particular tendencia.
La complejidad social asociada con las comunidades agrarias trajo consigo también el conflicto, la guerra, cuyo contencioso principal fue la tierra y su posesión. Los vestigios de cercados defensivos o de esqueletos pertenecientes a cuerpos empalados y con armas son claros indicadores de conflictos violentos.  
La transformación de las comunidades de agricultores neolíticas en asentamientos proto urbanos se produjo esencialmente en el noroeste, en la región del Indo. Conforma la primera y más arcaica fase de la civilización de Harappa, denominada Era de Regionalización. Un número importante de sitios en el área progresaron desde un estado neolítico de existencia a otro con un estilo de vida cultural urbano  propio de la Edad del Bronce o el Calcolítico.
Esta transición de lo rural a lo urbano se verifica en Beluchistán, en sitios como Mehrgarh, Kili Gul Mohammad, Rana Ghundai y Balakot, el Sind (en yacimientos como Amri y Kot Diji), las planicies del Punjab occidental (el propio sitio de Harappa), el valle del Gomal, con Rehman Dheri, y el valle de Ghaggar-Hakra, (con lugares clave como Kalibangan), hoy en los modernos estados indios de Rajasthan y Haryana.  
Este incipiente urbanismo se comprueba a tenor de los tamaños de los asentamientos, los restos de fundamentos de viviendas, de la longitud de las calles y de la variada tipología  de las manufacturas cerámicas, además de la presencia de herramientas y valiosos bienes funerarios. Los asentamientos a menudo se encuentran cerca de tierra fértil y a lo largo de importantes rutas comerciales. 
En Amri, un yacimiento ubicado al sur de Mohenjo Daro, se distinguen, según los arqueólogos, cuatro períodos. El Período I (3500-3000 a.C.), corresponde a la fase más antigua, conocida como Cultura Amri. En esta fase se encuentran viviendas rectangulares de piso hundido, así como vasijas de terracota roja, además de algunas herramientas de piedra. El segundo período se desarrolla entre 3000 y 2700 a.C., mientras que en el III es cuando Amri forma parte ya de la Civilización del Indo, presentando grandes casas de adobe.
Kot Diji, en el Sind, conoció el desarrolló, entre 3200 y 2600 a.C., de una industria cerámica mayor, un estilo cerámico que se encuentra en sitios como Rehman Dheri o Kalibangan. Se trata de una cerámica roja con motivos decorativos en forma de escamas de pez u hojas de ficus religiosa. Además, han aparecido figuras de vacas y diversos objetos de hueso o caparazón. En Kot Diji hubo un complejo fortificado con una ciudadela, además de una ciudad baja. 
Kalibangan, en Rajasthan estuvo ubicada en las bancadas del hoy seco río  Ghaggar-Hakra. Durante su fase Antigua, entre 3000  y 2700 a.C., se constata la presencia de una fortificación de ladrillo además de casas con tres y cuatro habitaciones.  También se han hallado hojas de calcedonia, de cornalina y fayenza, cerámica con varios diseños y piezas de plata y oro. 
El yacimiento de Mehrgarh, en  Beluchistán es el más perfecto ejemplo de un sitio que vincula la sociedad neolítica con la cultura de Harappa en su etapa de madurez.  El sitio se encontraba en el sistema de drenaje del Indo y, por tanto, se trataba de un yacimiento muy apto para el desarrollo agrícola. Por otra parte, Mehrgarh estuvo estratégicamente ubicado en la ruta histórica que unía el valle del Indo con la meseta iraní, vinculando de tal modo  el Asia central con la región occidental. De los seis montículos en los que consiste el yacimiento, los arqueólogos han denominado el más antiguo como MR3. Aquí descubrieron evidencias de una continuada ocupación humana desde 7000 hasta 4700 a.C. Con posterioridad al Período I, hubo otros seis, con un desarrollo cronológico que llega hasta 2300 a.C.
Finalmente, en este yacimiento se han recuperado semillas de algodón, lo que ha motivado a los especialistas a preguntarse si pudo existir aquí el primer centro de manufactura de este producto en la zona del Indo.

El valle de los ríos Indo (o Sindhu) y Ghaggar-Hakra (o Saraswati) vieron nacer, en algún momento del VIII milenio a. C., las primeras formas conocidas de cultura plenamente neolítica en el sureste asiático. 
Es el caso de la zona de Mehgarh, donde se han sido encontradas numerosas construcciones de ladrillo y piedra, herramientas agrícolas y utensilios varios. Entre los años 6000 y 3000 a. C., el valle del río Indo fue definitivamente ocupado por aquellos primeros productores y se fue tejiendo una sociedad que, a finales del IV milenio a. C., ya poseía ciudades fortificadas y una cultura progresivamente homogeneizada. 
Este proceso evolutivo generó la «civilización del Indo», fechada entre los años 3300 y 1600 a. C., que destacaba especialmente por las primeras formas de escritura[1] que produjo y que, cronológicamente, podemos considerar casi coetáneas a las de Sumeria o el antiguo Egipto; por la creciente urbanización y centralización de los poderes político, económico y religioso en ciudadelas más elevadas que las viviendas ordinarias de las ciudades[2], y por el desarrollo de la agricultura (maíz, cebada, sésamo, legumbres, dátiles, melones, algodón y arroz), de la ganadería (domesticación de asnos y bueyes, búfalos, elefantes y animales de granja) y del comercio (metales y piedras preciosas, joyas, herramientas y cerámica). Algunos registros administrativos de la antigua Sumeria también plasman la existencia de tal civilización, que conocían como meluhha y con quien seguramente establecieron contacto mediante el tráfico comercial de lapislázuli, oro y plata. Esta civilización, del mismo modo que la egipcia, fue posible gracias a las puntuales crecidas fluviales que depositaban sedimentos muy fértiles y ricos para el cultivo.
Pero además, desde mediados del III milenio a.C., se desarrolló al noroeste de la India, en el valle del Indo, una civilización que ofreció muchas afinidades con la mesopotámica y es tan antigua como ella, según han revelado las excavaciones emprendidas desde 1921 en Harappa, en el Punjab, y desde 1924 en Mohenjo-Daro, en el Sind.
La India tiene una de las sociedades más antiguas y más complicadas de la historia, algunas de ellas datan del año 3000 a.C. Todavía, el estudio de la historia de la India representa un problema importante: hasta el siglo sexto a.C. casi no tenemos idea de cuándo sucedieron los eventos. Al contrario de Egipto y Mesopotamia, las civilizaciones antiguas de la India dejaron pocos registros de eventos específicos. 

El pasado antiguo de la India fue descubierto hasta los años veinte cuando arqueólogos indios* (se dice indios porque pertenecen a la India y no hindúes porque esos son los practicantes de una religión llamada hinduismo) y británicos descubrieron la antigua capital llamada Harappa diez metros bajo la tierra al lado de uno de los afluentes del río Indo. Originalmente a esta civilización se le llamó la civilización del valle del Indo, pero ahora se llama harapista en honor del tamaño e importancia de la ciudad. La civilización harapista es una de las más admirables con las que nos hemos topado.
Alrededor del año 3000 a.C. comenzaron los primeros signos de vida sedentaria en el valle del Indo pues los tornos y herramientas de cobre se volvieron de uso común. Para 2600 a.C. con un excedente agrícola, los pueblos del sistema del Indo se unieron en la temprana civilización harapista, y este momento sólo puede ser descrito como una explosión cultural. 
Comenzaron a surgir ciudades grandes y bien planeadas y la civilización harapista se convirtió en un centro económico, involucrándose en actividades comerciales. Para el año 2300 a.C. la civilización harapista entró a su fase de madurez, con la aparición de otras ciudades –importantes y no tanto- alrededor del valle del Indo y más allá. Otra ciudad comparable con Harappa fue Mohenjo-Daro, que también era grande y bien planeada, probablemente tenía 50.000 habitantes en la cúspide de su desarrollo.
La civilización harapista es notable por dos cosas. La primera es que los harapistas construyeron su civilización desde el suelo. La madera para la construcción y piedras no son abundantes en esa parte del mundo. Por ello, los harapistas desarrollaron una técnica de hornear los ladrillos a temperaturas altas. Estos ladrillos tenían un tamaño y forma uniformes y se utilizaban en todos lados. Los ladrillos horneados eran más resistentes que los ladrillos cocidos al sol que los mesopotámicos utilizaban, y esto permitió a los harapistas construir grandes ciudades y obras en los ríos. Aquí subyace la principal razón de porqué los seres humanos se olvidaron de los harapistas: los ladrillos no eran tan resistentes como para durar para siempre lo que significó que casi nada de las ciudades quedara. Además, lo que duró estaba diez metros bajo tierra. No obstante, los arqueólogos han excavado docenas de asentamientos y la foto que surgió es única en muchas formas.
Esto me lleva al segundo aspecto fascinante de la vida en Harappa: la increíble estandarización y uniformidad que la definió. Las ciudades harapistas se ubicaban en un eje norte-sur en donde las calles eran dos veces más grandes que las banquetas y las calles principales eran dos veces más grandes que las calles regulares. Estas ciudades también estaban “zonificadas”. En contraste con la desorganización de muchas otras ciudades antiguas, las ciudades de Harappa tenían zonas comerciales y residenciales así como una ciudadela separada en la que se construyeron defensas y grandes edificios públicos. Además, las ciudades de Harappa tenían grandes sistemas de drenaje, teniendo algunas calles baño en cada casa. Las herramientas y utensilios también eran uniformes, construidos de acuerdo a ciertos estándares que habían sido establecidos por una autoridad central.
Harappa también tenía un sistema uniforme de pesos y medidas que ayudaban al movimiento de bienes por todo el imperio, y había una moneda común de la cual sobreviven varios ejemplares. Debemos recordad que los harapistas hicieron esto en un área mucho más grande que Egipto o Mesopotamia.
Las ventajas de la civilización de Harappa la convirtieron en una potencia económica fuerte no sólo en el Océano Índico pero también en el Mediterráneo y en el Golfo Pérsico. Los registros sumerios del tiempo de Sargón I mencionan el comercio con Meluhha, que muchos académicos creen que se refiere a Harappa. Otra evidencia interna indica un gran comercio. Los arqueólogos han descubierto miles de sellos que los harapistas utilizaban para finiquitar transacciones económicas. Estos sellos indican que la sociedad harapista estaba centralmente organizada con algún tipo de autoridad política controlando los aspectos básicos de la vida económica, aunque no queda claro cómo funcionaban estos controles.
El poder económico y el control central de la civilización harapista hacen que su declive y desaparición sean desconcertantes. Por razones que los historiadores no comprenden, la civilización de Harappa se colapsó en algún momento alrededor del año 1750. Sus ciudades fueron abandonadas y quemadas de tal forma que los restos de la existencia de Harappa desaparecieron. Hay un pedazo de tentativa evidencia en un apéndice de los primeros Vedas, el Satapatha Brahmana, donde el poeta ario habla de una gran inundación:
Cuando Manu estaba lavando sus manos una mañana, un pequeño pez llegó a sus manos junto con el agua. El pez rogaba por protección al decirle a Manu: Rear me. Yo te salvaré. La razón era que el pequeño pez era propenso a ser devorado por peces más grandes y requería de protección hasta que creciera. Pidió vivir en una jarra y después, cuando creció, en una charca y finalmente en el mar. Manu actuó de esta manera. [Un día] el pez previno a Manu de una inundación futura y le aconsejó que preparara un barco y entró en él cuando vino la inundación. La inundación surgió en el momento predicho y Manu entró en el barco. El pescado entonces nadó hasta él y ató una cuerda del barco a su cuerno y pasó rápidamente por la montaña del norte. Ahí Manu fue dirigido para que subiera a la montaña después de asegurar la nave a un árbol, y desembarcó sólo después de que el agua bajó. De acuerdo con esto, gradualmente descendió y por tanto la pendiente de la montaña norte se llama Manoravataranam o el descenso de Manu. Las aguas disminuyeron los tres cielos y sólo Manu se salvó.
Esta historia se parece mucho a la historia de la gran inundación que hemos visto en la Epopeya de Gilgamesh, pero no necesariamente provino de Mesopotamia. Las inundaciones son comunes en la India durante la época de los monzones por lo que una historia sobre inundaciones es muy común. La evidencia arqueológica señala que sí hubo algún tipo de inundación después de 1750 A.C. y esta historia fue escrita después de que la civilización de Harappa ya hubiera muerto. Puede ser que esta historia sobre la inundación fuera un eco del mundo que se había ido cuando el siguiente pueblo llegó a la India.

El urbanismo de Mohenjo-Daro
Lo primero que llama poderosamente la atención al visitante de Mohenjo-Daro es la monumentalidad del urbanismo, bien patente ya desde la entrada a la ciudad.



Impresionan la altura de los edificios, todos ellos construidos de ladrillos, sin decoración ni ventanas, su uniformidad y su extensión. Los muros de las casas están fabricados de ladrillos colocados en hileras, alternando a soga y tizón. Ladrillos sin cocer cimentaban las terrazas y, quizás, se usaban también en las partes superiores de las paredes. Los ladrillos cocidos se colocaban frecuentemente sobre un mortero bituminoso en los muros. Mohenjo-Daro y Harappa contaron con albañiles que conocían bien la técnica de construcción. En lo referente a las técnicas arquitectónicas, no pasaron del arco de ménsula, que se empleaba en las puertas de casas -de 1 m de ancho aproximadamente-, en los boquetes de ventilación y en las cloacas. Los tejados eran planos y se apoyaban en una columna de madera. Los constructores de Mohenjo-Daro no usaban la bóveda, ni la cúpula, ni el arco. De esta arquitectura no pervivió nada.


Casa de dos pisos

Las casas eran de varios pisos y se subía a los superiores por escaleras. El sistema de alcantarillado era muy perfecto, hasta el punto de que sorprende tan alta perfección en el sistema de desagüe en fechas tan tempranas.
Las casas están divididas en insulae limitadas por las calles, al modo del urbanismo romano. Aún hoy, el visitante se siente anonadado ante unos lienzos de pared de considerable altura, sin ninguna abertura al exterior. Las puertas suelen dar a las calles laterales. El interior de las calles está, de este modo, aislado totalmente del exterior.
Las habitaciones presentan una cierta uniformidad, que M. Taddei atribuye a la existencia de una clase, bastante numerosa, de lo que cabría denominar 'burguesía media de comerciantes'. Algunas habitaciones son más modestas, y debieron ser las viviendas del personal de categoría social inferior. Las casas tenían varias habitaciones dispuestas alrededor de un patio central y solían tener baño.
La ciudad se divide en dos grandes zonas. Una dedicada a viviendas, donde se asentaban los barrios cuadriculados de los artesanos, con una extensión de 1,5 km. de lado.
Entre los edificios sobresalen unos grandes graneros, construidos de madera, apoyados en gigantescas basas de ladrillo. Grahan Clark opina que estos grandes graneros '... simbolizan de forma monumental el aspecto redistributivo de esta sociedad, aspecto que iba unido al elevado grado de especialización, que era parte indispensable del proceso de urbanización'. 


Plano de ciudad de cuadrícula
L
En la acrópolis de Mohenjo-Daro destaca la ciudadela, lugar destinado a los edificios públicos. La planificación de las calles está magníficamente lograda y se adelanta más de 1500 años a los urbanistas griegos. En general son estrechas, como convenía a una región muy calurosa.

Sistema de drenaje

No hay en Mohenjo-Daro ningún edificio que, por su aspecto o planta, pueda ser considerado templo, palacio real o tumba real. Tampoco hay símbolos que indiquen la existencia de estos edificios. Todos los muros son iguales. En opinión de Woolley, las construcciones de Mohenjo-Daro, '... indican, más que una vivienda o un templo, el marco para alguna clase de complicado ritual que pudo ser real o religioso'.



Los únicos edificios que destacan por su utilización, son las defensas, los graneros y los baños, con grandes piscinas -en el interior de la ciudadela se construyó también una gran piscina, con posible finalidad religiosa-.

Mide 12 x 7 m, su profundidad es de 2,4 m y tiene una capacidad de 160 m3. Sus muros están formados por dos capas de ladrillo, separadas por una capa impermeabilizante de betún, de 3 cm. 

El «gran baño» de Mohenjo-Daro


Harappa

Actualmente Harappa, a diferencia de Mohenjo-Daro, se encuentra muy destruida, debido al robo de los ladrillos, por lo que da una impresión muy pobre al que recorre sus ruinas. Estaba asentada en la fértil ribera del río Ravi. Al igual que Mohenjo-Daro, tenía una ciudadela fortificada, asiento probablemente de una administración muy centralizada. Había también un barrio de artesanos, con suelo de ladrillos, graneros, talleres y panaderías. Se han localizado más de 75 aldeas desplegadas en el espacio comprendido entre la costa y las estribaciones de las colonias del norte, seguramente habitadas por campesinos. Esta dispersión de hábitat perteneciente a una misma cultura, excede a la que se conoce en las civilizaciones contemporáneas de Irán, de Mesopotamia y de Egipto.
Harappa se subdividía en dos zonas: la ciudadela, situada hacia el oeste, y el resto de las urbanizaciones de la parte baja. La ciudadela tenía planta de paralelogramo. Entre la ciudadela y el río se asentaba un número importante de construcciones. Al sur de la ciudadela se encontraban los cementerios, denominados R 37 y cementerio H. La ciudadela, dotada de excelentes desagües, estaba rodeada por una muralla y los edificios se levantaron sobre una plataforma. Ha dado seis niveles de ocupación. Tenía torres de vigilancia de planta rectangular y se accedía a la entrada mediante una rampa.
Al norte se levantaron grupos importante de construcciones. Hacia el sur, próximo a la ciudadela, se encontraba el barrio de los artesanos, formado por dos hileras de casas de planta rectangular. Cada casa tenía tres habitaciones, dispuestas alrededor de un pequeño patio. Hacia el lado oeste del barrio de los obreros se descubrieron, alineados, 16 hornos de forma de pera, que aún conservan restos de ladrillos vitrificados.

Al norte del barrio de los artesanos se excavaron 18 plataformas circulares formadas por anillos dispuestos alrededor de un hueco central, que contenían un mortero de madera para triturar el grano. Restos de paja de trigo y de cebada indican claramente que, en la economía de esta Cultura del Valle del Indo, la agricultura desempeña un papel importante.
Los suelos de las casas eran de madera. Las habitaciones estaban dispuestas alrededor de un atrio. La impresión que dan al visitante las casas es que eran confortables y bien planeadas. La mayoría de las viviendas eran de dos pisos y tenían baño, al igual que en Mohenjo-Daro.
El urbanismo, en suma, respondía a una planificación muy estudiada.

Forma de gobierno: monarquía, aristocracia
El excavador de Ur, L. Woolley, opina que, al igual que en Mesopotamia y Egipto, la monarquía fue la forma de gobierno de estas dos ciudades, pero de la que se ignora todo: si el monarca fue sacerdote, un dios o un simple rey. Las casas de Mohenjo-Daro indican la existencia de una rica aristocracia interesada en las tareas de gobierno.

Religión
Algunos autores han sugerido, en vista que no haberse encontrado en Mohenjo-Daro ningún edificio susceptible de ser un Palacio, que la ciudad estaba gobernada por una aristocracia o, en todo caso,  por el gobernador de otra ciudad mas importante, como podría ser Harappa. Los  trabajos de interpretación  de las escrituras y signos proto-indios, realizados por Enrique Heras  en “The religion of Mohenjo-Daro people according to the inscriptions”,  y de cuya exactitud y validez ya no es posible dudar,  nos ha abierto un amplio campo de investigación que nos permite estudiar muchos de los aspectos ésta cultura del Valle de Indo. Del examen de las inscripciones se desprende que Monhenjo-Daro, parece ser,  estaba gobernada por un supremo sacerdote como representante de la divinidad en la Tierra. Debido a ello,  los títulos que adoptará estarán íntimamente ligados con la religión, por lo que creemos necesario, antes de entrar su estudio, hacer un breve resumen de los principales dogmas religiosos, así como de las formas  y distintos nombres  tomados por el  dios principal proto-índico.

Estatuilla de sacerdote. Mohenjo-Daro. Aparece con el moño sacerdotal y una túnica de tréboles.

La religión era, en sus conceptos principales, la misma entre las diferentes tribus o nomos y de los que sabemos tenían cada uno como emblema un animal o símbolo totémico, si bien  aparecen algunos localismos  a similitud de las ciudades del Antiguo Oriente Próximo. Las divinidades principales,  y que se constituían en una tríada,  eran los dioses Ā (1,13), Ā-il (2,5) y la diosa Amma (1,12), – posibles prototipos de Shiva, Subrahamanya y Pārvati de las religiones hinduístas según Jorge Quintana. Aunque, desde mi humilde opinión, también tiene relación con la tríada suprema sumeria: An, En.il y Ki, como “El Señor (Sol)”,  El “Señor del Viento” y la “Madre Tierra”.  No en vano Āṇ-il o Vāyu  es el “Dios del Viento” y Amma representa a la “Madre” en la mitología védica – y que  nos son presentados en una inscripción muy importante, “Uda mūn per kaḍavuḷ-adu kalak uir” (1)“La vida unida de los tres grandes dioses juntos”. De las tres principales personalidades deíticas, “mūn per kaḍavuḷ”, Ā era el mas importante,  “Kovil ella kaḍavuḷ-adu Āṇ” (2), “Ā de todos los dioses del Templo”. “Ā”  como vocablo que abarca la idea de superioridad y de subsistencia por si mismo y que era identificado también con el Sol, “Uyarel ire per kaḍavuḷ” (3)  “El gran dios que es el alto Sol”. Ésta identificación es primordial para comprender la idiosincrasia de ésta religión, pues el Sol al recorrer las ocho constelaciones/periodos del calendario proto-indio, tomaba en cada mes la personificación en correspondencia. Así, los meses/periodos  eran “Eḍu“, el carnero, y con el que empezaba el año; “Yāl”, el arpa; “Naṇḍ” (6,4), el cangrejo; “Amma” (1,12), la madre; “Tūk” (1,3), la balanza; “Kaṇi” (4,8), la saeta; “Kuda” (19,8), el jarro; y “Mīn” (4,10), el pez. Como consecuencia de su identificación con cada uno de los ocho meses/periodos del año, se daba al dios Ā  el nombre de “El dios de la ocho formas”, “eṭ kaḍavul” y así nos relata el texto: “Adu tali per mīn oriḍa eṭ kaḍavul” (4) , “Este,  el dios de la ocho formas, el gran pez, al que se le hacen aspersiones (adoraciones)”

(1) “Uda mūn per kaḍavuḷ-adu kalak uir”

(2) “Kovil ella kaḍavuḷ-adu Āṇ”

(3) “Uyarel ire per kaḍavuḷ”

Según J. Quintana, ésta ultima inscripción es difícil de traducir literalmente, como lo es, en general, todo texto dravídico debido a su sintaxis – Aquí  J. Quintana nos propone  que en contraposición a otras teorías, la lengua utilizada del Valle del Indo corresponde a una lengua dravídica –. La palabra “kaḍavuḷ“,  “dios”, como sujeto de la oración, está precedida de un numeral, “eṭ”, “ocho”,  que actúa como un adjetivo calificativo, por lo que debe  traducirse como “El ocho dios”. “Per mīn“, “el gran pez”, está calificado por el adjetivo “tali”, siendo, por tanto, su traducción literal “el aspérgido gran dios”. 

(4) “Adu tali per mīn oriḍa eṭ kaḍavuḷ”

El topónimo “Mohenjo-Daro” es una nomenclatura moderna proveniente  del  dialecto sindhi y viene a significar “La Ciudad de los Muertos”,  no coincidiendo en ningún momento con  su  primitivo nombre, así como tampoco con el de la región donde se sitúa en la actual denominación. El país a orillas del Indo  era denominado con el nombre de “Mīnāḍ” (4,13), – “nāḍ” que significa “reino” y “mīn” que significa “pez” – , y sus habitantes como los “mīnair” (4,11), en plural o “mīnan” (5,3), en singular –  “Mīnair ”que se compone de símbolos “mīn” y “an”. Éste último como determinativo de personalidad o lo que es lo mismo: “Los de el pez”, junto con “ir” como plural –  y cuyo “tótem” parece ser que  fue el unicornio – En un sello de la época aparece un hombre que porta un estandarte  y donde figura en su parte superior el citado animal mitológico –. Éstos posibles antropónimos vienen corroborados por el nombre que los arios dieron a este pueblo y al que llamaron en indoeuropeo, “matsyas”,  “los peces”.  
Sello de Mohenjo-Daro/Naṇḍūr conocido como “El ritual del sacrificio”. Aparece, de izquierda a derecha, el dios supremo Āṇ sobre un árbol “Pipal” coronado por  el moño sacerdotal  y su símbolo del tridente; un sacerdote postrado y a continuación el símbolo del dios como “Señor de las ocho partes del año”: “El carnero-pez” 
La capital del “País de Mīnāḍ” era conocida como “Naṇḍūr” o “Ciudad del Cangrejo” y que estaba dedicada al dios Āṇ en la forma que tomaba en  la “octava casa” del calendario. Sus habitantes eran conocidos como “naṇḍor” (14,8) o “naṇḍūrir”, es decir “Los del cangrejo” o “Los de Nandor”. En la capital, el dios supremo Āṇ era adorado bajo la forma combinada del carnero y del pez,  primero y último signo del calendario, y que era una manera de reconocer el paso del dios por las ocho casas del firmamento. Ésta forma combinada de la divinidad Āṇ aparece relatada en un sello como “Nila Naṇḍūr eḍu mīn-adu Āṇ val”, ” Āṇ del carnero y del pez de Naṇḍūr que posee tierras, que esté contento”, aunque también aparece con éste significado en otras inscripciones como “Edu etru uyarel ir ār ire per kaḍavuḷ“, “El gran dios que tiene dos formas del gran Sol de las ocho partes del año” o “Edu etru uyarel ir ār et per kaḍavuḷ-adu“, “El gran dios de ocho formas, dos formas del alto Sol de las ocho partes del año”. 
El dirigente principal de Mīnāḍ,  que residía en Naṇḍūr, tenía dos clases de títulos: Unos que podríamos denominar como jerárquicos y que se refieren a su situación a la cabeza de la comunidad y otros de carácter religioso que indicaban su calidad como vicario de la divinidad en la Tierra.  Uno de los títulos que indicaban su jerarquía en el país, siendo el más frecuente, es el de “Kōn”(12,7) y que vienen literalmente a significar “El que tiene poder”/”El que domina”. Dice el texto: “ūr-il ire mīn mīnan kōn-adu”, “Del gobernante de los ilustres mīnan que esta en el país”. El título de gobernante  era llevado también por el regente de Vēlūr, ciudad dedicada al símbolo del poder de Āṇ,  el tridente, “vēl“. Los Vēlūr pertenecían también a la estirpe de los Mînan, si bien éstos  habitaban más al Sur. Del gobernante de Vēlūr nos habla la siguiente inscripción: “Il-il ire mīn Vēlūr kōn”, “El regente de la ilustre Vēlūr que ésta en la casa (templo)”.  Otro título que se daba al regente de Nandūr era el de “Taltalālva“, traducido como “El muy ilustre gobernador”, compuesto de la raíz “ālva“, gobernar, calificada por el adjetivo “tal”, ilustre, repetido dos veces. Nos dice otro texto, “Cuni sere taltalālva“, “El muy ilustre gobernador del falo” y que  nos habla de la introducción de un culto  al miembro viril de hombre como energía vital. Culto que, suponemos fue introducido por tal gobernador entre los Mīnan y que tuvo gran aceptación en Mohenjo-Daro – Hecho que  se corrobora con el hallazgo de gran número de “lingas” encontrados en dicha población -.  Hay otro título frecuente en las inscripciones y que era llevado por el regente de  Mīnāḍ,  nos habla de “Mīnan adu udayan”, “El guía de los mūnan”. Vocablo “Udayan” (15,10) que viene a significar literalmente “el que dirige” o “el que guía” y que proviene de la raíz “uda” (15,8). dirigir/guiar o conducir, ” Il-il ire mīnan-adu udayan”, “el guía de los mīnan que está en la casa” . También, y con respecto a la regencia,  se tiene conocimiento de un título de parera del regente con la denominación de “Kopen” (13,10). De una de éstas esposas del gobernante nos aparece un texto que dice “Kopen ten-adu nalvid”, “Muchas casas de la plantación de palmeras de la esposa del gobernante” y donde el término “ten” significa “palmera”.

Los títulos religiosos son los que nos muestran la posición del gobernante con respecto a la divinidad y  de la que ha recibido su gobierno. Hemos visto que Ān era el dios supremo de los proto-indios y que la ciudad de Nandûr estaba dedicada al cangrejo, una de sus ocho formas. El título religioso mas importante del rey de Nandûr era “Naṇḍ ulavan” (4,4 + 6,4) o “Naṇḍ-il ulavan” (4,4 + 14,6).  En la segunda frase,  la palabra “naṇḍ-il” es el genitivo de “naṇḍ“(6,4), “país” con la terminación “il”, en cambio, en el primer caso se usa el genitivo directo –  Tiene una utilización  similar análogo al genitivo directo egipcio, si bien aquí el/lo regido precede al regidor -. El término “Ulavan” (4,4)  significa “hacendado”, o bien “arrendatario”, en definitiva, “el que tiene derecho a cultivar la tierra” y que viene dado por la idea de quien ha recibido de otra persona, en este caso el dios, la prerrogativa de cultivar la tierra. La traducción de “naṇḍ-il ulavan”  sería entonces “El arrendatario del cangrejo/país”, indicando que al gobernante como representante y administrador de los bienes divinos.  Siendo el regente el apoderado del dios, es probable que residiera en el Templo. Aunque,  como hemos dicho anteriormente, no se ha encontrado en Mohenjo-Daro construcción que pudiera asumir el papel de Palacio o Templo, se sabe que bajo el túmulo sobre el que están edificados la “estupa” y el templo budista, existen los restos de una edificación construida sobre una colina artificial y que con todo posibilidad debería corresponder con el templo de la ciudad (E Mackay, 1936). Hecho que concuerda con la experiencia  que multitud de “lugares santos” para una religión lo serán posteriormente ser para otrasLa circunstancia de no haber encontrado otra edificación que pueda considerarse como Templo o Palacio parece dirigirnos a la idea de la existencia de un único centro de gobierno que sería la “Casa de la Divinidad”.  Como rúbrica a ésta teoría, hemos de considerar la etimología de la palabra “templo” en proto-indio, “kōvil“,  compuesto de  raíz “kō“(1,8), regencia e “il”, (23,3) casa  – la “v” es eufónica –   y que viene a significar “La Casa de la Regencia” – palabra que era  utilizada en lengua tamil, si bien ha sido sustituida por el término “Irâça” –  El vocablo “il”  pudiera tener relación con la alocución “il-il ire”, “que está en la casa”construcción de participio con funciones adjetivales muy frecuente en las lenguas dravídicas, y donde la palabra “il” , cuando la alocución hace referencia a un dios,  puede traducirse como “templo”. Un ejemplo sería: “Il-il ire mîn per kadavul-adu Ān”, “El ser supremo, el gran dios de la estrellas, ésta en el Templo”, cabiendo la posibilidad de tomar igual significancia en el caso que el sujeto fuera  el regente, como era el caso del texto traducido anteriormente.

(5) “Or-il tirpir ire mîn nand-il ulavan”

Las traducciones que incluyen la alocución “naṇḍ-il ulavan” son variadas, aunque aquí vamos a destacar el  texto: “Or-il tirpir iremīn naṇḍ-il ulavan(5), “El ilustre hacendado del Cangrejo que posee los decretos del que es uno (el dios)”. Al decir que el gobernante posee los decretos de la divinidad, se ve aún más claramente el concepto teocrático del “País de Nandûr”. Estos decretos o disposiciones  pudieran perfectamente referirse a la llevanza de los “asuntos mundanos” del dios, los cuales eran transmitidos a su vicario en la Tierra y de los que se posee alguna información. Sabemos que existieron tres disposiciones, “Mūn naṇḍal tirpir”,  a cerca del “Naṇḍal” o festividad que se celebraba al terminar la recolección de la cosecha. En éstos decretos es posible que se indicara las partes de la cosecha que correspondían a la regencia, ya que textos en referencia a Vēlūr nos indican con seguridad que dos cuartas partes de la cosecha correspondían al Templo.(E. Heras). Un gobernante denominado  Mīna impuso una contribución sobre la pesca, y a esta disposición hace referencia una inscripción que habla de “Mīnan mīntirpu“, “El decreto sobre el pescado de Mīna” (Ilustrated London News, 1924). También se pagaba al regente una contribución sobre la tierras denominada “ade” que era reclamada por unos funcionarios llamados “adekan” (13,2), “…adekan ire ir mīnir(6) “…dos mīnan que son adekan” (Mackay, 1936)


(6) “…adekan ire ir mīnir”

El segundo de los  títulos religiosos del gobernante de  Naṇḍūr era “Mīnavan” (17,14 + 4,10)  que viene a significar “El del pez” o  “El devoto del pez”. El “Pez” era el último mes del calendario de Monhenjo-Daro, indicando al regente como adorador, en combinación con el “carnero” de la personificación del dios supremo Ān bajo aquella forma. Se dispone un texto que narra “Parava nila ir  mīn Mīnavan Mūnkan (7)“El de los tres ojos de Mînavan de los dos peces de la Luna de los Parava” . “Mūnkan“, “El de tres ojos”,  es uno de los nombres del dios Ān y que se cita en numerosas inscripciones.  Según la tradición shaivita, de época posterior,  dios reconoció  que dos ojos no le eran suficientes para ver, y desde entonces tuvo tres. Los “Pavaran de la Luna” constituían una de las dos ramas que se dividía una tribu, siendo estos nomos una subdivisión de los Mînan, denominados “Paravas del Sol” y “Paravas de la Luna”  – los descendientes de éstos últimos viven aún en Fishery Coast, y, según su tradición, descienden de la Luna –. Los dos peces a lo que se refiere el relato corresponden a un “lañchana” o divisa heráldica de Mînâd. Como posible corroboración a éstas hipótesis, E. Heras  alude a que los reyes Pândyas de Madura, llevaban, hecho conocido desde el siglo I d.C., el título de “Mînavan” y que su lañchana eran dos peces – peces que se encuentran en todos los templos del Sur de la India construidos por los Pândyas, así como en sus monedas, etc –  Además, y según la tradición conservada en el Mahabharata, los reyes Pândyas procedían del Norte de la India, siendo tal dinastía los “señores naturales” de los Paravas de Fishery Coast. 

(7) “Parava nila ir mîn Mînavan Mûnkan”

Anexo: Como muestra y referencia a algunos símbolos proto-indios reflejados en el texto, utilizaremos la siguiente tabla y que proviene de los fondos de la Promotora Española de Lingüistica (PROEL). Para ubicar su referencia utilizaremos dos numerales, un primero para la fila y un segundo para su posición en dicha fila. Tal que (0,0) = blanco.

Arte
Entre la estatuaria que ha dado Harappa destaca un cuerpo desnudo de varón tallado en piedra roja, con un buen estudio anatómico. Los brazos estaban hechos aparte y ensamblados al cuerpo.
Harappa ha proporcionado un gran número de terracotas de damas desnudas, con los senos bien marcados, señalando que se trata, muy probablemente, de imágenes de la Gran Diosa Madre de la fecundidad, muy propia de culturas con base económica agrícola y ganadera, como las diosas madres de V y IV milenio de Tell Halaf o de Tell Brak, o la diosa entre animales de Çatal Hüyük. Se distinguen por un sofisticado tocado, o por su ampuloso peinado. Ciñen al cuello unos anchos collares con colgantes de lengüeta. Las bocas son alargadas y de labios pronunciados. La nariz es picuda y los ojos son unos pegotes de pasta. Representan a la misma diosa documentada en Mesopotamia y Egipto.
Abundan las representaciones de diversos animales mamíferos, aves y reptiles, de pequeño tamaño. También conservan pesas de telar, que prueba que los habitantes de la Cultura del Valle del Indo fabricaban sus vestidos de algodón, con un sistema muy perfeccionado. 

Entre las terracotas de Harappa atrae la atención un carro tirado por toros, de caja abarquillada y ruedas macizas, como era frecuente en otras culturas -Agrab- en la primera mitad del III milenio antes de Cristo.

Maqueta de un carrito con los bueyes de terracota. Museo de Mohenjo-Daro.



La joyería era variada. Los anillos estaban fabricados en cobre o bronce. Había también brazaletes collares de terracota. Igualmente, como materiales nobles, se usaban el oro, el marfil, la coralina y la concha. 

A mil kilómetros  al norte del Indo se fundó el asentamiento de Shortugai, que permitía a Harappa controlar el lapislázuli obtenido en Badakhshan (Afganistán). En la ilustración, mercaderes del norte aguardan para mostrar turquesas y lapislázuli a un comerciante de Harappa que pesa cuentas para hacer collares y brazaletes, una de las principales exportaciones a Mesopotamia. El comercio descansaba en el trueque, ya que la civilización del Indo carecía de moneda.

Sellos
Los sellos cilíndricos son "objetos pequeños de piedra en forma de barril con un agujero en el centro, enrollados sobre arcilla cuando están suaves para indicar la propiedad o para autenticar un documento ... usados ​​principalmente en Mesopotamia desde finales del 4 ° al 1 ° milenio a.C.


Impresión de un sello cilíndrico Harappan de Kalibangan (K-65). "Dos guerreros, que se distinguen por el pelo usado en un moño dividido en la parte posterior de la cabeza, se atan entre sí, mientras que ambos están siendo sostenidos por la mano por una diosa que lleva un tocado con un colgante largo (comparable al unos decorados con conchas de cowry y turquesa que usan las mujeres de Ladakh y Chitral), brazaletes en los brazos y una falda. Junto a la escena de combate (donde el espacio parece haber impedido la representación de esos detalles), su cuerpo se funde con la del tigre (más tarde la diosa hindú de la guerra) y su tocado está elaborado con cuernos de animales y una rama de árbol ", escribe Asko Parpola en Deciphering the Indus Script, p. 253.

Impresión de un sello cilíndrico Harappan de

Kalibangan
 

Dholavira es un sitio arqueológico en el taluka Bhachau (distrito de Kach), en el estado de Guyarat, en el noroeste de la India. Tomó su nombre de un pueblo moderno que se encuentra a 1 km al sur del sitio. El sitio de Dholavira ―conocido localmente como Kotada Timba― contiene ruinas de una antigua ciudad de la cultura del valle del Indo (que incluye a Moenshodaro y Harappa). Es uno de los sitios arqueológicos más grandes e importantes en la India pertenecientes a la civilización del valle del Indo. Se encuentra en la isla Khadir Bet, en el Santuario de Vida Silvestre del Desierto de Kach en el Gran Rann de Kach. En la temporada del monzón, el sitio queda rodeado por el agua.
El sitio fue ocupado desde el 2650 a. C. aproximadamente. Después del 2100 a. C. la población fue disminuyendo lentamente hasta abandonar completamente el sitio. Hacia el 1450 a. C. fue reocupado brevemente.
El sitio fue redescubierto en 1967 por J. P. Joshi y es el quinto sitio harappense en el subcontinente indio. Desde 1990 ha sido objeto de excavaciones casi continuas por el Archaeological Survey of India. Ya se han descubierto ocho grandes centros urbanos de esta misma civilización: Harappa, MoenshoDaro, Ganeriwala, Rakhigarhi, Kalibangan, Rupar, Dholavira y Lothal.
El antiguo sitio de Dholavira estaba flanqueado por dos arroyos de agua de lluvia, el Mansar (al norte) y el Manhar (al sur). La excavación se inició en 1989 por el Archaeological Survey of India, bajo la dirección de R. S. Bisht. Las excavaciones sacaron a la luz una arquitectura y planificación urbana sofisticadas, y descubrió una gran cantidad de objetos antiguos tales como sellos, cuentas, huesos de animales, oro, plata, adornos de cerámica y vasos vinculados a Mesopotamia. Los arqueólogos creen que Dholavira fue un importante centro del comercio entre el occidente de Asia y los asentamientos en el sur (Guyarat, Panyab y Sindh).
Se estima que es más antigua que el puerto de la ciudad de Lothal, la ciudad de Dholavira tiene forma rectangular y se extiende sobre 100 hectáreas. El área mide 771 metros de longitud, y 617 metros de ancho. Como Jarapa y Mohensho-Daro, la ciudad se compone de un plan geométrico preexistente, con tres divisiones: la ciudadela, la ciudad media y la ciudad baja. La acrópolis y el centro de la ciudad poseían su propia defensa, pasarelas, zonas edificadas, sistema de calles, pozos de agua y grandes espacios abiertos. La acrópolis es la zona mejor conservada, se trata de un complejo imponente y ocupa la mayor parte de la zona suroeste. El imponente "castillo" se alza majestuoso, defendido por murallas dobles. A su lado se encuentra un lugar llamado «patio», donde vivían los funcionarios importantes. La ciudad dentro de la fortaleza ocupa 48 hectáreas. Más allá de la muralla se ha encontrado otro asentamiento. La característica más llamativa de la ciudad es que todos los edificios, al menos en su actual estado de conservación, están construidos de piedra, mientras que la mayoría de los sitios de la cultura de Harapa, incluyendo las propias Harapa y Mohensho-Daro en sí, son casi exclusivamente construidas de ladrillo. 
Una de las características únicas de Dholavira es su sofisticado sistema de conservación de agua, con canales y embalses, el más antiguo encontrado en cualquier parte del mundo y construido totalmente en piedra, de los cuales tres están expuestos al aire libre. Fueron utilizados para almacenar el agua fresca traída por las lluvias o para almacenar el agua desviada de un riachuelo cercano. Esto probablemente se produjo en consecuencia del clima desértico y las condiciones de Kutch, en donde pueden pasar varios años sin lluvia.
Durante la etapa III de su desarrollo, los habitantes de Dholavira crearon dieciséis o más depósitos de tamaño variable. Algunos de estos se aprovecharon de la pendiente del terreno en el gran asentamiento, una caída de 13 m desde el noreste al noroeste. Se excavaron otros embalses, algunos en la roca viva. Trabajos recientes han puesto de manifiesto dos grandes embalses, uno al este del castillo y una hacia el sur, cerca del Anexo.
Los embalses están cortados verticalmente en la piedra. Tienen unos 7 metros de profundidad y 79 metros de largo. Los depósitos bordeaban la ciudad, mientras que la ciudadela y el baño se encontraban en un terreno elevado​ y de gran tamaño con un canal de piedra de corte para conectar el drenaje destinado a dirigir el agua a un tanque de almacenamiento que también se ha encontrado. ​ El estanque para baño tenía escalones para descender al interior.


Otras edificaciones y objetos
Se encontró una enorme edificación circular, que se cree seria una tumba o monumento. Sin embargo, dentro no se encontraron esqueletos o restos humanos. La edificación circular está construida con diez paredes radiales de ladrillos de barro en forma de rueda de radios. ​ En el pasillo de la puerta oriental se encontró una escultura de arenisca de un varón con el pene erecto, pero sin pies ni cabeza. Se encontraron muchas de estructuras funerarias, pero todas ―excepto una― carecían de esqueletos. También se hallaron muchas piezas de cerámica, sellos de barro, pulseras, anillos, collares y grabados calcográficos. 

Lothal fue una de las ciudades más importantes de la antigua civilización del valle del Indo. Situada en el moderno estado de Guyarat, data del 2400 a. C., hoy es uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes de la India. Descubierta en 1954, Lothal fue excavada entre el 13 de febrero de 1955 y el 19 de mayo de 1960 por el ASI (Archaeological Survey of India: Servicio Arqueológico de la India).
La dársena de Lothal es la más antigua del mundo, conectaba la ciudad a un antiguo curso del río Sabarmati, integrado en la ruta comercial entre la ciudad de Harappa en la región de Sind y la península de Kathiawar donde el desierto que ahora rodea la zona de Kachchh, en la antigüedad fue una parte del mar Arábigo. Fue un próspero y vital centro comercial en la antigüedad, traficaban con perlas, metales, piedras preciosas y semipreciosas y valiosos adornos que llegaban a los rincones más alejados del Extremo Oriente y África. Los habitantes de Lothal hicieron las primeras representaciones artísticas realistas en el arte y en la escultura, habiendo creado algunas de las fábulas más conocidas hoy en día en la India. Utilizaron la brújula con un caparazón, con 8 o 12 divisiones del horizonte, y posiblemente fueron pioneros en el estudio de las estrellas y su uso en la navegación 2000 años antes que los griegos. Sus técnicas metalúrgicas les han sobrevivido y se han utilizado durante más de 4000 años.
Lothal está situada cerca de la aldea de Saragwala que pertenece al Taluka de Dholka en el distrito de Ahmedabad. Se encuentra a seis kilómetros al sudeste de la estación de tren Lothal-Bhurkhi de la línea de ferrocarril Ahmedabad-Bhavnagar. También está enlazada por carretera, transitable todo el año, con las ciudades de Ahmedabad, a 85 km, Bhavnagar, Rajkot y Dholka. Las ciudades más próximas son Dholka y Bagodara. Las excavaciones se reanudaron en 1961, los arqueólogos abrieron zanjas a lo largo de los flancos norte, este y oeste del montículo, sacando a la luz los canales de entrada a la dársena y los nullah ("barranco", o "cauce") que conectaban el muelle con el río. Los hallazgos principales son el propio montículo con restos arqueológicos, la ciudadela, la plaza del mercado y el muelle. Junto a las zonas excavadas se encuentra el Museo Arqueológico, donde algunos de los más importantes colecciones de antigüedades que se encuentran expuestas en la India.

El 15 de abril de 2014 los «Restos arqueológicos de una ciudad-puerto harappa, Lothal» fueron inscritos en la Lista Indicativa de la India —paso previo a ser declarado Patrimonio de la Humanidad—, en la categoría de bien cultural (nº. ref 5918).

En guyaratí, Lothal significa ‘colina de los muertos’. Tal denominación no es inusual, ya que el nombre de la ciudad de Mohenyo Daro, en sindhí significa lo mismo. La gente de los pueblos vecinos a Lothal conocía desde hacía mucho la existencia en esa zona de una antigua ciudad y de restos humanos. En fecha tan reciente como 1850, las embarcaciones podían navegar hasta la colina, y en 1942 se transportaba madera en embarcaciones por los canales que rodean la colina con restos arqueológicos, desde Bharuch hasta Saragwala. Un arroyo cenagoso que conecta el moderno Bholad con Lothal y Saragwala es lo que queda de un antiguo canal de Lothal. ​ Cuando la India se escindió en 1947, la mayoría de los yacimientos arqueológicos, incluyendo Mohenjodaro y Harappa, quedaron en territorio del estado de Pakistán. El Servicio Arqueológico de la India planificó un nuevo programa de exploración y excavación en muchos lugares de Guyarat. Entre 1954 y 1958, se excavó en más de 50 yacimientos de las penínsulas de Kutch y Saurashtra, lo que amplió los límites de la Cultura del valle del Indo en 500 kilómetros, descubriendo que llegaba hasta el río Kim, donde el yacimiento de Bhagatrav guarda el acceso al valle de los ríos Narmada y Tapti. Lothal está a 270 kilómetros de Mohenjodaro, ciudad que se encuentra en Sind. ​ También se ha especulado que, debido a las dimensiones relativamente pequeñas de la ciudad principal, Lothal no era un gran asentamiento, y que su "muelle" puede que fuese tan solo un gran estanque de riego. Sin embargo, la ASI y otros arqueólogos contemporáneos afirman que la ciudad estuvo integrada en una gran ruta comercial de tipo fluvial mantenida por los antiguos pueblos del territorio comprendido entre Sind y Saurashtra en Guyarat. En los enterramientos que se han encontrado de ese período, hay indicios de que esos pueblos era probablemente dravídicos, protoaustraloides o mediterráneos. Lothal ha proporcionado la mayor colección de antigüedades de la moderna arqueología de la India. Se trata esencialmente de un yacimiento perteneciente a una sola cultura, la de Harappa. En la zona se ha descubierto también la existencia de otra cultura, esta anterior a la de Harappa, la llamada cultura de la cerámica roja. En el yacimiento de Lothal se diferencian claramente dos sub períodos, los elementos descubiertos pertenecientes al comprendido entre el 2400 y el 1900 a. C. coinciden fielmente con la exuberante cultura de Harappa y Mohenjodaro.

Estructura de un baño-aseo de casas en Lothal

Después de que el núcleo central de la civilización del valle del Indo en Mohenjodaro y Harappa entrase en declive, Lothal aun permaneció próspera durante muchos años. No obstante, al final, las inundaciones, y las tormentas tropicales le causaron estragos de tal envergadura que originaron su destrucción y abandono. Ciertos estudios topográficos, han hallado indicios de que por la fecha del abandono y destrucción de Lothal, la región padeció una época de sequía y desertización por la escasez de lluvias monzónicas. Por lo tanto, la causa del abandono de la ciudad pudo haber sido debida a los cambios climáticos tanto como a los desastres naturales. Lothal se construyó sobre un montículo existente en una zona de marismas inundadas por las mareas. La teledetección y los estudios topográficos publicados por científicos indios en el Diario Oficial de Geofísica de la Unión India en 2004 puso de manifiesto un antiguo meandro próximo a Lothal, de unos 30 km de largo, era una extensión de un afluente del río Bhogavo. La existencia de pequeños canales de 10 a 300 m de ancho, sugieren, al compararlos con los existentes en los tramos inferiores que son de 1,2 a 1,6 km de ancho, que el agua de las mareas penetraba en la tierra hasta más allá de la ciudad. Este hecho implicó que los habitantes de Lothal tuviesen que abastecerse de agua potable aguas arriba del río. 
Antes de que se poblara la zona de Harappa (c. 2400 a. C.), Lothal era un pequeño pueblo junto al río que da acceso a la parte continental del golfo de Khambhat. Los pueblos indígenas mantenían una próspera economía, hecho acreditado por el descubrimiento de objetos de cobre, perlas y piedras semi-preciosas, y artículos de materiales cerámicos fabricados con arcilla fina y lisa, con superficies de color rojo micáceo. Descubrieron una nueva técnica de horneado de la cerámica, controlando en parte la oxidación–reducción, que mejoraba mucho el resultado, de ahí que a su cultura se la haya llamado la de la cerámica roja. Las gentes de Harappa fueron atraídas a Lothal por su puerto bien protegido, el buen arroz y algodón que se producían en la zona, y la creciente industria de fabricación de cuentas y adornos. Las cuentas y gemas de Lothal tenían una gran demanda en el oeste. Los colonos provenientes de Harappa vivían pacíficamente con el pueblo de la cerámica roja, y adoptaron el estilo de vida de los nativos, eso les llevó a que su comercio floreciera y el cambio de técnicas de trabajo hizo que terminasen fabricando productos de cerámica indígena con sus mismas formas.
Hacia el 2350 a. C., una devastadora inundación destruyó muchas aldeas y asentamientos de la civilización de la cerámica roja. Gentes de la civilización harappa que vivían en las proximidades, y otras provenientes de Sindh, aprovecharon la oportunidad para ampliar sus asentamientos y construir una ciudad según el modelo de las habituales en esa época en el valle del Indo.8​ Los planificadores de Lothal previeron el problema de las inundaciones construyendo sobre elevaciones. La ciudad se dividió en secciones, cada una era una plataforma de ladrillos secados al sol de 1 o 2 metros de altura, en cada sección se construyeron de 20 a 30 casas con paredes de ladrillo. La ciudad se dividió en dos partes, una ciudadela o acrópolis, y la ciudad baja. Los gobernantes de la ciudad vivían en la acrópolis, que incluía baños pavimentados, alcantarillado subterráneo y de superficie (construido con ladrillos endurecidos al horno) y un pozo de agua potable. La ciudad baja se subdividía en dos sectores, al norte y al sur de la calle comercial principal, flanqueada por las tiendas de los mercaderes ricos, los más ordinarios y los artesanos. El área residencial se encontraba a ambos lados del mercado. La ciudad baja fue ampliada periódicamente aprovechando los años de prosperidad de Lothal.
Los ingenieros que diseñaron Lothal, dieron una alta prioridad a la construcción de un astillero y un gran almacén que facilitase el comercio marítimo. Si bien la opinión de consenso entre los arqueólogos identifica esta estructura como un "astillero", también se ha sugerido que, debido a sus pequeñas dimensiones, esta especie de dársena podría haber sido una balsa de riego con sus correspondientes canales. ​ El dique fue construido en el flanco oriental de la ciudad, y es considerado por los arqueólogos como una hazaña de ingeniería del más alto nivel. Se encuentra fuera de la corriente principal del río para evitar la sedimentación, pero siempre permitía el acceso de los barcos incluso con marea alta. El almacén fue construido cerca de la acrópolis, tenía 3,5 metros de alto y se construyó con ladrillos de barro cocido. Dada su proximidad a la ciudadela, los gobernantes, de este modo podían supervisar simultáneamente la actividad en el muelle y en el almacén. Para facilitar el movimiento de mercancías, el muelle de adobe tenía 220 metros de longitud y estaba construido en el lado oeste de la dársena, disponía de una rampa que conducía al almacén. ​ Había un importante edificio público frente al almacén cuya estructura ha desaparecido completamente. A lo largo de su existencia, la ciudad tuvo que prepararse continuamente para enfrentarse a las inundaciones y a las tormentas. El muelle y los muros periféricos de la ciudad se han mantenido y aguantado el paso del tiempo sin problemas. El celo puesto en las labores de mantenimiento y reconstrucción de la ciudad les garantizaba el crecimiento y la prosperidad del comercio. Sin embargo, con el aumento de la prosperidad, las gentes de Lothal fueron abandonando esas labores de mantenimiento de sus protecciones y muros y de los servicios portuarios, posiblemente como resultado de un exceso de confianza en sus sistemas. Una inundación de intensidad moderada en el 2050 a. C., dejó al descubierto algunas deficiencias graves en las infraestructuras, y a pesar de ello no abordaron esos problemas adecuadamente.

Economía y cultura urbana
El modelo uniforme de organización de la ciudad y sus instituciones dan pruebas de que las gentes de la cultura de Harappa eran un pueblo muy disciplinado. ​ El comercio y las tareas administrativas se realizaban con arreglo a las normas establecidas. La administración municipal era muy estricta, por ejemplo, la anchura de la mayoría de las calles siguió siendo la misma durante un largo tiempo, y las construcciones que se fueron haciendo la respetaban. Cada hogar disponía de su propio sumidero, con una cámara en la que se retenían los residuos sólidos, de forma que no obstruyesen los desagües de la ciudad. Los drenajes, bocas de inspección y pozos negros mantenían limpia la ciudad y los residuos se depositaban en el río, para que fuesen arrastrados, cuando había marea alta. En Lothal fueron pioneros en un nuevo estilo de arte y pintura, dando nuevos enfoques de realismo a las pinturas de animales en su entorno natural, incluyendo la representación de cuentos y del folclore. Se construyeron altares para el fuego sagrado en lugares públicos. Metal, oro, joyas y adornos, todo ello decorado con buen gusto, dan testimonio de la cultura y la prosperidad del pueblo de Lothal.
La mayor parte de su equipamiento, incluyendo herramientas de metal, pesas, patrones de medidas, sellos, cerámica y adornos fue el estándar, incluso de calidad, en toda la civilización del Indo. Lothal fue un importante centro comercial, la importación masiva de materias primas como el cobre, sílex y piedras semi-preciosas de Mohenjo-Daro y Harappa, ler permitía distribuir después, y también de forma masiva, los productos terminados que fabricaban, a las ciudades y pueblos del interior. También producían grandes cantidades de herramientas y otros objetos de bronce, anzuelos, cinceles, lanzas y adornos. Lothal exportaba también sus perlas, piedras preciosas, marfil y conchas. Poseían una pujante industria de fabricación de herramientas de piedra para atender las necesidades domésticas, el sílex lo importaban del valle de Sukkur y de Bijapur, en la moderna Karnataka. Bhagatrav les suministraba piedras semi-preciosas, mientras que las conchas chank provenían de Dholavira y de Dwarka. ​ Una extensa red de rutas comerciales proporcionó gran prosperidad a los habitantes de Lothal, esta red se extendía a hasta Egipto, Baréin y Sumeria. Una de las pruebas halladas sobre las actividades comerciales de Lothal es el descubrimiento de los típicos sellos de la zona del golfo Pérsico, en concreto uno de ellos es un sello en forma de botón circular.

Años de decadencia
Mientras continúa el amplio debate sobre el final de la Civilización del valle del Indo, los indicios arqueológicos recogidos por el ASI, parecen apuntar a las catástrofes naturales, especialmente las inundaciones y las tormentas como la causa que provocó la desaparición de Lothal. Una gran inundación sumergió la ciudad y destruyó la mayoría de las casas, dejando los muros y las plataformas muy dañados. La acrópolis y la residencia del gobernante fueron arrasadas (2000-1900 a. C.), así como las viviendas recientemente construidas por los comerciantes. Lo más dañino para la ciudad fue el cambio en el curso del río, que cortó el acceso de los barcos al muelle. A pesar de la huida del gobernante de la ciudad, las gentes, sin líder, construyeron una nueva dársena pero menos profunda, abrieron el canal para conectar con el nuevo curso del río, dando acceso de nuevo a los barcos pero solo a los de pequeño tamaño. Los barcos grandes anclaban en fondeaderos más alejados. Las casas fueron reconstruidas, pero no se eliminaron los deshechos de la inundación, lo que significó que las nuevas construcciones fuesen de mala calidad y más susceptibles a sufrir daños de nuevo. El sistema de alcantarillado público fue sustituido por el de fosas sépticas. La falta de liderazgo supuso que las reparaciones para la recuperación de la actividad y el mantenimiento posterior no se hiciesen de forma adecuada. El gran almacén dañado nunca fue reparado correctamente, y las mercancías se guardaban protegidas tan solo por marquesinas de madera, lo que las dejaba expuestas a las inundaciones y los incendios. La economía de la ciudad se transformó. Se redujo enormemente el volumen del comercio, aunque no de forma catastrófica, de forma que los recursos estaban disponibles en menores cantidades. Las empresas independientes se hicieron con el control, centralizando todo el proceso de forma que se organizaron centros fabriles donde cientos de artesanos trabajaban para el mismo proveedor y financiador. La fábrica contaba con diez salas y un gran patio de trabajo. El taller del cobre disponía de cinco hornos y la infraestructura necesaria para que muchos artesanos trabajasen simultáneamente.
A la disminución de la prosperidad de la ciudad, la escasez de recursos y la mala administración, se unieron las calamidades periódicas originadas por las inundaciones y las tormentas. El aumento de la salinidad del suelo hizo imposibles los cultivos y la vida. Esto se evidencia también en las ciudades próximas de Rangpur, Rojdi, Rupar y Harappa (en Panyab), y Mohenjo-Daro y Chanhudaro en Sindh. Hacia el 1900 a. C., una inundación masiva provocó la destrucción total de la ciudad y su desaparición de un golpe. Los estudios arqueológicos realizados muestran que el curso del río y el muelle quedaron cubiertos de sedimentos y que los edificios fueron arrasados. La inundación afectó a toda la región de Saurashtra, Sindh, y el sur de Guyarat, así como a la parte alta del Indo y Sutlej, donde una gran cantidad de aldeas, pueblos y ciudades quedaron arrasadas. La población huyó a las regiones del interior.

Cultura de Harappa tardía
Los restos arqueológicos muestran que el lugar siguió habitado aunque con muchos menos habitantes y ya sin influencia alguna. Las pocas personas que regresaron a Lothal no pudieron reparar y reconstruir su ciudad, pero sorprendentemente siguieron viviendo allí en chozas de caña pobremente construidas y manteniendo sus tradiciones religiosas. Se sabe que eran gentes pertenecientes a la cultura de Harappa por sus enterramientos. Si bien el comercio y los recursos de la ciudad, en la práctica, habían desaparecido, los supervivientes continuaron utilizando su escritura, y construyendo el mismo tipo de utensilios y de cerámica. En ese período, los arqueólogos del ASI han detectado un movimiento masivo de refugiados procedentes del Panyab y Sindh hacia Saurashtra y el valle del Sarasvati, entre los años 1900 y 1700 a. C. aproximadamente. A este pueblo se le han atribuido cientos de asentamientos mal equipados y se les ha denominado como cultura de Harappa tardía, caracterizada por su nula urbanización, la universalización del analfabetismo, una economía sin diversificar, una administración muy simple y una gran pobreza. Aunque los sellos típicos de la civilización del Indo dejaron de utilizarse, el sistema de unidades de peso lo conservaron, su unidad básica era de 8,573 gramos. Entre 1700 y 1600 a. C., renació el comercio de nuevo. En Lothal resurgió la industria de la cerámica tipo Harappa, cuencos, platos y jarros fueron producidos en masa. Los comerciantes utilizaban materiales locales como calcedonia en vez de sílex para las cuchillas de piedra. Las pesas de piedra arenisca sustituyeron las clásicas pesas cúbicas de silex. La sofisticada escritura se simplificó al dejar de emplear los símbolos pictóricos, y el estilo de la pintura quedó reducido a líneas onduladas, bucles y frondas.

Ocaso de la Cultura del Valle del Indo
Es generalmente aceptado por los investigadores que los pueblos indoeuropeos terminaron con esta cultura, que tuvo un final bastante repentino, acabando con el urbanismo durante un milenio en la India.
La llegada de los indoeuropeos o arios (la palabra ario proviene del sánscrito y significó noble) hacia el 1400 a. de C., supuso la desaparición por aniquilamiento de la cultura Harappa y el comienzo de un nuevo periodo: la época Védica, que desde el punto de vista de la economía debió de significar un retroceso.
El comercio internacional perdió su anterior importancia y la base económica quedó limitada a la agricultura, fundamentalmente cerealística (cebada, trigo y, más tardíamente, arroz), al cultivo de algodón como fibra textil y a un artesanado rural del que se desprendía un comercio limitado.

Escritura del Indo
El término escritura del Indo ―también llamado idioma protoíndico― se refiere a breves secuencias agrupadas de símbolos vinculados con la cultura del valle del Indo.
Los yacimientos protohistóricos más importantes emparentados con la supuesta escritura son, Harappa​ y Mohenjo-daro. Por ahora, el conjunto de signos y símbolos​ que poseían los habitantes de esos centros, no suele aparecer inciso sobre paredes, lápidas de tumbas,​ estatuillas, tablillas de arcilla, papiro o códigos como en otros tipos conocidos de sistemas de escritura, sino que viene grabado principalmente en lajas ―piedras lisas― de forma cuadrada y rectangular, llamados por los peritos «sellos» (seals en inglés).​ También se ha encontrado sobre otros materiales imperecederos, como por ejemplo en vasijas o fragmentos de vasijas de cerámica, tablillas de cobre, utensilios variados de bronce y sobre varas de marfil y de hueso. Las piedras lisas que llevan inscripciones se destacan por su estilo particular de incisión y su apariencia exquisita.

Características de la escritura del Valle del Indo
Los objetos descubiertos en el curso de los años muestran un número reducido de símbolos en su superficie. El promedio de los signos grabados es de cuatro o cinco. De manera similar, el documento que registra 'la inscripción' más larga comprende 17 signos no repetitivos, conocido como M-314 o 26 signos, i. e., M-494 (Parpola, 1994). Esa conspicua brevedad de signos sobre 'los sellos' ha dado origen a hipótesis diferentes respecto a su función. Es posible que contuvieran nombres personales, títulos profesionales, administrativos o de propiedad o bien podían haber servido de documentos de identidad, tarjetas de intercambio, amuletos u objetos votivos.
En muchas lajas aparecen estampadas figuritas de animales identificables como cebúes, búfalos, ​ rinocerontes, ​ tigres, ​ elefantes y asimismo ciertas criaturas fantásticas como unicornios o seres tricefálicos. ​ Por algún motivo, no aparecen animales típicos del escenario campestre y salvaje hindú, tales como cobras, pavos reales, vacas lecheras, camellos, monos y asnos. Hasta que no se obtengan más datos sobre esa cultura, no se puede decir con precisión si las lajas servían para catalogar animales y por qué se observa la presencia de determinados animales, mientras se da la ausencia de otros.
Los objetos incisos no vienen acompañados de otro código de símbolos o de otra forma de escritura paralela para que los expertos especulen acerca de textos bilingües.
La dirección de la escritura parece ser de derecha a izquierda.
El número de signos, conforme numerosos autores, puede variar de 50 a más de 500 dependiendo de la manera de identificarlos y contarlos. Con eso se intenta decir que aún hay polémica en cuanto a las ligeras modificaciones o combinaciones de los signos básicos, técnicamente llamados alógrafos.
Hasta el día de hoy se han recuperado más de 4000 artefactos incisos.
Sin embargo, en vista de nuevas evidencias, se espera que las afirmaciones de arriba sean descartables y/o mejorables.
Los siguientes factores son considerados como los mayores obstáculos a la comprensión y al desciframiento de dicha escritura:
La escritura del Indo desapareció hace mucho tiempo, lo cual dificulta aún más la identificación de la lengua de sustrato o de la familia de lenguas a la que pertenece. En el caso de que fuera una lengua aislada, sería casi imposible llegar al codiciado desciframiento.
La longitud media de las inscripciones es de menos de cinco signos.
La falta de textos bilingües va a ocasionar más dudas y más investigación de naturaleza intuitiva.
No hay una segmentación final de los minitextos que sea aceptada por todos los expertos. Más allá de las especulaciones personales, la sintaxis y la morfología de dicha lengua resultarán por tanto oscuras.
Tampoco hay acuerdo respecto a un número fijo de signos que componen la escritura.
A lo largo de los años se ha intentado numerosas veces descifrar la escritura en cuestión (el profesor Gregory Possehl habla de más de 60 intentos, mientras el autor hindú Iravatham Mahadevan menciona más de 100 intentos), pero ninguna de las propuestas ha sido recibida con júbilo por la comunidad científica. Las reprensiones ásperas, ligeras o el mero silencio han sido constantes entre los autores respecto a lo propuesto y enunciado.
Algunos de los estudiosos que han abogado primero por un entendimiento y luego por un posible desciframiento han sido:
En 1877, Alexander Cunningham pensó que la escritura era el arquetipo de escritura brahmi usada en la época del emperador Aśoka.
En 1982, S. R. Rao ―en su libro The Decipherment of the Indus Script (‘el desciframiento de la escritura del Indo’) ― se ofrece a comentar que la lengua de sustrato tiene que ser el sánscrito védico, o sea una forma temprana del sánscrito (que es un idioma indoeuropeo empleada en los textos védicos). Además, opina que muchos de los signos son compuestos y que hay un conjunto básico de signos simples, a partir de los cuales se han formado los compuestos.
En 1932, Flinders Petrie era de la opinión de que la escritura del Indo funcionaba como los jeroglíficos egipcios, aunque no se ofreció a sugerir que los idiomas subyacentes estuvieran genéticamente emparentados.
En 1974, J. V. Kinnier Wilson ―en su libro Indo-Sumerian: A New Approach to the Problems of the Indus Script (‘el indo-sumerio: un nuevo acercamiento a los problemas de la escritura del Indo’) ― intentó establecer un vínculo entre la cultura del valle del Indo y la civilización sumeria. El autor consideró que ambas culturas eran ramas del mismo tronco étnico, aunque por otro lado se ha confirmado que epigráficamente no hay pruebas de conexión entre ellas. Su metodología se basaba en la comparación de las formas externas de signos de ambas civilizaciones. Esa manera de dilucidar el problema es similar a la de Guillaume de Hevesy, quien vio una semejanza sorprendente entre los símbolos del valle del Indo y los glifos rongo rongo de la Isla de Pascua, alegando su origen común.
En 1992, Walter Fairservis Jr. ―en su libro The Harappan Civilization and its Writing: A Model for the Decipherment of the Indus Script (‘la civilización de Harappa y su escritura: un modelo de desciframiento de la escritura del Indo’) ― analizó la forma de los signos y seleccionó palabras procedentes de un idioma drávido para que se adaptaran al icono escogido. Al final, el autor determinó el significado del símbolo particular tomando por referencia el drávido. Entre las lenguas de la familia drávida, se pueden citar, entre otras, el támil antiguo, el télugu, el malayam y el kannada.
Yuri Knorozov ―uno de los responsables principales del desciframiento de los glifos mayas― y sus colaboradores rusos realizaron un análisis distributivo de los signos y hallaron que la estructura indicaba una lengua de naturaleza sufijante y aglutinativa, como el turco o el japonés de hoy. De ese modo, según ellos, el candidato más probable en ese contexto sería una lengua del tronco drávido.
Otros investigadores de peso que han apostado por el drávido como lengua de sustrato son el profesor finlandés Asko Parpola, que ha editado el corpus de inscripciones en varios tomos, creyendo que los símbolos reflejan una escritura logo-silábica y el hindú Iravatham Mahadevan.
Finalmente, hay que decir que si los signos fueran exclusivamente pictogramas o logogramas, existiría la alternativa de que no contuvieran información alguna sobre la lengua hablada por los antiquísimos escribas, ya que no se los podría definir una escritura en el sentido más restringido de la palabra. En un artículo publicado online en 2004, un trío de estudiosos estadounidenses, Steve Farmer, Richard Sproat y Michael Witzel, basado en análisis comparativos, estructurales y de frecuencia de los signos, han favorecido la idea de que la escritura del Indo no estaba asociada a un definido lenguaje oral. Careciendo, por tanto, de valores fonéticos, tendría un estatus meramente emblemático, lo que por otra parte explicaría la extrema brevedad del material gráfico inciso. Los sellos, según ellos, parecen ser artefactos producidos en masa, destinados a ser utilizados en rituales comunitarios y llevarían encima símbolos religiosos y de sacrificio.

El siguiente pueblo son los arioss. Los arios llegaron a la India en algún momento entre 1500 a.C. y 1300 a.C. probablemente del área hoy conocida como Hindu Kush. Se cree que los arios destruyeron la civilización de Harappa pero la evidencia arqueológica no apoya esta hipótesis. El término ario es una designación lingüística y el idioma que estos arioss hablaban, el sánscrito, está relacionado con el persa así como casi todos los demás idiomas hablados en Europa. El sánscrito es parte de una familia de idiomas que hoy llamamos Indoeuropea.
Los arios eran un pueblo pastoril y nómada, bueno para montar a caballo y criar animales. También sabían como utilizar carruajes, lo que los hizo muy buenos en la lucha. Desde aproximadamente el año 1500 a.C. en adelante, los arios llegaron en oleadas dirigiéndose al sur y al este, eventualmente llegando al valle del Ganges. Si creemos en los Vedas, el libro que escribieron los arios, entonces también eran un pueblo violento. Sus dioses principales eran Agni, el dios del fuego e Indra, la diosa de la luz, y exaltaban la superioridad militar y las grandes batallas. Esto puede ser exagerado. Cuando los arios entraron a la India probablemente hubo grandes batallas y mucho bandidaje pero también parece que hubo una gran cooperación y coexistencia entre los pueblos.
Sin embargo, lo que queda claro de los Vedas es que los arios se sintieron totalmente diferentes y superiores de las poblaciones nativas. Después de someterlos, los arios les dieron el nombre peyorativo de dasa, o de forma alternativa, dasyu. Para los arios, estos términos describían a las personas que eran de estatura baja, de piel obscura, de nariz chata, poco refinados y no hablaban un idioma inteligible.

En contraste, los arios eran altos, blancos, finos, y tenían mejores dioses y caballos. Esta no es la primera vez en que un pueblo pastoril se sentía superior a uno sedentario y agricultor. Lo mismo era cierto en la Península Arábiga hasta el advenimiento del Islam. De hecho, los nómadas han tenido un desdén pronunciado por la gente de la ciudad y por los granjeros. Los arios originalmente se asentaron en el Punjab, un área que hoy es parte de Pakistán. El Rig-Veda parece indicar esto con una referencia a Sapta-Sindhu o la tierra de los siete ríos. Posteriormente, se movieron hacia el este y comenzaron a asentarse en el valle del río Ganges. Otros Vedas como los Brahmanas y los Upanishads hablan de este gran cambio hacia el este. Lo que es importante acerca de esto es que la cultura aria y las formas sociales se esparcieron lentamente entre las poblaciones nativas. Por tanto, comenzó la larga asociación de la India con los tres énfasis arios, el sacerdocio, la jerarquía social y el idioma sánscrito.

Para entender los efectos de esta dispersión en la India tenemos que ver el Rig-Veda, que fue escrito alrededor de 1100 a.C. El Rig-Veda reporta las experiencias arias después de su llegada a la India (No hay ningún reporte de los arios anterior a ese). El lugar donde esto se lleva a cabo es el territorio entre el valle del Indo y el valle del Ganges, y de acuerdo con el texto, sólo hay dos tipos de personas, los arios y los de piel obscura. Las estructuras sociales de los arios se basaron en la mentalidad guerrera. La casta superior era por supuesto la de los guerreros o skatriyas. El siguiente nivel eran los sacerdotes o brahlmans seguido de los agricultores o vaishyas. La única división infranqueable era entre los arios y los no arios. Esta estructura básica de castas creció más con el paso de los años, con la casta más baja, los parias o shudra marcando la división original entre los arios y los demás.
Algo importante que debemos tener en mento acerca de los Vedas es su conexión con el surgimiento posterior de los Brahamanes. Los vedas eran un telón de fondo poético para rituales religiosos estatales, y cada ritual era una plegaria a los dioses para obtener algún tipo de favor. Una falla en la entonación o una palabra olvidada podría ser desastroso para el Estado en su conjunto (¡Y eso sin mencionar a la persona que cometió el error!). Esto ponía un gran incentivo en conocer los textos védicos y las formas exactas para todos los rituales. Por tanto solamente los brahamanes llegaron a la cúspide de la sociedad india. En la medida en laque la sociedad aria se volvió sedentaria y disminuyeron las guerras, los castrillas comenzaron a ver a los brahamanes como fuente de legitimidad. Los líderes de los clanes, conocidos como rajanya se volvieron en grandes patrones de los brahamanes, ofreciéndoles ganado, caballos, oro, mujeres esclavas y orgías rituales inspiradas por una bebida alucinógena llamada soma. Gradualmente, dicha “magnificencia” se volvió obligatoria para todos los reyes no solamente como signo de su riqueza sino como prueba de su poder continuo. Lo que es importante acerca de esto es que la búsqueda del favor divino por medio de los brahamanes se convirtió en el camino para legitimar la soberanía territorial y la ideología de la monarquía. De forma lenta, los líderes de los clanes cesaron de serlo y se convirtieron en reyes. Esto tendría consecuencias importantes después del siglo sexto.
La influencia aria en el norte de la India se hizo clara alrededor del año 900 a.C. pues durante este año y hasta el año 520 a.C., las estructuras sociales y la unidad cultural que comúnmente asociamos con la India se volvieron claras. Dos grandes epopeyas védicas nos ayudan a entender estos cambios, el Ramayana y el Mahabharata. Cada uno de estos Vedas se refiere a héroes arios a quienes se les negó su derecho a ser reyes y se les obligaron a exiliarse antes de regresar al poder. Lo que vemos en estas epopeyas es cómo una sociedad basada en clanes lidió con el problema de la sucesión. En una sociedad de clanes la monarquía es más importante que la sucesión directa, y la sucesión estaba basada en una serie de factores que estaban más allá de la primogenitura. Los clanes empezaron a perder influencia y quedó un mundo en el que competían nociones alternativas a la monarquía. Algunas áreas de la India desarrollaron monarquías “electas”, que los historiadores llaman de forma no rigurosa repúblicas. Otras áreas, siguiendo las historias reales que comenzaron con Manu, desarrollaron ideologías reales completas y reyes. De forma lenta, los reyes ganaron en la competencia diaria, probablemente porque estaban mejor organizados que las repúblicas y eran menos susceptibles a crisis políticas. Los reyes también tuvieron acceso a más recursos pues la ideología real hizo que los impuestos basados en los clanes a los botines de guerra cambiaran por impuestos regulares a lo producido. Pero los Vedas nos muestran lo complicado que fue este proceso que se desarrolló por siglos antes de su resolución final.

Para el año 600 a.C. con el ascenso de los reyes arios y la expansión de la cultura aria surgió un renacimiento urbano que no había sido visto en la India desde los harapistas. Este renacimiento apareció de forma más fuerte en el Este, pues loa arios habían cambiado el centro de gravedad de la India al Ganges. Había ciudades en el valle del Indo pero el ímpetu estaba en otra parte. Aparecieron fuertes hechos de tierra en el Este para proteger a las ciudades individuales. Sin embargo parecía que los arios habían perdido el método de cocer ladrillos en el horno pues las nuevas ciudades fueron construidas con barro y madera.

No obstante, surgieron nuevas formas de cerámica y se incrementó el comercio de forma dramática. Este incremento del comercio inclusive afectó la forma del sistema de castas. Ahora el rajá y sus sirvientes estaban a la cabeza. Los brahamanes (ksatriya) eran los siguientes. Después los comerciantes se unieron al rango de los granjeros conocidos como Vaisya. Finalmente, hasta abajo se reagruparon dos categorías. Eran, por supuesto, los sudra o los parias. 
Pero los sudra se habían convertido en una categoría intermedia que existía debajo de los dasa, que ahora sólo eran esclavos. La economía india nunca fue tan dependiente de los esclavos como era el caso de la antigua Grecia o Roma, pero esto se debió en gran medida al hecho de que la mano de obra ya se había organizado de otra forma. Por ejemplo, los granjeros no podían dejar su posición de casta de granjeros. Esto no los ataba a la tierra como los campesinos medievales europeos, pero tampoco les dejaba muchas otras opciones.

Para 520 a.C. podemos hablar de una India en el sentido que hoy tenemos de ella, tanto externa como internamente. Externamente, es durante este periodo que aparece la palabra India. El término sánscrito para el área del valle del Indo era, como ya dije, Sapta-Sindhu. En persa, la “s” en Sindhu se volvió “H”, dejando la palabra Hindú. Cuando este término pasó de los persas a los griegos, la “H” se fue completamente dejando la raíz ind que finalmente se volvió India. Alrededor del año 520 a.C., el rey persa Dario I, a quien ya he mencionado en referencia a los antiguos griegos, conquistó el Punjab, refiriéndose a esta área como Hidu. Darío atestiguó esto en una inscripción en Persépolis fechada alrededor del año 518. Por tanto, esta era otra conexión entre el mundo Mediterráneo y el mundo del Océano Índico, pues los soldados indios lucharon en los ejércitos de Jerjes, participando en las batallas de las Termópilas y la de Platea. Además, Darío adquirió el Punjab y esto da la primera fecha real en la historia de la India. Internamente, vemos que el sistema de castas indio había alcanzado su forma madura. Desde este punto en adelante, las divisiones básicas que primero aparecieron con los arios más de mil años antes se volvieron fundamentales para la vida y cultura indias. De hecho, el sistema de castas todavía domina la vida diaria de la India, a pesar de que mucho ha cambiado.


Si nos hacemos a un lado por un momento, algo que podemos decir acerca del siglo sexto es que ocurrieron cambios importantes en el norte de la India. La economía creció, potencias extranjeras invadieron, el sistema de castas se endureció y varios reinos nativos aparecieron para competir entre sí por poder y gloria. Un ejemplo del fermento que comenzó aquí es la pequeña ciudad de Taxila, que se localiza 30 km. fuera de lo que hoy es Islamabad. La riqueza de Taxila se derivó del comercio, pues estaba situada en una ruta que iba por Afganistán. Esta ciudad se convirtió en un gran punto de entrada para las ideas de potencias occidentales, como Persia. Un ejemplo de ello es la importación de la escritura Aramea para el idioma sánscrito. Taxila también fue un lugar reverenciado para el aprendizaje pues los estudiantes viajaban hasta ahí para aprender sánscrito. Taxila se jactaba de tener grandes pensadores, como Kautilya quien escribió un texto clásico de la India sobre cómo el arte de gobernar en el siglo tercero a.C. y Panini, quien escribió la gramática sánscrita fundamental en el siglo cuarto a.C. Su trabajo fue considerado tan profundo que fue llamado Samskrta o “perfeccionado”, de donde se deriva el nombre sánscrito.
Se volvió parte de la búsqueda de legitimidad política el lograr una conexión con Taxila para los estados indios. Un ejemplo de ello es el reino de Magadha, que se localizaba más al Este, entre el Ganges y los bosques de Chota Nagpur. Durante el siglo sexto, este pequeño reino se expandió, atacando a los reinos vecinos como Licchavis, cuya capital era Vaisali. Con el tiempo, este reino se expandió hacia el sur hasta la Bahía de Bengala, al norte de Nepal y a lo largo del Ganges. Este reino comenzó con el rey Bisambra, quien fue sucedido por su hijo Ajatashatru. Ajatashatru cambió la capital del reino a Pataligrima, gastando grandes sumas de dinero en embellecer a su ciudad. Su sucesor continuó su trabajo, pero no sabemos por cuánto tiempo. Ajatashatru murió en alguna parte entre el año 380 a.C. y el 330 a.C. y sabemos que un sudra de nombre Mahapadma Nanda usurpó el trono, reclutando a un gran ejército que utilizó para extender las fronteras de Magadha. De acuerdo con reportes contemporáneos, el ejército de Nanda consistía en una infantería de 200,000 hombres, la caballería de 20,000, 2,000 carrozas de cuatro caballos y 6,000 elefantes de guerra. Para 326 a.C. Nanda utilizó este ejército para extender Magadha e incluir gran parte de la cuenca del Ganges e India central.
La historia del reino de Magadha es importante por dos razones. Primero, fue eclipsada después por la primera gran y universal dinastía de los Mauryas, cuyo reino comenzó en 320 a.C. Segundo, fue el reino de Magadha que dio forma al destino de una de las figuras históricas más importantes de la India. Esta persona es el gran pensador religioso Siddharta Gautama, de quien probablemente han oído como Buda o el Iluminado. Así, del fermento intelectual y político de los siglos sexto y quinto a.C. vino a la India el primer gran imperio y una de las grandes religiones mundiales.

Periodo Védico
El período védico de la India recibe su nombre de los textos clásicos del hinduismo, los Vedas (o Sanatana Dharma), una inmensa compilación de literatura oral mística y religiosa que tomó forma escrita entre los años 1500 y 500 a. C., tradicionalmente dividida en el Rig-Veda[1], el Sama-Veda[2], el Yajur-Veda[3] (canónicos) y el Atharva-Veda[4] (apócrifo).

Para los hinduistas, los Vedas (término que significa conocimientos o libros sagrados) son los libros fundacionales y más venerados de su religión; además, la filosofía hinduista proclama que no fueron creados por el hombre ni transmitidos por divinidad alguna, sino que han formado y formaran parte de la naturaleza eternamente. Este crucial período de la historia de la India arcaica también destaca por el hecho de que, hacia el año 537 a. C., Siddhartha Gautama Buddha (563-483 a. C.) fundó la religión budista y Mahavira Jayanti (599-527 a. C.), el jainismo.

La organización política del primer período védico, correspondiente al centenar de reinos llamados de la Edad del Hierro, dividía el territorio en rashtras (reinos), que a su vez se dividían en janas, subdivididas en vishs, que contenían las gramas (poblaciones). Al frente de un rashtra había un rajan (rey), elegido por el pueblo para desempeñar funciones militares y legislativas; el rashtra contaba con dos consejos, el sabha y el samiti, de los cuales se desconocen las competencias específicas. Respecto a la subdivisión del país, las janas estaban encabezadas por un jyeshta; los vishs, por un vishpati, y las gramas, por un gramari. Los altos funcionarios más importantes de la época eran el purohita (sacerdote supremo) y el senani (comandante jefe del ejército, con soldados a pie y carros de combate). La estructuración social de la India védica dividía a la población en cuatro castas o varnas: los brahmin (sacerdotes y sabios, incluido el purohita), los kshatiya (guerreros, incluido el rajan y el senani), los vaishya (comerciantes) y los shudra (trabajadores no cualificados).

Casta (en sánscrito varna, literalmente ‘color’ (visto como una cualidad) corresponden a una forma de estratificación social establecida, en forma tradicional y prescriptiva, por el hinduismo en la India, la cual clasifica a las personas dentro de la sociedad en cuatro grandes grupos. En forma general casta se refiere a cualquier forma de estratificación que pone énfasis en factores heredados o de nacimiento del individuo para clasificarlo socialmente.

Doctrina
El sistema de castas de la India es un sistema hereditario de estratificación social que ha existido en el subcontinente desde hace aproximadamente más de 2500 años. En él los grupos sociales se definen por un número de grupos endógamos conocidos como jāti. El sistema de castas está profundamente ligado al hinduismo (una de las tres religiones principales de la India).
Los cuatro grupos básicos se denominan varnas. Las castas se multiplicaron de acuerdo con cambios introducidos en la ley brahmánica y por diversidades regionales, que establecen subdivisiones de hecho. Estas subdivisiones sociales se denominan jāti (familia).
El hinduismo enseña que los seres humanos fueron creados de las diferentes partes del cuerpo de una divinidad (Purusha) llamada Brahmā. Dependiendo de la parte del cuerpo de Brahmā de donde los humanos fueron creados, éstos se clasifican en cuatro castas básicas, las cuales definen su estatus social, con quién se pueden casar, y el tipo de trabajos que pueden realizar.
Las Leyes de Manu dictaminan que este orden es sagrado y que nadie puede aspirar a pasar a otra casta en el transcurso de su vida. Es decir que debe tener el oficio de su padre y casarse con alguien de su casta. Sólo mediante la sucesión de reencarnaciones se puede ir avanzando (o retrocediendo) en este estatus. La reencarnación no es casual. Los individuos que hayan seguido las actividades (karma) correspondientes a su camino (dharma) pueden reencarnarse en un estadio superior. A pesar de que varios reformadores sociales han tratado de abolirlo, el sistema de castas continúa siendo una característica indeleble de la sociedad india.
El primer texto hindú en hacer referencia a los varnas como las cuatro grandes clases es el Purusha-sūkta del Rigveda. Allí se dice que Purusha el ser supremo o el primer ser, mediante su sacrificio primigenio, su inmolación, se crearon todos los seres y cosas que existen, y de él salieron las cuatro grandes castas:
  • Los brāhmanas (sacerdotes) son la casta más alta, que —según ellos— salieron de la boca de Brahmā.
  • Los chatrías (clase político-militar), que salieron de los hombros de Brahmā.
  • Los vaishias (comerciantes, artesanos y agroganaderos), que se formaron de las caderas de Brahmā.
  • Los shudras (esclavos), que provienen de los pies de Brahmā. 
Los intocables
Los dalits (parias, mlechas) son los intocables, una clase tan baja que se considera fuera de los varnas. Los hindúes consideran que los dalits son tan bajos como el excremento.

Historia del sistema de castas
Siguiendo los libros sagrados, los arios que se establecieron en la India hacia el 1500 a. C. fundaron este orden de castas.
En el siglo siglo I a. C. ya existía el Mánava Shastra Dharma (o Leyes de Manu) (escrito por bráhmanas), que establecía cuatro castas:
  • brāhmanas o sacerdotes
  • chatrías o guerreros
  • vaishias o comerciantes y artesanos
  • shudras o esclavos (eufemísticamente trabajadores y servidores). 
Por último están los que no tienen casta, intocables (parias o dalits). Los dalits están fuera de este sistema y por lo tanto están tradicionalmente relegados a realizar los trabajos de más ínfima importancia e incluso se les prohíbe beber de las mismas fuentes de agua que las demás castas.
El sistema de castas fue desafiado por el budismo, la principal disidencia del hinduismo, y flexibilizado (recién en el siglo XX) por los movimientos de derechos sociales. La prédica del Mahatma Gandhi contribuyó mucho a la construcción de una sociedad civil no dependiente de los preceptos religiosos. Mismo asi Gandhi no abogó por el derecho de los intocables, los sin casta, durante su lucha por la independencia de la India (que fue posesión británica hasta 1947).

Aún durante el período védico, los múltiples reinos surgidos en la India a raíz de las invasiones arias de hacia el 1500 a. C. se fueron unificando hasta constituirse en dieciséis mahajanapadas, entre los años 700 y 300 a. C. Estas mahajanapadas fueron grandes monarquías hereditarias con un creciente poder por parte del rey, que ya no lo elegía el pueblo y que tenía cada vez más competencias militares y legislativas; en esta etapa, el cuerpo de funcionarios se amplió notoriamente y los vaishyas y los shudras dejaron de participar activamente en los asuntos del reino.
La mahajanapada más importante fue la de Magadha, que en el año 684 a. C. se convirtió en un imperio, cuando la dinastía Shishunaga conquistó dos mahajanapadas anexas; en el año 424 a. C., un hijo ilegítimo del rajan Mahanandin se proclamó soberano de este imperio e inició una nueva dinastía, la de los Nanda. La dinastía Nanda cayó cuando, en el 321 a. C., el senani exiliado Chandragupta Maurya se hizo con el poder y fundó el Imperio Maurya, que se extendió por prácticamente toda la India actual.
Desde la destrucción de las ciudades del Indo hasta el siglo III a.C, prácticamente no se ha encontrado nada en la India. Se trata de un vacío en la historia del arte que resulta muy difícil de cubrir por los estudiosos del arte de la India y del que no se puede extraer más que conjeturas de muy difícil comprobación. Sin embargo, ese milenio largo sentó los principios fundamentales del hinduismo y es conocido como período védíco a causa de las cuatro grandes colecciones de himnos, oraciones, fórmulas rituales y hechizos mágicos que reciben el nombre de Vedas.

Estas recopilaciones han desconcertado a los historiadores porque -a diferencia de las otras literaturas sagradas de las grandes religiones- jamás hacen referencia a acontecimientos históricos, ni hacen mención a dinastías, a guerras, ni de fechas de ninguna clase. Pertenecen también al período védico los dos grandes poemas épicos Mahabharata y Ramayana.

El Mahabharata: la guerra entre kauravas y pandavas
Una leyenda hindú cuenta que los dioses pusieron los Vedas y el Mahabharata en unas balanzas para comprobar qué obra pesaba más; las balanzas se inclinaron a favor del último y por ese motivo lo bautizaron con aquel nombre: maha (grande) bhara (peso).
El objetivo del Mahabharata es la divulgación mediante una historia de interés popular de los cuatro conceptos básicos u objetivos vitales del hinduismo: el kama (placer), el artha (riqueza), el dharma (deber) y el moksha (liberación). La comprensión global del Mahabharata es más compleja de lo que aparentemente podría parecer, ya que la obra, a parte de la historia épica de la guerra entre kauravas[5] y pandavas[6], contiene un conjunto de leyendas y tratados filosóficos, cosmológicos y religiosos independientes intercalados en el texto, de modo que, según los principales hinduistas actuales, podrían ser extrapolados del conjunto de la narración para servir de manuales educativos al servicio de la enseñanza de la doctrina a nivel individual. Los tratados del Mahabharata son el Baghavad Gita (las lecciones filosóficas que, como los Diálogos platónicos, Krishna impartió a su discípulo, Arjuna, y que constituyen la esencia de los Upanishad[7]), el Damayanti (historia de amor entre Damayanti y Nara), el Krishnavatara (historia mítica del dios-héroe Krishna, que sobrevivió al intento de asesinato por parte de su tío Kamsa y acabó matando a éste para convertirse en una de las divinidades más veneradas de la India[8]), el Rama (versión breve del Ramayana, el otro gran poema épico del hinduismo, el Rishyasringa (leyenda de temática moral del santo homónimo hindú, que también se encuentra intercalada en el Ramayana) y el Vishnu Sahasnarama (himno que recita los mil nombres de Vishnu, el mantenedor, miembro de la trinidad hindú junto a Brahma, el creador, y Shiva, el destructor).

El Ramayana: el viaje de Rama
El Ramayana es la segunda gran epopeya de la India arcaica junto con el Mahabharata, aunque de menor extensión. Etimológicamente, el título del poema épico se compone del nombre propio de su protagonista y la voz sánscrita ayana (marcha), pese a que su traducción más habitual es ‘el viaje de Rama’.

El Ramayana se divide en siete libros que explican la historia de Rama desde su milagroso nacimiento hasta su muerte: el Balakanda, que explica la infancia y juventud de Rama en el reino de Kosala y su desposorio con la princesa Sita, hija del rey Janaka; el Ayodhyakanda, donde se obliga al rey Dasharatha a expulsar a su hijo Rama del país junto a su esposa Sita y Lakshmana, uno de sus dos hermanos; el Aranyakanda, que describe el exilio en el bosque de Rama, Sita y Lakshmana, además del rapto de Sita por parte del demonio Ravana, rey de Lanka (actual Sri Lanka); el Kishkindyakanda, a partir del cual Rama y Sugriva, el rey de una tribu de simios, inician la búsqueda de la princesa; el Sundarakanda, en el cual el simio Sundara (o Hanuman), general de la tribu de Sugriva, localiza a la princesa encarcelada en la isla de Lanka; el Yuddhakanda, que describe la guerra entre Rama y Ravana, la derrota de éste y la coronación de Rama y Sita en Ayodhya, capital del reino de Kosala, y el Uttarakanda, que narra la vida de Rama y Sita como soberanos de Kosala hasta la muerte de ambos.

Fue durante esta época, en el siglo VI a.C, cuando aparecieron en el norte de la India dos fenómenos religiosos heterodoxos: el budismo y el jainismo. El primero fue fundado por el príncipe Siddharta, llamado el Buda (el Iluminado), que rechazó radicalmente el sistema de las castas y enseñó que la aceptación de la vida y el dominio sobre sí mismo son más importantes que la fe. Por tanto, suponía el reverso de lo que propugnaba el brahmanismo, en el que el núcleo de la sociedad debía ser el sistema de castas y, por tanto, el ejercicio del poder para mantener dicha estructura. De este modo, el budismo, que habría de extenderse con el correr del tiempo por buena parte de Asia, se trataba de un auténtico movimiento revolucionario que quebrantó profundamente los fundamentos del brahmanismo védico. No es exagerado afirmar que fue una revolución pues de este modo lo interpretaron las clases dirigentes de la sociedad hindú que, obviamente, no estaban dispuestas a renunciar a sus numerosos privilegios. Por otra parte, el jainismo, también surgido en el norte de la India y más oscuro en su origen, es la reforma realizada por un genio religioso, Vardhamana, también llamado Jiña el Victorioso, cuyo ascetismo era muy severo y predicaba la doctrina de la omni-sensibilidad y la moral de la no violencia. La ascesis que practicaban los seguidores del jainismo estaba basada en la idea de que el sufrimiento que padecen las personas en la tierra es producto de la unión entre cuerpo y alma, por lo que el objetivo debe ser la liberación del cuerpo -a la espera de la liberación final, que llegará con la muerte- a través del ayuno y de las ascesis, como ya se ha señalado.
Asimismo, el jainismo dará a lugar a la aparición de numerosas sectas.
Algunas de las personificaciones típicas del politeísmo primitivo se incorporaron no sólo a la iconografía del brahmanismo, sino también al arte religioso búdico y al jainismo. Y así toda la serie de genios masculinos y femeninos, hadas y demonios, como los naga (seres con cabeza humana y cola de serpiente que habitan las regiones subterráneas), yakshi (genios masculinos y femeninos de la vegetación), apsaras (ninfas de las aguas), etc.

Durante el período comprendido entre 800 a.C y 200 a.C se formó el movimiento Shramana, del cual se originarían el jainismo y el budismo. En el mismo período se escribieron los primeros Upanishads. Después de 500 a.C comenzó la llamada "segunda urbanización", en la que se originaron nuevos asentamientos urbanos en la llanura del Ganges, particularmente en la llanura central del Ganges. Esta región, donde Maghada ganó protagonismo para formar la base el Imperio Maurya, fue un área cultural distintacon nuevos estados que se originaron después de 500 a.C durante esta segunda urbanización. ​ La llanura central del Ganges estuvo influida por la cultura védica, pero se diferenciaba notoriamente de la región de Kuru-Panchala. ​ Fue "el área del cultivo de arroz más antigua de que se tenga noticia en el sur de Asia y hacia 1800 a.C. fue la ubicación de una población neolítica avanzada asociada con los sitios de Chirand y Chechar. En esta región florecieron los movimientos shramánicos y se originaron el jainismo y el budismo.

En el período védico tardío, el subcontinente se había cubierto de pequeños reinos o ciudades estado, muchos de ellos mencionados en la literatura védica, budista y jainista en fechas tan lejanas como 500 a.C. Dieciséis monarquías y "repúblicas" conocidas como Mahajanapadas —Kashi, Kosala, Anga, Magadha, Vajji (o Vriji), Malla, Chedi, Vatsa (o Vamsa), Kuru, Panchala, Matsya (o Machcha), Shurasena, Assaka, Avanti, Gandhara y Kamboja— se extendían a lo largo de la llanura indogangeática desde el actual Pakistán hasta Bengala y Maharashtra. Este período fue testigo del segundo gran origen del urbanismo indio después de la cultura del valle del Indo.
Muchos clanes más pequeños que se mencionan en las primeras obras literarias parecen haber estado presentes en el resto del subcontinente. Algunos de estos reinos eran hereditarios, mientras que otros elegían a sus gobernantes. Las "repúblicas" tempranas, como la confederación Vajji (o Vriji) se centraron en la ciudad de Vaishali, existieron desde el siglo VI a.C. y persistieron en algunas áreas hasta el siglo IV d.C. La lengua culta en esa época fue el sánscrito, mientras que las lenguas de la población general del norte de la India son llamadas prácritas. Muchos de los dieciséis estados se fusionaron para formar cuatro entidades mayores hacia 500 a.C. o 400 a.C, en tiempos de Buda Gautama. Estos cuatro estados fueron Vatsa, Avanti, Kosala y Maghada. La vida de Buda Gautama estuvo asociada principalmente con estos cuatro reinos. Este período corresponde en un contexto arqueológico a la cultura de la cerámica negra pulida norteña.

Alrededor del año 500 a. C., la región del valle del Indo fue invadida por Darío I, el rey persa, el cual convirtió a la India en una satrapía del Imperio aqueménida. Los persas designaron a Taxila como la capital, pero su influencia fue marginal y duró sólo 150 años.

Los Upanishads y los movimientos shramánicos
Entre 800 a.C. y 400 a.C. se compusieron los primeros Upanishads. Los Upanishads son textos que forman la base teórica del hinduismo clásico y se conocen como Vedanta (conclusión de los Vedas). ​ Los Upanishads más antiguos lanzaron ataques de intensidad creciente al ritual védico. En el Brihadaranyaka-upanishad, cualquiera que adora a una divinidad diferente a la propia es considerado un animal doméstico de los dioses. El Mundaka-upanishad lanza el ataque más mordaz al ritual, al comparar a los que valoran el sacrifico con una embarcación insegura que es continuamente sorprendida por la vejez y la muerte.
La creciente urbanización de la India en los siglos VII a.C. y VI a.C. produjo el origen de nuevos movimientos ascéticos o shramánicos que desafiaron la ortodoxia de los rituales. Mahavira (ca. 549 a.C. – 477 a.C.), partidario del jainismo y Buda Gautama (ca. 563 a.C. – 483 a.C.), fundador del budismo, fueron los iconos más destacados de este movimiento. El Shramana dio origen al concepto del ciclo de nacimiento y muerte, el concepto de samsara, y el concepto de liberación. ​ Buda encontró un camino medio que mejoró el ascetismo extremo encontrado en las religiones shramánicas.
Por la misma época, Mahavira (24.° Tirthankara del jainismo) propagó una teología que más tarde se convertiría en el jainismo. Sin embargo, la ortodoxia jainista cree que las enseñanzas de los Tirthankaras son anteriores a todos los tiempos conocidos. De acuerdo con los investigadores, los últimos dos Tirthankaras, Pashvanatha y Mahavira, fueron figuras históricas. Rashabhanatha fue el primer Tinthankara. ​ Se cree que los Vedas documentaron a algunos Tirthankaras y un orden ascético similar al movimiento shramánico.

Las dinastías de Magadha

Magadha fue uno de los dieciséis Mahajanapadas (en sánscrito: grandes países) o reinos de la antigua India. El área medular del reino fue el área de Bihar, al sur del Ganges; su primera capital fue Rajagriha (la moderna Rajgir), después Pataliputra (la moderna Patna). Magadha se expandió hasta incluir la mayor parte de Bihar y Bengala con la conquista de Licchavi y Anga, respectivamente y posteriormente con gran parte del oriente de Uttar Pradesh y Orissa. El antiguo reino de Magadha es muy mencionado en textos jainistas y budistas. También se menciona en el Ramayana, el Mahabharata y los Puranas. La referencia más antigua al pueblo maghada se encuentra en el Atharvaveda, donde se listan junto con los angas, gandharis y mujavats. El reino Magadha tuvo un papel importante en el desarrollo del jainismo y el budismo, y dos de los más grandes imperios de la India, el Imperio Maurya y el Imperio Gupta, se originaron de Magadha. El reino Magadha incluía comunidades republicanas, como la comunidad de Rajakumara. Los poblados tenían sus propias asambleas, bajo el poder de jefes locales llamados gramakas. Sus administraciones estaban divididas en funciones ejecutiva, judicial y militar.
El Estado Magadha hacia 600 a.C., antes de expandirse desde su capital Rajagriha, durante las dinastías Haryanka y Shishunaga.

El poema épico hindú Mahabharata menciona a Brihadratha como el primer gobernante de Magadha.
Según el Majabhárata Yará Samdha era el hijo de un rey llamado Brijad Ratha (cuya leyenda se menciona en el Rig-veda.
Brijad-Ratha era el rey de Magadha. Sus esposas eran dos princesas gemelas de Kashi (actual Benarés). A pesar de que Brijadratha llevaba una vida de placeres y era un rey famoso, durante un tiempo muy largo no pudo tener hijos, porque creía que ambas esposas eran estériles. Frustrado por no tener descendencia, se retiró a la selva y terminó sirviendo a un sabio llamado Chanda Kaushika. ​
El sabio, complacido con su servicio doméstico, se apiadó del rey y le dio una fruta mágica. Le dijo que se la diera a su esposa, y esta quedaría embarazada. Pero el sabio no sabía que el rey tenía dos esposas. Brijad Ratha no quiso disgustar a ninguna de ellas, por lo que cortó la fruta por la mitad y se las dio a ambas. Las dos hermanas quedaron embarazadas, pero cada una dio a luz a la mitad de un bebé diminuto. Estas dos mitades sin vida eran horribles. Brijad Ratha ordenó que se tiraran los dos pedazos al bosque. Una demonia (rakshasi) llamada Yara (o Barmata) encontró estos dos trozos de bebé y los tomó en sus manos para comerlos. Pero cuando los acercó entre sí, las dos mitades se unieron y el niño resucitó y empezó a chillar. Asustada, lo dejó caer. No tenía el corazón como para comerse a un bebé vivo, por lo que lo recogió y fue hasta la casa del rey Brijad Ratha y le explicó lo que le había pasado. El rey se quedó con el bebé y lo llamó Yará Samdha (que literalmente significa ‘unido por Yara’).
Chanda Kaushika llegó a la corte y vio al niño. Profetizó a que ese niño tendría mucho talento guerrero y sería un gran devoto de Shivá.
En la India existen tribus que dicen ser descendientes de Yará Sandh y al ponerles nombre a sus hijos utilizan el sufijo Yoría (que significa ‘trozo de carne’) en honor de Yará Sandha.
Yará Sandha se convirtió en un rey famoso y poderoso, extendiendo su imperio a lo largo y a lo ancho de Magadha. Él se impuso a muchos reyezuelos, y fue coronado emperador de Magadha. Pero aunque su poder continuaba creciendo, Yará Sandha estaba preocupado por el futuro de su imperio, ya que no tenía ningún hijo varón. Siguiendo el consejo de su amigo el rey Banasura, Yará Sandh decidió casar a sus hijas Asti y Prapti el heredero aparente del reino de Mathurá, Kamsa. Yará Sandha le prestó su ejército y le dio consejos personales a Kamsa para perpetrar un golpe de Estado en Mathura y tomar el poder.
Unos 20 años después5​ el pastor Krisná aprovechó una competencia de artes marciales que había convocado el rey Kamsa y lo mató, usurpando el trono. El rey Yará Sandha se enfureció con Krisná por haber hecho enviudar a sus dos hijas.
Yará Sandha invadió Mathurá con un gran ejército de «demonios», pero el ejército de Mathurá lo destruyó. Al año siguiente, Yará Sandha volvió a invadir Mathurá y los mathuranos volvieron a destruir su ejército. Durante 17 años, Yará Sandha reunió un ejército formado por sus aliados, invadía Mathurá y era destruido. En la última invasión ―la decimoctava― recibió la ayuda de otro asura llamado Kala Iávana, que rodeó Mathurá con otro ejército de 30 millones de demonios monstruosos. En medio de la batalla, Krisná abandonó el combate​ y decidió huir con toda su tribu a Duáraka, una isla frente al continente, a 1300 km de Mathurá.
Como Duáraka era una isla fuertemente custodiada por el ejército iádava, Yará Sandha no fue capaz de sitiarla, atacarla o invadirla, como había hecho tantas veces con Mathurá. Para obtener la capacidad de invadir Duáraka, Yará Sandha planeó llevar a cabo un iagñá para complacer al dios Shivá. Para este iagñá, planeaba realizar un sacrificio en el fuego a 100 reyezuelos. Ya había secuestrado y encarcelado a 95, por lo que solo le faltaban cinco. El supersticioso Yará Sandha creía que este iagñá le permitiría ganarle al poderoso ejército iádava.
Batalla entre Balarama y Yará Sandha. Ilustración del Bhagavata-purana, entre 1760 y 1765. Acuarela opaca y oro sobre papel. Tamaño: 27.2 × 37.6 cm. Periodo mughal (entre 1526 y 1857).

Los reyes capturados por Yará Sandha enviaron una carta secreta a Krisná pidiéndole que los rescatara de Yará Sandha. Krisná, que no quería guerrear contra Yará Sandha para rescatar a los reyes capturados, ideó un plan para asesinar a Yará Sandha: instiló en Iudhistira la idea de que no debía conformarse con ser un rey más: debía convertirse en emperador, rey de todos los reyes del mundo. Como símbolo de imperio, Iudhisthira tendría que llevar a cabo un iagña rayasuia o ashuamedha. Krisna lo convenció de que Yará Sandha era el único obstáculo para su pretención de convertirse en el rey del mundo, y debería ser asesinado antes de que Iudistira comenzara el iagñá rayasuia.

Al igual que el rey Karna, Yará Sandha era muy bueno en dar donaciones de caridad a los miembros de la casta brahmán. Después de realizar su pusha (adoración) al dios Shivá, solía dar cualquier cosa que le pidiera un brahmán.
Entonces Krisna con Áryuna y Bhimá ―dos hermanos de Iudhistir― se disfrazaron de brahmanes y se presentaron ante Yará Sandha justo cuando terminaba su adoración. Cuando este les solicitó que le pidieran cualquier cosa que quisieran, Krisna le pidió que eligiera a cualquiera de los tres para un combate de lucha libre.
Yará Sandha eligió al más grande de los tres, Bhima.
     
Bhima mata a Yará Sandha, ilustración de un manuscrito disperso del Bhágavata-purana, entre 1520 y 1540, de la zona de Delhi-Agra. Tinta y acuarela opaca sobre papel.

Se trenzaron en un duro combate, y al atardecer pararon para dormir. Al día siguiente se trenzaron nuevamente, con pausas para comer y descansar. Así lucharon durante 12 días (duandua iudja).
Pero Bhima no sabía cómo derrotar a Yará Sandha. Así, buscó la ayuda de Krisna. Krisna conocía el secreto del nacimiento de Yará Sandha. Como Yará Sandha había sido resucitado cuando se juntaron sus dos mitades sin vida, Krisna dedujo que moriría si se lo desgarraba por su costura. Mientras Bhimá y Yará Sandha peleaban a puñetazos, Krisna tomó una brizna de hierba (o una vara) y la bifurcó a lo largo.
Bhima aunque era un poco simple, captó la indirecta. Derribó a Yará Sandha y pisó una de sus piernas. Tomó la otra y tiró de ella hasta que en medio de los alaridos de Yará Sandha se empezó a desprender una mitad de la otra por su rafe (costura). Así quedó el hombre con una pierna, un testículo y un brazo. Solo la cabeza quedó unida. Sin embargo Yará Sandha no se murió. Llenando su boca de imprecaciones contra el simple Bhimá y contra Krisná, las dos mitades de su cuerpo se reunieron por la costura.
Bhima recurrió nuevamente a su amigo Krisná. Este tomó otra brizna de hierba y la dividió en dos a lo largo. Después tiró cada mitad lejos una de la otra. Bhimá volvió a bifurcar a Yará Sandha y tuvo la precaución de tirar lejos ambos pedazos. Pero, para horror de los tres, las dos mitades se arrastraron, guiadas por sus ojos únicos, y se volvieron a juntar. Yará Sandha fue capaz de atacar a Bhima nuevo.
Bhima volvió a buscar la ayuda de su inteligente amigo. Esta tercera vez, Krisná tomó una brizna de hierba, la bifurcó pero volvió a unirla, poniendo en contacto la punta superior de una mitad con la base inferior de la otra mitad. Bhima por tercera vez rasgó el cuerpo de Yará Sandha en dos y unió las dos medias bocas con los dos medios anos y lo abrazó fuertemente para evitar que se separara para respirar. Pocos minutos después de que las costuras se sellaron, Yará Sandha murió asfixiado.
Después de su muerte, los Pandavas pusieron en libertad a los 95 reyes encarcelados por Yará Sandha y coronaron a su hijo, Sajádeva como nuevo rey de Magadha. Así, estos 95 reyes, junto con Sajádeva, se convirtieron en aliados de los Pándavas, y más tarde lucharían de su lado en la gran guerra del Majabhárata.

Fuentes tempranas, el Canon Pali budista, los Agamas jainistas y los Pranas hindúes, mencionan que Magadha fue gobernada por la dinastía Haryanka durante 200 años, desde ca. 600 a.C. a 413 a.C. El rey Bimbisara de la dinastía Haryanka llevó a cabo una activa política expansionista y conquistó Aga, en la actual Bengala Occidental. Bimbisara murió a manos de su hijo, el príncipe Ajatashatru. Durante este período, Buda Gautama vivió gran parte de su vida en el reino Magadha. Alcanzó la iluminación en Bodh Gaya, dio su primer sermón en Sarnath y el primer consejo budista se reunió en Rajgriha. La dinastía Haryanka fue derrocada por la dinastía Shishunaga. El último gobernante shishunaga, Kalasoka, fue asesinado en 345 a.C. por Mahapadma Nanda, el primero de los llamados Nueve Nandas (Mahapadma y sus ocho hijos).

Bimbisara fue el padre de Áyata Shatru y un devoto seguidor de Gautama Buda (448-368 a. C.). La tradición dice que cuando Buda recién dejó su casa para buscar la iluminación, arribó a Rash Grija (‘casa del rey’), la capital del reino de Magadha, en donde su aspecto noble llamo la atención del rey Bimbisara, quien le ofreció riquezas y la comandancia de sus ejércitos. Buda rechazó el ofrecimiento, explicando que él solo buscaba la iluminación. Bimbisara entonces le solicitó a Buda que una vez que encontrara la verdad que estaba buscando, volviera para enseñársela. Después de que Buda alcanzara la iluminación, regresó a Magadha y Bimbisara se convirtió en su seguidor. Bimbisara donó a Buda el Monasterio del Bosque de Bambú. Hizo construir una escalera de piedras que llegaba a lo alto del Pico del Águila, cerca de Raya Grija, donde Buda a menudo pernoctaba.
De acuerdo con el texto Sobre la destrucción del orden, el hijo de Bimbisara, Áyata Shatrú, inducido por Devadatta, puso a su padre en prisión y tomó el trono de Magadha. Más tarde cuando Áyatashatru cayó gravemente enfermo, Bimbisara sintió lastima por él. Áyata Shatru, arrepentido de sus acciones, envió a sus guardias a liberar a su padre. Bimbisara, pensando que estos iban para torturarlo, se suicidó. De acuerdo con otra fuente, Ajatashatru mató a su padre, o lo mató de hambre en prisión. Incluso otras dicen que Bimbisara descubrió los planes de su hijo y, al verlo tan obsesionado con el poder, simplemente abdicó voluntariamente al trono a favor de su hijo.
Durante el reinado de Bimbisara, Magadha se convirtió en el imperio más poderoso de la India. Anexionó el estado de Anga (Bengala), situado al este de Magadha, de gran importancia económica por su puerto, al que ingresaban al río Ganges los barcos del sur de la India. Aumentó su influencia con enlaces matrimoniales con los reinos vecinos. Su primera esposa fue la hija del rey de Kosala. Dedicó gran atención a la administración y a las obras públicas. Construyó la nueva capital de Rashgrija, en sustitución de la antigua Guiri Vrasha. No se conocen las razones, aunque quizá fueran económicas o estratégicas.

Áyata Shatru reinó en el período 493 a. C.-461 a. C., contemporáneo de Buda.
Incitado por Devadatta, Áyata Shatru usurpó el trono de Magadha tras matar a su padre, el rey Bimbisara, quien era budista (seguidor de Shakyamuni). Áyata Shatru intentó también matar a Shakyamuni y sus discípulos al soltar un elefante enloquecido para que los atropellara. Áyata Shatru llevó a su reino a la guerra contra el rey Prasena Shit de Koshala por el dominio de Kashi, pero luego hizo paz con Kosala.
Durante el reinado de Virudhaka —el hijo de Prasenashit—, Áyata Shatru conquistó Koshala. Durante el reinado de Áyata Shatru, Magadha se convirtió en el reino más poderoso de la India. Un año después de la muerte de Buda, Áyata Shatru se convirtió al budismo y apoyó la realización del Primer Concilio Budista para la colección de las enseñanzas de Shakyamuni.
En su vejez, Áyata Shatru contaba una leyenda acerca de su niñez. Debido a que su madre Vaideji —esposa del cruel rey Bimbisara— no había concebido ningún heredero, este consultó a un adivino. El adivinador le contó que un santo ermitaño que vivía en las montañas, renacería como hijo del rey después de morir. Bimbisara estaba tan ansioso por concebir un hijo que mandó matar al santo. Poco después, Vaideji concibió un varón, pero el adivinador predijo que el niño (que era el santo asesinado) se convertiría en enemigo del rey y vengaría su muerte. Bimbisara mandó matar al bebé.
Áyata Shatru contaba que había sido arrojado desde lo alto de una torre, pero que —como era inmortal— había sobrevivido con solo un dedo roto. Por era llamado «Dedo Roto». Se dice que fue persuadido por Devadatta —quien le reveló la historia de su nacimiento— para rebelarse en contra de su padre.
Después de matar a su padre, Áyata Shatru dijo haberse sentido arrepentido. Atormentado por la culpa, virulentos dolores aparecieron en el decimoquinto día del segundo mes de su decimoquinto año, y le predijeron que fallecería tres semanas después, en el séptimo día del tercer mes. Ante el consejo de su médico y ministro Yívaka, buscó a Buda, quien le enseñó las doctrinas del Sutra del nirvana. Así Áyata Shatru fue capaz de erradicar su mal karma y prolongar su vida.


Conquistas persa y griega del noroeste del subcontinente indio

En 530 a.C., Ciro el Grande, rey del Imperio persa aqueménida, cruzó las montañas del Hindukush para buscar tributo de las tribus de Kamboja, Gandhara y la región transindia (en los actuales Afganistán y Pakistán). Hacia 520 a.C., durante el reinado de Darío I de Persia, gran parte de la región noroccidental del subcontinente (Pakistán y oriente de Afganistán) pasó a ser gobernada por el Imperio persa como parte de sus territorios más orientales. El área permaneció bajo control persa durante dos siglos. Durante esa época la India suministró mercenarios al ejército persa que después combatirían en Grecia. Bajo el gobierno persa, la famosa ciudad de Takshashila se convirtió en un centro donde se mezclaban las enseñanzas védicas e iranias. La dominancia persa en el noroeste de Asia del sur terminó con la conquista de Persia por Alejandro Magno en 327 a.C.


Asia en 323 a.C., el Imperio Nanda y los Gangaridai en relación con el imperio de Alejandro y sus vecinos.

Hacia 326 a.C., Alejandro Magno había conquistado Asia Menor y el Imperio persa y había llegado a las fronteras noroccidentales del subcontinente indio. Ahí derrotó al rey Poros en la batalla de Hidaspes (cerca de la actual Jhelum, Pakistán) y conquistó gran parte del Punyab. La marcha de Alejandro hacia el este lo puso en confrontación con el Imperio Nanda de Magadha y el reino Gangaridai de Bengala. Su ejército, exhausto y temeroso ante la perspectiva de enfrentarse a ejércitos indios más numerosos en el río Ganges, se amotinó en el río Hyphasis (actual río Beas) y se negó a avanzar más al este. Alejandro, después de reunirse con su oficial Coeno y saber del poder del Imperio Nanda, se convenció de que lo mejor era regresar.
Las invasiones persas y griegas tuvieron repercusiones en las regiones noroccidentales del subcontinente indio. La región de Gandhara, en el actual occidente de Afganistán y noroeste de Pakistán, se convirtió en una mezcla de culturas india, persa, centroasiática y griega y dio origen a una cultura híbrida, el grecobudismo, que duraría hasta el siglo V d.C. y tendría influencia en el desarrollo artístico del budismo Mahayana.

Budismo y helenismo
El año 327 a.C. este enorme subcontinente conoció su primera invasión histórica: Alejandro Magno, después de haber vencido a Darío, atravesó el Indo.
Casi al mismo tiempo, en el otro extremo del norte de la India, un kshatríya llamado Chandragupta se convirtió en rey de Magadha y desde allí extendió su dominio hasta entrar en contacto con las satrapías griegas del noroeste. Fue él quien fundó el primer imperio unificador: el de los Maurya (del 322 al 185 a.C), nacido de un despotismo despiadado que conocemos bien gracias a los informes del embajador griego Megástenes, enviado a la India por decisión de Seleuco I, y al texto de un manual sobre política, el Arthashastra, que dice que "el gobierno es la ciencia del castigo" y describe un ciclo de torturas de 18 días con un método diferente de tortura para cada día. Megástenes escribió que el ejército del Imperio maurya tenía 700.000 hombres, 9.000 elefantes y 10.000 carros de guerra.

La dinastía Shishunaga
La dinastía Shishunaga fundó el Imperio Magadha en el año 684 a. C., siendo la capital Pataliputra (cercana a la actual Patna). Esta dinastía duró hasta el año 424 a. C. cuando fue desalojada por la dinastía Nanda.
Fue en este período donde nacieron dos de las mayores religiones de la India, el budismo y el jainismo, mencionados con anterioridad.
La dinastía de los Shishunaga gobernó la región de Magadha (en el noreste de la India) entre el año 684 a. C. y el 424 a. C.

Se consideraban sucesores del clan solar (descendientes de Suria, el dios del Sol). Algunos de los  reyes documentados de esta dinastía fueron:

Bimbisara fue un rey de Magadha, que reinó entre el 540 y el 493 a. C. aproximadamente. Fue uno de los reyes más poderosos de la India.
Bimbisara fue el padre de Áyata Shatru y un devoto seguidor de Gautama Buda (448-368 a. C.). La tradición dice que cuando Buda recién dejó su casa para buscar la iluminación, arribó a Rash Grija (‘casa del rey’), la capital del reino de Magadha, en donde su aspecto noble llamo la atención del rey Bimbisara, quien le ofreció riquezas y la comandancia de sus ejércitos. Buda rechazó el ofrecimiento, explicando que él solo buscaba la iluminación. Bimbisara entonces le solicitó a Buda que una vez que encontrara la verdad que estaba buscando, volviera para enseñársela. Después de que Buda alcanzara la iluminación, regresó a Magadha y Bimbisara se convirtió en su seguidor. Bimbisara donó a Buda el Monasterio del Bosque de Bambú. Hizo construir una escalera de piedras que llegaba a lo alto del Pico del Águila, cerca de Raya Grija, donde Buda a menudo pernoctaba.
De acuerdo con el texto Sobre la destrucción del orden, el hijo de Bimbisara, Áyata Shatrú, inducido por Devadatta, puso a su padre en prisión y tomó el trono de Magadha. Más tarde cuando Áyatashatru cayó gravemente enfermo, Bimbisara sintió lastima por él. Áyata Shatru, arrepentido de sus acciones, envió a sus guardias a liberar a su padre. Bimbisara, pensando que estos iban para torturarlo, se suicidó. De acuerdo con otra fuente, Ajatashatru mató a su padre, o lo mató de hambre en prisión. Incluso otras dicen que Bimbisara descubrió los planes de su hijo y, al verlo tan obsesionado con el poder, simplemente abdicó voluntariamente al trono a favor de su hijo.
Durante el reinado de Bimbisara, Magadha se convirtió en el imperio más poderoso de la India. Anexionó el estado de Anga (Bengala), situado al este de Magadha, de gran importancia económica por su puerto, al que ingresaban al río Ganges los barcos del sur de la India. Aumentó su influencia con enlaces matrimoniales con los reinos vecinos. Su primera esposa fue la hija del rey de Kosala. Dedicó gran atención a la administración y a las obras públicas. Construyó la nueva capital de Rashgrija, en sustitución de la antigua Guiri Vrasha. No se conocen las razones, aunque quizá fueran económicas o estratégicas.
El rey Bimbisara (con ropas de color claro) ofrece su reino a Buda.

Áyata Shatru fue un rey de Magadha que reinó en el período 493 a. C.-461 a. C., contemporáneo de Buda.
Incitado por Devadatta, Áyata Shatru usurpó el trono de Magadha tras matar a su padre, el rey Bimbisara, quien era budista (seguidor de Shakyamuni). Áyata Shatru intentó también matar a Shakyamuni y sus discípulos al soltar un elefante enloquecido para que los atropellara. Áyata Shatru llevó a su reino a la guerra contra el rey Prasena Shit de Koshala por el dominio de Kashi, pero luego hizo paz con Kosala.
Durante el reinado de Virudhaka —el hijo de Prasenashit—, Áyata Shatru conquistó Koshala. Durante el reinado de Áyata Shatru, Magadha se convirtió en el reino más poderoso de la India. Un año después de la muerte de Buda, Áyata Shatru se convirtió al budismo y apoyó la realización del Primer Concilio Budista para la colección de las enseñanzas de Shakyamuni.
En su vejez, Áyata Shatru contaba una leyenda acerca de su niñez. Debido a que su madre Vaideji —esposa del cruel rey Bimbisara— no había concebido ningún heredero, este consultó a un adivino. El adivinador le contó que un santo ermitaño que vivía en las montañas, renacería como hijo del rey después de morir. Bimbisara estaba tan ansioso por concebir un hijo que mandó matar al santo. Poco después, Vaideji concibió un varón, pero el adivinador predijo que el niño (que era el santo asesinado) se convertiría en enemigo del rey y vengaría su muerte. Bimbisara mandó matar al bebé.
Áyata Shatru contaba que había sido arrojado desde lo alto de una torre, pero que —como era inmortal— había sobrevivido con solo un dedo roto. Por era llamado «Dedo Roto». Se dice que fue persuadido por Devadatta —quien le reveló la historia de su nacimiento— para rebelarse en contra de su padre.
Después de matar a su padre, Áyata Shatru dijo haberse sentido arrepentido. Atormentado por la culpa, virulentos dolores aparecieron en el decimoquinto día del segundo mes de su decimoquinto año, y le predijeron que fallecería tres semanas después, en el séptimo día del tercer mes. Ante el consejo de su médico y ministro Yívaka, buscó a Buda, quien le enseñó las doctrinas del Sutra del nirvana. Así Áyata Shatru fue capaz de erradicar su mal karma y prolongar su vida.

La dinastía Nanda
La dinastía nanda fue establecida por un hijo ilegítimo del rey Mahanandin, de la anterior dinastía sísunaga. Mahapadma Nanda reinó por 88 años según la tradición, por lo tanto, gobernó la mayor parte del período de esta dinastía, que duró aproximadamente 100 años. Esta dinastía fue seguida por la dinastía mauria.
Al primer rey nanda (Maja Padma Nanda) se le ha descrito como el destructor de todo los kshatriyas (la segunda casta, de los militares). Derrotó a los pueblos iksuakús, panchalas, kasis, harhayas, kalingas, asmakas, kurus, maithilas, surasenas, vitihotras, etc. Amplió su territorio hasta el sur de Deccan.
El último rey nanda fue Dhana Nanda. Plutarco dice que Chandragupta Mauria pudo derrocar a Dhana Nanda debido a la tiranía que este ejercía sobre su pueblo.
La dinastía nanda que usurpó el trono de la dinastía sísunaga era de origen bajo. Algunas fuentes indican que el fundador, Majá Padma, era hijo de una madre sudrá (la cuarta casta, de los esclavos); otras que nació de la unión de un peluquero con un cortesana (ambos sudrás). Nanda fue la primera de las dinastías del norte de la India de origen no chatría.
A la dinastía nanda se le describe a veces como los primeros constructores del imperio en la India. Heredaron el gran reino de Magadha y deseaban ampliarlo hacia fronteras más distantes. Para este propósito acumularon un gran ejército que consistía en 20 000 tropas de caballería, 200 000 infantes, 2000 carros de guerra y 3000 elefantes. En cambio Plutarco estimó unos 8000 carros y 6000 elefantes.
Pero los nandas (en ese entonces Dhana Nanda) nunca tuvieron la oportunidad de utilizar este ejército contra los indogriegos, que invadieron la India, puesto que la campaña de Alejandro terminó en el Panyab. (Algunos eruditos son de la opinión que Alejandro confinó su conquista a los llanos de Panyab por temor al poderoso ejército nanda).
Los nandas realizaron una recolección metódica de impuestos por parte de funcionarios regularmente designados para el sistema administrativo. La arcas del reino fueron llenadas continuamente, la abundancia del Gobierno nanda era bien conocida.
Los proyectos y canales de irrigación fueron construidos por los nanda. La posibilidad de una estructura imperial basada en una economía esencialmente agraria comenzó a germinar en la mente de la población india. Pero el desarrollo adicional de los nanda fue cortado brevemente por Chandra Gupta Mauria y su mentor Kautalia Chanakia.

Dhana Nanda fue destronado por Chanakia en una batalla, para luego ser sustituido por ChandraGupta Mauria, un joven aventurero.
Dhana Nanda fue asesinado en el año 321 a. C., lo que finalmente señaló el advenimiento de la era maurya.

Mahapadma Nanda (450–362 a. C.) fue el primer rey de la dinastía Nanda (que se extendió entre el 424 y el 321 a. C.).
Según algunas fuentes, nació de la unión de un barbero y una cortesana, mientras que otros lo describen como un hijo ilegítimo de Mahanandin, el último rey de la dinastía anterior Shishunaga. Los nandas, bajo MajaPadma Nanda, establecieron el primer gran imperio indio del Norte con su centro político en Magadha, que en los próximos años llevaría al mayor imperio en la India antigua, que sería construido por los mauryas.
Maja-Padma Nanda venció a los antiguos reyes del Norte, pero no para mantenerlos en el trono y extraer tributo de ellos y ser reconocido como el más poderoso (el samrat o chakravarti), sino más bien con el fin de destronarlos y declararse a sí mismo como el ekachatra, el único rey de todas las tierras.
El colapso de la antigua casta ksatriya bajo la rigurosa política de Maja Padma Nanda, que fue explícitamente denigrado como «hijo de un shudrá (esclavo)», y el apoyo que les dio a seguidores de filosofías no védicas, todo fue sido descrito como signos negativos en los textos Puranas (escritos siglos después de su reinado), que a menudo identifican la aparición de Maja Padma Nanda como el comienzo de kaliyuga ('era de riña').
La tradición dice que reinó durante 88 años. Anexó partes de Kalinga, el centro de la India, Anga, y la parte superior del valle del río Ganges. Fue el primer rey shudrá (de la cuarta casta, de los esclavos) en Magadha.
Sus hijos no fueron capaces de retener el poder, y pronto fueron derrocados por Chandragupta Mauria (340-298 a. C.).
El indólogo F. E. Pargiter fecha la coronación de Nanda en el 382 a. C., y R. K. Mookerji la data en el 364 a. C.


La dinastía Maurya
El Imperio Maurya fue el primer gran imperio unificado de la India. Regido por la dinastía Maurya, duró desde 320 a. C. hasta 185 a. C. (fechas probables), dominando todo el norte y centro de la India y algunas regiones de Afganistán y Pakistán.
Originado del reino de Magadha en los llanos de la cuenca Indo-Ganges en la hoy moderna ciudad de Bihar y Bengala, con su capital Pataliputra (cerca de la moderna Patna), el Imperio fue fundado en el año 321 a. C. por Chandragupta Maurya, ​ que había derrocado a la Dinastía Nanda y comenzado a ampliar su poder a través de la India central y occidental.
El imperio fue expandido hacia el norte, a lo largo de las fronteras naturales del Himalaya, y al este hacia el hoy estado de Assam. Al oeste, alcanzó más allá de Pakistán e incluyó Beluchistán en Persia y partes significativas del ahora Afganistán, incluyendo Herat y las provincias de Kandahar. El Imperio fue ampliado en las regiones centrales y hacia el sur de la India por el emperador Bindusara, pero esto excluyó una pequeña parte de las regiones inexploradas cerca de Kalinga.
Después de la conquista de Kalinga, Ashoka el Grande termina la extensión militar del Imperio. Los reinos de Pandya y Cheras en el sur de la India conservaron así su independencia, aceptando la supremacía del emperador Maurya. El Imperio Maurya fue quizás el mayor imperio que haya gobernado el subcontinente indio hasta la llegada de los británicos. Su decadencia comenzó cincuenta años después de la muerte de Ashoka, y se disolvió en el año 185 a. C. con la fundación de la dinastía shunga, en Magadha.
Extensión del imperio tras el conflicto con Seleuco I Nicátor.

Bajo Chandragupta, el Imperio Maurya liberó la región que estuvo bajo la ocupación macedonia. Chandragupta derrotó a los invasores conducidos por Seleuco I, un general griego del ejército de Alejandro. Bajo Chandragupta y sus sucesores, tanto el comercio interno como externo, la agricultura y las actividades económicas prosperaron y se ampliaron a través de la India gracias a la creación de un sistema único y eficiente de finanzas, administración y seguridad. Después de la Guerra de Kalinga, el Imperio experimentó medio siglo de paz y seguridad bajo Ashoka: la India era un Imperio próspero y estable de gran poder económico y militar, cuya influencia política y comercio se extendieron a través del Asia central, occidental y Europa.
La India también disfrutó de una era de armonía social, la transformación religiosa, y la extensión de las ciencias y del conocimiento. El abrazo de Chandragupta Maurya a la religión yaina aumentó la renovación social y religiosa y la reforma a través de su sociedad, mientras que la conversión de Ashoka al budismo fue la fundación del reinado de paz social y política y no violencia a través de la India. Ashoka patrocinó la extensión de los ideales budistas en Sri Lanka, el sudeste de Asia, el Asia occidental y el Mediterráneo europeo. Se cree que en esta época se escribió el texto ateísta Brihaspati sutras, lo que podría indicar la libertad religiosa sin precedentes que se vivió en esta época.
El ministro Kautalya de Chandragupta escribió el Artha shastra, uno de los mayores tratados sobre economía, política, asuntos exteriores, administración, artes militares, guerra y religión alguna vez producido en Asia. El Artha-sastra y los Edictos de Ashoka son las fuentes primarias de los registros escritos sobre los maurya. El Imperio maurya es considerado uno de los períodos más significativos en la historia india. El capitel de los leones de Ashoka en Sarnath es el actual emblema de la India.
Cuando Alejandro Magno conquistó el noroeste de la India en el 326 a. C., estableció una alianza con el rey Ambhi de Taxila (llamado Taxiles u Omphis en las fuentes griegas), con cuyo apoyo logró vencer, en la batalla del Hidaspes, al rey Poros de Pauravas, un reino de Panyab occidental. Alejandro creó varios Estados vasallos, gobernados por los reyes Ambhi y Poros (tras atraerlo a su causa), fundando varias fortalezas. En la región del bajo Indo, Alejandro dejó como gobernador a Peithon, y en la del alto Indo a Filipo, que se estableció en la ciudad de Taxila.
A la muerte de Alejandro en Babilonia (323 a. C.), su imperio se fragmentó y se fundaron numerosos reinos nuevos. En la India, Chandragupta Maurya aprovechó para crear el primer imperio unificado del subcontinente indio.
Chandragupta, asesorado por Kautalya, creó un Estado fuertemente centralizado con una compleja administración. La capital del imperio estaba en Pataliputra, actual Patna (en Bihar); según Megástenes, estaba rodeada por una muralla de madera con 64 puertas y 570 torres y rivalizaba en esplendor con las ciudades coetáneas Susa y Ecbatana del extinto Imperio persa.

Chandragupta Maurya (nacido c. 340 a. C., rey entre c. 320 a. C. y 298 a. C.​), fue el fundador del Imperio Maurya. Chandragupta logró unificar la mayor parte del territorio del subcontinente indio, por lo que es considerado el primer emperador auténtico de la India. En los textos extranjeros en griego y latín, es conocido como Sandrokyptos, Sandrácoto, Sandrokottos  o Androcottus.
Después de deponer al rey Mahapadma Nanda de Magadha, dominó gran parte del norte de la India, creando el primer gran imperio indio, que luego fue extendido por su hijo Bindusara y su nieto Aśoka. Se cree que combatió a Alejandro Magno cuando éste invadió el norte de la India. También luchó contra Seleuco I (c. 304 a. C.), logrando el control total de Beluchistán y Afganistán.
A pesar de ser uno de los principales monarcas de la historia india, los orígenes familiares de Chandragupta continúan siendo un misterio para los historiadores. Existen varias teorías sostenidas por diversos investigadores.
La primera que mencionaremos afirma que Chandragupta Maurya era un descendiente ilegítimo de reyes de la dinastía Nanda de Magadha. En el drama sánscrito Mudrarakshasa se llama a Chandragupta Nandanvaia, y un comentador de esta obra en el siglo XVIII explica que su padre (llamado Mauria) era el hijo ilegítimo del rey Nanda Sarvarthasiddhi con una mujer de casta shudrá (esclava) llamada Mura. Por otro lado un comentarista del Visnú-purana dice que Chandragupta era hijo de un príncipe Nanda con una mujer dasi (una sierva) llamada Mura. Estas teorías acerca de sus orígenes parecen concordar con los pasajes del historiador romano Juniano Justino (siglo III d. C.) quien relata que el rey indio Sandracottos (que los historiadores actuales identifican con Chandragupta) era de orígenes humildes.
Por otro lado las fuentes budistas y jainistas afirman que Chandragupta era hijo de una familia de cuidadores de pavos reales (maiura-poshaka, en sánscrito). Las fuentes budistas cuentan que Chandragupta era el hijo de un jefe de un clan de cuidadores de pavos reales, mientras que las yainas dicen que era el nieto por vía materna de un jefe de una aldea de cuidadores de pavos reales. Esto parece relacionarse con los comentarios del historiador romano Claudio Eliano (175-235 d. C.) quien escribe que en el palacio de Chandragupta en Pataliputra se mantenían pavos reales.
Por otro lado está la teoría de que Chandragupta era un miembro de un clan de chatrías denominado Moriya, de una pequeña república entre lo que actualmente son Nepal y el estado de Uttar Pradesh. Esta hipótesis se soporta sobre el texto del Majá-vamsha (una antigua crónica budista acerca de la historia de Sri Lanka).
Para concluir hay que mencionar también las teorías que afirman Chandragupta pudo ser originario de zonas de la India noroccidental. Entre ellas está una que lo hace un miembro del clan ashvaka (que aparece mencionado en las fuentes griegas como los assakenoi) de la región de Gandhara.

Las fuentes para conocer el reinado de Chandragupta son relativamente escasas e indirectas (al igual que lo son todas nuestras fuentes para el conocimiento de la historia india antes de las invasiones islámicas). Por un lado tenemos a los autores clásicos grecorromanos, interesados sobre todo por las campañas de Alejandro Magno en los confines orientales del Imperio aqueménida y que hablan tangencialmente acerca de la India. La principal fuente grecorromana acerca del reinado de Chandragupta Maurya es el griego Megástenes, embajador del rey macedonio Seleuco I ante la corte de Pataliputra. Desafortunadamente la obra de Megástenes (Índica) se ha perdido y sólo nos quedan las referencias indirectas a su descripción de la India en las obras de autores posteriores como Estrabón y Arriano. Por otro lado contamos con las fuentes nativas, crónicas budistas como el Maja-vamsa y sobre todo la obra del consejero de Chandragupta, el brahmán Kautilia (también conocido como Chanakia o Visnú Gupta). Este consejero escribió un tratado sobre el arte de gobernar, el Artha-shastra, que los historiadores occidentales frecuentemente han comparado con la obra de Maquiavelo. El Artha-shastra no es una obra de historia, sino más bien una obra de lo que hoy en día llamaríamos ciencias políticas, pero inevitablemente contiene mucha información acerca de la sociedad de su tiempo bajo el gobierno mauria, por lo que a falta de algo mejor, es una de nuestras mejores fuentes acerca de este periodo. También está el ya mencionado drama Mudrarakshasa de Vishakha Datta. El Mudra-rakshasa es un drama histórico del siglo IV d. C. que narra la ascensión de Chandragupta al poder en la India septentrional. La trama es más o menos como sigue:
Chanakia, ministro del rey Nanda (Dhana Nanda), es ofendido por éste, por lo que se alió en venganza a Chandragupta, quien tenía intenciones usurpadoras. Un pacto con el rey Parvata de una región noroccidental asegura la victoria sobre el rey Nanda. Parvata y Chandragupta se reparten las antiguas posesiones de los nandas. Parvata, a continuación, muere envenenado por la astucia de una joven, tras lo cual es sucedido por su hijo Malaya Ketu. Éste, unido al último ministro de los nandas, reclama la herencia de todos los antiguos territorios de los nandas. El drama comienza cuando Malaia Ketu y sus aliados (los reyes de Persia, Sind y Cachemira) se disponen a atacar a Pataliputra (la actual Patna, en el estado de Bihar), la capital de Chanragupta. El desenlace llega cuando Chanakia logra mediante astucias atraer al último ministro de los Nanda al bando Mauria, y deshacer la conflagración de Malaia Ketu.
Lo auténticamente histórico en este drama se reduce a los hechos que también son narrados por las fuentes griegas: el fin violento de los nandas, la usurpación de Chandragupta, la formación del Imperio mauria y la lucha contra los reinos bárbaros del Noroeste creados a raíz de la conquista de Alejandro Magno.
Estatua de Chandragupta Maurya en Birla Mandir, Delhi

Lo que se sabe con seguridad es que Chandragupta, ayudado por Chanakya creó un imperio que abarcaba desde el río Indo por occidente hasta Bengala por el oriente. El primer gran enfrentamiento de Chandragupta con un monarca extranjero ocurrió cuando Seleuco I, uno de los generales de Alejandro que había heredado las regiones orientales de su imperio, trató de conquistar la India en el año 305 a. C. Chandragupta logró derrotar a Seleuco, quien curiosamente era apodado Nikator (‘vencedor’), tras lo cual todas las tierras al oeste del Indo hasta la actual Kabul pasaron a soberanía mauria. Para sellar la paz, Seleuco le dio a Chandragupta una de sus hijas como esposa, y Chandragupta a su vez le dio a Seleuco unos elefantes que le ayudaron a este a ganar la batalla de Ipsos sobre Antígono Monoftalmos.
Hacia el 298 a. C., Chandragupta renunció al trono en favor de su hijo Bindusara, tras convertirse al yainismo, terminó sus días de una curiosa manera, dejándose morir de hambre en el año 298 a.C

Bindusara (c. 320-c. 272 a. C.) ​ fue el hijo y sucesor de Chandragupta Mauria y por tanto, el segundo emperador del Imperio mauria.
Los griegos lo conocían como Amitrochates o Allitrochades, que son transliteraciones groseras de dos términos sánscritos: A-mitra Ghata (‘destructor de los no-amigos’ o destructor de los enemigos) o A-yata Shatru (‘no-nacido el vencedor’ o aquel cuyo vencedor todavía no nació) (no debe confundirse con Ajatashatru, hijo de Bimbisara, que gobernó [dinastía [Haryanka|Haryanka Magadha]] en 491-461 a. C.). .
Reinó desde el 298 o el 300 a. C. (cuando tenía 20 a 22 años de edad) hasta su muerte (a los 52 años de edad).
Fue el heredero de un gran imperio que comprendía el norte, centro y el este de la India e incluso partes de Afganistán y Beluchistán. Cuando Bindusara llegó al trono (aproximadamente en el 300 a. C.), encauzó su política expansiva a conquistar la India meridional, actual Karnataka. Se le atribuye la gran expansión mauria hacia el sur y por la amplia llanura del Deccan aunque, debido a la escasez de documentación, es difícil precisar hasta qué punto llegó la conquista de Bindusara. Se cree que, después de su muerte, el Imperio mauria poseía casi toda la totalidad de la India, excepto los Estados del sur de los cholas, pandias y cheras y el Estado de Kalinga, situado al este, que más tarde conquistó su hijo ―el futuro emperador Asoka―, que durante el reinado de su padre ocupaba el cargo de virrey de Uyaini.
Durante su reinado, tuvo como ministro a Kautilia Chanakia (ya titular en tiempos de Chandragupta Mauria) que, según las fuentes, conquistó dieciséis ciudades y que sufrió la rebelión de los ciudadanos de Taksila en dos ocasiones. La mala administración de Susima, su hijo mayor causó la primera revuelta, mientras que la segunda revuelta es de origen desconocido. Las tradiciones budistas, hacen referencia a estas revueltas y también a la de Takshasila que fue reprimida por su hijo Asoka y que se debió a la tiranía de los gobernadores de provincia que, al no ser controlados, abusaban de su poder (según los edictos de Asoka).
Bindusara conquistó dieciséis Estados y extendió el imperio de mar a mar (es de suponer que se refiere a la tierra entre el mar de Arabia y el golfo de Bengala), por todo el sur de la India. La única región que mantuvo su independencia fue Kalinga y los drávidas del sur (cholas, pandias y cheras) que mantenían una relación cordial con el Imperio mauria. Sin embargo, no fue así con Kalinga, que en tiempos de Asoka fue arrasada por este.
El emperador mantuvo también buenas relaciones con Siria, Egipto y los helénicos, de quienes recibió embajadores e incluso alimentos.
Bindu-Sara tuvo tres hijos, Susima y Asoka, que fueron nombrados virreyes de Taksila y Uyain, y Vitashoka, que se hizo monje jainista.
Se cree que en el momento de morir Bindusara se inició una guerra de sucesión que probablemente duró cuatro años. Esto es descrito según las fuentes budistas, que indican que Asoka, que no era el hijo mayor, salió victorioso de este conflicto. A pesar de esta inestabilidad inicial, el hijo de Bindusara supo continuar con su labor e incluso logró ampliar el territorio del Imperio mauria.
Bindusara murió en el 272 a. C. o en el 268 a. C (se encuentra documentación sobre ambas fechas) y le sucedió su hijo Asoka el Grande.

Aśoka o Ashoka Vardhana (304-232 a. C.) fue el tercer emperador mauria. Era hijo del rey Bindusara y nieto de Chandragupta.
Aśoka reinó sobre la mayor parte del subcontinente indio desde circa 269 a. C. hasta 232 a. C. del actual Afganistán hasta Bengala y también hacia el sur, hasta la actual Mysore.
Alrededor de 260 a. C., Asoka emprendió una destructiva guerra contra el estado de Kalinga, ​ y lo conquistó, cosa que no había logrado ninguno de sus antecesores. ​ Después de presenciar las matanzas de la guerra, Asoka se convirtió gradualmente al budismo.
La muerte de Bindusara llevó a una guerra de sucesión. Según el Divyavandana, Bindusara quería que le sucediese su hijo Susima, pero Asoka obtuvo el apoyo de los ministros de su padre, que encontraban a Susima demasiado arrogante. ​ Un ministro llamado Radhagupta parece haber jugado un importante papel en el acceso al trono de Asoka. La coronación tuvo lugar en 269 a. C.

Kalinga era un estado de la costa este de la India, de monarquía parlamentaria. Asoka emprendió la guerra de conquista, ocho años después de su coronación. La guerra ocasionó más de 100.000 muertos, y 150.000 deportados. Cuando Asoka celebraba su victoria, paseando por los jardines de Kalinga, quedó conmovido ante el número de cadáveres, y los lamentos de los familiares de los muertos.
El edicto XIII de los Edictos de Asoka refleja el gran remordimiento que sintió el rey tras observar la destrucción de Kalinga:
Su Majestad siente remordimientos a causa de la conquista de Kalinga, ya que durante la subyugación de un país previamente invicto, se produjeron masacres, muertes y deportaciones, por las que su Majestad siente profunda tristeza y dolor.
La letal guerra con Kalinga transformó al vengativo emperador Asoka en estable y pacífico mecenas del budismo. Si se convirtió o no al budismo no está aclarado, a pesar de la tradición budista que lo afirma. De acuerdo con el eminente indologista, A. L. Basham, la religión personal de Asoka llegó a ser el budismo, al menos después de la guerra con Kalingal, pero el Dharma propagado por él no era budismo.
Sin embargo, su patrocinio condujo a la expansión del budismo durante su mandato en el Imperio Maurya, en otros reinos, y en el mundo entero hacia el 250 a. C.

Hasta el siglo XIX, Aśoka era simplemente un nombre más en las genealogías inventadas de los reyes indios del periodo budista. Varios eruditos europeos de la época también tradujeron relatos budistas de la literatura india. Estos relatos mostraban las doctrinas budistas, así como las historias y biografías legendarias de la doctrina. En estas fuentes budistas —procedentes de Ceilán, Tíbet y China— presentes en relatos como el Divia avadana, el Aśoka avadana, el Maja-vamsa y otros, aparecía la figura de un gran rey Aśoka. A causa de la existencia de varias historias de este tipo consideradas de poco rigor histórico, ya que se creían procedentes de la cultura popular, se tomó a la figura de Aśoka como legendaria y no se le dio credibilidad. La historia habitualmente lo describía como un príncipe cruel que asesinó a sus hermanos para ascender al trono, pero que tras su sangrienta conquista de Kalinga (en la costa este de la India, actualmente en el estado de Orissa), Aśoka se convirtió en un budista pacifista, y contribuyó a la difusión del budismo, reinando desde ese momento de una manera justa y pacífica.
En el año 1837, el arqueólogo y filólogo James Prinsep tradujo una antigua inscripción de un gran pilar de piedra situado en la ciudad de Delhi (en el norte de la India). La escritura de la inscripción era el brahmi, la escritura más antigua de la India, que se utilizaba para escribir el sánscrito y el prákrito. Se trataba de una versión ancestral del brahmi, que durante los siglos había evolucionado de tal manera que estas primeras inscripciones eran ilegibles. La inscripción reveló una serie de edictos proclamados por un rey que se autoproclamaba Devanampiya Piyadasi (‘el amado de los dioses, rey Piyadasi’). Debido a las referencias budistas que encontró, el investigador creyó inicialmente que Devanampiya Piyadassi era un rey de Sri Lanka. Pero en el mismo año James Prinsep tuvo oportunidad de leer dos de las crónicas más antiguas de la historia de Sri Lanka, el Dipa vamsa y el Maha vamsa, compuestas por monjes budistas. En las crónicas se deducía que el título de Piyadassi se le atribuía al famoso rey Aśoka.
El Imperio mauria en tiempos del emperador Asoka, cuando este ya había anexionado el reino de Kalinga. La ciudad de Indraprasta aparece nombrada como «Indrapastra».

Se conocen otros pilares y rocas con inscripciones, y durante las siguientes décadas se irán descubriendo y traduciendo más edictos del monarca. La fuente de la mayoría de nuestros conocimientos sobre Aśoka son estas numerosas inscripciones que hizo grabar en pilares y rocas por todo su imperio, mayoritariamente en idioma magadhi (una lengua prácrita) en escritura brahmi (y a veces en caracteres kharosthi), pero también en griego y en arameo.
Además de que estas inscripciones representan las primeras muestras de la notación escrita de una lengua india y que esta misma escritura originó todas las lenguas semisilábicas presentes actualmente en suelo indio (como la escritura devánagari), favorecieron la propagación de la ética budista y fomentaron la no violencia y la adhesión a la doctrina del dharma, el deber o comportamiento justo. Se observa también la importancia dada a una lengua vulgar y vernácula, el prácrito, en detrimento de la lengua «noble» y literaria, el sánscrito, demostrando así una preocupación por ser comprendido por el pueblo.
Fue en 1915 cuando se tradujo un edicto que mencionaba el nombre de Aśoka y así se confirmó definitivamente su identidad.

Mito y realidad
Tal fue Ashoka, el más grande de los reyes. Él fue por mucho un avanzado a su época. No dejó ni un príncipe ni una organización de hombres para continuar su trabajo, y a un siglo de su muerte los grandes días de su reino se habían convertido en un recuerdo glorioso en una India descompuesta y decadente.
H. G. Wells, A short history of the world

La interpretación que se hizo en un primer momento es precisamente la que H. G. Wells muestra en este fragmento: que Aśoka había sido un avanzado a su tiempo y un gran devoto del budismo, y por eso habían fracasado sus sucesores. Se aceptó la historia que empieza con Aśoka descrito como un guerrero sanguinario, ya que muchas fuentes budistas lo describen así. Según el Aśokavadhana, Aśoka construyó una prisión donde se dedicaba a torturar a los presos. En el mismo texto se nos cuenta cómo intentó torturar a un monje budista que parecía inmune al sufrimiento. Aśoka, impresionado, se convirtió al budismo, destruyó la prisión y se propuso construir 84.000 stupas budistas por todo el imperio.
Otras fuentes afirman que fue después de las devastadoras consecuencias de su guerra en Kalinga, durante el octavo año de su reinado, se sintió tan culpable que esto lo llevó a convertirse al budismo, influido según las fuentes por su esposa o concubina Deví. Desde ese momento se dedicó a propagar la política del dharma budista por su imperio y envió misioneros a lugares lejanos, tales como la isla de Ceilán, convertida por su hija Sanghamita y su hijo (o hermano) Mahinda, citados solamente en las crónicas cingalesas, e ignorados en las inscripciones indias que no mencionan más que a tres de sus hijos: Tuara, Kunala y Yalauka. Desde entonces, defendió una política pacífica emitiendo una serie de edictos dirigidos al pueblo. Un reinado que conoció una política oficial de a-jimsá (‘no violencia’), llegando a construir hospitales para animales y restaurar las carreteras principales de la India, convirtiéndose también Aśoka probablemente en el gran difusor del vegetarianismo en el país.
Así pues, los estudios de los siglos XIX y primera mitad del XX y otros posteriores basándose en estas fuentes, describen su conversón al budismo como una «iluminación». Pasó de ser Chanda Aśoka (Aśoka el Cruel) a ser Dhamma Aśoka (Aśoka el Piadoso). El monarca que amplió la capital, Pataliputra (la actual Patna), hizo construir un palacio al estilo persa y convocó el Tercer Concilio Budista (233 o 243 a. C.).
Aśoka, históricamente, fue un ferviente propagandista del budismo, pero no necesariamente por motivos píos. Hay toda una línea de historiadores, como la especialista Romila Thapar, que consideran el dharma de Aśoka como una religión para ser utilizada como símbolo de una nueva unidad imperial y una fuerza cohesionadora para unir los variados y heterogéneos elementos de un imperio. O sea, que Aśoka se sirvió del budismo para la consolidación política y económica de su gobierno. Y es que los edictos de Aśoka y los textos budistas no terminan de coincidir con la imagen proyectada. El budismo permitía a Aśoka una nueva política social bien definida, acorde al mismo tiempo con los intereses de la sociedad de la época, ya que la población no se oponía a las nuevas ideas budistas, y las nuevas clases comerciales (interesadas en las nuevas tendencias) le apoyarían, beneficiando a Aśoka, ya que no tuvo el apoyo de los ortodoxos al inicio de su reinado. Así, el budismo dejó de estar perseguido.
Tras el reino «iluminado» de Aśoka, la reforma del Imperio mauria fue aprovechada por los invasores, y pronto cayó en declive y se fragmentó en multitud de principados. Hasta la colonización británica (cerca de 2000 años más tarde), nunca una parte tan grande de un subcontinente estuvo unida bajo un mismo gobierno.

Reconociendo el papel sin precedentes de Aśoka en la historia del país, la India hizo del capitel de las columnas de Aśoka (o lat) uno de los símbolos de la República India. Su simbología también la podemos encontrar en la propia bandera de la India, ya que en el centro de ésta se encuentra el ashoka chakrá (la ‘rueda de Aśoka’).

Los pilares de Ashoka son una serie de columnas dispersas en todo el norte del subcontinente indio, erigidas ―o al menos inscritas con edictos― por orden del rey Ashoka (de la Dinastía mauria) durante su reinado en el siglo III a. C. En un principio, tiene que haber habido muchísimos pilares, pero solo diecinueve sobrevivieron con inscripciones, y solo seis tienen capiteles de la figura de algún animal, que fueron objetivo de los iconoclastas musulmanes. Muchos se conservan en un estado fragmentario.2​ Los pilares de piedra tenían un promedio de entre 12 y 15 m de altura y un peso de hasta 50 toneladas cada uno. En algunas ocasiones los pilares fueron arrastrados a veces cientos de kilómetros, hasta donde fueron erigidos.
Todas las columnas se instalaron en monasterios budistas, en muchos sitios importantes de la vida de Buda y en lugares de peregrinación. Algunas de las columnas llevan inscripciones dirigidas a los monjes y monjas.
Algunos fueron erigidos para conmemorar visitas de Ashoka. La idea tradicional de que todos los pilares se extraían originalmente en Chunar ―al sur de Benarés― y eran trasladados a sus sitios, antes o después de la talla, «ya no se puede afirmar con confianza».​ En cambio parece que las columnas fueron esculpidas en dos tipos de roca:
·         piedra arenisca dura de grano fino y de color beige generalmente con pequeñas manchas negras, que se extraía en Chunar;
·         piedra arenisca manchada de rojo y blanco de la región de Mathura.
La uniformidad de estilo en los capiteles de los pilares sugiere que todos ellos fueron esculpidos por artesanos de la misma región. Parece, pues, que la piedra fue transportada desde Mathura y desde Chunar hasta los diferentes sitios donde se han encontrado los pilares, y allí fueron cortados y tallados por artesanos.
Los pilares tienen cuatro partes componentes en dos piezas: las tres secciones de los capiteles están hechas en una sola pieza, a menudo de una piedra diferente a la del eje monolítico al que están unidos mediante una espiga grande de metal. Los ejes son siempre lisos y suaves, con sección transversal circular, estrechándose ligeramente hacia arriba, y siempre cincelado a partir de una sola pieza de piedra. Las partes inferiores de los capiteles tienen la forma y el aspecto de una campana suavemente arqueada formada de pétalos de loto. Los ábacos son de dos tipos: cuadrados y lisos, y circulares y decorados y con diferentes proporciones. Los animales que coronan las columnas son obras maestras del arte mauria, se muestran siempre sentados o de pie, y cincelados como una sola pieza con el ábaco.
Es de suponer que todos o la mayoría de los pilares que ahora carecen de capiteles y animales, alguna vez los tuvieron.
Las seis esculturas de animales que sobreviven forman «el primer grupo importante de la escultura de piedra india», aunque se cree que provienen de una tradición de columnas de madera coronadas por esculturas de animales en cobre, ninguna de las cuales ha sobrevivido. También es posible que algunos de los pilares de piedra sean anteriores al reinado de Ashoka. Ha habido mucha discusión sobre el alcance de la influencia de la Persia aqueménida, donde son similares los capiteles de las columnas que soportan los techos en Persépolis, y en especial el «estilo hierático bastante frío» del capitel de león de Ashoka (en la ciudad de Sarnath) muestra una «obvia influencia aqueménida y sargónida».
Cinco de los pilares de Ashoka, en Vaishali, Lauriya-Areraj, Lauria Nandangarh y dos en Rampurva, posiblemente marcaron el curso del antiguo camino real desde Pataliputra hasta el valle de Nepal. Varios pilares fueron reubicados por posteriores gobernantes del Imperio mogol, habiéndoles destruido los capiteles con animales.

Lista de pilares de Ashoka
Dos peregrinos chinos medievales registraron la ubicación de varias columnas que ahora han desaparecido: Fa Xian registra seis y Hsuan Tsang quince, de las cuales solo cinco como máximo se pueden identificar con columnas supervivientes.

El capitel más célebre es el de los cuatro leones, que se encuentra en Sarnath (Uttar Pradesh). Fue erigido por el emperador Ashoka alrededor del año 250 a. C. También es llamado la Columna Asoka. Los cuatro leones están sentados espalda contra espalda. En la actualidad, la columna se mantiene en el mismo lugar, mientras que el capitel de los leones se encuentra en el Museo de Sarnath. Este capitel de leones de Ashoka en Sarnath ha sido adoptado como el emblema nacional de la India, y la rueda Ashoka Chakra de su base se colocó en el centro de la bandera de la India.
Posiblemente los leones eran la base de una rueda Dharma Chakra con 24 radios, como se conserva en la réplica del siglo XIII construida en Wat U Mong ―cerca de Chiang Mai (Tailandia) ― por un rey tailandés.
El pilar de Sanchi también cuenta con un capitel similar de cuatro leones pero está dañado. En Rampurva hay dos pilares, uno con un toro y el otro con un león. Sankissa tiene solo un capitel de elefante (dañado), en general no pulido, aunque el ábaco está pulido, al menos en parte. El pilar que sostenía este capitel nunca se encontró, y quizá nunca se erigió en el lugar.
Los leones de Ashoka en Sarnath (estado de Uttar Pradesh)

El capitel de Sarnita o Ashoka es la pieza clave del estilo Maurya, porque materializa la utilización del budismo como vehículo de unificación política.
Los cuatro leones confrontados simbolizan a Buda predicando a los cuatro puntos cardinales. Son unos animales poco naturalistas, hieráticos, con unas melenas peinadas simétricamente y unos rizados bigotes sobre las fauces abiertas; aunque no parecen nada fieros, transmiten cierta dignidad. Es lógico que un emperador de sangre real eligiera el animal emblemático del clan aristocrático en el que Buda había nacido; sin duda le interesaba dar énfasis al origen principesco de Buda.

Los leones se asientan sobre una losa circular adornada por cuatro ruedas (chakras) que vuelven a simbolizar la Ley Sagrada, intercaladas con cuatro animales (caballo, cebú, elefante y león) que simbolizan los vientos dominantes, encargados de llevar la voz de Buda a los cuatro confines de la tierra. Todos estos animales, incluso el león, se representan de forma naturalista, en actitud dinámica, pues, como tradiciones populares, no tienen la carga sagrada de los leones budistas; son un buen ejemplo de la riqueza plástica y de la diversidad estilística que el arte indio brinda al panorama mundial.

Debajo, una simple moldura anular simboliza el cordón monacal aludiendo a la austeridad de la comunidad budista. Por último, soportando todo el grupo escultórico aparece el capitel en forma de flor de loto cerrada e invertida, que simboliza la pureza y la universalidad. El capitel de loto será un constante elemento arquitectónico en los estilos posteriores, hasta que el estilo Gupta tardío lo transforme en un recipiente abombado del que, como de un florero, surgen guirnaldas, de claro efecto principesco y característico del estilo post-Gupta.

El pilar de Vaishali tiene un capitel con un león solo. Este pilar se encuentra contiguo al sitio donde estaban un monasterio budista y un tanque sagrado de coronación. Todavía se están llevando a cabo excavaciones, y se han descubierto varios estupas que sugieren un antiguo campus de estudio cercano al monasterio. El león mira hacia el norte, que es la dirección que Buda tomó en su último viaje. ​ En 1969, la identificación del sitio donde se excavó se vio favorecida por el hecho de que este pilar todavía sobresalía del suelo. Existen más pilares de este tipo en el área, pero todos están desprovistos del capitel.
Vista frontal del capitel con león solo en Vaishali.

Pilar en Allahabad
En Allahabad existe una columna con inscripciones de Ashoka e inscripciones posteriores, atribuidas a Samudragupta y a Yajanguir. De la inscripción se deduce que el pilar se construyó por primera vez en Kaushambi, una localidad a unos 30 kilómetros al oeste de Allahabad, que fue la capital del reino Koshala, y se trasladó a Allahabad, presumiblemente bajo el dominio musulmán. El pilar está ahora situado dentro de la fortaleza de Allahabad, también el palacio real, construido durante el siglo XVI por el emperador mogol Akbar en la confluencia de los ríos Ganges y Yamuna. Como el ejército de la India ocupa la fortaleza, esta se encuentra cerrada al público, por lo que se requiere de autorización especial para ver la columna. La inscripción de Ashoka está en letra brahmi y se fecha en torno al 232 a. C. Una inscripción posterior, que se atribuye Samudragupta (el segundo rey del Imperio gupta), se encuentra en la escritura gupta que es una versión posterior y más refinada de la escritura brahmi, y está fechada en torno al 375 d. C. Esta inscripción indica el alcance del imperio que Samudragupta construyó durante su largo reinado. En ese momento ya había sido rey durante cuarenta años, y gobernaría durante otros cinco. Después se encuentra otra inscripción en persa, del emperador mogol Yajanguir. El fuerte Akbar también alberga el Akshay Vat, una higuera de la India de gran antigüedad. La tradición dice que esta es la higuera que menciona el Ramaiana (texto épicorreligioso del siglo II a. C.), bajo cuya sombra rezó el rey Rama cuando estaba en el exilio.

Los edictos de Ashoka son 33 edictos proclamados por el emperador Ashoka e inscritos en cuevas, muros, rocas y los pilares de Ashoka, una serie de columnas repartidas por sus dominios con el objetivo de hacer llegar el contenido de estos edictos a toda la población. Algunos pilares contienen más de un edicto, otros son monográficos y finalmente otros no conservan el texto original. Los edictos explican partes de la vida de su creador y su visión del dharma, y constituyen un testimonio clave de la historia del budismo y de las costumbres del siglo III a. C.
Su mensaje central es la idea de la retribución, según la cual se recibe en vidas futuras lo que se causa en la presente.
Los edictos se pueden clasificar según tres criterios: la base de la inscripción, su contenido y la cronología.
·         Según el soporte, existen los edictos de los pilares (divididos a su vez entre los siete edictos mayores y los pilares menores), los edictos de rocas mayores (14), los edictos de rocas menores (incluyendo las cuevas de Barabar) y los edictos de Kalinga.
·         Según el contenido, los edictos pueden ser morales, sociales, biográficos (referidos a la conversión del emperador o a sus esfuerzos por difundir el budismo) o híbridos.
·         Finalmente, en cuanto a la cronología, se pueden dividir los edictos en ocho grupos, coincidentes en gran medida con los soportes de escritura: primeros edictos de rocas menores (258-257 a. C.), edictos de Babru (257 a. C.), edictos de rocas mayores (257-256 a. C.), edictos de Kalinga (256 a. C.), edictos de Barabar (250 a. C.), edictos de los pilares de Tarai (249 a. C.), los edictos de los pilares mayores (243 a. C.) y los edictos de los pilares menores (232 a. C.).
Se sabe que iconoclastas musulmanes han atentado contra monumentos de la época, por lo que podrían existir edictos o soportes perdidos.

Los edictos pueden ser transcripciones literales de discursos de Ashoka, en cuyo caso empiezan por la expresión «Devanampiyadasi (“el bienamado servidor de los dioses”) habla», o bien pueden incluir el contenido sin introducción alguna. Los textos están escritos en prácrito, ​ y los primeros arqueólogos no los pudieron descifrar hasta la llegada en 1833 de James Prinsep, quien identificó la lengua. Posteriormente, se observaron variaciones dialectales respecto del estándar del magadhi y un estilo que reflejaba la lengua oral, algo inusual en edictos reales. Los edictos se grabaron en dos sistemas de escritura diferentes: brahmi y karosti, para adaptarse a los usos locales. Algunos edictos de la zona del actual Afganistán están en griego y arameo, lo cual ayudó a la traducción de determinados conceptos prácritos. Debido a esta riqueza, los edictos son de gran i

Aśoka protegió todas las religiones citando en sus edictos a budistas, jainistas, brahmanes y ajivikas (una secta fatalista), excavando para estos últimos varias cuevas donde refugiarse en la estación de las lluvias.
El más favorecido fue, sin embargo, el budismo enviando Aśoka una misión proselitista a Sri Lanka, encabezada por su hijo (o hermano menor) Mahendra, para promover su implantación en ese país. Mantuvo, también, una activa relación diplomática con los seléucidas mediante el intercambio de embajadores y estableció contactos, según lo afirma en una de sus inscripciones, con Antíoco II de Siria, Ptolomeo III de Egipto, Antígono Gonatas de Macedonia, Magas de Cirene y Alejandro de Epiro. Aśoka, como otros soberanos Mauryas, emitió monedas similares, en líneas generales, a las acuñadas por los maha-janapadas aunque las formas se tornaron más regulares y uniformes a lo largo de todo el imperio predominando las emisiones cuadradas con cuatro pictogramas a las que siguieron otras redondas más pequeñas. A las series de plata se sumaron otras en cobre, de menor valor, innovándose con un método que empleaba el metal fundido para verterlo en moldes permitiendo la aplicación de diseños en ambos lados de la moneda.

Construyó, según la tradición, 84.000 stupas budistas por toda la India, así como carreteras y hospitales. Erigió un gran palacio en su capital, Pataliputra, inspirándose en el arte persa.

La stupa, creada por Ashoka en el siglo III a. C. (aunque su origen megalítico puede remontarse al II milenio a. C.), es un monumento funerario de peregrinación, que encerraba o simplemente señalaba el lugar donde había sido enterrada una reliquia budista; ésta solía consistir en las cenizas procedentes de la incineración de algún santo personaje o de algún objeto ritual famoso, así como también en imágenes de culto consideradas milagrosas. Esta costumbre estaba ya difundida en época de Buda, pues a su muerte ocho clanes principescos se disputaron las cenizas de la incineración de Buda y las enterraron bajo ocho stupas en diferentes lugares; no se conservan restos de ellas, probablemente porque se construyeron en adobe y madera.
Ashoka la concibió como símbolo cósmico, conmemorativo del paranirvana de Buda: sobre una gran plataforma (medhi), a modo de altar sacrificial, que significa la tierra, se levanta el cuerpo central semiesférico, macizo, que representa la bóveda celeste (anda) o también el huevo cósmico. Encima, una empalizada cuadrangular (harmika) alude al lugar donde reside la esencia divina, y protege la parte superior del eje del universo (yashti), que hipotéticamente atraviesa la bóveda. Rematando el eje aparecen varios discos decrecientes (chatravali), que se adaptan a la forma de una sombrilla sagrada, queriendo insistir en la dignidad de la reliquia en cuestión (cuantos más chatravali, más sagrada). El peregrino debía acercarse desde el este, y rodearla de izquierda a derecha (dejando siempre el monumento a su derecha) en el sentido en que las estrellas circundan el firmamento.

Las numerosas (según los textos budistas, 80.000) stupas que Ashoka mandó erigir en los lugares más significativos de su imperio fueron recubiertas y adornadas en posteriores etapas, sobre todo durante las dinastías Shunga y Andhara. Estos monumentos tuvieron tal éxito que llegaron a congregar a una gran masa de gente, de manera que se hizo necesario delimitar el lugar sacro para la circunvalación (pradakshina). Surgen ahora el deambulatorio (védika) y las cuatro puertas cardinales (toranas), que servirán de soporte para el adoctrinamiento budista de un pueblo analfabeto, incapaz de interpretar los textos sagrados; cumplen un servicio similar al de los primitivos capiteles historiados del románico europeo. Lógicamente utilizan un lenguaje costumbrista y desenfadado de fácil comprensión popular, pero que desde el elevado punto de vista metafísico del budismo tuvo que resultar a veces vulgar y desvergonzado.

La capital de los Mauryas era Pataliputra (moderna Patna) situada a orillas del Ganges, en la región de Magadha, centro político (aunque no geográfico) del imperio. Se trataba de una ciudad relativamente nueva fundada hacía poco más de un siglo por Ajatasatru, un rey local, como un mero fuerte. En ella se instaló el griego Megástenes, embajador seléucida ante los Mauryas, quien escribió una descripción de la India en la que incluyó no pocos datos sobre su organización social y política. Su obra, intitulada “Índica”, no sobrevivió íntegra el paso del tiempo, pero perdura como epítome en la obra de Arriano y de otros autores clásicos constituyendo una de las principales fuentes para el conocimiento de este período. El griego comenta que la ciudad:

·         “Tiene la forma de un paralelogramo y está cercada por un muro de madera con troneras para descargar flechas. Posee, además, un foso para defensa y para recibir las aguas servidas”.
·         “Se extiende con sus barrios habitados hasta una longitud máxima de 80 estadios (c. 14,5 km) y su anchura es de 15 estadios (c. 2,7 km) estando rodeada por un foso de 600 pies (183 m) de ancho y 30 cúbitos (13,7 m) de profundidad. Su muralla está coronada con 570 torres y se abre por 64 puertas”.
Durante el reinado del emperador Ashoka en el siglo 3 a.C, fue una de las ciudades más grandes del mundo, con una población de 150,000-400,000. Se estima que la ciudad tenía una superficie de 25.5 kilómetros cuadrados y una circunferencia de 33.8 kilómetros, y tenía la forma de un paralelogramo y tenía 64 puertas (es decir, aproximadamente una puerta cada 500 metros). Pataliputra alcanzó el pináculo de la prosperidad cuando era la capital de los grandes emperadores Maurya, Chandragupta Maurya y Ashoka. La ciudad prosperó bajo el Mauryas y un embajador griego, Megasthenes, residió allí y dejó un relato detallado de su esplendor, refiriéndose a él como "Palibothra":
"Megasthenes dice que por un lado, donde es más larga, esta ciudad se extiende diez millas de longitud, y que su anchura es de una y tres millas cuadradas, que la ciudad ha sido rodeada con una zanja de 600 pies de ancho y 45 pies de profundidad; que su pared tiene 570 torres y 64 puertas". Arrian, "La Indica"
Strabo en su Geographia agrega que las paredes de la ciudad estaban hechas de madera. Se cree que son las empalizadas de madera identificadas durante la excavación de Patna.
"En la confluencia del Ganges y de otro río se encuentra Palibothra, en longitud 80, y en amplitud 15 estadios. Tiene la forma de un paralelogramo, rodeado por una pared de madera perforada con aberturas a través de las cuales se pueden descargar flechas, el frente es una zanja, que sirve para el propósito de la defensa y de una alcantarilla para la ciudad". Strabo, "Geographia"
El Eliano, aunque no citó expresamente a Megasthenes ni mencionó a Pataliputra, describió los palacios indios como superiores en esplendor a Susa o Ectabana de Persia:
"En las residencias reales en la India donde vive el más grande de los reyes de ese país, hay tantos objetos de admiración que ni la ciudad de Susa con su extravagancia, ni la magnificencia de Ectabana se pueden comparar con ellos. (...) En los parques, se guardan pavos reales y faisanes domesticados". Eliano, "Características de los animales"
El palacio de Ashoka en Pataliputra y las columnas de monumentos en toda la India fueron construidos para imitar los palacios aqueménidas y las columnas de Persépolis. La arquitectura de los recintos de Pataliputra y las columnas monumentales de Ashoka habían sido afectadas por la arquitectura aqueménida persa. El diseño del capitel del palacio Pataliputra ha sido descrito como Perso - Iionic, con una fuerte influencia estilística griega tardía-arcaica, que incluye diseños de volutas, cuentas y carretes, meandros o madreselvas.
Capitel de Pataliputra, que muestra la influencia persa y especialmente griega, con diseños de volutas, cuentas y carretes, meandros o madreselvas. Período de Mauryan temprano, siglo III a. C.

Dasharatha fue un emperador Maurya de 232 a 224 a. C. Fue nieto de Aśoka​ y le sucedió como gobernante imperial de la India. Dasharatha gobernó sobre un imperio decreciente, ya que varios territorios se independizaron durante su reinado. Continuó las políticas religiosas y sociales de su abuelo Asoka. Dasharatha fue el último gobernante de la dinastía Maurya que emitió inscripciones imperiales, y por tanto el último conocida por las fuentes epigráficas.
Dasharatha murió en 224 a. C., y fue sucedido por su primo Samprati.

Samprati (224- c. 215 a. C.) fue un emperador de la dinastía Maurya. Era hijo de Kunala, el hijo ciego de Asoka, y sucedió a su primo, Dasharatha, como emperador del Imperio Maurya.
Kunala era hijo de Padmavati, una de las reinas de Asoka, (que era jainista), pero fue cegado por una conspiración, en la que pretendía derrocar a su padre para reclamar el trono. Así, Kunala fue reemplazado por Dasharatha como heredero al trono. Kunala vivió en Ujjain, donde se crió Samprati. Años después de habérsele negado el trono, Kunala y Samprati se acercaron a la corte de Asoka, en un intento de reclamar la sucesión. Asoka no podía entregar el trono a su hijo ciego, pero prometió hacer heredero a Samprati, después de Dasharatha.
Según la tradición jaina, gobernó durante 53 años. El texto jaina, Pariśiṣṭaparvan, menciona que gobernó tanto desde Pataliputra como desde Ujjain.
Samprati está considerado como el «Asoka jainista», por su patronazgo y esfuerzos por extender el jainismo en la India del este. Estuvo influido por las enseñanzas de un monje jaina, Suhastin y envió a sabios jainistas al extranjero para extender las enseñanzas jainistas. Samprati fundó monasterios jainas por todo el imperio, incluso en territorio no-ario.

Salisuka (IAST: Śāliśuka) Maurya fue un gobernante de la dinastía Maurya1​ de la India. Gobernó en el periodo 215–202 a. C. Fue el sucesor de Samprati Maurya. Mientras que el Iugá-purana, sección del Gargi Samhita le menciona como pendenciero, y gobernante injusto, también dice que, siendo de «palabras justas», fue de «conducta injusta», debido a su patrocinio del Jainismo. Según el Purana, fue sucedido por Devavarman.

Devavarman (o Devadharman) fue un rey del Imperio Maurya. Gobernó en el periodo 202–195 a. C. Según el Purana, fue el sucesor de Salisuka Maurya y reinó durante siete años. Fue sucedido por Satadanvan.

Shatadhanwan o Shatadhanus fue un rey de la dinastía Mauria.
Gobernó entre el 195 y el 187 a. C. Su nombre no aparece en el Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.) ni en el Majabhárata (texto epicorreligioso del siglo III a. C.). Las primeras menciones se encuentran en el Jari-vamsha y en el Visnu-purana (y justamente ayudaron a datar esos dos textos). Según el Purana, fue el sucesor de Devavarman y reinó durante ocho años. ​ Durante este tiempo, el imperio perdió algunos de sus territorios debido a invasiones.

Brijad Ratha Mauria fue el último gobernante de la Dinastía mauria. Gobernó entre el 187 y el 180 a. C. Ese año fue asesinado por su comandante PushiaMitra Sunga, de la casta brahmán (sacerdote).
Según los Puranas, BrijadRatha sucedió a ShataDhanua y gobernó durante siete años.1​ Cuando BrijadRatha llegó al trono, los territorios de los mauria alrededor de la capital Pataliputra se habían reducido considerablemente desde la época del gran emperador Ashoka (304-232 a. C.).
En el 180 a. C., el noroeste de la India (parte de las modernas Afganistán y Pakistán) fue atacado por el ejército del rey grecobactriano Demetrio I. Él estableció su dominio sobre el valle de Kabul y parte del Panyab (la actual Pakistán).
La sección Iugá-purana del Gargui-samjita dice que durante el reinado de BrijadRatha el ejército iávana (‘jonio’, o sea grecobactriano) dirigido por un tal DhamaMita (Demetrio) invadió el territorio mauria y después de ocupar la región panchala y las ciudades de Saketa y Mathurá, finalmente capturó Pataliputra. Pero pronto tuvo que retornar a Bactriana para luchar una feroz batalla (posiblemente contra Eucrátides I).
En el JarshaCharita (de BanaBhatta) dice que el senapati (jefe del ejército) PushiaMitra hizo desfilar el ejército ante el rey BrijadRatha Mauria con el pretexto de mostrarle su fuerza, y en ese momento aplastó a su amo BrijadRatha, porque éste era demasiado débil como para cumplir su promesa (posiblemente de rechazar a los iávanas).
BrijadRatha fue asesinado en el 180 a. C. El brahmán hinduista PusyaMitra Sunga estableció la dinastía Sunga, que recomenzó la persecución contra los budistas y contra cualquier persona que no fuera hinduista (esa persecución se había detenido hacía unas cuatro décadas, con el emperador Ashoka).

Período Sangam

Durante el período Sangam, la literatura tamil floreció desde el siglo III a.C. hasta el siglo IV d.C. Durante este período, tres dinastías tamiles, llamadas colectivamente los Tres Reyes Coronados de Tamikalam: la dinastía Chera, la dinastía Chola y la dinastía Pandya, gobernaron partes del sur de la India.
La literatura sangam aborda temas de historia, política, guerras y cultura del pueblo tamil durante este período. Los sabios del período Sangam surgieron de entre la gente común que buscó el patrocinio de los reyes tamiles, pero escribían sobre las personas comunes y sus preocupaciones. A diferencia de los escritores sánscritos que en su mayor parte eran brahmanes, lo escritores sangam provenían de diferentes clases sociales y principalmente no eran brahmanes. Pertenecían a diferentes credos y profesiones, como agricultores, artesanos, comerciantes, monjes, sacerdotes e inclusive príncipes, y muy pocos de ellos eran incluso mujeres.

Tamilakam, en el extremo sur de la India, durante el período Sangam, gobernado por las dinastías Chera, Chola y Pandya.


Período clásico (ca. 200 a.C – 1200 d.C)
El período entre 200 a.C. y 1200 d.C. es la “Era clásica” de la India. Puede dividirse en varios subperíodos, según la periodización que se elija. El período clásico comienza después del declive del Imperio Maurya y el correspondiente surgimiento de la dinastía Satavahana, que comienza con Simuka en 230 a.C. El Imperio Gupta (siglo IV-VI d.C.) es considerado la “era dorada” del hinduismo, si bien muchos reinos gobernaron la India en estos siglos. La literatura sangam floreció entre el siglo III a.C. y el siglo III d.C. en el sur de la India. Durante este período, se estima que la India tuvo la mayor economía del mundo y controlaba entre una tercera y una cuarta parte de la riqueza del mundo.

Período clásico temprano (ca. 200 a.C. – 320 d.C.)
Dinastía Satavahana
El Imperio Satavahana fue una dinastía real india centrada en Amaravati, Andra Pradesh, así como en Junnar (Pune) y Prathisthan (Paithan) en Maharashtra. El territorio del imperio ocupó gran parte de la India desde 230 a.C. en adelante. Los Satavahanas comenzaron como feudatarios de la dinastía Maurya, pero declararon su independencia con el declive de esta última. Son conocidos como patrocinadores del hinduismo y el budismo, lo que dio origen a monumentos budistas de Ellora a Amaravathi. Los Satavahanas fueron uno de los primeros estados indios en acuñar monedas con sus gobernantes grabados. Formaron un puente cultural y tuvieron un rol importante en el comercio y en la transferencia de ideas y cultura entre la llanura indogangética y el extremo sur de la India. Tuvieron que competir con el Imperio Shunga y después con la dinastía Kanva de Magadha para establecer su dominio. Posteriormente, tuvieron un rol crucial en la protección de una gran parte de la India contra invasores extranjeros, como los sakas, yavanas y pahlavas. En particular, sus luchas contra los Kshatrapas occidentales continuaron durante un largo tiempo. Los gobernantes notables de la dinastía Satavahana, Gautamiputra Satakarni y Sri Yajna Satakarni, pudieron derrotar a los invasores extranjeros, como los Kshatrapas occidentales y detener su expansión. En el siglo III d.C., el imperio se dividió en estados más pequeños.
Relieves de la vida de Buda. Dinastía Satavahana.

Barco indio en una moneda del rey Vasisthiputra Sri Pulamavi que muestra las capacidades navales y comerciales de los Satavahana durante los siglos I y II d.C.

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[3]    De los versos. El más antiguo e importante de los cuatro, dividido en diez mandalas (libros) que compilan mil veintiocho himnos y cantos religiosos.
[4]    De los cantos. Derivado del anterior, pero con una finalidad más práctica: poner al servicio de los udgatar (sacerdotes) los himnos del Rig-Veda para facilitar sus prácticas rituales.

[5]    De los sacerdotes de los sacrificios. Idéntico al Sama-Veda, pero con finalidades específicamente pensadas para los rituales con sacrificios.
[6]    De los sacerdotes del fuego. Conjunto de hechizos contra enemigos, demonios, magos, animales peligrosos, enfermedades, etc. Aunque actualmente se considera un texto apócrifo, ya que no está basado en el Rig-Veda, en el Mahabharata se le da la categoría de canónico.
[7]    Los hijos de Dritharastra, hermano de Pandu, que eran Duriodhana (el envidioso), Dushasana, Dussala, Jalagandha y Sama.
[8]    Los hijos de Pandu, rey de Hastinapura, que eran Yudhishtira (el virtuoso), Bhima (el fuerte), Arjuna (el arquero), Nakula (el jinete) y Sahadeva (el espadachín).
[9]    A diferencia de los reconocidos Vedas, de tipo marcadamente politeísta, los Upanishad son un conjunto de ciento ocho libros doctrinales del hinduismo, redactados entre los siglos VI y III a. C., que defienden la existencia de un único Brahman en el sentido de divinidad creadora y destructora.
[10]    La historia de Krishna muestra paralelismos con una de las divinidades de la antigua cultura helénica: Zeus. El tío de Krishna mató a todos sus hermanos excepto a él para evitar el cumplimiento de una profecía que decía que moriría a manos de uno de sus sobrinos; Krishna, años más tarde, asesinó a su tío para vengar el crimen. Por otra parte, en la antigua Grecia, Cronos devoró a todos sus hermanos e hijos excepto a Zeus, ya que su madre lo sustituyó por una piedra para evitar su muerte; también según una profecía, uno de los hijos de Cronos le destronaría y le suplantaría como dios supremo, cosa que en efecto sucedió cuando Zeus, el único que se salvó, le obligó a liberar a todos sus hermanos y tíos que había engullido y, entre todos, le desterraron al Tártaro.


[1]    El estudioso Yuri V. Knorosov considera aquellos primeros símbolos como una forma de escritura logosilábica de origen dravidiano, muy próxima a las lenguas protojaponesa, coreana, vasca, sumeria y aborigen australiana. La escritura del Indo, del mismo modo que la Sumeria, también fue encontrada inscrita sobre tablillas.
[2]    En estas ciudadelas, sobre todo en Harappa y Mohenjo-Daro, se han encontrado restos arquitectónicos de edificaciones para usos religiosos, ceremoniales y administrativos, pero en ningún caso de palacios o residencias soberanas. Otras ciudades fortificadas importantes de la zona fueron Dholavira, Ganweriwala, Kot-Diji, Amri, Surkotada, Lothal y Rakhigarthi.

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